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  • Mi hijo pequeño y mi compañera Sara

    Mi hijo pequeño y mi compañera Sara

    Alguno de los trabajadores de seguridad de mi edificio había definido a mi compañera Sara como una vacaburra fea pero con mucho morbo, y era cierto, es una mujer que aparenta una edad mucho mayor de la que tiene, es unos diez años mayor que yo, pero parecemos de la misma edad, con un cuerpo desproporcionado y unos rasgos nada armoniosos, pero resulta atractiva para muchos hombres, el que dijo eso de ella intentaba verla mientras se cambiaba, era viuda desde que hacía unos años, su marido había muerto en un accidente de coche.

    Había tenido sus aventuras y un día cometió el error de contarme su fantasía, desvirgar a un joven, y eso encendió mi imaginación, se lo podía hacer con mi hijo el pequeño, él no era virgen lo había desvirgado yo no hacía mucho, pero si él no decía nada, jajaja, ella no lo notaria.

    Y la oportunidad se dio un día mi compañera me contó que tenía que arreglar un armario en su casa, se estaba descentrando, y yo la ofrecí que mi hijo fuera a hacerle el arreglo, y se lo hizo, jajaja, ya que era bastante manitas, y amiga comprendería cuanto, jajaja.

    A él le expliqué que si se hacía el virgen tendría fácil follar, y le puse como condición que tenía que contármelo todo con el máximo detalle, ya empezaba a aplicarle la misma política que a su hermano, si quería seguir follando conmigo. Y esto fue lo que me contó, la primera vez que nos quedamos solos antes de follar,

    Llegué al piso de tu compañera, con mi caja de herramientas, y cuando esta abrió la puerta me encontré con una mujer que me atraía mucho, llevaba una falda gris, por encima de las rodillas, una blusa roja que mostraba una gran parte de sus tetas, y una parte de su sujetador rosa con figuritas, me mando pasar, me ofreció un refresco y tras una conversación normalita, aunque yo no podía dejar de mirar su escote y creo que ella me miraba con ganas me dijo:

    -¿Sabes tu madre siempre me habla de su hijo como si fuera un niño?, Pero a mí me pareces un chico guapo, seguro que tendrás enamoradas a muchas compañeras de clase en la universidad.

    Recordé tus instrucciones y me hice el tímido, y la dije que no tenía novia que las chicas me daban miedo, ella dijo:

    -Eso te lo quitaba yo de un polvo.

    Me volví a hacer el tímido, y ella me dijo:

    -Bueno será mejor que te pongas manos a la obra. Porque si no se te va a hacer muy tarde.

    Y me llevó hasta el sitio donde estaba el armario, era su habitación ella iba delante de mí, y yo estaba embelesado viéndola mover su culo, mi polla se puso dura. Cuando llegamos, me mostró el armario, el arreglo era muy fácil y lo hice en poco tiempo, mientras ella me trajo una cerveza y me dijo:

    -Ya que estas aquí, me gustaría conocer tu opinión sobre el conjunto de lencería que llevó puesto, este fin de semana salgo con un amigo y no quiero que se desilusione cuando me desnude.

    Y dicho esto se quitó la blusa sus tetas quedaron al aire tapadas solo por un pequeño sujetador que apenas tapaba una parte de ellas, después de manera lenta, con algo de baile se quitó la falda, unas bragas rositas de tamaño mediano quedaron a mi vista, en ese momento me preguntó.

    -Crees que gustare a mi amigo.

    Yo estaba nervioso y balbucee. Pero ella mirando mi pantalón dijo:

    -Parece que tu polla me dice que si, y veo que no es la polla de un niño sino la de un hombre.

    En ese momento ella me puso una mano sobre mi polla y se puso a acariciármela, esto hizo que me empalmara y ella al verlo dijo:

    -Por lo que se nota aquí veo que realmente eres un hombre.

    Me la siguió acariciando, mi polla creció hasta que casi no me cabía en el pantalón, ella al verlo sonrió pícaramente y dijo:

    -Creo que es mejor que liberemos al pajarito de su jaula.

    Y llevando su mano a mi cinturón me lo desabrochó, luego hizo lo mismo con mi pantalón y cogiendo mi polla con su mano la sacó del bóxer, después dijo:

    -Decididamente esto es de un hombre, y de un hombre bien dotado, jovencito.

    Se inclinó hacia mi polla, que mantenía sujeta con una mano y se la llevó a su boca, dando comienzo una mamada.

    -Que polla tan rica tienes, dijo, ¿No me iras a decir que voy a ser la primera en mamártela?

    Recordando las instrucciones de mi madre le dije que sí, ella se puso a chupármela, se notaba que, como me había dicho mi madre, no era la primera polla que chupaba, lo hacía divinamente, aunque que mi madre me lo hiciera me gustaba más, pero el caso es que ella me estaba haciendo pasar un rato divino. Aún no se como pero el caso es que sin sacársela de la boca me hizo levantarme para quitarme los Pantalones y el bóxer, quedándome completamente desnudo de cintura para abajo, ella se la sacó se quitó la blusa y la falda quedándose en ropa interior, y después saco sus enormes tetas del sujetador, aquí me volvió a preguntar:

    -¿Nunca te han hecho una cubanita?

    La verdad es que yo sabía lo que era eso, pero como mi madre me había dado la instrucción de hacerme pasar por alguien completamente virgen, le dije que no, ella me pidió que me tumbara sobre la cama, con las piernas en el suelo, de manera que mi polla quedara en el borde, se arrodilló delante de mí, llevó sus tetas hasta mi polla e hizo que esta se situara entre ellas, después las apretó de manera que mi polla se quedó bien apretada entre ellas, como si fuera un coño. Me sonrío y me preguntó:

    -¿Te gustan mi niño?

    Aquí no tuve que mentirle, claro que me gustaban, era algo divino, ella comenzó a moverse como su fuera un coño o una boca y eso hizo que mi excitación aumentara.

    -No sabes lo maravilloso que es para mí desvirgar a un macho como tú, vas a causar mucho furor entre las chicas, bien sean de tu edad, o las viejunas de la mía, jaja.

    En esta postura estuvimos un tiempo hasta que ella dijo:

    -Creo que es hora de que me desnude del todo.

    Y levantándose se quitó primero el sujetador y luego las bragas, una vez desnuda me preguntó:

    -¿Mi niño, alguna vez le has comido el coño a una mujer?

    Otra vez recordé las instrucciones de mi madre y aunque había chupado el coño de esta contesté que no.

    -La tía Sara te va a enseñar, me dijo.

    Se tumbó en la cama con las piernas bien abiertas y me dijo:

    -Ven aquí.

    Lo hice, llevé mi boca hasta su coño e introduje en él mi lengua, mi madre me había enseñado a hacerlo, pero debía parecer que no sabía, así que hice que me dejaba llevar por sus instrucciones, pero lo que de verdad recordaba eran las enseñanzas de mi madre, le metí la lengua dentro de su coño y procuré lamer cada centímetro de él, ella comenzó a gemir de una manera muy intensa, mientras decía:

    -Para ser tu primera vez lo haces muy bien mi amor vas a volver locas a muchas mujeres.

    Yo seguí chupándoselo hasta que logreé que se corriera, y tragué sus líquidos que me encantaron, poco después ella se fijó en mi polla que estaba durísima, la cogió con su mano y la acaricio, me dijo:

    -Ya es hora de que este pollon tan precioso disfrute de su primer coño, ven aquí mi amor.

    Siguió con su coño bien abierto, me incitó a acercarme y poner mi polla cerca de mi coño, me lo agarró y acaricio, para ponerlo bien duro. Cuando lo hubo logrado abrió bien sus piernas, hasta ponerme una de ellas en mi hombro y me dijo:

    -Mi amor aquí tienes mi coño bien abierto para recibir una polla tan deliciosa como la tuya, métemela.

    Yo estaba impresionado, el asunto es que tenía ganas de meterla y un poco nervioso llevé mi polla hasta la entrada de su coño y la penetré, ella al sentirlo dijo:

    -Muy bien mi amor. Pese a tu inexperiencia lo haces muy bien, como te he dicho antes vas a volver locas a muchas mujeres, quizás, si quieres te presente a alguna amiga, pero no le digas nada a tu madre.

    Por supuesto no le dije que lo iba a hacer, jajaja, seguí moviéndome dentro del coño de Sara, me recordaba al de mi madre, pero en cierta manera era diferente, estuve moviéndome dentro de él, mientras ella gemía, y yo también, ella gemía cada vez más fuerte hasta que se corrió, en ese momento dijo:

    -Eres un buen follador y la tía Sara te enseñara a hacerlo mejor, ya montaras a otras mujeres, y a mí más veces si te apetece. Pero ahora deja que la tía sea quien llevé el ritmo, túmbate en la cama.

    Primero me quité la camisa para quedarme completamente desnudo y luego me tumbé en la cama, y siguiendo sus indicaciones junté bien mis piernas, ella se puso encima de mí y llevó mi polla hasta el interior de su coño y dijo:

    -Deja que la tía Sara te de mucho amor.

    Y comenzó a moverse arriba y abajo, demostrándome que sabía llevar el ritmo adecuado para volver loco de placer a un tío, además tenía sus tetas encima de mí, eran enormes no pude aguantarme las ganas y se las acaricié:

    -¿Te gustan las tetas de la tía?, me preguntó mientras gemía.

    -Si tía, le dije yo.

    -Cariño pues no te cortes acarícialas todo o que te apetezca.

    Estuve un rato acariciándoselas, pero de repente mi imaginación fue hacia su culo, le tenía encima de mí, a pocos centímetros de mi cuerpo, así que soltando sus tetas llevé mis manos hacia los acachetes de su culo y me puse a sobárselos.

    -Que bien lo haces cariño, dijo ella si esta es tu primera vez no quiero ni pensar en cómo lo harás cuando tengas un poco de experiencia, pero entonces ya ni te acordaras de tu tía que te desvirgó.

    No era verdad, ni ella me había desvirgado, ni me iba a olvidar de ella esto último se lo dije:

    -No tía no me olvidare de ti te prometo venir a follarte mientras tú quieras.

    -Eso espero mi amor, dijo ella, o eso o mándame a algún amiguito, me encanta la idea de desvirgar jovencitos.

    Sara no era mi tía, pero el hecho de jugar a que lo fuera se había convertido en una parte de nuestra relación, y la idea de enviarle a algún amigo me daba morbo, así que la dije:

    -De acuerdo tía, pero a condición de que me dejes mirar y me presentes a alguna amiga que folle tanto como tú.

    Sara se dio la vuelta y siguió cabalgándome, ahora tenía la visión de su maravilloso culo, lo cual me resultaba muy morboso, y me respondió:

    -Cariño nadie folla como yo, pero si, te presentare a alguna amiga que este muy salida para que te la folles, pero eso sí no le digas nada a tu madre.

    Yo acepté la oferta, aunque la última parte no la iba a cumplir sí que tenía varios amigos que estarían encantados de que una madura les desvirgara, e incluso estarían dispuestos a pagar por ello.

    Ella me siguió follando hasta que vi que me venía en ese momento se lo dije:

    -Tía me corro.

    -Tranquilo cariño, dijo ella, hazlo dentro de mí, pensar que la leche que entra en mi coño es la primera que manda un joven a ese lugar me da mucho morbo.

    Tras sus palabras no tuve ningún prejuicio en correrme y un auténtico reguero de leche, como pocas veces salía de mi polla, salió derecho hacia el coño de Sara, llenándole con mi semen.

    Ella se salió yo la hice una señal para que se acercara, ella arrimó sus labios a los míos y yo la dije:

    -Muchas gracias, tía me has hecho muy feliz.

    -Mi amor, dijo ella, para mí sí que ha sido maravilloso, cuando una folla con un joven siente rejuvenecer.

    Pero en ese momento volví a pensar en su trasero, ese que acababa de ver moverse mientras me corría y le dije:

    -¿Tía, me darías tu culo?

    -Caramba con el chico tímido, dijo ella riendo.

    -Es que contigo es muy fácil expresarse, le respondí.

    -Bueno pues si el nene quiere inaugurar su polla por los tres agujeros el mismo día ¿Quién soy yo para negárselo?, dijo ella riéndose.

    Y poniéndose a cuatro patas añadió:

    -Aquí me tienes, soy toda tuya.

    La contemplación de su trasero en esa posición tan especial me resultó espectacular, si había pensado en follarme ese culo, su visión en este plano hizo que mi excitación fuera en aumento, decididamente ese culo tan increíble debía de ser mío, ella apoyó sus brazos sobre la cama, hundió su cabeza y dijo:

    -Aquí me tienes cariño

    Aunque anteriormente me había follado el culo de mi madre, la idea de hacerlo con el de Sara me resultaba muy morbosa, me acerqué hasta él, me puse de rodillas, y de un golpe introduje mi polla, que en ese momento se encontraba durísima, dentro del divino agujero de esa diosa.

    Ella al sentir mi polla en su trasero gimió de una manera muy intensa, no había rastro alguno de dolor, al contrario, parecía estar gozando a tope, ella dijo:

    -Que bien lo haces amor, resulta increíble que esta sea tu primara vez.

    En realidad, no lo era, jajaja, pero si pensar que ella me había desvirgado la resultaba agradable, ¿Porque la iba a llevar la contraria?

    Mi polla comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás, Sandra tenía un culo muy agradable para follar, así que comencé a moverme, sus gemidos me indicaban que ritmo debía de llevar para que ella disfrutara a tope, llevé, tal y como mi madre me había enseñado a hacer, una de mis manos dentro de su coño y comprobé que estaba muy húmedo, al sacarla, sin dejar de follar su culo, me llevé los dedos a mi boca y el sabor que se desprendía del coño me resultó muy agradable, mientras ella decía:

    -Sigue mi amor, me estas volviendo loca de placer.

    Sus palabras me excitaban, pero yo intentaba contener mi eyaculación, no quería que ese momento terminara. Disminuí un momento el ritmo, para contenerme y luego lo reanudé, esto me permitió resistir un poco más, pero finalmente no pude evitar correrme y mi leche inundo su culo. Cuando me salí, ella dijo:

    -Voy a llamar a mi amigo ya follaremos otro día hoy contigo he tenido bastante.

    Cuando salía de su casa, pensaba en la maravillosa tarde que había pasado y en lo bueno que es que sea tu madre la que te guie en el terreno sexual.

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  • Esposa dominada

    Esposa dominada

    Les voy a contar como descubrí que mi esposa y su amiga Naty frecuentan a un tipo que las domina e induce a que ellas le satisfagan de múltiples maneras.

    Todo sucedió cuando la amiga de mi esposa Rudy empezó a frecuentar un gimnasio situado en el centro de la ciudad de Bogotá. Luego de varios meses Rudy se dedicó a tonificar su cuerpo, dejando notar un vientre totalmente plano, unas caderas prominentes y un par de nalgas grandes y bien definidas, las cuales disfrutamos en intensas noches de placer y sexo que practicábamos en nuestra habitación.

    Sin embargo, luego de que su amiga Naty había ingresado a dicho centro, empecé a notar en las siguientes semanas que mi mujer ya no quería coger todos los días como lo hacíamos normalmente, incluso había semanas que no culeabamos.

    Platicamos esta situación con ella y me decía que se sentía cansada, que el hogar, el trabajo y cualquier pretexto para no hacerlo. Yo tengo un pene prominente y muchas veces andaba desnudo con mis de 18 cm de rabo erecto y ella ni siquiera me hacía caso alguno.

    Una noche, salí a un bar con mis amigos y le encontré a su amiga Naty celebrando el cumpleaños de una compañera de labores. Me acerqué a ella y le pregunté qué sucedía con mi esposa. Al principio no me dijo nada, pero luego empecé a bailar y beber con ella para obtener algo de información, pero no tuve suerte.

    Mientras bailábamos, pude ver sus enormes tetas ricas con los pezones erectos ¡y me puse a mil! empecé a sobarle mi pene erecto en las nalgas y la perra se excitó. Le dije que fuéramos a mi vehículo y ella aceptó. Dentro del carro la desnudé y le hice cabalgar mi verga mientras le comía las tetas hasta que la puta empezó a correrse mientras yo le dejaba toda mi leche adentro de su vagina.

    Después, le pregunté que sucedía con Rudy y me dijo que había un tipo que ella conocía en el gym y se llamaba Jordan, y que él era un cerdo completo.

    Me empezó a contar que Rudy la había presentado en el gym y que le había dicho que folla rico. Yo me asombré pues no tenía conocimiento de nada y me dijo que incluso un día mientras yo me encontraba fuera del país, ella le había llevado a su amante a mi casa, y que habían pasado culeando desde la tarde hacia el día siguiente. Yo le pregunté a Naty que más cosas han sucedido y me dijo que cree que ella se obsesionó con el tipo, ya que le compraba ropa y le daba dinero, así como comidas en restaurantes y mucho más. Yo insistí en que Naty me contara, pero ella no lo hacía, entonces de tanto insistir, Naty me dijo te voy a contar y empezó a narrar.

    Resulta que estábamos con Rudy en el gym y ella estaba con una licra bien ajustada que dejaba ver la raya del trasero y sus nalgas pronunciadas; yo le dije que está muy provocativa y me respondió que a Jordan le gusta así. Un tipo se acercó y ella nos presentó tomándole de la cintura a Rudy y nos dijo que si queremos ir a su departamento a tomar algo luego del gym. Yo al principio me negué pues recién lo conocía, sin embargo, Rudy me pidió que lo hagamos y yo acepté.

    Salimos del gym y llamé a mi esposo para decirle que iba con Rudy a comer algo; entonces nos fuimos al departamento de Jordan que quedaba cerca y al llegar, entramos a un lugar poco aseado con ropa, consoladores, esposas, revistas eróticas, condones usados, etc.; un ambiente sexual extremo y hasta bizarro que me causó intriga. Había una cama destendida allí y Jordan nos dijo que nos pongamos cómodas. Rudy se fue hacia un lado de la habitación y trajo consigo unos artilugios eróticos y me persuadió para que me los coloque.

    Se trataba de un dildo, una bala vibradora y un juego de pinzas. Al principio me quedé esperando que sucedía, pero luego vi que Rudy se desnudó completamente se acostó y colocando lubricante se insertó un plug en su ano. Al verle a mi amiga Rudy colocarse de esa manera me excité luego veo que se acerca Jordan vistiendo sólo una tanga cachetera que resaltaba sus nalgas y su prominente verga. Ni bien se acercó, Jordan se volteó y se puso en cuatro ordenando a Rudy que le chupe el ano.

    Rudy se acercó y empezó a darle lengua a ese cabron mientras le sobaba los testículos. Jordan estaba tan arrecho que le colgaba una verga de 20 cm enorme. Así estuvieron un rato hasta que Jordan le ordenó que le chupe las bolas y la verga… Rudy empezó a darle una tremenda felación hasta que el cabron de Jordan se arrechó y estaba listo para penetrar. Rudy le dijo que por favor le clave, pero él le dijo que no. El cabron se dirigió a mí, me desnudó y luego me ordenó que me ponga en cuatro, con sus manos tomó el otro plug y escupiendo en mi orto lo metió suavemente en mi ojete.

    Después, Jordan le ordenó a Rudy que se coloque un cinturón con arnés que contenía un pene de goma de unos 15 cm más o menos. El cerdo dominante me dijo que me acostara y se subió en mi cuerpo empezando a comerme las tetas. El cerdo lamia, mordisqueaba y estrujaba mis tetas hasta que salía leche de mis pezones.

    Luego arqueando su espalda y sacando su trasero, le dijo a Rudy que lo coja. Rudy escupió el orto de Jordan y empezó a meter el consolador hasta que estuvo bien dilatado y empezó a cabalgarlo de una manera brutal. Este cerdo había corrompido a mi amiga y ella se lo cogía por el ano mientras este me comía las tetas. Después de un rato, ella saco el pene de goma y el cabrón se acostó ordenándome que le cabalgue; así lo hice, me situé encima del pene de ese puto y empecé a cabalgarlo mientras el me comía los senos, hasta que siento que Rudy se acerca por atrás y extrae el dildo que estaba en mi ano.

    La muy puta me escupió el orto e introdujo el dildo en mi ojete mientras tenía ensartada el pene de Jordan en la vagina. Estos dos puercos empezaron a darme duro y yo me corría por todos mis orificios. Culeamos por un buen rato hasta que veo que Rudy empezó a correrse mientras bombeaba mi culo, y también Jordan descargaba todo su esperma en mi chepa. Una vez que terminamos, Jordan me dijo que puedo irme; yo tomé un poco de agua y me vestí, le dije a Rudy que se fuera conmigo, pero Jordan dijo que no, que todavía ella debía quedarse para pagar su cuota de sexo.

    Me despedí de Rudy y bajé hacia mi vehículo pensando en las perversiones sexuales que haría ese puerco de Jordan a mi amiga y eso fue todo. Finalizó el relato y Naty me preguntó si estaba molesto, pero yo estaba impactado y la verdad excitado, Naty me sugirió que trate de que ella no vea más a ese tipo pues parece un desviado sexual extremo…

    Nos despedimos y al llegar a casa en la madrugada veo que Rudy dormía plácidamente… al llegar me saludó y le ordené que se desnudara. Rudy al principio no quería, pero tome mi cinturón y le dije que si no lo hacia la castigaría. Ella accedió y desnudándose me dijo que la coja..; le puse en cuatro patas y pude ver sus nalgas con marcas de chupetones y mordiscos, su ano totalmente dilatado y su vagina chorreando semen. Sin escrúpulos le clavé mi verga y mientras ponía mi pie sobre su cabeza, le dije que lo sabía todo.

    Ella abriéndose las nalgas me dijo que era la esclava sexual de ese cabron y que quería preñarse de Jordan; así también me susurró que si yo aceptaba tendría su vagina, pero que el ojete le pertenecía a Jordan. A mí me molesto mucho y me excitó más, entonces me tomé el pene y le metí en su ano fuertemente mientras ella decía que no. La forcé e inserté mi pene en su ano empezando a bombear duro, y mientras la cabalgaba, me escupí la mano y empecé a sobar su vagina mientras ésta se corría a chorros.

    Después de unos instantes ya no daba más y terminé dejando todo mi leche en su orto. Nos incorporamos y le dije que debíamos ir al médico para buscar un método anticonceptivo para que no quede preñada de ese cerdo, así mismo, le dije que quiero conocer a Jordan y culearme a su esposa. Ella aceptó siempre y cuando le permita culear con ese cabron dos días a la semana y también, que cada quince días, quiere culear con los dos al mismo tiempo. Yo le dije que no tenía inconvenientes siempre y cuando permita también darle verga a su amiguita Naty en los días que vaya a coger con ese tipo.

    Le pregunté a Rudy que, si esto cambiaría nuestra relación y me dijo que no, ya que ella solo quiere placer sexual con Jordan pero que jamás me dejaría. También me dijo que su esposa es una zorra ya que días atrás habían practicado un trio con ella y follaron de una manera muy bizarra. Le dije que quería culearme a la mujer de Jordan, y quedamos en intercambiar lechos el próximo fin de semana en donde ese cabron de Jordan vendrá a mi casa y yo iré a la suya.

    También, insistió nuevamente que quería hacer el amor con los dos al mismo tiempo, le contesté que no había problema, sin embargo, no estoy dispuesto a practicar penetración o algo parecido con ese puto de Jordan. Ella río y me dijo: ¡Lo veremos!

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  • Mi primera corrida con Sonia, mi zorra preferida

    Mi primera corrida con Sonia, mi zorra preferida

    Comienzo este relato diciendo que Sonia es la madre de un sobrino de mi mujer por parte de su hermano. Cuenta en la actualidad con 43 años de edad y físicamente es morena, de estatura normal pero que posee unas maravillosas tetas medianas tirando a grandes que finalizan en unos riquísimos pezones de color marrón oscuro, un culazo extraordinario con unas muy apetecibles cachas, piernazas con muslos encomiables y un adorable coño peludo en el pubis, pero cuidadosamente depilado a la altura de sus deliciosos labios.

    Es, por tanto y además de una extraordinaria mujer, una milf que pone dura cualquier polla que se cruza en su camino -máxime si luce ropa ajustada- con objeto de ser follada con pasión para proporcionarle todo el placer del mundo sin parar.

    Sonia tiene pareja desde hace algo más de 12 años aunque residen en ciudades diferentes y se encuentran tan solo los fines de semana pero, aun así, desde que nos conocimos personalmente la compenetración entre ambos es total en todos los sentidos y una buena muestra de ello es que a diario hablamos telefónicamente durante largo tiempo y nos escribimos vía WhatsApp numerosas veces, enviándonos mutuamente fotografías íntimas -yo a ella de mi polla erecta y mis corridas y ella a mí en lencería ya que sabe que adoro las medias sexys y los ligueros.

    Lo que ha propiciado que mi deseo por ella haya sido siempre enorme y desde el primer instante en que la vi sintiese irresistibles ganas de follármela, lo que ella sabe sobremanera desde el principio puesto que nuestras conversaciones diarias giran en torno a todo lo imaginable e inimaginable y que no le ha disgustado jamás en absoluto sino todo lo contrario a pesar de esa barrera que a ambos nos separa para pasar mucho más tiempo juntos y que no es otra que su pareja ya que por mi parte y la de mi mujer.

    Conocedora también de mis deseos desde el inicio, jamás existió problema alguno, habiendo sido muchas las pajas que yo me he realizado pensando en ella y las majestuosas corridas que le he brindado, lo que ella sabe muy bien ya que yo se lo he confesado en numerosas ocasiones en el transcurso de nuestras conversaciones y que le agrada sobremanera animándome inclusive en muchos momentos a que lo haga ya que el saber que yo la tengo presente la pone muy caliente y cachonda.

    Un buen día de hace varios años Sonia y yo estuvimos hablando por teléfono a media mañana durante largo tiempo, algo más de dos horas, y mientras ella se encontraba trabajando en labores domésticas en uno de los domicilios en los que presta su servicios, como no podía ser de otra manera el sexo fue uno de nuestros temas de conversación de forma distendida lo que hizo que ambos experimentásemos una excitación desmedida máxime cuando yo le conté alguna de mis fantasías con ella y le reiteré mis enormes deseos de follarla algún día.

    Confesándome que se sentía muy mojada y con muchísimas ganas de correrse, invitándola yo a que se pajease con su vibrador una vez se relajase en su casa tras la comida y pensando en todo lo que habíamos hablado a lo que me respondió que tenía otra idea mejor y que ya me la contaría a lo largo del día.

    A media tarde yo me encontraba solo en casa porque Nuria, mi mujer, había salido con una amiga y su hija y volvería tarde cuando sonó mi móvil, al ir a cogerlo vi que era Sonia y un gusanillo recorrió todo mi estómago. Contesté a la llamada y pude escucharla con una voz más sensual de lo normal. Ella sabía que yo estaba solo en casa y me propuso quedar hora y media después para recogerme en un lugar próximo a nuestros domicilios -vivíamos muy cerca- e ir a tomar algo cuando finalizase unas gestiones que tenía que realizar en la calle, a lo que accedí sin problema alguno encantado y sin pensármelo dos veces.

    A la hora convenida me personé en el lugar donde habíamos quedado para encontrarnos y con puntualidad meridiana se presentó Sonia en su coche a recogerme. Tras saludarnos cos con dos besos muy “calientes” en las mejillas nos dirigimos a tomar algo a una cafetería cercana, en el transcurso del recorrido me quedé mirándola de arriba a abajo apreciando lo atractiva y sexy que se había puesto para la ocasión, con un jersey de espuma, morado y de cuello alto, que le marcaba un espléndido par de tetas, una minifalda negra, medias del mismo color y tacones rojos.

    Lo que provocó una erección de mi polla a la que ella no fue ajena respondiendo tan solo con una muy pícara y cachonda sonrisa diciéndome “¡Cari, tu polla parece que está despertando!”, a lo que le contesté “¡Mi polla te desea hace mucho tiempo y despierta siempre para ti!”, quedándome muy sorprendido cuando, sin mediar palabra, llevó su mano derecha hacia ella para acariciarla de arriba a abajo por encima del pantalón mientras que mordía su labio inferior fruto del deseo y me confesaba que también se sentía muy cachonda.

    Con un calentón tremendo por parte de ambos llegamos a una cafetería y nos dispusimos a tomar algo en un ambiente distendido pero muy subido de tono teniendo el sexo como principal tema de conversación y sin dejar de mostrarnos mutuamente nuestro deseo por desfogarnos juntos.

    Después de más de una hora volvimos a montar en su coche y, cuando creía que volvíamos a casa, Sonia enfiló por la carretera desconociendo yo tanto el lugar hacia donde nos dirigíamos, así como sus intenciones. No le pregunté nada y, tras salir de la ciudad, continuó varios kilómetros por carretera hasta que se desvió para tomar un camino que conduce a un embalse, en plena naturaleza, comenzando yo a hacer distintas elucubraciones e imaginándome lo que ocurriría poco tiempo más tarde aunque también sin preguntas por mi parte.

    Tras llegar al lugar en cuestión y totalmente excitado nos bajamos del coche y yo me dispuse a fumarme un cigarrillo acompañándome Sonia, que no es fumadora. Me apoyé en el vehículo y ella se situó justamente a mi lado pudiendo sentir su aliento y disfrutando de su olor corporal y de su envolvente perfume, comenzamos a charlar y la conversación iba subiendo de tono.

    En un momento de nuestro diálogo Sonia me cogió de la mano, la atraje hacia mí e introduciendo mi otra mano entre su pelo comenzamos a morrearnos y a besarnos con una pasión desmedida, recorriendo su cuello con mis labios mientras ella me susurraba al oído “¡Ya me tienes en tus brazos como querías, cabrón! Aquí estoy, ¡goza conmigo como tanto has deseado!”, a lo que le respondí “¡Sí, zorra mía, claro que voy a gozar contigo y te voy hacer gozar a ti! ¡Estás buenísima y te deseo con locura desde que te conocí!”.

    Sus palabras me excitaban aún más y comencé a acariciar sus fabulosas tetas por encima del jersey de espuma que llevaba arrancándole gemidos y jadeos de placer. Soltamos nuestras manos y comencé a acariciarle su extraordinario culazo. Abrazados, con la que me quedaba libre, me dirigí a su entrepierna levantando su bonita minifalda y sorprendiéndome muy gratamente cuando comprobé que bajo ella lucía unas maravillosas medias sexys con liguero que incrementaron aún más mi calentura.

    Comencé a acariciar su coño por encima del excitante tanga que portaba primero y por dentro después, un coño majestuoso, peludo en el pubis y depilado a la altura de los labios vaginales, que estaba totalmente húmedo por la excitación contenida por lo que no me costó ni un ápice introducirle mis dedos en su gran raja, estremeciéndose ella de placer mientras me pedía entre gemidos que no parase porque deseaba correrse con locura, algo que me puso aún más cachondo de lo que ya estaba.

    Totalmente excitado fui aumentando el ritmo y conseguí provocarle un orgasmo brutal mientras le decía “¡Sonia, jodida puta, vaya pedazo de coño que tienes, cómo me gusta amor mío, me encanta!”, respondiendo ella “¡Es todo tuyo, cabrón! Cómo me lo tienes de caliente a todas horas. Goza con él, cariño, ¡goza y disfrútalo!”.

    Mi excitación crecía a pasos agigantados y Sonia lo sabía por lo que procedió a desabrocharme el pantalón y comenzó a acariciar mi polla durísima y tiesa mientras me decía “¡Jodeeer, qué polla tienes, cabronazo, cómo me gusta. Las veces que me he pajeado con mi consolador y me he corrido de gusto mientras miraba las fotos que me has enviado y pensaba en ella. ¡Es inmensa y la quiero para mí!”.

    Seguidamente metió su mano bajo mi bóxer y comenzó a masajearla hasta que me pidió que yo siguiese de pie, bajándome el pantalón de todo y poniéndose de rodillas ante mí para comenzar a brindarme una espeluznante mamada que me llevó al éxtasis de placer. Fue maravilloso ver cómo la mamaba y se recreaba en mi capullo hinchado mientras me pedía que le diese toda mi leche en su boca.

    La mujer por la que tanto suspiraba desde hacía mucho tiempo me estaba dando un placer inimaginable. Por fin había conseguido hacer realidad mi sueño y allí la tenía a ella, arrodillada ante mí y chupándome la verga con una maestría insuperable.

    Tras varios minutos chupándomela de vicio le pedí que parase y nos metiésemos en los asientos traseros del coche. La recosté hacia atrás, le quité la minifalda y el tanga y le pedí que se abriese de piernas lo que hizo sin mediar palabra mostrándome su majestuoso coño en todo su esplendor e invitándome a comérselo para obtener un nuevo orgasmo.

    Encajé mi cabeza entre sus riquísimas piernas y mientras ella me la sujetaba comencé a deleitarme pasándole mi lengua por su riquísima almeja de arriba a abajo y deteniéndome en el clítoris, lo que la hizo estremecerse de puro placer mientras me decía totalmente fuera de sí “¡Sigue, amor mío, sigue! Qué bien me comes el coño, hijo de puta, cómo me gusta. Dame placer, cabrón, todo el placer del mundo. No pares, no pares, te lo ruego. Todo mi coño para ti como querías, aquí lo tienes, ¡todo tuyo!”.

    Tal era el placer que estaba recibiendo que segundos más tarde gritó “¡Me corro, me corro amor mío, me corrooo! Ah, ahh, ahhh. ¡Qué ricooo, no pares por Diooos, no pares!”, derramando una gran corrida en mi boca que degusté como el más exquisito de los manjares.

    Seguidamente se incorporó y la abracé con un solo brazo mientras que con la otra mano procedí a acariciar sus maravillosas tetas y a besar y chupar recreándome sus exquisitos pezones oscuros, lo que de nuevo la excitó sobremanera por lo que llevé mi mano a su coño y comencé a pajearla nuevamente mientras nos morreábamos con pasión hasta que conseguí provocarle otro inmenso orgasmo que la hizo gozar como lo extraordinaria puta y zorra que es.

    Tras su deliciosa corrida le dije a Sonia que no podía más y deseaba follarla con todas mis fuerzas algo a lo que no accedió diciéndome “Cariño, sabes que tengo pareja y a eso por el momento no quiero llegar pero todo a su tiempo, no creo que tarde mucho en decidirme”, añadiendo “Tú goza ahora con la nueva y buena mamada que te voy a realizar y dame tu leche en mi boca, que lo deseo con locura”.

    Sin más se acomodó en el espacio del que disponíamos, cogió mi polla y comenzó a pajearme suavemente y a chuparla sin descanso mientras me decía “¡No te preocupes, mi vida, muy pronto podrás meter tu magnífica polla dentro de mi coño y de mi culo, yo también estoy deseosa de sentirla muy dentro de mí, pero por ahora disfruta del momento y goza conmigo de esta forma!”.

    Yo asentí, recosté la cabeza hacia atrás y con los ojos cerrados me dispuse a disfrutar de la maravillosa mamada que Sonia me estaba proporcionando, comiéndose mis huevos y chupando mi polla de arriba a abajo mientras me decía “¡Que rabo tienes, cariño mío, cómo me gusta, lo deseo con locura, me vuelve loca!” y añadiendo “¡Córrete, hijo de puta, dale tu leche a tu zorra caliente! ¡Córrete, córrete mi amor!”.

    Tras varios largos minutos gozando ya no pude aguantar más y avisé a Sonia de mi corrida exclamando entre gemidos de auténtico gustazo “¡Me corro, mi puta! Sigue, sigue… Toma mi leche, tómala, toda para tí, gran puta. ¡Ah, ah, ahhh!”, comenzando a derramar en su cara y en su boca gran cantidad de leche que ella degustó con exquisitez y tragó en su totalidad mientras se relamía sin parar.

    Continuó chupando mi polla hasta dejarla reluciente y limpia por completo y finalizamos con un apasionante morreo que volvió a calentarnos sobremanera, totalmente satisfechos procedimos a vestirnos para volver a casa aunque ambos mostramos muchas ganas de continuar gozando uno del otro pero convinimos en guardarlas para otro encuentro que no tardaría en llegar.

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  • La lección de amor

    La lección de amor

    En la tranquila ciudad de Valencia, España, vivía la familia Rodríguez: Elena, de 38 años, con su pelo castaño y ojos verdes, de cuerpo curvilíneo y sensual; su esposo, Carlos, de 40 años, con cabello oscuro y ojos marrones, de complexión atlética; y sus hijos, la joven Sofía, de 18 años, con cabello rubio y ojos azules, de cuerpo delgado y pechos pequeños, y su hermano mayor, Diego, de 20 años, con cabello negro y ojos castaños, de cuerpo musculoso.

    Una noche, mientras la familia cenaba, Carlos miró a sus hijos y dijo: “Sofía, Diego, es hora de que aprendan sobre el sexo. Es una parte natural y hermosa de la vida.” Elena asintió, “Estoy de acuerdo. Es importante que sepan cómo disfrutar de su sexualidad de manera segura y placentera.”

    Sofía sonrió tímidamente, “Papá, mamá, ¿de verdad están seguros?” Diego, más seguro, asintió, “Sí, creo que es hora de que aprendamos.”

    Carlos comenzó: “El sexo es una conexión profunda entre dos personas. Primero, deben aprender a seducirse mutuamente.” Él miró a Sofía y le dijo: “Sofía, te mostraré cómo seducir a un hombre.” Se acercó a ella y la besó suavemente en los labios. Sofía cerró los ojos y devolvió el beso. Carlos continuó, “El contacto visual es crucial. Mira a tu pareja a los ojos y deja que tus manos exploren su cuerpo.”

    Luego, se dirigió a Diego: “Y tú, Diego, te mostraré cómo seducir a una mujer.” Se acercó a Elena y la besó en el cuello, luego en los labios. “El beso francés es una forma poderosa de excitar a tu pareja.” Elena sonrió y se dejó llevar por el beso apasionado.

    Después de la cena, Carlos y Elena invitaron a sus hijos a su habitación. “Ahora, verán cómo funciona todo,” dijo Carlos. Se sentaron en la cama y Carlos comenzó a desnudar a Elena lentamente, besando cada parte de su cuerpo que revelaba. “Eso es lo que llamamos foreplay,” dijo. “Es crucial para excitar a tu pareja y prepararla para el sexo.”

    Luego, Carlos se acostó sobre Elena y comenzó a hacerle el amor en la posición del misionero. “Mira cómo sus cuerpos se conectan,” dijo Carlos. “Siente cómo el pene entra en la vagina y cómo ambos disfrutan de la sensación.” Sofía y Diego miraban, aprendiendo cada movimiento.

    Después, Carlos y Elena cambiaron de posición. Elena se subió encima de Carlos en la posición de vaquera. “Esto es el cowgirl,” dijo Carlos. “Permite a la mujer controlar el ritmo y la profundidad de la penetración.” Luego, cambiaron nuevamente a la posición del perrito. “Y esto es el perrito,” dijo Carlos. “Es una posición más intensa y permite una penetración más profunda.”

    Finalmente, Carlos y Elena se sentaron cara a cara en la posición del 69. “Esto es el 69,” dijo Carlos. “Permite a ambos socios disfrutar de la estimulación oral simultáneamente.”

    Sofía y Diego miraban, absorbiendo cada detalle. “Ahora es tu turno,” dijo Elena. “Prueben lo que han visto.”

    Sofía y Diego se acercaron tímidamente, pero pronto comenzaron a explorar sus cuerpos con besos y caricias. “Siente cómo su piel reacciona a tu toque,” dijo Carlos. “Escucha sus gemidos y responde a ellos.”

    Diego desnudó a Sofía lentamente, besando cada parte de su cuerpo. Sofía gemía de placer. Luego, Diego se acostó sobre Sofía y comenzó a hacerle el amor en la posición del misionero. Sofía gemía más fuerte, “Sí, Diego, así, más rápido.” Diego aceleró el ritmo, sintiendo cómo su pene se deslizaba dentro de Sofía.

    Luego, cambiaron de posición. Sofía se subió encima de Diego en la posición de vaquera. “Mira cómo controla el ritmo,” dijo Elena. Sofía movía sus caderas, sintiendo cada pulso de placer. Luego, cambiaron a la posición del perrito. “Más profundo,” dijo Sofía, “siente cómo me llenas.”

    Finalmente, se sentaron cara a cara en la posición del 69. Diego lamía el clítoris de Sofía mientras ella le hacía una mamada. “Ummm,” gemía Sofía, disfrutando de cada lamida. Diego gemía también, sintiendo cómo su pene se hinchaba en la boca de Sofía.

    Después de un tiempo, ambos alcanzaron el clímax. Sofía gritó, “¡Sí, Diego, ahora!” mientras Diego gemía, “¡Sí, Sofía, juntos!”

    Carlos y Elena sonrieron, satisfechos. “Bien hecho,” dijo Carlos. “Ahora saben cómo disfrutar del sexo de manera segura y placentera.”

    Sofía y Diego se abrazaron, agradecidos por la lección. “Gracias, papá, mamá,” dijeron. “Ahora entendemos.”

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  • La vecina enyesada necesitaba follar

    La vecina enyesada necesitaba follar

    Mi iniciación en el sexo fue hace muchos años con una señora mayor. Ahora, llegando a los cuarenta, lo recuerdo con nostalgia porque en ese encuentro recibí un tratamiento singular y cariñoso, sino que, al tener mi primer contacto con una mujer desnuda, esa imagen se fijó en mi mente. Esta es la razón porque me va con las señoras mayores y los coños peludos.

    Si bien a mi edad, he tenido y tengo relaciones con mujeres jóvenes, nunca he dejado pasar ninguna oportunidad de transarme mujeres veteranas. Ellas son siempre amorosas, no ponen problemas y compensan la falta de juventud con la experiencia que les ha dado la vida.

    Dicho lo anterior, paso a mi relato. Acababa de visitar un cliente, me dirigía caminando a mi auto cuando observé que una mujer mayor, calculo un poco menor de los 60 años, que, aunque lucía físicamente espléndida, caminaba con dificultad apoyada en un bastón que le ayudada con su tobillo enyesado, escayolado como le dicen en algunos países. En su mano libre llevaba una bolsa que aparentaba pesada y que obviamente le impedía caminar bien. Detuve mi andar y aproximándome a ella de pregunté

    –¿Perdón señora, puedo ayudarle con esa bolsa?

    –Ay señor, que vergüenza me da, pero realmente no puedo más con esta bolsa, el bastón y mi tobillo enyesado. Me haría usted un gran favor…

    –¿Vive lejos? Pregunto porque tengo el auto allí nomás y la podría llevar a su casa si usted quiere…

    –¿Sería tan amable caballero?…

    –Por supuesto… Dije mientras por mi mente ya empezaban a correr pensamientos malsanos.

    Ella vivía cerca, en una casa a cuatro cuadras. La llevé hasta la puerta y cuando me despedía para marcharme, me dijo:

    –¿No le gustaría pasar a tomar un cafecito? Me siento en deuda con usted por su amabilidad.

    –Muchas gracias señora, si no la comprometo, le acepto la invitación. ¿No le da miedo dejar entrar a su casa a un extraño con los problemas de inseguridad que hay hoy en día?

    –La verdad que no porque un sexto sentido me dice que eres una persona decente… Dijo tuteándome.

    –Entonces me presento, mi nombre es Arturo para servirle.

    –Yo me llamo Carmela, pero todos me dicen Mela, y por favor tutéame que si no me siento más vieja de lo que soy.

    –De vieja nada Mela, porque eres una hermosa mujer que más de un hombre quisiera. Perdóname si se entera tu marido me mata…

    –No hay marido. Lo hubo, pero falleció hace cinco años…

    –Perdona…

    Tomamos nuestro café mientras conversamos de temas intrascendentes y al rato me dispuse a marchar. La verdad es que por un lado quería quedarme para intentar una aproximación íntima, pero me pareció muy audaz.

    Mela me hizo dejar mi número de teléfono porque dijo que quería invitarme a almorzar un día para agradecer mi gentileza. Eso avivó mi esperanza de cumplir con mi fantasía sexual.

    Mientras me iba, me quedé pensando si había hecho bien en retirarme. Si bien Mela era una mujer madura tenía sus encantos. No parecía tener la edad que yo le había adjudicado. No era gorda, por el contrario. Era alta con un culo respingón, tetas interesantes, piernas bien torneadas y el resto de su cuerpo realmente no desentonaba.

    Pasaron unos días y ya casi me había olvidado del incidente aquel, cuando recibí una llamada en mi celular, era Mela que me invitaba a cenar en lugar del almuerzo prometido. Como es de imaginar, desde el mismo momento de esa llamada mi cabeza no hizo más que pensar en sacarle provecho a ese nuevo encuentro y que el mismo tuviera un final acorde a mis deseos.

    El día indicado estaba yo tocando el llamador de su casa con un ramo de flores en mis manos, cuando Carmela me recibió con un beso largo y sonoro en mi mejilla, que yo retribuí con otro, que maliciosamente le di cercano a su boca.

    Sorpresivamente ya no lucía el yeso en su tobillo. En cambio, le habían colocado una venda elástica que le permitía mejores movimientos.

    Al ingresar en la casa me encontré con algo diferente a la vez anterior. La sala estaba a media luz, se escuchaba una música romántica y lo mejor era la propia Mela, vestida para la ocasión con un vestido negro ajustado a su cuerpo que resaltaba mejor sus atributos físicos y donde prevalecían sus dos magníficas tetas que un atrevido escote en V permitía apreciarlas. El vestido tenía sendos tajos a los costados que llegaban hasta la mitad de sus muslos.

    Eso no era todo, estaba maquillada y lucía un peinado distinto al que le había conocido, esta vez teñido de un color castaño claro que ocultaba sus canas. Todo ese conjunto resaltaba sus hermosos ojos celestes. Tenía ante mí una mujer madura muy hermosa con una presencia física deslumbrante. Debo reconocer que me dejó impactado.

    La mesa ya estaba preparada con los cubiertos dispuestos en sitios muy cercanos, y dos velas aún apagadas lucían en la misma. También sobresalían las copas de cristal, todo sobre un mantel bordado muy elegante. La velada se presentaba interesante.

    Me invitó a sentarme un sillón y se sentó a mi lado para iniciar una charla previa a la cena. Fue allí que me contó que no tenía hijos, solo sobrinos que no vivían en la ciudad y que la visitaban de vez en cuando. Su vida era bastante solitaria y solo la compartía con unas amigas de su edad con las cuales se reunía a menudo para jugar cartas y el cotilleo habitual. Me dijo que por fortuna no pasaba privaciones porque el finado había tenido suerte con los negocios y la herencia recibida le permitía tener una vida holgada matizada con frecuentes viajes que realizaba con sus amigas.

    Pasamos a la mesa, previo el encendido de las velas que quedó a mi cargo. La comida estuvo excelente, acompañada por un excelente vino procedente de la bodega que había dejado el finado, trascurrió en un clima distendido donde tocamos muchos temas triviales y algunos privados. Me tuve que someter a su interrogatorio que abarcó desde mi infancia hasta la actualidad en temas que fueron desde mi salud física hasta la económica, y por supuesto mi vida sentimental.

    Finalizada la comida, pasamos a tomar café en unos sillones en donde nos sentamos uno al lado del otro. Retomamos la conversación la cual, que a causa del aperitivo y del vino que habíamos bebido, liberó nuestros remilgos y empezó a tomar un sesgo más íntimo y personal.

    Mela se aproximó a mí quedando nuestros cuerpos muy juntos, mientras una de sus manos buscó las mías para estrecharlas mientras conversamos. Los tajos de su vestido dejaban al desnudo sus piernas y una de ellas se estrechaba a una de las mías en un contacto que trasmitía un calor que acentuaba mi libido y empezaba a descontrolarme.

    Fue así que de a poco la charla fue incursionando en situaciones mucho más íntimas cada vez y realmente no recuerdo cómo llegamos al punto en donde yo le pregunté sobre su vida sexual. Le dije que una mujer de sus atributos físicos y lozanía podía aspirar a tener una pareja que la acompañara y le llenara su vida sentimental y sexual. Su respuesta fue directa y sin remilgos. Me dijo que desde la muerte de su marido no había tenido contactos sexuales con nadie y toda su libido la neutralizaba en la soledad de su cama recordando tiempos pasados.

    –Mela, viéndote, así como te veo esta noche tengo la seguridad que más de un hombre se volvería loco por ti. No entiendo la razón para que te encuentres tan sola.

    –¿Te parece? Yo creo que solo podría llamar la atención de algún viejo achacoso y eso no me hace ninguna ilusión.

    –¿Y porque un viejo? Más de un señor maduro y no tan mayor, pleno de virilidad podría ser tu compañero. ¿no lo crees?

    –No lo creo. ¿Tú piensas que alguien como tú se animaría a compartir mi vida?

    –Si yo fuera el elegido no tendría ningún remilgo. Por el contrario, me sentiría un afortunado.

    Le tomé la mano y se la besé al tiempo que la miraba a los ojos. Me miró con dulzura y sonriendo me dijo:

    –En verdad eres un amor. No me equivoqué contigo. Eres todo un caballero.

    –Un caballero que también, si me lo permites, será un admirador tuyo.

    –Gracias por lo que dices, me hace muy bien.

    –Creo que mejor te hará esto

    La invité a levantarse y lentamente la fui acercando a mí para abrazarla fuertemente mientras su cabeza se apoyaba en mi hombro. Separándome un poco le di un beso detrás de su oreja que la turbó. Sintiendo esa reacción, tomé su rostro con mis dos manos y apoyé mis labios en los suyos. Abrió su boca mientras dejaba escapar un suspiro y nuestras lenguas se encontraron para entrelazarse en un beso que duró largo rato.

    Alejó por un momento su cara mientras me miraba. Al ver mi mirada volvió a la carga para besarme nuevamente. Sus manos me apretaban contra su cuerpo, de modo que, soltando mis brazos, los bajé para posarlos en su culo y apretarla más aún hacia mí y hacerle sentir mi tremenda erección. Y fue en ese preciso momento que se desató la pasión contenida por ambos.

    Sin dejarnos de besarnos comenzamos a quitarnos la ropa. Cayeron al piso las prendas que llevábamos. Mientras ella se afanaba desabrochando los botones de mi camisa, yo comencé a besarle y lamerle el cuello y sus hombros al tiempo que, con mis manos le desataba las presillas que sujetaban su vestido por la espalda. Al hacer esto, el vestido se fue deslizando despacio hacia sus pies y dejó ver un cuerpo sensacional cubierto con un corpiño y bikini negros. Una verdadera delicia y fiesta para mis ojos.

    Tomados de la mano nos encaminamos a su dormitorio. Allí, sospechosamente nos esperaba una cama inmensa con sábanas nuevas de color gris plomo que planteaban un escenario adecuado ´para la ocasión. La escena se completaba con luces muy tenues.

    Nos recostamos de espaldas siempre tomados de la mano. Giramos nuestras cabezas para mirarnos como dando la señal de partida, tras lo cual volví a buscar su boca para besarla intensamente por un largo rato mientras le susurraba al oído palabras amorosas y provocadoras. Mientras mi boca se solazaba besando su cara y cuello, liberé sus pechos del corpiño y ambos senos quedaron a la disposición de mis juegos bucales.

    No solo besé esas tetas, las chupé intensamente casi con desesperación repetidas veces, tal era la calentura que tenía. También mis manos las amasaron y mis dedos jugaron con sus pezones. Fue un juego que duró varios minutos mientras Mela acariciaba mis cabellos y suspiraba profundo. En un momento que estaba lamiendo sus pezones mientras mis manos apretaban sus tetas, sentí que Mela se convulsionaba, me apretó mucho más fuerte mi cabeza y con un gemido muy fuerte me hizo saber que se había corrido. La calentura del momento era compartida.

    Quedó con los ojos cerrados terminando de gozar su orgasmo, yo la sorprendí con un beso diciéndole

    –Cuanto me gusta que empieces a gozar nuevamente de tu sexualidad.

    –Gracias mi amor, hace tanto tiempo que no sentía esas caricias que no pude aguantar

    –No sabes lo feliz que me siento por haber sido el causante. Pero ahora sigue con tu ensoñación que yo me voy a ocupar de hacerte gozar al máximo

    Volví a la carga con mis besos por su cuello, tetas, pecho y al llegar a su ombligo jugué con mi lengua en su cavidad, arrancando nuevos gemidos de complacencia. Seguí mi ruta. Mientras que con una mano magreaba sus pechos, con la otra fui separando sus piernas para dejar expedito mi camino a su vagina. A medida que me acercaba a la misma, me empezó a invadir un embriagador perfume de sexo femenino que brotaba de su coño y que, su bikini muy mojado lo demostraba. Los jugos de las caricias previas más los de su corrida se combinaban para darle un festín sensible olfato.

    No ataqué su cueva, sino que me primero me deleité lamiendo y besando sus muslos y el contorno de su panocha. Todo lo hacía en cámara lenta tratando de producir ansiedad en mi pareja y al mismo tiempo gozar yo mismo de mis caricias. Hasta que llegó el momento de quitarle las bragas, que hice con una mano ayudando a mis dientes aferrados al elástico de la misma. Quedó al descubierto un coño hermosamente adornado con un pelambre en forma de V delicadamente depilado. Un sueño. ¡Y esa belleza era toda para mí!

    Me coloqué de rodillas frente a tan hermosa vagina y dirigí mi boca hacia ese sitio. Lo primero que hice fue besarla una y otra vez. Luego cedí el turno a mi lengua que empezó a lamer sus oscuros labios mayores. Arriba y abajo en forma circular e incesantemente. Una de mis manos jugaba con el vello de su pubis mientras que la otra ayudaba a dejar al descubierto su rosada almeja, que inmediatamente ataqué con mi lengua, arrancando en ese momento nuevos gemidos de Mela que no cesaba de decirme cuanto me amaba y lo mucho que la hacía gozar.

    –Santo cielo, que hermoso lo que estás haciendo. Me estoy volviendo loca de placer. Sigue, sigue, por favor no pares.

    Debo haber estado varios minutos en mi tarea de hurgar sus rincones más profundos con la punta de mi lengua y de sorber y chupar esa belleza. Mi cansancio era superado por mi avidez, parecía que nunca me había comido una panocha. Seguí y seguí, descapullé el clítoris y lo ataqué con besos, lamidas y suaves mordiscos. Cuando ya estaba por desfallecer, siento que Mela se revuelve sobre si y vuelve a descargarse con un orgasmo brutal por lo profundo y su duración. Me detuve. Alcé la cabeza y la vi respirando acezante, los labios apretados y sus ojos cerrados.

    –¿Está todo bien Mela querida?

    Tardó en responder. Cuando recuperó su respiración normal, dijo

    –Bien es poco. Todavía estoy flotando en el espacio. Me arrancaste un orgasmo como nunca lo había tenido. Mejor que el anterior. Eres un amor, te quiero mucho.

    –Me halagas con tus palabras. Yo también te quiero mucho.

    Me acosté junto a ella y la empecé a besar. La miraba y no podía creer que una mujer de esa edad me hubiera calentado tanto. Porque estaba muy caliente y quería seguir dando guerra. Sin embargo, esperé un rato mientras Mela volvía a cierta normalidad. De repente con su mano agarra mi miembro que estaba duro como un hierro, me mira como pidiendo permiso y se agacha para llevar mi verga a su boca.

    La mamada que recibí fue memorable. No sé si era mi calentura con esa mujer o la realidad, lo cierto que como una experta se regodeó con mi verga. No solo chupó y lamió, sino que también succionó produciéndome un placer infinito que me aproximó a una corrida que evité haciendo un gran esfuerzo.

    En un momento de su acción la interrumpí diciéndole que mi intención era derramarme dentro de su cueva, a lo que accedió gustosa.

    –Hace tanto que no me acaban en mi conchita que estoy ansiosa por recibirte.

    –Quiero hacerte mía mirándote a la cara y viendo como gozas.

    Nos pusimos de frente y le pedí que pasara una pierna por debajo de la mía. Coloqué una mano en su entrepierna y con un par de dedos verifiqué que la vulva estuviera debidamente mojada. Lo estaba, y mucho, no habría problemas. Con la misma mano tomé mi verga y la situé en la entrada de su cueva. La froté por sobre sus labios y clítoris para elevar el nivel de su calentura. Cuando oí sus gemidos deslicé muy despacio mi falo hacia el interior de su vagina. Avancé centímetro a centímetro mientras la miraba.

    Tenía los ojos cerrados y sus labios apretados, sus manos en mi espalda tratando de estrecharse más a mí. Seguí avanzando hasta llegar al final de mis posibilidades, y allí me quedé quieto. Sentía que sus músculos se contraían apretando mi miembro lo que me produjo mayor placer. La seguí besando mientras empecé despacio a meter y sacar, cada vez con más intensidad.

    A medida que aumentaba mi ritmo se acentuaban sus gemidos, me susurró al oído que ya no podía más y que le entregara toda mi leche. Yo estaba lanzado y mi desesperación por acabarle era inaguantable, hasta que no pude más y anunciándoselo me derramé con un polvo intenso en duración y en cantidad. Parecía que me arrancaban las entrañas.

    Mela me recibió con un grito que retumbó por toda la casa, anunciándome que ella también estaba acabando junto conmigo. No paraba de decirme cosas. Me pedía más y más y que no la sacara. Quería tenerla dentro suyo a pesar que mi falo poco a poco se iba desinflando. Cuando finalmente salió, se agachó y lo llevó a su boca para chuparlo y beber las gotas de semen que aun caían.

    Lo dicho. Fue un polvo maravilloso como nunca había tenido hasta ese momento. Ambos quedamos en éxtasis mirándonos sonrientes y satisfechos. Nos dimos un beso largo y prolongado mientras nuestras manos nos acariciaban cuerpo y cara. Éramos dos amantes satisfechos que habían consumado su pasión.

    Luego el reposo. Nos pusimos en posición cuchara, ella dándome la espalda. Así estuvimos un buen rato diciéndonos palabras amorosas y complacientes.

    –Arturo, creo que es la primera vez en mi vida que he gozado tanto sexualmente. Me estás haciendo pasar una noche inolvidable

    –Yo también me siento muy a gusto contigo. Había idealizado esta noche junto a ti, pero la realidad superó mis sueños.

    –Desde el día que nos conocimos, empecé a pensar que esto podía pasar. Pero me decía a mí misma que esos eran pensamientos frutos de mi carencia sexual y que era imposible que sucediera

    –Bueno, está sucediendo y la noche aún no ha terminado. Tenemos más tiempo para el amor. Te quiero mucho Mela.

    –Yo también

    Nos callamos. Pero la pasión seguía latente. Nuestras manos seguían acariciando nuestros cuerpos con movimientos lentos y suaves. Ahí tomé conciencia de la suavidad de su piel. Ahora eran mis manos que hacían el recorrido que antes había hecho mi boca. Comencé con su cuello, donde justo es decirlo, encontré algunas arrugas propias de la edad. Luego sus pechos que empecé acariciando y pellizcando sus pezones hasta magrearlos con fuerza.

    Su vientre liso como el de una muchacha de 20 años hasta llegar a su pubis en donde me volví a entretener enrulando su vello. Pasé mi mano por sus muslos para regresar a su vértice. Acaricié otra vez su vulva y con mis dedos froté sus clítoris para volver a despertar su libido. Mela, a su vez, se dio maña para tomar con una mano mi verga y jugar con ella haciéndome una delicada paja que poco fue despertando al muchacho que no tardó en lograr una buena erección.

    En la posición que estábamos, fui deslizando mi miembro sobre toda su raya, amagué un puntazo en su esfínter, pero no me animé a seguir adelante. Seguí hasta llegar a su vulva y volver a penetrarla esta vez con mayor ímpetu. Mela me alentaba pidiendo que la hiciera suya nuevamente. Ya con mi verga adentro me desaté con violentos movimientos que duraron varios minutos porque ya podía contenerme mejor. Mi amante gozaba, y eso era lo que me trasmitían sus quejidos, más otro orgasmo que no pudo disimular. Mi frenesí era intenso y de a poco llegué a mi momento. Volví a correrme dejando lo que me quedaba de mi leche.

    Dejé mi verga adentro suya como ella quería y así nos dormimos profundamente hasta la madrugada cuando despertamos para ir al baño. Eran las 5 de la mañana. ¿Qué hacer a esa hora? Nada, volver al lecho para seguir soñando. Nos volvimos a despertar cuando el reloj anunciaba las 8 del día. Nos sentíamos mejor, más descansados pero sucios de los jugos que ambos habíamos derramado en nuestros juegos.

    Pasamos al baño. Obviamente que nos duchamos juntos y aprovechamos para tocarnos. En un momento en que Mela me estaba enjuagando, mi picha tomó estado de combate. Fue que me dijo

    –¿No te enojas si te pido algo?

    –¿No, porque me iba a enojar?

    –¿Me gustaría masturbarte con mi boca y beber tu leche, puedo?

    –Creo que me harías el hombre más feliz de la tierra.

    Tomó mi falo y volvió a darme una mamada tremenda y cuando eyaculé lo hice en su boca. Mela encontró la forma de beberse todos mis jugos sin desperdiciar nada. Cuando acabó su faena se irguió y me dio un brutal beso de lengua y me hizo partícipe de mi propio semen.

    Lentamente nos vestimos. No quiso que me fuera sin darme el desayuno que compartimos como dos esposos. Me despidió con otro beso interminable al tiempo que me hacía prometer que volvería.

    Por supuesto que volví. Me había enamorado de Mela. Nuestra relación duró unos años hasta que por causas que no vienen al caso tuvimos que separarnos.

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  • Un fin se semana en la isla (2)

    Un fin se semana en la isla (2)

    Después una vez en la isla por fin nos dispusimos a descansar, tomamos sol, paseamos por la costa, e incluso vimos la posibilidad de pescar y salir a explorar al otro día.

    Ya en la noche después de cenar, habíamos tomado unas copas cuando se corta la luz, sabía que no podía ser nada grave más que se apagará el grupo electrógeno por falta de nafta, pero le digo a mi mujer Noemi, que le agrego combustible y lo prendo.

    Ya en el lugar puedo ver que no era eso así que vuelvo a prender y regresa la luz, y me encuentro con el capitán, Marcelo y un viejo gordo, que después me entero se llama Carlos.

    Me quedo atónito con la sorpresa, pero más cuando pensé que cuando los vea mi esposa se iba molestar, pero contrario a eso, saluda al capitán con un beso apasionado, mientras él hace lo mismo tomando de los cachetes del culo.

    Marcelo quien quiere hacer lo mismo, es saludado por Noemi con un beso en el cachete, lo que hace que él la tome de los pelos y le pegue un chirlo en el culo, mientras le dice, ¿te olvidas de quien sos puta? Y mete su lengua en la boca varios minutos.

    A todo esto Carlos la toma por detrás apoyando su bulto en el culo de mi mujer y tomando su cara también la besa, ella intenta resistirse pero él la agarra fuerte.

    Marcelo mientras tanto me decía, lamento no a verte avisado que veníamos pero era una sorpresa, para tu mujer que es con quien vamos a pasar el fin de semana.

    Dicho esto Carlos la seguía besando y ahora ya le había bajado el corpiño, besando los pezones a su antojo y metiendo sus manos entre las piernas de mi esposa, en un momento.

    En un momento Carlos dice está putita, se está mojando y la hace agachar para que le chupe, mientras él estaba sentado en la mesa.

    A todo esto se suma el capitán, para quien se tomaba el tiempo para chuparle, mientras que en ese mismo momento. Carlos ya jugaba con su lengua en los agujeros de mi mujer, y también con sus dedos, lo que hacía que mi esposa pegara unos gritos ya para entonces de placer.

    Para esto ya se suma Marcelo quien también le coje la boca, la hacía toser por momento, ahora Carlos se acomoda abajo de ella quedando su boca a la altura de los pechos de Noemi, aprovechando para chupar y morderlos, el capitán ya acomodado atrás empieza entrar en ella y Marcelo seguía en la boca.

    El capitán termina largando un chorro de leche dentro de ella y me invita a sumarme a lo que no me niego, Marcelo había llenado de semen la boca de Noemi quien estas más que regada de semen.

    Ahora Carlos hizo lo mismo su conchita.

    Quedamos todos cansados, pero a la mitad de la noche se escucha un grito de mi mujer, era que otra vez Carlos le estaba haciendo el culo, y todos se reían, diciendo está enamorado este tipo.

    Al otro día hicieron que Noemi siga desnuda, hasta que nos fuimos todos juntos en la lancha, donde debido a que había que repartir el peso, hicieron que mi esposa fuera en el camarote, aprovechando para cogerla nuevamente todos, pero esta vez en forma individual.

    Al llegar a casa le pregunte por el recibimiento al capitán en la Isla y me dijo que le había gustado que el abusara de ella y que le gustaría seguir siendo su puta, pero sin que él supiera.

    Así fue como Marcelo hizo de ella una gran puta.

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  • Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (2)

    Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (2)

    Sin mediar palabra empezó a chupar, para un nuevo asalto. (así acabo el relato anterior, recomiendo leerlo para entender bien la situación).

    Pasados unos minutos de descanso, tomé mi cazadora llevaba un pintalabios negro.

    M: Sígueme al baño zorra y levanta los brazos

    Sara saltó de la cama y entró al baño.

    M: vamos a marcarte como la puta que eres

    Cogí el pintalabios y le di la vuelta escribiendo en la espalda, justo encima de su culo.

    A continuación, se lo pase y le dije que escribiera puta, encima de su coño, mientras se miraba como lo hacía en el espejo. Lo hizo con detenimiento recreándose y preguntando lo que yo había escrito.

    Cuando acabó sujetándola de la melena, frente al espejo, le susurré al oído:

    M: ¿Esto es lo que querías como fantasía, zorra?

    La giré y sobre su culo se podía leer. Follatelo

    S: Si, me encanta, me siento plena.

    Sin soltarle el pelo, la lleve a la ducha, era bastante amplia para caber los dos, poniéndola de rodillas

    M: Abre la boca guarra hay que marcarte por todos los agujeros. Como una sucia puta

    Empecé a mearla por la boca y el coño, dándole la vuelta para que también le cayera por su culo. Ella se metía los dedos en el coño extasiada, a una velocidad de infarto. No paraba de llamarse a si misma puta. Soy una perra… al terminar.

    M: Vamos dúchame, luego lo harás tú.

    Sara cogió jabón y fue enjabonando mi cuerpo, con delicadeza besando cada parte de él, finalmente la puse de rodillas y empecé a follarme su boca, no le costaba el metérsela entera, para mí era algo totalmente nuevo, me la habían chupado muchas veces pero no me habían dado la oportunidad, sabía que según lo pactado todo aquello estaba dentro de los límites, así pues, aprovechando la ocasión me follé su boca hasta correrme dentro de ella, cosa que con el dedo mientras recogía lo que había salido de la comisura de sus labios agradeció.

    Salí secándome y dándole instrucciones para que se apresurara y recogiera todo el estropicio del primer momento.

    Sara salió a los 5 minutos envuelta en un albornoz, secándose la melena, sonriendo. Estaba plena, iluminada.

    Me senté en el sillón encendiendo la televisión.

    M: Perra, recoge esto rápido, mira si la limpiadora está todavía en el pasillo, dile que hemos tenido un pequeño accidente y necesitamos toallas nuevas. No vuelvas sin ellas.

    Se apresuró a limpiar las huellas de su corrida en del suelo y lo que pudo de la colcha, recogió todas las toallas y salió de la habitación. Volvió a los pocos minutos. Entre risas me comentó que la de la limpieza le cambió las toallas sin problemas, pero que con las pintas que había llegado y el manojo de toallas, sospechaba lo que era evidente, dejándole caer encima una mirada que no sabía cómo interpretar, se sintió deseada por la limpiadora. También que se había cruzado con una pareja joven y que no habían parado de mirarle las tetas desde el otro lado del pasillo, lo que la había excitado mucho, más porque debajo del albornoz no llevaba nada. Estaba encantada con la situación.

    M: Bien ahora que hemos dejado atrás los nervios vamos a empezar a darle forma a tu fantasía, tratarte como lo que eres una sucia puta sumisa (era el termino con el que la saludaba en nuestras conversaciones).

    M: Toma me has dicho que hay una máquina de vending en la recepción, ponte tu uniforme y tráeme una cerveza, coge algo para ti. Le lance varias monedas para la máquina. Fue a decir algo, pero mi mirada, seguida de una bofetada, la sacó de su posición desafiante, la freno en seco.

    M: ¿A partir de aquí seré amo o señor de acuerdo puta? Sin cuestionamientos. ¿Entendido?

    S: SI, amo.

    Volvió al baño, al salir note que se había vuelto a remarcar puta sobre su coño, se vistió frente a mí recreándose y remarcando sus encantos de perra.

    M: Que no se caliente por el camino.

    Recogió las monedas por el suelo, al recoger la última recibió un sonoro azote.

    Sara sonrió iluminando su cara de vicio.

    Regresó con dos latas una para cada uno, aunque sabía que no solía beber, me dijo que no había muchas opciones y que un día era un día.

    M: ¿Disfrutando tu papel de puta? ¿Pequeña zorra?

    S: Por ahora vamos muy bien, la llamada a la vieja me ha puesto a cien, hablando con esa arpía mientras me comían el coño. Vaya sensación. Soy toda una puta. Una puta feliz.

    M: ¡Para!, como buena puta, tu negocio es venderte y es lo que vas hacer ahora, vas a venderme el producto, zorra con un baile muy sensual, para ponérmela otra vez dura y que pueda follarte ese culo.

    S: Este culo hace mucho, años, que está cerrado, mi marido ni siquiera ha podido entrar. Amo no va a ser fácil, no sé si podré a la primera.

    M: No me importa cuánto hace que no lo usan, (me había contado que en su veintena había sido desvirgado). ven aquí.

    La puse sobre mis piernas y empecé a azotarla en el culo.

    M: Puta esto es por poner pegas, y cuestionar, ¿te enteras?

    Llevaba más de diez, doce azotes cuando su resistencia inicial (nunca dijo la palabra de seguridad) fue cediendo, yo seguía azotándola, cuando noté que su leggins se estaba mojando. La muy zorra se había corrido con los azotes. Le levante la cabeza del pelo y la volvía a escupir en la cara.

    M: Esto es lo que querías, ¿que te castigara por desobediente? Que guarra.

    S: Mucho tiempo deseando que me castigaran así, por desobediente.

    M: Vamos ponte a bailar guarra. Y ya puedes hacerlo bien.

    Me senté en el sillón que había en la habitación, abriendo mi cerveza, ella fue un minuto al baño y salió tatareando una canción de reguetón que puso en su móvil. Intentaba perrear como las niñatas, pero aquello distaba mucho de parecer twerquing, hay que decir que, el esfuerzo merecía reconocimiento, pero poco más. Le pedí el teléfono y cambié la música You can leave your hat on, para mí mucho más apropiada para el momento, se la veía mucho más segura y al final sí que resulto ser bastante sensual.

    Bajo lentamente los leggins, dejando ver sus diminutas bragas blancas de encaje que había comprado para la ocasión y que había recuperado en el parking al bajarnos del coche, moviendo continuamente las caderas fue bajando los leggins hasta quitárselos, ofreciendo ese culo perfecto, para después desabrochar los botones de la blusa despacio, sin apartar sus ojos clavados en los míos, con una expresión lasciva en su cara, dejando ver esos melones 95C, ofreciéndolos con ambas manos para que los chupara, después de chupar ambos, la retiré, le di dos palmadas en ellos y ella se volteó para seguir con su bailecito.

    Bajando lentamente las bragas y ofreciendo el coño, se metió dos dedos dándome a saborear esos jugos de perra, como quien da una cucharada de helado para afianzar su compra. Tomé un sorbo más de mi cerveza y me incorporé quedando frente a ella, seguía con su baile, rozando su piel con mi cuerpo.

    S: ¿Le gusta esta puta?, ¿quiere follársela otra vez?

    Tomé el bote de gel que había sobre la mesa de la habitación.

    M: Vamos ponte a cuatro, a esta puta le van a romper el culo, ahora.

    La hice colocarse a cuatro sobre la cama, permanecía tensa, rígida, parecía una mesa, apoyada sobre sus manos con los brazos totalmente estirados.

    M: No, no. Quiero que tu cara toque la cama, estires bien los brazos y ese culo me lo pongas en pompa. zorra

    Obediente se colocó en la posición rápidamente. Intentaba girar la cabeza para ver que hacía.

    Apliqué un poco de gel sobre mi dedo y empecé a hacerle pequeños círculos alrededor de su ano, presionándolo un poco. Ella movía de un lado a otro su culo, cuando presionaba su ojete, lo intentaba cerrar, un fuerte azote le indicó que se dejara hacer. Me acerque a su oído y le susurraba.

    M: Una buena puta ha de tener todos sus agujeros abiertos, nunca sabes dónde puede estar el negocio. ¿Verdad?

    Sara asentía.

    S: Por favor con cuidado amo. Quiero disfrutarlo.

    M: Claro tienes que hacer un viaje de vuelta, pensando en cómo lo tienes así. Ábrelo con tus manos guarra. Recuerda “lo que quiera por donde quiera”.

    Colocó sus manos en los cachetes, sin levantar la cara de la cama y esperando ser penetrada.

    Empecé a besarle ese hermoso culo, lamí su ojete de fresa, comenzando a dar pequeños gemidos, cuando estuvo excitada, presioné más con mi dedo entrando la primera falange, un poco de espera e inicié un lento mete y saca, lubricándolo con el gel, después fui introduciéndolo un poco más, a la vez que le decía que era una puta, manoseada por un viejo, ella estaba en la gloria. Se volvió mordiéndose el labio.

    S: No pare Amo, está puta está preparada para que le meta otro. Por favor

    Lubrique un segundo dedo y lo introduje poco a poco, pero más rápido que el primero, cuando vi que estaba cómoda con los dedos en su culo y empezaba a disfrutar de su culo, me acerque de nuevo a su oído.

    M: Ahora zorra, No tendrás mayor humillación que hablar con quién te tiene tan abandonada que solo te folla para su satisfacción y justificarse, mientras un viejo te tiene metido dos dedos en el culo, antes de follárselo.

    Me lanzó una mirada inquisitoria valorando si utilizar nuestra palabra segura. Tomó el teléfono y llamó. Mientras mis dedos hurgaban en su culo entrando y saliendo despacio y ella acompasaba los movimientos con su cadera.

    S: Cariño, soy yo, he hablado con tu madre para el domingo, te llamo ahora porque hemos hecho un receso de 5 minutos y aquí hay muy mala cobertura. Te veo esta noche. Un beso.

    Cuando colgó, me miro, con cara de cierta desaprobación,

    S: ¿contento?

    M: ¿y tú de ser tan puta? Querías sentirte humillada y vejada. ¿Cierto?

    S: Mi amo ha sido un cabrón y lo ha conseguido, casi me corro, me ha hecho sentir lo más bajo y la más puta, y sé que no estaría en esta situación si hubiera dedicado más tiempo a follarme y tratarme como una puta en la cama. Ahora es usted quien se beneficia de ello.

    M: Yo y tu culo, zorra. Parece que ya estás preparada.

    S: Fólleselo, me ha puesto muy cachonda la puta llamada. Soy una guarra, que ha disfrutado llamando a su marido mientras un tío me tiene metido dos dedos en el culo, para follárselo. Joder que morbo.

    Saqué los dedos de su culo, me coloque un condón y le puse un poco de gel, apoyando la cabeza de mi polla sobre su ojete empecé a introducirla ayudado con mi mano, no ofreció mucha resistencia, los dedos lubricados habían hecho su trabajo, empuje un poco más y terminó de entrar, comencé a darle azotes en ambos cachetes de su imponente culo, Sara agarraba las sábanas con fuerza. Al principio permaneció inmóvil haciéndose a la nueva situación, pero no tardó mucho en cambiar de actitud, pidiendo que la follara como una puta, estaba desatada,

    S: Fóllate este culo, rómpemelo, dame fuerte, más fuerte… agg, agg soy tu sucia puta, dame fuerte… joder, rómpemelo por puta.

    Me acomodé subiendo una pierna sobre la cama, agarre fuerte a sus caderas y aceleré los envites a vez que la azotaba su enrojecido su culo, terminé vaciándome dentro.

    Sara se dejó caer sobre la cama, yo me tiré a su lado. Dándole un último azote en su descomunal culo.

    M: Te has saltado el tratamiento y eso habrá que castigarlo.

    S: Perdón amo, lo estaba disfrutando tanto que me he dejado llevar. Mi castigo será aceptado sin peros, sea lo que sea.

    M: ¿Sea lo que sea? Cuidado con las promesas. ¿Ha disfrutado la zorra?

    S: No sé si tanto como mi amo, tiene a la mejor puta para lo que quiera, y eso… me encanta. Hay cosas que se había guardado y me han pillado de improviso pero que me han puesto a cien, el rotularme con el pintalabios y lo de las llamadas ha sido muy fuerte… y excitante. Mi amo es todo un viejo cabrón, que sabe putearme para que me excite.

    M: Vamos a tomarnos un descanso, déjate a un lado el tratamiento

    Me quite el condón y me senté en el cabecero de la cama con las piernas abiertas, le indiqué que se sentara delante mía en la misma posición, lo que me daba acceso a sus, piernas, muslos, coño y sus tetas, para jugar con ellas mientras retomábamos parte de la charla del bar y en mi caso debía tomar un respiro después de una primera parte de la sesión extenuante. Quería que cumpliera su fantasía, sintiéndose sucia, manoseada por un viejo, desconocido a su antojo, que la había follado por todos sus agujeros.

    Mientras hablábamos yo le pellizcaba los pezones, tiraba de ellos o metía varios dedos en su coño, ella cuando se excitaba pegaba más su cuerpo, empujándolo contra el mío, mientras nos besábamos y subiendo su culo para ofrecerme más de sí misma. Dejando pequeños momentos para hablar, era como tener un gato ronroneando y frotándose, era una puta y debía y quería dejarse hacer. Estuvimos más de media hora con el juego y el sobe.

    Hubo un momento en el que estaba muy excitada, tomé mi teléfono y le dije

    M: ahora te vas a quitar las ganas tu sola mientras este viejo te observa lo puta que eres.

    S: ¡Whisky! (era la palabra de seguridad).Ni de coña, quiero salvaguardar mi privacidad.

    M: Acordamos que la privacidad es innegociable, por eso grabaría en tu exhibición de perra solo el cuerpo, tienes pruebas de más de que puedes confiar. Tú decides. ¿Lo dejo? Sin problemas, es lo acordado. Será whisky entonces, volví a dejar el teléfono en la mesilla.

    Sara me miro intentando meterse en mis pensamientos, sopesando el momento.

    S: De acuerdo, pero la cara no. Y lo grabaremos con mi teléfono quiero pensármelo. Me pone el mostrarme como una puta, pero no quiero problemas. ¡Solo para nosotros! A mi vuelta te lo paso.

    M: Only for my eyes. Tienes mi palabra.

    Me pasó su teléfono y me puse a grabar.

    Se acomodó con varias almohadas y empezó a meterse los dedos en su coño, le hablaba a la cámara de cómo se la había follado su amo, un viejo cabrón que le había dado por culo, se giró mostrando su culo y follándoselo ella misma con un dedo, con dos, jugando con su culo y su coño en esa posición varios minutos, era la muestra de toda una cerda, sacando la lengua intentando chupar el aire impregnado de sexo, cuando ya estuvo muy excitada, regreso a su posición inicial volviendo a follarse con sus dedos el coño, sacando la lengua intentando chupar el aire impregnado de sexo, acelerando el movimiento de su mano y la intensidad con la que apretaba sus tetas.

    S: Por favor amo, estoy que reviento, métame la polla en la boca, es el único agujero que me falta ahora por usar, fóllesela.

    Dejé el teléfono en la mesilla, le escupí en la cara y sujetándosela tras una bofetada, le dije.

    M: Veo que es cierto, te encanta comer rabos. Ábrela bien zorra, quiero que sientas como me la follo.

    Se la metí de golpe, ella era un mar de lujuria, acelero los dedos en su coño, mientras mi mano en su cabeza le marcaba el ritmo, con la otra mano apretó mi culo contra su cabeza, en un intento de dejarme seco, mientras se corría.

    S: Umm, umm, me corro, que guarra soy.

    M: Ponme un condón perra

    No me faltaba mucho, pero quería follarme su coño. Cogió un condón de la mesilla. Tiré de sus piernas hacía abajo, colocándola de lado, pasé una pierna por encima de la mía. Ella me lo ponía rápidamente, sin perder detalle, le subí la pierna dejando su coño y su culo al descubierto.

    M: ¿Tienes alguna predilección?

    S: Los dos son suyos. amo. En un tono provocativo.

    Se la metí de golpe en el coño, empezando a follarla, ella me miraba con deseo desenfrenado, estaba loca de gusto, ejerciendo su papel de puta usada, la saque y se la metí por el culo, un gesto de sorpresa vino a su cara.

    S: No pierde el señor ninguna oportunidad de usar a su puta.

    M: Ni mi puta para que se la follen perra

    A los pocos minutos, Volví a metérsela en su coño.

    S: Me encanta que me use como una sucia puta, que gusto. Umm. Fóllese a su puta. Agg, Agg. Siga, deme fuerte.

    Aceleré de una manera incontrolada, no cabía una gota de agua entre nuestros sudados cuerpos, introduje mis dedos en su boca, ella los chupaba los mordía, los besaba, con desesperación. A los pocos minutos aprete mi cuerpo contra el suyo y me vacíe por completo en aquel charco de jugos que era su coño.

    S: Si, si me corro, joder, me corro que puta soy como me gusta.

    Empezó a restregar su coño contra mi cuerpo, con un movimiento de cadera rítmico pero incontrolado. Seguimos con ese ritmo un par de minutos hasta que la intensidad se fue bajando. Fijó sus ojos en mí.

    S: ¿Soy una buena puta?

    M: Nena, tienes un potencial increíble, eres una magnífica guarra y voy a disfrutar mucho de ti. Una pija que busca un viejo que se la folle, humille y veje. Toda una guarra.

    Deshicimos el nudo de nuestros cuerpos, la besé con ímpetu invadiendo su boca y anudando nuestras lenguas.

    Colocándome encima de ella, notaba como mi peso aplastaba aquellas enormes tetas, Sara buscaba una posición para seguir frotándose con mi polla en su coño, pero está había quedado totalmente vencida en el último asalto, pero no se resistía a servir de punto con el que ella se frotara el coño.

    Dejé que jugara frotándose mientras le comía la boca y disfrutaba de aquellos generosos 95, 95C como a ella le gustaba remarcar.

    Poco a poco se fue apaciguando y quedamos tumbados de frente, somnolientos.

    M: Vamos a descansar zorra, tengo que recuperarme, me has dejado seco. De momento.

    S: ¿De momento, amo? Yo estoy empapada, por dentro y por fuera. ¿Me voy a duchar?

    M: No zorra, date la vuelta, te haré una cucharita y quiero que te sientas así de sucia, usarte cuando me despierte.

    Se dio la vuelta y abrazándola por detrás, pegando mi polla a su culo y dejando mi mano acariciando, los pezones de sus 95, dejé que me venciera el sueño.

    Sonó el despertador a la hora, tomando conciencia de nuestra situación pegue más mi polla a su culo, ella se medio giro buscándola para empezar a masturbarla. Un azote le indicó que debía prestar atención:

    M: Levanta la pierna, guarra. Voy a follarte. Mientras le metía dos dedos en su coño.

    S: Es muy buen despertar amo. No recuerdo cuando fue la última vez que me despertaron para follarme.

    Cuando empezó a acompasar mis movimientos paré y se los di a probar, Los saboreo como una guarra dejándolos completamente limpios. Me puse boca abajo.

    M: Puta, dame un masaje por la espalda, desnuda, quiero sentir el calor de ese chumino en ella. Y el final por supuesto será un final feliz. ¿Lo entiendes zorra?

    S: Si amo, no sé si sabré darle un masaje, no es mi especialidad.

    M: Tu especialidad es estar siempre dispuesta para hacer lo que te diga guarra

    S: Por supuesto amo, intentaré aplicarme lo mejor posible.

    Sara se subió a horcajadas sobre mi cuerpo dejando su coño a la altura de mis muslos, anterior a mi culo, y empezó a dar un masaje con sus manitas.

    M: Joder aplícale más fuerza, zorra

    Se inclinó más sobre mi cuerpo lo que incrementaba el contacto de su coño en mi espalda, a veces apoyaba sus melones dando una sensación de calor curativo y con cada movimiento parecía que habíamos iniciado el ritmo de un polvo.

    Cada poco avanzaba su posición, frotando su coño y aunque seguía dándome un masaje, su coño estaba aumentando la temperatura, dejando claro su humedad descaradamente con cada vaivén de nuestros cuerpos y mi polla había empezado a estar tiesa e incómoda ante aquella posición presionándola.

    A media espalda la pare, para darme la vuelta.

    M: Condón, ponte arriba y métetela zorra.

    S: Por supuesto amo, me estaba calentando con tanto roce.

    Alargó su mano hacia la mesilla y como si de un examen se tratara, sin dejar de mirarme, abrió con la boca el envoltorio se lo colocó en la boca y bajo a ponérmelo esta vez sin manos, las cuales solo utilizó para asegurarse de que estaba bien colocado.

    Tomo la polla y se dejó caer despacio con los ojos cerrados, a lo largo de ella, cuando estuvo toda metida abrió los ojos con una sonrisa iluminada y comenzó a hacer pequeños giros de cadera, tomando sus tetas con ambas manos y tirando de sus pezones hacia adelante y arriba, se venció hacia mi ofreciéndome primero su boca besándome hasta la entrañas y luego esas impresionantes tetas para que jugara con mi boca en ellas, las chupe, mordí, amasé y palmee durante un buen rato, ella permanecía ida en un mundo de éxtasis, llamándose puta y zorra, yo estaba muy excitado y con ganas de correrme, levante mi pelvis.

    Ella empezó a cabalgar de una manera salvaje, me corrí, ella seguía intentando cabalgar, poniendo mi brazo en un costado suyo la aparté a un lado, metiéndole dos dedos en su húmedo coño, ella llevó su mano al clítoris, lo frotaba de manera enérgica, al momento.

    S: Me corro, me corro, más fuerte, me corro.

    Recogió las piernas atrapando nuestras manos y cogiendo mi muñeca con la otra para que no la sacara, hizo un par de movimientos pélvicos de liberación de tensión.

    S: Uff vaya día llevo, um

    M: llevamos. Ja, ja

    Quedamos tendidos recomponiéndonos, recuperándonos en la cama.

    Continuará.

    Agradezco comentarios, motivan para seguir escribiendo relatos.

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  • Invitación

    Invitación

    Te imaginas: ¿un día un amigo tuyo te envía una foto de su mujer un poquito subida de tono? Eso me pasó a mí.

    Era un viernes a las 10 de la mañana, hablando de cualquier cosa y de repente me envía una foto, una mujer vestida de negro medias de red y un escote hermoso que dejaba ver unos pechos bien redondos. Pero el asunto era que eran los pechos de la mujer de mi amigo Jota. Me preguntó ¿Qué me parecían? Le admití que se veían bien. Luego me preguntó: ¿La coges?

    Dejé de contestar y dejé pasar el tiempo. Al volver a tomar el teléfono había quedado esa pregunta.

    Le pregunte: ¿Qué onda con eso?

    Me responde que tenían la fantasía de un trío hmh, pero que ella aún no estaba del todo decidida.

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  • La vecina (3 – final)

    La vecina (3 – final)

    Después de haber tenido aquel encuentro, pase toda la semana recordando esa noche una y otra vez fue motivo de una que otra paja jejeje.

    Nos texteabamos con más continuidad y acordamos volvernos a encerrar el domingo nuevamente siempre a la misma hora pues el marido se iba a trabajar ese día de noche.

    Salí como siempre de trabajar de noche y traté la manera de matar el tiempo mientras se llegase la hora para acercarme a su casa, calculando qué todos los vecinos ya estuvieran durmiendo o al menos ya no hubiera nadie en la calle.

    La puerta ya estaba semi abierta para solo entrar y esta vez fue en el sofá de la entrada donde comenzamos a besarnos y a tocarnos con un deseo y lujuria ambos estamos deseosos qué ese momento hubiera llegado.

    Nos fuimos a la cama siempre en la oscuridad por la que ya comenté anteriormente apenas alumbraba con un blackberry que yo tenía, ahí estaban esas piernas lisas y esas caderas anchas que daban paso a unas nalgas firmes y ricas, ya su concha estaba mojada por lo que fue fácil iniciar a penetrarla.

    Así estuvimos del misionero, a armas al hombro, de lado, en 4 hasta que terminamos ambos fueron 3 polvos en toda la noche se llegó la madrugada y momento de irme para mi casa ya eran las 3 am.

    Habíamos acordado que era un juego, pero esos encuentros se siguieron repitiendo por mucho tiempo y al final si le conocí todo su cuerpo era una concha grande con el monte de venus gordito todavía la sigo comiendo.

    Espero sus comentarios.

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  • Una luna de miel para el olvido (1)

    Una luna de miel para el olvido (1)

    Después de la pequeña aventura con Alan, volví a casa renovada. Al principio, no podía evitar pensar en lo sucedido aquella tarde, pero poco a poco la calentura se fue disipando. Fueron tres días difíciles, pero también aliviadores. Aunque Alan seguía enviándome mensajes, e incluso fotos de su gran pene, decidí no ceder. No porque no me hubiera gustado, sino porque cada día mi novio estaba más atento y un poco más productivo en la cama. Parecía que, finalmente, las cosas entre nosotros estaban mejorando.

    Llegó el día de nuestra boda, y yo estaba radiante de felicidad. Después de todo, era cuestión de horas para estar juntos para siempre y dejar esos pensamientos eróticos en el pasado. Pero lo que no me imaginaba es que aquella aventura con Alan solo sería el preludio de algo más grande.

    Nos casamos por la tarde en un campo gigante de la familia de mi padre. La ceremonia fue hermosa, y la fiesta estuvo llena de alegría y buenos deseos. Esa noche, nuestra primera como marido y mujer, fue increíble. Mi marido me sorprendió una vez más con su desempeño en la cama, y yo me sentí afortunada de haber elegido a alguien que, a pesar de todo, seguía sorprendiéndome.

    Al día siguiente, habíamos planeado partir hacia Miami para nuestra luna de miel. Habíamos reservado un hotel frente a la playa, un lugar hermoso donde pasaríamos tres semanas de ensueño. Pero, como suele decirse, no todo lo que brilla es oro.

    Me desperté sola en la cama. Mi marido me había dejado una nota:

    “Hola, bebé. Feliz primer día de casados. Salí un momento hacia la ciudad. Tuve unos inconvenientes con la empresa de mi padre. Cuando acabe, voy para allá y nos vamos para nuestra luna de miel. Te amo.”

    Lo entendí. Sabía que le iba muy bien en sus inicios como emprendedor, y que a veces los negocios requerían su atención inmediata. Así que, sin preocuparme demasiado, me levanté y preparé el desayuno. Después, me puse a hacer las maletas para tener todo listo cuando llegara. También aproveché para acomodar un poco la casa y ver una película. Quería verla con mi marido, pero él volvió muy tarde.

    Como quería darle una sorpresa, me puse una bata sedosa y, debajo, una lencería super sexy. Mi plan era recibirlo con una noche relajante de placer, para compensar el estrés del día. Pero, como pronto descubriría, los planes no siempre salen como uno espera.

    Él entró a la habitación con una expresión cansada, pero sus ojos se iluminaron al verme.

    —Hola, amor. Qué sexy estás —dijo, acercándose para darme un beso— Hoy fue un día pesado. ¿Cómo estás?

    —Bien, bebé —respondí, notando el agotamiento en su rostro—. Veo en tu cara lo cansado que estás.

    Me acerqué más a él, deslizando una mano por su pecho mientras le susurraba al oído:

    —¿Querés que te dé unos masajes? —Comencé a frotar su entrepierna con suavidad, abrazándolo y dejando caer besos en su cuello.

    Él suspiró, dividido entre el cansancio y el deseo que mi contacto despertaba en él.

    —No, amor. Hoy estoy agotado. Además, tengo que contarte algo.

    —Después me decís —insistí, desabrochándole la camisa y quitándole el saco—. Quiero complacerte toda la noche.

    Me detuvo con suavidad, tomándome las manos.

    —Esperá, amor. Sabés que quiero, pero pasó algo con nuestra luna de miel.

    Dejé de acariciarlo de inmediato, mirándolo con preocupación.

    —¿Qué pasó, bebé? No me hagas asustar —dije, mientras nos sentábamos en el sofá.

    Él se acomodó a mi lado, con una expresión seria.

    —Me ofrecieron trabajar con una empresa de inmuebles. Es un negocio redondo.

    —Qué bien, amor —respondí, aunque algo en su tono me hizo intuir que había más—. Pero ¿qué tiene que ver con nuestra luna de miel?

    —Nosotros tenemos que viajar mañana para Miami, pero no voy a poder —confesó, evitando mi mirada—. No pudimos cerrar los contratos. Los anteriores dueños están poniendo trabas, y el lugar donde íbamos a construir nuestra primera tienda también nos está dando problemas.

    —¿Qué? —exclamé, sintiendo cómo el suelo parecía hundirse bajo mis pies—. No podemos no ir, amor.

    Él me tomó de las manos, intentando calmarme.

    —Lo entiendo, amor. Pero si este negocio me sale bien, vamos a poder vivir de por vida por esto. Nuestros futuros hijos, y quizás nuestros nietos, van a tener una buena herencia.

    —Mmm, lo sé, amor —dije, intentando ser razonable—. Lo entiendo. Pero ¿no podemos ir cuando termines de resolver estos problemas?

    —No —respondió, con un tono de frustración—. Si no vamos hasta el viernes, ellos cancelan nuestra reservación. Ya llamé al hotel, y no nos pueden aguantar más que hasta el sábado.

    —¿Y vos cuándo pensás que vas a tardar? —pregunté, buscando alguna solución.

    —Estoy intentando que se resuelva lo más antes posible —explicó—. Puede resolverse mañana, pasado o en una semana.

    —Uff, bueno, amor —dije, resignada—. Entiendo. No pasa nada. Podemos viajar en otra oportunidad.

    Él se quedó pensativo por un momento, como si estuviera sopesando una idea.

    —Se me ocurrió algo… Podés ir vos sola y estar en el hotel, y esperarme hasta que yo vaya.

    —Mmm, ¿vos decís? —pregunté, sorprendida por la sugerencia—. La idea es que estemos los dos y disfrutar de esos días juntos.

    —Sí, ya sé —dijo, acariciándome la mano—. Pero no voy a demorar mucho. En estos días voy a acelerar las gestiones para resolverlo lo más antes posible.

    —Mmm, bueno —respondí, aunque no podía evitar sentirme decepcionada—. Pero yo quería estar con vos.

    Él me miró con ternura, acercándose para darme un beso.

    —Sí, ya sé, amor. Pero miralo así: a lo sumo vas a estar cuatro días sola. No creo que pase de esa cantidad de días lo que me tome resolver estas boludeces. Después llego y ya la pasamos de diez.

    —Bueno, amor —acepté, aunque con cierta reticencia—. Igual estate atento al celu, así te envío cositas y estamos conectados.

    Él sonrió, con una mirada llena de curiosidad y deseo.

    —Mmm, ¿qué cositas me vas a mandar? —preguntó, mientras se paraba y terminaba de quitarse la camisa.

    Me levanté lentamente, desatando la bata que llevaba puesta. Debajo, la lencería que había elegido especialmente para esa noche quedó al descubierto.

    —Mmm, no sé —dije, con una sonrisa coqueta—. Quizás unas fotos o videos de esto.

    Le mostré primero mis pechos, y luego me di la vuelta para que admirara mi culo. Su mirada se llenó de deseo.

    —Me encanta —murmuró, acercándose a mí.

    Nos besamos apasionadamente, y en cuestión de segundos estábamos desvistiéndonos. Tuvimos sexo como nunca, aunque fue un poco corto debido a su cansancio. Aun así, lo disfruté como nunca

    Al día siguiente, me dirigí al aeropuerto rumbo a Miami. Al llegar al hotel, me recibieron con todo lujo. Los empleados eran extremadamente amables, y el servicio era de primera. Por suerte, en el hotel había muchos latinos, tanto entre los turistas como en el personal. Uno de los empleados me acompañó hasta mi habitación, ayudándome con las maletas. Mientras caminábamos, charlamos amablemente. Fue muy atento, sobre todo porque yo no conocía mucho de Miami, ya que era mi primera vez allí.

    —Aquí en Miami, los turistas suelen ir mucho a la playa —comentó el empleado mientras caminábamos por el pasillo—. Podría ir con su marido cuando llegue.

    —Sí, me encantaría —respondí, con una sonrisa—. Pero él no sabe cuándo vendrá.

    —Uuuuh, qué lástima —dijo, con un tono comprensivo—. Aunque podría ir sola. Eso sí, tiene que tener cuidado con algunas personas que intentan estafar a turistas.

    —Sí, eso me da un poco de miedo —admití, mientras llegábamos a la puerta de mi habitación.

    —Aunque aquí abajo, al lado de la recepción, hay una sala donde van muchos turistas, tanto los que están hospedados como los que no —continuó—. Podría conocer mucha gente buena que podría acompañarla.

    —Sí, qué buena idea —dije, entusiasmada—. Dejo mis cosas y voy para allá.

    —Sí, además hay muchas mujeres que vienen de vacaciones solas. Seguro encuentra compañía —añadió, con una sonrisa.

    —Muchas gracias —respondí, agradecida por su amabilidad.

    Al llegar a mi habitación, me puse ropa cómoda para ir a la playa. Tenía un bikini bastante sexy, así que, para no llamar demasiado la atención, me puse un conjunto transparente que me tapaba un poco. Bajé al lobby con la esperanza de encontrar a alguien que me acompañara a la playa.

    Mientras salía de mi habitación, me crucé con un chico muy atractivo que se hospedaba en la habitación de al lado. Apenas salí, me miró de arriba abajo, como si quisiera saludarme, pero no le di importancia. Estaba ansiosa por bajar rápido e ir a la playa. Al llegar al lobby, me encontré con una chica argentina que también estaba bajando. Nos hicimos amigas al instante y decidimos ir juntas a la playa.

    Al llegar, me sorprendió la cantidad de gente que había. Nos sentamos a charlar con otras chicas y pasamos un rato agradable. Luego, recorrimos la playa y fuimos a un centro comercial a pasear. Cuando se hizo tarde, regresamos al hotel. Ellas planeaban salir a bailar cerca del hotel, pero yo estaba cansada y decidí quedarme. En cambio, fui a la sala que estaba al lado de la barra para tomar unos tragos y charlar con mi esposo por mensaje. Quería saber si ya estaba por venir o si estaba cerca.

    Me senté en una de las mesas para dos que había allí. Mientras esperaba mi trago, le envié un mensaje a mi marido:

    —Amor, ¿cómo estás? ¿Ya estás por venir?

    En ese momento, se me acercó el chico que me había cruzado al salir de mi habitación. Era muy atractivo: alto, aunque no tanto como yo, musculoso y bien arreglado. Lo miré de arriba abajo, y no pude evitar notar el bulto en sus pantalones, lo que me hizo mordisquearme los labios sin que él se diera cuenta.

    —Disculpa, ¿podría acompañarte esta noche? —preguntó, con una sonrisa seductora.

    —Disculpa, pero no —respondí, señalando el anillo de mi marido.

    —Oooh, estás casada —dijo, con un gesto de decepción—. Disculpa. Que tengas buenas noches —añadió, guiñándome un ojo antes de alejarse.

    —Chau —respondí, devolviéndole una sonrisa.

    Mientras lo veía irse, observé cómo se acercaba a otra chica que estaba sentada sola. Ella accedió a su compañía, y los vi charlar animadamente. En ese momento, el mozo que me había acompañado a mi habitación llegó con mi trago.

    —Ese chico viene siempre de vacaciones aquí —comentó el empleado, con un tono casual.

    —¿Qué? ¿Cuál chico? —pregunté, fingiendo no saber de quién hablaba.

    —Al que está mirando, señorita —respondió, señalando discretamente al chico.

    —Ah, sí. Pasa que me vino a molestar —dije, con una risa nerviosa.

    —Jajaja, siempre está en busca de una mujer, ese chico. La cantidad de mujeres que lo vi es mucha, señorita —comentó, con un tono de complicidad.

    —Jajaja, bueno, ¿me puedes dar el trago? —pregunté, intentando cambiar de tema.

    —Ah, sí, sí, perdón —dijo, sirviéndome la bebida.

    —No pasa nada, jajaja —respondí, tomando el trago y relajándome un poco.

    Cuando el mozo se fue, me quedé mirando al muchacho. La verdad es que me entró un poco de curiosidad: ¿por qué tantas mujeres caían rendidas ante él? Pero creo que la respuesta ya la habían visto mis ojos…ese enorme bulto.

    Pero, en fin, la noche siguió su curso, y cuando terminé mi trago, decidí que era hora de irme a dormir. Al llegar a mi habitación, sonó el teléfono. Era mi marido:

    –Hola, bebé. ¿Cómo estás? –escuché su voz al otro lado de la línea.

    –Bien, amor. ¿Vos todo bien? –respondí, acomodándome en la cama.

    –No, mi amor. Todavía no voy a poder ir. El problema se agrandó, y capaz que hasta el sábado lo pueda resolver –dijo con un tono de frustración.

    –¿En serio, bebé? –pregunté, tratando de disimular mi decepción.

    –Sí, pero voy a tratar de acelerar todo para poder ir a Miami lo antes posible –aseguró.

    –Bueno, amor –suspiré, intentando sonar comprensiva.

    –Pero contame, ¿cómo te fue? ¿Qué tal el hotel? –preguntó, cambiando de tema.

    –Está todo hermoso. El hotel es un lujo, el personal es muy amable. Además, conocí a unas chicas. Fuimos a la playa y al shopping que está cerca. Muy lindo, la verdad –le conté, tratando de sonar entusiasmada.

    –¡Qué lindo, mi amor! Me alegra que estés disfrutando –respondió con genuina alegría.

    –Ah, y además… un chico intentó coquetearme –solté de repente, casi sin pensarlo.

    –¿En serio? Supongo que no le hiciste caso, ¿verdad? –preguntó, con un tono entre curioso y protector.

    –Oh, no, amor. No te preocupes. Le mostré el anillo y se fue a molestar a otra chica –dije, riéndome un poco.

    –Ah, claro. Igual, cualquier cosa, avísame. Voy a estar ahí lo más pronto posible –aseguró.

    –Bueno, amor. Me voy a dormir. Seguro vos también estás cansado –sugerí, bostezando levemente.

    –Sí, mi amor… Buenas noches. Te amo mucho –dijo, con esa ternura que siempre me derretía.

    –Yo más. Chau, mi vida –respondí antes de colgar.

    Cuando terminé la llamada, estaba a punto de dormirme, pero de repente escuché unos ruidos extraños. Al principio no les di importancia, pero a medida que me acercaba a la pared, los sonidos se hicieron más claros. Eran gemidos, cada vez más fuertes y apasionados, provenientes de la habitación de al lado. Por un momento, me quedé quieta, escuchando casi sin querer. Sin embargo, el cansancio pudo más que mi curiosidad, y finalmente me rendí al sueño.

    Al día siguiente, apenas me levanté, escuché risas afuera de mi habitación. Curiosa, me acerqué a la ventana y vi a ese chico que había intentado tomar un trago conmigo la noche anterior. Estaba con la chica a la que había ido a molestar después, ambos en batas y relajados. No pude evitar notar el bulto enorme que se marcaba en su parte baja, y eso, sumado a los gemidos que había escuchado la noche anterior, me encendió por completo.

    Para calmar un poco la calentura, decidí enviarle fotos y videos provocativos a mi esposo. Era una forma de conectar con él, a pesar de la distancia, y de saciar un poco esa fogosidad que me consumía.

    Ese día lo pasé increíble. Fui a la pileta del hotel, disfruté del sol y del agua fresca. Luego, almorcé en un restaurante cercano con mis nuevas amigas, y por la tarde visitamos algunos centros turísticos. Todo era perfecto hasta que, al regresar al hotel, me lo crucé justo en la puerta. Nuestras miradas se encontraron por un instante, y él me saludó con una sonrisa pícara. Yo le respondí de la misma manera, sosteniendo su mirada un segundo más de lo necesario.

    Mientras subía hacia mi habitación, decidí caminar de manera más sensual, balanceando las caderas con elegancia, consciente de que sus ojos estarían clavados en mí. Al darme vuelta, confirmé que lo había logrado: estaba allí, embobado, mirando fijamente mi trasero. La sensación de poder y deseo que me invadió en ese momento fue indescriptible.

    Cuando llego a mi habitación me encontraba super caliente, me tome una ducha y mientras el agua caía sobre mí, me tocaba el pecho y mi vagina, y no paraba de pensar en ese chico…

    Cuando salí de la ducha, me puse una lencería sexy y le envié unos videos a mi marido. Sin embargo, él seguía sin poder venir. Frustrada pero decidida a disfrutar de la noche, me puse un vestido ajustado y seductor y bajé al bar a tomar un trago. Una parte de mí quería encontrar a ese chico y pasar la noche entera con él, pero la parte sensata me recordaba que debía pensar con claridad y esperar a mi marido.

    Al llegar a la barra, noté que había varios hombres, pero él no estaba entre ellos. Pedí un trago y me senté sola, igual que la primera vez. Mientras revisaba mi celular, de repente lo vi entrar. Cada día se veía más atractivo, y esa noche era imposible no notar el bulto que se marcaba en su pantalón. Al verme, me sonrió, pero pasó de largo y se acercó a charlar con otra chica que estaba en la barra.

    Me quedé observándolos un rato, pero finalmente decidí que era mejor irme a dormir y dejar de pensar tanto en él. Necesitaba bajar un poco la calentura que me consumía. Sin embargo, justo cuando me levantaba para irme, noté que me miraba de reojo. Entonces, decidí caminar de manera lenta y provocativa cerca de él, solo para ver su reacción.

    Funcionó a la perfección. Al pasar cerca de él, sentí su mirada clavada en mí. En un momento en que la chica con la que hablaba se distrajo, se quedó embobado mirando mi trasero. La sensación de poder y deseo que me invadió en ese momento fue indescriptible, pero lamentablemente, no pasó nada más esa noche.

    Al llegar a mi habitación, recibí un mensaje de mi esposo: no podría llegar esa noche ni al día siguiente. La frustración me invadió por completo. Tenía ganas de sentir algo, de liberar toda esa energía acumulada, pero no quería cometer otro error. Me quedé allí, en la cama, sintiendo cómo el deseo y la indecisión luchaban dentro de mí.

    Al acostarme, empecé a escuchar de nuevo los gemidos, esta vez más fuertes. Lo peor fue que no pararon en toda la noche. Incluso al despertarme, no tardaron ni diez minutos en comenzar de nuevo. Me quedé recostada boca arriba, mirando el techo y pensando en qué hacer. Mis ojos se posaron en mi anillo de matrimonio, preguntándome si realmente valía la pena seguir esperando para saciar mis ansias de sexo, teniendo a un mastodonte justo al lado de mi habitación.

    Decidí distraerme preparándome un té y hojeando unas revistas, pero no pasó mucho tiempo antes de escuchar risas y murmullos afuera de mi cuarto. Me acerqué a espiar y vi que era el chico de la habitación de al lado con la chica con la que había pasado la noche y la mañana. Estaban pegados, él sosteniéndole la cintura y ella con las manos en su pecho. Él llevaba una bata, y por cómo se movía, era evidente que no tenía nada debajo.

    –Fue la mejor noche de mi vida, bebé –dijo ella, dándole pequeños besos en la boca.

    –De nada, nena. Cuando quieras, sabes dónde encontrarme –respondió él, mientras le manoseaba el trasero y le daba un último beso.

    Ella se fue, y en ese momento él se dio cuenta de que yo estaba allí, observando desde la puerta. Para disimular, salí al pasillo, fingiendo que admiraba el paisaje. De repente, él se acercó y comenzamos a charlar.

    –Hola, vecina. ¿No me estará espiando, no? –preguntó con una sonrisa pícara.

    –¿Pfff? ¿Por qué te espiaría? –respondí, sintiendo cómo me ponía roja como un tomate.

    –No lo sé, solo digo… Mire su cara –dijo, riéndose.

    –Es que tengo calor, ¿dejame en paz, querés? –intenté sonar firme, pero mi voz tembló un poco.

    –Wow, bueno, señorita. No quise molestarla –respondió, levantando las manos en señal de rendición.

    –Ya bastante me molestas todas las noches con los ruidos que haces con las chicas

    –le solté, riéndome para aliviar la tensión.

    –En eso no puedo hacer nada. Estamos aquí para disfrutar, ¿no es cierto? –dijo, encogiéndose de hombros.

    –Sí, la verdad que sí, pero ¿no podés bajar un poco la voz? –le pregunté, jugueteando con la idea de seguir la conversación.

    –Prometo no hacer tanto ruido… solo si me dice su nombre –respondió, con una mirada traviesa.

    –Aaaa, claro. Soy Alma Carrizo. ¿Y vos?

    –Yo me llamo Álvaro.

    –Un gusto… bueno, no tanto por el ruido que haces, querido –dije, bromeando.

    –Jajaja, bueno, ya te prometí que no voy a hacer tanto –respondió, riéndose.

    –Más te vale –le advertí, jugueteando con mi cabello.

    –Y usted me dijo que era casada… ¿y el marido? –preguntó, cambiando de tema.

    –Está por venir. Surgieron algunos problemas, pero dentro de poco viene.

    –¿Poco? ¿Será en unas horas, días, semanas? –preguntó, riéndose.

    –Ayyy, ¿por qué tantas preguntas? –respondí, tratando de sonar despreocupada.

    –Para saber. Además, cuando llegue su marido, no vamos a hablar más –dijo, con un tono de complicidad.

    –Ah, bueno, igual podemos hablar si no estamos haciendo nada de malo –respondí, sonriendo.

    –Es cierto. Aunque una chica como vos, y sola… muchos chicos de seguro intentan acercarse –dijo, mientras me miraba de arriba abajo.

    –Mmm, no muchos. Igual los rechazo, como hice con vos –respondí, riéndome.

    –Aauch, eso me dolió –dijo, fingiendo estar herido.

    –Jajaja, perdón, pero bueno, estoy casada, ya sabés –respondí, jugueteando con mi anillo.

    –Sí, sí, bueno, me voy a cambiar. Fue una noche larga –dijo, estirándose.

    –Sí, veo –respondí, sin poder evitar mirar el bulto que se marcaba bajo su bata.

    –Chau, Alma. Un gusto –dijo, dándome un beso en el cachete. En ese momento, me agarró de la cadera, sin dejarme mover los brazos, y rozó mi trasero con disimulo.

    –Chau, chau –respondí, mientras mis manos, casi sin querer, rozaron su enorme erección. Estaba duro, increíblemente duro, a pesar de la noche y la mañana que había tenido.

    Cuando él entró a su habitación y yo a la mía, me toqué los brazos y mordí mis labios, sintiendo las ganas que me consumían. Sabía que no podría resistir mucho más…

    Continuará.

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