Autor: admin

  • Vuelvo a los pies de mi ex novia

    Vuelvo a los pies de mi ex novia

    Estaba en otra noche similar a las demás, por la ciudad de Lima, Perú. Iba con mi taxi buscando clientes en una zona de discotecas y recogí a tres mujeres que iban con el punto de alcohol. Hablaban y gritaban mucho, yo solo iba dejando a una tras otra en sus casas. En mitad del camino reconocí a una de ellas, mi ex. La había conocido casi una década atrás y acabamos en muy malos términos. Vi que estaba hermosa y se notaba que no le iba mal en la vida. Por otro lado yo nunca pude estudiar y acabé siendo su chófer esa noche. Ella fue la última en bajar y yo deseaba con todo mi ser que no me reconociera. Pero en el taxi estaba mi identificación y ella no es tonta.

    —David, eres tú.

    —Eh… sí. Hola Brunela. ¿Qué tal?

    —Súper bien, gran noche esta, mejorando —dijo con un tono pícaro que aún conservaba— te va bien en la vida ¿No? Bonito taxi —acabó con una sonora carcajada.

    — Es algo temporal para ayudar en mi casa.

    —Ya… gira a la derecha—noté su placer en esa orden.

    Yo iba obedeciendo mientras nos acercábamos a una zona muy exclusiva.

    — Recuerdas que el alcohol me suelta la lengua ¿No?

    —Sí.

    —¿Y recuerdas cuando rogabas por lamer mis pies?

    Palidecí y quedé mudo de la vergüenza, recordando. Era cierto, algo que pasó de ser un juego erótico a su placer diario. No respondí.

    —Me preguntó si aún serás así… si preferirías masajearme los pies al dinero de tu trabajo.

    —Prefiero el dinero —dije conservando la dignidad que mantenía.

    — Veamos… —y sentí algo en mi mano que estaba en la palanca de cambios. Miré y eran los dedos de su pie acariciándome. Me puse tenso pero dejé que siguiera— ¿Sigues pensando igual?

    — Pero por favor… no le digas a nadie —dije sin poder resistirlo y cayendo.

    — Entonces aparca.

    Obedecí como siempre y ella bajó del coche para ponerse de copiloto. Se descalzó, esta vez ambos pies, y acerco el zurdo a mi boca.

    — El mundo es justo —dijo sonriendo.

    (Continuará)

  • Follando con la maestra Raquel

    Follando con la maestra Raquel

    Hola a todos, me llamo Caleb y tengo 28 años. Soy mexicano y pasaré a contarles el cómo llegué a compartir cama con mi maestra Raquel

    Por aquel entonces estaba en el último año de preparatoria. Acababa de cumplir los 18 años y el último año me había dejado toda clase de experiencias sexuales.

    Desde el cuarto semestre mi popularidad comenzó a crecer bastante. Antes de eso, había permanecido bajo el radar en todo sentido. No popularidad, no fiestas, no nada. Todo empezó cuando Karolina (mi actual esposa) y yo comenzamos a salir, ella sí que era popular y, por qué no decirlo, una desmadrosa de primera. Conocí a sus amigas y amigos y me di cuenta de que eran gente genial, muy diferente a todos con los que había salido antes. Comencé a ir a fiestas y a tener relaciones sexuales con Karo, ella me quitó la virginidad y me hizo amar el sexo y sentirme orgulloso de mi longitud. Mi pene en erección mide 20 cm, quizá un poco menos por aquel entonces. He conocido a hombres con penes más grandes que el mío y más gruesos, pero para Karo soy el más grande que haya tenido. Esto me dio un bust de autoestima y confianza muy grande y comencé a ir al gimnasio y a poner todo lo que no estaba en orden en su lugar. Ella me enseñó bastantes cosas sobre sexo y, en resumen, me enseñó a ser bueno en ello. Cortamos cuando teníamos seis meses porque su madre nos encontró mientras ella me hacía una mamada en el cuarto de lavado y Karo la agarró contra mí. Yo había insistido en que lo hiciera.

    La vida me iba bien, cortar con Karolina me dio la oportunidad de probar con otras compañeras. Margarita, Yanneth, Fernanda y Jaquelinne, todo lo que Karo me había enseñado funcionaba de sobra. Volvimos dos meses después de aquello, tanto ella como yo habíamos probado con otras personas, no hicimos ningún drama de ello.

    Desde primer año, Raquel siempre había sido mi profesora preferida. Es una mujer alta, mide poco más de 1.80 de altura, piel morena, cabello negro ondulado, sus pechos eran grandes y, aunque un poco caídos, se notaban bellos bajo sus vestidos o trajes que usaba para impartir clase. Lo que más me gustaba de ella era su cara. Una amplia frente, grandes ojos marrones, nariz fina y una exquisita boca pequeña con labios gruesos… Me sentía atraído por ella como no se hacen una idea. ¿Lo mejor? Es que yo era su preferido. Iba regularmente a su aula a ayudarla con los exámenes y no hubo un parcial en el que no sacara diez en cualquier asignatura que ella impartiera. Nos tratábamos como amigos más que como alumno y maestra. Parte de mi yo del primer año seguía conmigo, me gustaba leer y escribir, aunque dejé un poco de lado ambas cuando comencé a socializar más. Pero, religiosamente, leía cualquier cosa que Raquel me prestara, era importante para mí.

    Una de las muchas veces que fui a su casa para ayudarla a maquetar la semana y el contenido, escuché una discusión entre ella y Alex, su novio. El tipo trabajaba en una mina cerca de la ciudad y se mantenía hasta veinte días del mes sin hablar con Raquel. No habían acabado de pelear cuando Raquel volvió al escritorio, me dio un beso en la mejilla y me pidió disculpas. Me pidió que me fuera. Nunca antes nos habíamos despedido de beso, hasta ella misma lo notó, se sonrojó un poco y me acarició con dos dedos donde me había dado el beso.

    Por aquel entonces simplemente estaba acostumbrado a que las mujeres no se negaran, nunca presioné a ninguna a tener sexo conmigo. Quizá eso me dio el valor de intentarlo con Raquel.

    Esperé hasta iniciar el tercer parcial. Último semestre. Raquel y yo nos subimos a su camioneta, nos bajamos en su casa y entramos. Nos sentamos en la sala a hablar durante un rato sobre cualquier libro que me prestase, como todas las veces que íbamos a su casa. Aquella vez era el Aleph. Tomamos un poco de agua y después té. Quizá era la última vez que nos sentábamos así, me dijo, pues no quería quitarme tiempo de estudio para los finales ni para el examen de admisión de la universidad. Durante una hora hablamos de la amistad que durante tres años habíamos formado y de todo lo que habíamos hablado en ese tiempo. La cosa se puso sentimental y los dos lloramos un poco. Finalmente, nos dimos un fuerte abrazo y ella me dio un beso en la mejilla y pasó la mano con suavidad sobre mi abdomen.

    Yo no podía soportarlo más, la deseaba, pero era algo diferente, era como lo que sentía por Karo, pero más fuerte todavía. Aún seguíamos sentados, volví a abrazarla, esta vez con más suavidad y tacto. Ella no se resistió y yo apoyé mi nariz en su hombro y subí hasta el cuello, momento en el que me permití darle un suave beso.

    Creo que ya va siendo hora de describirme. Soy moreno, mido 1.75, cabello negro, ojos café, soy de labios gruesos. En ese momento, era ligeramente musculoso, mi cuerpo estaba duro y tonificado, mi abdomen se marcaba bastante si lo forzaba. Soy de espalda y hombros anchos. Y tengo una irregularidad un tanto extraña, soy de caderas anchas, más de lo normal en un varón, también tengo un culo grande, y, obviamente, piernas proporcionadas a mis caderas. Por aquel entonces alardeaba de ellas, tenía los músculos de las piernas fuertísimos.

    Saqué un poco los labios al dar ese beso, dejé un poco de saliva, la sombra de mis labios. Raquel no se resistió al momento, soltó un tierno y excitante gemido y entonces me empujó con las dos manos.

    — Caleb, no podemos hacer esto.

    Me quedé en blanco. Pensé que ya la tenía.

    — Te doy clases, por dios santo… Eres alumno mío.

    Estaba enojada, se le notaba en la cara.

    — Soy más que eso, Raquel.

    — No te hagas ideas raras, por favor.

    — No me hago idea alguna. Nunca la he visto dando besos a otros alumnos, ni siquiera a otras alumnas, ni abrazarlas, ni siquiera invitas a los demás a su casa.

    — Eso es diferente, no saques las cosas de contexto.

    — No sé qué tiene de malo hacerlo. Los dos queremos, me manoseó un poco hace nada.

    Abrió la boca para decir algo pero las palabras se le trabaron en la garganta.

    — Eso fue un accidente —Dijo mientras volteaba la mirada.

    — Mira, no te voy a obligar a nada… Pero quiero que entiendas que, si quiero hacerlo contigo, es porque de verdad siento algo, no es simple calentura de adolescente.

    — Eres muy joven para mí.

    — Tengo 18, no es ilegal hacerlo.

    — Puedo tener problemas en el trabajo, Caleb, entiéndelo. Y, sí, eres muy joven para mí, madura.

    — ¿Qué más da la edad?

    — Es cosa de un hombre de verdad, ¿sabes? Hay cosas que se ganan con la edad… Tengo 27 años, tú apenas 18. Fin de la discusión.

    Estaba enojado y sentido «hombre de verdad». Lo hice sin pensar.

    — A ver si Alex tiene algo así.

    Me bajé los pantalones frente a ella. Dejé salir mi pene semi-erecto. Su expresión lo dijo todo. Comencé a masturbarme con las dos manos para ponerlo duro.

    — Esto no demuestra nada —Dijo ella. Aun así, no quitaba la mirada de mi miembro.

    Me quedé callado hasta que estuvo duro como roca. Mi pene palpitaba violentamente.

    — No te pido que nos casemos, sólo quiero compartir lo más íntimo que tengo contigo. De verdad quiero hacerlo contigo, Raquel.

    No sé si fue mi miembro o mis palabras pero, tras un breve silencio, me dijo.

    — En el cuarto, vamos a la ducha.

    Me subí los pantalones y la seguí hasta la habitación. Estaba un poco… ¿tímida? No sé si se podría decir así o avergonzada.

    Comenzó a desnudarse, primero la blusa, un bonito bra gris cubría sus senos, después el pantalón de mezclilla. Un bonito calzón negro cubría sus partes íntimas. Me dio la espalda. Su culo era PERFECTO. Piel tersa, morena, un diminuto lunar en la nalga derecha. Ahí estaba yo, parado, presenciando esto.

    — Es incómodo si solo yo estoy desnuda, ¿sabes? —Me dijo mientras se desabrochaba el bra.

    Me quité los zapatos con los pies a la vez que me sacaba la playera. Bajé mis pantalones y, en un solo movimiento, quité los calcetines.

    Estaba caminando hacia la ducha cuando la tomé del brazo.

    — En la ducha no…

    — Llevo casi doce horas sin bañarme.

    — Yo también. Quiero sentir tu verdadero olor.

    La tomé de la mano y le llevé hasta la cama. No me veía a la cara. Desviaba la mirada cuando yo la observaba. No me sentía del todo cómodo con ella.

    — Siéntate —Le dije.

    Me arrodillé frente a ella mientras le abría las piernas. Su pubis estaba bien alfombrado por una espesa capa de vello púbico. No me importó.

    Sus labios exteriores estaban muy expuestos, supuse que por la edad, comencé lento. Un beso en ello, recorrerlos con mis labios, saborear su textura. Eran suaves y me llevé una grata sorpresa al darme cuenta de que un poco de líquido comenzaba a colarse de entre ellos. Metí mi lengua a la vez que abría su vagina con cuatro dedos, dos de cada mano. Sus jugos eran ligeramente ácidos y su olor casi nulo. Retiré los dedos y hundí casi por completo mi lengua en su interior. Era muy estrecha, demasiado, pensé.

  • Mi madrastra Viviana (Quinta parte)

    Mi madrastra Viviana (Quinta parte)

    Por fin llegaron las vacaciones de fin de año, lastimosamente en esos meses mi papa viaja muy poco, por lo cual las posibilidades de poder acostarme con Vivi era muy pequeñas, pero nunca se debe perder la esperanza. Yo llegue desde la última semana de noviembre a casa de mi papa, me recibieron muy alegremente porque pasaríamos las festividades juntos, el 17 de diciembre mi madrastra Viví cumple años, así que días antes hable con ella y le dije que celebraríamos su cumpleaños con una buena terapia de sexo, por lo cual aguarde ese día para poderle darle su regalo de cumpleaños como se debía. Pero no fue posible, mi papa estuvo todo el día con ella, no se despegó de ella y en la noche, pude escuchar como mi papa se lo metía a mi Vivi, aunque no fueron más de 5 minutos pude escuchar como la hacía gemir, eso me excito muchísimo y a la vez me puso molesto por no ser yo el que la estaba haciendo gemir. Al día siguiente mi papa tuvo que irse temprano a la oficina, dijo que volvería en la tarde ya que tendría que atender una emergencia.

    Viví se encontraba en la ducha, así que no se dio cuenta cuando mi papa se fue, justo en el momento en que mi papa cerró la puerta, corrí al baño donde esta Vivi, me desvestí y me metí a la ducha con ella:

    V: ¡hijo que haces acá! tu papa está afuera.

    J: no te preocupes está viendo TV en la sala, no se dio cuenta que entre (mientras empecé a cogerle las tetas y me acerque para besarla).

    V: no… no… hijo… nos pueden descubrir, no podemos hacer esto…. salte… salte ya…

    J: no mama, ayer no me dejaste darte tu regalo de cumpleaños y en cambio me hiciste escuchar como mi papa te hacia gemir, ya no aguanto más las ganas de metértela (la cogí fuerte de la cintura y la besé, luego le di la vuelta para ponerla contra la pared)

    V: hijo si me la metes, me vas a hacer gritar y nos van a descubrir… por favor… no lo hagas…

    J: no aguanto más mama… ohhh!… extrañaba estar dentro de ti Vivi… que caliente estas… (Mientras se la metía le cogía las tetas y le besaba el cuello)

    V: ahhhh… que… rico… espera… no… no me des más duro me… me… vas… a… hacer gritar… ahhh!!!… ummm (le metí los dedos en la boca para que no gritara)

    J: silencio mami o quieres que nos descubra mi papa ha?… eres una puta que se come a su hijo mientras su esposo está en la sala (le di un par de nalgadas bien fuertes)

    V: no… no… para… para… si soy tu perra, pero no nos pueden descubrir… no… eso… no… (le di la vuelta y la alce, ayudándome apoyándola un poco contra la pared de la ducha)

    J: mentiras mi Vivi… grita tranquila como la puta que eres, mi papa no está, salió y se demora… (se la empecé a meter más duro así en el aire, mientras ella me besaba y me aruñaba la espalda, entre rabia y alivio)

    Así mojada la saque de la ducha, la tire en la cama y la acomode para que se pusiera en cuatro, se la empecé a meter con todas las ganas acumuladas desde mitad de año, mientras le decía al odio «Feliz cumpleaños puta madrastra», de la excitación no me pude controlar más y me vine dentro de ella, mientras ella se venía al mismo tiempo, dejando las sabanas de la cama todas mojadas, no solo por el agua de la ducha sino por mi semen y sus fluidos que salía de esa chochita, Vivi se puso un poco molesta por engañarla, pero luego de unas caricias, unos besitos y una cogida más se contentó, luego cambio las sabanas y tuvo que hacer aseo general en la casa para disimular el cambio de las sabanas que supuestamente estaban limpias.

    A los 10 días ósea el 27 de diciembre mi papa cumple años, yo invite a almorzar a mi papa y trate de estar alejado y llegar tarde a casa, para que mi madrastra pudiera atenderlo como se debe, ya pasadas las 10 de la noche volví de nuevo a casa, entre y o sorpresa cuando vi la cena ya fría en la mesa y a mi madrastra sentada llorando en la sala, vestida con la ropa que más le gusta a mi papa, una falda súper corta que casi deja ver su entrepierna, una blusa de tiras que resalta sus tetas, unas medias de encaje negras y unos tacones negros:

    J: Vivi que te paso, donde está mi papa? (puse mi mano en su pierna)

    V: imagínate que se quedó tomando con los amigos, sabiendo que yo le había preparado la cena

    J: sabes que cuando se pone a tomar, no piensa mucho en nada, pero eso lo hace muy de vez en cuando

    V: si, pero mira, todo lo que me esforcé haciendo la cena, hasta me vestí como más le gusta

    J: si eso veo, te ves hermosa, esas piernas y esas tetas (le cogí una teta)

    V: gracias hijo, siempre sabes cómo hacerme sentir mejor, hoy quería que él me la metiera por ser su cumpleaños, pero como no está acá creo que tienes una oportunidad (ella me beso)

    Mientras no besábamos empecé a cogerle las tetas y sobarle la chochita, ella empezó a gemir suavemente, hasta que me se levantó del sofá, se quitó la blusa, el brasier y se quitó la tanga dejándose solo la falda, se arrodillo y empezó a mamármela, mientras yo me quitaba la camisa y masajeaba un poco sus lindas nalgas, luego se subió sobre mí, empezó a cabalgar, dando sentones, desahogando toda la rabia que tenía porque la dejaron plantada:

    V: si hijo… que rico… que rica verga… te extrañaba… mucho

    J: también te extrañe mami… (Le di la vuelta para que me cabalgara dándome la espalda)

    V: hijo… me… me… vengo… ohhh!!!… siiii… ahhhh!!!

    Luego de eso ella se puso nuevamente de frente, para poder venirme dentro de ella, mientras me besaba. Estuvimos así un rato en el sofá, hasta que mi papa llamo que ya iba para la casa, nos vestimos apresurados. Al día siguiente Vivi me conto que su hermana de Austria llegaría a visitarla para la semana santa del próximo año y que vendría sin su esposo.

  • Después del gusto vino la consecuencia

    Después del gusto vino la consecuencia

    Por más que trataba de que se calme Pilar no lo conseguí, alguien tenía que mantener ahora la serenidad y ese tenía que ser yo. Cuando nos vimos en un restaurante se veía bella como siempre y ahora que había sido ya mi mujer la besé y nos sentamos y pedí al mozo dos cafés.

    -Miguel cuando hable con el me reclamó porque había sido infiel y me insultó y terminamos discutiendo y me amenazó con que le contaría todo a mi madre ahora ya sabes por qué estoy así.

    Tenía razón sería un escándalo e igual la abracé y le dije que si se diera el caso yo hablaría con su mamá estuvimos un tiempo conversando hasta lograr que se tranquilice algo hasta que se fue a la casa de una amiga y yo hice lo mismo fui a mi casa. Cuando estaba por cenar recibí una llamada al celular y era Nelly…

    -Miguel tenemos que hablar urgente ven a mi casa y no te preocupes por Martín ya tomó sus pastillas y no despertará hasta mañana y estaré sola… Por favor no demores.

    Al llegar vi sus ojos estaban rojos se notaba que había llorado, me dijo que la deje hablar y no quería interrupción por parte mía y acepte tenía que saber que iba a decir…

    -Dime la verdad mirándome a los ojos Miguel ¿te has acostado con Pilar?

    -Si pero déjame explicarte…

    -Nooo… hay nada que decir Miguel sé que siempre te gustó ella son jóvenes acá la única que tiene la culpa soy yo jamás debí permitir tener algo contigo soy una mujer de 42 años que se enredó con un muchacho de 18 años amigo de su hijo me dejé llevar por mi soledad y sentimientos de todas maneras muchas gracias por todo los buenos momentos a tu lado, sabía que esto no sería para siempre y en algún momento se termine y te enamores de una chica de tu edad pero lo que nunca imagine fue que fuera tan pronto y con mi hija. Yo me haré a un lado no te preocupes sólo te pido discreción y que nunca se enteren mis hijos de lo que tuvimos nosotros nada más.

    Otra vez Pilar ella siempre sacrificándose por sus hijos dejando a un lado su felicidad y placer por ellos, ahora me tocaba explicar cómo se dieron las cosas…

    -Ahora déjame decirte que yo la busque a Pilar para saber sobre un comentario que hizo sobre nosotros y resultó que ella ya se había dado cuenta que estábamos teniendo sexo y estaba muy contenta por eso porque tu tenías derecho a ser feliz le suplique que no dijera nada a Martín y acepta pero puso como condición ver mi pene por curiosidad y luego se nos escapó las cosas de las manos y terminamos cogiendo y no es justo que tú siempre salgas perdiendo.

    Ella se queda helada al saber que su hija sabía de nosotros y no se había molestado por ello y aproveche y la abracé quiso apartarme de su lado pero no la dejé y buscó sus labios y la bese sabía que Nelly estaba muy enamorada de mi y corresponde a mis besos mis manos cogían sus tetas y como si fuera una muñeca sin voluntad le quitó la ropa y bese su sexo la tenía dominada por completo sus gemidos no demoraron en salir de su boca…

    Cuando ya estuvo bien caliente meto mi verga en su rica y húmeda chucha y comienza la penetración ya la conocía muy bien a qué ritmo darle con la verga dura y grande que la tenía loca a ella como a su hija…

    -Ahhh… Migueeel… ahhh… me gustas muchooo… ahhh… ¿Y ahora qué pasará con mi hija?

    -Ahora no te preocupes por ella… Así así disfruta de esta rica verga que siempre será tuya ¿Te gusta mucho verdad?

    -Siii muchooo… ahhh… ahh… métemelo todooo… así asiii… ahhh… ahhh…

    No me interesaba si en ese momento si se despertaba Martín y me veía que tenía a su madre piernas al hombro y tragándose mi verga todita saliendo y entrando de su chucha…

    -Ayyy Migueeel… me vengooo déjame toda tú lecheee… agg…

    Y terminó dejando todo mi semen dentro de su vagina hasta la última gota al mismo tiempo que nos besábamos salvajemente, no iba a permitir que me deje Nelly si podía darle a ella y su hija verga…

    -Miguel seguiremos viéndonos como siempre solo debemos tener más cuidado con mi hijo él se volvería loco si se entera que su mejor amiga se coge a su madre y hermana.

    Y así fue ellas me compartían aunque no lo aceptaban abiertamente para todos ahora yo era enamorado de Pilar y una vez a la semana seguía cogiendo también a su madre.

  • Lissa, la exótica venezolana

    Lissa, la exótica venezolana

    Desde hace unos meses debido a la crisis que se vive en Venezuela, muchas personas han decidido venir a mi país con el ánimo de mejorar su calidad de vida.

    Una de esas personas es Lissa, con apenas 23 años, bella de unos 1.60cm de estatura, cabello castaño, piel canela, cuerpo armonioso acompañado de unos senos grandes, firmes y un bello culo.

    La conocí en un establecimiento de comidas cerca de donde vivo, ella tiene una forma muy cordial de atender a sus clientes, con su acento caribeño y esa mirada picarona acompañada de esa boca y sonrisa sensual, de esa manera es difícil no querer ir una y otra vez a comer a ese lugar; el hecho es que me convertí en un cliente constante de tal manera que la saludaba por su nombre y ella por el mío.

    Cierto día, en una acostumbrada visita de parte mía, ella al atenderme me da la triste noticia que se va de la ciudad, la razón, al parecer su hermana le había conseguido empleo y en dos días viajaba.

    No pude disimular mi cara de nostalgia y de cierta tristeza del solo hecho de pensar que no la vería, la invite a sentarse conmigo (aprovechando que era el único cliente por atender en ese momento), empecé a preguntarle por sus cosas, y si iba a extrañar esta ciudad; entre charla y charla, le propuse salir a comer algo diferente a lo que se vendía en ese lugar, ella aceptó la invitación; cosa que me alegro mucho.

    Aprovechando que mi esposa e hijo se iban de viaje a visitar a un familiar, opté por quedarme adelantando unos trabajos, pero en mi mente estaba expectante de la salida con Lissa.

    Al otro día, después de mediodía, ella me escribió para confirmar la salida. A la hora acordada, pasé por ella hasta la esquina de donde vivía y de allí fuimos a comer; Lissa estaba vestida muy sensual, con un legins negro, una blusa de tiras, sandalias y ligeramente maquillada, uñas vinotinto y cabello suelto largo le llegaba a mitad de su espalda, aproveché para decirle lo guapa que estaba, ella me respondió con algo de ironía diciendo que se sentía muy sencilla.

    Ya en el sitio, empezamos a hablar y reírnos de cuánta cosa se nos ocurriese, ella pidió una ensalada de frutas con helado de vainilla, me llamaba la atención la forma en que se metía y sacaba la cuchara a su boca, lo hacía mientras me miraba, siempre que lo hacía con su lengua le daba un toque muy sensual. Fue en una oportunidad que la salsa de mora se regó en su mentón que aproveché para acercarme a ella para limpiarla con una servilleta, nos miramos sin dejar de sonreír por alguna bobada que había dicho yo, me acerqué y la besé, fue un beso delicioso, sus labios fríos pero dulces, pude sentir su lengua también suave. Fue un beso largo, delicioso.

    Luego de ahí fuimos a hacer unas compras que ella necesitaba para el viaje. De camino ambos en la motocicleta ella me agarra de mis bolsillos delanteros y con su mano derecha acaricia la cremallera de mi jean. Al terminar de hacer las compras, me dice que la lleve a su casa, por mí no hay ningún problema.

    De igual manera camino a su casa, ella acaricia nuevamente mi cremallera, y con mi espalda puedo sentir sus senos, en ese momento ya las hormonas y la circulación sanguínea estaban haciendo su tarea.

    Al llegar a su casa, me senté en un mueble y le ayudé a sacar las cosas que había comprado, ella no hacía más que quejarse del calor que sentía, la verdad si estaba algo caluroso el lugar.

    Fue en ese momento que dijo que se iba a echar un baño, pasó frente a mi envuelta en una toalla color fucsia mientras yo estaba ahí sentado con el pecho a mil.

    De repente, escuché que ella me llama, al responderle que si necesitaba algo, me invitó a seguir a la ducha, de inmediato me quité la ropa, abrí esa puerta corrediza y empezamos a besarnos cómo locos debajo del chorro de agua.

    Empecé a tocar sus nalgas, su espalda, sus tetas y también con mis manos empecé a tantear su vagina depilada y húmeda, su fluido se sentía tibio. Besé sus senos mientras la masturbaba, ella también me masturba de forma fuerte.

    Seguidamente me agaché y subí su pierna izquierda sobre mi hombro y empecé a lamerle su vagina, sentí ese clítoris duro, rígido, mientras lo hacía empecé a escuchar su débil gemido, y con su mano me agarra el cabello, lo aprieta fuerte y maneja mi cabeza a su antojo, saca y mete entre sus piernas.

    Luego ella empezó a chupar mi verga, lo hace de forma experta, así cómo me gusta que no quite su mirada de la mía, usa su lengua como un canal, la mueve genial y mete toda mi verga en su boca.

    Ella me dice que vamos a la cama, voy detrás de ella, quien me lleva de la mano. Tomo mi pantalón y de la billetera saco el preservativo, ya en su cama seguimos, le empiezo a decir al oído lo rico que se siente y cuanto me encanta ella. A lo cual responde apretando más su vagina hacia mi verga, queriendo meterla, cosa que sucede.

    Es ahí que ella me dice que se lo meta duro, con todas las fuerzas, sus deseos son órdenes, pongo sus pies sobre mis hombros y empiezo a darle durísimo, mientras sus tetas van y vienen, su rostro hacia un lado y su boba gime de placer, envía su brazo derecho a su boca para amortiguar el ruido de sus gemidos.

    Ahora la pongo en cuatro, y la embisto una y otra vez, mientras agarro su cabello. Esa cama suena bastante duro, ella gime, escucho que dice: -rico, que ricoo. El sonido de sus nalgas y mis piernas es fuerte, parece el de un auditorio cuando aplauden.

    Luego me acuesto y ella se pone encima, pongo mi cabeza en la almohada para poder alcanzar sus tetas y chuparlas mientras ella cabalga, la agarro de las caderas, ella se mueve muy, muy delicioso, empieza a hacerlo de forma desquiciada y se viene, su vagina baña mi pelvis demasiado.

    Se baja y vuelve a chupar, en ese momento ambos estamos bañados de sudor, el lugar es bastante cálido. Ella se ve muy sensual sudando, yo agarro su cabello en todo momento, me pongo en pie, y ella queda chupando mi verga, con su cabello alrededor de mi mano derecha la manejo a mi manera, metiendo y sacando mi verga de su boca, luego empieza a chupar mis bolas mientras me sigue masturbando, ella me empieza a masturbar con sus tetas, las apretada fuerte mientras yo saco y meto, y con su lengua lame mi verga y saborea.

    Todo es tan rico, tan delicioso, luego y eyaculé sobre sus senos.

    Lissa superó todas mis expectativas, ese movimiento de caderas y su voz delicada, hicieron de ese momento algo memorable.

    Me tocó salir a comprar más preservativos porque aún había mucho tiempo para los dos.

    Al final de la noche, ella quedó dormida y yo me fui a mi casa. Al llegar, ella me escribió y seguimos conversando de lo bueno que sería volver a repetir un momento como este.

    ¡Buen viaje Liss!

  • (6) Mercado medieval Portus

    (6) Mercado medieval Portus

    El escribir es un arte en solitario, eso dice un escritor nórdico, aunque se contradice, ya que más adelante dice lo contrario y no comparto su opinión debido a los personajes que intervienen en sus novelas no son reales, los míos lo son, hay muy poca imaginación debido a que los sentimientos, el sexo, su goce y emociones, como los efectos secundarios no se pueden inventar sin experiencia. Y yo no soy capaz de escribir nada con gente cerca y sobre todo ruido.

    Hay otro elemento en la cual me apoyo, presencias, sé que mientras escribo hay quien lee cerca de mi espalda, y de vez en cuando mi visión periférica, me permite ver un fugaz movimiento a mi derecha, a la izquierda no puede ser, estoy pegado a la ventana.

    Y esa presencia que se mueve deprisa tiene diferentes formas y colores, desde el gris oscuro al negro y que conste que alguna vez me ha hecho levantarme y hacer fotos, pero nada, nunca lo he conseguido. Sigamos.

    Si se hiciera una encuesta a hombres entre los 30 y los 50 años (Pienso que a esta edad, el sexo pierde velocidad debido al conocimiento), y solo se les preguntara ¿Cuál es la llave del sexo?, pocos o muy pocos acertarían, y respeto la opinión de cada uno, no olvidándome de ellas, aunque pienso que muchas estarán de acuerdo conmigo.

    Es el beso, la proximidad de los dos cuerpos y el beso, ese beso que se prolonga dentro de un abrazo sin medida de tiempo.

    Esa sensación de estar dentro de su boca, ya que es la verdadera entrada a su interior, y mirando a la vagina, es un callejón sin salida y solo atiende a una respuesta, que se aprovecha del tacto, y la boca forma parte del conjunto y además es muy importante debido a que suele ser el principio de todo.

    Yo medí ese tiempo, en el aparcamiento del teleférico, la tarde se había estropeado y llovía con fuerza, además las nubes azules hizo que la tarde se convirtiera en noche.

    Y tan solo fue ese beso prolongado, y no seguí a pesar de sus señales, había separado las rodillas, permitía el acceso a su vulva, pero no era el lugar para continuar, quedaban pocos coches y sabía que no podía empezar algo con dudoso fin. Casi dos horas.

    El follar dormido era de un misterio, solo una vez lo consulté con una extraña mujer, era echadora de cartas, no, era una mujer que tenía un extraño poder, su edad era complicado de saber, no se lo pregunté pero mi mala estimación en ese sentido, deduje que entre los cuarenta y cincuenta.

    Había un detalle que me confundía, en aquella corta entrevista, su rostro cambiaba, rejuvenecía y envejecía, y yo no había bebido nada que pudiera alterar mi vista de esa forma, ella de vez en cuando dejaba asomar la sombra de una sonrisa, sabía que me había dado cuenta de esos cambios.

    Además no fue en lugares extraños, no, lo hice un mercado medieval, me gustan ya que descubro cosas interesantes y esta mujer vestía a la antigua, quizá un par de siglos atrás, el 18.

    Estaba en la entrada de una especie de tienda de fina tela, a su lado una mesa y dos sillas, y cubriendo la mesa un lienzo y en su centro el dibujo de una triqueta celta. Parecía una especie de feria medieval y estaba en la plaza mayor del pueblo, un antiguo pueblo, yo le llamé el Portus debido a un antiguo muelle romano del que apenas quedaban piedras.

    Me miraba con curiosidad, no tenía ningún cartel ni imágenes que llamara la atención, pero si, terminaba el verano y llevaba guantes, largos guantes que le cubrían medio brazo, y colgaban dos finos hilos con extrañas figuras, pidieran ser símbolos.

    Moví ficha mirando esos símbolos, uno de ellos era una extraña nube escalonada.

    – ¿Qué cobra por respuestas?

    La pregunta tenía su miga, nada mejor que empezar por el metal en curso.

    – Muchas veces no encuentro respuestas y tampoco las invento. Por comunicación en dos direcciones de quince minutos, mi tiempo le valoro en 10€.

    De un gran bolsillo lateral, sacó un extraño reloj de arena de colores. Cinco finos tubos de diferentes colores. Y le puso acostado. Me pareció interesante y puse un dos billetes de cinco junto al reloj.

    – ¿Qué nivel da a sus dudas? – Preguntó.

    La mujer había cerrado los ojos y a la vez situaba sus manos extendidas a ambos lados del reloj de arena.

    – ¿Puedo preguntar sin ningún tipo de tabúes? – Respondí.

    Cerró los puños abriendo los ojos, me miró mientras se le formaba una arruga en su frente.

    – Entiendo que tiene que ver con el sexo – Aseveró.

    Ahora la arruga se me formó a mí, lo había adivinado en parte, la cuestión no era el efecto, era la causa.

    – Sí, y no se trata de nada vulgar, es algo diferente sobre todo por la causa, aunque me preocupa el efecto – hice una pausa, pensaba lo que iba a decir a continuación -, ya que puedo haber hecho otras cosas y no saberlo.

    – Haga su pregunta – Su tono fue más suave.

    Y de nuevo cerró los ojos extendiendo sus dedos.

    – Dormido follo, es decir, despiertos hemos follado sin medida del tiempo, y una vez dormidos, vuelvo a follar a la mujer que tengo a mi lado, en la madrugada.

    Sus dedos se juntaron y pusieron en posición vertical al reloj de arena de colores.

    – ¿Siempre? – Preguntó bajando el tono de voz.

    – No, ocurre de vez en cuando y no importa si es invierno o verano. Aunque ignoro las veces que ha ocurrido, ya que puedo haberlo hecho y ninguno de los dos despertarse.

    – ¿Lo controla?

    – No.

    – ¿Ha llegado a alguna conclusión?

    – No.

    – ¿Daña a la mujer en ese proceso?

    – No.

    – ¿Se quejan?

    – No, solo se sorprenden. Una de ellas con cierta guasa me dijo si no había tenido bastante, yo en mi defensa le respondí que me había quedado con hambre, y repetimos jugada, dijo que mejor despierta, al menos llevarse algo que a la boca.

    – ¿Tiene recuerdos de esos instantes?

    – Algunos y difusos, se trata de los momentos posteriores a la penetración, cuando nuestros cuerpos se ajustan. Ese tú en mí, que una de ellas me susurraba al oído apretándose más, como si quisiera fundirse en mi cuerpo, ese deslizamiento que se va extendiendo lentamente en mi placer.

    – ¿Demandan más, sin concretar?

    – No, les explico la sensación que me hacen sentir, ya que nuestros sexos están acoplados, y pretendo que nuestros cuerpos en ese leve momento se fundan, que formen uno solo.

    – Extraño pensamiento ¿Alguna respuesta en ellas?

    – En sí mismo no, cuando terminamos algunas miran la hora, se les ha hecho largo, la mayoría ya no abren los ojos, Morfeo se encarga de ellas.

    – ¿Termina de dentro de ellas?

    – Si.

    – ¿Alguna respuesta de esas mujeres?

    – No entiendo.

    – ¿Repiten?

    – Sí, yo buscaba respuestas, debido a que lo que hacen sentir en esos instantes que intento fundirme en su cuerpo. Ya que procuro estar de esa postura el máximo tiempo posible, ya que intento absorber de su piel, el estremecimiento de sus orgasmos, y sobre todo la réplica, ya que su boca cerca de mi oído me deleita, escapan palabras que guardo como si fueran tesoros, ya que sus manos en mi espalda se aferran guiándome, para seguir o para mantenerlo.

    Abrió los ojos, su mirada era extraña, pensé que no debía de haberla contado ciertos detalles.

    – ¿Saben lo que me ha rebelado?

    – No todas, y algunas se sintieron halagadas y otras no, dijeron sentirse en una cama de pruebas cuando no lo es, aunque les explicaba que yo procuraba encontrar placer en su comportamiento, no me conformo con esos instantes de la eyaculación, siempre me ha dejado con hambre.

    – ¿Son de paso?

    – No por mi parte. Es al revés, ellas son las que van de paso. De corta relación, cuando tienen planes, es cuando entro en sus vidas, una de ellas con cierta guasa me hizo una confesión, utilizo esa palabra debido a que estaba sumida en un estado de éxtasis y que procuraba que no se perdiera. Sus palabras fueron estas.

    “Me encanta que penetres en mi…, vida, y que dejes tu húmeda huella muy adentro, y ese nuevo día al andar, sales despacio desde muy adentro”.

    Le gustaba ver la humedad en la sábana, y siguió con su confesión, aseguró que le proporcionaba otra modalidad del orgasmo y era olisquear la humedad de la sábana, donde se habían mezclado los dos fluidos de nuestra unión.

    Me miró largamente, pensaba.

    – ¿Siempre se comporta igual o las diferencia?

    – Sí, ya que procuro un entorno diferente, y sobre todo buscar nuevos caminos en su cuerpo. Y también depende de muchos factores ya que muchas llevan la carga de la semana y veo histeria en su comportamiento y debo frenarla en todos los aspectos.

    – ¿Le duran todas las que son?

    – No, unas desaparecen sin causa, ya que alguna vez vuelven y pregunto la causa, y no deja de ser natural, me comparan con las modas, cambiar de ropa y de aires, pero no se lo tomo en cuenta, para mi nada ha cambiado pero me equivoco, para ellas sí, buscan lo perdido del pasado sin darse cuenta que el problema está en su presente, a una se lo hice ver,

    – Se equivoca totalmente, no es lo mismo durante el coito que sin que se produzca penetración y en ambos casos pueden variar dependiendo del entorno y sobre todo de la causa, ya que es el primer factor a analizar, y es cuando empezamos a pensar que sentiremos, ya que nuestro cerebro se prepara para ese buen rato.

    – Demasiado rebuscado, muchas cosas no las comprendo, la masturbación es un hecho rápido, y con un final desigual en cuanto al placer. Ya que siempre me han reconocido que está a falto de algo más, en una palabra incompleto.

    – Pues no estoy de acuerdo, le puedo asegurar que me han hecho muchas,

    – Debo pasar mis dedos por su piel.

    Asentí con la cabeza. Detuvo el reloj de arena de colores. Se desplazó quedando detrás de mí. Su mano izquierda no tenía guante la derecha si, y primero pasaba el guante y luego los dedos de la otra mano, recorría mi frente, luego las sienes, me dijo que cerrara los ojos y repasó los párpados, luego fue el cuello y por último la punta de todos los dedos de las dos manos.

    Volvió a sentarse poniendo en marcha el reloj de arena de colores, cerrando los ojos. Ahora tenía las dos manos sin guantes, entrelazados los gruesos dedos y poco después los llevó encima del labio superior, como si quiera olerlos.

    El reloj llegaba a su fin y abrió los ojos, supuse algún truco o que veía ya que no tenía cerrados del todo los ojos.

    – No hay trampa, puede poner en marcha el reloj sin que yo lo vea, los abriré en su momento.

    – ¿Y si no le pongo en marcha?

    – Perderá dinero, ya que no los abriré y el tiempo va en contra de sus intereses.

    Asentí confundido por la respuesta.

    – ¿Alguna conclusión? – Pregunté perdiendo interés.

    – Sí, pero necesito algo que posiblemente no acepte, superará sus cálculos.

    – Estoy buscando ayuda, respuestas, y como no sé dónde buscarlas, decidí alejarme de la lógica.

    – Necesito observar su sueño, pero deberá repetir todos sus actos.

    No acertaba a comprenderla, de nuevo arrugué la frente.

    – No llego ¿Podría ser más explícita?

    – No me ha dado detalles, preciso de información fidedigna de los hechos, que le han llevado a buscar respuestas.

    – En la madrugada, después de follarme a una mujer me duermo, ella también se duerme y me despierto follándola dormido. Hay veces que ella no se despierta y supongo que puede pasarme lo mismo.

    En las que se despierta ella, luego me cuenta que no era el mismo, que era otro ser el que la poseía ¿Entiendo que debemos follar y ver qué pasa esa noche?

    Me miró asintiendo con la cabeza.

    – Su tiempo ha terminado, si quiere seguir debe poner otro billete junto al reloj de arena.

    – ¿Alguna opción que haya en ese sentido?

    – Puede repetirlo con la misma mujer que le ocurrió, pero hay un problema, no es lo mismo ver una escena a vivirla, esa mujer puede haber guardado información en su subconsciente y no saberlo, pudiendo ser muy importante esos detalles ocultos.

    De nuevo duda, y como siempre me salí del tiesto.

    – ¿Tendré que pagarle esa noche al mismo precio?

    Gesto tenso en su rostro, pensaba.

    – Podemos llegar a un acuerdo, yo le propongo un precio por el estudio y usted me propone precio por echarme un polvo, supongo que puede costarle hacerlo con una vieja y gorda.

    Seguía tensa, pensé en eso de vieja, supuse que podía ser algo más joven que mi madre, y… movió ficha.

    – ¿Usted estará por los 38 o 40 años?

    No se equivocó, tenía 37 años a punto de cumplir los 38.

    – Su silencio me habla, yo tengo 53 años ¿Algún problema por la edad?

    No llegaba a entender su estrategia, puse otro billete junto al reloj de arena de colores.

    – ¿Qué ve en el reloj de arena?

    – Cada color tiene su significado y no todos terminan a la vez.

    – No entiendo nada.

    – Tampoco lo necesita, debe tomar una decisión. Como se suele decir en estos casos, en tu casa o en la mía, pero entiendo que estará alojado en algún hotel, por tanto será en mi casa, sobre todo por mi causa, me siento más segura y además está el entorno que tendremos.

    De nuevo la miré pensando, llevaba razón, en el hotel podían conocerla, si, mejor en su casa.

    – Necesito una respuesta ¿le costará follarme? ¿Repulsa por mis carnes?, sé que tengo sobrepeso.

    Su rostro permanecía impasible, debió de ser una mujer con cierta belleza, su boca era atractiva, sus labios eran perfectos y las arrugas le conferían cierta autoridad, así como su mirada, era profunda y enigmática.

    – No, tengo amigas más gordas que usted y no las hago ascos, me importa más lo que hay dentro de su cabeza que entre sus piernas, y por otro lado son más…

    Busqué la palabra adecuada para no molestar.

    – Más sencillas.

    – No me molesta, pero no entiendo que quiere decir ¿fáciles?

    – No, quise decir más naturales, sinceras. Dan más que piden.

    Entrecerró los ojos, vi un extraño brillo en uno de ellos.

    – ¿Sabe reconocer ese matiz? Dan. Explíquese, no llego a comprenderlo del todo ¿Que percibe a cambio de un polvo?

    – Calor, comprensión, incluso cariño, cuando en el sexo suele quedar oculto, la propia naturaleza mira para otro lado, el placer y más si son mujeres de alguna forma apartadas debido a su volumen.

    – Supongo que no son nuevas en su plaza, permítame que utilice términos taurinos.

    – Así es, acudo a su llamada, no les impongo la mía, muchas de ellas están acomplejadas y me han reconocido que les avergüenza sus carnes, quedarse desnudas del todo les cuesta, unas más que a otras, a pesar de que no varía mi gesto.

    – ¿Cómo me ve?, comparado con sus amigas las gordas.

    Tono frío y gesto serio. Dudé, aunque algo me dijo que podía ser una mujer con ciertos complejos, y estaba seguro que llevaba mucho tiempo sin follar.

    – Normal, repito, no siento rechazo, ni nada, hay hombres que también son gordos, y pienso que tiene que ver más el metabolismo que la comida.

    – Posiblemente no se equivoque. Sea tan amable de proporcionarme su número de móvil, le llamaré cuando anochezca, tengo que estudiar las condiciones.

    Le di el número y tapó el reloj de arena de colores.

    – ¿Qué significado tiene el tapar el reloj de arena?

    – Posiblemente que le cobre mi tiempo, pienso que a cambio tengo algo mejor que el dinero, llevo mucho tiempo sin esa misterioso sensación de placer y puede que hasta se me haya olvidado.

    – ¿No tiene sueños ardientes?

    – No, mis sueños son escalofriantes. Terribles y siempre con un final aterrador.

    – ¿Ha pensado de darse un respiro?

    – No puedo, vivo de este dinero y la gente me cuenta cosas y ciertos detalles escabrosos, peor lo peor es que soy una persona que me pongo en su lugar, mi empatía es gigantesca, y termino llevándome su problema, muchos me han comentado que esas pesadillas no han vuelto.

    – Mi caso es diferente, espero no dejarle espacio al mal rollo, además esto es como el montar en bicicleta, nunca se olvida aunque pase mucho tiempo.

    – No estoy segura, ahora me he empezado a poner nerviosa, no sé cómo empezar a convencerme de lo vamos hacer, usted me intimida, esa sensación de seguridad me ha sorprendido, me ha expuesto de una forma muy simple que no le costará echarme un polvo.

    Ahora comprendí su gesto, y vi en sus dedos cierto temblor.

    – He pensado algo que puede interesarle. Me ha contado que vive de esto. La única forma de evitar esa tensión, es que estemos juntos lo que queda del día, y le propongo que vayamos al supermercado, hagamos la compra de la semana como cualquier pareja, no es necesario que hagamos en este pueblo, podemos hacerla en Alcoceber.

    Y luego preparar la cena juntos, como una pareja normal y es más, incluso preparar un guion, quienes son los personajes que vamos a representar.

    Su gesto era de sorpresa, había abierto mucho los ojos y sus labios se habían separado, se los humedeció con la lengua.

    – Es una forma de mentira.

    Respondió con cierta sequedad.

    – No, ficción y esto no es mentira, es un acuerdo entre una pareja para acortar distancias. Podemos jugar a la pareja que le mueve el interés, ella es gorda y con dinero y yo soy un espabilado que a costa de polvos la quiere sacar dinero.

    Otro guion puede ser, el, yo un ser lleno de problemas y usted una mujer con poderes que puede ayudarle, y la moneda de cambio es sexo.

    Y otro más, es que usted esconde secretos inconfesable, en una pequeña habitación de su casa, donde tiene la plancha, en las madrugadas de tormentas, escribe conjuros, y lo hace desnuda con su cuerpo pintado de color sangre, convoca a seres de las sombras para que la follen, y describe la forma de como la monta ese ser de las sombras, y lo hace con todo lujo de detalles, así como de como la va satisfaciendo y como termina la bestia, y en otro libro, anota las marcas que ha dejado en su piel, así como los mordiscos en los lugares que usted le señalaba y por último, que además al hacerlo su cuerpo la premió con varios orgasmos espaciados, debido a que recogió el semen de esa bestia, que salía de su vagina.

    Su mano apretaba con fuerza mi muñeca contra la triqueta, tenía los ojos cerrados y sus labios temblaban. La presión en mi muñeca me hizo pensar que había dado en el blanco.

    Susurró con voz inaudible.

    – No siga ¡Por favor! – Su respiración estaba acelerada.

    La di unos instantes de respiro, este sistema nunca me ha fallado, suele romper cualquier tabú que las impide soltarse el pelo, en este caso hay que esperar a que su vagina responda a la excitación a la llamada del macho.

    – Le puedo ofrecer muchas fantasías, sin embargo usted debería pensarlas, dudo que no sepa. Llamó mi atención su soledad, esa mirada ausente que parece que no ve pero mira, se da cuenta del entorno, no como la bailarina que anima la feria con sus movimientos sensuales.

    – Me confunde, empiezo a tenerle miedo.

    Mantenía los ojos cerrados, deduje que era miedo a la realidad, moví ficha.

    – Podemos empezar por el final, en el interior de esta tienda, un ensayo de polvo o un anticipo de lo que puede sentir esta noche. Usted acostada, separadas las piernas y me deja libertad de movimientos.

    Desde un recorrido por los lugares de su cuerpo donde despertaré el placer que tiene olvidado, hasta podemos hacer ensayos del beso, y mientras sus manos estarán ocupadas con el penetrador, yo acariciaré sus pechos, sus pezones y de esa forma se despertarán sus sentidos.

    Abrió los ojos, los tenía enrojecidos y me miró asustada.

    – No tenga miedo, lo que le estoy ofreciendo carece de peligro, y seguramente desconoce lo más normal en las parejas cuando llega el fin de semana.

    Seguí presionando.

    – Otro guion es el más sencillo, a la mayoría le gusta más, sumisas, usted se convierte en una mujer sumisa que precisa de amo, y como no sabe nada, me contrata de amo.

    Su mirada relampagueó, no le gustaba nada.

    – ¿Y qué debe hacer una sumisa?, no termino de comprender que las haya.

    – Sencillo, cumplir las órdenes de su amo. Todas sin excepción.

    Dudo que las haya – Tono dubitativo. Se recuperaba, le di un poco más de cuerda.

    – Es muy simple, supóngase que soy su amo y le digo que al tipo que toca la gaita, le llame y a la vista de la gente le haga una felación.

    Abrió mucho los ojos como respuesta.

    – Nos detendrían por alterar el orden.

    – Se equivoca, algunos aplaudirían.

    – Si fuera mi amo ¿Qué me ordenaría la primera vez?

    – Que cambiara su atuendo y que no llevara ropa interior.

    – No entiendo lo de atuendo.

    – Sencillo, que se vista como mujer, su ropa es una armadura y no deja traspasar el perfil de los pezones de sus pechos, cuando se excitan como respuesta.

    – Empiezo a pensar que usted es un pervertido.

    – No se defienda y vuelva a la vida, precisa de un cambio en su cuerpo y estoy seguro que será beneficioso para lo que hace, ignora el estado de mucha gente y aunque no lo admita, la base de la vida es el sexo.

    – No estoy de acuerdo, hay cosas más importantes.

    – No lo crea, lo primero que piensan dos seres que se encuentran, no importa dónde y el asunto, lo primero que piensan es como sería ella o el follando.

    – Repugnante si eso es verdad – Argumentó.

    – No lo crea, y lo tengo comprobado, muchas me lo han reconocido.

    De nuevo duda en su mirada, sopesaba mis palabras y sus pobres respuestas.

    – Estoy perdida y me ha confundido mucho, no sé qué pensar.

    – ¿Quiere poner los pies en el suelo?

    – Me gustaría – Tono de duda.

    – Cierre la tienda, entre y desnúdese, le doy cinco minutos, le haré una demostración, y si quiere, tápese el rostro como si fuera ciega…, y déjese llevar no tema nada.

    Entró en la tienda, sacó un largo rollo de tela y le puso en la zona donde estaba la mesa y dos sillas, llamó con una señal a uno vestido de juglar y le habló al oído, este asintió varias veces y fue colocando unos soportes con cadenas cerrando el paso a los caminos del mercado medieval, después entró en la tienda.

    El interior estaba en penumbra, había colocado varias telas de color negro tapando la claridad exterior. En el suelo había varias colchonetas cubiertas por tapices y telas de diferente grosor, ella estaba acostada de lado, su cabeza estaba cubierto por un velo opaco, no se atrevía del todo, por tanto actué con mucho cuidado, algo fallaba.

    – Que personaje adopta, sumisa o una mujer secuestrada por bandidos y que todos la van a follar.

    Le hizo gracia, su cuerpo se agitó como cuando te ríes.

    – Prefiero la de mujer que no piensa.

    – Entonces…

    – No me resistiré, me he dado cuenta de que me has ofrecido suficiente información para afrontarlo. Pero recuerda que no me he lavado, lo hago por las noches antes de acostarme.

    Ya estaba todo dicho. Y por otro lado la mujer no desprendía olor sospechoso más bien todo lo contrario.

    Moví su cuerpo, quedó boca arriba. Separé sus piernas, ella abrió la boca dejando escapar algo parecido a un suspiro, estaba confundida, pensaba que iba a metérsela a saco, ya que sus manos se aferraron a las telas.

    Me desnudé deprisa y pasando las piernas a ambos lados de su cuerpo llegué a su cabeza. El penetrador permanecía tranquilo y sin descubrir al glande le acerqué a su cabeza.

    Giró su cabeza dudando, yo cogí su mano izquierda y le llevé al penetrador, lo cogió apretando ligeramente, su cabeza ladeada dudaba frente al penetrador, separó los labios y despacio frotó el penetrador con sus labios, separó levemente los labios y empujó el penetrador en la boca, lo hizo despacio.

    Sujeté su mano para que no lo metiera del todo, el penetrador fue creciendo en su boca, ella se removió inquieta, no sabía que iba a ocurrir, pero la naturaleza actuó y ella de forma espontánea pasó le lengua empujando hacia atrás la piel del escroto, y empezó a lamer despacio, y como respuesta, el penetrador creció un poquito más, aun le faltaba.

    Sujetando su cabeza me fui acostando a su lado, ella quedó de lado dejando sus piernas cerca de mi cabeza, de nuevo las separé y mi lengua entró entre los labios exteriores, ella abrió la boca dejando escapar un suspiro retenido, y mi lengua llegó al clítoris, de su boca escapó el primer gemido juntando la piernas, pero no la dejé, su vagina ya respondía con cierta humedad, algo que no esperaba.

    Fui despacio, tenía un clítoris importante, y le apresé con los labios, ella murmuró algo que no comprendí y elevó la pelvis, y no la di respiro, la punta de la lengua rozó el abultado glande del clítoris, y como respuesta mantuvo elevado la pelvis, pero seguí despacio, y fue cuando desperté su interior, en la barbilla sentí humedad, algo que la faltaba, y de nuevo elevó la pelvis empujando, señal inequívoca, pero aún no.

    Cambiamos de postura, ella tiró de mi brazo y luego del costado, y dijo con voz entrecortada.

    – Métemela ya.

    Pensé darle un poco más de tiempo, pero su gesto era anhelante y obedecí, pero lo hice muy despacio.

    – Guíale tú, y métele despacio, para que lo sientas desde el principio, y la entrada, que es anillo vaginal si lo haces despacio, sentirás como le aparta, la vagina responderá y procura estar atenta, piensa cuando entró el primero.

    Y así lo hizo, gimió de nuevo y le detuvo en la entrada y al oído me dijo con voz entrecortada.

    – Es verdad, siento cierto calor muy adentro y estoy muy nerviosa.

    – ¿Cómo te follaban?, supongo que tendrás recuerdos.

    – Era todo muy rápido, borré los recuerdos, malos recuerdos.

    – Bueno, es el momento de cambiarlos.

    Y entré despacio, muy despacio, es como me gusta, aunque es por ellas y por mí, puedo paladearlo y además lo que más me interesa es su respuesta, ella abrió la boca soltando aire despacio.

    – ¿Te gusta así? – Sabía la respuesta.

    – Sí, tengo la sensación de mucho calor dentro, humedad.

    – Es normal, no lo confundas, no te estás meando.

    – Eso pensé antes, me gusta.

    Me detuve, lo hice para ver su respuesta, tenía los ojos cerrados y la boca abierta. Lo normal. Abrió los ojos mirándome.

    – ¿Te ocurre algo? – Preguntó con suavidad.

    – No, quiero que recuerdes lo que estás sintiendo, y puedes tomar la iniciativa.

    – No entiendo lo que dices.

    – Por ejemplo que me salga, cogerlo con tus manos y tú misma metértelo y sacarlo, como si fueras las dos partes.

    – ¿Y para qué sirve?

    – Piensa en lo que has sentido cuando he entrado.

    – Han sido tantas sensaciones que han despertado, que no puedo precisar.

    – Ahí lo tienes. Pero falta algo importante, no nos besamos y eso es importante.

    La respuesta fue el silencio, ella se removía debido a que el penetrador tenía sus propias reacciones, es decir, entrar hasta el fondo, pero no lo hice.

    – Y otro detalle importante, estamos en la oscuridad, es mejor la penumbra. Una gorda desnuda tiene su punto, y la verdad es que jamás comparo.

    Silencio, y su respiración se calmaba.

    – Al principio pensé que te daría asco, me ocurrió la última vez que un tipo me la metió, y además se mofaba, eso hizo que mi mente se cerrara, le aparté dándole una patada, su respuesta fue un puñetazo y terminó de forma brutal, rematando la obra, tirándome dinero encima, cuando todo sucedió en unas fiestas, no hubo nada de poner precio.

    – ¿El precio de las respuestas?

    – No, me engatusó de mala forma, nada tenía que ver con esto, fue un momento mío de debilidad, llevaba mucho tiempo sola.

    No dije nada, era mejor no seguir, podía estropearse todo lo conseguido. Guardé silencio.

    – Te siento dentro y nada parecido con lo tenía en mi memoria, y además siento ganas de llorar, es por como lo preparas, empiezo a comprender a tus mujeres, esas por las que vas de paso por ellas.

    No dije nada, apenas se movía, pero sus manos en mis costados hablaban por ella, incluso llevo una hasta mi vientre, le acarició con las puntas de los dedos y descendió hasta el penetrador, puso dos dedos encima de él, como si cabalgaran y le apretó un poco.

    – Me siento diferente y sabes mucho, eso me llena de temor, ahora no sé qué hacer, me siento de forma contradictoria, bien y mal por los recuerdos.

    – No le des vueltas, mira al presente. Decide tu misma.

    Y me sorprendió. Sus dedos abandonaron el penetrador y tiró de mi cuello hacia ella, buscó mi boca, parecía morderme los labios pero no, entró en mi boca y a la vez hizo que el penetrador entrara hasta el fondo, rodeó con su brazo izquierdo mi cintura apretando mi cuerpo contra el suyo y la su brazo derecho mantuvo nuestras cabezas juntas, se llevó toda mi saliva y sentí sus lágrimas, y empujó y una y otra vez, parecía tener prisa, la dejé en libertad, mi mente se olvidó de las sensaciones que enviaba el penetrador y pensé como sería el final, su final, que ocurriría.

    Su empuje fue siendo más acompasado, y abrió los ojos, ya no lloraba, se detuvo.

    – ¿Te has desconectado por mi culpa?, verdad.

    Negué con la cabeza sonriendo.

    – No, esto es un ensayo, por tanto no tiene por qué salir bien, o regular o mal, el sexo es así, nunca se puede saber el final.

    – Pues me gusta lo que siento, dentro de mí hay algo que se deshace, y me gusta esa sensación de dureza en mi interior.

    – ¿Y ahora qué?

    – Ahora quiero que tomes la iniciativa, me has dejado desde el principio, y te diré que has limpiado la imagen que tenía de ese tipo encima de mí.

    Tu no me has forzado a nada, me has llevado a lo impensable, pensaba en algo parecido, pero no, como ese truco del anillo vaginal, no lo sabía y es cierto he sentido como se apartaba al empuje del glande, sentí calor en el vientre.

    Parecía muy agitada, incluso fatigada.

    – ¿Qué te gustaría?

    – Que me folles, que envistas, que sienta tu empuje en la vulva, que te corras dentro procurando que me entere y ya hablaremos de ese guion del que me has hablado, y entiendo que tus mujeres no se olviden de ti.

    Y salí despacio, ella se mantenía apretada y sentí su aliento en la oreja, me dijo que muy bien, obedecí, aunque fui despacio, entrando hasta el fondo y saliendo del todo, pero sin separar el glande de la entrada. Me quedaba en el anillo vaginal, ella ocultaba gemidos debido a la fragilidad de las paredes, nos podían escuchar, pero babeaba procurando evitarlo, sentía como bajaba la saliva, y ese runruneo a la vez que elevaba la pelvis.

    Y de vez en cuando ella aceleraba, no lo entendía ya que parecía estar disfrutando, y la avisé, pero antes hice algo que a todas les gusta. El glande antes de eyacular tiene una especie de pulsaciones, en realidad le tiene todo el penetrador, pero donde se más se nota en el grande.

    Ella parecía saberlo ya que empujó, provocando la eyaculación y de nuevo elevó la pelvis.

    – Noto su calor – Dijo con voz entrecortada.

    Y siguió empujando, yo estaba detenido. Era sorprendente.

    – Y ahora como va saliendo de la vagina.

    Se apretó más, sin darse cuenta que la moverse el semen escapaba más deprisa y me apartó despacio, llevando su mano derecha al penetrador que no había salido del todo, le agarró con todos los dedos y lo extendió por el monte de venus.

    – Estoy regando con tu semen el monte de venus.

    – Para qué – pregunté extrañado por su comportamiento.

    – Entrarás de nuevo por cada uno de mis poros, y quedarás dentro.

    Elevó de nuevo el pubis y el penetrador llegó al fondo.

    – Quiero sentir como sales de mi pero de forma natural, como ha sido el principio.

    – ¿Y después?

    – Vamos a mi casa, escribiremos ese guion. Prepararemos esa cena que has mencionado y luego, en la madrugada estudiaré tu caso, pero necesito que me ayudes.

    – ¿Cómo puedes ayudarte?

    – Tú puedes.

    – Ya me explicarás como.

    – ¡Quiero que me folles dormido!

  • Polvazos incestuosos

    Polvazos incestuosos

    Amaia, podía pasar por Amaia Salamanca, con unas tetas más pequeñas, pero si me apuran diría que aún era más sexy. Era heterosexual. Heidi podría pasar por Heidi Blair Montang y era lesbiana. Sus distintas condiciones sexuales no impedían que las dos primas fuesen amigas íntimas.

    Estaban en pijama boca abajo sobre la cama de Amaia con una mano en el mentón mirando Abierto Hasta el Amanecer en la tele de plasma que había en la pared. Los padres de Amaia se fueran a Venecia a pasar el fin de semana. Su hermana Alba y su hermano Alejandro, un mariconcito, se fueran juntos de marcha y no volverían hasta el amanecer. Las muchachas tenían libertad para hacer lo que les viniese en gana. Amaia le dijo a Heidi:

    -Con ese tatuaje George Clooney estaba para comerlo.

    -Quien estaba para comerla era Juliette Lewis.

    -Si tú lo dices…

    -Sí, lo digo. Metería todo su chochito en mi boca y se lo comería hasta que me emborrachase con el jugo de su corrida.

    -Eres una enferma.

    Salió Salma Hayek con una pitón al cuello, y le dijo Heidi a Amaia:

    -¡Qué buena está la cabrona!

    -Te van todas.

    Heidi, mirándole para las tetas, le dijo:

    -Si están buenas, sí. ¿Queres saber cómo haría para que se corriese esa jamona?

    -¡No! Y no me mires para las tetas.

    -O.K. Miraré para las tetas de Salma.

    Salió a relucir la vena cotilla de Amaia.

    -Dicen que Salma Hayek y Penélope Cruz se liaron durante el rodaje de Bandidas. ¿Será verdad?

    -Probablemente lo hicieran. Las actrices prueban de todo, no como alguna que yo me sé.

    -No empieces.

    -Es que eres la cosita más rica que han visto mis ojos.

    -Ya empezaste.

    -A ver, Amaia. ¿Si a ti te gustase un chico no intentarías ligar con él?

    -Es diferente. Además, estamos solas en casa y me violentas.

    -Tranquila, sé que ni jugarías al juego de las zonas y los puntos erógenos.

    La curiosidad…

    -¿Qué juego es ese? Nunca oí hablar de él.

    -Es un juego que inventé yo. Se da la primera letra y la última de un punto erógeno o de una zona erógena del cuerpo de la mujer, si se acierta se da un punto. La primera que llegue a cinco puntos gana y la que pierde le tiene que hacer a la otra las tareas durante una semana. Si no se acierta, la que falló tiene que besar a la otra en ese punto, en esa zona o en la boca, con o sin lengua, si no lo hace, o pide papas, recibe tres zapatillazos en cada nalga a braga quitada.

    -Es un juego de lesbianas.

    -Es un juego erótico, pero hay que ser muy inteligente para ganar.

    Hubo un apagón y se encendió el generador del pazo. La televisión no funcionaba. La habitación estaba a media luz.

    -¿Me estás llamando tonta?

    -Mujer, tonta no eres, pero en este terreno no sabes tanto como yo. Creó que eres de las que el perineo les suena a algo de los montes Pirineos.

    -El perineo está entre el chochito y el culo, y es un lugar erógeno. Otras zonas erógenas son…

    -¿Si tanto crees saber por qué no juegas, cobarde?

    Si había una cosa que cabrease a Amaia era que le llamaran cobarde.

    -¡¿Cobarde yo?! Juguemos.

    -Una vez se empieza ya no se puede volver atrás.

    -No voy a parar hasta que te gane. Pregunta.

    Heidi se sentó en la cama con las piernas cruzadas.

    -Zona erógena del cuerpo. Comienza con «C» y termina en «O»

    -Cuello.

    -No, culo. ¿Beso con lengua, sin lengua, en la boca, en el culo o zapatillazos en las nalgas?

    Amaia no se lo pensó dos veces.

    -Zapatilla.

    Heidi, cogió debajo de la cama una zapatilla peluche de elefante, con el piso de goma azul, le bajó el pantalón del pijama hasta las rodillas. (No llevaban bragas ninguna de las dos) Tenía un culito redondito y respingón. Le acarició las nalgas con el peluche. Amaia, le preguntó:

    -¿Qué haces, guarra?

    Heidi le largó tres veces en cada nalga con la zapatilla.

    -¡Plas, plas, plas!

    Amaia, exclamó:

    -¡¡Aaaay!

    Se subió el pantalón del pijama.

    -Haber escogido el beso.

    -Sí, en el culo, no te jode.

    -Y con lengua. ¿Te vuelves atrás?

    -¡Antes muerta que gallina! Pregunta.

    -Lugar erótico. Comienza por «C» y termina en «S»

    -Costillas.

    -No, clítoris. Beso con…

    -Zapatilla.

    Heidi, le volvió a bajar el pantalón y le volvió a acariciar las nalgas con el pelo del elefante y después le dio:

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    Esta vez no le dio el gusto de oírla chillar ni de ver como subía el pantalón del pijama.

    -Me has dado más fuerte que antes, cabrona.

    -Y cada vez te daré con más fuerza. Acabarás comiendo de mi mano.

    -Sueña, asquerosa, pero antes, pregunta.

    -Comienza con «P» y acaba en «S»

    -Piernas.

    -No, pezones.

    -¡Este juego tiene trampa!

    -Beso en mis pezones…

    -Zapatilla.

    Heidi se quitó la parte de arriba del pijama. Sus pequeñas tetas eran preciosas, parecían dos manzanas con sus pequeños rabitos.

    -¿No prefieres darme un par de besitos en los pezones? Mira que tetitas más ricas tengo.

    Amaia le miró para las tetas, después bajó la cabeza, y le respondió:

    -No, zapatilla.

    Le volvió a pasar el peluche por las nalgas. Amaia abrió un poquito las piernas, le hizo cosquillas en el ojete con la trompa del elefante. Amaia cerró los ojos y esperó los zapatillazos. Le iban a caer con más fuerza.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -¡Zorra, me vas a poner el culo en carne viva!!

    -No haber despreciado mis tetas.

    Le pasó un dedo por la raja del chochito. Amaia, levantó la cabeza y le dijo:

    -¡¿Qué haces, cochina?!

    Heidi sacó el dedo mojado. Lo metió en la boca, lo chupó, cerró los ojos, y dijo:

    -Ummm. Pura ambrosía.

    A Amaia se le estremeció el cuerpo, al ver a su prima saborear su jugo, pero le dijo:

    -Guarra, te aprovechas del juego.

    -Sí. Vale, como el juego lo inventé yo, te rindes, haces mis tareas y Santas Pascuas.

    -¡Y una mierda! Pregunta.

    -¿Eres masoca?

    -¡Que preguntes, coño!

    -El coño te lo comía yo, y con mucho gusto.

    -¿Juegas o me haces tú las tareas a mí, golfa?

    -Juego. Comienza con «B» y acaba en «A»

    -Barriga.

    -No, boca. ¿Zapatilla?

    Amaia, se incorporó y le metió un morreo a Heidi que le dejó el coñito abriéndose y cerrándose.

    -Pregunta.

    -Comienza por «L» y termina en «A».

    -Loba.

    -¿Loba? Fallas a propósito. La respuesta es lengua.

    Amaia se volvió a incorporar y le comió la lengua con otro morreo. El coñito de Heidi empezó a bailar sevillanas.

    -Comienza con «Cho» y termina en Chito».

    Heidi esperaba que fallase.

    -Pido papas. Zapatilla.

    Heidi se quitó la parte de abajo del pijama.

    -Hace mucho calor aquí.

    Amaia miró para el chochito peludo de Heidi.

    -Hace. ¿No sabes depilarte, cerda?

    -A mis novias le gusta así.

    -Tú no tienes novias.

    -¿Y mis dedos que crees que son?

    -Onanista.

    Heidi, con sorna, le preguntó:

    -¿Por dónde íbamos, sor Amaia?

    -Zapatilla.

    Le dio otros seis zapatillazos, esta vez con poca fuerza.

    -Plas, plas, plas.

    Amaia cerró los ojos y le dijo:

    -Pregunta.

    -Comienza por «T» y termina es «S».

    Amaia quería mamar.

    -Testículos.

    -Las mujeres no tenemos testículos. La respuesta era tetas.

    Amaia, se volvió a incorporar y le dio dos besos con lengua, uno en cada teta y sobre los pezones. El coñito de Heidi ya era una laguna.

    -Pregunta.

    Heidi ya se tiró de cabeza.

    -¿Echamos un polvo?

    Amaia cogió la zapatilla que Heidi había dejado sobre la cama, se la puso en la mano y se volvió a echar boca abajo. Heidi, le quitó la parte de abajo del pijama, y le dijo:

    -Eres, eres masoca. ¿Te doy fuerte?

    -Sorpréndeme.

    Heidi, le dio suave, fuerte y suave.

    -Pregunta.

    -¿Follamos?

    Amaia no le contestó. Heidi abrió las cachas de Amaia con las dos manos y le pasó la lengua por el periné y el ojete. Amaia abriendo más las piernas, y levantando el culo, le dijo:

    -Marrana.

    -¿Quieres que deje de comerte el culo?

    -No, sigue. Es asquerosamente delicioso.

    Amaia se quitó la parte de arriba del pijama.

    Heidi le comió el culo bien comido, después, se echó encima de Amaia, acarició su espalda con los pezones, y a continuación se la masajeó con las tetas. La besó en el cuello… bajó besando y lamiendo la columna vertebral hasta llegar al coxis, de él bajó al ojete y se lo folló con la punta de la lengua, al principio, ya que al ratito era Amaia la que le follaba la lengua con su ojete echando el culo hacia arriba. En los muslos de Amaia brillaba el jugo que salía de su coño. Heidi, le dijo:

    -Date la vuelta, cariño.

    Amaia se dio la vuelta. Sus tetas eran grandes con areolas rosadas y pezones como guisantes. Su coñito lo tenía totalmente rasurado. Se besaron largamente, después, Heidi, le pasó la lengua por los pezones y las areolas, mientras le magreaba las tetas, chupó y mamó pezones y areolas, bajó besando y lamiendo hasta llegar al chochito. Lo halló abierto como una flor, chorreando, con sus labios hinchados. Los lamió, lamió el clítoris y le folló el coño con la lengua. Lo metió todo en la boca… Amaia se iba a correr, sus gemidos así se lo decían a Heidi. No podía dejar que se corriese, si lo hacía, lo más probable era que no quisiese seguir y quedaría ella sin correrse. Paró de trabajarle el chochito. Subió encima de Amaia y le puso el ojete en la boca. Su prima le comió el culo y después el chocho. Seis veces le tuvo que quitar la mano a Amaia del coño pues si la deja se toca y se corre.

    Al estar las dos a punto de correrse hicieron un 69 en posición paralela. Enterraron sus bocas una en el coño de la otra y se los comieron con lujuria.

    Amaia, retorciéndose con el placer que sentía, fue la primera en correrse. Soltó un chorro de flujo en la boca de Heidi, Heidi, temblando, le respondió con otro chorro al empezar a correrse ella.

    No dijeron ni «esta boca es mía». La tenían muy ocupada gimiendo, lamiendo y tragando jugo sin parar.

    Acabaron rendidas, pero no hartas de beber, ya que lo primero que hicieron, al ponerse boca arriba, una al lado de la otra, fue besarse con lengua para saborear el flujo de sus propias corridas.

    Al rato, Heidi, tocándose el coño, le dijo a Amaia:

    -Yo con un orgasmo no tengo suficiente.

    -¿Cuánto tardas en correrte al hacer un dedo?

    -Depende, pero hoy menos que tú?

    -¿Qué te apuestas a que me corro yo primero?

    -Un beso con lengua en todo el coño.

    Alba, la hermana de Amaia, que bien podía pasar por Jessica Alba, de jovencita, y su hermano Alejandro, que era moreno, alto, delgado y muy guapo, habían discutido con una amiga por un chico y volvieran a casa. Oyeran lo de la apuesta y en bajito, le dijo Alejandro a Alba.

    -¿Quién crees que ganará?

    -Y lo dices como si nada. Amaia se está dando gusto con la prima.

    -¿Y qué? Que experimente. Yo me voy para mi habitación, y tú deberías ir para la tuya.

    Alejandro se fue para su habitación. Alba tenía otros planes. Arrimó la espalda a la pared del pasillo que estaba al lado de la habitación de su hermana y se puso a escuchar.

    En la habitación, Amaia y Heidi cerraron los ojos y empezaron a masturbarse.

    -¿En quién vas a pensar, Amaia?

    -En George Clooney. ¿Y tú?

    -En Juliette Lewis de jovencita. ¿Te quieres correr otra vez en mi boca?

    -Sí. Cuando me vaya a correr te aviso.

    Alba, metió la mano dentro de las bragas, cerró los ojos y se comenzó a dedear pensando en Heidi… Al rato se la estaba comiendo a su hermana… poco después se la comían a ella las dos, y acto seguido se masturbó mirando para ellas desde la puerta de la habitación para que la vieran. Como estaban con los ojos cerrados no la veían. Tuvo que decirles:

    -¿Puedo masturbarme con vosotras?

    Amaia y Heidi se llevaron un susto de muerte. Se sentaron sobre la cama con las piernas cruzadas. Tapando las tetas con las manos. Amaia, le preguntó:

    -¡¿Qué haces en casa?!

    -Venía a dormir, pero acabé con un dedo dentro de mi chochito escuchando vuestros gemidos. ¿Nos corremos las tres juntas?

    -¡Cómo me voy a correr con mi hermana pequeña! ¿Y Alejandro?

    -En su habitación.

    Amaia estaba realmente preocupada.

    -¡¿No nos oiría?!

    Alejandro, apareció en la puerta de la habitación, y le respondió a la pregunta.

    -Oí. ¿Puedo mirar como lo hacéis?

    -¡¡ No vamos a hacer nada!!

    Amaia estaba desbordada por la situación. Alba se metió en cama, y le dijo a su hermana:

    -No te está pidiendo que le dejes comer tu chochito, sólo quiere mirar.

    -¡No va a haber nada que mirar!

    -Yo creo que sí, de lo contrario papá se va a enterar de que eres lesbiana.

    -¡No soy lesbiana! Fue un calentón.

    Alba tenía mordida a la presa y no la iba a soltar.

    -¿A quién creerá?

    -¡Serás, cabrona!

    Alba, que era la caprichosa de la casa, se echó boca arriba en la cama, y les dijo:

    -Desnudarme.

    Heidi, le dijo a Amaia:

    -Habrá que darle lo que se merece. ¿No crees?

    Amaia estaba muy mosqueada.

    -¡No!

    Heidi le dijo algo al oído a Amaia que le debió gustar, ya que sonriendo, le dijo a su hermana:

    -Así que quieres cobrar un precio por no delatarme.

    -Quiero. Desnudarme y hacerme cositas.

    Amaia, quitando los brazos y las manos de las tetas y volviendo a estirar las piernas, le dijo a Alejandro:

    -Siéntate y disfruta de la vista hermanito. No pueden quedar cabos sueltos.

    Alejandro, con una sonrisa de oreja a oreja, se sentó en un taburete.

    Mientras Amaia desnudaba a su hermana, Heidi le comió la boca. Al tenerla desnuda, la echaron hacia atrás. Amaia le comió las tetitas, que eran como las de Heidi… y Heidi le comió el pequeño coño rasurado metiéndolo todo en la boca. Alba iba a durar muy poco, al ratito, exclamó:

    -¡Ay que me corro!

    Pararon de jugar con ella. Le dijo Heidi:

    -Échate boca abajo en el regazo de tu hermana.

    -¿Me vas a comer el chochito por detrás?

    -Mejor, te voy a trabajar el culo.

    -¡Que morbo!

    Alba se echó en el regazo de su hermana. Heidi le pasó la lengua por el culo. Alba echaba el culo hacia arriba para ver si le penetraba el ojete con ella.

    -¡Dame, prima, dame!

    Heidi, le dio, le dio con la zapatilla.

    -¡Plas, plas!

    -¡Aaaay!! ¡¡¡Hija de puta!!

    Le volvió a dar, pero ahora a toda hostia, y metiéndole un dedo en el chochito.

    Alba se corrió jadeando como una perrita. Sus piernas temblaban. Su cuerpo se sacudía y su jugo calentito salía de su coño, bajaba por los muslos de su hermana, se juntaba con el que tenía en la raja abierta y caía en la cama.

    Al acabar de correrse. Amaia le dio la vuelta, Heidi, le lamió el coño de abajo arriba, rápido al principio y a toda mecha después, Alba, chillando como una coneja, se volvió a correr, una y otra, y otra vez, hasta cinco veces se corrió antes de perder el conocimiento.

    Amaia, al ver durmiendo a su hermana pequeña con aquella carita de felicidad, le dijo a Heidi:

    -Le gustó el castigo.

    -¡Puuuf! ¡Cómo me puso tu hermana!

    -Y a mí. ¿Follamos?

    -Por primera vez en mi vida tengo ganas de hombre.

    Alejandro, que en ningún momento se había tocado, le dijo:

    -¡Para mí no mires!

    Fueron a por él y, la verdad, mucha resistencia no opuso, ya que lo cogieron una de cada mano, y lo único que dijo, con voz amanerada, y contoneándose al andar, fue:

    -¡Nooo, abusonas, noooo!

    Lo desnudaron al lado de la cama. Su hermana Amaia, en cuclillas, le lamió y le folló el ojete, Heidi, arrodillada, le lamió los huevos y le mamó la polla empalmada. (Las películas gay que había visto le enseñaran como hacerlo) Alejandro era virgen, y aquello que le hacían, minutos después, hizo que se corriese en la boca de Heidi, a la que no le dio asco como pensó que le daría, ni al mamar, ni al recibir la leche caliente en su boca.

    Se metieron en cama. Amaia era ahora la que le mamaba la polla a su hermano, una polla que se pusiera blanda, y que trataba de poner dura. Heidi le comía la boca. La polla no tardó en ponerse dura. Amaia subió encima de su hermano. Heidi le puso el culo en la boca y Alejandro, se lo lamió.

    Amaia le cogió la polla con su mano derecha y la frotó contra su coño abierto y empapado.

    -¡Noooo, chocho, nooo! ¡¡Culito, quiero culito!!

    Amaia jugó con la cabeza de la polla en su ojete. Empujó con el culo y metió la puntita.

    Alejandro, se había estrenado.

    -¡Siiiii!

    Amaia la sacó y la metió en el coño. Entró tan apretada como en el culo, pues en el aquel coñito sólo habían entrado dedos. Alejandro pensaba que se la estaba clavando en el culo y le dio caña.

    -¡Te voy a romper el culo!

    Unos minutos más tarde supo que no le estaba follando el culo, y fue cando el coño de Amaia apretó su polla y descargó sobre ella el jugo calentito de una corrida.

    A Alejandro le había gustado ver y sentir como ser corría una mujer.

    Heidi, (dándole la espalda a Alejandro) ocupó el lugar de Amaia. Se metió la polla en el coño. Alejandro le magreó las tetas y le besó el cuello. Heidi lo folló un rato, pero estaba tan caliente, que acabó sacando la polla del coño, (con ella salió cantidad de jugo), poniéndola en la entrada del ojete y diciéndole:

    -Métemela despacito.

    Alejandro se la metió lentamente. Cuando la tenía metida a tope, Heidi, se echó hacia atrás, y le dijo a Amaia:

    -Cómemela.

    Amaia lamió el coño, que estaba abierto como una flor. Alejandro le folló el culo con una suavidad exquisita. Al rato, del coño de Heidi comenzó a salir flujo a borbotones. Heidi se retorcía con el placer que estaba sintiendo, placer que mientras Amaia bebía de ella, le hizo exclamar:

    -¡¡¡Dioooos!!!

    Era el primer orgasmo que tenía Heidi con un hombre y una mujer y le había encantado.

    Heidi había despertado a Alba, que les dijo:

    -¡¿Pero no erais gay y lesbiana?!

    Alejandro ya no tenía voz amanerada.

    -Calla y sube. Me faltas tú. Ya follé a las otras dos corderitas.

    Amaia, dijo:

    -¡Ay que ha dicho! Zapatilla, por favor.

    Heidi le dio la zapatilla. Amaia le dio con ella en la polla tiesa por la parte del peluche. Alberto, dijo, riéndose de su hermana:

    -¡Uy, qué daño!

    No debió decirlo.

    Le dieron la vuelta. El chulito puso el culo en pompa y lo movió hacía un lado y hacia el otro. Le cayeron cuatro zapatillazos por la parte de la goma.

    -¡¡¡Plas plas, plas plas!!!

    Quiso darse la vuelta pero no lo dejaron.

    -¡¡Joooder!! ¡¿Estáis locas?!

    Amaia, le besó y lamió una cacha, Alba, la otra y Heidi le besó con lengua el ojete. Las tres se estaban haciendo un dedo mientras lo ponían a punto.

    -Seguir, seguir, loquitas mías.

    Le volvieron a caer cuatro zapatillazos.

    -¡¡Plas plas plas plas!!

    -¡¡Puta!!

    Heidi le dio unos besos con lengua en el ojete y le masturbó la polla.

    Alejandro ya le cogiera gusto a la zapatilla.

    -¡Darme caña, hostias!

    Amaia gozaba sacudiendo.

    -Joder, me voy a correr, ¡Qué desperdicio de leche. ¿La quiere alguna?

    Alba, se anotó.

    -La quiero yo en mi coño.

    Alejandro se dio la vuelta, Alba subió encima de su hermano. Amaia y su prima Heidi volvieron a hacer un 69 en posición paralela. Alejandro hundió su polla en el chochito de su hermana. Amaia y Heidi hundieron sus bocas en los coños, y poco después empezó una marea de corridas. La de Alejandro dentro del coño de su hermana.

    -¡¡¡Me coooorr, Alba!!!

    La de Alba empapando la polla de Alejandro.

    -¡Y yo y yo y yo y yo! ¡Oooooh!

    La de Amaia en la boca de Heidi.

    -¡Dámela, dámela, dámela! ¡¡¡Me voooooy!!!

    Y la de Heidi en la boca de Amaia.

    -¡¡¡Beeeebe!!!

    Fue una noche muy larga.

    Quique.

  • Follando con la maestra Raquel (Parte 2)

    Follando con la maestra Raquel (Parte 2)

    El interior de Raquel era delicioso. Su sabor ácido no había hecho más que acentuarse y podía sentir como mi lengua era abrazada con fuerza por las paredes vaginales de mi maestra. Tenía los ojos cerrados, estaba concentrado en el momento, usé todo lo que había aprendido con Karolina y había practicado con otras compañeras. Mi lengua se movía suavemente y con rapidez en su interior, escuchaba su respiración acelerada y los agudos gemidos que dejaba escapar de tanto en tanto. Raquel comenzó a tener pequeños espasmos y a cerrar poco a poco las piernas, ¿tan rápido? Pensé.

    Saqué mi lengua y la volteé a ver. Ella lo estaba gozando, me vio y me acarició suavemente la mejilla con su mano derecha. Yo la tomé de esa mano y besé su palma.

    — Dios, esto está mal…

    Dijo ella.

    — Pero se siente muy bien — Le respondí.

    Me sonrió y volví a mi labor. Abrí sus piernas casi por completo y ubiqué el enorme capuchón que cubría su gran clítoris, presioné un poco por encima para dejarlo salir y, una vez se asomó fuera del capuchón, comencé a jugar con él. Era suave, como cualquier otro, pero de gran tamaño, su color oscilaba entre rosado y rojizo. Lo tomé con dos dedos y comencé a lamerlo con la punta de mi lengua. Raquel comenzó a menearse al ritmo de mi lengua. Finalmente, los espasmos se volvieron cada vez más bruscos, sus caderas se movían violentamente. Retiré mis dedos, abrí sus piernas todo lo que pude y hundí mi boca completamente en su coño. Tenía la nariz y parte de los ojos pegados a su pubis, la alfombra púbica me hacía sentir un poco de cosquilleo en esa área. Usé mi lengua en su clítoris y, cerca del final, la introduje solo para sacarla al momento de la corrida.

    — ¡No, no, no, no, Dios, no!

    Gritó un segundo antes de correrse.

    No pude abarcarla del todo, sus jugos salían disparados con una fuerza que no había visto nunca en otra mujer. Quizá fueron diez segundos en los que dejó salir una cantidad suficiente como para que me costara tragarlos, pero parecieron eternos, su expresión fue lo mejor. Cerró los ojos con fuerza y mostró los dientes, su cabello se meneaba mucho y sus enormes pechos saltaban a la vez que su vientre se inflaba y desinflaba en su intento por recuperar el aliento.

    Yo tragué lo poco de su corrida que me cayó en la boca y no en la clavícula o el pecho y lamí lo que chorreaba desde su coño hasta la raja de sus nalgas. Raquel me tomó la cabeza y acarició mi cabello con delicadeza. Me puse de pie, su vagina seguía chorreando a montones.

    — Estás perfecto — Me dijo mientras acariciaba mis brazos y observaba mi pene erecto.

    Yo no dije nada, pero acerqué mi pene hacia su agujero, comencé a untar el tronco moviendo mis caderas. Desde la base hasta la punta, Raquel se mordía los labios mientras sus manos exploraban mi abdomen y sus ojos miraban a los míos. Finalmente, me eché sobre ella y comencé un beso lento y apasionado. Y, en ese momento, comencé a pensar en Karo. La imagen de mi novia inundó mis pensamientos y el morbo y la culpa vinieron con ella. Le estaba siendo infiel, montando cuernos, qué cosa tan excitante me pareció pensar en que Raquel estaba haciendo lo mismo. Infieles ambos, desnudos y listos para consumar la deslealtad para nuestras respectivas parejas. Si había flacidez en mi pene, desapareció con ese pensamiento.

    Traté a Raquel con más cariño y modales que a cualquier otra mujer, con excepción de la propia Karolina. Nuestro beso parecía el de dos enamorados más que el propio del sexo rudo y desconsiderado que había tenido con Fernanda o Margarita o Karolina. Nos separamos un minuto o dos después.

    — ¿Estás lista?

    — Ve lento, nunca he tenido uno así.

    Le di una sonrisa y pregunté.

    — ¿Así cómo?

    — Así de grande — Me respondió y me dio una palmada en el pecho.

    Volví a poner los pies en el suelo y jalé las piernas de Raquel hasta el borde de la cama, su cintura seguía en la cama, pero sus caderas pendían en el aire sostenidas por mis brazos. Abrí sus piernas lentamente mientras le besaba la pantorrilla derecha. Finalmente, puse el glande en sus labios vaginales.

    Ella estiró sus brazos con las palmas hacia abajo y me veía con una expresión de miedo.

    — Voy a ir lento, ¿ok?

    Asintió con la cabeza.

    Empujé levemente las caderas hacia adelante, en ningún momento dejé de verle a la cara.

    Cuando mi glande comenzó a entrar, ella simplemente gimió un poco de dolor, pero conforme se abrió paso en su interior, comenzó a soltar aire y a suspirar de dolor. Para cuando estuvo totalmente dentro, soltó un grito ahogado y me volteó a ver como pidiéndome piedad. La mueca de su pequeña boca y el gesto de sus ojos me hicieron darme cuenta de que le dolía. Seguí empujando sabiendo que, ese día, no iba a meterle los 20 cm enteros. Fui poco a poco y, al cabo de unos segundos, me puso la mano en el pubis.

    — Espérate, espérate —Se puso el puño en la frente, tomó aire y suspiró—. Ya está, sigue.

    Le hice caso y llegamos a la parte más gruesa de mi miembro. Nunca lo he medido, pero se asemeja bastante a los tubos que tienen los rollos de papel higiénico, por lo menos a mitad del pene, después de eso, se vuelve más delgado tanto en el inicio como en el final. Y me preocupó un poco al escuchar el fuerte grito que hizo cuando llegamos a esa parte, no dijo nada, así que seguí más y más y paré una vez llegamos a la parte delgada de mi miembro. No metería más, su vagina era angosta y, además, mi pene es recto, no se tuerce ni a izquierda, derecha, arriba o abajo y eso puede resultar doloroso para algunas.

    Raquel lloraba un poco y mordía la sabana a la vez que sus manos apretaban las sabanas.

    Eché mi cadera para atrás y esta vez lo metí con más rapidez. Los gritos de dolor me recordaron a Yanneth, una compañera con la que tuve sexo y era una gritona total, cosa que no hizo más que motivarme a meterlo más y con más fuerza. Los gritos de dolor de Raquel y sus ojos suplicantes me llevaron a mover las caderas con más rapidez, su vagina me apretaba y mi pene palpitaba en su interior. Sus piernas temblaban de placer y sus nalgas saltaban al son de mis embestidas, cuando mi abdomen chocaba con sus piernas, sabía que tenía que dejar de empujar, eran mi medida. No tardó mucho en volver a correrse, esta vez, lo dejé caer todo, un poco de ello me bañó el pene a lo que salía, pero la mayoría termino en el suelo. Casi al instante me corrí en su pubis.

    La cogí de las caderas y la puse nuevamente en la cama.

  • Primer viaje solo y primer encuentro (Parte 2)

    Primer viaje solo y primer encuentro (Parte 2)

    Yo ya no pude ni dormir después de lo que pasó, al principio entre llanto y miedo, después me pasé toda la noche pensando. Fui viendo cómo empezó a amanecer y de alguna manera yo pensé que ya sería un día normal.

    Mi cuarto seguía oscuro, y fue ahí cuando me vinieron otra vez recuerdos de anoche, cuando el señor cerró las cortinas para violarme. Sí, me violó, abusó de mí sexualmente.

    De pronto suena que alguien toca la puerta pensé que ya era el servicio a la habitación. Hasta que veo en la mirilla, era el señor. Venía con camisa de cuadros, pantalón negro y zapatos negros. Comenzó a ser raro para mí, porque cuando lo vi no sentía ningún tipo de rencor ni odio, solo quería hablar con él y esperar algún tipo de disculpas (sabiendo que una violación no se puede arreglar así). Yo grité primero aunque ya sabía muy bien quien era:

    Yo- ¿Quién es?

    Señor- Soy yo, Roberto, tu amigo de anoche, ¿Qué harás hoy?

    Es la primera vez que supe su nombre. Y por las palabras que me dijo anoche, siento que se reservó algunas porque afuera la gente comenzaba a salir de su habitación para nadar o desayunar.

    Pensé que si abría la puerta me haría lo mismo de anoche, pero tenía que salir, no pasaría mis vacaciones encerrado y con miedo. Respiré profundo me armé de valor y abrí la puerta.

    Roberto- ¿Cómo estás lindo? ¿Cómo te sientes?

    Yo- ¡Me violaste cómo quieres que me encuentre! (Lo dije en voz baja)

    Comenzó a entrar a mi habitación, pues la gente seguía pasando.

    Roberto- Mira tú me gustaste, y desde que llegaste supe que venías solo. No quise ofenderte pero cuando vi tu cuerpo delicioso en el mar anoche me excitaste, y tu forma de caminar y de moverte no sé, me pusiste muy caliente.

    Yo- Mira yo no soy gay, a mí me gustan las mujeres, no los señores que violan.

    Roberto- Me dices eso pero yo sé que mientes, y que por dentro lo estás pensando y te gustó. Así son todos, una vez que la prueban ya no hay vuelta atrás.

    Yo- Los gays son los que la prueban no yo

    Roberto- ¿Cuántos días estará usted aquí, bebé indeciso?

    Yo- Hoy me voy, (no era verdad, estaré cuatro días en ese hotel)

    Roberto- Llegaste ayer, a quién quieres engañar. Déjame ser tu guía del lugar y sobre todo de tu sexualidad. (Mientras fue cerrando la puerta despacio)

    No sé qué me pasó pero no dije nada ni me pude mover. Comenzó a tocarme, esta vez despacio, metiendo sus manos en mi trasero

    Roberto- Estas ricas nalgas deben ser usadas, si no sería un desperdicio

    Me fue agachando hasta que mi cara dio con su pantalón, lo abrió y vi su pene, estaba gordo pero grande, aún para un señor con barriga.

    Roberto- Prueba este dulce amor, ayer lo viste cuando te di mi lechita en tu culo y ya estaba flácido. Abre tu boquita

    Lo agarré y estaba duro, lo metí con asco a mi boca, el empujaba mi cabeza suavemente. Hasta que su ene toco mi garganta y no podía respirar, lo saqué rápido. Entonces el agarró y empujó. Empezó con un rápido mete y saca. Que me dejaba sin respiración por unos momentos y después volvía a respirar. Fueron como 10 minutos así, tanto que mis ojos empezaron a derramar lágrimas.

    Roberto- Ves mi amor, te está gustando, y claramente lo hiciste porque quisiste, y no te obligué. Solo debes aprovechar tu cuerpo, sobre todo ese culo que te cargas y dejarme aprovecharlo en estas vacaciones. Mientras yo te consiento.

    Pronto sentí un líquido caliente pasar por mi garganta, tuve que tragar pues su pene seguía adentro, mientras también se hacía chico en mi boca.

    Yo- Que va a decir la gente de mí, pensarán que soy mujer

    Roberto- Yo ya lo pensaba, ya te veía como una desde que llegaste, solo necesitas abrir los ojos preciosos y mirarte al espejo. La gente también ya se dio cuenta, no te juzgará.

    Roberto- Piénsalo, si gustas más, estoy cerca de la alberca

    Se fue, quizá me lavó el cerebro con sus palabras pero creo que me gustaron. Tanto así que me vi en el espejo del baño y ahí fue cuando vi mi trasero, lo vi más grande que antes y si, se ve como de mujer. Fui a desayunar, aún con el sabor del semen en mi boca.

  • La fascinación de travestirme y sentirme mujer (Parte 1)

    La fascinación de travestirme y sentirme mujer (Parte 1)

    Cuando advertí que a mi vecino le iba hacer de mirón mientras salía desnudo del baño, recién duchadito y me tocaba sutilmente mientras me travestía, decidí que quería estar con él, ofrecerme abiertamente a sus perversiones y disfrutar de un macho, de su verga y hacer mías esas sensaciones propias de mujer.

    Ramón es un maduro de esos que prefieren hacerse una paja a coger con su mujer. Ramón tiene 48 años y quiere cama, pero no la suya. Mi nombre es Daniela, tengo 21 añitos y me gustan exactamente como él. Y me da morbo precisamente porque es un «vejete morboso» que babea -como todos- por cepillarse un culito travestido con sorpresa en la delantera, la mía ronda los 17 y la suya mide a precisión de flexómetro, 21 gruesos y venosos centímetros deliciosos de carne en estado de erección total.

    Nos separan apenas dos metros entre ventana y ventana, en teoría sabía perfectamente cuándo estaba solo, qué tiempo lo estaba y claro, a qué dedicaba ese tiempo de soledad. Su mujer, la peluquera del barrio subía a casa a las siete y media de la tarde y ramón luego de cenar con ella (no tienen hijos), se marchaba al bar que es de su propiedad para regresar pasadas las cuatro de la madrugada. Por mi parte yo estudio hasta las dos y suelo llegar a casa a las tres. Almuerzo, me ducho y a jugar a ser la nena para volver a la realidad a las nueve, hora en la que regresan mis padres del trabajo. Soy hijo único (o mejor, hija), guardo muy en secreto mi orientación aunque soy demasiado evidente en mis gestos y así mismo guardo en lo más profundo de mi armario ropita sexy de niña que suelo conseguir en mercadillos o en tiendas de lencería que al comprarla digo que es para mi novia.

    Mis hormonas revolotean las 24 horas del día y como gay pasivo, sí, he mantenido relaciones con algunos chicos de la universidad y del barrio. Ya no soy virgen y sé a qué sabe el semen ajeno y mío propio.

    Ramón se me hizo visible y deseable una noche en la que mientras cenábamos llamó a la puerta. Su piso si bien queda frente al nuestro, ambos se comunican por un pasillo común que hace un semi-rectángulo entre ambos bloques. Apuntar que Ramón y su mujer Raquel son muy buenos amigos de mis padres, ramón y mi padre suelen jugar tenis y Raquel es la peluquera de la familia. Pues mi «futuro marido» traía consigo una invitación para el fin de semana a una barbacoa en su casa del pueblo. Mi padre lo hizo pasar y ramón se sentó a mi lado. Traía puestos unos vaqueros y marcaba paquete. Pinta canas y lleva gafas, cosa que me enloquece en un hombre, de manos grandes y gruesas -igual que su verga- pude sentirlas en mi espalda pues al ponerse en pie me agarró por los hombros y me dio un par de palmadas. Creo que me convencí en aquel instante de que ese semental iba a ser el que me «desvirgara» por vigésima vez y de que me dejaría hacer de todo y como quisiera.

    Esa noche ardí en deseos, me estimulé vía anal con el pepino más grande que encontré en la nevera y acabé haciéndome un facial con mogollón de leche en una postura imposible pero reconfortante al recibir mis chorros por la cara y boca. Soñé que ramón entraba a hurtadillas a mi habitación y me abusaba con rudeza hasta dejarme preñada, desperté con el tarugo tieso y antes de salir a la facultad me lo repasé para catar mi crema dulce de putita encabronada.

    Volví a casa antes, lo tenía decidido. Me pelé las tres últimas clases y a las once empecé a travestirme después de lavar mis entrañas y ducharme. Ramón estaba en casa y para darme a notar dejé las cortinas sin correr y me paseé sensual por mi cuarto. Cuando lo tuve a tiro le hice un gesto con el dedo de que se llegara hasta mi piso pues presentí que estaba a punto de sacarse la chorra y desperdiciar ese exquisito néctar en un pajote a mi salud. Ramón cerró su ventana y escuché el eco de que cerraba su puerta. Llamó al timbre y presurosa, trastabillando sobre unos tacones aguja de charol caminé presurosa al encuentro con mi amado.

    Tanguita, mallas con lazos y liguero a conjunto de encaje negro, tacones de charol negro con correa, faldita escocesa de tablones mostrando muslo y un top ajustadito dejando desnudo mi vientre. Descalza mido 178 cm. Ramón es apenas cinco centímetros más bajo que yo. Peso 48 kilos, soy bastante delgadita pero culona, ramón es de complexión fuerte, fibrado, musculoso, bello, uff!!!…

    El celo del macho verdadero es evidente por el aroma que suelta su piel. Ramón olía a sexo. Qué hermoso lo vi, era un adonis, mi príncipe soñado, el hombre que sin tenerme me violó la noche anterior. Fue como si el amor se acabara de inventar y como si ya hubiésemos tenido intimidad antes. Lo abracé y sus fornidos brazos me amarraron a su humanidad viril, me agarró por los muslos y levantándome entrecrucé mis delicadas piernas a su trasero y nos fundimos en febril morreo que me supo a éxtasis. Su lengua recorría lo más profundo de mi cavidad y saboreé el elixir espeso que me traspasaba mientras me magreaba el culo y con sus dedos hurgaba mi razón femenina. Ramón reventaba su entrepierna y como buena anfitriona tras ponerme con delicadeza en el suelo me arrodillé ante su majestuosidad y ansiosa me lie en el puto cinturón y en los broches de sus vaqueros.

    El brinco que dio su tranca fue magnífico. Mis gestos lo decían todo. Estaba deshaciéndome en jugos y deliraba al ver tremendo manjar ofrecido. Lamí un glande hinchadísimo, una seta enorme enrojecida que con preseminal me supo a dulce. Así sus testículos tales como dos pelotas de tenis, gordas y algo colgadas, los chupé y sin dejar de masturbarlo me metí los dos en la boca. Ramón flipó y con gemidos acelerados me indicó que marchase por otros rumbos. Repasé con mi lengua el falo interminable, movía la cabeza de un lado al otro, subí hasta su capullo y haciendo alarde de una amplia cavidad engullí la verga hasta hacerla tocar la campanilla. Me dieron arcadas y babeé pero no me detuve. Temí que si continuaba con mi labor oral mi amante descargase su esperma antes de haberme batido las entrañas. Se la devolví bañada en saliva y los colgajos que descansaban en mi barbilla fueron recogidas por su lengua para acabar bebiéndosela.

    Ramón acabó por desnudarse y libre por completo se puso de rodillas para descubrir mi sorpresa. La tomó en su mano por la base y me hizo una mamada que me motivó hasta la punta de la coronilla. Con su otra mano me estimuló el coñito y más avergonzada que rendida eyaculé en su boca. El glú glú al tragarse mi semen fue sensacional y con una cara de puta y de felicidad lo vi con ojos de amor. -te amo papi- le dije antes de voltearme y ofrecerle mi tesoro. Ramón se dio un banquete de culo y mojadito como me lo dejó procedió a hacer de marido.

    Agachándose sacó del bolsillo de su pantalón un condón y rompió el envase -lo dejé- se lo puso en su venosidad imposible -también lo dejé- del otro bolsillo sacó un tubo pequeño de gel y lo regó por mi coño y por su verga «plastificada» -hasta ahí llegué-.

    Le desbaraté sus planes de echarme un polvo y con cara de enfado me giré, sin decirle nada le estrujé los cojones y le retiré la goma para tirarla al suelo. Lo miré enamorada a los ojos y besándolo le dije -tú crees que a un marido se le puede permitir tal cosa?, no quiero que me folles, te quiero como mi marido y quiero que me hagas el amor, entiendes papi?, quiero quedarme preñada de ti. Eres mi primer hombre de verdad y no voy a permitir que tu néctar se desperdicie, lo quiero dentro, quiero que te vengas en mi culito y quiero quedarme embarazada de ti. Hoy voy a ser mujer y quiero que tú me hagas mujer. Voy a ser tuya mi cielo, eres mi sueño y como hombre te deseo hasta para lo que no te imaginas, ámame papi, soy tu mujer, quiero que me hagas mujer…

    Ramón me besó con pasión y no dejé de masturbar su verga. Me di vuelta y sobre el sofá me puse en pompa y apoyé la cabeza en el espaldar. Con mis manos ladeé el tanga y abrí mis muslos para regalarle mi agujerito.

    El dolor me vuelve loca y eso era algo para perder el sentido. Qué difícil es no amar a un hombre que sabe cómo usar su miembro y darle a su hembra en la justa medida dolor y placer a la vez. Chillé y me retorcí pero no reculé hasta que me plantó su hombría en todo el recto. Lloriqueante y sudorosa me sentí perdiendo aceite en su máxima expresión, mordiendo el cojín para que los vecinos no se enterasen que un macho verdadero se estaba enculando para dejarla embarazada a la trava del Tercero A. Ramón tiene un aguante divino y mi culo tuvo que moldearse a su buen polvo. El capullo rozaba mi intestino, si me aplastaba el vientre podía sentir su manguera bombear mis entrañas, sus grotescas manos me daban de nalgadas y delirante hecha un mar de sudor y lágrimas finalmente fui mujer.

    Tuve dos orgasmos antes de que mi marido me inundase en lo más profundo con su esperma. Sus estertores, bufidos y embestidas fueron de toro hasta que brotó su fluido espeso dentro de mí. Me había copulado y como tal fecundado -en mi fantasía- para dejarme embarazada, cosa que excitada como estaba recibí encantada de la vida. Daniela nació el 9 de febrero de 2018 a las 14:27 exactamente cuando su hombre botó su pasión dentro suyo y se quedó amarrado a ella hasta que sus entrañas se inseminaran…

    Continuará!