Autor: admin

  • Mi primer trío bisexual

    Mi primer trío bisexual

    Al salir de mi trabajo ellos ya me estaban esperando, Daniel tenía mi estatura 1.80 cm delgado de piel blanca y Laura era más alta, rubia y corpulenta pero no gorda, eran muy amables y sin ningún tabú cosa que yo si tenía, pero me dieron confianza y decidimos vernos en su casa en unos días para pasar la noche.

    Cuando llego el día me fueron a buscar a la puerta de mi trabajo, al llegar a su casa charlamos un rato mientras tomábamos un refresco. Luego pasamos al dormitorio y nos desnudamos rápidamente, nos acercamos y nos abrazamos entre los tres mientras yo los acariciaba, Daniel tomo mi pene y comenzó a masturbarme, y minutos después Daniel se arrodillo y comenzó a chupármela mientras Laura y yo comenzamos a besarnos y a acariciarnos, sus pechos eran hermosos, grandes y de pezones rozados que me enloquecieron, luego de un rato Laura se arrodillo y junto a Daniel me chuparon la pija entre los dos, yo acariciaba sus cabezas mientras ellos me llevaban al paraíso, luego Dani se paró y comenzamos a besarnos mientras Laura chupaba ambas pijas golosamente, rato después Laura se detuvo y se acostó en la cama separando sus piernas mientras Dani me decía que la cogiera, yo no podía creer lo que me estaba pasando y que él me estuviera entregando semejante mujer, me coloque entre sus piernas y no deje pasar ni un segundo y comencé a cogerla mientras Dany se colocaba a un costado y ella le chupaba su gruesa pija, en eso Dani me dice…

    -¡te gustaría chuparme la pija?

    Yo seguí mirándole su linda pija y el colocando su cuerpo sobre Laura coloco su pija en mi boca y rápidamente comencé a chupársela hasta tragarla completamente lo cual sorprendió a los dos y alabaron mis actos lingüísticos y bucales, mientras yo seguía cogiendo a Laura hasta que largue mi juguito dentro de su conchita. Luego ella se puso en cuatro y Dani colocándose detrás de ella comenzó a cogerla por el culo, Laura gemía y gozaba cada vez más mientras yo miraba a ambos cogiendo, finalmente Dani termina cogiéndola para luego acostarse a un lado de ella, su verga larga y flácida descansaba sobre su cuerpo, me acerque y comencé a masturbarlo lentamente hasta que su pija nuevamente se engroso llenándose de sangre sus venas y comencé a chupársela, por mi interior tenía ganas de que me cogiera pero estaba cohibido por Laura quien pareció darse cuenta y se retiró al comedor y Dani minutos después me dijo.

    -¡ponete en cuatro putito!

    Me puse pasivamente en cuatro y Dany se paró detrás mío y me metió la pija dándome cierto dolor, el rápidamente la saco y le pedí que intentara nuevamente, me penetro una vez más y aunque me dolía no dije nada, el me metió creo que la mitad y me pareció que se dio cuenta que me dolía y nuevamente la saco pero le pedí que la metiera otra vez y al hacerlo le grite que la mandara hasta el fondo y al hacerlo me arranco un fuerte grito mezcla de dolor y placer, comenzó a taladrarme fuertemente, sus huevos chocaban contra mis piernas excitándome locamente sin que yo dejara de gritar y gozar, sus manos se clavaron en mi cadera como garras prendidas a mi culo, minutos después ya solo tenía gritos de goce, Laura entro nuevamente y colocándose delante mío separando sus piernas parada en la cama, me ofreció su concha que comencé a chupar, mientras Dani seguía cogiéndome yo empecé a sentir ganas de acabar cada vez más intensas sobre todo cuando su pija entraba hasta los huevos, mientras yo como un gatito lamia la concha de Laura comenzó a brotar sus líquidos y segundos después Dani me lleno el culo de semen y a su vez mi semen comenzó a saltar sobre las sabanas. En eso Laura coloca sus manos en su vagina como elevando su clítoris, Dani me empujo la cabeza haciéndome tragar el clítoris de Laura y ella largo sus flujos en mi boca seguidos por chorritos de líquidos salados mezclándose su orín con su flujo para finalmente seguir orinando en mi boca. Ese acto me enloqueció y me fascinó.

    Dani al sacar su pija de mi ano sentí como que arrancaba algo mío. Luego nos quedamos tirados en la cama. Al rato Dani dijo que iría al baño, yo lo seguí y al entrar al baño él estaba orinando, coloque mi mano y la empape de su orín, el paro de orinar y apuntando su pija a mí me agache y le pedí que me diera de beber hasta la última gota. Luego regresamos a la habitación, rato después fuimos al comedor, nos sentamos a la mesa y Laura tomando una taza orino en ella y me lo dio a beber.

  • Intimidad

    Intimidad

    Todas las tardes al regresar del trabajo me encerraba en mi casa y me ponía la ropa interior de mi hermana o mi madre, una tarde no cerré con llave expedido de confianza ya que nadie venía a mi casa a esas horas. Me puse una maya negra de mi madre y algo que me formaban unas tetas muy abultadas, en eso miro a la ventana y veo que alguien me había estado mirando y segundos después mi amigo entro a mi dormitorio y comenzó a decirme que estaba linda. Yo muerto de vergüenza le pedía que se vaya, pero me dijo que si no se la tocaba le contaría a todo el barrio, mientras me perseguía por toda la habitación, en eso saco su famosa pija y la esgrimió frente a mis ojos, mientras, la situación no era excitante, pero finalmente acepte y me senté en la cama.

    Él se acercó y comencé a lamérsela cada vez con mayor intensidad hasta convertirla en un pedazo enorme de pija que me asustaba, apenas me entraba en la boca y sentía el estiramiento de las comisuras de mis labios, minutos después me pregunto si me dejaba, yo no dije nada debido a su enormidad pero el insistió y en un momento tomándole de los brazos me tiro en la cama boca abajo y me corrió la maya dejando mi culo desnudo, seguidamente me metió su enorme pija partiéndome el culo, yo gritaba de dolor y el empujo mi cuerpo contra la cama hasta que mis gritos se apagaron en la almohada mientras él me seguía rompiendo el culo sin piedad hasta que me lo lleno de leche. Luego al sacar la pija de mi culo me dijo:

    -¡mira lo que hicisteis!

    Me di vuelta y vi su pija empapada en semen, sangre y algo más y me ordeno limpiárselo con la boca. Yo ni tiempo a pensarlo cuando él ya me ponía la cabeza en su pija y me ordenaba limpiársela, así que comencé a lamerla hasta dejarla limita.

  • Por hambre lo tuve que tomar

    Por hambre lo tuve que tomar

    Comienzo este relato explicando cómo llegué a la situación que les contaré.

    Resulta ser que me uní a un grupo de personas que hacen voluntariado en albergues, casa cunas y comedores para niños en situación de calle, nos turnamos cada grupo de tres los fines de semana para atender y distribuir la comida en un conocido comedor de mi país.

    Empecé con esto hace como 2 meses, en mi grupo somos una amiga mía y un muchacho algo bajo, morochito y muy calentón, siempre se la pasa hablando de sexo, que la tiene grande y siempre me molesta diciendo que mi trasero se ve rico y también a mi amiga.

    En fin, ya nos acostumbramos a él, uno de los fines de semana que nos tocó abrir y cubrir el comedor, para ser más precisa, un día domingo, el clima se estaba tornando algo feo y poco después de llegar al lugar, empezó a llover a cántaros, por esa razón mi amiga me avisó que no podía salir así con la lluvia y que no iría, tampoco aparecía el muchacho, me tocó recibir la comida y ordenar las mesas para servir a los niños en caso de que vayan a comer.

    Cerca del medio día fue llegando todo mojado por la lluvia el muchacho, me alegré al verlo pues sola en ese lugar y sirviendo muchos platos a la vez era imposible.

    Servimos las mesas, los niños ya almorzaron todo, ya no venía nadie después, juntamos los platos, nos pusimos a lavarlos, todo normal, fui a cerrar la puerta y me senté en la oficina a esperar si algún niño acudía a comer, en eso el muchacho entra, se sienta e increíblemente estaba súper callado, le pregunté qué le pasaba, «nada» me contestó.

    Solo me miraba y pensaba, de repente me miró los pechos, y me preguntó si sentía frío, yo sabía exactamente por qué me preguntó eso, como el clima varió un poco, más la calentura que tenía yo, porque pasé el mes sin tener sexo, resulta que Juan se arregló con mi amiga, Andrés fue trasladado al interior del país, el pijudo se hizo del celoso y le corté y mi jefe ya quería un hijo conmigo, por eso ya no tenía sexo más que con mis dedos y juguetes, prosiguiendo, mis pezones estaban durísimos y no solo eso, me mojaba sin motivo casi a cada rato, como este muchacho no tiene pelos en la para decir pavadas de índole sexual, entonces le contesté que mis pezones están duros por el clima y por calentona, se mató de la risa y volvió el silencio… pasó un rato así y me preguntó «de qué color son tus pezones?», me reí mucho y le contesté «son de color marrón claro» y le dije «querés ver»… «claro que sí!» me contestó rápido… «primero mostrame tu pene, quiero ver si es grande como decís» le contesté, mi sangre automáticamente se iba a irrigar la vagina, me miró incrédulo, no sabía si le hablaba enserio o le estaba jugando una broma, «antes de mostrarme, andá al baño y te lo lavas súper bien, no quiero ver penes sucios» le dije y me maté de la risa, «voy al baño» me dijo, ahí ya me tranquilicé, creí que se acobardó.

    En eso sale de vuelta del baño, se sienta frente a mí, saca el pene y me lo muestra, mi vagina parecía feliz, me mojé al instante, no la tiene enorme como decía pero para satisfacer daba mucho el tamaño, «ahora mostrame tus pechos» me dijo, como ya estaba en el juego, me desabroché los botones de la camisa y saqué uno de mis pechos y se lo mostré «hermosos son tus pechos» dijo suspirando, «puedo tocar» me preguntó…

    Lo pensé por un instante y le dije «primero te toco el pene y después me tocas», «con mucho gusto» me dijo y volvió a sacar su pedazo de carne y me acercó, estaba durísimo y ya pude notar líquido seminal por la punta, le toqué, le apreté los huevos, y luego lo dejé, le agarré la mano y se lo llevé a mis pechos, me masajeaba y apretaba los pezones, traté de fingir para que no piense que me gustaba sus caricias y le saqué de vuelta, él ya la tenía clara y siguió con el juego, «me dan ganas de chupar y lamer tus pechos» me dijo, me levanté de la silla y le dije que podía hacerlo, mientras me apretaba, lamia y mordía los pezones no pude evitar empezar a gemir, mientras mis manos le desabrochaban el pantalón, empecé a hacerle pajas suaves, fui bajando hasta tener su pija a mi alcance y fui metiéndomela en la boca con lentitud y muchas ganas, en eso escuchamos que la puerta se abre, apenas pude ponerme bien la camisa, pues mis pechos estaban al aire, era la encargada del edificio, fue a buscar algunos documentos, Daniel el muchacho, se quedó más que sentado puesto que estaba con una tremenda erección, apenas se fue la señora, procedí a llavear la puerta, apenas volví a la oficina, Dani ya me agarró de la cintura y trató de besarme, mientras me besaba el cuello le dije que lo haríamos sin besos en la boca, él no era exactamente de mi tipo, no quería sus besos, solo lo estaba usando como consolador por mi calentura, le hice saber eso para que no tome enserio lo que estaba pasando.

    Seguido de eso volví a agacharme hasta la altura de su miembro y con suspiros y gemidos fui chupándole los testículos, le bajé todo el pantalón mientras iba sacándome la camisa, me acomodé sobre el escritorio siempre con el miedo de que alguien toque a la puerta, me fui sacando lentamente el pantalón, mientras él me lamia las piernas, iba despojándome de la ropa interior, me abrió las piernas y comenzó a chuparme el clítoris, mis gemidos ya eran continuos, lo quería adentro rápido, «tenés preservativos» le pregunté, me respondió que no, «así sin condón podemos hacerlo» me volvió a decir, me salí y le dije que no podíamos hacerlo sin protección, agarré mi cartera y saqué uno de los tantos que siempre llevo conmigo, me agaché, se la chupe un rato y se lo puse, volví a subir sobre el escritorio, justo daba la medida para que me lo meta él estando parado, yo estaba a punto de terminar, agarré su pene y lentamente fui metiéndomela, hasta que entró todo, con bombeos incesables nos unimos en gemidos de placer, mientras me tocaba el clítoris con los dedos de forma rápida hasta que ya no pude aguantar y me vine con un potente gemido mientras él seguía incansable metiendo y sacando, nunca me había pasado pero me oriné toda, podía sentir hasta las venas de ese pene, me abría más y más las piernas cogiéndome duro, «sos rica» suspiraba mientras me penetraba sin cesar, era la primera vez que un hombre tardaba mucho tiempo dentro de mi vagina, podía escuchar sus bolas chocando por mi ano mientras mis pechos no paraban de moverse en el clásico vaivén, le pedía que no pare, que siga más fuerte, ya estaba de vuelta llegando al orgasmo, me salí de él y le pedí que me lo chupe, y terminé de una forma maravillosa, me orinaba a cada movimiento del orgasmo, golosa empecé a meterme los dedos en el culo, hasta que la sentí bien dilatada, me puse de cuatro sobre el escritorio, tenía que aprovechar ese semental que no paraba de cogerme, «nunca le penetré a nadie por atrás» me dijo, «ahora vas a hacerlo» le dije mientras iba acomodando su pija por la entrada del culo y poco a poco fui tragando hasta llegar al tope y nuevamente prosiguió el bombeo, sentía escalofríos, muy excitada, pude notar que sus movimientos se hacían más rápidos y con suspiros fue eyaculando hasta que los golpes disminuían, el escritorio se movió todo, y mis pechos sudorosos por la mesa fue presa una vez más de sus mordiscos y lamidas, mientras le tocaba el pene pude constatar que el preservativo se quedó dentro de mi ano, al querer sacarlo vi que se había roto y que estaba llena de semen, ya no pude decir nada, en eso, golpean la puerta, como pude fui al baño mientras Dani se alzaba los pantalones y secaba el sudor para atender a quien venía, en el baño limpié mis partes lo mejor que pude y el semen que quedó, cuando salí actué como si nada hubiera pasado, lo miré fijo y le pedí que no se lo diga a nadie, «palabra de hombre» contestó.

    Eran las 15hs en ese entonces, todavía quedaba 2 horas antes de salir, nos pusimos a hablar de otras cosas pero en mi cabeza pensaba «si me dan ganas de vuelta, me lo voy a coger otra vez», pasa que soy muy sexual, podría coger el día entero y terminar mil veces sin que se me saquen las ganas, menos mal ya estaba satisfecha, muy satisfecha, lo que inició como un juego terminó en una rica cogida, agregando a otro hombre en la lista de mis travesuras.

  • Despertar sexual de mi novia

    Despertar sexual de mi novia

    Buenas tardes, en esta ocasión mi relato será como espectador de mi novia, otra vez, pero esta vez me dejó sorprendido su lujuria:

    Cierta tarde recibo una llamada de mi novia Yola pidiéndome que fuera a su casa, a la cual me dirigí inmediatamente y al llegar me recibe efusivamente como siempre, llenándome de besos y permitiéndome acariciar sus nalgas y sus senos, a plena luz del día y en la calle lo cual nunca hacíamos para evitar murmuraciones de sus vecinos. Después de su efusiva bienvenida me pide que la lleve con el mecánico hacia donde nos dirigimos inmediatamente, y en el trayecto como de costumbre no dejaba de acariciar sus senos y meterle la mano en la entrepierna. Al llegar me pide que espere en el carro y ella se dirija al taller. Pasaron los minutos y yo escuchaba música no me percaté del paso del tiempo y que empezaba a oscurecer, fue cuando noté que habían pasado Dos horas, empecé a llamar por teléfono a mi novia y no contestaba, llamada tras llamada y nada, decidí bajarme a buscarla.

    Al llegar al taller la puerta estaba semi abierta y no se escuchaba a nadie por lo que decidí entrar llamando a Yola, pero nada, seguí buscando y al pasar junto a una pequeña bodega escuche ruidos extraños y al asomarme por la ventana quede en shock, mi novia estaba teniendo relaciones sexuales con el mecánico, se veía que lo estaba disfrutando en grande, a través de la ventana veía cómo cabalgaba la verga de ese hombre y ponía los ojos en blanco, estaba en éxtasis. Le estaban estrujando los senos y gemía como desesperada, lejos de molestarme me gustaba, me excitaba ver a mi novia disfrutar del sexo, y me empecé a empalmar. Me saque la verga del pantalón y me empecé a masturbar viendo aquella escena que me tenía a 100. La tenían en cuatro y le estaban clavando ese mástil en ella, y le metían toda la mano en el culo haciendo que gimiera como poseída, una auténtica puta lo cual al mismo tiempo me sorprendía y me excitaba.

    Estallo unas 6 veces, y le dejaron el coño y la cola llena de semen. Después de un tiempo que se quedaron abrazados, Yola dijo que ya se retiraba para que yo no fuera a sospechar. Aprovechando mientras se cambiaban salí con sumo cuidado del taller y me subí al carro donde la esperé. Cuando subió al carro me dijo que había tardado porque estaba hablando y consolando a la esposa del mecánico que había sufrido una tragedia. Ese día me quede a dormir con ella, no sin antes haberse dado una ducha, e hicimos el amor como locos procediendo yo por primera vez y sin pedir permiso, a hacerle sexo anal!!

  • Cris y Nerea, su madre

    Cris y Nerea, su madre

    Naturalmente la relación continuó con Cris, aprovechábamos las ausencias de Catherine o también cuando no recibía las visitas de su madre. Nesta fue madre soltera, pertenecía a una familia de clase acomodada y la echaron de casa por la deshonra que suponía el haberse quedado embarazada. En realidad, la echaron sin echarla, porque fue a vivir en casa de una tía abuela y allí pasó el embarazo mantenida por su abuelo aunque fuera a distancia. Era una mujer apasionada, llena de vida y un día se cruzó en su camino un artista extranjero que estaba de paso y con el que se trasladaron a Inglaterra, Cris entonces tenía tres años.

    Según Cris, su madre nunca dio demasiada importancia a sus amantes. Le enseñó a distinguir amor de sexo, enamorarse de desear, querer de necesitar. Era verdad que a veces todo se mezclaba, pero le inculcó que era conveniente diferenciar unas cosas de las otras. Hacía cuatro años que ella había vuelto ejercía de profesora de inglés y durante parte de su tiempo libre de forma vocacional practicando ciertos gustos por puro placer y diversión, reconociendo que le hacían vivir en constante equilibrio y a la vez le satisfacía el placer mental que le proporcionaba el juego cuya base para ella era el poder disfrutar de forma sana y segura.

    Cris era conocedora de mi afición al bricolaje y aprovechando de una salida de fin de semana con unos amigos me instó a solucionarle unos problemas eléctricos, en casa estaba solo su madre.

    Nesta había salido un momento para comprar mientras yo terminaba, la esperé, a su llegada me ofreció un refresco, a punto de salir sonó el teléfono, era Cris que aparte de otras cosas preguntaba por mí.

    – Me dice Cris que te trate bien.

    Pasada ya la tarde y cuando me disponía a salir ella me detuvo con unas preguntas que me sorprendieron.

    – Sé que tienes un rollo con mi hija -dijo con palabras muy afirmativas.

    Me encogí de hombros con un poco cara de sorpresa intentando disimular la evidencia.

    – No trates de negarlo porque lo sé todo, ella me lo ha dicho.

    – Pues la verdad que si -no podía negar la evidencia ante tanta rotundidad.

    – Sé que es mayor de edad y puede hacer lo que le dé la gana al igual que tú aunque eres mucho más joven que ella, espero que ambos pongáis ciertos remedios…

    – Por su parte y más por la mía lo procuramos.

    Esta conversación sucedía toda en el recibidor, pues yo ya estaba a punto de salir y la verdad no sé cómo me salieron las siguientes palabras.

    – Supongo que tú ya no tendrás estos problemas.

    – A que te refieres.

    – Que al igual si follara contigo el riesgo de dejarte preñada por tu edad sería mínimo supongo…

    – Stupid -entre otros insultos me soltó en inglés.

    – Al igual incluso no te molestaría hacerlo.

    Apenas unos segundos después su lenguaje corporal me hizo saber que iba a responder a mis palabras en forma física y así lo hizo levantando la mano derecha para soltarme un buen y seguro bofetón. A pesar de su agilidad, la diferencia de peso y estatura me permitió neutralizar el ataque con relativa facilidad y la sujeté contra mi cuerpo, con un brazo la rodeé por la cintura y con el otro neutralicé la mano que se alzaba, su enojo en la mirada a través del cristal de sus gafas intentaba asesinarme.

    – ¡Eres un estúpido grosero! -dijo escupiendo con palabras amenazantes y tratando de escapar del cerco en que se habían convertido mis brazos.

    Decidido a terminar con esa tontería antes de que pudiera causarle algún daño me disculpé y a pesar de lo maravilloso que me resultaba sentir sus tetas frotándose contra mi pecho no deseaba que las cosas pasaran a mayores así que procedí aflojar mi presión pero antes de soltarla acompañe su mano posándola sobre la bragueta abultada de mi pantalón.

    No me pregunten por qué lo hice, porque ni yo mismo conozco la respuesta, pero en su enojo y en lugar del previsible rechazo me encontré con una respuesta imprevista pero tan apasionada que en unos instantes me sentí transportado a la cima de la excitación, no apartó la mano sino más bien presionó y cerró los ojos.

    – ¿En qué me estoy metiendo? -dijo jadeando, con el pelo revuelto y las mejillas rojas.

    En lugar de palabras le respondí con un golpe de caderas que incrustó el bulto de mi verga en la unión de sus muslos. Durante unas fracciones de segundos el tiempo pareció detenerse mientras ella acusaba el impacto.

    – ¿Por qué me haces esto? -continuó entre confundida y atemorizada cuando la hice girar contra la pared para que yo a sus espaldas me apretase contra ella.

    – Si quieres puedo marcharme.

    – ¡No, no…! pero dime que pretendes hacer conmigo.

    – Todo a lo que tú estés dispuesta.

    – Depende a lo que te refieras… podría estar o no.

    – Primero levanta bien los brazos, apóyate con las manos en el espejo de la pared, procura no moverte y separa las piernas -obedeció, en aquella postura su cuerpo quedaba arqueado.

    – ¡Oh, por favor…! ¿Vas a cachearme? -dijo entre risitas.

    – Pareces impaciente, tienes un cuerpo que seguro eres deseada, tu sensualidad es más que una mera provocación física.

    – ¡Gracias… Si… pero…! -tembló, en aquel momento no supe si era por miedo o por excitación.

    A través del espejo vi como cerraba los ojos y su lengua se deslizaba por entre los labios, echo la cabeza hacia atrás dejándome la oreja a la altura de mi boca, le pase la lengua bajándola hacia el cuello, unos casi inaudibles suspiros brotaron de sus labios, lo cual me dieron a entender que daba el beneplácito para seguir.

    La verdad es que estaba en aquella postura muy provocadora. Llevaba unos zapatos con poco talón, medias color carne, una falda algo acampana negra que se ajustaba a sus caderas y una camisa floreada que le marcaba los pechos, no se le apreciaban exuberantes, pero sí generosos, cubriéndole los hombros y parte de la espalda una melena de un caoba claro, además al llevar gafas le daba un morbo añadido. Le di una palmadita en el trasero, un gesto de sorpresa acompañado de un gemido ¡aayy! hizo que se apartara un poco.

    – No te muevas, ¿te han azotado alguna vez? -solté con cierta sorna.

    – No seas idiota -respondió con indignación, pero manteniéndose en la posición de los brazos alzados.

    Me apreté a ella mientras con un dedo le rozaba los labios y después le introducía dos en la boca, con una pierna le obligaba a separar más las suyas y rozándole el oído.

    – Todo lo que tienes que hacer es decirlo.

    Su voz vacilo cuando pregunto. -¿Decir qué?

    – Decir, si amo quiero seguir.

    – ¿Cómo eres?

    – Si confías en mí, dilo.

    – Sí amo, quiero seguir… -susurró con cierta excitación.

    – No lo olvides -dije retirándole el pelo de la nuca para poder besarla allí.

    Me arrodille tras de ella y no opuso resistencia cuando mis manos se posaron en sus tobillos y fueron subiendo por debajo de la falda acariciando sus piernas enfundadas en las medias, alcancé la parte interna de sus muslos, facilitado el paso al tenerlos ligueramente separados, llegue a la cintura y tirando de la goma de los pantis se los fui bajando hasta las rodillas, de nuevo subí con la palma de las manos rozando la tela de la bragas sobándole las nalgas, y por la parte delantera acariciarle suavemente el montículo del pubis que se apreciaba abundante y mullido, separé con los dedos la tela de entre los muslos y rocé la carne caliente de los labios de su coño, abrió las piernas hasta donde la dificultad de los pantis en las rodillas le dejaron, eran ya dos los dedos que lentamente se abrían paso entre la espesura de su pubis y se introducían en su coño, froté en su cueva que estaba más húmeda de lo que yo me podía imaginar. Movía las caderas lentamente y empezaba a gemir, giraba la muñeca con cada movimiento y con el pulgar le daba vueltas sobre su clítoris, cuando de golpe lo deje y me levanté.

    – ¡Jooderr…! -soltó. Suspiro fuerte intentando que la excitación quizás no le hiciera perder los papeles tan pronto y mantener un poco la compostura.

    – Vaya, veo que te gusta y disfrutas ¿no?, se te nota ansiosa.

    – ¿Estás jugando conmigo, por favor? -jadeó ella, meciendo sus caderas.

    – Ten paciencia -Cambié de posición y apoyando mi cuerpo al de ella, por detrás le desabroche la camisa, le acaricie los hombros con la punta de los dedos y por encima de la tela del sujetador hice los mismo con sus pechos, de golpe tiré y levantando la tela se asomaron dos pechos blancos, lechosos, cargados, con unos turgentes pezones. Intento girarse pero se lo impedí apretándola contra el espejo, se las cogí con las manos, juntándolas, amasándolas y puse entre dos dedos los pezones pellizcándolos dulcemente. Seguía detrás de ella y no le permitía que se moviera.

    – Tienes unas tetas preciosas, podría morderte los pezones durante horas, pero antes quiero comprobar lo sumisa y obediente que eres.

    Me separe un poco para desabrocharle la falda y hacerla caer a los pies, ante mis ojos prietas por la tela oscura de las bragas las nalgas, eran nalgas de caderas poderosas, sólidas y seguramente rebeldes pero que se vuelven obedientes y sumisas, maravilloso culo de mujer madura, se lo palpe al igual que los muslos, pase mis dedos por entre la cintura de la braga para acariciarle por delante el que ya suponía abundante pubis y cuando dos de mis dedos buscaron de nuevo la entrada de su coño haciendo presión hacia dentro, ella lanzó un nuevo “joooderrrr“ mientras gemía. Con sorprendente seguridad me pidió que siguiera y no parase. Estaba muy mojada.

    – Mmm, estas caliente como un animal en celo, estás empapada. ¿Siempre eres tan hospitalaria y tan sumisa? -movía las caderas y separando el culo intentando apretarlo contra mí.

    – Si, mi amo quiero seguir -contestó enérgicamente. Me aparte un poco de ella y le da unos cachetes en las nalgas.

    Me sorprendió la energía de su respuesta dándome pie a su sumisión y sin mediar ni una palabra más, los dedos se hundieron por completo sin esfuerzo. Gemía, las embestidas de mi mano hacían que moviera todo su cuerpo, la tenía a mi disposición y a mi antojo, de golpe pare y saque los dedos completamente mojados.

    – Mi amo, me iba correr, mmmmm… por favor, déjeme correrme.

    – Que cara de zorra pones, todavía no te puedes. Si lo haces tendrás un castigo por desobedecerme -mientras le colocaba mis dedos en sus labios para que chupara sus propios jugos.

    – Eres un cabronazo, me has puesto más caliente que una perra en celo.

    – Seré un cabronazo pero como tú misma dices eres una perra y además sumisa, ¿de acuerdo? y tienes que obedecer -de nuevo le da unos sonoros cachetes en las nalgas.

    – Sí, soy una perra sumisa y tengo que obedecerte.

    – Ahora de cara al espejo te vas a terminar de desnudarte pero sin sacarte las bragas.

    No puso reparos, terminó de sacarse la camisa, el sujetador, los zapatos y las medias, mientras yo también me desprendía del pantalón y del slip haciendo aparecer mi polla tiesa como un mástil.

    – Mírate bien, tienes unas curvas de infarto que desprenden una sensualidad que seguro vuelve loco a cualquiera y ahora es a mí -la vi sonreír.

    – Gracias por tus halagos. Pero en realidad no soy guapa y además con cierta edad…

    – Me gustas como eres y tu madurez provoca una gran seducción.

    – Es muy difícil encontrar a hombres tan atrevidos y descarados como tú, pero a la vez tan galantes.

    – Gracias.

    Nesta, tenía un cuerpo con curvas marcadas y poderosas, su altura quizás superior a la media de las mujeres le hacía verse una mujer físicamente grande, el color de su pelo contrastaba con el blanco total de su piel.

    – Observa tus brazos, largos y bien formados, perfectos para abarcarme entre ellos -Deslicé las manos por sus brazos obligándola suavemente a alzarlos hacia atrás, haciendo que le rodearan la nuca, esto hizo que los pechos se impulsaran hacia fuera al arquear la columna.

    – Tus pechos, perfectos para mis manos -Con las palmas abiertas uno en cada mano, los pezones surgiendo entre los dedos índice y corazón, junté los dedos pellizcándolos, originando que éstos se tensaran a la vez y que un estremecimiento recorrió su cuerpo hasta las ingles.

    Con los dedos dibujé círculos en el ombligo, acariciando cada estría, bajando hasta el pubis por encima de la tela de la braga y hundí los dedos en la suave piel de su estómago. Recorrí con caricias las pantorrillas, la cara interior de las rodillas, los muslos a la vez que presionaba el pene endurecido contra ella. Cuando termine de acariciarla me incorporé hasta quedar de pie tras ella. Intentó girarse, pero mis manos se anclaron en su cintura impidiéndoselo. Se quedó quieta, expectante.

    – Muchas gracias por tus alabanzas, ¿ahora qué?

    – Déjame hacer a mí y obedece.

    Apoyé una mano en su espalda y la insté a que se colocase en cuclillas. La ayude a que se sentara sobre sus talones y apoyada con la mano en el suelo, le pase el cinturón del pantalón colgando por su cuello y puesta de perfil al espejo para que pudiera verse. A través del cristal de las gafas sus ojos me miraban entre miedosos y expectantes.

    – Ábrete bien de piernas, con una mano empieza a masturbarte por encima de las bragas -obedeció sin tener que repetírselo.

    – Ahora me chuparas la polla hasta que brille -Mientras empezaba acariciarse con la mano entre sus muslos, le puse la polla en sus labios, primero lamió el prepucio, lo succionaba, tenía que sostenerla con mis manos en sus hombros, pues la postura la hacía tambalearse.

    – Métetela hasta el fondo -con mi polla ya en su apogeo y la puntita en sus labios, me miró sin levantar cabeza. Cerró los ojos y se la metió poco a poco toda dentro, sacándola deprisa cuando aún no había llegado a su fin. Las muecas de su cara me mostraban que le habían entrado nauseas. Le cogí de los pelos retorciéndoselos para que no pudiera moverse, y como si me hubiera intuido, me agarró la mano que le sujetaba la cabeza intentando en vano soltarla. Intentó cerrar la boca con la punta aún dentro y me marcó los dientes en ella. Le tiré del pelo mientras le advertí sobre su acción.

    – Ni se te ocurra de morderme o quieres un castigo.

    Sus ojos me mostraban su angustia por las arcadas y sus manos intentaban separar sus cabellos de mi mano, relajó la boca y dejó de luchar para soltarse. Poco a poco fui empujándole la cabeza, sus movimientos para poder soltarse se fueron relajando y sus ojos abiertos me volvieron a mirar.

    – ¿Ya te ha pasado? -mientras se la sacaba de la boca.

    – Si, mi amo.

    – ¿Confías en mí? -se había quedado sentada en el suelo. La ayude a levantarse y tirando del cinturón que le había puesto alrededor del cuello le dije que me siguiera.

    – Sí, amo -apenas le salían las palabras.

    – Me alivia saber que cuento con tu aprobación -contesté sarcásticamente, mientras entrabamos en el dormitorio de su hija. Abrí una puerta superior del armario, saque la bolsa y puse su contenido sobre la cama.

    – ¿Sabías lo de esta bolsa y su contenido?

    – Mmmmm… sospechaba, pero todo… lo que hay… -de pie desnuda solo con las bragas y con cara de sorpresa bajó la cabeza y soltó un suspiro corto.

    – Aquí tienes el material con los que se sirve Cris para sus juegos, ¿tú no querrás ser menos que ella, verdad?

    – Algo conocía pero viendo todo esto, quizás en ciertas cosas no creo estar a su altura, pero nunca se sabe a dónde una puede llegar.

    – Nunca es tarde para saberlo, ¿no crees?

    – Verdaderamente cierto… son misterios que cuando los pruebas le dan nuevos placeres a la vida.

    La entereza de sus palabras me hizo pensar en unos segundos hasta donde podría llegar.

    – Pues quizás nunca es tarde para conocer nuevos placeres te doy a elegir -Mientras le enseñaba un antifaz y una mordaza para la boca. Cogió el antifaz, se sacó las gafas y ella misma se lo colocó. Le ayude a tumbarse sobre la cama boca arriba, la coloqué con las piernas flexionadas y los brazos a los lados.

    – ¿De verdad estás dispuesta y quieres conocer los gustos y caprichos de tu hija?

    – Si, amo, estoy dispuesta además deseo conocerlos… -en sus palabras, más o menos controladas, se apreciaba que volvía a estar excitada y ansiosa.

    Con unas muñequeras y unas tobilleras ambas con argollas se las uní con unos mosquetones y de esta pose quedaba semi inmóvil la espalda contra la cama, las piernas flexionadas y abiertas, le puse un collar y deje pasar un tiempo para darle incertidumbre. Había caído la noche, cerré las persianas y encendí unas velas dejando la habitación en penumbras.

    Derramé sobre su vientre aceite de masajes y con mis manos recorrí todo su cuerpo desde el cuello hasta los pies, acariciando lentamente en círculos dejando tan solo la zona que cubría la tela de las bragas. Tres veces más repetí la operación, por último derramé aceite sobre la tela de las bragas y presioné levemente con la punta de los dedos sobre su coño. Pero solo lo justo para comprobar el grado de excitación y hacerla suspirar. Me incliné y la besé en el ombligo.

    – No hace falta que pierdas el tiempo, estoy más que preparada -respondió moviendo sus caderas e invitándome a dejarme de rodeos.

    – Depende de cómo se mire -Bajé de nuevo una mano y tocando sobre la tela- Sí, estás húmeda, eso es evidente.

    – ¿Entonces?

    – No es suficiente. Quiero que lo estés aún más. Que tus muslos se empapen, que tu cuerpo llegue al límite… que ya no puedas más -Su respiración se agitaba, su pecho pálido, suave, sus pezones eran como pequeñas bayas oscuras que se le erizaban por momentos, cogí unas pinzas y pasando la cadena que las unía por la argolla del collar tire de los pezones y se los pincé. Soltó un breve grito entre sorpresa y quizás también de dolor.

    – No me gustaría tener que amordazarte, por lo tanto no quiero oírte -por el gesto de su cabeza entendí que estaba de acuerdo.

    Tire de las bragas colocando la tela entre las nalgas y por entre una espesa masa de pelos sedosos que cubrían desde el pubis a la zona anal, incrustándosela entre unos labios vaginales, abultados, rojizos que abiertos parecían alas de una mariposa, se los acaricie con el pulgar, desprendían calor y humedad.

    – Veo que estas más que húmeda, as tardado poco en volver a calentarte.

    – Si, mi amo, lo estoy -dijo entre dientes.

    Separe la tela y un dedo se lo hundí por completo sin esfuerzo, entre dos y con ellos la masturbe. No paraba de gemir. Las embestidas de mi mano la hacían agitarse y que se le movieran las pinzas. Por sus gemidos estaba a punto y paré.

    – Me iba a correr, mmmmm por favor, eres un cabrán follame de verdad.

    – No, acabamos de empezar y todavía no toca.

    Para aliviar su placer tiré de las pinzas sin sacárselas, ella apretaba los dientes, inmóviles los brazos por las muñequeras, con los pechos pinzados, las piernas completamente abiertas exponiendo sus generosos muslos y sobresaliendo por entre la tela de la braga los labios vaginales y el abundante pubis, la máscara que cegaba su visión, aquella mezcla era la imagen de pura sumisión.

    Espere un poco observándola y cuando su cuerpo empezó a calmarse, alcancé el vibrador en forma de bala. Bajé la cabeza hasta que mi cara estuvo encima de su entrepierna. Le separé de nuevo los muslos, a la vez que aspiraba su olor, deleitándome de él bajé la boca, deslizando la lengua por encima de la tela, degustando su sabor. Tomando el vibrador soplé sobre su carne expuesta, pude ver los músculos de su vientre contraerse, entonces encendí el botón en marcha lenta que empezó a emitir un suave zumbido, aparte la tela de la braga y presionando contra sus pliegues lo coloque de modo que sujeto por la tela presionara directamente su clítoris. Ella se resistía sacudiendo sus caderas.

    Sacudió las manillas que le aprisionaban inútilmente, gemidos de placer fluían libremente de su boca. Su cuerpo se agitaba, se tensaba movía las piernas. Movía la cabeza y desordenaba su pelo. Pare el vibrador, me incorporé y acercándome a su oreja le murmuré.

    – Te noto muy deseosa.

    – No seas tan cabrón, vas a seguir jugando conmigo, por favor -mientras jadeaba moviendo sus caderas y las piernas.

    – Por favor ¿qué?

    – Por favor -volvió a repetir, lanzando un gemido y elevando aún más sus caderas

    – ¿Por favor qué? sigo o paro, ¿qué?

    – Sigue, por favor. Oh, por favor, sigue -Su voz se rompió cuando al mismo tiempo elevaba lentamente su cuerpo y de golpe lo dejaba caer sobre la cama.

    – Esto va a ser bueno, veo que quieres seguir y no quieres ser menos que Cris ¿verdad?

    – Sí, quiero seguir y no quiero ser menos que ella.

    De nuevo conecte el vibrador y volvía a excitarse, al poco y de golpe se derrumbó hacia un lado cerrando como pudo las piernas. Su orgasmo duró. Tras el clímax, sensuales espasmos recorrieron su cuerpo, poco a poco se fue serenándose y juraría que incluso la escuché sollozar.

    – Me he corrido y creo que me he meado un poco -dijo cuándo se calmó.

    Efectivamente la tela de la braga estaba completamente mojada, la desaté y la ayude a levantarse, en la agitación le había saltado una de las pinzas que la volví a colocar, le sujeté las manos en la argolla del collar quedando en posición como de estar rezando. La acompañe al servicio, la senté en el bidet para asearla un poco y cuando puse la mano por entre las piernas para enjabonarla un líquido caliente me llenó la mano, estaba orinando. En su cara una sonrisa con expresión vengativa. No aparte la mano y empecé a frotarla chapoteando contra su coño, frote sus labios, tire de ellos y los pellizque entre los dedos. Se levantó de golpe.

    – Eres un cerdo.

    – Shisst, tranquila -Mientras los dedos mojados se los pasaba por sus labios.

    Aquello tuvo la virtud de calmarla poco. Sospesé la posibilidad de soltarla ya, pero cuando respondió.

    – Sigamos con el juego, pero, por favor… no te pases, me gustaría verte.

    – De acuerdo.

    Le saque la venda de los ojos, los tenía rojizos, corrido el rímel quizás habían desprendido alguna lagrima pero tenía las mejillas con un exquisito tono rojizo. De golpe se inclinó hacia mí, me besó tiernamente, decidí dejarla llevar la iniciativa. Fue un beso suave, dulce, diría que incluso casto. Yo, se lo devolví con lujuria. Llevé mis manos hasta su trasero y comencé a amasar y estrujar aquellas nalgas duras y firmes. Nuestras lenguas se retorcían unidas, se saboreaban. Mi polla estaba durísima y se apretaba contra su pubis, su coño y mi polla pegados el uno al otro. El beso duró hasta que ella se separó y me miró a los ojos.

    Al abandonar mis labios empezó a besarme todo el rostro, mientras yo pugnaba por saborearla de nuevo. Comenzó entonces a besar y lamer una de mis orejas. Fue sorprendente el averiguar lo increíblemente excitante que puede ser que una mujer te haga esto. Giré un poco la cabeza, para que le fuera más fácil y ella lo aprovechó, mordiéndome y chupándome la oreja. Mientras lo hacía me susurraba:

    – Ahora verás lo que te voy a hacer.

    Se deslizó entonces hacia abajo, besándome el pecho, lamiéndolo. Descubrió mis pezones y se dedicó a estimularlos con la punta de la lengua, lo que me resultó muy placentero. Me chupaba por todas partes, haciéndome sentir la tremenda habilidad de su lengua, y yo allí quieto, sin responder a sus caricias. Siguió deslizándose hacia abajo y a medida que se aproximaba a mi entrepierna, más tenso y excitado me sentía yo. Se arrodilló. Yo miraba hacia abajo, contemplando sus maniobras. Sus pechos colgaban sobre mis rodillas, como frutas maduras, sus ojos fijos en mi erección, con un brillo de la lujuria reflejado en ellos. Poco a poco, aproximó su boca a mi entrepierna. Por fin, alcanzó su destino y apoyando la lengua en la base de mi miembro, lentamente, la lamió desde abajo hasta la punta. Siguió chupándola muy despacio, con su lengua, con sus labios, pero sin emplear nada más, pues sus manos seguían atadas. Yo estaba enfebrecido, deseaba que se la metiera ya en la boca, que dejara de torturarme, pero tenía otros planes. Siguió lamiendo y chupando, sin llegar a introducírsela en la boca. Poco a poco la fue levantando, poniéndola en vertical, usando para ello tan sólo su boca. Cuando la tuvo en posición, se la tragó entera, apretando con fuerza los labios mientras lo hacía, deslizando su boca por todo el tronco, ciñéndolo con su garganta, hasta que llegó hasta el fondo. Se mantuvo así unos segundos, haciéndome sentir el calor y la humedad de su boca alrededor de mi polla, que estaba a punto de estallar. Por fin empezó una mamada en toda regla, subiendo y bajando sobre mi cipote, chupando, mordiendo, lamiendo. Era increíble, aquella mujer era tan hábil con la lengua como cualquier otra persona lo sería con las manos.

    – Parece que aguantas mucho. ¿Es que no te doy gusto?

    – Eres absolutamente increíble -contesté- Me estás proporcionando el mayor de los placeres.

    – ¿Entonces?

    No podía aguantar mucho más, a pesar de querer prolongar la dulce agonía que suponía la lucha entre mi capacidad de contenerme y el abandono al instinto puro y duro. Las dos opciones resultaban atractivas, contenerse para alargar las agradables sensaciones o abandonarse por completo y disfrutar de un orgasmo irrepetible. Pero la contención iba perdiendo la batalla, ella iba dando munición con su lengua, sus labios, sus caricias…

    – Joderrrr -fue la simple pero elocuente palabra que pude articular al notar la presión en los testículos antes de eyacular sin más demora. Ella levantó la vista y se relamió como una gata zalamera.

    CONTINUARÁ…

  • Con mi compañera de trabajo y su madre

    Con mi compañera de trabajo y su madre

    Mi nombre es José Miguel y en la actualidad tengo 42 años y mido 1,72 m. Moreno y bien conservado. Lo que les contaré es una de mis experiencias sexuales que viví cuando estuve radicado en la ciudad de San Luis, Argentina por razones de trabajo.

    En la empresa que formaba parte trabajaban gran cantidad de mujeres, unas lindas y otras muy lindas esto debido a que en San Luis hay como 9 mujeres por hombre así que era más fácil contratarlas a ellas. Desde un principio puse mis ojos en una chica llamada Lily. Linda cara con unos hermosos ojos color turquesa, un buen busto para una chica de 25 años y por su puesto un gran culo como la mayoría de las argentinas.

    Un día saliendo del trabajo me topo con ella a lo que le ofrecí llevarla aceptando de inmediato. La llevé hasta su casa invitándome a tomar un mate, bebida que toman mucho los argentinos, aceptándole la invitación. Ya dentro de su casa aparece su mamá, una dama de unos 43 o 44 años, si la hija era linda, ella era dos veces mejor que su hija, linda cara con los mismos ojos que su hija, un busto que era un bustaso, una cintura de muñeca, un pedasote de culo con unas lindas piernas. Realmente no sabía quién era mejor si la madre o la hija.

    Así pasaron varios días en los cuales cada vez adquiría más confianza de ellas las cuales ya me consideraban como parte de ellas. Un día estando en la cocina tomando mate junto a ellas en una amena charla conversando de ellas, de lo solas que estaban y de todos esos temas de hombres y mujeres, Lily se para de la mesa comentando que iría a tomar un baño por el calor que había en el ambiente o por la conversación. Yo mientras tanto seguía conversando con su madre de lo buena que estaba, de los lindos ojos, del lindo busto en fin de su buen cuerpo que era para volver loco a cualquier mortal. De repente apareció Lily que ya se había duchado, cubriendo su cuerpo sólo con una toalla preguntándome ¿te quieres bañar? Respondiéndole ¡bueno, pero en tu baño! A lo cual me dirigí hasta su dormitorio para sacarme la ropa y tomar una buena ducha la cual duro unos 15 minutos, saliendo de ella al dormitorio de Lily encontrándome con ella aún, tal cual la había dejado hace unos minutos.

    – Todavía no te vistes, pregunté.

    – No, te estoy esperando, dijo ella al mismo tiempo que dejaba caer la toalla que cubría su cuerpo. Me acerqué a ella empezándola a besar, primero sus carnosos labios, su cuello, bajando hasta sus pechos, duros con unos pezones de color oscuro los cuales poco a poco empezaron a ponerse duros, bajé por su cuerpo sin dejar de acariciar sus pechos, la tomé de la mano y la trasladé hasta su cama dejándola caer de espaldas para continuar besando su cuerpo, seguí con sus pechos mientras con mis dedos jugaba con su monte de Venus introduciendo un dedo y a veces dos en su concha, como gemía de placer, me deslicé con mi boca hasta llegar a su concha la cual empecé a besar introduciendo mi lengua en ella comprobando que ya estaba bastante mojada producto del placer que sentía con mi lengua en su concha introduje un dedo en su culo el cual empecé a meter y sacar, por los retorcijones que ella daba me doy cuenta que ya estaba casi lista para un orgasmo, aceleré mi ritmo cuando escucho un gritito de placer que era producto de su orgasmo, entregándome todo su néctar en ese momento. La tomé de las manos sentándola al borde de cama, solté la toalla que me cubría y le dije:

    – Ahora hazme lo mismo.

    – No sé cómo hacerlo, nunca lo he hecho, me dijo.

    – Simple, abre la boca, te lo introduces y con tus labios me empiezas a pajear, lo sacas lo lames y lo vuelves a introducir, si quieres te ayudas con las manos. Empezó a hacerlo pero la verdad que más que placer era dolor lo que sentía ya que sus dientes me hacían daño. Se lo saqué de la boca la giré en la cama poniéndola de cuatro sobre ella y empecé a introducir mi pija en su concha, a lo perrito, dándole con todo, en un mete y saca que ella sabía llevar, cómo gozábamos, estando en esto miro hacia la puerta y veo que está su madre gozando del espectacular, saco mi pija de la concha de su hija y con ella totalmente erecta me dirijo hasta su madre la cual tomo de la mano para llevarla hasta la cama, ella en cambio en vez de seguirme se arrodilla y empieza a hacerme una mamada de esas espectaculares:

    – Así se hace hija, le dijo a Lily quien observaba desde la cama, así se hace, le volvió a decir. Realmente lo hacía muy bien, lo tomaba con una mano y se lo metía en su boca apretándolo con los labios, cómo me hacía chillar de placer. Con tres mamadas ya me tenía a mil. Se lo sacaba de la boca, pasándole la lengua, llegando hasta mis huevos lamiéndolos y volviendo a chuparlo. No aguantaba más ya estaba para entregarle toda la leche que su hija no supo sacarme.

    – Me vengo, me vengo, le decía y ella aceleró el ritmo para hacerme acabar en su boca y no dejar escapar ni una gota de leche. Lo quería sólo para ella. La verdad que era una diosa chupando.

    No satisfecho con esto tomé a la madre la levanté de la posición en que se encontraba y empecé a desnudarla suavemente prenda a prenda dejando en primer lugar sus pechos al aire y cual bebé empecé a chuparlos como si con ello podía devolverle el placer que me había entregado, baje lentamente por torso ya desnudo y empecé a bajarle la pollera dejando al descubierto su bombacha tipo colé que sólo le cubría poca parte de su monte de Venus, suavemente empecé a deslizarla hacia abajo sin dejar de besar cualquier parte de su cuerpo ya totalmente desnudo, era un espectáculo tener a ese par de hembras totalmente desnudas para mí sólo, no sé cuál de las dos era más hermoso su cuerpo. La acomodé al lado de Lily en posición de cuatro y empecé a besarle todo su trasero mi lengua recorría primero su culo y luego su vagina la cual ya estaba totalmente lubricada, mientras hacía esto mi mano no dejaba de acariciar las tetas de Lily quien pacientemente esperaba su turno, la verdad que sólo quería cogerme a la madre.

    – Mételo -decía ella- ya lo quiero dentro de mí.

    – Aguanta amor, quiero hacértelo con mi boca -le dije.

    – Ya no aguanto, qué placer papito, es todo tuyo, dejando escapar todo su placer en mí.

    La dejé en la misma posición y empecé a meter mi miembro en su vagina totalmente dilatada, mete y saca, ella seguía gozando, lo saqué por completo y acomodé a su hija justo al lado de ella y en la misma posición metiendo mi miembro hasta los huevos en su vagina se lo metía a una y luego a otra pero siempre me quedaba más tiempo con su madre, era una experta, mientras estaba en una a la otra le metía algún dedo en su culito así fui dilatando y lubricando ambos culos, pero debe decir que más me atraía el culo de su hija el que se veía más apretadito, estando ella ya entregada totalmente a mis juegos cuando le tocó el turno lo apunté a su culito y empecé a meterlo suavemente, primero la puntita lo que le hizo escapar un pequeño quejido pero sin oponerse a lo que le estaba haciendo, al ver esto la madre, se levantó y con su mano ayudó a que se lo fuera clavando todo hasta los huevos empezando un mete y saca primero lento y después más rápidos sus quejidos ya no eran de dolor sino de placer que a mí también me estaba llevando al clímax con mi mano empecé a acariciar las tetas de su madre y con la otra alcance la vagina de Lily era como si tuviera dos penes al mismo tiempo, no duramos mucho acabando ella primero y luego yo sin dejar que saliera ni una gota de semen desde su culo. Fue maravilloso. Después de esto nos fuimos los tres a bañar.

  • Le concedí a mi machote una noche con mi amiga

    Le concedí a mi machote una noche con mi amiga

    Últimamente andaba muy baja de baterías, la callecita del bar está en obras y no se paran ni las moscas por el lugar, George me dijo que no sacábamos dinero ni para la luz, así que le llamé a mi amiga la Rocío para ver que es de su vida ¡Hola Puta! ¿Y ese milagro? Pues nada ando tristona y ni siquiera sé por qué ¿Qué haces? Trabajando de mesera, aquí hay mucho ajetreo. Pues aquí está muerto. Si, vi que les están arreglando la calle. Pues sí ya llevan mucho tiempo y van muy lentos ¡Ay amiga, salgo a las 6! ¿Nos vemos en el bar? Pasa y te invito una copa.

    Ella llegó a las 6.30 y nos abrazamos ¿Qué tienes? Te noto muy jodida. Y lo estoy, no sé pero extraño a mi hijo y hace mucho que no sé nada de él. Bueno pues llámale. Por la noche le voy a llamar. Hablamos de nuestras cosas, del macho que me cojo y eso. Como a las 8 llegó él, los presente, el muy cabrón se comía con los ojos a mi amiga. Y es que la puta vestía una mini de cuero y claro con esas piernotas y esa cara de ángel ¿Quién no la puede dejar de ver? Estaba sentada en la barra en un banco alto con las piernas cruzadas y ¡Que buena está la culera! Se fue como a las 9. Él me dijo que estaba muy cansado y que quería dormir temprano. Al otro día estaba preparando el desayuno para papá y para mí y me llamó ¡Hola Mara! Me habló de tonterías dando vueltas para sacarme información de mi amiga Rocío. Noté su interés sobre mi amiga. Una hora después me llamó Rocío ¡Estoy en mi descanso! Oye pues ese tipo no está nada mal para su edad. ¡No! ¿Verdad que está bueno? Y la tiene gorda y dura el cabrón ¿Rocío, te interesaría un trío con él? Bueno no sé, eres mi amiga y… Por eso te lo digo, a lo mejor resulta interesante ¿Y cómo le hacemos? Bueno déjame decirle a ver si se anima.

    Le llamé al macho y ¡Aceptó sin más! Quedamos que el martes nos iríamos los tres a un motel, le dije eso a mi amiga y así nos pusimos de acuerdo que a las 11 de la noche nos veríamos los tres en el bar. Para el encuentro preparé un baby doll negro transparente, una tanguita roja y medias con liguero. Total que el día llegó y por la noche nos fuimos los tres a un motelito de periferia a ver qué pasaba. Rocío se entalló unos jeans estrechos que resaltaban su culo y marcaban su vagina en una rajota lujuriosa. Él con su ropa de leñador nos llevó al motel en su carcacha. Llevábamos una botella de ron, refresco y vasos desechables.

    Un par de copas después comenzamos a besarnos la Chío y yo, para ponerlo cachondo, ella se quitó la blusa y al instante brotaron bajo su brasier de encaje sus dos tetazas enormes, él con un brillo en los ojos nos miraba fascinado, me puse en cuatro patas dándole las nalgas para que me las frotara y Rocío se quitó el pantalón quedando en pantaletas de encaje iguales al brasier, también se puso en cuatro y mi macho se acercó por detrás para acariciarnos a las dos, expertamente nos metió mano en las nalgas, me volteé para bajarle el pantalón y sacar su instrumento para que mi amiga lo viera en todo su esplendor. La puta se lo llevó de inmediato a su boquita de corazón bien pintadita y él me miró entornando sus ojos gozando de esa boquita mamadora, me puse detrás de Rocío bajándole las pantaletas y cuando ella separó las piernas en cuatro sobre la cama le mamé la panocha, se mojó rico y sorbí sus femeninos jugos mientras le metí mi dedo en el ano lubricado por sus propios jugos. Se excitó mucho y le metí la verga de un tirón, luego de tres minutos así, mi macho nos giró a las dos y nos puso al borde de la cama para ensartarnos primero a ella y luego a mí, sin condón, sentí reventar mi culo cuando ese pene negro y gigantesco entró hasta lo más profundo de mi ano sintiendo arqueadas por el culo con unas ganas como de cagar y dolor que se transformó rápidamente en placer indescriptible.

    Ella se recostó bajo de mí y comenzó a lamerle los huevos al hombre, eso le gustó y sacándome su vergota la metió en la boca de Chío que la recibió alegremente. Luego la recostó y en típico misionero la montó mientras la penetró lentamente, ella me miró gimiendo con carita de asustada por tener adentro ese pitón gordo y venoso que parecía la reventaba. Dijo: Mara ¿Cómo te comes todo esto? Es imposible. Él le dijo: Tiene un culo enorme. ¿Te gusta nena? Sí Papi, métemelo todo. Total que yo me recosté al lado de mi amiga halando su pierna derecha encima de mí mientras que la izquierda mi macho se la llevó al hombro y la folló como loco. Se vino una y otra vez chorreando jugos de su panocha mientras yo le acariciaba el clítoris. Agotados nos recostamos y nos besamos los tres.

  • Follando en la feria

    Follando en la feria

    Puta alergia. Siempre nos pasaba lo mismo, organizábamos algo y cuando llegaba el día… la alergia que nos daba fuerte. Este año habíamos hecho bastantes planes para la Feria de Sevilla, pero no la pudimos disfrutar, para nada, según nuestros planes. El polen de las gramíneas nos lo impidió de forma contundente. Pudimos ir un par de veces al Real de la Feria y no demasiado bien. Y era jodido porque Marta se había comprado hasta un vestido nuevo para ello.

    Por eso, un par de semanas después, y viendo que parecía que la alergia se mostraba más controlada, decidimos ir a una feria de un pueblo cercano a Sevilla. Teníamos una pareja de amigos que vivían allí y decidimos quedar con ellos y darnos una vuelta, ya que otros años anteriores también habíamos ido. Ellos nos dijeron que perfecto, que quedáramos, si nos parecía bien, el viernes por la noche. Y así lo hicimos, tras, claro está, dejar el niño con la abuela.

    Tengo que decir que Marta estaba preciosa. Era un traje de gitana blanco y rojo, que realzaba totalmente su figura. Se pegaba a su cuerpo, dibujando unas caderas de ensueño, al mismo tiempo que dejaba la espalda al aire y un escote que quitaba el sentido. Se recogió el pelo en un moño, lo acompañó todo con unos pendientes blancos y una rosa en el pelo.

    Yo me puse un pantalón oscuro, una camisa blanca y una chaqueta azul.

    Y nos fuimos para la feria.

    Y como pasa en las ferias… a beber, comer y bailar. Tras dos horas en el recinto ferial estaba yo ya hasta arriba de comida y de bebida, porque mezclando cervezas y rebujito el panorama era de borrachera. Menos mal que, llegado el caso, ya habíamos acordado con nuestros amigos el quedarnos allí en su casa.

    Marta y nuestra amiga estaban bailando en una caseta, mientras yo y el marido de ella estábamos sentados apurando un plato de jamón y una jarra de rebujito. Os admito que viendo el cuerpo de Marta en aquel traje me estaba poniendo a mil. Todas las mujeres están escandalosamente buenas con ese tipo de vestido, cierto. Pero Marta estaba aquella noche simplemente espectacular. Os admito, si, que miré más de un culo aquella noche, incluido el de nuestra amiga, pero el de Marta era hipnótico.

    Se acercaron ellas a la mesa, y terminaron con nosotros lo que nos quedaba. Salimos a dar una vuelta. Era ya una hora que rozaba el momento en que el recinto empezaba a perder gente, y además hacía algo de fresco. Marta y yo lo aprovechamos para caminar abrazados, y yo, además, para darle un par de toques en el culo. Fueron bien recibidos. Se veía que Marta también estaba con ganas de terminar aquella noche de buena forma.

    Tras esa vuelta por el recinto volvimos a la caseta de nuestros amigos. Algo más de bebida entre risas. Entre copa y copa se nos acercó otra pareja. Nuestros amigos nos los presentaron. Eran familiares de ellos. Les propusieron ir a otra caseta donde había otros familiares. Pero nos parecía que era pasarnos, así que Marta y yo les dijimos a nuestros amigos que no se preocuparan. Que fueran ellos y que luego quedábamos con los móviles.

    Hicimos eso, y Marta y yo decidimos que daríamos un par de vueltas por el recinto viendo el ambiente y las atracciones, aunque temíamos que viendo la hora la cosa estuviera ya, tal como habíamos visto en nuestro paseo anterior, bastante apagada. Eso sí, Marta me pidió que la esperara. Antes de dar la vuelta iría al baño.

    Yo la esperé en la puerta, ya solo. Al momento de estar allí me sonó el móvil. Sorprendido vi que era un mensaje de Marta. Al abrir el whatsapp vi que era una foto, y al descargarla un rayo me recorrió el cuerpo.

    Marta se había hecho una foto sentado en el wc. La braguitas blancas que llevaba, con los bordes naranjas, en los tobillos, el traje recogido y su mano insinuando que se estaba masturbando.

    El teléfono vibró de nuevo. Era un mensaje y otra foto. El mensaje sólo decía «¿Te ha gustado?» y la foto era una de ella reflejada en el espejo del baño y guiñando el ojo.

    Mi polla se puso morcillona.

    Al momento, salió ella del baño y se dirigió hacia mí con una sonrisa pícara en los labios. Llegó a mi altura y, sin perder la sonrisa, dijo: «vamos a dar esa vuelta».

    Sobra si os digo que nos cogimos de la mano y fuimos en busca de un sitio oscuro. Tras cruzar un par de calles y salir del recinto ferial, llegamos a una especie de zona deportiva. Junto a ella encontramos un pequeño callejón oscuro. Entre risas nos metimos allí.

    Marta no lo dudó: «follame». Sólo me dijo eso, antes de guiñarme un ojo, y girarse subiéndose el vestido. Yo me apreté con ella, la besé en el cuello y, a continuación, me agaché. Su culo, enmarcado por esas braguitas, quedó frente a mí. Sujeté las braguitas y se las bajé hasta las rodillas, al mismo tiempo que hacía que abriera un poco las piernas. Sentí como ella colocaba la frente apoyada en la pared, mientras seguía sujetándose el traje.

    Me mojé un par de dedos con saliva y le toqué el coñito. Lo tenía hirviendo. Tenía un incipiente pelo que me acarició a su vez a mí. Sólo un par de toques después noté que estaba mojándose rápidamente. Se veía que el calentón lo traía ya de hace un tiempo. Apoyé mis manos en la parte posterior de sus muslos y empecé, con mi lengua, a saborear su sexo. Mi primer toque de lengua fue correspondido con un gemido, y cuando fui subiendo la velocidad de mi lengua conseguí, como respuesta, gemidos más constantes y fuertes. En esos momentos, mi polla estaba a punto de reventar dentro de los pantalones. Me alegró ver que, pese al alcohol ingerido, aquello iba a terminar bien.

    Sentía su sabor recorrer cada rincón de mi boca. Le di un pequeño mordisco en la cara interna de uno de los muslos. Me incorporé y me bajé la bragueta, sacando el pene. Estaba durísimo y con el glande ya mojado. Sujetándomela le di un par de toques en la vagina y diciéndole al oído que estaba loco por ella, la penetré. Estaba tan mojada ella que mi polla casi se resbaló dentro de ella. La penetración fue acogida con un gemido y con un movimiento de ella hacia atrás, facilitando la propia penetración. Le sujeté con una mano el vestido, que ya se le iba soltando de las manos, y con la otra en su espalda, empecé a follarla.

    La situación me tenía a mil. Follar en la calle siempre me ponía a mil. Pero no era algo que hiciéramos mucho, y encima, aquella situación en sí, era más que morbosa. Escuchaba gente pasar por la calle a unos metros de nosotros, veía la calle iluminarse con faros de coches… y allí estábamos Marta y yo, disfrutando como locos.

    Que me gustara tanto la situación y que mi erección fuera tan bestial, hicieron que aquello no durara mucho. Para nuestra desgracia me corrí dentro de ella pasados unos minutos. Noté los chorreones de semen abrirse camino en mi polla hacia su cuerpo.

    Se la saqué con cuidado. Ella se recolocó las braguitas y entre risas salimos del callejón al ver que no había nadie alrededor.

    No habíamos llegado al recinto cuando recibimos un mensaje de nuestros amigos. Nos indicaban que habían estado buscándonos y que no nos veían. Y que si queríamos tomar algo más o que si nos batíamos en retirada. Les contesté diciendo que estábamos cansados y que habíamos bebido ya más de la cuenta y que si no les importaba… Quedamos en cinco minutos junto a la portada del recinto para irnos a su casa a dormir.

    Todo pasó así y media hora después estábamos ya en la cama. Nuestros amigos tenían una habitación de invitados junto a la de ellos. Nos dejaron un par de pijamas y nos fuimos a la cama.

    Yo estaba tremendamente cansado, pero no sé si por ser otra cama diferente a la mía, por la cantidad de alcohol o por la excitación de la follada que Marta y yo habíamos tenido, no podía dormir. Marta estaba igual. Así que nos quedamos allí, en la cama abrazados, hablando en voz bajita y riéndonos sobre lo que habíamos hecho aquella noche.

    Estaba yo hablando cuando Marta colocó uno de sus dedos en mis labios e hizo que me callara. Con la otra mano se señaló el oído diciendo que escuchara.

    Y entonces me di cuenta.

    Se escuchaba que nuestros amigos se lo estaban pasando bien en la habitación de al lado. Se escuchaba la cama chirriar, gemidos, grititos, el sonido de piel contra piel…

    Marta me miró con las pupilas dilatadas y una sonrisa en los labios.

    -Esos dos se lo están pasando pipa –le dije

    -Pues yo también quiero –dijo ella antes de lanzarse a besarme.

    Antes de darme cuenta mis pantalones estaban en los tobillos y Marta me la comía.

    -No creo que se ponga dura tras el polvazo de hoy y el alcohol, cariño.

    Ella me miró, sonrió y volvió a recorrer mi polla y huevos con su lengua.

    Creía que no, pero pasados cinco minutos mi polla estaba erecta.

    -Nunca dudes de mí, chaval –me dijo sonriendo.

    A continuación se desnudó completamente y se colocó sobre mí, metiéndose mi polla erecta.

    Los sonidos de la habitación de al lado habían aumentado en fuerza. Y a ellos se les unieron los nuestros.

    Marta empezó a cabalgarme con fuerza, haciendo que nuestra cama gimiera. Joder, como lo hacía. Siempre se ha movido genial en esa postura. Yo la miraba a la cara mientras la dejaba hacer. Solo le apretaba las tetas dejando mis dedos marcados en ellas. Y yo gemía, gemía fuerte. El sentir su culo contra mis muslos en cada movimiento de caderas que hacía me pone a mil. Joder, como me hace sentir. Y como se mueven sus tetas… una delicia. Ese movimiento de sus tetas es un baile que me hace soñar. Es hipnótico.

    Le di una cachetada en el culo y cerré los ojos. Sentía los gemidos de Marta, los de nuestros amigos, las camas chirriar… ufffff. Sentí las manos de Marta arañarme el pecho, pero no me importó. Quería sentir sintiendo aquella forma de follarme.

    -Vamos, cariño, vamos, ¿Te gusta esto eh? -me dijo, con la clara intención creí, de que yo la escuchara pero que también lo hicieran al otro lado de la pared.

    -Quiero un chorreón dentro de mí. Quiero tu leche calentita en mi coño.

    Marta no solía hablar así, pero se veía que el alcohol la había soltado.

    Llevó una mano a mi cuello y me lo apretó mientras volvía a decir entre gemidos:

    -Vamos, córrete. Quiero tu leche dentro de mí. Como me tienes… joder, que cachonda estoy.

    Aceleró su movimiento, robándome un par de gemidos fuertes.

    La agarré de las caderas cuando sentí que mi leche se abría paso. Joder. Tras la corrida de hacia unas horas ésta también fue importante. Mientras me corría la miraba a los ojos, y veía en ellos sólo cosas que me gustaban: morbo, lujuria, sexo, calor…

    Entre risas nos volvimos a vestir. En la habitación de al lado no se escuchaba ya nada. Al poco nos quedamos dormidos abrazados.

    Al día siguiente, en el desayuno, las miradas que nos lanzábamos los cuatro lo decían todo.

    Vaya feria!

  • Decidimos que me venda

    Decidimos que me venda

    Soy Judith, y todo comenzó cuando en lo más íntimo de placer con mi pareja…, decidimos que me venda. Que quería ser su escort, el no dudo y salimos en busca de esa fantasía que nos generaba un placer único e inexplicable.

    Empecé a anotarme en todas las páginas de chicas Vip Escort, las llamadas no tardaron en aparecer, cada vez iba generando más y más llamadas, por supuesto era una fantasía y por eso elegíamos al indicado, todo tenía que cerrar de una manera perfecta, con nuestros requisitos. Que locura descubrirnos ahí, el abismo puro no tuve placer más grande en mi vida que comenzar a vivirlaaaa.

    Sonó el teléfono y llego uno de los más esperados, un empresario que deseaba cenar y charlar, fue genial que Ice me acompañe en todo momento, desde mi vestimenta hasta la cantidad de perfume que volcaba sobre mi piel.

    Me dejo en un importante edificio de Puerto Madero, donde sabíamos que me esperaban con sushi y champagne, me acerque a la recepción, me registraron y subí dejando a mi chico en la puerta esperando mi salida. Al subir le iba indicando cada lugar donde estaba hasta llegar al piso.

    Ahí me recibió un caballero sonriente, educado y tímido a la vez, no dejaba de mirarme y de darme vueltas para seguir mirando más aún. Las luces apagadas, velas encendidas y una tremenda vista al rio. Cenamos charlamos y el teléfono no dejaba de sonar, era el que estaba en la misma sintonía, se había ido a cenar sushi muy cerca del lugar, me envía fotos y de reojo miraba una y otra, me tenía encendida a mil, no podía sacarlo de mi cabeza, era imposible… tome mucho pero mucho lo que no acostumbro. Estaba brava debo reconocerlo pero no por el caballero presente sino por el que no paraba de alimentar mi sexo. Cenamos, charlamos y nos besamos un poco, pero me di cuenta que lo único que necesitaba era compañía, no sexo, para mi mucho mejor aún.

    Pasaron las tres horas contratadas y me despedí, juro que al ir bajando del piso 23 lo único que quería era el encuentro con él, mareada hasta la medula llego el a mí… lo bese tan fuerte que me estremece la piel de solo pensarlo, para a un costado y me pidió que le coma la pija, lo comí de una manera única nos fuimos para mi casa donde fue tremendo el encuentro, el placer, la seducción, la locura, la lujuria por diosss y que lujuria me cogió fuerte tan fuerte que me decía que le repita que era yo para él y una y otra vez repetía su puta, no paraba de darme placer y más placer, no quería que termine nunca quería que me pegue una y otra vez, que me coja más y más.

    Terminamos los dos en un nivel de excitación impensado y empapados de placer. Una cornisa muy fuerte de pisar un hombre al que no podes decir no, UNA LOCURA MARAVILLOSA QUE ME HACE VIVIR.

  • Mi sensual suegra

    Mi sensual suegra

    Hola soy Juan, este es mi primer relato es 100% real, es decisión suya si quieren creerlo o no.

    Tengo 21 años, soy de Bogotá, Colombia, esto pasó el año pasado en diciembre, yo estaba en casa de mi novia, estábamos en la sala sentados en el sofá besándonos, tocándonos y estábamos a punto de subir a su habitación a hacer el amor muy duro como nos gusta y en ese momento llegaron sus papas, nos tocó acomodarnos la ropa súper rápido y gracias a que primero está el garaje nos alcanzamos a vestir, nos saludamos y ellos no sospecharon nada.

    Nos sirvieron algo de comida que traían, comimos y hablamos de todo un poco, en eso mi suegro le dijo a mi novia que lo acompañara a comprar unas boletas para cine en Gran Estación (un centro comercial de Bogotá) y de paso cambiarían unos tenis que él había comprado el día anterior y se habían dañado no sé porque, ella le dijo que si y pues iríamos los tres, pero en eso mi suegra me dice que por favor la ayude a correr unas cajas del garaje para armar el árbol y todo lo de navidad mientras ellos iban, yo no puse problema pues para quedar bien con ella obviamente.

    Ellos salieron y yo me dispuse a mover las cajas, ella me las señalo y me dijo que las llevara a la sala para empezar a armar todo, yo las lleve, me dijo que corriera los muebles para que todo fuera más como y así lo hice, empezamos a sacar todo y como las cajas estaban guardadas desde febrero obvio tenían demasiado polvo, entonces ella me dijo que iría a ponerse otra cosa para no ensuciar la ropa con la cual saldría a cine, subió a su habitación mientras yo sacaba el árbol al bajar quede hipnotizado, tenía una blusa ombliguera (creo que se llaman así) la cual además de que me permitía ver su abdomen plano y su lindo ombligo, me daba una buena vista de sus senos ya que era un poco escotada y traía puesto unos cacheteros muy arriba, que marcaba su vagina y su rico culo paradito, ella solo se rio y me dijo que despertara, yo me reí y le dije que perdón y seguí en lo mío, con la verga dura, en un momento ella se agacho, yo estaba de espaldas a ella, pero justo en ese momento yo voltee a coger algo y mi cara quedo completamente metida en su culo.

    Cuando ella sintió mi cara se levantó y puso su cadera hacia adelante, yo me quede completamente quieto, no sabía qué hacer, como reaccionar, ella empezó a reírse y me dijo:

    -tranquilo, no pasa nada -en ese momento me dijo que me parara y era inevitable que mi verga se notara por sobre mi pantalón, ella la vio sonrió y me dijo- Parece que si paso algo -me apretó la verga y me dijo- vamos a ver qué es lo que Andrea (mi novia) se come.

    Se agacho y me iba a desabrochar el pantalón, pero me puse nervioso y le dije que si estaba segura, que yo no quería tener problemas con ella ni con el esposo y mucho menos con Andrea, ella me dijo que si, que quería chupármela hace mucho, desde que vio una conversación en el celular de Andrea en la cual yo le había mandado una foto de mi verga.

    Me desabrocho el pantalón, me escupió la verga, me la jalo un poco y me la empezó a chupar muy rico, yo tome su cabeza y hacia que se metiera mi verga completamente en su boca hasta que se ahogara.

    -Que rica verga Juan, Andrea sabe elegir bien sus novios.

    Me la siguió chupando entonces no aguante las ganas y le cogí un seno sobre la blusa, me di cuenta que no traía sostén, se los apretaba y le jalaba los pezones lo cual la excitaba mucho, se sacó mi verga de la boca y se levantó.

    -Vamos arriba, quiero que me hagas de todo.

    Subimos besándonos y tocándonos, al llegar a su habitación le saque la poca ropa que tenía y me di cuenta que tampoco tenía tanga, lo cual me excitó mucho, tenía una vagina completamente depilada y muy linda, me lance sobre ella y empecé a comerme su vagina, sabía muy rico, ella gemía como loca, mientras yo le pasaba la lengua desde su ano hasta su clítoris y en algunos momentos le metía la lengua en su rica vagina, en otros le mordía el clítoris con mis labios, ella solo gemía y me decía que Andrea tenía mucha suerte, que le hiciera mas así y me jalaba el cabello o me apretaba contra su vagina, después de unos 20 minutos, me dolió la lengua así que empecé a masturbarla mientras le chupaba los senos, le mordía los pezones y se los jalaba con mis labios, le metí primero 2 dedos, luego 3 y pude meterle 4 dedos, se los metía muy rápido y muy duro, tanto así que hacía que se quedara sin respiración.

    Me pedía que parara porque se iba a venir y ensuciaría todo, yo pare y le metí los dedos en la boca, ella los chupo y los labio hasta que ni una pisca de sus jugos quedaron en ellos, me cogió la verga, me masturbo un poco, la escupió y me dijo:

    -Métemela toda.

    Se puso boca arriba, se abrió las piernas ofreciéndome su rica vagina y yo sin pesarlo, me acomode y se la metí toda, y empecé a penetrarla suave y lento y luego más rápido y más duro, la escupía, le chupaba los senos, y nos besábamos locamente, la voltee, le empecé a hacer oral anal y a darles palmadas en el culo, muy duro pero le gustaba porque gemía y me decía que le diera más duro, cuando se lo iba a meter otra vez en la vagina me dijo que si no quería culito, yo dije que sí y me dijo que se lo metiera pasito que por ay poco lo hacía, se lo metí despacio, hasta que entro toda.

    Me dijo que esperara y empezó a mover el culo para acostumbrarse a mi verga, paso un minuto y me dijo ya, métemela muy duro, yo obedecí y se lo empecé a meter muy duro mientras le jalaba el pelo y le daba nalgadas tan duro que le deje las manos marcadas, no aguante más y le dije que ya me iba a venir ella me dijo que la sacara, se arrodillo y abrió la boca, me masturbo y me vine en su boca y en su cara, ella se lo trago todo hasta el que le quedo en la cara, luego me tiro en la cama, se montó sobre mí, acomodo mi pene y empezó a cabalgarme, saltaba muy fuerte, sus senos saltaban, yo se los cogí y los apreté muy fuerte, la jale hacia mí y se los empecé a chupar, luego se lo empecé a meter yo y ella solo se quedaba de cuclillas, en poco tiempo sentí que me venía de nuevo y cuando le dije ella me dijo que me viniera dentro de su vagina que como estaba operada no pasaba nada, así que sin pensarlo cambie de posición, quedando sobre ella, le abrí las piernas, se lo seguí metiendo muy duro y me vine dentro de ella, los dos acabamos al tiempo, cuando se lo saque salían sus jugos combinados con mi semen, ella se metió los dedos, saco un poco y se lo comió, luego me miro se rio y me dijo que nos vistiéramos que ellos ya iban a llegar.

    Nos vestimos, ella fue al baño y se limpió, nos empezamos a besar muy rico y en eso sonó la puerta, nos acabamos de arreglar rápido y yo baje como si nada, y salude a Andrea y a mi suegro, mi suegro subió y Andrea y yo nos quedamos besándonos, ella me lo saco y me lo chupo un rato, se lo iba a meter pero no pude porque bajaron mis suegros, fuimos al cine y antes de irme para mi casa mi suegra me dijo que eso se repetiría, yo le di un pico y fui a despedirme de mi novia a la que si bese con locura.

    Espero les allá gustado, como ya les dije es 100% real, pero pues ustedes deciden si creerlo o no.