Autor: admin

  • Frustración sexual

    Frustración sexual

    Soy Julia de 55 años, mi historia empieza hace unos años atrás. Era por el año 2010 cuando empecé a notar cambios en mi sin tener conocimiento de que era. Soy nutrióloga en el sector salud (IMSS) para los mexicanos, ya era una señora casada de 38 años con 2 hijos estaba pasando por una etapa hormonal que a esa edad pensé que no era normal y entre pláticas con mis amigas del mismo hospital una amiga que es especialista en psicología sugirió que podría estar así por falta de actividad sexual lo cual al momento pensé que podría ser un error o una broma por mis amigas las cuales después de escuchar el comentario echaron a reír y a soltar comentarios al aire pero claudia una de ella dijo:

    C: Desde cuando tu esposo no te toca –me quede pensando con miedo de decirlo ya que si ya no me tocaban como antes o cuando lo hacía me era muy monótono

    J: Ya es una semana de nada -dije mirando al piso mientras Sonia mi otra amiga tomaba la palabra

    S: Y porque no experimentas cosas con el enciendes la llama -dijo mientras tomaba un sorbo de café que tenía sobre la mesa

    J: Lo hago compre varios conjuntos de lencería bastante sexis para provocarlo eh dormido en puras tangas hasta conseguí hilos y nada no voltea ni a verme

    C: ¿Y por qué no buscas a alguien más?, hay muchos residentes y doctores que están solteros y unos bastantes guapos –dijo Claudia riendo discretamente

    S: Hasta pacientes en tu consultorio, te llegan hasta jóvenes que están en 100 –completo Sonia riendo irónicamente

    J: No como podría hacer eso y menos en mi consultorio -dije algo indignada y con un poco de curiosidad

    C: ¿Por qué no hacerlo no estas mal tienes un gran culo que esa tanga que llevas crees que ningún hombre en el hospital se da cuenta de que la llevas puesta? –al decir eso quede en shock ya que como no salía casi de mi consultorio olvide totalmente que se marcaba bastante aun llevando short debajo del uniforme

    S: deberías de ver lo que dicen de como marcas ese culo jajaja -volvió a reír Sonia mientras intentaba mirarme el culo

    J: Como a poco si les gusta a los hombres como me veo -pregunte sin saber que pensar en ese momento

    –Claro –dijeron ambas al unísono

    S: Vamos a terminar el turno, te daré una sorpresa al salir -dijo Sonia mientras se retiraba junto a Claudia.

    Pasó el tiempo y en todo momento no podía de dejar de pensar en ello y mas porque en mi última consulta entro Marco un joven de unos 28 años algo corpulento y de buen ver para ver cómo iba su tratamiento lo cual en toda la consulta no paro de elógiame de lo guapa y lo bien que me veía me sentía tan viva con todo eso y me dio mas en que pensar de lo que había hablado con mis amigas anteriormente.

    Al cambiarme y salir del hospital ya ellas me estaban esperando y como era viernes fuimos por unos tragos a un bar cercano de la clínica y da la casualidad que al llegar vi a Marco mi paciente entramos y nos dieron una mesa al rincón del establecimiento al momento de querer ordenar se acerca Marco el cual no despegaba la mirada de mí ya que traía un vestido con un escote algo pronunciado pero me cubría bastante bien ya que me llegaba ala rodilla pedimos algunas cervezas las cuales al traerlas de nuevo era Marco que no dejaba de verme.

    S: Ve hasta los meceros no dejan de verte aprovecha que ese joven te dará la mejor tarde de tu vida -dijo Sonia mientras reía y le hacia una seña para que viniera Marco

    M: Gustan otra cosa –dijo Marco centrándose en su trabajo mientras me miraba discretamente

    C: Mi amiga esta que quiere bailar y no hay nadie que nos saque ¿Por qué no la sacas tu?

    J: No está trabajando y si se mete en problemas –dije mientras volteaba a ver el lugar que se encontraba casi muerto

    M: No tengo problema el bar es de mi familia solo los ayudo por ratos no soy empleado de tiempo completo -dijo estirando su mano a hacia mi bailamos un par de canciones al rito de salsa y en cada que podía sentía rozar su mano por mi culo lo cual me gustaba y a la vez me apenaba ya que estaba coqueteando con un chico 10 años menor que yo, me dirigí a la mesa y seguí bebiendo y platicando con mis amigas pedimos un par de rondas mas al cabo de unas horas ya me sentía algo marea y fui al baño el cual estaba pasando la barra saliendo veo a Marco recargado en la pared como esperándome me jalo del brazo hacia el me recargue en su pecho que se sentía bastante firme por el ejercicio que hacía.

    J: Que haces nos pueden ver -dije intentando soltarme

    M: Tranquila tus amigas pagaron y ya se fueron y me dejaron a cargo de ti que esta seria tu sorpresa- termino de decir eso y me dio un beso mientras tocaba mi culo por arriba de la falda impulsivamente yo frotaba ese abdomen y esos pectorales sobre su playera

    M: Porque no nos vamos a otro lado- dijo mientras me besaba el cuello y me frotaba con sus enormes manos mis tetas

    J: Estoy casada no podría hacerle eso a mi esposo- dije mientras el jalaba mi mano a su paquete

    M: No me digas que no te gusta, tus amigas me dijeron que no te atiende tu esposo con lo rica que estas es un desperdicio no aprovechar a una mujer así –dijo metiendo mano bajo el vestido hasta mi tanga la cual ya se encontraba totalmente húmeda y recorriéndola un poco para meterme un par de dedos mientras ahogaba mis gemidos con beso los movía de adentro hacia fuera dado círculos era un placer tan grande que casi tenia un orgasmo ahí mismo

    J: Que rico lo haces, pero sin nos ven salir tendremos problemas –dije mientras me pegaba más a él y le sacaba su verga del pantalón

    M: Vamos a la bodega –dijo acomodándose el pantalón y jalándome hasta la bodega, al entrar directamente me agache y saque esa verga joven y la empecé a mamar lentamente disfrutando de ese olor juvenil que desprendía le pasaba la lengua desde los huevos que los tenía depilados hasta la punta de su verga el disfrute era tanto que me tomaba el tiempo necesario para saborearla completamente.

    Estuve así como unos 15 minutos hasta que el me agarro con ambas manos y la metió hasta mi garganta y me empezó a coger la boca había pasado tanto tiempo que lo hacía de esa manera que sentía que me ahogaba la saco un par de veces para que pudiera respirar cuando lo volvió a hacer se corrió tanto en mi boca que sentía que vomitaba solo la saco hasta la mitad diciendo

    M: trágatelos todos no desperdicies nada- lo cual lo hice sin problema era un olor y sabor tan placentero de una verga joven me pare abriendo la boca mostrando que me los había comido todos lo cual me voltea y me recarga en una pila de cajas dejándome con el culo parado y hacia el

    M: Por fin podre de disfrutar de este culo tan rico- me levanto el vestido totalmente dejando mi tanga a toda vista

    M: Uff, que tanguita tan rica y tu esposo sin aprovechar a tal mujer- termino de decirme eso y empezó a mamarme la vagina de arriba abajo pasando su lengua en todo mi culo pasando por mi ano hasta la vagina mientras metía 2 dedos y me masturbaba con ellos

    J: Que rico hace mucho tiempo que no sentía tanto placer –dije mientras no paraba de gemir

    M: Desde hoy te cumpliré lo que tu hombre no es capas de hacerlo-dijo al momento de meterme su verga que ya estaba completamente dura nuevamente

    J: Que verga tan rica y dura tienes.

    Apenas terminé de decir mientras me embestía tan duro que sentía que me partía ya que no me cogían con tal euforia desde mi primer hijo lo cual era tan rico y placentero que no dejaba de humedecer esa verga con cada embestida jalaba mis tetas mientras me penetraba y no dejaba de gemir ni un momento hasta que saco su verga me giro y me sentó en las cajas, me saco la tanga mí de una me la metió mientras me agarraba con ambas manos el culo y me besaba yo me encontraba completamente extasiada del placer jugaba con mis tetas las mordía y lamia tanto que ya me empezaban a doler y en ningún momento redujo el ritmo al contrario lo aumentaba más y más.

    Hasta que en algún momento me empezaron a temblar las piernas como si fueran una gelatinas me recostó completamente en las cajas puso mis pies en sus hombros y empezó con embestidas más y más duras mientras sus manos me apretaban las tetas aumentaba más y más el ritmo cada embestida me apretaba más la tetas sentía que iba a enloquecer ya no podía aguantar más mi orgasmo y estalle con su verga dentro de mi mojando todas las cajas y parte de su pantalón.

    M: Que puta eres, quien viera a esta respetable doctora siendo tan puta disfrutando de una verga que no es la de su esposo y siendo cogida en una bodega –dijo mientras me embestía más y más duro

    J: Cógeme lléname completamente ya que mi esposo no puede- dije mientras el seguía embistiéndome tan rico y con un aumento que yo sabía que ya se corría solamente pude agarrarme de las cajas mientras él se recargaba en mi me agarraba fuertemente el culo y aumentaba el ritmo cada vez un poco más hasta que se corrió de nuevo pero ahora llenándome de todo su semen mi vagina que ya se notaba hinchada y me palpitaba se separó de mi dejándome acostada en las cajas tratando de recuperar aliento

    J: Mis cosas se quedaron en la mesa- dije pensando que ya las pudieron haber tomado

    M: No te preocupes, las deje dentro de la barra -dijo quitándome un peso de encima

    J: Necesito mi bolsa y mi chamarra para arreglarme- le dije mientras me paraba e intentaba acomodarme el vestido y mientras buscaba mi tanga y en un momento marco ya me había traído mis cosas

    J: No encuentro mi tanga –dije volteando a los lados

    M: Ahora es mía, un recuerdo de nuestro primer encuentro –dijo sacándola de su bolsa mientras reía

    J: Como crees que me iré así –dije intentado quitársela lo cual el me jalo me dio un beso me dijo al oído casi susurrándome

    M: Desde hoy yo seré tu hombre en la cama –dijo con un tono de autoridad mientras me agarraba con ambas manos el culo y me besaba

    M: Vamos a pedirte un taxi y salimos por la parte de atrás: dijo mientras camina hacia la cortina y abría la bodega hacia la calle, paro un taxi cercano y me dijo cuando quieras visítame sin pena que yo iré a mis consultas con más ganas, en camino a casa no dejaba de pensar en lo ocurrido mientras escurría el semen por mis piernas hasta el vestido y sin tanga

    Al llegar veo a mi esposo sentado en el sofá viendo un partido y con unas cervezas en la mesa le pregunte por mis hijos respondió que dormían sin voltear a verme y fui directamente a la habitación me quite el vestido y me fui a darme un baño lo cual mientras me cambiaba me di cuenta de las marcas en mi culo y tetas.

    Me di un baño rápido me puse un baby doll blanco para dormir con la excitación de la cogida que me dieron pensando que podía provocar algo en mi esposo, aunque fuera de enojo al verme como una puta marcada de las tetas y el culo, pero paso como una hora y cuando me di cuenta estaba dormido en el sofá apague la televisión las luces y me fui a dormir teniendo otra decepción con mi esposo o eso pensaba.

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  • Mi esposa follando con otro

    Mi esposa follando con otro

    Mi esposa Stella una esbelta mujer blanca cabellera negra curvilínea de 1.72 m, 58 kg y 33 años. Sus pechos son firmes con pezones que parecen estar duros todo el día y un trasero de infarto, por donde pasa le miran el culo, soy de 1.8 metros, cabello corto con algunas canas, 35 años y la biología me ha dotado con una verga de 23 centímetros que mi esposa le fascina degustar y mamar.

    Un joven de nombre David ha estado trabajando con Stella como tres meses y medio, es su asistente en la clínica en que trabajamos. Le hemos tenido en la casa en varias ocasiones, por razones de trabajo, luego conoce nuestros hijos. No le había dado importancia de la manera obvia como mira a mi esposa, considerándolo un enamoramiento juvenil. Mi esposa y yo habíamos platicado sobre ello, y a ella le pareció “simpático y fantasioso”.

    La compañía realizo una fiesta en un hotel cercano a la playa, donde había virtualmente todo: Paseos a caballo, natación, pesca, tenis, golf y demás. Llegamos al hotel y nos distribuyeron en la primera planta, tanto del lado oeste como del lado oriental.

    Mis hijos se fueron a la piscina con el asistente David, yo entré con mi esposa a la habitación la tumbe en la cama le baje el short y la tanga y le comí el chocho como a ella le gusta, ella gemía y gritaba, hasta que se corrió, enseguida la penetre y la follé con fuerza y explotamos en un orgasmo apoteósico, me tumbé a su lado y ella me hizo una mamada como nunca me lo había mamado, y pude ver que a David de pie frente a la ventana observando a mi esposita sacándome la leche de los huevos y supongo que nos había visto follar, pues no corrimos las cortinas de la alcoba por la arrechera que llevábamos.

    No sé si mi esposa se percató de lo sucedido con David, o a lo mejor se hizo boba, solo dijo: nuestra habitación es esquinera y tiene dos grandes ventanales y las cortinas estaban abiertas. ¡oh Dios!

    Al día siguiente muy temprano desayunamos mis hijos, mi esposa, David y yo; mis hijos quisieron ir de pesca y mi esposa insistió en yo los llevara, junto con otros muchachos. El plan del día era salir en bote desde las 10 de la mañana y regresar a las 5 de la tarde, me di cuenta que ella prefería o quería que yo fuera con los chicos. Mi esposa se quedaba en el hotel en compañía de su asistente, quien no podía apartar la mirada de su escote, de sus levantados pezones, de sus largas piernas con los dedos de los pies coquetamente pintados. Su cuerpo sensual apenas cubierto por un ligero vestido veraniego. Me reí entre dientes, adivinando los deseos del joven.

    Cuando llegamos a la playa ya la expedición estaba organizada. Había tres botes, cada uno con doce gentes. Ya estaba establecida la supervisión de los adultos y solo quedaba espacio para mis dos hijos. Así que los dejé ir tranquilos. Me quedé platicando con algunos compañeros durante un rato, planeando jugar golf más tarde y me dirigí a la habitación para encontrarme con Stella.

    Cuando estaba cerca, vi a Stella y a David entrar por una puerta lateral del edificio. Los seguí, ellos iban con rumbo a nuestra habitación, salí a los jardines y me acerqué a la habitación, conforme me acerqué más, pude ver sus siluetas a través de las delgadas telas de las cortinas livianas que llaman, ¡Se estaban besando!

    No más para ver que sucedía, me moví hacia la otra ventana que tenía las persianas abiertas y se veía hacia dentro con total claridad, pero no podía escucharlos, podía ver perfectamente a David y Stella a menos de 4 metros de distancia. Ella estaba sentada en una silla y David desde enfrente se inclinaba sobre de ella, besándole la frente y los párpados. Continuó besando su cara hasta llegar a sus carnosos labios y esta vez pude ver como pasaba su lengua sobre los labios de mi esposa.

    “Bueno, veremos qué pasa” pensé, creyendo que ella se pararía y se iría. Pero en vez de eso, volteó su cara hacia David y empezaba a decir algo, cuando el presionó sus labios sobre los de ella y podía yo adivinar que la lengua de él se deslizó en la boca de Stella. La vi entrecerrar los ojos y devolverle el beso.

    Se besaban apasionadamente, podía ver que él exploraba con la lengua la boca de ella que sacaba su lengua al encuentro de la de él. En un rato más ella era la que succionaba suavemente la lengua de él, que bajó su mano y empezó a pellizcarle suavemente un pezón.

    Ella le tomó suavemente por la muñeca retirándole la mano de su seno, pero él simplemente se agachó más y la deslizó bajo su falda para acariciarle los muslos. Stella separó su boca de la de él y viéndolo con cierto entusiasmo, supongo que le decía que no deberían estar haciendo esto. Podía yo verla sacudir suavemente la cabeza. Pero no se le veía molesta o incómoda.

    Él le acarició la mejilla y tomándola por la nuca se inclinó nuevamente hacia ella y pasó su lengua sobre los labios de ella repetidas veces hasta que logró que abriera nuevamente la boca y volvieron a juguetearse mutuamente con sus lenguas.

    Él volvió a aventurar su mano bajo el vestido, sin que ella tratara esta vez de retirarla, al contrario, separó un poco sus piernas, permitiéndole pasar más allá de sus muslos. Podía yo ver que él trataba de meter sus dedos en sus pantaletas para acariciarle el chochito. ¡Hombre! Mi verga estaba dura como de acero, me la saqué y empecé a trabajármela, pensando que pronto ella lo cortaría, o yo entraría en el momento preciso.

    Él se enderezó y me sorprendí cuando vi que se abrió la bragueta y se sacó la verga, la sostuvo con una mano y lo acercó a los adorables labios de mi esposa. Ella se echó atrás sorprendida, mirándola fijamente, pero él simplemente moviendo sus caderas acercó el glande hasta que empezó a pasarlo suavemente sobre los carnosos labios. La vi sacar la lengua y limpiar con ella la punta enrojecida, movió entonces la cabeza y dejó que todo el largo reposara junto a su mejilla. La vi que tenía los ojos cerrados y estaba hablando con él, quien mientras le contestaba también le restregaba la punta del glande en la mejilla.

    ¡Hombre que caliente estaba esto! Mi esposa hasta ese momento supuestamente no había visto la verga erecta de otro hombre y ahora tenía una pegada a la mejilla. Volteó hacia arriba viéndolo y él se movió guiando nuevamente su glande hacia los suaves labios. Esta vez ella cerró los ojos sacó la lengua para que apoyara en ella el instrumento y cerró sus labios sobre el glande.

    ¡Yo estaba en choque! Aquí estaba mi hermosa mujercita chupando la verga de este hombre y yo estaba al tanto de lo bien que ella sabe hacerlo. Ella adora mamar verga. Cuando él estaba volteado hacia abajo viendo como le sorbían y lamían el pedazo de carne, echaba la cabeza hacia atrás y suavemente se mecía introduciendo y retirando la estaca de la hermosa boca, sosteniéndola de la cabeza, acariciando sus cabellos.

    Veía yo que ella estaba verdaderamente inmersa en ello. Estaba totalmente posesionada de su papel de mamadora. Moviendo rápido adentro y afuera la verga, retorciendo su lengua sobre el glande y luego introduciéndose toda la estaca hasta la raíz. Él le tomó pronto el ritmo y empezó a meter y sacar al mismo tiempo que ella haciendo cada vez más profundos los empujones.

    Sosteniéndola de la cabeza él empezó a cogérsela metiéndole la verga hasta la garganta. Vi que abrió enormemente los ojos y trató de echarse hacia atrás, pero él la sostuvo y empujó su toda verga en la boca de mi esposa y empezó a descargar sus huevos.

    Vi como los músculos de su trasero y los de sus piernas se tensaron y empujó más profundamente hasta que el vello de su pubis estaba aplastado contra los labios de mi mujer y empezó a sacudirse. Los ojos de Stella continuaban muy abiertos y la vi tragar y tragar su semen. En ese momento no pude soportarlo más y me vine abundantemente en uno de los orgasmos más fuertes que yo haya tenido jamás.

    Una vez que se la sacó, vi a mi esposa lamerse los labios y limpiarse la barbilla con el dorso de la mano. Él se hincó frente a ella, hablándole, probablemente diciéndole lo buena mamadora que es, no se había subido los pantalones y podía verle la verga aún tiesa, aunque goteando.

    La abrazó por detrás y la jaló a la orilla de la silla y le levantó la falda dejando a la vista sus pantaletas. Ella trató de incorporarse apoyándose en los hombros de él, moviendo la cabeza de un lado al otro obviamente negándose, pero eso no lo detuvo a él de bajarle los calzones. Una vez que le bajó las pantaletas, acarició tiernamente sus primorosas piernas y la descalzó de sus sandalias y jaló sus pequeños pies, ella estaba todavía protestando cuando él le levantó las piernas y tomándola por debajo de las rodillas, virtualmente se sumergió en su vulva con su lengua y labios. Ella echó la cabeza hacia atrás y sujetó sus dedos sobre los hombros de él, mientras él movía su cara dentro del caliente sexo.

    Él estaba succionando y lamiendo furiosamente, podía yo verlo encajando su lengua en el chocho de mi esposa. Ella ya no pudo soportarlo y empezó a venirse convulsivamente. Su cabeza se meció hacia atrás y abrió la boca, ante el empuje de la lengua de él, que continuó lamiendo y lamiendo mientras ella se venía, hasta que ella lo forzó a retirar la cara de su sexo.

    Así como se retiró, se levantó aun sosteniéndola por las piernas y si hacer pausa se dejó caer sobre de ella y le encajó toda su verga profundamente en su chocho. Mis ojos casi se paralizan, mi verga estaba palpitando y se ponía cada vez más dura de lo que nunca había estado mientras veía yo a este joven enterrar su verga en el abierto coño de mi mujer.

    No le tomó mucho tiempo, él empujó las piernas de ella hasta atrás e incorporándose apalancó su verga dentro de ella hasta el último centímetro y empezó a venirse nuevamente. Demonios, nunca había visto algo tan excitante, pero mi cara ardía y la verga me dolía. Acababa de ver a mi esposa mamarle la verga a otro hombre y ahora él acababa de cogérsela a conciencia.

    Se quedaron ahí yaciendo abrazados sin moverse. Me regresé, subiéndome la bragueta y saliendo del jardín empecé a gritar “¿Stella… Stella?” Sabía que me escucharían desde afuera.

    Mientras le daba la vuelta a la puerta había gente caminando, una camarera tenía una charola con copas de champaña, tomé una, me la tomé de un solo trago y tomé otras dos. “¿Stella… Stella?” Volví a gritar y al acercarme a la entrada tomé las dos copas con una sola mano y abrí la puerta.

    Stella estaba nuevamente recostada en la silla. David ya no estaba. El vestido de ella estaba bien ajustado, sus sandalias nuevamente calzaban sus hermosos pies y supongo que su rezumante coño estaba cubierto por sus empapadas pantaletas.

    “Hola Cariño” dijo ella medio adormilada “Pensé que estabas con los niños y estaba tomando una pequeña siesta”. “Bueno” le respondí “Te tengo una agradable sorpresa, ellos no regresarán en algunas horas, ten, te traje champaña”. Ella tomó la champaña y yo le di un sorbo a la mía y decidí que la “pescaría” por haber hecho algo. “Me alegro que estemos solos aquí Cariño” le dije “Traigo muchos deseos de ti”.

    “Oh No” Dijo ella retorciéndose y tratando de escapar “No, no ahora no quiero, podrían vernos”, “No lo creo Cariño” le respondí mientras le subía el vestido y sujetaba sus pantaletas “Solo nosotros estamos aquí o quieres más compañía”. A ella se le cayó un poco de champaña, luchó y trató de mantener sus preciosas piernas juntas, mientras yo se las abría y me metía entre ellas, pero yo fui más fuerte que ella observando que no tenía pantaletas.

    “Voy a comerte este maravilloso coño tuyo, querida vas a venirte como nunca antes”, Le dije, mientras acercaba mi boca a su vulva.

    Mi plan original era abrirle el coño y encontrarlo lleno de semen, entonces acusarla de andar follando con otros y hacerle una escena para darle tratamiento completo. Miré su chochito y se veían los suaves labios llenos con una traza de crema entre ellos escurriéndole hasta el culito. Decidí entonces que podría hacerlo peor aún. Me di cuenta de que quería probar ese chochito lleno de semen, supuse que, al lamerlo, tendría la prueba de lo que había pasado para mostrárselo a ella.

    “Nunca te había visto la vulva tan húmeda, mi amor”. Gemí “No cabe duda de que me estas deseando tanto como yo”. Me agaché, aspiré su aroma y recorrí con mi lengua toda la rajita de su chocho, probando el semen de él, sentí como si unas suaves plumas recorrieran a todo lo largo de espalda, sentí mi cabeza pesada, nunca mis papilas habían sido asaltadas de esa manera por ningún sabor. Un tanto salado. Introduje mi lengua explorando en su vagina lamiendo y sorbiendo. Ella gimió fuerte y abrió aún más las piernas, mientras yo hambriento lamía una y otra vez su húmedo chochito. “Oh Dios mío” gimió ella, y decía: ”chúpame.. chúpame duro muérdeme el clítoris, ¡oh! Dios mío”

    “Que sabor tan rico tienes querida” Y empecé a cogérmela con la lengua, desde su clítoris hasta su culito, tragándome el semen de David junto con los jugos de ella, no le tomó mucho tiempo para venirse. Tuvo el orgasmo más fuerte que jamás le propiné, literalmente me quitó el aliento. Me jaló hacia ella y la monté tal como él lo había hecho, la follé fuerte, intensamente y con furia.

    Su chocho nunca había estado tan suave, tan húmedo y pegajoso, me tomó solo unos minutos para explotar dentro de ella. Permanecimos, así como unos diez minutos o más. Me di cuenta de que acababa de tener el mejor polvo de mi vida, entonces le dije: “busca a David y haz que te coma el chocho con mi semen, que deguste mi semen junto con tus flujos; de la misma manera como yo me comí su semen con tus flujos”.

    Mi esposa abrió los ojos como platos mirándome con interrogación, yo le dije: “mira, no sabía que eras tan putita, te vi follando con David, quería hacerte una gran escena, pero la calentura me ganó y gocé follándote con el semen de otro en tu chocho, quiero hacer convertirte en una verdadera puta y follarte junto con tu asistente, vamos a hacer un trío, por favor llámalo”.

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  • Despacio

    Despacio

    -Despacio, no hay prisa. El placer, la erección, el orgasmo, el coito anal para borrar tu virginidad ¿Por qué habrían de ser a la carrera, como que si no hubiera tiempo para más? -me dijo Fernando, mientras yo descubría las caricias de un hombre sobre mi piel por primera vez.

    Él era un león y yo una pequeña gacela que recién se había resignado a ser devorada.

    No opuse resistencia, había decidido darme la oportunidad de conocer un placer diferente; ese que, en vez de yo insistir, me insistirían a mí; en vez de rogar, me rogarían; en vez de seducir, me seducirían; en vez de penetrar, me penetrarían; en fin, pasivamente, en vez de que después de mucho insistir pudiera desnudar a una mujer y hacerla mía, era yo quien abriría las piernas, me voltearía, empinaría mi cola y entregaría a voluntad las nalgas para disfrutar con deleite de sentir a alguien entrar en mi recto, convertido en una vagina.

    Esta vez no me preocupé por tener y mantener una erección, no era necesario. La estrella de todo mi placer hoy sería mi agujero.

    Fernando, en el sillón, me abrazó con ternura y decisión y extendiendo sus labios los pegó a los míos y su beso fue el primero que le di a otro hombre. Succionó húmedamente mi lengua, la masajeó con la suya. Después de varios minutos de apasionado beso se separó. Me miró a los ojos y me preguntó: -¿cumplirás tu promesa?

    Minutos antes, él me confesó que era gay activo y que por ende su papel era el de actuar como el hombre en sus relaciones, pero que yo le gustaba y que deseaba conocer mi opinión. Yo le dije que, para mí, únicamente existían las relaciones de hombre a mujer y que si él era el hombre yo tendría que ser una mujer. No me di cuenta, pero en ese momento, inconscientemente, había descubierto el secreto que por años llevaba como una pesada carga.

    Traté de dar excusas a mi respuesta, pero era muy tarde. Fernando lo sabía ya.

    -Entonces -me dijo- te reto a que te vistas como una mujer, y no cualquier mujer, sino una hermosa ¿o no eres capaz?

    -Te prometo que podría ser mejor que cualquier mujer -le dije, hundiéndome más en mi revelación.- ¡No! ¡No quise decir eso! -traté de excusarme.

    Fue así como no tuve más excusas y regresé a mi realidad y le respondí:

    -Si es nuestro secreto, quiero vestirme de mujer para ti -Me interrumpió poniendo su dedo en mis labios y diciéndome:

    -Por supuesto que será nuestro secreto, pero para mantenerlo así debes aceptar ser mi novia y no quiero verte nunca más, cuando estemos solos, vestido de hombre.

    Entendí claramente su instrucción e inmediatamente comencé a desnudarme despacio. Fernando me ayudó hasta que no quedó prenda sobre mí. Se rio.

    -Tienes apenas un micropene ¡Mejor aún! –concluyó.

    Me tomó de las manos y me llevó a su cuarto. Se desnudó. Su polla era monumental: gorda, larga, descapotada y depilada. Acostados en su cama, me besó enamoradamente. Su pecho sobre el mío estaba hirviendo y sentía todo el peso de su cuerpo sobre mí.

    La poca hombría que quedaba en mi mente tomó consciencia. -¡No puedo! -le dije- Soy un hombre.

    Fue hasta su armario, tomó una caja y sacó unas bellas sandalias blancas planas. Las puso en mis pies. Me amarró las cintas atrás del tobillo. Fue una sensación alucinante. -Por el momento, con esto basta- y sin darme tiempo, comenzó a besarme de nuevo colocándose a un lado de mí. Delicadamente, frotó en círculos pausadamente con el dedo medio de cada mano mis dos tetillas. Luego, uniendo el dedo pulgar las pellizcó fuertemente. Gemí en voz muy alta, casi un grito. Era una explosión de placer. Luego, su lengua bajó de mi boca hacia una de las tetillas y la comenzó a succionar. Su mano bajó a mi micromiembro. Me acarició despacio los testículos y súbitamente los apretó. Gemí de nuevo.

    Su mano continuó sobre mis huevos y los aruñó provocando que yo levantara las caderas de gozo; a lo cual el bajó más su mano y con su dedo medio llegó a mi húmedo ano.

    Masajeó la entrada de mi agujero. Yo respiraba agitadamente. Habríamos pasado al menos 40 minutos en ese disfrute. Fernando era un verdadero rey de la seducción. -Mira que hermosos se ven tus pies mi princesa- me demostró mientras levantaba mis piernas y colocó sus tobillos en sus hombros. Me besó de nuevo y su lengua juguetona llegaba hasta mis amígdalas. Lo abracé. Sí, con esas sandalias mis pies se veían preciosos y me sentí una verdadera mujer, una nena. Sentía su hermosa verga dura en la puerta de mi agujero.

    Se separó de mi boca y supe que el momento de convertirme en una mujer había llegado. Me volteó y me puso boca abajo. Me tomó de las caderas y las empinó. Abrió mis nalgas y en mi ano ahora expuesto, escupió abundante saliva para humedecerlo. Su dedo medio fue el primero en entrar. Grité muy femeninamente al sentir como sus gruesas falanges entraban dentro de mí. Rascó por dentro mi recto buscando mi próstata y, al encontrarla, perdí el control, jadeando y abandonándome al deleite sexual. Sentí la punta hirviente de su miembro en mi agujero, me sujetó de los hombros y, tomando impulso me hizo por fin suya.

    El dolor era implacable. Me metió la verga y se quedó dentro. Sentí como palpitaba en mi intestino su grueso miembro caliente. Encogí los dedos de los pies y al sentir la suela y las tiras de las sandalias en ellos y como se ventilaban con el escaso aire del lugar recordé que no tenía por qué preocuparme: ya era una mujer completa.

    Fueron más de 20 minutos de regocijo. Me acostumbré agradecidamente a sentir el miembro de Fernando entrar y salir de mi ano. Cada vez que salía, le suplicaba que entrara de nuevo y lo hacía con fuerza y más profundamente. Mis gemidos eran de agonía, de dolor, de complacencia, de lujuria. Sentirme mujer se convirtió en ese momento en mi único vicio.

    Sus penetraciones fueron cada vez más rápidas. Nuestro sudor se mezclaba y sentía a gusto como sus gotas caían en mi espalda. Ambos gritamos, jadeamos, gemimos y al él acelerar cada impulso dentro de mi recto pensé en todos esos años que tontamente desperdicié como hombre, sin saber el gusto, sensualidad y encanto de ser una travesti, un tímido hombre ahora vestido y convertido en mujer por un verdadero semental que me estaba dando la mejor follada del mundo, destrozándome el culo con su enorme pene.

    -Grita que eres mujer, que eres mi novia -me ordenó a la vez que desenfrenadamente me cogía.

    -Soy mujer, soy una travesti de closet, soy tu novia, tu nena, tu princesa. Adoro tu verga, me gusta que me cojas, no quiero nunca volver a ser hombre, dame más, te lo suplico, soy tu esclava. Quiero calzar siempre sandalias hermosas y femeninas, quiero usar vestidos frescos, quiero maquillarme, besarte, suplicarte, arrodillarme, humillarme ante ti, mi amo -Le dije entre gemidos y a alaridos, con la voz más femenina que pude.

    En ese momento, Fernando explotó. Sus fuertes y potentes chorros inundaron mi recto, ano e intestino. Me siguió dando varios minutos más, a la vez que yo explotaba sintiendo el mejor y más hermoso y delicioso orgasmo anal. Mi flácido y vergonzoso micropene también convulsionó e inundó las sábanas con mucho semen.

    Fernando se desplomó sobre mi espalda, cansado, pero yo lo estaba aún más. Fue delicioso. Sentí como su miembro se fue poniendo flácido y finalmente salió de mí. La sensación de su semen goteando desde mi recto y saliendo al aire fue exquisito.

    Nunca más deseé volver a ser hombre. Desde ese momento solo podía imaginarme vistiendo como toda una linda y hermosa nena. No podía volver a imaginar mi vida sin sentir en cada segundo de mi existencia la verga de Fernando dentro de mí.

    Hola, soy Genoveva. Esta es solo una fantasía. Soy una nena muy tímida. Me gustaría recibir comentarios y así quizás verdaderamente animarme a salir del closet, entregarme por fin a un hombre y sentir el placer de vestirme verdaderamente de mujer. Besos.

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  • Desnuda frente al espejo: Cuentos del manual de la masturbación (2)

    Desnuda frente al espejo: Cuentos del manual de la masturbación (2)

    Hoy estoy algo cansada. La rutina de cada día me agota. Entro en el baño de mi casa y me miro al espejo. En ese momento varias imágenes pasan rápidamente por mi cabeza y la percepción de mí misma cambia de repente. Echo el pestillo antes de meterme en la ducha.

    Me quito la ropa mientras dedico un rato a mirar mi cuerpo en el espejo. Primero mi cara, mi cuello, mi pecho desnudo, mis tetas bien puestas, siempre me ha gustado su tamaño, ni grande ni pequeño, mis grandes aréolas oscuras y mis pezones, que al mirarlos comienzan a ponerse erectos. Me quito mi pantalón de pijama a rayas azul claro y después mis braguitas negras. Observó mis caderas que siempre han sido anchas y mi coño peludo, que nunca me he depilado por completo porque me gusta sentir su tacto rizado cuando juego conmigo misma.

    Abro la ducha y echo el gel de fresa y nata en mi mano. Comienzo a frotar suavemente mi cuerpo, mi cuello, mis brazos. Imágenes llegan a mi mente y fantaseo con que me tocas con tus manos llenas de jabón. Empiezo a excitarme, mientras enjabono mis tetas y comienzo a acariciarlas con deseo. Siento tus manos por mi cuerpo y mis manos se deslizan a mi chocho húmedo, mezcla de fluidos y jabón. Abro de nuevo la ducha, regulo la presión, y apunto a mí sexo que se hincha al contacto con el agua a presión. Abro las piernas, mi respiración se acelera mientras me acaricio.

    Cierro de nuevo la ducha y con mis dedos tocó mi clítoris erecto soltando un gemido que indica que no hay marcha atrás. Una tensión de placer me recorre todo el cuerpo. No puedo parar de tocarme, de sentir mi coño a punto de estallar. Con movimientos rítmicos arriba y abajo meto mis dedos resbaladizos en mi vulva, la recorro con placer y con movimientos circulares masajeo mi clítoris, y lo siento cada vez más hinchado. Aumento la intensidad, me agarro a la ducha jadeando cuando todo mi cuerpo tiembla de placer, espasmos deliciosos recorren mi cuerpo y disfruto del momento, me sonrío a mí misma y termino de ducharme para ir a desayunar.

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  • Construyendo paraísos (6): Succionadores nocturnos

    Construyendo paraísos (6): Succionadores nocturnos

    Ya son tres las veces que me ha cogido a traición la amiga de mi mujer, me resulta violento por un lado y no puedo negar el placer que me ha dado, por otro. De todas formas, no quiero chafarlo todo, debo ser un buen anfitrión y porque las miradas apuntarían a mí, aunque no sea el que haya propiciado los hechos, sigo siendo cómplice que me pude haber negado a ello desde el principio, pero ha sido y es irresistible.

    Así que continuamos con las actividades para agasajar a nuestra invitada, esta noche hemos decidido hacer una cena romana, ataviados con túnicas al puro estilo de los patricios y hermosas patricias. Una sábana estratégicamente colocada alrededor del cuerpo salva la situación.

    Ellas se han recogido el pelo y colocado florecillas, se han puesto sus collares más grandes que caen sobre sus escotes, sobre todo el de Tara, que se ha puesto un camisón ceñido por un cinto dorado, que le transparenta la silueta de su cuerpo, si añadimos que no lleva braguitas y como lo sé, ya me va encendiendo. No es la primera vez que no se pone ropa interior y siempre hemos fantaseado con ello.

    Nore lleva una sábana que tapa un hombro y pasa por debajo del otro brazo, su estupendo mostrador sujeta por si solo la sábana, lo que lleva debajo es un misterio para mí, quizás me vuelva a sorprender. Los tres podíamos pasar perfectamente por ciudadanía de la antigua Roma.

    La noche estaba estrellada, la luna brillaba tanto que proyectaba nuestras propias sombras, dando suficiente luz que no era necesario más para vernos y distinguir lo que teníamos cerca. También habíamos puestos unas velas alrededor de las tumbonas de la piscina, que pusimos formando un triángulo, las cabeceras de las tumbonas de las mujeres juntas y yo a los pies de ellas. Cenamos como los romanos, recostados como en un triclinio.

    Era divertida la situación, la comida era típica española: lonchas de jamón, porciones de queso, rodajas de chorizo, no faltó tortilla de patata, que hizo Nore, ya cortada en tacos. Todo se alcazaba con una mano, la otra sustentaba parte del cuerpo al estar recostado. También las copas de vino estaban a mano, de vez en cuando me levantaba yo para servir a las señoras, de lo que quedaban encantadas.

    Tras la cena llegaron los chupitos, vasos pequeños pero que se llenan de licores las veces que se quieran y pronto se pierde la cuenta. Seguimos sobre las tumbonas, teniendo cerca los pies de Tara me puse a masajearlos, mientras conversamos y bebemos. Ambiente relajado que el alcohol lo estaba transformando en chispeante y desinhibido.

    Tras varios suspiros de gusto que salían de la boca de Tara, dijo Nore que ella también le gustaría disfrutar de un masaje en sus pies. Me di la vuelta en la tumbona y repetí la operación con Nore. Todo eran halagos a mis manos sobre sus pies. Al mover sus piernas de vez en cuando, la túnica romana dejaba al descubierto hasta la nalga, con la noche clara pude ver que tampoco llevaba braguitas. Ya éramos tres los que habíamos prescindido de la ropa interior y eso a mi entrepierna le hizo despertarse.

    Las dos mujeres seguían bebiendo. También, aprovechando el momento, Nore le dio un regalo a Tara, en realidad era un encargo, de algo que no había encontrado aquí porque llevaba meses agotados. Ni más ni menos que un succionador de clítoris. Además, Nore dijo que también había traído el suyo, ya lo había probado, estaba encantada con él y si quería le enseñaba cómo usarlo.

    Entre bromas sacaron los succionadores, los pusieron en marcha, la bebida las tenía totalmente desatadas, sobre todo a Tara, Nore parecía más consciente, de vez en cuando me miraba como diciendo verás lo bien que lo vamos a pasar los tres. De momento yo era un mero espectador.

    Las dos llevaban amplia vestimenta romana, sin braguitas, por lo que no tuvieron impedimento en llevarse el succionador entre sus piernas. Seguían riendo y de vez en cuando alguna daba algún brinco por el repelús que notarían en su coño. Las risas fueron pasando a los jadeos, era increíble ese aparato, sólo con ponerlo entre las piernas, medio en broma, fui testigo de sus corridas casi a la vez, primero le llegó a Nore, se mordía los labios mientras gozaba de la corrida. Tara ponía cara de sorpresa, no daba crédito a lo que ese aparato le hacía sentir, al ver a Nore cómo disfrutaba, se dejó llevar y casi se cae de la tumbona de las sacudidas de placer.

    No dejé que se enfriara la cosa y les dije que no me podían dejar así, señalando la “tienda de campaña” que ellas habían provocado, recostado mi túnica se levantaba dando muestra de mi excitación, tras contemplar sus orgasmos yo quería el mío. Las dos se bajaron de sus tumbonas a cuatro patas, como dos gatas se acercaron, metieron las cuatros manos por debajo de mi túnica, cada una por una pierna, no sabía cual me agarraba la polla o cual jugaba con mis huevos, entre risas de ellas y mayor calentura mía.

    Arremangaron el faldón que yo llevaba, dejando al descubierto el tieso falo, se pusieron a chuparme la polla a turnos. Aquello era un sueño, una jugueteaba con mis huevos mientras otra hundía su boca en mi polla, luego cambiaban, hasta que Tara me la cogió con una mano pajeándola, estaba a punto de correrme, Nore puso su cara delante con mirada expectante de lujuria, animándome a soltar mi leche, contemplaba las dos hermosas mujeres dándome placer y no tardó en llegar, varios regueros de leche le saltaron en la cara a Nore que al final me chupó lo que salía de la punta provocándome unos pequeños brincos de placentero repelús.

    Fue una noche memorable bajo las estrellas.

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  • Un delicioso calentón

    Un delicioso calentón

    Hacía ya 1 año de mis encuentros con Claudia y desde entonces no se me había ido de la cabeza esta preciosidad y sobre todo las noches de sexo que nos había hecho pasar a mi mujer y a mí.

    Había intentado convencer a mi mujer de pasar unos días en Barcelona y volver a ver a Claudia, pero ella no sé por qué no quiso, quizás fue por celos o porque no me acostumbrara a semejantes placeres, la cosa es que ella había sido siempre muy reservada con respecto al sexo y la verdad es que su comportamiento en Barcelona me sorprendió al máximo.

    La cosa es que yo perdí el contacto con Claudia, pero no pude de dejar de pensar en montarme una noche loca con un transexual, pero claro Claudia había puesto el listón muy alto y por mucho que busqué en la calle alguien que me gustara no lo encontré.

    Un día visitando una página de contactos de la ciudad, entré en la sección de travestis, y mi sorpresa fue mayúscula al verla, la primera chica de la lista con foto se daba un aire a Claudia, pero no era ella, era una preciosidad, alta, con unas curvas vertiginosas, bastante pecho y un culo redondo y respingón, la verdad es que me encandiló desde el principio. No me importaba pagar para pasar un buen rato, así que sin pensármelo la llamé, contestó enseguida, su voz, aunque un pelín ronca era muy agradable y sensual, convenimos el precio y quedamos para aquella misma tarde, mi mujer estaba fuera y los chicos con mi suegra así que no había problema en que se enterara nadie.

    Me duché y arreglé y salí para el centro, enseguida encontré la casa, subí y llamé a la puerta. Ante mi apareció un verdadero ángel, la verdad es que no era tan alta como parecía en la foto más bien tiraba a pequeña, embutida en un fino vestido rojo sus curvas pechos resaltaban sobre sus caderas y su hermoso culo era tan respingón como en la foto.

    Lara me dio un delicado beso en la mejilla, me invitó a entrar y mientras ponía unas copas dejé el dinero sobre la mesa. Tomamos las copas tranquilamente, charlando un poco, cosa que me sorprendió gratamente ya que no esperaba que una prostituta, gastase así el tiempo, yo me dejé llevar por la conversación, la verdad es que estaba un pelín nervioso, no acostumbro a ir de putas y la verdad es que hacía varios años que no lo hacía.

    Durante la conversación no dejé de mirarla o de admirarla, la verdad es que la cara era muy femenina, sus rasgos no delataban su condición, ojos verdosos, labios carnosos, nariz ligeramente afinada hacia arriba, sus tetas eran grandes y redondas y el vestido dejaba entrever que sus pezones eran grandes y redondos. La verdad es que se le notaba que se cuidaba físicamente.

    Cuando ella quiso cambió el tema y directamente me preguntó si yo era pasivo o activo y la verdad es que yo ante semejante belleza no estaba dispuesto a poner pegas a nada así que la contesté que dejáramos que nuestros cuerpos nos llevaran a donde les apeteciera, me incorporé, la cogí de la mano levantándola del sofá y la besé en el cuello.

    La abracé con firmeza y ella me besó en la boca metiéndome su larga lengua, sus manos me despojaron rápidamente de la camisa y de los botones del pantalón, y solo rozaron durante un segundo mi erecta polla que sobresalía ya por encima del bóxer.

    Me invitó a sentarme en el sofá y sin quitarse el vestido se arrodilló ante mí y empezó a masajear mi polla por encima del bóxer metiendo las manos por las perneras, masajeando mis testículos y ni zona anal, me quitó finalmente el calzoncillo y se metió en la boca mi dura polla, sus labios rodeaban mi capullo y su lengua lamía la punta del glande con mucha habilidad, dándome pequeños mordisquitos con los dientes que me hacían morir de placer, pensé en correrme pero intenté aguantar lo máximo posible, me hizo pasar un rato extraordinario finalmente se retiró me besó en la boca mezclando nuestras salivas con mi líquido seminal y se levantó.

    Se separó un poco de mí y se sacó lentamente el vestido por los pies, estuve a punto de correrme otra vez al ver semejante cuerpazo, sus tetas eran tal y como las había imaginado, cuando le vestido lo llevaba por la cintura se dio la vuelta dándome la espalda y continuó bajándolo dejando al descubierto su duro culete adornado por un precioso tanga, que comenzó a bajar cuando tuvo el vestido en los tobillos.

    La visión de la tirilla del tanga que se va quedando entre los dos mofletes, cuando este se baja muy lentamente es embriagadora para mí pero más lo fue cuando Lara se dio la vuelta a dejó al descubierto su hermosa polla completamente erecta, creo que incluso más grande que la mía la visión de su cuerpo relativamente pequeño, sus hermosos grandes pechos y la enormidad de su polla me pusieron más caliente si cabe y no pude más que arrodillarme en el suelo delante de ella y meterme su instrumento en la boca.

    Sus manos agarraron mis cabellos y rítmicamente acompañaron mi cabeza mientras mi lengua recorría el impresionante miembro de Lara, desde los huevos hasta el capullo mi lengua tenía que parar dos veces para humedecerse en mi boca, Lara gemía de placer, cada vez que recorría el borde de su glande, y lateralmente su tronco recreándome en sus gruesas venas, pensé que llegaría a correrse pero tras diez minutos saboreando tan deliciosa fruta, me aparté y la pedí que me follara el culo, quería sentir como podía entrar y salir de mi culo.

    Lara cogió un gel lubricante del cajón y yo tumbándome en el borde del sofá boca arriba le ofrecí mi ano que lubricó concienzudamente con una mano mientras con la otra embadurnaba su polla, me agarró las rodillas abriendo mis piernas al máximo y colocó la punta de su aparato en la entrada de mi culo, muy lentamente empezó a empujar y yo comencé a sentir como su enormidad dilataba mi esfínter muy despacio, sentí un poco de dolor hasta que me relajé completamente al sentir su diámetro totalmente dentro de mí y un enorme placer cuando su punta tocó el final de mis entrañas y sus testículos mis glúteos.

    Lara paró un momento y me miró, la visión de semejante mujer en esa posición con semejante falo dentro de mí me volvió loco, Lara me agarró la polla y empezó a moverse dentro de mí, su polla salía y entraba completamente incluso por dos veces la sacó de mi ano por completo y la volvió a introducir aprovechando la dilatación de mi esfínter, esos movimientos y la deliciosa paja que me estaba haciendo hizo que me corriera abrazando con mi esfínter todavía más su polla, los chorros de semen llegaron incluso hasta mi boca, los cuales relamí como una autentica perra disfrutando de una follada increíble.

    Lara no tardó en correrse, pero justo antes sacó la polla del culo y se acercó a mi cara corriéndose en mi boca, su deliciosa leche recorrió mi boca y mi garganta, y Lara recostándose sobre mí me besó en la boca chupando nuestro semen.

    Me hubiera gustado follarle, pero la tarde se sexo que protagonizamos me dejó exhausto y decidí que sería otro día el que disfrutara de su culito, así que me despedí con un efusivo beso y un hasta pronto no muy lejano.

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  • Amigos… o no

    Amigos… o no

    Camilo se aferró al volante. Este tramo oscuro de carretera, inevitable de regreso a la ciudad, era su favorito del trayecto. Y Praga, sentada junto a él en jeans y camiseta, lo sabía también.

    Su mano conocía muy bien la entrepierna de Camilo y, hay que decirlo, le gustaba su verga. Así, sin morbo. Para ella fue un objeto curioso desde que se la vio con claridad. Esto fue meses después de sentirla entre sus labios porque, por modestia de él, cogían a poca luz. Cosita curiosa, le decía a ella mientras él apagaba la luz antes de desnudarse.

    Cierto día llegó el momento de verla y fue allí, en esa misma carretera. Era temprano, por allí de las trece horas cuando la joven pareja regresaba de un brunch.

    —No sé qué tenías esas pinches mimosas, Camilo, pero me pusieron bien caliente —dijo ella.

    Camilo sonrió. Satisfecho de provocar tales deseos.

    —Ahorita que lleguemos… —respondió, interrumpido por las manos de Praga, que ya se lanzaba a soltarle el cinturón y recorrer el cierre de Camilo.

    Él no discutió. Se aferró al volante y su miembro, deseoso, recibió dulces labios. Él a velocidad y ella inclinada sobre su miembro. “Tócame, Camilo, tócame” -balbucea ella entre chupón y chupón-. Camilo sólo le alcanzaba a, torpemente, sobarle un seno. Acto insuficiente porque ella deslizaba su manita libre debajo de sus bragas, deslizando sus dedos hasta sus húmedos labios vaginales.

    Su boca subía y bajaba a lo largo del pene de Camilo, quien daba gracias al domingo por la soledad del tramo y apretaba y pellizcaba los pezones rosados de su novia. Ella frotaba su vagina, salivaba, sudada: se conocía.

    Se frotaba y mamaba y chupa y sentía y sacó su mano de entre las piernas propias para meterla en la boca de Camilo: “chúpame, Camilito, que me seco” y Camilo hizo lo mejor que pudo con su lengua y esa mano regresó a la vagina de Praga quien se venía, se venía y terminaba sin darse cuenta que Camilo tuvo que detener el auto en una veredita junto a la carretera porque su semen cubría el rostro de Praga y ella, caliente, caliente, no dejaba de chupar y Camilo la apartó, recorrió el sillón del auto y ella lo montó y compenetrados se besaron furiosos hasta que la mujer encontró el éxtasis accionando el claxon con el culo.

    Y en eso giraba la mente de Camilo cuando le decía a Praga que las cosas habían cambiado, que tal vez lo mejor era que trataran de ser amigos, que la relación había terminado ya hace meses y que se ponía muy incómodo con sus flirteos y ella, dispuesta también a renunciar porque francamente estaba aburrida de la relación, esbozó una sonrisa, deslizó su mano derecha hacia su propio ombligo y debajo del pantalón y, con el aplomo de un sábado en la noche, le dijo:

    —Entonces, Camilo, ahora que sólo somos amigos, no tengo la mínima intención de coquetearte. Y, la verdad, no sé qué hace mi mano entre tus piernas.

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  • Mi debut con una chica

    Mi debut con una chica

    Ya había cumplido los 19 y estaba estudiando magisterio, era invierno y se venían los parciales a mitad de año.

    Psicología nos tenía a mal traer, la materia era apasionante pero la profesora nos volvía locas.

    Así es que invité a Patricia, una compañera que conocí en el curso, muy buena onda con la que nos entendíamos bien para estudiar juntas.

    La idea era que juntarnos en casa para estudiar hasta cualquier hora y después dormir un rato antes de ir a rendir.

    Patricia, o Pato como le decíamos, era menudita, flaquita de tetitas chiquitas y culito redondito, hermoso. Muy dulce y muy buena mina, nos hicimos amigas enseguida, las dos teníamos novio y habíamos ido a bailar los cuatro un par de veces.

    Eran como las tres de la mañana, mis viejos y mi hermano dormían hace ya mucho rato cada uno en su habitación, con Pato no dábamos más, estábamos desde las dos de la tarde estudiando y decidimos dormir ya que nuestros cerebros no daban para más.

    Yo le cedí mi cama, muy cómoda y me arreglé una colchoneta en el piso, como les conté, estábamos en un día muy frío de invierno y por más calefacción que haya me estaba congelando, cansada y todo como estaba no podía dormir de frio, Pato se dio cuenta y me dijo:

    —Estas cagada de frío y yo acá calentita en tu cama, me hace sentir culpable.

    —No seas tonta —le dije— yo te di mi cama, sos la invitada y no te voy a hacer dormir incomoda.

    —Bueno, hagamos una cosa —me dijo— vení a dormir conmigo, compartamos la cama, vamos a estar más calentitas y no me voy a sentir culpable.

    Me metí a la cama, estaba congelada, sentí la tibieza de su cuerpo e instintivamente la abracé para sacarme el frio. Fue un abrazo cálido, reconfortante, no quería dejar de estar ahí, ella le debe haber pasado algo similar porque no solo no me soltó, sino que me apretaba muy junto a ella,. No sé cuánto estuvimos así, pero algo hizo clic en mi cabeza, sus pechitos tibios debajo de su camisón, sin corpiño apretados contra los míos, en la misma situación me llenaron de dulzura. Comencé a acariciar su espalda muy suavemente y enseguida ella comenzó a hacer lo mismo.

    Sus caricias bajaron hasta mi cola y cuando yo hice lo mismo suspiró fuertemente en mi oído

    Seguimos acariciándonos tiernamente y ya nuestra temperatura había elevado tanto que casi nos sacamos las frazadas. Besé su cabeza dulcemente y ella que estaba un poquito más abajo empezó a besar mi cuello, ahora la que suspiraba era yo, me di vuelta poniéndola de espaldas a la cama y acomodándome encima le partí la boca de un beso, primero muy suave y tierno y luego con mi lengua sedienta busqué la suya y nos trenzamos en una lengüeteada mortal.

    Le saque el camisón y me prendí de sus tetas, que lindo fue descubrir lo dulce de los pechos de una mujer… se los besé y mordisquee como me gusta que me lo hagan a mí y ella gemía, le gustaba, con mi mano busque su conchita, muy mojada y la encontré justo cuando ella encontró la mía. Nos pajeamos febrilmente, las dos sabíamos bien como era el tema, acabamos casi juntas y tuve que besarla para que acallemos nuestros gemidos, no estábamos solas y no quería que nadie se despierte.

    Después de reponernos, siempre abrazadas, le dije que quería saber que se siente al lamer una conchita y ella me dijo que si mientras le dejara probar lo mismo, nos posicionamos para un 69 y fue exquisito. Aunque eran nuestras primeras conchas las dos sabíamos muy bien cómo hacerlo, teníamos experiencia de “novios lamedores” y las dos sabíamos lo que nos gustaba. Por mi parte debo decirles que si bien me encanta tener una pija en la boca, es exquisito lamer una conchita, volverla loca hasta que me entregue sus juguitos, muy excitante. Las dos nos sacamos como tres orgasmos cada una y no queríamos salir de ahí estábamos embelesadas con esta nueva experiencia.

    Yo había quedado al revés en la cama, me di vuelta, la abracé y la besé, con ese caliente beso se mezclaron también nuestros juguitos… un cóctel digno de probar. Nuestros cuerpos sedientos de lujuria se fueron acomodando uno al otro hasta quedar con las piernas entrecruzadas, el muslo de cada una rozaba la conchita de la otra y así nos pegamos una cogida de alto voltaje. Nuestras muy calientes conchas bañaban la pierna de la otra y esto hacía que el roce sea sensacional el vaivén de ambas hacia crujir la cama y nuestros jadeos calientes y lujuriosos no hacían más que subir la temperatura… ¿cuántas veces acabamos?… perdí la cuenta… solo sé que nuestro cansancio hizo que después de mucho rato paráramos y quedamos durmiendo abrazadas.

    A la mañana siguiente mientras desayunábamos mi mamá preguntó muy inocentemente si habíamos pasado frío ya que nos vio durmiendo juntas, le dijimos que sí, pero no le contamos como nos sacamos el frío.

    Sorprendentemente nos fue bien en el examen, las dos teníamos la mente en blanco es mañana, a la tarde volvimos a casa y estaban todos en sus ocupaciones, la casa estaba sola hasta las 6 de la tarde, nos metimos en nuestra pieza. y dimos rienda suelta a nuestra nueva pasión.

    En un momento de descanso Pato me dice:

    —Que lindo sería compartir esto con nuestros novios ¿no? ¿Te parece que les gustará?

    —Mirá a todos los hombres les gusta, se van a volver locos —le dije— ¡y se me ocurre como hacerlo!

    Dicho esto, enterré mi cabeza entre sus piernas y no se dijo más nada.

    El fin de semana mis padres y mi hermano se iban a Chivilcoy al casamiento de una tía y yo me quedé por los exámenes, al menos esa era la excusa, me podría ir a visitar parientes que ni conocía y dormir incómoda en casa de otros, ya lo había padecido de chica, basta, ahora era el turno de mi hermano, je.

    Invitamos a nuestros novios a cenar, fue una cena tranqui, con poco alcohol, solo unas cervezas, los queríamos bien fresquitos.

    Después de cenar fuimos al living, nos sentamos juntas con Pato en el sofá y ellos en los sillones, así lo teníamos planeado. Pusimos música y charlamos de cosas normales. La idea era calentarlos un poquito así después era todo más fácil. las dos vestíamos minis cortitas y nos ocupamos de abrir las piernas como al descuido para dejarlos calentitos, en especial al novio contrario que no estaba acostumbrado a ver nuestras cotorritas, jeje.

    Hecha la seña convenida nos acercamos a nuestros novios y besándolos apasionadamente los dejamos a full y cuando ellos pensaban que iría cada pareja a una pieza para seguirla, nos volvimos al sofá y nos empezamos a besar entre las dos con lengüetazos apasionados.

    Mi novio se quedó mudo y el de ella atinó a decir: —¡Ah bueno!

    Se quedaron estáticos, con la boca abierta, clavados en el sillón. Con Pato nos fuimos desvistiendo, nos prendimos de nuestras tetas y yo me agaché hasta su conchita y se la empecé a comer.

    Los chicos se miraron por un momento y dijeron: —¡Seee! y volaron sus ropas por el aire, mi novio se prendió de mi culo y me lamió como nunca y el de Pato le puso la pija en la boca y ella se la lamió con gusto.

    Cuando me quise acordar tenía a mi novio culeándome salvajemente y al novio de pato cogiéndole la boca con todo.

    Me tiré de espaldas al piso y mi novio me la puso por la concha, Pato se arrodilló encima de mi cara para que le siga chupando la concha y al ratito nomas los vi como se comían la boca entre ambos, el novio de Pato se las arregló para lamerme la concha mientras mi novio me cogía, Pato lo agarró de la pija y lo pajeaba.

    De reojo pude ver como también le lamia la pija a mi novio…¡ había resultado ser bi!

    Cuando estaba por acabar mi novio la sacó y me acabó en la panza y cuando Pato vio que su novio estaba por acabar se acercó para que le acabe en las tetas.

    Enseguida cada una limpió con la lengua a la otra y con la boca llena de leche nos besamos como nunca, compartiendo el premio por nuestra locura.

    Dejamos descansar un poco a los chicos y después hicimos la cambiadita, cada una se cogió al novio de la otra.

    ¡Como estaban los chicos ese día! y las culpables éramos nosotras jajaja.

    Hermosa cogida nos pegaron. Quedamos agotados los cuatro, pero teníamos tiempo.

    Tomamos una cerveza y con pato nos empezamos a besar de nuevo, queríamos hacer la frotadita como la otra vez, y así lo hicimos.

    Nuestros muslos brillaban empapados por la lujuria de nuestras conchitas que iban y venían salvajemente, los vecinos sin dudas debían escuchar nuestros jadeos que en ese momento eran gritos, pero no nos importaba nada, solo gozar como locas, orgasmo tras orgasmo, salvajemente.

    En un momento me acordé de los chicos, no los escuchaba, no habían venido a compartir nuestra locura… levanté la cabeza y vi a mi novio desparramado en el sillón y al novio de Pato arrodillado entre sus piernas chupándole la pija apasionadamente, me reí y le hice señas a Pato que al verlos me dijo: —¡Parece que cundió la moda bi!

    Volvimos a lo nuestro, estábamos muy loquitas y ese jueguito nos gustaba demasiado. Cuando ya no dimos más, miramos a los chicos y mi novio se lo estaba culeando literalmente al novio de Pato en el piso, yo me metí y le empecé a chupar la pija al novio de Pato y ella empezó a besar al mío y lo separó, le chupó la pija hasta que le acabó en la boca, justo cuando a mí me hacían lo mismo.

    Que loca fiesta que nos mandamos, tuvimos otros encuentros, pero nunca tan loco como ese, fue irrepetible.

    El domingo volvió Pato y me ayudó a limpiar todo para que no queden huellas de nuestra locura, esa noche volvía mi familia y no debían sospechar nada.

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  • Despertar de seducción

    Despertar de seducción

    Para colmo de males, al llegar a mi oficina me recibe la novedad de que mi vieja secretaria, Amalia, había sufrido un accidente y tenía un pronóstico clínico tan reservado que era probable una ausencia de meses en el trabajo.

    Pero… a ver: la mañana había comenzado difícil desde que abrí los ojos.

    Por alguna extraña razón la luz se había cortado durante la noche y mi reloj de alarma se había desprogramado.

    Fue un milagro que solo despertara con media hora de retraso. Pero ese tiempo es vital cuando alguien es solamente el Vicepresidente de Publicidad de una gigantesca megaempresa y como tal lleva una agenda apretada al minuto.

    Traté de ganar tiempo salteándome el desayuno, (podía tomarlo más tarde en la oficina), pero lo perdí tratando de comunicarme con la agencia de seguros.

    Me banqué muy mal el atolladero matinal en la autopista y me puso de muy mal humor recibir los insultos de media docena de pacíficos conductores que tal vez sí estuvieran cumpliendo sus horarios habituales, y que por eso contaban con todo el tiempo del mundo para boludear en el camino enervando el ánimo de tipos como yo.

    Así que llegué a mi escritorio con el tiempo justo para la junta directiva semanal y amenazar con mil castigos a los del Departamento de Personal si no me enviaban a la brevedad una nueva secretaria en reemplazo de Amalia.

    Pero no quiero confundirlos.

    En realidad, no creo ser un tipo difícil. Simplemente soy un esclavo de mi trabajo y de mi tiempo y como no tengo margen de error, los retrasos debidos a otros me desquician. Máxime si se trata de la empresa de luz privatizada que me cobra la energía más cara del mundo.

    Mi único lujo, el gym diario, a veces me hacía pensar si tanto esfuerzo era necesario para obtener a cambio nada de la vida.

    Ni hablar que la reunión fue un castigo de los dioses.

    Todos los problemas de la empresa parecían tener su cuello de botella en mi Departamento. Aun cuando tal vez no fuese así, ahora que lo rememoro así me lo parecía entonces.

    Encima, la comisión a España sería encabezada por mí (voto unánime) sin perjuicio de que mis otras responsabilidades se cumplieran en tiempo y forma. ¡Pensar que había tipos en la reunión que querían ir a divertirse a Andalucía!

    La comisión era un parto. Seguramente las conversaciones de la fusión con la firma española serían tan duras que ni tiempo habría para ir al cine.

    En ese contexto… ¿Quién puede pensar en divertirse?

    Regresé a mi escritorio dos horas después bufando de odio y con el estómago vacío.

    Cerré la puerta con fuerza y decidí sentarme y pensar cinco minutos para recuperar la cordura.

    No había pasado ni uno de esos cinco minutos, cuando oí golpear mi puerta.

    “¡Pase!”, grité no muy amigablemente.

    Y cuando la puerta se abrió, el ser que la atravesó me trajo de golpe al Planeta Tierra con el impacto de un meteorito llovido del espacio.

    ¿Vieron alguna vez la serie de televisión que se llama “Nikita”?

    Bueno, la mujer que estaba en mi oficina o bien era la protagonista en persona o bien era un clon mejorado de ella.

    Rostro perfecto y angelical.

    Como de 23 años (eso la hacía diecisiete menor que yo).

    Pelo lacio y rubio de caída perfecta más allá de los hombros.

    Anteojos que lejos de esconderla la hacían sumamente interesante.

    Y enfundada en el uniforme de las secretarias de la empresa, que dicho sea de paso es: camisa blanca con un saco azul corto. Falda azul entallada, en este caso de largo por encima de las rodillas, medias de mujer color piel y zapatos de tacón azules.

    Nada de eso ocultaba sus senos erguidos y redondos de tamaño justo a mi gusto, una figura estilizada en 1,75 cm sin tacos, y largas piernas esculpidas o por Miguel Ángel o por Leonardo Da Vinci en persona.

    Me quedé petrificado mirándola, hasta que caí en cuenta de que tal vez los de Personal se habían asustado tanto que habían decidido enviarme de secretaria sustituta a Miss Universo en persona.

    “Me envían de Personal”, me dijo con voz temblorosa probablemente asustada por mi recibimiento.

    Yo tragué saliva y rápidamente adopté la expresión Uno: (seguridad, autoridad, asepsia sexual y ejecutividad) y empecé a hablarle con voz de sargento de comandos:

    “Tome nota”.

    Ella sacó su libreta y se posicionó a escribir.

    “Llame a Fulano y dígale que…, luego traiga los borradores del contrato…, más tarde pida que eleven de una vez el memo número…

    etc. etc. etc.”

    ¡Pobre mina!

    La maté antes de nacer probablemente para cubrir las huellas que quedaran (si se dio cuenta) de que súbitamente recordé al verla que yo era un hombre y que hacía como un milenio que no me acostaba con alguien del sexo opuesto.

    Hasta tuve que esforzarme por ahogar mi risa cuando oí su respuesta:

    “¿Nada más señor?”, me preguntó con timidez.

    “Sí, hágame un café y regrese en media hora.”

    Y así fue mi primer encuentro. Soy amoroso, ¿verdad?

    A partir de ahí ya no me pude concentrar en nada y por eso todo me costó el doble. Cuando decidí que era suficiente por el día… ¡eran las 21hs!

    ¡Un horror!

    Hacía dos horas que nadie estaría allí.

    Pero me equivoqué, al salir estaba ella sentada en su PC.

    “¿Todavía aquí?”

    Ella miró con una sonrisa.

    “Me quedé por si necesitaba Ud. algo”.

    La miré con expresión Dos: (Condescendencia, comprensión).

    ¿Como no me ha avisado?, pensé, pero en lugar de eso dije:

    “¿Puedo llevarla a su casa?” y ella asintió.

    En el trayecto me dijo que se llamaba Laura y que había llamado al hospital para preguntar por Amalia y enterarse de su situación. Amalia estaría 6 meses reponiéndose, por lo que no podría ir a España conmigo la semana entrante.

    Algo dentro de mí se alegró (pobre y fiel Amalia), porque la noticia era un billete de primera clase a Europa para Laura (así se llamaba mi nueva diosa protectora).

    No perdí el tiempo. Rápidamente le adelanté que preparara todo para el viaje que…

    Y me sorprendió el dominio que Ella mostraba de sus emociones al recibir la noticia.

    Dudé un instante. ¿Nada de entusiasmo?

    “¿Tiene esposo o novio que pueda molestarse por eso?”, le pregunté.

    “Bueno, acabo de casarme el mes pasado, dijo ella con su timidez habitual”.

    Entonces sentí morbo por dentro mío y por primera vez dejé de apreciarla como una simple belleza para pensar que la quería hacer mía. La deseaba y pensar que intentaría follarla en su luna de miel me excitó.

    “No creo que los viáticos de este viaje le vengan mal a una pareja de recién casados”, dije maliciosamente para agregar incentivo material a la propuesta del viaje.

    Ella me miró como si sacara cuentas mentales y me contestó simplemente:

    “Lo arreglaré”.

    No hay caso. Como dice un viejo amigo… “El dólar mata galanes”

    En el avión me comporté como un caballero, cosa que me costó mucho trabajo porque Laura era una belleza digna de ser violada aprovechando el silencio nocturno y la impunidad de la primera clase.

    Ya en España, ocupamos habitaciones de hotel separadas como corresponde a una relación puramente profesional. Sentía que la hora se aproximaba, pero no podía apurarme y arriesgar el éxito de la gestión.

    Las conversaciones duraban casi todo el día. Laura ocupaba su sitio levemente detrás de mí y tomaba apuntes de lo hablado con una perfección impecable y digna de alguien con más experiencia.

    Todas las mañanas yo trataba de adivinar con que modelo me sorprendería.

    Generalmente eran trajes sastre muy ajustados y siempre sus piernas libres y zapatos de tacón.

    Durante las noches, la familiaridad iba ganando nuestro trato y pasábamos repasando notas hasta bien entrada la madrugada.

    La anteúltima noche el trato estaba cerrado y los españoles organizaron una fiesta para celebrarlo. Si yo iba a encarar algo con Laura me quedaba poco tiempo, así que esa noche pasaría al frente tratando de superar su frialdad profesional.

    Ella se preparó para el infarto. Un vestido negro sin espalda y con un tajo lateral que en a cada paso enseñaba hasta lo indecible la belleza de su pierna.

    Yo vestí riguroso smoking.

    La reunión social fue muy diplomática, pero yo vigilaba a Laura y notaba que, quizás por sentirse liberada del trabajo, bebía sin inhibiciones.

    Además notaba las miradas lascivas de los presentes clavadas en su cuerpo y eso aumentaba mi deseo.

    Cuando todo terminó, aún era temprano y la invité con toda normalidad a seguir la noche un poco más.

    No era mi primera vez en Madrid. Hacía ya casi 15 años cuando aún era un joven oficial del ejército, había estado estacionado en esa ciudad.

    Y de aquella época, recordaba claramente un sitio que ahora, de seguir existiendo, era hecho a la medida de lo que yo necesitaba para mis planes.

    Era en la calle de Velázquez, y no tardé en encontrarlo. Un sitio exclusivo solo para gente de alta clase.

    Oculto de las vistas al resto de los mortales.

    Toqué la puerta, y como aquella vez del pasado, abrió un portero de impecable levita.

    Por dentro el lugar era un night club de excelso nivel. Y aún continuaba siéndolo.

    De fondo alguien interpretaba un suave blue con una trompeta cargando el ambiente de una sensualidad que podía respirarse.

    El lugar estaba lleno a tres cuartos, lo que daba mucha comodidad.

    Nos ubicaron en una mesa que no estaba oculta como reservado, pero que no necesitaba estarlo, dado que todo el vecindario parecía inmerso en sus propios asuntos.

    Ordené champagne, como manda el reglamento, y para romper el hielo la invité a bailar.

    Era la primera vez que sentía su cuerpo en mis manos.

    Sus vibraciones me eran agradables.

    Coloqué mi mano en su espalda apenas sobre su culo y ella apoyó su cabeza en mi pecho dejándose llevar.

    La música, el alcohol y el calor de su cuerpo me empalmaron y empujando su espalda la apoyé sobre mi cuerpo para hacérselo saber. Ella movió apenas su cabeza y se entregó mansamente cuando mi boca se mezcló con la de ella.

    No podía dejar de besarla. Nuestras lenguas chocaban con fuerza y mis manos acariciaban su cuerpo suave, pero decididamente, en círculos lentos.

    Cuando dejamos de bailar rodeé su cintura con mi brazo y la llevé nuevamente a la mesa.

    Entre copa y copa nos besábamos con pasión.

    Ella comenzó a tocar mi polla debajo del mantel. Primero friccionaba sobre mi pantalón, más luego introdujo su mano dentro y la acarició directamente mientras clavaba una mirada de sexo puro en mis ojos.

    Yo estaba a reventar.

    Fue ella quien, con una sonrisa me dijo:

    “Salgamos de aquí.”

    En mi habitación ella soltó su vestido que cayó al suelo dejando su cuerpo solo cubierto por una minúscula tanga negra y sus zapatos de tacón.

    Sus senos eran perfectos.

    Se arrodilló ante mí y comenzó a comer mi polla como si hubiese pasado años de hambre.

    Yo me quité camisa y corbata dejando mi torso desnudo. La levanté y empecé a follarla en toda la suite.

    La hice mía en un sillón Luis XIV (o tal vez era de otro reyezuelo de esos), la hice mía contra la pared y la hice mía en la alfombra.

    Bebí de su raja la mezcla de jugos que generosamente emanaban de su cuerpo con un sabor dulzón que me resultará por siempre inolvidable.

    En momentos de descaso bebíamos champagne que se derramaba en nuestros cuerpos y sorbíamos con nuestras bocas en suaves caricias.

    Cuando menos lo creía, la enculé por primera vez en su vida. Y lo gocé tanto o más que ella.

    Estábamos comportándonos en el nivel más bajo de la escala zoológica.

    Amaneció y ni nos dimos cuenta.

    Nuestra sesión continuó y continuó cambiando nuestros planes turísticos trazados para el último día.

    Pasaba horas con mi polla en su boca.

    Yo le decía: “No la sueltes. O en tu mano o en tu boca”.

    Y ella cumplía obediente.

    Sus labios estaban cubiertos de rastros de mi semen que se remontaba a horas.

    Y el tiempo se nos acabó.

    Con paciencia he ido descubriendo la personalidad de Laura, que aún es mi secretaria y que aún me regala su coño cada día, en mi oficina, cuando se lo pido.

    Es una relación muy particular la nuestra, ella nunca me niega nada y yo cada día soy más y más exigente con su cuerpo.

    No tengo idea que cuentos le dirá a su marido para poder encamarse dos noches a la semana conmigo. A veces me da curiosidad saber, pero no me atrevo a preguntar.

    O tal vez su esposo lo consienta porque sería estúpido resignar el sueldo de su esposa, la secretaria ejecutiva del Presidente de la Compañía.

    Ah, si, he subido de puesto.

    Y las secretarias ejecutivas que pasan más tiempo con su jefe que en sus casas deben cumplir con todo lo que beneficie la empresa, incluyendo la salud sexual de su jefe.

    No tenemos límites en la cama. Ni fuera de ella.

    En una ocasión, en casa de uno de los gerentes, nos escabullimos de la fiesta para hacer el amor en un rincón apartado. Solo levanté su falda, comprobé que no llevaba bragas y la penetré con fuerza bombeándola hasta acabar en su coño.

    En otra oportunidad, me ayudó a conseguir un contrato acostándose con tres ejecutivos de la empresa cliente en mi presencia, y mirándome a los ojos lascivamente mientras la follaban en mi oficina por todos sus agujeros.

    Ahora me ha dicho que quiere embarazarse de mí. Dejar a su esposo y mudarse conmigo.

    Yo tengo algo de temor a esa situación.

    No vaya a ser que, a la inversa de lo que pasa en los cuentos infantiles, al cambiarse conmigo se transforme en sapo.

    O peor aún: en bruja.

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  • Disfrutando del sexo

    Disfrutando del sexo

    Para los que no me conozcáis, me llamo Catiana y más o menos mido 1.66 peso unos 55 kg, soy morena clarita, ojos castaños, mi pecho es mediano, pero firme de pezones pequeños y rosados, no tengo mal tipo, aunque tampoco soy nada especial, mi culito es un pelín respingón y me depilo mi coño dejando solo vello en lo que sería la anchura del tanga.

    En aquel momento salía con un chico Toni, 1.70 unos 70 kg, pelo corto, buen tipo, dotadito normal, muy simpático, me reía mucho con él y follaba muy bien.

    Por aquel entonces Toni viva en una apartamento compartido con otro amigo suyo.

    Un día me llamó por teléfono para que quedáramos para vernos y me comentó que teníamos el apartamento para nosotros, yo ya sabía que significaba eso así que me arreglé bastante sexy para una tarde de sexo.

    Me puse una falda negra, corta, y un top rosa ajustadito que dejaba a la vista mi ombligo, dejaba de la falda me puse un tanga negro muy bonito y no me puse sujetador.

    Cuando llegué al apartamento me quedé sorprendida de ver allí a su compañero, Ramón.

    Ramón mide como 1.80 o así, es de ese tipo de hombre de espalda ancha y fuertes brazos, ni guapo ni feo.

    Nos sentamos en el sofá, y yo me senté sobre las piernas de Toni y estuvimos charlando un rato, Toni me dijo si quería beber algo, me apetecía lago fresco as que le dije que si “un Martini”, Ramon dijo “ya voy yo”. Al irse Toni me cogió nos dimos un largo beso mientras no metíamos mano, le comenté que pensaba que tendríamos apartamento para nosotros y me dijo “ya lo sé” y sonrió.

    Al momento volvió Ramon con el Martini y que también trajo para ellos, seguimos charlando y bebiendo, Toni no me dejaba de acariciar la espalda y de vez en cuando los muslos, yo sentada sobre él notaba que estaba empalmado, yo notaba que Ramon no me quitaba ojo de encima.

    Toni le dijo “joder Ramon podrías quitarle la vista de encima de sus tetas, aunque sea un momento, ya sé que te encantan” y mientras me apretó mis tetas con sus manos acercándome a él para besarnos, cuando lo hicimos fue a meterme las manos por debajo del top y yo se las retuve. Al acabar de besarnos me dijo “no seas así, deja que Ramon las vea además ya está cansado vértelas en la playa y tiene que estar siempre boca abajo para que no se le note que se la pones dura”.

    La situación me daba mucho morbo así que cuando volvió a acercarme a él para volver a besarnos me metió la manos debajo del top y le dejé.

    Me las acariciaba mientras jugábamos con nuestras lenguas, cuando paramos para respirar, me dejó el top colocado por encima de mis pechos, al girarme hacia Ramón pude ver como se estaba masajeando su polla por encima del bañador, me volví hacia Toni y volvimos a entremezclar nuestras lenguas, él seguía tocándome mis tetas con su manos hasta que las bajó a mi falda y me la subió dejando a la vista mi tanga.

    Separé mis labios de los de Toni y miré de reojo a Ramón que tenía la mano debajo del bañador y se masturbaba claramente, Toni me apretó de nuevo hacia él metiendo su lengua en mi boca y tocándome los pezones con su manos, en ese momento ya estaba totalmente excitada estaba pensando (que excitada estoy) cuando noté las manos de Ramón sobre mis muslos, cogió el tanga y me lo quitó, yo seguía besando y tocando a Toni, tras quitarme el tanga, me separó las piernas y me giró tanto de esa forma me quedé de espaldas a Toni que estaba sentado debajo de mí.

    Nada más girarme Ramón metió su cabeza entre mis piernas y empezó a lamerme el coño, pasando la lengua por mi clítoris y metiéndola dentro de mi vagina, estaba disfrutando como una loca y para colmo Toni no paraba de tocarme las tetas y pellizcarme los pezones, no podía dejar de gemir.

    Estaba totalmente mojada, las manos de Toni me manoseaban las tetas y la lengua de Ramón me volvía loca, lamiéndome el coño, en ese momento Ramón me metió dos dedos en mi vagina, haciéndome estremecer de placer, empezó a meterlos y sacarlos sin que su lengua se parase ya centrada en mi clítoris, con mis manos cogí las de Toni que estaban en mis tetas y las apreté mientras movía mi cintura extasiada por la comida de coño de Ramon, un instante después me corría dando gritos de placer.

    Un instante después y con mi corrida resbalándome por mis muslos me llevaron al cuarto de Toni, al llegar al cuarto me besé con Ramón mientras Toni se desvestía y después con Toni mientras lo hacía Ramón entre los dos besos ya me había quitado la poca ropa que me quedaba. Ramón se tumbó sobre la cama y yo me acerqué a él pude verle su polla de unos 18 cm, gruesa, con un capullo grande de las que me gustan.

    Comencé a masturbarlo con la mano y dándole algún lengüetazo a su polla no tardé en notar a Toni detrás de mí, me frotaba su polla contra el coño, estaba deseando que me la metiera lo cual hizo de golpe y se me escapó un pequeño grito, enseguida continué con mi trabajo en la polla de Ramón, chupaba con mis labios su glande, mientras Toni no paraba de follarme, no tarde en metérmela totalmente en mi boca, Ramón gemía como loco y Toni le decía “te dije que la chupaba de puta madre”.

    Toni seguía penetrándome de forma rítmica mi coño, que estaba totalmente empapado, porque hacia un rato me había vuelto a correr, él comenzó a aumentar su ritmo me follaba más deprisa, Ramón me sujetaba la cabeza marcando el ritmo de mi mamada, noté como su polla se ponía dura, aumenté el ritmo de mi mamada, él me miraba y yo al él y aun se le endureció la polla un poco más y noté como se iba a correr y empezó a correrse, no paré en mi mamada tragándome su semen, en ese mismo instante con Toni follándome volví a tener un orgasmo que casi hace que me atragante.

    Ramón se quedó tumbado diciéndome “joder Cati que bien la chupas por Dios”. Eso puso aún más cachondo a Toni, que empezó a golpearme más fuerte con su polla gritándome “me corro, me corro”. Al correrse Toni, Ramon salió del cuarto, y Toni y yo nos quedamos en la cama abrazados, sonriendo sin decir nada y así nos dormimos.

    A los 20 o 30 minutos me desperté, Toni seguía dormido y me fui a la cocina a por algo de beber, tenía sed, me bebi un vaso de agua de golpe y me puse otro a beberlo, me di cuenta de que Ramón estaba en el sofá mirándome, se estaba masturbando mirándome, me fui hacia él y sonriendo le dije, “¿Qué? ¿no te ha bastado?”. Ramón se levantó del sofá y me dijo “estaba aquí pensando en lo que acabamos de hacer y al verte desnuda no he podido evitar masturbarme, has disfrutado tanto como yo”.

    Me acerqué a él y le dije “quizá más” y nos besamos, él con sus manos apretó mi culo contra él, notaba su polla dura en mi cuerpo, al soparnos me empezó a lamer los pezones, al notar su lengua se me pusieron duros, me hizo sentar en el sofá, se arrodilló delante de mí, me hizo abrir la piernas lo más que puede y sin dudarlo volvió comerme el coño, no tarde ni diez segundos en estar totalmente mojada.

    Él al notarlo dejó de lamerme el coño para pasar a hacerlo con mi culo, lo lamía y relamía y yo no podía dejar de gemir mordiéndome el labio, paró para escupirse sobre sus dedos y volvió a lamerme el coño, pero sus dedos fueron hacia mi culo, empezó a meterme uno, que entró con facilidad después de que me lamiera y dejase bien mojado, al decirle yo “sigue sigue no pares”, no dudó en meterme otro dedo más, lo hizo suavemente sin dejar de lamerme el coño, estuvo un buen rato metiendo y jugando con sus dedos en mi culo y su lengua en mi coño hasta que no pude más y me corrí restregando mi coño en su cara.

    Se levantó y me dijo:

    —Creo que Toni me ha engañado al decirme que no lo habéis hecho analmente porque dilatas mucho.

    —Es que él no se ha atrevido y yo no le he dicho nada.

    —Pues yo sí que te la voy meter Cati.

    —Y a que esperas —le dije.

    Se mojó toda su polla con su saliva y la apoyó contra mi ano, apretando contra él su capullo que poco a poco fue entrado hasta entrar entero y detrás el resto de su polla y empezó a follarme el culo, “así así” le decía y Ramón me follaba con más fuerza y yo disfrutaba muchísimo y empecé a acariciarme mi clítoris con mis dedos y tuve un orgasmo.

    “Joder cati -me dijo Ramón- que excitante eres” y sacó su polla de mi culo y me la metió en mi vagina, “me hubiera corrido ya así, pero te la tenía que meter también en el coño”, “si si dame, dame”, le dije y se recostó sobre mi chupándome los pezones mientras no dejaba de follarme “me corro” dijo soltando por instante mi pezón, le ayudé a follarme cogiéndolo por los muslos y se corrió sin dejar de chuparme los pezones.

    Tuve que volver a la cocina a beber más agua, estaba exhausta, Ramón se quedó allí en el sofá resoplando, al pasar de camino hacia el cuarto le tiré un beso y me fui de nuevo a la cama de descansar.

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