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  • Esclavo de mis dueñas Olga y Bea (2)

    Esclavo de mis dueñas Olga y Bea (2)

    Empezó la dominación de Olga y Bea sobre mí.

    Yo de alguna manera no tenía ninguna experiencia como esclavo. Es verdad que tuve una novia 4 años, quizás un poco dominante, pero nunca como lo es Olga.

    Yo siempre me he sentido sumiso ante las mujeres dominantes, es algo que ha ido dentro de mí, en mí vivir cotidiano. Ante una mujer conspicua, siempre caigo rendido a sus pies… y Olga es conspicua, pero a la vez majestuosa, divina, sublime, imponente, brillante, femenina, bella, deidad y por supuesto genial y maravillosa.

    Todas la mejores cualidades que pueda tener una mujer dominante, las tenía y las mantiene Olga. Ella ya me comentó que antes de conocer a Beatriz, tuvo a sus pies a una esclava. Lo que demuestra, que ya sabía dominar…

    Bea también me dominaba… pero no con la contundencia que lo hacía Olga.

    Lo primero, porque somos compañeros y en la residencia, nadie sabe ni sospecha tan siquiera, que yo pueda ser el esclavo de Bea.

    En la residencia, somos compañeros y punto. Así lo pactamos desde el primer día que me convertí en esclavo de Bea y de Olga.

    Continuando con el relato y la autobiografía de mis días como esclavo de Bea y de Olga. Podría decir que lo pasé bastante mal en un principio, pues para mí todo era nuevo… por un lado me sentía muy sumiso, quería adorar a la mujer, reconocer su superioridad… pero a la vez me costaba ser esclavo.

    Los castigos que me infligía Olga al comienzo de nuestra relación, a mí se me hacían durísimos…

    Por otro lado, a mis solas… también pensaba que era mi oportunidad de vivir todo aquello que siempre había soñado, cuando me he sentido sumiso ante una mujer.

    De los 21 a los 25 años, yo salí con una chica que se llama Mónica. Un encanto de mujer, un poquito dominante, pero nada que ver con Olga.

    Mónica me dominaba en el sentido de que tenía que ir dónde ella quería… a ella le gustaba mucho el cine, y raro era el fin de semana que no íbamos al cine. En el coche se ponía la música que ella quería… Si nos íbamos de vacaciones… ella decidía el lugar…

    Pero Mónica en realidad, no me castigaba, ni me humillaba cómo lo hace Olga.

    Desde que soy esclavo de Olga, mi vida a dado un giro por completo. Es ella la que hace y deshace, la que manda, la que controla, la que decide en todo momento. La que premia y la que castiga según su capricho. Según cómo le pille… dependo mucho de su estado de humor.

    De Bea hablo menos, porque el dominio de Bea es bastante llevadero. Bea es mucho menos dominante que Olga. Yo diría que Olga, de alguna manera también domina a Bea. Sé que se quieren mucho, eso lo sé. Pero yo desde fuera, veo que Olga es la que más decide, la que más dirige todo. La que lleva la batuta…

    Yo hace 4 años que soy esclavo de ellas y he de reconocer que Bea muchas veces ha sido mi apoyo, yo creo que sin Bea no hubiera podido aguantar el dominio que Olga ejerce sobre mí.

    El 2022, lo pasé con la odiosa jaula sobre mi pene cada dos por tres. Daba igual que hiciera mal o bien las cosas… era el capricho de mi ama Olga, llevar eso puesto y para mí fue algo muy tormentoso.

    Los castigos de Olga, eran muy continuos… Sobre todo, al principio fueron duros y constantes…

    Sus tremendas bofetadas eran el pan nuestro de cada día. Y a veces, no era sólo el dolor de recibirlas…era cómo se producía esa ejecución.

    Pues mi ama Olga disfrutaba castigándome. Ella misma me lo ha confesado varias veces.

    No siempre me castigaba por haber hecho algo mal, por cometer un error…

    Ella me castigaba muchas veces por placer, por demostrar su poder, porque le apetecía… y así sigue haciéndolo.

    Recuerdo un día que yo estaba preparando unos macarrones para ellas, era un sábado sobre las 2 de la tarde. Yo tenía puesta la mesa en el salón para ellas, con todo, con su vino, su agua, sus cubiertos, su pan, sus servilletas… Acababa de cocer los macarrones y ya tenía la salsa preparada, cuando entra en la cocina Olga. Yo dejo todo inmediatamente, me arrodillo ante ella, y sin venir a cuento, me da una bofetada bastante poderosa…

    Yo no me la esperaba, pero me aguanto, no digo nada. Y Olga… ¡zás…! Me vuelve a dar otra bofetada. Bea sale del baño, dónde estaba cepillándose el pelo, y le dice a Olga: ¿qué te hecho ahora Carlitos?

    Olga tranquilamente le dice a Bea, que yo no le había hecho nada. Que estaba aburrida y quería oír cómo sonaba mi cara…

    Bea le da beso y le dice: pues nada cariño, continúa que a mí no me duelen tus bofetones y se echaron a reír las dos…

    Por supuesto Olga siguió dándome bofetadas y exigiéndome darle las gracias, cada vez que me daba una.

    En ese piso de Getafe, ellas dormían en la habitación grande, que tenia de todo, armarios, mesillas, aire acondicionado, una cama de 1, 50.

    Mientras que yo, cuando me quedaba con ellas… dormía en una cama de 90, sin más nada. Pues ese era el cuarto que utilizaban para planchar y allí no había armarios, ni mesillas ni nada. Sólo una silla donde yo ponía mi muda y mis pocas cosas.

    Un día, les protesté porque hacía mucho calor en esa habitación, obviamente era verano… y contra todo pronóstico mi ama Olga reconoció que era verdad que esa habitación era calurosa y me propuso otro día dormir en el cuarto de ellas, por supuesto en el suelo.

    Así dormí varias veces, pues yo normalmente dormía en mi casa. Pero si me había quedado hasta muy tarde con ellas y al día siguiente entraba en el mismo turno que Bea, me quedaba en casa de ellas y así al día siguiente iba con Bea al trabajo.

    Pero no era fácil dormir en el suelo toda la noche con un triste cojín cómo almohada y después de estar allí, ir a la residencia 8 horas a trabajar. Se hacían las horas eternas…

    Claro, que peor era tener que pasar toda la noche de rodillas al lado de la cama de ellas, castigado haciéndoles una vigilia, que se trataba de permanecer arrodillado mientras ellas dormían. Pero no de rodillas, sentado sobre mis piernas… que sería más llevadero. ¡No!

    Se trataba de estar arrodillado en posición de firme, sin poder hacer nada. Únicamente viendo cómo mis amas dormían y descansaban.

    Viendo cómo pasaban lentamente las horas, minuto a minuto…

    Si me entraban ganas de mear, tenía una botella de agua de esas de 5 litros por supuesto vacía, para mear en la botella, pues mi ama Olga quería al despertar verme así arrodillado, sin más excusas.

    Era un suplicio ese castigo. Yo ese castigo y lo de la jaula para el pene, lo llevaba fatal.

    Un castigo que me impuso un día mi ama Olga. Fue dormir boca arriba en el suelo al lado de su cama, pero con unas pinzas de esas de la ropa puestas en mis pezones, otras puestas en mis orejas, otras puestas en mis labios , también me puso dos en cada ceja y en la parte de las axilas… y así tuve que pasar esa noche. Fue espantoso, pero, aun así , pude llegar a dormir.

    Bea también tiene su carácter y su genio, aunque lo saca a pasear muy de tarde en tarde…

    Un día habíamos coincidido en el mismo turno Bea y yo. Y cuando eso sucedía yo solía llevarle a su casa de Getafe a Bea.

    Ese día, Olga le había enviado un WhatsApp a Bea, diciéndole que iba a ir a ver a su madre un rato esa tarde.

    Y Bea me dijo a mí, que quería que esa tarde yo le hiciera una pedicura y le diera un masaje en los pies.

    Yo lógicamente me puse con la pedicura, preparé un barreño con agua tibia para los tener a remojo los pies de Bea, le retiré las callosidades, y las pieles muertas, le arreglé las uñas de sus pies a Bea, se las recorté, se las limé, le di un buen masaje de pies, pero al pintárselas… no se las dejé cómo Bea quería, pues la verdad es que estuve mucho tiempo arrodillado ante ella mientras le hice la pedicura, y el caso es que Bea me mandó volvérselas a pintar.

    Yo estaba cansado y se lo hice saber a mi dueña Bea, pero ella me dijo que me dejara de historias y que se las volviera a pintar bien.

    Yo medio roto, le volví a pintar las uñitas de sus pies a Bea y esa vez pareció que sí lo hice mejor y le gustó. Pero cuando terminé, Bea me dijo: ves, ahora sí me gustan. Cuando quieres lo haces bien. Pero por no haberlo hecho antes bien, te tengo que castigar…

    Coge el cuaderno de castigos, me dijo. Yo fui a por el cuaderno y me hizo escribir: “tengo que aprender hacerle mejor la pedicura a mi ama Beatriz” y añadió: eso quiero que me lo copies 500 veces.

    Yo me quedé pálido… y le dije: por favor, Bea… No estarás hablando en serio… 500 veces es mucho castigo.

    Y Bea me dijo: pues a Olga varias veces se lo has tenido que copiar 500 veces y no has dicho nada…

    Yo le contesté: pero es que no es igual, ya sabes cómo se pone Olga… tu eres más coherente, eres otra cosa…

    100 veces, 200 veces está bien… Pero 500 veces es una pasada de castigo. Voy a tener que estar hasta las 4 o las 5 de la madrugada copiando el castigo.

    Y Bea me dijo: ese será tú problema, pero lo quiero 500 veces. Yo no voy a ser menos que Olga, a ella se lo copias sin rechistar y yo quiero el mismo trato. Yo intenté convencerla, pero me fue imposible, sólo conseguí que me diera cuatro bofetadas, cosa que nunca hacía Bea.

    Tuve la suerte, que al día siguiente yo no trabajaba y me daba ese día de margen para copiárselo. Pero se lo tuve que copiar las 500 veces.

    Otro día Olga me ordenó ir por la tarde a su casa después de salir de trabajar, para hacerles la cena y servírsela. Eso lo hacía normalmente, cuando al día siguiente no tenía que trabajar. Y esa vez, así sucedió.

    Yo salí de la residencia y me fui derecho a Getafe, a casa de mis amas.

    Ese día estaban las dos, pues Bea había librado ese día, yo entro y las saludo. Me dicen que quieren cenar una ensalada variada, lechuga, tomate, cebolla, atún, huevo duro y aguacate.

    Yo sé la preparo. Y de segundo quieren pechuga de pollo a la plancha con un poco de arroz blanco.

    Yo se lo voy preparando todo, voy poniendo la mesa para ellas, como de costumbre en el salón.

    Y en un momento dado, entra Bea a la cocina para ver si había unas velas en uno de los cajones…

    Efectivamente, encontró las velas, me las dio para ponerlas en la mesa dónde iban a cenar… y de repente Bea me dice:

    ¿tú, por qué no te arrodillas delante de mí?

    -mi ama, yo normalmente no me arrodillo delante de ti. Le digo yo.

    Bea, muy raro en ella, me da una bofetada y me dice, que a partir de ahora tendré que arrodillarme también delante de ella.

    Yo por supuesto me arrodillo, le pido perdón. Y Bea me manda servirles la cena en el salón, con la velas encendidas.

    Yo les sirvo la ensalada en una fuente que pongo en el centro de la mesa y les pongo en cada plato el pollo a la plancha con la guarnición del arroz blanco.

    Después me voy a ir a la cocina, para recoger y fregar lo que había ensuciado, pensando que ellas querrían solas…

    Pero Bea me llama y me dice: ¿tú dónde vas? Yo arrodillado ante ella, le digo: voy a recoger la cocina mi ama Bea.

    Y ella me dice: eso lo puedes hacer luego… ahora te quiero aquí, así de rodillas mientras nosotras cenamos…

    Yo me quedo allí arrodillado, mientras ellas cenan… y enseguida mi ama Olga me hace un gesto con su dedo para que me acerque a ella, yo obedezco, me acerco… y ¡zás! De repente una bofetada. Mi ama Olga le hace un gesto a Bea, cómo diciendo… ahora te toca a ti…

    Bea me dice: ven, acércate… Yo obedezco, y… ¡zás! Otra bofetada, ahora de Bea. Olga le dice: joder tía, que bien a sonado…

    Y me ordena Olga, volver hasta dónde está ella. Yo acudo y otra vez… ¡zás! Otra bofetada. Bea le dice a Olga… pues la tuya no ha sonado nada mal…

    Y otra vez me manda ir a su lado y otra vez me vuelve a dar otra bofetada… y así se divirtieron un buen rato.

    Lo que nunca olvidaré, es la noche vieja del 2022 en casa de mis amas… yo les había preparado la mesa grande con varios aperitivos, luego tenían espárragos con mahonesa, cuatro langostinos al lado y dos raciones de salmón que les hice a la plancha con setas. Habían cenado bastante bien, pues yo les había preparado varios canapés de foie, de salmón ahumado, de anchoas… unos pinchitos de tortilla de patata… Y la verdad es que todo les gustó. Estaban contentas. Pero más contentas se iban poniendo con la sidra, y con una botella de lambrusco que les serví.

    Mientras ellas cenaban, yo tuve que permanecer de rodillas junto a ellas, y de vez en cuando me echaban al suelo un canapé o un trozo de tortilla para comer yo algo… Cuándo fueron a dar las campanadas, ellas ya estaban “contentillas”. No digo borrachas, pues mentiría… ellas controlaban y sabían lo que hacían, pero estaban un poco más alegres de lo normal. Y Olga cuando ya se acercaban las campanadas me dijo: ven, acércate, que este año te voy a dar yo las campanadas a mi manera… Y bien que me las dio…

    Yo estaba de rodillas frente a ella, que estaba sentada en una de las sillas del salón comedor. Y cuando llegó el momento, por cada campanada que daban, en lugar de comerme una uva, mi ama y dueña Olga, me daba una bofetada. Obviamente me dio las 12 bofetadas y acto seguido me ordenó besar y lamer sus pies, pues quería empezar el año conmigo besando sus pies.

    Esa misma nochebuena a la 1 de la madrugada, en RTVE, conectaban con Canarias, para dar allí las campanadas, pues ellos comienzan el año una hora más tarde… y en ese caso fue Bea, la que me atizó otras 12 bofetadas, una por cada campanada.

    Esa noche me humillaron de lo lindo… La sinarquía triunfó con el poder de mis amas.

    Mi dueña Olga me tuvo un montón de tiempo lamiendo sus pies de rodillas, mientras mis amas se besaban en el sofá. Cuando ya no supo que mandarme, mi dueña y ama Olga, me ordenó lamer las suelas de sus zapatillas.

    A mi sinceramente me daba cierto asco, lamer las suelas siempre sucias de unas zapatillas… intenté pasar por alto esa orden, pues mis amas estaban muy contentas a esas horas y pensé que mi ama Olga no se iba a dar cuenta, pero me equivoqué.

    De repente mi ama Olga me dice: perro, te dado una orden. Yo ya al escucharle llamarme perro, sabía que la cosa no iba bien.

    Pues me llama perro cuando se enfada o cuando trama castigarme severamente…

    Yo le dije: es que nunca he lamido unas suelas mi ama, me da mucho asco… Por favor se lo ruego…

    Pero mi ama Olga me dijo: no te lo voy a repetir dos veces… Y rápido tuve que lamer no solo las suelas de sus zapatillas, si no también las de mi ama Bea.

    La noche de reyes, me tuvieron las dos haciéndoles la pedicura, recortándoles las uñitas de sus pies… y dejando los recortes de sus uñas en una cajita.

    A mí aquello me extrañó mucho, pero no le di importancia. Yo con el cortaúñas les iba recortando las uñitas de los pies, que iban cayendo a una toalla que yo había colocado bajo sus pies. Mi ama me dio una cajita muy pequeña y me dijo: echa aquí los recortes. Yo los fui depositando en esa cajita… y al final cuando acabé de hacerles la pedicura… mi ama y dueña Olga, me mandó comerme todos los recortes suyos y los de Bea.

    Esos son tus reyes, me dijo mi ama Olga. Y añadió: estarás contento, anda que no tienen tus amas detalles contigo…

    Yo tuve que agradecerles ese gesto , ese detalle y así fue mi noche de reyes.

    Otro día que recuerdo fue el 14 de febrero del 2023.

    Mis amas iban a ir a cenar fuera esa noche y mi ama Olga quería que le limpiase unos zapatos. Y me dijo: los quiero impecables, quiero ver mi cara en esos zapatos…

    Yo me puse a limpiarlos, se los dejé impecables, pues le limpié hasta las suelas. Y cuando se los enseño, mi ama me dice: no veo aquí mi cara.

    Yo le digo: pues se los he limpiado bien, mi ama, los he limpiado a conciencia, creo que están impecables, como usted me mandó mi dueña Olga.

    Y ella me contestó: sí, ya veo que están limpios, muy limpios… pero no veo mi cara en los zapatos.

    Yo le dije: es que nunca podrá ver ahí su cara, son zapatos, no espejos…

    Y dándome uno de sus fuertes bofetones me dijo: no me hagas enfadar, lo que te pedido es algo muy fácil, muy simple, muy sencillo… sólo te he ordenado ver mi cara en los zapatos… y añadió: creo que es algo sencillo, no hay que estudiar para eso…

    Yo le insistí: pues se los he limpiado a fondo mi ama Olga, se lo juro. Yo los veo muy limpios.

    Entonces mi ama me dijo con voz fuerte: cállate perro, ya veo que eres basura, no vales para obedecer a tu ama. Y añadió:

    Te he dicho, que quería ver mi cara en estos zapatos, nada más. Y es algo súper sencillo. Te lo voy a demostrar ahora mismo.

    Y efectivamente me lo demostró…

    Cogió una foto de carnet que tenía en un cajón del salón, la metió dentro del zapato y me lo enseñó, diciendo:

    Ves que fácil… ¿ves ahora mi cara en el zapato? ¿entiendes ahora qué lo que tú ama te pide, no es nada difícil?

    Yo empecé a suplicarle, a pedirle perdón, le rogué, le imploré, pero ese día su fusta me hizo un daño atroz.

    Mi ama Bea estaba trabajando y no pudo acudir en mi defensa. Mi dueña Olga ese día se cebó conmigo, me dio con la fusta una tremenda paliza y no contenta me dio varios correazos y un montón de zapatillazos. Era la primera vez que la veía castigarme así…

    Cuando paró y cesó su castigo, yo prácticamente llorando me arrastre a sus pies implorando su perdón. La verdad es que estaba cómo en fuera de juego, no entendía nada, mi mente me daba vueltas… Estuve al menos dos minutos besando los pies de mi dueña Olga, implorando su perdón.

    Por fin mi divina dueña y ama Olga, quiso ser misericordiosa conmigo y me tuvo compasión. Me perdonó y por primera vez la sentí que me trató con un poco de cariño…

    Ella misma me decía: hoy tú ama ha tenido que castigarte bien, no has sabido obedecerla y se ha enfadado un poco, pero bueno, ya te ha perdonado.

    Yo le agradecí todas y cada una de sus palabras, pero la realidad es que estaba hecho polvo, tenía el cuerpo destrozado… estuve tres días bastante dolido… cogí bastante miedo a los castigos de mi ama y dueña Olga. Pues a los pocos días se hizo con dos varas de abedul, y me hizo ver las estrellas a las 12 de la mañana.

    Con esas varas me azotaba el culo, las piernas, las plantas de los pies… me hacía un daño terrible, me hizo llorar varias veces de impotencia por no saber aguantar sus castigos… me dolían mucho, pero cuando el dolor remitía un poco, volvía arrastrarme a los pies de mi dueña.

    Ya han pasado 4 años y la admiro y la adoro más cada día. Si es cierto, que no me castiga como antes, sólo muy de vez en cuando, por antojo o por capricho. Ella ya me conoce bien y yo también a ella. Bea también de alguna manera es benevolente conmigo. Son 4 años conociéndonos y aceptando cada uno nuestro rol.

    Una vez más les doy las gracias a quienes os habéis interesado por mi sentir, dentro de este mundo de la sinarquía.

    Siempre he creído en el poder de la mujer. En su infinita superioridad.

    No hay regla sin excepción, lo sé. Pero la mujer en la mayoría de las ocasiones va muy por delante…

    Es inteligente, astuta, valiente, decidida… Siempre se dijo, que tiene un sexto sentido…

    Yo ahora la estoy conociendo mucho mejor, más de cerca y a mis casi 30 años, soy un devoto admirador de la mujer.

    ¡Gracias!

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  • Relato de amantes maduros

    Relato de amantes maduros

    Es exquisito, saborear un buen platillo.

    Te vi deleitándote a casa instante, como fuiste saboreando cada milímetro de el, cada toque de tu boca, de tu lengua, de tus labios, fue la exquisitez de un delicioso platillo, saborear cada parte, que gusto, entraba hasta el fondo y lo sacabas todo, sentía ese platillo la sutileza de lo que engullías, la tibieza y humedad de tu boca.

    Cada acción era una caricia jamás sentida, comiste y saboreaste por casi una eternidad en un breve instante, lamias y chupabas, besabas y engullías eso que tanto te gusta y tanto placer te provoca.

    Fue la maravillosa experiencia tan deliciosa, a punto estuve de empujar tu rostro a las mieles del pastel que tanto admiras, y llenar tu rostro de lo que habías provocado, inundarte a ti también del encharcamiento que tú hiciste y atascar tu cara ahí mismo.

    Su lengua en la rugosidad inferior y la textura y suavidad del otro extremo, recorrer con la lengua de un punto a otro, entrar la punta y luego todo, entrar y salir hasta provocar la anchura y rigidez de aquel platillo saboreando palmo a palmo con la lengua fue el éxtasis que provocó la acción subsecuente, lo disfrutaste y viste como brotaba de su interior y la hinchaba toda y se sobresaltaban las proporciones era tener un platillo solo para tu goce y disfrute, es lo máximo que puedes probocar a tu platillo.

    Que barbaridad dirían. Y que riquísimo es saborear algo así, nadie lo hace y lo goza tanto como tú quieres y lo disfrutas. Está será una marca en la historia de tu vida, deleitarte así de esta manera, y seguro estoy que lo estarás pensando también desde ahora. Felicidades

    Después de la descripción viene el diálogo entre los amantes.

    -hola, estás ahí

    -buen día

    -ya me levanté

    -hola buenos día yo voy despertando

    -a dios gracias…

    -si

    -sabes llegué a casa dormí y al querer salir estaba ponchada mi llanta tuve que ir a parchar.

    -¿otra vez? Jajaja

    -mi llanta

    -jajaja

    -pensé en ti y siempre pienso en ti, lo tengo amarrado a tu calzón, y tú amor, yo cumplí esa fantasía que tenía contigo y te la describí

    -yo ando escurriendo leche, mi cosita también está pensando en ti

    -¿pero estás relajada tranquila y feliz?

    -me encantó provocar ese orgasmo y ver como sale tu lechita como un volcán

    -si jajaja

    -ves lo que provocas

    -que rico

    -ya leíste mi relato, es delicioso

    -lo estaba leyendo

    -eso sientes, no dije pito conste, pero se sobre entiende

    -sabes pensé en poner la leche en el rostro pero no quería mojar mi cabello, para ambos, también pensé lo mismo, embarrarte la cara en el pastel

    -si

    -pero dijiste que no te ibas a mojar el pelo, para la otra si lo haré, y pensé, al menos lo disfruto, comerse a un hombre por placer

    -ya me falta mi mascarilla de lechita

    -si claro… Cuando jajaja

    -es rico sentir como tus venas se hinchan

    -sabes ya no es lo mismo. Así no es la leche de macho, sabes, antes, eran blancas, hasta amarillas o color hueso, con un intenso olor a cloro, y ahora es nada, puro líquido, lo blanco eran los espermas, la población de hijos es prácticamente nula, ya no tengo hijos, no salen, pero si disfruto echarte lo que sale de mis improductivos guevotes, ¿o no sabías eso?

    -el hombre es fértil siempre que eyacule así sean poquitos según tu en la primera venida salió mucha leche

    -ves como me pasmo, mi cuerpo se contrae y aprieto las piernas y el culo y comprimo las nalgas y se contraen.

    -es verdad, fue el segundo palo.

    -lo olvide…

    -pero mira que con estos años y tener 2 orgasmos es wow

    -ok, pues por qué yo no puedo embarazarme pero en cualquier mujer fértil ten por seguro que le harías un chilpayate, yo quedé satisfecha me vine rico, estaba necesitada de sentir tu verga dentro de mi cuando entra es lo más delicioso… Tu verga acaricia mi panochita es una caricia para mis sentidos, despiertas mi sentido del tacto, de la vista, del olfato, del gusto y escucharte gemir de placer y me ayudas a hacer mis ejercicios a qué se ponga fuerte mi suelo pélvico al apretar tu verga con mis paredes vaginales.

    -sí es una delicia la verdad déjame decirte que es un verdadero placer y vivir la vida

    -ayer me preguntó una: ¿cómo te fue en tu cumpleaños? -le dije hoy no sabes disfruté de la vida tan rico que terminé bien cansado hasta me dormí

    -y me dice: ¿pues qué hiciste?

    -le digo mira fui a chalco de una deliciosas enchiladas verdes con tortillas hechas a mano con huevo de yema de pollo y después también unas de mole todo delicioso no sabes qué ricura.

    Después chalco pasé a comprar algunas cosas pues le dije a juanita que estaba yo ahí y a ver qué se me pegaba y se me pegó unos capulines que tanto le gusta una pieza de yuca que también le encanta unos tlacoyos de haba queso requesón medio de cecina para mi hija que le gusta pase a elektra también apagar el seguro y regresé a casa muy cansado

    -ah qué bueno me dice

    -jajaja

    -si supiera, se moriría de envidia

    -jajaja, jajaja

    -sí fue muy rico sentir como tus labios se contraen en la parte interior de la vagina como aprietas eso le dicen perrito pero fue delicioso

    -¿perrito? Jajaja, ¿por qué le dicen así?

    -o que tal si se le antoja, y más al saber que tienes hasta 2 orgasmos y que eres un cabron cogelon y bien cachondo

    -¿si no has leído eso? No fíjate eso no lo he leído no sé quién puede ser eso, a estos años echarse dos palos será mucho o poco

    -y pararse al siguiente día y que en el otro pues amaneció como poste telefónico ha de ser extraterrestre ese hombre que tienes tú

    -sabes me da gusto que me digas así porque me siento joven pero yo creo que más bien es la vitalidad o la energía y la salud además de una rica y deliciosa mujer más joven y caliente que me excita y me hace venir tan delicioso.

    -muchas gracias yo creo que ahora sí celebré como nunca, pues no me acuerdo que hacía en los otros que tuve

    -pues mi pareja desde los 35 años comenzó a tener problemas de erección, siempre pasa eso ¿no? Que al otro día como que tenemos más ganas ¿no crees?

    -a esa edad cómo crees yo a esa edad fácilmente podía disparar hasta siete veces máximo porque ya no tenía tanta capacidad en la espalda pues si no hubiera llegado hasta los 10 pero mínimo cinco fácil y además déjame decirte que sí parecía cajón que no cierra, pero ayer te di de comer tres chiles

    -jajaja, pero de los 3 el primero fue el más rico, me lo chupé sabroso, y sabes que me vine al mamarlo, mmmm delicioso, delicioso está tu pito amor me encanta

    -si, ya vi.

    -y no pensé que tanto te guste, ah sí eso no supe, solo sentí que cuando me fui a lavar sentías rico en tu panocha, y pensé que necesitabas

    -y te sentí decir, mételo de nuevo, pero me sentí sucio, lleno de semen, lechoso, guacala de perro, jajaja

    -Lo estaba mamando no manches, tu super excitado despides hormonas, ah si, me sentiste, y era como si me estuviera tocando el clítoris, o las sentiste, que delicia

    -Era coger sin tocarte a ti, delicioso, por eso sientes cuando nos conectamos por chat

    -Y solté la verga al sentir como mi panochita tenía orgasmo

    -Muy interesante, si fue una super mamadota bien cabrona, eres bien chingona me cae que no te dure ni pal arranque.

    -Jajaja

    -Yo me vine a mil

    -Y ver como te venías dije wow nuestros sexos están conectados, siii

    -Ya has visto cuando me masturbe en video

    -Si

    -Ahora en vivo frente a una mujer es delicioso, es un placer perverso, debería estar adentro de ti, es excitante, golosa, cachonda, sabrosa, como yo

    Que rico fue cogernos así.

    Gracias.

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  • Economista y prosti: Inauguración familiar de Puticasa y Asesoría

    Economista y prosti: Inauguración familiar de Puticasa y Asesoría

    La solicitud que me encantó de Sam acerca de almorzar todos los jueves los tres juntos, iba a traerme problemas, ya lo imaginaba. Y ocurrió. Cuando el lunes le dije a mi jefe que quería liberar dos horas cada jueves, para almuerzos de trabajo con mi esposo “y otros ejecutivos de la compañía” a consecuencia de su ascenso a Director, no le gustó nada.

    Le hice ver que desde luego mi agenda se mantendría escrupulosamente al día y yo seguiría preparando mis intervenciones en las reuniones públicas, como siempre. De hecho ya estaba lista antes de la fecha, la ponencia sobre “Perspectivas del nuevo Gobierno en lo económico financiero”; y tengo casi terminada, con un mes de adelanto “¿El oro, último refugio antes del abismo?”.

    Pero aún así su postura era que “si por mí fuera te diría que no, pero el Gerente General te protege, no sé hasta cuándo, y aunque seas excelente funcionaria, esto no me gusta… ya se verá el futuro…”

    Moraleja, esa noche lo hablé con Tommy y convinimos en acelerar una inversión que vengo ejecutando hace meses.

    Compré a excelente precio una casa casi ruinosa en Ciudad Vieja de Montevideo, y la estoy remodelando (es la que Sam me prometió equipar como regalo), y decidimos dar todo vapor para inaugurar en mediados de marzo o algún día más.

    La casa cumplirá doble función: respaldo de mi actividad como economista. Si mi jefe actual se pone muy pesado renunciaré y abriré mi propia asesoría de inversiones privadas y pronósticos macroeconómicos para individuos o empresas. Y por otro lado, una casa con placa de Asesoría en la puerta, es ideal para recibir a mis clientes en días de semana, en forma reservada para ellos y segura para todos.

    No fue fácil encontrar la casa ideal, yo quería algunas condiciones no negociables, a saber:

    Sala de recepción con buen tamaño, para, con tabique de yeso dividirla y hacer una pequeña secretaría y sala de espera, mientras el resto sería mi despacho privado. Un baño en este nivel y una pequeña kitchinette. Un primer dormitorio en esta planta sería un plus, pero no era imprescindible.

    Planta alta, con buena escalera (requisito fundamental e imprescindible, ya imaginan por qué), hacia un dormitorio en planta alta, con baño en suite. De ser posible, la escalera debería llevar a un pequeño “balcón interior” con vista a mi escritorio de planta baja, y ese balcón daría acceso a la suite, en realidad mi putidormitorio, donde atender a clientes y algunas noche pasarlas con Tommy si lo deseábamos. Busqué casi dos meses en 2024, agosto y septiembre, compré con excelente precio y financiación y comencé las reformas y mejoras. Una ventaja adicional: la casa elegida sí tiene un dormitorio más en planta baja.

    Hubo que poner mucha imaginación, una arquitecta amiga ayudó, y para mediados de febrero, cuando decidimos acelerar, ya faltaba poco de obra civil.

    Debo volver a hablarles de Sam. Reconozco que superó todas mis expectativas. Por su desempeño, que me encantó; por su generosidad en lo que me prometió, nada menos que amueblar toda la casa, y por su buena onda, nada de estrella ni de aquí mando yo.

    Su permanente buen humor, llamando, con buena onda a Tommy como “Director” etc.

    Y no menos importante. Tanto que el lunes siguiente al sábado en que lo seduje, ya me estaba llamando para conversar un rato, hacerme presente cuánto le gusté, su impaciencia ante el tiempo que faltaba para el almuerzo del jueves, ya institucionalizado.

    Lo cierto es que, para actualizarlos, al día de hoy que escribo esto, martes 8 de abril, la Oficina ha sido inaugurada, lo cual les relataré a continuación, puede que me lleve dos relatos; he renunciado a mi trabajo fijo (es mucho más redituable disponer de tiempo para más clientes, y con mi jefe ya no había acuerdos); tengo mi propia Asesoría Estratégica Económico/Financiera, y mantengo mis puticlientes, y ya verán cómo voy incorporando algunos nuevos.

    La situación actual: Lo conversamos mucho con toda la familia, lógico madre y suegra no saben “ciertos detalles”, pero decidimos con Tommy y el resto que renunciara a mi trabajo y me instalara, para no competir con mis ex empleadores, haciendo asesoría más bien estratégica y dirigida sobre todo a empresas. De momento ya tengo algunos clientes .

    Mi segundo oficio, de putifina, lo ejerzo de manera más cómoda, tengo todo mi tiempo libre y mi propio lugar. Ya he incorporado, gracias a la reunión de inauguración, dos clientes nuevos. Tener todo el día disponible hace que mis clientes, en general casados, puedan concurrir más frecuentemente (y eso me significa mucho más ingresos).

    Sigo manteniendo mi elenco familiar, mi amor y esposo Tommy, mi suegro y mi papá. Y mis dos “beneficiados” sin obligación de pago, pero que me hacen regalos, Ricardo, Ric, mi primer hombre fuera del matrimonio, que me regala 1k dólares a cada visita; y Sam, el director general y dueño de la compañía donde Tommy ha ascendido a Director, quien puede cogerme libremente y gratis, obvio, pero que compró todo el amoblamiento de la nueva oficina y en cada encuentro me regala igual o más que mi tarifa. Siempre dice “no importa que seas la esposa de Tommy, una putita así merece ser bien tratada y mantenida contenta”. ¡Y yo orgullosa y feliz!

    La oficina de mi propia compañía, como me gusta decir, “con putidormi incluído”, tuvo tres inauguraciones.

    Primera inauguración.

    Nada menos que con mi familia, tanto real como sexual. Una hermosa tarde con Tommy (que se tomó la tarde libre para mí, aunque pagamos un cierto precio), mi suegro Tomás y mi papá.

    Obviamente, poco de nuevo podíamos hacer, pero sí aprovechamos para probar que todo funcionara a la perfección, sobre todo el televisor gigante de mi escritorio que está destinado a hacer proyecciones para mis clientes de Asesoría, y que de paso, servirá para proyectar la acción del dormitorio, si hay en la oficina alguien que quiera ver.

    Fueron llegando, los saludé con sendos besos de lengua, me había preparado linda, con vestido liviano, sin nada debajo. Ya Tommy me había manoseado un buen rato. Cuando llegaron, por separado, papá y Tomás, hicieron lo mismo.

    Recorrimos toda la planta baja, todo, planta baja y planta alta amueblado por cuenta de Sam, elegimos muebles lindos pero no ostentosos

    Y nos fuimos acercando al momento tan esperado de coger en el nuevo dormitorio de planta alta. El dormitorio de planta baja lo reservaré para casos especiales o invitados tipo Mary si quiere recibir algún cliente de ella.

    Primero nos ubicamos en el sofá de planta baja, con papá y Tommy, besos, caricias, lenguas entrelazadas y caricias mías a sus bultos, aún con pantalón puesto. Luego Tommy dejó su lugar a Tomás, y él encendió el televisor y se fue a preparar la conexión desde el dormitorio superior. Tomás optó por acariciarme la concha mientras me besaba, y papi me acariciaba las tetas por encima del vestido.

    Cuando Tommy bajó, les dije que iba arriba a cambiarme, y que se fueran desnudando. La cámara de un celular, ya transmitía imagen del dormitorio al televisor de 75 pulgadas. Imagen impecable. Mientras tanto, les pedí que vieran mientras yo subía la escalera, para asegurarme el efecto buscado.

    La idea es que una se luce ampliamente subiendo escaleras, las piernas y los glúteos se tensan, y con minifalda, normalmente quienes estén abajo logran ver perfectamente el culo de la dama que sube. Lo principal era chequear que el vestido fuera lo suficientemente mini para garantizar vista total y utilizarlo como referencia para otros outfits.

    Ya a mitad de la escalera, se oyó a mi papá: “esa es mi hija”… y Tomás: “que gambas y que culo” (nota: gambas es una manera común de referirse a las piernas de alguien).Llegué arriba entre aplausos, fui al dormitorio y alisé la cama (con Tommy habíamos cogido la noche anterior), les hice un guiño y me desnudé frente a la cámara. Sabía que Tommy haría pequeñas tomas de video o fotos a la pantalla de TV y se las pasaría a Sam, regalo su tarde libre.

    Fui al baño a vestirme, vestirme es un decir. Me refresqué, repasé mis cabellos, y me coloqué una bata blanca absolutamente translúcida.

    Pasé frente a la cámara, ostensiblemente sacudí mis tetas, y salí al balcón interno sobre el salón oficina donde estaban ellos.

    Me acerqué a la baranda, y con el índice derecho les hice la señal inequívoca de acérquense. No habíamos convenido como sería la fiesta. Tommy ya me había cogido y decidió permanecer abajo tomando videítos y fotos a la imagen de la tele. Papá se adelantó, desnudo, erecto; y si bien me pareció que mi suegro dudó en seguirlo o no, se sentó al lado de Tommy, ambos en bóxer, pero visiblemente de pija parada.

    Papá subió casi corriendo ja ja, no es lo mismo ver a una mujer subir la escalera que a un hombre desnudo.

    Siempre en el balcón interior, se acercó a mí y a la vista de padre e hijo, nos comenzamos a tocar y a besar de lengua. Mi bata no tardó en caer al piso, Tommy tomaba fotos y las seguía pasando a Sam.

    Me apoyé en la baranda del balcón dejando que mis tetas se lucieran apuntando al vacío, y por detrás papi restregaba su verga entre mis glúteos, a veces llegando a mis labios vaginales.

    Luego se dedicó a acariciar mis tetas siempre conmigo inclinada sobre la baranda del balcón interior. Las fotos que vi luego, son espectaculares.

    Nos fuimos al dormitorio, con papi acariciándome las nalgas mientras caminábamos besándonos.

    Llegamos a la cama y caímos sobre ella. Me puse de costado para estar frente a la cámara, mientras acostado detrás de mí, papito me acariciaba las tetas y la concha. A veces yo giraba la cabeza y nos besábamos.

    Nos incorporamos, y de rodillas, me dediqué a homenajear su paternal verga con mis labios, me aseguraba de salir en cámara, y deslizaba mis labios arriba y abajo por el miembro que me dio vida. Luego me acosté boca arriba y le pedí que se sentara sobre mi boca para lamer un rato sus huevos. ¡Estaba on fire, desesperada!

    Luego lo guie a lamerme la concha y cuando ya no daba más de excitada, lo monté. Quedamos de perfil a la cámara y mientras yo subía y bajaba como poseída, él me acariciaba las tetas y a veces nos besábamos.

    Me salí de él y nos pusimos en cucharita, de frente a la cámara del celular que nos filmaba, apoyados sobre nuestro lado derecho, pasé mi pierna izquierda sobre la de él. Luego vi en la filmación con que buen grado de definición se veía todo, incluso cuando su verga dura pasó entre mis piernas y lentamente volvió a meterse en mi gruta de amor, totalmente bañada de flujo.

    De mayor a menor, cada vez más rápido, me bombeaba desde atrás, hasta que tensó sus piernas y me dejó su maravillosa leche bien adentro.

    Logró bombearme unos segundos más, mientras me estrujaba las tetas. Se salió de mí, y dejé que la cámara captara unos minutos como su verga fláccida se salía y era seguida de escurrimiento de fluidos.

    Me di vuelta y quedé de frente a él, segura de que mi culo y espalda resaltarían en cámara. Nos besamos largo rato, le di mis tetas a chupar, sé bien cuánto le gusta, y luego le chupé un poco la verga para limpiársela, saboreando su semen, la fuente de mi vida.

    Supe que era el momento de decirle lo que había arreglado en París. Mientras él me acariciaba y nos besábamos , yo le acariciaba la verga, blanda a esa altura, y al oído fui deslizando mis comentarios.

    –Papá, tenés que saber algo… en París, te conté que estuvimos con un matrimonio muy voyeur y su chofer negro.

    –Sí hija, me lo contaron ustedes.

    –Pero hay algo más, que te involucra, y quiero que lo sepas.

    –¿Y qué es eso? Yo estoy como a 10 o 12 mil kilómetros de París.

    –Es que yo les conté de lo nuestro, que los impactó; y acepté que vengan a vernos coger… Mi mano seguí acariciando el miembro de papi. Me pagan (susurro de una suma equivalente a casi el triple de mi arancel, imaginen).

    En ese momento, guiñé el ojo a la cámara y les hice seña de que esperaran, que aún no subieran al dormitorio.

    –Pero hija, ¿creés que puede interesarles?

    –Estoy segura de que sí, nunca lo han visto, y les prometí que me harías el polvo de la oruga, ¡que me encanta!

    –Mmm, que hija tan sexy y puta, ¡putita internacional!

    –Sí, y en pleno crecimiento, seré más internacional si logro lo que estoy planificando como inauguración de esto para clientes nuevos, ya verás. Además, hice un mohín cariñoso, mientras mi mano sentía su verga endurecerse y él me mordisqueó un pezón.

    –Y ya casi cuando nos despedimos de ellos, accedí a otra cosa, muy puntual… no te pongas celoso, tienes que prometerlo.

    –Por favor decime, prometo aceptar lo que sea.

    –El señor me pidió para participar, cuando se lleve a cabo mi fertilización. Y no supe decirle que no, pero no sabes cuánto le pedí.

    –No puedo ni imaginarme… ¿cuánto?

    –Le susurré la cifra al oído. Impactado solamente dijo

    –¿Y aceptó eso?

    –Si papá, aceptó, es dueño retirado de una gran empresa europea, ni siquiera lo objetó.

    –Haz hecho bien, si eres putita, tienes que serlo sin complejos, y prometo no ponerme celoso. Seguro no habrá más de una sesión de fertilización, seremos cuatro.

    Mi mano ya masturbaba su pija dura, y le pregunté amorosamente:

    –¿Me coges de nuevo papi? Y arrimé mi cuerpo al de él. Pasando mi pierna derecha sobre su cuerpo, sin saber si la cámara captaría buena imagen o no.

    Estamos tan a gusto y compenetrados de nuestros cuerpo que no fue necesario ayudarse con la mano para encontrar con su pija mi raja y penetrarme, la puso lentamente, disfrutando meterla, y disfrutando yo recibirla nuevamente.

    Comenzó un suave vaivén que acompañaba metiéndome un dedo en el culo, dedo que ocasionalmente me daba a chupar para ensalivarlo.

    Seguramente el espectáculo fue demasiado para la resistencia de Tommy y su padre. Los oímos subir la escalera, Tommy filmaba celular en mano, Tomás, ya desnudo se acostó detrás de mí, y lentamente fue presentando su miembro, súper mojado de pre cum, en mi fruncido culito. Papá seguía su lento vaivén dentro de mí, y la verga de mi suegro se abrió camino en mi oscura gruta hasta entrar totalmente.

    Sincronizaron sus movimientos y yo volaba de placer, pero pude susurrarles: “en las tetas por favor”.

    Papá, más cerca de acabar se salió de mí y siguió tocando su pija, después, luego de más tiempo en mi orificio estrellado, Tomás se salió y ambos acabaron sobre mis tetas.

    Tommy filmó todo, y me entregó el celular para que yo misma filmara POV, como él me las masajeaba.

    Luego fue mi turno de limpiarles las pijas a Tomás y a papá, saboreando sus leches.

    Y terminamos con una noticia bomba que Tommy y yo teníamos reservada: en unos quince días llegarían Jeanne y Paul, para presenciar el espectáculo de “sexo en familia” que habíamos acordado.

    Un poco en broma y un poco en serio, sugerí a mi papá y a mi suegro, que les vendrían bien esos quince días de abstinencia, para lucirse cuando eyacularan delante de los voyeurs.

    Y así, lógicamente con más caricias y besos, culminó la primera inauguración de mi Oficina y Puticasa.

    Por la extensión de este relato y del siguiente, les relataré lo antes posible la segunda inauguración, con gran despliegue de logística internacional ja ja.

    A todos los que me leen, un beso enorme.

    ¡Sofía, empresaria unipersonal y putifina!

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  • Faje en el auto (2)

    Faje en el auto (2)

    Pues bien, en el anterior relato, mi esposo le pidió el número de teléfono a nuestro nuevo amigo cuando lo llevamos a su casa y para llamarle e invitarlo alguna de las reuniones que teníamos en ese pueblo donde lo conocimos.

    Pasaron unos meses y nos pusimos de acuerdo con él para que nos acompañara a una reunión del sábado a las 16 h cerca de su trabajo, quedamos de vernos a las 14:30 ya que el salía a las 13 h y para no hacerlo esperar mucho.

    Llegamos puntuales, nos saludamos yo lo hice de beso, mi esposo normal de mano y, fuimos a restaurant para esperar la hora de la cita, nos tomamos unas cervezas y botaneamos un poco, estuvimos platicando de cosas del trabajo de cada uno, se pasó el tiempo y nos fuimos a la reunión, había algo de gente de todas la edades, música norteña y mucha bebida, seguimos tomando y de vez en cuando bailaba con mi esposo y después una cervezas mas, invite a Eduardo, así se llama nuestro amigo invitado, bailamos una cuantas canciones y todo normal, Edy se fue al baño y mi esposo me pregunta: “¿no han platicado nada, ni has lanzado indirectas?”.

    Yo: “no, no sé como iniciar pero, tengo que hacer algo rápido”

    Llega Edy y mi esposo se va al baño, y empiezo:

    Yo: “oye Edy creo que la vez anterior que nos vimos la pasamos bien, bueno, es muy poco lo que recuerdo, mi esposo no me creyó que recordaba poco y pues, me gustaría saber todo, ¿puedes contármelo?”

    Y claro que yo recordaba todo, solo deseaba saber si me lo platicaba y así entrar en confianza.

    En ese momento me conto rápidamente todo lo que me hizo, tal como sucedió.

    Edy: “la verdad estuvo muy interesante, inesperado sobre todo y muy rico. Por eso pensé que no me llamarían”

    Yo: “Entonces podríamos continuar haciendo cosas ricas, te explico, mi esposo y yo estamos de acuerdo en hacer esto así que, no te preocupes, vamos a divertirnos, te parece”

    Edy: “Muy bien entonces, tú me dices que hacemos y como”

    Yo: “las cosas solo las vamos a provocar y va a ir saliendo, ok?”

    Llega mi esposo y bailamos una canción, solo para decirle: “que ya está listo para hacer lo que sea así que, voy por él”.

    Nos fuimos a la mesa e invito a Edy a bailar, ya estaba oscuro y tenían poca iluminación, muy favorable para mí, así que empezamos con acción, me le pegue a su cuerpo, los abrace, puse mi mejilla en la suya casi casi en la comisura de los labios para facilitar el siguiente paso lo cual, no tardo mucho le di un beso rápido de unos segundos y me lo regreso, no podíamos descararnos ya que, había amigos de nosotros, solo eran entradas para calentarnos, así estuvimos un buen, íbamos a la mesa tomábamos algo y regresábamos a bailar con uno y luego con el otro.

    Bueno, llego el momento de irnos así que nos despedimos de los amigos y llegamos al carro.

    Nos subimos mi esposo y yo adelante, Edy atrás, cuando ya salimos del pueblo le pedí a mi esposo que se detuviera, cuando lo hizo les dije: “Edy, quiero que me hagas lo mismo de la primera vez, ahora espero si poder recordar, ¿Están de acuerdo?

    Esposo: “como tú quieras Carla”

    Edy: “bien, por mi encantado”

    Nos subimos en el asiento de atrás Edy y yo, me recosté con la cabeza en sus muslos, Edy dice: “tenías la blusa desabrochada sin bra, la falda abierta se veía tu calzón y entonces te empecé a manosear toda así”.

    Me empieza a acariciar las tetas bien rico y luego se pasa los muslos, las nalgas y la panochita, me mete un dedo, sin dejar de acariciarme, yo me acomodo para facilitarle todo abro las piernas volteo mi cara para sentir su pene bien duro vaya que se sentía grande, me sigue tocando las nalgas y me mete un dedo en mi culito, que ricooo, es demasiado para quedarme quieta así que, “no puedo seguir así necesito más”, empecé desabrochar su cinto y le saque la verga (estaba bien grande y dura), me la metí en la boca y a darme gusto mamando, así estuvimos un buen y entonces le digo a mi esposo: “llega al primer motel que encuentres por favor, necesito coger, urgeee”.

    A los 5 minutos entramos a un motel estaba súper mojada, “vamos bájense el primero que entre me la mete”.

    Así que entre súper rápido me quite lo poco que tenía puesto y enseguida entro Edy, y le dije “ven quítate la ropa y dame por fa”.

    En eso entro mi esposo y le dije: “espérame tantito, ¿siii?, puedes manosearme, besarme agarrarme lo que puedas mientras me cojo a Edy.”

    Edy se desvistió, yo estaba boca arriba con las piernas bien abiertas y me empieza a acariciar toda y besar las tetas para luego seguir hasta abajo y darme unas buenas mamaditas en la panochita que ricoo se sintió eso, y luego le digo ”esta delicioso eso pero, ya métemela.”

    Me la mete suave, despacito y tierno, yo quería fuerte agresivo y se le pido: “Edy métemela fuerte y rápido”.

    Mi esposo me estuvo mamando la tetas y besándome en la boca, y me decía: “coge, cógetelo rico como tú sabes”

    Así estuvo un buen rato mete y saca rápido pero, no duro mucho, me dejo todo su lechita dentro y bien adentro ya que su verga es de muy buen tamaño, me dolió un poco pero era mucha la calentura.

    Yo le digo mi esposo: “Ahora ven acá y termina conmigo, cogemeee”

    Me pone en 4 y me la deja ir toda de un solo golpe “ay duele, pero, síguele no te detengas ahhhh, mas, mas fuerte dameee, por favor dameeela, ahhhg”

    Sentí sus chorros de lechita, nos quedamos tirados en la cama, yo en medio de los dos.

    Yo: “Gracias a los dos, los disfrute demasiado, va a haber más?”

    “Clarooo” dijeron los dos.

    Prendieron la TV y estaban pasando pornografía, estaba bien atentos viendo algo parecido a lo que hicimos.

    Descansé unos 35 minutos y les dije “voy a bañarme, si alguien me acompaña se los voy agradecer calientemente”.

    Esposo: “Te toca Edy, bueno, si quieres”

    Edy: “Claro que sí, yo voy con muchísimo gusto”

    Entre al baño desnuda seguida por Edy que también entro al baño, ya en la regadera él toma el jabón y empieza a enjabonarme las tetas un buen rato luego me voltea y hace lo mismo en la espalda y baja hasta las nalgas dándose el gusto del día, bien enjabonada en las nalgas empieza a jugar con mi culito metiéndome un dedo, luego dos me tuvo con mi culito abriendo y cerrando y después me enjabona los muslos y de ahí pasarme al lugar más caliente en ese momento, mi ponochita, ahí se dio gusto metiéndome los dedos una y otra vez, estaba supercaliente.

    Mientras él estaba preparándome para cogerme me las ingenie para quitarle el jabón y empecé jugar con su verga la cual estaba lista para que me la metiera y pues le dije “ya métemela“ me empine ofreciéndole todo mi trasero y ni tardo ni perezoso me mete toda en mi panochita y empieza el mete y saca fuerte y rápido como él ya sabe que me gusta.

    Yo: “así Edy métemela todaaa, dame toda tu verga así párteme ricooo, no pares ni un segundo por favor estoy sintiendo riquísimo, dame mi amor, así hazme tuya, dame papi así, asíii, ahhg que rico”

    Así me tuvo empinada como unos 10 o 15 minutos, demasiado placer.

    Por fin sentí sus chorros de leche calientita en mi panochita.

    “Que delicia que rico palo me diste Edy”

    Termine de lavarme y me salí del baño dejando a Edy que terminara de bañarse solo, jajaja.

    Esposo: “que tal mi amor, por lo que veo estuvo buena la cogida, ¿quieres seguirle conmigo o espero?”

    Yo: “Si papi dame unos minutos y me coges, ¿siii?”

    Esposo: “claro yo te espero”

    Sale Edy del baño y se acuesta al lado mío, yo en medio para variar.

    Me puse de lado dándole la espalda a mi esposo y con una mano le agarre el pene a Edy que estaba boca arriba y le dije “¿eh donde está el que me dejo cogida y adolorida mi panochita?”

    Y mi esposo dice “sigo yo, no calientes a la de Edy”

    Mientras mi esposo estaba jugando con mis nalgas y mi culito, y le puso saliva, me acerco su verga tratando de meterla, me puse más doblada para facilitarte todo y así fue, me metió la puntita y la saco para luego repartirlo varias veces hasta que metió la cabeza de su verga, se quedó quieto unos momentos y le puso más saliva y volvió a la carga, “despacio, no te abalances y me duela, sigue así despacio, ya entro lo que más duele, empuja poquito a poquito hasta que tope en los huevos con mis nalgas”.

    Edy me estaba besando las tetas y la boca, mientras mi esposo me daba por atrás.

    Así seguimos hasta que sentí toda la verga de mi esposo dentro, dio un empujón para meter lo poquito que faltaba y le digo “ay cabron eso dolió pero me gustó, sigue así, sácala poco y empuja despacio, así si siii, saca y mete sácala y métemela, así papi así, sácala toda siii métemela fuerte, ay ayyy me dolió, eso duele hazlo de nuevo, ahhh eso estuvo rico, dame más más, haz lo que quieras pero quiero gozar, así rápido rápido, ahhh siento que te vas a venir está más gruesa ahhh guaua si que esta gruesa dame la lechita caliente, no importa que duela y me guste así métela toda y ahí déjala vacíate ahí, no la saques, deja que se haga chiquita y se salga solita”

    “Eso estuvo delicioso” Dijo mi esposo.

    “Si se sintió un chingo el placer que se dieron” comento Edy.

    Vaya que estuvo rico, y ahora que hago Edy la tiene bien parada.

    Yo: “Mira amor, Edy la tiene bien dura otra vez, que hago, más bien ¿como le hago para sacarle la lechita?”

    Esposo: “yo te recomiendo una buen mamada y le ofreces el culito, bueno que él decida”.

    Yo: “Que dices Edy”

    Edy: “buen idea, me gusta, disfrutaría un chingo tu culito”

    Dicho esto puse manos a la obra o más bien boca a la verga, primero no besamos, nos acariciamos un buen de vez en cuando le agarraba la verga para que no perdiera dureza y mi esposo seguía con mis nalgas y culito para que no perdiera humedad y facilitar la entrada de otro visitante.

    Para seguir con los planes me bajé a mamar su pene el cual como comenté estaba listo para entrar en cualquier agujero así que, decidí ponerlo boca arriba subirme para calentarme más y así poder desear la penetración por el culito, así lo hicimos estuve arriba de su verga de muy buen tamaño por unos minutos hasta que dije: “ya quiero que me rompan el culito otra ahora si toma mi culito, te lo doy”.

    Me pues en 4 para ayudar un poco, me acerco su verga y empujo entro tantito y en el segundo ya tenía la cabeza dentro ayudó las metidas anteriores y lo lubricado que estaba, siguió en mete y saca de poquito en poquito, como estaba un poco más grade que la anterior hay poco dolor, lo bueno que la postura me ayuda un poco, a él también porque de repente ya la tenía toda adentro y ahí empieza lo mejor el mete y saca.

    “Listo Edy ya está toda dentro dame duro pero, duro así así no tengas miedo métemela duro quiero sentirla toda adentro quiero sentirte, quiero ser tuya ahora, dame por fa dame no te detengas sácala toda y métemela de un jalón, agggh que bárbaro que rico se sintió eso, otra vez más, más, mil veces sin parar dame, dame, mira amor como me la mete, te gusta como me coge, a mi encanta que me la meta, me encanta que me veas”.

    Mientras mi esposo me estaba agarrando mi ponochita por abajo y le digo “sigue no quites la mano, hazme venir con tu mano y tu Edy detente tantito yo me muevo, ay sigue con tus dedos amor, que ricooo, que rico ahg me vengooo rico que rico estuvo”, tuve una supervenida y le pido a Edy “Edy sigue mi amorcito mátame, soy tuya dameee ay ya la siento que va a tronar está más gruesa, dámela así, rico ms lechitaaa, no la saques quédate ahí hasta que se haga chica y se salga la lechita, que palo tan rico, y fueron dos en mi culito, ricos”.

    Me acosté con Edy arriba de mí, sobre mis nalgas.

    Que cogidas me dieron, no tienen idea de lo bien que es tener a dos personas para mi sola.

    A ver si me puedo sentar, jajaja pero no importa lo disfrute muchísimo,

    Nos quedamos acostados un rato mas y en medio de los dos yo.

    “Bueno mis amores hay que irnos, no los invito a bañarnos porque no puedo ni pararme, mis agujeros están adoloridos por la buenas cogidas recibidas, en otra ocasión le seguimos.”

    Edy: “Cuando gusten yo puesto y encantado”

    Esposo: “estaremos en contacto”

    Nos bañamos por separado, salimos del motel fuimos a dejar a Edy a su casa.

    Nos volvimos a ver varias ocasiones en los meses siguientes y, no escribimos relatos estuvieron muy tranquilas esas cogidas pero, igual de ricas.

    Ah nos falta mandar un relato del fin de semana en casa de Edy, me la pase genial, muy bien atendida, ya les contaremos.

    Saludos. Gracias por leernos.

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  • Madurez y juventud, ahora más madurez (2)

    Madurez y juventud, ahora más madurez (2)

    Recién la vi al día siguiente cuando coincidí con ellos en el ascensor; el saludo fue el de costumbre, pero ella evitó mirarme, seguramente por no haber todavía asimilado lo sucedido ayer y eso la hacía adoptar una actitud dubitativa. Naturalmente me mantuve callado dejándole la iniciativa a Pablo, que aludió al pronóstico meteorológico en el corto trayecto de bajada; mi comentario en son de broma fue:

    -“¿Hoy también te toca el sacrificio de la reunión a la hora de la siesta?”

    -“Sí, lamentablemente no lo puedo evitar”.

    Después de almorzar, ya preparado para dormir la siesta con bermuda pijama y remera amplia, estaba lavando la vajilla cuando sonó el timbre; el deseo de que mi vecina hubiera aceptado la velada invitación hecha en el ascensor hizo que mi corazón emprendiera el galope, algo que no pude detener porque efectivamente era ella.

    Al abrir la puerta ambos nos quedamos cortados no atinando sobre el tipo de saludo a usar y, sin pensarlo, opté por dejar de lado las palabras para más tarde; con un ademán le cedí el paso para luego cerrar la puerta y, así con los cuerpos separados, le tomé una mano mientras con la otra le acariciaba la mejilla; en ese recorrido mi pulgar prosiguió la caricia sobre los labios, pero no pudo llegar a la otra comisura pues ella los abrió para acoger al dedo y chuparlo delicadamente.

    Ese gesto, de manifiesto deseo, puso en evidencia tres cosas, que de puro milagro no eyaculé, que la anterior vergüenza era cosa del pasado y que el saludo estaba a cargo de los ojos con la mirada fija en los del otro. Era el momento de incrementar el contacto y de eso se ocuparon las manos yendo a sus pechos para recorrer las redondeces antes de dedicarse a los pezones; apretarlos, estirarlos y retorcerlos, a pesar de la ropa, fue la progresión que logró arrancarle quejidos y ayes de complacencia haciéndola bajar los párpados.

    Para mis adentros pensé, y lo hice sacándole remera y corpiño sin encontrar oposición para luego guiarle una mano al encuentro de mi pija, totalmente libre al haber bajado la cintura de la bermuda; tomarla del tronco y empezar el movimiento de la paja fueron una sola cosa. Reiniciada la caricia en las tetas fue avanzando en el camino hacia el orgasmo a juzgar por la intensidad de los gemidos y la fuerza con que sujetaba mi cilindro, por lo cual, cuando la hice abandonar la masturbación abrió los ojos en muda interrogación.

    Mi respuesta fue acercar una silla y sentarme, induciéndola a que ella hiciera lo mismo pero a caballo de mis piernas; luego de ubicar su sexo sobre mi tallo dio comienzo al beso que le daba un barniz emotivo a la batalla carnal y que cumplido su objetivo, decidió avanzar en el placer; para ello apoyándose en el piso se levantó un poco, tomó mi tronco que permanecía pegado al abdomen para ubicarlo donde debía entrar, pues con la otra mano había corrido la biquini dejando libre el camino para el acople.

    El contacto entre el puñal y la vaina fue simultáneo con la bajada de párpados, y el momento de absorber esa carne dura fue anunciado con un quejido intenso y prolongado hasta que la tuvo toda adentro y ahí la atesoró, ya que los siguientes movimientos fueron hacia adelante y hacia atrás, de ida y venida, frotándose y empujando, como si fuera posible aumentar la penetración siendo que ni un milímetro de mi pija estaba fuera.

    Poco tiempo pasó hasta que los movimientos se hicieran frenéticos, con su cara sepultada en mi hombro mientras las manos, cual garras, arañaban mi espalda. El lapso relativamente corto para correrse estruendosamente me llevó a pensar que desde la casa ya venía caliente, acumulando presión, que explotó a poco de haberle ocupado al completo la vagina.

    El momento de laxitud lo pasó sin soltar el abrazo y sintiendo mi dureza intacta, pues tenía pendiente arrojar la lechada. Muy poco respeté su descanso antes de hacer cabecear el miembro, y eso la sacó del letargo despegándose para mirarme, hice otro cabeceo y la levanté para que el glande quedara justo a la entrada, cuando la vi cerrar los ojos y abrir la boca la bajé de golpe y comencé el bombeo.

    Un ronquido acompañó la primera bajada con sus manos apoyadas en mis hombros; al hacer contacto los vellos pubianos la aferré de las nalgas para hacerla rotar como si mi miembro fuera un eje, y ahí empezó a gestarse la siguiente acabada, cuyo efecto más palpable fue sentir que mi pija era estrujada y exprimida hasta soltar todo lo que por dentro de ella transitaba; ahí quedamos abrazados recuperándonos.

    -“Hola hermosura, qué gusto saludarte”.

    -“Me alegra recibir tu saludo, antes de sentirla durante el beso pensé que te habían cortado la lengua”.

    -“Es que al no saber cómo recibirte me pareció mejor dejar hablar a las manos”.

    -“Por favor, cuando alguien nos pueda ver dejá las manos quietas y que hable tu boca”.

    -“Trataré de mantenerlas dentro de los bolsillos”.

    -“Además fuiste un perverso, aprovechaste que estaba indefensa para travesear mi culito”.

    -“No debieras quejarte, fue solo la puntita de un dedo, a manera de explorador que prueba antes de transitar un camino que todavía no conoce”.

    -“Tengo que volver a casa, no sea que algún imprevisto lo haga regresar antes a Pablo y me eche en falta; yo venía para que habláramos seriamente pero aquí me resulta imposible, la tentación es superior a mis fuerzas y vos no ayudás, mañana voy a verte al negocio”.

    -“Seguro va a estar mi empleada”.

    -“Por eso voy, de lo contrario tampoco podríamos conversar”.

    -A media mañana del día siguiente cumplió, después de saludar acordamos tomar algo en el café de enfrente.

    -“Mónica, nos vamos al café, si necesitás algo llamame que llevo el celular”.

    Mi empleada es esposa de José, el dueño del café que está casi al frente, cruzando la calle; ya servidos, la invité a largar aquello que la preocupaba.

    -“Preciosa, aquí nadie va a interrumpir, te escucho”.

    -“Primero, sentate en frente, si estás a mi lado peligra la conversación; no sé por dónde empezar”.

    -“Probemos con decir lo que pensás y luego lo que querés”.

    -“Ahí está el problema porque lo que pienso se da de patadas con lo que quiero”.

    -“Veamos si se puede atemperar ese enfrentamiento, ¿qué pensás?”

    -“Mi conciencia me reprocha lo que hago, me recrimina que pague de esa manera la fidelidad de Pablo, y tiene razón, él podrá ser gruñón, poco afectuoso, a veces áspero y desagradable, pero a su manera me quiere y no me engaña”.

    -“Te entiendo, es algo razonable, aunque resulte incómodo al tratarse de un reproche; ahora contame cómo es que tus deseos son contrarios a eso que pensás”.

    -“Es tan simple que asusta; no puedo controlar mis ganas de gozar con vos y, para agravar el asunto, tu participación, en lugar de ayudarme a mantener el deseo bajo control, lo aumenta”.

    -“Te pido disculpas, pero apenas te veo mi pene despierta y cobra vida, si fuera posible saldría solo de su encierro para saludarte cariñosamente”.

    -“¿Ves que tengo razón? Tu ayuda lo que hace es ponerme más caliente”.

    -“No lo hago con esa intención, cuando recuerdo el sabor de tu conchita empiezo a segregar saliva, como cuando teniendo hambre veo una rica comida”.

    -“Desgraciado, tengo la biquini mojada”.

    Ante eso me senté a su lado bien cerca, para que no fuera evidente mi brazo cruzando hacia su falda; ella, sabiendo lo que seguía, puso ambos brazos sobre la mesa y, cuando mi mano llegó a su destino por debajo de la ropa, abrió las piernas diciéndome a media voz.

    -“Hijo de puta, eso es lo que sos”.

    -“No importa cielo, yo también te amo”.

    Y dos dedos resbalaron íntegros al interior de la vagina ayudados por movimiento de la pelvis yendo a su encuentro; en realidad no hacía falta, pero, a manera de refuerzo, llevé jugos hacia el botoncito que, aun bajo su capucha, ya estaba erguido esperando las caricias que llevarían a su dueña al ansiado orgasmo.

    El clímax no se hizo esperar, pocos recorridos subiendo y bajando entre los labios fueron estímulo suficiente para que ella, con la cabeza baja, la remera tapando los pezones duros y los puños cerrados, me lo hiciera saber en voz baja.

    -“¡Me corro!, los dedos adentro, fuerte, yaa”.

    Su recuperación se produjo mientras tomaba mi café ya frío; para beberlo y después seguir con un trago de soda usé la mano izquierda, no iba a perder la humedad que impregnaba los dedos de la derecha que en seguida los llevé a la boca.

    -“Necesito ir al baño”.

    -“Esperame un minuto”.

    Me levanté para hablar con José, dueño del café, amigo de varios años y esposo de mi empleada Mónica; a él le pedí la llave del dormitorio con baño que era privado de los dueños.

    -“José, ¿permitirías que esta señora amiga use tu baño privado?”

    -“Por supuesto Rafa, tomá la llave, andá como si estuvieras en tu casa, pero que no se entere mi mujer pues no le gusta, aunque por ser vos no reclamaría”.

    El guiño de su ojo fue la muestra de darme tranquilidad, sabiendo que en esa dependencia no solo se iba a usar el baño.

    Al entrar al dormitorio la apoyé contra la puerta recién cerrada haciendo que levantara y sostuviera el ruedo de la pollera en la cintura, mientras yo, arrodillado, le bajaba la bombacha y sumergía mi boca en su hendidura; mi lengua incursionando en la entrada, después lamiendo el canal en subida y por último chupando el clítoris como si fuera un pezón, la llevaron a correrse estruendosamente pues mi mano intentando taparle la boca llegó tarde.

    -“Ahora cielo desnúdate”.

    -“No, así nomás”.

    -“Preciosa, para poder ver cada parte de tu cuerpo, mientras madura el próximo orgasmo, quiero que solo lleves aros y anillo”.

    -“Ves que tengo razón al decir que te aprovechás de mí”.

    -“Sí mi amor, es verdad que soy un degenerado, ahora me acuesto en el piso y vos con un pie a cada lado de mi pelvis te vas a sentar sobre la vara que yo mantengo vertical”.

    -“Y encima yo tengo que hacer el trabajo”.

    -“Sí mi amor, no tenés que someter a un anciano a este esfuerzo”.

    -“Hijo de puta, un anciano no endurece así el pene”.

    -“Es un milagro, querida, ahora movete fuerte que quiero escupir leche batida”.

    -“Asqueroso, ¿ni siquiera me vas a envestir un poco?”

    -“No mi amor, solo voy a mirar el subir y bajar de las tetas, tu cara durante la corrida, la presión de tu culito sobre mi dedo y tu boca abriéndose para berrear; hoy no te voy a hacer el amor, sencillamente te voy a garchar”.

    El movimiento hipnótico del cuerpo, bajando en la sentada mientras las tetitas permanecían en su lugar, para luego el torso subir mientras los pechos bajan era algo maravilloso y, a modo de tentación, te surge la pregunta . La respuesta fue llevar mis manos a tomarlos firmemente, estrujarlos y retorcer los pezones; el grito que acompañó la sensación de placer-dolor coincidió con el inicio del orgasmo, por lo que el volumen de su voz aumentó haciéndome temer ser escuchados, pero el temor se fuer al carajo cuando fijé la atención en la manera de unirse los cuerpos.

    Ver la barra que hacía de unión ir apareciendo a medida que la hembra se levantaba hasta que tomaba su tamaño total, para luego desaparecer súbitamente al sentarse de golpe era sublime, y a eso agregar que por tener el vientre plano podía encorvarse hacia adelante para mirar fijamente el movimiento de acople era doblemente encantador; el clímax fue exteriorizado cuando cesaron todos esos indicios y quedó totalmente ensartada pero rígida

    Después de un par de minutos acostada sobre mí, aun penetrada, pero sin vigor, nos adecentamos para salir; le dije a José que la acompañaba a tomar un taxi y regresaba, y al volver para pagar y agradecer me largó.

    -“Casi llamo a la policía, pensé que la estabas matando”.

    -“Perdón, ¿tanto se escuchó?”

    -“Tuve que cerrar la puerta del pasillo para evitar el escándalo si llegaba un cliente, ¿siempre es así?”

    -“Algunas veces un poco más y otras un poco menos”.

    -“Te envidio, ojalá yo pudiera hacer lo mismo con mi mujer”.

    -“¿Mónica no te deja?”

    -“Al contrario, pero yo no llego, pobre, es una puta reprimida porque le doy menos de la mitad de lo que necesita para estar satisfecha”.

    -“¿Te lo ha reclamado alguna vez?”

    -“Nunca, su amor y bondad no se lo permiten, pero no se necesita ser un lince para ver que algunos días camina por las paredes ansiando la pija que yo no tengo disponible, además de lamentarlo por ella mi preocupación es que algún inescrupuloso se aproveche si justo la encuentra con las defensas bajas”.

    -“No creo que suceda, Mónica es ante todo una dama, una señora con todas las de la ley”.

    -“Sí, pero es humana, y todos los humanos tenemos algún momento de debilidad, y ahí comienza la cadena, por temor de confesarlo, o por la vergüenza de aceptarlo la cosa sigue y acaba mal”.

    -“Lo lamento, vos sabés cuanto los aprecio y me encantaría que todo mejore para bien de los dos, si en algo puedo ayudar solo tenés que decírmelo”.

    -“Es un tema difícil, si rejuvenecés mi lívido es porque sos capaz de obrar milagros, si diminuís la de ella otro milagro, aunque podría darse de otra manera, difícil, pero posible”.

    -“Veamos qué se te ocurre”.

    -“Reemplazarme de vez en cuando”.

    -“Creo que más fáciles son los milagros”.

    -“No me parece, ella te quiere mucho, te considera un hombre de bien, y a veces, pareciera que sos el varón que quisiera tener entre las piernas. De mi lado te considero un tipo incapaz de perjudicar nuestro matrimonio; hagamos la prueba, si la tratamos respetuosamente no habrá resentimientos”.

    -“No voy a negar que me parece una hermosa y deseable mujer, y por el afecto que le tengo no quisiera ofenderla o lastimarla interiormente”.

    -“Probemos, yo te aviso cuando”.

    Días después, al atender el teléfono, escucho la voz de José diciéndome que había hablado con su mujer pero que, a pesar de su negativa, le pareció ver un atisbo de duda, que la había observado, y a todas luces estaba en esos períodos de calentura que la ponían de muy mal humor; por último me deseó suerte.

    -“Qué quería ese insoportable”.

    Mi respuesta fue mirarla fijamente.

    -“Perdón, no debo meterme en tus cosas, estos días ando con el ánimo revuelto”.

    -“No hay problema, te voy a responder porque te aprecio muchísimo y sé de tu discreción, tu marido, después de saludarnos y hablar de cosas sin importancia me deseó suerte; por favor, podrás cerrar y poner el cartel , quisiera que veamos algo adentro”.

    Me miró con extrañeza, pero no puso objeción y me hizo caso, pero me llamó la atención que se demorara mirando hacia afuera moviendo el puño cerrado con el dedo largo levantado, seña harto conocida para mostrar desagrado; como estaba cerca me arrimé tomándola de la cintura desde atrás.

    -“¿Quién es el destinatario de esa muestra de cariño?”

    -“Mi esposo, el entregador”.

    -“Que mucho te ama”.

    -“No estoy tan convencida”

    Suavemente la atraje hasta apoyar mi pija en sus nalgas

    -“Yo estoy seguro, y por eso hace esto para evitar que alguien, a quien solo le importe su placer, se aproveche de un momento de debilidad tuya, por favor, termina de cerrar”.

    Cuando corrió la cortina tapando los vidrios la volví a tomar restableciendo el contacto y, ante su pasividad, llevé mis manos hacia adelante, una acariciado debajo de las tetas y la otra encima del pubis; cuando echó la cabeza hacia atrás sobre mi hombro la besé en el cuello subiendo hasta el lóbulo de la oreja y al primer quejido la llevé al sillón grande. Para disminuir la posibilidad de un arrepentimiento tardío, ya sentada le abrí las piernas y, haciendo a un lado la biquini, separé hacia los costados los vellos para dedícame a pasar la lengua sobre los labios unidos; al tercer recorrido escuché el pedido en tono de ruego.

    -“Por lo que más quieras, pasala por dentro”.

    -“Entonces vas a tener que abrir esa flor”.

    Con la cabeza ladeada y gesto desfalleciente bajó las manos, se sacó la prenda y, poniendo los pies bien separados en el borde del asiento, con los dedos separó los labios para mostrar la mucosa rosada brillando por el flujo.

    -“¡Madre mía!, si me viera José, aquí, abierta como una puta yegua, separando los labios y así despejar el camino para mi patrón, rogando que me la coma, se beba mis jugos y consiga de mí una corrida de burra arrecha”.

    Esas palabras, denotando cierto arrepentimiento, podían terminar en un retroceso, cosa que no debía permitir, así que rápidamente cerré mis labios sobre el botoncito erguido para chupar y recorrer con la lengua.

    -“¡Sí papito! Sí, haceme acabar como una zorra, ya voyyy”.

    Su recuperación la hizo entre mis brazos con algún beso en la frente.

    -“Me alegro que hayas podido gozar con mis caricias”.

    -“Ya lo creo que gocé, sin embargo los tres somos una mierda, José por entregar a su mujer, yo por ponerme en tus manos mansamente y vos por aprovecharte de mi deseo y de la debilidad de tu amigo”.

    -“Algo de razón tenés, pero me surge una duda, los tres mierdas ¿estamos sufriendo?, lo que hacemos ¿es contra nuestra voluntad?, ¿alguien nos obliga a tener esta conducta?”

    -“Sos peor de lo que imaginé, con la contestación a esos interrogantes estamos avalando algo que está mal, más aún, la respuesta nos lleva a la conclusión que debiéramos estar felices de ser una porquería”.

    -“Es así, aceptamos nuestras imperfecciones, satisfacemos nuestros anhelos y, sin herir a nadie somos felices; ahora mierdita querida poneme bien dura la pija que pienso hacerte berrear de gusto”.

    -“Sí mi patrón amado, aunque sigas siendo una mierda te la voy a menear hasta que esté en condiciones de taladrarme y llenarme de leche”.

    Y lo hizo con ternura, suavemente como se acaricia algo que se desea muchísimo, yo sentado y ella entre mis muslos separados con una mano cerrada sobre el tronco y otra mimando los testículos; cuando calibró que había obtenido la dureza adecuada tomó un almohadón y lo puso sobre la alfombra, luego se dio vuelta, arrolló el vestido en la cintura, apoyo cabeza y hombros en el cojín poniéndose en cuatro, y abriendo sus dos orificios al separar las nalgas, me invitó.

    -“Ahora llename de pija, descargá tu leche dentro, hacé que me felicite de ser tu hembra”.

    Y cumplí su pedido dentro del tiempo establecido en el cartel de la puerta. Ya adecentados me interrogó.

    -“No me besaste”.

    -“Es verdad, y no por falta de ganas, varias veces tuve que frenarme para no hacerlo”.

    -“Por qué, yo también lo he deseado”.

    -“No hay razón para apresurarnos, es bueno que esa boca siga siendo de tu marido, me encantaría que ahora vayas y le des un beso de agradecimiento por habernos permitido disfrutar”.

    Y en seguida salió para cumplir mi pedido; estaba controlando unas facturas cuando recibí una nueva llamada de José.

    -“Hola amigo, te escucho”.

    -“Te voy a contar qué pasó recién, llegó Mónica diciéndome y trató de darme un beso; espontáneamente la frené y le dije que fuera a lavarse bien la boca, cosa que hizo sin chistar; cuando regresó le pregunté si lo había hecho bien, a lo que me contestó, ¿es verdad?”

    -“Así es, yo quiero seguir siendo tu amigo”.

    -“Veo que Mónica y yo elegimos bien, va un abrazo”.

    -“Igualmente, nos vemos”.

    A la tarde apenas abrimos, un poco cortados como es natural, ella largó la pregunta.

    -“Y ahora, ¿cómo sigue esto?”

    -“Seguirá como lo dispongan José y vos, que no debieran recriminarse demasiado, pues hicieron lo que muchas veces hacemos en la vida”.

    -“No te entiendo”.

    -“Cuando, ante un problema, no encontramos una solución realmente buena, optamos por aquella menos mala, y en este caso yo soy el mal menor”.

    -“O sea que tu nuevo apodo debiera ser ”.

    -“De acuerdo, pero solo para que lo usen ustedes dos”.

    Unos días después llegó Laura al negocio buscando un conjunto y cuando Mónica la vio puso cara seria; al irse mi vecina después de hacer la compra, mi amante empleada, con un tono que mostraba cierto desagrado, hizo la pregunta.

    -“¿Esa es la puta gritona que llevaste al café?”

    -“¿Qué dijiste?”

    -“Perdón, perdón, hoy ando especialmente irritable, ¿podré poner el cartel?”

    -“No sabés la alegría que me da escuchar eso después de tantos días”.

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  • Un trío muy caliente

    Un trío muy caliente

    Levantas la vista y me descubres, allí, descubierta, ausente en la penumbra, semidesnuda. Sonríes con lascivia, mezcla de pasión y odio, me deseas, sexo continuo y frenesí y más deseo. En mi seriedad me relajo, pongo música y me dejo llevar a un sillón. Me pierdo ahí entre dos brazos de gamuza que semejan a los tuyos amarrándome, egoísta de poseerme. Pierdo mi vista en el cielo, en el paraíso raso con luz tenue y algo de humedad, la misma que empieza a surgir en tu cuerpo joven. Te colocas frente a mí, cautivadora, princesa del siglo catorce intentando seducirme, con tus pechos desnudos, senos ardientes y duros que se fijan en mis ojos claros.

    Dices para tu propio ser que este es el momento, el preciso instante. Es el ahora, la inmediatez, cuando tu cara y tus cabellos lacios se introducen entre mis piernas. El preciso instante en donde tu lengua va recorriendo despacio mi tanga, separándola para encontrar el néctar, el fruto más preciado. Los labios rosados son abiertos con tus dedos para que tu boca se deslice con fruición, hambrienta, descontrolada. Chupas más y más fuerte, con más velocidad, hasta el hartazgo, hasta que descubres que mi cuerpo tiende a electrificarse, que mi voz comienza a jadear con una halo de éxtasis y sufrimiento. Te frenas. Mi orgasmo era inminente y lo sabías, lo intuías como una experta, como una verdadera puta callejera. Tus ojos brillaban.

    Te levantas y acercas tu cara a mis pechos. Lo regodeas, intentas amasarlos con tus manos y lo logras. Pezón de fresa en tu boca ansiosa y tu saliva que rodea mis tetas calientes. No pongo resistencia alguna. Abrazas mi cuerpo, lo llevas al tuyo en forma egoísta. Manos de hembra sobre caderas de hembra. Las lenguas juguetean deseosas llenándose de calor intenso y nuestras manos semejan pulpos cuyos tentáculos absorben las epidermis, las diferentes texturas de piel, y los sexos, mojados ya, que se frotan con magnificencia.

    Y luego los cuerpos que vuelven a trenzarse como una lucha de catch, a confundirse cobardemente con números aleatorios. El uno, el otro, el dos, el sesenta y nueve, tu boca en mi entrepierna, y la mía en la tuya que se cierra para no dejar escapar tu humedad. Mi mirada distrae el objetivo máximo de aquellas savias que le regalabas a mi boca desértica por una aparición, una imagen, primero media borrosa, ahora todo materia. La silueta que ya no es tal sino un cuerpo, una masa de carne desprovista de ropa que se acerca a nosotras.

    Imagino que es él, ese del que tanto hablabas, caminando ahora con su sexo hacia mi boca sacudiendo artesanalmente su carne, con su caminar altanero como un emperador dispuesto a fornicarse a todas su subalternas. Me acaricia mi pelo en forma suave y comienza a refregarme su pene tieso por toda mi cara, hasta que mis labios y mi boca no resisten más y lo devoran sin piedad.

    La música seguía sonando y era acompañada de nuestros gemidos que se sucedían como los orgasmos incesantes, eternos. Mi boca continuaba atragantada del bombardeo de esa herramienta gigantesca. Y tú, furiosa, me masturbabas con rabia y deseo, y mi cuerpo ya era un extraña mezcla de sudor y locura.

    El rey romano cambia de escenario y en la contienda desea abusar de su súbdita, de su esclava que estaba sobre una alfombra disfrutando con su protegida en el coliseo. La arena del circo se vuelve más caliente. La temperatura aumenta sin clemencia. Comienzo a sentir el perspicaz acercamiento hacia donde no puedo ver, al lugar en donde el arremete con fuerza e impulso, empujando aún más fuerte, llenándome de placer y gozo.

    No podía por ello dejar a mi princesa sin satisfacer un minuto, pues continuaba manejado un buen ritmo con mis manos dentro de su sexo por demás chorreante de lujuria. Y el momento, el anuncio de la explosión y las esclavas en busca de la leche ordeñada para bañar a Cleopatra; el agite de la carne para buscar nuestras caras golosas. El hombre, el novio infiel, cierra los ojos, muerde sus labios y descarga toda su embriaguez sexual en nosotras que nos besamos. En la búsqueda eterna del amor y de las lenguas, el semental nos riega con su manantial. Mi princesa y yo recibiendo gustosas la lluvia de leche anunciada.

    Y el rey no ha muerto, solo descansa de su arduo trabajo. En tanto, con mi niña continuamos abrazadas, refregándonos besos, más abrazos y bocas que buscan no perderse ningún ápice de transpiración o de ese esperma cada vez más espeso que terminó en nuestras caras. Existe un cambio de escenario y es en la cama en donde ella me ofrece su culo generoso para decirme sin palabras que lo castigue sin misericordia, que lo abra bien con mis dedos y lo goce como yo quiera. Yo dueña, poseedora de la redondez de sus nalgas, propiedad privada de mis deseos.

    En el final de la contienda, ella no podía dejar a su macho con el sexo entre su mano, nuevamente agitándolo como si fuera un ser superior, frente a su boca glotona, y se dispuso a chuparlo con arrebato. Yo miraba obnubilada por la excitación y el temblor de mis dedos aventureros me avisa de un nuevo y explosivo orgasmo. Tú, en cambio me mirabas con inocencia y perversión. Tus ojos brillaban y tu rostro resplandecía con más leche de su rey.

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  • Visita a la doctora

    Visita a la doctora

    Hacía unos días que tenía unos pequeños problemas intestinales y una pareja de amigos me recomendó una doctora proctóloga muy buena en Barcelona capital. La verdad es que me daba un poco de vergüenza por eso de que fuera doctora y no doctor, el simple hecho de que por un momento se le pasara por la cabeza hacerme un tacto rectal me ponía los pelos de punta, el caso es que tras unos días pensándomelo la llamé.

    Ella misma cogió el teléfono, llamé a última hora de la tarde y le conté un poco por encima lo que me pasaba, miró su agenda y diciéndome que haría un pequeño esfuerzo me dio hora para el día siguiente a última hora de la tarde.

    Me presenté en la consulta a eso de las 8 menos cuarto y mi sorpresa fue mayúscula cuando abrió la puerta un enorme moreno musculado que casi no cabía en el uniforme sanitario, me invitó a entrar y me hizo la ficha de paciente con mis datos y demás, me comentó que era el ayudante de la doctora y me pasó a la sala de espera.

    A los cinco minutos oí como despedían al último paciente y me llamó a consulta. Pasé a la sala contigua y allí encontré a la doctora Ibáñez.

    Entre mis nervios pude observar que la tal doctora Laura Ibáñez era una preciosidad de unos 40 años, muy alta y sofisticada, debajo de su bata blanca abierta pude ver que llevaba un elegante traje de blusa de seda y falta corta gris.

    Muy profesionalmente me pidió todo tipo de detalles sobre el problema que me había traído allí y tras unos cinco minutos de charla me fui relajando, me hizo pasar a un vestuario y me pidió que me desnudara completamente y me pusiera una bata blanca que me dio Wilson, el enorme dominicano que hacía las veces de enfermero, la verdad es que me empecé a poner un poco más nervioso al sentirme totalmente desnudo en aquel vestuario. Salí de nuevo a la consulta y la doctora me pidió que me tumbara en la camilla.

    Hice lo que me mandó ante la mirada de los dos sanitarios, la doctora se acercó a la camilla y me abrió la bata completamente, cosa que me sorprendió, quedándome totalmente desnudo ante los dos. La doctora inició mi exploración palpándome todo el abdomen, me sentía totalmente avergonzado mirando al techo y mi depilado sexo estaba en su mínima expresión cuando sus dedos rozaron mi pene palpándome la zona más cercana a las ingles.

    Así durante la exploración la doctora no encontró nada raro y lo achacó todo a un virus en el estómago, no obstante me haría una tacto rectal, el mundo se me vino encima de la vergüenza y le pregunté si era totalmente necesario, me dijo que era importante y que total estando allí ya era tontería no hacerlo y eliminar todo tipo dudas.

    La doctora me pidió que me levantase de la camilla, me relajara y que me pusiera con el culete en pompa sobre la camilla, Wilson acercó a la camilla una lupa grande con iluminación y la doctora se puso unos guantes de látex, se acercó a mí y me apartó a un lado la bata, la posición no era nada cómoda y yo estaba muy tenso, el caso es que aunque untó su dedo en lubricante mi esfínter no le dejaba trabajar con soltura, así que sacó la punta de este, lo único que había podido meter en mi ano y me pidió que me relajara que no tardaba nada, de todas maneras me pidió que me subiera a la camilla y me pusiese a cuatro patas sobre ella pata estirar más la zona.

    Eso fue demasiado y me encontraba fatal, intenté relajarme y me dije que de perdidos al río, la doctora intentó insertarme el dedo y esta vez noté como traspasaba mi agujero en su totalidad, su mano rozaba mi zona perineal y notaba como el dedo hacía su exploración, la verdad es que no sentí ningún tipo de dolor y me di cuenta que mi pene el cual colgaba entre mis muslos se estaba poniendo morcillón, mi respiración empezó a acelerarse y lo que ocurrió a partir de ese momento todavía no lo puedo asimilar.

    Mientras el dedo de la doctora recorría mi agujero por mi cabeza pasaban todo tipo de imágenes y por un momento llegué a pensar que no deseaba que lo sacara nunca, yo nunca había explorado ese agujero y por nada del mundo creía que pudiera ser tan placentero. Mi mente estaba en otro sitio y mi pene totalmente erecto apuntaba directamente a mi cara cuando un poco avergonzado intenté balbucear una disculpa por mi estado de excitación.

    La doctora, creo yo que intentado mantener la compostura, me dijo que era normal y que no era al primer hombre que le pasaba, me tranquilicé y oí como la doctora le decía algo a Wilson que no entendí, este fue hasta el otro lado de la consulta y noté como bajo su pantalón su paquete pugnaba por salir por el bolsillo lateral del pantalón, me quedé de piedra, tenía una erección enorme como él, sacó de un cajón un objeto que en un principio no reconocí y cuando se lo dio a la doctora esta me dijo que me relajase un poco más porque me podía doler más que el dedo.

    El objeto en cuestión era un espéculo, con mucho cuidado la doctora lo insertó en mi ano y siguió con la exploración, el especulo cumplió con su trabajo a la perfección, ya mucho más relajado noté como mi esfínter cedía ante las dos pinzas que lo forman y sentí como mis entrañas pudieron casi notar el frescor del aliento de la doctora mientras observaba dentro de mí. Oía como los dos comentaban algo, lo sacó y me dijo que iba a volver a meter su dedo, en este caso dedos, yo no entendía, pero mi estado de excitación dejó que la doctora hiciera lo que quisiera.

    Con mi cabeza entre mis brazos, a cuatro patas y mi culo totalmente en pompa, no podía ver lo que en la consulta estaba pasando, lo que si sabía era la oleada de nuevas sensaciones que me inundaban, noté como la doctora introducía dos dedos dentro de mi ano, la verdad es que a esas alturas por mi cabeza ya había empezado a planear la idea de que la consulta iba a acabar por otros derroteros y que la doctora simple y llanamente estaba abusando de mí, nada importaba ya.

    Noté como algo más intentaba entrar en mi culo, enseguida reconocí el tercer dedo de la doctora, mi espalda se arqueó y mi cabeza se echó hacia atrás, en ese momento y con los ojos entreabiertos, disfrutando del momento vi a mi lado a Wilson con su gigantesco falo fuera de los pantalones, mis ojos casi se salen de sus orbitas, su mano derecha masturbaba esa enormidad mientras observaba como la doctora me penetraba con sus dedos.

    Ya no podía hacer nada, lo único era dejarme llevar por el placer, en ese mismo momento noto como la doctora está echando más lubricante entre sus dedos e intenta meter el cuarto, este entra sin dificultad, la verdad es que las manos de la doctora son muy finas y suaves, por mi mente pasa la imagen de una actriz porno que vi por Internet en la que metía sus dos manos en el conejito y el culo de otra preciosidad, por un momento pienso que me va a meter la mano, y entre jadeos le pido que siga y no pare.

    Con un tono de voz totalmente diferente al utilizado por la doctora Ibáñez durante todo el rato, casi susurrándome me dice que si le chupo la polla a Wilson me mete la mano entera.

    Mis ojos se abren otra vez y veo un primer plano de la polla de Wilson a escasos cinco centímetros de mi boca. Yo nunca había hecho nada semejante y a pesar de tener cuatro dedos en el culo tampoco pensaba en la homosexualidad a la que se le atribuyen esas prácticas.

    Diez segundos de pensamientos hicieron que me incorporase un poco de mi posición y entreabriera la boca esperando que Wilson se terminase de acercar a mi boca.

    Mis labios secos abarcaron esa enormidad, apenas me cabía el capullo negro del imponente Wilson, poco a poco mi boca se fue ensalivando y pude saborear aquel delicioso manjar moreno, mi lengua recorría ese capullo enorme, y Wilson con una mano se masturbaba y con la otra me agarraba la cabeza, la posición era un poco incómoda para mamar aquella verga, pero los todavía aun dedos de la doctora en mi culo hacían que no me moviese más que lo preciso para acompañar la mamada y la penetración de la doctora, nunca lo hubiera pensado, yo un tío hetero, con novia, bastante normalito disfrutando de la que iba a ser la mejor experiencia sexual de mi vida.

    La Dra. Ibáñez procedió a lo prometido, indicó algo a Wilson, este sin moverse del sitio en la parte de la cabecera de la camilla, agarró mis glúteos y los abrió todo lo que pudo, yo seguía con mi mamada cuando noté como los dedos de la doctora en punta enfilaban mi esfínter y se abrían paso, dejé de mamar cuando noté un poco de dolor, mi espalda se arqueó un poco más y note de golpe cierta relajación cuando el máximo grosor de la mano atravesó mi puerta trasera, tenía la mano metida en mi culo hasta la muñeca, la doctora paró un momento, yo respiré, me relajé un poco más y empecé a notar como los dedos se movían dentro de mis intestinos…

    La mano entraba y salía un poco de mi culo con un ritmo frenético, mi boca buscó de nuevo la polla de Wilson y mi polla, después de dos minutos empezó a soltar varios abundantes chorros de semen, como nunca había soltado y sin tocarla, mi orgasmo fue brutal, la doctora con la mano libre y como si me ordeñase acabó de soltarme toda la leche mientras su mano todavía se movía dentro de mí.

    Tardé cosa de cinco minutos en recuperarme con la mano dentro de mi culo, cuando me relajé Wilson se separó de mí y ayudó a su jefa a sacar la mano, muy cuidadosamente la sacaron entre los dos, y cuando sus dedos atravesaron mi esfínter para dejarlo libre, mis intestinos notaron un vacío total, como si me faltara algo.

    Lentamente me incorporé y por primera vez vi la cara de la doctora Ibáñez desde que comenzamos la aventura, su melena seguía en el moño que llevaba muy elegante, pero su gesto era muy diferente, su sonrisa era muy pícara y ya no parecía tan sofisticada, su blusa había desaparecido y su falda también, su cuerpo estaba cubierto por un estupendo body-tanga y ligas de encaje negro, siquiera había notado cuando se desnudó, quitándose los guantes de látex se levantó de la silla y se acercó a mí todavía sentado en la camilla, intentando recuperar.

    Se puso entre mis piernas y me besó en los labios, su lengua recorrió mi boca entrelazándose con la mía, mis brazos la rodearon agarrándole sus buenas nalgas cuando noté la dura polla de Wilson apoyándose sobre mis manos y culo de su jefa, abrazó a la doctora por el pecho, bajó las copas del sujetador del body y pellizcó sus pezones entre los dos cuerpos.

    Entendí que la sesión no había acabado, estos dos querían su ración de sexo total y yo no pondría pegas a nada ya, había cruzado la frontera y estaba dispuesto a todo.

    Wilson se puso entre los dos y nos pidió que le comiéramos la polla de rodillas, nos abrazamos al escultural cuerpo de Wilson y fuimos bajando hasta la enormidad de Wilson besando cada uno de sus músculos, pectorales, abdominales hasta llegar a su negra polla, Laura agarró la polla por la base y me la acercó a la boca, en esta postura era mucho más fácil embadurnar de saliva ese aparato, Laura hubiera necesitado dos manos más para abarcar la longitud del miembro, su boca recorría un lado y yo el otro, nuestras bocas se unían en la punta donde nos alternábamos para introducirla dentro de nuestras bocas.

    Las manos de Wilson sujetaban nuestras cabezas, Laura, fue bajando por los testículos de Wilson y este abrió las piernas y ella se deslizó hasta su ano, con la lengua hacia arriba le dio un beso negro de órdago, Wilson se movía al son de los lengüetazos que le suministrábamos a la vez en el culo y en la polla.

    Laura se incorporó y me dijo si quería follarme a Wilson, a su negro como lo llamó, la verdad es que no me lo había planteado pero después de haberle comido la polla es que no me importó, hizo que Wilson se tumbara bocarriba en un pequeño sofá que tenía en la consulta, levantó sus enormes piernas y sujetándolas por las rodillas me ofreció su ya de por si negro agujero, Laura se acercó con un condón se lo metió en la boca y se agacho hacia mi polla, muy hábilmente me lo coloco sin tocarlo con los dedos.

    Laura era supersexy, de cara como ya he dicho era una belleza y su cuerpo espigado estaba muy proporcionado, era evidente que tenía más de cuarenta pero la verdad es que tenía pinta de cuidarse, sus tetas pequeñas no tenían pinta de estar caídas y su culo no tenía más celulitis o piel de naranja que cualquier otro culo de una cuarentona, agarró mi polla y la dirigió ella misma hasta la entrada trasera de Wilson, con la otra mano le embadurno todo el orificio de gel lubricante y de un solo empujón mi polla penetro al enorme negro.

    Su espalda se arqueó cuando mi pelvis toco sus huevos, agarré su polla y se la empecé a cascar al ritmo de mis embestidas, el negro disfrutaba al máximo de la follada y me pedía que le diera más y mas deprisa, entre tanto Laura se soltó el body y sin quitárselo del todo se subió a los brazos del sillón de cara a Wilson, a horcajadas me pidió que le metiera la polla del negro en el coño, así los tres terminamos de unirnos en una especie de tren sexual.

    En un momento que me sorprendió bastante Laura me ordenó en pleno éxtasis que se la sacara al negro y se la metiera por el culo, la verdad es que antes lo había pensado viendo el estupendo panorama que me presentaba, así que no lo pensé me levanté, le lamí el culo mientras la polla de Wilson no dejaba de entrar y salir del conejito de Laura y se la metí de un solo golpe, la verdad es que Laura grito de dolor y placer cuando sintió las dos pollas dentro de ella, daba la sensación que no cabían, yo notaba los empentones de Wilson y daba la sensación que las dos estuvieran en el mismo agujero.

    Laura gritaba, estaba teniendo un orgasmo tras otro, y entre jadeos y gritos nos pidió que no nos corriéramos, quería nuestra leche en la boca, nos levantamos los dos y Laura se arrodilló agarrando nuestras pollas a la vez, con cada mano masturbaba cada polla y casi justo a la vez soltamos nuestros chorros de leche en su boca, cara, tetas, sobre todo Wilson que soltó una cantidad de lefa impresionante, Laura se relamía y nos exprimía las pollas hasta que no quedo una gota, nos las relamió y se extendió toda la leche por las tetas, la imagen era de película porno y ella la estrella.

    Laura se levantó nos besó a los dos en la boca dándonos a probar nuestra propia medicina y amarrándonos por las pollas nos llevó al lavabo, miré a Wilson y este me guio el ojo con una sonrisilla sin decir nada, me dejé llevar y entramos los tres, Laura se metió en la bañera de tamaño mediano y dijo que era hora de la ducha, sin abrir el grifo se tumbó dentro, yo la miraba extrañado y entonces me di cuenta que Wilson agarrando su flácida pero enorme polla apuntó hacia Laura y empezó a mearse encima, yo no salía de mi asombro y buscando la mirada de Laura mientras ya le caía el orín de Wilson por el pecho me ordenó que me meara.

    Enseguida un fuerte chorro de pis chocó contra el pubis de Laura, como dos bomberos con nuestras mangueras intentamos apagar el fuego de esa impresionante hembra, la orina le caía por todo el cuerpo y ella como una loca se frotaba con las manos por todo el cuerpo, yo creo que incluso llegó a orgasmo, otra escena de película porno, la visita había sido impresionante y los tres disfrutamos de una revisión muy excitante.

    Este relato es en toda su totalidad irreal, digo esto para que luego nadie me pueda tildar de fantástico y demás, esta página admite todo tipo de historias y como tal expreso en estas líneas una fantasía. Espero que todo aquel que lo haya leído lo haya disfrutado como yo lo he hecho escribiéndolo.

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  • Mi mujer entregada a mi empleado (1)

    Mi mujer entregada a mi empleado (1)

    Comenzaré diciendo que soy un empresario de cierto éxito en mis empresas (tengo varias), mi mujer y yo ya somos de cierta edad (ella 51 yo 58). Nos casamos bastante jóvenes. Nuestra vida sexual siempre fue bastante fructífera y no nos frenábamos ante nada. Mi mujer siempre gozaba de una gran motivación sexual y cuando yo por cansancio o desgana no cumplía ella tenía suficiente material sexológico en un armario que siempre estaba cerrado con llave (para que los hijos y nietos no husmearan). Lo que más le gustaban eran los consoladores de buen volumen.

    En ocasiones cuando nuestros actos se prolongaban siempre quería que acabase metiéndole el puño por el coño y así acababa teniendo un último orgasmo que le hacía gritar de placer. Aunque yo por mis diferentes viajes y reuniones de empresa, tuve ocasión de ponerle varias veces los cuernos, en cambio ella me consta que nunca llegó a ese extremo. Mi mayor fantasía comenzó a ser el verla a ella follada por otra persona, y así se lo hice saber en varias ocasiones.

    Al principio se negaba en rotundo a llevar a cabo tal fantasía, pero después de ver varios videos de tríos, de cornudos, de infidelidades poco a poco fue cambiando de opinión. Así un día me dijo que si estaba interesado tendría que ser yo quien le buscase al hombre, con la condición que no fuese uno de nuestros amigos. Con el paso de los meses adquirí unas naves en una zona de Zamora con el fin que sirvieran de centro de logística para la distribución de mercancías diversas.

    En esas naves estaba de encargado un hombre de 40 años soltero y de muy buen ver. Mis viajes a Zamora eran habituales y pronto entablé una buena amistad con el encargado. En una ocasión pude ver el buen tamaño de su pene al estar ambos cambiándonos de ropa en el vestuario. Su pene en reposo era muy ancho y de unos 20 cm. o sea que excitado podía ser un buen aparato de taladro. Esto me hizo pensar en lo que le gustaba a mi mujer una buena polla (la mía era normalucha, de 16:50 cm). Antes no lo mencioné, pero mi mujer se conserva muy bien, nadie le hecha 51 años, a lo sumo 40. Es delgada y de 1:62 metros.

    Tenía que pensar en un plan. Le dije a mi mujer que tenía el candidato ideal, le hablé de su gran aparato, no solo por largo sino también por ancho y esto hizo que mi mujer tuviese por fin deseos sexuales con otro hombre (tal y como me contó más de una vez) estaba deseosa de que se lo presentara.

    Por fin llegó la ocasión cuando teníamos que establecer un calendario de distribución y poner en práctica una nueva gestión de logística, era necesario ampliar la plantilla así que llame a Luis (así se llamaba) a mi casa un sábado, con el fin de pasar el fin de semana trabajando en varias estrategias. Solo lo cite a él y no al resto de la dirección de la empresa. Aquel sábado se presentó puntual a las 11 de la mañana, después de las presentaciones oficiales a mi mujer y tomarnos un refrigerio los tres justos pasamos a mi despacho Luis y yo donde estuvimos reunidos hasta la hora de comer.

    En un momento dado salí del despacho y le pregunté a mi mujer que le parecía ella por toda contestación sacó la lengua pasándosela por los labios, como símbolo que le gustaba. Después de comer pasamos a la salita a tomar el café y unas copas. Mi esposa dio permiso al servicio para que se tomasen la tarde libre pues ya no era necesario su servicio y nos entretuvimos en conversaciones banales. Mi esposa se había puesto una ropa muy sexi que dejaba ver sus piernas e insinuar sus grandes pechos, cosa que no pasó desapercibida para Luis pues varias veces pudimos observar cómo se le iban los ojos hacia las partes más sensuales.

    Ese sábado la cosa quedó así. Durante la semana mi mujer me preguntaba insistentemente por la fecha en que se podría tirar a Luis y Luis en las dos ocasiones que fui a Zamora me preguntó por mi mujer. Ya no podía seguir retrasando el encuentro por más tiempo así que le dije a Luis que el sábado lo volvía a invitar a mi casa para seguir manteniendo una reunión sobre la empresa. A mi mujer también le dije que se pusiese lo más sexi posible.

    Llegado el sábado a las 11 en punto de la mañana ya estaba Luis tocando el timbre de las rejas exteriores. Al poco después de los saludos habituales, tomamos un refrigerio y a buena hora pedimos que nos pusiesen la comida. Comimos y pasamos a la salita a tomar el café y unas copas. Mi mujer estaba imponente y excitaba a un muerto. De nuevo mi mujer dio permiso al servicio, pero esta vez hasta la mañana siguiente. Así estuvimos un buen rato. En un momento dado mi mujer se retiró y al momento sonó mi teléfono (era nuestra estrategia) yo lo cogí e hice como que era una llamada de empresa en la cual me reclamaban inmediatamente por un problema, así que me tenía que ir.

    Luis quiso irse también, pero lo convencí que se quedase pues de lo contrario mi mujer se quedaría sola. Yo por mi parte les dije que era probable que hasta bien entrada la noche no regresaría.

    Salí de casa, monté en mi coche el cual oculté en una arboleda como a medio km de mi casa y regresé andando. Salté la verja y me introduje en la casa por la puerta trasera. Me dirigí por el pasillo hasta una pequeña cocina que había justo antes de la salita, la cual podía ver pues en la pared había un ventanuco con una persiana que servía para pasar bebidas o comida desde ese cuarto a la salita. Por supuesto previamente había dejado la persiana un poco subida para poder observar y no ser visto.

    Allí estaba mi mujer y Luis hablando de cosas sin importancia, mi mujer no se atrevía a dar el paso y estaba claro que Luis tampoco. Al rato mi mujer vino hacia donde estaba yo y al verme me dedicó una sonrisa. Volvió a su sitio y se subió un poco más la ya pequeña falda dejando ver sus pantorrillas y casi hasta su tanga. Observaba como a Luis se le iba la mirada hacia esta zona. Mi mujer comenzó una conversación un poco más sensual, preguntando a nuestro invitado sobre su vida marital. Luis le confesaba que nunca se había casado por que le gustaban demasiado las mujeres para serle fiel solo a una.

    Ante la insistencia de mi mujer Luis le contaba alguna de sus experiencias con sus parejas y aquello comenzó a subir de tono, mi mujer también le contaba a Luis sobre nuestras experiencias sexuales y así a lo tonto después de más de hora y media por fin Luis se cambió de sitio y se puso en el mismo sofá que mi mujer, la cual en vez de retirarse se le pegó más, esto dio pie a Luis para ponerle una mano en la pierna a mi mujer, la cual en vez de hacer por retirarla hizo lo contrario afianzando la mano de Luis con la suya.

    Estaba claro que ya habían dado el primer paso y esa imagen produjo que yo comenzase a excitarme. Ahora ya no escuchaba la conversación entre ambos pues se había convertido en una conversación más susurrante e íntima. Por fin Luis se decidió y comenzó a magrearle una teta a mi mujer la cual dio un pequeño suspiro de placer echando la cabeza hacia atrás.

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  • Una madura y atractiva mujer

    Una madura y atractiva mujer

    Como estaba repodrido de la gran ciudad decidí mudarme a un pueblo tranquilo. Encontré uno junto al mar, a medio mundo de mi casa natal y allí decidí quedarme. Todo era nuevo para mí. Excepto los bares.  Siempre hay vida de bar en los pueblos y es allí donde se cuecen las habas.

    Encontré un lugar en el centro del pueblo, que de todos los existentes reunía las condiciones de buen gusto, buena música y gente linda que una persona como yo necesita como entorno para que la cerveza, el vino o el café no le causen retortijones de estómago. Y de allí me hice parroquiano.

    Soy ingeniero, tengo 35 años y me conservo muy bien. Digamos que aún tengo pretensiones de ligar a destajo lo que se me ponga a tiro y sea de mi gusto. Pero también era el forastero del pueblo, es decir, alguien que no conoce a nadie pero que es estudiado y conocido por todos. Sin embargo, encogí mis hombros estoicamente frente a esta situación y en cuestión de mujeres empecé a elegir con quien soñar cada noche. Porque de follar nada ¿Eh? Nadie le pasa bola al “de afuera”.

    De todas mis fantasías, una mujer se llevaba las palmas. Debo decir, por mal que le pese a mi amiga Kryxtal, que tengo debilidad por las maduras. Es que las mujeres menores que yo son muy quilomberas. En cambio, las mayores, generalmente comprometidas con alguien más, guardan el placer morboso por el sexo puro. Y saben callar después.

    Les decía que, de todas las parroquianas de mi bar, había una que se llevaba las palmas. Aterrizaba en la barra con precisión cronométrica todos los días a las 19. Y por supuesto yo estaba esperándola solo para verla.

    ¿Ver qué?, dirán ustedes. Bueno ver y gozar su elegancia. Pantalones muy ajustados que exaltaban piernas y culo de veinteañera. Botas tradicionales de punta muy fina y taco muy alto (no como los zapatos lunares y de pésimo gusto que usan las mocosas ahora), camisas o jerseys entalladas para mostrar senos grandes y erguidos. Peinados prolijos en sus cabellos negros y lacios. Un placer de mujer. Fina y seguramente exigente. Inalcanzable para un vulgar y desconocido inmigrante americano (del sur, los yankis roñosos nos han robado hasta el gentilicio).

    Solo tenía un punto débil: su cara. Que no era fea, debo ser justo. Pero tampoco era de top model y, en cierta forma, no cuajaba con su porte y su cuerpo. Pero yo puedo perdonar algunos defectos. Después de todo nadie es perfecto, ¿no? Así que acabo de presentarles a la que entonces era dueña de mis pajas.

    Tendría que contarles mucho más de lo que se admite en estos relatos, para explicarles porqué a mi edad la voluntad de los dioses ya no me sorprende. Y es aquí donde la historia empieza a ponerse interesante.

    Porque ocurrió que un día, desafiando inexplicablemente a las mafias locales de la construcción, logré ganar una licitación comunal para la reparación de unos monumentos públicos. Quien conozca estos temas, debe saber que siempre se formalizan con la firma de un contrato que según el monto de la obra requiere mayor autoridad para su rúbrica.

    Y a mí me tocó firmar el convenio con el mismísimo Alcalde, cuya señora esposa era…

    Sí, lo han adivinado: la reina de mis sueños.

    El alcalde era un buen tipo. No por nada ganaba las elecciones sistemáticamente desde tiempo inmemorial. Un tipo honesto (robaría solo el 3% del erario público, jajaja). Tendría unos 65 años y su esposa no llegaría a los 50.

    En el ágape posterior, tuve oportunidad de conversar con ellos. Así me enteré que Merce (ella), había sido reina del lugar a los 19, cuando Juan (él) era ya un experimentado concejal en busca del ejecutivo.

    Bueno. Mi táctica fue básica: no apurar las cosas y hacerme amigo de ambos. Y vaya que lo logré. No fue difícil. No soy mal tipo y ellos eran macanudos. Primero me estudiaron. Vigilaron mi trabajo como perros de presa. Pero yo no fallé.

    Como la obra tenía que ver con monumentos públicos y el gusto femenino era fundamental, mi inspectora fue Merce, que, a pesar de no tener cargo oficial, auxiliaba a Juan en esas tareas. Aparecía de improviso en los trabajos, vestida con ajustadísimas prendas y anteojos de sol. Yo perdía la concentración y me masturbaba frenéticamente por las noches con su imagen diurna. A veces me retaba con una altura proverbial. Otras simplemente daba su opinión. Pero por suerte siempre se iba conforme.

    Fue lejos mi mejor trabajo. No podía fallar por la perspectiva económica a futuro y tampoco quería hacerlo porque la deseaba a ella con todas mis fuerzas. Después de esa obra vinieron otras y otras y en un pocos meses me transformé en un tipo adinerado. Y solitario. No me fijaba en otras mujeres. Mi obsesión por Merce era tal que debía luchar por no venderme ni dar que hablar al populacho.

    Tarea muy difícil disimular mi pasión. Sobre todo porque el matrimonio me abrió primero las puertas de su casa y luego me brindó su amistad.

    Juan me invitaba los sábados al golf (deporte que odio) o de pesca (deporte que aborrezco), o de caza (deporte que me pone al borde del suicidio). Pero todo ello lo soportaba porque después seguía el almuerzo con Merce, que siempre lucía espléndida. También me presentaron la clase alta local. Me invitaban a toda clase de fiestas. ¡Y que fiestas! No faltaba nada en ellas. Champagne en cataratas, whisky del mejor, mujeres vestidas como modelos y quizás hasta pasta en los excusados.

    Comenzaban temprano y terminaban al alba. Con esposos muy bebidos para conducir y esposas con ganas de follar que no serían satisfechas. Y yo solo. Como un vil pajero. No era que me faltasen oportunidades. Simplemente no era Merce la que me las daba.

    Nos hicimos muy amigos en menos de un año. Y también confidentes. Juan me decía que ya no tenía el vigor de antes, y que estaba preocupado porque para Merce no parecía pasar el tiempo. “Mírate tú”, me decía. “Tú eres un adonis”. “Las mujeres que yo tenía a tu edad me las tiraba en grande”. “Pero ya no puedo, aunque quiero”.

    Merce por su lado, me contaba que Juan estaba deprimido y que bebía demasiado. Una forma implícita de confiarme que ya no la follaba. Yo apenas la escuchaba. Solo quería comerme su coño. Pero hacía esfuerzos demenciales por defender a mi amigo. Sin embargo, una tarde de sábado de primavera, en que hacía un espantoso calor, pude ver el problema en directo.

    Habíamos tenido una tremenda caminata de caza. Y Juan había rematado su cansancio con una botella entera de rioja. Durante el almuerzo todo iba mas o menos bien. Pero a los postres no aguantó más y se retiró a la siesta para fermentar su trago.

    Quedamos Merce y yo charlando de sobremesa amigablemente. De pronto me dijo “Me ha dado ganas de tomar el sol junto a la piscina” “Pues hazlo. No te preocupes por mí”. Ella sonrió y me dijo: “Iré a cambiarme”. Yo quedé solo a la sombra del aromo bebiendo mi única copa de rioja. Pero a los 15 minutos, casi me atraganto cuando volvió cambiada.

    A ver. Lo contaré despacio porque me complace recordarlo. Caminaba con una tanga dorada minúscula. Su cuerpo no tenía ni un gramo de grasa. Ni celulitis. Su culo era de una redondez perfecta y dejaba entrar el hilo dental dorado entre sus cachetes con una perfección absoluta. Su parte superior acentuaba el tamaño de sus senos y los juntaba para mostrar un canalillo exuberante.

    Y todo estaba rematado con unas sandalias de tiras finísimas y tacón medio que resaltaban la belleza de sus pies y de sus uñas pintadas de rojo carmesí. ¡Una diosa! Se acercó a la piscina y se sentó en un catre de sol. Me miró. Me regaló una sonrisa y me preguntó:

    “Daniel, ¿Me untarías la crema?”

    Yo casi tropiezo por la celeridad en levantarme a cumplir los deseos de mi señora. Pero lo disimulé bien. Me acerqué y empecé a friccionar su espalda suavemente. O bien Merce pensaba que yo era gay o me estaba provocando escandalosamente. ¡No podía ser tan pelotudo! ¡Me estaba provocando escandalosamente! Quería, deseaba mi polla.

    Miré a mi alrededor. Recordé que el sábado la servidumbre tenía franco en la casa. Pero no me animaba a intentar nada. Ella reía cuando la untaba. Acusaba cosquillas en su espalda. Mi polla estaba a reventar. Mis manos se movían circularmente sobre la espalda de esa hembra que seguramente estaba insatisfecha hacía tiempo. Le sugerí pararse para untar su espalda baja con más comodidad.

    Ella se levantó y yo me senté detrás de ella.

    Merce sacó su culo hacia mi cara de forma tal que mi aliento debía llegarle. No aguanté más. Me levanté, la tomé por la cintura y empecé a besarle el cuello suavemente mientras mis manos acariciaban su cintura, y mi pija se apoyaba en su culito. Ella se mostró demasiado artificialmente sorprendida.

    “¡Daniel… ¿Qué haces?!”

    Yo no le hice caso y comencé a caminar con ella hacia el vestuario. Al entrar, cerré la puerta tras de mí y la besé intensamente tomando su culo con la fuerza de ambas manos. Ella devolvió mi beso y nuestras lenguas se buscaron con fuerza. Desprendí el sujetador y dejando sus senos al aire. ¡Eran preciosos!

    “Te deseo Merce”, atiné a decirle. “Quiero follarte y que seas mi hembra”

    Ella no contestó. En lugar de eso se arrodilló frente a mí y empezó a mamar mi polla. Yo acariciaba sus cabellos y la empujaba cada vez con más fuerza. Me la follaba por su boca. Luego de un rato la incorporé, corrí su tanguita y la penetré. Noté como si una corriente de mil voltios la atravesara. Ella gritaba en mi oído su placer.

    “Métemela. Métemela hasta el fondo. Quiero esa polla desde que pisaste este pueblo. Dámela”

    No podía creer lo que mis oídos percibían. ¡Cuánto tiempo perdido! La recontra acabé alzándola con las manos en el aire. La acabé por su coño y enseguida también por su culito, del que se notaba no era virgen. Mas adelante supe que ella gozaba más de la penetración anal.

    Porque claro, fue desde entonces mi amante. Al principio en secreto y luego la comidilla del pueblo. La alcaldesa y el extranjero 15 años menor. Juan no tardó en enterarse y cuando lo hizo no le importó. Es más, cuando lo supo me dio su aprobación (“mejor que seas tú el que me haga los cuernos”) y solo me pidió que lo dejara espiar. A sus años se había transformado en perverso. Pero aun así era mi amigo.

    Por supuesto que la vida aparente siguió igual. Siempre la apariencia manda en los pueblos. Seguía siendo invitado a sus fiestas y era una sensación extraña llegar y que la dueña de casa me saludara con un beso francés frente a su marido e invitados, o que me masajeara la polla en los rincones o me follara en los excusados cuando su límite de alcohol la liberaba. Yo también pedía más.

    Las fiestas de la alcaldesa eran cada vez más permisivas y el cambio de parejas en ellas era algo habitual. Aunque yo no le permitía otros hombres y ella no me lo pedía. Llegué a follarla unas cuatro veces en la misma fiesta. No alcazaba a llenarle su coñito que ya la deseaba de nuevo. Aparecía de improviso en mis obras luciendo modelos cada vez más escandalosos. Cada día era más puta. Más mi puta.

    Y un día, Juan murió.

    Concurrí sentidamente a su sepelio y luego lo recordé revolcándome en su cama con su viuda y follándola en su honor. Merce fue mi mujer por cinco años más. Hasta que yo simplemente cambié.

    Y tan silenciosamente como una vez llegara a ese pueblo, desaparecí sin dejar rastros.

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  • Mi chongo favorito: El ex de mi amiga me da su lechita

    Mi chongo favorito: El ex de mi amiga me da su lechita

    Tenía 23 años, andaba en esa etapa donde una se cansa de fingir que está bien. Mi vieja había fallecido hace algunos meses y había dejado la carrera. Estaba rota.

    Nahuel siempre me había parecido hermoso. Morocho, con esa voz grave de tipo que piensa todo antes de decirlo, y una forma de mirar que te derrite con un solo pestañeo.

    Me gustaba desde que lo vi, aunque jamás lo admití. Era el chongo de una… “amiga”. Yo me mantuve al margen, hasta que no tuve por qué.

    Era un frío sábado a la noche de junio. Aburrida, abrí WhatsApp y ahí estaba: ese estado de fondo gris y la frase melodramática de ella, que parecía influencer con problemas emocionales.

    “A veces amar también es soltar…”

    No me reí, pero levanté una ceja. Traducción automática en mi cabeza: “Nahuel la dejó”. Y si, Nahuel la dejó.

    “Che, ¿estás bien?” le escribí, como buena chica solidaria.

    No tardó ni dos minutos en sonar el teléfono.

    —Boluda, me dejó. Me dijo que soy tóxica, que lo agoto, que soy una loca celosa —lloriqueó.

    “Y capaz tiene razón”, pensé, pero asentí en silencio, mientras me tiraba en la cama. La escuché media hora. Me puse seria, ofrecí palabras empáticas, y apenas corté, abrí Instagram y busqué a Nahuel.

    “Holi. Me enteré lo que pasó. Si querés hablar, estoy.”

    Cinco minutos después, me clavó un “Hola. Gracias, en serio. No esperaba que vos me escribas.”

    Y fue cuestión de ir tirando cebos suaves. Primero un “cuando quieras tomamos unos mates”, después un “si te pinta, caé”. Le mandé la ubicación y me puse a limpiar el living con rock de fondo.

    Llegó cerca de la 1. Estaba hecho mierda. O actuaba bien. Bah, en el fondo los hombres nunca necesitan mucha excusa para terminar cayendo en la trampa de una mina que quiere salvarte.

    Entró. Olía a perfume, y traía esa mirada perdida que a mí me calienta: tipo solo, confundido, buscando abrigo. Perfecto.

    —¿Querés un mate?

    —Dale, porfa.

    Nos sentamos en el sillón. El buzo largo me cubría hasta medio muslo, pero sin tanga ni corpiño, cualquier cruce de piernas podía ser accidentalmente obsceno. Y lo fue. Lo hice a propósito.

    —Te juro que no entiendo cómo llegamos a esto —dijo él.

    —A veces no es “llegar”, boludo. Es salir. O huir.

    Me miró. Esa mirada. Como si recién ahí se diera cuenta de que estaba en terreno inestable. Como si mi living fuera un pantano caliente.

    No sé en qué momento le apoyé la mano en el muslo. Natural, sin decir nada. Apenas un gesto de cercanía. Él se tensó, bajó la vista. Vi cómo se le marcaba la verga en el pantalón. Y ahí supe que ya estaba.

    —Che… si viniste para hablar, hablá. Pero si viniste por otra cosa… no hace falta que finjas.

    Él no dijo nada. Solo me agarró la cara y me besó. Fuerte. Como si necesitara romper algo. Y yo lo dejé. Me abrí.

    Me trepé encima suyo y sentí su bulto duro contra mi concha. Froté sin pudor, gimiendo suave. Él gemía también. Bajó las manos a mi culo, me apretó como si fuera suya. Me sacó el buzo y me quedó el cuerpo desnudo.

    —Sos hermosa, la puta madre —dijo, bajando a besarme las tetas, lamiendo con desesperación.

    Le bajé el pantalón y la verga me quedó en la cara. Gorda, larga y dura. Me la metí en la boca sin mirarlo. Chupé con bronca, con hambre. La baba cayendo por mi mentón. Él gemía, me sujetaba el pelo, me decía cosas.

    —Ella nunca me la chupó así… nunca.

    Me reí con la pija adentro. Sabía que no.

    Me levantó de golpe, me puso contra la mesa del comedor. Me abrió las piernas de un tirón y se agachó. Me lamió entera. Yo me aferré al borde de la mesa esperando lo que más deseaba.

    —Dale, cogeme —le dije.

    Y la metió de una. Entró hasta el fondo y empezó a cogerme con todo.

    Cada embestida hacía temblar los vasos. Yo me agarraba al borde como podía, con la espalda arqueada y los gemidos saliéndome sin filtro.

    Después me llevó al sillón. Me tiró boca abajo, me acomodó de un tirón y volvió a metérmela de atrás.

    Me agarraba del pelo, me decía cosas sucias, resentidas, calientes. Yo le respondía con el culo para atrás, con los gemidos rotos, con las piernas temblando. Estaba tan mojada que resbalaba.

    Cuando terminó ahí, me agarró del brazo y me hizo girar. Me arrodillé frente a él sin decir palabra. Le miré la pija, la agarré con las dos manos y se la chupé de nuevo. La lengua le recorría el frenillo, los labios se le cerraban fuerte. Él me miraba como si no pudiera creer lo puta que era.

    —Quiero tu lechita —le dije, ronca, con la boca abierta.

    Y lo hizo. Se vino con una sacudida intensa, todo su semen me chorreó por la mejilla, por la boca, por el cuello. Me la pasé con el dedo, lo miré fijo, y me lo metí en la boca. Lento. Como si estuviera saboreando una victoria.

    —¿Estás mejor? —le dije, burlona.

    —Mucho.

    Se sentó en el sillón y me quedé tirada encima suyo, la piel pegoteada, el pelo enredado, la boca seca.

    Nahuel respiraba agitado, con una mano abrazándome y la otra acariciándome las tetas como si no supiera soltar.

    —¿Y vos? —preguntó de la nada, con la voz ronca— ¿en qué andás?

    Solté una risa cortita.

    —En una crisis existencial que ni te imaginas.

    Se rio también. Nos quedamos así. Abrazados. Sudados. Hablando boludeces como si no nos hubiésemos cogido con odio hace cinco minutos.

    Me incorporé de a poco.

    —Pará, voy a buscar mis cigarros, los dejé en la mesa de luz —dije, y salí caminando desnuda.

    Entrando al cuarto, escuché sus pasos. No hizo ruido, pero lo sentí. Como un instinto.

    Me di vuelta justo cuando él me alcanzaba. Me estampó contra la pared sin decir una palabra. Me besó el cuello. Me agarró fuerte. Tenía la verga dura otra vez.

    El cuerpo de él contra el mío era un horno, un recordatorio de que no habíamos terminado nada.

    Lo llevé a la cama, me tiró boca arriba, y se me subió encima. Me besó la panza, subió a las tetas, al cuello.

    Me abrió las piernas con las manos calientes y me la metió de nuevo.

    Se movía rápido, crudo, con las manos sujetándome las muñecas contra las sábanas.

    Me cogía con hambre, con bronca, con necesidad. Como si me odiara un poco por hacernos esperar demasiado por ese momento.

    Cuando salió, yo todavía jadeaba. Me bajé de la cama, me arrodillé frente a él y le agarré la verga, dura, brillante, palpitante.

    Se la chupé otra vez. La lengua se la recorría entera, desde la base hasta la punta, con ritmo, con saliva, con ganas de hacerlo acabar.

    Le miré los ojos mientras la tenía en la boca, metiéndola profunda, provocándolo. Él gemía bajito, con la mandíbula apretada. Después lo masturbé y se la froté contra mis tetas.

    Y ahí acabó. Fuerte. En espasmos. Toda la leche me chorreó tibia sobre la piel, espesa, caliente, manchándome las gomas y bajando por la panza.

    Lo miré con una media sonrisa, pasé el dedo por las gotas de semen y me las llevé a la boca de nuevo. Lamí mis dedos y me tragué todo como si fuera un caramelo.

    Me limpié tranquila con una remera vieja. No dije nada. No hacía falta. Él se vistió en silencio, sin apuro.

    —Espero verte pronto —me dijo seguido de un chape y agarrándome las tetas.

    Me acerqué y le hablé al oído:

    —Cuando vos quieras, amor.

    Y se fue.

    Después vinieron más noches, más polvos, más gemidos, más mensajes a la madrugada (Ya les contaré otras anécdotas). Nos vemos hasta el día de hoy.

    No es amor, es algo crudo y físico. Me coge y me siento renovada.

    Cuando mi “amiga” nos vio juntos en el auto meses después, hizo un escándalo. Me gritó zorra, puta, roba novios. Yo la miré y no dije nada. Cuando la veo le hierve la sangre.

    Nadie me coge como Nahuel. Y hasta hoy, aunque no tengamos títulos ni promesas, aunque no sepamos ni qué somos… es de los vínculos más reales que tengo.

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