Autor: admin

  • ¡Estás embarazada!

    ¡Estás embarazada!

    Capítulo 1: Un matrimonio en crisis

    Rodolfo y Vanina llevaban más de 15 años casados. Tenían una relación estable, se amaban y eran muy compañeros, pero desde que ella había llegado con el resultado positivo del test de embarazo el sexo pasó a ser tabú en esa casa. La cama pasó a ser sólo un lugar para dormir de a dos (y para jugar de a uno). Rodolfo volvió a masturbarse tanto como cuando era adolescente, encontrando a sus 43 años un fetiche en los videos de las BBC (las pijas de los negros) que tanto hacían gozar a las señoritas.

    Vanina en cambio era un poco más tímida, pero las hormonas la estaban volviendo loca de deseo. Había empezado a ir al gimnasio y se encontró a ella misma, tan recatada como era, mirando bultos ajenos.

    Alguna vez, dudando si Rodolfo en realidad no la cogía porque ella había perdido el encanto, se puso una calza muy apretada y fue al gimnasio sólo a ver los ojos de los hombres. Su hermoso culo y su metro setenta no pasaron desapercibidos, ni en la calle ni en el gimnasio. A sus 34 años seguía estando fuertísima, incluso con esa incipiente pancita de 3 meses.

    Una noche, un poco harta de la situación, superó su timidez y tocó el pene de su marido por encima del pijama mientras dormía. Sacudió suavemente la pija que fue tomando vigor hasta que se despertó Rodolfo. Él le sacó la mano con suavidad y le dijo casi con lágrimas que dentro del vientre estaba su hija. La pija se empezó a achicar apenas el hombre terminó de sacar fuera su angustia, y Vanina entendió que no iba a coger al menos por los 9 meses del embarazo.

    La situación había llegado a un punto crítico y ambos fantaseaban en separarse cuando decidieron tomar unas vacaciones en Brasil para tratar de arreglar las cosas. Vanina estaba emocionada por la oportunidad de pasar tiempo a solas con su esposo y reavivar la chispa entre ellos, mientras que Rodolfo simplemente estaba aliviado de tener una excusa para alejarse del estrés del trabajo.

    Capítulo 2: El masajista

    El primer día en el lujoso hotel de playa donde se hospedaban, Vanina se sintió particularmente adolorida por las incómodas butacas del avión y le pidió a Rodolfo la ayude a descontracturarse. Además de relajar sus músculos quizás los mimos podían hacer que al menos su esposo la masturbe, si tanto miedo le daba cogerla preñada al menos que la toquetee. Él estaba tratando de cerrar un importante acuerdo comercial por WhatsApp. “No es el momento Vani”.

    Ella no iba a pasarse las vacaciones encerrada en la pieza del hotel, y como le daba miedo salir a conocer Río de Janeiro sola, se puso a investigar las opciones del all inclusive donde estaban alojados y decidió reservar un masaje completo para las 16 h. Rodolfo se mostró indiferente al principio, pero accedió a acompañarla. Podía seguir su asunto desde el teléfono.

    Cuando llegaron a la habitación designada para los tratamientos, se encontraron con Thiago, un guapo mulato de 25 años que era el terapeuta asignado. Vanina quedó impresionada por su sonrisa encantadora y el cuerpo musculoso que se percibía detrás de la remera.

    El joven masajista los hizo pasar al cuarto del spa y comenzó a explicar el proceso en portuñol mientras los guiaba hacia las camas para masajes. No pudo evitar notar lo bien que se veía Vanina. El complejo era de categoría y habitualmente sus clientes y clientas eran personas mayores, este el primer culo lindo que iba a masajear en un largo tiempo. Sonrío para adentro y pensó en qué buen trabajo tenía.

    Capítulo 3: El masaje tradicional

    Mientras Rodolfo se acomodaba en un sillón, a unos dos metros de la cama, Thiago le pidió a Vanina que se quita el pantalón, la remera y se recostara boca abajo en la cama. Ella llevaba debajo un bikini color salmón que no sólo era cómodo, sino que además cubría bastante bien su cuerpo. A pesar de su bellísimo cuerpo la futura madre no se animaba al hilo dental, ni siquiera de vacaciones en la ciudad carioca.

    “Ua pena a ropa” dijo Thiago, “É melhor o lacinho”. Y tenía razón, con el aceite ese bikini era un problema.

    El mulato se puso aceite en las manos, las frotó para que tomen temperatura, le desabrochó el corpiño para tener pleno acceso a la espalda y comenzó con un masaje relajante. Primero los hombros, y el cuello, y a medida que recorría el cuerpo tanto el masajista como la masajeada fueron motivándose. Para el joven era algo habitual, pero para Vanina excitarse por un masaje le pareció demasiado. ¿Qué le estaba pasando? ¿Serían las hormonas?

    Las manos de Thiago eran mágicas, por momentos a ella se le escapaban pequeños gemidos de placer, que no eran totalmente sexuales, pero sin dudas mostraban que la estaba pasando realmente bien.

    Rodolfo no había prestado atención a la escena. Estaba absorto con su teléfono celular leyendo mails cuando de reojo vio que el negro estaba trabajando cerca de la cola de su esposa, y se sorprendió mucho cuando Thiago rozó muy suavemente las nalgas de Vanina con el dorso de su mano. ¿La estaba acariciando? Esa cola tenía –además de una forma increíble– una sedosidad propia de quienes se cuidan mucho la piel, y el joven estaba disfrutando esa sensación.

    El masajista pidió permiso a Vanina y metió apenas las yemas de dos dedos en los bordes de la bombacha de la bikini y la llevó al centro de la cola, liberando así las dos nalgas para poder trabajar. Esa pieza de ropa tan amplia ahora era un gran hilo dental, y a sus lados dos hermosos cachetes de un culo soñado.

    Ella no puedo evitar estremecerse ante las habilidosas manos y comenzó a sentir un calor familiar entre sus muslos. Miró a Rodolfo nerviosa, preguntándose si había notado algo inapropiado. Pero él estaba enfrascado en el teléfono, ocupado de su trabajo mientras un negro de un metro noventa manoseaba a su esposa.

    El joven mulato, amasaba los glúteos con profesionalismo hasta que notó que la parte inferior de la bikini estaba de otro color. ¿Se estaría mojando esta señora, algo mayor que él, con sus masajes? Le sucedía con alguna frecuencia, pero nunca con una que estuviera así de buena.

    Capítulo 4: El calor de Brasil

    Thiago dejó un segundo su tarea y con la excusa de buscar otro poco de aceite se alejó de la mesa para mirarla de lejos. ¿Se la podría coger? ¿Cómo podía hacer para que el tipo se fuera de la habitación? ¿Y si se la cogían los dos? No, no, pensó Thiago, sólo mía. A la mierda ese viejo impotente, se dijo para sí el joven.

    La mente de Vanina no estaba tan lejos de esa idea. Revolucionada por las hormonas y la falta de sexo y atención de parte de su marido, notó su entrepierna empapada, y no pudo dejar de ver la evidente erección del mulato. Será verdad lo de los negros, pensó Vanina, y se imaginó por primera vez cómo la tendría Thiago. ¿Sería de carne o de sangre? Porque cuando lo vio por primera vez no se le notaba semejante bulto. Debajo de ese pantalón blanco había una gran pija parada, no tenía dudas. ¿Sería por ella? ¿Y si Rodolfo se daba cuenta?

    Cuando Thiago volvió a masajear la cola, las piernas de Vanina estaban algunos centímetros más separadas. Ahora era más evidente que el flujo había manchado la bombacha de la bikini.

    Thiago masajeó los muslos con firmeza, acercándose peligrosamente a la cola. A pesar de la malla pudo sentir cómo ella se tensaba y abría apenas más sus piernas para él. Sabiendo que había tenido éxito en excitarla, presionó más fuerte y más rápido, dejando que algún dedo resbalara hacia el centro de la entrepierna.

    Vanina no pudo evitar abrir la boca y decir un muy suave “sí, así”. Estaba tan perdida en la sensación que ni siquiera notó que su esposo se había incorporado para mirarla boquiabierto. Antes de que pudiera decir algo, Thiago preguntó si quería cambiar a masajes más profundos y ella asintió tímidamente con la cabeza.

    Capítulo 5: La revelación

    ¿Qué son masajes más profundos? Preguntó Rodolfo, más confundido que enojado. Nadie respondió a su pregunta. El silencio fue roto por Thiago, indicando a Vanina que debía darse vuelta, quedar panza arriba sobre la cama, y fue directamente a sacarle el corpiño dejándola en tetas.

    Ella por primera vez se sintió realmente expuesta. Semi desnuda frente a su esposo y a un bello joven que actuaba como si no le importara nada ni nadie.

    El mulato apenas le hizo algún masaje en los hombros y enseguida fue a masajear los pechos con firmeza. Vanina nunca fue tetona, pero los tres meses de embarazo ya estaban teniendo efectos, en volumen, en dureza y especialmente en hiper sensibilidad.

    Rodolfo miraba la situación sumamente perturbado. ¿Debía detener esto? ¿Era parte normal de un masaje? ¿Cómo saberlo? Mientras veía los movimientos por primera vez notó lo evidente, recordó los videos BBC y pensó en cómo sería la pija del negro. Enseguida quitó eso de su cabeza. Estaban allí su esposa, y su futura hija dentro de la panza. Molesto, amagó con pararse con la intención de interrumpir, pero Thiago lo detuvo con un “¿que está fazendo?”. Por ubicado, el esposo se calló la boca. Sería así el masaje, pensó.

    Enseguida, con absoluta impunidad y como si Rodolfo no existiera, el mulato bajó su mano derecha y la apoyó abierta encima de la bombacha de la mujer. La dejó allí mientras con la otra mano seguía amasando los senos. Como si estuvieran intercambiando mensajes en Morse, los dedos del joven presionaban sobre el pubis, y Vanina respondía alzando su cadera.

    “¿Posso?” preguntó Thiago, y ella, que apenas comprendía el portugués, entendió claramente que querían bajarle la bombacha. Estaba muy excitada, y esta era una oportunidad única. Lo miró a Rodolfo, con cara de culpa y le preguntó también, “¿puedo?”

    “¿Qué cosa Vanina, qué cosa podés?”

    “Me quiere tocar ahí”

    Capítulo 6: Ya no hay marcha atrás

    La mano de Thiago se había movido unos centímetros más abajo, siempre sobre la bombacha, y empezó a apretar muy despacio con los dedos. No estaban sobre la vulva, pero casi, y Vanina los necesitaba desesperadamente más abajo.

    “Dale”, le dijo ella al negro antes de que Rodolfo diga algo, y Thiago agarró los bordes de la bombacha para empezar a tirar de ella hacia los pies. Cuando Vanina alzó su cola para ayudar, Rodolfo comprendió que había perdido, ese mulato iba a tocar la intimidad de su mujer.

    Ella quedó acostada boca arriba, totalmente desnuda y con un enorme negro al lado. “Sólo una paja Vani, que te toque y nada más” dijo el esposo, muy preocupado por este masaje profundo.

    Thiago subió su mano izquierda al cuello de la mujer y metió con poca delicadeza su dedo índice de la mano derecha en la empapada vulva de Vanina. Ella era algo estrecha, pero estaba tan mojada que ese dedo, y el dedo medio que lo acompañó enseguida resbalaron dentro sin problemas. El joven no era un genio masturbando mujeres, pero entre las hormonas alborotadas, la falta de sexo y los masajes, cualquiera que tocaba esa concha iba a encontrar fácilmente un orgasmo. Encima los dedos eran los de un adonis negro de un metro noventa. Cómo no iba a acabar así de fácil.

    El mulato se sorprendió cómo había conseguido todo en tan poco tiempo. Se quería coger a esa hembra de cualquier modo y si se apuraba llegaba a hacerlo antes del siguiente turno. Ella estaba totalmente entregada y él la había hecho gozar, ahora le tocaba a él.

    Se aflojó el pantalón y se bajó el slip en un solo movimiento antes de que cualquiera en la habitación tuviera tiempo de reaccionar.

    “Pará, pará, ¡qué hacés!” gritó el esposo, y trató de empujar al morocho que se lo sacó de encima con una mano, sin violencia, pero indicando quién mandaba ahí. Entonces Rodolfo le habló a su mujer “Vanina, no. Solamente una paja. Vanina por favor!” pero ella estaba bajando de su orgasmo y vió al lado de la cara una hermosa verga negra, grande como las de las películas, ancha, larga y con las venas muy marcadas.

    “Dios mío” dijo Vanina, y acercó su mano al majestuoso pene, dudando en tocarlo. El mulato lo resolvió fácil, y acercó la pija directamente a la cara de ella; que seguía acostada, con dos dedos dentro de su concha y mirando hacia el costado donde estaba el masajista, y de fondo su esposo.

    Vanina agarró suavemente la poronga desde la cabeza y la trajo a su boca. Estaba decida a agradecerle al joven el orgasmo que le acababan de regalar. Le dio un beso suave y después trató de meterse entero – sin éxito – el gran pedazo de carne. Pasó la mano por abajo de las bolas y sujetó al joven con una mano en la cola. Con la otra mano masturbaba la pija en su boca.

    Rodolfo estaba mudo. También se impresionó con la big black cock. Era como las de los videos porno. Pasaron algunos segundos hasta que asoció que esa BBC estaba siendo chupada por su esposa.

    Capítulo 7: La traición

    Rodolfo decidió que era demasiado, pero nadie había obligado a su mujer a hacer nada, por lo que se paró y se fue en silencio hacia la puerta. Vanina lo vio con el rabillo del ojo y sin dejar de saborear la poronga del negro le hizo un gesto de que espere con la mano que tenía sujetando el culo del negro, pero Thiago aceleró el movimiento de sus dedos sobre el clítoris y ella acabó fuerte por segunda vez.

    Mientras Vanina chupaba, su adorado esposo salía por la puerta de la habitación del spa.

    Rodolfo empezó a caminar hacia su cuarto con absoluta impotencia, sentía que esos cuernos eran su culpa, la había descuidado mucho y la pobre estaría caliente. ¡Pero cómo iba a poder cogérsela si estaba embarazada y estaba su propia hija en el vientre! Y en cuanto llegó a ese pensamiento volvió a la sala de masajes corriendo. Ese negro no se iba a coger a su esposa de ningún modo.

    Entró de improviso a la habitación y poco había cambiado, ella seguía mamando la pija negra y Thiago acariciaba su cabeza.

    “Basta Vanina vamos” pero su esposa volvió a hacerle señas de que espere. Ella quería devolverle el orgasmo al negro, y ya no pensando en el masajista, sino para saber que lo podía hacer gozar. Que ella también podía hacerlo acabar. Sin embargo ya le está doliendo la mandíbula y el pene seguía tan duro como cuando empezaron.

    El esposo se acercó tanto a la pareja que Thiago pensó que él también quería pija, y como no le atraían los hombres se alejó un par de pasos hacia atrás y fue a servirse agua del dispenser. Rodolfo aprovechó el momento, se agachó al lado de la cama y quedó cara a cara frente a su mujer. “Perdoname Vani, es mi culpa. Vamos por favor”

    Ella lo miró seriamente. Estaba procesando todavía lo que había pasado y pensando en qué decirle a su marido cuando de repente abrió los ojos muy grande. Rodolfo miró hacia los pies de su mujer. El masajista se había subido a la cama y estaba en cuclillas encima de la vulva de Vanina. Había empezado a frotar la cabeza del pene contra los labios vaginales de ella.

    “No no” dijo ella, “no por favor no”. Rodolfo trató de pararse pero se cayó sentado y se quedó allí, mudo.

    “No Thiago, mejor no” decía Vanina, mientras el mulato seguía empapando su pija de fluido femenino.

    El negro empujó apenas, llegando hasta la vagina pero sin penetrar realmente. “Só a cabecinha” decía Thiago, pero la miró a los ojos y ella le sostuvo la mirada en silencio. Él entendió y empujó fuerte.

    A pesar de la lubricación natural apenas entraron 5 centímetros. La pija era enorme.

    Vanina agarró los marcados bíceps del mulato para sostenerse de algo. Quería que se la cojan, pero le estaba doliendo.

    Capítulo 8: Con O de orgasmos

    Rodolfo estaba horrorizado, estaban empezando a penetrar a su mujer y ella no sólo lo había permitido, sino que se agarraba fuerte del tipo que se la estaba cogiendo.

    “¡Vanina la puta madre!”

    Thiago retiraba su cadera unos centímetros y volvía a perforar.

    “¡te están cogiendo Vanina!”

    Thiago avanzaba un poco más. Ella alzaba la cadera para que sea más profundo

    “¡Estás embarazada la puta madre!”

    Y esa última frase hizo que la esposa vuelva unos segundos a la realidad, pero bastó un último empujón del negro y que los 21 centímetros de pija negra recorrieran la totalidad de la vagina y llegaran hasta el útero para que ella llegara al orgasmo temblando. Jamás había sentido así una verga así, que la llenara por completo.

    El masajista actuaba como si nada importara. La mujer vibraba por el orgasmo y el seguía bombeando, sacando casi todo su pene afuera para volver a meterlo por completo.

    Después de un rato, ya cansado de estar en cuclillas, desenvainó su pene y ayudó a que Vanina se sentara en la cama. Allí le dio un beso. La había penetrado y recién ahora la besaba.

    Thiago sintió en esa boca el gusto de su propia pija, y los gustos de la concha de la hembra que estaba sentada en la cama a su lado. El cornudo los miraba sentado en el piso.

    El masajista guio a Vanina para que se ponga en cuatro patas y empezó a chuparle desde atrás la concha. Su falta de talento pajeando mujeres lo compensaba con una gran lengua y labios gruesos. Besaba esa vulva como quien come una sandía en pleno verano, y ella volvió a conmocionarse. El negro le estaba provocando un cuarto orgasmo, totalmente distinto, pero tan increíble como los anteriores.

    Esta vez el masajista la dejó acabar tranquila. Incluso le acarició la espalda mientras ella temblaba por la gran chupada de concha que había recibido.

    Cuando notó que ya se había repuesto, la dejó en cuatro, pero hizo que apoyara el pecho sobre la cama y levante la cola. Se la iba a coger en serio.

    Ahora era su turno de gozar.

    Capítulo 9: Tan adentro como sea posible

    La vagina es elástica y esta habían tenido mucho juego previo, pero la poronga era muy gorda, y así como estaban Thiago empujaba sin lograr avanzar más allá de los primeros centímetros. Vanina empezó a quejarse suavemente porque su cuerpo no estaba lubricando lo suficiente, y el mulato estaba empecinado con llegar al fondo como sea. Más que penetrarla la empujaba hacia adelante en la cama.

    Rodolfo se paró, caminó hasta donde estaban los aceites del masajista y le alcanzó el pote al negro. Muchos años después de ese día se siguió culpando por ser tan servicial, pero lo cierto es que cuando el masajista se puso el producto sobre su pene la situación cambió, y la pija resbaló hasta el fondo, consiguiendo además un sííí de la mujer que sentía cómo la llenaban de carne de nuevo.

    Rodolfo se paró al lado de la cama con los brazos cruzados y sin perderse detalle. Estaba algo excitado viendo esa BBC provocando tanto placer, pero la culpa no lo estaba dejando en paz. Se estaban cogiendo a su esposa embarazada delante de sus narices, o mejor dicho, se la estaban recontra cogiendo, porque el movimiento de Thiago era frenético. Embestía a la hembra una y otra vez.

    Se empezaron a escuchar pedos vaginales, los plap plap de cada penetración y gemidos cada vez más fuertes de la mujer y también – por primera vez – del joven masajista.

    De repente, el mulato cerró los ojos, sujetó con fuerza las caderas de la mujer, penetró hasta la empuñadura, se quedó quieto y eyaculó. Su verga depositó grandes cantidades de semen espeso que inundaron la concha. Después abrió los ojos, sonrió, sacó su pene chorreando líquidos y se dirigió al baño a higienizarse.

    Vanina estaba todavía en cuatro patas. No había alcanzado esta vez el orgasmo, pero pensó que estaba bien, ya había acabado bastantes veces, y lo más importante, había logrado que el joven también acabe.

    Rodolfo, parado al lado de la cama, vio los muslos de su esposa y el semen que se derramaba desde la vagina, por lo que agarró una toalla y empezó a limpiar a medida que salía el líquido. Actuaba como un robot. Estaba totalmente quebrado internamente y trataba de asistir a su esposa.

    Capítulo 10: El desenlace

    Vanina se quedó tendida en la cama, aturdida por lo que acababa de suceder. Su cuerpo estaba saciado pero su mente era un torbellino de emociones contradictorias. Se sentía culpable por haber traicionado a Rodolfo, pero al mismo tiempo no podía negar lo increíble que había sido la experiencia.

    Thiago se puso el slip, el pantalón corto y se acercó a Vanina para darle un beso en la boca. Ella le corrió la cara, pero le dijo “gracias por todo”. El masajista hizo una sonrisa pícara, le hizo con el pulgar hacia arriba a Rodolfo y se retiró de la habitación.

    El esposo ayudó a su mujer a incorporarse de la cama. Ella estaba realmente agotada y le temblaban las piernas. Luego la ayudó a ponerse la bombacha y la acompañó hasta la puerta del baño a que se higienice.

    Cuando ella cerró la puerta y él se quedó sólo en ese cuarto del spa, liberó su angustia y rompió en llanto. No imaginó que el resto de la semana en ese hotel iba a ser aún más intensa.

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  • El frío de la mañana se quita con sexo

    El frío de la mañana se quita con sexo

    Desde unos días previos, tras haber tenido un receso en la relación, Alejandra y yo nos habíamos reencontrado y las vueltas para salir a cenar y bailar, que nos llevaron a tener nuevamente sexo como antes.

    Acordamos que había que compensar un poco el tiempo perdido y que era momento de regresar con todo, por lo cual, acordamos desde la noche previa que necesitábamos vernos por la mañana, con los habituales mensajes sexuales que nos enviábamos para poder conciliar el sueño, todo quedó listo para el encuentro.

    Llegué antes de las 6 de la mañana a la puerta de su casa y enseguida salió para recibirme, por lo cual subió al auto y nos apresuramos a ir a nuestro destino, un hotel que frecuentamos por la cercanía que nos brindaba. Desde que la vi sabía que algo preparaba, pues la mañana era una de esas de invierno en las que el frío es considerable, sin ser tan gélido aún. Vestía un abrigo negro que llegaba hasta las rodillas, el cual estaba abotonado, sus piernas lucían hermosas con unas medias negras, que era el mismo color de los tacones que estaba utilizando. La saludé con un beso apasionado y nos marchamos.

    Cuando llegamos a la habitación, apenas abrimos la puerta de esta e inició una sesión de besos bastante apasionada, por lo que decidí retirar el abrigo que llevaba puesto, para descubrir que era lo que había debajo.

    Fue una excitante sorpresa encontrarme con que no había más que una tanga de hilo en negro y el liguero que acompañaba a las medias, que llegaban a la mitad de sus muslos, los tacones altos pronunciaban la silueta de sus nalgas y esa cintura pequeña que marcaba. Sus senos pequeños, pero en armonía con ese cuerpo natural tan delicioso que estaba por tener como otras tantas oportunidades.

    No había prendas para retirar por lo cual seguí besándola apasionadamente, al tiempo que mis manos acariciaban cada centímetro de su cuerpo, recorriendo cada rincón que podía tocar. Hasta que se decidió a retirar mi ropa, hasta que cuando quedaba solo el bóxer, se hincó delante de mí, y al bajarlo, pudo liberar mi verga con la erección tan intensa que ya me había provocado; la miró e hizo el gesto característico de cuando deseaba algo, mordió su labio inferior por lo que solo dijo:

    -Ya deseaba chupártela.

    -Que tanto la deseas, le respondí de inmediato.

    -Desde anoche me quedé con ganas de tenerla en mi boca, para que me des tu lechita.

    -Me la vas a sacar, así rápido.

    -No, decidí que tienes que cumplirme.

    Y empezó a meter y sacar mi pene de su boca, alternando entre momentos con delicadeza y a momentos lo introducía con mayor frenesí, escuchaba como se acumulaba su saliva y en momentos pasaba esta para continuar, mientras la tenía frente a mí, veía esas nalgas tan tersas cerca del piso, moviéndose con cadencia y podía escuchar lo mucho que ella gemía y disfrutaba de mi con su boca.

    Siguió así por varios minutos, hasta que empezó a acariciar su clítoris, por lo cual le retire mi pene de la boca, aunque los dos estábamos disfrutando del momento, pero sabíamos que aún no era todo lo que habíamos pactado desde el día anterior.

    Entonces la levante y la cargué hacia la barra que estaba frente al espejo, para poder acomodarla y quedar a la altura de su vagina, cuando la bajé, solo hizo una expresión entre placer y sorpresa, pues solo nosotros estábamos calientes, no así el mobiliario de la habitación. Una vez ahí solo removí el pequeño hilo que cubría la entrada de su vulva y al hacerlo disfrute de la escena, con sus labios completamente depilados, una pequeña línea de vello púbico hacia el monte de venus y mucho fluido transparente que escurría por su entrada.

    Baje mi cara hasta ahí y empecé a probarla por un tiempo suficiente, sabía lo mucho que ella lo disfruta, por lo que no podía más que hacer lo propio, el sabor de ella es tan delicioso, que no hay manera en que pueda dejarlo de lado. Tras unos minutos aceleró la respiración y una serie de movimientos, principalmente temblor, invadió su cuerpo y con gemidos, cada vez más intensos, mientras mencionaba constantemente: ¡así!

    Un squirt intenso, que llenó mi boca, desbordando, bajo por mi cuello y cubrió el pecho y mi abdomen, mientras disfrutaba el placer de su cuerpo y rostro, seguí por unos instantes más.

    -Ya cógeme -Dijo con voz baja.

    -Ya quieres que te la meta.

    -Si, ya, ya es justo.

    Entonces acomodé sus piernas alrededor mío y de un solo movimiento, sin resistencia, apoyado por toda la lubricación que teníamos ambos, entro mi verga dentro de ella, y comencé a moverme con una cadencia rápida, para alternar con movimientos circulares, que son los que más le apasionan.

    Después de unos minutos por fin pasamos a la cama, mientras yo me recosté, ella se montó en mí y puso sus pies apoyándose en el colchón, siguió moviéndose en círculos, luego subía, en otros momentos iba de adelante hacia atrás. Fue tanto tiempo cambiando de posiciones, en momentos ella, en otros yo, pero ambos estuvimos controlando el ritmo y la frecuencia de movimientos, hasta que llegamos a estar ella en cuatro y yo detrás, agarrado de sus nalgas, acariciándolas y golpeando de manera continua y alternada, le gusta que ambas queden atendidas.

    Cuando ya no resistía más y ambos sabíamos que mi primer orgasmo llegaría, le pregunté donde quería que terminara, sin dudarlo se quitó, me hecho hacia atrás y tomo mi verga con sus manos, con las cuales continúo estimulándome mientras decía:

    -Sabes que me gusta quedar llenita de semen, pero hoy quiero que termines en mi cara.

    Continúo hasta que no pude contenerme más y sus movimientos, junto a los míos hicieron que todo lo eyaculado se distribuyera en su cara, en su cuello y otra parte llego hasta sus pequeños senos.

    -Me gusta que me dejes cubierta de tu lechita, lo disfruto tanto. -Decía ella, mientras yo estaba un poco perdido, con sensaciones al máximo y recuperando el aliento.

    Descansamos por un momento, porque, aunque apretado el tiempo, aún nos quedaba lo suficiente.

    No decidía reposar, por lo que me recosté a su lado y la abracé por detrás, mientras ella se pegó hacia mí.

    Cerré unos minutos los ojos, en tanto recuperaba el aliento. Tras un momento así ya estaba mi verga nuevamente con una erección y lista para continuar. El hilo de su tanga continuaba cubriendo su ano, pero no se veía por la prominencia de sus nalgas, por lo cual había que separar y poder acceder a la zona y así poder tenerlo ante mí, para mirarlo y poder trabajar en él.

    Alejandra estaba en su reposo, más próxima a dormir que en seguir despierta, sin embargo, no estábamos ahí para dormir, a coger era a lo que habíamos llegado y eso se debía cumplir.

    Había pasado un tiempo desde la última ocasión que tuvimos sexo anal, pero, cuando está suficientemente excitada, el entrar es mucho menos incómodo, por lo cual, tras abrir sus nalgas, separé el hilo y acaricié un poco su ano con mis dedos, pasando un poco de la lubricación de su vagina hasta la entrada y entrando lentamente con uno de mis dedos.

    -No me vas a dejar descansar entonces, dijo con una voz picara y cara de excitación.

    -Si querías dormir, debiste quedarte en tu casa, no venir aquí conmigo, le repliqué

    -Nadie dijo que venía a dormir, solo que no me vas a dar ni un poco de reposo, contesta.

    -Lo único que te voy a dar, es por el culito, porque ya es necesario.

    -Es lo que necesito, y se acomodó de lado, en la cama. Métemela por el culito papi, que ya te quiero sentir ahí.

    Le acomodé la punta de mi verga en la entrada de su ano y fui guiando de a poco, mientras ella respiraba y se relajaba, trataba de poner sus manos para detener el acceso, pero las quitó inmediatamente cuando entré por completo y solo soltó un gemido, diciendo, ya está toda, ahora hazme tuya.

    Así continúe con movimientos de inicio lentos, mientras igual veía su culito completamente a mi disposición, y como mi verga le entraba una y otra vez, sin ninguna resistencia, al tiempo que ella solo gemía y disfrutaba de la sensación.

    -Quiero moverme, pero no me la saques, no te atrevas.

    -A donde quieres ir, le comenté.

    -A ningún lugar, solo quiero estar arriba.

    Y con movimientos lentos nos movimos, para que siempre estuviera dentro de su culo, así, nuevamente estuve yo abajo y ella empezó un movimiento continuo con sus piernas y su cadera. Esas nalgas las podía sentir como golpeaban mi pelvis, mis piernas y como su vagina continuaba lubricándose constantemente, mientras continuaba su movimiento. Siguió a ritmo rápido hasta que un nuevo squirt llegó, nuevamente los cuerpos se mojaban, ya no solo por el sudor, también el líquido abundante que de ella emanaba.

    Nuevo cambio y ahora yo quedaba detrás, nuevamente con ese culo a disposición completa, con mis manos abría sus nalgas y las apretaba, mientras que el hilo negro estaba a un lado, acomodado sobre una de ellas, dividiendo por lo apretado que quedó. Y así me dispuse a continuar con los movimientos, pero cada vez más fuertes, más al fondo, ella suplicaba porque se la metiera toda, y no podía negársela. Por más que lo disfrutaba, era la manera en que ella gemía, gozaba, se llenaba de líquido su cuerpo, el mío, la cama y hasta el piso. No dejamos de coger hasta que ya no resistía más, ella lo supo y me dijo, ahora sí, los dos juntos, y no me lo saques, quiero tener tu lechita dentro de mi todo el día.

    Y así fue, vacié todo lo que tenía en ese culo, mientras ella temblaba, porque ahora un orgasmo llegó, con tanta intensidad, que quedó en estado de completa relajación, solo se acomodó en la cama, una de las pocas partes que quedaba seca y ahí se quedó.

    Me metí a bañar, no faltaba mucho para entrar al trabajo, ya habían pasado casi tres horas por lo que debíamos marchar.

    Le ofrecí bañarse conmigo, pero se negó. -Te recuerdo que me gusta quedar llena y cubierta de semen, hoy tengo ambas.

    Saco la ropa que llevaba adicional en su bolsa, cambió su tanga, las medias ya no fueron necesarias y el cabello, sin peinar, así la llevé a su trabajo, así se quedó, como lo quería.

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  • En un bar (hermoso recuerdo)

    En un bar (hermoso recuerdo)

    Esto sucedió hace unos años…

    En aquél entonces yo tocaba la guitarra en un bar los fines de semana. Era un viernes de tantos, ir a la universidad, al trabajo, y en la noche al bar, pero aquella noche sucedió algo diferente.

    Llegué un poco tarde al bar debido a que tuve una carga grande de trabajo, pero no había problema, ya que apenas estaba tocando el primero de 3 grupos que actuaban, y nosotros éramos los últimos.

    Cuando llegué entré por la puerta principal y comencé a saludar a la gente que conocía, entonces uno de los meseros me dijo -¿ya viste a las viejas que están en aquella mesa? -yo volteé y pude ver a 4 muchachas sentadas frente al escenario, y que se veían bastante bien, a juzgar por su apariencia de clase social media alta. No dejaba de mirarlas cuando una de ellas volteó a verme, y por consiguiente las demás, a lo que respondí desviando la mirada.

    Pero la primera que había volteado me gustó bastante: medía más o menos 1.65 m, cabello castaño lacio que le llegaba a media espalda, tez blanca, ojos grandes color miel, sus rasgos eran afinados y su boca mediana de labios algo carnosos, además que tenía un cuerpo de lujo; llevaba puesto un vestido color rojo carmín, entallado que la hacía verse como un ángel. La verdad es que sus amigas también se veían muy bien, pero ella fue la que me gustó desde el principio.

    Decidí sentarme en la barra, de modo que pudiéramos vernos. Entonces un amigo se sentó y empezamos a charlar sobre política mientras tomábamos cerveza. Al cabo de varios minutos después de tanto mirarla pude captar su atención, y comenzó el juego de las miradas, ella se pasaba el cabello por detrás de su oreja, se reía fuerte, etc., y yo hacía cosas por el estilo; así que ya había logrado gustarle.

    Así estuvimos como una hora (ya que por mi timidez no me le acercaba), entonces me avisaron que ya era hora de irme a afinar. Me levanté y me fui al fondo de bar (donde hay un cuarto para que los grupos se preparen antes de salir a tocar).

    Afiné rápidamente mi guitarra y volví a salir para verla, ya que no dejaba de pensar en ella, y vi que aún estaban ahí sentadas, me volví a sentar en la barra. De vez en cuando se acercaban varios tipos a invitarles una copa o cosas por el estilo, pero al parecer solo querían estar solas.

    Calculé que ya era hora de ir con mi grupo para tocar, me levanté de nuevo, pero decidí hacer una escala en el baño (ya que la cerveza había hecho su efecto), mi sorpresa al salir fue que ella entraba al baño de mujeres (que estaba junto al de hombres), al verme se acercó a preguntarme si todavía iba a tocar otro grupo, a lo que yo respondí, -sí, pero son muy malos -me dio las gracias y se metió al baño.

    Me junté con mis compañeros y subimos al escenario (ella aún no regresaba del baño), y comenzamos a tocar (rock, blues, jazz, etc.), no me di cuenta cuando ella regresó, de repente volteé y ella me miraba, al darse cuenta de que volteé a verla ella sonrió moviendo la cabeza en un gesto de agrado y reproche por lo que le había dicho, y yo también sonreí.

    Mientras tocábamos seguía el juego de miradas y gestos. Tocamos como una hora cuando llegó el tiempo de un descanso, entonces decidí acercarme a su mesa (esperando que me mandara a freír espárragos, debido a lo que les había pasado a los tipos que lo habían intentado), pero cuando apenas me acercaba me miró y me dijo -¡Qué malo eres!, Me dijiste que eran muy malos tocando -y luego me invito a sentar junto a ella.

    -Es que si somos muy malos -le dije mientras me sentaba

    -Bueno, un poco -se reía

    -¿No vienes muy seguido, verdad?

    -No, yo soy de Ibagué, venimos de vacaciones a conocer.

    -¿Y ya la conocieron?

    -Mas o menos, pero ya mañana en la noche nos vamos.

    -¡Qué lástima!, ¿Y a todo esto?, ¿cómo te llamas? -indagué

    -Angélica, ¿y tú?

    Le di mi nombre y nos dimos la mano en un gesto de formalidad.

    Así estuvimos platicando e investigué que tenía 19 años, que estudiaba Ingeniería, que era de familia acomodada, etc., entonces llegó la hora de ir a tocar de nuevo y le pregunté:

    -¿En qué se van a ir a su hotel?

    -En taxi -contestó

    -No te vayas a ir antes de que termine de tocar por favor

    -OK, solo porque tú me lo pides

    -Otra cosa -le dije

    -¿Qué?

    -¡Me encantas! -le dije y se quedó callada.

    Volvimos a tocar durante un buen rato, antes de terminar les dije a mis compañeros de grupo -Un favor, vamos a tocar la de “Angie” (de los Rolling Stones) -y aceptaron.

    Al terminar me urgía otra vez ir al baño, así que fui corriendo pero al regresar ya no había nadie en su mesa, por un momento me puse triste, cuando sentí su mano en mi hombro y me dice:

    -Tocaron bien, no son tan malos

    -Creí que ya te habías ido -le dije

    -No, lo que pasó es que mis amigas decidieron irse ya, y las acompañé a tomar su taxi.

    -¡Ah que bueno que no te fuiste!, ¿Quieres tomar algo?

    -Mmhh, tequila está bien -respondió

    Nos fuimos a sentar a una mesa de arriba y empezamos a platicar, de varios temas. Mientras conversábamos seguimos con el juego de gestos y miradas, pero ella cada vez los hacía más sensuales, como pasarse la lengua por los labios en forma disimulada, o limpiarse el sudor en el pecho con una servilleta. Yo estaba súper prendido, pero no me atrevía a sugerir nada.

    Así estuvimos como hasta las 4 am, hasta que ella dijo:

    -Ya me tengo que ir

    -Te llevo, no está por demás -le dije

    -OK, me agrada la idea

    La verdad me daba pena que viera mi coche por que era un carro viejo, pero quería intentar algo, ya que era mi última oportunidad, así que la llevé a su hotel; en el camino prácticamente no hablamos. Al llegar a su hotel le dije:

    -Bueno, pues creo que es todo

    -¿Ni siquiera me vas a dar tu teléfono? -preguntó

    -Si claro -le dije y apunté en una tarjeta del trabajo

    -Aquí están el del trabajo y el de mi casa, aunque es difícil que me encuentres en casa. Cuando vuelvas a venir me llamas, ¿OK?

    Me miró por un instante me dijo:

    -¡Por Dios, no puedo creer que te quedes así!, ya estuvo suave -me dijo y se me abalanzó a besarme, a lo cual por supuesto correspondí.

    Por fin probaba esos lindos labios que había deseado besar durante las últimas 4 horas; Se sentía muy bien, nuestras lenguas jugueteando, mordisqueando sus labios, mientras acariciaba su cara tan perfecta, pasando mi mano por su cabello. Fue entonces cuando metí mi lengua entre la encía y el labio superior y sentí como le excitó, y decidí ir por más.

    Comencé a besarle el cuello, poco a poco, mordisqueándolo, pasando mi lengua por detrás de su oreja, y después introduciéndola en esta, acariciaba su nuca, su cabello y fui bajando mi mano poco a poco, tocando su cuello, hasta llegar a sus senos, a los cuales comencé a acariciar, lentamente, mientras la besaba en la boca y sentía como se excitaba. De repente ella dijo:

    -¿Me haces el amor?

    -Si linda, por supuesto -respondí

    -Pues vamos a mi habitación -dijo ella

    Entramos al hotel abrazados, subimos en el elevador y empezamos a besarnos, hasta llegar a nuestro piso.

    -¿No hay alguien más? -pregunté

    -No, no hay nadie, pero ¿tienes protección?

    -Tengo un condón

    -Pues yo tengo otro, así que hay que hacerlos durar -me dijo riendo

    -OK -dije yo también riendo

    Entramos a su cuarto y empezamos a besarnos, yo acariciaba su cabello, su cara, su cuello, sus senos, estábamos súper prendidos. Ella pasaba su mano por mi cabello, por mi pecho, y desabotonaba mi camisa. Aún estábamos de pie frente a la cama y empecé a acariciar su espalda, bajando mi mano pasándola por su cintura, bajándola hasta su cadera, acariciando sus hermosas nalgas, mientras le decía al oído “¡Tienes un cuerpo precioso, me vuelves loco!”.

    Entonces ella optó por quitarme la camisa, y comenzar a besarme el pecho, mordisquear mis pezones, a lo que yo respondí subiendo su pierna, pegando nuestros cuerpos, acariciando su pierna, mientras besaba su cuello, ella sentía ya mi abultado pantalón rozar en su vagina, nos movíamos un poco, frotándonos en un vaivén muy delicioso. Yo no dejaba de decirle cosas como “¡Eres tan hermosa, me encantas!” y ella respondía “¡si, si, hazme el amor!”.

    Entonces comencé a bajar el cierre de su vestido, al bajar el cierre me coloqué detrás de ella y comencé besar su nuca, al mismo tiempo que acariciaba sus senos, subiendo mis manos por sus brazos llegué a sus hombros, jugueteaban mis manos con los tirantes de su vestido, mientras besaba su espalda algo descubierta. Fui bajando los tirantes de su vestido al mismo tiempo que aprovechaba para ir acariciando sus brazos, hasta que el vestido cayó a la alfombra.

    Quería recorrer cada centímetro de su cuerpo, que se mostraba hermoso en lencería de encaje negro, volví a besar su nuca mientras con ambas manos tocaba sus nalgas.

    Entonces ella se volteó hacía mí y me beso en la boca, así estuvimos hasta que empezó a pasar su mano por el bulto que se formo en mi pantalón, subiendo su mano hasta el cinturón, y comenzó a desabrocharme el pantalón, siguió así, y comenzó a bajarlo, mientras me besaba por encima del bóxer, bajando sus besos por mis piernas, al mismo tiempo que bajaba el pantalón. Me indicó que levantara un pie y me quito un zapato, sin dejar de besar mi pierna y me fue desprendiendo del pantalón, de igual manera sucedió con el otro pie; después me quito los calcetines.

    Se incorporó y volvimos a besarnos ahora de una manera más frenética. Yo pasaba mis manos por sus senos, los apretaba un poco mientras ella acariciaba mis brazos. “¡Estas riquísima!”, le decía al oído “¡sí, sí papito, hazme tuya!” respondía entre jadeos.

    En un movimiento lento fuimos recostándonos sobre la cama. Mis manos al igual que mi boca, exploraban cada centímetro de su cuerpo, besaba su ombligo mientras acariciaba su cintura. Seguí subiendo hasta incorporarme hasta su boca, la cual no me cansé de disfrutar, al mismo tiempo aprovechaba para acariciar sus senos, que aún estaban cubiertos con el corpiño de encaje. Decidí que ya era hora de quitárselo, a lo que tuve que incorporarla un poco, y pude disfrutar de esos hermosos senos, tan perfectos, ni muy grandes ni muy chicos, mostrando unos pezones erectos, a los que no dude en besar, pasar mi lengua, mis dedos, chupar, mordisquear; mientras tanto acariciaba sus piernas.

    Estábamos muy excitados y jadeábamos de placer, así que fui bajando a besos por su cuerpo, sus senos, en medio de ellos, su estómago, su ombligo; comencé a besar por encima de su tanga, pero pensé que aún no era tiempo de saborear las mieles de aquella vagina. Entonces bajé acariciando sus piernas al mismo tiempo que las besaba, gozando de sus muslos hasta bajar a sus pies, a los cuales les dediqué un buen tiempo. Cuando pasé mi lengua por la planta de uno de sus pies vi como se excitó bastante, entonces continué explorando con mi lengua sus pies, metiéndola entre sus dedos.

    Chupándole sus dedos pasaba mi mano por su pantorrilla; a ambos pies les toco la misma sesión. Comencé a ascender por su cuerpo, volviendo a recorrer sus piernas, abriéndolas. Pase mi lengua por su entrepierna, acto seguido le soplaba aire en el lugar húmedo por donde pasaba mi lengua. Empecé a besar su ingle, que aún llevaba puesta aquella tanga de encaje negro, podía percibir el olor de su sexo, bastante húmedo, así que fui bajando su tanga, dejando al descubierto su vagina.

    Yo aún con el bóxer puesto, apreciaba de la perfección de su cuerpo desnudo, sus piernas bien torneadas, aquellas curvas que me volvían loco, la firmeza de sus senos, completamente erectos. Así que me acerqué a disfrutar de su húmeda vagina, primero besándola, sintiendo su humedad en mis labios, pasé mi lengua por sus labios, lentamente, mientras ella acariciaba mi cabello. Tan solo rozaba con mi lengua su sexo, y comencé a meterla en él, lentamente; apartando sus labios con mis dedos encontré su clítoris, al cual comencé a besar, explorarlo con mi lengua, rozándolo suavemente.

    Ella gemía a mas no poder -¡ah, ah, así, así, no pares, chúpamela así! De manera muy cuidadosa tome con mis labios su clítoris, jalándolo un poco, el placer era grandísimo para ambos, sentía como aumentaban sus latidos, cada vez gritaba más, el orgasmo llegaría en cualquier momento. Fue entonces cuando con sus piernas envolvió mi cabeza, su cuerpo se arqueó, y liberó un grito de placer que cualquiera recordaría.

    Sentía fluir por mi boca aquel dulce néctar, y al mismo tiempo no paraba de darle placer, ella decía -¡me gusta, pero ya, por favor, ya!-Así que me estiré a donde estaba mi camisa y saqué el condón que cargaba, ella se repuso y me dijo -Deja que yo te lo ponga.

    Sin perder el tiempo me tendió en la cama, me quitó el bóxer y se descubrió mi erección. Al ver mi pene totalmente erecto ella lo tomó con su mano y comenzó a masturbarme, lentamente, acercando su boca primero le dio un beso suave a la cabeza, sacó su lengua y comenzó a recorrer la cabeza, bajando hasta mis bolas, pasando su lengua por ellas, volviendo a subir recorriéndolo todo hasta llegar otra vez a la cabeza y comenzó a mamármelo de una manera…

    Si yo le había hecho un buen placer oral ella lo estaba pagando con creces.

    Sacó el condón de su envoltura y me lo empezó a colocar, bajándolo, hasta tenerlo completamente puesto. Entonces ella se colocó sobre mí, abriendo las piernas, apoyando una mano en mi pecho y sujetando mi pene con la otra para podérselo acomodar en la entrada de su hermosa vagina.

    Sentándose poco a poco, sentía como entraba mi pene hasta llegar al tope, y colocando sus manos en mi pecho y yo las mías en su cintura, comenzó a cabalgar. Con un movimiento lento, ambos gozábamos a más no poder, viendo como brincaban sus senos, comencé a acariciarlos, apretarlos, pasando mis manos por su cintura, recorriéndolas por sus piernas, sentía estar en el paraíso.

    El ritmo fue acelerando, ella comenzó a gemir -¡Ah, ah, así, así, rico! Y yo no dejaba de decirle cosas como -¡muévete así preciosa, que rica estás!

    Ella comenzó a decir -¡Cógeme de perrito, cógeme de perrito!-Por lo cual decidí incorporarme para ponerla en cuatro, ella levantó sus nalgas dejándolas hacía arriba, una vista maravillosa en verdad.

    Antes de empezar a penetrarla de nuevo no resistía la tentación de besar sus hermosas nalgas, pasando mi lengua por ellas, comencé a acariciarlas, y le introduje un dedo en su vagina, comencé a masturbarla en esa posición, con una mano le acariciaba el trasero y con la otra de daba placer. Me coloqué detrás de ella y presenté la cabeza de mi pene en su vagina, y la fui introduciendo poco a poco, otra vez hasta el tope, y ahora empecé a moverme rápido, viendo como chocaban sus nalgas en mis ingles, al mismo tiempo que acariciaba su espalda.

    Me recosté un poco sobre ella y comencé a besar su espalda, sin dejar de mover mi pene dentro de ella, pasé mis manos por debajo y la sujeté de sus tetas, así continuaba yo mientras ella seguía gimiendo -¡Ah, ah, todo, métemelo así, que rico papito!

    La excitación estaba a más no poder. Al incorporarme ella pegó un grito tremendo -¡Ahhh! -Y gritó -¡Así, así, ahí! (se refería a su punto G), por lo que seguí penetrándola solo introduciendo la mitad de mi pene, repegándolo hacia abajo, ella gemía más fuerte, y yo le gritaba, -¡Mamita, que rico coges!

    Estaba tan excitado que no me di cuenta que me vendría ya, pero quería que ella lo hiciera primero, así que sujete mi pene desde atrás con fuerza, sin dejar de penetrarla, a modo de que no pudiera venirme, hasta que ella gritó

    -¡H, me vengo! -Fue entonces cuando solté mi pene y dejé que mi semen corriera por el condón.

    Nos tendimos cansados sobre la cama, y comenzamos a besarnos.

    -Eres maravillosa Angélica -Dije yo

    -Y tú, gracias, la verdad es que te viste muy bien -Nos fuimos a bañar y ahí utilizamos el otro condón. Antes de dormir hicimos un 69 ya que no teníamos condones.

    Ella no se fue al día siguiente como lo había planeado, estuvo una semana más, en la cual estuvimos prácticamente todo el tiempo juntos, gozando uno de la otra, y no les miento si les digo que en esa semana habremos hecho el amor como 50 veces. Estuvimos en contacto gracias al Internet, teniendo charlas eróticas y ella regresó un par de veces más.

    La última la tengo muy grabada por diferentes razones, pero sobre todo porque habíamos decidido vivir juntos aquí en la Ciudad de México. En esa ocasión ella me comentó que le gustaría que escribiera nuestro relato en algún lugar. Ella y yo siempre gozamos del sexo en varias formas, lo hicimos en distintos lugares (elevador, el auto, un taxi, el cine, etc.). Siempre buscábamos cosas nuevas, a pesar de ser una pareja joven.

    Lamentablemente ella murió hace un par de meses en un accidente.

    Aún la extraño, francamente la amaba. Pero nada dura para siempre.

    Adiós Angélica.

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  • Arena de playa

    Arena de playa

    Había reservado una habitación en cierto hotel de Sancti Petri para descansar unos días del final de julio con la esperanza que siendo de la capital no encontraría a nadie conocido y poder desenganchar al menos unos días y efectivamente así fue, pues la primera semana pude perderme por la playas de caños con el culo al aire poniéndome moreno hasta en las partes que la sombra habita.

    Pasados justos ocho días me encontré en la heladería a una vieja conocida de estudios y me invitó a una fiesta, ya podéis imaginar, desde hacía casi diez años que no la veía y me dijo que así nos pondríamos al corriente, como después de tantos días de eremita en el hotel dije que si iría, no me quedaba lejos y podría ir andando, pues era en un chiringuito de playa que me quedaba a escasos diez minutos caminando por la playa.

    Nos despedimos y quedamos para esa tarde noche, noche con luna llena por cierto, sólo pensar en unas sardinitas asadas en la playa y unos mojitos fresquitos me abrieron en apetito. Fui a mi habitación y me di una buena ducha, me afeité muy rasuradito por si acaso esa noche triunfase -cosa que dudaba- y me coloqué esos pantalones blancos de lino que se atan en la cinturilla y una camisa blanca muy ibicenca que no me daba calor y me puse en camino.

    El chiringuito estaba apartadillo de la zona de los hoteles y no estaba demasiado masificado, nada más llegar mi amiga Alicia me dio un enorme abrazo y rápidamente al oído me dijo, “que alegría que hayas venido, tengo una amiga que estoy seguro que te va encantar conocer”. Seríamos unas sesenta personas en la playa y en ese momento creo que mi sonrojo debió notarlo hasta los del barco del estrecho amén de todos los invitados, Alicia me tomó de la mano y me llevó a un apartado donde una preciosa chica de pelo castaño de nombre Cristina estaba jugando con un crio pequeño, de existir amor a primera vista esa hubiese sido una buena demostración de tal.

    -Hola Cris, tengo que presentarte a mi amigo porque estoy segura que os vais a llevar genial, -dijo Alicia.

    -Ays perdona Ali, es que mi peque me está volviendo loca porque quiere irse a jugar a buscar conchas a la playa, -respondió Cris azorada.

    -No te preocupes, un placer, no te apures,- respondí tratando de que no se nos notase lo sorprendidos que estábamos los dos.

    -Bueno os dejo que os entendáis vosotros que, seguro que tendréis muchas cosas de las que hablar, además acaba de llegar Manu y quiero que me cuente como le ha ido buceando esta mañana.

    Los dos nos miramos como buscando palabras con las que comenzar a hablar, pero no nos salían, ella preocupada por su peque y yo “idiotizado” por lo bonita que me parecía, creo que en esos minutos no le quité la mirada de los ojos y ella debió darse cuenta que no había mirado aún un biquini verde esmeralda que realzaba un precioso pecho con ese tono moreno que sólo el mar da y que sospecho se había operado y un pareo que cubría sus lindas caderas y unas piernas que tendrían que estar patentadas.

    Forzados un poco por la ausencia de su hijo aproveché para preguntarle por él, de que si era bueno y otras cosas parecidas que sólo a las madres se les puede preguntar, no era una conversación para llevármela a la cama pues aunque me parecía preciosa realmente quería conocer a esa preciosa mujer que acababan de presentarme pero tras cruzar varias frases triviales el viento de levante debió hacer que su mente se centrase en mí y no en su peque.

    -Me tiene loca, llevamos casi quince días y no he descansado ni medio, menos mal que Ali me dijo que viniese y gracias a que hay otro niños y puede jugar un rato y dejarme respirar, pero bueno, háblame de ti y deja de mirarme a los ojos que me vas a borrar de tanto mirarme.

    -Está bien, miraré el resto, pero es que te prometo que me tienes hipnotizado y disculpa que sea tan directo, hacía mucho que no conocía a una mujer tan bonita y déjame que trague aire, que no sé si será el sol, el levante o tu, pero…

    -Calla y deja de lisonjearme, que todos sois iguales, jeje, psss no hagas mucho ruido y vente conmigo ahora que me dejan un ratito tranquila y charlamos más tranquilos en esa duna de allí.

    La duna a la que nos encaminamos estaba cubierta con esas vallas bajas que evitan que la arena se meta más dentro de los pinares y hacía allí nos encaminamos, mientras sonreíamos como dos adolescentes idiotas, me tomó suavemente de la mano mientras con la otra acercaba el vaso de mojito a sus sensuales labios, nos sentamos cómodamente y no pude evitarlo y la besé suavemente, casi con temor, esperando que me hiciese la tan temida cobra, pero no fue así y ella aceptó mis labios llevando sus manos a mi espalda y mi cabeza para acercarme más a ella.

    La valla nos ocultaba ligeramente de las miradas indiscretas y aunque no lo hubiera hecho creo que nos habría dado lo mismo, ella desabrochó mi camisa y tiró de la cuerda de mi pantalón hasta dejarme en unos bóxer blancos ajustados que parecieron gustarla por la cara de satisfacción que dibujaron sus ojos y su boca con un…

    -Hay que patentar ese cierre de pantalón, jeje, sonrió pícaramente.

    Diligentemente posé mis labios de nuevo en su boca y suavemente le solté el atado del bikini y desaté su elegante pareo, yo no creía mi suerte y tampoco quería despertar de ese sueño, besé su cuello lentamente mientras acariciaba con mis manos sus costados, mi lengua hambrienta de ese precioso cuerpo se entretenían por entre los pliegues de su piel mientras mis manos acariciaban lenta y suavemente su arqueada espalda que parecía dotada de vida propia con cada caricia que la daba.

    Puso sus manos sobre mi cabeza para que bajase a su sexo, como si pareciese tener prisa, como si no la hubiesen acariciado desde hacía meses y necesitase que alguien la amase y diligentemente alcance su sexo metiéndome entres sus suaves muslos y respirando cálidamente sobre la parte de abajo de bikini, mientras lo besaba por encima y dibujaba su dulce rajita con la lengua sobre el textil me fui quitando el bóxer hasta quedarme desnudo sobre la arena.

    Su suave voz me reclamaba más, me decía que siguiese, que no parase con un hilo de voz apenas perceptible.

    Su sexo estaba arreglado, sin llegar a esas depilaciones que parecen hacen parecer a un mujer a una muñeca Barbie y que tan poco me gustaba, pero su vagina era perfecta, casi me abalanzo como un lobo hambriento sobre ella, pero me contuve y preferí saborear ese dulce lentamente y me acerqué a su sexo desnudo, abierto, oliendo a mujer, acariciando el interior de sus muslos con mi lengua y mis manos hasta que llegué a su vagina palpitante, la punta de mi lengua abrió sus labios que notaron su humedad y su calidez, metí mi lengua en su vagina antes de subir hasta su clítoris y llevándome sus jugos subí hasta él para acariciarlo y lamerlo suavemente, mis dedos acompañaron ese movimiento y metí mi dedo corazón a la vez que lamía los costados de su clítoris.

    Yo me agitaba en la arena desnudo sin apreciar que mi erección era considerable, como si mi pene no existiese, metía mi dedo levemente doblándolo un poco acariciando las paredes de la vagina de Cris y sin que mi lengua perdiese el contacto con su clítoris, instintivamente hice eso del abecedario sobre él, dibujando las letras del alfabeto muy lentamente, con cada caricia que la proporcionaba Cris se crispaba aún más, su lengua se volvía entrecortada por momentos, yo sabía que faltaba poco para que se corriese pero yo insistía…

    A medida que su respiración se agitaba mi dedo que entonces eran dos entraban cada vez más deprisa dentro de ella, una de sus manos arañaba más que acariciar mi espalda mientras con la otra se tapaba la boca, sus gemidos entrecortados cada vez eran más elevados y sus piernas temblaban; sin saber aviso previo un líquido suave y transparente mojó mis dedos y los músculos de Cris se pusieron rígidos como el acero, con un:

    -Mmmm, uf que rico dios…

    Yo no parecía oír nada más y creo que hasta me estaba frotando las manos con lo bien que lo iba a pasar yo después.

    -Que ricura eres, te voy a pedir para reyes, jeje, de decía mientras recuperaba la respiración lentamente.

    Pasados unos breves minutos, incorporado buscando su boca oímos tras el vallado:

    -Mami, mami mira todas las conchas que he cogido y en esta se escuchan las olas del mar.

    Tapándose con el pareo como pudo se incorporó para ver a su hijo y yo un poco pudoroso, me tapé como pude.

    -Perdóname querido, debo dejarte un instante, luego te veo.

    Sin dar crédito a mi desdicha me vestí como pude para incorporarme a la fiesta sin parecer que tenía mi pene colorado como un tomate y no era sólo de la excitación y la erección, al estar rozándome con la arena me irritó el glande y yo no le di importancia, pero vaya si la tuvo y lo más gracioso fue cuando tuve que contárselo a mi médico, menos mal que no le conté toda la historia que si no.

    No volví a ver a Cris pues volvió a Madrid dos días más tarde y sí, creo que Ali tenía razón, ella era perfecta para mí, no sé si ella lo tenía preparado o no, lo del crío no creo porque no me habló de protección ni nada por el estilo, me gustaría pensar que realmente yo le gusté y que en ese instante pasamos un rato completamente delicioso.

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  • Un reencuentro lujurioso (1 de 2)

    Un reencuentro lujurioso (1 de 2)

    Hoy en día muchos relatos son de lo que queremos vivir o soñamos cumplir; pero en esta ocasión contare mi historia, la cual jamás creí que haría.

    Todo empezó hace unas semanas, me reencontré con un amigo que tenía tres años sin ver, siempre sentí algo por él, pero no las clásicas mariposas en el estómago, sino algo más como una gran atracción.

    Así que un día decidimos salir a comer juntos, a ponernos al “corriente”. Con la plática me entere que él tiene un bebe, y claro por mi cabeza paso que tiene más responsabilidades y que lo nuestro no debería de ser, que como buena amiga solo debía estar con él para apoyarlo. Al terminar la comida y el me invito al cine, pues su argumento era que tenía años sin ir.

    Y decidí aceptar su invitación, además era demasiado tentador él y yo, en la oscuridad de una sala de cine, y aun así tenía en mi mente “no pasara nada”, vimos una película en taquilla, que por cierto es muy divertida, como era de noche hacía mucho frío y mi amigo que es muy friolento me abrazo en la sala de cine, yo lo creí normal, pero poco a poco se fue acercando más a mí, y aunque una parte de mi sabía que no era correcto , la otra moría de ganas por robarle un beso.

    Termino la función y toda la película la vimos abrazados, o más bien mi torso encima de él, salimos al estacionamiento, él tiene una camioneta de carga, y al subirme y pegarme a la puerta él me dijo: -ven a mi lado hace frío- inocentemente me acerque, digo yo llevaba suéter el no, paso su mano derecha por mi espalda y me abrazo por la cintura, al girar mi cara para verlo él puso sus labios sobre los míos, me asombre tanto, y a la vez no quería que eso parara, se alejó y me dijo bueno salgamos de aquí, salimos del estacionamiento y me pregunto,

    Él: ¿A dónde quieres ir?

    Yo: donde tú quieras

    Él: ¿Segura? Me vio con ojos de asombro

    Yo: Sí. Lo dije de una manera segura, aunque en realidad no sabía lo que estaba haciendo.

    Así que me llevo al lugar que menos había planeado. A un hotel, muy bonito por cierto, pero al fin y acabo un hotel.

    Me dijo: -Espera debo hacer unas llamadas y salimos

    Más extraño no podía ser eso, saco su celular y marco un número,

    -Hola amor ya llegué a casa, estoy bien, ¿él bebe está dormido? Si no te preocupes ya iré a dormir.

    Mi cara fue de asombro, me llevo a un hotel y le habla a su novia…

    Volvió a marcar otro número.

    -Qué onda bro, oye voy a llegar más tarde, voy a pasar a cenar con un amigo, a ponernos al corriente, ya sabes hace años que no lo veo.

    En ese momento debí salir corriendo de la camioneta decir no, actuar más dignamente, pero realmente quería vivir algo así de emocionante.

    Salimos de la camioneta, nos dieron una llave, el pago y subimos a la habitación.

    Adentro nos desinhibimos…

    Me empezó a besar, como desesperado, y yo solo quería llegar más lejos, hacer todo lo que jamás haría pensar solo en el sentirme uno.

    Pero tampoco debía ser tan fácil, así que me aleje un poco prendí el televisor, y me puse a dar vueltas por el cuarto, no era mi primera vez, pero jamás lo había hecho en un hotel. Entre al baño que visualmente era hermoso, al salir, él estaba parado, esperándome, viéndome de tal forma que parecía que me quitaba la ropa.

    Camino hasta llegar a mí, y me volvió a besar, pero con más frenesí, recorría sus maños por mi espalda, mis nalgas, masajeaba mus muslos, pasaba su maño por mi cabellos, me devoro con solo sus manos, yo ya no podía; me quite la playera y se la quite a él, le baje el pantalón y solo quedo en bóxer y desesperado me quito el sostén, empezó a besarme todo el cuerpo y sus manos poco a poco fueron desabrochando mi pantalón, mientras que yo posaba mi manos en sus glúteos, acariciaba su espalda, sus brazos, me agarraba de su nuca, y en un momento bajo mis pantalones, me cargo de tal manera que solo pensaba en una cosa, sentir su miembro dentro de mí.

    Pero como buena amante, quería dejar mi marca en el así que una vez en la cama me hinque, le hice señas con mi dedo índice que se acercara más, cuando acerco sus labios a mí lo aventé, para que quedara acostado, poco a poco baje, baje sus boxers y puse mis labios en su glande mientras que con mis manos acariciaba su testículos, y claro los labios fue el principio, abrí mi boca y empecé a chuparle la verga, no tardo nada en empezar a gemir, estaba gozando, y yo ya estaba demasiado caliente para parar.

    -Sam nunca pensé que fueras de las chicas que la chuparan, y menos que lo hicieras así de rico uff, mi novia jamás ha querido hacerlo. -Me comento mientras ponía su mano en mi cabeza

    Eso me encanto, era su primer mamada y claro con mi “algo” de experiencia él lo disfrutaba, Sentí como mi conchita estaba empapada pero no quería parar y de repente Me dijo:

    -Si quieres que termine en tu boca no lo lograras, duro demasiado y quiero poseerte antes de terminar. Quiero que tú también disfrutes.

    Me tomo de la cabeza, y me dijo -ponte arriba de mí, pero antes déjame te quito algo que creo que nos está estorbando.

    Me quito mi tanga, en serio ya no podía, y por suerte en el lobby compre unos condones, bueno él ya tiene un hijo, y yo no quería tener uno con él; le dije que si se lo ponía, asintió moviendo la cabeza, y cachondamente se lo puse, y más tarde en ponérselo que en gritar por lo rápidamente y placenteramente que me metió su miembro en mí, lo gocé como loca y se empezó a mover, yo solo quería más, así que con mi mano empecé a agarrar mi botoncito, mientras él ponía sus manos en mi nalgas, y hacía que mi cadera se moviera más rápido.

    Ya no podía, el solo hecho de estar con alguien que no debía me hacía prenderme más, y como buena chica pensé que si su novia jamás le había hecho una mamada tampoco había probado otras posiciones, además yo no quería que ese hombre fuera mío solo una noche, me levante de él, y él puso cara de pocos amigos, y eso debo admitir me bajo un poco el calor, pero en cuestión de segundos me puse en cuatro…

    -¿Sam que haces? -me pregunto

    -Preparando nuestra siguiente posición.

    Como un resorte se levantó y en cuestión de segundos clavo su pija en mi conchita que no paraba de soltar jugos.

    Eso sin duda alguno lo prendió más y yo solo oía dos cosas sus gemidos y el golpeteo de su cuerpo contra mi culo, y empecé a gritar

    -Hazme lo que quieras, más zorra no puedo ser, golpéame el trasero, muérdeme, has tus sueños realidad, prometo no quejarme y ser tuya toda la noche.

    No lo pensó dos veces y empezó a acariciar mis nenas, y hacer más frenéticos sus movimientos, claro esto no era amor, solo era sexo en su esplendor, sin tabús, así que no había nada que nos hiciera parara, salvo…

    Continuará…

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  • Los fontaneros y la puta de Rosa

    Los fontaneros y la puta de Rosa

    Llamaron al puerta y Rosa fue a abrir. Era el fontanero y venia con un ayudante.

    –Venimos a arreglar una cisterna.

    –Pasen –dijo Rosa, que se había estado duchando y había salido en albornoz.

    El ayudante del fontanero no pudo evitar en fijarse en el escote de Rosa. Media teta estaba fuera y se le veía parte del pezón. Rosa fijó los ojos en los del ayudante y lejos de taparse, le mostró la otra media teta. Pasaron hasta el cuarto de baño y allí empezó a revisar la cisterna. El fontanero le dijo a Rosa:

    –Pero si a esta cisterna no le pasa nada.

    –Pero a esta si –dijo Rosa quitándose el albornoz y quedándose en pelotas. El fontanero y su ayudante se miraban atónitos sin saber que hacer. Rosa volvió a hablar:

    –Soy vuestra puta y quiero que me folléis hasta que toda vuestra leche me haya inundado.

    Como seguían sin hacer nada, Rosa le bajo la bragueta a uno de ellos, le sacó la polla, se puso de rodillas y se metió de un golpe la polla, hasta que su nariz tocó el vientre del fontanero. Comenzó la succión como si fuera en ello la vida, gimiendo y dejando caer un hilillo de saliva por la comisura de sus labios. Mientras, se metió tres dedos en el húmedo y palpitante coño. Gotas de líquido vaginal se le escurrían por la mano.

    El ayudante mientras tanto, cogió un bote de vaselina y se empezó a untar la mano de ella. Se colocó detrás de la puta de Rosa y le empezó a meter un dedo por el ano. Rosa gimió de placer y arreció en su mamada. El ayudante sacó el dedo y esta vez le metió dos, que entraron sin dificultad hasta los nudillos. Rosa, al sentirlos, se sacó la polla, toda húmeda de saliva y comenzó a emplearse en los huevos del fontanero. Tres dedos entraron con más dificultad, pero entraron.

    Rosa dio un gritito y volvió a meterse la polla en las profundidades de su boca. Cuando le comenzó a meter la mano, Rosa estaba al borde del paroxismo. La saliva se le escurría e iba a caer sobre sus teta y pezones, duros como la piedra. Al fin, el ayudante metió la mano en el culo hasta la muñeca y comenzó el movimiento de émbolo. El coño de Rosa parecía un volcán y sus fluidos empapaban sus muslos y gemía como una perra. Al fin, el fontanero, le agarró por los pelos y la dijo:

    –¡Me corro, puta!, ¡Me corroo, zorraaa!

    El semen comenzó a entrar en la boca de Rosa. El primer chorro le llegó directo a la garganta, pero la boca comenzó a inundársela de leche espesa y caliente. Ella la saboreaba y se la tragaba. Al fin se la sacó y comenzó a pasársela por la cara y el semen le caía por las mejillas y tetas. El ayudante aprovechó para sacar la mano. Al final, Rosa recogió de la polla a lametazos los últimos restos de semen. Todavía con la polla en la mano y sonriendo les dijo:

    –Soy la más puta del barrio y aun quiero más. No quiero que dejéis ningún agujero ni poro de mi cuerpo inundado de leche. se levantó y se fue hacia la cama. El ayudante, en pelotas, cogió un tubo de silicona y se fue a la cama. Rosa, estaba tumbada boca arriba y se relamía los restos de lefa. El ayudante la dijo:

    –Pedazo zorra, te voy a atravesar.

    La levantó las dos piernas y le metió la polla por el culo. Rosa gimió y se agarró la tetas, pellizcándose los pezones. El ayudante comenzó a follarla por el culo y le metía la verga hasta que los cojones tocaban las nalgas de Rosa, que sentía que se derretía por dentro:

    –¡Follame, follame… aaaah!

    Entonces, él cogió el tubo de silicona y se lo comenzó a meter por el coño. Rosa gritó con todas sus fuerzas al sentirse taladrada. El tubo entró haciendo succión y gruesas gotas de líquido vaginal salpicaron su vello púbico. El tubo entró con dificultad, pero al final, sus paredes vaginales se dilataron. Comenzó a mover el tubo y a cada movimiento caían gotas de los jugos del coño de Rosa. Por fin, el chico grito:

    –¡Me corrooo, pedazo puta!

    –¡Inundameee, aaaah!

    El recto de Rosa comenzó a llenarse de leche espesa y por el orgasmo, metió hasta donde pudo el tubo. Rosa gemía como la puta que era y se pellizcaba los pezones con fuerza. Al final el chico sacó su polla. Rosa sonreía y al levantarse gotas de semen le caían por las nalgas y muslos. En esto vino el fontanero todo empalmado. Rosa dijo:

    –Quiero sentir vuestras pollas dentro de mí al mismo tiempo.

    El fontanero se tumbó en la cama, boca arriba. Rosa, se sentó encima de él y comenzó a meterse la polla por el culo. Al mismo tiempo, el chico le metió su verga por su húmedo coño.

    –¡Así, así, folladme, deprisa, más! –gritaba Rosa.

    Sus músculos vaginales comenzaron a ordeñar la tranca que la taladraba. Así se tiraron casi media hora hasta que el fontanero inundó de nuevo, casi a reventar, el recto de Rosa. Al mismo tiempo el chico se corrió explosivamente en la vagina. La inundó tanto que la leche se salía por el coño. Pero Rosa, en lugar de sentirse satisfecha, se desacopló, y se puso en cuclillas.

    –¡Vamos, vamos, poneos de pie!

    Se pusieron de pie y ella, cogiendo una polla con cada mano, comenzó a pajearlas. De vez en cuando, se metía una polla en la boca y la relamía con glotonería o se la restregaba por la cara. La leche salía de su vagina y su ano, llenos a reventar, formando regueros por sus nalgas y muslos. Los pelos de su coño también estaban manchados de semen.

    Finalmente, se volvieron a correr. Rosa recibió los chorros con la boca abierta y estos le cayeron en el pelo, cara, tetas y boca. Esta se le llenaba, sin darle tiempo a tragar y leche le caía por los labios. Por último, limpió las polla a lengüetazos. Cuando acabaron, Rosa parecía que se había metido en una cuba de semen. Se puso de pie y, rebañando los restos de lefa de su cara, les dijo:

    –Me han arreglado muy bien. Ya se pueden ir gracias.

    Y se metió en el cuarto de baño. Ellos la siguieron con la mirada.

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  • Desvirgando a la hija de mi casera

    Desvirgando a la hija de mi casera

    Llevaba unos meses viviendo en un piso de alquiler, tuve que salir fuera de mi ciudad para poder estudiar la carrera que yo quería.

    El piso estaba muy bien, lo compartía con otro muchacho, pero me di cuenta que el coste del alquiler era muy superior a mis limitaciones económicas, por eso decidí impartir clases particulares de informática, etc. Para así poder seguir en aquel piso.

    Empecé a pegar carteles para intentar captar alumnos, el último que puse fue en la puerta de mi bloque y para ello le pedí permiso a mi casera por si había algún impedimento, desde entonces las relaciones con ella habían sido buenas y no quería que por aquello se deterioraran.

    Durante esos primeros meses me cruzaba en las escaleras con una de las dos hijas de mi casera, ella se dedicaba a la limpieza del bloque, nuestros primeros encuentros en las escaleras eran muy fríos (hola y adiós) pero poco a poco bromeaba con ella.

    “Perdona, siempre te estoy pisando la escalera cuando estas fregando”.

    “Pasa, no importa”.

    Así me fui fijando más en ella y me gustaba mirarla por la mirilla de mi puerta y verla como meneaba su cuerpo al ritmo de la fregona, como le brillaba el pelo con la luz de la mañana.

    Después de varias semanas de poner los carteles conseguí a un alumno, un chico de 12 años que quería dar clases de mecanografía asistida por ordenador. Por fin podría seguir en aquel piso y seguir “molestando” a la hija de mi casera.

    A las pocas semanas al ir a pagar la mensualidad a mi casera tuve una conversación con ella sobre las clases, le dije que había conseguido un chaval y le expliqué lo que le enseñaba, ella me preguntó si quería enseñarle a su hija algo de informática, me explicó que su hija se había quitado de los estudios momentáneamente por ciertos motivos y que no quería que se estancase, su madre quería que a ella le volviera a interesar algo y pudiera conseguir un trabajo. Para mi aquella propuesta fue todo un regalo caído del cielo, nunca imaginé que pudiera darle clases a aquella chavala que “espiaba” por la mirilla de mi puerta mientras fregaba la escalera.

    Al día siguiente por la tarde fueron a mi piso mi casera y su hija tal y como habíamos acordado el día anterior, me presentó a su hija, “Soraya” un bonito y atípico nombre para un chica interesante. Nos pusimos de acuerdo en lo que le iba a enseñar, el horario de las clases y el precio, que al final acordamos que me lo descontaría de la mensualidad que yo le tenía que pagar.

    El lunes de la siguiente semana empecé con las clases a mi nueva alumna, las clases empezaban justamente al terminar con mi otro alumno, las primeras clases con ella eran un poco aburridas ya que los dos no teníamos demasiada confianza, pero con el trascurso de los días hicimos más amistad y las clases pasaron a ser más amenas, ya no sólo nos centrábamos en las clases, sino que charlábamos de todo un poco.

    Además, a mí me venía bien porque por las tardes yo estaba sólo y a ella también porque dejaba de lado un poco un hipotética depresión que creo que ella estaba pasando, aunque era difícil de saber porque no le gustaba hablar sobre ella, le gustaba más que yo le contara cosas sobre mí, sobre mis amigos, etc. era como si ella se evadiera un poco de su mundo al escucharme a mí.

    Al cabo del mes Soraya me comentó que había hablado con su madre para aumentar las horas de clases con el consiguiente aumento de precio, eso me permitía pagarme casi el 70% del alquiler y yo acepté no sólo por el dinero sino también por estar más tiempo son Soraya a la cual iba conociendo muy poco a poco y me gustaba.

    Creo que muchas veces al guiarle yo su mano con el ratón del ordenador saltaban chipas entre nosotros y nuestra piel se erizaba, yo intentaba que ella no se diera cuenta de lo que sentía por ella, de cómo la miraba, como me gustaba oler su colonia, pero creo que era difícil.

    Un día me levanté bastante acatarrado y después de regresar de la facultad me metí en la cama y me dormí sin darme cuenta de mis obligaciones como profesor, no sé cuánto tiempo dormí y me desperté por las continuas llamadas al timbre, me levanté como pude con el cuerpo destrozado y la cara echa un chasco, abrí la puerta y era Soraya.

    “¿Qué te pasa?”

    “Perdona Soraya, estoy resfriado y me he quedado dormido al llegar de clase”

    “Bueno tranquilo lo dejamos para otro día cuando estés mejor”

    “Vale, la semana que viene recuperamos las horas”

    “Tranquilo, oye ¿te has tomado algo para el catarro?

    “No, he llegado y me he acostado”

    “Bueno ahora vengo y te traigo una pastilla, no tardo”

    “No, no déjalo”

    Pero ella se fue si hacerme caso, al poco rato me traía unas pastillas anticatarrales y un poco de sopa casera.

    “No tenías que molestarte Soraya”

    “Pero si no me molesta, alguien tendrá que cuidarte ¿no?”

    Después de darme la pastilla y calentarme la sopa se quedó un rato conmigo y cuando se hizo de noche me llevó a la cama y me arropó, yo me sentía avergonzado, pero ella insistía en cuidarme. Al día siguiente cuando fregaba las escaleras se acercó a verme, me preparó el desayuno, me seguía avergonzando, pero su instinto de protección sobre mí era grandísimo.

    Afortunadamente el catarro lo curé en poco tiempo y como no, gracias a las cuidados de Soraya.

    Cuando regresé a las clases me crucé con mi casera que me preguntó por mi estado de salud, yo le dije que estaba mejor gracias a su hija y sus cuidados, ella me devolvió las gracias porque desde el comienzo de las clases su hija mostraba ilusión por algo y la veía más alegre, aquella misma tarde después de continuar con las clases invité a Soraya a ver una película el fin de semana como muestra de mi agradecimiento por su mimos sobre mí y ella accedió con gran ilusión.

    Llego el sábado y recogí a Soraya para ir a ver la película, fue impactante verla tan guapa, me quedé sorprendido, normalmente estaba acostumbrado a verla con ropa ancha, ropa de sport y al verla con aquel vestido tan ceñido me quedé perplejo, el vestido era negro con muchas franjas blancas en diagonal, en la parte alta dejaba ver su hombro y una tira negra lo sujetaba y el otro hombro estaba tapado por el vestido, en la parte de abajo por un lado era más corto que por el otro mostrando unas increíbles piernas.

    Soraya tenía un color de piel un poco oscuro y un pelo negro liso y largo que para la ocasión se adornó con un precioso recogido, y que hablar de sus carnosos labios que me volvían loco desde que la vi por primera vez, los veía y me imaginaba pudiéndolos besar algún día…. En fin, una mujer 10.

    Después del cine ella quiso ir a un pub donde ella antes iba con su pandilla a tomar unas copas y a bailar, fuimos y nos encontramos con unas amigas suyas que me presentó, estuvimos varias horas por allí y cuando ya no íbamos una de sus amigas me comentó que Soraya llevaba mucho sin salir y que la veía muy bien conmigo.

    Finalmente, la dejé en su casa y nos despedimos con dos besos de amigos, pero entre beso y beso me acarició una de mis manos, en ese momento sentí de nuevo la piel erizada…

    Al día siguiente entre la clase no parábamos de recordar lo bien que lo habíamos pasado.

    Llegó Navidad y regresé a mi casa para estar con mi familia.

    Al regresar de las vacaciones Soraya estaba más cariñosa conmigo y acudía muy arreglada a las clases, normalmente acudía con blusas que dejaban ver sus preciosos pechos y pasó a ponerse pantalones ceñidos, era todo un espectáculo dar clases con ella.

    Empecé a enseñarle también mecanografía y ahí se desató mucho más lo que los dos sentíamos mutuamente. Yo le indicaba la posición de sus manos en el teclado y cada vez que nos rozábamos seguían las chispas, los dos sabíamos que una de esas chispas haría saltar el fuego… en una de las lecciones Soraya no conseguía las pulsaciones necesarias para pasar a la siguiente lección y se enfadó.

    “Joder, nada, de esta ya no paso y tu ahí sentado leyendo”

    “A ver, ¿qué te pasa?”

    Me puse detrás de ella para corregirle la posición de los dedos en el teclado, pues bien volvieron a rozarse nuestras manos… yo tenía las manos en el teclado y mi cabeza estaba al lado de la suya casi rozando su hombro, cuando vio como debía hacerlo giró su cara y nos quedamos frente a frente, sin movernos nuestras bocas estaban separadas por milímetros y no parábamos de mirarnos fijamente, y con sólo acercar un poco mi cara nuestros labios se unieron y nos besamos, mientras ella entrelazó sus manos con las mías, el fuego había saltado.

    Sonó mi teléfono y ella se apartó rápidamente y dijo que ya tenía que irse, yo no pude hacer nada y me quedé contestando el teléfono.

    Al día siguiente nos vimos de nuevo.

    “Soraya, yo, eh, no quisiera que pensaras que lo tenía premeditado fue…”

    “No si fui yo, llevo un tiempo que estoy rara, pero ya hablaremos luego de esto ¿vale?”

    “Vale, vale”

    Pasaron las semanas y se acercó el día de mi cumpleaños.

    “Soraya este viernes celebro mi cumpleaños y voy a invitar a unos compañeros de la facultad a unas cervezas ¿vas a venir?”

    “Ummm, no sé bueno luego te lo digo”

    El viernes por la tarde cuando le abrí la puerta a Soraya para dar clases me regaló por sorpresa un perfume y una flor rodeada con un papel que tenía escrito un poema… me quedé sorprendido y maravillado y al ver mi reacción Soraya me estampó un fuerte beso y me dijo que me quería, yo estaba en las nubes con todo aquello y ella seguía besándome con dulzura, mientras me susurraba entre beso y beso.

    “Hoy por ser tu cumple, te perdono las clases de meca”.

    Y empezó a abrazarme y a sacar mi camisa de los pantalones y desabrochar los botones, dejándome con el torso a la vista. Yo entendí que las clases que ella quería eran de otro tipo…

    Nos besábamos con auténtico amor y acabamos en la cama y desnudándonos, a ella le daba un poco de vergüenza y me dijo que yo era el primer chico que la veía desnuda, que tuviera paciencia con ella, así actué, desnudándola por completo quitándole un precioso sujetador azul celeste y unas braguitas a juego.

    Era deslumbrante ver su cuerpo desnudo en mi cama, el color de su piel me daba un morbo increíble aparte de cómo no sus curvas, tenía unos pechos voluminosos con unos pezones bonitos y erizados, un ombligo pequeño y bonito y más abajo una rajita sutilmente, pero no completamente depilada, cerraba sus piernas por la vergüenza que sentía, pero poco a poco mis caricias y mis besos la tranquilizaron y se fue dejando llevar hasta el punto que obedecía cualquier cosa…

    ¡Fue increíble aquella primera experiencia con Soraya y la sorpresa que escondía!

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  • Atendí a los clientes de mi marido

    Atendí a los clientes de mi marido

    Lo que les contaré aunque parezca increíble, me sucedió cuando tuve que hacer una cena para unos clientes de mi marido en mi casa, y yo tuve que atenderlos ya que él se encontraba en ese momento de viaje.

    Me casé hace apenas un año y mi marido casi no para en la casa, ya que siempre está de viaje y la mayor parte del tiempo me quedo sola. Él había salido hace dos días de viaje y aunque me llamaba todas las noches, no era lo mismo que tenerlo cerca. Él me había prometido que cuando hiciera dinero esta situación cambiaría y que luego sabría como recompensarme.

    Esa noche antes de acostarme me llamó y me dijo que no podría regresar hasta después del fin de semana, pero que había hecho una cita con el representante de una compañía de Kenia y que éste llegaría el fin de semana para reunirse con él. Me dijo que había pensado llevarlo a cenar para quedar bien con él y luego proponerle algún negocio que le fuera ventajoso. Por tal motivo me pedía que lo llame al hotel el fin de semana y que lo invitara a cenar a la casa. El previamente le había mandado un mail, disculpándose y diciéndole que yo lo llamaría.

    Yo le comenté que no sabría qué hablar y él me respondió que únicamente había que atenderlo bien para que se fuera contento. Colgó el teléfono y me puse a pensar que hablaría con él, ya que creo que en ese país hablan inglés o algún idioma africano. Al día siguiente al llegar a mi oficina, comenté con mis amigas sobre la cena que tendría que dar, y me empezaron a gastar bromas diciéndome que los negros, tienen fama de tener penes inmensos y cosas así.

    Ese viernes desde la oficina llamé al hotel para averiguar si había llegado y cuando me respondieron que si, pedí que me comuniquen a su habitación. Me contestó en un perfecto español y me dijo que estaba esperando mi llamada, así que tuve que explicarle la situación nuevamente y decirle que él no podría atenderlo, pero que me había pedido que lo invite a cenar a nuestra casa. Él me dijo que no había venido solo, sino con un socio más y me preguntó si no había ningún inconveniente. Le dije que no, pero por dentro yo me decía que iba a hacer yo sola con dos tipos en mi casa.

    Le di la dirección, y me contestó que irían en un taxi del hotel como a las 8 de la noche. En el camino compré comida preparada, de tal forma que solo la pondría a calentar cuando llegaran. Me di un baño para refrescarme y fui a mi habitación para escoger que ropa me pondría esa noche, ya que debía darles una buena impresión y atenderlos cortésmente, según me lo había pedido mi marido.

    Me puse braguitas y sujetador color negro, además de unas medias de nylon del mismo color. Escogí un vestido, que había comprado para salir alguna noche con mi esposo, pero como nunca paraba en casa no había tenido oportunidad de estrenarlo. Era color celeste acero y modelo Jane, que es más corto de un lado de la pierna y largo por el otro lado. Lo único malo era que por la parte corta, se notaba un poco el encaje de mis medias, así que debía sentarme con cuidado para que no se levantara mucho ese lado del vestido. Me coloqué unos zapatos negros y me miré al espejo para ver que tal estaba.

    Me miré por detrás y debido a que el vestido es de un material delgado, en el costado de mis nalgas se notaba muy pegado, pero ya no tenía mucho tiempo para escoger algo más, ya que de un momento a otro llegarían. Mientras me maquillaba y peinaba, pensaba que a mis 25 años no disfrutaba a plenitud de la vida, ya que casi nunca salía a ningún sitio aparte de mi trabajo, y ni que decir de la parte sexual.

    Apenas terminé de arreglarme, tocaron a la puerta y fui a atender un poco nerviosa. Esperaba que se llevaran una buena imagen de la atención que les iba a dar. Cuando abrí la puerta me llevé una impresión, ya que eran dos hombres de raza negra, pero su piel era de un negro color aceituna y ambos median como 1.90 de estatura. Estaban vestidos de manera casual con unas camisetas marca Lacoste.

    Los saludé y los invité a pasar. Uno de ellos me entregó dos botellas de champagne que puse a helar, y los tres nos sentamos a conversar en la sala un momento. Ambos me prestaban mucha atención cuando yo hablaba, y yo notaba que ellos disimuladamente aprovechaban para mirar mis piernas. Les pedí que me disculparan que los dejase solos, ya que iba a servir la cena. Desde la cocina podía escucharlos conversar en inglés y como yo no conozco mucho ese idioma, no entendía nada.

    La cena transcurrió, y en su conversación se notaba que habían viajado mucho, y mencionaron que era una pena que mi marido no estuviese presente, pero que ya habría oportunidad de reunirse con él. Cuando estábamos cenando, sentí que la pierna de uno de ellos rozó la mía, pero supuse que había sido en forma casual. Terminamos una de las botellas que ellos trajeron en la mesa y luego los invité a pasar nuevamente a la sala, mientras yo retiraba los platos de la mesa.

    Les pregunté si deseaban que abriese la segunda botella y ambos dijeron que sí. Me senté a acompañarlos y mientras yo bebía mi copa, ellos conversaban entre sí. Los miré con detenimiento y ambos tenían manos grandes y sus pies también lo eran. En ese momento recordé las bromas de mis amigas del trabajo, cuando me decían que los negros tenían vergas enormes. Uno de ellos estaba sentado frente a mí, con las piernas abiertas como se sientan los hombres, y yo empecé a divagar imaginando que me sentaba sobre él. Rápidamente alejé esos pensamientos de mi mente, que seguro eran producto de la falta de continuidad de sexo.

    Mis pensamientos hicieron que se me subieran los colores al rostro, que debido a mi piel blanca cuando me pongo colorada se me nota más, y uno de ellos me preguntó si el champagne me había afectado. Riéndome le dije que no y cambié de tema rápidamente, preguntándoles si les había gustado la ciudad.

    El que estaba sentado junto a mí, me dijo que ellos cada vez que llegaban a un país, no se iban contentos si es que no probaban la comida típica, el trago típico y la mujer típica. Su amigo se río de la ocurrencia y yo también sonreí y tragué saliva, ya que parece que estos negros querían comer algo más que la cena.

    El negro que tenía al frente me dijo que mi esposo era muy afortunado en tener una mujer tan bonita como yo, y el otro puso su mano en mi pierna derecha, añadiendo que estaba de acuerdo. La mano de este negro emanaba un calor que me hizo estremecer y no la apartaba, dejándola sobre mi pierna un buen rato. Uno de ellos mencionó que mi marido le había contado que yo sería muy hospitalaria con ellos, con el fin de concretar negocios muy pronto.

    No sabía qué hacer en ese momento, ya que no quería echar por la borda los sueños de mi marido, pero por otro lado ¿qué haría si los negros se empezaban a propasar? Dejé que pasara lo que tenía que suceder. Ellos al ver que no mostraba rechazo, empezaron a insinuarse aún más. El que tenía al costado se pegó a mí y llenaba una y otra vez mi copa, logrando que el licor me desinhiba y en un momento conversábamos como si fuéramos amigos de toda la vida. Tanto así, que en un momento el negro quitó su mano de mi pierna y me pasó su brazo por la espalda, y sentí que su mano llegaba a tocarme una teta por lo largo de su brazo.

    El otro negro nos miraba, y lo noté inquieto por los toqueteos que su amigo me daba. El que me abrazaba me dijo que yo tenía una piernas hermosas y cuando voltee a mirarlo me besó en la boca, rodeando mis labios con los suyos que eran enormes. Yo no sé por qué, pero no hice nada por separarlo y mientras me besaba y metía su lengua en mi boca, el otro no aguantó más y también se acercó a mí. Se inclinó y con sus manos separó mis piernas, para ver mis braguitas.

    Yo pensaba como era que había llegado a este punto, y me preguntaba también si esta era la hospitalidad que mi marido esperaba que les brindara. Mientras pensaba esto me hicieron poner de pie, y empezaron a meterme mano sobándome las nalgas y mi chocho. Uno de ellos me sacaba el vestido, mientras el otro se bajaba los pantalones. Cuando se quedó sin ellos, pude ver que tenía una verga enorme. Era larga y gruesa y me daba la impresión de estar viendo una vara, como la que usan los policías. El otro también se quitó la ropa y quedó desnudo ante mí.

    Entre los dos me quitaron el sujetador y las braguitas, dejándome solo los zapatos y las medias negras puestas. Se notaba fuertemente el contraste entre la piel negra de ellos y la mía. Estaba excitada y a la vez asustada por la envergadura de sus miembros, pero sería la primera vez que experimentara como se sentiría tener la verga de un negro dentro de mí.

    Ambos me lamían todo el cuerpo, y mientras uno separaba mis nalgas para lamer mi ano, el otro se encontraba delante lamiéndome el coño. Los tres nos fuimos a mi habitación y me senté al borde de mi cama, poniéndose ellos frente a mí con sus vergas apuntando a mi cara. Se las empecé a mamar, sin lograr que entren totalmente a mi boca. Me eché sobre la cama y uno de los negros se puso a bombearme. Su verga era tan gruesa, que mis labios vaginales la rodeaban a duras penas y me hizo sentir en la gloria de tanto que metía y sacaba. El otro se puso de rodillas a la altura de mi cabeza y puso su verga dentro de mi boca para que se la chupe.

    Así me tuvieron un buen rato, hasta que ambos eyacularon bañando el interior de mi concha y mi boca. Yo solo quería que me den más y les pedí que me culeen entre ambos. Se acostaron en la cama cada uno a un costado mío y me puse de rodillas en la cama, y se las chupaba alternadamente, dejándoles ver mi culo mientras lo hacía. No tardaron mucho en ponerse como un par de trancas y me puse encima de uno de ellos, mirándolo de frente. Nos besábamos en la boca, mientras me metía su verga en mi chucha y le dije al otro que me montara por detrás.

    Se puso de pie en la cama y dobló un poco sus piernas, hasta poner la cabeza de su pincho en mi ano. Poco a poco empezó a empujar hasta meterla por mi recto, y así ambos me cachaban por delante y por detrás. Yo me preguntaba como me había vuelto tan puta, pero esos dos negros me estaban haciendo gozar como una cerda.

    Mientras me culeaban sonó el teléfono, que se encontraba en la mesita de noche y estiré mi brazo para alcanzarlo. Contesté y era mi marido. Me preguntó si sus clientes habían ido a la casa, y yo le dije que si. Me dijo que si los estaba atendiendo como me lo había ordenado, y les respondí que los estaba atendiendo en ese momento, y que por eso debía colgar el teléfono.

    Me volvió a decir que me recompensaría el sacrificio que yo estaba haciendo, y le contesté que no era necesario, mientras sentía que la leche de ambos negros se derramaba en mis dos huecos. Una vez que terminamos les limpié sus vergas con mi boca, chupando toda la leche que aún les quedaba.

    Luego nos vestimos y volvieron a su hotel. Me llamaron al día siguiente para que los visite, pero esa ya es otra historia.

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  • No puedo follar con mi novio si no participa mi hermano

    No puedo follar con mi novio si no participa mi hermano

    No puedo follar con mi novio si no participa mi hermano
    No puedo follar con mi novio si no participa mi hermano
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

    Grabarlo y editarlo supone mucho trabajo, por esto me gustaría conocer tu opinión y si te resulta útil.

    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    Hay una idea que me reconcome el cerebro desde hace unos días.

    Hasta que cumplí 22 años el pasado 5 de agosto, había tenido dos novios. El primero solo cuenta a nivel estadístico. No supuso nada digno de destacar, salvo que me introdujo en el mundo del sexo con otro ser humano que no fuera yo misma. Al segundo lo quería, a secas, nada de amor incondicional, pero me hizo daño que me engañara con otra, motivo de nuestra ruptura.

    Debido a esta ruptura y a lo mal que lidiaba con ella, mi hermano Álex, a pesar de tener tan solo dos años más que yo, intervino para ayudarme a cerrar este capítulo de mi vida. Puede que le viera entonces con otros ojos, más como el novio ideal que como sangre de mi sangre. El amor incondicional ya lo tenía ganado. La plena confianza también. Incluso lo consideraba más que un mejor amigo. Yo significaba lo mismo para él. Esto nos llevó irremediablemente a una relación incestuosa. En la práctica, nos comportamos como una de tantas parejas de enamorados. En todo podríamos pasar el filtro social de la moralidad. También el familiar. La única excepción es el sexo. Si alguien descubriera que mantenemos relaciones incestuosas a diario, ahora que está tan de moda eso de cancelar a todos y por todo, estaríamos más que crucificados. Pero si lo descubrieran nuestros padres, nuestro fin sería el repudio y el destierro familiar.

    El día de mi 22 cumpleaños cambió todo.

    La noche anterior, como regalo de aniversario, mi hermano organizó un trío con un desconocido para mí, tal y como le había pedido días antes. Sergio, que era el tercero en discordia, me pareció encantador, incluso me gustaba físicamente, pero repito que era un completo desconocido para mí.

    La primera vez que fue a metérmela en el coño, pretendía hacerlo con preservativo. Yo quería que lo hiciera sin él, pero afirmó que siempre lo usaba salvo con la novia de turno, que entonces no estaba comprometido, y solo me follaría a pelo si aceptaba ser su novia. Un tipo inteligente, atractivo y con un cuerpo de escándalo, es un chollo para cualquier chica, mucho más si se gana bien la vida. La única pega que se le podría poner es que me saca siete años.

    No me gustan los condones porque no disfruto lo mismo. Cierto que puede resultar imprudente, pero también lo es cruzar una calle, incluso por un paso de peatones. La posibilidad de atropello es mínima, pero no por esto dejamos de cruzar. Estaríamos siempre en el mismo sitio. Este planteamiento no surgió en ese momento, ya lo tenía asimilado de antes, y acepté ser su novia, con la boca pequeña, solo para salir del paso.

    Lo curioso es que Sergio descubrió que Álex y yo somos hermanos. Dijo que nuestro parecido físico es evidente, aspecto en el que casi nadie se fija. Este hecho no le importó lo más mínimo, lo que representaba un punto a su favor.

    Esta noche dormí con él, allí mismo, en su propia casa. Mi hermano lo hizo en el cuarto de invitados. Desperté junto a Sergio y le observé durante un buen rato mientras dormía. Entonces le vi con otros ojos. Lejos de la seguridad en sí mismo y cierto egocentrismo mostrados hasta entonces, ahora me parecía tierno y vulnerable. Pensé que merecía la pena intentar una relación con él. Algo así como seguir el juego y ver adónde nos llevaba.

    Entonces me vi investida de ciertos derechos, entre ellos disponer de su cuerpo, especialmente su atributo de placer. Ni corta ni perezosa, lo tomé con la mano y lo masajeé lentamente. Luego lo engullí en la boca y le dediqué una leve mamada. Sergio despertó cuando aquello comenzaba a ponerse tieso y duro. La sorpresa fue grata para él, una cosa llevó a otra y pretendía que folláramos como animales. Eso mismo quería yo, pero con la participación de mi hermano.

    Esto no sería lógico a ojos de un espectador imparcial. Lo normal es no engañar al novio o pareja, aunque el inicio de la relación se remonte a escasos minutos. Entonces pensaba que era mi hermano al que pretendía engañar. Algo así como ponerle cuernos filiales. Estas no son las razones que le di a Sergio. La excusa fue que estaba tan hambrienta de sexo, que no me bastaría solo con él. Por no poner en duda su hombría a la hora de satisfacerme, añadí que con los dos había descubierto la doble penetración, y ya no podía pasar sin ella.

    Sergio aceptó, fui a buscar a mi hermano y el resultado fue más de una hora jodiendo como conejos.

    Paso por alto los detalles porque esto no era más que la punta del iceberg, el principio de aquello que me nubla el juicio.

    Por la noche, durante la fiesta que organicé en casa con mis amigos y amigas más cercanos, no fueron pocas las ocasiones en que presumí de mi nuevo y flamante novio. Ellos le veían como una especie de macho alfa, un tipo inteligente, dicharachero, extrovertido y tan seguro de sí mismo que resultaba un imán para las mujeres. Ellas eran el imán con cargas opuestas. Le veían como un objeto de deseo con el que a todas les gustaría pecar.

    Fue mi buena amiga Vivian la que pecó primero.

    -Espero que no te molestes -comenzó diciendo-, pero Sergio está para entregarle todo lo que pida. Si no fuera tu chico, dejaría que hiciera conmigo todo lo que quisiera.

    Si no conociera bien a mi amiga, pensaría que se pasaba de la raya, pero ella es descarada y no tiene filtros. Extrañamente, no sentí un mínimo de celos. Medité unos segundos y llegué a la conclusión de que era lógico no tenerlos. No tenía sentido después de compartirle dos veces con mi hermano en menos de 24 horas.

    -Inténtalo si tanto te motiva -respondí a Vivian-. Por mí no hay problema alguno si él accede. Digamos que somos una pareja liberal -añadí como si tal cosa.

    El rostro alegre y perverso de mi amiga fue digno de recordar. Me miró fijamente a los ojos durante unos tensos segundos. Buscaba en ellos una señal que le indicase que la tomaba el pelo. No la encontró y sí un gesto de conformidad, antes de darme media vuelta y volver con el resto de invitados, como si restara importancia al asunto.

    Sergio vino a mí pasado un rato, perplejo porque Vivian le había entrado a saco, asegurando que contaba con mi beneplácito. Afirmé que estaba en lo cierto y añadí mis razones.

    -Tú y yo empezamos esto de aquella manera anoche. Hemos repetido esta misma mañana. Si me has compartido con otro, aunque sea mi propio hermano, significa que eres de mente abierta. Esto me conviene porque no quiero un novio celoso o posesivo. Yo pretendo seguir esta regla y tener la libertad que te otorgo. Entiendo que no es habitual empezar una relación con imposiciones o reglas, tómalo como quieras, pero necesito una relación opuesta a la que tuve no hace mucho.

    Sergio sonrió ilusionado como un chiquillo, me besó los labios y afirmó que era la mujer de su vida, la mejor que pudo haber encontrado. Es irónico, pero respondió como lo haría todo hombre al que concedes carta blanca.

    Estando ambos conformes en este asunto, Sergio confirmó que le gustaría echar un polvo con mi amiga, y que lo haría en ese preciso momento. Le di un beso en los labios y deseé que lo disfrutara. No obstante, el morbo que entrañaba la situación se apoderó de mí y le propuse una idea perversa.

    -No vayas a pensar que son celos o que me retracto de lo dicho, pero será un infierno para mí sabiendo que le das a otra lo que yo misma deseo. Tampoco pretendo que lo hagas con las dos. Nadie sabe de nuestro acuerdo, y me dejaría en mal lugar si ella se va de la lengua.

    Sergio se encogió de hombros, perplejo porque no entendía el sentido de mis palabras. Mucho menos de mis intenciones.

    -Podemos hacer lo siguiente -dije bajando el tono de voz-. Tú le dices a esa mala pécora que tienes gustos peculiares, entre ellos follarla con los ojos vendados. Entonces la llevas a mi dormitorio, y yo subo poco después con mi hermano al suyo. La idea es que ambos nos folléis a las dos. Ella ni se enterará si os intercambiáis discretamente varias veces.

    -No entiendo esa manía de meter a tu hermano en todas las ecuaciones -respondió Sergio con el gesto torcido.

    Yo misma comenzaba a inquietarme más de la cuenta con eso mismo, con la obsesión de contar con mi hermano en todo lo que tuviera tintes sexuales. Entonces se me encendió una lucecita en el cerebro y comprendí. No era el supuesto miedo a engañarle, ponerle los cuernos como si fuéramos una pareja convencional. La razón me decía que era el único en quien podía confiar al cien por cien, el único que me daba entrega total e incondicional. Hasta conocer a Sergio, no había tenido motivos para compartir a mi hermano con otro.

    Este razonamiento era solo para mí. A Sergio le di otro, algo retorcido, pero ilustrativo.

    -Recuerda esa escena de película en la que un personaje tiene cita para cenar con dos mujeres, al mismo tiempo y sin que ellas lo sepan. Pasa un rato con una y pone excusas ridículas para ausentarse, ir con la otra y viceversa, así una y otra vez. Vivian ni se enteraría si le dais el cambiazo uno por otro, y para esto es necesario que seáis dos.

    Sergio hizo como si pensara. Luego parecía enfadado. Acto seguido indeciso. La secuencia teatralizada me hizo gracia. Era como si necesitara un impulso.

    -No lo pienses más y ve a buscar a Vivian. -Le di un azote en el culo a modo de impulso-. Yo busco a mi hermano y subimos un par de minutos después.

    Solo me quedaba un detalle por cuadrar: que el resto de invitados no se percatara de lo que iba a suceder.

    Para ello, expliqué a otra buena amiga que Vivian no se encontraba bien y que la subiríamos a mi dormitorio, argumentando que Sergio tenía ciertos conocimientos médicos, y mi hermano nos acompañaba por si era necesaria su ayuda. Rematé rogando que velara porque nadie subiera al piso superior y molestara. En este tipo de fiestas, ya se sabe que alguna que otra parejita suele buscar un lugar íntimo para desfogarse. Esto no me convenía.

    Cuando terminé esta breve conversación, Vivian y Sergio ya habían subido y mi hermano poco más tarde. Fueron apenas dos minutos, suficientes para ver a Vivian y Sergio en mi dormitorio cuando pasé de puntillas por el pasillo. Ella estaba sentada en el borde de la cama, completamente desnuda y con los ojos vendados, mamando la polla de Sergio en pie delante de ella. Los observé apenas un instante, frotándome el clítoris por debajo de la minifalda, excitada hasta que me abordaron las ganas de tener una pija para mí.

    Entré en el dormitorio de mi hermano y allí estaba Álex, con los pantalones bajados y la verga apuntando hacia la puerta. Me arrodillé delante de él, la tomé con ambas manos y jugué a rodear la cabeza con la punta de la lengua. Estaba tan dura y tiesa que podía notar en ella sus palpitaciones. El pobre estaba al borde de la taquicardia. Se la acaricié al tiempo que mi lengua y labios hacían maravillas en el capullo, sonrosado, brillante como la coronilla de un calvo.

    En un momento dado, cuando ninguno de los dos aguantaba más, me pongo en pie, nos desnudamos y me tumbo en la cama con las piernas flexionadas y muy abiertas, tanto como pude. Mi hermano, viendo el panorama, se arrodilla entre ellas, coloca el glande en la entrada y comienza a penetrarme hasta que las pelotas rozan mis carnes. Gimo de gusto conteniendo los decibelios. Es poco probable que Vivian me oiga estando en lo que debe estar, pero por si acaso.

    Mi hermano comienza a follarme con ganas. Yo me aferró con las uñas a sus nalgas y tiro de ellas hacia mí con cada penetración, procurando que estas sean cada vez lo más profundas y satisfactorias posibles. Apenas tardo cinco minutos en correrme, mordiéndome el labio inferior para contener los gemidos.

    -Ahora ve con la otra guarrilla -le digo a mi hermano-. Ya tengo ganas de tener a Sergio dentro de mí, pero ponte un condón. Seguro que Sergio lo usa y no es cuestión de que ella pueda notar el cambio.

    Álex asintió con la cabeza, nos levantamos y fuimos juntos de puntillas, cogidos de la mano. Encontramos a Vivian a cuatro sobre la cama, recibiendo una buena follada por parte de Sergio. Le hicimos gestos con las manos para que se librara de ella y mi hermano ocupara su lugar.

    Sergio, recurriendo a sus dotes de improvisación, fingió una tos repentina, bajó de la cama y Álex ocupaba su lugar pocos segundos después. Ella, ajena al cambiazo, le recibió gimoteando y suplicando que la partiera en dos. No me interesaba aquello, sino lo mío, tomé a Sergio de la mano y tiré de él hasta mi dormitorio.

    Apenas entramos, corro hasta la cama, me pongo a cuatro sobre ella y le pido que se quite el condón.

    -Quiero que me des por el culo -le digo girando la cabeza hacia él, poniendo ojitos tiernos-. No es una imposición, pero me gustaría que no se lo hagas a ella. A ella solo por el coño.

    Efectivamente, Sergio no lo tomó como una imposición, sino más bien como un capricho, una muestra de total y exclusiva entrega. Con esta idea se arrodilla detrás de mí, coloca el glande y gimo como una golfa a medida que me va enculando hasta clavarme media verga. El placer recibido es extremo a medida que la sodomía va ganando enteros. Mis esfuerzos por reprimir las muestras sonoras de placer son titánicos. En lo que al sexo se refiere, reconozco que soy muy escandalosa, por ello, el hecho de contenerme era una novedad para mí. Descubrí que liberar esa tensión de otro modo resultaba super excitante. Mis movimientos se tornaron más desesperados gracias a ello, y esto desembocó en un orgasmo como no recordaba, ayudada con mi propia mano en el clítoris, restregándolo como si no hubiera mañana al tiempo que Sergio me enculaba de cine.

    -Me has vuelto loca de placer, pero recuerda que tengo la exclusiva -le susurré al oído antes de arrodillarme y practicarle una breve felación.

    Luego le puse en la mano un preservativo que tomé del cajón de la mesita de noche, y le despedí con una palmada en el trasero, advirtiendo que se intercambiara de forma discreta con mi hermano y me lo mandara.

    Esta misma secuencia se repitió un par de veces más, hasta que surgió una nueva locura en mi cerebro perverso. Recurrí al tema sentimental cuando me di por satisfecha, después de que Sergio me regalara el tercer orgasmo.

    -Ahora que nuestra relación tan solo está en pañales -le susurré entre mordisquitos en el lóbulo de la oreja-, sería bueno que vayamos cimentándola. Sobre todo, para que yo vea que soy algo más que un capricho. -Sergio suspiró profundamente. Yo no sabía si lo hizo por desidia o hartazgo, pero proseguí con mi argumento-. Sería bueno que dejes esa inquina que pareces tener con mi hermano.

    -Yo no le tengo eso que llamas inquina -respondió Sergio, le sellé los labios con dos dedos y le di la réplica.

    -Llámalo como quieras, el caso es que no te importó compartirme con él cuando para ti era una completa desconocida. Lo mejor de todo es que fue bueno para los tres, y vi buena complicidad entre vosotros. Ahora quiero ver eso mismo, pero en otras circunstancias.

    Sergio me besó apasionadamente. Yo intuía que tratando de apaciguar lo que entendía como reproches.

    -Suelta lo que te ronda la cabecita -dijo acariciándome el pelo-. Haré lo que pidas como muestra de buena voluntad. Considéralo una aportación a los cimientos que has mencionado.

    -Quiero ver cómo le dais por el culo a Vivian entre los dos -expuse y volví a sellar sus labios para que no me interrumpiera-. Olvida lo que te dije antes respecto a no encularla. Obviamente, ha de ser por turnos. Lo mejor es que la prives también del oído. De todas formas, imagino que habéis evitado hablar a Vivian mientras la jodéis. No sé, puedes ponerle los auriculares con cierta música. Sorpréndeme con tu sentido de la improvisación.

    Lejos de hacer gestos o comentarios de desaprobación, Sergio aplaudió la idea. Le pareció arriesgada, pero digna entre sus hazañas amatorias. Le di los auriculares de mi hermano. Son tan grandes, que parece tener tres cabezas cuando se los veo puestos. Luego los conecté por bluetooth al ordenador y puse una lista de reproducción de los Ramones, uno de mis últimos descubrimientos.

    El relevo con mi hermano fue sencillo. Cuando llegamos al dormitorio, ella estaba a cuatro en el borde de la cama y Álex la enculaba a base de bien. Con gestos le indicamos que se apartara.

    -¿Has probado alguna vez el sexo audio-tántrico? -preguntó Sergio a Vivian-.

    Ella respondió que no. Yo tuve que contener las carcajadas. Mi hermano no entendía ni papa.

    -Consiste en privarte también del sentido del oído -continuó Sergio el disparate que había fraguado-. La idea es aislarse del entorno y concentrarse solo en las sensaciones.

    Vivian aceptó la propuesta como si fuera palabra de Dios. Yo dominé nuevamente las carcajadas y expliqué el asunto a mi hermano. Asintió con la cabeza en señal de conformidad, conteniendo la risa también.

    Con Vivian inmersa en el País de las Maravillas, Sergio se puso un preservativo y la penetró. Acto seguido la sodomizó con ganas, como si le debiera dinero. Vivian trataba de ahogar los gritos de placer. No le convenía alarmar al resto de invitados y que la pillaran en situación tan comprometida.

    Tras varios minutos, mi hermano tomó el relevo y se empleó con la misma energía. Salvando ciertas distancias, la escena me recordó la tarde en que dio por el culo a otra de mis amigas en circunstancias parecidas.

    La afortunada Vivian disfrutó de dos pollas sin saberlo durante al menos veinte minutos. Ya iba siendo hora de terminar. Cogí a mi hermano de la mano y le arrastré al otro dormitorio. Allí le tumbé en la cama, me arrodillé a su lado y le comí la polla hasta ordeñarla y tragar la leche.

    Nos vestimos y pasamos por delante del otro dormitorio. Vivian estaba sentada en el suelo, apoyada con la espalda en el borde de la cama. Sergio delante de ella, meneándose la polla al tiempo que le derramaba el esperma en la boca. Sonreí feliz porque Sergio también lo hacía, y tiré de mi hermano para reunirnos con el resto de invitados.

    Todos estaban intranquilos: la noticia de la supuesta indisposición de Vivian había corrido como la pólvora de boca en boca. La lógica intranquilidad se tornó algarabía cuando les anunciamos que estaba recuperada y con el ánimo intacto. En este preciso momento, una sonriente Vivian bajó las escaleras, cogida del brazo de Sergio y visiblemente satisfecha. Solo mi hermano y yo sabíamos el motivo de tanta felicidad.

    Rato más tarde, cuando casi todos estaban en el jardín, la mayoría dándose un chapuzón en la piscina, Vivian me cogió del brazo y me llevó a un rincón.

    -Eres la zorra más suertuda del planeta -dijo con un hilo de admiración en la voz-. No veas como jode tu chico. Se ve que tiene mundo porque es infatigable. Si lo pasas con él la mitad de bien que lo he pasado yo, puedes considerarte afortunada. Ya quisiera yo un Sergio en mi vida para que me dé matarile a todas horas. En este sentido, me lo podrías prestar de vez en cuando.

    Viendo que Vivian iba en plan kamikaze, la eché el freno para que no se estrellara.

    -No sigas hablando, Vivian. No sigas hablando porque sube el pan. Una cosa es que yo sea un tanto liberal, otra muy distinta que me tomes por gilipollas. Confórmate con una vez y basta. Olvidaré esta conversación porque somos amigas, pero que no te vea nunca más ni tan siquiera coqueteando con Sergio.

    Vivian captó el mensaje, se disculpó y prometió acatar lo que bien era una amenaza.

    La moraleja del cuento es que los comentarios de Vivian me hicieron reflexionar. Mi apego sentimental a Sergio era cero en ese momento, pero esto no suponía que fuera a regalarlo alegremente. Mucho menos a lobas como Vivian. 24 excitantes horas con él, habían sido suficientes para darme cuenta de que tenía potencial como novio. Era un diamante en bruto por tallar, y los diamantes hay que tenerlos a buen recaudo.

    Pero la idea que me reconcome es otra en forma de pregunta. ¿Debo ir soltando las riendas del apego que tengo respecto de mi hermano? Sergio tiene razón en parte, pero no me planteo la cuestión por él. Nunca le pondré a la altura de Álex. La duda es si tal apego a mi hermano me repercutirá en otros aspectos de la vida. Tengo claro que la relación incestuosa tiene que acabar tarde o temprano. Puede que la solución inmediata es que lo hablemos. Puede que nos convenga bajar una marcha de tanto en tanto. No lo sé. Ni siquiera tengo la menor idea de cómo enfocar el asunto con él.

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  • Infidelidad con un poco de morbo

    Infidelidad con un poco de morbo

    Ese día me desperté un poco contrariada por tener que ir a un cliente que quedaba tan lejos de la oficina, tenía alrededor de dos horas de viaje hasta allá. Llegué a la reunión para conocer a mis nuevos clientes y en una esquina, calladito y observando todo estaba Julián. No era terriblemente buenmozo, pero algo en él me llamaba poderosamente la atención y me atraía profundamente.

    Tendría unos 29 años (pero aparentaba varios años menos), una mirada hermosa y serena, una sonrisa sumamente atractiva y una tranquilidad inalterable. No era muy alto, tez blanca, ojos color miel con largas pestañas, una piel bellísima y el pelo castaño bien cortito. Se llevó a cabo la reunión y decidí no prestarle más atención a la primera impresión de Julián, ya que era un cliente y la relación con él debía ser estrictamente profesional.

    Cuando estaba saliendo Julián se me acercó y me dijo que era él con quien había estado intercambiando mails en estos días, recordé que sus mails me habían parecido muy respetuosos y formales, cuando los leí no imaginé que quien los había escrito fuera tan joven e interesante. Lo saludé y me fui, quedamos en reunirnos la semana siguiente para comenzar los trabajos de campo con él y otra persona de la empresa. Cuando iba a trabajar a la oficina de ellos me pasaba todo el día en la empresa, para aprovechar mejor el tiempo dado el largo tiempo de viaje hasta allá, así que comíamos juntos, tomábamos café y charlábamos mientras seguíamos trabajando.

    En una de esas charlas, él me contó que estaba casado hacia 4 años, le conté que yo estaba casada también hace un tiempo similar, también me contó que estaba por terminar la facultad. Me sentía muy a gusto trabajando con él y solíamos reírnos de cualquier cosa durante todo el día, las otras personas de la oficina pensarían que estábamos locos. No podía evitar soltar alguna mirada furtiva a sus hermosos ojos y su cuerpo cuando estaba distraído y de vez en cuando se me escapaba algún halago hacia su persona.

    Algunas veces lo ayudaba a estudiar para sus exámenes y siempre le mandaba mensajitos y mails para averiguar cómo le había ido, nuestra relación ya era más de amigos que de cliente-consultor. A medida que seguía pasando el tiempo me sentía más y más atraída hacia él. No era solamente su físico, él era tan buena persona, amable, trabajador, honesto, respetuoso y sincero que su esposa tenía mucha suerte de haberlo encontrado.

    Cada nuevo detalle que iba descubriendo de él hacía que me interesara aún más. Me encontré buscando excusas para rozar suavemente su hombro, sus brazos o simplemente para estar más cerca de él, sentía la necesidad del contacto con su piel. Los días que trabajábamos juntos me vestía especialmente para él, para que me mire, para que le guste, pero nada. Julián era amable con todo el mundo, así que era muy difícil distinguir si me daba algún trato especial o no.

    De un día para el otro, me percaté de que comenzó a tratarme un poco diferente a las demás personas. Me cuidaba mucho, sabía que era muy friolenta y apagaba el aire cuando veía que yo sentía frío o me traía algún abrigo, se preocupaba porque pudiera comer a tiempo, me traía cada tanto un tecito caliente y me preguntaba cada vez más cosas personales sobre mi vida.

    Sin buscarlo empezamos a vernos fuera del trabajo, cuando salíamos de la empresa íbamos a tomar algo juntos por los alrededores para hacer tiempo, íbamos al cine, sino lo acompañaba a la facultad o donde tuviera que ir ya que me encantaba estar con él. Hacíamos juntos las cosas que nuestras parejas no querían hacer con nosotros, o a lo que no nos acompañaban, también aprovechábamos los días que nuestros compañeros salían con sus amigos para vernos y no estar solos.

    Cada vez teníamos más confianza y podíamos hablar de cualquier cosa, quejarnos de nuestras respectivas parejas o simplemente compartir nuestras tristezas y alegrías. Julián era la primera persona que yo llamaba cuando me pasaba algo importante, y él hacía lo mismo, nos queríamos mucho. Una noche en que nuestras parejas habían salido me invitó a su casa, así cocinábamos y cenábamos juntos unas nuevas recetas que había aprendido.

    Llegué a su casa, y Julián estaba con una camisa negra semiabierta y un pantalón clarito de vestir, le dije sin dudar que estaba muy sexy y empezó a reír (pero yo lo decía en serio), yo tenía puesta una pollera corta y una blusa. Nos pusimos delantales de cocina y empezamos a preparar la comida, no podíamos parar de reírnos mientras cortábamos las verduras, la cocina era chiquita y entre los dos hacíamos bastante lío pero lo disfrutábamos mucho, me sentía en las nubes cuando se colocaba detrás de mí apoyándose contra mi cuerpo y tomaba mis manos para ayudarme a cortar con ese cuchillo gigante.

    Preparamos una crema de calabaza, arroz al curry con hongos y para terminar una mousse de frutillas. Mientras él terminaba con los últimos toques de la comida y decoraba los platos, fui a colocar un sahumerio de sándalo, unas velas para alumbrar la mesa y un centro de flores. Cuando finalmente apareció con los platos de crema de calabaza se seguía riendo de todo el lío que habíamos hecho y la hermosa mesa que preparamos para cenar siendo que siempre comíamos a las apuradas. La crema estaba riquísima, bien condimentada, con un leve sabor dulce y picante.

    Comimos despacio mientras seguíamos charlando, así llegó el arroz al curry que también estaba riquísimo y picantito y finalmente la mousse de frutillas que era gloriosa, Julián me dio a probar la primer cucharada en la boca porque estaba orgulloso de como había salido su postre. Cuando terminamos de comer tomamos un tecito para hacer sobremesa y nos fuimos a lavar los platos.

    Me ofrecí a lavarlos ya que Julián había hecho mucho más en la cocina que yo, empecé a hacerlo y Julián estaba colocado detrás de mí (continuaba apoyándome) y me los iba alcanzando mientras hacía bromas porque yo lavaba muy rápido. Me di vuelta para decirle algo y me encontré contra la mesada tan cerca de su cuerpo y de sus labios que me quedé sin aliento, sin pensarlo acercamos aún más nuestras bocas y nos besamos.

    El beso fue intenso, desesperado, hacía mucho tiempo que nuestros cuerpos nos pedían a gritos ese tipo de contacto y nuestras mentes no lo permitían. Su lengua ávida penetraba cada vez más profundo en mi boca y sus manos comenzaron a tocar mis pechos colándose impetuosamente bajo mi blusa, nunca imaginé que albergara tanta pasión en su interior bajo esa apariencia tan calma y serena. Besó apasionadamente mi cuello del lado más sensible (¡sabía que eso me volvía loca! no debí habérselo contado) mientras yo respiraba entrecortadamente y disfrutaba del roce de su sexo duro e hinchado contra el mío.

    Deslizó sus manos bajo mi falda, acarició mi vagina depilada por sobre la tanga, luego la corrió e introdujo uno de sus dedos, susurrándome al oído “Estas toda mojada putita, te voy a coger toda”, sus palabras me hicieron perder el control y me dejé llevar por la situación. Mi vagina se terminó de empapar y le pedí a gritos que me la metiera de una vez. Abrió su pantalón, bajó su bóxer, me subió a la mesada de la cocina y me la introdujo entera mientras seguía apelando a mi morbo con sus palabras y estimulaba mi clítoris con sus dedos.

    Yo redoblé la apuesta y contesté a sus palabras con frases que salían de lo más profundo de mi ser: “soy tu puta” “como me gusta tu verga” “metémela hasta el fondo”. No pude aguantar mucho porque estaba terriblemente excitada, y terminé en un orgasmo de escándalo que hizo temblar todo mi cuerpo. Me di cuenta que él también estaba muy cerca de acabar y solté la frase justa “llename toda la concha de leche”, Julián apresuró sus movimientos y culminó con un profundo gemido.

    Nos quedamos unos minutos abrazados en la misma posición, hasta que le pedí si podía pasar al baño. Sentía un poco de vergüenza por la situación y no sabía que decirle cuando volviera y lo mirara a la cara, pero la verdad que no me arrepentía de nada, ese hombre era un animal salvaje, nunca imaginé que podría excitarme tanto y hacerme perder ese autocontrol del que siempre presumo.

    Me higienicé un poco, me acomodé la ropa y regresé a la cocina. Él ya había ido al otro baño y se había acomodado la ropa, nos miramos por unos segundos sin saber qué decir y comenzamos a reírnos. Decidí romper el hielo y decir algo:

    A: Te lo tenías bien guardadito ¿eh? Nunca imaginé que fueras tan apasionado…

    J: Disculpame, yo no soy así… pero vos me volvés loco y…

    A: Ya está, no tenés nada de que disculparte, esta cena fue divertidísima (sonriendo pícaramente). Me voy a ir porque en cualquier momento va a llegar tu esposa y la verdad que hoy no querría encontrármela…

    Me pegué a su cuerpo y le di un beso apasionado para despedirme, sentirlo junto a mí y disfrutar esos labios me hizo recordar lo que había pasado hace un rato y volví a excitarme. Quería dejar en claro que por más que cada uno tenga sus propios compromisos no quería que fuera la última vez, necesitaba volver a sentirlo.

    A: ¿Cuando tenés el próximo día de estudios?

    J: ¿Eh?

    A: Así vengo y te ayudo a estudiar, no te la vas a llevar de arriba tan fácil.

    J: (Recién comprendiendo) El viernes próximo, pero no creo que pueda esperar hasta ese día para que me ayudes… faltan como 8 días… necesitaría ayuda mañana en el trabajo…

    Volví a ver en sus ojos esa misma mirada de deseo que le había visto hace un rato, eso me indicó que él tampoco quería que esto termine y lo había disfrutado tanto como yo. Me fui a mi casa, mi esposo todavía no había llegado, me di un largo baño y acaricié mi sexo pensando en Julián, me estremecí tan sólo de imaginar sus labios en mi entrepierna.

    Al día siguiente nos tocaba trabajar juntos y como buena putita no me puse corpiño y me puse una pollera para poder “ayudarlo” más fácilmente. Cuando llegué y lo ví me di cuenta que nuestra relación había cambiado sustancialmente, lo seguía queriendo muchísimo, pero lo deseaba tanto que no podía esperar a sentirlo dentro de mí, me descubría mirando furtivamente su paquete y recordando esa verga que me había hecho ver la gloria el día anterior.

    Al mediodía cuando todos fueron a comer, Julián me tomó de la mano y me llevó raudamente a la salita de sistemas. Nos empezamos a besar desesperadamente como la noche anterior, Julián acariciaba mis pechos por sobre la remera y yo me tomaba de sus glúteos para sentir toda la magnitud de su verga contra mi sexo. Deslizó su mano bajo mi falda, quitó mi tanguita y la guardó en su bolsillo.

    Mientras acariciaba los labios de mi vagina, se acercó a mi oído y me susurró “Te voy a chupar toda la concha”, otra vez me había hecho lo mismo, encima él sabía lo mucho que me gustaba el sexo oral. Me excité tanto que me empapé toda y pensé que iba a acabar en ese momento. Me subió al escritorio, se sentó en una de las sillas y me abrió las piernas para ocuparse de mi sexo. Cuando sentí la humedad de su boca en mi vagina pensé que iba a explotar de placer, Julián devoraba ávidamente mis labios y lamía mi clítoris con delicadeza, yo tenía que morderme la boca para que no escucharan mis gemidos en toda la planta.

    Ya no daba más y quería sentirlo dentro de mí así que le acaricié la cabeza para indicarle que ya era suficiente. Julián corrió la silla, liberó su pija del pantalón, me puso de espaldas a él apoyando mis manos contra el escritorio y me susurró “¿Querés mi pija puta? Pedime que te la meta”. Le susurré que me la meta toda y me la enterró de una sola embestida mientras amasaba mis tetas.

    Entre el morbo por las cosas que me decía al oído y la adrenalina de la situación ya que podría entrar alguien a la salita en cualquier momento, después de algunas embestidas no pude más y me corrí en un intenso orgasmo, Julián no duró mucho tiempo más. Una vez que terminamos se quedó unos instantes dentro de mí y le pedí mi tanguita, pero se negó y me dijo que era un recuerdo y que no me la iba a dar, que lo excitaba pensar que iba a estar todo el día con la conchita al aire chorreando su semen.

    Como me excitaban esos arranques de macho dominante que tenía, si no hubiera estado por terminar el horario de almuerzo lo hubiera vuelto a coger sin miramientos. Fui al baño de la empresa a higienizarme y arreglarme la ropa.

    Cuando volvimos a la oficina algunos de sus compañeros ya habían regresado del almuerzo y nos preguntaron dónde habíamos ido a comer, y el muy descarado respondió que encontramos un lugar donde se come demasiado bien. Encima nadie sospecharía algo así de él, con esa actitud amable, serena y respetuosa que tenía siempre nadie podría imaginarse que acababa de tener sexo prohibido en la salita de sistemas.

    Siguieron pasando los días y el sexo entre los dos era como una droga, ambos necesitábamos sentirnos con frecuencia y armábamos toda una serie de artimañas para poder encontrar un momento para amarnos. Nos sentíamos confiados y liberados estando juntos, sabíamos que el otro podía entender y concretar todas nuestras fantasías más celosamente guardadas de las cuales nuestras parejas ni siquiera sospechaban. Pero no era sólo sexo, disfrutábamos muchísimo estar juntos.

    Un día nos dimos cuenta que pronto se acercaban las vacaciones y nos preocupamos bastante por tener que pasar 15 días separados, así que se nos ocurrió un plan: saldríamos a bailar las 2 parejas para conocernos y luego nos iríamos de vacaciones juntos. Yo sé que suena descabellado y es muy difícil que funcione en la práctica, pero en ese momento nos pareció una solución perfectamente viable para no dejar de estar juntos.

    Organizamos la salida, nuestras respectivas parejas protestaron un poco por tener que salir con una pareja de desconocidos, pero les dijimos que éramos amigos de la facultad desde hace muchos años. Esa noche me arreglé muchísimo, estaba despampanante y era sólo para él, para estar hermosa ante sus bellísimos ojos. Me puse un vestido negro bien ajustado al cuerpo, con un buen escote y bastante corto, no me puse tanga porque sabía que a él lo volvía loco saber que estaba sin ropa interior.

    Llegamos al lugar con mi marido y ellos ya estaban en la puerta esperándonos, nos saludamos cordialmente y pude notar como Julián me devoraba entera con los ojos. Su mujer era bonita y muy amable, en un primer momento sentí un poco de culpa por lo que estábamos haciendo y me replanteé nuestra estrategia, pero mis sentimientos hacia él me instaron a seguir adelante.

    Entramos a la disco y nos pusimos a bailar, era muy extraño y angustiante verlo con su mujer, pero yo siempre supe que él era casado y sabía en lo que me estaba metiendo. Después de un rato que pareció eterno pudimos cambiar de pareja y bailar juntos, tratábamos de no acercarnos demasiado para que no sospecharan nada.

    Como al descuido se me acercó al oído y me susurró: “Estás preciosa, me está matando no poder tocarte toda y cogerte hasta que me pidas por favor que pare”. Sonreí como si me hubiera dicho algo divertido para que no se dieran cuenta y le contesté “Estoy toda mojada, caliente y sin tanga todo por tu culpa, algo vas a tener que hacer al respecto”. Julián intentó esbozar una sonrisa para seguir el juego, pero me miró con los ojos llenos de deseo y se mordió los labios. Volvimos a cambiar de pareja, yo no podía dejar de pensar en lo que me había dicho Julián así que fui a la barra a buscar un trago para refrescarme un poco.

    Estaba en la barra tomando mi trago cuando recibí un WhatsApp de Julián diciendo que vaya al baño y cuando llegue lo llame por celular. Obedecí sin dudar, terminé el trago y fui directo al baño. Desde ahí lo llamé y me di cuenta que el hacía como que era una llamada de trabajo para poder escaparse. Vino rápidamente al baño a buscarme, nos encerramos en uno de los toilettes grandes para discapacitados, me apoyó contra la pared y empezamos a besarnos y tocarnos con desesperación. Sacó mis pechos del vestido y empezó a lamerlos golosamente, metió sus manos bajo mi ropa para confirmar que no tuviera tanga y suspiró ahogadamente.

    Yo desabotoné sus pantalones y tomé su erguido miembro en mis manos, comenzamos a masturbarnos mutuamente. Julián me volvía loca, cuando estábamos juntos no respondía de mí. En un determinado momento me subió el vestido y me dijo “Preparate puta que te voy a partir toda”, puse mis piernas alrededor de su cintura y me penetró. Mientras me embestía salvajemente me susurraba al oído “Viste que putita que sos, como te gusta que te meta la pija mientras tu marido y mi mujer están ahí afuera esperándonos” y cosas por el estilo, el morbo del lugar y la situación nos llevaron al orgasmo muy rápidamente.

    Cuando terminamos nos besamos apasionadamente, tuve que acomodarme todo el vestido y retocar mi maquillaje y peinado porque estaba hecha un desastre, volví primero comentando que me sentía mal y que algo que comí probablemente me había hecho daño. Un buen rato después volvió el con el teléfono en la mano y comentó que había habido problemas con una implementación que se hacía el fin de semana, pero por suerte pudieron solucionarlo. Nos sentamos en una mesita a tomar unos tragos y después de charlar un rato decidimos sacar a colación el tema de las vacaciones.

    Yo comenté que este año teníamos planificado el caribe, él comento que ellos también pero el precio era un poco alto y que había promociones especiales 2×1 en caso de viajar dos parejas en la misma fecha, con lo cual el viaje quedaría a mitad de precio (esto no era cierto, pero la diferencia la íbamos a poner nosotros). A nuestras respectivas parejas les pareció una opción interesante y quedamos en hablarlo en la semana, la estrategia ya estaba en marcha.

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