Autor: admin

  • Una noche de cumpleaños muy especial

    Una noche de cumpleaños muy especial

    Lo que os voy a relatar a continuación es una historia real que ocurrió la noche en la que yo celebraba mi cumpleaños. Había cumplido veintiún años aquella noche. Y quizás lo tenía todo planeado, no del todo, pero sí tenía claro que de un modo u otro aquella noche fuese muy especial.

    Conocí a Cris, así es como la llamo yo, hace unos meses, en una de las discotecas donde suelo ir con mis amigas. Cris es un poco mayor que yo, tiene veinticinco años, es rubia, delgada, sus medidas son simplemente perfectas, 92-59-89, y tiene un culito que madre mía solo con mirarlo ya pierdes el norte. Pero quizás más que su físico, a pesar de ser impresionante. Lo que más me llamó la atención de ella fueron sus preciosos ojos, mezcla de verdes, grises y azules. Su pelo rubio con destellos anaranjados… Y su simpatía, su ternura.

    Vestido para la ocasión, mi camisa azul oscura, afeitado al máximo, aftershave, la colonia cara que sólo utilizo para las ocasiones especiales. Bajé por el ascensor hacia el garaje, me miré en el gran espejo del ascensor y me sonreí a mí mismo, diciéndome… “esta es tu noche chaval…”. Mi coche aparcado en el mismo lugar del garaje de mi casa, la plaza número 69, sí, es curioso, pero me tocó esa cuando mi padre me la dejó libre y dimos de baja el viejo Seat 127.

    Abrí la puerta de mi Peugeot 206 Cabrio, me puse el cinturón, abrí un botecito de ambientador, saliendo del garaje, quité la capota y puse el CD de la banda sonora de la película “American Pie”. Me mire nuevamente en el retrovisor, gafas de sol con la montura en color púrpura metalizado, pelo de punta con mechas rubias. Y subí la música, sonaban SuperTrasantlatic “Super Down”.

    Salí a Alberto Alcocer y puse más alta la música aún. Padre Damián.. Pza. de Lima, Castellana… Gregorio Marañón, Alonso Cano… Me paré en la gasolinera a rellenar el depósito, y después de veinte minutos llegué por fin a Reina Victoria.. me paro frente a su portal, le di un toque para avisarla y ella bajó radiante… uff como siempre. Una camiseta negra de tirantes con el conejito de Play Boy, sus pantalones de lino púrpuras… sus botines color crema, sus gafas de sol Rayban y su sonrisa impactante con esos relucientes dientes blancos, brillante marfil.

    —Hola guapísima… estás… ufff impresionante

    —Gracias, tú también te has puesto muy guapa.

    Nos sonreímos, ella se puso el cinturón, y seguimos la marcha hacia el restaurante, estaba por la zona de Alonso Martínez, quería algo para quedar bien… así que fuimos a un sitio que no era demasiado caro pero claro barato tampoco era.

    La cena estuvo de puta madre, charlamos, nos reímos, y por supuesto cenamos bastante bien, quedamos contentos. Llegaba el momento de ver a dónde iríamos por la noche.

    —¿Qué te apetece hacer ahora?, ¿”Heaven”, “Ohm”, “cien por cien” u “Ocho y medio”?

    —No sé, la verdad que donde tú quieras.. Es tu cumple ¿no?, pues tú decides el sitio yo me lo voy a pasar bien en cualquier sitio y si voy contigo pues mejor, además eso es lo importante ¿no?

    Al final decidimos ir al “cien por cien” primero a tomar una copa y luego quedarnos en el “Ocho y medio” hasta que cerrasen si la noche prometía o hasta que le apeteciese irse a su casa o…

    Cogimos el coche y nos fuimos al Cien, allí pusieron un montón de canciones que nos gustaban a los dos, estuvimos gritando, cantando, bailando y haciendo un poco el gamba, realmente aquella noche había muy buen rollo con Cris, nos agarrábamos para bailar, nos empezábamos a dar abrazos, nos decíamos cosas, vamos… Que nos estábamos tirando nuevamente los trastos de forma descarada. Sobre todo con aquello de que para “salir por las noches” yo era la mejor compañía.

    Después nos fuimos a la otra discoteca y sentados nos tomamos una copita un poco más relajados y salimos nuevamente a bailar, ponían música rock independiente, sobre todo de Undershakers, Fresones Rebeldes, Meteosat, Gigoló Aunts y cosas así…

    Allí con alguna copa de más por su parte ya que yo llevaba el coche y no podía beber mucho, ella dejaba escapar su preciosa sonrisa cada dos por tres, y acercándose a mí, yo también me acercaba a ella, en ese juego de miradas, gestos… insinuaciones, hasta que por fin sin mediar palabra, mis labios se volvieron a juntar con los suyos después de tanto tiempo, nuestras lenguas se entrelazaban y jugaban entre ellas investigando, recorriendo cada pliegue de la boca ajena…

    Mis ojos cerrados en ese momento en el que se me paró el tiempo, notaba su mano sobre mi espalda deslizándose hacia mi cintura haciendo amagos de tocar mi culo… yo hacía exactamente lo mismo, mi mano en su cabeza, mi boca mordisqueando sus orejitas y besando su cuello mientras mi otra mano se deslizaba por esas curvas de mujer, por esa espalda que tanto me gusta acariciar, llegando a su estrecha cintura de diosa, palpando cada milímetro de sus nalgas, a través del excitante y suave tacto del lino.

    En la pista sonaba la canción que yo había pedido de la peli “American Pie”, la canción es un medley de los Blink182, Tirad Eye Blind, Matchox 20… se llama “Story of a Girl”, la historia de una chica, de esa chica rubia llamada Cristina, de esa amiga que en su tiempo me cautivó, y que por causas del destino aún nos seguimos queriendo y esta especial noche de mi cumpleaños, reviviendo nuevamente el sabor de sus besos, dulces, tiernos sinceros que me transportan al éxtasis. Nos guiñamos el ojo, los dos sabíamos lo que queríamos, y nos fuimos de allí, eran las cuatro de la madrugada.

    —¿Dónde vamos? , preguntó Cris, pensando que a estas horas iríamos a un hostal o habitación de esas que se alquilan por horas…

    —A casa de mis abuelos, están de vacaciones hasta septiembre…

    Al tiempo que se lo dije, saqué las llaves de mi bolsillo..

    —Me he hecho una copia de las llaves del portal y de la casa. Allí podemos estar tranquilos y no nos molestará nadie.

    Llegamos a la casa, subimos y entramos por la puerta de servicio, la casa estaba oscura, así que iluminando con la linternita de las llaves de mi coche, fui a la caja de fusibles para encender el generador de las luces, y después abrir las llaves del agua, el gas lo dejé cerrado puesto que no eran horas de ponerse a cocinar nada.

    —Te ofrecería una copa, pero la nevera está vacía, ah coño… espera.

    Sí, el mueble bar estaba allí donde siempre y había refrescos en la terraza, hicimos hielos, y los dejamos en la nevera, nos fuimos a la cama, allí tumbada, dejó su camiseta en la silla, y yo subido encima de ella, besaba su espalda de arriba abajo y dándola un masaje mientras ella ponía caritas de verdadera relajación.

    —Tienes unas manos muy suaves… ya lo sabes, y creo que como masajista no tienes precio.

    Sacamos los hielos y seguimos tomando la copa y relajados en la cama… ahora fue ella la que me masajeo mi espalda… Terminamos las copas y pusimos la luz de la mesilla, anaranjada… ya estábamos los dos en ropa interior, y continuamos besándonos, acariciando nuestros cuerpos, sintiendo el tacto de nuestra piel y el olor de nuestros cuerpos, su perfume Nenuco como siempre impresionante, además del que se suele echar, Mango, que me vuelve loco.

    Desabroché su sujetador, azul oscuro de tiras transparentes. Y besando sus pechos, ya erectos… ella se echó un poco de Martín en los pezones que yo chupaba como un bebe, rosados y duros, salientes.. yo daba también pequeños mordisquitos mientras mi mano se entretenía jugando con su tanga, y notando la humedad que empezaba a haber por allí abajo.

    Besando sus pechos me deslizaba hacia su sexo, sus muslos, besándolos jugando con mi lengua, jugando con el hielo por el resto de su cuerpo, ella se estremecía al igual que cuando la acaricio suavemente o la hago cosquillas en la cintura… recorrí el perímetro de su ombligo con el hielo y seguí con el hielo en la telilla de su tanga, mientras con los sin dejar de mirarla a los ojos… bajaba lentamente su tanga.

    —No hagas nada, relájate y disfruta porque esta es tu noche Cris.

    Ella cerró los ojos y se tumbó nuevamente en la cama, yo ante mí tenía su sexo, sus labios, unos labios gruesos y seductores dispuestos a darme la bienvenida. Estaba rasurada y apenas tenía unos pocos pelillos en el pubis en forma de triangulo, seguí besando la cara interna de sus muslos y haciendo circulitos con mis labios y mi lengua fui acercándome para sentir el calor, el olor y el sabor de aquella deliciosa miel que esperaba ser degustada.

    Separé jugando con mis dedos húmedos en saliva aquellos labios y el whisky de mis dedos se mezcló con los jugos que ella ya empezaba a destilar, allí estaba su clítoris, aquel preciado objeto de deseo que debía ser tratado con el máximo cuidado para lograr en Cris que recordase aquella noche, y que recordase aquellos orgasmos, como algo gratificante por parte de su buen amigo, que la desea, la quiere, y ¿ por qué no?, ¿Qué hay de malo en que dos amigos jóvenes disfruten de sus cuerpos en un ambiente de amistad, cariño, ternura, confianza y complicidad?

    Continué jugando con esos labios, con la cara interna de sus muslos, deslizando mi lengua por su sexo sin presionar, ni hundirla en él, ella se empezaba a mover, insinuando y acercándose más a mí para sentir mejor mi lengua. Besaba su sexo suavemente, para posteriormente hacerlo más intensa y profundamente, separé nuevamente sus labios con mi lengua y cuando éstos se abrieron me limité a hundir mi lengua y deslizarla arriba y abajo, allí mi lengua tocaba con su clítoris, luchando por salir de su escondite…

    Y allí la diminuta perla se iba endureciendo y luchaba por salir de su cubierta. Chupé y presioné mi lengua en su clítoris, absorbí con fuerza para realizar un movimiento circular con mis labios en forma de O y recorriendo circularmente y cambiando el sentido, alterando la velocidad con máxima ternura, delicadeza y tacto sentía cómo su cuerpo se estremecía, estaba temblando…

    —Oh sí, diosss. Yo continuaba con la tarea, realmente yo estaba disfrutando como un loco, porque hacerle sexo oral a una chica, con delicadeza, tranquilidad tiempo y cuidado y hacer todo lo posible por satisfacer a mi pareja, amiga, amante, me gratifica por dentro y yo disfruto del sabor de aquella deliciosa miel, de aquellos flujos que me llenan de vida.

    —¡No pares! No pares por dios, no pares nunca

    Ella se corrió como una posesa, yo continuaba la labor y mi cara la verdad es que quedó bastante mojada por su corrida, pero me encantaba nos dimos la vuelta y pasando de lado a la posición del 69 ella me acariciaba el pecho y con su mano me comenzó a acariciar el pubis, me hacía pequeños arañazos deslizando sus afiladas uñas por mi pecho y mi pubis, me encantaba sentir aquellas uñas largas, blancas, nacaradas deslizándose por mi cuerpo y arañándolo suavemente sintiendo el máximo placer…

    Ella se acercó a mi pene ya erecto suavemente deslizaba la piel de arriba abajo mientras sus labios besaban mi pubis y sentir su lengua cómo recorría toda la longitud del pene, hasta llegar al glande donde me plantó un beso suave, lleno de cariño, su lengua salió de nuevo y comenzó a recorrer el glande… sus labios se abrieron y mi pene se fue introduciendo en su boca que comenzaba a bajar hasta casi la mitad para comenzar una felación fabulosa, sinceramente… ha sido la mejor que me han hecho en mi vida… porque me la han hecho con todo el cariño del mundo y eso se agradece mucho más, al menos a veces es así.

    El 69 pasa a ser completo yo tumbado y ella encima con su sexo en mi cara, deleitándome nuevamente con su delicioso sabor…

    -—Mmmm qué rica sabes, Cris…

    —mmm —Acertó solamente a decir ella.

    Ella no perdió ritmo con la felación y yo ya estaba muy a tono, así que decidimos pasar a que se tumbase ella con las piernas levantadas y abiertas yo me tumbé sobre ella, ella me acarició la espalda con sus uñas y me puso un condón muy lentamente con la boca, después ya tumbados en la cama, comencé a penetrar aquel delicioso sexo mientras mis manos se agarraban fuertemente a las suyas… mis besos en su cuello, sus gemidos, mis gemidos y aquella noche de sudor, destilando el alcohol que llevamos en nuestros cuerpos y por fin haciendo lo que siempre habíamos deseado, disfrutar juntos en una cama el uno del otro.

    Aceleramos en ritmo para luego decidir cambiar de posición nuevamente. Ahora sería ella la que se pondría encima, y frotándose con mi cuerpo, cabalgando sobre mi pene como una ciosa Amazona… consiguió darme el mayor de los placeres. El sexo con amor, el sexo con cariño. Mi primera vez en el que el sexo no era simplemente sexo por sexo como las demás veces, sin duda, esto era otra cosa… esto era el paraíso.

    -—¡Tía, Cris, me voy a correr…!

    Le avisé y aguanté un poco más hasta que ella se convulsionó de nuevo y se corrió primero, yo quería correrme sobre sus pechos… así que ella extenuada cayó en la cama, sudorosa… el olor de su cuerpo excitado mezclado con el de su colonia era algo realmente excitante. Me quité el preservativo, y apoyado con mi cabeza en su hombro, me rodeó con su mano y agarró mi pene, y solté toda mi descarga sobre sus pechos…

    —Mmm qué calentito está… qué bien, terminé yo también tumbado en la cama disfrutando de aquel momento, y nos quedamos allí, su cabeza, su precioso pelo sus ojos,… allí estaba mi amor apoyado en mi pecho, nos fumamos un cigarro… y besándonos al oído y acariciando nuestras manos entrelazadas decidimos descansar.

    A la mañana siguiente, su sonrisa al despertar me dio la vida nuevamente, recogimos aquello, hicimos la cama, y salimos a la calle, la invité a desayunar en una buena cafetería y la llevé de vuelta a su casa.

    Ella con uno de los besos más dulces, besó mis labios y me susurró:

    —Ha sido una de las mejores noches de mi vida… Gracias.

    —De nada… tú sí que eres lo mejor de mi vida.

    Sonaban de nuevo el coche “Good Morning baby”.

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  • La señora vecina

    La señora vecina

    Me llamo Miguel y el gusto por esa señora comenzó a finales del verano del 2001. Estaba estudiando cuando me asomé a la ventana cansado de estudiar. Como a tres metros la observé dando la merienda a sus hijos, tan acalorada estaba que no llevaba nada debajo de la bata y con dos ojales sin abrochar, mostrando todo el regato del tetamen, y cuando se agachaba ¡hala!, el escote abierto de par en par, y la delantera, bamboleante como si tuviera vida propia, luchando por salir a tomar el aire.

    Pero hay algo más, me excitaban los sobacos de las mujeres; y mucho más si olían a sudor. Y la Mariana sudaba de los sobacos como no os lo podéis imaginar. Y de vez en cuando alzaba los brazos, suspirando, mostrándome impúdicamente aquella maravilla de sobacos húmedos, con unos pelillos que asomaban por la cortísima manga de su bata. Yo me la pelaba como un mono pensando en Mariana y me puse a observarla desde mi ventana en las noches de estudio.

    Lo mejor llegó en una cálida noche de junio. Eran las cuatro de la madrugada en el momento en que una brisa fría la hizo levantar de la cama para bajar la persiana. La luz de su cocina, era ella y no podía creer lo que veía.

    La contemplé por primera vez con un viso gris claro transparente, que dejaba ver su blanco sujetador y sus bragas del mismo color, en las que no sólo se apreciaba ese bulto del chumino sino que se descubría todo el triángulo negro.

    Estaba tomando un vaso de leche, cuando apareció su marido, Colocándose a sus espaldas y con las manos en sus caderas, le empezó a dar besos tanto en los hombros como en el cuello y los brazos,

    Ella ponía una cara sonriente y una boca abierta dando muestras de su goce, que más bien en aquellas partes eran escalofríos de placer. Después, sus manos se posaron en las tetas de su mujer, las cuales empezó a frotar, exprimir y acariciar. La despojó del viso, y erotizado por el gusto, le desabrochó el sujetador, dejando las tetazas al aire libre de la cocina.

    Después se fueron hacia su cuarto y yo me la meneé hasta correrme vivo en dos minutos. Sus bragas quedaron tiradas en el suelo y con su única visión me corrí como un poseso. Este hecho quedó guardado en mi memoria en espera de ser yo el que algún día ocupara el lugar de su marido, es decir, que mi polla entrara en aquel húmedo higo.

    Pasé mucho tiempo espiándoles y a mediados de julio me llegó la oportunidad. En la tienda del barrio, el tendero me preguntó si conocía a una señora con dos hijos que vivía en frente de mi piso. Le respondí que sí, y me dio su bolso del dinero, pues ella se lo había olvidado. Con mucho gusto decidí llevárselo.

    —Sí, ¿Qué quieres ?

    —Venía a darle el bolso que se ha dejado en la carnicería —le respondí nervioso.

    —¡Ah, sí, gracias! Pero pasa dentro que te daré una pequeña recompensa —me dijo, sonriendo muy agradecida.

    Cuando estuve dentro, todo se me hizo nervios y excitación, la dije que no tenía que darme nada.

    Se me acercó poco a poco, hasta que sus labios dieron con los míos. Al principio, no sentí nada; pero después un calor me invadió el cuerpo haciendo que mis brazos la estrecharan.

    Fue un beso largo. Me derretía ese placer que llegaba de la cabeza a los pies. Mi polla parecía explotar de lo dura que la tenía. Después de dos besos me moría de gusto por follarla, pero ella gemía:

    —¡Miguel, vale…! ¡Vale ya, sólo era un beso! Te digo… ¡Te digo que vale! ¡No… Noo… Nooo!

    Yo seguí besándola, sin poderme contener.

    -¡Así… ohhh… ¡Qué bien lo haces, ahhh… qué bien! ¡Venga… no seas tímido y acaricia mis pechos! ¡Ahhh!

    Por fin pude acariciar sus enormes melones, tan blancas en contraste con sus grandes pezones marrón oscuro.

    Con su teta en la boca y acariciando su culo, la puse a tope, le ofrecí tal placer que empezó a decir palabrotas y obscenidades mientras jadeaba:

    —¡Cabroncete, que me corro… ahhh!

    Empezó a mover la cabeza en todos los sentidos, vibró su cuerpo, se agarró a mis nalgas y apretó con fuerza mi polla contra su coño mientras se corría entre jadeos. No pude evitarlo y yo también me fui.

    Si nos hubieran visto: de pie, apretándonos el uno contra el otro, gozando cada uno manchado de sus distintos líquidos orgásmicos. Me entraron ganas de joderla; pero me agaché para lamerle el conejo. Tenía lefa por todos los sitios, en el pantalón, en sus bragas y en sus piernas.

    Cuando me dirigí a aquel sitio peludo, me agarró la cabeza y me dijo:

    —Soy tuya, hazme disfrutar con tu lengua; pero recuerda: ¡ nada de metérmela!

    Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris hasta que dije:

    —¡Mariana… Mariana… para! ¡Que me llega! ¡Sácatela…sácatela! ¡Ohhh…! ¿Qué haces, que haces Mariana…? Así, así… ¡así! ¡Otra vez, otra vez… que me corro…! que va…! ¡Ohh… ohhh…!

    Me corrí en su boca y ella se bebió mi lefa. Yo agradecido le lamí el ano y así pasamos dos horas maravillosas.

    Follamos dos o tres veces más entre el otoño y el invierno con la misma pasión. Nunca la llegué a penetrar, porque el placer que me daba chupándome el nabo era tal, que olvidé hacerlo. Mejor diré que respeté sus ruegos de no metérsela…

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  • El deseo lujurioso de una chica

    El deseo lujurioso de una chica

    Comenzaba a oscurecer cuando Dani, mi amigo y compañero de habitación, y yo deshacíamos las maletas en la habitación del hotel. Como hacía ya un par de veranos, acudíamos a Calafell a participar en un torneo de vóley—playa a la vez que disfrutábamos de unas merecidas vacaciones. Dani y yo compartíamos la habitación pues resultaba así mucho más económico. Después de cenar, y debido al sofocante calor decidimos ir a darnos un baño en la piscina, la cual, a esas horas, estaba ya casi vacía. Antes de entrar en el agua Dani se encontró con una chica a la que al parecer debía conocer de algo.

    Era bastante maja. Morena, de ojos verdes, o eso parecía a la luz de las lámparas que alumbraban la piscina, con una media melena que le llegaba a los hombros y unas medidas que le hacían parecer bien proporcionada. Llevaba aún puesto el bikini e imagino que debía haber pasado la tarde tomando el sol. Estaba muy bronceada y su color oscuro de piel contrastaba con el llamativo color amarillo de su bikini. A su lado había un chaval de su edad más o menos que miraba a Dani con cara de pocos amigos.

    Después de una breve conversación Dani y yo nos dirigimos al agua, o más bien se dirigió Dani pues en cuanto pude tenerlo cerca del borde le empujé con fuerza y Dani calló de espaldas al agua formando un gran escándalo. Yo me quité la camiseta y me tiré detrás de él y allí mismo comenzamos una fuerte guerra en la que intentábamos ahogarnos el uno al otro sin que ninguno de los dos lograra imponerse. Yo era algo más grande y fuerte que Dani pero él era hábil y escurridizo y no se dejaba atrapar fácilmente. Después de un rato de juegos y bromas decidimos darnos una tregua y relajados cerca de una esquina de la pared le pregunté quién era la chica.

    —Es Silvia, una vieja amiga.

    —No muy vieja —le dije yo— no creo que tenga más de 26 ¿no?

    —25 —dijo él— pero la conozco casi desde que era una niña, pues fue mi vecina durante muchos años.

    —Es guapa, ¿es ese su novio?

    —No, bueno, no sé, creo que no, debe ser algún amiguito suyo.

    Luego empezamos a hablar de los partidos del día siguiente, de los equipos con los que nos enfrentaríamos, casi todos ya conocidos, y de las posibilidades que teníamos de ganar el torneo.

    En la mañana del día siguiente jugamos el primer partido. Los partidos se celebraban en la playa, en una tranquila calita que no era muy visitada porque allí la orilla desaparecía abruptamente a diferencia de las largas orillas de arena que había en otras calas cercanas. Había gente siguiendo los partidos, la mayoría eran los componentes de otros equipos que aprovechaban para estudiar a sus rivales pero también gente de fuera, y entre ellos me pareció ver a Silvia, esta vez sola, sin su acompañante nocturno. Ganamos con facilidad el partido y fuimos a celebrarlo con un baño en la playa. Pasarían un par de horas antes de que nos tocase jugar de nuevo.

    No hacía mucho que estábamos en el agua cuando la vi entrar a ella. Esta vez llevaba un bikini de color azul marino con listas rosas a los lados. Parecía que venía hacia nosotros. Así era, comenzó a hablar con Dani pero no dejaba de mirar hacia donde estaba yo como queriéndome incluir en la conversación, en la que había decidido mantenerme un tanto separado. No sé, Dani y yo nos llevamos muy bien pero cuando hay chicas de por medio lo mejor es que cada uno se ocupe de la suya sin intromisiones.

    Pero estaba seguro de que Silvia quería que las hubiese y a Dani no parecía importarle demasiado que me uniese a ellos. Estuvimos allí en el agua charlando durante un buen rato. En ocasiones Dani y ella hablaban de los viejos tiempos y de qué había sido de cada uno de sus amigos comunes de los que ya no sabía nada. Silvia le hizo un breve resumen. Luego nos tocó hablar a nosotros. Le contamos que estábamos de vacaciones, que no era la primera vez que veníamos y todo eso. Al fin ella dijo:

    —¿y las novias las habéis dejado en casita, no?

    —¿novias? No, nada de eso, no hay novias, sólo buenas amigas —dijo Dani.

    —Sólo amigas ¿eh? Está bien, está bien, pero no cuela.

    —De verdad, te estamos diciendo la verdad —dije yo apoyando las palabras de Dani.

    Silvia nos miró en silencio durante unos segundos como evaluando las consecuencias del siguiente paso que estaba decidida a tomar y luego, sin ningún aviso por su parte movió los brazos y como si sus manos fuesen dos cubos de agua nos echó una buena cantidad de ella en la cara.

    —Tomad, eso por mentirosos. —decía mientras intentaba alejarse de nosotros.

    Sin embargo no salía hacia las toallas sino que corría lateralmente como invitándonos a una persecución que sin duda no se hizo esperar. Corrimos tras ella cerrándole el paso. Yo justo por la orilla para impedir que intentase llegar hacia las toallas, y Dani justo tras ella. No tardó en alcanzarla, y me pareció que al hacerlo se tomaba alguna que otra confianza pues me pareció ver cómo le ponía la mano en el culo. Pero al momento yo ya estaba junto a ellos y tuvieron que reprimir cualquier tipo de caricia pues tan cerca no hubiesen pasado desapercibidas para mí.

    —¿sabes lo que les pasa a las chicas malas que intentan tirarnos agua a la cara? —dijo Dani con una sonrisa en la cara.

    Silvia se soltó de él y con fuerza volvió a echarle agua en la cara. Entonces Dani me pidió que la cogiera de los brazos mientras que él sin duda volvía a llevarse la mejor parte acariciándole el culo nuevamente mientras intentaba desequilibrarle con las piernas. Cuando conseguimos hundirle la cabeza bajo el agua le solté las manos y éstas comenzaron a moverse violentamente en busca de algo para agarrarse e intentar evitar así la pérdida del equilibrio. Entonces fue cuando una de sus manos, en un movimiento rápido alcanzó mi bañador y fue a parar contra mi miembro, todavía en reposo.

    Fue sólo un momento pero suficiente para que tanto yo como ella supiéramos qué había sucedido. Así seguimos jugando un rato más en el agua, y luego salimos los tres a tomar el sol un rato antes del siguiente partido. Volvimos a ganar, y también el que jugamos por la tarde. Un par de partidos más y estaríamos en la final.

    Esa noche después de cenar fuimos un rato a una discoteca cercana. Estaba llena de gente y eso que sólo eran las 11 de la noche. Pedimos un par de copas y nos pusimos a observar a las chicas. Luego Dani se fue a la pista a bailar y lo perdí de vista entre el tumulto de la gente. Yo me quedé un rato más en la barra.

    Me dirigí un par de veces hacia alguna chica solitaria, pero al ver que en ningún caso parecía ser bien recibido me largaba de allí y volvía a mi sitio, cerca de la barra. Era cerca de la una de la mañana cuando decidí marcharme pues parecía que esa noche no iba a pescar nada y además al día siguiente teníamos un partido a las diez de la mañana. Y entonces, ¿qué otra cosa mejor podía hacer que dormir?

    Llegué hasta mi habitación en silencio y pensando si a Dani se le habría dado mejor la noche cuando alcancé la puerta. Fui a abrirla y me di cuenta de que la puerta estaba ya abierta, sólo había quedado entornada y entonces, al entrar, me encontré con algo que no esperaba. Vi a Dani, estaba desnudo y tumbado en la cama, y Silvia estaba sentada sobre él, sobre lo que debía ser su polla, y se movía frenéticamente sobre ella. Dani se sobresaltó al verme llegar y quiso apartar a Silvia de encima, pero ella se lo impidió y en lugar de turbarse ante mi llegada pareció que aquello la había exacerbado aún más y un poderoso gemido de placer salió de sus labios cuando en esos mismos momentos conseguía alcanzar su orgasmo.

    Mientras Silvia se recostaba sobre Dani intentando retener los últimos estertores de un enorme pero pasajero placer, mi amigo seguía mirándome, casi reprochándome que hubiese llegado tan pronto, pero cómo iba a imaginar yo que él iba a estar allí…

    Entonces Silvia, como si hubiese adivinado nuestro diálogo de miradas inquisitorias me dijo:

    —Será mejor que entres de una vez y cierres la puerta o todos los vecinos van a venir a ver qué es lo que pasa aquí dentro.

    Aquello era evidentemente una invitación, una proposición a algo más que una charla o un par de caricias bajo el agua. Entonces, antes de hacer lo que ella me había dicho miré a Dani, y ahora sus ojos no me reprochaban nada, estaban tan asombrados como los míos y pensé que estaba claro que debía obedecerla.

    Cerré la puerta y acabé de entrar en la habitación. Llegué justo hasta mi cama. Ahora estaba tan sólo a unos metros de ellos dos. Dani, tenía la polla algo desinflada, aunque no había llegado a correrse tras mi llegada. Silvia se la acariciaba con una mano mientras con la otra se secaba las gotas de sudor que le corrían por la frente. Ahora podía verle perfectamente los pechos desnudos y apretados contra el cuerpo de Dani y la oscuridad de su sexo que brillaba por los jugos de su excitación. Sólo con verla así y imaginarla sobre mí, como minutos antes la había visto sobre Dani estaba comenzando a ponérmela dura.

    —¿te piensas quedar ahí todo el rato o es que eres muy tímido? —dijo Silvia con picardía en su mirada.

    Yo me quité la camisa y los pantalones y los dejé caer al suelo pero antes de que hiciese lo propio con los calzoncillos Silvia saltó como una gata desde la cama de Dani a la mía y de rodillas frente a mi llevó sus manos a mi paquete.

    —Deja, esto me gusta hacerlo a mí —dijo, y comenzó a sobarme por encima de la ropa hasta que estuve bien empalmado y mi verga sobresalía por encima del calzoncillo. Entonces ella fue bajando lentamente la tela a la vez que acercaba su cara a mi miembro. Me pareció que lo olía antes de metérselo en la boca y comenzar a chuparlo con gusto.

    Yo seguía mirando a Dani y ahora parecía estar realmente indignado, pues una cosa era que le jodiera el polvo y otra que el que lo fuera a echar fuese yo, y sin embargo, su mirada cambió rápidamente y entendió por fin cuáles eran los deseos de la chica. Silvia, mientras me la mamaba, había abierto tanto como había podido sus piernas para mostrar a Dani sin duda cuál era su deseo en aquel momento y Dani lo había entendido justo antes de que la ira se le hubiese desbordado y hubiese echado todo a perder. Su polla volvió a ponerse dura y de rodillas tras Silvia se la comenzó a pasar por entre las nalgas para que la chica notase cómo se iba endureciendo aquel miembro poderoso.

    Luego, cuando ya la tuvo totalmente dura se la introdujo de un golpe en la vagina y comenzó a penetrarla desde atrás como si hubiese recuperado en aquel momento la necesidad por eyacular que minutos antes había sentido, justo antes de que entrara yo en la habitación. Eso hizo que Dani no tardara en correrse, y que Silvia, para alcanzar su orgasmo, tuviese que acariciarse el clítoris con los dedos mientras yo, como en una nube, sentía que de un momento a otro iba a acabar.

    Y acabé, y aunque la insté para que se retirara a tiempo ella no quiso hacerlo y me permitió inundar su boca y su garganta con el espeso néctar de mi pene, y luego, cuando dejó de brotar siguió lamiéndolo golosa como si quisiera dejarlo reluciente antes de volverlo a usar.

    Me dejé caer en la cama junto a ella y mientras seguía jugando con mi polla en su boca yo le acariciaba y le pellizcaba los pechos. Eran dos pechos tersos y duritos, no muy grandes, pero sí bien puestos. Dani yacía a nuestro lado, pero menos resentido una vez pudo descargar su leche en el interior de Silvia.

    Pronto volví a estar preparado. La lengua de la chica parecía milagrosa pues había conseguido que el pájaro alzara de nuevo el vuelo y casi sin que hubiese pasado tiempo alguno de descanso.

    —Ahora vamos a follar. —dijo ella y se tumbó a mi lado para que la montase. Yo, que hasta el momento sólo había podido disfrutar del tacto de sus pechos no quería hundirme en ella sin haber probado también su sabor, y después de besarla en la boca y en el cuello bajé hasta sus pechos, y allí me detuve unos minutos y luego descubrí que Dani había comenzado a lamerle la entrepierna y que esa doble estimulación que le estábamos propinando los dos chicos pareció excitarla tanto que pronto alcanzó un nuevo orgasmo ante nuestra sorpresa.

    —Te corres más que las cortinas. —dijo Dani— y su comentario nos hizo reír a los tres. Entonces Dani se apartó para que pudiera penetrarla y así lo hice sin encontrar ninguna resistencia pues Silvia lo deseaba tanto como yo. Lo hicimos larga y lentamente, pues ahora ya no teníamos la necesidad urgente de alcanzar el clímax y deseábamos recrearnos en cada momento, y cuando yo hube terminado Dani ocupó mi puesto y volvió a hacerlo con ella una vez más, y para cuando dimos la fiesta por acabada era ya casi las cinco de la mañana y habían pasado cuatro horas de sexo y amistad.

    Al día siguiente perdimos el primer partido y con él nuestras esperanzas de llegar a la final y sin embargo no estábamos tristes. Silvia nos había dicho que esa misma noche volveríamos a repetirlo.

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  • Aprendiendo con maduros (1)

    Aprendiendo con maduros (1)

    Me llamo Nuria. Tengo 25 años y me considero una chica normal. Estatura media (1,63), 50 kg, pelo largo, ojos marrones y pechos pequeños (talla 87) aunque redondos y firmes. Desde siempre me han llamado la atención los hombres maduros. Lo que más me atrae de ellos es su personalidad, su seguridad en sí mismos y su experiencia que les dota de ese conocimiento que les hace saber lo que necesita una mujer en cada momento y mucho más en cuestiones de sexo.

    Mi primera vez con un maduro fue a los 22 años. Antes de eso había tenido novios de mi edad con los cuales el sexo había sido placentero, aunque después de haberlo hecho con maduros me doy cuenta que aquello con lo que yo me quedaba satisfecha era solo la punta del iceberg y que no tenía nada que ver con el maravilloso orgasmo que te puede llegar a proporcionar un maduro.

    Carlos (así se llama mi primer amante maduro) tenía por aquel entonces 58 años y era el panadero del barrio. Estaba casado, tenía el pelo canoso y se conservaba bien físicamente. Le conocía desde que nos trasladamos a vivir al barrio hace unos 12 años y se mostraba muy cordial conmigo. Cuando compraba el pan siempre me regalaba alguna galleta o rosquilla y yo me iba encantada a casa.

    Con el paso del tiempo empecé a mirar a Carlos de otra manera. Mi curiosidad por los maduros empezó a aumentar cuando tenía 19 años y desde entonces me preguntaba cómo sería una relación con uno de ellos. Un par de meses antes de cumplir los 22 mi novio me dejó y tras pasar el mal trago de la ruptura decidí que debía probar aquello que tanto me apetecía.

    Eran las fiestas del barrio y estábamos todo el mundo en la verbena. Mayores, pequeños, padres, madres… todo el barrio disfrutando de la música. Me acerque a uno de los puestos a tomar un refresco y allí estaba Carlos, charlando con unos amigos. Cuando me vio me saludo y me invito a un refresco. Yo llevaba un vestido blanco de verano de una pieza, ajustado y escotado de cintura para arriba y con falda de vuelo hasta la rodilla. Mientras charlaba con Carlos observe como su mirada no se apartaba de mi escote. Al principio me hizo sentir avergonzada pero poco a poco y gracias a su forma de hablar y tratarme pase a sentirme muy atractiva y deseada.

    Carlos se fue a casa con su esposa a eso de las 10. Al día siguiente debía madrugar para tener el pan preparado para el barrio. Yo me quedé de fiesta con mis amigas y eran casi las 4 de la madrugada cuando me fui a casa. De camino a mi casa pasé por la panadería y me di cuenta que la puerta del almacén estaba abierta y que había luz, así que decidí entrar. Allí estaba Carlos. No sé si fueron los combinados que había tomado con mis amigas, pero le vi más atractivo que nunca.

    Cuando su mirada se cruzó con la mía me puse roja como un tomate. Quise decirle algo, pero de mi boca no salía la más mínima palabra y al darse cuenta fue Carlos quien inicio la conversación:

    —¿De retirada ya Nuria?

    —Si, eh, bueno… había entrado para ver si tenías rosquillas preparadas y así desayunaba algo antes de irme a la cama

    —No sé porque creo que las rosquillas son solo una excusa.

    En ese momento quería que me tragara la tierra. Quise correr, pero mis piernas no se movieron. Carlos se acercó a mí y me beso en los labios. Fue un beso corto pero intenso, dulce pero apasionado, inocente pero muy morboso. Estaba nerviosísima, pero Carlos me tranquilizo diciéndome que no iba a pasar nada que yo no quisiera. Escribió una dirección en un papel y me dijo que si quería podíamos estar los dos a solas al día siguiente a las cinco de la tarde.

    Me fui a casa totalmente descolocada. Había conseguido lo que quería hace tiempo, pero el miedo y las dudas invadieron mi cuerpo. ¿Qué hacia una chica de 22 con un señor de 58? ¿era solo curiosidad lo que tenía? ¿Estaba preparada para llegar al final? Mi cabeza daba vueltas a todas estas preguntas, pero finalmente el sueño pudo conmigo y caí dormida.

    Al día siguiente me levante casi a la hora de comer. No tenía hambre por los nervios, pero me forcé a comer al menos un poco de ensalada. Después de comer salí a pasear por el parque para intentar aclarar mis ideas. Después de muchas vueltas decidí que al menos debía probar la experiencia y luego ya decidiría.

    Fui a casa, me duché y me vestí de una manera cómoda pero sexy a la vez. Un top blanco bien ajustado y sin sujetador que marcaba bien mis pechos, una minifalda negra con un tanga negro a juego y unas sandalias. Un poco de maquillaje y unas gotitas de perfume terminaron por dejarme preparada. Me miré al espejo y me sentí muy bien. Estaba guapa, juvenil y atractiva, pero sin llamar tampoco demasiado la atención.

    A las cinco de la tarde me presente en la dirección indicada. Carlos me abrió la puerta y me ofreció un refresco. Le espere sentada en el sofá y nos pusimos a charlar amigablemente hasta que nos quedamos sin conversación. Había llegado el momento de ir al grano y fue Carlos quien llevo la iniciativa. Me beso en los labios y a medida que avanzaba el beso su lengua se fue abriendo camino por mi boca. La suerte estaba echada.

    Mi lengua respondió a su beso y Carlos entendió que era el momento de dar el siguiente paso. Mientras nuestras lenguas seguían cruzándose en nuestras bocas sus manos se deslizaron por mis muslos, luego por mi cintura para terminar acariciando mis pechos, primero por encima del top y seguidamente por debajo.

    Luego paso su lengua por mi oreja, me mordió el lóbulo, beso mi cuello para terminar quitándome el top y lamerme los pechos. Su lengua se ocupó primero de uno mientras su mano me acariciaba el otro y me daba pequeños pellizcos en el pezón que hacían volverme loca. Para entonces mi tanga estaba ya más que mojado. Me seguí dejando llevar por su buen hacer y Carlos volvió a besarme en los labios mientras su mano se deslizo entre mis muslos, hizo mi tanga a un lado y busco mi clítoris. Cuando lo encontró comenzó a estimularlo con movimientos circulares lentos para ir aumentando el ritmo a medida que me iba notando más excitada hasta que llego lo inevitable.

    Tuve un orgasmo delicioso y quedé tremendamente satisfecha, pero aquello no había hecho más que empezar. Sin tiempo para reponerme Carlos se arrodillo, me quito la minifalda y el tanga (para entonces él ya estaba solo con el bóxer), hundió su cabeza entre mis piernas y se comió mi tesorito de una manera increíble. Su lengua era muy experta y mi excitación se movía en función de su lengua. Me tenía entregada y unos mordiscos muy suaves que me dio en el clítoris hicieron el resto. Mi cuerpo se estremeció, mis muslos aprisionaron su cabeza y de mi boca salió un grito de placer. Había sido el mejor orgasmo de mi vida.

    Tras esto Carlos se sentó en el sofá. No hizo falta que me dijera nada. Me tocaba a mí. Con alguno de mis exnovios me había visto en alguna situación similar, pero había una gran diferencia: con ellos me sentía obligada a devolverles el placer, pero a Carlos estaba deseando dárselo. Mi mano acaricio su polla por encima del bóxer. Para entonces ya la tenía completamente dura. Se quito el bóxer y por fin pude verla. Era más bien pequeña pero tremendamente gruesa. Comencé a masturbarle suavemente (algo en lo que ya tenía bastante experiencia) y poco después me arrodillé delante suyo para comérsela. Me pidió que le mirara a los ojos mientras lo hacía y comencé con mi tarea.

    Besé su punta, su tronco y finalmente sus huevos que seguidamente comencé a lamer mientras mi mano pajeaba suavemente su verga. Luego subí con mi lengua por todo el tronco, lo lamí como si fuera un helado para llegar finalmente a la punta y meterme su polla en la boca. Comencé a mamársela demasiado rápido (en chuparla no era tan experta) pero Carlos agarro mi cabeza y me hizo ir más despacio hasta que finalmente encontré el ritmo adecuado. Estuve un buen rato mamando (para entonces mis exnovios ya se hubieran corrido un par de veces) hasta que Carlos me tomo del brazo, me sentó encima suyo y me pidió que le cabalgara como una amazona.

    Para entonces mi coño estaba ya otra vez lubricado y pese a costarle un poco meterse aquella verga (era demasiado gruesa para un coño tan estrecho) finalmente lo consiguió generando un torrente de sensaciones nuevas. Me sentí llena con aquella polla llenando por completo mi vagina, sintiendo su contacto y dureza con mis paredes. Carlos me agarro fuertemente de la cintura y me estuvo llevando hacia arriba y abajo hasta que encontré el ritmo adecuado. Estaba en la gloria cabalgando aquella polla mientras sus manos amasaban mi culo, le daban algún azote y su lengua lamia mis pezones alternativamente.

    Después de un buen rato cabalgando Carlos estaba llegando también a su punto máximo. Gemía con fuerza y me decía cosas como “sigue cabalgando putita”, un comentario que jamás hubiera permitido a mis exnovios pero que viniendo de la boca de Carlos me pareció todo un piropo. Cabalgue con fuerza y por fin llego el momento deseado. Carlos inundo mi coño con su semen y mi cuerpo reacciono con un orgasmo todavía más intenso que el que había tenido mientras me comía el coño. Estuve un rato sentada encima suyo con su verga dentro, quizá por el cansancio, pero principalmente porque está muy sensible y sentir su polla llenando mi coño me producía una sensación muy placentera.

    Cuando por fin nos desenganchamos nos lavamos volvimos al barrio por caminos diferentes por si las moscas. Había oído a muchas mujeres hablar de orgasmos salvajes, pero aquello había superado todas mis expectativas. Fueron tantas el cumulo de sensaciones que me hicieron darme cuenta que lo que me habían dado mis exnovios solo era una parte mínima del placer que se puede recibir con el sexo.

    Los días y meses que siguieron a mi primera vez con Carlos fueron maravillosos. No solo en lo que al sexo se refiere. Me hacía sentir atractiva, deseada como una princesa en un cuento de hadas. Aprovechábamos para vernos en el piso, hacíamos escapadas cada vez que podíamos a pueblos cercanos, al monte…, conversábamos de todo con total libertad, cualquier sitio era bueno para estar con él.

    Pasando un día en el monte y en una de nuestras muchas conversaciones salió el tema de cómo masturbar a los hombres. Carlos había notado que tenía bastante experiencia en eso y me pregunto que si había pajeado a muchos tíos. Le dije que solo a tres, mi anteriores novios, pero que lo solía hacer la mayoría de las veces para que me dejaran de dar la lata con el sexo. Lo cierto es que esa era la razón principal pero también reconozco que le encontraba cierto morbo al asunto. Había pajeado a mis exnovios muchas veces, pero más que a la masturbación en si el morbo se lo encontraba en hacerlo en sitios arriesgados como en cines, baños o entre uno arbustos del parque.

    Carlos me dijo que eso estaba bien, pero que todavía había una forma mejor para masturbar a un hombre y para que yo disfrutara plenamente con ello. Me dijo que debía aprender a controlar al hombre, tenerlo dominado mientras le masturbo, jugar con él y hacerle sufrir hasta que me suplique que le ordeñe como una vaquita hasta vaciarle toda la leche que tiene en los huevos.

    Me estuvo dando consejos sobre cómo hacerlo: debía esposar al hombre en cuestión en una silla, acariciarle la polla, ponerle mis pechos cerca de los labios sin que los pudiera tocar, morderle las orejas, susurrarle cosas sucias, masturbarle hasta tenerlo a punto de correrse y detenme para que no lo hiciera… toda una serie de consejos que me hicieron excitarme y que despertaron unas ganas tremendas en ponerlos en práctica.

    La conversación hizo que el bulto de Carlos creciera notablemente dentro de su pantalón y yo sabía qué hacer para bajarlo. No solo sabia, sino que también quería así que lo tome de la mano y lo lleve a un pequeño bosque muy frondoso que había allí cerca. Carlos se quedó de pie y recostado contra un árbol, yo me arrodille y libere su verga de la prisión que suponían sus pantalones y su bóxer. No me hizo falta trabajarla ya que para entonces estaba bien dura, así que la bese, la lamí como a él le gustaba y me la trague enterita.

    Estaba deliciosa, sentirla llenado por completo mi boca me encantaba, y los suaves movimientos con mi boca calentita y los masajes de mi mano en sus huevos hicieron que Carlos se corriera rápido. Cuando estuvo a punto cerré mi boca (el semen era algo que todavía no había probado) y le pajeé con fuerza y su leche comenzó a salir de forma abundante y descontrolada llenando mi cara y mi pelo de aquel maravilloso líquido que todavía no había tenido el placer de degustar. Cuando terminamos me limpié como pude y volvimos a casa.

    Pasaron varios días y yo no me podía quitar de la cabeza las técnicas que me había enseñado Carlos para pajear a un hombre. Volvimos a hablar del tema y decidimos que lo mejor era ponerlo en práctica. Debía buscar una persona a la que quisiera hacer sufrir un poco y divertirme siendo perversa con él. Inmediatamente pensé en mi segundo exnovio con el que la relación había sido bastante tormentosa, pero con el que terminé manteniendo el contacto. Además, era un presa fácil. Su mente estaba constantemente pensando en sexo con lo que estaba segura que accedería y así fue. Le llame por teléfono y charlamos un rato.

    Como siempre que hablábamos volvía a salir el tema del sexo así que le plantee la posibilidad de quedar el sábado y hacerle una paja de aquellas que tanto le gustaba que le hiciera durante los buenos tiempos. Como era de esperar le faltó tiempo para decirme que encantado así que le cite en el piso de Carlos el sábado a las 6 de la tarde. Lo que mi exnovio no sabía (y nunca sabrá) es que Carlos nos estaría espiando durante toda la tarde.

    Mi exnovio acudió puntual a la cita. Para entonces Carlos y yo habíamos colocado una silla en un punto estratégico del salón para que el pudiera ver todo dejando entreabierta la puerta de la habitación contigua. Recibí a mi exnovio con un vestido de verano de una pieza, con tirantes muy finos, algo escotado, ajustado y que me tapaba hasta medio muslo. No llevaba sujetador y un tanga verde clarito a juego con el vestido y unas sandalias con un poco de tacón completaban mi conjunto.

    Estuvimos charlando un rato en el sofá. Mi exnovio no me dejaba de mirar al escote, decirme que estaba muy mona así que decidí comenzar con el juego. Le plantee las condiciones las cuales acepto sin rechistar y le dije que iba a buscar un par de cuerdas y que para cuando volviera le quería sentado en la silla y completamente desnudo.

    Cuando volví estaba ya sentado en la silla, le até las manos al respaldo y me senté encima suyo. Su respiración se notaba agitada, aunque su polla estaba todavía flácida. Era un verga normal, aunque su tamaño crecía considerablemente cuando se ponía dura. Me abrace a su cuello, me restregué suavemente contra su verga y le susurre al oído que iba a sufrir por todos aquellos momentos malos que me había hecho pasar. Ese era el estímulo que necesitaba. Su polla empezó a crecer y endurecerse rápidamente ante lo cual me retire para empezar con mi dulce tortura.

    Estuve un rato acariciándole los huevos, la polla (sin llegar a masturbarle), pellizcándole los pezones y susurrándole cosas sucias al oído: “vas a ser mi perrito”, “vas a tener que suplicarme que te ordeñé”, “vas a pagar por haberme tratado como una putita cuando éramos novios”. Su polla estaba ya completamente dura así que comencé a pajearlo. Despacio primeramente y aumentando el ritmo a medida que su respiración se agitaba más y más. Cuando note que se iba a correr me detuve en seco, me senté en el sofá y me quede observándole.

    Aquella persona que durante la relación se había comportado como un machito estaba completamente a mi merced. Desnudo, completamente vulnerable y entregado a mí. Me pidió que siguiera, pero le dije que lo suplicara: “sigue por favor Nuria, te lo ruego, no me dejes así, hare lo que quieras mi niña”. Volví a pajearle repitiendo el mismo proceso hasta tres veces. Sin darme cuenta mi tanga estaba ya mojado por la excitación así que decidí que era hora de terminar con mi exnovio para que se fuera y Carlos pudiera rematar la faena fallándome salvajemente. Así que me quite el tanga envolví con él su polla y le masturbe con fuerza.

    Cuando se iba a correr le dije que si quería hacerlo tenía que ladrar como un perrito y no dejar de hacerlo hasta que soltara la última gota de semen. Así lo hizo. Hice que su semen se esparciera por su estómago mientras sus ladridos iban perdiendo fuerza a medida que se vaciaban los huevos. Le solté, le deje que se limpiara y le dije que se fuera, que su tarde de gloria ya había pasado.

    Cuando mi exnovio se marchó Carlos salió completamente desnudo de la habitación. Su polla apuntaba al cielo. No hubo una sola palabra entre nosotros. Me agarro con fuerza de la cintura y me arrincono dejándome de pie y con mi cara contra una pared. Nunca antes le había sentido así de excitado y descontrolado.

    Restregaba con fuerza su polla contra mi culo y por encima de mi vestido, sus manos amasaban mis pechos y estiraban con fuerza mis pezones, sus dientes mordían los lóbulos de mis orejas, su lengua lamia mi cuello y de su garganta solo salían expresiones como “me has puesto cachondisimo zorrita”, “te voy a follar tal y como se merece una putita ser follada”, “ahora serás tú la que me suplique que quiere correrse como una perra en celo”.

    No me quito ni el vestido. Levanto mi falda y me la clavo en el coño de un solo golpe, algo que en otras circunstancias hubiera sido muy doloroso pero que debido a mi humedad resulto maravilloso. Me tuvo clavada unos segundos, haciendo que sintiera como su polla se adueñaba de toda mi vagina. Me agarro con fuerza de las caderas y empezó a embestirme con la fuerza de un animal en celo. Ahora era yo la que estaba a su merced. Arrinconada contra la pared, aprisionada por sus fuertes brazos y ensartada por su grueso pedazo de carne que cada vez me producía más y más placer.

    Mientras bombeaba me dijo que ahora iba a ser yo la que ladrara como una perrita cuando me corriera. No tarde mucho en hacerlo… “guau, guau, guau, guau” a lo que él me respondió con un simple “buena perrita”. Siguió follándome un poco más hasta que su polla estuvo preparada para explotar. La saco de mi coño, la acomodo entre mis nalgas y con sus manos comenzó a amasar mis nalgas de tal manera que con ellas le estaba haciendo una buena paja a su verga. Se corrió abundantemente, salpicando mi espalda, mi cintura y mis nalgas. Sentir su leche fue delicioso. Sabía que estaba haciendo feliz a Carlos y eso me hacía feliz a mí.

    Al terminar nos duchamos juntos. Salimos de la casa y como siempre hacíamos fuimos por caminos diferentes para evitar sospechas. De vuelta a casa me di cuenta que aquella experiencia que al principio me aterrorizaba estaba resultando increíble.

    Los días pasaban y Carlos y yo cada vez nos encontrábamos más a gusto el uno con el otro. Él estaba deseoso por seguir enseñándome los placeres del sexo y yo por recibirlos. Una tarde en un rincón apartado en el monte donde solíamos ir a menudo a estar solos con el coche y donde casi siempre terminábamos besándonos, acariciándonos y haciendo sexo oral, Carlos me pregunto si había algo en especial que me apeteciera probar. A mi edad me faltaban todavía muchas cosas por experimentar, pero lo conteste que había un par de cosas de las que todo el mundo hablaba y que yo no había experimentado. Una era el sexo anal y otra el sabor del semen.

    A mis casi 23 años había fantaseado con ambas cosas y de las dos la que menos miedo me daba era el sabor del semen. Del sexo anal había oído que era doloroso y mucho más teniendo en cuenta el grosor de la verga de Carlos. Me dijo que estuviera tranquila y que no íbamos a hacer nada que yo no quisiera, que si no estaba preparada todavía esperaría el tiempo que hiciera falta. Esas palabras hicieron que me enfadara conmigo misma.

    Desde que empecé mi relación con Carlos había crecido en madurez y consideraba que mi etapa adolescente ya había pasado. Pero por lo visto Carlos no pensaba así por lo que me armé de valor y le dije que estaba perfectamente preparada para probarlo. Le dije que organizara un fin de semana en algún sitio tranquilo para los dos y que allí daríamos el siguiente paso.

    El fin de semana llego y Carlos me llevo a una casa rural situada en un pequeño pueblo del monte. El sitio era precioso y las vistas me ayudaron a olvidarme de aquello que tanto me aterraba como eral el sexo anal. Salimos a pasear y como nadie nos conocía nos comportamos como cualquier pareja de novios adolescentes. Nos besábamos en cualquier rincón, paseábamos con la mano de Carlos sobándome el culo… todo hasta la hora de la cena, tras la cual y teniendo en cuenta que en el pueblo no había ni discoteca ni nada que se le pareciera decidimos ir a la habitación.

    Carlos se quitó la ropa y se quedó solo con los boxes (era como más le gustaba estar) y yo fui al baño a ducharme y ponerme algo sexy. Me puse un sujetador negro, unas braguitas estrechas de raso de color negro, medias de rejilla y zapatos de tacón de aguja. Me maquillé, me puse un poco de perfume y salí a la habitación.

    “Mmm mmm, pareces toda una putita” me dijo Carlos. “Tengo que parecerlo” le dije yo… “las niñas inocentes no dejan que los maduros les desvirguen el culo”. Mis palabras hicieron que el bulto de Carlos empezara a crecer dentro del bóxer. Se acerco a mí y me beso en la boca mientras sus manos amasaban dulcemente mi culo. Mis manos también respondieron, se perdieron dentro de su bóxer y comenzaron a masajear su polla hasta que adquirió la dureza de una roca.

    Carlos me tumbo en la cama y allí comenzó su maravilloso juego de caricias, besos, azotitos, pellizcos… un juego que hacía que perdiera el control en mí misma y me entregara a él por completo. Me quito el sujetador para entretenerse un buen rato con mis pechos, y luego las bragas para comerme el coño de una manera deliciosa.

    Cuando ya me tenía a punto Carlos paro y me dijo que me pusiera a cuatro patas y sacó un tarro de lubricante que tenía en la mesilla. “Ya no hay marcha atrás” pensé para mí misma. Carlos empezó a lamerme el ano, algo que me resulto bastante asqueroso al principio pero que provoco en mí una sensación muy placentera. Unto mi agujero con lubricante y volvió a comerme el coño con una precisión solo al alcance de los maduros. Me estaba volviendo loca de gusto, necesitaba correrme, pero justo cuando pensaba en eso uno de los dedos de Carlos se abrió paso por mi ano.

    Lance un pequeño grito por la impresión ya que no me provoco ningún dolor. Su dedo comenzó a hacer movientes circulares mientras me comía el coño. Subió la intensidad de su lamida y en ese momento aprovecho para meterme el segundo dedo, con el que describió la misma operación y luego el tercero. Mientras tanto mi coño ya no aguantaba más y de él comenzaron a emanar fluidos que eran la mejor prueba de que estaba llegando al orgasmo.

    Carlos me dejo descansar unos segundos y se puso detrás mío. Seguía a cuatro patas, con el coño mojado, mi ano dilatado y la polla de Carlos apuntando directamente a mi agujero. “Bien nena, ahora vas a saber lo que siente una putita cuando la enculan”. Apoyo la cabeza de su verga en mi ano, me agarro con fuerza de las caderas y empezó a empujar lentamente. Cuando sentí aquella verga abriéndose paso en mi estrecho culito grité de dolor, me entraron muchas ganas de llorar, pero no lo hice por orgullo, quería demostrar a Carlos que estaba preparada para eso y mucho más así que me mordí el labio con fuerza mientras notaba como su polla iba destrozando y abriendo mi ano a cada embestida que daba.

    Me tuvo ensartada unos segundo para que mi ano se acostumbrara al grosor de su verga y pasado ese tiempo comenzó a bombear con un mete saca al que mi culo se fue acostumbrando mientras notaba como sus huevos chocaban contra mis nalgas en cada una de sus embestidas. Mi ano finalmente se acostumbró a la verga, no voy a decir que me resultara placentero, pero sí que la sensación de dolor había desaparecido, y cuando Carlos percibió que ya no me dolía fue cuando empezó a embestirme con la fuerza de un toro.

    No tardó mucho en correrse llenado por completo mi culo de semen, una sensación que tengo que reconocer me gustó mucho. Me limpie en el baño nos abrazamos y nos dormimos. Desde entonces he probado el sexo anal unas cuantas veces y sin ser algo que me vuelva loca tengo que reconocer que es algo que no me importa practicarlo.

    A la mañana siguiente desperté a Carlos de la manera que más le gusta. Me metí debajo de las sábanas y comencé a chupársela lo que hizo que Carlos se despertara entre quejidos y gemidos de placer. Lo único malo es que se corrió casi al instante algo que me fastidio porque me hubiera gustado estar jugando con él un buen rato en la cama. Nos duchamos juntos y bajamos a desayunar.

    Pedimos a la dueña que nos preparara unos bocadillos para poder pasar el día paseando por el monte y comer en cualquier merendero que encontráramos por el camino. A eso de las 11 salimos a pasear con nuestras mochilas. El con una camiseta y un pantalón corto y yo con la parte de arriba del bikini y la parte de abajo cubierta por una falda cortita. Después de un buen rato paseando nos sentamos a comer y nos echamos la siesta a la sombra de unos árboles donde había muy poco tránsito.

    Para variar me desperté yo antes que Carlos. Allí estaba él, recostado en un árbol recibiendo alguno de los pocos rayos de sol que dejaban pasar la frondosidad del bosque. Estaba muy sexy además de empalmado. Siempre me he preguntado con que soñaran los hombres para estar empalmados mientras duermen. Evidentemente era una situación que no iba a desaprovechar. Por un lado, porque me quedaba una cosa por probar durante ese fin de semana y por otro porque volvería a despertarle de la manera que más le gustaba. Así que me dedique a la tarea. Le bajé el pantalón corto, el slip y me la metí enterita a la boca. Estaba deliciosa. Dura y con un olor a macho que hacía que me excitara.

    Me entretuve mucho en la punta… envolviéndola con mi lengua, besándola, mordiéndola mientras una de mis manos le pajeaba y la otra masajeaba sus huevos. Carlos se despertó con un “veo que mi nenita sabe lo que tiene que hacer para que me despierte feliz y contento” y agarrándome de la cabeza comenzó a acelerar el ritmo de mi mamada. La mamada duro bastante tiempo y el momento de la corrida iba a llegar. Carlos quiso sacar su verga de mi boca, pero no le deje. La empecé a pajear con mayor velocidad sin sacarme en ningún momento la punta de la boca. Quería demostrarle a Carlos que su nenita estaba preparada para ser su putita, su zorrita o lo que él quisiera.

    El cuerpo de Carlos comenzó a temblar. El ansiado momento había llegado. Su polla empezó a soltar abundantes chorros de leche que se depositaron en mi garganta y en la paredes de mi boca. Seguí mamándosela hasta que soltó la última gota. Buena parte del semen había llegado ya a mi estómago y con lo que me quedaba en la boca Carlos me pidió que me lo tragara mientras le miraba a los ojos. Lo cierto es que el sabor del semen me resulto agradable. Una mezcla entre salado y algo amargo que no era ni mucho menos aquella cosa asquerosa que decían algunas chicas.

    Estaba feliz porque había demostrado a Carlos que ya era una mujercita. Volvimos al hotel casi al anochecer. Nos duchamos, cenamos y ya en lo habitación Carlos y yo follamos dos veces. Ni que decir tiene que Carlos se corrió las dos veces en mi boca. Mi culito lo dejo tranquilo salvo unos pequeños azotes mientras me la metía a cuatro patas. Claro que esa tranquilidad no duraría mucho tiempo.

    Continuará…

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  • Sudar, toser, tirarse pedos y correrse

    Sudar, toser, tirarse pedos y correrse

    Sandra notaba el sudor en todo su cuerpo. El pijama a cuadros arrugado, la ropa interior húmeda y la mesilla llena de “kleenex” usados. Su piel, pálida por naturaleza, estaba algo más blanca. Las mejillas coloradas y la frente caliente.

    Tenía calor, sudaba, pero aun así se tapaba con la gruesa colcha de su cama. Todo antes que experimentar esos escalofríos desagradables.

    Tenía el estómago algo revuelto con el “frenadol” sabor naranja que había tomado hace una hora. Sabía que las medicinas la sentaban mal, pero la alternativa eran los supositorios y la idea de meterse cosas en el culo no le gustaba.

    Sí, por supuesto, había personas a los que les excitaban los supositorios. Sin ir más lejos a su chico, Antonio, cuatro años más joven que ella. El suceso tuvo lugar hace un año, al mes de haber empezado la relación. Aquella tarde se presentó con una bolsa de la farmacia.

    “La medicina” dijo entregándosela.

    Cuando descubrió lo que había dentro, Sandra se ruborizó. “Pareces una niña, crece e incorpórate al mundo de los adultos cuanto antes” pensó. Acabo ayudándole, aunque el hizo casi todo el trabajo y ella, tras desenvolver el supositorio, se limitó a dárselo y mirar como desaparecía en el peludo ano de su chico. Antonio no se limitó a meterse la medicina y apretar el culo, si no que sacó el pene y, mientras de derretía la medicina en su recto, lo meneó masturbándose.

    Después de eso hicieron el amor en posición de misionero. Esa electricidad, ese inolvidable placer recorriendo su cuerpo mientras su semental la montaba y penetraba de forma casi salvaje.

    Sí, a algunas personas las ponía meterse cosas por el culo. A ella no, o eso creía, o al menos, una vez que intento probar esa entrada, la sensación de dolor, más que el dolor, miedo, la impidieron seguir.

    Sandra se incorporó sentándose, tosió tres veces y estornudó acompañando el sonido del estornudo con el estruendo de un sonoro pedo.

    Estaba cansada de ventosear sin control. Menos mal que estaba sola. Tenía fiebre, le dolía la cabeza y la opción de tomar, en unas horas, otro sobre de esos… Intentó respirar pero los mocos secos habían taponado un orificio nasal y cogió el aire por la boca.

    Se decidió.

    Llamó a Antonio y le encargó una caja de supositorios.

    Una hora después…

    -Ahora aprieta el culete y aguanta.

    Sandra, tumbada boca abajo, obedeció.

    Cinco segundos después, su pareja le subió las braguitas y los pantalones y le tapó con la colcha.

    La mujer respiró aliviada. Aunque la medicina se estaba derritiendo en su recto, el mantener el esfínter apretado, ayudaba a prevenir la salida accidental de gas. Nunca se había tirado uno en presencia de Antonio.

    Al revés si había pasado, aunque claramente había sido culpa de ella. Una mañana, mientras su hombre orinaba de pie. Ella había entrado en el baño sin permiso y él se había tirado un pedo. No habían ni siquiera comentado el suceso, él, porque probablemente se lo tomo de forma natural, ella, porque le daba vergüenza. “Te da vergüenza o te fascina” pensó. Porque tenía que reconocer que era de las que guardan silencio en la habitación cuando alguien va al baño, guardan silencio y agudizan el oído esperando que el sonido del pis se mezcle con un ruido compatible con alguien ventoseando.

    -¿Qué tal estás? -preguntó Antonio sacándola de sus pensamientos.

    -Bien, gracias… y ahora vete, no quiero pegarte este catarro.

    Antonio asintió y se retiró sin debatir.

    Sandra reprochó mentalmente la actitud obediente de aquel hombre. Ni siquiera se había ofrecido a… yo que sé, a cualquier cosa.

    Dos horas después la fiebre le había bajado y se sentía mucho mejor.

    Pensó en Antonio, recordó el tacto de las manos de su hombre mientras le separaba las nalgas. Imagino la mirada de deseo mientras contemplaba el pálido trasero femenino tras haber introducido el dedo en su agujero. ¿Se habría excitado? ¿Sus pantalones ocultarían a su pene grueso, duro y palpitante?

    Sandra se agarró a esos pensamientos eróticos, deslizo la mano bajo sus bragas y comenzó a frotar su sexo húmedo. Apretó el esfínter, arqueó ligeramente la espalda y gimió. Luego se relajó completamente, dejó escapar aire silbante a través de su ano y reanudó la masturbación.

    El orgasmo la pilló por sorpresa.

    Después, rendida, perdió la consciencia en manos de Morfeo.

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  • Familia complicada (7): Porno guerra con mi hermanastra

    Familia complicada (7): Porno guerra con mi hermanastra

    Florencia está en cuatro patas desnuda a ras de su cama, con su culo bien levantado, con su cabeza apoyada en la almohada, yo estaba parado en la cama penetrándola, con las piernas flexionadas y mis manos apoyadas en su cintura. A dos metros en una mesita habíamos puesto el celular, grabándonos, en un plano corto donde se veía el culo, la vulva de Flor y mi pene abriendo los labios vaginales cada vez que entraba. Es una posición muy física y cansadora, pero la fricción que causa sumado al ángulo de penetración la hacen muy placentera.

    Ya llevábamos un rato así, yo sentía que los muslos me quemaban, pero con cada penetración el pene se doblaba muy placenteramente, mientras Flor sentía como frotaba su pared frontal vaginal estimulando su punto G, ya había tenido varios pequeños orgasmos, lo que hacía que cada vez que la penetrara saliera más flujo, todo en ella estaba súper caliente, sentí qué mi esencia recorría mi cuerpo y se dirigía salir por mi manguera, pero en ese momentos ella empezó a tener un potente orgasmo y su vagina actuó como aspiradora, que provoco que descargara mi primer y más potente lechazo dentro de ella, retire un poco mi manguera y lo puse entre sus labio y tres potentes descargar se encargaron de embellecer ese cuadro.

    Quedamos tirados en la cama intentando recuperarnos, este era nuestro segundo polvo de la tarde, mientras descansábamos traje él celular para ver la grabación, era perfecta, la secuencia, la descarga, nuestro orgasmo, sobre todo como quedó, su vagina llena de semen y flujos de ella, y para rematar volví a clavarla y el semen de su interior brotó.

    Este era nuestro último video, habíamos empezado una guerra con mi hermanastra. Era la guerra fría 2.0. Ante todo el mundo las cosas estaban bien pero por lo bajo nos matábamos, esto para mi empezó cuando la vi en él auto con su novio, y según ella empezó cuando le mande el video de la mamada que me hizo Flor. Desde ese momento yo le había mandado 5 videos cortos en diferentes situaciones sexuales, siempre acabando. Y ella me había mandado 3 fotos desnuda, en ellas se cuidaba de no mostrar su cara, como yo lo hacía en mis videos. Las fotos iban acompañadas de frases como:

    Te mando esto para qué te toques pensando en mí.

    Mientras tú te tocas con estas fotos, yo me estoy tirando a otro.

    Me gusta que te tires a tu novia pensando en mí y lo que no vas a tener.

    Mientras editaba el video Flor me iba dando ideas. Ambos estábamos bastante calientes desde que nos grabábamos y la guerra con Laura había empezado hace dos semanas. Yo seguía con la edición mientras ella me masajeaba las bolas muy suavemente, y cada tanto mi falo recibía las caricias, estaba tan concentrado que no me había dado cuenta de la potente erección que tenía de nuevo, como con desgano empecé a apretar una teta de ella, yo sabía que las tenía re sensibles, tenía los pezones duros, realmente le gustaba este juego a ella.

    Yo no pude más la lleve a la cama, la puse boca arriba sobre ella, sus pies en mis hombros y yo parado la penetre profundamente, mientras con una mano amasaba sus tetas, las apretaba fuerte y pellizcaba sus pezones. La penetraba profundamente, claro que mi corrida adentro más sus jugos ayudaban mucho.

    Junté sus dos piernas sobre mi hombro derecho para sentirla más apretada y seguí dándole fuerte, Flor estaba hirviendo de la calentura al igual que yo. Se escuchaban mis huevos golpeando contra sus nalgas, era la gloria. Cuando sentimos la puerta golpear, era la madre de Flor que había regresado, ella siempre entraba haciendo ruido para que la escucháramos. Nuestro tiempo se había acabado.

    Flor: Mi madre.

    Fernando: solo goza, y no te prives de gritar, que tu madre se entere lo buena que es su hija, lo buena puta sumisa que es.

    Le di una pequeña cachetada y ella siguió como si nada, me obedeció. Nosotros sabíamos que su madre nos había escuchado un par de veces, a mi eso me gustaba, al principio me incomodaba pero al ver lo sumisa que era la madre también, y lo que nos ayudaba me envalentono a seguir haciéndolo. La verdad es que duré poco, entre la calentura del video y la madre escuchando fue mucho y volví a llenarla de mi semen. Había sido una muy buena tarde para mí.

    Esa noche le mande el video a Laura, esta vez ella no contesto. Y al otro día actuó como si nada conmigo, incluso me ignoro completamente se podría decir.

    Esa noche estaba entrenando en el gimnasio, después de casi una hora y terminando los ejercicios físicos, ya para pasar a la parte técnica del combate voy a mi bolso y saco mi bidón de agua, es negro y con imágenes de Mortal Kombat, saco su tapa y me lo llevo a la boca y apenas sale agua, vuelvo a intentar y lo mismo, pero seguía pesado lleno de líquido, me dirijo al lavamanos, le desenrosco la tapa, y hay algo negro bloqueado, no entendía que pasaba, lo vacío y cae un trapo negro, cuando lo agarro me doy cuenta que es un tango de encaje negro. Volví intentando razonar y me di cuenta que solo una persona podía ser, tomé mi teléfono del bolso y tenía un WhatsApp de Laura.

    Te lo regalo, así no tienes que robarlos para masturbarte.

    En cuanto a mi plano social habían surgido unos problemas, en la facultad todavía seguía teniendo fama de malo o mafioso. Algunos se me acercaban y las chicas me sacaban conversación, sobre todo el grupo de las lindas, las amigas de mi querida hermanastra. Pero no fue ese el problema, el mismo fue que el padre del matón al que le di una golpiza volvió de viaje, ya habían pasado varias semanas, ahí se enteró de la golpiza que le habían puesto al hijo. Entonces el mismo puso una denuncia penal y una queja en la Universidad.

    Esta última fue fácil ya que había ocurrido fuera de las instalaciones y nos atendió el mismo hombre que me fue a ver al hospital cuando yo recibí la paliza de los cuatro matones, aunque no me escape del sermón de la conducta que se espera de los estudiantes de tan honorable institución. Yo fui a declarar a la comisaria, con mi padre y el abogado, también era compañero de gimnasio, todos una gran familia, fuimos a declarar justo cuando mi victima salía de dar su testimonio.

    Padre del Matón: ¿Ese es?- le preguntaba a su hijo señalándome con el dedo- eres un cobarde, un animal.

    El abogado y mi padre se pusieron entre él y yo.

    Padre: mi hijo solo se defendió del Matón que le hacía bullying – Lo señalo con un dedo, como lo hizo el otro- esa mierda y su amigos mandaron a mi hijo al hospital, menudo cobarde tienes que ser para pegarle a otro entre cuatro.

    Padre del Matón: ¿pero quien te crees que eres?

    Padre: Pronto sabrás quienes somos.

    Ya en la comisaria fue todo más distendido, mi padre conocía al comisario y a varios más, aportamos una lista de testigos, todos amigos del gimnasio, así como varias grabaciones, estas se las mostraban entre ellos, y se reían una vino y me palmeo diciéndome que era un toro. Ya más tranquilos en la oficina del comisario, tomando un café, me dijeron que no sería mucho problema, lo más probable es que desestimaran la causa, pero por el momento me alejara de él y de los problemas. Me convenía llegar como un corderito que se defendió del lobo, me dijo esto el comisario mientras se reía.

    Ya al otro día vi a mi matón en la facultad, tenía el orgullo herido, y me miraba con bronca y odio, por culpa mía había perdido su estatus. Me fui a almorzar al comedor de la facultad, con mis amigos los nerd, ellos disfrutaban de la atención extra, es más se habían hecho amigos de algunas de las chicas que se acercaba. En eso estábamos cuando llego uno de mis nuevos amigos, por así decirlo, me llamó a parte y me dijo que mi matón favorito estaba reuniendo un grupo entre los jugadores de rugby para darme una paliza a la tarde, cuando cruzara el parque frente la universidad, le agradecí por el dato y le escribí a mi padre.

    El respondió que se encargaba, iba a organizar una ardida de airshot. En realidad por lo único que me preocupe fue por las recomendaciones que me dieron, no meterme en problemas, por lo menos hasta que se aclare la causa judicial en mi contra.

    Yo salí de la universidad y estaba nervioso, no sabía a que atenerme. Cruce la calle y miraba para todos lados, entre en el parque y ya divisé a uno de los amigos del matón, uno de los gordos que me pego, iba con otro que no conocía, mire a mi derecha y vi a otros dos, tampoco conocía a uno, de perfil vi que detrás de mi venía el musculito, con otro amigo.

    Yo seguí caminando, el más cerca estaba a 30 metros míos, iba por un sendero y estaba por cruzar una calle interna, del otro era el sitio ideal para emboscarme, por ello se acercaron lo más posible. Cuando estaba por cruzar y ya estaban todos a un par de metros de mi, aparecieron por la calle dos camionetas, una la de mi padre, se pararon justo a mi altura, descendieron eran 5, mi padre me abrazo.

    Padre: que olor a mierda que hay- miro alrededor y clavo su vista en el matón- a ya veo porque.

    Todos venían vestidos de ropa táctica y con armas en los chalecos, era de airshot, pero ellos no lo sabían, dentro de la camioneta pudieron ver un par de armas largas, del mismo juego.

    Atrás de las camionetas se paro un auto blanco, un Ford Focus, de él descendieron tres policías, justamente los mismos que habían estado en la comisaría, cuando fui a prestar declaración. Nos saludaron y se dirigieron al grupo de rugby.

    Policía: muchachos vengan aquí, y muestren sus identificaciones.

    Rugbier: pasa algo oficial

    Policía: si, se ha reportado un grupo de pedófilos rondando las escuelas de la zona, y ustedes encajan con la descripción.

    Otro de los policías hablaba por radio, nosotros nos fuimos de ahí, era algo obvio que mi padre había tenido que ver, cuando salíamos vi llegar a dos patrullas más. Nos reímos un rato de la cara de estos al ver bajar a mi padre y amigos de las camionetas, se debieron de cagar encima seguro.

    Según me enteré los trasladaron a comisaría para identificarlos y buscar sus antecedentes, tuvieron que hacerlo de esa forma porque justo el sistema no funcionaba en ese momento, se pasaron unas horas divertidísimas. Otra cosa que nos dijeron es que en la comisaria los tuvieron un par de horas incomunicados y le tomaron las huellas y datos para identificarlos, o sea a la antigua.

    Cuando los dejaron hacer su llamada vino él padre de uno de ellos, que es abogado, y le hicieron escuchar un llamado a los números de emergencias, donde una anciana describía a muchachos sospechosos rondado las escuelas de la zona y molestando a las niñas, la descripción era exacta a los seis energúmenos estos. Pero lo peor vino cuando se les hizo una revisión exhaustiva, encontraron cigarros de marihuana, una navaja, y una cachiporra extensible.

    La noble anciana que había llamado desde un teléfono sin identificar, no era otra que María, la secretaria de papá. En concreto este era un mensaje y creo que iba más dirigido a los amigos del matón que ya no vieron tan buena idea echarle una mano a su amigo.

    En esos días me había olvidado de todo lo que no fuera este problema, es más había dejado de lado a Flor, ella era un ángel, o sería más preciso decir una buena sumisa. También había dejado de lado la guerra con mi hermanastra. La veía bastante ida y en su mundo. Tuve la oportunidad de hablar varias veces con su novio, Segundo era su nombre, en realidad me pareció un buen tipo, solamente un poco aristocrático, o sea era de clase alta y se creía un poco superior, aunque lo disimulaba bastante bien, si me pareció que le faltaba carácter, sobre todo con Laura.

    Ellos salían mucho paseaban, es más creo que Laura estaba teniendo sentimientos genuinos por él. La consentía en todo y la trataba como una reina, pero no solo en lo material, que era muchísimo, se los veía bien juntos y muy compañeros.

    Yo no había tomado represalias por lo del tanga en mi bidón de agua, no me parecía el momento. Es más, lo devolví al cesto de la ropa sucia, seguro que Laura lo recibiría de vuelta cuando su madre o la señora que ayuda en a casa le subieran la ropa. Dos días después volví de entrenar muy tarde en la noche, entre a mi habitación y encima de mi cama estaba el tanga, no pude hacer otra cosa más que reírme, cuando llegamos con mi padre, Laura y su madre estaban saliendo, se iban a cenar con amigas, unos minutos después me llego un WhatsApp.

    Laura: Te lo regale, es para que te ayude- y lo acompañaban las imágenes de un pene y un bidón de leche.

    Esta chica no paraba de sorprenderme, yo pensaba que se había cansado de juegos e iba a ser una novia ejemplar. Sin embargo estaba provocando a su hermanastro. Esto no podía quedar así, se la tenía que devolver.

    A la mañana siguiente me desperté temprano y fui a la cocina, puse la cafetera, Gabriela y papá aparecieron se tomaron su café pero estaban apurados, tenían que hacer tramites en los bancos, entonces iban y venían buscando lo que les pudiera faltar, casi no me prestaron atención. Escuche a Laura bajar por las escaleras, saque una taza que tenía apartada y le serví, ella tomaba café con leche, se lo deje en la mesa. Llego medio dormida, apenas saludo, Gabriela le pidió a papá el dinero que tenía guardado, para depositarlo, y fueron a buscarlo. Laura endulzaba con edulcorante su taza, aproveche y le mande un pequeño video de tres segundos.

    Ella tomo el teléfono, vio que era yo pero ni me miro, cuando reprodujo levanto la vista sobre el teléfono y me miro a los ojos. El video se veía su tanga enrollado en mi pene, y yo masturbándome y largando mucha leche dentro de una taza, no había tenido relaciones en días así que fue muy buena la producción láctea, era la misma taza que ella sostenía en ese momento. Justo entraron nuestros padres.

    Laura: Esta muy bueno el café con leche hoy mamá- dijo esto sin dejar de mirarme y sonreírme.

    Gabriela: Lo preparo Fernando y yo ni tiempo he tenido de tomar el mío, nos vamos- le dijo a Laura.

    Yo me iba a trabajar con mi padre y ella se iba con su madre. Mientras nos dirigíamos a los vehículos me dijo.

    Laura: Hermanito vas a tener que hacer algo, la leche estaba un poco agria para mi gusto- y se fue riéndose la hija de su madre.

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  • De Alma a mi amante impura

    De Alma a mi amante impura

    Salí tempano aquel lunes para visitar algunos clientes. Los años de manejo hicieron que al subir a un auto éste comience a ser parte de mi cuerpo.

    El tránsito se puso lento y pesado, sin poder soportar el caos que es Argentina en estos momentos apague la radio y busque en mi biblioteca de Spotify “Amused to Death de Roger Water”, mi imaginación comenzó a volar y mis pensamiento derivaron a los chart que intercambiamos con Alma y como sería si llegara a conocerla.

    -Señor va a tomar café, dijo la azafata con su mejor sonrisa, perdón por despertarlo.

    -Si café, por favor muchas gracias.

    Jamás había pensado viajar a Bariloche ese Lunes tan temprano luego de enviar el mensaje por Telegram a Alma, el sábado por la mañana.

    -¿Sos Alma?, escribí en mi Telegram, rápidamente dos tildes verdes confirmaron que la dirección anunciada en la página de relatos eróticos era correcta.

    -Si soy yo. Responde.

    Leí todos los relatos de Alma, todos escritos en la categoría infidelidades, me llamo mucho la atención lo arriesgado de las situaciones, lo joven que era cuando comenzó con sus aventuras y como sus dudas ante de los encuentros la terminaban excitando.

    Leí la infidelidad antes de su matrimonio, luego el relato de su luna de miel para el olvido que paradójicamente le trajo un lindo recuerdo (el mejor para mí), y el reencuentro con su compañero del secundario.

    -Escribí rápidamente. Hola Alma mi seudónimo es Sicutta, leí todos tus relatos me parecen increíbles, creo que puedes ayudarme a comprender algo de lo que estoy viviendo, en este momento estoy pasando por situaciones similares a las que describís en tus relatos.

    -Uhh en serio. Te aclaro que no estoy nada orgullosa de lo que hice, solo escribo porque me hace bien. Ya estoy alejada de las infidelidades y solo estoy dedicada a mis hijos.

    El chat siguió hasta que ella debía ir a comer y yo seguir con mis tareas.

    Claramente Alma no estaba para nada receptiva para una aventura pero al igual que en los relatos tenía esperanza que sus dudas terminaran excitándola.

    Chequee mi Telegram a las 3 de la tarde y tenía un mensaje de A C así la tengo en mi agenda.

    -Ya terminé de comer.

    No respondí, tenía tareas por hacer, ya tendré tiempo más tarde cuando me encuentre solo en casa.

    Mi imaginación seguía planeando y mi interior estaba despertando como si me desdoblara en dos personas. Sonaba “Perfect Sens I” y seguía recordando lo que había hablado con Alma y como sería el viaje para visitarla.

    “Recibí mi café acomodándome en el asiento del Embraer 195-E2, rogando que la azafata no haya notado mi infaltable erección de las 7:00 de la mañana, no quería ser grosero en observar su culo cuando ella gire para ofrecer café a la mujer que se encuentra en el asiento de la ventanilla opuesta.

    La mujer toma el café y observo su mirada cómplice al apoyar su boca en el vaso plástico para tomar el primer sorbo.

    Estuve soñoliento por a próximamente media hora y posiblemente la mujer desde ese ángulo si haya estado observando la protuberancia en mi bragueta.”

    El abrupto corte de “Perfect Sense II” y un auto conducido por una mujer me rajo una puteada me volvió a la realidad.

    -¡Estas boludeando pelotudo! Gritó.

    No me importo seguí en mis pensamientos.

    “El sábado a las 9 de la noche tuve un partido de tenis, durante el viaje envié varios mensaje a Alma, disculpando por no haber podido contestar, respondiendo ella, que no hay problema y que estaba con unas amigas tomando mate.

    Esperando mí turno para entrar a la cancha le comenté lo del partido, quede en escribir luego si estaba despierta y si tenía ganas, podíamos hablar cuando ya esté en casa tranquilo y solo.

    No tuvo problemas.

    Las miradas de la mujer de unos 50 años eran intermitentes y la azafata paso nuevamente recogiendo los vasos plásticos y ahora no pude evitar observar su orto.

    Justo cuando la azafata se corre me encuentro con la mirada de la mujer que sonrío al descubrirme, respondí su sonrisa observando cómo acomodaba su escote ofreciéndomelo.”

    El semáforo rojo me saco un poco de mis pensamientos que me habían abultado el pantalón. “The Bravery being of range” y el verde del semáforo me volvió al mi mundo interior recordando la situación del sábado a la noche intercambiando los mensajes con Alma.

    “Derrotado por mi falta de concentración en mi partido de tenis volé a casa para continuar el chat con Alma, compré dos porciones de fugazzeta en el camino y llegué a casa a la velocidad de la luz.

    -¿Estas Alma? Escribí.

    -Buenas, buenas, si, si.

    La charla continua con comentarios sobre el partido me dijo que vive en La Patagonia y que ya tenía 6 años de haber dejado de ser infiel y 6 meses de divorciada.

    Pregunte si había leído mis relatos y me dijo que solo había leído “Vértigo” y ahora estaba leyendo “Devorado como un cordero”.

    Como las repuestas se demoraban aproveche para dar una ducha que me relajo y me dejo con la pija bamboleante.

    -Están buenos deberías escribir más. Escribió.

    -Gracias. ¿Leíste “La flor impura”?.

    -Si es el que más me gusto. Escribís los relatos como si fueran un “corto“. ¿Son relatos reales?

    -Es mi idea. Si los relatos son situaciones reales. ¿Se ven mis fotos de Telegram no recuerdo si las tengo bloqueadas? Pregunte.

    La respuesta me impacto, el mensaje decía: estoy un poco despeinada jaja, e incluía una foto de ver una sola vez. Toque en la foto que duro unos segundos abierta. La imagen fue fugas, una selfie de una hermosa mujer, quedo revoloteando en mi cabeza durante los siguientes días hasta aterrizar en Bariloche. Su cara perfecta, ojos vivaces grandes, una sonrisa hermosa, su cara enmarcada con cabellos castaños claro y también alcance a observar 2 buenas tetas que estiraban un suéter color beige.

    La erección persistía, cuando sonaba “Too Much Rope” y un nuevo semáforo me permito enviarle un Whatsapp a Mile.

    -Hola Mile. ¿Estás en el centro?

    -Hola Amor. Si.

    -En media hora estoy. Alcance a Escribir.

    -Dale te espero amor

    “El piloto anuncio la llegada a Bariloche la mujer ajusto su cinturón sacando pecho regalándome una nueva mirada que respondí, con mis ojos apuntado a sus pezones activados por el frío y calculo que por la perversión de sus pensamientos.

    El aterrizaje fue perfecto las tetas perfectamente operadas de la mujer no se movieron.

    Apenas el avión se detuvo, los pasajeros se pararon para retirar sus equipaje de mano, la mujer giro ofreciendo su portentoso culo, me pare tratando de esquivar el porta equipajes y sin querer rose su hombro.

    -Perdón. ¿Te ayudo? Dije.

    -Si gracias por favor no debí traer tanto equipaje. Respondió.

    Estiré mis brazos por sobre su cabeza y pude sacar la voluminosa valija, la mujer movió su culo hacia atrás acertando en mi consistente paquete.

    Apoye la valija en el piso y quede parado detrás de la mujer.

    Me retire un poco hacia atrás para evitar rozar su cola, a pesar del deseo que este acto me provocaba.

    Una moto me hizo un filo por la izquierda me encierra por delante gira su cabeza y alcanzo a escuchar.

    -¡La concha de tu madre forro!

    “Comí la porciones de pizza mientras hablábamos de nuestras vidas le pregunté sobre sus relatos, y le dije que no me la imaginaba a una mujer tan hermosa viendo porno, me conto que fue un momento de inseguridad pero que no era lo que más le gustaba.

    Me hablo sobre su divorcio y entonces caí en la cuenta del momento en que se encontraba la mujer detrás del teclado del Telegram y entendí todo.

    -Ya pregunté demasiado. ¿Pregunta vos? Escribí.

    -¿Cuánto hace que sos infiel? Pregunto.

    -Yo no soy infiel. Creo que la descoloque con mi respuesta.

    -¿Y las chicas de los relatos? Preguntó.

    -Escorts, respondí.

    -Jajaja. ¡Lamento decirte que sos recontra infiel! Jajaja.

    Una nueva pausa en el tránsito. Me dio tiempo para escribir. Estoy cerca Mile.

    “Ya en Aeropuerto la mujer caminó rápidamente delante de mí, seguí tranquilo sus pasos observando su andar provocativo.

    Ella salió de la zona de desembarque para encontrase con un hombre algo panzón giró su cabeza y me encontró cerca. Lo sentí como un saludo y un te perdiste cogerme.

    Y si, había ido a Bariloche con otro objetivo, con la excusa de una reunión laboral quería conocer a Alma.

    Ya en el taxi escribí, estoy en Bariloche voy a estar el Hotel Almas del Lago en el restaurante a las 21 h te espero.

    Un solo tilde se reflejó en mi pantalla.”

    Llegue al departamento de Mile, escuchando la mitad de “Its a Miracle” la barrera me permito el ingreso al estacionamiento, estacione y baje del auto acomodando mi falo hacia arriba para disimular la pija que pugnaba con romper la tela.

    “Llegue al hotel desempaque me pegue una ducha descanse una hora y a las 15 tendría mi reunión con Marcela. Chequee el mensaje de Telegram enviado a Alma ya estaban los tildes verdes pero sin respuesta.

    La reunión fue bastante exitosa Marcela fue muy amable conmigo y me ayudo a presentar de la mejor manera posible mi proyecto ante los dueños de la empresa.

    Nuevamente chequee Telegram y nada solo 2 tildes verde.

    Camine un poco por el centro de Bariloche y regrese al hotel me pegue una nueva ducha y ya estaba listo a las 21 h en el restaurant de hotel con vista al Lago Nahuel Huapi.

    A punto del chequear Telegram nuevamente levanto la vista y la veo.

    Jeans algo ajustados a sus largas piernas que se deslizaban en cámara lenta sobre estiletos rojos, campera de cuero al tono con los zapatos, su pelo fino y largo cayendo por sus hombros. Sus ojos grandes me miran y solo atiné a pararme con el corazón latiendo a mil.

    Mi metro ochenta y cinco permitía mirarla directo a sus ojos sin inclinar la cabeza.

    -Hola Alma, pensé que no llegarías.

    -Si yo también pensé que no llegaría pero acá estoy. Viaje muy rápido desde mi ciudad dudando en el viaje si venir o no, pero acá estoy, será por eso de que la duda me excita.

    Comimos salmón y bebimos un riquísimo vino blanco.

    Reímos como nunca me había pasado con la mejor vista al Lago Nahuel Huapi.

    No pude quitar la vista de sus ojos y mantener en segundo plano sus tetas redondas y sus aureolas que aparecían de tanto en tanto a pesar de la penumbra atreves de la tela del suéter esta vez blanco similar al que tenía en la foto.

    Terminando la última copa de vino Alma apoyo su mano en mi muslo, olvide sus ojos y fui directo a su boca roja, que bese sin freno, su mano siguió en mi muslo pero su dedo índice llego a tocar la cabeza dura de mi verga que se había escapado del bóxer.

    Caminamos abrasados, riendo salimos del restaurant, dos camareras que secaban las últimas copas nos saludaron y con risas cómplices, note como observaban el notorio bulto rebelde que marcaba su forma fálica bajo la tela del Levis”

    Mile abrió la puerta del departamento y fui directo a su boca. Los besos de garganta no pararon. Nuestras ropas volaron quede sentado en la cama. Sonó el timbre.

    Se volvió a colocar el buzo sobre sus tetas desnudas.

    -Ahora vengo Amor. Me vienen a cobrar el alquiler, serví algo, ya vuelvo.

    Fui al baño me quité la ropa que no soportaba la dureza de mi pija.

    Me recosté en la cama con la poronga mirando al techo.

    “Ya en la habitación del hotel me recosté en el king size”

    -Ya volví amor. ¡Como estamos hoy! No esperaba que estés así.

    Mile se quitó rápido el buzo, sus tetas duras le permite estar sin corpiño, subió a la cama y me ofreció su suave vulva que apoyo y movió sobre mi lengua blanda.

    Mi falo era succionando por su boca a toda velocidad, con ambas manos la tome de las caderas y acerque mi boca a su ano que saboree con locura. Recorrió todo mi tronco y mis huevos, navegue su canoa con esmero.

    “Seguí saboreando la flor de Alma y no podía creer lo inundada que estaba”

    Mile exploto con abundantes fluidos y explote con varios chorros que pegotearon su pelo.

    Se recostó de perfil con una pierna estirada y la otra flexionada casi sobre su pecho y abrió esa pierna un poco, dejado su concha a mi merced.

    Mi erección persistía y la ensarte hasta el fondo.

    Mi pene medio curvo hacia la derecha me permitió actuar insistentemente sobre su punto G y con mi mano menos hábil la derecha, pero no por eso menos perversa active su clítoris mientras profundamente la penetraba y desde esa perspectiva no podía dejar de ver sus pechos mover a mi ritmo.

    “Ya estaba Alma ensartada de perfil sus lindos senos del tamaño justo se movían a mi ritmo”

    Exploto ella nuevamente.

    -Dejame cabalgarte de espaldas. Susurro en mi oído.

    Quede boca arriba.

    Se sentó sobre mi pija de espaldas dejando mis brazos atrapados entre sus pierna comencé a reír porque no me permitía meter mis dedos en su culo algo que hago habitualmente y sé que le encanta cuando usa esa pose.

    Zafé mis brazos y comencé a trabajar su culo.

    La cabalgata fue a un ritmo mortal observe mi pija salir casi completamente de concha para volver a entrar brutalmente.

    Ya con dos dedos en su culo y ensartada profundamente me regalo su tercer orgasmo y explote nuevamente

    -¡Uhhh! exclamó. ¿Que fue eso? Qué manera de acabar amor lo sentí a través del forro.

    Durante ese encuentro alucine, no había volado a Bariloche tampoco tome café ni mire el culo de la azafata, no intercambie miradas con la mujer del asiento opuesto del avión, no tuve la reunión con Marcela ni fui al hotel Almas del Lago no cene con Alma y tampoco la conocí, aquel lunes mi mente voló muy alto mientras disfrutaba de Milena mi amante impura.

    Es sábado de un noche fría en algún lugar de la Patagonia, Alma había dejado a sus chicos en la casa de su ex marido entró a su casa amplia y solitaria, llevaba puesto un vestido corto color verde musgo se quitó los zapatos camino hacia su habitación moviendo sus anchas caderas, aflojo los breteles del vestido y lo dejo caer, no llevaba su corpiño de encaje, si su tanga negra. Se costo en su cama abrió la página de relatos eróticos y leyó “De Alma a mi amante impura”.

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  • Sexo anal con gran polla. Gran corrida

    Sexo anal con gran polla. Gran corrida

    Amo el sexo anal y no puede pasar un día sin que alguien me sodomice.

    La sensación de tener una polla dentro del culo haciéndote suya… El glande abriéndose paso dentro de ti… La humillación de ser empanada y sentir cómo te llenan…

    Aquel día el afortunado era Daniel.

    Daniel vino a mí casa, lo guie a mí habitación y se bajó los pantalones… Él ya me había avisado de que su miembro era grande, pero siempre impresiona más en persona.

    Me arrodillé y lo dejé bien mamado, bien húmedo, pero apenas me cabía la mitad en la boca y lo tenía muy duro.

    No era muy gordo, pero quizá eran 19 cm de barra de hierro.

    Él me acariciaba la carita como sintiendo lastima por mí, como si fuese a ser destrozada por aquella polla.

    Ojalá, pensé.

    Me puse de pie, me di la vuelta y me puse a 4 patas sobre las cama. Estaba limpita y depiladita.

    Él me bajó los pantalones y las bragas y observó mi ojete. Mi ano es marrón oscurito y mis nalgas son blancas y anchas. Creo que es bonito y bastante follable.

    Algo nerviosa por el tamaño de su pene, me sobresalté cuando me escupió en el ano y me metió la lengua. Todo un caballero que iba a lubricarme el culito antes de reventármelo, aunque tengo lubricante por si la cosa se complica.

    Me lo lamió un poco y posó su polla sobre mi espalda… Comenzó a bajar hacia la raja y me hizo la tarjeta de crédito… Lo hizo varias veces. Yo acercaba mi culo como pidiendo que me ensartase.

    A la tercera vez que lo hizo yo estaba tan cachonda que acaricie su pene con una mano y lo guie hacia mi ano.

    Él insertó su cipote y se aseguró de que todo iba bien. Yo asentí. Empezó a meter más polla y empecé a notar como mi culo se llenaba de placer, algo de miedo y muchos nervios.

    Tenía metido un tercio de polla cuando empezó a follarme el culo con cuidado. Yo gemí desde lo más profundo mientras me palpitaba el coño. ¡Qué placer tan increíble era el sexo anal!

    Después de medio minuto empezó a meter más polla hasta que tenía dentro de mi 2 terceras partes.

    Algo así como 13 cm de una polla dura como el acero me ensartaban de manera inexorable. Ese chico me estaba empalando y me follaba el culo con ritmo y con dureza. Noté mi culo lleno y mi cuerpo lleno de placer. Cada centímetro que entraba estaba más cerca de sentir que iba a explotar.

    Me siguió follando con esa cantidad de polla mientras yo me agarraba a la sábana y gemía mientras creía explotar.

    Entonces se detuvo y empezó lentamente a meterme el resto de la polla. Aquellos 19 cm de polla pétrea se abrían paso dentro de mi culo cortándome la respiración y moviendo mi cuerpo por dentro. Agarré con fuerza las sábanas mientras gemía desacompasadamente y creía morir de placer. Él acabó de meter toda su polla y noté su cuerpo contra mis nalgas. No pude respirar con su cipote a 19 cm de profundidad dentro del agujero que usaba para cagar.

    Él mantuvo su polla allí dentro mientras yo contenía la respiración, mis nudillos estaban blancos agarrar las sábanas y tenía los ojos cerrados. Me corrí y empecé a mojar la cama.

    Él sacó la mitad de su polla y volvió a meterla hasta el fondo. Disfrutaba viendo el miedo y el placer que sentía con su polla dentro de mí.

    Mi cuerpo habría gritado que parase y no sé cuánto tiempo podría aguantar en esa situación ni cómo iba a estar después de aquello…

    El miedo me hizo echar el culo para adelante como si quisiese sacar algo de miembro… El reaccionó rápido y me agarró suavemente las caderas para guiarlas hacia él y volver a meter todo su miembro… Me volví a correr allí ensartada…

    Entonces comenzó a follarme el culo duro. Su barra me empaló entera, lo único que no sacaba era aquel cipote que comandaba tremenda polla.

    Comencé a gemir como una loca mientras aquel pene me reordenaba los órganos internos y me hacía gritar de locura, pasión, gozo, miedo y sexo. Sus huevos golpeaban mi vagina mientras yo me centraba en sobrevivir. Cada vez su pene llegaba al fondo parecía que fuese a morir. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que me corrí y pensé que después de aquello no podría andar en unos cuantos días.

    Él me separaba las nalgas para meter aún más polla, me agarraba del pelo o agarraba las caderas para atraerlas hacia él. Empecé a quedarme sin voz mientras me sodomizaba de la manera más bestia que pensé que se podía.

    El comenzó a gemir y entendí que se iba a correr. Si hubiese querido echármela en la cara o en la boca no habría podido impedirlo no por voluntad ni por fuerza pero decidió correrse dentro de mi culo.

    Cuando se corrió lo hizo en lo más profundo de mi ano y con la polla aún más dura que mientras me follaba sin contemplación. Empecé a notar como se me rellenaba el culo mientras él daba pequeñas sacudidas con toda su polla dentro de mí.

    Sus gemidos cesaron poco a poco y sacó su polla lentamente.

    Cada centímetro de polla fue placer cuando entró y era placer ahora que salía. Perdí la sensación de llenado y aquel tubo de acero dejó literalmente un hueco dentro de mí. Pero el agotamiento era tal que quedé en aquella posición igualmente recuperándome. Mi culo estaba abierto y rojo y Dani no me preguntó si estaba bien o no. Oí pasos y se puso a mí lado. Me agarró del pelo y me hizo levantar la cabeza. Restregó su miembro húmedo y largo por mi cara y me lo metía en la boca.

    No le dije nada ni pensaba hacerlo, se había ganado hacer lo quisiera. Su miembro sabía a semen y a culo pero no me importó. Intentó sin éxito metérmelo entero en la boca pero solo consiguió provocarme arcadas. Como me había incorporado un poco, noté el semen que me había echado en el ano caer por mis piernas. No era poco.

    Me restregó otro poco su miembro por la cara y me dio un par de golpecitos en la frente y en las mejillas con el cipote. Yo lo sonreía en señal de aprobación y con mirada de desafío.

    Efectivamente no pude andar al día siguiente, pero ambos sabíamos que eso se iba a repetir y e iba a ser el comienzo de una relación en la que él me sodomizaría tanto como quisiera.

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  • Experta en pollas

    Experta en pollas

    Hola hermosuras, les cuento otra aventura. Respecto la identidad, ¿qué soy? Me gusta vestirme de mujercita con ropa muy sexi, adoro los penes, tocarlos, besarlos y mamarlos hasta que eyaculen en mi boca; pero no me gustan los hombres como tales, sólo sus miembros y tampoco me gusta ser trans de tiempo completo, me da flojera y no puedo dedicar todo el día diariamente a mi arreglo de putita.

    Así, que me arreglo un poco para ser femenino y que me follen, por ejemplo, depilación de todo mi cuerpo y tratamientos corporales para tener una piel suave; pero sólo me visto para darme auto placer con dildos o cuando tengo suerte, para tener sexo, pero eso sí, soy muy ardiente y morbosa, además, de fetichista y un poco depravada. O sea, creo que soy travesti de clóset y sexualmente una perfecta mariquita. Bien, aclarado eso pasemos a la aventura.

    Conocí a un hombre en el supermercado, yo iba vestido de chico, congeniamos de inmediato, era muy simpático y terminamos en un bar. Realmente era muy divertido y muy bien dotado, lo había mirado de reojo cuando fuimos al baño. Gran observador, él notó mis preferencias y me dijo que guardaría el secreto, en ese instante de pie frente al mingitorio tomé su pene con una mano y le hice una breve paja, para terminar me incliné y lo planté un sonoro beso en el glande, regresamos a nuestra mesa en el bar.

    Luego de varios tragos que nos pusieron más calientes a ambos, me hice de valor y lo invité a mi casa, fuimos en su auto y en el camino íbamos tocándonos y me dio algunos besos en la boca.

    Al llegar a casa se abalanzó sobre mí y me besó apasionadamente, me quité pantalón y camisa, debajo llevaba sostén y tanga, al verme así me agarró de las nalgas y me besó los pechos bajando las copas del sostén. Nos sentamos en el sofá, le bajé el pantalón, la trusa y le pregunté al oído, papi, ¿quieres que te haga sexo oral? Por respuesta inclinó suavemente mi cabeza hacia su pubis poniendo el pene en mis labios. Besé y lamí el glande, recogiendo con lengua y labios su precum. Era una delicia, ya saben chicas, un sabor enloquecedor.

    Mi larga carrera de mamar penes y sentarme en ellos me había convertido en una especialista. Así, que se la mamé como toda una experta poniendo en práctica mis mejores técnicas. Tomé su pene con ambas manos, acerqué mi boca y le besé el glande con suavidad, lo cubría con los labios, succionándola, luego, se la mordisqueaba, finalmente, la introduje toda en mi boca. Me cupo porque estaba parcialmente erecta, mi boca y nariz quedaron pegados a su pubis, su vello cosquilleaba nariz y labios, aguante toda su longitud dentro de mi boca.

    En esa posición se le puso bien erecta, creciendo dentro de mi garganta, de modo, que ya bien dura sólo me cupo la mitad; en fin, se la mamé unos 20 minutos, mamé, mamé y mamé hasta que se me impregnó su olor y saber en labios y lengua.

    Luego de unos quince minutos me incorporé, bajé la tanga un poco y me senté en su regazo, con mis nalgas atrapé su miembro y comencé a moverme jugando teniéndolo en el medio de mi trasero. Todo lo manejaba sin usar las manos, sólo mis nalgas, me movía en vaivén, me levantaba un poco quedando el tronco en vertical y pegado en el perineo, luego, me lo pasaba a la entrada del ano, igualmente, usando sólo las nalgas.

    Me metía un poco de su cabeza haciendo movimientos circulares, se me metían unos milímetros en la cola, yo gemía ruidosamente; me sentaba otro poco para que entrara otro trozo de carne caliente, de nuevo movimientos en círculo.

    Ay, amigas, estaba como una puta loca, gozando como nunca. Finalmente, me senté poco a poco sobre su fierro de carne deliciosa. Me entró toda hasta el fondo y me quedé quieta, esperando dilatarme. Pero él me tomó de la cintura levantándome un poco sacando su polla, para meterla toda de un sopetón comenzando a moverse en una delirante saca y mete de pene –Ay, papi, me lastimas la cola, le dije, pero no importa métemela toda, aunque me la hagas trizas.

    Con estas palabras se animó más y me la dejaba ir hasta el fondo de mi intimidad cada vez que embestía. Mi entresijo se aferraba a cada milímetro de su verga, sentía su dureza y suavidad, su cabeza invadía mi ser de putita, ambos nos movíamos con el objetivo de que me inundara esa carne de hombre.

    En cierto momento nos incorporamos un poco, yo con su pito dentro de mí, y quedamos en posición de perrita, mis manos apoyadas en el brazo del sofá y el macho de rodillas detrás mío, me la sacaba hasta la mitad y me la hundía toda hasta que su vello púbico rozaba mis nalgas. Me volví loca de placer y gritaba con cada embestida, empujaba mi grupa hacia atrás al encuentro de esa delicia de fierro masculino.

    Me cogía y me recogía, su pene entraba en mi cola en ritmo frenético, pensé que eyacularía pronto, pero por fortuna me equivocaba, duró varios minutos más perforándome la cola y haciéndome gozar como nunca. Finalmente, me dijo, me vengo mamacita, ¿dónde te echo el semen? Le contesté, -Ay, papi, échamelos dentro de la cola- y estalló en varios chorros tibios de semen. Creí que me había preñado con tanto semen, parecía que eran litros y litros, su miembro se hinchaba cada vez que aventaba un chorro y por fin, se detuvo. Toda su verga aún muy erecta y dura llenaba mi recto y mis tripas se le pegaban envolviéndola como en un abrazo de placer infinito.

    Sentí como se empezó a poner flácido y me la sacó, estaba escurriendo de sus propios jugos y de los míos, se me escurrían desde la parte alta de las piernas. Había un poco de mi sangre en ese líquido. Emocionado tomó con sus manos el líquido y me lo embarró por todas las nalgas.

    Tomé su pene limpiándolo. De nuevo se le puso duro y dando un gritico muy de zorra, me senté en esa delicia. Me entró de inmediato y empecé a moverme arroba y abajo. Creí que ya me estaba cogiendo otro hombre, porque parecía haberle crecido unos centímetros. Me abrazaba por detrás acariciándome los pechos, me pellizcaba con fuerza los pezones, halándolos y dando al mismo tiempo unas fuertes embestidas. Su pene parecía crecer y crecer o yo en mi locura así lo creí. De pronto estalló de nuevo, tanto semen, como si fuera la primera corrida.

    Me siguió cogiendo luego de reposar unos minutos y luego, más hasta cumplir su promesa y dejarme el ano hinchado por tanta verga. Me dolía y me ardía, pero estaba feliz. Me escurría su semen pegajoso y el líquido dilatador mezclado con sangre y un poco de mierda. Creo que se me había prolapsado un poco el culo, pero no me preocupé sabía que me curaba con más verga.

    Finalmente, al día siguiente se levantó de la cama y se despidió dándome un beso tronado en un cachete de mis nalgas y poniéndome su pene en los labios, se lo besé agradecida y quedamos en vernos pronto. Ciao amiguis espero que les guste y se hagan muchas pajas leyendo.

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  • Aprendiendo con maduros (2)

    Aprendiendo con maduros (2)

    Pasaron varias semanas después de mi primera experiencia con el sexo anal y el semen en la casa rural. Durante ese tiempo el saborear el semen de Carlos se había convertido en algo habitual (le volvía loco verme con la boca llena de leche) y el sexo anal lo practicábamos con menos frecuencia y aunque seguía siendo doloroso cuando me la clavaba al principio lo cierto es que mi cuerpo comenzaba a experimentar cosas diferentes: el dolor desaparecía cada vez más rápido y la sensación de placer iba creciendo poco a poco.

    Lo que seguía siendo maravilloso era sentir como descargaba su leche dentro de mi culo, una sensación que me producía y me produce mucho más placer que cuando se corren dentro de mi vagina.

    Eran unas fechas cercanas ya al cumpleaños de Carlos. Quería regalarle algo especial, algo que nunca olvidara así que estuve varios días lanzándole indirectas para intentar averiguar que podía ser. El día se acercaba y seguía sin saber que regalarle así que un día que pase por la panadería y Carlos estaba solo le pregunte directamente por su regalo. Su respuesta me sorprendió, pero solo en parte. Quería hacer un trío en el que participáramos yo, él y otro hombre maduro. Lo del trio no me pilló por sorpresa, aunque el hecho de querer que participara otro hombre en vez de una mujer si que me sorprendio.

    Sabía que una de las fantasias de la mayoria de los hombres es hacerlo con dos mujeres asi que el que me lo pidiera con otro hombre me dejo descolocada. La verdad es que pensándolo friamente en el fondo me quede aliviada, primero porque nunca me han llamado la atención ni atraido las mujeres y segundo porque si disfrutar del sexo con un maduro era algo maravilloso hacerlo con dos debia ser una experiencia que merecia la pena probar.

    El cumpleaños de Carlos fue un viernes que evidentemente dedico a su familia y a sus amigos. Para lo nuestro quedamos el sabado. Carlos fue el que se encargo de buscar un maduro de total confianza. Reservo una habitación en un hotel de las afueras y tambien una mesa para cenar en un restaurante cercano. Habiamos quedado con el amigo de Carlos (Pedro se llamaba) a las 9. Alli nos presentamos a la hora: Carlos con una camisa blanca y un conjunto negro de traje chaqueta que le hacia superatractivo.

    Yo con un vestido rojo bien ajustado que me habia regalado para la ocasión con escote palabra de honor para que resaltara bien mi busto (es decir, sin tirantes) y que me llegaba a medio muslo, tanga negro y zapatos de tacon fino tambien negros. Cuando llegamos Pedro nos estaba esperando en el bar. Era un señor de unos 55 años con poco pelo y algo de barriga. No era especialmente atractivo, aunque estaba bien para sus años. Además, era de la confianza de Carlos y de lo que se trataba es de que Carlos tuviera una experiencia inolvidable, por lo que si él lo quería de esa manera no iba a ser yo la que pusiera ninguna pega.

    La charla fue muy amena durante la cena. Yo estaba nerviosa pero poco a poco me fui tranquilizando, sobre todo al ver la charla de total confianza que mantenían ellos. Después de cenar nos fuimos a un pub cercano a tomar una copa y de allí nos fuimos a la habitación del hotel. Carlos se fue a refrescar al baño y Pedro me sirvió otra copa y estuvimos charlando en el sofá. “Que suerte ha tenido Carlos en encontrar una nenita como tú” me dijo. “Si yo fuera él no me separaría de ti ni un segundo. Hay muchos maduros que pagarían bastante dinero por estar contigo”.

    El comentario me hizo sentirme incómoda, pero por suerte Carlos salió del baño y se sentó junto a nosotros, de tal manera que yo quede en medio de los dos. Charlamos de cosas absurdas y sin sentido, esperando que alguien rompiera el fuego y ese fue Carlos. Beso mis labios de aquella manera tan maravillosa que tanto me excitaba y Pedro no tardó en responder. Su mano comenzó a acariciar mis muslos con una mezcla de agresividad y dulzura que despertaron en mi un temor que sin saber por qué hacían que me excitación fuera creciendo. Carlos me seguía besando mientras sus manos comenzaron a masajear mis pechos por encima del vestido.

    Pedro se arrodilló, me quitó los zapatos y comenzó a lamerme y besarme los dedos de los pies. Aquello terminó por calentarme por completo y decidí dar rienda suelta a todos mis deseos. La lengua de Pedro comenzó a subir lentamente por mis piernas, mis muslos, se perdió por debajo de mi vestido, hizo a un lado mi tanga y empezó a lamer mi coño de una manera muy salvaje, pero con una precisión enloquecedora.

    Para entonces Carlos ya había bajado la parte de arriba de mi vestido lo suficiente como para comerme los pechos con su habitual maestría.. Mi cuerpo estaba en la gloria. Las lenguas de Carlos y Pedro lamiéndome me hicieron sentirme deseada como una perra en celo. No tarde en venirme en la boca de Pedro que pese a notar mi cuerpo estremeciéndose no dejo de lamer y succionar todos los jugos que salían de mi coño.

    Para entonces ellos estaban ya semidesnudos, con dos bóxer muy ajustados cuyos bultos peleaban por salir de su prisión y no dejaban nada a la imaginación. Me quitaron el vestido, arrancaron mi tanga de un tirón y me pusieron de rodillas delante de ellos. “Vas a saber ahora lo que es una buena paja” le dijo Carlos a Pedro. Baje su bóxer y allí estaban sus pollas, duras, desafiantes y con ganas de recibir un buen masaje. La verga de Pedro era bastante larga pero delgada. Comencé a masturbar las dos a la vez , mientras mi lengua lamia los huevos de ambos alternativamente.

    Después de un rato me tumbaron boca arriba en la cama y Carlos me comió el coño mientras Pedro acerco su polla a mi boca. La lamí tiernamente, pajeándola con suavidad, acariciando sus huevos e incrementando mi ritmo a medida que mi calentura volvía a subir con la comida de coño de Carlos. Cuando me tuvo perfectamente lubricada se incorporó y comenzó a follarme salvajemente, como un animal que hubiera pasado años sin follar. Esto hizo que Pedro se calentara todavía más y agarrándome fuertemente mi cabeza empezó a follarme la boca como un animal salvaje.

    Me sentía dominada, como una puta a la que habían invitado para el placer de ellos dos. Tuve un orgasmo poco intenso, aunque el ver la cara de placer y felicidad que tenía Carlos fue mi mayor recompensa. Carlos se corrió dentro de mi mientras Pedro siguió follándome un rato la boca hasta que saco su polla y se corrió por toda mi cara. Cerré mi boca instintivamente ya que si bien me gustaba el sabor del semen todavía no estaba preparada para probar el de un completo desconocido.

    Me fui a duchar y me tomé mi tiempo. El trio estuvo muy bien al principio, aunque no fue todo lo placentero que esperaba con la penetración. Lo que yo no sabía es que lo mejor estaba todavía por llegar. Sali del baño y estaban los dos sentados en el sofá, tomando una copa y con las vergas apuntando al techo. Me dijeron que me quedara de pie en el centro de la habitación, se acercaron a mí y derramaron sus copas de whisky por todo mi cuerpo. Me lamieron entera sin dejar un solo rincón de su cuerpo por el que no pasaran sus lenguas. Carlos se quedó arrodillado delante de mi coño y su lengua comenzó a lamer en círculos la punta de mi clítoris mientras uno de sus dedos me penetraba suavemente.

    Pedro se había incorporado y estaba detrás de mi restregando su verga contra mi culo mientras me besaba el cuello y sus manos pellizcaban mis pequeños pezones. “Ahora me toca follarte a mi nenita” me dijo Pedro. Mi coño volvía a estar mojado y las palabras de Carlos dieron vía libre a Pedro: “Ya tienes a la putita preparada amigo”. Pedro me agarro de las caderas y me la metió con delicadeza. Yo me agarré al cuello de Carlos y empecé a besarle apasionadamente mientras Pedro aceleraba el ritmo de sus embestidas. Mi lengua y la de Carlos se cruzaban con mucha fuerza mientras sus manos amasaron mis pechos y excitaron todavía más mis ya duros pezones.

    No recuerdo el tiempo que me tuvieron así, pero fue algo maravilloso. Las embestidas de Pedro, la boca de Carlos, sus manos en mis pechos… hicieron que me produjeran unas oleadas de placer que culminaron con un orgasmo brutal que hicieron temblar mis piernas de tal manera que si no llega a ser porque estaba agarrada al cuello de Carlos me hubiera caído. Por su parte Pedro había dejado de follarme y estaba pajeándose hasta que esparció su leche por mis nalgas.

    Estaba hecha polvo. Solo quería descansar, pero no me había dado cuenta de un pequeño detalle. Carlos la tenía todavía dura. Se sentó en el sofá con Pedro a su lado y me dijo con su dedo que me acercara. No hicieron falta palabras. Con mi espalda y mis nalgas mojadas por el semen de Pedro hinque mis rodillas delante de su gruesa verga y empecé a mamarla como si fuera la última polla que iba a degustar en mi vida. “Joder Carlos, me habías dicho que era buena pero no que era toda una putita”. Yo no hice caso al comentario y seguí trabajando la polla de Carlos como más le gustaba a el: mirándole a los ojos y con cara de niña buena.

    Pedro volvía a tener la verga dura y empezó a masturbarse. “Hay que ver que aguante” pensé para mis adentros. La polla de Carlos ya estaba casi a punto. Me la metí hasta la mitad de la boca, la aprisione con mis labios y mi mano masturbo la otra mitad de su tronco hasta que se corrió inundando mi boca de tibia leche. Cuando le saque hasta la última gota me pase su semen por mis labios, lo recogí con mi lengua y me lo trague mientras sonreía y veía los ojos de felicidad de Carlos. Fue un momento dulce que se rompió por un grito ensordecedor que salió de los labios de Pedro: “Zorraaa” grito mientras su polla empezó a expulsar la poca leche que le quedaba en los huevos.

    Despedimos a Pedro y Carlos y yo nos duchamos juntos para luego dormirnos abrazados en la cama. Era una mujer feliz, pero ignoraba por completo que unos pocos meses más tarde mi felicidad se vería truncada por un acontecimiento ante el que nada podría hacer. Aunque eso lo desvelare en el siguiente capitulo.

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