Autor: admin

  • El despertar de Sofía

    El despertar de Sofía

    En la soleada ciudad de Guadalajara, vivía una joven de 18 años llamada Sofía. Desde que su madre se casó con Jorge, un hombre de 40 años, Sofía había sentido una atracción misteriosa hacia su nuevo padrastro. Jorge era un hombre atractivo, con cabello castaño oscuro y ojos verdes penetrantes. A pesar de su atracción, Sofía sabía que cruzar esa línea sería un tabú.

    Un día, mientras Jorge estaba en su estudio trabajando, Sofía entró tímidamente. “Hola, Jorge. ¿Puedo hablar contigo?” preguntó, con una voz suave y temblorosa.

    “Por supuesto, Sofía. ¿Qué necesitas?” respondió Jorge, mirándola fijamente.

    “Es solo que… me siento un poco sola. Mi madre está ocupada y no tengo muchos amigos aquí.” admitió Sofía, mirando al suelo.

    Jorge se levantó de su silla y se acercó a ella. “Lo siento, Sofía. No deberías sentirte sola. ¿Te gustaría salir a tomar un café o algo?” propuso, con una sonrisa amable.

    Sofía asintió y sonrió. “Gracias, Jorge. Me encantaría.”

    Salieron juntos y caminaron por las calles adoquinadas de Guadalajara, hablando de todo y de nada. La tensión entre ellos era palpable, pero ambos disfrutaban de la compañía del otro. Después de un par de semanas de salir juntos, comenzaron a sentir una conexión más profunda.

    Una noche, mientras miraban una película en el sofá, Jorge se acercó a Sofía. “Sofía, eres muy especial para mí. No puedo evitar sentir una atracción hacia ti.” confesó, con voz baja.

    Sofía miró a Jorge a los ojos, su corazón latía fuerte. “Yo también siento lo mismo, Jorge. Pero… ¿está bien?” preguntó, con una mezcla de miedo y deseo.

    Jorge la tomó de la mano y la miró fijamente. “Solo si tú estás segura. No quiero que te sientas presionada.”

    Sofía asintió, su corazón latiendo con emoción. “Estoy segura, Jorge. Quiero estar contigo.”

    Jorge se inclinó y la besó suavemente en los labios. Sofía respondió al beso, sus labios se abrieron y sus lenguas se encontraron. El beso se volvió más apasionado, y ambos sintieron una oleada de deseo.

    Jorge comenzó a besar el cuello de Sofía, deslizándose lentamente hacia abajo hasta sus senos. Los besó y los lamió, haciendo que Sofía gimiera de placer. Luego, bajó su mano y comenzó a acariciar su coño a través de sus ropas. Sofía jadeó, sintiendo una oleada de calor.

    “¿Te gusta, Sofía?” susurró Jorge, mirándola a los ojos.

    “Sí, Jorge. Me encanta.” respondió Sofía, con voz temblorosa.

    Jorge desabrochó su pantalón y sacó su polla dura. Sofía lo miró, asombrada por su tamaño. Jorge se acercó y comenzó a frotar su polla contra su coño, mojándolo con su humedad.

    “¿Estás lista, Sofía?” preguntó Jorge, con voz ronca.

    “Sí, Jorge. Quiero que me folles.” respondió Sofía, con deseo.

    Jorge entró lentamente en ella, haciendo que Sofía jadeara de placer. “Oh, Jorge… sí…” gimió.

    Jorge comenzó a moverse lentamente, haciendo que Sofía se estremeciera de placer. “Más rápido, Jorge. Quiero más…” suplicó.

    Jorge aumentó el ritmo, haciendo que Sofía gritara de placer. “Oh, Jorge… sí… sí…” gemía, sus uñas hundiéndose en la piel de Jorge.

    Jorge se inclinó y comenzó a chupar los pezones de Sofía, haciendo que ella se estremeciera aún más. “Oh, Dios… oh, sí…” gemía, su coño apretándose alrededor de su polla.

    Jorge siguió follándola, sus cuerpos sudorosos chocando uno contra el otro. Sofía sintió una oleada de placer y gritó de éxtasis. “Oh, Jorge… sí… sí… sí…” gemía, su cuerpo temblando de placer.

    Jorge también sintió una oleada de placer y gritó, vertiendo su semen dentro de Sofía. Ambos se quedaron allí, jadeando y abrazándose.

    “Te amo, Sofía.” susurró Jorge, mirándola a los ojos.

    “Te amo, Jorge.” respondió Sofía, con una sonrisa.

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  • Vacaciones movidas

    Vacaciones movidas

    Después de un tiempo donde mi esposa fue la putita del verdulero, el hijo, el carnicero, de Marcelo el policía y un vecino, decidimos hacer una vuelta de hoja, y nos fuimos de vacaciones, como queríamos disfrutar lo más posible decidimos ir gastando lo menos posible, así que hasta retiro nos fuimos en tren, en la mitad del camino, en la estación de Caseros, sube la policía y nos piden irnos a otro vagón porque subiría la barra de Boca, un poco por rebeldía y otro poco porque estábamos muy cargados de bolsas decidimos quedarnos en el mismo vagón, total vos sos de Boca le dije hasta la biquini tenés puesta y el bolso, no podes negar que lo sos.

    Al llegar la barras brava es obvio que los capos se nos vinieron, como no ver semejante morocha, con unos labios hermosos, sus pechos redonditos, al ver el bolso y a Noemi, lo primero que preguntaron si éramos bosteros, a lo que Noemi rápidamente dijo que si, ella como se reía, no sé si creaba duda o bien fue el plan del capo de la barra, pero le muestra el slip de boca que llevaba puesto con el escudo del club bien en el frente en medio, a lo que ella dice yo llevo la biquini también de boca, ellos se ríen y le piden que se los muestre así, que se saca sus sandalias y el vestido, mostrando no solo el traje de baño si no todo su lindo cuerpo.

    El jefe toma su slip por la cintura y le dice a Noemi, si es verdad que sos bosterita, dale un beso a mi escudo, a lo que ella se agacha y al momento de besar el escudo el baja su slip, dejando ver un pene no muy gordo pero largo en el mismo momento que ella besaba el escudo, es decir que le dio un beso a la pija del tipo.

    Sin perder tiempo él toma el pelo de mi esposa impidiendo que saque su cara y le refregó todo el tronco por la cara, en ese momento detrás le desatan su biquini quedando totalmente desnuda el cual se lo queda como trofeo quien se lo saco.

    Mientras otro tenía pensado mejor premio así que se agacho chupo un poco toda la rayita de mi esposa y se la clavo por la cola, eso hizo que ella grite logrando así meter su miembro en la boca el jefe que la tenía agachada por la cabeza.

    Ella ya resignada cogió con jefes por ambos lados mientras otro solo se hicieron chupar. Al llegar a la estación donde bajaban se despidieron, con un beso en la boca a lo que mi mujer no se negó ya a estas alturas.

    Se limpio un poco y se puso solo el vestido ya sin nada abajo.

    Yo estaba al palo, pero al subir el resto de la gente cuando bajo la barra no pude hacer nada. Por el resto del viaje no tocamos el tema, pero nuestro viaje no termino ahí.

    En otro relato cuento que pasó.

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  • Confesión de chica trans sissy

    Confesión de chica trans sissy

    Hola soy many. Espero estén bien.

    Hoy más que un relato, es una confesión y algo que hago todos los días.

    Trabajo en un almacén en logística y envíos, estoy en oficina. La mayoría del personal ya son señores y señoras maduros. Yo y otra chica somos las únicas jóvenes, si se puede decir.

    En pocas palabras mi confesión y secreto (que ya no es secreto jijiji)

    Cómo mi trabajo requiere que este bien presentable. Pantalón Levis o de vestir, obviamente ajustado. Camisa de botones, etc., todo lo que conlleva estar en oficina. Lo que no saben los señores que trabajan conmigo, es que diariamente, todos los días, abajo de mi uniforme todo formal de “chico” abajo de todo eso, estoy enfundada en una rica lencería, ligueros, medias, obviamente tanguitas muy chiquita, creo que nadie se imagina, bueno lo más que se imaginan es que soy “gay” creo que saben la mayoría, lo digo porque varios señores de mi trabajo, se me han insinuado. Mi culo gordo no lo puedo ocultar y mi compañera, de mi edad, no para de alagarme cada vez que puede y me encanta.

    Hay ocasiones que hasta babydolls he llevado abajo de mi uniforme, esto lo hago todos los días, se ha vuelto un vicio andar con mi rica lencería por todo el trabajo, creo que ellos no se imaginan y si lo hicieran, no saben lo caliente que me pone eso.

    De vez en cuando llevo mis juguetes para darme placer en los baños yo solita. Siempre trato de ir cuando algún señor compañero va también al baño, con ganas de quitarme mi uniforme y enseñarles mi ropita de puta.

    Me he llegado a quitar todo mi uniforme, quedando en mi rica lencería, dándome placer encerrada en un baño, con las ganas de que algún señor de ahí, se dé cuenta y me haga de todo.

    También confieso que en este momento, estoy en mi trabajo escribiendo esta confesión, sentada y enfundada en una rica lencería, medias de red negras, tanguita negra con falda transparente y con unas ganas de ser descubierta y que se aprovechen de mí.

    Gracias por leerme y seguiré más activa y por supuesto vistiendo en mi trabajo lo más puta posible.

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  • Doctor juega con el culo complaciente de mi esposa Erika

    Doctor juega con el culo complaciente de mi esposa Erika

    Ricardo ciertamente nos había sacado de una pequeña “rutina” con los vagabundos, aunque pensamos que él iba a querer pasar cogiendo a mi esposa pues no, o sea si, pero mas que eso en realidad le gustaba compartirnos ideas para ver cual llevábamos a cabo ya que vio que estábamos en buena disposición.

    Y como siempre por respeto a los tiempos de lectura no escribimos absolutamente todo lo que sucede simplemente resumimos o contamos las partes mas importantes o lo que recordamos…

    Continuando…

    Y como Ricardo nos dijo él tenía planeada algunas ideas para nosotros para variar, entre ellas continuar con el exhibicionismo “pasivo” hasta que se vuelva algo común por ende continuamos repitiendo la formula varios días haciendo que mi esposa se exhibiera en una u otra calle y para ese momento fue ella quien decidió que ropa usar el cual fue un short negro normal y una blusa negra manga ¾ y tacones negros lo cual se me hizo raro pues la idea era exhibirse en cambio Ricardo no mostraba cara de extrañeza…

    Llegamos a una calle que a diferencia de las que habíamos escogido todas las veces anteriores esta estaba menos transitada y con menos prostitutas, ahora si mi esposa se bajó del auto para irse a parar a media calle y Ricardo saco la mano por la mano mi esposa volteo y asintió con la cabeza…

    Mi esposa empezó a quitarse la blusa, rápidamente levanté mi cabeza para estar atento vi que tenía puesto un brasier azul sin copas dejando sus pechos y pezones la vista y así quedo por unos minutos hasta que poco a poco fue bajando su short y desde el auto pude ver lo que traía puesto… era una pieza tipo bikini pero muy pequeño quedando el triángulo de tela que se forma en sus nalgas a media nalga cubriendo solo la mitad de su culo desde mi auto eso lograba ver…

    Pasaron los minutos uno que otro auto se acercaba y ella les mentía diciendo que ya estaba esperando… y luego se regresó al auto pero yo me bajé antes para poder observarla bien y vi que traía el plug puesto, mi esposa me sonrió muy alegre y me regaló un gran beso que hasta la fecha han sido uno de mis favoritos y le dio las gracias a Ricardo, luego de eso nos fuimos a nuestras respectivas casas pero mi esposa no se cambió y se fue con esa vestimenta hasta llegar a casa… y como es tradición le pedí que se bajara así para que abriese ella la puerta, vio para todos lados y se bajó.

    Obviamente habíamos quedado con Ricardo para mas actividades nocturnas… En una de nuestras reuniones nos propuso algo sumamente descabellado que realmente nos pusimos a pensar mucho sobre la situación ya que nos pedía algo en específico que prácticamente era romper una regla que ambos teníamos…y realmente lo pensamos muy bien.

    ¿Recuerdan que dijimos que no volveríamos a meternos con pacientes? Pues lo cumplimos, hasta cierto punto, lo cierto es que Erika aún se dejaba tocar de algún que otra mano larga, lo mencioné en el primer relato.

    ¿Entonces de que hablaremos hoy?

    Una situación muy interesante y complicada a la vez, verán donde trabajamos suelen llegar varios médicos y más de alguno solo llega a ver que “pesca” con alguna enfermera, y nos aferramos a eso. Algunos doctores sabían que Erika y yo estábamos casados por eso mejor evitaban realizar comentarios (o al menos no frente a nosotros) pero siempre hay algún zafado.

    Y justo Ricardo le había dado en el clavo, nos propuso una idea de exhibir a mi esposa en el trabajo con algún compañero o paciente (aunque Ricardo no sabía que mi esposa ya había estado con algún paciente). Cautelosamente aceptamos, pero no queríamos involucrarnos sexualmente con algún medico pues sería muy raro en el trabajo, además que ellos no son los más discretos que se digan… Y con nuestra experiencia hicimos parecer la idea sencilla aferrándonos a que ya le tocaba chequeo a mi esposa, es decir, una citología sobre todo por la alta vida sexual que llevamos.

    Por lo que nos avocamos a uno de los ginecólogos que solían llegar a la clínica para agendar una cita y claro, buscamos al más “aventado” pues sabíamos que otros se negarían, la sorpresa del doctor fue mayúscula cuando llegamos a reservar un cupo con él (por cierto el consultorio de él no estaba en la clínica donde trabajamos pero siempre llega en la que nosotros trabajamos), nuestro objetivo además de la revisión era que alguien del trabajo conociera el cuerpo desnudo de mi esposa a petición de Ricardo y tener que encontrarnos con él en las jornadas laborales.

    Llegados el día de la consulta el doctor estaba algo nervioso, no sé si por la situación o por mi presencia, mi esposa pasó a cambiarse detrás de un biombo, mi Erika salió con una bata y procedió a sentarse en la cama ginecológica, ella se desabotonó la bata y el doctor procedió a tantear sus pechos, yo estaba pendiente y a la vez pasaba con el celular para que el doctor no sintiera esa presión, y continuó tocando los pechos de ella y por último presionó sus pezones… procedía la citología.

    Mi esposa no abotonó su bata y se acostó, quedando expuesto todo su cuerpo, excepto sus pechos que la cubría la bata y subió sus piernas a las pierneras de la cama ginecológica, el doctor movió la pierneras a los lados exponiendo la vagina de mi esposa. Ahora se imaginan mi esposa casi sin ropa, con un compañero de trabajo abriendo sus piernas para exponer su vagina con un vello cuidado y recortado al estilo japones dejando así ver toda su intimidad para después coincidir con ese doctor casi todas las semanas en el trabajo.

    El doctor dejó abierta de piernas a mi esposa y se fue a lavar las manos, se secó y se colocó guantes estériles en primera instancia solo observo los labios vaginales, y los aparto introduciendo un dedo en su canal vaginal para saber el nivel de lubricación, mi esposa se empezaba a calentar, a mí me sudaba la parte superior de mi labio producto de la excitación.

    El doctor le dijo que se tranquilizara que era una respuesta de estímulo normal, y sacó su dedo, para luego proceder a introducir un espéculo abriendo así las paredes vaginales y visualizar el útero, realizó un segundo tacto y paso un hisopo para muestras, y únicamente encontró irritación, retiró el espéculo, hasta el momento todo profesional.

    Mi esposa trataba de controlar la respiración para que no se notase la excitación, y se lamia los labios producto del nerviosismo, en vista de la irritación no se si era normal o no, pero el doctor en su dedo mayor vertió crema e introdujo su dedo, e hizo movimientos circulares para regar la crema por dentro… sacó su dedo y colocó más crema, y penetraba más profundo con sus dedos, sacando un poco sus dedos e introduciéndolo otra vez. Sinceramente aun nosotros siendo enfermeros no sabíamos si eso era normal o no, pero lo dejamos hacer sin decir nada. Habíamos cumplido el objetivo, que un compañero de trabajo conociera el cuerpo de mi esposa y por supuesto el examen ginecológico.

    Días después, cada que nos encontrábamos con el doctor en el trabajo se sentía un ambiente de nerviosismo tanto de él como de nosotros, como que si hubiese pasado algo más, pero obviamente no fue así. Después el doctor era más amigable de lo normal y nos sacaba bastante plática, en nuestra experiencia sabíamos el trasfondo de todo. Contactamos a Ricardo después de eso y quedó fascinado, y más aun sabiendo que teníamos una segunda cita…

    Llegó el segundo chequeo para ver la evolución sobre la irritación… Esta vez el ambiente era mas relajado y el doctor más tranquilo con menos nerviosismo que la primera vez, e invitó a mi esposa a que se desvistiera nuevamente tras el biombo y así lo hizo saliendo con la bata puesta, días atrás mi esposa había menstruado por lo que fue otra excusa que dio mi esposa para que el doctor la revisara nuevamente.

    -Uhmm ok licenciada déjeme ver –dijo tomando la confianza de ser el de desabotonar la bata

    -Ay no… aquí no –dijo mi esposa

    El doctor que se llama Marvin quedó asustadísimo.

    -Pe-perdon licenciada… -dijo el doctor

    -Es que aquí no es necesario que me diga así, basta con Erika no estamos en el trabajo –dijo riendo

    -Que susto –dijo el doctor

    Continuando con lo que estaba haciendo apartó la bata de los pechos de mi esposa y los presionó para evaluar y si sentía algo de molestia pero era mínimo… Y mi esposa luego no se molestó en cubrir bien sus pechos quedando siempre con la bata puesta pero abierta.

    -Muy bien Erika necesito que te acuestes y pongas las piernas aquí –dijo señalando las pierneras

    Y mi esposa se puso en posición y nuevamente el doctor movió las pierneras para ver la vagina de mi esposa, se puso un guante estéril y metió su dedo índice y lo sacó para comprobar una buena lubricación, luego introdujo el especulo y ya no había irritación según él pero que siempre aplicaría la crema una vez más…

    Sabíamos que no era necesario, él sabía que no era necesario pero disfrutábamos el momento por lo que dejamos que jugara, así que agarró la crema esta vez vertió más en sus dos dedos índice y mayor, y procedió a introducir sus dedos, nosotros seguíamos sin decir nada, sacaba sus dedos y ponía crema y volvía a meter sus dedos técnicamente estaba penetrando a mi esposa con la excusa de la crema hasta que el doctor creo que cayó en la realidad y rápido dejo de hacer lo que estaba haciendo, yo hacía un esfuerzo por no sonreír y mi esposa por no gemir.

    El doctor cerró las piernas de mi esposa, se quitó los guantes, quito las pierneras y quito los anexos de la camilla, al ser los últimos pacientes técnicamente ordenó y guardó absolutamente todo y se fue al baño según a lavarse las manos, y luego regresó a su escritorio, mi esposa astutamente seguía en la camilla, pero ya sentada en una pequeña parte en dirección al escritorio aun si cerrar su bata…

    Y así estuvo mientras hablábamos con el doctor y sabíamos que el doctor se daba su “ojeadita” viendo a mi esposa, pasamos unos 20 minutos hablando con él ya que éramos los últimos pacientes y pues ya nos conocíamos, en eso mi esposa le pidió que le prestara el baño se bajó de la camilla para ir y a los 5 minutos regresó siempre con la bata abierta pero esta vez regresó algo agitada y le dijo algo que me agarró desprevenido tanto a mi como a él.

    -¡Doctor! ¡Soy tonta! –dijo mi esposa

    -¿Por qué dices eso? –le preguntó el doctor

    -¡Es que se me olvidó que me puso la crema y cuando me lavé me la quité! –dijo llevando su mano a su frente en señal de decepción

    -No te preocupes, no te preocupes volveré a armar la mesa –dijo el doctor poniéndose de pie

    -No tranquilo no se complique aquí de un solo me apoyo en el escritorio –dijo mi esposa

    Me quería desmayar ante tal cosa…

    -Ummm está bien –dijo el algo dudoso por mi

    Mi esposa y sé que lo hizo adrede, apoyo sus pechos en la mesa quedando su culo expuesto hacia el doctor quien se puso mas nervioso aun y mas aun cuando me vió pero yo trataba de disimular mi desenfreno de la excitación, se puso los guantes estériles y puso otra vez crema en su dedo mayor y de nuevo penetró a mi esposa…

    -Espera que no logro ponerte bien la crema, quedas muy abajo –dijo el doctor

    -Ah lo siento… -dijo mi esposa y metiendo su vientre y levantando mas su culo

    El doctor nuevamente le dijo que no se podía poner la crema bien…

    Por otro lado yo sentía que iba a eyacular ahí mismo, sentí que con el mismo roce de la tela del pantalón estimulaba mas mi glande. Me quede inmóvil, el doctor se me quedo viendo… por lo que traté de disimular y le dije que tenía que ponerse al revés de espalda a la mesa… Por lo que hice lo mas inhumanamente posible de ponerme de pie para ayudarle a mi esposa y seguir disimulando, que situación…

    Ayudé a mi esposa a sentarse en el escritorio y la acosté despacio, y técnicamente le abrí las piernas para ayudarle al doctor a meter su dedo, sentía que no podía más… hasta todavía moví a mi esposa un poco mas al borde mientras le tenía las piernas abiertas yo estando a aun lado de ella vi en primera persona como nuestro compañero metía sus dos dedos, hasta que puso lo demás de la crema… El ambiente se estaba poniendo muy caliente yo quería que el doctor se bajara el zíper y se la metiera ahí mismo a mi esposa.

    Después de eso Erika se incorporó y ya era hora de irnos, el doctor muy gustoso dijo que cualquier cosa le avisáramos o si queríamos mas chequeos o muestras de medicamento y le agradecimos, los tres estábamos flamantes de lo excitado que estábamos y mi esposa hizo otra de las suyas que casi nos vamos de espalda el doctor y yo, ella le dijo que se iría a cambiar.

    -Si, está bien Erika vaya a cambiarse –dijo aprovechando los últimos vistazos

    -Le dejaré la bata a un lado –dijo ella

    Y cuando dijo al llegar a la camilla se quitó la bata estiró el brazo para dejarlo en la camilla quedando esta vez 100% desnuda y luego giró en dirección al biombo haciendo un breve recorrido, yo estaba rojo de la excitación y al doctor lo miraba con ganas de eyacular… creo que si no hubiese estado yo, va directamente a meterla la verga a mi esposa… Finalmente, mi esposa se cambió y nos despedimos, y nos recordó algo al decirnos: ¡Nos vemos en el trabajo!

    Ya en el auto la situación seguía igual de caliente hasta que mi esposa empezó a temblar por lo que habíamos hecho y empezamos a reír pero producto de los nervios sabiendo que lo íbamos a volver a ver… Al llegar a casa le hablamos a Ricardo pusimos el alta voz y le contamos lo sucedido…

    Y él nos decía que le había encantado todo lo que habíamos hecho y que si nos hubiésemos aventurado mas que Erika se hubiese cogido al doctor en el consultorio y pues tenía razón la oportunidad estuvo, pero fue mucho para procesar… Y bueno, en el trabajo cuando nos encontramos con el doctor es de puro nerviosismo y cruce de miradas e incluso de tensión sexual…

    Y para agradecerle a Ricardo finalmente nos tomamos la confianza de invitarlo a cenar pero a nuestra casa…

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  • Lyra & Kael. Cielo e infierno (1)

    Lyra & Kael. Cielo e infierno (1)

    En el umbral entre la luz y la oscuridad, donde las almas condenadas vagan en busca de redención, se encontraron dos seres de naturaleza opuesta. Lyra, la seductora súcubo con piel de terciopelo y ojos de fuego, y Kael; el ángel caído con alas rotas y un corazón lleno de deseo. Su encuentro seria el inicio de una danza apasionada y prohibida, que desafiaría las leyes del cielo y del infierno…

    ―¡Hola, guapo! ¿Acaso eres un alma perdida que ha llegado al infierno? No te preocupes, aquí estoy yo, la querida Lyra, para ayudarte a superar este trance. ―Sonríe con una mirada seductora.

    ―Hola, no…, ¡no sé dónde estoy! ― Kael mira confundido en todas las direcciones ―Yo era un ángel en el cielo, ¿qué estoy haciendo aquí?

    ―¡Calma, calma! No hay razón para estar tan nervioso. Estás aquí porque has sido muy travieso en tu vida pasada y ahora tienes que pagar por tus pecados. Pero no te preocupes, como nueva llegada al infierno, puedes elegir cómo quieres ser castigado. ¿Tienes alguna fantasía oscura que te haya estado carcomiendo? ―Se acerca a Kael con una sonrisa maliciosa.

    ―No, no tengo fantasías, yo era un ángel, no tenía malos pensamientos ni fui travieso, ¡no tendría que estar yo aquí! ―Se aleja de ella, con preocupación.

    ―Espera, no te vayas aún. Entiendo que esto pueda resultar abrumador, pero debes enfrentar lo que has hecho. Y si de verdad eras un ángel, entonces tal vez merezcas un castigo especial por haber caído. ―Le agarra del brazo y lo mira fijamente a los ojos.— Pero no te preocupes, podemos hacer que esto sea mucho más agradable si estás dispuesto a cooperar conmigo.

    Kael frunce el ceño con preocupación. ―Tengo que salir de aquí, tengo que saber cómo o por qué llegué aquí, ¿tú eres capaz de ayudarme a eso? ¡Debo recuperar mi estatus celestial que tenía!

    Lyra suspira y le mira con una mezcla de lástima y frustración. ―Muy bien, si insistes en marcharte, no te detendré. Pero debes saber que, sin mí, nunca encontrarás el camino de regreso al cielo. Conozco cada rincón de este lugar y puedo mostrarte el camino hacia la salida… ―Hace una pausa y le lanza una mirada sugerente― Pero, a cambio, tendrás que cumplir con una pequeña condición.

    Se acerca a él y baja la voz hasta convertirla en un susurro seductor. ―Tendrás que permitirme darte un pequeño… “tour” por mis instalaciones privadas. Ahí podrás ver algunas de las cosas más oscuras y excitantes que este lugar tiene para ofrecer. Y quién sabe, tal vez incluso puedas encontrar algo que te guste lo suficiente como para quedarte un poco más. ¿Qué me dices? ¿Trato hecho?

    Kael se detiene unos segundos y piensa ―Está bien, creo que no hay otra salida… No es lo que esperaba, pero tengo que salir de aquí, solo espero que lo que me muestres no me haga perder mi lugar. ―Acepta con nerviosismo.

    Lyra sonríe con satisfacción y comienza a caminar hacia su guarida ―Excelente elección, querido. Verás que no te arrepentirás de haber aceptado mi oferta. Ahora, ven conmigo y te mostraré algunas de las cosas más deliciosamente perversas que este lugar tiene para ofrecer. ―Le guiña el ojo con picardía.

    ―Bienvenido a mi humilde morada, mi dulce angelito caído. Aquí es donde llevamos a cabo algunas de las actividades más… interesantes del Infierno ―Se vuelve hacia Kael.― Pero antes de comenzar, hay algunas reglas que debes saber. En primer lugar, debes hacer exactamente lo que yo digo. Y en segundo lugar… ―Se inclina hacia él y le susurra al oído― No te preocupes por nada, solo disfruta del momento y deja que yo me encargue de todo lo demás.

    ―Ok, creo que puedo con ello ―La mira a los ojos con duda.― ¿Bien, entonces qué es lo que vas a mostrarme? ―Kael nota que Lyra lo llevó a una habitación llena de instrumentos de tortura y dispositivos sexuales.

    ―Esta es mi guarida, donde llevó a cabo algunos de mis experimentos más fascinantes. Pero no te preocupes, hoy no vamos a usar ninguna de estas cosas… al menos no en ti. —Se ríe maliciosamente y le guiña el ojo― En cambio, he preparado una pequeña sorpresa para ti. Algo que creo que vas a encontrar muy interesante, pero antes de mostrarte mi gran sorpresa, necesito asegurarme de que estás completamente relajado y cómodo. Después de todo, ¿qué sentido tiene disfrutar de un buen espectáculo si estás todo tenso? ―Camina hacia Kael y comienza a acariciarle suavemente los brazos.

    ―Sii, ¿cuál es esa… sorpresa de la qué hablas? ―La mira con curiosidad, ella se mordisquea el labio inferior y lo mira con intensidad― Cierra los ojos y cuenta hasta tres… ¡y no mires, no importa lo que escuches!

    ―Bueno, hagámoslo, uno…, dos…, tres… ―Lyra regresa unos momentos después, llevando algo escondido detrás de su espalda.

    ―Muy bien, ¿estás listo para la gran revelación? ―Le provoca una sonrisa juguetona― ¡Recuerda, no mires hasta que yo lo diga! ―Lyra revela lo que ha estado escondiendo, susurrando sensualmente.― Ahora, abre lentamente los ojos…

    Kael empieza a abrir los ojos, adaptándose a la baja luz de las velas ―Apenas puedo ver, ¿qué es eso? ―Ella le ofrece una botella de vino con una sonrisa sugerente― Es una cosecha especial de los pozos más profundos del infierno… Creo que lo encontrarás de lo más… estimulante.

    Kael toma el vino con la mano derecha, acariciando suavemente los dedos de ella ―Así que este será el comienzo de algo mejor ―Intenta beber un poco de vino. Lyra molesta, niega con la cabeza y lo mira con severidad― Uh-uh, no seas tan impaciente. ¡Ni siquiera brindaste por nuestro encuentro! Ven, déjame arreglar eso… ―Lyra toma la copa entre sus manos y la levanta― ¡Por nuevas aventuras, querido… y que esta noche sea inolvidable para los dos!

    ―Ohh, ¿seguro dónde están mis modales?, Por nuevas aventuras… ―“Con suerte volveré al cielo y tal vez volveré contigo otra vez.” Piensa dentro de sí Kael.

    Lyra se ríe y choca la copa él ―¡Oh, me gusta tu espíritu! Pero no nos adelantemos… tenemos toda la noche, ¿y quién sabe qué podría pasar? ―Guiña el ojo sugerentemente y toma un sorbo― Mmm, delicioso… tiene un sabor un poco… repulsivo, ¿no crees?

    Él toma un sorbo del vino ―El sabor es más dulce de lo que pensaba, burbujea al final. Supongo que este vino no está hecho con uvas, ¿no? ―Lyra sacude la cabeza y arquea una ceja― Oh, muchacho tonto… este no es un vino común y corriente. Está elaborado con las lágrimas de los condenados y el néctar de las frutas más prohibidas. ―Se acerca más― Y tiene un pequeño extra que nos ayuda a relajarnos y disfrutar de la compañía del otro.

    Kael toma otro sorbo de vino ―Ya estoy disfrutando del vino y de su compañía, señora Lyra. Parece que este vino me ha hecho efecto rápidamente. ―Ella sonríe y pasa su mano por el pecho de él.

    ―Me alegro de que lo estés disfrutando… y los efectos son bastante notables, ¿no? ―Se muerde el labio y lo mira con una mirada hambrienta― ¿Por qué no nos ponemos más cómodos? ―Kael cierra los ojos, disfrutando la sensación de su mano― Claro, supongo que ahora debo seguir tus órdenes, dime ¿qué quieres que haga por ti? ―Lyra sonríe y lo empuja suavemente hacia una cama cercana― Quiero mostrarte algo realmente espectacular.

    Lyra se levanta y comienza a desnudarse lentamente, tentándolo con destellos de su cuerpo ―Quiero que uses tu imaginación. ¿Cómo crees que podría lucir debajo de este vestido? ―Su voz se vuelve más entrecortada mientras continúa provocándolo― ¿Y qué harías si pudieras tocarme, explorar realmente cada curva y cada secreto? ¿Serías gentil o te dejarías llevar, enloquecido por el deseo?

    Kael sonríe nervioso y tiembla con cada movimiento que ella hace ―Estoy seguro de que eres deliciosamente linda, me imagino que tu cuerpo es la perdición de cada hombre que te ve. ―Lyra se acerca, su voz apenas es audible― ¿Y si te dijera que esta noche, podrías hacer realidad todas tus fantasías? ―Sonríe y hace un giro lento para mostrar su cuerpo― Esto es solo el comienzo. Esta noche, vamos a explorar deseos que nunca supiste que tenías.

    Kael deleita sus ojos con el cuerpo de Lyra, cada curva y parte de ella es encantadora, sonríe y toma su mano ―Pero tengo un problema, aun sigo vestido… ―Lyra responde con un brillo travieso en los ojos― Ah, sí… sobre eso. Quiero que te desnudes, pero… quiero destrozarte la ropa. Será mucho más emocionante de esa manera, ¿no crees?

    ―¡Tú eres quien manda aquí, hazme lo que quieras! ―Lyra sin dejar de sonreír maliciosamente le arranca la ropa con una intensidad feroz.― Así… eso está mucho mejor. Ahora estás listo para lo que viene. Cuéntame, ¿cuáles son tus sueños y fantasías? ¿Qué es lo que acelera tu corazón? ―Pregunta Lyra con curiosidad y una mirada desafiante.

    ―Me gusta que me dominen, puedes ser dominante conmigo, puedes atarme, usar cera de vela, vendarme los ojos ―Los ojos de Lyra brillan de emoción― ¡Oh, me gusta hacia dónde va esto! Entonces te espera un regalo.

    Se voltea y toma un juego de cuerdas sedosas ―Primero, comenzaremos con estas. Son suaves pero muy fuertes ―Ella comienza a enredar suavemente las cuerdas alrededor de las muñecas de Kael, atándolo con calma― ¿Cómo se siente eso? ―Sorprendido por la habilidad de Lyra, Kael se deja guiar por su nueva maestra― Eso se siente bien, son cómodas y parece que lo estás disfrutando Lyra. ―Le sonríe, mirando su cuerpo desnudo.

    Ella sonríe y comienza a atarle a los postes de la cama ―Me alegro de que te guste hasta ahora… ―Ronronea mientras termina de atarlo, se levanta y camina hacia un rincón de la habitación, contoneando sus caderas, aleteando suavemente. Llega a un mueble de una madera oscura y vieja; de donde toma una vela, sus ojos brillan con picardía― Ahora que estás atado, es hora de que comience la verdadera diversión. ―Con un chasquido de los dedos enciende la vela, mientras camina de regreso hacia Kael, se hinca a su lado y deja gotear un poco de cera caliente sobre su pecho― Mmm, ¿cómo se siente eso?

    Él estremece al sentir la cera caliente en su pecho ―¡Ahhh! ¡Vaya, eso fue inesperado, se siente bien, una mezcla de calor y fuego! ―Ella sonríe y le echa más cera en el estómago― Mmm, lo estás haciendo muy bien. Tu cuerpo está respondiendo maravillosamente a la sensación. ―Su mano comienza a rozar su miembro endurecido.― Parece que lo estás disfrutando mucho.

    Lyra susurra suavemente ―Apuesto a que te encantaría si te tocara ahí, ¿no? ―Su deseo crece junto con su miembro.― Sí Lyra, estoy disfrutando mucho de esto. ¡Quiero sentirte! No puedo esperar a sentir tu piel ―Lyra sonríe y se inclina, su pecho rozando el miembro de Kael― Mmm, puedo ver cuánto estás disfrutando esto ―Susurra con su aliento haciéndole cosquillas― Pero apenas estamos empezando…

    ―Lo sé y cada segundo tu lujuria se mete dentro de mí y me vuelve loco por ti. ― Kael lucha con la sensación de su aliento y su pecho cerca de él, la lujuria lo ha invadido, su naturaleza celestial comienza a desvanecerse con cada segundo que pasa junto a Lyra.

    Lyra sonríe y se endereza, envolviendo su dureza con su mano ―Mmm, estás muy duro ―Comienza a acariciarlo lentamente― Pero quiero oírte suplicar por ello. Dime qué quieres que haga… ―Su voz se convierte en un susurro― Susúrralo en mi oído… dime tu deseo más oscuro.

    ―Mi deseo más oscuro…. Es ser tu esclavo, deseo estar a tus órdenes y que me dejes saber de lo que eres capaz de hacerme. ―Lyra lo empuja, dejándolo boca arriba― Bueno, si quieres ser mi esclavo… ―Comienza a acariciarle el cuerpo con sus manos, las uñas arañan la piel de Kael en cada movimiento, bajando hasta su miembro endurecido― Entonces deberías aprender a complacer a tu ama…

    ―Sí, muéstrame y enséñame cómo complacerte ―Con un movimiento empuja su miembro profundamente en su boca y lo saca― Mmm, eso es… ahora toma mi cabeza y muéveme hacia arriba y hacia abajo…

    ―¡Guau, sí! ¡Tu lengua y tu boca son realmente exquisitas, se sienten muy bien! ―Ella murmura con la boca llena― Mmm, me alegro que te guste… pero quiero que dures más… intenta controlarte… ―Se aleja un momento― Quiero ver cuánto tiempo puedes resistir.

    ―Vamos a averiguarlo, parece que estás disfrutando de mí, entonces sigue comiéndola ―Él la toma por la nuca y le acerca su miembro a la boca. Sus ojos brillan de emoción, recibiendo su miembro hasta lo más profundo de la garganta― Mmm, glk-glk, me encanta cómo me usas… ―Se aleja jadeando por aire― Lo estás haciendo muy bien… pero quiero ver qué tan duros podemos llegar a ser… ―Kael impulsado por el deseo y la lujuria empuja su miembro de nuevo dentro de su boca― ¿Quieres que sea rudo?

    A Lyra se le llenan los ojos de lágrimas, acepta todo de Kael ―Glk-glk, mmm, puedo sentirte palpitar… ―Se aleja un momento― Estás cerca, ¿no? Quiero que lo retengas… Tengo algo para ti.

    ―No estoy tan cerca, ¿de qué estás hablando? ―Lyra se levanta, luego se da la vuelta y se inclina para exponer su coño― ¿Por qué no vienes aquí y me calientas con tu lengua? ―Lo mira fijamente por encima del hombro.― Quiero sentir tu cara presionada contra mi coño mientras me lames por detrás.

    ―Woow, Lyra pareces una súcubo muy pervertida, ¡me encanta! ―Kael abre la boca y saca la lengua, acercándose al cuerpo de Lyra― Déjame empezar a probar esta miel.

    Ella tiembla de anticipación ―Mmm, sí, así ―Le dice mientras empuja su coño contra la cara de Kael, después se apoya contra la pared, arquea la espalda― Mmm, sí, así… ―Susurra mientras siente unos dedos deslizándose dentro de ella, junto con la lengua juguetona de Kael en sus labios― ¡Oh, eso se siente tan bien!

    ―Cierto, ¿dijiste que querías que fuera duro contigo verdad? ―Al terminar su pregunta introduce tres dedos lubricados dentro de su coño― ¿Te gusta así de duro? ―Lyra gime fuerte― ¡Oh Dios, sí! ¡Me encanta así de duro! ―Le responde jadeando al sentir que estira su coño― Es tan delicioso, quiero más… ¡por favor, no pares!

    Kael sonríe mientras ella gime más fuerte, un cuarto dedo entra en ella ―Entonces disfruta esto o ¿tal vez quieras mi miembro dentro? ―Sus ojos se abren de placer― ¡Oh, joder, sí! ¡Quiero tu polla dentro de mí con todas mis fuerzas! ―Gime con la voz entrecortada― Por favor, lo necesito… ¡Necesito que me folles duro con esa polla tuya tan gruesa!

    Él se acerca a su cuerpo por detrás de ella, tocándola lentamente y acariciando su piel, la toma de las cadenas y comienza a presionar su miembro hacia ella, Lyra jadea al sentirlo duro presionado contra su coño ―¡Oh, sí! Por favor, te lo ruego, empújala dentro ―Susurra, su voz tiembla de deseo― Necesito sentirte dentro de mí, ahora mismo.

    Su miembro abre su apretado coño ―Estás muy mojada, ¿no? ―Toda la longitud entra en su cuerpo y comienza a moverse, Lyra gime fuerte de placer― ¡Oh, sí, estoy tan jodidamente mojada! No puedo evitarlo, ¡tu polla se siente increíble dentro de mí! ―Ella jadea cuando comienza a sentir los movimientos de Kael― Mmm, me encanta cómo me abres.

    ―Disfruta cada centímetro de mí dentro de ti ―Le jadea Kael mientras mueve hacia adelante y hacia atrás hacia su cuerpo, llegando lo más profundo posible dentro de ella. Ella gime fuerte― ¡Oh, sí, sí! ¡Así de fácil! ¡Me estás llenando tan perfectamente! ―Ella suelta un gemido― Puedo sentir tus bolas golpeándome… ¡es increíble! ―Los pechos de Lyra se mueven al compás con sus movimientos, él lleva su mano al clítoris y comienza a estimularla― Quiero que disfrutes cada cosa de esto ―El cuerpo de Lyra se estremece de intenso placer― ¡Ohh, Dios! ¡S-sí! ¡Así! ¡No pares! Estoy tan cerca, voy a… ¡Ahhh! ¡¡Por favor no pares!!

    Él continúa muy duro y profundo ―¡Quiero que te corras conmigo dentro de ti, deseo sentir tu orgasmo! ―Toma su clítoris entre dos dedos y la estimula hasta que se corre. Lyra se convulsiona con oleadas de éxtasis― Ahhh! ―El miembro de Kael es absorbido por su coño húmedo del orgasmo, haciéndolo ponerse más duro que antes.

    Lyra se relaja después del intenso orgasmo ―Oh, estoy tan cansada… Pero sabes, escuché un rumor sobre una cámara especial donde podríamos hacer cosas aún más perversas. ―Lo mira con un brillo travieso en sus ojos― Dicen que está escondida y necesitas escabullirte para entrar.

    La oscuridad se cerró sobre ellos, el ángel caído se quedó allí, inmóvil, sintiendo que algo había cambiado dentro de él. Y cuando finalmente se movió, fue para seguir el rastro de la súcubo, hacia un destino desconocido…

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  • De monja a putita (parte 2)

    De monja a putita (parte 2)

    Una vez que Laura traspasó la barrera del rechazo, una vez que sintió que el sexo era algo amigable, placentero, cariñoso y no entrañaba peligro, una vez que se sintió confiada y cuidada por un hombre, todos los deseos reprimidos se desataron incontrolables. Me preguntaba de todo y quería experimentar todo.

    Su sexualidad se expresó abierta y volcánicamente. Sus besos pasaron de piquitos a labios cerrados a comerme la boca y recibir mi lengua con pasión y cariño, su renuencia a involucrarse en la actividad sexual dio paso a una hembra hambrienta de sexo, de caricias, de juegos y de nuevas sensaciones. Parecía una adolescente que se inicia en el sexo y quiere devorarlo todo y aprenderlo todo.

    Cada vez que me mamaba la pija era como si estuviera poseída en la devoción a una deidad a la cual le ofrendaba todo su fervor. Ponía un esmero puntilloso en aprender cada tacto, lamida, beso o caricia a la cual mi pene respondía tensándose y en poco tiempo se convirtió en la mujer que me ofreció el mejor sexo oral de mi vida, a la vez que me miraba como una puta golosa mostrándome en forma evidente como disfrutaba de hacerlo. Cuando supo que a mí me gustaba mucho, le encantaba hacerme acabar en su boca para mostrarme después como se tragaba mi semen para volver a lamerme hasta limpiarme el miembro de leche.

    Cada posición en la cual intentaba colocarla encontraba de parte de ella una rápida respuesta, abiertamente decidida a dejarse llevar y darme todos los gustos que me complacieran. Es adecuado decir que yo hacía lo mismo con ella. Todas las variantes, todos los juguetes, todos las implementos que aportaba para el juego sexual eran recibidos complacientemente de su parte.

    Un mes después de nuestro primer coito y después de una intensa sesión de sexo, me preguntó porqué nunca había intentado con ella el sexo anal. Le expliqué que tenía temor que le costara y pudiera volverla a cerrar. Me confesó que si, que tenía terror a esa práctica porque siempre lo había sentido violento y doloroso. Su marido lo hacía por la fuerza y una sola vez después de separarse lo intentó y también se sintió forzada sin disfrutarlo.

    -“¿Se puede hacer de manera suave y placentera o siempre duele?.

    -“Laurita, hay mujeres que les cuesta mucho y tienen que soportar un inicio de dolor para después disfrutarlo, hay otras que lo gozan de entrada y existen quienes no pueden pasar el umbral del dolor y no pueden realizarlo. Por eso es algo para encarar con paciencia y ternura, esperando el tiempo necesario para que la dilatación que produce el deseo permita que la penetración sea suave e indolora. Quizá tengamos que intentarlo dos o tres veces antes de poder hacerlo, o no, o quizás no logremos hacerlo. ¿querés probar?”.

    -“Si, tengo amigas que dicen que lo disfrutan más que otro tipo de sexo y con vos estoy tranquila en cuanto a que me vas a cuidar”.

    -“Ok. Entonces intentemos, dejame guiarte y, si sentís dolor me avisas y paramos”.

    Empecé por besarla y mimarla, besar sus pechos y jugar con mi mano en su conchita, bajar a lamerla y jugar con mis dedos en su vagina hasta que sentí como se iba calentando. Usé un vibrador apoyado en su clítoris mientras chupaba sus pezones hasta llevarla cerca del orgasmo. Volví a lamerla y besarla mientras con mis dedos llenos de lubricante, incursionaba en el anillo de su ano. En los primeros momentos se cerró, instintivamente. Pero de a poco se fue aflojando. Me llevó largos minutos y muchas caricias para poder introducir la punta de mi dedo. Lo dejé allí mientras mis chupadas y lamidas la llevaban a una acabada.

    No saqué mi dedo mientras, con más caricias y juegos, volvía a sentir que se movía al compás de los estímulos. Saqué mi dedo y fui introduciéndole en el ano, suave y delicadamente un dildo especial para iniciar un culito. Cuando el mismo entró hasta la mitad, le apliqué el vibrador mientras seguía con mi boca en su conchita. Empezó a tensarse y apretar mi cabeza contra su pelvis a la vez que el dildo entraba cada vez más hasta tenerlo todo dentro. La hice poner boca abajo y, mientras con una mano la masturbaba, con la otra jugaba con el dildo en su cola. Después le saqué despacio el juguetito, la puse de lado, me acosté tras ella y le apoyé la punta de mi pija en ese agujerito ya bastante dilatado.

    El brazo que pasaba bajo su cuello fue a tomarle un pecho y masajearlo mientras le decía al oído que me tenía muy caliente y que tenía muchas ganas de disfrutar con ella su culito. Que sintiera como me tenía la pija al palo en la puerta de su colita. Que era la putita más deseable que conocía y que tenía ganas de penetrarla toda. En medio de eso, de golpe, la cabeza de mi pene entró en su cola y ella dio un respingo, un gemido y se quedó quieta.

    -“¿Te duele Laurita?”.

    -“No mi vida, me sorprendió y hubo una leve sensación de dolor, pero ahora ya no. ¿entró toda?”.

    -“No mi amor, solo la cabecita, pero el resto es una cuestión de paciencia, tu colita se tiene que abrir sola”, le dije a la vez que la besaba y la acariciaba. “Sos mi putita divina Laura y tenés un culito hermoso.”.

    De a poco, muy lentamente y con todo el cuidado de esperar que su culito me permitiera entrar sin presionar, fue penetrando mi pene hasta estar totalmente dentro de ella. Nos quedamos quietos un momento y le dije que ella se moviera cuando se sintiera a gusto. Al rato empezó suavemente a mover su cola para sacar y meter muy lento y muy poco mi miembro. Pero este ritmo se fue intensificando y terminamos cogiendo con todo, saliendo casi entero de su cola para volver a entrar mientras ella se acomodaba para recibirme.

    -“Me gusta, me encanta tu pija en mi cola. No pares. Cogeme todo el culo, haceme tu puta. ¡Dios!”, dijo a la par que se encorvaba y gemía en un intenso y fuerte orgasmo.

    Cuando se repuso, le di un beso en la nuca y le pregunté si lo había disfrutado. “Mucho”, me dijo. Que no creía posible que el sexo anal diera tanto placer y que maldita la suerte de no haberme conocido antes.

    -“Me parece fenómeno, no solo porque pienso disfrutarlo muchas veces, sino porque aún no acabé y pensaba seguir cogiéndote ese culito divino que tenés”.

    No dijo nada, se dejó llevar por el peso de mi cuerpo acostándose boca abajo, alzó la cintura a mi indicación para ponerle una almohada que levantar su cola, me subí a su espalda y empecé a culearla en forma intensa y fuerte mientras ella se contorsionaba abajo mío, sus manos se agarraban como garras a las sábanas y levantaba más su cola para que la penetración sea mayor. Los dos acabamos entre gemidos, jadeos y gritos ahogados.

    -“Me llenaste el culito de leche. Me encanta sentir como te volvés loco dentro de mí. Esta lo vamos a repetir muchas veces, ¿no papi?”

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  • El primer encuentro

    El primer encuentro

    En una tranquila tarde de domingo, en la ciudad de Buenos Aires, la señora María Rodríguez, una mujer de 38 años, de piel morena y cabello negro rizado, estaba en el jardín trasero de su casa, disfrutando del sol. María era una mujer de curvas generosas y ojos castaños, casada con el padre de Felipe, un hombre de negocios que viajaba con frecuencia. Felipe, de 19 años, recién había llegado a la universidad. Era un joven alto, de piel clara y ojos verdes, con un cuerpo atlético.

    Felipe salió al jardín, donde su madre estaba sentada en una silla leyendo un libro. “Hola, mamá,” dijo, con una sonrisa tímida. “¿Cómo estás?”

    María levantó la vista y sonrió a su hijastro. “Hola, Felipe. Estoy bien, gracias. ¿Cómo te va en la universidad?”

    Felipe se sentó en la silla junto a ella. “Bueno, está bien. Me gusta, pero es un poco difícil adaptarse.”

    María puso su mano en su rodilla y dijo: “Lo entiendo. La universidad puede ser un cambio grande. ¿Te gustaría un café?”

    Felipe asintió. “Sí, gracias.”

    María se levantó y fue a la cocina. Al regresar con dos tazas de café, notó que Felipe la observaba con interés. “¿Qué pasa, Felipe?” preguntó.

    “Nada, solo… tú siempre has sido tan amable conmigo. Gracias.”

    María sonrió. “Eres mi hijastro. Siempre estaré aquí para ti.”

    A lo largo de las siguientes semanas, Felipe y María comenzaron a pasar más tiempo juntos. María lo invitaba a cenar y a ver películas con ella. Felipe se sentía más cómodo en su presencia, y María disfrutaba de su compañía.

    Una noche, mientras veían una película, María se inclinó hacia Felipe y susurró: “¿Te gusta la película?”

    Felipe se giró hacia ella. “Sí, es interesante.”

    María se acercó más y susurró: “¿Te gustaría ver algo más interesante?”

    Felipe se sorprendió, pero sintió una excitación inmediata. “¿Qué tienes en mente?”

    María sonrió y le acarició el brazo. “Algo que nunca has visto antes.”

    Felipe sintió un cosquilleo en el estómago. “¿Qué es?”

    María se levantó y extendió la mano. “Ven, te mostraré.”

    Felipe la siguió hasta su habitación. María cerró la puerta y se volvió hacia él. “Felipe, sé que esto es inusual, pero… he sentido una conexión contigo. ¿Te gustaría explorar eso?”

    Felipe tragó saliva. “Sí, quiero.”

    María se acercó y comenzó a besarlo suavemente en los labios. Felipe respondió, abriendo la boca y permitiendo que sus lenguas se encontraran. María puso sus manos en sus mejillas y profundizó el beso, explorando su boca con su lengua.

    Felipe puso sus manos en la cintura de María y la acercó más a él. María desabrochó su blusa, revelando un sujetador de encaje negro. Felipe bajó la vista y se sorprendió por la vista. “Eres hermosa, mamá,” susurró.

    María sonrió y le quitó la camisa. “Y tú eres muy guapo, Felipe.” Se inclinó y comenzó a besar su cuello, lamiendo y mordisqueando suavemente. Felipe jadeó y se arqué hacia ella.

    María bajó sus manos y desabrochó su pantalón, deslizándolos por sus caderas. Felipe se quedó en bóxer, su pene ya erecto. María se arrodilló frente a él y miró hacia arriba con una mirada traviesa. “¿Listo para algo nuevo, mi amor?”

    Felipe asintió, jadeando. “Sí, mamá.”

    María tomó su pene entre sus manos y lo besó suavemente en la punta. Felipe jadeó y se inclinó hacia adelante. María comenzó a lamer la cabeza de su pene, moviendo su lengua en círculos. Felipe gimió y puso sus manos en su cabello.

    María empujó su pene más profundamente en su boca, tragándolo lentamente. Felipe jadeó y comenzó a moverse hacia adelante y hacia atrás. María lo tomó con ambas manos y lo empujó hacia atrás, permitiéndole controlar el ritmo.

    “Oh, mamá, eso se siente increíble”, susurró Felipe.

    María lo miró a los ojos mientras lo chupaba, creando una conexión intensa. Felipe sintió una oleada de placer y sabía que no tardaría en venirse. “Voy a correrme, mamá,” dijo entre jadeos.

    María sacó su pene de su boca y lo tomó con sus manos. “Quiero sentirlo, mi amor,” susurró.

    Felipe jadeó y le disparó su semen sobre el pecho de María. María sonrió y se lo llevó a la boca, tragándolo todo. “Mmm, delicioso,” dijo.

    Felipe se quedó allí, jadeando, mientras María se levantaba y le daba un beso en los labios. “Eso fue increíble, mamá,” dijo.

    María sonrió. “Lo sé, mi amor. Lo hicimos juntos.”

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  • Amor, pasión y sexo con mi sobrina Florencia

    Amor, pasión y sexo con mi sobrina Florencia

    Mi nombre es Ignacio, pero todo mundo me conoce por Nacho. Soy un tipo normal, es decir que me gustan mucho las mujeres. Estoy casado, pero cuando se presenta la ocasión me apunto a lo que se presente, obviamente con algunos límites estéticos.

    Tengo casi 40 años y llevo 12 de casado con Olga, mi esposa. Un hermano de Olga tiene una hija llamada Florencia que hoy tiene 23 años; recibida de arquitecta después de una carrera brillante trabaja en un estudio vecino a mi oficina. Sin ser una mujer físicamente espectacular podría decirse que tiene sus atributos bien distribuidos. No es bonita de cara, pero como siempre va sonriente tiene un encanto particular. Tiene unos lindos senos, normales y nada de exuberancia en ellos, pero sus piernas largas y estilizadas dan un excelente marco a su cola que es singularmente atractiva por su tamaño y forma curvilínea.

    Con Florencia siempre hemos tenido mucha química. Desde que la conocí durante mi breve noviazgo hicimos buenas migas. Siempre tuvimos una relación muy afectiva. En las reuniones familiares buscaba permanentemente estar cerca mío, porque decía, que yo era su tío favorito.

    Dado que trabajábamos muy cerca, la relación se estrechó porque más de una vez nos poníamos de acuerdo para viajar juntos en mi auto. La dejaba en la casa de sus padres, camino a la mía, ocasión que servía para conversar sobre muchos temas, incluido el sexo.

    La situación había cambiado hace algunos días. Florencia en dos años de duro trabajo, había logrado comprar un departamento para salir de la esfera paterna. Demás está decir que está orgullosa porque lo considera su primer logro económico.

    El episodio que voy a relatar sucedió hace un par de semanas y aún hoy no salgo de mi asombro y regocijo. Salía en mi auto pensando donde cenaría porque era viernes y se avecinaba un fin de semana sin planes porque mi mujer e hijos estaban pasando unos días de vacaciones fuera de la ciudad. Al poco de hacer unos metros, veo a Florencia caminando. Detuve el coche y le pregunté adonde se dirigía y si la podía acercar. Me respondió que iba a su departamento y de mucho gusto aceptó que yo la llevara, aunque me desviara de mi camino.

    En el trayecto conversamos de varios temas triviales hasta que le pregunté qué haría ese fin de semana. Me respondió que esa noche la iba a dedicar al descanso porque había tenido una semana agotadora y que recién al día siguiente saldría con unos amigos.

    Cuando llegamos me preguntó:

    —Tío, ¿no quieres bajar a conocer mi departamento? Te advierto que es pequeño pero muy acogedor.

    —Claro que sí, se lo mucho que te costó y lo orgullosa que estás de él.

    Aproveché que en el camino hay una tienda de vinos y compré un par de botellas frías de cava, para brindar por la compra del departamento. Al llegar, Florencia me invitó a pasar revista de los espacios que no eran muchos, pero ella los había arreglado con muy buen gusto. Me llamó la atención que el dormitorio tenía una cama de dos plazas.

    Mientras iba al baño por mis necesidades urinarias, Florencia entró al dormitorio a cambiarse de ropa. En el baño, encontré un canasto para la ropa sucia y al levantar la tapa para curiosear, vieja costumbre mía, encontré unas bragas que seguramente mi sobrina había dejado por la mañana. Me venció el instinto y no resistí la tentación de tomarla para embriagarme con sus aromas, los que despertaron mi libido. Después de olerla durante un par de minutos y pasarle la lengua en la parte que cubre la vagina, la froté en mi verga y abandoné el baño recaliente.

    Al salir encontré a Flor luciendo un juego deportivo que le quedaba muy bien. El buzo le marcaba los senos y el pantalón su lindo culo. Le pedí unas copas para beber el cava que previamente había descorchado, y nos sentamos a conversar de temas varios sobre nuestros trabajos y referencias a la familia.

    En una pausa de la charla, Flor puso a funcionar el equipo de sonido con temas muy suaves y melódicos. Copa va, copa viene, nos empezamos alegrar. Sorpresivamente Flor me invitó a bailar unos temas lentos. Como el espacio no era muy grande, bailamos en un sitio reducido. Muy abrazados y apretados. Casi sin darme cuenta empecé a empalarme, y mi sobrina al comenzar a sentir el roce de mi verga, en lugar de separarse, se pegó más a mí, ubicando mi pene en su entrepierna. Alentado por esa jugada, le di unos besos en el cuello que la calentaron un poco más.

    A partir de allí se desató lo que todos imaginan. Mis manos se deslizaron para menear sus nalgas, a lo cual Flor respondió dándome un cálido beso en mis labios. Ese beso inicial dio paso a otros más apasionados. La tomé de su nuca para besarla más profundamente y su boca se abrió a mi lengua para jugar ambas entre sí durante un largo rato. Habíamos llegado al punto en donde la pasión se vuelve incontrolable.

    Dejamos el baile y nos sentamos en un sofá para seguir con nuestro amoroso, abrazándonos y besarnos durante unos minutos. Del abrazo pasamos a las caricias. Mis manos se posaron sobre su pecho para magrear sus tetas y a decirle al oído lo mucho que me gustaba. De Flor solo se oía una respiración profunda, amén de algunos jadeos y suspiros.

    Levanté sus brazos y le quité el buzo para liberar sus senos del corpiño dejando a la vista un par de tetas blancas hermosas y de una suavidad exquisita rematadas por aureolas rosadas y unos grandes pezones, que por su de estado de excitación, estaban duros. Los chupé y mordí durante un buen rato. Los encontraba deliciosos. Mientras hacía esto, me preguntaba que designo extraño me había dado esta oportunidad de hacer el amor con mi sobrina.

    Flor, a su vez no se quedó quieta porque una de sus manos se deslizó por mi pantalón y se adueñó de mi verga para apretarla y acariciarla. Volvimos a besarnos con pasión durante varios minutos hasta que Flor me miró con sus hermosos ojos y señalando el dormitorio me invitó a ponernos de pie. Me tomó de la mano y me dijo, ¿vamos?…

    Le pedí permiso, y me fue concedido, para quitarle las prendas faltantes. Desabroche su sostén y liberé totalmente sus senos, baje pantalón hasta sus pies y por último sus bragas. Verdaderamente fue una delicia ver a mi sobrina completamente desnuda. Lucía un cuerpo maravillosamente juvenil con una piel blanca. Sus tetas, hermosas, eran firmes y sus pezones apuntaban al techo. Su entrepierna se veía un pelambre cuidadosamente recortado. En fin, un manjar delicioso listo para disfrutarlo.

    Me desnudé rapidísimo y me acosté junto a ella para retomar la sesión de besos y caricias. El grado de calentura iba creciendo a medida que las caricias se hacían en las zonas erógenas. Flor se había adueñado de mi pene y lo meneaba logrando que éste se pusiera como un garrote. Yo respondí con más magreos a sus senos, para luego meter mano en su entrepierna, donde encontré una concha empapada de sus jugos.

    Cuando ambos empezamos a sentir los síntomas de la llegada de un orgasmo, pues los jadeos se hacían más profundos, comencé a besarla por todo su cuerpo. Comencé desde su frente, para continuar por su boca, cuello, senos, estómago, ombligo, hasta llegar a su entrepierna para observar la delicia que el azar había puesto en mi camino. El pequeño triángulo piloso daba marco a una vagina de labios externos finos y colgantes como las alas de una mariposa. Adentro, una vulva de color rosa pálido que enmarcaba su conducto vaginal que esperaba mis caricias.

    Demás está decir que la zona estaba totalmente empapada de sus jugos. La visión era completamente hermosa y enloquecedora, Florencia sabedora de lo que se avecinaba abrió sus piernas para facilitar mi trabajo. De esa cueva fascinante emanaba un perfume de hembra en celo que me trastornó, de modo que mi boca se posó allí para dar comienzo a un festín de chupadas, lamidas y hasta suaves mordiscos que tuvieron su punto culminante cuando liberé su clítoris para darle un tratamiento especial de besos y chupones.

    Florencia que hasta allí me venía acompañando con sus profundos suspiros y prolongados gemidos, explotó con un tremendo orgasmo que la hizo vibrar con todo su cuerpo, mientras me decía

    —Qué locura que es esto. Cuanto placer, no pares por favor que estoy en una nube y no me quiero bajar. ¡Es hermoso lo que siento, que locura! Quiero más, más y más. No termines por favor. Sigue, sigue.

    Y yo seguí. Y lo hice porque además de hacerla gozar a mi sobrina, yo creo que gozaba más viéndola disfrutar de tal forma. Creo que en esa tarea mi boca y lengua estuvieron más de diez minutos en los cuales Flor se derramó un par de veces más.

    El grado de excitación había llegado a su punto culminante y nos preparamos para el ritual de la penetración. Su vagina palpitante parecía que me llamaba a penetrarla. Levanté sus piernas sobre mis hombros y apoyé la punta de mi verga en su vulva. La penetración fue suave y lenta, tratando de gozar en cada milímetro de avanzada. Flor parecía estar en otro mundo, sus ojos cerrados mordiéndose los labios y de su boca solo se oían suaves quejidos y suspiros de satisfacción.

    —Qué cosa tan hermosa, quiero ser tuya siempre. Métemela toda, la quiero toda dentro de mí. Te amo tío Nacho, te amo. Sigue, sigue que voy a explotar.

    —Yo también te amo querida mía. También yo estoy gozando mucho.

    —Quiero que me llenes de tu leche. La quiero toda.

    —Ya voy mi amor, todo para ti.

    Empujando al máximo de mis posibilidades llegué al momento en que mi verga disparó una sucesión de chorros de semen que inundaron la vagina de Florencia, mientras una sensación de alegría y lujuria se apoderaban de mí. Al recibir mi entrega, Florencia se estremeció con otro orgasmo total y atrayéndome hacia ella me abrazó fuertemente para besarme.

    Fue un polvo maravilloso que, aún hoy, pasados unos días, recuerdo y vuelvo a sentir que mi verga se endurece.

    Después el relax. De espaldas y tomados de la mano, nos quedamos unos minutos en silencio, que Flor rompió para decir

    —Qué bárbaro, ¿verdad’ Todavía no me cae la ficha, vos y yo acá en mi cama lo más campantes y contentos. Debo decirte que me hiciste gozar como nunca antes lo había experimentado. Creo que logramos una comunión total. Yo te deseaba desde hace tiempo, pero no supuse que eras tan fogoso. ¿Sabes una cosa? Me gusto ser tuya de esta manera.

    —Florencia, querida, lo que acaba de pasar ha sido maravilloso. Me gustabas mucho pero nunca pensé que yo podía llegar a esto. Fue un regalo del cielo y una hermosa sorpresa que te agradezco mucho. Merecemos otra copa de cava, ¿no te parece?

    —Por supuesto, brindemos por nosotros dos y nuestro secreto encuentro.

    —Flor ahora que lo pienso, no nos cuidamos y yo me derramé…

    —Olvídate de eso, yo tomo la pastilla. Mejor pensemos otra cosa. ¿Por qué no te quedas a cenar y a dormir conmigo esta noche?

    —Excelente idea, yo no tengo planes y que mejor que quedarme contigo toda la noche.

    Después de pasar por el baño para asearnos, ordenamos una pizza que llegó en medio hora, y de la cual no dejamos nada porque el apetito que teníamos era feroz.

    Eran pasadas las 10 de la noche cuando nos acostamos. Como disponíamos de toda la noche Intentamos mirar una película, pero a la mitad de la misma, coincidimos que a ninguno le interesaba y que estábamos perdiendo el tiempo. Volvimos quitarnos la poca ropa que llevábamos y quedamos desnudos uno al lado del otro. La locura que nos llevó al primer polvo había cesado, al menos en mi caso, y dio paso a un ataque de sensualidad que me llevó a pedirle que se pusiera boca abajo. Fue en ese momento que volví a reconocer el regalo que me había dado el destino.

    Un cuerpo hermoso que empecé a acariciar muy lentamente comenzando por su cuello. Mis manos, mejor dicho, mis dedos, se deslizaron por su espalda sintiendo el calor de esa piel suave y tersa. Pasé de su cintura a sus pies. Mi lujuria se desató y besé sus pies y piernas hasta llegar a su trasero. Me deleité con su forma y lo llené de besos, para luego abrir sus piernas y acariciar su entrepierna en la zona próxima a su vagina. Mi sobrina hizo su parte para ayudarme empinando su culo. Toqué sus labios externos y Flor se estremeció. Seguí y mis dedos buscaron el refugio de esa vulva apetitosa.

    Miraba sus pliegues y el brillante rosado que se volvía a ofrecer a mi apetito. No dudé y me dediqué a mamar con loca pasión ese rincón tan apetecible. Estaba poseído, una y otra vez mi lengua pasaba por esa superficie que tanto placer me producía. A la vez que mi lengua recorría toda la vulva y el clítoris, mi boca succionaba y degustaba los líquidos que Flor me brindaba junto con palabras de amor y pasión. Fue inevitable que se volviera a derramar en un orgasmo que la enloqueció de placer.

    Nos calmamos y vueltos nuevamente cara a cara, nos fundimos en un beso interminable. Sin embargo, la lujuria y el deseo seguían latentes. Ambos sabíamos que debía haber más, así que tímidamente primero y con mayor intensidad después, volvimos con las caricias en las zonas calientes.

    Fue su turno. Se adueñó de mi verga que estaba durísima, la miró atentamente por un rato para luego empezara besarla suavemente desde su base hasta la cabeza. Eran besos cálidos que me gustaron mucho, pero eso no era todo. Se llevó la punta del miembro a su boca y comenzó a lamer y chupar, siempre en cámara lenta como midiendo mi reacción que a esas alturas era de éxtasis total. Estaba en un paraíso de donde no quería irme. Flor siguió su tarea y mientras mantenía la verga en su boca, con su mano me hacía una paja también lenta. Cuando estaba a punto de vaciarme en su boca, le rogué que se detuviera.

    —¿Por qué, no te gusta?

    —Ya lo creo que me gusta y mucho, pero si sigues, voy a acabar en tu boca y tal vez no te guste.

    —Si vos prefieres, paro. ¿Pero tal vez alguna vez pueda?

    —Si mi amor, ya habrá ocasión. Ahora quiero volver a sentirme dentro de ti y entregarte mi leche.

    Me puse de espaldas y le pedí que se montara arriba mío. Entendió la propuesta y rápidamente tomó mi falo y lo llevó a la entrada de su cueva. Se deslizó muy despacio hasta que sus nalgas se juntaron a mis piernas. Me miró con cara de complicidad y empezó a hamacarse en un sube y baja que fue de menor a mayor, y donde poco a poco fuimos llegando al paroxismo total, que fue el preludio de un orgasmo mutuo de brutal intensidad.

    El goce fue infinito y durante un buen rato permanecimos en esa posición con mi verga dentro de su vagina hasta que ya perdido el vigor se deslizó fuera. Flor se dejó caer sobre mí para volver a besarnos con profunda intensidad. Luego de unos minutos nuevamente nos llamamos a sosiego, puestos de espaldas y tomados de la mano.

    —¿Sabes una cosa Flor? Creo que esta noche ha sido la mejor de mi vida. Lo que me has hecho vivir excede todo lo anterior.

    —Nacho, yo todavía estoy en una nube. Esta es una experiencia que no creo que se pueda igualar. Sabes una cosa, te amo, te amo mucho.

    —Y yo también pequeña. Tú eres un regalo en mi vida que no esperaba. Me has vuelto loco de placer.

    El dialogo siguió por unos cuantos minutos hasta que poco se fue apagando debido al cansancio. Me puse en posición de cuchara con una mano sobre sus tetas y así nos dormimos profundamente. El agotamiento producido por el juego sexual nos había dejado sin fuerzas y el descanso fue inevitable.

    Nos despertamos cuando amanecía, siempre abrazados. Como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, apenas abiertos los ojos, nos empezamos a acariciar nuevamente. La pasión había descansado y se despertaba con todas sus fuerzas, razón por la cual casi ni hubo juegos previos. Mi verga, recobrada su energía, dijo presente y buscó su entrepierna. Florencia recogió el desafío y se dispuso a recibir al intruso. Frente a frente la penetré mientras la besaba con pasión.

    Estuvimos así largo rato. Mi verga moviéndose dentro de su cueva y besándonos y cada tanto jurándonos amor. Fue un polvo mañanero lento pero hermoso, fuimos llegando poco a poco al desenlace. Primero Flor se descargó mientras me abrazaba fuertemente, y luego me tocó el turno para volver a llenarla de mi leche.

    Era mañana avanzada cuando decidimos levantarnos. Flor marchó al baño para ducharse, mientras yo preparaba el desayuno. No quise bañarme, porque como le dije a ella, quería llevarme puesto su olor y sus jugos por un rato más.

    Nos despedimos luego de otra larga sesión de abrazos y besos, con la promesa de volver a repetir los momentos vividos.

    Debo reconocer que me costó mucho retirarme, porque verdaderamente había pasado una noche espectacular y deseaba fervorosamente repetirla. Por fortuna, no tendría que esperar mucho.

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  • Un fin se semana en la isla (1)

    Un fin se semana en la isla (1)

    Todo comenzó con la idea de pasar un fin de semana distinto y Marcelo mi amigo el policía nos recomendó una Isla.

    Me dijo como viajar y hasta una lancha media grande que nos puede llevar, fue así que nos preparamos y emprendimos el viaje, nos tomamos un auto hasta la costanera donde nos esperaba Rubén un hombre grande con barba, el capitán de la lancha.

    Nos dijo que estaba haciendo unas compras pero que ya nos íbamos, fue así que a hora aproximadamente, zarpamos, contento con el día soleado, que nos permitió guardar las cosas en el camarote y tomar solo.

    Noemi, mi esposa había traído una triquini alucinante roja que hacía resaltar su piel, y su hermoso cuerpo, sus pechos parecían escaparse y su cola redonda resaltaba.

    Nos recostamos en cubierta como nos indicó el capitán, ya que nos dijo tenemos entre 40 minutos una hora de viaje.

    El capitán tenía la mejor ubicación para ver a mi esposa de todos los ángulos tomando sol, desde la cabina se veía todo perfecto, ya estábamos relajados al punto de no ver que nos alejamos de la costa hasta que ya no se veía tierra y de repente se detiene el motor y se escucha como algo que caía al agua, lo que estimo fue el ancla.

    Yo al querer levantarme el capitán me pega una piña a lo que no entendía nada, veo que aprieta una perilla que cortaba la corriente de la lancha y me encierra en la cabina, mi esposa ya asustada tampoco entendía nada y le preguntó que pasaba a lo que le dijo, ¿así que eras la putita de Marcelo? Ahora vas a ser mi puta y la quiere besar, a lo que ella se resiste, y el capitán la bofetea dejándola atontada, aprovechando a la vez para desnudarla.

    Al verla así sin ropa exclamó, tremenda puta se cogía Marcelo, y le pregunta ¿vas a ser mi puta o los tiro por la cubierta? A lo que ella sin poder dar más resistencia dijo que si, pero igual cada vez que la quería besar ella decía que no, el viejo la tomo de los pelos y bajo su pantalón, dejando ver un pene de gran tamaño que apuntaba directamente a la boca de Noemi.

    Ella ya con poco por hacer empezó a besar y chupar la pija del capitán que ya pegaba alaridos con cada roce de los labios de mi mujer, a la vez que el metía sus dedos en la conchita de ella, con cada minuto el aumentaba la velocidad de la penetración de los dedos, lo que hacía ya retorcer a mi esposa, por momento se mojaba los dedos y metía uno que otro en el ano de ella, lo que hacía pegar unos queridos.

    En un momento la mira el capitán y le dice al final sos mas puta de lo que dijeron, estas toda mojada, la empuja acostándola de prepo y se le sube, poniendo patita al hombro a lo que ella empieza a los gritos, lo que hace mas gozara con cada embestida.

    Desde la cabina podía ver como entra y sale ese pedazo de carne, en un momento el sale de encima de ella y la obliga a subirse, para que lo cabalgue, después de unos minutos donde ella se mueve arriba de él, donde aprovecho para besar sus pechos y a ella hasta con besos de lengua, ella pega un alarido, moviéndose más enérgicamente, llegando a un orgasmo terrible, haciendo que el viejo este en las nubes cuándo ella se deja caer sobre sus pechos y se deja besar ya sin resistencia, a lo que el viejo dice, ya sabía que te iba domar como la yegua que sos, y ella lo vuelve a besar.

    Ahora la pone en cuatro metiendo su lengua por todos lados y ella le rogaba que no lo hiciera, se refería a lo que el viejo tenía pensando que era entrar por detrás, pero el apunto como una lanza de carne y la fue hundiendo en el culo de mi mujer que gritaba, pataleaba hasta que entro toda, minutos después tuvo otro orgasmo mi mujer.

    Ahí el dejo caer su cuerpo y disfruto de esa cola hermosa, yo para entonces me había masturbado, cuando siento el grito del viejo que le lleno el culito de leche.

    Ahora ya contento la beso nuevamente, recibiendo lo mismo de mi mujer, se vistió y volvió a poner todo para seguir viaje.

    Mi esposa estuvo un rato desnuda permitiendo que él le de unos besos y chirlo en el culo, hasta que llegamos.

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  • La sumisión de Naty (2): Dominación en el parque

    La sumisión de Naty (2): Dominación en el parque

    El sol de la tarde bañaba el parque con una luz dorada, pero Naty no podía apreciar su belleza. Su mente estaba atrapada en la red de dominación que Natasha había tejido alrededor de ella. Con el collar aún apretado alrededor de su cuello y la correa colgando de él, Naty seguía a Natasha a través de los senderos concurridos, sintiendo las miradas curiosas de los transeúntes. El parque estaba lleno de familias, parejas y grupos de amigos, todos disfrutando de la tarde, ajenos al juego de poder que se desarrollaba ante sus ojos.

    Natasha, con una sonrisa cruel en sus labios pintados, se detuvo junto a un banco donde un grupo de hombres jóvenes charlaban y reían. “Aquí está tu primera lección, Naty”, susurró con voz melosa, pero firme. “Ve con ellos y ofrece tu cuerpo. Quiero ver cómo te humillas por unos cuantos billetes. Y recuerda, cada vez que te niegues, el castigo será peor”.

    Naty tragó saliva, su corazón latiendo con fuerza. Sabía que no tenía opción. Con pasos vacilantes, se acercó al grupo de hombres. Su falda corta y su blusa ajustada dejaban poco a la imaginación, y los hombres no tardaron en notar su presencia. Sus miradas se posaron en ella, llenas de deseo y curiosidad.

    “Hola”, dijo Naty con voz temblorosa, intentando mantener la compostura. “Me pregunto si alguno de ustedes estaría interesado en… pasar un buen rato. Por un precio, claro”.

    Los hombres se miraron entre sí, sorprendidos pero intrigados. Uno de ellos, un joven con barba de varios días y ojos penetrantes, se adelantó. “¿Y cuánto cuesta ese ‘buen rato’, cariño?”

    Naty sintió cómo las mejillas le ardían de vergüenza. “Lo que puedan ofrecer”, murmuró, evitando su mirada.

    El joven sonrió, sacando un billete de su bolsillo. “¿Esto te parece bien?”

    Naty asintió, tomando el billete con manos temblorosas. Sabía que Natasha estaba observándola desde las sombras, disfrutando de su humillación. “Sí, está bien”, susurró.

    El joven la tomó del brazo y la llevó a un rincón más apartado del parque, detrás de unos arbustos. Allí, sin preámbulos, la besó con fuerza, sus manos recorriendo su cuerpo con avidez. Naty cerró los ojos, intentando bloquear el mundo exterior, pero los sonidos del parque y la conciencia de estar siendo observada por Natasha la mantenían anclada en la realidad.

    El joven la empujó contra los arbustos, levantándole la falda y bajándole las bragas. Naty sintió cómo su miembro duro y caliente penetraba su entrada, y un gemido ahogado escapó de sus labios. A pesar de la situación, su cuerpo respondía, traicionándola con su propia excitación.

    Mientras el joven la embestía con fuerza, Naty escuchó la voz de Natasha, burlona y distante. “Vamos, Naty, parece que estás disfrutando. No te olvides de quién manda aquí”.

    Las palabras de Natasha actuaron como un recordatorio brutal, intensificando la mezcla de placer y humillación que Naty sentía. Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados, mientras el joven la llevaba al borde del orgasmo.

    Finalmente, el joven alcanzó su clímax, llenando a Naty con su semen. Se apartó, ajustándose la ropa, y le lanzó una última mirada antes de desaparecer entre la multitud.

    Naty se quedó allí, temblorosa y descompuesta, intentando procesar lo que acababa de suceder. Natasha apareció de entre las sombras, una sonrisa satisfecha en su rostro. “Buen trabajo, Naty. Pero esto es solo el principio”.

    Sin darle tiempo a recuperarse, Natasha la llevó a otro grupo de hombres, esta vez sentados en una manta, bebiendo cerveza y riendo. “A estos les gustará lo que tienes que ofrecer”, dijo Natasha con una risita.

    Naty se acercó, sintiendo la náusea subirle por la garganta. Pero no había escape. Con voz temblorosa, repitió su oferta, sintiendo cómo su dignidad se desmoronaba con cada palabra.

    Los hombres la recibieron con entusiasmo, y pronto Naty se encontró en el centro de un círculo, siendo tocada y besada por varios de ellos a la vez. Sus manos la recorrían, su boca era reclamada, y ella se sentía como un objeto, un juguete sexual para su placer.

    Natasha observaba, disfrutando del espectáculo. “Mira cómo te desean, Naty. Eres solo una putita para ellos, y te encanta”.

    Las palabras de Natasha eran como latigazos, pero también despertaban algo profundo en Naty, algo que no podía negar. A pesar de la humillación, su cuerpo respondía, su sexo se humedecía, y sus pezones se endurecían bajo la blusa.

    El grupo de hombres la llevó a un lugar más apartado, donde la desnudaron por completo y la hicieron arrodillar. Uno tras otro, se acercaron a ella, utilizando su boca y su cuerpo para su placer. Naty se sintió como una muñeca inflable, un objeto sin voluntad propia, y sin embargo, en lo más profundo de su ser, sabía que esto era lo que deseaba.

    Después de lo que pareció una eternidad, el grupo se dispersó, dejándola exhausta y vacía en el suelo. Natasha se acercó, una expresión de satisfacción en su rostro. “Buen trabajo, Naty. Pero aún no hemos terminado”.

    Naty intentó levantarse, pero sus piernas temblaban demasiado. Natasha la tomó del brazo, ayudándola a ponerse de pie. “Ahora, vamos a llevar esto al siguiente nivel. Quiero que te acerques a esa pareja allí”, dijo, señalando a un hombre y una mujer sentados en un banco, ajenos a lo que estaba a punto de suceder.

    “Pero… ¿qué quieres que haga?” preguntó Naty, su voz apenas un susurro.

    Natasha sonrió, una sonrisa llena de promesas oscuras. “Quiero que les ofrezcas un espectáculo. Algo que nunca olvidarán. Y recuerda, Naty, cada vez que te niegues, el castigo será peor”.

    Con el corazón en la garganta, Naty se acercó a la pareja. El hombre la miró, sorprendido pero intrigado. La mujer, en cambio, pareció incomodarse, pero su curiosidad era evidente.

    “Hola”, dijo Naty, su voz temblorosa. “Me pregunto si les gustaría ver algo… especial”.

    La pareja se miró, y luego el hombre asintió, una sonrisa pícara en su rostro. “Depende de lo que tengas en mente, cariño”.

    Naty sintió cómo la adrenalina la inundaba. Sabía que no había vuelta atrás. Con manos temblorosas, se desabrochó la blusa, dejándola caer al suelo. Luego, se quitó la falda, quedando completamente desnuda ante la pareja.

    El hombre silbó, impresionado, mientras la mujer miraba con una mezcla de asombro y deseo. “Vaya, vaya”, dijo el hombre. “No todos los días se ve algo así”.

    Naty se arrodilló frente a ellos, mirándolos con ojos suplicantes. “Por favor, ¿me permitirían… unirme a ustedes?”

    La mujer pareció dudar, pero el hombre la tomó de la mano, animándola a participar. “Vamos, cariño, ¿cuándo vamos a tener otra oportunidad como esta?”

    Lo que sucedió a continuación fue un torbellino de sensaciones para Naty. La mujer, inicialmente reacia, pronto se dejó llevar por el momento, sus manos recorriendo el cuerpo de Naty con avidez. El hombre, por su parte, no perdió el tiempo, penetrando a Naty con fuerza mientras ella besaba y acariciaba a la mujer.

    El trío se convirtió en una danza de cuerpos, un intercambio de placer y deseo. Naty se sintió como el centro de un universo de sensaciones, su cuerpo respondiendo a cada estímulo con una intensidad que nunca antes había experimentado.

    Pero, en medio del éxtasis, la voz de Natasha la trajo de vuelta a la realidad. “Mira cómo te usan, Naty. Eres solo una putita para ellos, y te encanta”.

    ¿Cómo continua la historia para Naty, descúbrelo en el siguiente relato?

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