Autor: admin

  • Cuando las cosas están escritas

    Cuando las cosas están escritas

    Suspira suavemente, mi cuerpo se tensa, veo venir mi destino. Sutilmente un pulgar en mi cuello, acaricia mi piel como si fuera de cristal, con la más sutil delicadeza. Increíble sensación, mil mariposas revolotean en mi barriga. Las ideas fluyen en cascada, nuevamente un suspiro que envuelve mi oreja con mil frases preciosas atrás de ella que van llenándome de deseos oscuros, pero todos llenos de pasión.

    La tensión de mi cuerpo aumenta, mis músculos se tensan, cada vez más y más… las palabras se embriagan y más dulce se vuelve el acto. Una suave caricia en mi abdomen que sube ondulante hasta mi pecho. Cinco dedos con sus cinco uñas manchadas de carmín presionan mi piel aumentando el deseo y enrojando mi hombro.

    La pasión se hace mayor al aumentar el deseo y éste no se hace esperar, es partícipe de tan inocente jugada llena de amor y lujuria.

    Aumenta la lujuria, aumenta el deseo, mi oreja ya está roja, ansiosa de seguir escuchando sutiles palabras cargadas de sexo.

    Es como extasiar el éxtasis… es ir más allá de la razón humana, no se han dado más de dos pasos y nos encontramos de frente a lo que es inevitable.

    Esta vez los suspiros son acompañados por los míos, y estos se complementan con jadeos; los dedos que antes apretaban mi pecho ahora juegan con los vellos de todo mi tórax… que suplicio tener que arremeter ante tanta pasión. Ya veo venir lo inevitable, es incontenible saber lo que vamos a hacer después.

    Un brazo atora mi cintura, nuevas manos aparecen en escena, son dos pares los que juguetean por el aire y golpean de vez en cuando contra mi cuerpo como sutiles caricias.

    Por fin se ve venir lo que ya habíamos previsto inevitable, la respiración de ambos aumenta, la agitación es extrema… las palabras son muy dulces, son de almíbar y miel… hasta que por fin, mi cabeza gira por sobre mi hombro y ve tu rostro hermoso, ojos oscuros y labios fresa… un último esbozo de aire sale de tu dulce boca… y al fin lo inevitable, lo que ya me habías profesado… nuestros labios se unen en un cruel acto de pasión insaciable, por fin un beso.

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  • Tu eres mi fantasía

    Tu eres mi fantasía

    Mi fantasía ahora es contigo…

    Siento la lluvia caer sobre el techo de esta cabaña, miro las gotas escurrir en el vidrio de la ventana, me gusta como brillan con la lámpara que está encendida en la mesa de noche. Sin embargo, el ambiente es cálido, la cama muy cómoda, con suaves sábanas, llevo un vestido negro muy corto de tiras, que resbalan fácilmente por mis hombros, y unas pequeñas tangas negras con nudos a los lados. Mientras te espero, intento recrear en mi mente los momentos que estamos por vivir.

    Te veo salir desnudo del baño, acabas de tomar una ducha. Solo una toalla te cubre. Yo al verte salir, me arrodillo en la cama, tú te paras frente a mí, te rodeo suavemente con mis brazos mientras te beso lento pero profundo, acaricio tus labios con mi lengua, la paso finamente por ellos, mientras siento como tus manos acarician mis muslos, subiendo hasta mis nalgas.

    Te miro a los ojos, beso tu pecho, paso mi lengua por tus tetillas, y tú me miras, juegas con mi cabello. Yo sigo mi camino, bajo delicadamente, midiendo tu torso con mis largos dedos, la toalla cae lentamente, y veo que mis caricias ya van surtiendo efecto en tu miembro que encuentro duro, lo tomo con una mano, mientras la otra masajea tus bolas, te hago una paja lentamente, mientras noto como aceleras tu respiración acerco mis cálidos labios a tu glande, beso tus bolas y sobo de arriba a abajo tu pene, paso mi lengua desde la base hasta la cabeza, mirándote a los ojos, muy suavemente.

    Tú levantas mi vestido para apreciar mis nalgas en el reflejo de la ventana. Ahora succiono todo tu miembro, lo meto todo en mi boca, de arriba a abajo, tu excitación hace que tomes mi cabello con más fuerza, ¿te gusta lo que sientes? Ahora me pongo de pie sobre la cama, estoy más alta que tú, tomas las tiras de mi escotado y ligero vestido, y lo dejas caer.

    Miras mi desnudez, mis pezones cafés y duros, los tocas, acaricias mis senos, desamarras los nudos de mis tangas que caen inmediatamente, y una vez estoy completamente desnuda, me acuesto en la cama: “Ahora puedes hacer lo que quieras conmigo”.

    No te haces del rogar, te acuestas junto a mí, dirigiéndote a mis senos, los chupas, y muerdes suavemente, me encanta cuando lo haces así. Mientras una de tus manos recorre mi vagina, mojada y caliente por ti. Yo suspiro pasito y quedo, “aahhh… lo haces muy bien”.

    Abres mis piernas, te giras y pasas tu lengua por mi clítoris, es muy grande y tú lo succionas con todo un maestro, mientras introduces un dedo en mi orificio, después dos y luego tres. “Mételo ya… lo quiero todo adentro, hasta el fondo”.

    Te acomodas sobre mí, y me provocas pasando tu glande por mi clítoris, yo me retuerzo intentando ensartarme en ti. Te abrazo muy fuerte pegándote a mi cuerpo, te sujeto con mis piernas en tus nalgas, mientras paso mi lengua por tu cuello, no te haces más del rogar, y lo vas introduciendo poco a poco, “Ohhh… que rico como lo haces, mételo todo”, llega hasta el fondo, y el placentero dolor me enloquece, tú te mueves sobre mí, mis senos se mueven al compás de tu cuerpo, las tocas y aprietas, mientras sudas en el trajín.

    No quiero que te vengas en mi vagina, quiero que desvirgues mi ano, me pongo en cuatro, tomas el lubricante que hay en la mesa de noche, y vas dilatando mi ano con tus dedos, mientras yo masajeo mi clítoris, pones tu glande a la entrada, sé que va a doler pero decido aguantar, vas entrando poco a poco, es demasiado apretado, y yo ya tengo ganas de llorar del dolor, cuando por fin a entrado todo, comienzas a salir y entrar suavemente, después aceleras el ritmo, hasta que el dolor que sentí se convierte en placer, y grito como loca, me estoy masturbando mientras tu penetras fuertemente mi culo, estoy temblando de placer, cierro mis ojos para sentir como el aire se me va y regresa, estoy teniendo el mejor orgasmo de mi vida.

    Y nos venimos al mismo tiempo, descanso recostada en tu pecho porque aún nos queda el resto de la noche por delante…

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  • Me follé a la vecina de enfrente

    Me follé a la vecina de enfrente

    Me llamo Chema y tengo 18 años. Este verano me sucedió algo increíble en la playa. He de decir que soy muy tímido y que hasta entonces no había tenido relaciones con ninguna chica. No es que sea feo, pero tampoco soy muy guapo y me cuesta mucho acercarme a las chicas, sobre todo si me gustan. Soy bastante alto, pero no tengo un cuerpo de atleta precisamente. No llamo mucho la atención y me mato a pajas.

    Pues bien, en verano mis pajas tenían una protagonista: la vecina de enfrente, Araceli. Supongo que pensaréis que estoy muy salido, porque ella es una mujer madura y no muy atractiva si no estuviera tan calentorro. Debe de tener unos 50 años, está casada y tiene dos hijas; una es de mi edad y está muy bien, pero como sale mucho casi ni la veo; la otra es más pequeña. Es bajita, tiene el pelo corto, una cara normal, un cuerpo sin formas espectaculares, rellenita y con un par de tetas que me tienen loco.

    Todas las tardes cuando se iban mis padres me desnudaba y la espiaba mientras limpiaba la entrada de su casa. Bajaba los tirantes de su bañador y sus pechos quedaban bastante descubiertos. Cada vez que se agachaba tenía una visión impresionante. Yo me cuidaba para no ser visto entornando la persiana y mi polla se paraba sólo con esa visión.

    Un día, cuando estaba dándole a la manivela (he de decir que no gasto esos tamaños que abundan por estos relatos; mide unos 15’5 cm y eso en su máximo esplendor) con la tranquilidad de que su marido se había marchado y también sus hijas, vi cómo se acercaba a casa. Busqué el bañador rápidamente y salí a abrir, pues ella insistía en la puerta. No me dio tiempo ni a ponerme una camiseta. Y mi erección se notaba bastante a través del calzón.

    —Chema, ¿me dejas la podadera?

    Fui a por ella y se las pasé. Estaba muy nervioso y acalorado. Estaba muy rojo.

    —Hay algunas ramas a las que no llego. ¿Te importaría ayudarme?

    Le dije que no. Ella me habló de por qué no salía con los chicos de allí, etc. Me preguntó que si tenía sed y me dio una cerveza. Hacía un calor enorme y por poco que te movieses sudabas mucho. La cerveza me entró muy bien y me dio otra. Se me subió un poco a la cabeza. Ella se había subido los tirantes, pero tenerla tan cerca y ver su bañador azul celeste tan de cerca no me dejaba tranquilo y seguía con mi erección. No sé si ella se enteró. Además, a veces me pedía que le acercara algo y rozaba mi brazo con su pecho.

    Cuando terminamos, me invitó a pasar para tomar algo. No tenía ganas de nada, pero entré. Cuando me senté en el sofá vi que mi bañador estaba empapado. Me puse más nervioso. Ella se sentó al lado mío y vi que me miró.

    —Hace calor, ¿verdad? Mira, tócame, yo también estoy empapada…

    Y me cogió la mano y se la llevó a su entrepierna, haciendo a un lado el bañador. Estaba muy mojada. Se sonrió pícaramente.

    —¿Qué te crees? ¿Que soy de piedra? Llevo viéndote empalmado todo el rato y me has puesto cachonda. No es lo mismo saber que te estás masturbando en tu cuarto que notar el calor de tu polla al lado de mí.

    No me dejó tiempo para avergonzarme de que supiera que me pajeaba mirándola, me besó en la boca y me estrujó el paquete encima del bañador. Las cervezas me ayudaron a devolverle el beso con la lengua y a tocarla los pechos. Terminamos besándonos con lujuria y pasión, respirando sin separarnos y sin dejar de tocarnos.

    Ella ya había metido su mano por debajo del bañador y yo le había bajado los tirantes y le había sacado un pecho. Le saqué el otro y bajé la cabeza hasta sus pechos: caídos pero enormes, con unos pezones muy grandes también, rosados, blanditos y con unas aureolas más largas que anchas. Se los chupé a conciencia: ella jadeaba y me decía que siguiera, que se las chupaba muy bien.

    Le bajé el bañador hasta los tobillos y me encontré con una pelambrera enorme. Olía muy fuerte, pero estaba muy excitado y hundí mi nariz en ella y bajé hasta encontrar el agujero. Los líquidos le bajaban por los muslos y se los limpié a lengüetazos. No sabía dónde estaba el clítoris, pero sus gritos me confirmaron que lo había hallado. Noté un líquido que me manchaba la cara. Se había corrido en mi boca. Me lo tragué todo.

    Me di cuenta que me había corrido yo también y se lo dije a Araceli. Me bajó el bañador y se metió mi verga, ya no tan dura como hacía un momento y empezó a absorber todo mi esperma. Ver cómo esa señora bombeaba mi polla con su boca a un ritmo frenético me volvió a calentar. Le acaricié de nuevo las tetas, que no se le paraban de mover con la chupada y mi polla, para alegría de Araceli, volvió a ponerse como un palo.

    —Te quiero follar.

    No sé cómo me atreví a decírselo, pero la empujé hacia el sofá y ella quedó recostada abriendo sus piernas. La veía su raja como se las veía a las tías de las revistas. Me eché sobre ella, que me dirigió la polla hacia su coño. Entré de golpe hasta el fondo. Le molestó un poco, pero pronto gritó de gusto.

    —Tienes una polla que me vuelve loca, Chema. Destrózame.

    Empecé a mover el culo y mi polla salía y entraba de ella. No parábamos de besarnos y de jadear.

    —Ponte a cuatro patas, la ordené.

    Ella no dudó y se dio la vuelta. Agarré sus pechos por detrás y se la clavé de nuevo. No podía dejar de mirar su culo. Metí un dedo en él y gimió. Le metí otro y volvió a gemir. Ya con tres dio un pequeño grito. “Te voy a romper el culo”. Se la saqué del coño y metí la cabeza de mi polla en su agujero. No sabía que la tenía tan gorda. Me costó bastante metérsela. Araceli gritaba y pedía que no siguiese. Pero yo estaba muy caliente y seguí empujando, hasta meterle la mitad. Araceli me insultaba. Hijo de puta, me estás matando. Me moví en círculos para que se acostumbrara y la pajeé con la mano en el coño.

    Cuando vi que disfrutaba, volví a dar otro empujón, hasta el fondo; chocaron mis huevos con su culo. Gritó mucho, pero no la hice caso. La presión sobre mi verga era increíble y se la saqué y la volví a meter. Me excitaba que gritase tanto. A las pocas veces del mete-saca, ella me pedía más, me pedía que la rompiese el culo. Cuando me iba a correr, se la saqué y le dije que me mirara la polla. Cuando lo hizo, me masturbé frenéticamente y descargué sobre su cara y sus pechos, inundándola de semen. Parecía que era la primera vez que me corría, porque la llené de leche. Ella se lo desparramaba por sus pechos y se tragaba lo que le caía cerca de la boca.

    Ese verano no dejé de follármela cuando tenía alguna oportunidad.

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  • Strip póker con esposa y amigos

    Strip póker con esposa y amigos

    La noche del azar y el deseo.

    El aire en la terraza estaba denso con el aroma del jazmín nocturno y el eco de las risas. La luna llena se asomaba por encima de las palmeras, bañando la escena en una luz plateada que parecía invitar a la audacia. Marcos observaba a su esposa, Sofía, su belleza clásica destacando incluso entre el grupo de amigos. A su lado, su hermana menor, Laura, rebosaba una energía más salvaje, sus ojos oscuros brillando con una picardía innata. Los amigos de Marcos, Carlos y David, completaban el quinteto, sus miradas ya cargadas de expectación. Las copas de ron y los vasos de whisky se vaciaban y llenaban con una regularidad alarmante.

    La conversación, que había comenzado con anécdotas del trabajo, derivó sin esfuerzo hacia temas más picantes. Los chistes subidos de tono volaban, las risas se volvían más ruidosas y las miradas, más largas. Fue David, siempre el más atrevido, quien lanzó la idea. “Ya que estamos en confianza y las copas han desinhibido, ¿por qué no jugamos un poco de strip póker?”

    Un silencio cargado de tensión cayó sobre la mesa. Sofía, con su inocencia natural, miró a Marcos con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Él le sonrió, un brillo travieso en sus ojos. Conocía la naturaleza complaciente de su esposa, su disposición a seguirle el juego cuando él se lo pedía, y esta noche, sentía que ella estaba más abierta que nunca a lo desconocido. Laura, en cambio, soltó una carcajada, aceptando el reto con entusiasmo. Carlos y David asintieron con las cabezas, sus sonrisas ampliándose.

    Las cartas comenzaron a repartirse, cada movimiento más lento, más deliberado. La primera prenda en caer fue la corbata de Carlos, lanzada sobre la mesa con una fanfarronería que arrancó risas. Luego fue el turno de la camisa de David, revelando un torso bien trabajado. Marcos perdió la suya poco después, dejando al descubierto sus músculos.

    La verdadera emoción comenzó cuando Sofía perdió la primera mano. Sus dedos vacilaron sobre el botón de su blusa de seda, sus mejillas enrojecidas. Marcos le dio un suave apretón en la pierna, y ella, respirando hondo, desabrochó la blusa, revelando un sostén de encaje que apenas contenía la plenitud de sus pechos. Los ojos de los hombres se fijaron en ella, y un murmullo de admiración se extendió por la mesa. Laura, sin perder el ritmo, se despojó de su chaqueta de mezclilla con un movimiento seductor cuando le tocó su turno, mostrando una camiseta ceñida que delineaba su busto generoso.

    A medida que el juego avanzaba, la ropa se amontonaba en el centro de la mesa. Las inhibiciones se disolvían con cada sorbo de alcohol y cada prenda retirada. Sofía, que al principio se había movido con cierta timidez, ahora se despojaba de sus prendas con una seguridad creciente, sus movimientos más fluidos, casi provocativos. Su sostén, luego su falda, dejando al descubierto unas bragas de encaje que apenas cubrían el generoso tamaño de su trasero. Laura, más descarada, no tardó en estar también en ropa interior, su cuerpo atlético y curvilíneo haciendo juego con el de su hermana. Ambas mujeres, con pechos grandes y traseros prominentes, eran una visión.

    Pronto, los cinco estaban en ropa interior, la piel brillando bajo la luz de la luna. La temperatura en la terraza no era lo único que subía. Las miradas eran francas, descaradas. Carlos, con una sonrisa atrevida, deslizó su mano por el muslo de Sofía, y ella, para sorpresa de todos, no la apartó. Marcos observó la escena, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, su fantasía a punto de explotar.

    La siguiente mano, Sofía perdió su sostén. Con un suspiro, se lo quitó, liberando sus grandes pechos, que se alzaron, desafiantes. Los pezones, duros, parecían invitar al toque. Justo después, Laura perdió sus bragas, revelando una mata de vello oscuro que contrastaba con su piel clara. Las miradas de todos se posaron en su pubis expuesto.

    El juego había terminado. La mesa de cartas se convirtió en un escenario para el deseo. Carlos, sin dudar, se arrodilló frente a Sofía y empezó a lamer sus pezones con una avidez que la hizo jadear. Sus manos grandes se aferraban a sus nalgas, apretándolas con fuerza. Marcos, observando cada movimiento, sentía una excitación ardiente, la fantasía de su esposa con otro hombre cobrando vida ante sus ojos.

    Mientras tanto, David se acercó a Laura. Sus manos expertas se deslizaron por sus muslos, abriendo sus piernas. Sin preámbulos, David la penetró con un dedo, haciéndola gemir suavemente. Laura arqueó la espalda, su cabeza echada hacia atrás, disfrutando de la sensación.

    Marcos no pudo contenerse más. Se acercó a Sofía, que estaba siendo saboreada por Carlos, y se unió al placer. Sus labios se encontraron con los de Sofía, un beso húmedo y profundo mientras las manos de Carlos seguían acariciando su cuerpo. Marcos, sin soltarla, se arrodilló y comenzó a lamer el clítoris de su esposa con una lengua experta, haciendo que se retorciera de placer. Carlos, sin detenerse, bajó su cabeza y comenzó a lamer la entrepierna de Sofía también, sus dos lenguas trabajando en un dueto erótico que la llevó al borde del éxtasis.

    Los cuerpos se entrelazaron sin pudor. David, sin ropa, tomó a Laura en sus brazos y la llevó al sofá, donde la penetró con fuerza, sus embestidas rápidas y profundas. Laura gritó de placer, sus piernas rodeando la cintura de David, sus uñas arañando su espalda.

    Mientras tanto, Carlos se levantó y se puso de rodillas frente a Sofía, que ya estaba empapada de deseo. Marcos se colocó detrás de ella, su miembro erecto, listo. Carlos introdujo su pene en la vagina de Sofía, sus movimientos lentos y profundos. Sofía gimió, sus ojos fijos en Marcos, que asintió con una sonrisa que la animaba a entregarse. La doble penetración fue inminente. Cuando Marcos la penetró por detrás, Sofía soltó un grito de placer, su cuerpo tembló con la fuerza de la doble embestida. Sus caderas se movían en un ritmo descontrolado, buscando más.

    Las penetraciones fueron implacables, con cambios de parejas que encendían aún más la noche. David y Laura se unieron a Sofía en un trío salvaje, sus cuerpos desnudos entrelazados en el sofá. La boca de Laura se encontró con el miembro de David, lamiéndolo con avidez, mientras los dedos de David exploraban la intimidad de Sofía.

    En medio del torbellino de cuerpos, la idea del sexo anal surgió de forma natural. Carlos, con un lubricante a mano, preparó a Sofía. Ella, sorprendentemente complaciente, se posicionó a cuatro patas, sus nalgas redondeadas ofreciéndose a la oscuridad. Carlos la penetró suavemente al principio, y luego, con la aquiescencia de Sofía, sus embestidas se hicieron más audaces, más profundas. Los gemidos de Sofía eran una mezcla de dolor y éxtasis, y Marcos la animaba con palabras de aliento, tocando su espalda y sus glúteos. David, al ver la escena, se unió a Laura en una postura similar, su pene entrando en la parte trasera de ella, desatando gritos de placer.

    El clímax llegó en una explosión de placer. Los hombres eyacularon, sus cuerpos temblando con el orgasmo. Pero la noche no había terminado para las mujeres. Laura se arrodilló frente a David, que había eyaculado en su estómago, y, sin dudarlo, lamió el semen de su piel, succionándolo con una avidez que dejó a David sin aliento. Luego, se acercó a Marcos y, con una sonrisa pícara, le hizo un gesto para que eyaculara en su boca. Él lo hizo, y ella lo saboreó, su mirada fija en Marcos.

    Sofía, siguiendo el ejemplo de su hermana, se inclinó sobre Carlos, que había eyaculado abundantemente en su pecho, y con una naturalidad sorprendente, lamió cada gota de su semen, sus ojos encontrándose con los de Marcos en un gesto de profunda satisfacción. Luego, con un brillo nuevo en su mirada, buscó el miembro de Marcos, se arrodilló frente a él y le suplicó que eyaculara en su boca también. Marcos, asombrado por la audacia de su esposa, lo hizo, y ella lo bebió con una sensualidad que lo dejó completamente rendido.

    La noche terminó con los cinco exhaustos, sudorosos y satisfechos, entrelazados en la terraza. El aire fresco de la madrugada acariciaba sus cuerpos. Sofía, con una nueva luz en sus ojos, se acurrucó contra Marcos, su mano en el muslo de Carlos. La ingenuidad había dado paso a una liberación inesperada, y el hogar, que siempre había sido solo de ellos dos, ahora guardaba los secretos de una noche de deseo compartido.

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  • El delicioso amigo de mi hija

    El delicioso amigo de mi hija

    Mi hija mayor va a la universidad y es muy atractiva, por lo que siempre tiene pretendientes, a la mayoría los hace amigos.

    En una ocasión llevó 2 muchachos a la casa, yo estaba en la cocina a punto de salir a un desayuno, pasa y me los presenta.

    Uno de los dos muy guapo, alto, buen cuerpo, manos fuertes y olía delicioso.

    Le doy un beso y le digo mucho gusto Lorena y me dice mucho gusto te puedo decir Lore, me dio risa y le dije por supuesto.

    Tome una bolsa con presentes que llevaba para mis amigas y me la quita de la mano y me dice yo te ayudo, te acompaño a tu carro, le digo gracias, me fue siguiendo hasta la camioneta.

    Me dice de nuevo, mucho gusto y me abraza de la cintura y me da un beso en la mejilla casi en la oreja, volví a oler su perfume delicioso.

    Subo a la camioneta y le digo con la mano a dios. Me quedé pensando un poco en sus atenciones y en cómo me tomó por la cintura con todo su brazo me apretó con fuerza.

    En la noche llega mi hija y se sienta en la cama donde estábamos mi esposo y yo, platicamos un poco con ella y mi esposo dice voy a la cocina.

    Tan pronto sale del cuarto y me dice mi hija, mamá, mi amigo se quedó muy impactado contigo, dice que estás hermosa, yo le dije cálmate está casada y me dijo “¿y tu papá no presta?”, le di un golpe en el hombro y le dije cállate.

    Me dejó inquieta mi hija, la verdad estaba guapo y con un cuerpo atlético y olía muy rico, esa noche mi esposo se bajó a mi panochita a lamerla y jugar con su lengua y mi clítoris, la verdad mientras lo hacía estuve pensando en el amigo de mi hija y me vine delicioso.

    Ese fin de semana quedaron de salir mi hija y sus amigos, fueron por ella y el amigo de mi hija pasó a saludarme, iba muy arreglado, se veía muy bien y su loción deli, me dice hola Lore, no quieres ir, le dije no gracias me da un beso y sentí como con su mano me agarró las nalgas.

    Me quede congelada e hice como que no pasó nada.

    Sábado y domingo no pude dejar de pensar en él, cuando lo hacía mi vagina latía y se humedecía bastante, mi esposo fue quien aprovechó esa lubricación extraordinaria y me estuvo cogiendo, yo me venía pensando en ese chavo.

    Llegó el lunes, no había nadie en la casa y yo estaba acostada todavía en pijama de shortsito y blusita de tirantes, eran como las 11 y se me vino a la mente el amigo de mi hija, voy por un vibrador para seguir pensando en él y suena el timbre, estaba esperando un paquete y pensé lo van a aventar por arriba del portón, por lo que bajé por él así en la pijamita.

    Cuando llego al portón oigo “Lore”, digo, si, (era el amigo de mi hija) y dice, me mandó tu hija por una cosa de la Universidad que se le quedó en la cocina. Le dije ahorita te lo traigo y dice, no yo subo para que no bajes de nuevo.

    Me quedé pensando en que estaba con un short muy corto y blusa de tirantes sin sostén, entre pena y que mi panochita se empezó a dilatar y latir, tenía que decidir y abrí la puerta.

    Le dije sígueme, iba con mucha pena por qué iba subiendo escaleras en mi shortsito y se me sale media nalga y el detrás, pero pensé, toma el encargo de mi hija y se va.

    Cuando llegamos a la cocina solo siento que me abraza por detrás con fuerza pegándome a su cuerpo y mientras siento su verga parada recargada en mi espalda, acerca su boca a mi oído y me dice, Lore no hay nadie y vengo bien caliente, ya no aguanto.

    No dije nada, solo empecé a sentir sus manos bajando los tirantes de mi blusa, sacó mis tetas y a dos manos las empezó a acariciar, sentía mis pezones entre sus dedos, su boca desenfrenada en mi cuello y su verga que se empujaba entre mis nalgas aún con ropa.

    Yo seguía muda y bajo una de sus manos, agarró mis nalgas firmemente, me dio una nalgada y quitó mi short.

    Me volteo, abrió mis piernas y puso un dedo entre los labios de mi vagina.

    Sentí la punta de su dedo en mi clítoris, dio algunos círculos y dijo, estás bien lubricadita Lore.

    Se sacó la verga, se veía dura con la punta gorda y roja y las venas que parecía que iba a explotar.

    Puso la punta en mis labios y clítoris, recorría mi panochita al tiempo que jugaba y lamía mis pechos.

    De repente me acostó boca arriba en el desayunador, el de pie, puso mis pies en sus hombros y sentí como se empezó a abrir paso su verga dentro de mi panocha hasta llegar a lo más profundo, por varios minutos salía y entraba con gran ritmo, hasta que sentí un orgasmo gigante, delicioso que contrajo todos los músculos de mi cuerpo, sacó su verga y explotó, caían gotas calientes de su semen en mi vientre, tetas, cara, por todos lados.

    Estábamos exhaustos, llenos de sudor y yo no pude decir una sola palabra en todo el encuentro.

    Se vistió y me dijo, Lore, te parece bien que empecemos los lunes así, en tu casa no hay nadie y yo no tengo clases. Seguí muda, me reí y se fue.

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  • Mia y Kati, madre e hija, dos tremendos culazos de infarto (1)

    Mia y Kati, madre e hija, dos tremendos culazos de infarto (1)

    Para este pasado día de los padres, mi amiga Diana me invitó a un asado para festejarlo. Su esposo quien está en sillas de ruedas pues debido a un derrame cerebral quedó sin algunas facultades motoras y necesita de ayuda para funcionar. Esto pasó hace ya algunos años y con Diana venimos cogiendo desde entonces.

    Al principio cogíamos a cada semana unos tres polvos y luego con el tiempo y porque ella sabe que por ahí hay otras chicas, hoy la veo una o dos veces al mes. Esta linda mujer le encanta el sexo anal y, creo que se corre más rico cuando se le da fuerte por el culo y ella me lo ha confirmado; le encanta mi verga en su culo. Ella ha sido cómplice de otras aventuras con otras chicas, no es posesiva y le da morbo saber que otras mujeres han experimentado lo mismo que ella ha vivido conmigo en la cama. Diana hoy ronda los 45 y venimos cogiendo desde que ella tenía los 33 y definitivamente tenemos mucha confianza.

    Para el asado ella me mencionó que llegaría una amiga con su hija y desde ese momento un día antes me decía: -Las dos se te van a antojar y te aseguro que ambas quisieran gozar de una hermosa verga como la tuya. Mia me ha dicho en confianza que tiene más de tres años sin probar una verga y que su hija Kati que, acaba de cumplir los 18, Mia me ha contado que ya son dos veces que la ha sorprendido masturbándose. Yo le he hablado de ti a Kati y le he dicho que si en verdad quiere experimentar un buen orgasmo tu eres el hombre apropiado para hacérselo sentir. Ahora a Mia le he dicho que eres un hombre encantador, pero que no le gusta el compromiso.

    Sé que ambas te van a gustar, pero me suena imposible que vayas por las dos, aunque conociéndote no me sorprendería que ambas me cuenten la cogida que les diste. – Esas fueron las palabras exactas de Diana, pues solo las copie de su texto para agregarla a mi relato.

    Llegué a eso de las seis de la tarde y ya había por los menos una decena de personas haciendo ruido alrededor de la piscina. No tuve la necesidad que me las presentara, eran obvio quienes eran Mia y su hija Kati. Vestían unos bikinis de baño que la parte trasera se les hundía en unos suculentos culos y ambas lucían unos cuerpos esculturales como que si se los hubieran mandado a hacer. Pechos de copas 36 CC y unos culos copiados que según mi calculo la cinta métrica mediría 110 cm.

    Llevaba mis anteojos oscuros y eso me dio la indulgencia de mirar directamente a esos monumentos sin que pudieran saber el enfoque que tenía. Diana me las presentó y tuvimos una plática larga y bien entretenida con ambas. Ahí me di cuenta de que Mia es la enfermera del ingeniero Lacrosse, esposo de Diana y que su hija va para la universidad becada.

    La verdad si las ven juntas más parecen hermanas que madre e hija. Mia solo tiene 34 años … o sea que la tuvo a los 16 y según me contaba Diana, era el producto de una violación de su padrastro quien pasó 12 años encerrado. Mia nunca formalizó una familia y según cuenta Diana, ella ha tenido parejas, pero nada con sentido familiar. Ella como enfermera es autosuficiente y Diana dice que así se quiere mantener y cuando le habló de mí, le dijo que yo era un hombre igual y que podría ser una buena aventura.

    En cambio, con la hija le dijo que la llevaría al cielo, que no habría otro hombre que la hiciera sentir como ella ni se lo pudiera imaginar. Diana le apostaba a que Kati no podría tener una relación sexual más intensa que conmigo. Eso es Diana… creo que lo dice porque en el pasado yo llené ese vacío y al igual que muchas mujeres necesitadas de afecto… sabe que yo puedo llenar esos vacíos de expectativa en la cama.

    Creo que esa tarde me le insinué a las dos y más que todo a Mia la madre, pues conversamos más tiempo con ella. Intercambié números celulares con ambas y esa noche nos despedimos con un beso en la mejía y nos fuimos a nuestros respectivos lugares. Tres días después veo un mensaje de texto que me decía lo siguiente:

    -Sr. Antonio Zena, he hablado con su amiga Diana y me ha dicho que usted seguramente podría enseñarme muchas cosas… usted debe imaginar a lo que me refiero. Nunca he tenido un novio y mi madre se ha encargado de hacerme sentir un miedo al sexo. Yo quiero experimentarlo y Diana me ha dicho que usted sabe cómo extinguir esos miedos. No sé qué pensará de mí, pero Diana habla que usted es muy discreto y eso es lo que necesito de usted… No soy virgen, me masturbo casi a diario, pero quiero aprender del sexo con un hombre de experiencia como usted. Si no le interesa por favor mil disculpas e ignórelo.

    Kati, al igual que su madre medirá un metro con 65 centímetros, de un peso de algunas 130 libras y más que todo ese peso está bien distribuido entre esos pechos y un espectacular trasero. Ese día en la piscina realmente era una delicia verlas a ambas, eran una copia de madre e hija. Cuando recibí el texto solo me llegó a la mente Diana, pues la conozco muy bien y ya me imagino como habrá motivado a Kati para que esta chica de solo 18 años se atreviera a contactarme.

    Ah olvidaba decir que Diana es bisexual, con ella y su amiga rusa hicimos un trío. Creo que es la única experiencia lésbica que ha tenido Diana o por lo menos eso me ha dicho ella. Diana es una lesbiana pasiva, no creo que sea muy abierta en ello y creo que se inclina más por los hombres y no sé si tiene otros amantes, nunca me ha contado nada de otras relaciones.

    Realmente nunca esperé que esto se diera así de esta manera, pues todo era muy directo, nada de protocolos de conquista. Le dije que cuando quisiera llegara a mi casa y que se trajera su traje de baño para pasarlo en la piscina. Resulta que el día en qué quedamos cayó una tormenta con relámpagos y truenos que de alguna manera le dieron romanticismo a la situación.

    Kati llegó por la tarde vistiendo una minifalda colorida y una blusa blanca donde los pezones eran evidentes. Desde el principio los saludamos con un beso en la boca, era evidente lo que ambos queríamos. Y una vez más, me pasaba lo que muchas veces me pasa por la mente en este tipo de situaciones: ¿Cómo una chica así de joven y linda quiera coger con un hombre mayor? -Sabía que esto era más que todo la persuasión de mi amiga Diana… ella en verdad tiene talento para motivar y persuadir.

    Cuando le di el beso al llegar también le tomé delicadamente una nalga y ella solo me dio una sonrisa muy linda e inocente. No podía creer que una chica tan joven y bella a sus 18 años no haya tenido alguna experiencia sexual. Yo vestía solo un pantalón deportivo y mi camisa polo y fue obvio como me creció la verga al darle ese beso y haber sentido sus nalgas. La invité a algo de tomar y me aceptó un jugo de naranja y nos sentamos en el sofá y cuando ella puso una pierna sobre la otra le vi su calzoncito que parecía de un rosa muy intenso o fucia. Estábamos de frente y ella parecía un poco callada, quizá nerviosa y le di una observación para quebrar el hielo.

    -Eres una chica muy linda… imagino que más de alguno te ha dicho lo bonita que eres.

    -Gracias don Antonio, pero la verdad que nunca me lo han dicho.

    -Sabes Kati, llámame, Tony. Olvídate del “don”, que si vamos a entrar en confianza solo llámame, Tony.

    -Está bien Tony. Usted también es un hombre muy guapo. Sabe don Antonio… perdón Tony; Me gustó ese beso, nunca nadie me había besado la boca.

    -¿De veras? Difícil de creer. Yo diría que debes tener muchos admiradores deseosos de besar esos labios muy lindos que tienes.

    -No le miento, siempre he tenido miedo dar ese paso. Siento que algo malo pueda suceder. Mi madre siempre me ha dicho que el momento apropiado algún día llegará.

    -Me alegro de que te haya gustado. Yo me atreví porque recordé tu texto e imaginé tener el permiso de hacerlo.

    -No… no me molestó para nada y si me gustó, no se lo niego.

    -Lástima que llueva, me hubiese gustado verte de nuevo en traje de baño.

    -Por eso no hay problema, me lo podría poner si gusta verme en traje de baño. -Me lo dijo riendo.

    -¿Te atreves a modelarme las bragas que llevas puestas? Me gusta ese color intenso rosado.

    -¿Qué? ¿Se me nota el color?

    -Soy psíquico. -Le dije riéndome.

    Pensé que no se atrevería en el momento, pero ella se paró frente de mí y me pidió que le ayudara a removerle la ropa. Me paré y le di otro beso más intenso mientras le sobaba esas preciosas nalgas que realmente son una gran tentación, son espectaculares. Ella solo me dijo cuando despegué mis labios de los de ella: -Usted me pone bien caliente, me gusta como huele. -Yo solo le sonreí y comencé a removerle esa blusa y por cada botón que desprendía regresaba a darle un beso y sobar esas ricas nalgas. La dejé con su brassier y su falda cayó en el piso y me queda ese espectacular cuerpo de una chica de 18 añitos en su primera relación sexual.

    Su piel, ese aroma de la juventud era hipnotizante, una piel humectada, sedosa y realmente esta chica me tenía bien parada la verga que estiraba mi pantalón de algodón deportivo. Le pedí que caminara alrededor y no sé si ella se dio cuenta de las cámaras de seguridad, pero hizo un par de pases y ver a esta chica en ropa interior realmente es una delicia. Su tanguita fucia se le hundía en esos hermosos cachetes que te van hipnotizando en ese vaivén del caminar. Hubiese querido meterle la verga en ese momento, pero antes estaba en darle placer a esta chica y la halé hacia mí mientras me sentaba en el sofá y la guíe para que se sentara frente a mí con sus piernas abiertas.

    Esos dos pechos son tan hermosos como sus nalgas y ese brassier se los levanta que parece se quieren salir. Ponía mi cara entre ellos y absorbía su olor mientras masajeaba su rico trasero. Le besaba las tetas por encima paseando mi lengua por todo ese entorno sin descubrir los pezones. Sentía como esta chica había encontrado un ritmo rico rozando su panochita contra mi verga y movía su pelvis con ese ritmo delicioso. Pasé a removerle el brassier y me quedaron esos dos hermosos melones con una areola cafesosa y unos pezones puntiagudos alargados. Mi boca atrapó uno de sus pezones delicadamente y haciendo una pausa le pregunté:

    -¿Te gusta que te los mamen fuerte o así está bien?

    -No sé… nunca me los habían mamado. Así se siente rico.

    -Vamos a intentarlo de diferentes maneras, si algo te molesta o no te gusta házmelo saber. ¿Te parece?

    -¡Está bien!

    Me dediqué a chuparle las tetas al principio de una forma delicada y luego pasé a halarle los pezones con mi labios, los mordisqueaba, besaba su cuello mientras mis manos seguían entretenidas jugando con sus hermosas nalgas y le daba esa sensación de arañeo que ella reaccionaba cuando le deslizaba mis uñas por su trasero. Hicimos una pequeña pausa para sacar mi verga bajándome un poco el pantalón deportivo que estaba totalmente mojado por los jugos de esta linda niña y mi fluido preseminal. Su tanga estaba más que mojada y parecía que no existía esa barrera de esa tela cuando ella se restregaba mi verga en la entrada de su panochita.

    Pasé a una mamada mucho más intensa donde le mordiscaba los pezones y se los halaba ahora con mis dientes y fue cuando me lo dijo: -¡Ay que rico… siento que me voy a correr! Diciendo esto estaba cuando Kati aceleró su vaivén de caderas y me lo dijo de esta manera en un aullido de pura excitación: -Señor Zena, me vengo… no aguanto más, me corro, me corro, me corro Dios mío… me corro. Ella dejó de hacer ese vaivén lentamente… y a pesar de no estar adentro de su vagina aun así podía sentir sus contracciones. Ver su rostro satisfecho me llenó de ese morbo para continuar dándole placer a esta chica.

    Me preguntó dónde estaba el baño y le señalé por donde debía ir y escuché el grifo de la regadera en la tina… se estaba bañando. Se tomó alrededor de quince minutos y salió ya maquillada y oliendo rico a su perfume. Yo me fui a las regaderas de la piscina y me di un baño también, pero yo solo me tomé cinco minutos y estaba listo para esta vez darle placer oral. Si nadie le había besado los labios de su boca, lo más probable nunca había experimentado sexo oral. Comenzamos con una breve conversación:

    -Usted es admirable… no sé si esa sea la palabra. Nunca pensé correrme como lo hice solo sintiendo su cosa. ¿Me pregunto si eso que usted tiene me cabe?

    -Kati, solo quiero saber que te la estás pasando bien. A mí me gusta tomarme mi tiempo, dar placer y solo quería saber si debo usar condones. Mi miembro… estoy seguro que te cabe.

    -Sabe, su amiga Diana me aconsejó en comenzar a usar la píldora desde hace tres meses. Ella me decía que en la universidad cualquier cosa puede pasar y era mejor evitar a toda costa algún embarazo. Y ya tengo ese tiempo tomándome las píldoras, pues ella me decía que a mis 18 años ella me iba a presentar a alguien que me mostrara lo que es el sexo. Ahora si usted quiere usar condones es cosa suya. Diana me aconsejó que el sexo es más rico sin nada de eso y que a usted no le gustaba ponerse condones.

    -Kati, ¿te puedo hacer una pregunta y que me la contestes honestamente?

    -Si diga… yo le voy a ser siempre honesta.

    -¿Por qué un hombre de mi edad y no un chico de tu entorno? ¿Por qué una chica de tu edad quiere estar con un hombre mayor como yo?

    -Don Antonio… perdón; Tony, le voy a ser honesta. Nunca imaginé estar con un hombre mayor que yo, pero su amiga tiene mucha razón. Usted tiene la experiencia de cómo tratar a mujeres y además usted es un hombre muy guapo. Le voy a ser honesta… yo no miro a un hombre mayor que yo… yo veo a un hombre inteligente, a un hombre guapo que me atrae. La verdad que desde que Diana me mostró su foto, deseaba estar con usted. Y esto es todo don Antonio… si usted no me gustara, si no me atrajera un ápice, un tantito así… no estaría hoy en su casa.

    En ese momento la invité a pasar a mi habitación… ella estaba admirada de lo grande que era mi casa. Vio el yacusi, la televisión de 90 pulgadas frente a mi cama y esa vista espectacular del río que pasa en un declive atrás de mi casa. Seguía lloviendo levemente y en ese momento esta chica usaba una tanga roja, un bustier negro y unas sandalias, yo solo me cubría con la toalla con la que me había secado. La lluvia había cesado, aunque el cielo se miraba negro y salimos a la terraza donde se respiraba ese ambiente musgo de la frescura del campo. Ella me dijo sin titubeos lo siguiente:

    -Tony, aquí quiero que me desvirgue. Nunca imaginé un paisaje más apropiado que este para recordar un momento así.

    -Kati, voy a hacer todo lo posible para que este día sea inolvidable.

    -Tony… usted sabe lo que hace.

    La abracé por sobre su espalda y mi pene estaba entre esas preciosas nalgas solo bloqueada por este nuevo hilo dental. Le besaba el cuello y le decía que ese culo me fascinaba, que sus tetas me volvían loco y que quería comerle ese precioso culo. Ella me dijo que quería chupar mi verga, que lo deseaba tanto que antes a esto soñaba con descubrir su olor y como sabría. De ella salió y me dijo: Tony quiero chuparle la verga y después, puede hacer conmigo lo que usted quiera.

    En la terraza que es un espacio con techo también hay una mesa, un par de sofás y un asiento de cuero que parece banca y que puede servir como cama reclinable. Kati se sentó en este último y quitándome la toalla me tomó el pene ya erecto y me le dio una mamada que no parecía de un amateur… esta chica a través del porno en la red se imaginaba lo que uno quería experimentar.

    Llegó al punto de meter su lengua en mi culo y honestamente lo disfruté. No me corrí porque esta niña no sabe jugar con los tiempos y la comprendo, es cuestión de enseñarles como dar placer. Mi verga estaba a mil… gruesa y extendida a sus 22 centímetros y era una delicia ver a esta chica como disfrutaba mamándola y ver como entraba y salía de su boca era ahora parte de este hermoso paisaje. Cuando sentía que me quería venir en su boca hice una pausa para sugerir a otra acción.

    Alcancé una de las almohadillas del sofá y lo coloqué en esta banca. Guíe a Kati acostarse y en el proceso le quitaba el bustier y me saltaban esas hermosas tetas y le quité esta nueva tanga que ya estaba de nuevo mojada. Uff… que bonita esa panochita, un rajita rosadita y brillante por su humedad y literalmente sus labios parecían los pétalos de una rosa. A esta panochita le podría llamar una florcita perfecta y muy bien depilada y me daban ganas de comenzar a comérsela en ese instante.

    Me fui por encima de ella y comencé a chuparle la boca, besos en el cuello, una mamada breve en esos dos ricos melones y mi lengua iba recorriendo su abdomen, le metía la lengua en el ombligo y esta chica gemía sensualmente y me masajeaba la cabeza. Le besé el monte venus y sus entrepiernas antes de llegar a su cuevita mojadita. Comencé a lengüetear su clítoris de forma lenta y se puso muy tensa, sentí como sus piernas me apretaban la cabeza he hice una pausa y le pregunté:

    -¿Todo bien?

    -Si… es que es una sensación que me pone tensa.

    -¿Quieres que continue?

    -¡Si usted quiere!

    -Yo si quiero, pero quiero que sea algo que a ti te guste y que no estés incomoda.

    -Si está delicioso, pero es que me pongo tensa cuando ya me voy a correr.

    -Ok, déjame saborear tu panochita un minuto más y luego pasamos a algo diferente.

    Esos jugos estaban dulzones, ricos con un aroma de juventud que esa tarde debí haber pasado horas chupando su panochita y ese hermoso culo. Cuando sentí ese apretón de sus piernas de nuevo hice otra pausa y la invité a ponerse de pie llevándola al sofá donde la puse de perrito. Ver ese culo en esa posición es una delicia. Ver esa marca de sus calzoncitos y ese culo y conchita rosadita goteando es una delicia. Pasé a enterrarle mi lengua en ese culo y se lo chupe por un par de minutos pasando a removerle esos jugos que colgaban con mi lengua en su panochita. Ella me interrumpió sino hubiese seguido pegado a ese culo y me dijo: -Métame la verga cariño, me está poniendo muy tensa.

    Le puse mi glande a la entrada y le paseaba la cabeza de arriba abajo y de esa manera me chaqueteaba la verga y que ella solo sintiera la punta. Ella movía las caderas como queriéndose meter la verga y estaba tan desesperada que hasta me lo pidió. Le empujé la verga lentamente y sentí ese paraíso caliente y apretado de su panochita y Kati movía las caderas, aunque oía como que gemía más de dolor, pero ella seguía moviendo sus caderas y se escuchaba ese golpeteo de mi pelvis y sus nalgas y el chapoteo de mi verga entrando y saliendo de su rica cueva.

    De repente me comenzó a decir: -Tony siento que me voy a venir, dele mas fuerte, dele fuerte, si, así, así, así… que rico, ¡Me vengo…uff me vengo! -Dejé de pompearle la panocha cuando ya daba gemidos más leves y relajados. Y ella me decía lo siguiente:

    -¡Tenía razón su amiga Diana! Usted si sabe lo que uno quiere. ¿Y usted no se ha corrido?

    -Estoy esperando si existe la posibilidad de que me corra en tu culito.

    -¿Quiere abrirme el trasero? ¿De veras lo quieres?

    -Kati, lo deseo con todas mis ganas.

    -Bueno, usted sabe lo que hace aquí y si algún día tenía que pasar, que bien que sea con usted.

    Kati solo me miraba la pija bien erecta y hasta me vibraba y se levantaba el glande. Ella se levantó del sofá y me beso saboreando nuestros propios jugos y me dijo lo siguiente: -Soy suya, quiero experimentar todo con usted. – Me dio otro beso y le dije que su pusiera de nuevo en cuatro sobre el sofá. Puse una almohadilla en el piso y me he hincado a volverle a comer el culo. Se escuchaba el lengüeteo bien intenso y los gemidos de Kati que me inspiraban a seguirle comiendo el culo.

    Esas dos tremendas nalgas estaban deliciosas, potentes y pasé comiéndole el culo unos 10 a 12 minutos y me dijo que pensaba que se iba a correr y este lengüeteo solo fue en ese culo y me dijo de repente: -¡Dios mío, me vengo, me estoy corriendo… que rico Tony, que delicioso! -Le chupé el ojete hasta que se le volvió una especie de cosquilla para ella.

    -Por Dios, usted si vuelve loca a una mujer. No ha terminado el día y ya estoy pensado y ver si tiene tiempo para que me coja mañana. Usted me va a convertir en una ninfómana. -Lo decía riendo.

    -Cuando gustes puedes regresar.

    -No me diga eso, que le puedo tomar la palabra. ¿Y ahora me va a coger el culito?

    -¡Lo deseo mucho!

    -Ya se lo dije… quiero ser toda suya.

    Se puso ella misma de perrito y le he echado una escupida a ese ojete y comienzo la penetración. Qué culito más apretado tiene esta chica y con paciencia se lo fui dilatando hasta que mi glande entró y dio un buen gemido. Le dije que se relajara o quería que se lo sacara. Me pidió que se lo sacara y que se lo volviera a meter, que esa sensación de dolor le había gustado. Repetí aquello una docena de veces hasta que ella misma movía la pelvis y poco a poco se hundió mi verga. Me pedía que se la sacara toda y que se la volviera a meter y me dijo: ¡Nunca pensé hacer esto Tony! ¡Me encanta, que delicia! -Esa voz llevaba timbre de erotismo y comencé a taladrar ese culo…

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  • Ana, la sirvienta sucia sin pudor (1)

    Ana, la sirvienta sucia sin pudor (1)

    Ana: Presentación de la sirvienta.

    La primera vez que la vi fue una mañana cualquiera, de esas en que el café huele más amargo que de costumbre porque algo te falta y no sabes qué.

    Tocaron la puerta y abrí sin esperar a nadie. Ahí estaba ella.

    —Buenos días… ¿aquí se necesita empleada doméstica?

    Su voz era suave, casi tímida, pero sus ojos no pedían permiso. No me preguntes cómo, pero supe de inmediato que algo en ella iba a moverme cosas que hacía tiempo tenía enterradas.

    Morena, de cuerpo redondo en los lugares correctos: senos grandes, vivos, atrapados tras una blusa blanca normalita, pero ceñida al cuerpo. El escote era discreto, pero suficiente para hacerme notar que no usaba brasier. Y en cuanto se movió, el leve movimiento de sus tetas marcaba un ritmo propio, uno que no iba a poder ignorar.

    Medía como 1.60, quizá un poquito más con las sandalias de suela gruesa. Caderas anchas, piernas firmes y un trasero grande que, sin exagerar, parecía hecho para tentar. No era flaca ni gorda; era carne viva, real… deseable. Una mujer como las de antes, sin filtros, sin vergüenza de ser cuerpo.

    El cabello negro lo traía recogido en una trenza, pero unos mechones rebeldes le caían sobre la frente. La piel de su cara tenía el color de la tierra mojada, esa que huele a campo después de la lluvia.

    Mi esposa bajó en ese momento. No hizo falta que dijera nada; la mirada con la que analizó a Ana fue como si la hubiera olido.

    La contratamos ese mismo día. Mi esposa dijo que no le convencía, que era muy callada, que algo no le gustaba. Pero yo insistí. Y cuando digo “insistí”, quiero decir que no iba a dejar que esa mujer se me escapara tan fácil.

    Ana se movía en la casa con una naturalidad que desconcertaba. No era altanera, pero tampoco sumisa en exceso. Limpiaba con una disciplina que no se ve ya: trapeador, escoba, trastes, baños, todo. Pero lo que más me enloquecía era verla levantar los brazos para colgar la ropa o barrer.

    Ahí estaba mi condena.

    El vello de sus axilas. Negro, abundante, sin pudor. Se lo notabas con cualquier blusa sin mangas o incluso con playeras normales. Mi esposa se quejaba de eso.

    —Qué asco, ¿ya viste que no se rasura? ¿Y ese olor? No usa ni desodorante la cabrona.

    Pero a mí… me volvía loco.

    Me atrapaba el aroma que dejaba cuando pasaba cerca de mí. Era un olor fuerte, natural, nada disfrazado. Un sudor con perfume a cuerpo vivo, a carne morena trabajada, a deseo escondido. No era sucio, era… animal. Y eso me prendía como nunca antes.

    A veces llegaba de hacer el aseo en el patio, y la camiseta de Ana estaba empapada en sudor. Se le pegaba al cuerpo, dejándole marcado el contorno de los pezones, gruesos, oscuros, como si siempre estuvieran pidiendo boca.

    Cuando me tocaba estar solo con ella en casa, el ambiente se volvía denso. No hablábamos mucho, pero el silencio decía más. Me pillaba viéndole el trasero cuando se agachaba, o la curva de sus pechos colgando un poco cuando limpiaba bajo el comedor. No se inmutaba, pero sabía que yo la miraba. Lo sabía.

    Una tarde, mientras barría el pasillo, levantó los brazos y el escote se estiró hacia un lado. Desde donde estaba, pude ver su axila abierta y ese monte oscuro de vello grueso y denso, brillante por el sudor. Mi corazón me martilló el pecho.

    Ella me vio.

    No bajó el brazo de inmediato. Me sostuvo la mirada. Solo un segundo.

    Y sonrió.

    No fue una sonrisa amplia, ni coqueta. Fue una sonrisa de saber. Una que dice: Ya me viste. Y sé que te gusta.

    Y ahí supe que la historia apenas comenzaba.

    Pasaron los días.

    Y cada día, Ana dejaba más señales de que sabía exactamente qué estaba haciendo conmigo.

    No era directa. No me decía nada, no hacía gestos vulgares ni hablaba con doble sentido. No lo necesitaba. Le bastaba con moverse lento, saberse observada y no huir de mis ojos, sino entregarse a ellos como una ofrenda silenciosa.

    La blusa que usaba a veces quedaba húmeda por el sudor. No hacía nada por cambiarse. Solo se la sacudía un poco y seguía. En esos momentos, la tela se le pegaba a la piel, y los pezones oscuros se marcaban como si quisieran perforarla.

    Una vez la vi levantar una caja con trapos del patio. Estaba de espaldas. El pantalón de tela floja se le subió y se marcó todo. Se le notaba el calzón entre las nalgas, enterrado, y cuando lo jaló con los dedos para acomodárselo, sentí que se me apretaba la mandíbula.

    No se giró. Pero sabía que yo estaba ahí.

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  • La segunda vez

    La segunda vez

    Dorita entró en mi dormitorio sólo con la ajustada braguita rosa. Sus pequeños pechos se movían ligeros como dos flanes de pezoncitos dorados, que estimulaban mi salivación como si fuera un perrito de Pávlov.

    Hacía un calor intenso, y el bochorno de Castelldefels se pegaba en la piel. Yo estaba desnuda y una fina película de transpiración cubría la parte inferior de mis tetas. Dejé a un lado el portátil y unos rizos de mi pelirrojo vello púbico, que sobresalían por encima de la elástica de mi braguita, se mostró tentador para mí misma entre mis muslos rollizos.

    —¿Quieres hacer el amor, Carolina?

    Respondí sacando la lengua y deslizándola por los labios entreabiertos. Dori se echó a reír, se bajó la braguita y se tiró en la cama. Yo me quité las gafas dejándolas sobre la mesita. Se tumbó sobre mi abdomen, con las piernas abiertas como un compás. El corto cabello de mi pareja olía como siempre a heno y despertaba mi deseo sexual.

    Tenía la cabeza de Dorita entre mis pechos; lo acaricié y ella ronroneó dulcemente, frotando la delicada boquita de su conejito contra mi muslo.

    Pasé mis dedos por su mejilla, jugué con su naricilla respingona y terminé dibujando sus finos labios, que se abrieron con la facilidad de los pétalos de una rosa: yo deseaba los otros, los que estaban escondidos entre la rajita rosada de su sabroso chochito.

    —Oye, quiero proponerte que le digamos a Luigi…

    —Dori, debe estar durmiendo ya.

    —No; estaba hablando con Armando. Oí al pasar que le decía tonterías románticas.

    Los ojos almendrados de Dorita miraron los míos e hizo un mohín que sabía irresistible para mí.

    —Muy bien…; si él quiere. Pero, la primera vez lo dejamos abandonado, mientras tú y yo nos corríamos. El pobre se tuvo que pajear… y ni siquiera lo miramos para calentarlo. Esta vez, lo haremos participar. Si se excita ¿te parece bien que nos ocupemos de darle placer a su pollita?, ja,ja,ja.

    Dori se irguió y me besó en los labios. Le acaricié el culito y le propiné un cachete suave en cada nalga. Las circunferencias eran tersas y firmes.

    —¡Cachonda! —le dije.

    Se levantó y se dispuso a ir a la habitación de su hermano mayor. La forma de sus nalgas me encanta: dos esferitas separadas, exactamente iguales, con dos cráteres en medio. Acababa de cumplir veintiocho años y estaba en la plenitud de su belleza; yo hasta diciembre no cumpliría los treinta. Salió con paso decidido hacia el cuarto de su hermano mayor.

    ¿Estaría dormido Luigi? Me pudo la curiosidad y salté de la cama en pos de Dori.

    Al salir del dormitorio vi al hermano de Dorita regresando del aseo. Llevaba un bóxer color carne; el bulto del falo se le marcaba. Dos semanas antes, en plan de broma, yo lo reté a un désavillé en trío, y para mi sorpresa aceptó. Entonces pudimos comprobar que disponía de un buen mandoble, del que disfrutaría su pareja indudablemente. Luigi era homosexual y mantenía una relación más o menos seria con Armando, un barman mucho más joven.

    Él sabía de la relación sáfica de su hermana conmigo, y Dorita, por su parte, no tenía reticencias morales respecto a su hermano gay: respeto mutuo en cada campo… hasta mi provocativa propuesta. Entonces descubrimos que Luigi tenía la misma agitada pulsión sexual que la traviesilla de su hermana…

    Ahora, Dorita que, una vez tuvimos la experiencia de sexo exhibicionista en trío con su hermano, admitió lo mucho que había disfrutado de un torrente de excitación sexual, de un aumento enloquecido de la libido, quería repetir la experiencia. Confesé que a mí me había ocurrido otro tanto.

    Al cruzarme con Luigi lo saludé como si tal cosa y disimulé que iba al baño. Me giré, volviendo sobre mis pasos y lo seguí a su cuarto.

    El alarido de Luigi cuando Dorita saltó sobre él desde su escondite tras la puerta del dormitorio, fue seguido de una blasfemia. Al llegar a la puerta vi que Dori estaba doblada en dos por las carcajadas… Me apoyé en el marco de su puerta y le dije a Luigi, yendo directa al grano:

    —¿Te apetece un nuevo calentón a tres?

    Dori se colgó de sus hombros y le rogó:

    —¡Vamos…! nos pone cachondas tener un voyeur —le pasó la mano por el paquete— y tú nos haces una exhibición de esos genitales masculinos, —añadió riéndose agarrada al falo— Será mejor que la otra vez, ya verás. Te lo prometo, tete.

    Luigi vaciló unos segundos, me miró contemplando mis voluminosas tetas con una extraña llamita de picardía en sus ojos, y después de retirar la mano de su hermana de su miembro colgante respondió con una sonrisa:

    —De acuerdo. Primero seré vuestro espectador; después de vosotras, voy yo.

    Dori le besó la mejilla, se descolgó y le condujo a mi cuarto. Fui tras ellos. Le hizo sentar en un puf, frente a los pies de la cama. Ella se tumbó con la espalda apoyada en la cabecera. Su chochito depilado como una apretadita línea vertical era una invitación para largos y subyugantes besos.

    Yendo hacia la cama, pasé junto a Luigi y le palmeé el hombro.

    —Vamos a desnudarnos. —Me acaricié la gruesa barriguita y señalé—: ¿Me las bajas?

    Me paré ante él, con el pubis a la altura de su cara. Asintió y me cogió por la cintura con una mano; con la otra hizo resbalar con cierta dificultad la braguita muslos abajo. Ver cómo emergía mi musguito pelirrojo, desató mis ganas sexuales.

    Vi el interés con que miraba Dori, que había bajado a los pies de la cama para observar la escena entre su hermano y yo. ¡Seguro que estaba cachonda y se estaba mojando su ardiente vagina! Con la exhibición de mi desnuda almejita frente a la mirada ajena de Luigi, pensar en lo que estaba sucediendo ante los ojos de los dos hermanos disparó al máximo mi intensidad libidinosa.

    Debido al sudor, la braga se enrolló en los muslos. Luigi estiró de las elásticas por cada lado y las bajó completamente. Noté el cálido aliento en mi monte de Venus. Como nunca me depilo, mi felpudo rojizo recortado en forma de corazón, ya liberado de la prenda dejó ver los grandes labios exteriores de mi vulva. Me deshice de la braga y le dije:

    —Te toca. —Me agaché y agarré el bóxer por la cintura. ÉI levantó el culo y el calzoncillo fue bajando. También estaba sudado; el ligero varonil olor de almizcle se esparció por mis fosas nasales. Le extraje la prenda por cada pie. Los testículos estaban juntos, en un lado, pilosos y gruesos; el mandoble estaba caído plácidamente relajado, pero yo conocía cómo era capaz de empalmarse y erguirse como el mástil de una vela cuando se excitaba.

    Cuando me levanté, nuestros ojos se cruzaron. Capté un visible brillo malicioso en sus pupilas. No cabía imaginar que mis voluminosas tetas, mis anchas caderas femeninas y mi carnoso culo y vientre tuvieran un efecto sexual en Luigi; pero de alguna forma la situación debería de resultarle también a él excitante; además la insinuante situación incestuosa intensificaba el placer lúdico de la exhibición del sexo en grupo.

    Me acerqué a los pies de la cama. Dorita se acercó y me besó el matojito de vello, buscando con su lengua la hendidura escondida de la vagina. Con los dedos abrió mi vulva y la penetró con la saeta mojada. Chupaba mis labios vaginales; recorría toda mi raja; paladeaba mi clítoris tieso de deseo… y yo comencé a jadear.

    —Quiero comerte el conejito.—Le dije. Se dio la vuelta y me entregó sus hipnotizantes lunitas. Yo las acaricié golosa y fui lamiéndolas. Su espalda brillaba por la transpiración. Metí mis dedos entre el canal de las nalgas de Dori. Encontré aquellos apretaditos labios que adoraba hurgar para luego meter mi boca en el surco estrecho, chupándolos hasta notar el untuoso y salobre sabor.

    Los apreté y froté entre sí. Me gustaba ver el pliegue rosadito, sentir la textura delicada de la carne oculta. Jugué con ellos y el flujo vaginal inundó las yemas de mis dedos. Dori estaba excitadísima, deseosa…, a punto de iniciar el camino del clímax.

    De repente, tuve una idea.

    —Espera cariño; en seguida vuelvo.

    —Nooo; no me dejes así… —Protestó quejosa.

    Pasé frente a Luigi. Su miembro estaba ciertamente colgando, pero vi que se había agrandado. Seguro que su lubricidad comenzaba a hacer aparición. Fui a la cocina. Cuando volví, el falo de Luigi estaba erecto y sus dedos acariciaban sus bolas. Le guiñé un ojo y él miró atentamente lo que traía en las manos. Dori se volvió y con los ojos abiertos de par en par, exclamó:

    —¡Viciosilla! —Vamos…, ¡estás deseando!

    Y las dos estallamos en risotadas. Introduje la punta del en el vaso de aceite. Dori, se colocó de espaldas, se abrió de muslos. Comencé a juguetear en la entrada de su agujero. Daba vueltas por su coñito, llevé la hortaliza verde a su joyita violeta y ella dejó escapar un suave sonido gutural.

    —¡Fóllame, amor! —pidió jadeante.

    Hundí el grueso miembro vegetal en el coño brillante, y aceitoso de Dorita y empecé a hundirlo una y otra vez. Ella gemía y se contoneaba cuando el calabacín entraba hasta el fondo de su vagina; entonces yo lo hacía girar, volvía a sacarlo y lo clavaba en el chochito deslizante.

    Besé las esferitas de Dori, con el miembro dentro. Jugué a acariciar con mi lengua el ojete. Dori exhaló un largo suspiro e introduje la lengua en el ojo del culito tan adentro como alcancé.

    En eso sentí la proximidad de su hermano, atraído por lo que estábamos haciendo. Ahora sí que el garrote grueso y largo de Luigi estaba completamente empalmado y se balanceaba en el aire. La lujuria iluminaba sus ojos verdes. El calabacín entraba y salía por el coño impregnado de aceite. Dori seguía moviendo la cintura, mientras la follaba con el mango vegetal.

    —¿Quieres seguir tú? —invité a Luigi a continuar la penetración vaginal a su hermana. Me miró, titubeante y un segundo después se dejó vencer por el momento lujurioso y asintió con un movimiento de la cabeza.

    Me eché a un lado y dejé que él continuara follando a Dorita. Con un movimiento rítmico, el casual instrumento sexual se hundía en el coño y salía, aceitoso, brillante.

    Luigi manifestaba una habilidad inusual en el arte de la penetración anal. No creo que Dori se diera cuenta que ahora era su hermano quien manipulaba el interior sedoso de su vagina.

    Unos segundos después, Dori elevó la nuca y dejó escapar un bufido suave. Con un espasmo que inmovilizó el miembro que tenía en la vagina. tuvo un intensísimo espasmo. Luigi y yo fuimos testigos de la oleada de placer sexual que la recorría, hasta que se dejó caer boca abajo sobre la cama, respirando fuertemente, todavía con el calabacín clavado dentro del chocho.

    Pasados un par de minutos Dori se dio la vuelta, sacando el cilindro verde de su coño.

    —Ven, vida… —me dijo— ahora quiero comerte la almejita sabrosa… ¡Ven!

    Luigi tenía la tranca con una erección tremenda. Me fijé en sus cojones, apretados, subidos: debían estar repletos de semen. Tenía la cara enrojecida y los ojos vidriosos. Se sujetaba el falo y lo agitaba muy despacio. Subí a la cama acariciando con la palma de la mano, al pasar junto a él, la forma convexa de sus nalgas. Coloqué mis brazos a modo de almohada, bajo mi nuca y dejé que mi dulce amante me abriese las piernas como una uve.

    Dorita se inclinó sobre mi peluso de color panocha y me abrió el higuito hambriento. Se abocó y comenzó un cunnilingus delicioso. Su lengua sorbía mis jugos, chupaba mi clítoris, recorría las paredes chorreantes de mi vagina. No tardé en correrme salvajemente, sosteniendo la cabecita de Dori entre mis manos. Cuando nos separamos, pudimos ver a Luigi pajeándose sin dejar de observarnos.

    —¡Ahora es tu turno! —le dije— Su hermana se quedó sonriente, mirándolo. Señalé el calabacín y le pregunté—:

    —¿Quieres probar? —Luigi miró algo turbado— ¿Te lo hago yo, o prefieres…?

    Dorita cogió el improvisado instrumento del placer y lo sumergió en el vaso aceitoso. Algunas gotas chorrearon, volviendo al vaso.

    —¿Quién prefieres? —interrogó.

    —Tú, Carol —respondió.

    Cogí el calabacín mientras él se arrodillaba en la cama. Nunca había hecho una penetración anal a nadie, y tampoco jamás había tenido tan cerca unos genitales masculinos. La vez anterior Dorita y yo nos mantuvimos a un lado, mientras él se masturbaba hasta correrse.

    Las pelotas colgaban entre los muslos; desde detrás, el pene erecto no se podía ver. El vello corto y negro rodeaba el ojito de su culo, estrecho y radial. Coloqué la punta de la generosa hortaliza en el centro del ojete y empecé a dar vueltas en el orificio; luego empujé el calabacín, que se hundió con tanta facilidad como lo hizo en el coño de su hermana, minutos antes.

    Luigi abrió del todo las piernas jadeante. Yo comencé a joder el culo con suavidad: dentro- fuera; una y otra vez, acompasadamente. Mis tetas golpeaban los cachetes con cada embestida. Entonces vi que Dori se acercaba y se puso delante de su hermano. Hasta entonces observó a cierta distancia cómo recibía por el culo, atenta, sin pestañear.

    Inesperadamente, cuando los dedos de su hermana agarraron el cipote, Luigi se irguió, con el calabacín hundido en el recto.

    —¿Qué haces? —exclamó.— ¿No lo quieres completo? —inquirió Dori con voz dulce.

    Luigi no respondió. —Es sólo placer, Lui… mutuo. Estoy cachonda. Quisiera tocártelo, tenerlo en mis manos, apretarlo y darte placer —Su voz volvía a ser melosa, convincente—. Luigi se relajó y volvió a colocar los brazos contra el colchón.

    Con mucho tacto, Dori empezó a manipular el prepucio, deslizó la mano por todo el miembro de su hermano; sujetó la cabeza del pene y la acarició. Yo volví a follarlo por detrás. Imaginaba los dedos de Dori masturbando la polla de Luigi. Algo raro me recorrió el vientre y con la mano libre clavé en el culo las uñas. Él emitió un leve quejido. Le hundí el calabacín hasta lo más profundo y me coloqué de lado, para ver qué le estaba haciendo Dori.

    Ella daba vueltas al capullo morado de su hermano con una mano; con la otra sostenía la tranca gruesa y larga en el nacimiento del órgano, en el vientre velludo. Por alguna razón, Luigi trataba de evitar los gemidos de gusto ante el masaje de polla con que le satisfacía su hermana.

    Me sorprendió notar mi flujo desparramándose por mi cavidad vaginal. Luigi observaba las evoluciones de Dorita en su verga tiesa. Entrecerraba los párpados y suspiraba. Disfrutaba de la visión de los dedos de su hermana masturbando su polla gruesa, caliente, de venas marcadas y borde del glande violeta oscuro.

    Inesperadamente, Dori, sin soltar la verga dura y tiesa, se amorró sobre la polla de su hermano con la boca abierta… Luigi sujetó en ese momento su frente, impidiéndole el contacto de su miembro con los labios de su hermana.

    –Una boca es una boca, bobo —Le dijo Dori—. Sólo, evita correrte dentro. Avisa cuando vayas a eyacular, ¿vale? —Luigi incapaz de oponerse arrastrado por la lujuria abierta, se dejó hacer.

    Dorita besó el agujerito del capullo. Pasó la lengua por el frenillo rosado. introdujo la punta de la lengua en el meato. Yo palpé mi coño e inicié una masturbación mientras veía, encendida, la secuencia incestuosa y provocativa. Dori, que adivinó mi reacción libidinosa, me miró y me hizo un guiño.

    Cuando Luigi notó que su polla era introducida en la boca de Dori, gimió. Yo dejé en el interior del recto la hortaliza y fui por detrás de ella y comencé a magrearle las tetitas, restregando mi felpudo húmedo en su trasero.

    El sonido de la felación se escuchaba perfectamente. Doris succionaba toda la verga, era audible la saliva y los lametones. Dorita acariciaba los huevos de Luigi, también la próstata. Luigi gemía cada vez más fuerte. Dori lo miró y disminuyó el ritmo de su mamada. La extrajo chorreante de saliva y me hizo un gesto para que siguiera yo.

    Directamente, me la metí en la boca. Estaba caliente, dura y tenía un ligero sabor y olor marino. Succioné un par de veces y chupé el capullo de textura de seda. Dori observaba sin perder detalle. Miré la cara de Luigi y vi que estaba ya en el clímax, a punto…

    La saqué y seguí pajeándola hasta que con un grito se produjo la eyaculación. Varios chorros de leche saltaron salpicando mis tetas y alcanzaron mi mejilla. Era esperma espeso y ardiente. Luigi seguía con espasmos y su leche seguía brotando, discurriendo entre mis dedos.

    Entonces ocurrió algo imprevisto: Dori se acercó, me besó y lamió de mis pechos el semen de su hermano y volvió a besarme. Las dos paladeamos el esperma.

    Poco a poco, el órgano masculino fue aflojándose entre mis dedos hasta, quedar flácido y cubierto del fluido seminal.

    Los tres nos tumbamos en la cama, sin decir ni una palabra, hasta que Dorita le preguntó a Luigi:

    —¿Esta vez lo has pasado mejor, a qué sí?

    Luigi giró la cabeza hacia ella y asintió. Noté asombrada sus dedos buscando mi pezón izquierdo; cuando lo encontró lo acarició y lo apretó.

    Lo más sorprendente fue lo que añadió después casi tímidamente:

    —¿Querréis que la próxima vez os folle a las dos? —y con una risotada añadió—: prometo correrme fuera… en las tetas de las dos.

    Nosotras reímos con una astucia que Luigi nunca debería de descubrir.

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  • Una propuesta diferente de tres lesbianas (5): Lariza, entre el deseo y la identidad

    Una propuesta diferente de tres lesbianas (5): Lariza, entre el deseo y la identidad

    Y ahí estaba, encima del hombre que, durante días, penetró en mi cara a mis dos novias, en mi departamento, sintiendo su pija dura rozando mis labios vaginales, donde aún había restos de fluido vaginal de Ana Paula y Rayane, incluso resto de semen de él.

    Lariza siempre fue la dominante, ella juagaba con Rayane y Ana Paula, pero ahora sentía que su autoridad estaba siendo sobrepasada por este hombre, que estaba a punto de gobernar, marcar territorio y tomar a todas ellas.

    Yo siempre me declaré lesbiana, nunca deje que un hombre me bese y mucho menos penetre, pero en el fondo soy mujer y ver a este macho, someter con fiereza y deseo a mis dos chicas, me hizo sentir sumisa, me hizo sentir mujer, y ahí lo tenía obediente, sin penetrarme, respetando.

    Rayane y Ana Paula, miraban cómplices, abrazadas, esperando que podría ocurrir, ellas aun llenas de este hombre que acabo en el interior de las dos, y yo pensaba ¿ Que se sentirá tener semen adentro mío?

    Si bien lo he probado de la vagina de mis novias, nunca lo tuve adentro y esa noche era de posibilidades, yo seguía rozando su pija, inundando su palo con jugos vaginales, el me tomo de la cintura con sus enormes y cálidas manos, realmente se controlaba, porque su pija era una piedra, miraba su cara de placer, que me excitaba, hasta que decidí subir un poco más la pelvis y ya no rozar de atrás hacia adelantes, sino de arriba abajo, en esta pose su pija quedaba libre y mis labios vaginales rozaban su glande hasta la raíz, con encuentros muy cercanos de su glande con la entrada de mi vagina.

    Hasta que no aguante más y le dije: quiero sentir solo la punta adentro, a lo que mis novias miraron sorprendida, el con su mano puso la punta de su pija en mi vagina, yo despacio descendí para sentirlo, era increíble, una sensación carnosa, caliente, no un plástico el cual acostumbraba, la verdad empecé a sacar y meter, hasta que no aguante y me senté por completo, sentí como ese intruso golpeo mi cuello uterino, y sin que yo le diga nada me agarro de la cintura y empezó a embestirme, ya no le importaba obedecer, y me dijo algo que me prendió.

    “Esta noche serás mi putita, ustedes 3 son mis putitas y voy a terminar de llenarle de leche a esta ramera”.

    Yo solo acepte mientras mis novias se ponían una al lado de él, mientras me reventaba la vagina, se besaba por turno con ambas, estábamos en un ritual de apareamiento, hasta que sentí como golpeo con demencia su glande en mi fondo y comenzó a escupir toneladas de leche, esa esencia, rica y caliente en mi interior, mientras me acerque le bese, con pasión, hasta que él me dijo al oído “ahora eres mi puta y yo tomo el control de las 3 hembras”.

    Yo me levanté, le miré a los ojos y les dije “este es tu harem y nosotras tus sumisas a partir de ahora harás lo que desees con nosotras” ¿Seguimos con el relato o dejamos a la imaginación de ustedes?

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  • Me comí a mi vecino doctor

    Me comí a mi vecino doctor

    ¡Excelente día!

    Alguien me preguntaba, ¿por qué no escribes cada semana o diario tus anécdotas? A veces no puedo escribirles ya que son con la misma persona, e inclusive como le dije, no cojo todos los días con alguien diferente, si no pues cojo con los que ya he estado, no es de que me aparezcan pretendientes todos los días, además de que a veces mis ocupaciones como madre y esposa no me dejan.

    Pero bueno, les voy a contar lo que pasó con mi vecino el doctor Jorge.

    Ese día, yo iba llegando de dejar a mis hijos de la escuela, no tuve clases ya que hubo un evento deportivo en mi trabajo y solamente el maestro de educación física tenía que ir en conjunto con los papás y mi director, y tenían que llevar a los niños a otro municipio.

    Bueno, fui a dejar a mi hijo a la secundaria y de ahí a mi hija a la primaria, eran casi las 8 am cuando iba llegando yo en mi camioneta y me lo encontré en el estacionamiento, se acercó a saludarme cuando termine de estacionarme y estuvimos platicando, barbón, de estatura media, ojos color café y labios gruesos que se escondían entre la barba y el bigote, mientras platicaba con él, con solamente oírlo, verlo y olerlo me comencé a mojar, créanme que está hecho un cuero, a pesar de no estar alto como a mí me gustan, me imaginaba muchas cosas en ese momento, sin embargo yo estaba concentrada en nuestro dialogo y sabía que él era fiel a su esposa.

    De una cosa pasamos a la otra, y cuando se despidió y me dio la mano, recorrí toda la palma de la suya con una suave caricia, esperando captará el mensaje, estaba en celo, quería coger pero no estaba mi esposo, mi dildo me satisface pero solamente por momentos, quería probar otra verga, y quería esa verga.

    Me habían ofrecido varias aquí en el fraccionamiento, señores ya grandes, hasta el del gas y el del agua me habían dicho que todo me podría salir de gratis si yo quisiera, sin embargo el doctor era quien me gustaba sinceramente para cogérmelo y ya, al ver que se retiraba de dónde yo estaba, le invite a tomar café, solamente giro su rostro y me dijo que si estaba segura, le dije que si, que le abría la puerta y que se pasará, me dijo que había muchas vecinas chismosas, le dije que si, pero que por eso él entraría después de mi.

    Camine hacia mi casa, abrí la puerta y se la deje entreabierta mientras yo ponía el agua para el café, después de unos minutos entro a la casa y le pedí que cerrará la puerta. Al entrar se sentó en la mesa del antecomedor y seguimos platicando, le serví un café de olla (es el que le gusta a mi esposo y él lo hace diario) y le dí un poco de fruta, y le prepare unos huevos.

    Seguimos platicando nos fuimos al comedor, me ayudó a llevar las cosas y nos sentamos a desayunar, seguimos platicando hasta que terminó de desayunar, me dijo que si tenía mucho tiempo viviendo ahí, que como me iba en la escuela, que si me gustaba vivir ahí, en fin, cosas sin importancia, me halago por el desayuno y se disponía a retirarse cuando le dije que, si no se le antojaba algo más. Así de puta me vi, como ustedes se lo están imaginando así me vi, solamente porque me dio pena decirle “cógeme” pero el mensaje era claro.

    Me dijo que no sabía si se podía lo que él quería, le dije que lo pidiera, tal vez lo que el pedía ya estaba listo para que lo comiera, sin decir palabra alguna de abalanzó sobre mi, comenzó a besar mi cuello mientras mis manos rodeaban el suyo y nos dejamos llevar, comenzamos a enredar nuestras lenguas mientras nuestras manos acariciaban el cuerpo uno del otro, sus manos fueron directas a mis enormes tetas, sus labios y lengua jugaban con mi cuello y el lóbulo de mis oídos, le pedí que esperara un momento, entre a mi recamara y saque preservativos del buró de mi esposo.

    Regrese y ahí, junto a la mesa del comedor me desprendió de mi blusa y mi brasier no sin antes volver a intercambiar saliva con unos besos deliciosos, se sentó en una silla y yo sobre él aún con ropa comencé a moverme por encima de su pantalón rozando mi zorra con su verga mientras ambos aún estaban aprisionados dentro de la ropa, sentado en la silla me chupaba los senos, me mordía los pezones y apretaba estás tetas con ambas manos con todas sus fuerzas, me dijo que su esposa no tenía unas así y es verdad su esposa es muy delgada y no tiene mucho pecho y mucho menos glúteos.

    Desabroche la camisa botón por botón hasta dejar su torso desnudo, mis labios mordisqueaban sus pezones y besaba sus pectorales llenos de vello, mientras él disfrutaba el verme, después de mamar mis tetas como niño chiquito se levantó de la silla, bajo sus pantalones sin quitárselos todos por completo, me volteo, me recargo en la mesa bajando mis leggins, se colocó el condón y mientras yo estaba de puntitas esperando su verga me la metió, yo tomaba el filo de la mesa con fuerza mientras él me cogía, me tomo del cabello y me comenzó a jalar mientras con su otra mano me daba de nalgadas.

    Yo de puntitas solamente disfrutaba cada una de las metidas que me daba, las tazas y los platos pegaban en la mesa en cada metida obtenida, me decía que sea poco todo esto se lo comía mi marido, lógicamente le contesté que si él se cogía a su esposa porque yo no iba a dejar que mi marido me cogiera y disfrutara todo lo mío, el diálogo era candente y me dijo que ya me había echado el ojo pero que jamás se atrevió a hablarme porque mi marido se veía de pocas pulgas además de que era un torote y no por los cuernos según él, si no por lo corpulento qué es y la altura que tiene.

    Me cansé de estar de puntitas, y le pedí cambiarnos de posición, me tomo de las nalgas, me subió a la mesa y me quito completamente los leggins, me abrió las piernas y me la metió así, mis piernas rodeaban su cintura y apretaban con fuerza su pelvis mientras veía que él también se encontraba de puntitas, me recargue con mis manos en la mesa mientras dejé que él hiciera su trabajo, mis enormes pechos rebotada en cada metida que su pene le daba a mi zorra, traté de no gemir y gritar mucho, aunque la verdad las ganas no faltaban, mientras él me seguía cogiendo, mis manos lo tomaron del cuello para no perder el equilibrio además de que ya me había cansado de apoyarlas en la mesa.

    Me decía cosas sucias mientras yo, con mi cara de lujuria, mis ojos en blanco y mi boca le pedían que no parara que siguiera cogiéndome. Saco su verga jugosa de mí, y me besó me ayudó a bajar de la mesa, y lo tome de la mano, lo lleve a la sala y en la alfombra tire todos los cojines que había en los sillones, parados sobre la alfombra por la espalda me tomo de la cintura y del cuello, me apretó y eso me excitaba y como buen doctor sabía de la anatomía humana y me comentó que ese estímulo hacía que el cuerpo liberara ciertas toxinas haciendo más fácil llegar al orgasmo a una mujer.

    Le pedí que me hiciera suya nuevamente, que estaba muy caliente, me tire sobre la alfombra, coloque unos cojines en mis rodillas y me puse de perrita, se colocó detrás de mí y apunto su pene a mi zorra húmeda estaba dispuesta a recibir nuevamente unas metidas, al sentir como lo iba metiendo no pude aguantar y di un grito de placer y satisfacción, arrodillado detrás de mí comenzó un vaivén que solamente sus caderas lo hacían en ese momento, mientras él me cogía y me daba de nalgadas, yo le pedía que no parará, al ritmo que el me cogía yo me movía también, si él me daba yo porque no hacerlo.

    Llegó un momento en el que él se quedó inmóvil mientras yo movía mis nalgas y él esperaba atrás de mi mis movimientos para que su pene entrara y saliera de mí, era una mañana perfecta, excitante, mientras me cogía así de perrita me tomo por el cuello, me ahorcaba y eso me excitaba aún más, ya para ese momento me valió si me oían o no, gemía y gritaba pidiendo que no acabará pronto, o por lo menos no hasta que yo acabará primero, mientras me ahorcaba y cogía, le pedía más y más, tomo sus dedos y los metió en mi boca, los chupe, los mordía ñ, con una mano en mi boca y con la otra ahorcándome me sentía toda una puta, una puta complaciente que jamás pensó cogerse a un vecino, y mucho menos ese día.

    Saco su verga de mí y me dio solamente la puntita, entraba y salía la punta de mi zorra, la verdad yo la quería toda, sin embargo sopito rozaba mi clítoris y no solamente esa parte sino pasaba toda su cabecita por el medio de mis labios vaginales, y eso me estaba enloqueciendo, le pedí que así siguiera con la punta de su pene hasta que se la pedí toda, diciéndole eso, me dijo que si la quería toda que la metiera yo solita, sin pensarlo le dije que si eso quería eso iba a hacer.

    Le recorrí hacia adelante me arrodille y le dije que se acostara en la alfombra, se recostó, le pasé algunos cojines para que acomodara su cabeza y los pusiera bajo su pelvis, cuando vi que se había acostado por completo, tome su pene en mis manos, y me fui poco a poco sentando en él, hasta que lo tuve todo adentro, así que cabalgue, su pelvis quedaba más arriba por lo que era más fácil sentir placer y estímulo, mientras me movía y cogía su verga él me tomaba de las tetas, apretaba mis pezones y mis tetas, y me decía que por eso mi marido no me dejaba además de que era hermosa.

    Eso por si no lo sabían es una de mis debilidades en la cama el que me aprieten los pezones y las tetas, mientras yo seguía moviéndome le di cachetadas, le dije que me cogiera que era su putita ese momento y que además tal vez era una cogida de una sola vez, y me tomo del cuello, me jalo hacia él y me besó, mientras me besaba comenzó a moverse, sus piernas se apoyaron en el suelo y ambos nos movíamos, le pedía más y más, hasta que nuestros orgasmos como si estuvieran sincronizados llegaron de golpe, juntos, mientras yo le decía que no parará y que siguiera porque me venía, sus movimientos subieron de ritmo y sentí como su pene se ponía más duro y grueso.

    Señal de que en cualquier momento se iba a venir, tardamos unos segundos antes de yo gritar y derramar mis jugos en su pelvis y él vaciar su esperma en el preservativo, al sentir como se vino, seguí moviéndome hasta vaciarme yo toda, con movimientos pequeños mi vagina siguió contrayéndose. Baje de su verga, me recosté al lado de él y preguntamos el uno al otro si nos había gustado, ambos dijimos que era obvio que si, me levanté de la alfombra y él me siguió.

    Nos vestimos, me ayudó todavía a recoger la mesa y llevar todo al fregadero, hasta que entró al baño, me pidió que le prestara un cepillo a darse una pequeña peinada, salió, se despidió y me halago por el desayuno, todo había estado muy rico, exquisito según él.

    Salí antes de él para ver si no había alguna vecina metiche, al ver que no había nadie le dije que podía salir, y así salió de mi casa, despidiéndose con un “hasta luego señora Wen”.

    No ha sido la única vez que los dos nos hemos dado placer, al ser vecinos y separarnos solamente un par de casas más en el fraccionamiento lo hacía el amante ideal, por la cercanía y su discreción, también lo hacía un peligro potencial ya que mis vecinas de enfrente de todo el fraccionamiento ya grandes, algunas viudas o divorciadas, son unas chismosas y sobre todo se fijan en lo que todos los vecinos hacen menos ellas. Espero sus comentarios y por supuesto que los contesto ojalá y les guste cómo me la pasé con mi vecino el doctor.

    Saludos y un beso.

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