Autor: admin

  • El portero domina a nuestra amiga argentina

    El portero domina a nuestra amiga argentina

    Esto que les voy a contar, me habrá pasado hace un mes, más o menos (En realidad hace tres años), y me sirvió para darme cuenta que no siempre hago lo que quiero y que no puedo jugar con todo el mundo a mi antojo.

    Resulta que una tarde llego a casa, vestida normal, con un jogging, y lo veo a Juan, y me dice: ”Vení nena, te tengo que mostrar algo”, la verdad que no entendía, y lo sigo, me lleva a ese cuatro mugriento y le digo “Juan ¿Qué me quieres mostrar?”

    ¿Saben lo que hace el hijo de puta?, se baja los pantalones y me dice, chúpamela, le dije que está loco, que quien se cree que soy, y me dice que sabe muy bien quién soy y como soy, y que no me lo voy a coger solo ¡cuando yo quiero!

    La verdad, me quede helada, jamás, en serio jamás, pensé que Juan iba hacer ¡algo así!, porque él sabía que me tenía atrapada, no me iba a poner a gritar, porque se iba armar ¡flor de quilombo! ¡Y yo no quería que pasara eso!

    Entonces le digo: ”Juan, no por favor, está bien, no te busco más, ¡pero vámonos de acá!! así se lo dije varias veces, pero yo veía que su pija no quería que yo me fuera. En un momento Juan me agarra la mano y la lleva para su pija, de solo tocarla, ya se le empezó a parar y bueno… eso es más fuerte que yo, se la empecé a acariciar, y cada vez estaba más grande, Juan me empuja la cabeza para abajo, le obedezco y se la empiezo a chupar, despacito, hasta que me la meto toda en la boca.

    Yo ya estaba mojadita, me calienta mucho sentirme dominada, sentirme la puta de alguien.

    Bueno la cosa es que se la sigo chupando, hasta que veo que se sienta en un sillón todo rotoso, se pone un forro, y me dice que fuera ¡arriba de él!

    Ya estaba jugada, me saco el jogging, la bombachita, y así con medias y zapatillas, empiezo a cabalgarlo, él me mete la mano por abajo del buzo, me toca las tetas, me mete un dedo en la colita, me calentó mucho, mucho, volaba de la calentura ¡de sentirme tan puta! Hacía 15 minutos, no sabía que Juan me iba a coger ¡de nuevo!, hasta que acabé ¡y él también acabó!

    Con cara de culo, sin decirle nada, me visto y me voy.

    A la noche estuve para la mierda, re enojada, porque a mí me gusta coger ¡cuando yo quiero!, ¿quién se cree que es? ¡Que me va a coger todas las veces que quiera!, no señor, ¡no es así!, tan caliente (de enojada estuve que casi no dormí).

    Al día siguiente, me levanto, me ducho y le voy a hablar quería dejarle las cosas ¡bien en claro!

    Bajo, le empiezo hablar, y me dice ”no nena acá no podemos hablar”, vamos al cuartucho, le digo que no, ni en pedo vuelvo ahí, y me dice, que entonces no hablemos, que puede aparecer alguien, que es peligroso, y le digo que está bien, ¡vamos hablar ahí!, yo estaba enojada.

    Entramos a ese cuartucho y me dice “¿qué te pasa pendeja?” y le digo otra vez lo mismo, y Juan me dice, que no lo joda, que es un tipo grande, yo una pendeja trolita, que quiere jugar con él, que tengo que aprender que él no es de esos pendejos que me cojo cuando quiero, y todo eso”.

    Y de golpe me mete la mano (sobre el jogging) ¡en mi conchita! ¡Así de una! ¡No lo podía creer! ¿Cómo me va a tocar mi conchita así?, y no solo eso, enseguida ya estaba haciendo presión.

    Le digo Juan ¿qué haces? ¡Sal! Y me dice que a mí me gustaba, y le digo no Juan no, y me seguía diciendo si te gusta que te toque la conchita que tienes, sos muy puta nena, que ayer me calenté mucho cuando me cogió, que me encanta que me cojan, y seguía diciéndome todas esas asquerosidades y yo ya me estaba calentando, con voz ya entrecortada le decía no Juan, no por favor ya está, pero él seguía, y me mete la mano por debajo del jogging y vio que a mi conchita eso le gustaba, estaba toda mojadita, y me mete un dedo, yo lo único que le podía decir era Juan, por favor, no, pero mi tono de voz entrecortado decía otra cosa.

    Después con toda esa fuerza que tiene, me levanta, me sienta en una mesa rotosa, me saca el pantalón, la bombachita y me empieza a chupar la conchita, yo ya estaba entregada, porque no es que me la chupaba, ¡me cogía con la lengua!, ¡y me apretaba las piernas! ¡Es muy bruto!, y me seguía diciendo que yo era una puta, mil veces me lo dijo.

    Hasta que yo no daba más, y le dije SI JUAN SOY UNA PUTA COGEME, COGEME, se baja los pantalones, se pone un forro y me la mete, bien a lo bruto, me pega varias embestidas y me sigue diciendo “así, así te gusta putita” yo le decía que si, a todo le decía que sí, estaba con las piernas levantadas, para que me coja bien, la quería sentir toda, toda adentro, no hizo falta que me bombeara mucho jeje, hasta que acabe, ¡y cómo!, me tapo la boca para ¡que no se escuchara!

    Cuando terminamos, y me estaba vistiendo me dice “nena, a ver si aprendes, conmigo no jodas, tengo mucha calle, vos sos una nena de papa, que se hace la putita, no te voy a joder más, esto de hoy es para que aprendas”.

    ¡Que boluda y que puta me hiso sentir!, baje a cagar a pedos al portero y me termino ¡cogiendo de nuevo!, hasta hizo ¡QUE YO LE PIDA Que ME COJA!

  • Nuestra amiga argentina resulta cabalística

    Nuestra amiga argentina resulta cabalística

    Hoy les cuento algo divertido.

    Lo que empezó siendo un juego terminó siendo una cábala.

    Nadie lo sabe, pero saben gracias a quien llegamos a las semifinales (esto ocurrió hace tres años), A MI, SI SEÑOR GRACIAS A MI JEJE, yo sí que me rompí el culo para que Argentina llegue jeje

    Todo empezó como un juego con mi novio, con el primer partido que jugo Argentina, lo fui a ver con él y me dice que por cada gol que hagamos, le tenía que hacer una mamada y si ganábamos me hacía la colita (pobrecita, ya como la tengo jaja).

    En el primer partido, ganamos, y cumplí, en el segundo ganamos y cumplí (no cuento como fue porque no es nada de otro mundo, le hice los petes que le tenía que hacer y después me hiso la colita jaja)

    Y la verdad es que no queríamos perder la cábala y seguimos así, pero cuando pasamos a octavos, mi novio me dijo que también iba ir un amigo de él (que no sé de donde carajo lo conoce, para mi es con los que seguro sale de putas, porque seguro que sale de putas, lo agarro y LO MATO), obvio que no me achique y le dije que sí.

    Bueno, la cosa es que llego, me lo presentan, y durante el partido mi novio me jodía diciéndome que me prepare para las mamadas, su amigo miraba, obvio que sabía todo, pero estaba como medio incómodo, hasta que si GOLLL, casi al final del partido.

    A mi estas cosas, hasta que me empiezo a calentar, me ponen nerviosa, ¡en serio!, aunque no me lo crean, ¡no sé cómo empezar! Mi novio me dice “a cumplir la apuesta” yo me quedé helada porque su amigo se empieza a bajar los pantalones y se sienta de nuevo ¡en el sillón!

    Y bueno, yo si tengo que hacer las cosas, prefiero hacerlas de una, así que como una nena obediente y para seguir con la cábala, me arrodille, se la agarre, estaba blandita todavía, pero me encanta ver como a medida que la acaricio, la beso, se va poniendo durita, y ahí se la empiezo a chupar, mientras mi novio me empieza a sacar, la blusa, el corpiño, me acariciaba las tetas, yo ya estaba mojadita y calentita, a esa pija ya me la estaba comiendo, bah devorando, mientras lo miraba al amigo de mi novio como le gustaba lo que yo hacía.

    Después, mi novio me dice que me ponga en el sofá al lado de su amigo, así como en cuatro claro, así me podía ir sacando el pantaloncito, hasta que me dejo desnudita, yo ya volaba de la calentura, de lo puta que me estaban haciendo sentir.

    Mi novio me empieza a besar la cola, me mete un dedo, otro, saliva, ya me estaba ¡preparando mi colita! ¡Que yo pensaba que me la iba hacer el!

    La sorpresa vino cuando mi novio me lleva como para que me siente arriba de la pija de su amigo, y su amigo me la empieza a meter en la cola, yo de cuclillas con los pies en el sofá, dejando que esa pija vaya entrando en mi cola, mientras hacía esto, gemía de dolor y placer y lo miraba a mi novio, me calienta mucho mirarlo mientras otro me coge, tanto me calenté que yo subía, bajaba, subía bajaba, gritaba gemía, y lo miraba a mi novio, el me acariciaba y veía como yo gozaba, hasta que acabé y enseguida también su amigo.

    Termino, voy con mi novio y me dice que no, que él quería verme coger con otro ¡Que HDP!, como me hiso sentir, pensé que me iban a coger los dos, ¡pero no! Él solo quería ¡verme coger!, obvio cuando se fue su amigo me cogió por todos lados, lo había calentado mucho verme coger con otro jaja.

    Pero ayer, me vengue yo jaja, le dije a Belu si quería ver el partido conmigo y fuimos a lo de mi novio, obvio que a Belu, no le había contado nada de la cábala.

    Pasamos todo el partido como si nada, ¡hasta los penaltis!, y si, el partido terminó, y mi novio estaba esperando, así que le digo a Belu, que nosotros teníamos una cábala, y que la queríamos compartir con ella, asombrada nos pregunta ¿cuál es? Y lo digo mira.

    Me agacho le desabrocho el pantalón, y le empiezo a acariciar la pija, la miro a Belu y le digo que viniera, al principio, se quedó helada, pero a ella, le gusta más la pija que a mi jaja, así que no tardó mucho en venir.

    Entre las dos, se la empezamos a chupar, ya la tenía durita y la compartíamos, hasta que le doy un beso a Belu, y lo miro a mi novio, ¡cómo se quedó!, Jaja

    Ahí se fue todo al carajo, mientras nos desnudábamos con Belu, besándonos, tocándonos, chupándole también la pija a mi novio, él también se quedó en bolas, ¡estábamos los tres desnuditos!

    Nos ponemos cada una al lado de él, yo se la chupaba y él, le besaba las tetas a Belu, hasta que veo que la acomoda ¡y se la empieza a coger! ¡Y como gozaban los dos! ¡Que Hijos de Puta!, eso un poco me embola, me estaba haciendo cornuda delante de él, porque Belu estaba recaliente, le encantaba que se la estuviera cogiendo, después Belu se da vuelta, dándole la espalda (siempre en el sofá) ¡y siguen cogiendo!, y yo la besaba en la boca, le besaba las tetas, la conchita, hasta que acabaron los dos, ¡como si nunca hubieran cogido!

    Después me quiso coger a mí, y le dije que no, que yo quería ver solo como se la cogían a Belu, toma, te cague jeje. Y lo cagué en serio, porque después nos fuimos y no me cogió jeje, bahh yo también, me quedé con las ganas pero no importa.

  • Primer trío con mi esposa y un stripper

    Primer trío con mi esposa y un stripper

    Yo voy a ir con mi esposa, la describo: ella es de piel canela, de cabello rizado, de estatura media, de nariz puntiaguda, de senos pequeños pero muy firmes y paraditos, de nalgas redondas y de piernas torneadas, debido a sus largas horas en el gimnasio.

    Voy a dárselo como sorpresa, no avisarle sino hasta un par de horas antes de que esa noche vamos a salir, sin que ella sepa a donde iremos, le pediré que se vista muy pero muy sexy, para que eso me ponga muy cachondo desde cuando aún estemos en casa, le pediré que se ponga una falda pequeña, que muestre muy bien la figura de sus piernas y que moldee sus nalgas, debajo de su falta puede ser un hilo o una tanga brasilera, en fin las dos me encantan como le lucen, una blusa escotada que se vea parte de sus senos y obvio que sea de las que se usan sin sostén, para que vea mucho más sexy.

    Antes de ir a disfrutar del premio la invitaré a pasear por la ciudad, comer algo en un muy buen restaurant, en un bar muy bonito tomar un par de cocteles bien cargados como para calentar el ambiente y relajarnos un poco, luego salir a caminar y disfrutar al ver las miradas con morbo de los hombres, y sentirme la envidia de muchos.

    Allí decirle “amor, te tengo una sorpresa” allí dirigirnos al motel a disfrutar de nuestro premio, donde ella al llegar ya sabrá que es lo que vamos a hacer, pero quiero hacer que la sorpresa sea mejor aún, le pediré que cierre los ojos y al entrar vea tan maravillosa habitación, adornada con flores, rosas rojas, vino y buena música, en lo que por la emoción nos plasmemos en un beso tan profundo y extenso que parezca que nos devoraremos nuestros labios, en eso decirle que “la sorpresa aún no ha terminado”, en eso se abre la puerta y entra un chico súper guapo, es decir un stripper de aproximadamente 1.80 mi misma altura, y empieza a bailar para ella, el cumple su evento a cabalidad que la deja impresionada y sin aliento de tanta adrenalina generada, saludamos con el stripper, le pido al chico que no se vista y que no se retire, pongo música suave y ya que mi esposa baila súper bien le pido que empiece a bailar, que lo haga muy sensualmente mientras el chico stripper y yo disfrutamos de su belleza, de sus movimiento hasta disfrutar de completa desnudez, en eso yo también me desvisto y le doy otro súper beso a mi esposa por lo bien que bailó, obvio que hasta ahí los tres ya estaremos muy cachondos.

    1. Yo comento cual es la parte más sexy del cuerpo de mi esposa, luego le permito al stripper comentar lo mismo, luego le pido a mi esposa comentar lo mismo, pero de nosotros, primero de mí después del stripper, esto generará muchas miradas y al ambiente se pondrá obvio más caliente.

    2. Nos preguntamos mutuamente “¿con cuantas personas has follado?”, la conversación se hará muy caliente y si hay uno que otro detalle mejor.

    3. Otra pregunta simultánea, esta vez solo entre ellos ¿cuál es tu pose favorita? ¿Te gusta el sexo anal? Las respuestas sin duda has sido excelentes para excitar el ambiente.

    Procedo a vendarle los ojos a mi esposa y empieza un nuevo juego: Adivina ¿quién es? Si se equivoca se le quita la venda y repiten proceso para que ella vea quien fue.

    1. Mi esposa de pie, yo me acerco y le doy un beso que apenas rozan sus labios, y que llegue hasta por un lado del cuello mientras que al mismo tiempo le acaricia y rasca sutilmente la espalda, luego él stripper hace lo mismo. Luego le pido que nos identifique el orden, ojalá se equivoque para repetir mientras ella lo vea, jajajaja.

    2. Ella de pie delante y él detrás, juntar el su cuerpo al de ella completamente desnudos y la abraza que se sienta el contacto con la piel caliente y él le da ciertos besos en el cuello, nuca y espalada durante 30 segundos, luego lo hago yo y de aquí vamos repitiendo o alternando el orden intentando confundirla. Esta vez quizás se equivoque intencionalmente.

    3. Ella se sienta y abre las piernas, él o yo le hacemos juegos en sus senos durante un minuto, luego esperamos a que ella nos identifique y ojalá se equivoque para repetir mientras ella lo vea, jajajaja.

    4. Ahora más emocionante, no paramos frente a ella y que nos mida el tamaño del miembro.

    5. Mi esposa se acuesta boca arriba abierta las piernas, y él o yo le damos un beso en el clítoris o los chupamos durante 30 segundos, ojalá esta vez acierte sino repetimos, jajaja.

    6. Ella se pone en cuatro y ahora podemos chupar su c… por 30 segundos, seguro que de la calentura tampoco acertará y tocará repetir.

    7. Mi esposa se acuesta de espaldas y él stripper o yo usando el nepe, le hace serrucho bien rico en la cosita durante treinta segundos. Siga identificando, jajajaja

    8. Ahora haremos una penetración sugerente, ella se pone en cuatro y el chico o yo la penetra hasta la mitad durante treinta segundos sin moverse, ¡¡¡pero sin moverse y solo la penetra la mitad de su p…!!!

    9. Ahora harán una penetración será con mi esposa acostada de lado y la penetración será de espaldas, el chico o yo la ensarta hasta la mitad durante cinco segundos, ¡luego le pega cinco bombeadas, ni una más y ni una menos, ¡solo la mitad del nepe deberá estar adentro! De seguro que está vez si se equivocará intencionalmente para repetir.

    10. Ahora daremos un siguiente paso, en lo que sienta todo lo que tiene cada quien, harán una penetración sugerente, la chica sentada en el sofá y de piernas abiertas, el chico o yo la ensarta hasta el fondo y la bombea durante quince segundos. Esta vez ojalá nos identifique.

    11. Seguro que como ya estaremos a mil, y nos gustó la penetración sugerente. Pues lo siguiente será una nueva penetración en otra postura a gusto de mi esposa, pero con movimiento esta vez, ¡pero solo por un minuto! Pero ni un segundo más.

    12. Mi esposa se acuesta boca arriba y abre las piernas, llegó la hora de mover la lengua, el o yo le ofrecemos un buen 69.

    13. Y ahora con la calentura del 69, de seguro que hemos disfrutado mucho, Pues ahora viene lo mejor, ella aún con los ojos vendados se pone de perrito y espera el sexo anal de parte de nosotros durante un minuto cada uno.

    14. Y por último ya fuera de control, mi esposa decide quien va primero y lo hace de las formas que ella le guste hasta llegar al orgasmo y quedar satisfechos todos.

  • Era en ese entonces mi jefa y madura

    Era en ese entonces mi jefa y madura

    Todos mis relatos son reales.

    Hola soy Dante le dije, ese fue el primer encuentro entre mi jefa y yo una mujer madura. Ella se llama Alejandra una mujer 13 años mayor que yo todo empezó cuando yo tenía 27 años, ahora ya tengo 36 años. Como mencione antes ella era mi jefa y en un principio no me intereso creo que por el carácter fuerte de ella y que al parecer a mí me atraen las mujeres con carácter. Describiéndola, ella tenía un cuerpo al rellenita, pero con unos enormes pechos y un trasero moderado, pero eso sí, nada de piel colgando.

    Todo comenzó un día que nos íbamos a reunir para hacer una fiesta en mi apartamento y pues tuvimos que intercambiar números telefónicos para comunicarnos, la fiesta se realizó sin más ni menos, una fiesta común, ella llego con un pantalón ajustado y una camisa suelta, de esas que dejan ver por encima que tan formados y el color de los pechos. Terminada la fiesta cada quien a su casa pero verla vestida de esa forma me motivo e imagine tenerla en mi cama y fue solo ese pensamiento para desatar el hambre hacia esa mujer.

    Decidí escribirle al día siguiente, sabía que iba a llevarme tiempo y esfuerzo para tener a esa mujer como yo ya imaginaba. Escribí lo común diciendo que como andaba vestida cualquiera se la quisiera robar y cosas como esas, ella solo reía, yo también tratando de calmar mis nervios y mi calentura por ella. Seguí enviando mensajes cada día sabiendo que recién había terminado una relación de 3 años y pues sabía que era mi oportunidad. En ese entonces todo era por mensajes de texto ya que las redes sociales apenas se ponían de moda. Le empecé a escribir lo atractiva que me parecía y que siendo mi jefa me parecía más atractiva, note que ella aceptaba mis comentarios y fue entonces que me propuse decirle que quería tenerla en mi cama y así fue, le dije que me gustaría que su carne, su piel y su sexo estuvieran dispuestos para mí. Fue entonces cuando me dio la primera entrada directa diciéndome que se escuchaba apetecible pero que ella era mucho mayor que yo y además mi jefa, pero respondí tratando de que tuviera mi confianza y que si algo pasaba nadie lo iba a saber. Así entonces se me ocurrió invitarla a comer, ella con dudas me pregunto que a donde y yo respondí que en mi apartamento, lo dudo un poco y me dio una condición y era que no iba a pasar nada a lo que le respondí que si aceptaba mi invitación era porque si iba a pasar algo, tomo s tiempo y me dijo que aceptaba, que lo hacía solo por experimentar y así fue, llego la hora, llego el momento.

    Ella se presentó y no hubo necesidad de comprar la comida o hacerla, ella ya la llevaba. La observe de pies a cabeza, observe la silueta de su cuerpo que a pesar de tener un poco de carne se miraba muy bien, sus pechos resaltados del escote y sus labios pintados. Así que procedí a decir que tenía hambre y no de la comida que llevaba sino más bien de ella, ella no dijo nada solo me observo a los ojos como diciendo ´´que hago aquí?´´ la observe también a los ojos y me acerque tomando sus manos la abrace rodeando su cintura y besando sus labios, ella inmediatamente respondió con un beso de pura pasión y de deseo, la pegue a la pared y seguimos besándonos, tocándonos hasta escuchar su respiración exaltada que cada vez incrementaba más, escuchaba sus pequeños gemidos cuando mis dedos entraban dentro de su pantalón para alcanzar su clítoris, estaba tan húmeda que la tome de la mano y la lleve a mi cuarto, sentía como esa mujer quería sexo de verdad, me dijo que lo que quería era que la hiciera mi mujer y que la disfrutara por completo, que me la cogiera como yo quisiera y como nadie se la había cogido, eso me puso a mil, sintió como mi pene explotaba dentro de mi pantalón y fue ahí que sin decir nada quito mi pantalón y bóxer, se metió mi pene dentro de su boca empezando con una mamada de mi pene tan monumental, me agarraba las bolas con sus manos y hacia una especie de masaje que solo una mujer con experiencia sabe hacer, un rato después se quitó la camisa y sostén, dejando ver unos enormes pechos, blancos y firmes que me impresionaron, decidí ir por ellos y el sabor era espectacular, mordí esos pechos, lamí esos pechos y chupe de esos pechos todo el tiempo posible, después quise quitar su pantalón pero me dijo que nadie se lo quitaba que solo ella lo podía hacer, entonces le dije que ya no era así, que ya era mía y que yo se lo iba a quitar, no fue mucho lo que se resistió y quite al mismo tiempo pantalón y ropa interior, pude ver como sus jugos brotaban de su entrepierna y como caían por entre sus piernas, esta mujer estaba más que excitada, estaba loca por coger, no pregunte nada más y la coloque sobre la cama en cuatro, me coloque detrás de ella y puse mi pene frente a su puerta, hundí mi pene sin penetrarla por completo, ella solo gemía y me decía que lo quería adentro, me lo pidió con tanta autoridad que no dude en meterlo hasta el fondo y escuchar un rico pero fuerte grito de pacer y al mismo tiempo vi como convulsionaba por el tremendo orgasmo que está teniendo, después de esa venida me pedía que le metiera mi pene con fuerza y eso hacia yo mientras ella colocaba su mano por debajo de su entrepierna y alcanzaba mis testículos y les daba un rico masaje, de esa forma estuvimos hasta que la vi terminar tres veces más y me excitaba ver como sus jugos chorreaban por el tronco de mi pene. AHHHH QUE DELICIA, que delicia saber que me estaba cogiendo a mi jefa, que miraba sus jugos en mi pene y escuchar como chocaban mis testículos en su piel y el glorioso sonido que salía de ese choque. Después me separe de ella y me acosté sobre la cama indicándole que la quería arriba, pero ella salió adelante diciéndome que esperaba esa posición porque ya deseaba montarme, así que se subió sobre mi pene y empezó esa cabalgada que en un principio la hacía como para acostumbrarse pero no tardó mucho en moverse como loca mientras salían de su boca unos gemidos tan deliciosos y unas palabras para decirme lo rico que la estaba pasando y preguntarme si me gustaba lo que estaba haciendo mi mujer, yo solo podía sujetarla de la cintura siguiendo su movimiento. Esta mujer estaba en celo o es que no la habían cogido como se debía pero ya había terminado 6 veces en total y seguía hasta que me dijo que ya no podía más, entonces la coloque en la cama abriendo sus piernas me coloque entre ellas y le metí mi pene de un solo golpe ya que estaba tan lubricada que no hacía falta tomar más tiempo, agarrando sus pierna con mis manos y levantándolas empecé a darle mientras miraba como sus pechos grandes, blancos y rosados se agitaban y bamboleaban de un lado para otro, solté una de sus piernas y con ella sujete sus pechos, jugaba con ellos los presionaba, presionaba sus pezones y la sentí terminar otra vez mas y yo ya no aguantaba más tenía que terminar así que coloque mis manos para apoyarme sobre la cama y yo serruchaba con fuerza de arriba abajo casi sacando mi pene por completo y lo dejaba llegar al fondo de su cueva mientras escuchaba sus gemidos y miraba su rostro como preparada para recibir mi leche dentro de ella y fue allí cuando explote sentía como mi semen salía a chorros, sentía mi semen llenaba su vagina mientras ella tomaba mi cabeza y sobaba mi pelo para decirme en voz baja –rico papi, te gusta como estas llenando de leche a tu nueva mujer, échame todo tu semen dentro de mí- y esas palabra surgían un efecto porque parecía no acabar mi chorro dentro de ella y todo termino en un agotado encuentro de sexo, nos quedamos acostados un rato y después nos dimos una ducha juntos pero no pudimos hacer más porque ella no tenía mucho tiempo, nos vestimos y la acompañe hasta que tomo un taxi. Esta fue la primera vez y no la única vez que me la cogí y hasta la fecha cada vez que podemos pues saben que es lo que pasa…

  • Cuando necesite algo, sabe dónde encontrarme (2)

    Cuando necesite algo, sabe dónde encontrarme (2)

    Han pasado unos meses desde el incidente con el director. Kiara está pensativa pues si bien le dolió mucho la forma en como la trató, ella es una mujer astuta y considera que debe aprovechar la oportunidad de tener favores de este señor.

    Estos meses la ha dado tiempo para pensar cómo y cuándo utilizar sus favores. Decidió alejarse de él, solo acercarse cuando necesite algo.

    Están cerca las fechas de trámite de becas, múltiples becas otorgadas están presentes. Las becas son otorgadas mediante sorteo, pero con los alumnos de mejor promedio. A pesar de todo, Kiara es una chica con buen desempeño académico y una ayuda no le viene mal a nadie.

    Llegan las fechas del sorteo y esto lo hacen de forma pública, mencionan a las personas que se ganaron la beca. Casi siempre queda una persona por salón, a lo mucho dos. La beca se la quedó su compañera, esa chica que siempre se queda con lo suyo, siempre le arrebata lo que ella tanto quiere. Esta vez, no sería así, esta vez ocupará su pequeño secreto a su favor.

    Decide asistir a la oficina de su director, saludando coquetamente, aprovechando que se encontraba solo en su oficina, cerró la puerta.

    -Kiarita, milagro que se deja ver.

    -Pues, usted es un hombre ocupado.

    – ¿A qué se debe tu visita?

    -Necesito que me ayude a conseguir la beca que recién se sorteó. Usted me dijo que viniera si necesitaba algo, y bueno, necesito un favor.

    El director conservó el temple en su cara y asintió con la cabeza al mismo tiempo que emanaba un “mjuuu” y prosiguió: -” es verdad pero, también recuerdo haber dicho que tiene un precio, no se puede recibir algo sin dar nada a cambio.”

    -Lo sé. Dicho esto, se acercó al escritorio de forma insinuante, el director se puso de pie y se recargó en el escritorio mientras Kiara se puso en medio de él.

    -A ver cuénteme porque quiere la beca. Preguntó el director mientras acariciaba la cara y bajaba por su cuello con las yemas de los dedos.

    -Pues verá, yo me metí al sorteo, pero, alguien me ganó. Kiara hace un gesto de indignación.

    -Si se la llevó tu némesis, ay Kiarita otra vez compitiendo con tu compañera.

    -Esa estúpida no es mi némesis, ¿me ayudará o no?

    -No te confundas perrita, la toma bruscamente de la cara, tú y yo no somos iguales, ¿quedó claro? Después de decir eso, le da un beso forzado y medio tosco en la boca.

    Kiara propicia a separarlo un poco.

    -Le comento que en estos momentos no estoy en condiciones de tener sexo.

    – ja ja ja ¿Por qué?

    -Estoy en mis días.

    – “Ay Kiarita, Kiarita”. La toma del cabello -: “siempre se encuentra el modo”. La gira contra el escritorio sin soltarle el pelo. Empieza a chupetear su oreja, introduce su lengua con lascivia, mordisqueando el lóbulo, mientras le restriega la entrepierna contra su culito.

    -De verdad, no puedo. ¿A usted no le da asco? Lo dice convencida de poder zafarse de esa. No hay nada más asqueroso para Kiarita que hacerlo de esa manera y quería contagiarle el asco al director.

    Con su cuerpo la obliga a arquearse un poco aprovechando esto para manosearle abiertamente las tetas sin dejar de chupetear y morder si cuello. Se deleita con sus melones, los masajea, las manosea haciendo que choquen entre ellas. Sigue jugando con estas, las aprieta fuertemente mientras Kiarita sigue insistiendo en que no puede hacerlo.

    -“De verdad que te falta mucho por aprender”

    La toma con más fuerza del cabello haciendo que se acueste en el escritorio, empinando el culo.

    Manosea sus piernas y el culo, por debajo de su falda escolar. Kiara está asqueada porque el director no desiste.

    Le abrió las piernas bruscamente

    “¿de verdad me va a coger así, estando en mis días? Que asqueroso es.” Dijo Kiara para sí misma.

    Como si el director pudiera leer sus pensamientos le dijo al oído:

    – “¿Quién te dijo que quiero tu coñito?”

    Kiara quedó perpleja con lo que dijo. Intentó levantarse, pero, él no la dejó.

    Sin vacilar más, el director, corrió la tanga a un lado. Colocó el pene en la entrada su culito y con una embestida logró meter la mitad.

    Kiara gritó fuertemente, pero, el director ni se inmutó. Estaba disfrutando del culito apretado.

    -uy perrita, se nota que es virgen. Ay que rico como me aprieta la verga. Dijo eso y dio otro empujón, logró meterla completa.

    Sin más comenzó el vaivén tomando las caderas de impulso. Jalándola del cabello para que se arqueara más.

    Siguió penetrándola sin parar hasta que se corrió. Sacó su miembro lleno de sangre y un poco de excremento.

    – “Esto si me da asco para que vea”

    Sin más se retira y ella se queda recostada en el escritorio, pensativa y con muchas ideas en su cabeza.

  • Mujer seria y respetable (V)

    Mujer seria y respetable (V)

    A veces parece que la vida de un Dominante es fácil, y no lo es para nada, es mucho más complejo de lo que puede parecer, y además contiene mucha carga mental también.

    Un Dominante no hace lo que quiere, un Dominante se rige por una serie límites impuestos y aceptados por la sumisa, lo que conlleva y se entiende que la sumisa “siempre hará lo que su amo le pida, pero nunca nada que ella no desee”

    Lo que sigue es una opinión que leí en algún lugar y que comparto plenamente y de ninguna manera es la única a seguir, hay muchas opiniones diferentes respecto a este mismo asunto.

    El dominante debe tener el control de sí mismo, antes de nada. Él es comprensivo, protector… No permite que su ego lo ciegue a la hora de aprender cosas sobre Él y sobre su sumisa.

    Cuando el dominante encuentra una nueva sumisa, Él no exige respeto sino que se lo gana, primero explora su mente, conociéndola a fondo, no busca seducirla, sino conocerla primero como persona, para así construir una relación.

    Si es un buen dominante, no hace todo esto para ganarse una sumisa sino porque es capaz de encandilar a alguien sin la trampa de la sexualidad. NO es un ave de rapiña sino un profesor que desea compartir sus conocimientos y con la satisfacción de que así puede ayudar a alguien más.

    Él también sabe que su relación depende de la sinceridad, de la comunicación. Él será sincero respecto a sus vidas, a sus gustos, a lo que espera de ella y sabe que ahí ella estará poniendo toda su confianza en Él, por lo tanto, no debe jamás defraudarla en ese sentido.

    Para poseerla, primero debe ganarse su respeto, para hacerlo debe demostrar que es quién dice ser, que se preocupa por ella, y que se tomará todo su tiempo para conocerla como persona primero y luego como sumisa, Él sabe lo maravilloso que es el regalo que ella le da y toda la confianza que pone en él.

    Con este propósito, habla con ella, conociendo sus necesidades y deseos y expresando los suyos propios, incrementando la confianza en ella misma, saltándose poco a poco sus limitaciones para hacerle ver que puede ser más fuerte de lo que ella pensaba, es decir, abriendo poco a poco la flor de su sumisión.

    Él se toma su tiempo para conocer su alma antes que su cuerpo, tiene lugar una conexión que a él le permite adivinar sus deseos, sus necesidades, sus pasiones. Con este nuevo conocimiento, el dominante puede llevar a su sumisa a cotas más altas de placer, guiarla y caminar con ella, juntos, mientras buscan niveles más altos de compromiso.

    Al aceptar una sumisa, un dominante contrae muchas responsabilidades. Él no la ayuda sólo en el dormitorio sino también en la vida. Él está ahí siempre que ella lo necesita, para cuidarla, para aliviarla cuando esté deprimida, para aliviar su dolor cuando esté enferma, para ayudarla a superar sus miedos y preocupaciones, para abrazarla y amarla cuando necesite afecto.

    Él lo hace porque así lo desea, ya que el regalo que ella le ha hecho lo ha dado por su propia voluntad. El intenta comprender su mente, su alma, porque sólo así ambos pueden crecer como personas. Ella es su posesión más preciada y él se esfuerza por mostrarle su confianza.

    El dominante no busca cambiar a su sumisa en lo que él quiere, pero aprovecha la oportunidad de mostrarle lo que ella puede llegar a ser. Él disfruta mostrándole sus cualidades y la guía para ayudarla a convertirse en la persona que ella quiere ser. Él le indica cuál puede ser el camino más correcto a seguir pero nunca se lo impone. Una vez que ella lo encuentre, él la animará a seguir, empujándola despacio para que sea la mujer que sabe que puede ser.

    Sigamos con una nueva historia, en este caso me envió este mensaje a la respuesta del anuncio:

    «Me ha llamado la atención su anuncio, me gustaría saber más detalles, soy chica 26 años»

    Y volvemos a comenzar, correo de inicio predeterminado y a comenzamos el baile.

    Hola!!!

    No esperaba tu correo así de explícito y te tengo que decir que me ha sorprendido gratamente.

    Lo primero darte las gracias por las molestias y también decirte que me atrae la idea y la deseo.

    Me gustaría conocerte mejor…

    Guau, 26 años, correos bien estructurados, me encanta!!! Por supuesto yo también quiero conocerte mejor.

    Otro mail de ella:

    No tengo ninguna prisa, de hecho como es un nuevo mundo para mi me estoy tomando mi tiempo… Sí que es verdad que en algún momento me he dejado llevar y creo que me he precipitado en situaciones parecidas, pero tengo las cosas mucho más claras por ello. Creo que no necesito saber mucho más sobre la teoría básica, por eso quiero conocer a las personas. Tienes algún inconveniente?

    Se llama Yolanda y es muy madura, me gusta lo que percibo.

    Hola, buenos días!!!

    Leí tu relato hace un tiempo, me gusto, pero tenía esa simple curiosidad, no te he juzgado en ningún momento, pero gracias por la explicación.

    Hay una cosa en la que discrepo contigo (y no quiere decir que no respete tu opinión). Yo creo que cuando una persona domina a otra, llámalo dominante o amo, directamente se convierte en su propiedad, siempre en el contexto del juego y como tú dices en algo consensuado por ambas partes. En la vida real es distinto, yo no quiero ni me considero propiedad de nadie, cada uno es libre y dueño de su vida, al menos desde mi punto de vista.

    PD: No me gustan los yogures, ni busco una edad.

    Ahí estábamos, comenzando la danza de los análisis y seducción, ella también me analizaba a mi constantemente, cosa lógica y normal, es algo muy enriquecedor por ambas partes, pues llegas a saber realmente más de esa persona que ella misma, y muchas veces más que su propia pareja si la tiene.

    Marcamos límites, y empezamos con los juegos, Yolanda rebosaba ganas de dejarse guiar, y de jugar conmigo.

    La relación avanzó bastante rápido, había mucha fluidez entre nuestros mails y eso ayudó mucho y por supuesto las ganas de conocernos, por lo que le plantee varias opciones de conocernos:

    Te gustaría conocerme? elige una de las opciones que te doy:

    a.- Quedar a tomar un café sin tiempo a nada más, solamente para charlar.

    b.- Quedar a tomar un café con tiempo por delante (mínimo 3 o 4 horas).

    c.- Quedar en algún sitio privado donde poder charlar tranquilamente y si no te marchas poder empezar una sesión (mínimo 3 o 4 horas).

    d.- Quedar en algún sitio privado directamente para tener una sesión (mínimo 3 o 4 horas).

    Partiendo de tus fantasías y de que en cualquier momento podrás marcharte sin más explicaciones, yo si fuera tu optaría por la «c» o «d» pues esta primera ocasión tiene algo que no tendrá ninguna otra, la novedad de lo que pueda acontecer, y el desconocimiento total sobre mí, aplicable ambas a tus 2 fantasías, el encuentro seria en un apartamento de alquiler.

    Y así concretamos nuestro encuentro:

    Nunca suelo llevar falda, no me gusta cómo me queda…

    La verdad es que nadie me ha dicho nunca si se me nota o no lo excitada que estoy, no te puedo resolver esa duda.

    Y por último, el tema de conocerte, me gustaría, me decanto más por la opción «c», aunque te tengo que confesar que me pone algo nerviosa…

    Espero haberte resuelto las dudas.

    A partir de ese momento ya fui planeando las posibles situaciones que pasarían, como, de qué manera y donde, pero como la vida no es una ciencia exacta, luego siempre hay variaciones a última hora que debe improvisar un Dom, por eso nos encanta serlo y reaccionar rápido ante las situaciones inesperadas, de que estoy hablando? Lo dejo para el capítulo 6.

    Gracias por leerme

    VentRoig

  • Como llevar una puta a un local de intercambio

    Como llevar una puta a un local de intercambio

    Las fantasías sexuales son cada vez mayores, y es por ello que los locales de intercambio cada vez son más visitados, ya que son lugares donde puede ocurrir de todo, desde sexo simple, hasta poder participar en una orgia, siendo esta una de las mejores maneras de poder salir de la rutina y el aburrimiento. Llevar una puta a un local de intercambio es una excelente idea, pero, ¿Cómo llevar una puta a un local de intercambio? Es la gran pregunta, ya que tendrás que tomar en cuenta ciertas condiciones y precios por este servicio.

    Ventajas de llevar una puta a un local de intercambio.

    Si estas en busca de:

    1. El morbo.

    2. El sexo con una mujer que no sea trabajadora sexual.

    3. Nuevas experiencias.

    4. La opción de hacer un trío.

    5. La posibilidad de hacerlo con la pareja de otra persona.

    6. Participar en una orgía.

    Llevar una puta a local de intercambio será tu mejor opción, ya que podrás desinhibirte al no tener a tu pareja al lado, sintiéndote así, más libre de realizar cualquier cosa, con la gran oportunidad de follar con chicas que no conoces, y que no son putas.

    Es para mí, llevar una puta a un local de intercambio

    Al principio se puede ver como una excelente idea, y de hecho lo es, pero, también debes considerar todos los demás aspectos, dado que no solamente iras a intercambiar el sexo de una puta, con el sexo de una chica desconocida, también tendrás que tomar en cuenta el dinero que se debe de invertir para que esto fluya, ya que el tiempo de una puta vale oro, y en este tipo de intercambio, se puede gastar bastante tiempo.

    Esto es básicamente para personas que ya han probado estos locales de intercambio, y le sobra algo de dinero en el bolsillo.

    ¿Es fácil conseguir una puta para llevar a un local de intercambio?

    La respuesta es sí, como bien decíamos, los locales de intercambio son cada vez más frecuentes, y las putas están bastante abiertas a poder participar en este tipo de fiestas.

    ¿Qué tipo de puta puedo llevar a un local de intercambio?

    Debes de buscar putas independientes, ya que las mismas pueden significar un menor costo, aunque no te cierres a la idea de conseguirla en locales nocturnos, puedes correr con suerte y llevarte una por un excelente precio.

  • Mi prima, una morena llamada María

    Mi prima, una morena llamada María

    Miércoles 29 de septiembre de 1971. Sobre la media noche.

    Bajo las luces del campo de la fiesta de una aldea gallega, y entre bombas, el vocalista de la orquesta Cortegada cantaba Gwendolyn. Yo tenía dieciocho años y estaba bailando el agarrado con mi prima María, que había venido de vacaciones de Madrid. Era una chavala morena de pelo marrón y largo, ojazos azules, sin rímel, delgada, con un culazo, labios gruesos, sin carmín, que al mirarlos ya daban ganas de comerle la boca. Tenía su pierna derecha metida entre las mías y sus brazos alrededor de mi cuello. Sus tetas, esponjosas y grandes, para sus dieciocho años, se aplastaban contra mi pecho. Yo tenía mis manos en su cintura. Mi polla se puso dura y como éramos de la misma estatura, al frotarse con su chochito, cuando ella se movía, no paraba de latir. Pensé que acabaría por separar su cuerpo del mío, pero lo que acabó haciendo fue quitar las manos de mi cuello, ponerlas sobre mi culo y apretarlo contra ella para sentir mejor los latidos de mi polla. Su cabello olía a champú de huevo y su cuerpo a desodorante Rexona y polvos de talco. Estábamos con las caras juntas, mejilla con mejilla. Yo rodeaba su cuello con mis brazos y tenía la cara ardiendo, ella aún la tenía más caliente que la mía.

    La orquesta vio que todo el mundo estaba acaramelado y siguió con un popurrí de canciones, la primera fue Dalila.

    El campo de la fiesta estaba petado y casi no nos movíamos del sitio. María giró su cara y las comisuras de nuestros labios se rozaron. Mi polla soltó más aguadilla. En mi pantalón vaquero salió un lamparón. Unas cuantas canciones más tarde, y cantando el vocalista La Vida Sigue Igual, María, comenzó a apretar mi culo contra ella, cada vez más y más, y cuanto más apretaba más se frotaba. De repente dejó de moverse. Su cuerpo se puso tenso y con la voz más dulce que había escuchado en mi corta vida, me susurró al oído:

    -Me corro. Quique.

    ¡Puuuuf! Al posar su cara en mi hombro, sentir sus dulces gemidos y su cuerpo temblar, me corrí dejando mis calzoncillos para tirar.

    Al acabar de correrse, con la cabeza baja, me dijo:

    -Quiero ir para casa. Ya es muy tarde.

    -Vamos.

    Al salir del campo de la fiesta nos metimos en un camino en el que los palos de la luz tenían las bombillas fundidas. En la completa oscuridad, la arrimé a un muro cubierto de enredaderas. La quise besar y me hizo la cobra. Mi polla se puso tiesa al momento. Le quise meter una mano dentro de las bragas. María me la cogió, y me dijo:

    -No, Quique. Tengo novio.

    Sus palabras no me detuvieron.

    -Está muy lejos, no se va a enterar.

    Intenté besarla de nuevo y me volvió a hacer la cobra.

    -No quiero hacerlo.

    Vimos a lo lejos la luz de una linterna. Venía hacia nosotros. Echamos a andar. El de la linterna era mi tío Genaro, el padre de María, que al vernos le dijo a su hija:

    -¡Te dije a las doce en casa!

    María se hizo la sorprendida.

    -¡¿Ya son las doce?! El tiempo se me fue volando.

    Tuvimos suerte de que no enfocara la linterna a mi entrepierna, si lo llega a hacer se iba a armar la mundial.

    Sábado 2 de octubre de 1971. Entre las cuatro y las cinco de la tarde.

    Seguía el veranillo de san Miguel. María, que llevaba el cabello recogido en dos grandes coletas, vestía una falda azul que le daba por debajo de las rodillas, una blusa blanca y calzaba unas sandalias marrones. Estaba en el monte sentada sobre la hierba enfrente de mí con la espalda apoyada en un pino. Yo estaba sentado al más puro estilo indio, o sea, con las piernas cruzadas. Mi burra apastaba al lado de un riachuelo donde se oían croar las ranas y donde iban a beber los animales, desde pájaros a zorros, pasando por jabalís. Entre María y yo, sobre la hierba, había una baraja. Le pregunté:

    -¿A qué sabes jugar?

    -A todo, tute, brisca, escoba chinchón… Soy muy buena en todo.

    -Entonces no te importará apostar un beso en los labios.

    Sonrió. Su sonrisa era preciosa.

    -¿Te provoca mi boca?

    -Sí, pero me refería a los otros labios.

    Ahora se puso sería.

    -¡Serás cochino! ¡¿Por quién me has tomado?!

    -Por la chica más bonita que hay sobre la tierra.

    Estirando la falda hacia abajo, me dijo:

    -Uyuyuy. No me gusta el color que toma esto.

    -Color se hace al chinchón, escalera de color. ¿Jugamos?

    -Antes jugaría a la ruleta rusa, Quique.

    -¿Entonces no quieres apostar nada?

    -Lo máximo que puedo apostar es un beso en la boca. Si gano te quedas con las ganas, si ganas dejo que me lo des.

    -¿Con lengua?

    -Sin lengua.

    Pasó una lagarta a unos metros de nosotros y se asustó.

    -¡Un cocodrilo!

    -Lagarta.

    Se revolvió como una serpiente.

    -¡Lagarta tu madre!

    -Ese bicho es una lagarta.

    -Perdona.

    -Perdonada. ¿A qué quieres jugar?

    No había Dios que la entendiera. Ahora puso morritos, y dijo:

    -Se me quitaron las ganas.

    -¿Qué hacemos?

    -¿Qué haces cuando estás solo y te aburres?

    -Me la pelo. ¿Quieres ver cómo lo hago?

    Ya estaba de vuelta.

    -¡No! Te agradecería que no hablases más de guarrerías. Si mi novio se llegase a enterar de lo que me estás diciendo…

    Seguí al ataque.

    -¿Follaste con él o sólo hacéis manitas?

    Me miró de mala manera.

    -¡A ti qué te importa!

    -¿Te comió las tetas?

    -Él no es como tú.

    -¿Es un aburrido?

    Se hizo la interesante.

    -¡Es un chico formal y de familia bien!

    -Será formal, pero muy normal no debe de ser si tiene una preciosidad de novia y no la toca.

    Su tono de voz era burlón, cuando me dijo:

    -Sí, sí, sí, que tú tocaste a muchas chicas.

    Puse una mano en el mentón y mirando para las nubes, le dije:

    -A ver, déjame pensar. A los… que más da la edad. La primera fue una mujer casada, Ella fue la que me enseñó a comer tetas, coño y culo…

    -¡¿Y qué?!

    -Y culo.

    -¡Qué asco!

    -A ella no le dio asco. Le encantó que se lo comiera. La segunda fue su hija, la tercera, cuarta y quinta, también fueron mujeres casadas, la sexta ya fue otro virguito y…

    María, me interrumpió.

    -Y voy yo y me lo creo. Seguro que no sabes ni cómo se toca una mujer.

    -¿Te refieres a cómo se masturba? Si es a eso te diré que depende de la mujer, hay quien se acaricia el del capuchón, hay quien se mete dedo y hay quien hace las dos cosas al mismo tiempo. Lo que si hacéis todas es pensar en alguien… y magrear las tetas, antes y mientras os tocáis. ¿Tú qué haces, tocas…?

    -¡La gaita!

    -¿La saco?

    -¿Lo qué?

    -Mi gaita.

    -¡Vete a la mierda!

    -Baja las bragas y ponme el culo a tiro.

    -¡Eres exasperante! Tanto comer, comer, y seguro que es todo inventado.

    -¿Quieres que te cuente cómo hice que se corriera mi última víctima?

    -No fui tu víctima.

    -No hablaba de ti. Hablaba de la mujer casada más hermosa de la aldea.

    -¡¿Te follaste a Carmela, la pastora de cabras?!

    -No debí dar tanto detalle.

    -Cuenta. ¿Cómo la sedujiste?

    -No la seduje, la pillé masturbándose en la cañada del Tiñoso. Estaba con las tetas al aire…

    -¿Cómo las tiene?

    -Grandes como melones.

    -¿Cómo son sus pezones?

    -Grandes.

    -¿Cómo de grandes?

    -De unos tres centímetros y gordos como dedos. Tenía dos dedos metidos en el coño…

    -¿Y sus areolas?

    -Grandes como esas galletas tocayas tuyas.

    -¿Cómo es su coño?

    -¿Para qué quieres saber tantos detalles?

    -¿Tú qué crees?

    Pensé que era para hacerse un dedito pensando en ella, y mi polla latió sin control.

    -¡Hostias!

    -Déjate de hostias. ¿Cómo es su coño?

    -Grande, y lo rodea un inmenso bosque de pelo negro. En fin, que al verme casi le da un infarto. No te voy a reproducir la conversación, ni como le comí las tetas, pero te diré que acabé con mi lengua en su coño.

    -¿Qué le hiciste con la lengua?

    -Primero lamí sus labios, después su garbancito, después su ojete, después le metí la lengua en la vagina y en el ojete, más de veinte veces en cada uno, después le metí dos dedos en el coño, le lamí y le chupé el garbancito. -me pareció que María estaba apretando las piernas- Soltó un chorro de jugo que fue a parar a mi boca, y luego otro, otro y otro y otro. Se corrió como una loca.

    -Se ve que sabes de lo que hablas.

    Después de haberme preguntado cosas que no se preguntan, creí que la tenía.

    -¿Echamos un polvo, María?

    -Contándome esas cosas querías calentarme, ¿verdad?

    -Verdad.

    -¿Y yo diciéndote: «Tu qué crees», te calenté a ti?

    -¡Vaya si lo hiciste!

    Me echó la lengua para burlarse.

    -Pues vete al río y refréscate, capullín.

    Había estado jugando conmigo. Tenía que decirle algo.

    -¡Estrecha!

    Se carcajeó, y después me dijo:

    -Me gustó verte caer como un pardillo

    -Y a mí sentir como te corrías en la fiesta.

    Se enfureció.

    -¡¡Arrrrg!! ¡Eres un cabrón sin sentimientos!

    ¡Qué coño! Estaba sentado como un indio y seguí haciendo el indio.

    -Si yo te quiero, bonita.

    Puso sus manos detrás de la nuca, como insinuándose, y dijo:

    -Sí. ¿Y qué más?

    -Te quiero… comer las tetas.

    Su cabreo volvió.

    -¡Sóplate la polla!

    -No le llego. ¿Me la soplas tú?

    Su tono de voz cambió, ahora era amenazador.

    -¡Sácala si tienes pelotas!

    A mí, acojonar, hasta ese día no me acojonara nadie. Me levanté, saqué la polla y los huevos y le dije:

    -Aquí mis cojones, aquí mi pirulo. Echas las presentaciones. ¿Quieres que te la meta entre los melones, en el coño o en el culo?

    Se echó a reír. Del cabreo pasara a la risa.

    -Es la primera de ese tamaño que veo. ¡Vaya pedazo de carne!

    -Carne, poca, es casi todo nervio. ¿Quieres probarlo?

    Otra vez volvió el cabreo.

    -¿Quieres que te lo muerda, guarro?

    Le lancé un beso con la mano.

    -Después te comería yo a ti el coñito.

    -¡¿Sigues?! Ven, ven, y métemela en la boca.

    -¿Y si te la metiera entre las tetas?

    Sonriendo, y con voz dulce, me dijo:

    -Anda, cariño, métemela en la boca.

    Al final me acojoné.

    -Va a ser que no.

    Se cachondeó de mí.

    -¿Tienes miedo, gorrioncillo?

    -¡Cómo para no tenerlo!

    -A ver si así aprendes a decirle frases bonitas a una chica.

    Cuando la cosa de ponía fea siempre acudía a Bécquer. Puse la polla hacia arriba. Guardé polla y huevos, me volví a sentar enfrente de María, y le dije:

    -Tienes razón. Eres de esas chicas a las que se debe decir: Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso… yo no sé qué te diera por un beso.

    No coló.

    -Ya es un poco tarde para los versos.

    Visto que no funcionaba, añadí:

    -Y por verte una teta, por verte una teta, este converso, te daría el universo.

    Parecía que ya no se molestaba tanto.

    -¡Y vuelve el burro al trigo!

    -¡Es qué estás más buena que el pan!

    Cogí la baraja y le pregunté:

    -¿Tute, chinchón…?

    Me sorprendió preguntando:

    -¿Por qué os gustan tanto las tetas a los hombres?

    -No sé, a mí unas tetas hermosas me la ponen dura. Además hacen a la mujer, bella, preciosa, más que preciosa, la hacen una diosa. ¿Tute, chinchón…?

    -A la carta más alta.

    -¿Para ver quién da?

    Su actitud iba a dar un giro de 180 grados.

    -Si quitas la carta más alta te dejo ver una de mis tetas, ver, eh, ver, no tocar, y menos mamar, y lo hago porque me porté mal al hacerte preguntas calientes.

    No dije nada. No quería joderla, pero la jodí igual. Saqué el cuatro de copas y ella sacó el cinco de oros. Le pregunté:

    -¿A la mejor de cinco?

    -Vale.

    Las cinco veces quitó la carta más alta ella. María, me dijo:

    -No se te dan bien las cartas.

    -Tengo mis días,

    -Voy a ser buena y te la voy a dejar ver igual.

    Desabotonó la blusa.

    -Sácala pero no la toques.

    Me puse en pie. Fui a su lado. Me senté. Le levanté una copa del sostén y salió una teta. Era preciosa. Tenía una areola marrón y en pezón grande y de punta. Mi polla se puso dura al verla. Acerque mi boca a la teta y le pasé la lengua por el pezón. María, se estremeció. Luego me dijo:

    -Era sólo mirar, pero bueno, puedes darle unos besitos.

    Se la besé, se la magreé, se la lamí, se la mamé y le di mordisquitos en el pezón. Después de quitarme la teta derecha de la boca, sacó la izquierda, me la puso en los labios, y con voz acaramelada, y colorada como un tomate maduro, me dijo:

    -Toma, vicioso.

    Después de comerle las tetas bien comidas, busqué su boca y la encontré. Rodeó mi cuello con sus brazos y nos besamos con pasión. Le volví a magrear las tetas, metí mi mano derecha debajo de su vestido y le acaricié el interior de los muslos. Abrió las piernas. Toqué su coñito por encima de las bragas y noté que estaba chorreando. Apreté un dedo contra su raja y el dedo se hundió con las bragas dentro de ella. Acaricié su clítoris. Al ratito le aparté las bragas hacia un lado y le metí un dedo. Entró justo, como entra un dedo en un dedal. Le masturbé el coñito estrechito. Poco después, mi prima, dejó de besarme, apretó mi dedo con su coñito, y me dijo:

    -Me corro, Quique, me corro.

    Me volvió a besar y sentí la fuerza de su corrida mientras me chupaba la lengua.

    Al acabar de correrse, le pregunté:

    -¿Me dejas que te coma el chochito?

    María, se sorprendió.

    -¡¿Así, mojado cómo está?!

    La volví a besar.

    -Es cuando mejor sabe.

    Echándose sobre la hierba, y quitándose las bragas, me dijo:

    -Eres un cochino.

    Le levanté el vestido. Su coño estaba rodeado de una gran mata de pelo marrón. Lamí toda su humedad antes de hundir mi lengua en su vagina. María comenzó a gemir. Le lamí el clítoris erecto y totalmente fuera del capuchón y fui aumentando la presión y la velocidad de la lengua sobre él… Al rato, María, me dijo:

    -Me voy a correr otra vez, Quique.

    Era de orgasmo fácil.

    -Córrete, princesa.

    Segundos más tarde, me decía:

    -¡Me voooy!

    Se corrió en mi boca. Sentí las contracciones de su vagina en la punta de mi lengua y el sabor como a ostra del jugo de su orgasmo. A pesar de hacer un arco con su cuerpo, temblar desaforadamente, retorcerse, y mover su pelvis de abajo arriba y de arriba abajo, no desbordó.

    A acabar de correrse, le besé los pezones y después la boca. Entre beso y beso, me dijo:

    -¿Quieres que te la sople?

    -Sopla.

    Me sacó la polla de su cárcel, me la cogió con la mano derecha, y sopló, me sopló la polla como si fuese una gaita, y encima, me preguntó:

    -¿Por qué no se hinchan las pelotas?

    Aguanté la risa, y le dije:

    -Porque ya está hinchadas. Ven.

    Nos volvimos a besar. Al rato, le dije:

    -Ponte a cuatro patas, María.

    -¡No! Mi virginidad es para Pablo. Se la daré en nuestra noche de bodas.

    -No te la voy a meter, te voy a comer el culo.

    Poniéndose a cuatro patas, me dijo:

    -Eres muy, pero que muy, muy cochino.

    Cogiéndola de las tetas, lamí desde el periné al ojete. Jugué con la lengua en el agujero y después se lo follé con la puntita. María, entre gemidos, me dijo:

    -Me gusta que seas un cochino.

    Froté el glande mojado en la entrada del ojete. Se alarmó.

    -¡¿No me la irás a meter en el culo?!

    -Así no quedarías preñada ni perderías la virginidad. ¿Te animas?

    La tenía cachonda a más no poder, ya que me respondió:

    -Prueba, a ver si entra.

    Le metí la puntita de la cabeza. Entró muy apretada pero no se quejó. Le volví a agarrar las tetas, y le pregunté:

    -¿La saco?

    -No, métela un poquitín más.

    Le metí á cabeza.

    -¿Sigo?

    -Mete.

    Le metí cinco o seis centímetros y paré.

    -¿Te va o la saco?

    Su respuesta fue empujar con el culo, despacito. La metió hasta el fondo. Al tocar mis cojones su coño, exclamó:

    -Ooooh.

    Le follé el culo, lentamente, sin tocarle el coño. Sabía que si se lo tocaba se correría, ya que lo tenía empapado. Al final me dijo lo que esperaba oír.

    -Sácala y méteme la puntita en el chochito. Sólo la puntita y, ¡por Dios bendito! No te corras dentro.

    El coño chorreaba, pero la cabeza de la polla entró tan apretada como en el culo.

    -¿Sigo metiendo?

    -Sólo un poquitón más.

    -Se la metí hasta la mitad, y le pregunté:

    -¿Más?

    -¡Métemela toda de golpe!

    Se la clavé hasta el fondo. ¡Plas! Le dolió.

    -¡Aaaay!

    Me quedé quieto acariciando sus tetas. María, gimiendo, me iba a follar moviendo el culo hacia atrás y hacia delante, con mucho cuidado al principio, y sin miramientos después Al rato largo, unos quince o veinte minutos más tarde, me dijo:

    -¡Me viene otra vez, Quique, me viene otra vez!

    Se corrió. Su cuerpo se sacudió. Sus gemidos eran deliciosamente excitantes. Le quité la polla del coño. Se la metí en el culo y acabamos corriéndonos juntos, ya que su corrida fue intensa y larga, muy, muy larga.

    Al acabar sentimos el grito de un cabrero y lo dejamos.

    Al día siguiente. María, volvió a Madrid con sus padres.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • La güera misteriosa de Toluca

    La güera misteriosa de Toluca

    Esta historia ocurre poco tiempo después haber conocido a la chica que en ese momento era mi novia, la chica de mi relato anterior “La nerd que volví una puti-nerd”. Debido a este nuevo estatus emocional mis incursiones por la red de redes se redujeron ya que no andaba en búsqueda de nuevas aventuras o relaciones, ya tenía estabilidad amorosa y sexual con la chica Nerd.

    Sexualmente mi novia y yo llevábamos una vida muy activa donde nos complacíamos en todo, realizábamos fantasías y disfrutábamos a plenitud el sexo (en un futuro escribiré algunas de estas experiencias).

    Por azares del destino no recuerdo ni donde había contactado antes a una chica con la que había intercambiado correos después de haber platicado, me dijo se llamaba Sofía Marian, con todo y apellidos rimbombares, así que de repente me empezaron a llegar correos de esta chica que ya ni me acordaba de ella porque habíamos estado fuera de contacto por un largo periodo.

    Se fue dando la amistad y a veces me recriminaba por correo el que no le respondía los correos o que no me veía conectado al MSN ya que me buscaba sin tener éxito. Pero la verdad es que con mi novia Nerd, mi tiempo estaba completamente cubierto, y solo tenía chance de platicar con otras personas a veces en las tardes noches que estaba solo en el departamento en el que vivía en la ciudad de México y no siempre se podía, ya que algunas veces nos las ingeniábamos para que mi Puti-nerd se quedara fines de semana en mi departamento con el pretexto en su casa de que se quedaría en casa de alguna compañera de la escuela para algún proyecto pesado. Ya se imaginaran que aparte de pasarla padre paseando o ya sea encerrados en el departamento, podíamos hacer vida como de recién casados.

    Regresando con la protagonista de esta historia, la amistad con Sofía Marian continuo por varios meses, platicas muy amenas sin nada que cambiara el rumbo de las cosas, entre platicas ella se describía y me mando una o dos fotos de ella, donde pude comprobar lo dicho por ella que era blanca, muy blanca, cabello rubio, y unos ojos verdes hermosos (me matan las chicas que tienen ojos de colores claros), con esto ella atrajo más mi interés y me fue contando un poco de su vida. Por mi parte no le había dicho que ya tenía una relación en curso con mi novia Nerd, y menos ahora que veía que ella estaba de ensueño y por el interés que ella mostraba hacia mi persona con sus mensajes y correos.

    Me dijo que había estudiado sistemas en Toluca (otra nerd y aparte hermosa) aunque ella no se había metido de lleno al área, sino que era más enfocada a la administración, pero bueno “sabia lenguaje máquina y la diferencia entre 1 y 0”. No podía creer que esa guapura de mujer estuviera interesada en mi persona.

    Me hizo una reseña de su vida aunque muy breve porque a la fecha no estoy seguro de muchas cosas que ella me dijo, pero me decía que vivía y trabajaba en Toluca en el corporativo de un banco que esta por el Aeropuerto de la ciudad, y que por azares del destino tuve oportunidad de participar en un proyecto en ese corporativo por unos meses, por lo cual ya conocía esos rumbos a la perfección aunque que cuando la conocí en línea ya no pudimos coincidir en Toluca.

    Me platico que era madre de un bebe de un año aproximadamente y que se había separado del padre del niño por lo que no vivían juntos y casi no se hacía responsable de su bendición y muy de vez en cuando lo veía, que se había casado con el padre del bebe recién graduados de la carrera, tuvieron su noche de bodas y después de esa única noche de bodas ella quedo embarazada y nunca más volvieron a tener relaciones sexuales, por lo que su conocimiento sexual al respecto era casi nulo.

    Sabía que era una posibilidad muy remota de conocerla, aunque ella fue insistente en sus mensaje y en buscarme. Algunas veces me escribía preguntándome si era posible que nos viéramos ya que iría al DF por cuestiones del trabajo, o en otro mensaje me dijo que si podía ir a Toluca para conocerla, que me invitaba salir a una “peña” (Para los que no saben que es una peña, es un lugar con música de trova en vivo), cosa que nunca pudimos concretar debido a que era demasiado tarde cuando yo veía los correos y como ya les comente tenía un compromiso con mi novia actual, del cual era un tanto difícil de poder perderme un rato y también porque no sabía con qué o quién me iba a encontrar ya que no podía creer que aquella belleza estuviera interesado en mí y era más que obvio que ella me abría la puerta a algo más que una amistad. En algunas charlas me contaba que había soñado conmigo, cosa que era más que rara (debido a que no nos conocíamos en persona), según ella en sus sueños veía mi presencia y sabía que era yo pero no lograba ver mi cara. Algo muy loco pero bueno quien soy yo para cautivar así a la nena y luego negarme. (jajaja)

    En fin fue tanta su insistencia sobre vernos que nunca quitamos el dedo del renglón en que en algún momento se daría esa oportunidad. Mientras tanto la plática seguía por eso mismos medios, algunas veces un poco más picantes aunque nada que la ahuyentara, otras veces me decía que podría preguntarle lo que quisiera, así que mi interés acerca de su relación sentimental y sexual me fue revelado, en ambos casos era casi nula.

    Sus gustos en su ropa interior era muy conservadora, no conocía posiciones ni nada al respecto del sexo, era una chica muy conservadora o esa era lo que ella me decía. En sus correos y mensajes siempre se despedía de mi con besos, cosa que entre broma y broma yo le recalcaba que el día que nos viéramos me tendría que pagar en persona todos esos besos dados al aire, respondiéndome que sería un hecho.

    Así estuvimos por varios meses donde yo ya no creía posible que algún día tuviéramos la oportunidad de vernos en persona debido a mi compromiso sentimental y sexual con ya saben quién (y no hablo de AMLOve).

    Pero para mí era gratificante que aquel ángel hermoso como ella se describía (güera, rubia, ojos verdes) me acosara insistentemente, aparte yo era 10 años mayor que ella, era más de lo que podía soñar.

    Era una tarde lluviosa de Julio en la ciudad de México, de esas épocas donde literalmente se cae el cielo en lluvia, estaba en el trabajo después de la hora de comida y recibo una llamada a mi celular, era Sofía Marian, indicándome que había ido a la ciudad de México por cuestiones de trabajo, pero que ya estaba por abordar el autobús que la llevaría a Toluca, que le hubiera dado gusto el que nos hubiéramos conocido pero quizá en alguna otra oportunidad (en pláticas que habíamos tenido yo le había propuesto que se podía quedar en mi departamento cuando quisiera porque vivía solo *en teoría*), obviamente con el tipo de relación que llevaba con mi Novia Nerd, tenía que ingeniármelas para que ella no se me apareciera cuando yo tuviera este tipo de visitas, ya que mi Novia Nerd tenía la autoridad para hacer y deshacer del departamento.

    Tuve que hacer labor de convencimiento vía telefónica, no podía dejar pasar esa oportunidad que se me presentaba, era obvio que si nos veíamos iba a ser casi imposible que ella pudiera regresar esa noche a su ciudad, por lo que se tendría que quedar conmigo, y pues ya el demonio del sexo se me había despertado (bueno siempre lo tengo despierto) y me daba las ideas para poder convencerla, se estaba haciendo difícil pero al final logre el objetivo. Eros me estaba facilitando las cosas, pero aun había ciertas puntos que sortear ya que era época donde las tardes y noches llovía mucho en la ciudad, y ella estaba hasta la terminal de autobuses poniente (observatorio) y yo estaba en el trabajo al sur de la ciudad (por plaza Coyoacán), además tenía que hacer unas pruebas de un proyecto, y por otro lado que pretexto le iba a decir a mi novia de mi ausencia esa noche (ya que siempre nos comunicábamos por la noche para dormir pegados al teléfono como dos enamorados).

    Pero una vez más la lujuria salía a flote y después de analizar, evaluar y resolver todas las variables. Tenía ya una coartada creíble si es que quería conocer a esa güera misteriosa, tenía que apostar a que de ese primer encuentro algo tenía que salir, en ese momento se me activo el modo “Calentureitor”, así que puse manos a la obra para hacer realidad ese sueño.

    Primero, después de convencerla que esa era nuestra oportunidad, que los gastos que tuviera en cuanto a transporte o lo que fuera yo los cubriría, que nos viéramos cerca de mi trabajo, ya que me era imposible ausentarme tan temprano debido a las pruebas que tenia del proyecto. A regañadientes acepto que nos encontráramos en la entrada del Sanborns de plaza Universidad, ya que esa plaza ella si la ubicaba, yo saldría a encontrarla en cuanto ella estuviera cerca ya que mi plan era que si no resultaba según lo planeado yo regresaría a mi jornada laboral y todo resuelto.

    Segundo, en cuanto al trabajo tuve que encargar mis pendientes, prometiendo que regresaría lo más pronto posible a mi amigo y compañero de equipo, el me echaría la mano y tomaría el timón del barco en mi ausencia (jejejeje)

    Tercero: Ahora solo faltaba inventar alguna excusa para que esa noche no fuera interrumpido por mi Novia Nerd de planta. El demonio de la lujuria estaba trabajando en ello y salió la solución, mi novia Nerd sabía que andábamos haciendo pruebas del proyecto y que estábamos un poco presionados en esas fechas, así que todo estaba en conjunción como la alineación de planetas. Le dije que al parecer esa noche tendríamos una noche agotadora y tendríamos que quedarnos a trabajar hasta la madrugada, que posiblemente estaría en el área de servidores que era el sótano del edificio, y donde no hay señal de celular (pinche lujuria me había hecho pensar en todo jejeje), me despedí de ella prematuramente porque estaría MUUUY ocupado esa tarde noche, así que nuestra sesión nocturna de llamadas se cancelaría por esa noche, comprometiéndome a que le recompensaría mi ausencia con alguna sorpresa (Otra historia aparte).

    Ya estaba todo puesto, mis dos cabezas estaban más que calientes y excitadas, a mi compañero de trabajo tuve que darle terapia, ya que lo estaba abandonando con unas pruebas que aunque no eran tan exigentes, el con su poca experiencia estaba nervioso, yo le dije que solo iría a la plaza que estaba a dos cuadras muy grandes y que regresaría para continuar con las pruebas ya que estas iniciarían en la tarde después de la hora de salida normal, por lo que no debería haber problema, solo que me cubriera y me excusara mi ausencia con quienes preguntaran por mí, y la verdad aunque yo estaba ya caliente, quien sabe cómo iba a suceder la cita casi a ciegas, no estaba seguro de nada, así que posiblemente tendría que regresar al trabajo por presiones de las pruebas o a hacer acto de presencia a la salida (Aunque mis jefes eran flexibles conmigo). Pero la cosa estaba por complicarse, empezó a caer una lluvia ligera, ya se estaba sintiendo el caos de la ciudad y el transito se volvía pesado, con una lluvia ligera, y del proyecto me estaban solicitando algunos documentos, los cuales tuve que hacer lo más rápido posible y enviarlos, mientras Sofía ya me avisaba que estaba llegando, que estaba a unas calles, así que salí corriendo del edificio, aborde un taxi, y aunque no estaba lejos la plaza eran pocas cuadras pero la lluvia me iba hacer llegar empapado y ya tenía el tiempo encima, no podía ser tan descortés con aquella chica que estaba haciendo el esfuerzo de vernos, ahora yo tenía que poner de mi parte.

    Llegue al lugar de la cita, ya que me había advertido que si no me encontraba se iría, estaba ahí en la puerta indicada del local, y como no estaba ella, suponía que a lo mejor ya se había regresado, ya no me contestaba el celular.

    En la entrada de la tienda, solo veía pasar a la gente apresurada intentando cubrirse de la lluvia que aún era leve, pero ya estaba haciendo charcos, trataba de identificar a Sofía por los rasgos que me había descrito, haciendo chaquetas mentales. Hasta que frente a mi apareció una chica blanca como la leche, cabello rubio recogido, y unos ojos verdes hermosos, esbozando una sonrisa que aún recuerdo en su rostro, me saluda efusivamente y diciéndome que estaba a punto de irse, ya que tenía unos minutos que había llegado y tuvo que ir al baño que fue el momento cuando yo llegue.

    Le ofrecí que podríamos continuar platicando en algún lugar para ponernos al tanto y conocernos más, aunque quería poner de pretexto que se tenía que regresar a Toluca tuve que convencerla de seguir la charla en persona, así que nos fuimos para el área de comida rápida ya que no era seguro de que ella se quedara conmigo, posiblemente saldría huyendo hacia su ciudad después de conocerme, no podía dar crédito a que ese ángel caído, estuviera conmigo era como ver en persona a los personajes de la Dama y el vagabundo (jajajaja) aquel ángel hermoso con un demonio moreno. Aunque no soy tan chacalón, sino todo lo contrario. La plática ya era agradable y compramos algo para comérnoslo ahí mientras nos poníamos al tanto de nuestras vidas, sin falsas pretensiones y entre bromas y buena platica no trataba de verme ventajoso ya que estaba en terreno donde alguien que me conozca podría verme e ir con el chisme a mi novia, pero a la vez mi ego quería que me vieran con ese bombón hermoso y si era hombre le diera envidia. Mi ego y la lujuria me invadían esa tarde. Eros estaba de mi parte esa tarde, la furia de una tormenta se soltó sobre la ciudad, se caía el cielo a cantaros, no nos podíamos mover de nuestro lugar, del trabajo ya me estaban tratando de localizar y yo tuve que poner de pretexto que no podía moverme de la plaza por causa de la lluvia que era torrencial, así pasaron las horas, mientras nos agarrábamos más confianza. Ella me permitía en algún momento que le tomara de la mano escusado que la humedad estaba causándole que tuviera frio, pero tampoco podía sobre pasar la línea sin que ella estuviera de acuerdo, ya casi cerraban la plaza era un hecho que en el trabajo ya había pasado la jornada y no podría regresar, la lluvia amaino levemente aunque era una gran alberca alrededor de la plaza, y ya era demasiado tarde, para que ella regresara a su ciudad, así que tuve que convencerla para que se fuera conmigo al departamento y que al otro día la llevaría a la terminal, el Dios Eros esa noche estaba conmigo, no podía dejar ir a ese ángel sin siquiera probar el sabor de sus mieles, además ya había preparado el terreno con mi novia, otra oportunidad como esa no la tendría.

    Mis endorfinas estaban al máximo, creo que eso ayudo a que se decidiera ir conmigo al departamento, la cubrí con mi chamarra que llevaba pero la lluvia a veces caía fuerte aunado con los ríos en la calle hicieron que si nos mojáramos más de lo debido, conseguí un taxi para que nos llevara a mi departamento que aunque no estaba muy lejos de la zona fue difícil conseguir uno en esa noche lluviosa fuera de la plaza comercial.

    En el trayecto a mi departamento trababa de rebajarla y que no tuviera frio, mientras en mi cara una sonrisa como niño saliendo de la juguetería con juguete nuevo, además en mi cabeza solo sonaba una canción de Soda Stereo, “La ciudad de la furia” como himno a mi nueva pato aventura la canción era precisamente ideal para la ocasión, en aquella enorme ciudad, encontrándome con ese Angelito, y que posiblemente podría amanecer entre sus piernas. Era todo un sueño hecho realidad me pellizcaba para despertar sin lograrlo.

    En pocos minutos estábamos afuera del edificio, cerca de la gran avenida de Tlalpan, entramos al edificio de departamentos, y como era tarde y con un mal clima casi no había vecinos indiscretos en la entrada así que la hice pasar al departamento que estaba ubicado en el segundo piso. Yo tratando de ocultarme de las miradas indiscretas que pudieran ir de chismosos con mi novia, llegamos a la puerta del departamento y aun había un inconveniente que no había resuelto, pero que era lo de menos, lo primero era lo primero lograr lo que ya había logrado hasta ese momento, que mi Angelito y yo pasáramos una velada como nunca y estábamos a punto de hacerlo realidad.

    Pero aún quedaba un cabo suelto, en ese periodo un conocido de mi ciudad natal y ex-compañero de trabajo me había pedido chance de darle asilo unos días mientras se conseguía trabajo y donde alojarse en la gran ciudad, y nunca fui mala onda con la gente que pedía de mi ayuda, por lo que él ya estaba esa noche en el departamento, ya había llegado del trabajo y estaba viendo la TV en la sala, a Sofía no le había comentado esa situación. Si no se iba a negarse desde un principio, se iba espantar así que una vez que llegamos, se la presente y el agarro la onda y se fue para el cuarto que servía de oficina y donde tenía computadoras libros etc. Así que lo acondiciono para dormir ahí esa noche, ya que mientras estaba de paso, dormíamos en la recamara principal porque era muy grande, y él dormía en un colchón individual mientras yo lo hacía en mi cama, que ya se había vuelto como la piedra de sacrificios azteca, ya que ahí habían pasado varias doncellas que eran sacrificadas en honor a algún Dios del Sexo Azteca (Por cierto si existe y se llama Tlazolteotl, no lo sabía).

    **al otro día que platicamos mi compañero y yo, me confeso que pensaba que era una prostituta que había contratado (jajaja no daba crédito a que aquel Angelito estaba por propio albedrío en mi habitación) así que le hice saber que era una amiguita, el conocía a mi novia así que más le valía ser discreto**,

    Ya rondaban las 10 u 11 de la noche y Sofía y yo continuábamos en aquella sala del departamento charlando y poniéndonos al tanto de todo lo que teníamos que saber el uno del otro, siempre le hacía sentir bien diciéndole lo bella que era, y que me encantaban sus ojos verdes en verdad era belleza, de cuerpo normal propio de una chica joven y que ya tenía un bebe, tenía lo suyo y yo creo que la maternidad le había otorgado esos turgentes pechos blancos que me llamaban a acariciarlos, besarlos y amamantarse de ellos. Era una chica como cualquier hija de familia, un poco fresona pero a la vez sencilla y sin grandes pretensiones conmigo, que a pesar de su belleza externa, ella no demostraba conmigo alguna superioridad o falsa humildad, se veía que estaba a gusto con nuestra reunión y que como ya les he comentado en este relato, ella insistió fuertemente en que nos pudiéramos conocer, así que todo el crédito de esa reunión se la doy a ella.

    Le ofrecí de tomar algo caliente para quitarnos el frio de la mojada que nos habíamos dado en la calle, estábamos empapados por la lluvia que habíamos sorteado, le indique que esa noche la pasaría ella en mi recamara para no incomodarla y verme ventajoso de la situación, le prestaría una pijama mía para que se la pusiera para dormir en lo que se secaba su ropa, y yo dormiría en los sillones de la sala posiblemente en la noche tendría que pajear rico y tendido para poder drenar la leche que se estaba produciendo en mis huevos por ese encuentro.

    No podía tirarme a matar esa primera cita y ahuyentar aquel angelito en la primera cita. Ella decía que mejor ella dormía en la sala que no quería darme molestias, pero la convencía a que me hiciera caso yo era su anfitrión, así que se metió a bañar y después se enfundo en la pijama que le preste, realmente no podía ver mucho de su cuerpo ya que pues le quedaba muy holgada solo podía intuir que si tenía unos senos de buen tamaño, se veía hermosa portando aquella ropa mía ya que era como una camisa de vestir, con su cabellera rubia húmeda cayendo sobre sus hombros.

    Después me tocó el turno y me metí a bañar para quitarme la ropa húmeda, y me vestí con otra pijama, pero ella no quería aun irse a dormir y yo tampoco, internamente creo que sabíamos que algo faltaba en esa cita, ella quería seguir platicando conmigo y supongo que también deseaba más de esa primera cita.

    Yo tratando de cortejarla, ahí en la sala, no quería ser atrevido, solo me atrevía a tomar sus manos, juguetear con ella como dos infantes conociéndose, no me quería ver agresivo y espantarla, tenía que trabajar con cautela, cachonderia y sensualidad, así que entre platica y platica, solo con una TV que no veíamos con interés, entonces le sugerí que me debía muchos besos acumulados por todos sus mensajes y correos, pensaba que se iba a negar y decirme que no, o que se arrepintiera, entonces sucedió lo esperado, ella palmo el sillón a su lado para que me moviera a su lado, pronto yo me situé a su lado y ella se acercó tímidamente a mi dándome un beso en la mejilla, lo cual era un paso para mí, pero quería más así que le recrimine que ese tipo de beso no era el esperado, ella con un pudor no sé si fingido, me increpa diciendo que así no, que no sabe si es correcto, pero estaba por demás decir que nuestro encuentro se estaba volviendo más romántico y caliente, así que el ambiente cargado de nuestros deseos le motivo a que me prestara sus labios, cabe decir que en ningún momento la presione, al principio con suaves besos, subiendo de tono hasta dárnoslos de lengüita, siempre cauteloso de la situación, no podía ser agresivo con ese ángel, hasta que ella un poco con frenesís metía su lengua agresivamente en mi boca y jalando mi labio inferior con sus dientes. De mi novia ni me acordaba en ese momento tan sublime, estaba pecando en ese momento y no había vuelta atrás, nos fundíamos en besos y abrazos en ese sillón donde también le había hecho el amor por primera vez a mi novia actual, nuestro al rededor paso a segundo término, ya ni nos acordábamos de mi compañero estaba en el mismo departamento, así que entre platicas, besos y caricias tiernas, se nos iba la noche, por lo que ya era tiempo de dormir y no iba a presionar más de lo que ya había ganado hasta ese momento y posiblemente me haría una paja en su honor en la soledad de mi cama improvisada, que sería ese sillón que muchos recuerdos también guardan… Le indique cuál sería su habitación donde estaba mi cama, donde encontrar lo que necesitara y cualquier cosa me lo dijera, ya me disponía a sacar una almohada y unas sábanas para mi cama improvisada, y ella aún se negaba a aceptar dormir en mi cama, entonces cuando iba saliendo de la recamara me dice “Si te portas bien te dejo dormir a mi lado” “Pero prométeme que te portaras muy bien” dentro de mí el demonio de la lujuria volvió a brotar y me dije a mismo, **pero por supuesto que sí y a las pruebas me remito **.

    Entonces acepte el trato para poder dormir a su lado y poder continuar con los besos de lengüita y a acariciando su cuerpo blanco tibio y suave sobre las ropas de la pijama. Sabíamos de antemano que esa noche lo que menos iba a hacer seria dormir o por lo menos me acostaría a su lado para besarla y darle un buen faje, y de consuelo podría despertar con ella a mi lado…

    Con esa condición nos fuimos a la cama y ya iba de gane al tener aquella hermosura en mi cama, hacia un poco de frio por ser una noche húmeda y romántica, el agua cayendo a cantaros, pero nosotros ya estábamos en la misma cama, besándonos y acariciándonos bajo las sabanas como dos enamorados que tenían tiempo de conocerse.

    Aunque yo quería dar el siguiente paso, ella me limitaba, la cordura volvía a ella o también la poca experiencia que me había advertido, solo podía recorrer su cuerpo sobre la pijama, pude tocar sus senos y me di cuenta que eran de buen tamaño, ya tenía la verga bien parada y entre beso y beso ella podía sentir mi miembro pegado a su pubis, mientras mis manos tenían la finalidad de derribar sus defensas, y poder demostrarle lo bien que me iba a portar con ella, y creo que ella también lo quería y necesitaba.

    Así frente a frente solo con la luz de una lámpara al lado de la cama, podía ver su bello rostro y sus ojos lindos que me fascinaban, nos besábamos como si no fuera haber un mañana o si al otro día no fuéramos a recordar esta noche de cuento. Poco a poco sus defensas fueron siendo minadas, mis caricias estaban haciendo efecto, yo podía tocar sus ricas tetas, sentir esos pezones que son chicos, pero una teta de buen tamaño (me los imaginaba), porque realmente no podía verle en aquella obscuridad, ya que ella no permitía que le viera su cuerpo desnudo, al parecer estaba chapada a la antigua, mientras mis manos recorrían su cuerpo, aquella piel blanca como la leche, parecía de seda, ya la tenía de la cadera, de la cintura, podía besarle el cuello y un poco de sus bubis, entre resoplidos ligeros de ella, solo daba bocanadas de aire y queriendo negar aquel placer que sentía, entre gemidos decía que no y trataba de retirar mis manos de sus partes íntimas, sus negativas muy débiles señal de que sus defensas estaban por caer, así que la colme de caricias, besos y halagos, quería que ella al salir de mi cuarto lo hiciera con una sonrisa y sabiendo que me había portado bien con ella.

    Así que con mi tranca dura ya se la pegaba más a su cuerpo, con mis manos pude recorrer más su cuerpo bajo las ropas hasta que pude meter mi mano a su ardiente conchita, que ya estaba más que húmeda y transpirando ese aroma a hembra deseosa de su macho, pude sentir que era pequeña y con poco vello púbico (con el tiempo me di cuenta que no le gustaba tener vello púbico)… ella gemía levemente, suavemente, suplicando y queriendo más, con una voz ronca, sexy y cachonda por la calentura me pidió apagara la luz y me dice entre suplicas “Tienes… tienes… tienes…???”…

    Yo con una expresión de “What”, ¿¿¿que si tengo que??? (¿Serán ganas?, ganas tengo muchas, verga y leche también, jajaja no se me venía a la mente algo diferente…)

    Por lo que le pregunto qué a que se refería, y me dice con una voz angelical, melódica, chipil y extasiada: “Tienes condón”.

    poooffff… ya está, esa es la clave de que hoy cena pancho, ya me estaba autorizando entrar a su pucha húmeda y ardiente con mi mástil en su interior, esa noche realmente no era para dormir “Yo estaría trabajando arduamente” y el pretexto ya lo tenía con mi novia así que esa noche le tendría que dar todo a ese Angelito caído que me estaba abriendo sus brazos y sus piernitas blancas como la nieve y ahora si mi rola favorita de Soda Stereo, se haría realidad con ella, “Me dejaras dormir entre tus piernas”.

    Obviamente debía de hacerle una gran faena a su pucha ardiente, sino ese sería mi debut y despedida con ella.

    No tarde en ir por un condón del cajón donde los guardaba, de los cuales tenia muchísimos, ya que como les había dicho, con mi novia la nerd, teníamos sexo como conejos, regrese con el “globito para la fiesta” mientras ella me esperaba en la cama entre penumbras, me coloque el preservativo y me metí a la cama a su lado, obviamente con la obligatoria posición del misionero, por su formación sexual a la antigua y a pesar de haber sido madre de un niño tenía poca experiencia así como casi nada de uso, su vagina a pesar de estar muy lubricada estaba casi intacta, señal de que no tenía nada de uso, casi 0 kilómetros de recorrido, se sentía lo cerrado de su concha y era un poco complicado meterla, ella sintiendo un poco de dolor a la fricción de mi miembro pues tenía ya casi dos años de no tener uso.

    Por lo que de mi dependía su enseñanza sexual, poco a poco me fui hundiendo en su cueva húmeda que no necesitaba mayor lubricante ya que estaba chorreando completamente con su aroma de hembra deseosa, fue sublime penetrar su papayita húmeda, mi falo entraba como hierro caliente en mantequilla mientras nos besábamos y acariciábamos con deseo y pasión desbordado, esa unión de cuerpos e intercambio de fluidos fue placentero para ambos, mientras besaba sus labios, lóbulos de la oreja, cuello, bajaba y me amamantaba de sus senos que eran de buen tamaño, sus pezones de tamaño normal, diría que pequeños, en la obscuridad de la habitación no podía ver su cuerpo, pero eso no importaba estaba cogiéndome a ese bello ser y posiblemente en un futuro podría admirarla de cuerpo entero. Yo llevaba el ritmo de esa unión, me la estuve cogiendo por largo tiempo en esa posición, ya que ella no quería y no tenía idea de otras posiciones, sexualmente no tenía ella idea de nada y lo estaba comprobando. Mientras la trataba movía a mi ritmo ella parecía una almohada a la que me estaba cogiendo mientras yo como jovenzuelo primerizo en un putero no necesitaba que ella se moviera mucho ya que el solo hecho de que ella estuviera a mi lado y mi verga deseosa y ardiente dentro de ella era más que suficiente para estar más que caliente, yo esperaría que ella también lo disfrutara, logre ponerla de lado un poco para poder cambiar de posición, ella de repente solo hacia gemidos leves ya que hasta en eso trataba de ser “discreta” supongo por su educación sexual tan pobre.

    Yo estaba caliente al máximo y quería que esa noche fuera eterna, así que disfrute al máximo tratando de hacerla a ella sentir algo más que solo la penetración que ya había experimentado con su esposo sin buenos resultados ya que por lo que me dijo, solo una noche estuvieron juntos.

    Ya había arrojado mi leche dentro del condón después de varios minutos de estarla cogiendo a todo lo ancho que pude, solo quite el condón, mientras seguía nuestros besos y escarceos sexuales en la cama, no me permitía encender la lámpara, así que a veces solo nos poníamos a platicar, mientras entre beso y beso yo me volvía a poner caliente, me colocaba otro condón, y ella melosa mente con sonrisa y ojos de complicidad, solo me decía, ¿otra vez?, así estuve dos o tres veces más hasta que ya ella me pedía que mejor temprano al despertar ya que estaba cansada y ya le dolía su puchita, por lo que cerraba sus piernas para que ya no la penetrara.

    Aunque tenía ganas de besar todo su blanco cuerpo y su pucha ardiente, ella no me lo permitió, me tuve que conformar con seguir besándonos acariciándonos y fajando, hasta que el cansancio nos hizo dormir.

    Al levantarnos temprano ese día tenía que ir a trabajar pero antes tenía que ir a dejar a Sofía a la terminal de autobuses que la llevaría a Toluca, aparte tenía que ser precavido, no me fuera a aparecer mi novia en el departamento de sorpresa (como en otras veces ocurría, pero ella sabía que iba a estar desvelado por mi arduo trabajo, y era cierto estaba hecho una piltrafa), con la confianza el saber que ella estaría ocupada haciendo sus prácticas profesionales, esa mañana amanecí desvelado y muy des-lechado, con las piernas temblorosas de tanto sexo, parecía Bambi recién nacido (jajaja), nos metimos a bañar juntos y pude apreciar su cuerpo desnudo, entre besos y faje en la regadera, mi palo estaba de nuevo al 100% listo para la batalla, se la empecé a meter nuevamente en la ducha, ya el condón era lo de menos, ya que solo era por encima de su pepa ardiente, pero con el riesgo de que ella quedara preñada como en su noche de bodas, así que nos salimos de la ducha ella frente a mí, sintiendo mi estaca ardiente en sus nalgas blancas, llegamos a la habitación me puse un condón, y de nuevo se la metí, con la luz del día me permitía ver su cara linda y sus ojos color esmeralda viéndome a los ojos y gozando al sentir mi falo hurgando las entrañas de su concha ardiente, tapados con las sabanas ya que no quería que la viera desnuda, así estuve nuevamente ya mi cuerpo minado por el esfuerzo de la noche anterior, no podía venirme, pero el tiempo era oro y como con la putas de la calle tenía que hacerlo rápido, del trabajo ya estaban nervioso mi compañero por las pruebas y me estaba jodiendo desde temprano, así que una vez que me vine, nos aseamos nuevamente para salir corriendo, a dejarla en su destino y despedirla como novios amorosos, quedando en el aire futuros encuentros no solo sexuales.

    Aunque no fue una noche de sexo desenfrenado con posiciones, palabras calientes o morbosidades. Tuve que poner todo mi esfuerzo debido a su nula experiencia y educación un poco a la antigua y negativa a experimentar nuevas variantes.

    Me dejo que yo fuera su maestro esa noche, fue placentero para mí y yo creo que para ella también, ya que después de esta hermosa noche, seguimos en mayor contacto, tuvimos más reuniones a escondidas, y poco a poco ella fue soltándose, en el siguiente encuentro ella me confeso que le había gustado lo que le hice sentir, y el cómo guie los movimientos de su cuerpo para que ella también gozara.

    Se volvió mi “amante” mientras yo mantenía mi relación de novios con mi Nerd con la que éramos sexualmente activos. Y digo que se volvió mi amante Sofía porque ella sabía de mi relación, y cuando iba a mi departamento, debía guardar silencio cuando me llamaba mi novia, era una regla para ser felices los 3.

    Con la condición de que no me metería en su vida ni ella en la mía, ella era casada aunque separada, y en lo que yo pudiera apoyarla sabía que contaba conmigo y su niño yo lo traba de tener contento también casi como mi hijo.

    En verdad que nunca supe realmente todo de su vida ya que era muy cerrada y misteriosa en ese aspecto, hasta que un día me di cuenta que no era su nombre real con el que la conocía “Sofía Marian”, tampoco era de Toluca, sino de Michoacán aunque vivía en Toluca con su familia, esa vez me sentí como el cazador que había sido cazado, me hizo pensar que realmente no la conocía y el porqué de tantos secretos, ¿que escondía? Pero no importaba, cada quien tenía sus secretos y así podríamos vivir nuestra doble vida si ella estaba de acuerdo.

    Duramos años en nuestra relación, pasamos por varias etapas, estuvimos a punto de ser padres y actualmente mantengo una amistad con ella, a veces platicamos como los grandes amigos que conocemos nuestras intimidades, siento como me hubiera divorciado de ella y fuéramos tan abiertos y amigos como cuando nos conocimos.

    Espero en un futuro no muy lejano poderles relatar otra experiencia con ella, donde ya había aprendido algo más del sexo y no estaba tan cerrada como al principio, cuando le hice sexo anal y le agrado, también pude sacarle fotos y video como bello recuerdo de ella, así como sus ojos y su sonrisa nunca los olvidare.

    Espero que este relato no le haya aburrido, al ser un relato 100% real, trato de ofrecer los detalles de la historia, porque si solo les dijera que tuve sexo con X o Y mujer o que le hice y deshice con una vergotota tipo ZAGUE, a mi parecer no tendría chiste, para mi es placentero que como lector podamos imaginarnos las situaciones y los detalles que los escritores relatamos aquí, para hacer volar nuestra imaginación, hacer que con nuestros relatos podamos hacer sentir algún efecto en los lectores. Que se sientan inmersos en ella, ya que para ello estamos escribiendo y leyendo los relatos, para sentirlos.

    Hoy que termino este relato, al despertar esta mañana estaba tratando de recordar más detalles, por lo que me puso caliente el recordar a Sofía (que no es su nombre real), mi esposa pago los platos rotos de mi erección matutina, ya que le di su lechita mañanera que la puso de buen humor.

    De antemano gracias por darse la oportunidad de leer mis relatos y espero que puedan darme su voto así como también si gustan algún comentario, quedo como siempre a sus órdenes, mi contacto [email protected].

    Acepto donaciones en especie, o al menos sus comentarios.

  • Costa del Sol

    Costa del Sol

    «Este hombre me está follando, y apenas lo conozco, me folla duro, como si le fuese la vida en ello, siento su polla abriéndose paso dentro de mí, y el placer que me da, pero, al principio yo no quería que me follase, no, me dejé ir, comenzó a chuparme las tetas, a masajearme el clítoris con su lengua, y me fui abriendo, poco a poco, de mente y de piernas, hasta estar como estamos, él encima mía, rebotando sobre mi cuerpo, yo debajo de él, sosteniendo sus embestidas con mis brazos enlazados en su espalda, ah, y qué placer me da», hablaba conmigo misma ante la visión de ese vibrante cuerpo masculino saciándose en mí.

    «¡Ah, ah!», grité, «¡sigue, sigue, sigue!», le animé; «¡Sofía, Sofi-a, oh, oh, qué buena es-tás, uohgrr!», rugió al correrse.

    Alfredo retiró su hermosa polla húmeda de mi coño, descabalgó de su montura, que era yo misma, y se tumbó de espaldas sobre las sábanas de raso azul. «¡Qué polvo!», exclamó,» ¿y tú?», preguntó; «¿Yo?, muy bien, me ha gustado mucho, la verdad…, me mola como follas», comenté; «Gracias», dijo él apoyando un codo sobre el colchón y acercando sus labios a los míos para plantarme un suave beso.

    Pero… debería empezar esta historia desde el principio:

    Después de los exámenes de finales de curso de la universidad, mi amiga Alexandra y yo decidimos irnos de fin de semana a la Costa Del Sol, en Andalucía. Era un buen destino: no demasiado caro, buen clima sin fallas y mucho turismo extranjero. Mi padre tenía un piso en una urbanización a pocos metros del mar que usábamos poco, si acaso en alguno de los meses estivales, así que le pedí permiso para ir, y me prestó las llaves. Él accedió no sin antes reclamarme que le diera detalles de nuestra escapada mediante llamadas telefónicas frecuentes y advertirme de los peligros de andar sola por ahí, con la única compañía de una mujer, Alexandra, mi amiga; me dijo que la costa, y más la de Málaga, era un lugar inseguro, que ocurrían sucesos violentos a menudo; y añadió esta frase: «Y desconfía de los malagueños, son gente que se abren con facilidad a los visitantes con el único objeto de obtener beneficios de toda índole»; eso me dijo. Y más adelante pude comprobarlo, como veréis.

    Llegamos en coche a nuestro destino en cuestión de seis horas: salimos por la tarde del viernes y llegamos poco antes de la media noche. Aparcamos con facilidad, pues todavía no era temporada alta. Aún así, descubrimos que pasaba mucha gente por la calle, gente joven, como nosotras, vestida con ropas ligeras, sobre todo las chicas, que mostraban sus espléndidas figuras semidesnudas, y calzada con chanclas playeras. Entramos por la cancela que daba a la puerta del edificio, que estaba rodeado de un jardín con césped abundante, y vimos a una pareja haciendo el amor en un rincón oscuro del jardín, bajo unas palmeras: ella estaba a horcajadas sobre él. Los vimos en escorzo: la espalda desnuda de ella, el bikini desplazado unos centímetros de la raja de su culo, supongo que apartado lo suficiente para que la polla del amante entrase en su coño, las palmas de sus manos sobre la hierba para impulsarse mejor; balanceaba sus cintura de arriba a abajo y, de vez en cuando, hacia derecha e izquierda; pudimos oír débilmente sus gemidos agudos. «Alexandra, ¿has visto?, esto es… esto es…»; «¡Esto es el Paraíso!», me interrumpió Alexandra con una sonrisa de oreja a oreja.

    Abrimos la puerta del piso y una sensación alegre, de apertura, de esperanza, hacia un futuro mejor, como la de aquel que ve su objetivo cumplido, nos invadió. Dejamos nuestras maletas con ruedas en el vestíbulo, encendimos las luces y contemplamos satisfechas el que iba a ser nuestro cuartel general, y hogar, durante dos días. Luego nos recostamos sobre el chaise lounge cuán largas éramos, hechas un revoltijo la una sobre la otra. Pronto, Alexandra comenzó a desabrocharme la camisa. Yo no llevaba sujetador, ya que, al ser la que conducía, me lo había quitado para estar más cómoda en esa función, y mis tetas emergieron de entre la abotonadura, francamente liberadas, y Alexandra, nada más verlas florecer entre las telas, inclinó su cabeza sobre ellas para besarlas, mordisquearlas, succionarlas. «Ah, Alexandra, qué bien lo vamos a pasar aquí», musité acariciando su cabello suave y rubio, «sin conocer a nadie»; «Sí, Sofía», alegó ella mientras introducía una mano bajo mi falda; «¡Ooohh!», suspiré. Más tarde nos acostamos desnudas en la cama de matrimonio; mis tetas aplastadas en la espalda de ella, la prótesis, fija en mi cintura, dentro de su culo, mis manos sobre sus lindas tetas; mi boca, jadeante, en su nuca.

    Bueno, sí, qué os digo, empiezo el relato con un hombre y, a estas alturas, estoy con una mujer. Es que…, en fin, ¡me gusta tanto Alexandra! Los padres de ella son de origen eslavo, y ella ha heredado esos genes que a mí tanto me atraen sexualmente, hasta hace poco. Alexandra tiene la piel blanquísima; sus ojos son azules, su cabello es rubio, largo y fino; tiene en sus tetas un tesoro, pues están perfectamente moldeadas y son grandes, floridas diría yo, con unas anchas areolas sonrosadas y unos pezones muy redondos, apetecibles como caramelos; su cintura es fina, sus caderas anchas, sus piernas fuertes, su culo prieto y su chocho… su chocho es un dibujo precioso. Ah, Alexandra. ¡Pero a ella lo que le gusta es ser penetrada por cualquier agujero de su cuerpo, os lo aseguro!

    Sigamos con el relato.

    Por la mañana, a eso de las nueve, nos despertamos:

    «Oh, buenos días, Alexandra, ¿qué tal has dormido!»; «Oh, buenos días, Sofía, muy bien, ¿y tú?»; «También…, bien, ¡qué hambre tengo!, me comería, me comería…»; «Yo también, me comería…». Ambas nos echamos a reír.

    Yo había guardado unas galletas y unos minitetrabriks de zumo. Eso fue lo que desayunamos. Sintonizamos Canal Fiesta en la radio y, a ritmo del pop que oíamos, deshicimos el breve equipaje, separando las toallas y ropas de baño con rapidez: nos esperaba un grato día de playa. Nos pusimos nuestros bikinis bajo la ropa; agarramos nuestras toallas bien dobladas y salimos a la calle. Hacen bien llamando a esta tierra la Costa del Sol, porque aquí es el verdadero protagonista. Su luz sin igual, su envolvente calor, que parece acariciar la piel, invita a vivir, a disfrutar…, al placer.

    Recorrimos un trozo de calle de la urbanización. Salimos a un paseo peatonal en perpendicular y vimos el mar reluciente bajo el sol; su color turquesa y celeste nos atraía tanto…

    Llegamos a la arena y desplegamos nuestras toallas, y sobre ellas nos tumbamos. Pronto, tuvimos calor y decidimos darnos un baño salado; así pues nos levantamos. Dentro del agua se estaba a gusto: el frescor se apoderó de nosotras. Nos zambullimos y nadamos. Nos dimos cuenta que unos hombres muy morenos, más bien maduros, nos estaban mirando con detenimiento desde la orilla. «¿Has visto a esos, Alexandra?»; mi amiga asintió mientras, a su vez, los miraba. Uno de ellos se metió en el agua y nadó hacia nosotras. «Hola, niñas», dijo, con la respiración agitada por el esfuerzo, «no os alejéis tanto, después hay que volver», esto lo dijo con una sincera sonrisa, «¿de dónde sois?», continuó; «¿Cómo sabes que no somos de aquí?», pregunté. Su risa fue tan sonora que creo que fue oída desde el paseo marítimo.

    «Sofía, me voy a las toallas, me ha dado frío», dijo Alexandra, y se alejó; «Tu amiga es muy blanca, tú, en cambio…», dijo el hombre, «por cierto, me llamo Paco», se presentó; «Sofía»;»¡Como la reina!», rio. Nadamos en paralelo a la costa.

    «Oye», dijo, «sé de una calita solitaria… en la que tú… y yo… podemos». Cesé de bracear; él, también: nos miramos: lo evalué, a ver: «Más de cuarenta años, fuerte, moreno, ojos verdes, rostro curtido, pelo ondulado, no está mal». «Y, ¿por qué no aquí mismo?», solté, y me quité el sostén del bikini. Al ver mis tetas, Paco se pegó a mi cuerpo y me abrazó fuerte. No hacíamos pie, así que él deshizo su abrazo y me hizo ponerme flotando de espaldas sobre la superficie, con mis muslos apretando su cintura y mi pubis expuesto entre dos aguas. Paco se sacó su polla erecta del bañador y, apartando la tira del mío, que ocultaba mi coño, me la metió. ¡Oh, me gustó!. Mantuve mis ojos cerrados mientras duró, cinco, diez minutos, no sé, fueron maravillosos. Yo flotaba como una boya sometida al oleaje sobre el mar; las manos ásperas de Paco, posadas en mis caderas, me procuraban un bienestar…, como estar protegida por un dios de los mares. «Dale, Paco, dale», fui diciendo lánguidamente a media voz, «más, más, más», hasta que sentí el chorro de su semen, hasta que oí su orgasmo.

    Salimos a la orilla, Paco y yo. Él me propuso quedar por la noche: «Los sábados por la noche en la Costa del Sol se pasa de miedo». Yo rehusé su amable invitación y regresé a las toallas en busca de Alexandra, pero ¡no estaba!, ¿dónde se habría metido? Eché un vistazo en derredor hasta que vi algo sospechoso. Encima de unas rocas que lindaban con la orilla divisé a dos hombres que miraban fijamente hacia abajo frotándose las manos; me acerqué hasta allí. Había perdido el sostén durante mi aventura acuática y mis tetas se balanceaban a cada paso dado en la arena, lo que atrajo a algún curioso. Llegué. Silenciosa, sin llamar la atención, me arrastré por la orilla mojada hasta situarme frente al pequeño habitáculo que delimitaban las rocas; y ahí, con la cabeza semisumergida, el agua cubriéndome hasta la boca, vi la escena: Alexandra, completamente desnuda, a gatas, le chupaba la polla a un hombre de barriga prominente, muy peludo, que se mantenía de pie, entre tanto que otro la follaba por el culo, y otro, tumbado de espaldas sobre la arena, con la cabeza entre las piernas del que estaba de pie, subiendo y bajando sus caderas, la iba follando por el coño. La sinfonía de gemidos, suspiros, resuellos y gritos era refractada por las rocas, como un altavoz, y la pude oír en toda su belleza. A Alexandra se la veía motivada. Llegó un momento en que comenzó a recibir semen por todo su cuerpo: en la cara, de aquel al que se la mamaba; en la espalda, del que le daba por atrás; en la barriga y entre sus muslos, del de abajo; en su cabello, de los que estaban arriba, que se habían pajeado a gusto. En cuanto todos terminaron, Alexandra, dignamente, se puso su bikini, se despidió de todos con un ligero gesto de una mano y se metió en el mar, donde se topó conmigo.

    Regresamos juntas hasta donde estaban nuestras toallas extendidas. Pusimos nuestros cuerpos bajo los rayos solares, no sin antes aplicarnos un poco de crema de protección. Dos malagueños jóvenes, de nuestra edad, se pararon frente a nosotras, ofreciéndose a extendernos la pomada por la espalda, y le dijimos que sí; son gente abierta la de aquí: hablamos de casi todo durante el tiempo que nos hicieron compañía. Luego nos dieron sus números de teléfono y se marcharon.

    Empezaba a apretar el sol y, además, empezamos a tener hambre con tanto ajetreo. Así que pensamos en ir a algún merendero cercano a saborear los famosos espetos de sardinas, que son la especialidad de la tierra: se trata de vulgares sardinas asadas a la brasa, sólo que las hacen ensartándolas, de cinco en cinco o de seis en seis, en una caña. Llegamos y nos sentamos. Enseguida fuimos atendidas: pedimos dos cervezas y cuatro espetos. «¡Pepe!», gritó el camarero en dirección a donde estaban las brasas, «¡que sean cuatro!»; «¡Va, Miguel!», respondió el espetero. Este era un treintañero, guapo, musculoso y peludo, que, por cierto, no me quitaba ojo. «Alexandra, voy a ver cómo asan las sardinas», dije a mi amiga; «Te espero, Sofía». Y me levanté.

    Pepe estaba empalando sardinas cuando llegué. Lo hacía de manera habilidosa y rápida. «Oye, ¡qué bien se te da!», solté. Me miró sorprendido. Seguramente no esperaba que me acercase hasta allí, tan cerca del fuego. «Sí, llevo años haciendo esto», dijo; «¿Me enseñas?», le pregunté; «Sí, claro, ven». Tuve que rodear la pequeña barca llena de arena donde ardían las brasas e hincaban las cañas con el pescado. «Es fácil», dijo Pepe; «Para ti, que empalas bien, probablemente hasta a mí me empalarías si hiciera falta», esto lo provocó; «A ti, niña, no pararía de empalarte». Y dicho esto, me tomó del brazo y me llevó frente al borde de la barquita, poniéndose él detrás de mí. «Ahora, disimula», dijo; y me subió la faldita por detrás hasta mi cintura para bajarme el bañador hasta los muslos. Noté su dureza en mis nalgas; después sentí su carne caliente que, entrando por la abertura de mi culo, se alojaba en mi interior, vibrante. «¡Ooohg!», solté. «¡Pepe, esos espetos, ¿van o no?», llamó Miguel, el camarero; «¡Van, van!», gritó Pepe, «¡estoy enseñando a la señorita!»; «¡Bah!», exclamó Miguel.

    Yo ahí seguía, atrapada por el espetero, que me clavaba su caña y ¡me gustaba, tanto! «Ay, Pepe, ay, cómo la clavas, oh»; «Niña, me encanta tu cu-lo, oh, disimula que ya, ah, acabo»; «¡Pepe, los espetos!; «¡Van, van, Miguel!, oh, me corro, qué polvo, oh, oohg». Sacó su polla goteante de mi culo y el tibio semen me mojó. «Dame una servilleta, Pepe», le dije mientras seguía disimulando. Me la dio de las que tenían para su uso y me sequé el culo antes de subirme el bañador. Luego me giré, le di un beso en los labios y me encaminé a la mesa que compartía con Alexandra, pero esta, de nuevo, no estaba.

    Oteé alrededor y entonces vi que la puerta del servicio de señoras, que daba al exterior del merendero, aun estando cerrada, parecía moverse a intervalos, como si alguien intentara abrirla desde dentro con infructuosos resultados. «Ahí está Alexandra», me dije, y me acerqué. «¡Alexandra!», llamé; «Sofía, estoy aquí, es-pe-ra, ya, ah, oh, ya sal-go, oh». Se abrió la puerta: primero salió un magrebí alto y robusto subiéndose la portañuela del pantalón, detrás mi amiga con varios bolsos colgados de los brazos, que fue devolviendo uno a uno a su propietario, el magrebí, que los vendía; luego este se despidió de nosotras y siguió vendiendo mesa por mesa. «¡Te has tirado al vendedor de bolsos!», recriminé a Alexandra; «No sabes que polla gastaba», rio Alexandra.

    Quizá a alguien no le haya quedado claro todavía, pero nosotras vinimos a la Costa del Sol a relajarnos y a divertirnos, y esto es lo hicimos.

    Regresamos a la urbanización a eso de las tres de la tarde. Cuando subimos al piso nos dimos una ducha y nos acostamos desnudas en la cama de matrimonio con la idea de echarnos una siesta antes que fuese de noche y volviésemos a salir. Alexandra, en la cama, fue muy cariñosa conmigo; me besó y acarició el cuerpo hasta que se quedó dormida; yo metí mi cabeza en su regazo y pasé mi lengua reiteradas veces por su chocho: sé que dormida se corrió.

    Por la noche, cogimos el coche y fuimos a una discoteca; y fue al volver, a punto de entrar en la urbanización, eran más de las cinco de la mañana y el espléndido sol de esta tierra empezaba a asomar su cara, cuando conocí a Alfredo. Jamás podría imaginar que me fuese a ocurrir algo así.

    «Oye», avisó Alfredo, «¿no crees que ese coche hace muchas eses?»; «Es verdad, acelera, le daremos el alto, ¿tenemos el alcoholímetro?», preguntó Sergio; «Sí, lo guardé, debe estar en la guantera», respondió Alfredo; «Vamos, pon la sirena.»

    Alfredo y Sergio, dos policías locales, patrullaban de madrugada. Habían visto de todo durante más de diez años de servicio. Estaban acostumbrados a situaciones violentas o comprometidas; incluso, en alguna ocasión, tuvieron que hacer uso de sus armas. Aunque lo que más les gustaba era patrullar por el barrio de prostitutas: siempre que les apetecía, algunas de aquellas mujeres les hacía una mamada; o bien las invitaban a subir al asiento de atrás y se las follaban entre ambos. Pero esa noche aún no habían ido, no estaban, como ellos decían, ordeñados, así que la vista de aquellas dos jóvenes beodas con escasa ropa les alegró. Dieron señales luminosas y el turismo con las dos chicas se detuvo. Abrieron las portezuelas y se apearon del coche patrulla:

    «Buenos días, ¿no creen que conducen peligrosamente invadiendo el carril contrario constantemente?, a ver, enséñenme la documentación, las suyas y la del coche, hagan el favor», ordenó Alfredo. Las dos jóvenes, sin pronunciar palabra, obedecieron. «Bueno, veamos, Sergio, toma la documentación, ponte en contacto con la central y haz las comprobaciones». Sergio tomó los papeles y entró en el coche patrulla. El sonido de la radio crepitó y borró el silencio de la calle.

    «Agente», susurró la copiloto, «¿puedo salir a orinar?, estoy que reviento»; «Ande, salga», aceptó Alfredo. Bajo la tenue luz de las farolas, la seductora figura de la muchacha se hizo visible: su melena rubia, su cintura torneada, sus tetas esculturales medio asomadas de perfil por entre los pliegues de su veraniego vestido de tirantes. Alfredo se turbó; la siguió con la vista y la vio de espaldas subirse la falda del vestido hasta el ombligo, bajarse las braguitas y acuclillarse; «Sshh», oyó que le siseaba la conductora, «préstame atención, ¿me vas a hacer soplar?, lo hago de maravilla, soplar, o tragar, depende de lo que me des». Aquello era una provocación en toda regla; Alfredo la observó fijamente: «¿Vais bebidas, verdad?», preguntó; «¿Tú qué crees?»

    Sergio volvió de hacer las comprobaciones: «Están limpias, Alfredo, son del norte, habrán venido, supongo, unos días a divertirse», dijo Sergio a Alfredo haciendo un aparte; «Ya veo, ¿nos las tiramos?»; «¿Dónde?»; «Donde se estén quedando a dormir, les diremos que las escoltamos por seguridad y después…» Mientras, la copiloto ya había vuelto de mear y apoyaba sus brazos desnudos sobre el capó del coche esbozando una lánguida sonrisa.

    «Así que… os llamáis Sofía», dijo Alfredo señalando hacía abajo, a la conductora, «y Alexandra», dijo alzando su mirada hacia la otra, «bien, bien, bien, arrancad el coche, os escoltaremos para que podáis soñar con los angelitos, vámonos.»

    Era ya de día, la mañana de un esplendoroso domingo de esta tierra magnífica, de esta Costa del Sol, cuando regresamos a casa escoltadas, en su coche, por los dos amables policías que nos habían parado cuando Alexandra todavía tenía introducidos sus dedos corazón e índice en mi coño, no habiendo podido evitar yo dar unos cuantos volantazos, al venirme un orgasmo repentino.

    Nos bajamos los cuatro a la vez después de aparcar. Estaba claro que esos dos querían algo más que darnos protección. Alexandra se acercó a uno de ellos, creo que se llamaba Sergio, porque estuve atenta a sus conversaciones; el otro, Alfredo: el que me ha follado hace cosa de una hora.

    Vi que Alexandra hablaba bajito algo con el tal Sergio, y como se dirigían hasta la zona más oculta del jardín, tras una crecida buganvilla adherida a un muro, tras cuyo tronco se adivinaba un espacio amplio, acolchado por flores y hojas secas, en el que se podía practicar algo de sexo con cierta intimidad; conociendo a Alexandra, no sería de extrañar que se deleitara dejándose penetrar, primero por la boca, luego por el coño, para terminar con el culo lleno de semen; yo no lo tenía tan claro. De todas maneras, por cortesía, invité a Alfredo a subir al piso.

    Entramos y tuve que tumbarme en el sofá, ya que me encontraba cansada. Alfredo se quedó de pie, mirándome. Yo iba vestida con unos pantalones cortos por encima de las rodillas, una blusa ancha sin remeter y unas sandalias de suela baja con dos breves tiras: una que sujetaba mi dedo pulgar; la otra, el talón. «Tómate lo que quieras, oye, en la cocina, en la nevera hay…; «Me llamo Alfredo, Sofía»; «¡Cómo!», exclamé; «Que me llamo Alfredo». Dicho esto, pasó sus fuertes brazos entre el sofá y mi cuerpo y me llevó en volandas al dormitorio, depositándome suavemente sobre el colchón. Entrecerré mis ojos, y oí con claridad el roce y los crujidos de su uniforme al caer sobre el respaldo de una silla. «Se ha desnudado», pensé. «Alfredo, si quieres te la chupo, pero no tengo ganas de…»; «No vas a hacer nada, mi reina, sólo déjate ir». Alfredo desabrochó mi blusa y me la quitó; mis tetas quedaron sin sujeción, y él me las estuvo chupando, como una gran bola de helado que estuviese a punto de caerse del hueco de un cucurucho; luego, desanudó mi cinto y sacó mis pantaloncitos y mis braguitas por los pies; se arrodilló entre mis muslos y puso su boca en mi coño para sorberlo y lamerlo: irguiéndome unos centímetros, podía ver su coronilla subiendo y bajando sobre mi regazo: le sujeté la cabeza por la nuca, no se me escapara. «Ooh, ooh, ooh, Alfredo, ay, ah, no pares, ooh.» Mi orgasmo culminó con un alarido selvático: «Aaaaahhh, aaaaahhh».

    «Mi turno», dijo Alfredo, y se subió sobre mi. Su polla entre mis muslos buscaba mi calor, mi cofre, y lo encontró. Rugió Alfredo al meterse en mí, «Ouugghh», y comenzó a follarme. Alfredo abundaba en sus caricias: mi cabello, mi cuello, mi cintura, mis muslos, me acariciaba mientras metía y sacaba su polla; me besaba: los labios, las tetas, los hombros; me gustaba tanto… Súbitamente, aceleró el ritmo; como había escrito anteriormente, le animé a correrse, y se vació y se desplomó sobre mí pronunciando mi nombre, y alabando mi figura de mujer: su semen se esparció en el interior de mis muslos.

    Alfredo y yo, nos quedamos tumbados y desnudos en la cama de matrimonio. Estábamos exhaustos; se podía decir que nuestras respiraciones acompasadas y reposadas eran una señal clara de la satisfacción obtenida tras el acto sexual bien realizado, tras haber follado y habernos corrido ambos a gusto. Alfredo estaba muy estirado. Su polla había encogido, y el amoratado glande sobresalía recostado cómodamente sobre el comienzo de su muslo derecho; yo, acostada a su derecha, con las plantas de los pies apoyadas sobre las sábanas, mis piernas en ángulo, alargaba mi brazo para tocársela: se la masajeaba, pues, de alguna manera, estaba agradecida a ese generoso apéndice cavernoso, duro como una piedra a momentos, por haberme proporcionado mi orgasmo sensacional. Ya empezaba a notar en mis dedos que su polla volvía a despertar: tenía tantas ganas de mamársela. Así que no me lo pensé e, incorporándome, incliné mi cintura hacia su pubis y me metí su polla en mi boca. Aún estaba algo flácida, no obstante sentí como la temperatura del capullo iba aumentando conforme mi lengua la iba rodeando, jugando con su frenillo y la frágil piel que la recubría. Oí gemir a Alfredo y eso me animó a cabecear sobre su regazo con más energía. Y, de pronto, escuché el sonido.

    Provenía de la cerradura de la puerta de la entrada: era un sonido de llaves; la puerta se abrió y se cerró. Escupí la polla de Alfredo e, inmediatamente, llamé: «¡¿Alexandra!?»; pero recordé que Alexandra no tenía llaves.

    «¿Sofía?, ¡somos nosotros, papá y mamá!, ¡hemos venido a pasar unos días!, ¡ah, Costa del Sol, cuánto te hemos echado de menos!, ¿os hemos despertado?», dijo el padre; «¡Hija, cómo tenéis esto, y eso que no lleváis aquí ni dos días, qué desorden!», dijo la madre; «¡Mecachis, mis padres!», exclamó Sofía en sordina; «Tus padres», murmuró Alfredo, que, raudo, se levantó a vestirse con el uniforme.

    ¿Qué dirán los padres de Sofía al ver a un policía salir del dormitorio de matrimonio?, ¿qué les explicará Alfredo, y Sofía?, ¿fingirá haber sido violada por él o dirá que es su amor de verano secreto y que con él se casará?; ¿y Alexandra, por qué tarda tanto en volver?

    «Ah, Costa del Sol», decía Alexandra exponiendo su hermoso culo a la intemperie mientras el jardinero se bajaba los pantalones.