Autor: admin

  • El machote del barrio

    El machote del barrio

    Había recibido un mensaje anónimo que rezaba “Yo que vos, vuelvo a tu casa ahora”. Vivía en un barrio un tanto complicado, me había mudado a esa zona porque estaba viviendo con una novieta 5 años mayor que yo, que había heredado una casa de una tía.

    En el barrio había gente trabajadora y algún malandrín que otro, entre los que destacaba “El Alex” que era un narco de baja monta, pero que aparentemente tenía una verga más que respetable y no perdonaba a mujer alguna en el barrio.

    Me imaginaba lo peor, así que antes de llegar apagué la moto y llegué con el impulso para no hacer ruido, entré por la puerta del fondo, siendo lo mas silencioso posible. Desde el cuarto se escuchaban voces y quejidos

    -Uff que grande que es, me estas partiendo el orto que todavía no se lo entregué al pendejo, ¡ay ay! La puerta estaba abierta y cuando llegué vi una imagen que no se me va a borrar de la mente, Alisson (mi novia) de pie, apoyada en la cómoda, con El Alex atrás de ella penetrándola por el culo.

    -¿Por qué te coges a todas por el culo? ¡yo quiero que me cojas la concha!

    -Nooo mamita, a mi me gusta por el culo y mas si es culo robado.

    Él le daba por el culo, se agarraba una nalga con una mano, se la pellizcaba y en un momento veo que se tocaba el agujero del culo. Este carga carne por popa pensé, fue todo muy rápido, se me paró la pija, porque El Alex tenía el culo depilado y era un culo bubble, tipo de mina.

    Saqué la trincheta que tenía en la mochila, pelé la verga, me acerqué sin que me vieran y le puse el filo en el cuello al gritándole “déjate de tocar el orto que te lo voy a garchar”.

    Fue como si se parara el tiempo, quedaron congelados los dos, él gritaba que era mentira, yo le repetía, “daaale Alexito si te vi tocándote la entrada del culo mientras le dabas bomba a esta puta y ahora vas a ser mi putita”, le acerqué la punta de la verga al culo sin aflojar el filo de la trincheta en el cuello, le exigí que se abriera las nalgas, no se resistió, pero de su boca salía un “no quiero, no quiero”, pero su cuerpo decía lo contrario, sumergí mi miembro viril en su recto y empezó a gemir como una putita, trató de sacar su pija del culo de mi novia, pero no lo dejé y comencé a trincarlo, la puta barata de mi novia se quejaba que se le puso más dura mientras le hacen el culo.

    -No sabía que te gustaba que te mamporrearan en culo, se te puso más dura que nunca, al final eras un putito tapado, miralo al machote. A esta altura el aullaba de placer y chillaba pidiendo más y más.

    -Ay que me corro, se me va la lechita, ay ay desflorame siii

    Al terminar en el culo de mi novia, lo hice ponerse en 4 en la cama y a mi novia ponerle el culo al alcance de su boca, para que se bebiera todo lo que salía y lo dejara limpito, mientras yo seguía sodomizando, dominando al machote del barrio.

    -Mirá que resultaste brisco, le voy a contar a todo el barrio y todos los maridos de las minas que te cogiste, te van a dejar el orto bien comidito

    -¡Ay nooo ay siii llename el culo de juguito, lo necesito!

    -Vos puta, sacale una foto con buena perspectiva, que se le vea la cara de puta gozando mientras le hago el hoyito y mandala al grupo del barrio, que todos sepan que le gusta sentarse en el bayo.

    -¡llename el culo de juguito por favor!

    -No, te la vas a tomar toda con la puta esta.

    Se arrodillaron los dos con las bocas abiertas sacando las lenguas pidiendo néctar, así que me dejé ir y les largué un par de chorros a cada uno, los hice limpiarme el miembro y El Alex agarró su ropa y se fue.

    -Vos andá a lavarte puta.

    Ella fue al baño y yo empecé a guardar mis cosas en un bolso. Me iba de ese barrio de mierda. Por unos días a lo de un amigo mientras buscaba donde vivir.

    -No te vayas, por favor, ahora sé que sos el macho que quiero en mi vida, te entrego el orto, pero no te vayas.

    La agarré del cuello, la puse de cara contra la pared, le frotaba la verga en el culo, cuando la tuve bien dura, se la hundí hasta el fondo, a ella se le daban vuelta los ojitos, los ponía en blanco mientras yo penetraba una y otra vez esa gruta hasta ahora nunca explorada por mí.

    -Así que te gusta meterme los cuernos, ¡¿eh?! ¡Soputa!

    -¡No sabía que tenía este macho en casa! Perdoname.

    -El que perdona murió en la cruz.

    Seguí penetrándola una y otra vez, ella sollozaba, chillaba, gozaba con la pija en el orto. Yo estaba entre enojado y excitado, el estar domándola de esa forma me hacía sentir potente, poderoso.

    Le llené el recto de semen, hice que me limpiara con la boca, guardé mi pija, agarré mi bolso y fui hacia la salida.

    En la esquina estaba El Alex rodeado por tres vecinos, él les sonreía y los tocaba, lo último que vi, fue que entraba a la casa del gallego con los tres.

    Que fiestón se deben haber mandado.

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  • La secretaria

    La secretaria

    Mi trabajo requiere mucha concentración y para esto debo liberar estrés de vez en cuando, tengo mucha responsabilidad bajo mi cargo por eso cuando contrato secretarias, me gusta más contratar mujeres son más eficientes en el trabajo y en lo que necesito, lo hago con una cápsula muy importante, que sean mujeres abiertas en el sexo, obviamente por esto les pago algo más, es totalmente con consentimiento y profesional.

    Acabo de recibir una llamada, unos arreglos que deje a cargo no salieron como esperaba, perdimos unos inversionistas y estaba muy enojada, tendría que despedir al culpable y buscar a un empleado nuevo.

    Necesitaba relajarme para continuar trabajando, marque a mi secretaria y le notifique que necesitaba que me ayudara en algunas cosas.

    En menos de 5 minutos ya estaba aquí.

    -Ven aquí, María -Era una chica joven, delgada, algo sonsa pero hermosa, asintió con la cabeza y rodeo el escritorio hasta llegar donde yo estaba.

    Me acomode en el asiento abriendo mis piernas, amaba verla acomodándose el cabello en una coleta, me excitaba lo entregada que estaba, lo obediente y la disposición a lo que le pedía, me mojaba solo tener el control.

    Se arrodilló y me fue quitando las bragas, veía como se mordía los labios y se saboreaba, a ella le excitaba tanto esto como a mí, lo había sentido en sus bragas empapadas.

    Me acomodé mejor en mi asiento y abrí las piernas lo más que pude, al sentir que su cara se acercaba a mí ya estaba mojada, expectante de sentir sus labios, gemí solo de sentir su lengua mojada recorriendo mi vagina, comenzaba suave, justo como sabía que me gustaba pero una vez que mis gemidos se hacían más fuertes aumentaba sus lamidas y chupadas.

    La agarraba de la cabeza, me restregaba en su boca cada vez que su nariz chocaba con mi clítoris sentía una electricidad por mi cuerpo, quería que fuera más fuerte, más rápida y le presionaba su cara con más fuerza, la sentía gemir en mi vagina, sabía que tenía los dedos metidos en la suya y me excitaba más.

    No pude más, tenía que sentir más, agarre sus cara con las dos manos y apoyo mis pies en los apoya brazos, no me importa si respiraba, me excitaba más saber que no lo hacía, que se ahogaba con mis fluidos y vagina, me movía bruscamente en su cara sintiendo sus chupadas y la escuchaba gemir más fuerte, su nariz chocando deliciosamente donde debía, estaba que explotaba y explote, mojando toda su cara pero ella siguió lamiendo hasta que mi vagina se relajó.

    Verla limpiarse los labios y la barbilla me daba tanto morbo como verla ahí abajo.

    -Quieres correrte? -Le pregunté, ella asintió con una cara de súplica- Siéntate en mi escritorio y mastúrbate para mí.

    Lo hizo, aparto cuidadosamente mis cosas, aparto su falda y se sentó sin sus bragas encima de la mesa, me acerque a ella junto con mi silla a acariciarle las piernas mientras ella se tocaba suavemente y seguía aumentando su metida de dedos hasta que sonaba como agua chapoteando, me excitaba verla, así que presione con fuerza mis muslos y le seguía besando cerca de su vagina.

    Sus gemidos eran como suplicando, como pidiendo que la tocara pero no lo iba a hacer, quería era verla, cuando la tocaba era para premiar su buen desempeño.

    Se callo un rato, viéndome fijamente mientras se metía cada vez más duro los dedos, más profundo y se corrió.

    Se dejó caer en el escritorio agotada, y no pude resistir darle una pequeña probada a su húmeda, solo una pequeña probada.

    Me separé cuando noté que se estaba preparando para más y saqué unos pañuelos para dárselo.

    -Gracias María, vuelve a trabajar -le ordené ya abriendo mi laptop para continuar mi trabajo.

    Ya más relajada y concentrada para arreglar las cagadas de los empleados.

    Mare.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (21)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (21)

    El chico gime, ella mira por encima de su hombro para encontrar mi mirada, me tomo por sorpresa y le doy a la distancia un gesto de aprobación . Ella me devuelve la sonrisa, veo como el rubor se extiende por sus mejillas, antes de inclinarse para llevarse la cabeza de la polla a la boca.

    Sandy sonreía nerviosa, escuchando los comentarios vulgares de los chicos que la rodeaban, sus ojos se cruzaron nuevamente con los míos, le guiñe un ojo a la distancia, un gesto familiar que ella reconoció de aprobación y apoyo que era el mismo que le enviaba desde las gradas en sus competencias deportivas en la universidad y a lo largo de su vida académica. Dentro de mi necesitaba que continuara quería ver hasta donde podía llegar sin medir las consecuencias ni que se trataba de mi propia hija.

    Su primer movimiento fue tímido, desde mi posición y por el movimiento de su cabeza y mano pude adivinar que la punta del pene tocaba sus labios sin introducirlo y lo alejaba de su boca aprisionándolo con su mano, eran breves besos, varios chicos le pedían que se acercara a sus posiciones en un susurro constante.

    Muy a mi pesar retire mi miembro de la boca de la bella señora, me lo guarde en el pantalón y me acerque al otro extremo del pasillo en la pared en donde estaban Martha y mi hija, había un tumulto esperando turno, sin embargo, quede lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían los chicos. “Te gusta mi verga?… Quítate la falda acerca tus nalgas al orificio y ábrelas para metértela por detrás” Le dijo un señor de más de cincuenta años que era uno de los que Martha atendía.

    Un hombre de mediana edad con la verga dura se introdujo a un lado de Martha, su miembro era enorme se veía impresionante, con la punta rosa y brillante por la excitación. Martha lo acepta y se la mete en la boca sin dudar. El hombre jadea de placer, se lo mete profundo, su garganta se mueve en un ritmo sensual, sus ojos se llenan de lágrimas y la saliva le gotea por la comisura de los labios, mi esfínter se contrae al ver la escena de mi hija dando suaves masajes con su boca cerrada sobre el pene del chico y a Martha masturbar a uno mientras con la boca atendía la enorme y prieta verga del nuevo. Busque una nueva posición al final de ese pasillo ya que había un tumulto justo en donde estaba Sandy.

    Quería estar cerca de mi hija, me sentía excitado, pero aun había en mi un atisbo de preocupación por su seguridad. Me asomé por la pequeña ventana y vi claramente a Martha y a mi hija. Mi corazón se aceleró al verla manejar el pene y dar pequeños besos en la cabeza de la polla martirizando al chico que se pegaba a la pared, la excitación se apoderó de mí. El chico se movía cada vez más, podía sentir su excitación

    Estaba a tan solo 3 metros de ella, por la ventana veía perfectamente lo que sucedía. Con la respiración contenida vi cómo los ojos de Sandy se abrían de par en par con una mezcla de miedo y excitación. Martha, había tomado las riendas de la situación, susurrándole palabras al oído, guiándola en cada paso. El miembro del joven se ponía más rígido con cada embestida tentativa dentro de la mano de Sandy, sus testículos con vellos púbicos desprolijos colgaban grotescamente dentro del orificio y pude ver claramente como se tensaban con cada suave caricia de mi hija. La habitación era una sinfonía de respiraciones pesadas, chasquidos húmedos y gemidos ahogados, un testimonio del carnaval de lujuria que nos había invadido a todos.

    Martha, con una sonrisa, se acercó a mi hija, susurrando algo que hizo que las mejillas de Sandy se sonrojaran aún más. Entonces, como si fuera una señal, Sandy separó sus labios carnosos y tomó finalmente la cabeza del pene dentro de su boca. Paso su lengua por el glande recorriéndolo hasta la base. Un jadeo colectivo resonó a mi lado, y sentí una extraña mezcla de orgullo y excitación creciendo en mi interior y un escalofrió recorriendo mi espalda.

    La mano del chico se abrió paso hasta la nuca de Sandy, guiándola mientras lo absorbía más, con las nalgas hundidas por el esfuerzo. Sus caderas empezaron a mecerse y vi como más de la mitad de su verga llenaba de carne la boca de mi hija, verla, mi hasta hace poco inocente princesa, ahora una mujer explorando su sexualidad con tanta libertad, era más de lo que podía soportar. Mi polla, que ya se tensaba contra mis pantalones, pedía alivio al ver su delicada mano trabajar su miembro al ritmo de su boca.

    La tensión aumentó a medida que los gruñidos del chico se hacían más fuertes, y supe que Sandy estaba cerca de tomar una decisión. La veía llevarlo hasta el límite, con las mejillas rojas por el esfuerzo. Y cuando finalmente erupcionó, mi hija se apartó y un cálido chorro de semen paso de largo cayendo en su cabello y espalda, continúo moviendo sus manos con maestría hasta exprimirlo, parte del semen cayó sobre su blusa, entendí que no era la primera vez que daba sexo oral, solo que ahora era en un lugar público y frente a sus padres, también comprendí que oficialmente se había convertido en parte de nuestro mundo decadente, un mundo donde los límites se difuminaban y el placer era la única ley.

    Mi corazón latía a mil por hora al ver a mi hija manejar la polla del desconocido con tanta destreza. Sandy me descubrió en mi nueva posición aun con la polla del chico en la mano, sus ojos se llenaron de sorpresa al verme tan cerca, su cara se sonrojo, y como si reaccionara se alejó a la puerta, tomo unas servilletas que estaban dentro del cubículo y se limpió los restos de semen. Yo no podía más, la excitación me rebasaba, me bajé el cierre del pantalón y lo metí por el orificio buscando alivio, una de las señoras tomo mi pene y se lo metió en la boca.

    Sin embargo, mi atención seguía en los movimientos de mi hija, mi faceta voyeur y cuckold predominaba y se trasladaba ahora a Sandy. Después de limpiarse el semen se mantuvo en pie, observando con sorpresa y cierta fascinación la escena que se desplegaba delante de ella. Una nueva participante ingreso y se fue al área en donde estaba Juan. Las demás mujeres se movían alrededor, sus lenguas bailando alrededor de los penes erectos, sus manos acariciando, masajeando y explorando cada centímetro de carne caliente que se les ofrecía. Noté rubor en la cara de mi princesa era lógico y natural que su propio deseo se agitó a la vista de tanta lujuria y haber participado, vi como sus pezones se endurecieron a través de la fina tela de su blusa corta.

    La habitación parecía una pintura hedonista, resaltando las formas voluptuosas de las participantes. La mayoría de las mujeres estaban desnudas o semi desnudas, solo mi hija conservaba toda su ropa, Una falda corta de mezclilla y una blusa que mostraban su ombligo y vientre marcado por el ejercicio, así como unas sandalias que dejaban ver sus hermosos pies desnudos y las uñas de los dedos con esmalte del mismo color de su blusa. El olor a sexo, sudor y excitación se envolvía en el ambiente, y el sonido de los besos húmedos sobre las pollas y los susurros lascivos se fundía con el ritmo de la respiración agitada.

    Sandy permaneció de pie, mirando a su alrededor en actitud tímida y sumisa, su atención se centró en Martha que le hacía señas que regresara y le mostro el enorme miembro ensalivado que chupaba y brillaba en su mano. Mi hija sonrió nerviosa, indecisa, su mano tocaba la manija de salida para abandonar la sala, y de repente con paso decidido, se acercó a Martha, se hinco y esta vez no tuvo cuidado en acomodarse la falda, mostrando sus impresionantes muslos y el inicio de sus finas bragas blancas.

    Mi hija se movió y acomodo lentamente, aceptando de manos de Martha el enorme miembro, y acercando sus labios a la punta, saco la lengua como si quisiera primero saborearlo, la respiración del moreno se agitó y su vello púbico se estremeció al sentir su aliento cálido. Con un movimiento suave y deliberado, Sandy envolvió sus labios alrededor del glande, haciéndolo palpitar. Sus ojos se cruzaron con los míos, llenos de desafío y curiosidad, buscando mi aprobación. Le di un guiño y un leve asentimiento, indicando que podía continuar mientras yo bombeaba la húmeda boca de la desconocida.

    Martha se movió a la posición anterior de mi hija tomando un nuevo miembro, Sandy quedo en medio de Martha y la señora que me atendía a mí y a otro chico a la derecha, vi claramente como su boca se movió lentamente, tomando cada centímetro, su garganta se tensó por el tamaño impresionante del pene, sus cachetes se hincharon y el hombre jadeó de placer. Los demás participantes se acercaron a la escena, observando ansiosos la acción.

    Mis manos se enredaron en el cabello de la desconocida, guiando su boca, cada embestida más profunda que la anterior, mis ojos no podían dejar de ver a mi hija, que estaba hombro a hombro con la mujer que me atendía con su boca, mi preciada hija, adorando la verga del desconocido con la maestría de una experta. La escena era tan surrealista y excitante que me costaba creer que mi princesa, ya no era la adorable adolescente que se acurrucaba en mi regazo para ver la tele, o la que me pedía ayuda con los deberes.

    Con cada mamada que le daba al desconocido, la cara del hombre (el tipo era aproximadamente de mi edad) se contorsionaba de éxtasis. Su piel morena, ahora se enrojecía al ritmo de sus jadeos, y sus ojos se cerraban en un gesto de placer incontrolable. Su pene, empapado en la saliva de mi hija, se erguía aún más, y su tamaño me impresionó, aun así, Sandy no se detuvo ante la dimensión del desafío. El pasillo se impregno del sonido de la respiración del tipo, que se entrelazaba con el de mi hija, el de Martha, mi propia respiración y la de todos los participantes. El ambiente se volvía cada vez más tenso, la excitación era palpable en cada rincón.

    Sandy, ya una experta, se limitaba al placer oral, apoyando sus manos en sus rodillas, permitiéndole al hombre la libertad de introducir y extraer su imponente miembro a su antojo en la hermosa boca de mi hija. Cada pulsación de su pene se sentía en la garganta de Sandy, que se adaptaba sorprendentemente, aunque en ocasiones se detenía a tomar aire, por sus mejillas corrían algunas lágrimas por el esfuerzo. Su habilidad para mamar era innata. Yo, a un lado, contemplando la escena, no podía creer que mi dulce muñeca se hubiera transformado en menos de una hora, la excitación que sentía en mi era indescriptible.

    Me había olvidado por completo de Myriam y Juan. Estaba tan absorto viendo a mi hija y a Martha que no había notado que estaban ya a mi lado, Juan me rodeó el hombro con su brazo, su sonrisa en la penumbra me mostro que se divertía con mi tormento. Su aliento en mi oído era cargado de lujuria, susurrando “¿Te gusta lo que ves?” Su burla era evidente, y a la vez, su tono de excitación era palpable. El solo saber que mi hija se encontraba allí, explorando su sexualidad de la mano de su esposa que también devoraba vergas de desconocidos era más de lo que yo podía manejar.

    Myriam se acercó a mi costado, su abrazo me transmitió un calor que se extendió por todo mi ser, suavizando mi angustia y mi excitación. Sus labios se posaron en los míos en un beso húmedo y cálido, su aliento era caliente, estaba tan excitada como yo, sus manos se deslizaron por mi espalda en una caricia que se adentraba en la fibra de mi camisa. Después de un largo y apasionado beso, al separarse, me miro, su sonrisa era de complicidad y deseo.

    Sin dejar de contemplar la escena que se desplegaba ante nosotros, con la boca aun húmeda de mi beso se agacho, se hinco y saco mi verga del orificio con sus manos suaves y empezó a acariciarla. La desconocida que me mamaba tomo el miembro de Juan, no por mucho tiempo, mi esposa saco del orificio también el de Juan y nos mamo a los dos alternadamente.

    En el clímax de la noche los gritos de los hombres viniéndose sobre las mujeres se generalizo, el esperma volaba, nuestra hija hizo lo propio. El hombre se movía enloquecido, temblaba y su respiración se agitó, era obvio que no podía resistir más. Con un gesto maestro, mi hija aceleró el ritmo, tragando cada centímetro de su polla ayudándose con ambas manos, sus ojos se cruzaron con los del desconocido y con los míos, vi la decisión en sus ojos.

    Con un gruñido gutural, el hombre se vino con un chorro potente, la cara de Sandy se bañó en semen, la saliva y el semen se deslizaron por su cuello, la escena se grabó en mi mente para siempre. Mi hija lo exprimió hasta la última gota, abría y cerraba la mano jugando con la leche espesa del hombre, se levantó y se secó la boca con la servilleta escupiendo el contenido que entro en su boca, su cara estaba roja, su falda en la cintura mostrando completamente las pantaletas y su culo joven y respingado.

    Mi esposa se levantó sin dejar de masturbarnos a mirar la escena, Sandy se limpiaba la cara y se sonaba la nariz seguramente expulsando leche de sus fosas nasales.

    “¿No te lo dije?” dijo Juan, “Sabia que serían una familia swinger como nosotros”

    Sandy, se acomodó el vestido, su pecho excitado se hinchaba y sus senos se movían levemente con cada respiración. Se acercó a la pared, la multitud de manos se apresuraron a acariciarla, palparla, explorarla, para mi sorpresa se dejó hacer. Unos dedos intrusos trataron de meterse entre sus bragas, mi hija le quito la mano y las puso sobre sus nalgas. Otros jugueteaban con sus senos,

    Mi esposa y yo, aun sin medir las consecuencias, no podíamos apartar la mirada, el calor se acumulaba en mi interior, la excitación se hacía insoportable, la visión de mi propia hija en plena acción sexual me volvía loco. Mi hija metió una mano entre sus piernas acariciándose sobre las pantaletas. 4 manos que entraron por los orificios acariciaban sus nalgas y sus senos.

    “Myriam sácame la leche, ya no puedo más” –Pidió Juan

    Mi esposa, escuchó la petición de Juan y, sin perder la concentración, se hinco nuevamente y tomó también mi verga y empezó a masturbarme mientras hacía lo propio con Juan usando su boca. La escena delante mía era demasiado, mi hija se masturbaba lentamente, cerrando sus bellos ojos, los hombres cercanos a ella la acariciaban, y mi esposa aceptaba a un tercer hombre en la rueda. El calor me consumía, mi polla palpitaba con cada toque, el ver a mi hija y a mi esposa con otros hombres era demasiado, no pude resistir más y empecé a gritar de placer, mi semen broto en la cara de mi esposa, empapando su cuello y pecho, note que tragaba el semen de Juan que entraba a borbotones.

    El desconocido que se nos unió, se vino en una copiosa carga de semen que mi esposa recibió en su cuello y la esparció por su cara, con un gesto lascivo que delataba su propia excitación.

    Mi atención se centró de nuevo en Sandy, que ahora se encontraba de espalda a la pared, sus manos bajando por su vientre acariciando su sexo cubierto por las delgadas bragas empapadas. La multitud que la rodeaba se volvía cada vez más osada con sus manos deslizándose por sus carnes firmes, explorando cada rincón de su anatomía sobre la ropa. Mi hija necesita sexo, ser penetrada, era evidente.

    Aun me sentía excitado y estaba erecto, mis manos se enredaron en el cabello de mi esposa, empujando su cara contra mi pene, su boca abierta y acogedora con el calor que sentía en su garganta me hacían estallar de deseo, vi su cara aun con vestigio de tres leches, nuevamente me vine, se tragó cada gota que le ofrecí. Juan me miraba, su sonrisa malvada me decía que no podía negar la realidad, que mi propia hija era la que me hacía perder el control.

    Mis ojos no podían dejar de ver el espectáculo que ofrecía Sandy, sus pezones se erguían a través de la tela, sus nalgas se movían al compás de la masturbación contra la pared, su respiración era cada vez más agitada. Las manos de extraños recorrían su cuerpo acariciando sus senos con brusquedad. En la cima del placer los ojos de mi hija se tornaron blancos, separo las piernas, abrió la boca y tuvo un estremecimiento seco que me indicaron que estaba teniendo un fuerte orgasmo, su rostro era la imagen perfecta del vicio, de la depravación que ahora ya era parte de su vida en complicidad con nosotros. Se volvió lentamente y me miró, su sonrisa me decía que lo que veía era solo el comienzo.

    De repente, las luces del recinto se encendieron con un brillo cegador, y un pitido agudo retumbó en la habitación, sofocando el ambiente erótico que se había formado. Todos nos detuvimos en seco, y las caras del personal del club que entraron se tornaron serias y preocupadas. El sonido de un altavoz resonando por todo el salón nos heló la sangre: “Se detectaron actividades indebidas. Los participantes deben detenerse inmediatamente. Los que hayan roto las reglas serán expulsados del club”. La multitud se dispersó, y la ansiedad se apoderó de la sala. Mirando a mi alrededor, vi a Sandy que salió del cubículo acomodándose la ropa, Martha y el resto de las mujeres continuaron adentro.

    Myriam y yo intercambiamos una mirada preocupados. La persona se dirigió precisamente a nosotros como los infractores. Salimos entre risas. Esperamos afuera a Juan y Martha. Sandy y mi esposa entraron a un restaurante para asearse. En silencio me senté en una banca del centro comercial aun aturdido, aun no procesaba lo que había pasado. Después de 10 minutos a lo lejos veo que vienen nuestros amigos, Juan venia carcajeándose como un adolescente después de una fechoría.

    “Jajaja que buena experiencia Miguelito!”

    “El personal nos dijo que ya habían advertido dos veces antes a tu mujercita que estaba violando las reglas de no tener actividad fuera de la cabina” Comento Martha aun arreglándose la ropa y el cabello.

    “Y en donde están ellas?” Pregunto Juan

    “Entraron al baño del restaurante que está enfrente” Le respondí.

    “Iré a hacerles compañía” Martha se dirigió al lugar.

    “Vaya amigo, tienes mucho que procesar camino a casa y te sugiero abordes el tema cuanto antes con tu hija” Me sugirió Juan una vez que quedamos solos.

    “Si, te confieso que estoy en shock, no es en realidad que pensar” Le respondí sentándome e invitándolo a hacerme compañía.

    “No te preocupes, amigo, Sandy ya sabe lo que quiere. Tu hija es una mujer ahora, y con la ayuda de Myriam, seguro que podrán manejar la situación.”

    Asentí, aun en un mar de dudas, “Tienes razón, debo abordar de inmediato el tema.”

    “Sera una excitante charla sin duda” Concluyo Juan al acercarse las tres mujeres para el regreso a nuestras casas.

    ¿Fin?

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  • Anal después de la playa nudista

    Anal después de la playa nudista

    Hace unos años tuve algunos días libres de trabajo y decidí ir a las playas de Oaxaca.

    Como la chica que era mi novia en ese entonces no tenía días libres entonces me fui solo a la aventura.

    Llegué a Puerto Escondido y renté un auto.

    Llegando al hostal me atendió una chica muy linda, muy joven, de unos 22 años, llenita, de unas tetas gigantescas y cara hermosa.

    Estuve paseando por los alrededores, fui a Zipolite. Una playa nudista, con mucho morbo. Me quité todo y estuve mostrando mi verga de 20 cm.

    No había muchas chicas, una gringa me hizo la seña de “ven” pero a mí no me gustó y solo la dejé que viera mi verga un poco más de cerca.

    Al día siguiente me encontré a la chica de la recepción, en el bar del hostal. Platicamos brevemente de a donde había ido y la cara se le llenó de morbo.

    Me contó que tenía poco que había llegado al puerto y que aún no se animaba a desnudarse por completo. La chica tenía que irse pero me dijo que al día siguiente descansaba y que le gustaría ir de paseo, acordamos una hora.

    Al día siguiente nos vimos temprano en la recepción, ella llevaba un sostén tejido que dejaba ver impresionantemente sus tetas gigantes y deliciosas.

    En el camino platicamos, hablamos de sexo, de la vida, de cómo le iba trabajando en el hostal.

    Llegamos a la playa nudista, primero a un restaurante. Ella estaba tímida.

    Había poca gente y en el restaurante había un grupo como de 10 jóvenes que estaban esperando a verle las tetas.

    Tomamos, comimos y la chica agarró valor, se quitó todo, me pidió que me quitara el short y me invitó a meternos al mar.

    Ya en el mar se le quitó un poco el pudor, aunque tenía las tetas al aire, su pucha se cubría con el agua.

    Estuvimos jugando en el agua a aventarnos, cualquier pretexto era bueno para acercarme y poder tocar un poco.

    Sus tetas me volvían loco, me las quería comer.

    Así pasamos la tarde.

    Por la pena y el agua, ella no vio con atención mi verga.

    En el auto de regreso a puerto escondido hablamos de eso y le mostré una foto con mi verga totalmente erecta.

    Y me confesó que se el antojaba mucho.

    Nos dimos un beso y tocó mi verga por encima del short.

    Llegamos a puerto y decidimos ir de fiesta, tomamos, bailamos, nos besamos.

    Ella me había dicho desde el auto que aunque se le antojaba mi verga, no estaba dispuesta a coger.

    Seguimos la fiesta y yo le dije que la quería ver masturbándose y esa idea le encantó.

    Y me dijo que quería yo me masturbara viéndola.

    No podíamos ir al hotel donde ella trabajaba porque sería muy evidente que entraba conmigo así que fuimos a un hotel modesto de la zona.

    Entramos y nos quitamos la ropa. Ella comenzó a masturbarse yo con la verga durísima, después de todo el día saboreándome esas tetas y esa pucha.

    Iba a media masturbada cuando me dijo que quería que le chupara las tetas, acepté gustoso.

    Una cosa llevo a la otra y ya nos estábamos masticando mutuamente, después le empecé a comer la vagina y eso nos llevó a un 69.

    La calentura estaba llevando a la chica a hacer lo que le dijo que no quería.

    Disfrutaba y comía mi verga con muchísimo gusto.

    De repente lanzó una frase que no podía creer.

    -Consigue un condón que quiero que me penetres el ano.

    Llamé a recepción pedí condones y en cuanto llegaron me puse en acción, sin lubricante ni nada comencé con un dedo y vi que la chica aunque era joven era una experta en anal.

    Relajó el esfínter y mi dedo fue insuficiente, así metí 2, 3 y siguió relajando hasta que me cabía media mano.

    Yo estaba excitadísimo y ella pedía más, yo había oído del fisting, pero no creía que fuera posible, su culo cada vez abría más y cabía más mi mano.

    Con algo de esfuerzo pude cerrar la mano para que fuera mi puño lo que entraba, era muy excitante tenerla en 4 con el culo abierto y yo metiendo mi puño.

    Me pidió que ya la penetrara así que me puse el condon y la penetré. Al inicio estaba muy abierto, pero su año se contrajo y se empezó a sentir más rico.

    Se sentía delicioso la dejaba ir los 20 centímetros completos sin piedad y hasta adentro, la chica estaba vuelta loca.

    Sus tetas gigantes colgaban de una forma deliciosa mientras yo la cogía desde atrás.

    Como había tomado mucho, no me podía venir, mi verga estaba durísima y yo le daba hasta el fondo, su culo estaba abiertísimo y gritaba como loca.

    Lo que me ponía más caliente, aunque no podía venirme.

    Estuvimos así fácil 40 minutos hasta que ella rendida me pidió parar.

    Para venirme me la chupó y con algo de ayuda manual pude venirme.

    Nos acostamos y dormimos.

    Al día siguiente nos fuimos al hostal como si nada hubiera pasado y no le hubiera metido mi puño y la verga en el culo hasta dejarla exhausta.

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  • Mi chongo favorito: Navidad

    Mi chongo favorito: Navidad

    25 de diciembre 25 del 2021 a las 04:38 de la mañana. No podía dormir.

    Una de mis hermanas se había adueñado del living con sus amigos, y la otra se había ido de joda con sus amigas de siempre.

    Yo me quedé en la cama, sola, con ese vacío raro que aparece en esas fechas. Extrañaba a mi vieja. La puta madre, cómo se siente su ausencia cuando todos brindan.

    Estaba en tanga, mirando el techo, cuando sonó el mensaje.

    —¿Estás? —Era Nahuel.

    No sé si fue la hora, el calor de diciembre, la tristeza o las ganas de que alguien me haga sentir algo que no sea nostalgia. Le contesté sin pensarlo.

    —Sí. ¿Qué paso?

    —Estoy volviendo a casa. ¿Te venís?

    No tardé ni dos minutos en decirle que sí. Me levanté y me vestí como le calienta.

    Jean ajustado, la musculosa negra que me deja media espalda al aire y me marca las tetas, sandalias marrones, los aros de perlas que le gustaban, y el collarcito de plata que ama sacarme con los dientes.

    Cuando llegué, ni me saludó. Me agarró de la cintura, me estampó contra su cuerpo, y empezó a besarme como si el tiempo apremiara.

    Olía a cigarro, a fiesta y a sudor masculino. Eso me encantaba.

    Su boca bajó por mi cuello, me mordió la oreja y me empujó contra la pared mientras frotaba ese bulto enorme entre mis piernas.

    Me subió la musculosa, sacó una teta y la lamió con esa lengua que me vuelve loca. Mis pezones se endurecieron enseguida.

    —Estás hermosa, Mey… puta hermosa —me dijo mientras me bajaba el jean y la tanga.

    Nos desnudamos ahí nomás, con apuro, sin suavidades.

    Yo me arrodillé frente a él y le saqué la verga. La tenía tan dura que latía. Se la chupé con ganas, mirándolo desde abajo.

    Mientras, él me acariciaba el pelo y me decía cosas sucias, me puteaba. Me calienta cuando pierde el control y se pone agresivo.

    Después, me levantó de golpe, me llevó al cuarto, me puso en cuatro sobre la cama y empezó a jugar.

    Me rozaba con la punta de la verga en mis labios vaginales, amagaba con metérmela. Así pasó un buen rato hasta que de una embestida me la metió toda, haciéndome gemir fuerte.

    —La concha de tu madre, qué rica que sos —me decía.

    A los minutos cambiamos de pose. Se levantó, me apoyó contra la pared y me empezó a coger desde atrás. Al principio lento, y después más fuerte.

    Me nalgueó, y eso me sacó un grito de dolor. Me enloquecía su manera de tomar el control y que me trate como una zorra.

    Después se acostó y me subí encima. Cabalgué con todo, sintiéndolo en cada centímetro. Le puse las manos en el pecho, cerré los ojos y me dejé llevar.

    Eso me hizo ganar sensibilidad en la zona y se me escapó un chorro caliente, involuntario, que le mojó los huevos.

    Grité, se me debilitaron las piernas, sentí cómo mi cuerpo se perdía fuerza mientras él me miraba con rabia.

    En un movimiento rápido, se paró, me arrodillé, me agarró la cara con una mano y me acercó su verga a la cara.

    —Abrí la boca, negra —me dijo con voz temblorosa.

    Obedecí y la metió hasta el fondo. Y apenas empecé a chuparla, lo sentí: su semen espeso llenándome la boca. Me sostenía la cabeza con firmeza mientras yo, entre arcadas, tragaba cada gota.

    Quedamos tirados, transpirados, con la respiración entrecortada. Me abrazó por la cintura y me atrajo contra su pecho.

    En ese momento, tan simple y tan difícil después de todo, me sentí… bien.

    No hablábamos mucho, no nos debíamos nada, pero en ese abrazo había un poco de ternura sincera.

    Me dormí así, con su mano en mi espalda y sintiendo su respiración agotada en mi oreja.

    A la mañana desayunamos lo que quedaba en su heladera, y después volví a casa con el cuerpo cansado, el alma un poco menos rota, y con ganas de volver a cogerlo, por supuesto.

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  • La culpa la tienes tú (1): El nuevo miembro de la familia

    La culpa la tienes tú (1): El nuevo miembro de la familia

    Todos la llaman Lau. Su estatura baja y cuerpo frágil le daba siempre un aspecto de nena eterna. Pero su nombre de pila es Laura Patricia, aunque solamente su madre cuando estaba enfadada era quien la llamaba por esos dos nombres. Mi tía Lau, era la menor de tres hijos que tuvo mi abuelo con su segundo matrimonio. Y al momento de los acontecimientos que les voy a narrar, ella tenía cuarenta y cuatro años, vivía solo con su único hijo, mi primo Adolfo y se había separado de su marido desde hacía ya tiempo.

    A la tía Lau yo la había visto solo unas cuantas veces en la vida. La última vez que yo recordaba haberla visto fue en el funeral de mi abuelo, cuando yo apenas iniciaba la adolescencia. Ella, por razones de trabajo, se había ido a vivir a Barranquilla, así que poco pude interactuar con ella, más allá de escasas reuniones familiares decembrinas. Era en realidad una tía lejana, casi una extraña para mí y de igual manera, yo un extraño para ella.

    Un domingo lluvioso de agosto llegué yo empapado a su apartamento del cuarto piso de un edificio de esa calurosa ciudad. No me sentía cómodo con la situación. Yo debía completar una pasantía universitaria de tres meses y medio, aprobar un curso y así poder ganarme el cupo para continuar una carrera. Mi padre insistió que me quedara donde mi tía, su hermana, al menos durante la pasantía universitaria y si lograba ganar el cupo, pues entonces buscaríamos donde quedarme permanentemente para continuar una carrera como tal. Acepté a regañadientes. De todos modos, no tenía opción.

    La tía Lau me recibió con amabilidad al yo llegar de un penoso viaje en autobús de más de nueve horas y media desde mi pueblo pequeño. Al verla, me pareció tan diferente a como la recordaba desde que la había visto en el funeral de mi abuelo. Ahora era más señora, más bajita de lo que yo la imaginaba en los recuerdos, pero con un aire más citadino. Su rostro no era bello ciertamente. Tampoco particularmente feo. Tenía esos rasgos marcados, bien óseos, como mi abuelo y mi padre que, si bien convenían mucho en rostros masculinos, no favorecían tanto en una cara de mujer. Sin embargo, sus ojos de cejas pobladas, negros y grandes, eran acuosos y tiernos.

    Su sonrisa y su voz nasal me sacaron de mis cavilaciones fisonómicas. Me dio un abrazo. Me instaló enseguida en una habitación chica en donde había una cama plegable para visitas ocasionales. Me presentó a mi primo Adolfo, que me miró con ojos extraños y que yo lo recordaba apenas como un bebé todavía de brazos. Me sentí extraño de estar tan lejos de mi pueblo, de mi casa amplia de campo y sobre todo en una ciudad lejana, y en medio de una familia desconocida.

    La gran ventaja de estar allí era que la universidad distaba a unas pocas cuadras. Debía caminar poco menos de media hora. No había gasto en transportes y para un joven, una gran ciudad es todo un mundo por descubrir. Mi tía tuvo la amabilidad de indicarme y acompañarme el primer día a la universidad, antes de irse a su trabajo. Era una mujer organizada que laboraba en el mundo financiero para un banco de inversiones.

    Con los días, nos fuimos conociendo. Mis buenas costumbres, fueron creando un clima de confianza y buen entendimiento entre mi tía y yo de manera espontánea. Yo era un chico rutinario, que me levantaba temprano, hacía mi cama, daba los buenos días, salía a trotar, ayudaba a cocinar, lavar los platos, hacer el mercado y hasta a pasear a la perrita Mini, la mascota de la familia. Mi disciplina y personalidad tranquila no daba problemas sino más bien alivios. Cosa que los mayores aprecian. En definitiva, yo era el típico chico de pueblo, medio inocente y juicioso. Así que cualquier duda o temor que mi tía podía haber tenido antes de mi llegada a su hogar, por temporal que fuera, se había esfumado a la segunda semana de mi estancia al ir conociendo mi comportamiento.

    Ella, por su parte, era una mujer muy ordenada, de poco hablar, seria, pero no amargada. La casa la mantenía limpia y organizada. Era una trabajadora disciplinada y una madre abnegada. Desde que se había separado de su marido Tomás, el padre de Adolfo, mi tía había asumido el rol de madre cabeza de hogar con mucha seriedad. Si bien no era la mujer bonita, tampoco era desagradable físicamente. Era bajita, de tez clara, casi pálida, de cuerpo delgado, pero cargaba unos senos bastante abultados que, combinados con sus nalgas escasas y caderas poco sinuosas, le daban un cierto aire caricaturesco, casi cómico si se quiere, pero que también, podía generar morbosidad al gusto de muchos hombres.

    Al culminar mi primera semana en casa de mi tía. Debía lavar mi ropa acumulada. Mi tía me indicó cómo utilizar la lavadora. Ésta se ubicaba en un espacio estrecho y contiguo a la cocina, en la zona de labores del apartamento. Aprendí a lavar mis prendas de vestir, cosa que, en el pueblo, nunca había hecho. A la semana siguiente, siendo un viernes por la tarde y aun estando a solas, antes de que mi tía y mi primo llegaran, decidí lavar las ropas mientras estudiaba. Busqué mis prendas sucias de la semana que estaban en un cesto dentro de mi habitación. Me fui a la zona de labores, como la primera vez que mi tía me indicó. Pero no encontré el detergente de inmediato.

    No estaba a la vista. Por pura casualidad noté que al lado de la máquina había un cesto pequeño con tapa. Lo destapé para ver si acaso allí encontraba el detergente. No. No había nada allí, pero si había ropa sucia. No pude evitar el llamado de atención de las prendas íntimas de mi tía. Había varias en la superficie. Un sostén morado, otro negro y un par de pantys femeninos, una morada que hacía juego con el sostenedor y otra rosada. El morbo y la curiosidad me abrumaron de inmediato. Ese fetiche tan intenso e inevitable que todos los hombres tenemos con las prendas femeninas se me activó y me hizo pecar.

    Tomé el sostén de copas amplias de mi tía. Olí con morbosidad el aroma de su cuerpo. Era una rara mezcla entre cremas femeninas y sudores. Una erección fue la consecuencia. Al acercar la tanga rosa de encajes sedosos a mis narices, el olor a sexo femenino fue intenso. Me escurrí como bandido a esconderme en el baño con la tanga en la mano y la frote varias veces contra mi pene duro. Después aspiré los aromas íntimos de mi tía masajeándome el miembro con la otra mano hasta que mi primera eyaculación desde que había llegado a Barranquilla se estrelló sin piedad contra la cerámica de la taza blanca en donde yo estaba sentado. Una suerte de culpa me invadió.

    Me sentí estúpido por un instante, pero el placer fue intenso. Eso no podía negarlo. Me apuré a deshacer la escena del crimen. Dispuse la prenda en el puesto nuevamente y me di cuenta después que los detergentes estaban puestos justo detrás del cesto, algo escondidos. Me puse a lavar y a los pocos minutos, mi tía apareció en el umbral de la puerta, con su rostro cansado después de una dura semana de trabajo. No sé por qué, pero a partir de ese instante, la miré con otros ojos.

    Eso se volvió una rutina o más bien un vicio obsceno. Casi a diario, secretamente me masturbaba asiduamente con la prenda sucia del día anterior que mi tía dejaba en la cesta al lado de la lavadora. Solo cuando ella lavaba la ropa los sábados, no había prenda sucia para inspirar mis pajas irremediables. Se las conocí todas.

    Me sorprendió la variedad siendo ella una mujer poco agraciada y de temperamento serio y vestir conservador. Había tangas, cacheteros con encajes, tangas de algodón, hilos con encajes, calzones tipo bikini, clásicos de abuelitas etc., de varias tonalidades. Me encantaba cuando hallaba vellos púbicos sueltos y manchas amarillosas en la zona del canal vaginal. Olían más intensamente. Aprendí a detectar cuando los había usado con o sin toallas higiénicas o protectores.

    El olor de su sexo se registró a fuego en el núcleo de mi cerebro, al punto que cada vez que ese aroma inundaba mis fosas nasales, una asociación a sexo era inevitable, una erección potente y enfermiza era inminente. Solo podía calmármela con un pajazo desesperado y pletórico de pensamientos obscenos aspirando como droga pura los olores rancios a orines y vagina sucia de mi tía Lau.

    Entre el estudio, la disciplina, el buen comportamiento y las pajas secretas, transcurrieron varias semanas. Me acostumbré a la vida citadina, fui haciendo amistades en la universidad y mi tía Lau parecía contenta con mi presencia en su hogar. No solo porque yo era una buena compañía, sino también porque yo la ayudaba incluso con las tareas de matemáticas de mi primo Adolfo, con quien por cierto me terminé llevando bien. De todos modos, a pesar de esas masturbaciones obscenas, yo sentía y profesaba un respeto profundo hacía mi tía. Raro era todo eso, pero ambas cosas convivían dentro de mí.

    Casi siempre me masturbaba por las tardes, después de regresar de clases cuando aún ni mi tía ni mi primo habían llegado de su cotidianidad. No solo me sentía más en privacidad et intimidad, sino mucho más seguro, puesto que no corría riesgo de ser interrumpido o peor aún pillado en tan vergonzante faena.

    Pero un jueves no tuve clases por la mañana. Así que me iba a quedar todo el día solo en el apartamento preparando una presentación académica. El bus escolar ya había recogido a mi primo y minutos más tarde mi tía, vestida muy conservadora pero elegante, se despidió para irse a su trabajo. Al saberme solo y en absoluta privacidad por puro vicio quise hacerme una buena. No estaba particularmente excitado en ese momento. Era como una orden inconsciente que venía del cerebro, que se había activado solo por el hecho de hallarme en soledad plena en el apartamento. Me fui a buscar los calzones de mi tía Lau al cesto como de costumbre. Estaban revueltos con otras prendas.

    Seguramente debía haber tres calzones sucios; el del lunes, el martes y miércoles. Efectivamente, en la superficie hallé la ropa del día anterior. Un pantalón negro y una blusa color vino tinto. Justo enredado en su pantalón había una tanga estrecha azul turquesa, bastante bonita, con un lazo y encajes en la zona de la vulva. Divisé enseguida una línea algo tenue y pálida en el camino vaginal y otra en la zona anal. Mi pene reaccionó con una erección instantánea.

    Realmente era como un estímulo automático típico de drogadicto. Hurgué un poco más al fondo entre prendas de mi primo y de mi tía y pude encontrar las otras dos piezas de la semana. Un hilo negro de sencillo diseño que olía a gloria y una pantaleta clásica de abuela color crema casi sin aroma. Tomé la tanga azul, el hilo negro y me fui dichoso a mi alcoba.

    Como tenía la intención de masturbarme en la ducha, no me desesperé. Entré en mi habitación para coger la toalla e irme al baño, pero en la radio que yo mantenía en la mesita de noche justo al lado de mi cama, sonaba una canción que me encantaba. Me senté al borde de la cama para alzar el volumen de la radio. Me sentí cómodo allí y decidí mejor reclinarme en la cama. No tenía afanes. Yo estaba sin camisa, en calzoncillos y con las prendas sucias de mi tía en la mano. Las comencé a oler. El estímulo auditivo de la canción y olfativo de olores vaginales me embriagaron al instante. La excitación fue creciendo aún más.

    Dejé la tanga bien dispuesta encima de mi cara, como tapa narices para respirar profundamente los aromas femeninos. Eran olores profundos, bellos y enloquecedores. Imágenes de todo tipo se me venían a la mente. Recuerdos de Cecilia la vecina culona del pueblo, de Claudia mi primera novia, de Sofía la tetona del colegio. Imágenes obscenas todas. Pero también, imaginaba muchas cosas de mi tía. Sus tetas grandes ciertamente era lo que más me inspiraba, pero ¿qué geometría tendrían sus aureolas? o ¿cómo debían verse esos pezones?, ¿qué figura hacía su pelaje púbico? ¿sería abundante o escaso y recortado?

    Todo eso pasaba en segundos por mi mente sucia mientras mi otra mano meneaba juguetonamente la verga enredada en el hilo negro. Respiraba profundamente para intentar robarle el último vaho del sexo de mi tía al trapo que cubría parte de mi rostro. Me hundí en un abismo de placeres. Estaba siendo sin duda la paja más intensa y sabrosa que me había permitido desde que vivía en ese piso.

    -¡Ay! ¿qué haces?

    Fue como un torpedo que me sacó de mi estado de éxtasis. Me tomó unos cuantos segundos comprender la realidad. Por un instante pensé que era una pesadilla o algo que yo estaba imaginando. Pero desafortunadamente no era así. Todo era real. Era mi tía con su voz nasal y su rostro de sorpresa que no sé por qué carajos se había devuelto al apartamento. No sé cómo no escuché ni la puerta al abrirse ni sus pasos al entrar. Bueno, fácil de explicarlo con la música tan elevada. Sí. Era ella bajo el umbral de la puerta de la habitación. Por primera vez la vi grande como si fuera una mujer de dos metros de estatura.

    La vergüenza más grande del mundo me aplastó como una mosca. Sentí que toda mi vida se estaba yendo por un sumidero. Di un salto torpe de la cama. Me subí mi calzoncillo aun con mi pene duro y enredado con su diminuta prenda negra, escondí estúpidamente la tanga azul bajo mi almohada como si ella no la hubiera ya visto y bajé por completo el volumen de la radio. Mi tía, atónita, con su mano en el pecho y sus ojos acuosos dilatados me miraba con su rostro serio.

    Me llevé las manos a la cara temblando como un niño chiquito. Sentí que la vida se me había partido en dos.

    -Tía que pena. Dios mío, que pena. Qué vergüenza –ni sabía que decir.

    Hubo un silencio de ultratumba por unos largos segundos. Ella respiraba profundamente y después con voz aun algo alterada, pero con un tono esforzadamente claro y calmado dijo:

    -Asegúrate de que esta situación no vuelva a pasar y por favor respeta mis cosas. Devuelve eso al cesto de ropa sucia y ve lavarte la cara que debe estar bien cochina.

    Se alejó. Entró en su alcoba. Tomó algo. Seguramente aquello olvidado por lo que había regresado a buscar, por desgracia para mí. Caminó deprisa, estaba atrasada para llegar a su oficina, cerró la puerta con fuerza, quizás con enojo y se marchó. Un silencio de muerte se apoderó de ese espacio y también de mí por dentro. La vergüenza sobrepasaba mi capacidad de gestionarla. Temblaba como un chiquillo perdido y asustado. Maldije el momento en que decidí quedarme en esa cama y no irme a la ducha como lo había pensado. Así, ella ni se hubiera enterado de mis obscenidades. Pero ya de nada valía, era tarde.

    Ese jueves septembrino fue quizás el día más largo y agobiante de mi vida. Después de tirar las dos prendas sucias de cualquier forma dentro del cesto, no pude concentrarme en nada más que en lo terrorífico que sería mi futuro inmediato. Apenas lograba caminar avergonzado y asustado como un loco furibundo por los espacios de ese piso. Temblaba, lloriqueaba, mi corazón se mantenía alterado. Me sentí como un criminal farsante que había sido descubierto.

    Me mataba el alma el saber que había decepcionado a mi tía, por quien, al fin y al cabo, yo sentía respeto y un cariño que se había ido construyendo con el paso de los días. Me sentí miserable. No tenía ni idea de que hacer o de que iba a suceder. Pensaba que mi tía, muy seguramente me correría de su casa. ¿A dónde iría yo entonces a vivir para culminar mi pasantía? ¿Como le explicaría todo eso a mis padres? Ellos inocentes de todo esto, allá en el pueblo. ¡Qué dilema!, ¡qué mierdero había formado en mi cabeza! Estaba asustado. Estaba perdido.

    Llegó mi primo del colegio por la tarde poco antes del crepúsculo. Se encerró a jugar videojuegos como de costumbre. Tuve que hacer un esfuerzo para hacer los quehaceres y parecer como si todo estuviera normal. A los pocos minutos escuché los tacones de mi tía al entrar. Me asusté. Yo estaba en la cocina. No sabía qué iba a suceder. No sabía si debía mirarla a la cara. No sabía si era mejor dejarla hablar o yo tomar la delantera y ofrecerle disculpas, aunque estas no sirvieran ya para nada.

    Ella entró a la cocina. Puso una bolsa con panes que había comprado seguramente en la panadería de la esquina. Me saludó con un “buenas” algo seco. Le respondí con voz pasita sin mirarla. Ni me escuché casi a mí mismo por el ruido de los tumbos ensordecedores que daba mi propio corazón. Parecía querer romper mis costillas para salir. No me dijo más nada, aunque normalmente es de poco hablar. Se fue de inmediato a saludar y hablar brevemente con su hijo. Yo me apuré a terminar de arreglar bien las cosas de la cocina que no pude hacer durante el día perdido en mis preocupaciones. El miedo y la incertidumbre me abrumaban.

    Ella se encerró en su cuarto, como de costumbre, para desvestirse y ponerse ropa cómoda de estar en casa. Al rato regresó ya con su envoltorio de ropa del trabajo, entró en el cuartito de labores y en el cesto, ese cesto mágico de mis problemas echó además sus prendas íntimas, sucias del día. Yo estaba sirviendo la cena. No sé qué era más grande en mi interior, si el miedo o la vergüenza. Hice un esfuerzo y pregunté sin mirarla: -¿Va a cenar? Ella me respondió que sí pero que teníamos que hablar antes.

    Allí estábamos, ambos de pie, en la cocina. Yo me giré apoyándome en el mesón. Ella, pequeña, se dispuso frente a mí con sus brazos cruzados un poco por debajo de sus senos carnosos. Tenía una vieja blusa azul de tirantas delgadas que mal tapaban los hilos del sostenedor y que afloraban un bonito escote. La falda blanca simple era volada hasta poco más encima de sus rodillas, le daba hasta cierto aire juvenil.

    Me miró a los ojos con una mueca de desapruebo en su boca delgada. Yo con la tensión en máximos, apenas si lograba hacer un esfuerzo para no desplomarle del susto. Empezó entonces con voz muy baja a hablarme para que mi primo distraído en su juego no tuviera la más mínima sospecha de que algo transcendental había sucedido.

    -Lo de esta mañana no me lo esperaba de ti. Eso estuvo muy mal hecho. Es una falta de respeto que tomes mis cosas íntimas para hacer tus cosas. Te pido el favor de que no lo vuelvas a hacer. Al menos de que yo no me entere, o peor aún de que Adolfito tampoco lo sepa, por Dios. Yo sé que ustedes los hombres, son así. Cochinos y morbosos. Tu eres un hombre joven con necesidades como cualquiera. Se que es normal que tú te toques el cuerpo, pero es algo tuyo en tu intimidad. Asegúrate de que nadie tenga por que enterarse de eso. Solo te pido eso por favor. No tengo nada más que decirte.

    No la interrumpí en ningún momento. Sus frases eran certeras, claras, como estudiadas. Pero me sentí algo aliviado pese a lo fría que fue.

    -Tía. Estoy muy avergonzado. No tengo nada que decir. Si cree que deba irme a otro lugar, prefiero que me lo haga saber.

    -No, no. Tampoco es para tanto. Simplemente respeta las cosas ajenas y ya. Yo no te estoy juzgando ni veo mal que te jales tu cosa. Eso es asunto tuyo. Eso es normal y sobre todo en hombres jóvenes. Solo asegúrate de que lo hagas en privacidad. Es todo. No tienes que estar tomando mis prendas. Eso es todo.

    Continuará.

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  • Después del bar

    Después del bar

    Les platicaré que en una ocasión las chicas de Coppel planearon ir al bar El Gallo Nacional, era domingo pues era cuando dejaban entrar a las chicas sin cover, nos fuimos cuatro Wendy (el más fitness de las cuatro), Laura (la festejada de aquel cumpleaños en casa de un gerente), Arely (la nueva del departamento) y yo, Arely era las más joven de las cuatro tenía 19 años, Wendy paso por nosotras en su coche, llegamos al bar estuvimos platicando, bebiendo y en ocasión una de nosotras se levantaba a bailar con alguno de los chicos que nos parecían guapos jijii.

    Todo transcurrió bien hasta que dos chavos que ya no eran tan jóvenes tendrían unos 30-32 años nos miraban mucho y se animaron a sacarnos a bailar, pero se fijaron más en Arely y en mí, ya que Laura está un poco más llenita y Wendy estaba hablando por teléfono, y no les prestaba atención.

    Así paso, ya eran pasadas la 1 de la mañana cuando Wendy dice que se tenía que ir, ya que se vería con su amante (el entrenador del gym al que asistía) y cómo íbamos en su coche pues dijimos vámonos todas, nos despedimos de los chicos y salimos, avanzamos en su coche, pero cuando íbamos por la avenida Rebollo rumbo al periférico se apagó el coche de Wendy, ahí duramos unos minutos en eso se detiene un carro y sorpresa eran los dos chavos con los que habíamos bailado se ofrecieron ayudarnos pero no pudieron hacer mucho y nos dijeron que si nos llevaban.

    Wendy se negó ya que le aviso a su esposo lo sucedido e iría por ella, «lo que arruino sus planes», Laura dijo que se quedaría acompañarla en lo que llegaba el esposo y Arely y yo un poco indecisas aceptamos nos subimos, ya en camino ellos comenzaron a hacer insinuaciones que, si queríamos ir a otro lugar a seguirla, a lo que nosotros nos negamos, pero insistían mucho y se tornaba incomoda la situación.

    Arely se puso muy nerviosa y comenzó a llorar diciendo que la llevaran a su casa, al verla le digo al chavo con el que baile al oído, «no sean malos vamos a llevarla» yo acariciando su barba en plan cariñoso, entonces le dice a su compañero ya wey la estas asustando, vamos a llevarla, llegamos a su casa la dejamos y en camino me dice – Jenny, creo que tú nos tendrás que pagar el favor, «con una risa de nervios, pues también tenía un poco de miedo» solo atine a decirle, a si y cómo quieres que te pague.

    Entonces el comenzó a besarme y agárrame los senos, me los saco y me los comenzó a mamar, eso me pone caliente muy rápido y mientras el otro manejaba, se dijeron uno al otro, yo también quiero wey, yo y aunque estaba algo caliente tenía miedo a negarme, pues no los conocía, entonces lo deje que me agasajara, sin poner mucha resistencia pues no sabía que podía pasar, ya que me estaba metiendo mano bajo el vestido que traía, ya me tenía mojada, entonces le pregunte si traía condones a lo que dijo que si.

    Mientras el otro chico manejaba él se puso un condón, yo me lo levante el vestido y me monte sobre él y comencé a moverme para hacerlo venir lo más rápido posible, algo que no batalle tanto, pues no tardó mucho en soltar una exclamación de alivio, el otro chavo se detuvo y dijo, yo también quiero, se cambió al asiento de atrás ya caliente solo vi que se puso el condón y me empino y comenzó a meterme su verga que la sentí más grande y diciéndome que me había visto que tenía un culo riquísimo, me estuvo cogiendo mientras su compañero manejaba y le decía «que buena esta»

    Así duro un rato mientras yo gemía pues me cogía algo brusco en eso saco su verga de mi panocha y echando saliva en mi culo apunto su verga y comenzó a meterlo hasta sentirlo todo adentro se detuvo por un momento y comenzó a bombearme nuevamente con fuerza, «aun lo logro entender por qué todos quieren partirme mi culo».

    Yo solo gemía entonces no sé dónde se detuvieron que el que ya me había cogido abrió la otra puerta y como estaba yo empinada recibiendo la verga de su compañero me metió su verga en la boca y entre los dos me siguieron dando con fuerza hasta que se vinieron los dos, me trague los mecos de uno y el otro se quitó el condón y me pidió que le mamara también a él la verga, ya un poco flácida con sabor al condón se la mame y ya que terminamos les pedí me llevaran a mi casa, les pedí me dejaran por la avenida, pues en el camino me pidieron mi número de teléfono para volver a salir, solo que se los di con un numero cambiado.

    Así llegue después de haber sido cogida por esos dos extraños, en el trabajo Arely me pregunto que, si no había pasado nada malo, le dije que no, no quise decirle que me cogieron los dos por salvarla a ella, afortunadamente llegue a salvo a mi casa.

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  • No estuve a la altura de la madura

    No estuve a la altura de la madura

    La había conocido por internet. Yo tenía 19 años y ella 44.

    Siempre había sido soltera, era gordita y tenía unas tetas gigantes. Ella vivía en la capital y yo en otra ciudad.

    Siempre intentaba que me enseñara las tetas en webcam y yo le mostraba la verga. Tenía poca edad, aún mi cuerpo era lampiño, pero era muy delgado, algo marcado y mi verga de casi 20 se veía enorme para el tamaño de mi cuerpo.

    Paty me dijo un día que estaría en mi ciudad visitando una tía. Yo estaba dudoso, tenía una novia de mi edad que me gustaba mucho, pero no quería perder la oportunidad de estar con una más grande.

    Me gustaba morbosear señoras en internet. Me encantaba intentar calentarlas y enseñarles la verga. Veía como un reto que quisieran verla y que dijeran halagos. Y más aún, que me enseñaran las tetas o la pucha o que me contaran sus historias sexuales.

    Pero nunca había podido cogerme a una madura y ya podía ser el día.

    Se que 44 años no suena a muy madura. Pero eso fue hace mucho tiempo y Paty en verdad se veía como una señora y vestía como tal. Me dijo que estaría en un centro comercial, fui por ella y llegué a una zapatería a verla. Yo me sentía muy echado para adelante y tan pronto llegué le planté un beso y ella se sacó de onda.

    Terminó su compra y nos fuimos en mi auto. Yo la besaba y le decía que fuéramos a coger mientras tocaba sus tetas.

    Ella estaba negada, no quería y yo solo le decía que tenía la verga a punto de estallar por ella.

    Maneje hacia un hotel mientras seguía convenciéndola Ella seguía negada, daba vueltas al hotel hasta que accedió.

    Entramos a la recepción, pidió la habitación y condones. Me parecía fabuloso que vieran entrar a una señora con un joven.

    Entramos. Nos quitamos la ropa, tenía la vagina peludisima, era como si nunca hubiera cortado nada ahí. Sus tetas eran gigantes, del tamaño de su cabeza y caídas.

    Agarró mi pene, se lo metió a la boca, no era buena mamando.

    Entonces me puse condón, se la metí, estaba muy nervioso y en 20 segundos sentí lo inevitable y me vine.

    Me invadió un sentimiento raro, no me gustaba. Ella no me parecía atractiva.

    Ella quería más pero mi pene estaba totalmente flácido. Me manoseaba y me hacía sentir incómodo, agarró mi pene y lo chupó pero seguía flácido. Nos metimos a bañar y me tocaba y no paraba de sentirme incómodo, le pedí que nos fuéramos y no nos volvimos a ver.

    Eso fue hace 15 años, recién la encontré en una red social.

    Después de ella hubo más mujeres, más maduras.

    Ahora vivimos en la misma ciudad. Está cerca de cumplir 60, no sé si sería una buena idea darle cierre al tema, pero esta vez sí cumplir, aunque probablemente lo que vea en ella hoy, no me guste nada, aunque cogerme a una de 60 me parezca muy excitante.

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  • La florcita más hermosa en Santiago de Chile

    La florcita más hermosa en Santiago de Chile

    Entré a su apartamento en un lugar muy exclusivo de Santiago y veo a una chica vestida muy atractiva y verdaderamente me parecía mucho más hermosa que las fotos y videos que había visto horas antes. Me da un beso corto en los labios y me ofrece algo de tomar y le acepto un güisqui y ella al igual me acompaña trayendo dos vasos en sus delicadas manos. Gilma realmente hipnotiza con esa mirada de ojos celestes, una carita alargada, dientes perlados y una boca pequeña de labios gruesos que ella resalta aún más con un pintalabios. Tiene una combinación de sencillez en una aura que parece muy sofisticada.

    A mi segundo día de haber llegado a Santiago de Chile, miré a esta joven que me gustó mucho y le tiré un anzuelo monetario y solo le pedía que me diera sus pantis por la suma de $150.00. Ella me sonrió y me dijo de esta manera: – Con esa plata, usted llama a las chicas del silencio y créame que le dan más que unas pantis. -Luego ella de una manera como asesorando, aconsejando a un turista me dio más detalles de lo que ella llamó, Las Chicas del Silencio y, resultó ser un sitio en la red donde se muestran las damas de compañía de esta bonita ciudad. En la más breve oportunidad busco por medio de Google el sitio y es como concierto una esta cita con Gilma.

    El trato era un masaje por una hora, pero esto no parecía llevar prisa y hablamos un poco mientras nos tomábamos el güisqui y donde esta chica muy femenina y sensual me advertía con la magia de sus ademanes que esto sería una buena experiencia para el recuerdo. Llevaba un vestido muy ajustado, tallado a su cuerpo escultural con una falda debajo de las rodillas, pero con una abertura que te permitía ver sus sedosas piernas. En su perfil decía que sus medidas eran 98-62-105, así que ya se pueden imaginar el cuerpo que se manejaba en un altura del metro y 65, en un peso de las 130lbs.

    Como les decía, esto no parecía llevar prisa ni tampoco sabía cuando el tiempo comenzaba, pues pasábamos hablando unos quince minutos para que ella me propusiera si deseaba pasar a darme una ducha o pasábamos a la habitación. Le dije que me acababa de bañar y me sentía cómodo pues era un mes de junio y hacía mucho frío en la ciudad.

    Todavía en la sala Gilma me desabotonó la camisa y así suelta me tomó de la mano y con una seguridad en sus pasos me dejé guiar por ella hasta llegar a una cama muy bien acomodada entre varios espejos y una enorme ventana que, prácticamente era toda la pared exterior y donde se podía apreciar los jardines de este edificio desde un cuarto piso. Había un olor rico de algún incensio aromático, unas velas que le daban cierto romanticismo a una tarde nublada y música clásica de un jazz más que sensual.

    Gilma se acercó a mí y esta vez me quitó la camisa y como si fuese mi novia me volvía a besar y nos enredamos con nuestras lenguas donde nos saboreábamos el uno al otro el güisqui que acabamos de tomar. Mientras nos besábamos me gustaba ver su linda mirada celeste y como si viviera cada beso cerrando sus ojos me dijo que le parecía un hombre muy guapo y que le encantaba la loción que vestía. Por ese tiempo yo tenía 43 años y esta chica decía tener 20 en su perfil de este sitio llamado El Silencio.

    Me besaba las tetillas y me tomaba de las nalgas y yo solo me apoderé de sus solidos glúteos y los frotaba con mis manos. Esos labios gruesos de su boca pequeña me gustaba verlos como succionaban y jugaba con mis tetillas y esto hizo que mi verga tomara grosor y los hidráulicos naturales comenzaron a levantarlo. Ella sintió el bulto y con una de sus manos me lo comenzó a sobar por sobre los pantalones. Arrodillándose ante mí me quitó el cinto, desabotonó mi pantalón y ella me los bajó y delicadamente me los tendió en un armario junto con mi camisa.

    Tomándome de la mano me pidió que me acostara sobre mi estómago y yo solo obedecí y a través de los espejos vi cómo se subió vestida y con sus zapatos tacón alto sobre la cama y se sentaba sobre mi espalda baja y sentía el calor de sus entrepiernas y el calor delicioso de sus vulva aun cubierta por alguna prenda íntima.

    Comenzó con un masaje sobre mis hombros y cuello, con los minutos se volteó y sobre mi espalda sintiendo el calor de su entrepierna y vulva ahora me masajeaba las piernas. Usa una crema aromática de frutas y con la misma me untó las nalgas y se dio gusto masajeando y jugando con mi ojete el cual me apretaba amenazaba penetrar si no hubiese sido por sus uñas que me podrían haber hecho daño.

    Le calculé a esta parte otros veinte minutos y fue allí donde me pidió que me volteara y, en esta ocasión me quitó mi bóxer el cual estaba evidentemente mojado y me dijo de una manera muy erótica: – Tienes una pija muy hermosa, una varita mágica. – Se sonrió y continuando vestida se sentaba sobre mi falo y me daba esa mirada tan sensual de sus ojos celestes y me masajeaba los pectorales, los hombros, toda la extensión de mis brazos y se me acercó para decirme al oído: – Eres un hombre muy lindo y varonil y yo tengo la suerte de tenerte hoy en mi cama… ¡Que dura se siente tu pija!

    Parecía que no tenía calzones, pues con mi lubricación y la de ella, mi verga se deslizaba por aquel canal y ya no sentía tela alguna. Luego hizo lo mismo y se volteaba para masajear mis piernas y yo solo sentía sus manos de arriba abajo y ella me tomaba del falo y me lo masturbaba por algunos segundos y se lo hacía pasar por esa canal de su conchita que ya estaba ansioso de descubrir y gozar.

    Y fue cuando ella se acomodó y me puso su conchita aun con un calzoncito diminuto blanco casi al nivel de mi rostro y de su parte ella comenzó con una felación deliciosa, pero por mi altura del metro 88 pues no me llegaba para hacer un 69 confortablemente y solo hacía a un lado sus calzoncitos y con mis dedos delicadamente le sobaba los labios gruesos de su concha y creo que desde ese día tengo como referencia los labios de la boca de una mujer e igual serán los labios de su conchita.

    Los quería chupar y la halé hacia mi lado, hice de lado su calzón y saboreé sus jugos espesos y saladitos de su rica vagina. Tenía un aroma y sabor delicioso y Gilma daba unos gemidos de placer y me decía de esta manera: – Si… así, así, así… suavecito, ¡que rico! – Y yo seguía prendido de esa rica panochita aun cubierto de mi rostro por las faldas de aquel vestido verde de Gilma.

    Oía como gemía de placer y sabía que estaba ya sobre las cuerdas, pero quería intensificar su placer y haciendo una pausa la coloqué en posición del misionero y solo le quité el calzoncito estilo bikini de color blanco totalmente empapado de sus jugos y mi saliva y le puse el glande en su hueco y con mi mano lo dirigía por su pequeño canal y me gustó ver esa pequeña panochita que tal parecía una flor de pétalos profundamente rosados y un clítoris inflamado que lo cubría mi glande fácilmente y sin metérsela solo se la paseaba por la raja, hundiéndose levemente en su huequito que sentía me pedía más…

    Pues Gilma comenzó a levantar sus caderas y me pedía que se la metiera y creo que estaba tan excitada que olvidaba que no tenía condón y me agarraba de las nalgas y me decía con una voz excitada y como que se ahogaba: -hazme tuya… mi amor, esta conchita quiere tu pija cariño… dámela… la quiero, la quiero, la quiero toda amorcito, dámela, dámela… uf… que rico, que rico, dámela toda… ay mi amor, me estoy corriendo… uf…

    En la posición que estaba como arrodillado ante su panochita sabía que no se la dejaría ir toda, pues ese hueco se sentía apretado y no quería que tuviera una mala experiencia por ser agresivo y creo que media verga le entraba y creo que por el momento era suficiente para que gozara de su primer orgasmo. Pasamos por unos minutos en aquel mete y saca no tan agresivo hasta que la electricidad del placer había pasado en el cuerpo de esta linda joven.

    Ella sabía que no me había corrido y solo me dio vuelta quedando sobre mis espaldas y ella se subió aun con su vestido verde llenos de nuestros flujos sexuales y en el acto de la montada se lo fue quitando y me quedaron esos pechos espectaculares de un tamaño de copa D y me cabalgó con una furia para sacarme lo más pronto la leche y esa carita deliciosa, esas tetas tan perfectas y esa conchita dándome placer me hizo explotar con una corrida eléctrica, deliciosa y abundante que, ni siquiera le recordé yo de usar un condón.

    Nos fuimos ambos a bañar donde ella siguió chupándome la verga y yo al igual le correspondía dándole lengua a esta hermosa joven y quizá sin muchas dudas podría decir que la conchita de Gilma quizá sea la panochita más hermosa que haya visto y, he visto muchas panochas, pero esta era pequeña, bien depilada con cera, unos labios que verdaderamente parecían pétalos de una flor rosada y un botoncito redondo de donde parecían iban a brotar otros pétalos. Sencillamente tenía una concha muy linda y al igual a los labios de su pequeña boca, eran ambas muy apetecibles.

    Para este punto del baño ya había perdido la noción del tiempo, pero esa panocha me la tenía que comer otra vez y no me importaba si me decía que debía pagar más por el tiempo que para mí ya había llegado a su hora final, pero no me dijo nada y salimos ya secos del baño con ese olor al jabón y a su piel fresca y la puse en cuatro a la orilla de la cama. Su concha era fenomenal, pero igual ese culo estaba divino. Me lancé a comérmelo y de un hoyo me pasaba al otro y a esta chica le encantaba esta acción pues varias veces miré ese reflejo del placer por medio de todos esos espejos alrededor.

    Le encantaba que le comiera el culo mientras de una forma delicada le sobaba el clítoris y de esa manera tuvo un segundo orgasmo el cual extendía el placer hundiéndole mi verga hasta el fondo. Me sorprendía que aguantara los 22 centímetros de mi verga, pues la verdad su panocha se sentía super apretada. De esa manera le provoqué un tercer orgasmo y este llegó todavía más pronto y mientras le pompeaba la panocha cuando se corría le ponía mi pulgar con saliva sobre el ojete hasta hundírselo. Gilma gemía, jadeaba y su cuerpo convulsionaba hasta que el orgasmo pasaba.

    En el último no se lo saqué y continué dándole de perrito hundiéndole el pulgar en el culo y volvió a explotar y este parecía ser el más fuerte, pues sus glúteos se contraían sin control y esos ojos, esos labios de su pequeña boca hacían gestos que no había visto en alguna otra mujer… parecían tan intensos y luego salía con una risa de incrédula. Creo que en 15 minutos había tenido 3 orgasmos.

    Aquella habitación olía a orgasmo, mi verga se mantenía dura, erguida. Mi glande vibraba y solo tenía algo en la mente y era que se la quería meter en su precioso culo. Nunca hablamos de sexo, esto se desarrolló con el trato de un masaje y no tenía nada que perder con intentarlo y lo peor era que me dijera que no. Le di otra lamida a ese culo lo cual parecía le gustaba y pasé a hundirle el pulgar como lo había hecho antes y fue ella quien me lo dijo: ¿Te quieres coger mi culo? Si eso intentas ve despacio, que tú si tienes pija. –

    Fui lento, despacio, con paciencia y mientras se lo frotaba Gilma se frotaba su panochita. Y como dicen que una sola gota quiebra la piedra, así se fue mi glande y quedó enterrado en el culo de Gilma… Gimió profusamente y hasta me puso su mano en mi pelvis como deteniéndome y solo me dijo: -Despacito… no te muevas mucho que me duele… dale tiempo.

    Le di el tiempo y con cariño y mucha pasión Gilma me daba ese precioso y perfecto culo y era divino como se hundía como le quedaba abierto cuando le sacaba la verga completamente. Creo que eso le gustaba a esa niña, sentir cuando de nuevo le entraba la verga y sentir el vacío cuando se la retiraba. Se la tuve ensartada sin mucho movimiento mientras le chaqueteaba la panocha y no duró mucho en correrse y eso me llevó a un orgasmo potente a ambos que pensé contenerlo, pero sus gemidos deliciosos me hicieron explotar con otra buena corrida. Mi verga se puso pasiva y mi semen corría por esa abertura de este precioso culo. De nuevo, otra vez al baño a asearlos.

    Un pequeño descanso y otro güisqui y para esto ya casi las dos horas habían pasado y se miraban las luces de la noche de Santiago. Estaba acostado y Gilma me la volvía a mamar tan rico y me la ponía dura de nuevo y en esta ocasión me hacía una combinación de oral y la rusa. Ella se sentó a la orilla de la cama y yo parado ante ella y me la mamaba mientras me masajeaba las nalgas. Se ponía mi verga entre sus enormes tetas y yo le hacía un vaivén con mi verga. Me la escupía y me la volvía a mamar hasta chuparme los huevos y otra vez entre sus tetas y esto se repitió varias veces hasta que me hizo explotar entre sus tetas y me chupaba la verga y se tragaba todo el semen que me quedaba.

    Esa carita, esas tetas, ese culito y esa hermosa panochita hace acabar a cualquier novato a las primeras y Gilma me lo había hecho saber y era por eso por lo que ella había disfrutado el sexo sin ver el reloj. Me decía que nunca nadie la había cogido de esa manera, pues la mayoría en minutos se corrían y eso la frustraba. Me fue honesta diciendo que ella se dedicaba a eso para encontrar un buen sexo, pero que los hombres solo se satisfacen ellos y nada más. Lo podía entender que con una chica como ella fuera así, pero inclusive algún novio, siempre fue igual.

    En mi estadía en Santiago de Chile la tuve que ir a visitar por segunda vez y comerme esa florcita tan perfecta que tiene y tuvimos otra faena tan rica como la primera y creo que con la confianza todo fue mucho más intenso. Solo me cobraba por una hora, pero pasábamos más de tres, aunque las dos veces le dejé esa propina al valor de su tiempo. Con la chica en la recepción del hotel a quien le ofrecí $150.00 por solo sus calzones, finalmente no solo accedió a ello, por un poco más de eso, una noche me entregó sus calzones, su boca, su panochita y ese culito también rico que tiene. Si quieren que les cuente, házmelo saber.

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  • Enamorándome de Dianita (6)

    Enamorándome de Dianita (6)

    Siguiendo con los deseos de Dianita, de querer que Tony se enterara de estaba cogiendo, en un movimiento rápido y fuerte, choqué mi pelvis con sus nalgas, Dianita al sentir la estocada se queja. -Ah, ah, ah, dejando a Tony en la línea sin decirle nada, seguí con mis movimientos, embistiéndola frenéticamente.

    -¡Pero que mierda es esto!, con quien estas.

    Acto seguido Dianita solo cuelga el teléfono y lo apaga para que Tony no pueda llamarla, desde nuestra posición pudimos ver claramente el enojo de Tony y la desesperación al estar marcando, muy seguramente el número de Dianita, Solo escuchábamos, acabas de cavar la tumba de ese infeliz, no me importa quien sea se va a morir.

    Trague saliva al escuchar esas palabras, realmente me había metido en un gran problema, pero me dije, -ok si nos vamos a morir que sea disfrutando este hermoso culo, por lo que sin miramientos le clave la verga y pellizque sus pezones, Dianita gemía de placer, empujaba su culo hacia atrás para sentir como mi verga se hundía cada vez más adentro, no aguanto más y empezaron a salir chorros de su coño del tremendo orgasmo que estaba teniendo, yo seguí empujando hasta que ya no pude más y le llene el culo con mi leche caliente, quedamos los dos agitados, del tremendo polvo que acabábamos de echar, en un movimiento de contorsionismo Dianita, se dobla y me besa.

    Uf, uf, nunca lo había hecho delante de personas, el morbo que se siente es extraordinario, -me dice.

    -Si fue maravilloso, aunque puede ser la ultimas vez que pueda disfrutar de tu hermoso culo. -le dije

    -Ja, ja, ja ¿Lo dices por lo que dijo Tony?

    -Ambos sabemos que no va a descansar hasta averiguar con quien le estabas poniendo los cuernos.

    -Tranquilo, primero tiene que saber quién es, ahora tampoco tiene la certeza, puedo decirle que estaba fingiendo. -me dice

    En ese momento sentimos que alguien se acercaba donde estábamos con una linterna. -Quien anda allí, -pregunta el oficial de policía.

    ¡Mierda!, es la policía dianita, si Tony nos ve saliendo de aquí con la policía solo tiene que atar cabos, estoy muerto, me subí el pantalón tan rápido como pude, afortunadamente la camisa no me la había quitado, Dianita solo se le ocurrió agacharse, como no tenía tanga, ya que yo se la había arrancado solo atine a ponerme delante de ella.

    -Disculpe oficial, es mi chica se estaba haciendo pis, y como no aguantaba solo se nos ocurrió hacerlo aquí. -le dije (me arrepentí de esas palabras)

    El policía, analizando la situación observa que Dianita esta agachada y el piso estaba mojado. Dianita poniéndose de pie ya con su ropa arreglada, y con voz de niña buena le dice:

    -Lo siento señor oficial, es que no aguantaba más, le juro que no lo vuelvo hacer. -con una sonrisa pícara y haciendo pucheros.

    Está bien señorita, pero se están exponiendo esta zona es muy oscura y pueden aparecer delincuentes y aprovecharse de ustedes, es irresponsable de su parte joven, por esta vez no les hare ninguna amonestación, ni los llevare a la inspección, salgan y váyanse, nos dijo.

    Cuando ya nos disponíamos a irnos, vi la tanga de Dianita al lado del árbol, mientras Dianita lo distraía disimuladamente me agache y la recogí metiéndola en mi bolsillo, el otro problema era que si salíamos Tony nos iba a ver, estábamos prácticamente frente a él, para nuestra suerte una camioneta se ubicó en la acera cubriéndonos completamente, cogí de la mano a Dianita y la jale hacia el lado contrario.

    -Nos salvamos de milagro este no puede volver a pasar. -le dije

    -Te recuerdo que fuiste tú el que quiso romperme el culo allá.

    -Si, pero tú tampoco pusiste mucha resistencia que digamos. -reímos los dos

    Los amigos de Tony, al verlo molesto le preguntan que le pasaba, pero él no decía nada, no quería ser la burla de todos si se enteraban que Dianita estaba cogiendo con otra persona, no sabía que pensar, si era cierto, si era una broma de Dianita, porque le colgó el teléfono era lo único en que podía pensar Tony.

    Si esto es una broma o no, te va a costar sangre Diana, tu padre pagara las consecuencias, y para que puedas remediarlo, me vas tener que dar tu precioso culo, y cuando lo tenga te lo voy a reventar, esta ofensa la va a pagar tu carnoso culo, de eso puedes estar segura, ah y ese infeliz se va a morir es un hecho. -pensaba Tony.

    Cuando vuelve a la realidad mira de arriba abajo a Sofia, pero por ahora tú vas hacer la que me quite las ganas se dijo para sí mismo, se acercó a Sofia y la saco a bailar, arrimándose lo más posible a su cuerpo, cuando pone sus manos muy cerca del culo de Sofia.

    -Si sigues bajando tus manos para tocar mi culo, te juro que te las arranco. -le dice Sofia molesta

    Tranquila Sofí, nosotros somos los Alfa de esta partida de animales, así juntos somos la envidia de todos los que estamos acá, además no existe otro hombre en la Universidad que pueda llenar tus exigencias, porque no pasamos una noche apoteósica los dos juntos.

    Quiero que te quede algo muy claro Tony, ni siendo el único hombre sobre la faz de la tierra, tú podrías llenar mis expectativas, no me interesas, nuestros padres son muy amigos, eso es lo único que hace que tú y yo podamos tener una amistad, si la podemos llamar de esa manera, además ya he puesto mis ojos en alguien de la Universidad y por supuesto no eres tú.

    -¿Y puedo preguntar quién es?

    -Por supuesto, es Thiago, y te voy a dar una información para que espabiles capullo, eso de ser el alfa de la universidad, no es tan real, ya que parece que en esta oportunidad apareció alguien por las que las mujeres de la U, se mueren por él, entre esas yo.

    Gracias por la información, pero ese pelele, no me llega ni a los tobillos siquiera, en el equipo de futbol, yo soy el líder y capitán, él no es nadie. -tienes razón, pero sin tener el dinero que tú y yo tenemos las mujeres se mueren por él, no me extrañaría que tu noviecita también. Ja, ja, ja, ja

    -No seas imbécil Sofia, Dianita es solo mía, pero me has dado una idea, gracias por la conversación. -le dice Tony dejándola en la pista sola.

    Pero que baboso, este curso parece que se va poner muy entretenido, conozco a Tony y no va a dejar que otro ocupe su posición privilegiada, pero no puedo dejar que le haga algo a Thiago él es solo para mí, pero no entiendo porque no me ha llamado si le di mi número.

    Thiago, ya que estamos aquí vamos a bailar… me dice Dianita. -pero tú estás loca, Tony y sus amigos están aquí en la zona, y si nos ven juntos se va a dar cuenta que con quien estabas era yo, empiezo a creer que tú quieres verme bajo tierra.

    -No seas melodramático, no te va a pasar nada, además claro que tengo un plan y Natalia nos va ayudar, quiero bailar contigo y punto.

    -¿Y se puede saber cuál es extraordinario plan? -le dije

    Ya lo veras, Aló Naty, que estás haciendo, -hola nena, la verdad nada aquí aburrida en mi casa, pero tu llamada es extraña, ahora que es lo que estas planeando Dianita, -se me ocurrió la fantástica idea de salir a bailar, y como estoy cerca de la terraza de la bahía, me acorde de mi mejor amiga. -si claro, esta fantástica idea tuya no tiene nada que ver con Bailar con Thiago me imagino. -Mmm bueno él también está incluido en el plan jajaja, -en serio Dianita tú vas hacer la culpable de lo que le pase al pobre de Thiago, está bien, pero tendrás que venirme a buscar porque no voy a coger un taxi sola, para llegar hasta allá, -ya eso lo tengo solucionado Cristian el amigo de Thiago te pasara a buscar, ponte linda, chao.

    Yo estaba pensando, en qué momento Dianita se puso de acuerdo con Cristian para que recogiera a Natalia, cuando de repente me dice.

    -Rápido llama a Cristian y convéncelo que recoja a Natalia.

    -Pero es en serio Dianita, ya Cristian tiene planes como lo voy a convencer, ahora Natalia se quedará vestida y esperando por alguien que nunca va a llegar. -le dije

    -Pero vamos ayúdame este plan necesita de tu ayuda también sola no puedo solucionar todo, por favor. -me dice haciendo pucheros.

    Ya veo que siempre te sales con la tuya, Dios dame paciencia con esta mujer, le marqué a Cristian y le conté del plan de Dianita para divertirnos un rato.

    -Thiago mi amigo, tú eres el hombre con la mejor suerte del mundo, iba a salir con Laura, pero se le presento un problema con los papás, así que estoy disponible.

    -Ok, me parece genial, pero antes necesito un favor tuyo, primero tienes que recoger a Natalia que ya te está esperando en su casa y luego llegas a la terraza de la bahía, allí nos vemos.

    -Listo mi hermano, enseguida recojo a ese bomboncito, quien quita y se me haga el milagro ja, ja, ja.

    Listo, ya Cristian va a recoger a Natalia, solo tengo una pequeña pregunta le dije a Dianita.

    -Si dime cuál es tu pregunta.

    -Vas a bailar con una falda cortica y sin tanga, todos te va a ver el tremendo culo que tienes.

    -Ah eso, tranquilo ya lo tengo solucionado.

    -¿Ah si, y puedo preguntar como lo solucionaste?

    Pues sencillo, le mande un mensaje a Natalia para que me trajera una tanga de las que tengo en su casa, -me la quede mirando fijamente.

    -¡Que! Porque te quedas mirándome así, si yo tengo ropa en la casa de Natalia. -me dice

    -Nada, solo pensaba que, si Natalia no te pregunto porque no tienes tanga puesta, le acabas de decir que estábamos cogiendo.

    -¡Oh!, tienes razón no pensé muy bien esa parte, pero igual no pasa nada, Natalia es mi mejor amiga es como mi hermana, nuestro secreto está a salvo con ella.

    De repente me acorde de Paula, ¡mierda!, ahora que voy hacer, no podré ir donde Paula, -pensé, esta mujer no me deja pensar, no quiero hacerle daño a Paula, que hago.

    en ese instante sonó mi teléfono, -¡mierda! la invoqué, me dije, -aló Paula, -Hola amor, te llamo para decirte que vamos para la terraza de la bahía con mis amigas, por fa puedes llegar allá, y nos divertimos un rato, mira que me tienes abandonada.

    -Tienes razón, listo nos vemos allá, fue lo único que pude decir.

    -Dianita hay un problema, Paula también viene para la terraza con sus amigas, por lo que será inevitable que nos encontremos. -le dije

    Bueno no pensemos en eso, más bien solo pasémosla bien, qué más da, toco hacer grupo con tu noviecita, -me dijo y se cruzó de brazos, -además prefiero eso a que te vayas y te haga los masajes que dijo que te haría.

    Cristian llego en su carro con Natalia, lo estaciono y nosotros llegamos a buscarlos, en ese momento Natalia coge del brazo a Dianita, -toma aquí está la tanga, ahora si tengo la certeza de que te estas cogiendo a Thiago, pero dime es bueno?

    -Pero que pregunta es esa Natalia, además para que quieres saber, Thiago esta fuera del mercado.

    -Tranquila, mujer ya tengo claro que ese hombre es solo tuyo, pero no quita que hermoso si es, ja, ja, ja.

    -No te pases Natalia.

    Cristian, estoy en problemas, Paula viene para acá también, -y que pasa con eso si ellas es tu novia, a menos que te estés cogiendo a Dianita. Me lo quedo mirando fijamente sin decirle nada, -es en serio, pero que suerte tienes cabrón, tremendo culo el que te estas comiendo ja, ja, pero ya me lo sospechaba, solo puedo decirte una cosa, hagas lo hagas la vas a terminar cagando. No hay forma que salgas bien de todo esto.

    -Gracias por tus deseos, pensé que eras mi amigo.

    -Lo soy, pero tú eres el único que tienes todo que perder y lo sabes.

    Listo chicos, ya estamos listas, vamos a divertirnos, dijo Dianita, antes de llegar a la terraza disimuladamente le entregue la tanga que había roto a Dianita para que la guardara en su bolso, llegamos a la terraza los cuatro, entramos y enseguida Sofia me diviso en la entrada, no le gusto que llegara con Dianita, lo supe por la mirada que le hizo, solo la salude desde lejos para evitar incomodidades.

    Este era un bar con karaoke, era muy popular por eso, la gente podía bailar, cantar y beber, todo en un solo lugar, aunque muchas personas no cantaran bien, les gustaba hacer el ridículo, yo prefiero evitar el escenario, aunque no me considero que cante mal.

    En fin, estábamos pasándola bien, cuando Sofia se nos acerca a saludar, y nos dice, -porque no hacemos el grupo más grande y compartimos todos, acto seguido le dice a Dianita, -¡ah! y por aquí estaba Tony, pensé que se iban a encontrar aquí.

    -No sabía que Tony estaba aquí, ¿y sabes porque se fue? -pregunto Dianita

    -La verdad no lo sé, aunque parecía molesto.

    Dianita sonrió discretamente, -bueno muy seguramente regrese, ya que, si no le dices tú, alguno de sus amigos le dirá que estoy aquí, -siendo honesta no me interesa lo que pase contigo y Tony, pero la verdad, es que cuando él llegue Thiago será solo para mí, y te lo digo porque me gusta ser directa, -gracias por dejarlo super claro, ¿pero porque me lo dices a mí?, Thiago y yo solo somos… amigos.

    -Bueno los he visto muy cercanos, a veces las “amigas”, le hace comillas con los dedos, son más celosas que las mismas novias. -le dice

    -Ok, pero nuestra “amistad”, le hace comillas no llega hasta eso, además de mí no es que deberías de preocuparte.

    -Entonces no te molesta que me lo lleve a bailar conmigo.

    -Para nada. Pero primero baila conmigo y después que baile con quien él quiera.

    Se pone de pie Dianita y me saca a bailar, casi jalándome, dejando con la palabra en la boca a Sofia, -pero que pasa porque me jalas de esa manera, -escúchame muy bien Thiago, Sofia en algún momento va a bailar contigo, eso lo tengo asumido, pero no quiero nada de coqueteos con ella, tú le gustas ya me lo dijo, otra cosa Tony muy seguramente va a regresar, estoy segura que ya le debieron decir que estoy acá, por favor pase lo que pase mantén la calma, quiero que recuerdes en todo momento que soy solo tuya, está claro.

    -Porque me pides eso Dianita, sabes que no podre contenerme si empieza a manosearte.

    -Lo sé, pero eso no va a pasar te lo prometo.

    Seguimos bailando, nuestros cuerpos estaban muy pegados, sentía sus senos firmes en mi pecho, su pelvis se frotaba contra mi verga, que ya empezaba a despertarse, tenía ganas de poner mis manos en sus nalgas, pero me contuve, nuestras caras estaban muy cerca que casi nuestros labios se encontraban, con un pequeño movimiento a la izquierda mis labios tocaron suavemente los de Dianita.

    Fue solo un segundo, pero me pareció una eternidad, acercando su boca a mi oído, me dice, -estoy loca por ti, solo quiero estar contigo, en el giro que hicimos, paso suavemente su mano por mi espalda.

    -Que tan amigos son Thiago y tú. -le pregunta Natalia a Cristian

    -Buenos más que amigos nos consideramos hermanos, desde pequeños siempre hemos estado juntos, Porque la pregunta.

    -Porque a partir de ahora Thiago va a necesitar que lo cuides mucho, porque esa escena lo acaba de meter en muchos problemas con Tony.

    -No te engañes con Thiago, créeme lo conozco muy bien, además me tiene a mí, y mientras yo exista nadie le podrá tocar un solo cabello, eso te lo aseguro.

    Me alegro saber eso, ahora bailemos nosotros también que vinimos a divertirnos, nos encontramos en la pista, y reíamos, la estábamos pasando genial, pero nada es para siempre, Dianita seguía moviéndose muy sensual pegada a mi cuerpo y con sus manos alrededor de mi cuello, en eso siento que la jalan del brazo, y casi cae al suelo, la tome del brazo, Dianita me mira y me hace un gesto haciendo entender que todo estaba bien, toma mi mano y la aparta sutilmente con una sonrisa.

    Que carajos estás haciendo, sabes que no me gusta que nadie te toque, además tenemos que hablar, que fue toda esa mierda de la llamada. – le recrimina Tony.

    -No seas animal Tony, como me jalas de esa manera, solo estaba bailando, y yo no soy de tu propiedad, puedo estar con mis amigos.

    -Te equivocas, si eres de mi propiedad, eso quiere decir que nadie puede tocarte o siquiera mirarte.

    -Eso solo aplica para tus amistades, con mis amigos puedo compartir, que te quede claro.

    -No me provoques Diana.

    Tony llevo a Dianita cerca de los baños, para poder hablar solos y que nadie los escuchara, ahora si explícame lo de la maldita llamada. -Dijo Tony

    Ok, ¿quieres saber si estaba o no cogiendo con otro hombre?, primero explícame tu a mí, que hacías besando a Amber la amiga de Sofia, le mostro una foto, que tomo cuando saco su celular para llamarlo cuando estábamos cogiendo.

    -Pero quien fue el imbécil que te mando esa foto.

    -Quien no te interesa, aun no me explicas.

    -¿Entonces si cogiste con alguien por esa foto?

    No soy una puta Tony, solo quería que sintieras que se siente que le pongan los cuernos a uno, puedes estar tranquilo, pero esa traición no la perdono, ya no quiero estar contigo, desde este momento no somos nada, no me busques evítate la vergüenza que todos se enteren hoy. Lo empuja y se marcha para la mesa donde estábamos.

    Tony la vuelve agarrar violentamente por la mano, -no seas estúpida, sabes que si terminas conmigo tu padre se queda sin trabajo, ¿eso quieres?, y no solo eso, esa broma te va a costar sangre, si no quieres que eso pase vas a tener que darme el culo, si no mañana mismo tu padre se queda en la calle, me entendiste, te doy solo esta noche para que lo pienses, mañana quiero la respuesta, estaré preparando todo, la deja sola y se marcha.

    -¿Qué paso? -pregunto Natalia

    Le dije a Tony que terminábamos, le mostré una foto que le tome besando a una amiga de Sofia, pero me amenazo con despedir a mi padre de su trabajo, y no solo eso, cuando estaba con Thiago lo llame demostrándole que estaba con otro hombre, claro eso se lo negué, le dije que era una broma para que supiera que se siente que le pongan los cuernos, pero me dijo que, si no quería que mi padre se quedara sin trabajo, Tengo que darle el culo.

    -Pero que imbécil, me imagino que eso no lo vas hacer Dianita, quiere humillarte.

    -La verdad no sé amiga, estoy entre la espada y la pared, si hago eso pierdo a Thiago para siempre. -le dijo con una lagrima en sus ojos.

    Pero lo que no sabía Dianita, era que así Tony le partiera el culo, su papá se iba a quedar igual sin trabajo, era su manera de vengarse, la humillaría completamente, por lo que Tony llama a su padre y le pide que despida al papá de Dianita, pero que espere tres días para hacerlo así podría cogerse el culo de Dianita.

    -Eres imbécil o que, siento decirte que eso no va a pasar.

    -Pero papá, porque no lo puedes hacer tú mismo me diste esa idea, ahora no quieres ayudar a tu hijo.

    No se trata de eso, en estos momentos estamos peleando una licitación de millones de dólares y dependo de Alfonso para ganarla, si no la ganamos estamos jodidos, Sabes que hijo búscate otra novia me sale más barato, y colgó el teléfono.

    Pero no puede ser posible que ahora mi padre dependa del padre de Dianita, maldición, lo único bueno de todo esto es que ella no lo sabe, aún tengo el sartén por el mango jajaja, mañana igual le romperé el culo a Dianita, ella no va a dejar que su padre pierda el trabajo, lo que Tony no sabía es que Cristian había escuchado toda la conversación de Tony.

    Pero que cabrón es Tony, porque el papá de Dianita es tan importante, voy averiguar, -hola hijo paso algo que me estas llamando a esta hora?, -No tranquilo papá, solo quiero averiguar algo, y creo que tú me puedes sacar de una duda, -ok dime cual es la duda.

    Es que escuche a Tony, ya sabes quién es su padre, pero con ellos trabaja el papá de una amiga, y la están chantajeando con despedirlo, pero el papá de Tony le dijo que él era muy importante para su compañía…

    -Como se llama el papá de tu amiga

    -Alfonso Santamaria

    -¡Qué!, Alfonso Santamaria, créeme no lo van a despedir

    -Porque lo dices

    El padre de tu amiga es la ficha más importante en la licitación que estamos aspirando con el gobierno, eso representa millones de dólares, créeme el padre de Tony no es tan imbécil, es más si lo despiden dile a tu amiga que en mi empresa tiene trabajo seguro, si puedes conseguirme una cita con Alfonso, te soluciono ese problema.

    -Ok, papá hablare con mi amiga.

    -¿Es una novia tuya?

    -Ya quisiera yo, nada de eso, esta con Thiago y sabes que me preocupo por él.

    -Lo entiendo, bueno si es para Thiago es como si fuera para ti, sabes que lo considero como mi hijo también, dile que este tranquilo.

    -Ok, gracias papá.

    En eso hace su aparición Paula, como estábamos en un área fácil de ver desde la entrada, pudo observar que Sofia me coqueteaba descaradamente, me hablaba al oído y me pasaba la mano por la espalda, yo no sabía que hacer no quería ser descortés con ella, pero sabía que Dianita estaba incomoda por la situación, Sofia me dice que bailemos, no me quedo otra que aceptar la invitación, pero cuando estaba dispuesto a ponerme de pie, Paula con una sutil caricia en mi hombro, me dice:

    -Hola amor me extrañaste, y me da un beso delante de todos y todas las presentes.

    Paula no es una mujer que se deja amilanar por las situaciones, y más cuando de su hombre se trata, en belleza podía competir con cualquier mujer, pero Sofía y Dianita eran otro nivel, había que reconocerlo, todos incluyendo Tony quedaron admirados con la belleza de Paula.

    Continuará…

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia…. disculpen la demora problemas de salud, saludos.

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