Autor: admin

  • Me llenaron de leche por todos lados

    Me llenaron de leche por todos lados

    Luego de que me fue mal con mi examen de matemática. Decidí empezar clases de apoyo.

    Como me gusta comprarme ropita y salir de jodida me cuesta gastar dinero en clases. Aunque sé que es importante.

    Por suerte tengo un tío que anda muy bien y está muy bueno jajaja.

    Le pedí que me diera una mano a lo cual accedió.

    Quedamos para el viernes a la tarde. Mi tía no estaba ya que se encontraba de viaje laboral.

    Algo que yo ya sabía.

    La verdad es que estaba media calentita y quería obviamente algo más.

    Como sabía que me iba a costar romper el hielo ya que es mi tío Fernando. Me tome una pastilla que me recomendó Naty. A los 20 minutos estaba 10 veces más caliente de lo común.

    Fui al ropero y busque un buen conjunto de ropita interior sexy. Medias de red portaligas, un bóxer caladito un corset traslucido atrás y calado por delante que me apretaba las tetitas haciéndome parar los pezones. Todo negro para que me resalte mi piel blanca y el color rojizo que me hice hace unos días en el pelo.

    Me maquille un poco y me puse un vaquero una blusa y tapado que esconda todo mi calienta macho.

    Golpeo ya haciéndome la idea de todo lo que le iba a chupar a mi tío Fernando si me lo permitía.

    Para mi sorpresa cuando me abre veo que hay 3 alumnos más.

    Me siento y empezamos a charlar y conocernos un poco. Re buena onda los tres. Pasado el rato paso al baño y me empiezo a hacer la cabeza de llamar a mi tío y que me coma toda. El morbo de que los demás estén afuera más ganas me daban.

    La pastilla ya me tenía mojadita mi conchita. Me fui al patio a refrescarme un poco y fumar un cigarrillo.

    Al ver que demoro mi tío sale y me pregunta si estoy bien. A lo cual le respondí que no.

    -Tengo ganas de hacer algo que está mal. Quiero hacer el amor con vos.

    Mi tío quedo petrificado.

    -Te juro que no se lo voy a decir a nadie porfi.

    Se puso nervioso y atinó a irse a lo cual yo no lo deje. Lo abrace y le pedí perdón y le prometí no hablar más de aquello.

    Entramos nuevamente y mientras hacíamos ejercicios empecé a coquetear con Gastón. Morocho de 24 años no muy corpulento pero luego supe que tenía una verga enorme y rica.

    Mi tío empezó a ver esa situación y que charlábamos mucho lo cual le molestaba un poco. Tanto que en un momento se paró corriendo la silla como enojado y se fue a la cocina. Me pare y le dije al oído a Gastón “voy por agua para enfriarme un poco”. Gastón quedo como loco y quedaron cuchicheando los tres.

    Llegué a la cocina y le dije:

    -tío te pasa algo conmigo. Estás enojado?

    -Si -me dijo- Estas restregándote con Gastón. Que es lo que querés de mí. -Y me agarro fuerte.

    -Sabes lo que quiero tío. Acerque mi cara a la suya y él no se corrió.

    Toque su bragueta y suspiro muy fuerte. Sin sacarle la mirada desprendí su pantalón y le agarre la verga.

    -ay Loli nos vamos a meter en líos.

    -Méteme todo lo que quieras y donde quieras -le respondí.

    Le saque las manos de mis hombros y me arrodille rápido para que no cambiara el clima.

    Le di dos besitos suaves en la punta de su verga y comencé a meterla en mi boca poco a poco. Dejando saliva al sacarla. Una y otra vez cada vez más adentro y agarrando fuerte su cola para cincharlo contra mí. Ay que rico. Ya ni pensábamos ni recordábamos que los demás estaban a dos puertas nuestras.

    Me levanto y me bajo el vaquero enseñando mi colita detrás de ese calado de mi ropita interior.

    Fer quedo como loco y atinó a apretarme la cola y correr mi bóxer para tocarme mi conchita empapada. Ni bien la toco metió sus dedos y luego se los chupo. Saboreando mis juguitos.

    Me puse contra la mesada parando mi colita y el empezó a metérmela suavemente por la concha.

    -ay que rico que ganas de gritar -susurraba yo.

    Entraba más y más en cada embestida y me apretaba contra la mesada.

    Sentimos un golpe y aparece Gastón parado y perplejo al ver lo que acontecía. Fernando me la saco rápido y puteo arreglándose los pantalones.

    -Tranquilo tío que si lo dejamos participar no va a decir nada. Verdad Gastón?

    -No vamos a decir nada -interrumpen Matías y Leo.

    En eso ya mi tío se estaba sirviendo un vaso entero de whisky y tomándolo como si fuera agua.

    Yo me saco mi blusa y termino de sacarme el vaquero enseñando todo lo que me había preparado para mi tío.

    -Vamos a ponernos cómodos -dije fuerte.

    Matías leo y Gastón saltaban de la alegría. Se me avanzaron como un rayo.

    A esta altura ya estaba toda una puta y no había marcha atrás.

    Mi tío solo miraba mientras comenzaron a tocarme las tetitas, palmearme la colita y meterme los dedos en mi boca y concha.

    Ahí estaba yo gozando con tres tipos de 25 y con ganas locas de que me siguiera cogiendo mi tío de 38 años.

    Con mi mirada fija en mi tío me acerque a darle un beso y lograr que se soltara nuevamente lo cual funcionó.

    Todos comenzaron a desvestirse y en 2 segundos había ropa tirada por toda la cocina.

    Me puse de espalda a mi tío y me incline para que me la metiera. Mientras comencé a chuparle la enorme verga de Gastón que fue el primero que me agarro la cabeza con mis dos manos empecé a masturbar a Matías y Leo uno a cada lado.

    O Gastón me cinchaba mucho o mi tío me empujaba. El punto es que por momentos hacia arcadas de tanto que se me metía en la boca y sentía la verga de mi tío tan adentro que gritaba lo que podía con mi boca llena.

    Gastón no aguanto mucho y empezó a gemir y llenarme de leche la boca haciéndome toser y sin sacarme la verga para que me la tragara lo cual no me dejo opción que hacerlo. Caían lágrimas de mis ojos y más y más me daban.

    Me acalambre un poco y me pare. En ese momento me agarro Leo y dijo “me toca”. Me acostó en la mesa y comenzó a metérmela de una hasta el fondo. Me hizo gritar de la embestida que me dio.

    Con mi cabeza en el borde de la meza mi tío acerco su verga.

    -Dámela tío que te la quiero chupar toda.

    Rápidamente comenzó el bombeo nuevamente en ambos sentidos mientras Gastón y Matías me chupaban las tetas que ya habían saltado del corset.

    Hay dios todo era gozar. Me empezó a correr un calor inmenso y me empecé a correr toda casi al mismo tiempo que mi tío saco su verga de mi boca explotando todo el semen en mis labios y cuello. Me chorreaba leche por el cuello que mi tío recogía llevándolo hacia mis tetas.

    Leo me la saco y me empezó a chupar la concha con una lengua que me hacía apretar las piernas.

    Ay Leo era genial chupando concha. Siguió con su lengua hasta mi culo y chupaba y chupaba.

    Matías lo corrió y empezó a meterme los dedos en la cola.

    Me bajo al piso y me pongo en 4.

    Matías por atrás y Leo me pone la verga en la boca.

    -ay si Leo dame toda esa lechita que te portaste muy bien con tu lengua.

    Matías me acerco la verga al culo y se lo entregue todo. Lentamente empezó a escupirme la cola y metérmela poco a poco. Que rico estaba pasando. Quería tener todas las vergas dentro de mí.

    Mi tío se mete por abajo en el piso y me le tiro arriba. Toda para adentro de la concha.

    Que puta me volví. Gastón cambia con Leo y me mete la verga entera en el culo. Me empecé a correr toda nuevamente. Que cogida por diosss. No me olvido nunca más.

    Leo me llena la boca de leche y trago y trago y no terminaba más. Mi tío y al minuto Gastón se empiezan a acabar juntos. Sentía que chocaban sus vergas dentro de mí.

    Exhaustos todos nos incorporamos y nos dimos una ducha uno a uno. Me fui a acostar al cuarto de mi tío y me tape desnudita y cansada.

    Leo, Matías y Gastón se fueron con un acuerdo de silencio con mi tío y felices de la vida jaja.

    Pero esto no termina acá. Me duermo y siento a mi tío agarrarme por atrás.

    -Esto querías Loli. Ahora aguanta.

    -Claro que aguanto tío. Soy toda para vos. Ya te quería a solas- le conteste.

    Me cogió el culo como 20 minutos. Un aguante.

    Me lleno toda de leche y nos besábamos entre flujos de mi concha y su semen.

    Estuvimos toda la noche cogiendo. Fue impresionante. Dormíamos un rato y el primero que se despertaba comenzaba haciendo cerdaditas.

    Que noche. Como superar esto

    Toda esta semana he pensado en esas vergas y tanta leche.

  • La embarazada seductora (Parte 1)

    La embarazada seductora (Parte 1)

    Ana, es la esposa de un compañero de trabajo, con la cual teníamos el trato de encontrarnos en alguna reunión social y no mucho más que eso. Mujer joven, buenas formas, siempre vestida con ropas que acentúan su opulentos y contundentes senos, que por cierto es lo primero que le miramos, luego recorremos el resto de sus cualidades, que no están nada mal, pero los atributos mamarios se llevan las palmas y toda la admiración masculina.

    Ella jamás podría pasar desapercibida, por esa delantera tan rotunda y contundente, pero esa destacada cualidad va formando parte de una personalidad un tanto tímida pero sumamente cordial y destacada por su forma de socializar con los compañeros de su marido.

    Ese viernes habíamos concurrido al after office por la despedida de una compañera de trabajo que se retiraba para casarse y viajar con el afortunado novio para un pos grado en otro país.

    En las postrimerías de la tenida cervecera, se apareció Ana, para encontrarse con Eduardo, su esposo, pero como las rondas de tragos seguían se quedó acompañándolo hasta que terminara el festejo.

    Nos encaminamos al estacionamiento del Parque Cervecero, y notamos que Eduardo no estaba en sus mejores condiciones, por cuando decidimos que sería prudente que fuera yo quien manejara, de tal manera que los llevé sanos y salvos a su casa. La cultura alcohólica de Eduardo no era de lo mejor, su resistencia tampoco por cuanto debí ayudarlo a bajar y hasta llevarlo al dormitorio.

    Mientras esperaba el taxi que había pedido compartí un momento de café y amigable charla con Ana. Como suele pasar en estas ocasiones, la circunstancia o el momento o la causalidad o el momento a solas tan especial, hacen que las confidencias surjan con la naturalidad de dos viejos conocidos hablando de cosas en común.

    Comentó que por fin consiguió estar embarazada, luego de una afanosa búsqueda, justamente venía de asistir al ginecólogo y por eso pasó a buscarlo para venirse juntos.

    – Y cómo es que es que la noticia de haberlo conseguido no te veo tan contenta.

    – Bueno es que… no todo es tan bueno como parece…

    Esa frase terminó por empañar la mirada y sentí mucha ternura por haber cometido el pecado de hacer una pregunta que parecía haber dado justo sobre la herida de algo que la lastimaba.

    – Perdón si dije algo impropio, o si removí algo que no debía…

    – No, no tienes culpa alguna, además no es algo que se sepa, ni él lo sabe.

    – Si necesitas una oreja amiga, acá estoy.

    Otro café y suspender el pedido del taxi sirvió para permitirle aliviar la carga de sus cuitas que le complicaban la existencia. Comenzó pidiendo la reserva, que Eduardo nunca debe enterarse y comenzó a confesar que ambos, sobre todo él era el más interesado en que ella quedara embarazada, y ahora que lo habían conseguido se encontraba en una situación acuciante en razón de que no quería hacer nada que pudiera interferir o complicar el embarazo, que se abstendría de tener relaciones sexuales hasta que se produjera el nacimiento, y bla, bla…

    Que esa tarde misma en la consulta ginecológica había planteado su problema al médico, solicitado consejo profesional para superar el estado de permanente excitación, que su libido estaba a tope y para colmo el marido se negaba sistemáticamente a tener relaciones, sobre todo que el médico recomendaba que tenerlas no afectaría, sino por el contrario sería beneficioso para ella.

    – Perdón por esto, pero no tengo a quien contarlo, y es algo que me abruma

    – Pero… digo… hay algunos “juguetes” que…

    – Sí, entiendo, ya probé pero… no es lo mismo, hasta quedo más, más, no sé cómo decirlo.

    – Creo comprender

    En ese momento sonó el timbre, era el taxi, dejando inconclusa la última parte de su respuesta. En la despedida, me besó bien cerca de la comisura del labio, totalmente causal. Apunto de subir regresé para dejarle mi número de teléfono anotado.

    Antes de llegar recibí el mensaje de Ana: “necesito tu “juguete” para solucionar mi problema, cuando puedas llámame”

    Durante el viaje y en la quietud de mi casa, fue el momento de pensarlo mejor. Es cierto que también como muchos otros hombres en algún momento se nos ha despertado esa fantasía de hacerlo con una mujer embarazada, pero solo había quedad en esa etapa, ahora esa fantasía está llamando a mi puerta, bueno en el teléfono, saltó de la idea a una situación en tiempo real, ella exige yo estoy poniendo blanco sobre negro, evaluando.

    Muchos hombres buscan tener sexo con mujeres embarazadas, el mito nos hace creer que el estado de gravidez les potencia el deseo haciéndolas diosas en la cama, sus hormonas alborotadas incentivan el interés por hacerlo y sobre todo podemos venirnos dentro sin preocupación por las consecuencias.

    Este breve análisis disipó la más leve duda o prejuicio, más aún incentivó la curiosidad por experimentar en carne propia esas sensaciones.

    La mujer ni me dio tiempo para sentir ansiedad, como si tuviera un gps mental, recién llegado recibí el llamado de Ana. Acordamos el encuentro podría ser mañana, le propuse que en mi casa, tenía urgencia por el encuentro pero por otro motivo no podría acercarse, que si yo podía, en el horario laboral del marido podríamos hacerlo. Su prisa y tantas ganas me hicieron desearlo también. Al día siguiente concurrí al trabajo, pero… el hombre propone y las circunstancias disponen que no era posible ausentarme por la urgencia de un trabajo pendiente, un par de horas como mucho, pero igualmente decidí bien valía la pena no hacerla esperar.

    – Hoy solo tengo un par de horas para ausentarme, si te parece lo dejamos para otro día?

    – No importa, lo que sea, puedes venir?

    – Estoy saliendo de la oficina, espérame.

    Llegué con la urgencia que amerita el deseo, debía estar viéndome por la ventana, tan pronto me acerqué para tocar el timbre, se abrió la puerta, detrás estaba Ana, solo con una bata, abierta para que no hubiera dudas ni pérdida de tiempo, el reloj del deseo comenzó la cuenta regresiva.

    Sus besos más obscenos comieron mi boca, sin dejarme respirar, la bienvenida a un mundo de sensaciones totalmente nuevas, su excesiva calentura alimenta las fantasías que muchos hombres tenemos sobre el deseo sexual de las embarazadas, ella parecía confirmar ese mito.

    Mujer decidida, sabía cómo hacer sentirme su amo, se hincó sobre la moqueta, desprendió el cinto y buscó el miembro, se agarró a él con firmeza, sin soltarlo da suaves besos y lame despacio, de abajo hacia arriba, sin abrir demasiado la boca para evitar el exceso de saliva escurriéndose, presiona con los labios sobre el pene, sin dejar de mirarme, juega al misterio que encierra el juego erótico de la mamada. Maneja los tiempos de la excitación, juega con el roce de los dientes, tan pronto siente que estoy acercándome al momento supremo, baja la intensidad, dibuja figuras con la lengua sobre el glande, aprieta con las manos la base del pene para yugular el avance de la excitación.

    Cubre los dientes con los labios presiona sin lastimar, dibuja una gran O, abre y cierra la mandíbula, hacia debajo de modo natural, los altibajos van produciendo en mí ese estado de excitación, el cosquilleo de la proximidad se alterna con la decepción y caída de la tensión previa a venirme.

    Es una experta en calentamiento, ponerme a punto y dejarme suspendido en su tiempo y en el espacio de deseo, conservado en latencia, dejándome en la puerta de salida, pero solo con las ganas…

    Se sentó en el sofá, reclinándose, ofreciéndose al macho que late deseo por todos sus poros.

    Es mi turno de hincarme entre sus piernas, quité la tanga, en mi cuello a modo de trofeo, voy atraído por el aroma que emana de la cueva donde se oculta lo profundo de la vida, abrí los labios, carnosos, hinchados y jugosos, los chupé, succioné, lamí, mientras froto el clítoris con mis dedos. El contacto robó sus primeros grititos de gusto, volví a lamer, penetrarla con mi lengua, en punta, jugando sin aflojar la intensidad de la mamada. Ella me tomaba de los cabellos, gemía y agitaba su pelvis, frotando los vellos sobre mi cara.

    Pasé la lengua por toda la vagina, desde abajo hacia arriba, lamiendo como a un helado, saboreando ese aroma acre y ligeramente salado, sin dejar lugar por degustar. Con la mano frotaba sin darle tregua, cambio la posición para poder encerrar en mi boca el clítoris, introduciendo, despacio dos, tres y cuatro dedos, todos juntos simulaban el grosor de mi verga, entrando y saliendo sin cesar, con intensidad y fuerza como para incrementar los gemidos hasta convertirse en gritos, agitándose y vociferando groseras obscenidades. Se incrementan las sensaciones, se agigantan, comienza a correrse en un vertiginoso y convulsivo orgasmo, gritado en todos los tonos que la sinrazón de sus sentidos le permite.

    Manejé a mi antojo la duración de este arrasador orgasmo que barrió de un plumazo la memoria de los anteriores, este había creado había elevado el record en la memoria erótica.

    Tamaña exhibición de energía liberada necesitaba un momento de relax para retomar el ritmo cardíaco sobre todo, su corazón parecía un tropel de caballos salvajes.

    El breve tiempo disponible acotaba la posibilidad de hacer mucho más. Al ponerme de pie quedó con la pija delante mismo de sus ojos, volvió a tomarla en sus manos, vuelve al punto de comienzo, la felatio de la bienvenida, ahora no tiene excusa, el tiempo apremia y mi calentura no admite demora.

    Sabe excitarme, masturbando y chupando con fruición, mirando las expresiones sabe cómo y dónde accionar con más intensidad. Es tiempo de calentura no sabe de suavidad, las manos en su nuca atraen la cabeza hasta enterrarme en la boca, sus manos actúan como soporte para evitarle las arcadas. Aprieta sus labios y acciona la lengua, el balanceo de la verga entrando y saliendo intensifica las sensaciones, el cosquilleo interior hace subir la presión testicular, la inminencia del viaje sin retorno se activa. La inminencia del desahogo emocional estranguló mi voz, áspero rugido salió de mi garganta, en el mismo instante que la tenía ensartada hasta el fondo. El disparo de semen, potente, grueso y caliente salió con la fuerza de un misil, paso directo al tracto digestivo, los siguientes con menos profundidad extendieron su calor y sabor sobre la lengua.

    Siguió con la mirada fija en la mía, me retiré de su boca, levantó la lengua para que pudiera apreciar el semen eyaculado, saboreado y deglutido, exagera el movimiento para que disfrute viéndolo pasar al tracto digestivo. La dejó súper limpia, hasta la última gota

    Los tiempos no dieron para más, esto solo fue el inicio de la historia pasional con la esposa embarazada. El beso de la despedida tenía de sabor a mí, y la obligación de asistirla sexualmente.

    Si el fin justifica los medios, esta relación disculpa saltarnos la barrera de la infidelidad por el noble propósito de suplir sus necesidades sexuales insatisfechas, o la forma amañada de escaparle por la tangente al conflicto ético.

    Espero que me llame. Tu opinión me sirve mientras espero [email protected].

    Nazareno Cruz

  • Jugando al teto

    Jugando al teto

    Caballito es mi patria chica, el barrio donde me crie, el arcón de mis recuerdos y afectos más entrañables cuya esencia persiste a despecho del tiempo y los cambios.

    Donde está la plaza, Bogotá y Cálcena, había una vieja casona abandonada que todos conocíamos como “la casa de los fantasmas”, en el silencio de la noche se escuchaban ruidos extraños, creando un aura de misterio que duró hasta que llegó la topadora, borró con su pala el misterio y arrasó con esa parte de nuestra historia juvenil.

    Esta es la de Susy y Beto (yo), entre los 14 y 15 años, cuando las hormonas están a pleno y los niños dejan de serlo para entrar en la adolescencia, buscando su identidad sexual. Esta búsqueda se produjo entre juegos, en la casona embrujada.

    Explorando el solar abandonado, jugando a las escondidas, demorarnos en el escondite, muy apretados quedamos a la espera de ser descubiertos. Escondidos, muy juntitos, callados, el contacto corporal contra la espalda de Susy duraba demasiado, cada vez más, sin apuro. En una de esas “escondidas” con la excusa erótica del “juego del teto” donde el varón se lo propone a la chica y esta, inocente o no, pregunta: “y cómo es el juego del teto?” Y el varón responde: “vos te agachas y yo te la meto!”. Juego de palabras intencionadas que casi todos conocen, de ese modo fue nuestro debut y entrada al mundo de la sexualidad de verdad.

    El tiempo, la dinámica de la vida, el crecimiento y las contingencias familiares pusieron distancia entre nosotros. Quince años después, por esas cosas del destino no encontramos asistiendo al funeral de un viejo compañero de colegio, ninguno de los dos vive en la ciudad, solo vinimos para expresar nuestro afecto y despedirnos de ese común amigo.

    Cumplido el deber de acompañar a los deudos en la despedida nos encontramos para compartir un café y memorar lo buenos tiempos, cuando éramos tan jóvenes. Ella se estaba quedando en la casa de una prima, yo como no tengo parientes en un hotel.

    Esos encuentros suelen tener el sabor de la nostalgia, de los dulces recuerdos, después de varios cafés y desgranando los recuerdos la invité a recorrer esos lugares de nuestros años adolescentes, desandar los caminos del tiempo, llegando a ese mismo lugar, falta la casona pero está la plaza tan poco iluminada como cuando jugábamos a las escondidas.

    – Te acordás cuando jugando a las escondidas…

    – Sí, como podría.

    – Me preguntaste si conocía el juego del teto, como dije que no sabía…

    – Y te enseñe…

    – Claro “agachate que te la meto” Y te hice caso y escondidos me hiciste mujer.

    – Y me gustó mucho, fuiste mi debut.

    – También me gustó, siempre te recordé por eso.

    – Y si te lo pregunto ahora?

    – Hacelo, a ver qué pasa…

    – Sabés jugar al teto?

    – No, pero sé jugar al zorro.

    – Ah, y cómo es el juego del zorro?

    – Lo mismo que al teto pero sin forro (condón)

    Nos reímos, luego el silencio, tomados de la mano, fuimos entrando en la plaza, anochecía, la calidez de la noche de verano hacía grato sentarse en el mismo lugar de hace años, ese banco de plaza que seguía en la zona donde el mismo arbusto cubría de sombras para ocultar el jugueteo de los enamorados, no hay gente, parece que solo nosotros habitamos en lugar robado a los sueños.

    Estamos solos, como en el juego de las escondidas, los recuerdos entrañables surgen en tiempo real. El juego perdió el candor de la inocencia, dos adultos quieren rescatar ese momento del arcón de los recuerdos, sienten el fragor de los años idos, olvidados del mundo y de todo, solo es el acá y ahora, cerramos los ojos y vivimos nuestro momento.

    Estamos escondidos, a la sombra del arbusto, pegado a su espalda, con todo el cuerpo fregando el de ella, abrazado tomando sus pechos en mis manos, mi boca sobre su cuello, jugando a la parejita de niños, deviene el macho y la hembra, el revival de nuestra primera vez.

    Nos movemos, acomodando el miembro endurecido por el roce, entre los cantos de Susy. No se sale, menea las caderas para sentirme mejor, el roce vigoriza, la calentura agiganta el deseo, mi lengua recorre el cuello, se estremece, gemidos muy quedos, sacude como gata en celo.

    Perdido en la calentura, exploré bajo la falda, osado toqueteo, entre las piernas, húmeda, arde, se abre para el manoseo audaz. Lánguida, se estira apoyándose en el respaldo del banco de plaza, saca las nalgas para atrás, espera la mano indiscreta, los dedos atrevidos hurgan entre los labios, los jugos emergen abundantes y fragantes como antes.

    Audacia y deseo son la mezcla explosiva que detona cuando dos dedos húmedos se introducen entre os labios desde abajo, ida y vuelta jugando a penetrarla.

    – Susy querés jugar al teto? – Como para decir algo, espero…?

    – Cómo es?

    – Te agachás y yo te la meto!

    – Así? Mejor al zorro. Vamos?

    No hizo falta más, corrí la bombacha y se la mandé, un ahogado quejido indicó que llegué a tope, empujé, ahoga los gemidos para llamar la atención de alguien que pudiera estar cerca. La estoy bombeando, mi aliento humedece su cuello, en un susurro le digo que no se queja como esa primera vez.

    – Claro ahora la siento un poco más gorda, pero ya no soy virgen, en esa ocasión me rompiste.

    Nos entregamos con la misma ansiedad y nervios de nuestro debut, ahora somos dos adultos adúlteros entregados al coito impetuoso y urgente, con la torpeza propia de la incomodidad, suplida por el vigor impuesto por el deseo acumulado renacido. Sus gemidos preanuncian la llegad emocionada de ese momento de magia que está gestándose, el orgasmo que corona ese momento de glorificación amatoria, es el momento de dedicarle tiempo y esfuerzo en buscar el mío.

    La intensa presión de mis dedos sobre sus hombros y empuje de mi pelvis contra sus nalgas son el claro indicio que el proceso de la eyaculación está llegando a la cima. Abundante y caliente, dijo que sentía el obligado baño de mi leche. No quería salirme pero el riesgo de ser vistos era mucho, al salirme de ella, quedó latiendo sin perder casi nada de la rigidez. Volteó para mirarla.

    – Todo esto me metiste. Qué bruto!

    – Te dolió mucho? No tanto como esa vez

    – Qué te pareció?

    – Me gustó, pero voy a querer más…

    – Ahora, ya?

    – Sí, pero no será acá, necesito lavarme, mira cuanta leche me largaste dentro.

    Mi pañuelo sirvió para recoger casi toda la enlechada, su pañuelito quedo dentro de su bombacha para retener el resto que sigue fluyendo.

    – Pasamos la noche juntos? –asiente

    Un taxi nos llevó a un hotel, nos higienizamos, y salimos a comer como dos novios luego del perdón por alguna pequeña culpa, los mimos y juegos, luego el hotel y el sexo. Pregunta:

    – Beto jugamos al teto?

    Fue la señal, besos y abrazos, en el baño la senté sobre el lavatorio, abierta de piernas, conchita totalmente depilada, comencé a lamer y sorber esa humedad tan especial, piernas al hombro, tomada de las nalgas, ahogándome con el aroma de su sexo.

    La tomé en brazos y la deposité sobre el lecho, abierta como estaba me recibió dentro de su sexo, entrando con la potencia de un titán, abriendo y empujando, estremeciéndola en cada penetración. Tamaño despliegue de poder, más el juego erótico previo, bastaron para que su orgasmo brotara irradiando su efecto como flor en primavera. El mix de sensaciones se transmite en código de latidos y contracciones vaginales sobre el pene que persiste en horadar sus entrañas.

    Cuando llegué a la cúspide de mi excitación, fue tiempo de eyacular, la vorágine de esperma pugnaba por irradiarla con mis ganas de hacerla mía. Salido de su cueva, permanecí arrodillado a sus pies viendo como el primer vestigio seminal asoma entre los labios vaginales, retiene el espeso fluido entre las yemas de sus dedos. Una toalla justo a tiempo evita que tengamos que dormir sobre el resto de la esperma rebosante.

    Hubo un segundo acto sexual antes de entregarnos abrazados al reparado sueño.

    En la maña hubo un último acto de sexo y reconciliación con los recuerdos amatorios de nuestro despertar sexual. La despedida fue un “hasta la próxima” que no entendíamos bien que significaba.

    Por esas cosas del azar y otro poco ayudado por alguna trampita, dos meses después se nos dio de “coincidir” estando en la ciudad de Buenos Aires, esta vez con nuestras respectivas familias, pero nos hicimos un tiempo para vernos, a solas.

    Cuando nos encontramos, fue igual de emocionante, ella lucía un incipiente embarazo.

    – Qué bien mis felicitaciones al padre. –acariciándoselo.

    – No me preguntas cómo fue?

    – Fue jugando al teto? Supongo.

    – No, jugando al zorro. Como el teto, pero sin forro!

    La sonrisa tierna y el beso significaban algo más que eso, pero no me animé a preguntar más.

    Nos despedimos, antes de regresar con mi familia decidí caminar por los senderos de la plaza, detenerme junto a ese banco, testigo mudo del despertar sexual, y hacerme hombre con Susy. Volver con a cargar la baterías del alama, guardar esos sentimientos más puros y jamás compartidos con nadie.

    Esta tarde me sentía muy sentimental y en un rapto de emoción me pareció que aprovechando la impunidad del ciber espacio soltar al vuelo este recuerdo juvenil y compartirlo con esa Susy que pueda estarme leyendo. Esto es para ti lectora amiga de parte de [email protected].

    Lobo Feroz

  • Mi primer café con leche

    Mi primer café con leche

    Mis amigas cuando me chupaban el pene hasta hacerme acabar, me decían que tenía muchísima leche eso me despertó la idea de tomar mi propia leche.

    Un día mi familia se fue de vacaciones y mis amigas ninguna podía venir, por un motivo u otro ninguna podía verme los testículos comenzaron a dolerme y apenas podía caminar del dolor, una noche para calmar semejante dolor comencé a masturbarme y antes de acabar coloque una vaso de plástico en la punta de mi pija para no ensuciar las sabanas y minutos después comencé a eyacular luego deje el vaso en la mesa de luz y me relaje pero al rato me exige nuevamente y comencé a masturbarme otra vez colocando el semen en el vaso llegada la madrugada volví a excitarme y nuevamente eche más semen al vaso.

    Luego lo lleve a la heladera para conservarlo. Al día siguiente seguí juntando más leche a la mañana y luego al medio día y media tarde… llegada la noche llegó un amigo de la infancia y mientras mirábamos una película porno me propuso masturbarnos y comenzamos a hacerlo saco su pija, era grande blanca y muy cabezona, yo saque la mía y comenzamos a masturbarnos cada uno tocando su propia pija. Yo miraba su gran falo, en eso levanto la mirada y veo sus ojos exorbitados clavados en mi miembro. Minutos después le dije que no quería que ensuciara el piso y que tirara su leche en un vaso que le iba a traer fui a la cocina y regrese con un vaso limpio y se lo di. Él se paró y continuó masturbándose hasta largar su leche en el vaso. Tome el vaso y lo coloque en una mesita de luz su gruesa pija comenzó a descender largando sus últimas gotitas.

    Yo continúe masturbándome mientras él seguía mirándome descaradamente y cuando estuve a punto de acabar me dijo…

    -¡si me dejas te ayudo pero prométeme que no le vas a contar a nadie!

    Para mí fue una gran sorpresa y acepte. Se acercó tomo mi pija con su mano y tímidamente comenzó a masturbarme, segundo a segundo la tomaba con mayor firmeza y seguridad hasta que le dije que si se animaba a chupármela y se quedó pensando dubitativamente, hasta que finalmente sin decir nada se arrodillo y tímidamente se la metió en la boca. En ese momento sentí que mi ano se dilataba y unas terribles ganas de chupársela comenzaron a correr por mis venas, él la tomaba con timidez y demostraba que era un novato en eso se metió la cabeza completamente y el calor de su boca hizo estallar mis huevos y largue toda mi leche en su boca haciéndolo casi vomitar. El saco mi pija de su boca y mientras seguía con arcadas mi leche seguía chorreando en el piso. Tome rápidamente el vaso y guarde lo más que pude en el vaso. Luego el recuperarse me dijo que le daba mucha vergüenza y que por favor no le cuente a nadie. Le dije que se quedara tranquilo que no diré nada. Minutos después se fue, yo estaba guardando la leche en la heladera cuando el regresa y me vuelve a pedir que no cuente nada .entonces le digo que pace a la pieza. Al entrar me paro frente a él y le digo…

    -¡bueno entonces si dudas de mi te voy a demostrar que podes confiar en mi palabra!

    Me arrodille entre sus piernas y bajándole el yogin saque su gran pija aun media muerta comencé a besársela y lentamente comenzó a pararse pero por momentos se le bajaba aun así me la metí lo más que pude en la boca y se la chupe un buen rato pero no se le volvió a parar. Luego le dije…

    -¡bueno ahora ves que podes confiar en mí!

    Me regalo una sonrisa y se subió el pantalón y luego se fue.

    Al otro día al despertarme ya estaba excitado y mientras me masturbaba recordé la leche que tenía guardada, deje de masturbarme y me prepare un café y dije

    -¿por qué no?

    Y regrese a la heladera tome el semen guardado. Busque una taza grande y le puse café y lentamente le agregue la leche recolectada. Le puse azúcar y mientras me masturbaba nuevamente comencé a tomar mi rico café con leche.

  • Noche con un desconocido (2)

    Noche con un desconocido (2)

    Al salir me di cuenta de que aquella situación ya no dependía de mí. Íbamos camino del coche y ellos dos iban abrazados como novios en celo, besándose sin reprimirse delante de la gente que se nos cruzaba.

    Llegamos al coche y sin tiempo para decir nada, abrieron la puerta de atrás y entraron ellos dos como si se tratara de un taxi y yo el taxista.

    -¿Quieres que demos una vuelta por la ciudad? pregunté a Sergio sin esperar respuesta.

    -Ya veo que estáis bien ahí detrás.

    Pasaban de mí como si no hubiera nadie al volante. Eli estaba entregada a Sergio, quien no dejaba de meterla mano, morreándola, se la estaba haciendo suya y ella jadeaba como hembra en celo.

    Dirigí el coche hacia dónde íbamos a ir en principio, y digo en principio porque a los pocos minutos Sergio con voz nerviosa me dijo…

    -Vamos a mi hotel ahora, tu mujer y yo queremos acabar lo que hemos empezado.

    Con voz entrecortada me atreví a decirle a Eli…

    -Cariño, ¿quieres ir al hotel?

    Ella llevaba su minifalda por la cintura y el top había desaparecido y dijo… quiero y lo deseo.

    -Entonces vamos allá pero quiero que sepáis que también quiero participar.

    Yo miraba por el retrovisor cómo seguían a lo suyo. Empecé a tener una erección al oír a Eli otra vez con sus jadeos además de tener una especie de ataque de celos. Es lo que queríamos, pensaba yo, pero de imaginarlo a verlo y oírlo va un mundo de nervios.

    Llegamos a las cercanías del hotel y aparqué a unos 300 metros de la entrada.

    -Ya estamos aquí pareja, dije esperando que se arreglaran para no dar el cante al pasar por recepción.

    Como en las películas, me aparecían el bien y el mal sin cesar…

    ¡Es lo que deseabas desde hace tiempo, déjala disfrutar con este tío, total ella ya está entregada y tú los verás en vivo…!

    ¡Aún estás a tiempo de parar esta locura, sólo tienes que decirles que no te sientes bien con lo que ves…!

    Mi erección y mis latidos querían que subiéramos al hotel pero mi cabeza no, no, no… ¿Voy a dejar que un tío que hemos conocido hace apenas dos horas se folle a mi mujer? Y una vez en la habitación del hotel ¿qué? ¿Me masturbaré mirándolos?

    Ingenuamente me autotranquilicé pensando… Eli dijo que no habría penetración…

    Abrí mi puerta del coche mirando a los amantes y les ordené como pude que salieran para continuar en la cama porque ya veía que no me hubieran hecho ni caso si les hubiera dicho que se acababa ahí la historia.

    Se medio arreglaron y salieron del coche y sin dejar de abrazarse entramos en el hotel, saludamos tímidamente al recepcionista y cogimos el ascensor en total silencio. Durante los escasos minutos que tardamos en entrar en la habitación de Sergio, ellos volvieron a morrearse mientras yo los miraba con ganas de unirme a su pasión pero mi momento no era ese, esperé que llegara en breve.

    Llegamos a la puerta de la habitación y Sergio la abrió sin soltar a Eli.

    Ya nada volvería a ser como antes entre Eli y yo desde ese momento.

    Por mi cabeza pasaban imágenes de mi mujer dando y recibiendo placer carnal con sus anteriores amantes. Imaginándola en Cap d’Agde entregándose a varios hombres a la vez delante de su pareja.

    Sentía que la estaba perdiendo, pero ya nada podía hacer más que reconocer que si quería seguir con ella, debía aprender a compartirla.

    Cerré la puerta y dejé a los amantes entregados a su pasión limitándome a observarlos.

    Serví unas copas y me acomodé en el sillón mientras ellos se besaban y magreaban.

    -Pareja, ¿queréis brindar por este momento tan ardiente?

    -Claro que queremos dijo Eli acercándole la copa a Sergio. Me levanté y me acerqué a ellos. Eli me besó con ese brillo en los ojos que solía tener cuando sentía la ilusión de que algo maravilloso iba a pasar y me dijo al oído…

    -Quiero que mires cómo me entrego a él porque es lo que ambos habíamos deseado desde hace tiempo.

    -Dijiste que no habría penetración y ahora me dices que te vas a entregar a él… ¡eres una zorra! dije rabioso y enrojecido de celos.

    -Te prometo que lo vas a disfrutar tanto como nosotros, dijo ella acariciándome el paquete.

    -Y como sentencia final, me dijo…

    -Si crees que no lo vas a poder soportar… puedes esperarme en el coche, pero no creo que resistas más allí que aquí viéndonos, tonto, te quiero…

    Por un momento, sentí la necesidad de salir corriendo para no ver la realidad de lo que allí iba a pasar.

    Sergio se iba a follar a Eli, mi mujer.

    Sergio me miró y sin cortarse un pelo espetó… vas a ver como disfruta tu mujer en manos de un corneador.

    Como de una orden se tratara, volví al sillón con mi copa y miré embobado cómo volvían a besarse, magrearse.

    Eli volvía a jadear de deseo en brazos de su amante, quien acariciaba sus pechos por encima del top que no podía ocultar sus pezones pidiendo ser lamidos, pellizcados, mordidos.

    Como si lo hubiera hecho siempre, Sergio desabrochó la minifalda de mi mujer sin dejar de comerle la boca, los hombros mientras ella no dejaba de gemir de deseo.

    Observé que ella ya no llevaba el tanga de hilo y comprendí que se lo había quitado Sergio en el coche.

    La mano de él llegó al coñito de Eli con sus labios carnosos. No había ninguna duda de que estaba empapada de flujos de deseo por lo que el amante introdujo dos dedos en su interior provocando un grito de placer en mi mujer. Luego fueron tres dedos, cuatro… Eli se agachó y sacó de su prisión el pene de Sergio que luchaba inútilmente por salir aún con los pantalones puestos. Bajó la cremallera y sus pantalones cayeron hasta los pies y los ojos de mi mujer estaban abiertos como los de un niño al ver su regalo de cumpleaños. Sin mediar palabra, Eli bajó el bóxer de su amante y sonrió mirándome de reojo como diciéndome… mira lo que me voy a comer, cariño… ummmm.

    Sergio le decía…

    -¿Te gusta la polla de tu macho putilla?

    Ella se limitó a besarla, lamerla por un lado y otro volviendo a mirarme de reojo.

    A Eli cuando está muy caliente le gusta una barbaridad que le digan putilla y otras palabras así porque se sentía muy puta, la más puta.

    Aquello que mis ojos veían me provocó una tremenda erección y sin dudarlo me quité los pantalones y el slip y me empecé a masturbar.

    -¡Cómeme la polla como sólo tú sabes puta!, decía Sergio. -¡Te la voy a clavar hasta donde nunca ha llegado nadie y te vas a tragar la leche, mamona!

    Eli se llenó la boca de carne a la orden de su amante al tiempo que masturbaba aquél pedazo de tranca de casi veinte centímetros.

    Yo seguía a lo mío, meneándomela mientras sentía mi corazón que estaba a punto de estallar viendo y escuchando a aquel macarra tratando a mi mujer como una puta, que en realidad es lo que a ella le gustaba.

    Ahora él también jadeaba mientras Eli le masturbaba y comía su envidiable polla, ya enrojecida.

    -¡Levántate puta!, ordenó el macarra. Ella obedecía porque ya estaba entregada del todo. Le quitó la camisa a su amante y él hizo lo mismo con el top de ella, quedando únicamente con sus tacones.

    Sergio se echó boca arriba en la cama y mi mujer sabía qué tenía que hacer. Se colocó en posición de 69 y se comían, mejor dicho, se devoraban sus sexos.

    Yo estaba a punto de correrme, así que tuve que parar de masturbarme unos minutos en los que aproveché para desnudarme del todo esperando a ser invitado a la fiesta.

    Sergio sólo podía decir…

    -Así zorra, así puta… ohhhh qué bien la comes mamona… la de pollas que te habrás comido para hacer estas mamadas pedazo de puta!!!

    Eli con la boca bien llena de polla apenas podía emitir unos apagados aunque insistentes gemidos.

    Puedo asegurar que lo estaban disfrutando a tope y sinceramente, yo también ya volviéndome a masturbar.

    Cambiaron de postura. Él se sentó apoyando su espalda en el reposacabezas de la cama y ordenó a Eli que se sentara encima de él.

    -¡Eres mi puta esta noche!

    Ella abrió sus preciosas piernas y obedeció.

    Se besaron como si nunca lo hubieran hecho, se comían los morros mientras el macarra azotaba las nalgas de mi mujer y ella gritaba sin importarle el resto del mundo… ni yo, que estaba a un metro masturbándome.

    Él mordisqueaba los pezones de mi mujer como si supiera que eso la volvía loca sin cesar de azotar sus nalgas ya enrojecidas.

    La cogió de su media melena rubia y acercó su cara a la de él y le ordenó que se montara en su polla.

    ¡¡¡Eres mi puta y esta noche vas a tener una polla de verdad en tu coño y sentirás mi leche muy adentro de tu coño pedazo de golfa!!!!

    Ella no aguantaba más y cogió aquel pene ardiente y lo colocó en la entrada de su dilatado coñito, ese coñito que me volvía loco.

    Pude ver cómo iba desapareciendo en su interior mientras bajaba hasta los huevos de Sergio.

    Yo, tímidamente me atreví a decir…

    -Tengo condones…

    Ni caso, mi mujer había perdido la razón, no era ella, era una inconsciente entregada al abismo de la lujuria.

    Yo sólo pedía que no tuviera contagio de sida.

    Ya estaba, mi mujer era la mujer de un macarra que la trataba como a ella le volvía loca, como una auténtica puta y eso a mí me provocó una copiosa corrida que descargué en mi mano mientras oía a Eli jadear, gemir, gritar y decir a su amante…

    -si si si uffff amorrrr neneee qué gustazooo que pollaaa amorrrr…

    La veía subir y bajar con esa polla dentro y aquel tío comiéndole las tetas mientras botaban en su cara.

    -Cómo te gusta mi polla puta!!!

    -Siii Siiiii… Te quiero Sergiooo mi amorrr Soy tu putaaa follameee asiiii cielooo Soy tuyaaa Asiiii ahhhh

    Mi mujer se estaba corriendo con la polla de un tío que había conocido esta noche y yo me había corrido viéndolos a un metro de distancia.

    Sentí un ataque de cuernos muy fuerte por lo que fui al baño a limpiarme.

    Estuve unos minutos despejándome sin dejar de oírlos. Me veía desnudo en el baño de un hotel pero no podía quedarme ahí, sólo, sabiendo que mi mujer estaba gozando con otro hombre.

    Volví y la escena era la misma de minutos antes. Ella montada encima de Sergio con los ojos en blanco suplicando más y más. Él al verme sonrió como corneador que demuestra al cornudo cómo se satisface a una hembra.

    Me senté en el sillón y a los pocos minutos sentí una nueva erección al ver a Eli con las nalgas rojas y los pezones a punto de estallar.

    Me volví a acariciar la polla así como con otra mano pellizcaba mis pezones.

    Eli se levantó de la cabalgadura de su amante muy despacio, como no queriendo vaciarse de esa polla ardiente que tanto placer le estaba dando. Entonces Sergio le ordenó que se pusiera a cuatro patas.

    Obediente como una puta sumisa, ella se giró y se colocó en la posición que había ordenado su follador.

    -Y ahora tú, marido cornudo, abre bien los ojos porque vas a ver cómo esta polla que tanto le gusta a tu zorrita, la vuelve loca cuando me la folle y la sienta hasta donde nadie ha llegado y menos tú.

    Eli esperaba ansiosa a su macho y yo deseaba más que nunca verla gozar con él mientras seguía masturbándome.

    La cogió por las caderas y ví cómo aquel mástil de carne caliente se paseaba por la raja del culo de mi mujer, arriba y abajo, rozando su coño a cada movimiento. Luego se la cogió con una mano y rozaba su punta con los labios de Eli que más se parecían a un mejillón grande por tanto roce y anteriores penetraciones.

    -Mira bien, cornudo, fíjate cómo disfruta tu recatada mujercita con un macho de verdad que sabe sacar la puta que lleva dentro.

    No podía dejar de mirar su polla desapareciendo en el coño de Eli otra vez. La metió hasta el final y ella gritó rabiosa de pasión…

    -Siii Ahhh Ohhh Dameee. Soy tuya neneee

    -¿Te gusta esto verdad puta? ¡¡¡Cómo disfrutas con un macho de verdad!!! Así puta, dile a tu maridito lo que es sentir un verdadero macho dentro… Díselo puta!!!

    -Siiii Auuughhh

    -Díselo puta, díselo!!!

    -Siiii José… Aughhhh mira cómo me folla… Soy su puta José… Dame más Sergio amorrrr te quiero neneee

    Yo estaba a punto de correrme otra vez así que dejé de masturbarme y acerqué una mano para acariciar a

    Eli, sus pechos bailando a cada embestida de su macho. Me senté frente a su boca y me cogió la polla y empezó a masturbarme al ritmo que marcaba Sergio con su mete-saca.

    Ella me sonreía feliz. No sé si por poder estar con los dos a la vez o porque yo fuera tan complaciente y dejar que Sergio la estuviera follando como a una perra.

    Me dijo que se había corrido varias veces teniendo su polla dentro y otras tantas en el coche.

    -Cállate y come, puta, ordenó el macarra.

    Ella, obediente, siguió haciéndome una mamada que no olvidaré nunca porque a cada embestida de Sergio se le introducía un poco más mi polla en su garganta.

    Aquél tío parecía no tener límite con su polla dentro de mi mujer. Ella me miraba con los ojos en blanco sin dejar de comerme la polla.

    De soñar con follar con otro a tener a su marido y a otro hombre follándosela no era de extrañar que perdiera el mundo de vista.

    Sergio parecía llegar a su límite y empezó a embestirla cada vez más fuerte azotándole más salvajemente sus nalgas, cosa que a ella le hacía mucha gracia porque a cada azote sonreía.

    -Yaaaa puta Yaaaa

    -Siii cielo dámela toda neneee Lléname toda amorrrr

    Sergio descargó toda su virilidad dentro de mi mujer arrancándole la sonrisa más bonita que le he visto en la vida. Eso provocó que yo también me corriera en su boca.

    Quedamos inmóviles los tres, exhaustos, vacíos. y ambos sonrieron

    Sergio seguía dentro de mi mujer, ella relamiéndose de mi semen en su boca y yo con las piernas temblando.

    Tardamos varios minutos en recuperarnos.

    Me levanté de la cama y me dirigí al baño a lavarme.

    Al volver, los amantes seguían en la misma postura. Ella a cuatro patas y su macho dentro. Al sacarla, cayó un reguero de esperma del coño de Eli, quien dio un alarido final al salir la polla del todo.

    Mi mujer acercó su cara a la de él y ambos sonrieron felices, besándose como verdaderos enamorados.

    Me coloqué al otro lado de ella mientras ellos se decían cosas como…

    -¿Te ha gustado verdad, preciosa?

    -Claro que me ha gustado tonto, eres un amante de primera y ser tu puta… ha sido maravilloso.

    -Me ha gustado mucho veros así de ardientes a los dos, dije ya calmado.

    -Y para mí ha sido un inmenso placer que vinierais a mi cama, de verdad os lo digo.

    -Pues para mí ha sido genial tener a dos hombres para mí solita… ummm

    Eli se levantó y fue al baño a ducharse y me quedé a solas con Sergio en la cama, qué cosas, yo en la cama con este tío que se acababa de follar a mi mujer.

    -Tienes una buena polla, le dije.

    -Sí, eso me dicen todas y tú eres el primer tío que me lo dice jejeje

    -Te felicito por la mujer que tienes, es una hembra de primera, hermosa, dulce, caliente y está buenísima, por eso me fijé en ella en el bar.

    -Tú le gustaste mucho en el bar, por eso te dije que te acercaras.

    -Ya sabía que erais morbosos pero no imaginé tanto.

    -Vaya!!! Veo que ya sois buenos amigos jejeje, dijo Eli al volver del baño.

    -Sí, ya ves, dos hombres en la cama jejejeje

    -A ver si os vais a liar entre vosotros y tendré que quedarme a mirar jejejeje

    -Nunca se sabe, dije yo jejejeje

    -¿Nos vamos? dijo Eli.

    -Sí, cariño. Me aseo un poco y nos vamos.

    Me dirigí al baño dejando a mi mujer sentada en la cama con Sergio desnudo con toda su polla al alcance de Eli.

    En los pocos minutos que pasé en el baño, me extrañó no oírles hablar.

    Cuando volví comprendí por qué.

    Mi mujer se estaba despidiendo de su amante regalándole una mamada que duró más de diez minutos.

    Sergio me miraba con cara de felicidad haciéndome un gesto como diciéndome que era iniciativa de Eli, a lo que le respondí con otro gesto, levantando el pulgar.

    Nuestro amigo jadeaba nuevamente con los chupetones de mi mujer que no cesaba de masturbarle al mismo tiempo.

    -Sigueee Ohhhh Siiiii Putaaa Sigueee

    -Joder, qué mamona la tía. Cómo te gustan las pollas putaaaa

    Siiiii Siiii Asiiii mamonaaa

    Yaaa Yaaaa Yaaaaa El regalo de despedida acabó llenando la boca de Eli, de donde caía a los huevos de Sergio.

    De repente y no sé ni cómo ni por qué, acerqué mi boca a la de mi mujer y nos besamos regalándonos la leche del hombre que la había follado tan a gusto.

    Sergio no daba crédito a lo que estábamos haciendo.

    -Esto no lo había visto nunca y estoy alucinando, sois la leche los dos uffff

    Nos limpiamos con la toalla y dejamos a Sergio atónito y sin palabras.

    Nos despedimos dejándolo agotado en su cama de hotel y Eli le dio un último beso en la polla como agradecimiento por aquella noche inolvidable.

    De regreso a casa Eli me acariciaba como una enamorada y nos sonreíamos.

    Cualquier ataque de celos y cuernos quedó en el olvido.

    Llegamos a casa y nos metimos en la cama y al poco Eli recibió un sms de Sergio dándole las gracias por ser suya esta noche y a mí por compartirla.

    Sergio pasó a ser un buen amante también en MSN donde contactábamos a menudo compartiendo ardientes momentos con otros hombres a quien él mismo deleitaba contando su experiencia con nosotros.

    Él y Eli mantuvieron también contacto por teléfono con apasionadas conversaciones que tuve la suerte de compartir y otras en que no estuve presente. Siempre se desearon y creo que siempre será así.

    Desde esa noche inolvidable, reconozco que nuestra relación no ha sido ya la misma de antes. Entendí que Eli no es mía ni de nadie y si su cuerpo ha sido de otros, doy por sentado que seguirá siendo así y debo compartirla si quiero seguir con ella. Es una hembra caliente como ninguna y no la voy a cambiar.

    Desde aquella noche chateamos juntos con hombres que la desean y los afortunados que la hacen suya saben desde el principio que es mujer casada y que yo debo estar presente aún sin participar si se diera el caso. Es así como somos felices y espero que sea así por muchos años.

    FIN

  • Gabriela, Silvy, la del jodido culo y yo

    Gabriela, Silvy, la del jodido culo y yo

    (ver mi relato “El muy jodido culo de Silvy”)

    Bueno, vale, te lo explico.

    Fue después de una de esas tremendas mamadas de Gabriela. Ya sabes: me la chupa; me la lame hasta los huevos; me mordisquea suavemente el capullo; me repasa el frenillo con la punta de la lengua; se la mete toda entera en la boca; y casi enseguida la libera, haciéndola resbalar lentamente entre sus labios.

    Como experta masturbadora que es, consigue muy pronto que mi verga se ponga durísima, a punto de explotar. Me hace sentir por todo el cuerpo la impaciencia del orgasmo inminente. Ella lo intuye y sigue, sigue, sigue, como si nunca fuese a parar. Va repitiendo la maniobra una y otra vez. Y mientras tanto, me va follando el culo con un dedo, tratando de sobarme la próstata. O, alguna vez, si ve que estoy muy excitado, cambia sus dedos por el dildo más delgado de los que ella usa.

    Al final pierdo todo el dominio de mi cuerpo y mi polla, a golpes de placer, expulsa toda la leche de los cojones.

    Entonces, Gabriela, a veces, se llena la boca con la que puede retener y, después. Me besa profundamente para hacerme tragar mi propio semen,

    De regreso de uno de esos orgasmos desenfrenados, mientras desnudos en el sofá nos tomábamos un par de whiskys reconfortantes, le conté mi aventura con Silvy. Ella, como en otras ocasiones parecidas, me escuchó con esa sonrisa ambigua de siempre. Aunque, esta vez, advertí una cierta envidia por no haber participado en tal desmadre. Así me lo confesó

    Después de dos tragos, especificó su confesión. Me dice, en concreto, que verme follar “ese culo tan estupendo”, seguramente la hubiese puesto cachonda a tope. Luego, se calla durante unos instantes, con gesto pensativo. Finalmente, me mira. Hay chispas de deseo en el brillo de sus ojos.

    ‒Lo que hubiera sido una pasada es que esa Silvy te follase el tuyo ‒me suelta de pronto‒.¿Seguro que no te dio por el culo? ‒desliza con sorna, cargada de una cierta mala baba‒. ¿Lo intentó?

    Ha acogido mi negación con bastante escepticismo.

    ‒Vale ‒acepta con cierta desconfianza‒. ¿Y si te lo hubiese pedido?

    ‒No me lo pidió ‒la corto autoritariamente.

    ‒Vale. Pero, de verdad, ¿no te hubiese gustado? ‒insiste.

    ‒¿A qué viene eso ahora?

    ‒Ya sabes… Fantasías… Te lo he dicho un montón de veces cuando pasamos vídeos. Ver dos tíos que se lo montan me pone a más de cien…

    ‒Pues qué bien…

    ‒Y no veas, imaginar que alguien te meta una polla en el culo, que te lo folla y te lo llena de leche, me da un morbo de muerte… ¡Dios mío, qué morbo! ¡Toca, toca! ‒me ha agarrado la mano y la guía hasta su cocho, para que palpe los rizos de su vello mojado‒. ¡Solo en pensarlo me empapo de gusto!

    Verdaderamente, se ha ido poniendo cachonda. Creo que, como otras veces, ha llegado el momento de disfrutar de ese coño chorreante..

    ‒¿Te digo lo que pienso, tío? Estoy segura de que te morías de ganas de que Silvy te follase el culo‒. La muy hábil me desarma por un instante, mientras incrementa su excitación‒. Dime la verdad, ¿te dio miedo volver a casa con el culo roto? ‒se carcajea exageradamente‒. Puedo entenderlo, tío.

    ‒¿Pero qué, cojones, te inventas? ‒ahogo mi indignación en otro trago de whisky y me quedo pensativo momentáneamente. A menudo, me dice que soy un bisexual reprimido.

    ‒No me invento nada… Mira, tío, no te cabrees ‒me previene‒, pero el día del trío con Carlos, vosotros dos os montasteis una sesenta y nueve de campeonato. ¡Dios mío, qué espectáculo!

    ‒Eso no significa nada… Fue en plan de coña y estábamos pedo los tres. Nos habíamos pimplado una botella de whisky, otra de vodka y el cava, ¿recuerdas?

    ‒Otras veces también estamos trompa perdidos y las cosas no acaban así ‒argumenta Gabriela‒. Y es una lástima, porque, veros mamando las pollas con tanta pasión, me proporcionó una de las pajas más brutales de mi vida.

    ‒En cualquier caso, todo fue en plan macho. Sin mariconeo.

    ‒Sí, y precisamente por eso me puse cachondísima… ‒susurró‒. Pero, vamos tío, admite que eres bisexual… A mí me está bien. Sobre todo, si luego me folláis los dos a la vez, como pasó al día siguiente… ¿Recuerdas? Acabé con el coño y el culo felices… y llenos de merengue ‒proclama Gabriela, entre risotadas.

    Llegado este punto, no sé qué decir. Recuerdo algunas fiestas del instituto… ¿Tal vez tiene razón?… Sus dedos o el dildo, más que incomodarme, me excita a veces… ¿Tal vez tiene razón?…

    Pero no me deja reaccionar. De pronto, inicia su gran propuesta.

    ‒¿Todavía tienes la tarjeta de Silvy?

    ‒Creo que sí. ¿Por qué?

    ‒¿La llamo y nos montamos un trío de puta madre?

    ‒Pero, ¿estás de coña?

    ‒Yo pago la fiesta ‒plantea con autoridad‒ Pero a condición que te dejes follar por Silvy

    ‒Ni hablar.

    ‒¿Por qué no, tío…? Después de todo, es una trans y, según tú, con buenas tetas y un culo maravilloso… Más o menos, sería como si te follase yo con la polla de un arnés.

    Ya salió lo del arnés. Es una de sus habituales obsesiones, a la que he de oponerme una y otra vez. Por otra parte, lo dice todo tan convencida que no sé cómo rebatírselo. Aprovecho que he terminado mi whisky y me levantó para servirme otro.

    ‒Bonito culo ‒exclama al verme caminar en busca de la botella‒. Seguro que Silvy sabrá disfrutarlo y hacerte disfrutar.

    ‒¡Estás como un cencerro, tía! ‒le espeto, al volver al sofá con la botella.

    La muy zorra, mientras escancio el whisky en su vaso, me atrapa la picha, me la manosea furtivamente y ensaliva mi capullo con un lametón caliente. Desde luego, sabe lo que se hace, porque consigue así que mi verga comience a endurecerse de nuevo. Me cuesta Dios y ayuda evitar que se la meta en la boca, como me amenaza.

    ‒¿Lo ves? Puede ser un trío de fábula.

    No digo nada. Su maniobra ha levantado mi deseo y ha rebajado mi resistencia. Lo malo es que ella ha percibido mi evidente indecisión. Acerca sus tetas a mi cara para que acabe chupándole los pezones.

    ‒O sea que, según tú, esa trans tiene unas tetas tan buenas como las mías ‒va diciendo en un tono muy dulce y entre suspiros‒. Y un culo maravilloso, casi como el mío‒. Me guía la mano está vez hasta sus nalgas y me fuerza a magrearlas‒. Pero en cuanto a chocho…-. Se ha abierto de piernas para exhibir en todo su esplendor la raja de su coño.

    En este momento, yo ya tengo la polla tiesa como un garrote. Gabriela lo comprueba masturbándola ligeramente. Luego, me mira sonriente.

    ‒¡Fóllame! ‒me ordena. Pero antes de que le hunda la polla totalmente, retiene mi embestida.

    ‒Prométeme que montaremos un trío ‒me pide en un tono que es, a la vez, exigente y suplicante.

    ¿Qué harías tú, con el capullo ya metido en ese coño mojadísimo? Bueno, pues, yo también se lo prometí.

    * * *

    Te lo sigo explicando.

    Silvy nos ha recibido con los brazos abiertos. Me besa ambas mejillas, como si fuésemos amigos de toda la vida.

    ‒Hola, cariño Me encanta volverte a ver ‒dice, y hasta parece sincera.

    Por su parte, Gabriela se presenta (“Hola, guapa”) y también recibe dos besos de cortesía. La verdad, tú, es que Silvy está muy buena. Tanto que nadie imaginaría que tiene polla. Incluso a mí, ahora, eso me parece increíble.

    Realmente, está muy sexy. Se ha teñido la media melena de un tono cobrizo. Con coquetería, hace gala de esos ojos claros, entre verdes y azules; de esa boca carnosa, de labios provocadores; de esas tetas plenas y erguidas, de gordos pezones que se le marcan en la camiseta. Pero, sobre todo, de su culo. Ese culo precioso, respingón, de nalgas poderosas, ceñidas hoy por un ajustado short vaquero. Lo va exhibiendo, contoneándose, un paso delante de nosotros, para guiarnos hasta la sala de estar, amueblada con esos muebles que imitan algún estilo antiguo. Inevitablemente, la contemplación de ese culo me trae, de inmediato, imágenes recientes muy excitantes. Y, desde luego, una rápida erección, que mis pantalones oprimen.

    No sé exactamente qué han pactado por teléfono Gabriela y Silvy. Detecto una cierta empatía entre ellas. Están cuchicheando, entre sonrisas cómplices, mientras yo me siento en el gran sofá que preside la sala. Tengo la sensación de que están planificando cuándo y cómo me llevarán al huerto. Mi recelo aumenta cuando Gabriela, muy decidida, se acomoda a mi lado.

    ‒¿Queréis tomar algo? ‒nos ofrece Silvy‒. Tú, ya sé, un whisky sin hielo, ¿no? ‒me dice‒. No, espera, espera… Mejor descorcho una botella de cava y brindamos los tres por esta reunión ‒propone.

    ‒Me apunto ‒aprueba enseguida Gabriela, con cierto entusiasmo.

    ‒Vale, pues, voy por el cava. Y mientras, os vais poniendo cómodos, ¿no?

    Aprovecho que Silvy ha salido de la sala, para preguntarle a Gabriela qué, demonios, estaban tramando.

    ‒Nada. No te preocupes… Le gustas mucho… Lo pasó muy bien contigo, me ha dicho ‒mira hacia la puerta del pasillo, vigilando que no entre Silvy, y me susurra: ‒Por lo visto, la follaste de premio, tío ‒sonríe, mientras se está quitando el suéter de cuello cisne que lleva‒. Claro que… la nena es guapita… Y, desde luego, ¡vaya pedazo de culo que tiene!

    Mientras me quito la camisa, Silvy vuelve con las copas y el cava. Se ha puesto el tanga de purpurina dorada que esconde su rabo, pero que resalta sus magníficas cachas. Además, exhibe sus tetas erguidas, desafiantes, con unas aréolas grandes, tostadas y de una tersura increíble. “Realmente está muy buena”, me digo, mientras me recreo en la contemplación de su culo. Inevitablemente, me asalta el deseo imperioso de acariciarlo, de palmearlo, de meterle la polla a fondo y follarlo. Y fulminantemente, todo mi cuerpo evoca las sensaciones del placer que disfruté corriéndome dentro de él.

    ‒Brindemos… por nosotros ‒Silvy, de golpe, hace estallar la burbuja de mi lujuria, mientras me ofrece una copa de cava.

    ‒Brindemos ‒responde Gabriela, y bebemos los tres en plan de buenos amigos.

    Te confieso que estoy bastante inquieto y algo inseguro. Silvy se me acerca para manosearme el bulto de mi pantalón, mientras me besa. Siento su lengua por mi paladar y sus tetas refregándose contra mi torso desnudo. Luego, baja la cremallera de mi bragueta, para sacarme del bóxer mi polla empalmada.

    ‒Vamos, corazón, suéltala de una vez ‒susurra.

    Gabriela contempla estas maniobras con una media sonrisa displicente, mientras se va quitando ropa y se queda en bragas. Silvy, por su parte, se despoja del tanga y muestra su considerable verga. La sonrisa de Gabriela se llena ahora de un cierto asombro y excitación.

    Estamos los tres de pie y prácticamente desnudos. Silvy acaricia mi pene y Gabriela, a su vez, soba el de Silvy, como si dudase de su autenticidad.

    Silvy se ha dado cuenta. Se ríe y se deja tocar para acabar así con la incredulidad de Gabriela.

    ‒Nena, eres estupenda ‒exclama Gabriela‒. Tienes unas tetas preciosas, un culo fantástico y, además, una bonita polla… Ya la quisiera yo algunos días, en vez del arnés que tengo ‒se carcajea.

    Finalmente, se agacha para dar una larga y lenta chupada a la verga de Silvy, como si intentase confirmar que no es de látex.

    A Silvy le excita esa mamada. Me masturba más activamente y empieza a acariciarme las nalgas. La verdad es que me pone cachondo. Con esa boca, con esas tetas, con ese culo, la tía tiene un buen polvo. Hasta que me fijo, ¡joder!, en ese pedazo de polla erecta que Gabriela se está mamando y la cosa se enfría un poco.

    ‒Vámonos a mi cuarto ‒dice susurrante Silvy, sobreponiéndose a la mamada de Gabriela‒. Es más cómodo.

    El dormitorio de Silvy está a media luz. Hay una amplia cama con un cabezal de finos barrotes metálicos con dos mesilla se noche llenas de potingues. Una de las paredes es un espejo en el que, ahora, nos reflejamos los tres desnudos. Junto a la puerta, en una esquina, hay una butaca. Gabriela se acomoda en ella, mientras Silvy me abraza y me besa de nuevo. Siento su lengua en contacto con la mía, sus tetas refregándose contra mi tórax, pero también su polla tiesa tropezándose con la mía, que está igualmente empalmada. Aunque, ¡mierda!, estoy ahora tan caliente que apenas me disgusta ese contacto.

    Gabriela va a tener razón. Puede que sea bisexual. Lo cierto es que Silvy me está acariciando las nalgas y no me siento agredido. Después de todo, quien me magrea el trasero es una tía guapa, con buenas tetas y un culo magnífico; aunque, eso sí, con un pene erecto. Pero, joder, me está excitando a tope.

    Me escapo del abrazo de Silvy para alcanzar sus tetas y chupar ansioso sus pezones. Ella suelta una risita nerviosa y se apodera de mi polla, para masturbarla suavemente. Pero, enseguida, se zafa dulcemente de mis chupadas y no sé cómo logra darme la vuelta para ponerse pegada a mi espalda. No ha dejado de masturbarme. Empiezo a sentir un placer agradecido. Quizá por eso me gusta que aplaste sus mamas contra mi espalda y no me importar notar su polla dura entre mis nalgas (¡Joder, qué buena paja! ¡Qué gusto me da! ¡Dios! ¡Dios, Dios, Dios…!).

    Siento que su abrazo se estrecha poco a poco y restriega enérgicamente sus tetas contra mi espalda y su polla, contra mi culo. Mientras, va moderando el ritmo de mi masturbación.

    ‒Tienes una polla tan salvaje ‒me susurra al oído‒. Me gusta, tío, me gussstas.

    Gabriela en su butaca se está haciendo una paja con la yema de los dedos rotando sobre su clítoris…

    ‒¡Fóllatelo, tía, fóllatelo! ¡Rómpele el culo! ‒incita a Silvy, excitadísima.

    Pero, por lo visto, Silvy tiene otra estrategia. Me tumba de bruces sobre la cama; se apodera de algo de encima de una de las mesillas; tira de mí hasta dejarme apoyado por la cintura en el borde de la cama y casi arrodillado en el suelo; y entonces, separa mis piernas todo lo que puede y siento que me rocía el canalillo entre las nalgas y, principalmente, el ano.

    “Ahora”, me digo, mientras Silvy, con los dedos, me masajea suavemente el ano. “Ahora va”, me repito mentalmente, cuando notó la punta de uno de sus dedos…, de dos, entrado, sin prisa pero sin pausa, por el ojete de mi culo. Lo cierto es que maniobra con ellos mucho más hábilmente que Gabriela. Y la verdad, tío, no te lo vas a creer: no sólo no me molesta, sino que me está empezando a gustar.

    En la pared espejo, se refleja Gabriela magreándose las tetas, mientras se masturba a fondo. Me veo a mí, tirado boca abajo sobre la cama, ofreciéndole mi trasero a Silvy, que se está calzando un condón. Siento como maniobran sus dedos dentro de mi culo y la veo en el espejo inclinándose sobre mi espalda. Casi enseguida, noto que ha substituido sus dedos, supongo que por la punta de su verga enfundada.

    ‒Relájate, cariño, relájate ‒me dice en un suspiro.

    Y mientras, su polla va entrando lentamente en mi culo. ¡Dios, qué fácilmente va adaptándose a la capacidad de mi recto!

    ‒Relájate, cariño. Relaja el esfínter ‒me ordena susurrando

    Siento molestias indefinidas, pero, de momento, no demasiado dolor. Al menos, menos dolor que cuando Gabriela me mete su consolador. Sobre todo, si relajo el esfínter, como Silvy me pide.

    Veo a Silvy en el espejo de enfrente que se inclina poco a poco sobre mi espalda (“Joder, me está follando”). Noto como su polla (“Joder, me folla el culo”) penetra y se acomoda entera dentro de mi recto. Es una sensación rarísima, porque en el espejo veo la bonita cara sonriente de Silvy; sus deliciosas tetas, de pezones turgentes; incluso puedo imaginarme su fabuloso trasero, pero todo ello se contradice con esa sensación dolorosa de su polla bombeando pausadamente dentro de mi culo.

    “Me está follando”, pienso, mientras su verga aumenta despacio el ritmo del balanceo. Me concentro en aflojar el esfínter, y se aflojan también mis sensaciones de incomodidad dolorosa.

    ‒Así, así, cariño ‒murmura Silvy.

    En el espejo, veo a Gabriela observándonos atentamente, pellizcándose los pezones y, abierta de piernas, montándose una paja de locura. Jadea y gime, absolutamente frenética.

    ‒¡Rómpele el culo, nena! ¡Fantástico! ‒grita‒ ¡Métele la polla hasta el fondo, nena!

    En efecto, Silvy me está enculando a fondo. Y lo cierto, tú, es que me duele muy poco, aunque es algo incómodo. Poco a poco, voy aceptando con naturalidad el bombeo dentro de mi culo. Es evidente que Silvy tiene mucha experiencia y buena técnica. La muy zorra está consiguiendo que tolere confiadamente su penetración, que tolere con una cierta indiferencia que me esté dando por el culo, según estoy viendo en el espejo de delante. Quizá, porque la muy zorra imprime un ritmo muy lento, muy prudente. Y, a veces, con toda su polla alojada en mi recto, se mantiene quieta y se inclina sobre mi espalda para lamerme el oído.

    ‒Como me pone tu culito, cariño ‒me susurra‒. Me das mucho gusto, cariño. Mucho gusto… Mucho gusto…

    Ahora, veo en el espejo que se incorpora y, algo más excitada, acelera el vaivén de su cuerpo. Siento su polla follándome más deprisa. Penetrando al máximo en mi recto y, enseguida, retrocediendo para embestirme de nuevo rápidamente. Y así, una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez…

    ‒¡Joder, qué morbo! ‒exclama Gabriela que sigue masturbándose.

    Seguramente, multiorgásmica como es ella, ya debe haber gozado de algún orgasmo.

    ‒¡Disfruta, Silvy, disfruta! ‒la estimula ‒.¡Mira cómo le gusta al mariconazo!¡Mira cómo berrea de gusto! ¡Joder qué morbo!

    En realidad, sí que estoy berreando o quejándome, o rebufando, o algo por el estilo. Pero no es de gusto, sino más bien de ansiedad. Mis sensaciones son nuevas y confusas. A cada, penetración, no se si siento malestar en mi vientre o, por el contrario, un especie de placer difuso (“¿Será verdad eso de la próstata?”), principalmente en la zona genital. Lo cierto, tú, es que estoy muy alterado, muy caliente. Aunque tengo mi pene algo caído y blando por culpa de tanta confusión. Ya apenas me importa tener una verga metida en mi culo, jodiéndome. Ya no sé si me está doliendo o si me está gustando. Tíos, lo que quiero, lo que necesito ahora urgentemente es masturbarme o que alguien me la chupe para que se ponga dura y la pueda meter en cualquier agujero. ¡Por eso, estoy tan ansioso! ¡Disfruta, nena, disfruta, Silvy! Córrete en mi culo mil veces, si puedes. Pero Gabriela, por favor, hazme una buena mamada…

    Se me debe haber escapado en voz alta, porque Gabriela, sonriente, repta por encima de la cama. Aprovecha que estoy ahora prácticamente a cuatro patas sobre la cama, para meterse en el hueco bajo mi barriga y se pone a mamármela como sólo ella sabe hacerlo.

    La imagen del espejo es ahora impresionante. La guapa Silvy, la de tetas erguidas y magnífico culo, se balancea sin tregua con su polla empotrada en mi trasero; Gabriela, con la pelusa del coño brillando de tan mojada, chupándome la polla tan deliciosamente que ya casi está dura del todo; y yo, a lo perro sobre la cama, con una hijaputa que me da por el culo y otra en plena felación, intentando disfrutar en ese trío extravagante…

    La verdad es que estoy experimentando una rara gozada que no sé si me viene de la polla o del culo, o quizá de ambos a la vez. Pero, lo cierto, es que la imagen morbosa del espejo amplifica mi lujuria al máximo.

    Voy a correrme pronto… (“Así, así, sí, sí….”), voy a correrme inevitablemente… Lo estoy sintiendo… Lo estoy necesitando… Pero, que Silvy se corra antes que yo. No quiero correrme y que ella me siga dando por el culo. No lo aguantaré… Le pido a Gabriela que pare un poco (“¡Dios, qué gusto! ¡Qué bien mama la muy puta!”) Para retrasar mi orgasmo.

    ‒Para un poco ‒casi le suplico‒. Para, por favooor, tía…

    Y Gabriela deja de chupármela un momento.

    En cambio, Silvy sigue follándome a fondo. La verdad es que ya casi no me siento incómodo. Veo en el espejo su concentración, con una expresión de placer doloroso en su cara. Gime de gusto. Quizá ha notado mi inesperada pasividad porque acelera su jodienda y su jadeo.

    ‒¡Oh, Dios mío! ¡Ooooh! ¡Cariño! ¡Oooooj! ¡Diooos, oooojjj! ¡Qué guuuusto! ‒va exclamando.

    Gabriela intuye el inminente orgasmo de Silvy y, quizá para compensarme, se apresura a mamarme de nuevo la polla. Es demasiado. Me siento sobreexcitado.

    ‒¡Voy a correrme! ‒anuncia gritando Silvy‒ ¡Voy a correrme! ¡Aaaaj, me corro! ¡Me corro, cariño! ¡Me corroooo! ¡Aaaayy!

    La muy puta se corre dentro de mi culo. Noto los estremecimientos de su polla en mi recto. Por fortuna, lleva condón, sino me lo hubiese atiborrado de semen. Mientras mantiene la picha dentro de mí, veo por el espejo como todo su cuerpo parece temblar. Después de dos o tres lentas embestidas, la saca al fin de mi culo, me da un par de palmadas cariñosas en las nalgas, y se tumba de espaldas sobre la cama.

    “Joder, se ha corrido como un tío”, me digo. Momentáneamente me siento inseguro de mi sexualidad y se enfría mi libido.

    Gabriela se da cuenta de la circunstancia porque acelera su mamada magistral hasta llevarme al borde del orgasmo. Por el espejo, veo a Silvy quitándose el condón. Se incorpora un instante para tirarlo a una papelera de un rincón y, por un momento de espaldas, muestra su muy fantástico culo. Es suficiente para mi lascivia. Ya no me es posible aguantar más.

    De pronto, un placer angustioso, muy hondo, espolea con furia mi cipote hinchado (“¡Joder, qué gusto! Dios….”). Un placer que se extiende eléctricamente por mi sistema nervioso y estalla en mi cerebro (“¡Me corro, me corro! ¡Joder, qué gusto! ¡Me corroooo, joooodeeer!”), hasta hacerme perder todo dominio. Durante unos segundos, no sé lo que pienso, ni lo que veo, ni lo que digo en voz alta. Soy incapaz de controlar esa gozada indescriptible, ese placer poderoso y envolvente. Todo mi cuerpo, ahora, está gozado y disfrutando inconteniblemente.

    Entretanto, Gabriela, como casi siempre, ha mantenido mi polla dentro su boca. Permite que, a sacudidas, vaya eyaculando la leche de mis cojones. La muy zorra espera que termine. Entonces, me morrea profundamente, obligándome a tragar mi propio semen.

    Por algunos instantes, me siento sucio y feliz. Muy sucio y muy feliz…

    Pero, más pronto de lo que quisiera, mi éxtasis se acaba y voy regresando deprisa de ese estado catatónico al que viajo en la mayoría de mis orgasmos

    Cuando salgo de esos momentos de estupor, me veo en el espejo tumbado en la cama con Gabriela y Silvy. Los tres, tendidos anárquicamente, nos estamos contemplando con cierta cautela. Parecemos satisfechos. Durante unos instantes nos mantenemos en silencio.

    La primera en romperlo es Gabriela, con una risotada algo burlona y contagiosa.

    ‒Espectacular ‒suelta‒. De puta madre…

    Ahora, los tres soltamos carcajadas algo exageradas para relajarnos. Me siento en el borde de la cama y, ¡mierda, tú!, empiezo a notar un cierto escozor anal. Debo haber hecho alguna mueca o algún gesto explicito para que Silvy me recuerde dónde está el cuarto de baño.

    Ya en él, después de mear, lleno el bidet de agua caliente y me siento con el culo bien sumergido. Me enjabono el pene y el ano y me mantengo reflexionando sobre todo lo que acaba de pasar. Me siento vacío y algo inseguro. “Tal vez no debía haber hecho caso a Gabriela”, me digo.

    Así, sentado en el bidet, me sorprenden Gabriela y Silvy que, después de un buen rato, entran decididas a orinar. Por cierto, ambas, al hacerlo, se sientan en la taza.

    ‒¿Qué tal, cariño? ‒se interesa por mí Silvy

    ‒Bien ‒le sonrío.

    ‒¿Quien se viene a la ducha? ‒nos invita provocativa, mientras entra en la cabina.

    ‒Yo misma ‒se apunta Gabriela de inmediato.

    De un salto, se mete bajo la agua con Silvy

    ‒¿Te enjabono, nena? ‒le ofrece.

    Sin esperar respuesta, le arrebata a Silvy la esponja jabonosa y se la desliza lentamente por las tetas. Luego, se las enjuaga acariciándolas. Finalmente, comienza por lamerle con delicadeza los pezones y acaba por chupárselos a fondo.

    Silvy acepta la situación sonriendo. Se deja abrazar por Gabriela y le corresponde atrapándola por las nalgas.

    Ahora, Gabriela enjabona el culo de Silvy. Enseguida, desliza la esponja sobre su verga, que, por cierto, ha vuelto a ponérsele bastante tiesa. Le da un profundo beso a Silvy en la boca. Luego se apodera de su polla erecta para calzarle un condón, que se saca de no sé dónde, y, a toda prisa, la hunde hasta los cojones en su coño.

    De pronto, bajo la ducha, se organiza un espectáculo tan morboso y fascinante que es para morirse de gusto. Silvy empuja a Gabriela hasta recostarla contra la pared y comienza a follarla con entusiasmo. Está dotada de hermosas tetas y de un impresionante culo femenino, pero también de un duro pene varonil que utiliza para bombear sin tregua el chocho de Gabriela. Ésta, por su parte, provista de no menos hermosas tetas e impresionante culo, va recibiendo dentro de su insaciable coño las embestidas rítmicas de la verga de Silvy.

    Y jadean, y gimen, y una a otra se soban las tetas, se lamen los pezones si pueden, se besan y se estimulan, magreándose mutuamente las nalgas. ¡Dios cómo me excitan sus caricias de lesbianas lujuriosas! Por más que la forma de follar de Silvy resulta bastante masculina.

    Ni te imaginas lo caliente que me pone verlas joder. Sigo sentado en el bidet, con el culo en remojo, y agarrado a mi polla que comienza a empinarse. Estoy muy caliente y muy cabreado. ¡Joder tú, las muy putas me han dejado fuera!. Pero, sobre todo, me están poniendo supercaliente.

    ¡Tengo que hacerme una paja! Con la polla firmemente empuñada me la meneo arriba y abajo… Me la machaco vigorosamente confiando en que crezca y se ponga rígida… ¡Dios!, me la pelo salvajemente, como un mono loco…

    Ellas siguen jodiéndose espectacularmente. Me excitan terriblemente. Y aunque no tengo la polla totalmente tiesa, me invade un gozo imparable… Voy a correrme… Sííí, voy a correrme… ¡Dioooos…, me corro, me corro, me corro…! Y me corro, con mis cojones exhaustos, soltando apenas dos o tres grumos de semen blancuzco que salpican el suelo.

    Siento en todo mi cuerpo el placer de un orgasmo sin tregua, que me deja sin voluntad. Ni siquiera soy capaz de levantarme del bidet, sino que se me ha hundido el culo hasta el fondo.

    Ellas siguen follando y yo, ahora, me siento ridículo e incómodo. Esforzándome, me he levantado del bidet, me seco con una toalla que encuentro, y salgo del cuarto de baño.

    Me he ido hasta la sala de estar para sentarme en el sofá y reconfortarme con un whisky. No puedo ponerme cómodo, porque tengo el culo machucado y adolorido. Por fortuna, toda mi ropa está aquí.

    Ellas siguen con su alboroto, seguramente follándose sin pausa.

    Me visto y me voy para casa.

    Lo primero que hice al llegar a mi apartamento es atrapar una buena almohada para sentarme frente a mi ordenador. Y así, con las molestias de mi jodido culo algo amortiguadas, comencé a escribir este relato.

    Werther el Viejo

  • Religiosos a solas (Parte 1)

    Religiosos a solas (Parte 1)

    Si hay algo que siempre he detestado, ese algo es levantarme temprano. Ese mismo fue el motivo que me empujó a estudiar de noche y parecía irme bastante bien manejando el tema. Sin embargo, hubo una etapa de mi vida en la que amaba despertarme temprano… Y como no amarlo.

    Es bien sabido por mis amigos y mis allegados más cercanos, que mis padres son bastante religiosos y que una buena parte de su vida la han invertido yendo a iglesias. Algunas cercanas, otras en ciudades más alejadas de la mía, en fin, los domingos casi siempre decidían ir a alguna iglesia. La noche del sábado anterior a esta historia, mi mama me aviso que visitarían una iglesia a unas 2 horas de mi casa (bastante retirado) y que por eso no estarían cerca durante casi todo el día.

    Para ese entonces yo tenía una novia muy bonita, un año menor que yo y estaba muy enamorado de ella. Era de estatura mediana, con la tez bastante blanca, muchas pecas por todo el cuerpo… Cabello color cobrizo. Sus nalgas aunque no muy grandes eran muy suaves y senos en proporción a su cuerpo delgado.

    Bien, mi novia y yo éramos una pareja bastante caliente. Si bien ella tenía toda la cara de no romper ni un plato y yo era conocido como «el hijo de los cristianos» no más nos quedábamos solos todo cambiaba…

    Le avisé que tendría la casa sola y que la pasaría buscando bien temprano a las 8:00 am. A lo que solamente respondió «bueno.»

    El domingo desperté, luego de despedir a mis padres me di un baño, dejando mis zonas listas para lo que mi novia me tenía ya bien acostumbrado. Ya después de haberme bañado salí a buscarla.

    Ella salió con shorts que dejaban ver sus largas piernas, una blusa bastante suelta que no le tapaba todo el abdomen, su hermoso cabello color cobre suelto y su cara de sueño. Era un poco amargada cuando despertaba temprano… Pero nada que una buena cogida no le pudiera aliviar.

    La bese un poco e inmediatamente puse mi mano en su pierna, lo más cerca de su zona íntima y me lance a toda velocidad a mi casa.

    Una vez llegamos a mi casa, subimos a mi cuarto. No del todo ordenado porque sabía que a ella le gustaba así por alguna razón. Ella se quitó las sandalias y se acostó a prender el televisor. Usualmente le gustaba hacerme esperar un poco una vez estábamos solos… Pero esta vez yo tenía demasiadas ganas… Así que apenas prendí el aire acondicionado me lance sobre ella. Comencé besándole los pies y las piernas lentamente, fui subiendo con mi lengua por sus pantorrillas y una vez llegue a su short se lo quite rápidamente…

    Se había puesto ropa interior para la ocasión. Un perfecto encaje color celeste muy fino a los lados que podía adivinar se le hundía entre las nalgas. Quería seguir mirando la bonita pieza, pero las ganas eran muchas así que le quite la blusa y sin prestar mucha atención, su sostén voló también.

    Cabe notar que en este punto ella estaba utilizando su celular, pero yo sabía muy bien como quedarme con su atención.

    Me metí una de sus tetas enteras en la boca y comencé a comerla como si nunca más las fuera a probar. Sus pezoncitos rosaditos bailaban con mi lengua mientras yo los chupaba y mordía fuerte porque sabía que le gusta. Que forma en la que me aferraba a los pezoncitos claros que yo mismo forme por tanto chuparle las tetas… Fue allí cuando no aguanto y tuvo que soltar el celular.

    Me fui a su boca y nos dimos un buen beso de lengua. De esos que solo nos dábamos cuando íbamos a culear… Y acto seguido baje a quitarle su encaje dejando al descubierto su papo… Totalmente depilado y listo para recibir mi lengua.

    Me acerque poco a poco y fui respirando más cerca de él. Le besaba la parte interna de los muslos y disfrutaba el olor de ese delicioso papo que me iba a comer por completo. Cuando la empecé a notar desesperada me acerque aún más y ahí fue cuando me jalo la cabeza y me metió su clítoris en la boca.

    Una vez tenía ese papo en la boca no podía hacer más que comer. Lamer todo su clítoris con deseo mientras ella gemía y me jalaba del pelo. De vez en cuando lanzaba la ocasional mirada hacia arriba y la miraba a los ojos un rato. Le agarraba las tetas mientras la comía toda.

    Luego empecé a meterle los dedos mientras seguía lamiendo su clítoris. Estimulaba su punto g y la hacía gritar como perra en celo. Cuando ya estaba muy excitada, paré.

    Me saque la franela y el pantalón. Y de una vez el bóxer también. Dejándola ver todo mi guevo ya bien parado por la excitación de haberle mamado ese papo. Me puse de rodillas frente a su cara mientras ella seguía acostada y antes de que le metiera el guevo a la fuerza por la boca, ya ella estaba mamándomelo.

    Era buenísima mamándome el guevo, me encantaba como se sentía su lengua y como se lo intentaba meter todo. Le gustaba mirarme a los ojos con su carita angelical. Pero esta vez no era ella quien tendría la libertad.

    Aprovechando que tenía el movimiento del cuello limitado por estar acostada, comencé a cogérmela por la boca. Le metía y le sacaba el guevo una y otra vez mientras en los ojos le salían un par de lagrimillas. Se lo sacaba hasta poder ver el borde de la cabeza y se lo metía hasta que rozaba su barbilla con mis bolas.

    Cuando ya lo tenía bien mojado me quite. La jale hacia mí y sin avisar se lo metí hasta el fondo en el papo que aún estaba lleno de mi saliva y comencé a cogerla… Le jalaba el pelo.

    Le metía mis dedos en la boca para verla chupando mientras le daba bien duro con mi guevo. Como sabia lo caliente que se ponía le preguntaba «De quien es este papo rico que me estoy culeando?» Y me respondía «tuyo, todo tuyo. Mi culo también es tuyo» siempre entre gemidos y gritos.

    Después de un buen rato dándole guevo bien duro, la puse en cuatro patas porque me encanta verle el hueco del culo mientras me la cojo por el papo. La jale del pelo y seguí dándole como si no hubiera mañana.

    «Me encanta que me lo metas sin condón y sentir todo tu guevo.» Siempre pensé que mi vecino escuchaba esas cosas… Y ambos nos excitaba aún más. «Quien es mi puta? Mi maldita perra que me da papo todos los domingos?»… «Ay yooo, yo soy tu maldita perra. Cógeme más, cógeme.»

    Acto seguido se vino y quedo tirada en la cama sin nada de fuerzas. Yo busque su cara rápidamente y le metí el guevo por la boca, aun lleno de su flujo, y empecé a cogerla rápidamente otra vez…

    Me vine dentro de su boca. Un buen trago de leche comenzó a salir de mi guevo pero ella no se apartó. Cerró sus labios alrededor de mi guevo para que no se escapara nada. Y una vez terminé, se tragó toda la leche mientras me miraba a los ojos. Apenas lo hizo, le di un buen beso de lengua para compartirnos sabores. Su boca sabia a mi guevo y a mi leche caliente que se había bebido como si fuera agua. Y mi boca sabía claramente a su papo rico.

    Si les gusta el relato déjenme saber y subo la segunda parte de lo que paso después del primer polvo.

  • Lechita para canela

    Lechita para canela

    Calmada la excitación, aquietado el ánimo, es momento de evaluar los últimos acontecimientos que tienen totalmente alucinado, salirme de la tormenta pasional que me tiene preso en su vorágine.

    Son esas situaciones que no se pueden comentar sino con la almohada, tal vez escribirlo y recibir algún comentario podría serme de utilidad, publicarlo sería uno entre tantos nadie podría identificar a los participantes. Si eres una de las lectoras que se interesó en este testimonio, me importa que me lo hagas saber, al pie estará la dirección de correo para hacerlo, desde ya gracias por la atención dispensada y el compromiso de responderte. Vamos al relato testimonial.

    Mi suegra es una mujer que nos apoya y colaboró en todo momento a sobrellevar adelante nuestro matrimonio, sobre todo en los momentos donde debo sobrellevar los duros momentos de la falta de débito conyugal por todo lo que ello implica, pero sobre todo para conservar el marido para su hija.

    Somos un matrimonio joven que enfrenta la paternidad por primera vez, con todos los miedos y precauciones, mi esposa me impuso rigurosa veda de sexo, cuatro meses antes y lo que pueda quedar, según el médico se trata del síndrome post parto y suele prolongarse unos meses. La consecuencia colateral no deseada es la abstinencia forzada del sufriente marido.

    Yo sufría esta situación con culpa, por algo que no cometí. La crispación de la abstinencia era paliada, muy de vez en cuando, por mi esposa, hacerme a mano, de mala gana y como acto de forzada denigración, de usar la boca ni hablar, eso es solo trabajo de una puta.

    En estas líneas creo haber hecho a trazo grueso el perfil sexual de María, parca y recatada a la hora de tener sexo, ella está persuadida que el acto es algo solo propio de los esposos y como finalidad de procrear. Como habrán notado la educación religiosa está en los entresijos de su personalidad, contrariamente la madre es una mujer “agiornada”, una “opend mind” que le dicen.

    Lo que me mantiene con ella es que todo lo que tiene de tacaña a la hora del sexo, lo compensa con fidelidad y lealtad, y otras cualidades personales que no hacen a este relato.

    Mi suegra, nos mandó a su ahijada, Felicia (21 añitos), y alumna de su cátedra en la universidad, con una misiva: “te envío a mi ahijada, tiene una piel canela deliciosa, es de mi absoluta confianza, sobre todo discreta, sabe guardar secretos, para que “te ayude en tus necesidades” y puedas poner leche a la canela. Besos, Leo” decía la esquela que me alcanzó Feli.

    La muchacha, mulata, venida de Cuba el año anterior, camina con la cadencia de un paso de baile, la gracia de una pantera al moverse y el habla peculiar que tiene los de la isla caribeña nos cautivaron. Culta, agradable, inteligente y sobre todo simpática, nos cayó muy bien y prontamente se ganó nuestro agradecimiento.

    Era la primera vez que tenía oportunidad de estar en contacto con una muchacha tan especial como ella, toda esa simpatía natural que portaba la compartía con su entorno, puede decirse que durante el tiempo que estuvo con nosotros la consideramos un integrante más de la familia, actitud que correspondía con afecto y agradecimiento.

    A mi mujer se le hizo imprescindible su colaboración y a mí… también su “cola-boración”.

    Pasado en síndrome post parto, más un tiempo prudencial llegó el momento de reincorporarse al cargo docente, la suegra se encargaba de atender a la beba, por esa causa mi esposa comenzó a pasar más tiempo en la casa paterna. Como consecuencia, yo más tiempo en casa, preparando las clases del siguiente día, obviamente dediqué más tiempo a observarla que al trabajo. Cada momento me sentía más y más atraído por esta belleza salvaje, el color canela de su piel y sus meneos me “ratoneaba” fantaseando con tenerla en mi cama y hacerle de todo y por todos los accesos.

    Desde el primer momento concentró mi atención y excitación, por más intento de evitarlo, me atraía el magnífico trasero con la tela de la calza de licra “by deep” o dicho en lenguaje masculino “come trapo”, que la tela se mete entre cachas firmes creando una figura que no se puede creer.

    Desde mi lascivia todo cuanto hacía o decía venía como sobrecargado de erotismo, inclinarse una invitación al toque, caminando incita a tocárselo, agacharse dándome la espalda un desafío flagrante a sodomizarla ahí mismo y con el pantalón puesto. Obviamente no soy un acosador ni valerme de la situación de empleador para abusarme y forzar su voluntad, lejos está de mi forma de ser, pero no soy de mármol y solo dios sabe cuánto esfuerzo me costaba sobreponerme a la tentación por avanzarla.

    Esa tarde se llegó hasta mi escritorio con la bandeja, un exquisito café, preparado a la cubana, con canela lo hacía más sabroso, pero… sucedió que se le cayó (supongo intencional) una cucharita al piso y se agachó a recogerla. Me dio, regaló, la espalda con la colita bien en pompa, me mordí el labio para no hacer un desaguisado.

    – Le preparé un café al estilo de mi país, con canela. – pícara sonrisa

    – Qué bueno, con canela como el color de tu piel, sin ofender, solo es afectuoso.

    – Claro, te comprendo. Dicen que el color canela es el color del deseo… -sonríe

    – Por qué no vas por otro y me acompañas.

    Dos sorbos y cuatro palabras bastaron para establecer que había buena onda, que estábamos en la misma sintonía. También ella intuía, o sabía de mi desventura por la falta de sexo, nada tonta para para buscar la forma de que le abriera mi corazón y dejara fluir mis pesares. Escucha mi situación, sin sorpresa, con sinceridad y afecto casi maternal se pone a mi lado, me acaricia la nuca.

    – ¡Chico! Mira, si no tienes prurito en tirarte a esta “piel canela”

    La miré sin poder dar crédito, cara de gusto pero de incredulidad, volvió a repetirlo, algo nervioso y descolocado por la situación, graciosa por cómo se llamó a sí misma, se apoyó sobre mi hombro y siguió hablando:

    – Desde que me vine de la isla solo he tenido un señor, por la inflexión de su voz me pareció que al decir “señor” quería que significara algo más, ahora él se marchó al exterior, y por la forma de hablar de ustedes, bueno de ti, estimo que nos necesitamos ¿Verdad?

    Lo tenía bien clarito y sin medias tintas, todo lo había simplificado en una sola palabra. No hacía falta explicar nada, solo dije ¡Sí! Feli agradeció ser mi primer contacto con una mujer de color, manejó los tiempos de mi descontrolada excitación.

    Olvidamos el café y fuimos a buscar el mullido sillón próximo para comenzar de inmediato “el tratamiento” decía sonriendo de manera especial, el marfil blanquísimo de su dientes destellan sonrisas con fondo canela. El síndrome de abstinencia era el cómplice de mi torpeza para moverme en su cuerpo.

    Arrodillada entre mis piernas, me desnudó de la cintura para abajo, previo halago por el un grosor, tomó entre sus manos el erecto miembro, ¡Por fin! tenía alguien que supiera cuanto necesito un tratamiento como este. Abrió bien la boca y entró cuanto le cupo, sabia en caricias bucales, sus ojazos no dejan de controlar mis reacciones y hacerme saber con mohines y gemidos como está gozando teniéndome prisionero de sus labios. Presiona la base para yugular los amagues de ir por la urgencia de la eyaculación, controla mi desbordante calentura para aumentar el goce tan ansiado varias veces estuve a punto y supo sofrenar la erupción seminal que fluía desde el refugio testicular.

    Era como un juego, en cierto modo sádico o de dominación, la doncella estaba venciendo a la bestia embravecía dispuesta a perforar una pared con su verga.

    Después de sofocar dos amagues, me dejó ir dentro de su boca. Ufff, qué alivio, la eyaculación fue un acto tormentoso y delicioso al mismo tiempo, sentía que la emisión superaba todo lo conocido, realmente sabía lo que hacía. Sostenía su cabeza para evitar que la fuerza del chorro la lanzara contra la pared ¿un poco mucho no? al menos esa era la sensación al liberar lo que parecía un enorme caudal de esperma. Previo a tragarse mi semen, volvió a sonreír mostrando esa dentadura reluciente.

    Abundante acabada, a presión, desbordó su boca, un hilo se escurrió por la comisura, recogió con la yema del índice, fue un acto pleno de lascivia y provocación, desafía que me deje llevar, que sabe de qué modo satisfacerme, que no necesito hacer todo y de prisa.

    – Lechita para canela. ¡Qué rica! – exageró el acto de lamerla.

    Con las piernas aun temblando, debido a la tensión acumulada que al descargarla deviene el relax que me dejó extenuado. Terminamos de desvestirnos y me la lleve a la cama conyugal. Me importó un carajo el respeto al lugar, mi único objetivo en ese momento era ¡COGERLA! ahí mismo, nadie podía privarme de montarme a esta deliciosa morena.

    Nos abrazamos, la mantuve un buen rato apretando colmando mis manos con los pequeños pechos, muy turgentes y los pezones tan oscuros y firmes. La muchacha seguía jugando y sobando el miembro, como si tuviera temor de que pierda la erección, cómo si me hiciera falta. La besaba en los pechos, chupaba tan intenso que hasta le dejé la marca de mis diente, el cuello tuve cuidado de no dejar rastros de chupones que no habría como explicar.

    Era una delicia recorrer con mi lengua cada centímetro de piel, realmente tiene una aroma y sabor especial que me hacía recordar a la canela.

    El primero fue con algo de urgencia, en cuanto separó las rodillas, flexionadas, me tiré en picada a la piscina, con el miembro en la mano a modo de lanza me mandé sin demasiados preámbulos ni cuidados, dentro de ella, bastante bruto, por suerte para ella estaba bien lubricada, entró algo ajustada podía haberla dañado.

    Entré a fondo, de un solo envión, apenas alcancé a disculparme por la brusquedad, acepto con un:

    – Todo bien, me gusta así, dame duro, duro.

    Me vino demasiado pronto, me urgía descargar tanta leche acumulada, acto fue breve, ansioso y muy intenso.

    Ahora es su tiempo, no tiene intención de darme un respiro, montaba sobre mí, podíamos vernos vibrar y sudar, besé y chupé los renegridos pezones, gruesos y duros mientras ella cabalga, regulando ritmo y profundidad. Fue al natural, sus “días” permitían la gloria de poder volver a largarme dentro de esa conchita cremosa y tan caliente.

    – ¡Me corro, me corro! – se estiró y dejó caer la cabeza hacia atrás

    Sostenía de la cintura, los sexos bien enchufados, la mirada perdida, viajaba por el espacio sideral de su orgasmo. Los latidos del clímax apuraron el segundo polvo, igual de fuerte que el primero, sentí dilatar el conducto, abrirse para evacuar el semen, brotar como géiser dentro del recinto vaginal.

    Bajo la reparadora ducha, se arrodilló para darme una suculenta mamada.

    Desde el lecho, observo como se viste, flexionada hacia adelante, exhibe con lujuria sus nalgas, gordos labios, leve sombra de vellos, asoman entre los muslos. De costado me “relojea”, como al descuido separa una nalga, el interior rosa nacarado, brasa ardiente, invitación tentadora que no puedo soportar, voy en pos de ella.

    De un salto me pego a su trasero, el miembro se mete solito en la cueva, tomada de la ingle la vuelco sobre el lecho, de bruces, las piernas colgando, realmente me siento insaciable e incansable…

    – Ay chico cómo metiste la metiste en mi pajarita. ¡Despacio!, no me voy a salir.

    La calentura volvió con todo, bombeo acelerado, salir hasta el borde y entrar a tope, una y otra vez. La brusquedad del juego de meter y meter, hizo que se la emboque en el culito, sorprendida y dolorida por la intromisión repentina, gritó. Aproveché la indecisión y empujé otro poco, Feli demora en recriminar por la penetración imprevista e inconsulta, lo hace tarde, la tengo casi todo adentro, ni loco me salgo de este delicioso y prieto alojamiento

    – Despacio, duele…

    Lubrico el traca traca con sus jugos y saliva, sin sacarla, solo untando cuando me retiro un poco del ajustado estuche, regulo el ritmo para no lastimarla, me agarro con fuerza a sus ingles, empujo más todo, la calentura se transforma en vehemente y afiebrada cogida. La eyaculación no pide permiso, me vengo dentro, derramando toda la leche que me queda dentro del orto.

    Sentir los estertores de la eyaculación, el semen fue bálsamo reparador de la fricción, alivio por el forzado acto de sodomía.

    Con este broche de oro culminó nuestro primer encuentro sexual, se sucedieron más, muchos más, aun después que mi esposa retorno al débito conyugal, su disposición para el acto sexual no tiene ni modo de comparación con la piel canela de mis desvelados desahogos de lujuria.

    Un par de polvos en la semana, a veces más, es la media rutinaria hasta que llegó el novio que venía de la isla caribeña. Nos seguimos encamando alguna, claro, más espaciado.

    Estoy seguro que mi suegra estuvo informada de todo cuanto sucedía, recuerdo que una pregunta con guiño incluido

    – ¿Te gusta la leche con canela?

    – ¡Mucho!

    – Pero… consumir con moderación…

    Todo fue tal cual sucedió, aún siento el sabor de su cuerpo en mi boca.

    Me gustaría conocer la opinión de alguna mujer de piel canela, si tan así como conté los sucesos con esta muchacha. Loboferoz1943@gmail te lo agradece, cuéntame…

    Lobo Feroz

  • Infiel mañanero

    Infiel mañanero

    Criado y educado en una familia donde se tenía bien en claro qué está bien y qué no lo está, taxativo, blanco o negro, sin medias tintas. Con esta claridad conceptual llegué a mis cuarenta y cinco, familia y vida normal, pero el destino tiene su forma de cruzar vidas y destinos.

    Son esos momentos que nos pone situaciones, causalidades que nos resulta difícil esquivar, el llamado del sexo, por ejemplo. Esa mañana tenía excusas válidas para no pasar por la oficina y no había notado cuántas ganas de tener una aventura, la causalidad puso en mi camino a Mary

    Esa mañana, era una de tantas, en lugar de ir a la oficina había dispuesto pasar a visitar a unos clientes, pero ahora estaba pensándolo mejor, el aguacero me había alterado los planes. Voy conduciendo despacio y con la precaución propia de un día con tanta lluvia. De pronto la observo a esa mujer, como de cuarenta, guareciéndose en un porta, como aterida por el frío otoñal, la calle era un páramo, por eso mismo me animé a ofréceme a llevarla, volví a insistir por tercera vez, accedió.

    Le comenté que era vecino del barrio, que no tenía nada que temer, que me dijera a dónde se dirige, que si me quedaba en camino la llevo, si no, la acercaría lo más posible.

    Achuchada por el frío y la mojadura, las pequeñas tetas destacan los pezones erizados debajo de la fina tela del vestido, parecía carne fácil, pero tampoco era cosa de aprovecharme de su estado vulnerable.

    Sobre la marcha recordé que tengo la llave de la casa de la tía Amelia, que hacía como una semana que no paso a regar las plantas y a retirar la posible correspondencia. Le comenté el tema de la casa de la tía y que si no tenía problemas podría ofrecerle alguna bebida caliente y quedar hasta que se le sequen las ropas. Para darle confianza no apresuré ni forcé una respuesta. Parece que la actitud de no hacerlo le dio confianza, aceptó, dócil y confiada se dejó llevar.

    En el camino compré medialunas (croisant), le preparé un abundante desayuno para restaurar fuerzas y calorías, preparé una ducha calentita, mientras se secaban sus ropas se colocó una bata de la tía.

    Ahora, calentita, recobro la sonrisa y el color en sus mejillas. El desayuno hizo la pausa, diría que se sintió obligad a relatar la intimidad reciente, que vino del interior por una disputa matrimonial, de momento estaba viviendo con su hermana, pero su cuñado no paraba de acosarla, casi la viola y no estaba dispuesta a entrar en conflicto con su hermana delatando al marido, que está dispuesta a retornar a Mendoza, con su madre y luego ver si la situación marital tiene arreglo.

    Se mostró demasiado sumisa y frágil, para evitar llorar buscar cobijo entre mis brazos, contenida se dejó estar, entregada a mis disimuladas caricias, algo tensa pero había dejado de temblar.

    El contacto con este cuerpo maduro y atractivo me hacía sentir seductor, tampoco era parecer que abuso de la situación de indefensión. Era un momento crítico, la libido a tope, la testosterona activando el pensamiento de la cabeza… la de abajo. Se me quemaron los papeles, la perspectiva de comerme esta deliciosa madurita privaba sobre todo, dispuesto a todo por gozarla.

    Se había recostado, recostada sobre mis piernas, la tomé en brazos y llevé a la cama, la arropé, mientras pienso cómo seguir, regué las plantas, barrí el pasillo, recogí la correspondencia, hacía tiempo para controlar la ansiedad, darle un tiempo para descansar.

    Retorné al dormitorio, estaba bajo las mantas, pensando que dormía, levanté las cobijas para mirar debajo, todita desnudita. Una oleada de calor me invadió, la verga se puso dura, pidiendo a gritos donde desahogar su bruta erección. No dormía, solo parecía…

    – Ven acá.

    No necesité más, entré, desnudo para no desentonar. Abracé, besé toda, sin dejar ningún rincón por besar. Primero las tetitas pequeñas pero latiendo y con los pezones gruesos y turgentes. Me caben en mis manos, palma grande y dedos gruesos, aprieto suave, comienzo a lamer y mamar, avanzo en chupadas intensas, apretando los pechos, chupando hasta casi morder.

    Disfruta el mimo del hombre engolosinado con sus tetas, acaricia mi cabeza, ofreciéndolas en sus manos como madre cuidadosa amamantando a su bebé. Transita el tumultuoso camino del placer que se inicia con el pezón encerrado en mi boca y sirve de cadena de transmisión de las vibraciones hasta consolidarse entre sus piernas, aprieta los muslos para contener el bullicio provocado con mi boca en sus pechos.

    La mano en la entrepierna, abro el camino a esa “boquita” vertical, húmeda, agita los labios temblorosos, esperándome. Primero un “boca a boca” para dejarla delirando, recorrida exploratoria de lengua entre los labios desde el borde perianal, hasta apresar al indefenso clítoris. El cuerpo, convulsionado no paraba de sacudirse como coctelera, fuertes gemidos y la extrema humedad fregada en mi boca, son claros indicios que se acerca a un gran orgasmo.

    Tumultuoso y áspero fuer como acicateó sus sentidos, creo que hasta lágrimas tenía cuando se produjo el estruendo emotivo que le robó el aliento.

    Se tensó, inmóvil por un instante, luego el aquelarre de sentires la descolocaron, llevando a la estratosfera del placer. No le di respiro, seguí lamiendo el clítoris hasta dejarla exánime, dócil e inerme, entregó su voluntad en manos, bueno en mi boca, entregada a mi lujuria.

    Lloraba, gemía y reía, sin sentido, liberando la tensión por la brutal acabada, secó las lágrimas y me besó agradecía todo este placer descubierto.

    En cuanto se rehízo, volvimos a los besos y a las caricias. Deseaba hacerla mi mujer ahí y ahora, no aguantaba más. La calentura le subía al rostro, coloreando de carmín intenso las mejillas, la agitada respiración y el retorno de gemidos desde el fondo del deseo.

    Acomodé la cabeza entre los labios de la conchita, ella aparta los vellos, separaba los labios, entre despacio pero sin pausa, las rodilla arriba contribuyen a llegar a tope, la tengo con suficiente grosor para ocupar todo el espacio. El envión a fondo le robó un gemido, salido desde el útero, acusó el movimiento de bombeo, disfruta del accionar un tanto áspero y rudo, disfruta ese momento donde el instinto animal priva sobre cualquier otro.

    Bombeo en su conchita, se ajusta delicioso al tamaño del miembro, asiste y acompaña gustosa en los movimientos, goza en cada arremetida, los gemidos avisan que está próxima. El placer cada vez más intenso me acercaba a la culminación, tomé conciencia de que no usamos ninguna protección, la urgencia no me permitió preguntarle, la saqué y sacudí dejando la eyaculación sobre el vientre, parte quedó sobre los vellos del pubis con aspecto de nevado. Con el final de suyo fue el mío.

    – Gracias por venirte así. Estaba tan turbada y conmocionada que no atiné a advertirte que no terminaras dentro. Gracias, eres un buen tipo.

    – En mi boca, que te la voy a dejar bien limpita.

    Quedamos rendidos, agotados por la intensidad de las emociones. Un sueñito liviano, apretaditos en “cucharita” ella tras de mí, se adormeció teniendo su pierna entre las mías y la mano agarrada al artífice de su grito triunfal.

    La quietud en brazos de Morfeo no duró mucho, la calentura renació cual ave Fénix, las ganas por seguir se imponía sobre todas las obligaciones. La calentura con esta hembra puede más que las obligaciones familiares, llamé a mi casa para avisar que problemas con el auto me demorarían hasta bien tarde. Necesitaba ganar tiempo aprovechar este tiempo de placer regalado por la causalidad.

    – Tienes que cumplir tus obligaciones, debo irme… (poca firmeza)

    – No, no, a ver, déjame pensar de qué modo. Tienes dónde ir? (negó con la cabeza) A ver… y sí… no sé, si… la tía no vendrá hasta dentro de un mes, hmmm, puedes quedarte aquí un par de días? Si avisamos a tu hermana para que no se preocupe… podrías quedarte?

    También lo está pensando, sus pensamientos no están cifrados en la calentura y el sexo, tiene otros problemas previos. Fui a llamar al delivery para pedir algo para comer, mientras le dejo el espacio mental para resolver esta situación inesperada.

    De pronto se levantó, se vino a la cocina donde buscaba algo para beber, se apoyó contra mi espalda y dijo que estaría bueno, tendría uno o dos días para ella, para pensar en el nuevo rumbo de su vida.

    Comimos y bebimos, el resto del día lo pasamos juntos, hubo conversación, contención y un prolongado encuentro de sexo, con el mismo broche final nevado sobre los vellos púbicos.

    No podía quedarme con ella, pero en la noche la llamé un par de veces, me preocupaba su soledad en lugar extraño y sola, al menos el llamado preocupándome por ella era una compañía virtual. Arreglé en la oficina que me cubrieran por un viaje al interior de un día y medio para tener tiempo de disfrutarla antes de partir.

    En la mañana pasé a recoger sus cosas por la casa de su hermana y llegué para desayunar juntos. Me esperaba en bata, bañadita y desnudita, bebimos el café y en el mañanero aporté la leche para nutrir su desayuno, porque esta vez no me permitió derramar el semen sobre el vientre, cuando percibió los movimientos y actitudes propias de cuando estamos llegando dijo:

    – Cuando te vengas, no me ensucies el vientre, no derrames esa lechita, dámela en la boca, me hace falta para el desayuno… (Toco el labio con el dedo índice)

    Como no me agrada colocarme condón, fue una gratísima sorpresa el regalo de venirme dentro de su boca, en verdad lo había pensado pero no me animé a pedirlo. Pasamos el resto del día con sexo y viendo una película. Almuerzo, sexo y siesta, en la noche, al abrigo de la impunidad, cenar afuera como cualquier pareja de novios.

    En la noche tuvimos una fiesta de sexo y lujuria, era la última oportunidad de estar juntos. Nos trenzamos en un polvo apoteósico, demorado, luchado y disfrutado. Un par de orgasmos la hicieron olvidar por un tiempo de sus acuciantes problemas.

    El cambio de posturas, sobre todo ella encima me permiten disfrutar y poder demorarme, pues lo que más me agrada es el proceso de la relación, el metisaca, bombear la verga dentro por eso disfruto prolongando la eyaculación, obviamente la mujer resulta gratificada al estar tanto tiempo dándole sexo.

    Con la satisfacción de dos orgasmos en su haber, necesitó entregarse a proporcionarme todo el placer de que era capaz.

    – Ahora es mi turno, necesito hacer de este encuentro sea algo para que me recuerdes. Déjate hacer, voy a usar mi pobre experiencia, el resto improvisar para darte las gracias por todo lo que has hecho por mí en estos dos días. Es mi tiempo de agradecerte, sólo déjate llevar.

    Una mamada me puso a full, montó sobre mí, empalada comenzó a evolucionar en el subibaja, meciéndose, girando y volcándose sobre mi pecho para darme a mamar sus tetas.

    – Aprieta, fuerte, hazme sentir tus manos, tu boca, tus dientes, no importa si me marcas, sería un trofeo de amor. Cómo vamos?

    – Bien estoy cerca y te voy a dar el biberón.

    – No señor, nada de eso, tengo una sorpresa más. Aceptas?

    – Sí (deseo con todas mis fuerzas que sea “la cola”, rezo silencioso)

    – Ya lo sabes no?

    – Sí, lo deseo también.

    – Bueno, solo un par de veces y me dolió, la tienes gruesa, pero sé que serás cuidadoso, quiero dártelo, te lo mereces. Dame vuelta!

    Somos lo bastante transparentes cuando se trata de calentura, no podía esconder mis preferencias, se lo había tocado muchas veces, jugado como al descuido. La mujer sabe cuánto nos gusta entrarles por ahí, que sabemos que no lo entregan con facilidad, si aprovechamos la ocasión, y si se lo hacemos gustar será algo que siempre nos pondrá un paso adelante en sus preferencias.

    Arrodilló, volcada sobre almohadas para dejar el trasero bien en pompa, elevado, expones sus genitales a la caricia lingual, el masaje digital, el frotamiento con el glande inflamado de pasión, llorando ese lagrimón que anuncia el comienzo del juego.

    Los dedos y la cabezota untados en sus jugos, aceitando el orificio, objeto de deseo y objetivo de placer, contacto piel a piel. Sus manos toman la nalgas, abriendo el acceso, presión sobre el anillo muscular, resiste el empuje del pene, lo tomo con mi mano y froto presionando, acompaño la intrusión, respira pausado intentando relajar el esfínter.

    Es tiempo de echar mano a la experiencia de estrenar anos, no es el caso per casi es lo mismo. Un dedo ayuda a relajarlo, dos, girándolos, jugando a entrar y salir van creando confianza, ablanda la resistencia involuntaria, cambiar dedos por glande en el momento preciso sirve para entrar la cabezota, cruzar ese estrecho círculo elástico, vencer el miedo y dejarse llevar por las promesas, ceder el control al hombre, entregarse sin condiciones, ser objeto de sus deseo para ser objetivo de su placer.

    Cuando el glande atravesó la barrera física y mental del esfínter, inspiró profundo y fue dejándose penetrar, sus manos activan sobre la conchita y frotan el clítoris. Volcando el cuerpo sobre el de ella, el canal estrecho pero complaciente, se deja penetrar, el anillo anal aprieta en el ingreso y afloja en el retroceso, tomando el mismo ritmo.

    Es algo hermoso sentir el calor del ano, tan apretadito que me cuesta demorarme, no es fácil pero hago uso de todas las mañas posibles para prolongar todo lo posible este momento de disfrute máximo. Pero…querer no es poder, la calentura tiene sus tiempos, la resistencia natural de la estrechez acelera los tiempos, de pronto las ganas de poseer se tornan incontenibles.

    Asido de las caderas comienzo a impulsarme con firmeza, hasta con la brusquedad propia de no medir la fuerza puesta en la penetración, la energía y el brío solo tienen por finalidad terminar el acto en el fondo del recto. Tomada de los cabellos, toda la furia puesta en penetrarla hasta más allá de lo posible, empuje hasta dejar el aliento, bramando como el toro cuando se prepara para embestir al torero. El chorro de semen salió con la fuerza de la naturaleza expulsando lava por el volcán, sentía el calor del chorro de leche liberado en lo profundo del ano, los siguientes se llevaron una parte de mi ser.

    Quedé tumbado sobre su espalda, reposando de una faena antológica, derramado toda mi energía dentro de ese culito tan apretadito. Se la saqué despacio, no sé si fue real, peo me pareció escuchar como cuando la sopapa destapa el caño, o tal vez sí, la desarmonía entre ambos bien podría…

    Me temblaban las piernas por la tensión puesta en sodomizarla, un espasmo me recorrió todo, la sensación de la eyaculación se prolonga deliciosamente, esa paz que hubiera disfrutado mucho más si no hubiera visto como ella ocultaba esas lágrimas reprimidas del aguante silencioso durante la penetración áspera y salvaje que soporto sin gritar, dijo que para no interrumpir ni turbar ese momento que tanto estaba disfrutando.

    Realmente le dejé el ano humillado y maltratado por el grosor de la pija abriendo ese culito tan apretado como de virgen.

    Satisfecho el machista sádico interior, volví a las atenciones y consideraciones que merecía por su entrega y consideración para que el disfrute de su cuerpo fuera lo máximo.

    El primero del mañanero fue desayunado, el segundo me dejó hacérselo por la cola, más calmo y menos vehemente, el resto del tiempo hasta el momento de llevarla hasta la terminal de del bus fueron solo atenciones.

    Tiempo después me comunicó que volvió con su esposo, que estaba recomponiendo la situación marital.

    Esta es una historia de tantas, infidelidad causal, dos personas que el destino quiso se cruzaran una vez, pero recordar toda la vida. La realidad no necesita justificar todo, las situaciones solo se producen. Ahora espero si alguna infiel quiere opinar. [email protected].

    Nazareno Cruz

  • Me volví a vestir de mujer y esto pasó

    Me volví a vestir de mujer y esto pasó

    Por motivos de trabajo no había estado tan seguido por aquí así que ahora les escribo lo que ocurrió hace unas semanas. En la empresa donde trabajo me volvieron a enviar a otro estado para sugerir una nueva forma de comunicación visual en las presentaciones y así reclutar más gente interesada con el fin de hacer expandir un poco más las ganancias. No era tedioso ya que solo una persona tendría que esperar y entregárselo a la mano al director de esta empresa y sabiendo que la fecha máxima para entregarla sería un viernes no dude ni en aceptar así que me pasaría dos días fuera de la rutina y decidí aceptando. Cabe mencionar que para esto lleve algunas cosas fuera de lo común por si se llegará a presentar algo no dudaría en usarlo así que lleve una peluca color negra y alguna lencería ya que no había tenido actividad sexual pues igual y no tenía pensado hacerlo pero para engañar a más de uno me parecía perfecto así que decidí que si algo tendría que pasar era estando transbordada.

    Llegue desde temprano y me instale en un hotel de dos estrellas, cabe mencionar que aunque la empresa siempre me pagaba el hospedaje de nivel y cerca de lo más top del estado siempre opté por irme a un hotel de perfil bajo ya que no quería que descubrieran lo que hacía cada que salía y pues bueno. Llegue a uno más o menos, me registré y acomodé mis cosas, sabía que en la tarde tenía que entregar el proyecto y ya sea regresarme o quedarme de turista el fin de semana así que a cómo llegue salí y fui rápido a realizar las actividades que tenía cosa que no fue difícil solo lo entregué, me dieron el visto bueno y ya tenía asegurado algunas personas interesadas en el proyecto por lo cual eran buenas noticias así que apenas saliendo decidí ir a comprar unas latas y ya en la noche a aplicar el cambio de atuendo.

    Ya había optado por no salir pero la calentará me hacía cambiarme de género así que no sabía que iba agarrar esa noche pero sabía que sea lo que sea no iba a coger solo iba con la intención de calentar un poco vestida de mujer así que me decidí cambiar, una pequeña faldita ajustada color rojo y una blusa blanca hacían buen juego junto con unos pequeños tacones y la peluca me hacía relucir de maravilla y como siempre ni parecía un hombre vestido de mujer al contrario parece que la peluca hacía lo suyo y me hacía ver completamente natural en fin, decidí salir del hotel con todo y llaves por si luego preguntaran quién era no me atrevía a decirles que “era tal solo que me vestí de mujer” por eso decidí ser muy sigiloso y salir y una vez afuera a darle al plan…

    Camine una cuadra y ya veía a los hombres que cerraban algunos negocios cómo se la pasaban viéndome a lo cual les hice un cumplido y moví un poco mi trasero para hacerlos disfrutar y lo agradecieron con silbidos y esas cosas que algunos hombres vulgares hacen en la calle. Aborde un taxi y le pedí que me dejara en un restaurant. El chofer amable me dijo que si porque me había quedado por esa zona ya que era algo peligrosa y yo le dije “lo sé pero estaré solo un día y luego me regreso” él se ofreció a pasar por mí a lo cual le dije que no había problema solo que me diera su número y una ve registrarlo. Me dejo en el restaurant y ahí estuve, pedí algo leve y demasiada cerveza supongo me pegó un poco que ya no sabía qué hacer luego y para mi mala suerte comenzó a llover, esto me desanimo ya que tenía otros planes así que una vez terminando le llame al señor del taxi pero no sabía si e sería el afortunado (o no) tenía dudas pues era algo llenito y me agrado pero no haría nada malo con mi cuerpo solo pensé y pensé y el alcohol ayudó un poco así que dije “ah ya, no importa esto me lo busque” le llame y le pregunte si estaba disponible y me dijo que sí que en cualquier momento podría pasar por mí así que le dije que no habría problema que lo esperaba en la entrada y así fue, en menos de 10 minutos ya estaba ahí a lo cual lo abordé pero había alguien más y esto dudo mucho en mí.

    Al acercarme vi que había otro señor un tipo de la misma complexión, gordito, calvo y con mucha barba a lo cual le dije al taxista “disculpe, pensé que solo venia por mi” y él me dijo “si, es mi compadre solo que lo voy a pasar a dejar a su casa y la llevo a su hotel señorita” esto no me desanimo pues ya sabía quién era pero desconfiaba pero aun así le dije que no había problema. Le dije al taxista que era una buena noche pero qué lástima que llovió y arruino mis planes y él respondió “¿Y qué planes tenía hoy señorita?” A lo cual le dije “Tenía ganas de pasarla bien sola, aunque lo que bebí si me dejo algo mareada pero traigo actitud de hacer cualquier cosa” y puum deje caer la indirecta, parece que lo notaron y sonrieron para lo cual el compadre dijo “Si, es una lástima que llovió, pero al menos no se está mojando, le gustaría estar con nosotros dos un rato más” preguntó. Yo sabía que si accedería sabía que algo pasaría pero dudaba así que deje la respuesta en el aire “No lo sé, con unas 3 latas puedo cambiar de parecer a lo mejor si” No tardaron y se pararon en un Oxxo a comprar cervezas, era de respetarse que la bebieron demasiado rápido que ya parecían borrachos los dos y yo solo lo disfrutaba y ya con la calentura y la cerveza ya era hora de hacer lo que quería así que le dije al taxista “Y si nos paramos en un lugar solitario, me aburrí de dar vueltas” Y en menos de 5 minutos ya estábamos en una pequeña choza donde se estacionó y solo escuchábamos como llovía, bajamos y les di la espalda y sentí como me veían de pies a cabeza. Sabía que ya era hora así que cuando el compadre dijo que iba a hacer del baño le dije que no había problema y ahí se puso en una esquina mientras el taxista me hablaba yo veía como él estaba de espaldas haciendo su necesidad y cómo no fui discreto el taxista comentó “Compadre ya vio cómo lo está viendo la señorita” yo solo me reí y el compadre hizo lo mismo pero ya me daba igual así que le dije “No te lo guardes, sácatelo” no se sorprendió y dejo su pene a nuestra vistas.

    Yo veía que lo tenía algo levantado y el compadre bien sindico solo me sonrió y entendí la indirecta me acerqué y se lo toque, estaba grueso y solo le decía si le gustaba a lo cual me decía que sí. El taxista hizo lo mismo y yo para hacerme el o la difícil les dije “Yo no quería esto, así que vamos despacio, tranquilo” ellos todavía buena onda dijeron que con qué sacaran un poco de estrés no había problema todo en todo de juego y risas, me ganaron la confianza y ahí estuve un rato a los dos masajeándolos. Preguntaron si podría hacerles un oral y les dije (quizá por lo medio ebrio que estaba) que si pero no hasta el fondo, mientras a uno solo le pasaba la lengua y metía la puntita en mi boca al otro se lo jalaba con maestría como cuando me masturbaba a solas. Ellos querían que me quitara la falda pero solo me la subí y me pegue a la puerta del taxi para que no notaran mi paquete y mientras uno o bueno los dos rozaban sus penes con mi pequeño pero redondo trasero yo solo hacía pequeños gemidos para excitarlos. El tiempo se fue demasiado rápido así que apenas vi la hora ya sabía que tenía que irme así que fui rápido y me le pegue al taxista lo más rápido, lo masturbaba y tocaba sus huevos para hacerlo rápido pero el compadre decidió hacer algo, nos metió al asiento trasero de forma que yo alzara mi falda y dejada mi tanguita rosada de encaje yo me pusiera encima de él mientras le hacía el oral al taxista y ahí estuve, sentía como mientras le practicaba sexo oral súper rápido el otro rozaba con su pene mi trasero hasta que sentí como exploto en mi cara y parte de mi boca, no me enoje así que a cómo termino me fui con el compadre y en la misma posición hasta que de igual manera se vino pero este apenas y tiro semen y lo dejo en una parte del asiento, nos bajamos me limpié y pedí me llevaran a mi hotel. Una vez afuera nos despedimos normal y entre a mi habitación algo cansado y con la misma me dormí. Fue una buena noche aunque la lluvia, la cerveza hicieron me prendiera de lo más rico…