Autor: admin

  • Con Laura y Rosy

    Con Laura y Rosy

    Era de suponer que después de haber llevado a Rosy y Beto a “buen puerto en su relación marital, pues Laurita me sabría agradecer en junta de su amiga Rosy el favor antes consumado, así que un día se me arrimaron a platicar sobre sus dudas como siempre y agradecer lo bien que vivían últimamente Beto y Rosy en su relación.

    Al parecer Laurita no conocía la historia al 100%, porque ella sabía solamente que habíamos hecho un soberano trío, pero no sabía de las tendencias de Beto, ni del permiso que le dio Rosy para llevar a cabo su fantasía. Pero si tenía en mente algo que al parecer ya habían maquinado entre ellas “un trío, pero con ellas dos”.

    Por supuesto que era fabulosa la idea, les pregunté que para cuando era el plan, y me dijeron que el viernes próximo (era un lunes cuando llegamos al acuerdo).

    Al parecer, Beto no estaba enterado del plan, según Laura, pero ya Rosy y Beto lo habían platicado un día después de nuestro encuentro pasado, y era con el fin de pagarle a Laura el favor, siempre y cuando no se enterara de todo lo nuestro, pues tal vez no reaccionaría adecuada y favorablemente, ¡bueno! Eso era lo de menos, lo importante es que todos tenían algo que esconder, por lo tanto, disfrutarían de su fantasía y llevaría un aditamento extra, ¡la adrenalina que suelta el cuerpo al creer que se hace a espaldas de los demás y solo ellos lo saben!

    Eso para mí es muy divertido, pues todos juegan a que el otro no sabe, y eso es excitante y divertido, así que quedamos que sería el viernes a las 8 pm y que no estaría Adalberto presente, pero el muy desgraciado de Beto estaría filmando desde no sé dónde. Eso fue algo que si, fue sorpresa para su servidor y que aumentó la adrenalina.

    Así que llegó el día esperado por todos, y por supuesto llegué puntual con mi botella de tequila, y mis condones de sabores por si se atravesaba algo. Cuando todo estaba en su máxima expresión, comenzamos a bailar haciéndome un sándwich entre ellas y sobándome la entrepierna, ambas, y poniéndome de por sí más caliente de lo normal, luego procedimos al cachondeo, y a las manitas calientes. Yo metía mano por todos lados, y sugería que entre ellas también lo hicieran para que no solo sobaran pene, si no tetas y panochas, que luego me di cuenta que les encantaba. Parecía y creo que así era, ya habían tenido relaciones entre ellas, o era su fantasía el día mismo del trío.

    Y así continuamos haciéndonos todo lo que la imaginación permitía, luego nos fuimos a la recámara, y nos desnudamos lo que nos quedaba de ropa que ya no era mucha, y nos tendimos a hacer todo un trío.

    Primero Laurita se subió a cabalgar, mientras Rosy le dedeaba el culito, y le besaba la espalda, después Rosy se sube y Laura le hace lo mismo, en seguida me vengo, y entre ellas continúan sus cosas, que no dejaban de ser muy cachondas. El ver como se manoseaban y se dedeaban una a la otra, se chupaban, su conchita, sus tetas, y todo lo que podían.

    Así terminaron, una vez más, pues arriba de mi terminaron la primera cada una, y eso fue fabuloso, por supuesto que no fue todo, luego las culeé, ese relato vendrá pronto, también como Beto, nos sorprende, y hacemos el cuarteto, así sigue…

    Loading

  • Cuando conocí al ingeniero (2)

    Cuando conocí al ingeniero (2)

    ¿Sintieron alguna vez que conocían a alguien de otra vida?

    Bueno, eso me pasó con el Ingeniero. Bastó un “hola” para sentir el deseo de conocerlo… y cuando lo tuve frente a mí, una necesidad urgente de poseerlo, de hacerlo mío, de que me haga suya.

    Vivimos lejos. Él en La Pampa, yo en Misiones. Dos puntos del mapa, demasiados kilómetros… y sin embargo, algo en nuestras almas ya se había encontrado.

    Todo cambio con un mensaje:

    “Muchas gracias por la reunión.”

    Formal. Estratégico.

    (Años después me enteraría que era su modus operandi).

    Pero mi cuerpo reaccionó antes que mi razón. Le contesté con suavidad:

    “A vos, por tu predisposición.”

    Mi mente ya jugaba su propio juego. Si responde, es porque le gusto…

    Segundos de silencio. Respiración contenida. Hasta que vibró el celular:

    “¿Vos ya terminaste?”

    Ni lenta ni perezosa, le pasé mi número personal con la excusa más vieja del mundo:

    “A esta hora ya no veo este celu. Te paso el mío.”

    Y él, directo:

    “Ah… decir que vamos por ahí.”

    Claro que íbamos por ahí. Ambos sabíamos lo que queríamos desde ese primer encuentro.

    Esa misma noche, mientras el iba camino a Corrientes, empezamos a hablarnos. Las preguntas eran las clásicas: ¿qué hacés?, ¿cómo estás?, ¿soltera? Pero algo pasaba…

    Las palabras fluían como si ya nos conociéramos. No había silencios incómodos, solo una conversación que nos desnudaba de a poco, sin necesidad de tocarnos.

    Yo, coqueta, le propuse vernos.

    Él se quedaría una noche más cerca. Feriado largo, sin pasajes… no se pudo.

    Pensé que se desvanecería todo.

    Pero no.

    Empezamos a compartirnos por mensajes. Pedacitos de nuestras vidas, chistes, insinuaciones…

    “Está bueno para chupar una bombilla… de Mate, por el frío, claro” .

    Fue mi primer chiste. Tiraba la piedra… y escondía la mano.

    Un día me mandó una foto en bóxer, y sus pies cruzados, relajados.

    Le contesté:

    “Voy en un Uber-helicóptero. Esperame.”

    Jugábamos con las palabras, y las palabras se calentaban.

    Hasta que un sábado, él dejó caer la bomba:

    “Qué lindo que está para chupar una bombilla… de carne.”

    Me reí. Y lo provoqué:

    “Te la chupo toda.”

    Y ahí se rompió el hechizo de la corrección.

    Desde entonces, nos comenzamos a saboreamos a la distancia.

    Nos desvestimos con palabras, nos mordimos en voz baja, nos prometimos piel.

    Todavía no nos habíamos tocado. Pero el deseo…

    Ah, el deseo viaja más rápido que cualquier avión.

    Seguimos así durante dos semanas más, desnudando nuestros anhelos, poniendo en palabras todo lo que sentíamos desde aquella primera vez en que mis ojos se cruzaron con los suyos —esos ojos verdes que cambian de color con el tiempo.

    Juntábamos las ganas, le hacíamos el amor a la ansiedad y acumulábamos un apetito feroz…

    Todo para devorarnos, sin pausa, en ese primer encuentro.

    Loading

  • El hotel del todo incluido

    El hotel del todo incluido

    Con motivo de un viaje de negocios, acompañé a mi marido varios días a una convención médica que se celebraba en Benidorm. Yo no quería ir por considerarlo un viaje cansado para pocos días, pero él se empeñó y al final acepté ir.

    El hotel donde nos alojamos estaba muy bien, pero para mí que había venido de acompañante, no me quedaba más remedio que aburrirme tomando el sol en la piscina o marcharme a la playa hasta que llegara mi marido bien entrada la tarde. Como la playa quedaba algo distante opté por quedarme en la piscina. Me puse un bikini llamativo y armada de toalla de baño y crema bronceadora bajé a la piscina.

    Tumbada indolentemente en la tumbona, tomando el sol en topless, estaba pensando en mis cosas cuando vino un camarero, me preguntó si quería tomar algo, lo miré descaradamente desde detrás de las gafas de sol y me fijé tendría sobre 30 años, guapo, fuerte, cuerpo de gimnasio, estaba para comérselo.

    Le dije que me trajera un refresco y al momento me lo estaba poniendo sobre una mesita pegada a la tumbona. Le di las gracias y me preguntó si quería algo más. Le dije que mi marido estaba en una convención y volvía al anochecer, me aburría de estar sola y que podía hacer en el hotel. Me comentó, que, si me parecía bien, cuando acabara su turno de trabajo, me iba a enseñar algunas cosas interesantes que me gustarían y que estaban en el “todo” Incluido del hotel. Como os podéis figurar, ante semejante proposición, sonriendo le di mi número de habitación y le dije que lo esperaba encantada.

    Pasadas las 4 de la tarde llamó a la puerta de mi habitación, abrí y allí estaba el camarero. Encantada le indiqué que pasara, lo recibí liada en un pareo como única ropa, él venía vestido con camiseta, short y náuticos. Nos sentamos en el amplio sofá y le invité a tomar un wisky. Me dijo que no tomaba alcohol, ya que se cuidaba mucho, se machacaba en un gimnasio, no fumaba y procuraba llevar una vida sana. Nos servimos unos zumos.

    Lo observaba y, a pesar de tener 30 años, aparentaba menos edad y vi que se me presentaba una bonita oportunidad para abandonar mi aburrimiento y pasármelo bien con este yogurcito. Una oportunidad muy bonita para aprovecharla una mujer como yo mayor de 40 años y ansiosa de disfrutar y gozar en la cama.

    Me quité el pareo y me mostré desnuda a sus ojos, a continuación, lo fui despojando lentamente de toda su ropa y, una vez desnudo, apretándome contra el comencé a excitarme. Noté su cuerpo, fibroso, cuidado, joven, todo depiladito, morenito, como a mí me gusta. Como digo, se dejaba hacer de todo, era lo ideal para una mujer sedienta de amor y de sexo, y yo, ansiosa por disfrutar de su maravilloso cuerpazo, recorro y gozo toda su piel con las manos, con los labios y con la boca.

    Le mordisqueo los pezones, mi boca bajaba despacio saboreando cada centímetro de su tostada piel, con las manos le sobaba los gemelos, los glúteos, los dorsales, los muslos fuertes y apretados con unos cuádriceps perfectos al tiempo que con la boca y la nariz saboreaba el olor de su pubis. A tan corta distancia, el olor maravilloso que me llegaba de su sexo me excitaba aún más.

    Le palpé el escroto y notando la hermosura de los testículos, gorditos y sin nada de pelo, se los besé, uno a uno me los introduje en la boca varias veces, le palpé el pene, no estaba muy erecto, pero estaba de pecado, me lo introduje con avidez una y otra vez en la boca, lo lamí muchas veces, lo besé, lo quería todo para mí. Con delectación y lujuria saboree su glande, el tronco de su cipote entra y sale de mi boca y lo disfruto muchas veces y, gozando con ese manjar, me agité, me asfixié, no pudiendo más y me corrí como una colegiala.

    Pero no me conformé con eso, quería gozar con este efebo propio de un escultor griego. Quería sentirlo dentro de mí, de mi vagina, que entrara su miembro gordo y erecto todo dentro de mí, quería sentir sus achuchones, su bombeo de mete y saca. Quería que inundara con su leche todo mi ser.

    Comencé acariciándole la espalda, besándole los riñones y bajando hasta los glúteos, después me volví a comerle muchas veces su maravillosa polla, de abajo arriba y a llenarme la boca con tan rico y excitante manjar.

    Como ahora sí que la tenía gorda y tiesa, le pedí, le supliqué que me la metiera, que me la metiera hasta que me hartara y acto seguido, obedeciendo mi orden, seguramente al verme cara de esposa lujuriosa y viciosa, me penetró con la fuerza de un toro, inició un mete y saca cuyas fricciones cada vez me ponía más excitada y cachonda notando una de las sensaciones más maravillosas que he sentido nunca. Indudablemente, este camarero sabía follar a una mujer mayor aburrida y deseosa de sexo.

    Ahora en un dulce vaivén, como si estuviera meciendo a un bebé, me arrancó gemidos que me enloquecían, yo até mis piernas a su cintura para sentirlo más fuerte, más dentro y notar mejor su duro pene dentro de mi cuerpo. Sus embestidas son cada vez más fuertes y noto que estoy llegando al clímax, que no puedo aguantar mucho más, que me voy a correr, sí, sí, me voy a correr otra vez.

    Él también lo notó y apretó todavía un poco más el bombeo, también se iba a correr… sí, sí, quiero que inundes de tu semen todo mi interior, quería sentir el borbotón de tu leche caliente saliendo inagotable, quise fundirme con su orgasmo. Y así entre mil gemidos nos corrimos los dos al mismo tiempo en un acto de gozo y placer como pocas veces he sentido. Aquella fue una corrida gloriosa.

    Al día siguiente bajé tempranito a la piscina y respiré tranquila pues allí, a lo lejos, divisé a mi camarero. Solícito vino hacia mí, nos saludamos y le pedí un zumo fresquito. Me lo trajo rápidamente y al preguntarme si deseaba algo más, con la mejor de mis sonrisas y, lanzándole pícaramente un beso, le rogué que volviera a mi habitación cuando terminara su turno para aplicarme el todo incluido… ¡y la verdad es que también me lo aplicó maravillosamente aquella tarde y las siguientes!

    Cuando llegó mi marido me dijo si me había aburrido y yo le contesté: «cariño: en estos hoteles del todo incluido hay cosas para no aburrirse».

    Loading

  • Mi primer pecado con el mejor amigo de mi novio

    Mi primer pecado con el mejor amigo de mi novio

    Caí, cedí y me gustó. Nunca pensé sentir aquella sensación con una persona que apenas conocía, me dejé llevar por el momento y el deseo me atrapó. Y no importa si regresara el tiempo porque repetiría otra vez.

    En el rincón de aquella oscura sala, la sensación más ardiente recorría mi cuerpo, todos mis sentidos invadidos por el más oscuro deseo. Mis piernas chocaban entre sí, sentía como con cada caricia mi cuerpo se estremecía de placer, era algo totalmente carnal. Sin emociones, sin romanticismo, sin ningún compromiso, solo sentir. No me percataba ni siquiera de lo que pasaba a mi alrededor, solo podía pensar en sus manos, sus enormes y ardientes manos que recorrían mi espalda, sujetándome firmemente de la cintura y con la fuerza necesaria para atraerme hacia él, sentía su calor, su aliento, como sus labios rosaban con mi piel, aquella respiración acelerada que me incitaba a querer más.

    Su lengua húmeda que recorría mi oído de una forma tan sensual que sentía como apretaba mis muslos. Me tenía loca de placer y él lo sabía.

    Lo más excitante fue como con caricias y besos me llevaba al punto más alto de excitación al grado de querer rogarle por más. Su mano rozando entre mis piernas por breves momentos. No lo soportaba quería más y no sabía cómo decirlo. Pero no podía decirlo, él era fruto prohibido y me límite en jugar en esa línea fina de fidelidad.

    Mi temperatura subía cada vez más, me mordía los labios para aguantar, pero las sensaciones eran incontenibles, me negaba a probar sus labios porque sabía que con un beso lleno de lujuria y deseo y ya no podría para el curso de lo que podía suceder.

    Mis mejillas estaban muy sonrojadas, mis piernas completamente tensas y sus manos, sus manos no dejaban de acariciar mi cuerpo. Sus ricos labios sobre mi cuello me hacían más difícil el resistirme, solo pensaba en cuanto tiempo más podría soportar, ¡Ya no resistía!

    Y en eso, encendieron las luces la poca gente de la sala salió poco a poco y fue donde recordé donde estábamos.

    Salimos por el pasillo y le dije que tenía que ir al baño, entré a un retrete rápidamente y solo pensé “¡Que carajos acaba de pasar!”.

    Después de unos segundos moderé mi respiración, bajé mi pantalón, en eso noté algo inusual, desconcertada bajé mis bragas y, no lo podía creer. Un líquido transparente y viscoso salía de mi vagina, era muy abundante. Con mis dedos palpé mi vulva y estaba muy caliente y mi clítoris hinchado y húmedo. Mi cuerpo quería más, estaba listo para tener más, mucho más. Comencé a financiar con su cuerpo, con su pene, la excitación no cedía, suavemente comencé a acariciaba mi clítoris con mis dedos.

    Pero de la nada, la puerta del baño donde estaba se abrió, no me dio tiempo ni de reaccionar, me sentía tan avergonzada, él estaba viendo fijamente mi vagina toda mojada, al ver lo caliente que estaba sonrió con una sonrisa de satisfacción, él sabía que había ganado este juego. Yo rápidamente me agaché para subir mis bragas, pero él me detuvo, entró al baño y le puso seguro.

    Sin pensarlo metió sus manos debajo de mi blusa. Nunca había sentido que mis pezones se pusieran tan duros, sus manos enormes abarcaban toda mi teta, alzo mi blusa y empezó a chupar mi pezón tan lentamente que podía sentir la textura de su lengua, estaba ardiendo de placer. Tenía mucho miedo de que alguien nos acachara, pero eso me excitaba cada vez más, esa adrenalina.

    Él empezó hacer de mi lo que quería yo solo me deje complacer todos sus deseos. Pero él solo me acariciaba y me tocaba los pechos, ni si quiera me besaba, no entendía su juego. Pero ese comportamiento hacía que yo quisiera más, que me dejara hacer de todo con tal de que me penetrara.

    Solo un par de minutos y note como un líquido salía de mi vagina y escurría por mis piernas, ¡Era demasiado¡ por lo que tome un poco de papel higiénico y entonces, él me tomo del cuello firmemente y dijo –¡No! Así estas muy bien.

    Yo temblé de miedo y solo asenté con la cabeza, entonces me tomo de la cintura y me subió arriba de la caja del agua del retrete, me quito la ropa y me abrió las piernas. No me resistí no dije nada solo me dejé, cerré lo ojos y sentí como mi cuerpo se estremecía de placer, como si un millón de descargas viajaran en todas direcciones y todas provenientes de mi clítoris. El succionaba, lamia, tocaba y mordía tan exquisitamente que se me era imposible no gemir.

    En eso entro una mujer al baño, aún recuerdo su perfume, un perfume de esos que ocupan las señoras mayores. Me dio miedo que nos escuchara por lo que le susurre que se detuviera, pero creo que le éxito más ver como yo me tapaba la boca para que no se escucharan mis gemidos.

    Metió sus dedos en mi vagina mojada y me masturbo tan rico, tan exquisito que mi vagina se mojaba más y más, tanto que ya escurría por el borde del retrete, la señora termino de usar el baño y se empezó a lavar las manos, yo ya no aguantaba más, si no se detenía iba a gritar de placer, en eso el saco mi teléfono de mi pantalón y dijo en voz baja –Sonríe. Mientras apuntaba el teléfono hacia mí. Él siguió penetrándome con sus dedos mientras que me lamia mi clítoris, era tanto placer que sentí que mi clítoris iba a estallar, la señora salió del baño y entonces él se detuvo un instante, me acaricio los pechos y me dijo –Creo que es hora de irnos.

    Tomó un poco de papel, se secó los dedos y salió del baño. Yo solo me quedé ahí, no entendía lo que había ocurrido, me sentía avergonzada, pero a la vez muy feliz y complacida. Miles de emociones me consumían hasta que el sonido de la puerta me sacó del frenesí de emociones, al parecer era la señora que aseaba los baños, rápidamente me lavé, del retrete tomé papel y sequé el inodoro y me aseé.

    Salí del baño y me dirigí al espejo, no podía creer que yo hace unos segundos estuviera con un hombre en un baño público. Me acuerdo que pensé “Si voy a pecar lo voy hacer bien”. Lavé mis manos y salí del baño.

    Loading

  • Sodomizada por un alto ejecutivo (1)

    Sodomizada por un alto ejecutivo (1)

    Provenía de una familia aristocrática, se le reconocía una fortuna considerable y había sido formado en prestigiosos colegios ingleses y universidades del Reino Unido y EEUU. Conocido playboy en su juventud, en la que se le atribuyeron romances con modelos y famosas, siendo protagonista de algún escándalo recogido en revistas del corazón de la época. En sus círculos íntimos era conocido como Conrad y obligada su presencia en las fiestas de sociedad.

    Actualmente, rondando los 50, es el responsable del área de negocio exterior, de la multinacional en la que trabaja mi marido, actividad que desempeña con mucho éxito. Hombre culto, simpático, atractivo, educado, seductor, con un halo novelesco del que se cuentan historias que le hacen más interesante para las mujeres. Como soltero de oro, las empleadas suspiran a su paso y lo ven como un personaje de leyenda inalcanzable.

    Se conforman con que su mirada se fije en sus tetas o culo, a sabiendas que es a lo máximo que pueden aspirar, aunque ciertos rumores afirman que más de una ha salido satisfecha sexualmente de su despacho. En cuanto a las esposas de los directivos, las hay que manifiestan que no se dejarían tocar un pelo de un depravado sexual, hasta las que dicen sin recato que se bajarían las bragas para él sin pensarlo.

    Hace escasos meses fuimos invitados a la boda de la hija del Presidente de la Compañía. Nos correspondió la mesa en la que estaba Conrad, acompañado de una dama elegante, al parecer Presidenta de una Compañía mexicana, con la que hace importantes negocios para la empresa. Invitada a la boda aprovechó para visitar España y Conrad se ofreció para hacer de cicerone y ser su acompañante en el enlace. Las mesas eran circulares y amplias, nos tocó sentarnos enfrente de él sin que la distancia nos permitiera mantener conversación alguna. Se limitó a cruzar alguna mirada y sonreírme en alguna ocasión a lo largo de la cena, a lo que correspondí.

    La fiesta se alargó hasta avanzada la madrugada. En un momento en el que mi marido conversaba con otros invitados y yo con esposas de otros directivos, se acercó y me pidió bailar. No tuve opción y me vi en medio de la pista con sus manos en mi cintura y apretada a su cuerpo. Mis brazos los colgué de sus hombros a sabiendas que mi actitud cariñosa iba a ser objeto de críticas de los invitados más conocidos. Quizás los efectos del alcohol me hacían más desinhibida dejándome llevar del momento. Sentía su proximidad y su cara pegada a la mía me producía sensaciones excitantes.

    Me susurraba halagos y palabras agradables al oído, algunas subidas de tono. Al no rehuirlo me apretaba más contra él y sentía la dureza de su verga entre el monte de venus y el ombligo, a pesar de mi 1.72 más los 10 cm de tacón. Su elevada estatura impedía que aquel bulto delicioso encajara donde me hubiera gustado sentirlo.

    A pesar de eso, mi humedad aumentaba por momentos y el sentirme entre sus brazos me trasportaba a un estado de excitación que me hacía vulnerable, deseaba sentirme suya. Volví a la realidad al terminar de bailar y oír su voz diciéndome: “Me gustaría conocerte mejor, eres una mujer maravillosa y seguro tenemos cosas en común que descubrir. Me gustaría me dieras tu número de móvil”. Como una autómata fui enumerando los dígitos.

    Si el viernes noche fue la fiesta, pasé el fin de semana alterada, repasando en mi mente todo lo que había sucedido. Me inquietaba su llamada porque sabía que no tendría fuerza de voluntad para negarme a lo que me pidiera. Una parte de mi lo deseaba, pero la otra me hacía temer las consecuencias de una cita con él.

    Pasó el lunes, martes, a medida que pasaban los días me fui tranquilizando en la creencia de que se había olvidado de mí, que lo ocurrido solo fue una forma de jugar conmigo, aprovechando una pequeña debilidad mía por efecto de mi alegre estado de ánimo debido a la fiesta.

    Continuará.

    Loading

  • Ser la jefa nunca fue tan sucio. O tan delicioso

    Ser la jefa nunca fue tan sucio. O tan delicioso

    Desde joven aprendí a jugar con esa imagen de niña buena, discreta, mustia si quieres… pero basta que alguien me mire con el hambre correcta para que descubra lo que en realidad soy: fuego. Un fuego que nunca se apaga, que arde bajito, pero que cuando se libera, quema todo a su paso.

    He vivido cumpliendo fantasías toda mi vida. Pero solo las que valen la pena. Solo con quienes merecen ver ese lado mío que escondo tan bien.

    Él… se lo ganó.

    Llevaba meses notándolo. Su forma de mirarme cada vez que me pasaba cerca, como si intentara disimular un deseo que ya le rebosaba los ojos. Me fascinaba ver cómo se tensaba cuando le hablaba o le daba alguna indicación. Cómo tragaba saliva si cruzaba las piernas frente a él. Era joven y atractivo, y estaba justo en ese punto en el que hacía babear a cualquier mujer, de cualquier edad. Se le notaban esas ganas de comerse el mundo. El tipo de hombre que tiene la verga alborotada por cualquier roce. Y yo, por supuesto, su jefa. No era la excepción a la regla.

    Debo admitir que siempre he tenido un gusto por los escenarios indebidos. Los rincones prohibidos. Los lugares donde todo el mundo hace cosas normales… mientras yo, sin que nadie lo sepa, me estoy dejando coger.

    Esa tarde, el pretexto fue simple.

    —Ve a la bodega a revisar si llegaron las cajas del proveedor —le dije, sin apartar la vista de sus labios.

    Asintió. Torpe. Digamos: el nerviosismo normal cada vez que le hablo.

    Esperé unos minutos, asegurándome de que nadie sospechara. Luego caminé con calma hasta la puerta trasera. Cerré por dentro.

    Lo encontré revisando etiquetas viejas con cara de no saber qué buscaba.

    —No llegaron, jefa —me dijo al verme entrar.

    —Ya lo sé.

    Me acerqué. Lo miré en silencio. Lo sentí respirar hondo. Se quedó inmóvil cuando estuve a un paso de él. Le tomé el mentón con la mano, sin brusquedad, solo con intención.

    —¿Hace cuánto fantaseas con la idea de tenerme?

    Se le escapó una risa ahogada. Bajó la mirada. No respondió.

    —Tranquilo. No me molesta. Al contrario… me calienta.

    Él levantó la vista y me encontró más cerca. Mis labios estaban ahí, a nada. Me los humedecí despacio. A veces basta con eso. Yo ya sabía que me iba a besar.

    Y lo hizo.

    Fue un beso torpe, ansioso. Lo guie. Le mostré el ritmo. Lo tomé de la nuca mientras lo pegaba a mí. Sentí su erección rozándome, tan firme que casi me hizo gemir. Me encantaba. No solo por su juventud, sino por la forma en que me miraba… como si yo fuera su fantasía más sucia. Y eso, para mí, era irresistible.

    Entonces sus manos, esas manos jóvenes, comenzaron a recorrerme con un hambre que me excitó hasta lo más profundo. Me tocaba por encima de la blusa, apretándome los senos, jadeando contra mi boca. Bajó por mi cintura, me agarró el trasero con fuerza, como si no pudiera creer que al fin lo tenía. Me apretaba. Me sobaba. Me pegaba más y más a su cuerpo.

    —Estás tan buena, jefa… —susurró contra mi oído, sin dejar de manosearme.

    Me apretó una pierna contra su cadera. Mi falda se alzó un poco más. Me frotaba como si necesitara dejar todo su deseo ahí, entre mis muslos. Yo le acariciaba la nuca, le mordía el cuello, lo dejaba hacer. Estaba temblando.

    Metió una mano por debajo de mi blusa. Sus dedos encontraron mi pezón duro y lo apretó. Mi cuerpo reaccionó con un gemido ahogado. Se notaba su inexperiencia, pero más se notaba su necesidad. Me rozaba, me sobaba, me adoraba con cada roce.

    Le di la vuelta y me apoyé sobre una de las cajas. Levanté mi falda. La misma que llevaba el día que lo entrevisté. No era cualquier falda. No era tan corta, pero sí de esas que delinean el cuerpo, que hacen notar mi trasero. De esas que te hacen volar la imaginación.

    (En cada fantasía mía hay una falda involucrada. Como si me incitaran a abrir las piernas y cumplir lo que tanto me sacude.)

    —¿Te acuerdas de esta falda?

    —Sí —susurró, con la voz ronca.

    —Ese día, tú ya me imaginabas así, ¿verdad?

    Asintió. Lo sentí temblar. Sacó su verga con manos torpes y la frotó contra mi humedad por encima de mi ropa interior. Empapada. Preparada.

    Me hice a un lado las bragas y lo guie para que me penetrara. Lento al principio, como si no creyera que eso estaba ocurriendo. Luego más profundo. Más seguro. Me gemía al oído. Me sostenía de las caderas. Yo cerraba los ojos, dejando que el momento me consumiera.

    La bodega era silenciosa. Afuera seguía todo: teléfonos, computadoras, clientes, rutina. Y aquí adentro, yo recibiendo esa verga joven mientras me mordía la muñeca para no gritar.

    —Mierda… no puedo creerlo —decía él jadeando.

    —Créelo —le respondí sin voltear—. Porque quiero que lo hagamos otra vez… y otra… hasta que sepas bien cómo se coge a una mujer.

    Sus manos me acariciaban la espalda, bajaban por mis muslos, me abrían más. Se venía encima de mí, no solo con su cuerpo, también con su deseo. Me cogía con hambre, como si fuera un premio, como si lo necesitara.

    Y yo me dejaba. No solo porque podía, sino porque me fascinaba.

    Me corrí con su verga enterrada en mí. No grité. Solo cerré los ojos, apreté los labios y me dejé romper. Él vino segundos después, temblando, con un gemido suave pegado a mi cuello.

    Nos quedamos así. Respirando. Sudando. Compartiendo ese secreto.

    Me bajé la falda con cuidado. Me giré a verlo. Le acomodé el cuello de la camisa y le sonreí.

    —Eres bueno… pero si quieres que repita, la próxima vez tráeme algo más que ganas. Yo soy adicta a los que saben mejorar.

    Le guiñé el ojo y salí antes que él.

    Dejé mi olor, su semen y la idea de que no sería la última vez.

    Porque no hay nada más rico que cogerte a alguien que te desea…

    mientras todos los demás creen que solo estás trabajando.

    Loading

  • El amigo de mi novio y novio de mi amiga

    El amigo de mi novio y novio de mi amiga

    Esta historia ya tiene varios años.

    Yo tendría 24 años, en esa época tenía una amiga que se llamaba Romina. Con Romina teníamos una relación muy buena. Nos habíamos conocido en el último año de la escuela secundaria, y nos habíamos hecho inseparables.

    Tal es así, que un tiempo después yo me puse de novia con el mejor amigo del novio de Romina.

    Con Romi éramos de salir mucho. Por lo general todos los viernes y sábados íbamos a bailar con el resto de nuestras amigas. A veces se sumaban nuestros novios, pero por lo general salíamos solas.

    Un verano decidimos ir a pasar el fin de semana a la quinta de los padres de mi novio. La idea era ir el sábado cerca del mediodía, y volvernos el domingo a la tardecita.

    Además de nosotros 4, también vendrían varios chicos y chicas del grupo. Finalmente terminamos siendo 9 personas.

    Llegamos a la quinta alrededor de las 14 h, fuimos en 3 autos. El día estaba espectacular, por lo que enseguida nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos a la pileta.

    Después de tomar algunas cervezas y de comer algo a la parrilla, nos pusimos a jugar una especie de wáter polo dentro de la pileta. Obviamente el objetivo no solo era hacer goles, sino también aprovechar cada oportunidad para “tocar” o “rozar” a alguien. En más de una oportunidad sentí como me rozaban o tocaban de más, pero fiel a mi estilo no dije nada y seguí jugando. Romi era exactamente igual a mí, por lo que tampoco tuvo problema. En un momento el resto de las chicas (2) decidieron dejar de jugar, y solo quedamos jugando Romi, el novio de Romi, mi novio, dos chicos más y yo.

    Obviamente Romi y yo jugábamos enfrentadas, y los chicos se divertían dándonos la pelota a nosotras y tratando de sacárnosla. En eso a Romi se le engancha la bikini con un gancho de la pileta, y sin querer se le desacomoda todo el corpiño quedando casi en tetas delante de todos los que estábamos en la pileta. Lejos de ponerse nerviosa, o de sentir vergüenza, como pudo se acomodó la bikini aunque la muchachada estaba más que contenta.

    En ese momento empezaron a gastar al novio de Romi diciéndole de que andaba mostrando las tetas y esas cosas. Como no se ponía celoso ni se enojaba, las bromas quedaron ahí.

    Seguimos jugando y enseguida pareció que tenían más ganas de desatarnos las bikinis que en sacarnos la pelota.

    En un momento siento como mi novio me tira del moñito de la bikini, y esta se me desata quedando casi flotando en la pileta. Logré taparme enseguida y todos empezaron a aullar. Yo me reía y tapaba mis tetas con mis manos. Romi también se reía y en eso el novio le desata la bikini dejándola en tetas también. Las dos nos tapábamos con las manos y nos reíamos. Al escuchar esto, los que estaban más alejados vinieron a ver qué pasaba.

    Enseguida empezaron a aullar también y las otras dos chicas se tiraron a la pileta luego de la insistencia de todos. Obviamente ni bien se tiraron les desataron las bikinis y quedaron en tetas también. No se nos veía casi nada ya que las cuatro nos tapábamos con las manos. Empezamos a jugar a apoyar teta con teta, a taparle una las tetas con la mano a la otra, y esas cosas. ¡Los chicos estaban como locos!

    Después de jugar un rato, los chicos se nos acercaron y empezaron a hacernos cosquillas con la intención de que tuviésemos que levantar las manos y así poder vernos las tetas.

    Ya era difícil taparnos, y en más de una ocasión sentí alguna erección que me rozaba. En un momento el novio de Romi se me cuelga de los hombros y me hunde en la pileta. Como no quería destapar mis tetas, no tuve forma de defenderme. Debajo del agua no tuve mejor idea que agarrarle los huevos fuertemente para que tuviese que soltarme. Obviamente que al agarrarlo de esa forma me soltó. Yo logré sacar la cabeza fuera del agua y él se quedó lamentándose al costado de la pileta. Todos empezaron a reírse cuando comenté que era lo que había pasado, y en ese momento el juego se dio por terminado.

    Nos pusimos nuestras bikinis y seguimos disfrutando de la tarde.

    Algo me había quedado dando vueltas en la cabeza, y era el haber sentido la pija del novio de mi amiga, y amigo de mi novio, en mi mano. Cuando la agarré noté que estaba media dura, y parecía tener un buen tamaño. Romi siempre alardeaba, pero no dejaba de ser un mito.

    En un momento de la tarde me cruzo con el novio de Romi dentro de la casa. Ni bien nos cruzamos empezamos a hablar y a reírnos sobre lo que había pasado un par de horas antes. Pero el novio de Romi, que se llamaba Mariano, no perdió un segundo y me dijo algo que me dejo bastante preocupada. “Yo siempre supe que tenías buenas tetas, si que me apretaras la pija sirvió para poder vértelas mejor, valió la pena el dolor”.

    Al principio me quedé helada. No sabía si era broma o si me estaba hablando en serio. Pero no me gusta parecer derrotada, ni a esa edad, así que contesté enseguida, “gracias por lo de mis tetas, dudo que hayas podido ver algo, pero por lo que pude notar tu pija es acorde a lo que Romi me había dicho”.

    En eso se me acerca y pone un brazo contra una pared, de manera de que yo no me pudiese alejar. Quería que se alejara, tenía miedo de que alguien nos viera y pensara cualquier cosa. “Nati, no sé qué tenés, pero siempre me calentaste. Y hoy muchísimo más”. – “Mariano, no seas boludo, nos va a ver alguien y se pudre todo”.

    Mariano parecía no estar dispuesto a ceder, y de a poco se acercaba más. Yo ya no tenía lugar para retroceder. En eso me agarra por la cintura y me acerca a su cuerpo. Enseguida puedo sentir en mi pelvis su bulto erecto. Se sentía grande. Algo dentro de mí no quiso alejarse. Me quede inmóvil. La mano de Mariano ahora estaba agarrando un cachete de mi culo. Es que yo llevaba solo la bikini, y al ser cola less se sentía directamente la piel. –“Mariano, para, es para quilombo”- “Nati, no me jodas, si vos también tenés ganas, nos conocemos hace tiempo”.

    Mariano me conocía demasiado bien. Antes de que yo me pusiese a salir con su amigo, a él no le gustaba que Romina saliera conmigo porque decía que la llevaba por mal camino. Es que con Romi éramos terribles. En una época jugábamos a ver quién de las dos besaba más chicos en el boliche. Cuando ella se puso de novia se calmó un poco, pero yo estuve bastante tiempo hasta que me puse de novia con el amigo de Mariano, y durante ese tiempo seguí haciendo de las mías.

    Mariano tenía razón, en otro momento o circunstancias no hubiese dudado un segundo y hubiese terminado en la cama con él. Pero en ese momento era el novio de mi mejor amiga. No podía. Y mucho menos sabiendo que ella estaba afuera en el jardín con el resto del grupo.

    Me alejé como pude y Mariano me agarró de un brazo. “Te quiero coger, sé que no vas a abrir la boca, pero encontremos el momento y nos sacamos las ganas los dos”. Cuando me soltó me encerré en el baño.

    Me quería morir. De pronto el mareo que tenía por las cervezas se me había ido. Estaba nerviosa. El novio de mi mejor amiga se me había declarado. Dentro de mi comenzó una lucha interna. Por un lado no quería saber nada, por el otro, tenía unas ganas locas de cogérmelo.

    Me quedé en el baño un rato hasta que me golpearon la puerta. Era mi novio que quería saber si estaba bien. Enseguida salí y le dije que sí. Que estaba un poco mareada.

    Fuimos donde estaban todos y yo parecía ida. No podía parar de pensar en lo que había pasado un rato antes. Estaba temblando. No quería mirar a Mariano por miedo a que alguien descubra algo.

    Esa tarde uno de los autos se iba después de la cena. Solo nos íbamos a quedar a dormir Romi, Marian, mi novio y yo. La verdad es que yo quería subirme al auto y volverme. No quería estar cerca de Mariano, mucho menos si estaba Romi y mi novio dando vueltas.

    Como siempre a eso de las 19 h empezamos a tomar nuevamente. Los chicos empezaron a hacer un asado y mientras lo hacían jugaban a las cartas y tomaban. Nosotras acompañábamos.

    Después de la cena, y como estaba previsto, el resto del grupo se volvió para el centro, por lo que nos quedamos nosotros cuatro.

    En más de un momento noté como Mariano me miraba, lo cual me hacía poner aún más incómoda.

    Después de un rato largo de quedarnos charlando en la galería, Romi decide irse a acostar, y Mariano se despide diciendo que la va a acompañar y de paso ver si tiene suerte con algo…

    Mi novio y yo nos quedamos charlando un rato hasta que me dice que se va a acostar también. Yo le digo que me voy a quedar un rato afuera, pero que enseguida iba.

    Necesitaba tener un rato sola para pensar. Mi cabeza estaba a mil. Pero ya había empezado a pensar como iba a hacer para acostarme con Mariano. Mi temor estaba desapareciendo, y ahora lo reemplazaba la incertidumbre de como encontrar el momento.

    Decido entrar ya que los mosquitos estaban al acecho y había refrescado. Adentro de la casa estaba todo en silencio. Cuando me dirijo al baño trato de escuchar si en la habitación de Romi y Mariano estaba pasando algo. No logro escuchar nada, pero veo luz por debajo de la puerta.

    Cuando salgo del baño noto que la luz estaba apagada, y al no escuchar ruidos supuse de que ya estarían durmiendo. Al llegar a nuestra habitación veo que mi novio también dormía. Me acuesto al lado de él, pero no logro dormirme.

    En eso escucho ruido en el living, y la puerta como si alguien estuviese saliendo. Mi ventana daba al jardín, pero al estar cerrada la persiana no podía ver quien había salido. Estaba segura de que era Mariano, y lo confirmé cuando escuché el ruido del encendedor prendiendo un cigarrillo. Romi no fumaba, así que tenía que ser Mariano. Algo dentro mío me decía que saliera, que no me quedara en esa cama. Tomé coraje, me puse un buzo, y agarré mis cigarrillos para salir con la excusa de fumar. Nunca fui una gran fumadora, por lo que la excusa era malísima. De todos modos, era mejor que salir sin ninguna excusa.

    Al verme salir a Mariano se le encendió una sonrisa. Enseguida le pedí fuego y me senté al lado de el sin hablar. Trató de comenzar una conversación, pero enseguida lo hice callar mostrándole la ventana. Mariano entendió, y me agarró de una mano llevándome a un banco que había en medio del jardín. Estaríamos a unos 20 o 25 metros de la ventana, pero por lo menos podíamos murmurar.

    Antes de que empezara a hablar le dije, “Mariano, acá no, acá nada. Cuando volvemos nos juntamos y vemos qué onda”. No pareció importarle lo que le decía, y agarrando una de mis manos la puso sobre su short. Yo lejos de sacarla la dejé, y pude notar como su pija se endurecía. No la moví. Solo la dejé quieta. Sabía que desde donde estábamos si alguien salía de la casa solo iba a parecer que estábamos charlando. La oscuridad mucho no iba a dejar ver.

    En eso empiezo a mover mi mano suavemente sin que ninguno de los dos dijera nada. Ya estaba totalmente dura y se notaba grande. Al menos más grande que la de mi novio. Tenía ganas de sacarla y verla, pero no me animaba. Con mi otra mano levante el elástico del short y metí mi otra mano adentro. Pude sentir su pija dura y caliente. Mariano pareció acomodarse como para facilitar mi tarea. Empecé a masturbarlo suavemente como podía. Estuvimos un rato así. Mis nervios eran tremendos. Mientras lo masturbaba miraba constantemente para el costado fijándome de que no apareciera nadie.

    En eso Mariano con una mano se baja un poco el short y su pija queda totalmente al descubierto. Con la otra mano me agarra por la espalda y me empuja tratando de que baje a chupársela. Me resisto un poco pero enseguida aflojo y empiezo a chupársela. No habré estado así más de un minuto hasta que me di cuenta la locura que estaba haciendo.

    Me acomodo nuevamente y en eso Mariano me dice, “no seas calientapija, no me vas a dejar así”. Lo miro y le digo, “¿estás loco?”. Ahí estaba Mariano con su pija dura al aire, y yo mirando para el otro lado como si nada. Me agarra de nuevo la mano y se la lleva a la pija. Empiezo a masturbarlo, esta vez más intensamente. Al poco tiempo me doy cuenta de que esta por acabar y empiezo a sentir su leche caliente en mi mano. Cuando me doy cuenta de que termino saco mi mano y me la limpio en el bolsillo del buzo que llevaba puesto. Me levanto y me voy para la casa. Me acuesto al lado de mi novio con mi corazón y palpitaciones a full.

    Al otro día nos levantamos como si nada. Como estaba nublado nos quedamos hasta después del mediodía y nos volvimos temprano. Mariano casi no me miro, lo que me dejo un poco más tranquila.

    Al volver a la rutina pensé que todo había quedado en la historia de la quinta, hasta que un día recibo un mensaje. Era Mariano que empezaba a darme charla. Empezamos a hablar como si nada, hasta que el tema de la quinta salió a la luz.

    Fue directo y yo no esquive la bala.

    “Vos me dijiste que cuando volvíamos nos juntábamos, ¿cuándo va a ser eso?”

    “No sé Mariano, es para quilombo. Prefiero que no”.

    Después de insistir un poco me dice:

    “Mañana a la noche Romi tiene el cumpleaños de una compañera de la facultad, ¿vos que haces?”

    Yo no tenía nada que hacer, estaba de vacaciones en la facu así que después del laburo estaba libre. Sin dar muchas vueltas le dije:

    “Mañana a las 20 h nos encontramos en tal lugar”.

    Ese día se me pasó lentísimo. Estuve todo el día en el trabajo pensando en que iba a pasar esa noche. A mi novio le había inventado una historia. Me tenía que juntar con unas compañeras de la facultad ya que la otra semana empezaba una cursada de verano. Yo ni siquiera me había anotado, pero mi novio ni sospecho.

    Cuando llegue al lugar donde me encontraba con Mariano no quise ni bajar del auto. Al verme lo entendió y se acercó para subirse. Ni bien se subió le dije, “Mariano, vamos a un telo, nos sacamos las ganas y nunca más tocamos el tema”. Mariano me guiñó un ojo dándome el ok.

    Enseguida arranqué el auto y me dirigí a un telo que quedaba cerca y que ya conocía. Durante el viaje Mariano empezó a piropearme y a tocarme las piernas. Yo tenía una pollera y podía sentir como subía y bajaba mientras yo manejaba.

    Creo que no llegamos a cerrar la puerta de la habitación y ya estábamos sacándonos la ropa. Nos besamos intensamente. Se notaba que ambos nos deseábamos. Cuando logre sacar su pija y dejarla al aire me pareció normal, no lo que Romi había alardeado y lo que yo había sentido en la quinta. Empecé a chupársela y Mariano no para de decirme cosas. La verdad es que me estaba calentando cada vez más. Empezó a decirme putita. “Putita esto, putita aquello, putita cuantas de estas te chupaste, putita todos te quieren coger, etc.”.

    Después de estar un rato chupándosela, me termina de desnudar y empieza el a chuparme a mí. En ese momento no tenía las tetas operadas, pero si bien no eran grandes, eran normales. Me las chupo con ganas mientras con una mano empezó a masturbarme. Podía escuchar el ruido de mis fluidos al entrar y salir sus dedos. En eso le indico que se ponga un preservativo, y ni bien termina de ponérselo me siento arriba de él. Con una mano ayudo a penetrarme. Al fin tenía esa pija dentro de mí. El saber que era la pija del novio de mi amiga le daba un sabor distinto a la situación. Pero pensar que era el amigo de mi novio no me generaba nada.

    Estuvimos un rato así cambiando posiciones, hasta que cuando me doy cuenta de que esta por acabar le hago que se saque el forro para que me acabe en las tetas. Con una mano agarre su pija y seguí masturbándolo hasta que me asegure de que no quedara nada.

    Nos quedamos un rato tirados en la cama charlando como si nada. Después de un rato charlando, Mariano comenzó a buscarme de nuevo. Al poco tiempo estaba chupándosela hasta que volvió a tener un erección. Ahí otra vez se puso un forro y estando yo en 4 empezó a penetrarme. Con un dedo comenzó a jugar con mi culo, diciéndome que él sabía que lo entregaba ya que mi novio se lo había dicho. Yo sabía que a Romi mucho no le gustaba, y que en un principio dejaba que Mariano la cogiera por la cola, pero que ahora hacía tiempo que no pasaba nada. Pareció intentar por la cola, pero enseguida me di cuenta de que desistió y termino acabándome en la espalda y en los cachetes del culo.

    Volvimos a tirarnos en la cama y nos pusimos a charlar de la situación. Yo fue clara le dije, vamos al telo, nos sacamos las ganas y nunca más. Pero Mariano insistió. “Dale Nati, no me jodas. Los dos sabemos que vamos a volver a vernos”.

    Ya era tarde y nos cambiamos para irnos. Lo dejé donde tenía su auto y yo me fui a mi casa.

    Estuvimos durante un año aproximadamente viviendo un romance donde ni mi mejor amiga ni mi novio se enteraron.

    Yo salía con Romi, y le ponía alguna excusa para irme a mi casa. En el camino me encontraba con Mariano y terminábamos en su casa, en un telo, o en el auto. Todo dependía del tiempo que tuviésemos.

    A mi novio le hacía lo mismo. Íbamos a cenar afuera, después al cine o a un telo, y después le decía que me quería ir a casa porque al otro día me levantaba temprano para estudiar. Antes de ir a mi casa me encontraba con Mariano.

    Sino la excusa era salir con mis amigas de la facultad. En un momento terminamos acostándonos casi 3 veces por semana. Era casi imposible poder coordinar, pero llegamos a tener encuentros de 15 minutos.

    Una vez fui al telo con mi novio, al rato me fui y volví como a la hora con Mariano. El flaco del telo no entendía nada. O mejor dicho entendía todo.

    A los pocos meses yo me peleo con mi novio, y enseguida empiezo a salir con un compañero de trabajo.

    Poco tiempo después Romi y Mariano también se pelean, por lo que de a poco a Mariano dejo de verlo.

    Él insistió y trató de que nos sigamos viendo, pero al no ser más el novio de mi amiga, y al haberme peleado yo con mi novio, había perdido interés en esa aventura. Lo prohibido es lo que me genera el morbo.

    Con el tiempo con Romi dejé de verme. Ella se fue a vivir al interior del país, seguimos en contacto, pero hace años que no nos vemos.

    Loading

  • Contacté con Carmen, una madurita casada

    Contacté con Carmen, una madurita casada

    Lo que os voy a contar aquí es una historia real que sucedió hace un tiempo. Andaba yo chateando como habitualmente en un canal de parejas, a veces para pasar el rato o simplemente porque en ese momento no tenía a ningún amigo con el que charlar.

    Un nick me llamó bastante la atención, más que nada por las cifras que contenía al final, el número 42, ¿tendría esa señora 42 años realmente?, ¿ erá un bromista como tantos otros que se entretienen en el chat perdiendo el tiempo ellos y haciéndoselo perder a los demás?, seguramente si pero… había que arriesgarse así que pulsé mi botón derecho del rato, pinché en “Abrir conversación” , y puse la primera frase.

    Era una mujer de 42 años, se llamaba Carmen y trabajaba en una mercería en el centro de la ciudad, me mandó su foto y realmente era preciosa, rubia, con un tono bronceado de piel y un tatuaje en su monte de Venus… su sexo rasurado, el tatuaje era una especie de tigre o gato en tribal parecido a un conocido símbolo en los aviones caza del ejército español. Seguimos charlando y me contó que su afición era el sexo, que estaba sola y aburrida y que yo no estaba mal en mi foto.

    Soy un chico de 21 años, que tengo un puntillo resultón, aunque intento cuidarme al máximo, pero bueno, uno no siempre es como desearía ser… de todas formas creo que para mi edad estoy bastante pasable.

    Quedamos al final después de que me llamase a mi móvil, y apareció, era tal y como se veía en la foto, e incluso más guapa todavía si puede ser. Muy elegante, educada y con mucha clase. Me presenté, nos dimos un par de besos y nos sentamos en una mesita apartada de aquella cafetería.

    Comenzamos a hablar un poco de todo, era muy simpática y creo que nos caímos bien desde el primer momento, ella se montaba tríos con su marido, pues era una mujer bastante liberal, yo prefería estar con ella a solas al menos la primera vez y más adelante ya se vería, aunque supongo que no tendría ningún inconveniente en hacer un trío con ella junto a su marido.

    Después de un rato hablando me invitó a que la acompañase a su casa a tomar una copa lo cual acepté con mucho gusto. Subimos, era un quinto piso sin ascensor puesto que era una casa un poco antigua, pero muy reformada por dentro y la decoración me gustó bastante. Yo le conté algunas de mis fantasías, y me sorprendió con una frase.

    —Cariño, yo en 26 años casada he hecho de todo así que no me parece mal nada de lo que me dices.

    Me sirvió un whisky con coca-cola el cual fui apurando poco a poco, al mismo tiempo Carmen puso en la televisión una película porno donde salía una señora de su edad también muy bien conservada comiéndose el tremendo miembro del mayordomo del chalet, que era un joven mulato de mi edad con una tranca de no menos 25 cm.

    —Joder, qué pollón que tiene el mulato ¿eh?

    —Sí, la verdad es que sí.

    —Y tú qué tal andas de músculos en el brazo y el pecho ya veo que nada mal y ¿qué tal está este músculo?

    Empezó a acariciar mi paquete a través del pantalón vaquero mientras con la otra mano desabrochaba los botones de la cremallera y me quitaba el cinturón.

    Me quité los pantalones, y ella se desabrochó la blusa, a la vista quedaron mis bóxer de lycra rojos y negros, una autentica “pieza de fantasía” que me compré un día para darme un capricho y vestir con elegancia y sexy también por dentro. Me compré aquellos bóxer en una tienda de ropa gay en Chueca, la verdad es que si en algo he admirado a los homosexuales es que si se visten bien tienen muchísima clase, para elegir una ropa cómoda y a la vez sexy (lógicamente si se visten con camisas de lentejuelas rosas pues la verdad es que me resulta de lo más hortera).

    Mi polla se endurecía por momentos y empecé a meterle la mano a Carmen entre los pliegues de su falda, una mini blanca de vinilo, le subí la falda y llegué con mis manos a poder acariciar aquellos muslos. Carmen me estaba acariciando la polla por fuera de los bóxer, sus manos eran suaves, y me estaba masturbando con delicadeza y mucho, muchísimo tacto. Se inclinó sobre mí mientras en la televisión una joven de 18 años recibía una tremenda corrida en su boca por un negrazo que la había estado follando durante un buen rato.

    La boca de Carmen se acercó a mi miembro y poco a poco desaparecía entre sus labios gordos y rosados, tenía una boca que parecía diseñada para hacer mamadas como una campeona, se nota que tenía muchísima experiencia. Yo comencé a acariciar su coño por encima de su tanga de seda morada, y notaba ese calor y esa humedad caliente de su coño, le retiré el tanga y comencé a introducir un dedo en su coño mientras ella seguía con la mamada. La di la vuelta y me puse a comerle su coño, era delicioso, muy cuidado, con unos labios preciosos, y un clítoris que llamaba mi boca a gritos.

    —Oscar, cómeme el coño, quiero ver cómo me comes el coño y seguro que lo haces de vicio.

    Y así fue sin dudarlo un momento me dediqué a saborear ese coño, era de lo mejor que había probado nunca, lo que más me gustaba es que estaba totalmente rasurado, el sabor, el tacto, el calor era indescriptible con palabras. Después me pasé a su culo, el cual también chupé y me deleité con él, practicándole a Carmen un beso negro espectacular. La verdad es que comerle el coño y el culo a una mujer es mi perdición.

    Puse a Carmen a cuatro patas y comencé a penetrarla por detrás mientras ella se movía como una autentica perra en celo jadeante y pidiéndome a gritos que se la metiese hasta el fondo. Continué mis movimientos, ella me pedía más y más, yo después de un rato embistiéndola decidí correrme, la di la vuelta y ella me pajeaba hasta que toda mi leche salió disparada a su abdomen y sus pechos, ella se restregó con la otra mano mi semen, mientras se incorporaba para mamarme otro poco y limpiar los restos de mi corrida.

    A mí la verdad es que no se me había bajado el empalme porque estaba muy cachondo. Así que quise penetrarla por ese culito tan apetecible que había visto hacia pocos momentos, ella se sentó encima de mí y comenzó a meterse mi pene duro despacito hasta que consiguió entrar y comenzó a pegar botes encima de mí, yo la seguía el ritmo embistiéndola analmente, estaba sentado en el sofá así que cuando ella bajaba yo embestía contra su culo haciendo una breve flexión con las manos apoyadas en el sillón levantando mi cuerpo y el suyo a la vez, era lo más, después cambiamos de posición y Carmen siguió cabalgando sobre mí, esta vez ella estaba en frente mía, y mientras botaba sobre mí, yo acariciaba sus senos, besaba y lamía sus pezones.

    Ella me pidió que le echase la leche en la boca así que ni corta ni perezosa se arrodilló delante de mí y deposité en su boca toda la cantidad de semen que me fue posible, cayendo algo encima de sus labios que se afanó en degustar restregándose la lengua por la comisura de sus labios, y el resto cayendo en la barbilla y en sus pechos nuevamente.

    Nos quedamos tendidos en el sofá, notando el peso de su cuerpo sobre mí, después nos dimos una ducha y una vez vestido me despedí de ella, deseando volverla a ver. Bajé de nuevo por las escaleras, y en uno de los pisos me encontré a un hombre cansado, con traje, corbata y un maletín, de unos 42 años… ¿sería su marido?

    Loading

  • Sara y la profesora de Matemáticas

    Sara y la profesora de Matemáticas

    Me llamo Marta, soy profesora de instituto, concretamente de matemáticas, tengo 43 años soy morena, pelo rizado, ojos verdes, llevo unas grandes gafas, soy bajita de grandes pechos y caderas anchas. Doy clase a chicas de último curso, me gusta vestir, dentro de lo posible, sexy, así suelo llevar traje con falda corta y blusa. Soy casada, pero me gusta que me miren.

    También me gusta ser bastante estricta en mi trabajo. Eso me llevó a lo que ahora voy a contarles.

    Sara es una de mis alumnas, normalmente tienen 17 años, pero ella tiene 19 y es que ha tenido que repetir curso 2 veces porque no es una alumna aplicada, aunque sí bastante atractiva, aunque creía que no para mí, ya que yo me consideraba heterosexual. Aunque me dio un poco de lástima, de nuevo tuve que suspender a Sara, que una tarde de fin de curso acudió a mi despacho para revisar su examen. Sara es una chica alta y delgada, morena con el pelo muy corto, con poco pecho, casi se puede decir que tiene un aspecto masculino. Aquel día, como ya había llegado el calor, se presentó con un pantalón corto y ajustado de color azul y un top del mismo color que dejaba su ombligo al descubierto.

    Me encontraba revisando cosas y preparando las actas de las notas para enviarlas, cuando se entreabrió la puerta.

    -¿Puedo pasar, señorita Gutiérrez? -preguntó Sara con tono muy educado.

    -Adelante, Sara -le respondí yo.

    Ella entró y se sentó frente a mí.

    -Me gustaría ver mi examen -me pidió Sara -he visto la nota y creo que se ha equivocado, señorita Gutiérrez.

    -Me gustaría haberme equivocado, Sara -repliqué yo -pero no es así, tu nota es un 3 y medio y no te puedo aprobar, lo siento.

    -El examen me salió bastante bien, señorita Gutiérrez.

    -No, Sara, vamos a revisarlo. Y no llames señorita Gutiérrez, mejor Marta.

    -Vale, Marta, pero he estudiado mucho para aprobar este examen.

    -No lo dudo, Sara, pero eso, a veces, no es suficiente. Y tú llevas 2 años sin aplicarte nada.

    -Eso es cierto, pero este año he cambiado, he aprobado todas las asignaturas, la mayoría con buena nota. La única que he suspendido es la tuya, Marta.

    -Vamos a ver el examen, Sara.

    Saqué los exámenes del cajón y busqué el de Sara.

    -¿Ves? -le comencé a explicar -Las ecuaciones de segundo grado están mal resueltas, las de 2 variables igual y la derivada no tiende a cero, como pones tú, sino a infinito.

    -Tienes razón, Marta, pero ¡me había esforzado tanto! Todo eso lo sé hacer bien, es que me puse muy nerviosa.

    -Sí es así el año que viene aprobarás seguro, Sara, y con buena nota.

    -Tú no lo entiendes, Marta, el año que viene no podré aprobar.

    -¿Por qué no?

    -Mis padres dicen que ya tengo 19 años y que, si este año suspendo de nuevo, me tengo que poner a trabajar.

    -Sí quieres hablo yo con ellos, Sara.

    -No serviría de nada, Marta. ¿No puedes aprobarme? Nadie se iba a enterar.

    -A mí me gustaría que siguieras con tus estudios, pero no puedo hacer eso. Nunca lo he hecho y nunca lo haré, son mis principios.

    Sara se levantó llorando de su silla y se puso tras de mí, suplicándome sin parar, pero yo me mantenía inflexible.

    -No puedo ayudarte, Sara, lo siento mucho -sentencié yo -Ahora tienes que marcharte, me queda mucho trabajo por hacer.

    Ella pareció resignarse y hacerme caso, sin embargo, cuando llegó a la puerta, echó el pestillo y bajo las persianas de los cristales.

    -¿Qué estás haciendo, Sara? -pregunté yo un tanto indignada.

    Ella no respondió, rápidamente, se volvió a colocar tras de mí y situó sus manos sobre mis hombros.

    -Tienes que relajarte un poco, Marta, te voy a dar un masaje.

    -Sara, comprendo que quieras quedar bien conmigo, pero este no es el camino para aprobar.

    -Relájate, solo relájate, Marta.

    Sus manos subían y bajaban suavemente sobre mis hombros, despacio, me gustaba la sensación.

    -Tienes los hombros demasiado tensos, Marta -insistía ella -Quítate la blusa, por favor.

    Mi primera reacción fue la de pedirle que se detuviera y se marchara, pero por alguna razón desconocida, decidí hacerle caso, así me quité la blusa, quedándome la parte de arriba de mi cuerpo cubierta tan solo por mi sujetador, y volví a sentarme. Sara sonrió, y siguió trabajando mis hombros con sus brazos, sus manos lograban que me sintiera relajada. Poco a poco, iban bajando y llegaron a mis pechos, con sus dedos cada vez más cerca de mis pezones. Yo lo notaba y decidí que la cosa no debía pasar de allí.

    -Vale, Sara -le solicité -Esto ya ha ido demasiado lejos.

    Sara parecía que, de nuevo, me hacía caso, sin embargo, también de nuevo, no fue así. Se colocó frente a mí, me sonrió y soltó mi sostén, dejando mis enormes pechos sueltos. Se quitó su top quedando también sus pechos al descubierto. Y se lanzó sobre mí, intentando besarme.

    -¡Ya vale, Sara, ¡detente de una vez! -le ordenaba yo.

    Pero ella insistía, su lengua buscaba penetrar dentro de mi boca, y sus pechos chocaban con Los míos. Aunque pedía a Sara que parara una y otra vez, aquello me estaba excitando mucho. Y ella lo estaba notando. Comenzó a besar mi cuello y mis pechos. Yo seguía pidiéndole que se detuviera, aunque cada vez con menos convicción.

    -Me encantan tus tetas, nena -me decía Sara mientras mordía mis pezones.

    Yo ya no decía nada, deseaba su lengua sobre mi cuerpo, mis pezones se habían puesto más duros que nunca. Sara me volvió a besar y está vez no me resistí, su lengua entró en mi boca y se encontró con la mía, mientras yo la abrazaba y la acariciaba. De repente, Sara se separó de mí.

    -Creo que es hora de dejarlo aquí, Marta.

    -¡No, por favor! -volví a suplicar yo -No puedes dejarme así.

    -Un notable, Marta -pidió ella -Me vas a poner un notable. O me visto y me voy. Tú eliges, zorra.

    -Tendrás tu notable, Sara, pero sigue, por favor.

    Ella sonrió, me volvió a besar, y me quitó mi falda y las bragas, todo de vez, dejando mi depilado coño al descubierto, que estaba chorreando. Sara se agachó, abrió bien mis piernas, y comenzó a besar uno de mis muslos, despacio, luego hizo lo mismo con el otro, aquello me excitaba todavía más, si eso era posible.

    -¡Qué coño tan hermoso tienes, Marta!

    -¡Por favor, quiero sentir tu lengua allí!

    -¡No imaginaba que fueras tan zorra, Marta! Y pareces tan seria.

    Su lengua, por fin, llegó a mis labios vaginales, lo que provocó que se me escapara un fuerte gemido. Su lengua subía y bajaba por mis labios, a veces entraba dentro, sus labios mordían mi clítoris estirándolo. Sara me estaba trasladando a un paraíso de placer. Yo sujetaba su cabeza, acercándola todavía más a mi coño. No quería que se apartara de ahí, deseaba con locura el placer que me estaba haciendo sentir.

    -¡Aah, aah, así, nena, así! -le pedía yo.

    Ella seguía y seguía, me miraba a los ojos y lamía mi coño todavía con más avidez. Nunca nadie había logrado que sintiera lo que estaba sintiendo aquella tarde de verano.

    De repente, Sara se levantó y se sentó a mi lado, comenzó a besarme, mientras 2 de sus dedos penetraban con facilidad dentro de mi coño. Cada vez más fuerte y duro, a lo que yo respondía con más y más gemidos, Sara lamía mi cuello y mis tetas, mientras sus dedos no dejaban de penetrarme.

    -¡Dame más, nena, quiero mucho más!

    -¿Te gusta así, amor?

    -Me encanta, cariño, ¡nadie me había follado nunca como tú!

    Entonces fui yo la que la besó, aunque tuve que sacar mi lengua pronto de su boca, porque no podía dejar de gemir.

    -¿Te vas a correr ya, amor? -me preguntó Sara.

    -No puedo aguantar más, cariño.

    -Quiero que lo hagas en mi boca, amor, quiero saborear tus jugos.

    Ella volvió a colocar su boca en mi coño, mientras sus dedos seguían penetrándolo con fuerza. Finalmente, no pude más y una terrible sensación orgásmica invadió todo mi cuerpo. No podía gritar demasiado, por si había alguien por el pasillo, así que tuve que morderme los labios. Pero fue algo maravilloso, nunca había sentido nada así con ningún hombre.

    Sara se sentó sobre mí y comenzamos a besarnos.

    -¡Eres maravillosa, nena! -le susurré yo.

    -Tú también, cariño -me respondió ella -te deseo desde el primer día que me diste clase. Eres muy hermosa, Marta.

    -Me ha encantado tu manera de ganarte el notable, realmente ha sido una matrícula de honor.

    -Mejor lo dejamos en notable, Marta, no quiero que nadie sospeche nada, jajaja, Supongo que pronto volveremos a pasar evaluación, cariño.

    -Cuando tú quieras, nena, pero en un lugar más privado que mi despacho.

    Nos volvimos a besar, hasta que alguien llamó a la puerta, entonces tuvimos que vestirnos y despedirnos apresuradamente.

    Aunque aquello fue la primera de muchas veces, quizás Sara no dominaba demasiado las matemáticas, pero era la mejor amante que había tenido hasta entonces.

    Loading

  • Mi suegra. La despedida de soltero

    Mi suegra. La despedida de soltero

    Llegó el día de la despedida de soltero.

    Salimos hacia la casa de mi suegro en el auto.

    Mi novia (Josefina), mi cuñada (María), mi suegra, la prima y yo.

    Iba manejando y mi suegra iba en el asiento del acompañante, porque era la madre de familia.

    Horacio llegó solo, porque le había inventado a la esposa que tenía un viaje por trabajo, así su esposa lo dejó en el aeropuerto y él después se fue en un taxi.

    Mi suegro vive en las afueras en una casa muy grande, con 5 dormitorios y una casita al fondo con barbacoa, donde hacen las fiestitas.

    Llegamos y nos acomodamos.

    Josita y yo en el dormitorio de mi suegro que nos lo había cedido.

    María y Belén en otro.

    Mi suegra y Horacio en otro.

    Mi suegro en otro.

    Estábamos cambiándonos cuando oigo una voz familiar, pero que no esperaba escuchar.

    Eran los tíos de mi novia.

    Y: ¿Josita, tus tíos están invitados?

    J: Ni idea, papá organizó todo.

    Y: Que no se ponga a mirarme mal, porque es nuestra despedida y te juro que será tu tío, pero se va con la cabeza rota.

    J: Tranquilizate amor… disfrutemos de esta noche. Además mamá se va a hacer cargo de que todos abran sus mentes…

    Y: Vos no deberías, ¿no? Por el bebé.

    J: Tengo que contarte algo… ayer fui al ginecólogo con mamá ¡y nos dijeron que son mellizos! ¡Vamos a tener 2 hijos!

    Me mareé y casi me desmayo, si tener un hijo me había cambiado la vida, tener 2 estaba más allá de la idea que me había hecho. Josefina se reía y me alcanzaba el agua porque había quedado blanco como un papel.

    Me miraba, sonreía y me decía que era como estar viviendo un sueño.

    Sueño era lo que vivía yo garchándome a la madre, las hijas, la prima y de pedo había zafado la abuela porque era una vieja fea y amarga.

    Veo por la ventana que la chimenea de la barbacoa estaba echando humo, y humo era lo que me iba a salir de la pija en esta despedida. Josefina fue al cuarto de la hermana para terminar de aprontarse, así que salí al pasillo y bajando por la escalera me la cruzo a mi suegra, que se saca las tetas y me las muestra, acá te cacho acá te cojo, así que fui directo a chuparle las tetas, me bajé la bermuda, la acosté en el descanso de la escalera, le corrí la malla y se la metí de una hasta el fondo.

    S: Aaaay degenerado, ¡se está garchando casi a una abuelita! aaay si que rico se siente deme pija yerno, dele pija a su suegrita.

    Estuve así unos minutos, hasta que mi suegra se acabó, se la saqué de la concha, hice que me la limpiara con la boca, la guardé como pude y seguí camino a la barbacoa.

    Ahí estaba mi suegro Rubén, con su hermano (Tito) y su esposa (Charo) charlando y tomando un whisky.

    R: venga yernito, venga a tomarse un whisky del bueno, antes que me haga abuelo del todo.

    Y: Cómo no suegrito, sírvame uno y que llore.

    R: ¿Se puede saber que problema tienen ustedes dos que no se dirigen la palabra y se miran con cara de culo? Dijo mi suegro mirándonos a mí y al hermano.

    Y: Que te explique él, yo no pienso hablar más del tema, solo que yo al menos, salí limpio y no me echaron de ninguna empresa.

    Rubén me miró, miró al hermano que agachó la cabeza y no dijo más nada. Creo que le había quedado clara la situación.

    Y: ¿Que está cocinando suegrito? dije para descomprimir la situación.

    R: Un corderito, hay que hacerlo despacio para que quede bien.

    Y: veo que lo está haciendo bien estaqueado jejeje

    R: Hoy no solo el cordero va a estar estaqueado.

    Charo se rio con cara de pícara y me miró a los ojos sonriendo.

    Bajó mi suegra con Belén y dijo que Horacio demoraba un par de minutos. mi suegra estaba con la malla entera con la que recién la había cogido y Belén, estaba con un bikini que apenas le tapaba las tetas y la concha, era como un cartel que decía “soy puta”, llega y se pone a conversar con Charo, como si se conocieran de toda la vida (Belén no es hija de charo y tito, es sobrina de mi suegra).

    R: Yerno… a vos te falta garcharte a mi cuñada nomas, ¿no?

    Y: Por ahora si Rubén.

    R: Así que arrancaste por María y no dejaste títere con cabeza.

    Y: No, arranqué por Belén, pero fue hace un par de años atrás.

    Mi suegro me miró, asintió sonriendo.

    R: ¿Con Belén o con Laura? (Laura era el nombre profesional de Belén).

    Y: Con Laura.

    Nos reímos fuerte los dos y yo pensé para mis adentros, con este suegro me saqué la lotería.

    Belén se agachó y se puso a chuparle la pija a Tito, a su lado se agachó mi suegra y Charo vino caminando hacia mi.

    Ch: Al final soy la única de esta familia que no conozco tu pija, nene.

    Y: ¿Se la tengo que presentar?

    Ch: Dejá que me presente sola.

    Me bajó la bermuda de un tirón y la empezó a lamer.

    Ch: Esta pija ya tiene gusto a concha, ¿a quién te cogiste en este rato?

    Y: Cosas que pasan en las escaleras, ¿verdad suegrita?

    Mi suegra estaba aferrada a la pija de Tito, que dicho de paso estaba bien armado. Rubén acomodó las brasas debajo del cordero, fue, le corrió la tanga a Belén y se la metió hasta el fondo, haciéndola gritar.

    B: ¡Aaay tío cómo extrañaba esa pija! ¡Dame duro como cuando me desvirgaste!

    Ch: Me dijeron que sabés hacer muy bien la cola, quiero probar.

    Y: Primero te voy a coger la concha.

    Ch: Si, pero después quiero que me cojas el culo bien duro y bien hasta el fondo como apretándome la caquita.

    Y: Que puta que resultó la tía.

    Ch: ¿De la mano de quién te pensás que Belén aprendió a ser Laura?

    Esta familia es una caja de sorpresas.

    Mi suegra chupándosela a su ex cuñado, su ex esposo al lado, garchandose a la sobrina de su ex y la cuñada de mi suegro que resultó haber sido compañera de Belén en el putero, chupándome la pija, y todo en menos de 20 metros cuadrados.

    La acosté en la mesa y empecé a darle pija, no me importaba si le gustaba, le disgustaba, a esa altura y con todo lo que me había enterado era como estar en un putero, pero sin pagar. Era una conchita no tan apretada pero bien jugosa y la tía Charo estaba disfrutando.

    Ch: Ahora entiendo por qué mi ex cuñada hablaba tan bien de vos, uff ufff, no será tan larga como la de mi marido, pero es gruesa y cabezona.

    Siento que me apoyan un buen par de tetas por detrás, era Josita.

    J: ¿Te gusta la conchita de mi tía?, dale duro que le encanta.

    Solo faltaban María y Horacio, que no fue muy difícil de adivinar que estaban haciendo.

    En una de las reposeras, fuera de la Barbacoa estaba Horacio acostado y María que lo cabalgaba.

    M: ¡Mamaaa mamaaa me estoy garchando a tu noviooo!

    Di vuelta a Charo, ella se llevó una mano ensalivada al culo y empecé a metérsela, con un poco de esfuerzo, pero sin demasiada dificultad.

    Y: ¿Me vas a decir que es la primera vez que entregas el orto? ¿eh putita?

    Ch: Uy si, tratame como cuando trabajaba con Belén, agarrame del pelo y metémela toda hasta el fondo, tratame como la puta que soy. Candela, decime Candela que ese era mi nombre profesional.

    Y: Siii Candela, te estoy cogiendo y no te voy a pagar, porque sos tan puta, que hoy te vamos a coger 4 machos.

    Ch: ¡Uy siiii me acabo!

    Se la saqué del culo y Josefina fue a chuparle la concha a la tía mientras se acababa.

    Yo fui a donde estaban María y Horacio, María seguía cabalgándolo, la hice inclinarse un poco hacia adelante y se la mandé derecho al culo.

    M: Aaaay animal, avisá.

    Y: Ahora te voy a coger y a decirte cuñadita. Siii cuñadita, mirá como te garchamos con el novio de tu mamita, uno por la concha y el otro por el orto.

    M: Siii garchenme bien garchada, pero después que te cases con mi hermana me vas a seguir cogiendo, ¿no?

    Y: Y pensar que cuando te conocí eras casi virgen.

    Vi que Tito se acercaba, así que le cedí mi lugar y fui a garcharme a Belén, porque mi suegro le estaba dando a mi suegra.

    Y: Hola primita, te dejaron el culito bien abierto y ahora vengo yo que no te voy a hacer hijitos, pero te voy a dar pija.

    B: ¡Ufff llegó el hombre de la familia, por ahora me conformo con que me des pija, pero dame fuerte! ¡siii siii dame pija primito! eso, ¡quiero sentir como me llenas el culo de verga, no pares! Me ponés más puta de lo que ya soy. ¡Uy si, uy si, como me gusta tu verga primito!

    Tito se acostó en el piso y ella sin desenchufarse de mi verga se fue acomodando y se encajó en la verga de Tito y empezamos a darle entre los dos.

    T: ¡Charito! que buena alumna que tenés, aguanta casi tanto como vos!

    Ch: ¿Querés ver como competimos?

    Agarró a Horacio, lo hizo acostar al lado nuestro, ella se metió la pija en la concha y mi suegro vino desde atrás y se la metió en el culo.

    Estaban Belén y Charo, ambas recibiendo doble penetración, mientras mi suegra me apoyaba las tetas en la espalda y María se las apoyaba al padre, estuvimos un rato así hasta que Belén se acabó gritando y cayó arriba de Tito, saliéndose mi verga del culo.

    Ch: ¿Viste? te dije que era buena alumna, pero que no puede superar a la maestra.

    Tito y Horacio fueron a atender a María, que estaba tocándose mientras veía como le hacíamos una doble penetración a su tía y su prima.

    Yo me dediqué a hacerle un oral a Josefina que era la única que estaba “vestida”, porque tenía un catsuit de vinilo con las tetas al aire y agujeros en su concha y culo.

    J: Si mi amor, hoy quiero acabar con tu lengüita.

    Me dediqué a lamer esa hermosa conchita rosadita y apretadita, con ese hermoso clítoris que era una delicia y no podía parar de lamerlo chuparlo y morderlo.

    Mientras Josefina estaba despatarrada en la mesa y yo le chupaba la concha, Charo vino a mamármela y mi suegra me chupaba los huevos desde atrás y de a ratos me pasaba una lamida por el culo y Belén le hacía lo mismo a mi suegro, mientras él enculaba a María.

    Yo ya tenía los huevos llenos de leche y estaba a punto de explotar, pero me erguí y penetré a Josefina con un ritmo cadencioso y casi torturante, mientras mi suegra y Belén fueron cada una a chuparle una teta.

    María seguía enculada por su padre, Horacio vino por detrás de Belén y Tito por detrás de mi suegra y mientras ellas le chupaban la tetas a Josefina ellos se las cogían, era una fiestota a todo dar.

    Josefina estaba súper sensible por el embarazo y no aguantó demasiado, así que se retorcía gritando del placer que le daban las penetraciones y como la atendían la prima y la madre, hasta que se acabó chorreando flujo.

    Las mujeres habían llegado a uno o más orgasmos, pero los hombres nos estábamos reservando para el gran final.

    S: ¡Ahora quiero la fiesta completa!

    Mi suegro se acostó en una de las reposeras, mi suegra se puso de espaldas a él metiéndose la verga en el culo, Tito en la concha, Horacio a su izquierda y yo a su derecha, ella se movía con 2 vergas adentro y estaba aferrada a mi verga y la de horacio, chupándolas alternativamente y pajeándonos.

    S: Quiero más quiero más, sigan, no paren, no sean hijos de puta, cójanme bien cogida por favor.

    Así que le agarré la cabeza y la tapé la boca con mi verga, entrando y saliendo, clavándosela hasta la garganta y la suegrita aguantaba como una campeona.

    Y: ¿Querías que te cogieran bien cogida? ¡Toma verga, así te callas! Vos decís que nunca quedás satisfecha, ahora vas a ver.

    Horacio se acostó en el piso ella se montó en su verga, Tito fue desde atrás y se la metió también en la concha, era una doble penetración vaginal a todo dar, eso parecía una película porno de los 90’s, mi suegra gozaba, Horacio le decía que de haber sabido antes, ¡se enfiestaba con mi mujer!

    La hice recostarse arriba de mi suegro sin que se le saliera la verga del culo y yo también clavé mi verga por la puerta de atrás.

    S: ¡Aaaa aaaa animal! de a dos vergas por el culo nunca probé! Aaaay

    Y: ¿querés que la saque?

    S: Si la sacas te mato, pero dale más suave así se me acostumbra el culo.

    R: Callate y aguantá que cuando estábamos casados me dijiste que era una de tus fantasías.

    A los pocos minutos la suegra estaba gritando pero de placer.

    S: ¡Ufff que bueno tener dos machos dándome por el culo! ¡No Paren! ¡hoy por primera vez me siento satisfecha y llena de verga! ¡Quiero leche, mucha leche!

    María estaba mamándosela a Tito y Belén a Horacio, mientras que Josefina les chupaban las bolas.

    Como pudimos pusimos a mi suegra en la mesa y los 4 la rodeamos para bañarla en leche, el primer fue tito que le tiró la leche en las tetas mientras ella se las masajeaba, después Horacio, que la bañó en leche prácticamente, tirándole leche en la panza, tetas y cuello, Rubén le dejó tres tiros de leche en la boca que ella fue tragando y yo quedé para el final, dándole la leche en la cara y boca, ella jugaba con la leche en la boca, haciendo globitos.

    María vino presurosa a limpiarme la pija.

    M: Ahora serás mi cuñado, pero espero que te metas en mi cama algún fin de semana y me cojas con la cabeza de esta verga preciosa desde atrás como cuando éramos novios.

    Y: mi verga va a seguir siendo tuya, así como de tu madre tu prima y tu hermana

    Mi suegra seguía despatarrada en la mesa.

    S: ¡Hoy soy una mujer 100% satisfecha, gracias familia!

    Y: Usted se lo merece suegrita, sin usted, nada de esto hubiera sido posible.

    Las chicas fueron a ducharse y cambiarse para la cena, yo me di un aguazo en la ducha de la barbacoa y al rato estábamos comiendo el cordero.

    S: ¿Un tecito para bajar la comida?

    Todos nos reímos, porque sabíamos lo que se venía…

    ¡No tienen paz!

    Loading