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  • Era caprichosa, mimosa y traviesa (Parte 3)

    Era caprichosa, mimosa y traviesa (Parte 3)

    El sábado siguiente, por la tarde, las dos monjas volvieron a llamar al timbre del pazo, Félix, las vio en la pantalla de la cámara del telefonillo, y le dijo a su hija:

    -Ahí están tus amiguitas.

    -¿Lina y Pili?

    -No, las monjas.

    -¡Sabía que volverían! Una para ti y otra para mí. Pero habrá que pagar otra vez.

    -Por dos virguitos se paga lo que haga falta.

    -Abre el portal, y desaparece hasta que las tenga calientes…

    Mery les abrió la puerta del pazo y las mandó pasar. Se sentaron en el mismo sitio de la vez anterior.

    -¿Qué os trae por aquí?

    Le respondió sor Patricia.

    -El cheque.

    -¿Qué le pasa al cheque?

    Se lo devolvió.

    -Queremos que nos haga dos cheques, uno a mi nombre y el otro a nombre de sor María. Vamos a dejar el convento y vivir juntas.

    -Vaya, lo que puede hacer el poder del sexo.

    -Del amor, señorita, el poder del amor.

    -Necesitaréis más dinero. ¿Qué os parecería si os hiciese un cheque por 24.000 euros?

    Sor Patricia, le preguntó:

    -¿Qué deberíamos hacer?

    -Ayudarme a darle un masaje al diablo… y a follarlo bien follado.

    Las monjas se persignaron. Ahora la que preguntó fue sor María.

    -¡¿Conoce a Lucifer?!

    -No, conozco a Félix, y es un diablo en la cama.

    -¿Quién es Félix?

    -Mi padre.

    -¡¿Ha fornicado con su padre?!

    -¿Qué tiene más delito, follar con dos monjas o con el padre de una?

    -Esta es la casa del pecado.

    -¿Vais a seguir pecando y os extiendo el cheque grande u os extiendo el pequeño?

    Sor Patricia, no tenía dudas.

    -El grande. Ya va siendo hora que mi chochito sepa lo que siente con un rabo dentro.

    Sor María era más reticente.

    -¿Y si el viejo es feo y le huele mal el aliento y…?

    Félix, con su pelo cano y su tipazo y cara de galán, entró en la sala de estar, y le dijo a sor María:

    -Ni soy feo ni me huele el aliento.

    Sor María, al verlo, cambió de opinión.

    -Si hay que hacer un sacrificio, se hace.

    Mery, estaba impaciente.

    -Vamos para mi habitación.

    Ya en la habitación, les dijo Mary a las monjas:

    -Desnudar a mi padre.

    Sor Patricia le quitó la camisa blanca y sor María, el cinto y le abrió la bragueta del pantalón de tergal. Apareció el bulto de la polla en el calzoncillo. Sor Patricia le quitó los zapatos y lo calcetines. Mery, se metió entre las dos monjas, le bajó el calzoncillo. La polla tiesa quedó mirando hacia delante. Sor Patricia, exclamó:

    -¡Es enorme!

    La polla no medía más de 15 centímetros y era delgada, pero como las monjas no habían visto otra, también para sor Patricia era inmensa.

    -¡Nos va a romper el chochito!

    Meri, se puso en cuclillas, cogió con la mano la polla de su padre y comenzó a hacerle una mamada. Sor María, le dijo:

    -¡Cochina!

    Sor Patricia, le preguntó:

    -¿A qué sabe, señorita?

    -Prueba, Patricia, prueba y lo sabrás.

    Sor Patricia, no se cortó, se agachó, metió la polla en la boca, la mamó, y masturbando a Félix, tal y como había visto hacer a Mery, dijo:

    -Sabe a pecado, a lujuria. Sabe tan bien que estoy mojando las bragas. ¿Prueba, hermana?

    -¡Dios me libre!

    -No se me haga la recatada que nos quedamos sin el cheque grande. Dele una mamada. Le va a gustar

    -Bueno, una mamadita, pero una sola.

    A esa mamadita, siguió otra y otra… hasta que la otra monja se la quitó de la boca para mamar ella. Al final se turnaron. Hasta que dijo Mery:

    -Échate boca arriba en la cama, papá.

    Mery, se desnudó, las monjas se iban a desnudar, pero le dijo Félix:

    -Vestidas, os quiero follar vestidas. Quitaos sólo las bragas, y dármelas.

    Sor María ya iba lanzada.

    -¿Y no nos va a comer las tetas?

    -Claro, las tetas y el coño, pero a su debido tiempo.

    Se quitaron las bragas negras, mojadas, y se las dieron. Mery, de propina, le dio la suya, blanca, y con un lamparón tan grande como los que tenían las bragas de las monjas. Félix, boca abajo sobre la cama, comenzó a oler las bragas. Mery cogió el aceite de masaje, y le echó un poco por las espalda y por las nalgas. Sor Patricia, masajeó su cuello y su espalda, Mery le masajeó las nalgas, el periné y el ojete, lo masajeó y después lo penetró con un dedo. Sor María, obsesionada con la polla, metía su mano por debajo y se la meneaba. Al rato largo, Félix, se daba la vuelta. Su polla estaba tiesa. Sor María se lanzó sobre la polla como una leona se lanza sobre una gacela y comenzó a devorarla. Mery, le dijo

    -Despacio, María, que si se corre tendremos que esperar para poder follarlo.

    -¿Cómo sabe eso?

    -Internet. Tengo mucha teoría.

    Félix, sonriendo, le dijo a su hija:

    -Tranquila, hija. Tomé una pastilla de viagra. Hay polla para todas. Sube. María.

    Sor María subió el hábito y cogió la polla con la mano. Félix sintió la humedad del coño y el contacto de los pelos con su glande mientras veía como sor Patricia le comía las tetas a su hija. Sor María puso la polla en la entrada del coño empapado. Empujó y no soltó ni un «ay». La fue metiendo despacito, apretada, apretadísima, pero disfrutando todo el rato. Al clavarla a tope, buscó los labios de Félix y lo besó con suma dulzura, al principio, pues poco después, cuando sintió que se iba a correr, lo comió a besos. Cuando se corrió. Soltó un grito:

    -¡¡¡Me mueeero!!!

    En el portal del pazo, Fermín, el padre de Félix, un hombre de 75 años, libertino, al que apodaban «Pichón», con la ventanilla abierta de su Mercedes, le daba a un mando a distancia y abría el portal del pazo. Oía el grito, y decía:

    -¡Fiesta, fiesta fiesta! Allá voy…

    … Sor Patricia montó a Félix. Subió el hábito como sor María y la clavó sin rodeos. Ella sí que chilló. «¡¡Aaaaay!» En grito guio a Fermín, que al llegar a la puerta de la habitación y ver el cuadro, exclamó:

    -¡Carnavales anticipados! ¡Fiesta, fiesta, fiesta!

    Luego vio que una de las jóvenes era su nieta, y le dijo:

    -¿Quién trajo las putas, María?

    Ni Mery ni las monjas se sobresaltaron. Estaban demasiado cachondas.

    -Son monjas, abuelo.

    -Y yo soy cura.

    -Calla y hazle a sor Patricia lo que me haces a mí. Seguro que le gusta.

    Fermín cogió debajo de la cama una zapatilla con forma de conejo peludo y con piso blanco de goma, le levantó el hábito a la monja y al ver su culito blanco, le dijo a su hijo:

    -Parece una monja de verdad.

    -¡Y lo es, hijo puta! ¡¿Desde cuándo juegas con mi hija?!

    -¡No jodas¡ ¡¿Es una monja de las de verdad?!

    -No me contestaste.

    No le iba a contar. Le dijo a sor Patricia:

    -Soy tu ángel de la Guarda. Te me has descarriado. ¡Mala!

    El viejo le dio con la zapatilla en las nalgas a la monja.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    Después de darle dos veces en cada nalga, se las lamió, le besó el periné y el ojete, y acto seguido se lo folló con la punta de la lengua.

    -¿Quieres purgar todos tus pecados?

    -Sí, castígueme más.

    El viejo le volvió a besar y a lamer las nalgas y a chupar y a follar el ojete con la punta de la lengua mientras la polla de Félix entraba y salía de su coño. Cuando más lo disfrutaba, le dio otra vez con la zapatilla.

    Sacó la polla. No era un «pichón», era un pichín, pequeño y delgado, Sor María, al verla, y antes de cogerla, meterla en la boca y mamarla, sonriendo, le dijo:

    -¡Qué bonita!

    Mientras se la chupaba, Fermín siguió follando el ojete de sor Patricia con su lengua y azotándole el culo con la zapatilla.

    Merí, celosa de los zapatillazos, le puso el culo en posición a su abuelo. Fermín le comió el coño, luego le folló el ojete con la punta de la lengua, y después le preguntó:

    -¿Quieres que te caliente el culo, muñequita?

    -Sí, Pichón, sí.

    A Fermín lo comían los demonios cuando lo llamaban por su apodo.

    -¿¡Pichón?! ¡La madre que te parió! ¡¡Las quieres llevar fuertes!!

    -¡¡¡Plas, plas, pas!!!

    Mery, masturbándose, quería más.

    -¡Más, abuelo, más!

    El viejo le dio más y más fuerte.

    Mery ya echaba por fuera.

    -¡Cómemela, cómemela, cómemela!

    El viejo le comió el coño y Mery se corrió en su boca.

    Sor Patricia, gemía. Sus gemidos ya eran de pre orgasmo. Fermín se la clavó en el culo. Sor Patricia comenzó a correrse. Inundó con su flujo vaginal los cojones de Félix. Con el placer que le produjo el orgasmo de la doble penetración, perdió el conocimiento, y lo perdió en el momento en que Félix le sacaba la polla para correrse en su vientre y Fermín le llenaba el culo de leche.

    La cosa siguió. Hubo… ¡Fiesta, fiesta, fiesta!

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Mi prisionero

    Mi prisionero

    Tus ojos posaste en mí, lo primero;
    Luego, tus manos, tu boca; tus besos.
    Susurraste a mi oído tantos excesos
    De tu amor: deseos de mi cuerpo entero. 

    Me quitaste el camisón, con esmero;
    Te señalaron mis pechos, muy tiesos, 
    Morenos pezones, duros como huesos;
    «Chúpalos», dije, «tú, mi prisionero.»

    En tus brazos, al lecho fui llevada, 
    Acostada; y tu polla se empinaba;
    Me incliné, la así y te hice una mamada. 

    Oía tu ronco placer y yo anhelaba 
    Arriba montarte; «¡Oh, ah, gusto, qué entrada!»;
    Ruge tú tu orgasmo; ¡ay el mío, no se acaba!

  • (5) Desorden

    (5) Desorden

    Me hizo un gesto de silencio con la mano, de nuevo su ama le hablaba. Ella escuchaba mirándome y asintió varias veces, se acercó hasta pegar su cuerpo al mío.

    – Ha dispuesto una prueba, tenemos que ir deprisa, tiene al primer señuelo en la cama, te espera.

    – ¿Y esto de que va? – Pregunté contrariado.

    – Cuando termines de depositar la última gota de semen en la vagina del primer señuelo, en tu bolsillo habrá 20 billetes sin numerar de 50 €, Hermética paga muy bien, y posiblemente en posteriores polvos que eches tendrás recompensa al margen del contrato suscrito.

    – ¿Y estas prisas? – Protesté.

    – Hermética me ha dicho que tiene que ver con tu recuperación.

    – Puedo saber quién es el primer señuelo.

    – Supongo que una voluntaria, allí no hay secretos y la vieja exploradora habrá soltado todo a cambio de dinero, como es natural, aunque supongo que son órdenes de arriba.

    – ¿Voluntaria para un embarazo? – Pregunté mosqueado.

    – Es posible, es una urgencia de última hora. Supongo que el plan de Hermética se ha filtrado entre sus amistades y es posible que alguien más importante quiera probar a pesar de no haber firmado nada.

    – Pregúntale si puedo cobrarlo por anticipado, tener ese dinero en el bolsillo antes del polvo. Dila que no me fío de estas prisas.

    Asintió marcando, se alejó de mi lado y pude escuchar las primeras palabras, negó y luego asintió, volvió a negar y siguió moviendo la cabeza negando, me dio la sensación de que no era posible, y ella volvió a negar y luego asentir varias veces, se quitó el casco del oído se volvió mirándome, parecía dudar o pensar que decirme, luego se acercó andando despacio, mal rollo pensé.

    – Al principio se negó, le dije cosas que tú no has dicho, y ella se enfureció, te llamó chantajista, ventajista entre otras barbaridades y que se vengaría en cuanto pudiera, por lo visto es un compromiso de un tipo muy importante e influyente.

    Se ha debido de enterar de todo esto y no tiene heredero masculino, tiene dos hijas pero solo tienen niñas y más niñas, palabras textuales de ese bárbaro con pasta, que quiere tener en su casa más de un cipote, que está lleno de rajas y teme que el edificio se derrumbe, más grosero no puede ser ese cabrón y ha puesto en la mano de Hermética un montón de pasta y de información bursátil.

    – ¿Has dicho dos mujeres?

    – Supongo que te las tendrás que tirar a las dos.

    – Esto de andar con medias tintas no me gusta, entonces el precio adelantado no sirve.

    – Se ha anticipado a tus deseos, le ha sacado tu cifra multiplicado por seis, es decir, 12.000 €, él dijo que para él eso no llega a la cantidad del chocolate del loro, promete prima si se confirma ese niño o niños, asegura que en sus empresas prima el rendimiento a parte del sueldo y funciona.

    No estaba mal para empezar, eso me aseguraba de forma regular un año. Viviendo a su costa solo tendría que pagar los gastos generales de casa, el resto ahorro por si las cosas se tuercen y me daba la sensación que todo cambiaba deprisa.

    – Vayamos, veremos que me tiene guardado el destino.

    La miré, ella miraba al suelo.

    – No me he olvidado de ti, divide ese dinero, hazlo tú y lo que decidas lo aceptaré.

    – Así ¿A ciegas aceptas lo que decida? – Protestó.

    – Si, esta gestión es tuya.

    – Y si en vez de dinero terminas lo que has empezado.

    – Sabes que no es posible, sé que debo terminar eso que empezamos, pero ahora no puede ser, esto parece una emergencia y ese dinero le necesito para trabajar con cierta tranquilidad y poder emplearme a fondo sin penurias económicas.

    – No sé si creerte, tampoco sabes que va a ocurrir con tu tiempo y donde estarás, Hermética es posesiva y vengativa, no la subestimes.

    – Si piensa que me va a tener encerrado se equivoca, ya que esta oportunidad me permite imponer mi criterio en ese sentido, sean esas dos pobres lo que sean, además pienso aprovecharme de la influencia de su padre sobre Hermética.

    Movió la cabeza de un lado a otro, no lo aprobaba.

    – Necesito que me prometas algo.

    – Cuando sepa de qué tiempo dispongo lo tendrás.

    – Quiero una prueba de sangre.

    Enarqué una ceja sorprendido, no comprendía nada.

    – No sé qué quieres decir.

    – Quiero dejarte una señal en el hombro, quiero que mis dientes se manchen de rojo, quiero que ese rojo sea tu sangre, que depositaré en mi boca y que fotografiarás con mi móvil, la foto será mi boca con tu sangre que gustaré lentamente y con un deseo inquietante. De esa forma dejaré mi huella en tu cuerpo, haré pensar a las que vengan detrás.

    – Pues date prisa, no tenemos mucho tiempo.

    La realidad es que no era la primera, tampoco era algo complicado y de esa forma me quitaba una posible enemiga, ya que me daba la sensación de ser rencorosa.

    – No puedes hablar, ni moverte, es un rito y no lo olvides, quieto y muy quieto. No comprobó si venía gente o no. Se desprendió de la ropa, me invitó a lo mismo, dudé, pero se lo había concedido. Me senté de nuevo en el banco, ella pasó una pierna por encima y quedó quieta, volvió para atrás y cogió el penetrador con su mano, y este despertó lentamente, aprovechó para metérsele ella misma, quedándose quieta, y pegando sus labios al oído me susurró hablando despacio, arrastrando las palabras.

    Sentí la dureza de sus pezones, se apretaba contra mi pecho y se movió levemente, sentí ese roce desconocido y se vio reflejado en el penetrador, quise que creciera más, sentí esa ligera molestia en el glande de que no se podía hacer más grande y ella se movió levemente y me habló, pensé si lo había sentido.

    – He sujetado un orgasmo, cuando todo esto termine, te dejaré que leas lo que he sentido y paladeado, siento como crecías dentro de mí, y lo guardo en lo más íntimo de mí ser, ya que siempre acepté ser mujer y para que sirvo. Yo Irish acepto tu cuerpo sin reservas.

    Y se movió levemente, como si cabalgara pero empujando hacia mi pecho y con ese ligero movimiento clavó sus dientes en mi hombro derecho, sus dientes parecían buscar el lugar adecuado, que buscaba arrastrando la lengua y dejando un rastro húmedo y por fin se detuvo cerca del cuello.

    Mordió despacio, soltó y pasó la lengua, volvió a morder en el mismo lugar y apretó, yo me mantuve inmóvil, apretó más manteniendo la presión, seguí sin moverme, ella se elevó un poco apretando los dientes a la vez que se clavaba el penetrador hasta el fondo, un golpe y luego otro a la vez que apretaba, gemía y sentí sus lágrimas, gotearon y descendieron por mi espalda, fue cuando sentí un ligero escozor.

    Gimió de nuevo moviendo la cabeza y apretando los dientes, y de nuevo se elevó procurando esa fuerza al clavarse de nuevo, soltó la presa gimiendo, lloraba en silencio y se movió despacio, luego posó sus labios y sentí como recogía la sangre, me produjo cierto malestar, escocía y como si lo supiera, pasó su lengua, la saliva cura.

    – Hazme la foto, por favor.

    Se separó ligeramente, le hice varias fotografías y se adueñó de mi boca, se adentró en ella y fue bebiendo mi saliva, se separó jadeante. Tenía los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas que escurrían entre sus pechos.

    Me abrazó con fuerza apoyando su rostro en mi hombro, dejó de cabalgar, sentí mucho su humedad y sorpresa. Se separó ligeramente mirando de muy cerca.

    – Supongo que te habrás dado cuenta, me he meado encima de ti, ha sido forma de mi sentir, del placer que me has proporcionado. Te he marcado como mío, como hacen algunos animales marcando su territorio.

    Para tu tranquilidad te diré que soy una mujer sana, Hermética te lo puede confirmar y no quiero pensar cuando me eches ese polvo que me debes, ya que será en un lugar impensable para ti, entrarás a formar parte de mis secretos, y no me he expresado mal, dije entrarás ya que para mí eres eso, el que me entra, el que me penetra y tendrás recompensas, y como todo es efímero, y como nada persiste para siempre, debo mantener tu interés, pero antes tengo muchas cosas que descubrir de ti y ensayar mi poder sobre ti, aunque nunca ni nada afectará tu libertad.

    No me molestó, no era la primera ni sería la última, y recuerdo a una que se puso de todos los colores, yo me retiré despacio al sentir ese líquido caliente, demasiado líquido para ser su eyaculación y ella no pudo controlarle, me mojó completamente y parece que debió al tamaño de su vejiga.

    En el asiento trasero tenía dos toallas protegiendo la tapicería del sol y con ellas nos limpiamos. Y salimos a la M-30 dirección norte y poco después entramos en la zona de chalets que daban al campo, a nuestra espalada el aeropuerto, en la entrada dos vigilantes tomaron nota y la verja se abrió, buenas noches y nada más y poco después entramos en otra zona restringida, más vigilantes y por último llegamos a una zona de aparcamiento cubierto, detrás una edificación de cinco pisos formando ángulo recto, habíamos llegado.

    – Ni una palabra de lo que me has hecho.

    No pude evitar sonreír ¿YO?

    La seguí, en la entrada una recepcionista que ni nos miró, entramos en el ascensor, momento que aprovechó para examinar el mordisco.

    – ¿Qué le dirás?

    – Que es una apuesta, suponte si llevara tatuajes.

    – Entonces no estarías aquí, está demostrado que envenena la sangre despacio y la piel del dibujo se muere lentamente.

    Llegamos a una sala circular con varias ventanas, pero nos detuvo una mujer que llevaba una Tablet en la mano, me dijo que la siguiera y con un leve gesto me despedí de la emo.

    Salimos por otra puerta, un pasillo con ventanas al lado este llegando a una sala con cuatro puertas de diferentes colores, de su bolsillo sacó un sobre y me lo tendió.

    – Es la cifra acordada ¿quieres contarlo?

    – ¿Dónde está la emo?

    – Es pasado, olvídala, ha cruzado la frontera prohibida.

    – No lo es, aquí estoy debido a sus palabras, me negaba y ella me ha convencido, no entiendo la justicia de este sitio.

    – Te convenció el dinero, seamos claros.

    Me rectificó midiendo las palabras.

    – Cumple el acuerdo, siembra a la mayor de las dos, mañana será el turno de la menor. Tu habitación tiene la puerta de color azul, tienes otra salida que da al lado de la zona de esparcimiento, hay de todo.

    Se acercó hasta mí, pegó su nariz a mi ropa, parecía una perra le faltó olisquearme el culo.

    – Hueles, hueles – Pensaba mirando al techo – Hueles bien, tal y como dijo, hueles a mujer, pero que muy bien.

    Sus mejillas se habían coloreado, y dándome la espalda se alejó, pero antes de salir al pasillo se volvió mirándome, tenía una sonrisa boba en su boca, yo sabía que desprendía olor a sexo, pero ella no lo dijo, supuse una buena tía sin remilgos de ninguna clase.

    Y este detalle no era por accidente, la emo me había dado una pista y ya la había aprovechado y ahora utilizado.

    Abrí la puerta, todo oscuro, miré la llave y fui a encender la luz, pero…

    – Por favor no enciendas la luz, es el acuerdo y ya no debo hablar más, Hermética dijo de debemos ser desconocidos y la voz es reconocible.

    Me dejó sorprendido, su tono de voz me lo dijo todo, esposa sumisa y su padre un anticuado macho ibérico. Decidí no jugar la carta de lo que mi cuerpo desprendía.

    – Me voy a dar una ducha rápida, no tardo.

    – No tienes tiempo, piensa que estoy muy nerviosa por la situación, hazlo deprisa, insemíname cuanto antes, estoy muy apurada por la situación.

    Mejor para ella, me desnudé deprisa y a tientas llegué a la cama guiándome por su voz. Entré en la cama, ella estaba tapada, aparté la ropa, ella no opuso resistencia, estaba desnuda y muy tensa, mal rollo, podía traumático para ella. Le hable al odio muy bajito.

    – Debes relajarte un poco, no voy hacerte daño, será como tú digas, solo tienes que dejar que ponga una almohada debajo de tus nalgas y que separes la rodillas, del resto me encargo yo.

    – Eso no me dice que no me harás daño.

    Dijo e con voz casi inaudible.

    – Confía en mí, un ruego, necesito que me dejes probar tu sabor.

    Esto es una artimaña para excitar su clítoris, sabía que no tenía tiempo de muchas cosas, era una mujer cerrada.

    – ¿Y para que necesitas probar mi sabor?

    – Muy sencillo, dame tu mano.

    Ella puso la mano en mi costado, la cogí de la muñeca y llevé sus dedos al penetrador que estaba dormido, quiso retirarla pero se lo impedí.

    – Eso no, por favor – gimió.

    – ¿Cómo lo hace tu marido? – Pregunté extrañado.

    – Siempre está preparado, me tira en cualquier lugar y me la mete, me hace mucho daño.

    – No será igual, verás, si lo coges, se despertará y eso me dará la oportunidad de hacerte pasar un buen rato, ya que no entraré en tu vagina hasta que estés a punto, preparada para recibirme.

    – No te entiendo.

    – Tú cógelo, sabrás lo que tienes que hacer para excitarme.

    – No, fui educada en un colegio mayor femenino, y salí de allí para casarme, no sé nada de todo esto.

    – ¿Qué tiempo llevas casada?

    – Un año.

    – Bueno, suéltalo ya lo harás luego, pero que sepas que es necesario que entre en tu vagina, si no, no hay embarazo.

    – Lo sé.

    – Ahora voy hacer algo que te gustará, pero no te resistas, no duele nada, es todo lo contrario.

    – Será pecado, seguro.

    No hagas caso ¿me dejas?

    No respondió, me dije que era un sí y me moví por encima de su cuerpo, se removió inquieta y poco a poco separé sus rodillas quedando justo entre sus piernas, que ella mantenía apretadas.

    – Afloja, déjame estar entre ellas, no soy como tu marido, y quiero que tu mano te diga algo.

    Aflojó la presión y pude separar sus piernas, quedé de rodillas entre ellas y llevé de nuevo su mano al penetrador, de nuevo intentó retirarla pero se lo impedí.

    – Verás que sigue dormido, así no puede entrar, y para que eso es necesario que estés excitada, eso hace que despierte, esto es cosa de dos, por tanto ahora no hagas nada, voy a despertar a tu deseo.

    – No me hagas daño – Dijo gimoteando.

    Y metí mi boca entre los labios mayores de su vulva, tenía el vello muy lacio, suave y despacio llevé la lengua hasta el clítoris, este reaccionó a la misma velocidad que ella intentaba juntar las rodillas, pero mi cuerpo se lo impidió.

    De nuevo, moví la lengua muy despacio, con pausas, ella se removía y tuvo una reacción que me dijo que todo iba bien, dejó de intentar juntar las rodillas. De nuevo acaricié el clítoris con la punta de la lengua, ella volvió a moverse despacio, y las piernas se separaron un poquito, de nuevo alcancé su clítoris, pero esta vez le llevé la fondo, es la parte menos sensible y eso le ayudaría a asimilar ese placer que desconocía, y pude escuchar como soltaba aire y me recordó algo que es uniforme.

    Cuando el glande entra en la vagina, la mujer abre la boca y suelta aire, si no hace eso es que falta o fallas en algo.

    Sentí como su mano cogía mi pelo, tiraba hacia arriba y quedamos con los rostros muy cerca, estaba muy agitada y temblorosa, yo le pasé mi mano derecha por su rostro y uní mi boca a la suya, al principio se quedó inmóvil, y poco después permitió que mi lengua entrara en su boca, gimoteó levemente, salí de su boca.

    – ¿No quieres besos?, sirven de muchas cosas, la boca es una zona de ternura, el beso es una manifestación de sentimientos.

    – No se me había ocurrido pensarlo. Oye, algo me roza en el muslo.

    – Lleva tu mano y cógelo, necesito que me excites y esa es una forma de empezar ¿Qué has sentido?

    Silencio, tragó saliva y se removió, sus dedos ya se cerraban en torno al penetrador.

    – Primero una sensación desagradable, desconocida, pero luego empecé a sentir calor, estaba entre lo bueno y lo malo, no entendía lo que estaba sintiendo, luego cuando pasaste la lengua por dentro, sentí gusto, pero mi mente lo rechaza.

    – Estás en el camino. Pero antes de seguir una pregunta fácil ¿dormiremos juntos?

    – No entiendo que quieres saber.

    – Supongo que después de que el semen esté en tu vagina, dormirás a mi lado el resto de la noche.

    – Yo había pensado marcharme una vez que hubieras terminado.

    – Olvidas varios detalles, el principal, si después de que eyacule en tu vagina te pone en pie, el semen escapa y debe permanecer el máximo tiempo posible, es más, mientras eyaculo parte se sale debido al movimiento.

    – No me habían dado detalles de todo esto.

    – ¿Pero tienes libertad para hacer lo que quieras?, después de desayunar pensaba que nos diéramos una vuelta por el monte, conocernos un poco.

    – Está mi hermana en espera de que me marche.

    – Pues no, yo soy lento y necesito por los menos tres días con cada una, no tengo prisa y esto hay que tomárselo con mucha calma.

    Silencio de nuevo.

    – ¿Si lo metes me harías daño ahora?

    – No lo sé, pero puedo comprobarlo, voy a meter dos dedos en la vagina, no te muevas, no te dolerá, chupa los dedos.

    Esto era una artimaña, pensaba que hiciera lo mismo con el penetrador antes de entrar. Chupó los dedos y yo insistí para que los chupara más, y luego los llevé a su vulva.

    El anillo vaginal no opuso resistencia, estaba seca pero lo vi lógico, los nervios impiden todo en el sexo, así que los mantuve dentro y luego los humedecí yo y volví adentro, ella no se movió ni dijo nada. Era el momento.

    – Ahora vas a mojar el penetrador y vamos hacer la misma prueba, piensa que hay que mojar las paredes de toda la vagina y los dedos no llegan al fondo.

    Me fui incorporando despacio, y quedé boca arriba, con mi brazo hice que su cabeza quedara cerca del penetrador, pensaba en unas chupaditas y luego que ella misma se lo metiera, le quitaba el trago de volver a ver su marido encima de ella.

    Lo cogió con su mano, estaba al setenta por ciento, y se lo metió en la boca con cierta reserva, pero yo hice que entrara más, luego la solté y ella no se resistió, quería que terminara de crecer en su boca.

    – Es necesario que alcance toda su longitud, si no, no llegará al fondo, procura que entre del todo.

    Y obediente el penetrador alcanzó su medida.

    – Ahora ponte encima de mí, procurando que el penetrador entre despacio.

    – No sé lo que dices.

    – Pon una pierna doblada junto a mi costado y la otra en el otro lado, procurando que el penetrador entre en tu húmeda vagina, que ahora sí lo está.

    Tuve que ayudarla y cuando el glande comenzó a entrar, me di cuenta de que no estaba lo suficientemente húmeda, debía de ir muy despacio, era necesario despertar a bartolino.

    – Despacio para que sientas como entra hasta el final, luego esperaremos a que se humedezca.

    – En casa utilizo un gel, no funciona lo que tú quieres, pero si es cierto es que nunca había sentido esa sensación de tenerle dentro, es diferente, mi marido es brutal y termina en dos minutos, le da igual que me duela.

    Y la evidencia demostró que había que echar mano del gel y ante mi sorpresa, descabalgó encendió la luz de la lamparita y sacó de su bolso el gel, le dije que no apagara la luz, protestó diciendo que era el acuerdo.

    Ella puso gel en torno al penetrador y se puso un poco en el anillo vaginal, y se subió, esbozó un gesto que quiso ser un amago de sonrisa.

    – Te he obedecido en todo, ahora por favor fóllame deprisa y termina, estoy muy nerviosa.

    – Pues cabalga, yo debajo y tú encima.

    No sabía hacerlo, así que sin romper el abrazo cambiamos de lado, de todos modos era mejor, ella arriba hace que el semen escape deprisa, mejor ella acostada.

    Y empleé mi sistema, despacio, entrar reposar empujando con suavidad y salir más despacio, ella se removió cuando mis dedos llegaron al clítoris, y esa velocidad hizo que cerrara los ojos y abriera la boca, gimió despacio, bajito para ocultarlo pero sabía que estaba en el buen camino.

    – ¿Me avisarás cuando me llenes? – Dijo deprisa, con cierta fatiga.

    – Lo haré ¿Te gusta?

    – No lo sé, es desconocido para mí, no me duele, que ese es mi temor.

    – ¿Paramos un poco para que descanses?

    – No, termina cuanto antes, tengo miedo y los nervios me atenazan los músculos.

    Me detuve con el penetrador metido hasta el fondo. Y le hablé al oído.

    – Tengo una nueva amiga, regenta un establecimiento de loterías, es gorda y está acomplejada por ello. Desde que abrió fui siempre allí por distancia a mi trabajo. Y una tarde se equivocaba mucho, estaba muy alterada y la tarde llegaba a su fin, me dijo que esperara y salió de bajar el cierre, aunque no eran las ocho de la noche, le faltaba al más de media hora.

    Terminó de corregir los errores, pero le pedí esos errores, ella algo confundida me miró, sabía que tenía que empezar a anularles y supongo que alguien del organismo central podía crearle problemas, de esa forma no tendría que anular nada.

    Me dio las gracias y yo con toda la tranquilidad del mundo le pregunté si tenía pareja, negó con la cabeza, algún amigo, bueno follamigo, negó más deprisa con la cabeza y evitó mirarme mientras me daba el cambio y cuando empujó con sus dos dedos los billetes, sujeté sus dedos poniendo los míos encima, me miró alarmada.

    Le dije que necesitaba descargar sus tensiones, y el sexo sirve para eso y más, me miró y su rostro estaba enrojecido, pero no retiró los dedos, yo había rebajado la presión, podía retirarles sin problemas, y me preguntó que sugerencia tenía.

    Nada más simple que un revolcón, sin motivos personales, y después valoramos que aportamos cada uno, una arruga en su frente me dijo que no lo entendía y le expliqué que era una forma de empezar una amistad, pasamos de conocidos a construir una amistad partiendo del sexo entre desconocidos.

    Ella alegó que era una tía gorda, que causaba repulsa y su familia no la dejaba en paz, le dije que se olvidara de eso, y que sus carnes eran una cosa, no era una belleza pero no era fea, guapa en mi opinión, y si cambiara un poco su forma de vestir ganaría puntos.

    No entendía que eso de puntos, le expliqué que eran puntos de atracción sexual, de nuevo enrojeció desviando la mirada.

    Me preguntó muy alterada que tendría que hacer, dije que nada, dejar a la naturaleza seguir su curso, no pensaba tirarla encima de la cama, todo requería su momento.

    Y le expliqué que el fin de semana era un buen momento, en una pequeña ciudad, descubrir la ciudad en la noche, ese paseo nocturno puede tener variantes, unas copas, y dejar a la naturaleza seguir su curso, un largo beso en la penumbra de unos arcos, y como no apuntar al sexo, y le preguntó cómo era eso y sin más empujando sus dedos, le dije que lo primero que quería de ella eran sus bragas, y que ahora mismo me las guardaría en el bolsillo, pasó del ligero rubor a un granate oscuro y apreté un poco más, le dije que me gustaría quitárselas yo.

    Y una vez que hubo bajado el cierre le dije que se sentara en una de las sillas, se sentó recostándose cerrando los ojos. Y se la quité despacio, y aproveché para otra vuelta de tuerca, procuré impedir que juntara las rodillas, eso hizo que siguiera con los ojos cerrados, y me guardé en el bolsillo sus bragas, abrió los ojos, parecía fatigada.

    Miró la hora y corrió a cerrar la caja, tenía que enviar los datos del día, cerró todo y salió cerrando todo, yo me había sentado en otra silla junto en la que ella había estado, le señalé su silla, dejó todo encima del mostrador y se sentó, le señalé mi cremallera, de nuevo rojo subido en su rostro, pero obedeció, y tras empujarla de la misma forma se hizo con el penetrador muy tranquilo, le dije que no nos marcharíamos hasta que le despertara, y si sabía lo que era hacer una paja, aunque su estilo era primitivo. Estaba muy nerviosa, aunque no lo entendía ya que debía estar entre los 35 y 40 años, sin dejar que terminara nos marchamos, en su casa llamó a alguien, abriría un familiar ella dijo que se iba de fin de semana.

    Era tarde cuando llegamos a un pueblo de Castilla-León, le dije de dejar todo en manos del destino, vieja ciudad vaccea, buscamos un hotel y luego nos fuimos a tomar algo, el reloj de la iglesia señalaba las 11:20, y cogiéndose de mi brazo me dijo que estaba bloqueada, que no la dejé respirar y el viaje en silencio había conseguido que pusiera en orden su cerebro, no le dije nada, era mejor que soltara todo.

    En un viejo mesón en la plaza, que por cierto había ambiente, cenamos y bebimos, ella miraba de vez en cuando el reloj de la torre, le dije que se olvidara del reloj, que de seguir así, sus nervios no se calmarían y no habría polvo o polvos, el finde da para mucho.

    Luego dimos una vuelta por la zona antigua y una pequeña plaza llena de arcos, en la penumbra le quité el sujetador, de nuevo su respiración se aceleró, conseguí esos besos en que ella apenas participaba y seguimos con el paseo, aunque hacía fresco le dije de hacerla una foto junto a un pozo lleno de candados, esa costumbre que sigue habiendo, y para su sorpresa, até sus bragas en uno de ellos, a parte de sus pechos, en la foto se veían sus bragas atadas.

    Tomamos unas copas en un garito de juego, me dijo de ir al servicio, le dije que se quitara el sujetador, que se exhibiera un poco, y lo hizo, aunque poco dejó al descubierto, pero si se veía que no llevaba sujetador, perdimos un poco de dinero, y cerca de las cuatro nos fuimos al hotel.

    Pensé que sería más complicado, pero no, me dijo mientras cabalgaba encima de ella, que se había dado cuenta de que tenía una oportunidad y la estaba desperdiciando, y me apartó de encima, quiso que cambiar de postura, pero antes se ocupó del penetrador, fue una felación antigua, y era evidente que no tenía práctica y me sorprendió cuando cogió su móvil y me dijo que le hiciera fotos mientras seguía con la felación, y más fotos tumbada en la cama con las piernas separadas, y más fotos con el penetrador metido.

    Pero antes de llegar al final pregunté, me dijo que adelante sin problemas, se había hecho ligaduras, no quería hijos y esa era una forma segura, y más fotos de su vulva, y quería que se viera la salida del semen, se había dado la vuelta completamente.

    Cuando se calmó del todo, me dijo que si había algún problema si volvíamos el lunes, dije que no, tendría que hacer una llamada a la oficina, y pasamos el sábado y domingo en el mismo plan, ese lunes cuando la dejé en el portal de su casa, me dijo que se sentía diferente, y era cierto, parecía haber perdido esa frustración que tenía, y me dijo si eso terminaba así, le dije que no, sonrió por primera vez y me dijo me marchara, que tenía que trabajar.

    – Sois los culpables de nuestras frustraciones, seguramente algún tipo tuvo la culpa de su estado.

    – ¿Y mañana te irás o no? – Pregunté.

    Silencio, de nuevo pensaba.

    – ¿Follarme otra vez?

    – Si, será diferente ¿Te hago daño?

    – No, tengo palpitaciones debido a que espero al dolor que no llega.

    – Olvida eso.

    – No, no puedo olvidarlo, eso me espera en casa.

    – Ya termino, cierra los ojos y solo siente.

    Y terminé sin moverme, me quedé un rato sin salir.

    – ¿No sales?

    – No, perderías semen si yo salgo ahora, espera un poco.

    Dejé que el penetrador siguiera el mandato de la naturaleza y lentamente fue retrocediendo, ella se movió ligeramente, temblaba y ella lo escondía, era normal dentro de lo que tiene en casa, miedo y eso es terrible.

    Me acosté a su lado, pasé mi brazo por su cuello y la acurruqué, ella se dejó hacer, y de nuevo esa especie de temblor, me empezó a preocupar, lo mismo yo también la daba miedo.

    – Duerme, te relajará.

    No dijo nada, aunque si respondió ya que su brazo izquierdo llevó su mano hasta mi cadera y clavó ligeramente los dedos, se aferraba a mí. Y perdí la consciencia sin darme cuenta, me gustaba su calor y no recuerdo nada más, lo siguiente fue la cruda realidad.

    No abrí los ojos, el oído tuvo todo el poder, no sabía dónde me encontraba, hice memoria y si, la consciencia me puso al corriente de todo, ella no estaba a mi lado, apreté los labios contrariado.

    Abrí los ojos, ligera claridad, las cortinas cubrían las dos ventanas dejando tan solo una línea de claridad, me incorporé despacio, me apoyé en los codos y miré a mi lado, en la sábana la huella de su cuerpo y la humedad que había dejado, moví la cabeza enfadado conmigo mismo.

    Me senté en la cama por su lado, pasé la mano por la zona húmeda y la llevé a mi nariz, olía a ella, a la mezcla de fluidos y su fragancia.

    – Te has marchado, cuando yo no he terminado.

    Moví la cabeza contrariado diciendo, ahora no sabía qué hacer, no estaba para enfrentarme a su hermana. Pero la puerta del baño hizo un ligero ruido y su voz me llegó.

    – No tío, no me he marchado, tengo muchas dudas y requiero respuestas, ha sido una madrugada que me has llevado de sorpresa en sorpresa.

    Estaba desnuda y parecía que estaba terminando de secarse, sonreía y señalándome con el dedo me dijo algo que me llenó de confusión.

    – Necesito respuestas, mientras dormías no estuviste quieto, murmurabas palabras inteligibles que apenas entendí, he cumplido lo que me pediste, pero lo más sorprendente es que con los ojos cerrados te moviste, de nuevo tus manos recorrieron mi sexo excitándome y poco después volviste a metérmela, gruñías y cabalgaste encima deprisa, como si algo te persiguiera ya que mirabas hacia atrás por encima de tu hombro, reconocí que vivías en una pesadilla ¿Qué soñabas?

    Me dejó sin palabras, y no era la primera vez, me había pasado más de una vez, la causa fue una frígida que me jodió un largo año, hasta que se marchó de mi lado. La causa es que no me escondí de tener amiguitas, sin embargo aquello me traumatizó sobre todo por lo que fue capaz de hacer y llevar su engaño tan lejos.

    Tenía una sonrisa en sus labios y se acercó despacio sentándose a mi lado, señaló la mancha de humedad diciendo.

    – Me hiciste un buen trabajo, me siento diferente e impresionado, ese que me folló dormido apartó todos los tabúes que reprimía, sentí una especie de gustillo cuando tus dos manos removían el vello del monte de venus, como si buscaras algo y eso se reflejaba en mi interior, pensé que buscabas ese misterios punto G, y si te diré que apretabas y eso despertó algo en mi interior, ese temor desapareció.

    No dije nada, estaba impresionado.

    – En el baño tengo lo que me pediste, lo he metido en una bolsita de compresas.

    – ¿Qué te pedí? – Pregunté algo angustiado, no recordaba nada.

    – Dijiste que segara el trigo de venus, que lo necesitabas. Y en efecto, soy rubia aunque me tiño de morena, pero no me tiño todo el pelo ¿Qué harás con él?

    Es una costumbre, una foto de ella y detrás el vello del monte de venus que suelo segar yo.

    – Recuerdos, tan solo es eso.

    – ¡Ya!, opino que puede ser el botín de tus incursiones.

    – No está mal definido, pero no lo hago con todas.

    – Haré un rápido sumario, me has inseminado dos veces, una vez despierto y otra dormido. Despierto eres uno y dormido eres otro más primitivo, puedo asegurar que ese primitivo estaba poseído por algo, una fuerza invisible que parecía perseguirte ya que mirabas hacia atrás y que despertó mi sexualidad, sentía esa especie de gustillo que era desconocido para mí.

    Me chupeteabas los pezones y no dejabas en paz al clítoris, eso hacía que me retorciera debido a las sensaciones desconocidas que sentía, un gusto que rechazaba pero que no impedía, te dejé libertad de movimientos, eso sí, hubo una vez que casi mordías el clítoris y eso me hizo temblar, escalofríos recorrían mi cuerpo y me empecé a asustar, y fue cuando dijiste que había llegado el momento, y entraste a saco en la vagina, lloré, no por qué me hicieras daño, no, lloraba porque estaba húmeda, gemiste de gusto cuando llegaste hasta el fondo, gruñías diciendo entre dientes, que bien, y embestías con fuerza, ese movimiento que tenías entrando y saliendo hacía que nuestros cuerpos se movieran deprisa y fue cuando aprendí algo, lo hice sin querer, acompasé su entrada oponiendo una ligera oposición, refrené tus impulsos y conseguí que fueras más despacio.

    Tus manos tenían apresadas mis caderas y en mi oído gruñías sonidos que no pude entender, y de vez en cuando me apremiaba a que separa más las piernas, eso hizo que tuviera una especie de estremecimiento que me llenó de gusto y te obedecí en todo, y casi con un grito ahogado terminaste, sentí un calor diferente en mi interior, gruñías empujando levemente, babeabas en mi hombro y saliste despacio, luego me llenaste babas los pezones a la vez que murmurabas mientras los chupabas, y te quedaste acostado entre mis piernas, apoyaste tu cabeza entre mis pechos y empezaste a roncar.

    No salía de mi asombro, estaba extasiada por la experiencia y me hiciste pensar, pensé que eras un saco de sorpresas, ese ser que me había poseído no eras tú, existía una gran diferencia entre los dos, y te diré un secreto, las babas que tenía en los pezones no era igual a la que probé de tus besos, y no se definirlo ¿Quién me poseyó de esa forma tan explosiva, que despertó mi sexualidad?

    – No lo sé, quizá tenga que ver con mi infancia, de muy pequeño tenía pesadillas, todas las noches hasta casi los siete años, los médicos lo achacaban que no comía devoraba y que las cenas copiosas tienen esa respuesta, estaban totalmente equivocados, mis padres me hicieron pasar hambre y las pesadillas no cesaron.

    – Eras otro ser, no me hiciste daño, parecías recorrer mi cuerpo en busca de algo, y de vez en cuando metías tu boca en la mía, me la secabas, te bebías mi saliva, y seguías haciéndome cosas que me producían un gusto extraño, y sí, he de reconocer que poco después de dormirte, me dormí yo, y me di cuenta que desperté con una sonrisa en los labios.

    Tú dormías con la misma postura y seguías entre mis piernas, tuve que hacer juegos malabares para no despertarte, y sentí cierto gustillo en el vientre cuando me puse en pie, tenía agujetas por separar tanto las piernas y que aún lo siento.

    Te miré pensando y decidí dejar dormir a la bestia que me había poseído en la madrugada. En la ducha reviví ciertos momentos ya que tengo la parte interna de los muslos enrojecidos, era normal debido a lo que tardó en terminar, parecía prolongar algo ya que babeaba, supuse de gusto y me hizo sentirme muy bien, le estaba proporcionando placer, por eso refrené su fuerza.

    – Entiendo que tus tabúes han desaparecido.

    – Algo así, me noto diferente, pero hay un problema, además muy serio, estoy pensando en echar de mi lado a ese cabrón de mierda, ese tipejo no me tocará nunca más, no quiero que enfangue lo que siento, se han borrado esas torturas con ese borracho de mierda, que solo lo intentaba cuando bebía, nada comparable con lo que nos envolvió en la madrugada y he decidido comprarte, voy hacer una oferta a Hermética.

    No pude menos que reírme por lo bajinis, ella hizo lo mismo.

    – Divórciate, si tu padre es tan importante no dudo que tengas problemas, pero inténtalo.

    – ¿Y ahora qué?

    Preguntó gastando la sonrisa.

    – Debemos seguir con nuestras vidas.

    – No es tan fácil, yo quiero a ese ser, quiero tenerle a mi lado, para poder situarle entre mis piernas, reclamo a ese ser que no eres tú, que ha resucitado a la mujer que moría en mí.

    Tú no te ves, pero ese ser tenía la pupila dilatada al máximo, asustaba su mirada, me hipnotizaba haciéndome sentir sensaciones indescriptibles y no me importó que monstruo me poseyera con tanta fuerza.

    Lo que no dejaba de sorprenderme fue la sonrisa que tenía, ya que iluminaba su rostro.

  • La nerd a la que volví una puti-nerd (Primera parte)

    La nerd a la que volví una puti-nerd (Primera parte)

    Les quiero compartir la relación que tuve con una chica que por varios meses tuvimos una muy buena relación de pareja, y sin pecar de presumido puedo asegurar que fui su maestro y desperté en ella bajos instintos de mujer deseosa de verga que llevaba. Este es un tributo a esa chica que ame y deseaba, juntos llevamos nuestra sexualidad intensamente durante el tiempo que duro nuestra relación, viviendo varias anécdotas chuscas, de amor, pasión y sexo, que espero contarles las más relevantes y se identifiquen con alguna. Son varias las anécdotas, porque parecíamos conejos y fornicábamos cada que había posibilidad, donde se pudiera y como se pudiera, en verdad se volvió una mujer que conoció su sexualidad.

    Los que han leído mis relatos anteriores, ya sabrán un poco de mí y mi vida sibarita, en ese tiempo de soltería a dedicar un rato por las noches a platicar por medio de lo que en esa época eran las redes sociales latínchat, MSN, ICQ, BBS ITESO y varios más. Yo vivía solo en un departamento por lo que después de trabajar arduamente, al llegar la noche podía libremente platicar con varias chicas, con algunas conseguía alguna cita para conocernos y más que eso, con alguna tuve cybersex o sexphone por las distancias donde radicaban, con algunas tuve citas en sus lugares de residencia, en particular aquellas que estuvieran cerca de la ciudad de México porque la distancia era más corta y podríamos vernos en fines de semana, así conocí a varias mujeres con las que viví situaciones bellas y ojala me den oportunidad de contarles esas otras experiencias reales vividas por su servidor y que en un futuro no muy lejano publicare.

    Regresando al tema de este relato, erase una noche más de ocio, en mi pequeña oficina, sentado frente a mi computadora en ese cómodo sillón ejecutivo con una cerveza bien fría, de estar noches que no tenía más que hacer, solo quedaba entrar algún chat e hice platica con varias chicas pero en especial con una a la cual llamaré Chocolatito (por razones obvias no quisiera dar su nombre real que la involucre, ya que ella al igual que yo tenemos una familia ya hecha aunque espero que si ella llegara a leer este relato se identifique por los buenos momentos que pasamos llenos de amor y sexo), platicamos lo normal conociéndonos sin intención de causarle una mala impresión, ya que por experiencia sabía que una buena impresión de uno da confianza a las mujeres sin afán de perjudicarlas de mi parte. Recuerdo que en alguna charla por error le mande algo cachondo a ella, me había equivocado de destinataria (ooopss ya la cague me dije a mi mismo). Pero a partir de ese desafortunado incidente hubo tema de conversación después de disculparme, y empezamos a platicar más seguido, nos fuimos conociendo, me confió que ella era estudiante de ingeniería en sistemas en el ITESM ubicado al sur de la ciudad de México, zona por donde ella vivía. Como ya he dado a conocer en anteriores relatos, yo vivía solo en un departamento de la Ciudad de México, así que charlábamos de cosas en común, ella estudiando sistemas y mi pasión por lo nerd y geek, me fui dando cuenta que ella encajaba en mi mundo así que nos pasamos nuestros números telefónicos y estábamos en contacto, ya sea por teléfono o por mensajes, correos, la amistad fue creciendo poco a poco hasta que un fin de semana la invite a comer, para poder platicar y conocernos en persona. El día de la cita se dio y quedamos de vernos en galerías Coapa, al sur de la ciudad de México. Les confieso que ese día estaba nervioso aunque este tipo de citas ya las había hecho varias veces con diferentes chicas, y esta ocasión era diferente, aun cuando había una diferencia de edades (10 años), aquella chiquilla me estaba poniendo nervioso parecía jovenzuelo en su primer beso, supongo que me intimidaba que al escucharla por teléfono su forma de hablar era de la típica niña fresita que estudiaba en una escuela fresona y vivir en una zona de la ciudad que puede catalogarse de un nivel socio económico medio-alto, yo me la imaginaba muy distante para poderse enrolar conmigo y aparte mayor a ella, pero en fin sería una tarde para conocernos y yo en fines de semana no tenía algo mejor que hacer así que conocerla era un buen pretexto para salir de mi cuartel general.

    Ella llego nos identificamos y un poco nerviosos como son la mayoría de las primeras citas (confieso que yo estuve nervioso con ella en la mayoría de las primeras citas antes de lo que nos unió ya como pareja), la charla amena fue rompiendo el hielo y la invite a comer en un restaurante de la plaza comercial ya que por lo regular al vivir solo en la gran ciudad tenía que comer solo la mayoría de las veces, la describiré un poco para que se den una idea de la magia que me cautivo de ella, era una niña ñoña, hija de familia (tendría ella 18 años), usaba lentes, su forma de vestir era de joven que su mamá le compra la ropa aun, la cual ocultaba cualquier atributo en su figura. Es más alta que yo y de cabello rizado café rojizo tipo pelirroja (color chocolate), algunas pecas y lunares por su cara y hombros (Después descubriría que los tenía por la mayoría de su cuerpo).

    Era una niña a toda madre, de esa primera vez nos seguimos frecuentado, asistíamos a eventos musicales, museos, hablábamos por teléfono por horas en la noche, nos hicimos más amigos casi inseparables, la invitaba a algún restaurante de cortes o mariscos ya que nos gustaba disfrutar la buena comida o la invitaba a mi departamento y yo preparaba alguna comida especial, y mi especialidad los camarones o langostinos al mojo de ajo, pero no rompíamos esa barrera, yo ya la amaba en silencio, pero era menor a mí y quizá ella me rechazaría (eso pensaba yo). Por la confianza que ya nos teníamos le dejaba las llaves de mi departamento para que ella hiciera tareas ya que contaba con equipos, Internet, libros y el espacio para que ella hiciera los proyectos de su escuela mientras yo estaba en el trabajo.

    Una tarde de fin de semana que pasábamos juntos en mi departamento viendo una película, no había insinuaciones por ninguna de las dos partes aunque nuestras miradas a veces decían más que mil palabras era un hecho de que ya había algo en nuestra relación de amigos, esa tarde a mitad de película nos besamos. De ese primer beso, vinieron muchos más, desfogando la pasión contenida en ese tiempo de conocernos, le bese el cuello baje por su piel blanca hasta pechos que eran suaves y chicos, le hice a un lado su brassiere para poder besarlos y acariciarlos aquellos blancos pechos con unos pezones rosas casi difuminados. Como les decía, su forma de vestir fue siempre muy sencilla hasta un poco descuidada como de una chica Nerd de biblioteca, ahí sentados en el sillón de la sala frente al televisor, iniciábamos nuestro romance no fue solo el deseo sexual contenido en los meses que llevábamos conviviendo, realmente ya había algo más que amistad, por lo que nuestras caricias se fueron intensificando hasta ir perdiendo la ropa, ya besaba sus blancas bubis de piel casi virginal, hasta quitarle su jeans (ella casi no usaba vestidos o falda hasta antes de conocerla) y su calzón de niña bien portada (Su mamá se encargaba de comprarle la ropa) que llevaba puesto, la ropa nos estorbaba en ese momento sublime. Aparte de su calzón mata pasiones me encontré con una mata de pelo casi acorde con su cabellera, abundante y de un tono pelirrojo que cubría una deliciosa pepa rosita que además se escurría sus jugos abundantemente, era la primer mujer que veía que escurriera literalmente moco, ella emanaba una gran cantidad de lubricante, los cuales succione como si fueran agua de manantial, en verdad se humedecida como no había visto en otras mujeres, esa mata de pelos al más puro estilo vintage se llenaba de sus fluidos y mi saliva de tantos lengüetazos que le proporcionaba a aquella pepa ardiente, tenía un sabor rico salado con un suave aroma a humedad, quería meterme todo ahí dentro mientras ella bañaba mi cara con su humedad así como al sillón dónde estábamos viendo la película que pasó a segundo plano, ya no nos importaba lo que pasaba ahí en la pantalla del televisor, solo queríamos saciar nuestros instintos más primitivos, yo hincado en el piso mientras bebía del néctar de esa flor, con mi falo duro aún prisionero de mi poca ropa, muy húmedo y con ansias de poder explorar esa gruta peluda, en esa posición yo tenía a aquella chica como si fuera mi altar el sillón y ella mi ofrenda a EROS, podía recorrer su cuerpo desnudo, acariciando cada centímetro de piel, descubriendo aquellas pecas y lunares que ocultaban su ropa de señorita bien portada, nuestra conexión sexual estaba naciendo en ese momento, tuve que detener mi exploración para liberar mi tolere babeante, cuando lo libere ella me devolvió el favor acariciando mirándolo nos besamos profundamente como si de ello dependiera nuestra existencia, probó de mi boca sus jugos que mi lengua había extraído de su gruta sexual, mientras nuestras lenguas jugueteaban yo acariciaba sus senos blancos, con mis dedos recorría sus botones rosita y de gran tamaño que por la excitación estaban duros, por lo que me dedique a besarle los labios y bajar a su pecho para mamar sus tetas, mientras ella paseaba mi falo acariciando y embarrado el líquido que ya emanaba de el, lo hacía suave y cuidadosamente la sensación que tenía en ese momento cuando sus dedos pasaban por los bordes de mi glande era indescriptible, estaba con esa chica que era mi amiga ñoña y los dos estábamos desnudos demostrándonos nuestros sentimientos reprimidos tanto tiempo, nos sentíamos como una olla express liberando la presión contenida durante tanto tiempo, estábamos extasiados saboreando nuestros sexos, mientras ella se llevaba mi pene a su boca que tiene un lunar sexys a un lado de sus labios, veía de reojo como miraba lo que se estaba queriendo llevar a la boca, con la lengua tocó el ojo de mi pene probando el sabor del líquido pre seminal, cuando recorrió con su lengua los bordes de mi glande enrojecido por la extrema excitación solo nos miramos a los ojos mientras ella se metía mi miembro caliente a su húmeda boca, mientras ella mamaba de mi palo, lo la veía y metía mis dedos delicadamente esa mujer que chorrea de su pucha bastante líquido, mi otra mano hacia a un lado el exceso de vello púbico que esa pucha tenía mientras mi lengua saborea el néctar que manaba de aquella hermosa gruta la cual era rosa y casi virginal (muy limpia por cierto), por lo que me dedique a chupar y succionar su botón rosita casi enrojecido por la fricción de mi cara y boca sobre el, ya estábamos listos para consumar nuestro deseo de sexos, así que la recosté en el sillón que fue el nido de nuestra pasión en el cual quedo una mancha de nuestros jugos como un recuerdo de aquella primera cogida, fluidos de ella que en verdad era una fuente de fluidos, mientras nos besábamos tome sus dos piernas y mirándola a los ojos (ella aun con sus lentes) me acomode entre sus piernas, nuestros cuerpos desnudos se tocaban, era la primera vez que nuestros cuerpos se compaginaban, mientras nos acariciábamos yo tenía mil pensamientos, ya la deseaba desde hace días y mis sueños húmedos se estaban haciendo realidad, en verdad estaba enamorado de ella. La tenia desnuda en mi departamento a punto de clavar mi aguijón en ella, claro una vez que tuviera la protección necesaria de látex, ha había disfrutado del néctar de su bella flor y eso me hizo muy feliz, así que mi miembro estaba ya sobre su pubis velludo, ella abría su piernas en franca autorización para que mi falo se introdujeron en ella, excitados frotábamos nuestros sexos sin que mi falo pudiera penetrar esa gruta, en un momento dado ella metió su mano para acomodar mi pene en la entrada de su cueva apartando de en medio sus pelos color chocolate que bloqueaban el camino de mi soldado deseoso por entrar en aquella trinchera, los dos deseábamos ya estar en esa comunión, así que introduje mi verga suavemente para disfruta esa primera conjunción de nuestros cuerpos y aparte para no espantarla, ya que en verdad no quería que solo fuera una aventura de un solo día, quería que esa tarde nunca terminara, mientras nuestra bocas se mordían y jugábamos con nuestros labios, mirándonos mutuamente mientras nuestros sexos se fundían en un torrente de placer, empapados por nuestros escarceos, nuestros cuerpos estaban ardientes, húmedos y palpitantes.

    Por fin estábamos cómodo deseábamos los dos unidos por el amor, la pasión y el deseo que ambos sentíamos. No me cansaba de decirle que la quería y la amaba, y ella a mí. Sonreíamos a veces en complicidad ya que después nos confesamos que era algo deseado por ambos, y ninguno de los dos dábamos el paso, así que esa primera vez fue memorable para ambos, estábamos los dos solos y desnudos en aquella sala, que no nos importó si alguien podía mirarnos por la ventana de aquel departamento, que de ahora en adelante sería nuestro templo del amor, estuvimos en ese sillón fornicando deliciosamente, nos sentíamos libres de hacer lo que quisiéramos, cambiamos de posiciones en ese sillón, un de ellas yo quede sentado y ella se sentó sobre mi falo, que delicia ver como ella dirigía mi instrumento de placer hacia su pucha húmeda, solo agarre con ambas manos su senos y comencé a besarlo, chuparlos, morder suavemente y succionar de repente con fuerza sus pezones rositas, ella echaba para atrás su cabeza con su gran cabellera suelta y esponjada ya que su cabello era rizado tipo afro, mientras su pubis se friccionaba fuertemente con mi palo dentro, lo que pude comprobar de que era muy sensible en sus pezones, le gustaba que se los tratará con fuerza cuando ella estaba excitada, nos besábamos con pasión mientras nuestros sexos se frotaban, como ya les había comentado ella era muy jugosa de su sexo, el sillón estaba ya mojado al igual que mis testículos, teníamos un charco que era absorbido por la tela del mueble, ella se acomodó después dándome la espalda a punto de sentarse en mi falo, yo apunte mi pene a su pucha, mientras ella se abría un poco su puchita rosa con dos dedos dirigiendo la punta de mi glande a su cueva ardiente como una gruta volcánica. Fue una gran visión como ella se sentaba en mi tótem dando la espalda viendo su cupo que si era ancho y notando sus lunares en nalgadas y espalda.

    Después de varios minutos con la mirada y de la mano la lleve hacia la recamara, recorrimos el pasillo desnudos para llegar a ella, donde por fin sería también su cama desde ese momento, era la primera vez que entrabamos juntos a la recamara ya que aunque ella me visitaba constantemente pues no teníamos planeada esa situación, ella sabía que yo no tenía relación alguna por el momento y ella había terminado una anterior a mi casi cuando la conocí.

    Continuamos amándonos ahora en la habitación, ahí nos rendimos para seguir explorando nuestros cuerpos, yo recorría su cuerpo con mis labios donde pude admirar cada centímetro de su piel, en mi mente se quedaron muchos de los pequeños lunares que ella tenía en su cuerpo y que ya veneraba, recorrí su pecho llegue a su ombligo el cual también tendría algunos lunares tipo pecas alrededor de él y eso siempre me éxito de ella, lo bese y baje por su plano vientre, se lo besaba y lamía, antes de llegar a su pubis lleno de vello púbico impregnado por nuestros jugos, yo le hacía el sexo oral, mientras ella cerraba sus ojos dando pequeños gemidos de placer, retorciéndose por las sensaciones que mi lengua le provocaban en sus labios vaginales rositas y en su hinchado botón de su clítoris.

    En ese momento por mi mente solo pensaba en darle satisfacción a ella, que ese día no fuera el único, quería que muchos días de esos así que me dedique a complacerla y ella solo abría sus piernas para que mi lengua jugará en la entrada de su gruta, yo solo bebía del torrente que manaba de su interior, acariciaba sus piernas abiertas recorriendo con besos el interior de sus grandes piernas. Puedo decirles que hicimos algunas posiciones normales, ya que era la primera vez que teníamos nuestro encuentro, así le indique se volverá boca abajo colocándole almohadas bajo su vientre para que quedará con sus blancas y amplias nalgas hacia arriba, yo desde atrás de ella tenía una gran vista ya que tenía a esa tierna Nerd a mi merced, con su culito de un color rosa (que después contare cuando lo penetre) se apetencia penetrarla con todo, pero no quise romper el encanto de esa primera vez por mi deseo extremo, otro día sería el adecuado, así que con ese bello cuadro lo único que atine a hacerle fue besar esas amplias nalgas con mi boca la recorrí y ella solo emitía leves gemidos mientras mis labios y lengua transitaban la piel de sus nalgas la cual contaba con varias pecas y lunares, su piel se erizaba por sentir mi lengua y aliento sobre su dermis suave y desnuda. En esa posición ella solo volteaba a ver lo que le hacía con cara de golosa, así que ahora solo pase la palma de mi mano por su peludo monte de Venus para embarrar mi mano de su fluido vaginal que era bastante, lleve mi mano a mi pene y lo embarre de sus jugos, le miraba sus grandes caderas y espalda mientras dirigía mi ariete en esa puerta que estaba entre cerrada por unas leves cortinas que formaban sus labios rosas, ella al sentir la punta de mi falo, lo que hizo fue gemir y voltear hacia mí en aprobación y diciéndome que estaba sintiendo todo muy rico, cuando mi cuerpo choco con sus nalgas sentía mi pene moverse dentro de su puchita peluda, a lo cual ella solo trataba de sentir más mi falo echando su cuerpo hacia atrás, ella gemir mientras nuestros cuerpos chocaban con las embestidas que le daba, la sujetaba de sus caderas para separarla y luego jalar de ella hacia mi ariete que la estaba perforando, yo tenía el control de su cuerpo y de repente se lo metía despacio como queriendo disfrutar al máximo el momento, después se lo metía y sacaba rápidamente en repetidas ocasiones, haciendo que aullara de placer, diciendo que se sentía rico cuando se lo daba rápido, se escuchaba el chocar de nuestros húmedos sexos y ella gimiendo, aullando y diciendo… «auuuu aauuu que rico, así así, más… Te quiero… Mmmm»

    Estaba a punto de venirme así que ya después de varias venidas de ella, deje de bombear con mi pistón en su vagina, me acosté boca arriba y de imprevisto colocó su cara en mi pene se bajó a mamar mi pene que estaba lleno de sus jugos. Que delicia cuando su lengua jugueteo con mi nabo en su boca para ordeñar mi falo y extraer la crema de mi nabo, me miró sonriente y se acomodó en mi pecho, me abrazo mientras mi pene duro tocaba su peludo osito rosita, podría decir que tuvimos una tarde llena de sexo, no sexo duro sino más bien el de dos personas enamoradas entregadas a la pasión de su primer encuentro. Explorando, conociendo y expresando nuestro sentir. Nos quedamos tendidos en la cama sonriendo por lo que había sucedido, era claro que ambos lo deseábamos, ahí en la cama nos confesamos nuestro amor y tratando de recordar cómo sucedieron las cosas haciéndonos promesas de amor y que de ahora en adelante seríamos más que amigos.

    Ya entrados en la intimidad, sin hacerla sentir más le comenté que me gustaría que su ropa interior la cambiará por tangas o cosas más sexis como lencería, y que le ayudaría a quitar ese monte rojo que cubría su blanca piel y su rosita pepita. Le exprese mis fantasías porque sabía que ella se sentía a gusto, yo sería su maestro o su patrocinador, nos amamos más esa tarde y desde esa tarde tuve a mi chica Nerd/Erótica complaciente, hicimos muchas locuras y fantasías, juntos de ahí en adelante. Me hice el novio formal de ella y la visitaba en su casa, su familia me trataban a toda madre, tuvimos sexo en su cuarto, casi en la nariz de la familia de ella, tuvimos exhibicionismo en algunos viajes que realizábamos juntos de vacaciones y muchas más aventuras que irán mostrando el nivel de putería y el monstruo en que la convertí, ya que cambio su forma de vestir, aunque seguía siendo aquella Nerd de la que me enamore desde el primer momento, por dentro llevaba una puta bomba que satisfacía mis deseos y yo los de ella, a partir del nacimiento de esta relación yo ya no tuve que andar por la red conociendo “amigas” ella complementaba mi mundo, en verdad creí que nunca acabaría nuestra relación por todo lo que pasamos juntos, hicimos miles de fotos y algunos videos de nuestras sesiones de amor, que en algún momento les podré compartir, en esta entrega podre regalarle alguna de sus fotos reales esos primeros encuentros donde tenía una jungla en su pucha ardiente, y que le ayude a limpiar esa selva en su puchita para que usará tanguitas, lo cual me calentaba demasiado y solo de verla en su ropita interior se me paraba la verga y ella sabía que eso me motivaba y siempre que le iba a ver tenía que ir con ropa de la que yo le compraba y no la que le compraba mi suegra, me calentaba a tal grado que cuando íbamos por la calle y metía mi dedo por el borde de sus jeans y notaba que traía alguna tanga, de inmediato mi verga se paraba, y aunque estábamos en restaurantes o algún lugar público mi dedo jugueteaba con el borde de su cintura acariciando su piel y moviendo su tanga, mi verga ya babeaba cuando eso pasaba y ella solo sonreía y me miraba para decirme que era para mí, también se ponía húmeda me decía, que cada que le hacía eso, ella escurría humedad, y solo quedaba que discretamente me apretaba la verga y decía “Que rico”, regresábamos temprano de donde anduviéramos para tener sexo como conejos en la privacidad de mi departamento o su casa, o donde pudiéramos, a ella le gustaba mi verga si condón y yo disfrutaba de esa nena bella, sentir sus juveniles jugos en mi verga era lo más caliente.

    En algunas futuras entregas les platicare de nuestras pato-aventuras de cuando lo hicimos en la misma cama donde dormíamos con sus primos al lado en la misma cama previo a un viaje que tendríamos a Cuernavaca a casa de su prima, o cuando me mamo la verga saliendo del antro afuera del Liverpool de insurgentes y el eje 7 o cuando hicimos el amor en casa de sus abuelos maternos mientras en la planta baja filmaban un capítulo de una novela de TV Azteca, y ella por estar convaleciente en una recamara, pase a visitarla después de mi trabajo y teníamos ya varios días sin coger ella misma me dijo que ya necesitaba mi verga dentro y eso era nuestro motor, cogimos ahí mismo con el riesgo de que alguien subiera a la habitación, también cuando asistíamos a la feria del Sexo y Entremetimiento para comprar algunos accesorios y regresar al departamento a tener sesiones de sexo sin control.

    Hubo cientos de situaciones que tal vez se me esté pasando alguna situación cachonda lo cual iré contando en esta página.

    Ojala que este relato haya sido de su agrado, y espero sus comentarios y calificación a mi relato 100% real, en esta página o a mi correo de contacto: [email protected].

  • El cuerpo lleno de encantos de mi cuñada

    El cuerpo lleno de encantos de mi cuñada

    Yo llevaba una vida bastante aburrida viviendo como un empollón absurdo junto a mi madre viuda y a los dieciocho años, poco antes de entrar en la Universidad sucedió algo que cambió radicalmente mi existencia.

    Yo soy un joven bastante extrovertido, aunque al tener tanta dificultad para ligar con las chicas, poco a poco se me fue avinagrando el carácter y hasta pensé en irme a Madrid, o a Barcelona, a un sitio en donde nadie me conociera para echarle «morro» a la vida y llevarme a la cama, a las primeras ingenuas que se me pusieran a tiro.

    Me llamo Michel y soy bastante viril, por no decir que un tío muy bien dotado en lo que a miembro y testículos se refiere, aunque era virgen a mi edad y eso era como una losa que me ahogaba, amenazando con hundirme hasta el cuello en una gravísima depresión.

    Cuando mi hermano Rafael, que era diez años mayor que yo, tuvo un accidente laboral y falleció, pensé que se me caía el mundo encima.

    Mi madre me aconsejo que al encontrarme disfrutando de las vacaciones estivales, me fuera a vivir a casa de mi difunto hermano, haciéndole compañía a mi cuñada Raquel, que a sus veinticuatro años era una mujer que acababa de dar a luz a su primer hijo y que estaba muy buena, aunque para no ofender la memoria del pobra Rafa, siempre quise apartar de mi cabeza los malos pensamientos que me excitaban al soñar muchas veces con su joven viuda, con unas fantasías eróticas que me avergonzaban al recordarlas cuando amanecía y me daba cuenta de que era un gusano bastardo, un pobre estúpido que hubiera sido capaz de meterla en cualquier tubería para complacer los azotes crueles de mi libido.

    No sé cómo sucedió, pero el caso es que acepte la propuesta de mi madre y como mi cuñada estaba de acuerdo, me cogí la maleta y en el tren llegue al pueblo ignorando que allí iba a perder esa virginidad que tanto me pesaba.

    Cuando ella salió a recibirme, me quede helado aunque era el mes de julio y hacía mucho calor.

    Raquel era muy hermosa y su cabello rubio corto contrastaba con el negro de su vestido de luto y la blancura de su rostro adorable.

    La bese notando sus curvas femeninas, esos relieves que me hacían imaginar fantasías eróticas deliciosas pero impuras.

    Estuve tentado de morrear a la bella, pero imaginando que ella me iba a dar una bofetada y a considerarme un cerdo miserable, opte por depositar unos besos castos en sus tersas mejillas y aspire ese perfume embriagador que desprendía su cuerpo, a perfume y a su piel limpia.

    Cada vez que veo a una mujer me quedo como un imbécil contemplando sus pechos, especialmente si son como los de Raquel, mi cuñada, gordos y como una especie de sandías pequeñas y apetitosas.

    Ella creo que se dio cuenta de que me quedaba con sus tetas e hizo un gesto de coquetería que casi me animo a seguir en mis intentos de seducir a esa cuñada, a la que desde que se casó con mi hermano, un par de años antes no había vuelto a ver, aunque a veces disfrutaba pensando al ver sus fotos de la boda, en que ella era mi amante, la esclava de mis deseos sexuales, sin que la protagonista de mis fantasías pudiera imaginarse que era sin proponérselo, el oscuro objeto de mi deseo.

    Cuando ella me llevó en su coche hasta la casa grande y antigua, enorme a juzgar por el terreno que ocupaba y me invito a entrar, me sorprendió que fueran capaces Rafa y ella de vivir a varios kilómetros del pueblo, en un lugar idílico, con la montaña como testigo y con esos prados verdes, y el paisaje que deleitaba los sentidos, máxime si tenías la suerte de compartir ese hogar con un bombón como era Raquel.

    Yo le pregunte que donde estaba mi habitación, para dejar mis cosas y las dos maletas que me pesaban mucho.

    Raquel me invito a seguirla y me condujo hasta ¡su dormitorio!

    Le dije tímidamente que no merecía el honor de acostarme en esa cama de matrimonio, que sin duda la traería tantos recuerdos.

    Ella me respondió que era el hermano de su marido y que en las viejas culturas yo hubiera ocupado al morir Rafa, su puesto en esa casa en la que iba a pasar mis vacaciones con ella y con Marcos mi sobrinito, de tan solo cuatro meses.

    Por esa razón me convenció para que ella y yo nos acostásemos juntos.

    Raquel era una mujer muy activa y me derretía de deseo al verla ir de aquí para allá moviendo su trasero y obnubilándome.

    Yo para no ser un estorbo y colaborar con ella, la ayude a cocinar, a limpiar la casa, le di comida a las gallinas y barrí la planta segunda de esa casona.

    Pese a que no estuve inactivo ni un minuto, el pensar en que iba a compartir la intimidad nocturna y a acostarme con una hembra tan hermosa, me volvió a excitar y la gran erección que sufrí, ella la advirtió, a juzgar por el gesto que hizo, y como consecuencia de ese hecho tan lamentable, yo me puse más colorado que un tomate y por mucho que intentó pensar en desgracias y tristezas, mi miembro vigoroso y hambriento de sexo, no perdió su gallardía haciendo que me sintiera ridículo y mezquino, a su lado.

    Cuando al llegar la noche me desnude para acostarme, estuve tentado de quedarme como el día en que vine al mundo, pero temiendo la reacción de mi cuñada y que pudiera irle con el cuento de mi acción punible a mama, me resigne a colocarme tan solo el pantalón de pijama corto, que tenía una apertura delantera demasiado grande y como consecuencia de ello, al empalmarme lo más mínimo el «pajarito» saldría fuera de la tela tenue y el follón se armaría sin duda.

    Medio dormido estaba cuando oí que se abría la puerta de la habitación y en el dintel, vi la figura hermosa y seductora de Raquel.

    Me hice el dormido aunque al estar boca arriba y con los ojos semientornados la veía perfectamente cómo se desnudaba.

    Raquel lo primero que hizo fue despojarse de la blusa.

    Llevaba un sostén de los maternales y al desprenderse de él, vi sus tetas grandísimas, como hinchadas y con los pezones húmedos y de color rosa oscuro.

    Con lentitud y con coquetería, ella se acarició sus senos y se arrancó unos pelitos que al parecer brotaban de sus areolas y que le hicieron proferir unos suaves quejidos de dolor.

    Después se quitó los pantalones ajustados de color negro, que llevaba por casa y unos segundos más tarde se quitó las bragas.

    Casi me eche a sus brazos, cuando se comenzó a frotar el vientre, y a peinarse con la mano los pelos que recubrían su vulva.

    Le vi los gruesos labios rosáceos violetas, y la cresta que surgía en su sexo.

    La abertura femenina, el coño de mi cuñada era un bastión hasta ese día inexpugnable, pero confiaba que pronto pudiera conquistarlo y al logro de ese objetivo iba a poner en juego toda mi astucia y sangre fría.

    Se metió desnuda en la cama y al verme con el pantaloncito, me dijo que parecía un niño cursi, queriendo tapar ese rabo que ella no me iba a comer, entre otras cosas porque no necesitaba a ningún hombre, para sentirse realizada plenamente como mujer.

    Me quite herido en mi amor propio mi pantalón y ese miembro enorme, grueso y largo salió provocativo, reivindicando el papel de semental, de hombre viril que no tolera a una dama, por muy cuñada que sea, que vilipendie a los hombres y al gran papel que realizamos en el maravilloso proceso de la reproducción humana.

    —¿Sabes que tu hermano era impotente? ¿Nadie te ha contado que el hijo que he dado a luz, es fruto del semen de un donante anónimo, que compramos en un Banco de esperma?

    —Tú eres frígida y no sabes lo que es hacer el amor con un hombre de verdad. Yo también lo haría con una muñeca hinchable, pero la verdad es que no me gustan los sucedáneos y cuando pierda mi virginidad, será con una hembra de verdad, a ser posible tan guapa y maciza como eres tú.

    —¿Tu tendrías la poca vergüenza de follarme a mí, que soy tu cuñada?

    Me quede mirándola con rabia y la abrace besándola a traición en esa boca de labios dulces y sensuales, que mordí excitadísimo y que me hizo subir a la gloria del placer, cuando nuestras lenguas se fundieron en un beso de fuego.

    No sé cómo pude hacerlo, pero lo cierto es que logre tumbar a Raquel boca arriba.

    Entonces me subí sobre ese cuerpo adorable y busque con avidez su agujero vaginal.

    Ella me cogió mi enorme miembro con la mano y como por accidente me coloco el glande morado por la excitación en la entrada de su cuevita y abrió de par en par las piernas, colocándome viciosa poco después los pies tras la nuca en una postura circense que le agradecí entusiasmado.

    Apreté con timidez un poco y luego dejándome llevar por los nervios le metí todo mi tronco de carne en su coño y se lo hundí hasta que nuestros pelos púbicos se juntaron.

    ¡Estaba totalmente dentro de ella!

    Pensé en que Raquel iba a rechazar mi salvaje acometida, esa especie de violación que pronto me di cuenta que no podía conceptuarse así, ya que ella había colaborado activamente para que nuestro coito pudiera realizarse, sin problemas.

    Cuando mi gran poste estuvo dentro de su sexo, me quede embobado sin saber que debía de hacer, pero fue ella la que tomo la iniciativa y comenzó a moverse, rotando el trasero, la cintura como un torbellino de pasión y yo, torpe pero buen alumno de tal maestra en el amor, me deje llevar por ese huracán de lujuria y le bombee meciéndome y saliendo varias veces a golpes rítmicos e intensos en ese pozo del goce increíble, que pronto estuvo encharcado por sus jugos.

    No sé el tiempo que transcurrió entre el inicio y el final de ese gran polvazo que ambos disfrutamos, pero cuando me di cuenta de que sus pezones estaban erectos y se me ofrecían a mi boca, como golosinas no me hice esperar y chupe uno de esos fresones y entonces como ella era una madre que amamantaba a su hijito, mi sobrino, le vino la crecida de leche y comencé a beberme el lácteo alimento notando como se llenaba mi boca del líquido vital que brotaba de sus senos maternales.

    Sin poder evitarlo sentí que me corría a borbotones en su conejito y ella no me dejo escapar de su vientre y seguimos haciendo el amor dos veces más, hasta que ahíto del placer me quede exhausto sobre su cuerpo sensual y hermoso y allí espere a que con sus trucos de mujer experta en las artes del sexo, consiguiera mi cuñada hacerme levantar mi pene con su boca juguetona y viciosa, y disfrute así gracias a Raquel de una felación satisfactoria que me devolvió la autoestima, convirtiéndome en el semental más feliz del mundo.

    Su boca me recorrió todo mi pene desde el glande hasta la raíz y en el sentido inverso.

    A veces poniendo la boca en forma de aro, con los morritos preparados como una colegiala viciosa me fue absorbiendo y expulsando el pito, a la vez que me acariciaba los testículos vacíos por ella y que fue capaz de llenarme otra vez con sus impúdicos sobeteos y caricias.

    De repente sentí un frio enorme recorriéndome la espina dorsal y sin poder evitarlo me vacié en su boca y ella, igual que hice yo al amamantarle su teta, se bebió mi leche sin hacerle ascos, la muy puñetera.

    Se veía claramente que no era la primera vez que se la mamaba a un hombre.

    Acabaron las vacaciones y regresé a casa.

    No obstante convencí a mama para que le alquilase un piso en nuestro mismo edificio y aunque ella vive a solas con su hijito que ya ha cumplido los tres años, cada tarde con la excusa de hablar un rato con ella, me voy a su casa y hacemos el amor sin tabúes, disfrutando a tope de nuestros cuerpos.

    Ya tengo más de veinte años y sin embargo no me atrevo a buscarme novia, porque aunque lo intento ninguna de las jovencitas con las que salgo, le llega ni a la suela de sus zapatos a Raquel, que es mi amante irremplazable.

    Mi cuñada amante quiere que cuando sea mayor me case con ella, pero yo no deseo atarme con un sacramento a ninguna mujer, sino sentirme el macho más afortunado gozando de un cuerpo tan increíble y lleno de encantos como es el de Raquel.

  • La madura amiga de mi familia

    La madura amiga de mi familia

    La Sra. Dayra, era amiga de la familia, casi como una tía más para mí. Muchos fueron los veranos que pase visitando su casa para ver a sus hijas. De mediana estatura, alrededor de 40 a 45 años, no era la gran cosa, pero había algo en ella que despertaba mis instintos, algo que me hacía desearla. Era buena persona y todo, pero tenía un aire así como de salvaje en la cama. Tal vez era el hecho de que el marido se la pasaba viajando y la tenía desatendida. Con el paso del tiempo, las muchachas se fueron y la Sra. Dayra quedo sola en la casa. Un día, me entere que el marido, en uno de esos viajes, decidió quedarse por allá con otra mujer. Sabía que había algo que podía aprovechar de esta situación.

    Se me hizo una costumbre ir a visitarla de vez en cuando, no tan seguido como quisiera, pero si iba bastante, siempre con la excusa de estar por el área, de ir a visitarla como en los viejos tiempos, etc. Siempre estábamos en la sala, conversando de todo, preguntando sobre la familia, cómo va la universidad, lo de siempre. Yo siempre note que cuando llegaba a la casa, ella siempre vestía ropa normal, una bata de vez en cuando, shorts y camisetas la mayoría del tiempo y que al rato de yo estar allá, se iba al cuarto y se cambiaba para ponerse algo más recatado. Hasta que un día le hice un comentario al respecto, de que no tenía que cambiarse por mí, que era su casa y que por mí no había problema. En ese momento se rio, como si le hubiese echado una broma, pero con el tiempo note que ya no se cambiaba cuando llegaba. Incluso un día, cuando llegue me dijo que iba a tomar una ducha, que la esperara en la sala. Al rato, sonó el teléfono.

    Como yo soy de la familia más o menos, conteste y le llame para avisarle. En ese momento no estaba pensando en nada malo, cual no fue mi sorpresa cuando veo que sale del baño con solo una toalla puesta alrededor. Ahí estaba yo, sentado en la sala y ella parada frente a mí hablando por teléfono recién salida de la ducha. Pude en ese momento apreciar que su cuerpo se conservaba mejor de lo que creía. Ese día no paso más nada, pero sospechaba que pronto podría hacer mi jugada.

    Un día me llamo para preguntarme si podía hacerle un favor. Me dijo que necesitaba pintar unos cuartos de la casa, pero que un pintor le salía muy caro. La verdad, como no tenía nada que hacer acepte ayudarla. Como hacía calor y para no manchar mucho, trabajaba solo con un short de jeans viejo que tengo. Ese día de reojo vi cómo se me quedaba mirando la Sra. Dayra cuando me acompañaba de vez en cuando.

    Al finalizar la jornada, quede sentado en el piso tomando un descanso. La Sra. Dayra se sentó al lado mío y conversábamos sobre el trabajo. De repente extendió su mano con un pañuelo que tenía, dizque para secarme el sudor, pero note como pasaba su mano sensualmente por mi quijada y luego por mi pecho. Su mirada estaba como ida, hasta que reacciono y al ver lo que estaba haciendo, se sonrojo y se paró. Viendo una oportunidad, la seguí adentro de la casa. Ahí estaba ella frente al fregador. Al darse cuenta de mi presencia, sin voltear a verme, me pidió disculpas, que no sabía lo que estaba haciendo, que ella podía ser mi madre y otras cosas. Yo me le acerque por detrás y la agarre por la cintura hasta pegarle mi paquete a sus nalgas. Dio un pequeño brinco pero no se movió. Empecé a decirle que no había problema, que después de todo, ella era una mujer y también tenía necesidades. En ese momento trato de seguir diciendo que estábamos haciendo mal, pero mientras su boca hablaba, movía su culo restregándolo contra mi paquete. Era ahora o nunca.

    Me le acerque más y empecé a besar su cuello mientras ella dejo caer su cabeza hacia un lado dejándome hacer. Con mis manos explore su cuerpo hasta que me interrumpió pidiéndome que fuéramos a la cama. Una vez en su cuarto, me quede parado en la puerta y le pedí que se desnudara para mí. Pude ver como se quitaba las prendas de ropa lentamente hasta quedar completamente desnuda. En ese momento me pregunto si me gustaba lo que veía. Me quite el short y le enseñe mi verga erecta. Ahí estaba su respuesta. Me le acerque y agarro mi verga con su mano. Empezó a pajearme ahí mismo, mirándome la verga fijamente, como hipnotizada. Me contó que hacía rato que no había visto una así tan dura. Por lo que le entendí, no estaba tan descuidada como creía. Tímidamente se la llevo a la boca y empezó a chuparla.

    Que placer más exquisito sentir sus labios succionando mi verga. Cada vez iba cogiendo más confianza y la chupaba más fuerte y hasta incluso me agarraba los huevos de vez en cuando. Sentí que me venía, pero hizo más presión y estalle en su boca. Se veía tan sensual allí mirándome a los ojos con semen derramándosele por la comisura de los labios. Se limpió con la blusa que llevaba minutos antes y se acomodó en la cama. Me acosté al lado de ella y empecé a besarla por todo el cuerpo hasta acomodarme entre sus piernas. Tenía la mota algo peluda, pero se veía bien desde mi punto de vista. Empecé a lamerle los muslos y finalmente me concentre en la mota. Según me dijo después, era la primera vez que un hombre le había hecho eso. Le lamía los bordes, la penetraba con la lengua, le mordisqueaba el clítoris y de vez en cuando, le daba una lamidita en el ano que la hacía brincar mientras ella sujetaba mi cabeza con fuerza y remeneaba la pelvis gimiendo como loca.

    Como mi verga ya estaba lista para entrar al combate de nuevo, me arrodille entre sus piernas y empecé a pasarle la punta de la verga por la mota, restregándosela, metiéndole la puntita y sacándola. A todo esto, ella solo se remordía los labios y se movía como buscando que la penetrara. Y eso fue lo que hice. Se la metí de un solo golpe, cosa que le saco un gemido escandaloso. Empecé a metérsela mientras le abría las piernas lo más que podía. La Sra. Dayra solo gemía y me decía lo mucho que le gustaba. Empecé a decirle que ella era mi hembra y que le sacaría el jugo. Seguí penetrándola hasta que se corrió, en un orgasmo que creo escucharon los vecinos. Pero yo todavía no había terminado, así que aproveche ese momento para voltearla y la iba a poner en cuatro, cuando empezó a protestar.

    Me decía que así no, que nunca lo había hecho así, que eso solo lo hacían las putas y cosas así. Yo calmadamente le explique que no había nada malo en eso y finalmente la pude poner como quería. Accedió solo si se lo hacía suavecito. La penetre de un solo golpe y comencé a montarla con fuerza. La tenia bien agarrada así que para ningún lado iba. Al principio solo me decía que así no, que se la sacara, pero al rato de estar cogiéndomela así, empezó a gemir y a decirme «que rico papi» y cosas así. Seguí montándomela hasta que finalmente me vine dentro de ella. Quedamos ahí rendidos los dos en la cama, sudados y cansados.

    Seguimos cogiendo ese día y cada vez que la visito, enseñándole otro par de cosas que tampoco nunca había probado. Sin embargo, como a los dos meses de estar cogiéndomela, surgió un imprevisto que altero el ritmo de nuestras escapadas sexuales. Resulta que la hija mayor de Dayra, que se llamaba igual que la madre, había tenido una hija ya años atrás, pero ahora que había empezado a trabajar, no tenía a nadie que se la cuidara y fue la abuela quien iba a terminar cuidándosela. Con la niña en la casa, se me haría difícil llegar a cogerme a Dayra cuando la iba a visitar, ya que la gran mayoría de nuestros encuentros se daban durante la tarde. Estaba un poco frustrado con la situación, pero no había nada que pudiera hacer aparte de resignarme. Sin embargo, Dayra me dijo que había algo que podíamos hacer antes del lunes, cuando viniera la niña.

    Dayra tenía una pequeña finca en el interior, que ya había visitado años atrás una vez con sus hijas y la habíamos pasado bien. La casa colindaba con un río, así que uno podía ir a bañarse sin tener que ir muy lejos y uno podía pasar momentos de descanso en ese lugar. Dayra me invito a que fuéramos ese fin de semana, y como la idea no era mala, acepte irme con ella. Le pegue una excusa a mi chica para perderme el fin de semana. Me fui el sábado tempranísimo y recogí a Dayra en su casa. Le pregunte por su casa y me dijo que su hermana pasaría a cuidársela por el día y que la hija venía con la niña el domingo, así que no había que preocuparse por la casa, que estaba bien cuidada.

    El viaje fue bastante tranquilo, como ampliaron la carretera, cualquier viaje al interior se realiza bastante rápido, sin los retrasos que había años antes. Dayra vestía una camisa sin manga blanca y un jeans y yo iba en mi respectivo suéter y un short de jeans. La casa era sencilla, después de todo, era un lugar para vacacionar, no un palacio. Una sala-comedor, una cocina, un baño y 2 cuartos. El cuarto donde nos quedaríamos, tenía una cama grande con dos colchones encima. Tenía detrás una terraza grande y cerca unos árboles buenísimos para poner una hamaca y dormirse con el fresco. La casa estaba algo descuidada, así que lo primero que hicimos fue limpiarla y barrer el polvo. Como hacia algo de calor, lo primero que hice fue quitarme el suéter. Dayra al verme, me sonrió y le dije que porque no hacía lo mismo. Pero, a diferencia mía, Dayra se quitó el jeans y se quedó con la camisa, dejándome ver una tanga roja que le había regalado yo en una ocasión anterior. Pasamos unas dos horas limpiando hasta que terminamos y quedamos rendidos. Sugerí que le echáramos un vistazo al río y Dayra se colocó una pañoleta que tenía alrededor de la cintura para taparse algo y nos fuimos camino al río.

    Al llegar, como no vi a nadie por las cercanías, me quite el short y los calzoncillos para no mojarlos y me metí al agua, que estaba fresca para el calor que hacía. Le dije a Dayra que se metiera, pero no quería, así que se sentó en unas piedras a mirarme mientras yo nadaba algo. Al rato la vi ponerse de pie y quitarse la pañoleta para luego desabrocharse un poco la camisa y se hizo un nudo a la altura del ombligo. Dayra se sentó en la orilla y me le acerque. Salí del agua y mientras más me le acercaba, mi pene iba creciendo y ella lo miraba fijamente. Me pare frente a ella y Dayra se acomodó para empezar a mamármelo suavemente. Al rato se lo saco de la boca y me dijo que me la cogiera. La jale al agua y me la lleve a donde estaba un poco más profundo. Dayra rodeo sus piernas sobre mi cintura mientras yo hacía a un lado la tanga y posicionaba mi pene en la entrada de su concha. Al sentir la punta, Dayra se dejó caer y la empecé a penetrar con calma, manteniendo el ritmo y tratando de no perder el balance en el agua. Cogimos un rato así, hasta que Dayra empezó a moverse más rápido y sentí su cuerpo tensarse hasta que quedo rendida abrazándome. Nos quedamos un rato más allí, hasta que salimos del agua y nos fuimos a la casa.

    Terminamos de acomodarnos y me puse un short que uso para dormir cuando estoy en la casa y me puse a buscar una hamaca para tomar una siesta mientras Dayra se cambiaba de ropa. Saco de su bolsa una pañoleta más grande, con la cual se tapó todo el cuerpo y quedaba como si fuese una bata, para luego salir del cuarto y ponerse a arreglar unas cosas por allí. Al rato me despertó Dayra, diciéndome que necesitaba que fuera a la tienda en el pueblo cercano a comprar unas cosas para la cena. Me arregle y salí a hacer el mandado. Ya en la tienda, compre las cosas que me encargaron y de mi bolsillo compre un par de botellas de «Nueve Letras» para entonar la noche. Cuando llegue a la casa, me llamo mi chica, así que me senté en un sillón para conversar con ella. Como se supone que estaba con mi familia en el interior, trate de disimular para que no sospechara nada. Dayra al escucharme, se asomó y al verme, se me acerco y se arrodillo frente a mí. Mientras hablaba, me desabrocho el short y me lo quito, para proceder a hacerme una paja ahí mismo mientras hablaba con mi novia. La muy condenada se sonreía y me pajeaba como solo ella sabía, lo que me hacía difícil mantener la conversación. Finalmente pude terminarla, antes de correrme en la cara de Dayra. Comenzó a reírse de lo gracioso que le había parecido y eso. Se limpió con un trapo que tenía y me dijo que ya iba a hacer la cena.

    Esa noche, una vez terminamos de comer, sacamos el cooler y nos sentamos en la terraza, en una mesita que había y nos pusimos a tomar. Empecé a controlarle los tragos a Dayra, asegurándome de cargárselos de licor y siempre 2 para ella por cada uno mío. A ese ritmo, Dayra no tardó mucho en quedar medio borracha. Acerque mi banca y le metí la mano entre las piernas, comprobando que después del río, había estado todo el día sin bragas por allí. Le metí un dedo y empecé a dedearla mientras Dayra se echaba en la silla dejándose hacer y lanzaba pequeños gemidos. Le saque el dedo, que ya venía mojado y se lo di a probar. Dayra me miraba a los ojos y empezó a chuparme el dedo. Le dije que nos fuéramos a la cama y la lleve de la mano. La acosté a la orilla de la cama y le hice a un lado la pañoleta, le abrí las piernas y empecé a penetrarla. Me la cogí así un rato, hasta que me canse e hice que se virara. Recordé la primera vez que lo hicimos, que no quería ponerse en cuatro y me causaba gracia ver como con el tiempo, a veces ni tenía que decirle que se virara, Dayra misma sabia como me gustaba cogérmela y asumía la posición por ella misma. La penetre por detrás, la sujete por las caderas y empecé a darle con todas mis fuerzas, mientras Dayra gritaba al sentir toda mi verga adentro. La vieja cama rechinaba con cada embestida que le daba a Dayra y ella finalmente se corrió quedando rendida en la cama. Al sentir yo mismo que me venía, seguí bombeándola hasta que me corrí como nunca antes lo había hecho dentro de ella. Quedamos exhaustos y Dayra se quedó dormida al rato.

    El día siguiente, cogimos un buen rato durante la mañana. Ya al mediodía habíamos subido al carro un par de cosas que se quería llevar y regresamos a la ciudad. Me quede un rato en su casa, conversando con su hija, mi vieja amiga, de todo un poco. Me causo algo de gracia cuando me dijo que su mama si se veía radiante últimamente. Después de eso, mis visitas a la casa de la Sra. Dayra se hicieron más esporádicas, aunque de vez en cuando, planeamos una escapadita para recordar viejos tiempos.

  • Kokoro

    Kokoro

    I
    A la china, coreana, japonesa, 
    Thailandesa, laosiana, camboyana
    Le metía ahora mismo mi polla tiesa;
    Qué andares, qué piernas; con mucha gana 
    Yo la desnudaba, pues me interesa
    Conocer el sabor de hembra tan sana;
    De imaginar, la sangre se me altera;
    Voy a ella: te he de comer, ay, dulce pera.

    II
    Le he preguntado, y dice, «Soy de Japón»;
    «Y tú», me ha preguntado; «Yo soy andaluz»; 
    «¿Propones irme a tu cama del tirón, 
    Tanto deseas ver de cerca mi altramuz?»;
    «Poco es verlo, sorberlo como melón, 
    Y si mi en mi alcoba hubiese poca luz, 
    Lo haremos en mi terraza, a sol pleno»;
    «Rápido vas, me quieres dar de lleno».

    III
    Kokoro se llama, un nombre precioso, 
    Solo pronunciarlo a mí me da gozo;
    «Kokoro, te adoro», suena armonioso;
    Mi nombre es Juan, como un golpe en un pozo;
    Kokoro me ve, su rostro es gozoso, 
    Mi reina es Kokoro, yo me destrozo, 
    Quiero ser suyo, deber ser glorioso 
    Poder ser su príncipe un día tan sólo; 
    Muero en mi lecho, por ella me inmolo.

    IV
    De camino al domicilio, le pido
    Me dé un beso de tornillo o similar;
    Femenino empuje, un chispazo ha sido;
    Mis labios, calientes; mi lengua, un alar 
    Que por la tormenta ha quedado herido;
    Su oriental pasión batió mi paladar;
    Sus tetas con mis manos he pesado, 
    Puntiagudas son, ligeras, qué agrado.

    V
    «Tengo calor, ¿me invitarás a algo frío?», 
    Dice, y se sienta cómoda en el sofá;
    «Quitate el vestido», digo; «Ay, Juan, ay, tío, 
    Desnuda me verás y te gustará, 
    Me tendrás, pero espera, y dame lo mío, 
    Un buen vaso de vino tinto valdrá»;
    Saco una botella de la nevera;
    Dos vasos: nos la bebemos entera.

    VI
    El alcohol se nos sube a la cabeza;
    Ella, lánguida, susurra en mi oreja
    Palabras japonesas, ¡qué terneza!;
    Mi pene se pone duro, hierro reja; 
    Ella lo nota y lo toca, es simpleza:
    Para bajar su hinchazón, ella deja 
    Caer su rostro sobre la tal dureza, 
    Y la calma despacio, va mamando, 
    Y a mi tanto me gusta, voy jadeando.

    VII
    «Ay, amor, no, no te corras en mi boca, 
    Deja, que me gusta chupar, aguanta, 
    Cuando me folles me volveré loca»; 
    «Ay, mi Kokoro, mi vida, garganta 
    Profunda eres, ay, sigue, ay, sí, coloca 
    Mi glande de nuevo, no hables, ay, lianta, 
    Que, si quieres, aguantaré, aquí vamos, 
    Ven a mi habitación, ay, que follamos»

    VIII
    Su vestido, lo veo, ya cayó abajo;
    Pálida su piel; sus tetas de ensueño, 
    Finas y erguidas; su coño es un tajo, 
    Profundo y abierto que acoge mi leño, 
    Que entra y que sale, qué bello trabajo 
    Procurar placer, tenerlo; me empeño, 
    Cabalgo más; su tremor es decoro;
    Su clímax llega, ay, me vierto, «¡Oh, Kokoro!»

    IX
    Kokoro me mira, y yo estoy escribiendo;
    Junto a mí, sin pijama, se ha acostado; 
    Que dé fin a esta octava está diciendo, 
    Los pechos suaves caricia me han dado, 
    Sus finos dedos me están seduciendo, 
    Flexibles piernas me atrapan de lado;
    Si hay una última estrofa, que se haga sola, 
    Ella reclama, pide le dé bola.

    X
    La campiña verde y clara les gustó, 
    Estaba propia para hacer el amor;
    Desnudáronse cuando un pájaro pió;
    Ella se tumbó en el heno con ardor, 
    Él fue a sus muslos y el coño le comió;
    Luego ella en cuclillas devolvió el favor, 
    Y agarrando bien su polla la mamó;
    Follaron sobre la hierba, no pararon;
    Podéis verlo en Twitter, lo publicaron.

  • Navidad con la vergota de mi tío

    Navidad con la vergota de mi tío

    Hola nuevamente, y gracias por seguir acompañándome y leer mis relatos, también agradezco infinitamente los comentarios que amablemente me dejan en mi correo, quiero que sepan que los leo todos, sin embargo, no puedo darme el tiempo suficiente para responderlos todos.

    Les recuerdo mi nombre femenino: Soy Paulina, tengo actualmente 30 años y soy una mujer Tv a medio tiempo, esto quiere decir que aunque si salgo vestida a la calle y realizó la mayoría de mis actividades en mi modo femenino, (atender mi negocio, acudir a reuniones familiares y de amistades, realizar las compras para mí hogar, etc.), aún hoy en día tengo por necesidad que vestir en algún momento como niño, (momentos casi nulos, básicamente para atender asuntos relacionados con mi negocio o mi hogar), pues a la fecha no me he decidido a realizar el trámite de cambio de identidad o de género. Vivo por el metro Tlatelolco, y en esta ocasión y dándole seguimiento a los últimos 3 relatos, les contaré lo ocurrido en la Navidad del 2016, de nueva cuenta el coprotagonista de este relato es mi tío Alfredo, que para ese año y si no me fallan las cuentas debió cumplir los 57 años, sin embargo, puedo asegurarles que debido al constante ejercicio físico que este hombre realizó durante toda su vida, se mantiene aún hoy en día en una condición física envidiable para muchos caballeros de su edad. No haré mucho énfasis en lo que sucedió en años anteriores a la fecha mencionada, pues mi tío y yo perdimos contacto cuando él un día me dio el cortón al decir que no era correcto lo que le hacíamos a mi tía Lupe, pues si leyeron los anteriores relatos, sabrán que con regularidad la sustituía cuando salía de viaje ella con mis primos y se quedaba una noche sólo mi tío, entonces dábamos rienda suelta a nuestra lujuria, en la propia cama de mis tíos y yo con la ropa de mi tía Lupe, así que pasaron los años y no tuve otra oportunidad de disfrutar los varoniles dotes que tanto me fascinan de mi Tío, hasta esa noche de Navidad. Recuerdo que después del fallecimiento de mis abuelos, la familia se distanció un poco, hasta que en vísperas de la Navidad del 2015, la familia completa planifico pasar dicha fecha en la casa de descanso que los abuelos que tenían en la ciudad de Cuernavaca Morelos, por lo que al estar todos de acuerdo y con la emoción de volver a reunirnos todos como familia, empezaron los preparativos, los familiares que no trabajaban en aquella época, o los que tenían un poco más de disponibilidad de tiempo, se enfilaron primero, para adecuar la casa, limpiarla y hacer demás preparativos, hasta que los últimos que teníamos que trabajar, alcanzamos a los demás ya casi de última hora, dos de esos casos fuimos por azares del destino: un primo, yo y mi tío Alfredo, los cuales la tarde del 24 de diciembre aun nos encontrábamos en la ciudad de México, por lo que a la familia se le hizo fácil proponer que para ahorrar gastos los últimos que faltábamos por llegar nos pusiéramos de acuerdo para venirnos juntos.

    Desde un principio la idea no me gustó, pues después de nuestra “ruptura” no había platicado nunca más con mi tío, salvo los saludos obligatorios en las fiestas familiares, a pesar de que luego de mandarme por un tubo él se arrepintió e intento buscarme por varias ocasiones, sin embargo yo entre en un plan de “princesa con su dignidad herida” y lo rechace todo cuanto pude, sin embargo, no me da pena aceptar que si es difícil saludar de beso en el cachete a quien antes te ponía de perrito. Básicamente lo que pretendía evitar era un momento incómodo al lado de este hombre, por lo que de inicio rechace y tape de mala idea, sin embargo, puse en una balanza la situación. Definitivamente era más cómodo hacer el viaje en automóvil particular que hacerlo en autobús y al llegar al destino tener que tomar un taxi que me llevase a la vieja casona de los abuelos. Además, pensé:

    P- Al fin y al cabo, va mi primo Thiego, no creo que pase nada si va el, no es tan tonto mi Tío para hacer algún comentario frente a él. Seguro que ellos (hombres) se pondrán a platicar sobre fútbol o algo así, yo me haré bolita en el asiento trasero y me pondré a escuchar música todo el viaje… Asunto arreglado!

    Me apunté para el viaje en el grupo de whatsapp de la familia, y me confirmaron que el viaje sería en el vehículo de mi tío, él y mi primo Thiego se verían más temprano y pasarían por mí a mi tienda, para enfilarnos con rumbo a Cuernavaca y estar por allá en la noche del 24, antes de la cena, era un buen plan, casi enseguida de confirmar mi asistencia, mi Tío me envió un mensaje también de whatsapp pero privado, directo y casi frío, decía:

    TA- Hola Pau, que gustó saber que vas a la reunión de Navidad, pasaré por tu primo a las 5 a su escuela, de allí vamos por ti a las 6:30 pm en lo que cierras tu negocio, por favor estate lista a esa hora para evitar todo lo posible el tráfico de la caseta de Cuernavaca. Buena tarde.

    P- Claro, pero sería mucho pedirles que en lugar de pasar por mi a Isabel la Católica, pasen por favor a Tlatelolco? Cerraré temprano el negocio y me gustaría darme un baño para llegar ya lista a la cena de Navidad

    TA- Desde luego. Saludos

    Esa fue toda nuestra conversación, creí sinceramente que el tema estaba superado, así que continúe felizmente con el resto de la semana previo a la Navidad.

    El día pactado cerré el negocio a eso de las 2 PM, pague sueldos y realizamos un pequeño intercambio con comida navideña, a las 4 PM ya iba camino a mi departamento para darme un baño y prepararme para la cena navideña con mi familia. Afortunadamente soy una mujer muy limpia, siempre mantengo mi depilación al día, y mi higiene en general es muy estricta, por lo que un baño simple basto para estar satisfecha. Me preparé para mí sesión de maquillaje, está noche me reencontraría con muchos miembros de mi familia, Además claro, la fecha de Navidad es siempre una fecha en donde una quiere verse súper linda, no? Al menos yo si. Por lo que me apliqué una base de maquillaje líquido en color canela aperlado, está base en tonalidad perla me regalaba la sensación de tener la piel como la textura de la seda, selle mis poros con polvo traslúcido, pues nunca es bueno olvidarlo, si no, en un par de horas tu rostro brillará más que un foco, está vez por ser ocasión especial, resalte las líneas de los costados de mi rostro con ayuda de un poco de rubor facial, enseguida me ocupe de mis ojos, puedo asegurar que no escatime en máscara para pestañas, pues me apliqué fácilmente 6 o 7 capas de un rímel que me recomendaron para engrosarlas y mantener un efecto de pestañas tipo caricatura japonesa, dibuje el contorno inferior de mis párpados con un lápiz delineador líquido en color negro, provocando que mis ojos parecieran más grandes, para finalizar el trabajo en mis ojos, apliqué 3 tonos distintos de sombra para párpados, difuminado de lado a lado a modo de bandera, provocando un hermoso efecto de tono multicolor, para finalizar la sesión de maquillaje apliqué un lápiz labial en tono cereza mate, a juego con mis uñas, ya sólo como detalle extra recalque un poco más mi sensual y natural lunar que tengo justo encima del labio superior derecho, un detalle súper femenino. Mire en mi tocador el resultado final y me fascinó, mis ojos resaltaban ante todo, y aunque hoy no planeaba ir en plan de conquista, si quería dar buena impresión ante la primer Navidad juntos después de la muerte de mis abuelos.

    Para mi vestimenta elegí de ropa interior una diminuta tanga oculta pene, de encaje en color negro creación de un famoso diseñador mexicano, un bra push up también en color negro sin varillas, en esta ocasión seleccione este tipo de ropa interior, pues tenía planeado estrenar un sensual palazzo de una pieza, la parte del pantalón era totalmente de licra, por lo que se pegaba a mi cuerpo como una segunda piel, y obviamente marcaba de una manera muy provocativa mi gordo y femenino culo y mis torneadas piernas, en la parte de arriba el corte era tipo globo, de una manga larga y un brazo descubierto, tenía hermosos detalles de lentejuelas también negras en toda la parte de las bubis, me calce en unos hermosos stilettos de charol negro, que con su finísima punta de adelante y su finísimo tacón provocaba que mis ya bien respingonas nalgotas se pararan aún más. Para complementar mi atuendo me cubrí con un monísimo chal en tela transparente con encaje, hermosísimo! Un reloj de oro en mi muñeca izquierda y un brazalete de fantasía en la derecha, una hermosa gargantilla a juego con un par de arracadas resaltaban mi rostro, me rocíe generosamente con un poco de Chanel No 5. Estaba lista, acomodé un par de cambios en una maleta con rueditas y tome lo necesario que siempre me acompaña en mi bolsa de mano. Ya sólo faltaba esperar a mi tío y a mi primo. Puntuales me llamaron a las 6:30 PM para avisarme que estaban sobre la avenida esperándome, así que me apresuré a su encuentro. Al salir del edificio me encontré con un vecino con el cual he tenido algunas aventuras muy ricas, más adelante también se las contaré, pues definitivamente merece mención, venía entrando junto a su esposa y sus 2 pequeños, sentí todo el peso de su mirada en mis redondas nalgotas, e incluso al pasar a su lado percibí como inhaló por un momento de más mi sensual perfume. Imagine que está noche de nueva cuenta se cogería ferozmente a su mujer pensando en mí. En esto iba pensando mientras me enfilaba por el corredor que sale rumbo a eje central, atenta a mis pensamientos, al sonido de las llantitas de mi maleta y al típico e irreconocible sonido de unos tacones de mujer, que cuando a lo lejos divisé a mi tío Alfredo recargado en su camioneta, con uno de sus peculiares y costosos trajes de Hugo Boss, su camisa perfectamente bien planchada y justo como se usan en día, pegaditas al cuerpo, a pesar de sus 57 años, es un look que le queda, pues este hombre tuvo una vida de ejercicio y deporte, además el hecho de no usar corbata y traer la camisa desabotonada justo a la altura de donde inicia su varonil y peludo pecho, le da el aire de sex appel justo para llamar la atención de una puta que lo mira no como su Tío, si no como el macho semental que anteriormente le propinó deliciosas e inolvidables sesiones de sexo duro y bien dado. Fue hasta que el subió mi maleta a su vehículo, y me estaba abriendo caballerosamente la puerta del acompañante, que me percaté de la falta de mi primo Thiego, por lo que torpemente pregunte por el:

    P- No venía Thiego con nosotros?

    TA- Salió un poco más temprano de su compromiso y se adelantó. Ya sólo faltamos tú y yo.

    P- Mald… lo planeaste desde un principio verdad?

    TA- No sé de qué hablas.

    P- No te hagas

    TA- Y si lo hice, que pasaría?

    P- No pasará absolutamente nada. Pierdes el tiempo, tú eres un capítulo cerrado en mi vida.

    TA- Lástima, hoy te vez exquisita… más que otras veces.

    Corte la conversación de Tajo, en verdad pensaba que yo había superado este tema con él, sin embargo, mi tío continuaba haciéndome la plática, y a mi se me hacía mala onda no contestar, además de todo, es mi tío, y bueno la verdad es que comenzó con preguntas triviales:

    TA- Como te va en la escuela? Te decidiste a estudiar Administración de empresas verdad? Y tú negocio? Solo vendes ropa de dama? Tienes buena ubicación? Que tal las rentas en el centro? Y como llegaste a vivir a Tlatelolco? No es cierto que espantan?

    Cuando menos me percaté, ya estaba envuelta en su juego, y no sé cómo, ni porque, o para qué, pero fui yo misma quien le cuestionó su partida cuando él me dijo:

    TA- Te pusiste bien bonita, ya eras bonita y con rasgos muy femeninos, pero ahora te miras totalmente diferente, totalmente mujer.

    P- Gracias, el efecto de casi 5 años de tratamiento de hormonas femeninas, combinado con muchísimo ejercicio.

    TA- Pues te ayudo mucho, en verdad te vez muy bonita.

    P- Y si me veo tan bonita, por qué te fuiste?

    Se mantuvo un instante en total silencio y entonces me dijo:

    TA- Es que me estaba enamorando de ti, ya no pasaba un momento sin pensar en ti, querer escucharte, querer estar contigo. Por eso.

    P- Mentiroso.

    TA- No estás obligada a creerme, además, fuiste tú quien pregunto.

    P- Si? Pues olvida que lo hice.

    En ese momento me sentía molesta, sin embargo al mirar por afuera de la ventana del lujoso vehículo de mi tío, me di cuenta que sería un viaje largo, por lo que lo más inteligente y sensato sería al menos tener una conversación sana, al menos para amenizar el tiempo. Entonces dije:

    P- Oye tío, perdona por favor que sea tan grosera contigo….

    TA- Descuida bonita, no te disculpes.

    P- En verdad, discúlpame por favor.

    TA- En verdad, Descuida, yo también te extrañe.

    P- Yo no dije que te extrañe!

    Todo esto lo dijimos mientras yo miraba a la calle, pues no fui capaz de mirarlo a los ojos, quizá por miedo inicial a que me rechazará, sin embargo, cuando gire mi cabeza para cuestionar su último comentario, me percaté de que me había dicho esto mientras manejaba con una mano y con la otra zangoloteaba justo a mi lado su grande y venudo trozo de carne masculina. Entonces, algo molesta y confundida le pregunté:

    P- Pero que estás haciendo? Que intentas? Estas loco?

    TA- Pues me pude dar cuenta que te molesta platicar conmigo, pero recuerdo a la perfección que te encantaba bajar a platicar con mi verga, casi recuerdo que la idolatrabas.

    P- No es cierto! Guarda eso antes que la gente de los otros vehículos te vean!

    TA- No me verán, los cristales están demasiado obscurecidos, además, que te da pendiente? Que otra linda niña la mire y se enamore de mi? Quizá ella si me corresponda.

    P- Haz lo que quieras! No me importas!

    TA- Segura? Tu hermosa carita de puta no dice lo mismo…

    No me había percatado, que durante todo este lapso de conversación, en el cual yo le respondía casi por inercia, no había desviado mi mirada ni un instante de su gorda vergota, me había quedado como embelesada ante tal visión y también debido a los deliciosos recuerdos que a mi perversa cabeza llegaron… Seguramente, mi silencio me delató, entonces él dijo:

    TA- No serás una niña educada?

    Mi silencio seguía siendo toda mi respuesta, pero al parecer mis gestos y movimientos me delataban, pues juntaba mis piernas, tratando de apretar mi sexo de forma inconsciente, pues estaba en verdad cachonda por estar tan cerca nuevamente de semejante víbora que en un pasado me provocó deliciosos orgasmos anales. Nuevamente me pregunto:

    TA- De verdad serás tan maleducada y no saludaras?

    Esta vez ante mi evidente silencio, pero al percatarse de que no le perdía la vista un solo momento, además que estrujaba todo mi cuerpo en el asiento por la excitación, avanzó un paso más y tomó mi mano izquierda para rodear con ella la inmensa circunferencia de su vergota, de forma automática mi femenina mano comenzó a subir y bajar por toda la extensión de su gorda carne masculina, mientras con mi otra mano me estrujaba sobre la fina tela de mi palazzo mi pequeña verguita, desconozco cuánto tiempo estuve masturbándolo, pero en un momento en el que me sentí totalmente perdida por la excitación, le pregunté:

    P- Puedo mamártela?

    TA- Hahaha!! Princesa, no tienes que pedir permiso para comer!! Adelante! Provecho!!

    En ese cachondo momento no era dueña de mi voluntad, por lo que de manera felina y sensual me puse de rodillas en el asiento y lentamente envolví ese gigante cetro de poder masculino con mis ansiosos labios. No estaba segura si las personas de los otros vehículos podían mirar para adentro del vehículo, yo podía verlos a ellos a través del cristal, el modelo de la camioneta de mi tío es muy alto, y si bien quizá no podían ver que estaba mamando una vergota, si podrían observar mis nalgotas que estaban expuestas al aire por la posición en que me acomodé en el fino asiento de cuero, ignoro cuanto tiempo pasó mientras le mamaba la verga en esta posición, y mientras él se entretenía jugando con los pliegos de mi diminuta tanga a través de la delgada tela de mi palazzo, pero con voz de puta le pedí:

    P- Por favor busca un lugar en donde puedas hacerme tuya… Quiero volver a sentir está vergota dentro de mi…

    TA- Tus deseos son órdenes para mí, hermosa putita.

    No contesté nada, seguí con la deliciosa mamada que estaba yo dándole, pero percibí que el comenzó a maniobrar cambiando de carriles y dio la vuelta en una calle para regresar más atrás sobre la misma calzada de Tlalpan, a un motelito que habíamos pasado apenas, nunca olvidaré su nombre, hotel y suites Xarare, pues es uno de los más ricos recuerdos que tengo de una Navidad, justo a la altura de la estación de metro Villa de Cortés. Tan entretenida estaba yo con esa vergota en mi boca que sólo alcance a escuchar que me decía con voz de cómplice:

    TA- No te levantes

    Y enseguida paso a hablar con alguien más que le estaba cobrando la habitación, se decían:

    TA- Si, requiero una habitación para salir hoy mismo, también requiero un paquete de condones.

    Cobrador- Claro sr, son $700

    TA- Claro, aquí tiene.

    Cobrador- Pase por favor, su habitación es la número 4.

    Seguido volvió a dirigirse de nuevo a mí, me dijo:

    TA- No te bajes aún, espera a que yo te lo diga.

    Me chocaba, pero me encantaba que fuera dominante, mi tío se acomodó como pudo su cosotota en el pantalón, bajo de la camioneta, esperó a que el cobrador bajara la cortina y de forma galante y caballerosa me abrió la puerta del auto. Subimos las escaleras, el todo el tiempo detrás de mí, seguramente mirando lo buena que me había puesto y las nalgotas que hoy volvería a comerse, y al cerrar la puerta de la habitación me besó. Mientras su lengua penetraba mi boca, sus fuertes manos me tomaron por la cintura para acercarme a él, su olor era una mezcla de loción y hombre. Pasamos un rato besándonos, sentía sus dedos dibujar el escote de mi espalda, y luego sus manos entretenerse masajeando mis redondas protuberancias femeninas, en eso, él tomó mi cara y me dijo:

    TA- Hace mucho que te deseaba.

    Yo no hablaba, prefería sentir su cuerpo cerca. Con una de sus rodillas abrió mis piernas y se colocó en medio, entonces, a través de la delgada tela de mi palazzo, pude sentir su grande bulto, me excitó enormemente lo duro que estaba, me sorprendía la vitalidad que mi tío aún presumía tener a sus 57 años, mi lujuriosa cabecita sólo pensó que si así estaba con un faje no podía perderme el resto. Bajé mi mano a la altura de su gorda verga, que gracias a la fina tela de su pantalón lograba sentirse con claridad, la apreté un poco, juro que logre sentir el palpitar de sus venas. Entonces le dije:

    P- Quiero que me comas el culo, como sólo tú sabes hacerlo.

    TA- Que rico, que delicioso es que tú misma me lo pidas. Como te quito esto?

    Se refería a mi palazzo, así que me giré para darle la espalda, me acomodé mi largo cabello de lado y mi tío Alfredo desabrocho el pequeño botón y bajo el cierre que mantenía el palazzo en su lugar, lo jalo hacia abajo con delicadeza, y poco a poco la desnudez de mi piel se asomó dejándose ver a las caricias de este hombre, hasta que mi fina prenda cayó por completo al piso, quedándome solo en tacones y ropa interior. Él me tenía abrazada por la espalda, su boca estaba en mi cuello, una de sus grandes manos sobre la tela de encaje de mi tanga, estimulando mi diminuta verguita y la otra jugando con mis pezones y mis pequeñas bubis. Me di la vuelta y por fin las palabras salieron de mi boca:

    P- Yo también quiero tocar.

    Desabotoné su camisa y antes de quitársela acaricié su fuerte y varonil torso, tan duro como yo lo recordaba, sus vellos entre mis dedos, el olor que despedía su piel, el latir de su corazón, todo en este hombre me encantaba. El no tardó en desnudarme completamente, y una vez que me tuvo así, le dedicó un buen tiempo a besar y lamer mis pezones con mucha delicadeza, dejándomelos sumamente excitados, pero yo no podía dejar de pensar en su vergota. Le bajé los pantalones, me arrodillé, bese su gran barra dura de carne por encima de la tela de su bóxer y enseguida retire está última prenda que era la única que se oponía entre yo y esa grande vergota a la cual deseaba con todas mis ganas volver a tener en mis golosos labios, entonces, casi con desesperación baje el resorte de su bóxer y su anaconda salto ante mis ojos, aun en estado semi dormido, ese monstruo inspiraba respeto, antes de tocarla nuevamente con mi boca levanté la mirada para verlo, su mirada se había hecho más penetrante, y me dijo:

    TA- Te ves hermosa así…

    P- Soy hermosa y hago maravillas con mis labios!!

    Le respondí, al mismo tiempo que le guiñaba un ojo, para ahora sí, tomar su verga entre mis manos, bese el ojo de la cabeza de su gorda verga, que me regaló algunas gotas de su cristalino líquido preseminal, recorrí con mi lengua por todo la larga extensión de su tronco, y bajé hasta llegar a sus gigantes huevos, los cuales bese uno primero y luego el otro, mientras lo masturbaba suavemente aprovechando la saliva que le había dejado a mi paso con mi lengua, apretaba ligeramente su gordo tronco y jugaba con sus huevotes en mi boca, frotaba la punta de su verga con mi dedo pulgar. Él se percató de que me tardaba en pasar al siguiente nivel, por lo que me dijo:

    TA- No juegues tanto con tu comida Paulina, mámamela ya!

    P- Claro, estaba ansiosa porque lo pidieras.

    Respondí mirándolo a los ojos. Abrí mis labios y rocé su capullo con mi lengua, lo mojé bien y fui metiéndola a mi boca, su verga es realmente gorda. Apretando los labios movía la cabeza para meterla y sacarla de mi boca, al tiempo que apretaba sus nalgas con mis manos, en segundos me estaba follando por la boquita, su verga crecía de forma descomunal dentro de mis labios. Entonces me dijo justamente lo que mis oídos querían escuchar:

    TA- La chupas delicioso, es cierto que haces maravillas. Definitivamente la mamas mucho más rico que tu tía Lupe. Levántate por favor putita, estoy ansioso por volver a estar dentro de ti.

    Me levanté y lo besé ansiosamente, en parte por deseo, y también en agradecimiento por sus halagos, sentir nuestros cuerpos desnudos nuevamente juntos me ponía a mil, la erección de su gorda vergota chocando con mi pequeña verguita también erecta era una imagen digna de un cuadro, sus brazos alrededor de mi cuerpo me hacían que me sintiera chiquita a su lado, me tomaba un poco agresivamente, pero sin dañarme, apretaba mis pezones, me daba mordiscos en el labio inferior, el cuello, mis bubis, sus dedos indagaban en interior de mi ano, sus manotas masajeaban mis nalgotas, en fin me convertí en un objeto… su objeto, Entonces, me tomo por los cabellos, y me ordenó girarme y apoyar mis manos sobre el tocador ubicado al centro de la linda habitación de este cuarto de motel, con una sonora nalgada hizo que levantará más mi bien proporcionado culo, y enseguida se hinco detrás mío y comenzó a comerme el culo de una manera que me hizo poner los ojitos en blanco, todo lo que yo podía hacer era parar más el culo y moverlo en círculos para intentar buscar la mejor posición de su hábil lengua, en un momento determinado en que me separo mis gordas carnosidades, yo lo tomé por los cabellos de la nuca y le restregué totalmente mis femeninas formas por toda su cara, como una hembra marcando a su macho, mi macho. Esto debió haberle excitado de sobre manera, pues me acomodo una nueva y sonora nalgada, me jalo por los cabellos y me arrojó a la cama, se puso un condón, abrió violentamente mis piernas y las descanso en sus fuertes hombros, me comió la boca y descansó su cuerpo sobre el mío. Obviamente él es mucho más pesado que yo, me cortaba la respiración, pero no me importaba, pues estaba ansiosa por volver a sentirlo dentro de mi, la punta de su verga estaba justo en la entrada de mi ano, pero mi malvado tío gozaba hacerme esperar. Así que le suplique:

    P- Cógeme ya, por favor!!!

    Sentí como entraba la gorda cabezota, estaba lo suficientemente lubricada, y aun así me dolió, pero yo quería más, así que me atreví a exigirle:

    P- La quiero toda adentro… Por favor!!

    Por lo que de un solo empujón me penetró por completo.

    P-Ahhhh!!!

    TA- Te hice daño?

    P- Me hiciste tu puta nuevamente…

    TA- Por eso me gustas, una zorra debajo de tu ropa de niña consentida.

    Cuando terminó de decirlo, me embistió tremendamente fuerte, lo sentí bien dentro. Arquee la espalda como una loca, estaba llena, lo abrazaba con las piernas y dejé que hiciera conmigo lo que quisiera. Aceleró el ritmo y me perdí, gemía su nombre, gemía lo mucho que me gustaba, gemía para pedir más… y entonces, de golpe se detuvo, me levantó y me indico ponerme en la deliciosa posición de perrito, recargada en mis codos sentí que abrió mis nalgotas, y de nuevo comenzó a comerme el culo, lo hacía tan rico como la vez anterior, pero debido a que en aquel momento la piel de mi ano estaba ya sumamente dilatada, la sensación que me provocaba el contacto de su lengua jugueteando en mi interior, era fenomenal, también me gustaba sentir el roce de su bigote picando mi piel, esto lo evidenciaban mis fuertes gemidos de puta que estaba haciendo. Entonces, con voz entrecortada le volví a suplicar:

    P- C… cógeme por f… favor!!

    El atendió de inmediato mi súplica y se colocó detrás de mí apuntando su grande verga a mí ya para ese momento dilatado y abierto hoyito anal, a la vez que me ordenaba:

    TA- Quédate quieta puta… Deja que tu macho atienda como se merecen estas nalguitas que me encantan, tu culito me gusta mucho… Sólo relájate zorrita.

    Sentí su dura barra de carne nuevamente en mi ansioso culo, está vez entro sin mayores problemas, poco a poco su peso venció a mi fuerza y debido a las fuertes arremetidas que me daba con cada empujón, terminamos cogiendo en la deliciosa posición de misionero invertido, esto es el encima de mí, pero yo boca abajo. En esta posición, él me tenía completamente a su merced, pues mi tío dispone de la fuerza suficiente para sostener su propio peso con una mano, y mientras con la otra me jalaba del cabello, masajeaba mis bubis, o en determinados momentos, parecía someterme totalmente pues cambiaba por completo la forma de cogerme, cambiaba de tratarme de una forma ruda, de tratarme como a una puta, a besarme el cuello, los hombros, a buscar mi boca para besarla también, se acercaba a mi oído y me decía cosas como:

    TA- Me gustas mucho Paulita, siempre me has gustado mucho. Eres una mujer hermosa. Me encanta hacerte el amor. Eres la mejor hembra que yo he tenido. Estas riquísima muñequita.

    Y de pronto volvía a transformarse y volvía a tratarme como a su puta, aunque, lo acepto, lejos de molestarme o disgustarme, me encanta la versatilidad a la hora del sexo de este hombre. De pronto, sacó su inmensa vergota de mi interior y se recostó a mi lado, jaló mi cuerpo hacia el suyo para quedar en la rica posición de “cucharitas”, pasó una mano por debajo de mi cuello, y con esa mano tenía acceso total a mis excitados pezones, además podía atraer mi cara cuando él quería para buscar y comerse mi boca a su antojo, mientras con su otra mano levantó mi pierna izquierda, apoyándose de mi carnoso muslo, de esta manera se facilitó totalmente la penetración, además de que con su misma mano que sostenía mi pierna, me masturbaba mi pequeña verguita, era deliciosa la combinación que realizaba para darme placer como sólo un macho verdadero puede hacerlo, entonces, comenzó a penetrarme nuevamente, sentí como su vergota me partía en dos, penetro poco a poco hasta que estuvo nuevamente dentro de mí, dolía? Si. El dolor era intenso, como la primera vez que tuve dentro de mi interior a este hombre, tanto que derramé un par de lágrimas cuando estuve totalmente enculada, sin embargo, es ese dolor rico, el dolor que cada una de mis niñas conoce y disfruta, un rico dolor que regresamos a buscar cada que sentimos ganas de verga. Yo le dije:

    P- Me duele mucho.

    TA- Sabes que en un momento lo vas a olvidar, voy a darle a ese culo lo que necesita, sabes que siempre pedirás más… Lo sabes verdad?

    Asentí con la cabeza, pues no me pesa reconocer que es verdad. Me tomó por la cintura, acarició mi espalda y empezó a moverse lentamente. Entonces se detuvo y nuevamente me cuestiono:

    TA- Te gusta putita? Dilo!

    P- Ahh… ahhh… Siii, me encantas tío Alfredo!!

    Justo en ese momento retomó su pistoneo, y está vez lo hizo más fuerte, sus manos me apretaban con fuerza mis nalgotas. Y me decía:

    TA- Estas deliciosa, apretadita, riquísima… Me gustas mucho, quiero volver a ser tu hombre.

    P- Me gusta que seas mi hombre! Me gusta satisfacerte en todo lo que ya no quiere hacerte mi tía Lupe.

    TA- Que rico suena eso putita!

    Pasaron algunos minutos más en los que mi extasiado culito recibía un espléndido trato por parte de mi tío, después terminó en un abundante orgasmo, yo perdí la cuenta de los míos, pues el constante roce de su vergota con mi próstata me provoco varios excelentes orgasmos aquella noche. Mi tío y yo nos metimos a dar un reparador baño, y antes de salir de la regadera se la volví a mamar de una forma como sólo una verdadera puta como yo sabe hacerlo, está vez, termino en mi tragona boquita, y yo ansiosamente devoré toda su deliciosa leche de macho, nos volvimos a vestir y retomamos el camino a la cena navideña de la familia, llegamos tardísimo, pero ambos bien satisfechos. Nuestra coartada fue el tráfico de la autopista, luego inventamos que se nos ponchó una llanta y que no había buena recepción en los celulares en donde nos había pasado, que nos apoyaron los Ángeles verdes de la autopista, pero que tardaron un poco en llegar, afortunadamente nuestra familia ya había comenzado la cena y ya estaban un tanto adelantados en copas, por lo que sólo se alegraron que llegáramos con bien. La noche transcurrió sin mayores inconvenientes, sólo nuestras constantes miradas de complicidad. Esa noche ya no pudimos volver a hacer nada, pero a la mañana siguiente, aprovechando que estaban todos crudos y desvelados, me marco a mi celular y me dijo:

    TA- Te espero en la azotea, en el cuarto de servicio que está allí.

    Cuando subí me estaba esperando con su gorda vergota de fuera, y la tenía envuelta con un moño, y estaba semierecta, él me dijo:

    TA- Feliz Navidad Pau!

    Esto me hizo reír, pero me excito demasiado, por lo que de inmediato me hinque y le di una soberbia mamada navideña. Quedamos de vernos más seguido en la ciudad, pues yo le dije:

    P- Si sabes que ahora vivo solita, y que puedes pasar a verme más seguido y sin pretextos verdad?

    TA- Si, lo sé. Y si me lo permites me gustaría retomar lo nuestro, tal y como te lo pedí ayer.

    P- Es justo lo que quería escuchar. Claro que quiero!

    Pero estos encuentros, de nueva cuenta no duraron mucho, está vez por mi decisión, pues en meses posteriores me reencontraría con Fernando, un viejo amor de mi pasado, que me había marcado incluso aún más que la relación que mantenía con mi tío Alfredo. Sin embargo, cuando decidí alejarme de mi tío, él me dijo:

    TA- Yo siempre voy a estar aquí, está vez te alejas tú, pero cuando lo quieras, o cuando lo necesites, sólo márcame, gustosamente estaré para ti.

    La forma en que me lo dijo fue muy sincera, y no lo rechacé, sólo se lo agradecí. Más adelante volví a buscarlo, pero eso ya se los contaré en otra ocasión.

    FIN

    Por favor, agradezco sus comentarios a mi correo: [email protected].

  • Fantasía porno

    Fantasía porno

    Me llamo Germán, tengo 18 años y soy socio del CLUB desde hace dos años. Mis padres son los dueños y en cuanto entré en la adolescencia, me hicieron las pruebas de aptitud psicológica para verificar mis inclinaciones sexuales. Solo los aspirantes a socios/as del club, que realmente tengan dichas inclinaciones son finalmente admitidos.

    En el caso de los varones, lo normal es que el diagnostico sea favorable. Nos suele gustar usar a las mujeres a nuestro antojo, sobre todo con los colosales atributos que deben tener las socias. En el caso de las mujeres es más complicado, sin embargo, las hijas de las socias suelen heredar las tendencias de sus madres. Ahora estoy en el descanso entre clases del instituto y siguiendo mis instrucciones, la profesora se ha quedado en la clase, para aclararme algunas dudas. Creo que desde que me fue dado el anillo de socio, no me lo he quitado del dedo casi nunca. He heredado la legendaria capacidad sexual de mi padre y soy capaz de correrme 14 veces al día sin problemas. Pero sobre todo, después de cada corrida, en prácticamente 5 minutos, vuelvo a tener mi libido a toda potencia de nuevo.

    Me encuentro sentado en mi pupitre y debajo de él a cuatro patas, con un perfecto culazo asomando por el borde de la mesa, se encuentra una beldad lamiendo mis gigantescos huevos. Mi polla no está mal, pero mis huevos son enormes. La zorrita que me los está lamiendo, los tiene cogidos apretando mi bolsa escrotal por arriba. Rebosan en su mano enormes, quizás por eso soy capaz de producir tantísimo semen cada día.

    La putilla es una de mis compañeras de clase. Muchos de los alumnos del bachillerato son miembros del club y el cuadro de profesores lo es en su totalidad. Es un caro colegio de pago y nuestros padres se aseguran de que estemos a gusto. Las profesoras no siempre llevan el anillo puesto, pero dejan actuar a los socios/as a sus anchas. Los alumnos que no son socios, a veces ven cosas raras, pero procuramos que no se den cuenta de nuestras andanzas.

    La zorrita me estaba lamiendo los huevos con calma, realizando estruendosos ruidos de chapoteo. Le miro a la cara, encontrándome con sus bellos ojos azules y un pelo rubio precioso con tirabuzones. Lleva unos vaqueros de cintura baja, que indefectiblemente, al ponerse a cuatro patas dejan ver la mitad de su culazo perfecto, realzado por un tanga de color rojo. También lleva una blusa floja, que permite entrever unos enormes tetones, ya que no lleva sujetador. Algunos alumnos se preguntan, porque hay tantas chicas con unas tetonas tan enormes en nuestro colegio, pero lo achacan al dinero de los papis y no van muy desencaminados.

    -Ahora trágate la polla guarra – le digo, mientras me agacho y le estrujo una tetona.

    -Aaaaah!… cabrón, cerdo, que eres un cabrón –oigo que me dicen desde el fondo de la clase.

    Levanto la vista y veo a mi profesora en la posición que le ordene hace un rato. Está encima de la mesa con la falda en la cintura, las piernas completamente abiertas, sus inmensos tetones fuera de su blusa y la lengua fuera babeando saliva ¡arrrrrg! Se está corriendo como una cerda, lanzando enormes chorretones que están salpicando los pupitres más cercanos a su mesa de profesora. Tiene el coño completamente abierto, utilizando para ello dos dedos de cada mano. Desde donde estoy, puedo ver hasta su cérvix. Es un coño enorme, sonrosado y babeante de jugos blancos a más no poder.

    -Germán, nos quedan 15 minutos hasta la próxima clase –me dice mi profesora, metiéndose más los dedos en su enorme chochazo y obligándolo a abrirse aún más.

    -Tranquila putón, que tenemos tiempo de sobra –le respondo, mientras agarro por su precioso pelo a la zorrona de mi compañera de clase y le empujo la cabeza empalándola en mi polla, mientras miro el cuadro que me ofrece mi profe.

    La profesora es morena, de ojos verdes, pecosa y con gordos labios. Sus enormes tetas tienen una gran aureola y pezones de los llamados invertidos. Sus pechos pocas mujeres los tienen. Son muy prácticos porque se pueden follar por los pezones.

    Mientras la miro con su lengua fuera y su chochazo babeante abierto, se me ocurre como dedicar estos últimos minutos de descanso.

    Me levanto bruscamente, con lo cual cae un río de saliva, de la boca de la belleza que me la estaba chupando, al sacar mi polla de su boca. Me acerco a la profe y meto mi mano en su enorme coño. Teniéndola agarrada de esta forma, la obligo a bajar de la mesa y a ponerse de rodillas.

    Arrrrrg!… que me vas a hacer cabrón –me dice babeando saliva de su lengua.

    -Voy a follarme tus tetones, ¡puerca! –le digo, al tiempo que apoyo mi polla en uno de sus pezones coño.

    Agarro con las dos manos su gigantesca teta y empujo mi polla contra su pezón. Sus tetones y mi polla estaban cubiertos de saliva, así que mi polla empezó a entrar enterrándose en la enorme ubre.

    -¡Aaaarg!, puto carbronazoooo… –me dice, mientras vuelve a correrse lanzando un enorme chorro por su coño.

    -Ven aquí zorrita y lámeme el culo –le digo a mi compañera de clase, volviéndome a mirarla, para ver como tenía su lengua fuera, una mano estrujando uno de sus tetones y la otra dentro del vaquero en su coño, masturbándolo frenéticamente.

    La zorrita enseguida sepulta su cara entre mis nalgas, sorbiendo con grandes ruidos de chapoteo, toda la raja de mi culo. A la vez sigue masturbándose y escucho como se corre cada pocos segundos.

    Empiezo a follar con violencia la tetorra de mi profesora, como si de un coño se tratara. Grandes y largos pollazos con toda la fuerza que puedo. Ella no para de correrse como una fuente, siempre con la lengua fuera mirándome a los ojos. Miro el reloj y veo que se acaba el tiempo.

    -Me voy a correr asquerosas –digo dando pollazos a la tetorra de la profe, mientras zorrita me lame el culo.

    Por fin, saco de golpe mi polla de la tetorra de mi profe, me giro y agarro por su pelo con tirabuzones, a la bellísima zorrita de mi compañera de clase.

    -Profe… jálame la polla, que me voy a correr en el pelo de esta puerca –le digo mientras me giro y agarrándola de un tetón, la pongo de rodillas al lado de mi polla.

    -La vas a poner perdida cabrón –me dice, al tiempo que vuelve a correrse con otro gran chorro y abre la boca a tope sacando la lengua, con una expresión de lujuria demencial.

    -Que se joda la muy puta, y no se te ocurra limpiarla. Que este toda la clase con la corrida en su pelo –le digo sobando sus tetones a lo bestia, mientras me masturba con total violencia encima del pelo de mi preciosa compañera de clase.

    Como siempre, me empiezo a correr con enormes chorros, que empiezan a cubrir el precioso y cuidado pelo rubio, de mi compañera de clase. Un chorro tras otro, acabo cubriendo casi todo su pelo, mientras la zorrita no para de gritar, por la bestial corrida que está teniendo, al sentir mi semen jodiendo su carísima permanente. Mi profe ante el espectáculo que está provocando, se corre también sin parar, ya que la muy cabrona dirige mi polla, buscando empapar el pelo lo más posible a su alumna.

    -Bueno zorras, recomponeros que ya es la hora –les digo, ante lo que ellas se colocan la ropa.

    -Y profe, no limpie a este guarra. Si la quieren limpiar, que sea alguna de sus amigas –le digo, mientras me siento en mi pupitre como si no hubiera roto un plato y la profe abre la puerta del aula.

    Justo a tiempo. Mis compañeros de clase empiezan a entrar en el aula para la próxima clase. Mi compañera ya está sentada en su pupitre unas filas delante del mío. La observo, y a no ser por la enorme lechada que tiene en el pelo, parece una modosita. Los compañeros que son socios, al verla inmediatamente comprenden y sonríen, los demás miran sin entender nada. Alguna chica que es socia, involuntariamente saca su lengua, pero la guarda rápidamente al darse cuenta que no lleva el anillo puesto. La putilla de la lechada en el pelo, avisa a varias compañeras que también llevan el anillo puesto y con ellas se sienta en los pupitres del fondo de la clase.

    Tras sentarse todos los alumnos, la profe cierra la puerta y empieza la clase.

    -A ver queridos, vais a abrir los libros por la pagina 52 y en silencio, quiero que estudies esa lección. Que nadie levante la cabeza del libro, por favor – dice la profe, que se ve tremenda con su culazo y tetonas reventando la ropa.

    Todos hacen lo ordenado y se sumergen en la lectura. Me giro a los pocos momentos hacia donde se ha sentado la zorrita de la lechada, observando como una preciosa pelirroja tiene cogido un tirabuzón de pelo enlechado, y lo mete entero en la boca. Luego, lo va sacando lentamente apretando los labios y sin rastro de semen. Tras la operación se traga el semen. Agachándome un poco, veo como tiene una mano dentro de su coño y se está masturbando furiosamente. Otras dos guarrillas están alrededor de la beldad enlechada, realizando la misma operación. La profe, paseándose por la clase, se acerca a las cerdas chupasemen y le dice algo al oído a la que observo con la mano en su coño. Esta vuelve a sorber un chorretón de semen del pelo de la zorra y se lo enseña a la profe sacando la lengua. La profe se agacha de manera, que yo pueda ver la maniobra y saca la lengua mirando a la chupalefa. La guarrona chupalefa, escupe el semen dentro de la boca de la profe. La profe se gira, se acerca a mí y sacando la lengua me muestra el semen. La muy guarrona se lo traga y se relame con una cara de vicio impresionante.

    Qué maravilla de zorras, pienso para mí. Me vuelvo en mi pupitre y olvidándome de ellas, empiezo a leer la lección encomendada, sin embargo, mi mente empieza a divagar y recuerdo cuando mis padres me nombraron socio del club.

    Llevaba varios días yendo a un montón de médicos y realizando pruebas. Hoy un médico me había hecho entrar en una habitación de mi casa, la cual siempre había estado prohibida para mí, el despacho de papa. Sin embargo, no era un despacho. Era un pasillo largo parecido a un guardarropa, con una puerta al final. El médico me dijo que debía ponerme una camisa corta, que me cubría solo hasta la cintura y unas zapatillas con un diseño extraño. Nada más. Tenía mi polla a la vista y mis enormes huevos colgando. El médico me dijo que me sentara en un diván y que esperara. Al poco tiempo entro mi padre en la habitación, vestido exactamente igual que yo.

    -Hola hijo – me dice, sentándose a mi lado.

    -Hola papa, ¿a ti también te va a reconocer el médico? – le digo, mirando su paquete bamboleante.

    -No hijo verás, hay algunas cosas que debo explicarte –me dice, sentándose a mi lado.

    -¿Que pasa papa?

    -Ahora verás… entrad guarras.

    Inmediatamente se abre la puerta del fondo, y veo entrar a mi madre y a mi hermana. Mi polla pego un brinco de excitación, ante la visión de las dos monumentales hembras que se acercan a nosotros. Se paran ante mí y puedo observarlas con detenimiento, mientras mi polla se pone dura como el cemento. Mami vestía tacones de aguja, medias de lencería sin liguero hasta justo debajo del coño. El coño con grandes labios vaginales colgando, estaba rasurado y babeaba flujos. Tenía una camisa blanca que transparentaba totalmente unas tetas gigantescas, su pelo moreno y largo, le colgaba justo hasta el comienzo de un culazo enorme y perfecto.

    -Hola cariño –me dice, mientras se saca sus tetones fuera de la camisa. Inmediatamente introduce dos dedos dentro de cada pezón (pezón invertido follable) y saca la lengua.

    Mi hermana lleva el mismo modelito que mama, pero observo que tiene un cuajarón de semen en su ojo izquierdo y otro en sus perfectos y gruesos labios, el cual se prolonga colgando de su barbilla.

    -Hola hermanito –me dice, sacándose los tetones también y metiendo dos dedos en cada pezón, mientras saca su lengua ¡arrrrrg!

    Coño, de tal palo tal astilla, pienso para mí.

    -Verás hijo… –me dice papa, para explicarme a continuación todo lo del club.

    -Y eso es todo… Este es tu anillo de socio, ¿lo aceptas? –me dice.

    -Joder, si papa –le digo arrebatándole el anillo.

    -Estupendo hijo… empezaré yo rompiendo el hielo –me dice levantándose y acercándose a ese par de diosas.

    -Verás hijo, úsalas a tope y como se te ocurra, vale –me dice agarrando una de las tetonas de mi hermana y estrujándola a lo bestia por el medio hasta deformarla.

    Mi hermana sin dejar de mirarme empieza a correrse echando grandes chorros, al tiempo que saca la lengua de manera imposible.

    -Hijo, creo que debemos empezar porque una de estas guarras te la chupe, así que elige a una –me dice, mientras sigue deformando a estrujones el gigantesco tetón de mi hermana y le coge una nalga a mama estrujando su enorme culo.

    -Quiero a mama.

    -Bueno hijo, pues díselo –me dice, mientras mete cuatro dedos dentro del chorreante coño de mi hermana.

    -Mama, ven aquí y chúpame la polla.

    -No hijo, esa orden es incompleta. En cada orden debes insultarlas vale – me dice, mientras observo a mi madre correrse como un río, por su enorme coño de labios colgantes.

    -Tú puta asquerosa, ven aquí y chúpame la polla –le digo a mama, la cual abre la boca hasta lo imposible, corriéndose como una cerda babeando saliva.

    -Perfecto chaval –me dice papa, cogiendo unas de las nalgas enormes de mi hermana violentamente, mientras ella jadea loca de excitación.

    Mama se acerca y se pone a cuatro patas delante de mi polla totalmente tiesa. En ninguna película porno había visto un culazo tan enorme y perfecto. Era jodidamente pornográfico. Ella acerca su boca a mi polla y la engulle de golpe hasta los huevos, e inmediatamente, empieza a echar por el coño bestiales chorretones de corrida.

    -Puta de mierda, jodida chupapollas, cabrona, asquerosa… Serás puerca corriéndote así mientras le comes la polla a tu propio hijo… jodida puta – exclama mi hermana, corriéndose como una cerda, con el puño de mi padre dentro de su coño. Además papa le estruja un tetón con la otra mano, y mientras ella saca la lengua salpicando un río de baba.

    -Uy, que niña más mal hablada. Pues ahora, le vas a comer el coño a la asquerosa de tu madre, para que se corra mejor… ¡cerda! –dice mi padre, cogiendo del pelo a lo bestia a mi hermana, arrastrándola hasta ponerla a cuatro patas y empotrarle la cara en el coño de mama.

    Mi hermanita empieza inmediatamente a succionar, con enormes ruidos de chapoteo y succión. Mama se corría a lo bestia. Parecía un grifo abierto, el cual rebosaba por toda la cara del putón de mi hermana. Yo que le iba cogiendo el tranquillo al asunto, tenía cogido un tetón de mama y lo estrujaba con todas mis fuerzas. La vista era impresionante. Mi mama a cuatro patas enfrente mío con un culazo colosal, comiéndome la polla a lo bestia. Y detrás mi hermana en tándem, también a cuatro patas, encorvando su tremendo culazo y comiéndole el coño a mama. Estaba a punto de correrme.

    -Hijo, cuando vayas a correrte, recuerda las reglas –me dice papa, mientras le endilga la polla hasta los huevos de un solo golpe a mi hermana en su coño y empieza a follarla.

    -Claro papa – le digo, mientras mama vuelve a correrse en el careto del putón de mi hermanita.

    -¡arrrrrg! cerdo, cabrón… en mi cara… ¡arrrg! que asqueroso eres cabrón… córrete en mi cara puto crío… córrete en la cara de tu puta madre ¡arrrrrg! cerdo más que cerdo ¡arrrrrrg! en mi puta cara asqueroso ¡arrrrg! – exclama mi madre, sin dejar de reventarse la boca engullendo mi polla.

    Entonces, agarro mi polla y empiezo a pelarla a lo bestia enfrente de la increíblemente bella cara del putón de mi madre. Mama me mira a los ojos encorvando su enorme culazo de manera imposible y saca una larguísima y babosa lengua. Me corro enseguida durante una eternidad, cubriéndole la cara completamente de lechada. Ella a cada chorro de leche que yo le echaba en la cara, echaba otro por su coño en la cara de mi hermana, la cual parecía que se había dado una ducha en corrida de hembra.

    Papa, al ver a su amada esposa completamente duchada en la corrida de su hijo, agarra por los pelos a su bella hija y se corre a lo bestia en su preciosa carita pecosa de chupapollas, hasta dejarla igual que su madre. Entonces, mi mama y mi hermana se levantan y se pone una junta a la otra a un lado del pasillo, goteándoles chorretones de lechada de sus preciosas caras sobre sus gigantescos melones.

    -Bueno hijo, ya tienes tu anillo… por esa puerta de ahí se entra en la zona de la casa reservada al club, así que… ¿vamos? –me dice mi padre abriéndome la puerta.

    Entro por la puerta y entonces…

    -Despierta cerdo. A saber que guarrerías estarás pensando –me dice mi profesora al oído, sacándome de mi ensoñación.

    -Estoy pensando en reventar tu coño de vaca metiéndote mis dos manos a la vez por él, ¡puta! –le digo también al oído, mientras le meto la mano por debajo de la falda e introduzco el puño de golpe en su chochazo.

    -¡arrrrg!… niñato asqueroso –dice alejándose rápidamente, para que el resto de alumnos no se den cuenta de lo que ha pasado.

    Me quedo mirando mi mano empapada de jugos de puta y tras mirar a mí alrededor, observo que todos siguen leyendo atentamente sus libros. Veo a mi lado a una compañera con las tetas más enormes a punto de reventar su blusa y el anillo en su mano. Sin más, cojo su preciosa cabellera rubia y como si fuera una toalla me seco la mano. La cerdita, sin levantar la cara del libro, saca la lengua lujuriosa durante todo el rato que estoy usando su pelo de toalla. Cuando termino, simplemente coge un mechón, lo huele, lo chupa con glotonería y sigue leyendo.

    En fin, esta mañana mi hermano el mayor va a presentar su novia a mis padres. Si la aceptan en el club va a ser estupendo, ya que su cuerpazo solo es comparable al de mama. Ya se me está poniendo la polla dura.

  • Una familia pervertida

    Una familia pervertida

    CARMEN:

    Desde que entré a la menopausia mi apetito sexual aumentó, pero el de mi esposo decayó. Por ello tenía discusiones intensas con mi esposo. Un día lo desperté porque tenía unas ganas intensas:

    – ¿Mi amor, estás despierto?

    – ¿eh? ¿Qué pasa?

    – Bueno… estaba pensando que hace mucho tiempo que no hacemos el amor y… te necesito, amor. Necesito sentir tu pene dentro de mí.

    – Esta noche no, mi amor. Mañana tengo una junta temprano.

    – Pero… ¿entonces, cuándo?… siempre hay algo. A veces creo que ya no te gusto.

    – Zzzz

    – ¡¡Arrrggg!! ¡No puede ser que te duermas! ¡Despiértate, maldición!.. Hace meses que no me tocas ¡Ya estoy harta de esto!

    – Te compensaré en el viaje de vacaciones de la otra semana.

    La discusión continuó. Subí el tono de mi voz. Temprano, frustrada me dirigí al baño y me empecé a masturbar en la tina.

    A la mañana siguiente estaba fastidiada y con los ojos llorosos, mi hijo de 18 años se acercó por detrás, me abrazó y me dijo: No estés triste.

    Por la noche, mi esposo llegó cansado y me dijo que no podría ir al viaje, pero como ya estaba todo comprado y pagado que vaya con nuestro hijo.

    IVÁN:

    Me desperté al oír la discusión de mi madre, su insatisfacción. Yo consideraba a mi madre recatada, de pequeña estatura y delgada, con su cabello atado en un moño, lentes redondos y su uniforme de oficina que consistía en un traje de sastre. Aunque es seria, la amo con todo mi ser.

    Al pasar por el baño pude imaginar a mi madre masturbándose, como en la Forma del Agua.

    A la mañana siguiente me acerqué por detrás y la abracé, quise decirle cuánto la quería y que si mi padre no la satisfacía, yo lo haría, pero no pude solo la abracé para consolarla.

    Abracé a mi madre por detrás, colocando mi nariz en su cuello y disfrutando el perfume natural de su piel.

    Por la noche, mi padre me encomendó que cuide a mi madre, porque él no iría al viaje vacacional.

    A la semana siguiente llegamos a la sierra del país. Se trataba de una ciudad colonial, de cielo azul y paisajes idílicos de bosques de piedras y grandes llanuras y con disfrute de baños de agua termales.

    Al desempacar en el hotel me di con la grata sorpresa que la habitación era matrimonial con una cama king size en el medio.

    CARMEN:

    Mi hijo me acompañaría a pasar las vacaciones. Había reservado todo para hacerla una segunda luna de miel, pero el inútil de mi esposo no estaría. Por suerte sería acompañado por mi hijo. Aunque deberíamos compartir la habitación y la cama. La verdad es que es un súper chico, atento y guapo.

    Mi hijo es caballeroso, atento y guapo, se preocupa por mí y me trata como una reina. Afortunada la chica que sea su novia y creo que le tendría celos.

    Me até el cabello, porque no me gusta tenerlo suelto, y salimos a pasear y conocer el centro histórico. Por la noche fui a comer con mi hijo, tomamos unos tragos de vino que se me subió un poco.

    Luego de cancelar la cuenta el camarero se despidió diciendo: Disfruten su noche. Pensé “¡Qué horror es mi hijo!” con las copas un poco subidas me llevó en un taxi. Me ayudó a entrar a la habitación y me arropó antes de entrar a la cama.

    Me quitó los zapatos y besó mis pies al hacerlo. Sus labios se sentían tan bien. Recobré algo la cordura y moví mi pie. Le dije a mi hijo, mejor vemos televisión. Encendí el aparato y fue una película porno. Me tapé los ojos y apagué el aparato.

    IVÁN:

    Pasé un día genial con mi madre, conversamos amenamente. La cena fue exquisita y el camarero nos dio un vino de cortesía. Mi mamá estaba más mareada que yo, le dije que mejor nos vayamos a dormir y fuéramos al hotel. El mozo al escuchar esto, a la salida, en tono coqueto nos dijo “disfruten su noche”.

    Acosté a mi madre, y al quitarle sus zapatos pude ver sus pies pequeños y finos. No pude más que acariciarlos. Mi madre empezó a ronronear. Me acosté junto a ella. La cercanía con el amor de mi vida hizo que tuviera una erección. Usualmente me masturbo pensando en ella, pero al estar a mi costado traté de pensar en otras cosas y dormir. Tendría una buena historia para masturbarme sobre mi mamá que puso una película porno, aunque en la realidad fue sin querer, en mi fantasía haría que fuera a propósito y ella me conquistaría.

    Mi madre se veía hermosa, con su cabello suelto y ondulado tapando sus pechos. Como pude me dormí. A la mañana siguiente me desperté al sentir que mi madre se movió. Desperté con una erección y esperé a que me baje, sin hacer ruido. Mi madre se dirigió hacia el ropero y se quitó el vestido que usaba. Vi su ropa interior, de esas antiguas bombachas y sostén de tela sin diseño. Vi su silueta, de caderas anchas, no me resistí y sin que se diera cuenta la abracé desde atrás, besé su cuello mientras le decía lo hermosa que es. El olor de su piel me embriagó y no pude más que besarla, tocar su estómago, jugar con su ombligo, deslizar su brasier y su ropa interior por encima.

    Mi mami empezó a ronronear, su respiración se aceleró y decidí meter mi mano dentro de su calzón, acariciar y jugar con su sus vellos púbicos.

    CARMEN:

    Al despertar estaba un poco resaqueada, sentí el bulto de mi hijo a mi costado. Eso me calentó, pero recapacité y me levanté rápidamente para cambiarme de ropa. Ensimismada en mis pensamientos no me percaté que me hijo se había despertado y acercado por detrás. Movió ligeramente mi cabello y empezó a besar mi cuello, mientras me susurraba cosas dulces al oído. Sus labios eran suaves y calientes. Yo estaba tan caliente que me dejé llevar. Mi hijo bajo sus manos por mis caderas sobando mi calzón sobando por encima mi vagina y clítoris. Yo me dejé llevar y comencé a jadear.

    Me condujo hasta la cama, se inclinó hacia mí, sus labios se aproximaron a los míos que entreabiertos esperaban húmedos la caricia que estaba por llegar, la caricia que iba a ser el principio de una mañana de lujuria y desenfreno; su mano izquierda no permaneció quieta sino que situándose sobre mis rodillas, hicieron un poquito de presión entreabriéndolas y ascendiendo por el interior de mis muslos se posó sobre mi vagina, jugueteando con mis abundantes vellos púbicos e introduciendo posteriormente dos dedos entre mis labios mayores, que ya estaban lubricados por mis jugos. Cuando su boca se apoderó de mis labios, su lengua, inexperta, procedió a buscar la mía, que respondió a su deseo sin dilación, intentando darle unas lecciones prácticas de cómo debía hacerme gozar.

    Luego condujo su boca hacia mi vagina, lamiéndola y haciéndome llevar loca de placer. Sin dejar de lamer. Mi esposo nunca me la había comido. Mi hijo también metía sus dedos y sobaba mi clítoris con su pulgar e índice sin quitar su boca.

    Yo estaba en éxtasis, con la cara enroquecida. Llevé mis manos a su cabeza y la atraje hacía mí, con las piernas totalmente abiertas. Doblé mis rodillas y los dedos de mi pie los estiré jadeando como una perra y después de mucho tiempo pude recibir mi tan esperado orgasmo.

    Caí exhausta. Iván mirándome como hipnotizado a los pechos, que se erguían desafiantes como nunca en todo su esplendor procedió a besarlos y beber todo. Sus labios aún conservaban la suavidad infantil de cuando lactaba de bebé. Tomé con mis manos el elástico del slip y bajándolo rápidamente se lo saqué por su pies al mismo tiempo que con mi camisón procedí a secar mi muslo y después su verga, que al sentir el suave roce de la tela y la presión de mis dedos friccionándola se elevó nuevamente en todo su apogeo apareciendo anteví aquel cipote muy largo ¡Dios, que polla! Su padre la tenía grande pero anda que el hijo.

    Me dejé caer hacia atrás, e hice que se subiese sobre mí, que su boca recorriese cada pliegue de mi cuerpo, y sobre todo que me chupase reiterada y golosamente mis pezones ya endurecidos y tensos, cosa a la que se aplicó afanosamente, lo que me permitió gozar intensamente; al mismo tiempo mi mano derecha atrapó el tronco de aquella estaca y con mucha suavidad dirigí la punta de la misma hacia el interior de mi vulva, que estaba súper lubricada como hacía años no lo había estado, abriendo mis piernas para facilitar el acercamiento de la misma y la penetración de su glande en mi chocho. Iniciando entonces un movimiento de mete y saca lento pero profundo, sin acelerones, que me permitía disfrutar de todo el poderío de aquella grandiosa tranca dentro de mí. Al mismo tiempo que yo regulaba la cadencia de sus movimientos, hice que sus manos amasasen sin pudor, delicadamente, pero con vigor mis tetas que estaban a punto de reventar por la excitación, al mismo tiempo que regulaba el ritmo de la follada de la copulación, para evitar una corrida precipitada de mi hijo y conseguir así en lo posible que yo también me corriese, y cuando notaba que mi hijo empezaba con sus espasmos, le asía por bajo de sus testículos hasta que llegase el momento en que yo pudiera gozar con toda intensidad del primer orgasmo con mi hijo, con mi macho, con mi semental, que ahora estaba sobre mi cuerpo desnudo y sudoroso pero muy, muy excitado. Así conseguí llegar a un punto en que los síntomas de que se aproximaba mi inminente «corrida» se acentuaron y acelerando entonces mis movimientos pélvicos, conseguí gloriosamente y al mismo tiempo que mi hijo, coincidiendo con las contracciones aceleradas de mi «niño» que quedó desmadejado sobre mi sudoroso pero feliz cuerpo. No permití que mi hijo sacase su falo de dentro de mi cueva hasta transcurrido un buen rato, quería sentir dentro de mí como su pollón iba perdiendo su rigidez y como su «leche», mezclada con mis jugos, salía poco a poco por los bordes de mi chocho, mojando la parte interna de mis muslos y mojando intensamente la sábana. Y sabiendo que era el primer «polvo» que él había echado, y que en cuanto estuviese repuesto querría nuevamente gozar del chocho de la «golfa» de su madre. Y no solamente él quedó exhausto, sino que yo sentí un debilitamiento total y gozoso de mi cuerpo que me hizo quedar decaída bajo su maravilloso cuerpo, quedando ambos dormidos por unas horas.

    IVÁN:

    Coger con mi madre fue la gloria y lo mejor es que ella también lo disfrutó. El sabor y el olor de su piel, su cara sonrosada en una mueca de placer fue la perfección. Me quedé dormido sobre esas redondas tetas y mi boca mamando como un bebé. Me desperté a las horas y me fui a duchar.

    Mi madre fue detrás de mí y ambos nos besamos y manoseamos como un par de adolescentes cachondos.

    -Eres una mujer muy hermosa mamá.

    -¿Te gusto mi vida?

    -Claro mamá, eres una hembra bellísima.

    -Huy, mi amor, me haces sentir muy deseada.

    -¿Te… te gusta lo que estamos haciendo? –dije, y ella contestó:

    -Ay mi amor, me gusta cómo le das verga a tu mami. Métemela así mi amor. Huy, has puesto muy caliente a tu madre mientras me rozabas con tu verga.

    Nuestras lenguas se enredaban y yo mordía sus labios carnosos.

    -Ay mi niño. Qué caliente me tienes.

    Comencé a bajar hasta que mi boca quedo frente a sus pechos. Le lamí los pezones llenándoselos de saliva, ¡hum! qué rico morder y chupar sus pezones duritos.

    -Ay mi niño, tú vas a hacer que tu mami se chorree. Así lindo, sácale la leche de los pechos a tu mamá. Ah, mi vida, me has puesto como una callejera.

    Seguí lamiendo hasta que mi boca llegó a su vulva y lamí la baba de sus vellos. Mis dedos le abrían la panocha y mi lengua húmeda tocaba las paredes de sus labios. Los apretaba entre mi boca y chupaba. Tenía la cabeza entre las piernas de mi madre y ella me tenía sujetado del cabello y me apretaba la cara contra su vulva. Con el agua cayendo por nuestros cuerpos desnudos.

    -Ay bebé ¡ay ah! ¡ME VENGO HIJO!

    Sentí cómo me invadía toda la humedad de mi madre. Acaba de venirse y yo seguía chupando su vagina, metiéndole la lengua hasta el fondo. El aroma de esa panocha era para extasiar a cualquiera y yo no quería alejarme. Terminó en mi boca pero seguíamos muy calientes y yo no dejaba de beber sus jugos que escurrían hasta sus muslos. Parece mentira que no me había dado cuenta de lo hermosas y ricas que eran las piernas de mi madre y ahora yo las tenía para lamerlas y morderlas.

    -¡Ufff hijo!, ¡así, chupa cariño, tómatelo todo mi amor!

    -Sí, mamá ¡me excita tu aroma y me excita que estés tan caliente!

    – Me tienes como una perra en celo, mi vida, y soy sólo tuya.

    Salimos de la ducha y en el piso del baño la levanté para acercarla a mí, quería darle por la vulva desde atrás y me acomodé tras de ella. Metí y mi verga con fuerza y ella la recibió con un gemido. La arremetía con mucha violencia y ella igual que yo estaba ardiendo.

    -Mamá, me voy a venir.

    -Sí mi amor, hazlo dentro de mí, anda cielo. Lléname toda con tu leche… ay cariño AAAHHH!!! CÓGEME MI AMOR!!!

    Seguí cogiéndome a mi madre con todas mis fuerzas, mi verga rozaba las paredes de su vagina y no pude contenerme más. Me aferré a sus pechos mientras le llenaba la panocha con mi semen. Ambos gemíamos de placer.

    Le di un beso en la mejilla y nos quedamos mirando. Después acerqué mi boca a la suya y nos besamos.

    Al pasar de los días íbamos como un par de enamorados tomados de la mano. La gente nos miraba como una pareja de edades dispares. Se estremecerían más al saber que somos madre e hijo. A los días lo hacíamos por lo menos cuatro veces al día.

    Mi madre se fue a la peluquería, se lació y tiño el cabello de morado en las puntas y se compró ropa más apretada. Era como si hubiera rejuvenecido 20 años.

    Pero lo bueno tiene que terminar. Al cabo de cinco días volvíamos a nuestra ciudad. Mi padre no comprendía los cambios en el aspecto de su esposa y la jovialidad. Extrañábamos tocarnos. Al cabo de tres días me acerqué por detrás a mi madre y le coloqué una venda en los ojos. Empecé a lamer su cuello y besar su cuerpo desnudándola por momentos. Mi padre regresó temprano y nos vio en la cama. Los gemidos lo hicieron subir rápido. Lejos de molestarse se quedó mirando tuvo una erección y nos pidió que siguiéramos mientras se masturbaba-

    Luego nos confesó que tenía problemas de impotencia, pero viéndonos haciendo teniendo sexo incestuoso se curó. Hasta ese momento no sabía que era voyerista.