Autor: admin

  • La virginal raja de mi hermana

    La virginal raja de mi hermana

    En mi casa paterna vivíamos, ya adultos, mi madre y cuatro hermanos, una mujer y tres hombres, yo soy el mayor de todos y mi hermana 5 años menor, en ese entonces ella contaba con 18 años. Estando una vez en mi cuarto que colinda con un baño, observé un pequeño agujero por el cual entraba un rayo de luz me asomé por él y vi la parte de abajo del baño, se me hizo extraño que hubiera un agujero precisamente allí, no volví a pensar en eso, hasta que por la mañana sentí que mi hermana se entraba en el baño.

    Yo siempre había sentido mucho respeto por ella y nunca había tenido un mal pensamiento, sin embargo la idea de observar a través del agujero se apoderó de mí, en ese momento sentí un gran vacío en el estómago, mi conciencia decía que no lo hiciera, pero mi deseo era mayor y así lo hice, miré justo en el momento en que mi hermana se quitaba sus braguitas dejando al descubierto un pubis negro con poca vellosidad. Al ver la rajita de mi hermana me excité mucho y comencé a masturbarme, ella mientras tanto se tomaba todo su tiempo explorando su cuerpo, pude ver sus enormes tetas con grandes pezones, su hermoso trasero, mejor dicho me estaba dando un verdadero banquete con el cuerpo de mi hermana, estaba invadido de deseo, cundo ella se abrió sus vagina y pude ver sus rosados labios menores ya no pude más y me masturbé hasta venirme y deseé penetrarla.

    Todo el día en mi oficina no hice más que pensar en mi hermana y tener fantasías con ella. Así pasaron varios días hasta que un día llegué temprano a casa y me llamó la atención ver la luz del baño encendida y que alguien se bañaba, pensé que era ella y me apresuré a entrar a mi cuarto para espiarla, pero en eso encontré la puerta semiabierta entonces entré con mucho sigilo y me sorprendí encontrarla a ella mirando a través del orificio y masturbándose, me quedé largo rato observándola y deleitándome con el espectáculo.

    —¿Qué estás haciendo? —Le pregunté, ella balbuceó algunas palabras que no comprendí, la aparté del agujero en la pared y miré a través de él, y allí estaba mi segundo hermano masturbándose mientras se bañaba, volteé a mirarla y estaba pálida como un papel, en ese momento comprendí que tenía la sartén por el mango.

    —No te preocupes yo mismo te he espiado mientras te bañas —le dije en tono de complicidad.

    —¿De verdad? —.Atinó a responder mientras se acomodaba la ropa. La agarré fuertemente y la besé, ella apretó los labios, pero poco a poco fue cediendo hasta corresponderme, no sé cómo controlé un orgasmo en ese momento, la solté y fui a asegurar con llave la puerta de mi habitación.

    —No me hagas nada, aún soy virgen —me dijo.

    —No te haré nada —le dije y comencé a besarla de nuevo, la idea de que fuera virgen, antes de bajarme los ánimos me los aumentó— Únicamente te besaré el coñito —le dije tranquilizándola con lo cual ella estuvo de acuerdo.

    Se acostó en la cama dejando los pies en el piso, yo procedí a quitarle sus pantys y comencé a besarle tiernamente las piernas como cualquier amante enamorado, en ese entonces me llegaban los recuerdos de nuestra infancia y nuestros juegos que me hacían recordar que éramos hermanos, pero esto lejos de hacerme desistir antes me daba más ímpetus. En ese momento llegó mi cara a su coño, su olor a hembra en celo me hizo estremecer de los pies a la cabeza, abrí tiernamente sus labios y me recreé con su rajita rosada la olí y la palpé con mis dedos dejando que todos mis sentidos la disfrutaran, luego lamí toda su rajita concentrándome en su pequeño clítoris, aceleré el ritmo de mi lengua provocándole un gran orgasmo, satisfecha ella intentó zafarse, pero yo seguí lamiendo haciéndola entrar en calor otra vez. Como pude me despojé de mi ropa y ella volvió a decirme que era virgen que por favor no la penetrara, yo para ese entonces había decidido que esa virginidad sería mía.

    —Únicamente te sobaré un poco con la cabeza del pene en la vagina —le dije, a lo cual ella accedió.

    Allí comenzamos un rico juego de masturbación de ella con mi pene, ahí aproveché para despojarla del resto de la ropa quedando al aire sus grandes y hermosas tetas, le propuse que hiciéramos el amor de mentiras que yo me montaba y se lo sobaba por encima a lo cual también accedió, ya había completado mi trampa. Estando en ese roce dirigí mi pene, que por cierto es bastante grande, a su apretado orificio que estaba empapado en labia femenina. Ella trató de rechazarme, pero ya tenía un cuarto de verga adentro, le puse sus piernas contra mi pecho y procedí a bombear rítmicamente a lo cual su himen respondió desgarrándose.

    —Eres mía hermanita —le decía mientras rompía su virginal raja, a lo cual ella cedió por completo.

    No tengo conciencia de cuánto tiempo estuve bombeando a mi hermana, pero el hacerlo con ella era un placer indescriptible, confieso que me le vine dentro, llenándola de mis jugos y además porque ella no quería soltarme.

  • Gozando con mi hijo

    Gozando con mi hijo

    Tenía más de 3 años de haber enviudado y ya en ese entonces mi hijo Oscar contaba con 19 años, todo mi tiempo lo dedicaba a mi trabajo y al cuidado de Oscar, aunque en algunas ocasiones salía con mis amigas de la oficina nunca me intereso algún hombre.

    Todo empezó ese viernes cuando fuimos a un bar, yo recuerdo que me tome dos copas pero la plática que sostuvimos giro en torno del sexo, mi libido se reactivó ya que en mi vagina apareció una ligera humedad, el deseo de ser penetrada se apodero de mi, pero como no tenía pareja para eso decidí caminar un rato después que salimos del bar, mi idea era que el aire fresco me quitara ese calor que quemaba mi vagina.

    Ya en casa me sentía más tranquila pero el deseo aún estaba presente.

    Eran la 11 de la noche cuando Oscar llegó de ver a su novia, yo me encontraba en la sala viendo la tv. Ya me había cambiado de ropa, mi atuendo para dormir consiste en un corto camisón de satín y tanga, estaba tan distraída con mis pensamientos que no me di cuenta que el camisón se había subido y se podía ver mi tanga.

    Oscar se sentó casi frente a mi después de haberme saludado con un beso, platicamos de mil cosas que no vienen al caso, pero noté que su vista se dirigía con mucha insistencia a mis piernas. En un descuido bajé mi vista para saber el motivo de sus miradas, gran cantidad de mis vellos púbicos se asomaban por un lado de la tanga, en ese momento algo dentro de mí me dijo que le permitiera seguir viendo mis vellos y no cambie mi posición.

    Después de un rato, mi excitación ya era mayúscula, a tal grado que no me importaba que el hombre que estaba sentado frente de mí fuera mi hijo, quería sexo y no me importaba con quien.

    Le pedí que me acercara un vaso con agua para ver si el también estaba como yo, en efecto él también estaba excitado ya que no pudo ocultar la erección de su verga. Ese momento lo aproveché para dejar casi al desnudo mi vagina, jale hacia un lado la poca tela de la tanga dejando mi ranura descubierta.

    De regreso con el vaso, le pedí que apagara las luces, yo sabía que aun sin ellas podría ver bien mi vagina ya que la luz de la tv me daba de frente.

    Se sentó en el mismo lugar y de inmediato dirigió su vista a mi vagina, ya no escuchaba mi plática, estaba absorto con lo que estaba viendo.

    Con mucho disimulo empecé a pasar una de mis manos por mi pierna llegando casi a tocar mi vagina, como si me doliera la empecé a sobar.

    Oscar aprovechó para preguntarme que si me dolía la pierna él me podía sobar.

    Le dije que sí, que me había dado un golpe y que me estaba doliendo. Se hinco entre mis piernas y con manos temblorosas empezó a sobar mi pierna, pero su vista estaba fija en mi vagina.

    Poco a poco fue subiendo más su mano, yo eché mi cuerpo hacia el respaldo del sillón y mi cara quedó hacia arriba dándole la oportunidad de que al no verme a la cara sus manos subieran hasta mi vagina, pero como sus manos no subían mas le pedí que me sobara toda la pierna al tiempo que las abría más.

    Sentí como su mano tocaba mis vellos y aproveché para decirle que ahí era donde me dolía más, sin bajar la vista, dejándolo con la libertad de tocar mi vagina ya húmeda y caliente. Su mano ya iba a mi vagina con mucho descaro fingiendo sobarme la pierna.

    De mi boca ya salían tímidos gemidos por el placer que sentía y ya fuera de control le pedí que me sobara más al centro sabiendo que lo que le pedía era que tocara de lleno mi vagina. Su mano entró entre la tela de la tanga y empezó a sobar mi vagina, pero como el espacio era poco me levantó un poco y de un tirón la sacó, ya no fue su mano la que empezó a sobar mi vagina fue su lengua la que se dedicó a darle placer. Lo tomé de los cabellos jalando su cara para que me mamara con más fuerza, su lengua se empezó a meter entre mis labios vaginales arrancándome fuertes gemidos ya en ese momento mi cuerpo estaba cubierto de sudor por el grado de excitación en que me encontraba y con voz entrecortada le pedí que ya me cogiera, que no aguantaba más sin su verga dentro de mí. Lo único que se bajó fue el pantalón y el calzoncillo, yo me recosté en el sillón abriendo mis piernas, para facilitar la penetración tomé su verga y la acomodé entre mis labios vaginales. Oscar empujó con tanta fuerza que su verga se fue al fondo de mi vagina empujando el cuello de mi útero, la gran cantidad de líquido que tenía en ella, la tenía bien lubricada lo que hizo que su verga se deslizara con tanta facilidad.

    Sus movimientos de mete y saca los hacía con mucha violencia golpeando mis nalgas con sus testículos lo que hacía que el placer fuera mayor. No tardé mucho en sentir como mi cuerpo era tocado por el inmenso placer del orgasmo, entre jadeos y gemidos bañé la verga de mi hijo con mis jugos aun no terminaba de convulsionar mi cuerpo cuando sentí como el interior de mi vagina era bañada con fuertes chorros de su esperma, no dejó de bombear y pronto estuvo de nuevo dura su verga. Ya con más calma sus bombeos los hacía lentos y rítmicos, me saco el camisón para poder chupar mis duros pezones. De verdad que estaba gozando la cogida que me estaba dando mi hijo al grado que le decía cosas como si fuera otro el que me tenía ensartada “así papi, al fondo soy toda tuya”, “has que esta mujer goce como puta”, “cógeme, cógeme” y cosas por el estilo.

    Fue acelerando sus movimientos y en una fuerte embestida al fondo descargó dentro de mi todo el semen que le quedaba casi al mismo tiempo yo tuve otro orgasmo. Así se dio el inicio de nuestras relaciones de incesto de las cuales no estoy arrepentida ya que gozo al hombre no al hijo.

  • Me he convertido en una verdadera puta

    Me he convertido en una verdadera puta

    Llevo casada 4 años y mi vida sexual es muy buena, es la segunda vez que me caso y la diferencia entre mi primer y mi segundo marido son enormes en todos los sentidos, desde el punto de vista económico hasta el sexual.

    Con mi actual marido me he convertido en una verdadera puta, aunque alguna vez también me he parado a pensar que tal vez desperdicie el tiempo, pase por el altar muy joven y mi primer marido nunca logro hacerme disfrutar en la cama, después conocí a mi pareja actual y todo fue muy diferente, así que no sabía si mi marido actual era una maquina en la cama o mi ex-marido era penoso follando, seguramente sería una combinación de ambas cosas.

    Siempre he sabido atraer miradas, ser el foco de atención, me encanta mostrar que la gente se quede mirando mi culo y mis tetas, mi marido lo sabe y al principio no le hacía gracia, pero ahora no tiene problemas en que su mujer le guste enseñar, el problema es que a mí me gusta demasiado.

    Ahora os contare alguna cosilla que me ha ocurrido.

    Suelo ir a un gimnasio en el que ejercito mi cuerpo con una compañera de la infancia, un día ingresó un hombre maduro de unos 40 años muy bien conservado por cierto, poco a poco me empezó a atraer, realmente no dejaba de mirarme y se ponía nervioso cuando yo me daba cuenta o pasaba cerca de él, era de espalda ancha y piel morena y en sus pantalones deportivos marcaba un gran paquete, con el que yo fantaseaba en la ducha.

    Me gusta mucho hacer ejercicio, ya que me gusta llevar ropa deportiva ajustada y corta, me encanta que los chicos me miren mientras mis tetas se contonean y sudo haciendo ejercicio, además me encanta gemir más de lo normal cuando estoy realizando algún esfuerzo.

    Desde que vi que mi nuevo admirador no dejaba de observarme empecé a jugar con él, me divertía ver como reaccionaba cuando pasaba cerca de él, procuraba que me viera haciendo ejercicio y que me escuchara gimiendo, así fue el juego durante varios días.

    Cuando follaba con mi marido me imaginaba a mi nuevo admirador dándome duro. Como cuando bebo, hablo de más, un día que me pase con el vino, dije:

    —En el gimnasio hay uno que se parece a ti y me desnuda con la mirada.

    —¿Y qué quieres decirme con eso?

    —Nada, le paso cerca y me mira el culo.

    —¿Y te lo quieres follar?

    — No, solo te digo que ocurre eso y a mí me gusta cuando pasa, me excita.

    A las dos semanas, mientras follábamos:

    —¿Te acuerdas que me dijiste que si me quería follar al tío del gimnasio?

    —Si

    —La verdad es que sí, me lo quiero follar, me excita mucho.

    Al decir esto último, me corrí.

    A mi marido no le importo lo que le dije ya que como estábamos follando, pensaba que serían fantasías para darle más emoción al sexo y como sabía que me tiene más que satisfecha, asume que todo lo que digo es para tomarle el pelo.

    Yo seguí mi juego y aproveché que ya hacía calor para empezar a ir al gimnasio más ligera de ropas y llevarme bikinis más atrevidos a la piscina a la que él también iba.

    Cuando iba a la piscina, me ponía a tomar el sol de espaldas para enseñar mi culo y soltaba mi bikini para que los hombres fantasearan con verme cada centímetro de mis tetas, luego fantaseaba con que mi admirador estuviera viéndome, la fantasía se volvía realidad con frecuencia, y cada vez con mayor frecuencia.

    Lo que más odio es la abstinencia, cuando tengo sexo de normal no suele pasar gran cosa, pero cuando estoy más de dos días sin follar, cambia la cosa, creo que si esto lo supiese mi marido dejaba su trabajo o al menos tendríamos sexo telefónico en sus viajes.

    Mientras mi marido estaba en uno de sus viajes de negocio, fui a la piscina con un bikini minúsculo al salir del agua se notaban mis pezones muchísimo.

    Estaba muy excitada, me pedí una copa y me acosté boca abajo, luego pedí otra y tuve de nuevo la fantasía con el admirador, me sentía cachonda y con ganas de enseñar más, entonces fui un poco más allá y me puse de tal manera que se me notaba el chocho y justo daba hacia donde estaba mi admirador.

    Desde mi posición no podía ver si me miraba, de repente se levantó y se metió al agua, así que me cambie corriendo de posición para observarlo, al salir de agua vi como estaba empalmado, formando una tienda de campaña en su bañador, la tenía enorme, eso hizo que me excitara aún más, con que ganas me comía yo esa polla, quería que me la restregase por mi culo, bajarle el bañador y hacerle una buena mamada.

    Él me observo mirándole el paquete, pero yo no me corte y me mordí el labio mientras lo miraba.

    La fantasía se apoderaba de mi cabeza, me lo imaginaba acercándose arrancándome la ropa, tratándome como si fuese su puta, poniéndome su polla a la altura de mi boca para que yo haga el resto, el hecho de imaginarme esa situación hizo que mi concha empezara a mojarse.

    Al final decidí levantarme y pasar cerca de él, cuando me vio aproximarme se puso muy nervioso, no sabía qué hacer, yo ya sabía que no me iba a hablar y que retiraría la mirada hacia otro lado pero me daba igual, yo disfrutaba poniéndolo caliente y nervioso, pase muy cerca, tanto que toque con mi mano su mejilla, él se giró, yo me giré y le guiñé un ojo y le saqué la lengua.

    Me fui moviendo mis caderas lo más rápido que pude, él dudó un poco, pero me siguió, la piscina está casi vacía entro al baño de mujeres a vestirme, intento hacerlo rápido para irme a casa y masturbarme, la excitación es mucha así que me empiezo a masturbar allí mis dedos juegan en mi entrepierna y pongo mi culo en pompa pensando que mi admirador está detrás de mí, de repente me giré y realmente estaba detrás de mí.

    No sabía si gritar para que se fuera, en esos momentos la que estaba nerviosa era yo, saque mis manos de mi entrepierna, con una mano tape mis tetas, por primera vez era yo quien bajaba la mirada, él sabía que me estaba tocando pensando en su polla, la situación había cambiado y ahora él era quien tenía el control.

    Me giré y le dije:

    —Es que tengo mucho calor y así me refresco.

    Bajo su mirada, me quitó mis manos de mis tetas, dejó mis grandes tetas al descubierto, luego me quitó todo el bikini, me sentó y me abrió las piernas, sin decir palabra me empezó a comer el coño, me mordió el clítoris y lo chupó de una manera increíble yo le agarre del pelo mientras gemía:

    —¡Mmmm, que rico, sigue, sigueee, así, así!

    Tuve dos orgasmos, quería sacarle la polla y chupársela, pero él no me dejaba, yo no entendía nada.

    Me giró y me puso de espaldas, con mi culo en pompa, encendió la ducha, el agua empezó a caer sobre mi cuerpo, me empezó a rozar el culo con su polla, yo la sentí genial, me tuvo compasión y no intento penetrarme el culo, ya que no practico sexo anal, pero en ese momento estaba tan cachonda que no habría dicho que no a nada.

    Siguió buscando hasta que encontró mi vagina y a cuatro patas empezó a follarme, lo hacía duro y salvaje, sus embestidas hacían que se escuchara el golpe al chocar contra mi culo, empecé a gemir de una manera muy ruidosa, ya nada me importaba con el agua cayendo, me la metió por el culo, lo hizo fuertemente, el dolor era casi insoportable, solo la excitación y el morbo lo contrarrestaban y en lugar de sentir dolor sentía un enorme placer, quién hubiera dicho que hace apenas unos minutos me sentía dueña de la situación.

    Gire mi cabeza y le dije:

    —Follas de vicio, hacía mucho que no sentía tanto placer, no pares nunca, sigue así.

    Él no hablaba, se limitó a sonreír, así que le volví a hablar:

    —¡Voy a ser tu puta! fóllame, fóllame el culo, agárrame las tetas, muerde mis pezones.

    No me contesto, pero hizo exactamente todo lo que le dije.

    Cuando follaba con mi marido en esa posición mi marido aceleraba y reducía el ritmo, sin embargo este no conocía la moderación parecía que todos esos días de coqueteo se le habían acumulado en la polla y quería reventarme.

    Yo quería mamarle la polla, pero a su vez no quería que dejara de follarme, desee que se dividiera en dos, pero como no era posible me limité a seguir recibiendo sus embestidas.

    —Aaaahhh, que gusto, ya no aguanto más.

    Por fin, se corrió en mi culo, yo trate de levantarme para besarle pero las piernas me fallaron, me quede tumbada mientras me recuperaba, a lo que ya me levante vi que se había marchado.

    No lo volví a ver, nunca supe su nombre, no escuche su voz, una compañera me dijo que era un ejecutivo exitoso con fama de duro que tuvo que dejar la ciudad por cuestiones de trabajo, que estaba casado y que tenía mucho respeto hacia su familia.

  • Una situación embarazosa en Urgencias

    Una situación embarazosa en Urgencias

    Soy un joven de 18 años, sin mucha experiencia sexual. Tengo novia y hasta hace bien poco ella no ha querido hacerlo conmigo. Que si somos muy jóvenes, que si quiero llegar virgen al matrimonio y bla, bla, bla. Excusas para no querer hacerlo.

    Yo la verdad, soy un poco cortado y además mi pene no estaba circuncidado, por lo que me sentía mal porqué una mujer me viese así.

    Una vez tuve una reacción alérgica a un antibiótico y el glande se me puso como si me hubiera ido de putas.

    Afortunadamente el medico sabía que a mi edad era virgen, por lo que lo que veía en mi glande no era producto de una e.t.s., bueno entonces no se llamaban así, pero siempre habían existido. Recuerdo que en la peli de Drácula de Francis Ford Coppola, el personaje de Abraham Van Helsing decía:

    -Civilización y Sifilización siempre han ido juntas.

    Bueno el caso es que me mandó una crema antifúngica y yo me la echaba por allí abajo.

    Con el tiempo conseguí que mi glande quedará al descubierto. Las pajas así eran mucho mejores que antes y mis orgasmos también.

    Conocí a mi novia un tiempo después. A los 6 meses yo quería acostarme con ella y ella que no, y yo que si, y por fin llegó el día en que la convencí.

    Mi primer polvo fue algo mal. Me corrí pronto, lo típico y ella no sintió nada y final tuvo que hacerse un dedo hasta que consiguió llegar al orgasmo.

    Después de acabar mi polla estaba flácida.

    Al día siguiente me dolía la polla y la piel del prepucio no se echaba bien para atrás.

    Mi chica me recomendó ir al médico.

    Mi médico no tenía cita hasta dentro de una semana y decidí ir a urgencias.

    Llegué a la recepción.

    -Tarjeta sanitaria, me dijo una tía un poco borde en recepción.

    Se la entregué.

    -¿Qué le pasa? Me preguntó.

    Me daba vergüenza decirle lo que me pasaba, pero finalmente se lo dije.

    -Pase y esperé ahí.

    Entré en una sala de espera no muy grande con gente con todo tipo de patologías. Uno tosía, al otro le dolía un brazo, una pierna o lo que fuera.

    Al cabo de un rato me tocó entrar.

    Entro y ¡ostras que corte! Es una doctora. Le cuento lo que me pasa y claro, me hace tumbar en una camilla y me dice que me baje los pantalones y los calzoncillos. Yo estoy un poco nervioso por la situación, pero me dejo hacer. La doctora me coge el pene, tira de mi piel, pero no consigue descapullarme. Sigue igual que antes.

    Entonces coge un gel y me lo unta por el pene. Así consigue que mi glande quede al descubierto, pero me duele un poco.

    -Esto no anula el problema, me dice. Vamos a tener que operarte de fimosis.

    Vaya por dios, pensé. Eso me va a doler.

    Me lleva a un quirófano y allí me anestesia. Me operó en poco tiempo y me recetó unos antibióticos y me citó para un mes después. Antes, tendría que quitarme los puntos, claro.

    Pasó el mes y fui a la consulta. La doctora era la misma y me recibió muy amablemente.

    -¿Qué tal? ¿Cómo vas?

    -Bien doctora.

    -¿Has tenido alguna erección desde entonces?

    -No, ninguna.

    -¿Algún sueño erótico?

    -No, que yo recuerde.

    Me hizo sentarme en la camilla y me hizo desnudarme de cintura para abajo de nuevo. Yo estaba algo nervioso.

    Se puso los guantes y me examinó el pene. Miró también donde habían estado los puntos.

    -Todo parece perfecto. Pero me gustaría comprobar una cosa. Como queda tu pene en erección y si la piel no tira.

    Me puse rojo como un tomate. Ella debió de darse cuenta.

    -Aquí no tengo ninguna revista ni nada por el estilo.

    Se quedó pensando un momento.

    Entonces se quitó la bata y la dejó sobre su silla.

    -No puedes decir nada de esto. Si se enteran, me despedirán.

    Se quitó la blusa y la falda y se quedó en ropa interior delante mía. Creo que yo había empezado a temblar.

    Al ver que no reaccionaba, se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus pechos. Eran preciosos y mi pene se enderezó un poco.

    -No es suficiente todavía, afirmó.

    Entonces se inclinó y se bajó las bragas. Se las quitó del todo y las tiró al suelo.

    Su triangulo de pelo, no depilado al completo, dejaba un fina linea, apuntaba hacía mi.

    No pude mas y me pene se enderezó del todo.

    Desnuda como estaba, se acercó a mi y empezó a ver como descubría mi glande. Agachada así como estaba, tenía sus tetas pegadas a mi cara y mi polla se puso aún mas dura. Casi me dolía.

    La situación era súper morbosa. Ya no sentía corte, solo excitación. Un deseo enorme.

    Ella siguió manipulando mi pene, viendo que todo había quedado bien.

    Después de acabar, se levantó y se me quedó mirando.

    -Tampoco podemos dejarte así, me dijo.

    Se giró y entonces me mostró su culo que hasta ahora no había podido ver.

    Cogió el jabón ese que ahora vemos en todas partes para desinfectarnos las manos y echó unos chorros en mi pene. El rabo me iba a reventar.

    La doctora comenzó a meneármela. Era una experta. A mi solo me salía que eso no estaba bien, que me iba a correr enseguida y que, por favor, me dejara. Pero en realidad, estaba disfrutando como un loco y gozaba y gozaba.

    Su novio o su marido, si es que estaba casada, debían disfrutar como un loco con esas pajas. Yo estaba en el cielo y no me importaba que alguien abriera la puerta y nos pillara. Ni siquiera me preocupaba por el trabajo de ella.

    Unas cuantas subidas y bajadas de sus manos por mi pene y me corrí como un loco.

    Mi semen saltó a sus tetas preciosas y a ella no le importó nada.

    Pensaba que se levantaría y limpiara sus tetas, pero no fue así. Se arrodilló y se metió mi polla, ya flácida en su boca.

    Sabía mamarla también como nadie. Mi novia nunca me había hecho nada de esto, la muy recatada y la doctora cumplía todas mis fantasías.

    Pese a que acababa de correrme, en cinco minutos mi rabo estaba otra vez a cien.

    Ella seguía mamando y mamando, como si no hubiera un mañana.

    No aguanté mucho mas, pese a que acababa de correrme y un nuevo impacto de mi semen, esta vez con menos chorros, cayó en su cara.

    -Échamelo en la cara. Me había dicho justo antes de acabar.

    Cuando le hice una seña de que me iba, sacó mi polla de su boca y agarrándola, apunté a su cara y le eché toda mi leche, como un cerdo, en su cara.

    Recuperé la respiración y ahora si, nos limpiamos.

    Nos vestimos y volvió detrás de la mesa, como una doctora cualquiera.

    Me hizo una receta y volvió a repetirme:

    -No puedes decir nada de esto.

    Asentí con la cabeza y me levanté y me fui.

    Antes de salir por la puerta, la eché un vistazo y pensé que la próxima vez me apetecería follármela…

  • El mejor sexo que he tenido con mi suegra

    El mejor sexo que he tenido con mi suegra

    Hace tiempo atrás tuve una novia que llamaremos Sara, era blanquita, gruesa, pelo rubio, ojos café claros, pechos pequeños y culo grande y pequeñita uuuffff se acomodaba tan rico cuando follabamos, llevábamos 9 meses de noviazgo cuando paso lo mejor que me ha pasado en cuanto a sexo, que fue con mi suegra que llamaremos Ana, ella era de 1.67, flaca, blanca, pelo rubio lacio, pechos medianos y culito paradito, su edad 49 años y separada de mi suegro. Debo confesar que nunca la vi con ojos de deseos siempre la vi atractiva para su edad pero no con morbo hasta que dos meses atrás de que sucediera empecé a ver su cuerpo de una manera diferente fue cuando decidimos ir a la playa a vacacionar y ver a esa señora en vestido de baño uuuffffff me enfermo la cabeza que yo llegaba en las noches y me masturbaba pensando en ella claro yo nunca había tenido una experiencia en el sexo con alguna mujer madura me llevaba 28 años saque cuentas cuantos años tenía en ese momento, usaba pantalones talladitos, shorts pequeños cuando estaba en la casa que eran tan tallados que se le partía los labios de la vagina era tanto el morbo que la veía con esos shorts que su hija pagaba la cuenta (hahaha).

    Resulta que un domingo llego a verme con Sara eran como las 5pm, resulta que llego a la casa siempre está abierto para que yo entre sin ningún problema pero ese día estaba cerrado lo que me extraño porque yo había hablado con Sara y estaría ahí, resulta que toco para que me abra y sale mi suegra con un short rosado uuuffffff un poquito más y era un cachetero, su vagina partida y bien rica, entonces me abrió y me dijo que Sara tuvo que salir rápido ya que una amiga había tenido un percance que le dijo que la esperara que ella llega ahora, entonces ella me abre y en eso que subo las gradas para entrar al corredor ella va delante mío y veo como se le repintaba un hilo se veía un triángulo y luego caía en su culo bien paradito uuuffffffffff eso me volvió loco entramos a la sala y me dice ahí me disculpa por las fachas (Como estaba vestida) ya que ella estaba terminando de alistar la cena, yo le dije que no había problema que yo no me molestaba (Al contrario me excitaba verla así, pensé en mi mente) me dejo en la sala viendo tv y ella se fue a terminar la cena, claro en ese momento solo me imaginaba esa imagen que quedó grabada ver como se le repintaba el hilo en ese short uuuffffff mas y más pensaba y se me empezó a poner duro el pene hasta ya no aguantar y estaba demasiado erecto pesando en mi fantasía y de repente me llamo desde la cocina si podía ir.

    Me levante y fui a la cocina y empezamos hablar acerca de la hija, que como estábamos y todo eso, en eso ella me dijo:

    Ana: Sara me comento que están teniendo sexo, no te de vergüenza yo soy muy abierta con ella en esos temas

    Yo: (Con vergüenza y con la cara roja) Si, no le voy a mentir pero nosotros nos cuidamos

    Ana: Si, porque no quiero ser abuela todavía (Riéndose)

    Yo: Tranquila suegra, que yo tampoco quiero ser papa (Broma)

    Ana: Te puedo preguntar algo?

    Yo: Si claro con toda la confianza

    Ana: Me confeso Sara, que ella le cuesta estar con Ud. porque le duele cuando se la mete por grande

    Yo: (Asustado, en shock, con vergüenza) Si a veces ella sale muy lastimada, a veces tenemos que usar lubricantes porque ella también es un poco seca y estrecha

    Ana: (Riéndose) Cuidado me la mata, hágalo con mucho amor

    Yo: Si señora, claro que yo se lo hago con mucho amor

    Ana: Y ya que estamos en confianza, te puedo preguntar algo más íntimo?

    Yo: Claro que sí, lo que Ud. quiera (En tono morboso)

    Ana: Cuanto te mide?

    Cuando ella me hizo esa pregunta yo me puse muy caliente tanto que sentía como la sangre corría por todo mi cuerpo y como mi pene quería salirse de mi jeans, yo no sabía que trataba ella de hacer, si me estaba probando como yerno o no sé cuál era juego, el porqué de esa conversación. Pero entre miedo y sorpresa por la conversación no me importe y le seguí el juego.

    Yo: la verdad me mide 17 centímetros, Dios fue muy generoso conmigo (Riéndome)

    Ana: (Sorprendida) Waoooo, nunca he visto una así (Insinuando)

    Yo: En serio, no me está mintiendo?

    Ana: No, de verdad en mi vida solo he estado con 2 hombres, un novio que tuve y el papa de mis hijos, y la verdad sus penes estaban normal

    Yo: Así, entonces como sabe que 17cms es grande?

    Ana: (Risas y Morbo) Te confieso que he visto y me he informado muy bien, quieres vino?

    Yo: Opa Opa Opa, Esta bueno suegra que se informe bien, claro que si quiero

    Ana: Siii, yo antes era muy cohibida con el tema de sexo pero últimamente me he convertido muy abierta, tanto que mi hija es muy confidente y lo es todo

    Yo: (Riéndome) Bueno espero que yo tenga buena reputación

    Ana: (sarcástica, riéndose) Usted va bien, va bien

    Poco a poco íbamos pasando las copas y tomando y tomando, mientras yo estaba en el miedo de que si me insinuó después ella le decía a Sara o peor que se hiciera un problema grande porque mal interprete las cosas, pero yo veía a mi suegra muy sonriente, muy picara cosa que yo nunca la había visto de esa manera conmigo, estábamos sentados en el desayunador ella de un lado y yo al otro lado con mi pene durísimo mientras iba subiendo la conversación de tono.

    Ana: De verdad que me cuesta creer que la tienes grande?

    Yo: Porque te cuesta creerlo?

    Ana: Porque nunca he visto una en vivo y a todo color, solo en video y fotos

    Yo: (Muy Excitado y probando su reacción le dije) Si no fueras mi suegra te la enseño en vivo y a todo color

    Ana: mmmm, y si yo te lo pido como suegra? Me la enseñarías?

    Yo: (Mi cuerpo temblaba de la adrenalina) Pero tu hija??? Sara???

    Ana: Ella no está, no hay nadie en la casa además ojos que no ven… (Se hecho a reír)

    En ese punta ya de la adrenalina y de los nervios mi pene se puso u poco flácido, pero estaba tan excitado que podía sentir mi corazón latir en mi pene, recuerdo que ella lo dijo con su copa de vino en su boca y saboreaba ese vino como si fuera lechita uuufffff eso me puso mojado el pene.

    Yo: Pues la verdad quiero mucho a su hija y no quisiera tener problemas si ella se llegara a enterar

    Ana: Entiendo mi amor, pero yo no lo quiero para que se case conmigo, como le digo nadie esta es solo verla, me entro la curiosidad, pero si Ud. no quiere no hay problema, lo dejamos así (Se puso seria)

    Yo: Ya que estamos de sinceros suegra, la verdad que es me da mucho morbo y me excita el hecho que quiera ver mi pene (me arme de valor y me levante caminado hacia el otro lado del desayunador donde estaba ella)

    Ana: Entonces si me vas a dejar conocerla?

    Yo: Esta bien, es toda tuya?

    Ana: mmmm, no me digas eso porque después no hay vuelta

    Yo: Ya no hay vuelta me parece (Exclame)

    En eso llego donde estaba ella sentada, me le acerque y me pare enfrente de ella y le exclame por segunda vez: Toda tuya, y ella sin ninguna vergüenza con su mano derecha empecé a quitarme la faja, desabrochar el botón del jeans, bajo el zipper y me dijo: Te toca ahora! Empecé a bajarme el pantalón, la camisa tapaba el bóxer un poco entonces me levante la camisa, andaba un bóxer café pegado al cuerpo, me baje el bóxer y me saque el pene pero estaba flácido y me dijo:

    Ana: Pero… ¿qué te pasa, querido yerno? (sonrió al ver la flacidez de mi miembro)

    Yo: ¡Caramba!, la sorpresa, los nervios…

    Ana: ¡Ja, ja! –se rio sin reparos– ¿nervios? ahora mismo te relajo

    Y con su mano agarro mi pene y empezó a tocármelo mientras su otra mano me agarraba los testículos haciendo unos masajes deliciosos, mientras empezó a masturbarme poco a poco hasta que se fue poniendo dura y más dura, hasta que ya su mano se veía pequeña en mi pene, y entonces la agarro con las dos más, mientras se le veía la cara de excitada que tenía.

    Ana: Uy dios mío, que grande (Exclamo)

    Yo: Viste suegra que no te mentía

    Ana: Que dichosa mi hija que se come todo esto

    Yo: Se pone como loca, pero que rico me masturba Ud. con las dos manos

    Ana: ¿qué pasa, mi hija no te ha hecho esto nunca? (Pregunto con tono sarcástico)

    Yo: ¡Mujer!… tu hija sí, pero… (Acerté a decir mientras me sonrojaba)

    Ana: Pero qué? (Ella seguía masturbándome con las dos manos)

    Yo: La verdad no lo hace tan rico como Ud.

    Ana: (Riéndose) «Mas sabe el diablo por viejo, que por diablo»

    Yo: Estoy experimentándolo, que rico siga así

    Ana: Así te gusta o más rápido

    Yo: Más rápido

    Ana: mmmmm, que rico pene tiene

    Yo: Gracias suegra pero aún no lo has probado, así que aún no sabes si es rico

    Ana: Me permites?

    Yo: Lo que Ud. quiera suegra

    Recuerdo que se puso de pie y se agacho, sin mediar más palabra abrió su boca y se metió a su boca toda mi polla. Sin embargo, casi al instante, tuvo que dejar salir una parte, por segundos, ya que se quería ahogar con mi pene, demasiado rico me lo chupaba hacia unas succiones que ya me iba a venir como dos veces me tuve que contener buen rato mamándomela. Yo comencé a acariciarle la espalda quitándole la blusa hasta dejarla en brasier blanco de encaje, deteniéndome en el broche del brasier, maniobré en él hasta liberar sus pechos. Mi suegra soltó entonces el pene de su boca y me dijo:

    Ana: Me vas a comer yerno?

    Yo: Si Ud. me lo permite, quiero comérmela de pies hasta la cabeza

    Ana: Quiero que me folles como te follas a mi hija

    Yo: Más rico te voy a follar

    En eso yo la levanto la subo al desayunador y empecé a mamarle los pechos, que estaban deliciosos tampoco voy a mentiros ahora, no se trataba de dos deliciosas, apretaditas y adolescentes tetas, no; pero ¡Dios mío!, para 49 años aquella mujer tenía dos soberbios pechos, un poco caídos, pero cuyos pezones grandes como lanzas en cuanto comencé a chupárselos.

    Ana: ¡Para, para un momento! –me susurró entre gemidos, No sé si esta correcto hacer esto

    Yo: No sé si esta correcto o no pero tengo tantas ganas de follarte como nunca lo he hecho

    Ana: (Entre la moral y la excitación) Vamos al cuarto!

    Entonces nos fuimos para la habitación yo no iba a dejar que se echara para atrás entonces la abrace por detrás besaba su cuello mientras iba acariciando su culo por encima del short, luego empecé a quitarle el botón del short y lo abrí e introduje mis manos por su culo sintiendo como ese hilo pequeño se iba perdiendo entre sus nalgas y recorrí de atrás hacia delante la raja de su culo… Mientras, ella, no dejaba de gemir.

    Luego, coloqué con decisión las manos en su cintura y, con toda la delicadeza que me permitía mi excitación, metí mi mano encima de su hilo y podía sentir lo mojada que estaba acariciando su vagina que era demasiado deliciosa tenía unos labios vaginales grandes y empecé acariciarla como masturbándola no pudo caminar más sino que se retorcía de lo excitada que estaba a como pudimos llegamos a la habitación me pidió que no prendiera la luz ya que le daba verguiza ver su cuerpo a como pude le dije que era hermosa y comencé a trabajar en su autoestima y logre prender la luz luego fui donde ella y bajé su hilo hasta sacársela por los pies. Me recliné hacia atrás sentándome al borde de la cama y contemplé, un instante, aquel soberbio cuerpo de 49 años.

    —¡Qué!, ¿te gusta lo que ves? —dijo mi suegra, y sin esperar contestación se echó hacia atrás su pelo rubio, apoyó un pie en la cama y, así, bien abierta de piernas, se apartó los labios vaginales, comenzó a estimular su protuberante clítoris a unos centímetros de mis narices.

    —Déjame a mí, –atiné a decir, y de manera decidida, me levanté, agarre a mi suegra bajo las axilas la tumbé boca arriba sobre la cama. Entonces fui yo el que separé sus piernas y, hundiendo mi cara en su depilada vagina, comencé a realizarle una suculenta mamada, y los gritos del primer orgasmo que tuvo mi suegra es probable que se oyeran por toda la casa.

    — ¡Por favor, métemela de una vez!, –dijo cuándo recuperó aliento.

    Sin embargo, yo no estaba dispuesto a desperdiciar tan rápido aquella ocasión. Dejé, sí, de chuparle su experta vagina y la levante de la cama; pero, hice que, una vez de pie, apoyara su torso sobre una mesa que estaba a la par de la cama me hinque y separándole las piernas dejé a mi alcance su orondo culo. Primero chupé sus nalgas, con mi lengua comencé a estimular su ano a mamarlo como nadie se lo ha hecho al poco tiempo introduje un dedo en su ano, lo lubrique bien con saliva, le metí uno por el ano.

    –¡¿Qué haces?! –chilló queriéndose incorporar, la apoyé firmemente en su espalda y la inmovilicé.

    — Tranquila, –le susurré– no te voy a hacer daño. Seguro que esto no te lo hizo nunca el idiota de mi suegro.

    — Es verdad –suspiró resignada.

    Entonces introduje un segundo dedo y comencé un lento y suave mete-saca. Cuando oí que los quejumbrosos gemidos se tornaban en suspiros de placer, me levante y puse mi gran pene en su vagina, sin sacar los dedos de su culo, empecé a meterlo poco a poco hasta que se la comió toda. me dijo: uuuyyyy siento que llega hasta mi cabeza que ricooo! la vagina de mi suegra estaba enormemente dilatado por la excitación, el orgasmo y los años de uso, así que tras calentarla, aún más si podía ser esto, retiré mis dedos de su culo, y comencé a metérsela duro agarrándola por la cintura. Cambiamos de posiciones me senté en la cama y en ella sentó en mi pene como una gran experta y se lo comía sin ningún problema, hicimos el perrito, la cucharita y todas las poses que conocíamos sus gemidos aun están grabados en mi mente como si fuera hoy cuando de repente me dijo: Quiero que me la metas por el culo, pero con delicadeza porque nunca me he comido un pene por el culo.

    Comencé a meterle otra vez los dedos hasta dilatar su ano poco a poco comencé a ponerle la cabeza de mi pene en el ano y poco a poco comente a introducirle en su ano virgen uuuuffff que excitante escribir esto, ya había entrado la cabeza cuando dijo:

    — ¡Sácala, sácala… por favor te lo pido!

    Pero no hice caso, La apreté firmemente en la cintura estábamos en la posición del perrito, de momento, en mi entrada. Cuando se calmó un poco, deslicé, con delicadeza, una mano por su barriga, bajé un poco más y, acariciando su vagina los labios que estaba llenos de juguitos, comencé a acariciar el clítoris que ya lo tenía grande de tanta excitación. El suave roce obró rápidamente el milagro, no había duda de que el dolor había desaparecido. Entonces empujé un poco más… y un poco más… y un poco más… hasta sentir en roce de sus nalgas en mis huevos. Me recliné sobre ella y le susurré: –¿Suegra ya no te duele?

    No me contestó, tan sólo encogió un poco el culo y lo volvió a empujar hacia atrás enterrando un poco más mi polla en sus entrañas… Indudablemente aquello marchaba. Amigos lectores, ¡que gusto!, aquel culo virgen estaba deliciosamente apretado en torno a mi pene y comencé a entrar y salir, primero muy despacio… luego un poco más rápido… y luego un poco más… Cada vez era más fácil el mete-saca ya en ese momento no pude más y eyacule dentro de su ano pero aun así seguí dándole por el culo y bombeo seguía mi pene aún más erecto buscando el segundo orgasmo. Mi suegra se había incorporado ligeramente sobre la cama se sintió más a gusto apoyándose sobre los codos, lo que me permitía, mirando lateralmente, observar el acompasado bamboleo de sus tetas con mis embestidas… le preguntaba donde quería mi lechita y ella estaba muy excitada tanto que no me respondía le pregunte dos veces más y a la tercera me dijo que en sus pechos pero me dijo que termináramos juntos y empecé a acariciarse el clítoris con desesperación y primero ella lanzó otro de sus gritos y se derrumbó sobre la cama, luego, a mí, me temblaron las piernas y una especie de pequeña descarga eléctrica recorrió mi espina dorsal. Se dio vuelta me le monte encima y empecé a masturbarme sobre sus pechos uuuufffff eyaculé una… dos… tres… hasta cuatro y cinco veces en sus pechos pero fue tanto que llego hasta su garganta y boca, medio mareado me acosté al lado de ella.

    Fue la mejor hora y media de puro sexo, nos limpiamos y después nos pegamos un beso tan largo y duradero que queríamos volver a empezar pero no se podía mas en cualquier momento llegarían sus hijos y para no cansarlos con el cuento a 10 minutos de terminar y limpiarnos cuando va llegando Sara y aquella cena fue extraña porque ya entro la moral entre Ana y yo fue incomodo pero a la vez la mejor experiencia que he podido tener y para terminar aquella noche Sara quería que le diera con todo en su vagina uuuffff agarre fuerzas y no pude negar pero esa es otra historia que después les contare…

    Saludos

  • El regalo de mi primo

    El regalo de mi primo

    Bueno un día en mi fiesta de cumpleaños llego toda mi familia a mi casa yo entonces tenía 18 años, entraron todos y yo subí a mi recámara a retocarme el maquillaje.

    Entonces subió uno de mis primos y al momento de saludarlo me dio un beso en la boca yo me enoje pero no puedo negar que me gusto… Me dio una pequeña bolsa de regalo y me dijo que la abriera y al ver adentro había un conjunto de lencería rojo, yo la cerré y me sonroje.

    Me di cuenta que tenía un yeso en el pie pero solo me dijo que se había lastimado, entro al baño y de repente me comenzó a gritar por que se había caído, entre al baño y lo encontré tirado en el suelo y con el pantalón abajo. Se me hizo muy extraño que la puerta del baño no tuviera seguro pero bueno lo debía ayudar…

    Dios le vi todo jaja pero me encanto a mi parecer mi primito estaba súper bien dotado…

    Lo ayude a levantar, pero no se cubrió y se me acerco, cerró la puerta del baño y me tomo por la cintura y me metió la mano por debajo del vestido que llevaba puesto y se quitó la playera… Dios estaba suuuper marcado y era muy alto, jamás había estado tan cerca de un chico totalmente desnudo pero me encantaba.

    Me dijo que era súper linda y muy buen cuerpo que le encantaba me dio un beso en la boca y le respondí.

    Me saco la ropa y comenzó a besarme toda y eso me mojaba un montón, se quitó el vendaje del pie y saco un preservativo se lo puso, se sentó en el baño y me jalo hacia el me sentó en su miembro que estaba súper parado.

    Al principio me dolió un poco pero lo estaba disfrutando muchísimo, eso me estaba encantando teníamos la misma edad pero él tenía mucha experiencia…

    Al levantarnos me saco el bra y comenzó a tocarme súper lindo, muy cariñoso a besarme el cuello y bajo para besar otras partes.

    Debía corresponderle pero no me atreví a hacerle un oral pero si comencé a masajearla hasta que se volvió a correr ambos tuvimos que ahogar nuestros gritos luego nos vestimos me beso como nunca me habían besado y bajamos como si nada a seguir celebrando.

    Cuando termino la fiesta y nos comenzamos a despedir me dijo al oído «espero que te hayan gustado tus regalos».

  • La historia de Evelyn

    La historia de Evelyn

    Evelyn (1,55 cabello castaño claro corto, ojos marrones, delgada, buen físico) es otra amiga que, al igual que yo, también gusta de cumplir con apuestas de tipo sexual…

    A ella al igual que a mi le gusta jugar al básquet y su historia trascurre en la plaza en la que a veces jugamos.

    Días anteriores la habían desafiado a hacerle sexo oral a un hombre mayor con edad suficiente como para ser su abuelo o más, de preferencia en algún lugar público. Ella disfruta de hacer retos en lo sexual y aunque nunca había pensado que podía ser capaz de llegar tan lejos la oportunidad se le presenta…

    Estaba ella tirando unos tiros sola en la cancha, algo aburrida… Ve un señor muy mayor (delgado, canoso, algo más alto que ella, buen aspecto general… Un “abuelito”) que está paseando su perro…

    – ¿Podría ser el candidato?… -se preguntaba ella

    Aprovecha que uno de los rebotes cae en la dirección del señor mayor para acercarse y hablarle…

    -hola que lindo perro- dice ella

    -sí, aunque ya está algo viejito como el dueño- contesta él (el perro era un Golden Retriever, muy lindo, pero de avanzada edad)

    -su nombre? Pregunta ella

    -Dorado, no soy muy original para poner nombres- responde él

    -Pero yo decía el suyo- continúa ella

    -ah, me llamo Orlando… puedo preguntar el tuyo?

    -claro me llamo Evelyn… sos casado? -dijo ella

    -hace mucho que quede viudo- contesto él

    -se sentirá muy solito… yo no tengo novio ni nada -dijo ella intentando provocarlo

    -la verdad es que así es, mi única compañía es mi fiel amigo aquí presente (señalando al perro) mis hijos hace rato que viven con sus parejas y se han mudado lejos así que rara vez los veo – contestó él

    -yo también me siento solita…- dice ella, continuando su provocación

    -sos una chica joven y linda seguro que pronto vas a conseguir novio- responde él

    -de verdad cree que soy linda? -pregunta ella

    -por supuesto- responde él

    -pues la verdad es que nunca tuve sexo, y tengo muchas ganas de ver como es una pija, pero no me siento lista para tener sexo de veras… -dice Evelyn

    -y la verdad es que me gustaría chupársela ahora- continua ella, directa al grano

    -seguramente encontraras mejores candidatos que yo para eso- dice él

    -sí, puede ser, pero otro por ahí me quiere coger y yo no quiero eso, y por ahí ya no me animo a encarar o pierdo las ganas, si lo hacemos acá va a ser como quiero yo solo chupar y vos me vas a respetar eso y otro no se… además veo que ganas no le faltan (tocando su pene con la mano que se encontraba erecto) -dice ella.

    Sin esperar a que responda le desprende el botón de su jean y le baja el slip descubriendo su pene e inmediatamente se inclina poniéndoselo en la boca.

    Como ella no quería ser descubierta usa un ritmo acelerado, ella ya había chupado antes varias veces y sabía cómo hacer acabar rápido a un hombre…

    Al poco tiempo ella nota que él ya está por acabar…

    -no te preocupes podes acabar en mi boca – dice ella sacando el pene de su boca solo lo mínimo necesario para decirlo.

    Al poco rato, así pasa y ella recibe y retiene el semen en su boca, se para y se lo muestra, así como también como lo traga.

    Luego vuelve a inclinarse y con su lengua limpia el restante semen asegurándose que no quedara nada restando en el miembro de él.

    Le pregunta a él si lo disfruto y él le dice que así fue.

    Se despide de él diciendo.

    -Muchas gracias por su leche, me gustó mucho

    El tomar la leche no era parte de su prueba, pero a ella le gusta hacerlo (me dice que siempre al menos la prueba).

    Nunca más se vieron y cuando ella dijo a sus amigas que había cumplido con su prueba nadie le creía, claro yo le creo porque también he hecho mis cositas… (Los invito a leer mis otros relatos).

    Como supondrán este relato me fue contado por su protagonista y aunque no forma parte de mi grupo es una de las tantas amigas con las que hablo de sexo… esto fue algo que ella quiso contarme, luego yo también le conté algunas de las cosas que hice y que yo he compartido (y si Dios quiere lo seguiré haciendo).

    ****************************

    Parte 2

    Bastante después, de lo que les acabo de comentar me vuelvo a encontrar con la misma chica en el mismo lugar.

    Tiramos unos tiros y aprovechando que estábamos solas intento que me cuente alguna otra de sus historias.

    -che… Hiciste alguna otra cosa más… ejem hot, desde lo que me contaste la última vez que nos vimos – pregunto yo.

    -no – contesta ella con algo de bronca en su tono.

    Yo no creía que le hubiera molestado mi pregunta, y curiosa como soy insisto

    – no jugaste más con tus amigas? – Pregunté yo

    -no, me enojé porque no me creyeron que había cumplido la prueba (ellas en general por lo que me contó usan un sistema similar al nuestro y las pruebas no solían ser tan fuertes, al parecer era de hecho la primera vez que pedían una prueba netamente sexual) – contestó ella

    – yo con mis amigas ahora estoy jugando re poco cada vez menos – le digo

    -si querés y consigo que alguna de mis amigas acepte te podría unir a mi grupo… Si es que te interesa claro – continuo

    – sería interesante, extraño la adrenalina de los juegos y pruebas hot -contesta ella

    Ese día ambas llevábamos ropa deportiva dado que la intención era ir a tirar unos tiros, pero claro lo hot me interesa más por lo que en realidad casi no habíamos tirado nada y al ver que ella tenía al menos algo de interés en mi propuesta decidí ir por más…

    – lo único es, que antes de hablar con mis amigas, te voy a pedir que hagas ahora algo hot… no porque no te crea lo que hiciste sino porque si no estás dispuesta a eso mucho menos lo vas a estar a hacer cosas más atrevidas… Me tenés que mostrar la bombacha… le digo.

    Ella piensa unos segundos, lleva sus manos a los pantalones jogging que llevaba y se los baja con fuerza dejando que caigan casi hasta sus tobillos, en la cancha estábamos solas pero podían llegar a verla de más lejos.

    Obviamente yo no esperaba que ella lo hiciera así, pensé que solo me mostraría un poco bajándose apenas el pantalón y/o iríamos a algún lugar más cubierto y es más, al parecer no tenía apuro por vestirse a pesar del riesgo.

    Le hago una seña como que ya era suficiente y ella sin demasiado apuro vuelve a subir su pantalón.

    -segura que no querés que haga nada más fuerte – pregunta ella.

    -en pruebas estoy dispuesta a hacer casi cualquier cosa, sexo solo chupar eso sí… es que aun yo virgen -dice ella al parecer algo avergonzada por serlo.

    – no te preocupes no llegamos tan lejos, en general solo exhibirnos, besos entre nosotras con algo de manoseo y lo más fuerte masturbarnos delante de las otras, si no querés penetrarte mientras te masturbas lo podes hacer con la bombacha puesta y se toma cumplida en ese cao cuando la humedad es más que evidente, las pruebas son siempre con al menos una de las participantes como testigos (en caso que no sean in situ y delante de todas) justamente para evitar el problema que tuviste vos – contesté.

    Le expliqué bien como lo hacíamos (un juego strip y la que pierde estando ya desnuda paga la prenda pudiendo haber una o dos perdedoras dependiendo del juego y las circunstancias).

    Ella parecía más que interesada así que le pedí su número para llamarla en caso de que alguna otra de mis amigas se prenda y de esa forma poder organizar.

    -eh… Si lo consideras necesario yo ahora tendría que hacer lo propio – le digo, refiriéndome a mostrarle la bombacha, aunque en verdad no deseaba tener que hacerlo… Al menos no como lo había realizado ella.

    – no, no hace falta… Eso sí, en caso que pasen muchos juegos y no pueda verte desnuda y lo tenés que hacer, y si pasa mucho y no podes armar algo de a varias chicas hagamos algo nosotras dos aunque es más divertido de a varias.

    Finalmente quedo en llamarla consiga o no más gente y me despido de ella.

  • Emputecimiento (I): Alfredo

    Emputecimiento (I): Alfredo

    PREÁMBULO:

    Este relato es la versión de Alfredo, propietario del club de alterne, donde Pedro, marido y AMO de Magda, quiere iniciarla en el camino del emputecimiento.

    El lenguaje empleado, así como las reflexiones de Alfredo, están escritos en locución coloquial e intentan aproximarse, lo máximo posible, al empleado en la vida cotidiana.

    Aparecen en el relato tratamientos hacia gais, prostitutas y otros colectivos que pueden parecer peyorativos. En absoluto debe entenderse en ello intención alguna de ofender, denigrar o humillar, tanto por parte del autor, como del propio protagonista, que muy próximos en sus ademanes y aptitudes, son muy respetuosos con cada individuo, hombre e incluso animal, sin importarles el género, tendencia sexual o ideas que profesen.

    Igualmente se disculpan ambos ante cualquier persona a la que este tema parezca ofensivo.

    _______________

    (Habla Alfredo, el dueño del Club)

    – ¡Oye!, -exclama una mujer entrada ya en años con pinta de camarera- ahí está una pareja que quiere hablar contigo.

    Es Olga, la encargada y mi mano derecha. Me pilla repasando unos papeles en mi “oficina”, un cuchitril que me he instalado debajo de la escalera, entre los servicios y el reservado, dónde me paso unas cuantas horas cada día, con el pretexto de repasar algún papel, pero principalmente leyendo y oyendo por la radio música clásica.

    Desde aquí domino de incognito los puntos calientes del local, pudiendo mirar, casi sin moverme, tanto a la barra como al reservado. No penséis que soy un voyeur, con la edad uno pasa ya de esas cosas, es solo pura precaución. En otros sitios tienen magníficas instalaciones de seguridad, cámaras ocultas, etc., pero mi sistema, arcaico si se quiere, pega más con el estilo de mi garito.

    Después seguiré enseñándooslo.

    Dejadme que primero atienda a estos pelmas, aquí no recibimos muchas visitas, y generalmente tampoco son para bien. Las únicas que solemos tener son las “nuevas”, pero esas vienen normalmente solas y Olga se entiende con ellas.

    Hace mucho que deje de usar mi derecho de pernada y ya casi nunca pruebo la “mercancía”. Ahora solo lo hago de vez en cuando y únicamente si la “nueva” me hace tilín por algún motivo en especial. Son muchos años ya metido en el negocio y la carne por la carne ha dejado de llamarme la atención como antes. No os voy a engañar tampoco y un buen polvo siempre es bien venido, pero ahora me ponen más las situaciones morbosas que un coño prieto o unas tetas de a kilo.

    Normalmente recibo a primera hora, cuando casi no hay cola para usar el “reservado”, y me conformo con que me hagan una buena mamada. La boca no engaña y la práctica te enseña que la que sabe usarla, sabe también cómo usar su chocho.

    La verdad es que ahora son todas bastante insípidas, iguales, sin estilo que las diferencie, casi como el pescado congelado. Bien presentadas y en magníficos envoltorios, eso sí, pero sin el “desgarro” del producto nacional de antaño. Cuando una “nueva” viene acompañada… malo, problemas a la vista y solo si estamos en época de falta de personal, Olga me pasa el recado. No suele gustarme pero luego os seguiré contando porque. Ahora me voy a mirar a la “extraña pareja”

    Es tan temprano que la barra está casi desierta. Solo han llegado la mitad de las chicas, casi siempre ocho en total y aun así teniendo que hacer virguerías (sin coña, je, je, je…) para entretener a los “cabritos” hasta que queda libre el único reservado del que dispongo. Sin embargo no hay mal que por bien no venga y lo pequeño del local hace que el roce sea casi inevitable.

    Solo hay tres de los clientes tempraneros. Los tranquilos. Vienen a tomar su copita antes del curro, a ponerse cachondos tocándole el culo a alguna chica mientras pasa y como quién no quiere la cosa y luego, a trabajar, bien calientes y a la espera de descargar sus pelotas en el primer descanso. O los que tienen chica “fija” y vienen a follársela antes de que lo haga otro hoy, vaya, lo que se dice en el argot: a estrenarla. En fin, cuestión de gustos…

    Pero volviendo a la extraña pareja, que hablo y hablo y luego me pierdo, ahí están, enfrente de la puerta, ella de espaldas. Con la poca luz y roja además, no hay Dios que pueda saber qué edad tendrá. Parece bien vestida, pero cubierta hasta casi los tobillos por un larguísimo abrigo de paño de lana, tampoco puedo asegurar nada. Por lo menos es morena, estoy hasta los mismísimos coj…, perdón, hasta las narices de rubias de bote. Con buena melena, al antiguo estilo, cayendo como una capa hasta debajo de los hombros, y unos taconazos de aguja de por lo menos ocho centímetros de largo. Eso me gusta.

    El sí está de frente. Lleva puesto una gabardina de buena tela y mejor corte. Más alto que ella y más que yo, quizás entre el metro setenta y siete y el metro setenta y ocho. No parece corpulento, ni duro tampoco. Desde luego, un policía no puede permitirse una gabardina como esa, aunque ahora…

    Yo diría que es un ejecutivillo de medio pelo. La trata con cuidado, como preocupándose de ella y se nota que tienen alguna tipo de relación íntima.

    – Tú, diles que estoy ocupado -le suelto a Olga-, que tomen lo que quieran por cuenta mía y que salgo en cuanto pueda.

    – ¡A tus órdenes! Jefe -me contesta ella con algo de sorna-.

    Esta Olga cada vez se me sube más a las barbas. Si no fuera porque se me ha hecho imprescindible y por qué con la edad uno se toma las cosas de otra manera, se hubiera ido más de un día bien calentita a su casa.

    Vaya mano que tiene la tía para llevar esto, con un buen par de ovarios. En realidad poco trabajo ya, simplemente hago acto de presencia, observo, hago como que controlo y firmo algún pago a proveedores. ¡Y que buena estaba la hija puta! Aún consigue ponerme cachondo, sobre todo cuando se rebota y me contesta como una fierecilla. Creo que por eso me gusta tanto buscarle las vueltas, je, je, je.

    Cuando llegó, hace ya… bueno mejor no pensar cuanto hace, acababa de parir y ahora creo que su hijo ira pronto a la universidad. Vaya panzadas de trabajar que se pega la tía, tan solo para verle cada tres o cuatro semanas. Le tiene con sus padres, creo que ella los mantiene a los tres, padres e hijo. Mil kilómetros entre ida y vuelta, menos mal que me hizo caso y se sacó el carné. Ahora con su cochecito no le pesa tanto, pero antes…

    ¡Joder!, ni leer sabia cuando llego, y ahora, ya querría ver yo al ejecutivo ese llevando esto mejor que ella. ¡Como que podría prescindir del gestor!, sino fuera porque en esta capital de provincia, casi despoblada, todos tenemos que vivir y como suele decirse, una mano lava a la otra. En un negocio como el mío, tengo que estar a bien con todos por la cuenta que me tiene.

    Creo que ya he hecho bastante el paripé, voy a ver que quieren estos. Por la pinta deduzco que será una a quien el marido se le está gastando la mitad del sueldo con alguna de las chicas y viene con el amigo “complaciente” a quejarse. Ni será la primera vez ni la última. La gente tiene tendencia a creerse que los demás son poco menos que hermanitas de la caridad, que han de velar por sus problemas aun a costa de salir perjudicados. ¡Qué coño! Esto es un bar de alterne, aquí se viene a beber y a follar, nadie obliga a nadie a entrar. ¡El que no quiera polvo que no se arrime a la era! Como si yo no tuviera bastante con mis problemas para tener que cuidar de la economía familiar de la clientela.

    De todas maneras, también he de reconocer que estoy harto de decirle a estas que no abusen del personal. Que el adicto es fácil de contentar e imposible de largar. Más vale una buena juerga de despedida que un habitual de cubata diario.

    – Ustedes dirán -le digo a la parejita mientras llego donde están-. Olga ¿has atendido a estos señores?

    – Si, gracias -me responde él entre lacónico y severo-, ya nos han servido.

    Vaya repipi, menos mal que no tiene media hostia. Espero que no pretenda ponerse borde. Y ella, ¡Que avergonzada esta! No si al final va a resultar guapa y todo, como a mí me gustan, cuarentona, pero en sazón. Fruta madura y dulce, ¡Sí señor!, ¿A ver qué quiere? La miro fijamente como quien espera respuesta, pero no abre la boca. Tiene su Coca-Cola sin tocar, sin embargo, el listo se está tomando un whisky, solo, con hielo, y claro, Olga se lo ha puesto del bueno. Listillo…

    – Perdonen, estaba ocupado -añado formal y distante-, díganme.

    – ¿No podemos hablar en un sitio más privado? -pregunta él-.

    Y este, ¿Se creerá que está en el Palace? Esto estará viejo, decrepito más bien, pero es parte de la historia de esta puta ciudad. Setenta años hará en el 2009, anda que no me lo contó veces el anterior propietario. Abrió el mismo día que entraron los “suyos”. Eso sí, maricón de mierda, de misa todos los domingos y a robar todo lo que podía a las niñas que a la primera queja, una paliza y de baja sin cobrar diez días. ¡Cerdo!

    Pues sí, esto es casi una antigüedad, como la catedral. Como que, a veces, hasta lo fotografían los turistas, je, je, je… Pero lo que es espacio, no sobra.

    – Pues no, no dispongo de un lugar más discreto, pero si quiere vamos al extremo de la barra -le contesto algo molesto-. Es lo más privado que hay.

    – Bueno, menos… ya sabe -me suelta el muy gilipollas-.

    – No se preocupe, no sé lo que querrá decirme -añado como para tranquilizarlo y quitar hierro al asunto-, pero en este rincón se han discutido cosas más importantes, seguro. Olga, ponme lo mismo que al Señor y llévalo todo al final de la barra -a lo que apuntillo serio y firme-, y cuida de que estas no se acerquen. Bueno -digo dirigiéndome al de la gabardina-, ¿Me cuentan o no?

    – Si perdone -intenta disculparse sin darse cuenta de que lo que hace es hundirse más en la miseria-, imaginaba esto de otra forma.

    – No me diga -respondo jocoso y molesto-, siento que le haya defraudado. Y ¿Cómo lo imaginaba? -le pregunto con guasa-. ¿No me diga que no ha entrado nunca? -y ahí clavo la puntilla-, será el único de la ciudad.

    – No, no, no vivo aquí. Vivimos en XXXXX -me ahorro el nombre, ya saben, la discreción es la primera norma del negocio, tan solo decir que se trataba de una ciudad dormitorio a medio camino entre aquí y la gran capital-.

    Y a mí qué coño me importa dónde vives gilipollas, no puedo dejar de gritarme internamente. Al grano joder, que esto se va a llenar pronto.

    – Pues muy bien -le suelto en tono de a quién le importa un bledo-, pero dígame que quiere…

    – Vera, pensé que sería más fácil -me contesta él claramente avergonzado-. Nosotros somos una pareja.

    – Sí, ya lo veo -le interpelo para ver si así le saco del atasco. Será tonto el tío. ¿Qué coño venderán en la empresa donde trabaje?-.

    – Quiero decir que somos una pareja de A… AMO y sumisa -me aclara arrastrando las palabras-. ¿Sabe de qué le hablo?

    Este gilipollas creerá que porque llevo una chaqueta de pana no he salido del pueblo.

    – Pues ¡Sí Señor!, se dé que me habla -no puedo evitar soltarle un tanto molesto por lo evidente de la respuesta-, pero a mí las tendencias sexuales de cada cual…

    – Vera, lamento si me cuesta explicarme, pero esto es nuevo para mí y la verdad es que me da algo de apuro -me razona excusándose por su torpeza-. Es que he pensado, en “emputecer” a mi sumisa como parte de su adiestramiento. Llevamos algún tiempo hablándolo y ella está de acuerdo -añade sin tan siquiera mirarla-.

    – Lo que haga usted con su pareja es cosa suya -respondo demandando premura-, ¿qué tiene que ver conmigo?

    – Pues es que he pensado… he pensado hacerlo aquí -se atreve al fin a soltar de carrerilla-, me parece un sitio discreto, seguro y lo bastante lejos de donde vivimos…

    Vaya con el tío, acaba de pasar de gilipollas a cabrón sin enterarse, se va creciendo. Como se nota que se gana la vida con la “muy”.

    – Seguro que el local discreto lo es, como no podría ser de otra forma -apostillo con orgullo-, otra cosa y según se mire, la clientela. Concrete, por favor -añado ya algo molesto-.

    – -Sí. Para nosotros sí es discreto -me contesta el de la gabardina-. Nadie, entre nuestras relaciones vendría por aquí.

    – Ni falta que hace, oiga, tengo prisa -le suelto al fin cansado de tanta tontería-, así que me dice lo que quiere o se marcha.

    – Perdone, quiero decir que he elegido este sitio porque está completamente alejado de nuestro ambiente -¡Por fin se explica!-. Quiero que mi sumisa pase por trabajar aquí, como chica de alterne, una semana.

    – Ja, ja, ja, -no puedo evitar la risotada-, disculpe pero ¿Cree que es la primera vez que me proponen algo parecido? -a lo que agrego convencido de que así le tranquilizo- No crea que inventa nada nuevo joven. Pero no sé…, ¿ha pensado bien lo que pide?

    – Sí -me responde firme y seguro por primera vez desde que hablamos-, llevamos pensándolo un tiempo y ella está dispuesta a hacer lo que le ordeno.

    – Puede ser, pero antes de seguir quiero oírselo decir a ella -exijo escarmentado por la experiencia-. Señora, ¿Este hombre es su marido?

    Ella esta pálida, seria y desde que ha entrado en el local no ha dejado de mira al suelo. No he podido verle aún los ojos. Se nota que se siente profundamente humillada y que está pasando un mal trago. Me da algo de pena y con gusto le daría una patada a este imbécil y me la llevaría a merendar, para que se le pasara el disgusto.

    – Sí, mi marido y mi AMO, Señor -contesta ella vacilando antes de pronunciar la palabra “Amo”-.

    – Y a usted, Señora -le pregunto directamente intentando mirarle a los ojos-, ¿Le parece bien lo que me está proponiendo?

    – Yo no decido, solo obedezco en todo a mi AMO, Señor, soy su esclava y lo que él decida sobre mí, lo acepto con absoluta gratitud, Señor.

    – Bueno, siendo así… -le contesto sin poder dejar de pensar en lo bien adiestrada que parece-. Pero usted sabe, Señora ¿qué es esto? y ¿qué hacen aquí estas señoritas?

    A lo largo de mi ya dilatada vida profesional, he tenido bastantes proposiciones parecidas. Por lo general suele ser gente que no saben lo que es esto. Han leído muchas novelas y visto películas extranjeras que les hacen imaginar situaciones que distan muy mucho de la realidad. Lo habitual es que cuando se tienen que enfrentar a su primera polla fuera de la pareja, se acobarden, den marcha atrás y me dejen a mi compuesto y sin novia. No todo el mundo ha nacido para follarse a un viejo decrépito, a un obrero que no se ha duchado en quince días o al salido de turno al que la polla le huele a corrida de ayer. Es muy fácil imaginar, pero ¡Que complicado es cumplir! Para eso hay que valer, hay que haber nacido para esto, llevarlo marcado a fuego en los genes y no autoproclamarse lo que no se es más que en sueños y juegos de alcoba. Sin embargo, en las rarísimas ocasiones en las que llega a ti alguien de “raza” no puedes menos que envidiar a su AMO. Pocas cosas hay más bonitas que la libre y voluntaria renuncia por el ser querido. Hacen de putas, sí, alquilando su coño, su boca y hasta su culo a todo el que esté dispuesto a pagar su precio, pero en su rostro y en sus gestos puede verse el orgullo de quien se siente totalmente satisfecho por el deber cumplido. ¡Ojala todas mis putas se sintieran mis esclavas!

    – Sí, mi AMO me lo ha explicado perfectamente, Señor -responde ella a mi pregunta-. Se lo que él quiere de mí y estoy dispuesta a complacerle, Señor -lo dice con tal determinación y seguridad que poco me resta por añadir-.

    – Pues todo aclarado -apostillo-, perdóneme la grosería, pero usted sabrá Señora lo que hace con su coño y con su culo.

    – Míos no, solo pertenecen a mi AMO, Señor -me suelta ofendida-.

    – No vamos a discutir eso, sean de quien sean -añado por precaución, intentando calmar los ánimos-. Pero sepa Señora, que aquí no puedo hacer distinciones, tendrá que comportarse como las demás, bastante cuesta mantener a todas en paz, para que venga una, por muy Señora que sea, a alborotar el gallinero.

    – Ya hemos hablado de eso -interviene su marido-, la he mandado que mientras esté aquí le obedezca en todo como si fuera yo mismo. De todas maneras le dejaré mi teléfono y a la más mínima queja tiene usted permiso para llamarme.

    Pues parece que vienen con la lección bien aprendida. Me gusta la idea de tenerla entre mis chicas, la tía tiene clase y esta como un tren. Seguro que se la rifan y además, es complicado que alguien como yo se pueda tirar a una pava como esa. ¿Este tío sabrá tratarla? El caso es que ella parece que come en su mano…

    – ¿Está entonces de acuerdo, Señora, en todo lo que me dice su marido? -pregunto-.

    – Él es mi AMO, Señor. Solo él tiene derecho a decidir sobre su esclava y lo que él disponga sobre mí, yo lo acepto con humildad y gratitud, Señor.

    – Pues no hay mucho más que hablar -añado ya algo más relajado-, en todo caso… del tema económico -y hago una pausa para observar la cara del marido-. Aquí la puta, porque dentro de estas cuatro paredes es lo que será, trabajará para mí. Yo participo en el, ¿Cómo ha dicho?, ¿Emputecimiento? de su mujer y a cambio las ganancias serán para mí. A ella, simplemente, le daré el diez por ciento de lo que consiga, más para que puedan llevar ustedes la cuenta de los servicios prestados que como salario. Solo espero que sepa comportarse y que esto no me traiga complicaciones. De eso tenemos aquí siempre de más.

    – No se preocupe por el dinero -me contesta el marido-, no es lo que me interesa, haga con él lo que más le plazca.

    – ¡De acuerdo entonces! -exclamo satisfecho-. Pero llevamos un rato hablando y aun no nos hemos presentado -añado para romper la dureza de la conversación-Olga, sirve al señor otro whisky, y también para mí. Señora, no ha tocado usted su bebida, ¿Quiere otra cosa?

    Voy a darle la mano al tío este, desde luego cojones no le faltan, y parece que a ella la tiene en un puño.

    – Soy Alfredo, dueño de este bar y aunque lo vean tan decrepito es una de las glorias locales -intento excusarme-.

    – Encantado, soy Pedro, ella es María, bueno, para mí Magda -intenta explicarme el marido, ahora a todas luces más suelto y confiado-, Magda de Magdalena. Se lo puse como nombre de esclava por María Magdalena, ya que María es su nombre real y como Magdalena espero que llegue a ser la mejor de las putas.

    Presto poca atención a lo que me dice, la verdad. En estos momentos me interesa mucho más mi nueva chica. El caso es que no parece tímida ni maleducada, sin embargo le alargo la mano y como si nada…

    – Señora… -insisto aparatosamente-.

    – Magda, ¡Saluda a Alfredo! -le ordena el marido-.

    – Mucho gusto, Señor -responde ella alargando su mano hasta la mía-.

    Por fin me ha mirado un momento. Me gustan sus ojos y el caso es que no parecen tan intimidados como creía. ¿Esto de mirar al suelo también será un mandato?

    – ¿Quiere otra cosa? Señora -insisto para romper la distancia-, no ha tocado su bebida.

    – No, gracias Señor -responde breve y concisa-.

    – ¡Porque esto salga bien! -exclamo mientras alzo el vaso de wiski en ademan de brindis-, chin, chin.

    Esta Olga, ya se ha quedado por aquí revoloteando a ver lo que caza. ¡Jodia portera!

    – Olga, vete a atender a las chicas -le suelto en tono disgustado-, ya te contaré yo lo que tengas que saber, vamos, ¡Aire!, ¡Aire! -y en cuanto se va continúo con el marido- Vamos al toro, Pedro. ¿Cuánto tiempo dice que quiere tener aquí a Magda? -y continuo hacia la nueva puta- Perdone, Señora, pero estas cosas hay que aclararlas y prefiero que este usted delante.

    – Una semana -me responde el marido-.

    – No abrimos los domingos -le aclaro por si las moscas-, ¿De lunes a sábado está bien?

    – Sí, es suficiente -contesta Pedro-.

    – Olga llega a las seis para abrir, -prosigo en plan aclaratorio- pero las chicas y los clientes no acaban de llegar hasta las ocho o más. Oficialmente cerramos a las dos, a las tres el sábado, pero es bastante normal que nos den las cuatro con clientes dentro. ¿Ella hará lo que usted le mande? -le pregunto al marido en referencia a su mujer.

    – A ver, ¿cómo ha pensado venir y volver a casa? -sigo con el cuestionario, más por ayudarle a él que por necesitarlo yo-. Tengo concertado un taxi que recoge a las chicas que lo desean por la tarde y las devuelve a sus casas de madrugada, pero no se lo recomiendo -sigo aclarándole-. Todas son unas cotillas, en esas dos horas de viaje harán la vida imposible a Magda.

    – Creo que para mayor seguridad y discreción, seré yo en persona quien la traiga y la recoja -responde Pedro-.

    – Bien -continúo explicándole al marido-, no hace falta que la traiga antes de las ocho, incluso de las nueve y no la acerque hasta la puerta, mejor déjela en la plaza. Ella puede venir andando sola, a esas horas no hay ningún problema y evitará así la curiosidad de estas cotorras -le digo mientras con la mirada recorro el local-. De madrugada es mejor que llegue hasta la esquina, puede llamar a Olga por el móvil y ella se ocupara de que Magda salga discretamente. Ahora le digo que le dé su teléfono. Pero no venga antes de las dos y el sábado de las tres. No quiero que haya celos con las otras.

    – Está bien -asiente complaciente el marido-.

    – Otra cosa, ¿Qué ropa va a traer? -pregunto curioso-.

    En todo el tiempo que lleva en el local, Magdalena no ha dejado de cruzar su brazo izquierdo por delante de la cintura, mientras con el derecho sujeta las solapas del abrigo, uniéndolas entre sí justo por debajo de la barbilla. El local no es un prodigio de climatización, pero tampoco es una nevera ¡Coño!

    – ¿Qué aconseja que se ponga? -me pregunta el marido mientras repasa a su mujer con la mirada de arriba abajo-

    – Las demás suelen venir con ropa discreta, de calle, y aquí tienen para cambiarse -le respondo-. Dependiendo de si solo hacen de camareras o de si están dispuestas a ganarse un extra ofreciéndose para la monta, se visten con minifalda y top, o pantaloncitos y sostén, las camareras o a pecho descubierto y normalmente sin bragas las segundas, pero va a gustos. ¿Me permite que vea a la Señora? -le pregunto sin sospechar siquiera lo que se avecina-.

    – ¡Claro!, actúe con toda libertad -me responde el marido ordenando a su mujer con la mirada que obedezca-.

    – Magda, perdona que te tutee -le digo a la mujer para apaciguar lo violento de la situación- ¿Te importa abrirte el abrigo para que te vea?

    Al principio a Magda le cuesta obedecer, pero una orden explícita del marido basta para que se ponga en su lugar. El abrigo es de los que se mantiene cerrado solo con cinturón, sin botón alguno, así que no tarda mucho en abrirlo. Deshace el nudo del cinturón, del mismo paño que el abrigo, y cogiendo con cada mano uno de los laterales de su abertura frontal, las separa de par en par.

    ¡Joder!, ¡Joder!, ¡Joder! mira que he visto cosas en mi vida, pero esto no me lo esperaba. Desde luego la vida no deja de sorprenderte, y cuando estaba convencido de que se trataba de una pareja de esas modositas, que vienen aquí más dispuestas a satisfacer sus morbos de salidos reprimidos que ha ejercer realmente de ramera a las órdenes de su chulo, me encuentro con esto. La mujer aparece vestida únicamente con unas braguitas de encaje rojas, de esas minúsculas, tipo tanga de tira y unos sujetadores a juego, tan pequeños que apenas se aprecian en comparación al volumen que sustentan. ¡Ahora entiendo porque se preocupaba tanto en mantener cerrado el abrigo!, ¡La muy jodida! En mi profesión y con los años que llevo de experiencia he inspeccionado a infinidad de chicas, es más, he de reconocer que la inmensa mayoría me las he follado una vez como mínimo, pero nunca hasta ahora se me habían presentado con tan poco envoltorio, je, je, je…

    Resulta ser una real hembra, como las de antes algo entradita en carnes, con las clásicas curvas de toda la vida, no como estas esmirriadas. Buen cuerpo, ¡Sí señor! Este tío sabe elegir, me digo a mi mismo mientras se me pone un pingajo de mil puñetas.

    – Pedro -me dirijo al marido intentando disimular, tanto mi sorpresa, como mi excitación, añadiendo como si ya estuviera de vuelta con lo sucedido-, Magda es muy atractiva, yo te diría que una falda, no demasiado corta, negra, y una blusa ceñida roja, con escote de pico y botones, es suficiente. Zapatos de tacón, negros también, y la ropa interior roja o negra. Si se decide a ejercer, con que se quite la blusa y la ropa interior bastará. Desde luego, con esas tetas será la sensación durante los primeros días y si sabe qué hacer con ellas no le faltará clientela.

    Magda se está, literalmente, bebiendo lo que digo. Parece que no viene tan obligada como me parecía y eso me gusta. Algo me dice que nos entenderemos…

    – ¿Te parece bien así, Magda? -le pregunto clavando la mirada en todos y cada uno de los rincones de su anatomía-.

    – Haré lo que quiera mi AMO, Señor -responde seca y lacónica.

    – Magda -interviene enseguida el marido-, ¡Contesta a Alfredo!

    – Sí, me parece bien, Señor -añade entonces más humilde y sumisa-.

    – ¡Ah!, ese collar y las pulseras las dejan en casa -aconsejo a la pareja-. Todas las joyas. Que traiga solo bisutería. Y nada de documentación ni cosas que puedan identificarla. Mejor que no traiga ni bolso. Aquí los dedos se vuelven huéspedes. Y eso que se lo advierto a todas cuando entran. Buenas hostias he tenido que repartir a cuenta de los robos. Ahora ya no, ahora por lo visto ya no se estila, sería maltrato de género, aunque a más de una la gustaban, je, je, je. Pero siempre a la puta calle y con una notita en comisaría.

    – Pedro -le concreto al marido-, el lunes tráela a las seis para algunas “formalidades” y tráete, también, una fotocopia de su carnet de identidad. Me quedare con ella, supongo que lo entiendes ¿Verdad? Te la devolveré cuando pase la semana.

    – Si, comprendo Alfredo -responde el marido-.

    – Pues creo que nada más, ¿Quieres otro whisky? -añado por cortesía-.

    – No, es suficiente -me responde cortésmente-, son solo treinta kilómetros, pero los de tráfico están a la que salta y ya voy pasado.

    – Magda, ¿quieres otra bebida? -le pregunto cortés a mi futura putita-.

    – No, gracias Señor -responde ella con la mirada aún clavada en el suelo-.

    – ¡Olga!, ¡Olga!, ¡Estas sorda coño! -grito a la distancia-.

    – Tranquilo Jefe, me había tapado los oídos -se oye desde la otra punta de la barra-, ¿no es eso lo que quieres?

    – Como te de una hostia, sí que vas a dejar de oír -por mucha familiaridad y confianza que tengamos, no me gusta que se pierdan las forma y menos aún delante de desconocidos-. ¡Dale tu teléfono a este Señor!

    – Y eso ¿Por qué?, es que no tiene bastante con la gachí que trae. ¿Para qué quiere mi teléfono? -replica Olga algo celosa ya-.

    – ¡Olga, Olga! te estás pasando, dale el teléfono, ¡Coño! -no puedo dejar de exclamar severo y firme-, luego te explico.

    – Perdona, Magda, esta tía esta cada día más borde -intento disculparme ante la nueva-.

    La guarra de Olga se echa sobre la barra, metiéndole las tetas en los ojos a Pedro mientras le pasa el teléfono. Me está provocando la hija puta. Me voy a ir con ella a su casa esta noche y se va a enterar. Espero que no venga alguno de sus clientes fijos y quiera irse con ella. Para esta el negocio es lo primero y es capaz de dejarme en la estacada, todo y que la puta nueva me ha dejado con tantas ganas que si no descargo, reviento.

    – Venga Pedro, hasta el lunes, ya sabes, a la seis -me despido para quitármelos de encima-. Tu veras, mejor es que mientras este tu mujer aquí no vuelvas a entrar, puede ser que no tengas tanto estomago como crees -acabo aconsejando al marido-. Piénsatelo el fin de semana. Si no estás aquí con ella el lunes, lo entenderé. Magda, lo mismo te digo -cambiando ahora de interlocutor-, si vienes, no esperes trato de favor. Aunque me caes muy bien, tendré que tratarte como a las demás. Además siendo la “nueva” y un poco “especial”, ya sabes, tendrás que aguantar y tragar…

    Magda mira un momento a Pedro, hasta que el asiente en silencio.

    – Haré lo que mande mi AMO, Señor.

    – Como quieras -añado-, el lunes ya te explicará todo Olga, después de las “formalidades”.

    Otro apretón de manos al marido. Me va cayendo mejor. Me gusta como mantiene el tipo.

    – Un beso, Magda -le digo a la mujer como despedida-.

    Otra miradita, ¿pero es que Magda no puede hacer nada sin mirar al tal Pedro? Él asiente de nuevo, ¡menos mal!, por fin voy a poder palparla. La sujeto de los brazos y ¡muá!, ¡muá!, un beso en cada mejilla. Esta firme, aunque con este abrigo no sé muy bien lo que toco. Jocoso y libertino no puedo evitar pensar que podía haberles dicho que se los quitaran, je, je, je…

    – ¡Adiós! -vuelvo a despedirme desde lo lejos-.

    – ¡Hasta el lunes! -me contesta Pedro ya desde la puerta dela calle-.

    ¡Bueno!, pues la verdad es que estoy deseando que no se vuelvan atrás. Mmmm, la semana próxima promete ser interesante.

    – ¡Vamos!, ¡Vamos!, moverse niñas -grito para que se me oiga desde todos los rincones del local-. ¿Qué coño hace la música apagada? -pregunto al aire-. Tu Nana, ven, que tengo que “hablar” contigo, tráete mi vaso. Olga, estamos en el “reservado”. Toca en la puerta si entran muchos clientes.

    Vaya como me ha puesto la Magdalena de los cojones…

    FIN

  • Llevando a los padres de mi novia a una fiesta

    Llevando a los padres de mi novia a una fiesta

    Teníamos 4 años de novios con Claudia nos habíamos conocido en la universidad y cuando ella se graduará nos íbamos a casar yo ya era ingeniero dos años y trabajaba, luego ella tuvo que irse a Arequipa que es una ciudad al interior del país para hacer sus prácticas de medicina un año, así que el único medio de comunicación que teníamos era el teléfono donde todos los días hablábamos y las redes sociales whatsapp y el messeguer.

    Cuando el sábado me llamó Claudia y me pidió por favor que llevara a sus padres a una fiesta que tenían esa noche, le digo que había tenido una semana muy recargada de trabajo y sólo quería irme temprano a dormir pero casi me rogó y cuando me explicó su preocupación tuve que aceptar.

    – Mi amor por favor llévalos en tu carro no seas malo no quiero que mi papá manejé luego de regresó porque de seguro va a tomar… Así mi amor estaré más tranquila sabiendo que tus los va a cuidar por mi. Gracias eres mi ángel te amo mucho…

    Llegue a casa de don Frank y se sorprendió al verme cuando le dije que los llevaría no quiso dijo que no era necesario de todas maneras me daba las gracias ya estaba por irme cuando la vi bajar las escaleras a Olga su esposa… Ohh… me dejó muy sorprendido estaba muy hermosa a sus 49 años con ese vestido rojo que calzaba a la perfección sobre su maduro cuerpo, ella era ama de casa y siempre vestía con ropa discreta que había guardado hasta ahora muy bien sus encantos.

    – Hola Pedro. Gracias por venir mi hija ya me dijo que nos vas a llevar y estoy de acuerdo esperamos un momento.

    La señora Olga llevó a sus esposo a conversar otro ambiente y luego regresaron, Frank se me acercó y pidió disculpas y agradecía la atención hacía ellos, todo estaba bien contesté y fuimos a sus reunión.

    Yo estaba ahí un lado en la barra tomando un poco de agua mientras ellos bailan y reían con sus amigos era una reunión de reencuentro de promoción de colegio, luego ella se fue con varias amigas y se pusieron en una mesa a seguir divirtiéndose y sus miradas se dirigían donde yo estaba.

    Cuando veo que la señora Olga vino y me dijo que la acompañé me presentó con todas ellas, dos le dijeron que tenía muy buena suerte esa noche de tener a un guardaespaldas muy guapo y era la envidia de todas.

    – Jajaja… cuidado es el novio de mi hija así que tranquilas chicas…

    Agradecí sus cumplidos y volví al lugar donde me encontraba antes y seguía la reunión para ellas así pasaron varias horas, hasta que veo a una de las que bromeó con Olga venir hacía mi y sacarme a bailar una balada, se llamaba Eva y también estaba muy buena para sus edad le agradecí pero dije que no.

    – Vamos no seas aburrido ¿O me tienes miedo? Sólo vamos a bailar no te voy a comer… Jajaja

    Ese reto me hizo aceptar y empezamos a bailar ella pegó bien su cuerpo junto a mí, cuando mi futura suegra regresó del baño a la mesa se nos quedó mirando y no perdía ningún detalle de nuestro baile por más que evitaba no quería calentarme no lo pude evitar ya eran 6 meses que no tocaba a ninguna mujer y su senos en mi pecho y como ella movía sus caderas al ritmo de la balada sobando su bajo vientre sobre mi bulto que ya estaba muy duro.

    Alguien apagó las luces y la oscuridad sólo era mitigada por luces de colores que alumbraba a las parejas que bailaban, Eva sobaba su cuerpo sobre el mío disfrutando como me calentaba a cada momento más. Cuando acabó la balada y empezó a sonar otra canción Eva quería seguir bailando pero apareció Olga y me rescató ahora la mamá de mi novia me dijo para bailar.

    – Ya Eva ve a buscar a otro lado con quién bailar deja en paz a mi yerno.

    Ella sonríe y le dice que es una egoísta y que la próxima le toca bailar a Rosa que era la otra señora que había bromeado sobre mí y se va dónde estaban sus amigas a seguir tomando Era una salsa romántica la que ahora baile con mi futura suegra los roses se dieron luego inevitablemente sentía su respiración y olor cerca de mí también estaba algo mareada.

    Pero Olga aún se daba cuenta de las cosas y sintió el bulto entre mis piernas rozándola muy avergonzado pedí disculpas, ella buscó con la mirada algo nerviosa a su esposo y lo vio que seguía como siempre tomando con sus amigos.

    – No te preocupes Pedro es normal luego de la sobada que te dio Eva, ella siempre ha sido así desde el colegio y ahora que está divorciada está peor además sólo estamos bailando.

    Cuando acabó la música le dije que lo mejor era que los esperaba afuera en el carro pero vimos que venía Rosa ahora, entonces Olga mi futura suegra me dijo para seguir bailando con ella al vernos su amiga regresó a la mesa.

    Otra vez pusieron una balada a pedido de Rosa creyendo que iba a bailar conmigo pero ahora lo iba a hacer con Olga, mis manos se pusieron en sus caderas y ella puso sus manos nerviosa en mis hombros y empezó el baile ella no pegaba su cuerpo al mío.

    Cuando vi donde estaba su esposo esté ya se había quedado dormido en una silla así que con un poco de confianza yo pegué mi cuerpo al de ella, no me dijo nada pero me di cuenta que ella también vio a su marido dormido. Otra vez el bulto volvió a crecer al sentir su cuerpo tan cerca su respiración me excitaba sus manos ahora estaban en mi cuello y su cabeza pegada en mi pecho.

    Ella bailaba conmigo creyendo que así me cuidaba de sus amigas pero ahora quién la iba al cuidar a ella de mi, como dije anteriormente siempre la vi y trate con mucho respeto como debía ser pero estar tanto tiempo sin tener sexo y verla así tan bella y provocativa como estaba con ese vestido rojo que dibujaba bien esas nalgas bien puestas y sus tetas.

    Ahora era yo quién pegaba mi cuerpo al de ella para que sienta como estaba dura mi verga y no decía nada aprovechando un momento que sus amigas dejaron de vernos y tener su boca tan cerca la besé suavemente por un momento ella correspondió pero luego volteó la cara para otro lado pero siguió bailando.

    – Nooo Pedro, no está bien por favor respétame soy la madre de Claudia…

    Cuando terminamos de bailar ella se fue rápido al baño, ya estaba bien caliente así que fui a la mesa donde estaban sus amigas los testículos los tenía llenos de leche y ahora alguna de ellas debía ayudarme con eso…

    – Al fin te dejó libre tu suegrita. Jajaja

    Cuando salió Olga del baño me vio sentado con ellas y vi su cara de enfado y me dijo que ya era hora de irnos porque su esposo ya se había quedado dormido y debía cumplir lo que le había prometido a su hija.

    – Ya pues Olguita… No seas aburrida quédense un poco más, pero si no puedes está bien que los deje en su casa y que regrese él sólo…

    Ella estaba bien molesta y les dijo que eso no iba a pasar, tuve que llevar a su esposo con la ayuda de un amigo al carro y lo pusimos atrás y empezamos el regreso a su casa la veía de reojo su cara estaba muy seria no sabía si era por el beso que le había dado o porque estaba con sus amigas entonces pregunté para salir de dudas.

    – Estoy muy arrepentido de lo que hice señora Olga pero usted estaba tan cerca y está tan bella hoy que no sé qué me sucedió y yo todo estos meses extraño mucho a Claudia usted me entiende no?

    – Si sé que mi hija no está a tu lado varios meses y eres un hombre joven pero eso no es excusa para olvidar lo que hiciste. ¿Ahora que me vas a dejar en mi casa. De seguro volverás donde esas que te esperan?

    Hablaba no como mi futura suegra sino como una mujer celosa, así que volteó y veo a su esposo bien dormido y detuve el auto las calles estaban desiertas de gente por la hora ya era de madrugada.

    Me acerco a ella y busqué su boca y la besé quiso pelear pero sujeto fuerte su cabeza Olga ponía una leve resistencia que de a poco se fue extinguiendo y correspondió a mi beso nuestras lenguas se unieron era un beso salvaje mis manos tocaron sus pechos sobando y bajé los tirantes del vestido y dejé en libertad esas tetas grandes y apetitosas de Olga que besé y luego chupaba sus pezones duros e hinchados hasta hacerla gemir

    -Ohhh nooo que estoy haciendo… Nooo ohhh… ohhh détente…

    Su negativa sólo era verbal porque su cuerpo reaccionaba y disfrutaba a mis caricias en sus senos y dejaba que proseguirá comiéndole sus enormes tetas, ya había despertado la mujer caliente que no era bien atendida por su marido e igual que yo que tiempo que no tenía buen sexo.

    -Ayyy Dios esto es una locura Pedrooo… Ohhh

    Le dije que necesito una buena mamada de verga que ya no aguanto más, Olga echó una mirada atrás y vio a su marido que seguía bien dormido de lo borracho que se encontraba y se inclinó y aflojó la correa y bajó el cierre del pantalón para luego sacar mi verga y llevarlo a su boca que tragaba con muchas ansias sin importarle que tuviera algunas arcadas…

    Le daba las gracias a Claudia en mi cabeza por enviarme a su madre a calmar mi falta de sexo su boca subía y bajaba a regular intensidad del falo con mucha experiencia.

    -Qué buenaaa eres Olga.

    La punta de su lengua subía y luego bajaba por todo el cuerpo del pene y después jugaba en el glande dándome una de las mejores mamadas que recibía.

    -Ahhh Siii meee vengooo… queee ricooo Agggg…

    Ella tragaba toda la leche que tenía en los huevos que se había acumulado todos estos meses sin actividad sexual que antes su hija saboreaba pero ahora su madre me estaba ayudando.

    Cuando levantó la cara algunas gotas de semen quedaban en la comisura de sus labios que ella con la lengua los recogió le alcance una toalla húmeda que uso para terminar de limpiarse.

    Prendí el motor del auto y retomamos el camino a su casa, había un silencio entre los dos lo que duró llegar a nuestro destino, tuve que cargar casi a don Frank para dejarlo en su cama tenía razón Claudia en tener que su padre manejará de regreso.

    Cuando baje la busqué a Olga y la encontré en la cocina estaba pensativa sobre lo que había sucedido me acerqué por detrás y la abracé sobando mi verga en medio de sus nalgotas.

    (Continuará…)

  • Loly, hija perversa (Parte 2)

    Loly, hija perversa (Parte 2)

    En el primer relato “Loly mi nena perversa”, había narrado la génesis de esta historia prohibida, provocada por Loly, y su exacerbada compulsión a disfrutar el sexo, como sigue siendo virgen y el complejo de Edipo, tan intenso, encontró la forma de manipular mis debilidades humanas y gestionar las estrategias hasta conseguir sus objetivos, supo aprovecharse de un momento de crisis de mi pareja para hacerme caer en la trampa de su seducción, me necesitaba para que fuera su primer hombre, quien la haga sentir mujer, el elegido para romper la flor de su virginidad, su primer momento de placer único e irrepetible.

    La promesa de que sería solo esa vez, quedó sólo en promesa, esa primera vez culpamos al exceso de cerveza y la abstinencia forzada de sexo. Ahora quería más y no hubo forma de esquivar y evitar todas las artimañas de insinuación y acoso, demostró pasión y tenacidad hasta conseguir sus propósitos.

    Demasiado tarde para lágrimas, el placer erótico superó el tabú de una relación incestuosa, la satisfacción del disfrute de su sexo, lavó el sentimiento de culpa transformando lo prohibido tan solo en permisivo. Con esas prevenciones llegamos al punto de no poder gambetear por más tiempo la perentoria amenaza de que volviera a tener sexo con ella, que no le bastó esa única vez, su voluntad y tenacidad me obligó a complacerla.

    Se había convertido en manipuladora, me exigía tener sexo, al mismo tiempo de sus exigencias la madre se había puesto como en estado de alerta, como si hubiera descubierto algún rastro, durante un tiempo no le perdía pisada. La muchacha no perdía oportunidad de insistir, urgiendo una satisfacción, el desvirgue no había sido suficiente para sentirse mujer plena, solo el comienzo.

    Siempre encontraba un momento a solas para acosarme con el mismo propósito: Coger. En un par de oportunidades zafamos de la vigilante madre, solo nos dio tiempo para meterle mano y una mamada furtiva en dos oportunidades, en la tercera la forcé sosteniendo la cabeza con la verga bien dentro hasta venirme dentro de su boca, así aprendió a saborear el semen, dijo: – Saladito, pero no sabe mal la lechita de mi papito. Me gustó que me forzaras, me la voy a tomar siempre.

    Pero eso no le bastó, quería más, no cejó en acosarme y hasta amenazarme con que si no era yo se haría coger por cualquier tipo. Sus métodos eran contundentes, sabía manipular, celarme respecto de las atenciones que tenía con su madre, llegó hasta fingir pláticas telefónicas, haciendo insinuaciones con algún ignoto amante, todo fue llevando la situación hasta límites imposibles, los celos y las amenazas de entregarse a cualquiera hizo mella en mi resistencia, sin contar la forma cada vez más atrevida de insinuarse.

    Había adoptado el método de exhibirme su sex-appeal y maestría en erotismo, todo en ella destilaba osadía y atrevimiento, desde andar sin ropa interior hasta mostrarme su desnudez en cada rincón de la casa, jugar al erotismo durante la comida familiar, “caérsele” el cubierto y pedir que se lo levante para que vea sus piernas abiertas sin bombacha, jugar con su pies descalzo frotando mi pene, meterse el dedo en la conchita y dármelo a lamer ese dedo simulando que probara si “su salsa estaba bien”.

    Cada vez se me hacía más difícil sustraerme a la perversión de sus juegos eróticos, su trampa había surtido efecto, me tenía enredado en su telaraña de seducción y deseo.

    En esa ocasión que llevé a su madre a realizar un trámite, me llamó al celular diciendo que vuelva de inmediato para tener sexo con ella, caso contrario llamaría al primer amigo que encuentre para cogérselo, así de contundente, así de autoritaria. Fingí estar hablando con un empleado, hablando fuerte para que mi esposa escuchara, manifestaba que estaría de inmediato para ver el desperfecto, esa fue lo que le decía para responder a sus exigencias y entendiera que estaría de inmediato con ella.

    Armé la excusa de qué debía volverme por la urgencia del llamado, y para evitar que se apareciera de improviso en la casa y pudiera pescarnos infraganti, me aseguré que me espere, que tan pronto me desocupe pasaba a buscarla, de ese modo me garantizada tener un tiempo para calmar los deseos de Loly.

    Tan pronto abrí la puerta me recibió solo con un babidoll, bien cortito y transparente.

    – Papi, te estábamos esperando. –dijo mostrándome la conchita, separaba los labios con los dedos

    Sin darme tiempo a nada mientras me descalzo, ella me saca el pantalón y bóxer en un solo movimiento, enlazado sin soltarme la verga me lanzó sobre el sofá, se sentó encima y monto. La sostuve de las nalgas mientras se abría los labios de la vulva, dejarse caer hasta penetrarla hasta el fondo. Aún despacio acusó la dilatación del grosor de la poronga, abriendo paso en la estrechez de sus carnes.

    Se aferra del respaldo del sofá para cabalgarme, me llené las manos con sus nalgas, urgiéndole que por esta vez no me pida que haga demorara mucho, cuestión de poder retornar a buscar a su madre y no despertar más sospechas. El ritmo se tornó violento y compulsivo, los movimientos con la urgencia y contundencia de una penetración que la hacía estremecer, cada descenso era sentir tocarle el fondo de su mar interior, sujetarla de la cintura para empalarla más allá de la posibilidad anatómica, elevarla en mis manos y dejarla caer. Este acto no estaba exento de vehemencia exagerada, hacerle sentir el rigor de la penetración para que sienta en carne propia quien lleva el mando.

    No es fácil de arrear, redobló la apuesta, fue por más, comenzó a tomarse del respaldo del sofá, elevarse hasta dejar el glande en la puerta de la vulva e impulsarse hasta que le llegue al fondo del útero, repetir la hazaña de dejarse empalar olvidando la desarmonía con el grosor de la verga, nada le importa, entendía sintiendo el rigor de su macho agradecía mis atenciones.

    La cabalgata fue una relación épica, digna de una sesión de porno salvaje, montando como una potra desbocada, dejándose abrir toda, haciendo breves pausas para darme a beber sus “limoncitos” exprimiendo en la oferta de succionar los pezones, retenerlos entre los dientes, embriagarme con el placer de la suave rugosidad, volver a galopar en una carrera desbocada hasta ese orgasmo que me había prometido conseguirle.

    Los primeros estremecimientos producían pausas, retomaba el ritmo y otra contracción la detenía, cada vez más seguido hasta que los estremecimientos subieron de tono e intensidad. De improviso, detuvo los movimientos, paralizada, la espalda recta, cabeza echada hacia atrás, boca abierta, respiración entrecortada, los ojos mirando al vacío, el pecho erguido, encogida de hombros. Toda ella había entrada en un estado de suspensión de los sentidos, en estado de trance, que me hizo pensar en un desmayo.

    El lapso que demoró el estado de éxtasis fue el prólogo de un gemido y expiración, la sonrisa trajo alivio y encendió de luz su rostro ruborizado y turbado por la magia benefactora del orgasmo. Sin decir palabra, comenzó a moverse, agitándose, volviendo a cabalgar con pausas para volver a retomar el ritmo, así durante no sé cuántas veces.

    Durante las pausas aprovechaba para elevar la pelvis y quedarme bien incrustado, acompañar sus revoluciones en el subibaja. Agotada en las convulsiones internas retornó la calma, dejarse estar, tumbada sobre mi cuerpo, reposa la cabeza apoyada en mi hombro. Su pecho agitado, pegados, el sudor fundía nuestra piel, sus latidos repercutían en mi pecho como un llamado a la contención.

    Nos habíamos convertido en una metáfora del erotismo, conectados en un mismo deseo, contenidos en un mismo objetivo: La pasión por el sexo.

    Separada de mi pecho, ensartada, mirándome, sin palabras, todo había sido dicho por su cuerpo, porfiando por llegar al orgasmo conseguido por su propio esfuerzo, también descubrir esa capacidad, no tan común de tener más de un orgasmo.

    – Gracias papi!! fue delicioso, muy delicioso. Y ahora es tu turno de venirte, pero no podes hacerlo dentro, no, en esta fecha.

    – No hay problema, cuando este por venirme te la saco y te la doy en la boquita.

    Sin haberse salido de mi verga, comenzamos a movernos, colaboraba en buscar mi eyaculación. La posición no me permitía muchas variantes en la penetración demorando la eyaculación, necesitaba acción y empujar con más vehemencia, estábamos al límite del tiempo, necesitaba cambiar de posición.

    Levantó las piernas para desmontar, la pija salió con los vestigios de sangre, obviamente esta profunda y contundente penetración provocó la destrucción de los restos del himen maltrecho durante la desfloración previa. Arrodillada en el sofá, tomada del respaldo, se ofreció para ser tomada desde atrás en la plenitud de la entrega.

    Limpié los restos sanguíneos y el exceso de lubricación, necesitaba sentir a pleno el rigor de la estrechez vaginal. Entré en ella, empujando, despacio pero sin pausa, hasta llegar al fondo, agarrado a sus caderas comencé a impulsarme dentro de Loly, bombeando con renovados bríos, ardor y calentura increíble, lástima no disponer de más tiempo para un disfrute óptimo.

    El vaivén de la penetración, intensa, la calentura es realmente alucinante, ver esas carnitas vírgenes y tan blancas, alucino de solo pensar de este instante de gloria, ese culito ahí esperándome, ni pensar en otra cosa que no fuera un acto sexual de calidad Premium, el culo me tienta como nada en el mundo.

    – No te olvides que no podes venirte dentro

    – No, vendré en tu conchita, tranqui, te la doy en la boquita.

    Había mencionado que no utiliza ninguna protección, sobre la espalda o la boca es lugar indicado, pero… haciéndolo en la posición de perrito, el ano se presenta como la tentación para una acabada lujuriosa.

    La forma compulsiva de forzarme a tener sexo estaba latente, el hermoso ano, cerradito y lampiño la invitación perfecta, el grosor del miembro sería el obstáculo, tomarlo por asalto era la única y válida opción, la sorpresa mi estrategia. Tomarlo por asalto sería hacer justicia, darle una lección, haciéndole sentir quien manda, revancha? Sí, la lujuria fue sabia consejera.

    Sin pensarlo dos veces, masajearle el ano con el pulgar ensalivado, el primer reflejo fue de temor, fruncirlo, sospecha, inquieta, tal vez imaginó mis intenciones, me urge acortar los tiempos, sacarla de la vagina y “puertear” el hoyo, apoyando la cabeza en el centro del esfínter.

    Al primer empujón, intentó resistirse, rebelarse, moviéndose con intención de zafar, sujeté con fuerza de las caderas, segundo intento, un par de palmadas, más sonoras que dolorosas, la hicieron olvidar el intento de salirse.

    Seguía presionando, sin lastimarla pero poco éxito, un poco de su flujo vaginal y saliva lubricaron la entrada para el segundo intento, otro par de palmadas distrajeron su atención, aflojando la tensión del esfínter anal, de un solo envión le mandé la cabeza dentro. El grito de dolor y sorpresa fue el intento por escaparse, tomada de los hombros con fuerza evitaron sacarme de la posición dominante, un segundo envión y tenía la mitad dentro.

    – Ay, papi! me dueeele, me duele. Sacala, está muy gorda, me dueeeleee

    Con el final del “me dueeeleee” y sobre todo la gestualidad, una mezcla de molestia y malicioso sarcasmo, sacó de mí toda la perversión, dispuesto a romperle el culo a toda costa, en un arranque furibundo le llegué al fondo, se la enterré toda, me quedé quietecito, susurrando ser todo lo cuidadoso que necesitaba, que solo sería un momento, que me vendría enseguida, que lo disfrutaría.

    Accedería a bajarle la luna si me lo pedía, todo para que me permita coger este magnífico y estrecho culito, por nada del mundo abandonaría el privilegio de desvirgarlo, ya no importaba quien era, solo importaba ese momento de placer que estaba disfrutando como nunca.

    Seguía quejándose, pero entendía las razones de su macho le impone. La estrechez del ano y la fricción en el vaivén del miembro era una sensación que excede todos los calificativos para definir el placer de hacerle el culito virgen.

    La sentía cada vez más dura, más ajustada, estímulos válidos y suficientes para no permitirme demorar por mucho más tiempo el momento de la magia masculina, eyacular. Su culito recibió la inyección de mi leche, caliente y potente, vertida dentro de este culito que me ofrenda su virginidad.

    Los gritos de ella decían de la intensidad y potencia de la intrusión, más aún cuando sintió los chorros de semen expulsados por la poronga en épica sodomización, los bufidos de este hombre no fueron menos expresivos, con la eyaculación estaba creando una nueva mujer.

    Fueron momentos breves en tiempo pero prolongados en sensaciones, cuando me salí de su estuche anal, diría que sentí como quien descorcha una botella de espumante, por lo ajustado de la poronga en la estrechez del esfínter.

    Salí de su culito, las piernas temblando, por la tensión puesta en la ejecución del sexo anal, ella quedó estática, sin moverse, solo un tiempo más tarde juntó fuerzas para sentarse en el sofá. Sentada con las piernas abiertas, nuevamente gotitas de sangre asoman de la vagina, otras viscosas y blanquecinas del orificio anal.

    La sostuve para llegar al bidé, un baño de asiento en agua tibia calmó en parte el lacerante ardor del desvirgado esfínter. Acompañé hasta que se calmaron sus molestosos latidos del ano, la dejé rumiando su malestar en la cama y volví a buscar a la madre.

    En el camino me envió un whatsapp: “Papi me duele, siento como me late el culito. Ahora tendrás que hacer méritos para que vuelvas a metérsela por ahí a tu nenita. Me gustó, pero me sigue doliendo, hombre malo” Continuará…

    Loly y el Lobo Feroz esperan conocer tu opinión, en [email protected].

    Lobo Feroz