Autor: admin

  • Decadencia filial: Un acuerdo inesperado (3)

    Decadencia filial: Un acuerdo inesperado (3)

    Los personajes de este relato tienen las siguientes edades:

    Manuel (19 años), Mariana (44 años), Carla (21 años) y Paula (18 años).

    En la cocina, Mariana escuchó a su hijo bajando las escaleras. Supuso que a esas alturas ya tendría una idea de cómo iba a controlarlo. Normalmente se daba cuenta cuando él se masturbaba en su habitación, pero esa mañana no fue así. Pensó que seguro tendría una erección matutina. Cuando entró, no pudo mirarlo a los ojos, no después de lo que había sucedido la noche anterior. Solo hubo una mirada furtiva e incómoda entre ambos, por lo que se dio la vuelta y empezó a lavar los platos en el fregadero.

    Al escuchar que su hijo se detuvo, tuvo el presentimiento de que la estaba mirando fijamente. Hizo una pausa y lentamente empujó el culo hacia él. En ese momento se le ocurrió que lo mejor sería “seducirlo” antes de decirle cómo iba a funcionar el acuerdo. Escuchó cómo sus pasos se acercaban. Y vaya sorpresa se llevó cuando sintió sus manos tomándola de la cintura, con una erección presionando contra su culo.

    —Ahora te estás sobrepasando.

    Manuel le pidió por favor que lo dejara seguir. En ese momento no pensaba discutir en absoluto. No después de que su madre se le insinuara de esa manera y, menos aún, por la peculiar calza que llevaba puesta.

    —Manuel, ambos sabemos lo que pretendes.

    Aunque le hablaba con firmeza, ella no daba indicios de reducir el contacto de su culo con el bulto de su hijo, el cual ya se encontraba palpitando.

    Era la primera vez que Manuel estaba así por su madre y la última noche en el baño había encendido su deseo a un nivel completamente nuevo.

    Empezó a molestarla un poco e insinuarle que había dejado la puerta del baño abierta a propósito. Ella lo negó, esbozando una sonrisa y moviendo el culo sobre su erección.

    —Te he dicho que íbamos a hacer esto bajo mis términos. No más de eso, ¿de acuerdo, cariño?

    Manuel presionó un poco más contra su culo. Continuó molestándola con lo de la noche anterior, insistiéndole que ella sabía que estaba allí y que quería que él la observase mientras se masturbaba.

    —Como lo hago ahora.

    Manuel volvió a empujar con más fuerza dentro de la raja del culo de su madre, sonriendo y gruñendo.

    La paciencia de Mariana ante las embestidas le hizo considerar a su hijo que toda esta situación no solo se trataba de solucionar su “problema”, sino que además le estaba gustando sentirse deseada.

    Manuel le preguntó si podía bajarse el bóxer ya que le estaban resultando muy incómodo por la fricción constante de su pene. Mariana hizo una pausa y luego asintió, dejando así que su hijo disfrutara directamente del suave material de la calza.

    —Mierda… mamá. Esto es lo mejor. Me encanta usar tu culo.

    Manuel le propinó una nalgada.

    —Pues úsalo como quieras, Manuel. Solo mi culo. El de nadie más.

    Manuel colocó una mano sobre su hombro, la otra en su cintura y continuó friccionando su pene arriba y abajo repetidas veces, todo a lo largo de la raja del culo de su madre.

    —¡Vamos, desahógate conmigo!

    Manuel la inclinó sobre la mesada y aceleró las embestidas, esta vez frotando con más fuerza y velocidad hasta que en un último movimiento ascendente, salieron expulsados tres chorros de semen. Dos de ellos con tanta fuerza que cayeron sobre el cabello y la espalda de su madre. Un último, más rezagado, lo hizo sobre la banda elástica de la calza. Manuel tardó un momento en recuperar el aliento. Ella solo se reía por dentro.

    —Eso fue increíble, ¡eres increíble!

    Manuel le preguntó si podía hacerlo otra vez. Ella se rió y le contestó que, por supuesto, que esa era la idea, y que mientras estuvieran solos, él podía usarla y ver si así solucionaba su problema.

    Aún con una sonrisa en el rostro, Mariana miró a su hijo de arriba abajo, luego pasó la mano por su espalda y sacudió la cabeza al notar la mancha de semen que yacía en su camiseta. Manuel se disculpó y ella lo despeinó con un movimiento de su mano.

    —No te preocupes, cariño. La próxima vez lo haces en mi culo, ¿si?

    Le pidió que le diera un beso y desayunaron juntos.

    Ese día Manuel usó su culo tres veces más.

    Luego de terminar una de las dos siguientes ocasiones, Mariana le hizo saber a su hijo que se había puesto esa calza esperando que lo ayudara a ponérsela dura. Y, cómo no, si estaba tan pegada a su figura que la tela se perdía entre medio de sus nalgas, como si fuera una segunda piel. Además, al contrastar con la tenue luz del sol que entraba por las ventanas, el brillo del material hacía que el color turquesa de la prenda resaltara aún más, junto con las contracciones de los músculos de sus muslos y piernas que se marcaban al realizar el mínimo esfuerzo.

    En la última y cuarta vez, los dos estaban en el sofá, acurrucados, viendo un documental en la tele, mientras él apretaba con una de sus manos el culo de su madre, como si se tratara de un trofeo. Aunque él sabía que, si se estaba aprovechando de alguna manera, ella se lo reprocharía.

    —Mamá, una vez más, ¿si?

    Mariana le advirtió que era la última vez, y que en las siguientes oportunidades no debía esperar que lo hicieran tantas veces al día. Suspiró y miró a su alrededor para ver dónde podía colocarse. Al final decidió hacerlo directamente en el suelo. Se tumbó boca abajo con el culo levantado mientras su hijo se acomodaba detrás, muy entusiasmado. A Mariana, el hecho de que le manosearan las nalgas mientras él se excitaba, le resultaba muy halagador. Le estaba gustando ser deseada después de tanto tiempo. Definitivamente, estaba disfrutando de la virilidad de su hijo. Se consideraba afortunada por su tamaño, aunque no era para exagerar.

    Manuel le preguntó si podía tomar su cabello. Mariana hizo una pausa ante tal atrevimiento, pero al escucharlo decir que no le haría daño, acabó aceptando. Así lo hizo Manuel mientras se colocaba entre las nalgas de su madre. Ella giró la cabeza por encima del hombro para mirar su expresión de excitación.

    Luego bajó la vista hacia su pene mientras él lo empujaba contra su culo. Ella no pudo disimular sorprenderse. Al ver el gesto de admiración de su madre, Manuel sonrió con descaro y le dio una fuerte nalgada, y otra más. Mariana notó que su hijo se encontraba muy exaltado, por lo que tenía que evitar que se saliera de control. Se lo hizo saber con la mirada. Sin pensarlo, le hizo un gesto con los labios y los apuntó con el dedo. Manuel se inclinó y la besó profundamente. Ella soltó un gemido mientras él aceleraba las embestidas. Al final, se separó de su madre para tomar aire, lanzó un gemido y volvió para besarla.

    —¡Voy a acabar!

    Manuel gritó y ella le recordó que debía hacerlo sobre su culo para no manchar la alfombra. Presionó profundamente y se tumbó sobre ella mientras volvían a besarse. Ambos gimieron juntos mientras él acababa. Manuel continuó bombeando casi involuntariamente mientras seguía expulsando semen. Rompió el beso para mirar el culo de su madre, todo mojado y manchado con su leche. Cuando volvió en sí, ayudó a su madre a levantarse y le comentó lo increíble que se veía con esa calza y lo suave que la había sentido.

    —Pues bien, tienes suerte de que esté a punto de lavarla.

    Los dos se reían mientras ella sacudía las nalgas y se daba una palmada. Manuel dirigió la mano hacia su pene al tiempo que le miraba el culo, los muslos y piernas manchadas en partes aleatorias, algunas más que otras.

    —¡No puede ser!

    La habitación se quedó en silencio mientras Mariana y Manuel se giraban hacia la derecha y veían a sus hermanas mirándolos perplejas. Carla les gritaba a los dos diciéndoles que esa mañana había enviado un mensaje a su madre para avisarle de que iban a volver a casa ese mismo día.

    —Obviamente no has leído el mensaje. Estabas demasiado ocupada dejando que tu hijo te folle por el culo. ¿Pero qué mierda le pasa a esta familia?

    Carla se fue furiosa a su habitación y se echó a llorar; Paula, por su parte, no dijo nada, solo miró detenidamente a su madre, luego a su hermano, sacudió la cabeza y se fue cerrando la puerta.

    —No te preocupes, Manuel. Hablaré con tus hermanas e intentaré que el acuerdo siga en pie.

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  • La dueña de todas mis fantasías sexuales

    La dueña de todas mis fantasías sexuales

    Llevo tiempo queriendo escribir esta anécdota y por fin me he dado el tiempo para compartirla. Les contare las razones por las cuales Valeria se convirtió en la dueña de mis fantasías sexuales.

    Valeria fue mi novia hace aproximadamente unos 5 años atrás, comenzamos a salir cuando ambos teníamos 18 años en ese entonces, ella es una chica alta de piel blanca, piernas muy largas debido a su estatura junto con unos pies tiernos y bien cuidados, no es la chica más sexy ni voluptuosa, su complexión no es del todo delgada sin embargo está bien cuidada debido al deporte que realiza, tiene un muy buen culo con el tamaño perfecto para recibir nalgadas (eso le encanta), sus tetas son de una talla mediana pero con pezones de gran tamaño de color café claro que junto con el tono blanco de su piel dan una vista hermosa de sus tetas.

    De rostro siempre ha sido muy linda, siempre sonriendo, ojos brillantes y cabello castaño.

    Al poco tiempo de comenzar a ser novios comenzamos a experimentar mucho sexualmente: sexo oral, 69, anal, múltiples posiciones, etc. Me fui dando cuenta que ella cada vez era más perversa ya que siempre buscaba momentos para tener sexo, me pedía ir a moteles, buscaba nuevas posiciones, me pedía que le diera nalgadas muy fuerte hasta dejarle marcado el culo, que me viniera en su boca para tragárselos, que presionara su cuello fuertemente o que la llame con groserías.

    Toda esto despertó en mí una mayor perversión de igual forma, y ahora comenzaba a verla como el centro de mis fantasías, entonces comencé a pedírselas o proponérselas. Comenzamos a grabarnos cogiendo, le pedí footjobs con sus hermosos pies, le pedí nudes de todas las formas que hasta la fecha conservo todas sus fotos más excitantes, hicimos sexo oral usando comestibles como chocolate o cremas, le propuse hacer un trío (esa historia la contaré en otra ocasión), etc.

    Al poco tiempo yo quería darle el mayor placer posible incluso si eso significaba que ella cogiera con alguien más, imaginar cosas como ella en un gang bang, una doble penetración o simplemente verla gozando con algún corneador me prendían muchísimo, tengo el presentimiento de que ella me fue infiel con uno de sus amigos en algún momento de la relación pero no tengo ninguna prueba segura, solo pequeños detalles que me hacen pensar que lo hizo, de todas formas me hubiera excitado mucho saber que si me fue infiel.

    Algo que también siempre me excito mucho saber es que cuándo chateábamos todas las noches y al despedirnos para ir a dormir yo entraba a sus cuentas online ya que conseguí sus contraseñas y podía ver en su historial de búsqueda que apenas nos despedíamos ella comenzaba a ver porno, me mentía al decir que ya se iba a dormir cuando en realidad se ponía a ver porno, el imaginármela masturbarse en su cuarto por la noche siempre me prendió y yo llegaba a jalármela con los videos que aparecían en su historial online sabiendo que ella se había dado placer con el mismo video.

    La mayoría de fantasías si se las comenté, algunas las llevamos a cabo y otras no, actualmente ya no somos pareja desde hace algunos años, ella se mudó a un estado lejos del mío y me parece que tiene nuevo novio (me excita pensar como se la debe coger), pero con todo y eso después del tiempo ella sigue siendo el centro de mis perversiones y pensamientos más atrevidos al grado que me gustaría saber cómo es su vida sexual en la actualidad.

    Como ya lo mencioné antes aún conservo toda su galería de fotos y videos perversos que le pedía que me enviara y que le pude tomar mientras cogíamos, me sirven para hacerme una muy buena paja de vez en cuando.

    Si les gusto el relato después traeré la historia de la propuesta que le hice del trío. Muchas gracias por leer.

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  • Intercambio de cuernos

    Intercambio de cuernos

    Los que se hayan leído mi primer relato recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer llamada Sonia, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui, creo la primera, después mi suegro me llamó para que desde una habitación de su casa viera como hacia lo mismo con una de sus nueras llamada Mirtha, y me ordenó hacérmelo con ella, cuando terminamos nos felicitó por la sesión de sexo que le habíamos dado y añadió:

    –Ya sois putas y lesbianas, solo os falta ser cornudas y eso lo vais a hacer una con la otra.

    Pocos días después mi suegro me llamó, uno de sus técnicos de informática iba a ir a mi casa, sin que se enterara mi marido e iba a instalar una cosa en mi habitación de matrimonio, no necesitaba saber más.

    –Supongo que debo de follarmele, le dije.

    –No dijo él, quizá más adelante, mientras que piense que eres una mujer decente.

    Al día siguiente mi suegro me llamó ese día por la tarde yo debía ir a su casa, lo hice, su criada Violeta me abrió, no estaba sus jefes, le habían dicho que yo fuera a la habitación de ellos y encendiera la tela, cuando lo hice en la pantalla apareció la imagen de mi habitación de matrimonio, esperé un poco y en ese momento entraron mi marido y Mirtha, la muy zorra, llevaba una falda blanca cortísima y un top negro, mi marido la miraba bien salido, se sentaron sobre mi cama, Mirtha puso su sonrisa picarona y pregunto a mi marido:

    –¿Así que es aquí donde follas con Lorena?, y luego añadió, tu hermano y yo llevamos una temporada que no hacemos nada, necesito hacerlo con alguien o me voy a volver loca, ¿Lo hacemos?

    Y mientras decía eso, junto su boca con la de mi marido y se dieron un morreo de campeonato, entonces Mirtha añadió:

    –¿Sabes a tu hermano no le gusta que le chupe la polla, me dejarías que te la chupara?

    El cabrón de mi marido no opuso ninguna resistencia, se levantó un poco para quitarse la ropa y se quedó desnudo, Mirtha se quitó el top, la muy zorra no llevaba sujetador, mi marido la subió la falda, dejando al descubierto un tanga diminuto de color negro, y la acaricio el culo, ella le pidió que se tumbara y se dejara hacer, mi marido aceptó y Mirtha se puso a cuatro patas, llevó su boca hasta la polla de mi marido y se puso a besarla mientras decía:

    –Caramba cuñadito, menuda polla tienes, es más grande que la de tu hermano.

    Y tras decir esto se la metió en la boca y se puso a chupársela, el cabrón de mi marido se dejó hacer y se puso a gemir, se notaba que la boca de su cuñada le estaba llevando a la Gloria, mientras Mirtha decía:

    –No sabes las ganas que tenía yo de chupar una polla como esta.

    La muy zorra, si hacia pocos días que se la había chipado a su suegro, y el cabrón de mi marido se había dejado hacer sin acordarse en ningún momento de que yo existía, debía estar indignada, pero en realidad estaba muy caliente, no pude dejar de llevar mis manos hasta mi coño y comencé a masturbarme.

    Mirtha seguía chupándole la polla a mi marido, que el muy guarro le dijo:

    –La chupas mejor que mi mujer.

    Menudo morro tenía mi marido, ¿Cómo que ella la chupaba mejor que yo? Pero me di cuenta de que era de las cosas que dicen los tíos cuando tienen ganas de follar. Mirtha seguía chupándole la polla, y por los gemidos de mi marido debía de reconocer que lo hacía muy bien, hasta que él dijo:

    –Cuñada, me muero de ganas de follarte.

    –¿No te folla bien Lorena?, dijo ella con mucha sensualidad.

    –Si, dijo él, pero seguro que tú lo haces mejor.

    Ella se puso de pie, le iba a quitar el tenga, pero ella con esa sonrisa de puta que tiene le dijo:

    –Mejor me lo aparto y me follas con el puesto.

    Mi marido aceptó la oferta, él se tumbó en el sofá, ella le pidió que se pusiera un condón, él le propuso hacerlo a pelo pero ella lo rechazo y mi maridito tuvo que coger el paquete que tenemos en la mesilla, y ponérselo, ella puso encima de él, después ella apartó su tanga, y llevó su coño hasta la polla de mi marido, y fue introduciendo a esta en el interior de su coño, algunas veces había sospechado que mi marido me engañaba, pero esta vez todo estaba sucediendo ante mis ojos, supongo de haberme puesto furiosa, pero en realidad lo que estaba era caliente.

    Mientras la zorra de Mirtha seguía sobre la polla de mi marido subiendo y bajando, quizá fuera algún movimiento, pero lo cierto es que el tanga se le rompió, Mirtha siguió follando aunque le dijo a mi marido:

    –Mira lo que ha pasado con mi tenga, cuando vuelva a mi casa tendré que tener mucho cuidado para que todo el mundo no me vea el coño.

    –Jajaja, rio mi marido, sé que eso te gusta so zorra.

    Y siguieron follando como si nada, al poco ella se giró y le hizo tumbarse del todo, y ella, como la zorra que era, se puso a cuatro patas apoyando sus manos en la cama, el tuvo los pezones de ella delante de su boca y elevándose un poco comenzó a chuparlos.

    –¿Te gustan?, preguntó Mirtha, no los tengo muy grandes.

    –Lorena tampoco dijo mi marido dejando de mamárselos un poco, pero es que nunca me han gustado las tías con grandes urbes.

    Siguieron follando hasta que mi maridito dijo:

    –Cuñadita me corro.

    Ella siguió meneándose, hasta que mi marido bufó, se había corrido, Mirtha se salido de encima de él, cogió su tanga roto, y quitándole el condón se puso a limpiarle la polla, cuando lo hizo una gran cantidad de leche salió de la polla de mi maridito.

    –Que macho que eres, dijo Mirtha, tu hermano no creo que nunca haya soltado ni la mitad que tú.

    Yo no tardaría mucho en saber que una vez más la cuñada de mi marido mentía, supongo que en el folleteo todo vale para hacer disfrutar a tu pareja, aunque sea su ego. Mientras seguía acariciándole la polla y mi marido se puso otra vez en forma.

    –Con tu permiso cuñada ahora me toca a mi ponerme encima.

    –Como tú quieras mi amor, dijo ella.

    Y se tumbó sobre la cama, mi marido se puso otro condón y acercando su polla al coño de su cuñada la penetró, esta se puso a gemir mientras decía:

    –Que suerte tiene Lorena, que esto la entre todos los días.

    Mi marido siguió penetrándola mientras la mirada de su cuñada demostraba que estaba disfrutando enormemente con la situación, mi marido se la follaba con rabia como hacia conmigo cuando estaba muy caliente, se le notaba que ella comenzó a tener varios orgasmos, mientras mi marido estaba disfrutando a tope de su nuevo chocho, en estas circunstancias no tardó en correrse de nuevo, cuando se salió se quitó el condón y dejo que una parte de su semen fuera a parar al vientre de su cuñada.

    Se besaron apasionadamente, entonces Mirtha dijo:

    –Si yo sé que lo haces tan bien no hubiera dejado pasar tanto tiempo para follarme a mi cuñado mayor.

    –Cuñada, ¿Y si te la meto por el culo, dijo mi marido?

    –Todo lo que tengo es tuyo, dijo mi cuñada y se puso bocabajo en la cama.

    Mi marido acercó su polla al culo de esta para endurecérsela, y cuando estuvo se puso un nuevo condón y se la metió por el culo, ella al sentirlo se puso a gemir mientras decía:

    –Cuñadito que bien lo haces, el cabrón de tu hermano dice que esto es una guarrería y nunca quiere hacérmelo.

    Mi marido siguió taladrando el culo de su cuñada hasta que esta se corrió, en ese momento mi marido dijo:

    –Lorena ha ido a casa de mi padre, no creo que tarde en volver, será mejor que lo dejemos, otro día seguiremos.

    Tras ello se vistieron y dieron por concluido su encuentro, yo tenía mi mano en mi coño, estaba excitadísima y no me importó que Violeta pudiera oírme, me hice una paja salvaje.

    Pocos días después mi suegro me llamó Rafael, el marido de Mirtha iba a estar solo en casa debía de seducirle y follarmele en el salón, en ese momento comprendí que, igual que yo había visto a la zorra de Mirtha follar con mi marido, ahora la iba a tocar a ella ver como yo me lo hacía con su marido. Me puse un vestido de lunares a medio muslo y le llamé, le dije que su padre me había dado unos papeles para que se los llevará, él me dijo que, Mirtha no estaba en casa, eso ya me lo imaginaba yo, jajaja, y que él en esos momentos estaba montando en bici, su afición favorita, pero que estaría en casa cuando yo llegase.

    Emprendí camino de su casa en mi coche y al llegar vi como mi cuñado Rafael, regresaba a casa en bicicleta, llevaba uno maillot amarillo y unos pantalones negros, se creería líder del Tour de Francia, jajaja, apenas le tuve que esperar unos minutos, nos saludamos, pero yo aproveché para pegarme mucho a él, después mi cuñado me mandó entrar en su casa y nos sentamos en el sofá, le entregué los papeles que me había mandado mi suegro, me mando sentar, procure que mi vestido subiera lo máximo posible, y note como él se fijaba en mis piernas, entonces le dije:

    –Rafa montar en bici te viene muy bien, estas cachas, ojalá tu hermano estuviera así.

    Me abalancé sobre él y nos besamos apasionadamente, yo me imaginaba a Mirtha viendo la escena desde la casa de mi suegro, pues me iba a encargar de que tuviera un buen espectáculo, dirigí mi mano hacia su polla y le dije:

    –Cuñadito se nota que tienes una buena herramienta, me encantaría verla.

    Él se puso de pie, yo sentada le baje los shorts y deje su polla al aire, yo con la voz más sensual que pude dije:

    –Hunn, esto es mejor de lo que yo esperaba.

    Y arrodillándome en el suelo me metí su polla en la boca y comencé a hacerle una mamada, el muy cabrón me dijo:

    –Cuñada lo haces muy bien, mucho mejor que mi mujer.

    Jajaja, lo que hace la gente por un buen polvo, seguí chupándosela un rato hasta que él me dijo:

    –Cuñada lo haces divinamente, pero quiero primero correrme dentro de tu coño, aunque me gustaría probar contigo una postura muy especial.

    –Estoy a tu disposición amor, le respondí.

    Me pidió que me pusiera de pie cara a la pared, él se colocó detrás de mí, cuando me la iba a meter yo le reclame que se pusiera un condón, él me dijo:

    –Últimamente las mujeres estáis muy pesadas con eso, mi mujer esta con los mismo.

    Jajaja si hubiera sabido que eran parte de las instrucciones que nos había dado su padre, pero se le veía con ganas de follar, salió un momento del salón y volvió rápidamente con un condón en la mano, se lo puso y se volvió a colocar detrás de mí, y desde esta postura me la metió. Si la zorra de Mirtha estaba contemplando el espectáculo, y estaba segura de que lo estaba yo iba a hacer que disfrutara hasta hacerse trozos su coño.

    Mi cuñado comenzó a mover su polla dentro de mi coño, y yo a gemir, nunca me había negado a nada con mi marido, pero desde hacia unos años nuestra relación había entrado en la rutina, así que la idea me encantaba, su polla seguía moviéndose dentro de mí, con mi cuñadito preocupándose de gozar al máximo, el muy cabrón me provocó varios orgasmos, lo de ser una puta con mis cuñados se estaba revelando como algo muy interesante, y siguió moviéndose dentro de mi durante un rato, hasta que por fin dijo:

    –Cuñadita, me voy a correr.

    Dejé que se corriera en mi interior, aunque fuera dentro de un condón y noté como soltaba una gran cantidad de leche, en esos momentos le pregunté:

    –Sueltas una gran cantidad de leche, ¿Es que tu mujer no te deja desahogarte?

    –Si lo hacemos una o dos veces por semana, me dijo, pero normalmente en la cama, y ya tenía ganas de hacer cosas nuevas.

    –Te comprendo cuñadito, le respondí, bueno, pues aquí me tienes a mí.

    Sabía que Mirtha me estaría oyendo, pero quería vengarme un poco de lo que ella me había hecho con mi marido. En esos momentos caí en la cuenta de que si su polla se aflojaba existía el riesgo de que la leche cayera al suelo, así que llevé una de mis manos a mi paquete de clines y otra a su polla, le quité el condón con mucho cuidado de que el semen no cayera al suelo, y le dejé bien limpia su polla, después él se fue a tirar el pañuelo de papel al W.C.

    Cuando volvió acercó mi mano a su polla y me dijo:

    –¿Cuñada corremos una segunda etapa?

    –Si tú quieres cuñado, por mi encantada, le dije.

    Y comencé a acariciarle la polla que respondió rápidamente a mis estímulos y se puso durísima, él me dijo:

    –La meneas muy bien Lorena, pero creo que me gustan las cosas muy especiales y ahora querría metértela por el culo.

    –Cariño, después del rato que me has hecho pasar no puedo negarte nada.

    El volvió a salir de la habitación y entró con un bote de lubricante.

    –No hace falta cariño, le dije, mi culo, aunque últimamente cada vez menos recibe la visita de la polla de tu hermano.

    –Si, pero como yo la tengo más grande no quiero hacerte daño, me dijo.

    La verdad yo no veo que haya gran diferencia de tamaño entre las pollas de mi suegro y las de sus dos hijos, que en ese momento eran las que conocía, pero si a él le hacía ilusión pensar que su polla era extraordinaria, ¿Para qué quitarle la ilusión? Así que siguiendo sus instrucciones me puse en el suelo, encima de una alfombra, a cuatro patas.

    –Me encanta la idea de hacerlo como lo hacen los perros, dijo él.

    Untó mi culo con su lubricante mientras me decía:

    –Tienes un culo fantástico Lorenita.

    Y después poniéndose en una postura parecida a como lo hacen los perros introdujo su polla dentro de mi culo, y comenzó a moverse no se si era el placer de la follada o la idea de estar sodomizando a la mujer de su hermano mayor, pero el caso es que el mostraba gran excitación y sus movimientos me proporcionaban un gran placer, me llevaron a tener varios orgasmos, en un momento dado llevó varios de sus dedos al interior de mi coño y comenzó a follarme con ellos, era algo divino, y encima estaba segura de que su mujer nos estaba viendo, lo único que sentía es que mi marido no lo viera también y se sintiera un cornudo.

    Seguimos de esta manera hasta que se corrió, mi culo quedo lleno de su leche. Él me dijo:

    –Cuñadita esto ha sido fantástico.

    Yo sentía lo mismo, pero no podíamos emplear mucho más tiempo aunque seguro que el saldo de mi suegro se ocuparía de que repitiéramos, así que me lave me vestí y me fui ser la mujer de mis cuñados parecía que iba a ser muy interesante.

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  • El masaje inesperado

    El masaje inesperado

    Buscaba algún lugar en mi ciudad donde me pudieran quitar una contractura en la pierna y un cachete, anoté varios teléfonos de las ofertas que vi en internet, pero me equivoqué en uno de los anuncios por la foto que allí figuraba, la cual parecía de un sitio de masaje deportivo.

    Si hubiera leído el texto del mensaje habría comprendido. Sólo anoté el número junto a otros números, comencé a llamar a los siete u ocho números que tenía anotados, los tres primeros no estaban disponibles (El verano supongo).

    Al cuarto número que llamé si me contestaron, era una mujer muy amable y muy simpática, le conté donde tenía mi contractura, desde detrás de la rodilla a la base de la espalda, ella muy amable me dijo que ella me dejaría como nuevo, anoté la dirección y la hora de la cita.

    Al llegar me recibió la señorita muy amablemente y me indico que me tumbara de espaldas en la camilla, que me desnudara y me cubriera con una toalla, que ella volvería en unos minutos, al regresar me pregunto dónde me dolía, de espaldas oí como se frotaba las manos con abundante aceite, tras lo cual me quito la toalla de golpe y comenzó a masajearme las pantorrillas (Ninguna masajista antes me había dejado sin toalla y mucho menos desnudo).

    Desde las pantorrillas fue subiendo hasta la parte de atrás de los muslos, masajeándome con mucha soltura yo me sentía muy relajado, al llegar a los glúteos, comenzó a frotarme intensamente y recorriendo todo mi trasero, mi sorpresa fue notar cómo me acariciaba los testículos al llegar al final del recorrido por mi trasero, mi pene se puso erecto en un instante y lucho por salir hacia atrás conmigo tumbado boca abajo, más sorpresa aun cuando comenzó a acariciarme el pene con tanta delicadeza ufff que placer. Entonces La dije.

    -Esto no parece un masaje deportivo.

    Y ella me contesto que si es que no había leído el anuncio, que ella solo daba masajes con final feliz y en el anuncio lo ponía.

    Me callé (No lo había leído). Me dijo que me diera la vuelta y al momento agarro mi pene y con gran ritmo me lo meneo hasta que eyacule, incluso en su ropa, con un gran chorro curvado que incluso a mi me sorprendió, «a ella también»; ya que dijo ¡Aaaaa! Acto seguido le pagué, me vestí y salí a la calle, donde seguía con mi contractura, pero estaba la mar de contento.

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  • Volví a Brasil y a las andadas

    Volví a Brasil y a las andadas

    Después de tanto tiempo volví a las andadas, cosa que extrañaba mucho. Paré un poco porque mi marido dejó de viajar tanto, así que yo no tenía tantas oportunidades para escaparme de casa.

    Por suerte, mi jefe me comunicó que tenía un viaje de negocios a Brasil y yo debía acompañarlo.

    Primero me puse contenta pues supuse que sería nuevamente Santos el lugar de destino y podría encontrarme con mi negrazo; cuando me dijo que iríamos a San Luis de Marañón, me desilusioné; eso se debe haber notado en mi cara, porque mi jefe me preguntó si tenía algún problema en acompañarlo; por supuesto, yo dije que no mientras pensaba que la oferta de morenos no sería escasa allí.

    A mi marido no le gustó mucho, pero, bueno, la situación no está como para decirle al jefe que no. Se quedé más contento cuando creyó que le decía en broma que se quedara tranquilo, que no me iba a coger a mi jefe, sino que me llevaría a la cama al negro más feo y grandote que encontrara.

    Como de costumbre, pensó que mentía para excitarlo, y así se calentó bastante. Esa noche enviamos a nuestra hija temprano a la cama e hicimos el amor con pasión; de todas maneras, para dejarlo aún más contento, le dejé que a la segunda acabada terminara en mi boca; según él, ver como su semen cae de mis labios y luego me paso la lengua por ellos para no perder nada, es la mejor manera de terminar una sesión de sexo.

    La noche anterior al vuelo, me ayudó a preparar mi maleta; estoy segura que lo hizo para ver que ropa me llevaba… ¡pobre cornudo!, no se imaginó siquiera que yo ya tenía en la oficina un bolso ya preparado con mi ropa de “combate”: un par de camisas semitransparentes, una mini de cuero, la diminuta bikini rojo que tenía guardada desde me último viaje a Brasil, un par de vestiditos y ropa interior acorde. También tenía algunos preservativos.

    Ya me había depilado las piernas, las axilas y, además, me hice dar un retoque en mi vello púbico, para que no se escapara de la bikini ningún “pendejo” traicionero.

    Ya en el aeropuerto, mi marido me dio las recomendaciones finales y me dijo que entraría al chat todos los días como a las diez de la noche para catear conmigo; eso fue algo nuevo para mí, pero ya me las arreglaría.

    Bueno, en resumen, llegué a Brasil, hice cierta amistad con Vivianne, una de las secretarias de la compañía en Brasil, y me invitó a salir a cenar y luego salir el viernes por la noche. Ella iría con su novio y otros amigos y amigas. Me dije que sería una oportunidad para conocer la noche de San Luis y, también, para buscar al moreno que iba a aumentar la longitud de los cuernos de mi marido.

    Me vestí con ropa de batalla: blusa corta semitransparente negra y sin mangas, bien ajustada a mi cuerpo, con dos flores bordadas en encaje negro a la altura de los pechos; una minifalda negra que comenzaba justo en el nacimiento de la raya de mi cola; bikini negra que sobresalía de la cintura de la mini. Me miré en el espejo y me dije a mi misma que solo me faltaba el cartel que dijera “¡Esta noche quiero guerra!”, pero confié en que, aunque sin cartel, los hombres se diesen cuenta.

    El grupo de amigos de Vivi era bastante grande, sin contarla a ella, eran otras dos chicas y cinco muchachos, en general, de menor edad que yo. Como las chicas, incluida Vivi formaban parejas con otros tantos muchachos, a mí me quedaba para elegir entre los dos restantes.

    Uno de ellos, Otavio, delgado, más alto que yo, no era ancho de espaldas, pero como usaba sólo una musculosa suelta color blanco, se veía que era todo músculo, sin grasa, pectorales bien formados, color de piel chocolate oscuro, casi completamente negro y lampiño; su rostro no era precisamente bonito: labios gruesos y nariz algo desproporcionada; usaba el cabello recogido en varias trencitas que, como tentáculos, le caían hasta por debajo de los hombros.

    El otro, Henry, también delgado, pero más corpachón que Otavio, tenía un rostro más agradable, aunque también labios gruesos.

    Decidí sentarme entre ellos y luego decidir a cuál de los dos me cogería.

    En un momento que fui al toilette, Vivi me siguió, y allí me dijo, en tono cómplice, que tanto Otavio como Henry habían pasado por su cama y que si tenía que elegir a uno de ellos, me recomendaba a Otavio. Me reí de lo que me decía y le pregunté por qué hacía ese comentario.

    -Oi, “gatimha”… se nota que estás necesitando un “cacete” para tu “xoxotinha”… si estoy en lo correcto, permíteme recomendarte a Otavio…

    Sonreí porque me vi descubierta y le agradecí su consejo.

    Del bar fuimos a una “barraquinha” junto a la playa, donde se tomaba algo y bailaba; como sólo había dos autos, yo fui con Vivi y su novio, Otavio y Henry.

    Yo me senté entre ellos dos, pero como estaba muy apretada, terminé sentándome sobre las piernas de Otavio. El roce producido por el movimiento del auto me fue calentando y creo que a Otavio, que había puesto sus manos sobre mis piernas, también.

    Bailamos pagode y forro, dos danzas muy movidas y sensuales, donde los cuerpos siempre están en contacto; por supuesto yo no sabía bailarlo, pero Otavio me llevaba.

    Al poco tiempo estuve toda sudada y agitada; Otavio me convidó a tomar algo.

    En el bar sólo había bebidas alcohólicas. Otavio pidió dos “caipirinhas” y luego fuimos a caminar por la playa.

    Caminamos hasta el borde del agua y nos sentamos. Otavio me secó un par de gotas de sudor que tenía en mis sienes, puso una mano en mis cabellos y me los alabó. En mis ojos habrá percibido que yo estaba regalada pues se acercó más a mí y me besó con esos labios carnosos; yo lo abracé a él y le acariciaba su espalda.

    Me llevó a unas rocas cercanas para salir de la vista de cualquiera que pasase por ahí.

    Allí Otavio tomó el control de la situación, sin dejar de besarme, me acariciaba la espalda y mi culo, ambos nos besamos con pasión y excitación. Llevé mi mano a su entrepierna palpar su verga y lo que pude sentir, me gusto.

    -Dani… voce gostaria de fazer amor conmigo?… aquí mesmo, na praia… baixo la lua…?

    -Me encantaria Otavio, pero ¿trajiste preservativos?, le pregunte.

    Al principio no me entendió, pero enseguida se dio cuenta lo que le decía.

    -Aquí nao tenho condons, mais tenho onde eu moro… quer ir pra la?

    -Dale, vamos a tu casa.

    -… uhmmm… e nao vai dar alguma cosinha antes?… so pra aproveitar la lua e la noite…

    Me levante la blusa para mostrarle mis tetas; se agacho para besarme ambos pezones y se dedico a chuparme uno y jugar con el otro.

    Metí mi mano debajo de su pantalón y calzoncillo… agarre ese grueso, duro y tibio pedazo de carne… lo saque al aire… con mi mano lo masturbe hasta que sentí su presemen goteando.

    Otavio puso sus manos en mis hombros; yo entendí que deseaba una chupada.

    Me arrodille y sin soltar su “cacete”, puse su cabeza en mis labios, con la lengua limpie el agujerito de ese liquido transparente y salado… yo seguía masturbándolo. Otavio decía cosas que no entendía, con mis labios apretados recorrí su palo hasta la mitad y volví para atrás… con toda suavidad y lentitud, yo me lo sacaba de la boca hasta que la cabeza quedara en mis labios, entonces volvía a tragarlo.

    Enseguida note que Otavio ya estaba por eyacular, quise seguir chupándolo hasta que casi acabara, ahí me lo sacaría, no quería que me acabara en la boca.

    Cuando parecía que estaba listo, me puse el palo entre mis tetas para masturbarlo con ellas… sin embargo, Otavio pareció que no terminaba, así que me lo tragué de nuevo.

    De repente, sentí que era el momento y quise llevármelo nuevamente a mis Tetis, con tan poca suerte que su chorro de leche salta en borbotones y me da en la cara y en el cuello; pongo su palo entre mis tetas y me las moja con el resto de su leche.

    Otavio estaba jadeando, como desconectado de la realidad. Me puse de pie, su leche se escurría entre mis tetas… la leche de mi cara ya la tenia por la barbilla.

    Él se quitó su musculosa y limpio mi cara… entonces me dio un beso de lengua, que me llego hasta la campanilla, y me apretó las tetas con sus manos. Termino su beso y me bajo la blusa. Tomo mi mano.

    -Muito obrigado por tua gostosa chupadinha… vamos pra meu apartamento, a teminar a noite?

    -Vamos… compramos algo para tomar en el camino y listo.

    Fuimos a despedirnos de Vivi y el resto de los amigos. Cuando Vivi me dio el primer de los dos besos acostumbrados en la mejilla, puso cara de asco cuando la sintió pegajosa; miro para mi blusa y vio las manchas de leche.

    Con un guiño de complicidad me deseo buenas noches y nos fuimos los dos.

    En otro relato, continuaré con mis infidelidades, pues ya está por venir Otavio a buscarme al hotel.

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  • Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 1)

    Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 1)

    Por aquel entonces mi hermana estaba a punto de separarse de su marido, Con el fin de que él pudiera sacar las cosas con toda tranquilidad. Me pidió si podía venir a vivir los fines de semana en mi casa, mientras la situación se resolvía.

    Como yo estaba solo en mí puso todos los fines de semana le dije que no había problema, le dije que si quería ya la iría a buscar a su casa, por si quería traer algo ya que aquella situación podía durar unas cuantas semanas.

    Se instalo en la habitación de invitados, pues es en la única a parte de la mía de las cuatro que tiene el piso, que tengo montada como habitación por si algún día alguien se debe quedar a dormir.

    Cuando sé hubo instalado llame unos amigos y quedamos para ir a cenar. Cenamos y después de cenar nos fuimos o tomar unas copas, como solemos hacer cada fin de semana que mi novia no está. Seguidamente nos fuimos a una sala de fiestas donde pudimos bailar un poco agarrado sobando a la pareja de turno. Mis amigos para no ser descorteses con mi hermana bailaron todos con ella sobándola a conciencia, se ve que en esto de sobar a una mujer no se libra ni la hermana de un amigo, y cuando se acercan aun te dicen esta de miedo tu hermana con estas tetas que tiene, esta cachonda y cosas por el estilo.

    Cuando termino la fiesta eran las 5,30 de la mañana y nos fuimos a casa a dormir. Yo me fui a la cocina a beber un poco de agua, mi hermana se fue directamente a la cama, cuando pasé por delante la puerta de su habitación vi que estaba desnudándose, me detuve y vi, como poco a poco, iba quitándose las prendas que aún le quedaban puestas, primeramente el sujetador y después el tanguita. Se fue a la cama sin ponerse nada encima, solo tenía las sábanas para tapar su cuerpo.

    Yo me fui a mi habitación y empecé a pensar e imaginar a mi hermana y mi novia teniendo relaciones lésbicas, vestía, mi hermana con una bruza azul transparente, falda corta negra, sujetador de medía copa de color negro, mini tanga de color rojo y zapatos de talones de aguja, mi novia lo hacía con una camiseta negra sin sujetador, pantalones vaqueros azules y botas de tacón de aguja.

    Pensé que yo las presentaba sé daban dos besos, de estos que se dan las mujeres cuando se encuentran. Yo les dejaba solas pues tenía una reunión urgente. Imagine mientras me quedaba desnudo, como mi hermana se daba besos de tornillo con mi novia, mi hermana tenía agarradas las tetas de mi novia mientras ella las acariciaba por debajo la bruza encima del sujetador. Yo la tenía dura así que tome los pantalones del pijama de mi novia, para cuando me descargara los huevos como hacia cada vez que me corría tanto si lo hacía con o sin ella. Y seguí imaginando mientras ya me la acariciaba.

    Imagine como mi hermana le desabrochaba el sostén a mi novia se quitaban la bruza y la camiseta mientras se chupaban los pezones, me hermana bajaba la cremallera de los pantalones a mi novia, mientras ella bajaba la falda y el tanga. Desabrocho el botón del pantalón y lo dejo caer hasta los pies le bajo las mini braguitas que llevaba y empezó a meter sus dedos en la vagina con la otra mano lo pasaba por su culo mientras le mamaba las tetas.

    Yo ya estaba masturbándome a todo trapo gritando y jaleando como nunca en una masturbación, mi hermana tuvo que enterarse, pues me parece a mí que se enteraron hasta los vecinos y seguí soñando y masturbándome cada vez más rápido.

    Mi hermana y mi novia se volcaron en un 69 estaban sobre su lado, empezaron a besarse la vulva mientras sus manos se acariciaban los culos al rato sus dedos se deslizaban por dentro de sus nalgas. Vi a mi novia meter un dedo dentro del ano de mi hermana después otro y otro ya tenía 3 dedos.

    Pare de repente mientras seguía soñando. ufff de un poco más termino pensé. Y aun quería seguir imaginando como las dos mujeres se gozaban y terminaban con un orgasmo mientras yo tenía el mío.

    No paso mucho rato más cuando me vine encima de los pantalones de mi novia con ellos me limpié mi verga y me puse a dormir.

    A la mañana siguiente mi hermana salió de la habitación completamente en cueros. Yo nunca la había visto andar así por casa nuestros padres no se lo hubieran permitido. La sorpresa que me lleve fue mayúscula, mi verga quedo totalmente en posición de ataque, mi hermana noto enseguida el movimiento que había experimentado algo dentro de mi pantalón.

    -Hermanito no me digas que no has visto nunca una mujer desnuda porque yo en mi casa he estado muchos días así y a mi esposo no se ha ni inmutado y a ti te ha subido un calentón que no veas.

    -Es que no me lo esperaba- conteste.

    -Te importa -me dijo.

    -No que me va a importar somos hermanos y personas mayores.

    -Así es -dijo ella.

    Yo sabía que aquello me iba a tener caliente todo el día, pero no quería ser descortés ni dar la impresión de ser un puritano, así que trague saliva y me fui al baño a darme una buena ducha a ver si aquello bajaba. Pero nada a pesar del tiempo que pase duchándome aquello estaba más duro que una barra de acero. Así que tuve que tomar la segunda opción que era masturbarme. Termine enseguida aquello solo se aflojo un poquito así que volví con una segunda masturbación. Esta duro más, también mi miembro pareció ya estaba más calmado. Me sequé y salí del baño completamente desnudo.

    Al verme mi hermana me dijo.

    -Veo que te has quitado la calentura que llevabas. ¿Té ha costado mucho?

    -Se ha ido con el agua fría.

    -Si claro -me contestó.

    Cuando ya nos habíamos calmado. Yo solo tenía una semi erección, mi hermana me pregunto que me parecía ella, yo le dije que se conservaba muy bien y que si no fuera mi hermana ya le hubiera tirado los tejos. Era verdad. Salvo por los músculos abdominales nadie hubiera sabido que era madre de dos niños. Su culo perfecto sus tetas muy apetecibles y su conejo para que contaros. Volvía a estar como una moto y lo peor es que se me estaba viendo todo.

    -Vaya hermanito otra vez la calentura. Pues sabes tu tampoco estas nada mal. Té diré si me dejas que incluso mejor que los amigo tuyos que me presentaste ayer.

    No podía más mi cuerpo me pedía otra paja.

    -Mastúrbate si quieres hermanito a mi no me importa -y me dio un paquete de pañuelos de papel.- Toma para cuando te vengas.

    Yo sin esconderme empecé a pajearme delante de ella. Ella ni se inmuto y me dejo ir haciendo. Diciéndome “ya te acostumbraras de verme así”. Yo pensé será puta la tía mientras me iba pajeando. Al rato me corrí llenando un par de pañuelos, mi verga quedo tranquilita por el momento.

    -¿Mejor ya? -Me pregunto ella.

    A lo que yo respondí que si.

    En aquellos momentos me hubiera gustado que no fuera mi hermana para coger me la por todos sus agujeros.

    Así entre paja y paja llegamos al final de aquel sábado. Cuando me metí en la cama. Sentí los suspiros y gritos de mi hermana que ahora estaba pasándoselo bien ella sola. Hubiera querido ver aquello, pero estaba tan cansado que no pude moverme, Así quede dormido con mi rabo un poco dolorido de tanto trabajo.

    El domingo me levanté ya más calmado estuve toda la mañana desnudo sin ponerme cachondo. Pero después de comer se ve que con el estómago lleno ya era otra cosa y tuve una erección de campeonato. Mi hermana estaba en la cocina poniendo el lavavajillas yo me acerque sigilosamente y le agarre una teta ella se quedó sorprendida pero no dijo nada así que seguí agarrado y me la lleve a la boca mamando su pecho, de pronto empezó a alterársele la respiración con lo que vi que se había excitado por lo que continué acariciando suavemente el otro pecho mientras con el brazo tire de ella hacia mí.

    Ella empezó con su mano a acariciarme mi miembro dándome mucho gusto separé sus piernas y le puse a acariciar su sexo. Introduje un dedo dentro de su coño tocando su clítoris. Lo froté y con la otra mano le metí un dedo por su ano cosa que la izo estremecer al poco mi hermana y yo nos venimos, manchando todo su pubis de leche aquel fin de semana había sido memorable había descubierto muchas cosas de mi hermana y lo había pasado muy bien masturbando a mi hermana.

    En los fines de semana sucesivos pasaron muchas más cosas, pero esto es otra historia.

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  • La dependienta de la tienda de lencería

    La dependienta de la tienda de lencería

    Una tarde estábamos paseando mi esposa y yo y pasamos por una tienda de lencería. Me encantan esas tiendas. Por casualidad me fijé en la dependienta y su cara me resultó familiar. Mi mujer logró quitarme del escaparate a empujones y me llamó vicioso y degenerado. Le dije que estaba mirando a la chica, que su cara me sonaba de algo. No me hizo mucho caso.

    Ya por la noche, viendo la tele en la cama con Paula, caí en quién era: era Marisa, una compañera de colegio y a quien no veía desde octavo de EGB. Ella fue mi mejor amiga entonces. No la había reconocido porque ahora tenía el pelo oscuro y ondulado (antes era castaña y de pelo corto). Su cara seguía siendo muy bonita, aunque se había quedado algo pequeña.

    Me decidí al día siguiente, al regresar del trabajo a mediodía, pasarme a verla. La iba a gastar una broma, recordaba que tenía un excelente sentido del humor. Así lo hice y entré en su tienda, que a esas horas estaba vacía. Me había estado preguntando si me conocería, pero era improbable: ahora yo tenía barba y gafas y soy muy alto y mi voz muy distinta.

    No me reconoció cuando le pedí que me aconsejara qué conjunto íntimo comprarle a mi novia. Me sacó varias cosas y me preguntó por la talla de mi mujer. La mentí y la dije que era más o menos como la suya, aunque algo más grande (mi esposa es una mujer escultural, de medidas de vértigo y ella, aunque era muy atractiva, no tenía nada que ver).

    -Es que verá, dentro de unos días es nuestro aniversario y quería sorprenderla, pero al no saber su talla, usted me podía hacer el favor de probarse el conjunto para saber qué tal le quedaría. Quiero que todo sea perfecto.

    Ella se negó y me miró como a un degenerado. Ante mi insistencia, ella me dijo que iba a cerrar y que o lo compraba o nada, pero que ella no hacía de modelo. Se puso bastante nerviosa y me empujó para que me fuera. Cuando ya salía por la puerta, dije:

    -Vaya, ya veo que no conservas tu buen humor, Marisa, cómo te has puesto conmigo.

    Entonces ella paró y me miró extrañada.

    -¿No me conoces?

    Ella me miró más detenidamente y sonrió con fuerza.

    -¡Joaquín! ¡Cuánto tiempo! Qué susto me has dado, imbécil.

    La invité a comer y ella aceptó, aunque diciéndome que a las seis tenía que abrir. Teníamos muchas cosas de las que hablar, además yo a las cinco tenía que estar en mi despacho.

    -Conocía un buen restaurante y regamos los platos con un buen vino tinto. Parecía como si no hubiéramos estado sin vernos más de veinte años. Seguía igual de simpática. Me contó que estaba casada, que le iba muy bien, que si las cosas en el negocio marchaban tendrían un hijo. Yo le conté que me iba muy bien en mi empresa, que tenía dos hijos, lo perfecta que era mi vida.

    Se nos pasó el tiempo volando y cuando miramos el reloj eran ya las seis y cuarto. Yo dije que no me pasaría por la oficina. Marisa tenía que abrir. Le dije que le quería comprar algo. Me gustaba mucho el camisón corto malva que trasparentaba todo. Ella me dijo que eso era para no llevar nada debajo. Sólo con pensarlo me excité. Le dije que quería comprarle toda la tienda.

    -Pero tienes que comprobar si le vale a tu mujer. Venga, como eres tú, me pruebo la ropa para ver qué tal le quedaría.

    No sé si fue el vino o qué, pero no le dije la verdad y la seguí la corriente. Había estado mirándola de reojo, sin atreverme a inspeccionarla bien, pero ahora podría tener mi ocasión. De cara, seguía tan preciosa como siempre, con sus ojos verdes y sus rasgos orientales. Vestía unos vaqueros ajustados y su culo se veía muy bien. El jersey era más holgado, pero sus pechos no parecían grandes.

    Ella mismo eligió los conjuntos.

    -Pasa adentro, que no tengo cortinas.

    Pasamos a las habitaciones interiores y me senté en un sillón. Empezó con un conjunto de encaje, bragas y sostén y una especie de gasa. Paseaba por el pasillo y se giraba, caminando enseñándome su precioso trasero. Me encantaban sus piernas y su culo. Sus pechos tenían muy buena pinta, sabía elegir sostenes que los realzaban. Pese a que no quería, estaba empalmado con el espectáculo de Marisa. Bromeé con ella:

    -Si no te va bien el negocio, puedes desfilar como modelo.

    -Venga, no te burles, Joaquín, que este cuerpo no le gusta ni a mi marido.

    -¿Qué dices? Estás muy bien, Marisa.

    Aunque lo dije para animarla, poco a poco me estaba convenciendo de ella: con ligueros estaba de infarto.

    -Muchas gracias, pero no hace falta que seas amable. El descuento te lo voy a hacer de todas formas.

    El conjunto de encaje rojo, ¡cómo la sentaba! Empecé a desear también sus pechos. Yo, que hasta entonces no me había fijado en otra mujer, estaba cachondo hasta el punto de querer bajarme los pantalones para masturbarme.

    -No te lo digo para quedar bien. Me estoy excitando como nunca.

    Me miró a la cara. Aunque el vino se le había subido a la cabeza y entre nosotros había un rollo muy especial, no lo había hecho hasta entonces y estaba algo sonrojada. Miró a mi entrepierna y sonrió. Sonrió como una niña pequeña y traviesa. Me decidí:

    -Todavía no te has probado el camisón malva que tanto me gusta.

    -Vale, vale, pero ese no necesita demasiado a la modelo, así que me lo pruebo con un conjunto debajo.

    -¡Pues vaya gracia! Así no me hago una idea.

    Todo esto en un tono medio en broma y con una sonrisa maliciosa.

    -Esto vale para una mujer que esté de buen ver.

    -Entonces no puedo buscar mejor modelo.

    -Muy bonito. Tú me vas a ver de arriba abajo y yo nada, ¿no?

    -¿Me estás proponiendo algo?

    -Tú en calzones, bonito, vete desnudando, que como no te vea en gayumbos, no hay espectáculo.

    Se fue y me empecé a quitar la ropa. La decía en voz alta que no se asustara si veía tamaños desproporcionados en mis interiores. Ella se reía y hacía el sonido de nueve semanas y media. ¿Estás preparado, nene? Si tienes problemas cardíacos, abstente de mirar. Yo estaba con mis bóxer que tanto me molestaban. Mi polla pugnaba por salirse. Apareció Marisa con esa prenda, que era como no llevar nada. ¡Guau! Me fijé en su coño, peludo pero cuidado, muy apetecible. Sus pechos me dejaron loco: aunque su tamaño era normal, se movían bajo la tela y se notaban firmes. ¡Y qué pezones más increíbles! Eran tan grandes como sus pechos.

    Ella no dejaba de mirarme el tamaño de mi paquete. Aunque había empezado dubitativa, ahora se estaba exhibiendo con maestría. Al darse la vuelta le vi su espléndido culo, qué nalgas, vaya forma de mover los cachetes…

    Me bajé el calzón y me empecé a masturbar como un loco. Mis 18 cm y medio estaban muy excitados y mojados, me caían líquidos por el tronco. Le daba a la manivela con un ritmo frenético. Se dio la vuelta y me vio. Sus ojos se abrieron y empezó a caminar hacia mí de un modo muy sensual. Yo apresuraba mis movimientos. Para, me dijo. Abrió sus piernas levantándolas sobre las mías y se sentó sobre mí de golpe. Mi polla se encajó en su estrecho coño de un golpe y los dos gritamos. Ella impuso el ritmo y yo le acariciaba los pechos por encima de la tela. Nos besábamos apasionadamente, en la boca y en el cuello. Se dio la vuelta y me dio la espalda.

    Le quité el conjunto y le amasé las tetas. Ambos nos decíamos cosas sucias que nos excitaban aún más. Yo le alababa su cuerpo, su culo, que no le dejaba de apretar, y ella me contaba que no había visto una polla igual, que quería que la jodiera bien, que la follara como nunca. También nos referíamos a nuestra primera vez, cuando éramos pequeños.

    Le dije que apoyara la cabeza en el sofá y la puse a cuatro patas. Llevaba un rato metiéndole un dedo en el ano y, aunque era estrecho, se estremecía y vibraba como una loca. Dos dedos, igual. El tercero costó más, pero le arrancó un orgasmo brutal. Me quedaba muy poco para correrme. Se la saqué y le dije que venía el premio gordo.

    Ella no quería al principio, pero no se quejó demasiado. Estábamos tan empapados que no necesitábamos lubricantes. Me costó menos de lo que pensaba y ella se arqueaba para gozar más de mi palo. Ambos chillábamos con la follada y no nos acordábamos de nuestras respectivas parejas. Se la saqué y buscamos otra pose. Quería correrme en su cara y que tragara mi leche. Ella vio mis intenciones y me pidió que la inundara de semen. Me corrí sobre ella y la embadurné de mi lefa.

    -Mañana te espero y te haré un nuevo pase.

    -Aquí estaré después de comer.

    La besé, me vestí y volví a casa. Quiero mucho a mi mujer, pero Marisa sigue volviéndome loco y no dejé de verla y follar con ella tras un bonito pase íntimo. Juntos hacemos lo que con nuestras respectivas parejas no nos atrevemos.

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  • Conseguí a mi cuñada con una historia de fantasmas

    Conseguí a mi cuñada con una historia de fantasmas

    Me llamo José. Estoy casado desde hace dos años en segundas nupcias con mi actual pareja.

    La historia que os cuento, sucedió este verano. Desde que comencé mi relación actual, la hermana de mi esposa siempre ha estado muy allegada a nosotros. A la mínima oportunidad, aprovechaba a venir a ver a su familia. Asimismo, tenía una relación excelente con mi hijo, de 7 años, fruto de mi anterior matrimonio.

    Durante el periodo de vacaciones, mi mujer tuvo que trabajar, debido a que acababa de cambiar de empleo. Mi hijo y yo, estábamos en un apartamento que había alquilado en la playa, para pasar unos días de vacaciones. En realidad, era un piso bastante grande, demasiado para los dos solos.

    Una tarde, recibí una llamada de mi mujer. Me preguntaba si sería posible que su hermana viniera a pasar unos días con mi hijo y conmigo. Dado el buen trato que manteníamos, no me importó en absoluto. Le comenté que tendría su propia habitación, puesto que, si algo sobraba allí, era sitio. Ella bromeó diciéndome, “no lo dudo, tampoco sería cuestión de que durmiese contigo, ya sabes que soy muy celosa”, dijo entre risas.

    Mi cuñada es una mujer divorciada. Rubia, con el pelo corto. La podría definir como muy maciza, a pesar de tener varios años más que yo. La situación, me hacía cierta gracia, puesto que pasar unos días en vacaciones con mi cuñada, tenía su morbo, aunque sabía que no pasaría de eso, de una fantasía sexual.

    A los dos días fui a recogerla a la estación de tren. Nos besó fraternalmente, tanto a mi hijo como a mí. Pasamos todo el día, y gran parte de la tarde en la playa. Por la tarde dimos un paseo, y dado que el niño se encontraba cansado, decidimos quedarnos en el apartamento a cenar.

    Había comprado varias delicatessen, así como varias botellas de vino para los días que estaríamos. Mi hijo se fue a la cama enseguida, y nos quedamos solos hablando de nuestras cosas.

    La conversación, entre risas y motivos serios, iba derivando de un tema a otro. Estábamos ya en torno a la media noche, cuando le dije que esta era la hora de las brujas. Nos reíamos, pero comenzamos a hablar de temas paranormales, fantasmas, apariciones, de casos que habíamos oído hablar, historias antiguas, y brujas.

    Estuvimos casi tres cuartos de hora contando historias sobre lo mismo. Cuando terminamos la botella de vino, decidimos que era mejor acostarse ya, era un poco tarde y el niño llevaba ya varias horas durmiendo.

    Al salir del salón, ella me dijo que no me marchase todavía, que la hiciese compañía un rato más, tenía miedo después de estas historias tan truculentas que habíamos contado.

    Me eché a reír, y le dije:

    –Eva, por favor, como te puede dar miedo. Además, sabes que estoy en la habitación de al lado, me tienes cerca si me necesitas, –dije riéndome.

    Más o menos la convencí y fue a su habitación. Me acosté yo también. A los pocos minutos, oí mi nombre, y vi la luz encendida del pasillo.

    –José, José. Perdóname, pero es que tengo mucho miedo.

    Ya no me reía. Me levanté e intenté consolarla. Estaba tiritando. Llevaba un camisón corto, negro, e iba sin sujetador. Sus pezones se marcaban sobre la suave tela.

    Hasta ese día, jamás me había planteado ver a mi cuñada como una mujer atractiva, aunque lo era, pero ahora estaba a mi lado, con poquita ropa, y temblando de miedo.

    Al ver que me había levantado, sólo con el bóxer, puesto que hacía bastante calor, me dijo que me fuese de nuevo a la cama, que ya se encontraba mejor, más tranquila.

    Yo sabía que no era así. Y le propuse que se quedara a dormir conmigo.

    Ella me miró con terror.

    –¿Acostarme contigo? Eres mi cuñado, estás casado, y hace mil años que no me acuesto con un tío.

    –Mujer, estoy diciendo que duermas, sólo dormir. Estaré a tu lado, nada más.

    –¿A mi lado? –Respondió–. ¿Y qué dirá mi hermana?, tu mujer, si se entera.

    –Supongo que lo entendería, o quizá no, es muy celosa. Para evitar problemas, no le diremos nada.

    –¿Y el niño?

    –El niño duerme, y te aseguro que nos levantaremos nosotros mucho antes que él, además, si quieres, luego, cuando se te vaya el miedo, vuelves a tu habitación.

    No estaba demasiado convencida, pero su miedo, era mayor que su vergüenza, por lo cual, accedió a dormir conmigo.

    Se metió en la cama, apagué la luz, y la abracé por la cintura para tranquilizarla. Ella temblaba, por lo que yo me arrimaba más. Le di un par de besos en la mejilla para tranquilizarla. “Tranquila, bonita. Estoy a tu lado, no te preocupes”.

    Yo la tenía de espaldas, y cogida por detrás. Mis manos brazos rodeaban su cintura. En esto, comencé a subir la mano lentamente, para llegar a sus tetas. Eran enormes, igual que las de mi mujer, pero lo más excitante es que eran otras. Su camisón era muy fino, por lo que al palparlo, se podían sentir perfectamente. Las tenía muy duras aún para su edad y para su tamaño.

    Al notarlo, ella giró su cara hacia mí.

    –¿Qué estás haciendo, José?

    –Intento tranquilizarte, te acaricio.

    –Me estás tocando los pechos.

    En ese momento, temía que montase un escándalo. Le dije que había subido la mano sin querer, pero también, “debes reconocer que era una pena que nadie tocase unas tetas como esas”.

    Cuando hice esta afirmación, puse directamente la mano sobre sus mamas, apretando fuertemente una de ellas, y aproveché para darle un beso en los labios.

    –¿Estás loco? Estás casado, y además con mi hermana. El niño está en la otra habitación…

    Me eché a reír.

    –Si, y tú en la cama conmigo. El niño estará durmiendo varias horas más, y en mi cama estás tú porque quieres.

    Al oír esto, hizo ademán de levantarse, pero le agarré la mano, y le pedí que se quedara.

    –Vale José, pero pórtate bien.

    –Ok, no haré nada que no me dejes que haga.

    A esta última frase no contestó, por lo cual empecé a suponer que aún me quedaba alguna posibilidad.

    Al volverse a tumbar, la besé de nuevo. Esta vez intenté meter mi lengua en su boca. Al principio la tenía cerrada, pero a los pocos momentos, abrió sus labios, aunque no colaboraba demasiado.

    Comencé a meterle mano por debajo del camisón, hasta que terminé subiendo este a la altura de sus hombros. Sus tetas eran estupendas.

    –¿Me encantan tus tetas, te lo he dicho?

    –Ya me las has visto antes, –me respondió

    En realidad, no era la primera vez que las contemplaba, puesto que a veces, cuando íbamos a la playa todos, mi mujer y ella, solían quitarse la parte de arriba del bikini para tomar el sol.

    Por supuesto que las había visto, pero no era lo mismo. Ahora las miraba, estando solos en mi cama.

    Ella tenía el camisón subido hasta la altura de los hombros, de esta forma podía contemplar sus braguitas, también negras.

    Volví a besarla, y esta vez, besé también sus pechos.

    –Por favor José, piensa en la situación.

    Precisamente, la situación era lo mejor. El morbo era increíble, y mi picha, estaba ya a punto de reventar mi bóxer.

    Continué ocupándome de sus tetas, y en ese momento mi mano se deslizó por encima de su braga. No era un tanga, pero si bastante pequeña, con lo que apenas le tapaba la mitad de su culito. Le pasaba la mano, y ella continuaba negándose con palabras, aunque sus actos eran cada vez más sumisos.

    Volví a besarla. Esta vez, su lengua me correspondió. En ese momento, metí mi mano en el interior de su braguita, y comencé a tocarla. Tenía una mata de pelo enorme, estaba sin depilar, lo que sin duda era señal que no pensaba tener próximamente ninguna relación. Ella separó las piernas lentamente, mientras mi dedos se abrían paso entre su pelo para llegar a su rajita.

    –José, por favor, estás casado, mi hermana… uffff, por favor, para. –Su voz, se notaba cada vez más excitada.

    El pedirme que me detuviera, iba acompañado de unas piernas cada vez más abiertas, señal de que no lo estaba pasando nada mal.

    –¿Sabes cuánto tiempo llevo sin estar con un hombre?

    –Supongo que varios meses, –le respondí.

    –No, llevo tres años sin acostarme con un tío. –Me dejó helado.

    Alguna vez estuve con alguna chica que llevaba tiempo sin tener relaciones, y me gusta porque están ansiosas. A esta situación, se añadía el morbo de ser mi cuñada, la hermana de mi mujer.

    Mi boca mordía sus pechos, y mi mano se paseaba a sus anchas por su vagina. Eva comenzaba a estar mojada, y cada vez se sentía más integrada en el acto, menos culpable, y disfrutaba del momento.

    Paré unos segundos, y aproveché a quitarle definitivamente el camisón.

    Ahora ya hasta tenía parte de su colaboración. Levantó las manos para que pudiera sacarlos. Volví a meter mi mano entre sus piernas, y para mi sorpresa, fue ella misma quien se bajó las bragas.

    Su coñito era totalmente negro, fruto de ser morena natural, y rubia de peluquería. Ahí comenzó a entrar en acción y bajó mi calzoncillo. Mi pene salió disparado hacia fuera, como un bastón, totalmente erguido.

    Como una leona, saltó hacia él, y se lo metió en la boca. Lo chupaba con ansia, con tanta fuerza que en determinados momentos me hacía daño. La acaricié el pelo, y con la cabeza, empecé a guiarla, para que lo hiciera más suave.

    Después me tocó el turno a mí. Le separé las piernas y comencé a lamer su rajita. Me costaba trabajo, y tenía que separar los pelos para no tragármelos mientras la chupaba. Cuando los aparté, su chochito, quedó a mi disposición. Empecé a meter la lengua por su clítoris, mientras que veía que empezaba a gritar de una forma salvaje. Poco después, quedó totalmente relajada y me pidió que parase. Se había corrido.

    Yo aún seguía empalmado. Momento que aproveché para metérsela. Ella separó las piernas, y me agarró con sus tobillos por mi cintura. La besaba con fuerza y pasión, a lo que ella me respondía efusivamente. Mi polla entraba y salía de una forma ligera, estaba totalmente empapada, lo que me permitía sacarla y meterla totalmente, porque siempre buscaba su hueco natural.

    Cuando estaba a punto de estallar se lo dije. “¡¡Voy a correrme!!”. Ella, en lugar de apartarme para que lo hiciera fuera de su vagina, y evitar cualquier tipo de riesgo de embarazo, me agarró fuertemente, e impidió que me saliese. Estaba tan caliente, que solté un gran chorro de semen. Ella me apretaba aún con más fuerza, hasta que me vacié totalmente dentro de su gruta.

    Nos quedamos dormidos. Cuando desperté no estaba en la habitación.. Oí ruidos en la cocina, me levanté y fui hacia allí. Noté que había llorado y me comunicó que prefería volverse a su casa.

    Le pedí que no lo hiciera. Su hermana se disgustaría, y pensaría que habíamos discutido. Después de todo, nadie sabía nada. Accedió a quedarse, pero me advirtió que lo sucedido no se volvería a repetir. Se sentía muy mal por su hermana.

    –¿Y por ti? –Le pregunté.

    No obtuve respuesta, sólo me dijo que no habría más veces.

    De acuerdo, que no volvería a suceder. En realidad, estaba totalmente seguro que se repetiría en cuanto volviéramos a tomarnos una botella de vino.

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  • Pequeño trío espontaneo (HMH)

    Pequeño trío espontaneo (HMH)

    Esto sucedió ya hace unos años con mi ex novia Valeria de la que hablé en mi último relato, era una época donde estábamos experimentando mucho sexualmente y cada fantasía que teníamos la platicábamos al otro para el intentar hacerla posible, lo único que nos importaba a la hora de intimidar era obtener el mayor placer sexual que fuera posible.

    La anécdota comienza cuando un muy buen amigo mío me visita en casa un día, hablamos un poco de cómo nos iba en nuestras vidas y con nuestras parejas, para esto después el me pregunto por mi novia, yo le respondí que me iba muy bien con ella y que estaba viviendo el sueño de todo adolescente, tener sexo todo el tiempo y de muchas formas con su novia. Él se alegró al escuchar esto, le conté un par de detalles más que le sorprendieron he incluso termine mostrándole algunos nudes de ella.

    Ya para el final de nuestra plática yo le mencioné que incluso teníamos en mente experimentar con un trío algún día, ya estábamos planeando un MHM por fantasía de ella, y que si eso se lograba dar, que yo accedería a uno HMH para devolverle el favor. Le dije a mi amigo que cuando mi novia estaba muy excitada me decía “si” a cualquier propuesta sexual por mas loca que fuera, ella llegaba a un punto en donde la excitación le ganaba y solo cedía al placer. La conversación con mi amigo terminó conmigo diciéndole que incluso si un día él quería hacer un trío con nosotros solo bastaba que me dijera para que yo la calentara y él se nos uniera.

    Pasaron algunos días y la idea de un trío con mi novia y mi amigo cada vez estaba más presente en mis pensamientos del día, por lo que decidí planearlo, me puse de acuerdo con mi amigo y llego el día.

    Yo me vería en mi casa con Valeria por la mañana y comenzaríamos a tener sexo, como a ella la volvía loca el sexo oral comenzaría con eso para que su excitación aumentara rápidamente, después mi amigo comenzaría a mandarme mensajes, diciéndome que tenía una “urgencia” y que si podía pasar a mi casa en ese momento, así paso y el llego, entonces pausamos el sexo mientras yo salí a recibir a mi amigo y Valeria se quedaba en mi cama desnuda y muy excitada por el sexo oral previo.

    Volví al cuarto con Valeria y entre besos le inventé una excusa de porque mi amigo había venido de forma tan urgente a mi casa, ahí fue cuando le dije “mi amigo está afuera, ¿que te parece si cumplimos una de nuestras fantasías y lo dejamos pasar a ver cómo follamos?”

    Al principio ella lo tomo como una locura, pero después vio que estaba hablando enserio y ambos ya estábamos muy excitados por lo que al final termino aceptando incluso con un poco de nervios, le coloqué una venda en los ojos para que ella no pudiera ver (hacíamos esto seguido durante el sexo como forma de concentrarnos más solo en las sensaciones) y salí del cuarto a decirle a mi amigo que entrara. Cuando el entro le dije a Valeria que él ya estaba aquí, el solamente se sentó a un lado de la cama a mirarnos sin interactuar aún.

    Ahí estaba ella desnuda en la cama con una venda en los ojos y solamente una delgada sábana cubría su piel blanca, quité esa sábana dejando sus tetas al aire y abrí sus piernas para retomar el sexo oral y no perder esa excitación. Yo también estaba muy excitado solamente por ver que mi amigo estaba presenciando a mi novia de esta forma tan hermosa. Mientras lamía su clítoris logré sacarle algún gemido al provocarle un orgasmo, yo solo espero que mi amigo haya disfrutado tremendo show.

    Me levante para ahora ir hacía donde tenía su cabeza recostada y le dije en voz baja, te voy a quitar la venda de los ojos para que veas que ya está aquí, le quite la venda y seguido lleve mi verga a su boca a lo que inmediato ella abrió la boca, mientras ella tenía mi verga en su boca comencé a acariciarle las tetas y le hice una señal a mi amigo como invitándolo a que él también se las tocara.

    Fue aquí cuando el por fin hizo contacto físico con ella al comenzar a sobarle las tetas junto conmigo, ya eran 4 manos las que Valeria podía sentir recorrer su cuerpo mientras tenía mi verga en su boca, y logré que ver que una de las manos de mi amigo bajo a tocar el clítoris de Valeria, era una escena muy perversa y excitante que incluso ahora mientras lo escribo me hacer tener durísima la verga de solo recordarlo.

    Yo quería seguir aumentando la intensidad y en voz alta le dije a mi amigo que se sacara también la verga, Valeria vio cómo se la sacó, yo tome una mano de ella y la lleve directamente a la verga de mi amigo, para mi sorpresa rápidamente ella la tomo con su mano y comenzó a mover su mano de arriba abajo ya que estaba acostumbrada a esto, en verdad casi estallo de placer al ver que mi novia tenía una verga en cada mano.

    Yo acariciaba su cabeza de ella mientras me la chupaba y la invité a que también se la chupara a mi amigo, tardo un poco pero finalmente la probó, aunque no fue mucho ya que casi todo el sexo oral que ella estaba haciendo me lo hizo a mi mientras a él solo se la jalaba, aun así era una escena muy perversa, mi amigo bajo a hacerle sexo oral y a ella le pregunté si quería que él se pusiera un condón lo cual no quiso, por lo que la penetre solamente yo mientras ella se la jalaba a mi amigo y el seguía sobándole y besándole las tetas.

    Seguimos un rato más en esa posición hasta que ambos terminamos, finalmente le hicimos prometer a mi amigo que no diría nada de lo ocurrido y fue así como se fue, creo que el si se quedó con ganas de penetrarla pero no se dio la oportunidad para él, pero yo creo se llevó una experiencia muy loca de ese día, y yo me quedo con el recuerdo de Valeria acostada de piernas abiertas y con las tetas al aire y una verga en cada mano mientras nos la jalaba.

    Después Valeria y yo hablamos de lo sucedido y coincidimos en que finalmente no fue un trío muy en forma debido a lo espontáneo que fue, aunque aun así fue muy excitante.

    Les pido un par de disculpas debido a que he pasado mucho tiempo sin escribir y que el relato pudo ser un poco largo, pero ya tenía muy abandonada esta cuenta y por fin me di un momento de escribir esta anécdota que tenía pendiente el contarles.

    Espero les haya gustado la anécdota, disfruto mucho cuando comentan o me escriben diciéndome que tienen experiencias muy parecidas, si les gustaría que contara más háganmelo saber ya que aún tengo experiencias que nadie sabe que sucedieron.

    Gracias por leer.

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  • Un baile sensual

    Un baile sensual

    El ambiente del lugar lleno con una melodía de un Sax romántico, la luz baja en un tono cálido, apenas iluminando el lugar, un baile despacio, disfrutando de la noche, sin presiones ni tiempos, abrazados, dejándose llevar por el ritmo.

    Pegados, bailando suave, mirándole de cerca, él tomándole de una mano y rodeando su cintura con la otra.

    Ella va en un vestido rojo satinado, con el cabello suelto y sus hombros, el ritmo y el ambiente los acerca cada vez más. Se acerca a su hombro y huele un suave perfume dulce, un toque floral mezclado con frutas.

    Acariciando su espalda; sentía la piel bajo sus dedos, bajando a su cintura y posando las manos, acompañaba el movimiento de su cadera, colocando un suave beso en el cuello, justo bajo su oreja.

    Besando un par de veces más, bajando por el cuello al inicio del hombro, ella cierra los ojos y suspira; mientras se mantienen juntos.

    Sus manos vuelven a subir, esta vez por los costados, siguiendo la figura de su cuerpo, se detiene en la espalda y él la observa a los ojos con una sonrisa sutil.

    A lo cual ella le devuelve la sonrisa, él lo nota y toma el cierre de su vestido, jalándolo lenta y suavemente hacia abajo, abriéndolo. Se afloja la tela, pero se mantiene en su lugar con los tirantes aún en los hombros de ella. Él sube ambas manos y mueve los tirantes hacia un lado, haciendo que bajen por los brazos. El vestido cae poco a poco, revelando que ella va sin sostén.

    El vestido cae totalmente al piso, su cuerpo descubierto frente a él. Comienza a pasear mis manos sobre su piel, recorriendo cada centímetro, dibujándola con los dedos y estimulando los vellos de la piel al acariciarla suavemente. La luz apenas ilumina la silueta de ambos, resaltando las curvas de ella, volviéndolo un ambiente sensual.

    La música no se detiene y las caricias tampoco. Él nota cómo su cuerpo reacciona a ellas, se le eriza la piel, la respiración de ambos se acelera, ella cierra un poco los ojos; dejándose llevar.

    Él comienza a ser más atrevido, acariciándole las costillas, los muslos, el vientre, subiendo hacia el pecho.

    Las manos de él se posan sobre los pechos suaves y cálidos, sintiendo su calor firmeza y los pezones endureciéndose al roce. Ella se acerca y coloca un beso suave en la boca de él

    Sus bocas se juntan, comenzando una danza entre sus lenguas, enredándose y probando un beso pasional. Él aprieta un poco las manos, acariciando y sujetando con firmeza sus pechos. Sin dejar de besarse, comienzan a recostarse. La luz nos ilumina el camino y el deseo se siente en el aire

    Cuando él comienza a abrirse la camisa, ella aprovecha para acariciar sus brazos, usando las uñas; ella araña con deseo su pecho y espalda, terminando por soltar su cinturón.

    Observan sus miradas, que se van transformando con las caricias y los besos, cada segundo el deseo aumenta y sienten sus caricias por todo el cuerpo.

    Él se coloca entre las suaves piernas de ella, tomando su pantaleta por los costados, tirando de ella, bajando por las piernas, acariciando su piel con la yema de los dedos, disfrutando verla totalmente desnuda.

    Sienten el calor de sus cuerpos juntos, él nota su pecho subiendo y bajando; acelerado por la respiración incontrolable que causa la situación, los ojos de ella no dejan de seguirlo, él ya no puede contenerse más…

    Tomando su bóxer por el resorte, lo retira totalmente, quedando iguales, desnudos y expuestos, la piel se roza en ocasiones y suaves descargas se sienten entre los cuerpos de ambos, desatando un deseo intenso por sentirse más cerca.

    En un movimiento, él toma sus manos por las muñecas y las sube sobre su cabeza, mientras que con la rodilla comienza a separarle las piernas cada vez más, acercando su pelvis a ella.

    Sin dejar de observar, él sonríe y asiente, esperando una respuesta de ella…

    Ella sonríe en respuesta mordiéndose el labio inferior, deseando hacer eterno ese momento.

    Entiende la señal, le besa el cuello con fuerza, mientras sus cuerpos se pegan totalmente, suave y con decisión, él presiona su miembro hacia dentro, abriéndose paso poco a poco

    Un suave gemido de ella se escucha en la habitación, solamente opacado por la música al fondo. El cuerpo de ella, se estremece al sentirlo dentro, mientras sus respiraciones se unen al compás del movimiento. Al fin se sienten fundidos en uno solo.

    Por un segundo se detiene al saberse totalmente dentro de ella, disfrutando la sensación de su piel pegada a él, notando tus pechos presionados con el suyo, ella lo rodea con sus piernas en un abrazo pasional y comienzan a bailar juntos nuevamente, el mismo ritmo suave y relajado, sus cuerpos guiados por la música que les marca el compás y la luz tenue dejando entrever los gestos de placer que cada uno hace.

    Con cada movimiento, un suave gemido sale de la boca de ella, mostrando cómo lo disfruta. Él poco a poco acelera los movimientos, buscando entrar un más profundo en ella.

    La sutileza se va quedando atrás, el deseo y placer inunda sus cuerpos y mentes, ambos se mueven más rápido, mientras los sexos se unen, los pechos de ella moviéndose al ritmo de cada embestida que él da.

    Ella escucha la respiración agitada de él ahogándose en sus gemidos más fuertes, él le suelta las manos y recorre su cuerpo, estimulando cada posible sensación.

    Toma sus brazos y se inclina hacia atrás, levantando su cuerpo, quedando él acostado y ella encima, mientras siguen con su baile sexual.

    Ahora ella controla la profundidad y el ritmo del baile, mientras él siente cómo sus piernas se humedecen a causa de los jugos que salen de ella. Comienza a moverse de adelante hacia atrás, despacio, se inclina para besarlo, mientras las manos de él, le acarician la espalda y la otra entra por debajo para darle doble placer.

    Húmeda, caliente y deliciosa, él disfruta ver el deseo y la pasión en su mirada. Sentir sus manos calientes en la piel y su miembro dentro de ella.

    Ella baja a su cuello, succiona la piel, al mismo tiempo lo besa, levantándose un poco para colocarle los senos en la boca y que los disfrute.

    La sensación es exquisita, mordiendo, suave, disfrutando entre ellos. Él se incorpora, apoyándose en su pecho. Acompañándola en un viaje de placer.

    Le ayuda a moverse con las manos en su cadera, acompañando cada movimiento, cada embestida.

    Es una sensación muy rica y agradable, el movimiento los guía y ambos disfrutan de cada sensación y estímulo que reciben, comenzando a incrementar el placer.

    Ninguno se detiene y continúan bailando entre las sombras; ella arquea la espalda y continúa montándolo. Están en el clímax y al escucharla gemir sin control, libera el su cuerpo, llegando a un orgasmo que inunda sus cuerpos.

    A ambos les llena una sensación de placer y alivio en todo el cuerpo, mientras termina dentro de ella. Extasiados se acuestan juntos, relajando el cuerpo y la respiración.

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