Autor: admin

  • Mamá me pilla masturbándome con sus bragas

    Mamá me pilla masturbándome con sus bragas

    Todo comenzó a media tarde de hace un par de días, habíamos comido y yo pensaba que mi madre estaría en el sofá echándose la siesta, estaba cachondo así que fui al baño abrí el cesto de la ropa sucia y cogí unas bragas de mi madre, me volví a la habitación y me tumbe en mi cama y me empecé a hacer una paja mientras olía las bragas de mi madre.

    Cual fue mi sorpresa cuando sin esperarlo mi madre abre la puerta de mi habitación y me pregunta que estaba haciendo, pillando me de lleno, trate de taparme, pero me fue imposible, mamá llegó a mí habitación con una camiseta de tirantes ajustada y unos shorts a juego, estaba bastante provocativa y en la situación en la que me encontraba era la chispa perfecta.

    Me tape con la almohada mientras ella miraba para otro lado, me cogió las bragas con las que me estaba masturbando y enfadada me dijo ¡¿Que es esto?!

    Yo avergonzado por la situación me sincere con ella diciéndole que solo me estaba aliviando, al escuchar eso lo primero dijo fue “oh dios mío” mientras miraba hacia al techo sin poder creer lo que estaba viendo. Me sincere con ella diciéndole que no podía evitarlo que ella me ponía bastante y era algo que no podía evitar hacer y que de esa manera me aliviaba.

    Entretanto le dije que desde que lo dejó con papá no le veía tan animada a excepción de momentos puntual como comenté anteriormente, y me dijo que tenía razón que llevaba un tiempo que estaba más desanimada y que a decir verdad conmigo se sentía muy bien y que se lo pasaba muy bien conmigo y se divertía.

    Le comenté que no podía parar de pensar en ella y acto seguido mientras me sonreía me dice, ya lo sé cariño yo tampoco puedo dejar de pensar en ello y en como nos divertimos.

    Mama se acercó a mí mientras yo estaba sentado en la cama, me cogió de la mano poniéndola sobre su cintura le quité la camiseta dejando sus preciosas tetas al aire y fui directo hacia ella rozándole los pezones con mi lengua primero con la teta izquierda y continuando con la derecha provocando que mamá jadeara de placer lentamente mientras se las chupaba.

    Ella me acariciaba el pelo y mientras lo hacía me decía que esto era algo que no se imaginaba que se repitiese pero es que mi padre lleva mucho tiempo sin tocarle y ella tiene sus necesidades. A continuación me susurró déjame que te coja la mano instantáneamente me la deslizó lentamente hacia abajo tocándole el coño, sentía como ella lo disfrutaba, su respiración se aceleraba por momentos y estaba disfrutando del momento como si no hubiera nada más solo ella y yo.

    Tenía los shorts empapados y así lo susurré, al oírme mamá me dijo “es que tú madre está muy mojada y tienes ganas de fiesta” yo le sonreí mientras ella me miraba, tiro la almohada al suelo y me dijo ahora te voy a hacer disfrutar, me tumbe sobre la cama mientras veía como ella se quitaba el pantalón delante de mí, para mí asombro no llevaba nada más debajo y pude ver por un instante su jugoso coño con vello recortado, al verlo sentí una sensación de excitación que no podía con ella estaba deseando comérmela.

    Aprovechando que me había dicho que me tumbara en la cama mamá se puso frente a mi regalándome una mamada de infarto, que placer como la chupaba era maravilloso, mientras lo hacía ella me susurraba lo rico que estaba lamiéndome cada centímetro de ella, no podía evitar jadear me salía solo, lo estaba disfrutando muchísimo, le aparté el pelo hacia un lado y enseguida escuche como se atragantaba con ella, salivándomela nuevamente.

    A continuación me dijo “ahora me toca disfrutar a mí”, se incorporó en la cama con las piernas abiertas y arrodillada le empecé a acariciar el coño, lo tenía súper mojada con vello pero recortado no podía parar de pensar en comérmelo, se lo acaricie con los dedos, mamá no tardó nada en empezar a jadear ansiaba con ganas que ese momento surgiera y así fue.

    Se puso encima de mi con el coño sobre mi cara y se lo empecé a tocar mojando mis dedos con saliva y pasándolos una y otra vez sobre su clítoris a la vez que ella continuaba con la mamada que me estaba brindando. Empecé a comerle el coño, estaba exquisito y poco después a mamá se le escapó un sonoro gemido de placer, estaba muy cachonda y yo lo podía notar, ella me susurraba cariño, me encanta lo bien que me lo comes, no pares sigue así cariño mientras soltaba una leve carcajada.

    Segundos más tarde mamá se movió hacia delante y me cogió la polla metiéndosela en su coño lentamente, empezó a cabalgarme, que placer me dio de repente estaba muy cachondo y la tenía súper dura. Se la metió lentamente y enseguida exclamó “ohh, si” mientras lo hacía observaba como sus nalgas se separaban dejando a la vista lo que tanto deseaba, me chupe lentamente el dedo y aproveche para metérselo en el culo, nada más sentirlo mamá grito exclamando ¡¡Ohh dios, cariño!!

    Fui metiendo el dedo lentamente y jugando con el metiéndolo y sacándolo instantes después, a continuación mamá empezó a cabalgarme cada vez más rápido me estaba encantando y podía apreciar como a ella también le gustaba, los muelles de la cama sonaban constantemente se notaba que estábamos a tope. Le agarré de las nalgas mientras ella continuaba estaba a mil y ese culo estaba para comérselo, le di dos azotes acariciándoselo posteriormente.

    A continuación se la sacado se arrodillo a mí lado y me beso la polla mientras se la volvía a meter en la boca. Volvió a cabalgarme instantes después pero está vez cambiando de postura, estábamos cara a cara y podía ver cómo lo estaba disfrutando, la cara que ponía de placer era maravillosa. Me agarre a sus tetas mientras lo hacía, ella me jadeaba que era suyo y que no me soltaría, sentía como un líquido corría lentamente por mi polla procedente del coño de mi madre, se había corrido.

    Le pegué unas fuertes embestidas mientras ella jadeaba diciendo que siguiera así que no parase. Me quité la camiseta y segundos más tarde la puse a cuatro para metérsela lentamente por el coño nuevamente. Mama no paraba de gemir sentía que a los dos nos quedaba muy poco y minutos más tarde arrodillado en la cama mamá aprovecho para hacerme otra de esas mamadas que me habría obsequiado minutos antes.

    La tumbé sobre la cama y apure hasta el último instante antes de correrme metiéndosela nuevamente por el coño los dos estábamos disfrutando de un momento maravilloso entre madre e hijo, mientras ella por su parte se frotaba el coño, le di las ultimas envestidas previas a la explosión final y termine corriéndome sobre sus maravillosas tetas, expulsando toda la leche que tenía acumulada.

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  • Cuando mi esposa se iba de rumba

    Cuando mi esposa se iba de rumba

    Buenas a todos los lectores de esta página.

    Hoy les voy a contar una de las tantas historias que me han pasado en el transcurso de mi vida, las que he disfrutado gracias a las circunstancias de la vida que se me han presentado.

    Resulta que era viernes y ya estaba en un pequeño problema con una cuenta bancaria al punto de que podría perder mi trabajo si no resolvía el asunto, así que no tenía idea de qué hacer excepto buscar una solución.

    La jornada laboral estaba terminando y ese día no quería salir a tomar unos tragos con mis compañeros de oficina, así que me fui a casa, con la esperanza de comer, tomarme unas pastillas para poder dormir y descansar toda la noche.

    Cuando llegué a casa, mi esposa también había llegado y estaba en la habitación. Encendí el estéreo y puse un disco de salsa romántica, saqué una cerveza de la nevera y me senté a escucharla y pensar en una solución a mi problema, hice dos llamadas a unos amigos para pedir ayuda. En ese momento baja mi esposa por las escaleras, la vi venir vestida con un vestido negro de minifalda y aberturas a los costados desde la cadera, zapatos de tiras altas. Escucho su voz sorprendida de verme en casa temprano un viernes.

    -Oye papi, que milagro que hoy hayas llegado temprano.

    Nos saludamos con un beso y le pregunté si iba a salir cuando la vi toda arreglada y maquillada.

    Ella responde.

    -Sí, mi amor, voy a ir al departamento de una de mis compañeras de la oficina.

    Se acerca al espejo de la entrada y saca un labial de su pequeño bolso, que se aplica en los labios. De pronto suena la bocina de un auto y ella me mira diciendo.

    -Bueno papi, ya están aquí por mí.

    Se acerca a mí, me da un beso y le pregunto.

    -Vas a tardar un rato.

    Ella responde.

    -Oye papi, no tengo idea, es mejor que te duermas porque seguramente llegaré tarde.

    A lo que le comenté.

    -No es muy probable que me tome una pastilla para dormir.

    A lo que ella responde.

    -Perfecto papi, tómala para que puedas dormir y descansar toda la noche. Bueno adiós.

    Teresa camina hacia la puerta, me siento en el sofá y la veo caminar, meneando su cuerpo. Puedo ver la curva de sus nalgas y pienso

    Wow, menos mal que se va a casa de sus amigas. Se fue cerrando la puerta dejándome sola. Fui a la cocina a preparar algo de comer y luego subí al cuarto a tomarme la pastilla, ponerme la pijama y acostarme a ver la tele.

    Me quedé profundamente dormida y al día siguiente me desperté y Teresa estaba acostada a mi lado. Me levanté para hacer un café para las dos, volví al cuarto con los cafés, la desperté diciendo.

    -Buenos días mi amor, como estas despertando, bebiste mucho.

    A lo que ella responde.

    -No papi, en realidad no, pero me la pasé muy bien y quedamos en repetirlo

    A lo que yo respondí.

    -Bueno mami me alegro que te diviertas con tus amigas.

    A lo que ella me responde con una sonrisa pícara.

    -Si mis amigas locas.

    Pasaron los años y me enteré que esa noche Teresa no fue con sus amigas, esa noche Teresa fue al departamento de uno de los granjeros que la visita en su oficina, quien fue quien la fue a buscar, al llegar a su departamento se besaron apasionadamente desvistiendo sus cuerpos para tener sexo por más de seis horas. Ella me contó los detalles de esas seis horas paso a paso, sorprendiéndome con su forma de decirme lo mucho que lo disfrutó, tanto que se volvieron a ver muchas veces y hasta en mi propia cama disfrutaron del cuerpo del otro.

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  • Un día como otro

    Un día como otro

    Era un día normal y me encontraba jugando dominó con mis amigos de la universidad, y al hacerse más de noche y ya que tomábamos cervezas, nos fuimos quedando pocos; así que cuando no pudimos seguir, decidimos irnos a beber en bares cercanos,

    Nos buscamos unas putas que estaban allí pero no teníamos para pagarles sus servicios, así que nos dispusimos a irnos cada quien a su casa.

    Ya en camino un compañero se regresa porque extravío sus llaves y regresamos a los lugares a ver dónde pudo haber quedado. Nos tomamos otras cervezas y salimos sin encontrar nada… por lo que le dije “mejor te quedas esta noche en casa”, por lo tarde que era.

    Al llegar a casa mi mujer molesta me reclama y le digo lo sucedido. Bueno bajo un poco su cólera y fue a buscar unas sábanas y almohada para que pudiera dormir en el mueble. Mientras yo busque algo de beber y seguir hablando pendejeras.

    Ella llega y nos reclamó que porque no les invitamos algo también, lo cual hicimos, luego de varias cuba libres, nos dimos cuenta que en la tv había una película erótica y nos reímos y comentamos lo que veíamos je. Je… ya con los minutos Eva (mi mujer) se empezó a calentar porque podía ver sus movimientos disimulados.

    José también se dio cuenta y quiso cambiar de canal pero Eva no lo permitió. Salí a servir los tragos y de regreso él le mostraba su pene a ella y le insinuaba que lo agarrara… me moleste un poco pero me quede observando que pasaría.

    Hasta que ella lo tomo con una mano y lo palpaba, lo jalaba y José le pedía que siguiera con gusto; yo miraba lo que acontecía hasta ver donde llegarían, José le tomada la cabeza y le decía que se lo chupara… pero ella se resistía lo que hizo que llegara y parara esa escena haciéndome el ofendido y ellos muy alegres me dijeron únete, agarraron los tragos y José se quedó con su pene afuera y Eva se lo seguía meneando sin ninguna vergüenza… (que puta me salió).

    Ya molesto me la llevé a la habitación y le reclamé a lo cual por efectos del alcohol, alegre me decía viste como la tiene dura y reía… me dijo de repente deberías agarrársela para para que la sientas, lo dura que esta que me provoco meterla en mi boca y chuparla… le dije cámbiate y acuéstate, y si quieres chupar hazlo con la mía.

    Se puso algo bien sexy que me encanta y salió a desnudarme. Me gustaba lo que se puso y como le lucia. Quería buscar pelea je je. Yo todavía un poco molesto me le acerque y empieza a acariciar, tomo mi pene algo flácido por lo que había pasado y empezó hacerme una paja y me decía que no estaba tan duro como el de mi amigo. Para seguirme molestando.

    Me pregunto si me gustaba lo que llevaba puesto, a lo que le dije que si, rápidamente ella me desnudo por completo y empezó a mamarme la verga y seguía con lo de cuan dura la tenía José. Cosa que me termino de molestar y le dije que quieres ¡tíratelo!. A lo que respondió sarcásticamente: no sería mala idea.

    Se levanto fue a la cómoda donde guarda su lencería y saco una panty satinada brasier y medias de liguero de mismo juego que sabe que me encanta cuando las usa y me dijo: póntelas, le respondí ¿te volviste loca? ella contesto póntelas porque aquí solo hay un solo hombre. Me sentí confundido al escuchar eso… y me puse la panty. Y ella rio ja ja, que linda se te ve; hasta se te nota un hermoso culito e insistía que era todo el juego medias y brasier.

    Un baby doll también saco y seguía con que tenía que usarlos, mire mi imagen al espejo y se notaba lo que me decía. Me convenció jugando y haciéndome cariñitos y la complací y luego me pregunta te excita lo que vez al espejo verdad, tu verga reacciono y la tomo y se la metió en la boca y la mamo un buen rato hasta hacerme llegar en su boca; acariciando mis piernas envueltas en esa fina tela como segunda piel y mis nalgas dentro de su panty.

    Se acercó y me dio un beso profundo con lo cual aprovecho de darme una parte de mi leche que guardaba en su boca.

    Luego me pidió que buscara unos tragos, yo iba a quitarme la lencería y me pidió que fuera así. Total tu amigo debe estar dormido.

    Le dije no, no, no, y me respondió con una pregunta: ¿no te atreves a ir así? le respondí que no, ella se giró se abrió las nalgas y me enseño su anito chiquito, (que me vuelve loco) si lo haces te lo doy ya. Quise ponerme el pantalón de la pijama, pero fue imposible por ella. Hasta que en tono alto me dijo hazlo de una buena vez.

    Entre sigiloso a la cocina sin hacer ruido busque un par de vasos y busco los hielos y el ron para servir los tragos, cuando de pronto siento que José entra a la cocina y me mira y dice pero que linda te vez, hasta pareces a tu linda esposa je je.

    Me sonrojé por la pena que sentí y le dijo que no es lo que parece, es solo un juego que invento mi esposa… me miro y solo dijo prepárame uno a mí también, busque otro vaso y mientras me agachaba para sacar el hielo de la nevera, él se aproximó por detrás y me agarro el culo sobre esa tela satinada, sentí sus dedos pasar por la raja de mi culo hacia arriba y abajo y me pare enseguida, con lo cual el vaso se cayó y quebró haciendo algo de ruido. Lo empujé y él se aferra a mi agarrándome de la cintura y pegándose a mí por detrás, con lo que pude sentir su cosa dura entre mis nalgas bajo su pantalón.

    Mi mujer llega por el ruido así como estaba vestida tan sexy y al mirarnos le dice a José: pensé que te gustaban las mujeres. Él le dijo al no verte más y ver entrar a esta chica quise que sintiera lo que tú ya tocaste. Solo que esta mujer le falta algo todavía ja ja y ambos rieron mientras me soltaba.

    Con un poco de malicia ella respondió creo que con un corsé negro y algo de relleno en el brasier lucirá hermosa sin maquillaje ja ja, suéltala para que sirva los tragos.

    Me soltó pero me dio una nalgada que sonó en la cocina y no sabría decir si me gusto o me molesto…

    Recogí lo vidrios y al preparar los trago voy a la sala y veo a José parado con su verga afuera en la boca de mi mujer. Me digo venga traiga esos tragos y mira como lo hace tu esposa quizás aprendas también. Algo enojado le doy el trago a José y me fui a tomar el mío; pero Eva se lo saca de la boca y me dice pajealo un ratico no dejes que pierda la dureza ya vuelvo, siente su dureza, lo que te decía y hazlo ya sin tanta vaina pues. Que voy a buscar algo rapidito y me jalo hacia José.

    Me puso al lado y llevo mi mano a la verga dura de aquel hombre para que le pajeara.

    Él me dice aprovecha chúpala tú también antes que vuelva para que pruebes un verdadero macho. Yo seguía pajeándolo y él quería empujar mi cabeza hacia abajo, a su pene mientras yo me rehusaba.

    Llego mi esposa que miraba desde la entrada de la sala y trajo varias cosas y me increpo te dije que lo mantuvieras duro,

    José tomo otro sorbo de su trago, cuando siento algo a mi alrededor, Eva intentaba ponerme un bello corse de ella. Me quejé y solté a mi amigo que me dijo continua mi reina. Sentí un escalofrió porque no supe para quien era eso que acaba de pronunciar. Eva contesto no dejes de masturbarlo o si quieres mételo en tu boca y pruébalo, anda hazlo. Estas loca le respondí y ella seguía ajustando ese corse que me apretaba.

    José aprovecho y de un jalón me puso de rodillas y su pene quedo frente a mi cara y mi esposa me empujo para ponerlo cerquita a mi boca y me decía ábrela mi amor, siente a un macho de verdad y empezó a sentir un poco de temor a escuchar a Eva.

    Apretó muy duro el corsé que me hizo gritar lo que aprovecho José para meterme su pene en la boca mientras agarraba mi cabeza. No me dejaba respirar ya que empujaba mi cabeza hacia su pelvis.

    Eva al mirarlo me dice relájate no te asustes, pruébalo y José fue soltando un poco hasta que pude respirar. Mientras Eva a mi lado coloco relleno el brasier para que parecieran tetas y me decía aprovéchala, siéntela, chúpala, como yo te lo hago anda amor hazlo. José no dejaba que lo sacara de mi boca ya que me sujetaba la cabeza con ambas manos. Me follaba la boca. Empecé a relajarme y comencé a chupar o mamar sintiendo ese sabor agridulce salado; Eva al ver eso me dice te ayudo y entre las dos podemos. Me sentí extrañado nuevamente al ser tratado como chica por mi esposa y me gusto. Aproveche la deje y busque mi trago para poder tener otro sabor en mi boca.

    Eva lo sentó en el mueble y se ensarto ella misma dando un largo suspiro, haciendo un ladito su tanga mientras él me decía mira cabrón como la estoy haciendo disfrutar si, si, si… eso hizo que explotara llenándola de semen, mientras ella quería más…

    Lo saco semi erecto y me pedía que lo limpiara con mi boca y así supiera como sabe mi mujer ahorita. Y lo hice y comprobé el sabor de la vagina de ella con ese extraño sabor que probaba por vez primera.

    Eva pedía más y me pidió que la clavara allí mismo, lo cual hice sacando mi pene por un lado de la panty(disfrutaba mucho esa lencería)y metiéndosela en donde hace poco él había llegado y que estaba lleno de su semen.

    Estábamos sobre el mueble ella en cuatro y yo dándole de perrito, olvidándonos un rato de nuestro amigo. El llego con un trago le dio a ella y también un beso largo y se dijeron algo que no entendí y se para a nuestro lado a ver como follaba a mi esposa… yo la tenía tomada de las caderas y bombeaba. Por el corse que tenía no sentí que José me acariciaba la espalda hasta que llego a mis nalgas.

    Le veía pajearse a mi lado mientras sentía el rose de su mano sobre mi panty satinada que usaba, era una sensación rica pero extraña. Se alejo y llevo el vaso a la mesa y sentí que se paró detrás de mí y me agarro de la cadera me pegaba su pene entre las nalgas sobre la satinada tela. Que me volvió loco e hizo que llegara dentro de mi mujer también y ella llego con mi descarga, lo que hizo que me saliera de ese inundado coñito.

    José seguía dando sobre la panty y ella excitada se sentó a mirar en un sillón y me alentaba, vamos chica disfrútalo. En una de esas él metió su pene por un lado de la panti y lo dejaba subir y bajar por mi raja rozándome el ano y llenándolo de líquido pre seminal que lubricaba ese camino nunca antes transitado.. Sentía su textura y su dureza rica. Hasta sentir unos puntazos de su cabeza queriendo entrar: lo que me asusto un poco, pero se sentía rico ese dolorcito extraño.

    Eva se acercó me beso y me dijo relájate no tengas miedo lo vas a disfrutar como yo hago cuando tú me lo haces. Con el subir y bajar por mi raja me gusto hasta que sentí como se abría paso la cabeza que me dolió y grité un poco y mi esposa dijo tranquila amor. ya va a entrar déjala pasar relájate. Me dolía, la quería sacar, pero José se aferró a mis caderas y dijo espera que se acostumbre. Mi esposa se metió mi pene en su boca para relajarme un poco. Esperamos y luego el escupió sobre lo que faltaba de su pene fuera de mí. Me repetía déjalo entrar mi reina, ya está casi esta toda adentro. La saco un poquito y luego lo metió de golpe que me hizo gritar.

    Me sentía lleno con ganas de cagar y adolorido y le pedía que lo sacara, pero él se abrazó de mí y no me dejaba mover. Yo llore al sentirme adolorido, mi esposa le dijo bruto no ves que es virgen la niña. Cómo me tenía apretada desde atrás me dio un beso en la mejilla con mis lágrimas y me dijo tranquila amor ya la vas a disfrutar. Mi esposa busco el teléfono y nos tomó una foto así quitecito como estábamos. Yo ensartado y nuestro macho atrás de mí.

    Empezó a moverse poco a poco hasta que fui sintiendo que el dolor iba pasando. Cuando lo pudo sacar un poco Eva le echo un poco de lubricante para mi alivio y fui sintiendo como ese rolo duro entraba y salía dentro de mi dándome un no sé qué indescriptible. Luego lo sacaba lo lubricaba y lo metía y me daba rápido.

    Eva se masturbaba con dedos y choreaba de lo excitada que estaba con la esa nueva situación (yo su esposo vestida de puta por ella y ensartada por un macho. Por su culpa), llegue a gemir como si fuera una chica no lo entendía y no comprendía hasta que explote sin tocarme y al sentir mis espasmos y mi ano apretar su pene, sentí como se hincho un poquito más y me lleno el culo con su esperma.

    Eva me agarro el pene y me dijo que dura la tienes como que te a gustado muchísimo.

    José espero que se pusiera un poco flácido para que saliera solo de mí. Y aunque no crean llegue a extrañar ese raro instrumento de placer que me taladro por un rato, salió su leche con un poco de sangre y algo de caca. Eva rio y dijo ya es toda una mujercita le llego su primer periodo ja ja.

    Las piernas me dolían y no podía moverme me llevaron a la habitación Eva me limpio un poco puso un toalla sanitarias de ella (de burla) en mi panty y me dijo a si no mancharas. Me acostaron en la cama y se acostaron a mi lado. Eva me puso una linda falda y me pinto los labios, mientras estaba acostado. José me abrazo y me dijo al oído eres mía Felisa. Me asuste y me volvió a decir así te llamaras Felisa.

    Nos dormimos el me abrazaba y ella a su lado.

    Desperté casi al medio día adolorido y me dolían los músculos del cuerpo sobre todo mi ano je je. Mi esposa no estaba solo sé que él le dio sus buenos días porque me conto luego que también le rompió el culo a ella. Pasamos la tarde abrazados en la cama yo todavía vestido como mi esposa quiso.

    No sé si encontró la llaves, lo que si sé que tiene una llave para nuestros culos y bocas. Durante varios días no quise verlo lo esquivé y no atendí sus llamadas e incluso falte a la universidad varios días por la pena de lo que había pasado o si había dicho a alguien de eso.

    Mi esposa me llama Felisa de vez en cuando y quiere que duerma en lencería como ella. Ya casi no salgo a beber con los amigos. Y quiere repetir la historia, pero le digo que no, aunque a veces me excito pensando en eso.

    No sé qué pasara si veo a mi amigo de nuevo.

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  • Nuestra primera noche en un club swinger

    Nuestra primera noche en un club swinger

    Esta es la historia de la primera vez que visitamos un club swinger con mi esposa.

    Aquella noche nos entregamos por completo: tríos, intercambios, orgías y todo tipo de excesos calientes.

    Todo empezó alrededor de las 23 h, cuando nos dimos de una ducha de a tres (mi esposa, otra mujer y yo), nos enjabonábamos, besábamos y tocábamos intensamente (esa historia la contaré en otro momento).

    Después de esa ducha ardiente, mi esposa comenzó a vestirse. Se puso una tanga diminuta que apenas cubría su concha recién depilada, tan suave y provocativa que parecía pedir ser lamida. El hilo que se perdía entre sus nalgas; luego, un short negro tan corto que apenas le tapaba las nalgas, y una remera de red que dejaba sus tetas prácticamente al descubierto con los pezones duros marcándose.

    Una bomba sexual lista para explotar.

    Una vez listos, bajamos por el ascensor. Seguíamos acompañados por la otra mujer, así que durante el trayecto seguimos besándonos y manoseándonos los tres. La vagina de mi esposa seguía húmeda y mi erección era incontrolable.

    Tomamos un Uber y llegamos al boliche. Ingresamos con algo de nerviosismo; si bien ya habíamos roto el hielo con un trío algunas horas antes, seguía siendo un ambiente completamente desconocido para nosotros.

    El lugar era sencillo, casi no se diferenciaba de un boliche convencional.

    Lo primero que hicimos fue subir a una terraza a tomar unos tragos y fumar unos cigarrillos.

    En ese momento, un hombre se acercó y, notando que éramos nuevos, muy amablemente nos explicó el funcionamiento del lugar y dónde estaban los reservados.

    Ya muy ansiosos y excitados, terminamos los tragos y decidimos conocer uno de los reservados. En esa sala solo se podía ingresar en parejas.

    Una vez adentro, había una luz tenue y sillones continuos alrededor del salón. Era temprano, por lo que había muy pocas personas; de hecho, solo una pareja parecía a punto de empezar a coger.

    Me senté, y mi esposa, como una puta hambrienta, se subió encima mío, moviendo las caderas en círculos, besándome salvajemente.

    La calentura subía a niveles altísimos en cuestión de segundos..

    Ella no aguantó más, se arrodilló frente a mí, bajó mi pantalón, y liberó mi pija dura y palpitante. Comenzó a chupármela como solo ella sabe hacerlo: siempre le digo que es una petera increíble, porque se la traga entera con una habilidad única.

    Después de varios minutos de chupármela con ganas, se levantó, se secó la baba alrededor de la boca —es muy babosa cuando chupa— y volvió a subirse encima de mí. Esta vez le saqué el short, dejando su culo entangado totalmente expuesto al resto de la gente, que para entonces ya empezaba a llenar la sala.

    Varios no podían dejar de mirar ese culo con deseo.

    Corrí su tanga a un lado y comencé a penetrarla, sintiendo su concha caliente y húmeda tragándome la pija.

    El ambiente era cada vez más salvaje: cuerpos desnudos, gemidos en el aire, el olor del sexo flotando en cada rincón.

    Nuestra excitación no hacía más que aumentar.

    Casi sin darnos cuenta, una pareja se acercó y se instaló a nuestro lado, cogiendo también.

    Mientras seguíamos dándolo todo, mi mano fue a parar a las tetas de la otra mujer; empecé a frotarlas y a jugar con sus pezones erectos.

    Al mismo tiempo, el otro hombre comenzó a manosear el culo de mi esposa.

    En cuestión de segundos, estábamos todos conectados: cada uno cogía a su pareja mientras manoseaba a la del otro.

    Finalmente, decidimos intercambiar.

    Me hice a un lado y la otra mujer se subió sobre mí, completamente desnuda.

    Comencé a chuparle las tetas con hambre mientras la penetraba. Su concha estaba tan mojada que podía sentir cómo brotaban pequeños chorros de su interior, mientras yo la agarraba del culo y la embestía con fuerza, sus gemidos eran desesperados.

    Mi esposa, a mi lado, cabalgaba la pija del otro hombre.

    Verla coger con otro frente a mí fue una de las escenas más excitantes que jamás haya vivido.

    El hombre estaba tan caliente que, al poco tiempo, acabó dentro de ella dejándola llena de semen.

    Se retiró, y mi esposa se quedó a mi lado, mirándome mientras yo seguía cogiendo a la otra mujer.

    Nos tocábamos los tres, excitados al máximo, hasta que mi esposa, con una voz llena de morbo, le preguntó a la chica:

    —¿Te gusta cómo te coge mi esposo?

    La respuesta de la mujer fue un grito ahogado de placer, su cuerpo estremeciéndose alrededor de mi verga, temblando mientras se corría brutalmente sobre mí.

    Después de esa primera experiencia de intercambio, decidimos salir a tomar un poco de aire.

    Aunque nuestros cuerpos estaban transpirados y nuestras mentes saturadas de placer, la excitación seguía hirviendo por dentro.

    Tras ese breve descanso, no pudimos resistir la tentación de volver a los reservados, esta vez a uno donde entraban tanto parejas como hombres solos: el terreno perfecto para una orgía. Apenas entramos, me senté en uno de los sillones.

    Mi esposa, todavía incendiada de deseo, se quedó en tanga en cuestión de segundos, se arrodilló entre mis piernas y empezó a chupármela otra vez, como la puta hambrienta que estaba demostrando ser esa noche.

    Era prácticamente la única mujer en la sala.

    Varias cabezas se giraron al verla así: una putita deliciosa, en tanga, mamando una verga con desesperación.

    No tardaron en acercarse.

    Un hombre se sentó a mi lado, sacó su pija dura, y mi esposa, apenas la vio, no pudo resistirse: empezó a hacerle un pete húmedo y voraz, pasando de una verga a la otra como si fuera su fantasía más profunda.

    Mientras la chupaba, no soltaba mi pija, masturbándome con su mano suave y mojada de saliva.

    El espectáculo era brutal.

    En cuestión de minutos, estábamos rodeados de hombres, todos con la pija afuera, haciéndose pajas mientras observaban la escena.

    Algunos se acercaron más y empezaron a manosear el cuerpo de mi esposa.

    Sus manos recorrían su culo redondo, tiraban de su tanga, le metían dedos en su conchita completamente empapada.

    Ella seguía chupándosela al tipo de al lado, pero en su rostro se notaba el subidón de placer que sentía al ser manoseada por tantos al mismo tiempo.

    Después de un rato, giró la cabeza curiosa, y se sorprendió: al menos seis hombres estaban a su alrededor, pajeándose descaradamente, todos duros, todos deseándola.

    A ella la volvía loca saberse el centro de tanta lujuria y el motivo de tantas pajas.

    En su mente sólo pasaba una imagen: arrodillarse en el centro y chuparles la pija uno a uno, dejarse usar por todos.

    Pero en medio de la multitud, hubo uno que captó toda su atención.

    Un tipo alto, totalmente desnudo, con rastas, piel curtida y una vibra salvaje.

    Su pija era larga, gruesa y brillaba de lo dura que estaba.

    Él se acercó, y mi esposa, sin dudarlo, se la metió en la boca, devorándola.

    El tipo la agarró con fuerza, se sentó y, sin más, la acomodó encima suyo, pidiéndole que lo cabalgara.

    Ella, excitada como nunca, obedeció de inmediato.

    Por un momento pensó que el tamaño la haría doler, pero su concha estaba tan mojada, tan dilatada de deseo, que se sentó completa sobre ese tronco sin resistencia, sintiendo cómo la llenaba hasta el fondo.

    Cada vez que bajaba hasta la base, sus huevos chocaban contra su culo, y el rostro de mi esposa se desfiguraba de placer.

    Gemía sin control, moviendo sus caderas como una auténtica puta desesperada por más.

    El salvaje la agarraba con fuerza de las caderas, la empalaba con embestidas bestiales.

    Le tironeaba la tanga hasta casi romperla, le mordía los pezones duros y le decía en voz baja:

    —Tenés una cara de puta tremenda…

    Yo, mirándolos, estaba completamente desbordado de lujuria, pajeándome duro mientras veía cómo mi esposa era domada salvajemente.

    En ese momento, la otra mujer de la sala se acercó.

    Aprovechando mi erección, se agachó y empezó a chuparme la verga.

    La agarré de la nuca y la obligué a tragársela hasta el fondo, mientras mis ojos no se despegaban del espectáculo que daba mi esposa.

    El tipo salvaje la cogía cada vez más rápido, más brutal.

    Los gemidos de mi esposa retumbaban en la sala.

    Hasta que, de repente, el tipo se puso rígido, gruñó y descargó toda su leche caliente dentro de su concha.

    Mi esposa, sintiendo esa explosión adentro, terminó también en un orgasmo que la sacudió de pies a cabeza.

    Se levantó temblando, con semen escurriéndole entre las piernas y la boca húmeda de tantas pijas que había chupado.

    Se puso su ropa como pudo, con la tanga corrida y el cuerpo brillando de sudor y fluidos.

    Así terminó nuestra primera noche de aventuras sexuales, la primera de muchas aventuras más calientes.

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  • Me vestí de mujer, creí que estaba solo hasta que…

    Me vestí de mujer, creí que estaba solo hasta que…

    El jueves llegó con la promesa que me hice la semana pasada. Todo estaba listo: en mi mochila llevaba un vestido corto negro, con vuelo ligero; una peluca rubia, maquillaje básico y un labial rojo intenso. También un conjunto de lencería de encaje negro, delicado y provocador.

    Salí temprano, el corazón acelerado entre nervios y emoción. La playa, casi vacía, me recibió con brisa y silencio. Pagué al guardia con una sonrisa y caminé por la orilla, por casi una hora, hasta encontrar un rincón oculto: un viejo estacionamiento abandonado, cubierto de maleza, custodiado por un edificio en ruinas.

    Era el lugar perfecto. Esta vez no imaginaría. Esta vez, me convertiría en quien realmente soy.

    Me senté a la sombra de una pared derruida y abrí la primera cerveza. El frío alivió mis nervios, y el alcohol fue soltando mis miedos, haciéndome sentir valiente, capaz de todo.

    Con manos temblorosas, después de la quinta cerveza, por fin, me desnudé y comencé la transformación: primero la lencería, suave como una segunda piel; luego el vestido corto, que caía con elegancia sobre mis curvas recién descubiertas. La peluca rubia larga, el maquillaje, el labial rojo… Cada gesto me acercaba más a quien soy de verdad.

    Me miré en un pequeño espejo y sonreí. Me reconocí.

    Caminé por el estacionamiento abandonado, el vestido corto, con vuelo, de una sola pieza, rojo, ocho dedos arriba de la rodilla, danzando con el viento, ligera, libre.

    Pero un sonido me detuvo. Me giré.

    Un guardia me miraba, sorprendido, con una linterna en la mano.

    Por un momento, el pánico se apoderó de mí. ¿Qué haría? ¿Qué diría? Pero entonces, algo inesperado sucedió. El guardia no gritó, no me regañó. En cambio, me miró con una curiosidad que rayaba en la complicidad. Sus ojos recorrieron mi figura, deteniéndose en las piernas desnudas que asomaban bajo el vestido, y luego en mis labios pintados de rojo. No dijo nada, pero su mirada lo decía todo.

    —No te preocupes —dijo finalmente, con una voz ronca pero amable—. No voy a molestarte. Solo estoy haciendo mi ronda.

    Sus palabras me tranquilizaron, pero también despertaron algo en mí. Había algo en su mirada, en la forma en que me observaba, que me hizo sentir deseado. Me acerqué a él, sintiendo cómo el vestido se movía con cada paso, cómo el viento jugaba con la peluca. El guardia no se movió, pero su respiración se aceleró ligeramente.

    —Gracias —susurré, con una voz que no reconocí como mía—. Es la primera vez que hago esto.

    Él asintió, como si entendiera. Luego, con un gesto casi imperceptible, me guiñó un ojo.

    —Sigue adelante —dijo—. Pero ten cuidado. No todos son tan comprensivos como yo.

    Sus palabras me dieron valor. Caminé más allá del estacionamiento, con el deseo y la adrenalina ardiendo en mi pecho. El sol caía, tiñendo el cielo de dorado, mientras me dejaba caer sobre la arena, libre, hermosa, yo misma.

    Abrí una botella de vino tinto, que guardé para el final, y sonreí al primer sorbo: sabía a valentía. El vestido ondeaba, la peluca acariciaba mis hombros, y el viento era mi aliado.

    De regreso, el guardia aún rondaba mis pensamientos. Me acerqué a la caseta, agradecida. No quería interrumpirlo, solo compartir, en silencio, la complicidad que había hecho posible todo esto.

    Al asomarme lentamente por una de las ventanas rotas, vi algo que me dejó sin aliento. El guardia estaba sentado en su silla, con la linterna apagada y la mirada fija en una pequeña pantalla de un teléfono. En ella, una mujer rubia, con un minifalda negra que apenas cubría sus muslos, se tocaba las piernas con una lentitud deliberada. Sus movimientos eran suaves, sensuales, y cada gesto parecía diseñado para excitar. El guardia no apartaba la vista de la pantalla, y su mano derecha se deslizaba lentamente por encima de su pantalón, acariciándose con una presión que delataba su deseo.

    Me quedé paralizado, observando la escena sin poder apartar la mirada. Sentí cómo el calor se acumulaba en mi cuerpo, cómo el vestido parecía pegarse a mi piel bajo el efecto de la excitación. No hice ruido, o al menos eso creía, pero algo debió delatarme, porque de repente, el guardia levantó la vista y nuestros ojos se encontraron.

    Por un momento, el tiempo pareció detenerse. Yo esperaba una reacción de enojo, de vergüenza, pero en su lugar, vi cómo una sonrisa lenta y pícara se dibujaba en su rostro. No dijo nada, pero su mirada era elocuente. Me estaba invitando a quedarme, a ser parte de ese momento íntimo que había interrumpido sin querer.

    Con un gesto casi imperceptible, movió la cabeza hacia un lado, indicándome que entrara. Dudé por un instante, pero la combinación de alcohol, excitación y curiosidad fue más fuerte que cualquier inhibición. Empujé la puerta de la caseta, que chirrió levemente, y entré. El espacio era pequeño, apenas suficiente para los dos, y el aire parecía cargado de electricidad.

    El guardia no dejó de mirarme mientras yo me acercaba. Su mano seguía moviéndose sobre su pantalón, pero ahora su atención estaba dividida entre la pantalla y yo. Me sentí expuesto, vulnerable, pero también poderoso. Sabía que él me veía, que admiraba la figura que había creado con el vestido, la peluca y el maquillaje. Y eso me excitaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

    —¿Te gusta lo que ves? —pregunté, con una voz que sonó más segura de lo que me sentía, pero por el efecto del alcohol, también arrastrando las palabras. Creo que se percató de que había tomado.

    Él asintió lentamente, sin dejar de sonreír.

    —Sí —respondió, con una voz ronca que me erizó la piel—. Sabes, creo que eres muy atrevido. ¿Es la primera vez que haces algo así?

    Asentí, sintiendo cómo el rubor subía a mis mejillas. Pero antes de que pudiera decir algo más, él se inclinó hacia adelante y tomó la botella de vino que yo todavía sostenía en la mano.

    —¿Me invitas? —preguntó, con un brillo travieso en los ojos.

    Le pasé la botella, y él bebió un trago largo, sin apartar la mirada de mí. Luego, me la devolvió, y nuestros dedos se rozaron por un instante. El contacto fue breve, pero suficiente para enviar una oleada de calor por todo mi cuerpo. Me puse algo nerviosa y me encogí un poco, agachando la cabeza y el cabello largo de la peluca me cubrió el rostro.

    —Gracias —dije, casi en un susurro—. Por no decir nada. Por dejarme ser yo.

    Él sonrió de nuevo, y esta vez, vi algo más en su mirada. Algo que me hizo contener la respiración.

    —No tienes que agradecerme —dijo—. Solo estoy disfrutando del espectáculo.

    El aire vibraba entre nosotros. Sentado cerca, el guardia me miraba con deseo, y yo, empoderado, respondía en silencio. El vino, el roce de sus dedos, la tensión latente… Todo me hacía sentir visto, real. No sabía cómo terminaría, pero sí que algo en mí ya había cambiado.

    —¿Y qué más te gusta hacer? —preguntó él, con una voz baja y cargada de intención—. Cuando te vistes así, ¿Qué es lo que te gusta? ¿Te provoca vestirte así? ¿Lo haces por curiosidad? ¿Cómo te sientes?… Ten confianza, aquí estamos seguros, no hay nadie más.

    La pregunta me tomó por sorpresa, pero también me excitó. Era como si él estuviera abriendo una puerta que yo mismo había cerrado con llave. Respiré hondo, sintiendo cómo el vino y la adrenalina nublaban mis inhibiciones. Me sentía algo mareada pero también me sentí, así, en confianza.

    —Me gusta sentirme… deseada… admirada, que me vean —confesé, con una voz que apenas era un susurro—. Me gusta saber que alguien me mira, que alguien quiere lo que ve.

    El guardia sonrió, y esta vez, vi cómo sus ojos se oscurecían de deseo.

    —Pues déjame decirte que lo logras —dijo, acercándose un poco más—. Eres difícil de ignorar.

    Sus palabras me hicieron estremecer. Sentí cómo el calor se acumulaba en mi interior, cómo el vestido parecía pegarse a mi piel bajo el efecto de la excitación. El guardia no dejaba de mirarme, y su mano, que antes se movía sobre su pantalón, ahora descansaba quieta, como si estuviera esperando una señal.

    —¿Y tú? —pregunté, atreviéndome a devolverle la mirada—. ¿Qué te provoca ver a alguien como yo?

    Él se rio suavemente, un sonido ronco que me erizó la piel.

    —Curiosidad —respondió—. Y algo más… algo que no esperaba.

    No dijo qué era ese “algo más”, pero lo sentí en su mirada, en su cercanía contenida. El silencio ardía entre nosotros, denso de deseo. No hubo prisas, solo una espera compartida. Entonces, con suavidad, tomó mi mano. Sus dedos eran cálidos y firmes. El contacto, simple y profundo, me dejó sin aliento.

    —¿Te gustaría… explorar un poco más? —preguntó, con una voz que era casi un susurro.

    Sentí cómo el corazón me latía con fuerza, cómo el calor se extendía por todo mi cuerpo. Asentí, sin poder articular palabra. Él sonrió, y esta vez, vi algo más en su mirada: complicidad, deseo, y una promesa de que esto solo era el principio.

    El guardia se levantó de la silla, sin soltar mi mano, y me guio hacia un rincón de la caseta donde pegaba un poco más la luz que entraba por la ventana. Era un espacio pequeño, íntimo, y la penumbra del atardecer lo hacía parecer aún más acogedor. Sin soltarme de la mano me dirigió así ahí, y me hizo girar, darme una vuelta con delicadeza, como invitándome modelarle. Yo me dejé llevar. Sentí como el vestido me giro un poco, dejando entre ver mis piernas largas y bien depiladas.

    Me soltó la mano y me dejó ahí en esa esquina, el dio unos pasos hacia atrás y se sentó en la silla, mirándome directamente a mí.

    —Relájate —dijo, con una voz suave que me hizo estremecer—. Esto es solo para ti.

    Te ves muy linda. Tienes una bonita figura y además me gusta que eres algo tímida. Sonríe. Acomoda el vestido anda, está un poco arrugado y lleno de arena por la parte de atrás.

    Sus palabras me tranquilizaron, pero también me excitaron aún más.

    Un poco más en confianza me le di la espalda y me acomodé el vestido, también, un poco más suelta, aproveché para estirarme y dejarle ver mi espalda, mis piernas y claro, mis nalgas, por encima del vestido claro.

    Se levantó de la silla de golpe y se acercó hacía mí, por la espalda, me tomó fuertemente de la cintura y me helé, sentía una fuerte sensación de hormigueo en mi estómago.

    Con una de sus manos, sacudió la arena en mi vestido, con calma, primero de mi cintura, luego de la parte baja de mi vestido, sobre la orilla y finalmente, sobre mis nalgas, palmeándomelas con el pretexto de quitarme la arena de ahí. Me gustó.

    Me tomó de la mano de nuevo, sin apartarme de su espalda, sentí como se pegó un poco a mí, me dijo en el oído. -Eres hermosa, muy bonita. Me invitó a sentarme sobre el suelo de la caseta y yo me acomodé de frente a él, cuidando que no se me levantara de más el vestido, aunque ya lo traía muy arriba. Me senté con las piernas estiradas hacia el frente, donde él estaba, justo mirándome. Se sentó conmigo. Frente a mí.

    Sentí cómo sus manos se posaban en mis piernas, acariciando la piel suave que había depilado con tanto cuidado. Sus dedos eran expertos, lentos, y cada toque parecía enviar ondas de placer por todo mi cuerpo.

    —Eres hermosa —murmuró, mientras sus manos subían por mis muslos—. Y valiente. Muy valiente.

    Yo no pude evitar gemir suavemente, sintiendo cómo el deseo crecía en mí. El guardia no se apresuraba, disfrutando cada momento, cada reacción que provocaba en mí. Sus manos llegaron hasta la cintura del vestido, y con un movimiento lento, lo levantaron ligeramente, exponiendo la lencería de encaje que llevaba debajo.

    —Esto es… impresionante —dijo, con una voz que delataba su admiración—. Te queda perfecto.

    Sentí cómo el rubor subía a mis mejillas, pero también cómo la excitación se apoderaba de mí. El guardia no dejaba de mirarme, y en sus ojos vi algo que me hizo sentir más deseado que nunca.

    —¿Puedo? —preguntó, con un gesto hacia el vestido.

    Asentí, sin poder articular palabra y tragando saliva. Él sonrió y, con movimientos lentos y deliberados, comenzó a deslizar el vestido hacia arriba, exponiendo mi cuerpo poco a poco. Cada centímetro de piel que quedaba al descubierto era una revelación, una entrega, y yo me dejaba llevar por la sensación de ser admirado, deseado, querido. Curioso, pero tranquilo, me levantó el vestido, dejando mis piernas desnudas y exponiendo mi lencería de encaje frente a él.

    Cuando el vestido quedó por encima de mi cintura, el guardia se detuvo y me miró a los ojos.

    —Eres increíble —dijo, con una voz que temblaba ligeramente—.

    Se acercó mucho a mí de repente, su rostro frente al mío y me dio un beso apasionado. Quedando su boca frente a la mía después del ardiente beso acalorado que me dio y me dijo:

    —Y esto… esto es solo el principio. ¿Te gusta?

    Nos paramos de nuevo, el me guío lentamente a levantarme. Él se levantó primero y como yo quedé sentada frente a él, pude notar su erección frente a mi cara, creo que se dio cuenta que lo vi, pero yo mareada por el vino, solo me apreté los labios.

    Me dio la mano y me puse de pie.

    El guardia se acercó lentamente por detrás, y sentí cómo sus brazos me envolvían con una firmeza que era a la vez protectora y posesiva. Su cuerpo presionó contra el mío, y no pude evitar notar la firmeza de su erección a través del tejido de su pantalón. El contacto me hizo estremecer, y un gemido suave escapó de mis labios. Sus manos se deslizaron por mi cintura, acariciando la piel suave que había expuesto, mientras su aliento caliente rozaba mi nuca.

    —¿Puedo? —susurró, con una voz ronca y cargada de deseo.

    Asentí, sin poder articular palabra, y sentí cómo sus labios se posaban en mi cuello, besándome con una delicadeza que contrastaba con la intensidad del momento. Cada beso era una promesa, una invitación a algo más profundo, más íntimo. Me giré lentamente para enfrentarlo, y nuestros ojos se encontraron. En su mirada vi una mezcla de deseo y ternura que me hizo sentir más vulnerable que nunca, pero también más deseado.

    —Quiero hacerte sentir bien —dije, con una voz que temblaba de excitación.

    Él asintió, y vi cómo sus ojos se oscurecían de deseo. Con un movimiento audaz, me arrodillé frente a él, sintiendo cómo el vestido se arrugaba alrededor de mis piernas. Mis manos temblaban ligeramente mientras deslizaba los dedos hacia su cinturón, desabrochándolo con una lentitud calculada. El sonido del cierre al bajar resonó en el silencio de la caseta, y luego, con un gesto suave, bajé su pantalón y su ropa interior, exponiendo su virilidad.

    Su miembro, firme y erecto, se alzó frente a mí, y por un momento, me quedé paralizado por la intensidad del momento. Pero entonces, con una determinación que no sabía que tenía, me incliné hacia adelante y besé suavemente la punta, me sentía para este momento, muy caliente, no podía creer que estuviera pasando. Sintiendo cómo él contenía la respiración. Mis labios se deslizaron lentamente por su longitud, explorando cada centímetro con una ternura que contrastaba con la intensidad del deseo que ardía en mí.

    Recordé algunas películas para adultos que había visto, yo me sentía toda una mujer. Así que abrí mi boca y me lo metí todo. Era la primera vez que lo hacía, pensé que iba a sentir algo, la realidad es que solo lo sentía duro. Empecé a succionar, como chupando, y girando mi lengua en la cabeza de aquel miembro duro que ¿Cómo llegué a aquí? me lo estaba mamando, vestido de mujer, arrodillado, a un viejo amable guardia de seguridad, en una caseta, lejos muy lejos de mi casa. Que rico pensé por un momento y por lo caliente que me sentí, hasta abrí un poco mis piernas y paré el culo bajo el vestido que me envolvía.

    Mire hacía su cara, con aquel duro pene en mi boca y con una mirada, como pude dulce y tierna, a mirarlo cuando… dijo.

    —Así… —murmuró él, con una voz que era casi un gemido—. Eres increíble, me encantas.

    Sentí cómo sus manos se posaban en mi cabeza, no para presionar, sino para acariciar, para guiar. Me dejé llevar por el ritmo, por la sensación de tenerlo en mi boca, de sentir cómo su cuerpo respondía a cada movimiento mío. Era una danza íntima, un intercambio de placer que nos unía en ese momento. Y entonces, cuando sentí que él estaba al borde, me miró a los ojos y susurró:

    —No pares… por favor. Sigue así, un poco más.

    Y no lo hice. Con un último movimiento, lo llevé al clímax, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba y luego se relajaba, cómo su respiración se aceleraba y luego se calmaba. Gimió duro y sentí como su sentí como su pene creció un poquito más en mi boca y me apretó fuerte con sus manos en mi cabeza. Él se vino en mi boca, y yo acepté cada gota, sintiendo cómo el sabor de su deseo se mezclaba con el mío. Soltó tres grandes chorros. Con el primer chorro llenó mi boca y pensé ¿Qué hago? pero en cuanto estaba pensándolo soltó otro chorro más y me tragué el primero soltando un suspiro apenas. Mi boca estaba llena y pensé ¿Me quito? cuando sentí el último chorro que no me dio tiempo de reaccionar y se me escurrió por la boca.

    Se apartó de mí, se lo había dejado limpio, todavía yo de rodillas con la boca escurriendo, iba a hacer un gesto de levantarme y limpiarme con la mano, pensé que se había terminado. Que con la excitación apaciguada todo había terminado, cuando de pronto, me planto un beso caliente y con su lengua me rebuscó la mía y pasé saliva dos veces. Me dejó en shock por un momento y me quedé mirándole.

    Pero no terminó ahí. Con una ternura que me sorprendió, él me ayudó a levantarme y me guio hacia el otro lado de la caseta, colocó una manta en el suelo y me guio hacia ella. Sin saber muy bien que hacer, me agachó de espaldas, de rodillas dándole la espalda, me dio un leve empujón y coloqué mis manos en el suelo. Me había puesto en cuatro patas. Por reflejo, todavía con la excitación, paré un poco el culo, sentí un ligero aire en mis piernas y claro, mi culo. Sentí cómo sus manos acariciaban mi espalda, y me tomó con sus dos manos por la cadera, se agachó, retiro hacia un lado mi lencería y de pronto, me estremecí, por completo.

    Sentí cómo sus labios besaban cada centímetro de mi culo desnudo y expuesto, sentí cómo su cuerpo se preparaba para lo que vendría después.

    —Relájate —susurró, mientras sus dedos exploraban mi intimidad, preparándome con una delicadeza que me hizo sentir más deseado que nunca.

    Y entonces, con un movimiento lento y deliberado, puso su pene duro de nuevo, entre mis nalgas, sentí un empujón duro, una presión, me dolía un poco. Le detuve. Sí, le detuve, pero solo para decirle, espera.

    Rápidamente busqué entre mis cosas un pequeño envase que había echado casi como por pura suerte, era lubricante. Sin pensar, me eché una buena proporción a mi mano y me la llevé a mi raja. Volteé a verlo y sonreí. Yo solita, me agaché, me levanté el vestido, me puse en cuatro y paré lo más que pude el culo.

    Sentí como me tomó por la cintura, se puso detrás de mí y sentí su miembro duro, la punta y de un solo golpe, me penetró, sentí un ligero dolor, pero también como entro todo, llenándome con una sensación que era a la vez intensa y placentera. Con el primer empujón se esperó ahí unos segundos, sentí su palpitación. Y gemí. Le dije, como por instinto con la voz entre cortada:

    —Qué rico papi, ayyy, que rico se siente.

    —Me tienes caliente.

    —Te siento todo.

    Y sentí como palpitaba aquello dentro de mí, cuando empezó.

    Cada empuje era una revelación, una entrega, y yo me dejaba llevar por el ritmo, por la sensación de tenerlo dentro de mí, de sentir cómo nuestros cuerpos se fundían en uno solo.

    Empezó a decirme cosas, por instinto y placer creo.

    —¿Te gusta mi niña?

    —¿Quieres más? ¿Te encanta esta verga, verdad? Dime, ¿Te gusta?

    Y yo, estaba que volaba, con cada empujón que me daba sentía que se me volteaban los ojos, no pensaba en nada más. Estaba disfrutándolo todo. Quizá por el alcohol y el calor de las cosas, me dejé llevar.

    —Sí, me encanta. Sigue así, lléname toda, papi, sí. Te prometo que voy a volver y me pondré una falda cortita para ti. ¿Te gustaría?

    —Te prometo que si me coges rico, me voy a poner una tanguita cortita y una falda cortita y mis tacos ayyy sí, así mi amor, cógeme rico… me voy a poner mis tacones altos para ti. Pero cógeme rico ¿sí?

    Y aquello me tenía, irreconocible.

    El clímax llegó como una ola, arrastrándonos a ambos en un torbellino de placer y ternura. Él se vino dentro de mí, y yo, estimulado por la excitación y el deseo, gemí suavemente. Fue una explosión de sensaciones, un momento de conexión que nos dejó a ambos sin aliento.

    Y luego, mientras yacíamos juntos en la manta, sintiendo cómo nuestros cuerpos se enfriaban y nuestras respiraciones se calmaban, él me miró a los ojos y sonrió.

    —Eres increíble —dijo, con una voz que temblaba de emoción—. Y esto… esto es solo el principio.

    Como pudo me quitó el vestido. Ahí tirados los dos en el suelo, empezó a masturbarme y yo ufff empecé a volar.

    —Quiero que te vayas contenta mi niña, para que regreses ¿sí?

    Me besaba apasionadamente cuando me masturbaba y no duré ni dos minutos cuando terminé, sentí que le llené la mano.

    La mano que sin pensar acercó a mi cara y con el tamaño de su mano, con su palma embarró por mis labios y mejilla.

    Me dio un beso apasionado y mirándome a la cara me dijo:

    —¿Te gusto mi niña? o ¿qué más te hago para que regreses pronto?

    Me solté y me tiré al suelo boca arriba.

    El sol ya se había ocultado por completo, y la luna comenzaba a iluminar el estacionamiento abandonado con una luz plateada. Nos vestimos en silencio, compartiendo miradas cómplices y sonrisas tímidas. El guardia me ayudó a recoger mis cosas, y antes de que me fuera, me tomó de la mano.

    —¿Volverás? —preguntó, con una voz que delataba tanto esperanza como incertidumbre.

    Asentí, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza.

    —Sí —respondí—. Volveré.

    Me alejé de la caseta, un poco adolorido, pero más claro, con el vestido ondeando en mis piernas y la peluca rozando mis hombros. Algo había cambiado en mí. No entendía del todo qué, pero lo sentía: una parte de mí se había revelado.

    Mientras caminaba de regreso, el cosquilleo en mi estómago persistía. No era miedo, era emoción.

    Mi rostro seco, los labios rojos y mordidos, todo en mí hablaba de un despertar. No podía dejar de pensar en lo ocurrido, en cómo me había sentido tan yo, tan vivo.

    Sabía que no sería la última vez. Que volvería a vestirme, a buscarme.

    Y quizás, solo quizás, el guardia también estaría allí, testigo de mi próximo paso.

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  • Con un trailero

    Con un trailero

    Hola, soy Carla con nuevo relato que, por sugerencia de uno de mis lectores busqué la manera de realizarlo, esta vez sería hacerlo con un trailero. Lo planeamos muy bien mi esposo y yo.

    Esto fue lo que paso, fingimos la ponchadura de una llanta del carro y, la extra no tenía aire así que, hacíamos señas a puros traileros a ver si alguno se detenía, hasta que uno lo hizo y, no traía bomba para inflar la extra pero se quedó para pedirle ayuda a sus compañeros, mientras platicamos con él, se veía aseado, ropa limpia, rasurado y algo guapo jajaja me pareció apropiado para nuestra aventura.

    Por fin se detuvo otro trailero pero, tampoco pudo solucionar el problema pero, sugirió llevar las llantas a la primer vulka que se encontrara y pues, lo hablamos y decidimos que mi esposo se iría con el trailero a llevar las llantas y arreglarlas, y luego regresar con otro trailero que le iban a conseguir, así se hizo subieron las llantas y se fueron, yo me quede con Manuel, nombre del primer trailero y, como siempre la plática de los trabajos, familia, hijos y todo sé que ese puede hablar y pues, como siempre yo y mi bocota le pregunte cada cuanto iba a su casa a ver a su esposa e hijos, como le hacía para aguantar la ganas de sexo.

    Y, me dijo que había mucho en las paradas y, si le gustaba lo que le ofrecían pagaba por el servicio a veces era caro, dependía de la mujer que ofrecía sus servicios si estaba bonita, buena y cosas así, iban de los 300 a los 800 pesos, “ahhh que barato” le menciono “digo por el riesgo que corren al hacerlo y donde lo hacen”, me señala el camarote, “¿puedo verlo?”.

    Subimos, entramos y le digo “ay que rico está muy fresco”, “cuando esta caluroso no apagamos el clima”, “oye Manuel, una pregunta tonta, cuanto me pagarías a mí por acostarme contigo y claro, cogerme”, “ay cabrón no sé cuánto, eso casi siempre nos lo dicen y, nosotros decimos si o regateamos”, “ok si yo te pido 1300 por hacerlo una vez, que me dices, es un ejemplo”, “yo te los pagaría de inmediato”, “¿en serio?”, “claro que sí, es en serio que podrías hacerlo conmigo”, “pues siii, déjame ver dónde está mi esposo”.

    Le marco y ya va a regresar se tarda unos 30 minutos.

    “Bueno Manuel mi esposo llega en 30 minutos, ¿te interesa?”, “claro que sí”.

    Nos pasamos al camarote, cierra me toma de la mano y me dice “es en serio ¿verdad?”, ”siii adelante”.

    Me abraza y me empieza a besar la boca, cuello y me baja los tirantes del vestido y cae completo, dejando mi tetas disponibles lo aprovecha de inmediato y mi panocha se siente muy mojada por todo lo que está pasando, le pido que se desvista y, nos acostamos, algo blandito el colchón, me pongo boca arriba para que me bese toda, así lo hace y siento su verga como rosa mi cuerpo y, la busco para agarrarla, ay caramba es muy grande y más me caliento, hace mucho que no me meto algo así, me sigue besando todo hasta que llega a mi panocha y ayyy que delicia de mamada, no quiero venirme quiero sentir cada cosa que me haga,

    Me levanta las piernas para meter su lengua en mi culo, lo moja super bien y me empieza a meter un dedo y que dedo, muy grueso, así me lo deja adentro y regresa a mamarme la panocha y el mete y saca del dedo en el culo, me dolía cuando se secaba, lo sacaba lo pasaba por la panocha y de nuevo me lo metía todo que rico dolor, estaba escurriendo y, ya solo se mojaba el dedo al sacarlo y volverlo a meter, se me salieron varios pedos por los gases que se salían con saca y mete, eso lo calentó más y, le digo “ya métemela Manuel, necesito sentir algo dentro pero ya”.

    “Lo haces despacito si, está muy grande tu verga”, así lo hizo la fue metiendo muy despacio hasta que le metió toda, se sentía llena mi panocha un buen tronco tenía metido, se empieza a mover despacio en mu mete y saca, yo sentía todo eso dentro de mí me sentía satisfecha y gozada por Manuel que solo se dedicaba a hacerme cosas ricas y que las disfrutaba, agarraba las nalgas, me besaba las tetas, la boca y el cuello, solo él sabe lo que me disfrutaba y que yo lo sentía.

    “Dame más rápido Manuel, así así toda métemela, duele pero me gusta no te detengas nada, dame fuerte así, hazme gozar así así ayyy ahhh ay ay dame aaaah que rico, ay Manuel se hizo más grande ay ayyy me duele ay se sintió ya el primer chorro dámelos todos déjamelos adentro, ayyy que rico se siente como me abres en cada chorro dame más Manuel damelos todos los quiero dentro de mí, ayyy que rico, ahhh que rico estuvo, lo disfrute muchísimo Manuel”.

    No quedamos unos minutos acostados boca arriba y me dice, “tú no te dedicas a esto, te sentí mucho la verdad”, ”no Manuel, pero me encantó esta oportunidad que tuve y me diste, me gustaría verte de nuevo”.

    No dimos los números de celular para seguir conociéndonos y tener otros encuentros.

    No besamos y abramos así acostados, baja y me da una chupadita a mi panocha, “no sigas porque me tendrías que cumplir, ah y ya no tarda mi esposo”.

    Nos paramos, me limpié con unas servilletas y nos vestimos, estábamos bajando del camarote cuando llegaron con las llantas, las pusieron, nos despedimos y a casa.

    Ya en el camino le platiqué a mi esposo la tremenda cogida que me dieron, del troncote que me metieron y pues, que quería sentirlo otra vez, por lo que nos dimos los números de celular.

    Y en ese momento me llega un mensaje “oye, no te di el dinero, ¿cómo le hacemos?”

    “Ah que mal eh, jajaja, dime cuando vienes por acá para ponernos de acuerdo y vernos de nuevo”.

    “Creo que en 5 días estaré en tu ciudad”

    “Perfecto aquí te veo, gracias por el rato tan rico que me diste”

    “Nooo para nada gracias a ti, estuvo súper rico todo”.

    Nos vimos de nuevo en muchas ocasiones, me gusta mucho coger con él.

    Ya quedó tu sugerencia mi amigo.

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  • De lo virtual a lo real

    De lo virtual a lo real

    Una noche aburrida, mientras la ciudad dormía y el silencio se adueñaba de las calles, yo, un hombre de veintinueve años, delgado y de naturaleza introvertida, decidí entrar a un chat erótico en internet. Era algo que hacía con frecuencia cuando el tedio se apoderaba de mí, un escape para calentarme y olvidar la monotonía. Comencé a hablar con varias chicas, intercambiando mensajes picantes y fotos sugerentes, como era habitual en esos encuentros virtuales. Pero esa noche, algo fue diferente.

    Entre las conversaciones, una chica llamó mi atención. Se hacía llamar “Ladysex”, tipico nick de un chat hot. Empezamos con las típicas preguntas calientes: “¿Qué te gusta hacer?”, “¿Qué te excita?”, y pronto estábamos los dos masturbándonos, enviándonos fotos íntimas. Yo le mandé una de mi pene erecto, y ella, sin dudarlo, me envió una de sus pechos generosos, que me dejaron sin aliento.

    La conversación fue subiendo de tono, y en un momento de curiosidad, nos preguntamos de dónde éramos. Para mi sorpresa, descubrimos que vivíamos en la misma provincia, y luego, en la misma ciudad. Pero lo que realmente encendió la llama fue darnos cuenta de que estábamos a solo dos barrios de distancia. Eso cambió todo. Lo que había comenzado como un juego virtual ahora se sentía real, tangible.

    —¿Y si nos vemos? —propuso Ladysex, su voz cargada de deseo a través de la pantalla.

    —Podríamos hacerlo —respondí, sintiendo cómo mi corazón aceleraba.

    Acordamos reunirnos esa misma noche, con precaución, ya que, a pesar de la confianza que habíamos construido, éramos desconocidos en la vida real. La pasé a buscar en mi auto, con la intención de ir a mi casa, donde todo sería más privado. Pero la calentura que habíamos acumulado en el chat era demasiado intensa como para esperar.

    Cuando ladysex subió al auto, el aire se cargó de tensión. Llevaba un vestido ajustado que resaltaba sus curvas, y su perfume dulce y seductor me envolvió. Nos miramos, y sin decir una palabra, supimos que no llegaríamos a mi casa.

    —¿Aquí? —pregunté, aunque la respuesta era obvia.

    —Aquí —confirmó ella, con una sonrisa pícara.

    Aparqué el auto en un callejón oscuro, donde las luces de la ciudad apenas llegaban. El silencio de la noche solo era interrumpido por el sonido de nuestras respiraciones aceleradas. Sedienta se acercó a mí, sus labios rozando los míos, y comenzó a besarme con una pasión que me descolocó. Sus manos recorrían mi cuerpo, desabotonando mi camisa con prisa, mientras yo me perdía en la suavidad de su piel.

    Sin perder tiempo, me desabroché el cinturón y me recliné en el asiento, permitiendo que Ladysex tomara el control. Ella se arrodilló entre mis piernas, su vestido subiendo hasta sus caderas, revelando unas bragas negras que contrastaban con su piel clara. Con una mirada cargada de deseo, comenzó a desabrochar mi pantalón, sacando mi pene erecto con una habilidad que delataba su experiencia.

    —Eres tan duro —murmuró, antes de llevárselo a la boca.

    Lady era toda una experta en el sexo oral. Su lengua recorría mi miembro con una destreza que me hizo gemir de placer. Sus labios apretaban con firmeza, mientras sus manos masajeaban mis testículos, llevándome al borde del éxtasis. El auto se llenó de sonidos obscenos: mis gemidos, sus jadeos, y el golpeteo de su cabeza contra mis caderas.

    —lady, para, no quiero acabar aún —supliqué, aunque mi cuerpo pedía lo contrario.

    Ella sonrió, retirando su boca solo para susurrar:

    —Aún no hemos empezado.

    Con un movimiento rápido, me empujó hacia el asiento y se sentó sobre mí, guiando mi pene hacia su entrada húmeda. Se dejó caer con un gemido, ajustándose a mi ritmo. El auto temblaba con cada embestida, los cristales empañados por el calor del momento. Lady se movía con desenfreno, sus pechos botando al ritmo de sus caderas, mientras yo la sujetaba con fuerza, disfrutando de su cuerpo caliente y apretado.

    —Más fuerte —pidió, clavando sus uñas en mis hombros.

    La obedecí, tomándola de las caderas y moviéndola con fuerza, sintiendo cómo su sexo apretaba mi pene con cada embestida. El espacio reducido del auto hacía todo más intenso, más salvaje. Éramos dos desconocidos que se entregaban al placer sin inhibiciones, como si el mundo fuera a acabar esa noche.

    —Voy a acabar —gimió Lady, su voz ronca de excitación.

    —Yo también —respondí, sintiendo cómo mi orgasmo se acercaba.

    En un último esfuerzo, la levanté y la recosté en el asiento, colocándome entre sus piernas abiertas. Comencé a moverla con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. Nuestros gemidos se mezclaban con el sonido de la lluvia que comenzaba a caer fuera del auto, creando una atmósfera aún más íntima.

    —Dámelo todo —susurró Lady, sus ojos cerrados de placer.

    No pude contenerme más. Con un grito ahogado, me corrí dentro de ella, llenando su sexo con mi semen caliente. Lady siguió mi ritmo, su cuerpo convulsionando en un orgasmo que la hizo gritar mi nombre. El auto se llenó de un silencio pesado, solo interrumpido por nuestras respiraciones agitadas.

    Nos quedamos allí, abrazados, sintiendo cómo nuestros corazones volvían a la normalidad. Lady me besó suavemente, sus labios aún sabiendo a deseo.

    —Eso fue increíble —murmuró, con una sonrisa satisfecha.

    —Lo fue —coincidí, acariciando su mejilla.

    Salimos del auto, el aire fresco de la noche enfriando nuestros cuerpos sudorosos. Lady se ajustó el vestido, y yo me acomodé la ropa, ambos con una sonrisa cómplice.

    —¿Repetimos? —preguntó ella, antes de bajar del auto.

    —Cuando quieras —respondí, sabiendo que esa noche no sería la última.

    La llevé de vuelta a su casa, y nos despedimos con un beso rápido, prometiendo vernos pronto. Mientras conducía de regreso a mi hogar, no pude evitar sonreír. Lo que había comenzado como una noche aburrida había terminado en el sexo más salvaje y apasionado que había tenido en mucho tiempo. Y todo gracias a un chat erótico y a una mujer llamada Lady, que había sabido encender la llama de mi deseo como nadie más.

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  • La inquilina facilona (1)

    La inquilina facilona (1)

    Datos:

    Verónica: Edad: 40 años. Estado civil: Soltera con hijos. Ocupación: Ama de casa. Aspecto físico: Cabello: Café oscuro con rizos naturales que llegan hasta los hombros. Cuerpo: Curvas pronunciadas (reloj de arena), piel morena suave. Atributos: Pechos grandes (talla copa D), trasero redondo y firme (no exagerado, pero llamativo). Vestimenta típica: Vestidos ajustados o blusas escotadas con jeans, siempre con tacones bajos por comodidad.

    Paul: Edad: 24 años. Estado civil: Soltero (sin compromisos). Ocupación: Casero novato (hereda los departamentos de su abuelo). Aspecto físico: Cabello: Rapado al cero (estilo militar). Cuerpo: Alto (1.85 m), complexión musculosa (gimnasio constante). Piel: Blanca, con algunos tatuajes discretos en los brazos. Rasgo distintivo: Gafas de sol siempre puestas (incluso en interiores), le dan un aire misterioso. Vestimenta típica: Camisetas ajustadas, jeans desgastados y botas negras.

    Me llamo Paul. Hace unos años estaba estudiando Administración de Empresas, pero por cuestiones económicas no pude seguir con mi carrera y tuve que mudarme con mi abuelo.

    Mi abuelo llevaba tiempo siendo viudo y tenía fama de viejo verde con cualquier mujer que se le topaba. Fue dueño de unos departamentos que heredé después de que falleciera hace unos meses. Al principio creí que sería fácil ser casero y cobrar la renta, pero implica más tareas de las que pensé y algunos inquilinos han sido problemáticos.

    Una tarde, mientras pasaba a cobrar el alquiler, toqué a la puerta del departamento 24.

    Verónica abrió la puerta.

    Paul quedó con la boca babeando cuando vio a Verónica con su body oscuro tan ajustado y sensual.

    Verónica: —Hola, tú debes ser el nuevo casero —dijo, viéndolo con lujuria sin poder evitar mirarlo de pies a cabeza.

    Paul: —Sí, soy yo —respondió con tono nervioso y tembloroso, pero disimuló lo mejor que pudo.

    Verónica: —Déjame cambiarme, muñeco, y ahorita te pago —guiñó el ojo y cerró la puerta en su cara.

    Paul: —Ok —murmuró atontado. El ruido de la puerta lo regresó a la realidad.

    Paul se quedó esperando, imaginando cómo se estaría cambiando, tratando de ser un caballero y no hacerse ideas.

    De repente, le llegó un recuerdo: su abuelo le había comentado que había una inquilina que nunca pagó su renta porque sus “encuentros” con ella valían más que simples billetes.

    Se preocupó por no recibir el pago de Verónica, ya que el dinero lo necesitaba para reparaciones de los departamentos y otros gastos, incluyendo su subsistencia.

    Verónica abrió la puerta ya cambiada, con una blusa naranja de estampado floral, luciendo incluso más sensual que con el body de antes.

    Verónica: —Te seré honesta. Yo tenía un acuerdo con tu abuelo. No quiero perder el apartamento: tengo dos hijos pequeños, y mis otros dos, aunque son mayores, no ayudan y no viven cerca —lo dijo con voz sincera y preocupada.

    Verónica: —Por favor… Te haré sentir bien a cambio de no pagar la renta —susurró con tono sugerente.

    Paul: —Necesito el dinero. Además, no puedo aceptar ese trato —respondió nervioso, mientras se ponía rojo.

    Verónica se lanzó sobre él, haciéndolo caer al suelo del pasillo, y lo besó apasionadamente, con lujuria bestial.

    Paul se quedó inmóvil, sin saber cómo reaccionar, mientras seguía siendo besado. El sonido de sus labios llenaba el pasillo.

    Verónica se separó del beso, dejando un hilo de saliva entre ellos.

    Paul estaba absorto en el momento, observando cómo el hilo de saliva caía sobre la blusa naranja de Verónica.

    Verónica, con tono caliente, murmuró: —Yo te voy a cuidar bien…

    Paul se puso rojo pero no la detuvo.

    Verónica desabrochó el cinturón de Paul, dejándolo en boxers, y pasó su lengua sobre la tela, humedeciéndola.

    Paul emitió sonidos de placer mientras la veía continuar, sintiendo cómo su boxers se empapaba.

    Verónica bajó el boxers y posó sus labios para hacerle una felación, llenando el pasillo de ruidos obscenos.

    Paul empujó su cabeza para controlar el ritmo.

    Verónica aumentó la velocidad sin parar, buscando darle más placer.

    Mientras tanto, acariciaba sus testículos sin dejar de trabajar con la boca.

    Paul soltó un gemido y se corrió en su boca.

    Verónica lo tragó todo con facilidad y luego le dio un besito en su miembro.

    Verónica: —Disfruta mi primer pago. Después se volverá más interesante —guiñó el ojo, se quitó el polvo imaginario de la ropa y, antes de meterse a su departamento, añadió—: Espero contar contigo para los pagos futuros de la renta.

    Cerró la puerta, dejando a Paul afuera, feliz por su nueva aventura. Se vistió de nuevo y se dirigió a su apartamento.

    Paul caminó hacia su apartamento con las piernas aún temblorosas, el sabor de Verónica aún fresco en sus labios. Mientras se ajustaba el cinturón, notó que había olvidado cobrarle—otra vez—, pero esa sonrisa de satisfacción en su rostro valía más que el dinero.

    Al entrar a su departamento, se dejó caer en el sofá, mirando al techo. “¿En qué me he metido?”, pensó, pasándose una mano por el rostro. Su abuelo le había advertido sobre Verónica, pero nunca imaginó esto.

    Continuará…

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  • Más turbados

    Más turbados

    Mas turbada que siempre con chat en un par de chats calientes.

    Él: sabes estás bien rica y coges delicioso conmigo

    Ella: Tú me haces coger rico me calientas mucho, cada orgasmo es delicioso

    Él: Me comes muy rico y gozamos como nadie

    Ella: Ayer me acordé de la tina

    Él: Somos un par de amantes cachondos, te gustó mucho coger ahí

    Ella: Si, me relaje bien rico

    Él: Vas a querer otra vez

    Ella: Si para tu cumple

    Él: Mejor de aguinaldo

    Ella: Ok

    Él: Te gusta tenerme dentro de ti

    Ella: Siii y en la cama de perrita ufff me encanta

    Él: Yo no resisto mucho pero me fascina, de perrita o de conejita porque parecemos conejos. No paramos de coger

    Ella: Es delicioso desde que entra tu verga la puntita siento delicioso

    Él: Hasta los huevos… siii

    Ella: Los huevos tocando mi culito

    Él: Es relajante y gritando eres muy excitante

    Ella: Si pero pienso que tal si nos escuchan, cómo tú que estabas escuchando del otro cuarto los gritos de otra con su pareja, jajaja

    Él: Eso es maravilloso. Que sepan que te cojo rico y que disfrutas, es erótico, mejor que porno ese lugar es el parque de diversiones

    Ella: Me gusta cuando me dices que son tu perrita me excita mucho

    Él: Coger con gemidos es sacar tus deseos reprimidos y gritar como uno goza es lo mejor de ti eres mi perrita siempre amor

    Ella: Pero al coger mmmm me calienta

    Él: Me gusta mucho que saques todas tus ganas de coger y que tengas muchos orgasmos

    Ella: Ya está humedecida mi panochita, me dejas agotada

    Él: Y olvidarte de todo y pensar solo en que estás gozando sabroso ese instante, que rico amor mío te caliento también así por mensaje es que tú cosita me reconoce

    Ella: Dice mi panochita que quiere verga

    Él: Dice tu pito que quiere panocha

    Ella: Mmmm

    Él: Está rico para ti como te gusta

    Ella: Dile a mi verga que quiero chuparla y los huevos también

    Él: Mis guevos quieren tu boca

    Ella: Y tocar tu culo, wow que excitante, meter un poco mi dedito

    Él: Y yo tu tesorito de atrás, me darías el culo para meter mi verga cabezona

    Ella: Si

    Él: Ese culo que he besado y lambido quiere sentir un macho dentro

    Ella: Si lo deseo

    Él: Te puede doler pero te puede también gustar

    Ella: Si tú dedo hace que me excite, se ha de sentir rico tener la verga ahí, quiero probar

    Él: Me darías entonces tu culo y ser solo mía

    Ella: Soy solo tuya. Con o sin que penetres el culo con la verga. Chupas rico mi culo, mi panocha

    Él: Lo sé pero serías así mi mujer completa, toda, hasta el culo, eres mía, toda mía mamacita, es por qué eres mía hasta el culo

    Ella: Cabron goloso

    Él: Si claro, porque soy tu cabrón cogelon, te parcho como nadie te ha parchado

    Ella: Y tener que aguantar hasta el martes

    Él: En toda tu vida, si ¿podrás?

    Ella: si, y así es

    Él: Es el riesgo de tener un novio bien cogedor

    Ella: Me encanta que seas así

    Él: Junta las ganas y las vacías conmigo

    Ella: Yo también soy igual, caliente como tu

    Él: Si claro somos para ambos en la cama, eres mi mujer y yo tu hombre

    Ella: Si

    Él: Y cogemos como nadie, estás tocando tu panochita

    Ella: No voy a aguantar hasta el martes mi panocha quiere orgasmo amor, quiere tu lengua

    Él: Porque yo quiero tocarla con mi cabecita pelona

    Ella: Mmmm

    Él: Y masajear tu clítoris con tu pitote parado

    Ella: Deja abrirla para que toques mi clítoris

    Él: Y que grites y digas ¡Ya mételo cabrón! Si ábrete para enterrar lo que es suyo hasta las bolas

    Ella: Frota mi clítoris

    Él: Soy tu cabrón cogelon, es muy rico eso, te voy hacer gozar hasta que te desmayes

    Ella: ¡Así cabron más más!

    Él: Es tuya está verga

    Ella: Está deliciosa la cabecita quiero que me llenes la panocha y el clítoris de leche, eres mi macho chingón cogelon

    Él: Te voy a bañar en leche de nuevo… mmmm

    Ella: Soy tu perrita, aaaahhh

    Él: Es para ti toda, es tuya, cómeme

    Ella: Es mía esa verga, solo mía, mmmm

    Él: Sácame la leche para embarrarte la cara, para bañarte de semen toda. Quiero cogerte más a lo más cabron, y darte verga por el culo

    Ella: Mmmmm, quiero verga en el culo

    Él: Y meterte por la boca entera hasta la garganta, y quiero lo máximo, que bebas mi leche de macho

    Ella: Estoy tocando tu culito

    Él: Guauu que rico culo que quiere verga, bebe mi leche amor

    Ella: ¡Siii quiero vergaaa!

    Él: Sentí esa vez que probaste mi leche cuando te bañé la cara

    Ella: Siii

    Él: Chupa mis jugos

    Él: Vi que me probaste, y me encanto, pero quiero que los bebas todos, y me lo exprimas. Quiero vaciarme

    Ella: ¡Ya no aguanto más cabron, me vengo!

    Él: Así eso es, esa panochita es de este pitote

    Ella: ¡Más! ¡más! ¡dame verga cabrón! ¡Cógeme cabrón, méteme la vergota! ¡asiii! ¡así hijo demos chingada coges bien cabrón!

    Él: Sii, es toda tuya, promete que vas a beber mi leche y te daré más, hasta por el culo

    Ella: ufff, No manches me vine dos veces, y ya van a dar las 6, deja dormir otro rato, a descansar, quede toda como cogida, te mando besos amor te escribo al rato

    Él: Si amor besos ahí bye.

    Y al otro día…

    Saben, yo no me vacié, y seguimos bien calientes, saque mi pito del pantalón todo erecto y se lo enseñe en video llamada, estaba a punto de explotar, y me chorreé en videollamada frente a ella y ella lo disfruto y se moría de envidia por no estar con lo que más le gusta, un pitote caliente desperdiciando la leche. Y a mí que me gusta exhibírselo.

    Después otra noche seguimos de calentamiento cachondo. Yo también me acosté, me encueré.

    Pero si hace frio.

    Ella: Si hace frío

    Él: Pero estoy encueradote, estoy acariciando mis guevotes pues si los calientan mi mano

    Ella: Que rico

    Él: ¿Quieres?

    Ella: ¿Que me vas a dar?

    Él: Todo

    Ella: Mmmm

    Él: De perrita

    Ella: ¿El martes?, oye amor, pero tengo la cita a las 10:30, ¿nos vamos a ver antes?

    Él: No sé tú dime.

    Quedaron de confirmar el martes.

    Él: O sea iré el miércoles supongo, vas a llegar antes

    Ella: El martes es para mí ¿eh? Sí estaba pensando en eso

    Él: Si ese día me dicen. No saldré ese día, pero llegas como a las 10 o como.

    Ella: Puedo llegar antes, robarte unos besos en el coche

    Él: ¿Y vamos a desayunar?

    Ella: Mmmm

    Él: Besos, o vas a querer chupar tutsi pop

    Ella: Desayunar, un poquito

    Él: Ok va

    Ella: Después al trámite y después…

    Él: Imagínate unas mamadotas de verga peluda a media calle, que rico

    Ella: y luego a qué me quites las ganas

    Él: Y luego un par de palos bien cabron, te voy a quitar los calzones mamacita

    Ella: Wow

    Él: Y las ganas de cogerme

    Ella: Esos me los quito yo jajaja

    Él: Te voy a dar de perrita hasta el fondo de tu panochita

    Ella: Los amarro en la verga

    Él: Siii, para que te amarres a mi pitote parado

    Ella: Si

    Él: Y te coja como tú macho cabrón

    Ella: Te voy a mamar la verga con mis calzones amarrados en ella

    Él: Bien me late. Y yo te voy a chuparte los pezones delicioso

    Ella: Me vas a hacer venir de nuevo, es rico poder tener orgasmos así, pero mi panocha pide verga

    Él: Oye y si mientras te ensartó te mamo los pechos al mismo, con tus puntos más sensibles

    Ella: Solo que sea en el sillón, montada en la verga y tu chupando mis chiches

    Él: Buenas ideas, así no me pondré zafar de tu hueco ensartado, y chupando chichi mmmm quiero

    Ella: Mmmm

    Él: Quieres coger orita conmigo, lo siento…

    Ella: No amor por qué mi panocha quiere tener su verga adentro, me espero al martes me la voy a comer rico, en el coche la voy a mamar rico un poco

    Él: Te voy a coger bien cabron ya verás y te va a gustar hasta te irás temblando

    Ella: Si lo sé y lo deseo coger delicioso

    Él: Por qué te dejas coger rico, quiero coger contigo

    Ella: Lo haces delicioso

    Él: Gracias tú también

    Ella: Quisiera tenerte aquí y que me abraces y pongas tu verga en mis nalgas.

    Él: iré para darte lo que quieras.

    Ok bye

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  • Sexo casual con una desconocida (1)

    Sexo casual con una desconocida (1)

    Esta historia sucedió hace unos años, de forma muy casual sin pensar que esto terminaría de esta manera.

    Sucedió un fin de semana, mientras esperaba locomoción en el paradero luego de a ver ido a hacer mis compras en el supermercado, cuando de repente una chica que la llamare Roxana me toca el hombro, y me dice, “¡disculpa que te moleste! ¿Qué locomoción me sirve para ir al centro de Coquimbo?, que es la ciudad donde vivo”, a lo que yo de forma sorpresiva le digo la que en su letrero aparece un numero uno.

    Cuando la vi me llamo la atención como era físicamente y su acento particular peruano, era muy hermosa físicamente, contextura delgada, pelo negro largo, unos senos medianos pero muy bien puestos, un trasero que relucía muy bien bajo su falda corta que llevaba puesta, luego de decirlo que locomoción le servía, seguimos platicando mientras esperaba la locomoción la cual por coincidencia era la misma que yo esperaba también.

    Al subirnos a la locomoción colectiva mientras charlamos le dije de forma muy tímida, que si quería más tarde podía pasar a mi casa a tomarse algo para que luego de su paseo terminara el día de forma perfecta, intercambiamos números de celular, y antes de bajarme me dijo con una sonrisa muy coqueta, nos vemos.

    Cuando me baje de la locomoción colectiva, asimile lo que había hecho, y solo dije así mismo, la invitación esta hecha, a eso de las 18 h recibo un wasap de ella que me decía: “Soy Roxana nos conocimos en el paradero, por favor envíame tu ubicación voy para allá”, a lo cual quede perplejo sin esperar que me hablara, al rato de enviarle la ubicación me envía otro WhatsApp donde me dice, disculpa que te lo pregunte, “tú me puedes prestar la ducha ya que fui a la playa y estoy llena de arena”, a lo cual con una risa de nervio le respondí que no había problema pero que el baño donde vivo está en el patio, a lo que ella me dijo, “no es problema”.

    Así pasaron unos treinta minutos aproximadamente, cuando suena mi teléfono, era Roxana que me llamaba para avisarme que estaba afuera de mi casa, a lo que corrí a abrirle la puerta, cuando la vi venia con una polera manga corta y un pareo abajo, el cual estaba lleno de arena, al verla solo me ríe y le dije “¡parece que te bañaste con arena!”. A lo que ella rio, cuando entramos a la casa, le pase la toalla y se metió a la ducha, de repente siento un grito pidiéndome ayuda, que no sabía regular el agua caliente, le pregunte si entraba dijo que si, que tenía mucho frio y necesitaba que le regulara el agua caliente.

    Cuando entre no pude disimular verla desnuda y me puse muy nervioso y ella se dio cuenta, mientras le regulaba la llave del agua caliente, ella acerco su manos a mi pelo y lo acaricio, yo solo la mire y no dije nada, al salir del baño ella me dice, “¡no quieres ayudar a jabonarme!”, no dude un segundo en su propuesta, me saque la ropa solo quedando en bóxer y con una erección que ella noto, tome el jabón y comencé a jabonarla partiendo por tu cuello sus senos y terminando de pasar mi mano por tu vagina, la cual me encanto porque la tenía totalmente rasurada, luego de eso ella me dio un beso en la boca a la cual yo se lo correspondí y comenzamos a besarnos bajo el chorro de agua.

    Ella me bajo el bóxer y me empezó a tocar mi pene, masturbándome muy rico, mientras yo metía mis dedos dentro de su vagina moviéndolos muy suabe a lo que ella me dice al oído, “¡penétrame por favor!”, ella se dio vuelta y se agacho, afirmándose en la muralla de la ducha, donde comencé a penetrarla muy despacio y después más fuerte, sintiendo como gemía de placer y me decía, “¡dame más, más más!”

    Luego de estar un buen rato teniendo sexo en la ducha, salimos mientras nos secábamos ella de forma inesperada se pone de rodilla frente a mi y comienza a darme sexo oral, a lo cual lo único que hice fue tomar su cabeza con mi mano y seguir su ritmo, de forma inesperada sintió un chorro de mi semen en su boca lo cual para no manchar el suelo trato de tragárselo.

    Luego de eso se limpió los restos que le quedaban y salimos del baño, al entrar a la pieza a vestirnos, me dice “ahora me toca a mi darte placer”, me empujo a la cama y quede boca arriba a lo cual, se subió encima de mi pene ya erecto y empezó a cabalgarme y disfrutando sus gemidos, no podía creer lo que estaba viviendo, estuvimos un buen rato así, hasta que me dice “¡voy a acabar!”.

    Yo le dije hacelo, y posterior a decirle eso, comencé a lamer sus pezones duro para ese entonces lo cual hizo que acabara muy rico, sintiendo sus fluidos en mi pubis, fue así que luego de este momento, se recostó al lado mío abrazándome y comentándome que le había gustado mucho.

    Que sucedió después lo dejo para otro relato.

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