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  • El amor de Andrea: Cuentos del manual de la masturbación (3)

    El amor de Andrea: Cuentos del manual de la masturbación (3)

    Fue una mañana de otoño cuando se conocieron. Estaban en el gimnasio, en la misma clase de pilates. Para Andrea era su primer día y estaba algo nerviosa (nunca había ido a un gimnasio, ya que le gustaba más hacer deporte al aire libre).

    Entró en la clase sigilosa, intentando que nadie se fijara en ella y se colocó en el número 4 (su reserva de sitio). Cuando estaba a punto de comenzar la clase entró una mujer muy acelerada, saludando amigablemente a varias personas allí. Andrea no pudo evitar mirar y quedó impresionada al verla, poniéndose muy nerviosa al darse cuenta de que se estaba excitando mirando ese culo, esas piernas y esas tetas bajo esa camiseta de tirantes negra. Ufff “Deja de mirar y concéntrate Andrea” se dijo a sí misma.

    Tras acabar la clase, donde Andrea no dio ni una, pues no podía concentrarse, se fue al vestuario con la intención de salir cuando antes de allí. Al entrar, allí estaba ella, desnuda, cambiándose de ropa. Andrea comenzó a sentir un intenso calor, y no sabía dónde colocarse. Ella la miró y sonriendo dijo “soy Lucía, tranquila”

    Andrea no paraba de mirar ese cuerpo desnudo, no escuchaba nada más que un latido intenso que venía de sí misma. Lucía la miraba también, y acercándose la tocó en el brazo, preguntándole si se encontraba bien. Ese roce, como un corrientazo recorrió el cuerpo de Andrea, que sin saber muy bien lo que hacía, la besó en los labios. Lucía notó esos labios en los suyos y se aceleró, de tal manera que empezó a comerle los morros de forma impulsiva y animal. Agarrándola de la mano se metieron en una ducha. Lucia desvistió a Andrea mientras la besaba y ésta notaba que se corría de placer. Ambas desnudas se besaron cada poro de la piel, se masturbaron mutuamente y gimiendo al unísono llegaron al orgasmo.

    Esa misma tarde se fueron juntas a casa de Andrea con idea de cenar juntas. Al entrar en la casa ambas se abrazaron y ese mínimo contacto provocó que se desearan de nuevo y sin poder ni querer contenerse, comenzaron a acariciarse despacio, con caricias suaves, hasta que Andrea la besó en los labios. Fue entonces cuando Lucía perdió el control y comenzó a besarla con pasión. Una intensa tensión comenzó a recorrer todo su cuerpo y metiendo la mano por debajo de la ropa de Andrea notó sus pezones erectos bajo el sujetador de encaje. La tensión se trasladó a su sexo, y se sintió empapada y con el clítoris tan erecto que casi le dolía.

    Estaba a punto de llegar al clímax sólo con tocar a esa mujer, una completa desconocida hacía unas horas. Andrea comenzó a desvestirla con ansía, quería devorarla, comer su coño y saborear cada fluido. Se tumbaron en el sofá del salón. Ambas se deseaban, muy excitadas, rozando sus cuerpos con movimientos rítmicos, jadeantes y Lucía, gimiendo de placer, nota cómo todo su cuerpo late.

    Andrea chupa su coño, lame su clítoris erecto, la desea y se lo dice entre jadeos, mientras Lucía se corre nuevamente en su boca, completamente descontrolada tiene un squirt brutal y presa de lujuria besa a Andrea, sus lenguas se entrelazan, besa sus tetas y recorre con su lengua sus erectos pezones mientras escucha la respiración entrecortada de su amada.

    Baja con su boca hasta el pubis, chupa su vulva, masajea su clítoris con sus labios, mientras con un dedo recorre todo su sexo húmedo, chorreante de fluidos. Comienza a follarla con dos de sus dedos que entran y salen con pericia (¡ella sabe que eso le encanta!). Andrea gime y pide más, mientras se arquea y disfruta su orgasmo…, ese que llevaba meses deseando tener.

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  • Confesiones de una mujer casada (1)

    Confesiones de una mujer casada (1)

    Buenas a todos los que van a leer mi relato mi nombre es Diego estoy casado con Lucia Teresa una hermosa mujer, delgada de buenos pechos y un trasero bastante provocativo. De 1.60 de alta, ojos negros grandes. Cabello castaño largo, su forma de ser es coqueta, alegre, rumbera. ya llevábamos casi cinco años de casados.

    Todo comenzó con el paso de los días éramos muy activos sexualmente y nos gustaba ver películas porno, fantaseábamos viéndolas, comentando que nos gustaría, en varias oportunidades que veíamos tríos de dos hombres y una mujer ella se excitaba imaginándose a ella en esas, entonces eso calentaba más el ambiente y yo le preguntaba si ella lo haría y me contestaba que si y yo la incitaba a hacerlo y terminábamos en un orgasmo extraordinario.

    Resulta que para un cumpleaños de ella nos fuimos a celebrárselo los dos a un sitio de rumba que esa noche ella era la reina y que quería complacerla en lo que quisiera, el sitio queda en las afueras de la ciudad de nombre aguapanelas es una estructura grande en madera y muy concurrida, usan disjokeys y animadores para alentar y animar a la gente a bailar. Es así como llegamos nos hicimos en la barra porque las mesas todas estaban ocupadas por grupos grandes, pedimos ron y agua, bailamos varios discos, y la bulla empezó, haciéndonos gritar bailar con más alegría y empezaron con el cambio de pareja.

    Note como ella miraba mucho a una mesa en donde habían varios caballeros y en varias oportunidades la vi sonriendo muy coquetamente, ella trataba de disimular, pero era evidente que le gustaba a alguien de esa mesa, no me disgusto al contrario deje que las cosas pasaran. Volvimos a bailar y hubo intercambio nuevamente de parejas y ella busco a uno de los caballeros de la mesa a mi me toco una morena preciosa y muy buena bailarina. Volvimos a cambiar todos pero mi mujer seguía con el mismo.

    La ronda de música paro unos minutos y ella recostada contra una viga de madera seguía hablando con el caballero, él la tenía abrazada de la espalda y ella también, y su otra mano agarradas ella se suelta para acomodarse la blusa y vuelve a agarrarle la mano, se sonríen bastante luego veo que ella lo vuelve a soltar la mano y esta vez coloca su brazo en su pecho y luego lo abraza ya con los dos brazos alrededor de su cintura hay estuvieron cerca de 10 minutos que fue el receso de la orquesta, volvió la música y mi mujer se bailó toda la tanda con aquel, salsa, merengues, cumbias y el vallenato que fue en donde la vi muy pegadita como decimos acá en Colombia amacizados.

    Fui al baño y cuando regrese no los veía, salí a la calle a fumarme un cigarrillo, al regresar la vi salir del baño se me acerco muy contenta y bailando.

    -Hola como estas hace rato no te veía.

    Le digo, se sonríe y me abraza.

    -hay que cansancio papi, me dice.

    -Bien preciosa ¿te estas divirtiendo?

    -Si papi todo muy rico.

    -Ha que bien a eso te traje mi amor, a que te diviertas.

    Nos dimos un beso y se toma el trago de su copa.

    Vuelve la música a sonar pero esta vez resulta que es otros de los caballeros quien se acerca a sacar a mi mujer a bailar ella accede levantándose de la butaca y van a la pista perdiéndose en el tumulto. La veo caminar moviendo sus caderas en su vestido apretado y de minifalda intermitentemente mi mujer se pierde en el tumulto, es bajita bailan varias piezas la veo muy sonriente y conversadora al final está sonando un vallenato romántico, alcanzando a ver como ella le acaricia el cuello y sus mejillas se rozan y él la aprieta contra él. Se sueltan de la mano y se abrazan.

    La música continua varios discos bailan y al terminar la ronda en un vallenato la pista se despeja los veo besándose. El otro caballero se les acerca, salen de la pista a un costado, mi mujer sigue abrazada por la espalda mientras escuchan lo que el otro les dice, veo a lucia sonriendo y moviendo la cabeza de arriba a abajo como afirmando algo, ella lo besa prolongadamente y se suelta, mirándome como si estuviera cogiendo fuerza para algo. Veo que su pecho se expande y comienza a caminar hacia mí.

    Le sirvo un trago se lo ofrezco y de una se lo toma. Me pide otro se lo sirvo.

    -¿qué pasa mami algún problema?

    -No papi todo lo contrario. Guau que calor está haciendo.

    Se ventiló moviendo la blusa y tocándose la piel con el dedo índice y pulgar.

    -Papi tú me dijiste que hoy me podía divertir como yo quisiera

    -Si claro

    -Espero y no te vayas a enojar esto lo hemos hablado mucho en la cama fantaseando y hoy quiero que esa fantasía se haga realidad.

    -¿Como así mami que me estas queriendo decir?

    -Ariel y Gustavo me están invitando a su apartamento y yo me voy a ir con ellos.

    -¿Pero si vinimos los dos a celebrarte tu cumpleaños y me vas a dejar acá botado? Por irse con esos tipos.

    -Si y espero no vayas armar tremendo lio acá por favor compórtate, que solo voy a tomarme unos hijueputas tragos y… a tener relaciones sexuales. Recuerda marica cuando estamos en plena faena sexual y tú me autorizas a hacerlo o es que se te olvidó

    -Si claro que me acuerdo pero no era lo pensado para hoy.

    Mientras tanto ella se estaba alistando agarro su cartera.

    -pues papi de malas. Nos vemos mañana en la casa.

    Y así salió de la taberna abrazada de los dos caballeros quienes se iban a dar un banquete de sexo con mi esposa, dejándome dos sentimientos encontrados, rabia y una especie de corriente que sentía en mi estómago. No quise detenerla, no quise humillarme, calladamente me tomé los dos últimos tragos de la botella y pedí que me pidieran un taxi, para irme a la casa, mi hija no estaba se había quedado donde la tía.

    Me desvestí metiéndome a la ducha para refrescarme, pensando e imaginándome a mi mujer desnuda, teniendo sexo oral, con los dos cogiéndola tal y como en las películas xxx. Apague las luces, me acosté y me masturbe por varios minutos, no podía dejar de pensar en Lucia, ella sola con dos completos desconocidos, así como si nada, como tan normal para ella, como quien dice no hay problema.

    Por fin pude dormirme, al despertarme eran las 11 de la mañana y Lucia no había llegado. Me levanté me vestí y me fui por la niña. Al regresar Lucia nada que llegaba. Ya me estaba preocupando, le marque al celular y no me contestaba. Al fin a las 8 de la noche llego, con su típica sonrisa, Pamela sale a saludarla.

    -Hola mi niña hermosa.

    Lucia la levanta en sus brazos, Pamela estaba muy pequeña todavía de tres añitos. Me les acerco besándola y abrazándola.

    -Estaba preocupado mami no llegabas y mil cosas me imaginaba.

    -Ahí papi discúlpame pero se me descargo el celular y no lleve el cargador.

    -¿y cómo te fue?

    Lucia bajo al piso a la niña quien siguió jugando con sus muñecas, caminamos a la cocina y al parar ella se voltea y me dice al oído:

    -Papi…. pasé una noche espectacular, tuve muchos orgasmos.

    Nos besamos apasionadamente la levante sobre el mesón.

    -¿Entonces te gusto?

    -¿Gustarme? No ¡Me encantó! Papi fue una noche inolvidable, el estar en ese apartamento totalmente desnuda con esos dos caballeros desconocidos me excitaba tanto que deje que las cosas se dieran, me colocaron en todas las poses, sentir sus vergas entrando y saliendo de mi cuerpo, sintiendo rozar mis paredes vaginales y anales y déjame agregar que bien dotados si estaban, fueron más de 4 horas de placer infinito, mu cuerpo temblaba con cada follada, sentirlas entrar y salir dentro de mí fue la experiencia más excitante de mi vida.

    Yo estaba que volaba escuchándola, mi verga estaba tan dura que me dolía y ahí en la cocina tuvimos sexo desenfrenado terminando en un orgasmo múltiple entre los dos.

    Lucia estaba súper cansada apenas comió un sándwich que le prepare y se quedó dormida.

    Yo ya estaba tranquilo mi mujer estaba en casa descansando. Pero lo bueno venia al otro día cuando Lucia me confiesa muchas cosas que no tenía ni idea.

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  • Dejé preñada a mi tía la primera vez que lo hicimos

    Dejé preñada a mi tía la primera vez que lo hicimos

    Todo empezó estando yo cursando mis estudios en la universidad y por el tema de distancia me quedaba en casa de mis tíos Ángel y Rosa en su casa de lunes a viernes. Mi tío, hermano mayor de mi madre era camionero y se encontraba de viaje y su esposa (mi tía Rosa) estaba sola en casa con sus hijos que aún eran muy pequeños, tenían 7 y 5 años de edad que puedo decirles, mi tía a sus muy treinta y pocos años estaba como decíamos en esos años para toma pan y moja y era eso lo que llevaba yo tiempo deseando, mojar, para que nos entendamos follarla, pero no sabía cómo tirarle los tejos insinuarme sin que pudiera ofenderse, enfadarse y contárselo a mi tío y entonces se podía liar.

    Yo hacía unos meses que los oía cuando el volvía de algunos de sus viajes por Europa discutir por las noches en la alcoba (habitación). Una de los noches salía del baño y los oí discutir y como mi tía le decía ”siempre igual, siempre estas cansado y no tienes ganas y estoy jarta, cansada”, “algún día cuando vuelvas no vas a poder entrar por la puerta”, refiriéndose a que le iba a poner los cuernos.

    Mi tía intentare describirla es bastante guapa de cara, tiene un bonito cuerpo a pesar de los dos embarazos casi seguidos se podría decir también que está muy buena, vamos más que follable, un hermoso y redondito culo, unas generosas tetas, (pechos) algo descolgados debido a haber amamantado a las dos criaturas, pero que se le pueden apreciar bastante duritas, en fin, que desde hacía tiempo me pajeaba pensando en ella.

    Cuando mi tío estaba de viaje por las noches cuando me iba a la cama, a la habitación que ocupaba y que daba pared con pared con la suya me comían los demonios imaginarme en su cama desnuda sola, la enorme fuerza que tenía que hacer para no levantarme y meterme en su habitación y estar follándola hasta dejarla agotada, pero eso solo eran fantasías, no me atrevía a dar el paso sabiendo que ella estaba falta de sexo y se masturbaba por las noches, la oía y eso me ponía cardiaco teniendo que masturbarme yo también.

    Todo empezó cuando un día al salir de la Uni, (universidad) mi tía me llamo al móvil para decirme que ese día volviera pronto a casa porque tenía que ayudarla a hacer unas tareas (cosas) que no podía ayudarle a hacerlas a mi primito al ser muy pequeño.

    Cada día cuando salía de la universidad con algunos compañeros nos íbamos a un lugar de encuentro de chicos y chicas de nuestra edad y no volvía a casa hasta ya de noche a la hora de la cena y meterme en la cama ya que al día siguiente tenía que madrugar para coger el tren hacia la universidad.

    Yo sabiendo que mi tío estaba de viaje y se encontraba sola me emocioné al pensar que a lo mejor se podía dar esa ocasión que tanto estaba deseando y poder insinuarle lo que llevaba tiempo deseando, de poder estar a solas con mi tía, aunque era consciente que era bastante difícil poder insinuarme a ella sin que se ofendiera, pero porque descartarlo.

    Cuando llegué mi tía me abrió la puerta, andaba vestida de una manera que solo echarle un vistazo (verla) note como la polla (pene) se removía dentro de los pantalones me imaginaba lo placentero que sería poder follármela algún día. Primero mientras ella terminaba algo que estaba haciendo ayude a mi primito con las tareas del cole, él estaba en primaria yo ya estaba en la Universidad estudiando Ingeniería.

    Terminé de ayudarle con la tarea a mi primito, aún recuerdo que era una tarea en inglés y fue por eso que mi tía me llamó porque sabía que yo hablaba bastante bien el inglés.

    Mi tía se quedó hablando conmigo, yo no podía disimular y la vista se me iba sin que pudiera evitarlo a su escote o a sus piernas que por la obertura de la bata se divisaba parte de sus nalgas, ella lo notó y se me acercó y me dijo:

    Ella: ¿Que te pasa? he notado que últimamente no dejas de mirarme las tetas, me miras de una forma muy atrevida.

    Yo: Lo se tita, perdóname, pero es que estas tan guapa y sexy con esa batita que no puedo evitarlo.

    Se empezó acercar a mí, yo no sabía que hacer, mirándome a los ojos tan cerca que sentía su aliento en la cara.

    Ella: Crees que no he notado tus miradas, eso no está bien, soy tu tía.

    Me agarró la cara y me dio un pico (beso), en la boca, yo no podía creer, mi tía me había besado en los labios y eso me envalentonó.

    Yo: Tita, ¿Qué os pasa al tito y a ti que siempre estáis discutiendo?

    Ella: Bueno son coas de matrimonio.

    Yo: Cosa de matrimonio, si amenazaste la otra noche con ponerle los cuernos.

    Se me quedo mirando muy seria unos segundos antes de responder.

    Ella: ¿Y tú como sabes eso?

    Yo: Pues porque os oí discutir y como se lo decías.

    Ella: ¿Es que nos espías?

    Yo: Noo, claro que no tita, fue accidental, esa tarde había bebido unas cervezas y cuando llevaba un rato en la cama me levanté a mear (hacer un pis) y cuando sali del baño os oí discutir y como se lo decías, además de otras coas.

    Entonces mi tía se quedó muy seria mirándome y se le puso la cara triste y los ojos llorosos.

    Ella: Tu tío últimamente está muy raro, cuando vuelve del viaje solo duerme y los ratos que no duerme se va al café con los amigos, vuelve tarde jarto de copas, y se pone a dormir, hace mucho tiempo que ni me mira. Desde que tuve la niña se pueden contar con una mano las veces que hemos hecho el amor (follado).

    Aquellas palabras me dieron pie a que debía aprovechar el momento bajo en el que se encontraba mi tía, podéis pensar que soy un aprovechado, pero era tanto el deseo que sentía hacia ella, tantas las pajas (masturbaciones) que me hacía pensando en poder meterme en su cama y follármela que pensé no debía de dejar pasar ese momento.

    Yo: No puedo creérmelo, ¿estás pensando que mi tío te engaña, que va con otras mujeres?

    Ella: Pues a ver si no, ¿tu estarías tanto tiempo durmiendo con una mujer como yo sin hacer nada?

    Aquella pregunta me cogió de sorpresa y me costó un poco encontrar una respuesta que ella no se ofendiera y se enfadara.

    Yo: No puedo creerlo, ¿qué hombre teniendo una mujer como tu podría pensar en otra mujer? Que jardinero buscaría regar otro jardín teniendo el más bonito, con unas flores tan hermosas. Perdóname tita pero no se explicarlo de otra manera, a lo mejor mis palabras pueden sonar mal, pero yo no podría, regaría ese jardín varias veces cada noche.

    Se me quedo mirando y pensé que me iba a echar la bronca por mi descaro.

    Yo: Noo, noo, quiero decir a la mujer que estuviera conmigo.

    Ella: Jajaja, varias veces, menos lobos caperucita.

    Era una frase que se usa mucho para decir cuando entiendes que la otra persona está exagerando.

    Yo: Porque dices eso tita.

    Ella: Porque los hombres habláis mucho y morís por la boca, a la hora de la verdad, de la mitad sobra otra mitad jajaja.

    Vivió a reírse.

    Yo: Tita, no todos los hombres somos igual, como tampoco son igual todas las mujeres en ese aspecto, algunas se conforman con una sola regada y otras necesitan más de una.

    Ella: ¿Y tú de cual eres?

    Debido al nerviosismo de la conversación no entendí su pregunta.

    Yo: ¿De cual soy qué?

    Ella: Pues de lo que estamos hablando, ¿te has metido en muchos jardines a regar?

    Me pensé la respuesta, la verdad era que no había estado con muchas, pero si con alguna. Me quede pensando la respuesta y ella añadió.

    Ella: Jajaja, Uy si tu tío nos viera por un agujerito y estuviera escuchando la conversación jajaja.

    Yo: Bueno somos dos personas mayores que podemos hablar de todo ¿noo?

    Ella: Yaa, pero no es una conversación muy normal entre tía y sobrino o al revés ¿no crees?

    Yo: En este momento solo somos un hombre y una mujer queee…

    Ella capto lo que por pocos y me escapa.

    Ella: Que, que, que ibas a decir.

    Me dijo con una amplia sonrisa, aquello era una provocación y no deje pasar la ocasión.

    Yo: Noo, nada tita, que no me vendría mal compartir los estudios con algo de jardinería jajaja.

    De nuevo su mirada, su sonrisita era más que insinuante.

    Ella: Vamos a ver sobrino, vamos a aclarar las cosas, ¿estás pensando lo que yo creo que estás pensando?

    Tarde unos segundos en procesar la respuesta al trabalenguas.

    Yo: Bueno no sé lo que tu piensas que crees que yo estoy pensado si no me lo cuentas.

    De nuevo se hizo un silencio, esta vez fue ella la que dejo pasar unos segundos antes de responder.

    Ella: Yo pienso que tú estás pensando meterte en un jardín a hacer algunas horas extras de jardinero, ¿me equivoco?

    Me quede sin saber como responderle para que mi respuesta no sonara grosera y mal sonante.

    Yo: Bueno no, a ver si me sé explicar, cuando uno se encuentra delante de un jardín mal cuidado, dejado de la mano de Dios y necesita cuidados y que lo rieguen de vez en cuando, ¿quién no se ofrecería a ayudar?

    Durante unos segundos que me parecieron una eternidad nos quedamos mirando a los ojos, supongo que por la cabeza de mi tía debieron pasar miles de pensamientos, por la mía solo una, abrazarla y besarla, pero no me atrevía a dar el paso y fue ella la que lo dio. Se me acerco, me cogió la cabeza con sus manos, acerco sus labios a los míos y volvió a besarme, pero esta vez no fue un pico fue un morreo en toda regla. Cuando paramos de besarnos mi tía de nuevo mirándome con a los ojos encendidos por el deseo me dijo.

    Ella: Tu eres muy pillo, ¿y estás pensando en jardín prohibido verdad?

    Yo: Bueno las prohibiciones las pone siempre el dueño del jardín.

    Ella: ¿Si yo te dijera que podría pedirte que fueras mi jardinero e hicieras algunas horas extras sin que se enterara nadie que pensarías?

    Yo: Que sería el jardinero más afortunado del mundo y me dejaría la vida por cuidarlo lo mejor posible.

    Ella: ¿Pero tú te has metido ya en algún jardín sin salir trasquilado, te atreverías a intentarlo?

    Yo: Cuanto la dueña del jardín me lo pidiera.

    Ella: Pero eso sí, eso tiene que ser un secreto, no debe saberlo nunca nadie sería peligroso que alguien se enterara.

    Yo: El refrán dice que en boca cerrada no entran moscas, mi boca estaría sellada, nunca saldría una palabra de mi boca.

    Le dije volviendo a besarla, esta vez fui yo el que tomó la iniciativa.

    Cuando dejamos de besarnos se quitó la camisa y me dejó al descubierto sus pechos cubiertos por un bonito sujetador, se lo quitó también dejando al descubierto sus tetas bien hermosas y muy generosas de tamaño que desde hacía tiempo yo deseaba ver y poder acariciar. En ese momento me sentía en otra galaxia, no sabía que hacer, por donde empezarme quitó mi camisa y empezó a besarme por el pecho, luego yo la besé nuevamente en la boca y dirigí mis manos hacia su entre pierna acariciando su sexo por encima de las bragas.

    Me cogió de la mano y me llevo hacia su habitación, cerramos la puerta, se desprendió de la batita dejándola caer al suelo, se bajó las bragas y quedó ante mis desorbitados ojos como Dios la trajo al mundo, desnuda por completo, yo no lo podía creer, el sueño que llevaba tantas noches reproduciendo en mi memoria mientras me masturbaba se estaba haciendo realidad.

    En ese momento mi polla (pene) estaba que no me cabía en los pantalones, me dolían hasta los huevos (testículos) de la excitación, me desabrochó y bajó el pantalón, se notaba mucho la erección en los calzoncillos, puso su mano sobre el bulto y lo apretó con delicadeza, me los bajó liberando mi polla de su encierro que salto como si tuviera un muelle quedando en ángulo recto a mi vientre, tenía el capullo (glande) amoratado de la excitación.

    Mi tía se le quedó viendo y me dijo:

    Ella: Guau sobrino, que polla, (pene) más grande tienes, tu tío no la tiene ni la mitad de grande, que hinchada (gorda), como me va a llenar el coño, la de tu tío desde que tuve la niña casi ni la noto las pocas veces que lo hemos hecho. Sobrino me excita tu polla, me gustaría darle unas chupaditas, siempre he tenido ese deseo y nunca lo he hecho, ¿me dejas chupártela un poquito antes de meter esta hermosura en mi coño?

    Nos tumbamos en su cama, me la empezó a mamar como toda una experta, no lo podía creer, me trasportaba a la gloria sus mamadas y sus caricias en los huevos (testículos), con los ojos cerrados veía estrellas de todos los colores. Aquello no podía ser verdad, llegue a pensar que era un sueño y que de un momento a otro iba despertar mi tía me estaba mamando la polla en su propia cama.

    Sentía que me iba a vaciar, correr de un momento a otro al notar como se me encogían los huevos (testículos) y se lo dije, entonces dejo de mamármela, y me dijo:

    Ella: Noo, primero quiero que te corras dentro el coño, (vagina), luego si es verdad lo que decías que aguantas más de una vez podrás correrte en mi boca, pero primero quiero sentir tu leche (semen) dentro mi coño (vagina).

    Yo: Vale, está bien tita, pero no voy a aguantar mucho, es tanto lo que te deseaba, tantas las pajas que me he hecho pensando en que llegara este momento que mi polla está a punto de explotar.

    Le dije, tumbado boca arriba en la cama.

    Ella: Pues vas a tener que aguantarte, como me dejes a medias te corto los huevos (testículos).

    Se puso encima de mí, pasando sus piernas a cada lado de mi cintura, con una mano dirigió la punta de la polla entre los gruesos, calientes y húmedos labios vaginales, se fue dejando caer manteniendo los ojos cerrados y mordiéndose el labio inferior con el superior de placer hasta introducírsela hasta el fondo y los testículos quedaran aplastados contra su sexo, “ufff, sobrino que placer más bueno, me voy a mear de gusto”.

    Sentir mi polla dentro del coño de mi tía esa primera vez fue algo inexplicable con palabras.

    En aquella postura no me podía mover, así que la cogí de la cintura y la volteé quedando yo encima de ella, abrió las piernas lo más que podía para que la penetración fuera al máximo, solo quedaba fuera de su coño los testículos.

    Empecé a moverme, a embestirla con fuerzas, de nuevo mi mente comenzó a pensar que aquello no podía ser verdad.

    Los jadeos y gemidos de mi tía iban en aumento a cada embestida que le daba.

    Ella: Ahhh sobrino, que bien lo haces, que bien follas, no pares, no pares sigue, sigue dándole fuerte a tu tita, más, más dame fuerte, métela más, mas, toda, toda, la quiero toda, esta polla es mía, mía solo para mí.

    Decía entre fuertes jadeos escapando sonidos ahogados de su garganta, ella mantenía los ojos cerrados, se retorcía de placer, de pronto empezó a gemir más fuerte, yo la seguía embistiendo, mi polla estaba entrando en lo más profundo de su cuerpo ambos jadeábamos y casi gritábamos, gemíamos, ahhh, ahhh, mi tía casi gritaba y tuve que taparle la boca para que no la oyeran.

    Ella: Fóllame, fóllame, ah, ahhh, masss, masss, ayyy, ahhh, que bien que lo haces, yaa, yaa suéltala, suéltala, córrete conmigo, córrete en mi dentro mi coño (vagina) sobrino, córrete en mi coño, córrete, échame la leche, vacíame los huevos, toda, toda, la quiero toda para mí, venga esa leche quiero sentirla.

    Oyendo los jadeos y gemidos de mi tía me deje llevar, sus gritos, sus resoplidos me excitaron aún más y empecé a embestirla con más rapidez y con más ganas, entonces pase mis manos bajo la cintura, creo que mi polla golpeaba en el fondo de su coño.

    Yo la miraba y veía como se mordía el labio por no gritar la embestí aún con más fuerza agarrándola por la cintura cuando de pronto sentí como no podía aguantar más y el semen fluía de mi polla a grandes chorros, ambos nos vinimos, (corrimos) al mismo tiempo y soltando profundos gemidos de placer, ninguno de los dos éramos conscientes que nos podían oír mis primitos, lo más seguro es que esos gritos lo oyeron, de la punta de mi polla (pene), el semen salía a chorros dentro de su caliente y húmedo coño (vagina) que quedó inundada de semen, vi la cara de placer de mi tía al sentir los chorros de semen golpear en las profundidades de su coño (vagina).

    Ella: Me lo has dejado repleto sobrino, he sentido como el chorro de un grifo dentro de mi coño, cuanta leche tenías guardada para mí.

    Mi tía cerró sus ojos y dijo:

    Ella: Aaaah, es el mejor polvo de mi vida sobrino.

    Yo sentía como el semen seguía saliendo a borbotones por la punta de mi polla (pene). Después de unos minutos de descanso para que las respiraciones y las pulsaciones del corazón fueran volviendo a la normalidad ambos nos miramos empezamos a sonreírnos siendo conscientes de lo que había pasado entre nosotros y quedamos en que se repetiría, en su cama me quedé a dormir esa noche y fue la primera vez que dormí toda una noche con una mujer. Esa noche lo volvimos a hacer dos veces más, fueron tres polvos los que le eche a mi tía esa primera noche.

    Mi tío se encontraba muy lejos por lo que nunca se daría cuenta. Ese fue sino el mas, uno de los más felices de mi vida, créanme. No me lo creerán, pero al mes siguiente no le vino la regla (periodo), (menstruación) a mi tía. Un día cuando llegue de la universidad mi tía me dijo muy sonriente.

    Ella: Vamos a ser padres.

    Me dijo que las dos últimas semanas se había sentido mal y que había ido al médico a hacerse unos análisis al hospital y resulta que estaba embarazada.

    Yo: Pero tita, otra vez, ya tienes dos hijos.

    Me miro a los ojos muy ilusionada, y me dijo, pero esta vez que el bebé era mío, le pregunté como lo sabía si también lo había hecho con mi tío y me respondió que eso una mujer lo sabe por las cuentas, que se quedó preñada (embarazada) la primera vez que lo hicimos, la noche que dormimos juntos.

    Me entro el canguelo al oírla con tanta seguridad, No lo podía creer, yo les iba a dar un hermanito a mis primitos, ese bebé era hijo mío, me sentía feliz por una parte y por otra sentía miedo, si mi tío sospechaba que era yo la que la había embarazado que podía pasar.

    Me afligí, sentí miedo, porque imaginaros que sospecha, pero según me dijo mi tía, él aun no sabía que mi tía estaba embarazada de dos meses, pero ella muy astuta me dijo que a vuelta del segundo viaje, ya sabiendo que estaba preñada de mi hizo el amor con mi tío según me contó pasado un mes le dijo a mi tío que había vuelto a quedar embarazada y mi tío ingenuo se había creído que era hijo de él, pues, no se imaginaba lo que llevaba pasando desde hacía un tiempo entre mi tía y yo, seguíamos haciendo día sí y otro también siempre que él estaba de viaje, incluso no estando, aunque no podíamos dormir juntos lo hacíamos cuando e marchaba al café por las noches.

    Ya pasaron los nueve meses, ya nació el niño antes de lo previsto, cosa que puede ser normal sino hay sospechas y mi tío nunca sospechó de nosotros y todos contentos con el bebé, mis primitos estaban más que contentos con su nuevo hermanito, mi tío con su nuevo hijo, y toda la demás familia igual. Esto quedó como un secreto entre mi tía y yo, y lo será por siempre, ese niño es mi hijo, lleve o no lleve mi apellido, lo sabemos su madre y yo. Si aquella noche mi tía no me hubiera dejado correrme dentro de su coño no hubiera nacido, pero fue su voluntad y deseo que lo hiciera y nacido el bebé, yo quiero mucho a mi hijo, aunque no pueda decírselo y siempre estaré pendiente de si mi tía me necesita para algo.

    Durante varios años seguimos manteniendo relaciones sexuales, pero tomando precauciones, no era cuestión de aumentar más la familia, aunque si lo hubiéramos hecho estoy seguro que mi tío ni se hubiera dado cuenta.

    Espero les haya gustado.

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  • Mi compañero me llena el culo de leche

    Mi compañero me llena el culo de leche

    Era un martes, pasadita las ocho y media.

    El aula olía a encierro. Estábamos todos esperando a la profe que, una vez más, no apareció.

    Yo ya venía cruzada desde la mañana. El trabajo había sido una tortura y aún no me pagaban.

    Encima Helena, mi hermana, había dejado un quilombo en casa y me tocó a mí acomodar. Tenía los ovarios llenos.

    Estaba en mi lugar del aula, con cara de culo, un mate ya frío y las piernas cruzadas con rabia.

    Ahí vi a Sebastián mirándome. Se me acercó despacio, como si supiera que estaba a punto de explotar.

    —Che, ¿estás bien, Mey? —me preguntó con ese tono amable que tiene.

    Lo miré, levanté las cejas.

    —No. Hoy fue un día de mierda, boludo. Y ahora esto. ¿A qué vine?

    —Salgamos un ratito. Vamos a la esquina a comprar algo. Tomamos aire.

    No sé por qué acepté. Él hablaba tranquilo y me hacía reír sin esfuerzo. Yo me iba aflojando, notaba cómo la tensión se me escapaba por las comisuras.

    Compramos algo para picar. Él eligió una coca, yo un agua.

    Al rato, me dijo:

    —Che, me está pegando el fresco… ¿Me acompañás al auto? Tengo un buzo ahí.

    Asentí. El auto estaba a la vuelta, en una calle medio oscura y sin salida. Todo silencioso. Solo se escuchaba el zumbido de las luces del alumbrado público y alguna moto lejana.

    Abrió el baúl, sacó el buzo… pero no se lo puso. Lo tiró al asiento delantero y me miró distinto.

    Sin aviso, me tomó de la mano y me empujó despacito contra el auto. Sentí el frío del metal en la espalda. Me miró a los ojos y me besó.

    Nos metimos las lenguas con hambre, con deseo contenido que ni sabíamos que existía.

    Me apretó contra su cuerpo, sentía su calor a pesar del aire fresco.

    Él me sobaba las piernas por encima del jean, y yo, sin pensarlo, le ofrecí el culo, girando apenas la cadera. Sus manos lo agarraron con firmeza.

    Yo le acariciaba el pecho por debajo de la remera, buscándole la piel.

    —Subite —me dijo. Ni lo dudé.

    Nos tiramos en el asiento. Volvimos a besarnos como si nos fuera la vida en la boca del otro.

    Él me subió la remera y me sacó el corpiño. Se aferró a mis tetas como si fueran su salvavidas. Me besaba los pezones, los lamía, los chupaba con devoción.

    Yo le sobaba la pija por encima del pantalón, la notaba dura, desesperada por salir.

    Me bajé rápido. Le desprendí el pantalón y se lo bajé junto con el bóxer. Su pija salió con un movimiento elástico, grueso, duro, con una venita marcada. Casi 18 centímetros, pensé. Ni dudé: la agarré y me la metí en la boca.

    Comencé a chuparla lenta, con la lengua lamiendo cada centímetro del glande. Él gemía bajito, con la cabeza tirada hacia atrás, los ojos casi cerrados.

    Me presionó la cabeza hacia él, metiéndomela hasta el fondo. Me costó un poco, pero me la banqué. Cuando sentí que me ahogaba, frené. Le apreté la base y me la saqué de la boca, con un hilo de saliva que caía desde mis labios.

    —Dame un segundo —dijo, y sacó un forro de la gaveta.

    Se lo puso con práctica y se sentó. Yo subí mis rodillas al asiento y me senté sobre él. Sentí su pija pasar por la entrada de mi concha, ya mojadísima. Se deslizó lento, profundo. Se me escapó un gemido contenido.

    —Shhh —me dijo.

    Nos movíamos despacio, como si estuviéramos flotando. Mi concha lo apretaba, lo sentía hasta el fondo. Él enterraba la cabeza entre mis tetas, las chupaba mientras me apretaba el culo con sus manos grandes.

    Lo cabalgaba suave, con movimientos circulares, de lado a lado. Jadeaba bajito, lo besaba con fuerza. La intensidad era una locura.

    Hasta que paré.

    Me acostó boca arriba, y bajó. Me abrió las piernas y comenzó a lamerme la concha. Su lengua era tibia, juguetona. Se metía, salía, giraba. Me agarraba fuerte de los muslos mientras me devoraba.

    Después me acomodé en cuatro, apoyando las manos contra la luneta del auto. Él me agarró de la cintura y me empezó a culear con fuerza.

    Cada estocada me sacaba un gemido distinto. Me tiraba del pelo, me daba nalgadas. Yo ya gritaba sin filtro. No me importaba nada.

    A los minutos, se sacó el forro y acabó en mi culo. Sentí su leche caliente chorrearme. Jadeaba como si hubiese corrido una maratón.

    Me dio un beso suave.

    —Vestite, pendeja hermosa.

    Me limpié con una franela que sacó del asiento. Me ardía todo. Pero estaba feliz. Me vestí rápido. Bajamos. Caminamos de nuevo hasta la facultad. Al entrar, todos nos miraron raro.

    Yo… ni bola, estaba más relajada.

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  • El sillón del orgasmo

    El sillón del orgasmo

    El domingo siguiente se casaba una vieja amiga de la infancia, y ese sábado por la noche celebraba su despedida de soltera en un local de la ciudad. A tal evento había invitado a sus cuatro mejores amigas que ya estaban todas casadas, entre las que evidentemente me encontraba yo. Todas habíamos pasado ya los cuarenta años. Nos dijo que el local que había elegido era muy curioso e innovador, pero que no lo conocía, ya que una compañera de su trabajo se lo había recomendado.

    Lo cierto es que estuve a punto de no poder acudir por culpa de los tremendos celos de mi marido, puesto que en los trece años de matrimonio nunca he salido por la noche sin él, pero al final le convencí haciéndole comprender que tan solo se trataba de tomar unas copas con unas buenas amigas, a las que él conocía perfectamente.

    El sábado, después de cenar, mi marido me llevó en el coche hasta el local donde habíamos quedado. Ya se encontraban allí dos de mis amigas acompañadas de sus maridos. Permanecimos en la puerta hasta que llegaron las otras dos. Una vez que estábamos todas, nuestros respectivos maridos y el novio de nuestra anfitriona se despidieron de nosotras y se marcharon.

    Parecía un local muy normalito. Se trataba de una especie de disco-pub y no había demasiada gente. En un lateral había una barra atendida por tres atractivas camareras. En el centro una gran pista de baile y alrededor mesas por todas partes, atendidas por varios camareros impecablemente vestidos. La música estaba bastante alta sin ser atronadora, lo que permitía hablar sin tener que chillar. Dejamos nuestros abrigos en el guardarropa y nos sentamos en una de las mesas. Uno de los camareros tomó nota de nuestro pedido. Al cabo de cinco minutos escasos nos sirvieron las copas. Luego comenzamos a bromear con nuestra amiga sobre su futuro matrimonio y la pérdida de libertad.

    Al cabo de quince minutos uno de los camareros se acercó hasta nuestra mesa y nos preguntó que si éramos las de la despedida de soltera. Cuando le dijimos que si, nos pidió por favor que le acompañáramos. Entre risas nerviosas nos levantamos y seguimos al camarero. Nos condujo hasta el fondo del local, dónde había tres puertas cerradas. De dos de ellas colgaban sendos carteles que indicaban los aseos de señoras y caballeros. De la otra colgaba un cartel que ponía “privado”.

    El camarero presionó disimuladamente una especie de timbre que había al lado de esa puerta. A los pocos segundos la puerta se abrió. Apareció un caballero muy bien vestido de unos cincuenta años que nos invitó a entrar. Una vez todas dentro el camarero se retiró y el otro hombre cerró la puerta con cerrojo tras de sí. Nos condujo por un estrecho pasillo hasta otro local. Era una habitación mas bien pequeña en la que había una escueta barra de bar, una mesa con seis sillas en el centro, un diminuto escenario flanqueado por gruesas cortinas rojas, una puerta que indicaba “aseo”, y otra puerta, a la derecha del escenario, sin ninguna indicación.

    Nos acomodamos en la única mesa que había. De detrás de la barra, el hombre que nos había recibido nos sirvió nuevas copas y luego desapareció por una cortina que había tras la barra. De pronto las luces comenzaron a apagarse, quedando únicamente encendidas dos grandes focos de luz roja, y la música bajo su intensidad. La cortina del escenario se abrió y aparecieron tres tíos impresionantes que nos hicieron un striptease integral, solo para nosotras. Lo cierto es que nos lo estábamos pasando genial.

    Uno de los “boys”, que era de raza negra, completamente desnudo, se acercó hasta nuestra mesa y preguntó quien era la chica que celebraba su despedida de soltera. Como por un resorte, las cuatro señalamos a nuestra amiga. Entonces el negro se la sentó encima de las rodillas y la invitó a que le tocara su miembro, que dicho sea de paso era descomunal. Entre risas nerviosas nuestra amiga comenzó a acariciar aquel tremendo aparato, pero el chico no se empalmaba ni a tiros. Las risas fueron incrementándose hasta que el jolgorio fue frenético.

    A todo esto, el camarero aparecía de vez en cuando con nuevas copas. Después de media hora nuestra amiga consiguió por fin que el miembro del negro se empalmara. Si ya estando flácido era enorme, os podéis imaginar su tamaño ahora. Jamás pensé que pudiera existir un pene de esa longitud y grosor. Entonces el “boy” se levantó y desapareció entre las cortinas del escenario. Las luces volvieron a encenderse y la música subió su volumen.

    Luego volvió a aparecer el camarero con una botella de cava y cinco copas. Tras servir el cava en las copas nos dijo que la función había terminado, pero que si la chica que celebraba la despedida quería “pasar un buen rato”, abriera la puerta de la derecha, al lado del escenario, y se introdujera ella sola. Luego desapareció nuevamente tras las cortinas de la barra.

    Todas animamos a nuestra anfitriona para que entrara por aquella puerta, pero ella se negaba continuamente entre risas histéricas. Como quiera que no se decidía me lancé en su ayuda, la cogí de la mano y la llevé conmigo hasta la puerta en cuestión. Entonces giré el picaporte y la entreabrí. Dentro no se veía nada. La supuesta estancia estaba completamente a oscuras. Para animar a mi amiga abrí del todo la puerta y me adentré unos centímetros. Ella seguía riendo sin parar y tiraba de mi mano hacia fuera. En el forcejeo siguiente, mi amiga consiguió soltarse de mi mano y yo, por la inercia del tirón, me caí sentada en el interior de aquella oscura habitación.

    Mi amiga, con el ánimo de seguir la broma cerró la puerta dejándome dentro en la más absoluta de las tinieblas. Acto seguido sonó un ruido seco en la cerradura de la puerta. Me incorporé e intenté abrirla, pero fue inútil, la puerta se encontraba bloqueada, tanto por dentro como por fuera.

    A los pocos segundos una luz verde parpadeó en unos de los laterales de la habitación. Me incorporé y me dirigí hasta allí. Se trataba de un monitor pequeño flanqueado por dos botones a cada lado, que se encontraba empotrado en la pared, muy similar a un cajero automático bancario. Bajo el monitor había una especie de tapa de aluminio, así mismo empotrada en la pared. Entonces en el monitor comenzaron a aparecer letras verdes muy luminosas sobre un fondo negro.

    La frase rezaba: “Bienvenida a la silla del orgasmo. Por favor, para comenzar la sesión pulse el botón rojo”. A pesar de estar realmente nerviosa e intranquila la curiosidad me pudo y apreté el botón indicado.

    La leyenda anterior desapareció, y en su lugar salió otra: “Antes de comenzar es condición obligatoria que se desnude por completo y deposite su ropa en el habitáculo de abajo. una vez efectuado este requisito, pulse el botón verde”. Al mismo tiempo sonó un zumbido suave y la tapa de aluminio, situada bajo el monitor, se abrió dejando al descubierto un pequeño cajón.

    Aquella situación era algo surrealista, pero, qué demonios, sentía verdadera curiosidad por el tema, así que sin pensármelo dos veces comencé a quitarme la ropa. A medida que me iba despojando de prendas las iba depositando en el cajón. La blusa, el pantalón y los zapatos. Entonces apreté el botón verde.

    Un nuevo mensaje apareció en la pantalla: “Por favor, debe depositar toda la ropa en el cajón”. Aquello me dio a entender que alguien me estaba observando por una especie de cámara oculta, lo que me provocó una doble sensación de miedo y excitación. Tras nos segundos de pausa decidí continuar hasta el final. Me quité los panties, el sujetador y las bragas, depositándolas en el cajón. Volví a presionar el botón verde. Esta vez no hubo más mensajes. El zumbido volvió a sonar, cerrándose la tapa de aluminio con mi ropa dentro.

    Y allí me encontraba, en un lugar desconocido, sin saber lo que se me avecinaba y encerrada a cal y canto en una curiosa habitación, como Dios me trajo al mundo. Entonces una luz roja, procedente de varios focos ubicados en el techo, iluminó tenuemente la estancia. Era más bien pequeña, calculé unos cuatro metros de longitud por dos metros de anchura. Desde mi posición, en la pared de enfrente se encontraba el monitor anteriormente citado, y el habitáculo por donde había desaparecido toda mi ropa.

    Detrás tan solo había una puerta completamente lisa, sin picaportes ni cerraduras. A mi derecha se encontraba la puerta bloqueada por la que había accedido a la estancia, y a la izquierda, un curioso sillón negro anatómico con multitud de accesorios, similar al de un dentista. El suelo estaba enmoquetado con una mullida y acogedora alfombra, que evidentemente estaba diseñada para estar descalza sin pasar frío.

    El monitor volvió a parpadear. “Por favor, acomódese en el sillón”. Debo reconocer que aquella situación me resultaba algo violenta, pero, ¡qué caramba!, había dado el paso de desnudarme y tenía curiosidad por saber el desenlace de toda aquella parafernalia.

    Me dirigí hasta el sillón negro y procedí a sentarme. Inmediatamente después, la puerta lisa, que se encontraba ahora a mi derecha frente al monitor, se abrió. De su interior surgió una silueta de mujer, vestida de negro y con una máscara en la cara, que, sin dirigirme la palabra comenzó a operar el sillón. Primero me colocó dos correas en las muñecas, las cuales fijó a cada uno de los apoyos laterales del sillón, inmovilizándome totalmente los brazos.

    Después hizo lo propio con mis tobillos, sujetándomelos al faldón del sillón por medio de dos pequeños grilletes. Luego me colocó una correa más larga, a la altura de mi cintura, la cual abrochó por detrás del sillón, dejando mi cuerpo literalmente pegado al respaldo. Por último reguló el reposacabezas para situarlo a mi altura y desapareció, sin despedirse, por la misma puerta que había entrado.

    A los pocos segundos una nueva silueta tomó forma en el umbral de la misteriosa puerta. Esta vez se trataba de un hombre, que también portaba una máscara en su cara. A medida que se iba acercando hasta mí pude comprobar que estaba completamente desnudo, a excepción de un diminuto tanga que delataba su enorme paquete. Era un tipo alto y muy musculoso, de raza negra. Al llegar al sillón, accionó un mecanismo oculto y comenzó a oírse un zumbido mecánico.

    Primero el faldón del sillón pareció partirse en dos, separándome las piernas. Luego, la mitad del asiento se plegó hacia dentro, de tal forma que mi coño quedaba totalmente abierto y suspendido en el aire. Pese a todo, el sillón me seguía resultando cómodo. El hombre se arrodilló entre mis piernas y comenzó a acariciar mi sexo con una de sus enormes manos. Frotaba mis labios vaginales y me pasaba un dedo suavemente desde el clítoris hasta el mismísimo ano. Aquello comenzó a ponerme cachonda y a humedecer mi sexo. En un momento dado, uno de sus dedos fue profundizando entre mis labios vaginales hasta penetrarme. Entonces comenzó a meterlo y sacarlo al mismo tiempo que hundía su cabeza entre mis piernas y me lamía el clítoris. Pasados unos segundos, sin dejar de mover su lengua, su dedo se salía de mi vagina y comenzaba a inspeccionarme el ano. Tras un suave forcejeo hundió su dedo en mi ano hasta hacerlo desaparecer en él. Ahora su dedo entraba y salía de mi ano al mismo tiempo que me frotaba el clítoris con la punta de su lengua, y otro de sus dedos me penetraba nuevamente el coño. Entonces comencé a experimentar un tremendo orgasmo que me hizo gemir de placer.

    Cuando mi orgasmo amainó, el hombre se incorporó del suelo y se quitó el tanga. Tenía el miembro enorme y completamente erecto. Entonces accionó otro mecanismo que hizo subir al sillón hasta que mi coño se situó a la altura de su pubis. Apuntó aquella tremenda herramienta entre mis labios vaginales y fue empujando lentamente hasta que su glande me penetró. Luego, ya sin la ayuda de sus manos, empezó a metérmela muy despacio hasta conseguir clavarla entera, a pesar de su tamaño.

    Entonces comenzó a follarme despacio. Poco a poco la velocidad de sus caderas iba en aumento y mi coño no paraba de abrirse y rezumar flujo. Tardé menos de dos minutos en encadenar tres orgasmos consecutivos de una intensidad que no conocía hasta ese momento. Luego bajo de nuevo el ritmo y continuó follándome muy lentamente.

    De pronto apareció otro negro en la habitación, del mismo estilo que el anterior e igualmente protegido con máscara. Se acercó hasta el sillón y, mientras el otro seguía jodiéndome el coño, se colocó a horcajadas sobre mi pecho. Bajo una cremallera situada en el centro de su tanga, se sacó la polla, que también era de un tamaño considerable a pesar de encontrarse semi-erecta, la apuntó hacia mi cara y comenzó a mearse. En un primer momento sentí repulsión al notar su orina caliente en mi rostro, pero poco a poco me fue dando tal morbo que terminé por abrir mi boca para permitir que el potente chorro me penetrara dentro. Incluso reconozco que llegué a tragar parte de su lluvia dorada.

    Cuando terminó de mear, me la metió en la boca y yo comencé a chupársela. Poco a poco su rabo comenzó a adquirir una gran dureza. La negra piel de su prepucio se fue retirando hacia atrás dejando al descubierto el capullo, el cual comencé a lamer con verdadera excitación y ansia. En ese momento, el bombeo de su amigo me produjo un nuevo orgasmo.

    Minutos después el negro que tenía encima me sacó su polla de la boca y me acercó sus hermosos testículos. Adivinando sus deseos comencé a lamerle los huevos mientras él se masturbaba. De vez en cuando me la metía en la boca para que se la mamara un rato y luego volvía a ofrecerme sus huevos mientras se masturbaba. Todo ello sin que su amigo parara de joderme un solo instante. En un momento dado, el tipo que me estaba follando me preguntó, con voz grave, si podía correrse dentro de mi coño. Yo le respondí que lo hiciera, ya que tomo la píldora anticonceptiva con regularidad, así que aceleró su bombeo hasta alcanzar un ritmo frenético.

    Entonces me sobrevino un nuevo orgasmo, justo en el momento en el que comencé a sentir su leche quemándome las entrañas. Seguía descargando su semen dentro de mi coño, cuando la polla que tenía en la boca soltó un potente chorro de lefa en mi garganta, y luego otro, y después otro más. Estaba tan excitada que no dude un solo segundo en tragar hasta la última gota de aquel cuajo tibio y espeso. El otro negro había descargado sus huevos en mi coño. Luego los dos tipos desaparecieron por la puerta interior.

    De nuevo salió la mujer que me había atado al sillón. Se acercó hasta mí, y, antes de desatarme, empezó a lamer los restos de semen que tenía en la comisura de mis labios. Después se agachó e hizo lo propio con los de mi coño. Aquello me dio tanto morbo que me corrí de gusto mientras me lavaba el coño con su lengua. Finalmente me liberó de mis ataduras y desapareció por la puerta, que esta vez se cerró tras de sí.

    Cuando me levanté del sillón, me temblaban las piernas. Además, era la primera vez que perdía la cuenta de los orgasmos que había disfrutado en una sola sesión de sexo.

    El monitor volvía a parpadear: “Para finalizar pulse el botón amarillo. Para una nueva sesión pulse el botón azul”.

    Por una parte, no podía con mi alma, mi cuerpo estaba impregnado de sudor y semen, mis amigas me esperaban fuera, ya debía ser muy tarde, mi marido también me estaría esperando en casa, pero por otra parte nunca había sentido aquel placer, ni había disfrutado de aquella envergadura de penes, así que… pulsé el botón azul.

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  • Trío en la biblioteca con Gina y María

    Trío en la biblioteca con Gina y María

    Bueno pues como recordaran fui objeto de un “soborno” por parte de una empleada de aquí mismo donde trabajo, y lo que sucedió en esta ocasión fue mucho mejor que las otras dos anteriores.

    Resulta que era un miércoles de junio de ese año, y mi puta María, tendría que venir por su ración de verga semanal, pero yo no contaba con que también mi otra puta Gina, quería lo mismo.

    Llegó la hora en que María tendría que llegar las 13:45 de la tarde para ser exactos, yo aún tenía gente aquí en la biblioteca, pero como la mayoría de los alumnos ya sabían, se tendrían que ir de inmediato, y así fue, estaba despachando al último alumno, cuando entro Gina, y me dijo que le aventara las llaves para cerrar la puerta, como ustedes deben de suponer, no lo hice, porque ya María estaba aquí conmigo.

    Salí y le dije que hoy no la podría atender, le explique el motivo, y cual fue mi sorpresa que me dijo “no importa, podemos hacer un trío, yo soy bisexual, y me encantaría mamarle su concha a tu otra puta”. Yo le respondí que por mí no habría ningún problema, que era cosa de consultarlo con María, a eso fuimos y cuando terminé de cerrar cual fue mi sorpresa, que cuando entre al acervo, ellas dos ya estaban besándose muy cachondamente, Gina estaba masajeándole las nalgas a María, y esta a su vez, le sacaba los senos de su blusa, yo me acerque por atrás a María, y con las manos de Gina en las nalgas de ella le restregué mi tranca en ellas.

    Empezábamos a desnudar a María, Gina le quitaba la blusa, y yo le bajaba lentamente sus pantalones, con todo y tanga, cuando tuve sus pantalones hasta sus tobillos, me dedique a lamerle su clítoris, que ya estaba muy húmedo, Gina mientras se encargaba de morderle los senos, y los pezones, le di media vuelta María, y me dedique a lamerle su culito, y Gina fue bajando hasta su vagina, María se retorcía de placer, y ya pedía que la penetrara.

    Cuando Gina escucho esto, se pasó a mi pene que ya salía de mi pantalón y de mi calzón, empezó a mamarlo como solo ella sabe, mientras María bajo hasta la concha de Gina y empezó a hacerle una sesión de sexo oral, que hacía que Gina me mordiera mi tranca, María saca de la boca de Gina mi tranca, y se la metió ella en la boca, Gina me lengüeteaba los testículos, ese era mi sueño hecho realidad dos mujeres haciéndome sexo oral.

    Como pude me zafe de las dos, y puse a María en posición de perrito, y le metí mi verga hasta el fondo de su vagina, empezó el mete y saca, Gina se había sentado en la mesa que estaba enfrente de María, con las piernas abiertas para que le mamara la concha.

    Gina se habrá venido unas 3 o 4 veces con la lengua de María, y esta otras tantas veces con mi verga dentro, fue cuando cambiamos posiciones, Gina se sentó en mi tranca, y María me lengüeteaba los testículos, cuando ensartaba a Gina.

    Así estuvimos como 20 o 30 minutos cambiando posiciones, a cada rato, me cogía a Gina por el culo, y María también, fue cuando estaba yo a punto de explotar me salí del culo de María que le mamaba los senos a Gina, y fue cuando las dos me empezaron a estimular aún más mi verga, ya venía su ración de leche para las dos, y ellas estaban ya dispuestas a recibir mi leche en sus bocas, cuando al fin explotó.

    Las bañé en semen, cuando terminé de vaciarme, las dos me limpiaron íntegramente mi verga y mis testículos con sus lenguas, ellas se limpiaron mutuamente. Con besos, y caricias por sus cuerpos.

    Nos vestimos y salimos los 3 abrazados, la mayoría de la gente que entraba a la escuela, se nos quedaba viendo con cara de extrañados, solo una chica se nos acercó a saludarnos, y a los 3 nos dijo, “me gustaría participar con ustedes” a lo que Gina le respondió, “cuando gustes nos ponemos de acuerdo”.

    Y así fue a los 2 días estaba cogiendo con las 3 chicas más putas y calientes que había conocido.

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  • Consolándome con mis compañeros de estudios (3 – final)

    Consolándome con mis compañeros de estudios (3 – final)

    En la sala estaban mis tres jóvenes amantes, charlaban animados cuando yo salí de la recámara, me ofrecieron un trago más y me senté junto a ellos, yo seguía emocionada, ya me habían cogido los tres.

    Martín seguía mirando su reloj insistentemente, hasta que cerca de las 9:30 pm sonó el timbre de la puerta, yo me sorprendí pues pensaba que estaría sola para ellos y no pensé en otras personas, esto me inquietó; Mar abrió la puerta y les franqueó la entrada a dos tipos, no tan jóvenes como mis compañeros, más bien entre los 30 años, y bueno, para mi modo de ver no mal parecidos pero burdos y corpulentos como si se dedicaran al trabajo rudo. Sin querer recordé a don Javier, a quien Mario pensaba entregarme.

    Saludaron a todos incluida yo y siguieron con Martín rumbo a la cocina, allí estuvieron hablando brevemente, no los escuché por la música, y dejé de darle importancia para seguir charlando con Víctor y Adrián… Se apareció mi amante y sirvió dos vasos de licor y me llamó:

    ―Daniela, ven por favor… ―me levanté y lo seguí a la cocina.

    Allí estaban los dos tipos de pie en la barra, les dio las bebidas y me presentó con ellos:

    ―Muchachos, ella es Daniela… ―los dos tipos me barrieron el cuerpo, mirándome con lujuria, me saludaron y sentí sus manos ásperas, se llamaban Felipe y Ramiro.

    ―¡Pues si que esta guapa!… ―dijo el primero.

    ―¡Y buenísima!… ―comento también Ramiro al tiempo que se me quedaba mirando.

    ―Entonces, ¿estamos en el trato?… ―les preguntó Martín.

    ―De acuerdo ―dijo Felipe, ―$1,500.00 cada uno, pero tiene que aflojar todo.

    ―¡Claro que harán con ella lo que se les venga en ganas!, hace rato me estaba suplicando que se la metiera por atrás… ―dijo dándome una nalgadita.― Ella es casada y el pendejo de su marido no la llena como es debido, así que anda urgida por una buena verga, ¿verdad mi reina?…

    Hasta entonces comprendí lo que allí pasaba, Martín me estaba vendiendo a esos tipos… Me estremecí involuntariamente y solamente sonreí nerviosa.

    ―Pues si es casada, mejor, a mí me gustan las que son bien putonas… ―dijo Ramiro y al hacerlo se me acercó y me acarició descaradamente las pompas.

    ―Pues no se diga más… ―dijo Marín, empujándome suavemente del hombro hacía ellos.

    ―Aquí están la lana… ―dijo Felipe― pero trae la botella para brindar con esta belleza, ¿verdad mamacita?…

    ―Para brindar por su debut como piruja… ―completó Ramiro quien ya me había levantado el vestido y me metía la mano entre las nalgas.

    Se sirvieron un trago cada uno y me ofrecieron uno a mí…

    ―¿Qué onda compadre, cómo nos la vamos a coger?, ¿uno a uno o le damos los dos al mismo tiempo?…

    ―Primero de a uno y luego la hacemos sándwich, ¿qué te parece?…

    ―Por mi está bien, pero, ¿y ella?… ―dijo Ramiro.

    ―A esta hija de la chingada, le encanta la verga, ya escuchaste a su padrote, ¿no?…

    ―Eso si… Oye, ¡pero está bien rica, tiene las nalgas y las piernas bien duritas!…

    Ramiro ya se había sentado y yo de pie a su lado seguía siendo acariciada por su mano en mis nalgas y en mis muslos, Felipe también se levantó y fue hacía mí, me atrajo y me apretó el culo con dureza al tiempo que me besaba metiéndome su lengua impúdicamente, mientras una de sus manos atrapó una de mis tetas, yo le correspondí lujuriosa manteniendo el beso y repasando mi lengua en la suya, mientras tanto Ramiro se puso de pie junto a mí y me agarro también el culo y me lo masajeó riquísimo; yo estaba media ebria y gemí inconscientemente revelándoles mi naturaleza de hembra caliente.

    Separándose un instante de mí, ambos se sacaron sus trancas que para mí complacencia estaban muy grandes, creo que más que la de Martín, olían a sudor y a rancio, pero eso me provocó mucho más deseo por ser la putona que ambos esperaban. La verga de Ramiro era prieta y recta, gorda y cabezona con gruesas venas, la de Felipe era igual o más gorda pero tenía cierta curvatura hacía arriba; me empujaron hacia abajo y me dieron a mamar ambos toletes que de inmediato se perlaron de mi saliva. Me sabían entre salado y ácido pero me gustó el sabor de ambos y se las seguí chupando con gusto alternadamente:

    ―Oigan chavos, ¡vengan a ver como traga verga su amiga!… ―dijo uno de ellos y eso me valió madres que me vieran era parte de mi gusto.

    Por supuesto que me vieron, con ambos garrotes en la boca y mamé con más gusto esas gordas vergas.

    ―Ya pinche compadre, yo ya estoy más que caliente, ya me la quiero coger…

    ―Pues no sea usted pendejo, compadre, y éntrele al recalentado ―rio el otro.

    Yo me puse de pie frente a los dos, miré hacia mis compañeros y me sentí algo extraña. Primero fue Ramiro, mal y bien para mí ya que era el más depravado de los dos, y me decía cada majadería; así que tomándome de la mano preguntó por la recámara y me llevó apresuradamente con él. Tan solo al cerrar la puerta me aventó a la cama, me abrió las piernas y me quitó de un tirón la tanga, me abrió de los muslos y me chupó la panocha que aún reservaba muestras de semen de mis compañeros.

    Tan solo en unos dos minutos, me hizo suspirar y gemir, era un experto y me atacó directamente el clítoris.

    ―Ponte de pie cabrona y encuérate… Mejor solo quítate el vestido, me gusta cogerme a las putas con las medias puestas ―yo le obedecí y él se desnudó también.

    Tenía un cuerpo duro, musculoso y cubierto de mucho vello, me subí a la cama y abriéndome de piernas le mostré mi raja mojada, Ramiro ya desnudo se subió en mí y empezó a meterme la verga; ¡ese bruto era una delicia!, me la metía y sacaba con fuerza, su garrote me envainaba y me hacía gemir a cada empujón; me la sacaba hasta su gorda cabeza y me la empujaba de golpe, llegándome al fondo de mi bollito. Me acariciaba con sus manazas ásperas, me besaba el cuello y me chupaba las tetas con fuerza, y sus manos bajaron y me apretaron las nalgas haciéndome sufrir un poco; eso sí, con un rosario de majaderías que me encantaban.

    Estaba dispuesta a ganarme hasta el último quinto que había pagado por mí, así que lo abracé y me le entregué. Abrí más mis tersos muslos y le subí las piernas a la cadera para que sus metidas fueran mas hondas al mismo tiempo yo movía mis ancas extasiada al sentirme poseída por ese bruto; me atacaba con gusto y yo me le entregaba igual, de grito en grito me gozó como se le dio la gana.

    Sudábamos abundantemente bañándome en su sudor y en su olor a macho que lejos de serme desagradable me estaba gustando. Me sacó la verga y me volteó con decisión, sin pedírmelo siquiera, me nalgueó con fuerza hasta ponérmelas enrojecidas. Entonces ensalivándome el ano me la metió de un golpe, mi culito se distendió al máximo provocándome dolor, y grité suavemente…

    Sus arremetidas eran brutales, que hasta me hizo recordarle a su mamacita a cada empellón que me daba, y es que hasta me levantaba de la cama. Me gozaba como si nunca hubiera probado un culo como el mío; bueno, quiero decir que con una chava tan culona como yo. Me la metía y me la sacaba con fuerza, diciéndome todo tipo de vulgaridades y que tanto nos encantan a las rameras como a ésta su servidora. Se acomodó de rodillas detrás de mí y estando yo completamente abierta del canal que me separa las nalgas, que me temblaban, (en parte por sus embestidas y en parte por las nalgadas que me seguía propinando), mi culito se aflojó con este tratamiento y empecé a gozar de lo lindo.

    ―¡Muérdeme la verga, hija de tu puta madre!… ―intenté levantarme para complacerlo, pero me retuvo con una fuerte nalgada…― ¡Con la boca no, pendeja, con el culo, cabrona!… ―así fue como le regalé varios apretones en la verga usando solo mi culo.

    Me jalaba de los cabellos como tratándome de yegua, y yo disfrutaba; al cabo de unos minutos me la sacó y me hizo mamársela de nuevo, yo con gusto acepté, aun cuando tenía residuos de excremento. Enseguida me la metió otra vez en el culo, hasta quedarse allí moviéndose intensamente, hasta derramar su abundante esperma en mi recto, me la sacó y de inmediato sentí que el ano me ardió, prácticamente me lo había ensanchado y yo lo disfruté como una perra. Se puso el pantalón mientras yo lo veía recostada bocabajo recuperándome, salió de la recamara dejándome allí tirada…

    Entró entonces Felipe, me miró y se empezó a desnudar.

    ―¿Qué tal te gozó mi compadre?… me dijo riendo.

    ―Muy rico, muy sabroso… ―le contesté suavecito.

    Se acostó a mi lado y acariciando mi espalda me dijo:

    ―Pues yo te voy a coger mejor, mi vida… ―sus labios se posaron en mi nuca, y siguió por la espalda hasta mis nalgotas enrojecidas por las nalgadas que me había dado Ramiro.

    Me las besaba y acariciaba, entonces se subió en mí y me pasó su gruesa y caliente verga entre las pompas, luego me dio la vuelta y encimándose me puso su fierro entre mis tetas; me lo frotó entre ellas y sentí toda su enormidad. Después me la puso en la boca y se la mamé con gusto, a pesar de que no la tenía tan limpia, pero eso me encantaba. Este tipo era bastante atractivo, no guapo, más bien varonil y su trato me agradó, más alto y corpulento que su amigo; también velludo y bastante musculoso… Con gusto le mamé la verga hasta casi ahogarme y cuando me la metió hasta la garganta, sentí náuseas, así que me la sacó y se recostó:

    ―Ven preciosa, chúpamela más todavía antes de cogerte.

    No me hice del rogar, pues me gusta mamar la verga y la de este señor, me encantaba su sabor y su líquido estaba saliendo. Felipe recostado y yo me acomodé entre sus muslos y me dediqué a lo mejor que sé hacer; le lamí sus huevos peludos, chupé y mordisqueé mucho la cabezota, mientras lo escuchaba suspirar; y sin que él me lo pidiera me subí y me empalé en su macana con gran placer… Al tener su verga algo curvada me llenaba y entraba diferente, me acomodé lo mejor que pude y empecé a cogérmelo mientras Felipe me acariciaba el cuerpo.

    Yo subía y bajaba cabalgando rítmicamente sobre su poderosa verga que me estaba produciendo sensaciones increíbles, él se dejaba llevar por mis meneos, y yo movía mis nalgas deliciosamente sobre su reata, contrayendo mi estrecho coño con su verga clavada hasta el tope; de verdad que me hacía gemir de gusto, estaba encantada. Empecé a sudar y me agité con mi orgasmo ya que su amigo no logró sacarme, pero para mi sorpresa me vinieron varios muy intensos, eslabonados y le di mi boca besándolo y sin dejar de moverme me seguía viniendo.

    Él me abrazo y dándose vuelta sin sacármela se quedó encima de mí, y empezó a cañonearme riquísimo y me le entregué como a ninguno de los otros, me hizo suya y me gozó a su antojo, hasta que se vino deliciosamente en mi túnel de pasión. Su leche caliente me inundó hasta los ovarios y me siguió cogiendo sin perder la dureza de su fierro. Me la saco después y untando mi ano con la leche que me escurría del coño me lubricó bien el culo, y metiéndome un dedo en el chiquito, me puso de nalgas a la orilla de la cama y dirigiendo su delicioso garrote a mi ano, presionó y me la clavó hasta los huevos…

    Me embistió suave y fue aumentando su ritmo hasta tenerme enculada deliciosamente. No me dolía tanto pues ya me había ampliado su amigo así que lo disfruté más, pues la leche de Ramiro ayudaba a deslizar la verga haciéndola más soportable las arremetidas que me daba. Al tiempo que me embestía con su pelvis me jalaba la cadera haciendo sus penetraciones tremendamente profundas, yo gimiendo solo lo sentía invadirme una y otra vez y contraía mí culo para hacerlo gozar mucho más… Pasado un rato, me sacó la verga, me hizo voltear quedando yo de espaldas en la cama, me levantó la cadera y me puso una almohada debajo de las nalgas, me abrió de piernas y me hizo subirlas de manera que quedaba yo encogida y con mis muslos abiertos.

    Me buscó el hoyito con la punta de su falo y me la metió así, nunca me habían enculado de esa forma, su verga entraba y salía con gran rapidez, la fricción en mi ano era increíble; entonces con una de sus manos se dedicó a estimularme el clítoris haciéndome estremecer y llevándome a una serie de orgasmos cortos, deliciosos e interminables. Gozaba como una perra y me entregaba por el culo a ese tipo que me estaba cogiendo como nadie, yo sudaba y me dejaba hacer como una muñeca sin fuerza de voluntad. Me estaba dejando agotada pero él seguía empalándome cada vez con más fuerza y casi con furia.

    Me hundía su grueso ariete hasta que sentía la cama bambolearse y estaba toda revuelta, estaba húmeda y olía a sudor y sexo. Cuando ya no pudo más, fuertes chisguetes de leche me inundaron el ano, logrando hacerme venir también, tan intenso como nunca creí que pudiera hacerlo; pues un líquido blancuzco y espumoso salió de mi panocha…

    Me levanté con cansancio y me fui al baño, me miré al espejo. Estaba toda despeinada, mi cabello enmarañado, mi rostro desmaquillado, el rimel corrido y mi boca roja pero no de labial, sino de los besos y mamadas que habían sido objeto. Me senté en el retrete y vacié mi coño y mi culo de la leche que tenía, me lavé la cara con agua bien fría para recuperarme, fui a la recámara y me retoqué el maquillaje. Salí solo en bata y los cinco tipos estaban bebiendo muy gustosos, yo sentía mis piernas temblar así que me senté entre dos de ellos, me abrazaron y empezaron a halagarme por lo putona que soy…

    Yo no alcanzaba aún a creer, me habían ya cogido los cinco tipos, estaba allí con ellos compartiendo como si nada, prácticamente desnuda y aun así me sentía muy contenta:

    ―¿Verdad que esta buenísima?… ―pregunto Martín a Felipe y Ramiro, ellos afirmaron y se rieron los cinco…

    ―¡Palabra que es la vieja más buenota que me he cogido, además de ser bien puta, coge como ninguna!…

    ―Bueno, como ustedes ya la probaron, ahora vamos nosotros… ―dijo Martín…

    ―Ni madres ―le contestó Ramiro― apenas nos hemos gastado mil varos, y nos faltan otros quinientos…

    ―Ven acá, ricura, nos debes aun ese billete extra… ¡Órale pinche compadre, nos falta el doblete!, ja, ja…

    ―Sale pues… Ven mamacita móntate en mi verga…

    ―¡No, ya no!… ¡Déjenme descansar, estoy toda rozada!… ―les supliqué con algo de miedo.

    ―¡Hija de tu pinche madre, no te lo estoy preguntando cabrona, te lo estoy ordenando, piruja!… ―me fulminó Ramiro.

    Miré a mis tres compañeros para que me apoyaran, pero ninguno hizo nada, al contrario, Víctor me dio otro trago…

    ―Ándale Dany, ponte briaga para que aguantes otros palos ―yo me sorprendí, ¡aún querían más y yo ya estaba súper cansada!…

    Me bebí mi copa y Felipe me puso de pie, me quitó la bata, las medias, el liguero, las zapatillas y sentándose me hizo subir totalmente encuerada sobre su verga ya erecta, me la metió y le dijo a Ramiro:

    ―¡Lléguele por atrás, compadre, ya sé que es su lugar favorito, pero reviéntele en culo sabroso, pártale la madre a esta hija de la chingada!…

    Me jalaron hasta el sofá y su amigo se aproximó a mis ricas nalgotas, me dio tres sonoras nalgadas que me hicieron gritar, me apuntó su verga y me empaló; sentí terrible. Los chicos veían como esos brutos me trataban y sacándose sus trancas empezaron a masturbarse viendo como me cogían y me partían la madre a punta de vergazos…

    Estaba empalada entre Felipe y Ramiro, y lo más extraño es que lo disfrutaba aún, la verga de Felipe me hacía disfrutar por delante y Ramiro me sodomizaba terriblemente, provocándome un dolor delicioso…

    ―Compadre, no se pase de verga y vámonos cambiando…

    Ramiro se salió y se recostó en el sofá, para que yo me montara, lo hice y Felipe me la enterró ahora en mi maltrecho culito, este hombre que antes me gustó se convirtió ahora en una fiera. Me enculó duro con bestialidad, me hizo gritar y suplicar al recibir una andanada de nalgadas que me ardieron toda la noche, fue brutal, sin dejar de metérmela y sacarla de mi ano; yo lloré, pero él me siguió nalgueando, diciendo toda clase de leperadas sobre mi madre, mi esposo y mi papá… Me hizo suya hasta que me llenó de nuevo el recto de leche; y cuando se me bajó, mi culo parecía un boquete de tan abierto que quedó…

    ―¡Órale Martincillo, llégale a ese culito!… ¡Mira como se lo dejé!, ja, ja, ja…. ¡Quedó bien abierto para usted!… ―le dijo Felipe, mientras Ramiro me seguía apretando por la espalda empalada en su verga y sin dejarme levantar.

    Martín se me aproximó por detrás, me volvió a nalguear como lo había hecho Felipe mientras murmuraba:

    ―Hija de tu perra madre, ahora si te corre tu puto marido de tu casa. ¡Mira nomás como estás!… ―y sin más, me la metió.

    ―¡Hoy si la van a mandar a chingar a su madre!… ―dijo Adrián, riéndose.

    Su verga se hundió sin problema a pesar que la tenía grande, pero yo estaba ya mas que abierta, me cogió también como quiso; me disfrutó y me decía cada palabrota mientras me seguía nalgueando. Mis blancas nalgas estaban enrojecidas y magulladas de tantas nalgadas, las sentí calientes y me ardían. Cuando terminó, eyaculó en mi ano, y enseguida vinieron a mí Víctor y Adrián, ellos ya no me cogieron, solo se contentaron con que yo les chupara sus trancas e hicieron que me tragara sus mocos hasta embarrarme la cara; mientras tanto yo seguía bien empalada por Ramiro y al mismo tiempo sentía una terrible comezón en mi ano, completamente abierto.

    Cuando mis dos compañeros terminaron de echarme sus descargas, Ramiro me levantó, se sentó de nuevo y jalándome me coloco la verga en el culo también; me senté en él dándole la espalda y me entro completa, hasta la raíz, despertando todo tipo de comentarios de los que nos veían; incluso uno de ellos llegó a decir que si mi madre era tan puta como yo, pues le encantaría cogérsela también, y que seguramente estaría igual de nalgona que yo. Aunque no lo crean, eso me provocó otro súper orgasmo. Mientras que Ramiro me empujaba y me la clavaba con saña, que yo me comía como haciendo sentadillas.

    Mientras que los otros cuatro, observaban el espectáculo lujurioso, diciendo todo tipo de pendejadas, y siguieron mofándose de mi esposo y de mi padre, que seguramente era tan cornudo como mi marido; pues según era el palo era la astilla y que lo puta me venía de herencia. Hasta que Ramiro puso fin al show, pues ya no se aguantó más y se vino también en mi recto.

    Cuando me la sacó yo quedé de costado, prácticamente desmadejada, había sido extenuante pero estaba yo al mismo tiempo satisfecha, encueradita frente a ellos, y aun temblando y estremeciéndome. Me levanté con paso incierto, por lo ebria y lo cogida que estaba; me fui al baño, me lavé la cara y regresé con ellos, así todos desnudos seguimos tomando, para festejar mi iniciación como puta sumisa.

    Serian ya cerca de las dos de la madrugada cuando dije que me iba. Me levanté y me fui a vestir para irme a casa, me acerqué tímidamente a Martín y le pedí que me llevara a casa, no aceptó, pero Felipe y Ramiro que ya se iban se ofrecieron llevarme; acepté aunque dudosa, me despedí y salí con ellos, me sentaron en el asiento de enfrente entre ambos y en el camino a mi casa charlamos como si fuéramos viejos amigos. Una vez que llegamos se estacionaron en el portón de mi casa, pero sin bajarnos, me besé con los dos.

    ―Chiquita, ¿cómo te la pasaste, te gustó, o nos pasamos de verga contigo? ―me preguntó Felipe.

    Me quedé pensativa sin bajar del auto, lo besé en la boca y le dije:

    ―¡Me encantó!, pero me dejaron bien cogida los cinco… No debieron ser todos

    ―Está bien nena, ¿qué te parece si la próxima semana te vas solo con nosotros dos?… Te pagaremos igual que hoy, pero solo mi compadre y yo, ya sin tantos chamacos ―me dijo señalando a Ramiro que me acariciaba las piernas sin recato.

    Yo caliente con la idea de volver a sentirme puta les acepté la proposición.

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  • Mi hijastra y yo, pagando la universidad (1)

    Mi hijastra y yo, pagando la universidad (1)

    De esa agua no beberé, eso siempre dije respecto al casarme con una madre soltera, pero buenos, las cosas cambian.

    Soy mexicano, de Monterrey y me terminé casando con una madre soltera hace casi año y medio, pero lo bueno es que su única hija al momento de conocerla tenía veinte años y ahora ya tiene 24, estudia y por eso mismo casi no está nunca en casa.

    Mi esposa (su madre) es una mujer sexy, de cabello castaño con tetas grandes con un culo no tan grande, pero si muy sexy, pero su hija es rubia (por su padre), de ojos grises, mide 1.60 de altura y pesa casi apenas 60 kilos además de que tiene una piel muy blanca, unas tetas algo medianas y un culo perfecto, más que el de su madre.

    Desde que se divorció mi esposa de su ex esposo, me comentó, que su hija se volvió más irresponsable y muy fiestera cosa que comprobé el día que esta historia comienza.

    Mi hijastra y yo nunca nos llevamos tan bien, fuera de saludarnos no había más interacción, pero aun así la perra de su madre me obligaba a pagarle la universidad privada.

    Resulta que yo depositaba el dinero a una cuenta que Leilani, mi hijastra, me dio diciendo que era de la universidad y así lo hice por casi semestre y medio, gastando una gran cantidad que bien pude haber gastado en algo mucho mejor.

    Llegó un jueves, lo recuerdo bien, cuando me llamaron de la universidad y me comentaron que darían de baja a Leilani por inasistencias y los pagos pendientes, por lo que o reponía los pagos y hacía que Leilani asistiera o ella sería expulsada.

    Me enojé por el dinero, ella se lo estuvo gastando todo el tiempo y eso me explicó el porqué siempre andaba de viaje o con ropa nueva. Pasaron 20 minutos más o menos y ella llegó a la casa, su madre aun tardaría en llegar.

    La enfrenté, ella fingió demencia y dijo que no era posible porque esa era la cuenta real de la universidad, pero aun así la cuestioné el de dónde sacaba tanto dinero para comprar tantas cosas o andar de fiesta en muchos lugares.

    Primero fingió que era porque su padre le enviaba dinero, pero eso era mentira y no la supo llevar, luego dijo que trabajaba, pero tampoco era posible y al final dijo que era porque su novio le regalaba todo eso.

    Ella no tenía novio, se lo reclamé y para justificar el porqué no lo presentaba y tratar de salvarse dijo que era porque tenía varios en turno. Yo me reí de ella y ella quiso seguir con esa mentira, pero al final después de decir “si soy una puta” molesta se arrepintió y quiso hablar con la verdad.

    Resulta que si, se gastó el dinero de la universidad, pero entonces quiso convencerme de no decirle nada a su madre y que ella iba reponer el dinero entrando a trabajar dónde fuera. Yo acepté, pero le dije que el problema era que solo tenía hasta el día siguiente para reponerlo y entonces yo tendría que pagarlo de nuevo.

    Ella se puso nerviosa y sus pezones, al no llevar brasier solo su top, se marcaron y yo al ver eso me puse duro. Ella se puso nerviosa y me convenció de prestarle el dinero, pero cuando se dio cuenta, yo al estar vestido con pants se me notaba la verga parada. Ella se burló pero al mismo tiempo me siguió convenciendo.

    Hablamos un rato mientras cubría mi erección y ella sus pezones, ella comentó que el dinero lo usaba para impresionar a sus amigas y cosas así. Yo la consolaba diciendo que no era necesario y poco a poco fui diciéndole cosas más atrevidas de acuerdo a lo bonita que era, hasta llegar a lo caliente.

    Pasaron varios minutos y ella en broma dijo, “te puedo pagar con un baile” pero antes de que pudiera demostrar que era broma yo acepté. Se impactó, pero después de bromear de nuevo comenzó a bailar frente a mí al punto en que noto como me sobe la polla dejándola en shock porque creyó que la sacaría.

    Yo le pregunté que si quería que la sacara, en tono de broma, pero ella dijo que no pero entonces yo le dije que le haría un descuento mayor si me la calificaba.

    Aceptó, yo la saqué y me masturbé un poco mientras ella la miraba y se sentaba frente a mí en el sillón.

    Luego le pedí que continuara bailando y al pararse le pedí que se quitara el pantalón y lo hizo, llevaba puestas unas ricas bragas moradas, bailo más cercas de mí y de mi verga parada y entonces le dije que le haría otro descuento si me la tocaba y al final aceptó, pero entonces hizo más de lo que esperaba, ella me masturbó un poco e incluso le escupió a mi verga.

    Sus manos calientes y su saliva jugosa sobre mi verga fue tan caliente y morboso que estuve a punto de venirme, pero entonces soporte el orgasmo y ella lo noto.

    Me dijo que sí hacía que me viniera le hiciera otro descuento. Y acepté, ella continuó masturbándome, pero ahora se había sacado las tetas de su blusa, dejándome ver sus ricos pezones pequeños pero duros y rosados, volvió a escupirle a mi verga y después de un rato yo me vine, pero ella apretó tan fuerte mi pene que no dejo salir ni una gota.

    Le dije que eso no era el trato, para lo que me respondió que no quería que dejáramos un desastre porque su madre se daría cuenta y para ese momento yo no había pensado para nada en su madre, se levantó y se cubrió las tetas, para luego voltear a ponerse su pantalón mostrándome sus bragas en su delicioso culo y al final, dejarme con mis bolas azules. Por ahora…

    Continuará.

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  • Sexo con una de 20

    Sexo con una de 20

    Tengo 49 años, moreno, delgado, de buena estatura, atractivo, con alguna cana que según las mujeres me hacen interesante, ingeniero en una empresa multinacional. Paso por un momento dulce de mi vida con éxito profesional y también en el terreno sentimental. Casado con una mujer 14 años más joven, deseada por muchos hombres. Debido a nuestra experiencia de relaciones anteriores, llevamos nuestro matrimonio concediéndonos suficiente margen para no asfixiarnos, así que tanto ella como yo disfrutamos del sexo de forma liberal, lo que nos da cierta complicidad y una forma de vivir más apasionante.

    Quiero hacer partícipe, a quien me quiera leer, de una reciente aventura romántica que me rejuveneció y me hizo feliz unas horas. Sucedió en México D.F., a donde volé desde España para resolver unos negocios de mi empresa. Después de trabajar durante toda la mañana y almorzar con algunas personas responsables de la empresa mexicana, motivo de mi viaje, pasé por el hotel a descansar un rato y cambiarme de ropa. A media tarde salí a pasear por la ciudad y entré en una boutique de moda femenina, para comprar algo bonito a mi esposa y llevarle un regalo a mi vuelta.

    Cuando entré en la boutique la dependienta atendía a un hermosa joven, por lo que tuve que esperar y no pude evitar escuchar su conversación. La empleada animaba a la joven a que se decidiera a adquirir un short de encaje precioso y un top, indicándole cómo resaltaba su figura y lo bien que le quedaba. A la joven le encantaba, pero era costoso para sus posibilidades.

    Pedí disculpas por mi intromisión comentando que el dinero no podía ser impedimento para que una joven tan bonita no luciera unas prendas que resaltaban su hermosura y que si me permitía sería para mí un placer regalárselo. Se quedó algo confundida y rechazó mi ofrecimiento. No me di por vencido e insistí siendo persuasivo para que al final aceptara el regalo. Solo una condición le dije, “dame el placer de verte con las prendas puestas”.

    Entró en el probador y al salir quedé prendado de aquella criatura. El short ajustadito resaltaba sus nalgas perfectas, redondas, sobresalían dos mofletitos deliciosos e insinuantes. Delante todo apretadito marcando un monte de venus abultadito. En cuanto al top permitía mostrar su ombligo, a la vez que apretaba sus pequeñas tetas que se ofrecían duras y lujuriosas remarcando sus pezones duritos que pedía a gritos salir para que alguien los lamiera. La llené de halagos y mostré mi admiración por tanta belleza.

    Volvió al probador para cambiarse y dejó la puerta entreabierta, supongo que con intención, de modo que pude disfrutar de la visión de su hermoso culo, su diminuto tanga y sus tetas pequeñitas alzándose al cielo con sus pezones duros y oscuritos en punta. La dependienta me sonrió con picardía viéndome absorto en tan agradable visión.

    Mientras, pedí a la dependienta me enseñara lencería íntima, que tan dada es mi esposa a llevarla, con la que se siente sexi y deseada. Braguitas de hilo lisas por detrás y sujetador con encaje, junto con ligueros y medias, todo en color negro. Incluí un salto de cama transparente por recomendación de la vendedora. A mi nueva amiga le encantó. Pagué la cuenta y nos retiramos del mostrador cada uno con su correspondiente bolsa de regalo.

    Le pedí me acompañara a tomar un café. Ella pidió un batido de alguna fruta exótica. Me dijo se llamaba Ceci, tenía 20 años, era estudiante, no tenía pareja y vivía con sus padres. Yo también correspondí contándole algunas cosas personales de modo que ambos nos habíamos abierto y ofrecido confianza. Le comenté que al día siguiente me desocuparía sobre las 11 de la mañana y me gustaría me enseñara alguna parte de la ciudad. Aunque no esperaba me complaciera aceptó encantada y quedamos para el día siguiente.

    Puntualmente acudimos al encuentro. Ella llevaba puesto el regalo que le hice y estaba preciosa, no había hombre que no se volviera a su paso para admirarla. Recorrimos una parte de la ciudad antigua, visitando la Catedral, Casa de los Azulejos, y paseamos por la Alameda Central. No hubo tiempo para más, era hora de comer y me llevó a un restaurante típico muy acogedor. Charlamos, reímos, contamos alguna intimidad. Mis comentarios sobre sexo y juegos eróticos que practico con mi esposa, le ruborizaron y noté en ella un punto de excitación. Llevé mi mano a su muslo por debajo del mantel, no hizo gesto alguno de contrariedad lo que me animó a acariciar la parte interior de su entrepierna.

    Acaricié su piel suave, aterciopelada, mostrándose receptiva a mis caricias. Me atreví a llegar hasta su sexo notando a través de la tela su ardiente temperatura, unas suaves caricias por encima del short con las yemas de los dedos junto con una pequeña opresión, detectaron el grado de humedad que aquel sexo delicioso transpiraba. Sugerí pagar la cuenta e irnos al hotel.

    Llegamos en un taxi al Gran Hotel ciudad de México y subimos a la habitación. Nada más cerrar la puerta empezamos un morreo deseado por los dos desde hacía rato. La nena estaba salida y empezó a desabrochar botones de mi camisa mientras me besaba con lujuria. A la vez yo le quitaba el top dejando sus tetitas diminutas al aire, que empecé a lamer a punto de desgastarlas. Desabrochó nerviosa mi pantalón a la vez que le sacaba el short dejando a la vista su culito con un diminuto tanga que arranqué de un tirón.

    La tumbé en la cama y me sumergí entre sus piernas, era un chochito pequeño, delicioso, con los labios cerrados, del que emanaba un liquidito viscoso que sabía a néctar, a miel. Mi lengua no paraba de recorrer aquella rajita cuyos labios comenzaban a abrirse para recibir placer.

    Su botoncito empezó a emerger pidiendo mi atención, la punción de mi lengua y la succión de mis labios en él, producían temblores en su cuerpo mientras gemía de placer. Mojaba tanto la nena que mi cara se empapó hasta la nariz, mi comida de coño le llevó a un orgasmo brutal haciéndole retorcer de gusto. Notaba sus contracciones en mi lengua, que mantuve dentro mientras se venía. Ella apretaba sus piernas contra mi cara a la vez que gritaba y se convulsionaba.

    La senté en la cama y le hice mamar mi polla, hinchada, marcando sus venas, con el capullo enrojecido preparado para explotar. Mamaba torpemente pero fui explicándole como hacerlo y empezó a tomarle gusto. Me dijo había mamado a algunos amigos chicos que se le corrían enseguida en la carita, pero nunca había probado una verga así de grandota. A punto de explotar me puse a horcajadas sobre ella para frotar su diminuto clítoris con el capullo, daba golpecitos en su pipa ya hinchadita y dura, chapoteaba con mi polla en su vulva inundada.

    No aguantaba más, así que me puse el condón y oprimí con mi polla sobre sus labios colocando el capullo entre ellos. Fui empujando suave para no hacerle daño y entré en su estrecha vagina sintiendo la opresión de sus paredes vaginales , haciéndome gozar de manera exagerada. Ella no paraba de gemir y me decía cuanto gozaba. “Mas papi, dame rico, mmmm así, así, mas. Me gustaaa, aahhh, siii, hazme gozar, mas, mas, mas si amor, asiii papito, la quiero toda dentrooo, métemela, siii”.

    Me tenía a mil y empecé a embestir duro. Pronto noté sus contracciones en mi polla cuando apretaba su coñito. Le hice correr varias veces seguidas, luego la senté encima de mi pija cabalgando como una amazona experimentada para que llevara el ritmo. Se vino gritando como una posesa saltando sobre mi verga, lo que hizo que mi polla estallara.

    Quedamos exhaustos tumbados en la cama. Acaricié aquel cuerpo de ninfa, mientras le besaba y acariciaba con cariño. Disfruté de aquel cuerpo de diosa que solo se había entregado a algún chiquito inexperto hasta aquel momento. Ceci acababa de probar las caricias y el sexo de un macho experto en cubrir hembras hermosas. Desde entonces buscaría maduros que le hicieran gozar en lugar de jovencitos que se le corrían rápido y solo querían satisfacerse ellos. Eso me dijo abrazada a mi, cuando su cuerpo aún tembloroso del goce experimentado no se había repuesto del todo.

    Cuando fue al baño a asearse y recomponer su peinado, metí en el bolso una cantidad de dinero que le permitiera pagar el taxi de vuelta a casa y comprarse algún capricho. Pensé así me recordaría con más cariño.

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  • Probando el sabor de su semen

    Probando el sabor de su semen

    Un sábado casi a la noche, esperaba por mi amigo para ir hasta una cervecería a compartir un momento de tragos y esparcimiento.

    Debo decir que ese amigo es mi novio en la privacidad de mi departamento.

    Lo esperé ansiosa hasta verlo llegar. En la puerta de la casa lo recibí con un beso en la boca, asegurándome que nadie nos viera en esa situación. Luego salimos a la calle caminando juntos, como amigos.

    Fuera de mi casa soy un chico común de barrio. Vistiendo zapatillas, chomba y pantalón jogging debajo del pantalón, llevé puesta un colaless negro. Eso me hacía sentir mujer, más estando junto a mi amado.

    Ya en la cervecería, frente a frente en una mesa. Conversábamos mirándonos a los ojos pero sin tomarnos de las manos y menos de hacer otras cosas que hacen las parejas de novios.

    Allí había mucha gente y música con alto volumen por lo que se debía hablar inclinando nuestras cabezas sobre la mesa. Me sincere diciendo que llevaba puesto colaless. Él sonrió e hizo un gesto con sus labios dando a entender que le agradaba y se mordió el labio inferior. Interpreté que deseaba devorarme. Me sentí halagada por generar en mi novio ese deseo. Él juntando sus pies, aprisiono los míos por debajo de la mesa. Sonreí. Ese pequeño gesto me encendió y fue creciendo mi excitación hasta que una hora y media después salimos del local rumbo a mi casa.

    Apenas traspasamos la puerta. Él me dio una palmada en la cola. Giré mi cuerpo para mirarlo, abrazarlo y juntar nuestros labios. Su pene ya erecto se apoyaba en mi vientre. Podía percibir su temperatura a través de la ropa. Nos miramos a los ojos. Le dije: Eres mi dueño. ¡Deseo ser sola de ti!

    Me respondió: Te deseo mucho y puedo demostrarlo. ¿Quieres?

    Lo besé nuevamente y comencé a desabotonar su camisa. El, levantó la chomba por sobre mi cabeza, y la quitó.

    Yo misma me quite el jogging permaneciendo únicamente con el colaless. Luego bajé por sus piernas el pantalón y el bóxer. Ante mí, se levantó su verga oscura, gruesa y palpitante. Acaricié con mi lengua, su glande. La entré un poco en la cueva de mi boca. Hice movimientos de tragar para que el tronco de la lengua presionara sobre ella.

    Él se estremeció y suspiró. Yo sentí náuseas cuando tocó mi garganta. Y moví la cabeza para quitarme esa fea sensación.

    El intentó sacarla de mi boca diciendo: ¡Voy a venirme! Yo desesperada me aferré a sus nalgas y apreté mis labios. Necesitaba su semen en mi boca por primera vez, ¡conocer su aroma y sabor! Me siento su mujer y debo conocer todo de él, o todo lo que me permita.

    Acaricié sus huevos y el perineo, me sentí tentada de tocar su ano y lo rocé con un dedo. Esa caricia lo desestabilizó.

    No pudo contenerse más y me llenó la boca con su descarga de semen.

    Sacó su verga un poco flácida, babeada y goteando… Yo abrí mi boca y le enseñé mi lengua llena de su semen. Luego cerré mis labios para tragarlo.

    El terminó de quitarse el pantalón y el bóxer. Entramos al baño juntos para ducharnos.

    Mi pequeño pene también había mojado el colalees. Me desnude completamente, para entrar bajo la regadera de espaldas a él rodeada por sus fuertes brazos.

    Permanecimos treinta minutos en la ducha mirándonos bajo la regadera. Yo colgada de su cuello con mis brazos. Levantado la cabeza para llegar con mi boca a su boca.

    El ayudando a que llegue, sosteniendo mis nalgas con sus grandes manos.

    Luego de espaldas a su pecho.

    Abrazada por la cintura, mientras me besaba las orejas, el cuello y mis hombros, presionaba con la parte alta de mi culo en su pelvis.

    Cuando comenzó a recuperar la erección de su pene, me propuso hacerlo en la cama.

    Después de secar nuestra piel usando las dos toallas. Me cargó en sus brazos y me dejó sobre el colchón. También se dejó caer sobre mí. Quedando inmovilizada con su peso. Únicamente podía acariciar su espalda.

    Él se rio preguntando: ¿Qué piensas hacer sino me muevo?

    Le respondí: Esperar hasta que tu tengas ganar de hacer otra cosa.

    Nuevamente se río y dijo: ¡Tengo ganas de hacer otra cosa!

    Salió de estar sobre mí. Me volteó boca abajo. Separó mis nalgas con sus manos y llegó con su lengua hasta mi ano. Lamió hacia arriba y hacia abajo infinitas veces haciendo que gima de gozo. El esfínter fue cediendo su resistencia inicial hasta quedar laxo deseando ser penetrado por sus dedos. Y así lo hizo. Primero un dedo, luego dos y flexionando sus falanges dentro de mí.

    Mi amor pidió que me ponga de rodillas sobre la cama. Se posiciono por detrás y su verga se apoyó en mi ano que deseaba recibirla. No tardó en meterla hasta la base. Y comenzó a bombear fuertemente. Me arranco un grito mezcla de dolor y placer, que ahogué apoyando mi boca en la almohada. Continúe gimiendo y temblando. ¡No podía controlar ningún músculo! Mi pequeño pene expulsó un chorrito largo de semen y pis. Luego lloré sin saber el porqué. Inmediatamente mi novio, tomó muy fuerte mis nalgas y las estrujó mientras me llenó con su leche caliente.

    Berta

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