Autor: admin

  • Reencuentro con una vieja amiga

    Reencuentro con una vieja amiga

    Cecilia bajó rápidamente a la calle, en medio de la lluvia torrencial, sin paraguas. Lo único que le importaba era conseguir un taxi para ir al aeropuerto. A esa hora estaría llegando un avión que traía a una amiga, que hacía mucho tiempo no veía. Se había confiado por la hora, pero sabía que por demorarse en nimiedades llegaría tarde.

    Por fin consiguió alguien que la llevara. Mientras viajaba hacia allá recordó rápidamente lo mucho que la quería a Jimena. En la vida hay momentos en los que las amistades tienen momentos muy especiales, específicamente cuando se es joven, ya que después, por muchos motivos, todo se vuelve más complicado.

    Lo cierto es que Cecilia bendecía profundamente el día en que una amiga del secundario, a la que veía seguido, le comentó que había una página web del colegio al cual iban en la cual las diferentes camadas de egresadas podían ubicar a cada una de las compañeras. Se animó a contactar a muchas de ellas. Pero con Jimena pasaba algo especial. Siempre hubo un cariño especial entre las dos, que hacía que sus miradas fueran algo íntimas. Tuvo la suerte de contactarla y poder retomar la amistad, aunque sea a distancia. Estaba viviendo en Australia y, bueno, las circunstancias de la vida hicieron que vuelva a la Argentina por un tiempo.

    Al verla de nuevo, Cecilia no lo podía creer. La reconocía como si el tiempo no hubiera pasado. Jimena la vio, abrió sus abrazos, mostró una generosa sonrisa para que ambas se fundieran en un abrazo entrañable, en medio de lágrimas sentidas. En medio de la excitación de verse otra vez, intercambiaron algunas palabras y luego Cecilia la acompañó hasta el hotel. Ni bien se instaló, ya tenían decidido ir a cenar a manera de festejo. Tan grande era la alegría de Cecilia que se decidió por un restaurante de los buenos, de esos a los que ella raramente iba, salvo en ocasiones especiales.

    Jimena era una chica que le faltaba poco llegar a los treinta. Flaca, casi de un metro setenta. Sus pechos operados se notaban mucho. Ella siempre estuvo acomplejada sobre esa parte del cuerpo. Su cabello lucía castaño oscuro, con algunas trencitas, muy sutiles. Era realmente guapa. El tiempo la había favorecido. Cecilia le encantaba los rasgos de mujer que su amiga había obtenido y también le gustaban sus labios de mujer, tan femeninos, gruesos. En esa ocasión vestía un top negro, bien ceñido, con un pantalón rojo, muy chillón, que no llegaban a los talones. Sus sandalias también eran rojas. Cecilia la halagó mucho por la elegancia y por lo bien se veía. Su amiga se lo devolvió, argumentando su respuesta.

    Cecilia era una chica también flaca, algo más sexy que ella. De pelo más largo, más oscuro, enmarcaba una cara delgada, pero que dejaban protagonismo a sus ojos, siempre tan encendidos que parecía que lucía sexy todo el día. De pechos grandes, quizás lo mejor de su cuerpo, de cintura normal y de buen trasero, también estaba bien vestida, como para no ser menos que su amiga. Ella lucía un pantalón azul, zapatos negros y camisa del mismo tono que el pantalón, con accesorios plateados y levemente maquillada.

    La cena fue de lo más encantadora y entrañable. El tiempo pasó volando para ambas. Lamentaban que la vida las haya distanciado tanto tiempo y prometían no separarse en el futuro.

    En un momento, a Cecilia le incomodó que su amiga le mirara los pechos, cada vez que se distraía. Incluso cuando se la quedaba mirando, a Jimena no le importaba que Cecilia se diera cuenta. Le pareció raro. Pasó varias veces. Por su parte, a Jimena le llamaba la atención lo cariñosa que era Cecilia con ella.

    Se sorprendía del cariño que le profesaba y, además, no estaba segura, pero físicamente se sentía de alguna manera atraída. Después de terminar el postre y de brindar efusivamente, acabaron varias botellas de champagne. Ebrias y festivas terminaron yendo a lo de Cecilia, que vivía con su chico. Llegaron al edificio, abrieron la puerta y abrazadas fueron a tomar el ascensor. Apenas podían mantenerse en pie. Entraron al ascensor. Cecilia pulsó el boton nueve. Y a pocos segundos dijo:

    —Dejá de sacar tetas. ¿No ves que me excito?

    —Jaja, ¿viste? De perfil lucen mejor. Y mejor que te excites, porque te hace más linda.

    Jimena se quedó mirándola. Sus pupilas se pusieron grandes y su boca se humedeció. Mordió su labio inferior con ganas.

    El ascensor había llegado al piso destino. Ninguna de las dos abría la puerta. Se miraban mutuamente en medio de un silencio tenso. Cecilia le fue a comer la boca. Se fundieron ambas en plena calentura, besándose y toqueteándose con muchas ganas. Sus manos acariciaban nerviosa y mutuamente sus cinturas, y de allí se escapaban a sus nalgas y de a ratos a sus pechos. Entraron torpemente al departamento, en medio de toqueteos y lengüetazos salvajes hasta cerrar la puerta. Cayeron finalmente fatigadas en la cama de acolchado negro. Una al lado de la otra, acostadas, descansaron. Cecilia rompió el silencio:

    —Amaría quedarme dormida en tus pechos.

    —Dormite aquí con tu boca abierta.

    Cecilia sentía que los ojos de Jimena permanecían clavados en sus pechos. No sabía cuántas veces los había mirado en toda la noche. Continuó:

    —Los vas a hipnotizar, Jime, jaja.

    —Es que me imagino cositas…

    —¿Como por ejemplo?

    Desde el living se escuchaba el sonido de la puerta que se cerraba. Cecilia la miró a su amiga y le comentó que había llegado Sergio, el pibe con el que convivía. Al entrar al cuarto, este asumió que no había nadie más que Cecilia, a la que saludó primero, pero al ver a su amiga, terminó saludándola también. No tardó en darse cuenta de que acababan de tener un orgasmo hace muy poco y se le llenaron los ojos de deseo. Después de descalzarse y quitarse su camisa blanca, dejándose los pantalones, se echó a la cama en medio de ellas dos, que lo recibieron cálidamente. Jimena aún conservaba su calentura pese a haber llegado a orgasmos varias veces.

    Ambas lo empezaron a mimar suavemente. Cecilia le bajó el cierre para tocar su juguete.

    Ahora Cecilia estaba acostada y Sergio encima de ella, apretándole las tetas con ambas manos y moviéndose para adelante y para atrás, con su tronco entre los dos montes voluptuosos que tanto cautivaban a su amiga. Mientras, Jimena miraba atentamente tirada en el sillón de cuero negro, tocándose, con sus pantalones bajos hasta su rodilla y su mano hundida debajo de su bombacha. Cecilia lo agarró de sus piernas, para mejor control y se calentó, pero más se excitó cuando la vio a ella de reojo, gozando. Él la tiene grande y Cecilia le fue comiendo la cabeza roja poco a poco. “Mirá qué grande es. Dos manos mías no alcanzan a cubrirla, ¿ves?”.

    Jimena seguía mirando, con sus ojos entrecerrados, presa de la más loca calentura. “Chupala” —le ordenó gimiendo. Cecilia sostuvo la pija con ambas manos, mientras le empezó a chupar el glande. “Mirale las venas hinchadas” —comentaba cuando su boca se desocupaba momentáneamente.

    Él la estaba por acabar. Su tronco estaba muy caliente, sentía su caudal venir. Cecilia preguntó con ganas: “¿Querés que termine en mis tetitas? Cuando viene con mucha lechita como ahora en encanta”. “Pero arrodillate y que él se pare y te la tire encima” sugirió suspirando. Mientras él se toca para no perder dureza ni la excitación. Ceci: “¿Estás lista? Ahí viene, ahí viene…” —pronunciaba ansiosa. “Mmmm”

    Cecilia tenía ahora el pecho blanco. Jimena estaba tan excitada como su amiga y dirigía la escena. Ahora Cecilia le ordenó que le chupara las tetas llenas de leche, pechos que tanto le obsesionaban a Jimena. “Vení, limpiame” reclama Ceci. Y esta vino y por largo rato uso su lengua para higienizarle las zonas al tiempo que se calentaba más.

    Jimena dice: “Ahora voy a hacer algo mas, que es puerquito”

    —”Hacéme lo que quieras”

    Jimena le levantó los bracitos levantados y le lamió la transpiración

    —Pero no te vayas de mis tetas.

    —Nooo

    —Acá te falta limpiarme, en el pezón derecho.

    —Mmmm, qué buenos pezones.

    —Lo mejor es cuando están paraditos. cuando estoy calentita como ahora

    —Son ricos me dijeron, ¿por qué no probas vos misma?

    —Te voy a sacar toda la lechita

    —Cuando termines partime mal la boca, baby.

    —Te voy a meter la lengua hasta las campanitas. Te voy a tranzar roda, putita.

    —Comeme la boca.

    —Sí, perra.

    —Seguí, seguí, no te detengas.

    Él miraba mientras se reponía, hasta que las interrumpió diciendo que le quería romper el orto a Cecilia. Jimena se puso celosa, y su amiga se dio cuenta y le sugirió:

    —¿Y por qué no jugás vos, mamita, con la mía?

    —Hagamos un 69 y acabemos nosotras.

    Cecilia le pidió que se acostara y se abriera de piernas.

    —¡Uy! Mirá lo que encontré, un lindo tajito.

    —Mmmm, como el tuyo, Ceci.

    —¡Ops! Está mojadito. Te voy a comer el clítoris, entero.

    —¡Sí, sí!

    —¡Ahhh! ¡Qué rico! ¡No me dijiste nada que era así de rico! Mmmm

    —¡Mmm! Cómemelo, por favor.

    —Te lo como crudo, bebé

    —¿Te gusta mi pubis?

    —Va, eh. No aguanto más. Voy a acabar. Dale, a toda máquina. Ahh

    —mmm si

    —ahhh

    —¡ah ah ah!

    Cecilia tocó por última vez los labios de la amiga, que ardían de calor y comprobó que Jimena estaba a punto de estallar. Se detuvo un momento para después comerle salvajemente el coño, haciéndola acabar, estallando en mil gemidos inhumanos.

    Loading

  • Nueva historia con la chica del piercing

    Nueva historia con la chica del piercing

    Ya habían pasado varias semanas desde la última vez que supe de ella, aún mi verga estaba estremecida por la espectacular mamada que me había provisto, esa mezcla y suavidad de su lengua con el frío y erizamiento que me producía el contacto de su piercing recorriendo mi falo, me habían hecho durante este tiempo de inactividad sexual, desearla de una forma desesperada.

    Desde ahí, todas las chaquetas que me hacía eran en su honor, la mayoría de mis erecciones estaban provocadas por mi deseo de volver a sentirla.

    Fue ella la que me encontró a mí, con sutiles mensajes a mi móvil me hizo moverme por toda la ciudad, haciéndome creer que ella estaría allí, en cada uno de los lugares a los que me hizo acudir, desde una cafetería, hasta una biblioteca pública, pasando por una iglesia.

    Finalmente, a la última cita acudió, a través de un rotundo mensaje a mi celular me había citado a las 23.30 horas en uno de los parques de la ciudad.

    Cuando ya había transcurrido la hora señalada y cuando yo ya comenzaba a darme por vencido una vez más y jurar y perjurar que no volvería a caer en sus jueguecitos, ella hizo aparición enfundada en una minifalda y unas botas robustas, con una camisilla que apenas asomaba tras su chaqueta.

    Al verme sonrió y mi rostro apenas pudo responder esa sonrisa, estaba totalmente concentrando en desnudarla con mi mirada en perderme mientras contoneaba su tatuaje tribal en la espalda al ritmo de las embestidas contra mí.

    Ella se sentó en el mismo banco en el que yo me encontraba, pero en la otra punta, quedando dos espacios entre nosotros. Una parte de mi era consciente de que de una forma u otra no saldría de ese parque sin cogérmela, pero al mismo tiempo sabía que me iba a costar acceder a sus peticiones.

    Fue ella la que sin ni siquiera mirarme, se levantó, contoneándose lentamente sobre mi e invitándome que la siguiera a una zona más oscura, al cobijo de unos árboles y unos arbustos. Pese a que el parque estaba desierto, de vez en cuando recibíamos la visita de algún paseante.

    En seguida, mi cuerpo fue buscando el suyo y nuestros sexos se rozaron por encima de las vestimentas, mientras ella se quitaba la chaqueta entre gemidos, porque mis dedos ya habían descubierto que no llevaba bragas.

    Su mano fue buscando mi entrepierna y mientras recorría con mi lengua cada espacio de su cuello, de forma furtiva, dura, ella me desabrochaba el cinto y el pantalón, metiendo su mano por dentro de mis calzoncillos y sintiendo como sus dedos a modo de pinza presionaban mi glande.

    Mientras lamía su cuello y mis dedos acariciaban lentamente, otras veces de forma rápida los labios de su vagina, mientras entre mis dedos se asentaba lo húmedo de su coñito, le pedí que me la mamara, que quería sentir su lengua, pero ella no estaba por la labor de que yo lo consiguiera tan fácilmente, continuaba pinzando mi verga y me estaba atormentando, porque yo deseaba que la agarrara firmemente y me pajeara, pero tampoco ella estaba por la labor…

    Enfurecido, entre la rabia de que esa joven me dirigiese tan a su merced y lo caliente que me ponía su aspecto de lolita, de pelo negro, opté por jugar mis cartas y apartarme de ella.

    Con mi polla tiesa, fui retrocediendo y mirándola de arriba abajo, mientras me pajeaba ante ella…

    Ella hizo lo mismo, pero entonces comencé a darme cuenta de que para entonces, no era yo el único caliente en esa escena, que ella quería tragarse mi polla, bien por la boca o por su coño, así que me limité a sentarme en un banco próximo mientras me hacía una chaqueta. Ya poco me importaba si me podían ver o no…

    Por un instante me creí dueño de la situación y estaba convencido de que ella no podría aguantar y así pareció ser, mientras ella se acercaba a mí, tocándose las tetas con una mano, mientras que con la otra sujetaba su camisilla en alto.

    Vino hacia mí y fue ella la que retiró mi mano para continuar pajeándome, haciéndome una chaqueta tremenda. Se acercó a mi oído y me susurró que quería tenerle en la boca, que quería que le terminase ahí.

    Yo no podía más y entonces fue cuando se detuvo, yo estaba a punto de estallar y me había dejado a medias, estaba como loco, la cogí de la mano y la traje hacía mi ella cayó sobre mí, con sus muslos golpeó mi verga y un leve dolor me hizo soltarla, entonces fue ella la que cogió mi pene con fuerza, apretándolo hasta casi doler y se lo introdujo en su coño, cabalgándome de arriba abajo, haciéndome gemir tan fuerte que me hizo olvidar donde estábamos, contoneándose en círculos…

    Mis gemidos se mezclaban con los suyos, sentir como ella se vino en dos ocasiones, era una delicia sentir sus orgasmos, ver como su cuerpo se agitaba violentamente, haciéndome estremecer, yo imaginaba el terminar en su boca, sentir su piercing, pero me dejó con las ganas, tras su segundo orgasmo aceleró el ritmo de sus embestidas de una forma atroz, provocándome un orgasmo continuado y tremendo… continuando con sus sacudidas, vaciándome y haciéndome desearla aún más.

    Ella se levantó, tomó su chaqueta del suelo y se marchó… yo me quedé recuperando fuerzas y sosteniendo fuertemente mi móvil, esperando la llamada de la chica del piercing.

    Loading

  • Al salir de la facultad

    Al salir de la facultad

    Aquella parecía una tarde primaveral como otra cualquiera, estábamos en clase de E.T.C. , es decir, en clase de Estructura y Tecnología de los Computadores, un auténtico coñazo, más aún con nuestro profesor que un poco plasta…

    Por fin las clases terminaron, mi novia Marta, su amiga Silvia y su novio John salimos como de costumbre a la cafetería a tomar un mini de kalimotxo, y unas bravas para charlar un rato, fumar, cotillear y echarnos unas risas. Aquella tarde teníamos que hacer un trabajo del laboratorio que teníamos que entregar a los dos días.

    Salimos de la facultad y nos fuimos a dar una vuelta por el centro, aún no era la hora de comer, así que vimos algunas tiendas de discos, de tatuajes, de ropa, de piercings… y pasamos por un videoclub porno bastante grande, así que entre risas decidimos entrar…

    Los 4 somos bisexuales, y nos aceptamos todos a todos, así que no fue extraño que nos dispersásemos y mientras Marta y Silvia se fueron a la sección de películas “lésbicas”, John estaba viendo las pelis gays de negros y yo las ultimas de GGG. Entre tantos pasillos nos encontramos los unos a los otros varias veces, no podíamos evitarnos lanzarnos una sonrisa de complicidad, y curiosidad por lo que veíamos, podíamos observar a Marta y Silvia viendo las carátulas de las pelis de zoofilia y escapó con una cara de asco total… como diciendo “dios… ¿cómo puede hacer la gente esto?”.

    Al final decidimos entre todos alquilar una peli de orgías en el campo con los coches un fin de semana, “carcruising” es como llaman a esa práctica. Nos acercamos al mostrador y las alquilamos entre todos, aunque lo hicimos a mi nombre puesto que soy el único que es socio de ese videoclub.

    Bueno, antes de salir con Marta visitaba a menudo el videoclub para encontrar algo que calmase mi soledad y me descargase del calentón de los fines de semana, así que tenía que alquilarme alguna peli para hacerme unas buenas pajas los domingos por la tarde, sí, ya sé que podría haber elegido ir a misa, ir a comer con papi y mami, yo las tardes de los domingos las prefería pasar con mi rabo y la compañía de una buena película en la soledad de mi habitación. Aunque ahora que salgo con Marta me alquilo con ella películas muchas veces para verlas en su casa o en la mía.

    –¿Dónde vamos a ver las películas? –dije yo con curiosidad, aunque sabía de sobra que estos no iban a querer poner sitio y ya que estaba yo en mi casa solo, decidimos que las veríamos allí.

    Llegamos a mi casa, después de hacer un rato el notas en el coche, pedimos una pizza para los 4 y después de la pizza pusimos algo de música en el equipo y comenzamos a ver la película. John y yo ya empezábamos a tener la polla dura, mientras que Marta y Silvia ya estaban muy cachondas y no dejaban de sobarse la una a la otra y de darse un morreo de impresión.

    Me estaba poniendo mogollón ver el paquete de John a través del pantalón, así que no dudé ni un instante y le bajé los pantalones para poder sóbraselo por encima del bóxer negro. John tiene 22 años, y está como un tren, es negro, es fuerte, y haciendo par con su edad, tiene unos 22 cm de polla que son la envidia de cualquiera.

    Yo no me lo pensé más, y ya sin camiseta, y en calzoncillos, unos bóxer azules con la bandera de España a los lados, me puse de rodillas a lamer el pedazo de rabo de John, era negro, y durísimo, y desde que empecé a saborearlo me di cuenta que era verdad eso que dicen que una polla de chocolate sabe mucho mejor, sí, es como la diferencia entre comerse un donuts normal y corriente a media mañana entre clase y clase, y lo que se siente cuando en vez del donuts normal te zampas entre pecho y espalda un donuts relleno de chocolate por dentro y con nata por fuera, pero bueno, no es de donuts de lo que quiero hablaros, sino de la polla de John, esa tremenda pollaza negra que yo me estaba comiendo, para mí solo, aunque claro está, sé que la tendría que compartir con su novia, y con mi novia.

    En el sofá Marta y Silvia ya estaban desnudas, la tele seguía con la porno, pero ya pasábamos de la porno, la verdad es que no sé cómo la alquilamos porque sabíamos que a los 15 minutos íbamos a pasar totalmente de la película para realizar entre nosotros una orgía de impresión.

    Mmmm las dos se habían depilado sus coñitos, y parecían como los de una niña, bueno, para tener 20 añitos recién cumplidos, mi novia y la novia de John tenían un polvazo de impresión. Yo seguía jugueteando con el glande de la polla de John, y recorrer su falo desde abajo hasta arriba con mi lengua… mi novia se acercó y se puso a 4 patas y John empezó a penetrarla por el coño, yo me puse en el otro sofá y Silvia con las piernas abiertas esperaba ansiosa que la hiciese una buena comida de coño, mis labios se juntaron con sus otros labios, al mismo tiempo en el que sentía otros labios en mi polla…

    Era mi novia que mientras era follada por mi adorado negrazo alcanzaba a mis 19 cm de rabo y se los comía muy golosamente, mientras que yo disfrutaba del coño de Silvia, afeitadito, jugoso y realmente delicioso, la corrida de Silvia se acercaba, sus gemidos aumentaban de volumen, y sus manos unidas a las contracciones de su vientre terminaron en una explosión de flujo que me empapó la cara literalmente, joder, vaya corrida que se había pegado la muy guarra, se ve que se lo ha pasado de puta madre.

    Seguidamente se pone con su novio para que la folle un poco, se sienta encima de él y como una posesa empieza a pegar botes sobre esos 22 cm de carne negra mientras yo empiezo a comerle el culito a mi novia, meto un dedo en el ano de Marta y lo lubrico bien con saliva, para empezar a meter mi polla bien dura lentamente en su culo, me encanta hacerla sufrir y metérsela muy despacito al final y empezar un mete y saca muy lento al principio y más adelante follarla el culo a un ritmo brutal hasta que me voy a correr…

    Silvia está de rodillas con la polla de su novio en la boca, que la avisa que se va a correr como un auténtico semental negro, los chorros de lefa salen como un geiser, un geiser de lefa que llena la cara de Silvia, su boca que es la que más cantidad de lefa ha recogido se dedica a saborear tan delicioso manjar, mi novia acude a limpiarle la polla a John, mientras él me termina de chupar la polla a mí, Silvia me está dando un morreo de impresión dejándome saborear un poco de la lefa de John.

    –Me corrooo

    Mi leche también sale disparada, esta vez es John el que recoge mi semen en su boca, y se lo pasa a mi novia Marta en un morreo de impresión. Los tres nos quedamos tirados un par de minutos en el suelo del salón de mi casa, pero ellas aún con ganas de juerga nos piden que seamos sus ponys, y nosotros accedemos y dejamos que se suban encima de nosotros.

    Silvia se sube sobre mi espalda, Marta sobre la de John, y nos llevaron al cuarto de baño, nos metieron en la bañera y ellas se pusieron una a cada lado y entre el agua caliente mi novia empezó a mear a John en su cara y su pecho, Silvia hizo lo propio meándose sobre mi pecho, joder, qué ganas de mear tenía la cabrona, porque su meada salía a presión e impactaba sobre mi pecho, era delicioso sentir el calor de su meada después del polvazo que habíamos echado los cuatro.

    Las duchas se apagaron y nos “obligaron” ya sin agua allí mismo en la bañera a que las comiésemos el coño hasta que se corriesen de nuevo, y a eso nos dedicamos, esta vez seguíamos con las parejas cambiadas y así pude volver a disfrutar del coño de Silvia, el piercing de mi lengua iba recorriendo su clítoris, su vulva, sus muslos, cuando nuestras chicas se corrieron, ellas se tumbaron a hacer un 69 mientras John y yo ya salíamos de la bañera, las enchufamos el sistema de hidromasaje para que disfrutasen más aún, y las presté unos aceites.

    Y allí las dejamos solas en aquella gran bañera del cuarto de baño de mi casa, aquella enorme bañera con jacuzzi que mi padre decidió comprar para darse un capricho (y seguramente para hacer muchas guarrerías con mi madre allí dentro). Creo que ha sido la mejor compra que se podía hacer.

    Nos tomamos unas coca-colas mientras vimos la peli, y nos fumamos unos cigarros, después de recoger todo un poco, comenzamos a hacer el trabajo y nos quedaríamos allí hasta la noche, a la hora de cenar llegaron mis padres.

    –Hola chicos, hola John, Marta y Silvia ¿qué tal?

    –Muy bien, hemos venido aquí todos porque estamos haciendo unas prácticas de implementación de circuitos digitales que hay que entregar el viernes, llevamos aquí desde que hemos salido de clase.

    –¿Habéis comido? –Sí, hemos pedido unas pizzas para todos mami, no te preocupes

    Mis padres se adentraron en el pasillo, mientras que pude oír como mi madre le murmuraba a mi padre…

    –Desde luego hay que ver… estos chicos, les hacen currar todo el día, y se machacan con los estudios, no les dejan ni respirar, se pasan el día trabajando…

    Loading

  • Cosas que pasan en el transporte público

    Cosas que pasan en el transporte público

    Fue un día pesado, lleno de trabajo, personas que a diario uno debe tratar.

    Eso venía pensando camino a casa en el transporte público. Para terminar de irritarme el transporte venía atestado de personas, pensé: no puede ser, lo que me faltaba. Me quedé estacionada (como si no fuera poco) y volteo detrás, me encontré a un compañero de trabajo, no le di importancia él estaba impaciente por subir por lo que me pregunta: “¿subirás?”, yo le respondí: “pues si”.

    Abordamos el transporte con olor a humanidad, perfumes, sudor, solo deseaba llegar a casa, tomar un baño, relajarme y después lo que surgiera.

    El transporte iba al límite de su capacidad de pasajeros por lo que tenía que ir un poco apretada, creo que decir “poco” es algo mínimo a como me encontraba. El movimiento del transporte, la cercanía de las personas, en especial de mi compañero, provocaba el roce de nuestros cuerpos.

    Primero eran los movimientos del transporte, después fueron los de él, intencionalmente lo hacía; al principio me causó disgusto pero minutos después me gustaba esa sensación que empezaba a sentir.

    Él me comentaba del clima, cosas sin importancia, pero no ponía atención, iba concentrada a lo que sentía mi cuerpo; como no queriendo empecé a frotarme con él, él solo hablaba y yo “escuchaba”, me reía cuando no debía; creo que era obvia.

    El entendió el mensaje y al movimiento del transporte íbamos nosotros, ¿quién se daría cuenta?; nos acercamos más de lo que ya estábamos, él acercó sus labios a mi oreja y me susurró: “¿te gusta?”. Solo atiné a afirmar con la cabeza; me hizo otra pregunta: “¿tienes planes? si los tienes solo apártate un poco, si tu respuesta es negativa “¿quisieras continuar?”.

    Lo observé de reojo y le dije: “no los tengo y quiero continuar… ¿qué propones?”. Sonrío pícaramente y me respondió: “bueno pronto lo sabrás solo acompáñame”. Ese lapso y esos susurros de parte de él, me habían provocado una reacción fuera de lo normal, deseaba detener el tiempo y besarlo, tocarlo, entregarme a aquel desconocido pero a la vez conocido compañero, que ese día me daba como regalo, como una apreciación de que no todo era malo, que aún quedaban algunas horas para que el día terminara.

    Aún en el transporte me daba besos en el cuello, mordía mis orejas, abrazaba mi cintura, se pegaba y sobaba descaradamente su miembro en mi trasero; eso me estaba volviendo loca, no aguante y volteé y lo besé.

    Fue un beso tan profundo, lleno de deseo, locura, recorría hasta el último rincón de mi boca; ignoro el momento en que sucedió que empecé a masturbarlo, metí mi mano debajo de su pantalón, lo acariciaba y me di cuenta que ya estaba erecto desde minutos atrás, me sacó la mano y me la llevó hasta su pecho, le abrí unos botones y solo me dijo: “abróchalos cariño, pronto llegaremos”.

    Pensé: primero me provocas y después me dejas alborotada, imbécil. Casi llegando a la esquina me avisa: “bajaremos pronto, ven toma mi mano”; yo la tomé y lo seguí, bajamos y solo me sonreía, cruzamos la calle y llegamos al edificio donde se encontraba su apartamento.

    Subimos, en el elevador me besó apasionadamente, entramos, me quitó la falda, me acariciaba las piernas, la espalda, despacio me desvestía y llevó mis manos de nuevo a su pecho y me dijo: “ahora si puedes quitarme la camisa, puedes hacer lo que quieras”.

    Fui a su alacena y traje un poco de mermelada de fresa, se la unté y lo empecé a lamer por todo el pecho, por el ombligo, hasta llegar a su pantalón que estaba un poco mojado debido a su erección, su miembro estaba a reventar, no había más espacio para él en su pantalón por lo que bajé la bragueta y de un tirón le quité el pantalón y él a mi la blusa. Se quedó observándome con la ropa interior y me acarició los senos, me los besaba, mientras yo lo masturbaba, subía y bajaba ese miembro que se convirtió en mi obsesión en ese momento, deseaba saber que se sentía tenerlo dentro.

    Estábamos empapados de sudor y pegajosos por el dulce, me cargó y me llevó hasta su baño, preparaba el agua y me besaba, no me dejaba sola ni un solo segundo. Cuando el agua estaba lista entramos, se observaba que el agua estaba caliente por el vapor que salía, pero al momento de entrar ni se sentía debido a la adrenalina y la calentura que traíamos.

    Nos besamos, me acariciaba y bajó su mano hasta mi sexo, acarició mi clítoris muy suavemente, era evidente que sabía tratar muy bien a las mujeres, pues me estaba haciendo gozar de lo lindo. Deseaba tenerlo dentro de mí, me masturbó alrededor de 5 minutos, introdujo un dedo en mi vagina y me hizo suspirar, al darse cuenta de esto me besó y de un golpe me penetró, me sacó un grito de placer, se quedó quieto un momento y empezó con el famoso sube y baja…

    Me abrazaba para que no me escapara, sus manos las colocaba en mis caderas para tener el control de los movimientos, entraba y salía, nuestras respiraciones se hicieron más prolongadas, me besaba las orejas, me las mordía y me susurró: “siempre me excita morder las orejas”.

    Yo solo reí, me hacía cosquillas, pero aumentaba mi placer, llevó una de sus manos a mi clítoris y mientras me penetraba me frotaba, que placer indescriptible, yo arañaba su espalda y a él lo excitaba y seguía cada vez más rápido, y su cuerpo se estremeció, tuvo un orgasmo, se vació completamente en mí, sentía su semen caliente y su pene latiendo dentro de mí, y me llevó a un orgasmo, esto provocó para que él volviera a retomar la actividad y su pene empezó a crecer dentro de mí y le froté los testículos para después pasar al prepucio, zona más erógena del hombre; lo hizo temblar y tuvo múltiples orgasmos y tan solo sentirlos me provocó también los míos.

    Me besó los pechos y me lamió mis labios vaginales, no podía creerlo, él me estaba haciendo sexo oral y yo solo lo agarraba de la cabeza, quería introducirlo, me llevó hasta el máximo placer y estallé.

    Me besó y nos acostamos, nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente desperté en mi apartamento y creí que todo había sido un sueño; inicié mi día y partí a mi trabajo, cuando llegué lo primero que hice fue verlo y él actuó como si nada hubiera pasado por lo que pensé que si había sido un sueño solamente y me dije a mi misma: qué lástima que no fue realidad.

    En el receso se me acerca y me susurró: “¡gracias! espero lo hayas disfrutado”. Me quedé helada y me sonrió y me besó en la mejilla y se retiró. Al salir lo fui a buscar y ya no estaba, tenía la esperanza de verlo en la estación del transporte, pero no lo vi. Ha pasado un mes y no lo he vuelto a ver, pero le agradezco ese día.

    Loading

  • Mamen y su pasión por mi polla

    Mamen y su pasión por mi polla

    La coprotagonista de este relato, llamémosla “Mamen” (que le viene niquelado, por lo de mamar más que nada…) era una de esas chicas lanzadas que conoces una de esas noches en un garito donde pasas tantas y tantas horas los fines de semana. Morena, ojos azules, cara de vicio (es la verdad), pechos monumentales y duros, ni delgada ni gorda, bien formada y fuerte.

    Ella me había entrado con la excusa de presentarme a una amiga suya a la que supuestamente yo le gustaba. Un “hola”, dos besos y poco más ya que la amiga en cuestión no mostró mucho más interés en mi persona.

    Era Mamen la que estaba todo el rato hablando y tonteando conmigo, así que al rato descubrí sus verdaderas intenciones: era ella a la que yo le gustaba, y al instante nuestras lenguas se entrelazaban en el cálido interior de nuestras bocas con esa música potente de fondo que sonaba, nuestras manos recorrían nuestras ropas y yo pensaba “esta noche tocaba triunfar”. Pero duró poco porque ella se tuvo que marchar, eso sí nos citamos para el día siguiente por la tarde, a comer, pasear en su coche y probablemente continuar lo empezado.

    Desde esa primera cita (en la que culminamos en su coche lo comenzado la noche anterior, lógicamente) y en todas las sucesivas me mostró su pasión ante todas, al menos conmigo: el sexo oral. Era una verdadera viciosa y experta en ello, no se cansaba y de hecho sólo hicimos sexo completo un par de veces de los muchos encuentros que tuvimos.

    El resto siempre era igual, quedábamos, paseábamos en su coche, charlábamos, llegado un momento empezábamos a besarnos y tocarnos (yo tenía vicio por su tetas, eran tan inmensas y duras que las amasaba y agarraba fuerte) y ella descendía hasta mi entrepierna, la sobaba por encima del pantalón haciéndola latir, desabrochaba mi bragueta y sacaba mi miembro mientras me miraba con sus azules ojos y una pícara sonrisa de la que salía una frase: “yo sé qué es lo que te gusta” (y a ella).

    Y comenzaba a comerla, a devorarla como si se la fuesen a quitar, llevándome al placer absoluto, y cuando yo quería pararla para comérmela toda, sus tetas, su húmedo clítoris, para sentarla encima de mi miembro y que me cabalgase y me diese el placer de comerme así sus tetas… ella nunca me dejaba, seguía comiéndomela hasta que yo la avisaba que iba a derramarme… entonces lo hacía más rápido y duro hasta que obtenía lo que deseaba, mi jugo blanco amoroso llenaba su boca y su garganta hasta que era completamente absorbido sin dejar ni un rastro. Era increíble.

    “Me encanta tu polla y me encanta comértela, más que nada” -decía contenta.

    Tras este prolegómeno para que os hicierais una idea de lo que había entre Mamen y yo os relato una de esas “citas orales”, la que tengo en más grato recuerdo por lo sorprendente que fue.

    Un sábado por la mañana me encontraba yo trabajando donde lo hacía aquel entonces (hace unos 3 años). Estábamos un compañero y yo con unos clientes. De repente sonó el timbre, y yo salí a la entrada a ver quién era el inoportuno. Cuando llego a la puerta me quedé helado, pero a la vez me entró un calor agradable: era Mamen, que venía a hacerme una visita.

    “Pero Mamen tía, que sorpresa, ¿cómo tú por aquí?” -dije yo

    “Nada, que esta noche he tenido guardia y como ya sabes que tengo que pasar por aquí para ir a mi casa (¡benditas casualidades) he decidido parar al ver coches en la puerta. Sabía que estarías trabajando hoy” -me respondió.

    Traía un jersey muy ajustado, claro, sus enormes tetas ajustaban cualquier cosa, y ya sólo he esa visión me excitó de sobremanera. Le dije que me esperara ahí que iba a buscar una excusa para hacerla pasar a alguna estancia privada donde poder estar un rato juntos. Le dije a mi compañero que tenía una visita, que me traían algo importante y que me iba a ausentar 5 minutos (que por supuesto fueron algunos más…). Cogí a Mamen y nos adentramos hasta llegar a una estancia tranquila donde había un cómodo sofá, un luz tenue y mucho silencio. Nos acomodamos en el sofá.

    -“¿Mucho trabajo? Se te ve estresado” -dijo ella acariciando mi rostro.

    -“Pues sí, nos han hecho venir un sábado esos plastas y no sé ni a qué hora nos iremos, el día va a ser largo me temo” -contesté yo con cierto aire tristón.

    -“Pues mi visita te va a venir fenomenal, he hecho bien en venir, te veo estresado y tienes que relajarte un poco, te espera un largo día. Además, yo sé lo que te puede dejar bien relajado…” -decía con voz tierna mientras comenzaba a frotar mi entrepierna con su mano derecha, suavemente y apretando un poco.

    Sin pensármelo aunque con los lógicos nervios por estar en mi trabajo la sonreí y empecé a comerle su carnosos labios, ella me devolvía el beso y me seguía regalando ese cada vez más intenso y duro masaje manual en mí ya durísimo y palpitante miembro. Sin dejar de besarme desabrochó mis vaqueros, los bajó lo justo junto a mis negros boxers para que esa golosina de carne que ella adoraba saltase hacia el cielo como una catapulta y sin más preámbulos acercó su boca y comenzó a comerse mi rosado glande suavemente.

    Yo no paraba de mirar la puerta, temía que mi compañero o alguno de nuestro clientes viniese en ese momento, imaginaos el cuadro. Pero el placer que Mamen me daba con su boca era tan inmenso que no podía reaccionar. Ella empezó a excitarse y a mamar fuerte. Estaba a 4 patas a mi derecha, sus pechos colgaban de su jersey, su boca comía mi polla a un ritmo continuo y uniforme y se ayudaba de su mano derecha.

    Me entraron ganas de sentarla encima, de penetrarla, de que me montase salvajemente y estallar de placer con ella, pero… no me hubiese dejado, así que ¿para qué luchar? Me limitaba a acariciar su negro cabello y su cuello, y trataba de contener mis gemidos como podía.

    De repente un ruido desde el pasillo. Yo miré la puerta aterrado y di un pequeño salto, pero Mamen ni se inmutó, estaba poseída por mi polla, seguía comiéndola y mi orgasmo empezaba a gestarse. Pero no podíamos seguir allí.

    “Para Mamen para, va a venir alguien y me va a caer una buena. Tenemos que irnos de aquí” le dije yo apartándola un poco. “Pero cariño si queda muy poco, no me cortes esto quiero que te derrames en mi boca y te quedes bien relajado” -suplicaba ella.

    Esta chica era increíble. Y de repente recordé un pequeño cuarto de trastos que estaba al fondo donde jamás entraba nadie y cuya puerta tenía cerradura, así que cogí a Mamen, me guardé como pude la polla, apenas me cabía en el bóxer y el pantalón, salimos al pasillo y nos dirigimos al cuarto maravilloso.

    Al entrar cerré la puerta con cerrojo y no hubo caricias ni pérdidas de tiempo: yo estaba que reventaba y Mamen estaba hambrienta, así que me senté en una silla de oficina que había allí, ella delante de mí mordió mis labios brevemente, se arrodilló, desabrochó de nuevo mi pantalón bajándolo hasta mis tobillos junto a mis boxers, mi miembro saltó violentamente de nuevo y ella lo cazó al vuelo con su carnosa boca.

    Comenzó de nuevo la función, que placer por favor. Tras lamer brevemente mis testículos y ensalivar el tronco de mi polla la introdujo en su boca y masturbándome a la vez con su mano derecha comenzó otra brutal mamada, más que antes ya que no había mucho tiempo. Yo debía volver a mi puesto y ella quería ya mi jugo blanco. Chupaba fuerte mi glande y luego la introducía hasta casi la garganta y su mano me pajeaba y presionaba intenso. No quería quedarme sin acariciar esas enormes tetas que botaban en su jersey, así que se lo levanté, le corrí el sujetador y masajeé sus tetas al ritmo de su mamada.

    La sensación era indescriptible, ella comía y comía mi polla, yo estrujaba y amasaba sus tetas… hasta que un espasmo y un temblor invadieron mi cuerpo, era imposible aguantar más y derramé todo mi espeso líquido en su boca mientras soltaba un gran quejido incontenible. Mientras tragaba ella seguía mamando al mismo ritmo con lo que el placer era ya dolor, insoportable, me convulsioné en la silla hasta que terminó. Fue realmente largo en intenso, creí desmayarme… Mamen no dejó ni un resto, ni una gota que asomase por su boca o sobre mi polla, lo absorbió todo… como hacía siempre. Me miraba tierna y cariñosa, su pasión por mi polla era total.

    Tras un leve respiro nos levantamos, vestimos y dándome un gran beso se fue. Volví a mi puesto, había tardado unos 15 minutos, pero no se sospechó nada. Mis piernas flaqueaban, pero pasé el día muy relajado y con la imagen en la mente, me ayudó a seguir jajaja.

    Y este fue uno de mis encuentros orales con Mamen, hubo muchos, pero este fue el mejor.

    Loading

  • Invitándolo a mi casa

    Invitándolo a mi casa

    Me llamo Haydee y tengo 46 años. Gerardo, mi marido, tiene 51. Llevamos veintiocho años casados, mantenemos una buena condición física porque ambos asistimos a un gimnasio y estamos muy seguros de nuestra vida sexual.

    Gerardo está bien dotado y yo atraigo las miradas cuando estoy en ropa de calle, mallas o en tanga, en la playa. Mido un metro sesenta y cinco, tengo el pecho más bien grande y erguido, cintura estrecha, estupendas caderas y según Gerardo, el mejor culo de América.

    Como ya dije, nuestra vida sexual es muy intensa y nunca habíamos sentido la necesidad de buscar compañía fuera de la pareja, aunque antes de conocernos ambos habíamos tenido nuestros asuntillos en el colegio.

    Mi marido trabaja de contador en una empresa y ahí es donde comenzó mi sensacional experiencia. Hace dos meses dimos una fiesta para clientes en las oficinas de la empresa.

    A medida que transcurría la velada nos íbamos poniendo más a tono y un tipo llamado Fer me hizo algunas insinuaciones de cogerme delante de Gerardo. Yo lo rechacé, aunque agradecí sus atenciones, porque el tipo estaba realmente bueno. Era muy atractivo, alto y con el cuerpo proporcionado. Luego supe que se trataba de un importante directivo de uno de los consorcios más importantes entre los clientes, aunque no aparentaba más de 30 o 32 años. Estaba muy bien colocado, sin duda, por eso Gerardo había pasado por alto sus comentarios. Más tarde, bailamos un par de canciones y sus manos no paraban un instante.

    Esta vez el coqueteo fue aún más descarado, frontal. Para mi sorpresa, Gerardo había desaparecido entre un mar de gente y Fer empezó a susurrarme palabras al oído, primero triviales, pero luego atrevidas y eróticas.

    Con la mayor tranquilidad del mundo, me comentó que yo le parecía la mujer más sexy de la fiesta y que si a mi marido no le importaba, le encantaría hacer el amor conmigo, hacerme disfrutar con su verga. No podía creerlo. Este tipo actuaba sin tener el menor reparo o sutileza. Intenté deshacerme de su abrazo sin violencia y ponerle las cosas en claro. Una cosa era que el tipo fuera un cuero, algo que no estaba en duda y otra muy distinta que intentase propasarse. Sin embargo, no me lo permitió. Me cogió de las nalgas con violencia y me pegó contra él.

    Pude sentir su enorme verga palpitando entre mis muslos. Mi mente se nubló de lascivia. Por un instante no supe que hacer o decir. De repente, escuché la voz de mi marido a mis espaldas. Nos separamos con brusquedad y vi a Gerardo llegar con algunos conocidos. Parecía no haberse dado cuenta de nada y yo no volví a ver a Fer en toda la noche. No sé si salió de la reunión o se perdió entre el resto de gente, pero lo cierto es que desapareció. Gerardo me preguntó como me había ido con Fer y que si había intentado propasarse. No sé porque, pero le mentí y le dije que no, que no tuve ningún problema.

    Dejé que pasaran dos o tres días, pero no podía quitármelo de la cabeza y al final, me sorprendí con ideas y sueños eróticos acerca de Fer.

    Entonces una noche, luego de culear con Gerardo intensamente pensando en Fer, urdí un plan para poder acostarme con él. No entendía muy bien mis motivaciones, solo que era un tipo que me ponía de lo más caliente. Sabía que Gerardo no se lo merecía, pero también sabía que yo no haría nada por evitarlo. Gerardo viajaría el siguiente viernes en la mañana, así que invitaría a Fer a la casa con la supuesta intención de discutir un proyecto, envié a mis hijos donde una tía para que estuvieran el fin de semana y yo quedarme sola en mi casa para poder culear tranquila, como cuando lo hice con el chofer de la empresa donde trabaja mi marido.

    Luego me encargaría de extender la invitación todo el fin de semana. Dentro de mis planes figuraban algunas cintas de vídeo, pues a Gerardo y a mí nos gusta grabar nuestras escenas sexuales y tenemos varias cámaras distribuidas por el dormitorio. Ni que decir que la idea me pareció de lo más excitante.

    Llegó el viernes por la noche y todo sucedió según lo previsto. Durante la primera parte de la reunión, Fer estuvo muy educado y yo le mostré los planes que dejó listo mi marido de forma absolutamente profesional. Comenzamos a relajarnos después de tomar unos tragos y enseguida comenzó sus ataques. Esta vez no encontró rechazo, sino a una mujer de lo más caliente y ansiosa.

    Por fin me tenía entre sus brazos, arrinconada contra la pared de la sala de mi casa, con toda la lengua metida en mi boca, una mano estrujando mis pezones y la otra bajo el vestido toqueteándome el coño, hasta que sentí los jugos descendiendo por mis muslos. Me deshice de su abrazo – esta vez lo logré- y lo cité al cabo de cinco minutos en el dormitorio, para darme tiempo a poner en marcha el equipo de grabación. Me desnudé y me quedé de pie junto a la cama. Estaba realmente excitada y muy nerviosa. Empecé a pasar mis dedos arriba y abajo de la raja húmeda y a acariciarme los pechos. Cuando Fer entró y me vio de aquella manera, un gemido escapó de su garganta.

    “¿Y bien?”, le dije, “¿qué te parece?” . Por toda respuesta, se quitó el bóxer y vino hacia mí. Me tomó entre sus brazos y me depositó en la cama.

    Se arrodilló sobre mí, besándome y lamiéndome por todas partes, recorriendo con sus labios y su lengua, mi boca, los sobacos, mordiendo y chupando todo mi cuerpo. Era como si temiese que me escapara ahora que me había conseguido.

    Pasó la lengua por mis pechos y tomó mis ardientes pezones entre los dientes. Empezó a chupar y morder alternativamente y luego jalando, con un poco más de fuerza cada vez, hasta que sentí que mis tetas y mi coño iban a estallar de placer. Sin dudarlo, hundió su rostro en mi entrepierna.

    Separó mis labios con los dedos, introdujo su lengua en mi vagina y comenzó a follarme con ella. Fer lo lamía como un bebé hambriento.

    Jugueteaba con su lengua con la puntita de mi clítoris y luego volvía a hundir su lengua en mi coño, realizando movimientos rotatorios en su interior, hasta que consiguió que me corriera tres veces antes de que cesara en su intento. Luego me introdujo un dedo hasta en fondo, sin dejar de comerme el clítoris. En ese momento, perdí el mundo de vista, mientras gritaba y me agitaba en un orgasmo.

    Cuando me recobré, le dije a Fer que había llegado su hora y lo obligué a tumbarse sobre la espalda. Empecé chupando y mordisqueando sus pezones y acariciándole el paquete por encima del calzoncillo. Luego le pellizqué la verga y los huevos, todavía con el slip. Cuando se lo quité, no podía creer lo que estaba viendo. ¡Era la verga más hermosa del mundo! Nunca me han obsesionado los tamaños, pero aquello era demasiado, de verdad. La impresionante verga de Fer debía medir alrededor de 25 centímetros de largo por siete u ocho de diámetro.

    Desde la fiesta había soñado con ella, pero nunca me la imaginé tan grandota y tan linda. La cabeza o glande, era aún más gruesa que el resto del cuerpo y parecía una especie de berenjena enrojecida. Me reprimí de gritar por la sorpresa y fui directamente a sus partes para chuparlas y morderlas tanto como me fuera posible. La cogí con mi mano y esta se veía insignificante, apenas abarcaba la mitad. Dudaba que aquella cosa entrara en mi boca, y mucho menos en mi agujero, pero volví a mi labor.

    Agarré la tranca entre mis labios, pasé la lengua por toda su extensión, mordí suavemente y, a continuación, me la metí en la boca y la succioné con deseos incontenibles. Dejé que la saliva me resbalara por la barbilla para que la picha le quedara bien lubricada y fui acompañando la acción con un movimiento de mi mano arriba y abajo, al tiempo que con la mano libre le palpaba los huevos.

    Fer empezaba a gemir con la picha en mi boca, pero ahora era yo quien tenía el control. Empecé a mamarle la verga con frenesí, metiéndola en mi boca hasta sentir arcadas, alternando con movimientos de bombeo de mi mano y succiones fuertes en el glande que provocaban un chasquido en mi boca.

    La punta de la verga, que tenía forma de corazón, era de un rojo brillante por la saliva. Yo seguí chupando y succionando su piel aterciopelada, tragando sus primeros jugos al tiempo que me admiraba de las dimensiones que estaba tomando el agujero de la punta de su verga. Deseaba tragar sus cremosos líquidos, sentir como golpeaban contra mi boca y se esparcía por toda mi garganta.

    Lo cierto es que recibí mucho más de lo esperaba. Mientras seguía mamándosela furiosamente, sus gruñidos me anunciaron que estaba a punto de correrse. Separé un poco los labios para verlo, pero mantuve mi boca hambrienta lo bastante cerca del glande para que no se me escapara ni una gota de su eyaculación. Seguí bombeando con ambas manos y observé sorprendida como su tranca empezaba a palpitar suavemente.

    No disparó el semen con tanto brío como yo había supuesto y se limitó a hacer unas leves contracciones rítmicas. Se la volví a mamar con fruición. Entonces su verga comenzó a agitarse más rápido y me eché hacía atrás para ver como surgía de su extremo un potente chorro de líquido. Fer dio un chillido y entonces se corrió de verdad. Volví a colocar mis labios en su verga justo en el instante en que el primer chorro de leche surgía de la puntita.

    Fer comenzó a gritar mientras me cogía de los cabellos: ¡Trágate toda la leche, puta, trágatela!” Mamé su magnífica herramienta con verdadera ansia, pero me resultaba imposible tragarme todo el esperma. Pronto, toda mi cara y mis tetas estaban recubiertas de semen. Seguí chupándosela y meneándosela hasta dejarla lo más limpia que pude. La piel corría perfectamente bajo mi mano sobre aquella superficie dura y fibrosa. Fer no había perdido ni un ápice de su erección y su verga seguía durísima, enhiesta.

    Me coloqué entre sus brazos para descansar unos instantes. Mientras nos besábamos le dije que me parecía un hombre increíble pero que no estaba seguro que su enorme tranca pudiera penetrar en mi nido del amor. En poco tiempo me había dado cuenta cuan equivocada estaba y tengo grabada la prueba. Fer me montó y con parsimonia y destreza, empezó a penetrarme.

    ¡Dios, la tenía tan grande! Por un momento pensé que no lo resistiría cuando me llenara todo el coño, pero al fin me sentí perfectamente y él comenzó a moverse rítmicamente mientras yo le acariciaba y mordía el vello del pecho.

    Claro, al principio solo pudo meterla unos cuantos centímetros en mi coño, pero con el fluir de mis jugos y la relajación posterior a uno de sus espectaculares orgasmos, pudo hundir sus 25 centímetros hasta el fondo de mi agujero. No paré de correrme desde el instante en que mis flujos comenzaron a mojar su picha. “¿Te gusta mi verga, zorra?”, preguntaba Fer, mientras me cabalgaba con furia. “¡Si, mi amor, me gusta mucho tu pene enorme!”.

    Estaba totalmente desatada. Me olvidé de mi marido para entregarme por completo a Fer. Yo le pertenecía en ese momento. Lo único que me interesaba era que me cogiera sin parar. Luego de casi un cuarto de hora, me colocó en cuatro patas y empezó a darme por detrás. Las embestidas eran violentas y podía oírse el chasquido de su pelvis contra mis nalgas.

    “¡Eres una zorra viciosa, Haydee!”, “¡¿Qué pasa, tu marido no te coge bien? ¡” me gritaba Fer entre miles de obscenidades que me excitaban aún más… ¡No, mi amor, nadie es como tú, me encanta que me cojas! ¡estoy loca por tu verga ¡eres el mejor amante que he tenido! Le respondía yo mientras las embestidas se hacían cada vez más rápidas, fuertes. Por momentos, sin ninguna consideración, Fer me cogía de los cabellos, me daba vuelta y me metía su enorme verga en la boca. Mis gritos, gemidos y demás se volvían entonces guturales, salvajes.

    Cuando sentía que estaba a punto de correrse, volvía a metérmela en el coño, mientras yo le ayudaba abriendo mis nalgas con mis manos, sentí una gran sensación de su líquido caliente recorriendo las entrañas de mi vagina que yo daba gritos de excitación, cuando tocan la puerta, dejo que me inunde toda la vagina y grito desde mi cuarto… ¡Yaaa voooy! Dejé que me sacara la verga, me puse una bata y salí a revisar la puerta, era Mercedes mi vecina.

    -¿Qué te pasa, Haydee, porque estás gritando? Yo sé que Gerardo no está y por eso vine a ver que te pasaba.

    -No te preocupes, Mercedes, despaché a todos donde mi hermana y tengo visita, después te cuento que es lo que está pasando, no te preocupes, después llego a tu casa a contarte.

    -No, Haydee, no vayas, mi marido no está y también tengo visita, me estaba cogiendo cuando escuché tus gritos, no sabía que estábamos en las mismas condiciones. Tienes que contarme tus secretos al igual que yo te los voy a contar. Buenas noches y que aproveches el fin de semana.

    -Buenas noches, Mercedes y que también aproveches la oportunidad.

    Aquella noche, Fer y yo fuimos insaciables. Cabalgué sobre su verga hasta el amanecer, le pedí que me destrozara el culo, mamé su verga humeante hasta tragarme la última gota de semen que sus testículos podían contener. Todo el fin de semana no paramos sino para alimentarnos. Fue de lo más estimulante. Lo que más me gusto, sin embargo, fue un polvo en el que me puso en cuatro patas y me follaba con violencia, su tranca entraba y salía por completo de mi coño lo que casi me hacía perder el conocimiento.

    Siempre me preguntaba, por qué se le da tanta importancia al tamaño del miembro viril, a las dimensiones de la verga. Bueno, hay quien dice que el tamaño de la polla es lo de menos, pero les aseguro, chicas mías, que el día que tengan a su disposición una picha como la que yo he tenido entre mis piernas, cambiarán de actitud. Fer logró que la vagina se me abriera como nunca y llegó a rincones a los que jamás nadie había llegado. Nunca imagine que una mujer pudiera sentirse tan llena y saciada con una picha entre las piernas. Me parecía estar en el paraíso. Créanme si les digo que ahora se a que corresponde exactamente la expresión “bien follada”.

    Ahora, Fer viene a casa cada vez que Gerardo no está y mis hijos están fuera de casa o yo voy a su departamento si es que su esposa ha salido. Me encanta follar con él, pero sigo queriendo mucho a mi marido, así que salvo esa excepción seguiré siendo fiel a Gerardo.

    Loading

  • Sexo con mami

    Sexo con mami

    Mi nombre es Juan Pedro, tengo 29 años. La historia, que voy a contar es una experiencia verdadera de mi vida. Mi mamá es realmente muy atractiva, con grandes de pechos y un culo bárbaro, eso hacía que soñara con cogerla. Esta oportunidad vino a mí cuando fui a su hogar.

    Un día ella estaba sola en la casa. Después de la cena, ella me dijo que si quería ir a su dormitorio a mirar una película. Acepté y pensé inmediatamente que esta puede ser la ocasión. Ella usaba una bata de color negro y blanco. Mi pene seguía erguido cuando ella se doblaba para escoger el cassette del piso. Tuve una vista completa de sus pechos. Ella vio que mis ojos veían sus pechos, pero fingió no haber visto nada. Ahora que la película estaba corriendo, ella se sentó al lado mío en la cama y comenzamos a mirarla. Las escenas eran un poco picantes, eso hizo que me encendiera más. Ella de vez en cuando me miraba.

    En eso ella me dio una sonrisa traviesa y me dijo:

    -¿Le gusto yo?

    -¿De qué me habla madre? –contesté un poco avergonzado.

    -Por cómo me miras creo que te gusto –expresó sin dejar de mirarme.

    Sin contestar fui al baño y comencé a tomar una ducha. Cuando acabé abrí la puerta y salí apenas con una toalla alrededor de mi cuerpo. Ella me miraba, se levantó y vino cerca de mí, con un poco de sensualismo, ella se movió las manos en sus pechos. No podía creer lo que estaba viendo, pero eso no me detuvo.

    Así que presioné sus pechos hasta que ella dio un quejido. Luego le di un beso en sus labios y me respondió bien, explorando mi boca con su lengua mientras me llevaba hacia la cama. Me quitó lentamente la toalla y se detuvo a observarme. Sin tomar un respiro se sacó toda su ropa hasta quedar desnuda ante mí. Sus pechos eran una locura, bien grandes, con un pezón que lo coronaba del tamaño de un dedo pequeño.

    Viendo esto comencé a aspirar sus pechos y ella comenzó a gemir

    -Oh… Aaaah… bebé, que bien se siente esto –exclamó con excitación.- Sigue por favor. No pares –mientras metía su mano en la vagina.

    Estuve aspirando sus pechos por una hora y después fui hacia su concha mojada, que estaba llena de jugos. Ella giro sobre la cama hasta tener mi pene en su boca. Ya no aguantaba más, estaba en el cielo por la aspirada que me daba mi madre. Gritaba de placer.

    -Madre, esto es increíble, no podré aguantar mucho más si sigue asiii, voy a terminar en su bocaaa. –dije casi llegando al orgasmo.

    -Si hijo dele a su madre su leche caliente, que la necesita mucho. No se detenga que yo también voy a acabar –Eso hizo que llegáramos juntos al orgasmo.

    -Si mami tome mi leche calentita. Tráguesela oh madre que lindo es esto.

    -Si Juan Pedro, que lindo beba mis jugos ¡aaah! -expreso mientras terminaba de llegar a un orgasmo.

    Sin perder tiempo le tome las piernas y las coloque sobre mis hombros, para poder así introducir mi pene en su concha. Cuando iba introduciendo solo la mitad (ojo mi amigo no es muy grande, más bien normal 16 cm), mi madre empieza a gritar:

    -Oooh… Aaaah… bebé que placer me da su cosita, la verdad que necesitaba esto. No pare, siga así dándole fuerte a su madre.

    -Si mami es genial sentir el calor de su vagina, es como si estuviera en un estuche especialmente hecha para mi pene -le dije mientras lo introducía hasta el útero de mi madre.

    -Si hijo se me viene otra vez aaah… siii bebé deme duro, me va a dejar seca sacándome tanto jugo.

    Yo sentía que mi verga era bañada por sus flujos que no paraban de salir. Era como si abrieran un grifo de la ducha. El placer era tanto que sentía que mis testículos iban a explotar y se lo hice saber

    -Madre voy a acabar otra vez, déjeme terminar adentro suyo, sea buena

    -Si hijo derrame toda su leche dentro de mami y hágala estallar otra vez –dijo con la voz media entrecortada.

    -Mami lega su fin aahhh… estoy acabando en su interior, que placer estoy sintiendo.

    -Siii bebé lo siento, siento su leche dentro de mi siii siga, siga que su madre está acabando, oohhh… aahhh…

    Una vez que nos relajamos, me apoye en sus pechos y nos besamos apasionadamente.

    Mi mente recorría todo lo que había pasado esa tarde y no podía creer la satisfacción que mi madre me había dado. Después de descansar unos minutos, mi madre me comienza a besar por todo el cuerpo, consiguiendo así otra erección. Sin demorar mucho tiempo la doy vuelta y empiezo a besar su ano. Esto hacia a mi mamá a respirar fuerte y empezar a calentarse.

    -Oh hijo, esto me excita demasiado, ohhh… yo nunca lo hice por ahí, debe dolor mucho –dijo mirándome sobre su hombro.

    -No madre, no le va a doler, lo voy hacer con mucho cuidado. Si le duele mucho yo paro, ¿está de acuerdo?

    -Si pero prométame que va a detenerse si me duele.

    -Si mami –le respondí sabiendo que esta no tenerla analmente no iba a detenerme.

    Lubrique un poco más su orificio y coloque la cabeza de mi pene para comenzar a penétrala. Su ano era muy pequeño, así que me costaba trabajo introducirla, pero después de 4/5 movimientos finalmente mi barra ingreso a ese agujero pequeño.

    -Oh Juan Pedro, despacio que me duele un poco –dijo con dolor.

    -Quiere que pare madre –sabiendo que no me iba a detener.

    -No, siga, pero despacio, hasta que se acostumbre a esa preciosura.

    Estuve empujando centímetro a centímetro, sin apurarme hasta hacer tope con sus nalgas. Era increíble la sensación que tenía, era como si su ano me exprimiera de lo apretado que estaba.

    Al ver que mi madre ya no se quejaba empecé a dar movimientos más fuertes, esto hizo a mi madre aullar.

    -Si bebé, que bien se siente, siga dándole fuerte al ano de su madre.

    -Si mami esto es sublime me está volviendo loco.

    -Madre a donde quiere que acabe, dígamelo ya porque no aguanto más –le pregunte a punto de acabar.

    -Démelo en la boca que quiere tener su sabor de nuevo, si bebé démelo quiero sentirlo en mi boca.

    No termino de decir eso que tuve que sacar para llegar a su boca porque comenzaba a eyacular.

    -Tome madre ahí va mi semen, aquí va su ración y espero que no sea la última –le dije mientras introducía mi glande dentro de sus labios.

    -Si hijo deme todo lo que tiene por favor. Déselo a su madre que es una viciosa.

    -Si mami voy a acabar ohhh… aahhh… gracias mami por cumplir una fantasía, gracias por darme tanto placer.

    -No hijo gracias a usted por compartir su herramienta conmigo, gracias por sacarme tanto placer acumulado por mucho tiempo.

    Después de terminar rendidos los dos, nos recostamos en la cama hasta quedar dormidos.

    Cuando desperté creí que había sido un sueño, pero no, mi madre estaba desnuda en su cama con una sonrisa que hacía rato no le veía en su rostro. Luego de bañarme me fui a mi casa sin despertarla, porque la verdad no sabía que decirle, así que dejé la charla para otro día.

    Loading

  • Mi suegra, gordita inesperada (7): Ayudas de mi suegra

    Mi suegra, gordita inesperada (7): Ayudas de mi suegra

    Retomando las aventuras con mi deliciosa suegra.

    Mi suegra, ya era mía y no pasaba tiempo que estaba con ella en que no aprovechara para meterle mano, tocarle su hermoso culo, pegármele de vez en cuando, obviamente sin que se dieran cuenta mi suegro ni mi mujer.

    Y así llegaron las clases, mi hijo iba hasta las 3 de la tarde, mi hija en el nido, mi mujer trabajando y yo pudiendo mover mis horarios a mi antojo.

    Mi suegra se ofreció a cocinar para todos en su casa y recoger a los niños, para tener algo que hacer en el día, con mi suegro trabajando todavía y sus hijos también en el colegio, pero más tarde aun, quería ser útil.

    Y para como para hacerme las cosas fáciles, en el trabajo tenía que hacer diligencias, así que salí a la casa de mi suegra. Cuando llego mi suegra me recibe con un beso en la mejilla obvio estaba en la calle al pasar le digo que me preste sus servicios, al entrar voy al lavadero me bajo el pantalón y aseo bien al muchacho.

    Al salir, la encuentro a mi suegra sentada en su mueble viendo la TV, me acerco y paro frente a ella y me bajo el cierre del pantalón y saco mi pene delante de mi suegra, a lo que ella me lo mira, me mira el pene y sin pensarlo dos veces empieza a chupármelo, rico, despacio, lamiéndome desde los huevos hasta la punta de mi pene que ya tenía el líquido seminal. Lamía mi pene con un gusto y yo estaba disfrutando como loco.

    A lo que me dice:

    —Que malo eres yo aquí tranquila en mi casa y vienes para… (se metió mi pene en su golosa boca).

    —Si quiere me voy.

    Saqué mi pene de su boca, me iba a dar la vuelta y ella me tomó de la mano y se paró y me llevó hasta su cuarto, empezamos a besarnos, ella estaba con vestido largo así que se lo levanté y al tocar sus bragas ya estaba muy mojadas.

    —Que rico suegrita ya está lista.

    —Sí, ya, por favor necesito.

    Me separé y le quité sus braguitas mojaditas, metí mi cabeza en medio de sus piernas y empecé mi trabajo lingual, no había nadie en casa así que mi suegra empezó a gritar, gemir, apretar mi cabeza contra su vagina mojadita. Mi suegra no resistía más y sus gemidos eran descomunales.

    —Que rico, sigue, me encanta, ohh siii, así, eres increíble, que rico yerno.

    Me levanté y mi suegra agitada me dijo:

    —Me lo vas a meter de una vez.

    Así que la puse de perrito y empecé con el mete y saca.

    Fuerte desde el principio, mi suegra gritaba.

    —Ahh ah ahhh, despacio yerno, despacio, ohhh.

    Y mientras se lo metía le dije:

    —Suegra… podemos hacer un trio con otra mujer.

    Mi suegra no dijo nada y siguió gimiendo.

    —Ah ah ah.

    Bajé la intensidad, y nuevamente le pregunté:

    —Suegrita que le parecería estar con una mujer, no necesita tocarla ni que la toquen.

    En eso saco mi pene y de un solo golpe se lo meto en el culo. Mi suegra gritó.

    —¡Aaaah!

    Pero aguantó y después comenzó a gemir más fuerte que al principio, saqué mi pene de su culo, me acosté y ella se subió encima de mi pene nos besamos mientras ella me cabalgaba salvajemente.

    Hasta que comenzó a gemir… despacio, estaba teniendo su orgasmo y a mí me tocaba también y terminé llenándole el coño con mi esperma. Quedo encima de mí y ensartada de mi miembro, le acaricié el cabello, la besé, nos besamos, me puse encima de ella, aunque el pene adentro y ella me dijo:

    —Está bien acepto el trío, pero quiero conocerla primero.

    Sus palabras hicieron que mi pene saltara y recobrara su energía como un milagro, así que empecé el mete y saca desenfrenado hasta que escuché el celular de mi suegra. Era mi suegro que estaba por llegar, mi suegra me hizo una paja deliciosa y me limpió el pene con su culo enorme.

    ¡Mi suegra es una mujer maravillosa!

    Loading

  • Conociendo a mi novio virtual

    Conociendo a mi novio virtual

    Después de tres años aproximadamente de habernos conocido en una app de chat y de mucho tiempo hablando solo chat y video llamadas por fin arreglamos para conocernos. Wow había esperado este momento desde hacía mucho tiempo, por fin todas esas fantasías y todo ese morbo que se prendía en cada llamada en cada chat hot, ya era hora que pasara a la realidad.

    Tenía muchísimas expectativas pues la verdad nos gustábamos mucho era inexplicable esa química que sentíamos cada vez que nos veíamos de forma virtual ahora en persona debía ser magnífico.

    Todo listo para vernos, yo viajaría hasta su país para poder conocernos, era mucho más fácil que yo fuera, puesto que entre su trabajo y cuidar a su pareja era algo difícil para él. Por fin se dieron los tiempos y entonces comenzó todo.

    Llegué a su país un jueves por la tarde realmente muy cansada, así que me dirigí al hotel me di un baño y pedí algo de comer, luego le escribí pero no respondía mis mensajes, es algo usual en él, el no contestarme en días.

    Solo esperaba que pudiera hacerlo para enviarle mi ubicación, no quería pensar en que podía haber perdido el viaje y no poder verlo. En realidad esa era una posibilidad, ya que él haría todo lo posible por verme, pero era difícil y yo solo podía quedarme un par de días, sin embargo era emocionante atreverme a qué se dieran las cosas, y por un polvazo con él si que valía la pena intentarlo.

    Bueno pasaron algunas horas y creo que por el viaje y el cansancio me quedé dormida. Desperté al día siguiente cuando el mozo tocó a la puerta para brindarme el desayuno. Lo primero que hice después de abrir la puerta fue revisar mi teléfono, pero aún no tenía respuesta al mensaje.

    Desayuné, me bañé y le dejé un mensaje con la ubicación del hotel y le dije que lo estaría esperando. Decidí bajar a la piscina para tomar un poco de sol mientras esperaba, la vista está maravillosa y yo allí con mi pequeño bikini y una soda en la orilla de la piscina imaginándome todo lo que haríamos, realmente tenía muchas ganas, ya hacía muchos días sin masturbarme, y eso aumentaba mi deseo y mi lujuria.

    Mientras mis pensamientos volaban, sentí una mano suave en mi hombro, retire mis lentes oscuros y levanté mi mirada, wow era un chico guapísimo, me preguntó si había algún problema si tomaba el sol junto a mí, por supuesto le dije que no había problema y rápidamente se sentó a mi lado y me dijo su nombre, soy Andy un gusto en conocerte Deseo y eso que haces aquí tan solita, tenía una voz muy sexy que hacía juego con ese cuerpazo que tenía, se notaba lo trabajado que lo tenía feo gym, no pude evitar mirar en su pantaloneta corta el bulto que marcaba y wow creo que eso encendió más mi lujuria y estaba muy muy caliente para ese momento.

    Estuvimos conversando un buen rato y entre tanto miraba mi teléfono a ver si ya había respuesta a mis mensajes, pero no. Así que decidí olvidarme de eso y pasar un buen rato con ese chico, igual había la posibilidad de que el no asistiera a nuestra cita.

    Andy me invitó a dar un paseo, el cual acepte, la verdad me caía súper bien además de sexy y atractivo era súper agradable.

    Fuimos a almorzar y luego caminamos un poco, me dijo que teníamos que regresar al hotel porque debía entregar algo a esta hora. Llegamos y me dirijo a mi habitación a darme un baño y estando en el jacuzzi escuché abrirse la puerta, tengo la mala costumbre de no poner seguro a la puerta, pregunté quien está ahí y cuando quise percatarme, era Andy en la puerta del baño preguntándome si quería un poco de compañía, a lo cual respondí que tal vez si, no termine de hablar cuando ya se estaba desvistiendo y metiéndose al jacuzzi, tomamos un poco de vino, reímos juntos y entre tragos y risas, se me acercó y me dio un tierno y cálido beso, al cual respondí con un gran beso lleno de pasión.

    Nos besamos por un par de minutos nuestras lenguas se entrelazaban y sentí como su mano se deslizaba sobre mi muslo haciendo que mi cuerpo se electrizara ante sus caricias, pase mi mano por su espalda y sin dejar de besarnos me acariciaba todo mi cuerpo, mientras yo jugaba con su cabello, era muy excitante ese momento, de pronto se levanta me toma en sus brazos y me lleva a la cama, estábamos totalmente desnudos y wow que me encantó lo que vi, empezó a besarme desde la punta deis pies subiendo suavemente por mis piernas jugueteando con su lengua y usando sus manos para acariciar mis pezones.

    Yo estaba que explotaba de lo caliente y arrecha que estaba, cuando llegó a mi entre piernas se detuvo y paso delicadamente su lengua por mi clítoris haciéndome expulsar un gran gemido de placer, estaba en el cielo, empezó a chocarme y lamerme con tanto profesionalismo que me hacía gritar, gemir y retorcerme, me alternaba con mordiscos chupones y lamidas sin descuidar mis tetas que bien grandes y duras que estaban de tonto placer, es que no les he dicho, pero que me hagan oral es lo que más amo en el mundo y Andy sabía cómo hacerlo.

    Siguió por un largo rato hasta que no aguante y me vine en su boca, él limpiaba todo sus jugos y subió besando cada parte de mi cuerpo hasta llegar a mis senos donde se detuvo a mamarlos como ternero recién nacido, hacia que cada vez me excitara más y más, esos mordiscos tan placenteros, wow estaba muy arrecha y se lo hice saber a lo que él respondió bajando su mano y metiendo dos de sus dedos en mi vagina la cual estaba totalmente mojada y latía severamente, confieso que hace mucho no me sentía así de caliente y disfrutaba tanto el previo a lo que se veía sería un buen polvo.

    Al llegar a mi boca nuevamente nos besamos como si quisiéramos devorarnos, y pensé que ahora era mi turno, así que lo hice colocarse de pie me arrodille en frente de él y empecé a lamer su gran miembro, no me cabía en la boca realmente era grueso y grande lo disfrutaba mucho, lamía mordía, lo entraba en mi boca, esto me calentó aún más, y que decir cuando escuché sus gemidos cada vez que le succionaba, yo me sentía en las nubes, muy muy arrecha, me dijo no aguanto más deseo quiero sentirla dentro de ti, acostó en la cama boca arriba llevo mis piernas a sus hombros y de un solo movimiento me penetró que pegue un grito entre placer y dolor sentó que me llegaba hasta el útero.

    Comenzó a embestirme alternando movimientos entre fuertes y suaves y eso me llevaba y me traía de regreso al cielo, en un momento escuché que me dijo que rica estas deseo y wow eso activó mi siguiente nivel, me puso más caliente más arrecha, levante mi cintura un poco y empecé a moverme, luego le pedí que se acostara y me subí arriba, wow no podía con tanto placer, que polla tan rica, no aguante y me vine nuevamente, a lo que él respondió mamacita que rica estas, empecé a aumentar el ritmo de lo arrecha que estaba que me dijo me vengo deseo, le dije que rico papito yo también.

    Los dos aceleramos más fuerte más fuerte hasta que sentí sus chorros dentro de mí, wow seguí un poco más porque aún estaba caliente y el seguía muy duro, un par de gemidos más me vine dos veces más y terminé exhausta tumbándome encima de él.

    Me dio un tierno beso, y de pronto suena mi teléfono.

    Si era el mensaje que tanto estaba esperando, justo en ese momento. Me decía que disculpas no le había sido posible responderme antes pero que en dos horas estaría allí en el hotel.

    Ufff como pude me levanté de la cama y le dije a Andy que muy rico todo pero que tenía que irse debía bañarme y arreglar un poco todo el cuarto porque vendría alguien.

    Me dijo ¿uuyy por fin viene tu cita?

    Que suerte que pude verte antes, con una sonrisa picaresca, me causo algo de gracia y asentí con la cabeza, le dije te hablo después, ahora tengo el tiempo justo para arreglarme. El salió y de una empecé a ordenar el tiradero que tenía en la habitación, me metí a bañarme y pues…

    En otro relato les cuento que tal mi cita, si al fin llegó, que pasó y que tal fue.

    ¡No sé la pierdan!

    Loading

  • Mi mejor amiga y su amiga (3)

    Mi mejor amiga y su amiga (3)

    Después de que Myrna reclamara diciendo que casi nos olvidamos de ella, accedimos a su sugerencia para darnos una ducha, así que pasamos los tres a la regadera para limpiarnos un poco del sudor y la mezcla de nuestros fluidos.

    No obstante, al estar los tres desnudos bajo la ducha, el roce de nuestros cuerpos era imposible, así como mantener quietas nuestras manos y bocas, mi verga empezó a reaccionar ante la sensual vista del agua resbalando por las curvas de sus tetas y nalgas, el roce de la piel caliente cuando nos empezamos a besar y acariciar los tres me excitó aún más, sentía manos en mi verga y mis bolas, mis manos acariciaban las nalgas mojadas de las dos.

    Myrna tomó a Violeta por la cintura para girarla y quedar frente a frente en un apasionado beso, mientras sus manos apretaban las nalgas de quien tenían enfrente, al girar, Myrna quedó de espaldas a mí, pegó sus nalgas a mi verga, que empezó a ser acariciada por las manos de Violeta mientras Myrna me frotaba sus nalgas. Mi verga empezó a ponerse durísima nuevamente con el roce de las nalgas de Myrna y las caricias de Violeta que ahora se enfocaban a mis huevos.

    Abracé a Myrna, mis manos se dirigieron a sus tetas, besaba su cuello, lo lamía, mientas jugaba con sus pezones dando pequeños apretones que la hacían gemir, al tiempo que me decía, que ya quería mi verga dentro de su culo, Violeta seguía besando a Myrna y acariciándola, sus manos se encontraron con las mías a la altura de las tetas de Myrna, entonces fui bajando una de mis manos hacía la vagina caliente de Myrna, la humedad era una mezcla de sus jugos y el agua, metí dos dedos de cada mano en su caliente y mojada vagina, estaba muy caliente y mojada por dentro, sus nalgas se frotaban a mi verga, las manos de Violeta daban masaje a mis huevos.

    Al escuchar los gemidos de Myrna, metí dos dedos más, tenía abierta su vagina con mis seis dedos adentro jugando con sus labios y masajeando su clítoris, retiré primero una mano para con sus mismos jugos lubricar mi polla y su ano, al introducir un dedo en ese apretado hoyo sentí como apretaba su culo, después repetí la operación con la otra mano, unté un poco en mi verga y otro poco en su culo, a continuación saqué los dedos de su culo, dirigí la cabeza de mi falo a su ano, pasándola por todo el canal que formaban sus nalgas, sentí como ella empujaba su cadera hacía atrás para pegarse más a mi falo erecto.

    Violeta me dijo que mantuviera abierta la vagina de Myrna con mis manos, al momento ponerse de rodillas frente a Myrna y empezar a lamer y meter su lengua dentro, Myrna acomodó mi verga en la entrada de su culo, empujamos al mismo tiempo, con un “plop” seguido de un fuerte grito de Myrna sentí, como se hundió mi pene hasta el fondo de su recto, sentí las manos de Myrna en mi cara, con los dedos de mis manos que abrían la vagina de Myrna, sentía también la lengua de Violeta, sus gemidos aumentaban sus nalgas chocaban con mi pelvis, ella gritaba que no paráramos.

    “Más, más más” gritaba Myrna, mis embestidas aumentaban de fuerza, de pronto con un grito las piernas de Myrna se aflojaron, sus muslos temblaban, sentí en mis dedos como escurrían jugos calientes por su vagina, su esfínter anal apretaba mi verga, tuve que hacer fuerza con mis brazos para sostenerla en pie y no cayera porque sus piernas flaquearon, la lengua de Violeta recorría cada rincón de la vagina de Myrna, lamiendo también mis dedos.

    Sentí las uñas de Myrna clavarse en mis nalgas y aferrarse fuerte para no caer, mientras gemía y me decía “que rico, no pares, no pares”, mis embestidas aumentaban de intensidad, ahora Violeta estaba sentada con su boca justo bajo mi verga, lamiéndola cada que entraba y salía del culo de Myrna, diciendo que siempre había deseado hacer eso, era una sensación increíble tener enculada a Myrna y sentir la lengua de Violeta al mismo tiempo.

    Con mis dedos empecé a darle masaje al clítoris de Myrna al tiempo que mis embestidas aumentaban de ritmo y fuerza, los brazos de Violeta rodearon mis muslos, su lengua recorría el perineo de Myrna desde su vulva hasta el ano para lamer también mi verga y mis huevos a punto de explotar.

    Los gritos de Myrna se intensificaron, sus dedos se clavaron en mis nalgas, sus piernas empezaron a temblar, sus nalgas y esfínter apretaron mi verga ella gritaba “me vengo, me vengo”, sentí nuevamente entre mis dedos sus jugos calientes, la lengua de Violeta trataba de lamerlos todos, yo no pude resistir más, con varias contracciones de mi verga descargué mi leche dentro de su recto, sólo escuchaba decir a Myrna “que rico, no la saques”, su cuerpo quedó flácido por unos instantes, mi verga empezó a disminuir su tamaño, al sacarla, mi leche salió de su culo, escurriendo hasta llegar a sus muslos, para ser limpiada y tragada por Violeta.

    Saqué mis dedos mojados de la vagina de Myrna, ella se llevó una mano a su boca para meterse mis dedos dentro y limpiar sus jugos, la otra mano la llevé a mi boca para hacer lo mismo, Violeta se incorporó, quedando de pie los tres, nuestras lenguas se fundieron en un beso, yo estaba rendido y al parecer ellas también.

    Antes de quedarnos dormidos abrazados los tres, Violeta nos confesó que tenía muchas fantasías que no había podido cumplir y que le gustaría hacerlas realidad con Myrna y conmigo.

    Kazador69

    Loading