Autor: admin

  • La paja no es como el trigo

    La paja no es como el trigo

    Como subtítulo, bien podría completarlo con: “Y la tía Silvia no es como la manuela”.

    Los dieciocho años en la mochila de la vida, noviecito de Candela, una morocha de ojos grises, y un cuerpo como pocas en el liceo, me tiene loquito, anduve tratando de acercarme a ella durante todo un año y ahora que conseguí ponerme de novio no puedo mojar (tener sexo, coger) con ella. Me tiene muy caliente, en las visitas a su casa nos despedimos entre los arbustos del jardín, con la infaltable manuela (paja) que me sirve para mitigar la calentura que me produce su cercanía. Yo le doy alivio digitalizando su sexo, habilidoso concertista de argolla y clítoris.

    Candy me hace unas pajas de antología, pero como suele decirse “la paja no es como el trigo”, si bien me saca el afrecho (ganas de coger reprimidas) más urgente, no es lo mismo, en ocasiones quedo más caliente aún. Ya va un año, no puedo más con mi calentura, esa tarde fui a verla, no estaba, volví como perro, con el rabo entre las patas.

    —¡Damián, ven!

    Era Silvia, vecina y tía de Candy, me invitaba a pasar a su casa. Sin nada mejor que hacer pasé al interior, me miraba de cerca, con afecto considerado y algo más, dijo:

    —¿Qué te pasa?, te veo ojeroso y tristón. —voz cálida, de afecto, y siguió— ¿No será que te están faltando mimos, o será que mi sobrina no te da lo que me parece estás necesitando?

    —Ni todo ni nada. —Adiviné donde apuntaba.

    —¿Te tiene a pan y agua…, y sin carne? —ahora en sintonía, buscaba entrar en la confidencia caliente, decidí seguir el jueguito a ver que había detrás de todo esto.

    —Solo con la mano… y… eso se dice que… no es como el trigo, ¿me explico? —Descubriendo el juego, le di el pie que buscaba— Seguro que te explicas, y bien que te entiendo.

    Me tomó la cara entre sus manos, un beso de aquellos que te llevan a otra dimensión, realmente esta mujer sabía besar. Ese beso me hizo adulto, en un instante puede evaluar realmente lo que estaba necesitando, un macho cabrío para que le atienda esa almeja que se volvió virgen por falta de atención masculina. Me dejé llevar por la experta al dormitorio, me desnudó despacio, gozándome con las caricias que vestían mi piel.

    Despacio fue mostrando todas sus carnes, buenas de verdad, los cuarenta y pico le sentaban de maravilla, un físico privilegiado y las sesiones de gym, cuidado, las mamas delataban afecto al sol sin corpiño, el vientre casi sin rollitos, durita, vellos púbicos con cavado reciente, tostadita toda ella, excepto el triángulo del sexo. Para un muchacho como yo era un regalo para los ojos, toda ella una invitación al goce con este espléndido ejemplar de mujer, que ni en los momentos de mayor calentura hubiera podido fantasear estar con ella de la forma que estamos ahora, en su cuarto y a un paso de poseerla.

    Ella manejaba todo y bien, primero me llevó a su boca, engolosinada con el buen grosor de mi poronga (pija), en un momento me puso a punto de… largué todo sin poder prevenirla, en la boca, tan caliente como una conchita. Gozó la rápida eyaculación del macho cabrío que no pudo resistirse a sus caricias bucales.

    No fueron necesarias mis disculpas, un dedo sobre mis labios decía que había entendido y comprendido, que nada importaba. Seguía al palo, pero sin rastros de la gloriosa acabada.

    Se abrió de piernas, me llevó a su otra boca, la vertical, pidiendo acción, que le diera otra inundación de leche. Movía las caderas, los labios de la conchita se abren y cierran como boca sin dientes, comprime y libera, aspira y suelta, me está cogiendo, dando una cogida de antología, de esas que se hacen en unos minutos y duran toda la vida. Se deja ir en un orgasmo, el primero, estoy bien afondo, sostengo el empuje dejando que lo goce. Cambiamos, ella ahora me coge desde arriba, hubo un segundo y un tercer orgasmo, en este último casi gritamos juntos el grito triunfal, dúo de acabadas y de gemidos liberadores.

    Al salirse del empalamiento, se yergue sobre sus piernas, algo temblorosas por la tensión del orgasmo, lo hace para que pueda contemplar cómo se le escurre el abundante lechazo, el choto (pija) casi se mantiene en erección, no puede menos que elogiarme la vitalidad y calentura, confirmar que estaba ojeroso por la calentura insatisfecha.

    —No te preocupes yo te seguiré atendiendo todo lo que necesites. No sabes cuánto lo necesitaba, espero que esto se pueda repetir muchas más veces, si… es que te quedaste conforme.

    — Sí… sí, claro… mucho, usted es algo tan especial que voy a volver… volver todas las veces que quiera, sí, sí… quiero volver.

    Después de un refrigerio, retomamos las acciones, nos dimos garache (cogida) como en la guerra, me sacó como cuatro polvos, ni sé cuántos ella, seguro fueron más. Nos despedimos, acordamos que cuando tuviera ganas le avise y la tengo como esta tarde.

    —Bueno, seguramente más deseosa, sobre todo ahora que sé cómo haces el amor. —Beso y despedida.

    Por un par de meses podía darme el lujo de prescindir de las manuelas de Candy, tenía las bocas de Silvia dispuestas a consolarme. En una oportunidad, con Silvia entramos a la casa de Candy, confiados que no había nadie, estamos por salir cuando escuchamos voces apagadas que vienen de la habitación de mi novia.

    Más preocupados que curiosos, nos acercamos, cautos, las voces se escuchan con más nitidez, claras y demostrativas de que hay una cogida en proceso, curiosidad y sigilo, por la puerta entornada vimos con total claridad como Candy se hacía coger por el primo Luis. Este primo de gil (hacerse el desentendido) solo tenía la facha, porque se la estaba volteando (cogiendo) con todo, y como disfrutaba la muy turra (putita). Volvimos sobre nuestros pasos, sin que lo notaran.

    La vista de la escena, de momento, al menos, lejos de molestarme, lo único que produjo fue una instantánea calentura, que fui a calmar con Silvia en su cama. Nos enroscamos en unos polvos atroces cargados de violencia, ambos buscamos canalizar las tensiones y emociones en un sexo tan afiebrado como urgente. Ella ya me ganaba por tres a cero, tan excitado y enojado que no podía acabar, cada orgasmo de ella me ponía más y más duro, el choto ya me dolía de tan duro que lo tenía, y la calentura se hacía insostenible.

    Silvia comenzaba a preocuparse por hacerme acabar, su boca recibía la intensidad de mis empellones descontrolados que producían alguna arcada, pero nada, la concha también dolorida y no podía.

    Nos tomamos un descanso, espacio para que trajera un refrigerio, sabía cómo ordenar las emociones. Volvió con un potecito con vaselina, se puso en el ano, primera vez que iba a acceder a mis pedidos reiterados y se negaba por temor al grosos del miembro.

    Evitaba entregar el marrón (el culo), una mala experiencia y el grosos de mi pija la intimidaban y temía no poder aguantar todo.

    —Te lo voy a dar, estoy convencida que con vos voy a poder liberarme de la aprensión que me produce, tengo confianza en ti y sé que me vas a tratar bien. Por favor despacio…

    Guiaba el proceso de sodomizarla, la cabeza del choto abría el anillo anal, aguantó el dolor, y… un poco más de carne, otro poco, y… todo adentro. Ahogó el dolor mordiendo la almohada, inmóvil, esperando el nuevo embate de la carne urgente que penetra en sus entrañas. Casi, arrodillada, una almohada bajo el vientre, se ofreció total, empujando hacia mí ayudando en la culeada, me dejé llevar por su calentura, los quejidos de Silvia se mezclaron con mis gemidos, un solo sonido, un solo deseo: Que acabara en su culo.

    Fue largo, a ella le pareció interminable, empujando y gozando al máximo llegué al borde del precipicio, largué todo en el abismo de su culito. Salió tanta leche, que Silvia diría después que a no ser por lo espeso y las dilataciones de la cabeza en la expulsión, hubiera pensado que le había orinado, tal la cantidad de semen. Seguro me pareció exagerado, pero en esos momentos lo sentí como el mayor de los mimos. Esta mujer sabía cómo tratarme, alfarera del sentimiento que está moldeando la humanidad de un joven para hacerlo hombre, valorarlo y darle su lugar.

    Tan demorado el polvo, me retuvo mucho tiempo dentro del culo, al salir de su cuerpo me sentí un hombre nuevo, más completo, más maduro.

    Quedó culo para arriba, literal y físicamente, yo tendido, de espaldas mirando el cielorraso, nuevamente enhiesta la pija, casi preparada para otro combate. Me limpió con una toalla húmeda, el próximo me vine en su boca. El fragor y la bronca puestas en la cogida me dejó exhausto, ella acompañó en el reposo del guerrero, por primera vez nos dormimos juntos.

    Al despertar el mañanero, luego el desayuno en la cocina y la despedida, seguía vestida de Eva.

    En la primera ocasión propicia me cogí a Candy, negó entregarse, en realidad fue técnicamente una violación, con el choto lleno de venganza, se debatió para zafar, gritando todo tipo de insultos, la coloqué boca abajo, sujetando de los cabellos, cual yegua que se resiste al padrillo en el servicio. Más que sexo era la venganza de haberme hecho cornudo, era el momento de cobrarme la afrenta. Con fuerza y sin mucho cuidado se la apoyé en el ano, apenas entró un poco de la cabeza, arreciaron los gritos y los zarandeos intentando salirse.

    —¡Por ahí no hijo de puta, por ahí no! ¡Por el culo no…!

    Con todo el peso de mi cuerpo me mandé adentro de un golpe, gritó, contestaba sus quejidos con entradas más profundas. Estaba enterrado en ella, en el fondo, mínimo movimiento, suficiente para hacerle sentir el grosor de la pija, traspasarla, lavar con el dolor la ofensa de negarme a mí lo que le regaló al boludo del primo.

    Presioné para pasar a través de ella, la mordí en el cuello y le grité cuando llegó el momento de la eyaculación, intensa, feroz, solo sexo, sin placer, solo venganza hecha semen para castigarla.

    Me salí de su culo, de un golpe, sin cuidado, sin pudor, quedó refunfuñando su bronca, ser violada, y por el culo. Los gemidos ahogados, enjugaban el dolor anal.

    —Este polvo es por puta infiel. ¡Por eso te rompí el culo!

    Herida en el honor y en el ano, no me importó un carajo, me fui sin decir más nada.

    No volví nunca más a verla, con la tía Silvia, seguimos un tiempo, cuando tenía ganas, me acercaba por las noches para pasarlas con ella. Ahora esto de novio con una muchacha de otro barrio, tenemos buena cama, y estamos pensando que esta relación da para más, veremos.

    Historias como esta deben suceder con más frecuencia que uno cree, supongo que no fui ni seré el único traicionado por la novia, pero no se la llevó de arriba, bueno se la llevó por atrás, por el culo, ¿no?

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  • Las aventuras de Manu y Joshua (2)

    Las aventuras de Manu y Joshua (2)

    Y llego la hora de la fiesta en la casa de Joshua en la cual jugamos mucho just dance y no nos dejábamos de ver durante toda la noche.

    Después de lo ocurrido en el previo a la fiesta de fin de semestre, durante toda la fiesta no dejaba de pensar en lo rico que me la había pasado con Joshua y ya anhelaba tenerlo de nuevo, en solo pensarlo despertaba una erección.

    Estuvimos charlando con los demás compañeros de la universidad, seguido iniciaron las retas de just dance donde empezamos una eliminatoria donde en cada ronda no dejaba de ver y disfrutar del cuerpo de mi amigo Joshua, yo me quedé en la segunda ronda la verdad me sirvió haber practicado antes pero no fue suficiente pero Joshua vaya que lo da todo y termino quedando como el ganador absoluto.

    Yo perplejo de ver como se movía en cada canción y como le brincaban esas ricas nalgas que se carga y no podía dejar de ver sus pezones que se le notaban parados en su playera ya sudada de tanto baile me imaginaba dándole unas chupadas y unos mordiscos y solo sentía como mi venga crecía en mis pantalones que no me quedaba más que ocultarla con un cojín del sillón.

    Al fin llegó la hora que se fue el último de mis compañeros y volvimos a estar a solas Joshua y yo, lo cual me ponía a latir mi corazón al 1000 de pensar de que podíamos repetir lo que había pasado unas horas atrás e iniciamos conversación

    Manu: Vaya que no para de hacer calor el verano está con todo y nosotros creo que traemos mucha ropa ¿no crees?

    Joshua: vaya manera tan sutil de que quieres que nos quitemos la ropa eh

    M: yo pensaba en irnos a duchar juntos pero me gusta tu manera de pensar de quitarnos primero la ropa

    J: No suena nada mal el ducharnos juntos

    Puedo ver como poco a poco se le va notando una erección a Joshua y en sincronía a mí también sabiendo que la noche era toda nuestra, nos ponemos frente a frente hasta que nuestras narices chocaron nos vimos a los ojos y en sincronía los cerramos y nos empezamos a besar nuestros cuerpos empezaron a rozarse y podíamos sentir el pené efecto el uno del otro.

    Yo baje mis manos para poder quitarle la camisa algo sudada de tanto baile la cual le quite y antes de aventarla le di una fuerte olfateada olía tan deliciosa que mi pene palpitaba por estar dentro de él.

    Nos terminamos de desvestir y terminamos en su cuarto me dice te la quiero chupar hasta sacarte la leche ponte cómodo que te quiero dejar seco, me acuesto en su cama y de una se la mete toda en mi boca y me empieza a dar la mamada de mi vida vaya que si estaba deseoso de más de mi leche.

    Movía su lengua por todo mi pene de una manera sublime no dejaba de gemir de tanto placer que me estaba dando, aunque estaba disfrutando tanto de la mamada que me estaba dando Joshua yo solo pensaba en como llenarle ese culito otra vez de leche así que mientras me la mataba busque la manera de irle dilatando ese delicioso culito que se carga no sin antes darle tremenda nalgada que le quedo mi mano marcada fue rico escuchar que mientras me la mamaba e inicie a dilatarlo soltara un rico gélido.

    En lo que dilataba a Joshua y sentir como me apretaba los dedos y como me la estaba matando con mi mano izquierda le agarro la cabeza para empujar todo mi pene en su boca y me vengo en su boca recuerdo tan bien esos ojos brillos y su sonrisa de sentir mi leche en su boca mientras sentía a la vez mis dedos bien apretados, cuando sintió mi último espasmo Joshua se puso frente a mi y empezamos a besarnos la verdad ese día había tomado mucho jugo de piña y la verdad mi leche sabia deliciosa y más besando los ricos labios de Joshua.

    Cuando terminamos de disfrutar mi leche le digo al oído a Joshua listo para entregarme ese culito otra vez, y él me contesta sí más que listo y se pone en 4 yo no deje de pasar la oportunidad y le di una nalgadas y no pude resistirme a besarle ese culito y ponerle un poco de lubricante.

    Joshua me pide que si lo masturbaba al mismo ritmo en el que se la meta a lo cual le dije que sí, empecé poco a poco primero jugaba con mi grande y su culito y al mismo ritmo lo masturbaba así hasta que casi ya la tenía toda adentro amaba como me apretaba ya estando adentro sus gemidos y los míos sonaban al compás hasta que siento como empieza a palpitar el pene de Joshua que anunciaba su orgasmo y mi instinto hizo que le sacará la mi pene y se la empezara a chupar para que terminara en mi boca una vez terminó continue metiéndosela de misionero mientras compartíamos su leche en un beso hasta que ya no pude más y me vine dentro de el nos quedamos acostados en la cama ya muy cansados y nos quedamos dormidos.

    Al día siguiente al despertar Joshua me levanta con un café, un largo beso y su hermoso cuerpo al desnudo.

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  • Mi esposa Erika es descubierta

    Mi esposa Erika es descubierta

    En esta ocasión habíamos citado una vez más a Ricardo a cenar a nuestra casa, y esto fue lo que ocurrió.

    La noche había llegado, mi esposa Erika a diferencias de las cenas anteriores, esta vez dejo de lado lo casual y se fue a lo erótico, en la mañana habíamos ido a comprar un vestido que usaría, ya estando a minutos de la cena con Ricardo ella se vio al espejo como se miraba… ¿Y que se puso ella? Pues un vestido muy apretado de tela negra fina delgada similar a los leggins, en la parte de sus pechos hasta bajar a la mitad de su abdomen era transparente dejando ver sus pezones pues no se puso brasier, el vestido termina a ras de nalga tal vez unos 5 centímetros más abajo donde ella al estirarse la tela negra transparentaba su culo.

    Yo por otro lado la observaba sentado en mi cama, sabiendo que en esta cena si iba haber acción, pero con Ricardo.

    Y como cosa rara pue sentía que era la primera vez que mi esposa iba a estar con alguien pues mi corazón latía fuerte…

    El sonido del timbre rompió ese momento, Erika lanzó una última mirada a su reflejo, bajamos a la primer planta caminó hacia la puerta.

    Al abrir la puerta Ricardo vestía con una camisa negra ajustada y una mirada cargada de intenciones apenas Erika abrió la puerta, y no era de menos con un vestido dejando sus pechos a la vista.

    -Vaya, realmente te ves hermosa —dijo Ricardo entrando a la casa

    Mi esposa se dejaba envolver por la presencia de Ricardo. Un abrazo y un beso.

    Erika guio a Ricardo hasta el centro del comedor, ella se movía con gracia, consciente de la atención que captaba de ambos. Mi esposa tomo la mano de Ricardo y la llevó hasta su propia cintura, dando el primer paso.

    La noche apenas comenzaba, y la línea entre el placer y la seducción iba dejando de lado la cena.

    Ricardo deslizó sus manos por la tela fina del vestido, recorriendo lentamente la cintura de mi esposa. Ella inclinó la cabeza, cerrando los ojos por un instante, dejándose llevar por el momento. Su respiración se volvió más profunda, su piel más sensible a cada roce. Y como de un chasquido regresaron a la realidad y procedimos a cenar…

    Durante la cena que por cierto la comida fue ligera nada pesada, mientras transcurría eso solamente era el testigo del coqueteo de ellos dos, sabía que mi esposa le tocaba la verga con su pie a Ricardo.

    Y como si la mirada hablasen, únicamente se vieron se sonrieron y era como un “Muy bien comencemos” ambos se levantaron y se fueron directo a la sala, Erika nuevamente tomó la iniciativa y bajó el cierre del pantalón de él, metió su mano liberando así la verga de Ricardo, mi esposa se arrodillo ante él, lo miro desde abajo, me miró a mí, y lo volvió a ver a él sonriendo, acto seguido metió lamió la punta para luego meter toda su verga en la boca, dándole así una buena mamada de verga que poco a poco lo iba empujando hasta hacerlo caer en el sofá reposet.

    Luego cambiaron de posiciones, no sin antes deshacerse del vestido, ahora era Ricardo quien lamía toda la vagina de mi esposa haciendo énfasis en clítoris, mientras que con un dedo hurgaba su entradita, ya mi esposa estaba muy mojada, y yo con mi verga a reventar…

    Todo estaba listo, mi esposa bien mojada, Ricardo con su verga bien lubricada… Mi esposa volvió a sentar a Ricardo, y ella se subió en el quedando frente a frente, agarro la verga y la acomodó en su entrada, bajando poco a poco y un suspiro me hizo saber que había entrado toda… Mi esposa subía y bajaba, desde donde yo estaba nomas miraba la verga de Ricardo desaparecer en la vagina de mi esposa, seguido de unos ligeros chapoteos…

    Los dejé solos un momento para ir a limpiar el comedor e ir por unos tragos al refrigerador, de hecho puse varias botellas y una hielera, regresé y la deje sobre una mesita plegable en caso que quisieran tomar algo por la sed… Mientras mi esposa subía y bajaba, le alcancé una botella a Ricardo y comenzó a tomar una cerveza.

    Mi esposa ya se estaba cansando por lo que cambiaron de posición…

    Ricardo pocas veces llamaba a mi esposa de zorra y cosas así… pero esta vez creo la excitación lo desbordaba y comenzó a llamarla de esas maneras.

    -Muy bien putita… quiero que te pongas en cuatro en el sofá – dijo Ricardo

    Mi esposa obedeció y se puso en posición moviendo su culo para incitarlo mas.

    -Dame mas verga – le dijo mi esposa

    Una acomodada en su entrada y la penetró de golpe haciendo sacar muchos gemidos, mi esposa y su característica forma de venirse, comenzó con su pierna temblando y un sonido de ahogo, mi esposa estaba acabando…

    Después de eso Ricardo sacó su verga rápidamente, creo que a fin de evitar correrse.

    No sé si recuerdan el sofá cama que tenemos, ese lo armé para ellos, mi esposa se acostó ahí y Ricardo se puso arriba, comenzando a hacer la posición de misionero, mientras se besaban desmedidamente… Ricardo además mordisqueaba los pezones, pasaba su lengua, en fin no había lugar donde no pasara su boca.

    Y a medida se iba calentando mas las cosas, y cambios de posiciones, mi esposa una vez más quería estar arriba seguramente para frotar más su clítoris y tener otro orgasmo, entonces mi esposa se llevó a Ricardo nuevamente al comedor que por fortuna lo había limpiado, me lleve la mesita con la hielera también.

    Erika acostó a Ricardo en la mesa, mi esposa con la ayuda de la silla subió para montarlo, esta vez lo hizo a espaldas a él, pues ella queria que yo viera como cabalgaba

    -Mira amor, mírame… ¿Te gusta que sea así de puta? ¿Qué lleguen a cogerme a nuestra casa? – decía ya mi esposa sumamente perdida en la calentura

    Casi me vengo por sus palabras pero resistí…

    No quería perderme el espectáculo por lo que retrocedí sin perder detalle y tontamente tiré la mesita con la hielera, se hizo un solo desparpajo por todo el piso y el sonido fue demasiado estridente…

    Mi esposa y Ricardo ignoraron todo eso, ellos estaban enfocados en su pasión… Y vaya cosas del destino, vaya ironía de la vida… Una sombra nos llamó la atención, no lo podíamos creer… era nuestro vecino viendo en shock la situación desde afuera de la ventana, que seguramente se acercó por el ruido cuando la hielera cayó al suelo… Pero se llevó sorpresa monumental… Ver a mi esposa totalmente desnuda pues como estaba de frente hacia mí y hacia la ventana el vecino tuvo visión 100% de ver como mi esposa cabalgaba, sus tetas rebotar mientras gemía y a quien montaba obviamente no era a mí.

    Nuestro vecino estaba absorto, no daba cabida a lo que miraba… Me miraba a mí, miraba a mi esposa mientras subía y bajaba, le miraba su coño… Mi esposa no sé porque razón no se detuvo, esos segundos fueron eternos…

    El vecino solo balbuceo “L-lo si-siento” y se fue corriendo…

    -Creo que acabamos de hacerle la noche a alguien más — dijo Ricardo sonriendo

    -Vaya, vaya… Ahora Erika será la puta del vecindario – dijo Ricardo mientras seguían cogiendo

    Mi esposa solo sonrió ante sus palabras, y aceleró mas sus movimientos… Y ella le respondió: “Creo que tendré que hablar con el vecino para que no diga nada, tendré que hacer lo que me pida” – dijo en un tono sexual…

    Eso hizo acabar a Ricardo llenando todo el coño de mi esposa, pero por la posición la gravedad hizo que todo su semen bajara rápidamente, mi esposa se bajó y comenzó a limpiar con su lengua todo el semen restante que había escapado.

    Ricardo se quedó un rato mas con nosotros, y a la hora de irse le dijo a mi esposa:

    -Quiero que te despidas de mi en la puerta, desnuda, por si el vecino mirón anda por ahí…

    Mi esposa se puso algo nerviosa y accedió, llegando un tanto a la puerta sin nada, a la vez viendo para todos lados…

    Ricardo la despidió de un beso y a la abrazó… ¡lo cual era una trampa!

    Al abrazarla, Ricardo jaló a mi esposa hacia afuera exponiéndola totalmente desnuda pero era medianoche casi, no había más nadie…

    -Se que te excitó – dijo Ricardo

    Mi esposa si bien es cierto se había bajado de mi carro desnuda varias veces, era diferente al hacerlo con otro hombre además que siempre revisábamos el perímetro, es decir, lo normal sería con el esposo y no con otro hombre.

    -Espero te portes bien con tu vecino – dijo Ricardo

    -Y si lo piensas bien… tendrás diversión cerca de casa – dijo Ricardo retirándose a su auto

    Lo que restaba de la madrugada mi esposa y yo pensamos en lo ocurrido, nuestra vida privada se había destapado con el vecino. Es algo irónico ¿Saben? Pues el hecho que te descubran las aventuras estando en el interior de tu propia casa y no cuando hacemos las cosas en la calle, que ironía…

    El vecino en realidad es una persona tranquila, ya es un señor de hecho y vive con su esposa, él se llama Arturo si no me equivoco llegando a sus 54 años de edad.

    Teníamos algunas opciones:

    • Hacernos los “mareados”
    • Darle una explicación
    • Jugar con él

    Elegimos en primer momento la opción 3 que duró poco.

    A la mañana siguiente, Erika salió a la calle para limpiar la parte frontal de la casa.

    Ella me comentó que mientras limpiaba, sintió una mirada sobre ella. Levantó la vista y se encontró con su vecino, quien, con una taza de café en la mano, la observaba desde su propia casa Y se hiso un incómodo. Él desvió la mirada por un instante, pero luego volvió a posarla en ella, con curiosidad y picardía, y pues lejos de sentirse avergonzada, dejó que una leve sonrisa saliera de su rostro.

    -Buenos días, vecino —dijo ella.

    Arturo tragó saliva, intentando disimular su nerviosismo, eso hizo tomar a mi esposa de una manera pendenciera y se acercó más.

    -Espero que haya dormido bien — dijo ella en forma de burla.

    Arturo no pudo responder, es más, no sabía para donde mirar…

    Erika disfrutó del efecto que tenía sobre él. Entonces ella se regresó para la casa dejándolo perdido.

    En la noche me comentó lo que les acabo de decir, por lo que ideamos un plan express, no queríamos al vecino insertado en nuestras vidas, comenzando porque es nuestro vecino y seria molesto eso, además que él está casado y lo que menos queremos es arruinar su matrimonio por nuestras ocurrencias.

    La idea solo era “tantear” el ambiente con él por lo mismo que era una persona tranquila y casado, entonces los días siguientes trajeron un aire de expectación sutil entre mi esposa y el vecino. Cada encuentro casual, cada mirada furtiva, parecía estar cargada de un conocimiento compartido.

    Una tarde, Erika salió a regar las plantas en el jardín delantero, vestida con un sencillo vestido que se movía con la brisa. A medida que se inclinaba, sintió una mirada sobre ella. Giró levemente el rostro y vio al vecino afuera de su casa, con la taza de café en la mano, con deliberada lentitud, continuó con su tarea.

    Un día en que nos suspendieron el turno, estábamos en casa, cada quien haciendo lo suyo, hasta que Erika llega al cuarto y me comenta que entrará la ropa porque se avecinaba la lluvia, le dije que estaba bien, por lo que me quedé en la ventana viendo como hacia todo, cuando noté que ella saludaba de lejos a alguien…

    Era Arturo que también andaba en las mismas metiendo la ropa del jardín, y se quedó un momento a hablar con mi esposa ¿El que? No sé.

    El punto es que reían mucho, entonces mi esposa sonriendo dijo que si, entonces Arturo se fue para su casa y al minuto regresó con unas botellas en lata de jugo, mi esposa hizo pasar a Arturo (era obvio que su esposa no estaba) y se sentaron en una mesita de concreto que nosotros tenemos… Después de un rato de estar hablando, mi esposa se acercaba mas a él y ya se bromeaban más, todo lo miraba desde la ventana de nuestro cuarto, ventana la cual cerré las cortinas para cubrir mi presencia.

    En un momento vi que Arturo decía que NO rápidamente con su cara y se ponía rojo ¿Qué está pasando? – dije en mi mente.

    Vi a mi esposa reír, mientras que Arturo ponía cara de susto…

    Alcancé a leer los labios de mi esposa que decía: “No se preocupe”

    Mi esposa se agachó disimuladamente, y lo que pude ver es que le estaba haciendo un oral pobre vecino… reí en ese momento… Pues él no sabía que hacer ni a donde meterse, muerto de nervios.

    Mi esposa se separó de él un poco, abrió su boca y vi los chorros de semen caer en su lengua… pobre Arturo solo aguantó tres minutos.

    Mi esposa se incorporó como si nada hubiese pasado, tomo un poco más de jugo, y pasados un par de minutos más se despidieron…

    En lo que Arturo iba saliendo al costado de nuestra casa, el levantó la mirada y me vio a mí, yo le sonreí, pero él se asustó, paso a mi lado y solo le dije: -Gracias por su silencio.

    Mas aceleró el paso.

    Mi esposa se sorprendió verme llegar desde un costado de la casa y le dije:

    -Vi que estabas de traviesa con el vecino, pensé que no lo tocaríamos.

    -Oh no te preocupes amor mío, solo era para bajarle el nervio que se cargaba – dijo ella

    -¿Y bien? – le pregunté

    -Pues como acordamos no lo vamos a incluir en nuestra vida, no queremos problemas ¿Cierto? – dijo ella

    -Si, además que es muy nervioso y eso lo delatará rápido con su esposa.

    Y así cerramos el capítulo con el vecino en cuanto a esa experiencia.

    Y bueno hoy en día ese vecino en realidad se ha convertido en buen amigo, lo que vio pues no se si aún lo tenga presente, pero se muestra siempre gentil, y más de alguna ocasión nos ha salvado llamando a la policía un día que no estábamos y estaban husmeando nuestra casa, creo que el impacto fue positivo ya que también nos sirve como un alivio personal pues más adelante técnicamente le revelamos nuestra vida y no sé cuántas veces se le cayó la quijada de las sorpresa que se llevó… Él se ha vuelto nuestro confidente, jamás ha demostrado tendencia sexual hacia mi esposa y es bueno también.

    Se lo comentamos a Ricardo y nomas dijo: -Que bueno ahora podré cogerme a tu esposa tranquilo.

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  • Estudiante inoportuno

    Estudiante inoportuno

    Me encanta caminar o trotar por el parque lineal, cercano a mi casa. Buscando estar en buena forma física, decidí fortalecer mis músculos ejercitando ese día. Muy temprano, luego de calzarme zapatillas, un mini short de algodón, una remera sin mangas y aplicarme aceite protector solar, me dirigí al parque acompañada por la mirada de los hombres que encontraba en el camino

    La visera parasol protegía un poco mis ojos de la fuerte luz solar en un cielo diáfano.

    Comencé caminando a paso continuo a fin de calentar músculos para comenzar a trotar. En mi mente daban vueltas suposiciones sobre futuros encuentros nudistas en casa de Carlos. O tardes de playa disfrutando con amigos. El sacrificio valdría la pena. Es hermoso estar con buen estado físico en el verano.

    Cuando noté que alguien caminaba con paso fuerte a mi lado, giré la cabeza hacia él. Era Juan, mi amigo el kinesiólogo. Me sonreía. Lo vi sonriente, feliz. Creo que está un poco enamorado de mí. Y si no lo estuviese, no afecta en nada nuestra amistad. Hemos tenido pocos encuentros íntimos, pero deliciosos desde que nos conocimos en ese mismo parque. Nos besamos en las mejillas y abrazamos. Luego continuó caminando a mi ritmo.

    Me preguntó si estaba ejercitando sola, quiso saber si podía acompañarme en mis ejercicios.

    -Es hermoso ejercitar acompañada por ti. Me encanta estar contigo ―Le respondí sonriente.

    -El agasajado soy yo por lucirme con una hermosura como tú ―Respondió.

    Nos reímos los dos y cerré ―Basta de cumplidos por ahora. Debo quemar calorías y mantener mis músculos con buena tonicidad.

    Luego, me preguntó por un amigo que conoció junto a mi hace casi dos años. También mencionó a Gregory, el chico venezolano, con quien ya no comparte el departamento.

    Luego de trotar juntos durante cuarenta y cinco minutos, dimos por terminado el ejercicio. Juan me propuso ir a su casa ―¿Te agradaría recibir una sesión de masajes? ―Me preguntó

    Le respondí que pasaría por la tarde. Lo que más me apetecía era ducharme bien y quitarme la ropa mojada de transpiración.

    Al despedirnos dijo ―Estaré pendiente de tu llegada querida Belu. Prepararé un rico licuado de frutas para ti.

    ―Descuida, iré, en tus manos me siento de maravillas ―Respondí mirándolo a los ojos.

    Los dos nos reímos y nos despedimos, en la puerta del edificio donde vivo, con un abrazo y beso de pico en los labios.

    Tomé un largo baño de espuma y eliminé todo vestigio de pelito naciente en axilas y zonas intima. También me lavé prolijamente en profundidad para sentirme segura de ser agradable en toda situación.

    Llegué a su casa al caer la tarde, como lo habíamos acordado. Él, sonriente abrió la puerta y exclamó ―¡Estás preciosa! ―Recorriendo mi cuerpo con sus ojos.

    Yo, discretamente vestida con una pollera corta ajustada y remera bien escotada dejando visible mi ombligo y sandalias de tirantes cruzados sobre los tobillos. Giré una vuelta completa mi cuerpo delante de él y pregunté ―¿Estoy aprobada?

    Juan se reía nerviosamente no pudiendo ocultar el deseo de tenerme entre sus manos. Luego de charlar unos minutos fui al toilette para alistarme y recibir sus masajes.

    Mientras me quitaba la ropa y miraba el espejo que me reflejaba de cuerpo entero, pensaba como sorprender a Juan para motivarlo a que deseara poseerme con urgencia. Tardé varios minutos en tomar la decisión. Opté por ir hasta la camilla para masajes, desnuda, únicamente con mis sandalias de tirantes ceñidas a mis tobillos.

    Abrí la puerta esperando sorprenderlo. Pero la sorpresa fue mía al verlo junto a otro hombre que se volvió para mirarme. Avergonzada y confundida volví a ingresar al toilette e inmediatamente, Juan golpeó la puerta con sus nudillos pidiendo que lo dejase pasar. Me cubrí con una toalla y abrí la puerta.

    -Perdón, Belu ―Dijo Juan moviendo su cabeza.

    ―La imprudencia fue mía por intentar sorprenderte ―Dije sintiéndome realmente mal.

    Él me explicó lo acontecido ―José Luis es un compañero de trabajo. Es estudiante de kinesiología y ha venido por material de estudio que ya no uso… No te pongas mal. Ya se irá.

    Me tomé tiempo para responder y se me ocurrió decir ―Dile que soy una paciente un poco loca… pero que no me molesta su presencia.

    Salió del toilette y dos minutos más tarde lo hice yo cubriendo mi desnudez con una toalla blanca.

    José Luis resultó ser un chico muy joven. Cuando llegue hasta él, me saludó con mucha ternura y pidió perdón por ser inoportuno. Lo besé en la mejilla y me senté en la camilla.

    Juan le dijo que me ayudase a quitarme las sandalias. Entonces José Luis me miró buscando aprobación.

    ―¡Por favor ayúdame! ―Le dije sonriendo.

    Se arrodilló en el piso tomando suavemente un pie para quitarme el calzado. Luego con delicadeza me ayudó a tenderme boca abajo sobre la camilla y cubrió mi cola con la toalla.

    Juan, vistiendo su conjunto de pantalón amplio y chaqueta celeste comenzó a masajear un brazo mientras José Luis lo observaba.

    ―¿Estás cómoda y relajada Belu? ―Preguntó Juan.

    ―Me siento de maravillas en tus manos ―Le respondí.

    ―¿Te importaría que José Luis haga práctica de masaje en tu otro brazo? ―Volvió a preguntar.

    ―¡Adelante José Luis! quiero probar tus masajes ―Animé sonriendo.

    El chico tomó mi mano entre las suyas aceitadas y comenzó a tratar dedo por dedo. Ambos avanzaron masajeando los brazos hasta llegar a mi cuello y clavículas.

    ―Me siento una diosa griega deleitándose en el palacio ―Dije, intentando tener empatía con el chico y ambos se rieron.

    Abrí los ojos y los vi parados junto a mi cabeza. En verdad veía los montículos que se levantaban en sus pantalones. Mi libido se acrecentaba minutos tras minuto, cuando cuatro manos bajaban por mi espalda. Por momentos fantaseaba imaginando que había sido atrapada por un pulpo gigante.

    Cuando sus manos llegaron a la toalla se detuvieron. Luego se pararon junto a mis pies. Comenzaron a tratar dedo por dedos y a masajear las plantas de los pies provocándome cosquillas y haciendo que se humedeciera la vagina. Instintivamente movía las piernas y las separaba unos centímetros. Posiblemente ellos veían mi conchita mojada.

    Continuaron masajeando mis tobillos, pantorrillas llegando casi a la naciente de mis muslos gorditos

    Juan dijo con seguridad en su voz ―Querida Belu, debo retirar la toalla para masajear enérgicamente los glúteos.

    ―Hazlo como tú sabes ―Respondí.

    Sin nada cubriendo mi desnudez, tomaron mis glúteos entre sus manos aceitadas. Amasaron, sobaron y presionaron con sus dedos hasta sentirlos sobre el capullo de mi ano. Me invadió una sensación de picor en toda la cola.

    ―Es por la activación del flujo sanguíneo en la zona ―explicó Juan en una oportunidad. Me mantuve callada y me indicó que me girara.

    Empezaron por los pies, tobillos y luego se detuvieron en mis rodillas. Ya era inocultable para ellos, lo mojada que estaba. mirando al techo y sin que nada me cubriera. En ellos era inocultable la erección de sus miembros. Dos tremendas carpas se levantaban bajo la línea de sus cinturones.

    Juan salteando zonas a masajear, se apoderó de mis pechos. Dejando a José Luis tratando las rodillas. Llevé una mano hacia Juan y apreté su pene cubierto por su pantalón. Él se inclinó y devoro mis labios. Mordiendo suavemente.

    Aproximando mi boca a su oído le dije ―Estoy muy mojada, no soportaré que juegues así conmigo. Los quiero desnudos a mi lado.

    Me besó nuevamente y comenzó a quitarse la ropa. En un minuto más, ambos ya desnudos jugaban con mis tetas y ofrecían sus penes al alcance de mi boca. Les hice mamadas cortas mientras hurgaban en mi conchita inflamada y jugaban con mi clítoris, haciendo que me retorciera y gimiera.

    Me bajaron al piso sobre una toalla tendida en la alfombra. Juan me separó las piernas para encajar su pelvis entre ellas. Comenzó a penetrarme con movimientos lentos y ondulantes, haciendo que su pene rozase mi clítoris. Enloquecida de placer me vine a chorros mientras temblaba y gritaba.

    José Luis meneaba su verga blanca y la restregaba en mis labios abiertos. Pero pronto no pudo contenerse más y se derramó sobre mi cara.

    Juan continuaba haciendo movimientos de caderas mientras me penetraba haciendo que tuviera un ruidoso segundo orgasmo. Se aferró a mis tetas dando estocadas profundas, se puso rígido y me lleno con su semen caliente.

    José Luis se puso de pie y fue hasta el baño.

    Juan se volteó a mi lado evitando que soportase su peso y pasé a estar sobre él, con la cabeza apoyada en su pecho y mi vientre sobre su vientre.

    El chico ya vestido pasó a mi lado y despidiéndose nuestro, cerró la puerta de un golpe al salir.

    Mis fluidos caían sobre la pelvis de Juan que me mantenía abrazada mientras me acariciaba la espalda y el culo. Disfruté mucho ese momento de relajación juntos. Hasta que sugirió ducharnos para refrescarnos. Acepté gustosa para quitarme el pegote de semen en cara y cabellos que me había regalado José Luis.

    Me ayudo a ponerme de pie y me condujo de la mano hasta el baño principal. El agua tibia se deslizaba desde mi coronilla hasta los pies quitando todo pegote de semen en mi cuerpo. Juan me besaba y se detuvo a mordisquear mis pezones hasta ponerlos duros. Sus manos recorrieron toda mi piel. Mi conchita se enrojeció y sus labios se hincharon, deseando ser separados.

    La verga de mi amigo estuvo nuevamente dura y se apoyaba en mi pancita. Al terminar de ducharnos, Juan pasó una toalla seca por mi cuerpo y me cargó en brazos para dejarme sobre su cama. La habitación estaba en penumbras y olía exquisitamente bien.

    Abrí la boca y le reclamé me diera su pene en los labios. No fue necesario que lo pidiera dos veces. Me lo dio entero hasta tocar mi garganta haciendo que me atragante, mis ojos se pusieron llorosos y comenzó a liberase saliva por las comisuras de mi boca. Luego, metiendo su cara entre mis piernas, me devoró con ansias vulva y ano, haciendo que llegase a sentirme flotar en una nube de placer.

    En posición de perrito, me abrió bien la conchita con su preciosa herramienta dándome embestidas desde atrás. Con fuerza y profundidad. Llegué al orgasmo gritando y acomodando el culo para recibirlo muy adentro en cada estocada.

    No me sorprendió cuando sacó la verga de mi vagina y la apoyó en el capullo marrón. Yo intuía que Juan querría abrirme el culo. Apoyó el glande con firmeza. Empujó hasta doblegar la resistencia del esfínter y me ensartó en todo lo largo de su miembro. Metiendo y sacando todo el tiempo. Fue una sesión de sexo anal tan prolongada que logró hacerme tener un orgasmo antes de que se viniera y me llenará con su néctar.

    Mientras yo me quejaba que me ardía el ano, suspiró profundamente, se dejó caer boca arriba a mi lado y dijo ―Creo que merecemos un vaso de licuado de frutas.

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  • Compañeros de trabajo

    Compañeros de trabajo

    Dia normal de trabajo en la consulta con mi compañera. Rubia, de 40 años, madre, cuerpo tónico y trabajado, pero de madre, con su micro barriguita, un culo perfecto y un pecho normal de madre, una mama cañón.

    Nos reímos bastante, hay una complicidad, algo de tonteo, y algo de tensión sexual.

    Un viernes justo después de comer, y sin venir a cuento ella me dijo:

    “Creo que deberíamos dejar este juego que llevamos, porque cada vez es más peligroso, ven hablemos, aprovechemos que los otros hoy están de reunión”.

    Fuimos a una cabina que estaba libre, me hizo la pregunta clave:

    Ella:  “¿Nos dejamos llevar una sola vez?”. Ahora o nunca dijo dando un paso hacia mí.

    Yo: ”Es muy peligros…”. Dije dando un paso hacia ella. Estábamos uno frente al otro, y pasó. Nos empezamos a besar lentamente, yo acaricie su espalda, y ella me acarició el pelo.

    Puse mis manos en su cintura y fui subiendo su camiseta, ella levantó los brazos, camiseta fuera. Ella hizo lo mismo conmigo.

    Se cubría el pecho con los brazos y le pregunté el porqué, y ella me dijo:

    Ella: ”Me da cosa mostrar mi pecho después de mis dos hijas”

    Yo: “¿Puedo?”, le dije poniendo mis dedos debajo de los tirantes de su sujetador, a la altura de los hombros.

    Ella: ”Vale” me dijo bajando los brazos.

    Baje los tirantes y desabroche su sujetador ,dejando a la vista sus pechos.

    Yo: ”Son muy bonitas, no tienes porque avergonzarte” le dije acariciándolas de abajo arriba. Ella suspiró.

    Continuamos besándonos y la cosa se calentó. Desabroché sus pantalones y los dejé caer.

    Besé sus tetas mientras deslizaba mi mano dentro de sus bragas, y lo acaricié hasta que estuvo bien húmedo. La tumbé boca arriba en la camilla, le quité las bragas, doblé sus rodillas y empecé a comer su mojado sexo.

    Lamí su coño, introduje mi lengua, mientras con mis labios apretaba su clítoris.

    La oía gemir de placer y estremecerse.

    Mis manos acariciaban sus tetas suavemente mientras presionaba sus pezones con mis dedos.

    Ella: ”Para, para o me voy a correr…”. Entonces entraron en acción mis dedos introduciendo los en su húmeda cueva.

    Cerró de golpe las piernas frotándose contra mi boca unos segundos y…

    Ella: ”Ah si me corro… uf”. Breve descanso y se levantó. Me quitó los pantalones, el bóxer, y me la acarició hasta que la dejó bien a punto. Me sentó en la camilla y empezó a chupármela con movimientos largos de arriba abajo, succionando la punta.

    Ella: ”Ven…”

    Me tumbó boca arriba, se puso sobre mí, se la metió suavemente en su caliente y resbaladiza vagina, y empezó a follarme con lentos movimientos de cadera. Estaba muy excitado, y profundizaba en mis penetraciones, ella parecía excitada también tenía los ojos cerrados, gemía y se acariciaba los pechos. La cogí del culo y empecé a acelerar, no podía más.

    Ella: ”córrete dentro, deseo notarlo caliente dentro de mí”. Esas palabras ayudaron a que descargara dentro de ella mi caliente esperma.

    Ella: ”Aguanta un poco… chúpame las tetas…”.

    Empezó a follarme cada vez más rápido hasta que un gemido seco la delató. Quedamos extasiados… Unos minutos más tarde, nos vestimos, nos dimos un beso apasionado seguido de un “ha valido la pena”, pero se acabó, amigos y ya.

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  • Chequeo médico

    Chequeo médico

    Nunca se me pasó por la cabeza que esto llegará a suceder, si lo fantaseé, pero de ahí a que se hiciera realidad nunca.

    Como es habitual cada año me realizo mis chequeos médicos, esta vez fue de ginecología. Llegue temprano a mi consulta sentándome en la sala de espera a esperar el llamado; ya había pasado media hora de la cita acordada y el medico nada que me llamaba, ya me estaba estresando porque tenía planes después de la cita, planes que no tenía ya hace algunos años.

    Después de una hora hace el llamado y estaba ofuscada por la demora; entré al consultorio con ganas de reclamar pero cuando lo vi con esa sonrisa tan amable y pidiendo disculpas por la demora todo lo que llevaba se me borro. No podía gesticular media palabra solo le sonreía como tonta, me pide que tome asiento y le comente mi motivo de consulta.

    Así que le conté mi motivo y me pide que pase al baño me desvista quedando solamente en ropa interior y me colocará una bata que se encontraba allí. Me sentía algo apenada porque la lencería que llevaba era algo chiquita y muy sexy (era para mí cita luego de terminar la consulta) llevaba un conjunto negro de encaje, mi brasier realizaba mi busto ya que tenía un escote profundo y unas tiras cruzadas por debajo del busto; mi tanga era brasilera diminuta que solo tenía un triángulo en frente y el resto eran tiras que cruzaban mis caderas hacia mis nalgas.

    Salgo del baño y me dirijo a la camilla ginecológica, él con esa sonrisa su mirada brillante y todo su cuerpo lo hacía ver muy atractivo.

    -Ven ponte de pie sobre la escalerilla -me toma de la mano para subirme

    Me mira de arriba hacia abajo y esto hace que ponga nerviosa.

    -Para la edad que tienes, tienes un cuerpo bonito y espero que no le incomode pero esa lencería la hace ver muy sexy

    -Gracias Doc. -sentía que mi rostro me ardía

    -Gira el cuerpo por favor

    Me ayuda a darme la vuelta y me retira la bata cayendo al piso, ¡Oh por Dios! Saber que me está viendo de espaldas y ver mi tanga brasilera diminuta hace que tiemble no de frío sino de pena, no sé qué me pasaba pero este hombre me tenía muy nerviosa.

    -Lo dicho tienes un cuerpo muy lindo y tu lencería te ayuda a que resalte mejor

    Pasaba su mano enguantadas por entre mis piernas de abajo hacia arriba suavemente haciendo que separara un poco mis piernas.

    -coloca tus manos sobre la camilla

    -¿Así Doctor? -me incliné hacia adelante colocando mis manos sobre la camilla, postura que hacía que mis nalgas quedarán expuestas al él

    -Si, esta perfecto… te voy a examinar

    De pronto siento cuando delicadamente toma mi tanga y la desliza hasta caer al piso… Dios será que estoy teniendo un sueño erótico porque sin querer mi interior se está humedeciendo.

    -¿Has tenido relaciones sexuales anales?

    -Eh… si Doctor

    -¿Qué tan seguido lo haces?

    -Cuando tenía vida sexual activa no lo hacía tan seguido

    -¿Hace cuanto que no tienes?

    -Ya llevo unos años, estoy separada

    Se retira y va a la mesita de procedimientos tomando una botella con glicerina, se unta la mano y se dirige nuevamente hacía mí.

    -Relájese, voy a introducir mi dedo en el ano quiero saber como esta

    Sin querer separó un poco más mis piernas sacando mis nalgas para él, siento como resbala su dedo por mi hoyito esto hace que cierre mis ojos y sin querer suelte un leve gemido.

    -Esta perfecto, se siente apretado

    Introduce otro dedo y me folla lentamente porque eso es lo que está haciendo entrando y sacando sus dedos suavemente. Luego de unos segundos saca sus dedos desechando los guantes.

    -Ven, te vas a sentar en la camilla

    -Doctor me ayuda por favor las piernas me tiemblan

    -Si claro no quiero que se haga daño

    Me ayuda a sentarme sobre la camilla quedando en frente de él.

    -Te puedes retirar el brasier por favor, quiero examinar tus senos

    Los nervios se fueron porque me estaba excitando por la estimulación que tuve en mi raja, así que lo miraba coqueta, perversa llevando mis manos a mi espalda y solté mi brasier dejándolo caer sin hacer nada para que mis tetas quedarán expuestas para él.

    -Permítame y me coloco otros guantes

    Se coloca unos nuevos guantes y se acerca quedando en frente a mí nuevamente. Toma mis brazos y los ubica por detrás de mí cabeza luego empieza a pasar sus manos por mis tetas para examinarlas.

    -Ya puedes bajar los brazos

    -¿Como están Doc.?

    -Yo los veo perfectos

    -Doc, ¿Es normal sentir mucha sensibilidad en mis pezones?

    -¿Has utilizado pinzas para pezón?

    -Si Doc, me gusta sentir la sensación que produce

    -¿Cómo, así? -Lleva sus manos a mis pezones y los pellizca como sintonizado una radio

    -¡Ah…si así Doc! -gimo sin querer

    -¿Qué mas te gusta sentir? -no deja de estimular mis pezones

    -Doc, que los amasen, los chupen y jueguen con ellos

    Él se va hacia la puerta y coloca seguro.

    -Ahora te vas a acostar y vas a poner tus pies sobre los cabestrillos

    Me encontraba tan excitada que mi vulva estaba muy mojada; me ubico como él me lo pidió y espero que me siga “examinando”.

    Se retiran los guantes e introduce sus dedos en mi coño con fuerza.

    -¡Ah Doc!

    -Quiero saber como lo tienes -me habla de manera morbosa

    -¡Mn… Doc! -ya no me importa gemir

    -Veo que lubricas muy bien

    -¿Le parece?

    -Si, estas para hundir… “mi especuló”

    -Continúa con el examen Doc -abrí más mis piernas ofreciéndole mi coño

    -¿Estas segura?

    -Si Doc esto queda entre los dos, que valga la pena la espera de una hora

    -Te voy a recompensar

    Se desnuda en frente de mí y quedo boquiabierta viendo su verga gruesa y venosa.

    -Doc, quiero que me cojas con su bata de médico puesta

    -Ahh… quieres cumplir una fantasía

    -Si doctor

    -Así será

    Abre más los cabestrillos y me toma por mis caderas para acercarme hacia él, de la mesa destapa un tarro sacando un preservativo y se lo coloca luego me clava su falo sin compasión haciendo que grite de placer.

    -Shii… no nos deben escuchar

    -Ah si Doc pero eres el culpable que me ponga así de cachonda

    -Quiero examinarte a profundidad

    -Hazlo, quiero que me examine toda

    Me penetra con rudeza haciendo que mis tetas se muevan de arriba hacia abajo, las tomo a dos manos y las amaso con fuerza mientras disfruto de este hombre.

    -No sabes como me pusiste al verte con esa lencería

    -No era mi intención venir a provocarlo no pensé que me pidiera retirar mi ropa

    -Me gusta examinar bien a mis pacientes-se clavaba con más fuerza

    -Eso me doy cuenta

    -Jajaja… No creas

    -Menos charla Doc, y termina con su trabajo

    Se retira y me ayuda a ponerme de pie para inclinarme sobre la camilla.

    -Quiero cogerme ese culito tan apretado que tienes -pasa una mano por su lengua y luego por entre en medio de mis nalgas

    -Todo tuyo, Doc -levanto bien mi culo para que me folle con toda

    Lubrica el preservativo con glicerina luego abre mis nalgas y deja caer glicerina en mi raja.

    -Folláme como lo hiciste con tus dedos

    -Jajaja ¿Se me notaron las ganas?

    -Así es, ¿no escuchó mi gemido?

    -Si, eso me prendió aún más

    Se hunde lentamente para que mi culo se adapte al tamaño de su verga, al estar completamente dentro me toma por el cabello para arquear mi espalda y luego me toma de mis tetas pellizcando mis pezones.

    -Estas caliente -me susurra al oído

    -¡Ah y quiero arder en el infierno!

    -Así será perrita

    Empieza a embestirme con fuerza mientras amasa mis tetas y gime en mi oído.

    -Que rica estás y ese culito está tan delicioso cuando te hice poner en cuatro

    -Eres un pervertido

    -Y tú no te quedas atrás… de santa no tienes nada -me golpea fuertemente con sus caderas sintiendo esa verga hasta el fondo

    -Jajaja… dale más duro -respiro agitada

    -eres una mujer muy arrecha, que disfruta que le partan ese culo con fuerza

    -Si me gusta que me den con ganas

    Me embiste con ganas haciendo que gime mas duro así que coloca su mano en mi boca para silenciar mis gemidos mientras con la otra mano continúa pellizcando con fuerza uno de mis pezones.

    Suelta mi pezón y lleva la mano a mi coño hundiendo tres dedos allí mientras continúa con las embestidas.

    -Como mojas de rico

    -Todo eso es por lo cachonda que me tiene

    -Quisiera tener un cinturón con verga para hundirme al tiempo por tus orificios y cogerte como te gusta

    -¡Uy, sería lo máximo!

    -¡Ahh… te gusta la doble penetración!

    -Soy algo garosa

    -Jajaja… eres una puta lo sabías

    -¿Le molesta?

    -No, ¡me fascina!

    Se retira girándome y luego me toma por la cintura para sentarme sobre la camilla, se retira el preservativo y se pone otro.

    -Ábrete bien para mí y ofrézcame esa “cuca” tan rica que tienes -me lo pide mientras se frota su verga

    Así que me corro un poco para atrás y apoyo a cada lado mis pies sobre la camilla, llevo los dedos de una mano a boca y los chupo, luego los bajo a mi coño separando mis labios vaginales para que me vea bien abierta para él mientras lo miro con lascivia.

    -¡Uff!… que rico se ve, estas muy mojada

    -Hunda ese especuló -bajo mi mirada a su verga

    -Te voy a examinar hasta el fondo

    Se acerca tomándome por las caderas clavándose en una sola estocada y empieza sus movimientos con fuerza, lo tomo por el cuello y mientras gimo lo miro fijamente a los ojos. Mi sudor recorre por entre medio de mis senos, mi respiración cada vez es más agitada sintiendo espasmos por todo mi cuerpo.

    Su mirada oscura lleva ese demonio que hace pecar, nunca pensé que esto lo fuera a vivir si es un sueño no quiero despertar…

    -Quiero ver mi leche en tus tetas

    -Son todas tuyas Doc

    Se aleja retirando el preservativo luego apunta a mis pechos y se frota con fuerza mientras con la otra mano me frota con su dedo pulgar mi clítoris y yo hundo mis dedos en mi coño para follarme.

    -¡Oh si!… ¿Estas lista para recibir mi leche?

    -¡Que esperas!

    -¡Ohh!… ¡Ahí va!

    Cierra los ojos con fuerza y veo como sale disparada su leche caliente, continua nuevamente y esta vez cae en mi ombligo y llevo mis manos a mis tetas para esparcirlo en ellos. Luego de terminar lleva una mano a mi coño y se hunde allí follándome haciendo que grite.

    -Sé que quieres más

    -Así es, llévame al infierno

    Me folla con más fuerza así que muerdo su hombro para callar mis gemidos hasta que exploto disfrutando mi orgasmo… me falta el aire no puedo recuperar mi respiración, mi corazón está a mil y él no para de follarme cuando siento otro orgasmo, esta vez dejo salir mi grito ya no me importa si nos escuchan.

    -Te espero para un próximo control -me mira a los ojos agitado

    -¿Dentro de cuánto? -le respondo con dificultad

    -En 15 días

    -Así será

    -Pide la última cita del día porque quiero cogerte fuera de este lugar.

    Se retira para vestirse mientras como puedo me bajo de la camilla ya que me tiembla todo mi cuerpo recogiendo del piso mi ropa interior y me dirijo al baño para ir a vestirme, al rato salgo de allí acalorada.

    -Doc, nos vemos en 15 días

    Me retiro del consultorio feliz y la otra cita quedó cancelada… fue el mejor chequeo, 10 de 10.

    Gaby Borsh

    Notas del alma

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  • Una propuesta diferente de tres lesbianas (4): El pedido de Lariza

    Una propuesta diferente de tres lesbianas (4): El pedido de Lariza

    Ahí estaba yo, manejando camino al departamento de este muy particular grupo de chicas, era una fantasía hecha realidad, la mayoría de los chicos queremos tríos, yo cumplía esa fantasía a diario, pero con la particularidad que había una tercera, que si bien no penetraba, nos miraba, desnuda, la he visto tocándose frente a nosotros, incluso presencié como con su lengua limpiaba la vagina de Ana Paula después de una masiva descarga de mi esencia dentro de ella, con mi leche aun chorreando, Lariza parecía saborearlos, recuerdo una vez eyaculé dentro de Rayane, ella se salió encima de mí.

    Ana Paula sin perdón tomo su lugar moviéndose en mi pija que seguía muy dura y comenzó a besarme, en eso Lariza se acercó a Rayane y le pidió que hicieran una tijera, y así me toco presenciar como Rayane golpeaba su vulva contra la de la Lariza, estando mi semen haciendo hilos de esperma entre esas dos vaginas, Lariza me llamaba la atención, decía ser lesbiana pero indirectamente trago mi semen desde las vaginas de Ana Paula e incluso con esa tijera algo de mi se quedó en ella, aunque sea superficialmente, quería cogerla, pero temía abusar de ella, y que eso me costara seguir teniendo tríos.

    Mientras recordaba esto, mi pija se volvió una piedra, me imagine que al llegar volvería a recibirme una de las chicas con ropa íntima y ya seguro al entrar Lariza estaría besándose con una de ellas, claro hoy tenía ganas de reventarle la vagina a mis mujeres y disfrutar del morbo de Lariza observando, pero pasaron cosas que no espere.

    Llegué, Ana Paula me recibió con solo una tanguita negra, me beso apasionadamente, cuando me acerque, encontré a Lariza totalmente desnuda en medio de la sala mirándome a los ojos, nunca pensé que ella me hablaría directamente. Lariza siempre observaba desde un rincón, tranquila, con esa mirada que parecía contener mundos. Pero esa noche, antes de que todo comenzara, se acercó y con voz suave, casi tímida, me dijo:

    —Hoy… me gustaría besarte. Solo eso. Cuando estés con Ana Paula o Rayane. Quiero sentirlo.

    No lo esperaba. Por un segundo, me quedé en silencio, sorprendido por su iniciativa, pero también tocado. Porque ese gesto era íntimo. Profundo. Más íntimo incluso que el cuerpo.

    Asentí, con respeto. Y cuando llegó el momento, con Ana Paula se subió encima de mí, Rayane se puso a mi derecha, besándose apasionadamente con Ana Paula (ellas saben que las escenas lésbicas me enloquecen), mi mirada se cruzó con la de Lariza. Se coloco a mi izquierda, totalmente desnuda, se acercó a mi cara y me miro a los ojos, nos besamos, mientras escuchaba los gemidos de Rayane y Ana Paula besándose encima de mí. El beso fue suave primero, luego más decidido, como si los silencios de todas nuestras noches compartidas cobraran forma. Sus labios sabían a curiosidad, a deseo contenido, a algo que aún no se había dicho.

    Y entonces, mientras nuestros labios aún se rozaban, sus ojos se clavaron en los míos. Susurró, casi en mi oído:

    —Hazlo… quiero verte acabar dentro de ella. De Ana Paula. Hazlo mientras yo te miro.

    Su tono no era solo excitado: era una entrega. Una forma de decir “te dejo entrar en nuestro mundo”, sin decirlo. Sentí una mezcla de fuego y respeto, de conexión real con las tres, Sentí mi glande golpeando el cuello Uterino de Ana Paula, cerré mis ojos para sentirme vivo, comencé a sentir como mis huevos se vaciaban y mi semen salía expulsado llenando el útero de Ana Paula quien me salpicaba de flujo vaginal.

    Cuando nuestras miradas volvieron a cruzarse al final, con su amiga acurrucada a mi alrededor, ella no apartó la vista. No era solo deseo lo que había en sus ojos, era confianza.

    Y yo supe que algo había cambiado entre los cuatro. Me miraba con una cara de perrita en celo, quería sacarle a Ana Paula y penetrarla, pero me contuve, cuando Ana Paula salió encima de mí, enseguida Rayane se subió y comenzó a moverse, ahora Ana Paula comenzó a besarle, Lariza se acercó a mí y ya sin preguntar comenzó a besarme apasionadamente, mi lengua jugaba con la suya mientras sentía como mi glande golpeaba el fondo de Rayane, estuvimos así un buen rato, hasta que Lariza se acercó a mi oído y me susurro

    “Córrete en Rayane”, yo me acerque a su oído y le dije “Voy a marcar a nuestras chicas” y ahí mis huevos comenzaron a votar toneladas de esperma en la vagina de Rayane, mientras Lariza me observaba con cara de placer y yo gruñía como un animal que se apareaba con sus hembras.

    Salió Rayane de mí, mi pija estaba brillante, mezcla de los fluidos de mis dos chicas y mi semen, Ana Paula y Rayane estaban a mi derecha abrazándose, se reían, parecían cómplices, hasta que Lariza me dijo algo que me puso la pija apuntando al cielo.

    “Puedo subirme, solo quiero rozar, no me penetres, solo juguemos”

    Yo acepte con un “si, por su puesto”, vi por primera vez a Lariza subirse sobre mí, comenzó a rozar con sus dos labios vaginales la vara de mi pija, iba suave, despacio, sus labios bordeaban el palo de mi pija, incluso llegaban hasta mi glande, sin penetración, solo roce, con la mirada atenta de las otras dos chicas, me moría por penetrarla, pero la respetaba, era raro, no sé a qué iría esto, pero me estaba gustando.

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  • El vuelo de regreso no fue lo único que subió (1)

    El vuelo de regreso no fue lo único que subió (1)

    Queridos seguidores, ha pasado un tiempo considerable desde mi experiencia con Lucas hasta la vivencia que hoy comparto con ustedes. En lo personal, mi vida no ha cambiado significativamente. A pesar de las conversaciones constantes y varias sesiones de terapia de pareja, mi relación con mi esposo no lograba encontrar un equilibrio, especialmente en el ámbito de la intimidad.

    Lo sentía distante, siempre ocupado y centrado en su trabajo, con frecuentes viajes que, en ese momento, no comprendía, dado el evidente éxito de su empresa. (Hoy, con perspectiva, entiendo las razones detrás de ello). Aunque mis emociones y mi razonamiento me ayudaron a mantenerme firme y evitar caer en la tentación de la infidelidad, logré superar la mayoría de los desafíos… aunque, debo admitir, no todos.

    Era una mañana agitada en la oficina. Montañas de papeles, documentos por firmar y carpetas desordenadas ocupaban mi escritorio. Justo cuando intentaba organizar el caos, escuché un suave golpe en la puerta.

    —Alma, llamada por la línea 2 —anunció mi secretaria, asomándose por la ventana con una sonrisa.

    —Gracias —respondí, dejando a un lado los papeles antes de tomar el auricular.

    Al otro lado de la línea, una voz familiar:

    —Hola, ¿qué tal?

    —Hola, Alma. Soy Eduardo, de la Empresa NN. Hablamos con tu gerente en la sucursal de Montevideo… —Hizo una pausa breve, como midiendo sus palabras—. Nos interesa saber si podrías viajar a Estados Unidos para concretar los acuerdos que ya discutimos. Creemos que es un negocio beneficioso para ambos.

    El entusiasmo en su voz era contagioso, pero miré el desorden de mi escritorio y respiré hondo.

    —Hola, Eduardo. Claro, me encantaría, pero necesitaría viajar pasado mañana. Tengo algunos pendientes aquí… ¿Crees que sea un problema?

    —Para nada —respondió con calma—. Tómate tu tiempo. Lo importante es que puedas venir.

    Una sonrisa de alivio se dibujó en mi rostro.

    —Perfecto, entonces lo coordinamos. Muchas gracias, Eduardo.

    —Igualmente. Que tengas un lindo día.

    Colgué, miré por la ventana y dejé escapar un suspiro. El viaje prometía… pero antes, esos malditos papeles no se iban a ordenar solos. La noticia del viaje me llenaba de orgullo, no solo por el negocio en sí, sino por lo que representaba. Esta empresa la había construido yo, a puro pulmón, como decimos aquí en Argentina.

    Mi padre siempre quiso darme todo en bandeja: contactos, capital, incluso un puesto directivo en una de sus filiales. Pero yo necesitaba probarme a mí misma, forjar mi propio nombre lejos de su sombra. Ahora, cada contrato firmado, cada viaje de negocios, era un triunfo personal.

    Aunque no todo era tan sencillo. El viaje sería largo —probablemente una semana en Estados Unidos—, y la idea de alejarme de mi familia me encogía el corazón. No entendía cómo el padre de mis hijos podía viajar tanto sin que el hogar le pesara. A él parecía no afectarle; a mí, en cambio, cada despedida se me hacía un nudo en la garganta.

    Llegué a casa con una noticia que sabía que cambiaría todo. Mi familia me recibió con euforia, conscientes de que este éxito era el fruto de años de sacrificio y esfuerzo en mi empresa. Cenamos lasaña, brindamos con helado de postre y, después de acostar a mi hijo, decidí que la noche no terminaría ahí.

    Me preparé con esmero: lencería negra de encaje, medias translúcidas conectadas a tirantes, un corpiño que apenas contenía mis curvas y una tanga que acentuaba mis formas. Al salir del baño, mi esposo ya estaba en la cama, y al verme, esbozó una sonrisa entre sorprendido y divertido.

    —Jajaja, ¿qué haces, cariño? —preguntó, aunque sus ojos ya delataban interés.

    —Quiero que esta noche sea inolvidable —susurré, acercándome con lentitud, deslizando mis manos sobre su pecho.

    —Mi amor, estoy un poco cansado —mintió, mientras sus dedos trazaban círculos en mi cadera.

    —Relájate… yo me ocupo de todo.

    Encendí una música sensual, apenas audible, y me coloqué frente al televisor, donde la tenue luz de las lámparas laterales dibujaba sombras seductoras sobre mi piel. Comencé a moverme al ritmo de la melodía, balanceando mis caderas, deslizándome hacia él como una pantera hacia su presa.

    —Shhh… esto no es lo mejor, papi —murmuré antes de sellar sus labios con un beso ardiente.

    Mis labios descendieron por su cuello, su pecho, hasta llegar a su abdomen. Con movimientos deliberadamente lentos, le quité el pantalón, disfrutando de cómo su cuerpo respondía a cada caricia. Cuando por fin liberé su erección, lo miré a los ojos y sonreí.

    —Vamos a probar algo nuevo, mi amor.

    Era mi primera vez haciéndolo así, pero la literatura erótica y aquellas noches de fantasía me habían dado ideas. Comencé con besos suaves en la punta, luego deslicé mis labios hasta tomar la mitad de su longitud, mientras mis dedos acariciaban sus testículos. La recompensa fue un gemido gutural, y su mano en mi nuca, guiándome con más firmeza.

    —No sabes cuánto esperé esto —gruñó, arqueándose bajo mi boca.

    Alterné entre succiones profundas y lamidas juguetonas, explorando cada centímetro de su piel. Cuando finalmente me aparté, él me miró con ojos oscuros de deseo.

    —Es mi turno, bebé.

    Me tumbó sobre la cama y, con una paciencia exasperante, recorrió mi cuerpo con besos y mordiscos. Su lengua encontró su objetivo, y no tardé en gemir, aferrándome a las sábanas mientras las olas de placer me sacudían.

    —¡Aaah, sí, amor! ¡Qué rico!

    La penetración llegó después, intensa pero breve. No fue la mejor noche, pero probamos cosas nuevas, y eso bastó para encenderlo. Aunque, como siempre después de sus viajes de trabajo, el cansancio lo venció demasiado pronto.

    A la mañana siguiente, los nervios se apoderaron de mí mientras empacaba. Esta reunión en Washington no era como las otras: era el salto de una empresa pequeña a algo mucho mayor.

    El hotel era lujoso, con una habitación digna de una reina: cama king size, decoración elegante y vistas impresionantes. Decidí bajar a la sala para tomar un café y relajarme junto a la piscina antes del maratón de reuniones del día siguiente.

    En el ascensor, un hombre discutía por teléfono en un inglés entrecortado, con un acento que reconocí al instante: argentino. Era de estatura media, tez blanca, cabello canoso y un aire de descuido que contrastaba con su voz firme. Al colgar, me dirigió una mirada de disculpa.

    —Las entrevistas de mañana van a estar complicadas —dijo en inglés, con una risa cansada.

    —Jajaja, hablo español —respondí, extendiendo mi mano—. Soy Alma, de Argentina. Vine por negocios.

    —Ah, ¡mucho gusto! Roberto, perdón por el escándalo. La empresa me está volviendo loco estos días.

    —Entiendo perfectamente. Yo estoy en la misma.

    —Perdona si es atrevido, ¿cuántos años tienes?

    —Treinta. ¿Y tú?

    —No puede ser. Pareces más joven. Yo tengo treinta y tres, aunque el estrés me hizo encanecer antes de tiempo —bromeó, pasándose una mano por el pelo.

    —Jajaja, a mí no me queda mucho entonces.

    El ascensor se detuvo y él hizo una mueca de pesar.

    —Bueno, lamento irme. Ojalá nos veamos por aquí.

    —Seguro. Estaré unos días.

    Nos despedimos con un beso en la mejilla, y aunque no era mi tipo, algo en su mano grande y su contacto fugaz me dejó un cosquilleo inesperado. Pero no le di importancia. Después de todo, mañana era el día más importante de mi carrera.

    El gran día había llegado. Me preparé con esmero: un pantalón de vestir azul marino, una camisa blanca impecable y un pañuelo blanco que contrastaba con el saco azul que llevaba sobre los hombros. Completaba el look con unos tacones que estilizaban mi figura, aunque me aseguré de que el saco cubriera lo suficiente para mantener la elegancia sin resultar inapropiada.

    Al salir de la habitación, me encontré con Roberto otra vez.

    —Hola, buenos días —lo saludé, notando cómo su mirada se detenía en mí con admiración.

    —¿Te pasa algo? —pregunté con una risa ligera mientras llamaba al ascensor.

    —No, no… Perdón si sueno como un baboso, pero estás espectacular —dijo, recorriéndome de arriba abajo con una sonrisa tímida.

    —Gracias —respondí, sonrojándome un poco—. Tengo una entrevista por la mañana y reuniones importantes por la tarde.

    —Ah, qué bien. Mucha suerte —dijo, asintiendo.

    —¿Bajas también? —pregunté cuando las puertas del ascensor se abrieron.

    —Sí, te acompaño. Tengo reuniones virtuales con unos emisarios de Europa que no pudieron venir —explicó mientras entrábamos.

    —No hace falta que te molestes, en serio —insistí.

    —No es molestia, es un placer. Nunca he conversado con una mujer como tú.

    —¿Cómo? —arqué una ceja, intrigada.

    —Bueno… Eres como una supermodelo, y yo solo soy un nerd —confesó con una carcajada incómoda.

    —Ay, no exageres —reí, sintiendo el calor subirme a las mejillas—. No soy ninguna supermodelo.

    —En serio, eres increíble. Normalmente, las mujeres como tú ni me miran —dijo, con un dejo de tristeza en la voz.

    —Mira, a mí no me interesa lo superficial. Mientras seas buena persona, yo seré buena onda contigo. Además, la arrogancia no va conmigo. La vida ya es bastante complicada como para andar de diva.

    —Wow… Cada minuto me sorprendes más —murmuró, observándome con genuino asombro.

    —¿Y tú? ¿No tienes esposa o hijos? —pregunté, cambiando de tema.

    —Sí, estoy casado… Pero mi esposa últimamente está más enfocada en su trabajo que en mí. Ni siquiera quiere que la toque. Es una relación… complicada. Estoy pensando en divorciarme —confesó con un suspiro.

    —Entiendo. Mi marido siempre está de viaje, y tengo la sospecha de que me engaña… —dejé caer las palabras, aunque preferí no ahondar en ese pensamiento. (Que, como después descubriría, era cierto.)

    —No entiendo a los hombres. ¿Cómo pueden despreciar a alguien como tú? —dijo, sacudiendo la cabeza.

    —Bueno, en fin… Ojalá no sea verdad —murmuré mientras llegamos a la puerta principal.

    —Hasta aquí te acompaño —dijo Roberto—. Gracias por tu amabilidad. De verdad, fue un honor hablar contigo.

    Antes de que pudiera responder, me dio un beso suave en el cachete.

    —Gracias a ti también. Cuídate, ¡hasta luego! —sonreí antes de salir.

    La conversación había sido inesperadamente agradable. No suelo tener amigos hombres, y Roberto me trató con la sinceridad que necesitaba. Era refrescante tener una charla así, sin pretensiones ni juegos.

    El día había sido perfecto. Las reuniones habían salido incluso mejor de lo esperado, el acuerdo estaba firmado y, aunque podía volver a Argentina, decidí quedarme cuatro días más. Necesitaba este respiro: la pileta del hotel, las tardes de relax y alejarse del estrés que me consumía los últimos meses.

    Al regresar al hotel, exhausta pero satisfecha, me dirigía directo a mi habitación cuando escuché una voz conocida.

    —¡Alma! ¿Recién llegas? —Roberto asomó desde la puerta de su habitación, apoyándose en el marco con esa mezcla de timidez y entusiasmo que lo caracterizaba.

    —Hola, Roberto. Sí, por fin voy a descansar un poco —respondí, conteniendo un bostezo.

    —Ah, bueno… Te iba a invitar a cenar, pero si estás cansada… —Se pasó una mano por el pelo, nervioso.

    —No, perdón, en serio estoy agotada. Pero gracias —sonreí, tratando de no parecer brusca.

    —No hay problema, lo entiendo. Descansa bien. Dulces sueños.

    —Gracias, igualmente.

    Entré a mi habitación y, antes de dejarme caer en la cama, llamé a casa. Mi esposo apenas me dirigió la palabra, como siempre. Pero lo que realmente quería era escuchar a mis niños. Su voz alegre me reconfortó, aunque al despedirme, intenté un tono más picante con mi marido:

    —¿Y si hablamos un poco más… íntimo? —susurré, juguetona.

    —Estoy cansado. Hablamos después.

    Colgué frustrada. Ya estaba harta de esa actitud, pero ese era un problema para otro momento.

    Al día siguiente.

    Me levanté temprano, fui al gimnasio del hotel, desayuné sola y luego salí a pasear por la ciudad con una amiga que vivía allí. Al regresar, decidí merendar algo en la cafetería del hotel.

    —Alma, ¡qué alegría verte! —Roberto estaba sentado en una mesa con su laptop abierta, levantando la mirada con una sonrisa sincera.

    —Hola, ¿trabajando? —pregunté, acercándome.

    —Algo así. Estoy revisando unas acciones —dijo mientras corría sus cosas para hacerme espacio—. ¿Te sentás?

    —Dale —acepté, riendo un poco.

    —¿Día pesado? —preguntó mientras yo pedía un café.

    —No, para nada. Estos días son de vacaciones. Estuve paseando por la ciudad.

    —Ah, qué bueno. Hacen bien unos días para vos sola.

    —Sí —asentí—. Y vos, ¿de dónde sos, Roberto?

    —Ah, perdón, ni me presenté bien —se rio—. Soy de Buenos Aires, pero vivo entre España e Inglaterra. Dirijo una empresa y ahora la estamos relocalizando.

    —¿Y eso es bueno o malo?

    —Complicado. En España no terminamos de despegar, así que probamos suerte allá.

    Asentí, comprendiendo. La conversación fluyó naturalmente, como si nos conociéramos de toda la vida. Él me preguntó sobre mí, y le conté de mi empresa de empaquetados, mis hijos, mi matrimonio… y esa charla pendiente que tenía con mi esposo.

    —Parece que estamos en la misma —dijo Roberto con un dejo de amargura—. La monotonía y el desinterés terminan cansando.

    —Totalmente. Pero mis hijos son lo primero. Ya veré qué hago.

    —Yo también pienso igual, aunque si me divorcio, dudo que encuentre a alguien —se rio, incómodo—. Miráme: soy un gordito con lentes y feo.

    —¡No digas eso! —protesté, sorprendida—. Sos amable, educado, inteligente… Eso vale mucho más que el físico. Y además, no sos feo. Tenés que ser más seguro de vos mismo.

    —Bueno, gracias por el halago —sonrió, ruborizándose.

    La charla siguió, cada vez más cómoda, hasta que finalmente nos despedimos para retirarnos a nuestras habitaciones.

    Pero algo en mí había cambiado. Sus palabras, su mirada, esa atención genuina que mi esposo ya no me daba… empezaron a generar pensamientos que no esperaba.

    ¿Y si…?

    Me sorprendí a mí misma sonriendo ante la idea. Nunca me había pasado, pero había algo excitante en la posibilidad de portarme mal…

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  • La madre perfecta

    La madre perfecta

    Muchos creen que ser una actriz porno es un trabajo sencillo, pues consideran dicho trabajo consiste en, simplemente, grabarse teniendo relaciones delante de una cámara, pero nada más lejos de la verdad. Al igual que pasa con cualquier profesión, ser actriz porno requiere de cierto grado de sacrificio, pues las mujeres que forman parte de la industria del entretenimiento adulto deben someterse a intensos regímenes de entrenamiento, seguir dietas estrictas, saber al derecho y al revés todas las técnicas del Kama Sutra, entre muchas otras cosas.

    Sin embargo ¿Saben que es más difícil que ser una actriz porno? Ser una actriz porno que, además, es madre soltera, y de eso tratara este relato: de una mujer que logro sobrellevar las dificultades de su vida laboral y convertirse, a su manera, en una gran madre para sus hijos.

    Antes de empezar con nuestro relato, les voy a presentar a los protagonistas del mismo, los cuales son:

    Anna (44 años): es una milf pelirroja de ojos celestes. Es una mujer alta, musculosa, femenina, de muslos gruesos, tetas enormes, e inmenso trasero. Es una actriz porno muy famosa y respetada en la industria del entretenimiento para adultos y, pese a todo el trabajo que ellos implica, siempre tuvo tiempo para criar correctamente a sus hijos.

    Jen (21 años): es la hija mayor de Anna. Es una chica rubia con varios mechones teñidos de violeta y, al igual que su madre, tiene un cuerpo musculoso con grandes atributos femeninos (aunque no tan grandes como los de Anna). Ella admira mucho a su madre, y sueña en convertirse en una gran actriz porno como ella.

    Alfredo (18 años): es el hijo menor de Anna y el hermano menor de Jen. Es un joven rubio de baja estatura, poca masa muscular, y con un rostro muy hermoso. A diferencia de su hermana, a él no le gusta que su madre se dediqué a la industria para adultos y, aunque la ama, tiene una relación medio conflictiva con ella debido a esa cuestión.

    Nuestro historia comienza en la casa de Anna, en el que ella y su hija se estaban arreglando para ir a una reunión en el estudio de grabación para el que la miof culona trabaja. Aquella reunión era muy importante para Jen porque, en la misma, el director del estudio decidiría si la contrataba como actriz porno o no.

    “¡Ay, madre!” exclamó Jen, con entusiasmo “¡No puedo creer que por fin ha llegado el día! ¡El día en el que iniciaré mi camino para ser una gran actriz porno como lo eres tú!”

    “¡Uy, si, que gran orgullo!” exclamó Alfredo, de forma sarcástica y despectiva “¡Qué gran orgullo debe ser que te graven mientras un afroamericano te rompe el culo! ¡Sin duda alguna, las personas que se mataron estudiando una carrera se deben estar muriendo de envidia! ¡te felicito, Jen!”

    “¡No le hagas caso al aguafiestas de tu hermano, hija!” exclamó Anna “¡Mientras no lastimes a nadie, siempre debes estar orgullosa de hacer lo que apasiona, sin importar que sea! ¡Ahora vámonos, que se nos hace tarde!”

    “¡Adiós, hermano!” exclamó Jen “¡Que te diviertas pajeándote mientras no estemos!”

    “¡Cállate!” grito Alfredo, molesto.

    Ambas mujeres salen de su casa, se suben al auto, y Anna conduce hasta el estudio de grabación. Una vez allí, madre e hija se presentan ante la secretaria, y está les pide amablemente que tomen asiente y esperen a que el director las reciba.

    “¡ay, madre, que nervios!” exclamó Jen, preocupada “¿Tu realmente crees que tú jefe me quiera contratar?”

    “Sería un tanto si no lo hiciera, pues estaría perdiendo a la puta más pervertida de toda la ciudad, la cual fue entrenada por la mejor actriz porno que existe” dijo Anna, con firmeza.

    “¡No le des falsas esperanza a la pobre chica!” exclamó una mujer afroamericana, la cual usaba un corte abro, y tenía un cuerpo y una altura muy similar al de Anna “¡Si fue entrenada por ti, no tiene futuro alguno en la industria pornográfica!”

    “¿No tienes algo mejor que hacer que venir a molestarnos, Victoria?” preguntó Anna, enojada.

    “¿Así que tú eres Victoria, la gran rival de mi madre?” preguntó Jen “Mi madre me hizo ver varias de tus películas porno”

    “¿De verdad?” preguntó la afroamericana, sorprendida.

    “¡Si, para que aprenda todo lo que no se debe hacer!” exclamó la pelirroja.

    “¡Mira quién habla!” exclamo Victoria, enojada “¡Tu, más que dedicarte a hacer porno, deberías dedicarte a la industria de los medicamentos para el sueño, pues eso es lo que me provoca ver tus películas!”

    “¡Son palabras muy grandes para una mujer con un culo tan pequeño!” exclamó Anna, molesta, mientras se ponía de pie.

    “¡Parece que alguien ha bebido de mss. y anda con la percepción de la realidad completamente alterada!” exclamó la milf de piel oscura, mientras ella y Anna presionaban sus enormes tetas una contra la otra.

    “¡Anna, Jen, el director dice que ya está disponible, y que pasen a su despacho!” exclamó la secretaria.

    “¡Terminaremos esto más tarde porque, por ahora, tengo cosas más importantes que hacer que perder mi tiempo contigo!” exclamó la milf pelirroja, mientras ella y su hija se iban.

    Luego, madre e hija entraron en la oficina del director, y se sientan enfrente del escritorio de este.

    “¡Bienvenidas, señoritas!” exclamó el hombre muy cordialmente “Ahora, si no les molesta, iré directamente al grano: luego de haber analizado muy minuciosamente los videos porno casero que Jen me mandó, y luego de consultarlo con unos expertos, he decidido que la chica merece una oportunidad de trabajar con nosotros”

    “¡Que genial!” exclamó Anna, muy contenta.

    “¡Es realmente fantástico!” exclamó Jen, mientras abrazaba a su madre “¡Se lo agradezco mucho, señor! ¡Le prometo que no se arrepentirá de su decisión!”

    “¡No tienes nada que agradecer, te lo has ganado! Además, siendo la hija de Anna, confío plenamente en que te convertirás en una actriz muy cotizada” exclamó el director, mientras él y Jem se daban un apretón de manos “Además, siendo la hija de Anna, estoy seguro de que te convertirás en una actriz porno muy lucrativa para mí estudió”

    Tras firmar un par de contratos, Jen se retira de la oficina junto con su madre, y las dos se suben al auto y se van del estadio.

    “¡No sabes lo orgullosa que estoy de ti!” exclamó Anna, mientras manejaba “¡Yo sabía que lo ibas a lograr!”

    “¡Y todo te lo debo a ti, mamá!” exclamó Jen, con gran alegría “De no ser por todos los consejos que me diste y por todos los ejercicios que me hiciste hacer, nunca hubieran podido ser contratada, y te estoy muy agradecida por ello ¡Ahora volvamos a casa, que tengo ganas de celebrar!”

    “De hecho, te prepare una sorpresa especial para festejar el gran paso que has dado en el inicio de tu carrera”

    “¿De verdad?” preguntó Jen, con gran interés “¿Qué es?”

    “Lo verás cuando lleguemos allá” dijo Anna, con una sonrisa pervertida.

    Tras conducir por unos minutos, la milf estaciono su auto en la entra de un motel llamado “Corazón de Fuego”.

    “Espera, yo he oído hablar de este lugar ¿Este no es el motel en el que papá y tú nos concibieron a Alfredo y a mí?” Preguntó Jen.

    “¡Así es, y es en este mismo lugar en el que te quiero hacer una propuesta indecente!” exclamó la milf, mientras le acariciaba la pierna a su hija “He notado como me miras con ojos de deseo y, la verdad, yo también hago lo mismo ¡Es por eso que quiero proponerte que celebremos tu ingresó en la industria pornográfica teniendo sexo lésbico e incestuoso en la misma habitación en la que tu padre me dejó embarazada de ti!”

    “¿Sabes?… eso suena… ¡Excitante!” exclamó Jen, y luego beso a su madre “La verdad, tenía planeado proponerte algo parecido en algún momento, pero creo que es mejor hacerlo ahora”

    Ambas mujeres bajan del auto y, agarradas de las nalgas, ingresan al motel, caminan hasta la recepción, y Anna le pide al empleado que quería rentar la habitación número 17. Para fortuna de la milf y de su hija, dicha habitación se encontraba disponible y, al entrar en ella, se desvistieron rápidamente.

    “¡Te veo nerviosa!” exclamó Anna, mientras abrazaba a su hija “¿Qué pasa? ¿Te has arrepentido?”

    “¡No, para nada, es solo que jamás he tenido sexo lésbico!” exclamó Jen, preocupada.

    “¡Tranquila, mami te guiará en todo!” exclamó la milf, mientras besaba apasionadamente a su hija.

    Las lenguas de ambas mujeres se entrelazaron con fuerza, al tiempo que las dos se manoseaban mutuamente.

    “¡Siempre he envidiado el inmenso culo que tienes!” exclamó Jen, mientras le agarraba las nalgas a su madre.

    “¡No te preocupes porque, si sigues mi rutina de entrenamiento al pie de la letra, tu tendrás un culazo como el mío e, inclusive, hasta más grande y redondo!” exclamó Anna, y luego le empezó a chupar las tetas a su hija, al tiempo que le manoseaba el coño.

    Jen gimió de con gran fuerza al sentir la boca y las manos de su madre dándole placer. Luego, Jen hizo que Anna se acostara boca arriba sobre la cama, metió su cabeza entre las piernas de esta, y le empezó a chupar el coño.

    “¡Se ve que has prestado mucha atención en las clases de sexo oral que te he dado!” exclamó Anna, mientras disfrutaba el sexo oral que su hija le hacía “Pero no es justo que solo yo disfrute ¡Colócate sobre mi para que puedas sentir la lengua de mami!”

    La joven acato la orden de Anna, se colocó encima de esta, y las dos se dieron placer mutuo al hacer el 69.

    Luego de mucho Sexo oral, madre e hija entrelazaron sus piernas, y comenzaron a frotar sus coños uno contra el otro.

    “¡Puta madre!” grito Anna de placer, mientras se movía con fuerza “¿Estás segura de que nunca antes tuviste sexo lésbico? Porque te mueves como toda una experta”

    “¡Eso es un gran halago para mí, viniendo de la puta más hermosa que conozco!” exclamó Jen, mientras besaba apasionadamente a su madre.

    Tras frotar sus coños por varios minutos, las mujeres se separaron, y Jen le dió una nalgada a su madre.

    “¡Pero que atrevida eres al nalguear a tu madre, putita!” exclamó Anna, con sarcasmo y excitación, mientras agarraba a su hija del pelo y metía la cara de está entre sus nalgas “¡Mereces un castigó para ver quien es la que manda en esta relación!”

    Sin que su madre le ordenará que lo hiciera, Jen metió su lengua dentro del culo de Anna, y está pego un grito de placer.

    “¡Mete tu lengua tan adentro como puedas, sucia perra de mierda!” grito apasionadamente Anna, mientras agitaba con fuerza sus nalgas, al tiempo que Jen metía su lengua tan adentro del ano de su madre como le fuese posible.

    Al finalizar con el apasionado beso negro entre madre e hija, Anna saco de su bolso una cinturonga, la cual poseía un gran consolar, y se la puso.

    “¿Lista para que mami te coja, zorrita?” preguntó Anna, mientras agitaba su consolador.

    “¡Si, quiero, pero no con esa cinturonga!” exclamó Jen, mientras sacaba del bolso una cinturonga con un consolador mucho más grande “¡Quiero que uses esta conmigo!”

    “¿Segura? No creo que estés lista para soportar algo tan grande”

    “¡Te lo suplico, úsalo conmigo!” exclamó Jen, mientras se inclinaba ante su madre, y le lamía la pierna derecha “No me tengas piedad por ser tu hija ¡Cogerme como coges a tus compañeras de trabajo!”

    “¡Si eso quieres, eso tendrás, mi amor!” exclamó Anna, mientras se ponía la cinturonga que Jen le dio.

    Luego, Jen se acostó boca arriba sobre la cama, Anna se colocó sobre ella y, de un solo movimiento la milf penetro el pequeño coño de su hija con el enorme consolador de su cinturonga.

    “¡Puta madre!” grito Jen, entre gemidos de placer, mientras Anna se la cogía tan fuerte como podía.

    “¡Eso es, puta de mierda!” grito la milf, al tiempo que penetraba, estrangulaba, y le escupía en la boca a su hija “¡Grita para mí! ¡A mami le encanta ver a las zorras retorciéndose de dolor y de placer!”

    Tras follar el coño de su hija hasta el hartazgo, Anna hizo que Jen se pusiera en cuatro, y se dispuso a penetrarle el culo.

    “¡Mama, espera!” exclamó Jen, preocupada “¡Por el culo no, me lo vos a romper!”

    “¡Lo lamento, hija, pero saber que mami es incapaz de contenerse cuando está exita!” exclamó Anna quien, de un solo movimiento penetro el culo de Jen “¡Ahora solo cállate y disfruta!”

    “¡Mierda!” grito la joven quien, pese al inmenso dolor que sentía, gimió de placer “¡Piedad, mami, piedad!”

    “¡Nada de piedad!” grito la milf y, mientras cogía con fuerza el culo de su hija, la agarraba del pelo y la nalgueaba “¡Si quieres ser una actriz porno, será mejor a qué te acostumbré al sexo duró y salvaje! Ahora dime ¿Quién es mi zorrita?”

    “¡Soy yo, mami!” exclamó Jen, mientras agitaba sus nalgas “¡Culeame hasta que mi culo se rompa! ¡Enséñame como domina una verdadera actriz porno para que aprenda a hacerlo!”

    Finalmente, y tras haber tenido mucho sexo salvaje, ambas mujeres tuvieron un gran orgasmo, y ambas mujeres se desplomaron en la cama una al lado de la otra.

    “¡Mañana no voy a poder caminar bien, pero valió completamente la pena!” exclamó Jen, mientras le agarraba una nalga a Anna.

    “¡Esa es la actitud de una verdadera actriz porno, querida!” exclamó Anna, y luego beso apasionadamente a su hija.

    “Dime ¿Crees que, algún día, podré ser tan buena actriz porno como tu?”

    “¡No!… ¡Vas a ser mucho mejor de lo que yo fui!” exclamó Anna, mientras abrazaba cariñosamente a Jen “La verdad, me encanto lo que hemos hecho, y desearía poder hacer lo mismo con tu hermano, pero no creo que a él le guste”

    “¡Le va a encartar, mamá! Ningún hombre se puede resistir a tu cuerpo y, si se niega, es porque es gay. El problema es que eres demasiado comprensiva con él y le has permitido que te falte el respeto varias veces ¡Deberías agarrar de los pelos ese odioso saberlo todo y convertirlo en tu consolador viviente, para que se le quite lo antipático!”

    “Es una tentadora idea… pero no sé si me animaría a hacer eso, ni yo soy tan puta”

    “¡En fin, dejemos de hablar de Alfredo y, mejor, sigamos cogiendo!” exclamó Jen, mientras le pasaba la lengua por el cuello a Anna “¡Aún estoy caliente!”

    “¡No existe madre que tenga una mejor hija que yo!” exclamó Anna, mientras se colocaba encima de su hija para seguir teniendo sexo.

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  • Propuesta indecente

    Propuesta indecente

    Cierto día mientras almorzábamos; Manuel me propuso algo que me dejó con el pensamiento desordenado; me dijo que íbamos hacer un trio con el amigo del Agustino, quien me recomendó; pero que sería una doble penetración; le dije que la verdad no estaba seguro que entre dos pingas en mi ano; me respondió que lo dejé en sus manos que todo saldrá bien mientras se acercaba a besarme.

    Estuve con la mente divagando como sería esto; pero al fine calme porque pasaron días y no venía; hasta que un fin de semana a eso de las 9 de la mañana mientras dormía; me despertaron totalmente desnudos que me asusté al ver a los dos desnudos con sus pingas paradas tratando de meter las dos pingas en mi boca que no cambian; empezando a mamar su pollas; era alucinante; pues me atoraron a pingasos que se gozaban hacerme arcadas; pero si que tenía miedo como voy a hacer para que estás dos pingas entren en mi culo.

    Empezaron a cacharme unos a uno que me gustaba a pesar del dolor que sentía; era un trio súper sexual que me destrozaban el culo a pingasos; hasta que Manuel se echó y me pidió que me siente sobre su pinga y el otro intentaba meterlo; la cual no ingresaba era doloroso; pues intentaron por todos los medios y nada que le decía que ya no porque me dolía era un cache espectacular que eyacularon como dos locos empedernidos que la leche lo dejaron en mi espalda y en mi boca; hasta que de pronto entraron policías en el cuarto; seguidos de la prensa; quizás cuando entraron olvidaron cerrar la puerta.

    Nos hicieron cambiarnos y nos llevaron a la comisaría; pues alguien había denunciado que se ejercía la prostitución en esa casa; yo aduje que era gay y que Manuel era mi pareja; por mi cuenta quise hacer un trío pues era mayor de edad; la verdad que me había enamorado de Manuel quien quedó detenido y confiscado sus cosas y materiales; recuerdo que iba a visitarlo a la carceleta; recuerdo que el amigo de él Agustino asumió la defensa de Manuel; pues era abogado y fue quien le ayudó mucho y al final le dieron libertad.

    Decidió rematar todo lo que tenía y vendió todo; pues la casa era de su tío de España en donde me dijo que podía vivir allí hasta que vendan la casa; pues había coordinado con su tío y acordado que se vendería esa casa y viajó a España; pues tenía familia allá; lloré mucho recuerdo, como quien pierde a alguien muy querido y amado; al final junto al amigo de él Agustino lo despedimos en el aeropuerto.

    Yo muy triste por su partida; me entregó un sobre con dinero diciéndome que si la vida quiere algún día volveremos a encontrarnos; regresamos a casa donde el amigo me acompañó; lloré mucho a lo que me abrazó y besó diciendo que estará para mí cachando me en ese momento y dejándome triste pues tenía que volver a su estudio.

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