Autor: admin

  • Mi suegro y yo emputecemos a sus otras nueras: Tina

    Mi suegro y yo emputecemos a sus otras nueras: Tina

    Los que sigan mi historia recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intento de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras.

    Yo fui la primera y me encomendó la misión de ayudarle a hacerlo con el resto de sus nueras, la siguiente fue Mirtha, lo que logramos de una manera muy satisfactoria, pero no se limitó ahí, su nueva pareja llamada Sonia, por indicaciones de mi suegro se lo hizo con uno de mis cuñados llamado Manuel, esto lo podía ver por un sistema de cámaras instalado en el salón de su casa.

    Pocos días después de lo de Sonia y Fernando recibí la orden de conectarme al sistema, una vez más tenía ante mí el salón de casa de mi suegro.

    En ese momento mi suegro entró acompañado de Tina, Tina es la mujer de Manuel, por tanto, también nuera de mi suegro, pero además era prima de Mirtha y había un gran parecido físico entre ambas. Llevaba un vestido rojo por encima de las rodillas y unas medias negras

    Nada más entrar mi suegro la hizo sentarse en el sofá y la repitió el mismo discurso que había empleado con Mirtha y conmigo, al final Tina debía de afrontar la decisión entre que su marido de alejará de los negocios de mi suegro o convertirse en otra de sus putitas, ante esto Tina puso una sonrisa muy amplia y dijo:

    -Pero querido suegro, yo estaría encantada de follar contigo, siempre me has parecido un hombre muy atractivo, bien conservado y si no te había propuesto nada antes había sido por miedo a ofenderos a tu hijo y a ti, pero si hay que follar contigo, o con quien tu ordenes, y más si es por el bien del negocio familiar, por mi encantada.

    Mi suegro se puso de pie y Tina le imitó, Jacobo la rodeo con sus brazos y la besó de manera apasionada, después alzándola la falda la acaricio el culo por encima de las bragas, Tina llevaba unas bragas transparentes, que mostraban su culo, en esos momentos Tina dijo:

    -Querido suegro deja que la zorra de tu nuera te rinda el culto que mereces

    Y arrodillándose delante de él le desabrochó los pantalones y se los bajo junto con los calzoncillos, su polla quedó al aire y Tina dijo:

    -Mmmm, es aún mejor de lo que me imaginaba

    Sin mediar palabras se la metió en la boca y comenzó a chupársela, mi suegro se puso a gemir la expresión de su cara demostraba que su nuera le estaba dando un gran placer, esta dijo:

    -Mi amor, ¿Por qué no te sientas en el sofá? Allí estarás más cómodo.

    Mi suegro lo hizo y Tina le quitó del todo los pantalones y los calzoncillos, y volvió a decir:

    -Menuda polla tienes querido suegro, más grande y gorda que la de tu hijo.

    Y se volvió a meter el miembro del padre de su marido en la boca, por la forma en que lo hacía se le notaba que no era su primera vez, sino que estaba acostumbrada a comer pollas, y los gemidos de Jacobo demostraban que con él estaba acertando plenamente, hasta que dijo:

    -Zorra estás haciendo que me corra.

    Apretó la cabeza de su nuera contra su cuerpo y toda su leche fue a parar a la boca de esta que se la tragó sin dejar fuera ni una gota. Le dijo:

    -Me encanta tu polla es divina, tantos años teniendo esto a mi alcance y conformándome con la de tu hijo, ¿Sabes una cosa? Tengo ganas de tenerla dentro.

    Y rápidamente se quitó toda su ropa quedándose completamente desnuda, después se movió un poco como si estuviera ejecutando un baile erótico, mi suegro se excitó tanto que cogió su polla con una de sus manos y se la acaricio, cuando ella la vio así se acercó a mi suegro, y se la acarició un poco más hasta ponerla completamente en forma, después se puso de rodillas encima de mi suegro, sin soltar su polla y la encaminó hasta la entrada de su coño y allí la introdujo, comenzando así una follada, mi suegro parecía hipnotizado por el culo de su nuera y lo cogió con sus manos mientras decía:

    No sabes cómo he deseado este culo tan fantástico.

    -Me alegro de que te guste, dijo ella sin dejar de cabalgarle. Es todo tuyo para que lo uses cuando quieras y de la manera en que a ti te apetezca.

    Y siguieron follando, los dos gemían de una manera muy intensa, Tina no paraba de decir:

    -Suegro esto es divino, no sabes lo maravilloso que es tener una polla como la tuya dentro del coño, desde hoy seré tu puta para que me utilices como te apetezca y si quieres que deje al cornudo de tu hijo lo hare.

    -No lo harás, quiero que sigas con él, pero te ocuparas de que tenga unos cuernos de tamaño enorme.

    Siguieron follando hasta que mi suegro sintió que iba a venir, cuando Tina trato de salirse mi suegro la sujeto y toda su leche fue a parar al coño de su nuera.

    La repitió lo que nos había dicho a nosotras sobre que si el las preñaba el niño sería de su sangre, y cuando terminó de correrse Tina se salió. A continuación, se arrodilló y dijo:

    -Amor quiero saber a qué sabe tu leche mezclada con los jugos de mi coño.

    Y volvió a chuparle la polla, y supongo que para sorpresa de su nuera la polla de nuestro suegro se volvió a poner dura.

    -Hummm que vigoroso eres, dijo Tina, tu hijo nunca me aguanta más de dos asaltos.

    -Pues una zorra como tú, dijo mi suegro, se merece que la follen hasta que se la caiga el coño a trozos,

    Cuando la polla de mi suegro estuvo de nuevo a punto, Tina se volvió a poner de rodillas encima de él, pero esta vez de espaldas, de manera que la polla de mi suegro entrara en contacto con ese trasero que tanto parecía gustarle, y de nuevo llevando su coño hasta la polla de él los fue aproximando poco a poco hasta que introdujo el sexo de él dentro de el de ella, y volvió a cabalgarle.

    -Lo que me he perdido por ser un padre amante de mis hijos, si os hubiera follando cuando comenzasteis a salir con ellos hubiera gozado muchísimo más, dijo mi suegro.

    -No pienses en ello mi amor, dijo Tina, y disfruta.

    Mientras tenían esta conversación Tina seguía jugando con la polla de mi suegro, el por su parte rodeaba con sus manos el cuerpo de su nuera y se puso a acariciarla las tetas, que como parecía ser algo habitual en las nueras de la familia eran de tamaño mediano, después llevó sus manos hasta el coño de Tina, y se puso a acariciarlo, sin dejar de penetrarla hasta que esta tuvo un orgasmo increíble, o lo fingió, no lo se.

    En ese momento ella se levantó y fue a limpiarse con un pañuelo de papel cuando tuvo el coño limpio mi suegro se acercó a ella y se puso a acariciarla el culo, y le dijo:

    -¿Puedo pedirte una cosa muy especial?

    -Querido suegro tú puedes pedirme todo lo que te apetezca, y tu nuera estará encantada de complacerte, respondió ella

    -Me gustaría follarte por el culo, dijo él.

    -Tienes una polla más grande que la de tu hijo, dijo ella, espero que no me hagas daño.

    Llevo sus manos a la polla de su suegro, que al sentir su mano sobre ella comenzó a reaccionar.

    -Desde luego tienes más vigor que tu hijo, dijo ella.

    Se puso a cuatro patas encima del sofá, mi suegro, que estaba de pie, se acarició la polla pata que no se le bajara, y acto seguido la introdujo en el culo de su nuera, esta al sentirla comenzó a gemir:

    -Esto es delicioso suegro.

    Él siguió atacando su culo, mientras ella gemía y le animaba a seguir follandosela por ahí, hasta que mi suegro se corrió y con ello se terminó su encuentro.

    Dos días después mi suegro me llamó para que acudiera a su casa, pensé que quería follar, me puse un vestido amarillo por encima de las rodillas y unas medias negras, una de las instrucciones era que encontraría la llave de la casa en una de las macetas, junto a la verja del jardín, ¿Me esperaría mi suegro en la cama?, Cuando abrí la puerta y me encaminé al salón me llevé una sorpresa, allí estaba Tina, me di cuanta cual era mi misión, llevaba puesto el mismo vestido que la vez anterior, cuando me vio ella se mostró sorprendida y me dijo:

    -¿Qué haces aquí?

    A lo mismo que tú, le dije, tenemos que demostrar a nuestro suegro que demás de sus putas somos unas buenas lesbianas.

    Ella sonrió y dijo:

    -Pues bueno cuñadita, si tenemos que demostrar lo putas y lesbianas que somos, hagámoslo.

    Nos acercamos, ella rodeo con sus brazos mi cuello, mientras yo llevaba mis manos a su culo y se lo acariciaba, nos fundimos en un beso apasionado. Tras ello yo comencé a coger el vestido de tina y a subírselo hasta que sus bragas, transparentes quedaron al descubierto, después me giré y comencé a besar su cuello, mientras con mis manos alzaba también su vestido por delante, hasta dejarle completamente recogido y sus bragas a la vista, tras ello, introduje mi mano por debajo de ellas y me puse a acariciarla el coño. Ella dijo:

    -Joder zorra, me vas a hacer lesbiana.

    -Tu disfruta de la situación, y déjate d tonterías. Aunque creo que estaríamos mejor las dos sin ropa.

    Ella me hizo una señal que yo interpreté como un sí, nos apartamos y nos quitamos la ropa quedándonos completamente desnudas, nada más hacerlo me volví a situar detrás de ella y volvía a besar su cuello mientras la decía:

    -Que buena estas, cuñadita, no me extraña que nuestro suegro te tenga ganas.

    -No soy la única ¿Verdad?, jajaja, dijo ella.

    Yo seguía chupándola el cuello y comencé a acariciar su culo, cosas que parece que la encantaban, en ese momento decidí que había que pasar a la siguiente fase, así que la hice girarse quedándose apoyada de espaldas contra la columna, a continuación me arrodille ante ella, y sacando mi lengua comencé a lamerla el coño, ella en un primer momento manifestó su sorpresa, pero en su cara se la notaba que estaba disfrutando de la situación y me dijo:

    -So guarra lo comes mejor que mi marido, jajaja.

    Yo seguía con mi lengua atacando su coño, me encantaba su sabor, mientras ella no paraba de gemir. Hasta que ella se corrió, yo me tragué todos sus jugos que me parecieron deliciosos y ella dijo:

    -Parece que, como quiere nuestro suegro nos vamos a hacer lesbianas, jajaja

    Me levanté del suelo y nos besamos apasionadamente, ella me dio las gracias por el rato que la había hecho pasar, y después me empujo un poco y añadió:

    -Vamos a este sofá a darnos placer.

    Y empujándome un poco me hizo tumbarme sobre él, al final las dos nos quedamos sentadas en el mismo. Nos entremezclamos de manera que una de mis rodillas fue a dar contra su coño, mientras ella, tenía su cabeza cerca de mis pechos, aprovechó la ocasión para chupármelos, y estuvo así un rato hasta que dijo:

    -Bien cuñada, creo que me toca devolverte el favor, aunque espero que tengas en cuenta que esta va a ser la primera vez que se lo haga a una mujer.

    Me hizo sentarme sobre el sofá con las piernas bien abiertas, y arrodillándose ante mi introdujo su lengua dentro de mi coño, si se la notaba que era su primera vez, pero también que tenía muchas ganas de hacérmelo. Su lengua recorría cada centímetro de mi coño, creo que inspirándose en mis gemidos para sabor donde debía de lamer de una manera más intensa.

    -Nunca pensé que comer un chocho fuera tan delicioso, dijo interrumpiendo un momento su comedura de coño, para continuarla con posterioridad.

    No tardo en provocarme un orgasmo increíble, si como sospechábamos las dos nuestro suegro nos estaba viendo, estaría disfrutando de un rato increíble. Después me pidió que me pusiera a cuatro patas sobre el sofá, ella se puso de rodillas mi mirando mi culo y mi coño dijo:

    -Tienes un culo precioso, no me extraña que al cabrón de mi marido se le vayan los ojos detrás de él.

    No me había dado cuenta de que su marido hiciera eso, y sin duda podía ser bueno saberlo para el futuro, pero en ese momento solo pensaba en ella en la manera de darnos placer, así que la dije:

    -¿Qué te parece si nos comemos el coño mutuamente?

    -¿Por qué no?, dijo ella.

    Y puso su coño sobre mi cara, mientras llevaba su boca hacia mi coño, hasta llegar a él y volvió a chupármelo, mientras yo hacia lo mismo con el suyo, en ese momento, sin que nadie la hubiera convocad se estableció entre nosotras una especie de competición de comedoras de coños, en la que cada una intentaba que la otra se corriera antes que ella, Tina lo hacía con verdadera pasión, pero la verdad es que yo tenía algo más de experiencia y ella se corrió en primer lugar.

    Cuando lo logré ella me dijo:

    -So puta me has hecho correrme antes de lo que suele hacerlo mi marido, pero esto no se va a quedar así, voy a hacer que te corras.

    Y luego volvió a introducir su lengua en el interior de mi coño y volvió a atacarme con mucha intensidad, la muy zorra me estaba volviendo loca de gusto y no tardó en hacer que me corriera, cuando lo hice metió sus dedos en el interior de mi coño y después los sacó y se los llevó a su boca y chupándolos dijo:

    -Esto tiene un sabor delicioso.

    La dos estábamos cansadas, así que no nos apetecía levantarnos hasta el sofá y nos quedamos sentadas en el suelo, la una junto a la otra, tras recuperarme un momento llevé mis dedos hasta su coño y se los metí, mientras la decía:

    -¿Te gusta ser una zorra y una lesbiana?

    Ella se rio y me contestó:

    -La verdad es que más de lo que me gustaría.

    E imitándome llevó sus dedos hasta mi coño y me los introdujo dentro, de nuevo estábamos en una competición de quien, hacia correrse antes a la otra, yo aproche una primera ventaja y llevé mi boca hacia sus tetas y comencé a chupárselas, ella dijo:

    -Joder, que bien las chupas, espero que le enseñes a mi marido a hacerlo cuando folles con él, porque me temo que todas nos vamos a follar a los maridos de todas.

    La idea de Tina me pareció muy lógica dentro del juego que mi suegro estaba poniendo en práctica, pero la idea me resultó excitante, por lo que me puse a chupar las tetas de Tina de una manera más intensa, ella dándose cuenta de la ventaja que llevaba me introdujo un dedo en el culo, y así estuvimos hasta corrernos.

    Con ello dimos por finalizado nuestro primer encuentro.

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  • Terminé limpiando el culo de mi madre

    Terminé limpiando el culo de mi madre

    No les quiero hacer perder mucho tiempo, por eso voy a ir directo al grano.

    Yo había terminado mis estudios y me la pasaba en casa todo el día, la mayor parte del tiempo jugando en la computadora, refugiado en mi habitación, vivía con mis padres, pero la relación entre ellos era pésima.

    Mis padres se la pasaban casi todo el día discutiendo, mi padre siempre fue muy celoso de mi madre, al decir la verdad era algo natural sentir celos si vieran a mi madre, ella fue no hacía mucho tiempo Reina de belleza y modelo, después de casarse con él no trabajo más y se convirtió en madre las 24 horas del día. Era una situación de mierda, ella no podía ir a ningún lado sin que la cuestione o acuse de estar saliendo con otro.

    Todo empezó a empeorar cuando la empezó a acusar de que yo no era hijo suyo, las discusiones eran interminables, peleaban y ya no dormían juntos, mi padre muchas veces se iba y desaparecía por unos días, cuando volvía venía más violento, yo sospechaba que estaba saliendo con otra mujer, pero no lo podría afirmar porque nunca lo vi.

    Por eso mi habitación era mi santuario. Con mi madre me llevaba espectacular, ella es joven me tuvo de muy chica, casi compartimos las mismas cosas, con mi padre es diferente casi no podía hablar, se me hacía imposible sin empezar a discutir, mi madre siempre solía defenderme, me metía en mi habitación para que las cosas no pasen a mayores, pero los escucha discutir.

    Un día después de esas discusiones fuertes, mi padre se va de casa, como siempre lo haría por unos días. En ese momento, mi madre, con una de las pocas amigas que tiene, decide ir con ella a una subir una montaña cercana, a modo de ejercicio y esparcimiento, me alegre por ella, hacia tiempo que no la veía tan entusiasmada, hasta se sentía culpable de dejarme solo en casa ese día. Mi madre se llama Lucía, todos le dicen Lucy, yo Martín y su amiga Lisa, pasó al otro día a buscarla.

    Lisa: ¿Está tu mamá?

    Martín: Sí ahora la llamo. Me dijo que van a subir la montaña.

    Lisa: si vamos en bici, por unos senderos me contaron que son divertidos y a Lucy siempre le gusto el senderismo. Serán unas horas nada más, por lo menos se va a olvidar de sus problemas por un rato.

    Lucy: Ya estoy preparada, vamos antes que se haga tarde, si viene tu padre no se peleen

    Martín: Pásenla bien

    Sé fueron en sus bicicletas, era un día soleado, el día anterior había llovido y el sendero estaría un poco embarrado, ese sería un dato fundamental en lo que sucedió.

    Habían pasado seis horas desde que se habían ido y recibo un llamado de Lisa, me dice que mi madre se había accidentado y estaba internada en el hospital local, me dijo si le podía avisar a mi padre para que vaya al hospital. Lo llamó a mi padre y le aviso, después de insultar a mi madre me dijo que iba para allá. Me quedo preocupado en casa por me dijo Lisa que no era grave y le darían el alta, pero no podía volver sola, ni en bicicleta.

    Después de tres horas regresan, mi padre las insultaba y mi madre venia con las manos hasta el antebrazo enyesadas, se había caído con la bicicleta de un sendero y se había quebrado las dos manos cuando cayó sobre las piedras.

    Mi padre insultaba a Lisa, le echaba la culpa del accidente de mi madre y mi madre insultaba a mi padre.

    Padre: es culpa tuya Lisa, te vas a tener que hacer cargo ella, yo no le voy a limpiar el culo, es tu culpa, te pasa por ser una irresponsable hija de puta.

    Lucy: ¡No la insultes, hijo de puta!, ahora te vas y no vulvas más.

    Padre: Me voy de esta familia de mierda y mierda es la que vas a limpiar de tu amiga

    Lisa: con tal de no volverte a ver puedo hacer cualquier cosa.

    Mi madre estuvo llorando un rato con su amiga y luego la llevo al baño para ayudarla a bañar. Cuando termina la acompaña a la habitación para que descanse. Después Lisa se acerca para hablar conmigo.

    Lisa: Estamos en un problema, Lucy necesita atención, yo me puedo quedar hoy pero mañana vuelvo a mi ciudad a trabajar. Acá no conozco a nadie, voy a llamar al hospital si pueden mandar a alguien para que la ayude por lo menos unas horas. Espero tener suerte y sé que los parientes cercanos son los de tu viejo y son una mierda como él.

    Martín: yo la puedo cuidar, sé cocinar.

    Lisa: gracias Martín, sé que puedo contar con vos, pero es mucho trabajo, espero tener suerte.

    Estuvo como dos horas hablando por teléfono, pero parecía que no tenía suerte. Mi madre ya estaba despierta y la llama desde la habitación, voy yo porque Lisa no la escucha mientras hablaba por teléfono.

    Entro a la habitación y estaba sentad en la cama, envuelta con la toalla con la que había salido del baño.

    Martín: ¿Cómo estás? Lisa está hablando con el móvil, quiere conseguir a alguien que venga a ayudarte

    Lucy: Me duelen las manos y así no puedo hacer nada, es horrible. Me dijeron que tengo para 20 días así, no sé que voy a hacer, tampoco la quiero complicar a Lisa, no fue culpa de ella, al contrario, si no era por ella hubiera sido peor. Le podés avisar que me quiero vestir.

    Fui a living y le digo a Lisa que necesitaba ayuda, deja de hablar por teléfono y va a la habitación, la acompaño hasta la puerta y quedo en el pasillo. Lisa deja la puerta abierta y por el reflejo en un espejo puedo ver cuando se acerca a mi madre para ayudarla a vestirse. Me tendría que haber ido, pero la tentación fue muy grande, no lo pude evitar, la oscuridad del pasillo era el mejor camuflaje, gracias al espejo puedo ver todo.

    Lisa la ayuda a levantarse de la cama, cuando queda de pie la toalla que la cubría queda sobre la cama, así con los brazos en altos queda completamente desnuda, mi madre tiene un cuerpo increíble, unas tetas hermosas un culo de película. Se me para la verga al instante, Lisa la empieza a vestir, la ayuda con unas calzas y luego con una remera. No le pone ropa interior, era como vestir una muñeca. Casi terminamos al mismo tiempo, ella de vestirla y yo de eyacular. Me apuro en ir al baño para limpiarme y volver al living.

    Cuando regreso al living, estaban las dos hablando sore que iba a suceder.

    Lisa: Me pasaron varios números, pero nadie está disponible en la zona, solo un enfermero, pero me dijeron que llame mañana para saber si puede. No sé que hacer, sino llamo al trabajo y le digo que voy otro día.

    Lucy: No Lisa, no es tu culpa, sabes que no puedes dejar de ir a ese trabajo, yo me encargo de llamar a alguien, mañana pruebo con el enfermero y si no conozco a una señora que tal vez pueda venir. Martín se puede encargar de las cosas de la casa. No te hagas problema.

    Ese día fui comprar algo para comer mientras Lisa se encargaba de mi madre. Cuando terminamos de comer, nos quedamos un rato mirando televisión hasta que van al baño, después de un rato van a la habitación, yo voy a la mía, no podía dejar de pensar en el cuerpo desnudo de mi madre.

    Me quedo dormido muy tarde, a la mañana temprano me despiertan unos ruidos en el living, me visto y voy hacia allá. Encuentro a las dos cambiadas, Lisa preparada para irse a la casa de su madre que vive en la zona para después volver a la ciudad. Note en su cara tranquilidad, sonreían, no tenían el pánico del día anterior, me llamó la atención, supuse que habían conseguido a alguien para que la cuide. Lisa me saluda.

    Lisa: Bueno Martín, me voy cuida bien de tu madre, ahora eres el hombre de la casa.

    Entre risas se despidieron parece que habían encontrado una solución a los problemas.

    Cuando ya no estaba su amiga se sienta en el living, me acerco y le pregunto si necesitaba algo, comenzamos a hablar.

    Martín: ¿Cómo te sientes? ¿Necesitas algo?

    Lucy: Estoy bien, me duele menos que ayer, me puedes alcanzar un vaso de agua tengo sed.

    Vuelvo con el agua y le pregunto.

    Martín: ¿Encontraron a alguien?

    Lucy: En realidad no, le dije a Lisa que iba llamar al enfermero, pero antes te iba a preguntar a vos si te animas, ya sé que vas a tener que hacer algunas cosas que no son muy agradables, pero prefiero que lo hagas vos y no alguien que no conozco.

    Quedo mudo por unos segundos, sabía que si hablaba me iba a temblar la voz. Tomo coraje y contesto con seguridad, era una oportunidad que no podía perder. Estaba como en un sueño.

    Martín: si no hay problema, como me voy a negar, pero no sé si puedo hacer un buen trabajo

    Lucy: Claro que sí, tenía miedo que me digas que no. Creo que en un ratito vas a tener que empezar con el trabajo, tomé mucha agua, jaja

    Martín: estoy a disposición

    Lucy: Lisa tenía razón

    Martín: ¿En qué?

    Lucy: No en nada, fue un comentario. Voy al baño, me hago pis. Vamos

    Se levanta y sale caminado hacia el baño, la sigo, no podía sacar la mirada del culo. Le abro la puerta y prendo la luz, se para delante del inodoro.

    Lucy: Bueno, empieza tu desagradable trabajo, bájame las calzas

    Le hago caso de inmediato, se la bajo y la dejo con el culo al aire, se sienta.

    Martín: ¿Salgo?

    Lucy: ¿ya me vas a abandonar?, ya sé ¿te doy asco?

    Martín: no, no, no es eso, no te quiero molestar mientras haces pis.

    Lucy: Bueno, no quería hacer solo pis, también caca. Me parece bien que te de asco.

    Martín: ya te dije que no me da asco, es porque no quiero que te de vergüenza que te vea como cagas.

    Lucy: jajaja no, hasta sería mejor, entre mujeres es común que caguemos mientras otra se maquilla, te acostumbras al olor, me tenes que limpiar así que es peor entrar después, jajaja mira de que estamos hablando. Mejor cago y meo rápido y te enseño como me vas a limpiar. Mmmm, bueno, ya estoy cagando. Mmmm ahhh ahh

    Cuando deja de hablar se escucha con una claridad increíble como cae cada gota de meo, primero unos cortos chorritos y luego un chorro muy fuerte cuando empieza a gemir que hace para cagar, empuja y empuja hasta que se escucha como golpea Enel fondo del inodoro lo que parecía un gran sorete.

    Lucy: ¡Ufff! Termine, parecía que el no terminaba de salir, ufff que alivio.

    Se levanta y mira hacia atrás, mejor dicho, mira lo que había salido de su culo, yo casi lo vi al mismo tiempo que ella. Al igual que ella, quedo sorprendido del tamaño que tenía ese sorete.

    Lucy: jajaja ufff fue todo un parto, ahhh que alivio

    Rompí mi silencio para que fue todo más natural.

    Martín: ¿me comparas con un sorete?

    Lucy: jajaja sí, eres mi lindo soretito, jajaja. Bueno, dale, no me hagas reír, ahora límpiame el culo

    Se inclina y me ofrece el culo para que lo limpie, tomo una hoja del rollo de papel y antes de pasarle la hoja por el culo no puedo evitar verlo con detenimiento, ver su hermoso agujero, su hermoso ano con un brillo dorado por la mierda. Pero no puedo tardar más tiempo, al fin y al cabo, tenía un trabajo que hacer.

    Paso la primera hoja la paso sin hacer mucha presión, tal vez fue por vergüenza o miedo, sale sucia como es lógico, no puedo evitar mirar. Con la segunda hoja hago un poco más de presión, puedo sentir con las yemas de mis dedos cuando paso por el ano, no me atrevía a más presión.

    Lucy: Dale, no tengas miedo, limpia como si fuera tu culo, no tengas vergüenza, por un mes mi cuerpo va a ser tuyo, si te da asco puedo llamar al enfermero.

    Tomo otra hoja de papel y ahora raspo con fuerza, quería mostrar seguridad, pero en unos segundos y sin darme cuenta, no tenía papel en la mano, le estaba limpiando el culo con los dedos. Sin decir nada la miro con cara de decepción y le muestro mis dedos sucios, se echa a reír.

    Lucy: jajaja ¿No me digas que ahora te da asco como a tu padre?

    Martín: No, porque me puedo limpiar

    Le paso los dedos por la mejilla, sin querer le rozo los labios.

    Martín: No me digas que te da asco, jajaja

    Lucy: A mí, no. Mmmm que rico

    Sé paso la lengua por donde le había rozado con mierda la boca y lo chupo con la lengua, quería desafiarme. Pensaría que yo no iría más allá, pero no.

    Martín: Ahhh ¿Te gusta?

    Sin pensarlo tomo el dedo índice y se lo entierro en el culo lo más profundo que puedo. Cuando saco el dedo se lo arrimo a la boca. Ella reía cuando más le acercaba el dedo y me sorprende abriendo bien la boca como pidiendo que se lo meta, no dudo un instante se lo meto en la boca, da una pequeña arcada, pero luego lo empieza a chupar hasta dejarlo bien limpio.

    Lucy: Ves que no tengo asco, ahora por tu culpa me vas a tener que bañar. Así que agarra unas bolsas de plástico y me las pones en las manos así no mojo el yeso y me terminas de desnudar.

    Ya era toda mía, la termino de desnudar y cubro las manos y la llevo a la ducha, le limpio cada agujero, le manoseo las tetas, le meto bien adentro los dedos en el culo, realmente la hice acabar en un fuerte orgasmo, mi pija ya hacía más de media hora que estaba dura como una roca.

    Cuando paro un poco de gemir, me dijo:

    Lucy: Cogeme

    Apenas me dio permiso me desnude y le puse la pija en su vagina con mucha facilidad, luego me pidió que haga la mismo con su culo. En el culo estuve un largo tiempo metiendo y sacando mi durísimo pene. Nunca vi a mi madre tan feliz. Durante su recuperación mi madre era insaciable quería sexo todo el día de todas las formas posibles, se sentía indefensa, sumisa y le encantaba.

    Después de su recuperación seguimos teniendo sexo, aunque prefiere que le ate las manos, que la domine mientras la cojo por todos los agujeros.

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  • Mi hermana regaló a mi esposa

    Mi hermana regaló a mi esposa

    Este relato es la continuación de la situación vivida con mi hermana y en la que ahora se encuentra involucrada mi amada esposa.

    Ocurrió cuando viaje en compañía de mi esposa, mi hermana, mi cuñado y los niños, a Choroní que es un hermoso pueblo costero ubicado en el Estado Aragua (Venezuela), nos hospedamos en la misma posada (hotel) de la vez anterior. Dejamos las maletas, bajamos a cenar y luego decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo.

    Cuando pasamos por el malecón estaban encendiendo la fogata y preparando los tambores para prender la fiesta de la noche. Curioseamos un poco y luego decidí irme a mi habitación debido a que estaba muy cansado por el viaje. Las chicas se quedaron acompañadas de mi cuñado.

    Mi esposita llegó como a la 1 pm, un poco tomada pero muy sudada. Entró a la habitación, se desvistió y se acostó desnuda a mi lado. Le preguntó como le había ido y me dijo-bien, sin nada en particular-me dio la espalda y se quedó dormida.

    En la mañana siguiente después de desayunar llamé aparte a mi hermana y le pregunté si había pasado algo esa noche y me respondió que no, pero que seguro durante el día algo pasaría, sonrió pícaramente y se alejó.

    Mi hermana tenía puesto un bañador de infarto, tipo hilo dental, donde dejaba ver todo su culo redondo, era de color fucsia, pero al mojarse dejaba ver la raja de su concha y mejor aún los pezones de sus tetas. Mi cuñado estaba algo incómodo con la situación pero a la final lo aceptó tranquilamente cuando le dije que debía sentirse orgulloso de tener esa hermosa mujer como esposa y que seguro se lo había puesto para lucírselo a él.

    Mi esposa tenía puesto un bañador de una sola pieza, pero que era como 2 tallas menor que ella, porque entre su culo y concha se comían toda la tela. Mi esposita si me había dicho antes de salir de la habitación que se lo había puesto pensando en mi.

    Fuimos a la playa, nos instalamos en la arena. Yo jugaba con los niños cuando se me acercó mi hermana y me dijo-te espero en la habitación en 1 hora, te tengo una sorpresa, pero debes esconderte nuevamente en el closet y no salir hasta que yo te diga. Como me imaginaba lo que pasaría (ya que habíamos tenido encuentros sexuales ocasionales), accedí de muy buena manera.

    Pasó el tiempo acordado y me dirigí al hotel, previamente indicándole a mi cuñado que iría al pueblo, que necesitaba que se quedara con los niños, ya que yo regresaría en un rato. Acordamos que de regreso le traería más cervezas.

    Llegué al hotel, subí a la habitación y me metí en el closet a esperar.

    Al rato escuché unas voces y eran Ana (mi esposa) y mi hermana que entraban. Llevaban una botella y dos copas. Estaban conversando de lo más animada, se sentaron en la cama y mi hermana comenzó a hacerle preguntas a mi esposita:

    -¿Como te sentiste anoche cuñadita?

    -bien

    -¿Verdad que esos negros estaban como para comérselos?

    -si, estaban bien buenos

    -Deben tener unas vergas divinas

    -eso dicen de ellos

    ¿Quieres que te dé uno de mis masajes relajantes?

    -Bueno me parece bien.

    En eso mi hermana le pidió a Ana que se desvistiera y se acostara boca abajo, pero le dijo que en esta oportunidad tenía que taparse los ojos. Buscó crema en su bolso y comenzó a darle un rico masaje, esa situación ya me tenía la pija a millón. MI hermana le puso un poco de crema en la espalda y dejó caer sus manos suavemente hacia sus nalgas, en sus muslos hasta llegar a sus pies, luego de regreso.

    Mientras eso sucedía, mi hermana siguió con el interrogatorio:

    -¿Te gustó bailar cos esos tipos?

    -si, bailan muy bien

    -¿Cómo harán el amor?

    -quien sabe

    -¿Nunca lo has hecho con un negro?

    -bueno una sola vez

    -¿Te gustó?

    -eso fue algo inesperado, pero creo que si lo disfrute (Yo pensaba que Ana le iba a contar lo que habíamos hecho una vez)

    -¿Te gustaría repetirlo?

    -No, no creo.

    Cuando esto sucedía ya mi hermana estaba frotando la concha de mi esposa, mientras ella se retorcía de placer.

    En ese momento tocaron la puerta y mi esposa se sobresaltó, pero mi hermana le dijo que se quedara tranquila que seguro era un pedido que ella había hecho al restaurante.

    Se levanto de la cama y fue a abrir la puerta, habló en voz baja y cerró la puerta. Desde mi posición no podía ver nada, solo a mi esposita acostada en la cama con las piernas abiertas y con cara de placer.

    Pero al momento me sorprendí cuando vi la figura de dos tipos negros, los mismos que habían bailado con Ana la vez anterior.

    Mi primera reacción fue de rabia y pensé en salir a reclamarle a mi hermana, pero creo que ella tenía todo fríamente calculado y se acercó al closet y a escondidas me hizo señas para que no interviniera en nada.

    No supe como reaccionar y me quedé como helado dentro del closet.

    Mi hermana volvió a la cama mientras los tipos se quedaron recostados de la pared. Siguió con el masaje a mi esposita, pero ahora le pidió que se diera vuelta para seguir con el masaje. La puta de mi hermana le estaba enseñando mi esposita a dos extraños.

    Mientras las manos de mi hermana recorrían su cuerpo, haciéndola estremecer, siguió el interrogatorio:

    -Ana, si tuvieras la oportunidad de estar con uno de esos negros ¿lo harías?

    -No, estás loca

    -¿Seguro?

    -Te dije que no

    -¿Pero seguro que no te provocaría que un negro meta su verga en esta concha tan húmeda?

    Ana sudaba y mantenía su posición de negarse, pero cada vez con su voz más quebrada.

    -Yo creo que tu concha piensa lo contrario, le dijo mi hermana. Ante su insistencia, mi esposa le respondió, casi que le gritó, “bueno si, si lo haría, en este momento estoy muy caliente y necesito tener una verga en mi concha”.

    Esa fue la frase que faltaba, inmediatamente mi hermana se levantó de la cama y se dirigió a los dos tipos que aún esperaban pegados de la pared, les dijo algo al oído y de inmediato ambos se quitaron sus ropas, verdaderamente eran imponentes, aunque sus rostros no eran de portada, sus cuerpos estaban bien definidos y sus pijas definitivamente largas y gruesas.

    Nuevamente mi hermana se acercó a la cama, se puso en cuatro patas, pero esta vez para chuparle la concha a Ana, que cada vez se retorcía mas. En eso uno de lo negros se le acercó por detrás, le quitó su hilo y le puso su enorme pija en la puerta de su culo, lo ensalivó y comenzó a bombearla. Aquella escena era demasiado excitante y de repente me encontré haciéndome una paja mientras a mi hermana se la cogían por el culo y ella le comía la concha a mi esposa.

    En ese momento mi hermana se levantó y le pidió al negro que le chupara la concha a Ana y le hizo señas al otro para que se acercara a la cara. Cuando Ana sintió que algo estaba pasando quiso quitarse la venda de los ojos pero mi hermana le había sujetado sus brazos. Ella preguntó que pasaba y mi hermana le respondió que nada que ella no quisiera, que disfrutara de la situación.

    Ana se retorcía de la chupada que le estaba dando el negro ya que estaba muy excitada, por lo que no dudó en meterse en la boca aquel trozo de carne del otro negro, que casi no le cabía en la boca (Ana es de facciones pequeñas), comenzó a chuparlo, a pasarle la lengua por los lados, pero le dijo a mi hermana que la soltara porque ella quería ser libre. Mi hermana la soltó e inmediatamente ella se quitó la venda y quedó entre asombrada y asustada al verse rodeada de dos hombres, uno que le apuntaba con su pija en la cara y el otro con la cara sembrada en su concha.

    Tan excitada como estaba, mi esposa tomo entre sus manos la pija del negro y con especial habilidad se dedicó a comerse esa enrome vara de carne.

    Cuando ya no podía más Ana le pidió al otro hombre que la penetrara, le dijo: ¡Cógeme! ¡Méteme esa verga y demuéstrame que saber tirar! ¡Dame duro! ¡Hazme sentir!

    Aquellas frases retumbaron en mi mente y mi mano se llenó de leche cuando me vacié masturbándome.

    En eso Ana se levantó como poseída y tomo el control de la situación, le pidió a los negros que se intercambiaran, ella se puso en cuatro patas y abrió su culo en señal de estar dispuesta a dárselo a ese desconocido.

    Tomo la pija del otro y se la llevó a la boca, mientras le perforaban su culo con esa enorme verga. Ella gritó del dolor, pero enseguida se repuso y comenzó a moverse rítmicamente. Mientras eso sucedía le pidió al otro negro que se acostara boca arriba y a mi hermana que se sentara sobre él, pero con vista hacia ella.

    Cuando mi hermana se ensartó en la pija del negro, mi esposita se dedicó a chuparles el espacio que quedaba entre la concha y la verga del negro.

    Yo mientras tanto estaba totalmente aturdido, pero mi hermana siempre volteaba hacia el closet para hacerme señas de que no saliera.

    Me volví excitar y me hice una paja nuevamente. Era extraordinariamente excitante ver la escena. No se cuento tiempo pasó, pero al fin uno de los negros decidió descargar su tanque de leche (porque eso era), echó a mi hermana a un lado y se le acercó a la cara, pero ella inmediatamente lo dirigió a mi esposa y enseguida le baño toda su cara de semen espeso, mientras el otro todavía le seguía bombeando el culo. Pasó un rato más y el otro hizo el amago de separarse, supongo que para acabar, pero mi esposita no lo dejó… Y… ¡sorpresa! El culo de mi esposa lleno de espesa lecha de un negro desconocido.

    Las putas de mi hermana y mi esposa se recostaron en la cama, mientras los hombres se vistieron y se despidieron.

    Mi hermana invitó a mi esposa a la ducha y me hizo una seña para que me esperara, se ducharon, mi hermana le pidió a mi esposita que se recostara un rato más y le preguntó:

    -¿Que pasaría si Gustavo se enterara de lo que hicimos?

    -Nada -respondió- porque nunca se lo diremos…

    -¿Pero te gustó lo que hicimos?

    -Claro que si, mucho.

    -¿Y si él te pidiera que lo hicieras con otra mujer o con otro hombre?

    -No sé, el me lo ha pedido pero siempre me he negado.

    Se levantó y le dijo “te tengo una sorpresa…”. Abrió la puerta del closet y allí estaba yo, desnudo, sudado, con lágrimas en los ojos y mis manos llenas de semen.

    Ana se sorprendió o asustó mucho y casi le da un desmayo, pero mi hermana se le acercó y le dijo que no tenía nada que temer, ni nada de que arrepentirse. Me invitó a meterme entre ellas, Ana estaba como sonámbula, ya que no dijo nada cuando mi hermana me recibió con un beso en la boca.

    Mi hermana se levantó, se vistió y nos dejó allí a los dos tirados en la cama sin saber que hacer o que decir.

    Ana y yo no abrazamos fuertemente y nos dimos un profundo beso, que me hizo levantar la pija de nuevo, estaba como loco, nunca antes había tenido tres erecciones tan seguidas.

    Mi esposita sintió mi bulto y de inmediato se bajó a chuparme la pija, a limpiarme los restos de semen que me había quedado de las masturbaciones previas. Mientras me la chupaba me juraba que ella no me era infiel, que eso lo había hecho por seguirle el juego a mi hermana, que realmente me amaba a mi.

    Yo estaba como hipnotizado y lo que hice fue pedirle que me describiera lo que había sentido, al principio ella se negó, pero al sentir que mi pija se hinchaba cada vez más en su boca, cada vez que se lo pedía empezó a decirme que lo había pasado muy rico, que las pijas de los negros la habían lastimado un poco por lo grandes y gruesas, pero que a lo caliente de sus vergas había sido como un calmante. Que se sintió una mujer verdaderamente deseada, y que finalmente lo había disfrutado, en ese momento saqué mi pija de su boca, la recosté en la cama y le metí profundamente mi verga en su concha, le levanté sus piernas y me dediqué a bombearla, hasta vaciarme nuevamente, pero esta vez dentro de su concha.

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  • Mi suegra, gordita inesperada (2)

    Mi suegra, gordita inesperada (2)

    Y llegó mi tan esperado lunes, mi suegro en el interior del país, mi esposa con mis hijos y mi suegra esperándome en su casa lista para una tarde de sexo y lujuria.

    Pero como siempre que uno planea algo, las cosas no salen como uno desea. Mi mujer me dijo que iría como a las 7 pm a la casa de su mamá para que no se sintiera sola y yo pensaba llegar más o menos a esa hora.

    No obstante, cuando uno quiere algo las ideas sobran, me acorde que tenía que hacer una diligencia que me tomaría normalmente medio día, pero lo dije a mi jefe que tendría que hacer unos tramites adicionales y me tomarían todo el día. Así que hice todos las diligencias en tiempo récord, medio día ya había terminado. Llame a mi suegra por teléfono y para no ser interrumpidos le dije que avisara a mi mujer que no iba a estar hasta las 6 a lo que me contesto:

    S: Andrés esto no está bien

    Y: ¿entonces, ya no voy?

    S: OK yo le digo

    Y: ¡estoy yendo para el almuerzo! Así que prepárese que tengo un hambre enorme

    S: ok. Bye

    Mi tímida y conservadora suegra todavía estaba con cargo de conciencia por lo que habíamos hecho y lo que iba a pasar después.

    Llegue donde mi suegra como un rayo, me saludo amablemente con un beso en la mejilla y me hizo pasar al entrar la recorro con la mirada cada parte de su cuerpo, llevaba puesto un vestido ligero color celeste con negro hasta las rodillas (lo clásico) pero al parecer recién se había bañado puesto que el vestido se le pegaba mucho y se resaltaba sus enormes caderas. Mi suegra es de tez cobriza, ojos grandes y negros, cabello largo de color castaño con rayas rubias. Se me acerco y me dijo:

    S: Andrés esto no está bien, no debemos, soy tu suegra

    Y: (tocándole con mi mano su pierna) suegra, lo sé, no está bien, pero la verdad usted siempre me gustó.

    S: cómo te voy a gustar, mi hija es más joven, más alta y tiene más senos.

    Y: pero usted siempre me gustó, y tiene un trasero que siempre fue mi deseo (ya se lo estaba acariciando debajo del vestido)

    S: ¿tanto te gusta mi trasero? Pero si soy una vieja

    Y: pero lo tiene exquisito y lo deseo tanto, la deseo tanto a usted (esto ya se lo decía al oído).

    Y besándole el cuello le decía “me encantas, me encantó hacerte el amor, me encantó penetrarte el culo, acariciar tus piernas, tu culazo, morder tus senos”.

    Mi suegra se separó y me comenzó a besar desenfrenadamente.

    Ya era mía. Y teníamos toda la tarde…

    Continuará.

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  • Padres pervertidos (2): El cumpleaños

    Padres pervertidos (2): El cumpleaños

    Han pasado un par de meses desde lo ocurrido con el documental y, desde entonces, Enzo ha participado en las actividades lujuriosas que sus padres hacían, ya sea acompañando a su padre en las orgias que este realizaba o teniendo sexo salvaje con su madre cada vez que tuviese la oportunidad. Todo parecía ser perfecto para Raúl y para Pamela, pues les encantaba que su hijo compartiera su gran pasión por el sexo, y su relación estaba a punto de mejorar aún más.

    Todo comenzó una noche de fin de semana, en la que la familia acababa de regresar a su casa tras haber pasado la tarde en un burdel.

    “esas fueron las mejores putas que me he cogido” dice Enzo

    “y si crees que las de hoy fueron buenas, espera a ver el lugar al que te llevare la semana que viene” dice Raúl “nos la van a chupar tanto que nos van a dejar la verga como una pasa de uva”

    “hablando de chupar ¿a quién le toca satisfacerme en la cama ahora?” pregunta Pamela, mientras toca las nalgas de su esposo y de su hijo “¡no olviden que, por más putas que cojan, deben guardar algo de su rico semen para la mujer de la casa!”

    “¡esta noche me toca a mí!” exclamo Raúl, con firmeza “¿Por qué no vas al cuarto a prepararte? Yo iré en unos minutos”

    La milf acata la orden de su marido y, en cuanto esta se va, Raúl se va a la sala para hablar con su hijo.

    “escúchame, Enzo” dice el padre, en voz baja “necesito hablar contigo”

    “¿sobre qué, papa?” preguntó el joven, con curiosidad

    “como sabrás, la semana que viene es el cumpleaños de tu madre. Yo ya tengo un regalo en mente que le va a encantar, pero necesito que me ayudes”

    “¡Por supuesto! Sabes que haría cualquier cosa con mama” afirma Enzo, con firmeza “¿Qué quieres que haga?”

    Tras explicarle su plan a su hijo, Raúl se va a su cuarto para tener sexo salvaje con Pamela.

    Una semana después, cuando Pamela regresa a su casa después de haber completado su rutina de entrenamiento en el gimnasio, es sorprendida por su esposo y por su hijo, quienes la reciben arrojándole papel picado.

    “¡sorpresa!” exclaman los dos hombres, con gran alegría “¡feliz cumpleaños!”

    “¡ay, mis amores!” exclamo Pamela, emocionada “¡no se hubieran molestado!”

    “¡pero por favor, te lo mereces, mi cielo!” exclamo Raúl, contento “no todos los días cumples 41 años”

    “y, aun así, te vez más sexy que varias de mis compañeras de universidad” dice Enzo

    “¡como los amo!” exclamo la milf, mientras abrazaba a su marido y a su hijo

    Luego, Enzo pone la mesa, Raúl sirve la comida que preparo, y los tres se dan un gran festín mientras que conversas y cuentan chistes. Al terminar el almuerzo, Raúl le hace una señal a Enzo, indicándole que ya era la hora de poner en marcha su plan.

    “¡es hora de darte tu regalo, querida!” exclamo Raúl, con una sonrisa lujuriosa

    “¿de verdad?” pregunto ella, emocionada “¿Qué es?”

    “¡ya lo veras!” exclamo Enzo, quien hizo la misma sonrisa de su padre

    La milf se tapó los ojos y, al abrirlos, se llevó una grata sorpresa, porque vio a su esposo y a su hijo con los pantalones abajo y con cada uno de ellos teniendo un enorme moño rojo atado en la verga.

    “¡que hermoso espectáculo!” exclamo ella, mientras se pasaba la lengua alrededor de la boca

    “¿te gustan? Porque no solo vas a verlos, vas a sentirlos” dijo Raúl

    “en cuento papa me dijo que tu gran fantasía era que tuviéramos un trio en familia, no dude ni un segundo en participar” dijo Enzo “porque una gran madre como tu merece que la complazcan en todos los aspectos”

    “¡pues dejemos de perder el tiempo!” exclamo Pamela, mientras agarraba el pene de su marido con una mano y el de su hijo con la otra “¡vamos ya mismo al cuarto, que me muero por jugar con mi regalo!”

    La milf guía a ambos hombres hasta su cuarto y, una vez allí, los tres se desnudan, y Enzo y Raúl comienzan a besarle y a lamerle el cuello a Pamela, al mismo tiempo que esta les hacia una paja. Tras mucho manoseo, la mujer besa apasionadamente a su esposo, y luego hace lo mismo con su hijo.

    “¡tu boca es tan dulce como una torta, mama!” exclamo Enzo, quien estaba muy excitado

    “¿torta?” pregunto Raúl y, tras pensar por unos instantes, se dio una cachetada en la frente “¡pero que bruto! Olvide comprar una torta de cumpleaños”

    “¡no te preocupes, querido, no hace falta!” exclamo Pamela, mientras besaba el pene de su marido “¡estas vergas son más sabrosas que cualquier torta!”

    “si pero, aun así, no sería un cumpleaños completo sin una torta” dice el marido

    “¡esperen, creo que tengo una solución!” exclamo Enzo

    El joven salió del cuarto y, en unos instantes, regreso con una lata de crema batida y un frasco de cerezas. Luego, Enzo cubrió su verga con crema y le puso una cereza encima para decorarla.

    “¡no será una torta, pero es un postre que estoy seguro que disfrutaras, mama!” exclamo el joven, con una lujuriosa sonrisa

    “¡que genial idea tuviste, hijo!” exclamo Raúl, quien decoro su pene igual que el de Enzo

    “¡que orgullo me da ver que hayas heredado mi misma creatividad pervertida!” exclamo Pamela, con gran alegría “ahora prepárate Enzo porque, por ser al que se le ocurrió esta idea, serás al primero a quien “devore””

    La milf, de un solo movimiento, se mete toda la verga de su hijo dentro de la boca, y le empieza a dar una poderosa mamada, al mismo tiempo que Raúl le masturbaba el coño con sus dedos. Luego, Pamela se saca la verga de su hijo de la boca y se la empieza a mamar a su esposo, al tiempo que usa sus grandes tetas para hacerle una paja cubana a Enzo.

    Tras mucho sexo oral, Pamela agarra la lata de crema batida, se unta todo el culo con esta, y se acuesta boca arriba abajo sobre la cama.

    “no sería justo que solo yo disfrutara de mi “torta de cumpleaños”” dijo ella, entre risitas, mientras se colocaba un par de cerezas sobre las nalgas “¡vamos, coman su “porción” del postre ustedes también!”

    “¡debe ser la torta más grande que he visto!” exclamo Enzo, y sus padres se ríen por el comentario

    Padre e hijo comenzaron a chupar toda la crema y a comer todas las cerezas que Pamela tenía sobre las nalgas y ella, al sentir las lenguas de estos, no pudo evitar gemir por el gran placer y morbo que sentía. Una vez que los dos hombres terminaron de limpiar las inmensas nalgas de la milf, esta se para y se prepara para el siguiente acto sexual.

    “¡bien, llego la hora de la doble penetración!” exclamo Pamela

    “¡yo pido el culo!” exclamo Enzo

    “¡no, ese culo es mío!” exclamo Raúl, con firmeza “¡yo me lo cogía desde antes de que tu nacieras!”

    “¡si, pero yo tengo preferencia por ser su hijo!”

    “¡tranquilos, muchachos, tranquilos!” exclamo la milf, a quien le encantaba que ambos hombres se pelearan por ella “¿Por qué no lo dejamos a la suerte?”

    “¿lanzando una moneda?” preguntó el joven

    “¡no, nada de eso! ¿Qué crees que somos? ¿Unos infantes?” exclamo la madre “lo solucionaremos con un concurso de orgasmos: yo les hare una paja al mismo tiempo a ambos y, el último en acabar, será el ganador y será el primero en tener sexo anal conmigo”

    “¡me parece una gran idea, cariño!” exclamo el padre

    La milf se arrodillo y comenzó a masturbar a ambos hombres al mismo tiempo. Tras varios minutos, el primero en acabar fue Enzo, quien salpico las tetas de su madre con su semen.

    “lo admito, he perdido” dice el joven “¡has ganado en buena ley, papa!”

    “si, pero por muy poco” dice Raúl “aun te falta mucho por aprender y, la próxima vez que vayamos de putas, te enseñare algunos de mis trucos para durar más”

    “queridos, toda su conversación es muy conmovedora y tal pero… ¿podrían hablar del tema en otro momento?” pregunto Pamela “¡tengo muchas ganas de coger pero, antes de eso, cada quien deberá lubricar el agujero que les toco!”

    Acatando la orden de la madre, ambos hombres se arrodillaron, y Raúl le empezó a chupar el culo a su esposa, al tiempo que Enzo le lamia el coño. Una vez que ambos agujeros estuvieron bien ensalivados, Pamela se subió encima de su hijo y se metió la verga de este dentro de su coño, al mismo tiempo que su marido usaba su pene para penetrarle el culo.

    “¡mierda puta y santísima!” grito Pamela, al sentir aquella doble penetración tan violenta “no se dan una idea de cuánto los amo a los dos ¡Son lo mejor que me ha pasado en toda mi puta vida!”

    “¡nosotros también te amamos, mama!” exclamo Enzo, entre gemidos “¡tu amor maternal es lo que mantiene unida a esta familia!”

    “¡literalmente!” exclamo Raúl, mientras se cogía el culo de su esposa, y todos se rieron por su comentario

    Tras un buen rato siendo penetrada al unísono por sus dos amados hombres, Pamela le pidió a estos que cambiaran de posición, y ahora era su esposo quien le cogía el coño mientras que su hijo le penetraba el culo. Ambos hombres penetraron tan fuerte como pudieron los agujeros de la señora de la casa hasta que, finalmente, esta tuvo un gran orgasmo.

    “¡que increíble que fue eso!” exclamo Pamela, quien estaba exhausta

    “¡pues esto aún no termina!” exclamo Raúl “¡yo estoy a punto de acabar!”

    “¡yo igual!” exclamo Enzo

    “¡aguanten, no desperdicien ni una sola gota!” exclamo ella, mientras sacaba las vergas de sus agujeros y se arrodillaba frente a ambos hombres con la boca abierta “¡lo quiero todo para mi sola!”

    Enzo y Raúl, acatando las órdenes de Pamela, acabaron dentro de la boca de esta, llenándosela de enormes cantidades de semen. Luego, la milf hizo gárgaras con el semen de su esposo y se su hijo y, una vez que ambos orgasmos estuvieron bien mesclados, se los trago.

    Tras el intenso encuentro sexual, los tres se acostaron sobre la cama y se dispusieron para dormir.

    “¡el mejor cumpleaños de toda mi maldita vida!” exclamo Pamela, quien estaba acostada entre Raúl y Enzo

    “y, se eso te gusto, espera a ver lo que te tenemos preparado para el día de la madre” dice Enzo

    “si, él ya me dijo lo que tiene en mente, y estoy seguro que te va a encantar” dice Raúl

    “¡adoro mi vida!” exclamo la milf, con una gran alegría y, a los pocos minutos, ella, su marido y su hijo se quedaron profundamente dormidos.

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  • Mi esposa me puso los cuernos con dos vendedores ambulantes

    Mi esposa me puso los cuernos con dos vendedores ambulantes

    Mi esposa y yo rozamos los 40 años. Nos conservamos bastante bien y nos gusta cuidarnos. El cuerpo de mi mujer no tiene nada que envidiarle al de un mujer de 25-30 años. Sin embargo, ella no piensa lo mismo y tiene una baja autoestima: siempre se ve defectos y siente envidia de otras mujeres con cuerpos bonitos. Como dije antes, ella tiene un cuerpo espléndido: es morena, tiene el pelo largo, mide 1.75 m, sus ojos son verdes, unos pechos no exageradamente grandes y un coñito completamente depilado que haría las delicias de cualquier hombre.

    Pese a ello, si una mujer guapa pasa por delante de nosotros, siente celos si me pilla mirándola y cree que puedo ser capaz de serle infiel algún día. Jamás he engañado a mi mujer con otra y no sería capaz de hacerlo, pues la quiero y no podría verla sufrir.

    Cada verano solemos acudir a una playa almeriense a pasar 15 días de vacaciones, alquilando un pequeño apartamento. El año pasado, como de costumbre, estuvimos allí la última quincena de julio. Yo siempre deseo que lleguen las vacaciones para poder desconectar de todo, pero también tengo cierto temor, pues en la playa con mujeres en bikini, en tanga o en topless, aumentan exageradamente los celos y las imaginaciones de mi mujer y ya hemos tenido más de un enfado en ese sentido. A mi mujer Silvia no le gusta practicar topless, dice que le da pudor, y cuando algunas veces se pone alguna mujer cerca de nosotros a tomar el sol sin la parte de arriba del bikini, a ella le comen los celos.

    Yo ya le he dicho muchas veces:

    –¿Por qué no haces tú lo mismo? Tienes un cuerpazo y puedes presumir tranquilamente de él. Así, además, seguro que desaparecerían tus envidias e imaginaciones.

    Pero ella siempre se niega y es imposible hacerle cambiar de opinión.

    Los días de vacaciones fueron transcurriendo con cierta normalidad y los estuvimos aprovechando al máximo. Sin embargo, el penúltimo día la cosa cambió por completo. Ese día, después de almorzar, bajamos a la playa para pasar allí el resto de la tarde. A esa hora la zona en la que nos solemos poner para tomar el sol y darnos algún baño estaba bastante tranquila, pues siempre suele llenarse conforme avanza la tarde.

    Así que llegamos a la arena y extendimos las toallas. Yo me quité la camiseta y el pantalón corto que llevaba y me quedé en bañador, que era ajustado al cuerpo, tipo bóxer, de color negro. Silvia se quitó su vestido rojo estampado y se quedó con su bikini de color verde pistacho. Nos tumbamos en las toallas y nos pusimos a tomar el sol de forma relajada.

    Con el paso de los minutos la zona empezó a poblarse poco a poco de bañistas. Hasta las 19 h solían seguir llegando veraneantes y a partir de esa hora la playa comenzaba a quedarse poco a poco otra vez más tranquila. Algunos días Silvia y yo nos habíamos quedado allí hasta más de las 21 viendo la preciosa puesta de sol que ofrecía aquel lugar. Tras llevar un rato expuesto al sol decidí darme un baño. Mi mujer prefirió quedarse tomando el sol. Cuando llevaba varios minutos en el agua, vi que tres chicas con apariencia de extranjeras se aproximaban a donde estábamos nosotros y colocaban sus toallas a un par de metros de las nuestras.

    Una de las chicas era pelirroja y las otras dos rubias, las tres tenían un buen físico y rondarían los 20 o 22 años. Una vez que habían extendido sus toallas, comenzaron a desprenderse de la ropa: se quitaron las camisetas, una de ellas el short y las otras dos sus minifaldas vaqueras. Y entonces me di cuenta de que esa tarde tendría que aguantar el carácter de mi mujer: las tres jóvenes se quedaron en topless y la única prenda que cubría sus cuerpos era un minúsculo tanga.

    La chica pelirroja lo llevaba blanco y las dos rubias lo llevaban la una de color rosa, la otra de color amarillo. Desde el agua pude ver cómo Silvia empezaba ya a mirar a las chicas. Permanecí bañándome un par de minutos y decidí salir cuando las tres chicas ya se habían tumbado en sus toallas: me imaginaba lo que me esperaba por parte de mi esposa durante el resto de la tarde.

    Al llegar al sitio donde estaba mi mujer junto a las extranjeras, Silvia me susurró:

    –¿Has visto a esas tres? ¿Es que no tenían otro sitio donde ponerse? ¡Un poco más y ponen las toallas encima de nosotros!

    –Mujer, la marea está alta, queda poco espacio de arena y hay mucha gente –le respondí tratando de quitarle importancia al asunto.

    Me tumbé en mi toalla y no me atrevía ni a mirar al lado derecho, que era donde estaban las chicas. Hasta que no pasaron bastantes minutos no cambié de postura. Ni siquiera me había percatado de que Silvia estaba bañándose en el agua y de que las tres jóvenes hacían lo mismo. Silvia regresó pronto y me dijo que el agua estaba perfecta para el baño. Yo asentí y cerré los ojos para relajarme y seguir tomando el sol. Tras varios minutos escuché las voces de las tres chicas que se aproximaban. Abrí los ojos y vi cómo se quedaron un rato de pie para secarse al sol.

    No pude evitar fijarme en el cuerpo de las tres chicas: la pelirroja tenía unas grandes tetas, aunque sus amigas tampoco se quedaban atrás. Tenían los pezones tiesos debido al frío que sentirían al salir del agua y cuando se giraban podía ver la tela de los tangas mojados metida en la rajita de sus culos respingones. Miré la parte delantera de los tangas y me quedé con la boca abierta, viendo que la tela empapada estaba pegada a la vagina de las chicas, marcando los labios vaginales y en el caso de la pelirroja su tanga blanco transparentaba todo su sexo depilado.

    Me estaba excitando mucho y, para que Silvia no se diera cuenta y me montara el numerito, cerré los ojos e intenté abstraerme de la visión de aquellas chicas.

    Al cabo de un rato mi esposa me comentó en voz baja:

    –¡Yo ya sabía que la intención de esas tres era la de llamar la atención y provocar y calentar a los tíos! ¡Gírate y míra las!

    Me di la vuelta y vi a las tres chicas tumbadas en sus toallas. La pelirroja y una de las rubias estaban bocabajo, pero la otra chica estaba con la cara al sol y tenía sus piernas algo abiertas. Su tanga amarillo se le había desplazado un poco y dejaba al descubierto parte de su coño. Al ver ese coñito joven casi al descubierto me excité y noté cómo mi polla se me empezaba a poner dura bajo mi ajustado bañador. Silvia se percató enseguida de mi erección y me dijo:

    –¿Lo ves? A ti ya te ha puesto caliente. Mira como tienes ya la polla.

    –Silvia, por favor. Uno no es de piedra. Eres tú la que me has dicho que mirase –le comenté.

    Para no aguantar más su enfado decidí ir a dar un paseo por la orilla. Regresé al cabo de unos 30 minutos y por entonces las tres chicas estaban en la orilla jugando a las palas. Mi mujer se estaba bañando, así que quise acompañarla y preguntarle si se le había pasado ya el enfado. Me extrañó su reacción, pues se mostró muy cariñosa y juguetona conmigo. Empezó a acariciarme la polla debajo del agua y sobre mi bañador.

    Yo le masajeaba sus pechos tapados por el agua. La playa había empezado a quedarse desierta y exceptuando las tres jóvenes extranjeras, en aquella zona solo quedaba una señora mayor tomando el sol, pero algo alejada de nosotros. Seguimos un poco con nuestros juegos bajo el agua, lo que hizo que mi verga estuviera totalmente erecta y dura aprisionada por el ceñido bañador. Silvia me leyó el pensamiento y me dijo:

    –Aquí no me apetece follar, ahora después cuando lleguemos al apartamento.

    Me dio un beso y empezó a salir del agua. Yo la seguí y señalándole a mi polla tiesa le dije que me había dejado muy caliente y con unas ganas enormes de sexo, pero volvió a insistir en que esperase a la noche. Al pasar por delante de las tres jóvenes que seguían jugando a las palas, la pelirroja no se cortó ni un pelo y me miró mi bulto de la entrepierna de forma descarada y con los ojos abiertos como platos. Silvia se dio cuenta y cuando llegamos a nuestras toallas me comentó:

    -¿Has visto cómo te ha mirado, no? Casi se le salen los ojos. Estas tres vienen buscando sexo, créeme. Estoy segura de que si ahora te dejase aquí solo, se te acercaban buscando follar contigo.

    Yo no dije nada y me tumbé en la toalla. Lo mismo hizo mi mujer. Vi que la chica pelirroja dejaba a sus amigas jugando a las palas y que se acercaba a su toalla. Sin embargo, pasó de largo y se dirigió a una zona de matorrales que había detrás. Se introdujo entre los matorrales y se detuvo. Estaba semioculta, solo se le veía la cabeza. Mi mujer también se había percatado de la acción de la chica y me preguntó:

    -¿Y ahora que estará haciendo entre los matorrales?

    -Lo normal es que esté haciendo pipí. ¿También te va a molestar eso? –le contesté.

    –Voy a aprovechar que tengo ganas de orinar, lo voy a hacer entre los matorrales y de camino veo que está haciendo la extranjera, que tarda ya mucho en salir para estar haciendo un simple pipí. –me dijo Silvia.

    Se levantó, se encaminó hacia los matorrales, se puso a un par de metros de donde sobresalían los cabellos pelirrojos de la chica y se agachó. A los pocos segundos Silvia salió de entre los matorrales y por la cara que traía, sabía que algo raro había sucedido. Cuando llegó otra vez a mi altura, me dijo apresuradamente:

    –No te vas a imaginar lo que está haciendo allí la pelirroja: mientras yo hacía pipí la miré y estaba sin el tanga, completamente desnuda y masturbándose. Se dio cuenta de que la estaba viendo, pero ella seguía a lo suyo. Seguro que se estaba tocando pensando en tu polla erecta que acababa de ver.

    Yo traté de restarle importancia al asunto e intenté tranquilizarla:

    –Mujer, déjala, es un chica joven. A lo mejor es verdad que se ha excitado un poco, pero ¿no te ha pasado eso a ti alguna vez? A todo el mundo le pasan esas cosas. Si hubieras sido tú la que hubieses visto a un tío empalmado, ¿no te hubieses excitado también? Por favor, cuando salga la chica de los arbustos no la mires mal, ni le pongas mala cara, ¿vale?

    Silvia pareció quedarse conforme. Tras unos minutos la joven salió de los matorrales con su tanga blanco ya puesto y con sus mejillas sonrojadas, supongo que de su estado de excitación que había tenido. Al pasar por delante nuestra me fijé en la entrepierna de su tanga y la tenía mojadita: se había corrido y al ponerse de nuevo el tanga la humedad de su vagina lo había empapado. La chica pasó después junto a sus amigas, pero no se detuvo, sino que se fue directamente al agua a darse un baño. Las otras dos chicas dejaron las palas y la pelota junto a sus toallas y se metieron también en el mar. Se llevaron en el agua un buen rato, tras el cual salieron, cogieron sus toallas y se secaron.

    Empezaron a recoger y a sacar su ropa de la mochila. Pero se iba a producir algo que colmaría la paciencia de Silvia: antes de vestirse las tres chicas, sin ningún pudor se quitaron los tangas mojados por el baño, los metieron en una bolsa de plástico y la guardaron en una de las mochilas. Estaban las tres allí completamente desnudas. Yo no me atrevía ni a mirar a mi mujer, porque sabía la cara que tendría. Entonces cada chica se puso un tanga seco, pero no de traje de baño, sino un tanga de ropa íntima.

    Se vistieron con sus camisetas y con las minifaldas y el short, se pusieron las mochilas a la espalda y antes de irse nos dijeron educadamente “adiós” en inglés. Yo les devolví la cortesía, aunque Silvia no dijo nada.

    Cuando las chicas ya se habían alejado, mi esposa me preguntó:

    –¿Qué, también las vas a justificar ahora? No les ha importado quedarse totalmente en pelotas delante de un tío y de su mujer. Han tratado de calentarte y de excitarte hasta última hora.

    En ese momento perdí un poco la paciencia y no estaba dispuesto a escuchar más a Silvia, así que le dije:

    -Tú puedes quedarte un rato más si quieres, pero yo me voy al apartamento. He tenido bastante de tus iras por hoy.

    Me levanté, me vestí y la dejé allí sentada sobre la toalla. Cuando llegué al apartamento me duché y me puse a ver la tele un rato. Se empezó a hacer tarde y comencé a preocuparme por Silvia. Cuando estaba a punto de salir a buscarla, llegó al apartamento llorando. Traté de calmarla y consolarla y le pregunté que qué le había ocurrido. Ella lo único que hacía era pedirme perdón. Por fin se tranquilizó un poco y entonces me dijo:

    –Tengo que contarte algo. Espero que me puedas perdonar. Por favor, no te enfades conmigo.

    A partir de ahí me contó lo que le había ocurrido:

    –Cuando te fuiste, estuve pensando en lo que me habías dicho tantas veces de que mostrase mi cuerpo como algo normal, pues así también desaparecerían mis inseguridades. Comprendí por fin que tenías razón, así que se me antojó dar un paseo por la playa antes de volver al apartamento , pero decidí quitarme la parte superior del bikini y hacer topless por primera vez en mi vida. Quedaba ya muy poca gente en la playa, pero quería comprobar si los hombres, como tú me has dicho siempre, se sentirían atraídos por mi cuerpo semidesnudo y me mirarían los senos. Tengo que reconocer que tenías razón: los hombres con los que me crucé durante el paseo clavaban sus ojos en mis pechos, algunos con disimulo, otros de forma descarada. La verdad es que me sentí halagada que hombres de todas las edades e incluso chicos jóvenes mostraran interés y deseo por mi cuerpo.

    Al acabar el paseo estaba algo acalorada y sudorosa, así que decidí darme un baño antes de abandonar la playa. Aproveché que en la zona donde habíamos pasado la tarde ya no quedaba nadie y me di un baño, pero esta vez completamente desnuda. Quería experimentar la sensación de bañarme en el mar sin nada de ropa. Me quité la braguita del bikini, la metí en la mochila y me bañé durante unos minutos. Después salí del agua y me quedé unos minutos en la orilla, dejando que mi cuerpo desnudo se secara con la brisa del mar.

    Entonces vi que por la izquierda se acercaban dos vendedores ambulantes, el segundo de ellos unos 100 metros detrás del primero. Supongo que habrían finalizado su jornada de venta en la playa y se disponían a salir de ella por el acceso que había detrás de mí. Ya no me importaba que me vieran en topless, pero no quería que me viesen completamente desnuda, así que me acerqué a la mochila y me puse la braga del bikini.

    El primero de los vendedores no tardó en llegar a mi altura. Era un marroquí de unos 50 años. Se detuvo delante de mí y me empezó a enseñar los vestidos que traía por si le compraba alguno. En un castellano más o menos correcto me dijo:

    –¿Quieres comprar alguno?

    No sé lo que me ocurrió, pero la situación de estar allí en topless delante de ese desconocido me excitó, más todavía al darme cuenta de que el vendedor no dejaba de mirarme las tetas. Entonces, en lugar de decirle que no quería nada, le comenté que me gustaría probarme alguno de los vestidos. Mientras me los iba probando, el vendedor estaba allí delante sin quitarme los ojos de los senos: estaba disfrutando y en su entrepierna su bulto era ya de unas grandes dimensiones.

    El segundo de los vendedores llegó en ese momento a nuestra altura y tras saludar también me dijo que si quería comprar algo. Era un chico joven, también marroquí, de apenas 20 años y traía relojes, pulseras y gafas de sol. Le dije que esperara allí un momento mientras terminaba de decidirme por uno de los vestidos y que después quería ver algunas pulseras para comprar una. Mi excitación iba creciendo sintiéndome observada por los dos hombres, pues el chico, que se había sentado en la arena, me miraba de forma más descarada todavía que el otro vendedor.

    Al probarme el último de los vestidos, uno blanco que fue con el que me quedé, el marroquí que los vendía me ayudó a ponérmelo, rozándome una de mis tetas con su mano. Cuando le comenté que me quedaría con ese vestido, me ayudó de nuevo a quitármelo, tocándome en esta ocasión los dos senos y de forma más evidente. Al sentir el contacto de sus manos con mis tetas, sentí un calor en mi vagina y cómo empezaba a humedecerse. Mis pezones estaban duros y tiesos debido al grado de excitación. Miré al joven marroquí y vi que se estaba tocando su verga por encima del pantalón. Me miré la braguita del bikini y comprobé que la había mojado con mis flujos vaginales.

    Esto no pasó desapercibido para los dos vendedores y cuando me quise dar cuenta el joven ya tenía su polla fuera del pantalón y se masturbaba. Su verga era enorme y me entraron unas terribles de sentirla dentro de mi coño. El chico se levantó y se acercó a mí. El otro vendedor dejó sus vestidos en la arena y comenzó a masajearme las tetas y a pellizcarme los pezones. Yo le dejaba hacer y entonces su manoseo se hizo más intenso. El más joven se había desnudado por completo y me besaba y lamía los muslos. El otro hombre apartó unos instantes sus manos de mis pechos para desnudarse también. Tampoco estaba mal dotado y tenía ya fuera su glande enrojecido.

    Ahora era el más joven el que jugueteaba con mis tetas: me las oprimía, las manoseaba y me pellizcaba y mordisqueaba los pezones. Por segunda vez noté la humedad en mi vagina y estaba deseando que aquellos dos magrebíes me penetrasen todos mis orificios con sus enormes pollas. Por fin el de más edad se agachó y comenzó a desatarme los lacitos laterales de la braguita del bikini, primero el derecho y después el izquierdo. Se quedó con ella en la mano, la olió y me la puso en la nariz para que yo hiciera lo mismo. La zona que cubre la vagina estaba manchada y empapada fruto de mi excitación.

    Arrojé la braguita sobre la arena y allí me encontré completamente desnuda ante los dos vendedores que contemplaban mi coño depilado. El más joven me introdujo inmediatamente dos de sus dedos por el ano y empezó a penetrarme con ellos. El otro había empezado a lamerme el coño y a acariciarme el clítoris con la lengua. Poco después se humedeció la punta de su verga con saliva y me la introdujo lentamente en mi vagina. Cuando tuve su polla dentro por completo di un suspiro de gusto y satisfacción. Lentamente empezó con el mete y saca, mientras el chico joven dejó mi culo, cogió su móvil y comenzó a fotografiar y a grabar la follada a la que estaba siendo sometida.

    Me corrí enseguida y mis flujos chorreaban por mi entrepierna y por los muslos. El hombre de más edad aceleró sus movimientos de penetración, comenzó a gemir de forma escandalosa y rápidamente noté dentro de mi coño varios chorros de semen.

    Cuando terminó de correrse sacó su polla y el chico joven le entregó su móvil para que siguiera grabando aquello.

    El joven me dijo que me pusiera de rodillas me metió su inmensa polla en la boca, para que le hiciera una mamada. Yo estaba saboreando esa enorme verga joven que chocaba con el fondo de mi garganta. El chico estaba sudoroso y comenzó a gemir y a decir cosas en su idioma. Dio un par de gritos y su semen empezó a inundar toda mi boca. Yo me tragué toda esa leche y no desaproveché ni una gota. Me puse de pie y el chico le pidió el móvil al otro vendedor y lo guardó en su mochila, satisfecho por lo que había fotografiado y grabado.

    El más viejo me separó entonces los glúteos y comenzó a penetrarme por detrás. El joven hacía lo propio, pero por delante. Experimenté un intenso placer al sentir cómo dos pollas me penetraban simultáneamente. Les grité a ambos que quería más y más rápido y ellos me obedecieron acelerando sus movimientos. Notaba sus testículos peludos chocando contra mi cuerpo y sabía que el primero en correrse sería el de más edad, pues fue el primero en empezar a gemir y a gritar. Yo estaba como en una nube, gozando de aquel inmenso placer, hasta que noté los chorros de semen empapando mi ano.

    El vendedor, tras correrse, se tumbó exhausto sobre la arena. Mientras, el joven seguía con todo su ímpetu metiendo y sacando su polla en mi coño. Debido a su aguante pude disfrutar de varios minutos más de penetración. Con mis manos le acariciaba y pellizcaba su culo y el chico se puso a gemir enseguida hasta que ya no aguantó más y descargó dentro de mi coño toda la leche que le quedaba. Se quedó unos segundos abrazándome y besándome por todo el cuerpo hasta que se separó de mi y se sentó en la arena. Entonces me agaché para coger la parte inferior del bikini que estaba sobre la arena y ponérmela.

    Sin embargo, el joven se levantó rápidamente y me pidió que si le podía regalar la prenda, que le gustaría quedarse con la braguita como recuerdo de aquel día. Yo accedí sin dudarlo y se la entregué: se llevaba como recuerdo mi braguita con el olor de mis flujos vaginales, además de las fotos que me había hecho y de las imágenes que había grabado. El más viejo me dijo que también quería un recuerdo mío, una prenda usada por mí, con mi olor. No se me ocurrió otra cosa que sacar de la mochila la parte superior del bikini y dársela. Él la cogió se agachó delante de mi coño e introdujo parte del bikini en mi vagina.

    Comenzó a masturbarme con su mano y con la prenda dentro. Consiguió excitarme tanto y tan rápido que no tardé mucho en correrme, empapando por completo el bikini. Satisfecho, el vendedor me lo sacó del coño y lo guardó en una bolsa de plástico en su mochila. Yo cogí el vestido blanco, que el vendedor no me cobró, me lo puse sin nada debajo, me calcé las chanclas y tras despedirme de ambos hombres abandoné la playa, dejando a ambos allí desnudos sobre la arena.

    Eso es todo lo que me ha pasado y lo que he hecho y por lo que te tengo que pedir perdón. Ahora ya en frío no sabes cuánto me arrepiento de lo sucedido.

    Cuando Silvia terminó de hablar, me quedé un rato callado, sin reaccionar. Ella se abrazó a mí, pero yo seguía si poder articular palabra: por un lado estaba enfadado por los cuernos que me acababa de poner mi mujer, pero por otro pensaba que, si eso le servía para eliminar para siempre sus celos, imaginaciones y baja autoestima, tendría que aceptarlo como una especie de terapia curativa. Le comenté esto último a mi mujer y le dije que lo daba por bien empleado, siempre que a partir de ahora dejara de comportarse de esa manera tan infantil.

    Ella volvió a abrazarse a mí y me prometió que su actitud cambiaría de ahora en adelante. Yo la cogí en brazos, me la llevé a la habitación y tras desnudarnos estuvimos follando como salvajes toda la noche, sin importarme que en su coño todavía hubiera restos de semen de los dos vendedores.

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  • De esposa modélica fiel a puta sin remedio (3)

    De esposa modélica fiel a puta sin remedio (3)

    Después de la historia que mi mujercita, Eva, os explicó en el último relato ya os podéis imaginar que nuestra vida sexual había cambiado enormemente. Ella cada vez se sentía más capaz de realizar todas las perversiones que se le pasaban por la cabeza, y yo cada vez me sentía más cómodo en mi nuevo papel de “cornudo” consentido.

    La verdad es que al principio esa palabra me hacía sentir algo incómodo, pero aún no he encontrado otra que describa mejor esta situación, y es que la verdad es que mi esposa se comporta cada vez mas como una zorra y tengo que reconocer que tiene mi pleno consentimiento ya que a mí, no sólo no me molesta, sino que encima me excita muchísimo y ha conseguido que la desee más que nunca, y que siempre vaya cachondo pensando en lo buena que está y lo puta que es la mujer que tengo en casa.

    Como habéis hecho algún comentario al respecto os pondré la foto del anuncio que pusimos en internet (miraos si queréis el primer relato), para que opinéis vosotros mismos.

    Aunque antes vestía muy modosita, ahora éste es el tipo de ropa que se suele poner para ir por la calle. Evidentemente aquí se había subido algo la minifalda para que se le viera bien su culazo, pero os aseguro que cuando se la baja no tapa gran cosa. El tanga que lleva ya podéis ver que es como si no llevara nada. En la parte de arriba se pone siempre camisetas ajustadísimas para que se le marquen bien sus tetas, que aunque no son muy grandes las tiene bien puestas. En algún relato más adelante os contaré alguna anécdota sobre sus tetas…

    Desde que se pervirtió de esta manera su conducta sexual respecto a mí ha sido cada vez más de dominación. Tengo que decir que en casa continuaba (y continua) siendo una esposa ejemplar como ninguna, no se puede pedir mas. Me hace sentir el hombre mas feliz del mundo.

    Por aquellos días ella se quedaba cada noche con el ordenador a chatear con su amiguito y ves a saber con quien más. Yo no tenía posibilidad de consultar al ordenador nada de lo que ella hablaba, ya que tenía una clave que sólo conoce ella. La mayoría de veces me iba a nuestra habitación y me calentaba pensando en que consistirían esas conversaciones. Desde allí podía sentir el teclado y muchas veces sus sonrisas. Sonrisas que a veces parecían pequeños gemidos.

    Cuando el sonido del teclado paraba se oía la respiración de ella…. Parecían suspiros como de sorpresa, yo disfrutaba de esas sensaciones y me calentaba pensando que mi mujer disfrutaba de conversar con otros tíos a través de internet. Una de esas noches ella iba con ganas de marcha. Cuando me fui a dormir ella vino también a nuestra cama. Se acostó a mi lado y directamente me cogió la polla y empezó a mover su mano… En un momento yo ya la tenía dura como una piedra. Entonces ella se puso encima mío y sin decir ni mu se la metió enterita en su coño.

    Yo la cogí por su cinturita y le masajeaba su culazo. Eva empezó a moverse como ella sabe. Apretando las paredes de su vagina como si quisiera absorber mi polla, y luego se la sacaba un poco para volver a clavársela hasta abajo otra vez. Volvía a apretar su coño con mi polla y cada vez más y más rápido. En un momento yo ya estaba a punto de correrme así que intente pararla apretándola contra mi.

    Ella entonces me miraba con carita de ángel y pasando su lengua por sus labios me dijo: “pero amor mío… ¿es que ya no puedes satisfacerme?”. Yo intentaba volver a hacer unos cuantos movimientos y ella empezaba a jadear, pero la verdad es que con una tía así encima no hay quien aguante. Así que volví a parar. Eva quería continuar y como yo intentaba aguantarla por la cintura empezó a decirme frases en tono desafiante.

    “¿qué te pasa? ¿no puedes eh? Es la realidad. No puedes satisfacer a una mujer como yo, que necesita caña y que se la metan un buen rato por todos sus agujeros. Venga guarro, dame más, yo necesito más cerdo…. Ummm vaaa, dame caña o te vas a enterar puerco… Aaah “

    Yo intentaba con todas mis fuerzas parar aquel culazo sujetándola por las caderas pero ella no cedía en su empeño por meter más y más mi polla… Y entonces me dijo al oído “ya estoy harta. Te voy a hacer tan cornudo… que te vas a enterar” me miro a la cara “yo me voy al ordenador para buscar alguien que me folle porque tú ya no me sirves…así que te aguantas… Tu quédate aquí porque solo sirves para hacerte pajas”.

    Salió de la habitación completamente desnuda y se fue a la habitación donde tenemos el ordenador. Yo estaba estupefacto pero el corazón me iba a mil. Yo sentía como ella escribía en el ordenador. Supongo que un correo a uno de sus amiguitos de internet. Estaba tan excitado que no pude aguantar la calentura, después de pajearme un rato en la cama me presenté en la habitación donde tenemos el ordenador. Está puesto en una mesita muy baja, de manera que se puede escribir sentado en el suelo. Entré sin hacer ruido, ella continuaba desnuda. Arrodillada en el suelo y con su culito en pompa y con el teclado a la altura de sus pechos. La saludé en voz baja pero no me respondió.

    Me acerqué a ella y con mi polla tiesa como iba, se la metí por aquella rajita. No encontré ninguna resistencia ya que estaba rebosante de líquidos vaginales. Empecé a meter mi herramienta mientras ella continuaba escribiendo y me ignoraba por completo. Aunque no me miraba se le empezaban a escapar los gemidos, pero ella continuaba mirando a la pantalla y pude ver que escribía cosas como “aaah a ver cuando quedamos… ummm este maridito mío aguanta muy poco y yo necesito caña como la que tú me das aaah”. Yo me corrí irremediablemente.

    Ella se quedó allí mientras yo volví a nuestra habitación. No quería estorbarla, no se ni que mas hizo. Ella volvió al cabo de un rato a nuestra cama y quedamos los dos dormidos. Eso si, ella cogida a mi polla, es un vicio que tiene, dice que la relaja tener un polla entre las manos.

    Todos los días ocurrían cosas parecidas.

    Uno de esos días aproveché que ella no estaba para encender el ordenador y intentar investigar. Se me ocurrió mirar los últimos documentos abiertos y vi que durante la tarde (mientras yo trabajaba) se habían abierto una fotos. Sin poder resistirme las abrí para ver en que consistían. Me quedé estupefacto cuando vi que eran fotos de David. En algunas había varios amigos, pero, sobre todo, las más provocativas eran las de su amiguito.

    No me preguntéis porque, pero me vinieron como unas cosquillas en el estómago seguidas de una excitación terrible. La muy guarra no solo se dedicaba a chatear, sino que le enviaban fotos y ella se dedicaba a mirárselas aprovechando que su maridito no estaba en casa. Cuando llegó a casa iba con una de sus minifaldas de escándalo. Yo ya empecé a ponerme cachondo, pero saqué fuerzas y le pregunté:

    -“oye Eva. ¿Tú has encendido el ordenador esta tarde?”

    -¿yo? Bueno si… ya me imagino lo que has visto… veras cariño… (puso su carita de nena buena y empezó a acariciarme la polla) Solo miraba una fotos ¿no te enfadaras por eso verdad? ¿eh que no amor mío?

    -Bueno… no… la verdad… hasta me ha excitado un poco y todo

    (En seguida con mi respuesta a ella se le abrieron los ojos)

    -¿Ah si? (empezó a mover su mano en mi polla) Mejor si te excita porque tu mujercita es así… no me he podido resistir… me gusta tanto follar… ummmh

    – Si… te gusta. Y a mi me encanta que seas tan puta… Pero estoy viendo que cada vez tienes mas ganas de follar y yo… creo que me estas superando y no se…

    – Tu… ya sabemos los dos lo que te gusta. Yo lo siento pero tú me has enseñado esto y ahora tendrás que ser un cornudo. Pero yo sé que te excita… Ven conmigo…

    Me cogió de la mano y me llevo al ordenador. Lo puso en marcha y enseguida puso una foto de David. El tipo la verdad es que estaba muy bien, guapote y fuerte. En la foto estaba en tejanos y desnudo de cintura para arriba. Ella se subió algo la minifalda. Llevaba unas braguitas transparentes. De pie, acercó su cara a la pantalla y dejó su culo mirando hacia mi. Yo enseguida se la metí en el coño sin sacarle ni las bragas y empecé a follá rmela. Ella en los vaivenes cada vez se acercaba más a la pantalla y me decía:

    “¿ves en quien estoy pensando cuando follo? ¿ves quien me pone a cien y me trata como se merece una verdadera hembra como yo? Ummh que bueno que estas David…”

    Y empezó a jadear y a pasar su lengua por la pantalla mientras yo me la follaba…

    “como no quieres que te ponga los cuernos con un tío así… ufff que ganas que tengo de follarmelo”. Me sorprendía lo puta y retorcida que era mi mujer, pero toda aquella provocación lo que conseguía es que me excitase de una manera increíble.

    Luego giró su cabeza para mirarme y con una sonrisa picarona me dijo “contigo también me gusta cariño… ummm pero ¿sabes? Es diferente. A mi me gustan los tíos que tienen mucho aguante y me follen sin parar, hasta que me corro sin remedio.”.

    Yo no paraba de meterle mi polla pero al decirme aquello no aguanté ni un segundo más, me corrí dentro de su coño mientras ella no paraba de gritar “mas, quiero mas, no te corras, aguanta, aaah”. Descargué toda mi leche dentro, fue una pasada, luego la saqué y me senté en el sofá. Yo aproveché para coger la cámara porque sabía que no me diría nada si le hacía alguna foto. Ella continuaba como una perra en celo. Se estiro en la mesa del ordenador y empezó a contornearse como si les estuviera enseñando su coño a la pantalla. Incluso llegó a restregárselo por el vidrio del monitor.

    Su excitación era fuera de lo normal. Cuando llevaba un rato jadeando de esta manera fue a nuestra habitación y regresó con un consolador enorme. Se espatarró otra vez encima de la mesita y se metió aquella polla descomunal enterita en su coño. Mientras se hacía una paja con la otra mano. Ella estaba absorta en sus pensamientos y ni me miraba, solo miraba de vez en cuando la pantalla con la foto de David, entonces deliberadamente se detenía, acercaba su cara a la pantalla, se relamía los labios, y luego continuaba dándose con sus dedos. Metiendo y sacando aquel pedazo de consolador.

    Sus movimientos se fueron acelerando y sus gemidos iban en aumento. Hasta que dio un grito y cerró sus piernas como queriendo retener aquel pollón dentro de su coño, no paraba de restregar los dedos de su mano contra su clítoris y de girar su cabeza a un lado y a otro. Y entre gemidos decía:

    “me encanta ponerte los cuernos cariño, uuuum soy una puta pero me encanta, solo pienso en eso, me enloquece follar con otros y ser una zorra aaay me corrooo, aaah”

    Después del orgasmo se quedó quieta encima de la mesita, con los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción mientras aún se estremecía.

    Yo me levanté, le di un beso y le dije “gracias por ser tan puta cariño”. A lo que ella me respondió “no hay de que, ya sabes que muy pronto te volveré a hacer cornudo y tendrás que escribirlo para que mis amigos lo lean, porque yo les digo que mi maridito como buen cornudo, escribe todo lo que hace su putita para que mis amantes se puedan hacer pajas cuando no están conmigo, hasta pronto amigos, ya veréis como pronto me lo monto para follar fuera de casa”.

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  • La enfermedad de mi hijo (2)

    La enfermedad de mi hijo (2)

    Como ya les dije a mi hijo le detectaron hyperspermia, su cuerpo produce cantidades enormes de semen y tiene que evacuar todo eso, en el caso contrario le produce dolor y una inflamación en la zona genital, vamos que se le hinchan los testículos. Como ya les expliqué en el relato anterior, ayudé a mi hijo el primer día de tratamiento, pero la doctora, amiga mía del hospital donde yo trabajo me dijo que la situación puede durar unas semanas. El problema es que en 3 días tenía que irme de viaje.

    ―Pero profesor mi hijo está enfermo y no puedo dejarlo solo mucho tiempo.

    ―Lo siento mucho Manuela, pero la conferencia va a durar más de lo previsto, serán 6 días más el viaje un total de 7 días. ¿No puedes llamar a ningún familiar o amiga para que se ocupe de tu hijo? El viaje es realmente importante y como yo no podré ir necesito que vayas tu y consigas la mayor información posible.

    ―Está bien profesor, iré.

    ―No sabes cuanto te lo agradezco Manuela.

    Tenía un problema por delante, el viaje que en teoría iba a durar 2 días finalmente durara 7. Es mucho tiempo, no sabía a quién dejarle mi hijo sabiendo que tendrá que masturbarle cada día pues el solo no puede. Tenía 4 opciones por delante:

    Mi madre, la abuela de mi hijo. Ella es viuda pues mi padre falleció hace 9 años y desde entonces no me ha vuelto a hablar de ningún otro hombre, dice que con su edad ya no necesita a nadie más y que nadie podrá sustituir a mi padre. La relación de mi madre con mi hijo es muy buena puesto que es el único nieto que tiene, las demás son nietas, las dos hijas de mi hermana, y por lo tanto siempre le ha tenido un afecto especial.

    Mi propia hermana. El único problema con mi hermana son sus hijas, mis dos sobrinas. Son muy buenas chicas y se llevan muy bien con mi hijo pues siendo jóvenes pasaron mucho tiempo juntos, pero visto que mi hermana tendría que masturbar a mi hijo no sé muy bien como se lo tomarían mis sobrinas y no quería causarles ningún tipo de trauma. Bien es verdad que en nuestra familia no hay tabús como en otras, somos una familia más abierta, pero aun así esa opción me tenía un poco asustada.

    Mi vecina Carmen. Con Carmen tengo muchísima confianza, ya me ha pedido favores muy grandes y yo a ella y siempre hemos estado ahí la una para la otra así que sé que nunca me diría que no sea la situación que sea. Carmen tiene 50 años, siempre ha sido una hermana mayor para mí, nos llevamos solo 4 años de diferencia. Vive en frente de mi casa por lo que si necesitara cualquier cosa de casa ella lo podría coger sin problemas.

    Mi compañera de trabajo Marta, la doctora que diagnosticó a mi hijo. Es una mujer divorciada y sin hijos por lo que estaría sola en casa con mi hijo y no habría ningún problema. Además, confío mucho en ella por eso le dejé examinar a mi hijo y como es uróloga sabría perfectamente como resolver cualquier empeoramiento de la enfermedad y sabría muy bien qué medidas tomar exactamente.

    Por eso finalmente decidí que Marta se ocuparía de mi hijo el fin de semana y mi madre el resto de la semana visto que Marta tiene que ir a trabajar al hospital.

    ―No te preocupes querida tu hijo estará en buenas manos, sabes que lo cuidaría también el resto de la semana, pero tengo que estar en el hospital así que sería difícil, lo siento.

    ―No tienes por qué sentirlo, es normal que tengas que ir a trabajar y lo entiendo perfectamente por eso solo necesito que le cuides el fin de semana y mi madre hará el resto.

    ―¿Tu madre? ¿Sabrá lo que tiene que hacer?

    ―Supongo que sí, le explicaré todo y si no es capaz de hacerlo también están mi hermana y mi vecina así que no hay ningún problema.

    ―Bueno pues ya sabes que en cualquier caso de emergencia pueden llamarme.

    ―Gracias, te debo una.

    ―No digas eso, es un placer poder ayudar, y más si es algo así que me puede ayudar a mi también a liberar tensiones y cambiarme las ideas.

    ―Jaja ya sé que hace mucho que no… Así que supongo que te vendría ver algo así de vez en cuando.

    ―Bueno pues el sábado por la mañana lo puedes traer a mi casa antes de irte de viaje.

    ―Gracias guapa, hasta luego.

    Luego llamé a mi madre para explicarle lo que le ocurre a mi hijo y preguntarle si podría ayudarme:

    ―Ay hija ¿y desde cuando tiene eso? ¿Le duele mucho?

    ―Pues desde hace unos días mamá y le duele bastante porque no puede masturbarse solo y le tengo que ayudar yo. Por eso te quería preguntar si te molesta cuidarlo a ti porque lo más importante es eso, masturbarle, ya es mayor y cuida de sí mismo el solo, pero no puede masturbarse solo y la doctora dijo que si no se masturba le creará muchos más dolores.

    ―Claro que no me molesta hija, además ya he visto a tu hijo desnudo desde que era un crío.

    ―Ya mamá, pero te lo advierto, ya no es un «crío», ha crecido y mucho, sobre todo allí abajo.

    ―Bueno no creo que sea nada grave, ya he visto algún que otro pene en mi vida no te preocupes.

    ―Yo solo te aviso de que es bastante más grande que lo normal así no te llevas ninguna sorpresa. El lunes por la mañana la doctora Marta lo dejará en casa y te dejará también su número de teléfono, en caso de cualquier problema llámame primero a mí que soy su madre y luego directamente a la doctora y te dirá que hacer ¿vale?

    ―Jaja ¿hija me vas a enseñar a cuidar de un chico? Si te he tenido que cuidar a ti y a tu hermana toda la vida hija no es nada nuevo para mí.

    ―Ya lo sé mamá, pero es que no me voy tranquila sabiendo que mi hijo está enfermo.

    ―No te preocupes que soy su abuela y le ayudaré en todo.

    ―Gracias mamá te quiero mucho, un beso y recuerda que el lunes cuando vayas a casa me llamas para saber cómo esta ¿vale?

    ―Vale hija un beso.

    No estaba del todo tranquila, pero dejaba a mi hijo en manos de una uróloga y de su abuela así que me sentía un poquito más aliviada.

    Llegó el viernes por la noche y después de masturbarle le dije:

    ―Bueno hijo ¿cómo te sientes?

    ―Pues mejor cada vez que me ayudas, pero a veces durante el día me duele bastante y los siento muy hinchados, intento hacerlo yo solo, pero no puedo.

    ―Como ya sabes tengo que irme de viaje una semana y te cuidaran la doctora Marta y la abuela ¿vale?

    ―Vale

    ―Si tienes cualquier tipo de dolor o lo que sea se lo puedes decir porque son las personas en las que más confío para cuidarte mientras no esté así que no tengas miedo ni vergüenza hijo. La doctora Marta ya te vio cuando te examinó y la abuela ya te ha visto desnudo cuando eras pequeño así que no tiene que asustarte ni nada.

    ―Vale mamá.

    ―Por último, no te olvides de avisar a tu abuela de que cuando te corres tu semen va lejos, como tienes tanto acumulado sale muy fuerte y va lejos, se me olvidó decírselo por teléfono así que encárgate de decírselo tu.

    ―Vale

    ―Bueno hijo pues duerme y mañana por la mañana después del desayuno te llevo a casa de Marta y me voy de viaje a la conferencia. Buenas noches y si tienes algún problema por la noche avísame.

    ―Vale mamá buenas noches y gracias.

    Me fui a dormir tremendamente excitada por muchas cosas. Primero acababa de masturbar a mi hijo una vez más y por muchas veces que lo haga no consigo acostumbrarme al tamaño de su aparato, es muy grande y alucinante. Segundo porque sabía que iba a dejar a mi hijo con Marta todo el fin de semana y que hacía mucho que ella no tenía un pene en casa y mucho menos de ese tamaño. Y por último me fui a dormir intrigada por saber cuál sería la reacción de mi madre al ver el pene de mi hijo. No lo ve desnudo desde que mi hijo tenía 6 años y ha crecido mucho ahí abajo así que me gustaría ver cómo reacciona mi madre y si esa situación provoca que mi hijo se excite.

    Desperté y desayuné con mi hijo y después de una buena ducha nos dispusimos a ir a casa de Marta para lo que iba a ser una semana bastante agitada.

    Este relato es largo, pero explica varios detalles importantes que considero necesarios para entender y visualizar mejor el final. Para no alargarme más y complicar vuestra lectura, dejaré este aquí y contaré todo con más detalle en el próximo relato que publicaré muy pronto.

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  • Orgía con gladiadores

    Orgía con gladiadores

    Cayó la noche sobre Roma. En medio de la oscuridad un carro se detuvo frente a la casa del lanista. De él salieron dos hombres grandes y musculosos, vistiendo corazas y portando espadas colgando del cinturón; y una mujer menuda, delicada, con la cabeza cubierta por un velo de ricas telas. La dama golpeó la puerta y el lanista salió a recibirles.

    -Mi señora, buenas noches. Pasad por favor. ¿En qué puedo serviros?

    -Deseo alquilar a dos de tus gladiadores más veteranos.

    -Por supuesto señora mía. Aquí dentro tengo a los luchadores más fuertes y apuestos del imperio, como si duda sabréis. Acompañadme y elegid a los que más os plazcan.

    El lanista condujo a la dama hacia las celdas donde dormían los gladiadores. Ella los miraba uno a uno desde la puerta. De vez en cuando alguno le parecía lo bastante apuesto para entrar a examinarlo de cerca. Comprobaba la dureza de sus bíceps y sus glúteos, acariciaba sus pectorales y se aseguraba de que el aparato de su entrepierna fuera de un tamaño adecuado. Por fin escogió a un tracio y a un galo.

    -Mi señora, ¿deseáis tener a los dos a la vez?

    -Por supuesto, ¿de qué otro modo si no iban a combatir?

    -¿Combatir?

    El lanista estaba confuso. Era habitual que las hijas de los patricios acudieran a él para acostarse con los gladiadores, pero las mujeres nunca organizaban combates. Eso era cosa de hombres.

    -Me los llevaré a mi casa y te los devolveré mañana por la mañana. No será un combate a muerte, así que no debes cobrarme el precio de venta ni tampoco el alquiler de las armas, pues no las usarán.

    -Como desee mi señora.

    Los dos esclavos subieron al carro custodiados por uno de los guardaespaldas de la dama. Ella se sentó delante junto a su otro guardia, que era quien manejaba las riendas. El carro se dirigió a la colina del Palatino, y entró en una de las haciendas más lujosas de la ciudad, cerca del palacio del mismísimo emperador.

    Tras bajarse del carro, la dama dirigió al grupo al interior del palacete. Atravesaron lujosas estancias hasta llegar a una escalera que les condujo al sótano. El sótano abovedado era amplio. Las paredes estaban repletas de ánforas y cajas. En el centro había una pequeña arena circular con algunos asientos alrededor. Allí sentadas charlaban animadamente tres doncellas vestidas únicamente con sus joyas. Se levantaron para recibir a la dama y a sus acompañantes.

    -¡Magníficos ejemplares! -Exclamó la doncella joven.

    -Sí, ya te dije que nuestra prima es muy exigente en estos asuntos – Contestó la doncella gorda.

    -¿Vosotras creéis que harán… el jueguecito? -Preguntó la doncella hermosa.

    -Por supuesto que lo harán. -Respondió la dama mirando primero a los esclavos y después a sus guardias.

    Los guardias ocuparon sus posiciones: uno en la escalera para impedir fugas y otro junto a las muchachas para protegerlas. La dama dejó caer sus vestidos dejando ver varios collares y brazaletes y pendientes de oro y plata y piedras preciosas. Sin más ropa que sus joyas, fue a sentarse junto a sus primas mientras ordenaba a los gladiadores colocarse en el centro de la arena.

    La dama dio dos sonoras palmadas y dos jóvenes y hermosas esclavas aparecieron bajando la escalera. Cada una se acercó a uno de los gladiadores y depositaron a sus pies las pequeñas ánforas que llevaban. Las esclavas, que tampoco llevaban ropa, desnudaron con mucha dulzura a los gladiadores y, de una manera muy sensual, utilizando todo su cuerpo, les untaron el aceite que traían en sus ánforas.

    Mientras tanto, la dama les explicaba las reglas de su pelea:

    -Esta no será una pelea normal. Como veis, será un entretenimiento para nosotras, cuatro damas aburridas y viciosas. No se trata de herir a vuestro contrincante. No quiero golpes ni mordiscos ni estrangulaciones ni ningún tipo de ataque a los testículos, sólo podréis utilizar forcejeos e inmovilizaciones. El vencedor será el primero que derrame su semilla en el interior del culo del otro, y recibirá una generosa recompensa. Y el perdedor… ¿Quién sabe? Quizá por esta vez perder también sea una recompensa… ¿Lo habéis entendido?

    Los gladiadores se miraron asombrados. Nunca se habían visto en una situación semejante. No estaban seguros de si aquello era mejor o peor que un combate a muerte. En cualquier caso, los guardias tenían sus manos sobre las empuñaduras de sus espadas, de modo que no les quedó más remedio que asentir.

    Las esclavas aplastaban sus grandes pechos en los costados de los gladiadores mientras con una mano agitaban sus penes y con la otra introducían un dedo embadurnado de aceite en sus culos.

    -Dejad que estas chicas hagan su trabajo. -Continuó la dama.- Cuando vuestras pollas estén bien duras será el momento de comenzar el combate.

    -¡Yo apuesto por el tracio! -Exclamó la hermosa.

    -No, no. -Dijo la gorda- El galo ya se está poniendo duro. Está mucho más excitado y dispuesto a hacer esto que el otro. Será el quien gane.

    -Estoy de acuerdo -comentó la joven- Yo también apuesto por el galo.

    -Entonces yo apostaré por el tracio, así seremos dos y dos. -Dijo la anfitriona.- Bien, parece que nuestros guerreros ya están listos. ¡Que comience el combate!

    Las esclavas salieron de la arena y fueron a arrodillarse ante las patricias. Éstas, por turnos, recibían en sus entrepiernas los lengüetazos de las esclavas mientras gritaban animando a sus campeones.

    Los hombres se colocaron frente a frente, en posición de guardia. Caminaban en círculos el uno en torno al otro, buscando el mejor momento para atacar. El galo fue el primero en lanzarse. Saltó hacia adelante intentando agarrar los hombros de su rival, pero éste, con un rápido movimiento de pies lo esquivó al tiempo que le ponía la zancadilla. El galo cayó al suelo, pero consiguió levantarse antes de que el tracio cayera sobre él. Furioso, el galo atacó de nuevo. Esta vez usó una finta con la que logró engañar al tracio y agarrarlo por detrás, sujetando a la vez el torso y los brazos de su oponente. Gracias a lo resbaladizo que el aceite había dejado sus cuerpos, no le resultó difícil al tracio zafarse.

    -¿Lo veis? -Preguntó la gorda.- Ese tracio es un cobarde. ¡No hace más que defenderse! El galo va a por todas.

    -De momento no ha conseguido nada -Señaló la dama.

    -¡Ánimo galo! ¡Fóllatelo bien duro! -Exclamó la joven mientras agarraba del pelo a la esclava con las dos manos y la obligaba a mover la cabeza arriba y abajo, para hacer más vigorosos los lametones que le propinaba en el coño.

    Los gladiadores siguieron así durante un rato, sin rastro de un posible ganador. A veces se aferraban el uno al otro y se zafaban rápidamente. Otras caían juntos al suelo y forcejeaban hasta que uno conseguía alejarse y ponerse de pie. En todo momento el galo fue más agresivo y el tracio más defensivo, cosa que llenaba de júbilo a la gorda y a la joven. Hasta en tres ocasiones llegó a someter y penetrar al tracio, pero las tres veces logró el tracio escaparse enseguida. La gorda y la joven estaban seguras de su victoria, pero la dama, más experta, sonrió al ver jadear al galo.

    -Está cansado. -Dijo.- Cada minuto que pasa, el galo tiene menos posibilidades de ganar.

    La táctica del tracio estaba siendo un éxito. Él aún estaba fresco mientras que el galo estaba claramente cansado, de modo que el tracio vio la oportunidad de pasar al ataque. Corrió hacia su rival y de un empujón lo derribó cayendo encima de él. Sin embargo, al galo aún le quedaban energías para un último contraataque.

    Rodó hasta colocarse encima del tracio, deslizó sus brazos por debajo de las piernas de su contrincante y las agarró con todas sus fuerzas, tanto para inmovilizarle como para mantenerle en una postura adecuada para penetrarle, pero al tener las manos ocupadas le resultaba muy difícil apuntar. Su pene golpeaba continuamente el ano del tracio, pero no conseguía entrar, sino que resbalaba entre las nalgas de su adversario, o pasaba rozando sus testículos.

    Tras mucho retorcerse en esa postura, el tracio logró agarrar con su mano el miembro duro y palpitante del galo, y empezó a agitarlo violentamente. Con un gemido, el galo soltó su presa y de su pene salió disparado un espeso chorro de semen que fue a estrellarse contra el pecho del tracio.

    Agotado por la pelea y el orgasmo, el galo no pudo resistir el último ataque del tracio, que se abalanzó sobre él. Tumbado boca abajo, inmovilizado por el peso del tracio, el galo sintió como se le ensanchaba el agujero de atrás. Gritó y se retorció, pero fue inútil. Ya no tenía fuerzas suficientes para librarse. El tracio movía sus caderas enérgicamente, metiendo y sacando rápidamente su polla en el culo del galo. Poco después el tracio gimió, el ritmo de sus caderas decreció considerablemente y el galo maldijo su suerte. El tracio sacó su polla y se apartó. El culo del galo estaba rojo y abierto, y de él brotaba un cálido líquido blanco.

    -¡Ya tenemos ganador! -Proclamó la dama.

    -Aunque he perdido, he de admitir que este ha sido el combate más emocionante que he visto nunca. -Comentó la gorda.

    -¡Bien! -Exclamó la hermosa.- ¡Es el momento de cobrar las apuestas!

    Las perdedoras aceptaron humildemente el precio de la apuesta perdida. Las cuatro mujeres eran ricas, de modo apostar dinero o joyas no les proporcionaba ninguna emoción. La gorda y la joven caminaron hasta el centro de la arena, donde se arrodillaron, cerraron los ojos y abrieron la boca. La dama y la hermosa, de pie junto a ellas, separaron con las manos sus labios vaginales y comenzaron a orinar en las bocas de las perdedoras.

    Los gladiadores miraban asombrados como la joven, asqueada, hacía lo posible por tragar la orina de la hermosa, pero la mayoría se le salía y le empapaba su menudo cuerpo. Mientras, por el contrario, la gorda disfrutaba de su lluvia dorada. No sólo bebía con gusto sino que además lamía con ansias el coño de la dama mientras ésta aun meaba.

    -Y ahora, llegó el momento de la recompensa. -Anunció la dama.- El ganador para las ganadoras, y el perdedor para las perdedoras.

    La dama y la hermosa se acercaron al tracio y le acomodaron en un colchón. La dama se sentó sobre él a horcajadas y le lamió el semen reseco que el galo había derramado sobre su pecho. La hermosa se arrodilló a los pies del gladiador y su lengua alternaba entre el pene del hombre y el coño de la mujer. Cuando el rabo del tracio se puso duro de nuevo y el coño de la dama estaba empapado, la hermosa agarró el miembro del hombre y lo dirigió hacia el coño de la dama, quien con un movimiento rápido de cadera se lo metió hasta el fondo.

    Mientras la dama comenzaba a mover sus caderas la hermosa se sentó sobre la cabeza del tracio y le exigió que sacara la lengua. Ambas mujeres movían sus caderas para obtener placer mientras se besaban.

    Por su parte, la gorda ordenó al galo ponerse a cuatro patas. El galo obedeció y la gorda se arrodilló detrás de él. Con sus manos, la gorda separó las nalgas del galo y un nuevo goterón de semen salió de su culo, resbalando hasta llegar a la bolsa escrotal. La gorda lamió esa leche con avidez, y también lamió el culo del galo en busca de algo más de esperma. La joven, enfadada, se arrodillo frente al luchador derrotado.

    -¡Mira como estoy por tu culpa! -Le gritó.- ¡Por tu culpa estoy empapada de orines! ¡Límpiame ahora mismo!

    El galo no tuvo más remedio que obedecer. Aunque le asqueaba tanto como a la joven, sacó su lengua y recorrió con ella el cuerpo suave y delicado de la chica. Ella le agarraba la cabeza y se la dirigía hacia donde tenía que limpiar, aunque se entretuvo más de la cuenta en sus diminutos pechos y en su rosada rajita.

    Los guardias, que habían sido testigos silenciosos de la velada, estaban tan excitados como las doncellas, pero no tenían permitido quitar el ojo de encima de los gladiadores, de modo que llamaron a las esclavas y las obligaron a chuparles las pollas.

    La hermosa dejó de besar a la dama, se inclinó hacia delante de modo que el tracio aún podía chuparle el coño, pero ahora ella también podía lamer la base del pene del tracio y al mismo tiempo el clítoris de la dama. Esto sacudió los sentidos de la dama, quien entre gemidos tuvo un espectacular orgasmo. Completamente relajada, la dama se tumbó boca arriba. La hermosa se colocó sobre ella de modo que ambas podían chuparse el coño mutuamente y ordenó continuar con ella al tracio, quien se puso de rodillas y la penetró desde detrás.

    No tardó mucho en llegar también al orgasmo, y entonces, las contracciones de su vagina fueron tan fuertes que el tracio no pudo contenerse. Una descarga húmeda y caliente inundó el interior de la hermosa. La dama, que hasta entonces no había dejado de lamer el clítoris de su compañera, sacó el pene y se lo metió en la boca. Le dio unos lametones hasta dejarlo limpio y entonces se afanó en limpiar a su prima. Con unos dedos suaves separó los labios vaginales hasta que el semen empezó a salir del interior de la hermosa.

    Entonces la dama abrió la boca, sacó la lengua y recogió con ella todo el líquido que le cayó. La hermosa entonces se dio la vuelta para besarla y las dos compartieron el cálido esperma en una serie de besos que duró hasta después de haber tragado la última gota de leche.

    Mientras tanto, la gorda estaba tumbada encima de la joven, quien culpaba a la gorda de estar ensuciándola de orina otra vez. Para calmarla, la gorda le lamía la cara, el cuello, y sobre todo los pezones. Ambas mujeres frotaban sus entrepiernas mientras el galo, que estaba detrás de ellas, metía su polla alternativamente en ambos coños y estrujaba con lujuria los pliegues de grasa de la gorda. Cuando el galo se corrió, su polla estaba dentro de la gorda y ninguna de las dos mujeres había alcanzado el orgasmo.

    Las dos se burlaron de él y le insultaron, pero por no quedar a medias siguieron frotándose y lamiéndose la una a la otra. Del coño de la gorda salía poco a poco el espeso semen del galo, que se iba esparciendo por el chocho de la joven a medida que ambos sexos se restregaban el uno con el otro. Siguieron así un rato hasta que las dos estuvieron satisfechas.

    Entonces la dama dio por terminada la orgía. Mandó a las esclavas traer agua y trapos y limpiar los cuerpos de los gladiadores. Obedecieron rápidamente y los gladiadores pudieron vestirse de nuevo. La dama les sirvió una copa de vino y un mendrugo de pan para que repusieran fuerzas. Cuando terminaron de comer, los guardias los llevaron de vuelta al carro, donde aguardaba la dama, vestida únicamente con el velo que había llevado al inicio de la noche.

    Los gladiadores se sentaron a ambos lados de la dama y ella reposó sus brazos en las entrepiernas de ellos. Poco después de comenzar la marcha, ambos hombres estaban excitados otra vez. La dama se sentó a horcajadas sobre el tracio, metiéndose su rabo en el coño, y ordenó al galo que la penetrara por el culo. Así viajaron de vuelta a la casa del lanista, y así, con la primera luz del alba, la dama regresó a su palacio, con sus dos agujeros favoritos mojados y calientes, rellenos de valiosa semilla de gladiador.

    Fin

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  • Hetero – Pelirroja… peligrosa (7ª parte – final)

    Hetero – Pelirroja… peligrosa (7ª parte – final)

    El timbre sonó aparatoso, inquisitivo, perentorio. Abrí los ojos de golpe, y escuché un gruñido fastidiado y un cuerpo que se revolvía.

    Nombre. Lugar. Fecha y Hora. Acompañante

    C…. Mi casa. Lunes por la mañana. Silvia.

    Un momento. ¿Lunes por la mañana? ¡Joder el curro! Por fortuna recordé a tiempo que hoy era fiesta y cerraba la tienda, antes de partirme la crisma intentando afeitarme, vestirme, calzarme y salir corriendo para el curro, todo a la vez.

    A la tercera llamada del timbre me levanté de un salto, poniéndome los primeros pantalones que encontré. Caminé fastidiado mientras me abotonaba, pensando en que la pena de muerte es un castigo muy dulce para los que se atreven a llamar a una casa decente un día de fiesta a las… bueno, a la una y media del mediodía.

    Abrí la puerta con la cara más agria que imaginarse pueda y…

    La madre que me parió.

    Bea.

    La chica no se cortó un pelo, y ante mi cara de auténtico pasmarote me plantó un beso en toda la boca que resucitaría a un muerto.

    -¡Hola C…! -dijo, en su habitual tono de voz despreocupado. Salí al rellano y arrimé todo lo que pude la puerta tras de mí, sin cerrarla.

    -¡Bea!… ¿pero qué haces aquí? -yo hablaba en susurros y debía de tener una expresión bastante rara.

    -Yo… oye C…, ¿estás bien?

    -Lo que estoy, Bea, es… acompañado.

    Vi cómo la sonrisa amplia y agradable de Bea iba desapareciendo de su rostro.

    -¿Qué? ¿Cómo que estás “acompañado”? -casi pude ver las comillas en el aire mientras decía la última palabra, de tanto como la enfatizó. Estaba prácticamente gritando.

    -Shhh… pues sí, mira, estoy con… con la chica que te presenté… Silvia.

    Me miró con una cara de odio, pero como en la películas, entrecerrando de los ojos.

    -Eres un pedazo de cabrón… ¿y lo del sábado?

    Eso sí que me desarmó. ¿Qué coño fue lo del sábado? Para mí un polvazo… y un exorcismo. Una noche de puta madre. Nada más. No un polvo de reconciliación, ni un “hola, bienvenida a mi vida otra vez después de tres años”. Al menos yo pensaba así. Pero no parecía que Bea tuviera la misma opinión.

    -Yo… bueno… lo del sábado estuvo muy bien pero… -Vale, lo reconozco, ahí me atasqué. Joder, no sabía qué decir.

    -¿”Muy bien”? -otra vez las comillas -Dios pero qué hijo de puta. -eso lo dijo sin comillas.

    -Oye Bea yo… -entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir, claro.

    -¡C…! ¿Quién es? -Silvia estaba llamándome desde dentro. Mi madre. Yo creía que esto sólo pasaba en el cine y que era muy gracioso. Pues yo no tenía muchas ganas de reírme que digamos.

    -Oye Bea… ya hablaremos… -Intenté cortar en ese momento, pero creo haberles dicho ya que Bea no es precisamente una niña ingenua, así que se puso hecha una auténtica fiera.

    -¿Cómo que “ya hablaremos”? ¡Y una mierda hablaremos! ¡Eres un cabrón de la hostia! -Mi vecino, un señor de unos cincuenta tacos, abrió la puerta y se asomó en el momento justo de ver cómo Bea me soltaba una pedazo de torta… pero de las que duelen hasta las muelas.

    -¡Hijo de puta! -se me puso la cara como un pimiento, y encima Bea parecía histérica y noté cómo se preparaba para otra hostia, así que la agarré como pude. Mi vecino cerró la puerta, pero fijo que estaba mirando por la mirilla el muy bastardo y estaba llamando a la familia para que no se perdieran el espectáculo. Y mientras yo tenía a Bea agarrada y ella casi me escupía de la rabia, Silvia fue y abrió la puerta.

    -¡C…! ¿Pero qué pasa?

    ¿Qué pasa? El jodido maldito fin del puto mundo.

    Bea se sacude medio loca, pero en cuanto ve a Silvia no puede contenerse y le espeta así, en la cara:

    -¡El cabrón de tu novio! ¡Que el sábado se acostó conmigo y ahora me manda a la mierda!

    “Oh Dios mío líbrame de esta por lo que más quieras”, pensé. Huelga decir que Dios ni se pasó por allí.

    A Silvia se le puso una cara… palideció de repente, se dio la vuelta… ¡y cerró la puerta! ¡La puerta de MI casa… me la cerró en las narices! Yo me quedé como un gilipollas, tan atontado que solté a Bea. Ella, en vez de pegarme, se puso a llorar de la misma rabia y me gritó como una loca.

    -¡Pedazo de maricón… no quiero volverte a ver en mi vida! -Bea se dio la vuelta y se largó por donde había venido, pero yo ni siquiera la miré. Tenía los ojos fijos en la puerta. Llamé al timbre y golpeé con todas mis fuerzas, mientras daba auténticos alaridos.

    -¡Silvia! ¡Silvia! ¡Abre, por favor! ¡Silvia!

    Pero como se pueden imaginar, Silvia no me abrió. Así que me miré, desnudo de cintura para arriba, descalzo, en mitad del rellano. La otra llave la tenían mis padres… que vivían en un pueblo a quince kilómetros.

    Para colmo me dolía un lado de la cara pero la hostia, y lo notaba ardiendo. Y el cuello me molestaba también, como si lo tuviera agarrotado. Ítem mas, me estaba empezando a zumbar el oído del lado que Bea me había soltado el bofetón, y para culminar la situación me encontraba moralmente derrumbado. Así que me pegué un par de puñetazos en la puerta y traté de que Silvia me abriera.

    -Silvia… por favor… ábreme… puedo explicártelo -Vaya gilipollez, ¿a que sí? ¿Qué coño había que explicar? Pero tampoco pueden pedirme que pensara con claridad en esas circunstancias.

    Seguí llamando, hablándole y pidiendo que me abriera. Y abrió. Pero cuando lo hizo estaba completamente vestida, y en cuanto traté de hablarle me miró con una cara de odio que me cerró la boca. Antes de que llegara al ascensor la cogí del brazo para tratar de decirle algo y… plaf.

    Otro pedazo de hostia que me giró la cara. En la otra mejilla.

    -¡Déjame en paz! -Me dijo, mientras las puertas del ascensor se cerraban y yo me quedaba mirándola, con la mano en la cara.

    Pueden comprender que no estaba en mis mejores momentos cuando llamaron a la puerta una hora después. Estaba sentado en el sofá, mirando por la ventana. Ni siquiera me había vestido. Me gustaría decir que había estado llorando, pero en realidad lo que tenía es como un nudo en el estómago, y un horrible dolor de cabeza. Y en la cara, también.

    Abrí sin muchas ganas, y me encontré con Sara.

    Stop. ¿Quién es Sara? Sara es mi hermana. Así que no se froten las manos pensando que es una chica con la que salí, un ligue, o una amiga que me voy a beneficiar dentro de un ratito para olvidar las penas. Tiene veinte años, y está estudiando Enfermería. Como aún vive en casa de mis padres, no nos vemos tan a menudo como me gustaría, porque de verdad me llevo fenomenal con ella. Físicamente se parece bastante a mí. Pequeñita, delgada, sonriente, de pelo largo y castaño. Viste siempre con un cierto estilo hippy, y por eso tiene bastantes broncas con mi padre, un señor de bigote ciertamente poco partidario de las extravagancias.

    No es guapa, pero tiene esa mirada soñadora y un poco mística que les gusta a algunos chicos. Por cierto, ya sé que en otros relatos las hermanas están ardiendo en deseos de acostarse con el protagonista, y que el propio protagonista no puede resistir la tentación de darle caña a su propia hermana en el sofá o en el suelo del salón. Lamento decepcionarles. Estoy convencido de que, aún en el caso de que yo estuviera dispuesto, si intentara cualquier acercamiento sexual con Sara las hostias que había recibido hoy serían unos cariñosos arrumacos comparadas con las que me iba a soltar ella.

    Así que no se lleven a engaño. Ya saben quién es Sara, y prosigo mi relato.

    -¡Holaa! -me da dos besos y sin duda nota que tengo la cara un poco hinchada -Joder C…, vaya careto que tienes. ¿Qué te ha pasado?

    -Hola Sara… ¿que qué me ha pasado? No sé por dónde empezar.

    Pero empiezo, y le cuento todo el marrón, desde el principio, tal y como se lo he contado a ustedes (hombre, prescindiendo de según qué detalles, claro). Cuando termino hace algo que no me espero. Se echa a reír.

    -La leche hermanito… eres un pedazo de cabrón… -lo dice entre carcajadas, seguramente porque ha estado con sus amiguitos los hippies y han estado compartiendo algo más que canciones y filosofía natural.

    -¿Eso es todo lo que se ocurre, Sarita? -le jode que le llamen Sarita, pero lo hago porque estoy un poco picado.

    -Hombre… creo que tienes muy poquito que pensar… -Sara deja de reírse y me mira todo lo seria que puede, lo que no es mucho porque le brillan los ojos cosa mala. -A ver si lo he entendido: has conocido a una chica, pero también te has acostado con una amiga suya y con tu ex, que casualmente pasaba por allí, delante de sus narices como quien dice, y te han cazado como a un pollo… poca broma, hermano. -Y se echa a reír otra vez.

    Yo la miro bastante fastidiado. Se reía con toda la boca, casi lagrimeando, y no me estaba ayudando mucho. Así que chasqueé la lengua, bastante disgustado, y cambien de tema.

    -Venga Sara… vamos a comer.-lo dije para distraerme un poco, porque no tenía nada hecho ni ganas de hacer nada, así que terminamos comiendo los dos una pizza que preparé en un momento, recién sacada del horno. Inevitablemente, volvimos a hablar del tema.

    -Bueno Sara, dime qué puedo hacer. -Le pregunté, mientras devorábamos la pizza.

    -¡Buf!… no tengo ni idea, en serio. Creo que esta vez te has metido en un marrón de los buenos. -Se calló un momento, y los dos nos dedicamos a comer, hasta que ella volvió a hablar- ¿A ti quién te gusta? ¿Con quién quieres estar?

    Buena pregunta. No estaba seguro. Antes de que Bea llegara, estaba convencido de que al fin quería sentar la cabeza con Silvia, pero la escena de celos de mi ex me había abierto los ojos a la posibilidad de volver con ella. Así que ahora estaba realmente confuso. Si hubiera podido, me hubiera quedado con las dos. No me miren así. Pues claro que con las dos. ¿Y quién no? Pero no podía decirle eso a mi hermana si quería que me aconsejara, así que fui todo lo sincero que pude.

    -No lo sé, Sara -le contesté. Mi hermana me miró, muy seria, y dejó de comer.

    -Pues ya es hora de que te decidas, C… Porque mira la que has montado por no decidirte desde el principio.

    -¿A qué te refieres? -demasiado bien lo sabía, pero creo que necesitaba que alguien me apretara las tuercas un poco.

    -Joder C… Madura un poco, por favor -Mi hermana pequeña me estaba pidiendo que madurara… vivir para ver, señores -Tal y como me lo has contado, desde el principio no sabías si querías rollo con Silvia o algo más serio. Y de repente llegó Bea, y como siempre, reconócelo, te pusiste a pensar con… ya sabes, y la has cagado.

    -Tú lo ves muy fácil, Sara, pero no es…

    -¡Deja de ser tan crío! Es facilísimo. ¡Elige una con la que quedarte, habla con ella y trata de arreglarlo! Pero por favor, ¡piensa con la cabeza por una vez!

    El resto de la comida la pasamos en silencio. Sara se quedó un rato más, ayudándome a recoger, y charlamos un poco de nuestros padres y de su vida. Estaba saliendo con un chico que me había presentado hacía unos días, un tal David. Era un buen chaval, estudiaba medicina. Un poco calladito, pero majete. Al parecer, llevaban ya dos meses juntos y les iba más o menos bien. En fin, dos meses eran todo un récord para mi hermana, así que me alegré.

    -Si consigues aclarar tu cabecita un día de estos, podríamos salir los cuatro -me dijo cuando me dio un beso en la mejilla, para despedirse. -Hasta luego, C…

    Y se marchó, dejándome tan confundido como antes, pero al menos con la firme decisión de enmendar el rumbo un poco loco que había tomado mi vida de un tiempo a esta parte. ¿Ustedes a quien hubieran elegido? ¿La pasión salvaje de Bea o la dulzura ingenua de Silvia? Me pasé toda la tarde del lunes dándoles vueltas a la cabeza, pero no terminé de decidirme. Por un lado, mi pelirroja me gustaba mucho, me hacía sentir como el hombre más importante del mundo; pero por otro, mi pasado llamaba a la puerta con mucha fuerza, y no podía dejar de pensar en el cuerpo ardiente de Bea y su carácter extrovertido, su desparpajo.

    Llegó la noche, y lo consulté largo y tendido con la almohada.

    La mañana del martes se pasó en una maraña de trabajo y obligaciones, que tuvieron la ventaja de distraerme un poco y darme aire.

    Cuando el martes por la tarde toqué a la puerta, realmente no sé lo que esperaba. Quizá atención. Puede que perdón. O al menos, que me dejara decirle lo mucho que la necesitaba. Ciertamente, buscaba la menos calmar mi conciencia.

    Silvia me abrió la puerta, pero se quedó en silencio, sin mirarme.

    -Hola, Silvi. -le dije. -Vengo a devolverte esto.-Le alargué la llave. No sé por qué me la dio, pero supongo que para ella era algo simbólico, porque la cogió y la paretó fuerte.

    -Vale. Hasta luego. -E hizo ademán de cerrar la puerta.

    -¡Espera! -yo aguanté su empujón con la mano. -Silvi, por favor, hablemos. -Ella ni siquiera me miraba.

    -No tenemos nada de qué hablar.

    -Por favor Silvi, déjame pasar.

    -No. Vete, por favor. Vete. -Silvia estaba hablando como si fuese a llorar de un momento a otro.

    -Silvi, no pienso moverme de aquí hasta que no me dejes entrar.

    Noté que ella relajó la presión sobre la hoja de la puerta, y finalmente abrió y con un gesto me dejó entrar.

    Ahora podría engañarles. Podría simplemente contar que Silvia me perdonó, que ella lloró, que yo fui todo un caballero, que nos reconciliamos con sexo salvaje encima de la mesa del comedor, y que me porté como un auténtico atleta sexual. ¿Pero de qué me serviría?

    Porque no ocurrió nada parecido.

    Bueno, sí. Traté de que me perdonara, ella lloró, y yo intenté portarme como un caballero. Pero es que, no sé si lo recuerdan, yo me había acostado con Nuri. Y al parecer cuando Silvia habló con ella para contarle lo mío con Bea, Nuri no había podido resistir los remordimientos, y había cantado de plano. Así que se pueden ustedes hacer una somera idea de cómo estaban las cosas. Me insultó bastante (aunque creo que no tanto como me merecía), me dejó claro (pero clarísimo, vamos) que no me quería ver en el resto de su vida, que había cometido un error conmigo, y vamos, resumiendo, que hiciera el favor de no volver a acercarme.

    Por cierto, me devolvió el ordenador. Así que encima tuve que llevarme el equipo completo con cajas y todo para el coche. Parecía que me había echado de casa. Y yo me sentía así, la verdad.

    Supongo que me lo merecía, ¿no? Pero joder, lo pasé fatal, pero fatal de verdad, mientras volvía casa en el coche. Cuando aparqué no eran ni las siete de la tarde, así que directamente llamé a mi mejor amigo, Toni, y nos fuimos a tomar unas cervezas en el bar de siempre.

    Toni se marchó a las diez y media o algo así, con una media borrachera del carajo. Le había contado todo lo que pasaba, y aunque he de decir que no me fue de ninguna ayuda (Toni es de estos tipos que de tías no entienden ni media), como es la leche de divertido no puedo decir que no lograra apartarme a Silvia de la cabeza. Yo me quedé en el bar, decidido a tomar la última e irme para casa. Era martes, después de todo, y el miércoles tenía que currar.

    Cuando Sara me encontró a las doce y cuarto, yo estaba al borde del coma etílico.

    Ni les vi entrar. Resulta que Toni había llamado a Sara para decirle que yo estaba un poco pasado de rosca, y se presentó en el bar con David, el chico con el que salía. Allí me encontraron, sentado en una mesa del fondo del bar, con un cubata a medio beber en la mano, y como me contó Sara al día siguiente, “con cara de estar a punto de tirarme del puente de la autopista”.

    No recuerdo muy bien esa noche. Por lo que me ha contado mi hermana, David y ella me llevaron a casa y me metieron en la cama, sin más. Pero eso no explica algunas cosas. Por ejemplo, que la alfombra del salón tuviera una estupenda mancha de vómito (por cierto, me sangraron en la tintorería por limpiarla, los muy…), ni por qué el tal David me mira con caras raras cada vez que nos encontramos, desde entonces.

    Sara se portó muy bien conmigo. Llamó a mi trabajo diciendo que estaba enfermo, y se quedó a dormir en la habitación de al lado. No fue a clase el miércoles, y me estuvo cuidando como una madre.

    A las tres de la tarde del miércoles conseguí abrir los párpados sin que mi cabeza amenazara con caerse de mis hombros. Así que mediante un esfuerzo titánico conseguí sentarme en la cama. Noté náuseas y dolor de estómago, pero no era la primera vez que tenía resaca, así que me levanté, me puse un pantalón de chándal que encontré en el armario y me fui a la cocina.

    Sara estaba comiendo mientras hablaba por el móvil. En cuanto salí de la habitación, se despidió de quien fuese con quien estaba hablando, y me miró con cara entre divertida y enfadada.

    -Vaya… el señorito ha amanecido por fin.

    -Muy graciosa Sara… oye, lo siento de verdad… gracias por echarme un cable… -Me sentía avergonzado y sobre todo resacoso. Y deprimido también, vaya, pero eso ya lo estaba desde el lunes… no eran noticias frescas.

    -No te preocupes, hermanito. Hoy por ti… -Sara comía despacio un plato de macarrones con tomate. Siempre me gustó verla comer, porque se mete unos bocados pequeñitos a la boca y los mastica mucho rato, con un aire despistado encantador, como si estuviera pensando en otra cosa. Y realmente piensa en otra cosa.

    -Ya… pero no sé lo que me pasó…

    -Yo sí. Toni me llamó sobre las once al móvil. Yo todavía estaba despierta, pero a papá no le hizo mucha gracia que me vistiera y me marchase un martes a las once para venir hasta aquí. Menos mal que David todavía no se había acostado.

    Se me quedó mirando, masticando un bocado de macarrones. Yo guardé silencio, y desvié la mirada. Pasaron unos segundos eternos, hasta que ella tragó y volvió a hablar.

    -¿En qué estabas pensando, C…? ¿Qué te pasó? -Yo no tenía ganas de hablar, pero había algo en su tono, en su sincera preocupación, en el aire cariñoso con que lo dijo, que simplemente me sentí totalmente destrozado por dentro.

    -Mira Sara… ayer estuve en casa de Silvia… te hice caso, intenté arreglarlo… pero no quiso escucharme.

    -Vaya… lo siento, C… lo siento de verdad… y lamento tener que decir esto… pero creo que te lo mereces.

    Eso fue un golpe bajo. Vaya si lo fue.

    -Hombre, muchas gracias Sara… eres un cielo… vaya ánimos que me das… te cuento mis problemas y lo único que se te ocurre es decirme que me lo merezco -lo dije bastante enfadado, lo admito, y ya sé que fui muy injusto.

    -¿Cómo que ánimos? C…, te recuerdo que eres tú el que has metido la pata hasta el fondo. Y sí, creo que te lo mereces. Porque has sido muy cabrón con esa chica. Te has portado como un cerdo egoísta.

    -¿Ahora también soy un cerdo egoísta? Oye Sara, no necesito a nadie que me insulte… -a estas alturas yo ya estaba gritando. Necesitaba gritar. Necesitaba la rabia. Pero a Sara no le impresionó lo más mínimo mi berrinche.

    -Te estás portando como un gilipollas.

    Así de claro, dicho en un tono de voz normal, sin inflexiones, entre bocado y bocado de macarrones. Eso me desarmó. Me quedé callado un momento, y se me pasó el enfado, para ser sustituido por una maravillosa sensación de querer estar muerto.

    No lo pude evitar. Me eché a llorar.

    Vale, en el fondo soy un jodido sentimental. Los días siguientes a la partida de Bea, hace tres años, me los pasé llorando por cualquier cosa. Hombre, no a moco tendido ni a gritos, pero con frecuencia notaba un congoja en la garganta y notaba que los ojos se me humedecían, y de acuerdo, a veces no podía evitar morder la almohada por las noches y emprenderla a puñetazos con el colchón. Nunca creí que la iba a echar tanto de menos. Llegó un punto en que no pasaba una hora sin que se me los ojos me picaran y notara que no podía tragar. Así que volví a casa de mis padres.

    Les dije que era porque no podía pagar el alquiler, y que sería solo por unos días hasta que encontrara otro piso, pero en realidad era porque no soportaba permanecer en esa casa conviviendo cada día con su recuerdo. Y me quedé por un año.

    No soy ni la mitad de duro que pretendo aparentar. En el fondo, todavía soy un chico de quince años preguntándose qué hace vestido de traje y viviendo solo en una casa vacía.

    Sara me abrazó y yo lloré en su hombro, lloré por ser tan idiota, por no saber qué coño estaba pasando con mi vida, por haber perdido a una chica que realmente merecía la pena. Lloré por la soledad, por mi egoísmo, por todos los errores que cometí durante el fin de semana más loco de mi vida. Lloré por Silvia. Lloré por mí.

    Es posible, pienso ahora, algunos meses después de todo aquello, que lo mío con Silvia no hubiera funcionado. Que lo hubiéramos dejado seis meses después, echando pestes el uno del otro, arrojándonos los trastos a la cabeza.

    Es posible, pienso ahora, que con Silvia corriese el peligro de enamorarme hasta las trancas y que después me dejase tirado hecho una piltrafa, como me ocurrió con Bea. Es posible corriera el peligro de llorar durante semanas, el peligro de perder otra vez el rumbo de mi vida, el peligro de tardar otros tres años en enamorarme otra vez.

    Pero, aunque mi pelirroja hubiera sido tan peligrosa, créanme que es un riesgo que hubiese querido correr.

    Fin

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