Autor: admin

  • Nuestra amiga argentina y la chica que limpia

    Nuestra amiga argentina y la chica que limpia

    Antes de nada les digo, jamás, en serio jamás, pensé que iba hacer lo que hice, creo que en parte es porque me voy a mudar, si no me va a terminar cogiendo hasta el que reparte el diario jeje.

    Voy a comprar puchos y cuando vuelvo me encuentro con Ana (la chica que limpia en un departamento de acá, ya hablé de ella), y me dice algo así como “chetita linda, mis patrones no están a la tarde, venite a las 14,30 hs., no te vas a arrepentir”, no le conteste nada y fui a casa.

    Me quede pensando en lo que me dijo, que locura acostarme con la chica que limpia ¡en el 2º piso!, pero no sé, lo pensaba, y hago lo de siempre, ¡que boluda!, sin estar segura de lo que iba a hacer, empiezo a cambiarme, me pongo una pollerita de jean, bien cortita, zapatillas y una remera cortita sin corpiño, me empieza a dar esa adrenalina de no saber qué hacer, me decía ¿voy?, o ¿me quedo con las ganas?, me calentaba la idea de ir, pero sabía que era una locura, al final como siempre, sin pensarlo, baje al 2º y le toque la puerta de servicio, y cuando abrió la puerta pensé, ya está, es tarde para arrepentirme.

    Ana estaba con esos delantales y ropa interior, nada más, me abre me agarra de la mano y me lleva a la habitación de servicio, me dice “yo sabía chetita que ibas a querer ver cómo te cogía esta negrita, vas a ver que lo que es que te coja una mujer”, y me empuja a la cama, caigo sentada, ¡no lo podía creer!, me quería dominar ¡más que un hombre! ¿Qué hacía yo ahí?, y le digo, que no, que me deje ir, que me perdone, que no sé porque baje, su respuesta fue sacarse el delantal y zambullirse arriba mío.

    Me besa, me parte la boca, y me empieza a tocar otra vez mis tetas, ya era tarde para irme, mi cuerpito demostraba que eso le gustaba, casi inconscientemente, empiezo a mover las piernas, las cruzaba con las de ella, quería sentir su piel, que me sintiera, me saca la pollerita y la tanga y se entierra en mi conchita, me la besa, muy suave, eran casi caricias, que me ponían reloca, yo le empujaba la cabeza para que lo hiciera con más fuerza, pero no, me dejaba con las ganas y mi calentura aumentaba ¡cada vez más!

    Siguió así, me empieza a meter los dedos, despacio, yo ya estaba toda mojada, ¡quería acabar! Y me decía “chetita ¿te gusta cómo te cojo?” y yo le decía que si que me gustaba, que me hiciera acabar, ¡por favor!, y me seguía besando yo me amasaba mis tetas.

    Y me dice, “si querés que te haga acabar pedime que te coja” cógeme, por favor cógeme, casi le suplicaba, mi calentura era infernal, ya no daba más de sentir como me besaba, me acariciaba, ¡me tocaba toda!, entonces se para ¿y saben q hace? Saca un cinturonga y ¡se lo pone! Y me dice “putita, ahora pedime que te coja” yo sabía que era una locura lo que hacía, pero no me importaba, ¿cómo llegue a esto?, tampoco me importaba, me humillaba más que un hombre, tampoco me importaba, y le digo si, cógeme por favor ¡cógeme!

    Me lleva al borde de la cama, levanto mis piernas y me lo empieza a poner, de a poco, grito, le digo despacio (era muy grande, ¡en serio!) y me dice ”aguanta chetita, te dije que te iba a coger como nadie”, y yo gemía gritaba temblaba, no la podía detener, y me empieza a poner toda esa enorme pija de goma que me dolió y me partió la concha ¡en dos!

    Una vez ya adentro, y más dilatada, empieza a bombear, hasta que empieza a ponerme reloca y logra robarme mi primer orgasmo, grite ¡como una hija de puta!

    Se acuesta y me dice que me ponga arriba, le hago caso, y de a poco me la empiezo a meter, me dolió menos esta vez y empiezo a saltar sobre esa pija, mientras ella me tocaba las tetas, me inclino sobre ella y nos besamos, me comió la boca, me hizo acabar de nuevo.

    No sé cómo pero terminé en cuatro y me lo empieza a meter por la cola, le ruego que no, que eso no, ¡que me va a lastimar!, y no me hacía caso, y de a poco me lo fue metiendo, gritaba, gemía, temblaba, ella me tocada la cola me acariciaba la conchita las tetas, ¡era mucho placer! Me hizo acabar una vez más.

    Después se saca el cinturonga y me dice “ahora me toca a mí, vení y chúpamela putita” todo el tiempo me decía putita, no me importaba, me tiro en su concha y se la empiezo a chupar, me dice más fuerte, más fuerte, le meto la lengua se la empiezo a comer, le meto los dedos hasta que logro que estalle también ¡en un orgasmo!

    Me acuesto con ella, me siguió acariciando, hasta que me dice que me fuera, que tenía que limpiar.

    Llegue a casa y todavía no puedo creer lo que hice, que puta, ¡que calentona soy!

  • Nuestra amiga argentina y Pili, otra vez

    Nuestra amiga argentina y Pili, otra vez

    Ayer me llama Pili, me dice que está empezando a salir en serio con un chico (Mateo) pero es que como todavía no están de “novios”, obvio ya se la cogió, se lo pregunté jeje, y que me quiere presentar a un amigo de él, me pareció re buena onda, le dije que sí, pero Pili lo que me pidió es que “no haga cagadas” que con este chico quiere salir en serio.

    Medio me enojé, porque la vez que nos cogieron juntas, ¡bien que le gustó!, aparte ¿Por quién me toma?, casi la mando ¡a la mierda!, me pidió perdón, y me dijo que lo que me quería decir es que salgamos normal, que yo después hiciera lo que quisiera.

    Bueno la cosa es que me pasan a buscar, Sebas (el chico que me presentan) y Mateo, estaban re fuertes ¡los dos!, así grandotes como a mí me gustan con buena espalda, de esos, que sé que me terminan cogiendo en el aire jaja. Vamos a tomar algo por Olivos, todo buena onda, pero se empezó a llenar de gente, la música cada vez más fuerte, y Pili dice si queremos ir a su casa que los viejos estaban afuera.

    Upa, dije yo, Pili quiere fiestita, pero no, me dice que por favor, no lo busque a Sebas, que de última cada uno termina cogiendo en un cuarto con la puerta cerrada y nada más, que más que eso ella no quería.

    La cosa es que llegamos, Pili y Mateo se sientan en un sofá y yo y sebas en otro, nada, boludeamos un rato, y de repente, mateo le mete un beso a Pili y empiezan ¡a tranzar! Yo no entendía nada, y estaba mirando ¡como una boluda!, hasta que Sebas, me pone la mano en la pierna (ah, estaba vestida con una pollerita, no muy cortita pero que insinúa mucho jeje) y me da un beso, yo no solo, no me resisto, sino que le como la boca, le meto la lengua hasta la garganta jeje, y le rodeo la cabeza con mis manos, ¿me explico?, como aceptando ¡y entregándome a ese beso!

    Obvio, nos matamos con esos besos, yo tenía las piernas cruzadas, y las separé, dejando que haga lo que quiera, me las empieza a acariciar, y ya estaba subiendo bastante sus manos, estaba llegando hasta la cola, ¡y mi calentura iba en aumento!

    En la posición que yo estaba la veía a Pili y me doy cuenta que no se acordó un carajo de lo que me dijo porque Mateo ¡ya le estaba sacando la blusa!, pensé pinta fiestita jeje.

    La cosa es que yo ya estaba bastante calentita y entregada, lo dejo a Sebas que me toque la cola, ya tenía su mano en la cola y me estaba desabrochando ¡también la blusa!, le miro a Pili y ya estaba ¡casi en bolas! Mateo le estaba pegando una soberana chupada de tetas, y veía como ella gozaba, le gustaba, obvio no me iba a quedar atrás, y deje, deje que Sebas me fuera sacando la ropita, mientras él también se iba sacando la suya, hasta que quedamos los cuatro en bolas.

    Me tiro a su pija, veo que Pili hace lo mismo, y de a poquito se la empiezo a chupar, hasta que me subo arriba de su pija a cabalgarlo, me la pongo en mi conchita y empiezo a saltar arriba de él.

    A Pili mateo ya se la estaba cogiendo, pero la levanta, se la sigue cogiendo en el aire, para sentarse ¡al lado nuestro!, a las dos nos estaban cogiendo juntas y cerquita, tan cerquita, que le empiezo a dar besos a Pili, no se resistía, nos besábamos mientras nos cogían, me doy vuelta, dándole la espalda a Sebas, me seguía cogiendo, pero la tenía a Pili bien enfrente, le tocaba las tetas, estábamos los cuatro recalientes, nosotras dos, porque nos estaban cogiendo y nos tocábamos y los chicos (obvio) porque no pensaron jamás que Pili y yo nos íbamos a estar tocando, hasta que como cosa loca acabamos los cuatro juntos, fue un quilombo de gritos, gemidos, quedamos muertos, acabamos como hijos de puta.

    Pero yo seguía calentita, los chicos se levantaron, me senté al lado de Pili, la empecé a tocar, ella a mí, le toque su conchita, ella la mía, nos metimos los dedos, nos estábamos ¡masturbando! Y nos empezamos a besar, hasta que acabamos y los chicos obvio después de ver eso ya la tenían ¡parada de nuevo!

    Ahora si me porté mal jeje, no sé qué movimiento mágico hice, pero le empecé a chupar la pija, ¿saben a quién? A Mateo jeje, no sé qué cara habrá puesto Pili, pero se la empezó a chupar a Sebas (creo que Pili ayer fue la primera vez que se comió dos pijas en una misma noche jeje) otra no le quedaba, me pongo en el sillón en 4 y Mateo me empieza a coger, fuerte, seguía recaliente, me la hacía sentir ¡como una hija de puta!, y Pili estaba cogiendo pero ¡arriba de Sebas!

    Bueno la cosa es que acabo, y como a Pili la quiero hacer bien puta, me fui con ella mientras se la cogía sebas, y la empecé a besar a tocarle las tetas, la tenía recalentita, no paraba de gemir, de transpirar, ya estaba temblando, la hago inclinar bien apoyándose sobre Sebas y casi es como que nos besábamos los tres juntos y mis manitos seguían apretándole sus tetitas.

    Obvio que quedaba su colita libre, Mateo se pone atrás se la empieza a besar, y a meter un dedo, tanto era el placer de Pili que acabó, pero Sebas se la seguía cogiendo, Mateo le empieza a poner la puntita en la cola, ella dice no, que no, ¡por favor no!, que nunca había hecho eso, la beso y le digo que se deje que le va a gustar, no se… pero estaba tan caliente, que grito, porque le dolía pero se dejó, si se dejó ¡se la cogieron los dos! Fue su primera doble penetración, y acabo, a los gritos, le temblaban las piernas, el cuerpo ya no le respondía, se la podrían haber cogido hasta por la oreja ¡y se dejaba!, ¡nunca la vi así!, jeje era mi compañerita del cole, nos conocemos desde chiquitas.

    Bueno, ya era tarde, Pili me dice que si quería que me quedara a dormir, los chicos se fueron, dormí en el cuarto de Pili, pero en camas separadas, pero cuando me desperté jeje, la desperté con un beso, muy suave, muy lindo, ella media dormida me lo respondió, la empecé a besar, y bueno hicimos de todo: 69, tijera, acabamos un par de veces más. Desayunamos juntitas, y me decía que yo soy su perdición, que conmigo, fue la primera vez que estuvo con una mujer, que fue la primera vez que cogió junto con otra pareja (por lo de la otra vez y esta) y que le hicieron la cola y ¡doble penetración! Pero esta vez empezó ella ¿o no?

  • La prima de mi padre, virgen y cuarentona

    La prima de mi padre, virgen y cuarentona

    El sol daba fuerte. Los escarabajos y sus larvas habían acabado con las hojas de las patatas. El azadón entraba en la tierra levantando un polvo que secaba la garganta. Mucha, con una pañoleta en la cabeza, y sudada, levantó los brazos de su vestido de asas para echar un trago de vino tinto de la bota. Vi el negro vello de sus sobacos y mi verga reaccionó levantando la cabeza. Le quitó el pitorro. Bebió. Por la comisura de sus labios cayó el vino tinto, bajó por su canalillo y se perdió entre sus grandes tetas. Limpió la boca con el dorso de su mano derecha y después me pasó la bota. Yo, con una visera protegiendo mi cabeza del sol y con mi torso moreno y musculado al descubierto, bebí, le devolví la bota y seguimos sacando patatas mientras petirrojos, gorriones, verderones, palomas, mirlos, y otras aves se hartaban de comer bichos. De cada pie sacábamos más de dos kilos de patatas. Eran patatas grandes, muy grandes. Daba gusto recogerlas.

    Mucha era una solterona de 44 años y era prima carnal de mi padre. Decían las viejas de ella que le gustaban los coños más que el chocolate. Era una mujer morena, alta, fuerte, de pelo largo, recogido en una coleta, de ojos negros y labios a la Jolie. Era guapa y con todo más que bien puesto. Buen culo, espectaculares tetas y anchas caderas.

    Yo tenía 18 años, y tenía vacaciones. Levantando aquellas patatas me ganaba unos dineros para salir el fin de semana.

    Cuando estaba sacando patatas detrás de Mucha mis ojos no se apartaban de su tremendo culo y cuando estábamos frente a frente del canalillo de sus enormes tetas. Ella sabía que le miraba para las tetas y no me decía nada, al contrario, echaba vistazos al bulto de mi pantalón y a mis pectorales. Llevé media tarde con la verga morcillona, y es que a veces, cuando me miraba al paquete, me parecía que estaba deseando meterme mano, y no creo que esta impresión la causara las ganas que tenía yo de meter mi mano entre sus piernas.

    Me preguntó por los estudios. Me habló de lo gamberro que fuera cuando era niño. Me habló de todo menos de lo que yo quería que me hablase, de chicas.

    A las seis de la tarde paramos para merendar. Puso un mantel sobre la hierba de un pequeño campo que había cerca de la huerta, al lado de una gran roca y bajo un roble. De la cesta sacó el pollo frito, un garrafón de vino tinto de cinco litros, con el que nos lavamos las manos, y el pan… Comiendo, le pregunté:

    -¿Por qué no tiene novio con lo guapa que es?

    Me sonrió, y me respondió:

    -¿Crees que soy guapa?

    -Mucho. Por eso no me cuadra que esté sola.

    -Mejor sola que mal acompañada. -su rostro se puso serio- La vida puede ser muy jodida si una persona está mal acompañada.

    -¿Puedo hacerle una pregunta delicada?

    -Puedes.

    -¿Son verdad esos rumores de que le gustan las jovencitas?

    Volvió a sonreír.

    -Esa no es una pregunta delicada, es una pregunta indiscreta, y viniendo de quien viene…

    -¿Qué quiere decir con eso?

    -Digamos que sé que tienes mucho peligro.

    -¿No le gustan los rumores que corren sobre mí por la aldea?

    Se echó un trago largo del vino del garrafón, y después me dijo:

    -No son rumores, Quique, son verdades. Lo que no entiendo es porque te da igual follar a una vieja que a una chica de tu edad.

    -Las dos tienen el chocho cerrado.

    -¡¿Y no haces distinciones?!

    -No, yo lo mismo le hago el favor a una vieja como se lo hago a una chavala. Todo es comer y meter. Todo es disfrutar.

    -Visto de esa modo…

    -¿Cuantas mujeres le hablaron mal de mí?

    -Ninguna, todas me hablaron maravillas de tus… habilidades.

    -¿Y aun así me contrató para levantar las patatas sabiendo que podría intentar levantarla a usted?

    Se echó a reír.

    -Peso mucho, calamidad.

    Ya metido en harina, tonto sería si no intentase comerme aquel bollito.

    -Al calamidad le encantaría comérsela al acabar la jornada. ¿Qué dice?

    Mucha estaba hablando conmigo como si lo estuviera haciendo con una amiga íntima. Se echó otro trago largo del vino del garrafón. Trabajaba como un hombre y bebía como tal. Me preguntó:

    -¿Comerme qué? -comió un trozo de pollo-. ¿La boca? -pasó la lengua por los labios- ¿O es otra cosa lo que me quieres comer, picarón?

    -La boca, también, es la más apetitosa que he visto, y las tetas, pero me refería al coño.

    No me cayó la hostia que esperaba.

    -¿Pero tú te oyes? -su boca dibujó una sonrisa- Me tratas de usted y hablas de comerme la boca, las tetas y el coño.

    -Joder, es que beber de ti debe ser mejor que beber de un manantial de miel, y comerte la boca, las tetas y después montarte… bueno, montarte ya debe ser mejor que montar en una moto grande.

    -¿Te gustan las motos grandes?

    -Mas que muchas mujeres, pero menos que tú.

    -Eres de lo que no hay.

    -Y tú eres única. La más hermosa de la aldea, del pueblo… Ver tu cara cuando te corres debe ser como ver correrse a una diosa.

    Me cortó.

    -¡¡Ya está bien!! ¿Piensas que soy una cualquiera?

    -No, pero no me culparás por intentar seducirte.

    -No, no te culpo, si piensas que estoy tan buena, como te voy a culpar, gamberrazo. -se le estremeció el cuerpo. ¡Hostias, creo que el vino me va a hacer más efecto del que esperaba!

    Sus palabras y su sonrisa me ayudaron a seguir, además, si no le gustara lo que le estaba diciendo ya me hubiera puesto la cara del revés.

    -Cuando acabemos de recoger las patatas, si te animas, tengo condones. Nunca salgo de casa sin ellos.

    -Calla ya, calla ya o te mando para casa sin cobrar.

    Me había frenado en seco.

    -Perdone. En el fondo sabía que era demasiada mujer para mí.

    -¡Ay, Quique, Quique! De usted, de tú, de usted otra vez, de lanzado a cagado…

    Me mosqueé. ¡A la mierda el jornal

    -¡¡De cagado nada!! ¡Si te pillo te corres tres veces o no te corres ninguna!

    Mucha, rompió a reír.

    -Va a ser que no me voy a correr ninguna.

    Media hora más tarde, levantando patatas, volvió la curiosa.

    -¿Cuántas fueron, Quique?

    Ahora el que se hacía el tonto era yo.

    -¿Cuántas qué?

    -Mujeres casadas.

    -Tengo memoria de pez.

    -¿Y chavalas?

    -Los peces no tenemos memoria.

    -Eso te honra, pero yo ya sé de tres, una vieja y dos casadas, y las tres se corrieron tres veces.

    Me lancé al vacío.

    -Si quieres echar un polvo no tienes más que decirlo. Al acabar de recoger las patatas te puedo poner mirando para Cuenca tres o cuatro veces.

    Mucha sabía de sobras lo que significaba lo de Cuenca, pero me preguntó:

    -¿Y eso qué es?

    -Es dejarte los ojos como te quedan después de hacerte un dedo, uno mirando para un lado y el otro mirando para el otro.

    -Yo no me hago dedos.

    Me hice el enfadado.

    -¡Puta manía tenéis las mujeres de negar que os la rascáis cuando os pica!

    Me reprendió.

    -¡Habla bien!

    -Pues no faltes a la verdad, que todas las que me dijeron lo que me acabas de decir después acabaron tocándose mientras las follaba.

    -¿Cuántas?

    -No me acuerdo. ¿Qué ganarías con saberlo?

    -Nada, es simple curiosidad.

    -Pues por mí no vas a saber nada.

    -¡Cabezón!

    -Sí, lo tengo cabezón, gordo y largo.

    -Lo sé. ¿Cuántas?

    Se lo iba a decir para que dejase de marearme.

    -Quince. Dos viejas, seis casadas y siete chavalas. ¿Contenta?

    -Si me dieras los nombres…

    -¿Me dejaría follar contigo?

    -No, pero…

    -Ni pero ni perola, ni comiéndote el coño ni chupándome la pirola. No te voy a dar nombres. ¿Quieres que me vaya?

    -No, te necesito… para recoger las patatas.

    -Una última pregunta, Mucha. ¿Es verdad que te acostaste con mi tía Camila?

    Se puso colorada.

    -¡¿A quién le oíste eso?!

    -A mi padre un día que estaba riñendo con ella.

    -Prefiero no hablar de eso.

    -Entonces es que fue verdad.

    -Coño, Quique, que es tu tía. Hay cosas que es mejor no saberlas.

    -Un poco tarde para eso. ¿Estabais enamoradas cuando lo hicisteis?

    Mucha, cedió.

    -No, fue para experimentar, pero tu tía aún no estaba casada, ni siquiera tenía novio. Mi primo es un hijo puta por recordarle cosas que pasaron hace un porrón de años. ¿A qué no dice que a él lo mismo le iba la carne que el pescado?

    -¡¿A mi padre le gustan los hombres?¡

    -Ahora no sé, pero hace 20 años, de soltero, dio por culo y le dieron.

    -¡Joder! Ya sé de donde me viene el instinto.

    -¡¿También te gusta dar por culo?!

    -Sí, pero a las mujeres.

    Volvió a sonreír.

    -Y a algún jovencito también le darías.

    -A uno, sólo a uno.

    -Una mujer pagaría por ver eso. Dos caramelitos comiéndose vivios. ¡Ummm!

    -¿Pagaría, eh? Ahora entiendo porque la hermana se masturbó viendo como nos besábamos, como nos la chupábamos y como nos dimos por culo.

    A Mucha le gustó lo que acababa de oír.

    -¡Cooooño! ¿Se corrió la mirona?

    -Cómo una fuente.

    -¿Quiénes eran él y ella?

    -¿Cuántas veces te tendré que decir que tengo memoria de pez?

    -Acabarás contándome todo lo que quiera saber.

    Tuve el presentimiento de que contratarme para levantar las patatas era una excusa para acabar follando conmigo. Había que esperar acontecimientos.

    A las nueve, con todas las patatas recogidas, llegó el señor Pedro con su carro de bueyes. Cargamos y nos fuimos para casa de Mucha. Dejamos los sacos de patatas en el altillo. Pedro, se fue. Estábamos en la cocina y como Mucha me iba a pagar y no me entraba, le entré yo a ella.

    -¿Quieres pagarme la mitad del jornal?

    -¿Quieres comprar patatas con la otra mitad?

    -Quiero verte desnuda y darte una ducha con una regadera.

    Se hizo la ofendida.

    -¡¿Te piensas que soy una puta barata?!

    -Perdona, pero es que me muero por comerte el coño.

    Se quedó mirándome, y después, me dijo:

    -¡Vas a piñón fijo, sinvergüenza!

    -Voy, pero tengo…

    No me dejó acabar la frase.

    -¿Tienes ganas de follar conmigo?

    -Muchas, pero quería decir que tengo vergüenza, sólo que acostumbro a dejarla en casa cuando salgo de ella con la idea de follar.

    -¡¿Ya te levantaste con esa idea?!

    -Sí, y al despertar me hice una paja pensando en ti.

    -¡¿Te corriste pensando en mí?!

    -Y eché leche por un tubo.

    -¿Entre mis tetas?

    -En tu boca.

    Se le escapó una sonrisa.

    -Estás intentando calentarme, ¿a qué sí?

    No podía negar lo obvio.

    -¿Lo estoy consiguiendo?

    -¡Eres tan joven!

    -¡Y tú estás tan cachonda!

    Ya la tenía en el bote.

    -¿Y si te diese yo a ti la ducha?

    Iba a mojar, fijo.

    -¿Me desnudo ya?

    -Desnuda. Yo voy a buscar la regadera.

    Cuando Mucha volvió con la regadera llena de agua en una mano, una tina en la otra y me vio desnudo, vio el cuerpo de un joven de 18 años, musculado y empalmado. Sus ojos brillaron al decir:

    -¡Desnudo eres más hermoso de lo que dicen! ¡¡Y vaya tralla tienes ahí!!

    Sus palabras hincharon mi pecho.

    -¿Quieres chuparla, preciosa?

    Se puso colorada como si fuese una jovencita que oyera su primer piropo.

    -¡Ay que me llamó!

    -Te llamé por tu verdadero nombre. Repito. ¿Quieres chuparla, preciosa?

    -No, y me encantaría hacerlo, pero sería peligrosa como una víbora si me llegase a calentar demasiado.

    -Ya te dije que tengo condones, guapísima.

    -Los condones se rompen. Métete en la tina. ¡Y deja de adularme!

    Me metí en la tina. Me echó agua sobre la cabeza. Cogió el jabón de la Toja y lo pasó por mi cuello, por mi espalda, por mi pecho… Froté mis costillas y mis axilas, las pelotas… después de enjabonarme, me volvió a echar agua, me volví a frotar y me quité el jabón. Luego cogí la verga y empecé a menearla.

    -Úntamela con jabón, reina.

    -¿Reina?

    -Reina, princesa… hoy serás lo que tu quieras ser.

    Mucha, tímidamente, me enjabonó la verga. Luego su mano la cogió y me masturbó. Su boca buscó mi boca. Le planté un beso en los labios de su cara sucia. Ella seguía pelándomela. Le bajé la cremallera del vestido. El vestido, sucio, cayó al piso. Se quedó en sostén y bragas, que de su blanco original pasaran a color marrón con el polvo que tenían. Sus sobacos olían a sudor, era un olor fuerte, como a rancio. Esto hizo que mi verga latiese y que ella lo notase en su mano. Dejó de masturbarme. Se quitó el sujetador y las bragas, ¡Menudas tetas se gastaba, grandes y con areolas negras, inmensas, y con unos pezones que parecían puntas de lanza. Su coño estaba rodeado por una selva negra. Agarré las tetas y las mamé con lujuria… La mujerona, gemía. Estaba a punto de correrse y aún no le hiciera nada. Me agaché. Su coño peludo y mojado olía a bacalao. Con mi boca al lado de él, le pregunté:

    -¿Te quieres correr, cielo?

    Susurró:

    -Sííí, vida mía.

    Después de jugar un par de minutos mi lengua en su coño empapado empezaron a temblarle las piernas y desbordó. Una pequeña cascada de flujo salió de su vagina. Cogió mi cara con las dos manos, me miró a los ojos, y estremeciéndose, me dijo:

    -¡¡Bebe, cariño mío, bebe de mí!!

    Bebí el jugo que pude, el resto fue a parar al piso de madera de la cocina.

    Cuando acabó de correrse, me incorporé, le eché las manos al cuello, -me quitaba una cabeza- bajó la cabeza, la besé, y después le pregunté.

    -¿Siempre echas tanto jugo cuando te corres, princesa?

    Ya le gustaba que la adulase.

    -Es el jugo acumulado de un mes, -se soltó el pelo- Hacía un mes que no me tocaba.

    Al final era como todas, al picarle, la rascaba. Hice como que no oyera lo de la paja.

    -¿Es la primera vez que te corres con un hombre, cariño?

    -Sí, es la primera vez que me corro con un hombre. ¿Por qué me dices cosas dulces?

    -Mientras estoy con una mujer, es mi cielo, es mi amor… Me da igual que tenga 18 o 60 años.

    La explicación le gustó.

    -También es la primera vez que me besa un hombre. Fuiste el primero en todo.

    Sabía que no estaba mintiendo. Paula, una mujer casada de 20 años, muy guapa, que había comido más coños y pollas que sardinas en conserva, mientras me enseñaba a comer coños, me había dicho que Mucha era lesbiana y que tenía uno de los coños más jugosos que comiera. Sabiendo esto, le pregunté:

    -¿Aún eres virgen, bomboncito?

    -Sí. ¿Cómo se hace una mamada, Quique?

    -Cógela y menéala como estabas haciendo antes, palomita.

    Se puso en cuclillas, cogió la polla y empezó a menearla.

    -Lame desde las pelotas hasta la cabeza. -lamió repetidas veces- Pasa la punta de la lengua por el agujero. -la pasó y se bebió la aguadilla- Chupa la cabeza… Sacude y chupa, sacude y chupa…

    Al rato, le dije:

    -¿Te gusta la leche, hermosísima?

    Mucha estaba tan cachonda que quitó la fiera que había en ella.

    -¡Insúltame, maricón de playa!

    Corriéndome en su boca, le dije:

    -¡¿Te gusta la leche, hija de la gran puta?!

    No me contestó, estaba demasiado ocupada tragando el semen de mi corrida.

    Acabó de tragar, se levantó, y me dijo:

    -Tienes la leche más rica que he probado, lame coños.

    -¡Y tú eres la ramera más grande que me he encontrado!

    -Sígueme, pichabrava.

    Desnudos, fuimos a la bodega. Yo iba detrás de ella con la verga colgando. Mirando para sus grandes y duras nalgas, que iban de un lado al otro, din, don, din, don… en los 20 o 25 metros que había hasta la bodega, la verga se me puso gorda y a media asta. En la bodega, Mucha, le quitó el tapón de corcho de arriba a uno de los tres barriles que allí había. Metió una goma dentro, chupó, y cuando el vino llegó a su boca, lo tragó. Dobló la goma para que no saliese, me la dio y me dijo:

    -Báñame, cabrón.

    Con el tiempo sabría que era una fantasía que tenía desde jovencita.

    -¿Quieres que te bañe en vino, apestosa?

    Mucha, ya estaba a mil.

    -Sí, quiero que me bañes en vino, puto, ¡puto, que no eres más que un puto!

    Puse la goma sobre su cabeza. El vino rosado, que olía a fresa, comenzó a bajar por su cuerpo. Se agachó buscando mi boca. Echó la lengua fuera, yo eché la mía y puse la goma entre ellas… Bebimos. Nos besamos. Yo le comí las tetas y ella me chupó las tetillas, Volví a echar vino sobre su cabeza. Frotó todo el cuerpo, desde el cuello hasta los pies. Con el vino se quitó la suciedad de todo el cuerpo. Al acabar de lavarse, eché vino sobre mi cabeza y en mi polla. ¡La hostia como me escocían la verga y las pelotas! Su coño debía estar ardiendo. Doblé la goma para que dejase de echar vino y se la di. Me agaché y le comí el coño. Agradeció con gemidos sentir el frescor de mi lengua en él. Al ratito, sacó la goma del barril, apoyó sus manos en él, abrió las piernas, y me dijo:

    -¡¡Métemela en el culo, maricón!!

    Le magreé las tetas y le apreté los pezones… lamí su espina dorsal de arriba abajo hasta llegar al culo. Allí estuve más de quince minutos jugando con mi lengua y mis dedos en su periné, en su ojete, en su coño y nalgueándola. Paré cuando me dijo:

    -¡¡Clávamela en el culo de una puta vez, perro!!

    Mi verga cabezona, entró sin dificultad en su culo mientras tocaba el tambor con las palmas de mis manos en sus duras nalgas. Mucha, acarició su clítoris con dos dedos y fue metiendo mi verga en su culo empujando hacia atrás… Me folló un rato, y después me dijo:

    -¡¡Dame duro, lame culos, dame duro!

    ¡La madre que la parió! Después de darle placer, me llama lame culos. Se la clavé con fuertes arreones y toqué la batería con las palmas de mis manos en sus cachas. Le gustó, tanto le gustó, que cuando le llené el culo de leche, chilló:

    -¡¡¡Me mueeeero, alma mía, me mueeero!!!

    Suerte que vivía en las afueras, si no se hubiese enterado toda la aldea de que estaba follando.

    Después de corrernos, mirando para mi verga, flácida y colgando, Mucha, me besó, y me dijo:

    -¿No decías que tenías condones, gorrioncillo?

    Tocaba lenguaje dulce. Le seguí la corriente.

    -Tengo, cielito lindo.

    -Si me desvirgas y me haces correr sin hacerme daño te compro una moto grande de esas que valen para el monte.

    ¡Una moto grande! Si no le hiciera daño en el culo, ¡qué carallo le iba a hacer daño en el coño! De repente me di cuenta de algo. ¿Cómo podía regalarme una moto? ¿Qué le iba a decir Mucha a mi madre cuando me la regalase? Pensé que era mentira, pero yo quería follarla, y le dije:

    -Eso está hecho, corazón.

    Antes de volver a la cocina, puso el tapón de corcho en el barril, cogió una taza grande de barro que había encima de unos tablones, abrió la billa del barril, la llenó, cerró la billa y se mandó el vino rosado de un trago. La volvió a llenar y me la ofreció. No quise ser menos, la mandé de un viaje. Mi cabeza comenzó a hormiguear y me puse de un contento… ¡Qué contento me puse!

    Volvimos a la cocina. Mucha se sentó sobre la mesa. Olía a fresa. Tenía su coño a la altura de mi flácida verga. Me besó y después se echó hacia atrás. Quedó con las rodillas flexionadas y los pies en el borde de la mesa. De pie, al lado de la mesa, la masturbé acariciando su clítoris con tres dedos, lentamente. Le comí y acaricié las tetas, tomándome mi tiempo al lamer, al chupar, al mamar, al magrear… De vez en cuando, Mucha, me cogía la verga y me la meneaba al mismo tiempo que echaba la otra mano a mi nuca y llevaba mi boca a la suya para pegarme unos largos y apasionados morreos… Cuando estaba a punto de correrse, le pregunté:

    -¿Quieres correrte otra vez en mi boca, gacelita?

    -Quiero que te pongas un condón y me metas tu verga.

    No le hice caso. Comencé a comerle el coño. La punta de mi lengua se deslizó suavemente sobre el capuchón de su clítoris durante un par de minutos. El glande asomó tímidamente. Desplacé con dos dedos el capuchón hacia atrás y apareció el glande en todo su esplendor. Medía unos 4 por 4 milímetros. Lo lamí suavemente. Mucha, gemía sin parar… Al rato, se cogió las tetas, las apretó y elevó su culo unos 20 centímetros sobre la mesa. Supe que se iba a correr. Le cogí el culo con las manos, apreté mi lengua contra su clítoris y se lo lamí de abajo arriba con rapidez.

    -¡Me corro, Quique, me cooooro!

    Fue una corrida larga y dulce, muy dulce, sus gemidos eran como susurros y su cuerpo tiritó como si tuviese frío.

    Su mirada, después de haber gozado, era la mirada de una enamorada mirando a su amado. Ahora fue ella la que me aduló a mí.

    -Eres mejor amante de lo que decían. Estar contigo es como estar en otro mundo. Me encantó el modo de comérmela.

    -Y a mi me encantó que te encantara.

    Nos besamos, y entre beso y beso, volvió la curiosa.

    -¿Quiénes era el chaval y la hermana?

    -No te rindes, cariño.

    -Después de lo que hicimos juntos no debería haber secretos entre nosotros.

    -Te daré una pista. Su madre es pescantina.

    -Sólo hay una… ¡No! Si es preciosa y tiene un cuerpo perfecto, y su hermano… ¡Puuuuf! Ya tengo ganas otra vez. ¿Te la follaste?

    -Sí.

    -¿Y a la pescantina?

    -Sin comentarios.

    -¡Cabronazo afortunado!

    Le comencé a masturbar de nuevo el coño empapado.

    -Cierra los ojos y piensa en él, en ella y en la madre.

    Dicho y hecho. Mucha cerró los ojos. Echó otra vez las manos a las tetas y se comenzó a magrear. Diez o doce minutos más tarde de besos y de caricias, su respiración comenzó a acelerarse. En sus pensamientos… ¿Se la estaría comiendo a la zorrita? ¿Se la estaría comiendo a la pescantina? ¿Se la estaría chupando al mariconcito? ¿Se la estarían comiendo a ella? Le pregunté:

    -¿Quieres que vuelva a beber de ti, cielo?

    -¡Si, tigre mío, sí, sí, sí, y mil veces sí!

    La había engañado, no iba a beber de ella. Le puse la cabeza de la verga en la entrada del ojete y la moví alrededor.

    Su voz tenía tono dulce, cuando me dijo:

    -Tramposo.

    Se la metí hasta la mitad. Veía como su coño se abría y se cerraba. La metí hasta el fondo y le di por culo, le di bien dado. Dos dedos de su mano derecha se posaron en el clítoris. Le quité la mano, se la quité una y otra vez, hasta siete veces se la quité, y cada vez que se la apartaba, su coño soltaba jugo. Al rato largo le saqué la verga del culo y puse la punta en la entrada de su vagina.

    Se alarmó.

    -¡Ponte el condón!

    De un golpe de riñón le metí la cabeza.

    -¡¡Aaaay!!

    Mucha, aún era virgen.

    -¡Me vas a dejar preñada!

    Ahora iba a ser yo el que pusiera las reglas.

    -Tranquila, putona, me falta mucho para correrme, pero si quieres te la vuelvo a meter en el culo.

    La saqué un poquito y cambió de opinión.

    -Mete un poquitín más a ver qué pasa, abusón.

    Se la metí un poquito más.

    -¿Meto más?

    -Sí, sigue metiendo despacito, muy despacito.

    -¿Te gusta, zorra?

    -Sí, me gusta sentirme llena. Sigue metiendo.

    Con toda la verga dentro, Mucha, ya no se quejaba, gemía. Me abrazaba y llevaba mi boca a su boca… Casi media hora tardó en estar a punto, y cuando estuvo, la tuve sufriendo diez minutos más… Cada vez que sentía que se iba a correr, paraba de darle caña y si ella se movía para llegar, hacía amago de quitársela. Llegó un momento en que me imploró:

    -Por favor, haz que me corra, por favor, por favor, por favor, ángel mío, necesito correrme.

    Como no le hacía caso, me dijo:

    -¡¡No pares más, hijo de la gran puta, no pares más que me va a dar algo!!

    La follé sin prisa pero sin pausa, y esta vez, cuando sentí que la mujerona se iba a correr, le seguí dando canela fina. Al sentir que se corría, dijo:

    -¡Jesús, que corrida, Jesús, que corrida! ¡¡¡Me cooorro!!!

    Creí que se moría de gusto. Sus sacudidas eran peores que las de la niña del Exorcista. Sus gemidos de loca de manicomio, y sus ojos en blanco decían que estaba fuera de este mundo. Aguanté como pude. Con su último gemido, la saqué y me corrí entre sus tetas.

    Dos meses le estuve partiendo leña, ayudando en la huerta, pintando su casa, para lo que llevé el último día dos ayudantes, la hija y el hijo de la pescantina…

    A los dos meses me pagó todo el jornal junto, una flamante moto, era una Montesa king Scorpion de color rojo.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Sexo compulsivo con mi hija, primer trío

    Sexo compulsivo con mi hija, primer trío

    Porta los genes de la lujuria de su padre y los celos de su madre, la voracidad erótica compulsiva es algo que ella misma desarrolló ejercitando su sexualidad.

    De su madre aprendió la forma de manipular y acosar para conseguir sus propósitos, su cuerpo y las habilidades demostradas en el sexo las herramientas para concretarlo.

    En el capítulo anterior nos habíamos quedado en esa tarde, con poco tiempo y muchas ganas, ella me provocó y acosó de tal modo que no tuve otra salida que acceder a volver a casa para hacerle el sexo por segunda vez. No puedo venirme dentro, no utiliza ninguna protección, y haciéndolo en la posición de perrito tenía el ano en oferta. La forma compulsiva de forzarme a tener sexo estaba latente, el hermoso ano, tan cerradito y lampiño era una invitación imposible de evitar, el grosor del miembro sería un obstáculo en caso de pedirlo, tomarlo por asalto era la única y válida opción, venirme dentro el objetivo.

    Es una muchacha joven pero con la madurez mental y física para manejar con malicia esa actitud eróticamente y perversa, la experiencia anal, aún dolorosa, enriquece y estimula para otra de sus fantasías.

    El aprendizaje necesita voluntad y decisión, ella tiene de ambas y muchas, podría decirse que juntos somos dinamita, claro ella es la que enciende la mecha, el coqueteo, sus insinuaciones y provocaciones el precursor que termina por hacer detonar el deseo explosivo.

    Seducción, coqueteo y malicia son las formas sutiles de manejarse, mohines y gestos de bebota caprichosa el plus necesario para esmerilar la resistencia masculina, sobre todo cuando me dice: “no podrías negarte a los pedidos de tu nenita, recuerda que siempre soy tu nenita bien putita, solo para ti”.

    En los días siguientes seguimos teniendo relaciones con las prevenciones e incomodidad de estar bajo la vigilancia de la madre, celosa o intuyendo que sucede algo entre nosotros.

    Como era temporada de vacaciones, la madre pasaba mucho tiempo en casa, ambas circunstancias no contribuían en darnos muchas opciones, pero siempre se hacía un momento para buscarme y hacerlo a como diera lugar aún en los lugares más insólitos. Una mamada furtiva o un “rapidín” servían para mantenerla callada y armonizarle el nivel de excitación.

    Poco a poco y por influjo del acoso a que me sometía fue diluyéndose el sentido de culpa por el incesto contumaz y reiterado, dejando lugar a una moralina opend mind, bien laxa, donde solo contaba el sexo con exclusión de la relación parental. Los nombres de ambos no tenían la connotación de la relación formal, solo era la forma de nombrarnos, ella sería nena o nenita, yo su papi, para lo demás solo un hombre y una hembra entregados al sexo.

    Durante ese tiempo vacacional hubo sexo en los lugares más insólitos, en el garaje, dentro del auto, en el lavadero, sentada sobre la lavadora durante el lavado, yo de pie haciéndole sexo, con toda la adrenalina cuidando de que la madre no nos pesque haciéndolo, mucho sexo expres, pocas veces anal, la mayoría por la vagina y cuando las fechas no lo permitían ella gustosamente se tragaba el semen del papi.

    Cuando comenzó la temporada escolar y todos retomamos el ritmo habitual de actividad, se relajó la vigilancia materna, hubo más facilidades y sobre todo tiempo para que ella pudiera hacer su voluntad: tener sexo.

    Para evitarnos el riesgo de un embarazo y sin conocimiento de la madre, visitamos a un ginecólogo amigo para colocarse el diu, de ese modo hacerlo sin condón y evitarnos estar rezando cada mes por la llegada de la regla.

    Esa misma tarde, saliendo del ginecólogo aprovechamos ese par de horas libres para hacer un alto en el camino a casa, tomando un turno en un hotel para parejas, sería su primera vez en la comodidad de un hotel, bien merecido lo tenía. Por un par de semanas no estaba indicada la protección del diu, en esa ocasión hicimos el mágico 69, terminando con un final a toda orquesta, sometiéndola por segunda vez a un prolongado y exigente, sexo anal.

    Terminad de higienizarse, un par de cervezas nos dio un tiempo extra, propicio para el relax y la conversación, somos dos amantes en el post de una eufórica sesión de sexo pasional, ésta condición me había hecho reflexionar e imponer la claridad de conceptos para evitarnos problemas éticos provocados por esta relación incestuosa, tan impropia como placentera, un conflicto de conciencia.

    Contenida entre mis brazos, su cabeza reposa tranquila sobre el pecho paterno, hablando sin mirarnos, solo dejarnos fluir, insistía en hacerle entrar en razón que lo que estábamos haciendo no era bueno ni honesto.

    – Entonces no te gusta hacerlo con tu nenita?

    – No, no, nooo, no es eso…

    – Entonces es qué ya no quieres hacérmelo más.

    – Sí, sí, quiero pero… a ver cómo te explico…

    Por una vez no sabía cómo hablar, teníamos una relación con límites difusos, la pasión arrasa con las buenas intenciones, en realidad pretendía hacerle entender que podríamos seguir siempre y cuando lo que había nacido entre nosotros no se vaya fuera de control. Propuse seguir, que fuera solo sexo pasional, y no sexo emocional, solo relación física sin involucrar sentimientos, luego el silencio…

    – Sí, papi, será todo como digas, pero… te necesito, mi deseo es contigo y solo para ti.

    Sus palabras no eran las de la pendeja, era una mujer plena, tan sincera como la compulsión sexual que la domina y me contagia, pero luego ya ni sé cómo ni de qué modo se volteó, mirándome, tomó mi rostro en sus manos, miraba con la intensidad de quien está mirando la vida al borde del abismo.

    El beso en la boca era casi natural, hacerlo de ese modo abriendo los míos y buscando con su lengua llegar a la intimidad que propone un beso con el profundo contenido del erotismo emocional hizo flaquear todas mis convicciones del momento previo. Dos besos con la misma emoción cerraron el diálogo.

    Mientras nos estábamos vistiendo para dejar el lugar me volvió a coquetear, juguetona y desenfadada, retomar el contexto de la relación caliente.

    – Nenita, eres una muer que sabe lo que quiere, y cada vez me pones la vara más alta, hasta diría que… eres mucha mujer para un solo hombre.

    – Papi!! eso quiere decir que me entiendes bien, que sabes qué y cuánto te necesito. Por qué no me complaces. Qué fue eso de que soy mucha mujer para…? Sí, quiero, quiero… otro más? Solo si estás tú, no de otro modo. Tu nena quiere, quiere…

    – Sí? Te gustaría?

    – Si me gustaría qué cosa?

    – Que fuéramos más de dos?

    – Hmmm, te dije que sí, o no fui clara. Sí! Quiero, que me veas como lo hago, te excito y luego me tomas con un salvaje como cuando te amenacé con contarle a mami y volviste a casa y le rompiste el culito a tu nena. Me dolía, pero me gustó sentirte loquito, que me lo hacías castigándome por ser una nena mala, muy mala. Hmmm,

    El “hmmm” lo hacía con el gesto recurrente de fruncir la nariz “haciendo conejito” y la expresión de bebota presumida, es su forma de seducir y dominar mi voluntad, hábil manipuladora de las emociones, había desarrollado un inquietante apetito sexual.

    – Si papiiiitooo! Quierooo probar todo, el sexo contigo es lo primero, pero necesito que me lleves de la mano en la búsqueda de nuevas experiencias…

    No se volvió sobre el tema, pero había dejado clavada la espina de la propuesta inconclusa. En un par de días mi nena retomó la asignatura pendiente, su fantasía, de ser más de dos para el sexo, que estaría bueno hacer un trío, nuevamente ella toma la iniciativa, supuse por donde rumbea su alucinado deseo. Puse como condición sine qua non que el primer trío fuera trayendo a otra mujer a nuestra cama.

    Ahí surgió el primer obstáculo, cómo y con quién, sobre todo por el vínculo parental de ambos, por lo cual le propuse que buscara entre sus amigas, a condición que fuera confiable, reservada y discreta, obvio sin mencionar nunca el vínculo entre ambos.

    Esa mañana durante el desayuno me comentó que tenía la chica indicada, su compañera de colegio, que lo habían hablado y le entusiasmó la idea, solo faltaba acordar cuándo reunirnos.

    – Estás segura que no me conoce?

    – Claro, nunca vino a casa, es Giselle, seguro me escuchaste hablar, esa que alguna vez me permitiste quedarme a dormir en su casa.

    – Ah, sí, si recuerdo. Bueno si estás bien segura que es confiable… pero le explicaste que tienes un amigo para hacer cosas… y que ella quiera ser parte del trío?

    – Claro, con ella hemos tenido sexo cada vez que me quedaba a dormir en su casa, tampoco es virgen, tiene sexo con su primo. Ahora es tu turno, buscar dónde y cómo hacerte el banquete con dos pendejas… Te gusta papito? Hmmm –mohines de bebota consentida.

    Durante toda la semana estuve buscando la forma de comerme a las pendejas. Cuando la pasión puede más que la razón, la cabeza pensante es la de abajo, nos sentimos más audaces y decididos y cuando los astros están alineados es el momento de actuar y aprovechar la bonanza. Así me surgió la idea de llamar a un compinche de correrías, desconectados desde que comenzó esta locura incestuosa, le dije que tenía dos pendejas pero no tenía dónde llevarlas, ahí mismo me dijo: – Eso no es problema, tengo un “bulo” (apartamento para trampas) que puedes usar con total libertad, ya te estoy enviado la llave.

    Armado un plan arriesgado, para incentivar los deseos y perversiones más atrevidas, Giselle había tramado con su tía para que dijera que pasaría con ella toda esa noche, Loly, que se quedaría con Giselle, yo la visita a un cliente del interior. Tenemos los ingredientes para una tormenta perfecta, erótica y pasional al ciento por ciento y dos días para calentar motores esperando el gran día.

    Recogimos a Giselle, me presentó como “mi papito”, de inmediato se estableció ese feeling propio de quienes se identifican y comparten el placer del sexo y el erotismo.

    El loft de mi amigo las sorprende gratamente, amplio y luminoso, un gran espejo de cuerpo entero proponen una visión integral de la acción sobre la cama súper King size, que Loly aprovechó para salta en ella sentarse y decir:

    – Está buena, espaciosa y suave para que papi se revuelque con las dos pendejas.

    – Wowww, un jacuzzi!! –exclamó Giselle – Para que papi se bañe con las dos.

    Las primeras cervezas hicieron todo más relajado, Giselle recorrió el loft, se vino con una botella de tequila, que sirvió para iniciar el juego de bodyshot.

    – Bueno chicas, que comience el juego. Quitarse las ropas, quiero ver mucha piel.

    Mi hija tomó el centro de la escena, mostrando sus atributos juveniles en flor, alta, delgada y trigueña con reflejos rubios en su cabellos sueltos sobre el pecho, en tetas, pequeños y deliciosos limones, pezones rosados, rugosos y sabrosos como fresa madura, tanguita de hilo dental, brevísimo triángulo de encaje blanco cubriendo los abultados labios del lampiño y cerradito sexo.

    – Vamos putita, muéstrate lo bonito que tienes a mi papito.

    Giselle comenzó a desnudarse, curvas para causar vértigo, senos opulentos, el soutién apenas puede cubrir la areola grande y contener la erección de los gruesos pezones, piel muy blanca y cabellos muy negros, bombacha de tiro alto, súper cavada, en el vértice apenas cubre el monte de venus y pugna por retener dentro los enrulados vellos púbicos.

    Nunca una antítesis de cuerpos fue tan deliciosamente amoral, el contraste estimula los sentidos del hombre que las come con sus ojos. Cabello trigueño y negro, pechos que me llenan las manos y senos que las rebasan, coñito lampiño y estrecho, conchita peludita y labios aleteando deseo. Las dos pendejas solo en prendas interiores, exultantes y dispuestas a darme una noche lujuriosa.

    – Bueno chicas que comience el juego

    – No señor, sacarse todo para nosotras. Todo, te queremos en bolas.

    Desnudo total, sentadas en la cama sonríen y susurran viendo como me desvisto, la visión de esos cuerpos jóvenes y dispuestos para mi placer, me habían calentado de tal modo que la erección abultaba el bóxer, me arrimé a Loly para esa caricia por encima, pero fue Giselle quien me lo bajó y pudo tenerlo en su mano.

    – Wowww, sí que la tiene gordota, mucho más que la de mi primo. Todo esto te estás comiendo? Y cómo te lo debe haber dejado…

    Entre los dos desvestimos a Giselle, recostada sobre la cama, Loly colocó dos secciones de sal sobre su vientre y una rodaja de limón en la boca. Loly lamió una parte de sal, un shot de tequila y a morder la rodaja de limón de la boca de Giselle, se besan con ardor. A mi turno, lamí sal del vientre, el shot de tequila, mordí la rodaja de limón de su boca. Me tomó de la nuca, me besó, intenso hasta que se nos acabó el aire.

    La segunda ronda fue sobre el vientre de Loly, en último término del ritual sobre mi vientre, pero no me pusieron rodaja de limón, luego del shot de tequila Giselle fue directo a tragarse mi verga, de un trago se la metió en la boca hasta donde le daba por que la tiene pequeña pero se sentía bien caliente.

    De ahí en más todo estaba dado para comenzar el juego, me dejaron acostado para lamer y sacudirme el miembro, turnándose para chupar y lamer la carne hinchada y turgente. Excitado a mil, reclamé por mis derechos a lamer sus coñitos, Loly me llevó al de Giselle, abrió los labios de la vulva para colocar los míos.

    Metí la cabeza entre las piernas de la muchacha y comencé a gastarle la conchita de tanto lamerla, los dedos metidos dentro de la vagina suplantan mi boca cuando me robo la eléctrica reacción de mordisquear el clítoris.

    Agitada y conmociona por la pasión que pongo en lamer su sexo, Loly de mamar sus pechos hasta que la atosigamos excitando sus zonas erógenas para estallar en un estruendoso orgasmo que nos tomó por sorpresa, la forma de gritarlos y las convulsiones casi epilépticas producidas por los nosotros dos.

    No le dimos respiro, hasta dejarla totalmente rendida, laxa y desconectada de la realidad, totalmente desencajada, gemía y reía, vocifera groserías y pide que la dejen respirar, que la estamos matando…

    Hace tiempo que no era testigo de un orgasmo tan brutal, nos quedamos a su vera, acariciando su cuerpo, dándole contención y velando el éxtasis de una guerrera triunfante en la carrera del orgasmo.

    Giselle está siendo la protegida de mi hija, todas las atenciones para ella, disfruto ver como la va guiando a que vuelva a mamar la verga, ella aprovecha para colocarse debajo de su cuerpo para meter sus dedos en su conchita y llenarse la boca con los jugos de la amiga.

    Nuevamente excitada, abre su coño peludito y me monta, dejándose caer despacio hasta que voy todo dentro de ella. Comienza a moverse mientras le exprimo esos melones, oprimiendo los pezones ente el pulgar y el índice, le gusta sentirlos bien apretados, disfruta ser tomada con rigor, estamos en la misma frecuencia, sexo fuerte y profundo.

    La calentura adquiere tono épico y salvaje, le gusta que estruje sus pechos, apriete fuerte los pezones, las nalgadas son caricias al momento de subir el nivel de calentura. Sin salirse me deja ir arriba, en misionero, patitas al hombro, entrando a fondo, las manos de Loly le da un frenético masaje al clítoris, nuevamente le inquieta y crispa el incremento de la calentura, sobre todo que le voy retaceando ritmo y agitación del miembro para bajar el nivel de excitación, demorando al máximo el orgasmo.

    Retiré la boca de Loly, deja de lamer el clítoris y la verga de su papi, no quiero que termine tan pronto, prolongar la excitación asegura un estallido mayor al momento del orgasmo.

    Volteo, de rodillas, el culo empinado, para que Loly pueda reptar bajo el vientre de Giselle, poder mamarle la conchita mientras la penetro desde atrás. El chasquido de las nalgadas escoltan al chapoteo de la pija entrando y navegando en los jugos vaginales, más nalgadas, más bombeo salvaje y profundo nos van llevando a un estado de tensión y locura.

    Montado sobre sus nalgas comienzo el bombeo, intensivo y brutal, tomado de los cabellos puedo someter y domar.

    – Vamos yegua, mueve, muévete.

    Menea sus caderas acompaña el metisaca vibrando en cada embestida, la boca de mi nena alterna las lamidas con caricias en mis testículos. El orgasmo de Giselle comienza a gestarse, percibo sus contracciones en la presión sobre la pija, los movimientos enérgicos, casi convulsivos por el doble acoso. El gemido gutural, ahogado contra la almohada estalla en fuertes latidos que se irradian por su cuerpo.

    No pude apreciar si fue uno bien largo o varios pequeños sin solución de continuidad. Sentía la boca de Loly muy activa, atorada por el exceso de jugos, lamiendo a destajo, tanto que la calidad del orgasmo venció mi concentración por demorar el mío, ante la proximidad de mi momento de gloria, pregunté si podía terminarle dentro.

    – Sí papito, podes venirte dentro. –dijo Giselle

    – Queremos tu lechita, acaba dentro, queremos tu leche. –replicó Loly.

    Un rugido venido desde el fondo de mi ser fue el sonido triunfal de ese instante donde me parecía que se acaba el universo, perdía contacto con el mundo real, solo sentía ese brutal chorro de semen que salía de mi poronga, unos dos o tres o más no fueron suficientes para vaciar mis testículos.

    Al retirarme de la conchita sentí como el último disparo de semen fue recogido por la atenta boca de Loly, que no quedó satisfecha, sino quedó para recibir el goteo de la energía láctea vertida por su padre dentro de su amiga.

    Mientras Loly quedó limpiando todo el exceso de semen, la boca de Giselle limpió los últimos vestigios del polvo.

    La intensidad y calidad de esta sesión de sexo amerita recrearla sin cercenar ninguna parte de este relato, por lo extenso dejaré para la próxima continuar con la segunda parte de nuestro primer trio, esta vez con una mujer.

    Continúa mañana.

    Loly y el Lobo Feroz, te esperan en: [email protected].

    Lobo Feroz

  • Contrapunto

    Contrapunto

    Casi estaba bostezando, esa idea de su marido de abrir nuevos frentes en su negocio, mediante ambientes vacacionales de la gente de ciudad los cuales solían recalar en ese pequeño complejo no se lo sacaba de la cabeza, allí charlaba de nuevos proyectos con desconocidos, incluso se había comprado el libro del Manual del buen emprendedor dando nuevos aires a su vocabulario algo desarticulado. Y esa noche, se estaba empleando a fondo, en una locuaz y apasionada charla de proyecto, la cual cobraba más intensidad a media que iban tomando más licor. Ya cansada, se levanto y se dispuso pasar al salón contiguo donde había algo de baile y también estaba la barra del bar, al mismo tiempo que pensaba que no era extraño que su hija el mes pasado se hubiera aburrido, incluso se quedo dormida en el jardín del complejo, yendo a dormir algo cansada y llena de hierba; para más pesar habían tenido que coger una habitación triple ya que no quedaban libres. Durante algunos minutos observo el ambiente el cual era algo frio y solitario, apenas había gente. Se dirigió a la barra del bar como si fuera la mujer de un gran empresario, se esforzaba en cambiar a partir de ahora, que las cosas podían coger rumbos diferentes en cuanto a la economía familiar. Como si buscara la palabra apropiada dijo:

    – Un vodka marca Absolut, por favor.

    – Aquí tiene señora, ¿qué tal la noche, no llevan a la señorita esta vez? – dijo el camarero.

    – Veo que te acuerdas de nosotros…

    – Si bueno, es que vino a charlar algo por aquí, ese día… – dijo el camarero dubitativo.

    – No ha venido, la última vez se aburrió mucho, pero aparte de eso, va a empezar, sus estudios universitarios – dijo, en tono orgulloso.

    – Perdone si he sido algo indiscreto, pero es que se la veía una chica muy lista, será que yo dejé el colegio solo con la primaria, de eso ya han pasado más de diez años… Permítame que le sirva otra copa, la invito.

    A pesar de la indiscreción del camarero, ella pensaba que poseía algo reverente en su actitud, quizá era una pose mecánica de los camareros, a pesar de su tatuaje de un escorpión en el cuello y no ser muy alto pero pareciéndolo; tenía esa gracia natural. Mientras el camarero se dirigía a la entrada de la cocina después de haberle servido otro Vodka y cambiar unas palabras en voz baja con otro camarero se dispuso a beber una vez más, al mismo tiempo que se preguntaba, ¿qué piensan de mi?

    – ¡No me jodas! Dices que es su madre – dijo el otro camarero.

    – Como lo oyes.

    – Pues si es como me lo contaron el vigilante de noche y tu compañero de barra, como el jefe se entere… ya que me dijeron que te la tiraste en el rincón del jardín, jo macho, no se como te lo haces.

    – Pues sí, tuvo tranca como se merecía, en menos de media hora ya me la había calzado. Y por el jefe no te preocupes, ellos me cubrían.

    En efecto, no mentía, esa noche tras unos chupitos se llevo a la hija de la señora previamente presentada, ante la mirada del vigilante y de su otro compañero de barra. Pudieron observar como se besuqueaban al mismo tiempo él le hacía un cotejo a la chica (culo, tetas, muslos) para después tumbarse y hacerse un 69, tras el cual nuestro protagonista (por cierto, le apodan ‘Escorpión’) después ejercito una monumental monta a la muchacha con empuje y arqueo de caderas para una penetración profunda, se podían oír las tacadas de las embestidas. Termino en unas vigorosas embestidas con bombeos estáticos; por su parte ella le arañaba la espalda, le tiraba del cabello. Los compañeros del Escorpión pudieron observar como quedaron los dos inmóviles, la descarga había sido interna y abundante.

    – Joder Escorpión, lo que me perdí, por lo que me han contado le echaste un polvazo de escándalo.

    – Sabes, a mi no me gusta empalmarme de balde, cuando puedo mojar no desaprovecho oportunidad, me gusta usarlas al momento, donde sea y como sea – dijo el Escorpión.

    Ella seguía en la barra, se adormilaba algo, era el momento de pirarse y dejar a su marido con la cháchara para acostarse, aunque al pedir la cuenta el afable camarero en un deje afable y simpático signo de deferencia hacía con la dama le dijo, “tendrá que probar nuestros chupitos de la tierra”. Con frecuencia las personas sensibles como nuestra protagonista son incapaces de disfrutar los momentos, solo es cuestión de llevarles a ello. Escorpión, en lo tocante a seducciones y encantos ínfimos confiaba más que nada en la bebida; era su medio, su ambiente, como un mecánico que está entre sus coches y neumáticos o un albañil con sus ladrillos y herramientas.

    – No me lo puedo creer, se la está camelando el cabronazo, ¿sabéis para que era esa botella de chupito baratero? Pues para darle conversación – dijo el camarero entrando en la cocina tras la barra

    – ¿Cómo es la hembra?

    – Cuarentona, pero prieta, algo estiradilla, con buenos melones.

    Así pues, el Escorpión ejecutaba el procedimiento y parecía integrado en la conversación, atento, recatado. Ella por su parte ya arrastraba sus frases al charlar, el licor le daba esa volatilidad eufórica de saberse segura, incluso se atrevió sin temor ninguno al rincón tras la barra fuera de la visión de la poca concurrencia. Justo en ese lugar, tras la cafetera fue adulada y era seducida como una adolescente. Los dos camareros iban y venían tras la barra. Le zumbaban algo los oídos; está atrapada se descompone ante el Escorpión el cual no cesa de besuquearla, la atonta con su leve contacto. Sus ideas se trastabillan y se revuelcan. Pero está a gusto, no puede defenderse de ese deseo, la tiene atrapada. Le toca los muslos y tantea su coño. El compañero hace señas al Escorpión el cual al darse cuenta se va hacía él.

    – Si algún cliente llega a verte se van a quejar al jefe.

    – Ya te vale – dijo el otro compañero – eres lanzado de la hostia, te bastan treinta segundos para estar trabuco, y encima ya la estás dedeando ahí en medio.

    – La muy puta ya está excitada, casi se corre de gusto, quiero ensartarla ya – contesto el Escorpión.

    – Solo veo la opción de que te la tires en el pequeño habitáculo de la pequeña bodega, es el único sitio que te podemos cubrir, uno de nosotros controla si viene nadie para avisarte en tal caso.

    El plan estaba establecido y se actuó en consecuencia. La pequeña bodega estaba al final del pasillo trasero de la barra, carecía de puerta. El Escorpión la llevo a dicho lugar, igual que una oveja que se lleva al matadero. El pequeño cuarto no daba para mucho pero era la mejor opción a corto plazo. Entraron, su compañero se apoyo en la pared del fondo para poder avisar si venía nadie. Ella de espaldas a él entro, noto como le cogía los pechos y los liberaba del vestido, para después levantarle la falda.

    – No hay sitio, estoy algo incomoda.

    – Apóyate en las cajas y saca culo

    En esa posición el le comió a lengüetazos el culo y el coño, para después escupir sobre su zona anal e introducirle un dedo.

    – Date prisa –dijo el compañero– puede venir alguien y nos pillaran, déjate de preliminares.

    – No te preocupes –al mismo tiempo que le abría las nalgas para enseñarle el coño empapado– la tengo a punto.

    El Escorpión se bajo los pantalones, su cipote ya estaba listo para usar, erecto y voluminoso. Calculo la dirección frontal que le quedaba el culo posicionado, al comprobar que estaba en perpendicular, con una tacada de pelvis introdujo toda su polla, para después meterlo un dedo en el ano.

    – ¡Dios! La vas a reventar.

    – Me gusta hacer la llave del loro cuando doy en cuatro – dijo con voz entrecortada y agitada.

    Empezó a penetrarla con decisión, cada tacada tomaba más brío, sus nalgas en el empuje se constreñían pudiendo observar dos vacíos bajo las nalgas del Escorpión debido a la tensión muscular que ejercía; con la mano libre le daba guantadas a las nalgas, la otra la empleaba para dedearla por el ano. Llegaron a tal intensidad sus adentros afuera que los movimientos parecieran latigazos musculares. Las cajas en que ella estaba apoyada se bamboleaban. Ella berreaba como una posesa, él emitía sonidos guturales de gozo. Las piernas de ella empezaron a temblequear, el coño de ella emitía chapoteos, chof, chof, cloc, cloc. El amigo del Escorpión pudo ver que empezaba a salpicar el suelo.

    – ¡Toma, toma, tomala toda pedazo puta! – dijo el Escorpión.

    – Meeee… me… veng… vengoooo – exclamo ella.

    Bajo las piernas de ellos ya se había convertido en un charco, el Escorpión en unos empujes de taladro percutor consumo su follada, vaciando dentro de ella. Se aparto, ella estaba aún en la misma posición exhausta. La lefa y los líquidos de ella le caían por los muslos.

    – Joder se ha venido con meada y todo la hembra – dijo el compañero.

    – Tenía ganas si, seguro que nunca la habían follado como a una furcia – dijo al mismo tiempo que se subía los pantalones y se limpiaba su polla con las bragas medio bajadas de ella.

    – Ha sido brutal Escorpión, tendré que pajearme, llevo empalme de caballo.

    – No tiene sentido que te pajees si aquí tienes material para usar.

    – Si tiene todo el coño lleno de tu lefa, le chorrea.

    – Usa el conducto que está arriba, encúlala coño, seras tonto.

    Acto seguido era enculada con rabia por el compañero, la penetro a fondo y también vació dentro de ella. La Sara, por fin se ha desvelado el nombre de nuestra dama, la cual la queríamos dejar en el anonimato por el que dirán. Quedo de pie acalambrada, bajo sus piernas todo eran restos de semen y orina, sus bragas en el suelo en medio de todo el pastizal.

    Epilogo

    La Sara caminaba como una ladrona, a su marido le costaba seguirla, se iban ya, pareciera que ella quisiera perder de vista el lugar. Nada más pasar por delante de la recepción le informaron que se había olvidado un pequeño paquete. Lo abrió, dentro estaban sus bragas manchadas de semen y orina.

    Por su parte y debido a la confianza que nos tenemos a estas alturas también desvelamos que el nombre de la hija es Sara, bueno, Sarita como su madre, la cual en esos momentos estaba en el lavabo de la universidad con una cajetilla al lado de “Interapothek” (Test de autodiagnóstico de embarazo, cómodo, preciso, rápido y eficaz. con una varilla de prueba. Con sistema de doble control que confirman el correcto funcionamiento y que el resultado es fiable).

  • Llevando a los padres de mi novia a una fiesta (2)

    Llevando a los padres de mi novia a una fiesta (2)

    Luego de dejar en su cama a don Frank para que siga durmiendo de lo borracho que estaba bajé rápido las escaleras y busqué a Olga y la encontré en la cocina pensando en lo que había pasado en el carro conmigo. Me fui a abrazarla por detrás fuertemente y sienta mi verga dura entre sus ricas nalgas

    -Nooo… Pedro sueltameee esto es una locura que no puede ser… ¿No sé qué me pasó en el carro… Pero no se puede repetir jamás?

    Otra vez vez sus labios me decían que no pero no hacía nada por detenerme cuando mis manos tocaban sus tetas por encima del vestido rojo que era lo que me motivó a verla totalmente diferente a otras veces que fui a su casa porque resaltaba sus encantos de mujer madura y si así estaba vestida de seguro sin ella sería mucho mejor.

    Yo no decía nada mientras Olga seguía diciendo que no varias veces que piense en Claudia que no podíamos hacerle esto y muchas cosas más pero su cuerpo me decía todo lo contrario al sentir mis manos recorrer sus tetas y caderas y sobando mi verga en sus nalgotas recién ahí me di cuenta que mi futura suegra era una mujer muy necesitada de una buena verga que la haga disfrutar ese momento y si yo era ese hombre afortunado no iba a dejar pasar la oportunidad.

    Los tirantes del vestido los puse a un costado de sus hombros y baje el cierre muy despacio para quitarle el vestido rojo que cayó a sus pies quedando sólo en una ropa interior del mismo color, nunca imaginé las veces que la vi en su casa y que fueron en varias oportunidades que bajó esa vestimenta discreta conservadora y suelta que siempre usaba se podía ocultar tremendo cuerpo.

    -Pedro noo sigaas… por favooor luego nos vamos a arrepentir… Nooo

    Besaba su cuello y orejas yo no me iba a detener por varias razones la primera porque como dije antes era tiempo que no tenía sexo desde que Claudia se fue a sus practicas y mi cuerpo estaba muy necesitado y la segunda porque después de descubrir a la señora Olga como estaba reaccionando a mis caricias en su cuerpo y estaba como un volcán mucho tiempo inactivo pero ahora había entrado en erupcion y sino era yo tal vez otro sería quién tal vez tarde o temprano lo haría.

    El broche del brasier se rompió por mi ansiedad y desesperación estaba totalmente excitado y la volteó quedando frente a frente Olga bajó la mirada avergonzada pero ya era tarde para ese sentimiento entre los dos y levantó su cara y la besé al inicio su boca estaba cerrada y mi lengua jugaba con sus labios y de a poco abrió la boca y correspondió a mi beso y nuestras lenguas parecían dos serpientes que se unían.

    -Ahh Pedrooo ohh

    Mi estrategia era no decir nada sólo acariciarla y que se deje llevar por el momento mis dedos jugaban con esos enormes pezones duros que luego disfrutaba con mi boca sus gemidos eran cada vez más fuertes cuando mi mano tocó su tanga estaba húmeda mi dedos buscaron su chucha y la estimule y se volvió loca de lo caliente que estaba.

    -Ahhh ahh ahhh… Ya no aguanto más Pedroo quiero ser penetrada sentirte dentro de mi… ahhh

    Eran las palabras mágicas que quería escuchar qué ella lo pida y al final lo conseguí sin dejar de besarnos la llevé a la sala y le quité la tanga y quería devolver el favor del buen sexo oral que me hizo en mi carro pero ella no quizo y me dijo que sentará en el sofá y luego Olga se sentó sobre mi con su mano sujeto el falo y lo colocó en la entrada de su vagina y zass… hasta el fondo.

    Y comenzó a moverse al comienzo muy lento y de a pocos sus movimientos de caderas iban en aumento, mi suegrita estaba totalmente desatada ya no era esa señora tan dulce y amable que siempre me recibía cada vez que llegaba a su casa ahora era una hembra que pedía y gozaba de mi verga.

    -Ohhh Dios qué ricoo… ohh… se siente muy bien… tan duro y grande

    Vaya manera de moverse de mi suegra estaba muy feliz comiéndose la verga de su futuro yerno mientras el cachudo de su marido estaba durmiendo en el segundo piso de su casa y no podía echar la culpa al licor porque no había tomado mucho y yo menos todo era resultado de la falta de sexo en ambos ella porque su marido más estaba preocupado en su trabajo y tomar licor y yo porque su hija no estaba para cumplir como mi mujer que es acá así que ahora lo estaba haciendo ella.

    -Ahhh… ohhh… Pedritooo… mirá como me has puesto

    Hice que se arrodille sobre la alfonbra y la cogi en la posición que más le gusta a su hija y a mi, sus caderas son más anchas que las de Claudia y en esa pose se le veía un culazo grande y muy apetitoso que yo sería él primer afortunado en disfrutar.

    -Aggg… Queee ricoo… ohh se siente toditoo

    Estaba tan lubricada que rápidamente le metí lo que ella reclamaba tanto una pinga bien dura y yo que deseaba toda esa noche desde que la vi comerme ese culazo, ahora la tenía bien sujeta de sus anchas caderas y comienzo a tirarme a mi suegrita y en parte estaba cumpliendo lo que pidió su hija manejé traje a sus padres sanos y salvos hasta su casa y también dijo que los cuidará y eso estaba haciendo con su madre cuidando que estuviera bien atendida y sea complacida como no lo hacía su papá porque no es bueno que una mujer esté así mucho tiempo

    Sus nalgas saltaban a cada embestida que recibía haciendo que ella gimiera muy fuerte estábamos tan calientes que si se hubiera despertado y nos viera su marido ya no nos podía importar de seguro todo se iría al diablo en sus casa pero Olga conocía muy bien a su marido ése no se levanta así la casa se cayera al su alrededor.

    La señora Olga a sus 49 años aún necesita que le metan bien la pinga y no lo estaban haciendo así que yo estaba desde ahora lo haría porque luego de tenerla así tirandola tan rico sería un imbécil si no volvería hacerlo.

    -Ahhh ahhh queee ricooo. Siguee no te detengas así así más fuerte… Ayyyy meee vengooo

    Y a la madre también les gustaba la misma pose del perrito como a la hija como entraba y salía la verga de su chucha caliente y jugoza y llegó a tener un orgasmo que todo su cuerpo comenzó a temblar como si tuviera un ataque de epilepsia pero yo seguía dándole duro hasta que también llegue al clímax del placer después de mucho tiempo dentro de una mujer y explote y eyacule dentro de mi suegra y ya no pude más evitar guardar silencio y grité cuando toda mi leche se lo deje adentro y ella volvió a tener otro orgasmo más y su chucha parecía exprimir a mi verga queriendo hasta la última gota cuando se contraigan y abrían las paredes vaginales era algo que experimentaba por primera vez..

    -Ohhh Dios Olgaaa eres única…

    (continuará…)

  • Nuestra amiga argentina con un separado

    Nuestra amiga argentina con un separado

    Anoche fue el cumple del novio de una amiga, iba a ser medio embole pero como no tenía nada que hacer fui igual, la quise convencer a Pili que vayamos con polleras recortitas, para que nos miren todos los boludos que están de novios jeje, pero no quiso, así, que me puse un jean y botas, y fui, estaba vestida re normal, sin sugerir nada, de nada.

    Bueno pasa la noche, Pili ya se había ido, era todo medio embole, y también se estaba yendo un chico (llamémoslo Martin) con el que había estado hablando. A ver para ser clara no era un chico, tenía 35 años, licenciado en economía y separado. Entonces me dice ¿te acerco? ¿para dónde vas?, le digo donde vivía y me dice ahh, te llevo.

    Ahí empezó la cosa, porque yo siempre salí con pendejos de mi edad, nunca con alguien ¡más grande que yo!, y me sentía una boluda, ¿de qué le iba a hablar?, ¿de como hago los petes? Jaja, aparte yo sé que soy inmadura, y con un tipo así no se dé que carajo hablar.

    Bueno la cosa es que me dice de ir a tomar algo, le digo que no que estoy cansada (la verdad estaba nerviosa, ¡que boluda!, ¡como si nunca hubiera cogido!, pero con un tipo así no sabía cómo manejarme).

    Me deja en casa, antes de bajar lo voy a saludar, corre la boca me da un pico, otro, otro, me besa, me come la boca ¡y yo también hago lo mismo! (no se porque lo hice), le digo que en la puerta de casa no, y me dice que no lo tome a mal, que suponía que necesitaba más tiempo, pero que desde que me vio quería estar conmigo (claro como estaba vestida no daba la impresión de ser una trolita jeje), y le respondo con un beso en la boca. No sé, si lo hago bien o mal, pero estaba dispuesta ser bien putita con el.

    Arranca y en el camino, me va probando porque me tocaba la pierna, pero cada vez más arriba, yo no le decía nada, también le tocaba la pierna.

    Ni bien entramos en el cuarto, me besa, le empiezo a desabrochar el pantalón hasta que encuentro mi premio, una hermosa pija totalmente depiladita, como a mí me gusta, me agacho, así vestida y se la empiezo a acariciar, a besar, lo miro, y se la empiezo a chupar, me la como entera, toda en mi boquita.

    Nos sacamos la ropa, vamos a la cama, se la sigo chupando, me da vuelta, me empieza a chupar mi concha, en un 69, me mete los dedos, me pega en la cola, me dice putita una vez dos veces, me pregunta si me molestaba que me dijera eso, le digo que no, que no me molesta, y me la siguió chupando hasta que me hizo acabar, me dice, veni putita sentate arriba, le hago caso, me siento en su pija y empiezo a saltar, me inclino a él y mientras me coge me empieza a meter los dedos en la colita, seguimos así hasta que acabamos los dos.

    Tardo muy poco hasta que se la empiezo a tocar y se le para de nuevo, dentro de mi boquita, que estuvo un rato chupándosela, mientras él me seguía metiendo los dedos en la cola, yo lo dejaba, no le decía nada, ya estaba muy lubricada, me da vuelta y me la empieza a poner por la cola, me agarra de los pelos, y me pega una terrible cogida, mientras me decía putita te gusta que te cojan así, y yo le decía que si que me gustaba que era muy puta, si, me decía el muy putita resultaste, ¡sentila! ¡Sentila! Y cada vez bombeaba más fuerte, me hiso acabar de nuevo.

    Me dice, veni para acá, le obedezco, me pone la pija en la boca y me empieza a coger por la boca, diciéndome te gusta chuparla así, yo lo miraba y le hacía gesto de que si, ¡que me gustaba!, hasta hacerme sentir toda su leche calentita, me la trague, y le limpie la pija con la lengua.

    Me dijo que cuando me vio nunca pensó en que yo iba a dejarme coger en esa misma noche.

    ¿Estuve muy mal??

  • Por fin escort por un día

    Por fin escort por un día

    Holis bolis!!!!

    Antes que nada espero que estén bien y le envío un saludo.

    Apenas fue mi cumple el 1 de junio ya tengo 24 añitos nacida en la ciudad de México, actualmente vivo en la Riviera Maya este paraíso terrenal en Playa del Carmen, quintana Roo, y la verdad últimamente me he dado regalos raros y extraños para la gente normal, lo bueno de vivir sola es que puedo hacer lo que sea, como sea, con quien quiera y en este caso vivir una de las más grandes aventuras y mayor fantasía!!! SER CHICA ESCORT POR UN DÍA!!!

    Les cuento como soy por si ya se les olvido: morenita clara, delgadita, coqueta, cabello negro largo, piernas largas y con un culito rico durito talla 7 en su lugar, de buen talle es lo que dicen sin marcar ABS pero durita y una tetas lindas en su lugar, me encanta andar siempre depiladita y mi ropa interior entre más pequeña mejor.

    Así que después de darle tantas vueltas y pensarlo 1000 veces regrese a visitar a mi vecino, es dueño de la casa de citas más importante y famosa aquí en Playa del Carmen, es el tipo más cool del mundo!!! lo visite bien coqueta me puse un micro bikini rosa bien coqueto me acomode bien las chichis para que resaltaran, el bikini de corte brasileño bajito y bien metido en el culo y con un pareo transparente que claro no dejaba nada a la imaginación:

    -Hola!!! Como estas?

    -Bien bien y tú? ya tenía rato que no te veía por aquí pensé que ya te habías regresado a la ciudad o te habían embarazado jajaja

    -No no jajaja y menos con los regalitos como el alemán del año pasado, que por cierto este año no lo he visto

    -Ahí anda trabajando, que puedo hacer por ti Alexa? por que con ese bikini si no te me estas ofreciendo parece que me pedirás algo especial, verdad

    Obviamente me sonroje, parecía que me había leído la mente además de que si quería algo de él, necesitaba un favor especial, mientras pensaba las mil y un formas de decírselo mi otra yo se empezaba a excitar independientemente de la respuesta yo ya estaba empapada, y bueno al final se lo hice saber

    -Bueno mi cumpleaños apenas paso, quería viajar pero por cuestiones de trabajo ya no lo pude hacer, como sabes mis regalos son diferentes y raros de cualquier mujer, quiero ser escort por una noche o solo por un servicio o como se llame y por eso vengo con el mejor para que me ayudes a cumplir mi fantasía, no se cuánto me cobres o cuanto me pagues o quizás hasta gratis, pero ayúdame a vivir una de las mejores o únicas fantasías que quizás nunca repita

    Estábamos en su sala, se quedó pensativo, mirada fija y callado, tomo el teléfono y pregunto sobre si tenía algo de sus clientes especiales, decía mil cosas, mi descripción y que sí que a las 8pm me confirmaban… WOOWW pues me empape así literal, pfff estaba lista para lo que fuera

    -Ale, dame tu dirección pasaran por ti a las 6:30 iras a Tulum a la zona hotelera, necesito que te vuelvas a depilar, compra una crema para que tus piernas se vean doradas y ponte algo discreto ligero coqueto y bueno de ropa interior pequeña algo lindo y caro, llévate una muda de lencería aparte ya que este cliente opta por quedárselas, de regreso el chofer te dará tu paga ok no te preocupes yo te cuidare a la distancia además eres mi amiguita y te quiero mucho y me da mucho gusto verte otra vez por aquí y me encantan tus visitas, no hagas nada tonto como fotos o cosas así y bueno un gran favor, NO TE VAYAS A ENAMORAR ehhh

    Con semejantes avisos y señas pensé que iba con tipo woowww pero no me quede con ganas de agradecerle la atención, solo lo tome de la nuca y le di un beso tierno, me monte en el así sin más solo me hice el bikini de lado saque su pene de su bermuda y me senté en el, fueron va y vienes ligeros cortos y profundos, de esas veces que disfrutas sin nada extraño solo movimientos cortos un beso rico ni si quiera me quito el bra, así rico arriba abajo hasta que en un momento lo sentí metérmela fuerte 2 veces, me quito de encima y se vino en su mano

    -Gracias linda ya me hacía falta metérsela a una niña como tú, ahora vete a arreglar que pasaran por ti, ya después vemos que hacemos porque me gusto lo que me hiciste pero quiero algo especial para ti ok

    Recibo llamada del chofer diciéndome que se adelantaría la cita una hora entonces pasaría 5:30pm para salir a Tumul, en fin, no había problema ya estaba bañada, alaciada, ya había comido, ya nada más faltaba la cogida misteriosa. Me había puesto un vestido blanco con gran escote que se me pegaba súper de la cintura y remarcaba súper la cadera, había escogido una de mis tangas favoritas de encaje blanca súper pequeña, tacón blanco de aguja y claro recién depilada, CARAJO ME VEÍA EXTREMADAMENTE HERMOSA!!! Llegamos a Tulum, era una casa hermosa ahí adelante de los Amigos de Tulum y ¡Oh my good! Un señor de unos 45 años de nombre Armando (jajaja) tipo muy bien parecido abre la puerta, ya casi le preguntaba ¿Dónde está el cliente? Jajaja… la emoción me invadió con este tipo hermoso guapo sexy, pero sí, estaba guaperrimo, pensé que era un regalo como el del año pasado mi amigo el alemán pero no, de verdad traté de guardar compostura y no abalanzarme sobre él para comérmelo a besos, tras una breve plática con un tipo amable estudiado y después de un whisky en las rocas para el nervio pues a lo que venía verdad.

    -Eres más bonita en persona… en ese bikini rosa te veías espectacular (ni cuenta me di que me tomo fotos jajajaja) eres una niña bien y es lo que pedía, creo podremos ser buenos amigos si te parece

    – ¡Uuuuyyy!!! No más porque no traía rebozo sino lo muerdo… diría mi abuela jijijiji … y miren que yo no me río así, yo me rio jajajaja y en ese momento solté ese risita pendeja.

    Pues fui al baño a darme un retoque a secarme el sudor a ponerme unas gotitas de perfume y a prepararme mentalmente para lo que haría, todo pintaba muy bien pero jejeje yo a eso no me dedico pero solo pensar que para cumplir una fantasía mía me ponía a temblar y bueno decidí a salir… él ya me esperaba en la cama ahora sí me le fui encima como si nunca hubiera cogido, me correspondió con besos deliciosos olía taaan rico ¡hombre perfecto por donde se le viera!

    Mientras nos seguíamos besando el bajo el cierre de mi vestido, lo saco por arriba dejándome en tanga y tacones, el seguía vestido, comencé a quitarle la ropa mientras le mordía las partes de su hermoso cuerpo donde le iba quitando la ropa, ya sin ropa de por medio le acaricié el pene de tamaño y dureza perfectos, su boca tomo dirección a mis pezones, empecé a gemir, jadee y mis dedos se hundieron en su cabellera, mientras los suyos entre mis piernas ¡Uf! ¡Uf! Claro que se dio cuenta que no necesité mucha motivación para estar empapada, con besos recorrí su torso hasta llegar a su pene erecto y de-li-cio-so, el también todo depilado PPPFFF. Sí, y como me han leído antes saben de mi fijación oral súper cañona, todo quiero meterme a la boca y en esta ocasión no perdí oportunidad para darle rienda suelta a mi lengua recorriendo ese miembro delicioso, como mandado a hacer en tamaño grosor color de piel hasta sabor, disculpen por repetir tanto delicioso, pero todo estaba buenísimo, estoy emocionada solo de recordar. Mientras mis labios se mantenían ocupados, sus manos estaban sobre mi clítoris, me vine y siempre después de que eso pasa me convierto en maga desaparece penes ¡Quiero verga! ¡Quiero verga! y ¡Quiero verga!

    Con voz entrecortada y agitada le pregunté: -¿Me la metes? –

    No sé si contestó, solo lo gire, me acomode y me ensarte cabalgándolo despacio pues no quería que el muchachón acabara, quería toda su leche en mí, en mi pensamiento malévolo y egoísta quería tener más orgasmos, no aguanté mis caderas adquirieron vida propia nos movimos al mismo compás, sin separarnos seguimos de misionero, aquello era la gloria y la locura

    – ¿Te gusta? – me pregunta de forma comprometida pero con lujuria

    -Me encanta, siente como me tienes, además estas hasta el fondo, te siento en cada penetración en cada movimiento en cada apretón de culo que me das

    Lo veía tratando de guardar en mi memoria su cara de éxtasis quizás nunca más lo volvería a ver y otra vez me puse sobre él, ya no sabía si me movía o no, estaba en otro mundo orgasmo tras orgasmo, hasta que me saco del trance orgásmico al decirme que iba a acabar, anunciaba lo que yo ya esperaba y era justo ya lo había usado demasiado para mi placer. Así que me baje de él y me coloque boca abajo en la esquina de la cama dejando mi culo al aire, se colocó detrás de mi con una mano se apoyó en mi espalda y la otra sostenía su pene colocándolo en la entrada de mi panocha toda empapada, así que empezó a meterla más y más y con embestidas más potentes y un fuerte gemido terminó la primera ronda, sentí los latidos de su descarga toda su leche dentro de mí y con la esperanza de que no se saliera hasta que perdiera su erección, 30 segundos más tarde me giro y lo bese de forma tierna y despacio. Sudada, despeinada y mi panochita escurriendo me levanté de la cama, fui a la ducha.

    En el intermedio platicamos de varias cositas muy interesantes. Corte a… la segunda ronda no se quedó nada corta con un periodo de sexo en el balcón así como me gusta yo recargada en el balcón y el dándome por atrás sin importar a ambos quien nos viera, para mi fueron menos orgasmos que la primera pero a él le volví a sacar todo la leche y claro logre que se viniera todo dentro de mi ahora si pidiéndole que no se saliera hasta que estuviera flácido ¡Soy una golosa! Siempre quiero más. Obvio que el señor por más bello, atento, joven y buen amante, no era superan. Carajo tuvo que terminar la cita y eso porque mi celular sonó sino sin problemas me quedaba hasta desayunar, fue un poco más de 2 horas, nos bañamos juntos como si lleváramos haciéndolo mucho tiempo, nos pusimos monos y me acompaño a la puerta, jamás hablamos de dinero pero negocios son negocios, así que vénganos tu reino con 500usd, el placer recibido era parte de mi trabajo temporal…

    Ya camino de regreso hasta los calzones se me olvido ponerme jajaja sonó el teléfono

    -Hola Alexa, me dicen que te pasaste un poco de tiempo pero no acordamos eso verdad jajajaja detalles

    -Así es y me encanto gracias por todo de verdad me hiciste el día y mi cumpleaños gracias

    -No te preocupes Ale, ya el chofer te dará un sobre con tu paga ok

    Yo no dije nada pensé que ya me habían pagado jejeje

    -Ok y tenemos una cena pendiente ehhh se ser agradecida ya veras

    -Descuida puedes visitarme cuando quieras sabes que ahí está tu casa y para la otra me ayudas si quieres a lavar el coche o limpiamos mi casa o Netflix ok visítame más seguido

    ***El sobre tenia 800usd -este es mi número, hagamos cosas inimaginables en cualquier parte del mundo-***

    Me fui de espadas!!!

  • Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 1)

    Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 1)

    Patricia tamborileaba nerviosamente sus dedos en la superficie del rústico escritorio donde solía dejar su portátil cuando se hallaba en casa. Sus largas uñas, pulcramente pintadas, golpeaban rítmicamente la madera del viejo mueble mientras leía por quinta vez el correo que había recibido esa mañana de parte de alguien que se hacía llamar DarkMaster69. Menudo nombre tan mas ridículo. En circunstancias normales lo habría ignorado y puesto punto final a aquella broma de mal gusto. En circunstancias normales. Este correo no era producto de una circunstancia normal. Este correo tenía una imagen de una guapa mujer de mediana edad, cabello castaño y labios carnosos devorando un enorme miembro viril. Esa mujer era ella. Sin lugar a dudas. Lo sabía porque había estado allí en esa escena y había gozado cada centímetro de aquella carne caliente entrando y saliendo de su boca. La misma que posteriormente le había arrancado al menos un par de orgasmos escandalosos mientras la penetraba por su vagina en un metesaca delirante. Aunque la fotografía no lo alcanzaba a mostrar, había habido alguien mas en aquel insólito acto sexual; Giancarlo, si mal no recordaba, era uno y Roco a quien le comía el pene en esa foto. Lo que no entendía era como habia sido retratada en aquella escena endiabladamente sexual; eran sólo los tres y no recordaba haber llamado a una agencia de fotografia para ese momento. Alcanzaba a apreciar el contorno de la ventana de su departamento en Nueva York. Definitivamente alguien se había subido al sótano del edificio contiguo y se había dado un festín con ese trío improvisado.

    Esa foto le daba sentido al contenido del correo que el Señor Masterdame-por-el-culo le había escrito. Estaba siendo chantajeada vilmente. Desconocía los motivos por los que aquel tipo se había tomado la molestia de volar hasta el otro lado del mundo para tomar esa foto comprometedora pero le llenaba de espanto la determinación de ese chiflado. Seguramente no dudaría en perjudicarla en su relación tambaleante en su matrimonio y al parecer tenía evidencia contundente para poder hacerlo, y tenía además la dirección de correo de su marido… joder… Qué lío.

    Era apenas el segundo día de regreso a casa tras su último viaje, su esposo Ricardo se hallaba en el trabajo y su única hija, Cristina, en el Cole. Estaba sola en casa así que nerviosamente se despojó de su bata de baño para quedar gloriosamente desnuda frente al portátil.

    Podía decirse que tenía un cuerpo de infarto. Aun cuando ya no era una jovencita, sus carnes eran turgentes y curvilíneas. Sus pechos se elevaban agitados, desafiando a la gravedad y su vientre plano terminaba en una ligera mata de vellos recortada en forma de triángulo del cual se asomaba curioso el pliegue de sus abultados labios vaginales. Se sabía hermosa y deseada y esa noción era parte del motivo por el cual se comportaba como una verdadera puta ese último par de años. Vivía en un constante estado de excitación que las esporádicas relaciones con Ricardo no lograban calmar.

    Abrió por quinta vez el correo en su portátil y lo leyó de nuevo

    Hola Patricia, ¿o debería más bien decir putricia? Este correo es para pedirte que me agregues como tu contacto en Messenger, me encontrarás como DarkMaster69. Quiero platicar contigo para que me convenzas de no mandar ésta y otras fotos que se encuentran en mi poder de tus aventurillas lejos de casa. El cómo llegaron a mi poder esas fotos es irrelevante. Lo importante para tí es que tienes hasta las 12 del mediodía del martes para aceptarme como tu contacto o tendré que enviar estas fotos a tu marido. ¿Se llama Ricardo verdad?

    Me puedes confirmar si su correo es [email protected]?

    Besitos en tu boquita mamadora. Espero que te hayas quitado la leche que te echó ese semental que te estabas devorando? Qué se siente ser tan puta? Espero que nuestra relación esté llena de aventuras que te van a excitar a tope. El pendejo de tu marido no tiene idea del pedazo de hembra que está desperdiciando.

    Cuando te esté metiendo mi verga y gimas pidiendo más me lo vas a agradecer.

    Por lo pronto agrégame que tenemos cositas qué platicar

    Dark Master

    Hasta ahí terminaba el texto del correo y después aparecía la foto comprometedora. Faltaban quince minutos para las doce y aún no sabía si haría lo que el tipo le estaba pidiendo / ordenando.

    Un par de cosas eran ciertas, la foto era real, el correo electrónico de Ricardo era real también. Esa rara costumbre que tenía de cambiar su correo electrónico cada cumpleaños cambiando el número para que coincidiera con los años cumplidos. Aquello era una locura se sentía confundida, asustada, sorprendida y…

    Caliente.

    Sintió un golpe de excitación y la sensación de humedad en su entrepierna, no era por el agua del baño que acababa de tomar. Sin que ella lo quisiera, le había excitado la velada amenaza de que la iba a coger. Estaba zafada, no podía seguirle la corriente a un tipo que podría ser algún pervertido sexual, un asesino en serie, quizá. Era una locura, claro que si.

    5 para las doce. Tenía sólo un momento para decidirse apenas. Frotó su entrepierna hinchada como pidiéndole consejo para tomar una decisión y su coñito le dio la única solución que le interesaba.

    Su dedo toco ligeramente su clítoris y sintió como si de el surgiera una corriente eléctrica que atravesó su cuerpo, como si fuera el dedo de un hechicero haciendo magia.

    “Acéptalo” decía su coñito. “ignóralo” decía su buen juicio desde el cuartito olvidado de los huéspedes indeseados en su cerebro.

    Como una autómata, acceso a su cuenta de Messenger y tecleó DarkMaster69, una vez que encontró al usuario, le envió solicitud de amistad. El avatar era una foto de un tipo cubierto con un casco que bien podría haber sido Darth Vader pero no podía saber a ciencia cierta.

    Sobresaltada, escuchó un ruido en su portátil, y apareció un mensaje en la pantalla

    DarkMaster69 ha aceptado su solicitud de amistad.

    “Guau, eso fue rápido” pensó para sí misma.

    – Hola Patricia

    – Hola…

    – Puedes llamarme Dark o Master como prefieras

    – ¿Y si te llamo hijo de puta?

    – Si así lo prefieres pero ese nombre está muy largo y te vas a cansar de escribirlo o de gritarlo cuando te esté metiendo mi verga y te tenga a gatas en una sucia habitación de un motel de mierda

    – ¿Qué es lo que quieres de mí? Estás enfermo.

    – No lo estoy, Patricia. Créeme, no lo estoy para nada.

    – ¿Qué es lo que quieres?

    – Primero que nada que prendas tu cámara para que tengamos un video chat.

    – Estás loco, no lo voy a hacer.

    – Por qué?

    – Por muchos motivos, no te conozco, estoy desnuda, sola en casa

    – Estás desnuda? Seguramente estás excitada mientras tenemos esta conversación

    – Para nada

    – Muéstrate y yo te digo si te ves excitada o no.

    – No lo haré. Estás loco.

    – Está bien. Tú decides. No tenía la certeza de que fueras lo suficientemente valiente para intentar cosas nuevas y excitantes

    – ¿Qué quieres decir con eso?

    – Olvídalo. Fue un placer, Patricia. Tengo que decidir cuáles fotos le voy a mandar a Ricardo. Te parece bien esta?

    Inmediatamente apareció una nueva foto con ella, Giancarlo y Roco enfrascados en un trío donde ella le chupaba con deleite la polla a uno de ellos mientras el otro, posiblemente Roco, le estaba dando de lo lindo por detrás.

    – ¿De dónde has sacado esa foto?

    – Eso no tiene importancia, lo que me gustaría saber es qué era lo que sentías mientras te cogían y te comías ese pedazo de verga.

    – Eso no te concierne a ti.

    – Tal vez le concierna a Ricardo. Tal vez y hasta te ofrezca participar en la orgía

    – ¿por última vez qué es lo que quieres?

    – Mandar las fotos a Ricardo.

    – Por favor no lo hagas. No sabes el daño que provocarías

    – No me dejas otra opción. Es fotos a Ricardo o video a Dark Master.

    – Eres un cabrón.

    – Me han dicho peores cosas, pero se nos está acabando el tiempo así que decide ahora.

    Patricia tomó el ratón y apretó el botón de video llamada el cual inmediatamente fue aceptado. Frente a ella apareció solamente una pantalla gris con el nombre de ambos.

    – No se ve nada. Escribió Patricia.

    – Así quiero que sea por ahora, Yo te veo perfectamente. Qué ricas se ven esas tetas, y tienes los pezones en pie de guerra, sabía que estabas excitada

    – No lo estoy, es solo que hace frío acá

    – Muy bien, párate para que te vea de cuerpo completo,

    – Oye, no soy tu perra

    – Ahora si lo eres, putita. Acostúmbrate y hazme caso ya. Me estoy cansando de tus pendejadas

    – Oye, así no me vas a tratar

    – Te voy a tratar como yo quiera, perrita. Está claro? Párate ahora o cierro la puta conversación y no vuelves a saber de mí nunca más.

    – Estas contento ahora? Gritó Parándose frente a la cámara de su portátil mostrando todo su cuerpo al desconocido. Sus líneas turgentes, su chochito abultado y ¿excitado? Sus senos parados y erguidos con los pezones endurecidos. A sus 40 años era muy bella y deseable aún.

    – Asi está perfecto. – Dijo DarkMaster69 dejando escuchar su voz a través de la bocina del portátil. Era una voz distorsionada aunque ligeramente familiar, tal vez como si estuviera hablando a través de un pañuelo o algo así.

    – Hasta cuando me vas a dejar en paz? – Dijo Patricia

    – Hasta que me dé la gana, hasta que se me hinchen los huevos y se pongan púrpura, pinche puta? Te parece suficiente o quieres más?

    – No. – Dijo apagadamente.

    – Acaricia tus tetas con tus dedos, pellizca tus pezones con ellos.

    – Pero…

    – Anda! No te lo voy a repetir mas

    Obedientemente esta vez, Patricia empezó a tocar sus senos torpemente al inicio, dejando que sus manos vagaran libres, tocando sus pezones. Aunque no lo quisiera admitir, cada vez que los tocaba sentía un estremecimiento que le recorría el cuerpo. Apretaba sus dientes para que no se escapara algún gemido que diera cuenta de su excitación.

    – Cierra los ojos e imagina que son mis manos las que te acarician. – Dijo Darkmarster69

    Ya sin ánimos de discutir, Patricia hizo lo que le ordenaba la voz y cerró los ojos. Siguió con la cadencia natural de las manos con los ojos cerrados

    – Baja tu mano lentamente por tu vientre. Imagina que es mi mano la que te toca, la que te acaricia. Déjate llevar, sólo somos tú y yo.

    La mano de Patricia bajó lentamente como se lo ordenaban. Sintió la textura y la tibieza de la piel de su vientre y, sin que mediara palabra alguna, siguió viajando hasta su bajo vientre, recorriendo la senda de su pubis recortado, y el delicado pliegue de sus labios vaginales. Sintió la humedad alojada ahí y se sorprendió del grado de excitación que sentía y cómo su cuerpo estaba reaccionando a ese estímulo. Arqueando levemente su cuerpo, dejó que un dedo resbalara delicadamente por el interior de su vagina, luego no fue suficiente y fueron dos hasta que sintió la presión suficiente para continuar con ese maravilloso estado de excitación. Con un rictus de satisfacción en su rostro, siguió recorriendo con sus dedos su mojado interior en un delicioso vaivén, de pronto, ya no existió miedo, ni sorpresa, ni inquietud alguna sino un deseo puramente animal de sacar esas ganas, ese orgasmo en ciernes que hacía ebullición desde el fondo de sus entrañas.

    – Siente mis dedos recorrerte. – Escucho decir a Dark desde muy lejos, su voz ronca y distorsionada, la autoridad que emanaba de ella, le hizo calentarse más aún, deseaba complacerlo, devolverle el favor por ese momento erótico, en ese momento no importaba que fuera un hijo de puta que la estaba chantajeando.

    – Ayy, que rico. – Se escuchó a si misma decir, como si la puta que llevaba dentro hubiera tomado el control. Hacía unos momentos, luchaba por ocultar sus emociones y ahora era una loba en celo.

    – Acaricia tu clítoris con tus dedos, así. Uff qué buena estás puta.

    – Mhhmhg. Si, soy tu puta. Cógeme cabrón, méteme la verga rico.

    – Aún no, putita pero vas a hacer algo por mí que te va a encantar, sigue tocándote. No te vengas hasta que yo lo diga…

    – Ah, estoy ardiendo, casi a punto de…

    – Detente. No te vengas aún te dije, debes obedecerme.

    – Está bien. – Dijo Patricia deteniendo el movimiento de sus dedos contra toda su voluntad. Jadeando quedamente, se quedó expectante de las indicaciones de su pretendido domador o lo que fuera.

    – ¿Tienes algún problema doméstico que necesite repararse?

    – ¿Cómo? – Contestó Patricia desconcertada. No sabía a qué iba todo aquello.

    – Alguna fuga de gas o de agua, una lavadora ruidos…

    – La llave del fregadero está goteando desde hace días, le dije a Ricardo que…

    – ¿Tienes a un plomero de confianza?

    – Si, Don Pedro es el que siempre nos ayuda.

    – Llámalo. Tienes que lograr que te coja cuando venga

    – ¿Qué? ¿Estás loco? Es un viejito de unos 60 años, es muy respetuoso y no creo siquiera que tenga vigor para… ya sabes

    – ¿Crees que no se la va a parar?

    – Pues… si, eso creo. Es absurdo esto que me estás pidiendo…

    – Déjame lo absurdo a mí y tú haz lo que te digo.

    – Está bien. Lo haré. – Dijo Patricia a regañadientes.

    Tres horas después, se hallaba Patricia en su casa, sola todavía. Cristina le había llamado para avisarle que pasaría la tarde en casa de su amiga Pamela haciendo un proyecto de la escuela. Sonaba a un pretexto barato de parte de su hija para irse a pasar el rato con su amiga pero por el momento era ideal para el plan o lo que hubiera sido de DarkMaster. Llevaba puesto un ligero vestido rojo que le llevaba arriba de la rodilla, lo suficientemente corto para mostrar sus lindas piernas torneadas y macizas. Sus senos quedaban un poco expuestos por el escote de la prenda, y cualquier caballero se daría cuenta que ese par de tetas duras y grandes estaban hechas para grandes cosas y no precisamente para amamantar.

    En la cocina, debajo del lavabo se hallaba Don Pedro trabajando afanosamente para desmontar la pieza defectuosa que tenía la fuga de agua.

    Era un hombre rudimentario, ya con los años encima. Nada extraordinario, con una barriga prominente aunque no necesariamente se podría decir que estaba gordo. Tal vez en sus años mozos tendría un poco de atractivo, lo suficiente para conseguir mujer y casarse como lo evidenciaba el anillo que portaba en el dedo anular de la mano izquierda. Era callado y se limitaba a conversar lo suficiente en torno al problema de la tubería. Patricia jamás lo hubiera considerado como material sexual propiamente, pero…

    En la esquina de la cocineta, apuntando hacia la mesa junto al lavabo se hallaba discretamente colocada la portátil de Patricia con su ojo electrónico listo para lo que pudiera suceder ahí. Detrás de él, en su propia computadora, se hallaba DarkMaster viendo lo que acontecía en ese momento, con su micrófono enmudecido.

    Patricia tomó su teléfono celular y se posicionó justo fuera de la cocina, en un lugar estratégicamente cerca del plomero para que pudiera escuchar la falsa conversación si quisiera.

    – Hola amiga. ¿Cómo has estado? – Dijo Patricia, contestando la supuesta llamada. – Me imagino que has de estar gozando de lo lindo, con ese semental que te llevaste a tu “viaje de negocios”. Quien como tú.

    Pausa

    – ¿Yo? Aquí aburriéndome de lo lindo en la casa. Mi marido va a llegar hasta dentro de 5 horas y me muero del aburrimiento. Mi hija se fue a casa de su amiga Pamela y llega hasta tarde también. Ya revisé las noticias, los mensajes y correos y hasta me animé a entrar a una de esas páginas pornográficas, jijijiji.

    Pausa

    – ¿Si verdad? ¿De dónde sacan esas pollas enormes? Se me hace agua la boca sólo de verlas y acá ni siquiera un consolador…

    Pausa

    – No, no estoy sola, está el plomero ayudándome con una fuga.

    Pausa

    – No, ¿Cómo crees?

    Patricia volteó de reojo y notó que el plomero había dejado de trabajar en la llave para prestar atención a aquella conversación.

    – Es un señor muy respetuoso. No inventes. Dime cuantas cogidas llevas entre ayer y hoy y con… ¿Rodrigo dijiste que se llamaba?

    Pausa

    – Guau, me pregunto de donde le ha de salir tanta energía para mantenerte contenta.

    Pausa

    – Ya quisiera yo… mira que me están dando ganas de…

    Pausa

    – No, iba a decir de robarte a Rodrigo o Renato o como se llame para que me arregle mis tuberías tapadas.

    Pausa

    – No, deja a Don Pedro en paz. Es mas, yo creo que ya ni siquiera se le ha de parar.

    Nuevamente Patricia notó que Don Pedro seguía atento aquella conversación. Los dados estaban echados y no sabía a dónde los llevaría todo aquello. Tal vez a ningún lado pero seguía caliente como una perra en celo y ni siquiera se había podido satisfacer sola como hubiera querido.

    – No, no lo he comprobado ni le he mirado el paquete, solo asumo que ya no ha de tener energía para, ya sabes…

    Pausa

    – Si, para eso, para coger. ¿Contenta?

    Pausa

    – No, no pienso averiguarlo. Es un señor inofensivo, deja de decir pavadas…

    De pronto, Patricia sintió la presión de un dedo en su hombro. Volteo y vio a Don Pedro que la miraba con una mezcla de enojo y excitación.

    – Señito, solo le quiero informar que está usted equivocada respecto a mi vigor…

    Al decir esto volteó para mostrarle su entrepierna. El anciano se había abierto el pantalón y había bajado su ropa interior para mostrarle un pene grueso y erguido, resguardado por una gruesa mata de vellos que seguían el camino de su barriga abultada.

    – Don Pedro, ¿Qué está usted pensando? Le pido por favor que se cubra y vuelva a trabajar

    – No señito, usted está dudando de mi virilidad y le tengo que demostrar que está equivocada…

    – Bien, le pido una disculpa. Estuvo mal lo que dije, pensé que no me escuchaba…

    – Me vale verga si me pide disculpas o no. Ahora le toca esto – Dijo agarrándose el pene y empujándola contra el refrigerador.

    – Por favor, no me lastime Don Pedro…

    – No te voy a lastimar perrita, – Dijo mientras metía su mano dentro del vestido para tocarle su coñito. Cuando lo tocó, notó que no traía ropa interior y además estaba completamente húmeda. Con rudeza, metió su dedo dentro de ella y le arrancó un gemido que no supo si era de dolor o de placer. Probablemente ambos.

    – Don Pedro, pare por favor. No tarda en llegar mi marido…

    – No te preocupes, llega hasta dentro de 5 horas, no recuerdas?

    Patricia sintió el acre olor del hombre apretándose a su cuerpo mientras seguía penetrándola con su grueso dedo sin dar marcha atrás. Casi sin darse cuenta, se acopló al ritmo del anciano empujando su pelvis hacia adelante para facilitar la penetración. Sentía sus jugos escurrir por entre la mano del hombre y en algún punto se dejó llevar por ese sentimiento de placer prohibido, apenas dándose cuenta de que estaba siendo violada por el anciano.

    – Quítate el vestido. – Le ordenó Don Pedro, mientras la empujaba a la mesita que se hallaba al centro de la cocina. Como una autómata, la mujer se quitó el vestido por encima para evidenciar que debajo no traía ninguna otra prenda.

    – Qué ricas tetas tienes aquí, putita. – Dijo el anciano mientras las estrujaba con sus callosas manos. Patricia sintió el pinchazo de un dolor extraño mientras el hombre jugaba con sus tetas, era como un dolor dulce, casi placentero. Era el último empujón que le faltaba para desear a aquel hombre rudo y simple desprovisto de todo encanto, dentro de ella.

    – Agh, por favor. – Jadeó Patricia, ya sin convicción. – No me haga nada, no voy a decir nada si para ahora.

    – Ya no puedo parar, perrita. Mira como me tienes. – Don Pedro se bajó el pantalón y le dejó el pene erguido y duro justo frente a ella. Sin mediar palabra, la mujer se arrodilló y se fue tragando aquel pedazo de carne poco a poco, succionándolo y llenándolo de saliva. Tenía un sabor acre, sucio y sus vellos púbicos grises rozaban sus labios cada que lo engullía. Acarició la el glande con su lengua y le dio una leve mordida y cuando sintió el arqueo y la convulsión del hombre, paró por un momento. No quería que se derramara todo ese semen en su boca. Al menos no por ahora.

    – Ven perrita, recárgate en la mesa.

    Patricia obedeció dócilmente, presentando su vagina húmeda frente al hombre, quien ni tardo ni perezoso, se arrodilló frente a ella y le empezó a hacer un sexo oral, desordenado, caliente. Su lengua entraba y salía rozando los labios, el pubis, el clítoris, en una acometida salvaje. Cada que la lengua atinaba a tocar el clítoris, ella se estremecía, sintiendo que estaba hirviendo en su interior. Estaba cachondísima y necesitaba sentir ese pedazo de verga dentro de ella. Lo ansiaba. Era demasiado intenso el deseo.

    – Arghh, cógeme, por favor. – Dijo entre susurros.

    – Súbete a la mesa, entonces.

    Ella se subió a la mesa quedando a gatas con el coñito frente al hombre. Don Pedro se terminó de quitar la ropa y acomodando su verga frente a ella, la penetró dejando que la gruesa verga chocara contra el apetitoso coñito. Soltando un gruñido, se la siguió metiendo con un ritmo semilento, como quien sabe que tiene el control de la situación.

    Patricia, por su parte, volteó a ver la cámara parpadeante de su portátil y recordó a DarkMaster, que seguramente la miraba al otro lado, calentándose con aquella escena. Tal vez se estuviera masturbando mientras veía como se la estaban cogiendo y sonrió una sonrisa maliciosa y cargada de deseo. Abrió su boca y dejó que su lengua recorriera sus labios mientras seguía viendo directamente a la cámara. Saberse observada la ponía aún más caliente. Como si fuera la protagonista de una peli porno con un único espectador.

    El viejo resoplaba más fuerte, y sus jadeos eran más intensos. Estaba a punto de venirse pero ella tenía que lograr su orgasmo primero, estaba a punto, sólo faltaba el empujón final. Deteniéndose brevemente, se giró para quedar de frente al hombre y recostó su espalda sobre la mesa. El hombre se recostó encima de ella, aun jadeando y buscó la ruta directa a su entrepierna de nuevo.

    Cuando la hubo penetrado de nueva cuenta, le besó los senos mordiendo sus pezones con la poca delicadeza de la que podía hacer acopio. Luego buscó su cuello y lo besó ávidamente dejando un rastro de humedad tras de sí, el olor del hombre, que en otras ocasiones le hubiera parecido desagradable, le excitaba. Estaba a merced de este sujeto, la estaba violando y ella indefensa, sintió un ramalazo de placer al darse cuenta de ello, gimió, abrió la boca y el tipo la besó dejando su lengua vagar por dentro de su boca. El orgasmo tan buscado por ella llegó de forma brutal, haciéndola temblar en los brazos del viejo que seguía penetrándola salvajemente.

    Patricia cerró los ojos, solo disfrutando las oleadas de placer de aquel orgasmo interminable. Tenía los brazos alrededor de Don Pedro aprisionándolo para que no se le ocurriera salirse. Gritó, maldijo y pidió que se la siguiera cogiendo por un largo rato hasta que aquella intensa sensación se desvaneció. El anciano, estoicamente seguía en ese metesaca intenso sin mostrar huellas de cansancio.

    – Ven, déjame ayudarte. – le dijo Patricia arrodillándose frente a él y engullendo la verga mojada por tantos jugos que ella misma había derramado.

    – Mámamela, putita.

    Patricia lamió aquella vieja verga como si se tratara de la primera vez, con entusiasmo. Quería retribuirle al viejo el enorme placer que le había provocado recién. Fue mojando todo el tronco, jugueteando con el pubis mojado mientras acariciaba sus huevos. Cada que los acariciaba, el hombre daba un pequeño brinquito.

    Finalmente, Patricia le rodeo el tronco de la verga con su lengua y se metió esos huevos a la boca sintiendo ese mismo olor característico del anciano. Mientras hacía esto, puso su mano sobre el tronco de la verga empapado de su saliva y lo empezó a masturbar salvajemente.

    Cuando sintió que Don Pedro empezó a temblar y a gemir con sonidos guturales, dejó de hacer aquello y apuntó la cabeza de su verga hacia sus senos. Como esperando la señal, el viejo hombre se vació sobre los pechos apetitosos, llenándolos de su blanco semen en varios disparos que salían con intensidad y se alojaban en ella. Era muchísimo semen y ella recogió una parte de él y lo metió a su boca. Deleitándose con su sabor. Jamás se cansaba de degustarlo.

    – Uff, qué rico coges perrita, me has dejado vacío.

    – Espero, Don Pedro, por el bien de ambos que esto no se sepa nunca. Será nuestro secreto y tal vez, si se porta bien algún día lo volvamos a repetir.

    – Está bien. Así lo haré, no te preocupes, perrita.

    – De aquí en adelante me llamo Patricia, vale?

    – Vale.

    – Ahora me voy a asear y usted a terminar ese trabajo que ya se lo he pagado con creces.

    – ¿Entonces no me vas a pagar?

    – Considera que soy tu puta y te pagué con una cogida, estamos?

    – Está bien.

    Dos horas más tarde, mientras Patricia esperaba tranquilamente a que llegara Cristina, parpadeó un mensaje en su portátil. Era Darkmaster69

    – Estuviste grandiosa hoy. Estoy orgulloso de ti,

    Patricia contestó escribiendo un texto por su parte,

    – Gracias, fue muy excitante lo que hicimos. Saber que estabas ahí viéndome me puso a mil.

    – Me parece que tu siguiente asignación va a ser aún más excitante para ti.

    – ¿Qué quieres decir?

    – Que tu siguiente reto, si decides aceptarlo, será el seducir a Pamela, la amiga de tu hija.

    – ¿Qué? ¿Estás loco?

    – Si, y tú también lo estás. Ya deberías de saberlo. ¿No crees?

    Dark Knight

  • Mi adorada puta

    Mi adorada puta

    Mi adorada puta:

    Te escribo esta carta teniendo dos certezas: La primera: nunca la vas a responder. La segunda: no vas a poder evitar leerla. ¿Cómo lo sé? Porque te conozco. Sos morbosa, como yo, y también sos adicta a los halagos, y sabés bien que acá los vas a encontrar a montones.

    A pesar de que ya pasaron casi tres años desde la última vez que te vi, no puedo sacarte de mi cabeza. Y no pasa un día, sin que, al menos durante un fugaz instante, tu imagen nítida, no aparezca en mi mente para embrujarme con tu belleza adictiva. Es que, no sé si será por tonto, o por optimista, o porque te conozco, pero en el fondo guardo la esperanza inviolable de que un día (cualquier día) vas a mandarme un mensaje, con la excusa de que necesitás algún tipo de ayuda, y eso será el reinicio de nuestra retorcida relación.

    Es que acaso ¿no fue así como sucedió la última vez? Lo recuerdo perfectamente. Hace un par de días que no te veía con tu pareja. Se te notaba triste. Yo estaba esperando la oportunidad para sacarte conversación. Habían pasado más de dos años desde que nos peleamos, y cada vez que me acercaba, me esquivabas o me mandabas a la mierda. Pero yo sabía que andabas con la guardia baja. Sabía que andabas necesitando un macho que te cuide, y vos sabías perfectamente que yo siempre estaría a tu disposición porque así te lo prometí muchas veces.

    Te habías dejado el pelo con el color natural: castaño claro, ondulado, no muy largo. Llevabas una calza negra que te quedaba perfecta, y te marcaba exquisitamente las formas de tus piernas torneadas y tu culo que parecía esculpido por los artistas más precisos y libidinosos del planeta. Tu piel blanca siempre me llamó la atención. Es una piel difícil de encontrar en los barrios que suelo frecuentar. Una piel heredada de Europa, y cuidada con la delicadeza que se le enseña a las chicas bien de Barrio Norte. Pero vos sos mucho más que esas chetas estereotipadas. Vos eras un infierno.

    Antes de que yo me decida a importunarte con un saludo, y con una conversación aburrida, fuiste vos la que me habló. Me pediste mi número, y antes de que yo te lo pueda dar dijiste “No, pará, ya lo tengo”.

    Me puso eufórico saber que todavía conservabas mi número, pero más eufórico me puso recibir un mensaje tuyo. Era un mensaje carente de afecto, muy preciso, y sin vueltas, pero un mensaje tuyo al fin: “Estoy con muchos problemas económicos, ¿me podés ayudar?”

    Eras una puta interesada, pero así y todo me hizo feliz que te pusieras en contacto conmigo de nuevo. Te dije que sí, que podía ayudarte. Me mandaste otro mensaje con tu número de cuenta bancaria. Yo me reí para mis adentros, ni en sueños te la haría tan fácil. Te contesté que no podía hacer transferencias, porque nunca habilité esa opción en mi cuenta bancaria. “Bueno, ¿Me la mandarías en un sobre por favor?” respondiste, esquiva. “Prefiero llevártela personalmente, no quiero que el sobre se extravíe” te escribí. “Dejásela a la encargada, es de confianza, por favor, lo necesito con urgencia”. Dijiste luego. Ignoré tu alusión a la encargada, esa vieja chusma. “a la tarde te la llevo personalmente” te respondí, tajante. A lo que contestaste con un gracias, y una carita sonriente.

    ¿Te acordás de esa tarde, no?, ¿de verdad pensabas que iba a desaprovechar una oportunidad como esa?, ¿Que te iba a mandar el dinero en un sobre, para que luego vuelvas a ignorarme? Ni loco.

    Fui hasta tu departamento cuando el sol ya se quería ocultar. Sólo la oscuridad sería testigo de mi lujuria y de tu rendición. Te toqué el timbre. Abriste la puerta, apenas, estabas con un vestido azul, suelto. Parecía que pensabas salir apenas te deshicieras de mí. Te mantuviste en el umbral de la puerta, que estaba abierta solo lo suficiente como para dejar salir tu pequeño cuerpo. Pero yo empujé la puerta, y entré, como pancho por mi casa. “Vení, contá la plata” te dije. “No hace falta” me dijiste. “Lo que sea que hayas traído me sirve un montón. No sabés como te lo agradezco” se notaba que percibías mis segundas intenciones. Me miraste subrepticiamente y descubriste que detrás de mi bragueta, mi compañero comenzaba a desperezarse. “Te prometo que te lo voy a devolver todo”. Me dijiste.

    ¿Qué habrás estado pensando en ese momento? Sin duda sabías que todavía no te había sacado de mi cabeza. ¿Tenías miedo? Probablemente sí. Pero, ¿miedo de mí? ¿De vos misma? ¿De ambos?

    Saqué un fajo de billetes del bolcillo de atrás. Los estiré para dártelo, y cuando los ibas a agarrar, los dejé caer al suelo.

    Me miraste con recelo. Te habías dado cuenta de que lo hice a propósito, pero aun así te agachaste para recogerlos. Fuiste agarrando uno por uno los billetes, que se habían desparramado. Me encantaba verte humillada a mis pies. Entonces te agarré de la cabellera castaña, te la tironeé, y te hice gritar de dolor. Levantaste la vista, y vi en tus ojos un desprecio mezclado de resignación. “No soy una puta que se va a dejar coger por unos mangos”, me dijiste, con lo que te quedaba de dignidad. “Hoy sí lo sos” te respondí, bajándome el cierre del pantalón, liberando a mi bestia que ya estaba del todo erguida.

    “No te la quiero chupar” me dijiste. ¿Te acordás de esa frase putita? Apenas terminaste de decirla, y te tapé la nariz. No aguantaste más de dos segundos y tuviste que respirar por la boca, a lo que aproveché para invadirte con mi pija.

    ¡Cómo me gustó tu cara de sorpresa y desidia! Los billetes habían caído de tu mano, que usabas para empujarme inútilmente. Ya estaba adentro tuyo y no pensaba salir de ahí. “Tengo que verme con mi novio” dijiste, cuando tuviste la oportunidad “Por favor, no quiero hacerlo” insististe. Pero si no hubieses querido, no me hubieses buscado justo a mí, para que te ayude ¿cierto, putita?

    Lo que siguió fue una coreografía agotadora, pero excitante. Mientras hacías estériles intentos de deshacerte de mí, con tu pobre fuerza de mujercita de cuarenta y cinco quilos, yo me las arreglé para quitarte una a una tus prendas: primero fueron los zapatos, que volaron a algún lugar de la habitación; luego la bombacha, que dejó al descubierto tu culo perfecto, después te saqué a los tirones el vestido, y cuando te diste cuenta de que estaba dispuesto a hacértelo hilachas con tal de ponerte en bolas, dejaste de resistirte. Finalmente te desabroché el corpiño. Besé tus tetas. Ya no hacías nada para evitarlo. Sólo parecías pretender estar distante mientras yo hacía lo que quería con vos.

    Te puse sobre mi regazo, boca abajo, y con el dedo acusador comencé a castigar tu culo. Lo mandé sin preámbulos hasta el fondo. Te retorciste sobre mi cuerpo y gemiste como puta. Te enterré el dedo otra vez, y luego otra vez, y muchas veces más. Tu cuerpo desnudo, se arqueaba cuando recibía mis ataques. “Así que no querés que te coja, ¿eh, puta?” Te susurré, humillándote con mis palabras, mientras te seguía humillando con mi índice que ya se enterraba hasta el fondo con mucha facilidad.

    ¡Qué hermoso era verte sometida a mi voluntad, putita hermosa! “Así es como se pagan los préstamos” te dije, agarrándote del pelo de nuevo, para acercar tu rostro a mi falo impaciente.

    Esta vez no dudaste en metértelo en la boca. Quizá querías terminar con eso lo más rápidamente posible. Me la chupaste con la maestría de una puta veterana de Liniers. Con esa carita de nena bien eras capaz de hacer las cosas más obscenas. Me mirabas mientras lo hacías. No sé qué querías encontrar en mis ojos, observándome con esa mirada acusadora mientras mi verga todavía se sumergía en vos, hasta casi llegar a la garganta. Pero no ibas a encontrar redención. Para que no te quepe duda de esto, te hice tragar mi eyaculación.

    Cuando pensaste que te iba a dejar en paz, comencé a jugar con tus tetas. Las olí, las estrujé, mordí tus pezones, viendo como las mamas se hinchaban y los pezones se endurecían. El cuerpo no miente, aunque fingías desinterés, mis estimulaciones surtían su efecto. Separé tus piernas. Me pediste que use preservativo, pero yo quería sentir hasta el más mínimo detalle de nuestro encuentro, sin un plástico de por medio. Así que te la enterré, adentrando la mitad de mi tronco en la primera embestida. Giraste la cara, apoyando una mejilla sobre la almohada, cerraste los ojos, parecías una bella durmiente, pero te estremecías, y movías toda la cama, cuando te perforaba hasta el fondo una y otra vez.

    Te agarré del cuello. Me miraste con miedo, a pesar de que apenas presionaba. Me gustó sentir tu temor, así que me quedé en esa posición hasta que acabé adentro tuyo.

    Me acuerdo de esa noche, igual a que me acuerdo de todas nuestras noches, mi querida putita.

    Mientras yo salía de tu departamento, vos, todavía medio desnuda, recogías los billetes que habían quedado desparramados en el suelo.

    Así que ya sé que pronto nos veremos. Algún día vas a caer y vas a recurrir a mí, ya sea porque necesites plata, o simplemente para mantener viva esta relación retorcida que tenemos, porque yo sé, putita, que a vos te gusta que te trate así, y mientras lees esta carta te estarás diciendo que estoy loco, que nunca volverías a estar conmigo, pero te pido que repares en tu propio cuerpo, y admitas, para vos misma, que estas líneas te hicieron mojar la bombacha. Atrevete a negarlo, putita.

    Es todo lo que tengo para decirte. Ya nos veremos cuando menos lo esperes. Mientras tanto, quiero que sepas que te extraño mucho.

    Con mucho amor.

    Papá.