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  • Economista y prosti: Con Manuel, solos y sorpresa final (1)

    Economista y prosti: Con Manuel, solos y sorpresa final (1)

    No les extrañe que este relato sea rotulado como “Amor Filial”. Al final, sorprendo a Manuel con algo muy especial. Por razones de extensión del relato se publica en dos veces, la segunda aparecerá lunes o martes, después del feriado.

    Un beso, queridos lectores. Y a todos, felicidad en estos días especiales, al menos para algunos.

    Era notorio el deseo de Manuel (o Manu) de concretar cuanto antes. Me llamaba todos los días, y finalmente pude concretarle (Tommy estaba de acuerdo, ¿lo recuerdan?) una noche completa. Me aseguré incluso de poder descansar un poco al no tomar compromisos (de ninguna de mis actividades ja ja) hasta la 1 pm del día siguiente al comienzo del encuentro.

    Lo pude hacer un martes de noche. Y lo armamos tranquilamente, pues Tommy me dijo que cuando conversaron a solas antes de llegar yo, en la inauguración, Manuel le contó que es separado en trámite de divorcio.

    Manu propuso comenzar cenando, y luego ir a mi “oficina putihogar” lo cual me pareció un lindo detalle de su parte. No me causaría problemas, pues siempre puedo argumentar que es una cena de negocios, (lo fue en realidad, ja ja), con un interesado en informes de mi Asesoría.

    Una cena normal, muy agradable, donde Manu me contó un poco de su vida, y yo de la nuestra con Tommy, poniéndolo al tanto de cómo fue que decidí primero entregarme a otro hombre, y casi al mismo tiempo, probar de entregarme por dinero.

    Por supuesto, le conté que esto era algo muy placentero para mí, y que lo hago entregándome sin limitaciones, como ya dije alguna vez, “mi amor es de Tommy, pero en el sexo, trato a todos por igual”.

    Él, muy afable y divertido, comimos poco y liviano, y bebimos solamente agua, ambos debimos conducir hasta mi Asesoría. Les comento, que bien se ve el cartel en la puerta: Sofía XXX, Economista, Asesoría Financiera.

    Después de dos exquisitas ensaladas, abundante agua y dos cafés, eran apenas las 10 pm cuando nos fuimos a mi lugar, que, otro requisito de compra, tiene estacionamiento para dos vehículos.

    Al llegar, un encantador detalle de su parte… me entregó un sobre diciéndome: “cuenta, por favor”, a lo cual obviamente respondí: “de ninguna manera, confío en ti”. Nos besamos bastante y luego se excusó para ir al baño, (culpa del agua, ja ja), y yo subí a cambiarme, había ido con un sencillo pantalón negro, camisa blanca y un lindo chaleco de raso negro bordado con tema de flores.

    Dudé si encenderle el televisor para que me viera cambiarme, pero preferí crear algo de expectativa, aunque cuando la inauguración ya me había acariciado las tetas y me vio coger.

    Salí de la suite del piso superior y bajé la escalera, con mi querida boa de plumas blancas, bien enrollada en el cuello y en el busto, y colgando por delante hasta mi sexo. Una pequeña tanga blanca del tipo hilo y nada más. ¿Acaso debo decirles que llevaba zapatos de taco muy alto? De color negro, para contrastar con el blanco de las plumas de la boa y de la tanga.

    Bajé la escalera lentamente. Una vez abajo, me detuve frente a él y le pregunté si deseaba acaso un café. Dijo que no era necesario, que estaba muy despierto y atento.

    Conversamos un poco más acerca de nosotros, de su amistad y negocios con Tibu, y, la verdad, en todo momento me hizo presente cuanto le gusto.

    Sentados en el gran sofá de recibo de mi estudio de Economista, nos fuimos besando cada vez más, juego de lenguas, y lentamente yo misma me fui quitando la boa, lo cual causó en Manuel gran sorpresa, al advertir la desaparición de mi tirita de pelos, que en el futuro dejaré crecer nuevamente si me lo solicitan.

    Instantáneamente me acarició la zona, por encima del mínimo triangulito de la tanga, alabando la suavidad de la zona, recién depilada. Y encantado de la sorpresa. Ni que decir, sentados lado a lado, mis tetas compartieron las caricias con mi pubis, mientras nos besábamos con verdaderas ganas.

    Me paré, me quité la tanga frente a él, y, sabiendo que varios orales serían inevitables, decidí atar mi cabello en una “cola de caballo” para que no molestara, pero en vez de un broche o una gomita, utilicé mi tanga…lo cual nos llevó a un “Wow” de su parte, mientras, él sentado y yo parada, me daba un par de lengüetazos en la raya de mi concha.

    Nada ganábamos quedándonos abajo, lo tomé de la mano y lo invité a la escalera, donde obviamente, subí adelante, como corresponde. Además, podía “sentir” el fuego de sus ojos mirando (y, según me dijo, admirando) mi culo. Al llegar al dormitorio, mientras se desvestía, y ya totalmente en confianza, me miraba, (yo acostada de espaldas a él), y me dijo cuánto le gusto, como considera que mi culo es prácticamente perfecto, ni enorme ni pequeño, duro, elástico, “un placer verte en la escalera”. Me giré, ahora de frente a él y moví apenas mis tetas, ya un poco excitada por sus requiebros. Su verga dura me decía que muy pronto habría acción.

    Me levanté y fui junto a él, me puse de espaldas y atraje sus manos a mis tetas. Entendió cuán encendida estaba por la dureza de mis pezones, mientras su verga, dura y, debo decirlo, muy cabezona, se deslizaba lentamente entre mis glúteos, como jugando.

    Lo que eran caricias a mis tetas, derivaron en pequeños pellizcos a mis pezones, una delicia, me giré, y nos besamos de lengua, saliva va, saliva viene. Me arrodillé ante él (esto a los hombres les encanta) y comencé a chuparle la pija, luego de alabar, con toda justicia, lo cabezona que es, sin dudas, como una ciruela de buen tamaño, sobre un tronco agradable y con dos venas que resaltan. Una lateral, que se bifurca antes dela zona de glande, y una por la parte superior, más corta.

    Me encantó metérmela en la boca y lamerla. Manu me tomó de la cabeza y empujaba, metiendo la verga cada vez más adentro, hasta casi ahogarme, entonces aflojó la presión y saqué la verga de mi boca, dejando caer un chorro de saliva sobre mis tetas. Me las manoseó y fuimos a la cama. Allí, como era de esperarse, se la seguí chupando hasta que fue su turno. Y abrí las piernas invitándolo a retribuir gentilezas.

    ¡Vaya si lo hizo! Puedo decir que es un excelso chupa conchas. Primero fue la lamida, lengüetazos largos, húmedos que iban desde cerca del ano hasta mi clítoris.

    Luego, situó su boca sobre los labios de mi concha, e introduciendo la lengua, la movía rápidamente como si me penetrara, y luego, el súmmum… comenzó a hacer ventosa en mi concha, succionando y parando repetidamente, me sentía morir de placer, nadie me lo había hecho. Toda mi concha entre sus labios ¡como si me espirara!

    Y luego, con mi conchita chorreando mis jugos y su saliva, fue al clítoris, que como nunca (lo tengo pequeño), se asomaba apenas de su capuchón, en llamas. Comenzó a lamerlo y al mismo tiempo dos dedos entraron en mi concha como si me cogiera. No sé si estuvo minutos o segundos, pero estaba como en otro mundo.

    Sentía mis labios ardiendo y lo atraje hacia arriba. Entendió mi necesidad de ser besada y comenzó a jugar con sus labios y los míos. Atrapaba uno de mis labios en sus labios húmedos, luego yo le hacía lo mismo y seguidamente bajaba a morderme un pezón, subía de nuevo a mi boca y retomaba el apresar uno de mis labios entre los suyos. Y mientras tanto, no paraba de refregarme la verga en la entrada de mi conchita.

    Los dos lo deseábamos, puse mis piernas sobre sus hombros, pero él las llevó hacia mi pecho, lo entendí y las sujeté con mis manos. Imposible ofrecerle más o mejor mi tan deseada concha, recuérdese depilada, llena de su saliva y mis jugos, con mi clítoris apenas a la vista saliendo de su capuchón.

    Tomó su verga con una mano y me la comenzó a pasar por la concha, abriéndome los labios. Subía hasta restregar el clítoris y bajaba para empezar de nuevo. Hasta que ubicó la entrada y posicionó esa hermosa cabeza de pija que tiene, grande, de color rojo oscuro y cuando comenzó a metérmela fue tremendo. Despacio y con toda la vagina bien lubricada, se metió en mi para comenzar un hermoso vaivén. Yo jadeaba, él entraba a fondo y atiné a pedirle que la sacara y metiera. Fue glorioso, además, bien tirado sobre mí, me chupaba las tetas.

    Se pueden imaginar mi goce cuando comencé a sentir tibieza y chorros en mi matriz.

    Estaba super deseoso y siguió un poco más, con lo cual, se lo agradeceré siempre, pude llegar a mi orgasmo, algo no muy frecuente, mi espalda tensa, gritando, fue mi turno de mezclar más jugos con su semen.

    Giramos aún con la pija dentro de mí, y entonces me levanté y comencé a gotear sobre su vientre. Leche, flujo, seguramente también saliva… fue hermoso, y para nada ofensivo.

    Le ofrecí mis tetas unos momentos y luego bajé a recoger con mi lengua todo lo que había chorreado y además, le limpié la verga como suelo hacerlo a todos.

    Me acosté de frente a él, una costumbre que he desarrollado. Es algo que me encanta. Permite besarse, acariciarse libremente, pueden chuparme las tetas, puedo acariciarles la pija, me acarician la concha, suelo tomarle la cara entre mis manos y besar dulcemente al cliente con el que esté. Y un detalle no menor, podemos frotar nuestros pubis, lo que es placentero aunque la verga esté blanda. Por supuesto en esa posición y mientras se hace todo eso, la conversación fluye, inocente, pícara, familiar o muy muy sucia, según el momento. Me estaba lamiendo las tetas y yo le masajeaba el miembro, y recordé haber prometido ambos a Tommy que nos vería.

    Se lo dije a mi partenaire de ese momento, y me dijo que si, que lo llamara, que recordaba haber prometido ese contacto… y además ya eran las 00.30 del día siguiente. ¡El tiempo vuela cuando se pasa bien y se goza! Le sugerí a Manuel demorar un momento la llamada para concurrir al baño, lo cual aceptó de inmediato, pidiéndome que lo dejara adelantarse. Toda el agua de la cena hacía efecto en ambos ja ja.

    Se adelantó , y en total confianza, lo seguí dos minutos después. Hice lo mío, sin pudor, en confianza, mientras él regulaba la ducha.

    –Por suerte llegué al baño, dijo, ¡no quería tener un accidente en la cama!

    –Por cierto, dije. Hubiera sido lamentable ja ja ja…

    –Aunque no lo creas una vez una dama me lo pidió, dijo Manu

    –Te creo, pues tengo una amiga que me ha confesado que eso es su fantasía más recóndita. (Aclaro que esa dama de la fantasía es Mary).

    –Decile que estoy a la orden ja ja.

    Y un minuto después disfrutábamos juntos de una hermosa y reconfortante ducha que nos dejó totalmente limpios y contentos.

    Volvimos al lecho, limpios para retomar la noche, Manuel desnudo, y yo con un mínimo babydoll rosado, transparente y sin mis tacos altos, que me puse al pasar por la antesala del baño de la suite, que es un vestidor de gran tamaño, y como se usa ahora, con una gran tina para baños de inmersión, sin duchero. Llamé a Tommy, video llamada. En altavoz para que Manuel oyera y si era del caso, participara. Nos saludamos, le conté de la cena, del exceso de agua, nos reímos.

    En esos momentos, Manu sostenía el celular y me enfocaba, recorriendo mi cuerpo completamente por delante y por detrás, para goce de Tommy, que le encanta ese babydoll rosa.

    Pusimos el celular sobre una mesita mientras Manuel, desnudo y semi erecto, me desnudó, y comenzó a manosearme las tetas y a darme besos y mordiscos suaves en el cuello.

    Nuevamente con el celular en mi mano y filmando tipo POV, me agaché a lamer la verga de Manuel, ya casi dura. Me despedí, habiendo cumplido la promesa de llamarlo en momentos de acción.

    Manuel estaba dedicado por completo a mis tetas y a mi cuello, aunque empezó a alternar besos en la boca.

    Nuevamente acostados y frente a frente, volvimos a conversar, le conté algo acerca de Mary, y quedé de consultarla acerca de si quería concretar su fantasía con Manuel. Y lancé una bomba, en plena sesión de besos de lengua y caricias de él a mi concha y mías a su verga. Un poco le acariciaba la poronga y otro poco bajaba a acariciar los huevos. Pero, decidí informarle de algunas cosas. Ya se imaginan, la visita del matrimonio francés, voyeurs,

    –¿Y qué vienen a mirar esos voyeurs?

    –Pues algo especial que algún día sabrás, y creo que de paso terminaremos de definir la participación del señor en mi fecundación, cuando lo decidamos con Tommy. ¡Mi mano sintió su verga endurecerse aún más!

    –¿Te van a fecundar más hombres que tu marido? ¿Vas a sumar fecundadores? ¿Y Tommy lo acepta? ¿Y quiénes son los otros fecundadores?

    –Obviamente Tom, el francés, que se suma de manera inesperada, y dos personas más, que algún día sabrás quiénes son. Son muy cercanos a nosotros.

    –Tienen que sumarme, me encantaría, es más, no hagas problema de dinero, ¡lo que sea!

    Mmm por el momento cupo cerrado, salvo que decidiéramos abrir uno o dos lugares más. Pero será como mínimo a fin de año, o después.

    –No se olviden de mí, haré lo que sea para que me acepten.

    Me acercó la pija, durísima, a mi conchita, ya caliente pues estas conversaciones me excitan. Sin esperar, pasé una pierna mía por encima de las de él y empezamos a coger. Gimiendo, besándonos. En un momento le ofrecí mis labios entreabiertos y succionó lo que pudo de mi saliva y mientras entraba y salía de mí, dejó caer todo lo de su boca en mis tetas. Forzando un poco la posición, logró lamerme las tetas y desparramar en ellas toda la saliva que me había echado. Inspirada, tomé una foto de mis tetas brillantes de baba y la envié a Tommy…

    Hice un pequeño movimiento para que la verga se saliera de mí, me giré y quedé de espaldas a él, repitiendo lo que hago muchas veces, para que me cogiera en cucharita. Mi pierna derecha por encima de las de él y nuevamente a disfrutar de la entrada en mí de esa pija. Es una maravilla sentir ese glande tremendo abrirse camino en mi vagina.

    Y más y más vaivén. Hasta que acabó, mientras estaba acariciando mis tetas. Y bien que me dio la impresión de ser una buena cantidad. Decidida a probar si él ponía límites, me subí a él y me monté, mi concha chorreando, sobre su cara. Chupo y lamió. Cero rechazo.

    Pasé a chuparle y limpiarle la cara y el miembro, y aproveché que él estaba boca arriba, para hacerle flexionar las rodillas, mi lengua se fue deslizando desde su verga a los huevos y de los huevos a su ano. El beso negro es una de mis especialidades, lo reconozco, y me dediqué a lamerle u puntearle el ano con mi lengua, mientras acariciaba las bolas y el miembro.

    Finalmente, cansados, volvimos a estar de frente y nos dormimos llenos de leche, besándonos.

    El final, dentro de tres o cuatro días, con una sorpresa que enloqueció de placer a Manuel.

    Un beso queridos lectores.

    Sofía.

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  • La fantasía de Stephany (3): Una conversación en casa

    La fantasía de Stephany (3): Una conversación en casa

    Esa tarde, Stephany llegó a su apartamento con el bolso colgando del hombro y una energía ligera en el paso. Dejó las llaves en la mesita de la entrada y se quitó los zapatos mientras el aroma de algo cocinándose —probablemente obra de su novio— llenaba el aire. Él estaba en la cocina, removiendo una olla con esa actitud relajada que siempre tenía después del trabajo.

    “¿Qué tal tu día?” preguntó él, girándose a mirarla con una sonrisa mientras ella se dejaba caer en el sofá.

    Stephany suspiró, acomodándose el cabello detrás de la oreja. “Bien, pero pasó algo curioso en el aula” empezó, con esa chispa en la voz que aparecía cuando tenía algo que contar. “Hoy formamos equipos para el trabajo final, y había un chico, Erick, que se quedó solo. Nadie lo invitó, y… no sé, me dio cosa. No podía dejarlo así.”

    Su novio soltó una risita, apoyándose en el marco de la puerta con un trapo en la mano. “¿En serio? Lo hubieras dejado, Steph. Que se las arregle.”

    Ella frunció el ceño, aunque no estaba molesta de verdad. “No, no sé hacerlo así” replicó, encogiéndose de hombros. “Se veía tan perdido, pobrecito. Igual no es gran cosa, voy a hacer el trabajo con él y listo.”

    Él se acercó al sofá, sentándose a su lado con una ceja levantada. “¿Erick, dices? ¿El flaco raro de los lentes que siempre está callado?” Había oído de él alguna vez, probablemente en una de esas charlas casuales sobre la universidad. Para él, Erick no era más que un personaje secundario en las historias de Stephany, alguien demasiado tímido y nerd como para ser una amenaza. “Bueno, mientras no me vayas a engañar con él” añadió en tono de broma, riéndose mientras le daba un codazo suave.

    Stephany puso los ojos en blanco, riendo también. “Ay, por favor, qué exagerado” dijo, dándole un golpecito en el brazo. “Es un chico súper tímido, ni siquiera me mira a los ojos cuando habla. Además, ya sabes cómo soy.”

    “Sí, sí, la salvadora de los raritos” bromeó él, levantándose para volver a la cocina. “Solo no te enredes demasiado con sus dramas, ¿eh?”

    Ella sonrió, sacudiendo la cabeza mientras sacaba el celular para revisar sus mensajes. Erick le había enviado la dirección de su casa esa misma tarde, un texto corto y algo formal: “Hola, soy Erick. Vivo en Calle 12 #45, cerca del parque. Nos vemos mañana a las 4, si te parece bien.” Stephany respondió con un simple “Perfecto, ahí estaré”, y guardó el teléfono.

    Mientras su novio terminaba de preparar la cena, Stephany se quedó pensando un momento. No era la primera vez que alguien le decía que dejara de preocuparse tanto por los demás, pero para ella era imposible. Erick le había parecido inofensivo, solo un chico tímido que necesitaba un empujón. Sin embargo, su novio no estaba del todo equivocado al llamarlo “raro”. Había algo en él —quizás esa forma de mirarla en el aula, breve pero intensa— que no terminaba de encajar con la imagen de simple timidez. No le dio mayor importancia; después de todo, solo era un trabajo en equipo.

    Lo que ninguno de los dos sabía era que, al otro lado de la ciudad, Erick estaba en su pequeño cuarto, mirando la pantalla de su celular con el corazón un poco acelerado. El “Perfecto, ahí estaré” de Stephany lo había dejado más nervioso de lo que quería admitir. Mañana ella estaría en su casa, y aunque era solo por el trabajo, algo en él —algo que ni siquiera entendía del todo— empezaba a agitarse.

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  • Los placeres de Elisa

    Los placeres de Elisa

    Elisa estaba tumbada boca abajo. La doble duna de sus nalgas se elevaba con la redondez atractiva de una fruta tropical. Las piernas ligeramente separadas en un ángulo de pocos grados; las plantas de los pies brillando en su palidez sobre la arena color beige. Aunque Elisa se encontraba bajo la fresca sombra de una gran palmera datilera, los rayos del sol despedían un fuerte calor, que irradiaba de cada centímetro de la playa nudista donde estábamos.

    Me acerqué por detrás, disfrutando de la visión de sus rotundos glúteos, firmes y esféricos. Por la sombra que proyectaba mi cuerpo, Elisa se percató de mi presencia. Se giró y su sombrero de fieltro se resbaló, cayendo sobre la arena. Sus cabellos rubios se convirtieron en una cascada que resbaló por su flexible y joven espalda curvada. Me sonrió y apartó el pelo, dejándolo caer sobre uno de sus finos hombros de diosa griega.

    —Te lo has depilado del todo —me dijo, clavando su mirada en mi sexo.

    Sonreí a mí vez; me acababa de rapar el vello púbico, efectivamente y bajo mi monte de Venus destacaban claramente los labios vaginales gruesos y sobresalientes. Como la forma de mis muslos era ligeramente abierta, como una jinete, eran una clara diana para los ojos de cualquiera que mirase.

    —Ven, túmbate; me estaba aburriendo.

    Yo me acerqué por detrás de ella, me agaché y me dejé caer sobre su espalda. Elisa emitió un chillido seguido de un agudo: “oye, ¡pero, qué te has creído!” Yo le hice cosquillas y las dos nos echamos a reír estruendosamente. Yo tenía mi sexo sobre sus cálidas nalgas. Ella palmeó las mías. Miré alrededor y vi que había tres personas más en la playa a aquella hora; a lo lejos una figura bajo una sombrilla, y a unos veinte metros una pareja jugando con un balón de colores llamativos.

    Le acaricié los hombros y el cuello.

    —Me gusta -ronroneó-. Continúa.

    Continúe bajando por sus vértebras. Elisa seguía con sus leves ronroneos.

    —Se me cae la bajita, ji,ji,ji —dijo en un susurro.

    Yo me incliné, dejando que mis tetas volvieran a descansar sobre su espalda y le besé el nacimiento del cabello. Inmediatamente, se le puso piel de gallina.

    —Uhmmm —musitó.

    Me dejé caer, frotando mi cuerpo en el suyo. Eché un vistazo en todas direcciones; no había novedades. Me arrodillé y seguí acariciando, ahora ya sobre el suave culo de Elisa. Me estaba excitando cada vez más. Veía la sombra de mis pechos balanceándose sobre su espalda, y eso me subía los grados de deseo sexual. Jugué recorriendo el canal entre los cachetes y magreando las carnosas esferas. Elisa se movió sobre la arena abriendo las piernas.

    —¿Es una invitación? —le dije riendo.

    —Ajá —contestó levantado la cabeza, con los codos apoyados en la arena y echando un vistazo alrededor. Luego la giró y se quedó mirando mis tetas. Sus labios y sus ojos brillaban lascivamente. Volvió a tumbarse y abrió un poco más las piernas. Yo palmeé el culito con las dos manos y le acaricié las dos partes; besé uno y otro cachete. Mi dedo índice delineó la raja del culo y se fue hundiendo hacia abajo, hasta notar el tacto de la entrada de su vulva. Hacia uno y otro lado noté los lóbulos de sus estrechos labios vaginales; y los rizos de felpudo de su vello púbico.

    Retozona, Elisa buscó mis manos y me hizo colocarme sobre sí, apretando su carne caliente contra la mía. Yo respiraba agitadamente. La humedad de mi vagina iba inundando toda mi vulva; seguro que Elisa no tardaría en notar la sensación acuosa. Moviéndose en un baile sinuoso, frotó sus nalgas sobre mi sexo. La volvió a besar y me retiré de nuevo. Llevé el índice y el dedo medio a la entrada de la hendidura oculta entre las dunas de sus glúteos.

    Enseguida noté la impregnación de su flujo vaginal. Entreabrí los dedos y penetré en aquel coño jugoso. Elisa gimió. Yo seguí mi incursión en su melosa carne interior. Hundí completamente los dedos hasta que no pudieron horadar más el túnel sedoso. Mis movimientos simularon follarla. Entré y salí. Mi propio coño estaba ardiente y sentía mis pezones duros y tiesos; mi clítoris endurecido.

    Elisa gemía sin cesar. Volví a mirar en derredor. Todo seguía tranquilo; no había nadie nuevo por las proximidades.

    Elisa se incorporó. Yo extraje los dedos y observé la capa untuosa del fluido sexual. Ella también se quedó mirando.

    —Me has puesto a cien, tortolita —dijo—. Me gustaría ver cómo lo chupas. ¿Te apetece comerlo?

    Sin pensarlo llevé los dedos a mis labios y chupé golosamente el flujo.

    —Ahora —dijo con mirada pícara y una sonrisa maliciosa—, quiero que me lo comas. Que me lamas toda, me succiones los labios del chochito, metas tu lengua hasta adentro y bebas mi flujo… que lo saborees y me aprisiones el clítoris en tus labio; que me lo comas hasta que tenga un orgasmo. —Acodada, con las preciosas tetas, los pezones tiesos e hinchados, añadió—: Acércate.

    Me puse cerca de ella. Elisa me acarició los pechos y pellizcó mis pezones. Después deslizó la mano e hizo que sus dedos acariciaran mis gruesos labios del coño, jugó con ambos, moviéndolos de lado a lado. Sus dedos quedaron mojados de mi flujo, los metió en forma de gancho hasta que me hizo gemir, entonces frenó en seco.

    —Ahora, yo; luego te joderé el tuyo hasta que te corras; pero primero quiero satisfacerme yo.

    Me acerqué a su chocho caliente y mojado. Su olor hizo que me lanzara salvajemente a besar su sexo, me comía a bocados su vulva escuchando sus gemidos, subía a y bajaba aquellas sabrosas montañitas carnosas mientras casi me ahogaba en mis propios jadeos sin poder contenerme. Metí en mi boca su clítoris erecto, lo recorrí suavemente con mi lengua, mientras Elisa gemía sonoramente y empujaba su coño contra mi cara, dejándose ir loca de placer. Yo estaba excitadísima en aquella situación y sentía como con el mínimo roce en mi chocho iba a tener un orgasmo, pero intenté contenerme, deseando que Elisa me follara.

    Quería sentir sus manos recorriéndome, sus dedos acariciando mi coño…, la mire con ansia y ella sonrió pícaramente. Empezó a acariciarme y a recorrer mi cuerpo con sus labios carnosos . Sus manos tocaban mi vulva que estaba empapada y entre aquella humedad sus dedos se deslizaron dentro de mí. Cerré los ojos, sabiendo que estaba a punto de llegar a un orgasmo que no podía contener más. Mis jadeos eran tan fuertes que me impedían escuchar nada más. Cuando Elisa con su otra mano rozó mi clítoris, todo mi cuerpo comenzó a vibrar. Mis espasmos eran tan fuertes que me hicieron gritar. Ella me besó ahogando mis gritos y prolongando mi orgasmo.

    Aquello fue tan excitante que a día de hoy estoy deseando repetirlo.

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  • Trío esperado con mi pareja y un amigo

    Trío esperado con mi pareja y un amigo

    Los días siguientes al trío inesperado con mi amigo, mi pareja algo incómoda me preguntaba qué había pasado. Yo, también algo incómodo, evadía la conversación. Luego no volvió a tocar el tema.

    Retomé el contacto con mi amigo luego de un par de semanas, sin mencionar lo sucedido. Tampoco nos volvió a visitar por un tiempo.

    Había pasado algo más de un mes, y mi pareja mencionó que le parecía raro que mi amigo no había vuelto a visitarnos. Le respondí que seguramente estaba muy ocupado con su trabajo.

    Entonces me dijo que le invitase para pasar un fin de semana en casa, cosa que hice.

    Llegó ese fin de semana; sábado después del mediodía mi amigo llegó a casa.

    Charlamos de temas triviales, luego fuimos a la playa a tomar una cerveza, y regresamos a casa antes de anochecer. En ningún momento hubo señas de lo que había ocurrido aquella noche del trío.

    Ya en casa, mi pareja dijo que tenía ganas de salir a tomar algo por la noche; nos pareció buena idea. Así que nos alistamos, y salimos.

    Recorrimos un par de bares, tomamos unos tragos, y nos pusimos de buen ánimo.

    Fuimos en mi auto, por lo que no podía tomar mucho. Entonces mi chica, que estaba bastante alegre (seguramente a causa de los tragos) propuso que volvamos a casa.

    Ya en casa, preparamos unos tragos y nos sentamos en el living. Pusimos algo de música suave y continuamos charlando; en ningún momento mencionamos o insinuamos con respecto al trío. Pero la charla se ponía picante…

    Llegado un momento, repentinamente mi pareja dijo que estaba cansada y que se iba a dormir. Se acercó a mí, me dio un breve beso en la boca… y luego hizo lo mismo con mi amigo. Nos miró con cara de lujuria y dijo “les espero en la habitación”, luego se retiró.

    Nos miramos con mi amigo.

    Quedamos hasta terminar nuestros tragos, y unos diez minutos después fuimos a la habitación.

    Al entrar, mi pareja se nos acercó. Vestía nada más que un camisón transparente y debajo una tanga.

    Nos abrazó y empezó a besarnos alternativamente; había puesto sus manos en nuestros cuellos y lentamente nos fue acercando a su cara, hasta que nos encontramos besándonos los tres al mismo tiempo.

    Bajó las manos, soltó nuestros cinturones, nos desabrochó el pantalón, y empezó a bajarlos. Aprovechamos para quitarnos las prendas superiores, y mi amigo y yo quedamos desnudos.

    Ella se arrodilló y nos lamía la verga, alternativamente. Cuando la mía empezaba a ponerse dura, se la metió en la boca, y con una mano pajeaba a mi amigo.

    Ya la tenía dura, cuando mi pareja se levantó y, sin soltar la verga de mi amigo, me dio un beso de lengua, llenándome la boca de su saliva mezclada con mis jugos.

    Se volvió a arrodillar, esta vez para chupársela a mi amigo mientras me pajeaba a mí. Luego se levantó para besarse con nuestro amigo.

    Se arrodilló nuevamente, para chuparme la verga a mí, sentía como juntaba líquidos con su boca. Se volvió a parar, pero esta vez el beso fue con mi amigo.

    Cuando vuelve a arrodillarse ya me imaginaba lo que se avecinaba… Se la chupó a mi amigo, y luego se acercó a mi boca, por entre sus labios brotaba líquido; me miró con lujuria, me tomó por el cuello, pegó su boca a la mía, separó los labios, y me llenó de jugos. Se sentía rico; me sostenía con fuerza, y no me quedó más remedio que tragarme todo.

    Luego se quitó la tanga y se acostó de espaldas en la cama.

    Me arrodillé cerca de su cara, ofreciéndole mi verga. Mi amigo le separó las piernas, para comerle el coño.

    Un rato después cambiamos de posición con mi amigo.

    Me llamó la atención que la verga de nuestro amigo no se ponía del todo dura…

    Al rato de estar comiéndole el coño, mi amigo se acercó, y nos dedicamos a comérselo de forma alternativa.

    Al cabo de un tiempo mi chica nos rogó que se la metiésemos. Cedí el lugar a mi amigo, y acerqué mi verga a la boca de mi chica.

    La verga de nuestro amigo no estaba completamente dura, sin embargo se la metió. Estuvimos unos minutos así, hasta que mi pareja me pidió que se la meta yo.

    Antes de metérsela, se me ocurrió lamerle el coño; me dio mucho morbo, y el sabor era delicioso. Mi chica se la chupaba a él.

    Estuvimos un buen rato así, y mi pareja pidió estar ella arriba, así que cambiamos de posición.

    Me puse de espaldas en la cama, ella se puso de cuatro para chuparme la verga, y mi amigo desde atrás le lamía el coño. Luego ella se apartó, y se sentó sobre mi verga; me cabalgaba con ganas.

    Nuestro amigo se puso detrás de ella, abrazándola para masajearle las tetas. Los dos me miraban a los ojos con mucha lujuria.

    Cuando no daba más, mi chica se separó y se acostó cansada. Le separé las piernas y nuevamente me dediqué a limpiarle el coño con la lengua. Nuestro amigo observaba mientras se pajeaba lentamente, pero no lograba ponérsele completamente dura.

    Me puse sobre mi chica, y volví a metérsela. Ella estiró a mi amigo, para chuparle la verga.

    En un momento se quitó la verga de la boca, me tomó del cuello, y me acercó a su cara para besarnos. Sin soltarme, giró la cara para volver a chupársela; mi boca quedó frente a su mejilla, muy cerca de su boca. Quitó la verga de su boca, me besó con ganas, y tomando la verga de mi amigo por la base fue acercándola a nuestras bocas. Apenas me di cuenta, estábamos los dos lamiéndole la verga. Con su mano, lentamente la fue dirigiendo hasta dejarla totalmente en mi boca; aflojó la presión en mi cuello, de manera que pude apartar levemente mi cabeza, pero sin que salga la verga de mi boca. Ella me miraba fijamente, con mucha lujuria, y le brillaban los ojos.

    Unos momentos después mi amigo se apartó, se puso detrás mío, y me frotaba la verga por el culo intentando meterla. Pero no lograba que se ponga completamente dura, así que no tuvo éxito… Mientras sucedía esto, mi mujer me sostenía del cuello, me miraba, y me preguntaba con insistencia si me gustaba. Unos días después, estando solos los dos, me preguntó si me la había metido (cosa que no pasó, y desilusionó a mi chica).

    Al no tener éxito, mi amigo desistió y volvió a que mi mujer se la chupe. Esta vez lo hacía ella sola, con ganas, pero sin soltarme. Yo seguía follándola, y ya no daba más.

    De pronto nuestro amigo suspiró, quedó inmóvil, y le llenó la boca a mi chica de leche; ella lo apartó, y tomándome con fuerza del cuello, me acercó para comernos la boca… y la leche de nuestro amigo.

    En ese momento acabé con fuerza dentro de su coño.

    Cuando en su boca ya no quedaban rastros de semen, me soltó; me separé de ella, y caí rendido en la cama.

    Nuestro amigo le separó las piernas, y lamió todo mi semen que brotaba de su coño. Luego acercó su boca a mi verga, y me la lamió hasta dejarla limpia.

    Al acercarse para hacerlo, mi pareja levantó la cabeza para observar con atención lo que pasaba. Por momentos observaba a mi amigo, y por momentos mi cara; mientras lo hacía pude ver que se frotaba el clítoris con los dedos. En su cara solo se podía ver lujuria.

    Quedamos los tres fundidos, y nos dormimos.

    Al despertar al otro día, todo me parecía un sueño.

    Nuestro amigo no estaba en la habitación; se había retirado al espacio que le preparábamos cuando nos visitaba.

    Ese domingo lo pasamos muy alegremente, algo más cariñosos de la habitual, pero sin mencionar ninguna palabra de lo sucedido.

    A media tarde de ese domingo nuestro amigo se despidió, sin preocuparnos por cuándo sería la próxima visita, como sucedía todas las veces que nos visitaba…

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  • Dominado por mis compañeras de piso (3)

    Dominado por mis compañeras de piso (3)

    Me desperté en la cama de Vane en los brazos de Ana que me acariciaba el cuerpo y la cabeza. Me dijo que como estaba y le dije que regular, que me dolía mucho el estómago por el enema y los huevos por el rodillazo. Me dijo que como me había portado tan bien y para compensarme me iba a dar mi primer premio, me bajo las bragas y empezó a darme golpecitos muy suaves en la polla y huevos y de repente se metió toda mi polla en la boca, mirándome con cara de viciosa.

    Era todo lo que me cerebro necesitaba y mi polla se levantó como un mástil de barco. Ana siguió con la mamada hasta hacerme acabar y me la limpio toda. Yo alucinaba, había sido increíble, ella se acercó para darme un beso y de repente note que me estaba pasando a la boca todo mi semen. No me importo y empecé a besarla como nunca lo había hecho. Ana se levantó me dio un golpecito en la polla y le dijo “buena chica”.

    Vane entro tras salir Ana y me dijo que si estaba recuperado y le dije que sí. Me dio una bofetada por no haberla podido llevarla a caballo. Me cogió del pelo me tiró al suelo y se sentó sobre mi espalda y me dijo que la llevara al baño que tenía ganas de mear. Tras hacerlo me dijo que la limpiara con la lengua. Yo empecé a limpiar, pero me anime y me cogió de los pelos y me pego un bofetón. “Quien te ha dado permiso para chuparme, te he dicho que me limpiaras, inútil”. Me empujo de una patada y me arrastro de los pelos hasta el comedor.

    Le grito a Ana que no estaba educado y que era un salido. Ana ni se inmuto. Se levanto, se puso delante de Vane y de una bofetada la tiro al suelo. “Niñata de mierda, a mí no me grita nadie. Que sepas que es mi esclavo no el tuyo. Y ahora tú también lo serás”. Vane no salía de su asombro, pero Ana sabia como manejarla y cogiéndola de los pelos, la arrastro hasta el sofá. Se sentó sobre su estómago y me dijo que le empezara a chupar el coño a Vane hasta que ella lo ordenase. Me puse manos a la obra. Vane se resistía, pero mis lamidas y los masajes en las tetas de Ana, acabaron por vencerla y se dejó llevar en un orgasmo larguísimo.

    Cuando ya estaba acabando, Ana me dijo que se la metiera de un solo golpe a Vane, Vane al sentirse penetrada a la vez que Ana le pellizcaba los pezones, exploto en otro gran orgasmo, Ana le tuvo que meter una de mis naranjas en la boca, porque gritaba como una loca. Ana no dejo en ningún momento de maltratar sus pezones, que estaban rojos como tomates. Cuando yo ya estaba a punto, Ana me dijo que ni se me ocurriera, eso hizo que frenara en las envestidas. Me cogió de la cara y me dijo que ahora llegaba mi segundo premio. Y obligo a Vane a hacerme una cubana con esas descomunales tetas rojas.

    Por el castigo infligido por Ana, las tenía más sensibles, así que siguió con otro orgasmo. Cuando ya estaba a punto de correrme, Ana le cogió de la cabeza a Vane y le metió toda mi polla hasta la garganta y empezó a mover su cabeza follando mi poya. Yo explote dentro de la garganta de Vane, que casi empezó a vomitar, entre mis pollazos en la garganta y todos los chorros de semen que le había soltado en la garganta.

    Pero Ana le dijo que si caía una gota al suelo se arrepentiría. Y como muestra le dio una patadita con el pie en todo el coño desde detrás. Vane consiguió tragarse toda mi leche, pero al sacar mi polla de su boca, un hilo cayó al suelo. Ana se volvió loca, la cogió de la cabeza y la estampo contra el suelo, moviendo su cabeza por encima de los restos de mi semen.

    Después se sentó y me hizo pasarle los restos de semen de mi polla por sus pies, y mando a Vane que empezara a chuparlos. Mientras a mi mando chuparle las tetas. A los 10 minutos cogió a Vane de la nuca y le dijo suavemente “Que no se vuelva a repetir. Y ahora haza feliz a tu dueña”. Y llevo su cabeza hacia su coño. Entre los dos le proporcionamos un orgasmo. Después me dio un beso en la boca y me dijo “Vamos a lavar a mi nueva esclava.” Y empujo de una patada a Vane hacia mí.

    Vane no sabía a qué se refería y vino feliz, pero cuando la metimos en la fría bañera los pezones se le endurecieron del contraste y Ana aprovecho para estirárselos de una forma brutal y con la otra mano le sujetaba el cuello contra la bañera. Vane empezó a gritar y entonces me hizo señas para que empezara a mearme sobre la boca de Vane. Vane ni lo vio venir y como la pille con la boca bien abierta todo mi chorro le entro directo en la garganta. Vane se atraganto. Y cerro la boca. Pero Ana sabía lo que hacía. Y le clavo las uñas en un pezón, a la vez que le decía “¿Otra vez me desobedeces?”.

    Vane por el dolor abrió la boca y yo se la inundé de meados. No conseguía tragarlo todo y el resto le salía por la comisura de los labios. Tras acabar y Vane casi vomitando Ana se metió en la bañera y puso su coño sobre Vane y le grito “Trágatelo todo o me enfadare” a la vez que le clavaba las uñas en la otra teta. Vane abrió la boca todo lo que pudo, más por el dolor que por iniciativa, y Ana se meo en ella.

    Le hizo limpiarle el coño y cogió la ducha y con agua fría empezó a limpiar a Vane, que estaba como ida. Ana salió de la bañera y me dijo que la terminara de limpiar como a su ama que era. Al ponerle agua templada y empezar a pasarle la esponja con jabón Vane empezó a reaccionar. Y se quedó dormida en la bañera. La cogí y la llevé a la cama.

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  • La esteticien y el sexo

    La esteticien y el sexo

    Esta historia no es real, pero gran parte del comienzo está basado en algo que le ocurrió a mi novia en unas deliciosas vacaciones en la Costa Brava.

    Llegamos al hotel a media tarde y ya había acabado el turno de la esteticien, Laura quería depilarse las piernas ya que no había tenido tiempo de hacerlo en Madrid, así que pidió hora en la recepción del hotel para primera hora de la mañana y así aprovechar el día en la playa.

    A las nueve en punto estaba en la puerta del gabinete de belleza del hotel esperando a la chica que lo atendía.

    Isabel, llegó con un poco de retraso e hizo pasar a Laura al vestuario para que se preparara, le dijo que se desnudara, que se dejara puesta la braguita y se pusiera la bata que había dentro.

    Cuando Laura salió se encontró con Isabel que se había cambiado y solo llevaba una bata de trabajo por la que se le trasparentaba el sujetador y un diminuto tanga, Laura se dio cuenta entonces que Isabel era una mujer tremenda, 1,80 de altura, bastante guapa de cara, cuerpo bien proporcionado, grandes tetas, culo respingón y largas piernas que lucía con unas sandalias de tacón algo alto para trabajar, o eso pensó ella.

    Hizo tumbarse a mi novia en la camilla y le preguntó si le depilaba las piernas y las ingles, Laura le contestó que todo, ya puesta. Isabel preparó la cera y mientras se calentaba le dio un masaje por todas las piernas con una loción hidratante para evitar irritaciones, Laura se relajó y disfrutó del masaje por las piernas, cuando le separó un poco la bata para dejarle al descubierto la zona genital y le hizo separar un poco las piernas Laura notó como le rozaba con la punta de los dedos y por encima del tanga la zona de su vulva y sin querer dio un respingo y comenzó a sentirse un poco incómoda.

    Le masajeaba toda la ingle, un poco a cada lado y su nerviosismo empezó a convertirse en excitación, nunca había tenido ninguna relación lésbica, pero cerrando los ojos, se dejó llevar y disfrutar del masaje.

    Isabel seguía a lo suyo y empezó a aplicarle la cera sobre las piernas, con bastante maestría le hizo las piernas con rapidez y cuando llegó a las ingles le separó un poco más las piernas y sin quitarle el tanga le limpió de pelo toda la zona.

    Isabel le preguntó si quería que le arreglara el monte de venus y Laura un poco cortada dudó en responderle, Isabel insistió diciéndole que era una pena arreglar solo la zona por fuera, no se arrepentiría.

    Laura aceptó dudosa e Isabel le ayudó a quitarse el tanguita, ahora se notaba muy vulnerable y encima tenía que Isabel notara su calentura.

    Recortó el pelo más largo con una tijera y con unas tiras de cera le quitó todo el pelo menos una tímida rayita en el centro, Laura se veía muy sexy y su calentura iba en aumento y más cuando le pidió que se diera la vuelta y se pusiese con el culito en pompa para eliminar todo el pelo de su ojete, Laura no se lo esperaba y le pilló un poco de sorpresa pero pensándolo llegó a la conclusión que ya puestas adelante.

    Se dio la vuelta y le ofreció su precioso culito, Isabel rápidamente se lo arregló y antes de que se diera la vuelta le aplicó una loción para que no se le irritase la delicada zona.

    A esas alturas Laura estaba que flipaba de placer e intentaba que no se le notase, pero de vez en cuando se le escapaban pequeños gemidos que Isabel ya había notado, aunque parecía que no le daba importancia.

    Se dio la vuelta y le ofreció su conchita para que terminase con la maquinilla y le diera el masaje correspondiente. Así lo hizo y cuando le empezó a aplicar la loción y sus dedos recorrían los labios superiores la calentura de Laura era notable y a Isabel que ya había terminado con su trabajo parecía no importarle hacer horas extras viendo la calentura a la que había llegado a poner a Laura. Sus dedos seguían recorriendo los labios vaginales, perineo y ano de mi novia y siguió haciéndolo hasta que se decidió a introducir un dedito en la mojada rajita de Laura. Esta lo recibió con un gemido de placer perfectamente audible y agarró la mano de Isabel como para quitarla, pero dejando que Isabel continuara.

    El dedo de Isabel se convirtió en dos y Laura ofrecía su coñito con las piernas levantadas, Isabel dio otro paso y besó el chochito de mi novia pasando su lengua por el clítoris y agujerito, Laura gemía como una loca e Isabel se desabotonó la bata dejando al descubierto su impresionante cuerpazo.

    Laura se incorporó y acercó a Isabel, la abrazó y la besó en la boca, sus manos empezaren a recorrer sus respectivos cuerpos, y cuando la mano de Laura tocó la vulva de Isabel se descubrió el pastel o mejor dicho la fruta más sabrosa.

    Laura se quedó impresionada cuando vio aparecer ante sus ojos tan tremendo aparato, no supo que hacer hasta que Isabel cogiéndole la mano y acercándosela a su polla la agarró y se la llevó a la boca mientras seguía en la camilla e Isabel de pie, se la chupó de arriba abajo, metiéndosela hasta la garganta, debía medir unos 18 cm y la devoró con pasión durante un buen rato mientras Isabel la masturbaba con la mano y le soltaba la bata del todo dejando al descubierto sus grandes tetas.

    Las dos ya desnudas se colocaron a para follar como locas, Isabel se colocó debajo y Laura subiéndose encima de la camilla de cara a Isabel se introdujo el rabo de Isabel en su chochito, sus manos recorrían las tetas de Isabel y las de Isabel las de Laura.

    Laura cabalgó la polla de Isabel durante un buen rato y se llegó a correr varias veces, hasta que rendida se dejó caer sobre Isabel y le dijo al oído si la quería follar por el culo. Isabel se incorporó y cambiaron de posición, Laura se puso de pie en el suelo y se recostó sobre la camilla ofreciéndole su redondo culo, subió una rodilla a la camilla e Isabel se arrodilló para comerle todo el agujerito, mientras se ponía crema en la polla para penetrarla mejor, se puso de pie y apuntando con su mano la polla puso el capullo en la entrada del estrecho ano de mi novia, de un solo empujón se la metió toda dentro.

    Laura se corrió a la segunda embestida y un chorrito de líquido salió de su chochito resbalando por su pierna, Isabel continuó embistiendo hasta que de repente se corrió dentro del culo de Laura agarrándose a ella como una loca, saco la polla y se arrodilló de nuevo para recoger con la lengua su propia leche que salía lentamente del culito de Laura, cuando se incorporó la compartieron toda entrelazando sus lenguas.

    Así todos los días de las vacaciones, Laura visitó a Isabel y yo con ella pasando unas vacaciones de miedo los tres.

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  • Tarde de playa y un chico guapo

    Tarde de playa y un chico guapo

    Vivo cerca de las playas de las Rías Baixas gallegas, y me considero privilegiado por ello, por poder desplazarme cada tarde de verano a unos arenales tan maravillosos; si hay que ponerles una pega, será lo abarrotados que llegan a estar algunas tardes sobre todo del mes de agosto.

    Aun así, es una delicia contemplar desde la toalla o paseando por la orilla el desfile de cuerpos serranos que se prodigan últimamente por aquí. Se nota que hay mucho gimnasio y mucha preocupación por la estética, tanto en chicos como en chicas, aunque, claro está, yo me fijo más en los primeros. Hay tíos que quitan el hipo y de entre ellos, los peludos son mi perdición; jóvenes o maduros, en cuanto veo un pecho peludo y bien hecho se me van los ojos.

    En una de esas tardes en que me estaba dorando al sol, se situó cerca de mí un chico de unos 25 años, de 1,80 de estatura y un pendientito brillante en la oreja (tipo Beckham), pero lo que más me llamó la atención de él fue, claro está, un pecho completamente peludo, unas piernas de escándalo igualmente cubiertas de pelo y un bulto entre ellas que resultaba realmente atractivo, más si cabe teniendo en cuenta que llevaba un bañador tipo bóxer ceñido que le sentaba realmente bien. Desde que llegó no pude dejar de mirarle disimuladamente, aunque creo que en alguna ocasión me pilló deleitándome en su cuerpo.

    Cuando en un momento de la tarde sentí sed me acerqué al chiringuito para comprar un agua. Había dos colas de gente bastante desordenadas. De repente alguien dijo delante de mí: “esto serán dos colas o una”. Yo no soy muy ingenioso, pero se me ocurrió decir: “más que una cola parece una multitud”; el comentario hizo gracia y cuando se volvió la persona que había hablado antes descubrí que era mi vecino de toalla, el cual me sonrió abiertamente y comenzó a hablar conmigo sobre cualquier cosa: lo concurrida que estaba la playa, lo caro que era el chiringuito, etc.

    Fue así como me propuso tomar algo en la terracita que el local tenía montada en plena arena, y después de sentarnos y presentarnos estuvimos hablando bastante tiempo: él trabajaba en una empresa cercana pero sólo por las mañanas, lo cual le permitía acudir a la playa. Yo le dije que era funcionario y por eso también podía ir. Disfruté realmente de la conversación y noté como él me miraba sin demasiado disimulo: no he dicho que soy delgado, con un cuerpo bastante bonito y lampiño, al contrario que él.

    Cuando nos dimos cuenta se estaba haciendo tarde y decidimos ir a recoger nuestras cosas y marcharnos. “¿Por qué no vamos a tomar algo a otro sitio?”, me propuso, “pero me tendrás que llevar porque he venido andando, vivo muy cerca”. Yo acepté y nos dirigimos al coche. Pero luego cambió de idea:

    ―Lo he pensado mejor y te invito a cenar en mi apartamento.

    ―No sé si fiarme, dije, no parece que sepas cocinar.

    ―¿Y cómo crees que sobrevivo, si vivo solo? —me respondió.

    Efectivamente, vivía bastante cerca de la playa en un pequeño pero acogedor apartamento, bien decorado y con unas vistas estupendas del mar.

    ―Si quieres puedes ducharte, me dijo, yo voy a hacerlo y ponerme una ropa cómoda. Puedo prestarte algo, aunque igual te va grande, jejeje.

    ―Buena idea, pero podemos ahorrar tiempo ducharnos juntos. –en ese momento, ya estaba convencido de que aquella noche haríamos algo más que cenar así que no dudé ni un momento en decir aquello.

    ―Perfecto –me respondió, y se acercó hasta mí diciendo: deja que te vaya sacando la ropa, que no te vas a duchar vestido, ¿no?

    No tenía mucho trabajo (llevaba sólo una camiseta y el bañador, igual que él) pero me desnudó lentamente mientras me besaba apasionadamente y recorría mi cuerpo con su boca y su lengua. Yo le saqué también su ropa y acaricié aquella delicia de pecho, besé, lamí, mordí sus pezones, que inmediatamente se endurecieron. ¡Dios, qué cuerpo, qué placer tenerlo en mis manos!

    Continuamos devorándonos mutuamente de camino al baño, nos enjabonamos, nos limpiamos el uno al otro durante un buen rato. Luego secó cada parte de mi cuerpo con gran delicadeza, yo le hice lo mismo a él y me tumbó en la cama del único dormitorio que tenía la casa. Seguimos acariciándonos, besándonos y, situado encima de mí, pude sentir todos los pelos de su cuerpo rozándose con el mío. Después fue bajando por mi pecho hasta alcanzar mi polla. La besó durante un rato y luego se la metió en la boca comenzando una maravillosa mamada como jamás había recibido de otro.

    Casi me corro al instante, así que tuve que hacer que parase. Decidí corresponderle y nos dimos la vuelta, quedando esta vez él debajo. Tenía una polla algo más grande que la mía, como de unos 17 centímetros y circuncidada, con un bonito y rosado glande que me apliqué en lamer y besar, para luego devorar con mi boca babeante.

    ―Quiero que me folles, le dije.

    ―A sus órdenes, respondió.

    Se incorporó y cogió de su mesilla un condón. Yo, mientras me acosté boca arriba para que él me levantase las piernas al tiempo que se arrodillaba para situar su miembro a la entrada de mi culito. Usó un poco de lubricante que había cogido de un cajón y por eso no le fue muy difícil meterme esos 17 maravillosos centímetros de placer. Ni siquiera me dolió la primera embestida así que no tuvo ningún problema para estar embistiéndome durante varios minutos, hasta que se corrió. Al mismo tiempo, me fue masturbando, primero lentamente, y cuando estaba llegando al final más rápido hasta que acabé casi al mismo tiempo que él, derramando mi semen en el pecho y la barriga.

    ―Vaya, qué lástima, dijo, ahora que estabas duchadito.

    Una sonrisa maliciosa que me soltó me hizo ver que aquello no constituía ningún problema, porque se inclinó sobre mí para limpiarme amorosamente con su lengua.

    Nos quedamos un rato abrazados, charlando y acariciándonos hasta que decidimos por fin preparar aquella cena. Por supuesto, hubo postre, y durante lo que quedó de verano fuimos juntos a la playa y disfrutamos de nuestros cuerpos en su casa y alguna que otra vez en un rincón apartado, detrás de las rocas, sintiendo el cosquilleo de la arena y del mar.

    Escribo esto delante de una ventana, viendo la playa. Desde aquel día vivimos juntos y somos muy felices.

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  • Endiablada

    Endiablada

    Estaba por fin sola en mi elegante oficina y me di cuenta que mi mente vagaba sin rumbo dándome la sensación que deseaba esconderse de lo que era evidente.

    En otras circunstancias yo habría llamado a eso, evasión, pero este no era el caso, porque si algo tenía yo claro era que no quería evadirme de lo que me estaba pasando, sino enfrentarlo. Pero no sabía cómo.

    Y es que era quizás, la primera vez en mi vida, al menos no recordaba otra, en que no sabía cómo actuar.

    Porque si algo define mi carácter, es la disposición natural a enfrentar los problemas y encontrarles la adecuada solución, con inteligencia, a veces con cautela, pero nunca eludiéndolos . Eso me había dado una bien ganada fama de ejecutiva y a mí me complacía responder a ella, porque además había sido el cimiento de mi éxito profesional.

    Fue ese éxito el que llevó a mi empresa a enviarme a América para hacerme cargo de la instalación y desarrollo de la filial. En ello había puesto todo mi empeño, mis conocimientos y mis acciones, de modo que ahora, de algún modo, me sentía plenamente satisfecha, debiendo reconocer que Marcela, había sido una ayuda extraordinaria trabajando codo a codo conmigo.

    Yo no puedo definir con certeza el momento en que descubrí que la percepción que tenía de Marcela comenzó a transformarse, de la simple complacencia por la calidad de su trabajo y lo delicado de su trato, a esa especie de admiración por la forma como ella llenaba el espacio y se movía en el como marcando una presencia que parecía permanecer en el entorno una vez que ella se marchaba.

    El cambio había sido una metamorfosis maravillosa que me llevaba desde una etapa placentera a otra de placer mayor

    Podría haber sido su elegancia para vestir, su conversación chispeante, sus soluciones adecuadas, la forma armónica como manejaba el personal a su cargo, o su indudable valor como esposa y madre, porque Marcela era casada, y mi soltería siempre me hacía envidiar un poco a estas mujeres esposas y ejecutivas tan modernas, tan actuales y que hacían sin problemas lo que yo hacía y algo más.

    Entonces, mientras sentada frente a mi escritorio miraba mis manos, pensando en otra cosa, evocaba plenamente el momento del estímulo que me había hecho saltar la barrera con Marcela. Porque mi problema había sido eso que yo llamaba, el temor de no ser comprendida por ella.

    Yo sabía muy bien lo que me pasaba, el camino que había recorrido y al punto que había llegado. Identificaba plenamente mis anhelos de posesión de esa mujer encantadora, mis ansias de caricias descaradas, mi calor casi malsano que quería compartir con ella, mis fantasías incumplidas abrazando día a día mi cuerpo y no tenía problema en reconocer como me sentía y no tenía conflicto en admitir que la deseaba casi con desesperación.

    ¿Pero cómo me comunicaba con ella si no me daba ni una sola señal que me hiciera pensar que deseaba vivir esta situación común conmigo?

    Hasta que llegó esa tarde en que al término de una conversación casi intrascendente y casi sin que pudiera presentir sus movimientos, sentí mis manos entre las suyas y su voz casi apagada, sensual al decirme.

    —Horte querida… tus manos me parecen hermosas y solitarias —y luego presionándolas hasta que pude notar su pulso agregó— Parecen manos acariciadoras.

    En ese momento no dijo nada más, pero cuando ella abandonaba mi oficina, me pareció que había dejado en mi la invitación que estaba esperando en medio de mi hoguera. Entonces sucedió.

    Sucedió esa misma tarde allí, en un rincón tranquilo de su oficina que supimos llenar con la liberación de nuestras primeras tensiones, y sucedió luego ese jueves en el interior de mi coche cuando ella me llevó a casa después de esa junta, y sucedió luego en un momento aparte, en su propia casa, cuando ella me invitó a la celebración del cumpleaños de su esposo, y sucedió de nuevo en el aeropuerto mientras nos mirábamos tomando un café y ninguna de las dos pudo contenerse y sin terminarlo nos fugamos hasta el baño…

    Y vivimos esos diez minutos que no se pueden narrar y sucedió cualquier sábado en la tarde cuando con el pretexto de ir al cine ella abandonaba su casa y vivíamos en mi departamento las formas más creativas de esta pasión nueva y arrebatadora, que no queríamos perder, sino perfeccionar cada instante, descubriendo nuevas y perversas formas, acomodándonos en el espacio, llenándola de voces prohibidas, cambiándonos de nombre para renovar la pasión con nuevas identidades y describiéndonos lo que cada una quería ser para la otra, como para prolongar nuestros cuerpos en una fantasía que se hacía realidad en cada encuentro.

    Pero cuando pienso en lo que hemos vivido con Marcela, encuentro que lo más excitante y cautivador, más que lo que hacíamos era lo que nos adivinábamos, porque eso podía excitarnos hasta el éxtasis.

    Porque ella me decía que en medio del trabajo, rodeada de su personal, en la mañana o en la tarde, era capaz de sentir como mi mirada se adueñaba de su cuerpo sintiéndose deseada y acariciada y como la piel se le llenaba de evocaciones tan solo de pensar que mis ojos estaban fijos en ella y que al entrar en mi oficina y enfrentar mi mirada, se desencadenaba en ella un latido profundo e íntimo que no la abandonaba al salir y que la acompañaba mientras caminaba por el largo pasillo hasta el tocador donde por fin podría proporcionarse el anhelado disfrute que la hacía descansar en medio de placeres descontrolados.

    Marcela me narraba en voz baja, todo lo que sentía, allí simplemente en medio de la gente, viviendo nuestro mundo paralelo y secreto, y yo escuchando su confidencia me dejaba abrazar por una felicidad concreta, real, porque era verdad que yo al mirarla circulando entre su gente, quería tenerla asida a mí con mi mirada, para recorrerla como lo había hecho antes y como lo haría después y su relato despertaba en mi cuerpo una vivencia perturbadoramente excitante, a tal punto que ninguna de las dos nos atrevíamos ni siquiera a tocarnos en esos momentos, seguras que si lo hacíamos, sentiríamos un descarga que nos arrojaría a la una en brazos de la otra allí en ese mismo lugar.

    Fue solamente un mes de locura compartida y deseo desbordado, sin que ninguna quisiera explicación alguna que rompiera el hechizo, viviendo plenamente todo sin esperar siquiera que volviese a repetirse algún día, porque en ese caso, quizás, hubiésemos reiterado algunas caricias, quizás hubiésemos creado algunas rutinas destructoras del encanto.

    Quizás fue por eso que al despedirnos en el aeropuerto antes de mi regreso, y para que no reinara un silencio tras el beso que nadie pudo ver, me dijiste.

    —Creo que a mí me agarraron los demonios.

    Yo, como no creo en los demonios te respondí:

    —A mí simplemente me endiablaste tú, gracias Marcela.

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  • Compartiendo piso con Macu

    Compartiendo piso con Macu

    Iba a empezar el último año de carrera, estaba realizando la licenciatura de historia, y ya estaba cansado de vivir en casa de mis padres. Por esa razón decidí aceptar la oferta de Macu para irme con ella y con Tere a compartir piso.

    Macu era compañera mía de clase, ella era una rubia que tenía mi misma edad, es decir, 22 años. Medía 160 de altura, tenía un precioso rostro, sus pechos eran más bien pequeños, pero bien plantados y su mejor parte era su trasero. Simplemente se puede decir que era sublime. Escandaloso diría yo, sus medidas totales eran 85—59—93. Tere era su prima, ya había terminado la carrera y tenía 25 años, medía 167 cm, era más bien feílla de cara, tenía eso si un buen par de tetas y un culo, aunque un poco caído bastante interesante, sus medidas serían 100—67—98

    La casa tenía tres habitaciones, a mí me tocó la habitación contigua al salón y las de ellas estaban en el fondo de la casa. Prácticamente desde el principio hicimos vida Macu y yo, pues Tere trabajaba y se pegaba toda la tarde fuera de casa y por las mañanas dormía hasta la hora de comer. Macu y yo éramos inseparables, pero nada surgió entre nosotros en los primero 4 meses de estancia. Yo que no me consideraba un pervertido tengo que reconocer que me excitaba ver sus prendas interiores colgadas del tendedero, pero a pesar de ello, nunca las había visto como algo más que amigas.

    Todo cambió una noche, estábamos Macu y yo en casa, y se nos ocurrió la idea de jugar al ajedrez. Ninguno de los dos sabíamos jugar mucho, pero si que es verdad que pronto me descentre, ya que estábamos jugando en su cuarto, y al estar sentados en la cama, cada vez que ella iba a realizar un movimiento, pero el escote le podía ver todo su pecho, eso hizo que mi pene respondiera. La noche termino sin ningún tipo de sobresalto más, pero para mí algo había cambiado, me había excitado con Macu, y eso produjo que me pegara una impresionante paja.

    A partir de ahí nada fue igual. Macu empezó a realizar gimnasia, me convenció para comprar una colchoneta donde poder hacer abdominales, y yo tenía pesas. Sobre las 19 horas todas las tardes Macu me deleitaba con sus ejercicios, no me perdía detalle, sobre todo me ponía muy cachondo la costuras de sus tangas detrás de las mallas que usaba. Empecé a masturbarme pensando en sus ejercicios casi a diario.

    Un día decidí hacer ejercicios yo, pero me llevé el instrumental a mi habitación, mientras ella echaba la siesta. Me duché y decidí acostarme, pero dejé la puerta de la habitación entornada. Al llegar las 19 horas ella salió a realizar sus ejercicios, y se dio cuenta de que los utensilios tenía que tenerlos yo. Toco la puerta sin asomarse, al ver que no respondía decidió entrar en la habitación, entro sigilosa y me vio totalmente desnudo encima de la cama, se quedó mirando unos instantes para posteriormente salir de la habitación.

    A los 10 minutos salí yo haciéndome el dormido, salí con un bóxer ajustado azul y una camiseta. Me senté en el sofá, pero ya lo que vi me puse cachondo. Pues ella lleva un top, que apenas le cubría sus pechos y dejaba el ombligo al aire y unas mallas blancas que nunca le había visto que apenas le tapaban el culo de lo cortas que eran, debajo se trasparentaba un super tanga de color rojo, ella me saludo y siguió con lo suyo.

    De pronto empezó a realizar flexiones de espaldas a mí, con lo cual me dejaba el culo a la altura de la cara, era impresionante, yo en ese momento tenía la polla a punto de estallar. De pronto ella se vuelve y me pregunta:

    —Tío, tienes la cosa revuelta.

    —¿Eh? —Respondí sorprendido.

    —Si, Sergio, tienes el aparato a explotar.

    Nunca habíamos hablado de nada sexual. Sorprendido la miré y dije es normal cuando te levantas de dormir.

    —Ya. —Dijo ella y siguió con sus ejercicios cada vez más cachondos.

    Al rato paro, se tumbó en la colchoneta y me dijo si podía darle un masaje, que tenía la espalda algo dolorida. Me dijo que la crema estaba en el aseo.

    Me puse de rodillas al lado de ella y empecé a untarle de crema e iniciar un masaje por la espalda. No llevaba ni un minuto cuando decidió quitarse el top de espaldas a mí y quedarse con la espalda al aire con la excusa de no mancharse. Ella de pronto me dijo que siguiera por las piernas. Yo ya no podía más, ¡que visión del culo tenía! Cuando ella se reincorporó un poco y se sacó la malla para que no se la manchara tampoco. Se quedo con ese diminuto tanga. Yo nunca la había visto así. Ella me dijo que, si no me importaba, que total éramos como hermanos.

    Yo debía estar con cara de tonto, pues ella me dijo que no me cortara y le masajeara. Yo ni corto ni perezoso cogí y le plante la mano en el culo y reinicie el masaje, ya sólo tocaba culo, hasta que me decidí a abrirle sus nalgas y tocar el ano, que corriente eléctrica le dio. Sin dudarlo bajé mi cabeza y empecé a chuparle el culo. Cierto que tenía algún pelillo, pero era delicioso y ella gemía. Ella de pronto se dio la vuelta y de un tirón me arranco el calzoncillo y comenzó a chupármela, joder que mamada me estaba pegando.

    Antes de correrme la aparté y le bajé el tanga, tenía el coño algo peludillo, y de un golpe se la metí. Estuve bombeando 5 minutos y empecé a soltar leche. Ella no conforme me pidió que le chupara el coño, y así llegó al orgasmo.

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  • Con la pareja de Cancún (2)

    Con la pareja de Cancún (2)

    Nos sentamos y cada pareja inició con un buen faje, metiendo mano a nuestros cuerpos, Vicente me abrió las piernas y le dijo a Raúl, mira lo que te vas a comer, así mismo Raúl le abrió las piernas a Sandy para mostrarle a Vicente lo que también se comería.

    Sobé la verga de Vicente y baje el cierre de la bragueta para sacarla y darle una buena mamada, el solo inclinó su cabeza hacia atrás para disfrutar de mi boca, pude ver a Sandy hacer lo mismo con Raúl, volteando hacia nosotros me mostró la verga de Raúl diciéndome, amiga ¿se te antoja?, te la cambio y de inmediato me paré para iniciar el intercambio con una buena mamada.

    Raúl solo cerró los ojos y se dejó llevar, para estar más cómodos le bajé por completo el calzón y el pantalón abriendo sus piernas y me coloqué en medio, tomé su verga con ambas manos y comencé a chuparle la cabeza, lamiendo con la lengua la cabeza para después bajar por todo el tronco hasta los huevos y chuparlos, lo estuvimos disfrutando mucho, del otro lado también vimos a nuestras parejas hacer a un lado los calzones para iniciar un rico 69 comiendo sus sexos como locos Sandy gritaba y se retorcía de placer disfrutando mucho, Vicente ni se diga le metía la lengua hasta el fondo saboreando sus jugos que derramaba a chorros.

    Raúl me sentó y ahora fue el quien se hinco para abrir mis piernas hizo a un lado el bikini para darme una rica mamada de vagina, pero aprovechando mis jugos, por lo

    caliente que me tenía, apuntó con su dedo y lo fue metiendo en mi ano, nunca me lo habían hecho aunque sentí un poco de dolor al principio poco después sentí placer.

    Le pedí que si quería pasar al potro del amor o directo a la cama, se quedó pensando un poco y me dijo hazme un striptease en el tubo mientras te veo en el postro, listo para que me montes, le dije valla que me resultaste muy morboso y reí, acomodé un poco el vestido y me dirigí al tubo, Vicente y Sandy pararon su rica mamada para incorporarse y ver mi baile erótico, también se acomodaron en el otro potro del amor el recostado y ella en medio de los dos de tal forma que tenía las dos vergas a su alcance, puse en el celular algo de música y comencé a moverme lo más erótica que podía me agachaba mostrando el culo, viéndolos a ellos de lado.

    Y fui abriendo lentamente el cierre del vestido, deslice la parte de arriba hasta dejar ver mis pechos envueltos en el bra transparente seguido fui jugueteando con la cintura del vestido para poder bajarlo lentamente hasta las zapatillas, me moví de un lado a otro caminando sensual y de repente hacia a un lado el bikini para mostrarles mi panchita o me agachaba y les mostraba el culo, los dos estaban bien calientes con la verga parada, lo que aprovechó Sandy para darles una mamada alternada, mientras mamaba a uno al otro los masturbaba, esa escena a mí me calentó mucho y me baje del tubo para unirme a ella y disfrutar mamando a ambos, mientras Sandy lo manaba a uno yo al otro y nos cambiábamos.

    Sandy se quitó el vestido para quedar solo con la ropa interior.

    Aprovechamos la posición que tenían ellos para subirnos solo hicieron los bikinis de ambas a un lado y los montamos, yo lo hice de espaldas a él para que me diera una buena sobada de culo y se deleite viéndolo con el bikini a un lado y metiendo y sacando la verga de mi panocha, Sandy montó a Vicente de frente y le pedía que le sobara las tetas, Sandy estaba enloquecida de placer yo creo que por lo gruesa que la tiene Vicente ya que le decía así así así dame más, gritaba y apretó los brazos de Vicente encajando sus uñas, se vino escandalosamente.

    Raúl no se quedaba atrás también me sobaba las nalgas y me decía que gran culo tienes, quiero penetrarlo, pero yo le decía que no, aún me daba temor recibirlo por ahí.

    Me moví más rápido hasta tener varios orgasmos, fue muy placentero, me separé un momento y después de un rato decidimos irnos a las camas para estar más cómodos.

    Ya en la cama le pregunté cómo quería cogerme y me dijo que en cuatro pues quería seguir viendo mi culo mientras me penetra, me quite el bikini y me puse en cuatro para recibir ese hermoso trozo de carne, apuntó con la cabeza de su miembro en mi vagina y lo fue metiendo poco a poco sentí delicioso cada centímetro que entraba, me moví con mayor rapidez para hacerlo venir logrando inundar mi vagina con su leche caliente, fue delicioso sentirla me provocó otro orgasmo.

    Nos recostamos un rato para reponernos.

    Con la otra pareja, Sandy tomó la iniciativa tomó de la verga a Vicente y lo llevó a la otra cama, se acostó abriendo sus piernas para recibir a Vicente con piernas al hombro.

    Vicente se veía muy satisfecho de volver a penetrar a Sandy, seguramente por el perrito vaginal que ella posee, ella también se veía muy satisfecha de volver a ser penetrada nuevamente por esa verga gruesa de mi esposo se le veía una cara de satisfacción cuando Vicente se la fue encajando lentamente una vez que la tuvo adentro le pidió a Vicente que se moviera más rápido que ya quería venirse de nuevo los movimientos y jadeos de Sandy hicieron que Vicente se viniera junto con ella, clavó sus uñas en la espalda se Vicente soltando un largo gemido de satisfacción, recibiendo toda la leche dentro de sus entrañas, se tumbaron para descansar un poco.

    Raúl se repuso y me pidió que se la volviese a mamar solo que le dije que hiciéramos un 69 para que los dos lo dos disfrutemos, y así lo hicimos, yo le chupaba ese pitote desde la punta bajando por el tronco hasta los huevos aprovechando para limpiar los restos de semen que aún tenía, y entre los huevos y su ano le di lengua, esto lo hizo gozar más ya que suspiraba y me decía así así que rico, sabes mamar muy sabroso, él también me daba una buena lengüetada y también limpiaba los restos de su semen, creo que supo llegar a mi punto g ya que me hizo venir nuevamente, el también explotó en mi boca haciendo que me tragara toda su esperma.

    En la otra cama Sandy y Vicente ya se quedaron dormidos abrazados, sentí un poco de celos pero a la vez también me excitaba verlos.

    Raúl también se recostó y me abrazó acariciando mi cuerpo cómo no queriendo que terminara el momento, nos dormimos hasta las 10 de la mañana que nos despertaron los ruidos de las chicas de limpieza que realizaban el aseo en las otras habitaciones, nos duchamos y arreglamos, ya listos para salir Sandy nos invitó a desayunar a algún restaurante cercano, y aceptamos, antes de salir de la habitación, como despedida Vicente abrazo a Sandy y Raúl me abrazo a mi agarrando cada uno nuestras nalgas, nos dieron las gracias por todo el placer recibido.

    Salimos cada quien con su pareja, ya en el restaurante, Vicente le pidió a Raúl el monto de lo que se gastó en la habitación y se lo transfirió a su cuenta.

    En el restaurante mientras desayunamos comentamos la experiencia y a todos nos pareció muy buena, Vicente externo que Sandy es fenomenal cogiendo, que es la primera vez que se coge a una mujer con perrito, Raúl opino que a él le encantaron mis nalgas y que sí se podía dar le encantaría cogerme el culo, Sandy estaba fascinada con lo gruesa que la tiene Vicente y su aguante, que la dejo rendida, yo externé que Raúl tiene un muy buen miembro y que su leche sabe muy rica, saborear otro aroma, otro sabor fue riquísimo.

    Vicente propuso volver a repetir, pero que ya que Raúl tiene obsesión por penetrar el culo de Alicia, y Sandy no se queda atrás, la siguiente fuera con penetración anal, yo dije, no cuenten conmigo, pero Sandy me pidió que no la dejara sola, que ella si quiere experimentar, le dije que me diera tiempo para prepararme y todos festejaron.

    Después de un rato nos despedimos.

    Salimos del hotel con pareja intercambiada aún y nos despedimos ambas parejas dándonos un beso cachondo y tocando nuestros cuerpos antes de subir a los autos.

    Llegando a casa Vicente me dice, sigo sin creer que hayas aceptado que te rompan el culo, le dije que me excita pensarlo pero me da miedo el dolor de la penetración, voy a asesorarme y tal vez me convenza.

    Hasta aquí queridos lectores, ojalá que le haya gustado.

    Después a través de mi amiga les haré llegar el relato de como nos fue en el segundo intercambio.

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