Autor: admin

  • Con mi cuñada y su amiga

    Con mi cuñada y su amiga

    Esta historia que les voy a contar sucedió hace muy poco tiempo apenas 4 días.

    Yo vivo en un departamento de un solo dormitorio, en un cuarto piso y mi novia en un segundo piso.

    Un día tuve que salir de viaje y le deje una de las llaves de mi departamento a mi novia, porque ella solía ir a estudiar allí.

    Supuestamente tenía que volver a los 5 días y me regrese a los 3 por problemas de dinero.

    Mi novia pensando que yo estaba de viajes se fue para su casa en el interior del país (Córdoba),

    Al llegar yo fui a mi departamento a ducharme para estar más cómodo, al salir del baño me recosté en mi cama y del cansancio me quede dormido.

    Mi cuñada Carolina entro a buscar unos libros que se los dejo allí y se dio cuenta que alguien entro al departamento, y al llegar al dormitorio me vio a mí en mi cama dormido pero desnudo.

    Ella estaba con una amiga (Ivonne), entonces la llamo y le dijo.

    Carolina: Ivonne, mira, es mi cuñado y está durmiendo desnudo.

    Ivonne: si lo veo y tiene la verga bastante grande.

    Carolina: si, sabes una cosa? yo siempre quise coger con Martín, en varias oportunidades lo vi desnudo y me re calentó y tuve que meterme los dedos para sacarme las ganas de coger con él.

    Ivonne: y si ahora te sacas las ganas de verdad?

    Carolina: vos no se lo vas a contar a nadie?

    Ivonne: no, jamás para eso somos pareja, no?

    Carolina: si mi amor. Gracias.

    Todo esto me entere después de que paso todo, porque me lo contaron ellas.

    Entonces mi cuñada empezó a desnudarse y le pidió a Ivonne que también se desnudara y que empezara a chuparle el culo mientras Caro, me chupaba la verga a mí.

    Al sentir que me estaban agarrando de la pija y me la estaban chupando abrí rápidamente mis ojos y pude ver a mi cuñada chupándomela y a Ivonne chupándole el culo a Caro.

    En ese momento pensé que estaba en el paraíso, estaba por coger a mi cuñada y a su amiga, y la verdad que las dos están muy buenas. Ivonne tiene unas tetas grandísimas pero muy firmes, un culo perfecto y su concha esta siempre afeitada y sin ningún vello.

    Caro en cambio se deja el vello de la concha y sus tetas no son tan grandes pero igualmente de lindas y su culo es un poco chico pero bien formado.

    Entonces empecé por chuparle la concha a Ivonne y meterle un par de dedos en su culo y ella gemía y me pedía que le metiera otro dedo más, y así lo hice, mi cuñada no aguanto más y se metió mi verga en su concha y empezó a cabalgar como una puta profesional, eso me éxito tanto que tome a Ivonne de la cintura y la puse delante de mi cuñada y le pedí que se chuparan entre ellas las tetas mientras yo le chupaba el culo a Ivonne.

    Ellas se empezaron a besar en la boca y yo me calentaba más y más al verlas tan calientes a ellas, como se acariciaban sus tetas y se metían un par de dedos en el culo.

    Entonces le pedí a Ivonne que se levantara y me dejara cogérmela por el culo, cosa que ella acepto y mientras yo le daba por el culo ella le chupaba la concha a mi cuñada.

    La excitación era tanto que no aguante más, el sentir mi verga apretada dentro de ese culo precioso y ver como se chupaban entre ellas la concha, eso hizo que acabara dentro del culo de Ivonne.

    Pero enseguida mi verga se puso dura y tiesa porque Caro me la empezó a chupar y a pajeármela, me pidió que se la metiera en la concha y que mientras lo hacía le chupara las tetas mientras Ivonne le chupaba el culo.

    Empecé despacio y aumentaba el ritmo y la fuerza a medida que me excitaba, Caro gemía y gritaba como loca y yo pensé que se la estaba partiendo en dos, pero me di vuelta y vi a Ivonne con su mano dentro del culo de mi cuñada, ahí entendí el porqué de tantos gritos, ella pedía por favor que sigamos así, que eso le gustaba mucho y quería sentir el dolor en su culo, entonces le dije a Ivonne que fuera en busca de un tubo de desodorante de ambientes y se lo metiera en el culo, al escuchar eso Caro se asustó pero acepto y se aguantó el dolor inmenso que le provoco ese tubo dentro de su culo.

    La excitación que tenía Caro era inmensa que se corrió 3 veces seguidas y me pidió que le acabara en el culo, cosa que a mí me gusta y entonces la penetre por el culo y empecé a cogerla con fuerza y con furia hasta que no aguante más y le llene el culo de leche.

    Ivonne al ver que salía leche del culo de mi cuñada empezó a chupárselo y se tragaba toda la leche.

    En ese momento tocaron timbre y era mi vecina del 4 «C» que venía a pedirme que le preste un destornillador, pero al abrir la puerta se dio cuenta que estaba desnudo y que tenía la verga parada y me dijo:

    -disculpa que te moleste, sé que en este momento estas acompañado y lo sé por como tenés tu verga, pero necesito que me prestes un destornillador.

    -no tengo destornillador, pero mi verga tal vez te sirva para algo.

    Ella sin dudar entro y se desnudó, espero a que cierre la puerta y me siguió hasta la pieza.

    Al llegar se encontró con mi cuñada y su amiga y me dijo:

    -que trola que es tu cuñada, esta cogiendo con su amiga y para peor estuvo cogiendo.

    Al terminar nos quedamos los 4 tirados en mi cama exhaustos.

    Seguimos teniendo estas orgías durante todo ese día y el día siguiente, un rato me cogía a una y al rato a otra.

    La verdad que fue la experiencia más agradable de mi vida, pero como me dijo mi cuñada, todo se termina alguna vez.

    Así lo hizo ella y nunca más pude tocarle siquiera un pelo, pero con su amiga la relación sigue, pero eso es otra historia.

  • Gracias a los vagones del metro

    Gracias a los vagones del metro

    A las siete de la mañana el metro Balderas es un asco de gente. Siempre lo dije: el DF rifa si eres rico… o si tienes horario de jefe como para llegar tranquilo a las diez. Los que madrugamos y andamos en las prisas nos chutamos a diario pisotones, aplastones, arrimones, olores, insultos, asaltos y otras bondades de la vida capitalina.

    A veces, muy a veces, aquella vida de sardina en lata me coloca junto a una chica linda. Al menos no llegaré oliendo a naco, pienso, mientras aspiro un poquito de su aroma.

    Aquella mañana de marzo sucedió justo eso: una lindísima mujer se colocó frente a mí, de espaldas. Su cabello castaño, oscuro, ondulado, me rozaba la nariz. Contuve el estornudo hasta que tuve oportunidad de sacar la mano para taparme la boca. ¡Achú!, dije, y ella esbozó un gentil “salud”. Gracias, respondí bajando la mano al momento que, sin querer ¡lo juro!, rocé la nalga derecha de la chica. Una nalga que ¡caray! Ya la quisiera yo de almohada. Sentí su glúteo y en mi mente disimulé que no me daba cuenta de lo que hacía. Mi mano acabó el recorrido y escuché un “por nada” de la mujer.

    Me reí imaginando que me agradecía la manoseada. El Metro siguió y en una curva la mujer meneó un poquito el culo y lo giró contra mi pene. El tren que se mueve, pensé y mi verga pensó distinto porque reaccionó de inmediato. Carajo, aquí no aquí no aquí no aquí no aquí no… “uy” dijo ella, “qué rudo está el viaje esta mañana, ¿verdad?”. Me reí nervioso y haciéndome el desentendido me arrimé lo más que pude a la mujer. Total, me dije, ya venimos apretados. Así que procedí a, literalmente, embarrar todo el camarón a la chica de la blusa morada y la falda gris oficina. Pude notar que su cuello se ruborizaba al sentir mi hombría pero, aunque quisiera, el gentío no me dejaba espacio para menos.

    A cada brinquito de los vagones ella me aplastaba un poquito, meneaba despacito el culo, muy despacito, como el espacio le permitía pero qué rico ritmo llevábamos caray. Yo la tenía muy firme y ella seguía el juego en silencio y el Metro sin espacio para más, gracias a Dios.

    El vagón se detuvo en Centro Médico. Bajaron algunos y nos dieron un pequeño respiro. Giré un poquito para esconder la tiendita de campaña y le rocé el culito de lado a lado. Me recargué en el respaldo junto a la puerta y ella, con disimulo, se reacomodó de modo tal que el pene quedara “atrapado” entre el respaldo, su nalga y su bolsa de mano.

    Las puertas cerraron con lo que parecía ser más gente. Yo seguía calientísimo y ella me tomó del glande, suavecito. Sus manos no eran muy grandes pero tenían firmeza. Me tomó con el pulgar y el dedo medio mientras con el índice dibuja un círculo en la pura cabecita de mi verga. Yo estaba entre no creerlo y disfrutarlo. El metro avanzaba y ella buscó el cierre de mi pantalón. Lo deslizó y tomó el pene entre sus manos. Lo sujetó con fuerza, lo apretaba. Con el índice jugaba con la punta y el movimiento natural de los vagones hacía el resto.

    Ella sintió la contracción y colocó su mano completa para atrapar el semen que salía a gran velocidad. Sofoqué el grito del orgasmo mientras ella me sobaba la verga. Sentí la humedad recorrerme desde la punta a la base con una suave mano que distribuía el líquido de manera uniforme. Ella esperó a que la flacidez llegara y me lo colocó de nuevo dentro del pantalón, como mejor pudo, y me subió un poquito la bragueta.

    Metió la mano a su bolso y apretó un pañuelo, jugándolo entre los dedos. Se limpiaba.

    Las puertas abrieron en Etiopía. Yo trataba de acomodarme el pantalón sin que alguien notara lo que había pasado y ella salió del Metro. Quise alcanzarla y decirle algo pero ¿qué dices? ¿Gracias por el jale? Con las puertas a punto de cerrar me abalancé fuera del vagón, tropezando con la gente y recibiendo algunos codazos. Logré salir y caminé hacia el rumbo de la chica. La perdí de vista entre el mar de gente. El Metro se fue y me quedé en medio del andén pensando qué hacía una mujer sola en el vagón de los hombres.

    Mi respuesta llegó unos minutos después cuando, de nuevo en el Metro, mi celular y mi cartera habían desaparecido. Y eso sin contar que también me robó un poquito el corazón.

  • Nuestra amiga argentina no perdona que la suplanten

    Nuestra amiga argentina no perdona que la suplanten

    Con lo que les voy a contar sé que me van a decir de todo, pero ya sé que soy; caprichosa, egoísta, quiero que todos estén solo conmigo, mala amiga, arriesgada, pendeja, y un poquito putita jeje.

    Se los resumo: tengo una amiga que se llama Ana, que tiene un hermano que se llama Matías, que tiene un amigo que se llama Benja. Primero cogí con Matías, después Matías me enfiesto con unos amigos (uno de ellos es Benja), y me vengo a enterar que hace poco Benja está saliendo con mi amiga Ana, ¡me embolo!, a mí me enfiestó y con ella se hace ¡el noviecito!, el día que me enteré me lo cogí a Benja y me propuse que me coja mil veces más, las ganas de coger se las va a sacar conmigo no con Ana, y aparte lo voy a volver loco, ¡quien se cree que soy! por eso les voy a contar lo que hice jeje.

    Al mediodía le digo a Ana si a la noche salíamos ella, Benja mi novio y yo jeje. Lo convenció a Benja, ella me dijo que no quería y no entendía la razón jeje (¡si supiera que cogimos!) y yo lo convencí a mi novio.

    Pero el plan no termina ahí, aunque sabía lo incómodo que se iba a sentir Benja a la noche. Ya les dije que me propuse dejarlo sin ganas de coger.

    Ana me dice que Benja se iba a quedar estudiando a la tarde, y blablablá… Entonces ¿qué hice? Me fui a lo de Benja jeje

    Aunque no me crean estas cosas me ponen nerviosa, me da cosa, yo sé cómo soy, pero cuando hago estas cosas el corazón me late a mil y sentir todo eso me gusta. Aparte no sabía cómo iba hacer, como lo iba a encarar, porque Benja es medio quedado, no es nada zafado y sé que no quiere quilombos.

    Bueno, le toco el timbre a Benja y me pregunta que quería. Si pasaba algo. Le digo que baje a abrirme. Baja y se quedó en la puerta, ¡no me hacía pasar! le digo que quiero hablar con él lo de la otra noche, como hoy salíamos los cuatro no quería quilombos, jeje

    Subimos al departamento, me ofrece un café le digo que sí, y le dije que pasaba al baño, me estaba haciendo pis. Mientras hacía pis, y tenía el jean con la bombachita baja ¡se me ocurre una idea! Me saco el pantalón, las medias y el corpiño, y digo “¿salgo así del baño?”, me quedé pensando un ratito, tomando coraje, no se para que, si siempre termino haciendo ¡todo lo que se me ocurre!

    Salgo así del baño, ¡cuando me ve Benja!, se quería morir me dice: ¿qué haces? ¿Estás loca? Que no quiere ¡quilombos! Me pongo así casi desnudita enfrente a él muy cerquita y le pregunto si tan mal me porte cuando estuvimos juntos. Me dice que no, pero no quería problemas, le digo que yo tampoco que también ¡estoy de novia! Nos quedamos en silencio, pero ¡no me hacía nada! en un momento pensé que no iba a pasar nada ¡y me quería morir!

    Hasta que hice lo que nunca falla, me empecé a desabrochar los botones de la blusa hasta ¡que se me vieran las tetas! ¡Ahí reaccionó! me partió la boca de un beso, me saco la blusa, nos tiramos en el sillón, yo arriba de él, me besaba las tetas, bahh me las comía, me metía la mano por debajo de la bombachita y sentía sus dedos como querían entrar en mi colita, y yo me levantaba para que me los pueda meter.

    Después me bajo, le saco los pantalones y le empiezo a chupar la pija, como me gusta hacerlo a mí, muy despacito, yo antes estoy un ratito besándola, besándole las piernas, acariciándoselas, tocándole y besando los huevos, mientras siento que la pija estalla, y después empiezo a chupársela de a poquito, hasta que me la pongo toda en la boquita jeje.

    Después y porque ya aprendí le puse el forro que llevé y lo tenía en el bolsillo de la blusa, me puse arriba de él y empezamos a coger desenfrenadamente, Benja estaba recaliente, yo me subía me bajaba, me decía que yo era una hdp, yo le decía que sí y le preguntaba quien cogía mejor y me decía vos putita vos, y eso más me calentaba, hasta que acabé.

    Seguimos en la cama haciendo un 69, y él aprovechaba para ponerme los dedos en mi pobre colita, y yo con mis gemidos de placer le estaba diciendo que me gustaba que siguiera que mi colita era suya, la verdad es que estaba muy calentita ¡en serio!

    Después me pongo en cuatro y le pregunto si me quería hacer la colita, y me empezó a poner su pija despacito, no quería que me doliera, hasta que me la mete toda, se para, ¿me explico?, como si yo fuera una perrita y me empieza a coger muy fuerte por la cola, la verdad ¡me volvió loca! me preguntaba si me gustaba. Y yo le decía que sí, que me coja bien por el culo (estaba rezafada jeje), hasta que acabamos los dos, me llenó la colita de leche (no se había puesto un forro el hdp, y yo con la calentura ni le dije que se lo ponga antes y después ya estaba ¡con la pija adentro!)

    Me lavo, nos quedamos en la cama hablando, bahh hablando de mí, me decía que la primera vez que me vio no se imaginaba que era tan… tan ¿qué? ¿Tan trola?, le pregunto jaja, no sabía cómo decirme que sí. Le pregunté si a Ana le hacía la colita y me dijo que no, que como es Ana lo iba a sacar cagando (que boluda no sabe lo que se pierde jeje)

    Bueno estuvimos un rato hasta que le empiezo a tocar la pija y empezó a reaccionar, se la empiezo a chupar hasta que la tenía bien paradita, se pone un forro y a coger de nuevo, lo hice acabar otra vez jaja.

    Bueno después me fui y acá estoy esperando a ver la cara que pone a la noche, me voy a cagar de risa jaja, y lo mejor es que creo que por hoy las ganas de coger ¡se la saque!

    Mi novio estaba en el country de los padres. Hablo con él y me dice que no sé qué carajo pasó que los viejos se pelearon, la vieja se quería venir a dormir al departamento que tienen acá, que iba a llegar más tarde y que me vaya a lo de Ana sola y él después iba para allá; la verdad que me importa un carajo lo que paso, pero si me entero que me está cagando lo mato, en serio, lo mato o lo peor, me cojo a todos sus amigos, ¡y ustedes, saben que lo que digo es cierto!

    La cosa es que me voy a lo de Ana, obvio me vestí, no como una putita, pero si atractiva, con una pollerita, medias, botitas y todo los demás… Llego a lo de Ana y estaba ella sola con Benja porque los padres estaban el finde afuera. Cuando me vio Benja jaja, como me reía por dentro, se le iban los ojitos (porque Ana estaba con un pantalón, que no era ajustado, muy vestida para estar en casa) no paraba de mirarme las piernitas jeje.

    Bueno, nos quedamos un rato boludeando y Benja dice que va al quiosco a comprar para tomar, y le digo ¡que lo acompaño! Así compro ¡chocolates!, que sí, que no, obvio Benja no quería ir conmigo hasta que Ana le dice que soy una enferma del chocolate (lo que es verdad) y que me gusta comprar a mí la marca que me gusta.

    Así que a Benja no le quedó otra que ir conmigo. Nos subimos al ascensor y obvio ¿qué hago?, aprieto el subsuelo para ir donde la mama de Ana guarda el auto (que es un rincón donde no pasa nadie y ahí cogí con Benja jeje), me dice que estoy loca ¡Que me deje de joder!, ¡que estuvimos ya juntos a la tarde!, y en vez de contestarle le meto un beso que mi lengua llegó hasta el estómago y me apoye en su pija.

    Llegamos al subsuelo, y nos seguimos besando (no teníamos mucho tiempo), le empiezo a desabrochar el pantalón, le saco la pija, se la chupo, le pregunto si tenía forros (ahh, ¡cada día estoy más loca! ¡Antes no hacía eso! Esperaba que me buscaran ¡para coger! Ahora los busco yo), bueno, me dice que sí, se pone el forro, me inclino sobre el auto de la mama de Ana, y me coge.

    Fue todo muy rápido, yo está bien, sé que me caliento enseguida, y me movía como loca hasta que acabé y lo hice acabar a él jeje (era lo que yo quería, le saqué tres polvitos en todo el día jaja)

    Vamos al quisco, compramos para tomar, chocolates y el hdp delante de mí le pide ¡forros! Los putee, y me dice que el forro que tenía lo había usado conmigo, y le digo ¡que el kioskero iba a pensaría que iba a coger conmigo! Claro, me miró y se cago de risa, no le dije nada, ¡tenía razón!, no me voy hacer la santa, estuvimos cogiendo toda la tarde, me lo acababa de coger y ¿me iba a ofender?, la verdad que no daba.

    La cosa es que después llegó mi novio y nos quedamos ahí, no sé cómo explicar, pobre Benja, ni hablaba. Estaba totalmente desencajado, me veía a mí como me portaba con mi novio (obvio como una novia enamorada y correcta) dándole todo el tiempo la manito, piquitos y esas cosas, bueno hasta que con mi novio nos vamos y Benja se quedó con Ana.

    Obvio mi novio ¡quería coger! Yo ya lo suponía y la verdad ¡que un poquito fingí! No estaba caliente para tener tantos orgasmos (había cogido todo el día jeje) pero nosotras podemos hacer eso, y si queremos lo hacemos muy bien.

    Pero la cosa no termina ahí, hoy la llamé a Ana, para hablar de lo bien que la pasamos anoche (en verdad lo que quería saber es que había pasado después de que nos fuimos jeje) y me dice, después de un rato de hablar, porque para ella hablar de sexo es de putas, que no sabe qué le pasa a Benja. Que ella tenía la esperanza de pasar una noche distinta. ¡Que Benja estaba muy frío! ¡Que ella piensa que no le gusta más!

    Jaja si supiera que habíamos cogido todo el día lo entendería.

    Bueno, ¿vieron? De a poco voy logrando lo que quiero. Si me cogen a mí se la bancan ¡que se creen que soy! Está bien sé que soy un poquito putita, pero no es cosa que yo sea la putita y con mi amiga se haga ¡el noviecito! Que se joda jaja.

  • Mi hermanastro y yo (Sexta parte)

    Mi hermanastro y yo (Sexta parte)

    ¡¡He regresado de nuevo!! Bueno, es verdad… he sido muy dejada y no he subido mis nuevas experiencias, pero ahí les va.

    Esta vez les contaré el cómo me vengué de Sebastián cuando descubrí que estaba coqueteando con una vecina del barrio que se había mudado hace poco, cuando lo vi, se me había partido el alma, directamente entré a la casa y comencé a llorar como una magdalena, estaba furiosa. En cambio, Sebas no había regresado a casa aun quién sabe por qué. Por mi cabeza se pasaban muchos pensamientos de que se había cansado de mí y que por eso estaba con otra o que simplemente ya me dejó de querer.

    Entonces para aclarar mejor las cosas lo esperé en su habitación cruzada de brazos, cuando entró me acerqué a la puerta y lo cerré de un solo golpe. Me miró extrañado y sin dejar que me dijera algo lo empujé a la cama, me puse encima de él y comencé a menearme mientras le iba desnudando, lo besaba frenéticamente bajando hasta su cuello y llegando hasta su abdomen, cada vez sentía cómo su pene se iba poniendo duro, pero yo tenía otro objetivo.

    —No te atrevas a moverte —digo, mientras me paro y voy hasta su armario.

    —¿Qué vas a hacer?

    —Ya lo verás —cojo dos de sus corbatas y me dirijo a él. Con una corbata le amarro las manos al espaldar de la cama y con la otra le vendo los ojos— harás todo lo que yo te diga y sin rechistar a lo que me responde asentando la cabeza. Sentía un pequeño temor de parte de él, pero no sería capaz de lastimarlo.

    Paso la lengua por sus labios, el cuello, el pecho, el abdomen y luego bajaba hasta su pelvis encontrándome con su pene que hasta este punto ya estaba a mil, pero solo pasaba la lengua a su alrededor sin llegar a tocar el pene y por sus ligeros gemidos llenos de sufrimiento sabía que quería más que eso y no se lo iba a permitir.

    —Cata… por fav… —lo callé dándole un fuerte beso con lengua.

    —Shhhhh… no puedes decir nada… hoy estaré al mando.

    Cuando asintió con la cabeza comencé a seguir con lo mío, me subo encima de él hasta que mi vagina quedara a la altura de su cara obligándolo a que me diera sexo oral y sin dejarlo parar mientras me iba meneando para sentir más placer hasta que llegué a un orgasmo mojándole la cara. Sabía que quería penetrarme, pero solo lo complací dándole de vuelta el sexo oral, le lamía el falo hasta su glande lamiendo cada gota de líquido preseminal que salía y le acariciaba las bolas, metía de repente su pene en la boca y lo chupaba con fuerza hasta que sentí que estaba a punto de acabar, le apreté el pene con la mano para que no pudiera eyacular y escuché un fuerte gruñido, sabía que había sufría por acabar, pero no se lo permití.

    —Mmmnh… Cata, ¿por qué me haces esto? —sus ojos pedían clemencia.

    —Tú sabes el por qué… ¿Y ahora quieres estar dentro de mi aaaah? ¿Lo quieres? ¿Quieres acabar dentro de mí? —le preguntaba con voz sensualmente amenazante.

    —Sss… ¡Aaaagh! —y sin dejar que terminara de responder me senté fuertemente encima de él haciendo que me penetrara de un golpe junto con el sonido de sus bolas chocando con mis nalgas.

    —Uuuuy siiii, ¿te gusta? ¿Quieres que me mueva? —a lo que me respondió asintiendo la cabeza.

    Comencé a moverme primero despacio de arriba hasta abajo e iba aumentando la velocidad a medida que sentía cómo nuevamente un orgasmo se iba apoderando de mí y me movía cada vez más con fiereza como si la vida dependiera de eso hasta que sentí ese choque eléctrico recorrer por todo mi cuerpo, era la sensación más excitante que había sentido en mi vida.

    —¡Aaaah… siiii! —grité mientras le arañaba el pecho y lo besaba frenéticamente, en ese momento no me interesaba el cómo se sentía, simplemente era solamente yo.

    Cuando comencé a reincorporarme seguí meneándome encima de él, quería hacerlo acabar, pero a la vez no así que comencé a retomar el ritmo, primero lento y luego muy fuerte apretando mis paredes vaginales aprisionando su pene dentro de mí. Sentía cómo cada vez su pene se iba volviendo más grande y es cuando supe que iba a acabar de nuevo, me levanté enseguida y con mi mano le apreté de nuevo su falo para que no eyaculara.

    —Cata… mmmnh… por favor… —su cara de sufrimiento junto con unas que otras lágrimas me decía todo— por favor…

    —Eeeso… quiero que sepas que solo yo te puedo hacer acabar, ¿entendido?

    —Siiiii… Cata… por favor, te lo ruego —y con una sonrisa en mi rostro subo nuevamente en él introduciendo su pene en mí, y con movimientos rápidos hice que por fin eyaculara dentro de mi sintiendo cómo un fuerte disparo de semen me iba llenando a la vez que me corría junto a él.

    Me separé de él y le desaté las corbatas, hecho esto me acosté a lado de él, estaba exhausta, pero valió la pena, cuando sebas por fin recuperó la respiración se giró a mí con cara de satisfacción y lo miro con cara extrañada.

    —¿Qué pasa?

    —Bueno pues… no sabía que podías hacer esas cosas, me dejaste sorprendido.

    —Una vez al mes no hace daño…

    —Pues, me encantó.

    —Y yo que pensaba que estabas sufriendo.

    —Y vaya que sufrí, pero cuando por fin acabé fue algo muy intenso y me encantó.

    —Así que ya sabes que solo yo puedo lograr eso que la nueva vecinita no va a poder hacer… —al terminar de decir lo último Sebas comprendió todo.

    —Entonces te haré enojar más a menudo —dijo finalmente con una sonrisa en el rostro. Después de esto hubo otras ocasiones más en las que yo mandaba en la cama, pero será en otro momento.

    (Espero que les haya gustado esta pequeña experiencia y para que lo sepan, me mojé muchísimo recordando y relatándolo para ustedes. Y ya saben si quieren hacerme algún comentario soy todo oídos, pueden escribirme a [email protected]. Besos.)

  • Mujer seria y respetable (1)

    Mujer seria y respetable (1)

    Todo comenzó con un anuncio puesto en internet.

    Se precisa mujer seria y respetable para experiencia poco habitual, debes tener entre 20 y 50 años. No me importa tu estado físico ni civil. Te garantizo aventuras y discreción. Para saber más contacta conmigo… Edad 42 años. BARCELONA

    De este anuncio recibí varias respuestas por el:

    «Me gustaría que me dijeran más explícitamente de lo que se trata, estoy interesada…»

    «Hola soy Maleny, tengo 42 años y quisiera saber de qué se trata el anuncio. Un saludo».

    «Hola tengo 33 años, gordita y 115 de pecho me interesa tu anuncio, hace días que lo veo, me das más info? Graciasss».

    «Me intriga tu anuncio… Me cuentas más? Un saludo».

    Y así muchísimos mas, alguno de los mensajes recibidos pensaba que era para algún trabajo, y a todas las interesadas les envíe la misma respuesta, la mayoría ya ni responden, pero algunas de ellas si lo hicieron, y nos llegamos a conocer, pero cada una tiene su propia historia, pero voy a empezar a contar una que verdaderamente me encanto, por la seguridad, ganas de experimentar y el desparpajo que la chica en cuestión tenían, fue todo un placer conocerla.

    A todas las respuestas que me llegaban les enviaba el mismo mail de respuesta, que era este:

    Hola xxx,

    Supongo que te habrá parecido extraño mi anuncio. Soy una persona normal. Tengo 42 años. Físicamente soy agradable. Soy casado, y te voy a concretar lo que busco.

    Quiero a una chica bien. Respetable y normal. Educada. Me da igual que sea casada, soltera, divorciada o viuda. Alguien que pueda tener inquietudes parecidas a las mías y que no quiera cambiar su vida para llevarlas a cabo.

    Y ahora te preguntarás cuáles son mis inquietudes…

    Por algún motivo me excita enormemente la fantasía de que una respetable mujer se ponga a disposición de un hombre para que él haga lo que quiera con ella y poder usarla como desee, ¿te gustaría sentirte usada? esto sería durante un plazo de tiempo… digamos 15 días, un mes… y que lo haga sólo por vivir esta aventura de sentirse usada como mujer y con todo el morbo que ello conlleva. Te daría morbo verte envuelta en algo así?

    Por supuesto, deseo llevarla a cabo con una mujer que también desee lo mismo. Sólo habría 2 condiciones:

    – La primera es que ambos nos comprometemos a no interferir en la vida del otro ni pretender del otro otra cosa que no sea nuestro acuerdo.

    – La segunda es que, a pesar de que el juego consiste en que ella estaría a mi disposición para usar su cuerpo a mi criterio, no habrá daño físico ni situaciones exageradamente humillantes. Cada uno puede cortar el juego en el momento que quiera.

    Lamentablemente, no puedo dar rienda suelta a mi imaginación con las mujeres que conozco. Y menos sin vincularse a ellas. Tampoco soy capaz de utilizar los servicios de una prostituta, por muy de “alto standing” que sea. Y no es por un problema económico el motivo es que hacer esto por dinero rompería todo el encanto que conlleva.

    En caso de que el juego haya despertado tu interés, contesta a mi mensaje con tu opinión sobre este, o pregúntame si tienes dudas.

    En caso contrario, sólo agradecerte tu interés y disculparme por las molestias que haya podido ocasionar.

    Atentamente, Alex

    La historia que voy a empezar a contar es la de la última respuesta, “Me intriga” todo lo que narraré es real, y ha pasado tal cual, por ello citaré algunas partes de los mail intercambiados como ya he empezado hacer al comienzo de la historia, inclusive el anuncio que sigue publicado a día de hoy.

    Comienzo la historia con la señorita xxx

    A partir de ese mail entablamos una larga conversación, donde me decía que le gustaría verse envuelta en una aventura similar, me empezó a preguntar sobre las ideas que tenía en mi mente, y a partir de ahí empezamos a marcar el camino y a establecer una serie de límites para ella, exactamente fueron estos:

    – Jamás en un lugar público >> soy una persona muy social y conocida.

    – Jamás sin condón.

    Si me vas a someter, puedo imaginar todo lo que hay… y me atrae, mucho, por eso respondí a tu anuncio, pero:

    – Si hubiera sexo anal, con dilatador primero, lubricante, mucho amor y sobre todo lo que ha entrado detrás no entrará delante >> cambio de condón.

    – Nada escatológico (lluvia dorada o heces)

    – No preguntarás nada sobre mí. Mi privacidad está por encima de todo.

    Aceptando por supuesto sus límites, y empezando la aventura, sin ni siquiera saber su nombre y descubriendo cómo era, que necesitaba experimentar, y analizando su mente, era tiempo de jugar, de conocer su interior, y hacer que deseara que llegara nuestro encuentro.

    Descubrí que era muy inteligente, lanzada, directa, y a la vez muy atrevida, todo ello me encanta en una mujer, y a raíz de los mails que nos cruzábamos fui creando un plan, una quedada, una sesión, durante todo el camino hasta llegar a la sesión ella desconocía como era, como sonaba mi voz, en cambio yo a estas alturas ya había visto fotos suyas.

    Tras un periodo de tiempo de estudio por ambas partes llegó el momento de sesionar, para ello le plantee sus primeras instrucciones para preparar la sesión, y le envíe el siguiente mail:

    Me apetece mucho jugar contigo y me gustaría que saliera bien, para ello voy a detallarte una serie de condiciones:

    No son negociables, pues son imprescindibles para el juego según mi opinión, entenderé perfectamente que no las aceptes,

    Si fuera este el caso la opción de una sesión quedaría ya anulada por mi parte.

    Deberás estar hasta la sesión del viernes sin ningún orgasmo, nada de tocarse o tener sexo a menos que yo te lo pida, o te autorice a ello, (puedes pedirme permiso si lo deseas) sé que esto te repatea, pero es parte del juego.

    Durante estos días deberás hacer todo lo que te pida, y sin excusas de ningún tipo (no te pediré nada que te comprometa o no puedas hacer), luego quiero que me comentes la experiencia, si te he pedido algo en concreto, la finalidad de esto es subirte la temperatura durante estos días.

    El día de la sesión, quiero que lleves a esta, tus 2 juguetes preferidos (tienes varios según me dijiste), que vayas vestida como yo te pida, y que sigas todas mis instrucciones hasta reunirte conmigo.

    El no cumplir todas estas normas significa dar por finalizado el juego,

    El mentir sobre alguna norma no tiene sentido, y mejor finalizarlo antes de comenzarlo,

    Por supuesto en cualquier momento puedes abandonar, antes, durante y después.

    La intención es que el juego nos complazca por igual a los 2, pero nunca debes hacer algo que no quieras,

    Pero siempre debes hacer todo lo que yo te pida, sin dudarlo, sin meditarlo y de inmediato a ser posible.

    ¿Seguimos con el juego?

    Instrucciones que fueron aceptadas y seguidas al pie de la letra por su parte, el día se acercaba…

    Durante una semana le estuve mandando juegos a realizar, con la intención de que deseara sentirme a su lado, cada vez estaba más ansiosa, por descubrirme, por sentirme, por entregarse, y por poder entregarme su placer.

    Después de casi un mes había llegado el momento de vernos, de ponernos cara, face to face, los miedos, las incertidumbres habían quedado atrás, ya nos habíamos estudiado mutuamente, sabíamos cosas ya privadas de ambas partes que nos habíamos ido contando (no preguntando) mutuamente, ambos queríamos esto, y ambos deseábamos que pasara, aunque como es lógico había mucha incertidumbre aún por descubrir, prueba de ello es este mail que me envió poco antes de vernos:

    Estoy nerviosa… Tú ya estas allí??

    Llevo el pelo horrible, necesito cortármelo, ya!! jajajaja… Me siento súper insegura…

    Ya te lo decía yo hace unos días que me estabas llevando a tu terreno… y tu decías que no… Mírame! camino de no sé dónde, para encontrarme no sé qué con no se quien…

    Soy una sonrisa con patas, mucho pelo en la cara (el flequillo me baja) y súper abrigada.

    Continuará.

    Nota: tanto el anuncio que puse como el mail que envié surgió la idea de algún relato que un día leí y creí conveniente ponerlo, normalmente en casi todos los relatos empiezan describiendo a las personas, pero yo en este no voy hacerlo, creo que puede ser mejor que cada cual queda a la imaginación del lector, aunque es posible que sea un error, agradecería comentarios sobre el relato, pues de ello depende que continúe con el.

  • Llevaba tres años sin follar

    Llevaba tres años sin follar

    Hace más de cuarenta años…

    Liboria, llegó a casa del río. Antes de echar la ropa a tender posó la bañera en la mesa de la cocina y se fue al lavabo. Abrió la puerta y vio a su hijo Gustavo, un joven de 19 años, alto, moreno y corpulento, sentado en la taza del wáter con los ojos cerrados, masturbándose a sí mismo y masturbando y chupándole la polla a su amigo Fidel, que tenía 20 años, era rubio, alto, delgadito, y que estaba de pie frente a él. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Tres años llevaba sin follar. Iba a dos pajas semanales desde que la dejara su marido. Ver como la polla del amigo de su hijo entraba y salía de la boca hizo que mojara sus bragas. Se dio la vuelta y fue a su habitación, cerró la puerta, y de pie, apoyada a la pared con su espalda, se echó las manos a las tetas y las magreó, después abrió las piernas, metió una mano dentro de las bragas, se encontró con su coño mojado, metió dos dedos dentro de la vagina, los sacó y con ellos mojados frotó el clítoris… Se iba a hacer una tremenda paja pensando en las dos pollas besando los pezones de sus tetas, entrando y saliendo de su boca, de su culo, de su coño…

    En el wáter, un chorro de leche salió de la polla de Gustavo y fue a parar al pecho de Fidel, otro chorro de la polla de Fidel le llenó la boca a él.

    Quince minutos más tarde, a Liboria, que era una mujer morena, de 37 años, delgada, con enormes tetas, gran culo, baja de estatura y bastante guapa, el placer del orgasmo que sintió al haber imaginado que su hijo y su amigo le comían las tetas, el culo, el coño, la enculaban, (se metiera un dedo en el ano) y que le clavaban hasta el fondo del coño aquellas jóvenes pollas, hizo que las piernas le quedaran sin fuerzas y que con los ojos cerrados, cayese sentada en el suelo, diciendo:

    -¡Qué polvazo!

    Desde ese día Liboria pasó de las dos pajas semanales a la paja diaria pensando en las pollas de su hijo y de Fidel profanando todos sus agujeros.

    Que su hijo fuera maricón no la preocupaba, y debía, porque hace más de cuarenta años a los maricones, en los pueblos gallegos los apedreaban, pero como a ella le iba la carne y el pescado…

    Tres semanas más tarde, y en un día muy frío de invierno, al calor a la cocina de hierro, estando madre y hijo sentados en dos sillas, pelando castañas y con el aire impregnado en el olor a roble quemado, Liboria, que ya se moría con las ganas de follar, le entró a su hijo con sutileza.

    -Ya tienes edad para saber ciertas cosas de la vida, y como no tienes un padre con quien hablar. Debo hablar yo contigo. ¿Qué sabes de las mujeres?

    -Poco.

    -¿Y de relaciones con hombres?

    Gustavo, mintió.

    -Nada de nada.

    -No me mientas. ¿Cuantas veces lo hiciste con Fidel?

    Gustavo, al verse pillado, le preguntó:

    -¡¿Quién te habló de nuestra relación?!

    Ahora la que mintió fue Liboria.

    -Se dice el pecado, no el pecador. ¿Eres marica, hijo?

    -Me van los hombres y las mujeres…

    -¿Lo hiciste con alguna mujer?

    -No.

    -Pero te gustaría hacerlo.

    -Claro que sí, pero sé tan poco de mujeres que me asusta acostarme con ellas.

    -Pregunta lo que quieras saber sobre las mujeres.

    -¿Cualquier cosa?

    -Cualquiera.

    -¿Las mujeres se corren cómo los hombres?

    -Sí, hijo, nos corremos.

    -¿Las putas también?

    -Son mujeres.

    -El Borrego fue una vez a putas y me dijo que es como meterla en un ladrillo.

    -Es que las putas viven en otro mundo.

    -¿Os masturbáis?

    -Sí, le llamamos hacer un dedo.

    -¿Tú también te haces un dedo?

    -Hay veces que no queda más remedio. Lo pide el cuerpo.

    -¿En quién piensas?

    -Esas cosas no se dicen. Son muy íntimas.

    -¿Cómo se calienta a una mujer?

    -Con palabras dulces al oído, con besos sin y con lengua, metiéndoles mano en las tetas, y si se dejan comiéndoselas, masturbándolas…

    -¿Me aprendes a comerte las tetas y a masturbarte?

    -No, soy tu madre y un hijo y una madre no hacen esas cosas.

    -¿Cómo se debe hacer para que se corra una mujer?

    -Hay muchos modos. Comiéndole el chochito, masturbándola, penetrándola vaginal y analmente…

    A Gustavo le extrañó lo del sexo anal de la mujer.

    -¡¿Os gusta que os den por el culo?!

    Liboria se empezó a calentar.

    -¿Lo tengo yo o aquí hace mucho calor?

    -Yo estoy caliente. ¿Y tú?

    -También.

    -Yo estoy empalmado. -echó la mano al paquete- ¿Y tú?

    Liboria, quiso zafarse. Le respondió con otra pregunta:

    -¿Qué me había preguntado?

    -Si estás empalmada.

    -Tengo el clítoris que raya diamantes, pero me refería a que me preguntaras antes.

    -Si a las mujeres os gusta que os enculen

    -Depende de lo caliente que esté la mujer.

    -¿Qué es el clítoris?

    -Es como un botón con el que se enciende a la mujer.

    -¿Dónde está?

    -En la parte de arriba del coño.

    -¿Cómo se come un coño?

    -Con la lengua.

    -¿Pero cómo?

    -Te haré un dibujo.

    -¿Por qué no me enseñas tu coño y me vas diciendo como se hace? Yo te diría cómo me gusta que me la chupen.

    -Ya sé cómo se chupa una polla, pero una madre no le chupa la polla a un hijo.

    -Cierra los ojos y piensa que soy Fidel.

    Liboria, haciendo su papel de madre le dijo:

    -Se acabó la conversación.

    -Cinco minutos. No se va a enterar nadie.

    Liboria, se moría de ganas por entrar en faena, pero se siguió haciendo la decente.

    -No puede ser, hijo, no puedo ser.

    Gustavo, se levantó, se puso detrás de su madre y le echó las manos a las tetas. Liboria le quitó las manos con las suyas

    -Estate quieto, Gustavo. Respeta a tu madre.

    Le volvió a magrear las tetas y le besó el cuello.

    -A ver, mamá. No soy un niño. Si no tuvieras ganas de follar conmigo no me dirías todo lo que me has dicho.

    -Era para abrirte los ojos.

    -Y para abrirte de piernas. Cierra los ojos.

    -No.

    Gustavo, giró la cabeza de su madre poniéndole un dedo en el mentón y la besó en los labios. Liboria cerró los ojos y metió la lengua en la boca de su hijo. Se besaron con pasión unos minutos, luego, Gustavo, se colocó delante de su madre, sacó la polla y se la puso en los labios, Liboria, abrió la boca, la cogió con la mano derecha y lamió y mamó el carnoso glande. Siguió mamando hasta casi meterla toda en la boca… Lamió y chupó sus cojones. Iba lamiendo de los cojones al frenillo cuando Gustavo comenzó a correrse. La leche bajaba del glande por la verga abajo, Liboria, la iba lamiendo y tragando, espesa y calentita, antes de que llegara a los cojones.

    Al acabar de correrse, Gustavo, le preguntó a su madre:

    -¿Las mujeres también echáis leche cuando os corréis?

    -No, echamos otra cosa muy parecida.

    -¿A qué sabe?

    -¿Quieres ver lo que echamos y a que sabe?

    Gustavo no se lo tuvo que pensar.

    -Quiero.

    Liboria se levantó y se desnudó, dejando al aire sus tremendas tetas y su bosque de pelo negro del pubis y sus bosquecillos de los sobacos, se echó sobre la mesa de la cocina y le dijo a su hijo:

    -Haz todo lo que yo te diga. Así sabrás lo que le gusta a una mujer que le hagan para llegar a correrse.

    Liboria, con los ojos cerrados, le dijo que acariciase su cabello, que besase sus ojos, su nariz, su mentón, que besase y lamiese sus hombros, su cuello, sus orejas, sus manos, sus muñecas, sus brazos por el interior, sus tetas, que lamiese y chupase sus areolas, sus pezones, que los mordiese suavemente, que acariciase y besase su monte de venus, que acariciase con sus dedos sus labios vaginales, los mayores y los menores, que los lamiese, que en su vulva lamiese de abajo arriba, que lamiese y que follase su vagina con dos dedos y que chupase su clítoris. Gustavo hizo todo lo que le dijo, y cuando pensó que le iba a decir que la penetrase, oyó que le decía:

    -Coge el aceite en la alacena.

    Gustavo, cogió el aceite.

    -¿Que hago con él?

    -Unta las manos y méteme un dedo en el culo.

    A un dedo siguieron dos y después tres. El coño de Liboria ya estaba chorreando, cuando le dijo:

    -Méteme la polla en el coño.

    Gustavo se la metió en el coño a su madre y le magreó las tetas. La folló como un poseso, hasta que Liboria, a punto de correrse le dijo:

    -¡En el culo! ¡¡Métemela en el culo!!

    Gustavo sacó la verga del coño de su madre y se la metió en el culo. Entraba tan apretada que al ir por la mitad comenzó a llenarle el culo de leche. Liboria, que se masturbaba con dos dedos dentro del coño, al empezar a correrse, soltó un chorro de jugo, y otro y otro, hasta seis chorros echó mientras se retorcía de placer.

    Al acabar, le dijo Liboria, a su hijo:

    -Ya sabes cómo se hace correr a una mujer.

    -¿Hay más maneras?

    -Claro, follándole el coño…

    -¿Entonces lo del culo no es necesario?

    -No, hijo, pero así una mujer no queda preñada.

    -Hasta ahí llego, pero creo que detrás de eso hay algo más.

    -¿Cómo qué?

    -Como que eres una zorra viciosa, madre

    -Y crees bien, hijo, lo soy. Soy una zorra viciosa.

    -¿Tanto como para echar otro polvo?

    -Tanto como para follar contigo y con tu amigo Fidel, si también le gustan las mujeres.

    -Le gustan. ¿Lo llamó?

    -Llama.

    … Encima la cama de Gustavo, Liboría, con las piernas abiertas, se estaba magreando las tetas con una mano y masturbándose el clítoris con las yemas de los dedos de la otra. Sus labios vaginales estaban hinchados.

    Su hijo y Fidel le cumplían una de sus fantasías: Ver como follaban dos hombres.

    Fidel y Gustavo, de pie, al lado de la cama, se besaban y se masturbaban. Vio como Fidel, se agachaba, cogía la polla de Gustavo por la base, le lamía y besaba las pelotas. Le lamía la polla desde los huevos al frenillo, besaba la cabeza, le metía la polla en la boca y mamaba el capullo, para acto seguido chupar metiéndola toda en la boca.

    Liboria ya estaba a mil. Verlos follar la encendía cada vez más.

    Fidel, se levantó, besó a Gustavo, y después fue Gustavo el que se la mamó a Fidel. Al rato se acercaron a Liboria, que estaba chorreando. La besó primero su hijo, luego Fidel, y después se encontró con tres lenguas en su boca mientras nalgueaba las cachas prietas de sus dos amantes. Le comieron una teta cada uno y se comieron ellos las bocas mientras se las meneaban para que no se les bajasen.

    Llegó un momento en que Liboria ya no aguantó más. Las gotas que colmaron el vaso de su tremendo orgasmo, fueron las dos pollas duras como piedras al entrar y salir de su boca… Las yemas de los dedos de sus manos volaron sobre su clítoris y un chorro de jugo salió a presión de su coño, al que siguieron varios más, mientras Liboría, decía:

    -¡¡¡Me cooorro!!!

    Cuando Liboria se acabó de correr, Fidel y Gustavo se metieron en cama y se pusieron al lado de ella. Liboria aún estaba tirando del aliento cuando Gustavo masturbó la polla de Fidel y lo besó en la boca. Después le besó el capullo, la cogió por los huevos, la metió en la boca y le hizo unas mamadas deliciosas…

    Liboria, al recuperarse del tremendo sofocón que acompañó a la corrida, con una mano acarició las tetas y con la otra el cabello de Fidel. Le dio una teta a mamar a uno y otra a otro, y les preguntó:

    -¿Quién me quiere comer el coño?

    Fidel, se puso a cuatro patas. Metió su cabeza entre sus piernas y pasó su lengua por el coño peludo y empapado de jugo. Gustavo se puso un condón, le echó manteca, le comió el culo y los huevos a Fidel y después lo folló mientras su amigo le comía el coño a su madre. Fidel comía el coño de maravilla. Liboria le preguntó:

    -¿Quién te enseñó a comer coños, Fidel?

    -Más de una.

    -No me lo tienes que jurar. ¡Cómo me pones, condenado!

    A ratito, les dijo a sus amantes:

    -Quiero correrme con una doble penetración.

    Gustavo se la quitó del culo a Fidel, le volvió a echar manteca al condón. Le echó manteca a su madre en el ojete. Se echó boca arriba. Liboria, dándole la espalda a su hijo, se sentó sobre la polla y la fue metiendo poco a poco, al tenerla dentro, le dijo a Fidel.

    -Dámela a chupar.

    Fidel le llevó la polla a la boca y Liboria se la mamó.

    Poco después, del coño de Liboria no paraba de salir jugo mucoso.

    -Fóllame, Fidel.

    Fidel se la clavó a Liboria, que comenzó a jadear como una perra. Le agarraba el culo y le comía la boca con lujuria desmedida. Se sentía llena. No se podía mover, pero gozaba una cosa mala. Después de casi media hora de recibir caña y de correrse tres veces, y sudando a chorro, le llegó la madre de los orgasmos. Sus ojos se abrieron desorbitadamente, se cerraron de golpe, y gritó:

    -¡¡¡Hooostiaaas!!!

    Liboria se corrió mientras se convulsionaba y se retorcía, mientras reía, mientras lloraba, mientras chillaba como una coneja, mientras le clavaba las uñas en las cachas a Fidel… Fue una corrida tan larga, tan intensa y tan excitante, que su hijo se corrió dentro de su culo.

    Fidel, cuando Liboria se echó a un lado, destrozada por el placer, le metió la polla en la boca a Gustavo, y Gustavo se la mamó hasta que se tragó su leche.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Venancio, el viejo tendero (Parte 4)

    Venancio, el viejo tendero (Parte 4)

    Al día siguiente de haber sido follado por Venancio y el camarero Marcos, y Venancio el viejo tendero, me había follado en el portal de mi casa, era sábado, y ese día tenía una cena con los amigos. Por supuesto que luego iría por el bar en el que siempre parábamos, y allí me volvería a encontrar con el viejo tendero, Venancio, y Marcos, el camarero del bar. Habíamos quedado en repetir lo del día anterior.

    Ya eran casi las 2 de la madrugada, apenas quedaba gente en el bar. De mi pandilla quedaba yo solamente, ya que los demás habían marchado; unos a la discoteca, y otros para su casa.

    Cuando en una de las veces que fui a los aseos, estando meando entró Marcos, sobandome el culo me dijo, tranquilo ciego, soy yo, Marcos. Joder que ganas tengo de romperte este culito, en media hora más o menos, estaré listo. De pronto se abrió la puerta de los aseos, y apareció Venancio, el viejo tendero. Venga, Marcos, cierra el bar de una puta vez, y nos vamos, que estoy que reviento.

    Tranquilo, viejo, que ya falta poco, y nada de hacer guarrerias en los aseos. Ya follaremos cuando termine de cerrar.

    Si, dijo el viejo, pero esta vez iremos a mi casa. Alli estaremos mejor y mucho más cómodos.

    Como queráis, dijo Marcos, hoy no tengo prisa, y si os gusta más, por mi parte no hay problema.

    A las 3 menos 20, ya estábamos camino de la tienda casa del viejo Venancio. Al entrar en la tienda, nos fuimos hasta la cocina que se encontraba al fondo de la misma.

    Sentaros y poneos cómodos, ¿queréis beber algo? Bueno, una cerveza no estaría mal, dijo Marcos. Yo otra contesté.

    El viejo sacó 3 botes de cerveza, dejándolos en la mesa, me abrazó antes de que me sentara, empezando a magrearme, me decía, princesa, hoy estoy más salido que ayer, me tienes que reviento. Y sin soltarme ni un momento, empezó a desabrocharme el pantalón, bajándolo junto al slip, hasta que los tuve en los tobillos.

    ¡Joder! Soltó Marcos, si que váis rápido. Mientras el viejo me sacaba los zapatos, para terminar de sacarme el pantalón y slip, Marcos me sujetó por la cintura, agarrando mi camiseta, la subió hasta mi cuello, hasta que terminó de sacarla.

    Yo ya estaba completamente en pelotas, de pie en medio de la cocina, y siendo sobado y magreado por ambos.

    Mientras el viejo me morreaba y mordía por toda la cara y cuello, Marcos se sacaba la ropa, poniéndose en pelotas tal y como estaba yo. Una vez desnudo, se abrazó a mi espalda, frotando su cuerpo al mío.

    Ahora mientras Marcos me acariciaba por la espalda, mordía el hombro y cuello, con sus manos agarraba mi polla y huevos, arrimándome todo lo que podía a él. Me restregaba su polla por mi culo, a la vez que entre susurros me decía lo bueno que estaba. Te vamos romper este culito tan rico que tienes, ciego, hoy te vamos dejar bien preñado.

    Mientras tanto, Venancio, el viejo tendero, ya se estaba quitando los pantalones y camisa. Una vez estuvo desnudo igual que nosotros, sujetó con sus manos mi cabeza, dándome un beso que me hizo marear. Luego me fue agachando hasta dejar mi boca a la altura de su polla. Anda princesa, chupa tu trofeo, que esta noche te va hacer gozar de placer y felicidad.

    Abrí la boca, agarrando la polla con mis manos, la fui introduciendo en mi boca. Mientras chupaba la verga del viejo, este me acariciaba y entre gemidos decía, ¡así, así, mi amor! ¡ay que gusto!

    Mientras tanto, Marcos, no paraba de sobarme la polla y huevos, empezando a abrirme el culo y llevar su lengua a mi hoyito.

    De pronto noté algo frío en mi ano; notaba como un dedo entraba y salía; hoy he traído un lubricante para follarte mejor.

    Una vez me huvo lubricado bien el ano, mientras yo chupaba la polla del viejo tendero, Marcos me sujetó por la cintura, arrimando su polla a mi hoyito, de una estocada, me metió más de media polla en el culo. Di un pequeño respingo, tragando más polla del viejo en mi boca.

    Ya, ya, mi princesa, tranquilo que ya la tienes dentro, me dijo el viejo.

    Marcos, el camarero, dando un suspiro, se fue arrimando más a mí, y tan pronto metió toda su polla en mi culo, sujetándome con sus manos mi cadera, empezó a bombearme, ¡aaaaahhhh, ciego, que culito tienes! Joder, te voy romper el culo, mariconazo, ¡aaaahhhh!

    ¡Uffff! Yo estaba que resoplaba y gemía de gozo. Me tenían ensartado por el culo una polla larga y delgada, y por la boca un tremendo pollón. La pobre de mí pollita ya empezaba a gotear semen, salpicando aquel suelo de la cocina.

    Cuando llevaba un buen rato siendo follado, noté como los dedos del camarero, se clavaban más en mis caderas, siendo las envestidas más rápidas y profundas, hasta que escuché un fuerte gemido, ¡aaaahhhh! Me corro, me corro, ¡joder, que gusto! Que culito tienes ciego, este culito ha nacido para ser follado, y reventarlo a pollazos.

    Una vez terminó de correrse y haber dejado todo su esperma dentro de mí, dejó su polla dentro, para que ella sola fuera saliendo, mientras me acariciaba con sus manos la espalda y pellizcaba mis pezones.

    Al poco rato empezó a correrse en mi boca el viejo tendero. Como no daba tragado todo su semen, cuando saqué la polla de mi boca, esta termino por correrse por toda mi cara, ¡ooohhhh, princesa, que gusto! Mi amor te has tragado mi semen, y te he manchado toda la cara, mi amor, me decía Venancio, el viejo tendero, mientras me ayudaba a incorporarme. Espera que te traiga una toalla y te limpias un poco la cara.

    Fue al servicio que estaba pegado a la cocina, trajo la toalla pasándola por mi cara ayudándome a limpiar. Una vez me limpié la cara, dejamos la toalla en el banco, y nos sentamos a beber las cervezas que todavía no habíamos empezado.

    Después de algo más de una hora, y habernos bebido otras cervezas, el viejo empezó a meterme mano de nuevo.

    Yo me encontraba sentado en medio de los 2, y mientras el viejo se ocupaba de mi cara y boca, Marcos, el camarero, se apoderó de mi pequeña polla, metiéndola en su boca, a la vez que me metía un dedo en mi hoyito.

    Como en aquella posición no nos encontrábamos muy a gusto, Venancio el viejo tendero, retiró todo lo que había sobre la mesa, ordenando que me tumbara sobre ella quedando cara arriba.

    La cabeza me quedó fuera de la mesa, junto a Marcos, el camarero.

    Mientras el viejo tendero me daba una felación de campeonato, Marcos introducía su polla en mi boca.

    Por la posición en que me encontraba, cada vez que Marcos, me metía su polla en la boca, esta me llegaba bien profundo; me llegaba hasta la campanilla; incluso en una de las veces hasta la traspasó.

    El viejo además de tener mi polla en su boca me había insertado un dedo en el culo. Luego llegó a meterme 2 de sus grandes dedos hasta que terminé descargando todo mi semen en su boca. El cual Venancio, el viejo tendero, se lo tragó todo.

    Mientras el viejo terminaba de succionar toda mi polla y dejarla reluciente, Marcos, el camarero, empezaba a descargar sobre mi boca, cara, y parte de mi pecho y cuello, todo su semen.

    Una vez terminó de correrse, me incorporé ayudado por ambos, volviéndome a limpiar con la toalla que estaba en el banco.

    Volvimos a beber otras cervezas, y una vez terminadas, Marcos el camarero, se disponía a vestirse para marcharse.

    No quieres seguir la orgía, le dijo Venancio.

    ¿pero aún vaís a seguir?

    Sí, contestó el viejo, pero ahora nos iremos a la cama, si mi princesita quiere.

    No sé, contesté yo, creo que es algo tarde.

    Marcos, dijo que por hoy el ya estaba satisfecho, que no era capaz de correrse más por hoy. Tengo los huevos secos; mientras no me recupere, no va salir nada de ellos. Yo mejor me visto y me voy, otro día ya volveremos a quedar.

    Como quieras dijo Venancio, el viejo tendero.

    Una vez Marcos estuvo listo, Venancio le acompañó hasta la puerta, despidiéndose hasta el día siguiente.

    Cuando Venancio estuvo de vuelta en la cocina, se sentó a mi lado, abrazándome me decía, pero princesita, porque no quieres venir a la cama, y dejas que te vuelva follar este culito tan precioso que tienes.

    Joder, Venancio, eres mucho semental para mí.

    Acariciándome, me susurró al oído, No dice eso tu precioso culito, princesa. Mira como me tienes de nuevo; llevando mis manos a su polla hizo que se la agarrara. Anda se bueno y deja que te la vuelva a meter, no me vas dejar así, ¿verdad?

    Se puso en el banco en la esquina sentándose a lo largo del mismo, pidiéndome que fuese.

    Anda, ven y siéntate a horcajadas sobre mí.

    Puse mis manos sobre sus hombros, fui abriendo mis piernas, me arrimé a su pecho, y ayudado por él, poco a poco me fui sentando sobre su tremenda polla.

    ¡Uffff! Ya la tenía toda dentro, y Venancio no paraba de acariciarme, ¡así, mi amor, así, goza y hazme gozar, mi princesita!

    Mientras subía y bajaba sobre su tremenda polla, Venancio, pellizcaba mis pezones, mordía mis labios y cuello.

    Yo ya sudaba de tanto subir y bajar sobre aquel tremendo falo.

    La excitación que sentía hacía que no parara de gemir; era como un lamento constante, ¡ooooohhh! Mmmmm, ¡oooooohhh!

    Ya debía tener mi hoyito al rojo vivo de tanto subir y bajar por aquella tremenda e insaciable polla.

    Después de un buen rato cabalgando sobre la polla de Venancio, este empezó a dar pequeños gritos, ¡aaaaaaahhh!

    Dándome un fuerte mordisco sobre mi hombro, empezó a descargar de nuevo su semen dentro de mí, ¡así, princesa, así! Toma mi semen y deja que te preñe, ¡ooohhhhh! Como me gustas mi amor.

    Cuando terminó de descargar su corrida dentro de mi culo, nos quedamos así sentados como estábamos, mientras él me besaba, acariciaba, y daba pequeños mordiscos. Eres maravilloso, me susurraba, nunca dejaré de follarte, mi amor.

    Con sus manos agarró mi pequeña y pobre polla, dando unos suaves meneos, sin dejar de besarme y morder mis labios, hizo que me volviera a correr sobre su pecho, ¡oooohhhh! Gemía yo mientras terminaba de eyacular sobre él.

    Una vez nos repusimos, le dije, ahora si que me voy, mañana será otro día.

    Me ayudo a vestir, y después de vestirse él, me acompañó hasta mi portal. Allí me dio unas palmaditas en el culo, y se despidio, hasta mañana mi amor, eres mi princesita.

    Cuando llegué a mi casa, ya iban dar las 7 de la mañana, otro día que iba con el culito bien abierto, y repletito de semen.

  • Seducida en el súper

    Seducida en el súper

    Las técnicas y estrategias para levantar minas (conquistar mujeres) son tantas como tipos que buscan carne nueva. La mía es buscar en el hipermercado, ahí he conseguido la mejor carne.

    Elijo los primeros días de la semana, de mañana que es el momento del día que las esposas utilizan para hacer sus compras, el mismo motivo por el cual los hoteles para parejas de infieles son mayoría en el turno de mañana.

    Tomo el changuito (carrito de compras) y comienzo a recorrer las góndolas donde se exhiben los elementos de limpieza, en especial jabón en polvo, esa es mi técnica de “levante” donde siempre pasan las señoras. Tan pronto visualizo a una dama que me agrada, me arrimo buscando y tratando de decidir cuál es el mejor jabón en polvo para lavarropas, hago que busco la información impresa en el envase, tomo uno y otro y otro más, con el rabillo del ojos controlo si me está mirando, suele suceder que viéndome con la indecisión propia de un neófito del tema sonríen y vienen en mi ayuda. Si no se acercan, soy yo quien la mira pidiendo su ayuda en tan complicad elección.

    Ese es el primer paso para entablar conversación, luego la mayor parte de la posibilidad de éxito depende de conseguir su atención, seducirla endulzando su oído con el don de la palabra que quiere escuchar, el resto solo de ella. Siempre la misma táctica y ciertamente he tenido buenas chances y ganador bastante, obviamente voy cambiando de coto de caza, ja!

    Como muestra basta contar un caso, en esta oportunidad voy a relatar como conquisté a Luly. La estrategia fue acercarme a la góndola de los jabones para lavarropas, acercándome en forma displicente, como despistado, perdido entre tantas opciones que no podía dar con el necesario…

    – Perdón, podrías ayudarme a buscar jabón para lavarropas? -cara de confundido.

    – Qué lavarropas tiene? -sin mucha dedicación.

    – Uno… que lava…, qué sé yo… un lavarropas… no son todos iguales?

    – Estos hombres… y no te dicen para cuál? -observa, sin creer demasiado.

    – Quién? vivo solo, mi hermana me dijo algo como… ni recuerdo, ahora no sé…

    Me muestro vulnerable, recién entonces comienza mirarme y préstame algo de atención

    – A ver… a ver…

    Curiosa toma el envase que tengo en la mano, fingiendo torpeza tomo la suya como por equivocación, sentir el contacto de la piel tiene el sentido de un acercamiento subliminal, no se molesta, solo me mira, retirarla, solo la mirada hace las veces de puente invisible.

    En ese instante se produce el acercamiento, el pedido de consejos de cómo usarlo es su lado solidario para enseñarle a un hombre que debe afrontar esa instancia en soledad, ella mordió el anzuelo y se tragó la carnada, ahora solo era cuestión de recoger la línea y sacarla del agua.

    – No sé cómo agradecerte…

    – No tiene nada que agradecer, cualquiera lo hubiera ayudado igual.

    – No, por favor, me haces (tuteo) sentir muy mal si no puedo agradecerte. Acepta que te invite a tomar un café, aquí mismo en la cafetería que hay en este mismo lugar…

    La insistencia no le dejó resquicio, o no quiso, para rechazar la invitación a compartir la negra infusión. Como solo tenía un producto me coloqué en la fila de “los cinco productos” ella demoró un poco más para abonar sus compras, tan pronto llegó fui a la barra por dos expresos.

    – Y las compras?

    – Ah, las llevé al estacionamiento, las dejé en el auto.

    El primer paso estaba dado, venir era la muestra de que tenía disponibilidad para perder algo de tiempo, de pronto es como si se abriera el cofre de los deseos, alineados los planetas, de tal modo que antes de terminarnos el café la charla había entrado en los carriles de la situación familiar. Que estaba recientemente separado por la infidelidad de mi pareja, este antecedente es algo que siempre da rédito, pero solo así muy por encima, lo importante es escucharla, prestarle la oreja para que sea ella quien aporte los puntos débiles para encontrar el flanco por donde avanzarla.

    Ella, diez años de casada, dos hijos, hasta las 2 pm en la escuela, un marido ocupado de su negocio, dejando las obligaciones conyugales en un segundo plano, casi era más importante ir al fútbol y compartir algunas infidelidades acompañado de sus amigos que dedicarle más tiempo a ella. Decía, con resignación, que cada día estaba más en el rol de esposa que de su mujer, entendía y comprendía las sutilezas de nombrar los roles, el eufemismo hablaba por sí solo de la poca atención dispensada a la mujer. Ahora sentía que este desliz era devolverle un poco de su propia medicina.

    Me había servido en bandeja el flanco débil de la relación, la falta de atención y satisfacción era su parte vulnerable, el lugar donde lanzar el ataque y de un solo intento para no darle espacio a pensarlo, que ese argumento fuera la excusa propiciatoria de la infidelidad que estaba a punto de permitirse.

    Era el ahora o nunca, dejé el importe debajo de los platillos, sin decir nada la tomé de la mano y salimos del local, llegamos al estacionamiento, hice como que pensaba qué hacer, pero lo tenía todo “fríamente calculado”.

    – Vamos en el mío, no sería bueno que te vean… yo te regreso luego a buscar el tuyo.

    No dijo nada, solo se dejó llevar, subió al mío, antes de abandonar el estacionamiento se había

    Cubierto la cabeza con un pañuelo y anteojos oscuros, un clásico de la infiel va al hotel con su amante. Tomé del vaso de whisky un trozo de hielo entre mis dedos, rodeo y foto el pezón, erizado por efecto del frío dio un salto de calidad en la excitación, los gemidos florecen con la pasión.

    Quedó tocándose los pechos, las piernas cruzadas esconden la raja, totalmente depilada, con pequeños labios, carnosos y abultados, que la hacían parecer más juvenil.

    Se dejó besar y correspondió con la misma pasión, de pronto sentía que podía sentirse la mejor amante, generosa en la entrega y extrovertida en la manifestación, quiere y está dispuesta a todo, y cuando dijo TODO, lo decía con mayúsculas.

    Comenzamos un fragoroso toqueteo, compulsiva y ardorosa, excede la medida de una relación ocasional, no es necesario un ser tan experto para sentir que esta mujer busca vengar la desidia marital y la falta de atenciones. Dispuesta a todo, materia dispuesta para ser parte de un aquelarre del sexo. El primer orgasmo fue a pura mano y lengua, chiquito y mezquino en exteriorizar sus emociones.

    La voy llevando despacio para que pueda soltarse, trabajando en su conchita, lengua y dedos activos, buscando el tesoro oculto, sacarle ese orgasmo descarado y liberador.

    – Vamos mujer, quiero sentirte viva. Deja salir esa hembra oculta…

    Sentía el temblor febril de sus besos, lenguas activas, voy al asedio de sus pechos, lamiendo y chupando como un poseído

    – Sí, sí, me gusta. Por favor no me dejes marcas. Haz lo que quieras de mí pero por favor no me dejes marcas que se vean.

    La prevención era por mi tendencia a morder, le gusta y lo disfruta pero no quiere tener que explicar lo obvio. Los besos y lamidas se repiten y multiplican, la llevo a mi carne inflamada y excitada, impulso a mamar. Saltó de una tímida lamida a una chupada urgente y desmedida, llevándome hasta el fondo de su boca, la retengo hasta bien apretada, retoma su intensa chupada de pija.

    Se entregó plena a esa mamada compulsiva, el entusiasmo supera todas las expectativas, responde a los movimientos de la verga. Pierde la timidez, no se oculta, abrió los ojos, necesita sentir el efecto de su mamona, adhiero a su leal entrega, para no sorprenderla aviso que estoy próximo

    – Me gustaría venirme en tu boca, lo necesito, lo necesitas.

    La mirada dice todo, retoma la forma compulsiva de mamar, la tomo de los cabellos y nos ponemos a tono con los instantes finales, febriles y agitadas convulsiones de la pija, late y larga el chorro de semen, siento el ardor propio de la eyección, fluir abrupto en el fondo de su boca, contengo para evitar se retire, los siguientes no llevan sorpresa, solo más caudal del fluido.

    Los últimos estertores de mi eyaculación son contenidos con la mano cerrada sobre el miembro, sosteniendo el glande dentro de la boca. Suelta al prisionero, el semen sin tragar se le escapa por la comisura del labio, lo retiene con el dedo. Liberada de los pudores, abre la boca para mostrar bien cerca el contenido lácteo de mi acabada, le sonrío, traga en dos movimientos, sonríe.

    Siente el pudor propio de hacer algo inédito, oculta el rostro en mi pecho, busca contención y comprensión.

    Un cigarrillo marca la pausa, el momento de reflexión y confesión. Que no siente culpa por hacer y dejarse hacer, siente su derecho a disfrutar, siente en mí el contenedor de sus emociones, está necesitada de una alegría. Se mira en mis ojos

    – No lo hice tan bien como esperabas, primera vez que trago. No fue desagradable, me gustó. Quiero mejorarlo, me vas a dejar hacértelo otra vez?

    El pudor de sus palabras refleja la voluntad de agradar, responder con pasión a la oportunidad de sentirse deseada.

    Le brindé la oportunidad de revelarse como una mujer apasionada, me la coloqué encima, que fuera artífice de su propio goce, que llevara las riendas de poder ser ella misma. Cuando le das a una mujer el rol de manejar su propio goce es algo que agradecerá por siempre, ella disfruta la generosa oferta, monta, hace todo explícito, mostrar y mostrarse en el disfrute, sobre todo compartir esta su primera experiencia de infidelidad.

    La dejo manejar, disfruto mucho ser cogido por una mujer, excitarla a mil y demorarme cuanto quiera. El pulgar dentro de la conchita, la palma frotando el clítoris suman erotismo a sus movimientos del coito. Disfruta mucho del masaje de sus tetas mientras cabalga con la vehemencia de una mujer que intenta ganar el Derby de las infieles, ganarse un lugar en mi reconocimiento.

    El orgasmo llegó fácil, con la naturalidad, el goce pleno del pecado de lujuria, ahora podía sentirlo a pleno, despojarse de la esposa que por serlo estaba siendo mutilada en el disfrute, recuperar la risa después de ese estallido interno era parte de recuperar su integridad como hembra.

    Con los últimos latidos del segundo, la cambie, de bruces sobre la cama, elevando su vientre con la oportuna almohada, comencé a darle desde atrás, era mi turno, el momento de la dominación, de someterla y hacerle sentir el fragor del hombre en su estado más puro de calentura. Los envíos ligeramente bruscos hasta el fondo, la estremecen, disfruta ser vapuleada por la calentura de un macho que disfruta horadar sus entrañas, ocasional nalgada aporta erotismo al acto sexual.

    Mi mano por debajo aprieta la suya, sobre el clítoris, me lanzo con vehemencia disfrutando el placer de penetrarla con la furia propia del hombre que le quiere hacer sentir la dominación y sometida al control total. Otra ocasional nalgada, y tomada fuertemente de los cabellos emprendo el camino sin retorno de cabalgarla controlada rudeza sin dejarla marcada.

    El orgasmo de Lily se hizo escuchar con la fuerza sonora de una hembra que aprende a soltarse, liberarse, ser artífice de su propio placer. Le aviso de la inminencia del mío, urge que me apure, que llegar juntos sería hermoso. En pleno orgasmo, vocifera que necesita mi leche, que sea dentro, y ya mismo.

    Escucho sus pedidos como algo lejano, estoy concentrado en apurarlo, en llegar junto con ella, premura, intensidad y crispación son sinónimos de la necesidad perentoria de arribar juntos a la misma meta. El golpe furibundo de pija, marca el momento del desahogo, de lanzar el chorro vital de energía contenida, sentir como esa parte de mí se derrama dentro del recinto sagrado de la creación de vida. En ese momento supremo resoplé como una bestia irritada, el desahogo de haber hecho el esfuerzo de esta eyaculación que libera toda la energía contenida.

    Podría decirse que gritamos juntos el triunfal arribo a la estación de la alegría. Reímos y nos agradecimos este momento único de feliz encuentro.

    Quedamos silenciosos, viendo en el techo la imagen espejada de una pareja desnuda recuperando el aliento y la cordura.

    El timbre del teléfono nos vuelve al mundo real, el encargado avisa que ha finalizado el turno. Es tiempo de volver al punto de encuentro. Vestimos en silencio, se limpia el semen que se le había escurrido, el resto lo contiene con un pañuelo y se pone la bombacha.

    – Quiero llevarlo dentro, que me acompañe al menos hasta llegar a mi casa, necesito sentirte dentro…

    – Si quieres puede haber…

    – Si quiero, sí quiero que haya otra vez.

    Le pasé mi número, me agendó, prometió llamarme para acordar un nuevo encuentro. Sé que en el próximo estaré más suelta, quiero… necesito esa próxima vez, necesito ser infiel contigo…

    La regresé al estacionamiento del hipermercado, nos despedimos, quedé un momento pensando en todo lo sucedido. A punto de abandonar el estacionamiento recibí el whatsapp de Lily, diciendo lo bien que lo había pasado y “esto recién comienza, quiero que me conozcas mejor…”

    Esta fue una de esas aventuras o no tanto de esos momentos donde el erotismo y el amor tienen límites difusos, con ella no sé dónde termina uno y comienza el otro, o tal vez sean uno solo?

    Sé bien que has sido infiel, cómo fue? [email protected].

    Latino Infiel

  • Tiempos difíciles, sexo fácil

    Tiempos difíciles, sexo fácil

    El presente testimonio sucedió hace un par de décadas, en otro contexto económico y social de la Argentina. Por razones que no vienen al caso mencionar, mis padres estaban preocupados por la seguridad de su hijo, por lo cual decidieron enviarme lejos por un tiempo, hasta que la cosa se pusiera tranqui.

    Me instalaron en la provincia del Chubut en la casa de unos entrañables amigos de ellos, una antigua estancia que se dedica a la explotación ovina y producción de lana, lo típico de esa zona de la Patagonia, ubicada en un lugar cercano a la cordillera de los Andes, de esos que parece solo existen en los catálogos de viajes, bosque autóctono, quietud, lagos y la nieve coronando los picos de la montaña.

    La casa principal de la estancia, grande y acogedora, estilo colonial, era habitada por una familia compuesta por el matrimonio con dos hijos, la madre del señor y el personal doméstico. El hijo varón y el señor estaban de viaje por Europa buscando compradores para colocar la producción de la temporada de esquila, quedando solo las tres mujeres, suegra, esposa y nieta. Ema, la madre, cuarentona y autoritaria, debajo de esa pátina severa intuía una mujer ardiente y sensual, de formas contundentes, Silvia, la hija, una bonita rubiecita, algo tímida, tan solo un año menor que yo, completa el trío de féminas Aurora, la abuela.

    Se alegraron de tener compañía, sobre todo como están tan alejados de los centros sociales son pocas la visitas, Ema mencionó que en la casa faltaba presencia masculina. Yo, casi, veinte años, con toda la testosterona pidiendo acción, las tenía grabadas en mi memoria erótica, sobre todo a la señora.

    De inmediato se generó una corriente de simpatía, los discos y casetes, que en buena cantidad traje como obsequio, animaron las largas veladas lejos de los centros de esparcimiento. El clima frío y las nevadas frecuentes podía mantenernos aislados durante varios días: acercaba a estrechamos vínculos.

    Una noche, después de festejar, con torta galesa y glorioso espumante producido en la zona, los dos meses de mi llegada, sin otra cosa que hacer, los brindis se pasaron de la raya, luego la música y algo de baile, primero con Silvita y luego con Ema y hasta la abuela se le animó a la danza.

    En algún momento debió notárseme el efecto que me produjo el contacto con un cuerpo femenino entre mis brazos, comprensible con lo que me gusta el sexo, tan luego después de esta forzada abstinencia.

    Ema parecía que acusó recibo del efecto que me produjo su contacto, se apretó más, para ocultar el bulto que crecía en mí bragueta, o para aprovecharse del contacto. Los calores y agitación de Ema denotaban que no está ajena a mi realidad. Se retiraron la abuela y Sivita, yo colaboré con Ema para levantar la mesa.

    En la mitad de la noche siento que alguien se introduce en mi cama, debajo de las cobijas. Una mano me acaricia el pecho, la espalda y se mete debajo del slip tomándome la verga que se pone al palo en el acto. No habla, no pregunto quién es, con tal calentura ni falta que hace, aunque sea la abuela es igual.

    La dejo hacer, muevo la pelvis, acompaño la mano femenina. Giro, la abrazo, está desnuda, por el volumen de las tetas pareciera ser Ema. Responde el apretado abrazo con profundo suspiro, aprieta contra mí y en un susurro dice:

    – Soy Ema, dejame estar con vos.

    – Sí, claro.

    Me saca el slip, acaricia la verga. Los cuerpos pegados, con angustiosa urgencia me comió la boca, recorría el interior con su lengua, se escurrió en la cama, besando y lamiendo descendió por mi cuerpo, hasta la pija. Lamió y se la engulló hasta la garganta, recorría en toda su extensión, mientras acariciaba los testículos.

    El hambre acumulada, la juventud y tan intensa mamada hicieron estragos en mi sexo, incapaz de retener por más tiempo la eyaculación le avisé que de continuar así me iba, en su boca.

    – Vení, venite en mi boca, no te detengas más, ¡la quiero toda!

    Volvió a chupar con ansiedad. La estaba cogiendo por su boca, le tomé la cabeza, apretándola contra el vientre y avisé que me venía, empujón hasta la campanilla. Exploté en su boca. La leche salió, como nunca, con fuerza. Un sonido gutural de lo profundo de la garganta acompañó el último envío de semen. Tragó todo, disfrutando de la intensa acabada, tanto como yo.

    Encendí la luz. Dijo que necesitaba tener sexo, urgente y mucho, remarcó lo de mucho.

    – Estoy necesitada, no sabés cuánto. Te voy a poner al día.

    Ahora, a la luz podía admirarla, belleza serena de mujer, carnes firmes por el trabajo rural. Pechos firmes y opulentos, levemente hacia abajo, pezones gruesos y erguidos se me ofrecían tentadoras como las deliciosas fresas de la zona. Lamidas, leves y no tanto, mordiscos e intensa chupada a los pezones arrancaban sus mejores gemidos de placer, aumentaron en intensidad cuando mi mano deja de estrujarle las tetas y pasó a nadar en la abundante humedad de la concha. El dedo gordo en el clítoris y los tres siguientes explorando en la conchita, la recalentaron al máximo.

    La boca buscó la verga, pegó tremendas chupadas para después a horcajadas mío metérsela en la concha, hasta los huevos. Un instante, a fondo para sentirla toda en ella. Me miró agradeciendo lo que tenía dentro, movimientos de subibaja, saliéndose hasta la cabeza para dejarse caer lento, hasta presionar dejándose caer con fuerza para sentir el vigor de la empalada.

    El ritmo crece, provocaba jadeos más y más intensos, los ojos fuertemente cerrados, concentrada solo en su placer, comprensible, para saciar el deseo contenido. No pudo aguantar tanto como hubiera querido, sorprendida por el orgasmo estremecedor y violento, convulsionó en temblores y gemidos, en toda la duración de la secuencia hasta liberarse en un estado de éxtasis conmovedor.

    La contuve con las manos en las caderas para que no cayera, con elevaciones de pelvis me introducía cuanto podía en su argolla, haciendo los orgasmos más profundos y duraderos. Agotada se dejó caer encima de mí, buscando el aire que le faltaba en sus pulmones, sin salirse. Recién acabado, podía aguantar un poco más. Cambiamos, ella debajo, yo muy adentro, sus piernas rodean mi espalda.

    Tengo el dominio de las acciones, empujando en la concha. Por dos veces necesité secar la pija debido al exceso de humedad por tamaña calentura de la señora. Bombeando, desenfrenado, avisé que estaba llegando el semen, me pidió todo el que pudiera darle.

    Pocas embestidas más y estoy vaciando todo el contenido de los testículos, en el fondo de la vagina. En el proceso de acabarle, casi al final, orgasmeó nuevamente, al sentir el semen. De costado, en cucharita, enchufados, adormecimos por la intensa entrega.

    Recompuestos emprendimos un nuevo polvo, con todo, como si no hubiéramos cogido, después dormimos juntos, muy abrazados.

    Ese día fue distinto, el buen humor reinaba en la casa, el brillo del sol era distinto, para nosotros dos al menos. Esa noche reanudamos el deseo trunco de la mañana. Con menor apremio tuvimos más tiempo para disfrutarnos; en los siguientes me hice adicto a chuparle la concha, ella me enseñó, y también accedió a dejarse hacer el traste.

    Era una mujer total: con todo. Demostró ser madre considerada, hembra solidaria, madre comprensiva y sobre todo eso, comprendía las necesidades propias del aislamiento. A los pocos días, saciado lo más urgente del deseo sexual, permitió que la visitante nocturna fuera Silvita.

    Una noche, como la primera vez, en la oscuridad, se deslizó en mi cama un cuerpo desnudo, no era la piel conocida, otro perfume, otro el tamaño de los pechos. No tuve duda, era Silvita, sin palabras ni explicaciones. Nos besamos con besos húmedos, en extremo. Ella apremiada por el perentorio llamado de su conchita, buscaba satisfacción urgente a tan incontenible calentura.

    Las bocas saciaron sus deseos de besar. Sus tetitas, jóvenes, más pequeñas que las de mamá, pero duras y paraditas fueron fácil presa para la boca ávida, pronto di cuenta de ellas, mamaba, saltando de una a otra entre los gemidos de Silvita.

    Le atendía la conchita, metiéndole un par de dedos. Poca resistencia o mucha calentura pudieron más que ella, llevándola a su nirvana sexual, cuando un orgasmo inesperado la tomó. Sin soltarla, reanudé el tratamiento poniéndola a tono otra vez. Devolución de atenciones, con una chupada de pija, como anguila hambrienta.

    De espaldas, una almohada debajo de las caderas, elevada y las piernas bien abiertas fui con la pija al encuentro de esa boca húmeda urgida de mi carne inflamada. Breve encuentro de sus labios con el glande, y pidió:

    – Cogeme, cogeme! Me sale fuego!

    La cabeza entró fácil en la abundante y espesa humedad. Se ayuda con las manos para llevarme totalmente en ella, pedía:

    -Todo adentro!

    Con la fuerza de los talones en mi espalda, traccionando contra sí. Qué fuerza ponía! En medio de la acción preguntó:

    – No se te olvide ponerte forro antes de acabarme, ¡eh!

    – No tengo, no traje… pero igual podemos…

    Interrumpió, no me dejó continuar:

    – Entonces no me termines adentro, acabá fuera de la concha.

    – Dónde?

    – En otro lugar, y… si te lo ganás… en… por la cola…

    Motivado por la tentadora invitación, me propuse hacerla gozar hasta matarla de placer. Le removí la concha a pijazos, ella era una hoja sacudida en la tempestad bramante de una poronga que buscaba dejarle la argolla hecha flecos.

    Los gemidos de gozo se sumaron a los quejidos producidos por el profundo empuje de mi cuerpo dentro del suyo, queríamos fundirnos en una sola humanidad. Explotó en incontenible orgasmo continuado que la dejó dada vuelta, agotada en su resistencia y en el deseo.

    Me mantuve dentro de su concha, moviendo la pija, muy poco. Luego de prudente respeto por su orgasmo, la puse boca abajo, entré por la concha, desde atrás, siempre sobre la almohada. Apuré los movimientos, consulté si me había ganado el marrón. Respondió que sí, pero como lo usó pocas veces y bien gorda, pidió que no la lastimara.

    A todo lo que pidió, sí a todo, totalmente volcado a hacerle el culito me había guardado para este momento. Sus jugos lubricante para el ano, agrandarlo con uno y dos dedos, consideré llegado el momento de colocarla. Apoyé el glande en el agujero estrecho, con cuidado y decisión entré en él. Removía las caderas haciendo que se deslizara, sin pausa, hasta alojarse en toda su extensión dentro del recto.

    Estar todo adentro era una sensación deliciosa, no paraba de moverse, subiendo y bajando las caderas, ayudando con movimientos acordes a los míos. La pija en su vaivén, muy apretada como para sacarle chispas en la fricción no pudo resistir mucho más. Unas pocas entradas con toda la fuerza en ese culo fueron suficientes para derramar adentro todo el contenido de leche acumulada.

    Quedé alucinado, por la intensidad. No se la saqué, un momento sin moverme, casi no disminuyó la erección. Ella comenzó el movimiento, sin querer salirse. Quería más fiesta, la tendrá.

    Mis veinte años, el movimiento del culito, hicieron que la pija volviera a la acción como si no hubiera eyaculado. El recinto estaba más húmedo por la acabada reciente, el tránsito por este túnel era mucho más placentero para ambos. En un momento estábamos cogiendo en loco desenfreno.

    Silvita, loquísima, pedía y pedía más y más pija, que la traspasara. Estaba gozosa de sentirlo por el traste, yo la gozaba, como nunca.

    Hasta el final todo fue agitación y desmadre en los movimientos, descontrol total en nuestros actos hasta llegar, casi juntos a una acabada fenomenal. Esa acabada en simultáneo, fue de locura, como si con el semen fuera una parte de mí, sensación irrepetible, el tiempo no pudo borrar este gozo tan compartido como nunca nadie igualó.

    Por esa noche fue bastante para los dos. Desperté cuando sus manos estaban haciendo lo mismo con el miembro, poniéndolo a punto para el mañanero, no era cuestión de perderlo. Le di el gusto, ahora terminando en su boca, el otro acceso necesitaba descanso según ella.

    En el grato relax, entró Ema, con el desayuno.

    – Qué tal chichos, ¿todo bien?

    A buen entendedor… ellas se habían contado todo, me compartían. Me compartieron durante casi un año que estuve viviendo con ellas. El día previo a la despedida fue la gran fiesta, en grupo, pero eso es demasiado para un solo relato, necesita un espacio propio, en otra ocasión será.

    Estas vivencias encendieron tu deseo? dimelo [email protected]

    Lobo Feroz

  • Mi cuñada, yo y mi esposa

    Mi cuñada, yo y mi esposa

    Llego mi cuñada de visita desde otra ciudad y mi esposa la invitó a quedarse un mes en nuestra casa y esto fue lo que sucedió…

    Se llegó el día que la hermana de mi esposa «Lili» (2 años mayor que mi esposa y 3 años menor que yo) decide venir a visitarnos a Guadalajara desde Puebla; tenían planeándolo desde hacía ya varios meses mi esposa y mi cuñada, ella es de aquí pero desde que se casó se fue a vivir allá debido a que su esposo es de allá.

    Fuimos por ella al Aeropuerto, su vuelo llegó a eso de las 09:00 pm y nosotros vivimos a 1 hora aproximadamente del aeropuerto de Guadalajara, nos saludamos con normalidad, ya tenía cerca de 2 años sin venir de visita, después del aeropuerto fuimos a comprar algo de cenar y nos llevamos todo a la casa.

    Mi casa es de 2 plantas en la planta de abajo está la sala, cocina, comedor, el patio, medio baño y una habitación, que es mi oficina personal y en esta ocasión la habitación de las visitas y en la planta alta hay una pequeña sala, un baño completo y 2 habitaciones, la nuestra y la de mi hija.

    Cuando llegamos a la casa estuvimos platicando los 3 hasta aproximadamente la 1 am, entre bostezos nos despedimos y nos subimos mi esposa y yo a nuestro cuarto, nuestra hija y la hija de Lili ya se habían dormido desde que íbamos en el carro, las dormimos en el cuarto de mi hija.

    Pasaron los primeros días y todo transcurría normal, Lili casi no estaba en la casa, debido a que los primeros días fue a visitar a sus familiares, amistades, a su mamá, etc.

    Una de esas noches yo estaba muy caliente y mi esposa no quería hacer nada, tomó pastillas para dormir y se durmió rápido, yo no podía dormir porque me dolían los huevos de tan saturados que estaban.

    Baje a la cocina en mitad de la noche a tomar agua y me encontré con Lili, ella se apeno bastante entonces fue que capte que yo estaba en boxers y traía el pene un tanto tieso por lo cual se marcaba bastante en el bóxer que aparte era pegado…

    Ella traía una blusa blanca sin brasier y calzón cachetero color blanco también el cual encajaba a la perfección en sus hermosas nalgas redondas y sus pequeños pezones se marcaban en su blusa dando la combinación perfecta.

    Voy a hacer un paréntesis para explicar cómo es Lili físicamente: es una morena de chocolate, de cabello, rizado negro, podría pasar como afroamericana debido a su fisionomía ya que tiene unas nalgas y piernas perfectas, los pechos no son enormes, pero tampoco me gustan enormes, están en el punto de equilibrio perfecto, tiene una cintura muy marcada es delgada pero no flaca, tiene ojos grandes y cafés, nariz chica, labios carnosos y sensuales, bonitos dientes, etc.

    Básicamente es del tipo de mujer que puede poner caliente a cualquier hombre heterosexual si se lo propone.

    Volviendo a la historia…

    Fue un momento breve pero en el cual nos vimos los dos de pies a cabeza casi desnudos.

    Apenada y muy sonrojada solo dijo con una risa de pena

    -Upss, perdón.

    Y se fue rápidamente a su cuarto.

    Le contesté:

    -Ay perdón, olvidé que estabas aquí.

    Yo también me sentí un poco incómodo porque me vio casi desnudo y con una media erección, tomando en cuenta que es mi cuñada, que casi nunca nos vemos y mucho menos en esas condiciones.

    Regresé a mi habitación, me acosté a un lado de mi esposa e intenté no pensar demasiado en eso para poder dormir.

    Al día siguiente en el desayuno había un silencio incómodo, la única que hablaba era mi esposa y nosotros contestábamos con cosas breves.

    Me fui a trabajar y todo el día estaba con el nerviosismo de pensar que si por alguna razón Lili hubiera mal interpretado las cosas y le dijera algo a su hermana.

    Llegue a eso de las 6 a mi casa y vi que no había nadie, tampoco escuché ningún ruido, supuse que salieron a algún centro comercial con las niñas, entonces fui directamente a bañarme, después de eso y sin quitarme la toalla aún, me acosté en mi cama a ver la TV.

    No podía dejar de pensar en lo buena que se veía Lili la noche anterior y aún tenía los huevos llenos debido a que tenía casi una semana sin coger y sin siquiera masturbarme; entonces empecé a masturbarme mientras pensaba en ella, mi verga estaba durísima se saltaban las venas, imaginaba cómo sería la sensación de estar dentro de ella y justo estaba cerca de llegar al orgasmo cuando escucho que alguien viene subiendo las escaleras y estaba abierta la puerta de mi habitación nomás alcance a taparme rápidamente con la toalla y entonces…

    Se asoma a mi habitación Lili, estaba únicamente cubierta por una toalla con el cabello suelto, como si fuera a darse un baño…

    Me dice:

    – No te escuché llegar

    Y yo todo nervioso le contesté…

    -Ah, no sabía que estabas, no escuché a nadie y me vine directamente a bañar y solo estaba viendo TV.

    -Ah ok, mi hermana se llevó a las niñas a jugar a un parque yo no quise ir porque me sentía muy cansada y quería descansar, bueno entraré a bañarme.

    -Claro.

    Se metió a bañar y yo pues sin poder terminar de masturbarme, me vestí pensando en que podía pasar que llegara mi esposa y vernos a los dos en toalla entonces pensaría mal.

    Cuándo salió de ducharse se quedó un rato en el tocador y me preguntó que si podía entrar a mi habitación para tomar prestada de mi esposa una crema para la piel, le dije que sí…

    Entro, solamente se había puesto una blusa de tirantes y una tanga, tomó la crema y salió…

    Sabía que lo hizo a propósito porque incluso traía medio mojada la parte de los pechos y por debajo no traía brasier entonces se le veían perfectamente transparentados sus pezones.

    Se quedó parada afuera de mi habitación y me empezó a sacar plática.

    Mientras platicábamos no podía dejar de verle sus senos y ella lo sabía pero no dijo nada.

    De repente me dijo que iría a vestirse y se dio media vuelta dejando a plena vista su hermoso culo cubierto únicamente por una tanga color rosa pastel, bajo las escaleras y esperé hasta que escuche que entró a su habitación, entonces me abrí la bragueta y por encima del bóxer me saque la verga que la tenía durísima y escurriendo de semen, mis huevos quedaban presionados por el bóxer y continúe masturbándome pensando en Lili hasta que sentí un fuerte orgasmo y aventé un primer chorro de semen que llego hasta la cama y seguido de eso una abundante cantidad de semen muy espeso y blanco que calló más cerca, no pude evitar hacer un pequeño gemido de placer.

    En ese momento sentí la sensación de que alguien me observaba y grande fue mi sorpresa al voltear y verla parada y con una expresión de sorpresa en su mirada justo afuera de mi habitación… Lo había visto todo.

    Sentí una enorme vergüenza y le pedí disculpas pero seguía parada afuera de mi habitación viéndome y sin decir nada, entonces después de unos 10 segundos que yo sentí que fueron 1000 me dijo

    -No, pasa nada…

    Yo le seguía pidiendo disculpas…

    -No te preocupes, esto queda entre nosotros

    Pero seguía ahí parada viendo con asombro el semen que había dejado en el suelo y en la cama.

    -Aventaste muchísimo.- Dijo en tono burlesco y al mismo tiempo con asombro.

    Yo estaba muy apenado y sonrojado, no sabía que decir.

    Entonces en un tono medio burlesco y serio me dijo sin titubear

    -Me hubieras dicho que te ayudara.

    Y me dio una pequeña risa de nervios…

    -Me gustaría ayudarte para que no los desperdicies dejándolos caer al suelo.

    Me quede muy serio, no sabía si estaba bromeando o qué.

    Entonces me dijo que no tardaría en llegar mi esposa y se bajó a su habitación, mientras yo limpie todo el semen que tire.

    Justo después llegó mi esposa.

    Todo fue normal, cenamos, nos fuimos a dormir, entrada la noche mientras dormíamos mi esposa me despertó con sexo oral, yo no tenía muchas ganas pero imaginaba que era su hermana y me excité en segundos, mi esposa no sospecho nada.

    Al día siguiente después de desayunar me fui a trabajar y regrese un poco más temprano esperando encontrar únicamente a Lili, pero no fue así, también estaba mi esposa, mi hija y mi sobrina.

    Pasaban los días, Lili ya tenía 2 semanas en nuestra casa, nos veíamos poco porque salía mucho con su familia y en veces no llegaba a dormir.

    Llego el fin de semana y habíamos acordado salir fuera de la ciudad a unas cabañas en Mazamitla, es un pueblo boscoso a un par de horas, fuimos en mi carro íbamos mi esposa su hermana, nuestras hijas y yo, acordamos encontrarnos allá con otros familiares, Lili y yo platicábamos mucho durante el viaje, mi esposa iba dormida en el asiento de atrás.

    Una vez que llegamos a la cabaña descargamos el equipaje y mi esposa dijo que iría al pueblo a comprar unas cosas, nos quedamos solos Lili, las niñas y yo.

    Estaba en nuestra habitación terminando de acomodar mi ropa y en eso entro mi cuñada, empezó a acercarse mucho a mí y me dijo que si no sabía si mi esposa iba a tardar mucho, apenas le dije que no estaba seguro y me arrojo a la cama y se me subió encima mientras nos besábamos…

    Estaba sorprendido y un poco nervioso de que nuestras hijas nos vieran, pero aun así no pude evitar agarrarle con fuerza el culo con mis dos manos, pero no duró mucho porque sabíamos que mi esposa podría llegar;

    Lili fue con las niñas y yo me quede en la habitación, como a los 10 minutos llego mi esposa.

    Estuvimos todo el día en familia, hicimos una parrillada, tomamos vino hasta el anochecer, mi esposa no toma tanto entonces ella se fue temprano a dormir, nos quedamos unos cuñados, Lili y yo hasta eso de la 1 AM, ya después nos fuimos cada quien a su cabaña, ya estábamos algo borrachos, cuando entramos Lili me jalo a una de las habitaciones me aventó a la cama y me bajo el pantalón, saco mi verga del pantalón, se subió en mis piernas para que no me fuera y me empezó a chupar, tenía la verga hinchada pero no erecta, en cuanto sentí su lengua desde mis huevos recorrer hasta mi glande y luego hacer movimientos con su lengua en mi glande me la puso durísima, estando ya completamente erecto lo introdujo lo más que pudo en su boca, me chupaba con desesperación y con una mano me la jalaba, yo quería agarrarle el culo y la vagina pero no me dejaba , estuvo chupándome unos 15 minutos mientras yo me aguantaba para no eyacular y poder coger… Pero no, era demasiado rico entonces sentí el orgasmo y sabía que aventaría mucho semen porque no me había venido en varios días, entonces le dije para avisarle y que se quitará

    -Me voy a venir… Voy a aventar mucho…

    Y al contrario, se introdujo mi verga en su boca le eyacule muchísimo mientras yo gemía de placer pero me mordía el labio para no hacer mucho ruido y con su mano me exprimió hasta sacarme la última gota, se comió todo mi semen.

    Ya que me dejó totalmente limpio, me seguía chupando yo sentía cosquillas de tanto placer, le decía que se detuviera y ella me decía:

    -Me encanta tu verga, quiero volver a comerme tu semen.

    Entonces recordé que mi esposa estaba en la otra habitación y le dije que tenía que esperarme porque mi esposa posiblemente había escuchado que entramos.

    Entonces fui y estaba completamente dormida, me acosté a su lado mientras dormía, se despertó brevemente, me abrazó y nomás me preguntó que si ya se habían ido a dormir todos, le dije que sí y volvió a dormir, deje que pasará el rato y me quería salir de la cama sin despertarla pero me estaba abrazando.

    Como pude me quite su brazo de encima y por si acaso dije «iré al baño» no contestó, entonces salí y fui hacia la habitación de Lili, entre despacio y la ví acostada boca abajo fingiendo que dormía, entonces comencé a besarle los pies, fui subiendo por sus tobillos y piernas, así hasta sus nalgas, le chupe el culo por encima del calzón y se lo recorrí entonces baje mi lengua por su vagina, completamente depilada, escuchaba sus gemidos como se aguantaba para no gemir tan fuerte, la voltee y le quite su calzón y ahí conocí su deliciosa vagina depilada, comencé a chupar principalmente su clítoris, la quería devorar, me pidió que me pusiera en posición de 69, me le encime, la hacía que se atragantara con mi verga, a ella le encantaba, estaba mojadisima, hice que tuviera un fuerte orgasmo, sentí como se mojaba y seguí chupando me pedía que me detuviera y me detuve…

    Después de eso yo acostado se me montó y con su mano acomodo mi verga durísima y mojada con su saliva, justo en la entrada de su vagina, la penetre con vigor hasta el fondo, con mis manos le apretaba el culo y la empujaba hacia mí, comencé a cogerla despacio pero con vigor, después ella se dejó llevar y empezó a mover sus caderas de atrás para adelante, se levantó la blusa y me deleite con sus hermosas tetas, chupaba sus pezones que se endurecían en mi boca, los mordía levemente mientras cogíamos con más vigor, entonces soltó un gemido y al mismo tiempo sentí como se escurría su vagina por mis huevos hasta mi culo, luego la quité de encima y la coloqué en posición de perrito ella en la cama y yo parado colocando una pierna encima de la cama, con mis manos le abrí las nalgas y penetre con mi verga completamente dura y empapada, la penetre con vigor, luego la sujete del cabello y eso me hacía sentir que yo tenía el poder sobre ella, la jalaba en mi dirección y al mismo tiempo metía mi verga hasta el fondo, hice que se mojara repetidas veces y le pregunté

    -Tu esposo te ha cogido igual de rico?

    -No… Jamás…

    -Me deseas?

    -Si….

    -Cuánto?

    -Mucho…

    -Qué tanto?

    -Quisiera ser tu esposa

    -Ah sí? Y qué más?

    -Quisiera que darte hijos

    -En serio, quieres que te embarace?

    -Si…

    Entonces la sujete con mis dos manos por el cuello mientras la cogía de perrito con mi verga grande y gorda hasta el fondo, hasta que comencé a aventar chorros de semen adentro de su vagina hasta el fondo y no me detenía la seguía cogiendo aunque ya con menos fuerza, me quedé como paralizado unos segundos y le saque despacito mi verga tiesa al mismo tiempo que con la luz de la luna podía ver cómo le salía una gota grande de mi semen espeso y blanco el cual le limpie con un dedo para después dárselo en la boca mientras saboreaba mi dedo y nos acostamos rendidos en posición de cucharita.

    Después del rato y de sentir mi verga hinchada entre sus nalgas, mi verga cansada se volvió a poner dura pero a medias y como pude volví a penetrarla en esa posición, ya estando mi verga adentro se volvió a poner durísima y seguí cogiéndola por un rato en posición de cucharita, luego se acostó boca abajo y yo encima de ella y la seguí penetrando un buen rato de tan cansado en ratos como que me estaba quedando dormido pero no podía desperdiciar el delicioso culo de mi cuñada, de sólo pensarlo me daba fuerzas y la bombeaba con más fuerza, hasta que nuevamente la eyacule adentro de la vagina, esta vez supongo que nomás fueron unas gotas pero aun así apretó con fuerza su vagina para exprimir hasta la última gota… En cuanto sentí el orgasmo mío y el de ella sincronizados me quedé dormido y ella también…

    Entonces entre sueños me desperté asustado y apenas estaba saliendo el sol, agarre mi celular y vi que eran las 5 AM me asusté y salí rápido de la habitación, con prisa me fui a la sala de la cabaña mientras me ponía la ropa y me hice el dormido, después de un rato escuché a las niñas y a mi esposa la cual me cuestiono que porque dormí en la sala, yo le dije que andaba tan borracho que ahí me quedé dormido, creo que no sospecho nada.

    Ese día regresábamos a nuestras casas, el viaje fue un poco incómodo, la resaca y la cruda moral nos carcomían a mi cuñada y a mí, no nos dirigimos la palabra en todo el viaje de regreso, llegamos a la casa y ella se encerró en su habitación…

    Mi esposa se sorprendió de la actitud de mi cuñada y me preguntó que si no sabía porque estaba así, yo simplemente le dije, ha de ser la resaca ya se le pasará (aunque me moría de nervios de imaginar el problema en el que me había metido, sobre todo si ella se había arrepentido o pensado que abuse de que estábamos borrachos).

    Después de un rato salió mi cuñada con su equipaje hecho y le dijo a mi esposa que algo había ocurrido y que se tenía que ir antes a Puebla, no quiso dar más explicaciones y pidió un uber al aeropuerto no sin antes agradecernos por haberla recibido.

    Ya que se había ido mi esposa indignada, supuse que sospecho que algo había pasado entre nosotros y por eso se iba (que en todo caso estaba en lo cierto) comenzó a cuestionarme más y más sobre qué había pasado, nadie vio nada, supimos disimularlo bien (hasta ese momento) yo pensaba que mi esposa sospechaba de nuestro amorío, pero entonces me calme cuando me preguntó que si la ofendí o dije algo que no le pareciera, nomás respondí que no… (Aún creo que sospecho de nuestro amorío pero tenía miedo de averiguar la verdad.)

    En eso recibí un mensaje de mi cuñada a mi celular el cuál decía.

    -No te preocupes por nada, nunca voy a decir lo que pasó, ha sido la mejor noche de mi vida, me voy por otras causas ajenas a ti, me encantaste espero volver a verte pronto, te quiero y deseo volver a estar contigo, estoy loca por ti.

    Entonces me tranquilice pero sentí tristeza de saber que tal vez no nos volveríamos a ver.

    Pasaron 2 meses y todo transcurría normal, aún pensaba en mi amada Lili pero ya me resignaba a que lo nuestro era algo imposible y mal visto desde todos los sentidos que los quieras ver, regresaba del trabajo a mi casa, me serví mi comida y baja mi esposa y me dice en tono sorpresa

    -Amor, que crees?

    Yo: qué?

    -Ya supe por qué Lili se fue tan desesperadamente la otra vez.

    Yo «en tono desinteresado»: (pero me moría por saber sobre mi niña) Ah sí? Y eso por qué?

    -Es que su marido la engañaba con otra y cuando se vino acá una amiga de ella le contó que vieron a su esposo vivir con la otra mujer en todo el tiempo que ella estuvo acá.

    -Uh que mal por tu hermana

    -Bueno es que te quería decir…

    -Dime…

    -Qué si aceptarías que mi hermana se viniera a vivir un tiempo con nosotros, solo en lo que encuentra empleo acá y así ya se iría a vivir aparte.

    Explote de la emoción por dentro, pero no quise demostrarlo, entonces le contesté en un tono indiferente:

    -Mmmm, pues, está bien, tú sabes, es tú hermana.

    -Muchas gracias mi amor, eres el mejor y si no te preocupes no nos dará problemas… Aunque…

    -Aunque qué?

    -Es que… Hay un pequeñito detalle…

    -Ah sí? Cuál?

    (Comenzó a decir las cosas de una manera que ella misma quería encajar para formar una versión).

    -Es que, lo que pasa es que posiblemente antes de venir acá o no sé si cuando regresó allá… Aunque bueno eso lo dudó por el problema que te conté, entonces supongo que fue poquito antes de venir acá, porque obviamente no pudo haber pasado acá porque él estaba allá…

    -DIME!!

    -Es que… Lo que pasa es que mi hermana está embarazada y justo tiene 2 meses.

    Y desde entonces vivo con mi esposa y su hermana, las quiero a las dos, cada una tiene lo suyo, no sé cómo explicarlo por eso lo mantengo en secreto, espero que algún día no tenga que ocultarlo y poder tener a las 2 como esposas y vivir en armonía los 3, Lili lo sabe, me acepta y nos amamos a escondidas, a fin de cuentas las 2 me han hecho padre.