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  • Mi novia y mi padrastro (5 – final)

    Mi novia y mi padrastro (5 – final)

    Esto tenía que terminar, iba a romper con Mariana y a cortar comunicación con mi padre, primero debía separarlos, pero ¿cómo?, ellos encajaban muy bien los dos, seguro se seguirían viendo, aunque yo saliera de sus vidas.

    Debía hacer algo, forzar alguna situación, evidenciar su comportamiento, amenazar, pero no tenía idea de lo que podría funcionar, las cosas habían avanzado demasiado. Toda la semana se me hizo un infierno, por mucho que estuviera enojado me masturbaba todos los días con los videos de mi novia y mi padre. Adelantaba a las partes que me gustaban más e incluso le ponía pausa al video cuando mi novia estaba enfocada con el semen de Gustavo en la cara. Además, todas las noches imaginaba que ellos estaban juntos, ya sea en la casa de Mariana o en la de mi padre.

    De hecho, mi novia se comportaba muy distante, solo mandábamos mensajes indiferentes y como mucho 10 al día, en la noche nada. Eso me hacía pensar que mis suposiciones eran ciertas, que se encontraba con mi padre. También era posible que no, que no estuvieran juntos pero que tuvieran videollamadas o conversaciones con fotos, lo cual era igual de malo, pero terriblemente morboso. Yo esperaba para el sábado, que en uno de los días platicamos que podríamos visitar a Gustavo. Le verdad me daba mucho miedo, no sabía si podía soportar la compañía de los dos ya sabiendo lo que estaba sucediendo.

    Pensé mil formas de confrontarlos, como que les gritaba, o los exponía, o les decía que era injusto que me hicieran eso, pero en todos los posibles escenarios no había final satisfactorio. Daba igual que me pidieran perdón y dijeran que pararían, se podrían seguir viendo, solo dirían eso para que yo estuviera tranquilo. No se me ocurría alguna manera, pensé y pensé, pero todo concluía con lo mismo. Pasaron los días hasta que por fin llegó el sábado, que como siempre en la mañana le mandé mensaje a Mariana de que ya iba para su casa.

    Llegué con ella, nos comportamos como una pareja que ya no siente nada por el otro, que solo nos veíamos por compromiso. Yo me comporté todo lo indiferente que podía, incluso en un momento que pasó caminando una chica con un muy buen culo, me le quedé mirando muy indiscretamente.

    Mi novia por supuesto que se dio cuenta, y se enojó conmigo y me comenzó a reclamar. ¿Cómo tenía el descaro de enojarse por algo así sabiendo que ella hacía cosas mucho peores? Yo sabía que Mariana era muy posesiva, pero ya al punto de que lo hiciera siendo ella culpable de nuestro estado era ridículo. ¿O era ideal? ¡Por supuesto! Era posible que se enojara también con Gustavo por las chicas con las que ligaba, ¿sería posible? Al menos podría intentarlo, pero el asunto era que debía tener el celular de mi padre con las pruebas.

    Pero en todo caso, no era seguro que con él se enojaría, a fin de cuentas, la relación entre ellos era muy diferente a la que yo tenía con ella. La de ellos era una relación de amo y sumisa, la nuestra solo de novios, en la que si me puede reclamar. ¿Podrían ganar los celos de mi novia? Definitivamente tenía una oportunidad, pero necesitaba un plan auxiliar por si ese no funcionaba y ella aceptaría cualquier cosa con tal de seguir estando con Gustavo.

    No podía recurrir a la justicia, ya que los dos eran adultos, pero ¿las demás chicas eran todas adultas? Si encontraba una que no lo fuera, era evidencia suficiente para que pudiera recurrir a ese camino. Aunque la verdad dudaba de que fuera así, mi padre no se metería en ese tipo de problemas, y en ciertas conversaciones veía que no empezaba con el sexting hasta que él pedía una identificación.

    Decidí dejar de pensar en eso, ya se me ocurriría algo estando con ellos. Llegamos a su casa, tocamos, saludamos y nos recibió como la vez pasada. Se comportó de tal forma que, si me decían que todo fue un sueño, yo lo creería, nada en su actitud lo delataba. No vi miradas comprometedoras ni que él la tocara de una forma impropia, era un muy buen actor. Todo al contrario de Mariana, ella se notaba muy tensa, como si quisiera vomitar, su cara denotaba un nerviosismo bastante considerable.

    Es raro pensar que yo esperaría un comportamiento más suelto, se supone que ella lo disfrutaba, cuando fui a su casa que se masturbó en la regadera me trató como si yo no le importara. Incluso fue ella la que propuso ir con Gustavo, ¿por qué entonces se comportaba de esa manera?

    Pasamos a la sala y mi padre nos invitó a sentarnos, ella no lo veía a la cara, ni a él ni a mí. Él nos preguntó si se nos antojaban unas hamburguesas para comer, respondimos que si, lo que sea estaba bien. Se paró por el teléfono para marcar a la tienda, yo me quedé solo con Mariana, le pregunté si todo estaba bien, contestó que si, que solo se sentía un poco mal, pero que ya se le pasaría. No le creí, algo estaba pasando, que podría ser que algo en ella siente culpa ya teniéndolos a los dos en la misma habitación, o incluso podría estar excitada por la presencia de Gustavo y trataba de controlarse. Esperé a enterarme, mientras mi padre nos informó que ya venían para acá.

    Nos sentamos a comer platicando de cómo nos había ido en la semana, de que, si ya vimos cierta película, del gobierno, cosas así, nada relevante. Al acabar de comer fuimos a la sala y vimos una película, que ahora Mariana no aprovechó para mostrarse a Gustavo, eso estaba raro, la otra vez se acomodó de tal forma que él pudiera apreciar su trasero, pero ahora como que se “escondió” de él. Vimos la película tranquilos hasta el final, solo de vez en cuando mi padre o yo soltaba de las típicas frases de “no hagas eso” o “que falso” de las películas de ficción. Al acabar la película nos invitó a comer un helado de los que había comprado y seguimos platicando hasta que nos dio la noche.

    Gustavo nos ofreció quedarnos a dormir, lo cual aceptamos, ahora Mariana estaba definitivamente nerviosa, hasta diría que tenía miedo. Subimos a cambiarnos, me di cuenta de que en su bolsa llevaba su pijama, ¿Qué sabía que nos íbamos a quedar a dormir? Era casi obvio por supuesto, pero noté extraño que se hubiera preparado, además esperaría que ella hubiera aprovechado para ponerse ropa de Gustavo, ya que tanto le excitaba.

    Lavamos nuestros dientes y nos acostamos, los dos guardamos silencio por un rato, y después me abrazó. Me esperaba cualquier cosa menos eso, la verdad, se supone que estábamos mal y los dos sabíamos por qué, aunque ella no sabía que yo lo sabía todo. Correspondí el abrazo en un gesto de amabilidad.

    Tocaron la puerta de la habitación, era mi padre, que solo nos dijo “vengan a mi habitación, quiero platicar con ustedes”. Mariana apretó mi brazo con fuerza, todo era muy extraño, definitivamente algo pasaba. Nos paramos y fuimos a su cuarto, en el que nos estaba esperando sentado en su cama, frente a un pequeño sillón que tenía. “Siéntense por favor”, nos dijo, para después vernos fijamente por un par de minutos. Se notaba que estaba enojado, o tal vez no enojado, solo serio, pocas veces lo había visto así, siempre era cuando peleaba con mi mamá.

    G: Creo que tenemos que platicar sobre lo que está pasando, Mariana, Javi merece saber lo que haces.

    En ese momento, al ver que sacaba el tema de una forma tan brusca, aumentó mi valentía y mi adrenalina, por lo que decidí hablar, aunque me temblaba un poco la voz.

    J: ¿Sobre el hecho de que ustedes dos están acostándose a mis espaldas?

    Los dos me vieron con una cara de sorpresa impresionante, definitivamente no sabían que yo estaba enterado de todo. Mi padre me vio con preocupación en la cara, Mariana con ¿esperanza?

    G: ¿Cómo te enteraste?

    J: Eso no importa la verdad, lo que importa es que lo sé, y me van a decir los dos que es lo que está pasando entre ustedes y porque quieres hablar de esto ahora y no antes.

    M: Díselo ahora, a ver si sigues siendo tan valiente.

    J: ¿De qué está hablando?

    M: Tu padre quería ponerte en mi contra para contarle a mis padres lo que hicimos en su cama.

    G: Espera, hay que ir por partes. Toma, ve esto.

    Me extendió su teléfono, no estaba entendiendo nada, ellos por supuesto se entendían, pero yo de esta semana no supe nada. Me enseñó la conversación que tuvo aproximadamente el martes con ella, estaban hablando como amantes, en su rol de amo y sumisa. No entraré en detalles, es lo de siempre, unas cuantas fotos y así, hasta que llegué al punto que supongo quería que leyera.

    Mariana le agradeció por iniciarla al sexo anal, diciendo que le gustó pero que tenía mucho miedo que le doliera. Platicaron de eso y de lo mucho que disfrutaron los dos, nuevamente con mensajes de mi padre insultándola y ella venerándolo, nuevamente tenía ganas de vomitar y me temblaba un poco las manos. Ellos dos me veían con interés para tal vez adivinar en que parte de la conversación iba.

    Seguí leyendo, y el miércoles después de que vi mensajes de que ya estaban por verse, era una como pelea, en la que mi padre le decía que iba a exponer su verdadera identidad hacia sus padres, no entendí mucho de la conversación. Era Mariana diciendo que él tenía la culpa y de mi padre diciendo que la tenía ella, pero ¿culpa de qué? Seguí bajando y entendí solo un poco más, al parecer habían usado el dildo de la mamá de mi novia para estimular su ano, y que, para colmo, mi padre había eyaculado en una blusa de su mamá igual. Me enteré de que ya Mariana había quitado toda evidencia, entonces ignoraba cual era el problema, eso ni siquiera era grave.

    Acabando de leer mi padre comenzó a hablar.

    G: Tengo un video de tu perfecta novia masturbándose con el dildo de su madre, además de que me dice en cámara que te dejaría a ti por mí.

    J: Espera un momento, ignoremos el hecho de que no sé cómo eso afectaría a Mariana, ¿con qué cara me dices eso? Vi sus conversaciones, vi sus videos, vi su videollamada, ¿cómo puedes comportarte así?

    Nuevamente me vio con sorpresa, hasta con espanto.

    M: Lo que pasa es que mi madre tiene ideas muy retrógradas, es capaz de sacarme de la casa si sabe que estoy con un hombre mucho mayor.

    J: ¿Estás hablando en serio?

    M: Si, pero tu padre quiere joderme solo porque le salió su amor por su hijo solo porque cuando se fue le dije que quería desde un principio experimentar la infidelidad y agradecía que fuera con él.

    J: No estoy entendiendo, ¿por qué te enojaste por eso?

    G: Eres mi hijo al final de cuentas, y ella te estaba lastimando.

    J: ¿Y tú? Yo ya no te quiero ver después de esto, a ninguno de los dos, son personas malas.

    G: No digas eso y primero escúchame. Se que cometí un error, pero fue solo por la lujuria, tu novia era ideal para mí en ese aspecto.

    J: Jajaja, ¿se supone que te estás defendiendo? Porque lo estás haciendo terrible.

    G: Yo no quería llegar a esto, te seré sincero, no me gustaba pensar que tu novia estaba conmigo porque ya planeaba algo así, me gusta sentir que yo causo una infidelidad, no que solo soy el objetivo.

    J: Te escuchas como un idiota.

    G: Lo se hijo, son cosas mías, pero no solo yo tuve la culpa, ella te fue infiel, y como pudiste ver lo disfrutaba.

    M: Si, pero ya no.

    J: Cállense los dos, no me importa ya lo que haya pasado, quiero que dejen de verse.

    G: Ni siquiera tienes que pedirlo, no pensaba seguirle hablando a una cualquiera.

    M: ¿Y tú qué eres? ¿Crees que por ser su padre no eres tú un cualquiera? Porque seducirte fue lo más sencillo del mundo.

    J: Ya basta, tampoco los veré más a ninguno de los dos.

    G: No puedes romper nuestra relación, así como así, pasaste gran parte de tu infancia conmigo.

    J: ¿Y qué? Ya no podría verte a la cara después de lo que me hiciste.

    M: A mí me da igual, de todos modos, ni siquiera me siento bien contigo.

    G: Ve como te habla, ve como es ella la que arruinó nuestra relación de padre e hijo.

    J: ¿Ella lo arruinó? Fueron los dos, y tu más porque soy tu hijo, no pensaste en lo que sentiría yo.

    No me detendré más en estos diálogos, es de imaginar lo que se platicó, nos insultamos, nos enojamos, y todo acabó peor de lo que esperaba, me adelantaré al momento que importa. En el calor de la discusión, quedó claro que todo se había podrido entre mi padre y yo, él se notaba muy enojado, tanto con Mariana como conmigo. Ni siquiera tenía sentido, él fue uno de los dos culpables, pero sucedió que mostró su verdadera cara conmigo.

    G: Ok, yo no quería llegar a esto, pero si es tu decisión cortar de raíz todo lo que vivimos como familia, es tu problema. Pero antes haré que no se te olvide que fue tu culpa el romper con todo. Voy a cogerme a tu novia ahora mismo, para que al menos aprendas como ser un hombre y que tu novia no ande de puta con alguien más.

    Me quedé paralizado al escuchar eso, mi corazón palpitó con más velocidad y fuerza, me senté en el sillón porque sentía que me fallarían también las piernas. Se dirigió ahora a mi novia.

    G: Quítate la ropa.

    Mariana obedeció, tenía en su cara una expresión de espanto, pero también de sumisión, por supuesto que a ella le gustaba eso. Le gustaba mi padre por su hombría, porque la trataba como alguien que no valía la pena, ese era su fetiche, que por mucho que lo odie, sabe que él le dará lo que quiere. Se terminó de desnudar, sus tetas estaban preciosas como siempre, grandes y algo marcadas seguramente por las mordidas y golpes de Gustavo.

    G: Arrodíllate y chúpamela perra.

    Ella se agachó, y bajó su pantalón y su calzón para empezar a lo que iba. Empezó chupando la cabeza, con deleite y dedicación, para seguir con el tronco, lo lamía de arriba hacia abajo, sacando la lengua todo lo que podía, para poder terminar con sus huevos, que chupaba con fuerza en lo que lo masturbaba. Ya todo el pene de mi padre estaba lleno se la saliva de mi novia, y ella trataba de metérselo todo a la boca. Gustavo entonces tomó su cabeza por atrás y la empujó toda para que su nariz tocara su estómago, lo que hizo que Mariana casi se ahogara, pero vi que su vagina ya estaba mojadísima.

    Yo no sabía que hacer, tenía ya el pene muy duro, pero no quería darles el gusto de que sepan que disfrutaba viéndolos. Mi padre le pidió que parara con su verga y le lamerle los pies y las piernas, lo cual hizo, quería humillarla todo lo posible antes de dejarla de ver, y a mi con ella. Mariana se puso a lamerlos, Gustavo se sentó para que pudiera lamer también sus plantas, y el pie que no estaba siendo repasado por su lengua se lo puso en una teta, o también le pateaba la cara con la suficiente fuerza para que le doliera, pero no tanto para que sea demasiado.

    Siguió con sus piernas, las lamió en toda su extensión, mientras usaba el pie de mi padre para masturbarse ella, era todo demasiado morboso para mí, por lo que comencé a apretar mi pene por encima del pantalón con cuidado para que no lo notaran.

    La humillación solo empezaba, mi papá se acostó como si el abriera las piernas y le pidió que le lamiera el ano. Eso era demasiado, comencé a marearme de lo que estaba presenciando, porque ella lo hizo y con pasión, estaba viendo a mi hermosa novia lamer al ano de mi padre. Lo hacía con mas goce de lo que a mi si quiera me besaba, incluso ponía más empeño que cuando besaba a Gustavo.

    Vi que se dedeaba ella sola, iba del ano a los testículos y a parte de su trasero, lo estaba repasando todo, a veces chupándosela. Incluso llegó a poner su teta derecha en su ano para poder darle placer así, mi padre no dejaba de llamarla puta, o diciéndole lo bien que lo estaba haciendo, ya que era para lo único que serviría siempre.

    Y puede que sea verdad, jamás vi, ni en el porno, a una chica humillándose así frente a su pareja, admitiendo el trato y las palabras de un hombre mayor. Gustavo se sentó, le escupió en la cara y en la boca y le pidió una rusa, ella se acomodó su verga entre las tetas y comenzó a masturbarlo así. Él de vez en cuando le daba una cachetada que le dejaba roja la cara, o le volvía a escupir, insultándola siempre, también golpeó sus tetas, y le decía que “esas tetas son dignas de una puta barata”, lo que hacía que Mariana lo masturbara con más fuerza, apretando más sus tetas.

    Pararon de hacer eso para que ella se acostara en la cama, se puso en 4, mi padre tomó un lubricando de un cajón y comenzó a usarlo en el culo de mi novia. Le metió el dedo en el ano para que se comenzara a dilatar, y en lo que lo hacía, aprovechaba para frotar su verga en la planta de los pies de ella. Ya cuando vio que el ano estaba preparado, la agarró a nalgadas e igual le escupió en la espalda y en sus glúteos. Comenzó con la penetración, primero haciéndolo lento, con pequeñas nalgadas, para escalar en velocidad y fuerza.

    Llegó al punto en el que sus huevos chocaban con su vagina, mientras su ano recibía toda su verga. La nalgueaba con fuerza, con una cara de odio en su cara, y le decía “eres mi puta” para que ella contestara “si papi, sigue partiéndome el culo por favor”.

    Siguieron así, mi padre cogiéndosela como un animal y ella recibiendo todo como la puta en la que se había convertido. Sin sacarle la verga del ano, la volteó para que ella quedara boca arriba y la siguió penetrando. Ahora en lo que lo hacía amasaba sus tetas con violencia, las golpeaba y escupía, le chupaba los pezones, la cacheteaba a ella, lo que quería era demostrar que solo era un juguete sexual, hecho para satisfacerlo. Y ella así se veía así misma, lo estaba disfrutando, se masturbaba o se frotaba el clítoris mientras estaba siendo penetrada.

    Después de unos minutos más así, le sacó la verga, se acostó en la cama y ella lo montó. Le dio unos sentones dándole la espalda, para que el aprovechara y la nalgueara, ella lo hacía muy fuerte, no tenía un gran culo, de hecho, recordemos que es pequeño, pero aun así se notaban ciertas “olas”, al caer de lleno sobre su verga. Se volteó para verlo y siguió dejándose caer, haciendo que su vagina reciba hasta la base todo lo que mi padre podría darle.

    El la cacheteó y se sentó, entonces quedaron muy pegados, las tetas de Mariana, ya sudadas, chocando con el pecho igual de sudado de Gustavo. Ella solo se frotaba en su pene, mientras él la besaba y le pedía que abriera la boca para escupirle, igual pidiéndole que ella misma dejara caer su saliva en sus tetas para que se viera mejor.

    Ya mi padre estaba por venirse, por lo que se separó de ella, la sentó en el piso como en el video, con la espalda recargada en la cama, pero ahora no uso sus tetas para masturbarse. Lo que hizo fue darle la espalda y ponerle el ano en la cara, y subir y bajar sus caderas para pasar por todo su rostro. El ano de mi padre tuvo que haber tocado desde la frente hasta la barbilla, y en ciertos puntos se detenía para que mi novia usara su lengua lo mejor que podía. Se volteó por fin, masturbándose frente a ella para poder acabar, Mariana abría la boca para recibir todo.

    Cuando Gustavo comenzó a correrse, lo hizo en toda su cara y sus tetas, también logrando meter chorros en su boca. Era demasiado semen, no comprendía como un hombre podía sacar tanto, la cara de mi novia estaba llena de leche, así como sus tetas. Ella solita comenzó a llevarse el semen a la boca, y chupar sus tetas para limpiarlas, así como pasó en el video. Chupó la verga de mi padre una vez más para que también quedara limpia.

    Se quedaron un rato sentados los dos, respirando con agitación, yo me había corrido en mis pantalones. Pensé que la humillación había acabado, pero no era así.

    G: Ahora, voy a marcarla para que a nadie se le olvide que ella me perteneció a mí. Vengan al baño.

    A mí me lo ordenó, pero a ella directamente la agarró del cabello, jalándola y casi tirándola, para guiarla hacia al baño. Nos dirigimos a este, y al llegar, mi padre aventó a Mariana a la regadera, no sabía que quería hacer.

    G: Ahora si puta, abre bien la boca.

    Apuntó su pene hacia ella, y comenzó a orinarla, el maldito se estaba orinando en ella. Primero le bañó la cara, ella con la boca abierta recibía su orina, además de tragarse lo que podía. Siguió con sus tetas, ella las acomodó como si esperara su semen, y el las orinó. Terminó con su estómago y sus piernas, incluso su cabello, y en lo que lo hacía, sorprendentemente Mariana se masturbó y comenzó a gemir.

    Mi padre seguía con lo suyo, aunque se veía que ya iba a acabar, con mi novia en un estado de sumisión completa. Acabó con lo que hizo, tomó la cabeza de Mariana y la empujó con fuerza al suelo, pidiéndole que limpiara la orina que no había tocado su cuerpo. Ella lo hizo, incluso lamió sus pies para seguir probándola, si me hubiera masturbado ahí mismo, me habría corrido al instante.

    Gustavo me vio, me dijo “que se enjuague y se largan los dos de mi casa”. Así lo hicimos, yo la ayudé, noté que estaba triste, la sequé y le ayudé a ponerse la ropa. Me abrazó durante un par de minutos, estaba llorando, yo acaricié su cabello, diciéndole que todo había terminado. Juntamos nuestras cosas y nos fuimos en Uber hacia su casa. Al llegar me quedé yo en la puerta y me despedí de ella.

    M: Tu padre es un pendejo.

    J: Y tú eres una puta.

    M: No quiero saber nada de ustedes dos nunca.

    J: Ni yo.

    Cerró la puerta frente a mí, yo me dirigí a mi casa, había logrado lo que quería, que se dejaran de ver, pero a cambio, me iba a masturbar durante mucho tiempo con los videos que tenía, y con el que grabé discretamente con lo que pasó ese día.

    Muchas gracias a los que leyeron hasta el final, esperen mi siguiente relato.

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  • Una semana de mucho sexo con mi querida suegra

    Una semana de mucho sexo con mi querida suegra

    Me levanté de la siesta y escuché la voz de mi suegra conversando con Mabel, una amiga suya desde la infancia. Le decía:

    -La verdad es que los chicos me tratan muy bien. Yo sé que soy un estorbo en la casa ¿pero donde ir en mi situación actual? A veces me pongo mal, como cuando los oigo hacer el amor, porque lo hacen con una pasión que a veces me dan ganas de meterme a la cama con ellos. Mi hija Carmencita debe gozar como loca, digo, por la forma que a veces cuando están cogiendo la oigo dar unos gritos que apenas puede ahogar para que yo no escuche. Como si esto no fuera poco, para calentarme más aún, me pasó algo que te contaré, pero te pido que quede entre nosotras.

    -Hace como una semana lo vi a mi yerno Damián completamente desnudo. Había dejado la puerta del baño abierta y lo vi. Te cuento que tiene una verga larga y gorda impresionante, y eso que la tenía muerta. Verla e imaginármela semejante aparato dentro mío es un sueño que tengo todas las noches. Por eso envidio a mi hija. El día ese cuando se la vi no pude más y me tuve que masturbar un largo rato para apagar mi calentura.

    -Me imagino Marta lo que habrás sufrido viendo esa verga y no poder tocarlo ni jugar con él.

    -No sé qué me pasa, pido disculpas al cielo, pero a veces me dan ganas de pedirle a Damián que me coja como a mi hija. Aunque sea una vez para volver a sentir esas sensaciones tan bonitas que brinda el sexo.

    -¿Y por qué no te animas? Provócalo, total si lo hacen con discreción Carmencita no se enterará.

    -Si es verdad, tienes razón, pero no me animo. Está mal, ella es mi hija y mi conciencia no me lo permitiría. Además, mira si me rechaza y se lo cuenta a mi hija. Menudo despelote se me arma.

    -No seas tonta, los hombres están siempre dispuestos para esas cosas, y a decir verdad tú todavía tienes un cuerpo apetecible. Te has cuidado tanto que es una pena que no lo disfrutes.

    -Veremos, si se presenta la ocasión por ahí me lanzo. No sabes cuánto deseo esa verga desde que la vi. Como te dije todas las noches me acompaña en mis sueños.

    Ese diálogo se dio en mi casa donde mi suegra, separada desde hace unos años y sin recursos, vino a vivir con nosotros aprovechando que no tenemos hijos. Me costó aceptarlo, pero como no había otra opción, tuve que decir que sí. Ella es una mujer de 58 años muy bien llevados que siempre estuvo atenta a su físico y como decía Mabel, más de uno le podía echar un polvo y quedar satisfecho.

    Dejé pasar unos minutos y me asomé a saludarlas sin hacer ningún comentario. Solo noté que Mabel, sin mucho disimulo miraba con mucho interés mi entrepierna.

    Pasaron días de aquellas revelaciones de mi suegra, y la verdad es que después de ese momento empecé a mirarla con otros ojos. Hasta ese entonces, si bien reconocía que estaba físicamente bien para su edad, nunca se me había pasado por la mente que podía ser un objeto sexual. Haber escuchado esa confesión me despertó la libido y el morbo, por lo que me propuse transarme a Marta. Solo tenía que esperar la oportunidad y ella se dio cuando mi esposa que es médica, se ausentó de casa quince días para hacer un curso de especialización en otra ciudad.

    No quise perder tiempo y la primera noche de la ausencia de mi mujer me dispuse a concretar mi objetivo. Después de cenar y mirar un poco televisión nos fuimos cada uno a su cuarto. Dejé pasar unos minutos esperando que Marta se acostara, y masajeando mi polla para que tomara envergadura, me metí en su habitación.

    -Marta creo que algo me ha caído mal. Me duele un poco el estómago -dije y me dejé caer en la cama a su lado.

    -Qué raro, si no hemos comido nada pesado -dijo, mientras miraba fijamente mi verga que ya lucía en su esplendor.

    -¿No te molesta que me quede un rato contigo, tal vez si me haces unos masajes se me pasa?

    -¿Te parece? O será que tal vez sea que extrañas las caricias de Carmencita.

    -Para el caso será lo mismo si lo haces tú-le dije mientras llevaba su mano a mi estómago y le hacía darme masajes en mi panza.

    -Si no se te pasa, te haré un té digestivo -y seguía con la vista en mi aparato que estaba duro como una madera.

    No la dejé seguir hablando y me metí bajo las sábanas y me pegué junto a ella apoyándole mi miembro.

    -¿Qué haces Damián?

    -Lo que estás viendo. Con el calor de tu cuerpo me siento mejor -con mi brazo la abracé fuerte, haciéndole sentir la dureza de mi picha.

    -Pero ¿qué te pasa?, ¿estás loco?

    -No-Y le empecé a tocar una teta acariciándosela.

    -Pero ¿qué haces? Quédate quieto por favor.

    -Es que me siento bastante cachondo -y tomé su mano y la apoyé en mi verga.

    -Me parece que te estas propasando y te olvidas que soy tu suegra -pero no soltaba la verga.

    -No nos engañemos Marta que recuerdo bien lo que le dijiste a Mabel días pasados sobre lo mucho que te gusta mi verga. Solo estoy haciendo realidad tu sueño.

    -Ah, con que me escuchaste y ahora estas abusando de ello.

    -Suegrita, cálmate y aprovechemos la noche que será inolvidable para ti-dije levantándole el camisón hasta la cintura y metiendo mi mano en su vagina sobre sus bragas.

    El recuerdo de la charla con Mabel barrió todas las defensas y prejuicios de mi suegra. Como no pudo negarlo calló y se dejó llevar por las circunstancias, que por otra parte nos llevaba a algo que deseaba ardientemente. Aproveché para darle un beso en los labios que no rehusó; por el contrario la abrió para que mi lengua se juntara con la suya mientras dejaba oír un profundo suspiro.

    El beso apasionado, la puso a mi disposición. A partir de allí todo fue un torbellino de caricias de mi parte y gozo total de Marta. Quité las sábanas y me deslicé hacia su entrepierna. Ella advirtió la jugada y se puso de espaldas abriéndolas. Aparté el borde de su braga y con la mano comencé a acariciarle la zona. Primero fueron sus labios externos, luego sus internos y finalmente el clítoris, que nomás al tocarlo produje el primer orgasmo de mi suegra que anunció con un grito que intentó reprimir cerrando los labios.

    -Ay que hermoso, se escuchó cuando se derramaba

    Acabé el juego de mi mano y di paso a mi boca que ya estaba ansiosa de comer ese bocado que al parecer no recibía varón desde hace tiempo. Previamente le quité el camisón y las bragas. Con una mano aparté los abundantes pelos que rodeaban su vagina y comencé mi festín. Apelé a todo mi repertorio de comecoños para darle placer.

    Mi boca empezó a chupar toda la zona mientras la lengua recorría todo su interior saboreando los fluidos vaginales que Marta me entregaba en su tremenda calentura. Estaba gozando mucho porque su cuerpo no dejaba de moverse empujando su pelvis hacia mi boca mientras que con una mano apretaba mi cara contra su sexo tratando de hacer más profunda mi incursión.

    -Cielos que cosa hermosa, Damián, me estas matando con esto. Es fabuloso, no pares por favor porque me has llevado al paraíso con tu lengua -dijo con voz acezante y entrecortada.

    -Tranquila que recién empezamos -dije aprovechando para respirar.

    Para darle más fuego a la pasión, Con las manos empecé a magrear su culo y metí la punta de un dedo en su negrito. No esperaba ese embate y se contorsionó por la sorpresa aunque luego se entregó suspirando.

    -¡Que hermoso! Estoy gozando como nunca, mi amor, es algo que no me pasó antes.

    -¿Más que esta locura de goce? No me quiero imaginar cuanto más podrás darme.

    -¿Cómo? No pensarás que no voy a cogerte. Y serán varias veces, ya verás. Tenemos una semana para nosotros.

    Seguí comiéndole el chocho y arrancando nuevos orgasmos que Marta entregaba sin cesar. Por un instante me detuve y me quedé mirando esa cueva rosada y húmeda que tanto placer me estaba dando. Enmarcada en un contorno de pelos púbicos enrulados, realmente esa vulva me estaba gustando, la encontraba exquisita, suave y con un sabor especial que no podía definir.

    Busqué todos los rincones con mi lengua y cuando me dediqué a su clítoris, Marta estalló nuevamente en una seguidilla de espasmos que anunciaron u nuevo orgasmo. La sesión duró varios minutos porque también besé, lamí y chupé su agujero anal hasta que mi boca estuvo a punto de acalambrarse, lo que me obligó a volver a posicionarme junto a ella y besarla nuevamente.

    -Damián, la verdad esto que estamos haciendo está muy mal pero no sabes lo dichosa que me siento, estoy gozando como nunca. Tu lengua es infernal.

    -Ahora viene la segunda parte suegra. Voy a mi dormitorio para buscar unos juguetitos que usamos con tu hija y que a ella le gustan mucho. Espero que a ti también.

    Rápidamente regresé con un consolador de regular tamaño y un vibrador.

    -¿Que trajiste?

    -Unas cositas que harán más agradable la noche.

    -Vos estás loco.

    -Quiero que esta noche sea inolvidable para ti querida Marta.

    -¡Empecemos el juego!

    Le abrí las piernas y empecé con el vibrador en su vagina y más propiamente en su clítoris. Cuando sintió la vibración la que empezó a vibrar fue ella. Se movía para todos lados mientras se mordía los labios y gemía. Mientras el vibrador hacía su trabajo, busqué sus tetas para comérmelas. La mano libre se apoderó de ellas para magrearlas y llevármelas a la boca. Primero una y luego la otra en un juego incesante en donde chupaba, lamía y mordía sus pezones que estaban durísimos. En medio de esa locura sentí que Marta, se apoderó de mi verga y me la sacudía con fuerza, de tal forma que casi me corro. Interrumpí, para anunciarle que llegaba la hora de la penetración.

    Estaba de espalda, así que levanté sus piernas sobre mis hombros y coloqué la punta de mi miembro en la puerta de su vagina y empecé a meterla muy despacio.

    -Despacito Damián que la tienes muy grande y tengo miedo que me hagas daño. Hace largo rato que nadie incursiona por allí.

    -Tranquila Martita que de a poco la irás sintiendo adentro sin dolor. Te garantizo que te va a gustar.

    -Ah, Ah, ya la siento y créeme que me llena toda, pero seguí despacio por favor.

    -Como me gusta cogerme a mi suegrita. La verdad es que estás muy buena. Tienes un coño encantador -mientras eso decía sentía que las paredes de su concha me apretaban la verga dándome un infinito placer al recorrerlas lentamente

    -Seguí, seguí que me voy a correr. No aguanto más.

    -¿Ya? ¿Tan pronto? -y comencé a empujar más para llegar hasta el fondo, mientras le daba al mete y saca más rápidamente.

    -Me corro, me corro, me viene, es hermoso -y apretando sus manos sobre mi espalda se vino en un orgasmo que la hizo vibrar con movimientos espasmódicos.

    -Ahora es mi turno suegra, ahí voy -dije mientras sentía que mis testículos se apretaban anunciando mi descarga.

    -Lléname mi amor, lo necesito. Necesito que me inundes la concha con tu semen.

    No aguanté más y varios chorros de esperma inundaron la vagina de mi suegra que los recibió encantada con un grito de satisfacción. Luego nos recostamos abrazados porque realmente estábamos rendidos. No obstante metí un par de dedos en su mojada vagina y se los metí en la boca. Los saboreó y con la vista me indicó que le gustaba.

    Pasados unos minutos nos levantamos para ir al baño a limpiarnos. Yo aproveché para buscar un pote de vaselina que me serviría para lo que vendría luego. Volvimos a recostarnos. Miré el reloj y ya eran las 12 de la noche, el tiempo vuela cuando se la está pasando bien. Desnudos como estábamos nos pusimos de costado, yo pegado a su cuerpo.

    En esa posición besé su cuello y oreja. Pasé una mano por debajo de su cuello y empecé a toquetear sus tetas, con la otra me apropié del redondo culo de Marta para acariciarlo. En esas caricias la mano llegó a su raja y empecé a jugar con el chiquito. Unté un dedo en la vaselina y se lo metí de sorpresa. Ella dio un respingo y dijo:

    -No estarás pensando en hacerlo por atrás, ¿verdad?

    -¿Cuál es el problema? Mira como entró de fácil mi dedo.

    -Vamos Damián, un dedo es una cosa pero tu picha es cosa seria por lo gorda. Me vas a reventar de dolor.

    -Para nada, déjame hacer y te garantizo que no habrá dolor sino puro placer, ya verás.

    -Hum, tengo miedo, dudo pero como hasta aquí solo me has dado mucho goce, espero en que no me defraudes.

    Al dedo pionero sumé otro y otro más para aflojar el esfínter de Marta con movimientos circulares. Cuando consideré que ya estaba el terreno preparado le pedí que se pusiera boca abajo y levantara el culo. Mi pene ya había recobrado su envergadura así que lo coloqué en la puerta del hoyo y metí la cabeza de una vez. Marta sorprendida lanzó un grito y me pidió que se la quitara. Cosa que no hice y le susurré que aguantara un poco hasta que su conducto se acostumbrara al huésped. Pasados un par de minutos me dijo

    -Ya no me duele tanto, pero igual tengo miedo.

    -Ya pasó lo peor y ahora viene la parte buena -y empecé a pujar de a poco hasta que la vaselina hizo su trabajo y mi verga estaba todita adentro de su ano.

    -Que sensación extraña siento. Por un lado un poco de dolor pero por otro una delicia de sentirme llena.

    -Más llena te vas a sentir si te colocas esto en tu vagina -dije mientras de ponía en su mano el consolador.

    -Estás loco! Voy a reventar en serio.

    -Hazme caso y te llevarás una sorpresa.

    Me hizo caso y tomando el aparato se lo llevó a su sexo. Al principio le costó porque la presión de mi verga en su ano se oponía, pero superado ese escollo gracias a su lubricación, el consolador viajó al interior de la vagina sin dificultad. Fue a partir de ese momento que empecé a moverme pujando para adentro y sacando. Marta acompañaba con el consolador y anunciaba

    -Esto es lo máximo, que placer querido. Estoy completamente llena y el goce es infinito. Bendito seas Damián, te quiero mucho.

    -Suegrita, estoy sintiendo que me voy a correr.

    -Aguanta un poco cielo que esto no debe terminar tan rápido,

    -Lo intento, pero yo también estoy loco de placer y casi no me puedo contener.

    -Piensa en otra cosa y no te muevas por unos minutos y déjame seguir mi fiesta.

    Aguanté, no sé cómo unos minutos hasta que me vine en otro orgasmo brutal. Marta escuchando mis quejidos por la entrega, también se corrió con mi picha en su culo y el consolador en su vagina. Tremendo polvo que nos dejó exánimes tirados uno junto al otro. Así nos quedamos dormidos hasta que en la madrugada me desperté cuando sentí una mano que jugaba con mi verga. Abrí los ojos y la vi a mi suegra entusiasmada acariciando mi aparato.

    -Te gusta -dije

    -¡Y tanto! Anoche me dio muchas satisfacciones por eso quería agradecerle con unas caricias y tal vez algo más si me dejas.

    -Por supuesto que sí, aunque permíteme ir al baño un minuto a limpiarme -y salí disparado al baño, regresando de inmediato- ahora estoy listo.

    -Primero si me permites quiero mirarlo en detalle. Haberlo tenido dentro mío y no conocerlo bien parece un pecado, ¿no crees?

    -Es todo tuyo y puedes hacer lo que quieras.

    -Lo que quiero es mamarlo y mimarlo.

    Lo tomó en sus manos mientras sentía que empezaba a crecer en dimensión. Tomó posición y empezaron las mamadas desde la base hasta la cabeza. Lo colocó dentro de su boca y chupando y lamiendo logró una erección total. Con la mano empezó a hacerme una lenta paja que era una delicia. Me gustaba la tarea de Marta, tanto que comencé a sentir los deseos de coger nuevamente.

    -¿No te parece que podemos echarnos un polvito madrugador?

    -Una buena idea. Yo no quiero dejar pasar ninguna ocasión.

    -Esta vez te lo voy a hacer por detrás en posición cucharas, ¿te va?

    -Todo me va.

    Uniendo la acción a la palabra la acomodé abriendo los cachetes y me introduje en la vulva ya transitada. Fueron unos minutos de mete y saca hasta que ambos nos entregamos en nuevo orgasmo casi al unísono. El esfuerzo de la noche había sido tremendo y nos volvimos a dormir juntitos.

    Eran más de las 8 de mañana cuando despertamos. Salté de la cama porque tenía que ir a mi trabajo y se hacía tarde. Me metí en el baño para higienizarme, y cuando luego de vestirme bajo a la cocina para desayunar, escucho que mi suegra hablaba por teléfono

    -Y tal como dijiste Mabel, el sueño se hizo realidad. ¿Cómo? Estaba acostada cuando con la excusa de que le dolía la panza se me apareció en mi cuarto y se metió en mi cama y empezó a tocarme. Al principio me resistí pero cuando me dijo que había oído cuanto charlamos días pasados contigo, se me acabaron los argumentos y me entregué. ¿Que si la pasé bien? Ya te contaré detalles pero creo que nunca en mi vida había gozado tanto. Es una fiera cogiendo, y su verga un amor, grandota y juguetona…

    No hubo tiempo para seguir escuchando. No me había gustado para nada que nuestro secreto ya tuviera un oyente, pero ya lo conversaríamos, tomé mi café y salí disparado.

    Está claro que esos días solos los provecharíamos al máximo y de qué manera. Hasta Mabel recibió su regalo por su sabio consejo.

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  • Mi hijo y Sofía la madre de su amigo Pablo

    Mi hijo y Sofía la madre de su amigo Pablo

    Las fiestas navideñas habían finalizado y mis hijos habían vuelto a las clases el mayor y mi hija en la universidad, mi pequeñín, que acababa de cumplir los dieciocho años al instituto, donde cursaba su último año.

    Entre los compañeros de mi hijo se encontraba Paulo, con cuya madre Sofia teníamos una gran amistad, la semana de reanudación de las clases Pablo, aunque acudía normalmente a clase no dormía en su casa, sino que decidió pasarla su padre y su nueva mujer, y le pidió a mi hijo que se acercará a casa de su madre, que está muy cerca de la nuestra, y le llevara algo de ropa, entre las dos familias existía una cierta confianza, así que mi hijo aceptó ir al salir de clase, y esto fue lo que paso, según mi hijo:

    Llegué a casa de Pablo después de clase, su madre Sofia, me recibió muy efusivamente, nos conocíamos desde que había coincidido con su hijo al comenzar la ESO y habíamos hecho toda la enseñanza media juntos, y nuestras madres se habían conocido en las reuniones de padres y se había establecido una cierta amistad entre ellas, yo desde que la polla se me puso a poner dura, no había podido dejar de mirar las enormes tetas de Sofia, y me había hecho pajas a su salud, hasta hacia poco era para mi un sueño, pero después de follar con mi madre, ninguna mujer me parecía imposible.

    Sofia vestía una blusa muy ajustada que remarcaba sus tetas y una falda por encima de la rodilla que remarcaba sus piernas, al verme me abrazó muy efusivamente, cosa normal como ya he explicado, pero que puso a mi polla en movimiento, después me dijo:

    -Acabo de llegar del trabajo y no he tenido tiempo de preparar la ropa de mi hijo, pero si te esperas lo hare.

    Me dio la opción de quedarme en el salón o de ir con ella a la habitación de pablo y hablar mientras la preparábamos, me decidí por la segunda, mientras la recogía la que se agachaba yo me quedaba mirando su culo, en un momento de la conversación, ella me dijo:

    -Que pena hacerse vieja, ya ves mi marido se ha ido con otra.

    Yo le dije que de vieja nada, que estaba estupenda, la rodee entre mis brazos y finalmente la bese en la boca, ella se quedó sorprendida, pero no ofendida y me dijo:

    -Oye veo que no eres un niño.

    No la respondí, pero antes de que reaccionara la subí la blusa y ante mi vista apareció mi gran sueño, Sofia tenía unas tetas impresionantes, más de lo que había imaginado, me lancé sobre ellas y me puse a acariciárselas, y después llevé mi boca también hacia ellas y comencé a chupárselas.

    -Caramba con mi Ikercito, dijo Sofía, ya es todo un hombre.

    Por supuesto que lo era, y se lo iba a demostrar, la pedí que se sentara en una silla que había al lado de la cama, y cuando lo hizo me arrodillé ante ella, la subí la falda hasta dejar al descubierto su tanga, que era pequeñísimo, lo parte y ante mí, por segunda vez en poco tiempo, apareció otro lugar paradisíaco, el coño de Sofia, lo tenía peludo, pero no me importaba, debía de demostrarle a esa mujer que era una hombre, así que arrime mi cabeza hasta su sexo y sacando mi lengua la introduje en el sitio que tantas veces me había imaginado en mis pajas, y comencé a chupárselo, ella al sentir mi lengua dijo:

    -Oye se nota que no es tu primera vez, me estas dando un gusto increíble. Llevaba años que con mi marido no hacía nada parecido.

    Pero no era solo ella la que estaba gozando, para mi comerme ese chochete era extremadamente delicioso, lo había hecho muchas veces con la imaginación, pero ahora estábamos en el mundo real, y esto era aún mejor, seguí con mi lengua explorando su cosita.

    -Verla gemir, y saber que el responsable de sus gemidos era yo, me hacía sentirme más hombre, así que utilizando os conocimientos que había adquirido haciéndolo con mi madre y las demás mujeres con las que lo había hecho, seguí lamiendo su coño, hasta que ella con un fuerte gemido se corrió y sus líquidos llenaron mi boca, era un sabor delicioso. Ella se estuvo como paralizada un momento, después pareció volver en si y con una amplia sonrisa en su cara me dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, hacía mucho tiempo que no experimentaba nada parecido, ahora me toca a mí darte gustito.

    Me hizo una señal para que me pusiera de pie, y ella levantándose de la silla se arrodilló ante mí, llevó sus manos hacia el botón de mi pantalón y me lo desabrochó, y después de bajarme la cremallera, hizo lo propio con mis pantalones y el short, mi polla quedó al descubierto ante su vista, cuando esto sucedió ella dijo:

    -¿Pero qué maravilla es esta?, no me imaginaba yo que tu siendo de la edad de mi Pablito tuvieras este pedazo de polla.

    Yo sabía que Pablo la tenía de un buen tamaño, así que la pregunté:

    -¿Y no piensas que Pablo la pude tener igual?

    -Pero él es aún un niño, protestó ella.

    Estas madres que ciegas pueden ser, su hijo y yo acabamos de cumplir los dieciocho y yo la podía tener grande, pero mi amigo era aún un niño, jajaja, pero en esos momentos, ella cogió mi polla con una de sus manos y me la acaricio, y después se la metió a la boca y comenzó a chupármela, viendo cómo me lo hace mi madre me di cuenta de que estaba algo desentrenada, pero me la chupaba con tantas ganas que su torpeza me resultaba excitante, de repente ella me pidió:

    -Túmbate en la cama.

    Después se desnudó rápidamente y poniéndose encima de la cama a cuatro patas siguió chupándomela, hasta que yo, que no podía aguantarme las ganas le supliqué:

    -Por favor, Sofia, déjame follarte.

    Ella al oír mi petición vino donde yo estaba, le indique donde guardaba los condones, ella me acercó uno para que me lo pusiera y me dijo:

    -Yo no tengo práctica y podría ponerlo mal.

    Me lo puse y en ese momento ella se abalanzó sobre mi puso mi polla en el interior de su coño y se puso a cabalgarme. Lo hacía de una forma ansiosa, se le notaba que tenía muchas ganas de follar y mientras lo hacía me dijo:

    -Gracias, mi amor, no sabes lo maravilloso que es para una vieja como yo tener una polla joven y potente como la tuya dentro de su coño, lo repetiremos, solo te pido una cosa que sea nuestro secreto, que ni mi Pablito, ni tu madre se enteren.

    Lo que ella no podía imaginar es que en ese momento mi cabeza estaba desarrollando la idea de que igual que yo me lo hacía con mi madre Pablo se lo hiciera con la suya.

    Ella ajena, al menos por el momento, a mis pensamientos siguió cabalgándome, follaba divinamente, en realidad, gracias a mi madre, estaba descubriendo que las maduritas follan muy bien, se movía arriba y abajo con gran facilidad, llevándome a la gloria, así estuvimos follando hasta que sentí que me venía, y debí de soportar un montón de leche dentro del condón.

    -Perdona si me he corrido demasiado pronto, le dije.

    -Para nada cariño, me has hecho venirme un par de veces, algo que con mi marido me costaba muchísimo, y muchas veces me quedaba a medias.

    Sus palabras me hicieron sentirme muy bien, fui a quitarme el condón, pero ella me dijo:

    -No mi amor, deja que lo haga yo,

    Y llevando una de sus manos hasta mi polla se puso a quitarme el condón, con la otra buscó su tanga, me quitó el condón y con su tanga me limpio la polla, mientras lo hacía me dijo:

    -Así podre sentir tu olor cuando quiera.

    Cuando hubo limpiado mi polla, se la llevó a su boca y me la volvió a chupar, como he dicho antes, no es que fuera una experta, pero se notaban sus ganas de hacerlo bien, con este tratamiento logró que mi polla se pusiera dura de nuevo, pero una vez que lo hubo logrado siguió chupándomela, era delicioso, tuve que ser yo quien la dijera:

    -Para ya, quiero volver a metértela en tu coño.

    Mis palabras surtieron efecto Sofía dejó de chupármela Yo tenía ganas de masturbarla e introduje dos de mis dedos dentro de su coño, ella comenzó a gemir, se la notaba que estaba disfrutando mucho, mi madre me había enseñado a valorar la humedad del coño de una mujer y Sofía lo tenía muy húmedo y estuve así un rato, oírla gemir era muy satisfactorio, hasta que ella me dijo:

    -Mi amor follame ya otra vez

    Se levantó y se fue hasta donde estaba mi paquete de condones, cogió otro y me lo colocó en mi polla, esta vez sí se había atrevido, la pedí que se abriera bien de piernas y ella lo hizo, yo me puse de rodillas enfrente de ella y la introduje la polla, nuevamente, en el interior de su coño, ella comenzó a gemir, mientras decía:

    -Caramba Ikercito, quien se podía esperar que con tu aspecto de niño fueras un follador tan maravilloso.

    Sus palabras hicieron que mi excitación aumentara, ni en mis mejores sueños había con ella había disfrutado tanto. Así que aumenté el ritmo de mi bombeo, notaba como sus gemidos iban en aumento y me di cuenta de que estaba teniendo varios orgasmos, yo procuraba no correrme esta vez, quería que mi hembra quedara muy satisfecha; ella dijo:

    -Mi amor, ahora que lo estoy haciendo contigo me estoy dando cuenta de que no sabía lo que era el placer, con mi marido nunca gocé ni la mitad, te adoro.

    Yo me sentía maravillosamente bien con sus palabras, veía en su cara como seguía gozando a tope, y aceleré mi ritmo de follada, sabía que mi hembra estaba gozando, finalmente no pude más y me corrí.

    Cuando terminé de hacerlo me salí, ella me pidió:

    -¿Me puedo comer tu leche?

    Por supuesto que la dije que sí, me tumbé en la cama y ella después de quitarme el condón con su lengua paso a lamer toda mi polla hasta no dejar ni gota de leche, pero eso no evitó que siguiera chupándomela, al parecer se había vuelto adicta a mi polla y el resultado fue que mi polla se puso otra vez durísima, ella me dijo:

    -Cariño me ha encantado que te subieras encima de mí, ¿Pero sabes? Lo de estar encima de un mach, para mi es algo nuevo y es algo que quiero seguir experimentando, por favor, no me lo niegues.

    Que una mujer te pida eso, es algo a lo que no se puede uno negar así que nuevamente, me tumbé en la cama con las piernas juntas, ella sonriendo, me volvió a colocar un condón, al parecer sus ganas de follar le habían llevado a aprender, rápidamente como colocarlo.

    Y después poniéndose encima de mí volvió a introducir mi polla en el interior de su coño, para mí era la gloria, ella comenzó a subir y bajar, mientras yo imaginándome que era pablo comencé a decir:

    -Mamita esto es delicioso.

    Al oír mis palabras ella cerró los ojos, quizá mi idea no le pareciera tan mal, se puso a cabalgarme de una manera más intensa, yo con esas tetas tan impresionantes sobre mi cabeza no pude menos que amasarlas entre mis manos, ella al sentirlo se puso a gemir aún más fuerte, luego se decidió por un cambio de postura y se puso de espaldas a mí, montándome de esta manera yo tenía un primer plano de su culo y me pareció fantástico, y decidí que ese trasero iba a ser mío esa misma tarde. Así que me dije:

    -Mami, tienes un trasero espectacular.

    En ningún momento parecía que ella se sintiera molesta, al contrario, notaba como el hecho de que yo le hablará como si fuera Pablo la calentaba, en un momento dado me dijo:

    -Joder follar contigo es fantástico, hasta hoy estaba preocupada porque mi marido me hubiera dejado y soñaba con que él volviera, pero desde ahora eso se acabó, quiero disfrutar del placer que dais los chicos jóvenes.

    Y mientras decía esto seguía montándome, yo notaba la pasión que mis palabras de tipo hijo-madre provocaban en ella, que me cabalgaba con más ganas, notaba como la venían varios orgasmos, yo intentaba aguantarme, pero mi resistencia era cada vez menor hasta que finalmente, dije:

    -Mamita me corro.

    Y noté como una gran cantidad de mi leche salida de mi polla y se estrellaba contra las pareces del condón que llevaba puesto, cuando ella notó que había terminado de eyacular me beso en la boca y me dijo:

    -Desde luego mi Ikercito es todo un semental.

    -Muchas gracias mami.

    En ese momento aproveché la ocasión para llevar mi mano hacia su culo y se lo acaricié, a ella parecía gustarle, me atreví a ir algo más lejos y la introduje uno de mis dedos en su culo, ella protestó de una manera muy suave:

    -¿Pero qué haces?

    -Me encanta tu culo, y quiero poseerle, le respondí.

    -Eso es una guarrería, dijo ella,

    -Lo deseo tanto, la respondí mientras la besaba en su boca.

    -Lo tengo virgen, dijo ella.

    -Deja que yo lo estrene mamacita, le respondí.

    Parece que mis palabras lograron convencerla y dijo:

    -Está bien, pero deberás tener mucho cuidado, lo tengo virgen, al cabron de mi ex nunca le interesó.

    Por supuesto le dije que sí, tenía tantas ganas de follarme ese culo, le pedí que se pusiera encima de la cama a cuatro patas, ella lo hizo, en ese momento yo parecía el adulto y ella la jovencita, me puse detrás de ella y encaminé mi polla, que parecía saber el festín que la esperaba y se había puesto durísima, y poco a poco lo introduje en ese agujero tan delicioso, nada más entrar yo sentí un inmenso placer, mi madre me había enseñado como hacerlo y me puse a moverme en su interior, ella al principio dio unos gritos muy suabes de dolor, la ofrecí sacársela, pero ella me dijo:

    -No mi amor, quiero experimentar esto hasta el final, sigue follandome.

    Con mucho cuidado seguí moviéndome en el interior de su culo y noté como sus gritos de dolor se transformaban en gemidos de placer, eso me llevó a aumentar el ritmo, al cabo de un rato ella dijo:

    -Mi amor esto es fantástico, lo que me he estado perdiendo por tener un marido tonto y mal follador.

    Sus palabras me encantaron y mantuve el ritmo de mi follada, mientras sus gemidos se intensificaban, me decidí a introducir uno de mis dedos dentro de su coño y noté que lo tenía mojadisimo, en ese momento la adoré, pero se incrementó en mi la idea de que mi amigo Pablo, su hijo, debía de disfrutar del hecho de que su madre fuera una verdadera máquina de follar, como yo disfrutaba de la misma, seguí follandomela quería que gozara como nunca en su vida.

    Finalmente mi polla descargo en el interior de su culo, para mi fue un orgasmo impresionante y cuando la saqué y vi su culo lleno de mi leche me sentí muy macho, ella me dio las gracias por lo que acababa de sentir y por haberle abierto los ojos.

    Me condujo a su baño, pese a que yo conocía el camino de hecho algunas veces cuando iba a buscar a Pablo me metía en el baño, y es que allí Sofía ponía sus tangas sucios, y a mi me encantaba olerlos, no se como no me pillaron, sabía que eso se había acabado, desde ese día tenía a su dueña.

    Después de lavarnos me vestí y fuimos los dos hasta la puerta de su casa, al despedirme con un beso me pidió:

    -Porfa mi Ikercito, de esto nada a tu madre, ni a mi hijo.

    Por supuesto la dije que sí, pero cuando pude se lo conté a mi madre, añadiéndole la idea de que Sofía se lo hiciera con su hijo, mi amigo.

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  • Secuencias: Elvira, ‘Ndowo y yo mismo

    Secuencias: Elvira, ‘Ndowo y yo mismo

    Elvira Suokko estaba en su último curso. No quiero decir, obviamente, que la doctora Suokko estuviera terminando su carrera, sino que cuando comenzó el curso en octubre ya se hizo público que dejaba la docencia al fin del mismo, que acababa de cumplir los sesenta, y ya no impartiría más clases.

    ‘Ndowo y yo teníamos problemas para sacar las notas, y Suokko nos había convocado terminada la clase. Nos explicó que, dada nuestra evolución, remontar a esas alturas del curso era prácticamente imposible; ella quería terminar aquel, su último curso, aprobando a todos los alumnos, y no deseaba que ‘Ndowo y yo frustrásemos sus planes. A puerta cerrada nos propuso, sin ambages, una “forma” de arreglar las cosas. Directa y clara. Habló con el aplomo de quien ya no tiene nada que perder… y tiene un poder sobre los demás.

    Y así, nos citó en un respetable club privado de la calle Tuset. Al llegar, un portero nos dejó pasar cuando mencionamos su nombre. Después, una sonriente rubia nos condujo a un Sutes reservado.

    La habitación era una sala de mediano tamaño, con suelo enmoquetado y con un gran ventanal cubierto con una cortina de encaje azul celeste, que confería una gran luminosidad a todo el espacio. En un rincón había un largo y ancho asiento con anchos brazos a cada lado, en forma de semicírculo de color magenta en cuyos extremos adyacían dos mesas bajas. En el centro había también una mesita redonda; varias botellas de licores, vasos y copas sobre una bandeja plateada componían todo el mobiliario.

    Sentada en medio, sosteniendo una copa de licor de menta, estaba sentada Elvira. Vestía una larga bata color malva, abierta por el centro. Tenía las piernas color caoba cruzadas y el corte dejaba ver sus piernas y la mitad de los muslos. Sonreía con sus vistosos dientes blancos. No llevaba sus habituales gafas sin montura.

    Nos invitó a sentarnos y nos ofreció las bebidas. ‘Ndowo fue el primero en sentarse del lado derecho. Tomó un vaso y lo llenó a medias de ginebra; yo me senté a su lado, dejándolo más cerca de Suokko.

    Nos explicó algo sobre el club y su historia. Había sido el lugar en que la vieja aristocracia tenía sus reuniones, charlas y conferencias exclusivas; más tarde, la alta burguesía de la ciudad lo transformó en el club actual, lugar de encuentros de negocios e intercambio social, y también de citas secretas personales, donde tampoco faltaban ruidosas orgías en las que, se rumoreaba, participaban consejeros, famosos abogados, médicos, jueces, militares y algunos capellanes de incógnito. Ahora estaba abierto a quienes pudieran permitirse alquilar las salas de conferencias y las discretas habitaciones y servicios.

    Elvira se levantó y vino a sentarse más cerca; se quedó frente a nosotros, en medio, con la copa girando entre los dedos. ‘Ndowo se movió haciendo un hueco entre nosotros. Suokko se giró y depositó la bebida sobre la mesita.

    Al agacharse, las formas de sus nalgas, grandes y circulares se marcaron completamente bajo la lisura brillante de la bata. Se sentó entre ambos sonriente. Yo estaba nervioso; no sabía cómo actuar, qué debía hacer, qué querría hacer Suokko, cómo comenzar y qué vendría después. Miré a ‘Ndowo. Él estaba tranquilo y seguro, parecía estar acostumbrado a cosas como aquella —luego supe que no, que estaba tan asustado como yo, y que disimulaba su tensión con una aparente impasible serenidad—. Elvira rompió el hielo que empezaba a resultar embarazoso.

    Se giró ligeramente y puso su mano sobre el muslo de ‘Ndowo, pasándola desde allí hasta la rodilla y de esta a la entrepierna. Él se giró también hacia ella y acercó su cara a la de Elvira. Los labios se pegaron; la boca carnosa de Suokko, abierta, se apoderó de los labios de él, se volteaba y succionaba comiéndole la boca entera mientras él le abría la bata, que cayó desde los hombros hasta el sofá. En sus senos ligeramente caídos pero esbeltos, con sus pezones oscuros y rugosos destacaban dos pezones grandes y amarronados.

    Mi compañero bajó y empezó a chuparle aquellas maduras mamellas. Con todo, la escena me estaba poniendo más cachondo de lo que hubiera imaginado. ‘Ndowo se levantó y se bajó el pantalón. Un miembro enorme saliendo de sus pelotas, hinchado y brillante quedó delante de Suokko que lo tomó con sus dos manos y lo masturbó antes de tragárselo. Elvira hacia sonar la mamada mientras la extraía y la volvía a meter. Decidí participar.

    Me desnudé y me acerqué por detrás del sofá. Comencé a manosear las tetas y jugar con aquellos pezones maduros. Los encontré muy duros y tiesos. Los pezones como dos bolitas. Suokko se dejaba sobar, facilitando las caricias.

    Sentía mi polla erecta. ‘Ndowo sacó la gigantesca pija y tumbó a Elvira. La entrepierna estaba pelada, con unos grandes labios del chocho muy abiertos. ‘Ndowo le abrió las piernas y la abertura del coño mostraba su hendidura mojada por la excitación. Él la estiró hasta que quedó sobre el ancho brazo del sofá y se agachó para follarla. Entonces yo me arrodillé y le puse mi verga en los labios. Elvira la cogió y la lamió antes de chuparla y comenzar a sorberla. Sus labios anchos y negros tenían mucha pericia. Su mamada era lenta, pero sabía cómo desatar la libido a tope.

    ‘Ndowo sujetó a Elvira por el culo y comenzó a penetrarla vigorosamente. Su tranca se hundía hasta el fondo de aquel coño abierto. Suokko jadeaba rítmicamente a cada follada con mi polla en su boca. Mientras me comía el falo subía y bajaba por mi mango; su lengua chupaba mi capullo divinamente, hasta que con un latigazo de placer dejé escapar todo mi líquido seminal en la cálida caverna bucal de Elvira. Ella gemía por los pollazos de ‘Ndowo y tragaba mi leche que salía a borbotones mientras yo dejaba escapar un alarido.

    De repente, mi compañero se dejó caer sobre las tetas de Suokko. Se dejó ir dentro de ella. Jadeaba intensamente con cada espasmo portador de semen caliente que llevaba el coño de Elvira Suokko.

    Yo saqué mi verga cuando descargué del todo. ‘Ndowo siguió penetrándola un rato con el mandoble negro dentro del chocho chorreante. Salió de la carne femenina cuando se agotó la fuerza de su gran chisme amatorio. Pero entonces, Elvira pidió que le comiéramos el clítoris. Quería tener su orgasmo.

    Uno debería hacerle el cunnilingus, y el otro lamerle el ojo del culo. Yo me arrodillé debajo de ella y le abrí el higo reluciente de flujo. Comencé por lamer los dos pétalos que dejaban paso al agujero por el que aún salía un reguero de leche de ‘Ndowo. Él se colocó detrás de su culo y le besó y lamió el pequeño pocito haciendo que Suokko lanzara sonoros “uuhhmm”, en cadena. Lamí su almejita oscura hasta que se corrió con chillidos entrecortados. ‘Ndowo continúo hasta que ella dejó de jadear. Esa forma del amor sexual le gustaba, sin duda.

    Cuando los tres nos sentamos, desnudos todavía. Elvira nos acarició los falos y dijo con una sonrisa sibilina: habéis aprobado el examen.

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  • El desvirgue del hijo de mi jefe

    El desvirgue del hijo de mi jefe

    Era un viernes normal en el trabajo, y mi jefe me llamó a su oficina para hacerme una propuesta fuera de lo común.

    Se trata de que su hijo cumplirá 18 años el día siguiente y el muchacho le pidió a su padre que le llevase a un burdel para desvirgarse con una puta. Al principio pensé que me iba a pedir que yo llevara al muchacho, pero luego mi jefe me dijo que prefería que su hijo no vaya a esos lugares llenos de enfermedades y gente de baja calaña. Yo le dije que me encargaba del asunto y que pasaría por el muchacho al medio día de su cumpleaños.

    Conversé con mi esposa Rudy del asunto y le propuse que Joseph el hijo de mi jefe, se cogiera a su amiga Naty como un favor personal. Rudy me dijo que hablaría con Naty ya que su marido está fuera de la ciudad, y que le iba a preguntar.

    Al día siguiente, Rudy me dijo que le traiga al muchacho a nuestra casa. Yo pensé que ya todo estaba hablado con Naty, sin embargo no pregunté detalles a mi esposa. Pasado el mediodía fui por Joseph y noté que era un tipo alto, medio trigueño y al parecer hacía mucho ejercicio pues se notaba en su cuerpo. Fuimos platicando sobre su futuro, las chicas y lo que iba a suceder. El muchacho se le notaba las ganas que tenía por coger con una buena hembra, ya que me preguntaba de todo, inclusive sobre el tamaño de las tetas de la hembra que tenía para él.

    Llegamos a casa y le hice pasar a la sala. Le di una bebida y fui a buscar a Rudy para ver si ya estaba arreglado todo con su amiga. Entre al baño y sólo estaba Rudy maquillada y vestida con una faldita y una pupera. Le pregunté por su amiga y me dijo que no podía venir y que ella se encargaría del chico.

    Yo le dije que las cosas no deberían ser así y me dijo que si quería, solo podría observar. Le dije que estaba bien y salí de la habitación para sentarme al frente de Joseph.

    Luego de unos minutos, Rudy salió y se presentó con el chico. Le dio un beso y le dijo que la ayudara a abrir una botella de champán. El chico se fue con ella y bebieron una copa los dos. Ella lo llevó al sofá y empezó a desnudarlo… pude notar que el pene del muchacho estaba con una tremenda erección y ella lo tomó empezando una feroz felación.

    Joseph estaba sentado en el sofá mientras Rudy succionaba su pene… En un momento Rudy empezó a desnudarse mientras el chico no perdía detalle de su delicioso cuerpo. Dejó caer sus enormes tetas y metiendo el pene en medio de ellas, empezó a pajearle mientras las apretaba con sus manos. El chico no dio más y empezó a correrse en las tetas de Rudy mientras ella saboreaba la leche de aquel muchacho.

    Ambos rieron y Rudy le preguntó si quería continuar y el muchacho le dijo que si. Rudy lo tomó de la mano y le fue llevando a nuestra habitación cerrando la puerta con llave. Desde mi celular me conecté a la cámara de nuestra habitación y pude ver cómo Rudy le hacía acostar a Joseph mientras ella se subía encima de él. El muchacho traía el pene nuevamente ya erecto y Rudy se lo sobaba en el clítoris hasta que se lo introdujo.. ambos empezaron a moverse frenéticamente mientras el chico succionaba las tetas de Rudy.

    Estaban así por un buen rato hasta que Rudy se bajó y se puso en cuatro diciéndole al chico que la penetrara. El chico estaba muy arrecho y al ver las nalgas de mi mujer se puso como loco. La tomó de las caderas y metió su pene en medio de sus nalgas hasta que Rudy arqueó la espalda sacando más las nalgas. Esto arrechó más a Joseph que la daba con todo hasta que pude ver que ella empezó a correrse de la fuerza descomunal con la que el muchacho la penetraba. Ella empezó a decirle que le dé leche adentro y el muchacho empezó a jadear terminando y dejando todo su esperma en la chepa de Rudy.

    Se quedaron dormidos por un rato, hasta que despertaron y empezaron a culear nuevamente, pero esta vez, pude notar que el chico le daba solo por el ojete a mi mujer y en cuatro patas. De igual manera terminó el chico y saliendo del cuarto pude ver su cara de felicidad y satisfacción. Le llevé a su casa y luego de las gracias de mi jefe y sus halagos del cabrón, me propuse regresar al departamento.

    Al llegar pude ver el auto de Naty afuera, entre y me recibieron mi esposa Rudy y su amiga Naty completamente desnudas. Me llevaron al cuarto y me sacaron la ropa, pero esa historia se los contaré en otro relato.

    Déjame tus comentarios y se los compartiré con Naty y Rudy.

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  • La fantasía de Stephany (2): Un gesto inesperado

    La fantasía de Stephany (2): Un gesto inesperado

    El aula estaba llena de murmullos y risas mientras los estudiantes se agrupaban para el trabajo final. Era uno de esos momentos caóticos en los que todos buscaban a sus amigos de confianza, formando equipos casi por instinto. Stephany, como siempre, estaba con sus compañeras habituales: un trío inseparable que pasaba tanto tiempo juntas dentro como fuera de clases. Reían y planeaban cómo dividirían las tareas, con esa naturalidad que da la amistad de años. Su coleta negra se balanceaba mientras anotaba algo en su cuaderno, organizando todo antes de que el profesor terminara de dar las instrucciones.

    En el fondo del aula, Erick estaba solo. No era una sorpresa, en realidad. Con su cabello castaño despeinado y esos lentes que siempre parecían a punto de caerse, no era el tipo de persona que destacaba en estas situaciones. Los grupos se habían armado rápido, y nadie lo había invitado. Se quedó ahí, mirando al frente, con las manos metidas en los bolsillos de su sudadera, como si estuviera acostumbrado a que las cosas fueran así.

    Stephany lo notó casi por casualidad. Sus ojos se desviaron hacia él mientras charlaba con sus amigas, y algo en su postura —esa soledad silenciosa— le apretó el pecho. No era lástima, no exactamente. Era más bien esa necesidad suya de no dejar a nadie atrás, ese impulso que la hacía ser quien era. “¿Y Erick?” murmuró, más para sí misma que para las demás.

    Sus amigas siguieron su mirada. “Déjalo, Steph,” dijo una de ellas, encogiéndose de hombros. “Que se las arregle solo. No es tu problema.”

    “Sí, ya tienes equipo,” añadió otra, revisándose las uñas. “Además, ese chico es raro. Siempre está callado.”

    Pero Stephany no era así. Nunca lo había sido. Ignorando los comentarios, se levantó de su silla y caminó hacia Erick con esa seguridad tranquila que la caracterizaba. Él levantó la vista cuando la vio acercarse, y por un segundo, sus ojos se abrieron más de lo normal, como si no pudiera creer que ella estuviera ahí, frente a él.

    “Hola” dijo Stephany, con una sonrisa suave. “¿Ya tienes equipo?”

    Erick parpadeó, ajustándose los lentes torpemente. “Eh… no, aún no,” respondió, con la voz un poco ronca, como si no estuviera seguro de qué decir.

    “¿Te parece si trabajamos juntos, entonces?” preguntó ella, inclinando la cabeza. “No me gusta la idea de que alguien se quede solo con esto.”

    Él la miró fijamente, incrédulo. Stephany era todo lo que él no era: segura, brillante, admirada. La había observado tantas veces desde lejos, con una mezcla de fascinación y algo más que no se atrevía a nombrar. “¿En serio?” soltó, antes de que pudiera contenerse.

    “Claro” respondió ella, riendo bajito. “Va a ser un trabajo pesado, mejor hacerlo entre dos, ¿no?”

    Antes de que Erick pudiera procesarlo del todo, Stephany se giró hacia sus amigas para explicarles. “Chicas, voy a hacer el trabajo con Erick. No quiero que lo haga solo.”

    “¿Qué? ¡Steph, no seas tonta!” protestó una, frunciendo el ceño. “Nosotras ya estamos organizadas.”

    “Ya, pero no pasa nada” insistió ella, firme pero amable. “Ustedes son tres, se las arreglan genial. Yo me encargo de esto.”

    Ellas rodaron los ojos, pero no insistieron más. Conocían a Stephany lo suficiente como para saber que, cuando se le metía algo en la cabeza, no había forma de hacerla cambiar de opinión.

    Volvió con Erick, que todavía parecía aturdido. “Listo” dijo ella, sacando su celular. “¿Dónde nos juntamos para empezar? ¿Te parece mañana?”

    “Eh… sí, claro” balbuceó él. “Puede ser en… ¿mi casa? Vivo cerca, si no te molesta.”

    “Perfecto” respondió Stephany, anotando algo en su teléfono. “Mándame la dirección después, y nos vemos mañana por la tarde. Traigo mis apuntes.”

    Cuando el aula empezó a vaciarse, Erick se quedó un momento más, mirando la silla vacía donde ella había estado. Todavía no entendía cómo había pasado, pero una cosa era segura: Stephany, con esa bondad suya que lo descolocaba, acababa de cambiar algo en su mundo.

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  • Mi esposo me entregó a su mejor amigo

    Mi esposo me entregó a su mejor amigo

    Comenzaré diciendo que mi esposo (Armando) y yo (Jenny) empezamos a ser novios desde los 18 años. Yo soy baja, mido 1,55 m y siempre he tenido una cintura y unas caderas pronunciadas, nalgas algo paraditas, lo que desde entonces hacía que los hombres volvieran la mirada cuando me veían.

    Nosotros vivíamos en la ciudad de Monterrey y, desde el principio, comenzamos a mantener relaciones sexuales a escondidas. Yo le mamaba la verga hasta correrse, yo le pedía que terminara en mis pechos y, algunas veces, en mi boca. Luego aprovechábamos cuando la casa de alguno de los dos estaba sola para irnos a hacer nuestras cosas.

    Cuando nos casamos, a los 19 años, nuestro sexo siempre fue muy rico y muy abierto, pues siempre complacía sus deseos.

    Después de que nació nuestro primer hijo, nos mudamos al pueblo donde nació mi esposo, pues le ofrecieron trabajo.

    Ya en su pueblo, comenzamos a convivir con los amigos de mi esposo. En el sexo, él comenzó a tener fantasías, pues me preguntaba si me gustaría tener sexo con alguno de sus amigos, algo que nunca se me ocurrió. Cada vez que teníamos sexo, me hacía esas preguntas y yo le decía que sí. Después de terminar, le decía que estaba loco. Así pasaron algunos años y nacieron nuestros otros dos hijos. Después de eso, él seguía insistiendo con esa idea y, como teníamos Sky, contratamos el servicio de adultos y comenzamos a ver películas en las que salían mujeres con dos hombres y me preguntaba si me gustaría estar así, lo que hacía que tuviéramos sexo muy rico.

    Después nos cambiamos de casa y nos fuimos a vivir al lado de donde vivía uno de sus mejores amigos con su mujer. Nos llevábamos muy bien. Efra, el amigo de Armando, siempre fue respetuoso conmigo, pero yo notaba que me miraba cuando pasaba, porque compartíamos el mismo porche de enfrente y el patio trasero donde se guardaban los coches. Era una casa dividida en dos. Eso hizo que nuestra convivencia fuera más fácil y entráramos en confianza.

    Como él me seguía preguntando si me gustaría estar con dos a la vez, le dije que sí. Cuando me preguntó quién me gustaría, le contesté que Efra, su mejor amigo. Yo sabía que él me veía cada vez que podía; se me quedaba viendo las nalgas y así pasó algún tiempo hasta que una noche los escuché regresar con sus otros amigos. Los escuché hablar en la sala y, después de un rato, entró Armando en el cuarto. Me levanté y le dije que iba a la sala a por agua para los biberones.

    Me besó y me dijo:

    —Sí, está bien. Y se regresó. Para ir a la cocina yo tenía que pasar por la sala.

    Yo, que por entonces tenía 25 años, acostumbraba a dormir con un short de licra que me quedaban justo debajo de las nalgas y un top negro.

    Cuando entré, me sorprendió ver a Efra sentado en la sala. Algo nerviosa, lo saludé y me dirigí a la cocina. Tomé una jarra de agua y regresé a la habitación. Al pasar por la sala, Armando me detuvo, me abrazó por la espalda y me dijo al oído:

    —Te tengo una sorpresa.

    Yo miré a Efra y me reí nerviosa. Acababa de dejar de amamantar, así que tenía los pechos grandes y no llevaba sostén. Vi que Efra fue lo primero que miró.

    En eso, Armando le preguntó a Efra:

    —¿Qué te parece, Jenny? Al verme sonriente, contestó que era una chaparrita muy linda y, Armando al oído, me preguntó si me gustaría hacerlo con los dos. Nerviosa, pero sonriendo, mirando a los ojos de Efra, le pregunté:

    —¿Y él quiere? ¿Le gusto yo?

    Él contestó de inmediato:

    —Sí.

    Esta hermosa, mientras él me veía, Armando me besó en el cuello y me levantó mi top, dejando mis pechos al aire y a la vista de Efraín. Por un momento nos observó hasta que le sonreí y eso le dio entrada a levantarse y comenzó a tocar mis pechos y a besarlos mientras Armando me besaba el cuello y la espalda. Yo comencé a gemir al sentir cómo otro hombre me mamaba las tetas mientras mi esposo me besaba el cuello y la espalda.

    Después, Efra me comenzó a besar en la boca y me tocaba la entrepierna, que en un instante se me puso húmeda. Empecé a tocar la verga de los dos por encima del pantalón. Sentía una sensación muy extraña, como si me pusieran un sándwich.

    Después, Efra se sentó en el sillón y yo me agaché para desabrocharle el pantalón con ansias de ver su verga por primera vez. Quizá por el nerviosismo, aún no tenía una erección total, pero tenía una verga blanca y recta (la de Armando la tiene curva hacia abajo). Entonces, empecé a sacarla. Después, comencé a mamarla recorriéndola con la lengua de punta a punta, logrando ponerla dura. Pude ver que su verga era más grande y gruesa que la de Armando, así que la metí en mi boca hasta donde me cupiera y le di una mamada riquísima. Que hasta entonces solo le había hecho Armando.

    Por la cara de Efra, pude ver que le gustaba cómo se lo hacía. Mientras Efra gozaba, yo no paraba de mamarle la verga. Armando aprovechó que yo estaba de rodillas y empinadita para empezar a cogerme.

    Tal vez por la excitación y los nervios del momento, los dos terminaron rápido.

    Esa noche Efra no me penetró y Armando terminó dentro de mí, mientras yo hacía terminar a Efra con mi boca y probé por primera vez su semen recibiéndolo en mi boca, algo que, por su reacción, le encantó a Efra. Con una sonrisa pícara, me limpié la boca y me levanté mirándolos a los ojos con picardía: Después, me acerqué a Armando y le dije: «Eso es lo que querías, ¿no?». Así fue como comencé a ser la puta de mi esposo y su amigo Efra.

    Días después, hablando con Armando, le dije que me daba pena ver a Efra, que seguramente pensaría de mí después de lo que pasó. Me respondió que Efra le había dicho que yo era maravillosa, pero se había quedado un poco raro y por eso había terminado muy rápido. También me dijo que le gustaría repetir y que ahora me quiere coger. Le pregunté: «¿Tú quieres que me coja?». Y me dijo: «Si tú quieres, sí». Por supuesto que yo quería sentir esa verga dentro de mí, así que dejé que las cosas se dieran.

    Pasaron varios días y un fin de semana. Como era costumbre, Armando y Efra se salían con sus amigos, dejándonos a nosotras como esposas en casa. La relación entre su esposa, Sandra, y yo era cordial y solo convivíamos lo estrictamente necesario.

    Ese día llegaron poco antes de medianoche, porque nuestras casas estaban pegadas y compartían patio, donde metían los carros. Cuidando de que la esposa de Efra no se diera cuenta de que ya habían llegado, se metieron en la sala. Para ello, Armando ya me había dicho que me pusiera una tanga azul que casi no usaba porque no estaba acostumbrada. Me puse un pequeño short y una camisa sin sujetador. Nos fuimos a la sala, charlamos un rato mientras tomábamos cervezas. Efra me miraba y Armando le preguntaba si le gustaba mi cuerpo mientras me levantaba del sillón frente a ellos. Esta vez, Efra comenzó a abrazarme y besarme mientras Armando nos veía.

    Luego, Efra me comenzó a quitar la ropa y a besar todo mi cuerpo. Me empezó a chupar mi vagina, algo que me excitó mucho, pues lo hacía muy bien. Yo también le mamé la verga y, en un momento dado, comenzamos a tener sexo delante de Armando, como si él no estuviera ahí. Nos veía mientras nos tocábamos y nos besábamos, dejando entrever que nos queríamos.

    Efra es más atlético que Armando. Efra me recostó sobre un sillón, me tomó de las piernas y las puso en sus hombros, apuntó su verga hacia mi vagina y me penetró de una manera desenfrenada que me causó dolor y placer al mismo tiempo. Al sentir cómo me entraba su verga, comencé a gemir deliciosamente. Sentía cómo le golpeaban sus testículos contra mi vagina, como si quisieran entrar, pues me la metía hasta el fondo. Así continuamos durante unos diez minutos, fundidos en un mismo cuerpo. Los dos perdimos de vista que Armando nos veía.

    Cuando sentí cómo Efra vaciaba sus chorros de semen dentro de mí, esa fue la primera vez que Efra terminó dentro de mí. Después de unos momentos, se quitó de encima de mí y, como esperando su turno, Armando me vio saciada, me levantó y me puso delante de Efra para que volviera a mamar su verga, aun con restos de semen, mientras él comenzaba a penetrarme. Yo sentía cómo, con cada embestida, se me salían los mecos de Efra, lo que lo hizo terminar rápido y vaciando también su semen dentro de mí.

    Fue una experiencia formidable, pues era la primera vez que sentía tanta leche dentro de mí. Me levanté, escurriendo semen por mi entrepierna, y me senté en el sillón algo apenada. Les dije: «Están locos los dos», me limpié y me fui a la habitación. Después de un rato, Armando entró en la habitación y, preguntándome si me había gustado, volvió a cogerme de una manera que sentía cómo su verga se hacía gorda dentro de mí, y supe que le había gustado compartirme con su mejor amigo. Ver cómo otro hombre poseía a su mujer lo excitaba, terminó nuevamente dentro de mí y nos dormimos.

    Los días siguientes, cuando teníamos sexo, Armando me preguntaba si me gustaría volver a acostarme con Efra. Le dije que sí, siempre y cuando no le diera celos, que su amigo me cogiera.

    Me dijo que era solo sexo, por lo que fue algo que se comenzó a repetir cada vez que se podía. Cuando llegaban de con sus otros amigos, antes de dormir, venían y me convertían en su puta y yo los complacía en sus deseos. Los encuentros fueron haciendo que nos acopláramos los tres en el sexo, pues alternaban los dos conmigo mientras me montaba sobre uno. Le chupaba la verga al otro hasta que lograron hacerme mi primera doble penetración. Una noche, mientras montaba a Efra, Armando comenzó a ponerme saliva en el culo hasta penetrarme.

    Gemía un poco de dolor, pero también de placer, pues Efra me penetraba con su verga en la vagina y, mientras Efra me besaba, Armando me bombeaba su verga en el culo. Sentía cómo chocaban sus vergas dentro de mí hasta que sentía cómo Armando se vaciaba dentro de mi culo, se quitaba y seguía moviéndome sobre Efra hasta venirme de nuevo en un orgasmo, sentía cómo llenaba mi ser con su semen.

    Cabe decir que yo ya estaba operada, por lo que no había problema de embarazarme. Armando ya me cogía por el culo desde que éramos novios, por lo que no le costó tanto. Sin embargo, sí me causaba un poco de dolor y de placer. Los siguientes encuentros fueron más ricos, pues me acostumbré a sentir sus vergas al mismo tiempo. Yo gemía y me movía como si estuviera poseída, hasta que terminaban. Armando siempre terminaba primero, por lo que observaba cómo Efra seguía cogiéndome y cambiando de posiciones hasta terminar dentro de mí. Luego, Armando volvía a cogerme sintiendo el semen de Efra. Me cogía y volvía a terminar dentro.

    Fue entonces cuando comencé a sacar la puta que tenía dentro y complacerlos, pues Efra me hacía suya de todas las maneras que quería. Yo sabía que a su mujer no se lo hacía como a mí y eso me llenaba de placer. Así pasó un tiempo en que, cada vez que podían, Efra llegaba a nuestra casa para cogerme entre los dos.

    Cuando Armando no estaba por cuestiones de trabajo, me decía que le pediría a Efra que estuviera pendiente, así que Efra no desperdiciaba la oportunidad de cogerme. Me tocaba por la ventanita del baño y yo salía al patio trasero con cuidado de no ser vista por su esposa. Yo siempre salía con una licra y una camiseta, sin sujetador.

    En la oscuridad, me ponía a mamarle la verga, algo que me encantaba. Después, me empinaba sobre el cofre del coche, bajaba mi licra y me la metía, haciéndome gemir sin poder gritar de placer. Eso lo calentaba mucho, pues al oído me decía que le encantaba cogerme. Me calentaba demasiado saber que era la puta de Efra y se lo mandaba a su mujer bien exprimido.

    Esto duró algo así como dos años, hasta que tuvimos que regresar a vivir a la ciudad de las montañas por el trabajo de Armando. Durante los seis años que estuvimos allá, Efra nos visitaba una o dos veces al año, por lo que las dos noches que se quedaba me cogían de todas las formas algo que me excitaba mucho, más aún si venía con muchas ganas, como solía hacer. Yo me vestía con liguero y medias para ser su puta esas dos noches y que disfrutara de mi cuerpo. A veces, me mandaba fotos de su verga por teléfono y, recordando esos momentos, Armando me la cogía de maravilla y me decía que quería ver cómo me cogía alguien más, hasta que su cuñado logró convencerme. Pero esa es otra historia.

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  • Visita inesperada de mi madre

    Visita inesperada de mi madre

    Hacía poco tiempo que me había mudado a vivir solo, siempre he sido muy independiente y estaba deseando encontrar trabajo estable para poder irme a vivir solo, por fin lo conseguí. Al poco de mudarme a mi nueva casa, invite a mi madre para conocerla y que viera que le parecía. Era sábado, mi madre me llamó para ver si necesitaba algo para traer a mi casa pero no era necesario así que le dije que no. Como media hora después sobre la hora de cenar, suena el timbre, era mi madre, venía espectacular con una falda negra y una camisa blanca a juego que le quedaba de maravilla y unos tacones negros estaba muy guapa.

    Aun así, ella trajo algo de cena, la cual dejamos sobre la mesa del salón, mire por curiosidad la bolsa que había traído, eran unos dulces que había cogido en una panadería de camino a casa, siempre me habían gustado y al verlos me hizo la boca agua. Me dijo si podía traerle agua que en la calle hacia un calor horrible y estaba muy sofocada del calor que hacía, enseguida fui a por ella y viene con una taza, sin querer se la eché sobre su escote, mojándole la camisa que llevaba y el sujetador negro el cual podía ver perfectamente junto con la falda que también cayó ahí, la puse perdida jajaja.

    Fui a por un paño para poder secarla, disimuladamente le sequé por la zona de las tetas y acto seguido me dijo entre risas, “mi amor me has puesto perdida”, se puso de pie para quitarse la camisa y pude ver el sujetador negro más de cerca diciéndole, “mamá ese sujetador te queda de escándalo”, ella se echó a reír mientras avergonzada por mi comentario se tapaba con la camisa. Mamá se fue a duchar y dejo la camisa en la mesa, yo por mi parte trate de lavarla para intentar quitarle la mancha pero fue imposible.

    Escuché el sonido de la ducha, mi madre se estaba duchando y después de ver a mi mamá en sujetador tenía ganas de ver más, estaba cachondo y no me podía quitar esa imagen de la cabeza así que fui hacia el baño donde mi madre se estaba duchando ¡Con la cortina de la ducha abierta! Lentamente me acerqué un poco podía ver perfectamente a mi madre desnuda como se enjabonaba en ese momento el culo y los brazos pero termine pecando de arriesgado y mi madre me terminó pillando, al verme se sorprendió y rápidamente se tapó con la cortina de la ducha.

    Necesitaba una excusa rápido y le dije que le traía una toalla que me parecía que no tenía, ella sonriendo me dio las gracias por ser tan amable le dejé la toalla sobre la repisa del lavabo y salí del baño.

    Posteriormente mientras la esperaba para cenar se acercó en bragas y camiseta, mientras empezábamos a cenar le dije que agradecía tener su visita por aquí que la casa se notaba más llena y me dijo que estaba pensando en quedarse unos días, yo le dije que se quedara todo el tiempo que quisiera, fue entonces cuando me dijo que desde que se divorció de papá hacía mucho que no se sentía acompañada por nadie, yo le dije que estaba ahí para lo que fuera y entonces ella, acariciándome el brazo me dijo “qué bueno eres y que bueno has sido siempre”.

    Seguí comiendo mientras ella seguía observándome tiernamente continuamos comiendo y al terminar, me fui a recoger mientras mi madre se sentaba en la cama con las piernas estiradas, le llevé un te como ella me pidió, ella dio las gracias con una plena sonrisa mientras observaba sus largas piernas, entonces me lance y le dije a mi madre que me encantaba verla así de plena y con poca ropa, ella se echó a reír poniéndose colorada, observé varias veces sus pies con esas uñas pintadas de color naranja rojizo le quedaban de maravilla muy veraniegas y le dije entre bromas y broma si sabía hacer muchas cosas con los pies, ella a su vez los movía mientras me miraba y se echaba a reír.

    Brindamos por la compañía y le dije si le apetecía un masaje de pies, ella me dijo que si sonriendo y me acomode para dárselo, recuerdo lo suaves que los tenía a medida que el masaje avanzaba a mamá le empezó a subir la temperatura se acomodó en la cama y dejó la taza sobre una repisa de mi habitación. Seguí subiendo por los gemelos con mis suaves manos y mamá se puso boca abajo para que siguiera con el masaje, esas bragas rojas no podía parar de mirarlas, como se le abría metían por el culo, y lo mucho que ansiaba comérselo.

    Seguí palpando la pierna mientras ella disfrutaba del masaje. Sentía como el calor se apoderaba de mi me agarre la polla sin que ella lo viera, estaba cachondo y no podía ocultarlo. Tímidamente le empecé a chupar los dedos de los pies, mi madre de repente se le escapó un pequeño gemido, seguí subiendo lentamente mis manos por sus gemelos hacia sus glúteos mientras ella por su parte me miraba lo que hacía, pude ver cómo se mordía el labio inferior y hacia pequeños jadeos.

    Seguí chupándole los pies mientras ella emitía más jadeos y más fuertes, la temperatura seguía subiendo en la habitación y mi madre se estaba poniendo cada vez más cachonda.

    Nos miramos mutuamente mientras ella se mordía el labio, no hizo falta decir más, mamá se dio la vuelta y me dijo, “ven cariño, acurrúcate conmigo aquí”, hicimos la cucharita mientras le abrazaba seguí besándola por la espalda y fui subiendo mi mano izquierda tocándole las tetas, no llevaba sujetador y notaba sus pezones duros, ella me llevó con su mano hasta su teta izquierda, estrujándola mientras ella jadeaba, no podía creer lo que estaba pasando de nuevo, que ganitas tenía de seguir estrujando esa teta y que ganas de comerla entera.

    La bese por el cuello y ella no tardó en llevarme mi mano a su entrepierna tocando esas bragas rojas de tela, tenía el coño empapado y las bragas más aún. Normal que estuviera así, no pude resistirme y enseguida la cogí del cuello y le di un buen beso en sus labios, que bien besa mamá pensé para mí. Le levanté la camiseta dejándole las tetas al descubierto mientras nos besábamos, fui directa a sus tetas y no pude por menos, se las comí enteritas que ricas estaban. Ella me desnudo, me quitó la camiseta, me bajo el vaquero y fue directa a la polla me la saco del bóxer, claro que después de tanto jugar la tenía a mil.

    Me empezó a hacer una paja y enseguida le quité las bragas y fui directa a comerle el coño, que rico sabía ese coño depilado y baboso estaba delicioso seguí comiéndoselo mientras le metía los dedos. Me acerqué con la polla a su boca, me hizo una mamada de infarto previa a metérsela lo cual estaba ansioso por hacer. Empezó a cabalgarme segundos después, el mejor momento de mi vida y como lo hacía fue maravilloso, instantes después la tumbé boca abajo y le metí la polla por el coño como gemía estaba a mil y a punto de correrse cada vez le daba más fuerte por suerte no termine dentro aunque cerca estuvo, termine por encima de su coño, corriéndome sobre su tripita. ¡Un día perfecto!

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  • Mi hermano se cobra sus cuernos

    Mi hermano se cobra sus cuernos

    Somos una pareja con 8 años de matrimonio, Stella de 32 y yo de 34 años, nos llevamos muy bien hasta en la cama, ella médica, de 1.7 m de estatura, pelo corto negro, tetas 34B con pezones paraditos siempre y un culo de campeonato dicen las malas lenguas.

    Mi hermano mayor, Alfonso, de 42 años y viudo tuvo un evento de corazón y su convalecencia la paso con nosotros en el apartamento. En la mañana lo cuida una enfermera y mi esposa regresa a casa de trabajar hacia las dos de la tarde y le recibe el paciente a la enfermera.

    Yo salgo de la universidad algunas veces a las 8 de la noche y otras a las 10 y voy para la casa.

    La convivencia con mi hermano era buena, él me decía que su cuñada era muy estricta, que no le permitía en su almuerzo comer algo de postre por sus comienzos de diabetes, y mi mujer decía: “cuñado tienes que cuidarte y pues para eso estoy yo, para cuidarte, un día de estos si te portas bien tomándote los medicamentos te daré un poquito de postre, final de las quejas”.

    Mi hermano se bañaba por las tardes, hacia las 6:30 pm mi esposa le supervisaba y cuidaba, normalmente él en bóxer y mi esposa imagino que vestida le ayudaba con su baño y dormía desde las 8 de la noche, según me habían contado. Mi hermanito siempre fue mano larga, imagino que mas de una vez debió sobarle el culo y las tetas en la ducha haciéndose el tonto.

    Una noche mi esposa me contó: “yo hoy estaba en short acompañando en la ducha a tu hermano, y él me metió la mano entre las piernas y me sobo el chocho, él tenía la verga muy parada, yo de verlo intuyendo como es su verga me mojé y excité. Me puse brava y le recriminé su acción, y él me respondió”, “perdóneme Stellita, pero es que estas muy buena”. Yo, le dije: “¡Ah! Ya sé por dónde va mi hermanito, quiere follarse la cuñada, ¿y tú quieres follártelo?” Y me dice: “¿acaso estás loco?”.

    Esa noche follamos muy rico, mi esposa estaba salida y super arrecha, se comportó como toda una puta en la cama, me lo mamó, se tragó mi corrida y siguió manándomelo, por el morbo que teníamos seguí con la verga como una roca, la follé duro me decía dame duro, métame los huevos, echa tuvo un par de orgasmos, yo la gire a 4 patas le chupe el culo y con sus flujos se le lubriqué el ano y se la metí mi verga por su culo, una buena culiada y le llené los intestinos de semen, y ella volvió a mamármelo dejándolo limpiecito.

    Ella me dijo: “tu hermano al parecer es igual de dotado que tú, esposo mío, te amo, tú tienes 23 cm de verga que adoro y bien gruesa, ¿cómo la tendrá mi cuñadito?”. Yo, le respondí: “no lo sé, eso tendrás que averiguarlo tú misma, me cuentas cómo es su verga”.

    Una noche llegué hacia las ocho y media de la noche, abrí la puerta del apartamento con mucho cuidado, entré, sin ruido alguno, había luz tenue en la alcoba de mi hermano y la puerta ligeramente abierta, se oían gemidos y jadeos, me acerqué con sumo cuidado y quedé estupefacto con lo que veía.

    Mi esposa desnuda en cuatro sobre mi hermano y le está mamando la verga con unas ganas, la sacaba de su boca le lamia y chupaba el glande y luego se la metía todita, mi esposa es una excelente mama polla, metía esa verga y sacaba, de nuevo metía y sacaba, ella solita se está follando, y decía: “que rica verga tienes cuñadito, como la de mi marido y sabe deliciosa..”, mi hermano movía su cadera y con su mano guiaba la cabeza de mi mujer y se la metía toda, los pelos de la verga pegaban a los labios de mi mujer y tenía arcadas, pero seguía ese mete saca intenso y de pronto mi hermano bufo y le lleno su boca de semen.

    Ella muy diligente se lo trago y comento: “está delicioso este semen, que rico cuñis..”, pero ella no termino y siguió en la mamada de verga, haciendo que la verga siguiera dura. A estas alturas yo estaba super excitado, mi verga estaba a reventar y me la estaba meneando.

    De pronto, mi mujercita se sube sobre mi hermano y acomoda su verga a la entrada de su chocho y se sienta en ella, y comienza a follarse en un sube y baja intenso, en cada sentada la verga de mi hermano le entraba todita, sus huevos pegaban contra su culo y le decía a mi hermano: “fóllame quiero correrme con tu verga adentro…”, mi hermano dice: “me voy a correr…” y ella: “espera, espera no me dejes así…” y mi hermano bufa y le llena el chocho de semen, ella no alcanza el orgasmo, entonces se baja se pone de nuevo en cuatro y sigue mamando la verga de mi hermano para mantenerla dura, su chocho brilla y le sale semen.

    Yo no aguanto más y entro con mi verga super parada, y la penetro con tres dedos y le hago un mete saca violento y le saco semen de su vagina y le meto los dedos a la boca para que siga degustando el semen de mi hermano, ella comparte el semen con mi hermano porque sus lenguas luchan, mientras tanto yo le doy un par de nalgadas y le meto mi verga de un solo empujón, ella gime, y sigue besándose con mi hermano, le besa el pecho, le muerde las tetillas y sigue mamando la verga de mi hermano y yo sigo follándola con fuerza, que morbo tan berraco, metérsela teniendo ella el chocho lleno de semen, y seguí el mete saca con fuerza casi con violencia.

    Y ella comenzó a decir “me corro, estoy llegando, fóllame más fuerte…” y eso hice follé y follé, ella tuvo un orgasmo tras otro, casi que convulsionaba, hasta que yo me corrí y le llene el chocho de semen, se lo saque y le dije límpielo, y ella simplemente me mamó le verga también. Una vez limpio mi verga se la saqué de la boca y le dije sigue mamando la verga de mi hermano, hazlo llegar, eres toda una soberana puta, y la espero abajo.

    Cuando ella bajo la abrace, la bese, le chupe las tetas e hicimos un 69, le chupe el clítoris con sabor a semen, sacaba semen de su chocho y se lo ponía en su ano, le metí un par de dedos en su culo y lo dilaté, la puse en cuatro y le metí mi verga en su ano lentamente hasta que le entró toda y follamos hasta que le llene los intestinos de semen. A partir de ese día Stella mi esposita disponía de dos pollas, la de mi hermano y la mía, el compromiso que le hice jurar fue: todos los días vamos a follar, y siempre tendrás el chocho lleno se semen cuando yo vuelva a casa.

    Ese fin de semana le dije a mi hermano: “hasta que te follaste a mi mujer, eso era lo que querías, ¿verdad?”. Él me respondió: “si , eso quería, “finalmente estamos a mano, porque tú te follabas a mi mujer”. Le dije: “¿lo hiciste por venganza?”. Y me dijo: “no, tu mujer es muy hermosa y me fascina, igual te pasó con mi mujer porque ella te fascinaba”. Dije: “si, me enamoré de ella, siempre la amé”.

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  • Secuencias: Maggie y Edison

    Secuencias: Maggie y Edison

    Acababa de pinchar a su marido con morfina y regresó a su dormitorio. Edison estaba allí, tumbado en la cama, sin zapatos y con la corbata suelta. “¿Cuándo es la próxima?”, preguntó. Maggie pasó y cerró la puerta. “Dentro de ocho horas”, respondió.

    Él se levantó y la tomó por la cintura, la empujó hasta el tocador y la besó en la nuca. Un beso suave, con la lengua humedecida. Subió una mano hacia el seno derecho y lo acarició; buscó el pezón y lo apresó entre el índice y el pulgar, lo apretó y lo hizo girar. La otra mano hizo subir el vestido. Maggie suspiró. Edison encontró el borde inferior de la braga e introdujo el dedo inquisidor; tiró de la goma hacia arriba. La prenda trepó por la piel suave y toda la nalga quedó desnuda al aire. El dedo trazó su forma esférica, aquella media luna todavía firme, y tanteó la entrada de la hendidura, entre los apretados labios vaginales de Maggie, echando a un lado el vello.

    Dibujó la forma de su rajita y los abultados labios. Edison levantó el vestido hasta la cintura. Maggie agitada semi giró el cuello y pudo ver por el rabillo del ojo a Edison, disfrutando de la vista sensual del cachete de su culo. Sus ojos centelleaban ávidos. Reclinada contra el mueble, separó una mano y alcanzó la entrepierna de él, sintió el tacto endurecido de su miembro, lo acarició y volvió a sujetarse con ambas manos. Edison le estaba bajando las bragas. Estas cayeron hasta los talones.

    Edison se bajó los pantalones y quedó así, con su pene apretado contra las esferas túrgidas. Se frotaba, despertando los deseos de Maggie. Repasó con la punta de la verga la línea entre hemisferios del culo, con ligeros golpecitos, como si la fustigara. Ella rio contenidamente y abrió más las piernas separadas. Entonces Edison jugó a introducir la polla en el agujerito de ella, y de éste a la abultada figa, simulando penetraciones. Maggie se retorcía ligeramente. Su hendidura ya estaba ardiente y completamente húmeda. Edison introduce dos dedos por la raja del coño y llega hasta el fondo.

    Maggie gime varias veces al sentir dentro de ella los trotantes dedos. Él los mueve, los saca totalmente goteantes del semen femenino y los conduce a la boca de ella. Luego los lleva al chocho de nuevo, iniciando una masturbación, follándola con movimientos circulares y de penetración.

    Los dedos de Edison chorrean del caliente y espeso flujo de Maggie, cuyos jadeos son fuertes, continuos. “Ahora, querido”, dice con voz quebrada. “No puedo más, jódeme hasta el final”. Edison extrae los dedos cubiertos de fluido y acaricia el ojete saliente de Maggie. Juega con las líneas estriadas, introduce lentamente el dedo, aprieta, sale y entra hasta meterlo cuanto de largo es. El túnel está caliente. Edison va abriendo el canal estrecho y va follando a Maggie por el culo con su dedo. Maggie gime y se agacha ligeramente para facilitar las empecinadas intromisiones. Disfruta de la forma en la que Edison sabe satisfacer sus fantasías.

    Edison escudriña el agujero distendido de ella. Ve la facilidad con que su dedo discurre dentro de ella. Su tensión sexual está ya a tope, mientras prosigue su exploración anal. Finalmente, la toma por las caderas, a la vez que lleva el dedo hasta la boca de Maggie. “Chupa”, le dice. Maggie abre los labios y se apodera del dedo, lo chupa sonoramente.

    Edison mete la formidable tranca en el chocho chorreante de ella. Se la clava hasta el final y la cabalga dos o tres veces. El falo, cubierto de flujo, sale y Edison lo enfoca hacia el ojo del culo de Maggie. La polla entra sin resistencia, con un ligero sonido húmedo, y Maggie se inclina más, para facilitar la penetración. La secuencia rítmica lleva a Edison al borde de la eyaculación. Nota el esperma pugnando por salir. Para unos instantes y le pregunta “¿Por dónde lo quieres?”.

    Maggie respira entre jadeos y responde: “Déjate ir por el culo, cariño”. Edison saca completamente su órgano, tan tieso que parece de madera. Le excita verlo con unas gotas de semen que escurren por la punta. Recoge el líquido y lo pasa por toda la verga, que cimbrea, y lo introduce hasta el fondo del ojete. Con fuerza acomete el conducto de Maggie hasta que un grito de éxtasis acompaña los chorros de leche ardiente que inundan el recto de ella. Maggie prorrumpe a su vez en una exhalación aguda, sus dedos acarician el clítoris y su corrida de produce instantáneamente.

    Ambos se dejan caer hasta el suelo. Edison abraza por los pechos a Maggie. “¿Mi hermano nunca te ha jodido por detrás?”, pregunta. “Nunca”, responde ella, “sólo he sido su receptáculo; jamás ha sabido satisfacerme, cariño. Sólo tú”.

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