Autor: admin

  • La conocí en el Casino

    La conocí en el Casino

    El sábado la pandilla fuimos al Casino. No teníamos mucho dinero para apostar, pero queríamos cambiar un poco de ambiente, cansados un poco de las discotecas. Éramos 5 y lo pasamos muy bien, aunque no ganamos demasiado y había más gente mayor que nosotros, que el mayor no pasaba de 20. Casi todas las tías eran casadas y las no casadas solían ser viudas. Por suerte podíamos beber y jugar.

    Casi toda la noche estuvimos juntos, pero poco a poco nos fuimos desperdigando, cada uno en una mesa de juego o en alguna máquina tragaperras. Dani me había dicho que una señora no me quitaba el ojo de encima, pero creí que estaba burlándose de mí y no le di importancia.

    Y es que yo, pequeñito, moreno, no muy vistoso, delgadito y bastante callado, no soy que se diga un don Juan, sino todo lo contrario. No ligo ni a la de tres. Pero lo peor es que cuando me he enrollado con alguna de clase (un par de veces nada más) no he pasado de besos y roces. Al contrario que con las chicas de mis amigos, ni nos hemos masturbado mutuamente. Y ya con 19 años vas teniendo ganas de tener más roces.

    Cuando me fui a los cuartos de baños y esa señora, en una zona apartada, me agarró del paquete y me puso un billete de 10000 en el bolsillo diciéndome que me fuera con ella a su casa a pasarlo bien, no supe cómo reaccionar. Quise marcharme de allí pitando, pero mis piernas se quedaron clavadas.

    —Te he estado observando y me has puesto cachonda, nene. ¿Cómo te llamas, preciosidad?

    —Manuel.

    —Manuel, yo me llamo Brígida.

    Aunque apenas me atrevía a bajar la vista de su cara (demasiado maquillada, parecía un payaso, bastante gorda y poco atractiva, como su pelo rizado oscuro que le llegaba por la espalda; sus labios carnosos además eran un poco repugnantes), pero más o menos ya sabía cómo era: bajita como yo, no más de metro cincuenta, bastante gorda, sus brazos rebosaban carne y su vestido ceñido amenazaba con estallar de un momento a otro, sobre todo en la zona de la barriga, las piernas cortas enfundadas en unas medias negras, algo por el estilo… Una joya, vamos.

    Pero su mano en mi paquete, que no atiende a descripciones, sino a presiones, había hecho que mi cosa entrase en reacción, cosa que ella, con una exagerada sonrisa, notó y me besó en la boca babeando la mía.

    No sé cómo, pero acabé subiéndome a su coche y acompañándola a su casa con un billete en mi bolsillo. Y seguía perdidamente excitado. Sobre todo porque ella ahora tenía una mano en el volante y la de la palanca de cambios iba a mi polla, dura como nunca la había visto. Su manejo era increíble, pues sin casi enterarme me había desabrochado la bragueta y me la había sacado del calzoncillo. Me decía que tenía muchas ganas de comérmela.

    De hecho, paró en un arcén, se quitó el cinto de seguridad, se ladeó y, de rodillas en el asiento, posó su lengua pesada en mi capullo, que estaba brillante de todos los jugos que echaba. Desde la punta, fue pasando su lengua por todo mi capullo, sin dejar de repetirme que le encantaba mi polla (de tamaño y grosor normales). Verla bajando y subiendo su cabeza y acariciarme los testículos hizo que me corriera. Ella se tragó todo y luego me besó en la boca. ¡Puaj! Saboreé mi propio semen en la boca de esa vieja…

    Siguió con su camino y me dijo que le hiciera una mamada por el camino. Me incorporé, no sin asco, y le subí la apretada falda todo lo que pude. Ella ayudaba dando unos pequeños saltos sobre su asiento. La verdad es que ver esas enormes bragas negras volvió a excitarme mucho, pese a que eran enormes. Su olor a excitación me llegaba incluso a través de sus bragas.

    Metí un dedo en su tirante y luego el otro y tiré para abajo, pero se resistía. Tenía la piel muy clara y el tirante le dejaba marca. Poco a poco fui viendo su abundante pelambrera. Parecía su coño una selva de lo frondosa que estaba. Pelos rizados, abundantes, negros y duros. Metí la mano por debajo, un poco a ciegas, y noté que estaba encharcada. Dio un alarido espeluznante. Le había rozado la vagina.

    Lo hice todo a ciegas (mitad porque era de noche y mitad porque no me atrevía a abrir los ojos), pero aquel inmundo olor me guiaba hasta su gruta. Separé sus enormes labios superiores y lamí la zona, guiado también por sus gritos y el nivel de flujo que derramaba. Me dijo que le masturbara también el clítoris y, con sus indicaciones, lo hice. Pronto descubrí que estaba delante de una mujer multiorgásmica, porque la tía derramó todo lo posible y más. Y esto sin dejar de pegar gritos y de insultarme y de dar volantazos por todo el camino. Llegamos a su casa de milagro.

    Se bajó su falda y yo le metí de nuevo mi endurecido pene. Estábamos delante de un chalé de cuidado. Subimos para arriba y, una vez en su cuarto, se me tiró al cuello y de nuevo su lengua empezó a retorcerse por mi campanilla. Ese ansia por mí me halagaba, excitaba y también me ahogaba, por qué no decirlo. Brígida lo hacía todo por los dos: me desnudaba (la camiseta, los pantalones, las zapatillas, los calzones, todo ello sin dejar de apretarme el culo, los huevos, la verga y sin dejar de besuquearme y morderme) y se desnudaba ella, sólo necesitando mi ayuda para desabrocharse la cremallera por detrás.

    Y además no dejaba de decir que quería que la tomase, que la hiciese suya, que hacía mucho tiempo que no se la tiraba un hombre de verdad (¿?).

    Brígida se alegraba mucho de ver que su striptease producía un efecto de crecimiento en mi verga y su autoconfianza se fortalecía. Tendré algún punto de masoquista, porque sus michelines se esparcían por su cuerpo de una forma aterradora, sobre todo cuando se desprendió de la faja de su barriga. Era pálida y sus carnes blandas. Pero la visión de sus pechos rebosantes en ese sujetador talla elefante y sus pezones que eran más grandes que mi boca, me empujaban a chuparla, aunque ella redoblase sus chillidos.

    Luego se quitó las medias (supongo que quería hacer una pose sexy, pero se resbaló con la alfombra y no resultó). En el suelo, se quitó las bragas y me enseñó por completo su coño. Se tumbó en la cama y se abrió de piernas. Veía una mancha colorada y carne y pelos, pero me tiré sobre ella y empecé a culear como un conejo. Mientras que yo gemía tan sólo, ella seguía con su sinfonía de ruidos espantosos. Cuando derramé dentro de ella mi semen, la loca de la Brígida aulló como una loba y me apretó el culo como una posesa. Fue entonces cuando di mi único grito.

    Me levanté haciéndome a un lado. Estaba empapado de sudor. No sabía si era mío o era de Brígida, que parecía una fregona sin escurrir. Yo estaba agotado, pero al parecer ella tenía mucha más ganas de marcha. Intentaba hacerme reanimar a mi gusano con chupetazos y succiones y me ponía su culazo en mi cara. Me dijo que le chupara el culo, que quería que la penetrase por ahí.

    Con todo mi asco y mi excitación por darla por culo, exploré su agujero negro y mi gusano se puso como una estaca. Se puso de rodillas y de un golpe la penetré hasta el fondo. Ya el grito fue incalificable. Rebasó los límites permitidos de decibelios. Mis sensaciones eran increíbles, al sentir ese calor y presión (otra cosa no la diré por no ser escatológico).

    Temí haberla hecho daño, pero cuando me dijo que la partiera el culo, empecé a azotarla en esas nalgas caídas y puse un ritmo muy duro. Por primera vez se me escaparon los insultos, que a ella le excitaron mucho y se metió el puño en su vagina. Su orgasmo fue impensable. El mío me dejó extenuado y sus nuevos intentos por reanimarme, baño de burbujas incluido, fue inútil. Pese a esto, me decía que estaba encantada y no dejaba de llamarme semental.

    Me pidió su número de teléfono (y, menudo idiota, se lo di) y me dejó el suyo. Me dijo que la llamase yo en menos de una semana, que tenía que ser caballeroso. Yo pensaba que ni de coña lo haría, pero mi polla pensaba por mí y esas escandalosas tetas me llamaban y todos los sábados Brígida y yo practicábamos nuevas posturas (incluso dejé que se me pusiera encima y que me dejara como un sándwich). Me da hasta vergüenza confesar cuánto tiempo duró esto y que durante mucho tiempo fue mi mejor opción de sexo.

    Pero más vergüenza me da confesar que acabé casándome con ella dos años después, y no precisamente por la dote de Brígida, sino por lo mucho que disfrutaba en la cama. Y también me da vergüenza decir que no la pongo los cuernos con ninguna otra joven tía buena porque el ritmo de Brígida es de cómo mínimo dos polvos al día y me tiene destrozado. Además, ha adelgazado veinte kilos en todo este tiempo y cada día está más buena y más joven y yo cada día la quiero más.

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  • Celos ardientes

    Celos ardientes

    La verdad es que esto de los celos comenzó como un juego que era divertido y servía como para avivar el amor con Sergio. A mí me gustaba cultivar esos celos porque cada día estaba más segura que él me amaba y me necesitaba y me deseaba más y eso era mi felicidad completa.

    Por otro lado, con mi hermana Zeni no nos veíamos desde la Universidad y ahora, cada una viviendo en un país distinto, solamente nos encontrábamos para las grandes celebraciones familiares en que los tres hermanos acudíamos a la casa de mis padres, las dos hermanas somos solteras.

    Cuando Sergio comenzó a insistir en que quería ver una fotografía de mi hermana Zeni, yo reaccioné en forma airada. Pero era un puro teatro mío para medir su reacción, un juego en que yo usaba esos celos fingidos para avivar la hoguera de su deseo.

    En medio del amor con Sergio, yo solía hacer alusión a mi hermana, a lo hermosa que era, a lo sola que estaba y de esa forma podía notar como mi amante se encendía, me abrazaba más enérgicamente, asumía posiciones de macho agresivo y aumentaba la intensidad de sus caricias, inventando formas nuevas de tenerme lo que me hacía arder como nunca llegando a finales insospechados de pasión desatada.

    Yo nunca supe que era lo que el se imaginaba en esos momentos y lo más probable, era que no se imaginara nada, porque era yo quien avivaba esa falsa atmósfera de celos irreales, a lo mejor un poco decepcionada por la falta de celos reales, porque Sergio no ha sido nunca celoso. La celosa soy yo.

    Y ahora estaba en medio de ese juego divertido pero absurdo sin fundamento real.

    Porque Sergio no conocía a mi hermana Zeni y yo no sabía muy bien como era ella ahora a sus treinta años.

    Claro, era una profesional exitosa, que vivía en la capital de nuestro vecino país, en un departamento pequeño en un buen barrio para una mujer sola, que no había tenido aventuras amorosas, al menos no las había contado y a quien le conocía una sola relación con un hombre maduro, pero nunca pude saber si había existido algún compromiso profundo. De modo que ni siquiera sabía si mi hermana Zeni era virgen o no.

    Mirando detenidamente la única fotografía de Zeni que pude encontrar, me di cuenta que nos parecíamos bastante.

    Ambas somos morenas de cabello negro, rostro de facciones algo marcadas y ojos oscuros, los míos más vivos que los suyos y tanto ella como yo tenemos boca grande, de labios pasionales. En nuestra figura destacan claramente nuestros pechos desarrollados, firmes y atrevidos.

    Pero la fotografía que tenía en mis manos era una ampliación de una fotografía de pasaporte y aunque nada del cuerpo se podía ver, se la llevé a Sergio y se la mostré.

    Él no dijo nada, no hizo ningún comentario y luego de mirarla un momento me la devolvió lo, que casi me produjo una desilusión, dado que él había insistido en verla.

    Fue en medio del amor, como recordando algo que hubiese olvidado y recordara súbitamente, me dijo que éramos muy parecidas. Yo noté de inmediato en mi interior una reacción pequeña pero profunda.

    Metida de nuevo en el juego le hice un comentario asegurándole que ella tenía un cuerpo más bravío, más natural. Le dije que yo encontraba mi cuerpo más entregado en la pasión, al paso que el de ella se me ocurría más indomable. Agregue que yo pensaba que quizás en la cama sería más ardiente que yo.

    Sergio se agitaba sobre mí con bríos renovados mientras yo me desgranaba en latidos placenteros y de pronto me di cuenta que estaba asumiendo el rol de mi hermana Zeni y quería demostrarle a Sergio lo que ni yo misma sabía, porque jamás pude imaginarme el comportamiento sensual de mi hermana.

    Pero ahí estaba yo moviéndome como imaginaba que ella lo haría, de una manera como yo nunca lo había hecho y sintiendo que Sergio me estaba teniendo de una forma nueva, porque seguramente estaba haciendo el amor con Zeni y no conmigo y eso me hacía redoblar mi calentura porque me sentía una mujer nueva para él, al mismo tiempo que lo percibía como un macho renovado descubridor de placeres diferentes que nos estaban llevando a cumbres de placeres insospechados.

    Pero, al parecer, ninguno de los dos se confesaba a si mismo lo que estaba sucediendo. Sea porque lo encontrábamos peligroso o quizás porque esto era solamente una fantasía momentánea sin ninguna trascendencia, que no fuera encender la pasión en nuestras tardes compartidas de los sábados.

    Había comenzado una nueva semana con la renovada espera del inevitable encuentro de los sábados y el día miércoles en la noche en la ardorosa soledad de mi cama, me sorprendí pensando, pero no en Sergio, como me ocurría habitualmente. Lo que ocupaba mi mente afiebrada de mujer, eran los pensamientos y las imágenes que me habían invadido la tarde del sábado impregnada de la evocación de mi hermana Zeni.

    Sobre todo, las imágenes en que aparecía Sergio haciéndola suya y ella entregándose de la forma descarada en que yo me había entregado. Y estas evocaciones eran de tal intensidad, que llegó un momento en que no tenía muy clara la identidad que asumía mi cuerpo, solamente sabía que me estimulaba con vehemencia, tratando de encontrar una autosatisfacción de tal magnitud, que me hacía perder la claridad en el sentido de si el orgasmo monumental que me invadía era mío o era de ella apoderándose de mí una forma extraña y seductora de compartir con ella un juego erótico descabellado, pero intensamente real.

    Lo que yo encontraba más maravilloso y excitante era que mi hermana Zeni no tuviese la menor idea de lo que me estaba pasando y por otro lado la imposibilidad absoluta de que yo llegara a contarle nada porque no tenía con ella ninguna confianza en ese plano.

    Los celos que me había inventado en un comienzo ya no eran tan irreales por cuanto todo lo que yo estaba sintiendo sucedía de realidad en mi cuerpo que reaccionaba cada vez con mayor intensidad erótica ante mis pensamientos.

    Pude darme cuenta que a Sergio le pasaba lo mismo cuando el sábado siguiente en medio de la pasión ya desmedida por mis pensamientos durante el sexo y mientras el me hacía suya con la intensidad habitual… al besarme me dijo… Zeni.

    Fue tal el impacto que produjo en mi oírle pronunciar en ese momento el nombre de mi hermana, que comencé a sentir la pasión de una forma tan diabólicamente abrasadora que mi interior comenzó a latir alrededor de su sexo de una forma desproporcionada y yo agitaba mi cuerpo de una manera tan descarada que Sergio parecía a punto de perder el sentido y ahora sin cuidado ninguno repetía… Zeni… Zeni, mientras entraba y salía de mi con un ritmo y deleite que jamás habíamos alcanzado.

    En el delicioso cansancio del reposo, la imagen de Zeni nos fue llenando de ternura en medio de la cual nos besábamos sin poder detenernos.

    Si bien en la cama ya habíamos admitido que la evocación de mi hermana había transformado nuestras sesiones de amor de una manera maravillosa, ninguno de los dos había hecho referencia a eso en forma explícita.

    Parecíamos haber aceptado sin saberlo, un mutuo pacto de silencio, quizás por temor a desencadenar una tormenta de celos, o quizás por no romper el hechizo de una situación tan locamente excitante. Sin embargo, este mismo silencio ocasionaba en nosotros una situación que amenazaba tornarse incómoda.

    Fue así como recién anoche, en la cena en el restaurante de siempre frente a la playa y mientras apurábamos un delicioso trago, se atrevió a preguntarme si no tenía yo algún dejo de celos por llamarme Zeni en medio del amor.

    El solo hecho que lo hubiese planteado ocasionó en mi un estado evidente de excitación que no pude controlar, como si su pregunta obrara el milagro de traer a la realidad un encanto que hasta ahora habíamos mantenido en el secreto caliente de nuestro abrazo amoroso.

    Entonces le dije que sí.

    Que si tenía celos. Unos maravillosos celos de esa Zeni que lo volvía loco. Unos celos embriagadores que se apoderaban de mí cuando me hacía suya como si fuese Zeni. Unos celos que quería multiplicar por mil si cada vez él se transformaba en ese amante maravilloso que yo desconocía y que ahora era tan mío como nunca lo imaginé.

    Unos celos que me llevaban a desear ser las dos para poseerlo por todos sus costados y disfrutar doblemente de sus longitudes y sus grosores como ninguna mujer había logrado hacerlo.

    Sergio se fue encendiendo con mis palabras. Lo supe en el brillo de sus ojos, en la forma como sus labios latían sutilmente y sobre todo en la tibieza de su mano que recorría mis muslos avanzando con audacia hacia el lugar en que yo o Zeni, ya no me importaba, le brindaríamos los placeres que anhelara.

    Fue en ese momento de sinceridad sin límites, de apertura total, que nos dimos cuenta que el momento había llegado sin buscarlo y fui yo quien le dije.

    —Déjamelo a mi amor… yo sabré convencerla.

    La verdad es que no sé cómo convencerla, no sé qué le voy a decir, no sé cómo va a reaccionar. Únicamente sé que es inevitable.

    Allí estábamos con mi hermana Zeni, en lo más alto del moderno edificio, en medio del murmullo quedó de ese restaurante maravilloso bebiendo nuestro aperitivo con ese aire un poco relajado y algo despreciativo con el resto del mundo en el que a veces parecemos vivir las mujeres de éxito.

    Sin embargo, no era comodidad las palabras para describir mi estado de ánimo. Ansiedad habría sido más acertado, ansiedad y expectativa.

    Porque yo sola me había metido en esta especie de desafío erótico de un final tan incierto como peligroso.

    Era así, porque todo lo habíamos elaborado Sergio y yo dejándonos llevar por un torbellino de pasión desatada precipitándonos en una fantasía que luego nos pareció imperativo hacer realidad.

    Pero en este momento comenzaba a darme cuenta la distancia sideral que existe entre un deseo que tu elaboras y cuidas en medio de los ardorosos encuentros íntimos con un amante imaginativo como Sergio y la realidad de tener, ahí frente a mí, a quien anhelas incorporar a tus juegos de alcoba.

    En medio de mis encendidos insomnios, abrasada por el deseo, en la íntima soledad de mi cuarto, el encuentro con mi hermana me parecía subyugante y tentador, imaginaba las frases que le diría para convencerla a participar con nosotros en nuestro amor prohibido y con ese pensamiento me encendía más yo misma y anhelaba concretar el encuentro con ella lo antes posible, segura de mi éxito.

    Un contraste sin duda descomunal con lo que estaba sucediendo en ese restaurante donde Zeni lucía frente a mí con la misma naturalidad algo reservada de siempre, sin que me diera oportunidad alguna de siquiera acercarme a la mente de esta mujer hermosa.

    Hermosa. Porque sea que nunca la había mirado con detenimiento o sea porque en mis fantasías comencé a encontrarla hermosa, la verdad era que Zeni desde que entramos al restaurante, parecía tocada por una transformación que la había convertido de mujer apagada y sencilla, en una hembra ahora casi provocativa en su manera de hablar, de reír, de mostrarse y de caminar.

    Fue bajo esta manera de verla, que después de un corto silencio mío ella me dijo.

    —Vamos… Horte… cuéntame de Sergio… ¿Aun ocupa el centro de tu vida?

    Su pregunta me sorprendió. No porque no pudiera responderla ya que podría hablar semanas de mi relación con Sergio, sino porque Zeni jamás había demostrado el menor interés por el asunto ya que para ella los asuntos de amor parecían ocupar francamente una preocupación secundaria.

    Pero ahí, en ese imperceptible brillo de sus ojos, vi una naciente curiosidad que era la única rama de la cual podía colgarme para acercarme a ella con mi propuesta descabellada. Y entonces sin poder contenerme me escuché hablar sin mayores preámbulos.

    Le dije que ahora mi relación con Sergio había entrado a una etapa maravillosa. Esa etapa en la que entran los amantes maduros. Los amantes que sienten que no tienen vuelta atrás, cuando los prejuicios y los tabúes quedan en el pasado, cuando entran desnudos y de la mano en un mundo paralelo al real en que todo es posible y en que ambos están dispuestos a romper con las negativas y llenan su vida de un sí permanente.

    Los ojos de Zeni mostraban ahora una curiosidad casi desmedida y aunque no pronunciaba palabra, toda su actitud me daba a entender lo que lo único que deseaba era seguir escuchándome. Alentada por esa curiosidad cómplice me aventuré a entrar en detalles de mis encuentros amorosos de los sábados con Sergio.

    Le conté que todas las semanas nos encontrábamos a cenar en el mismo restaurante frente a la playa que ella también conoce. Le conté como desde el día miércoles ya mi cuerpo comenzaba a experimentar los efectos de una ansiedad precursora del abrazo amoroso. Le dije detalladamente como era que yo podía aliviar la espera tratando de calmar mi cuerpo con caricias audaces que nunca había contado a nadie y que nunca había visto descritas. Le conté como era que el sábado en la mañana, en la intimidad de mi cuarto de baño, preparaba mi cuerpo para hacerlo lo más seductor y embriagante que pudiese y como seleccionaba amorosamente cada una de las prendas íntimas que vestiría, disfrutando de solo pensar en el momento en que Sergio habría de sacármelas.

    Zeni de vez en cuando dirigía su mirada hacia alguna de las personas que estaban en nuestra cercanía como si temiera que alguien estuviese escuchando lo que yo le contaba, porque al parecer quería ser ella la única destinataria de tan intima confesión.

    Ahora yo estaba alentada a seguir proporcionándole a esa mujer casi encendida, los mejores detalles de mi vida erótica, porque ahora realmente quería compartirlos con ella y porque el mismo hecho de narrárselos, me estaba encendiendo a mí de tal modo que ahora disfrutaba en forma intima de cada cosa que le decía.

    Entonces le conté como era que, a veces, en ese restaurante junto a la playa almorzábamos en un pequeño comedor reservado tan solo para nosotros y como era que al calor de la charla y del vino, nos encendíamos de tal modo que poniéndonos de pie nos entregábamos a caricias diabólicas y que en medio de esa vorágine pasional algunas veces Sergio me había sostenido afirmada en la pared, y deslizando mis calzones me había hecho el amor en esa posición, con tal intensidad que no nos importaba que pudieran sorprendernos, sino que muy por el contrario, esa situación peligrosa parecía encendernos más ya que algunos de mis mejores orgasmos creía yo haberlos encontrado en situaciones como esa.

    Recordando esas situaciones yo estaba francamente excitada y podría haber asegurado que era evidente que Zeni también lo estaba, aunque ella nada me dijera al respecto, pero yo como mujer sabía que ella seguramente estaba apretando sus rodillas bajo la mesa, seguramente rozando sus muslos tibios y seguramente también los latidos internos de su sexo habrían de estar trastornando todas sus sensaciones corporales. Si así no fuese, ella, con su carácter, habría sabido hacer que yo detuviese mi relato en cualquier momento. Pero no lo hizo.

    Entonces, súbitamente, Zeni pidió la cuenta y me dijo que nos marcháramos.

    Caminando tras ella por el pasillo que conducía al ascensor pude darme cuenta que, o bien esta mujer había cambiado drásticamente en los años recientes, o yo, sumergida en mi egocentrismo habitual no había reparado en la manera sensacional que esta hembra tenia de caminar.

    Era algo casi imperceptible que pudiera quizás pasar inadvertido para un hombre, pero no para otra mujer.

    La verdad es que Zeni poseía un trasero casi perfecto, que ahora podía lucir ante mí de forma casi descarada en atención a su vestido ceñido. Pero no era la forma de su anatomía lo más atractivo, sino el movimiento que ella le imprimía. Era un movimiento natural, era un pequeño balanceo en que cada una de sus nalgas describía un movimiento independiente de sube y baja que sin duda ella habría de percibir como un roce endiablado bajo sus pequeños calzones apenas insinuados y que me hacían mantener la vista fija en ella deseando que el pasillo hacia el ascensor no terminase nunca. Yo sentía mi trasero torpe y descomunal ante la gracia del suyo que me tenía subyugada.

    Habíamos llegado a la hermosa avenida donde los edificios en altura dejaban entre sí pequeños y sombreados parques. Zeni parecía estar muy segura del lugar hacia donde nos dirigíamos y yo simplemente me dejaba guiar. Era una tarde calurosa y caminábamos lentamente y en silencio. Ya no podía caminar tras ella porque habría sido evidente que la miraba promiscuamente y yo no quería romper groseramente el ambiente delicioso íntimo y caliente de nuestra conversación en el restaurante.

    Nos detuvimos frente a un cine y decidimos entrar, no porque la película fuese atrayente, sino porque nos motivaba más el aire acondicionado del local. Así acortaríamos la tarde.

    La cinta ya se estaba proyectando y como siempre he tenido dificultad para adaptarme a la penumbra le pedí a Zeni que me tomara de la mano para guiarme a las acomodaciones. Me extrañó que Zeni tuviese su mano tan fría, haciendo un contraste evidente con la calidez casi exagerada de la mía.

    Lo que me sorprendió gratamente fue que Zeni no soltara mi mano cuando estuvimos sentadas y al parecer tratábamos de introducirnos en la trama de la película.

    Ella aceptó todas las formas como yo acariciaba su mano de modo que a los pocos minutos yo abandoné todo intento de controlar mis acciones y simplemente dejé que mi temperamento fluyera natural, espontáneo y arrebatador y entonces se la acariciaba francamente en un juego que en la penumbra y el silencio nos fue llevando a caricias aún más explícitas.

    Estábamos encontrando, en ese aparte construido por las dos, una forma de comunicación que jamás habíamos encontrado con palabras.

    Su mano se posó con seguridad en mi rodilla y avanzó sin dificultad por mi muslo que lucía muy descubierto por lo precario de mi falda. Sus caricias desencadenaban en mi unas sensaciones de magnitud y sentido desconocido. Era la primera vez que me acariciaba una mujer y esa mujer era mi hermana Zeni.

    Yo estaba encendida, ardiendo, quemándome en una hoguera que yo misma había encendido. Como de costumbre parecía estar siendo víctima de mi propio tratamiento pues ahora estaba rodando ya casi sin control por el tobogán de una pasión extraña, aquí en medio del cine, con esa sensación de peligrosidad que había experimentado otras veces y cuya narración parecía haber encendido a Zeni.

    Fue entonces cuando mi mano, casi como para aliviarme, buscó sin disimulo uno de mis pechos y comencé a apretar mi pezón dilatado y ardiente casi hasta producirme dolor. Extraña caricia con la cual quería calmar mi deseo encendido al máximo. Pude ver que Zeni me estaba observando en forma disimulada y sin pudor alguno, aprovechando que no había nadie cerca, liberó uno de sus pechos para imitar lo que yo hacía.

    El hecho que ambas estuviésemos quemándonos en la misma hoguera me descontroló.. Era un pecho sensacional, parecía blanco en la penumbra, mostrando ese pezón oscuro, casi desproporcionado, dilatado, insolente, apuntando ligeramente adelante y arriba, porque Zeni se había recostado un poco como sumergiéndose en la butaca. Ella sostenía el pecho desde su base, como ofreciéndomelo Ya no pude separar la visita de esa maravilla. Ya era inevitable lo que nos estaba pasando.

    Así me fui inclinando lentamente hacia ella, con mi boca anhelante, con mis labios buscadores con mi aliento caliente y cuando tuve esa maravilla entre mi lengua y mi paladar sentí en mi vientre una descarga que no me hizo gritar porque me contuve, mientras sentía su mano buscándome entre mis piernas y a través de la fina tela de mi prenda le pude entregar cada detalle de ese orgasmo monumental que suponía estábamos compartiendo.

    Pero no era una suposición por cuanto Zeni, ahora con una voz confidente me decía.

    —Ha de ser así como sientes con Sergio, ¿verdad?

    Ya no tendría ningún tipo de celos.

    Solamente faltaba hacerlo. Y yo sabía que habría de ser maravilloso.

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  • Mi primera experiencia con una mujer

    Mi primera experiencia con una mujer

    Hola, voy a contar mi primera experiencia lésbica con una pelirroja sabrosa a la que llamaré Sara, yo soy una mujer casada, mamá de dos pequeños, pero mi secreto oculto es que siempre he tenido deseos de tener sexo con otra mujer.

    Para comenzar, debo contar que conocí a esta guapa gracias a mi marido, ya que fue su compañera de trabajo, cierto sábado por la noche, él la invitó a nuestra casa, ya que no había transporte hacia su lugar de residencia por lo cual yo accedí, no vi ninguna intención sexual, todo normal.

    Cuando llegaron y me la presentó, sentí algo diferente, vi ese cuerpo y por alguna razón me excitó, al ver esa cara afilada, ese cabello rojo que olía demasiado rico, sentí como mi vagina se mojaba, intenté disimular, la noche paso en merienda y plática normal.

    Una vez ya llegada la madrugada, nos dispusimos a acomodarnos para dormir, para lo cual, mis pequeños se fueron a su habitación, mi marido, Sara y yo en nuestra recámara, ahí fue que empezó todo.

    Mi esposo cogió una colchoneta y él se durmió ahí, a nosotras nos dejó la cama, lo cual me puso al mil, mi corazón palpitaba acelerado y tenía nervios, pero las dos como si nada nos fuimos a acostar, estuvimos platicando un rato, y ya cuando les dije que ya dormiría, ellos dijeron lo mismo.

    Habrá pasado una media hora, cuando sentí que Sara se había pegado a mí, por lo cual le pregunté si la podía abrazar, a lo cual, ella accedió, después, empecé a rozar su brazo, y noté como gemía, eso me puso a mil, le pregunté si la podía besar, y acto seguido me besó, nos fundimos en un beso tan rico, lengua con lengua, mientras mis manos tocaban sus tetas tan lindas, y ella hacia lo mismo con las mías, poco a poco empezamos a jugar con nuestras vaginas, yo tenía la mano llena de sus juguitos, y ella igual se llenó su mano de los míos, nos metimos las manos en nuestras bocas para probar nuestros juguitos, después de eso, comencé a mamar sus ricas tetas.

    Y ella terminó haciendo lo mismo, yo estaba muy excitada, por lo cual le pedí lamer su vagina, en señal de aprobación me abrió las piernas y baje, con un lengüetazo comencé a chupar sus labios, y ella se retorcía de placer, ella gemía y decía que siguiera, hasta que note que se dejó ir en un orgasmo tan sabroso que me lleno mi boca, subí a ella, la besé y le dije, nena, prueba un poco de tiempo, nos fundimos en un beso largo y delicioso.

    Después de eso ella me acostó en la cama, y con voz sexy me dijo, mi amor, te toca sentir, me abrió de piernas y comenzó a lamer mi vagina, lo hacía tan bien que yo estaba a punto de gritar, cuando con un beso me dijo que aguantara.

    Así me dejó unos minutos envuelta en una sensación de lujuria y pasión, hasta que dije me corro, y acto seguido, la llene de mis juguitos, ella realizó lo mismo, me besó y me hizo probar de mí, al poco tiempo empezamos a mamar nuestras tetas, y fue cuando nos dimos cuenta de que mi marido estaba con la verga parada y viéndonos con asombro, a lo cual le preguntamos que había visto, y él con su cara llena de excitación dijo que vio todo y le gustó, eso nos puso al mil y lo invitamos, ya que seguíamos tan mojadas que no queríamos parar, Sara y yo nos fundimos en un beso mientras mi marido se metía a la cama para compartir con dos amantes de sexo.

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  • Una vecina alegra mi noche

    Una vecina alegra mi noche

    Hace un tiempo se mudó una chica nueva a mi edificio. Vive con sus padres, tiene alrededor de 25 años —luego supe que eran 26— y estudia Derecho.

    Yo siempre he sido alguien discreto. Aunque fuera de aquí muchos saben que soy de los que nunca repiten con la misma mujer, en el edificio nadie me ha visto llegar acompañado. Para mis vecinos soy el tipo responsable, serio, casi invisible, alguien que nunca se mete en problemas ni participa en nada.

    Desde que Camila llegó, había algo en nuestras miradas. Cada vez que coincidíamos en los pasillos o el ascensor, un coqueteo sutil flotaba en el aire, como un juego silencioso que ninguno terminaba de iniciar. Me llevaba bien con sus padres; les había echado una mano en pequeñas cosas, cargar bolsas, sostenerles el ascensor… lo típico. Pero con ella, todo era diferente. Su forma de mirarme, de moverse… sabía perfectamente el efecto que causaba.

    Una noche de sábado, regresé de una fiesta bastante aburrida. Me quedé en la portería fumando un cigarrillo, disfrutando la calma de la madrugada antes de subir. Entonces la vi llegar. Se bajó de un coche, supuse que un Uber. Llevaba un vestido ajustado, corto, y tacones que hacían que sus piernas parecieran interminables. El escote dejaba ver la curva perfecta de sus pechos, y su cabello suelto caía desordenado sobre los hombros.

    La saludé con naturalidad y seguí fumando, pero sentí su mirada sobre mí.

    —¿Me regalas uno?

    Saqué la cajetilla de mi bolsillo y la acerqué hacia ella. Camila se inclinó ligeramente, tomó el cigarro con los labios, y en ese movimiento su escote se abrió un poco más, dejando al descubierto una línea profunda y provocadora. Mi mirada bajó sin poder evitarlo, admirando esa piel tersa, la forma perfecta de sus senos. Ella lo notó. Me sonrió con picardía mientras yo sacaba el encendedor y acercaba la llama a su cigarro. Su rostro estaba muy cerca, podía oler su perfume dulce mezclado con el aroma del tabaco.

    —¿Por qué tan solo un sábado? Por cierto… nunca te he visto con nadie. ¿Eres gay o algo así?

    Levanté una ceja, la miré directo a los ojos, con una media sonrisa.

    —¿Te parezco gay? Hoy estoy solo porque el evento era un aburrimiento. Apenas pude escapar, me vine directo a casa.

    —Es que nunca te veo con nadie. Es más, casi no te veo los fines de semana.

    —Porque no suelo quedarme aquí. Normalmente paso los fines fuera.

    Su risa era suave, casi traviesa. Aproveché para empezar a preguntarle cosas, tantearla, conocer qué le gustaba. Y mientras hablábamos, las miradas, los gestos, las pequeñas provocaciones se iban colando entre las palabras. Le decía lo bien que le quedaba ese vestido, lo sexy que se veía siempre. Ella reía y jugaba con su cigarro, inclinándose ligeramente, acercándose más a mí.

    Cuando terminamos de fumar, abrí el portón y la dejé pasar primero. No pude evitarlo: mi mirada se clavó en su trasero, redondo, firme, que se balanceaba al caminar. Y lo sabía. Lo movía con intención, exagerando cada paso.

    Llamé el ascensor y entré tras ella. Apenas las puertas se cerraron, sentí cómo la tensión entre nosotros alcanzaba el límite. Sin pensarlo, me acerqué de golpe. La empujé suavemente contra el espejo, pegando mi cuerpo al suyo. Mi boca fue directa a su cuello, besándolo, lamiéndolo, mientras mis manos la rodeaban, subían por sus muslos descubiertos hasta llegar a sus caderas, sus senos. Su piel era caliente, suave, vibrante bajo mis dedos.

    Camila soltó un gemido bajo, intentando no hacerlo evidente, pero su cuerpo ya me respondía, arqueándose hacia mí, presionándose contra mi erección que palpitaba dentro del jean. Sentía su respiración agitada en mi oído, su pecho subía y bajaba rápido mientras mi lengua dibujaba líneas lentas en su cuello, mordisqueándolo suavemente.

    Me atreví a bajar una mano hasta el borde de su vestido, deslizándola por debajo, subiendo por la parte interna de su muslo, sintiendo su piel suave y caliente. Mis dedos tocaron la tela de su tanga, ya húmeda, y presioné suavemente. Ella se estremeció, apretando las piernas contra mi mano, como queriendo más.

    Cuando el ascensor llegó a nuestro piso, no la dejé ir a su puerta. La jalé de la muñeca hacia la salida de emergencia. Apenas cruzamos la puerta, la pegué contra la pared. La besé con hambre, sintiendo cómo sus labios se abrían, cómo su lengua buscaba la mía. Mi mano subió otra vez por su pierna, apartándole la tanga hacia un lado, acariciando directamente su sexo húmedo. Camila jadeó fuerte en mi boca, hundiendo las uñas en mi espalda.

    —Vaya… pero qué atrevido eres —susurró, con la voz ronca.

    —¿Eso crees? Si no te gusta, puedo parar.

    —Ni se te ocurra.

    De repente me empujó contra la pared y su mano descendió directo a mi entrepierna. Me masajeaba por encima del pantalón, sintiendo mi dureza, mirándome con deseo encendido. Lentamente bajó el cierre de mi jean, metiendo la mano dentro y sacando mi pene, acariciándolo mientras lo observaba con fascinación.

    —Creo que va siendo hora de liberarlo —susurró, bajando aún más y quedando de rodillas frente a mí.

    Su mano lo sostuvo con firmeza mientras su lengua empezó a lamerlo, lenta, provocadoramente. Subía y bajaba, dibujando círculos alrededor de la cabeza, dejándolo brillante de saliva antes de llevárselo a la boca. La calidez, la humedad, el movimiento de su lengua eran un placer hipnótico. Me miraba desde abajo, esos ojos llenos de lujuria mientras su boca se deslizaba cada vez más profunda. Me sujetaba las caderas, atrayéndome hacia ella, controlando el ritmo mientras se lo metía hasta la garganta, gimiendo suavemente mientras lo tragaba.

    Cada vez que lo sacaba de su boca, lo lamía completo, dejando un hilo de saliva antes de volver a chuparlo con más fuerza. Mis manos acariciaban su cabeza, su cabello suelto. Su lengua presionaba justo debajo de la cabeza mientras succionaba, arrancándome gemidos bajos. Me sentía al borde, el calor subiendo por mi cuerpo, la presión creciendo con cada movimiento.

    —Si sigues así… no voy a durar —jadeé.

    Su sonrisa fue traviesa. Aceleró, metiéndoselo completo mientras con las manos me apretaba las nalgas, obligándome a empujar más profundo en su garganta. No pude resistir más. Mi cuerpo se tensó, la respiración se me cortó mientras me venía dentro de su boca, sintiendo cómo tragaba cada gota, sin soltarme, sin apartar su lengua, siguiendo con pequeñas succiones hasta limpiar todo rastro.

    Cuando me soltó, lamió suavemente alrededor de la cabeza, mirándome con una mezcla de satisfacción y picardía. Se levantó despacio, dándome un último beso en los labios, su sabor mezclado con el mío.

    —Mmm… qué rico. Así da gusto regresar a casa.

    Yo apenas podía respirar, mirándola maravillado.

    —Vaya vecina… así sí dan ganas de convivir.

    Mientras me subía los pantalones, ella seguía acariciándome con suavidad, jugando con mi miembro mientras la erección bajaba. Volví a besar su cuello, mis manos recorriendo otra vez su trasero, su cintura. Pero ella se arregló el vestido con una sonrisa pícara y dijo:

    —Tenemos que repetirlo.

    Abrió la puerta de emergencia y se fue, moviendo las caderas con intención. Desde la entrada de su apartamento me lanzó un guiño y un beso al aire antes de entrar.

    Yo me quedé ahí, jadeando, sin acabar de procesar lo que había pasado. Me acomodé la ropa, salí tras ella, y la vi cerrar la puerta con una última sonrisa.

    Eso fue solo el principio… porque después vinieron más encuentros, que poco a poco iré contando.

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  • Luci y sus masajes

    Luci y sus masajes

    Hace años que Luci y yo somos amigas, trabajamos en la misma oficina pasamos mucho tiempo juntas.

    Ella comenzó hace un año a estudiar para hacer masajes relajantes, siempre prometo ir a su nuevo consultorio para unos masajes pero no e tenido tiempo, ella sigue además de dando masajes trabajando en la oficina por lo que nos vemos todos los días, hoy llegué con dolor en el cuello y Luci se ofreció a darme un rápido masaje, me senté en la silla de mi oficina y ella comenzó con el masaje en mi cuello, cerré mis ojos y poco a poco sentí sus manos cálidas en mi nuca, la suavidad con la que pasaba sus manos, mis ojos cerrados, su respiración era muy excitante, sentí mi tanga mojada, cuando me di cuenta noté que Luci paro y en su rostro vi que ella estaba sonrojada, paro y me dijo para que a la tarde fuera a su consultorio, acepte.

    El día fue largo, cuando a la hora de irme vino Luci a decirme para ir a su consultorio estaba agotada y dije mejor no, ella se acercó y me tomó la mano diciendo no acepto un no de respuesta, salimos derecho a su consultorio que solo estaba un par de cuadras de ahí, al llegar ella me dio una bata y me dijo que me cambié, obedecí subí a la camilla y ella me pidió que me ponga de espalda y quité mi bata, suavecito comenzó a masajear mis hombros, mi espalda, mis piernas, mis pies luego quitó por completo la bata que cubría mis nalgas y comenzó a masajear las, no pude evitar gemir y ella continúo sentí como me ponía caliente, ella suavemente abrió un poco mis piernas y comenzó con las yemas de sus dedos a tocar mis labios mi vagina en ese momento me gire y la mire ella roja se acercó y me besó.

    En ese momento sólo pude responder, ella beso mi cuello y bajo a mis pechos yo excitada al máximo solo disfrute del momento, hasta que ella bajo y paso su lengua en mi vagina, tomo mi clítoris y lo chupo yo solo podía gemir cerré los ojos y me entregué por completo al placer, ella chupo y lamió toda mi vagina hasta que acabé, Luci sonrió y me besó aún con mis jugos en su boca.

    Me miró y ofreció seguir en una cama que tenía al fondo por supuesto dije si y de la mano fuimos, le quite su ropa y bese sus grandes pechos pase mi lengua y mordí sus pezones, baje besando su vientre hasta su concha, estaba muy mojada tomé su clítoris y lo chupe ella gemía, luego pase mi lengua de abajo arriba y de arriba a abajo por su concha mojada, depilada y sabrosa, ella me tomo del cabello y trajo hacía arriba, alguna vez le conté que me encanta el sexo duro, me miró y dijo ahora solo serás sumisa y yo te voy a dominar.

    Se levantó y tomo un dildo grande sin decirme nada me lo metió de una en mi vagina, grite de dolor y placer ella solo embestía fuerte y acabe entre gritos y gemidos, pero ella solo me besó y dijo ponete en cuatro puta de inmediato lo hice y ella sin más me penetró mi culo fuerte sin avisar, grite y pedí que pare ella siguió y a medida que me daba más fuerte me gustaba más hasta que volví a acabar.

    Ella me dejó descansar y saco su teléfono me mostró que todo estaba grabado y me ofreció que podía llamar a un amigo para que él nos diera a las dos, por supuesto que dije si… ¡Pero esa historia es para otro día!

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  • En mi nuevo trabajo en Coppel

    En mi nuevo trabajo en Coppel

    Después de lo que pasó en el taller mecánico y que Armando se dio cuenta, Armando me insistía en querer verme coger con tres o cuatro a la vez, como cambie de trabajo ahora estaba de vendedora en Coppel, y después de algunos meses me empezaron a invitar a los convivios y salíamos a fiestas juntos.

    Armando él se daba cuenta como me veían los chavos, y me decía, «estoy seguro que te quieren coger», para esto en una de esas fiestas le pidieron a Armando llevarlos a comprar más cerveza entonces uno de los chicos que era invitado de uno que si trabajaba ahí quien no se percató que yo era su esposa y les comenta, «oigan la chaparrita que buenota está», esto armando lejos de molestarse dijo si, «se ve bien cogible»

    Cuando llegaron y vio que él se fue conmigo se dio cuenta que yo era su esposa y después de rato se acercó con él y le pidió disculpas por lo que había dicho, como ya íbamos de salida le dijo no te preocupes y riendo le dice «yo sé que esta buena mi vieja» a lo que él responde, con todo respeto, pero si, es la mejor de todas las de aquí y así quedo.

    Después de un tiempo invitaron a Armando a una fiesta de parejas en una quinta en la que van parejas y hombres solo si son invitados de alguna pareja y para nuestra sorpresa llego este chico que habíamos visto en el convivio de Coppel, él se sorprendió de verme y dudo en si éramos nosotros, pero después de un rato se animó y se acercó, nos preguntó y le dijimos -sí, «somos nosotros». Nosotros era la primera vez que íbamos a una fiesta así, pues la idea de Armando era encontrar quien participara en su fabuloso plan de verme coger con varios a la vez, charlamos un rato intercambiaron teléfonos Armando y el y nos retiramos de la fiesta.

    Después de unos días le mando mensajes y empezaron a hablar de mí, me pregunto si me agradaba el chico y yo respondí, «pues no está mal» aunque se ve jovencillo, Armando estuvo conversando con él durante unas semanas en las que sus pláticas fueron más allá y supo que ese chico tenía experiencia en tríos con otras parejas y le envió algunas fotos mías, Chuy quien tenía 24 años (muy joven para nosotros) le dijo que tenía una mujer muy hermosa y muy buena que lo felicitaba.

    Entonces Armando le dijo que si le gustaría hacer un trio con nosotros, Chuy dijo claro, sería maravilloso cogerme a tu mujer, ya lo he hecho antes con una pareja por lo que después de aclarar algunos puntos quedaron en que la primera oportunidad se lo decía, para esto las chavas de Coppel me invitaron a un bar que andaba de moda aquí el “Gallo Nacional” Armando le pregunto a Chuy si podía ese día y de inmediato dijo que si y quedaron de verse a las 12 pm.

    Como ya era tiempo de frio y Armando me dijo que me pusiera un liguero abajo del vestido, pero Armando me convenció de irme solo con el conjunto del liguero, sin tanga, y solo un abrigo largo y mis zapatillas. con mucha adrenalina llegue al bar, las muchachas no sospecharon que no llevaba nada abajo, estuvimos un rato, algunos hombres que nos veían solas iban y nos sacaban a bailar, yo baile con uno solamente, pues sentía miedo y adrenalina a la vez.

    Ya después de media noche me avisa Armando que ya está ahí afuera, salí al coche y en la parte de atrás estaba Chuy, platicamos un rato camino al motel, compraron unas cervezas y cuando llegamos Chuy me observaba mientras me sonreía entonces desabroché el abrigo y al abrirlo se dio cuenta que iba sin nada, solo con el conjunto del liguero y dijo «wow así andabas» que rica te vez, pude notar una erección en su pantalón al verme.

    Armando le dice ¿Qué te parece mi mujer? El atónito respondió ¡sin duda bellísima! Armando me quito el abrigo y dejo que me empezara a tocar y a besar, empezamos a cachondearnos mientras Armando nos veía y se quitaba a ropa y empezó a jalar su verga mientras nos veía, como es mi costumbre le empecé a mamar la verga que era muy parecida a la de Efra.

    Le recorrí todo su tronco y mame sus huevos durante un rato, después el me pidió que me montara y me empecé a mover como se hacerlo encima de él, luego me junto hacia el para ser el quien me bombeara haciéndome gemir delicioso. Armando al ver eso me apunto su verga en mi culo y junto con Chuy me hicieron una doble penetración, moviéndome y gimiendo riquísimo así duramos hasta que Armando termino en mi culo, como siempre lo hace.

    Chuy aun no terminaba, pero después de esos movimientos quedamos cansados, fui y me di un baño cuando regrese Armando le pregunto, ¿no terminaste tu verdad? Mientras me repongo quieres seguir cogiéndotela, puedes hacerle lo que quieras a Jenny le encanta la verga, -Chuy le dijo ¿puedo cogérmela por el culo? y yo viéndolo a la cara con mi sonrisa accedí encantada.

    Le agarre la verga y se la mame para llenarla de saliva y me empecé a sentar en su verga dándole la espalda, de frente a Armando que veía como me metía la verga de Chuy en mi culo hasta que entro por completo. Ya con la verga adentro de mí, me empecé a mover y Chuy me bombeaba haciéndome gemir, mientras yo veía a Armando como disfrutaba de ver como se cogían a su esposa por el culo, Armando me puso su verga en mi boca y se la mame, cuando Chuy iba venirse se pararon los dos en la cama yo hincada recibí sus chorros de semen en mi cara y mi boca, yo les limpiaba sus vergas, algo que le encanto a Chuy, pues dijo que nunca había hecho eso y que yo era maravillosa pues dejaba hacerme lo que quisiera.

    Chuy le mandaba mensajes a Armando en los que le decía que le había gustado mucho cogerme, que si se podía repetir y Chuy y mi esposo me estuvieron cogiendo en varias ocasiones en las que yo me ponía sexy para ellos y me cogían, no sé, si era por lo joven o tomaba algo, el caso que Chuy duraba mucho bombeándome y yo para hacerlo terminar se la mamaba y se la jalaba recio para que terminara en mi boca, eso siempre ha calentado mucho a Armando, ver como recibo el semen de otros en mi boca.

    Fueron varios encuentros con Chuy que alternaba con mi compadre, ahora era yo la puta de ellos y Armando gustoso me llevaba para que me cogieran, su mejor amigo y ahora también Chuy, eso hizo que se obsesionara más por ver cómo me cogían cuatro, pues no sacaba de su cabeza lo que paso en el taller, después Chuy le dijo a Armando que si podía mostrarle unas fotos mías a un amigo que quería entrar a el ambiente de los tríos, a quien le había platicado de mí, de lo complaciente que yo era en el sexo, Armando le pregunto qué edad tenía y si era discreto y le dice que era de su misma edad.

    Armando accedió a enviarle mis fotos, pero sin el rostro, me pregunto que con cuantos aguantaba coger, yo en broma le dije que 5 y Armando caliente por ver cómo me cogían planeo que me cogieran mi compadre Efra, Chuy, el chico nuevo Tony, y el, desafortunadamente para Armando Efra por su trabajo no pudo y ese día me cogieron solo ellos tres.

    Ese día Armando y yo nos fuimos en el carro yo llevaba una falda de vuelo y una blusa con escote gris, abajo mis medias y mi liguero, recogimos a Chuy y cuando fuimos por Tony nos esperaba en una plaza donde nos bajamos, Armando me pidió que caminara un poco frente a ellos para que viera Tony lo que se iba a comer, eso lo entusiasmo mucho pues llegando al motel, Armando me subió a la mesa de centro, yo viéndolos a ellos sentados, me sentía la atracción siendo su puta, les dije ¿Qué me quieren hacer?,¡ hoy seré su puta!

    Ellos emocionados se levantaron y comenzaron a besarme y a desnudarme, al igual que a los chicos del taller los agarre de sus cabezas para que se pegaran a mis tetas cada uno como mis nenes, se prendieron a mis pechos, cabe decir que yo con 37 años y ellos de 25 eran mis niños y los estaba acabando de criar, Tony el más emocionado me metía sus dedos en mi conchita y me mamaba mi culo y mi vagina, después me senté en la mesa y agarre sus vergas que me puse a mamar.

    Armando junto con ellos me rodearon y estuve mamando las tres vergas por un rato, observe que Tony tenía la verga grande y gruesa, y unos huevos que le colgaban, casi como la de Miguel el del taller, solo que Tony era un joven, le chupe los huevos a Tony uno a uno mientras con mis manos jalaba la de Chuy y Armando, ya caliente les decía «que ricas vergas tienen»

    Tony se quitó y se fue a poner un condón, se puso atrás de mi para comenzar a penetrarme con su verga, me empezó a bombear que cuando sentí como su verga entro en mi vagina solté un gemido de placer, agarrándose de mis caderas Tony me estaba dando unas embestidas muy ricas mientras yo seguía mamando la verga de Armando y Chuy así estuvieron por un rato, y Armando no quería perder ese espectáculo, estuvo observando por primera vez como yo era cogida por dos vergas que no eran la de Efra y la suya.

    Me estaban cogiendo riquísimo, cambiando posiciones alternando entre uno y otro, duraron mucho cogiéndome, Tony estaba muy activo y no quería dejar de estarme cogiendo lo que me hizo varios orgasmos, Tony me tenía empinada bien agarrado de mis caderas, mientras yo mamaba la verga de Chuy y armando cuando apunto su verga por mi culo y sin preguntar me la enterró de un solo golpe, al sentirla di un grito de placer, sentí como tenía dentro de mi culo otra vez una verga grande, me estaba cogiendo delicioso Armando no dejaba de ver mi cara de satisfacción y mis gestos de sentir como partían mi culo, escuchar a Armando como les decía, que era su puta me hizo tener otro orgasmo.

    Después de ponerme en las posiciones que quisieron me recostaron boca arriba y mientras Armando me cogía yo tenía la verga de Chuy y Tony en mi cara, mamándolas en eso Chuy me aventó sus chorros de semen en mi boca, alcanzando a llenar a Tony, yo le limpie la verga a Chuy y con mi boca limpie el semen que había caigo en los huevos de Tony que seguía jalando su verga hasta vaciarse sobre mi cara y boca, Chuy se quitó y Armando acerco su verga para vaciarme también el su lechita, yo seguía limpiando esas vergas con todo su semen escurriendo sobre mis tetas, terminaron y ahí estaba yo, una vez más llena de semen de tres hombres, yo los veía sonriendo y satisfecha, me levante y fui a bañarme, mientras ellos conversaban.

    Después de unos minutos entro nuevamente Tony quien al parecer no había llenado y me dice ¿puedo? Yo le sonreí y como estaba mojada acaricio mi cuerpo y con sus dedos sobre mi clítoris logro ponerme otra vez cachonda, ya los dos en la regadera agarro mi cabeza y me bajo a su verga para mamarla, después me inclino sobre la taza del baño, con el gua cayendo sobre nosotros me penetro, pero ahora sin condón, sentí su verga otra vez dura y muy recta, nuevamente me estaba bombeando de manera que se escuchaba como chocaba su cuerpo en mis nalgas.

    Yo gemía y se escuchaba fuerte por el eco, agarró shampoo y lo derramó sobre mi culo metiendo uno de sus dedos lo lleno de jabón para apuntar su verga y me la fue metiendo, yo la sentía más dura y como resbalaba con el shampoo, sentía como me topaban su huevos por lo que asumo me la metía toda, hasta que termino dejándome toda su leche adentro, fiel a mi costumbre le mame la verga y se salió.

    Cuando salí me senté en la cama secándome el agua y Chuy y Armando ya repuestos y con la verga otra vez parada, se acercaron me quitaron la toalla y me besaron cada uno mis pechos y nuevamente Chuy me recostó y poniendo mis piernas en sus hombros me volvió a coger mientras Armando veía como me la metía sin condón y le dice «échaselos adentro» Armando se acercó y sin dejarme bajar las piernas me empezó a coger, quizá por esa sensación de tener tanto semen en mi vagina el termino casi de inmediato con un gemido de placer. Me quede recostada un momento después nos cambiamos y nos fuimos casi amaneciendo del motel. Ese día sentí como me temblaban las piernas al subir al carro y así durante varios días.

    Pasaron algunos meses sin novedad, hasta que uno de mis jefes resulto conocido de Chuy y en pláticas comentó de una señora buenísima de Coppel que se había cogido con otro amigo y su esposo, pero es otra historia.

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  • Sexo casual con una desconocida (2 – final)

    Sexo casual con una desconocida (2 – final)

    Como les comenté en la primera parte Roxana andaba de paseo por la ciudad y se estaba quedando en una pensión, luego de volver a tener sexo en mi habitación y quedarse recostada a mi lado, nos dormimos un momento, cuando despertamos ya era eso de las 20 horas, estaba algo oscuro y además se había puesto helado.

    Yo le comenté que porque no tomábamos algo y se quedaba conmigo y se iba mañana a la pensión, lo pensó un minuto y me dijo “¡bueno, pero voy a llamar a la pensión para avisar que no llegare!”.

    Mientras ella llamaba me levante como andaba solo con bóxer y fui a la cocina a destape una botella de vino, a los minutos llego ella solo con una polera sin ropa interior debajo y un tanga muy pequeña y ajustaba que no pude evitar mirar, a lo que ella se dio cuenta y con un leve movimiento coqueto se la acomodo, a lo que mi reacción fue un beso muy sutil en su cuello.

    Nos sentamos en sofá de la casa pero mirándonos de frente ambos con las copa de vino en la mano, ella separo sus piernas y me dijo con una risa coqueta y excitante “¡mira cómo me queda mi tanga en la parte de adelante!”, mientras se la apretaba con su vagina, marcándose sus deliciosos labios, a lo que yo solo le dije “mira como me pones mi verga al hacer eso”, apretándome sobre mi bóxer mi pene, a lo que ella respondió dejando su copa de vino en la mesa de centro y quitándome la mía para dejarlo donde mismo, para luego correrse su tanga en la parte de adelante y dejar al descubierta su vagina, pidiéndome que me acercara.

    Al acercarme no pude dudar en meter mi lengua y empieza a lamer su clítoris que ya en ese entonces estaba durito y el resto de su vagina mojado, mientras ella agarraba mi cabeza y la movía al ritmo de mi lengua, así estuve un buen rato hasta que me pidió que me diera vuelta para hacer la famosa posición 69, mientras seguía lamiendo su clítoris acompañado de dos dedos que introducía en su vagina ella comenzaba a chupar y lamer mi pene, sentía como lo recorría completo hasta mis testículos, como a veces hacia arcada por tanta intensidad, era una competencia de placer cuando cada uno le daba intensidad a su gusto.

    En un momento me dice “¡saca!”. Paro, me doy vuelta y comienzo a penetrarla de frente, sentía como mi pene envestía su vagina mojada, como mis manos se aferraban a sus senos y como me miraba con placer y deseo, mientras teníamos sexo ella me gritaba y me decía “¡no pares! Sigue que me tienes extasiada”.

    En un momento le digo que voy a acabar y ella me dice, “échamelo adentro quiero sentir tu leche caliente, sin miedo hacelo por favor” y así fue que me descargue dentro de su vagina, contemplando su cara de placer, luego saco mi pene y me lo chupo completo para no dejar restos de semen, fue algo delicioso, así continuamos tomando vino pero ahora decidimos hacerlo juntos abrazados acariciando cada parte de nuestro cuerpo sutilmente, nos relajamos tanto que decidimos irnos acostar, nos acostamos desnudos antes de dormir se da vuelta colocándome su trasero encima de mi pene y me dice “¡intentemos hacerlo de lado! “.

    Mi pene se introdujo en su vagina, pero esta vez no tan duro ya que igual estaba cansado, ella mojada nuevamente empezó a moverse y llevar el ritmo mientras yo masajeaba sus senos y ella acariciaba su clítoris, su movimiento de cintura me excitaban mucho, además sentir como ella gemía y afirmaba mis manos para que no las sacara de sus senos, no logre acabar, pero ella sí, dejando mi sabana mojada con sus fluidos a lo que tuvimos que secar la cama con secador para dormir.

    Dormimos abrazados hasta el otro día donde a eso de las 9 de la mañana se despertó se vistió y se fue, desde ese día que no hemos vuelto hablar, ella, me elimino de WhatsApp y nunca más supe de ella, pero solo queda una buena experiencia.

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  • Mi hijo mayor y mi amiga Andrea

    Mi hijo mayor y mi amiga Andrea

    Cuando le conté a mi hijo mayor, después de echar un buen polvo con él, que había estado follando con el hijastro de mi amiga Andrea, me imaginaba su reacción, me dijo:

    -Pues si tú te has follado al hijo, yo quiero hacerlo con Andrea.

    Como digo su reacción no me extrañó, de un lado mi hijo era un verdadero depredador sexual de maduritas, quería follarse a todas las que pudiera, de otro lado Andrea, pese a ser una cincuentona conversaba un cuerpo espectacular, cuando vamos juntas por la calle los tíos se quedan embobados mirándola.

    Y como no podía negarle nada a mi niño, preparé uno de mis guisos favoritos, y a una hora donde sospechaba que Andrea iba a estar sola en casa, mandé a mi hijo a llevárselo, lo que ocurrió, según me conto él fue lo siguiente:

    Cuando llegué a casa de Andrea, la amiga de mi madre, esta me recibió con una falda por encima de la rodilla, aunque sus piernas estaban cubiertas con unas medias negras muy sexys, y una blusa muy escotada que dejaba ver generosamente dos tetas de muy buen tamaño, me invitó a sentarme u me trajo una cerveza, y no pusimos a conversar de temas muy normalitos, aunque yo no podía dejar de mirar sus tetas, el tema derivó a hablar de los dolores de pies que tanto ella como mi madre padecen, y mi madre aunque no contaba lo nuestro, al parecer si contaba que yo le daba masajes en ellos.

    -Que envidia me da, dijo ella.

    -¿Envidia por qué? Dije yo, si tú quieres yo te doy un masaje ahora mismo.

    Ella me sonrió, se quitó los zapatos y sentada de lado, en el sofá, primero se quitó los zapatos, y puso sus pies descalzos, aunque como he dicho cubiertos por unas medias negras, sobre mis piernas, yo comencé a masajeárselos, mientras ella me decía:

    -Lo haces divinamente.

    Pero la verdad es que en esta postura todas sus piernas, hasta la altura de su tanga quedaron a mi vista, yo le acariciaba los pies, mi madre me había acostumbrado a hacerlo algunas veces antes de hacer el amor, y hacérselo a Andrea me estaba poniendo cachondisimo, cuando terminé ella me dijo:

    -Gracias, mi amor, no veas como me has relajado.

    Pero en ese momento ella se dio cuenta del estado en que estaba mi polla y me dijo:

    -Cariño, perdona no me había dado cuenta de que lo que me estabas haciendo te estaba excitando.

    -No pasa nada, dije yo, pero el asunto es que necesito aflojar mi pantalón porque mi polla va a hacerlo reventar, espero que no me consideres muy atrevido.

    -Para nada, dijo ella, comprendo lo que te pasa, imagina que soy tu madre.

    Yo en ese momento pensé:

    -Si supieras lo que hago con mi madre, jajaja.

    El asunto es que me desabroché el pantalón y a la vez que el short, me los bajé para dejar mi polla al aire.

    -Dios mío, dijo Andrea al ver mi miembro, lo tienes enorme y esta durísimo.

    Creo que debo masturbarme un poco a ver si se me baja, le dije, y luego añadí, aunque si no se si es muy atrevido por mi parte, pero yo te he dado un masaje, dame tu otro a mí.

    -Andrea me miro con cara de sorprendida, pero para mí alivio dijo:

    -Está bien, pero esto debe de quedar en un secreto entre nosotros,

    Ella con una amplia sonrisa en la boca agarró mi polla y comenzó a masturbarme, la muy zorra sabía hacerlo muy bien, y de otro lado ver moverse sus tetas a mi lado me resultaba muy caliente, así que la pregunté:

    -Andrea podría chuparte las tetas, mientras me masturbas.

    Miré su cara y vi la amplia sonrisa lo que me indicaba que iba por el buen camino, ella dijo:

    -Está bien, pero todo lo que pase entre nosotros se debe quedar entre nosotros, no quiero que ni tu madre ni mi marido.

    -De acuerdo, dije yo, aunque no iba a cumplir lo de mi madre.

    Andrea se quitó la blusa y el sujetador y ante mi vista quedaron dos tetas increíblemente deliciosas, yo me puse a chupárselas, era algo delicioso, mientras ella acariciaba mi polla, ella comenzó a gemir, mientras no dejaba de mirar mi polla con ganas, así que di el paso siguiente, la pregunté:

    -Andrea, ¿Me la chuparías?

    La noté, nuevamente, sorprendida, pro no de manera desagradable y me contestó:

    -Hace mucho que no lo hago, desde que me casé con mi marido dejamos de hacerlo por miedo de que nos pillara el niño.

    -Bueno, dije yo, pues practica conmigo para que no se te olvide.

    Ella sonrió nuevamente, y me pidió que me pusiera de pie, lo hice, entonces ella se arrodilló ante mí, y sacando su lengua comenzó a deslizarla por todo lo ancho y largo de mi polla, no se la notaba que llevará una temporada sin practicarlo puesto que su forma de hacerlo era deliciosa, si su marido había renunciado a sentir esto, debía dejarnos a los demás disfrutarlo, y esta sensación aumentó cuando ella se metió mi polla en su boca y comenzó a chupármela, que esa señora debería de chupar una polla a diario fue algo que quedó claro en mi cabeza.

    Sus mamadas eran maravillosas, aunque intenté retrasarlo no pude evitar correrme y un rio de semen salió de mi polla y fue a para a su boca, llenándola por completo, no pudo evitar que una parte de este se desparramara por su boca e incluso parte de él cayó sobre sus tetas, pero ella ajena a todo se puso a lamer mi polla hasta dejarla completamente limpia.

    En ese momento pené que debía de compensarla y la dije:

    -Andrea, voy a comerte el coño.

    -¿De verdad te apetece mi amor?, dijo ella, mi marido para hacerlo siempre me obligaba a depilarme el coño, y desde hace mucho tiempo ni, aun así

    -Pues yo te lo voy a comer, dije yo, lo tengas como lo tengas.

    Andrea pareció excitarse con mis palabras y en un visto y no visto se quitó la falda y las bragas dejando al aire un coño peludo, pero delicioso, que en ese momento me apetecía comerme, así que siguiendo mis indicaciones se tumbó en el sofá con las piernas bien abiertas, era una visión divina, así que me tumbé también en el sofá, bocabajo, dejando mi boca junto a su ciño y sacando mi lengua comencé a comérselo. Pese a los pelos, o quizá por ellos ese coño me supo muy delicioso, ella al sentir mi lengua sobre comenzó a gemir de placer mientras decía cosas como:

    -Joder con el hijo de mi amiga Clara, su madre pensando que es un niño y el con una polla grandota y una lengua que volvería loca a cualquier mujer.

    No era cuestión, al menos de momento de revelarle a Andrea el tipo de relación que teníamos mi madre y yo, aunque más adelante quizá habría que fomentar que ella tuviera algo parecido con su hijastro, pero en ese momento lo único que me importaba era hacerla gozar al máximo, de repente noté como ella apretaba mi cabeza con sus manos tuve la impresión de que estaba llegando al orgasmo, y efectivamente tras un gemido aún más fuerte que los demás noté como una gran cantidad de líquido inundaba su coño.

    Ella tardó un rato en recuperarse y después dijo:

    -Joder hacia muchísimo que no gozaba tanto, gracias, cariño.

    Y diciendo esto me beso dulcemente en la boca, pero yo quería mucho más y me da que ella también, así que la dije:

    -¿Follamos Andrea?

    -Joder, dijo ella, me vas a convertir en una puta, desde que estoy con mi marido ninguna otra polla había entrado en mis agujeros, la tuya es la primera.

    Desde luego para mí eso era un honor, que estaba dispuesto a aceptar, la pedí que siguiera tumbada en el sofá, yo me coloqué con una pierna doblada sobre el sofá y la otra en el suelo y en esta postura me puse un condón, y arrimando mi polla a su coño se la metí. Ella al sentir mi polla en su interior comenzó a decir:

    -Cariño la tienes más grande que mi marido, y la mueves muy bien, me estas dando muchísimo placer, no pares por favor, ni mi marido en sus mejores tiempos me lo hacía así, sigue, sigue

    Yo por supuesto la hice caso y seguí follandomela, su coño era delicioso y sus gemidos volverían loco a cualquier hombre, verdaderamente esta mujer necesitaba un macho que le diera placer de verdad, noté como ella se corría y yo seguí follandola hasta que me corrí también cuando lo hice y se la saqué ella me dijo:

    -Mi amor me has hecho una mujer muy feliz

    Y me besó dulcemente, después se fijó en mi polla y dijo:

    -Creo que este pollón se merece una buena limpieza después del gran trabajo que ha hecho.

    Primero con una expresión muy dulce en su cara me cogió la polla con sus manos y me fue sacando poco a poco el condón y dijo:

    -Es una pena que esta leche se desperdicie.

    Y sacando su lengua de la boca se puso a deslizarla por mi polla hasta dejarla completamente limpia, metió mi condón en una bolsita y dijo:

    -Esto mejor tíralo tu dónde puedas, mi marido no lo puede ver.

    La di la razón con mi polla bien limpia fui yo quien la pido:

    -Chúpamela otra vez

    Ella no se hizo de rogar y arrodillándose ante mi introdujo mi polla dentro de su boca y comenzó a chupármela, mientras lo hacía yo pensaba en que es una pena que hay maridos que no sepan apreciar la capacidad sexual de su mujer, y no sepan exprimirla a tope, aunque precisamente de eso disfrutaba yo, jajaja.

    Cuando Andrea vio que mi polla estaba lo suficientemente dura me pidió que me sentara en el sofá y ella se puso encima de mi cabalgándome, mientras me decía:

    -Es maravilloso encontrar un chico con una polla maravillosa, que además respete a las mujeres y les de placer.

    Tener un primer plano de sus tetas mientras follabamos era un espectáculo maravilloso, a pesar de su edad, desnuda parecía una diosa y yo la adoraba, ella siguió cabalgándome mientras me decía:

    -Hacia muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto, gracias, mi amor, y seguía follandome.

    En un momento dado se giró y siguió cabalgándome, pero esta vez de espaldas, en esta postura podía sentir su culo rozando mi cuerpo, y no pude evitar preguntarle si su culo era virgen.

    -De joven alguna vez tuve alguna polla dentro, me respondió, pero hace tantos años que ya ni me acuerdo, seguro que ya está bien cerrado, como si nadie nunca le hubiera penetrado.

    Eso me dio una idea sobre que hacer más adelante, pero en esos momentos solo quería gozar a tope, así que me resistí a mis deseos de correrme, ella me propuso:

    -¿Y si nos tumbamos de medio lado en el sofá?

    Quería follar con ella y la postura me daba igual, así que acepté su idea y me tumbé en el sofá, sin sacarla, mientras ella hacia lo mismo, de esta manera nos encontramos tumbados en el sofá, conmigo metiéndosela en su coño desde atrás, ella seguía gimiendo mientras me decía:

    -Sigue así mi amor, sigue, no sabes cómo estoy gozando, me estás haciendo la mujer más feliz del mundo.

    -Tu sí que me estás haciendo feliz, muy feliz, le dije yo.

    Mientras los efectos de mi polla sobre su coño parecían estar haciendo efecto y ella dijo:

    -Joder so cabron que tarde me estás haciendo pasar, los chicos de tu edad parecéis niños todavía pero ya sois hombres hechos y derechos.

    Al menos nuestras pollas lo son, dije yo, y para intentar llevarla a mi terreno le pregunté, ¿Y tú hijastro tiene novia o se hace pajas?

    Ella pareció un poco sorprendida por mi pregunta y dijo:

    -Aún es muy joven, hace unos meses cumplió los dieciocho años.

    -Con dieciocho años, yo intentaba verles las bragas a las profes de mi instituto, tocaba las tetitas de mis compañeras e incluso me hacía pajas pensando en mujeres como tú, la dije.

    En ese momento sentí que se corría, así que aceleré el ritmo hasta correrme yo también, tras ello, ella se apartó y me quitó el condón y lo colocó al lado del otro y después me limpió la polla, sentí que podía aguantar otro salto, por lo menos y le dije:

    -Andrea, ¿Y si te la meto por el culo?

    -Pero cariño, dijo ella, ¿Tú crees que tu polla va a aguantar otro polvo?, me preguntó

    -Si tú me la chupas y me la pones en forma, no tengo ninguna duda, la respondí.

    -Está bien, dijo ella, me da que hoy es el día de robar cosas nuevas, dijo ella.

    Me dio una nueva mamada a mi polla, que una vez más se puso durísima.

    -Joder, dijo ella, lo que sois capaces de aguantar los chicos jóvenes, yo pensaba que nunca iba a tener una sesión como las que tenía cuando era jovencita.

    -Te toca cumplir tu parte, dije yo.

    Andrea se subió al sofá, y se puso a cuatro patas encima de él, aunque luego bajó una de sus piernas, para que su culo quedara más abierto y dijo:

    -Mi amor, mi culo es todo tuyo.

    Yo me puse detrás de ella, en el sofá, y arrime poco a poco mi polla a su culo hasta que se la introduje de un solo golpe:

    -Mi amor, dijo ella, hacia tanto tiempo que no gozaba de esto que se me había olvidado cuantos se disfruta con ello, sigue penetrándome.

    Sus palabras me animaron a seguir follandome su culo, era estrechito, pero era delicioso de penetrar, mi polla se encontraba muy a gusto en su interior, y mientras la penetraba ella me decía cosas tan deliciosas como:

    -Mi amor hace tanto tiempo que no era tan feliz, llevaba años sin tener tantos orgasmos, te adoro.

    Mientras me decía esto mis huevos chocaban con su culo provocando un sonido delicioso, decididamente esta mujer era divina, y la idea de conducirla a tener relaciones con su hijastro se fue introduciendo en mi cabeza, mientras ella me animaba a seguir penetrándola, con expresiones como:

    -Mi amor, sigue dándome gusto, nunca había gozado tanto en mi vida.

    La verdad es que yo con ella estaba pasando un rato divino, algo que me apetecía que se repitiera. Mientras mi polla seguía moviéndose dentro de su culo y disfrutando de una manera increíble, en un momento dado ella me dijo:

    -Mi amor me estoy corriendo.

    Y un fuerte gemido salió de su garganta, yo me sentía muy macho por estar siendo capaz de hacer gozar tanto a una mujer tan divina como ella, así que seguí moviéndome en el interior de su culo, hasta que sin poderlo evitar una gran cantidad de leche salió de mi polla y se estrelló contra su culo.

    No podíamos seguir mucho más tiempo, así que tras esto me lavé y luego me vestí, ella me acompaño hasta la puerta, cuando esta se cerró yo tuve a la sensación de que esto solo había sido el principio de algo, quería volver a follar con ella, y dado lo que mi madre me había contado de su hijastro, igual no estaría mal favorecer que los dos follaran para que su relación mejorara.

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  • Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (3 – final)

    Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (3 – final)

    Narración de David.

    Primera reunión después de la pesca; promediaba la sobremesa cuando una voz femenina se hizo escuchar; los cuernos duelen más ¿cuándo salen o cuando crecen? Esa fue la pregunta que una de las mujeres lanzó al ruedo para, según ella, amenizar la velada. Eduardo, esposo de Lorena, fue el primero en intervenir.

    -“Antes que nada deberíamos establecer qué es lo determinante para que haya cornada”.

    Lucio, esposo de Paula, aportó su parecer

    -“Entiendo que una cornada se produce cuando es conscientemente buscada, el resto me parecen debilidades, accidentes, o indefensión transitoria”.

    Ahí intervino Raúl, esposo de Beatriz.

    -“Mejor escuchemos a David, que seguro sabe y siente mejor que nosotros”.

    Imposible pensar mal del que había hablado, pues era un tipo incapaz de ofender gratuitamente; seguramente esa frase, mal sonante, había sido largada con total inocencia, pero la reacción de su mujer me dio que pensar, ya que empezó a palidecer, lo miró a su esposo lanzando llamas, como recriminando su dicho y luego bajo la cabeza; mi mujer también se puso pálida atragantándose con lo que estaba comiendo. Raúl compungido retomó la palabra.

    -“Hermano, por favor, con esta frase de mierda quise decir que vos, como profesional, más capaz y estudioso que nosotros, estás mejor capacitado para opinar, perdoname la burrada”.

    -“Raúl, querido amigo, que vos hables con mala intención es algo tan raro como un aimara de dos metros de alto, setenta centímetros entre hombros, ojos celestes, rubio y blanco como la leche; despreocupate, sé que quisiste decir”.

    -“Gracias hermano, cuando me di cuenta de lo que había largado se me estrujó el corazón pensando que te había ofendido”.

    -“Nada que perdonar y voy a contestar según yo entiendo la cosa. Si fuera una cuestión biológica debieran doler solo al salir, como los dientes, pero no lo es. Sin embargo, siendo un pesar emocional, que depende del conocimiento, siguen doliendo más al salir”.

    -“Mas explicación, por favor”.

    -“Para el engañado, conocer la traición siempre es el primer momento, aunque en realidad lo vengan engañando desde tiempo inmemorial. El dolor empieza en el instante que conoce la infidelidad y estimo que después no es más intenso sino más profundo, echa raíces, se transforma en encono”.

    -“Y qué hacer en ese caso”.

    Mi respuesta llevaba la intención de detener la traición, y dar una oportunidad para volver atrás.

    -“Vengarse, causando un dolor intenso o con liso y llano exterminio”.

    -“Me parece un castigo desproporcionado”.

    -“Puede ser, dependiendo de cuánto daño haya provocado la infidelidad. Hay personas que aman tanto que no conciben la vida sin la persona amada, y a veces llegan al suicidio. Haciendo un balance simple, es preferible que muera un culpable y no un inocente. Más aun, hay algunos que no llegan a la decisión traumática del suicidio, sino que su tristeza deviene en profunda depresión que les baja las defensas orgánicas, y así, cualquier bicho piojoso, que en condiciones normales de salud se cura con seis pastillas, entra al cuerpo y se lo lleva a la tumba””

    Terminado mi intento de explicación hice el esfuerzo de evadirme de las voces para concentrar mi atención en las mujeres, en particular Beatriz y mi esposa. Ambas se dieron cuenta de que las observaba atentamente y reaccionaron, aunque de distinta manera; la esposa de Raúl, si bien había recuperado el color, miraba para otro lado cuando mi vista iba hacia ella, pero la visión lateral me indicaba que cuando giraba para enfocarla a Marcia ella estaba pendiente de mí. En tanto mi mujer con la cabeza baja no podía controlar el temblor de las manos, por más que las juntara.

    La conclusión, triste y dolorosa, era que ya los tenía, incipientes o robustos, con puntas filosas o no, pero visibles, por lo menos para tres, los dos interesados y Beatriz. Esta situación que trituraba mi existencia no iba a terminar con mi vida, el odio que despertaba lo transformaría en el combustible apropiado para moverme y arreglar cuentas. Y eso requería por lo menos dos acciones, prestar suma atención a la conducta general de Marcia, sus gestos, sus palabras, su cuerpo, sus llamadas, todo; y por otro lado tratar de vigilar los lugares por donde ella se movía cuando no estaba conmigo.

    Respecto de la casa no era problema, pues cuando ella estuviera en el estudio haría instalar cámaras en varios ambientes; respecto de su despacho se me ocurrió pedirle usar la fotocopiadora de alta definición en colores, que ellas tienen, para imprimir una estadística que quería presentar y, para ello, emplear la mañana del sábado cuando la agencia no trabajaba; para no despertar sospechas futuras le diría que pensaba usar su máquina llevando un pen-drive, y me evitaba tener que conectar la mía a la impresora.

    Primero contraté y ejecuté la instalación en casa, dejando para un poco más adelante, la misma tarea en su lugar de trabajo. Ahora tenía que darle tiempo libre, sea para que se arrepintiera modificando su conducta, sea para afirmar mi convicción de que no había vuelta atrás; y para eso inventé un corto paseo de pesca con amigos del hospital, saliendo el viernes a la tarde para regresar el domingo a media mañana; el aviso de esa escapada se lo di el miércoles, dándole un lapso suficiente para pensar qué hacer.

    Tristeza y reincidencia de Marcia.

    Un error que cometí fue no comentarle a David la salida de copas a la casa de Sotelo y que se enterara por comentario de mis compañeras; si bien era posible un olvido, eso alimentó recelos en mi esposo y en mis socias; evidentemente la omisión había nacido en mi mala conciencia porque, en sí misma, esa actividad nada raro podía significar.

    El jueves, desde el estudio empleando el teléfono que solo uso para el trabajo, hablé con Jeremías diciéndole que al día siguiente por la noche estaría sola pues mi esposo salía en excusión de pesca alrededor de las siete de la tarde, su contestación fue:

    En un principio me preocupó recibirlo en casa, pues imperceptiblemente podría quedar alguna señal de su presencia, pero me hice el firme propósito de no permitir que durmiera aquí y el sábado limpiar bien.

    El viernes lo despedí a mi marido y me aseguré de tener hielo y un espumante en el freezer, hasta la noche se enfriaría lo suficiente; cuando a los pocos minutos sonó el timbre me pregunté quién podría ser y, al abrir, darme con la sorpresa de tener en frente a Jeremías y Ramón portando una botella de buen whiski; en lugar del común saludo de beso en la mejilla entraron cerrando la puerta tomándome como si fuera el queso del emparedado, el patrón por delante y el empleado por detrás, sentía dos pares de labios, uno en la boca y otro en el cuello bajo la nuca, dos pares de manos, uno en las nalgas y otro en las tetas, dos miembros duros, uno empujando mi sexo y el otro alojado entre las nalgas forzadamente separadas. A mi espalda sonó la voz.

    -“Casi dos semanas esperando este momento mamita”.

    El tenor del saludo era consecuencia de lo sucedido durante la reunión de matrimonios en que Beatriz y yo habíamos acusado el impacto de la conversación, y eso originó una cierta sospecha en mi marido. La culpa y un poco de temor me habían llevado a evitar un nuevo encuentro con cualquiera, pero ahora la añoranza y el deseo causaron mi claudicación.

    Estaba en medio del ataque en dos frentes cuando, así apretada, me llevaron hasta el sofá; Ramón se sentó quedando yo en sus faldas y sacándome el vestido, el otro se encargó de dejarme sin biquini; evidentemente mi atacante trasero había sacado su miembro mientras estábamos parados, porque ahora, sentada en sus faldas dándole la espalda, sentía un cilindro de carne rondando mi entrepierna y no era Jeremías, totalmente dedicado a aplicarme crema en el culito, por lo cual supe lo que se avecinaba.

    La confirmación se produjo segundos después, mirando desnudarse al que había lubricado sentí el ingreso de una pija y la distención del esfínter; cerré los ojos concentrándome en la sensación de la empalada cuando, en la vagina, entró la otra; seguro que para ellos era costumbre porque el que me enculaba dijo.

    -“¿Alternados o simultáneos?”

    -“Primero alternados”.

    El significado de esas palabras algo enigmáticas, se me hizo entendible cuando una voz dirigía el movimiento haciendo que el ingreso de uno supusiera la salida del otro; pero la sensación de plenitud maravillosa la tuve cuando cambiaron a , donde ambos entraban juntos y, al unísono, salían. Cuando estos perversos complotados me echaron semen por los dos lados me había corrido ya dos veces, y eso porque mientras me taladraban uno retorcía mis tetas y el otro atormentaba mi clítoris.

    El insistente pedido de siguiéramos la farra en el dormitorio matrimonial, usando la cama que ocupábamos David y yo, no lo acepté y tampoco que se quedaran a dormir; creo no exagerar si digo que esa noche terminaron secos los dos.

    El sábado a media mañana me llamó Aníbal.

    -“Hola Marcia, espero no interrumpir alguna reunión”.

    -“Seguro que no, porque estoy sola”.

    -“Entonces la reunión de ayer, a la que me habían invitado, no fue para todo el fin de semana”.

    -“Eso pretendían, pero no era conveniente, David regresa mañana antes del mediodía y debo repasar bien todo, no sea que algo se me escape en la limpieza”.

    -“¿Podré ir a verte?”

    -“Te espero”.

    Media hora después lo tenía ante mi puerta, con la mirada de quien se alegra de verte. Su saludo fue expresivamente afectuoso y recién después de tener a sus espaldas la puerta cerrada dio cauce a la pasión; sus besos y caricias en nada se asemejaban al proceder de sus compañeros, mostraba deseo de posesión no solo carnal sino de la persona toda, completa, sin dejar nada afuera, y eso me trastornó; tomándolo de la mano lo arrastré al sillón, le bajé el pantalón descubriendo el enorme miembro rígido y, a caballo de sus muslos, hice a un costado mi biquini para ensartarme totalmente.

    Después de gozar varias veces como una yegua tomé conciencia de mi situación y, despidiéndolo, me dediqué a ordenar la casa. Fin de tristeza y reincidencia.

    Narración de David.

    Acerca de quién podía ser el macho que se sacaba las ganas con mi mujer, hice un ejercicio muy común para acercarme a su identidad, y el procedimiento era contestar una sencilla pregunta ¿qué sucede ahora que tres meses atrás no sucedía? La tarea, anotando las diferencias que surgían de la evocación, me llevaron en veinte minutos a la aparición de Jeremías Sotelo como cliente; a ese personaje prestaría especial atención.

    Algo llamativo era que, a pesar de haber redoblado la atención sobre cualquier aspecto que diera pie para pensar en una relación paralela, ella no recibiera llamadas telefónicas sospechosas, o consultara su celular atenta a mensajes en frecuencia desusada, pero podía ser que ambos fueran muy precavidos.

    El día viernes inicié mi supuesta salida de pesca cuando en verdad fui a un hotel cercano, donde ya había probado la conexión de mi portátil a las cámaras instaladas en casa; habiendo partido a las siete, veinte minutos después estaba ubicado y controlando mi hogar mediante el ordenador; mi suposición era que la acción se iniciaría después de cena, pero se ve que el grado de calentura de los involucrados era tal alto que mi apreciación fue errada, pues siete y media ya entraban a casa, no uno sino, dos varones.

    A pesar de sentir como si un hierro al rojo entrara en mi estómago tuve que reconocer que esos tipos le habían dado una cogida monumental a mi esposa a solo veinte minutos de haberme alejado del hogar. La presencia del cuarto actor, el día siguiente, solo corroboró que esta situación no tenía retorno.

    La firme decisión de Marcia, oponiéndose al uso del dormitorio y cama matrimonial, me hizo cambiar un aspecto importante de la venganza; en lugar de provocarle un daño permanente, le iba a causar un problema transitorio, y en esa modificación también influyó el reflexionar sobre mi pasado, cuando después de cometer un error de cierta importancia, del cual estaba arrepentido, rogaba por una nueva oportunidad; si así somos los humanos es porque una deuda debe poder pagarse, y una vez pagada tiene que haber alguna posibilidad de reconstruirse, aunque queden secuelas de lo vivido.

    Después de constatar fehacientemente la existencia de mis poderosos cuernos y además lo irreversible de esa triste situación me quedaba una pequeña, y en cierto modo intrascendente, incógnita ¿cuánto tiempo llevé, sin saberlo, adornos en la cabeza?

    Esa interrogación fue lo que me llevó a continuar con la pantomima de usar la fotocopiadora en el despacho de Marcia, quizá allí estuviera la respuesta que buscaba. Así que el sábado fui solo, la instalación prevista ahora era superflua; instalado en su escritorio busqué tranquilo en su ordenador, recordando sus palabras de no usar clave alguna; encontrados algunos emails entre ambos, lo único fuera de lo común eran expresiones deseando volver a verse, en las que él recordaba su pedido de no usar pantalones. Esos intercambios databan de unos dos meses y medio atrás.

    Continuando la pesquisa llegué a una carpeta identificada como Jer, allí había nada más que tres archivos.

    El primero muestra a mi mujer sentada en un sillón individual con la blusa abierta, el sostén corrido, una teta al aire, la otra siendo estrujada por una mano que deja aparecer el pezón entre los dedos, que más parecen garras; por si la imagen fuera poco sugerente, se ven dos caras de perfil, unidas por los labios, que corresponden a Marcia y su cliente-macho; pero hay más, pues la posición de ella responde a quien se encuentra frente al ginecólogo, ya que las corvas de las rodillas están sobre los apoyabrazos mientras sus manos separan los labios vulvares totalmente a la vista con la biquini corrida a un costado. Si alguien quisiera saber dónde ocurre eso solo tendría que averiguar cuál es la dependencia que tiene el hermoso cuadro que se divisa sobre la cabeza del hombre que, inclinado, besa a la hembra.

    El segundo es un corto video que data de unos minutos después de la foto anterior. Ella está despatarrada en un sillón grande, los ojos cerrados, la cabeza ladeada hacia un costado, con un líquido blancuzco que le sale de la comisura ubicada más abajo; su única vestimenta es la falda arrollada en la cintura, las nalgas en el borde del asiento y las piernas abiertas mostrando el brillo del flujo que empapaba el vello pubiano. Por supuesto yo hervía por dentro al ver que la misma boca, que me transmitía amor y pasión al besarme, ahora chorreaba semen ajeno en postura de abandono.

    El tercero, también un video de corta duración, sin duda estaba tomado en el estudio, pues el enfoque desde arriba muestra un primer plano de la cara de Marcia mamando el miembro que agarraba como si fuera de su propiedad, también mostraba que ella se encontraba de rodillas sobre los cerámicos grises y rugosos del piso conocido por mí.

    La venganza ya estaba decidida, tenía elegido qué iba a hacer, y cuanto daño quería provocar; solo debía ajustar algunos detalles y esperar que se diera la oportunidad con la llegada de un nuevo enfermo; mi profesión, desempeñada en el hospital público dedicado en especial a los infecto contagiosos, me daba una oportunidad inmejorable; no le iba a inyectar sangre de un sidoso haciéndola cargar con un problema para toda la vida, sino la de un sifilítico, problema con rápida solución desde el punto de vista orgánico, aunque anímicamente fuera de alto impacto para ellos y también para el círculo íntimo familiar.

    Llegado el momento ninguna complicación me llevó dormirla profundamente con una droga en la comida y luego en una vena del cuello inyectarle cuarto centímetro cúbico de la sangre que llevaba preparada. Lógicamente el recuerdo de este proceder mío lo sepulté tan profundamente como pude.

    Tres semanas después se quejó de algún dolor de cabeza y una cierta inflamación de los ganglios bajo el maxilar inferior; lógicamente le dije que lo más sensato era un simple análisis de sangre; como en este estudio no quería tener intervención pues, ante el resultado, ella podía alegar que yo estaba inventando para perjudicarla, le dije que en nuestro laboratorio estábamos haciendo los exámenes periódicos de una empresa por lo cual convenía que se hiciera los estudios con un colega de reconocido prestigio.

    Cuando se hizo la extracción de sangre y en qué momento retiró los resultados fueron datos que mantuvo en reserva; algo totalmente esperable, pues resulta extremadamente difícil que una esposa le cuente al marido, el cual lleva cerca de tres meses usando preservativo, que está contagiada de sífilis. Con los tres que había mantenido relaciones la cosa tampoco resultaba fácil, pues seguramente abundarían las acusaciones cruzadas sobre quién había iniciado el contagio, y quizá la trasmisión abarcara a alguien de las respectivas familias. En resumen, un maravilloso quilombo del que yo solo era espectador.

    Días después de que Marcia acusara los malestares se produjo un hecho auspicioso, el Consejo Publicitario, órgano de nivel nacional que agrupa a las agencias del rubro, le otorgó a las cuatro socias un premio a la creatividad por un producto preparado para la empresa de Sotelo; eso fue motivo para organizar una cena de festejo que por supuesto incluía a Jeremías y su esposa Marta, a quien ya conocíamos; en realidad ella era la poseedora de la parte más grande del paquete accionario del grupo de empresas que heredara de su padre, aunque había delegado en su esposo el manejo ejecutivo.

    En la reunión me ubiqué al lado de Marta, facilitando que el marido se sentara al lado de mi mujer; era una manera de tentarlos a ambos pues el morbo de lo prohibido resulta tan atrayente que muy pocos permanecen insensibles si se les presenta la oportunidad; terminados los postres veo que el galán, con el celular en la mano, le dice a mi señora que se acerque para ver la pantalla, eso afirmó mi convicción de que iban a caer en el lazo y así sucedió.

    En ese momento Raúl, el esposo de Beatriz comentó que esa tarde había oficiado de bombero, pues a una señora estacionada frente a uno de sus locales, se le había prendido fuego el motor y la ayudó usando el matafuegos del negocio; luego siguieron las bromas y cuentos sobre el tema cuando veo que mi esposa, con la cabeza en dirección al teléfono que le mostraban, cierra los ojos teniendo los puños apretados mientras el brazo del empresario estaba cruzado en dirección a su falda, y entonces la bronca guio mis palabras.

    -“Aprovechando que Jeremías tiene a Marcia al borde del orgasmo, acariciándola por bajo el mantel, y siguiendo con el tema roles, debo reconocer que lamentablemente es así, a veces la vida nos lleva a desempeñar un rol que ni siquiera soñamos, tomemos dos ejemplos cercanos; yo, desde hace unos meses y con mucho dolor, estoy fungiendo como cornudo pues ellos dos son amantes, pero como nada es gratis, ahora él está en el papel de portador del treponema pallidum, en otras palabras es sifilítico, igual suerte deben haber corrido los dos gerentes a los que él, como si fuera dueño de la puta, les permitió gozar sin costo. Marta ¿ya te mostró la úlcera que debe tener en el pene? Te sugiero hacerte los estudios de sangre si no están usando preservativo”.

    El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo, la esposa engañada, después de mirarme fijamente mientras palidecía, dejó sobre la mesa cubiertos, servilleta y, sin pronunciar palabra, salió; el afectado, que estaba como paralizado, hizo lo mismo cuando el sonido de la puerta al cerrarse lo trajo a la conciencia. Mi mujer también se levantó y en ese momento le advertí.

    -“Ni te molestes en ir a casa, no vas a poder entrar porque en estos momentos ya debe estar cambiada la cerradura, déjame mensaje en el teléfono dónde querés que envíe tus cosas”.

    Lógicamente, la onda expansiva de la bomba, dio lugar a varias consecuencias, dos divorcios, el despido del reputado empresario, una agencia con solo tres socias y el enojo de los tres maridos para conmigo, pues me achacaban desconsideración hacia el dueño de casa al haber hecho terminar de reunión de manera escandalosa. Ignoro que habrá sido de la vida de los otros dos que gozaron de mi esposa.

    Dejando que unas semanas calmaran las aguas lo busqué a Raúl y le pedí disculpas pues en algo tenía razón, de todos modos, entendió que quienes primero no respetaron su casa fueron los amantes, y que ese comportamiento fue el causante de mi bronca. Ya calmado este amigo me preguntó cómo era posible que tan súbitamente hubiera salido a flote el asunto si en realidad los amantes ya llevaban un cierto tiempo de relación.

    -“La primera sensación de portar cuernos fue en esa reunión donde largaste la frase ambigua que cayó mal y te disculpaste; pero tu esposa reaccionó como diciéndote , a lo cual se agregó que mi mujer palideció y empezó a temblar como el que acaba de ser descubierto en falta”.

    -“Qué raro que mi esposa no me haya hecho algún comentario”.

    -“De ella debo pensar bien porque sé cómo es, quizá tuvo la esperanza de que cambiara. Sigo la respuesta, por supuesto que el lapso hasta que terminó la reunión alterné mi atención entre las dos, Beatriz solo me miraba cuando yo dirigía la vista a Marcia y cuando volvía hacia ella la retiraba; en cambio mi mujer en ningún momento se atrevió levantar la cabeza y no recuperó el aplomo hasta el día siguiente, con decirte que esa noche durmió a los saltos”.

    -“Y qué hiciste”.

    -“Lógicamente redoble la vigilancia y además hice instalar cámaras en casa, no solo para ver sino también para oír; cuando confirmé la existencia de la relación me di cuenta también que el susto por lo sucedido en la reunión había durado poco; los encuentros de los amantes se repitieron más de diez días, ahí resolví terminar y, mientras pensaba cómo hacerlo, ella empezó con los síntomas propios de una infección, por lo cual la mandé a un colega de prestigio; yo con la bronca que tenía iba a ser un deficiente profesional, así que no era conveniente mi intervención; seguramente ella debe hacer retirado los resultados pero nada me dijo, por eso el bioquímico que había realizado el estudio, extrañado que yo no diera señales de vida ante lo descubierto, me llamó para decirme lo encontrado y la necesidad de ver también mi sangre, pues en Marcia había una infección de transmisión sexual”.

    -“Por Dios, qué macana”

    -“La llamada diciendo que yo estaba limpio me llegó horas antes de la última comida que terminó escandalosamente; resultado nada raro pues hacía más de dos meses que yo usaba preservativo para que ella descansara de las pastillas. En resumen, tenía buenos cuernos, pero no solo eso, sino cuernos enfermos. La metida de mano en la mesa fue la gota que rebalsó el vaso, de por sí, demasiado cargado”.

    Hoy nuevamente estoy integrado al grupo que alivia mi soledad, mientras las tres mujeres han hecho una apuesta sobre quien de ellas tiene mayor capacidad oficiando de celestina. El tiempo dirá.

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  • Muy ávida de pija

    Muy ávida de pija

    Mi nombre es Belén y soy una putita incorregible, cada día estoy dispuesta a nuevas experiencias y esta es la historia de una de ellas.

    Joel es un amigo con el que cogemos seguido, amigo con derecho, jaja, me coge muy apasionadamente, como a mí me gusta, se pasa mucho tiempo lamiendo mi conchita, mi culo, sabe cómo sacar mi costado más caliente y yo sé cómo sacarle hasta su última gota de leche y dejarlo exhausto.

    Una vez charlando, después de un hermoso polvo, le dije que me estaba gustando la idea de tener muchos hombres para mí y que quería sentir la locura de tener muchas vergas para satisfacerme sin parar…

    Joel se lo tomó en serio y me propuso juntar algunos amigos en su departamento.

    Pero yo, con mi bendito morbo, le propuse dar una vuelta de tuerca al encuentro, que ellos no sepan a que vendrían, que me dejase a mí calentarlos y armar la fiesta, quería ver sus reacciones.

    A Joel le encantó la idea y me dijo que los iba a invitar a jugar a la Play como solían hacer siempre.

    El juego estaba armado, solo quedaba disfrutarlo.

    Ellos se reunieron a las seis y yo me aparecí a las siete, con un vestido negro corto que dejaba apreciar mi apetitoso culo , un generoso escote que apenas contenía mi generosa delantera, una minúscula tanga blanca y sin corpiño para que todos puedan apreciar mis duros pezones excitados. Quería volverlos locos al mirarme, que desearan poseerme, que se fueran calentando hasta que todo estalle.

    Joel salió a abrirme y allí estaban los chicos en el living; Juan, Marcos, Rafa, Alberto, Luis, Pablo, Roberto, José, Edu y Javier… Todos entre 20 y 22 años… al verlos un golpe de calor (va, ¡de calentura!) me invadió pensando en la energía sexual que esos pendejos calentones desparramarían sobre mí.

    Ellos quedaron con la boca abierta, tímidos, se acercaron a saludarme y se los notaba nerviosos y calientes, Joel me presentó como una amiga que había invitado a jugar también.

    Tener a 11 machos calentones para mi me hacía hervir de calentura…y cuando me pasa eso soy capaz de cualquier cosa…

    Joel trajo unas cervezas Rafa y Luis jugaban en la consola y yo me senté entre los chicos que no estaban jugando, el que no me miraba las tetas, miraba mis piernas y no me quiero imaginar cómo abran mirado mi culo cuando me sentaba… yo charlaba muy desinhibida, y los chicos medio tartamudeaban, se los notaba con poca experiencia y eso me calentaba mucho… esa tarde sería su maestra…

    Demás está decirles que me convertí en un instante en el centro de atención, Joel me miraba y sonreía cómplice, a los chicos se los notaba excitados, sus bultos eran indisimulables… en un momento abrí un poco las piernas y mi corta falda dejó ver mi conchita entangada a los que tenía enfrente… enmudecieron… sus bultos en los pantalones estaban al máximo y ninguno intentaba disimularlo, ahora debía mostrarme a los que estaban al lado mío, me levanté para servirme más cerveza de la mesita ratona, me agaché y mientras lo hacía noté como se levantaba mi corta falda dejando mi culo solo cubierto con un hilito dental el silencio se adueñó de los muchachos… el golpe había sido mortal.

    Volví a mi lugar y los muchachos se me acercaron aún más, los que jugaban a la Play dejaron de hacerlo y se nos sumaron. Sus cuerpos rozaban el mío y yo los tocaba todo el tiempo, los tenía en un puño y estallarían en cuanto yo quisiera… ¡y ya estaba queriendo!

    En la charla comenté que estaba un poco dolorida de los hombros, enseguida Marcos se ofreció para unos masajitos, Sus firmes manos comenzaron su trabajo en mis hombros mientras yo ponía mi mejor cara de puta y suspiraba…

    Pablo era un poco más lanzado que los demás y propuso masajearme las piernas… una estupidez total si lo ponemos en otro contexto, pero con la calentura que circulaba en el ambiente lo dejé para ver hasta donde se animaba, puso una mano en mi rodilla e inclinado sobre mi comenzó un suave masaje, Edu estaba sentado junto a mí, del otro lado, mirando, sin poder creer lo que estaba pasando. Lo animé a que hiciese lo mismo con mi otra pierna…

    Marcos seguía en mis hombros por detrás de sofá, el respaldo no era muy alto y podía sentir como rozaba su pija por mi espalda, como descuidadamente, y lo que podía sentir era algo descomunal…ese chico portaba algo impresionante…

    Sus manos bajaban hacia mis pechos cada vez más, con la excusa de trabajar más cómodo bajó los breteles de mi vestido que se fue corriendo hacia abajo dejando mis pezones al borde de salir afuera.

    Los demás miraban atentamente lo que estaba sucediendo, se notaba sus bultos en los pantalones, mi boca había quedado muy cerca de la oreja de Pablo y cuando este subió un poco la mano dejé escapar un leve suspiro en su oído… la subió un poco más, dejándola muy cerquita de mi concha, que había comenzado a mojarse mucho… Marcos había convertido su masaje en caricias llegando hasta mis pechos, acariciando todo lo que había quedado fuera del vestido esta vez les susurré a mis masajistas que siguieran y muy obedientes Pablo y Edu llegaban a mi concha mojada frotándola por arriba de la tanga, mientras que Marcos dejaba caer mi vestido y se prendía de mis pezones amasándolos fuertemente.

    El resto de los chicos, con los pantalones bajos, jalaban sus pijas y se me acercaban. Todos se desnudaron mientras sentí bajar el cierre de mi vestido, en segundos sus hábiles manos me sacaron toda la ropa, sus manos hurgaban todo mi cuerpo, sus dedos entraban en todas mis cavidades… no tardé en estallar en un fuerte orgasmo y esto entusiasmó más a los chicos.

    Me arrodillé en el sillón y comencé a chupar sus pijas, una a una, comenzando por el tremendo vergón de Marcos… más de 20 cm de pija que no lograba meterme en la boca.

    Todos se pajeaban y yo metía una pija en mi boca y luego cambiaba por otra… todas lustrosas por mi saliva… esto era la gloria y recién comenzaba.

    Siento una lengua lamer mi culo de forma conocida… era Joel, goloso de mi culo que me estaba haciendo gozar como él sabía.

    Senté a Marcos en el sofá, sabía que había un lugar donde esa tremenda verga iba a entrar… le agarré la cabeza con la mano y poniéndome sobre el me dejé caer… sentir esa verga abriendo de golpe mis entrañas me excitó al máximo y acabé nuevamente muy fuertemente, mojando las piernas de Marcos.

    Aprovechando la excitación y la excesiva lubricación Joel se acomodó atrás y me enterró su hermosa pija en el culo, si bien no era tan grande como la de Marcos era mi querida pija que sabía cogerme tan bien…

    El resto de los chicos se pajeaban a nuestro alrededor y yo aprovechaba para ayudarlos y lamerlos…

    Joel no aguantó más y llenó mi culo de una cantidad enorme de leche… toda la que su gran calentura había producido.

    Joel salió y dejó su lugar a Juan que entró en mi culo sin problemas… super lubricado y enlechado como estaba.

    La verga de Marcos palpitaba dentro de mi concha y también descargó toda su leche caliente en mi interior.

    Un par de chicos acabaron en mi espalda y Juan, llegando a su clímax la sacó y también acabó en mi espalda.

    Salí encima de Marcos y me puse boca arriba. Esta vez fue Pablo quien me la metió por la concha, mientras el resto comenzaba a acabar sobre mis tetas… el fuerte olor a semen me embriagaba, en medio de ese éxtasis volví a acabar.

    Los chicos, jóvenes y muy excitados, se reponían muy rápidamente, se iban cambiando para cogerme a su antojo, las pijas se iban turnando también en mi boca, mi concha, mis tetas, mi cara se iban llenando de leche, verme enchastrada calentaba más aun a los muchachos que seguían dándome sin parar.

    En ese momento, y envalentonado por la calentura y la situación Juan sugirió que le gustaría chuparme la concha y tomarse la leche que salía de ella.

    Accedí inmediatamente, fue muy valiente Juan al confesar su bisexualidad evidente frente a sus amigos.

    Juan comenzó a lamerme la concha, tomándose la leche que salía de ella mezclada con los jugos de un hermoso orgasmo que le acababa de regalar.

    Ahí les sugerí que alguien le dé su pija para chupar a Juan, que disfrute también el de un hermoso lechazo en su boca. Ninguno se animaba pese a todos los buenos argumentos de disfrutar la bisexualidad que les di.

    Entonces fue Joel quien se animó, Joel, mi amigo y mi amante, siempre ávido a una experiencia nueva.

    Este ofreció su pija a Juan y yo le dije que lo haga pensando en cómo le gusta que se la chupen a él. Esta fórmula es infalible y es el tesoro de los que se animan a la bisexualidad.

    Juan lamió la pija de Joel, desde los huevos hasta su cabeza, luego envolvió su cabeza con los labios y de apoco comenzó a engullirla para sacarla y volver a tragarla nuevamente.

    Como premio para Joel me acerqué para chupársela junto a Juan. Entre los dos le dimos una tremenda mamada hasta que Joel acabó en nuestras bocas y besándonos con Juan, compartimos nuestro preciado tesoro.

    Los chicos volvieron a cogerme y a enlecharme hasta que la cosa se fue calmando a medida que fueron quedando exhaustos…

    Ya era noche tarde, ellos se fueron yendo de a uno y yo fui directo a la ducha… en mi vida había tenido tanta leche sobre mi cuerpo y brotando de todos mis agujeros…

    Con alguno de los chicos volvimos a vernos, alguna enfiestada, algún trío en especial uno que tuvimos con Joel y Juan donde pasó de todo… incluso entre ellos, pero esto es ya otra historia.

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