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  • Con el carnicero de mi barrio (1)

    Con el carnicero de mi barrio (1)

    Como muchos de vosotros ya sabréis me llamo Carmen, aunque mi familia y amigos allegados me llaman Mamen, y tengo cuarenta y dos años. No está bien que yo lo diga, pero me considero una mujer muy atractiva y con un buen cuerpo. Llevo casada trece años con un hombre maravilloso en casi todos los sentidos. Es cariñoso, bueno, romántico, inteligente, sensible, comprensivo, atractivo, trabajador y bastante bueno en la cama. Sin embargo, a mi modo de ver, tiene dos notables defectos: Es tremendamente celoso y muy poco liberal.

    A diferencia de él, yo soy una mujer muy liberal, que sabe separar el amor del sexo. En este sentido tengo que confesar que he mantenido relaciones sexuales extramatrimoniales con otros hombres, porque en el fondo me gusta ser bastante puta. Pero ello no significa en absoluto que no esté enamorada profundamente de mi marido y que le quiera con locura. Es más, soy de la opinión que dichas relaciones han fortalecido nuestro matrimonio, ya que han evitado que cayera en la rutina cotidiana de pareja, lo cual entiendo que termina por destruir una buena relación sentimental.

    Y efectuada esta pequeña introducción, os paso a relatar una de mis últimas aventuras extraconyugales, que tuvo lugar hace unos quince días.

    Mi marido se marcha a trabajar todos los días a las siete y media de la mañana, y no regresa hasta las ocho o las nueve de la noche, por lo que paso mucho tiempo sola. Aquel día me levanté razonablemente temprano. Después de desayunar, ducharme y arreglarme, bajé al mercado del barrio para hacer la compra. Al llegar al puesto de carne, del que soy clienta habitual, el carnicero me recibió con las miradas picantes y los halagos de todos los días. Oscar, que así se llama el carnicero, es un chico joven no muy guapo, pero con un cuerpazo espectacular. Después de dos años comprándole la carne, he llegado al convencimiento de que le gusto más que a un tonto un palote.

    Oscar nunca me había tirado los tejos claramente, pero me lanzaba miradas lascivas y me piropeaba con suma educación y delicadeza, sin obscenidades. No obstante, aquel día se decidió a probar fortuna conmigo y, tras venderme la carne, me dijo que tenía dos horas libres y que le encantaría que me tomara un café con él. Sin dudarlo acepté su invitación. Me dijo que le diera diez minutos para lavarse las manos y quitarse el delantal. Yo le propuse quedar directamente en el bar de la esquina, así, mientras él se preparaba yo tendría tiempo de comprar la fruta en el puesto de al lado.

    Cuando acudí a nuestra cita, Oscar ya se encontraba sentado en una mesa del bar. Llevaba unos pantalones vaqueros descoloridos bastante ceñidos, un polo de color crema que resaltaba su musculoso tórax, calcetines blancos de algodón y deportivas. En el respaldo de su silla colgaba una cazadora de cuero negra. En el lóbulo de su oreja derecha lucía un pendiente, y llevaba barba de dos días. Pedimos los cafés y comenzamos a charlar. Me contó que tenía veinticuatro años, que todavía vivía con sus padres, y que desde hacía cinco años salía con una chica del barrio con la cual estaba prometido.

    También me dijo que le atraían profundamente las mujeres maduras, pese a que su novia contaba tan solo con veinte añitos. Yo le dije que estaba casada y que mi marido se pasaba el día trabajando. Luego estuvimos hablando de las cosas que nos gustaban a ambos, hasta que poco a poco, la conversación fue girando en torno al sexo.

    Oscar me contó que le entusiasmaba el sexo oral, sobre todo hacerlo él, y en ese momento, abriendo ligeramente su boca, me mostró el “piercing” que le taladraba la lengua. Entonces me vino a la imaginación aquella lengua lamiéndome el clítoris con el “piercing”, lo que provocó que se me mojaran las bragas súbitamente.

    El chaval debió notar algo en mi forma de actuar y, tras pedirle la cuenta al camarero, me preguntó que porqué no le invitaba a otro café en mi casa. Debo reconocer que estuve dudando durante unos segundos si le seguía el rollo a aquel muchacho, ya que si aceptaba su propuesta dejaría muy claro mis intenciones hacia él, pero la humedad de mis bragas provocó que finalmente accediese a su excitante invitación.

    Oscar pagó la cuenta, me cogió de la mano y comenzamos a caminar en dirección a mi domicilio conyugal como un par de tortolitos. Cuando estábamos llegando a mi portal, le sugerí que entráramos por separado para evitar las miradas indiscretas de los vecinos. Así lo hicimos. Me adelanté hasta subir a mi piso y le esperé en silencio detrás de la puerta. Cuando oí el ascensor detenerse en mi planta, comprobé por la mirilla que se trataba de Oscar y le abrí rápidamente la puerta. Una vez dentro la cerré suavemente.

    Los acontecimientos se sucedieron como la pólvora. Comenzamos a besarnos en la boca compulsivamente, como si lleváramos años sin practicar sexo. Los besos de nuestros labios dieron paso a que nuestras lenguas se entrelazaran como serpientes rabiosas, y comenzamos a intercambiar saliva. Oscar comenzó a sobarme las tetas por encima de mi blusa, mientras que yo hacía lo propio con su paquete. La excitación de ambos fue brutal. Minutos después nos internamos en mi dormitorio sin dejar de besarnos y meternos mano por todas partes. Un sentimiento de vergüenza afloró en mis mejillas cuando me di cuenta que no había hecho ni la cama, pero a Oscar parecía importarle muy poco aquel detalle.

    Seguimos besándonos con lujuria mientras nos quitábamos la ropa el uno al otro. La imagen que tenía creada del muchacho no desmereció en nada a la realidad. Tenía un cuerpo casi perfecto, plagado de músculos y con el estómago liso y duro como una tabla. Su pene, bastante más grande que el de mi marido, le colgaba semi-erecto entre sus robustas piernas, y tenía el culo duro y prieto como una manzana verde. Oscar me tumbó sobre la cama, boca arriba, y, recostándose entre mis piernas comenzó a lamerme el coño de arriba abajo. Luego me restregó suavemente su “piercing” en el clítoris, haciendo que alcanzara rápidamente un fenomenal orgasmo.

    Todavía convulsionada por el placer que me había proporcionado, me arrodillé entre sus piernas y comencé a lamerle la comisura de los huevos. Su polla fue creciendo hasta alcanzar la máxima erección, y su prepucio se fue retirando dejando al descubierto un hermoso y rosado glande que supuraba las primeras gotas de líquido pre-seminal.

    Le recorrí el capullo con mi lengua, haciendo círculos suaves y lentos, lo que provocó que el chico enloqueciera de placer. Luego, abrí mi boca y le fui engullendo el rabo hasta alojar su glande en mi garganta. Mis labios recorrían todo aquel tronco, de fuera adentro, mientras que con mi lengua le seguía lamiendo el capullo y mis manos estrujaban sus huevos como si le estuviera ordeñando.

    Yo estaba loca de excitación y morbo, por lo que le pedí que me follara. Sin poner objeción alguna a mis últimas palabras, Oscar me cogió por la cintura y me subió a horcajadas sobre él. Luego me hundió su glande en mi raja y, de un solo empujón me la metió entera en el coño. Yo comencé a cabalgarle la polla sin parar hasta conseguir encadenar tres orgasmos seguidos. Cambiamos varias veces de posición, en cada una de las cuales volvía a correrme rápidamente. Por cierto, cuando practicamos la posición del “perrito”, Oscar utilizaba mis tetas como punto de apoyo para follarme el coño por detrás, lo que me hizo alcanzar las estrellas de placer.

    Después de media hora de interminable polvo, durante la cual perdí la cuenta de los orgasmos que me había proporcionado, noté como Oscar estaba a punto de correrse. A pesar de la tentación de que el chico terminara en mi coño, y del deseo de notar su esperma caliente en mis entrañas, para evitar tener problemas, ya que no se había puesto un condón y podría dejarme preñada, paramos de follar y me la metí de nuevo en la boca.

    A los pocos segundos, un auténtico torrente de leche tibia y espesa me fue inundando la garganta. A medida que su glande iba escupiendo borbotones de semen, me lo iba tragando con sumo placer y vicio. Le estuve estrujando los huevos para que los vaciara por completo en mi estómago. Luego le rebañé los restos de lefa con mi lengua, hasta dejarle la polla brillante como una patena.

    Todavía abrazados en la cama, encendimos sendos cigarrillos, comentando el extraordinario polvazo que habíamos echado, y la satisfacción mutua que habíamos obtenido. Al terminar el cigarrillo nos besamos en la boca y nos dirigimos al cuarto de baño para lavarnos los bajos. Oscar levantó la tapa del wáter y me pidió que me arrodillara a su lado. Sin preguntar la finalidad de aquella petición obedecí. El chico apuntó su polla, ya más relajada, en mi cara y comenzó a mear. Su cálida orina se iba estrellando contra mi rostro, en un chorro firme y abundante. Cuando su meada comenzó a amainar abrí mi boca para permitir el paso de sus últimos chorreones y me los tragué sin vacilar.

    Luego nos duchamos juntos. Por descontado que durante la ducha, Oscar me volvió a follar. Esta vez lo hicimos de pie, en una posición que yo desconocía, pero no menos placentera que las otras. Y esta vez le dejé que se corriera dentro de mi coño, a pesar del riesgo que ello supuso. Gracias a Dios que no me dejó preñada.

    Desde aquel día suelo follar con el carnicero bastante a menudo, unas veces en mi casa, otras en un hostal cercano, y hasta incluso en su coche. Pero, para poder hacerlo sin condón y evitar embarazos no deseados, he comenzado a tomar la píldora anticonceptiva sin que se entere mi esposo.

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  • A Sandra le gusta violento (1)

    A Sandra le gusta violento (1)

    Este es un relato real. Nombres y algún detalle cambiado. Pero todo el relato sexual es verídico y de mis experiencias.

    Sandra era una chica mayor que yo, de unos 38 o 39 años en ese entonces, yo en ese año, 2020, tenía 30 años. Ya les contaré como conocí a Sandra en otro relato.

    Yo era un hombre casado, y como verán en los posteriores relatos, tenía varias amantes, entre las que, Sandra se destacaba por sus enormes pechos, y su capacidad multiorgásmica.

    Llevábamos alrededor de un año viéndonos como amantes, a escondidas, cosa que a ella no le molestaba para nada, conocía, respetaba y disfrutaba de su condición de amante. Teníamos sexo increíble, e incluso ya habíamos hecho un trío con otra de mis amantes (en otro relato les cuento).

    Debido a que es mi primer relato, me describiré. Soy alto, mido 1,91, moreno con un buen físico, hombros anchos, y unas piernas bastante trabajadas, físico bastante atlético, aunque un poco descuidado debido al trabajo y el gusto por la buena mesa, pero bastante atractivo. Poseo una buena verga, 18 cm y bastante ancha. Siempre la destacan mucho por su grosor, teniendo un muy bien largo igualmente.

    Sandra era una mujer blanca, pelirroja, aunque no natural, con unos senos enormes, masivos, muy buenas piernas, buen culo, una piel suave y tersa, con unos pocos kilos de más, que le suman atractivo, y una zorrita muy rica, y bastante apretadita. Le gustaba el sexo duro, y era multiorgásmica, del punto, en que podía acabar mientras me la chupaba, o incluso mientras la cacheteaba. Porque si, le gustaban las cachetadas.

    Desde que empezamos a ser amantes, me pidió que la cacheteara, en la cara, con una fuerza notoria, no para volarle un ojo, pero si considerable, si lo hacía muy despacio, me pedía más fuerte. Yo hasta ese momento, nunca había hecho algo así, pero rápido me acostumbré y empecé a disfrutarlo. También le gustaba que le pegará en los senos, que como eran enormes, rebotaban de una manera deliciosa ante cada bofetón a mano abierta.

    Luego me pidió que le escupiera, en la zorra, en las tetas, en la cara, y principalmente en la boca, abría la boca para recibir mi saliva y tragarla.

    Las sesiones sexuales que teníamos una o dos veces en la semana eran increíbles…

    Me la chupaba con muchas ganas mientras se tocaba y tenía varios orgasmos (más de alguno incluso sin tocarse), mientras yo la jalaba del pelo para que me mirara hacia arriba y escupirle la cara y la boca, mientras tragaba mi saliva le daba una cachetada, y así continuamente. La nalgueaba, la tocaba y cacheteaba en la cara y teta constantemente mientras me la comía entera. Luego la acostaba, le comía esa zorra bien húmeda mientras tenía varios orgasmos más y yo le pegaba en las tetas, y a ratos me dirigía a su cara para darle unas cuantas cachetadas, y escupirla.

    Le chupaba, golpeaba y masajeaba las tetas sin descanso, eran increíbles. La penetraba suave, a veces fuerte, mientras ella tenía más orgasmos, y cuando me tenía la verga bien embarrada con los jugos de su zorra, se la sacaba y la hacía limpiármela con la boca. Nunca usamos condón, por lo que, no me podía venir dentro de ella, así que le acababa en la boca o en las tetas… cuando acababa en sus tetas, le hacía lamerlo con su lengua, sus tetas eran tan grandes que llevaba sin problemas a limpiarlas con su boca y a chuparse los pezones. Constantemente le hacía chuparse uno mientras yo chupaba el otro.

    Era maravilloso cuando terminábamos, porque ella quedaba con las nalgas rojas, las tetas rojas, la cara roja y llena de escupe y semen.

    Pero todo fue escalando, cada vez pedía más cachetadas y más escupe. Y empezó a pedir que la insultara, que la tratara de puta, de zorra, de que era mi juguete, que era un pedazo de carne para mi placer. Yo nunca había hecho eso, pero siempre había querido hacerlo. La primera vez que la insulte así, acabo sin tocarse, de una manera muy fuerte, temblaba y se retorcía mientras yo la escupía, la cacheteaba y le decía que era una zorra que tenía que darme placer, le pellizcaba las tetas mientras le decía que eran mías, mis juguetes de placer, que su boca estaba hecha para ser follada por mi verga. Se retorcía y gemía mientras acababa la muy zorra.

    Pero luego, las cosas subieron de nivel. Les cuento en el siguiente relato.

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  • Fantasías cumplidas de 65 y 57

    Fantasías cumplidas de 65 y 57

    Hemos pasando tantas experiencias deliciosas que podemos recordar y hemos hecho muy rico el amor, tan delicioso y es interesante enumerar.

    Conocernos por internet fue muy erótico buscando uno, elegirme a mí a ser tu amante y encontramos por primera vez y con un beso te conquiste. Y casi tus chones cayeron y después… Y varias haces hasta la fecha tanto que puedo resumirte esta lista, como siempre te resumo lo que te gusta y deseas:

    Mi pitote; hacemos el amor tan rico; nos cogimos como conejos sin parar; nos parcharmos delicioso sin importar el deseo; me das las nalgas bien rico sin prejuicios ni limites; nos echamos unos revolcones deliciosos y cada vez mejores; darte verga y tu panocha mutuamente; llenarte de semen tu vagina y chorrear por varios días; llenarte tu cara de semen y hacer una mascarilla en tu rostro y tu piel; revolcándonos en varios hoteles y tener uno favorito para fundirnos en el calor de la pasión; dándonos oral en un 69 delicioso; mamarnos chupando una pastilla halls negra, y con nutella; mojarme los huevos con tus orgasmos y chorrear mis piernas; besar y morderte las nalgas y besarte el culo.

    Besar y mamar tus pezones y hacerte venir con solo eso; poner el pito entre ellos masturbarlo y entre tus nalgas y empinarte; tallar mi pito y guevotes en tu rostro y en tu culo; tallarlo en tu espalda y en todo tu cuerpo; tallarlo en tu pelo en los oídos en tu rostro de ti; besar y chupar mis huevos ensalivarlos y evitar mi pitote; besar tus pies ir subiendo por tu cuerpo y besar tu cuello tus oídos; besar tus hombros; y bajar a mamarte el clítoris; chuparte la panochita entera; tocar tu punto g con mis dedos mientras te chupo; masturbarte con dos y tres dedos uno en el culo; masaje con pito y aceite de coco.

    Tres a la vez boca, delante y atrás con mis dedos; ver y oír cómo te masturbas en persona y por teléfono; te gusta tanto mi verga que te excita verla en foto y en físico; intercambiamos fotos íntimas excitados y chorreando; usar el potro del placer; lluvia dorada en tu culo; besarte y chuparte el culo; chupándonos en la regadera; empinada a la orilla de la cama; gritar y gemir de gusto; ser tu primer novio declarado; ser tu cabrón cogelón; decir que te cojo como nadie; poner Nutella al pito y mamarlo; mamadas de verga siempre; hacer una mascarilla de semen y de brocha el mismo pito; dormir juntos dos noches.

    Andar de novios en un pueblo; andar de la mano dónde no nos conocen; grabar nuestros besos y cogidas; grabarnos cogiendo gritando y gimiendo; tener una luna de miel por primera vez en tu vida; comer rico birria y cortes de carne; emborracharme contigo; viajar como pareja en vehículo; ser mi mujer tres días juntos; tener sexo virtual y venirnos los dos.

    Coger de: de tijera; de perrita; de patitas al hombro. Caminar con el pito entre tus nalgas. Coger en hoteles por tu casa y por la mía. Hacer crónicas escritas de los placeres y parchadas. Sacar fotos y videos cogiéndonos. Coger empinada de pie junto a la cama. Tener un orgasmo muto muy rápido. Tener un orgasmo mamando pito hasta explotarlo. Ponerme tus calzones de hombre. Viajar con tus calzones de hombre. Viajar sin calzones contigo. Verme como meo en la calle. Chupar mi pito en carretera. Masturbarte bajo la regadera. Gemir como poseídos por placer. Decirme que soy tu cabrón cogedor hijo de la chingada cuando te cojo.

    Disfrutar gritando que te cojo bien cabrón. Salir de viaje y regresar bien cogidos. Tener un hotel favorito para parchar sabroso. Terminar con las piernas temblando. Llegar a casa y dormir de cansado por están bien recogida. Durar tres días escurriendo leche. Tener ganas otra vez. Tener cólicos por querer coger. Comprarte calzones y brasieres. Comprarte un cobertor y más cosas. Besarte el culo y morder las nalgas. Nalguear mientras cogemos. Meter el dedo en mi culo mientras me lo chupas. Agarrarlo de las nalgas mientras me mamas la verga. Abrazarlo con las piernas mientras lo mete. Gritar y gemir mientras cogemos. Mamarle los guevotes.

    Provocar un orgasmo con la boca en la verga y los guevotes. Hacer el amor en tu propia cama donde duermes con tu pareja, luego conocerlo como si nada. Viajar con el como su ayudante recogiendo y alacrán de testigo.

    Tu hija sabía que ya no tenías sexo con tu pareja y cogidas conmigo. Se complació en saber de mí. Desde 2012 nos conocemos y seguiremos dándonos gusto y placer para celebrar cogiendo en fechas festivas año viejo y nuevo, cumpleaños de la mamá, del papá, de la primavera, del abuelo, del grito, de la mazorca. del enterrar pito, de calentura, por necesidad, por dolor de vientre, por hormonas. Bailar desnudo. Venirme en videollamada. Excitarte por teléfono mientras te masturbas y te vienes.

    Y ambos sabemos que nos necesitamos y nos deseamos y seguiremos cogiendo y parcharnos siempre. Que nadie coge como nosotros. Nadie. Solo nosotros tan rico.

    Y comentas mientras nos bañábamos:

    Es increíble como me comenzaste a lavar mi panocha según tu y no inventes tienes dedos mágicos mi panocha exploto bajo el agua delicioso me encanta como la tocas la manoseas, la conoces tan bien creo que mejor que yo, porque anoche la acaricie y sentí rico pero mi mente, mi lívido, mi misma panocha no reaccionó, fue como si no reconociera más que tus dedos.

    Coger cuando salimos de viaje de trabajo siempre. Cambiar de hoteles para coger. Tener un hotel favorito. Verme bañar mientras descansas en la cama a través de un cristal. Desnudarme y admirar mi pito con ropa puesta. Sentir mi parada verga en plena calle. Ver cómo me miran otras mujeres el paquete. Ver el deseo de otras mujeres de mí. Saber que otras mujeres me tiran el calzón por coqueto. Tener un orgasmo solo besando tus pechos. Estar cogiendo con todos tus orificios ocupados, boca, pepa y culo.

    Y terminar temblando las piernas después de parchar tan rico. Pedir que seas mi novia y yo tu novio. Darte flores y chocolates. Ser tierno y cariñoso y complacer tus gustos y deseos. Ir al zócalo por calzones y brasieres como novios en metro. Besarnos en plena calle por donde creciste. Tocar mi bulto bien tieso con un beso de despedida. Citarnos en el lugar donde nos conocimos. Comer en el mercado donde vivías. Y las otras cosas que me falten agregarlas desde 2012 y las que faltan.

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  • El hijastro de mi compañera Andrea y yo

    El hijastro de mi compañera Andrea y yo

    Llegó la Nochebuena y mi familia lo celebró, pese a que no seamos una familia normal, jajaja, como una más la noche del 24 cenamos en casa de mis cuñados, parecíamos en una celebración normal, pese a que mi hijo follaba con su tía y yo con su hijo el sobrino de mi marido, entre mi hijo el mayor y yo nos intercambiamos algunas miradas en las que telepáticamente los dos teníamos en mente nuestro objetivo para el año que iba a comenzar, que mi sobrino y su madre tuvieran relaciones, pero no es noche.

    De otro lado, en los días previos a Nochebuena había coincidido en la pescadería con la mujer que mi hijo pequeño había visto desnuda el día en que iniciamos nuestra relación, pero no había tenido la ocasión de iniciar un conocimiento accidental.

    Como en el trabajo me debían un día decidí cogérmelo el día 26, esa tarde estaba sola en casa, cuando me llamo mi compañera Andrea para decirme que les había sobrado un trozo de carne hornada, y me lo ofrecía y me dijo que, si quería el hijo de su marido, de una relación anterior de este, Chus vendría a traérmelo a casa, acepté un poco por compromiso, le di mi dirección y esperé que llegará el chaval, sabía que tenía más o menos la edad de mi hijo pequeño, los dos habían cumplió los 18 años hacia tiempo. Andrea contaba que era un chico tímido con el que le costaba conectar.

    Mientras le esperaba una idea se fue desarrollando en mi mente, me lo hacía con mi hijo que era de su misma edad, según Andrea se trataba de un chico muy tímido, igual encontraba la manera de hacerle un regalo de navidad muy especial, me puse un vestido corto y muy escotado, recordando que Andrea creía que algunas veces el chico la miraba las tetas, y esperé su llegada, cuando llegó vi que evidentemente tenía aspecto de tímido.

    Le invité a pasar y noté como el chico, me miraba las tetas, aquí comprobé que lo que Andrea pensaba no era paranoia, le llevé hasta el salón y le invité a sentarse, mientras yo iba a por la bandeja con el turrón, cuando se lo serví procure agacharme lo máximo posible para que tuviera una buena visión de las tetas, dejé la bandeja sobre la mesa y decidí ir directamente al grano y le pregunté:

    -¿Te gustan mis tetas?

    Él se quedó sorprendido y algo asustado, yo le intenté tranquilizar y le dije:

    -No te preocupes, es algo normal, ya eres un hombre, y es normal que te gusten las tetas de las mujeres, aunque sea de dos viejas como Andrea y como yo.

    Y tras decir esto me bajé las hombreras del vestido y me bajé el sujetador, dejando mis dos tetas al aire. Él se quedó alucinado su cara reflejaba a la vez deseo y temor, yo viéndole así me puse detrás del sillón en que estaba sentado, y le dije:

    -Relájate, cariño.

    Comencé a masajearle los hombros para que se relajara y luego me agaché un poco más, su cabeza se hundió entre mis tetas, lo que le gustó y le tranquilizó, así le tuve hasta que vi que estaba relajado, entonces con la voz más dulce que pude le pregunté:

    -Mi bebe ¿Te gustan las tetas de mama?, ¿Quieres chupárselas?

    El en ese momento no se hizo de rogar y alzando su cabeza llevó sus labios hasta uno de mis pezones y se lo metió en la boca y comenzó a chupármelos, se le notaba que, en esto, al menos era su primera vez, me los mordió un poco, yo de forma dulce le iba dando instrucciones y poco a poco me los fue chupando como hace un bebe con su madre, era algo delicioso, no pude evitar echar una mirada a su polla y me demostraba que a él también le estaba gustando, estuve así un rato, luego tuve que sacarle mi pezón de su boca, para ir bajando con mis manos por todo su pecho hasta llegar a su polla que estaba creciendo y para la que su pantalón era una prisión. Se la acaricié y le dije:

    -Se te ha puesto la polla durísima no es bueno que esté encerrada, y además esta vieja quiere disfrutar viendo tu cuerpo desnudo.

    Y a continuación le bajé los pantalones, el mismo después de escuchar mis palabras se quitó toda su ropa quedándose desnudo ante mí, yo en ese momento agarré su polla y con mi voz todo lo insinuante que pude le dije:

    -Estas bellísimo, si Andrea te ve así alguna vez, te deseara, y mucho.

    Me senté a su lado de manera que su polla rozara una de mis tetas y con mi mano comencé a hacerle una paja, su cara me demostraba que estaba gozando, yo le pregunte:

    -¿Andrea nunca te hace esto?

    Él lo negó con la cabeza, yo puse su polla entre mis tetas y le dije:

    -Eso es porque nunca te ha visto desnudo, como yo te veo ahora, pero si te viera seguro que le apetecería hacer lo que estoy haciendo yo ahora.

    Me aprete las tetas, dejando la polla del chico entre ellas y me moví un poco, estaba masturbando al chico con mis tetas y el parecía estar disfrutando a tope. Él llevó una de sus manos hacia mis tetas, quería sobármelas yo me moví para que mi cuello quedara al alcance de su boca y él me besó el cuello, mientras yo continuaba acariciando su polla y comencé a hacerle preguntas:

    -Dime mi niño, ¿Te gustaría que en vez de ser yo fuera Andrea la que te estuviera tocando tu enorme polla?

    -Tú lo haces muy bien, pero yo he soñado con que Andrea me lo hiciera

    -¿Y alguna otra mujer te gustaría?

    -Si muchas, dijo él, pero Andrea me atrae y ahora tú también.

    Seguí masturbándole hasta que de repente un río de leche salió disparado de su polla y fua a impactar contra mis tetas, llenándomelas de su leche, él se sintió un poco mal.

    -Lo siento me dijo.

    -Cariño, al contrario, a la piel de las mujeres le viene muy bien recibir el semen de un hombre, y si es de un joven potente como tu mejor.

    No sabía si eso era verdad, pero me pareció lo más adecuado para ese momento, mi mano seguía sobre la polla del chico que antes de que me diera cuenta había recuperado todo su vigor, al verla así un poco asombrada dije:

    -Mi amor parece que tu polla no ha tenido bastante, será mejor que nos vayamos a la cama.

    Yo le di la mano y le conduje hasta mi habitación, cuando llegamos allí me quité el vestido, que había quedado arrugado y con algunas gotas del semen del chico, me arrodillé ante él, y le dije:

    -Este pedazo de polla tan grande se merece una buena follada, pero primero déjame, que le dé un buen tratamiento con mi boca.

    Lo primero que hice fue sacar mi lengua y ponerme a lamer los restos de semen que quedaban en su polla, la verdad es que estaban riquísimos, después me introduje su polla en mi boca, pero una vez que su polla estaba limpia me apetecía seguir chupándosela, y así lo hice, hasta que él dijo:

    -Perdón señora Clara, pero si sigue usted así va a hacer que me corra en su boca, y eso es maravilloso, pero antes quiero probar su cuerpo.

    Que después de lo que lo que habíamos hecho me tratara de usted me impresionó, estaba claro que a este joven había que pervertirle mucho más. En se momento el me hizo una petición:

    -Vera Clara, me gustaría comerla el coño, pero es que nunca lo he hecho.

    -Mi amor, dije yo, que lo quieras hacer la primera vez conmigo supone un honor, así que adelante, yo te indicaré como hacerlo,

    Me abrí bien de piernas para que mi coño quedara bien abierto, él se puso encima de mí, con la cabeza junto a mi coño y abriendo bien su boca introdujo su lengua en mi almeja, se le notaba nervioso, pero era tan tierno, que resultaba delicioso, le fui indicando como y donde debía de poner su lengua para dar más placer a una mujer y el chaval demostró ser un alumno muy aplicado exploraba, con su lengua cada centímetro de mi coño e hizo que me corriera, cuando lo hubo logrado, le dije:

    -Felicidades, cariño me has llevado al orgasmo.

    -Muchas gracias a usted señora Clara, por haber sido mi maestra, ¿Sabe cuándo se ha corrido he notado como un líquido venía a mi boca y sabía muy bien?

    -Lo primero no me llames señora, ni de usted, después de compartir el sexo llámame, Clara, y de tu, y de otro lado me encanta que lo hayas notado, vas a ser un buen follador si comprendes lo que sienten las mujeres. Pero ahora cuentan una cosa, ¿Le has visto el coño a Andrea, te excita?

    El un poco nervioso me confeso que, sí que alguna vez la había visto las bragas y las tetas, y alguna vez a la que salía de la ducha desnuda, llegué a la conclusión de que el chico deseaba a mi compañera, quizá hubiera que empujarlos, pero eso sería otro día.

    En ese momento subí la apuesta y le pregunté si era virgen, él me contó que cuando cumplió los dieciocho años su padre le había llevado de putas, pero, aunque una puta muy experta le había hecho correrse, su nerviosismo no le había permitido disfrutar de la sesión y que lo estaba pasando mejor conmigo, Eso me animó a ir hasta el final y le pregunté:

    -¿Y te apetece follar conmigo ahora?

    El me respondió que sí pero que le daba miedo, por su inexperiencia no estar a la altura.

    Yo le besé dulcemente en la boca y con una sonrisa le dije que me encantaba ser su maestra, le indiqué que permaneciera tumbado boca arriba y yo me subí encima de él, por si el hecho de que le mirara le ponía nervioso me puse de espaldas a él, y me ocupe, poniéndome encima de que su polla entrar dentro de mi coño, en cuanto esta lo sintió su dueño empezó a gemir de una manera muy intensa, casi me daba miedo de que le diera un infarto, se le notaba que estaba disfrutando y mucho, y sus palabras me lo corroboraron:

    -Clara esto es divino, nunca pensé que se pudiera gozar tanto.

    Mantuve el ritmo, aunque sabía que debía de regularlo, no quería que se corriera rápido y pillara el complejo de eyaculador precoz. Pero en un momento dado consideré que había aguantado mucho, y me cambié, quería ver su cara mientras follabamos, y poner mis tetas a su vista, pero no fue solo a su vista, fue a su tacto, jaja, porque lo primero que hizo fue acariciármelas, lo hacía con ganas y eso me encantó.

    Pero no se conformó con ello, sino que alzó su cara y me cogió uno de mis pezones y se puso a chupármelos, era delicioso, yo seguí cabalgándole, notaba como sus gemidos se intensificaban, animada le pregunté:

    -¿Lo hago igual que la puta a la que te llevó tu padre?

    -Lo haces mucho mejor, Clara, esto es follar de verdad

    Sus palabras me encantaron, pensé que en realidad a los jóvenes los deberíamos iniciar las mujeres maduritas con ganas y no esas pelandruscas que solo van a por el dinero, seguí follando, me vine en un orgasmo brutal, pero seguí hasta que me corrí, y el llenó mi coño con su leche, en ese momento me besó dulcemente y me dijo:

    -Gracias Clara por haberme iniciado de verdad.

    Cuando me fijé en su polla la vi cubierta de leche y le pregunté:

    -¿La puta esa te la chupó?

    -Tú me la has chupado mucho mejor que ella, Clara,

    -Y te la voy a volver a chupar ahora, mi amor le respondí

    Y lanzando mi cabeza contra su polla, saqué mi lengua y me puse a chupársela. Esta vez me puse a lamer cada gota de su semen que cubría su miembro, su sabor era delicioso.

    -Eso la puta no me lo hizo, me dijo.

    Se la dejé bien limpia, y en ese momento me decidí a hacer algo más, puse su polla entre mis dos, después las apreté y su polla se puso rápidamente dura, pero antes de hacer algo quería que él aprendiera del cuerpo de una mujer, así que llevé una de sus manos hasta mi coño, y le expliqué como acariciarlo, el primero puso una mano sobre él y la fue moviendo encima, y la movió durante un rato, después introdujo uno de sus dedos en el interior de mi coño y, con algo de miedo, comenzó a moverlos ,la sensación fue deliciosa, era muy tierno ver como lo hacía, y me encantaba, así que decidí premiarle y le dije:

    -Ya es hora de que vuelva a chupar esta polla tan deliciosa.

    Y volví a introducir su polla dentro de mi boca, como si la anterior corrida no le hubiera afectado, al sentir mi boca su polla se puso nuevamente dura, se la chupé otro poco, para darle más consistencia, y después se la metí de nuevo entre mis tetas, su polla me estaba demostrando que tenía mucha más ganas de marcha, esto hizo que me cebará estaba disfrutando muchísimo al sentir como esa polla tan bella estaba durísima entre mis pechos, eso me hacía sentirme más mujer, me cebé en moverla y el resultado fue que él dijo:

    -Me corro de nuevo.

    Una nueva oleada de leche salió de su polla y en esta ocasión se depositó sobre mis tetas, lo cual hizo que me corriera nuevamente, pero en cambio él se sintió culpable de haberse corrido así, al sentirlo yo le dije:

    -Cariño, esto no es nada malo, que un hombre se corra entre las tetas de una mujer es un honor que le hace, seguro que tu padre se corre entre las tetas de Andrea, y con curiosidad le pregunté, ¿Alguna vez los has visto follar?

    El chico un poco avergonzado, pero no dejaba de ser un hombre al que le están acariciando la polla, me respondió que oírlos sí, pero verlos no. Le aconsejé que tuviera cuidado y cuando le pregunté si no le gustaría ocupar el lugar de su padre en la cama cuando lo hacía con su madrastra, con la cara un poco enrojecida por la vergüenza me confeso que sí.

    Yo me reí le dije que era normal y volví a chuparle la polla, esta vez el chico no mejo que me la metiera entre las tetas, no quería correrse otra vez de la misma manera, así que en cuanto la tuvo un poco dura, me pidió que me pusiera encima de él y que le cabalgara, lo hice me puso encima de él e hice que su polla se introdujera dentro de mi coño, y comencé a moverme el comenzó a gemir de una manera muy intensa, parecía que las corridas anteriores no habían mermado la capacidad de su polla que continuaba dura como un palo.

    Y seguí cabalgándole, me eche encima de él, de esta manera tuvo mis tetas encima de su boca, tenía ganas de que me las volviera a chupar, parece que el muchachito tenía gran capacidad para aprender y me estaba dando unos mordisquitos en los pechos muy excitantes, me estaba haciendo retorcerme de gusto, y fu en ese momento cuando mi mente tuvo una de sus ideas perversas, mirándole le dije:

    -Cariño, ¿La puta te dejó que se la metieras por el culo?

    El parecía incomodo hablando del tema, cuando se lo dijo a la putis, esta se negó dijo que por ahí era virgen, aquí yo dándome importancia le respondí:

    -Pues yo no.

    Y poniéndome a cuatro patas, como lo zorra que soy, añadí:

    -Aquí tienes mi culo a tu disposición, mi amor, por si quieres estrenarte en él.

    Por supuesto él se mostró entusiasmado, aunque un poco temeroso, pero mi ofrecimiento de guiarle terminó por romper sus temores, así que, poniéndose detrás de mí, sentí como su polla entraba en mi interior.

    Al principio de una manera torpe, pero como ya he dicho aprendía muy rápido, siguiendo mis indicaciones, lo iba haciendo cada vez de una manera más apropiada, de la forma que a mí me gusta y tal y como les he enseñado a hacerlo a mis hijos, a mi sobrino y a los demás, esto hizo que me pusiera calentísima, mientras él también estaba muy excitado, oír como sonaba su polla chocando contra mi culo, era alucinante verdaderamente lo de estrenar jóvenes era algo maravilloso, mientras estaba en estos pensamientos él una vez más dijo:

    -Me corro.

    Y nuevamente un río de semen salió de su polla y llenó mi culo.

    Era el momento de poner fin a nuestro encuentro, así que le llevé al baño para que se lavara y cuando lo hizo se vistió, nos dimos un último beso y él salió de mi casa cuando lo hizo, llamé a mi compañera Andrea para que supiera que el chico había cumplido el encargo, lo que no la dije era lo bien que lo había hecho, jajaja.

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  • Los vagabundos castigan a mi esposa

    Los vagabundos castigan a mi esposa

    Después de divertirnos con Ricardo y sus ocurrencias pasamos a tener unos días sumamente ocupados pero queríamos apartar tiempo para Antonio y los demás por lo que un día en que ambos descansábamos decidimos irlos a visitar.

    Mi esposa se arregló para ellos un pantalón blanco con una tanga blanca, y una blusa rosada sin bra, y una buena nota de perfume, aunque sabíamos que todo lo que ella se arregló le iba a durar poco, pero bueno queríamos pasar a comprarles algo pero el 24/7 al que siempre íbamos ahorita no parecía una opción por lo ocurrido con Ricardo por lo que fuimos a la gasolinera donde anteriormente el despachador y su jefe se había cogido a mi esposa hace mucho aunque esa vez ninguno de los dos estaba.

    Llegamos a la exconstructora y la verdad ni Antonio ni Héctor esperaban vernos y se nos hacía hasta cambiado algunas cosas ya teníamos un mes de no aparecernos por esos lados, les dimos unas bebidas y unas comidas rápidas mientras comían platicaban con nosotros.

    La sonrisa de ellos demarcaba más que picardía en realidad era de felicidad no solo por los alimentos si no también tener a alguien con quien pasar el rato y sobre todo conversar sin ningún repudio, mi esposa como siempre muy amable con ellos y muy cariñosa.

    Bueno entre más pasaba el tiempo mas noche se hacía hasta que Héctor nos dijo que habían conseguido algo y que lo siguiéramos, mientras caminábamos otros vagabundos nos saludaban o saludaban a mi esposa pues de cierta forma aunque tuviera la fama de ser la puta ahí irónicamente también la respetaban por lo que hacía.

    Y pues notamos que Héctor y Antonio nos guiaban donde Julio pasa es decir del otro lado de la cuadra al llegar ahí estaba Julio y al nomas ver a mi esposa salto como cuando te ponen hielo en la espalda y de inmediato se abalanzo hacia Erika para abrazarla hasta la levantó del suelo.

    A estas alturas seguramente ellos habían pensado que nunca más íbamos a regresar…

    -Mira esto es lo que hemos conseguido –dijo Héctor señalando un colchón

    Mi esposa sorprendida les preguntó que donde lo habían sacado y simplemente se limitaron a responder que se lo habían dado a Julio cuando encontró una mudanza no muy lejos de ahí… Un poco cuestionable la respuesta pero que más da…

    Por cierto que les dimos bebida a Julio también, y pues nos actualizamos sobre nuestras vidas, excepto que omitimos a Ricardo, así como a Ricardo omitimos tocar el tema de los vagabundos.

    -Bueno hay que estrenar este colchón ¿No? –dijo Julio

    Mi esposa río sabiendo que no se habían aguantado.

    -Está bien, está bien –dijo mi esposa

    -¿Quién será el primero? –preguntó ella

    -Obviamente yo –dijo Antonio

    Que sorpresa –dije en mi mente

    -Espero no te moleste ya que justo nos encontraste en malas condiciones igual espero me limpies la verga –dijo Antonio sacándosela

    Seguramente porque ya teníamos tiempo de no ir con ellos o bien por haber tenido otro tipo de experiencias con Ricardo pero al parecer mi esposa en ese sentido habia perdido el toque pues a diferencia de encuentros anteriores esta vez se le quedó viendo a la verga flácida de Antonio…

    Abre la boquita le dijo Antonio a mi esposa, mientras que con su pulgar le abría la boca poniéndole la verga en su boca… A mi esposa se le vidriaron los ojos, seguramente hasta ya se le había olvidado la sensación de sentir la verga de un vagabundo en su boca.

    Poco a poco mi esposa le fue haciendo un oral a la vez que apretaba con sus labios el glande de Antonio hasta que finalmente consiguió una erección y así unos minutos hasta que pareciera que le volvió a tomar el gusto pues mi esposa ya le pasaba la lengua por toda su verga.

    -Esa es la puta que me gusta –dijo Antonio

    Mi esposa en más confianza seguía pasando su lengua hasta llegar a los huevos de Antonio el cual los chupaba dejando embarrado de saliva todos sus pelos, para después meterse nuevamente la verga lo más que podía o hasta lo que su garganta se lo permitiera, Antonio suspiraba del placer y mi esposa cada vez mas excitada probablemente ya se había vuelto adaptar.

    En lo que mi esposa le mamaba la verga a Antonio, Julio por otro lado empezó a quitarle la ropa pero le dijo que se tenían que alejar de la orilla de calle y hacerse mas adentro y así lo hicieron, ahora si mi esposa estaba totalmente desnuda mamándole la verga a Antonio y la noche apuntaba a probablemente ser larga…

    Ya mi esposa se sentía rendida por estar en cuclillas y se incorporó, se acercó a mi diciéndome que me amaba y pues no estaba por demás sus lágrimas al sentir nuevamente la verga de Antonio pues al decirme que me amaba pude sentirle el aliento con olor entre orina y sudor…

    -Mi amor me los voy a coger a todos –me dijo mi esposa

    -Hazlo, ahorita eres su puta –le dije sonriendo

    Mi esposa le pidió a Antonio que se acostara en el colchón y así lo hizo, y con su verga ya bien erecta unto un poco de saliva en su entrada y procedió a sentarse metiendo poco a poco la verga de Antonio en su vagina hasta que la hizo calzar entonces ella comenzó a subir y a bajar despacio para luego hacer movimientos circulares…

    Mientras que Héctor y Julio tomaban una cerveza mas, este último se puso de pie…

    -No me puedo quedar solo viendo –dijo Julio

    -Denme un momento -dijo él

    Julio se fue para un lado a orinar luego recordé sobre la incontinencia que nos había comentado y luego regresó, ahora si dijo él quitándose la trusa…

    Con su verga aun con unas mínimas gotitas de orina saliendo de su glande regresó donde estaba mi esposa, mi esposa no se había percatado que Julio se había ido a orinar pues se fue a espaldas de ella, entonces Julio le agarra la quijada a mi esposa y para abrirle la boca y metió su verga aun con una gota de orina chorreando por bajo de su verga entonces mi esposa hizo para atrás su cara pero Julio se lo impidió.

    -Shhh shhh… –tranquila le dijo Julio a mi esposa.

    -Eres enfermera así que también límpiame la verga con tu lengua…

    ¿Y yo? Pues me había cortado ante la situación, no supe que hacer mas que ver.

    Mi esposa tal vez para no sentir el sabor empezó a darle un oral bastante rápido a Julio luego de eso logró sacar la verga de su boca y escupió al suelo, y continuó mamando a la vez que cabalgaba a Antonio… Habíamos olvidado lo agotador que era venir aquí…

    Y como dije mi esposa continuó mamándole la verga de una manera rápida a Julio y él le decía riendo que si seguía así de rápido en vez de hacerlo venir solo iba a provocar que se orine más rápido, mi esposa bajó el ritmo.

    Hasta que cambiaron de posición mi esposa se puso en cuatro, Antonio seguía bobeando su vagina de manera intermitente mientras que por el otro lado mi esposa seguía con la verga de Julio en su boca.

    Héctor la mayor parte del tiempo ha sido paciente así que mientras esperaba su turno me sacó plática, mientras hablaba con él también miraba a mi esposa pues son escenas que quedan grabadas en mi memoria…

    Bueno llegó un momento en que Antonio la agarraba de la cintura para penetrarla mas rápido y mas profundo, seguramente también mi esposa quería acabar rápido, pero ese mismo movimiento hacia mas rudo y rápido las mamadas a Julio, entonces ocurrió…

    Julio se había orinado en la boca de mi esposa y yo por estar distraído con Héctor no me percaté que le había agarrado la cabeza con las manos para no sacar la verga de su boca hasta que ya fue tarde y por los movimientos mi esposa tragó orina y el resto logró escupirlo dando una buen arcada del asco que hasta quería vomitar…

    Entonces Julio se separó de mi esposa y se fue a sentar dejando impune todo, a mi esposa le rodaban las lágrimas mientras que Héctor trataba de tranquilizarme…

    Antonio por otro lado no soltaba a mi esposa de la cintura hasta que acabó adentro y él se levantó, dejando de rodillas a mi esposa.

    -No hay tiempo para llantos –dijo Antonio

    -Esta puta debe de aprender a no dejarnos de lado –dijo Antonio

    -¿Qué cosa? –pregunté

    -Es una forma de castigo por dejarnos de lado mucho tiempo –dijo Héctor

    Tal vez mi mente ya estaba muy viciada que no podía enojarme mas…

    -Tranquila putita –le dijo Héctor

    -Vamos a acostarnos –continuó Héctor

    Entonces el agarró a mi esposa y la acostó boca arriba al colchón y ella empezaba a recuperarse tal vez al ver eso me sentí mas aliviado pues la descuidé, entonces Héctor se saca la verga, vamos tienes que terminar lo que comenzaste

    Mi esposa con los ojos vidriosos asintió con la cabeza a la vez que le regalaba una sonrisa.

    Menos mal era la verga que a mi esposa le gustaba y eso la consoló más, mi esposa al estar acostada boca arriba entonces Héctor se puso encima de mi esposa poniendo su pelvis frente a su rostro poniendo su verga frente a su rostro el cual tenía algo de esmegma y Héctor metió suavemente su verga en la boca de mi esposa y empezó a penetrarla oralmente de una manera tranquila… Mi esposa al parecer disfrutaba de la verga de Héctor.

    Mi esposa apretaba sus labios para darle mas placer a Héctor haciendo que algo de esmegma se quede en las comisura de su labio y lo que mi esposa hacía era abrir la boca para frotar la comisura para limpiarla poco a poco el esmegma iba desapareciendo de la verga de Héctor, entonces Héctor aumento la velocidad hasta que se detuvo…

    Bajo su cuerpo hasta quedar rostro con rostro con mi esposa y el le sonrió, aun quedó un poquito ahí dijo señalando, entonces en acto de sorpresa mi esposa con su dedo llevo el esmegma a su boca y pude ver como tragaba.

    -Ya está limpia señor Héctor –dijo mi esposa

    Héctor le dio un beso en la frente y realmente era muy raro ver a los vagabundos ser cariñosos.

    -Ahora señorita puta continuamos iremos despacio ¿Sí? –dijo él

    Entonces le dijo algo al oído y mi esposa con mucho miedo en el rostro y sus ojos llorosos le dijo que si, a la vez que me sonrió.

    Antonio se sentó a la par mía y me dijo: -Tu esposa es una excelente puta tendrás que andar con cuidado con ese culo que tiene…

    Héctor se puso en posición nuevamente pero puso de rodillas a mi esposa y volvió a meter su verga en su boca, metiendo y sacando su verga de manera suave… hubo un momento en que se detuvo y luego continuó… luego se detuvo nuevamente y vi a mi esposa con los ojos llorosos… Yo pues… Me rendí, una cosa era que se la cogieran y otra cosa era lo que estaba pasando así que no dije más nada… Y casi inmediatamente que mi esposa tragó, Héctor se quitó rápido y mi esposa escupió la orina de su boca y Héctor terminó de orinar hacia otro lado, tal parece solo le dejó ir un pequeño chorrito en su boca…

    Se había cruzado un límite muy extremo que para nada fue planeado ese día ambos coincidimos en que habíamos fallado y es algo que hoy en día pues fue como marcarnos.

    Luego de eso mi esposa con el agua que habíamos comprado paso a lavarse y enjaguarse… No sabíamos que decir, pero continuamos el resto de la noche con ellos, los tres nos dieron un tiempo para que nosotros saliéramos del shock en que estábamos.

    Yo estaba sentado con mi esposa en mis piernas y cada que hablábamos a ella se le sentía en el aliento el olor a orina como cuando uno entra a un baño de uso general, entonces ella lo que hizo fue tomarse una última cerveza para ocultar el olor…

    Mientras el tiempo avanzaba pues ni Julio ni Héctor habían acabado aún y mi esposa aun tenía fuerza para algo mas por lo que se bajó de mis piernas y se fue gateando, les pidió a Héctor a Julio que se sentaran juntos y empezó a hacerles un oral intercambiando vergas hasta hacerles acabar en su boca el momento fue rápido…

    Luego de eso mi esposa se volvió a poner la ropa y por último nos retiramos del lugar, durante el camino nadie dijo nada sobre lo sucedido, no tocamos el tema. Pero ambos sabíamos que habíamos hecho mal.

    Y así los días pasaron y pues como dije fue un momento que quedó marcado eventualmente, pero no los dejamos de lado pues sabíamos que tarde o temprano íbamos a querer compartir con ellos, digamos era ya un tipo de manía hacia ellos, son agradables pero muy pesados por ratos.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (20)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (20)

    Del capítulo anterior:

    Mientras tanto, Sandy continúo hablando con los chicos, sus manos se movían nerviosamente, tocando sus piernas, su cabello, sus mejillas ardiendo.

    “¿Por qué no te unes a la fiesta?” Dice el moreno, “Podemos ser discretos si lo quieres, tus amigos al parecer tienen su propia diversión.”

    Sandy, que ya se sentía un poco más confiada, le sonrío y dijo, “Tal vez más adelante… en otra ocasión, en otro lugar”

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (20):

    Mi hija se sonrojó al escuchar la oferta, su respiración se agitó, y pude ver que su corazón latía fuertemente en su cuello. Era evidente que la idea la excitaba, sin embargo, su educación y la crianza que le dimos se interponía en su mente.

    “¿Ves?” Le dije a mi esposa que se acercó a mí al ver la iniciativa de los jóvenes, “Nuestros hijos son adultos, capaces de tomar decisiones por si solos, si ella decidiera estar con los chicos es algo que debemos respetar.”

    Myriam me miró con cierta preocupación, “Pero… ¿estás seguro de lo que dices?”

    “Claro que lo estoy”, respondí, “Dejémosla disfrutar si es lo que quiere. Recuerda, somos swingers, no puritanos, bastante información le hemos dado del tema, ella está abierta a vivir todo tipo de experiencias.”

    Mi esposa se mordió el labio, dudando, y por un instante pensé que se echaría para atrás. Pero al final asintió, “Tienes razón, ella es adulta y puede tomar sus propias decisiones “, susurró.

    Sandy estaba lo suficientemente cerca para escucharnos, “¿En serio?” Preguntó con un tono que delataba su excitación. – “Estarían de acuerdo que tenga sexo con esos chicos desconocidos?”

    “Claro, cariño”, le dije, “Es tu decisión.”

    “Incluso estando ustedes presentes?”

    Mi esposa se apresuró a responder, “Sí, si eso es lo que deseas, puedes hacerlo.”

    Nos miró fríamente como desafiándonos y se acercó a los dos chicos, a estas alturas estaba demasiado excitada. El moreno le tomó la cara entre sus manos y la besó apasionadamente, deslizando la lengua por sus labios. El rubio, se acercó y empezó a lamer su cuello, pasando sus manos por su espalda. Sandy se entregó a sus caricias, puso sus manos sobre la espalda del moreno y acaricio su pelo mientras se dejaba besar.

    Mi esposa y yo nos sentamos en la banca a observar la escena, estábamos en shock, jamás pensamos que esto fuese a suceder. Myriam me miraba con ojos vidriosos, estaba excitada la conozco., “¿De verdad vas a permitir que haga eso?” Preguntó, con incredulidad.

    “Claro que sí, cariño. Ella sabe que, si no quiere, solo tiene que decirlo.”

    Mi atención volvió a Sandy, estaba con los ojos cerrados dejándose acariciar, el rubio le acariciaba los senos por encima de su delgada blusa y el Moreno al besarla le metió una mano por debajo de su corta falda de mezclilla.

    Entonces un chico al parecer del staff del establecimiento se acercó a ellos.

    “Lo siento no se permite tener sexo en los pasillos, si ella quiere participar lo tendrá que hacer dentro de la cabina”

    Mi esposa y yo intercambiamos una mirada preocupados. No queríamos que Sandy se viera obligada a participar y menos ante tantos extraños, por lo que caminamos lentamente a su lado.

    “Cariño, no tienes que hacerlo” Le dije “Ya hemos pasado algunos niveles y pienso deberíamos irnos”

    Ella abrió los ojos y me miró, mientras los dos chicos seguían tocándola y besando su cuello “¿Por qué no?” Dijo, “Me gustaría entrar, no sé si participe, quiero verlo todo desde otra perspectiva.”

    No tuve capacidad de reacción, la situación rebasaba todo mi entendimiento, era una situación inédita “Entonces adelante, cariño.”

    Sandy camino sensualmente a la cabina acomodándose el vestido, el tiempo parecía detenerse. La puerta se abrió y la multitud que la observaba la acogió, sus ojos se abrieron al ver lo que adentro pasaba, el deseo y la lujuria se apoderaron de ella, Martha más las dos esposas y una nueva señora de abultados senos la recibieron con aplausos.

    Myriam y yo regresamos a nuestra posición junto a Juan que se masturbaba esperando su turno de lenguas y bocas de las mujeres que estaban adentro atendiendo a más de una docena de hombres con las vergas ansiosas y erectas. La escena era aún más salvaje de lo que imaginábamos.

    Juan le pidió a Myriam si podía jugar con su miembro. Mi esposa le dio un beso en la mejilla y le contesto que no se podía tener actividad sexual en el pasillo.

    “¿Espera, no es tu princesa la que está entrando a la cabina? “Le dijo sorprendido a mi esposa.

    Martha se acercó a mi hija y le pidió la acompañara. Mi princesa era la única totalmente vestida, se negó y se hinco alejada de todas las participantes justo a un lado de la puerta de entrada al recinto o cabina, desde ahí veía como las mujeres se repartían entre los miembros de todos colores y tamaños. La puerta se abrió nuevamente y un hombre de mediana edad le daba acceso a su pareja, la chica se veía como de unos 30 años muy guapa y delgada, quizá al entrar Sandy se animó a participar.

    La excitación me ahogaba, ver a mi hija en esa situación tan expuesta junto a esas 5 mujeres repartiéndose entre miembros erectos y colgando anónimamente en la pared y además que ella tuvo la iniciativa de entrar me hacían sentir excitado y a la vez orgulloso, sin duda era la atracción, el murmullo en la sala de glory hole se generalizo.

    “Esa muñeca es un manjar, tiene unas piernas hermosas, esta tiernita y besa muy rico, debe ser una puta en la cama, si no hubiese sido por las reglas del lugar ahora mismo la estaríamos cogiendo entre todos” me dijo el moreno haciéndole señas a mi hija que se acercara mostrándole el miembro por el orificio de la pared.

    Martha se acercó a Juan y lo empezó a mamar y le pidió a Sandy nuevamente que se acercara, ella se negó, le hizo la seña con los dedos y sus ojos que desde donde estaba observaría. Cerca y a espaldas de mi hija había 3 penes que pedían su atención incluso los chicos metían las manos tratando de alcanzarla o tocarla sin lograrlo. Su mirada era de excitación plena, sus senos subían con la respiración, abría por momentos la boca y se mordía el labio inferior, se acariciaba las piernas, estaba a punto de ebullición, mostraba los mismos gestos de su madre cuando está sumamente excitada.

    “Quieres entrar para que se sienta más segura?” Le pregunte a mi esposa.

    Ella negó con la cabeza, “No, ella tendrá que enfrentarlo fue su decisión. Aunque te confieso que me estoy calentando muchísimo.” Nuestra hija se veía hermosa, inocente, su excitación era palpable.

    Decidí que si mi esposa no quería entrar era el momento de intervenir de alguna manera, era necesario que mi hija sintiera mi apoyo y asegurarme que los chicos no le hubiesen dado algún estupefaciente que estuviera influyendo en su comportamiento. Me levanté y me acerqué a la puerta de la cabina, conocía las reglas, solo podían entrar mujeres. Me metí sin pensarlo.

    “¿Te sientes bien?” Le dije.

    Ella asintió, hipnotizada. “Sí, papa, es… es tan… excitante.”

    “¿Y no quieres probar?” Le sugerí con una sonrisa ya fuera de mí.

    Sandy vaciló, “No estoy segura.”

    “Podemos irnos si quieres”, dije, “O puedes seguir observando o… unirte.”

    Ella se puso de pie, “No, no quiero irme. Ni unirme solo quiero… Quiero ver más.”

    Juan me miraba a través de la abertura de la pared, con la polla en la boca de Martha, sin dejar de moverse, era obvio que la situación lo excitaba. Me miro de una forma que me erizo la piel.

    Decidí salir y regresar con mi esposa. Al regresar vi al moreno platicando con Myriam y al rubio ocupando mi lugar, Juan me hizo un espacio a su izquierda.

    “Miguelito sé que estas tan caliente como yo. ¿Porque no te sacas la verga y permites que Martha te dé un poco de alivio? ¿O te de pena con tu hija?”

    “No lo sé Juan, estoy algo…”

    “¿Excitado? Mira tú princesa tan linda que se ve ahí adentro, tan hermosa con su cabello suelto, su cuerpo joven y exuberante, es la viva imagen de la inocencia. ¿Pero sabes? conozco esa mirada en las mujeres de cualquier edad, la excitación se le sale por los poros, ansia una buena verga en la boca, es cuestión de minutos, quizá sea la mía o la tuya” Me guiño un ojo sonriendo al decírmelo.

    “No!, no es algo que quiero que me haga” Le conteste espantado, de repente me llegaba la cordura, en realidad ni yo mismo sabía que quería, estaba fuera de todo razonamiento lógico.

    “Tarde que temprano va a suceder, disfruta la transformación de capullo a mariposa… anda saca tu miembro y deja que Martha te relaje, a mí me encantaría ver a mi Lily ahí adentro mamando pollas de extraños” Juan tenía una forma de expresar situaciones que erizaban mi piel, fue inevitable recordar a su hija e imaginarla en la misma situación.

    Voltee a ver a Myriam, miraba por la ventana expectante igual que yo pendiente de nuestra hija, tenía a los dos chicos pegados a su cuerpo, uno a cada lado, Juan me tapaba un poco la visibilidad sin embargo logre darme cuenta que mi esposa jugaba discretamente con los testículos de los dos jóvenes mientras recibían mamadas alternadas de Martha y la chica que recién había ingresado.

    Martha a su vez se repartía entre su esposo y los chicos, no aguante más saque mi miembro y lo introduje, Martha sin dudarlo lo tomo y sentí su lengua ardiente recorrerme el pene hasta los testículos, nos mamaba a mí y a Juan, de momento mi hija no se dio cuenta ya que veía en otra dirección, un enorme miembro de dimensiones sobresaliente en tamaño y anchura emergía como novedad en la habitación.

    Martha me masturbaba, me chupaba y volteaba a ver a Sandy tratando de llamar su atención, finalmente voltio, de inicio se desconcertó ya que no estaba yo en mi lugar habitual y en el mío emergía el miembro del rubio, enseguida estaba su mama y después el moreno, hizo un gesto con la vista como tratando de visualizar la situación y se acercó un poco buscando mi cara y fue cuando me reconoció, su reacción fue voltear a otro lado tapándose divertidamente con la mano la cara y sonriendo, su gesto fue de complicidad, sentí tranquilidad, lo tomo con madurez, era la seña de que también lo aceptaba como algo “natural”.

    Myriam me miro sin dejar de acariciar los testículos y miembros de los chicos le hice una señal de aprobación y le envié un beso. Mi hija de rodillas y de espalda a nosotros sostenía una plática inaudible con los chicos más cercanos, se veía impresionante, su respingado culo y sus piernas flexionadas le daban un toque excitante e imponente.

    “Dos a uno que la van a convencer” Me dijo Juan

    No le respondí.

    “A su edad le deben estar escurriendo sus jugos por las piernas, solo hay que ver la forma como ve las pollas, quizá se detenga porque están ustedes” Continuo… atormentándome.

    Martha cedió su lugar a la nueva participante, me llamo la atención desde que entro, tenía un antifaz sin embargo se veía de facciones de señora refinada, de clase privilegiada, su respiración caliente y su lengua vivaz casi me hacen terminar. Martha se dirigió a la zona en donde estaba mi hija y se hizo cargo de las pollas de los jóvenes con los que conversaba. Sandy se alejó aún más dándole espacio.

    Martha al igual que Juan son persistentes y depravados, vi como tomo del brazo a mi hija, la jalo hacia ella y acerco su mano, inicialmente se rehusó, me voltio a ver como buscando aprobación y finalmente con la mano izquierda tomo firmemente una polla, apenada se tapaba la cara y sonreía parecía una travesura un juego inocente, Martha tomo su mano y entre las dos muy lentamente bajaban y subían el glande del chico.

    “Te lo advertí…” Me recordó Juan

    Martha dejo a Sandy sola con el pene y veo como observa más de cerca la técnica experta de Martha chupando y masturbando las otras dos pollas. El chico al que mi hija aprisionaba sin mover o hacer algún movimiento comienza a moverse suavemente dentro de la mano estática de mi hija, Sandy suelta la polla quizá arrepentida al sentir el movimiento. Martha algo le dice y logra convencerla de que se acerque y le muestra cómo se introduce hasta la garganta la polla que antes estaba en su mano.

    Entonces veo que mi hija vuelve a extender la mano recibiendo de Martha la polla llena de saliva, mi hija inicia rozando el eje con las yemas de los dedos antes de envolverlo nuevamente, moviendo la mano al ritmo del movimiento del chico. El hombre gime, ella mira por encima de su hombro para encontrar mi mirada, me tomo por sorpresa y le doy a la distancia un gesto de aprobación con la mirada y una sonrisa. Ella me devuelve la sonrisa, veo como el rubor se extiende por sus mejillas, antes de inclinarse para llevarse la cabeza a la boca.

    Continuará.

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  • Cunnilingus

    Cunnilingus

    Gala está en la cocina cuando llego. Me llama y voy hacia allá… ¡Me la encuentro desnuda, con un corto delantal en forma de corazón! Me mira picara y me hace una seña con el dedo: “Ven, Micaela”, me dice.

    Sus grandes tetas salen por cada lado de la parte de arriba del delantal; por abajo no le cubre todo el vientre. El matojito de vello pelirrojo, revuelto, se aprecia; también sus grandes labios vaginales.

    Me acerco y me echa las manos al cuello. Nos besamos intensamente y llevo mi mano a su peludo conejito insaciable. Cuando lo toco está mojado. Gala está cachonda, y yo también. Abre los muslos y yo sumerjo dos dedos dentro del juguito suave, carnoso, caliente, húmedo…

    “Fóllalo”, me dice y se da la vuelta agarrada a la silla de la cocina. Su culo voluminoso, redondo y ancho deja ver la entrada del coñito de mi mujer. Sin esperar más me agachó y le como la entradita. Sabrosa, ligeramente salina, líquida, la lamo, agarró los labios verticales entre los míos y los estiró dentro de mi boca. Gala gime. Le busco el clítoris y lo sobo mientras mi lengua le come el orificio vaginal. Me llevo su húmedo licor a los labios, lo paladeo y le pajeo el bomboncito erecto y grueso.

    “Jódeme, mi amor, mi vida, ya”, dice jadeando. Me arrodillo y meto tres dedos en el agujero de seda untuoso, receptivo, dilatado. Penetro y giro hasta adentro del todo. Gala jadea a cada follada. La voy penetrando cada vez más enérgicamente hasta que me dice, “Ahhhh, cómetelo; cómete el coño, mi cielo”. Se gira y le hago un cunnilingus mamándole el clítoris y acariciándole el agujerito del ano, como sé que le gusta. Se estremece hasta que se corre subiendo y bajando las piernas. Me levanto, le doy la vuelta. Llevo mi boca a la suya y ella succiona nuestras saliva y flujo mezclados. Le saco las tetas e introduzco los pezones en la boca, chupo…, quisiera que manase leche de ellos, tragarme su leche.

    Ya no puedo más, me desvisto y me subo a la mesa de la cocina. “Chúpame, amor”, le digo. “Dame un orgasmo brutal, pequeña”.

    Gala se suegra en la silla, toma mis muslos y los abre, como si fuera un albaricoque. Separa mi coño depilado y se amorra en mi chocho chorreante de néctar. Me dejó comer todo: labios, vulva, clítoris… Jadeo mientras su lengua me lleva al paraíso del placer… Gimo cuando me corro y me aprieto con mi chocho contra su boca caliente. Me vierto, me corro, soy toda flujos, grito…

    Acabamos abrazadas y le digo “Bien, tesorito, ahora, vamos a celebrar la fiesta”.

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  • Mi esposa se despide de mi sobrino

    Mi esposa se despide de mi sobrino

    Somos una pareja de 30 años, mi esposa médica de uno setenta de altura, de cabellos negros un par de tetas medianas bien puestas con pezones rosados en punta y un culo de campeonato, yo soy ingeniero de uno ochenta en buena forma, la biología me doto con 23 centímetros de verga.

    Mi esposa al año de casados me puso los cuernos con mi sobrino, tuve un viaje de 15 días a una fábrica Del Valle y como mi sobrino vivía con nosotros, ellos aprovecharon mi ausencia y follaron todo el tiempo según me lo aseguró mi sobrino, revisé la cámara escondida en mi alcoba y si follaron un par de noches en mi cama, yo nunca hice escándalo alguno y guardé el video.

    Resultó que después de 10 años de matrimonio se decidió viajar para instalarnos del todo en otro país, nunca supe si durante estos años ellos han follado o no, pero por el poco tiempo libre y dedicados a trabajar hasta 12 horas diarias, obvio que para un polvo se requieren ganas y una puerta, solo produciendo en 10 años hemos adquirido un buen nivel económico.

    Dos meses antes de viajar comenzaron las despedidas y ella me decía tenemos que despedirnos de su sobrino, yo le dije por qué, a mí no me interesa, ¿a usted si? Ella me dijo, pues no, pero es de su familia, dije: ¿y qué? A la tercera vez que me lo insinuó faltando 10 días para viajar le dije: si lo que quieres es acostarte con él y que te folle el culo llámelo, hágalo venir el viernes en la tarde hacia las dos, yo te dejo sola en el apartamento para que puedas despedirte de él, follando toda la tarde.

    Ella se puso de mal genio, y alegaba diciendo que yo me inventaba pendejadas. Yo le dije, ¿esposa yo sé que ustedes estuvieron follando cuando viaje a Cali hace nueve años o lo vas a negar? Ella contestó: siempre te he sido fiel, no como tú que has salido con muchas estudiantes de la universidad y te las has culeado y yo no peleo por eso. Entonces, le dije: ven siéntate que te voy a mostrar un video, cuando vio que el video aparecía ella follando con mi sobrino se quedó callada, y mi sobrino le folló el culo y le hizo prometer que ese culo era solo de él, en nueve años intente follarle el culo pero no me dejó y yo sabía la razón.

    Entonces, me puse de pie y salí del apartamento diciendo, te doy permiso para que te lo folles y te despidas bien de tu amante.

    Llegó el viernes deje instaladas cámaras en la sala y en cada alcoba muy bien camufladas, conectadas a mi celular, salí para que el sobrino llegara, y efectivamente llegó a las dos, se sentaron en la sala a conversar pendejadas y a tomar vino mi esposa y whisky mi sobrino, en la tercera copa de vino mi esposa se desnudó le abrió la bragueta y sacó su verga, meneándosela se agachó y se la metió todita en la boca hasta su garganta y se la mamo por 10 minutos, mi sobrino le quitó la verga y le dijo quiero derramarme dentro de su chochito, de pronto hasta te preño, sería un buen recuerdo.

    Él le quitó sus calzones la abrió de piernas y comenzó la comerle la cuca, lamia chupaba mordía el clítoris y la pajeaba metiéndole tres dedos el chocho, ella gemía y gritaba dame más más, así hasta que ella tuvo su orgasmo derramando chorros de flujo en la cara del sobrino.

    Mi sobrino la levantó del sofá y la llevo a la alcoba donde ella se le puso en cuatro ofreciéndole sus agujeros, mi sobrino se la metió de un solo empujón en su coño y comenzó a bombearla lentamente el ritmo de la follada iba subiendo, mi mujer gritaba: dame fuerte cabrón, duro… pártame el coño. El sobrino follaba durísimo hasta que ambos explotaron y definitivamente le lleno su coño de semen gritando ojalá te preñe.

    Cuando le saco su verga aún dura ella se la mamó de nuevo haciendo que su verga estuviera lista para otro polvo, y de nuevo ella e cuatro ofreciendo sus agujeros, mi sobrino le lamía el coño y el ano, metía par dedos en el coño y luego le lubricaba el ano, hasta que le metía tres dedos, en ese momento él acercó la cabeza del huevo a su culo y se la hundió de un solo empujón, mi esposa se quejó pero echaba el culo hacia atrás para que le entrara toda, gritando: cobrón pártame el culo, este culo solo tú lo has disfrutado, dame duro rómpame el culo; allí follaron un buen rato hasta que le lleno los intestinos de semen.

    Mi sobrino se vistió y se despidieron mediante una lucha de lenguas y una pajeada mutua que terminó cuando mi esposa recibió el semen en su boca y se lo tragó todito.

    Él salió del edificio y yo entré rápidamente, mi esposa no me esperaba estaba aún en la cama desnuda, entre me desnude y le clave mi verga es su coño y me la follé con furia le di y le di, ella gemía y gritaba pidiendo más verga a los 20 minutos le llene el coño de semen, pero mi verga no se bajaba, entonces se la saqué del coño y se la metí por primera vez en su recto y le di con mucha furia quería romperle el culo, pero al pensar que lo tenía lleno de semen de mi sobrino y que a él le había dado el culo, hacia que se me pusiera más duro y yo la follaba con mucha fuerza llenando su culo de semen, se lo saqué del culo y se lo metí en la boca diciéndole sácame la lechita para que la tragues, como efectivamente lo hizo.

    Esa tarde la follé por su vagina y por su culo un par de veces más, cuando vi la sábana manchada de sangre no le follé más el culo, pero esa zorra se merecía que yo sí le rompiera el culo y el chocho, por infiel, por zorra y por puta.

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  • Más sexo en la Biblioteca

    Más sexo en la Biblioteca

    Esta historia sucedió con una compañera de trabajo, fue una situación de “soborno” de parte de ella, puesto que se dio cuenta de todo lo que sucedió la tarde en que estuve con María teniendo sexo aquí en la biblioteca donde trabajo.

    Resulta que esta chica llamada Georgina, noto cuando apagué las luces, y sobre todo cuando me encerré con María, ella al día siguiente en que sucedió lo anterior, me saludó de una forma que nunca lo había hecho, y cuando me besó la mejilla, me alcanzó a decir “espero que a mí me toque un buen pedazo de tu tranca eh”, eso me saco inmediatamente de onda.

    Georgina es una mujer de 29 años, es alta, tiene unos senos de tamaño medio, muy duros, sus pezones siempre andan erguidos, unas piernas muy lindas, y un culito más que exquisito.

    Sucede que después de saludarme me llamó a mi extensión y me dijo” Carlos sé lo que hiciste el día de ayer con la chica que te vino a visitar ayer, y creo que has incurrido en una falta muy grave dentro del lugar de trabajo, yo estoy dispuesta a guardar silencio, si me das lo que te pida” por lo visto no tenía de donde elegir, puesto que, si me reportaba con mis jefes, perdería de inmediato mi empleo.

    No tenía salida, le dije “que es lo que me vas a pedir Gina”, ella me contestó “mira Carlitos, ayer me di cuenta que te cargas un buen paquete, y me gustaría que me lo dieras, a mí también, me gustaría estar ensartada en esa verga tuya papi”, no lo podía creer, la mujer más atractiva, o mejor dicho la más deseada de mi trabajo me estaba lanzando el calzón.

    Le respondí que cuando y donde quería que lo hiciéramos, me respondió “mira el día de hoy a las 2 de la tarde bajo contigo a la biblioteca, dizque para pedirte un libro, y en cuanto yo entre ya no debe de haber nadie dentro de ella, solo tú, en ese momento tu cerrarás la puerta como ayer, y me harás tuya como gustes”.

    Dije perfecto entonces te espero a las 2, besos bye.

    Estuve esperando ansioso a que diera la hora, cuando vi mi reloj, ya eran las 13:45 y tenía mucha gente en la sala de estudio, mi deseo por Gina era inmenso, tal vez fue lo que me dio valor de correr literalmente hablando a los alumnos que estaban estudiando o haciendo tarea. Les dije que ya era hora de cerrar, que el servicio se reanudaría a las 3:30 de la tarde, gracias a mi insistencia, salieron en menos de 5 minutos, ya tenía listo todo para cogerme a Gina.

    Llegó la hora, cuando vi entrar a Gina por la puerta, tuve una erección casi instantánea, ya que traía puesta una falda corta que le llegaba casi a medio muslo, se le notaba al instante, la tanga que traía puesta, y una blusa blanca semitransparente que deja ver su brassier, blanco de encaje y media copa.

    Cuando me saludó me dio un beso a media boca, entonces fui a cerrar la puerta con llave para que nadie nos molestara, apague las luces, y cuando estaba a punto de apagar la luz del acervo, me dijo “esta no la apagues quiero ver tu verga papi, enséñamela, te lo suplico”.

    No me dijo dos veces, me baje el zipper de mis jeans y le enseñe mi tranca, no es por presumir amigos, pero no la vi bien, y al parecer se paseó la lengua por sus labios, me dijo que enorme esta, cuando terminó esta frase, ya la había tomado con su mano derecha mientras que con la izquierda se empezaba a acariciar sus senos, cuando mi tranca estaba ya erecta, se la llevo a la boca, se metía casi toda, me lengüeteaba los testículos, mordía la cabeza de mi pene. Ella estaba empezando a masturbarse, jugaba con su mano en su panochita, que ya había hecho a un lado, para acariciar su clítoris, me di cuenta cuando empezaba a meterse un dedo, y luego dos.

    Cuando subió hasta, mis labios, nos fundimos en beso más que rico, nuestras lenguas se entrelazaban, mis manos se apoderaron de sus nalgas, empezaba a acariciar aquel cuerpo que más de una vez me había imaginado así como lo tenía ahora.

    Empecé a desabotonarle su blusa, abrí su brassier, y empecé a lengüetear sus pezones, con una mano le estaba estimulando su clítoris, empecé a meterle dos dedos a su panocha, y con la otra mano bajaba su tanga, y acariciaba sus nalgas, jugué un rato con su ano, y cuando sentí que su esfínter estaba un poco dilatado, me animé a meter un dedo, u luego el otro.

    Estábamos muy calientes, cuando me dijo “ya cógeme, dame esa tranca papi, hazme tuya, quiero sentirte dentro de mí”, no me lo pidió dos veces, la subí a una de las mesas, le abrí las piernas y se la metí de un golpe, ella solo alcanzó a emitir un leve gemido.

    Empecé con el bombeo ella cada vez más se prendía más, se acariciaba sus senos, mordisqueaba sus pezones, yo le estimulaba más tanto su clítoris como su ano.

    La puse en posición de perrito, y se la metí hasta la empuñadura, sentía como mis huevos chocaban con sus nalgas, ahí fue cuando me pidió que le diera por el culo, le di una ensalivada a su culo, y se la metí lentamente, muy despacio, cuando ya estaba casi toda a dentro empecé a bombear, sentía ya como se contraía ella estaba llegando si no me equivoco a su cuarto orgasmo, empecé a bombear más rápido sentía que me iba a vaciar dentro de su culo, pero me pidió que lo hiciera en su boca, quería mi leche en su boca, cuando sentí que me venía me salí rápidamente, ella se hincó y empezó a mamarme la verga, cuando me vine le llene su boca de leche calientita.

    No dejó ninguna gota, toda se la tragó, cuando terminó de tragarse mi leche, se puso de pie y me dijo “que rica culeada me acabas de dar papi, también seré tu puta, me podrás coger cuando quieras, pero me gustaría que me cojas en otro lugar, por el dinero no te preocupes yo pago”.

    No cabía de la impresión de sus palabras, me estaba convirtiendo en su padrote, y según ella solo quería su pago para no decir nada.

    Y así lo hicimos para la semana siguiente nos fuimos a un hotel en el cual sucedieron cosas impresionantes.

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  • Señora de culo fácil

    Señora de culo fácil

    Indudablemente yo andaba más caliente que nunca y daba las nalgas fácilmente a mis amigos, disfrutando de la complacencia de mi esposo y las facilidades que me daba para que ellos me anduvieran cogiendo.

    Mi coquetería se estaba desarrollando al máximo, siempre era un placer salir a la calle con mis minivestidos y saber que los hombres me deseaban, desde luego me lo hacían sentir con sus miradas y sus piropos que me hacían moverme más cadenciosa y lujuriosamente al escuchar sus comentarios sobre mis senos o mis nalgas mostraba yo con mi atrevida forma de vestirme y que mi esposo alentaba siempre.

    Desde luego mi putería iba aumentando, tanto que yo misma me empecé a insinuar cuando algún hombre me gustaba, así llego el momento en que conocí a Mario, un arquitecto amigo de mi marido y que estaba de visita en la ciudad. Venía con otros dos tipos, pero ellos no me parecieron tan atractivos como él, aunque no puedo negar que también eran agradables e igualmente bien vestidos.

    Recuerdo que desde que nos presentó mi marido, Mario me gustó y me di cuenta que él también me miró con deseo y desde luego eso me encantó, pero no tuvimos mucho tiempo para charlar. Para mi fortuna estábamos en una fiesta de la constructora y Mario siendo amigo de mi esposo, le tocó compartir la mesa con nosotros y para colmo también se sentaron con nosotros dos amigos de Mario, yo no los conocía, pero mi marido sí.

    Yo notaba que me miraban los tres insistentemente, pero me hacia la tonta, notaba como se me quedaban mirando a mis tetas sin el menor asomo de discreción, en especial porque no leve esa noche brasier y se me notaban las puntas de mis pezones y se comentaban algo que yo no escuchaba por la música.

    Como compartíamos la mesa Mario empezó a platicar conmigo, y en una ida de mi marido al baño no perdió la oportunidad de decirme que me veía bellísima, que yo era la mujer más guapa de la fiesta y que envidiaba la suerte de mi esposo de tener una esposa como yo y que además de bonita estaba yo muy buena; sin más que sonreír le agradecí con coquetería, pero lo mejor vino cuando tuve que levantarme para ir al sanitario; de regreso como las mesas estaban en un jardín, uno de mis tacones se hundió en el césped, Mario me sostuvo para no caer y yo le puse los brazos en sus hombros…

    Sentí su cuerpo fornido y sin pensarlo me sentí con ganas de entregarme a él, sé que él se dio cuenta, pero no hizo nada, solo me tomó de la mano para ayudarme a sentarme. Yo desde luego me sentí algo nerviosa al contacto de su mano, pero eso aumentó mi deseo por él, en cada ocasión que podía lo miraba y él a mí… Mientras la fiesta transcurría mi marido, Mario y los otros dos bebían y yo les acompañaba también con una que otra copa, así que no tardé mucho en sentirme un poco mareada y consecuentemente más atrevida.

    Como él no se atrevía a lanzarse, en cuanto pude le hice una seña sugestiva para que bailara conmigo sonriéndole muy puta, él estaba al pendiente de mí pues no había dejado de mirarme así que me pidió bailar. Como estaba sentada con mi marido, me hice del rogar, pero mi esposo insistió en que si quería bailar, lo hiciera. Sin pensarlo más me levanté de mi asiento y me fui a bailar con él, al momento en que me abrazó me sentí estremecer… Olía delicioso, sus brazos fuertes me rodeaban de tal forma que lo sentía pegado a mí, y sin pensarlo le froté mis senos en su pecho fuerte, él me atrajo más hacia sí y me empezó a frotar el bulto de su bragueta.

    Sentí como se le empezó a endurecer y me dio gusto, así que le sonreí y me pegué a su cuerpo para que sintiera el mío, sus manos descendieron por mi cintura y me atrajo hacía él, y le respondí moviéndome muy cachonda y al terminar la música le dije sugerente:

    —Creo que tengo que ir al baño y quizá pudiera tardarme allá un poquito más…

    Él entendió mi sugerencia y me dejó marchar a mi lugar con mi esposo, pero me di cuenta que él iba hacía el jardín opuesto donde estaba el sanitario, sonriéndole a mi marido le dije que ya estaba cansada y quería tomar aire, mi esposo ya estaba ebrio y no me dio importancia y siguió platicando con otros dos tipos los cuales también me veían de una forma muy descarada al tiempo que se cuchicheaban algo y sonreían. Dejando allí a mi esposo muy discretamente me retiré hacía el jardín, había algo de luz por la luna que brillaba tenuemente y por el viento del verano despejando las nubes…

    Lo busqué con la mirada y lo vi en una esquina del jardín que desde luego estaba oculto de los sanitarios, me dirigí hacía él y sin tardanza me abrazó y me besó de una manera riquísima, sus manos se fueron de inmediato hacía mi abultado par de nalgas y sin decirme más me las empezó a apretar delicioso.

    —¡Qué nalgas más deliciosas tienes Daniela!…

    Para su fortuna el vestido que yo llevaba puesto era de una tela muy suavecita, cosa que le permitió sentir la dureza y amplitud de mis ancas, subiéndome el vestido cortito que yo traía puesto me atrapó por la piel de mis nalgas divididas solamente por mi breve tanga; con una de sus manos y con la otra se dirigió hacía mi lubricada grieta, hizo a un lado mi tanga me metió el dedo haciéndome gemir… Tomándolo de la mano lo guie a una esquina más apartada, allí repegada contra el muro del jardín me despojó de mi pequeñísima tanga y agachándose ante mí me metió la lengua en la pucha mientras con sus dos manos no dejaba de apretarme las pompas…

    La música de la fiesta se perdió para nosotros, solo escuchaba su lengua y el peculiar ruido entrando y succionando en mi panocha mojada abundantemente, solo existían mis gemidos suaves al ser invadida por su lengua… En un momento se levantó y me dijo:

    —Es tu turno mamita… Chúpame la verga, que desde hace rato he deseado sentir esa lengüita haciendo filigranas con la puta de mi basto…

    Sin hacerme del rogar le baje el pantalón y le saque su fierro, que era gordo y grueso como me gustan; algo curvado hacía arriba, lo sentí bien grande y mojado de líquido preseminal. Sin tardanza me lo metí en la boca y empecé a chapárselo de lo lindo, lo sentí estremecer, y le seguí mamando la verga, pero yo quería que me la metiera; así que sacándomela de la boca le pedí con gran cinismo:

    —¡Cógeme papi, quiero sentirte en mis entrañas!… ¡Por favor métemela ya que estoy calientísima pues el pendejo de mi marido no me coge como yo lo deseo!… ¡Anda cógeme ya cabrón, te deseo mucho!…

    Me levantó y dándome la vuelta me alzo el vestidito, me puso contra el muro recargada estilo policía y guiando su mástil a mi vagina de un solo golpe me la metió, para luego empezar a bombearme con gran fuerza, haciéndome pujar con su vergota… Así me tuvo un buen rato metiendo y sacando su leño de mi estrecho y ardiente canal, mientras mis jugos le bañaban la tranca pues sentí que me escurría anunciando mi orgasmo. Hasta que me vine como una perra, él me sintió y me dio vuelta, ahora levantándome una pierna me la metió por el frente y se las arregló para sacarme las tetas fácilmente ya que como es mi costumbre ese día no traía sostén y empezar a chapármelas haciéndome gemir de gusto.

    Sus embestidas profundas me sacaron de mis casillas, yo lo apretaba contra mí, estando de pie en una sola pierna era algo difícil a pesar de estar recargada contra el muro, pero Mario me mantenía con uno de sus brazos, suspendida de mi otra pierna, sin perder el ritmo de sus deliciosas penetraciones… Lo sentí endurecer y bombearme más aprisa, haciéndome venirme de nuevo y él acompañándome con una abundante eyaculación, toda en el interior de mi panochita que le succionó toda su leche. Yo temblaba de gusto y lo besé en la boca con toda mi lengua, y cuando él me la sacó, sentí escurrir su leche entre los labios de mi ardiente papaya y bajar por mis muslos.

    En ese momento recobre la cordura, me limpié el bollo escurrido con un kleenex y acomodándome el vestido me lo bajé ya que lo tenía hasta la cintura al tiempo que cubrí mis tetas, esperaba que no estuviera muy arrugado, por fortuna no fue así. Lo besé de nuevo y le pedí que me diera mis calzones, pero no lo hizo, entonces le supliqué que regresáramos a la fiesta para que mi esposo no se diera cuenta. Dándome una nalgada me pidió que me adelantara y él iría después, así lo hice y al llegar a la mesa donde estaba mi esposo, este ni siquiera se percató de mi llegada pues ya estaba más borracho y seguía charlando con los otros dos hombres.

    Me acomodé con discreción solo que al hacerlo sentí que los dos tipos me miraban y me sonreían con complicidad, y creo que sabían lo que yo había hecho con Mario, me senté sonrojada y sentí escurrir de nuevo más leche de mi cueva… Mario llegó poco después y se sentó a la mesa como si nada hubiera pasado, la fiesta seguía y él me veía ahora con una sonrisa de complicidad que de cuando en cuando yo le devolvía. Me pidió bailar de nuevo con él y acepté; estando en sus brazos me pidió que me fuera con él, yo lo deseaba, pero como mi marido estaba allí no sabía qué hacer…

    Él me decía que me deseaba y yo también me quemaba por su tranca, sin temor alguno le pedí que se despidiera y que me esperara en la calle así nadie sospecharía y como mi marido ya estaba más que borracho no se daría cuanta de nada pues sería yo la que conduciría el automóvil, puestos en este acuerdo así lo hicimos…

    Llegamos a la mesa, Mario se empezó a despedir, pero mi esposo ya borracho se puso necio y no lo dejaba ir, al contrario, le dijo que nos fuéramos a nuestra casa a seguir la borrachera que ya se cargaba, lo malo es que también invitó a los otros dos, que para mi suerte no aceptaron, así los tres salimos de la fiesta. Prácticamente yo no me despedí de nadie pues abrazaba a mi esposo que se tambaleaba de lo ebrio que iba.

    Mario se despidió de los dos tipos y nos alcanzó en el estacionamiento después de despedirse de algunos conocidos, al llegar al auto de mi esposo vi se había traído de la fiesta una botella de ron, subimos al auto y sacó un vaso para ofrecerle otro trago a mi marido que de inmediato lo aceptó, yo me iba acomodar en la parte delantera para conducir, y al tratar de acomodar a mi esposo que seguía manoteando una de sus manos cayó directamente en mis nalgas lo hizo de tan mala manera que se dio cuenta que iba sin calzones.

    —¡Qué culo más sabroso tienes, cabrona!, espero que me toque comérmelo también… —y soltándome me dejo entrar y yo me apresuré, estaba muy confundida, pero al mismo tiempo me sentí más deseada.

    Ahora sabía que Mario iba a casa para metérmela, y no sabía si salir corriendo o prepararme para ser cogida hasta por el culo, ya que mi marido no podría ni mover un dedo si este bruto quería abusar de mí… Al entrar a casa mi esposo de inmediato se acomodó en la sala y Mario venía tras de mí manoseándome el trasero.

    —¡Oye mi vida, tráete unos vasos o copas para tomarnos otros tragos!…  —me dijo mi marido.

    Yo entré nerviosa e insegura me dirigí a la cocina, pero al hacerlo Mario se ofreció a ayudarme y fue tras de mí, no tardé ni estar tras la barra de la cocina cuando el amigo de mi esposo se me acercó por detrás y tomándome de la cintura me beso por el cuello, yo me volteé e intenté rechazarlo, pero él me atrajo hacía sí con fuerza y me besó; al separarse me dijo:

    —Ahora si que estoy seguro de cómo te la voy a meter putita, quiero probar de nuevo ese chocho que te cargas, ¡lo tienes de maravilla!…

    Todo estaba ya develado y ese tipo se había hecho la intención de emborrachar a mi marido y cogerme, y lo peor es que yo me estaba poniendo más que caliente con esta idea. Separándome de él tomé unos vasos y me dirigí a la sala, mi marido sirvió tres tragos y me ofreció también uno, yo lo tomé y empecé a beber con ellos.

    —Dany, pon algo de música para animar esto… —me dijo mi esposo más borracho que antes, así lo hice y regresé a sentarme.

    Los tragos siguieron, Mario me pidió bailar y lo hice, al terminar la pieza, le sirvió otro trago a mi esposo y siguió dándole de beber. Volví a bailar con él y me senté de nuevo, yo estaba ya más caliente y peda así que ahora me senté junto a mi esposo, justo frente a nuestro invitado y atrevidamente mostré mis ricas piernas y mis muslos, al fin si me iba a coger que viera lo que yo tenía para darle. Como estaba yo frente a él y a un lado de mi esposo, solo Mario me veía de frente, y cuando mi marido no me veía, abría mis piernas dejándole ver desde mi liguero y mis medias hasta mi panochita al descubierto, pues Mario me había dejado sin calzones en la cogida que me dio en la fiesta.

    A estas alturas estaba yo más peda, entonces mi marido se levantó para ir al baño y nos dejó solos, hice una seña a Mario para que me siguiera a la cocina, así lo hizo; fue conmigo y me empezó a besar allí, no me dio miedo, me estremecí de un placer malsano ser cogida y que mi esposo no se diera cuenta, ya me había pasado y eso era lo que yo deseaba. Aún con lo peligroso que esto podía resultar y sin embargo estaba mojadísima con los besos de mi invitado. Al escuchar el ruido de la puerta del baño regresé a la sala, vi que mi esposo venia tambaleante de la borrachera que se cargaba, como la música seguía sonando, tomé a mi marido de la mano y le dije:

    —Quiero bailar contigo, papi…

    Al hacerlo, me moví más de la cuenta, paraba las nalgas y movía la cadera insinuante, daba vueltas para que me viera, Mario que ya estaba de nuevo en la sala; entonces mi marido me pidió que ya nos sentáramos, así lo hicimos y sonriendo muy coqueta con su amigo le sugerí que me sirviera otro trago con la intención de que mi esposo bebiera más y con esto se fuera a dormir.

    —No, espera —dijo mi esposo— creo que mejor aquí le paramos yo ya estoy que me caigo de borracho…

    Mario entendió la indirecta y se despidió, pero yo lo acompañé a la puerta y allí lo besé y le dije:

    —Quédate papi, no te vayas por favor, quiero estar contigo, ¡lo deseo!… Espérame en el jardín por favor mi vida —Mario me besó y aceptó.

    Yo por mi parte regresé al interior de la casa, en lo que mi marido se iba a la recámara yo me hice que limpiaba los vasos y ceniceros de la sala, me fui a la cocina e hice ruido al guardar los trastos, pero solo era para provocar que le ganara el sueño de la borrachera; hice tiempo en la cocina y subí a la recamara, mi esposo ya estaba en pijama y acostado, yo me fui todavía al baño, me quité el vestido pero conservé puesto mi liguero y mis medias, yo sabía que esto calienta mucho a los hombres. Regresé al dormitorio y mi esposo ya estaba soñando, me puse un lindo negligé de color negro nuevamente.

    En menos de que se los cuento corrí al lado de mi nuevo amante y me fui a sus brazos, me subió mi batita y me miro la pucha, yo estaba temblando de excitación:

    —Ven mi vida, ven a la cama…

    Me acosté de espaldas y me abrí de piernas para él, mientras yo le mostraba mi rajita mojada. Mario se desnudó, me quitó la bata y me dejo solo en medias, liguero y zapatillas. Mi bizcochito depilado brillaba de humedad, mis senos macizos subían y bajaban de excitación. Se me subió y me empezó a besar, primero el cuello y atrás mis orejas, después en la boca con su lengua muy profundamente; sus manos me acariciaron y apretaron suavemente mis ricas tetas, luego me las mamó con toda la calma, mis pezones estaban ya duros de lo caliente que estaba.

    Me fajo delicioso, y sus besos de mis senos se fueron a mi vientre, me estremecí y abrí más las piernas, mi raja destilaba miel y pronto sentí la lengua del amigo de mi marido entrando en mi bollo, me lamía y me chapaba el clítoris; me estremecí y le rodeé con mis piernas por el cuello, mientras sus manos me acariciaban las chiches… Me estaba mamando deliciosamente y yo gemía, me volteó y en un rico sesenta y nueve yo empecé a mamarle la verga al tiempo que él me seguía chupando la concha, ¡pero yo quería más, quería que ya me metiera su deliciosa verga!, así que moviéndome me puse de espaldas y le ofrecí mi panocha mojada.

    Mario se posó sobre mí y en un arranque de placer me talló su garrote en mi raja, yo le jalé con mis piernas incitándolo a que me la metiera de un golpe, me sentí invadida, me estremecí y me aplastó delicioso para empezar un rico movimiento de mete y saca. Su dura verga me estaba enloqueciendo, me la metía con gusto y me hacía pujar de lo fuerte que me cogía, yo gemía y le pedía más y él me cañoneaba deliciosamente… Sus manos me tomaron por los tobillos y puso mis piernas en sus hombros irguiéndose para cogerme así, logrando con esto que sus embestidas me llegaron más profundamente.

    Me estuvo limando de esta manera tan rica hasta que ya no aguanté y le di mi orgasmo, fuerte e intenso mientras él me empalaba sin descanso, luego yo me moví y me puse de perrita, ofreciéndole mi papaya y mis ricas nalgas. Jalándome de las ancas me embistió nuevamente, su verga era un émbolo que no se cansaba y me seguía bombeando, ¡qué delicia para mí!…

    Yo gemía y le pedía que me cogiera con todas sus fuerzas, así lo hizo y de nuevo exploté, pero no me soltaba, al contrario, su macana estaba más dura que antes. Me moví de nuevo y lo recosté en la cama de espaldas, ahora yo le mamé la verga con maestría, se la chupaba y se la pajeaba al mismo tiempo; con mis manos y uñas le acariciaba sus huevos mientras no dejaba de chuparle su verga deliciosa.

    Así lo tuve un rato más, para luego montarme y darle mi cuca en ricos movimientos mientras él me apretaba las nalgas y me chupaba las tetas, yo seguí subiendo y bajando de su verga, montándolo y moviéndome como puta, mientras él estaba engolosinado y yo estaba enfebrecida, ¡qué rica cogida me estaba dando!… De pronto aceleré mis movimientos y empecé a contraer mi coñito en un nuevo orgasmo, esto lo calentó más y de pronto se vino dentro de mí, eyaculó abundantemente mientras me apretaba las nalgas y me metió un dedo en el culito, logrando con esto provocar mi orgasmo hasta que me dejé caer aturdida sobre él, sudorosa y jadeante, aunque quería que me siguiera cogiendo.

    Me desmonté y de mi panocha escurrió su semen, me lo froté en mi vagina batiéndome toda pero mañosamente me embarré también las nalgas, quería que me enculara y sabía que él también deseaba mi redondo abultado culo. Descansando un poco de esta cogida tremenda recuperamos el aliento, yo atrevidamente le tome la macana semierecta y se la chaqueteé, pero luego me baje a mamársela de nuevo. ¡Qué delicia, sabía a su leche y a mis jugos, estaba toda pegajosa y se fue poniendo durísima de nuevo!…

    Le di mis mejores chupetones para endurecerla más y volteándome le ofrecí mis nalguitas:

    —Ven mi vida, culéame como quieras papito, hoy soy tu puta… Cógeme como tú quieras…

    Al ver mis nalgotas y mi tremendo culo abierto hacía él, se colocó detrás de mí y me lamió la pucha, para después dirigir sus lamidas a mi culito que se me estremecía y se me contraía como invitándolo a profanarme. Se acomodó entre mis piernas y así como estaba yo arrodillada, me puso la gorda cabeza de su tranca en mi fruncido ano; primero me empujó suavemente y yo cedí, entro un poco más y sentí el rigor de su grueso garrote. Al ver que le costaría, me dio dos o tres nalgadas para que aflojara en esfínter, me abrió las nalgas lo más que pudo quedando mi culito bien abierto, acomodó su chilote en la entrada, se afianzó a mis ancas y me jalo, ensartándome la punta y un poco de su tallo…

    Yo pujé y el aprovechó para metérmela más, me tenía la mitad de la verga en el culo y me dolió, pero aguanté hasta que empezó a forzarme más, mucho más. Empujo y me la metió toda, yo sentí morir, pero me encantó, su verga era muy caliente y la tenía bien dura; me jaló un poco y me sentí que tiraba de los tejidos de mi recto, pero no dije nada, solo gemí de gusto, así que el entendió que me encantaba esto y empezó ahora sí, el verdadero trabajo de desbaratarme el culo a vergazos.

    Me sujetó con fuerza de la cadera y me jalaba al tiempo que me la hundía con saña, me trabo como un perro a una perra de hecho eso era yo para él, le daba el culo y el me lo estaba destrozando:

    —¡Así papito, rómpeme el culo, rájamelo todo, soy tu puta mi rey!…

    Mario reaccionaba a mi solicitud metiéndomela más y más, y yo gemía y jadeaba, estaba enculada y disfrutaba como pocas veces, ¡qué rico ser enculada!… Así estuve bastante tiempo, me vine de nuevo dos veces y por fin Mario me embistió más y más fuerte, entraba y salía con gran fuerza, yo lo sentí golpear mis nalgas con su pelvis y sentí como rebotaba para luego envainarme de nuevo una y otra vez… Mis gemidos eran intensos y sus jadeos me anunciaban que estaba por terminar, así que llegado el momento me cogió con furia causándome doler en mi culo pero al mismo tiempo haciéndome gozar mucho más; hasta que por fin su leche me bañó el recto.

    Me siguió bombeando a menor intensidad, pero sentía sus contracciones de verga en mi ano distendido, hasta que se vació y me la sacó de golpe. Mi culo estaba ampliado y sentí escurrir su leche de mis entrañas, me gustó y me quedé así, parando el culo… Él me besó todavía las nalgas y me metió el dedo en el ano para sobarme por dentro aprovechando lo resbaloso que me lo dejó con su semen. No sé cómo le hizo, pero incorporándose que me mete de nuevo la verga por atrás, me dolió y grité por lo distraída que me agarró más que por el dolor. Nunca pensé que me diera de nuevo, pero allí estaba dándome por el culo de perrito.

    Me siguió cogiendo así, no sé cuánto tiempo, pero ya era muy cansada la posición para mí, le pedí que me la sacara y que yo me montaría, así lo hizo, y se recostó. Poniéndome a horcajadas guie la cabeza de su verga parada hasta hoyo de mi culo, me empalé de un sentón y empecé a subir y bajar con su verga entrándome en el ano, sus manos entonces me llegaron al clítoris y me lo empezó a frotar; sus dedos me entraban en la papaya al tiempo que su verga se clavaba en mi recto hasta que me hizo venirme otra vez, y más abundantemente. Creo que esto fue suficiente para él ya que nuevamente eyaculó en mi culito y quedo al igual que yo, agotado…

    Descansamos un rato y nos fumamos un cigarrillo, yo me levanté adolorida y toda así me puse mi batita…

    —Mi vida ya es hora que te marches —le dije muy melosa— Pero háblame por teléfono para que esto se repita muchas veces, estoy agotadísima, pero me has llenado riquísimo papi.

    —Claro que te llamaré… ¡Estás que te pasas de buenota y además eres la puta más rica que he conocido y coges como ninguna!, te aseguro que seguiré siendo tu sancho por mucho tiempo…

    Se vistió y se fue de la casa no sin antes besuquearme en el portón mientras lo despedía, la verdad no nos queríamos separar, pero era ya bastante tarde, ya tendría yo oportunidad de darle las nalgas de nueva cuenta, así que sin darme mis calzones que me había quietado en la fiesta se fue y yo me metí a la casa para ir a acostarme junto a mi maridito que roncaba y ni cuenta se dio de lo rico que me enculó su amigo en su propia casa, desde luego hasta la fecha no lo sabe…

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