Autor: admin

  • Bocas ardientes

    Bocas ardientes

    Se irguió con los dos codos apoyados sobre el colchón y le dijo: Bésame; quiero sentir en mi boca el sabor de mi coño. Matías sacó su lengua del orificio chorreante y despegó sus labios de la carne cálida de los labios vaginales de Trini. Tenía en sí el olor de la suave vulva de ella y lo aspiró con deleite.

    Estaba arrodillado en la parte baja de la cama. Se apoyó en la almohada en que Trini tenía apoyado el culo erguido en ella y los muslos abiertos. La excitada mente de Matías anticipaba imágenes que le ponían cachondo, antes de bajarle la braga malva de encaje a Trini y ver su chocho rasurado, salvo una erótica raya vertical que se iniciaba en el vientre y llegaba justo al declive por el cual el clítoris asomaba con su forma de fruto carmesí, muy salido, grueso, carnoso y llamativo; antes de estirar lateralmente de la tela, que se enrolló bajando hacia los muslos, le vino a la mente la carne hinchadita y de color calabaza de un mejillón, con sus delineados bordes oscuritos, abiertas sus valvas y sujetas por la hendidura central.

    Se levantó y se agachó nuevamente; está vez para llevar sus labios húmedos de tibio flujo y saliva del interior de la vagina de Trini, a los de ella, que recibió los labios brillantes de él con su boca abierta y la lengua expectante. Le lamió los delgados labios con la lengua y tomó el labio inferior entre los suyos, chupándolo. La boca de Matías desprendía el olor sexual de ella, de su interior incandescente de deseo, humectante de fluido ligeramente salobre, eróticamente viscoso. Eso aumentó su fogosidad. Saboreó la mezcla de saliva y flujo, mientras chupaba la lengua de Matías y tragaba los fluidos.

    Matías tenía la polla como una dura vara ardiente. Mamarle el chumino a Trini le provocaba una erección fuerte, e inmediatamente se le llenaba el meato del líquido seminal. Ahora el glande estaba completamente empapado, desde el agujero hasta la corona lívida y gruesa del hinchado pene.

    Las bocas se chupaban y sorbían mutuamente. Las lenguas se enroscaban, se superponían, se buscaban, huían, se reencontraban, se dejaban morder suavemente. Disfrutaban de los besos sexuales incrementando su fuego.

    Matías bajó y agarró las tetas suaves de Trini. Las magreó con apretones intensos, como si quisiera extraer leche de los pezones rosados, de pequeñas aréolas de ella. Si las cogía entre los dedos, casi podía introducir cada seno en su boca. Chupaba con fuerza, metía los conos de los pezones alternativamente entre los labios, los sorbía y tiraba de ellos con fuerza. Los botoncitos redondos estaban enhiestos. Trini gemía, volvió a dejarse caer sobre la cama. Sentía oleadas de licor sexual desparramándose desde lo hondo de su vagina hasta los abiertos labios verticales, distendido su túnel de penetración.

    Matías volvió a su vientre, lo acarició y lamió el botón erecto de su clítoris. Introdujo un par de dedos en la cavidad lubricada. Notó el ardor interior de aquel coño abierto que pedía besos; ser lamido, succionado, sorbido. Trini se relamía al sentir nuevamente cómo era penetrada, ahora por los dedos de Matías, que la iban follando rítmicamente. A cada empujoncito de él, ella jadeaba y movía sus caderas; su culo se contoneaba sobre la almohada; eso le producía un suave placer añadido, el del roce del estrecho anillo del esfínter deslizándose sobre la tela.

    Los dedos salían para penetrar profundamente, todos impregnados del néctar sedoso de los jugos de Trini. Los dedos masturbaban vaginalmente; los labios de Matías chupaban y estiraban la perlita delicada, toda endurecida, del clítoris. Su lengua trazaba círculos en torno al órgano del placer orgásmico de ella. Trini se sobaba los pezones estirándolos y retorciendo los botoncitos…

    Y estalló…

    Un suave alarido seguido de largos gemidos contenidos, espasmos y empujones en los dedos chorreantes de Matías. El deleite de un gran orgasmo… Él se separó y vio cómo el agujerito de Trini con latidos irregulares, primero más rápido, luego decrecientes, se abría y cerraba; la trompita enrojecida del clítoris se elevaba y bajaba simultáneamente.

    Cuando Trini se fue calmando, le dijo, ahora quiero comerte a ti. Me voy a comer tu polla y a hacer que tengas una eyaculación que nunca olvides. Quiero que te corras en mis tetas y me las llenes de tu lechecita caliente.

    Matías abandonó el chocho de Trini, pasando antes la lengua por toda su carne, para recoger el líquido vaginal. Su tranca estaba erguida, dura, tensa; cimbreaba mientras trepaba hacia la boca expectante de ella. Se colocó encima de ella. Le puso los dos dedos brillantes del semen femenino entre los labios, y ella los chupó sonoramente.

    Trini le atrajo y se metió toda la verga en la boca y comenzó a succionar el falo endurecido por la lujuria. Tenía sujeta la polla desde su raíz, desde la bolsa de los testículos. Miró el glande colorado por el ansia y la tensión sexual, colocando la punta de su lengua en el agujero que coronaba el capullo calentísimo de él. Estaba cubierto del flujo sedoso que subía desde los huevos muy juntos y duros; se lo llevó al paladar y lo tragó. El miembro seguía dejando caer hilillos de líquido preeyaculatorio, que ella lamía y saboreaba. Abrió los labios y se metió toda la extensión de la verga en la boca.

    La chupó haciendo movimientos masturbatorios y notó cómo la excitación de Matías crecía, hasta el punto de ir a desbordarse con todo el semen en la boca. Apretó el enrojecido cipote para evitar que se derramase la leche que pugnaba a leves golpecitos por salir. Se lo sacó de la boca y lo colocó entre sus tetas, lo aprisionó en el canalillo y siguió su masturbación entre los pechos.

    Matías explotó en un orgasmo y con un bufido dejó saltar una oleada de leche seminal que salpicó el rostro de Trini. La polla siguió lanzando el blanco y caliente flujo espeso, que fue cayendo sobre las tetas de Trini, salpicando su frente, su barbilla y sus labios, cubriendo los pequeños pezones. Matías dejó escapar todo el fluido espasmódicamente, con los ojos cerrados, la boca abierta, dejando escapar sonidos de placer, sujeto con las palmas de las manos a la cama.

    Cuando tan sólo brotaban unas gotas lácteas, Trini untó sus dedos en el líquido seminal y los llevó a sus labios, mientras Matías observaba con deleite y los dos gozaban de la sensación del sexo sin tabúes, descubriendo nuevas formas de disfrute, como venían haciendo muchos meses y pensaban seguir haciendo lujuriosamente.

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  • El secreto de mi hermana

    El secreto de mi hermana

    Hace ya algunos años me divorcié y regresé a mi estado natal donde renté un apartamento en lo que construía de nuevo mi vida.  Vivía muy cerca de la casa de mi hermana y me llevo bien con ella y mi cuñado, él es militar de rango medio y ella es una enfermera delgadita con facciones infantiles a pesar de ya pasar los 30s, delgada de 1.45 m, piel blanca, pelo corto y carita de no romper un plato, lo que más destaca es un par de tatuajes que tiene en el brazo derecho un pulpo que abarca casi la totalidad del brazo y sus tentáculos se pierden en los hombros…

    Una vez descrito esto les cuento que yo andaba en busca de sexo casual y por qué no encontrar algo más.

    Para esto anduve vagando en blogs y páginas de Facebook y llegué a una página del ambiente, rápidamente me hice miembro y empecé a querer visitar muy de vez en cuando hasta que organizaron una fiesta de disfraces por ser Halloween y lógicamente los singles tienen que pagar su acceso, ese día mi disfraz era sencillo según yo era Gambito un Xmen.

    Pasada la medianoche ya todos encuestados comenzó el concurso de disfraces y en primer lugar quedó una colegiala con su uniforme de secundaria tacón alto y un cachetero de encaje blanco, pero con una colita de zorrita bien incrustado en el anito…

    Yo estaba embelesado por esa belleza delgadita un culo hermoso y sobre todo lo coqueta que se veía.

    Cuando el presentador le dijo vuelta, vuelta y le quitaron el suéter a su…

    Quedé como piedra y también mi verga automáticamente se me paró al mil por hora, tragaba saliva solamente al verla ahí bailando y mostrando a los demás su culo.

    El presentador no se quedó ahí invito a los 2 primeros lugares de disfraces hombres y les pidió la desvistieran los cuales se dieron gusto cargándola según para quitarle su falda abriendo su culo notándose que tan rico tenía el plug encajado.

    Sus pechos si bien no son enormes si están ricos y con unos pezones muy grandes.

    Ya semi desnuda le preguntan qué quiere de premio y ella de la forma más normal le dice “lo quiero a él”…

    Las risas y lo caliente de la escena tenían a los asistentes al mil por hora.

    El presentador saco una cabina portátil y con el permiso de sus parejas los introdujo en ella…

    Yo rápidamente busque a mi cuñado el cual se encontraba a lado de una pareja conviviendo y tocándole la pierna a la otra dama.

    Se apagaron las luces y se ilumino la cabina.

    Se veía como ella estaba hincada y él la tenía mamando verga, ella experta se tragaba más de la mitad de esa verga para después desaparecerla por completo…

    Yo no perdía detalle de sus movimientos, varias parejas ya comenzaban a desaparecer con otras y otros tanto ya fajaban sin descaro.

    En un movimiento sencillo pero para mí demasiado erótico ella se levanta y se sienta en una silla abriendo sus piernas para recibir ahora una rica mamada del Tarzán que rápidamente se hincó y clavó su cara entre sus pliegues, para lamerle hasta el alma y después de no sé cuántos minutos ella se levanta y se inclina para recibir la iniesta verga de aquel desconocido que la empieza a sacudir y en un momento dado la carga para cogerla duro, no tardan ni 5 minutos y él finaliza hincándola para posteriormente terminarle en la cara y boca…

    Las luces se apagan y cuando las encienden ella se encuentra solamente con su diminuto bóxer puesto y su pelo ya no tan finamente peinado.

    El conductor pide una tanda de aplausos para los ganadores y a ella le da tremenda nalgada para invitarla a ir a su mesa.

    Yo me acerco lo mejor que puedo y al estar cerca y verla caminar observo como muchas manos le agarran el culo y las tetas y ella en lugar de incomodarse, solamente camina más lento y se detiene de vez en cuando para dejarse hacer.

    No aguanto el impulso y le agarro el culo metiendo mis manos y tocando su empapada vagina metiéndole un dedo de forma fugaz para sacarlo y llevarlo de forma automática a mi boca.

    Sus jugos me saben a gloria y la veo como se sienta en las piernas del otro chico y besarlo de forma vulgar mientras su marido se encuentra besándole los pechos a la otra chica.

    Los 4 se levantan y los veo salir rumbo a la habitación que yo creo tienen reservada.

    Ese episodio me obsesionó, yo no sabía cómo decirle que había probado su vagina con mis dedos, no sabía cómo confesarle que la había visto coger y se me antojaba demasiado, me hice más cercano a mi hermana y seguido les invitaba unas copas, llegaba a su casa con el pretexto de un partido de fútbol o cualquier cosa y trataba de emborracharnos y yo de tener el valor de pedirle me dé el culo…

    Y si, mi espera dio frutos y de la forma menos inesperada posible para ellos, pero para mí fue algo planeado y que ya llevaba tiempo pensando…

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  • Introducción

    Introducción

    Me llamo Guillermo (nombre no real). Tengo 35 años al momento que escribo esto. Originario de Monterrey, México. Mido 1.89, soy de tez clara y mi complexión aunque siempre ha sido delgada, en los últimos 3 años he practicado actividad física (gimnasio y deportes amateur) arduamente más una mejor alimentación me han ayudado a tener un cuerpo más atlético, lo que me pone muy orgulloso. Soy un gran fanático de los deportes y la música.

    Disfruto mucho ir a cualquier evento deportivo, verlo por televisión y/o asistir a conciertos y festivales de música. La música en vivo es una de mis más grandes pasiones. También disfruto mucho la lectura. Novelas, libros de historia, libros periodísticos, novelas históricas, pero sobre todo compilaciones de cuentos cortos son mis géneros favoritos. Desde que tengo 18 años comencé a leer relatos eróticos en diferentes portales y es una actividad que no he dejado de realizar.

    Soy casado, pero esta aventura (y muchas otras) de escribir relatos eróticos que comienzo el día de hoy es a escondidas de mi esposa. Me considero una persona bastante sexual y aunque siento un gran amor por mi pareja, ella no comparte esa característica, por lo que me veo en la necesidad de satisfacer muchas de mis inquietudes y necesidades en otros lugares. He mantenido relaciones extramaritales con personas de manera virtual, disfruto mucho el chat hot y compartir fotos. De hecho, me excita mucho el hecho de mostrar mi cuerpo (a esto me refería cuando decía me sentía orgulloso de mis resultados por el deporte).

    También tengo que comentar que soy un gran consumidor de web shows en internet. Disfruto mucho de sesiones con chicas en las que nos masturbamos a través de la pantalla y a distancia. Aunque también me gusta que haya algún tipo de conexión con la persona con la que comparto el momento. Tengo que confesar que también he consumido otros tipos de servicios sexuales de manera virtual como compra de contenido, sesiones de chat hot (mi mayor afición en este rubro) y videollamadas.

    Mis relatos van a estar inspirados tanto en situaciones reales, como en mis fantasías e ideas que me surjan en el camino. Trataré de ir creando mejores personajes y situaciones para enriquecer los textos, pero les pido de favor el considerar que soy un escritor aficionado por lo que puede haber errores y momentos en los que los textos sufran de simpleza y poco desarrollo. Espero con el tiempo ir mejorando todos esos detalles y lograr que disfruten cada uno de mis textos.

    En mi perfil encontrarán algunas redes en las que me pueden encontrar para contactarme, poder platicar y me compartan sus comentarios sobre lo que aquí lean. De nuevo, espero disfruten mis relatos y lleguen a sentir aunque sea un poco de lo que yo he sentido con algunos de los relatos que he leído a lo largo de mi vida.

    Saludos

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  • La niñera (2)

    La niñera (2)

    Luis se tomó el día. Eso lo supe recién cuando llegué y vi la casa vacía. Ni la esposa, ni el nene. Todo en silencio.

    Me abrió en jogging, con cara de cansado, apoyado en el marco de la puerta como si recién se hubiese despertado.

    —No te avisé que hoy no hacía falta que vinieras… —dijo, tranquilo. Me miró de arriba abajo.

    Yo tenía una calza apretada, una remera básica y el pelo atado. Como siempre.

    Fruncí el ceño. Me dieron ganas de irme en ese momento.

    —¿Y para qué me hiciste venir, entonces?

    Se encogió de hombros.

    —Acompañame un rato. Te pago igual, no te hagas drama. ¿Tenés algo mejor que hacer?

    Me reí.

    —No soy tu entretenimiento, Luis.

    Me invitó a pasar. Lo hice por costumbre. Por idiota. Me senté en la cocina, crucé las piernas. Él puso la pava, como si fuésemos amigos.

    —Escuchá. Te quiero hacer una propuesta. Mirá… me calentás. Ya lo sabés. Te pago bien. Podemos vernos… aparte. Sin complicaciones. Vos cobrás, yo me saco las ganas. Gana todo el mundo.

    Lo miré sin parpadear.

    —¿Te pensás que quiero ser tu puta fija ahora? ¿Eso pensás?

    Luis no se inmutó. El muy hijo de puta no se inmuta nunca.

    —Vos sabés cómo te trato. Y te encanta —me dijo.

    Agarré la mochila. Me fui derecho a la puerta. Ni le contesté.

    Quería irme, dejar atrás esa casa con olor a morbo, a sueldo pagado en negro y a vergüenza.

    Pero cuando agarré la manija, él apareció detrás. Despacio. Apoyó la mano en la puerta, la cerró con suavidad.

    No me empujó. No me tocó fuerte. Pero quedé encerrada. Su cuerpo atrás. Su respiración en mi nuca.

    —Abrime, Luis —le dije, sin fuerza. Me temblaba la voz.

    No contestó. Sentí cómo me rozaba el cuello con la nariz. Apenas. Ese calor húmedo que me recorría la espalda.

    Cerré los ojos. Me odié por no gritarle. Por no abrir la puerta igual. Por quedarme ahí, tiesa, sintiendo que mi cuerpo le pertenecía más de lo que quería admitir.

    Él cerró con llave. Yo no hice nada.

    Me guio hasta el living sin decir una palabra. Caminé como una zombi, con las piernas blandas, la garganta apretada.

    Cuando llegamos, me empujó suave y caí sentada en el sillón. Las piernas abiertas, la respiración agitada. El corazón golpeándome en el pecho.

    Se arrodilló frente a mí. Me bajó la calza con movimientos firmes.

    Yo no lo detuve. Le agarré la cabeza con las dos manos, como si eso me devolviera algo de control. Pero no. Nada.

    Luis me comió la concha con bronca. Con furia. Me metió los dedos como si me estuviera castigando. Yo me retorcí. Me quería cerrar, pero él me tenía sujeta.

    Me masturbaba duro, cruel. Sentía los músculos tensos, la humedad desbordándome, el cuerpo pidiéndole más. Yo no quería. Pero sí.

    Cuando estaba al borde, cuando me ardían las piernas y sentía que me iba a ir, me sacó los dedos de golpe. Me los metió en la boca.

    —Chupá, putita —me dijo.

    Le blanqueé los ojos, lo odié. Pero le chupé los dedos como una hambrienta. Me dio una cachetada.

    —No me mires así, si te encanta.

    Me levantó la remera. Me bajó el corpiño. Me agarró las tetas con las dos manos, con fuerza.

    Me las apretó, me las chupó como un animal desesperado. Yo gritaba. Jadeaba. Gemía como loca.

    Él se paró. Se bajó el jogging. Se escupió en la mano. El hilo espeso cayó sobre la cabeza de su pija.

    Se la acarició con movimientos lentos. Yo lo miraba, sin moverme. Caliente. Agitada.

    Se agachó, la apuntó a mi concha empapada y me la metió de un solo empuje. Grité. Me arqueé. Ya no había vuelta atrás.

    —Tenías ganas de que te rompa, pedazo de puta —dijo.

    — Mirá cómo te entregás. Te hacés la linda, pero te gusta que te usen— siguió gruñendo.

    Yo solté un gemido. Lo insulté, apenas.

    Me levantó con fuerza. Me apoyó sobre la mesa. Me abrió las piernas con la rodilla. Me apoyó la pija justo en la entrada, la movió en círculos y la metió.

    —Pagada o no, te encanta que te hagan mierda. Así se trata a una puta como vos.

    —Pelotudo… —le dije entre dientes, gimiendo.

    Me tiró del pelo con fuerza. Me hizo doler. Me calló.

    Después me agarró la cabeza. Me la bajó hasta su pija y me la metió en la boca.

    Me dio cachetazos suaves con el bulto. Me obligó a chupársela mientras se sujetaba del borde de la mesa.

    Yo no podía respirar. Me ahogaba. Él no paraba.

    Cuando me vio lagrimear, me sacó. Me levantó de un tirón. Me apoyó contra la pared.

    Me agarró de las caderas. Me cogió contra el revoque, fuerte, salvaje.

    El ruido de su cuerpo contra el mío retumbaba en las paredes. Yo gemía, apenas podía sostenerme.

    Me agarró del cuello con una mano. Me apretó mientras me bombeaba con furia. Yo estaba entregada.

    Cuando sintió que se venía, me empujó más. Me llenó la concha de leche con un gemido ronco, jadeando sobre mi cuello.

    Yo me quedé ahí. Apoyada. Deshecha.

    Después, me acomodé en silencio. Me puse la ropa. Todavía sentía su semen goteando entre mis piernas.

    Él me acomodó el pelo. Se quedó mirándome desde atrás mientras se pajeaba con lo que le quedaba de semen en la pija.

    Me limpié con una toalla cualquiera.

    —Así me gusta, calladita —dijo.

    Tiró unos billetes arrugados sobre la mesa. No dijo más nada.

    Los agarré. Lo miré. Lo guardé. Me quedé un segundo en la puerta.

    —No soy tu puta —le dije sin mirarlo.

    —Volvé cuando quieras —respondió.

    —Esto no pasó —le contesté.

    Y me fui.

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  • Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí (2)

    Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí (2)

    Guardé la tarjeta en mi cartera de mano, como si esconderla pudiera calmar el torbellino que me dejaba por dentro. Pero no funcionó. En cuanto llegué a casa, la saqué de nuevo. La observé bajo la tenue luz de mi lámpara de noche. El papel era grueso, sobrio. Un nombre: Iván R.. Y un número celular. Nada más. Pero eso era suficiente para incendiar mi imaginación.

    Me metí bajo las cobijas, aunque el calor entre mis muslos no era precisamente por el clima. Me giraba de un lado a otro, una y otra vez, reviviendo su mirada, su voz… su forma de oler mis bragas como si supiera algo que yo apenas empezaba a descubrir.

    A las dos de la mañana, ya no lo soporté más. Tomé el celular, abrí WhatsApp, ingresé el número. Dudé. Y luego escribí:

    —Hola… soy la chica de la tienda.

    No pasó mucho.

    —Lo sé. Te estaba esperando.

    Sonreí, sola en la oscuridad.

    —¿Quién eres?

    —El hombre que no puede dejar de pensar en lo que le diste hoy.

    Sentí un latido justo entre las piernas.

    —¿Siempre haces esto?

    —¿A qué te refieres?

    —A aparecer, mirar así… y hacer que una chica tímida se quite la ropa sin decirle nada.

    Tardó en contestar.

    —No. Solo contigo.

    Me mordí el labio. Había algo en sus respuestas: ni muy largas, ni muy reveladoras. Pero cada palabra dejaba una puerta entreabierta.

    —¿Por qué yo?

    —¿De verdad quieres saberlo?

    —Sí. No he podido sacarte de mi mente.

    Un par de minutos después, llegó el mensaje que me hizo dejar el celular sobre el pecho, sin respirar:

    —Porque te he observado durante meses.

    —¿Qué? ¿Cómo?

    —Soy profesor en tu facultad. Te he visto pasar. Te vi antes de que supieras que yo existía.

    Mi corazón empezó a latir con fuerza.

    —¿Qué enseñas? ¿Me conoces?

    —Lo suficiente. He visto cómo caminas, cómo juegas con tus dedos cuando estás nerviosa, cómo miras el suelo… y cómo sonríes cuando crees que nadie te ve.

    —Eso es muy…

    —¿Excitante? Porque lo es. No sabes cuánto he deseado tenerte cerca. Hasta hoy.

    Me quedé mirando la pantalla, sintiendo que algo dentro de mí se rompía… o se liberaba.

    —¿Y ahora qué?

    —Ahora quiero verte sin prisas. Elegir el momento. ¿Tú quieres eso también?

    —Sí.

    —Entonces dime cuándo. Y esta vez, no te quitarás la ropa. Dejarás que lo haga yo.

    Me temblaron los dedos. Tardé un momento en responder.

    —Mañana. A la misma hora. Donde tú digas.

    Él solo respondió con un emoji.

    Cerré los ojos, el teléfono en la mano, el corazón desbocado. Sabía que al día siguiente no sería la misma. Que después de eso, ese fuego que tanto había controlado… no volvería a apagarse.

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  • Veo a mi mujer ayudar a su amigo en cámara (2)

    Veo a mi mujer ayudar a su amigo en cámara (2)

    ¡Hola, queridos lectores!

    Continuando con la historia de mi amada esposa con su amigo Miguel:

    Después de aquel día en que descubrí por accidente la gran utilidad de una cámara en casa, comencé a aficionarme con echarle una vista a lo que ocurría cuando salía de la ciudad. Daniela sabe que no soy una persona celosa, no tenemos complejos entre nosotros, además de que nos amamos totalmente y nos dejamos ser, por lo que nuestra vida continuó de manera normal. Eso sí, cuando hacíamos el amor, a mí me encendía de sobremanera el recordar aquellas excitantes imágenes, recordar la manera en que mi amada ayudaba a Miguel a superar su depresión y a su ex…

    Mis salidas por trabajo eran constantes y también c0nstantes eran mis vistas a la app de las cámaras de vigilancia. Para mi sorpresa, durante un par de meses nada fuera de lo normal sucedió, hasta un día que Daniela me avisó que acompañaría a Miguel a una reunión de amigos de su carrera, una reunión de arquitectos. Yo crucé los dedos y pensé: “si beben un poco, tal vez…”.

    Yo confiaba en que siempre que se reunían y acudíamos, la cosa terminaba en borrachera segura y ese grupo de amigos eran muy dados a jugar cosas subidas de tono: póker de prendas, Jenga hot y demás cosas que sólo eran pretexto para subir el tono de las conversaciones.

    Yo arreglaba mis asuntos a distancia, papeleo por aquí y allá, cosas aburridas, pero me motivaba qué pasaba en aquella reunión. Pasaron las horas y yo ya me quedaba dormido, cuando mi app me avisó que había movimiento en la entrada del departamento. mi corazón se aceleró.

    Serían como las 11 de la noche apenas, algo temprano para terminar esas reuniones, pero por la forma en que caminaban Miguel y Daniela, esta vez acompañados de una amiga que frecuentaba estas reuniones, creo que se llama Giovanna, entraban tambaleándose y riendo alegres, balbuceando cosas a medio decir, me dio algo de risa. Resulta que Giovanna fue quien presentó a mi esposa con Miguel mucho antes de que yo la conociera, así que tenían una amistad de años los tres. Pues bueno, Giovanna era aparentemente la más bebida de los tres y como pudieron la ayudaron a beber algo de agua y la llevaron a la cama para que calmara un poco la borrachera.

    Después de dejarla, salieron de nuestro cuarto al sofá donde yo tenía una vista privilegiada. Una plática tranquila entre algunas risitas se llevó durante casi una hora, la verdad yo, algo decepcionado, creí que quedaría en nada más que eso. Pero de pronto, mi esposa fue por unos tragos, un ginebra delicioso que nos encanta, y ahí comenzó lo mejor. Después de algunos 20 minutos en que Daniela y Miguel hablaban de cualquier cosa y se bebían el gin, alguno de los dos dijo algo que no alcancé a escuchar, pero que provocó risas cómplices entre ambos, mi esposa cambió hasta su forma de sentarse para voltear a mirar a Miguel, subió sus pies al sofá y dijo algo como: “qué, no tuviste suficiente la otra noche? nos va a escuchar Giovanna, ¡si es que no se ha desmayado de borracha!”.

    Rieron juntos y se quedaron mirando unos minutos en silencio, era un silencio que hablaba bastante, era un silencio cómplice. En algún momento, comenzaron a tocar sus manos, suavemente, se miraban a los ojos, todo era lento pero apasionado. Yo sabía lo que iba a pasar y la verdad me emocioné, comencé a excitarme sólo con ver eso.

    Después de un rato de tocarse sólo las manos, Miguel comenzó a acariciar el cabello de Daniela, de vez en cuando bajaba a su cuello, regresaba al cabello y así por unos minutos en los que mi esposa sólo movía su cabeza un poco, dejándose llevar por la excitación y el alcohol. Yo era un manojo de nervios, no quería que Gio despertara y les arruinara la diversión. Después de un rato de estar acariciándose tiernamente, Daniela, con los pies arriba del sofá, se quitó los zapatos y Miguel entendió eso como una invitación, comenzó a masajear sus pies mientras la miraba a los ojos.

    Después de tocar hasta hartarse los pies de Daniela, comenzó a tocar sus pantorrillas, sus muslos, Daniela de vez en cuando abría ligeramente sus piernas pata dejarle ver lo que llevaba por debajo de la falda. Miguel no soportó la tentación, llevó sus dedos hacia el delicioso sexo de Daniela, que por aquél entonces ya estaría más que mojado. Daniela comenzó a emitir pequeños gemidos de placer, llevaba su cabeza hacia atrás y se dejaba llevar. Después, Daniela se levantó del sofá y comenzó a desprenderse de su ropa con movimientos increíblemente sexys, me volvía loco ver eso, ¡imaginaba que a Miguel aún más!

    Cuando Daniela había quedado en ropa interior, le dio la espalda a Miguel y se agachó como si fuera a tocar sus dedos de los pies, como cuando estiras antes de hacer ejercicio. Miguel no soportó la provocación y llevó su cara completa entre las nalgas de Daniela, dando ella un pequeño grito de sorpresa, levantando un poco la cabeza y dejando ver sus ojos y su boca totalmente abiertos. Era una imagen tremenda de mi esposa, casi parecía que posaba para la cámara.

    Yo ya me tocaba frenéticamente, Miguel, después de devorar por detrás a Daniela, la hizo girar y le plantó un tremendo beso mientras le tomaba con fuerza el trasero, ella se dejó llevar, su mano fue a sobar el miembro de Miguel, que seguía vestido y procedió a quitarle el cinturón, desabrochar su pantalón y arrancarle la camisa.

    Ambos estaban entregados a disfrutar uno del otro, habían dejado de cuidar el ruido que hacían, ya no les importaba si despertaban a Giovanna. Mi esposa se puso de rodillas y comenzó a lamer frenéticamente las bolas de Miguel mientras con su mano acariciaba su glande, Miguel se inclinaba hacia atrás disfrutando de aquel masaje tremendo. Pasaron a acurrucarse en el sofá, Miguel por detrás de Daniela, ella levantó un poco su pierna y ayudó a dirigir el miembro de Miguel hacia ella, acariciando sus testículos en el proceso. a Miguel esto le encantaba, lo ponía como un toro.

    Comenzó a penetrarla, a embestirla, primero suavemente, pero en unos minutos ya aquello era violento, no se limitaban. Muy pronto Daniela comenzó a tener un orgasmo tremendo, casi pude sentirlo a través de la pantalla. En todo momento Daniela acariciaba el tronco y los testículos de Miguel. De repente él le avisó que estaba por venirse, separándose rápido de él, Daniela se levantó y se colocó encima, llevando el miembro a su boca y comenzando una succión que casi hace que Miguel se vuelva loco, comenzó a gemir intensamente y se vino dentro de la boca de Daniela, que se tragó todo lo que salió de aquel pedazo de miembro.

    Unos minutos después, se habían acurrucado uno con otro y se quedaron dormidos unos minutos.

    Giovanna comenzó a llamarlos y los despertó, se vistieron rápido, fueron al cuarto y la ayudaron a levantarse. Después de unos momentos, Miguel ayudaba a Giovanna a caminar para llevarla a casa. Se despidieron de Daniela como si nada hubiera pasado.

    Daniela se fue derecho al cuarto y seguramente quedó rendida, se habrá dormido al instante.

    Yo ni sé en qué momento me vine tremendamente, tuve un gran orgasmo sólo de observar aquellas escenas. Muy satisfecho por todo, me fui a dormir con una sonrisa de oreja a oreja.

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  • La casa de Galapagar

    La casa de Galapagar

    Fue en el bar de Rosa donde ésta le facilitó el contacto. La tetona rubia le dio los detalles. Él asintió y la otra le dio la dirección. De algo hay que vivir. Olaf hace lo que puede, lo que se le presenta. Vive así desde que terminó los estudios hace cuatro años. Esto era una cosa nueva. Rosa se quedaría el 10 por ciento…; pero el 10 por ciento de 3.000 no era tanto, si él se embolsaba 2.700. Y la cosa era fácil y discreta.

    Escribió el mensaje y por la tarde tuvo respuesta: jueves, 16:30 y la dirección. Galapagar. Rosa era de fiar.

    Justo a la hora Olaf llamó al timbre de la puerta. Pasó por el jardín y en la puerta había una especie de conserje joven que lo saludó cordialmente, le condujo a un salón y le ofreció un café. Antes de terminarlo el conserje regresó y con una sonrisa le condujo por un largo pasillo hasta unas escaleras y, por ellas, al piso superior. Llegaron a un cuarto con las puertas abiertas. Le hizo pasar y se retiró, tan en silencio como le había conducido allí. Cerró la puerta. El cuarto era amplio y estaba decorado con motivos florales. Había un canapé en un lado y en el otro un biombo largo y alto de color violeta.

    Se sentó a esperar instrucciones. Hubo un sonido de puertas que se abrieron y se cerraron y unos pasos de tacón que se dirigieron hacia el biombo. De repente, la luz de la gran lámpara cenital se apagó y en su lugar se iluminaron dos lámparas de pie a cada lado. Unas notas musicales se dejaron escuchar y la música soul comenzó a sustituirlas. Él comprendió inmediatamente.

    Fue al centro de la habitación de cara al biombo y empezó a bailar despacio, sensualmente. Una fuerte luz le alumbró desde arriba. El biombo tenía agujeros en forma de circunferencia de tamaño regular. Olaf se fue desnudando al ritmo de la música. Quedó en pelotas y la ropa en el suelo, donde la lanzó. Pensaba en que lo estaban mirando y en quién lo estaría espiando, una o varias personas, mujeres u hombres. Rosa le había tranquilizado: nada de homosexualidad; el culo, a salvo.

    Una voz suave pero firme le dijo que se acercara. Partía del biombo. Sin dejar de contonearse con el ritmo se fue acercando. Más, ordenó la voz. Era una mujer. La voz era madura y bien entonada. Aquí. Olaf fue al orificio del que emergía la voz femenina. Tócate. Su órgano estaba un poco empinado, pero no trempado, sin erección, aunque algo crecido por la situación que le envolvía. Cogió el miembro y lo fue manoseando, como si se hiciera una paja. En seguida el pene se dilató y creció. El capullo dejó ver el glande bajo la intensa luz que le enfocaba. Más cerca, mandó la mujer. Él se pegó al círculo abierto. La verga estaba ya completamente erecta.

    Tenía una polla grande, tiesa, venosa; con un glande cónico y rosado sobre unos huevos con vello rubio que dejaban ver la forma de los dos testículos separados; uno más arriba que el otro. Seguía con el juego de masturbación. Comenzaba a tener ganas de descargar.

    La mujer dijo: métela por el agujero y Olaf bajó la tranca y la introdujo por el rodal esférico cuya circunferencia era suficiente para que entrase todo el sexo completo. Sin duda los juegos de salón de esta mujer estaban muy estudiados. Inmediatamente sintió cómo le manoseaban la polla. La música se extinguió. Los dedos acariciaban despacio el glande y el prepucio, plegado sobre el mástil erecto. Mete los huevos, exigió la voz sin alterarse ni perder la suavidad a pesar del tono de superioridad. Olaf acomodó los cojones y los dejó colgar dentro del biombo. Una mano los acarició mientras la otra sobaba la polla.

    Olaf estaba excitado por el juego y las caricias. Del otro lado, la respiración se oyó acelerada. Los dedos apretaban la verga y jugaban con los huevos. De repente sintió una humedad caliente en la polla, la mujer había escupido sobre ella y, ahora, jugaba a dar vueltas con los dedos ensalivados a todo el miembro; hasta los testículos. Un momento después notó unos labios atrapando el glande y poco a poco engullendo la gran polla de Olaf. Le estaban haciendo una mamada delicadamente, sin manos. La boca subía y bajaba, metía y sacaba, lamía, chupaba y succionaba. Y, a la vez, acariciaba las pelotas endurecidas. Los dos huevos estaban elevados, prestos a eyacular.

    Del otro lado comenzó a escucharse una secuencia de jadeos entre el siseo de chup, chup, chup; de una penetración.

    La lengua comenzó a acariciar con más energía la verga y Olaf se vino con un grito de placer dentro de la boca. Largas descargas lanzaron la leche ardiente dentro de la cavidad de la boca. Una oleada tras otra, hasta vaciarse por completo. La boca se retiró, aunque el sonido de la penetración continuaba con gemidos y jadeos desacompasados. Al final, un estertor masculino.

    El silencio.

    Las luces se apagaron. La lámpara central volvió a alumbrar toda la estancia. Olaf se vistió y esperó sentado unos minutos. El conserje volvió, abrió la puerta y le acompañó a la salida. En la puerta le entregó un sobre y se despidió tan amablemente como una hora antes le recibiera.

    Olaf salió al jardín y echó un vistazo rápido a la mansión de Galapagar. En una ventana alta, del tercer piso distinguió un par de figuras, un hombre y una mujer mayores, muy pasados los sesenta años le observaban abrazados. Una inquietud partió desde su garganta hasta los dedos de los pies, y abandonó el lugar.

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  • Mi segunda infidelidad

    Mi segunda infidelidad

    Pasaron unos años cuando mi esposo y yo perdimos la casa; pues el banco nos quitó, por un préstamo que había sacado; pues se metió en un negocio que resultó ser una estafa. Con nuestras cosas en la calle, vendimos algunas, otras lo regalamos y con nuestra ropa en maletas salimos a Moyobamba; pero para una zona de sembrío pues su padre era agricultor, es allí donde vivía su padre; para esa época me había sacado la T de cobre pues habíamos decidido tener un hijo.

    Empezamos de cero, ya con mi niña de unos 5 añitos. Salía a trabajar de sol a sol; mientras yo me quedaba en casa; hasta que conocí a Marleni una vecina que trabajaba con un señor en su casa haciendo trabajos de limpieza y llevando comida para los trabajadores de él; ella enfermó y buscaba un reemplazo ya que debía viajar a la capital para su tratamiento, me sugirió trabajar y hablé con mi esposo quien aceptó la propuesta de trabajo; en el cual debería dejar a mi hija al cuidado de su abuela quien se encargaría de llevarlo al nido.

    Así que empecé a trabajar y me iba bien; no puedo negar que tengo un buen y bonito trasero; que notaba que el señor Alfonso de unos 46 años; quien era mi jefe, pues siempre miraba.

    Un día mientras se duchaba había dejado la puerta de la ducha entreabierta; quizás para verlo desnudo o se olvidó, no lo sé; limpiando el piso, pasé por esa parte y pude ver su verga; quizás no era muy grande; pero era normal.

    Me entraron en mi mente ideas de infidelidad, me hizo recordar al tío de mi esposo con quien tuve una aventura anteriormente; pero la vergüenza me embargaba.

    Todos los días salía a casa después de ducharme; pero una tarde con el fin de provocar a mi jefe sabiendo que llegaba a su casa me duchaba desnuda en su ducha; tratando de contornear mi cuerpo hacia la puerta pues de reojo me había dado cuenta que estaba observándome; al cual me hacía la inocente que no se sabía que me observaba; se acercó y me pidió entrar al baño, lo cual me tapé con la toalla; haciendo que me asusté; pero la verdad estaba planeando cachar con el jefe; entro al baño mientras yo me cambiaba se acercó a mí y me propuso sexo por dinero.

    Le dije que no creía que estaba bien; pues mi esposo se podría enterar, al inicio me ofreció 100; pero al final me ofreció 500 que le dije pero está vez nomás. Me llevó a su cuarto y desnudos los dos, me empezó a cachar como un loco aguantado que me hacía estremecer el cuerpo a cada arremetidas, su verga era super dura; hasta que sentí que se vino dentro mío, lo empujé y le dije que no me estaba cuidando; me respondió que al final me podía hacer lavados y eso queda limpio.

    Le creí y seguía cachando, se vino otra vez, me dio la vuelta y me cachaba en pose de perrito, hasta que me metió por atrás que me hizo gritar del dolor; caí tumbada en la cama que lloré como niña acurrucada en el colchón, se echó junto a mi mientras me pedía perdón.

    -Eres un bruto -le dije, prosiguió cachando por la vagina hasta que se vino por última vez.

    Caí rendida en sus brazos mientras me besaba y accedía a sus besos.

    -Tienes un rico culo, creo que te lo rompí, -me dijo.

    -eres malo -le dije disimulando darlo a entender que me rompió el culo.

    -pero ya te lo rompí mi amor va a entrar suave.

    Le dije que ¡no! Él insistió y me dijo que me ofrecía 500 más por eso; acepté sin pensarlo dos veces; diciéndole que me sentaría sobre su verga. Me pidió que lo mamara hasta que se puso dura; me senté sobre ella, mientras me quejaba con quejidos de dolor y sufrimiento; quizás actúe en ese momento llegando al punto de intentar llorar mientras él me bombeaba el culo, hasta que se vino dentro.

    Corrí al baño y me duché pues ya era hora de ir a casa; quiso ver cómo quedó mi culo; pero le dije que tenía que ir a casa pues mi esposo se daría cuenta.

    Apareció con un depósito con agua y limón y me dijo que lavándome con eso no quedaría embarazada; lo hice y la leche salía; quizás estaba súper aguantado.

    Llegué a casa y mi esposo aún no había llegado; pues le gustaba el deporte. Cuando llegó me reclamó a gritos que porque había demorado, le dije que no acababa el trabajo aún; escondo los 1000 soles e hice que no había pasado nada. Esa noche quería cachar mi esposo y le dije que no lo haría porque me había gritado, haciéndome la víctima y poniéndome a llorar.

    Esa rutina me gustó con mi jefe, todas las tardes antes de salir cachábamos, aduciendo que fue el quien me rompió el ano.

    Hasta que un día mientras estábamos cachando llego su pareja, pues yo no sabía que tenía. Nos cambiamos como locos, entró y corrí a la ducha mientras él se quedaba en el cuarto discutiendo, pues encontró mi ropa interior sobre la cama, corría como loca buscando y me encontró en la ducha; intentó golpearme, pero él me defendió, amenazándome decirle a mi esposo, mi jefe me dio el encuentro afuera y me dio mi calzón en una bolsa que inmediatamente le puse en mi bolso y fui rumbo a casa.

    Salí a mi casa asustada y no sabía qué hacer, llegué a casa y en la noche caché con mi esposo haciéndole de todo, entregándome como nunca. Le confesé que dejaba el trabajo; pues la pareja de mi jefe pensaba que estaba con él y trató de agredirme, hice mi espectáculo poniéndome a llorar, me abrazó y me dijo que no me preocupe y que el trabajaría siempre pues era su gran amor; le encantaba cachar por el culo y que tomara su leche.

    Al día siguiente mi esposo me comentó que la mujer le había dicho que su pareja me cachaba a lo que mi esposo me contó que me había defendido.

    Cachaba todos los días con mi esposo pidiéndole un hijo hasta que quede embarazada, pero al ir al hospital coincidían la fecha con la de mi exjefe.

    Ese día lo llame y quedamos en vernos en un hotel. Dejó a sus trabajadores y llegó al lugar.

    Allí le mostré los resultados de mi embarazo y le dije que era el padre, se quedó frío y me propuso que deje a mi esposo y viva con él, le dije que no haría eso.

    -Entonces lo abortamos -me dijo a lo cual estaba asustada, le dije que lo tendría y que tendría que darme una mensualidad; pues haría creer a mi esposo que es de él.

    Aceptó con el fin que sería mi cachero siempre y me entregue de lleno a él, acepté y en ese momento me besó y cachamos como locos.

    Salió primero sin antes dejarme un dinero con el cual fui al mercado y compré de todo.

    Pasaron los meses y cuando tenía ocho meses de gestación, me llamó a su casa; pues para esa época ya no tenía pareja; me propuso cachar sobre una gran hamaca que tenía puesta, era un deseo fuerte fantasía de cachar sobre la hamaca, estaba todo bien cuando me echó boca abajo; aunque me dolía un poco el vientre aguante la cachada anal que me daba y por mala suerte se rompió la hamaca y caímos de bruces al suelo quizás por los movimientos fuertes que daba; que me puse mal, y empecé a botar liquido por mi vagina.

    Asustado me cambió y me llevó al hospital, pagó a una amiga suya que me dejara ahí y me cuidara; pues no quería que sepan que fue el quien me llevó a emergencia, lloraba del dolor, avisaron a mi esposo; quien llegó y me preguntó qué había pasado, le dije que vi a un señor en la bodega comer unos chocolates y desee con el alma y por eso me vino eso, me creyó y estuve internada; hasta que vino mi mamá de Lima a cuidarme y al final decidió llevarme a Lima con mi hija; mi esposo se quedó en la selva; pero yo estaba triste por mi ex jefe a quien extrañaba y en Lima nació mi hijo quien se parece a mi ex jefe.

    Quizás puedo añadir que fui una perra, pero así es la vida, al final después de 3 meses mi esposo vino a Lima a estar conmigo.

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  • Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (1)

    Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (1)

    Conocer personas de otras culturas siempre es enriquecedor.

    Aún recuerdo cuando escuché sobre un extranjero que había llegado a nuestra ciudad, a nuestro circulo social.

    Teníamos una fiesta en puerta. Al llegar a la fiesta, era un tema de todas las edades, había juegos inflables para niños, pista de baile para adolescentes, bar para adultos… comida y ambiente para todos.

    Nuestro amigo extranjero estaba en la fiesta. Él ya tenía conocimiento de las bebidas mexicanas, pero al parecer, algunos mal intencionados, quisieron abusar de sus ganas de festejar y saciaron su sed de forma total.

    Con el paso de las horas, el baile se hizo presente y ¡oh, sorpresa! nuestro amigo estaba en el centro de la pista sacando sus mejores pasos, poniendo ambiente… pero el baile le daba más sed, así que como un acto de cortesía y a petición de mi mujer, asumí el rol de cuidador. Con ese rol, me enfoqué a darle agua, quitarle el alcohol y cuidar que no se fuera (ya que traía su propio coche). Como suele suceder con estos procesos de ingesta de alcohol, el sueño se hizo presente y para no exponerlo a la vista de todos, lo subí a su coche y lo llevé a su casa. Otro amigo nos seguía en su coche para que yo pudiera regresar. Esta iniciativa de llevarlo vino de mi mujer, ella me lo pidió expresamente.

    Fue bueno que lo llevara ya que, tardamos más de 30 minutos en encontrar su casa, nuestro amigo no recordaba en donde vivía. Finalmente, logramos llegar a su casa. Lo dejamos y rechazamos la invitación a una bebida antes de retirarnos.

    Habiendo concluido la misión, emprendimos el regreso a la fiesta, no sin antes establecer un compromiso con nuestro amigo a tener una reunión y festejar con él. En su momento, lo pensé como una propuesta de cualquier persona que enfiestada, busca el pretexto para seguir la juerga en otra ocasión.

    Al día siguiente recibí un mensaje de agradecimiento de nuestro amigo, se lo mostré a mi mujer y listo. Se cerró el tema… por ese momento.

    Pasaron las semanas y resulto que por actividades ya conocidas, mi mujer compartía espacios con nuestro amigo, algunas juntas o algunos eventos cortos. Siempre había algún comentario de ella respecto a si lo había visto, si lo había saludado, si iba bien vestido.

    Sinceramente, creo que pequé de inocente…

    Pasado un poco de tiempo, hubo un evento en el cual nuestro amigo iba a estar presente. Mi mujer era del grupo que lo había organizado. El lugar era un restaurante muy cómodo en nuestra ciudad, con espacios amplios, jardines y buena comida. El evento transcurrió sin mayores detalles. Todas las mesas cómodas, buen ambiente, plática y bebida muy controlada. Las organizadoras se distribuían en las mesas para estar al pendiente del desarrollo del evento, a veces pasaban a saludar, en otras se integraban a la mesa por un periodo de tiempo y listo.

    A mí me pidieron cuidar una mesa y ayudar a que se integraran los invitados. No tuve ningún inconveniente en hacerlo. Fue bueno y disfrute la noche. Pero en un momento, después de las pláticas recordé que mi mujer no había estado en la mesa durante ya varias horas y que la había visto en una mesa cercana desde ese tiempo… así que al buscarla, la encontré en esa mesa, muy integrada en la plática, en un buen tiempo. A su lado, nuestro amigo.

    Cabe resaltar que ese día ella llevaba un pantalón negro que hacía lucir sus piernas de una forma muy sutil, pero clara; su cadera y nalgas no pasaban desapercibidas, una blusa negra de tirantes escotada y sobre de ella, otra blusa también negra, pero de estilo casi transparente. A simple vista la blusa de tirantes no se notaba, pero si ponías atención en su escote, podrías notar la belleza de sus senos tocándose, juntos, perfectos.

    La mesa en la que estaban ellos, estaba llena al inicio, pero cuando la encontré de nuevo, ya estaba vacía, solo quedaban ellos dos.

    Aproveche y me acerque, sentándome a un lado de ella, la intención era que ella estuviera al centro. Llame al mesero y pedí 3 bebidas y pregunté como la estaban pasando. Al inicio nuestro amigo se puso un poco serio, pero yo, de manera directa le comenté que me daba gusto que la estuvieran pasando bien y que me daba gusto verlos platicando.

    Mi actitud fue cordial y amable en todo momento, nada que un buen anfitrión no hiciera; aún y cuando no era mi evento ni yo era el anfitrión, pero finalmente estaba dándole la bienvenida a nosotros dos, a ser amigo una vez más.

    La noche llegó a su fin, en esta ocasión nuestro amigo no llevaba coche, pero otra amiga del grupo de organizadoras, viuda y sin compromiso, le había dicho a mi mujer que tenía intención de lograr algo con nuestro amigo. Por ello se había ofrecido a llevarlo.

    Al momento de despedirnos, nuestro amigo nos dijo “Ella me va a llevar, iremos a su casa por un par de tragos, ¿quieren acompañarnos?”, mi respuesta fue que si, mi esposa me dijo que tenía ganas de ir, pero no quería obstaculizar cualquier intento que la otra dama quisiera emprender. Por ello yo no insistí, aunque siendo muy honestos, había algo en esa invitación que no quería dejar desatendida, pero por el otro lado, mi mujer me dijo “dejemos que se vayan, ya quiero que lleguemos a la casa y cerremos la noche”. Una oferta así jamás se declina. Así que nos despedimos y emprendimos nuestro camino a casa.

    En el corto trayecto, la plática inicio resaltando lo exitoso del evento, pero en un momento muy rápido cambió para trasladarse a ella comentándome que la habían pasado bien (ella y nuestro amigo), que habían estado platicando de todo y de nada y que era un buen tipo. También hizo mucho énfasis en si yo creía que esa noche su amiga y nuestro amigo iban a poder aprovechar el espacio y disfrutar de algo más que una plática y un par de tragos.

    Llegamos a casa, mi mente estaba puesta en lo que deseaba hacerle a mi mujer y así llegamos a nuestra habitación en donde ella mostró especial energía y ganas de iniciar la faena… pero esto lo tendremos que seguir en la parte 2 del relato.

    Estimado lector: te invito a que compartas tus hipótesis en los comentarios y que sigamos la conversación y desarrollo de este relato.

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  • Cuando quise cambiar

    Cuando quise cambiar

    Pasado los meses en el trabajo conocí a Raquel con quien tuve una amistad hermosa y nos enamoramos, olvidando mi pasado, decidí darme una oportunidad, tuvimos intimidad; aunque con temor a que se burle del tamaño de mi pinga; pero no lo hizo por lo cual quedó embarazada; pero resulta que su hermano no me pasaba y a veces me hacía la vida imposible.

    Resulta que un día olvidé mi celular en casa y por mala suerte revisó un mensaje del amigo de la orgia; a quien le había dado mi número de celular quien me escribió diciendo que extrañaba mi culito, rico y apretadito y quería verme, fue a contarle a Raquel y le mostró el mensaje, le habían escrito al amigo quien no contestó al parecer; quizás se había dado cuenta y decidió evitarme problemas, no lo sé.

    Cuando llegué me hicieron un escándalo; al cual decidí al menos defenderme aduciendo que quizás alguien se equivocó de número; por lo cual eliminé el número de inmediato, rogando que por favor no respondiera ningún mensaje; así pasó, hasta que el hermano decidió pagar a alguien para que me incite al sexo.

    Yo no sabía de ese plan y para esa fecha Raquel ya estaba embarazada de 8 meses, pasaron los días y sin pensarlo recibí una llamada; puedo jurar que era parecida a la voz del amigo de la orgia; que me decía que lo pasó rico la última vez y que podíamos volver a hacerlo; le respondí que había cambiado mi vida y decidido vivir mi vida tranquilo, porque tenía un hijo; tal fue la insistencia que me decía que sería la última vez y que me daría un regalo que le habían dado y que no le gustaba; le dije que era y me dijo que eran unos video juegos; no sé cómo sabía que me gustaban los video juegos.

    Le dije que estaba bien y nos encontraríamos en el centro de Lima, fui al punto acordado y encontré a un hombre corpulento aunque me parecía desconocido; ya que no recordaba bien su rostro pues en la orgia era semioscuro.

    Con la duda fui al hotel y dimos rienda suelta a nuestros bajos instintos; quizás no tenía la pinga muy grande pero si que era bruta; metiéndome la pinga en la boca al punto de tratar de ahogarme haciendo arcadas y cuando me penetró lo hizo al sexo que me hizo gritar; no sabía que quería demostrar que era una puta gay; hasta el punto de hacerme tomar su leche; al terminar le pregunté por el regalo, el cual me dijo que se olvidó en su casa y que para la próxima me entregaría porque cachamos rico y le gustaba mi culo; decepcionado por la mentira me retiré; pero no sabía que me había grabado en video; el cual lo había enviado al hermano de Raquel.

    Llegué a su casa y ya estaba mi ropa y mis cosas en la sala, me dijeron de todo; que no quiero recordar esa parte.

    Avergonzado salí sin rumbo entre sollozos; la tristeza fue tan grande que recuerdo que amanecí en la plaza de armas sin saber que hacer.

    A la mañana regresé al cuarto donde viví un tiempo y no había espacio por lo cual encargue mis cosas en el dueño de la casa y fui a mi trabajo; donde al llegar como a las 10 de la mañana me habían dado mi carta de despido; no sé si fue Raquel la que pidió, nunca lo averigüe; aunque me dijeron que Raquel había perdido al bebé por la noche.

    Esa noticia me partió el alma y dejé el trabajo para así viajar al otro extremo de la ciudad.

    Ahí triste no trabaje casi una semana del dolor y sufrimiento que pasé, quizás el destino quería que siga viviendo mi vida anterior.

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