Autor: admin

  • Con Julia no perdemos el tiempo

    Con Julia no perdemos el tiempo

    En la penumbra de la madrugada, la casa de uno de los amigos se había convertido en un refugio improvisado para cinco almas en busca de diversión. La luz se había cortado, dejando solo el resplandor de las velas, la linterna de un celular y la luna que iluminaba un poco por una pequeña ventana.

    La atmósfera era íntima, casi mágica, pero también cargada de una tensión silenciosa entre dos de los presentes: yo y Julia. Después de aquel encuentro sexual en la plaza, no habíamos vuelto a hablarnos, pero la proximidad de aquella noche parecía inevitable. La excusa perfecta llegó cuando alguien propuso contar historias de terror para matar el aburrimiento. Todos aceptaron, y pronto estábamos acomodados en camas y colchones dispersos por el suelo de la sala.

    Yo, siempre el más reservado, rápidamente reclamé la cama con el mejor colchón y las frazadas más cálidas. No era por egoísmo, sino por pura comodidad. Julia, con su habitual picardía, se acercó con una sonrisa traviesa. “Soy muy friolenta”, murmuró, “y mi espalda no aguanta el suelo”. Sin decir más, se acurrucó a mi lado, su cuerpo pequeño y gordito encajando perfectamente contra el mío. El resto del grupo no pareció notar nada extraño, pero yo sentí cómo mi corazón se aceleraba. La proximidad de Julia, su aroma familiar y tentador, me recordaba aquella noche en la plaza, y mi cuerpo reaccionó de inmediato.

    Las historias de terror comenzaron, y la voz de uno de los amigos llenó la habitación con relatos de fantasmas y conspiraciones mundiales. Pero yo no podía concentrarme en las palabras. Julia, con la espalda apoyada en mi pecho, comenzó a moverse sutilmente, su cadera rozando mi bulto que ya se había endurecido. Mi mano, como si tuviera vida propia, se deslizó hacia su cintura, y ella no hizo nada para detenerla. Al contrario, su respiración se volvió más profunda, y su cuerpo se relajó contra el mío.

    Con delicadeza, para no alertar al resto, Julia se giró ligeramente, sus ojos encontrándose con los míos en la oscuridad. Su sonrisa era una promesa silenciosa. Sin mediar palabra, su mano se deslizó hacia mi pantalón, desabrochándolo con una habilidad que me dejó sin aliento. Mis dedos, temblorosos, encontraron el borde de su pantalón corto, y lo bajé lentamente, revelando su piel suave y cálida. La habitación estaba llena de risas y susurros, pero para nosotros, solo existía aquel momento.

    Julia comenzó a masturbarme con un ritmo lento y tortuoso, su mano firme pero suave, como si supiera exactamente lo que necesitaba. Yo no me quedé atrás, mis dedos explorando su entrepierna, encontrando su humedad a través de la tela de su ropa interior. Ella gimió suavemente, un sonido ahogado que se perdió entre las historias de terror. Nuestros movimientos eran silenciosos, casi imperceptibles, pero la intensidad era abrumadora.

    El resto del grupo seguía contando historias, ajenos a lo que ocurría en la misma habitación. Cada vez que alguien nos dirigía la palabra, Julia y yo permanecíamos en silencio, fingiendo estar sumidos en un sueño profundo. Pero la realidad era muy diferente. Estábamos despiertos, muy despiertos, y nuestra noche de sexo silencioso acababa de comenzar.

    Mis dedos se movían con más confianza, deslizándose dentro de ella, sintiendo cómo su cuerpo respondía a cada caricia. Julia, por su parte, aumentaba el ritmo, su mano apretando mi miembro con una urgencia que me hacía morder el labio para no gemir. La habitación estaba llena de sonidos: risas, susurros, el crujir de las maderas antiguas, pero para nosotros, solo existía el ritmo de nuestros cuerpos.

    En un momento de audacia, Julia se inclinó hacia mí, sus labios rozando mi oído. “Quiero más”, susurró, su aliento caliente enviándome escalofríos por la espalda. No necesitó decir más. Con movimientos rápidos pero silenciosos, ajustamos nuestras posiciones, y pronto estábamos completamente desnudos, nuestros cuerpos entrelazados bajo las frazadas.

    El sexo fue lento y deliberado, cada movimiento calculado para no alertar al resto. Julia se montó sobre mí, su cuerpo moviéndose con una gracia que me dejó sin aliento. Sus pechos, pequeños y firmes, rozaban mi pecho, y su cabello caía sobre mi rostro como una cortina oscura. Mis manos se aferraron a sus caderas, guiando su ritmo, mientras ella se movía con una pasión que me consumía.

    La habitación estaba llena de sonidos, pero para nosotros, solo existía el ritmo de nuestros cuerpos y el latido de nuestros corazones. Julia gimió suavemente, su cabeza cayendo hacia atrás mientras su cuerpo temblaba con un orgasmo silencioso. Yo la seguí poco después, mi cuerpo tensionándose antes de liberarse en un placer abrumador.

    Cuando terminamos, nos quedamos acurrucados, nuestros cuerpos sudorosos y satisfechos. El resto del grupo seguía contando historias, ajenos a la tormenta que acababa de pasar entre nosotros. Julia me miró con una sonrisa pícara, sus ojos brillando en la oscuridad. “Nadie se enteró”, murmuró, y yo asentí, sintiendo una mezcla de alivio y excitación.

    La noche continuó, las historias de terror dando paso a risas y bromas. Pero para mí y Julia, aquella noche ya había sido perfecta. Habíamos compartido algo íntimo y arriesgado, algo que solo nosotros sabíamos. Y mientras el resto del grupo se preparaba para dormir, nosotros nos quedamos despiertos un poco más, disfrutando del calor de nuestros cuerpos y la promesa de más noches como aquella.

    La luz finalmente regresó, pero la magia de aquella noche permaneció, un secreto compartido entre dos personas que, a pesar de todo, no podían negar la conexión que los unía. Y mientras el sol comenzaba a asomarse en el horizonte, yo y Julia nos dormimos, exhaustos pero satisfechos, sabiendo que aquella juntada de amigos había sido mucho más de lo que esperábamos.

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  • Mi esposa se cogió a nuestro vecino

    Mi esposa se cogió a nuestro vecino

    Que tal a todos, soy nuevo en esto, he estado leyendo muchos relatos y me hicieron ver que no soy un enfermo sexual jaja, bueno les contaré mi relato.

    Les describiré a mi esposa primero ya que mi relato es sobre ella, entonces para que se hagan una idea, ella es una mujer guapa, chaparrita de 1.56 aproximadamente, tiene una cara muy finita de piel blanca, bubis ni pequeñas ni grandes, medianas, unos pezones casi rositas y se paran tan rico, una cintura muy marcada, con una cadera acorde a unas piernotas, y lo mejor de lo mejor son sus nalgas grandes, carnudas, paradas como colita de pato que me vuelve loco, ¡desde que la conozco a usado siempre tanga o cacheteros!

    Llevo 11 años con ella y nunca dejado de gustarme.

    Retomando mi relato, en una etapa de nuestra relación, aproximadamente hace 3 años, estuvimos muy mal en la relación, peleas, insultos, no había entendimiento, ya no había intimidad, se habían perdido muchas cosas, llegamos a platicar de separación.

    A raíz de eso, con el tiempo pasaron una serie de cosas, sospechas mías, ya que se ocultaba con su celular y sus salidas eran sospechosas.

    Una amiga de ella junto con su esposo pusieron un negocio de snacks y vendían micheladas, iban amigos míos, amigas de ella y empezó a ir un vecino que era rara su presencia de la nada, había algo que como hombre uno se da cuenta que no son normales yo seguía indagando con esa sospecha y un día pude preguntarle a él que pasaba con mi esposa

    Me confirmo lo que sospechaba, yo le pregunté a mi esposa y al no tener otra opción pues tuvo que decirme la verdad, me había engañado con él, se lo cogió, me lo comprobó con una foto con ella en el hotel.

    Les soy sincero al principio no podía con eso, sentía que todo se había destruido y con el paso del tiempo y al tener sexo con ella, yo empecé a pedirle que me contara como se la había cogido.

    Hubo besos, cachondeo, sexo oral al punto que ella terminó.

    Ella tiene una vagina que te obliga a mamársela, huele riquísima, un sabor único y ella hace un oral de 10 que también se lo hizo.

    ¡Todo esto me pone tan caliente que el terminar era súper chingón! ¡Todas las veces que he terminado siempre adentro, a ella le encanta que uno termine dentro!

    Llegué a pensar que con esto había la posibilidad que ese tema volviera a ser el mismo de antes, como cuando la conocí, sigue igual de vez en cuando, pero cuando pasa, ya me es una necesidad que me cuente, porque me imagino cada cosa que me plática e imagino la misma cara que pone conmigo de excitación, hemos platicado de hacer un trío, pero siendo sincero, siento que puede que si lo haga, pero cuando llegue al punto de terminar, obviamente bajaría la excitación ¡y le daría en su madre jeje!

    Entonces sigue en plática el poder hacerlo, si pasa ya se las estaré contando.

    Espero les sea de su agrado.

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  • Follando con mi vecino Carlos

    Follando con mi vecino Carlos

    Este relato lo escribe mi esposita putita.

    Soy una mujer de 30 años, felizmente casada con dos hijas pequeñas, vivimos en Facatativá, soy de 1.75 metros de estatura, blanca, cabello corto color negro azabache, tengo unas tetas medianas 34B muy firmes con pezones rosados grandes para morderlos, unas piernas torneadas y un culo muy apetecible, todos me lo miran al pasar.

    Sexualmente soy muy activa, con mi esposo follamos todos los días, comida de chocho o un 69 espectacular, penetración anal y por el chocho en la noche y en la mañana. Mi esposo de 1.8 metros de estatura, 33 años, complexión atlética por naturaleza, cabello negro, tiene un pene de 23 cm, grueso con diámetro de 4.5 cm lleno de venas, me fascina mamárselo, trabaja en Bogotá, debido al alto flujo vehicular por esta vía, se decidió que mi esposo viviría en la capital, los viernes por la noche llega a casa y lunes muy temprano viaja hacia la ciudad y así todas las semanas.

    En el conjunto hay un joven vecino muy guapo, Carlos, de 1.90 metros de estatura, complexión fuerte, 25 años, blanco, ojos acaramelados, muy amable, respetuoso y detallista; se nota que tiene un buen paquete. Siempre nos saludamos de beso en la mejilla, pero últimamente al saludarme de beso siento una punzada en mi chocho y me mojo, además de ponerme muy nerviosa y él lo ha notado. La verdad es que ya el miércoles siento la ausencia de mi marido y mi chocho está pidiendo una buena verga, pues me hacen falta esos 23 cm de verga de mi marido, que me la mete con fuerza cuando follamos y la que devoro con ansias hasta que se corre en mi boca y me trago su semen.

    Un jueves por la tarde nos cruzamos con Carlos, saludo de beso, mojada de chocho, piropos y halagos de su parte que me ponen a mil, esa tarde me regalo una rosa y un helado de ron con pasas y me dijo: para la mujer más hermosa del edificio. Yo muy nerviosa miré la flor y el helado y le dije: ¿cómo sabias que es mi sabor favorito de helado? Y él respondió: el sabor del helado debe ser igual al de una mujer como tú, linda y atrayente. Se despidió, su beso cubrió la mitad de mi boca, salió corriendo no sé a qué y dijo perdón, pero muy rico. Yo me quede muy azorada chorreando flujos vaginales. Me subí al apartamento, me masturbé violentamente imaginando la polla de Carlos que debe ser muy hermosa y apetitosa como él.

    Al día siguiente hacia las ocho y media de la mañana timbraron, abrí y era Carlos, lo tome de la camisa y lo jalé dentro del apartamento y cerré la puerta, él vino a escusarse por el medio beso del día anterior, me lance encima de él y comencé a comerle la boca con muchas ansias y lujuria, baje mi mano y le acaricie el bulto por encima del pantalón, ya lo tenía duro, mientras él me magreaba mis tetas y me las chupaba, parecíamos dos luchadores el que más besara, chupara, lamiera y tocara.

    Desabroche su cinturón baje su bragueta metía la mano y sentí la palpitación de su verga en mis manos y él subió mi falda me sobaba mi chocho por encima del calzón que estaba chorreando jugos.

    Baje su pantalón y bóxer su verga salto erecta, dura, gruesa y venosa, que hermosa; me arrodille ahí en la sala le lamí el glande que ya tenía gotitas y me lo metí todo en mi boca y comencé a mamarle la verga con muchas ganas, nunca me había mamado una verga como ese día con tanta ansía y deseos, le apretaba los huevos y mi lengua recorría la longitud de su pene, tenía muy bien escondidos esos 20 centímetros (se lo medí con una cintilla) de carne viva caliente y deliciosa, mamé y mamé hasta que él gimió y se corrió en mi boca, sentí como cinco disparos de rico semen caliente y delicioso porque me lo trague todo, dejándole la verga muy limpia.

    Lo cogí de la verga semidura lo lleve a la alcoba, termine de desnudarlo y lo tumbe en la cama, me desnude y me le subí haciendo un 69 lujurioso, él me comía el chocho me penetraba con su lengua, me mordía el clítoris y me metió un dedo en el ano, que sensación más morbosa, llegue al orgasmo y me corrí en su boca, él me volteó se me subió y de un solo envión me metió su verga en mi vagina, guau que rico sentir esa verga entre mi chocho.

    Follamos y follamos como 30 minutos, yo le pedí que me la metiera bien duro y bien adentro, yo abría mis piernas lo que más podía para sentir esa verga bien adentro, le dije: Carlos, rómpame el chocho, mételo fuerte, dame… dame duro; y follamos hasta que nos corrimos, que delicia sentir su semen espeso, abundante y caliente en mi vagina mezclándose con mi corrida.

    Él se acostó mi lado, estábamos sudorosos y cansados del polvo que acabábamos de echar y dormimos un rato. Desperté cuando sentí que Carlos jugaba con mi ano, el bajo y me penetro con su lengua y me chupo el culo un buen rato, luego me dedeaba metiendo hasta tres dedos en mi chocho los sacaba llenos de flujo y semen y me metía sus dedos en mi culo lubricándolo, en un momento me estaba metiendo tres dedos en mi ano, mi esfínter había dilatado bastante y me dijo: te la voy a meter por tu culito hermoso y delicioso que tienes.

    Me puso en cuatro y me la metió con cuidado, una vez me acostumbre a su verga en mi culo, me follo y me follo, y culeamos como veinte minutos, yo gritaba, gemía, me frotaba el clítoris con fuerza yo le pedía que me rompiera el culo, él me tenía agarrada de las caderas y seguía en su mete saca intenso, me la sacaba despacio y me la metía muy fuerte, yo me abría las nalgas para que su hermosa verga me penetrara mucho más hasta que me lleno los intestinos de semen, que delicia, que morbo, que fascinante sentirse bien cogida, Carlos me culeó como lo hacía mi marido, hasta alcance a pensar cómo sería el trio de Carlos, mi marido y yo.

    A partir de ese día y por los próximos seis meses con Carlos follamos todos los días de lunes a viernes, entre las 8 y las 10 de la mañana, los lunes y los viernes follaba dos veces, con Carlos y mi esposo, sábado y domingo follábamos con mi marido, fueron 6 meses inolvidables, aún recuerdo la fuerza con que Carlos me la metía y follaba.

    Siempre se la mamaba hasta que se corriera en mi boca, saborear y tragar su semen, y me llenaba el chocho y los intestinos con sus corridas, yo sigo follando con mi marido siguiendo nuestros hábitos, comida de chocho, mamada de verga, follada vaginal y anal por la noche y en la mañana, a mi marido también se lo mamo hasta que se corre en mi boca y me trago su semen, nuestra vida sexual en muy buena, así añore las folladas de Carlos.

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  • Mi esposo necesita ayuda (2): Papá de Miel

    Mi esposo necesita ayuda (2): Papá de Miel

    Las ganas de hacer pis me despiertan, un latido en el vientre que no me deja volver a dormir y me obliga, a tomar conciencia del cuerpo. El sillón desde el cual su papá prometió cuidarme está vacío. Eso me decepciona y alivia, se forma un equilibrio, que cae por el peso de los recuerdos que me avergüenzan, que regresan como si un fuego iluminara escenas fijas, el gesto con que desprendí el corpiño y le mostré las tetas, la fuerza con que apreté los muslos para retener las manos que me acariciaban. Cierro los ojos y pienso si papá tendrá vergüenza.

    Enrosco las piernas. Aprieto. Las ganas están ahí, la insistencia. Imagino el líquido, amarillo y tibio, el placer de soltarlo, y apoyo la mano encima de la tela del tanga. La empujo, estiro los bordes para hundirla en el cuerpo como si pudiera formar un tapón. La tela tan fina, el regalo tan especial de mis amigas para sorprender al recién casado, es ahora un trapo húmedo y pegajoso. -Por culpa de papa- digo en voz alta, como si jugara, y me levanta para ir al baño. La habitación es amplia, hay un desnivel que divide la habitación y un pasillo.

    Por eso tardo unos momentos en ver que la luz del baño esta prendida. Lo que encuentra ahí, hace que olvide mi propósito. Un culo. Un culo de hombre. Musculoso, alto, sin sobresalir, como si el culo respetara el espacio que forma la cintura. La raya que lo divide, más oscura que el resto de la piel, cruza perfecta y siento el deseo de recorrerla con los dedos. Estoy descalza y lleg0oa sorprenderlo. Lo araño. Apoyo las uñas en la nuca y desciendo hasta el final de la espalda y con la otra mano hago lo mismo en el vientre.

    Lo sorprendo. Corta el pis, escucho como el sonido desaparece y con las uñas raspo hasta chocar contra la carne redondeada de la pija. Escucho: –No, corazón, no -pero el cuerpo no se niega, y compruebo con asombro hasta donde puedo llegar. Arrastro la mano a lo largo de la pija dormida, que cuelga como si papá tuviera una cola de mono. Pero gorda. Hay silencio, hay el cuerpo de un papá nervioso que tiene los músculos tensos por las caricias suaves de su hija recién casada. La naturaleza reclama su lugar, el sonido regresa y con el regresa el pis.

    Si nos vieran, pensarían que se la sostengo mientras hace. Apenas termina sin que nadie lo mande, me lo enseñe o diga, estiro la piel hacia delante, arrugando la pija de papa, y dejo caer, dos y tres gotas para después retrocederla, correr la piel y ver, como aparece la cabeza, de un rojo oscuro. Arrugo. Retrocedo. Arrugo. Retrocedo. Miguel, mi papa, dice no, no, gruñe, y se dobla tratando de escapar con amabilidad de mis manos, las de su hija. Pero encajo. En cada movimiento, pegada a él.

    Parece el juego de la silla -pienso- y así abrazada giro y quedo sentada en el inodoro. Frente a la pija. El pijón. Sentada, las tetas sueltas temblando por lo brusco, la tanga negra pegoteada entre las piernas, la pija gorda y oscura de papá cuelga, una curva que tiembla y crece. Tardo en darme cuenta que la tengo agarrada. Que no suelto, que tocarla es parte de mi cuerpo. Pajeo, agarro y toco la pija de mi papa. Suave, concentrada en percibir los latidos de las venas que lo cruzan. Se agarra de mi cabeza. Murmura. Corazón -dice- no, no.

    La pija engorda y necesito las dos manos para cubrirla y todavía así, un pedazo sobresale. Una voz en mi cabeza pregunta: -Micaela, ¿vos te despertaste para hacerle la paja a tu papa? Y sin esperar la respuesta murmura “”. No llego a correr la tanga. Separo los muslos y suelto pis, mucho pis que gotea de la tela y escapa por los costados. Papá escucha el ruido que cae, siente el alivio de su nena, el placer que la sacude. Eso pone dura la pija. Los dedos lo notan. Agarro una pija más gorda, crecida.

    Un deseo profundo me lleva a estirar la piel, arrugarla contra el borde que se forma debajo de la cabeza y acercar la cara, darle un beso, aspirar el olor de papá como algo nuevo, y darle otro beso, húmedo, y un tercero, tratando de deformar los labios, y otro, buscando fundirme con él, usando la saliva como disolvente. Marco de besos el largo de la pija. La recorro. Voy hasta abajo y regreso a la cabeza. Beso la pija de papá. Con ruido, con ganas. Abro grande, pero, cuando estoy a punto de meterla en mi boca escucho una tos, un lamento, y Sebastián, mi esposo, grita mi nombre desde la cama y como no contesto, provoca ruidos, caerse de la cama, arrastrar los pies, preguntar por mí.

    Antes de cerrar la puerta y quedarme sola en el baño veo a papá levantar del suelo su bóxer, vestirse y abandonarme de nuevo. Dos veces en una luna de miel que no llega a terminarse.

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  • Fui por aventuras en el gimnasio y terminé sacándome la lotería

    Fui por aventuras en el gimnasio y terminé sacándome la lotería

    Ahí estaba yo, en el gimnasio con una luz tenue, la música seguía sonando, estaba totalmente agotado en el piso, como muerto, lo había hecho hasta mas no poder, quien iba a saber que Ana, mi Ana, que, bajo ese cuerpo fabuloso, musculoso y escultural, podría tener semejantes habilidades, semejante fatalidad, además de nacer con el don del multiorgasmo.

    Yo solo quería coger con una clienta del gimnasio nada más, no me importaba con quien, con tal que sea con una de las que tienen un cuerpo moldeado por músculos, hacerlo y luego largarme de ese trabajo.

    Al fin al cabo solo entré para eso, no me importaba el sueldo, por mí que el vago de mi jefe se lleve los 3 meses de sueldo más su aumento de mierda, no me importaba.

    Lo más seguro es que mi jefe me vote, al ver en las cámaras de seguridad, semejante masacre sexual… Nunca pensé que llegaría a ese nivel, pero ¿cómo puede el cuerpo a esos niveles de placer?, ¿cómo es que ella puede hacer eso con su vagina? es algo increíble, no podía creerlo todavía.

    Es una locura que todo haya coincidido para que ambos acabáramos en el piso así ahora, bendita mi suerte de acabar justo este día de aniversario de la ciudad, bendita mi suerte que ella haya venido justo ese día, de donde se me ocurrió decir esa frase maravillosa fue un tiro directo al corazón…

    Como es que esta chica puede andar por la vida así con esa joya, que talento magistral para amar, quien será ese suertudo que termine con ella, como es posible que tenga la contraseña exacta para activar una bomba atómica en tu cerebro y explosiones de orgasmo… madre mía, estoy seguro que nunca encontraré a nadie igual a ella en el resto de mi vida…

    Allí estaba ella a un metro de mí, totalmente desnuda tirada en el piso como yo, mirando el cielo, estaba tiritando de las secuelas del tsunami orgásmico que nos aplastó, me miró fijamente a los ojos, yo estaba paralizado, apenas pude mover los brazos, me empezó a arrastrar como un soldado que perdió las piernas, fui hacia ellas…

    Cuando tocaba su piel era como electricidad para ella, estaba muy sensible, pero aún no dejaba de verme con esos hermosos ojos claros, le estampé un beso con las fuerzas que me quedaba, ella también lo deseaba, más que un beso de amor parecía un beso de gratitud, yo también estaba agradecido por terminar con ella, estoy seguro que no la volveré a ver, este es ultimo día que estaré aquí…

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  • Domingo de placer

    Domingo de placer

    Pues una vez más y sin mi consentimiento, me tocó trabajar en un día feriado, desgraciadamente la empresa donde trabajo tiene su origen en un país extranjero y ellos no tienen los mismos días de descanso que la ley nos da a nosotros; en fin, aunque solo estaría unas 3 o 4 horas en la oficina, la verdad es que casi todo ese tiempo estaría esperando a que mi computadora trabajara por sí sola.

    Como no habría nadie en la planta decidí irme lo más sexy posible, solo los guardias de seguridad podrían verme, pero el que a mí me gustaba y que en un relato anterior les platiqué que me dio una buena cogida, lo habían cambiado de servicio y solo había 4 guardias nuevos de los cuales no conocía bien más que de saludarlos al llegar e irme todos los días.

    Me vestí con unas medias escolares qué me llegaban arriba de la rodilla de color rosa con franjas blancas, muy coquetas por cierto; me puse una falda qué aunque estaba holgada de la parte de la caída, se ceñía mucho en mis nalgas y cintura, dejaba ver muy bien que tenía un trasero muy rico, cogible, diría yo; también me puse un top qué cubría bien mis senos pero no me puse brassier, aunque encima del top me puse una blusa muy delgada qué apenas dejaba ver mis redondas amigas y si mirabas muy fijamente podías ver mis pezones, ricos y bien paraditos.

    Me puse una chamarra de mezclilla del mismo color de la falda, negra qué hacía contraste con mis medias escolares… Y solo me puse unos zapatos de piso de color negro también.

    Así llegue a trabajar a la oficina, y al momento de ingresar, todos reconocieron mi auto y parecía que todos se formaron en la caseta de vigilancia para confirmar que si era yo, todos me saludaron muy efusivamente, por cierto.

    Entré al estacionamiento y me quede en el lugar de siempre, muy cerca de la entrada de recepción, camine muy tranquila y me dirigí a mi lugar de trabajo, en fin, comencé a depurar mi disco duro y después de que lo limpie de archivos basura tenía que desfragmentarlo, esta era la acción qué tomaría alrededor de 2 horas en completarse, pero tenía que hacerlo… Preparé todo en la PC y le di en iniciar… 2 horas y 20 minutos tardaría en terminar el proceso, bueno, me dije a mi misma, creo que mientras tanto daré una vuelta en la planta para matar el tiempo, lástima que no está el guardia anterior, me dije, y comencé mi recorrido…

    Pase por el área de Calidad y me dirigí al área de Producción, no había absolutamente nadie en planta, fui lentamente caminando hasta llegar al área de embarques y justo al dar una vuelta en un pasillo me cortaron el paso 2 guardias, de inmediato los analicé y vi que no eran mal parecidos, uno de ellos se veía de quizás unos 40 años, se veía que hacía ejercicio pues tenía los brazos y las manos muy grandes y bien marcados, aunque se veía maduro estaba muy bien conservado; del otro lado estaba un joven de quizás 23 años, aunque delgado también se veía de cuerpo marcado y me veía de una manera muy lujuriosa, no dejaba de ver mis tetas.

    Finalmente, el señor maduro habló:

    -Señorita buena tarde, ¿se encuentra bien?

    Yo le comenté que sí, que solo estaba dando una vuelta por la planta mientras mi equipo de cómputo terminaba unos procesos.

    -Sabe una cosa señorita, nuestro compañero el guardia qué anteriormente estaba en nuestro equipo, nos dio muy buenas referencias de usted… Y nos dijo que ocasionalmente usted venía a trabajar y mientras esperaba a que su equipo terminará sus tareas, a usted le gustaba venir a piso de producción esperando encontrar algo de acción.

    Sentí que me puse roja de inmediato pero mi mirada se posó inmediatamente en su bulto, que se veía increíblemente grande. Solo atiné a preguntarle al guardia:

    -¿A qué tipo de acción se refiere señor guardia!?

    En ese momento sentí a alguien detrás de mí, no me di cuenta cuando el joven de 23 años se colocó tan pegado a mi qué podía sentir su bulto pegado a mis nalgas.

    El maduro ya no respondió, solo se acercó a mí y me tomó de la cintura para jalarme hacia él y darme uno de los besos más lujuriosos qué he recibido, al que yo también correspondí, mientras tanto, el joven qué tenía yo a mis espaldas, me quito mis pantaletas con increíble habilidad y comenzó a comerse mi agujerito qué en ese momento ya estaba deseoso de ser poseído…

    Al mismo tiempo yo desabroche el cinturón del guardia qué tenía frente a mí y que no dejaba de besarme, con la misma habilidad le baje el cierre de su pantalón y cayeron sin qué alguien lo evitará, metí mis manos bajo sus calzones para sentir su miembro qué ya estaba muy duro, hinchado, a punto de explotar… Empecé a masajearlo lentamente, estaba disfrutando mucho tener un falo tan enorme y venudo en mis manos, sabiendo que muy pronto estaría metido en mi culo…

    Lo masturbe por unos cuantos minutos hasta que me levanto con sus poderosos brazos y me llevo al sillón de la sala de logística donde me dejo caer de manera muy delicada, se colocaron ambos hombres frente a mí y me ofrecieron sus vergas, yo gustosa las tome con mis manos y las empecé a lamer por turnos, algunas veces las metía en mi boca, en especial la del joven qué era un poco más pequeña qué la del guardia maduro… Ya los tres estábamos totalmente desnudo cuando me pidieron que me pusiera en 4, finalmente iba a suceder…

    Antes despegamos el sillón de la pared para que el joven pudiera pasar por ese lugar y entonces me coloque de rodillas sobre el sillón, mientras que el maduro siguió comiéndose mi anito, él joven me dejaba comer su verga frente a mi… Al poco rato y cuando mi culito estaba lleno de saliva, sentí que algo estaba abriendo mi pequeño orificio, algo muy duro y muy caliente, lleno de venas, y lubricando en exceso…

    Es correcto, él hombre que tenía en mi trasero estaba intentando meter su gran falo en mi pequeño anito, me quise voltear de dolor pero el joven no me dejo, me agarro del cabello y no me dejo sacar su verga de mi boca, me la siguió metiendo cada vez más adentro, y aunque el dolor en mi colita era intenso, también era tolerable, entonces simplemente me relaje y empecé a sentir como el enorme miembro comenzaba a entrar en mí…

    Sentí claramente como su cabeza se abría paso para poder entrar todo lentamente, en un descuido ya lo tenía todo adentro, como si yo fuera una mariposa a la cual acaban de empalar, era doloroso en un inicio pero increíblemente placentero, empezó a meter y sacar su verga en mí y yo empecé a disfrutarla, gemía de dolor y de placer, aunque mis gemidos se oían poco porque me seguían metiendo otra verga por la boca…

    No se detenía ninguno de los dos, él qué tenía en la retaguardia me agarro firmemente por las caderas y me estaba cogiendo muy duro, me jalaba fuerte hacia el para que su miembro entrará lo más profundo en mi culo… Mientras que el hombre que tenía metido en mi boca, me jalaba fuertemente del cabello haciendo qué su falo entrará completamente en mi garganta…

    Estaba volviéndome loca del placer que ambos me estaban dando, de pronto empecé a gemir más fuerte y a moverme con más desesperación, estaba a punto de venirme y fue entonces que sentí ese chorro de placer en mi boca… Me llenó completamente de él y yo me los trague extasiada, y al mismo tiempo estaba terminando, me estaba haciendo gritar en silencio de mucho placer, y justo en ese momento sentí también otro chorro por detrás, él delicioso hombre maduro estaba llenándome con su leche, gimiendo también y jalando fuertemente mis caderas para meterse todo dentro de mí…

    Yo sentía como me bombeaba con su verga y me llenaba toda de él… Sentí claramente como escurría su semen entre mis nalgas y resbalaba por mis deliciosas piernas… Acabamos rendidos los tres y sentados en el sillón, conmigo en medio, obviamente no dejaba de tocar esas vergas qué me habían dado tanto placer hace apenas un momento… Al cabo de un momento se despidieron de mi con un rico beso y se vistieron, yo me quedé un momento más, pensando en que cada vez que voy a planta a trabajar, también recibo mis dosis de ricas vergas…

    En fin… tendré que trabajar más seguido los fines de semana.

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  • Compartiendo más que el viaje (1 y 2)

    Compartiendo más que el viaje (1 y 2)

    Marco era de piel morena clara que parecía absorber y reflejar la luz de una forma casi artística. Su rostro, de facciones angulosas y nariz recta, estaba adornado apenas por una sombra de barba que apenas insinuaba su contorno masculino. Tenía unos 24 años, su vello corporal era prácticamente inexistente, dejando su pecho amplio, su abdomen firme y sus brazos perfectamente delineados, limpios y pulidos como mármol. Su cuerpo no era el más alto, pero poseía una solidez compacta, proporcionada, como una estatua viva de fuerza clásica. Había en su mirada una serenidad natural, como si supiera que no necesitaba demostrar nada para imponerse.

    Yo de 23 años, tez morena heredada de generaciones de historia y sol. Mi cabello, oscuro y ligeramente ondulado, caía de forma casual sobre una frente amplia, y mi mandíbula, marcada y definida, apenas era sombreada por un rastro de barba tan ligera como el suyo. Mi físico estaba desarrollado, de líneas largas y proporciones pensadas para el arte: hombros amplios, cintura estrecha, músculos definidos sin exceso, perfectos para la categoría Classic Physique.

    El vello en mi cuerpo era mínimo; sólo un leve rastro en los antebrazos y piernas, mientras que mi torso lucía completamente liso y terso. Era apenas un poco más alto que él, y aunque compartíamos el mismo respeto por la estética corporal, mi altura añadía a mi figura una sensación de amplitud tranquila y dominio silencioso.

    Éramos distintos, pero al mismo tiempo, nos entendíamos sin palabras: dos versiones de un mismo sueño, dos esculturas vivas buscando su mejor forma.

    El viaje había sido largo, Marco y yo, llegamos cansados a la ciudad donde íbamos a instalar nuevas máquinas de gimnasio.
Nos dieron habitaciones separadas en el hotel.

    Esa noche, en la soledad de mi cuarto, no aguanté, había traído un fleshlight, nunca había tenido uno y moría por probarlo, no perdí tiempo: me tiré en la cama, bajé mis pants, y empecé a bombear duro, desahogándome. El sonido húmedo, pegajoso y mis gemidos bajos llenaron la habitación.

    No sabía que se había escuchado más de la cuenta.

    Al día siguiente, mientras desayunábamos en la cafetería del hotel, mi colega me miró sonriendo malicioso.

    —Oye, ¿qué chingados estabas haciendo anoche? Escuché unos ruidos muy raros… como de alguien cogiendo —dijo en voz baja, riéndose.

    Me reí sin pena.

    —Traje un fleshlight —le confesé—. Ya sabes, uno de esos juguetes. Lo estrené anoche.

    Su risa se hizo aún más grande.

    —No mames… ¿y jala chido?

    —Una chulada, cabrón. Si quieres, lo pruebas esta noche —le ofrecí, medio en broma, medio en serio.

    Me miró con esa mezcla de incredulidad y curiosidad… Y aceptó.

    —Órale, jalo —dijo.

    Terminamos de desayunar, cada quien se fue a su cuarto y nos vimos en el lobby del hotel porque nos pasarían a recoger para llevarnos al gimnasio, llegamos, instalamos las máquinas y pusimos todo en orden, ya que estábamos ahí le dije que aprovecháramos para hacer una sesión completa de entrenamiento, los dos decidimos darle a pierna, fue una sesión brutal.

    Regresando al hotel quedamos de vernos en mi habitación para que probara el “juguetito” Marco llegó a mi habitación puntual, vestido simple: camiseta entallada, pants flojos. El sudor de todo el día aún marcaba un ligero brillo sobre su piel morena.

    Entró, y lo noté: ese gesto entre nerviosismo y expectación que no podía ocultar. Una media sonrisa, la mirada encendida.

    Cerré la puerta tras de él, subí un poco la música para darle un fondo al ambiente —algo discreto, sólo para romper el silencio denso que flotaba.

    Él se acercó a la cama mientras yo sacaba el fleshlight del cajón. Lo mostré como si fuera un trofeo.

    —Listo para tu estreno, cabrón —le dije, sonriendo de lado.

    Marco se rio, pero esa risa cargaba morbo. Se bajó el pantalón sin pensarlo mucho.

    Su verga, ya semidura, rebotó al liberarse, gruesa, caliente, viva.

    Se sentó al borde de la cama, el cuerpo tenso, los muslos anchos y duros después de la sesión brutal de pierna. Tomó el fleshlight con una mano firme, se inclinó un poco y escupió dentro, lubricándolo con su saliva espesa.

    El sonido del escupitajo resonó en el cuarto. Me provocó un escalofrío y un morbo impresionante.

    Se acomodó, abrió ligeramente las piernas, y deslizó su verga en el fleshlight. La expresión en su rostro cambió de inmediato: primero sorpresa, luego entrega.

    —Verga… está cabrón esta madre —gruñó entre jadeos.

    Se empezó a bombear lento.

    Yo lo miraba desde una silla frente a él, las piernas abiertas, mis propios pants tensándose con mi erección, el sonido húmedo, pegajoso, llenó la habitación de nuevo, el olor a sudor, a carne caliente, a deseo masculino se mezclaba con el aire.

    Marco cerró los ojos por momentos, la mandíbula apretada, sus pectorales bombeando con cada respiración profunda, aceleró el ritmo, sus músculos temblaban, los muslos tensos, los brazos marcados de venas, gemía bajo, como un animal controlando el rugido.

    Hasta que no pudo más.

    Soltó un gruñido ronco desde el fondo de su pecho, casi una bestialidad, se vino dentro del fleshlight, a chorros, su semen caliente brotando con fuerza, llenándolo, rebosándolo.

    El juguete goteaba, espeso, blanco.

    Marco se inclinó hacia adelante, jadeando, sudado, las gotas de sudor resbalándole por el pecho y los trapecios hinchados.

    Me extendió el fleshlight, aún palpitante en su mano.

    —Tu turno, cabrón —me dijo, con esa sonrisa sucia de victoria.

    Yo no dudé ni un segundo.

    Me levanté, bajándome los pants hasta las rodillas, mi verga ya estaba dura, vibrando, brillando con mi propio preseminal. Tomé el fleshlight caliente, resbaloso, cargado de su leche, el olor a macho fresco me invadió la cabeza, me enloqueció.

    Metí mi verga en el fleshlight, sintiendo la mezcla de calor, humedad, y la textura cremosa de su corrida que aún llenaba las paredes internas.

    La sensación era indescriptible.

    Brutal. Sucia. Perfecta.

    Empecé a bombear, lento primero, disfrutando cada milímetro, el roce viscoso, el calor animal, el peso del líquido que se agitaba con cada embestida.

    Los gemidos me salían solos.

    Marco se reclinó en la cama, viendo todo, jadeando todavía, su mano en su verga semierecta, como admirando la escena.

    No tardé mucho.

    El placer subía como una ola imparable.

    Apreté los dientes, bombeé más rápido, y con un gruñido gutural, me vine también, soltando toda mi carga dentro del fleshlight saturado.

    El juguete, ya completamente lleno, empezó a gotear semen mezclado por los bordes, tibio, brillante.

    Ambos quedamos un momento en silencio, respirando fuerte, nuestras pieles brillando de sudor, nuestros cuerpos latiendo todavía con los últimos espasmos de placer.

    Después, nos miramos, sin palabras, no sabíamos qué seguía.

    Agarré una copa del minibar, con cuidado, incliné el fleshlight sobre ella, el contenido cayó: un flujo pesado, espeso, blanco, caliente.

    La copa se llenó hasta el borde.

    Nos miramos, riéndonos, sudados, sabiendo que habíamos llevado la camaradería a otro nivel que no muchos podían entender.

    Esa noche, no solo compartimos cuarto… compartimos algo más salvaje, algo más crudo

    Segunda parte: El reto.

    La copa estaba allí, llena hasta el borde, caliente y espesa. Nuestro semen mezclado, nuestras corridas frescas, desbordándose en un símbolo perfecto de lo que acabábamos de hacer.

    Nos mirábamos entre risas pesadas, todavía sudados, todavía con las venas marcadas de la tensión.

    —Y ahora… ¿qué hacemos con esto? —preguntó Marco, medio en broma, pero con un brillo retador en los ojos.

    Yo sonreí de lado.

    —¿Te atreves a ir más lejos? —le dije, acercándome a la copa.

    Él se cruzó de brazos, todavía con la verga colgando, semi endurecida, mirándome directo.

    —¿Qué tienes en mente, cabrón?

    Sin decir palabra, agarré la copa, la levanté y la acerqué a mis labios. La mezcla caliente olía fuerte, potente, masculino. Mi lengua salió, recogiendo un poco del borde. Hasta que empecé a beberla lentamente.

    El sabor denso, salado, amargo y caliente me explotó en la boca. Era brutal, era como beber la esencia misma del sexo.

    Él soltó una risa nerviosa, pero su verga empezaba a endurecerse otra vez, lentamente.

    —No mames… —susurró, excitado.

    —¿Qué, te rajas? —lo reté, extendiéndole la copa.

    Por unos segundos dudó. Pero la testosterona, la adrenalina, el fuego de lo que habíamos hecho… pudieron más.

    Se acercó. Tomó la copa con una mano firme, la levantó y me miró una última vez. Bebió un trago largo y espeso, dejando que parte de nuestra corrida bajara por su garganta mientras sus ojos se cerraban, disfrutando del asqueroso placer de romper cualquier límite.

    Cuando bajó la copa, se limpió la boca con el dorso de la mano, su respiración pesada.

    —Verga… —jadeó, con una sonrisa cargada de lujuria.

    El ambiente se volvió eléctrico, estábamos duros de nuevo. Las reglas habían volado a la mierda y el ambiente estaba cargado: calor, testosterona, olor a sexo y sudor de hombre.

    Los dos estábamos de pie en el cuarto, completamente desnudos, con las vergas duras, venosas, palpitando, retándonos con la mirada.

    No había necesidad de palabras, solo instinto puro.

    Él fue el primero en moverse. Se sentó al borde de la cama, abriendo las piernas, su verga dura apuntando hacia arriba. Me miró y sonrió de manera sucia.

    —¿Qué esperas, cabrón? —me dijo.

    Yo me acerqué. Me paré frente a él. Empecé a jalármela, lentamente al principio, luego más rápido, mientras él también se la jalaba, sincronizándose conmigo.

    Los dos nos bombeábamos con fuerza, la respiración pesada, los músculos tensos, las gotas de sudor resbalando por nuestros torsos marcados.

    Mi objetivo era claro: vaciarme sobre su pecho, marcarlo con mi corrida caliente, dejar mi huella sobre su piel.

    El sonido húmedo de nuestras pajas llenaba el cuarto, mezclado con jadeos, gruñidos, gemidos de placer contenido.

    Él inclinó la cabeza hacia atrás, ofreciéndose, mientras yo aceleraba, sintiendo el fuego subir por mi columna, hasta que no pude más, con un gruñido salvaje, me vine sobre él.

    Mi corrida salió en chorros gruesos, calientes, salpicándolo en el pecho, el cuello, parte de su cara. Él jadeó al sentir el calor de mi leche marcándolo.

    Sin perder tiempo, mientras mi leche chorreaba por su piel, él siguió bombeándose frenéticamente, su verga palpitaba lista para explotar, me acerqué más, desafiándolo.

    —Hazlo sobre mí, cabrón —le dije.

    Él gruñó, apretó los dientes y, segundos después, se vino también.

    Su corrida salió con fuerza, bañándome el abdomen, los pectorales, un poco en la cara, deslizándose caliente sobre mi piel, mezclándose con el sudor y el olor a macho.

    Ambos quedamos jadeando, sudados, cubiertos de nuestra mezcla, compartiendo el placer más animal, más masculino, más crudo que habíamos sentido jamás.

    Nos miramos, sonriendo como bestias satisfechas, sin una pizca de vergüenza. Éramos dos bestias, bañadas en el resultado de nuestro placer, sudor, semen y calor cubrían nuestras pieles tensas, marcadas por el entrenamiento diario.

    Me miró, su respiración aún agitada, y sonrió con esa expresión de macho cabrón que no conoce límites.

    —Ya que estamos así… —dijo, acercándose—. Vamos a aprovecharlo, ¿no?

    No hubo discusión, su mano áspera se posó sobre mi abdomen, recogió parte del semen que escurría, y lo frotó sobre mi pecho, extendiéndolo como un ungüento caliente, pegajoso, masculino.

    Yo hice lo mismo. Puse mi mano entre su pecho duro, sus pectorales sudados y empecé a embadurnarlo con su mezcla, sintiendo la textura resbalosa entre mis dedos.

    Poco a poco, nuestros cuerpos se fueron juntando más, los torsos pegándose, las gotas resbalando entre nosotros, el calor volviéndose insoportable.

    Nos apretamos, pecho contra pecho, resbalándonos uno sobre el otro, con cada movimiento los músculos chocaban, los pezones duros rozándose, nuestras vergas endurecidas frotándose, deslizando una contra la otra con nuestro propia leche como lubricante.

    El contacto era brutal, sucio, adictivo.

    Gruñíamos bajo, mientras nos movíamos, restregándonos contra el cuerpo del otro, como animales cubiertos en su propio rastro de placer.

    Sentía su verga dura y caliente resbalándose contra la mía, atrapadas entre nuestros abdómenes marcados, frotándose una contra otra, humedeciéndose aún más con la mezcla tibia que cubría todo.

    Nos agarrábamos fuerte de las nucas, de las espaldas, presionándonos más y más, sin separación, solo calor, carne, fuerza.

    Cada frotada nos arrancaba gemidos bajos, cada resbalón nos incendiaba más.

    Hasta que no aguantamos más.

    Volvimos a estallar, esta vez directamente entre nosotros, sin espacio, sin aire, solo cuerpos entrelazados explotando en un nuevo torrente de semen, cubriéndonos aún más, haciendo que el líquido resbalara entre nuestros músculos tensos y sudados.

    Nos quedamos abrazados unos instantes, pegados, respirando agitados, sintiéndonos llenos, sucios, dominados por el deseo más puro y masculino.

    Nuestros cuerpos estaban tan cubiertos de semen que ya no sabíamos qué era sudor y qué era corrida, cada centímetro de piel resbalaba contra el otro, caliente, pegajoso, cargado de deseo masculino desbordado.

    Nos miramos, jadeando, sonriendo como dos guerreros sabiendo que la batalla aún no había terminado.

    Él me empujó hacia la cama caí de espaldas, sintiendo la sábana pegarse a mi piel bañada. De inmediato, se lanzó sobre mí, su cuerpo pesado, musculoso, aplastándome, el calor brutal entre nosotros.

    No hubo pausa, empezamos a frotarnos salvajemente, verga contra verga, pecho contra pecho, estómago contra estómago, todo resbalando, chapoteando en nuestra propia mezcla.

    Cada movimiento era rudo, animal, hambriento. Nuestras manos se aferraban a los músculos del otro: espalda, hombros, glúteos endurecidos. Tirábamos, apretábamos, empujábamos, queriendo fundirnos en un solo cuerpo.

    Él gemía sobre mi oído, gruñidos bajos, potentes. Yo arqueaba la espalda, sintiendo su peso, su dureza, su calor brutal dominándome.

    Nuestros fierros resbalaban uno contra el otro, atrapados entre nuestros cuerpos, bombeándose al ritmo de nuestro choque, aplastados entre los abdómenes duros, chorreando cada vez más.

    Hasta que otra ola de placer nos golpeó, primero él. Se vino gruñendo sobre mí, su verga soltando otro torrente caliente que se mezcló con lo que ya nos cubría, su cuerpo tembló encima del mío, jadeante, rugiendo de placer.

    Eso me arrastró también, bastaron unos segundos más de frotarnos, de resbalar su leche fresca contra mi verga, para que yo también me viniera brutalmente, empapándonos aún más.

    Ambos quedamos jadeando, aplastados, pegajosos, exhaustos.

    Nuestros cuerpos seguían latiendo de calor. El cuarto apestaba a sexo, sudor, semen. El espejo del armario mostraba el reflejo de dos bestias cubiertas, rendidas, satisfechas.

    No dijimos nada. Solo permanecimos ahí, abrazados, resbalándonos, sintiendo el pulso de la piel, del músculo, del deseo que nos había consumido.

    Hasta que el cansancio ganó. Nos dejamos caer uno al lado del otro, respirando como animales después de una cacería salvaje.

    Sonriendo. Sabíamos que esa noche no sería solo un recuerdo sucio. Sería nuestro secreto de guerra, el lazo inquebrantable entre dos machos que se dieron todo, hasta la última gota.

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  • En el taller mecánico

    En el taller mecánico

    Retomando el tema con mi compañera de la farmacia Denis, ella era madre soltera y yo sabía que tenía varios novios con los que salía, después de la aventura que tuve con Rubén pues ella me había insistido en salir con él, pues era su amigo.

    Pasaron un par de meses cuando empezó a insistirme de acompañarla nuevamente al taller donde trabajaba Raúl, su novio. Ya en una ocasión habíamos ido a un convivio ahí con ellos, en esa ocasión yo llevaba un pantalón de mezclilla que me ajustaba perfecto, dejando ver mi cintura y mis caderas, fue cuando me presento al dueño del taller el señor Miguel, quien era un tipo alto medio delgado de entre 50 y 52 años, y a los otros chicos que trabajaban ahí, Juan y Kike.

    Estuvimos un rato cuando Armando -mi esposo- me hablo que iríamos Con Efra mi compadre a la Feria, yo sabía que eso terminaría como siempre que nos veíamos, ellos dos me hacían su puta. Miguel al saber que me marchaba insistió en que volviera en otra ocasión, y le dije claro, ya verás pues me había agradado el tipo.

    Paso un tiempo y Denis me comentaba que el señor Miguel siempre preguntaba que cuando volvería, por lo que nos dijo a Marlene y a mí que habría un convivio, que si la acompañábamos al taller donde trabajaba Raúl, para eso yo andaba nuevamente en turno de noche por lo que nos daban 2 días de descanso, me tocaría viernes y sábado, y para ir sin problema con Denis ese viernes le dije a Armando que solo tendría un día de descanso porque había inventario.

    Salí de mi casa como de costumbre, con mi uniforme blanco de la farmacia, pero en el carro llevaba ropa para cambiarme, pasé a casa de Denis y me puse un vestido completo negro con cuadros que me ajustaba bien a mi figura, Marlen no pudo ir, por lo que nos fuimos solo Denis y yo.

    Cuando llegamos ya eran las 9 de la noche por lo que estaban ya conviviendo entre ellos y al vernos llegar Raúl se acercó, saludamos y el más emocionado era Miguel su jefe, quien me saludo y de inmediato nos ofreció de beber, Juan y Kike que se veían jóvenes más o menos a la edad de Raúl y Denis unos 24 años, empezaron a poner música y conforme fuimos entrando en confianza los muchachos me preguntaron qué cuantos años tenía y yo les conteste 36 años a lo que dijeron, te ves más joven pues modestia aparte, me sentía más bonita y sobre todo con mejor cuerpo que Denis, soy chaparrita 1.60 con mi cintura y caderas mejor formadas.

    Raúl y Denis se pusieron a bailar y Denis les dice, saquen a bailar a Jenny y rápidamente se levantó Kike y me saco a bailar, estuvimos bailando por un rato y a mí me tocó bailar con los tres, Juan, Kike y Miguel el dueño, que me veía mucho mis caderas, después de un rato alguien dijo que se estaba acabando la bebida, Miguel le dice a Raúl ve a traer más, pero se llevó a Denis.

    Al salir, Denis les dice «Les encargo a mi amiga chicos» «trátenla bien» mientras yo seguía bailando con ellos, yo estaba tomando tequila, por lo que empecé a ponerme más alegre y desinhibida, cuando bailaba con Juan se animó y comenzó a bajar sus manos a mis caderas.

    Al ver que no dije nada agarro mis nalgas, como no puse resistencia pues ya me estaba poniendo caliente y acostumbrada a hacer eso, pero con mi esposo y Efra mi compadre, no me causaba tanta incomodidad, que me estuviera agarrando delante de sus compañeros, saberme deseada por esos tres hombres, me hizo recordar que Armando mi esposo, en su calentura me preguntaba si me gustaría coger con más de dos, eso me daba vuelta en la cabeza y me estaba poniendo muy caliente, me imaginaba siendo poseída por más de dos, yo los volteaba a ver y me sonreía con los tres.

    Ellos al ver que no ponía resistencia a sus caricias Miguel, me saco a bailar y mientras me agarraba las caderas, el cabrón me fue subiendo el vestido dejando ver mis nalgas, al ver que llevaba una tanga negra, Juan y Kike se emocionaron y dijeron «que ricas nalgas tienes Jenny» yo solo volteaba a verlos y reía con ellos, con el vaso de tequila en mi mano los invite a bailar junto a nosotros, entre los tres me hicieron rueda y con mi baile les empecé a repagar mis nalgas sobre la verga de cada uno, ellos se emocionaron más y me empezaron a tocar todo el cuerpo.

    Yo también comencé a tocarles su bulto sobre el pantalón para sentir sus vergas, la de Miguel se sentía grande y muy dura, de inmediato ellos se me repegaron también junto a mí y dándoles mi espalda les pasaba mis nalgas por su verga, sentía como ya todos la tenían dura.

    Comenzaron a agarrar mis pechos y les dije ¿quieren sacarlos? Pues mis nalgas ya estaban descubiertas, yo me quite el vestido para quedar solo en tanga y mi sostén detenía mis tetas que ya estaban al aire y ellos me las empezaban a mamar, pegándose Juan y Kike como si fueran unos bebes acabándose de criar, yo les frotaba la verga por encima, en eso el señor Miguel se sacó la verga y la comencé a frotar y pude ver que era grande y algo gruesa, Juan y Kike hicieron lo mismo, y a los tres les comencé a acariciar mientras me besaban el cuello y me chupaban las tetas, eso me pone muy caliente y desinhibida.

    En eso Miguel me beso en la boca y agarro mi cabeza llevándome hacia su verga me incoó y quede, ahí en medio de los tres, comencé a mamar la verga de cada uno, se las recorría con mi lengua, al mamar la de miguel pude comprobar que era muy grande, le recorrí todo el tronco de la punta hasta los huevos, que le colgaban y se los chupe uno a uno pues no me cabían juntos como los de mi esposo, Miguel entre balbuceos decía «mamas riquísimo» Juan y Kike acercaron sus vergas que ya tenían en sus manos, yo volteaba hacia arriba para verlos a los ojos pues me calienta mucho ver sus caras de placer.

    Estuve mamándoles alternando entre los tres, algo que sabía hacer muy bien, aunque esta vez, eran tres vergas y no solo dos como siempre, con mi esposo y Efra, después de mamarles por un rato, Miguel dijo, vamos a un cuarto, y nalgueando mi culo me llevaron hacia un sillón donde se sentó Miguel y me dijo, móntate en mi verga.

    Yo ya quería sentir como me entraba todo ese trozo de verga, se la mame para llenarla de saliva y me la apunte para írmela introduciendo poco a poco hasta sentirla en lo más profundo de mí, lo comencé a cabalgar como lo hacía con mi compadre, me movía como perra en celo.

    Escuchaba decir a los chicos «que rico se mueve» (obvio con las palabras que suelen decir los hombres) eso me ponía más caliente y me hacía gemir de placer, entre mis gemidos le decía «que rica verga tienes cabrón» y el me respondía «que rico te la comes» como casi hacia venir a Miguel con mis movimientos me detuvo y fue cuando Kike pidió probar, se sentó y me cambie para montarlo a él, me incruste su verga que era poco más chica pero igual de rica, después de cabalgarlo por unos instantes me detuve y volteando a ver a Juan le dije, ¿quieres meterla también tú?

    Él dijo ¿a poco aguantas las dos?, -yo sonreí, pues no sabían que estaba acostumbrada a recibir dos vergas, ya que en los tríos que hacía con Efra y mi esposo siempre me la meten los dos, me incliné un poco para facilitar que Juan pudiera ir metiendo su verga por mi culo, que ya estaba bien húmedo. cuando ya estaban las dos adentro comenzaron a moverse a un solo ritmo y ellos junto conmigo gemíamos los tres y Miguel con su verga en la mano nos veía, diciendo «que vieja tan rica» después de un rato, entre mis gemidos escuche a Denis decir; – ¡no mames Raúl se están cogiendo a Jenny entre todos!

    Juan y Kike con su verga dentro de mi le dicen, nos dijiste que la tratáramos bien, coge bien rico «es toda una puta tu amiga», Raúl dijo «que rico aguanta las dos juntas» como que eso los éxitos más y sentí como Juan Y Kike descargaban sus chorros dentro de mí, y yo más me movía, hasta dejarlos sin fuerza, nos quedamos así yo entre los dos sin fuerzas sobre Kike y Juan sobre mí.

    Cuando Juan se quitó. Miguel al ver mi culo lleno de semen y a su disposición dijo, «ese culo tiene que sentir mi verga» me levanto de con Kike, me empino ante la mirada incrédula de Denis que veía el tamaño de la verga de Miguel, Raúl que le dijo «no mames Miguel te la vas a coger por el culo», Miguel me restregó su verga por mi concha que escurría de semen y fue metiendo poco a poco su gran verga en mi culo, sentía como iba entrando y me iba partiendo mis entrañas hasta que Miguel dijo, «cabrona te la comes toda», ni mi vieja me la aguanta como tú.

    Eso lo puso muy caliente y comenzó a darme unas embestidas que me hacía gemir, casi gritar, pues no había sentido una verga tan grande por mi culo, el cabrón de Miguel ya con mi culo bien dilatado que recibía esa gran verga duro buen rato partiendo mi culo, y entre mis gemidos y los movimientos de Miguel pude ver que Denis ya estaba mamando la verga de Raúl que seguía observando con asombro como aguantaba la verga de Miguel.

    Miguel seguía partiéndome por el culo y decía «las mejores putas son las de casa», en eso dice Raúl «yo también quiero probar a Jenny», Miguel exclamo y sus primeros chorros los aventó dentro de mi culo, pero la saco y me vacío gran parte de su semen en mis nalgas mientras sacaba y metía su verga de mi culo, después le dice a Raúl, ¿quieres probar este culo riquísimo?,

    Escuché a Denis decir, ¡Raúl no mames! ¿te la vas a coger?

    Juan y Kike que ya se estaban jalando su verga otra vez se acercaron a Denis para distraerla, le acercaron la verga y pusieron a mamar mientras Raúl me dio unas nalgadas y dijo «siempre te he tenido ganas Jenny», yo le sonreí y con voz baja le dije «solo tu faltabas» agarre su verga, le di unas mamadas y luego me monte sobre el para cabalgarlo, sentía mi conchita y mi culo rosado de tanta verga y con el semen de los otros, pude sentir como le resbalaba su verga en mi conchita, mientras a Denis ya la tenían empinada con una verga adentro y mamando otra, yo continúe moviéndome y haciendo disfrutar a Raúl.

    Mientras Raúl agarraba mis nalgas y mordía mis pechos, yo le movía mis caderas, así me aguanto un rato hasta que sintió que iba terminar y me dice «quiero echártelos en tu hermosa carita» se quitó, yo rápidamente me puse de rodillas para recibir sus chorros mientras le jalaba la verga con más velocidad para sacar toda su leche, con una exclamación de placer vacío su leche en mi boca y mi cara, al ver eso Miguel que le tenía su verga en la boca a Denis, se acercó y jalando también su verga, me vacío otra vez su semen, dejándome mi cara toda llena de su leche, restregando su verga sobre mis labios los dos dijeron; «esta si es una verdadera hembra»

    Me quedé ahí hincada mientras limpiaba su semen, los veía con satisfacción, mientras pensaba «en qué momento me convertí en su puta» Raúl no conforme me empino y dijo quiero sentir tu culo, y con su verga un poco flácida la metió en mi culo que aún estaba dilatado y aunque con su verga menos dura volvió a darme unas embestidas, yo sentía como le resbalaba muy rico, dándome nalgadas y diciéndome vulgaridades volvió a correrse dentro de mi culo.

    Yo quede recostada sobre el sillón completamente llena de semen en todos mis hoyitos bien rosados por tantas vergas, en eso el cabrón de Raúl les dice, vacíen su leche en la cara de Denis que también es una puta, -Denis dijo, «son unos cabrones» al tiempo que Juan y Kike la obligan a tragar su semen y Miguel se acercó para que también se la limpiara.

    Nos quedamos todos sin ropa por un momento viéndonos, sobre todo ellos a nosotras, mientras ellos se decían, como habían satisfecho sus más bajos deseos y nos habían convertido en putas «sobre todo a mí, que los cuatro me habían cogido». Ya eran las 4 de la mañana yo me fui al baño para tratar de limpiarme tanto semen de todos ellos en mi cuerpo, nos cambiamos y me fui a bañar a casa de Denis, para llegar a mi casa a la hora de costumbre, pues se suponía que andaba trabajando.

    Esa fue mi primera vez con más de dos hombres a la vez y debo decir que por instantes sentía vergüenza, pero a la vez me ponía caliente, antes de eso, Armando me preguntaba que cuantas vergas juntas aguantaría, -yo le decía que tres, pero ese día, fueron cuatro y sobre todo la verga de Miguel que era la más grande que me habían metido y que había aguantado por mi culo, pues era la verga de mi esposo la que casi siempre entraba por mi culo, pero no era tan grande como la de Miguel.

    Denis me decía entre risas, «amiga no sabía que fueras tan puta» pasaron unas semanas cuando recibí unos mensajes de Raúl, el novio de Denis en el que me mando unas fotos y diciéndome que cuando volvía al taller, quería que fuera yo sola, porque querían volver a cogerme, estaban emocionados porque me había dejado coger con todos juntos, y les había gustado, -me dijo;

    El pinche de mi patrón quiere volver a partirte ese culito, no deja de decir que tu si sabes coger y eres la única que se la había aguantado sin quitarse, ya se imaginaran el tamaño de esa verga. Sin embargo, ya no volví pues al poco tiempo cambié de trabajo, Armando se dio cuenta de por las fotos y videos que me envió Raúl a mi MSN y le conté lo que paso, eso lo obsesiono por verme coger con más de tres. Y como ya me estaba gustando eso de tener más de dos vergas para mí, después de algún tiempo sucedió, pero esa será otra historia que ya les contare.

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  • Intensidad en el gimnasio (quizás demasiada)

    Intensidad en el gimnasio (quizás demasiada)

    Hola a todos.

    Era un viernes cualquiera de diciembre y tras una larga jornada de trabajo, decidí acabar mi día en el gimnasio. Entré en el gimnasio como a eso de las 20:30, me cambié y me dispuse a entrenar. Ese día estaba bastante calmado el ambiente: no había más que un puñado de jubilados, otros tantos chavales que habían venido a entrenar en solitario y una chica que no recordaba haberla visto antes por el gimnasio. Tenía la piel color chocolate. Llevaba gafas y el pelo atado en un moño. Llevaba puesto un sujetador deportivo y unos leggings negros que remarcaban su voluptuosa figura.

    Me acerqué a una máquina cercana a la que ella usaba, con la excusa de estirar un poco antes de ponerme serio. Me observó de reojo, y al ver que le devolvía la mirada con una sonrisa ligera, se la quitó de encima con un gesto tímido.

    -¿Eres nueva por aquí, verdad? No te había visto antes -le dije yo armándome de valor

    Se quitó un auricular y asintió.

    -Sí, es mi primera semana.

    Así comenzamos a hablar entre series. Se llamaba Raquel. Tenía una voz suave, diría que era dominicana por su acento. El entrenamiento se volvió casi secundario; pasamos más rato hablando que levantando pesas. Cuando ambos terminamos nuestras rutinas, coincidimos de nuevo en la zona de estiramiento.

    Fue entonces cuando me dijo:

    -¿Te importa si estiramos juntos? No tengo mucha idea con estos ejercicios.

    La ayudé con suavidad, corrigiendo sus posturas, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del mío. Una broma llevó a una mirada, la mirada a una pausa, y nos besamos. Unos cuantos besos cortos, sin excedernos debido al estar en público.

    Dani: ¿Quieres que vayamos a terminar el entrenamiento al vestuario?

    Raquel: ¿Estás loco? Nos puede pillar cualquiera que entre.

    Dani: Si ya son las 9 y eres la única tía que queda, creo que vayamos a tener el vestuario femenino para nosotros solos…

    Ella se quedó pensando un momento, mientras yo pasaba mi mano por sus voluptuosas piernas.

    Raquel: Venga, vale. Vete a por tus cosas, yo te espero en el vestuario.

    Un minuto después de que ella se marchase, yo hice lo mismo. Fui a mi vestuario, guardé todo en mi mochila, puse el “material de protección” a mano y con mi mochila al hombro, me colé en el vestuario de mujeres sin que nadie me viera. Ella estaba esperando sentada en un banco en el centro del vestuario. Se levantó del banco a medida que iba acercándome hacia ella y nos comenzamos a besar.

    Ella rodeo mi cuello con sus brazos a la par que yo manoseaba su culo a través de la tela de sus leggings. Se los comencé a bajar tímidamente, cosa que ella notó y se separó de mí para bajárselos completamente y quedando en bragas. Nos reímos brevemente y fuimos dirección a la zona de las duchas, que estaba algo más apartada de la puerta. La pegué a la pared y la saqué el sujetador por encima de la cabeza, para acto seguido volverla a besar a la par que masajeaba sus pechos desnudos. Me giró ella, dejándome con la espalda contra la pared.

    -No se vale, papi, tú aún no te has quitado nada -dijo ella mientras me besaba el cuello.

    Me ayudó a quitarme la camiseta y comenzó a bajar por mi torso hasta que, llegando a mi entrepierna, bajó mis pantalones liberando mi miembro.

    -Ummm, lo que tenías aquí escondido -dijo ella mientras masturbaba lentamente mi polla para acto seguido, metérsela en la boca.

    La chupaba lentamente, sacándosela casi entera y metiéndosela casi hasta el fondo en cada pasada. Coloqué mi mano en su cabeza, acariciando su pelo y acompañando sus movimientos.

    -“Que boquita de oro tienes, hija” -le dije, a lo que ella respondió con una sonrisa lasciva a la par que se sacaba de la boca mi pene y lo masturbaba.

    La alcé, y la coloqué con las manos contra la pared, con la espalda algo arqueada. Me agaché y después de bajar sus bragas, comencé a introducir mi lengua en su vagina desde atrás. Ella gemía y colocó su mano derecha detrás de mi cabeza mientras me comía su coño.

    Raquel: Ayyy, ya no aguanto más, quiero que me la metas ya.

    Fui a buscar el preservativo que había guardado en mis pantalones, me lo puse y tiré el envoltorio al lado de nuestras ropas en el suelo de la ducha. Me acerqué a ella por detrás y mientras nos besábamos, se la introduje hasta lo más profundo de su vagina, produciendo en ella un leve y prolongado gemido. Mis caderas chocaban con sus glúteos en cada embestida produciendo un sonido que resonaba por las paredes del habitáculo. Ella gemía bajito, como intentando no hacer mucho ruido.

    Raquel: Ayyy, qué rico. Y pensar que hoy estuve a punto de no venir.

    Dani: Pues ahora vas a recibir tu premio a la constancia.

    Raquel: Ummm, dame más fuerte, papi.

    La agarré del pelo un poco como pude y comencé a aumentar el ritmo de mis embestidas.

    Raquel: Ah, ah, ah, ah, dios, qué gusto, sigue por favor, que ya me voy a venir

    Así seguí unos segundos más, hasta que finalmente se corrió, soltando un fuerte y prolongado gemido y empapando todas mis piernas. La dí un azote y un beso desde atrás antes de salirme. Se volteó y yo comencé a bajar por su cuerpo, pasando por su cuello, sus pechos y su abdomen, hasta llegar a su coño, el cual me estuve comiendo un rato para que mi polla descansara. Ella volvió nuevamente a poner su mano sobre mi cabeza, acariciando mi pelo mientras gemía con la boca cerrada.

    -Qué bien me lo comes, pero ya quiero más de tu polla -masculló ella entre gemidos.

    -Pues sírvete como quieras -le dije yo tumbándome en el suelo.

    Ella se tumbó encima de mí, restregando sus pechos por todo mi torso hasta unirse conmigo en un beso. Yo a la par, desplazándola hacia abajo con mi mano izquierda en su culo y con la derecha apuntando con mi pene, la coloqué en la entrada de su vagina y acabó entrando por inercia.

    Ella se alzó y con su cara hacia arriba, comenzó a botar sobre mí. Mis manos transitaban entre manosear sus grandes pechos y controlar el movimiento agarrado de sus caderas.

    Dani: Dios, que bien se siente tu coñito.

    Ella se volvió a tumbar encima de mí, directa a besar y morder mi cuello, y haciendo suaves movimientos de cadera. Yo no aguantaba más con la excitación, así que situé mis caderas más hacia abajo, flexioné mis rodillas y agarrándome a su culo, comencé a taladrarla. El choque de mis huevos con su culo resonaba como una fuerte palmada produciendo eco en las paredes de aquellas duchas.

    Raquel: Ayy, si, si, si, si, sigue, por Dios, ¡qué gusto!

    Así continuamos los dos, casi en estado de éxtasis, durante lo que serían unos 30 segundos más, cuando un sonido de algo elástico cediendo apareció: se había roto el preservativo.

    Ella se lo sacó con un leve gemido y se sentó a la altura de mis caderas. Me quitó el preservativo usado y lo tiró unos metros lejos de nosotros, para segundos después, mirarme con lascivia mientras se lo volvía a meter.

    Volvió a botar agresivamente sobre mis caderas mientras no paraba de gemir. Mis caderas estaban ya extremadamente encharcadas, produciendo un leve chapoteo en cada metida.

    Raquel: Ayyy, ¡qué rico coger contigo sin condón!

    Yo estaba en el séptimo cielo, gozando de lo apretadito que estaba su coño. Así continuamos durante unos minutos hasta que yo ya sentía que estaba a punto de correrme. La avisé para que se quitara, pero en lugar de ello ella se tumbó encima de mí como antes. Yo entendí el mensaje y comencé a taladrarla fuertemente como antes. Tras unos segundos, me vine dentro de ella, lo cual produjo un largo gemido en los dos, y continué durante un breve periodo de tiempo hasta que ella finalmente se vino.

    La di un azote nada más acabar, y nos besamos pasionalmente con mi pene aún dentro de ella. Se salió de mí, dejando caer un hilo de mi esperma encima de mi pierna. Nos duchamos juntos (sin ningún incidente más), nos vestimos y nos marchamos juntos disimulando un poco.

    Ya en la puerta, intercambiamos números y nos despedimos pasionalmente.

    -A ver cuando repetimos el entrenamiento -dijo ella guiñándome un ojo mientras se alejaba.

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  • De princesa a cualquiera

    De princesa a cualquiera

    Soy Elena y esta es mi pequeña historia de sobre mis inicios de mi gran cambio.

    Soy una chica de 30 años, no tengo el cuerpo de revista o de actriz porno, pero si me defiendo bastante bien tengo unas tetas algo grandes 36-C y algo de culo no tan chico, pero si firme, soy de tez morena pelo largo unas 2 pulgadas arriba de la cintura mido 1.60 y peso 64 kg,

    Siempre he sido una chica de ciudad e hija de casa ya que mis padres siempre han sido muy a la antigua en cuestión de educar a sus hijos, cuento este pequeño detalle ya que es de saber para saber las reacciones de mi familia

    Bueno era por el 2020 en el Estado de México yo tenía en ese entonces 25 años y estábamos a inicios de la pandemia yo trabajaba en una zona industrial muy cerca de los límites de la CDMX estaba soltera y estaba conociendo a un chavo que me movía completamente todo de mi ser. Él se llama Irvin, tenía 20 años en ese entonces, medía 1.75, delgado cuerpo algo atlética, tenía el pelo negro algo largo y él es de tez un poco más clara que la mía.

    Era un viernes por la tarde salimos de trabajar y yo tenía planes ya con mis amigas, pero decidí invitarlo y fuimos un bar cercano como a unos 5 min. Y todo estaba de maravilla tragos, baile, platicas y todo estuvo de maravilla tome unas buenas fotos de todos y más con él ya que en verdad me gustaba y así transcurrió hasta el momento de irnos eran ya como las 10 pm y ya que él se ofreció a llevarme ya que él vivía por el rumbo por donde yo vivía, tomamos un taxi y todo el camino nos fuimos besando, tocando y el ambiente iba en aumento hasta que nos dimos cuenta que ya estábamos llegando a mi casa.

    Bajamos del taxi pero mi calentura ya estaba a flote, y él me empezó a besar mientras una de sus manos ya estaba completamente en mis tetas y la otra entraba hábilmente en mi pantalón y de un leve movimiento ya tenía 2 dedos dentro de mi sentía tanto placer que me enloquecía ya que era mi primera vez que me trataban y me tocaban de esa manera en la calle y más estando más cerca de mi casa me sentía tan excitada y eufórica solo por pensar que en cualquier momento podría salir alguien y vernos, ya cuando me recupere estaba tan húmeda y sin darme cuenta él ya tenía su verga fuera del pantalón y de un jalón me bajo a mamarle la verga y de un golpe la metió estaba tan dura y caliente.

    Me supo tan rica tenerla en la boca que se la mame como unos 10 minutos hasta que se corrió completamente en mi boca saco tanto semen que algo se escurrió es mi blusa saco su verga de mi boca y seguía como piedra me levanto y bajo mi pantalón y movió mi cachetero un poco para poder meterla y de un solo golpe me clavo toda su verga y me empezó a embestir tan duro que solo pude recargarme en la pared más cerca para no caerme por la manera tan dura y brusca en la que me la metía saco mis tetas de la blusa y las dejo al aire mientras me embestía me jalaba del cabello mientras decía que era su puta.

    Y entre cada embestida me daba una nalgada tan dura que me hacía retorcerme tanto de dolor y de placer era tanto el gozo que no podía reprimir ni mis gemidos así transcurrieron unos 15 minutos y de unas fuertes embestidas se corrió dentro de mi mientras yo tenía mi primer orgasmo al sentir su semen entrando dentro de mí, me saco la verga y caí de rodillas el rápidamente metió su verga en mi boca mientras me decía: limpia todo maldita puta, mientras le limpiaba la verga ya algo flácida me escupió y me dio un par de cachetadas eso me prendió de nuevo y quería que me volviera a meter la verga.

    Y cuando se la estaba mamando más rápido el me la saco y me dio otra par de cachetadas y me dijo: que las putas no deciden cuando les dan verga y me paro me vistió y me dejo a en la puerta de mi casa me dio su número de cel. Ya que ese no lo tenía en esos momentos, me dio un beso tan cálido y tierno de forma de despedida mientras con su mano derecha me agarraba el culo y tan tranquilo me dijo desde que hoy serás mi puta y solo mía se dio la media vuelta y se fue.

    Entre a mi casa y mi padre ya me estaba esperando me dio un gran sermón porque ya era la 1 am y que horas son de llegar me dio tanta pena que no quise a acercarme a saludar ya que sentía que olía a sexo, pero no quería que el me oliera y se diera cuenta de lo que su dulce princesa se estaba convirtiendo en una puta me fui rápido a mi cuarto y me desnude para bañarme, salí del baño y me cambie para dormir me acosté en mi cama y reviso el celular y veo un mensaje de él, lo reviso y veo un par de fotos que me tomo sin darme cuenta y un mensaje que decía:

    “Desde hoy serás mi puta y estarás a mis ordenes las cuales las tendrás que seguir sin oponerte si no quieres que tu papi sepa que su princesa se convirtió en puta“.

    Me sentí excitada y algo molesta por ello ya que no pensaba que me intentara chantajear de esa manera ya que de verdad me gustaba y se lo dije en un mensaje y el solo respondió te veo mañana a las 6 pm en el parque cerca del trabajo lleva vestido sin lencería sino cumples veras las consecuencias y respondí con un: es en serio pero el ya no respondió más me acosté a dormir mientras pensaba en lo que paso y lo que me aria sino llegaba a cumplir y pensando no supe a qué hora me dormí.

    Y al día siguiente me levanté e hice todas mis cosas sin contratiempo alguno y alrededor de las 4 pm recibí su mensaje decía “te espero como te dije y ay de ti si no vas”.

    Tras leer el mensaje medio tanto calentura como nervios y al instante de eso me bañe y me arregle tal y como él me dijo salí de casa alrededor de las 5 pm y alcance a llegar apenas y él estaba ya ahí esperándome, me chuleo ya que si le gustaba como iba llevaba un vestido negro entallado del cuerpo sin tirantes y apenas se sostenía por la firmeza de mis tetas al momento.

    Me beso tan tierno y una de sus manos se pozo en mi culo mientras lo frotaba y agarraba mientras me seguía besando, y al pasar los segundos metió mano directamente debajo del vestido y se fue directo a mi vagina la cual ya empezaba a humedecerse sentía tan rico, que sentía en ese momento que había olvidado que me encontraba en medio parque público cerca del trabajo y a algunos metros se encontraba otra pareja la cual al momento que reaccione ya nos estaban mirando y más a mí con la cara de placer que me hacía sentir ya que en ese momento ya tenía 3 dedos dentro de mí y le dije:

    E: Vámonos de aquí nos están mirando

    I: No, me gusta que vean a mi puta disfrutar ¿Que no te gusta lo que te hago?

    E: Si, pero no nos quitan la mirada de encima Vamos a otro lado, ¿sí?

    Y al momento de decir eso me jalo hacia la pareja que nos miraba, me paro frente a ellos y dijo:

    I: ¿Les gusta bastante mi puta? -les pregunto descaradamente mientras sonreía

    P: si nos gusta bastante el espectáculo -dijo la pareja al mirarse simultáneamente mientras reían

    I: Quieren verme usar a mi puta aquí mismo -les dijo mientras con una mano me agarraba el culo y me besaba

    Ella: Claro que nos gustaría -dijo ella mientras le acariciaba la verga a su novio

    Él: Si nos gusta el espectáculo nos gustaría participar -dijo el intentando levantarme la falda un poco y ponerse a reír

    I: Claro que les gustara el espectáculo de mi puta y la podrán usar a su antojo- al terminar de decir eso me jalo del pelo me puso de rodillas y se sacó la verga de golpe

    I: Ponte a mamar verga-dijo al momento y la me la metió en la boca

    Empecé a mamarle la verga y a los segundos se empezó a sentir como se iba poniendo más y más dura el saque de mi boca y dije:

    E: Hay que ir a otro lado

    I: Las putas baratas no reprochan nada-me dio una cachetada me levanto de golpe y me metió la verga de golpe ya que tenía la vagina completamente húmeda me saco las tetas me puso de frente de la pareja y empezaron a mamarlas sentía tan rico que ya no pude aguantar mis gemidos

    I: Te gusta tanto ser usado puta -dijo mientras me daba varios azotes en el culo

    E: Si, si me gusta tanto -dije mientras me seguían usando

    Al momento la chica se levantó y saco la verga de su pareja la cual ya estaba dura y la puso en mi boca para que se la mamara y así lo hice mientas ellas besaba a su pareja.

    Ella: Te gusta como la mama esta puta barata amor le pregunto a su novio

    Él: Si lo hace tan rico la muy puta-dijo mientras le metía los dedos a su novia bajo el pantalón

    I: Si la puta lo mama bastante rico.

    Al decir eso me saco la verga y se sentó en la banca que estaba ahí cerca me jalo y me sentó en su verga y con un gesto que hizo de la mano la pareja se acercó y el chavo de un golpe me metió la verga por el culo era tal el dolor que no me aguante y solté un grito el cual la chava lo callo con un beso mientras me agarraba las tetas sentía dolor y tanto placer al tener mi primera doble penetración que casi al instante me corrí de golpe y pero ninguno de ellos me sacaba su verga hasta unos minutos después que sentí que caliente el culo y me di cuenta que se había corrido el chavo.

    Él: Que culo tan rico tiene esta puta -al decir eso jalo a su pareja y la puso a limpiarme el culo que me escurría completamente de semen de su pareja al terminar de limpiarme el culo se puso frente a mí y me dio el semen en un beso sabia un poco raro ya que era mi primera vez que lo probaba recién salido de mi culo, me dieron ganas de escupirlo

    Ella: Si lo tiras veras -dijo y me dio dos cachetadas que me calentaron aún más y me lo trague de golpe y le enseñe que ya me los había tragado fue con su novio y le dio un beso mientras le sobaba la verga que todavía estaba un poco dura, mientras Irvin se acomodaba me mordía las tetas y aumentaba las embestidas cada vez más y más duras y al instante se corrió tanto que sentí tal placer que parecía que me desmayaba del placer, me jalo de la mano de golpe y me tiro al piso estando de rodillas de nuevo ambos se acercaron y me pusieron a limpiarles la verga a ambos mientras me escurría el semen entre mis piernas, sacaron sus vergas y las guardaron mientras yo seguía intentado recuperar la noción de todo lo que había hecho.

    Al pasar unos minutos la pareja se fue sin antes la chica me dio un beso y sentí que me metió algo en mi vagina toda escurrida y se fueron sin dar vuelta atrás mientras Irvin me veía mientras fumaba un cigarro tranquilamente me levanté y mientras me acomodaba el vestido.

    I: Ya estas lista ya llega el carro -dijo tranquilamente mientras terminaba su cigarro y me tomaba de la mano hacia el carro caminando tranquilamente como si fuéramos una pareja.

    Subimos al carro en todo el camino me fue abrazando y besando tan amorosamente, al llegar a mi casa se bajó del carro me abrió la puerta y me ayudo a bajar me dejo frente a la puerta de mi casa me dio un beso tan apasionado y cariñoso y se despidió al abrir la puerta y entrar solo alcance a ver cómo se iba alejando tranquilamente me dirigí directamente a mi cuarto cerré y me tire directamente en mi cama y recordé que la chava al despedirse me metió algo en la vagina revise y saque una pequeña bolsita con 1000$ y una pequeña nota que decía: me gustaste tanto que te quiero para mí y venia su número de teléfono y su nombre de ella.

    Pero esa historia será para otra ocasión ya que con ella la historia es algo larga solo esperen la actualización de cuando fui su puta y fuimos putas de Irvin.

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