Autor: admin

  • Esta noche mi marido no dormirá en casa

    Esta noche mi marido no dormirá en casa

    Me llamo María y tengo 45 años y llevo casada con el que es mi novio desde la universidad desde hace 22 años, ya sé que va a sonar triste, pero mi marido no me toca desde hace más de tres años y me imagino que algo de culpa tengo, pero el tampoco ayuda mucho, estar todo el día sentado en el taxi no creo que sea lo más erótico del mundo y llegar a casa y verme sentada viendo tv imagino que no le levanta la lívido a ningún hombre.

    Al final todo termina siendo un círculo vicioso y a fuerza de no tocarnos cada vez nos apetece menos estar juntos y eso que no tengo queja de nuestros primeros años de novios y casados. Creo que no estoy todavía mal, mido cerca de 1,65 y no peso más de 53 kilos y las pocas veces que he hecho sexo por internet con muchachos mucho más jóvenes que yo siempre he pensado que si les hubiera dado la dirección de mi casa habrían venido como un cohete a apagar sus ansías de sexo.

    Yo sabía y sé que Daniel, mi marido, se va de putas, pero al no tener contacto físico conmigo y salvo que las ETS se transmitan por la lavadora siempre me he sentido a salvo de agarrar nada, aunque no sé, esos picores y rascadas que se da en la entrepierna, miedo me da algunas veces. El sexo con Daniel al principio era bestial, dotado con un miembro que es la envidia de todas mis amigas era infatigable y sus manos y boca era de una voracidad infinita, no pasaba noche sin que follásemos al menos un par de veces y que nos llevase horas, pero todo eso se acaba y lo malo es que casi ni lo recuerdo.

    Algunas veces cuando estoy sola y después de que despidieran de mi último trabajo, una empresa de publicidad en la que realizaba los castings de los modelos, mis ganas de sexo cayeron, pero no solo las mías, las de Daniel ya estaban de capa caída me masturbaba con el grifo de la ducha o con un patito de goma muy pícaro que compré en una tupper sex en casa de mi amiga Carolina, una mujer muy cachonda que creo que siempre me está tirando los tejos y a la que nunca la he dicho que no.

    El que Daniel no acabase la carrera nunca fue un freno a nuestra relación a pesar de lo que decían las lobas de mis amigas, más pendientes de que se quedase libre para amarrarlo con sus muslos, pero Daniel es uno de esos hombres que la única fortuna que han conocido es que su equipo gane la liga una vez cada 20 años, el resto es todo trabajo y esfuerzo y creo que por eso disfruta tanto de lo que hace y como lo hace, incluso cuando me folla, o, mejor dicho, me follaba.

    Como nada es eterno, y por eso me he atrevido a escribir aquí, es que la semana pasada Daniel había llegado a casa con un humor de mil demonios, yo le había preparado una merienda y me dispuse a tender la ropa recién lavada de la lavadora; yo no oía si Daniel estaba tomándose ese gazpacho fresquito que decía que le encantaba y tampoco le estaba prestando atención, ya es mayorcito para levantarse a por algo si lo quiere, abrí el tambor de la lavadora y eché la ropa mojada al suelo, haciendo caso omiso de lo que dicen de que doblase la rodillas para agacharme yo doblaba la espalda poniendo en pompa mi trasero.

    Esa semana había sido muy calurosa y llevaba una ligera bata que dejaba mis piernas al aire y que al inclinarme, permitía ver mis bragas color carne; con el pelo revuelto y apenas cepillado y casi saliéndose mis tetas por entre el escote de la blusa, era la cosa más anti—erótica que puede uno imaginarse y mis ganas de sexo pues otro tanto.

    Agarré unas de sus cientos de camisas blancas y me coloqué sobre el borde de la ventana para tenderla, yo no prestaba atención a los posibles mirones, ya me consideraba demasiado mayor como para andar vigilando si alguno se masturbaba mientras se asomaba alguno de mis pezones por entre la blusa, repetí la operación y a la tercera prenda, mientras estaba apoyada sentí unas manos duras y poderosas clavándose en mis caderas y una voz olvidada vino a mi cabeza.

    —Había olvidado lo buena que estás.

    Un aliento apestoso de ajo me llenó todo el cogote y sus manos su cuerpo ya gordo y torpe por los años se echaba sobre mí.

    —Pues que mal estás de memoria, pues sigo llamando igual, peso lo mismo y lo único que cambio es el tinte, que el rubio platino me da alergia al chichi.

    —Mira que eres, te digo un piropo y ya estás cortándome todo el romanticismo.

    —¿A eso le dice tu romanticismo? —Respondí enojada aunque no tanto como quería parecerlo y más por lo que sentía entre mis glúteos creciendo poco a poco.

    —Psss, no hables, solo cierra los ojos.

    Daniel metió sus manos por los huecos de la bata cubriendo mis senos, aún fríos pero ansiosos de caricias, sus manos cubrían mis pechos en una curva perfecta y entreabriendo los dedos dejaba salir mis pezones que pellizcaba suavemente, al ver que su piel estaba demasiado seca, llevó sus dedos a mi boca que los lamí y besé como si de una polla se tratase y cuando mi saliva impregnaba sus dedos volvió a llevarlos a mis tetas que agradecieron la humedad cálida de mi boca haciendo que se erigiesen apuntando al techo.

    La boca caliente de Daniel mordisqueaba mi cuello y el lóbulo de la oreja, nunca fue de meterme la lengua en el oído, siempre me pareció una guarrada, pero sus suaves pasadas de la punta de la lengua en mi cuello eran una delicia y me llevaban al edén.

    Sus piernas separaron mis apretados muslos colocándose entre mis glúteos y soltando uno de sus pechos se soltó el cinturón y se bajó los pantalones, su palpitante polla pedía salir de esos bóxer blancos amplios tan feos y que nunca llevaría George Clooney y levantándome la batita me bajó la braga anti lujuria que llevaba puesta ese día.

    Yo aún seguía con los ojos cerrados y apretaba mi culo contra su cada vez más dura polla, la quería dentro de mí, quería que me destrozase el chocho como hacía cuando aún éramos novios, un ligero gemido se escapó de mi boca pues me sentía la más puta de las putas y estaba siendo follada por un semental de bella estampa. Abrí ligeramente los ojos y aunque el sol se había puesto hace horas, aún había luz en el patio donde tendía.

    Daniel liberó su hermosa polla y la apoyó entre mis glúteos para que sintiera su dureza, al sentirse poderoso de nuevo la metió entre mis muslos, acariciaba los labios de mi chocho mojándose de una humedad ya casi olvidada, mientras su polla se acariciaba con mi chochito cada vez más caliente calvó sus dientes en mi hombro derecho mientras su mano derecha buscaba mi clítoris.

    Tengo que reconocer que Daniel sabía muy bien como tocarme, y sus hábiles dedos, mojados aún por mi saliva se movían con extrema dulzura, unas veces jugando con mis labios, otras abriéndolos para tocarme mi botoncito de placer, vibraba con sus caricias y poco a poco mi chochito empezaba a mojarle la polla. Se mojó los dedos con los jugos de mi sexo y se los llevó a la boca, ahora era él el que gemía de excitación y placer y me echó sobre la ventana con mis tetas al aire, yo ni miraba, me limitaba a poner mis sentidos al resto de emociones que Daniel me estaba brindando.

    Daniel se separó ligeramente y agarrándole la polla con mi mano derecha, se la puse en la puerta de mi chochito hambriento casi suplicándole que me la metiese hasta las entrañas y Daniel fue todo lo que casi había olvidado, una toro salvaje que me la metió casi de un golpe, a pesar de la excitación casi llegué a sentirme molesta pero no era verdad, sus 18 cm de polla se acomodaban divinamente dentro de mí, Daniel se paró una instante para acariciarme la espalda y agarrándose de las caderas como si la vida le fuese en ellos empezó a moverse con suavidad pero en movimientos muy profundos.

    El olor de la lejía de la ropa contrastaba con la peste a gasoil de sus prendas y los botones de su camisa incluso se me marcaban en la espalda y el sudor de su barriga se mezclaba con el mío, me estaba emputeciendo por instantes, estando tan sucia y vulgar y sentir esa polla dentro de mi por un hombre que se había olvidado por completo de que existía era como un volver a nacer.

    Apoyó sus manos ahora sobre mis hombros arqueando mi espalda haciendo que su penetración más profunda, pues sentía su polla tocar el fondo de mi chocho y llenándome por completo, un ruido húmedo era lo único que se podía escuchar cada vez que entraba y salía de mí, unas especie de chof, chof que turbaba mi sentidos y que delataba que no había ni espacio para el aire dentro de mi cuando esa polla entraba hasta el fondo.

    La forma de la polla de Daniel confieso que me parece perfecta, debería ser actor porno, si no fuese por esa barriga que se le ha puesto, aún sería un tipo muy apuesto, pues su polla es grande y si una mujer os dice que no importa el tamaño os miente, cosa que dice mucho de ella pues lo hace por satisfaceros y no daros un disgusto, pues mide calculo unos 18 cm y gruesa debe andar por los 5 cm, pienso que en un vaso de cubalibre no le cabe pero nunca he hecho la prueba; tiene la forma de un champiñón, si de esas que es más gruesa en la punta y cuando entra y sale de mi es casi eléctrico, mmm, casi me corro solo de recordarlo.

    Perdonar, se me va la cabeza, Daniel apretaba sus manos y me arrimaba cada vez con más fuerza, pero sus movimientos seguían siendo lentos y muy profundos, mi chochito cada vez más mojado dejaba deslizar mis jugos por el interior de mis muslos y se mezclaban con el sudor que estábamos generando los dos, sea como fuere, su mano izquierda se soltó de mi cadera y la llevó a mi cuello y boca y sin poderlo remediar, le mordí levemente los dedos saboreando su piel mientras él aumentaba el ritmo de sus embestidas.

    A pesar de la acción el silencio era tremendo, sólo se oía nuestra respiración que se confundía con el ruido de los aires acondicionados del patio, ahogábamos nuestros gemidos como podíamos hasta que Daniel rompió ese silencio:

    —Que puta eres Verónica, como me gusta follarte desde atrás, te va a doler el coño una semana.

    Yo no hice oído a lo que acababa de escuchar, estaba a punto de correrme y si cortaba en ese instante, sería pasar otro día sin sexo. Sus ásperas manos me acariciaban y sentía el calor de su cuerpo a pesar de esas lijas que tenía por manos, yo era una mera espectadora pasiva, dejaba que ese hombre empujara su cuerpo contra el mío como si la vida le fuese en ello y mi espalda soportaba todo su ímpetu. Jadeos silenciosos y mis temblorosas piernas avecinaban que estaba a punto de correrme.

    —Me corro, me corro —dije entre los dedos de su mano que me cerraban la boca.

    Apenas unos segundos después mientras soportaba mi peso sentí el caliente chorro de semen de Daniel entrando como una bala dentro de mi inundado chochito y sus espasmos me abrasaban por dentro.

    Un vozarrón me dejó medio sorda cuando su semen me empapaba y se escurría entre los labios de mi chocho cuando sacaba la aún grande y palpitante polla y yo seguía sin girarme para no mirarle a la cara.

    —Uf chata, que polvo más rico, —me decía mientras se subía los pantalones con la polla aún llena de semen y se volvía a la salita de estar.

    Yo aún sin girarme noté como el hijo de la vecina de enfrente estaba mirando por entre la cortina, un muchacho de 18 años bien parecido que no me hubiese importado que hubiese sido él el que me hubiese follado, lo que si me importaba es que no conocía ninguna clínica para que me hiciesen los análisis rápidos de las ETS y por donde él dormiría esa noche, porque un polvo no se desperdicia porque te llamen Verónica, pero si un matrimonio.

    Loading

  • La sorpresa en un mal día

    La sorpresa en un mal día

    Hoy tenía toda la pinta de ser un día jodido más. El mes de agosto en Monterrey no acaricia. El verano pega con toda su intensidad, el sol ataca con fuerza y dedicarte al transporte de pasajeros por medio de aplicación no parece en estos momentos la mejor de las ideas para sobrevivir. ¿Pero qué más podía hacer? Hace 2 meses me despidieron de la oficina en la que ejercía como contador. Y eso solo fue una parte del desastre de año que llevaba. En enero de este año mi esposa me dejó, se cansó de mis errores, de mi arrogancia, de que siempre antepusiera el trabajo sobre la familia y también de mis deslices.

    Pero hoy particularmente parecía un día pesado. La soledad se sintió muy fuerte la noche anterior y por más whiskey que bebí, no pude vencerla. El calor y el tráfico del centro de la ciudad se sienten peor cuando uno tuvo una noche anterior difícil. No hay más, la necesidad me obliga a salir a trabajar y transportar pasajeros por medio de una aplicación fue la mejor opción tras mi despido de la empresa a la que le di 10 años de mi vida. Me entregué, di todo y me dieron una patada en el culo cuando la situación económica no era la mejor para ellos. Así es este mundo. Hoy me quedé sin nada.

    Seguía en mi trance, solo esperando que sonara una alarma del celular para subir pasaje. Necesitaba que este día fuera bueno. La cabeza me retumbaba y éramos solo yo y la botella de agua. Hoy ni siquiera tengo el dinero para un electrolito. En la radio sonaba la música que utilizó para relajarme y sobrevivir, el álbum “()” de la banda Sigur Ros. En eso estaba cuando sonó el celular.

    La aplicación marcaba el inicio del viaje a unos 5 minutos de donde me encontraba. El problema era que era un viaje de tan solo 10 minutos.

    –Puta madre –dije mientras aceptaba porque no estaba en condiciones de rechazar el más mínimo viaje.

    Esos son los viajes que no sirven para nada, quitan tiempo, dejan poca ganancia y muchas veces son los usuarios más pesados. Pero me tocó resignarme y aceptar. La aplicación indicaba que recogería a una mujer de nombre “Lucía” y tenía una calificación de 4.8 estrellas. Llegué al punto de inicio y una chica de aproximadamente 25 años esperaba en la banqueta. Me detuve frente a ella, encendí las intermitentes y bajé la ventana.

    –¿Lucía? –pregunté.

    –Sí, ¿Guillermo? –respondió tímidamente.

    –Sube.

    Vestía una blusa negra en tirantes con un short de mezclilla bastante corto y sandalias negras. Llevaba el pelo recogido en una cebolla y anteojos. Calculé que medía alrededor de 1.60, tal vez menos. Su figura se veía bastante atlética, piernas torneadas, caderas notables y unos hombros que demostraban que pertenecían a una persona que realizaba ejercicio constantemente.

    Bajó para recoger unas bolsas que había colocado en el piso y se acercó al automóvil para abordarlo, acerqué mi brazo a la puerta trasera para abrirla y ayudarle a que entrara. Eso me sirvió para que cuando ella entrara pudiera notar con mayor claridad los preciosos senos que se escondían debajo de esa blusa. No eran enormes, pero sí de un muy buen tamaño.

    No sé si era mi falta de sexo, tenía casi 2 meses desde que estuve con una chica que ofrecía servicios en “X”. Para ser la primera vez que contrataba un servicio sexual, fue una experiencia mejor de lo que esperaba. Hubo química y la actitud amigable de ella fue de mucha ayuda.

    Pero volviendo al momento, Lucía parecía un ángel. Veía por el retrovisor mientras acomodaba sus cosas y se alistaba para que yo comenzara el viaje. Nunca he considerado que tengo fetiches, pero los hombros y la forma en que su clavícula se marcaban me tenían hipnotizado. Además, siempre me han gustado las mujeres con el cabello recogido y más en forma de cebolla. Estaba volteando a verla por el retrovisor cuando nuestras miradas se cruzaron.

    –Inicio el viaje –fue lo único que pude decir.

    –Gracias –respondió con una hermosa y pequeña sonrisa en su rostro.

    El viaje inició con normalidad, aunque se iba formando un poco más de tráfico por lo que las filas antes de cada semáforo del centro de la ciudad se iban congestionando más. Le di un trago a mi botella de agua y aproveché para verla por el retrovisor. Ella veía por la ventana y en verdad me parecía el ser más hermoso y sexy que había visto en mi vida.

    –¿Mala noche? –preguntó sorpresivamente.

    –Mal año, ¿pero por qué lo dices?

    –El trago al agua, el semblante bastante mal y Sigur Ros en el radio. Bastante obvio, ¿no? –sentenció.

    –Bueno, que alguien conozca a Sigur Ros ha hecho mejor mi día.

    –Jajaja los vi en vivo cuando vinieron a Monterrey –comentó con esa bella sonrisa en el rostro.

    –Yo los he visto 2 veces. Cuando vinieron aquí en Monterrey y una vez en CDMX ya hace algunos años. Los 2 mejores conciertos a los que he ido en mi vida.

    –Sí, son muy buenos. Pero, ¿se puede saber a qué se debe tu estado? –preguntó.

    –Bueno. Un despido, un divorcio y una noche de mucho whisky.

    –Suena a una borrachera justificable.

    Nos acercábamos a su destino y no podía creer 2 cosas. Haber conocido a una persona tan hermosa que compartiera el gusto por una banda que admiro. Sentía una conexión, aunque no sería la primera vez que me pasa esto. El pensar que porque alguien gustara de la misma música que yo siempre significaba que habría química entre nosotros 2 ya me había ocasionado decepciones anteriormente. Pero ese soy yo y a veces no me puedo detener.

    Lo segundo que me sorprendió es lo rápido que me volví vulnerable ante ella. Me tenía contándole cosas que normalmente no comparto con los pasajeros. De hecho, pocas veces interactúo. Como en su caso, siempre espero a que sean ellos quienes inicien la conversación en caso de que tengan ganas de hacerlo.

    –Donde ves la buganvilia, por favor –me indicó para terminar el viaje.

    –Con gusto.

    Estaba pensando en invitarle un café, ir a tomar algo a un bar, salir a cualquier lado, pero recordé que en estos momentos no tenía ni para comprar un electrolito y preferí dejar pasar la oportunidad. Total, todavía existiera la posibilidad de que solo tuviéramos ese gusto compartido por la misma música y no tuviera el mínimo interés en mí.

    –Disculpa, ¿ya tienes un viaje asignado? –preguntó para mi sorpresa.

    –No, aún no. ¿Necesitas que te lleve a otro lado? –respondí creyendo que lo quería era modificar el viaje.

    –No, lo que pasa es que necesito un poco de ayuda. Tengo dentro de la casa un mueble que necesito mover y yo sola no puedo. No he conseguido alguien que me ayude y estoy un poco desesperada. –me dijo con una mueca de preocupación en el rostro.

    –Claro, el día se ve un poco tranquilo en la aplicación. Y si paro 15 minutos no pasa nada.

    –Gracias –otra vez con esa hermosa sonrisa en el rostro.

    Me estacioné frente a su casa. Bajamos los 2 y le ayudé con las bolsas que traía para que pudiera abrir la puerta. –Gracias –me dijo mientras yo solo asentí con la cabeza como diciendo que no era nada. Abrió la puerta y la vi caminar dentro de la casa. Otra vez quedé hipnotizado por su figura, su sensualidad, sus movimientos. Pasé y pude ver que era una casa pequeña. Sala/comedor, una pequeña cocina, un pasillo, y lo que parecía un baño y una recamara. –Puedes dejar las bolsas en el suelo de la cocina, por favor –me indicó mientras ella caminaba hacia el refrigerador y lo abría. Sacó un electrolito, caminó hacia mi dirección y me lo entregó mientras me pasaba de largo. –Lo necesitas jajaja.

    Me indicó que necesitaba sacar un mueble del baño ya que le iban a realizar una reparación y el plomero le comentó que por mover el mueble cobraba 500 pesos adicionales y no se hacía responsable en caso de que sufriera algún daño el mueble. –Creí que conseguiría ayuda, pero esta no fue la ayuda que pensé –me dijo mientras sonreía.

    Entramos al baño y vi el mueble. Lo quise mover yo solo, y aunque gracias a los años de gimnasio noté que lo podía hacer preferí decirle que sí íbamos a tener que trabajar en equipo. Esto para evitar riesgos y también verla un poco haciendo flexiones y esfuerzo. –Si se ahorró 500 pesos, que al menos me dé un gusto a la vista –pensé.

    –Espero que la diferencia de estaturas no sea problema, ¿cuánto mides? –preguntó viéndome con la cara levantada, haciendo notar más la diferencia de altura entre nosotros.

    –Jajaja 1.90 m ¿Y tú?

    –Wow –dijo con cara de sorprendida.–Yo mido 1.58 m –concluyó.

    –Bueno, yo cargo el mueble de aquí y solo necesito que me apoyes a soliviar el peso para evitar riesgos. –le dije indicando que yo cargaría el mueble de espaldas a la puerta de salida. Nos agachamos y aproveché para volver a ver el hermoso escote que llevaba. Sus senos eran preciosos y no podía dejar de verlos. Creo que notó que la miraba pero tampoco me dijo nada.

    Después de algunas maniobras y pequeñas dificultades, pudimos dejar el mueble en la sala. –Si gustas descansa un poco y tómate el electrolito –me dijo mientras señalaba el sillón. Acepté y destapé el electrolito para darle un trago. –¿Me podrías hacer otro favor? No tardó más de 5 minutos –me comentó mientras juntaba ambas manos en señal de estar rogando por otro favor.

    –Claro, no tardamos tanto con el primero y puedo aprovechar para terminar el electrolito –concluí.

    –Gracias, ya vengo –tomó las bolsas que yo había dejado en la cocina y se dirigió a su cuarto.

    ¿Qué podría necesitar está chica? Pensaba en las múltiples cosas que me podría pedir, mi ansiedad se disparó pero preferí pensar en otras cosas y aprovechar el tiempo para echar una mirada a su sala. Tenían un hogar bastante bonito. Varias pinturas colgaban en las paredes, en una esquina de la sala había un mueble con una consola para tocar discos de vinilo y en la parte inferior del mueble había varios vinilos. Pensaba en pararme y revisar qué álbumes tenía en su colección pero preferí quedarme sentado y terminar de beber el electrolito, cuando escuché que se abría la puerta de su recámara.

    No podía creer lo que veía. Salió de su recámara solo vestida con un conjunto de lencería negro con encaje. Llevaba unos ligueros en sus muslos que acompañaban a unas medias también negras que hacían que la figura de sus piernas fuera un deleite de admirar. Toto terminaba con unos tacones color negro. Caminaba de una manera extremadamente sensual y coqueta, y con cada paso que daba el movimiento de sus senos era hipnotizante.

    Al terminar de recorrer el pasillo se detuvo, dio una vuelta en un movimiento por demás sensual y pude apreciar sus nalgas resaltadas por esa preciosa tanga que era parte de su conjunto. Lucía tenía un cuerpo de infarto y mi pene no hizo más que reaccionar al momento a lo que veía.

    –¿Te gusta cómo se me ve? –preguntó con una sonrisa en la cara y llevándose un dedo a la boca en una pose bastante sugestiva. Después juntó sus manos a la altura de su vientre juntando sus brazos como si quisiera presumir esos hermosos senos que se ocultaban bajo el sostén. Mientras me sostenía la mirada y sonreía, no podía dejar de pensar en que tenía a una Diosa frente a mi y no sabía ni cómo ni porqué estaba en esta situación.

    –Wow. Te ves espectacular. No sé qué decir –dije tímidamente.

    –No necesitas decir más. Sólo disfruta –me dijo mientras caminaba hacia mí. Se montó encima de mí, unió sus manos detrás de mi cuello colocando sus brazos sobre mis hombros. La tomé de la cintura, nos vimos a los ojos y nos besamos con pasión. Nuestras manos fueron recorriendo la piel del otro desenfrenadamente.

    Ella me quitó la camisa que llevaba y beso mi pecho, mientras yo me aferraba a sus nalgas. –No esperaba que tuvieras tan buen cuerpo jaja –me dijo. –No eres la primer sorprendida, pero aunque este año ha sido muy jodido, el ejercicio es algo que no he dejado –respondí para después lanzarme sobre esos preciosos senos. Desabroché el sostén y procedí a comerle los senos como si mi vida dependiera de ello. Tenían un tamaño perfecto, se sentían suaves, sus pezones eran perfectos y estaba disfrutando como hace mucho no hacía.

    –Mmmmm ¿te gustan mis tetas? Bufff, qué rico –me dijo después de que procedí a darles pequeñas mordidas a sus deliciosos pezones.

    En eso estaba cuando me paró en seco, se levantó y me guiñó un ojo. –Ya quiero ver lo que llevas debajo de tu pantalón. No me puedo concentrar con solo sentirlo –me dijo mientras se ponía de rodillas frente a mí que seguía sentado en el sillón. Desabrochó mi cinturón, luego el pantalón y de un solo movimiento me quitó tanto el pantalón como el bóxer liberando mi pene que estaba completamente erecto. La verdad tengo muy buen tamaño y siempre me han dicho que también tengo buena forma. Erecto mide unos 20cm y aunque no es muy grueso, tampoco es delgado.

    –Dios, qué rica verga me voy a comer –me dijo mientras se mordía el labio inferior y procedía a llevarse mi verga a la boca. Me estaba dando una mamada de infarto y una que otra vez se la sacaba para darse golpecitos en la cara. –Que delicia, eres una Diosa –fue lo único que alcancé a decir cuando de repente se colocó mi verga entre sus tetas para darme una rusa.

    Ahora me tocaba a mi hacerla gozar. La sujeté de los hombros y la traje hacia mí, haciendo que se sentara sobre mí con su espalda a mi pecho. Comencé a besarle los hombros y el cuello, mientras mis manos se dirigieron una a sus tetas y la otra bajaba por su abdomen hasta su entrepierna. Mi mano derecha se abría paso entre su piel y la tanga para llegar a su clítoris. Ahí me detuve y comencé a acariciarlo. –Pfffff no te vayas a detener, sigue así –me decía mientras comenzaba a gemir delicadamente.

    Mis dedos se introdujeron en su vagina y pude sentir toda su humedad. Saqué los dedos y me los llevé a la boca para probar sus jugos. –Qué mojadita estás, preciosa. Y tus jugos saben a gloria –le dije mientras volvía a llevarme los dedos a la boca y después procedí a con ambas manos darle suaves pellizcos a ambos pezones. Ella se retorcía y gemía. Mi mano derecha regresó a su entrepierna e introduje 2 dedos dentro de su vagina. Con mi boca comencé a besar su cuello y subí a su oreja.

    Después de estar un rato así, la coloqué en 4 con sus rodillas a la orilla del sillón y la cabeza en el respaldo. Me agaché e hice a un lado el tanga. –Que deliciosa panochita –le dije mientras con 2 dedos recorría toda su vulva, desde el clítoris hasta casi llegar a su ano. Mientras gemía comencé a comerle esa deliciosa panochita que sabía delicioso. Mi lengua se enfocó en su clítoris para luego recorrer toda la raja. A veces retiraba mi boca para introducir 2 dedos y darle pequeñas mordidas al clítoris. –Puta madre, vas hacer que me venga. Qué delicia, por favor ya reviéntame, te lo suplico –me decía mientras gemía.

    Me puse de pie, le di 2 azotes a cada una de esas preciosas nalgas y le escupí a su panochita. –Qué culazo tienes, chula. Te voy a clavar la verga hasta el fondo y quiero que todos tus vecinos se enteren del cogidón que te voy a dar –le indiqué mientras llevaba mis manos a mi caderas y me preparaba para penetrarla. La vista de sus nalgas en esa posición era impresionante y de una le clavé la verga hasta el fondo.

    –¡Aaaah qué delicia por favor no tengas piedad y cógeme como un animal! –gritaba mientras gemía.

    –Lo que tú ordenes, mi putita –le respondí para proceder a bombear. Me la estaba cogiendo como una bestia. Los choques de nuestros cuerpos y sus gemidos inundaron la sala en un ruido sensual que no tenía duda los vecinos estaban escuchando. De vez en cuando le daba una nalgada y le sacaba la verga para volver a llevar mi boca a su panocha. Subí una de mis piernas al sillón para clavarle con más fuerza la verga y ella gemía y golpeaba el sillón.

    Decidí cambiar de posición ya que deseaba ver como rebotaban esas preciosas tetas mientras cogíamos. La recosté boca arriba en el sillón y me fui sobre sus tetas. –No te entretengas mucho, mi panocha quiere más de tu verga –me dijo con una sonrisa coqueta en el rostro. –Ahora yo te pido que no digas nada y disfrutes –le respondí viéndola a la cara y con una mano sujetando su cuello.

    En esa posición llevé su pierna derecha a mi hombro y le clavé verga hasta el fondo. Comencé a penetrarla como si quisiera partirla en 2 mientras el movimiento de sus tetas me tenía en un trance. A veces soltaba su cuello para pellizcarle los pezones y darle pequeñas palmadas a esas tetas. –Qué rica estás, Lucía. Te mereces todos los orgasmos que desees –le dije antes de que me detuviera con sus brazos. –Ahora me toca a mí llevar el ritmo.

    Me recostó en el sillón y antes de montarme me ofreció su vagina para hacer un 69 mientras ella me volvía a dar una mamada. Estuvimos poco tiempo así, se levantó y se volteó. Me montó mientras nuestros ojos se miraban fijamente y comenzó a moverse. –Me encantas, Guillermo. Tienes una verga deliciosa –me decía entre gemidos mientras yo seguía perdido en el vaivén de sus tetas. Sus movimientos no eran rápidos pero lo hacía con una sutileza que me llevaba al cielo.

    –Eres una diosa. En estos momentos no sé si estoy soñando o esto es real, pero espero estés disfrutando tanto como yo lo estoy –le dije sonriendo. Llevó uno de sus dedos a mi boca y me guiñó el ojo. Me sujetó del brazo y me volvió a sentar en el sillón ahora con la espalda sobre el respaldo.

    –Espero estés listo para lo que viene. No quiero que te vengas, quiero esa leche para mi carita, ¿ok? –me dijo como si me estuviera dando una orden a lo que yo solo asentí con la cabeza. Me dio la espalda y comenzó a bajar, sujetó mi pene con una mano y se lo llevó a la entrada de su vulva. De una se la clavó hasta el fondo. –Qué delicia, hace rato que no disfrutaba tanto de una verga –me dijo para comenzar a subir y bajar. Otra vez la sala se inundó del sonido de sus gemidos mezclado con el choque de nuestros cuerpos. Se clavaba mi verga con una fuerza que creía que su intención era destruir el sillón mientras yo me aferraba de sus tetas.

    –Uff no voy a soportar más, Lucía. Estoy a punto de venirme –le dije entre gemidos. Rápidamente salió y se inclinó frente a mi. Sujetó mi verga y bastaron pocos jalones para que toda mi leche saliera disparada hacia su cara y sus tetas mientras ella la recibía con cara de triunfo y los ojos cerrados. La escena era hermosa. Con su mano recogió todo lo que pudo y comenzó a llevar sus dedos a la boca para probarla. –Te viniste demasiado y sabe deliciosa –lo dijo mientras sonreía. La verdad esa siempre ha sido una de mis cualidades, el expulsar demasiada leche. Nos besamos otro rato hasta que se detuvo y me pidió tiempo para irse a limpiar.

    Desde el baño me indicó que sacara 2 botellas de agua del refrigerador. Hice caso y regresando a la sala comencé a vestirme, por más que quisiera necesitaba regresar a trabajar. Regresó del baño solo vistiendo una playera oversize de la saga de “Game of Thrones”una de mis series favoritas.

    –Vaya, hasta fan de “Game of Thrones”, ¿Qué más puedo pedir? – le dije sonriendo.

    –Jajaja te invitaría a comer, pero veo que ya tienes prisa. Al menos esperaste para despedirte –respondió mientras le daba un trago a la botella de agua.

    –Necesito trabajar, si no te juro que no saldría de esta casa hasta que me lo pidieras.

    –Jaja no te apures, tendrás que volver, necesito ayuda con eso y quiero esa deliciosa verga dentro de mi culito –me dijo indicando el mueble que habíamos movido y guiñándome un ojo.

    –Cuando tú órdenes, chula –respondí antes de darnos un beso de despedida mientras yo sujetaba una de sus nalgas y una de sus tetas con cada una de mis manos y ella me tomaba de la entrepierna. Al final tomó mi celular, guardó su contacto y se marcó para tener guardado mi número.

    Salí de su casa y me subí al carro dudando de que todo lo que acababa de pasar fuera real. Pero si era un sueño, al menos tenía la certeza de que se iba a repetir.

    Y con una sonrisa en el rostro enfrenté el resto de un muy buen día que tenía pinta de ser uno fatídico.

    Loading

  • Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones

    Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones

    Después de aquella intensa mañana con María José, me quedé en la habitación del hotel. El cuerpo me pedía descanso. Me dejé caer sobre la cama todavía tibia por el recuerdo de su piel, y no supe más del mundo hasta cerca de las cuatro de la tarde.

    Desperté con el cuerpo aún adormecido, pero con una paz que pocas veces había sentido. Me di un duchazo largo, con el agua cayendo como lluvia tibia sobre mi espalda. Me vestí ligero, con lo primero que encontré, y salí hacia la playa, buscando un poco de brisa y algo frío para beber.

    Caminé descalzo por la arena unos minutos, hasta que encontré un bar pequeño justo a orilla del mar. Pedí una cerveza bien fría y me senté a ver las olas mientras el sol comenzaba a caer lento, tiñendo todo de dorado. Fue uno de esos momentos en los que la vida parece detenerse, y solo el sonido del mar, el sabor amargo del lúpulo y el recuerdo de un cuerpo encendido flotan en el aire.

    A eso de las seis de la tarde, mi celular vibró. Era María José.

    —¿Dónde estás, bebé? —preguntó con ese tono que ya conocía, mezcla de travesura y deseo.

    —En la playa, tomando algo tranquilo.

    —Perfecto. Esta noche vamos a rumbear. Te espero a las 9 en una discoteca cerca del malecón. Te mando la ubicación. No me falles.

    —Jamás —le dije, con una sonrisa que ella no vio, pero seguro intuyó.

    A las nueve en punto, llegué al sitio. La música se sentía desde la calle. El ambiente era caliente, tropical, con luces suaves y olor a ron y perfume caro. La vi de inmediato: María José estaba en una mesa junto a tres amigas, todas tan llamativas como ella, con ese aire de mujeres seguras, sueltas, que saben que llaman la atención.

    Me presentó con una sonrisa que decía más de lo que sus palabras podían. Ellas me miraron con una mezcla de picardía y complicidad, como si ya supieran más de la cuenta.

    Bebimos. Reímos. Bailamos como si nos conociera de años. María José se pegaba a mí con descaro, sus manos viajaban por mi espalda, su boca me susurraba cosas al oído que me hacían desearla otra vez. Bajo la mesa, sus dedos jugaban con los míos… Y a ratos con algo más.

    Parecíamos un par de adolescentes enamorados. Ella se reía, se mordía los labios, me abrazaba por la espalda. Yo estaba embobado. Entre canción y canción, sus labios buscaban los míos y sus manos buscaban mi verga con total descaro, yo no me cobarde si ella quería jugar así, yo también sabia jugar, le agarraba las nalgas, al ritmo de la música pasaba mis manos por su cintura hasta subir a sus pechos y su cuello para luego tomarla y besarla intensamente.

    Al final de la noche, sabíamos que el destino era uno solo: mi habitación.

    Nuevamente mientras el ascensor sube nos devorábamos descaradamente, incluso escandalizando a algunos que tuvieron el des fortunio de compartir ascensor con nosotros.

    Luego de entrar a la habitación, automáticamente fuimos a la cama, y María José me tiro literalmente al colchón. Yo solo la miraba mientras ella se despojaba lentamente del vestido que llevaba puesto, dejándome ver un conjunto de lencería realmente sexy que invitaba a la tentación.

    —Me dejas quitártelo con la boca, —le dije mientras la jalaba hacia mí.

    Inmediatamente comencé a besar su piel, bajando por su cuello y al llegar a sus senos comencé a morderlos y jugar con mi lengua en sus pezones duros.

    María José solo gemía mientras me sujetaba del pelo.

    Continué bajando mientras la besaba hasta llegar a su panty de encaje negro que cubría su vulva, se sentía ya húmeda por toda la diversión que teníamos desde la discoteca, pase mi lengua por su panty y ella gimió mientras su piel se erizaba.

    Hice su panty a un lado y comencé a darle sexo oral, con mi lengua recorriendo toda su vagina, jugaba con mi lengua en sus labios y saboreaba todos sus jugos, chupaba y mordía levemente su clítoris.

    —Ahí que rico cabrón, me vas hacer acabar donde sigas así. Decía María José.

    —Eso me gustaría, poder tomarme todo esto que no pude bien esta mañana. Dije yo mientras seguía con mi labor.

    —Que rico, que rico, vamos sigue así, joder que gusto. Decía María José, mientras me tomaba del pelo y me hacía chupar más intensamente su vagina y tomarme sus jugos.

    Luego de haber tenido su primer orgasmo en mi boca, no la deje recuperar la voltee y levante sus nalgas mientras ella aún seguía recostada jadeando en la cama, baje su panty y pase mi lengua desde su vagina, siguiendo hasta su ano, donde me dedique a jugar con su culo y mi lengua. María José no paraba de gemir. Le di un mordisco en una de sus nalgas y me pare detrás de ella dándole una nalgada y diciéndole.

    —Espero que estes preparada porque esta noche si voy a disfrutar de todo este cuerpazo que tienes, incluido esto… (mientras introducir mi dedo índice en su culo.

    —Si, quieres que te de culito, no es virgen, pero hace mucho que no lo usan, así que debes ser gentil. Decía María José entre jadeo.

    Seguía estimulando su culito, mientras como podía me terminaba de despojar de mi ropa.

    Me acerque a ella para que me la chupara así, mientras seguía con mis manos masturbando su vagina y su culito. Cuando consideré que ya estaba lista mi verga, nuevamente sin dejarla cambiar de posición me hice detrás de ella, y con un poco de esfuerzo introduje mi verga en su culito. María José gimió mientras presionaba la cabeza de mi verga en su culito, fue una mezcla de dolor y placer lo que salió de sus labios cuando logre profanar su esfínter.

    De un solo empujón termine de enterrarle mi verga. María José soltó una lagrima mientras gemía con mi profanación. Yo no le di tregua y comencé un mete y saca intenso, poco a poco ella se acostumbró a mi verga y sus gemidos comenzaron a ser intensos, yo la tomaba de la cadera y le daba nalgadas mientras seguía penetrándola.

    No sé cuánto tiempo llevábamos, ni cuantos orgasmos llevaba María José, en un momento se la saque y pude ver como su culo quedaba abierto tras la profanación de mi verga, no pare y se lo metí vaginalmente y seguí penetrándola intensamente.

    No paramos de gemir.

    —Ahí papi que rico, Dios como me enculaste, vamos sigue hazme venir nuevamente.

    – Tranquila ricura que aún no terminamos. Le dije yo mientras seguía penetrándola.

    Luego de un buen rato penetrándola intercambiando entre su vagina y culo, sabía que estaba por venirme, así que volví a penetrarla analmente y con mi ultimas fuerzas le enterré mi verga y descargué todo mi semen en sus entrañas.

    María José también estaba teniendo un orgasmo mientras yo vaciaba mis huevos en su culo.

    Caímos rendidos en la cama, nos besamos y ella se recostó sobre mi pecho diciéndome que le había dejado el culo algo adolorido pero muy satisfecho. Yo me dormí con una mano en su nalga y ella recostada sobre mí.

    La madrugada nos encontró entre sábanas, con los cuerpos enredados y el deseo aún latente. Hicimos el típico mañanero con la misma entrega de antes, pero de manera menos intensa y nos quedamos dormidos nuevamente.

    Cuando desperté algunas horas después, eran cerca de las 8am, el sol ya comenzaba a llenar la habitación. María José dormía desnuda a mi lado, su respiración era suave, su cuerpo cubierto por apenas una sábana blanca que contrastaba con su piel morena. Me levanté con cuidado, me puse una pantaloneta que estaba en el suelo, preparé un café y me senté en el sofá con la laptop a revisar correos y leer un poco las noticias.

    Al rato, ella se desperezó lentamente, como una gata perezosa. Se acercó a mí, todavía desnuda, y me dio un beso suave.

    —Buenos días, bebe… —dijo con voz ronca, todavía somnolienta—. Ya pedí desayuno a la habitación. ¿Dormiste bien?

    —Como nunca —respondí, devolviéndole la sonrisa.

    Mientras esperábamos el desayuno, me contó que en la rumba de anoche había quedado de verse con sus amigas para un paseo en yate ese domingo. Me miró de reojo, como tanteando mi reacción.

    —Quiero que vengas conmigo —dijo, como quien lanza un anzuelo—. Pero acabo de ver tu guardarropa y se nota que eres un oficinista.

    Reímos. Y sin dejarme dar opinión, me dijo que por la tarde íbamos al centro comercial.

    La lleve en su auto a su casa para que se cambiara de ropa, ya en la tarde como me había advertido fuimos directo a un centro comercial. María José tenía buen gusto, y no dudaba en darme órdenes suaves pero firmes mientras me ayudaba a escoger un par de camisas, bermudas color pastel y unas gafas de sol que, según ella, “me hacían ver menos ejecutivo y más tentador”.

    —Ahora sí pareces un hombre de playa… Uno con el que provoca perderse en el mar —dijo mientras me guiñaba el ojo.

    Yo solo pensaba en que ese fin de semana seguía siendo una historia que valía la pena escribir en esta página. Y si esta es de su agrado, seguiré contándoles en otro relato sobre ese domingo en el yate, que fue un completo deleite de placer y lujuria de mi parte con tal morena y sus amigas.

    Loading

  • Volviendo a casa

    Volviendo a casa

    Alisté todo y tomé el avión de retorno ya que mis padres me habían comprado el pasaje de retorno a Perú; pues entre Franco Luis y mis hijos, elegiría mil veces a mis hijos.

    Regresé y mamá con mi hermano mayor fueron a verme al aeropuerto; cosa que mi esposo no lo hizo y creo que tenía razón; no era para menos lo que le hice, la verdad que sentía una inmensa culpa.

    En el taxi de retorno mamá y mi hermano me recriminaron mi proceder, lloré y les dije que la vida allá es triste y el me dio la mano y me apoyo en todo y caí en sus manos y me sentía mal.

    Llegamos a casa y ya estaba maquinando mis respuestas a mi esposo quien me recibió y nos dejaron solos, lloró triste y me dijo que no esperaba que le hiciera eso y que por el bien de nuestros hijos no debían saber de este tema para no provocarles un trauma, eso siempre cuidó él como yo y que haríamos las veces de pareja pero si algún día decidimos tomar otras vidas dejaremos la casa y nos iremos solo con nuestras cosas para no volver a encontrarnos jamás.

    Ese fue el acuerdo y lo expusimos a mamá y mi hermano quedándonos en casa como si nada hubiera pasado; por la noche lo busque para cachar y le di una gran cachada entregándome del todo o nada a él, diciéndole que sería su puta sin límites, mientras le decía que me cachetee por todo lo malo que le hice; quizás desfogo su rabia e indignación por todo lo que le hice que mi cara me ardía; pero sentía que era un castigo por todo lo que le hice pasar.

    Era su puta, me compró ropa diminuta y hacía lo que él me pedía; se volvió un salvaje que traté de complacerlo en todo despertando mi sexualidad al máximo que a veces eyaculaba tanto que se quedaba trapo y yo quería más.

    Llegó a un punto de sentirse impotente ante mis exigencias sexuales que me decía:

    -amor no sé qué ha pasado conmigo que me ha agotado todo lo que hicimos y me ponía a llorar ante esa situación.

    Hasta que un día decidió hacerme una pregunta que cambiaría el rumbo de nuestras vidas.

    -¿Cuál es tu fantasía sexual?

    No sabía si responderle con sinceridad lo que deseaba o mentirle y al final decidí hablarle a lo que venga.

    Mi fantasía sexual es hacer sexo con unos o varios hombres; quiero sentirme su puta y si me dan dinero mejor; pensé que esto haría enojar a mi esposo; quien me dijo que no había problema y cumpliría con mi fantasía sexual; pero él siempre estaría a mi lado; porque no permitirá que me hagan daño y que buscaría por Internet a las personas adecuadas y me daría la respuesta.

    Loading

  • A la novia de mi amigo le encanta provocar

    A la novia de mi amigo le encanta provocar

    Hola, este relato es breve pero caliente, bueno a mí me pone caliente recordarlo ya que es una anécdota.

    La novia de un amigo me gusta mucho, está muy buena. Es blanca, gordibuena, piernona, culona tetona, la cabrona sabe lo que tiene porque le encanta mostrarse, siempre anda con falditas, shorts, blusas escotadas o de tirantes, incluso sin sujetador, siempre se le notan los pezones.

    Es una locura verla, morbosearla, fantasear con ella, la he visto en bikini y uf es una locura verla, super marcados los pezones, las aureolas, los poros de las aureolas bien duros y definidos, igual la parte de abajo muy delgada, se le marca la vagina brutalmente, bien depilada por cierto y su culo de infarto, en los muslos tiene estrías bien marcadas, eso en particular me vuelve loco, cuando se sienta se le marca la celulitis también, es una locura verla, una mujer real, perfectamente imperfecta es lo más hermoso de ver.

    Hace poco la pude ver con un bikini rojo muy sexy, la parte de abajo era tipo tanga y por dios, solo de recordar como caminaba y su culo moviéndose de un lugar a otro, las estrías con bronceador le resaltan demasiado más, incluso la vi agacharse y logré ver el nacimiento de su ano, lo escribo y me pongo duro de las imágenes mentales que tengo de ella.

    En una ocasión, en una reunión con amigos, ella vestía con una falda holgada, corta como a media pierna, sentada sus muslos se veían increíble, tenía una blusa de tirantes. Mi amigo a cada rato le manoseaba las piernas discretamente, yo no perdía detalle, verlos hacía que se me ponga bien dura y yo volaba la imaginación. Pasó el rato en la fiesta y ellos tomaron de más, al grado de que estaban muy borrachos, recuerdo que en una ocasión cuando entré al baño, ella estaba ahí, vomitando, yo le ayudé, le recogí el cabello y le di papel.

    Aunque claramente no perdía detalle de sus tetas casi se le salían de la blusa, estaba sudada, le brillaba la piel delicioso, por un momento olvidé que estábamos ahí, ella vomitando de lo enfocado que estaba en sus tetas.

    Luego se movió de tal manera que la falta le quedó super arriba, pude ver su tanga, ¡dios! fue algo delicioso de ver, tenerla tan cerca de mí, casi desnuda, una locura, la mente me explotaba y sin pensarlo le manoseé las piernas, los muslos, los apretaba y los sobaba muy rico yo con el pretexto de ayudarle a acomodarse o a pararse.

    Era una locura tenía la verga durísima. Vi que ella no dijo nada, al contrario, parecía que le gustaba, me sonreía y me pedía disculpas por estar tan borracha.

    Yo estaba cerdísimo, aproveché el momento, tenía la adrenalina a mil, pero me atreví, la moví un poco de tal manera que las tetas le salían de la blusa, el sujetador era tipo de encaje, las aureolas de los pezones se le veían, tal y como las imaginaba, cafecitas, bien definidas, con los poros duros. Me atreví a meter mi mano, sentí sus tetas deliciosas, suaves, grandes, uf una locura, los pezones se le pusieron duros, yo manoseándola, una mano en las tetas, una mano en los muslos, no lo podía creer, me vine sin tocarme.

    Espero les haya gustado mi breve relato, en el siguiente detallaré lo que sucedió un día después.

    ¿Alguien ha vivido algo similar?

    Loading

  • Las aventuras de Manu y Joshua (1)

    Las aventuras de Manu y Joshua (1)

    Me presento soy Manu y estaré contando las aventuras que he vivido junto mi amigo Joshua durante nuestro periodo de estudiantes universitarios.

    Mido 176 cm, color de piel canela, ojos marrones, peso unos 90 k, pelo en pecho, unas piernas que parece que corriera maratones, pelo rizado castaño y bisexual versátil.

    Por otro lado, mi amigo Joshua mide 168 cm, piel blanca rojiza, lampiño, ojos negros, delgado, pelo lacio y negro, gay, y foráneo.

    Iniciaba el último día del semestre para eso Joshua había organizado una fiesta de fin de semestre previo a las vacaciones, la casa que renta Joshua queda retirada de la mía por lo cual le había pedido permiso a mis padres para pasar la noche después de la fiesta en casa de él.

    El día de clases transcurrió normal y una vez termino este nos fuimos en el carro de Joshua tardamos unos 15 minutos en llegar y le pregunte a Joshua cual era el plan para la noche me comentó que se le ocurrió que se armarán las retas de Just Dance él es super fan de la franquicia, yo al tener poca experiencia en el juego le dije que si podíamos jugar un poco para no sentirme tan manco jugando por la noche, y me dice pero está haciendo mucho calor vas a sudar tu ropa estarás cómodo por la noche y a lo que me puse a pensar que solo traía un pijama en mi mochila.

    Pedimos una pizza para comer y yo seguía pensando que no me quería ver torpe jugando en la noche por lo cual pensé y si juego en boxers así no sudo mi ropa y puedo tomar una ducha antes de que inicie la fiesta con algo de pena le comenté a Joshua mi idea y me dijo “está bien Manu”.

    Joshua encendió la consola y puso just dance, mientras yo con algo de pena me quitaba mi camisa poco a poco para lo cual Joshua voltea y me dice ¡vaya que estas peludo pareces un osito de peluche” y en lo que yo levantada los brazos para quitármela sentí como empezó a abrazarme, yo solo sentí su calidez en su abrazo mientras terminaba de quitarme la camisa y le pregunte “todo bien amigo” y él me contestó “me dirás que ya estoy grande pero era fan de dormir con osos de peluche y solo recordé a uno ellos”.

    Continue quitándome los jeans y solo pude ver como se me quedaba viendo y preguntando “¿dónde compraste esos bóxer? Son de seda verdad” y yo afirmé, y en eso me dice “dicen que son muy suaves, ¿puedo tocar?” Y yo de sí, el bóxer era tan fino que podía sentir sus manos en mis nalgadas y un pequeño roce en mi pene (el cual empezó a despertar poco a poco) y dice “confirmo si son muy suaves y te quedan muy lindos” y en eso se fue a su recamara.

    Mientras mi pene fue despertando poco a poco después de ese roce de Joshua, seleccione una de las canciones e inicie a jugar, termine la primera canción y en eso sale Joshua de su cuarto y se me queda viendo “vaya qué te prende jugar eh” y yo todo apenado “creo que sí fue el juego” (en mi mente: fue tu roce fue el que me prendió) en eso me dice “quieres que te acompañe a jugar para que veas como se hace” y yo de a ver.

    Puso una canción en pareja y para estar en el mismo mood se empezó a quitar la camisa y por primera vez me toca ver su abdomen lampiño y sus pezones rosados y como se le marcaba su V debajo del abdomen, y como poco como se bajaba los jeans hasta parecía que me estaba seduciendo o no sé si era el mismo calor y mi calentura que vea como lo hacía en cámara lenta y termino viendo como el usa bóxer de los sueltos de tela y me dice “¿listo?”. Y yo de listo.

    Inicio la canción y todo normal hasta que iniciaron a interactuar los couches/ avatars los cuales teníamos que imitar y ahí fue donde por primera vez sentimos nuestros cuerpos juntos, después de varios pasos interactuando cuerpo a cuerpo pude notar como él también estaba que no podía ocultar su erección a lo que le pregunto v”aya qué prende el juego ¿no?”. Y él me contesta “sí es la primera vez que me pasa”, para ese entonces Joshua y yo nunca habíamos hablado de nuestras orientaciones y que nuestro compartimiento no cae en los estereotipos.

    Pero el estar los dos sudados por el calor y al 100 poco a poco nos fuimos acercando hasta darnos un beso lento, que rico sentir sus labios suaves y como lentamente nuestras lenguas se estaban conociendo, poco a poco nuestros cuerpos se estaban rosando lentamente mientras nos abrazamos y caímos en el sofá de la sala, nos separamos un poco y nos quedamos viendo de frente y le digo “¿estás seguro de esto?”. Y me contesta “sí quiero esto y más” y pone sus manos en mi pecho y me acuesta en el sillón y baja lentamente sus manos hasta llegar a mis bóxer y me los baja lentamente y solo siento como me brinca mi pene después de que Joshua me quita el bóxer.

    Me da un pequeño besito y luego baja a empezar a mamármela poco a poco, saca su lengua, con su mano empieza a pelarme el pene y empieza a frotarme el glande con su lengua en círculos y poco a poco se la comía tan rico que yo empecé a gemir que parecía que eso lo excitaba más y en eso hace una pausa y me dice “hacemos un 69” y yo haciendo con la cabeza, pero me dice “vamos a mi cuarto”.

    Ya en el cuarto él se acuesta y le quito el bóxer de un jalón y tomo posición para iniciar el 69 inicie a comérmela poco a poco sobrepasada de mi puño y juguetear con mi lengua para darle más placer cuando me percate que tenía un dildo y lubricante en uno de sus buros a lo cual en mi mente pasó por lo menos es pasivo y hoy toca dar, después de un rato de darnos una rica mamada mutuamente me doy la vuelta y le pregunto a Joshua “¿cómo quieres que te dé? Que ya no aguanto y me quiero venir dentro de ti”. Joshua: me dirás básico, pero se puede de misionero quiero ver tu cara de placer cuando me la estés metiendo.

    Nos seguimos besando un rato mientras frotaba sus nalgadas con mis manos lentamente estire unas de mis manos y alcance el lubricante me puse en uno de mis dedos y mientras nos besábamos empecé a dilatarle su culto se sentía muy apretado al parecer tenía rato sin usar el pequeño dildo del buro.

    Mientras dilataba su ano sentía como me presionaba el dedo y eso me prendía más y me dice “méteme otro dedito la tienes muy gorda no quiero que me lastimes”, me puse más lubricante para embarrarme en los dos dedos e inicio a dar círculos en su culito para que poco a poco se vayan dando espacio en ese culto que apretaba delicioso.

    Una vez ya dilatado su culito me deja de besar y me dice ya métemela y yo de a sus órdenes el acostado boca arriba yo con mis manos abrí sus piernas luego me acomode me agarre el pene y lentamente puse mi glande en su culito lentamente metía y sacaba el escuchar los pequeños gemidos que se le salían me hacía desear metérsela toda de una sala vez pero no quería lastimarlo, quería que disfrutara cada momento de mí.

    Y así seguí hasta que entro toda y era un placer delicioso sentir como mi pene pensaba y su culito como lo apretaba nos mirábamos a los ojos y me dice “jálame que ya estoy por venirme”, lo empiezo a masturbar mientras se la metía, fueron unas 5 jaladas y empezó a salir su leche la cual le cayó en la cara y lo primero que se me vino a la mente fue limpiarlo con mi lengua para después besarlo.

    Una vez que lo limpie y en medio de un beso francés me vine bien rico dentro de él, cuando termine me dice “sácamela quiero probar de tu leche” y me la empezó a mamar hasta que no quedo ninguna gota de leche y cuando ya iba a terminar me volví a venir en su boca lo cual después de eso repitió el beso francés de hace rato con su leche pero ahora con la mía y después de eso nos quedamos dormidos.

    Después de la acción nos bañamos juntos rápido (aunque con muchos besos de por medio) porque ya casi se llegaba la hora de que llegaran nuestros compañeros.

    Ya después les cuento el after de la fiesta.

    Loading

  • Mi hijo mayor y nuestra vecina Saray

    Mi hijo mayor y nuestra vecina Saray

    Habíamos entrado en el mes de febrero y mi hijo tuvo un encuentro con otras de nuestras vecinas de nombre Saray, es una mujer cerca de sesenta años muy bien conserva, casada con un marido que, aunque de su edad, parece mucho más viejo que ella.

    El asunto es que un día vino a verme a mi casa, tenía una avería de agua en su casa, parece que el fontanero iba a tardar unos días en arreglarla, le ofrecí usar mi ducha para bañarse, como trabaja por las tardes podía hacerlo después de que todos los de mi casa hubieran salido, ella aceptó, la verdad es que se me olvido decírselo a los miembros de mi familia, pero como yo era la última en salir no le di importancia. Así que cuando me iba a ir llamé a Saray, ella me dio las gracias, y yo me fui a trabajar ella se quedó en casa se desnudó y se metió a la ducha, pero lo que nadie contaba era con los despistes de mi hijo mayor, dejemos que sea él quien nos cuente las consecuencias de este despiste.

    Iba camino de la universidad cuando iba a coger el metro me di cuenta de que se me había olvidado recoger en pendrive con un trabajo que tenía que entregar a última hora, así que decidí volver a mi casa, volví corriendo y sude mucho, cuando llegué aparentemente no había nadie en casa, como he dicho había sudado y tenía la sensación de oler mucho a sudor, así que decidí darme una ducha rápida, me desnude en mi cuarto y me fui al baño, y al abrir la puerta me tope con nuestra vecina Saray cubierta solo con u toalla, que tapaba su coño, pero dejaba al descubierto dos tetazas impresionante, mi polla reaccionó y en ese momento ella se dio cuenta de mi presencia.

    Instintivamente yo intenté taparme con mi toalla, pero para mi sorpresa ella se quitó del todo la suya quedándose completamente desnuda, estaba espectacular avanzó a mi y me dijo:

    -Me ha parecido ver que mi vecinito ya no es un niño, sino ya un hombre y con una buena polla.

    De con un rápido movimiento me quitó la toalla y mi polla, completamente empalmada, se quedó al aire.

    -Claro que no soy un niño, proteste yo tímidamente, tengo más de veinte años.

    -Y una buena polla, dijo ella.

    Y llevó su mano hacia ella, la cogió y se puso a acariciarla. Yo estaba dubitativo, Saray estaba buenísima, había sido objeto de mis pajas, pero sabía que su marido era muy bruto y que podría tener que pelear con él si se enteraba, así que la dije:

    -¿Más grande que la de tu marido?

    -¿La de mi marido?, preguntó ella riéndose, te voy a contar una cosa desde hace tiempo me cuesta ponérsela dura, en cambio yo conservo intactitas mis ganas de follar.

    Mientras decía esto seguía acariciando mi polla, yo estaba excitadísimo, no podía desperdiciar una ocasión como esta, y si tenía que ponerle un ojo morado al bruto de su marido lo haría. Así que llevé mis manos hasta sus tetas y me puse a acariciarla, no tarde en arrancar los primeros gemidos de su boca y la dije:

    -Vamos a follar.

    Ella me giño un ojo y me dijo:

    -Este será nuestro secreto

    Mire su coño en ese momento, estaba depilado y deseaba comérmelo, así que la empujé un poco contra la pared, me arrodille ante ella y arrimando mi cabeza a su tesoro saqué mi lengua y comencé a comérselo, ella al sentir mi lengua dentro de su coño comenzó a gemir mientras decía:

    -Que cosas tan deliciosas hacéis los chicos jóvenes,

    Después apretó mi cabeza contra su cuerpo mientras yo le seguía chupando el coño, yo seguía saboreando ese coño tan delicioso hasta que se corrió, yo disfruté del sabor de sus líquidos, pero lo que estaba ocurriendo había hecho que mi polla se pusiera a tope, así que la dije:

    -Me muero de ganas de follar contigo.

    Si ese es du deseo, mi amor, respondió ella

    Se apoyo en la bañera y abrió bien su coño, mi madre me había enseñado a tomar precauciones, pero yo estaba demasiado caliente, primero se la metí de frente, ella al sentirla dentro dijo:

    -Mi amor, hacía muchos años que no disfrutaba de una polla como la tuya dentro de mi coño.

    Después se puso a gemir, yo siempre había mirado los labios de Saray y pensaba en lo bien que la tendría que mamar, pero ahora lo que me importaba era hacerla gozar y a tenor de la expresión de su cara lo estaba logrando. Pero en ese momento ella me pidió:

    -Querido me gustaría ponerme en una postura más cómoda, con mi marido solo follo, y poco, en la cama.

    -¿Cómo le iba a negar nada a semejante diosa

    Ella se dio la vuelta y se colocó de espaldas a mí, su precioso culo quedó ante mi vista y pensé que ese guajero debía ser mío esa misma mañana, pero de momento se trataba de meter la polla en ese coño tan calentito, así que se la volví a meter, y ella volvió a gemir, mientras me decía:

    -Mi amor esto me recuerda a mis polvos de juventud, muchas gracias.

    Yo seguí follandola, para mi tener mi polla dentro de su coño era suficiente premio, así que seguí con mi polla dentro de ese maravilloso coño, era una delicia, sentí que se corría, e sentí muy contento de haberla llevado hasta eso, pero yo quería correrme también así que seguí con mis movimientos hasta que sentí que me corría y con mi leche inundé su coño, el ese momento ella se puso de pie y uniendo sus labios a los mios me dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, en este rato he gozado más que con mi marido en muchos años.

    Después me beso, en ese momento yo le manifesté mi deseo quería que esto solo fuera el principio, y quería que esos labios tan sensuales me chuparan la polla, ella no lo dudo, me pidió que me tumbará en el suelo, y cuando lo estuve ella sacó esa lengua tan excitante de su boca y se puso a lamer mi polla, nunca hubiera imaginado poseer esos labios, ante su estimulo mi polla no tardó en recuperarse, cualquiera se resistía ante una mujer como esa.

    A esto añadió, que una vez que me la había limpiado se la metió entre sus tetas, las apretó con sus manos, tener mi polla apretada entre esas dos cosas preciosas puso mi polla a tope, y volvió a estar preparada para follar, ella se dio cuenta y me dijo:

    -Mi amor, veo que estas otra vez preparado, bueno pero ahora quiero ser yo quien se ponga encima.

    Yo estaba tumbado en el suelo, y tenía muchas ganas de seguir follando con ella así que permanecí quiero, mientras ella se sentaba sobre mí, e introdujo mi polla dentro de su coño, de esta manera volvíamos a follar, pero ahora era ella quien marcaba el ritmo, y lo hacía divinamente mientras me decía:

    -Si supieras el tiempo que no hago esto con mi marido, muchas gracias mi amor por hacerme disfrutar.

    La verdad es que era yo quien debía de darle las gracias, su coño me estaba proporcionando un placer enorme y ver mover sus tetazas encima de mi era muy excitante.

    Ella marcaba el ritmo, y era un ritmo que delicioso, era una pena que su marido no supiera aprovechar este cuerpo, siempre me había parecido un tipo vulgar y cuando pensaba en los labios de su mujer chupándose la polla no me parecía justo, ya ahora era yo quien se los estaba poniendo, jajaja.

    Seguimos follando, yo no pude evitar llevar mis manos hasta sus tetas y acariciárselas, mientras ella continuaba con su ritmo maravilloso, vi cómo se corría y poco después lo hacía yo.

    Ella se bajó de mí y me dijo:

    -Me has hecho rejuvenecer veinte años, por lo menos, hacía muchísimo que no tenía una sesión de sexo como esta.

    Yo la pedí que me chupara de nuevo la polla, como he dicho, cuando coincidíamos, en sitios como el ascensor, yo había soñado que esa mujer me comía la polla, y en ese momento la tenía ante mi dispuesta a hacerlo.

    Nuevamente se metió mi polla en su boca, y la verdad es que parecían estar hechas la una para la otra, y comenzó a chupármela de nuevo, y debía de reconocer que lo hacia maravillosamente bien, sus labios rodeaban mi polla co o su fueran un coño y su lengua hacia maravillas, al poco ella la sacó y mirando mi miembro dijo:

    -Joder, tu polla está de nuevo lista, eres insaciable.

    Yo le dije que con una mujer como ella yo follaria hasta que mi miembro se cayera a cachos, ella se rio y dijo:

    -Parece que por lo menos otro asalto aguanta.

    Después se tumbó en el suelo con las piernas bien abiertas, yo me puse de rodillas e introduje nuevamente mi polla dentro de su acogedor como, ella al sentirla dijo:

    -Querido menudo instrumento tienes y que bien lo utilizas.

    Era yo que yo quería utilizar mi polla para darle muchísimo placer, comencé a moverme, mientras tanto ella comenzó a acariciarse las tetas, lo cual me resultaba aún más excitante, mi polla se movía dentro de su coño de una manera muy placentera, ella me decía:

    -Mi amor me estás haciendo gozar como nunca antes lo había hecho.

    Eso era precisamente lo que yo deseaba, que ese momento fuera el más placentero de su vida, así que seguí con mis movimientos en su interior, ella no paraba de gemir lo que me estimulaba a seguir follandomela, en un momento dado noté como se corría, eso me hizo sentirme muy bien, nada mejor que dar y recibir placer. Así que continue con mi polla en el interior de su coño hasta que nuevamente me corrí.

    Ella me pidió que me sentra en la taza del wáter, como si fuera a hacer mis necesidades, me hizo abrir bien las piernas y cuando lo hice, ella se colocó de rodillas en frente de mí, me imaginaba lo que iba a pasar y solo de pensar que mi polla iba a estar dentro de esa boca, que parecía estar hecha para mamar, me sentí muy excitado.

    Y efectivamente nuevamente tuve su lengua recorriendo mis testículos, lo que era muy excitante, y a continuación cada centímetro de mi polla, pese a sus años resultaba muy sensual y yo me imaginaba como debería de haber sido de adolescente, seguro que los chicos de su edad se peleaban por estar con ella, mientras yo estaba con estos pensamientos mi polla se puso bien dura, si la dejaba pronto me volvería a hacerme correr, pero no estaba dispuesto a ello, además como adorador de esa diosa, así que la pedí que cambiásemos de postura, me levante y me puse de pie y ella también se levantó y luego, se sentó en el mismo lugar donde lo había estado yo, en ese momento me arrodille tenía un primer plano de su maravilloso coño, y le iba a rendir culto como se merecía.

    Saqué otra vez mi lengua de la boca y me dispuse a adorar a mi diosa, su coño sabía maravillosamente bien, daban ganas de no sacar la lengua de él, me puse a lamer, nuevamente cada centímetro de este, ella se puso a gemir mientras decía:

    -¿Por qué no serás tú mi marido?

    En ese momento yo me acordé de él, me apetecía ir a decirle que era un cornudo y que me estaba follando a su mujer. Pero verla gemir de una manera desesperada era mi mejor premio, y ello me animaba a seguir comiéndole su delicioso coño, noté como tras un gemido fortísimo ella se corría nuevamente, yo me apresuré a tragarme todos los líquidos que salían de su coño, ella nuevamente me dio las gracias, el agradecido era yo, pero tras esa comida de coño me di cuenta de que mi polla se había puesto otra vez en forma, al ponerme de pie ella se dio cuenta y dijo:

    -Vaya cariño, parece que no te cansas nunca, tendremos que follar nuevamente.

    Me empujó nuevamente al suelo donde me volví a tumbar, no me importaba que el suelo estuviera frio, yo estaba muy caliente, ella agarró mi polla nuevamente y se la introdujo en aquél coño tan delicioso, y nuevamente yo me sentí en la gloria, y nuevamente ella comenzó a cabalgarme con una furia inusitada, parecía que nunca lo había hecho del ansia con la que movía su coño, yo sentía que estaba alucinando, mientras ella me decía:

    -Creía que nunca iba a experimentar nada igual, me estás haciendo revivir nuevamente, muchas gracias, mi amor.

    Ella seguía cabalgándome, mientras yo me sentía importante por tener ese coño a mi disposición, estaba gozando muchísimo, en un momento dado sentí que me iba a correr, y así se lo indiqué, ella me dijo:

    -Mi niño es lo que deseo que te corras y disfrutes como tú me estás haciendo disfrutar mí.

    Y siguió cabalgándome, yo no pude evitar correrme y, nuevamente, mi leche inundó su coño, tras ello ella se salió y los dos nos quedamos tumbados, uno al lado del otro, los dos estábamos cansados, pero yo comencé a recuperarme poco a poco y en ese momento me acorde de su culo, me parecía precioso cuando la veía con el tapado, cuando coincidíamos en el ascensor o en la entrada del edificio, y ahora que le había visto sin ninguna ropa que le cubriera me gustó todavía más. Me armé de valor y le dije que me gustaría follar con ella también por ahí, ella se río y me respondió:

    -Mi amor, tu parece que quieres hacerme revivir m i juventud, cuando tenía tu edad mi culo era un sitio muy visitado, pero desde hace años se ha vuelto virgen, así que si tu le haces resucitar, bienvenido.

    Y tras decir esto se puso a cuatro patas, se la notaba que sabía muy bien como colocarse, y desde luego que ese culo, visto en primer plano parecía estar diciendo follame, así que me puse de rodillas detrás de ella, arrime mi polla hasta la entrada de su culo y de un golpe la penetré, su culo me recibió de una manera muy hospitalaria, era como si mi polla estuviera hecha a medida para él, ella comenzó a gemir y decía cosas como:

    -Mi amor esto es delicioso, me estas haciendo volver a sentirme joven.

    Por el contrario, yo me sentía un adulto pleno por dar placer a una mujer como esa. Seguí moviendo mi polla en el interior de ese culo, mientras ella gemía, y sus gemidos me demostraban que estaba consiguiendo que gozara, la verdad es que era una pena que ese culo no recibiera visitas de una buena polla de manera continuada.

    Mientras pensaba en esto ella gemía de manera cada vez más intensa y me decía:

    -Mi amor sigue follandome, hacia tanto que no experimentaba cosas así.

    Y así estuvimos hasta que noté como, tras un fuerte gemido, ella se corrió, yo seguí con mi polla en su culo, ella quería que me corriera, y yo dejar su culo lleno de mi semen y seguí moviéndome hasta que me corrí, y mi leche se esparció por su culo, ella me dijo:

    -Mi amor me has hecho muy feliz.

    Yo se la saqué, los dos nos pusimos de pie y ella me dijo:

    -Mi amor gracias por resucitarme, hoy me he vuelto a sentir como me sentía cuando tenía tu edad, esto lo tenemos que repetir, solamente te pido una cosas, por nuestro bien esto debe de ser nuestro secreto, si mi marido se entera la que podría armar, pero si somos discretos, lo podemos repetir muchas veces,

    Después se metió a la ducha, no podemos olvidar que había venido a mi casa para eso, viéndola me dieron ganas de meterme a la ducha para seguir con nuestra pasión, pero me iba a perder varias clases de la universidad y sin duda ella tendría que hacer sus cosas, otro día repetiríamos, tras salir ella de la ducha me metí yo no era cuestión de ir a la universidad con olor al cuerpo de una mujer y cuando salí de la ducha ella ya estaba vestida, me beso en la boca y salió, espere un poco para disimular y salí camino de la universidad.

    Loading

  • Cuando me tocaste en el taxi

    Cuando me tocaste en el taxi

    Mi amor,

    Anoche, acostada en esta cama vacía, no podía dejar de pensar en ti. Tu ausencia es un eco que resuena en cada rincón de mi alma, y aunque la distancia nos separa, mi cuerpo y mi corazón te reclaman con una intensidad que me quema por dentro. Te extraño tanto que duele, un anhelo que se enreda en mi piel y no me deja en paz. Mientras las sombras jugaban en las paredes, mi mente se llenó de ti. Imaginé tus manos recorriendo mi cuerpo, lentas, seguras, como si conocieran cada curva, cada rincón que te pertenece. Cerré los ojos y casi pude sentir tu aliento cálido en mi cuello, tus labios susurrando promesas que me hacen temblar.

    En mi fantasía, no había kilómetros entre nosotros; estabas aquí, conmigo, encendiendo cada fibra de mi ser con ese fuego que solo tú sabes avivar. El recuerdo de aquel sábado por la noche que fuimos al cumpleaños de tu amigo, de todos los hombres en el bar, solo tenía ojos para ti, eres el único que atrapa mi mirada, y me estremece cuando cautivo la tuya. Toda la noche no dejabas de desnudarme con los ojos, tus manos siempre buscando alguna excusa para rozar mi piel.

    Cuando los demás estaban entretenidos con la conversación del momento, sentir tu mano alrededor de mi cintura, estrecharme hacia ti, y sutilmente subir hasta rozar uno de mis pezones con las yemas de tus dedos por encima de mi vestido. Aquel recuerdo estremece mis sentidos, de tan solo pensarlo no puedo evitar apretar los muslos y sentir como el deseo florece entre mis piernas.

    Qué ganas de sentir tu mano entre mis piernas nuevamente, no estar aquí sola acostada en la cama añorándote. Imito los movimientos de tu mano con la mía. El taxista robaba vistazos en el espejo retrovisor cuando nos montamos en el asiento trasero, con más de una copa encima y el deseo a flor de piel que sentía que al tocarme se incendiaría en chispas.

    Tus labios sobre los míos, mi lengua en tu boca, tu mano en mi pelo, para bajar por mi hombro y apretar mis pechos. Tus dedos provocando mis pezones hacen que te abra las piernas sin siquiera pensarlo, sin importar que estemos donde estemos, sin importar que el taxista estuviera allí conduciendo mientras que tus manos me ponían como una gata en celo.

    Tu mano subió debajo del vestido, separo los muslos aún más, desesperada por sentirte. Gimo contra tus labios a medida que tus dedos frotan mi clítoris, mis caderas se ondulan sobre el asiento, la excitación escala hasta el punto que me refriego contra tu mano. Exhalo un gemido de alivio cuando apartas la tela de mi tanga, aquel contacto directo de piel a piel, tu dedo penetrando mi abertura mojada.

    Tu boca se traga mis gemidos hasta que tienes hambre de más, tu otra mano hala el escote de mi vestido hacia abajo, dejas mis tetas desnudas y expuestas en el asiento trasero de aquel taxi, lo único que me importa es sentir tu boca allí, sí, así, chupando uno de mis pezones luego el otro. Tu dedo entrando y saliendo de mi raja empapada, el aroma de mi excitación impregnando el interior del taxi.

    Aprieto los labios tratando de ahogar mis gemidos, pero cualquier intento de sutileza ha desaparecido. El taxista no se ha quejado, así que sin duda no le molesta el espectáculo que le estamos dando. Ya no siento tu boca en mis tetas, y estoy allí sentada de piernas abiertas, removiéndome contra tu mano. Veo que miras al taxista a los ojos por el espejo retrovisor sin aminorar el ritmo de tu mano, el sonido de tus dedos deslizando en mi humedad se siente amplificado.

    No sé cómo, pero con tan solo aquel intercambio de miradas le dejas saber que puede ver, pero no tocar, yo soy tuya, nadie más que tú puede tocarme. El taxista aparca para que pueda observar plenamente, girándose en su asiento, veo sus ojos sobre mí y mi hambre de ser exhibida por ti se intensifica. Sacas tus dedos y restriegas mis propios jugos primero en mis pezones, luego los acercas hasta mis labios y chupo mi propia miel con gula. Tu mano regresa entre mis piernas y bendita sea tu boca como chupa, lame y muerde mis pezones.

    El taxista no es más que un espectador silencioso que soba su erección a medida que tus actos me acercan cada vez más al éxtasis del orgasmo, hasta que finalmente aquel cúmulo de placer no le queda espacio hacia donde expandirse sino estallar. El clímax se apodera de mis músculos, de mi voz, de mi respiración.

    Mi sexo chupa tus dedos en su interior y palpita con fuerza, bañando tu mano en la evidencia de mi placer, hasta que quedo jadeando, y mi cuerpo da pequeños respingos como un corto circuito de sobrecarga eléctrica mientras tu dedo, ya más suave, pero no ausente, levemente sigue estimulando mi centro. Llevas tus dedos resplandecientes e inhalas mi olor antes de chupar mi esencia. Ajustas mi tanga, bajas el largo del vestido por mis piernas y acomodas mi escote, me muerdo el labio y te miro, ¿Cómo es que después de dejarme tan sensualmente satisfecha mi hambre de ti despierta aún más?

    El taxista reanudó la marcha, y cuando llegamos a casa le preguntaste cuánto le debías, y él solo te dijo que ese viaje iba por la casa con una sonrisa que llevaba una curiosa mezcla de picardía y respeto.

    Tan solo rememorar aquella parte de esa noche y lo que vino después… No dejo de pensar en el momento en que estemos juntos otra vez, cuando pueda perderme en tus ojos, en tu risa, en el calor de tu abrazo. Eres mi refugio, mi deseo, mi todo. Esta cama se siente tan fría sin ti, pero mi corazón arde con la certeza de que pronto estaremos entrelazados, haciendo realidad cada sueño que anoche no me dejó dormir. Te amo con todo lo que soy, y te espero con un ansia que no puedo contener.

    Siempre tuya, Dévora

    Loading

  • En una boda

    En una boda

    Javier se sintió muy halagado cuando sus amigos le pidieron que fuera el padrino de su boda. Se conocían desde la infancia y habían hecho tantas cosas juntos que, junto con otras personas, formaban una gran familia. Además, eran las dos únicas personas que conocían la homosexualidad de Javier, lo cual les otorgaba un grado mayor de amistad y confianza.

    El día amaneció espléndido, con un sol radiante en el cielo y una temperatura muy agradable. Después de una emotiva ceremonia, las fotos de rigor y la lluvia de arroz, todos los invitados se dirigieron al salón donde se celebraría el banquete. Se trataba de un hotel rural en el que muchos iban a quedarse a dormir para evitar el viaje de vuelta a las tantas de la madrugada a sus lugares de origen; de esta forma, la fiesta se podría alargar hasta que el cuerpo aguantase sin el peligro que suponía coger después el coche.

    Casi todos los invitados eran ya conocidos de Javier, que, aunque estaba acompañado por todos los amigos de la pandilla, se sentía un tanto solo por tener que acudir sin pareja. A sus 32 años había tenido que inventarse alguna que otra excusa cuando algunas personas le preguntaban (y más en ocasiones como ésta) cuándo se casaba. Pero desde el primer momento se fijó en un chico un poco mayor que él, sobre todo porque llevaba un traje exactamente igual; ya se encontraba raro con aquel traje negro que la novia le había recomendado comprar para ir conjuntado con el novio para que encima hubiera otro invitado del montón vestido casi exactamente igual.

    A pesar de eso, se lo estaba pasando muy bien. Todos se rieron y se hartaron de bailar al son de la orquesta que amenizaba el banquete. En el caso de algunos, el alcohol ayudó considerablemente.

    En medio del baile, el otro se dio cuenta también de la coincidencia y acercándose al son de la música le dijo:

    ―En la tienda me dijeron que no habría un traje igual al mío; está claro que tendré que ir a llamarles la atención.

    ―Vaya, a mí me han dicho lo mismo —respondió Javier—. Cuando quieras quedamos y le echamos una bronca por partida doble.

    La broma provocó alegría en ambos y se presentaron. El otro, que se llamaba Pepe, también había acudido solo, por parte del novio. Así que decidió presentarlo a su grupo de amigos, que lo acogió muy cordialmente, como siempre hacían.

    Se siguió bailando y disfrutando de la fiesta hasta que poco a poco, y bastante avanzada la noche, la gente se fue marchando. Javier se despidió también de sus amigos, incluido Pepe.

    ―Uno que se va a dormir, que estoy muy cansado. Me voy a tomar un cafelito en la cafetería y me retiro.

    Esto último lo dijo sobre todo para que Pepe tomara nota. Le había sorprendido anteriormente mirándole disimuladamente y algún roce durante el baile le había parecido algo más que casual, pero no quería hacerse ilusiones porque la experiencia le decía que no había muchas posibilidades de que un tío como aquel entendiese. Aun así, decidió con aquella frase, jugar su última carta.

    De pie en la barra del bar pidió su café, aunque casi no pudo terminar porque de repente oyó decir detrás de él:

    ―Camarero, deje el café para otra ocasión y traiga una botellita de champán y dos copas. —Javier se giró para ver que quien hablaba era Pepe, pero no le dio tiempo a decir nada—. Tendremos que hacer un último brindis por los novios, no te parece. Y por tener ambos tan buen gusto al vestir.

    ―Por los novios de acuerdo, pero en lo del traje no estoy de acuerdo contigo. Estoy deseando sacármelo.

    ―Me acabas de dar una idea. Nos cogemos la botella y brindamos en mi dormitorio, allí podremos ponernos más cómodos.

    Le pareció una señal evidente que no estaba dispuesto a dejar pasar. Así que hicieron en el bar un pequeño brindis y subieron a terminar la botella a la habitación.

    Ya sentados en el sofá del estar que había en el cuarto de Pepe, no hicieron falta muchas palabras más para que Javier se decidiera a tocar directamente el muslo de su amigo sin que éste se sintiera ni mínimamente extrañado. Todo lo contrario. Después de masajearse mutuamente el paquete por encima del pantalón, enseguida estaban ambos con la polla fuera. Al mismo tiempo, Javier acercó su boca a la de Pepe para besarle, primero levemente y luego con más pasión, buscando su lengua y rozándole con los pelos de su recortada perilla, lo cual provocó en Pepe un gran placer.

    Mientras Pepe se aflojaba la pajarita y empezaba a desabrocharse la camisa, Javier bajó hasta su pija para empezar a besarla y lamerla. Era una gran polla que le hizo babear desde antes de metérsela en la boca.

    ―No decías que querías sacarte el traje para estar más cómodo —preguntó Pepe.

    Y sin esperar respuesta invitó a Javier a ponerse de pie para ir desnudándose con calma el uno al otro. Pudo descubrir entonces cómo el cuerpo de Javier era mucho más peludo que el suyo y comenzó una ceremonia de besos y lamidos que abarcaron desde el cuello hasta el ombligo. Besó su pecho, lamió, chupó y mordió tiernamente sus pezones y llegó finalmente al miembro de Javier, que apuntaba ya al techo. La besó y comenzó una mamada que le provocó al otro una explosión de placeres tal que le costó frenar los gritos que su cuerpo le estaba pidiendo.

    Recostados de nuevo en el sofá siguió chupando la verga de Javier hasta que éste le pidió parar para corresponderle con una mamada casi más espectacular que la que había realizado él. Siguieron durante un largo rato las felaciones recíprocas y los besos hasta que, desnudos completamente, decidieron que había llegado el momento de ir más allá.

    Sentado Pepe en el sofá y de rodillas en el suelo, delante de él, la polla de Javier llegaba justo a la altura del culo de aquél. Comenzó primero por introducir un dedo mojado en saliva, poco a poco pudieron ser dos, hasta que consideró que la dilatación era suficiente como para meter su polla, que derramaba abundante líquido preseminal. Eso ayudó a que en apenas dos embestidas, la verga de Javier entró por entero en el culo de Pepe, que gimió de placer.

    Empujó Javier durante algunos minutos hasta que no pudo más. Se lo hizo saber a Pepe, que cogió su mano para invitarle a masturbarle y conseguir así terminar casi al mismo tiempo. Él derramó su semen en su pecho mientras que Javier acababa con una explosión de placer en el interior de Pepe. Pensó, mientras se corría, que nunca hasta ese momento había sentido un gozo tan grande con ningún otro hombre.

    Después brindaron por los novios con la botella de champán medio llena que había quedado sobre la mesa auxiliar, y después de compartir la cama aquella noche, tomaron por la mañana el café que Javier no había terminado de pedir en el bar la noche anterior.

    Loading

  • Una partida muy especial con un grupo de amigos

    Una partida muy especial con un grupo de amigos

    Al trasladarse las oficinas centrales de la empresa donde trabaja mi marido a la periferia de la ciudad, decidimos dejar el apartamento que teníamos alquilado en el centro de Madrid y alquilar un piso por la zona. Al año y medio de haber fijado nuestra nueva residencia, conocí a una chica, vecina de nuestro mismo edificio, con la cual entablé una bonita y profunda amistad.

    Lola, que así se llama mi amiga, es una mujer de treinta y un años, es decir, diez menos que yo, muy alta y delgada (mide más de un metro ochenta), con un frondoso pelo castaño muy rizado y los ojos azules muy claros. No es una belleza de mujer, pero resulta muy atractiva. Después de varios meses de amistad, ambas decidimos presentar a nuestros maridos para poder salir juntos los cuatro.

    Resultó que nuestros respectivos esposos se cayeron en gracia y, por ese motivo, conseguimos que las dos parejas saliéramos bastante a menudo. Rafa, el marido de mi amiga Lola, tiene treinta años, es un tipo muy alto (mide un metro noventa y cinco) y corpulento (pesa cien kilos). Tiene la típica barriga del buen bebedor de cerveza y, aunque no es mi tipo de hombre, debo reconocer que tiene cierto atractivo.

    Mi marido Javier, que tiene cuarenta y dos años, es bastante más guapo que Rafa. De tipo son bastante parecidos, ya que Javier también es bastante alto (un metro ochenta y cinco) y corpulento (noventa kilos), aunque no tiene la barriga tan pronunciada.

    Yo me llamo Carmen (Mamen para los amigos), tengo cuarenta y un años, soy rubia (teñida) con los ojos marrones, mido un metro sesenta y cinco y peso cincuenta y seis kilos. Reconozco que soy bastante guapa de cara y tengo el típico cuerpo de una mujer de mi edad que la gusta cuidarse. Es decir, pechos grandes y erguidos, culito respingón, cintura de avispa y caderas anchas, pero bien torneadas.

    Tras dos años de mantener una buena y sana amistad con nuestros amigos, ocurrió algo inesperado, y, es justamente este asunto el tema central de este relato.

    Serían las nueve de la noche de un viernes del mes de diciembre, cuando mi marido y yo estábamos medio adormilados en el salón de nuestra casa, después de una dura semana de trabajo. Estábamos viendo la tele y haciendo tiempo hasta la hora de cenar, cuando de pronto sonó el timbre del teléfono sobresaltándonos a ambos. Se trataba de Lola. Al día siguiente era su cumpleaños y nos invitaban a cenar en su casa, en compañía de otro matrimonio al que apenas conocíamos. El plan nos pareció sugerente así que, aceptamos de buen grado.

    El sábado a las nueve de la noche acudimos a la cita. No tuvimos que salir con mucha antelación, ya que nuestros amigos viven en el décimo piso de nuestro mismo bloque. Al entrar en su casa, sus otros amigos ya estaban dentro. Amablemente procedieron a presentarnos. Ella se llamaba Elena, tenía treinta y cinco años, y era una mujer de bandera. Su marido Eduardo, de treinta y siete años, tampoco estaba nada mal. Eran muy simpáticos y extrovertidos, por lo que consiguieron romper rápidamente el hielo con nosotros.

    Después de una sensacional cena, Lola preparó unas copas y nos sentamos en los cómodos sofás y sillones dispuestos alrededor de la mesa del salón. Entonces Rafa propuso jugar una partida de cartas entre los seis, y ahí es donde el ambiente se empezó a enrarecer, ya que no se trataba de un juego de cartas tradicional, sino de un singular juego, inventado por ellos, al que denominaban sex-póker, y que nuestros nuevos amigos parecían ya conocer sobradamente.

    Javier me miró con la misma cara de sorpresa con la que yo le miré a él. Las otras dos parejas parecieron adivinar nuestro estupor ante aquel juego, por lo que nos dijeron que comprendían nuestra postura, y que no hacía falta que jugáramos nosotros si no queríamos, pero que podría ser divertido que nos limitáramos a mirar sin participar. Luego, podríamos decidir si marcharnos o incorporarnos a la partida, sin enfados ni malos rollos por parte de nadie.

    Javier parecía haberse animado algo con aquella nueva proposición, teniendo en cuenta que estaba mirando con ojos picantotes a la preciosa Elena. A mí no me gustaba la idea de mirar, pero menos aún la de participar. El caso es que finalmente aceptamos a ser espectadores del juego, pero solo durante un ratito, después nos iríamos a nuestra casa y les dejaríamos a los cuatro solos.

    El juego parecía tener dos etapas bien distintas. Se trataba del juego tradicional del póker abierto, en el que las apuestas consistían en prendas de vestir, en una primera fase, y de prendas sexuales en su segunda fase. Para la segunda fase tenían una especie de peonza de plástico hexagonal, cuyos seis lados contenían escritos seis actos sexuales distintos.

    Por tanto, el que perdiera, debía lanzar la peonza sobre la mesa, y realizar el acto sexual que contuviera escrito la cara del hexágono que quedara sobre la mesa, con su acreedor del sexo opuesto. Claro está que las caras de la peonza permanecían ocultas en ese momento, ya que el gran aliciente del juego era precisamente ese, no saber que te podía tocar.

    El juego se iba desarrollando con absoluta naturalidad por parte de los cuatro participantes, pese a que a algunos de ellos ya les faltaba alguna que otra prenda de vestir. Visto desde fuera perdía una gran dosis de morbo, a pesar de resultar excitante. Entonces, Javier me miró a los ojos y sin hablarme le entendí perfectamente.

    Su mirada denotaba una mezcla de miedo y excitación. No quería participar en aquello, pero en el fondo sentía morbo por hacerlo. Y supe perfectamente sus sentimientos porque yo sentía exactamente lo mismo. Nuestros amigos, que no eran tontos y se estaban percatando de nuestra indecisión, nos animaron a que nos incorporáramos al juego. Entre esto y el efecto de las copas terminamos por aceptar.

    Una hora después los seis estábamos medio desnudos, por lo que la segunda fase estaba a punto de iniciarse. Y se inició justo cuando Javier perdió un mano a mano con Lola, sin que le quedaran más prendas para pagar su apuesta. Entonces Lola le entregó la peonza para que la lanzara sobre la mesa. El artefacto de plástico comenzó a girar a gran velocidad. Poco a poco fue perdiendo fuerza, hasta que por la inercia una de sus seis caras se detuvo bruscamente contra la mesa. Lola procedió a retirar la tapita negra que ocultaba su prenda. Cuando leí la inscripción me dio un vuelco el corazón. A mi marido le había tocado lamer el sexo de Lola durante dos minutos de tiempo.

    Con cierta vergüenza hacia mi persona, pero con total decisión, mi amiga Lola se abrió de piernas para que Javier la lamiera el sexo. En el ambiente se generó cierta tensión, pero habíamos aceptado jugar con todas sus consecuencias, así que Javier se arrodilló entre las piernas de mi amiga y empezó a lamerla el coño, mientras que Rafa accionaba el mecanismo de su cronómetro, que previamente fijó en los dos minutos de rigor. Lola cerró los ojos y se concentró en sí misma, como si nadie más que ella y mi marido estuvieran en la sala. Al minuto de tiempo, mi amiga comenzó a emitir pequeños gemidos de placer, mientras que la lengua de Javier la recorría la raja y el clítoris.

    Cuando el cronómetro de Rafa anunció el final de la prenda, con dos agudos pitidos, su mujer estaba a punto de alcanzar el orgasmo. Javier se retiró sin atreverse a mirarme a la cara, notablemente cortado. Los demás, al objeto de eliminar aquella tensión, anunciaron la siguiente mano, repartiendo las cartas.

    En la siguiente partida se enzarzaron Rafa y Eduardo. Esta vez la mano la ganó Rafa, por lo que la prenda la debía cumplir la mujer de Eduardo, Elena, según las reglas establecidas. La peonza se detuvo sobre la cara del hexágono, cuya prenda consistía en una masturbación con beso en la boca incluido, durante tres minutos. Rafa se sentó frente a Elena, la cual le agarró el pene con sus manos y comenzó a frotarlo. Luego, ambos fueron acercando sus rostros hasta que sus labios se fundieron en un morreo lento y suave. El miembro de Rafa fue adquiriendo un tamaño considerable.

    Nunca pensé, por su aspecto físico, que Rafa pudiera calzar semejante verga. Debía medirle más de veinte centímetros de longitud, por descontado mucho mayor que la de mi marido. Cuando los tres minutos transcurrieron, los dos improvisados amantes tenían sus rostros cubiertos de saliva, producto de los lengüetazos que se habían dado.

    Rafa se retiró a su asiento totalmente empalmado, mientras que la bella Elena se mostraba ostensiblemente excitada, a juzgar por la magnitud y dureza de sus pezones, sobre los cuales, Javier había posado su mirada lasciva, lo cual me molestó bastante, aunque reconozco que las tetas de Elena eran prácticamente prefectas, tanto en forma y tamaño, como en rigidez y dureza.

    En la siguiente mano conseguí un “full” de ases y reyes, una de las jugadas más altas que se habían dado hasta el momento, por lo que me envalentoné desmesuradamente. Javier, Elena y Lola se retiraron del juego. Eduardo y Rafa, por el contrario, aceptaron mi apuesta. Entonces mostré mis cartas con orgullo. Eduardo tiró sus cartas en señal de derrota. Luego, Rafa, mostrando una sonrisa chulesca mostró su “póker” de sietes. El muy cabrón me había ganado.

    Cuando me crucé con la mirada de Javier, comprendí que no solo había perdido el juego, sino que tendría que tirar la peonza y someterme al capricho de su azar, nada más y nada menos que con nuestro anfitrión Rafa. La peonza parecía no terminar de girar nunca, y mientras lo hacía, un silencio sepulcral inundó el ambiente. Las miradas de todos nosotros se cruzaban nerviosamente. Pude ver la cara descompuesta de mi marido, pensando en que tendría que someterme a otro hombre delante de todos.

    Por fin la peonza se detuvo apoyando una de sus caras sobre la mesa. Lola hizo los honores de destapar la inscripción. No podía creer lo que estaba leyendo. Tenía que hacer el amor con Rafa sin límite de tiempo, es decir, hasta consumar la eyaculación de mi amante. Para mayor humillación de mi marido, dado que nuestros amigos sabían que yo no podía quedarme embarazada por un problema hormonal congénito, se decidió, por unanimidad (excepto el voto de Javier) que el coito se llevaría a cabo sin utilizar condón.

    Me arrodillé en el suelo, apoyando mis brazos sobre el asiento central del tresillo, cuyos asientos laterales estaban ocupados por Eduardo y Elena, respectivamente. Lola y mi marido se sentaron a los lados en sendos sillones. Rafa, que no había perdido su erección anterior, se arrodilló entre mis piernas, por detrás de mí. Entonces noté como su glande se iba abriendo paso delicadamente entre mis labios vaginales, hasta penetrarme. El respetable grosor de su miembro me provocó un estremecimiento nada más entrar en mi vagina.

    Luego, lentamente, fue empujando su rabo hasta que los testículos hicieron tope en mis nalgas. Colocó sus dos manos por debajo de mi cuerpo agarrando firmemente mis tetas. Una vez en aquella posición comenzó a balancear sus caderas muy despacio, tomando como punto de apoyo mis pechos.

    En cada movimiento de entrada hundía sus más de veinte centímetros de carne dura hasta mis entrañas, mientras que en cada retirada de sus caderas, su glande se salía prácticamente de mi coño, para volver a entrar sin ayuda de sus manos. Luego comenzó a follarme con más fuerza, aumentando paulatinamente la velocidad de bombeo. Al quinto o sexto empujón comencé a sentir un súbito cosquilleo en el clítoris, señal inequívoca de que estaba cerca de correrme de gusto. En efecto, un impresionante e intensísimo orgasmo se fue apoderando de mis sentidos, proporcionándome un placer inconmensurable.

    Debo reconocer que jamás había experimentado un orgasmo tan brutal y satisfactorio. Rafa seguía aumentando la velocidad de bombeo, sin la mínima pausa. Aquel primer orgasmo, lejos de desaparecer, se encadenó con un segundo si cabe más intenso. El segundo dio paso a un tercero, y éste a un cuarto. Estaba tan borracha de placer que me olvidé por un momento que mi marido era espectador de aquel fenomenal polvo.

    Ya no era dueña de mis actos. Mi cuerpo temblaba íntegro en espasmos de placer, y me agarraba al cojín del sofá como una gata en celo. En uno de esos movimientos vi a Eduardo, que estaba sentado justo a mi lado, como se empalmaba solo, al ver el espectáculo. Loca de placer, me coloqué poco a poco entre las piernas de Eduardo y, hundiendo mi cabeza entre sus muslos, me metí su rabo en la boca y empecé a chupárselo.

    Aquello no formaba parte del guion, pero a Eduardo no pareció disgustarle mi actitud y se dejó trabajar la polla sin la menor resistencia. Desconozco el extraño impulso que me hizo reaccionar de esa manera, pero lo cierto es que estaba tan caliente y excitada que le hice una mamada de reglamento. Rafa seguía jodiéndome sin parar, con más fuerza que nunca. Tiraba de mis tetas hacia él, al mismo tiempo que me pellizcaba los pezones.

    El glande de Eduardo comenzó a supurar liquido preseminal y sus testículos se hinchaban como globos. El quinto orgasmo provocó que me metiera el rabo de Eduardo hasta la garganta y apretara sus huevos con mis manos, justo en el momento en el que un río de leche tibia y espesa salió a borbotones de su capullo.

    Cuando Eduardo se estaba corriendo, tenía su glande alojado en mi garganta, por lo que no tuve más opción que irme tragando todo el cuajo que le iba saliendo. Cuando la polla de Eduardo por fin se secó, comencé a notar que un calor intenso se apoderaba de mis entrañas. Entonces comprendí que Rafa estaba descargando toda su leche en mi útero, mientras estrujaba mis tetas con más firmeza que nunca y sus empujones comenzaban a perder velocidad.

    Cuando Rafa la estaba sacando de mi coño comencé a notar un sexto orgasmo. Él, se dio cuenta y todavía aguantó varios minutos follándome, pese a haberse corrido ya. Aquel gesto fue de agradecer, puesto que conseguí finalizar mi sexto y último orgasmo hasta el final.

    Por supuesto que la velada terminó en ese momento, ya que Javier no tenía ánimos para seguir después de ver lo puta que podía ser su mujer.

    Nunca jamás hemos vuelto a acudir a esas partidas, pero confieso que por mi parte no me importaría repetir… muchas más veces.

    Fin

    Loading