Autor: admin

  • Mi hermana consigue lo que quiere

    Mi hermana consigue lo que quiere

    Nunca he sido de esos que les ponen las bragas de su hermana. O que la espían, o se la cascan pensando en ella. Por eso, lo que a otros puede parecerles una situación súper excitante, como encontrar ropa usada en el suelo y olerla, a mí me repugna.

    Cuando aquel día estaba llegando a casa no hacía más que pensar en la comida. Subía las escaleras imaginándome el guiso que nuestra madre nos había dado en un taper. Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fueron sus bragas en el suelo. No es que se me cortara el hambre, pero sentí una punzada de rabia en la boca del estómago. Las cogí con resignación, y las eché al cesto. Una vez más, me juré que era la última que hacía ese gesto, sabedor de que incumpliría la promesa. Por el estado de la cocina, ella ya había comido y se había ido rápidamente a trabajar: la mesa a medio recoger y los platos por supuesto sin fregar.

    Me tocó a mí limpiar y ordenar todo después de comer. Bueno, la verdad que siempre me toca. Ella es algo mayor que yo (veintinueve, yo veinticuatro), y trabaja, mientras que yo estoy terminando la carrera. Pero que ella trabaje no es motivo para que pase de hacer las cosas de casa; aunque cuando se lo digo es como predicar en el desierto.

    Cuando ella empezó a estudiar, nuestros padres le cogieron un piso de alquiler en la ciudad donde estaba la universidad. Al iniciar yo la carrera, fui a vivir con ella, a pesar de algunas quejas por su parte al principio. No entiendo muy bien aquellas protestas; le viene bien que esté allí ya que casi siempre me he ocupado de las labores del hogar.

    Por la noche escuché que llegaba y salí de mi cuarto a recibirla. No me gusta discutir, pero le tenía que llamar la atención (sabía que sería en vano).

    – Marta, te has dejao otra vez las bragas por ahí –le reñí.

    – Joder enano haberlas dejao que ya las recogía yo ahora –sus defensas siempre eran en esa línea-. Además, si te dejas tú los gayumbos los recojo y no te digo nada. ¡Pero nunca los dejas porque eres taaan ordenado jajajaja! –soltaba una risotada o una chanza y así acababa las discusiones.

    Mientras me hablaba colgó el bolso y se despojó de la chaqueta; se dirigía a su habitación evidenciando que le resbalaba lo que le dijera. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y la seguí.

    – ¿Y los platos qué, eh? –le recriminé.

    – Joder tío siempre te lo digo, déjalos y ya los friego yo cuando llegue –replicaba mientras se descalzaba y se bajaba los pantalones. Eso es otra cosa que me toca las narices: se desviste y se pasea medio en pelotas delante de mí como si nada.

    – Sí hombre claro, y están las vajillas ahí hasta la semana que viene –repuse, al tiempo que ella seguía quitándose prendas.

    – Hala maño no me des más el coñazo que me voy a duchar –dijo ya en ropa interior.

    Entonces se desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Me di la vuelta contrariado para no verla, porque no me gusta que haga esas cosas, algo que ella sabe de sobra.

    – ¡Hostia Marta…!

    – ¡Jajaja toma ya! –Se burló lanzándome el sostén a la cabeza-. ¡Como si no me las hubieras visto nunca! ¡Da gracias que no me quito las bragas y las dejo tiradas otra vez y te enseño el culo! –exclamó alejándose por el pasillo en dirección al cuarto de baño, entre risas.

    Era verdad lo que decía, no era la primera vez que le veía las tetas, puesto que se cambiaba sin ningún pudor, sobre todo la parte de arriba. El coño también se lo tenía visto, aunque menos veces. Y no porque le diera vergüenza, sino porque sabía que me hacía sentir incómodo con sus costumbres poco recatadas. Era normal que estuviera por casa sólo con bragas y una camiseta, sin nada debajo; o que meara con la puerta abierta. Y le gustaba hacerme “calvos” a menudo.

    Después de cenar me senté en el sofá a ver la tele. Ella estuvo un rato en su habitación, hablando por Whatsapp con sus amigas, y luego vino. Estaba en pijama, que constaba de un pequeño pantalón corto y una camisa abotonada. Se sentó con los pies en el sofá, y empezó a mirarse los dedos descalzos. Llevaba algo en la mano. Era un cortaúñas. Lo comenzó a usar: clic. Clic. Clic.

    – ¡Marta no me jodas…! –le espeté.

    – ¿Qué? –preguntó sin mirarme mientras seguía con su labor. Clic, clic, clic.

    – Coño cómo que “qué”, pues que no te cortes aquí las uñas.

    Pero siguió en silencio cortándose las uñas. Clic, clic, clic.

    – Sabes que me las tengo que cortar después de ducharme porque están más blandas –dijo al fin con toda la parsimonia y tranquilidad del mundo.

    – ¡Coño pero no aquí rediós!

    De nada sirvieron mis protestas, porque continuó con lo que estaba haciendo. Sólo podía esperar a que acabara.

    – ¡Toma, pal bocata jajajaja! –dijo mientras me lanzaba un trozo de uña del dedo gordo-. ¡Esa era grande, eh! ¡Jajajaja!

    – ¡Qué cerda eres! –le insulté, cogiendo el trozo de uña y tirándoselo a ella, pero acabé riéndome también.

    Días después de aquello, llegaba a casa después de estudiar toda la tarde en la biblioteca. Entré y el piso estaba en silencio, por lo que pensé que mi hermana no estaba. Dejé la mochila y fui al váter a mear. Justo al entrar me la encontré completamente desnuda, sentada en el bidé espatarrada. Llevaba algo blanco en el coño.

    – ¡Hostia puta…! –proferí dándome la vuelta rápidamente y saliendo. Lo que hacía era afeitarse el pubis.

    – ¡Joder qué susto me has dao enano! Me estoy afeitando el coño –dijo Marta.

    – ¡No jodas! ¿En serio? ¡No me había dao cuenta! Pensaba que te estabas haciendo la permanente. No te jode –ironicé.

    – ¡Jajajaja! Idiota. Anda entra. Va que me tapo –me pidió.

    – Que no tía que no entro. ¿Qué quieres? Además, podrías cerrarte la puerta.

    – Que esta cuchilla no corta y necesito una tuya poooorfiiiii –suplicó desde su frío trono.

    – Pffff… ¡joder! –bufé, pero sabía lo que me tocaba-. Anda tápate un poco que te doy una.

    – ¡Gracias enano!

    Entré sin mirarla, interponiendo la mano entre mis ojos y ella. Abrí el mueble del lavabo con la mano libre, y cogí un par de cuchillas desechables nuevas. Efectivamente, se estaba tapando, pero sólo con las manos, y únicamente el coño. Pasaba de ocultarse los pechos. Yo seguía con una mano delante cubriendo en la medida de lo posible su visión. Inevitablemente, le veía las tetas, no muy grandes, pero bonitas de verdad. Simétricas, blanquecinas, y con pezón rosado de chica joven. Aparté de ahí la mirada; pero al cogerme las cuchillas que le ofrecía, se destapó parcialmente el sexo y vi pelos mezclados con crema de afeitar. Sin querer, o queriendo, moví imperceptiblemente la palma y le intenté ver más, ver la raja. Pero como ella aún tenía ahí una mano, apenas pude distinguir nada.

    – Anda toma, jodida nudista enferma –dije al tiempo que me cogía las cuchillas.

    – Que soy tu hermana tío, que no pasa nada porque me veas en pelotas.

    – ¡Que te den! –grité saliendo ya del baño.

    – ¡Reprimido! ¡Jajajaja! –escuché su carcajada mientras me alejaba.

    Tal y como comentaba al principio, nuestra madre nos deja comida los findes para que tengamos durante la semana. Normalmente, los viernes, volvemos al pueblo a pasar allí el fin de semana. Yo más veces que ella, porque mi hermana se suele quedar y sale por las noches en la ciudad. No es que yo no salga, pero prefiero hacerlo por el pueblo, con los amigos de siempre.

    El día siguiente de verla en el bidé, con espuma de afeitar en sus bajos, era viernes. Pero no fui al pueblo; tenía que estudiar y me pasé toda la tarde en la biblioteca. Mi hermana debía de haber salido como siempre, con los compañeros del trabajo al acabar la jornada, o con alguna amiga.

    El caso es que después de estudiar, fui a cenar y tomar algo con unos colegas para despejarme. Se me hizo un poco tarde, sería la una o las dos de la noche cuando volví a casa. Al girar la llave, y abrir la puerta, me encontré a Marta a cuatro patas en el sofá; un tío jadeante se la follaba desde atrás.

    – Es que no me jodas… -murmuré cabreado, enfilando el camino a mi habitación.

    – ¡Hostia! –exclamó Marta; aún llegué a ver que se separaba del tío.

    Desde mi cuarto escuché algunas voces en tono bajo; luego pasos, y por último nada. Debían haberse ido a terminar a su dormitorio. Estaba enfadado, y no porque se follara a un tío –podía hacer lo que le diera la real gana, sólo faltaba-, sino porque lo hiciera en el sofá. Y con la poca precaución de que llegara yo y me encontrara el espectáculo porno. Así que me desvestí y me dormí.

    Por la mañana, hacia las once, sentí golpes en la puerta. Toc toc. Abrió Marta sin esperar respuesta. Iba en bragas y camiseta.

    – Enano… se puede?

    Al igual que cuando golpeó la puerta, se metió en mi cama sin esperar a que contestara. No lo hizo con ánimo libidinoso ni provocativo; desde pequeños hemos dormido muchas veces juntos o nos hemos metido en la cama del otro si está cabreado, triste, preocupado, etc.

    – Me perdonas…? –Me rogó tumbada a mi lado, bajo las sábanas-. Que pensaba que te habías ido al pueblo con los papas… -mientras hablaba, me rozaba constantemente con los pies en las piernas, desde la rodilla hasta el empeine, y vuelta a empezar.

    – Hmmm… -vacilé, girándome hacia el otro lado. El motivo no era “hacerme el duro”, sino que físicamente estaba duro: tenía una erección matutina casi dolorosa, y no quería que la notara.

    – Hala, veeengaaa… -imploraba.

    – Así que por eso te afeitabas el otro día el chocho, ¿no? ¡Jajaja! –bromeé al fin.

    – ¡Jajajaja claro querido Watson!

    – Bueno, pero no folles con tíos en el sofá por favor. ¡Que no quiero sentarme encima de la corrida de alguno! –le pedí.

    – Vaaaale jajajaja –aceptó al tiempo que me daba un empujón. Al devolvérselo, le di sin querer con la polla dura en la tripa, y se dio cuenta-. Uy. ¡Uy! ¡Si estás empalmao! ¡Jajajaja! ¡Esto sí que no me lo esperaba!

    – ¡Quita imbécil! –dijo algo nervioso.

    – Jajajaja vale vaaale, te dejo tranquilo –y salió de la cama-. ¡Para que te la casques a gusto pensando en lo que viste anoche jajajaja! –Y me agarró durante un par de segundos el miembro por encima del calzoncillo, simulando hacer una paja.

    Mientras se iba, se bajó la braga un palmo, enseñándome el culo mil veces visto, pálido, redondo y perfecto, y de esa guisa se alejó andando.

    – Capulla… -mascullé.

    Esa misma noche había quedado con unos amigos de la facultad. Tenía ganas de juerga después de tanto estudio. Le dije a mi hermana que saldría, más que nada para que tuviera cuidado si traía a alguien a casa.

    – Vale enano, yo también he quedao con estas –me informó.

    – Pues si eso te doy toque por la noche a ver dónde estáis, pero vamos que creo que estaremos por el Casco así que no creo que te vea.

    – Vale, vale, nosotras iremos a la Zona como siempre –apuntó Marta.

    Salí con mis amigos, como habíamos previsto, por los bares del Casco. Nos echamos unos cuantos cubatas, y ya íbamos con el puntillo. Estando en un garito no muy grande, pero lleno de tías, vi un grupo de féminas con el que pensé que tendría posibilidades, y me quise acercar. Pero en ese momento me pegaron un tirón de la camisa. Me giré y era Marta.

    – ¡¡Eeehhhh ese enanoooo!! –yo estaba cascao, pero era evidente que ella iba peor.

    – ¡Hombre! ¡Al final no habéis ido a la Zona…! –tenía que hablar a gritos, para que me oyera con la música alta del bar.

    – ¡Nooo, al final aquí! –exclamó mi hermana.

    Me cogió de las caderas y se puso a bailar sensual. Yo la acompañé, agarrándola por la cintura. Pero ella cada vez se refrotaba más; apretaba su cuerpo con el mío y podía sentir sus tetas que se chafaban contra mi pecho. Le seguí el juego y acaricié sus hombros y brazos, tal y como lo haría con una chica a la que me quiero ligar. Entonces me puso ambas manos en el culo y apretó, y me atrajo contra sí. Ahí ya me pareció que se estaba pasando un poco.

    – Marta… qué haces tía… -le susurré al oído.

    – Calla –me ordenó, y continuó con su cadencia.

    Dejó el culo y se puso a manosearme el pecho y la espalda. Me parecía mal lo que hacía, pero me estaba excitando bastante. Era como cuando le intenté mirar el coño cuando se afeitaba: no quería y la conciencia me decía que no, pero no lo podía evitar.

    – Ven, que te voy a presentar –dijo entonces.

    Sentí alivio porque pensé que así acababa esa situación tan públicamente erótica, a la vez que incómoda.

    Pero me equivocaba.

    Me cogió de la mano y me guio hasta su grupo. Eran cuatro chicas, todas guapas y pretas, de unos veintiocho o treinta años.

    – Esta es Susi, Carolina, Elena, y Sandra –dijo, mientras yo iba una a una dándome dos besos-. Y este es… ¿oye cómo te llamabas?

    – Marta pero qué dices… -inquirí extrañado.

    – ¡Jajaja que cómo te llamas! –repitió mi hermana.

    Estaba flipando, así que me acerqué para hablarle al oído.

    – ¿Marta qué coño haces? ¿No les has dicho que soy tu hermano? –le pregunté de cerca.

    – Jajaja nooo… Así es más divertido, ¿no? –contestó riendo.

    Me volvió a coger de las manos y desistió de seguir con las presentaciones a sus amigas, que observaban sonrientes como pensando “esta ya ha ligado”. Bailó mirándome a los ojos, y continuó con su sobeteo por mi cuerpo. Me puso las manos en el culo otra vez, y apretó. Yo, que ya daba por imposible el recriminárselo y que me hiciera caso, opté por hacer lo mismo. Le cogí fuertemente el culo, y se lo sobé bien, desde la pierna hasta la rabadilla, estrujándolo. A ver si así se quedaba pillada y dejaba de calentarme. Pero ante mi sorpresa, no hizo nada; parecía disfrutar.

    Recostó su cabeza contra mi pecho, bailando despacio. Me besó por encima de la ropa, subió hacia arriba… buscaba mi boca. Ella tenía los ojos cerrados, y se acercaba. Volví a hacer algo en contra de mi voluntad; bueno, realmente mi voluntad era besarla. Le correspondí con mis labios, que se juntaron con los suyos y juguetearon, húmedos ambos. Ella estaba ardiente y me besaba con pasión, cogiéndome la cara tiernamente con las manos. Yo atraía su cuerpo contra el mío, mordiéndole el labio inferior. Entonces ella abrió más la boca, ofreciéndome su lengua. Eso no quería hacerlo, creía que ya habíamos tenido bastante; pero nuevamente, sucumbí. La lengua de mi hermana se entrelazó con la mía y perdí la noción del tiempo. Ya no sabía si mis colegas aún estaban allí o se habían ido, ni me importaba.

    Fuimos a la barra a por dos cubalibres. Nos los bebimos mientras bailábamos; pero ya sin morrearnos.

    – Marta, estás pirada, yo no sé qué coño… -empecé a decir.

    – ¡Calla atontao! –me exhortó con su habitual autoritarismo. Bebió lo que quedaba de su ron-cola.

    Se puso a bailar otra vez, pero se tropezó y tuve que agarrarla por las axilas para que no diera con sus huesos en el piso.

    – Venga Marta, se acabó, te llevo a casa. Vas borracha –esta vez fui yo el del tono imperativo.

    – Halaaa noooo… no me quiero ir aún… -suplicaba, pero no opuso resistencia.

    Se despidió de sus amigas, que parecían recelosas de que se viniera conmigo, como si pensaran que me iba a aprovechar de ella o algo así.

    – ¿Estás segura, Marta? –escuché que le decía una de ellas.

    – Sí sí, no os preocupéis, tranquilas –le respondió mi hermana.

    Otra se dirigió a mí, con semblante serio:

    – Ten cuidao eh chaval, no te pases –me advirtió.

    – Tranquila, conozco a su hermano de sobra –le contesté.

    – Bueno, pues cuídala –sentenció.

    “No lo sabes bien”, pensé.

    Nos fuimos andando, para que con el paseo se le pasara (se nos pasara, que yo también llevaba lo mío) el ciego.

    Ya en casa, la acompañé a su cuarto y le llevé agua; no hizo falta que le ayudara a desvestirse porque en el intervalo en el que fui a la cocina a por una botella, ya estaba en bragas y camiseta, y medio dormida.

    – Quédate a dormir conmigo, enano… – murmuró con los ojos cerrados.

    – Que no coño, mira lo que ha pasao antes en el bar –me negué, con más cabeza que otra cosa.

    – Brrbmpf vengaaaa… -balbuceó, pero yo ya me iba a mi habitación.

    Me acosté pensando en lo que había pasado, y me costaba creerlo; era como si una cortina de irrealidad se cerniera ante mis ojos. Pero no me costó nada dormirme, por el estado etílico que tenía.

    Por la mañana desperté con la boca algo pastosa, y tras unos segundos de desconcierto, me vino el recuerdo como una bofetada de realidad. “Madre mía la que se lio anoche; espero que no nos viera nadie conocido…”. Me incorporé para coger mi vaso de agua de la mesilla, pero topé con algo.

    – ¡Coño! ¡Qué haces aquí! –dije sobresaltado; era Marta con lo que había chocado.

    Emitió unos sonidos aún dormida, “ggrrrrmppfff”.

    La zarandeé levemente del hombro, para que se despertara. Entonces abrió los ojos y sonrió.

    – Buenos días, enano… -dijo con un hilo de voz, aún casi en sueños.

    – ¿Has venido a mi cama? –pregunté tontamente.

    – Jijiji siii… -respondió risueña.

    Unos rayos de luz entraban por la ventana, y pude ver una expresión de felicidad en su bello rostro. No sé si se debía a que el alcohol aún corría por sus venas.

    – Bueeno vaaale, pero déjame dormir que aún tengo sueño –dije, girándome hacia el otro lado.

    – ¡Jijijiji vale! –accedió mi hermana.

    Se apretó a mí y me abrazó, rodeándome por la espalda. La notaba muy cerca; sus pechos se oprimían detrás de mí. Tan próximos los sentía, que me pareció que estaba sin ropa. Lo comprobé, pasando la mano desde sus piernas hasta los hombros, para llevar si llevaba algo puesto aunque fuera abajo. Todo lo que toqué fue su piel; estaba desnuda por completo.

    – Marta… -empecé a decir.

    – ¿Siii…? –contestó somnolienta.

    – Que estás en pelotas.

    – Sí… -respondió a media voz.

    Me puse nervioso y el sueño se me pasó de golpe. Entrelazó sus piernas con las mías, y se puso a juguetear con los pies. Me empezó a besar la espalda sobre la ropa, y sus manos se metieron dentro de la camiseta. Me acariciaba los pezones mientras seguía con los besos, y no pude controlar la polla, que se me puso dura muy rápido.

    – Martaaa… -protesté a modo de reprimenda, pero era inútil.

    – Quiero acabar lo que empezamos ayer… No te creas que no me acuerdo por ir borracha… -en ese momento su mano pasó a mi paquete, húmedo de lubricación; primero por fuera, y en seguida la metió dentro y me agarró el miembro.

    Se puso de rodillas, me quitó la camiseta, y nos besamos apasionadamente. Creía que lo de la noche anterior había sido un error tonto de borrachera, y que no se repetiría, pero ya veía que no.

    Me bajó los calzoncillos y quedé desnudo. Me besó en la boca, y fue bajando lamiendo mi cuello, mi pecho, mi ombligo.

    – Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida –amenazó.

    – No… Eso sí que no… -dije sin convicción.

    Se la metió en la boca, y empezó a chupar con fruición. Disfrutaba tanto o más que yo, y lo hacía a la perfección. Cada vez me excitaba más, y tenía que contenerme para no correrme. La sacaba y la lamía por los lados; le daba besos; succionaba los testículos. Combinaba con movimientos de mano, momentos en que se acercaba y nos besábamos con lengua. Entonces, colocándose arriba, procedió a introducirla en el coño; y yo, aunque una vez más no quería, no podía evitarlo.

    – ¡Espera! –le pedí.

    – ¿Qué…? –dijo mi hermana con los ojos cerrados, con el pene ya en su interior.

    – Un condón… espera que cojo uno… de la mesilla… -sugerí entre jadeos.

    – No hace falta enano… tomo píldora… -dijo mientras resoplaba.

    Me incorporé para estar aún más de cerca de ella, y la abracé. Ella me correspondió y nos besamos salvajemente, chupando el cuello y pasando la lengua por la cara, mientras cabalgaba encima de mí.

    Estábamos extasiados; mi goce era doble: por una parte, por disfrutar de un sexo fantástico; por otra, que fuera con mi hermana y darle placer a ella. Por sus gestos y gemidos, y la manera de besarme, intuí que ella sentía lo mismo.

    – Madre mía… qué diferencia con el de ayer… -resollaba mi hermana. Con eso tuve la seguridad de que ella estaba sintiendo lo mismo que yo.

    – Sí sí, pero… yo casi no puedo más Marta…

    – A mí me queda muy poco… uffff… si te corres tú seguro que me corro contigo… -dijo.

    Al decir ella eso, marqué el paso, hasta que comencé a sentir el delicioso cosquilleo previo a los espasmos, y me corrí en su interior con un fuerte grito al que se unió el de mi hermana. Me arañó la espalda con las uñas mientras tenía su orgasmo, lo que aumentó mi placer que todavía palpitaba.

    Nos quedamos así, sentados y unidos en un abrazo, no sé cuánto rato. No hablamos, ni siquiera nos besamos. Sólo nos quedamos muy juntos, sintiendo el calor del otro.

    Por fin, nos tumbamos; ella me acariciaba el pelo.

    – Vaya marrón, ¿no? –reflexioné.

    – Hombre marrón marrón… yo más bien lo veo blanco –bromeó una vez más Marta, señalando el hilillo de semen que le salía de la vagina.

    – Jajaja, qué idiota eres… Te quiero mucho Marta.

    – Y yo a ti, enano.

  • Madura, gordita y muy caliente

    Madura, gordita y muy caliente

    Eran las once de la noche, y yo me paseaba en mi carro, a la espera de cualquiera mujer que pudiese satisfacer mis necesidades. En ese momento vi a una mujer de unos 45 años, extremadamente gorda, que esperaba locomoción para dirigirse a su casa, en los alrededores de la ciudad. Como hacía mucho frío y empezaba a llover, me acerqué y le pregunté si se dirigía a Colina (yo sabía que sí, pues es el único lugar donde se espera esa locomoción). Ella se acercó a la ventana y me dijo que sí. La invité a subir y ella aceptó. Una vez dentro me agradeció, ya que hace más de veinte minutos que esperaba locomoción y no pasaba nada, y que se estaba muriendo de frío. Yo encendí la calefacción a todo lo que da y le sugerí que se sacara el abrigo, que estaba un poco mojado. Ella se lo saca, dejándolo en el asiento trasero. Al darse vuelta rozó mi brazo con una de sus tetas, que eran de un tamaño sorprendente. Como el viaje dura aproximadamente 20 minutos, mis movimientos tenían que ser rápidos.

    –¿Tu marido no te dice nada por estar hasta tan tarde en la calle?

    – No –me dijo– mi marido trabaja en Rancagua y llega sólo los fines de semana, además yo trabajo en un hotel y ésta es mi hora de salida.

    –¿No te da miedo andar a esta hora en la calle?

    –La verdad que sí, yo nunca antes me había subido a un auto con un desconocido, pero tú tan jovencito me inspiraste confianza.

    –No te confíes, tú no sabes si yo puedo ser un depravado o un psicópata –ella se ríe.

    –no le creo, con esa cara de angelito, además no creo que te intereses en una gorda como yo y tan vieja.

    –Al contrario –le dije– como yo soy tan flaco siempre me han atraído las personas gordas, y con respecto a la edad, es el sueño de todo adolescente estar con una mujer mayor, que tenga experiencia. –Se ríe.

    –No te lo puedo creer.

    –Es cierto, mi sueño siempre ha sido estar con una mujer mayor que yo y si tiene unas tetas como las tuyas, sería una fantasía hecha realidad.

    La gorda en ese instante cambio su tono de voz, se sentó de lado mirándome y me pregunto:

    –¿No me dirás que yo te caliento?

    –no sabes cuánto –le respondí.

    En ese momento su mano me toca mi polla, que estaba a punto de reventar, y me dice que es cosa que yo diga y que haría todo lo que yo diga. Le pido que me baje la bragueta. Ella con las dos manos me baja el cierre pantalón, saliendo mi polla en todo su esplendor…

    –¡qué cosa tan grande!

    En realidad sí bien es cierto lo que le falta de gruesa le sobra de larga, 28 cm. Sus manos gordas la aprietan con fuerza y empiezan a manosearla de arriba abajo con mucha suavidad, yo mientras, con una mano en el volante y la otra entre sus piernas, buscaba un sitio apartado, donde estacionar.

    –De tener dinero, te llevaría inmediato al motel que pasamos, pero a falta de eso te partiré en dos en el asiento trasero.

    –Eso sí que no –me dijo– esta oportunidad no se me presenta dos veces en la vida, da la vuelta, que yo pago.

    En minutos estábamos en el motel, cuando volví de cancelar la habitación, con el dinero que ella me dio, la encontré ya bajo las sabanas. En dos segundos me desvestí y me acosté a su lado, no sin antes observar el tremendo pedazo de mujer que me iba a comer. Le dije que se sacara el brasier, lo que me dejo ver un par de tetas más grande que mi cabeza. Como desesperado empecé a chupar ese par de tetas, como si se fueran a terminar. Tenía que agarrarlas con ambas manos, ya que una no era suficiente, mientras ella me apretaba la cabeza contra su pecho. Me senté sobre ella y le puse mi polla entre sus tetas, me empecé a mover mientras ella se las agarraba y me la apretaba. Mis movimientos cada vez se acercaban a su boca y en cada movimiento ella acariciaba mi punta con su lengua. Le puse una almohada detrás de la cabeza, y sosteniendo mi polla con una mano se la metí en la boca. Ella soltó sus tetas y me agarró mi polla con fuerza y empezó a chuparla desesperada. Yo mientras jugaba con sus tetas entre mis bolas. Estaba a punto de acabar, así que le dije que se diera vuelta que se la metería por detrás. Ella me dijo que no, que por detrás nunca lo había hecho y que daba mucho miedo. Yo le dije que se diera vuelta que se la metería por su concha. Me bajé de ella, poniéndose ella en cuatro patas me dejó delante de una cola de tamaño descomunal. Tuve que abrir sus nalgas con mis manos, ya que tal trasero no me dejaba ver dónde meterla. En un abrir y cerrar de ojos, yo estaba con mi polla dentro de ella, aferrando con mis manos sus tetas. A la gorda parecía que se le iba a acabar el mundo, gritaba de placer. Yo tiraba de sus pezones, le agarraba su culo y trataba de meterle el dedo en su culo, pero estaba demasiado apretado. Así que mi dedo se fue a su concha y mojándolo con sus líquidos empecé nuevamente a tratar de meterlo. Como no podía me salí de ella y abriéndole sus nalgas, deslizaba mi lengua entre su raja hasta llegar a su concha, ella con sus manos se sujetó sus nalgas, dejándome libres las manos para meterle mis dedos en su concha, mientras con mi boca mojaba su hoyo, metiéndole la lengua lo más adentro posible. Ella en ese momento se corrió lanzando gritos de placer, dejándome la mano toda mojada. Yo me levanté y le coloqué mi verga a la entrada de su hoyo, ella se echó un poco adelante y me dijo que por ahí no. Yo le supliqué que me dejara acabar ahí, pero que no la penetraría. Ella accedió (ingenua), mientras abría sus nalgas, yo coloqué la punta en la entrada de su hoyo penetrándola sólo un centímetro, ella se quejó y me dijo que hasta ahí, no más. Yo ya no podía aguantar y cuando empecé a acabar se la metí toda de golpe. La gorda dando un grito de dolor quedó tendida de boca, mientras yo botaba mis últimos borbotones de leche. Sin sacarla, me quedé sobre ella, mientras le decía que no la sacáramos para que se fuera acostumbrando, ya que ahora no estaba tan dura. Con movimientos suaves mi verga volvió a crecer dentro de ella, esta vez, ella empezó a gozar, ya que mientras la metía por detrás, mis manos jugaban rápidamente con su clítoris. Mi polla estaba a cien y mis movimientos eran cada vez más bruscos, lo que provocó dolor otra vez en ella. Me pidió que por favor la sacara y que me haría terminar en su boca. Dicho esto me coloqué de espaldas y me empezó a dar una mamada como si se estuviera vengando por el dolor que le hice sentir. Como no me gusta ser egoísta le pedí que hiciéramos un 69, colocándome lógicamente yo arriba. Como ella me lo chupaba tan rápido, no pude durar mucho tiempo, llenando su boca con semen, del cual la gorda no se perdió ninguna sola gota, acabando ella en el mismo instante apretando mi cabeza con sus piernas.

    Una vez que la dejé en su casa me dijo que ella esperaba todos los días locomoción a esa hora y que cuando yo quisiera la tendría. Yo por mi parte quedé más que satisfecho, pero voy a dejar pasar un tiempo antes de volver a llamar a la gordita.

  • La putita de mi jefa

    La putita de mi jefa

    Tendría unos 5 años que trabajaba para una empresa privada, teniendo una jefa muy guapa que digo guapa, buenísima, muy seria, 1.65 de estatura, morena clara, buenas nalgas, y pechos de muy buen ver y casada. Les contare que después de 7 meses de trabajar para ella, la relación se fue haciendo más estrecha, realizábamos actividades juntos más a menudo, incluso salíamos a otros lugares para cuestiones de trabajo juntos. Cierto día, estando en una reunión de trabajo en otro estado, terminamos, pero teníamos que quedarnos al día siguiente a realizar otras actividades, así que decidimos salir a comer.

    Nos recomendaron un buen restaurant nada elegante, pero sí muy bonito y acogedor, así que decidimos ir. Ella ordeno primero e incluyo un trago, así que yo también lo hice, mientras comíamos conversamos primero de trabajo, pero gradualmente como transcurría el tiempo, fuimos hablando de cosas más personales, hasta llegar al punto de tocar temas sexuales, así transcurrió la comida, varios tragos y al final cada quien a su habitación. Me recosté para después darme una ducha y luego me volví a recostar para mirar la televisión, cuando sonó mi móvil, era ella, diciéndome que estaba algo aburrida que no podía dormir que si quería ir a su habitación a conversar, así que pronto salí de mi habitación y ya estaba tocando a su puerta.

    Me recibió, entré y cuál fue mi sorpresa al verla recién duchada, su piel fresca y ese olor que me excitó al sentirlo en mis sentidos, su perfume o loción no sé qué era pero olía a diosa, ella estaba con ropa muy cómoda obvio como para dormir, pero pude darme cuenta que no traía sostén, por lo que de repente se le marcaban esos ricos pezones. Charlamos un rato y seguimos hablando de cosas personales, hasta que toco el tema de hablar de sexo, dentro de la charla ella me pregunto que me parecía como mujer, por supuesto le dije que era una reina, ella me pregunto que si me gustaba y que si me gustaría tener relaciones con ella, yo respondí que por supuesto, lo único que me pregunto antes es que si estaba seguro porque ella era muy exigente y le gustaba que la complacieran y le hicieran de todo, a lo que le respondí que no se preocupara que seguro estaba que la haría feliz.

    Comenzamos por darnos unos besos muy cachondos, mordí sus labios, metía mi lengua en su boca intentando llegar hasta el fondo de su garganta insinuando que así metería mi verga en su vagina, creo que ella sentía lo mismo ya que cada vez más se excitaba más. Quite su blusa y mire sus senos riquísimos los cuales chupe, bese, lamí, mordí hasta dejarlos rojos incluso con algunas marcas, le quite el pants de algodón que trae y mi sorpresa fue que no tenía ropa interior a lo cual sonriendo le dije “así que ya sabias lo que querías verdad? querías coger conmigo”, respondiéndome que sí, que andaba caliente pues ya tenía días sin sexo y quería sentir una buena verga que la hiciera gemir y que la llenara de leche. Nuevamente me acerque a ella la tome por la cintura y empecé a besarla, luego la tome suavemente del cabello e hice que se hincara para que me mamara la verga, la acerque a mi verga bien dura para que me la chupara y cuando estaba ya casi por metérsela en la boca la sujete de los cabellos para que no la pudiera alcanzar y así estuvimos jugando hasta que deje que me la chupara, deje que me chupara solo la cabeza, luego el cuerpo de mi verga, luego se la metí toda hasta la besa de mis huevos sin dejar nada afuera y fuertemente la tome de los cabellos para que no se la pudiera sacar. Mire sus ojos llorosos pues le llego hasta la garganta y eso me excitaba mas, así que la saque de su boca y luego se la pase por los labios, le daba unos golpecitos con la cabeza de mi verga en las mejillas, en la boca, se la restregué por toda la cara y eso la excitaba, así que deje que ella se sirviera sola y que la chupara como quisiera. La chupó de mil maneras, me chupó hasta los huevos, era excitante. Luego la recosté sobre la cama y nuevamente le pase la verga por toda la cara, luego por sus pechos, y así fui bajando hasta llegar a su panochita que estaba bien mojadita y escurriendo líquidos, empecé a besar su panochita a jugar con mi lengua, besando, chupando y mordiendo su clítoris y viendo cómo se retorcía y gemía de placer. Continúe chupando toda su vagina, sus labios y metiendo mi lengua una y otra vez dentro de su vagina y sintiendo como cada vez más y más escurrían esos deliciosos jugos ella gimiendo me decía “ya dámela”, así que continúe chupando su panochita, luego de un rato de estar así, decidí meterle mi verga. Primero me subí sobre ella y se la deje ir hasta el tronco, luego me tire sobre la cama y ella me montó. Estábamos súper excitado,s primero se subió encima de mí de frente, luego se volteo y me dio la espalda mientras cabalgaba sobre mi verga inclinándose hacia adelante, por lo que mientras mi verga entraba y salía de su panochita empecé a jugar con mi dedo alrededor de su culito pues eran tantos los líquidos que derramábamos que hasta su culito estaba mojado, por lo que con un dedo seguí jugando con el borde de su culito.

    De repente empezó a cabalgar más y más rápido y a gemir con más fuerza, era señal inequívoca de que estaba a punto de venirse, así que me salí de esa posición y la puse de perrito, aquello era excitante ver sus ricas nalgas, totalmente abiertas para que le entrara toda mi verga, era excitante, así que la empine lo más que pude y empecé a cogerla, a bombearla fuertísimo, mientras la cogia con mi verga por su panochita le seguía jugando el borde de su culito así hasta que se mojó también del culito y pude introducir mi dedo, seguí cogiéndomela por su panochita rica, fuertemente el sonido del plaff, plaff, plaff al chocar sus nalgas con mis huevos era realmente excitante. Así continuamos, no por mucho tiempo ya que ella exploto de placer derramando aún más líquidos deliciosos y gritándome “dame de tu lechita termina, anda dame tu lechita!”.

    Le di unas 4 o 5 embestidas más y pare, así como estaba de perrito acerqué mi lengua a su culito esta vez quería romperle ese rico culito que también tenía, así que empecé a jugar con mi lengua su culito, luego le metí un dedo, luego dos, sintiendo como estaba excitada acerque mi verga a su culito restregándosela, luego le metí la verga en el culo, pero solo hasta la cabeza, luego se la saque nuevamente pues estaba tan excitado que sabía que si se la dejaba ir me vendría en segundos, así que se la saque y seguí chupándole el culito y metiendo uno o dos dedos hasta que después de un rato le puse la cabeza de mi verga en la puerta de su culito y sin más ni más se la deje ir toda, por lo que soltó un grito entre dolor y excitación, pero como la tome de los hombros no le di oportunidad de salirse, así continúe bombeándole el culito después de un ratito, nuevamente empezó a gemir, diciendo “me voy a venir, me vengo, tíramela papi, tíramela”. Esas palabras fueron excitantes así que continúe bombeando su culo cada vez más y más fuerte hasta que los dos nos venimos casi al mismo tiempo, explotando de placer y dejándole lleno todo su culito de leche.

    Por ultimo nos dimos una buena ducha tibia juntos, esta vez ya solo con besitos y caricias tiernas, saliendo de la ducha nos abrazamos y nos quedamos dormidos en su habitación, y al día siguiente no se habló más del tema, aquí nada había pasado.

  • La señora de la cabina de Internet

    La señora de la cabina de Internet

    Normalmente iba en la tarde a la cabina de Internet para revisar mi correo y relajarme un poco con los vídeos juegos y me retiraba como a las 10.30 de la noche y Ada atendía su negocio con mucho esmero siempre atenta a las necesidades de los clientes como dije su esposo y ella ya me tenían confianza Alfredo…

    Estaba de lo mejor viendo mi correo electrónico cuando se acerca Ada y si inclinó para decirme al oído que por favor le hiciera un favor y le preguntó que era, que atienda a un hombre de unos 55 años que también iba algunas veces y siempre lo atendía su esposo pero ahora no estaba y se sentía mal ella como el cliente la veía con una mirada lasciva.

    Y tenía razón lo ubique en una máquina al fondo de la cabina y me dijo que no era muy bueno con las máquinas y que siempre el señor le ayudaba así que preguntó que páginas deseaba ver para buscarla y me dijo que eran para mayores o sea pornográfica y se las puse y ahí lo dejé.

    Cuando fui donde la señora Ada me dio las gracias y ahora entendía porque no lo podía atender, su esposo le había dicho que tipo de cosas veía ese señor le digo que no hay problema y regrese a mi máquina y de cortesía me dio una hora más gratis cuando estaba por irme me dijo si podía esperar un poco más que ya iba a ser las 11 de la noche hora de cerrar y no quería quedarse sola con el tipo que veía pornográfica porque no había nadie más y acepte luego ayude en cerrar y me fui.

    Alfredo en sus tiempos libres hacía taxi y no paraba mucho en la cabina dejándola casi siempre sola, ella tenía unos 32 años era delgada de bonita cara su cabello es castaño oscuro semi ondulado que caía sobre sus hombros lo mejor eran sus senos de buen tamaño y sus caderas se podía decir que no estaba nada mal.

    Cuando una tarde llegó veo que se tocaba el cuello varias veces y preguntó si le dolía y me dijo que si como paraba todo el día mirando la pantalla de las computadoras tenía el cuello muy adolorido, con la confianza que ya me tenía le digo que le haría unos buenos masajes y ella aceptó.

    -Ahh… qué ricoo se siente eres muy bueno con las manos…

    Mis manos recorrían su delgado cuello y luego pase a los hombros que también estaban muy duros y tensos luego de unos minutos ya no le dolía pero no pude evitar tener una erección mientras les daba los masajes y a ella le gustó mucho también, desde ese día siempre que no había mucho público en su negocio me pedía que le hiciera los masajes.

    Ya sin darnos cuenta nos fuimos acostumbrado los dos ella a mis manos sobre su cuello y hombros y yo a tenerla dura la verga muy cerca de su espalda luego de unos días me atreví a pegar el bulto de mi erección en su cuerpo con algo de temor pero no dijo nada, claro esto lo hacíamos sin que lo sepa su esposo.

    Cada vez era más la confianza cuando mis manos tocaban su piel casi hasta llegar a tocar sus senos era un juego que había empezado sin darnos cuenta que lo hacíamos muy discreto de los ojos de los clientes que estaban en ese momento, mientras ella escribía en el teclado yo conversaba de cualquier tema pero mis manos no se detenían y seguía dando masajes.

    Hasta que llegó el día o mejor dicho la noche que mis manos muy despacio fueron bajando de su cuello luego hombros hasta casi tocar donde nacía sus senos ella tenía una blusa que con cuidado fui abriendo los dos primeros botones para poder meter mejor la mano su respiración aumento pero no decía nada su silencio era la aceptación que prosiguiera avanzando más ahora mis dedos tocaban su brasier mientras sobaba mi verga dura en su espalda y mirando alrededor que nadie notará lo que hacía con ella

    Ahora mis manos tocaban sus senos por encima del brasier su respiración iba en aumento de Ada yo sentía la humedad en mi pene estábamos muy calientes ambos y la adrenalina de lo prohibido lo hacía que fuera más, mis dedos se metieron debajo del sostén y al final tocaron sus pezones duros que acaricie.

    Ahora mis manos tenían ambos senos tocándolos y dándole masajes hasta que ella soltó un débil suspiro y su mano dejó el teclado para buscar su piernas creo que se estaba metiendo el dedo en su sexo y nos detuvimos cuando alguien entró yo me fui al baño y estaba ya bien empalmado con el líquido preseminal me limpio y me fui ella me dio una mirada cómplice.

    Esto recién había empezado con la señora Ada y vería hasta donde llegaríamos.

  • Bar swinger con Miguel

    Bar swinger con Miguel

    Todo estaba concertado, teniendo claro que no permitiríamos la participación de terceros, sólo Miguel y yo. Imaginaba nuestra experiencia en aquel bar como una noche diferente en donde quizás me asombraría un poco al ver cosas inusuales, sin embargo, la curiosidad estaba latente. Ya estaba lista la ropa que yo llevaría puesta, la blusa negra elegida por Miguel, jean, tacones y por supuesto, ropa interior color negro también, la cual sin duda, no tendría puesta por mucho tiempo en compañía suya y aquel deseo de quitarla en frente de todo aquel que nos observara.

    El vodka que pensábamos beber también estaba listo. Me imaginaba llegando al lugar de luz tenue pero de ambiente ardiente, algunos bailarines semidesnudos (hombres y mujeres), mesas ligeramente distantes con parejas o grupos dispuestos para una noche de sexo desenfrenado, Miguel y yo ocupando una mesa sin necesidad de terceros, preferiblemente en una esquina donde pudiese resguardarme un poco por ser mi primera vez en un bar swinger.

    A media noche era el show, que imagino, desbordaría la lujuria y deseos reprimidos de muchos asistentes, yo en brazos de Miguel y disfrutando el vodka para entrar en calor, sintiendo sus manos acariciar mi cuerpo entre aquella blusa negra que quería quitar, desabrochando mi brassier para dejar mis senos libres y poder acariciarlos mientras mis pezones darían cuenta de mi excitación, besando mis labios entre mordiscos apasionados, bajando por mi cuello y aguantándonos las ganas de aquel sexo salvaje que queríamos hacer allí.

    Entrada la noche y luego del show se desatan las pasiones de los espectadores, incluidos Miguel y yo… él mordiendo mis senos, mis nalgas, mi entrepierna… sus manos quieren arrancar mi ropa, y sus manos aprietan mis senos con ganas de tenerme encima suyo mientras yo lo rodeo con mis piernas para sentir su pene erecto entre ellas, o él estar encima de mí agarrando mi cintura para darme duro, o yo sentada en el borde de la mesa viendo cómo lleva su boca entre mis piernas a mi punto G, sin importar estar desnuda y que me vean los desconocidos del lugar, o haciéndolo en la mesa, en la silla, contra la pared, en cuatro, de todas las formas posibles.

    Ya quería yo tener una noche de sexo desenfrenado bajo los efectos del vodka que compró antes de llegar de mi viaje de 11 horas y cientos de km para podernos ver…

    Esa noche quería todo… embriagarme para perder la vergüenza, perder el pudor, que me mordiera, que me cogiera como a él se le antojara, que lo metiera en mi boca, por delante y por detrás, encima y debajo de mí, viniéndose dentro de mí, en mi boca, en mi pecho, que él lograra saciarme y yo a él… que los otros nos vieran disfrutando sexo toda la noche… Todo estaba en mi imaginación… Quería que Miguel me devorara…

  • Incestos en la noche

    Incestos en la noche

    Primera Parte:

    Felisa tenía 38 años, medía un metro setenta, y pesaba 60 kilos, tenía los ojos y el cabello negro y largo, buenas tetas, buen culo y era guapa, se parecía a Zoe Saldana, pero vestía como una vieja de aldea, con la ropa hasta los tobillos y tapada hasta el cuello, no en vano era una ex novicia, que ahora daba catequesis, y que no se perdía ni la misa del gallo.

    Era la segunda esposa de Anibal, un vigilante nocturno. Vivía en una casa de campo con su hijastro y su hijastra, Berto y Nuria, dos adolescentes criados en el temor a Dios.

    Pasaba de la una de la madrugada de un caluroso viernes del mes de julio cuando Felisa, con los ojos entornados, vio a su hijastro Berto entrar en su habitación. Estaba en calzoncillos. Felisa estaba tapada sólo con una sábana blanca. Berto se acercó a la cama. Le apartó la sábana hasta dejar sus grandes tetas al descubierto. Echó una larga mirada, después le pasó un dedo por un pezón y acto seguido por el otro. Después le quitó la sábana de encima. Le pasó la lengua por los pezones. Felisa levantó los brazos y se estiró. Un: «Ummmm», salió de su boca. Berto le mamó las tetas. Le quitó las bragas, muy lentamente. Un coño peludo quedó al descubierto. Le acarició el interior de los muslos. Felisa abrió las piernas de par en par. Berto mojó un dedo en la boca y le acarició el clítoris. A Felisa se le escapó un pequeño gemido: «¡Ooooh!» Berto sacó la verga, gorda y larga, y le puso el cabezón en los labios a su madrastra al tiempo que le metía un dedo en el coño mojado. Felisa abrió un poquitín la boca y la punta del glande entró en ella. Felisa, como si fuera sin querer, le pasó la lengua por él un par de veces. Berto le metió unos centímetros más de verga en la boca. Sacó el dedo, le metió dos y la masturbó con ellos. Felisa seguía con la boca llena pero no mamaba. No quería que su hijastro supiese que estaba despierta.

    El olor a coño que había en la habitación dejo paso al aroma del jabón de la Toja.

    Berto le quitó los dedos del coño y Felisa sintió como una lengua se lo lamía. No podía ser otra más que Nuria, su hijastra. Felisa comenzó a mamar la polla de su hijastro. Berto le metió a su hermana dos dedos en el coño, la masturbó y se masturbó… Al rato, Felisa, temblando, se corría en la boca de Nuria y recibía en su boca la leche de Berto.

    Al acabar de correrse Felisa. Nuria, le puso su pequeño chochito en la boca y Berto se la metió en el coño. Felisa sacó la lengua y Nuria se la folló hasta que se corrió y se la llenó de jugo… Poco después, Berto le llenó el coño de leche. Felisa se volvió a correr.

    Al acabar de correrse por segunda vez, despertó. Había tenido un sueño húmedo. Bajó una mano. La metió dentro de las bragas y se encontró con el coño empapado. Sacó la mano. Se persignó, juntó las manos para rezar, pero la mano que había bajado al juntarse con la otra se rebeló y volvió a bajar al pozo. Felisa se hizo un dedo que le dejó el coño a temblar.

    ———————–

    Segunda Parte:

    Felisa dejó de dar catequesis y de ir a misa. Vestía faldas por encima de la rodilla y algún que otro escote más que generoso. Decía que tenía una crisis de fe, pero lo que le pasaba era que se estaba hartando de hacer pajas fantaseando con su hijastro y su hijastra y no era cuestión de ir a confesárselo al cura.

    Un mes más tarde. A las once de la noche de un sábado. Berto, que era un yogurín, delgado, moreno, muy alto, muy guapo y muy religioso, lo mismo que su hermana, salía de la ducha en dirección a su habitación para cambiarse, salir y encontrarse con su hermana y otros jóvenes de una congregación católica. Al pasar por delante de la puerta de la habitación de su madrastra, Felisa, lo llamó.

    -Ven un momento, Berto.

    Berto entró en la habitación de su madrastra y se llevó un sorpresón. Felisa estaba descalza junto a la cama, vestía un body negro que mostraba la mitad de sus grandes tetas y sus largas y preciosas piernas. La mujer le preguntó a su hijastro:

    -¿Crees que le gustará a tu padre?

    Berto, llevaba puesta solo una toalla, y su verga la levantó.

    -Le va a encantar, madre.

    Felisa, con voz melosa, mirando para la erección, le dijo:

    -No hay duda de que a ti sí que te gusta lo que ves.

    Berto, avergonzado, le dijo:

    -Lo siento.

    -No lo sientas, hijo. Es una reacción natural. -Se acercó a su hijastro- A ver que tienes debajo de la toalla -le quitó la toalla y la dejó caer al piso de la habitación- ¡Jesús, es más gorda que mi brazo!

    Berto, nervioso, le dijo a su madrastra:

    -¿Qué le pasa, madre? Está desconocida.

    -Lo que estoy es muy necesitada, hijo.

    -Eso le pasa por alejarse de Dios.

    -No, eso me pasa por falta de verga.

    Felisa le echó a su hijastro las manos al culo y la apretó la polla erecta contra ella. Berto, se resistía.

    -No le podemos hacer esto a papá. Es un santo.

    -Si fuera menos santo y atendiera a mis necesidades no tendría que recurrir a ti.

    -Está poseída por el Mal, madre.

    Felisa, o follaba o reventaba.

    -Por las ganas, hijo, estoy poseída por las ganas. Te deseo. ¡Comámonos vivos!

    -¡La lujuria es un pecado capital

    Felisa besó a Berto, con lengua, hasta que le devolvió los besos. Después lo besó en el cuello, le metió la lengua en una oreja, le besó, lamió y chupó las tetillas, se puso en cuclillas, le lamió la cabeza de la verga y después la metió en la boca. Berto, era virgen y eyaculador precoz y a la quinta mamada se corrió en la boca de su madrastra. Felisa no dejó que se desperdiciase ni una gota de leche. Al acabar de correrse, le preguntó:

    -¿Te gustó correrte en mi boca hijo?

    A Berto se le quitara la tontería.

    -Sí, mamá.

    -A mí también me gustaría que me hicieras tú cositas. ¿Me las harás?

    -Sí, le haré lo que me pida.

    Felisa se quitó el body. Sus tremendas tetas quedaron al aire y con ellas su coño peludo.

    -¡Soy toda tuya!

    Berto le miró para las tetas y para el coño.

    -¿Qué hago con todo eso? ¿Por dónde empiezo?

    -Bésame.

    La besó largamente.

    -Lame los pezones.

    Lamió los pezones. Felisa acariciaba el cabello de su hijastro.

    -Chupa y magrea las tetas.

    Esto ya se le daba mejor. Felisa comenzó a gemir.

    -Agáchate y cómeme el coño.

    Felisa le fue indicando donde estaba el clítoris, como lamerlo y como chuparlo, cuando debía follarle la vagina con su lengua. Le fue diciendo lo que a ella le gustaba que le hicieran en cada momento.

    Un poco más tarde, Felisa, caliente como una bicha, cogió a su hijastro de la mano, lo llevó a la cama. Lo empujó sobre ella y después cogió una teta con las dos manos y se la puso en la boca.

    -Come, cariño.

    Berto, estaba mamando cuando su madrastra le cogió la verga… Le dio dos toques y se volvió a correr.

    -¡Jesús! Así no vas a poder meter. Me dejarías preñada.

    Felisa le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -Lame desde el ojete hasta la pepita.

    Berto era un buen alumno. Le agarró las tetas y le comió el coño… Al rato largo le decía Felisa a su hijastro:

    -Más aprisa, hijo, más aprisa. Así, así así. Mamá se va a correr para ti. Más aprisa, más, más. ¡¡Mamá se corre!!!

    Felisa, sacudiéndose, se corrió en la boca de su hijastro. Berto tragaba sin parar. Había descubierto el sabor de la lujuria y le encantaba.

    Al terminar de correrse, Felisa, le hizo otra mamada a Berto. Esta vez, el yogurín, tardaba más en llenarle la boca de leche. Felisa sabía que si se la acercaba al coño no le daba ni tiempo a meter la cabeza, pero el culo lo tenía sin estrenar. Algún día había que estrenarlo.

    -¿Le comerías a mamá el culo?

    -Si.

    Felisa se puso a cuatro patas.

    -Cógeme las tetas, lámeme el culo, y después, encúlame.

    Berto, le devoró el culo… Al rato, al ver el coño empapado y abriéndose y cerrándose, en vez de follarle el culo, con un golpe de riñón, se la clavó hasta el fondo del coño, Felisa exclamó:

    -¡Malo!

    La verga de Berto, a toda hostia, entraba y salía del coño de su madrastra. Felisa ya se arriesgaba a que Berto se corriese dentro de ella, ya que cuando su hijastro paraba de darle caña lo seguía follando ella con su culo buscando el orgasmo, y lo encontró.

    -¡Me voy a correr, hijo, me voy a correr!

    Berto ya tuteaba a su madrastra…

    -Dámela, mamá, dámela.

    Felisa, se corrió, diciendo:

    -¡¡¡Jooooder, que gustazo!!!

    Al acabar de correrse su madrastra, Berto, sacó la verga del coño y le clavó el glande en el culo, Felisa, empujó, y poquito a poco la metió hasta el fondo. Después de darle caña brava durante un tiempo, Berto, le llenó el culo de leche.

    Al rato, le dijo Felisa a Berto:

    -De lo que hicimos ni una palabra a nadie. Es nuestro secreto,

    -¿Ni en confesión?

    -¡Ni se te ocurra confesarlo! Es mejor fiarse de una puta que de un cura.

    Berto, se vistió, y en vez de ir a la reunión se metió en un bar de copas. El también tenía una crisis de fe.

    ————————

    Tercera Parte:

    Una semana más tarde. Nuria, la hijastra de Felisa, que era una jovencita morena, delgadita, con buenas tetas y mejor culo, a la que apodaban Sopitas, estaba encima de la cama de su habitación, boca abajo, vestida con el uniforme de las monjas franciscanas, estudiando historia con su amiga Linda, otra joven con un cuerpo muy similar al suyo. Linda, le preguntó:

    -¿Te besaste con algún chico, Nuria?

    -No, es pecado.

    -¿Y con alguna chica?

    -El pecado aún es mayor.

    -¿Te haces deditos?

    -¡No! La masturbación aún es un pecado mayor que los besos.

    Linda, juntó sus labios con los de su amiga y le dio un piquito.

    -¿A qué te supo, Nuria?

    -A pecado.

    -A mi me supo a poco, a muy poco.

    La besó de nuevo, esta vez con lengua. Después, Linda, le preguntó a Nuria:

    -¿Me dejas tocarte las tetas?

    Felisa, apareció en la puerta de la habitación de su hijastra, y le dijo a Linda:

    -En mi casa, no.

    Linda se levantó de la cama, colorada como una grana, como colorada estaba Nuria, que le dijo a su madrastra:

    -Era solo una pregunta, mamá, no le iba a dejar que me tocase las tetas.

    -Mentir también es pecado, Sopitas.

    Linda, se calzó, cogió los libros y salió corriendo de la habitación. Felisa, le dijo:

    -Adiós, Linda.

    Linda no estaba para despedidas.

    Felisa se sentó en el borde de la cama y le dijo a su hijastra:

    -Dime, Sopitas. ¿Le ibas a dejar que te tocase las tetas?

    Nuria, bajó la cabeza, y le contestó:

    -Sí.

    -No te avergüences, yo a tu edad le dejé a una monja que me tocase las tetas.

    Nuria se vino arriba.

    -¡¿De verdad?!

    -Sí, y si fuese solo eso. Acabamos haciendo un dedito juntas.

    Nuria no daba crédito a lo que estaba oyendo.

    -¡¿Te masturbabas en el convento, mamá?!

    -Me masturbaba, me masturbaban, y hacía y me hacían cosas peores.

    – ¡No! No me digas que…

    -Sí, hija, sí, eso que estás pensando.

    -Se le quitan a una las ganas de creer.

    -Una cosa es creer en Dios y otra en los hombres y en las mujeres.

    -¿A qué edad dejaste de masturbarte, mamá?

    -No dejé, aún lo hago, Sopitas. Tu padre trabaja de noche, y al estar sola por las noches… ¿Nunca estuviste tentada a hacerlo?

    -Sí, pero entre que es pecado y que me da miedo hacerme daño, superé la tentación.

    -No debías tener miedo. No tienes porque meterte un dedido para llegar al orgasmo, y eso de que es pecado. No creo yo que a Dios le moleste que nos demos placer, dentro de un orden.

    -¡¿No?!

    -No. ¿Has sentido algún orgasmo, Sopitas?

    -En sueños.

    -¿Puedo pedirte un favor, mamá?

    -Pide, Sopitas

    ¿Me enseñas a masturbarme sin meter el dedo?

    -Eso no es ningún favor, Sopitas. Será un placer enseñarte. Esta noche después de irse tu padre a trabajar y cuando duerma tu hermano, vengo a tu habitación y aprenderás a masturbarte.

    ———————-

    Cuarta Parte:

    A la una de la madrugada, Felisa, entró en la habitación de su hijastra. Estaba con la luz apagada. Felisa, le preguntó, en bajito:

    -¿Duermes, Sopitas?

    -No, ven, mamá.

    Felisa, en camisón, levantó las sábanas y se metió en la cama. Extendió una mano y se encontró con el cuerpo desnudo y caliente de su hijastra. Le tocó el chochito y vio que estaba mojado.

    -¿Estuviste jugando tú sola, Sopitas?

    -No.

    Felisa le tocó el clítoris con un dedo, y le dijo:

    -Vamos a empezar la lección. Acarícialo con tu dedo de abajo arriba, hacia los lados y alrededor y piensa que estás haciendo el amor con alguien que te guste.

    Nuria hizo lo que le dijo su madrastra y se puso como una moto…

    -Dame un beso, mamá.

    -¿En quién estabas pensando?

    -En ti.

    Felisa le metió un morreo que la dejó a temblar.

    -¿Quieres que juegue con tus tetas, Sopitas?

    -Siiii.

    Felisa le magreó y le mamó las tetas. Nuria, gimiendo, le dijo:

    -Cuéntame al oído como fue tu primera vez con una monja en el convento.

    Felisa, magreándole las tetas a su hijastra, le contó al oído:

    -Estaba en camisón, rezaba arrodillada al lado de la cama de mi celda. La madre superiora, que era una cuarentona viciosa y pervertida, llegó con otra novicia, guapísima, cerró la puerta de la celda, y le dijo: «Desnúdese, hermana». La novicia se quitó la túnica, la toca, el cordón, el habitó y las bragas blancas. Tenía el cabello negro. Sus tetas eran grandes y redondas y su coño estaba rodeado de vello negro. Al estar desnuda, me dijo a mí: «¿Este cuerpo la invita a pecar, hermana?»

    -No, madre.

    -«A mí, sí».

    Se arrodilló, la besó, le comió las tetas, se agachó y le comió el chochito. A los cinco minutos, más o menos, me volvió a preguntar:

    -«¿Siente deseos de pecar, hermana?»

    -Sí.

    -«Ocupe mi lugar».

    -Fui al lado de la novicia, la besé. Sus labios eran tiernos y cálidos y su lengua como una serpiente que reptaba por la mía… Le comí las tetas, duras y puntiagudas… Le pasé la lengua por el chochito. Lo encontré mojado… La madre superiora se sentó en mi cama, levantó el hábito, metió una mano dentro de las bragas y comenzó a masturbarse. Yo comiendo…

    Nuria ya no aguantaba más.

    -¡Cómemela, mamá. Cómemela!

    Felisa quitó el camisón y las bragas. Se metió entre las piernas de su hijastra. Le apartó la mano. Metió todo el coñito en la boca, lamió y, Nuria le llenó la boca con el flujo de una corrida brutal.

    ————————

    Quinta Parte:

    Berto había oído los gemidos de su hermana al correrse. Se imaginó lo que estaba pasando y fue a la habitación. Encendió la luz y vio que su madrastra y su hermana se estaban besando.

    Nuria no sabía dónde meterse, ni que decir. Tapó la cabeza con las sábanas. Berto le preguntó a su madre. ¿Puedo jugar con vosotras?

    -Pregúntaselo a tu hermana.

    Nuria, era cortita, pero no tanto. Al ver que su madrastra ni se inmutaba, sumó uno más uno.

    -¡Vosotros ya pecasteis juntos!

    Berto se acercó a la cama, destapó a las dos mujeres, y le dijo a su hermana:

    -Y lo pasamos de miedo. ¿No quieres sabes cómo sabe un pene?

    Nuria, en posición fetal y tapándose las tetas con las manos, le respondió:

    -¡No, pecador!

    -¡Anda que túúú!

    Felisa quería guerra.

    -¿Quieres ver como tu hermano me hace lo que me hacía el confesor, Sopitas?

    -No! Ir a hacer esas cosas a otra parte.

    -Pensé que te gustaría ver cómo me la mete en el culo.

    Nuria, se horrorizó.

    -¡¿En el culo?! ¡¡No quiero ver como descendéis a los infiernos!!

    -Que te acabo de comer el chochito, Sopitas. Ya descendiste al infierno conmigo.

    -No es lo mismo. Era algo dulce. El sexo anal es obscenidad, lascivia, o lo que es lo mismo, lujuria.

    -El sexo cuanto más guarro más placentero, hija.

    -¡Qué descaro, madre, que descaro!

    Berto, buscó la boca de su hermana, Nuria no lo quiso besar. Su boca y la de su madrastra besaron la parte de arriba de las tetas, a las que tapaba con los brazos. Al sentir los besos fue quitando los brazos, y cuando los quitó, Berto le mamó una teta y Felisa la otra. Nuria les dijo:

    -No puedo resistirme. Las ganas me impiden luchar.

    Nuria se estiró y abrió las piernas. Berto y su madrastra buscaron su boca. Besó a los dos. Felisa le acarició el clítoris… Poco después, decía:

    -¡¡Me voy a correr otra vez!!

    Berto, le preguntó:

    -¿Me dejas beber de ti, Sopitas?

    -Bebe, goloso.

    Berto metió su lengua en el coño de su hermano, y no hizo falta más, se volvió a correr, diciendo:

    -¡Me voooy!

    Nuria se corrió retorciéndose de placer y le llenó la boca de flujo a su hermano mientras su madrastra le comía la boca.

    Berto, al acabar de correrse su hermana, le preguntó:

    -¿Quieres seguir jugando, Sopitas?

    -Sí, mi puto coño me pide más,

    -Felisa, la reprendió.

    -Cuida tu vocabulario, Sopitas.

    -Sopitas es lo que quiero que vuelvas a hacer con mi coño.

    -¡Nuria!

    -¡¡¿Qué?! ¿Me habéis convertido en una puta y queréis que hable como una beata?

    Felisa no reconocía a su hijastra.

    -Estás desatada hija.

    -Mira, me has dado una buena idea. Atadme a la cama y disfrutemos.

    Felisa y Berto se miraron. La idea no era mala.

    La ataron de pies y manos a la cabecera y a los pies de la cama. Pensó que le iban a devorar las tetas, el culo y el coño, pero la iban a sorprender. Felisa, se puso a cuatro patas. Su culo estaba al lado de su cabeza. Nuria vio cómo su hermano le lamía el culo a su madrastra… Luego como se lo follaba con la lengua y después la tranca de su hermano, tiesa, entrar y salir empapada del coño de su madrastra. Protestó.

    -¡Seréis cabrones! ¡¿Y yo qué?!

    Berto, la amenazó.

    -Silencio o te meto mis calzoncillos en la boca.

    Nuria, se calló.

    Berto después de follarle el coño a su madrastra le folló el culo. Nuria vio cómo su madrastra se metía dos dedos en el coño. y poco después, oyó como decía:

    -¡¡Me cooorro!!

    Nuria vio como salía un chorro de jugo a presión del coño de su madre. Parte de él cayó en su cara y en sus labios. Su chochito latía y soltaba jugo como si se estuviera corriendo.

    Berto, a punto de correrse, la quitó del culo de su madre, se la puso en la boca a su hermana. Nuria chupó como una descosida. Berto, se corrió en su boca.

    ———————–

    Final

    Felisa le dijo a su hijastro:

    -Berto, haz todo lo que haga yo.

    Felisa, le desató un pie de la cama a Nuria.

    -¡¿Me vais a soltar sin hacerme nada?!

    – Calla y disfruta.

    Felisa le masajeó la planta de los pies y después lamió y chupó dedo a dedo mientras masajeaba la planta y los tobillos. Berto, haciendo lo mismo que ella, le preguntó:

    -¿Quién te aprendió a hacer esto, madre?

    -La madre superiora del convento en el que estuve.

    -¡Qué puta!

    -Sí, era la puta, jefa. El convento era una gran casa de putas, pero ahora atiende a lo que estás haciendo.

    Nuria, con los ojos cerrados, guardaba silencio.

    Subieron lamiendo y besando el interior de los muslos hasta llegar al chochito abierto de Nuria. Al encontrarse las lenguas de madre y hijastro, se besaron. Luego, juntos, le lamieron el coño. Nuria, al sentir las dos lenguas en su coño, se volvió a correr diciendo:

    -¡Corridóóón!

    Al acabar de correrse y de beber de ella, subieron lamiendo y le comieron una teta cada uno, luego le comieron la boca. Hubo besos a dos y a tres lenguas. Después le besaron y lamieron la unión de los codos por el interior. Le desataron las manos, besaron sus muñecas y acabaron en la boca besándose a dos y a tres lenguas.

    Felisa, le dijo:

    -Ahora tú decides. Te das la vuelta, te pones a cuatro patas y dejas que tu hermano y yo te hagamos de todo, o te vas, te das una ducha y se acabó lo que se daba.

    Nuria, le preguntó:

    -¿Me vais a comer el culo?

    -Culo y chochito.

    -No sé, bueno, vale, me dejaré… Qué puta me he vuelto, coño. ¡Qué puta me he vuelto!

    Nuria se dio la vuelta. Felisa le lamió y le folló el ojete con la lengua. Le encantaba, sus gemidos así lo decían. Al acabar ella se lo lamió y folló Berto, que le seguía haciendo a su hermana lo que primero le lacia Felisa… Volvió el turno de Felisa. Le metió un dedo en el culo, después dos, después el dedo pulgar, y cuando ya Nuria jadeaba como una perra, le dijo a Berto:

    -Encula a tu hermana.

    Berto le metió la cabeza de la tranca en el culo. Nuria, exclamó:

    -¡Cuuuuño!

    Berto, le preguntó:

    -¿Te duele?

    Nuria, le respondió:

    -No, me hace cosquillas, no te jode.

    -Habla bien.

    -Hablo como me sale del coño. ¡Ni que estuviéramos en misa! ¡¡Ay que me corro, ay que meee. ¡¡¡Me corro!!!

    Nuria tuvo un orgasmo anal. Berto le llenó el culo de leche.

    Felisa, le dijo a su hijastro:

    -Métesela ahora en el chochito y desvírgala. Es el momento.

    Berto, sacó la tranca del culo. El chochito de Nuria, encharcado y abriéndose y cerrándose, la fue acogiendo dentro… Poco después ya follaba Nuria con el culo a su hermano, y le decía:

    -Magrea con más fuerza mis tetas que no van a romper.

    Berto le magreo las tetas apretándolas, y dándole caña, le dijo:

    -¡El chochito es lo que te voy a romper!

    Un cuarto de hora más tarde, Nuria, se volvió a correr:

    -¡Me voy a morir de guuuusto!

    Al encharcar su tranca con el jugo de la corrida, Berto, sintió que se iba a correr otra vez. La quitó. Iba a eyacular en las nalgas de su hermana, Felisa, como una loba, se abalanzó sobre la tranca y la mamó hasta tragarse la última gota.

    La noche iba a ser larga, como todas las de este tipo.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Confesiones de una gatita

    Confesiones de una gatita

    Una noche una gatita entra por la ventana ve dormido a su dueño mmm se lame los labios, lo observa, está envuelto con una sábana blanca suavemente y despacio lo va retirando de su cuerpo ese hombre no siente lo que su gata hace.

    Una vez retirado la sabana ella nota que está desnudo boca para arriba con su polla flácida eso se arregla fácilmente jijiji mmm

    Gatita se acerca toma entre sus manos la polla y hace unos masajes suaves, esta gata esta desnuda, sin sostén ni braguita, a los pies de su dueño con sus pezones duros y su coño húmedo ggrr ggrr ggrr ronronea porque se da cuenta que mediante los masajes proporcionados la polla comienza a cobrar vida y de a poco ella se lo mete a su boca, su lengua juega con la cabecita mmm, la puntita esta rica muy muy rica, después baja a los huevos, escucha gemir y jadear a su dueño lo está disfrutando, ella se toca, se mete unos dedos en su cueva caliente y sigue chupando hasta que siente la primera corrida, es cálida, baja por su garganta mmm delicia, sigue con su faena… De repente el señor despierta toma del brazo a su gata y de un golpe la acuesta en la cama y le susurra a su oído “es mi turno” dibujo una sonrisa gatita.

    El dueño primero besa sus labios su cuello ella esta retorciéndose de la excitación, el señor recorre con sus manos sus pezones, los chup,a le pasa su lengua, baja más a su ombligo y si llego allí, a su coñito depilado, lo saborea mmm chupa su almeja caliente húmeda aahh!!! Aahh!! Aaahh!! “Siii señor, soy suya” dice la gata caliente retorciéndose de placer…!!!

  • Sigue mi historia del campo

    Sigue mi historia del campo

    Aquel temporal de lluvia fue maravilloso. Pasaron casi quince días hasta que mejoraron los caminos y pude regresar al pueblo. Había tenido dos fiestas agotadoras con los cinco hombres de la cuadrilla. Evidentemente les había gustado porque me mandaban varios mensajes al día pidiéndome que vuelva pronto a visitarlos ya que en cuanto mejoren los caminos seguirían viaje hacia otro campo. Eran mensajes llenos de cochinadas, cosa que me encantaba, además me contaban que los cinco se pajeaban viendo las fotos y pensando en mí, la verdad que me sentía reputa y eso me calentaba, pero ya había sido suficiente con esas dos fiestas agotadoras, el cuerpo por el momento no me daba para mas. Tenía su numero así que tal vez mas adelante buscaría la forma de encontrarlos. Además quería coger con mis chicos. La tarde que regresé al campo nos juntamos los cuatro y arreglé con ellos que en estos días serian mis novios una noche cada uno, me causaba gracia al decírselo, pero en verdad así los sentía, eran mis machos, pero también mis novios, además iba a estar muchos días hasta que mejoren los caminos y pudiera regresar al pueblo Era una reina, tenia mi propio harem de machos jóvenes, por los cuales no solo sentía un inmenso cariño, sino que también me satisfacían plenamente en la cama. Ellos ya tenían claro, que cuando cogíamos yo era una puta y un pedazo de carne para su placer y el mío, por supuesto.

    Los encuentros eran distintos con cada uno, a Ricardo le gustaba ponerme en cuatro y cogerme por el culo prendido de mis tetas, siempre me decía que coger una hembra tan puta y con semejantes tetas era el sueño de cualquier macho. Como el arreglo incluía que se quedaran a dormir siempre los despertaba chupándosela y haciéndome la nena les decía que sus pijas y su leche eran mi ¨deliciosa mema de la mañana¨. El melli Juan se había desinhibido totalmente, ya no era yo la que tenia que darle las indicaciones, el me daba ordenes y me cogía a su antojo, cosa que me encantaba, porque me despertaba mucho mas el morbo, la primer noche que le tocó quedarse conmigo, llevo unas cintas de tela, después de cenar me dio una camiseta suya, me pidió que fuera al dormitorio, me la ponga y quede vestida solo con eso, cuando regrese al comedor, sin decir palabra me cargo sobre un hombro como una bolsa de papas, me llevo al cuarto me arrojo sobre el colchón y con las cintas que llevaba me ató muñecas y tobillos a las cuatro puntas de la cama y me arranco en mil pedazos la camiseta que me había hecho vestir. Mi desconcierto duró unos segundos, pero luego sentí una terrible calentura por esa especie de violación. Se desnudo lentamente sin sacarme la vista de encima, yo veía su cuerpo joven y atlético y esa pija parada, yo estaba casi por desmayarme de la calentura y le gritaba que por favor venga a cogerme, me retorcía y tiraba tratando de desprenderme de las ataduras pero no podía, creo que pasaron unos minutos entre mi suplica y su goce, hasta que se arrimo, se sentó a mi lado en la cama y empezó a acariciarme y chuparme los pezones, después se arrodillo a mi lado y me metió la pija en la boca, yo estaba tan caliente y se la chupe con tanta avidez que no tardo mas de unos segundos en acabar, tragar leche me calmo un poco, el se tiro a mi lado y empezó a acariciarme muy suavemente la concha mientras me decía ¨coge con mi mano puta¨, yo me movía cogiéndole sus dedos sin parar y cuando logré acabar con su caricia mas que gritar creo que aullé de placer.

    En seguida me desató ahí me le tire encima y empecé a chuparle la pija, acabar con su mano me había calmado, pero necesitaba sentir un pedazo de carne dentro mío. No tardo mucho en recuperarse y fue una cogida increíble, no podíamos despegar nuestras bocas, era como si quisiéramos comernos, yo acabé dos veces, las dos fueron muy seguidas e increíbles. Te convertiste en un excelente alumno le dije, el riéndose me respondió: ¨tuve la mejor profesora¨ .Conversamos un rato, yo me puse boca abajo y me adormecí, no se cuanto tiempo pasó hasta que sentí que me estaba metiendo un dedo en el culo para dilatármelo, me quede boca abajo y lo deje que se tire sobre mi y me coja, me encantaba sentirme aplastada y cogida por el culo. Ni siquiera me movía, lo dejaba hacer a el, solo puse mi cara de costado y le pedí que me arrime su lengua a la boca, para chupársela. Realmente el melli se lució esa noche, a la mañana se despertó con la pija tan dura que me pareció un desperdicio dejarlo ir sin coger, así que cuando volvió del baño me encontró puesta en cuatro y ni lerdo ni perezoso me la metió de nuevo por el culo, me cogió así un buen rato, yo acabé varias veces, antes que lo hiciera el. Después de desayunar nos besamos largamente y se fue.

    La noche siguiente me tocaba coger con el melli Luis, después de cenar nos acostamos y no tardamos nada en desnudarnos ,me chupó la concha un largo rato y después sin mas preámbulo empezó a cogerme, este chico era una maquina, me hizo perder la noción de las veces que acabé antes que lo hiciera el, descansamos un rato, se la chupe para parársela de nuevo y cuando estaba bien durita tome el lubricante anal de la mesa de luz, se lo esparcí suavemente por la pija, me coloqué boca abajo y no hizo falta que le pidiera nada, en el acto sentí como se me abría al culo con la pija que entraba y salía como una maquina. Luis era realmente potente y me estuvo cogiendo tanto tiempo que nuevamente perdí la cuenta de las acabadas. Yo me había enviciado con el sexo anal, y no los dejaba ir hasta que no me cogían por el culo, cuando me lo hacían me sentía tan usada y tan puta ¡! Además las acabadas eran distintas, no se si eran mas placenteras que por la concha, pero me dejaban plenamente satisfecha.

    Así con algunas variantes pero plenas de sexo y placer pasaron las noches de casi dos semanas hasta que mejoraron los caminos. Carlos estaba tranquilo ya que la señal de celular había mejorado y nos mensajeabamos todos los dias, además el sabia que además de estar cuidada lo estaba pasando bien con los chicos y eso a el le encantaba. Lo que no sabia era lo que había pasado con los hombres de la cuadrilla el día de la tormenta en que vine al campo. Ya se lo contaré y estoy seguro que no le molestará, a el le gusta saberse amo y macho preferido de semejante puta.

    La noche anterior a regresar al pueblo fue el turno del melli Juan, nos dimos una cogida hermosa y a la mañana le pedí a sus hermanos que vinieran y preparé un rico desayuno para los cuatro. Conversamos mucho, les confesé que los quería, que además de la relación de sexo que teníamos me sentía muy bien con ellos y que agradecía el día del comienzo en el arroyo, cuando me agarraron por primera vez los tres, en verdad me habían abierto la puerta a un mundo nuevo desconocido para mi y para ellos también. Eran tan buenos y simples esos chicos que me emocionaron cuando los tres me dijeron que teniéndome a mi no necesitaban otra mujer, que me amaban y que ninguno sentía celos porque sabían que esta relación me hacia feliz y que ellos querían saberme así: siempre feliz.

    Después de almorzar tome mis cosas, y partí con mi camioneta hacia el pueblo. El lugar donde estuvo la cuadrilla estaba desierto, ya se habían marchado vaya a saber donde. Detuve unos instantes la camioneta para observar el lugar donde había sido la reina de las putas, pensaba en lo que había pasado con los cinco hombres y me parecía un sueño haber hecho semejante cosa, pase toda una noche siendo cogida como una perra y luego regrese gustosa para que me usen de nuevo. Jamás había siquiera imaginado que una mujer sea tan puta para hacer algo así, y resulta que era yo Chabelita la puta que se había dejado coger y usar por cinco desconocidos gozando como una perra alzada, dudaba en confesárselo a Carlos o a los chicos, mas adelante veré que hacer, por ahora seria mi secreto . Estuve allí sentada largo rato mirando y pensando, después emprendí camino al pueblo. Allí me esperaba Carlos con una sorpresa que jamás imaginé en mi vida. Esta todo guardado en mi pen drive, avísenme si les interesa saber cual fue la sorpresa y pronto se las contaré.

  • Susana, la guarrilla de mi instituto

    Susana, la guarrilla de mi instituto

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Desde que empezamos el instituto, Susana ya empezó a mostrar lo que iba a ser de mayor. Estábamos en el recreo y los chicos por un lado en el patio y las chicas por otro, cuando ella se sentaba en el suelo y claro, su falda se levantaba un poco y todos nos agachábamos para verla las bragas.

    Eso que parecía algo inocente, más tarde se convirtió en una obsesión para todos.

    Un día salimos del instituto Ángel Luis y yo. De repente, a los dos nos dieron ganas de mear. Estábamos más cerca del autobús, por lo que, en vez de volver, nos pusimos a hacerlo en la calle, tapados por un coche. Angel Luis terminó antes que yo y se dispuso a irse, cuando al fondo venía Susana. Yo seguía meando y al llegar a mi altura, ella se puso a mirarme el pito descaradamente. Acabé como pude y me salpiqué un poco el pantalón.

    En el autobús de vuelta a casa, me excité un poco con ella y tuve una erección.

    Las cosas fueron a peor con los años. Aunque hacíamos gimnasia por separado los chicos y las chicas, Susana siempre se empeñaba en enseñarnos las bragas en el cambio de clase.

    Cuando cumplió los 18, un amigo me contó algo que no podía creer.

    -Que si, tío, que se la ha chupado a un tío por 5€.

    -¿Qué dices? Yo no podía creerlo.

    -Susana necesitaba dinero y le dijo a Jaime que se la chupaba por 5€. Este le ofreció 10€ para que se tragara su lefa, pero esta le dijo que no. Solo necesito 5€ y te corres fuera, le dijo.

    Yo seguía alucinando.

    Con el tiempo empezamos a llamarla “Susana la guarrilla”. Susana te hace una mamada por 5€, te la chupa tan bien y si le ofreces 10€, incluso se traga tu lefa. Aunque los rumores corrían, yo no la había visto nunca en acción y tampoco conocía personalmente a los que habían usado sus “servicios”

    Un día hablando con Angel Luis, decidí proponerle ir a verla.

    -No, tío, yo me reservo virgen para el matrimonio, me dijo.

    -Pero si la tía no se folla a nadie. Solo hace mamadas.

    -Aun así, no quiero tío.

    -Bueno, pues busquemos al tal Jaime y le vemos cuando Susana se la chupe.

    -Yo no tengo su número. Pregúntale a Rafa.

    Fui a buscar al tal Rafa a su casa. Angel Luis me había dado su dirección.

    Toqué el portero y contestó su madre.

    -¿Quién es?

    -Soy amigo de Rafael. Era para ver si podía dejarme sus apuntes de química.

    -Anda sube. Ahora le llamo. Está en su cuarto estudiando.

    Subí a su casa y me abrió su madre.

    -Pasa, pasa, ¿cómo has dicho que te llamas?

    -Soy Pedro, somos compañeros del instituto.

    Entré en su cuarto y allí estaba el tal Rafa. Tenía pinta de empollón.

    -¿Y tu quien eres?

    -Pedro. ¿Conoces a Jaime?

    -¿Jaime? Si. Es amigo mío.

    -Verás, hemos oído que se la ha mamado Susana y como nunca la hemos visto hacerlo, queremos quedar para cuando se lo haga.

    -¿”Susana la guarrilla”?

    -Si, esa misma.

    -A mi también me la ha mamado. El viernes he quedado con ella. Dice que será la primera vez que se lo trague todo. Le he ofrecido 15€ y ha aceptado.

    -¿Y podemos ir?

    -¿Podemos? ¿Cuantos sois?

    -Solo 2. Yo y mi amigo Angel Luis.

    Se quedó un momento pensando y finalmente aceptó.

    -Esta bien, podéis venir. Evidentemente, tenéis que quedaros escondidos y nada de grabarnos con el móvil, ¿eh?

    -Si, claro, claro. Le mentí.

    Quedamos para el viernes y me fui a casa tan contento para contárselo a Angel Luis. Estaba claro que no iba a hacer caso a Rafa y me iba a llevar el teléfono para grabarlo todo.

    Viernes, 6 de la tarde. Parque de la Esperanza. Hace un calor bastante fuerte. El curso está punto de acabar.

    Angel Luis y yo, estamos sentados en un banco que hemos arrastrado hasta debajo de un árbol caído, con lo que sus ramas nos tapan. Rafa me dijo el lugar exacto donde había quedado con Susana el día de antes.

    Son las 6:30, cuando Susana aparece por nuestro lado derecho. Lleva el uniforme del instituto y su carpeta de colores debajo del brazo. Parece una inocente adolescente, y no la pervertida que es.

    Rafa llega 5 minutos mas tarde.

    -Perdona el retraso. He tenido que esquivar a un par de compañeros.

    -No pasa nada. ¿Traes el dinero?

    -Los 15€.

    -Dámelos, y coge los dos billetes de un manotazo.

    Le doy un codazo a Angel Luis. Este sigue alelado.

    -Coge tu el móvil. Desde donde estas tu se verá mejor.

    No atina a poner la cámara, así que me cambio de sitio con el y me dispongo a grabarles.

    -Déjame sobarte el culo Susana.

    -Por 5€ mas, te dejo.

    -No traigo mas dinero.

    -Pues te jodes. Confórmate con la mamada y que voy a tragarme tu leche. ¿Estarás sano, no?

    -Claro, tía, estoy sano.

    Susana se sube un poco la falda para que este le vea por lo menos las bragas y Rafa se baja el pantalón. Están detrás de una fuente vieja y abandonada, por lo que aparte de nosotros, nadie puede verlos.

    La polla de Rafa esta erecta cuando Susana se la mete en la boca. Yo estoy grabando y estoy empalmado también. No puedo mirar a Angel Luis, por lo que no se si este también esta erecto.

    La tía es una experta. Por lo menos lleva casi un año mamándosela a otros chicos.

    Rafa echa la cabeza hacia atrás y gime como un loco.

    -¡Ah, ah, ah! ¡Qué gusto tía, sigue así, sigue así!

    Angel Luis se la empezado a menear. No puedo mirar, porque si no me pierdo la mamada, pero oigo sus gemidos a mi lado y siento el banco moverse.

    En ese momento el móvil emite un pitido. ¡Vaya por dios, se me olvidó cargarlo y se está quedando sin batería! Espero que dure un poco mas.

    Rafa agarra a Susana por los hombros, veo que esta a punto de correrse y así es, porque da un bote y grita como un loco.

    La saca de su boca, pero Susana no aguanta y vomita la corrida. Justo en ese momento mi móvil se apaga. Se ha terminado la batería.

    Angel Luis se ha corrido y el muy tonto se ha manchado el pantalón. Mientras Susana y Rafa se arreglan, nosotros nos vamos de allí sin que se enteren.

    Al día siguiente, decido subir el video a Youtube. He pixelado las caras antes para que nadie los reconozca, pero se ve el uniforme de nuestro instituto, así que imagino que alguien se dará cuenta de quienes son.

    El ultimo día de clase Angel Luis y yo vemos a la gente en corrillos. Todos parecen hablar del video, pero nadie sabe quien es el chico en cuestión. La chica esta claro que es “Susana la guarrilla”. Aunque todos la conocen, nadie hasta ahora se ha atrevido a decirle nada a la cara. Y mas cuando muchos chicos han usado sus “servicios”. Lo que nadie se imaginaba era lo que estaba a punto de pasar el día de la graduación.

    Son las 11 cuando van llegando los padres. Los alumnos se preparan sus mejores galas, incluyéndome a mi. Angel Luis está ya en el salón de actos y a mi me queda un poco para bajar. Me pongo los zapatos y me dirijo al salón. Tengo que pasar por el despacho del director. La puerta está entreabierta. Paso de largo, pero antes de doblar el pasillo, oigo unos gemidos que salen de dentro. Me vuelvo despacio y me quedo mirando hacia dentro.

    No puedo creer lo que veo. Susana está de espaldas al director, con el culo en pompa y la falda subida, mientras este acaricia su culo a través de las bragas.

    Saco el móvil y busco una mejor vista para grabarlos y que no me descubran.

    El director se ha sacado la polla y la choca contra el culo de Susana.

    -Anda, se buena chica y déjame metértela. Oigo que le dice este.

    -Que no, director. Solo necesito que me suba la nota. No he suspendido ninguna asignatura. ¿Que diría su mujer si se entera de esto?

    -Lo mismo que tus padres si se enteran de que se la has chupado a medio instituto.

    -Y ahora se la voy a chupar a usted. Y diciendo esto, se la metió en la boca y comenzó a chupársela.

    Yo seguía grabando y me estaba poniendo a cien. El director echaba la cabeza hacia atrás, muerto de gusto. Entonces Susana se la sacó de la boca y se giró, poniéndose otra vez con el culo en pompa. El director se incorporó y frotó su polla contra el culo de esta, a través de sus bragas. Gimió como un cerdo y se corrió encima de las bragas.

    Se incorporaron y Susana le dijo:

    -Me ha puesto las bragas perdidas, director.

    Este abrió un cajón y sacó unas bragas limpias.

    -Toma, son de mi hija. Tiene tu misma edad y te valdrán.

    Será cerdo, pensé. Tiene mujer e hija y es un pervertidor de adolescentes.

    Salí de allí, pero antes necesitaba hacer algo. Me metí en el baño y me la casqué con el video que acababa de grabar. Susana era una guarra y me había puesto muy cachondo.

    Casi me mancho el pantalón con mi semen, pero al final me libré. Me limpié y tras lavarme las manos, salí del baño rumbo al salón de actos.

    Lo que había grabado era oro puro y ahora tendría a Susana a mis pies.

    ——————–

    No dije a nadie nada del video que había grabado, ni siquiera a mi amigo Angel Luis. Quería tener a Susana para mi solo.

    Por supuesto, iba a chantajearla para que tuviera sexo conmigo. Yo era virgen e imagino que ella también. Aunque quizá se había follado a algún tío, pero pensaba que no.

    Conseguí finalmente su numero y solo le envié un mensaje. Una captura de ella y el director en ese momento comprometido.

    -¿Quien eres? Me responde en un mensaje.

    -Un buen amigo, le escribo.

    -¿Y que quieres? ¿una mamada para que no publiques la foto?

    -Tengo un video entero. Quiero follar contigo.

    -No voy a follar contigo. Ya puedes subir el video si quieres.

    -Cuando lo vean, despedirán al director y probablemente vaya a la cárcel por pervertidor. Y a ti no se que te harán.

    -No me harán nada. Esa no soy yo. No puedes probar nada.

    -Subiré el video. Solo tengo que darle a un botón…

    -¡Vale, está bien! ¿Donde quieres que nos veamos?

    -Quiero hacerlo en los vestuarios del gimnasio. La de veces que me has enseñado ahí las bragas….

    -Eres tan cerdo como los otros.

    -Si, ya, pero voy a follar contigo. Tráete un condón, que no yo tengo.

    -Ni que fuera una farmacia.

    -Tráetelo si no quieres follar a pelo.

    -Está bien. Le robaré uno a mi padre.

    -Mejor que sean dos. Ah, y ven vestida con el uniforme del colegio. Así me pones mas.

    Quedamos para las 5 de la tarde de ese día. Estaba seguro de que aparecería. El instituto estaba cerrado, pero tenía un amigo que me había dejado una llave maestra y así podíamos entrar sin ningún problema.

    Susana apareció como 5 minutos antes de la hora. Venía con el uniforme puesto como le había dicho. Pero también venía mirando para todos los lados, por si alguien la seguía, como en las películas de espías, no sé. Yo, para que negarlo, estaba algo nervioso.

    Entramos en el instituto, Susana sabía el código de la alarma y lo pulsó.

    -¿Qué, te has follado ya al director?

    -Que dices. Para nada. Se corrió en mis bragas y ya está. Eso fue todo.

    -¿Y si se entera su mujer?

    -No se enterará. Me dijo que ya no follan como antes. Seguro que ella se acuesta con otros tíos también.

    Llegamos al gimnasio. Un silencio lo llenaba todo. Parecía mentira como hacía escasamente una semana, todo estaba lleno y alborotado.

    Le dije a Susana que se subiera la falda y me enseñara las bragas. Sonrió y se la subió, solo que no llevaba bragas.

    -¿Te depilas siempre el chocho? Le pregunté.

    -No, solo en ocasiones especiales. Me dijo burlonamente. Anda, vamos al lío. Cuanto antes acabemos, mejor.

    Me acerqué a ella y le toqué el culo. Se lo sobé con fuerza y antes de nada ya estaba empalmado. A sus 18 años tenía un culo que ya lo quisieran para ellas muchas mujeres de 30.

    Susana tenía prisa por acabar y se agachó a mamármela.

    -No tan deprisa. Le dije.

    -Podrían pillarnos.

    -Tu tranquila. Cómemela lentamente. Déjame disfrutar el momento.

    -Como quieras.

    Era una experta como os dije haciendo mamadas. Mi polla entraba y salía de su boca perfectamente lubricada. Me cogía de los huevos y me los acariciaba. Siguió un poco mas con la mamada. Yo estaba al borde del orgasmo, pero no quería irme aún. Quería irme dentro de ella.

    -Para, Susana, le dije. Para por dios, que me corro.

    -¿No quieres correrte en mi boca?

    -No. Quiero correrme en tu coño.

    -Vale, esta bien. Para eso he traído los condones, ¿no?

    Me dio uno, pero no sabía ponérmelo. Acabe rompiéndolo. Menos mal que traía dos como le había dicho.

    Acabé poniéndomelo con su ayuda. Me guié con mi mano para metérsela. Antes de hacerlo, le pregunté:

    -¿Eres virgen?

    -¿Y eso a ti que te importa?

    -Nada.

    -Venga, follemos, que tengo cosas que hacer.

    Le subí la pierna derecha y la apoyé contra la ducha que teníamos mas cerca y se la metí de un tirón. Noté que le dolió, pero no dijo nada, solo se contrajo su cara. Empecé a bombearla y vi como la sangre salía de su coño y se escurría por su pierna. Era virgen de verdad.

    La verdad, no me dio pena para nada. Yo seguí bombeando fuerte y solo pensaba en correrme. Ni siquiera le pregunté si estaba disfrutando.

    Al poco noté mi orgasmo llegar, como cuando me pajeaba. Pero era distinto. El placer que sentía no podía compararlo con ninguna paja que me hubiera hecho nunca.

    Ahora me daba cuenta de que era lo que sentía mi padre cuando se tiraba a mi madre y yo los oía hacerlo desde mi habitación, cuando pensaban que estaba dormido. Mi padre gemía como un loco y mi madre más aun. Cuando mi padre llegaba al orgasmo, hacía un sonido así como: Aah, aah, aah, aaaaaah…. Y eso era lo que yo estaba a punto de hacer. Como nunca me había corrido hasta ahora follando, imité el gemido de mi padre al irse y así me salió.

    -¡Aah, aah, aah! Y terminé con un: ¡Susanaaaa!

    Ella por su cara no debió de correrse.

    Yo me salí, me quité condón y lo tiré descuidadamente a un cubo de basura que había un poco mas lejos de nosotros.

    Me ofrecí para limpiarle la sangre que había salido, pero ella me rechazó.

    Me vestí y me fuí del instituto con Susana detrás.

    -¿Estarás contento? Me preguntó.

    -Si, por supuesto. Ahora borraré el video.

    Lo borré delante de ella, pero tenía en casa una copia por si acaso.

    Nos separamos y nos fuimos cada uno por un lado.

    Pensé que nunca más nos volveríamos a ver y que todo quedaría olvidado.

    Pero el destino es caprichoso y 7 años después, volveríamos a encontrarnos.

    Pero eso ya es otra historia…

    Si os gustado el relato y queréis cambiar impresiones, escribidme a: [email protected].

  • Nuestra amiga argentina de despedida de soltero

    Nuestra amiga argentina de despedida de soltero

    A la tardecita me llama Belu, para los que no se acuerdan les cuento: Yo tengo una amiga que tiene un hermano que se llama Matías (me lo cogí varias veces jeje, ¡es hermoso!), Belu es una compañera de la facultad de Mati, que es muy puta, y algunas veces nos cogieron a las dos juntas.

    Bueno, me llama y me cuenta esto ¡que yo no lo podía creer!, me dice que desde hace un tiempo con una amiga de ella, empezaron a ir a despedidas de soltero (no les cuento como fue que empezó porque se va hacer muy largo), que lo que hacían era “un show lésbico con su amiga” así me dijo y después agarraban al que se iba a casar, le hacían un pete, a veces se lo cogían también, pero a él nada más, una sola vez se las cogió otro, pero fue esa sola vez, y que le pagaban mucha plata, poque estos chicos lo que buscan eran chicas que vivieran como ellos y que hicieran de puta, no querían contratar putas profesionales. Ah eran todos chicos de San Isidro, la Lucila, todos de mucho dinero.

    Me sigue contando y me dice que a la noche tenía una despedida, y que su amiga estaba con mucha fiebre, que ella ya se había comprometido que no podía decir que no, que le haga la pata ¡y que fuera con ella!

    La saque cagando, le dije que ¡ni en pedo! Me seguía insistiendo que no era más de una hora u hora y media, que no pasaba nada, yo le decía que no, y ella seguía, y seguía, me decía que íbamos a coger nosotras dos ¡delante de todos los chicos! Que a mí me gustaba que me vieran coger, que ella necesitaba la plata que le iban a pagar (Belu no trabaja, la bancan los viejos que viven del campo, pero ella gasta mucha mucho dinero), tanto me insistió que le dije que sí, no sé, me intrigaba, era algo que ¡nunca había hecho!, me iba a sentir muy puta y eso me calentaba de solo pensarlo, chupar una pija, coger con Belu y que todos me vieran, me mojaba de solo pensarlo jeje.

    Me dice que teníamos que ir vestidas bien putas, y como así de casa no puedo salir, fui a la casa de ella, para cambiarnos y salir.

    Llego, le muestro la ropa que me iba a poner, pero no le parecía bien, me da una pollerita, de esas que son amplias pero muy cortita, muy cortita, ¡demasiado!, apenas me tapaba la colita, me voy a cambiar, cuando estaba casi desnuda entra Belu, y como nosotras dos nunca habíamos estado juntas solas, me dice que sería bueno conocernos un poco, me empieza a besar, y bueno una cogidita rápida.

    Pero la cosa empieza acá: llegamos a la casa, enorme por San Isidro, Belu llama al chico que nos contrató, sale y nos cuenta que la cosa había cambiado un poco, que no eran 10 chicos como le había dicho a Belu, al final se juntaron cerca de 20 (cuando entre ¡eran más de 20!), y que algunos estaban con ganas de cogernos, que nos iban a pagar ¡mucho más!

    La verdad es que me quería ir a la mierda, Belu me insiste en quedarnos, el chico me dice “no te vas a ir”, ¿qué hace la hija de puta de Belu? me dice quedémonos, me da un beso y me mete la mano por debajo de la pollerita y ¡me toca la conchita!, entonces el chico nos dice que nosotras dos éramos fuego, nos agarra de la mano y ¡ya estábamos adentro de la casa!

    Ya no me podía ir, ¡me tenía que quedar!, eso a mí me calienta, cuando no tengo alternativa, y sé que me tengo que portar como una puta, me siento humillada y me excita.

    Ahora empieza la acción jeje, entramos, serían entre 20 y 25 chicos, nos presentan al que se iba a casar, le damos un piquito cada una, todos gritaban ehh, ¡llegaron las chicas! Y todas esas cosas.

    Sobre la mesa del comedor, esas mesas que son muy grandes, habían puesto ¡un acolchado!, ¡para que estemos las dos ahí!, la verdad que ¡me quería morir! ¡Era como estar en un escenario!

    Pero como les dije, ya no me podía ir, nos subimos a la mesa, y nos dijimos que lo mejor era ¡empezar cuanto antes!, así que nos pusimos de rodillas, nos empezamos a besar, a tocar, nos sacamos las blusas, nos besábamos las tetas. Me costó llegar a calentarme, ¡estaba nerviosa!, hasta que Belu me acuesta en la mesa, me saca la bombachita y la pollerita, ya estaba en bolas ¡delante de todos!, y me empieza a acariciar, a besar la piernas, a besarme la conchita, yo ya me estaba calentando, porque aparte había chicos que me empezaron a besar y a tocar las tetas, ¡no sé cuántas manos tenía encima!, y Belu me empieza a meter los dedos, yo ya volaba de la calentura, abría bien las piernas, para dejarle mi conchita libre, y me la chupa, me mete la lengua, los dedos, mientras un chico se para arriba de una silla y me mete, si como lo digo, ¡me mete la pija en la boca!, termine acabando como una perra, ya estaba descontrolada, ¡cómo no iba a acabar!, Belu chupándome la conchita, una pija en la boca y no cuantas manos sentía en mis tetas, en mi panza, hasta me acuerdo de una que con fuerza me la ponía en la colita jeje

    Después de eso, vamos al sillón, para hacerle un pete ¡al que se casaba! (es lo que Belu me había dicho ¡que hacía!), le hacemos el pete y después el que se casaba la agarra a Belu y se la pone arriba ¡y la empieza a coger!, y a mí me agarra otro que ya estaba medio en bolas, y me hace lo mismo, me subo encima del chico, ¡estábamos las dos cabalgando delante de todos!, ya no me importaba nada, temblaba de la calentura que tenía, solo quería coger, deje de ver lo que hacía Belu, veo que un chico saca la pija y me la mete en la boca, y se la empiezo a chupar, ¡y acabe de nuevo!, el que se casaba también acabo (pero tenía forro jeje).

    Después, pero casi sin que me dé cuenta, este pibe me sienta en el sillón y sin que pueda decir nada, tenía a otro que me estaba cogiendo, y la veo a Belu que también la estaba cogiendo otro, después me ponen en cuatro, y mientras le chupaba la pija a otro me cogen por atrás, y así estuvimos, no sé cuánto tiempo, ¡ni sé cuántos me cogieron!, nunca me cogieron tantos chicos juntos, fue una locura, estoy segura que ¡no me cogieron menos de 10 chicos!

    Después nos hacen poner de rodillas y teníamos muchas pijas en la cara, las chupábamos de a una hasta que nos acabaron todos en la cara, (eso mucho no me gustó, ¡me llenaron de lechita!)

    Nos vamos al baño a lavarnos la cara, nos vestimos y nos fuimos,

    No sé, fue la cosa más loca que hice.