Autor: admin

  • Terminé de criado de mi jefa (10): Festejo con orgía

    Terminé de criado de mi jefa (10): Festejo con orgía

    Al llegar a nuestra ciudad deje a Susana en su mansión, durante todo el viaje habíamos charlado, de nada personal, de la vida, de temas profundos, al bajarse de la camioneta me dio un tierno beso en los labios, por un segundo se quedo inmóvil, creo que quería invitarme a entrar y que pasáramos la noche juntos, pero volvió a cambiar su semblante.

    Susana: Hasta luego Señor Rodríguez, fue un lindo fin de semana.- otra vez volvió a poner una barrera aunque no era tan rígida si marcaba la distancia.

    Me dirigí hasta mi departamento, ya era muy tarde, me bañe y vi todo mi cuerpo, estaba morado por todos lados, rasguños, mordeduras y moretones, incluso hasta mis nudillos estaban hinchados y con raspones, me dolía todo el cuerpo, pero había sido un sexo raro, si me preguntan me gustaba la novedad, aunque dolía. Dormí como un tronco cansado, me costo un poco levantarme, me dolía todo.

    La mañana comenzó bastante agitada, con muchos mensajes en el grupo de WhatsApp, en el básicamente habían reenviado un mensaje de Javier el esposo de Hernán, dándonos indicaciones legales, y de mi querían que pasara lo más desapercibido posible, que me estuviera quietito por unos días. Cuando llegue a la empresa un empleado de seguridad de llamo a un costado y me dirigió a la oficina de su jefe, el viejo me pidió lo mismo que el mensaje, y me dijo que siempre iba a haber uno de sus muchachos cerca. Me di cuenta que había chicos nuevos de seguridad, el viejo zorro me confirmo que en realidad eran policías que se hacían pasar por empleados de la empresa, y no son los únicos me advirtió.

    Ya en el café de media mañana recibí un mensaje para encontrarnos en el despacho de Hernán. En el ascensor me encontré con mis amigos que venían del área de informática, y me avisaron que dos colegas de azul se habían hecho cargo de sus lugares, no había que ser un genio para entender que la policía había copado aéreas especificas en la investigación.

    Voy a explicar otra vez de que va la empresa. A parte de tener múltiples ramas menores, la principal en la que estábamos se dedica por un lado a la administración de puertos, teniendo en el país dos puertos propios y seis concesionados, y en la región, o sea los cinco países vecinos tienen siete puertos más , a esto hay que sumarle los parques que rodean al puerto, donde se ha construido una infraestructura ferroviaria y de galpones que se alquila a otras empresas, y de la mano de esto esta el área de tanto terrestre, aéreo y naval. A parte de esto tiene bases o sucursales en veinticinco países más, generalmente con los que más comercio tiene la región.

    Nuestro rubro es algo sensible, por lo tanto las autoridades siempre están con un ojo encima, por el hecho de que pueda entrar o salir algo ilegal del país.

    Cuando llegamos la secretaria de Hernán nos hizo pasar a la sala de juntas, cada gerencia tenia su piso y su sala de juntas, al lado de la oficina del gerente, La Gerencia de Operaciones era la más grande de la empresa, en empleados y tamaño. Al entrar estaba Hernán, Clara, Vale, el jefe de Seguridad Enríquez, y un sujeto que tenia toda la pinta de ser policía.

    Hernán: Chicos pasen, siéntense, ahora le traen su café.- se paro y nos saludo a los tres con la mano, tenia mucha más confianza con los chicos después de estar trabajando juntos en el programa informático.- Mira este es el Comisario Ordoñez.- se dirigió a mi.- Es el jefe del operativo.

    Ordoñez: así que ustedes fueron los que vieron la punta del iceberg, miren el robo y fraude a la empresa es uno de los delitos que hacían esta organización, el que nos importa y por el que estamos aquí es el trafico, esta gente alquilaba containers para empresas y meter mercadería de forma ilegal al país, en un principio pensamos en drogas, pero no, es tecnología proveniente de China, celulares, tablets, computadoras, todo sin pagar ningún impuesto. Millones y millones de dólares ingresan por mes bajo esta misma forma.

    El comisario siguió explicándonos y nos dijo que la investigación estaba en una etapa de resolución, que esa semana se iba a llevar adelante la finalización de la misma, que mientras tanto tuviéramos bajo perfil todos, y me miro a mí, como si supiera algo. En un momento dado el Comisario y Enríquez se fueron para organizar sus cosas, nosotros mientras seguíamos tomando nuestro café, mi novia se paro y me dio un beso delante de todos y después se dirigió a los chicos y le dio un beso en la mejilla a cada uno, estos estaban rojos no estaban acostumbrado que los dueños lo trataran así, Hernán para incluirlos empezó a preguntar por las modificaciones del software que le había pedido, los chicos inmediatamente respondieron comentando todo lo que habían hecho.

    Hernán: Genial eso me gusta gente con iniciativa y que resuelva. Mi hermana esta al tanto de todo y los apoya, no pudo venir porque quedo un poco golpeada del ejercicio que practico el fin de semana.- esto lo dijo mirándome fijo.- y se quedo para reponerse, ya que tiene la tarde cargada de reuniones en el banco.

    Los chicos después del café se fueron a sus lugares, o a su área para ser precisa, por que sus lugares estaban ocupados por la policía, iban a aprovechar para mejorar el software de nuestra empresa. Yo me quede solo, las chicas me miraban y se reían, y Hernán me miraba como si estuviera por decirme un chiste o algo así.

    Clara: Ya se, siempre te he dicho que eres un salvaje, creo que para ser exactos eres un León, y te apareaste con una Leona guerrera, sabes que en el apareamiento de estos es normal las mordidas y que se claven las garras.- Vale se reía del otro lado.- ahora ella entiende por que a mi me dolía la pelvis después de estar contigo.- Clara se reía, y los otros también.- eres un animal jaja.

    Hernán: Hasta ahora son todas cosas positivas, cuando le pregunte esta mañana no dijo nada de ti, en casos anteriores despotrica o insulta a sus amantes, pero contigo dijo un escueto estuvo bien, para ella eso es un enorme gesto.

    Vale: Pasaste la prueba cariño, ahora te tengo una mala noticia, tengo que viajar al interior hoy al medio día, pero vuelvo el Jueves a la noche, me voy con Clara.

    Bueno charlamos un rato más, todo con buena onda entre risas y después me fui a mi trabajo. Cuando llegue mi jefe me reto por la demora, había tardado de más en el café de mitad de mañana, yo solamente acepte el regaño y seguí, no podía decirle de donde venia y quedar descubierto. Volví a mi tedioso y aburrido trabajo, según me entere por un compañero, Martín el Director de Compras había vuelto y se lo veía un poco maquillado y que no salía de su oficina ni hablaba, yo pensé que era para disimular los moretones, después me entere que no hablaba por que le fracture la mandíbula.

    Ya me hacia yo a la idea de una semana sin sexo, Clara y Vale de viaje, a Juli la habían cargado de trabajo en el Banco y estaba como loca, Susana según las chicas tenia periodos de sexo explosivo de uno o dos días y después semanas sin nada, así que no contaba con ella. Así que seria mi descanso. Baje a almorzar al comedor y ya estaban Kevin y Lautaro, me mataron a preguntas sobre mi relación con Vale, y si todo estaba bien. Yo me reía de ellos.

    Kevin: Que gol que te anotaste, la tienes encandilada.- dijo riéndose.- no sabia que tenia problemas de vista, porque es la única opción, teniendo a dos galanes como nosotros.

    Lautaro: ¿No tendrá amigas para nosotros? Mira que somos unos partidazos.

    María desde la otra punta del comedor charlaba con sus compañeras de Recursos Humanos, y nos miraba y cada vez que me veía me sonreía, los chicos se dieron cuenta al toque, y empezaron a decirme barbaridades. Pero era la primera vez que me pasaba, nunca una mujer me miraba así, y la verdad analizando las cosas es que María siempre se portaba rara conmigo, y se lo comente a mis amigos.

    Lautaro: Es que eres tonto, yo no se como una hermosura como Valentina se prendo de ti. Esa chica quiere algo contigo y hace rato.

    Kevin: Es que eres otro hombre, te paras con seguridad, tu caminar y semblante han cambiado, te viste de puta madre, que me imagino que tendrá que ver Valentina en eso. No eres tan lindo como nosotros pero tienes una pinta de macho duro, de esos alfas con pelo en pecho.- hizo todo esto haciendo la mímica, no parábamos de reinos.

    Lautaro: te has vuelto un tipo enigmático, encima corren rumores sobre ti.- yo lo mire riéndome.- vamos esta el rumor de que tu golpeaste al ex de Valentina, y nosotros sabes cositas como para afirmar eso.

    Los chicos cortaron la conversación porque María se nos unió, saludo a todos, y se quedo a conversar con nosotros, como no teníamos muchos temas en común nos pregunto si sabíamos algo de la investigación que habíamos hecho, nosotros negamos con la cabeza. Después nos conto que había hecho con su bono, y empezó a hablar parecía que no se callaba más, no nos daba ni oportunidad de decir algo. Cuando se hizo la hora de volver nos despedimos, y nos fuimos cada uno a nuestras aéreas, pero ella me alcanzo camino al ascensor. Me miraba directo a los ojos o a la boca, y me dijo que el fin de semanas sus amigas y ella saldrían a tomar algo, que si quería podía ir con mis amigos.

    Le agradecí pero tenía que volver a mi ciudad para el cumpleaños de mi madre, así que para la próxima vez. Me pareció un poco decepcionada pero bueno, no era mi problema.

    El resto de la jornada fue más que aburrida, termine me fui al gimnasio a entrenar un poco y después al departamento. El martes y el miércoles fueron igual, y en estos dos días también se acerco María a charlar con nosotros, incluso invito a los chicos a salir el fin de semana con ella, los chicos volvieron a burlarse de mí, y me dijeron que yo estaba atrapado, que ello harían el honor.

    En estos días estuve bastante activo con el grupo de WhatsApp siempre escribían y preguntaban cosas, la única que no era activa y contestaba poco era Susana. También mantenía comunicación constante con mi novia, o hacíamos videos llamadas, incluso tuvo el descaro de cortarme para ir a tener sexo con Clara. Pero bueno, tener sexo todos los días y de repente cortar, lo tome como un descanso merecido.

    El jueves a la mañana antes de entrar al trabajo recibí un mensaje de la Jefa, doña Susana me pedía que subiera urgente a su oficina ni bien llegara a la empresa, y asi lo hice, su secretaria me dejo pasar en el acto.

    Susana: Alberto, por favor escribe los cinco directores que para ti deben ocupara los cargos en la Gerencia Financiera. – me paso un bolígrafo y papel.

    Me pego un gancho al hígado aquello, porque yo pensaba que estaba más que capacitado para ocupar alguna de esas direcciones, conocía todo al detalle. Escribí mi nombre como Director de Compras. Ella se la notaba nerviosa, movía sus pies y repiqueteaba con las uñas en el escritorio cada tanto.

    Susana: No puedes estar tú, aunque se que estas capacitado, te necesito en otro lado. Elige a alguien capaz y afín a ti.

    De malas ganas lo escribí, en realidad puse a las personas más capaces y que estuvieran limpias, no puse nadie afín a mí.

    Susana: Ven aquí, necesito que me calmes los nervios.- dijo separándose un poco del escritorio.

    Ella llevaba un traje con pollera hasta las rodillas, abrió bien sus piernas, no me cansaba de ver sus perfectas piernas, se ve que estaba necesitada, porque remango su pollera y me jalo de los cabellos con destino a su cueva mágica, tenía una tanga de algodón blanca, la aparte y empecé el trabajo con mi lengua, la señora tenia necesidad por que me estampaba contra su vagina, ella se movía en su asiento, ya como veía que lo quería rápido introduje dos dedos en su vagina y empecé a moverlos, ella se apretaba los pecho y resoplaba.

    En menos de tres minutos la señora estaba teniendo un orgasmo, mientras se estrujaba las tetas. Yo me pare y pensé ahora me toca a mi, con una carpa evidente en mi pantalón. Ella una vez recompuesta me tomo del cinto y me trajo hacia ella, mirándome a los ojos como loba, pero el intercomunicador sonó.

    Secretaria: Señora el jefe de Seguridad la busca, es urgente.

    Me hizo seña y yo me senté en mi lugar, colocando mi portafolio sobre mis piernas para tapar mi erección. El señor Enríquez entro y Susana con un movimiento de la mano empezó a hablar, básicamente venia a informarle que el operativo estaba por empezar, solamente estaban esperando la llegada del fiscal con las ordenes firmadas por el juez.

    Susana: Ve a tu puesto Alberto y disfruta del show.

    Ella me miro y sonreía al ver como me cubría con mi portafolio, y caminaba con cierta dificultad. Seguro lo hizo a propósito, mis sentimientos estaban encontrados en este momento, me sentía bien por un lado porque todo esto iba a terminar, y por el otro mal, es porque me sentí usado, no tan solo en el sexo inconcluso de ahora, sino más bien porque no se me daría un ascenso, como dije estaba más que capacitado para ocupar cualquiera de las Direcciones. Antes no hubiera dicho nada, pero mi nuevo yo estaba molesto y pensaba decirlo en cuanto tuviera oportunidad.

    Al llegar a mi puesto de trabajo el Director de Recursos Humanos me estaba esperando para disciplinarme, por llegar tarde, solamente les conteste de muy malas ganas que se comunicaran con Presidencia, que estaba en una reunión con la Sra. Susana, se lo dije tan mal y con tan mala cara que ni me contesto y se fue de mi área de forma inmediata, no estaba de humor.

    El show comenzó casi una hora después, a mi me avisaron por mensaje, fue Hernán, mire y tenia un Memorándum donde detallaba los nuevos cinco Directores de la Gerencia de Finanzas, era un Memo general que recibía todo empleado de la empresa. Muchos no lo veían inmediatamente, es más yo lo vi por que me avisaron. De los cinco nuevos, cuatro eran nombres que yo había puesto, el quinto era un alguien que trabajaba en otra empresa del grupo, que conocía de nombre nada más. Todos buenos empleados, pero yo pensaba que era mejor.

    Uno de los chicos que estaba en un cubículo más adelante que el mío vio el Memo y se lo empezó a comunicar a todos, en pocos segundos las veinticinco personas que pertenecíamos a esa área lo sabia, incluso la secretaria del director se dio cuenta y fue a su computadora a confirmarlo, el cuchicheo y hablar por lo bajo se era prácticamente lo que pasaba entre todos y nadie entendía, casi al mismo tiempo unas diez personas entraron al área, todas identificadas con camperas y gorras de la policía, alguien que exhibiría una hoja en alto hablo, y nos pidió que nos alejáramos de nuestras computadoras, acto seguido aprendieron a dos de mis compañeros, a la secretaria y al director, lo mismo pasaba en cada Dirección de la Gerencia de Finanzas.

    Fue prácticamente un asalto de la policía a la Gerencia de Finanzas, estaba todo perfectamente coordinado, se llevaron a todos esposados y sacaban cajas con computadoras, celulares y archivos. Algunos tuvieron que salir de testigos de todo el allanamiento, nos desocupamos para el medio día, en realidad no podíamos trabajar.

    El comedor era un bullicio total, cada uno tenia un plan más loco que él otro, justo en el momento en que estábamos comiendo con mis amigos nos cayo María y sus compañeras, quiso sacar cara preguntándome directamente si era por nuestra investigación delante de ellas, yo solamente respondí que estaba todo en manos de la justicia yo no sabia nada de lo que hablaba. Ella vio su metida de pata y para cambiar de tema quiso ser condescendiente conmigo diciéndome que yo me merecía alguna de las Direcciones, ni respondí. Ahí nos llego un nuevo memorándum, en el básicamente decía que tras una investigación interna, se descubrió que personal de la empresa incurría en múltiples delitos, tras una denuncia en la justicia la misma llevo adelante durante meses una investigación que confirmo los hechos, eso era todo.

    Después de todo eso nos dieron el resto del día libre a toda nuestra área. Yo me fui a mi casa, no estaba de humor para nada, como seguía así salí a correr, llegue me bañe y me cambie, un mensaje cariñoso de mi novia me saco de mis pensamientos, básicamente me decía a que hora llegaba al aeropuerto y que me pusiera algo lindo, lo bueno es que me lo dijo cariñosamente, por eso me peso menos, pero igual lo hice de malas ganas.

    Ellas ya me estaban esperando, y notaba las miradas masculinas sobre ellas, la verdad que eran dos mujeres que sobresalían de la media, eran hermosas realmente, y su forma de vestir resaltaba su belleza, eran muy elegantes.

    Vale: Hola cariño.- dijo lanzándose hacia mí y estampándome un beso.- te extrañe.

    Clara: Hola Salvaje.- y me dio un beso en los labio, alguno de los hombres que observaba me miro con envidia y otro con orgullo.

    Ya en la camioneta me pidieron que me dirigiera a la Mansión de Susana.

    Vale: Es que esta invitado el nuevo Gerente Financiero, te va encantar, y hay que celebrarlo en grande.- a mi cada vez me gustaba menos todo.

    Llegamos a la mansión y todos estaban de buen humor, y la cosa estaba más que animada, no había nadie extraño, el único que no era del grupo era Javier el esposo de Hernán. Pensé que el nuevo gerente estaba por llegar, yo seguía parco, hablaba poco y tenia cara de pocos amigos. El personal empezó a servir la comida y no esperamos a nadie más, en un momento dado Susana pidió que nos llenaran las copas de vino a todos.

    Susana: Por el nuevo Gerente Financiera de la empresa y el futuro marido de Valentina.- todos dijimos salud al unisonó.

    Ahí me di cuenta que estaba hablando de mi, yo era el nuevo gerente de la empresa. No lo podía creer, todos me rodearon y abrazaron, Susana me miraba con una sonrisa y aplaudía, igual que Hernán y su esposo aplaudía. Todos estaban eufóricos, y yo en estado de shock, yo no podía creerlo, todavía no reaccionaba. Seguimos brindando y comiendo, yo estaba seguro que estaba preparado para ser Director, ahora Gerente era otra cosa, todo eso circulaba por mi mente. Ya habíamos terminado de comer y se había retirado el personal, fuimos a otro lugar, una habitación con sillones por todos lados, yo ya había estado ahí, no me di cuenta porque seguía hundido en mis pensamientos.

    Susana: Yo se lo que estas pensando.- Me dijo al oído.- no tienes de que preocuparte, yo te ayudare y estaré muy cerca.

    Me tomo de la corbata y me trajo hacia ella, metió la lengua hasta la garganta, ahí recién pude reaccionar y responder a su beso, era posesivo parecía que me quería comer, me tomo un poco de sorpresa. Hernán y su marido traían una bandeja con tragos para nosotros y las Clara y Juli también comenzaron a besarse, al soltarme mi novia estaba esperando y ocupo el lugar de Susana para besarme, mientras creo que era Susana frotaba mi pene por encima de mi pantalón. Rápidamente todos nos desvestimos, creo que la presión y estrés de estos días había que liberarlo de alguna forma, y el sexo era bueno para ello.

    Susana me empujo contra un sillón, ya era la dominante de siempre se veía en su mirada. Puso un pie en el apoya brazos y su vagina quedo a la altura de mi cara, mientras mi novia se arrodillaba entre mis piernas y empezaba a succionar mi pene. Susana quiso empujarme hacia su vagina, pero tome yo la iniciativa agarre fuertemente de sus nalgas clavando mis dedos en ellas y traje su vagina a mi boca y empecé a devorarla como si fuera una fruta madura, ella tuvo que apoyarse con las dos manos en el respaldo del sillón para no caerse. Mientras Juli y Clara hacían un 69, Javier estaba encima de Hernán besándose en la otra punta del salón. No quería acabar tan rápido, y Vale estaba haciendo un placentero trabajo en mi pene.

    Alberto: Cariño, te necesito aquí.- le dije abriendo bien las nalgas de la jefa.

    Mi novia me entendió en el acto y empezó a lamer el ano de la jefa, y unos segundos después introdujo un dedo en su vagina y otro en su ano, era un ataque múltiple, tanto es así que Susana empezó a gemir como loca, y los otros dejaron de hacer lo suyo y vieron el impresionante orgasmo que tuvo la jefa, tanto es así que cayo semi inconsciente sobre el sillón.

    Cuando se repuso, le dieron un trago, mientras yo me dedicaba a mi novia, besándome con ella, y acariciándonos, nos dejaron un momento de intimidad para los dos, mientras todos hacían lo suyo, yo puse a Vale en un sillón alto, tome de sus piernas y la puse sobre mis hombros, sabia que mi novia le encantaba que la penetrara así, yo arriba y mirándonos. La penetraciones eran profundas y rápidas, mientras le acariciaba los pechos Vale tuvo un orgasmos, yo quería seguir y acabar dentro de mi novia pero me detuvo.

    Vale: Cariño guarda tu semilla para fecundar a las chicas.

    Mire y Clara y Susana nos estaban viendo como esperando su turno, más allá una escena que no me gusto tanto, pero ya la vi como algo casi normal, Hernán estaba en un sillón, su marido se la estaba mamando de rodillas y Juli estaba dándole un beso negro mientras jalaba el pene a Javier. Yo no quise mirar más así que tome a Clara y la acosté en el mismo sillón, en la misma posición que mi novia.

    Alberto: No te molestara comérselo a Susana verdad.- esta la llamo a Susana y se subió arriba de su cara.

    Así que Clara se la comía a la jefa, mientras yo la penetraba, en un momento nos acercamos con Susana y empezamos a besarnos, era un comportamiento que no era normal en ella, pero la posición difícil y prácticamente estábamos doblando a la pobre de Clara hicieron que nos separaremos, Vale vino y ella empezó a besarme y cuando me dejaba hacia lo mismo con Susana. En la habitación solo había gritos y gemidos, Clara acabo y con ella también me fui yo en su interior, Susana se quedo a medias por eso cuando se bajo de arriba de Clara se fue encima de mi novia y empezaron a frotarse los sexos.

    En el otro lado, Javier seguía en cuatro, pero ahora Hernán le estaba detonando el ano, dándole con todo mientras lo nalgueaba y Juli estaba recibiendo un tratamiento oral por parte de Javier.

    Yo me recupere en el acto, el descanso me vino bien. Agarre desde atrás a la jefa y la penetre, que rica sensación ahí me quedaría hasta acabar. La orgia se prolongo hasta la madrugada.

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  • Antes de irse de viaje

    Antes de irse de viaje

    Me escribió y dijo que si íbamos por alitas… le respondí que sí y me dijo “bueno, mejor pide el día completo”.

    Nos vimos como a las 10, fuimos a desayunar y me platicó que ese fin de semana se iba a ir unos meses a Mérida por chamba, que por eso quería verme.

    Anduvimos un rato en la plaza comprando cosas que le hacían falta, algo de beber y nos fuimos a un hotel.

    Round 1.

    Desde que llegamos dijo “es a morir eh, tengo que aguantar 3 meses” me empecé a reír y desde que subía las escaleras veía contornearse ese culo que tanto me gusta, la tomé por detrás y empecé a manosearla, hasta llegar a la cama. La aventé hacia la cama boca abajo, me puse sobre ella besando su cuello y desabotoné su pantalón para meterle mano, intentó girar, pero no la dejé.

    “Así quédate” le dije mientras jalaba su pantalón y me sentaba a lado… empecé a nalguearla y frotar su ropa interior. Cuando noté que empezaba a mojarse pasé mis dedos por sus labios abriéndolos despacio… Regué un poco su humedad y después metí de golpe dos dedos sacándole un gemido. “Te quiero bien mojada” le dije mientras mis dedos entraban y salían haciéndola gemir fuerte mientras que con mi otra mano la sostenía de la cintura.

    No pasó mucho tiempo para que sus gemidos expusieran el primer orgasmo con mis dedos dentro de ella. Yo ya no aguantaba y quería metérsela.

    Con mi mano acaricié su espalda hasta tomarla del cabello y dándola una nalgada más le dije: -ven.

    Se levantó de la cama y sosteniéndola del cabello hice que se hincara mientras me bajaba el pantalón. Ella metía su mano al bóxer… sacó mi pene y empezó a tocarlo.

    Lamía cada centímetro de mi verga apretando mis bolas como me gusta; escupía y metía a su boca una y otra vez. Cada vez que intentaba comerla toda le empujaba la cabeza hasta escuchar sus arcadas… fue en uno de esos momentos donde mi primer brote explotó y llegó a su garganta llenándola de lechita caliente.

    Golpeé sus mejillas con la verga escurriendo de saliva y con una sonrisa le dije: -“ya sabes“.

    Se levantó, quitamos la ropa que un teníamos y se puso en 4 sobre la cama y yo de pie, detrás de ella mi erección seguía dura. Apenas en posición pasé mi verga por sus nalgas, abrí ligeramente y entré directo… el golpeteo de mis bolas y su humedad parecían competir con los gemidos que emitía, entraba rápido y con fuerza: -“¿quién es mi putita?”, le preguntaba…

    Mis manos acariciaban su espalda y bajaban a sus pechos, de pronto saqué mi pene y le dije: -“gira ” y antes de subir sus piernas a mis hombros chupé esas tetas grandes, redondas, duritas con sus pezones erectos, grandes, me encantan esos pechos que fue lo que me hizo querer conocerla y que iniciaran estos encuentros casuales desde hace ya casi 10 años.

    Volví a penetrarla retomando el ritmo que tenía, haciendo que terminara rápido, le avisé y rápidamente se incorporó para que me viniera en su boca como le encanta y llenando de leche su garganta nuevamente.

    Round 2.

    Pues pasamos al jacuzzi.

    Ahí todo fluía más tranquilo, me acariciaba despacito nos dábamos algunos besos mientras charlábamos. Me empezó a tocar bajo el agua, me la jaló un poco y me pidió sentarse sobre mí, seguía jalando mientras masajeaba sus pechos y me recreaba con esa vista espectacular.

    Todo era un rico jugueteo y mientras se ponía más duro mi pene, mis manos comenzaron a acariciar sus nalgas y pasar los dedos por su anito.

    Con mi dedo hacía círculos y lo presionaba poco a poco, así un par de veces hasta que logré meterlo un poco. Para ese momento ella ya estaba clavadísima en mi verga moviéndose despacito y riquísimo mientras yo estaba chupando sus pechos. Dejé sus boobies y le dije: -“por atrás” y sin cuestionar nada se giró.

    Volví a pasar unos segundos los dedos y empecé a penetrarla muy despacio. Sentía como comenzaba a entrar la cabeza y salía. Volvía a hacerlo.

    Así un par de veces hasta que mi verga entró con más facilidad. Entonces la tomé de las nalgas y no salió, poco a poco fue penetrando más. Para ella según dijo era una sensación rara… al inicio le dolía y así lo dejaba saber con sus gemidos que parecían gritos, pero yo acariciaba su espalda tratando de calmarla y le decía: -“tranquila chiquita, lo estás haciendo muy bien”.

    La empujaba haciendo un vaivén muy despacio hasta que entró toda la verga. Se pegó a mí y le a acaricié nuevamente esos pechos preciosos y le besé la espalda, parecía que no se movía. Inmediatamente me percaté que se sentía más relajada.

    Yo le decía lo apretada que estaba, que se sentía delicioso apretadita. Y le preguntaba que si sentía lo duro que me tenía. Y así, volvió a sentir mis movimientos suaves pero con un poco más de fuerza. Se volvió más frecuente… se sentía tan bien. La escuché agitarse y sabía que se iba a venir

    Entonces le volví a preguntar: -¿quién era mi putita?

    Ella me dijo sin dudar -“Yo”.

    Sabía que nadie había entrado ahí, así que le dije que quería ser el único que le diera así. Tenemos un acuerdo de poder ver a otras personas. Pero después de 10 años, yo era el primero en darle por atrás.

    Y entre mis peticiones y sus gemidos era momento de venirse. Fue delicioso como sentí chorrearme todo dentro de ella.

    Terminé, salí despacio. Volvimos a sentarnos y entre besos le dije: -“estás bien apretadita”.

    Metí de nuevo mis dedos en su vagina para que ella terminara.

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  • Juguete de ella, juguete de él (3): El regalo

    Juguete de ella, juguete de él (3): El regalo

    Erin no se molestó en tocar la puerta. Entró directo a la oficina de Salvador, cerrándola con calma detrás de ella, como si el lugar le perteneciera tanto como a él. Llevaba puesto un vestido ligero, que al moverse dibujaba sus curvas con naturalidad. Sus tacones repiqueteaban suavemente contra el piso mientras avanzaba hacia el escritorio.

    —Mira —dijo con una sonrisa traviesa, mostrando la pantalla de su celular. En ella brillaba la imagen de unos pendientes finos con su collar a juego—. Son perfectos.

    Salvador la observó en silencio unos segundos, reclinándose en su silla con esa seguridad que tanto la desarmaba. No miró el celular, la miró a ella. Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo como quien evalúa una posesión, un aire de dueño que Erin conocía bien y que, lejos de incomodarla, la excitaba.

    —Eso es caro, princesa —respondió al fin, su voz grave y calmada, sin una pizca de duda—. Vas a tener que hacer más cosas para ganártelo. No basta con lo que ya me das… tendrás que cumplir tareas, una a una, como yo las disponga. Quiero que cada vez que lo pida, me demuestres que sabes obedecer.

    Mientras hablaba, se incorporó lentamente. Con un gesto pausado, se desabrochó el cinturón y dejó caer sus pantalones. Esa fue toda la señal que Erin necesitó.

    Dejó el celular sobre el escritorio, se arrodilló frente a él con naturalidad. Sus labios se curvaron en una sonrisa cómplice, sus ojos brillando con deseo y sumisión.

    —Sabes que haré lo que sea… —susurró, justo antes de liberar su polla y llevársela a la boca.

    El silencio de la oficina se llenaba únicamente por el sonido húmedo y constante de la boca de Erin. Ella estaba concentrada, entregándose por completo, sintiendo cada reacción de Salvador y respondiendo con deseo. Sus labios lo recorrían con precisión, su lengua marcando cada contorno mientras sus manos ayudaban a guiarlo con delicadeza y fuerza al mismo tiempo.

    Salvador la observaba desde arriba, una mano apoyada en su cabeza, sin apresurarse, disfrutando cómo se esforzaba, cómo parecía devorarlo con hambre contenida y, al mismo tiempo, placer.

    Erin tragaba todo con cuidado, sin derramar nada, controlando cada movimiento, cada jadeo, consciente de lo que hacía y disfrutando el poder de su entrega. Cada movimiento de sus labios y lengua lo excitaba más, mientras ella se sentía dueña de la situación en su sumisión, orgullosa de complacerlo hasta el final.

    Cuando él llegó al clímax, ella sostuvo todo con firmeza, mirándolo a los ojos, mostrándole su obediencia antes de tragarse cada gota sin titubeos. Un instante de conexión silenciosa los unió: él satisfecho, ella plena, ambos conscientes de la intensidad del momento.

    Las semanas siguientes transcurrieron con una rutina en apariencia tranquila, pero marcada por silencios punzantes y una nueva, incómoda intimidad. En casa, Erin y Zandro mantenían la apariencia de una pareja normal. Zandro la observaba a menudo, notando los pequeños cambios: la forma en que caminaba, cómo miraba el teléfono con una sonrisa fugaz, cómo su cuerpo irradiaba una satisfacción que él no podía darle. A pesar de la humillación, él no se atrevía a confrontarla; temía que cualquier reproche lo alejara de ella para siempre.

    Una noche, mientras ella dormía profundamente, él se acercó a su cabello, inhalando. El aroma de ella, conocido, se mezclaba sutilmente con una colonia amaderada que no era la suya. El conocimiento le cayó encima como una losa, pero en lugar de despertarla y preguntar, Zandro giró, dando la espalda y abrazando el vacío en su lado de la cama.

    Aun así, la amaba con intensidad. Cada vez que la veía, sentía esa mezcla de deseo y vulnerabilidad que lo mantenía atado a ella. Aunque la situación lo hacía sentirse impotente, en el fondo se aferraba a una esperanza absurda: que Erin, pese a todo, algún día lo elegiría.

    Mientras se recostaba solo en el sofá, su mirada se perdía en el techo. Aún tenía fresca en su mente la confesión de Erin: su infidelidad y lo que le había hecho hacer esa noche. La mezcla de excitación y desconcierto lo envolvía, y no podía apartar de su cabeza lo ocurrido, preguntándose cómo manejaría aquello y qué significaba para su relación con ella.

    El silencio de la casa lo envolvía, cargado de ese recuerdo, recordándole lo mucho que necesitaba a Erin, pese a todo lo que había sucedido.

    Otro día, llegando al departamento de Salvador después del trabajo, Erin y él cruzaron el umbral. Dejaron los abrigos a un lado, y mientras él acomodaba algunas cosas, Erin comenzó a desvestirse lentamente. Su vestido ligero cayó al suelo, revelando su tanga y su piel brillante por la emoción. Salvador la observaba con una sonrisa de dueño, disfrutando la tensión que la recorría.

    Se acomodaron en la cama, respirando con anticipación. Salvador se sentó al borde, evaluándola con intensidad. Erin lo miró, excitada y obediente, con el teléfono en la mano.

    —¿Lista para una nueva tarea? —preguntó él, firme—. Hoy quiero que llames a tu esposo y lo hagas escuchar todo mientras yo te follo. Y no solo eso… quiero que le cuentes lo que te hago.

    Erin asintió sin dudar y marcó a Zandro, dejando el teléfono cerca de su oído.

    —No cuelgues —le indicó Salvador—. Esto es para ti.

    Salvador se acercó a ella, la tomó suavemente y la colocó sobre la cama, en la posición de perrito. Erin respiraba agitada, con el teléfono pegado al oído, mientras comenzaba a describir cada sensación a Zandro:

    —Zan… me está tocando… me acaricia el culo… siento su mano en mí… —jadeaba, excitada, mientras Salvador le arrancaba el tanga con fuerza, dejándola completamente expuesta—. Me está rozando la polla por mi concha… ahhh… lo sientes, Zan… cada sensación… cada movimiento… me hace temblar…

    Salvador, disfrutando de su sumisión, hundió la punta de su polla contra la humedad de su concha, provocando un gemido profundo de Erin. Una nalgada resonó en la habitación y él le reclamó:

    —Cuéntale todo, Erin. No te detengas.

    Ella obedeció, su voz entrecortada y excitada:

    —Me folla en la pose de perrito… Zan, siento cómo me llena… cómo me mueve… cada embestida me quema… ahhh… me hace temblar…

    Salvador no esperó a que terminara y la penetró de un solo golpe, provocando un grito de placer de Erin. La conexión con Zandro seguía activa; él escuchaba incrédulo, pero el sonido del golpe seco de los cuerpos chocando y la voz de Erin lo convencían de que era verdad: su esposa estaba siendo follada en ese instante.

    —Me siento tan… tan suya… tan completamente tuya, Salvador… —jadeaba Erin, mientras él controlaba el ritmo y la profundidad de las embestidas, asegurándose de que cada golpe la hiciera estremecerse—. Ahhh… cada empuje me hace temblar… Zan, lo sientes… lo siento todo…

    Salvador, viendo que Erin estaba muy mojada y cerca del orgasmo, aceleró las embestidas. Ella continuó narrando, perdida en el placer:

    —Ahhh… Zan… me está destrozando… me hace perder el control… me siento llena… ¡Dios! cada movimiento… ¡más, más intenso!

    Finalmente, Erin no pudo contenerse más y se corrió, empapando su concha mientras sus gritos resonaban. El teléfono se le resbaló de las manos, pero una nalgada firme de Salvador la hizo volver a tomarlo:

    —Zan… lo siento… ahhh… la polla de Salvador… me está follando tan profundo… me llena por completo… —jadeaba, rendida y satisfecha.

    Salvador también llegó a su clímax, hundiéndose en ella con un gruñido mientras se corría dentro de su concha. Erin, jadeando y temblando, le dijo a Zandro:

    —Zan… está dentro mío… muy adentro… me está dejando toda llena… como la otra noche… es Salvador… me corre dentro… —perdida en el placer, con cada palabra transmitiendo la intensidad del momento.

    Una vez terminado, Salvador se dejó caer junto a ella, arrastrándola hasta quedar en cucharita. Con voz grave y dominante, le dio la nueva orden:

    —Ahora dile algo bonito a tu esposo.

    Obediente, Erin respondió:

    —Te amo, Zan… Ya voy para casa.

    El teléfono quedó entre sus manos, transmitiendo cada gemido, cada embestida, cada palabra. Zandro escuchaba impotente, incrédulo, atrapado en la excitación y la humillación de lo que su esposa estaba haciendo.

    Zandro permanecía sentado en el sofá, el celular aún en la mano. Cada gemido, cada jadeo y cada suspiro de Erin retumbaban en sus oídos, dejando un eco imposible de ignorar. No podía creer lo que escuchaba: la mujer que amaba, su esposa, suplicando y gimiendo con otro hombre mientras él lo escuchaba en tiempo real.

    La incredulidad lo dejó paralizado. Su mente gritaba que debía cortar la llamada, que esto era imposible, pero su cuerpo reaccionaba por sí solo. Un calor intenso se acumuló en sus pantalones, una erección traicionera que desmentía su mente llena de ira y dolor. No entendía cómo podía excitarse escuchando a Erin con otro hombre, mientras su corazón se llenaba de humillación y desesperación.

    Sus manos se llevaron al rostro, intentando contener la confusión y el tormento que lo devoraban. Ira, indignación, deseo y traición se entremezclaban en una mezcla que lo dejaba rígido, paralizado y a la vez alerta. Cada gemido, cada golpe, cada sonido húmedo del teléfono lo atravesaba, provocando que su cuerpo reaccionara en contra de su voluntad. Quería gritar, quería llorar, quería apartar el teléfono… pero no podía. Algo en él lo mantenía pegado, escuchando, sintiendo.

    Se sentía atrapado en un torbellino de emociones contradictorias: excitación y humillación, amor y traición, deseo y desesperación. Todo era intenso, demasiado intenso, y no podía escapar. Sabía algo con certeza: necesitaba a Erin, aunque lo que ella hacía lo desgarrara por dentro. La erección, traicionera e imposible de ocultar, era la prueba física: su cuerpo, humillado, se negaba a repudiar el deseo. Quería gritarle que parara, pero lo único que podía hacer era escuchar y seguir duro.

    Salvador se recostó al lado de Erin, encendiendo un cigarrillo mientras la observaba con su mirada calculadora de siempre. El humo se enroscaba en el aire, pero no apartaba la atención de ella.

    —Vas aprendiendo —dijo con una sonrisa satisfecha, su voz grave—. Si sigues así, pronto tendrás tu premio.

    Erin se acomodó a su lado, acurrucándose contra él con una mezcla de cansancio y satisfacción. Su corazón aún latía con fuerza, y una sonrisa de complicidad se dibujaba en su rostro. Cumplir la tarea le había dado un sentido de poder y logro. Cada orden que había obedecido, cada movimiento que había hecho siguiendo sus indicaciones, la hacía sentirse viva y deseada.

    —¿Y cuándo tendré mi premio? —preguntó Erin, juguetona, aunque con un brillo en los ojos que mostraba que el verdadero placer estaba en cumplir y obedecer.

    —Pronto —respondió Salvador, sin dar detalles—. Pero primero quiero que sigas demostrando que puedes cumplir cada indicación, cada prueba. Quiero verte completamente obediente, completamente entregada.

    Erin asintió, sintiéndose orgullosa de sí misma. No había culpa en su interior, solo la certeza de que estaba obteniendo lo que quería. Cada tarea cumplida la acercaba más al control de su placer, a la intensidad de sus experiencias, y a la sensación de poder que le daba complacer a Salvador.

    Se recostó junto a él, relajándose mientras el humo del cigarrillo se dispersaba lentamente. Estaba satisfecha, plena, y sobre todo consciente de que cada paso que daba la acercaba al premio que la esperaba, un premio que no tardaría en llegar.

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  • Universitarias a la cama: Tania

    Universitarias a la cama: Tania

    En mi vida universitaria fue de las épocas que más sexo casual he tenido hoy quiero relatarles unas de esas historias. En los primeros ciclos llevaba cursos de estudios generales donde nos juntaban con estudiantes de otras carreras en un mismo curso.

    Gracias a eso podía entablar amistad con estudiantes de otras carreras y conocerlos hasta que nos dividan a cada uno de acuerdo a su especialidad, así fue cuando un sábado terminando el curso de liderazgo y desarrollo personal quedamos un grupo de haciendo vida social.

    Un compañero ofreció su casa para seguirla ya que vivía cerca de la universidad éramos un grupo de 8 personas 4 mujeres y 4 hombres, compramos en el Oxxo latas de cerveza, unas botellas de licor, hielo y piqueo (Snacks).

    Una vez instalados en su casa, todo era bromas y risas entre nosotros. Hasta que una compañera de nombre Camila se le ocurre que juguemos el famoso juego del “Juego de la botella” o “Botella Borracha” en algunos países.

    Nos juntamos en forma de círculo alrededor de la sala y empezaron a girar la botella, la primera persona que selecciono la botella fue a Ignacio y Karina tenía que escoger si Ignacio debía responder una pregunta o cumplir un reto.

    Karina: Dale un beso en la mejilla a la persona que está a tu lado derecho

    A su lado derecho estaba Miguel, una vez que le dio el beso en su mejilla ambos se sonrojaron y lo demás nos comenzamos a morir de la risa.

    Al siguiente giro de botella me tocó a mí y Camila debía hacerme una pregunta o cumplir un reto. Camila se quedó un rato pensando hasta que lo decidió.

    Camila: Dale un beso francés a la persona de tu izquierda

    A mi Izquierda estaba Tania una chica de 21 años de la carrera de Ingeniería Industrial, una estatura de 1.68 metros, ojos de color verde oliva con centro ámbar, de piel blanca y una cabellera de tono rubio avellana que le hacía resaltar su rostro.

    Un silencio cayó sobre el grupo, esperando cual iba a ser la reacción de ambos. Tania voltea a mirarme esperando una respuesta, la presión esta sobre mí.

    Sin perder más tiempo me lanzo sobre Tania sorprendiéndola, cruzo mi brazo sobre su espalda y la inclino hacia atrás, juntando mis labios con los de ella procedemos a besarnos nuestras bocas se entreabrieron. Mi lengua tocó ligeramente la de Tania, provocando un cosquilleo que le recorrió la espalda. Ella respondió, torpe al principio, pero pronto el beso se volvió más fluido, más profundo. Era un beso francés, pero también creo que descubrí algo más: una confesión muda, un “me gustas” sin palabras.

    Quizás Camila sabía algo que yo no sabía y por eso fue que ordeno este reto. Nuestras lenguas jugaban entre sí, olvidándonos por completo que todo el grupo nos estaba viendo. Hasta que Miguel alzo la voz.

    Miguel: ¡O ya, queremos continuar con el juego!

    Cuando nos separamos, nuestras respiraciones estaban entrelazadas, Tania sonrió.

    La botella siguió girando cuando me toco mi turno justo tenía que darle un reto a Roger como Camila estaba a su costado le ordene.

    Yo: Pellizca las nalgas de la persona a tu izquierda.

    Roger con todas las ganas y malicia le dio un fuerte pellizcó a Camila en sus nalgas.

    Camila: ¡Auchh!

    La noche continua entre risas, juegos y besos hasta que las chicas decidieron marcharse. Esa noche llegue pasando las 00:00 am a casa, estaba con el miembro erecto recordando el beso Francés que le había dado a Tania, así que busque fotos de ella en su cuenta de Facebook encontré una de ella en bikini de sus vacaciones en Cartagena, Colombia. Debo reconocer que tiene un bonito cuerpo, delgado y muy comestible lo que me provoco hacerme una paja viendo esa foto hasta votar mi producto lácteo ya luego más relajado me eche a dormir.

    El día jueves llegue 18:30 pm a la universidad para recibir el curso de Comercio Electrónico, eran 18:45 pm y el profesor no venía, hasta que nos informan que el profesor del curso por X motivos no podrá dar la clase hoy y si quisiéramos nos podíamos retirar, algunos compañeros se marchan yo no me podía retirar porque tenía otra clase a las 9 pm, así que debía esperar hasta esa hora era un recreo de 2 horas, decido ir a la cafetería de la universidad para comprar algo para tomar mientras hago hora.

    En unas de las mesas de la cafetería veo sentada sola a Tania, estaba revisando unos apuntes en su cuaderno, decido acercarme y hablar con ella.

    Yo: Hola Tania – alza la vista para verme

    Tania: Hola – me saluda con una sonrisa, jalo una silla y me siento a su costado.

    Yo: ¿Tienes un curso hoy?

    Tania: Hoy no, bueno si lo que pasa el martes falte y el profesor de estadística tomo una prueba sorpresa y a mí me falta esa nota, hable con el profesor por WhatsApp y me dijo que viniera hoy que me tomaría la prueba, fui a su salón donde está dando clase ahora me dijo que mejor me la toma terminado su clase, pero su clase termina a las 9:00pm faltan todavía 2 horas es un pesado.

    Apoya su rostro sobre una mano e infla sus cachetes, me dieron ganas de darle un beso en ese instante, pero me contuve.

    Yo: Yo también tengo 2 horas libres el profesor que me tenía que dar clase no vino y tengo otro curso a las 9 pm por lo que no me puedo retirar aun.

    Tania voltea a mirarme

    Tania: Oye haz visto que han abierto un nuevo centro comercial a 6 cuadras de aquí vamos a conocer.

    Yo: bueno si no hay otra cosa que hacer vamos a conocer.

    Salimos de la universidad caminando con Tania me daba cuenta lo guapa que era, sabía que por el camino pasaríamos por un hotel y esa era una oportunidad que no podía desaprovechar, comenzamos a conversar y yo llevaba la conversación siempre a una broma jugando con ella, hay aprovechaba y realizaba toques casuales e inocentes para así poco a poco ir aumentando la confianza.

    A las mujeres les encanta el sexo tanto como a los hombres y sabía que tenía que ir llevando la conversación a ese punto.

    Yo: Tania, recuerdas el mejor beso que te han dado.

    Tania voltea a mírame con una sonrisa

    Yo: Eso quiere decir que el mío fue el mejor

    Tania: Si, me gusto el beso que nos dimos. Pensé que no lo harías, me sorprendiste.

    Aproveche y coloque mi mano sobre su hombro izquierdo abrazándola, ella no me rechazo ni se apartó eso era una señal de que iba bien.

    Yo: Sabes, tengo muchas ganas de besarte, aunque no estoy seguro de hacerlo

    Tania me comienza a mirar de forma interrogativa, aproveche que pasamos por una zona oscura donde no había luz y la empuje hacia la pared, coloque mis manos sobre la pared rodeándola para que no se me escapara y me acerque lentamente a sus labios, comenzando a besarnos, nuestros labios se devoraban entre si mientras nuestras lenguas jugaban, poco a poco recorro sus mejillas y su mandíbula bajando a su cuello (esta zona es muy sensible en las mujeres) Regresaba nuevamente a sus labios y realiza todo el recorrido anterior después comencé a besar sus hombros y al mismo tiempo acariciaba su cabello y sus orejas (zonas erógenas).

    Llegando a este punto sabía que Tania ya estaba excitada, probé dejarla de besarla por un momento y ella se acercó a mí para que la siga besando. Así que seguí adelante, aumente la excitación al tomar su mano y la lleve a mi pene (esto por encima de la ropa) ella le dio un fuerte apretón con eso me dio a entender que ya estaba lista para el acto sexual. Sin más preámbulo le agarre de la mano y la lleve al hotel que estaba en la otra cuadra. Entramos, solicite una habitación pague el costo por 2 horas y me dieron la llave y un control remoto.

    Subimos por el ascensor, al recorrer el pasillo que nos llevaba a la habitación, escuchábamos los gemidos de las parejas teniendo relaciones sexuales, Entramos a la habitación y cierro con llave, Tania se encuentra en forma pensativa como dudando lo que está a punto de hacer, la agarro de la cintura y la lanzo sobre la cama, me lanzo sobre ella y comienzo a besarla mientras con mis manos voy desabrochando sus pantalones, ella me detiene.

    Tania: Espera creo que vamos muy rápido.

    Yo: ¡Demasiado tarde! Te dejaré ir solo después de haberte follado.

    Le bajo el pantalón junto con las bragas, agarro sus piernas y le doy la vuelta. Me desabrocho mi pantalón bajándomelo junto con mi bóxer.

    Yo: Espero que estés lo suficientemente húmeda.

    Coloco un cojín debajo de su monte de Venus, dejando su culo al aire. No se defiende, está más que preparada.

    La penetro con tanta fuerza que grita. Le agarro del cabello y la jalo hacia atrás, saco mi miembro y vuelvo a penetrarla. Todo su interior explota de deseo, engulle todo mi miembro. Continúo penetrándola con fuerza, una y otra vez hasta que ya no aguanta más y se corre, gritando fuertemente su orgasmo. La vuelvo a clavar dos veces más, continúa gimiendo y me vacío dentro de ella.

    Yo: Mmm… ¡qué bien! – Le acaricio la espalda

    Tania: ¿Qué, ahora los preliminares, después de follar? – Voltea a verme, empieza a sonreír y se le marcan dos hoyuelos en las mejillas.

    Le retiro mi miembro luego de haberle eyaculado y nos tumbamos agotados y felices en la cama, estábamos embarrados de semen.

    Tania: Estuvo delicioso, hace tiempo que no me hacían venir.

    La envolví con mi brazo dándole un beso en la cabeza, nos quedamos así un rato descansando.

    Yo: Vamos a la ducha a limpiarnos.

    Tania: Si vamos ya es tarde y no podemos regresar oliendo a sexo a la universidad.

    Nos dirigimos a la ducha no sin antes terminar de desvestirnos. Tania desnuda tiene un hermoso cuerpo lo que hizo que mi miembro se levantara. Ya dentro de la ducha al ver mi miembro parado comienza a morderse los labios sacando la lengua. Abro la llave de la ducha y el agua comienza a caer sobre nuestros cuerpos, con una mano le agarro del mentón.

    Yo: Supongo que tu lengua me quiere insinuar que quieres hacer una mamada

    Tania: Tal vez

    Baja colocándose de rodillas y abre la boca poco a poco, pasa su lengua sobre mi glande y lame el tronco de mi pene.

    Tania: Ya no puedo más, necesito que me folles.

    Yo: Todavía no. Primero abre la boquita. –Mi glande vuelve a pasar sobre sus labios.

    Tania me hace hago caso y engulle mi pene, lo comienza a chupar hasta que noto como se empalma. Mis manos se hunden en su pelo y mantienen fija su cabeza. Seguidamente, empiezo a moverme dentro de ella, mi pene le llena toda su boca.

    Chupa y lame mi pene que empiezo a gemir con intensidad y mientras le clavo los dedos en su cabellera y el agua de la ducha cae envolviendo nuestros cuerpos. Noto que Tania comienza a ahogarse por lo que la suelto para que respire, su boca estaba llena de mi semen.

    Tania: Por favor te lo imploro necesito, ahora mismo otra polla dentro de mí. ¡Me estoy volviendo loca!

    La lanzo sobre el piso de la ducha cayendo boca abajo, me monto encima de ella clavándola pero esta vez por el ano.

    Tania: ¡Espera! ¡Te equivocaste de hueco, por ahí no!

    Su ano se comienza a ensanchar al recibir a mi miembro, Tania comienza a gritar de dolor, pero no le hago caso a sus gritos sé que literalmente está hirviendo de deseo, su cuerpo empieza a convulsionar sin control mientras que yo la voy clavando como un poseso, después de unos minutos siguiendo el mismo ritmo, no noto dolor alguno, solo un deseo ardiente y desenfrenado. Mi polla empieza a convulsionar dentro de su ano, pero antes de darle rienda suelta a su orgasmo que la hace gritar de pasión, logrando Tania correrse.

    Caímos rendidos sobre el piso de la ducha yo encima de ella, con mi miembro aun en su interior terminando de eyacular.

    Tania: ¡Maldito burro! Me haz follado duro, me destrozaste el culo por completo creo que ahora tendré que usar pañal.

    Ambos sonreímos, nos terminamos de bañarnos y vimos que ya eran las 8:45 pm yo tenía clase a las 9 pm y ella una prueba de estadística. Mientras nos vestíamos suena su celular.

    Tania: Guarda silencio que es mi novio.

    Yo: ¿tienes novio?

    Tania: ¡Shhh! Hola amor, ¿qué tal tu día?

    Novio: Bien, ¿Dónde estás?

    Tania: En la universidad, tengo una prueba de estadística

    Novio: ¿Has estudiado?

    Tania: Claro, seguro apruebo.

    Novio: A qué hora quieres que vaya a recogerte amor

    Tania: No se, te timbro cuando este por salir para que vengas

    Novio: ok amor cuídate, te amo

    Tania: Yo también te amo, besitos.

    Y cuelga yo no podía aguantarme la risa y Tania me queda mirando

    Tania: ¿Qué pasa? Tú no vas a decir nada, sino ya no lo volvemos a tener sexo.

    Yo: Pobre muchacho

    Tania: El me ayuda pagándome la universidad, además como tiene carro también me ayuda a movilizarme.

    Yo: Supongo que lo recompensaras muy bien

    Tania: Claro, besitos, abrazos y mensajes de amor.

    Yo solo me agarre con mis manos la cabeza, salimos del hotel y regresamos a la universidad, Tania caminaba como un pingüino luego de la follada que le había dado. Hasta que llegó el momento de cada uno irse a su respectivo salón, nos despedimos con un beso.

    Tania: Oye estuvo delicioso, me escribes para coordinar que otro día lo volvemos hacer, quiero repetir.

    Yo: Ok te escribiré al WhatsApp

    Se marchó a su aula y yo a mi aula a recibir la clase, aunque creo que fue mala idea ir a clase ya que olía a jabón de hotel y a sexo, siento que algunas compañeras lo percibieron y volteaban a mirarme con una sonrisa. Terminando la clase salgo y decido pasar por el salón de Tania para saber si ya había terminado de dar su prueba, me imaginaba que si pero lo que me esperaba era una bandera roja que me indicaría que Tania era una chica solo era para usarla con fines recreativos.

    Me acerque a su aula y estaba cerrada visualice a través de la pequeña ventana de la puerta del salón y vi a Tania besándose con el profesor, esa boquita que hacer un par de horas tenía mi pene adentro de ella ahora estaba en los labios de su profesor hay entendí porque su profesor quiso tomarle la prueba después de su clase, para estar solo con ella. El profesor comienza a desabrocharse la correa del pantalón sacando su miembro e indicándole a Tania que le diera una mamada, Tania se agacha y comienza a mamarlo. Ya no quise seguir viendo más y me retire del lugar.

    Tania fue una de las tantas follamigas que tuve en mi etapa universitaria, de esa primera vez con ella habremos tenido sexo unas 20 veces más calculo, el siguiente ciclo luego de las vacaciones de verano ya no la vi más, según me conto Camila que Tania había terminado con su novio, seguro descubrió su infidelidad y como sé que él era el que le pagaba la carrera universitaria ahora tenía sentido su ausencia en este ciclo, Tania no me volvió a escribir por WhatsApp y yo tampoco le volví a escribir, al final todo quedo así.

    Me llevo los recuerdos de todas las jornadas de sexo que la hice mi mujer y continué con mi vida buscando nuevos culitos a los cuales reventar.

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  • Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (4) ¿lo publicamos?

    Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (4) ¿lo publicamos?

    Yo iba de camino a otra ciudad, a una hora de distancia, el recorrido no era largo pero tenía una agenda que atender.

    Ella se hizo cargo de algunas actividades familiares y una reunión por la mañana mientras yo me dirigía a mi destino.

    Dentro de las actividades, fue a una reunión en donde yo sabía que se encontraría a nuestro amigo quien ya nos había hecho saber que estaba por mudarse de país al cierre del periodo que estaba atendiendo.

    Antes del medio día me mandó un mensaje… “Me encontré a nuestro amigo, le dije del mezcal y cuando nos vemos para darle su despedida”.

    Yo iba en carretera rumbo a una reunión, tenía planeado regresar hasta el día siguiente.

    El siguiente mensaje de ella “Pero puede hoy”…

    Estimado lector, por favor, quisiéramos saber si es de tu interés que publiquemos la última entrega de esta aventura. ¿Nos lo harías saber en los comentarios?

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  • Mayelita y los amantes de la diversidad (4): La tentación de un chico gay

    Mayelita y los amantes de la diversidad (4): La tentación de un chico gay

    Kevin se había despertado y vio a Jacob a su lado.

    Kevin reposaba con su cuerpo completamente desnudo entre las sabanas y colchas blancas del cuarto de Jacobo, ambos habían caído dormidos después de más de una hora de relaciones sexuales, en las que Kevin de piel y ojos güeros, abdomen plano y músculos leves había hecho como siempre de pasivo mientras que su novio Jacobo entraba en el dándole placer como había hecho desde hace casi tres años que eran novios. Los besos que se daban en los pasillos o comedor eran de esos besos que se te antojan a mas no poder, jamás había visto a una pareja que se diera besos tan apasionados, tan solo verlos podías saborearlo y yo personalmente los había visto en un par de ocasiones arrinconados fajándose.

    Jacobo estaba de pie desnudo dándole la espalda a Kevin, el miraba su hermoso trasero, sus hermosas nalgas bien trabajadas fruto de años de ejercicio que le había dejado también unos grandes músculos y un abdomen bien cuadrado que Kevin adoraba besar, iban al gimnasio juntos Kevin soñaba con estar igual, pero a Jacobo le gustaba, así como estaba después de todo era el pasivo de la relación.

    -Te voy a extrañar. –Dijo Jacobo volteándose mirándolo con su caracterismo semblante serio. Kevin no respondió y se limitó a mirarlo coquetamente. – ¿Tu a mí no?

    -No quizás no. –Dijo juguetonamente, aunque era verdad en el fondo.

    -Ah no. –Dice desafiantemente Jacob subiéndose a la cama y acercando su pene al rostro de Kevin quien se inmediato lo ve como se pone erecto. –Seguro. –Dice mientras Kevin mira fijamente como la sangre sube al miembro viril de su novio y lo deja en su estado máximo y perfecto. Kevin le lanza una última mirada y vuelve a engullir el pene de Jacobo, el sujeta su cabeza y comienza a follarle la boca, algo que en un inicio a Kevin le había parecido incomodo, pero con el tiempo le empezó a gustar, la sensación de fuerza del pene de Jacob recorrido su boca era como cogerlo por la boca y le encantaba sentir a veces que se ahogaba le encantaba, le gustaba sentir que el aire se la escapaba. –Ya debemos irnos.

    -Ay no echémonos otro. –Dice Kevin sacando lo de su boca.

    – ¿No que no me extrañarías?

    -Dame una última tanda de tu rico semen mi rey. –Dice Kevin mirándolo de rodillas.

    -Te he dado todo mi semen desde ayer, debo estar seco, el viaje me servirá para recargar los contenedores.

    -Ay si tan bellos los contenedores. –Dice levantándose y tocando los testículos de Jacob. –Me encantan quisiera tenerlos siempre en mi boca.

    -Me encanta que los tengas allí. –Dice Jacob y se besan. – ¿Dónde te deje más leche mi amor en la boca o adentro?

    -Creo que adentro, siento muy cálido y hermoso. –Dice Kevin poniendo su mano en su abdomen. –Aunque bueno técnicamente por la boca también acaba adentro. –Rio.

    -Ah bueno sí. –Dice riendo Jacob. –Pero ya sabes a que me refiero, amo como tragas mi semen.

    -Yo amo hacerlo. –Decía eso Kevin a pesar de que seguía disgustándole que en los dos años Jacob no se había atrevido a beberse su semen, en parte lo entendía, Jacob a diferencia de Kevin descubrió su homosexualidad, Kevin había sido su primer novio, pero anteriormente había sostenido relaciones con dos chicas, mientras que Kevin jamás había sentido atracción por las mujeres, hasta hace poco.

    Ambos se conocieron en el equipo de futbol al iniciar la preparatoria, ambos eran defensas, pero Jacobo era la estrella del equipo, además de jugar muy bien por ser el más guapo quizá de todo el instituto. Se empezaron a frecuentar, a salir a charlar, a comer, a beber, en los vestidores cuando se veían prácticamente desnudos era cuando más confianza tenían, contaban sus problemas, Jacob incluso le llego a contar que quería volver con su ex, los exámenes que le preocupaban y demás cosas, se hicieron confidentes.

    Hasta que un día que salieron de las duchas Kevin reparo que Jacob estaba erecto, su hermoso miembro sobre salía de la toalla, eso a él también lo éxito.

    -Ay creo que se despertaron mutuamente. –Le dijo Jacob mientras se secaban.

    -Tú me lo despertaste a mí. –Dijo Kevin con una sonrisa.

    -No tu a mí. –Y con esas palabras ambos se acercaron y se dieron su primer beso y a partir de allí iniciaría su relación. Kevin había perdido por completo la virginidad con él en las duchas, Jacob fue la primera persona a la que beso, a la que acaricio, a la que lamio, a la que le dio placer. El sabía que le gustaban los hombres, siempre lo supo jamás lo había dudado hasta hace muy poco.

    -¿Nos duchamos rápido? –Le dijo Kevin después de aquel beso y manoseada.

    -Si. –Dijo Jacob suspirando y ambos tomados de la mano se metieron a la ducha. Kevin amaba bañarse con su novio, sus primeros encuentros sexuales eran allí bajo el chorro del agua a sí que le parecía algo muy bello e íntimo. Siempre era Jacob el primer en meterse para medir el agua.

    Cuando estaba cálida jalaba a Kevin hacia él y lo besaba mientras apretaba sus nalgas, después de aquel beso se enjabonaban, decían que sería una ducha rápida, pero cuando Jacob le enjabono el trasero no pudo resistir el deseo de volver a penetrarlo y Kevin gustoso se recargo en la pared para recibir a su hombre, el pene de Jacob estaba circuncidado y eso lo hacía más exquisito a ojos de Kevin, le besaba el cuello mientras el agua los empapaba a los dos Kevin se sentía amado, se sentía pleno, se sentía feliz y sentía el máximo placer cuando sentía a Jacob alcanzando el clímax y derramando su semen adentro de él.

    -Ahí papi, sí. –Exclamo Kevin cuando su novio vacío su semilla en él, Jacobo le acaricio el cabello y lo beso.

    -Date la vuelta bebe. –Dijo y frotaron sus penes, el de Jacobo ya estaba flácido, pero Kevin seguía duro, logro acabar después de varios besos y ver a su hombre bajo la ducha, bello, magnifico, sensual, lo volvía loco.

    Se secaron rápidamente uno al otro mientras se besaban, luchando por ya no demorarse más cogiendo. Se vistieron y salieron a ultimar todo para el viaje, Jacob subió sus maletas y entonces Kevin arranco el auto.

    Fueron directo al aeropuerto, estacionaron y una vez en el elevador les cayó la suerte de estar solos, Jacob le planto un sorpresivo beso a Kevin que este disfruto, al abrirse la puerta avanzan y al llegar al frente de la salida a vuelos internacionales, Jacob se sorprende al vernos.

    Yo, Mayelita y otras dos amigas; Daniela y Natalia, los recibimos con un ramo de flores y chocolates que Kevin nos encargó, yo sostengo una pancarta que dice; “Para el más guapo goleador”. Jacob se conmueve y abraza a Kevin, él fue quien nos coordinó para despedirlo, es un buen amigo y debo confesar que a él le debo mucho para haberme entregado finalmente a Mariela, me explico todo sobre el sexo anal y como es entregarse, es un gran amigo.

    Daniela es una gran amiga también de la cual hablaremos después, pero Natalia, oh ella es el centro de todo. Bellísima chica de 20 años, de baja estatura, unos senos menudos, piel ligeramente morena, unos ojos ovalados que casi dieran un ligero aire de asiática, siempre vestía con ropas oscuras y gustaba de delinearse muy bien, que logró captar la atención de la persona menos esperada.

    -Ay muchas gracias por venir. –Nos dice Jacob y todos los abrazamos.

    -Que tengas un excelente viaje y éxito sé que lo lograras. –Le dijo. -Muchas gracias viejo.

    -Felicidades Jacob el mejor de los éxitos en Alemania. –Dice Mayelita abrazándolo.

    -Muchas gracias Mayelita.

    -Hoy vas a adicionar para entrar a un equipo europeo, mañana de iremos a ver a la copa del mundo. –Dice Natalia.

    -Ay gracias Naty, eso espero, ojalá llegue a las grandes ligas.

    -Sé que lo harás, un día el gol que gane el mundial o las olimpiadas ira dedicado a este chico. –Dijo Naty señalando a Kevin.

    -Ay claro que sí. –Dice y estira su brazo para abrazar a Kevin y besarlo.

    Daniela también lo felicita y le desea éxito, los seis pasemos a comer rápidamente unos sándwiches, para después despedir a Jacob, Kevin figura y expresa que va extrañarlo, aunque una parte del ya necesita que se vaya. Ambos chicos posan en la salida cuando ya es hora de que Jacob ingrese, se abrazan y se dan un gran beso yo al ser quien tiene el mejor celular tomo la foto de ambos chicos besándose antes de despedirse, se abrazan y al final se sueltan y Jacob ingresa a la fila para perderse de nuestra vista y con esto Kevin está listo para perderse.

    -Estará bien. –Le dijo sujetándole del hombro. –Lo sé, pero lo extrañare.

    -Oh es que estas celoso que algún alemán le echo el ojo. –Dice Daniela acercándose también poniendo la mano sobre su hombro. Kevin ríe y niega, eso era lo último que le preocupaba.

    -¿Quieren hacer algo más?, Luis y yo planeábamos ir a Plaza Mitika a comer. –Sugiera Mayelita.

    -Ay gracias Marielita, pero tengo unos pendientes que arreglar ya me tengo que ir. –Dice Natalia y se despide de todos, al darme el beso en la mejilla noto su perfume, una fragancia cuyo propósito es obvio. –Nos vemos el lunes. –Dice y se va.

    -Oigan yo si les acepto la idea, podría llamar a Sofía y decirla que la veo allí.

    -Si estaría perfecto. –Le respondemos. – ¿Y tú Kevin?

    -Tengo que recoger unos encargos que me hizo mi madre y después acabar unas tareas. –No era cierto, pero si tenía algo que necesitaba hacer. –Quizá para el lunes, si me hará falta distraerme.

    -Ya estas. –Le dijo y nos estrechamos la mano y abrazamos.

    Yo, Mayelita y Daniela salimos a pedir un Uber mientras que Kevin regresa al estacionamiento ansioso y nervioso, mientras avanzaba por el aeropuerto manda dos mensajes preguntando a la persona que necesitaba ver donde estaba e ignora dos mensajes de Jacob diciendo que lo extraña. El aeropuerto es gigantesco no lo culpo haberse perdido, tardo como quince minutos en llegar al piso donde había dejado su auto, no recibía el mensaje que esperaba.

    Al llegar al auto se la encontró, de pie recargada sobre el cofre del auto, se había cambiado y puesto una falda que relucía sus piernas.

    -¿Pensaste que me iría? –Dice Natalia inclinando la cabeza. Kevin la mira fascinado, sobre todo por sus botas y su falda que dejaban al descubierto sus piernas.

    -Se ha ido. –Exclamo. –Si. –Le respondió ella con una sonrisa juguetona. –Eso quiere decir que por dos semanas seremos tu y yo.

    -A si es. –Dice Natalia acercándose hacia él, poniendo sus manos en sus hombros, el ya casi por instinto las puso en sus caderas. –Solos tu y yo finalmente. –Dijo y se besaron, Kevin la abrazo, había comenzado a disfrutar y gozar del cuerpo de Natalia quizá más que el de Jacob y eso que apenas habían estado juntos dos veces, pero la sensación de su cuerpo, delgado, curveado, sus senos, aunque no muy grandes, su piel suave, habían comenzado a encantar a Kevin, deseaba probar y disfrutar de ella o quizás más.

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  • Los hermanos Pérez (3)

    Los hermanos Pérez (3)

    Necesitaba hablar con alguien, contarle mis aventuras carnales junto a mi hija Marta, esperando que me iluminasen. Las dudas seguían carcomiendo mi alma, no así como a Marta que, cuando me dio cierta noticia, estaba radiante, exultante. Yo no sabía cómo tomarme todo lo que estaba pasando. Por un momento sí que pude disfrutar, no solo del sexo con ella, sino también de vivir en armonía y paz de pareja sin pedir perdón por nada ni a nadie, incluso ahora que Marta y yo decidimos tomar un descanso y salir con otras personas. Incluso ahí, esos meses, nos acostábamos sin pudor. Y, como digo, mi consciencia estaba la mar de tranquila.

    Por si fuera poco, el sexo era genuino nuestro. Aun conociendo a más gente, tanto por mi parte, como por la de Marta, no podíamos excitarnos si no era con el otro. Y no era que no lo intentásemos, por descontado. Una de mis citas acabó en el baño público y tuve mi polla dura en la boca de aquella jovencita (ahora me daba por chicas jóvenes) tierna y dulce, pero, a medida que la muchacha chupaba, mi polla se iba desinflando. No era Marta y punto. Por ello, cuando llegué a casa y le dije cómo había ido, Marta no se lo pensó dos veces y me hizo una buena mamada hasta llegar a tragarse mi lefa. ¡Dios, que mujer…!

    La adoraba y me era imposible sentir culpabilidad alguna por follar con mi chica. A ella le pasaba otro tanto. Recuerdo como me contó que estuvo a punto de tirarse al musculitos de la universidad y, cuando él estaba sobre ella, Marta no dejó que la penetrase. No era yo, y su fuero interno se lo hacía saber. Así que aproveché para llenar su vagina con mi semen, y le fue de lo más fácil abrirse de piernas para mí.

    Pero ahora la situación había cambiado y los fantasmas habían vuelto para atormentarme más que nunca.

    Cuando entré en la casa de mi hermano Héctor, él se sorprendió al ver mi rostro desencajado.

    -Hermano, estás bien -me preguntó con preocupación.

    -Sí… -comencé- ¡No! No estoy bien Héctor. Quiero decirte algo y no sé cómo. Ni siquiera sé cómo te sentará saber esto.

    -Prueba -instó él.

    Me humedecí los labios, tragué saliva y, cuando abrí la boca para hablar, no pude y la cerré de nuevo. Mi corazón era una orquesta de tambores de lo nervioso que estaba.

    -Siéntate, anda -me ayudó Héctor a calmarme-. ¿Qué es lo que ocurre, Fernando?

    Suspiré fuertemente. ¿Cómo le decías a tu hermano, tu familia, que te follabas sin contemplación a su propia sobrina?

    Balbuceé, pero no podía decir nada inteligible. Aún así, volví a suspirar y mencioné el nombre de mi hija.

    -¿Le ha pasado algo a Marta?

    Asentí.

    -¿El qué?

    -Yo.

    -¡Ah! -exclamó Héctor- ya sé que te la follas. No hay problema, hermanito, yo también lo hago.

    ¿Qué?

    -¿Cómo qué tú también lo haces?

    -Sí, llevo un par de años casado con Dani. ¿Sabes los anillos que cuelgan de nuestros cuellos? Son nuestros anillos de boda. Por eso digo que estés tranquilo, no tienes de qué preocuparte. No te voy a juzgar, sino a felicitar por tu relación con Marta.

    Aquello era demasiada información para procesar. ¿Cómo qué mi hermano y su hijo llevan dos años casados? ¡¿Pero qué me estás contando?! ¡¿Qué mundo de locos es éste?!

    -¿Cómo qué Dani y tú…? -no pude acabar la frase.

    Héctor asentía feliz de la vida.

    Aquello era algo que no me esperaba para nada. Yo preocupado de lo que me pasaba a mí, y mi hermano haciendo exactamente lo mismo con su hijo, tan pancho. Y, si Dani dió el visto bueno y lleva otro anillo en el cuello (que debo decir que nunca me había fijado, la verdad), lo más seguro es que también esté igual de pancho. Aun así, necesitaba consejo y, sin dar más rodeos, le conté todo: como comenzó, el tiempo que estuvimos juntos como pareja, como rompimos teniendo derecho a roce, y…

    -Está embarazada, Héctor. ¡He dejado preñada a mí propia hija! -solté comenzando a echar lágrimas.

    Mi hermano se acercó a mí y, acariciándome la espalda, tuvo palabras de aliento que no esperaba. Aunque, sabiendo que se había casado con Dani, debería habérmelo imaginado.

    -Deberías estar feliz. Por cómo hablas de tú relación con Marta, se nota que os amáis. Lo que os acaba de pasar es una de las cosas más bonitas. No le des más vueltas y sé el padre que ese bebé necesita, y el hombre que Marta quiere.

    -Héctor -espeté-, no solo voy a ser el padre de ese niño, también su abuelo. Es que no te das cuenta. Por eso existen leyes que no deben tocarse, y yo las he roto por completo. Ninguna mujer debería traer al mundo al hijo de su padre.

    -Deberías plantearte que desea Marta. Si está feliz de traer a ese bebé, no deberías de tener ningún problema. Se feliz, Fernando. Sí estar con ella te hace feliz, no lo dudes y ya está.

    No podía contra argumentar aquello. Héctor, no sabía cómo, pero era todo seguridad en aquel tema. Y, por si fuera poco, tenía razón. Sí, Marta era feliz teniendo a mi hijo dentro suyo. Y, sí, si pensaba con detenimiento, el hecho de tener a mi lado a Marta, me hacía feliz. Por eso, en este proceso de estar separados, en realidad, no lo estábamos y nos costaba conocer a gente nueva.

    Así que tomé una decisión, se la hice saber a Héctor, quién se enorgulleció de mí y, cuando estuve a punto de salir por la puerta, me topé con mi sobrino. Sin miramientos, mi hermano lo besó en los labios y le comunicó que yo, su tío, lo sabía todo. Como respuesta, Dani se abalanzó sobre mí con un abrazo y lágrimas de felicidad en los ojos. Lo estreché entre mis brazos contento por ellos.

    No me esperaba la sorpresa con la que me recibió Marta. Nada más entrar por la puerta me comunicó que se acabó el tiempo muerto, y lo hacía llevando lencería sexy. La parte de arriba era un pequeño top, que solo le tapaba los pechos, de una tela blanca semitransparente. Vale, no tenía las tetas tapadas del todo, lo siento. Pero no me esperaba aquello y ver cómo se le transparentaban los pezones… ¡Dios, que maravilla! Y, la parte de abajo, era un pequeño tanga que hacía forma abullonada en la parte de la vagina; también blanca y semipermanente. Repito: ¡Dios, que puta maravilla! La polla ya comenzaba a tener vida propia. Se me estaba olvidando algo y no sabía el qué.

    -Marta, estás preciosa.

    Y era verdad. Aparte de la lencería, llevaba el pelo suelto que le caía como fuego vivo de tan rojo que era, y un maquillaje que realzaba, no solo su belleza, sino también su sexapil. Se acercó a mí, se puso de puntillas para poder abrazarme y juntamos nuestros labios con premura y pasión. Nuestras lenguas jugaban dentro de nuestras bocas. Separándome de ella, recordé lo que quería decirle y, más o menos era lo mismo que ella me acababa de decir.

    -Tienes razón, tesoro, se acabó el tiempo muerto -y volvimos a besarnos-. En realidad…, ¿alguna vez había terminado? A ver -seguí cuando vi su rostro interrogativo-, lo digo porque como no parábamos de estar en celo…

    -Cierto, no parábamos -rió ella.

    Otro beso. Entonces recordé lo que quería comentarle.

    -Tengo algo más que decirte.

    -Dime -contestó con dulzura. Y yo me preguntaba cómo podía ser dulce alguien que mostraba tal espectáculo sensual.

    -Al principio me comían las dudas. En parte normal, somos padre e hija. Pero ahora, y gracias a una buena charla con mi hermano, me he dado cuenta de que nuestra felicidad está por encima de todo y de todos -me arrodillé sacando de mi bolsillo una cajita, la abrí, y dentro había un bonito anillo de oro blanco con unas perlitas rosadas que formaban una rosa. La sorpresa de Marta fue tal que no pudo más que comenzar a llorar-. Marta, hija mía, y nunca mejor dicho lo de hija mía, porque lo eres. Eres mi hija. ¿Te casarías conmigo, aunque yo sea (y perdón por repetirme) tu padre?

    Marta chilló de la emoción y lloraba a mares. Se puso a dar saltitos dando palmaditas. Me levanté del suelo. Sin esperar respuesta, le puse el anillo en el dedo mientras Marta me dejaba hacer. Con la boca abierta, la chica miraba su mano decorada con la joya. Intentó hablar, pero le costaba. Hasta que, al final, logró soltar un agudo:

    -¡Sííí!

    Y se abalanzó sobre mí, abrazándome.

    La cogí del rostro con ambas manos, miraba sus ojos llorosos llenos de dicha y la besé. Ahora para sellar nuestro amor.

    El beso llevó a otro con más pasión. De nuevo, nuestras lenguas se encontraron y, está vez, demandaban llevar aquella pasión más allá de unos simples besos. Acaricié la suave y tierna piel de Marta, ella desabrochaba mi camisa, me la quitó y la tiró al suelo. Acarició y enroscó sus dedos en mi vello del pecho. Yo hacía otro tanto con su espalda, sus nalgas prietas. Todo aquello con nuestras cabezas juntas. Era como si nuestras bocas se hubiesen fusionado en una sola. La cogí y, sin saber cómo por tener los ojos cerrados y el cráneo de mi hija tapando mi visión, la alcancé a dejar suavemente sobre las sábanas de la cama. La senté en el borde.

    Ella me miraba dulcemente traviesa. Acaricié su rostro pasando mis dedos por sus labios. Ella los lamió. Me desabrochó el pantalón y me lo bajó. En el calzoncillo se notaba mi erección palpitante. A Marta se le hizo la boca agua. Dejé que sus manos jugarán con mi miembro sobre la tela, se acercó y comenzó a lamer sobre esta. Yo me deleitaba relamiéndome los labios. Marta me quitó los calzoncillos también y mi polla quedó mirando hacía arriba, como de costumbre. Ella comenzó a masajear con sus manos y se relamía. Al final, con pequeñas succiones, empezó a chupar, primero poco a poco, luego metiéndose todo el falo, y yo seguía deleitándome por el placer que me daba mi futura mujer.

    Comenzó lentamente. La chupaba entera, se la sacaba de la boca, lamía toda la polla de arriba a abajo incluyendo los testículos, volvía a repetir la operación y yo, con los ojos cerrados y el rostro mirando al techo, no podía dejar de gemir mientras mis manos sujetaban la nuca de Marta. ¡Dios, estoy en el cielo! Marta, hija, qué tienes que solo tú sabes darme el máximo placer que ninguna otra me ha dado. Continuó introduciendo todo el falo en su boca hasta la garganta y, sin poder contenerme, comencé a mover mi pelvis rítmicamente. Marta se dejaba hacer mientras me acariciaba los huevos con una de sus manos y se sujetaba a una de mis piernas con la otra. Mi rostro, de vez en cuando, miraba el espectáculo encontrándose con la dulce mirada esmeralda de mi hija.

    -No quiero correrme todavía, cariño -le dije incitándola para que se echase sobre el colchón.

    Con parsimonia, le acaricié todo el torso introduciendo mis manos bajo la tela. Al final se la quité dejando al aire aquellos pechos suaves y turgentes de pezones traslúcidos, que ya estaban duros. Humedecí mis dedos y acaricié haciendo presión sobre ellos. Mientras Marta arqueaba la espalda regalándome sus tetas, yo seguía masajeando su cuerpo. Me deshice de la ropa que me tenía presos los pies y, sin pudor, me tiré sobre ella introduciendo en mi boca aquellos preciosos pezones; primero uno, luego el otro, también los dos a la vez. Marta seguía arqueando su espalda para que pudiese deleitarme con su sabor.

    Succionaba los pezones, los lamía, lamía toda su redondez de sus pechos, los manoseaba, los apretujaba, pellizcaba los botones duros de los pezones. Poco a poco, fui bajando lamiendo y besando cada centímetro de su abdomen, besé con lengua su ombligo y me quedé un rato ahí porque a Marta le encantaba que besase su ombligo como hacía con su boca. Alcancé la tela del tanga, que rompí sin miramientos para que no me molestase dejando a mi hija completamente desnuda para mí, y acariciaba con mi lengua su monte de venus, totalmente depilado; a Marta le encantaba rasurarse bien. A mí, ya ves tú, me daba igual pero, si a ella le gustaba…

    Como de costumbre, cuando utilizaba mi boca o mis manos para encontrar el clítoris, éste siempre se deleitaba jugando al escondite de lo pequeño e imperceptible que era. Un juego morboso que nos encantaba a Marta y a mí. Cuando lo encontraba, lo lamía con fuerza y hacía que la muchacha exclamara más fuerte que nunca. Música para mis oídos ¡Dios, sí, dale a papi lo que quiere, nena! Sin usar mis manos, chupé absolutamente toda su vagina, la cual ya estaba llena de líquido de trasudado que degustaba con placer. Le abría los labios pequeños y estrechos con mi lengua, la introducía en su hueco y presionaba todo su alrededor hasta llegar a succionar el clítoris pequeñísimo. Marta se dejaba hacer y se deleitaba con mi cunnilingus amarrando mi cabeza para que no pudiese salir de ahí. Como si quisiera.

    -oooh, mmmmm, papi -soltaba de vez en cuando.

    Acostumbrada a ello, Marta eyaculó su squirt un par de veces y, como buen padre/amante/futuro esposo, lo degusté con pasión.

    Me erguí y me abalancé sobre ella devorando su boca con premura. Ella me devolvía cada beso, cada caricia. No queríamos hacer esto con otras personas. Nuestras almas demandan fusionarse. Me levanté y la puse en modo perrito para que me ofreciera su rico trasero, el cual también degusté sin finura alguna, haciendo que Marta exclamase. Su ano se dilataba con cada lametón que le daba. Cuando ya lla tenía como yo quería, mientras ella se manoseaba la vagina, yo me introduje en el ano, poco a poco. Ya dentro, nuestros cuerpos lo pedían y meneé mis caderas adelante y atrás, con fruición y algo agresivo. Marta chillaba del dolor y del placer. ¡Dios, que mal acostumbrado me tiene esta chica! Gracias Marta por darme siempre lo que deseo de tí, y gracias por llevarte lo que yo te doy.

    Sin parar, me eché encima de su espalda llevando mis manos hacia su coño húmedo, le quité sus manos y me dediqué a ser yo quien la masturbase a ella mientras no paraba de follarme su culo. Éste era un orificio algo más grande que el de la vagina, pero se adhería igual de bien a mí rabo. La falta de costumbre hacía mella en Marta y, en muy poco tiempo, logré que tuviese un orgasmo anal, al mismo tiempo que se corría nuevamente por delante, manchando mis manos. Me las limpié con mi boca saboreando el salado squirt de mi hija. Salí de Marta dándole unas fuertes llamadas en el trasero, se puso bocarriba y volví a entrar en ella, en esta ocasión, por su rica vagina estrecha.

    -¡Oh, Dios Marta!

    Era el sexo más espectacular y especial que había tenido nunca con nadie. Amaba a mi hija como mujer. Marta acariciaba mi espalda mientras esperaba mis embestidas. Comencé lentamente y con finura, dándole besitos en el mentón, en los labios, en las orejas, en los ojos. Ella enroscó sus piernas en mis caderas.

    -Papi -susurró mordiéndose el labio inferior. ¡Dios, que mujer…!

    No pude contenerme más y me la follé violentamente. Ella gritaba de dolor y del gusto de tener a su padre dentro suya. Me puse de rodillas, puse sus piernas sobre mis hombros y volví a violentar su vagina con mi polla. ¡Paf, paf, paf!, sonaba cada vez más fuerte en la habitación. La cama también hacía algo de ruido, pero me daba igual. Nos daba igual que pudieran sentirnos los vecinos; por el contrario, nos daba mucho morbo. Cambié la postura estirándole en la cama. Marta se sentó encima de mi polla y comenzó a moverse arriba y abajo. Solo veía su culo chocando contra mi pelvis. La vagina me abrazaba el falo como nunca, cada vez más estrecha y con las paredes vaginales más húmedas, si cabe. Aquello era gloria pura.

    -Date la vuelta, nena -le insté.

    Marta aceptó mi orden y, sin sacársela, se fue dando la vuelta para ponerse cara a mí.

    -Venga, follame.

    Otra orden que aceptó con gusto. Sus pechos botaban. Los agarraba con mis manos, fuertemente. Yo también me movía y la cama, cada vez, hacía más ruido con nuestros movimientos; al igual que nuestros gritos, que iban en aumento. Marta volvió a correrse. Sin parar, observé como su squirt iba regalimando por mis caderas en hilillos finos; lo más abundante se fue quedando dentro haciendo que su cavidad vaginal fuera más y más mojada y lubricaba mi polla con cada embestida de Marta sobre mí. Le azotaba las tetas, las nalgas, le agarraba del pelo (intentando no hacerle daño) y ella me cabalgaba con furia y pasión mientras me tiraba del vello del pecho, acariciaba mis pezones, mis labios. Perdón por repetirlo pero, ¡Dios, que mujer…!

    Sin previo aviso, la sorprendí cogiéndola con fuerza y, como si de una muñeca se tratase, me moví de manera que quedé, otra vez, sobre ella. Continúe follando su vagina con más fuerza si cabe, haciendo que sus gritos fueran mucho más fuertes. Yo también no podía parar de gritar mientras movía mis caderas sin cesar. Sexo en estado puro. El “paf, paf, paf” de nuestros cuerpos y el “ñiqui, ñiqui, ñiqui” de la cama inundaba, yo diría, que todo el edificio. Los vecinos sabían que Marta y yo, que vivíamos juntos de siempre, eramos padre e hija. ¿Qué pensarán la escuchar muestro goce?

    Me venía. Así que no paré. Continúe follando aquella vagina con todas mis fuerzas cada vez más deprisa e intensidad. Esta vez, por fin acabó pasando algo que deseaba desde nuestro primer polvo: tanto Marta como yo acabamos llegando juntos al orgasmo con fuertes aspavientos, audibles gemidos y llenos de sudor.

    Minutos después, ambos estábamos acostados, abrazados y agradecidos de tenernos el uno al otro. Acaricié el vientre de Marta, donde crecía nuestro hijo. ¡Dios, que ganas de verle la carita! Aquello se me notó en el rostro y Marta se me acercó para besarme. Acababamos de afianzar nuestro compromiso con amor. Era raro, sí, pero más fuerte era el querer verla feliz y, si tenía que ser a mí lado, así sería. Y sabía cuando debía llevarla al altar para que lo nuestro fuera para siempre.

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  • Mi lado gay

    Mi lado gay

    Soy un hombre maduro, de más de 50 años, me acababa de divorciar, no lo había pasado nada bien y estaba dispuesto a buscar nuevas experiencias, sin mujeres. Desde hacía un tiempo pensaba en cómo sería tener sexo con otro hombre, cada día me excitaba más imaginar a dos hombres haciendo el amor. Besándose, tocándose, abrazándose. El siguiente paso fue comenzar a ver vídeos de porno gay. Me empecé a fijar en los cuerpos tan musculosos y en las pollas tan grandes y duras, me parecían preciosas.

    Observaba con detalle cada vídeo que me gustaba y no podía evitar terminar masturbándome, acariciaba mi polla suave y despacio mientras aquellos chicos tan hermosos estaban follando desnudos. Uno besaba al otro, sus lenguas se encontraban dentro de la boca del otro, besaba su cuello, su pecho, mientras su mano acariciaba su polla, su lengua bajaba por su torso hasta llegar a aquella polla que tenía sujeta con la mano, después pasaba su lengua por ella comenzado por la punta, despacio, lo que hacía que el chico gimiera, mientras la lengua recorría todo el miembro, no quedándose ahí, ya que recorría también sus testículos, para terminar introduciendo la polla en su boca, mientras el otro chico gemía sin parar, cuando el primero la chupaba con maestría.

    Mientras eso sucedía en el vídeo, yo me seguía masturbando desnudo, mi polla crecía y crecía sin parar ante las caricias de mis dedos, aunque imaginaba que era la boca de aquel chico la que producía tan placentero efecto. Estaba muy excitado y cada vez más.

    Mientras en el vídeo, el chico juzgó que era el momento de dejar de chupar la polla, que había alcanzado un tamaño y grosor considerable, y disfrutar de los placeres que podía ofrecerle aquella polla tan dura.

    Así se sentó sobre el miembro, mirando a la cara al otro, la introdujo dentro de su culo y comenzó a cabalgarla, primero despacio, como para que tomara bien su medida, para empezar a moverse cada vez con más velocidad, subiendo y bajando sin parar. Ninguno de los dos podía dejar gemir, sus caras describían lo mucho que ambos disfrutaban de aquel momento, mientras yo hacía lo mismo con mi mano y mi polla, hasta que el chico pasivo se corrió, luego se levantó de encima del otro, volvió a chupar su polla hasta llevarlo también al orgasmo, tragando todo el semen que salía de aquella polla tan enorme. Así terminaba el vídeo, justo cuando yo también tuve un fuerte orgasmo que me hizo gritar y soltar un tremendo chorro.

    Me quedé muy bien, pero no dejaba de pensar si no sería el momento de dejar de ver vídeos y probar de manera real.

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  • Mi principessa italiana

    Mi principessa italiana

    Cuando estaba en la licenciatura entré al equipo de fut de la universidad.

    El equipo femenil entrenaba en el mismo campo que nosotros y como ellas eran pocas a veces algunos vatos ayudaban a completar sus equipos para jugar.

    Inmediatamente me fijé en la capitana del equipo; Karina Zago. Italiana, de aproximadamente 1.65 m., cintura angosta, nalgona y con unas piernas anchas y fuertes. Siempre estaba muy alegre y trataba de platicar con todos, de hecho jugaba mejor que varios de nosotros.

    Después del fut iba al gimnasio de la uni y cerca está un dojo. Una vez pasé enfrente y vi a Karina con su karategui haciendo katas, me vio y me hizo un gesto alegre con la mano, respondí y seguí caminando.

    Recuerdo que un día salí del gimnasio y me dieron ganas de tirarme en el pasto, me acomodé y cerré los ojos. De repente alguien dijo mi nombre, pensé que le hablaban a otro pero reconocí la voz, era Karina.

    —Hola Angel —. Dijo con su acento que le da un hermoso timbre de voz.

    —Hola Kari.

    —¿Qué haces?

    —Nada, quise venir al pasto. ¿Y tú? ¿Ya te vas?

    —No, todavía voy a canto—. Respondió mientras dejaba caer su maleta.

    —¿También cantas?—. Pregunté asombrado.

    —Sí, además del fútbol y karate voy a clases de canto, violín y francés.

    Comenzó a cantar en francés, su voz sonaba realmente hermosa y los gestos que hacía al cantar la hicieron ver lindísima.

    —¿Qué te parece?

    —Cantas muy bonito.

    —Gracias—. Respondió sonriendo.

    De repente se quitó los tenis y con un movimiento lento y sensual comenzó a quitarse el pants. Mi corazón se detuvo como por 3 segundos, llevaba un mini short debajo. Pude apreciar mejor sus muslos; bien torneados, firmes y duros. Se sentó junto a mí.

    Mientras hablábamos se quitó los calcetines, dejando al descubierto sus pies blancos y pequeños, sus uñas estaban perfectamente cortadas y con un gelish carmesí, pero lo que más me gustó fue su arco de la planta perfectamente formado. En mi cabeza pasaban cosas como ¿A qué olerán esos pies después de jugar fut?, ¿Estarán rasposos por el karate?, ¡¿A qué sabrán?!

    —¿Me das mi maleta por favor?—. Me dijo interrumpiendo mis pensamientos.

    Sacó una cajita.

    —Me pongo exfoliante, porque con eso de andar descalza en el karate se me ponen feos los pies—dijo mientras se masajeaba cuidadosamente—. Me duché pero olvidé ponérmelo, ¿no te incomoda?

    —No, para nada—. Dije tratando de disimular la excitación.

    Terminó, se acomodó en el pasto.

    —Acuéstate, no muerdo—. Me acomodé junto a ella y seguimos platicando mientras ella elevaba las piernas, cruzaba una pierna sobre la otra arqueada, movía los dedos… Yo nada más veía deleitándome.

    Se hizo tarde, nos entretuvimos platicando y Karina no fue a canto, se puso el pants y yo me ofrecí a llevarla a su casa, aceptó con gusto y nos fuimos. Los siguientes días seguimos platicando en los entrenamientos, a veces iba a verla al dojo sin que ella se diera cuenta, y nos hicimos amigos.

    Un día quedamos en ir a un bar. Karina bebía un tequila tras otro, su carita blanca se puso chapeada. Pasando la una de la mañana me dijo:

    —¿Me acompañas a mi casa?

    —Claro.

    Nos fuimos. Su casa está muy cerca de ese bar así que decidimos caminar.

    —Creo que sí me movió el tequila je je—. Dijo con voz mareada.

    Le di mi antebrazo para que se sostuviera pero pasó su brazo a través de mi cintura y recargó su cabeza en mi hombro, la sujeté con cariño. Yo me sentía como Enrique VIII, iba encantado aspirando el dulce olor de su cabello.

    Llegamos a su casa.

    —¿Quieres pasar?

    —Sí—. Dije con gusto.

    Se dejó caer exhausta en el sofá.

    —Creo que no hay nadie. ¿Quieres tomar algo?

    —Sí.

    —En ese mueble están las botellas, yo quiero un tequila.

    Le serví uno y me senté junto a ella. Comenzó a cantar mientras se quitaba las zapatillas, sus pies tenían la marca de las tiras de las zapatillas plateadas.

    —¿Quieres escuchar mi linda voz o quieres poner música? Violín no puedo tocar porque creo que no coordinaré je je.

    —Canta, siempre me gusta escucharte.

    Siguió cantando mientras se sobaba la pierna.

    —¿Estás bien?

    —Me duele la pantorrilla, creo que me lastimé en karate.

    La acaricié levemente, quería bajar hasta su pie pero me contuve.

    —Tengo una amiga que es kinesióloga, le diré que me revise.

    —¿Te pusiste el exfoliante?—. Dije sonriendo.

    —Sí, en la mañana.

    Me miró mordiéndose el labio.

    —Ve a mi habitación, en mi tocador hay un gel que se llama “Active”, tráelo—. Me ordenó.

    Volví a sentarme junto a ella.

    —Sóbame —dijo subiendo sus piernas en mi regazo—. Empieza con la pantorrilla que me duele.

    —Oui mon amour—. Me eché un poco de gel en la palma de la mano y empecé a sobar su pantorrilla con delicadeza, su piel estaba tibia.

    —¡Con fuerza, que se note que levantas pesas!—. Dijo autoritaria.

    Eché más gel en mi mano y masajeé con fuerza, me perdí en su suave y lisa piel, después seguí con su pie; con los pulgares amasé su planta, acaricié sus dedos y el dorso de su pie. Volteé a verla, me miraba fijamente con una sonrisa muy coqueta. Tomé su otra pierna para hacer lo mismo pero me tomó de la camisa y me jaló hacia ella, nos hundimos en el sofá besándonos apasionadamente. Acariciaba y apretaba sus muslos con lujuria mientras ella me frotaba la entrepierna. Se incorporó.

    —Vamos a mi cama—. Dijo jalándome.

    La desvestí delicadamente, su espectacular cuerpo quedó ante mí; su piel de leche con pecas en el pecho, sus tetas pequeñas y redondas, y su cosita, con labios delgados y rositas, perfectamente depilada.

    Tomando una pose como de la Maja Desnuda me dijo:

    —Tómame, soy tuya esta noche.

    Terminé de desvestirme y como Alejandro Magno antes de entrar a Babilonia hice todo lo que mi principessa italiana me pidió.

    Sus piecitos estaban raposos, tenían el olor de sus zapatillas, el sabor era salado y húmedo. El sexo pasó a segundo término, yo me dediqué a adorar sus hermosos pies y sus pesadas piernas.

    Estuvimos juntos casi dos años, aproveché cada momento para satisfacer mi fetiche. Sólo le pedía que los días que jugara fut y practicara karate no se lavara los pies.

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  • Nosotras cuatro contigo (4): Nina

    Nosotras cuatro contigo (4): Nina

    En el hotel de playa eran las 2 am. Todo oscuro. Dinora y Arteaga dormitaban en la misma cama. Nina estaba sentada en otra cama, completamente vestida, tratando de juntar valor para ir a hablar con Elías, que se veía como un fantasma pálido, meditando en el balcón.

    —Duérmete, putita —le dijo Dinora, que jaló una cobija para taparse la cara. —Me estresa sentirte allí sentada.

    Ese diálogo sacó por fin a Nina de su trance. Salió al balcón y cerró la puerta. Se frotó las manos. Sacó un encendedor de una de las bolsas de sus bermudas y prendió un cigarro.

    —¿Fumas? —le preguntó a Elías.

    —Normalmente no.

    —¿Quieres compartir el mío?

    Elías asintió con la cabeza, sonriendo tristemente.

    —¿Por qué no nos echas del cuarto? —le preguntó Nina mientras le pasaba el cigarro. —¿O por qué no te vas, o le hablas a tu hermano? Creo que no estás bien aquí.

    Elías lo pensó un momento e hizo un gesto de incomprensión con los hombros, mientras le daba una calada.

    —Sabes que lo que dice Dinora sobre “ser hombre” no tiene sentido, ¿verdad? —le preguntó Nina. Sonaba molesta, pero en realidad sentía pena por él.

    —Tú también lo dijiste —le recordó Elías.

    —Estábamos en medio de… bueno, se supone que yo tengo que decir esas cosas… Además, cuando lo dije no esperaba que pasara esto.

    Finalmente, Nina eligió mejor callarse. Le dio la espalda a Elías y no lo volteó a ver hasta que tuvo claro qué quería decirle.

    —Al menos pudiste ver el mar.

    —Sí. Pudimos ver el mar —dijo Elías, sonriéndole.

    Nina le tomó el hombro con camaradería.

    —Deberías entrar. Duerme un poco —le sugirió a Elías.

    —No, duerme tú… gracias por venir a verme.

    Finalmente, después de unos cuantos diálogos y gestos confusos, de mutua amabilidad, Elías y Nina se acostaron en la misma cama. Nina se dio la vuelta para no ver a Elías, pero se encontró con los ojos despiertos y penetrantes de Dinora, que le sonreía.

    —Piensa que voy a hacerle lo mismo que ellas —se dijo Nina, y volteó hacia el otro lado.

    —Perdóname —le dijo Nina a Elías. —Quiero dormir hacia este lado… no quiero verlas.

    —Está bien —le dijo Elías. —¿Crees que se puedan ir mañana? No quiero tener que contarle esto a mi hermano.

    Nina sonrió. Elías de verdad no lo veía como algo de lo que presumir. Asintió con la cabeza y contestó:

    —Haré lo que pueda.

    Justo antes de quedarse dormida, Nina escuchó que Elías le confesaba:

    —Fue mi primera vez.

    —Lo lamento —le contestó Nina. O quizá soñó habérselo contestado.

    Al días siguiente, Nina se despertó con una serie de impresiones confusas. Primero, oyó ruidos raros y reconoció la luz del lugar. Entonces se agolparon en su cerebro las imágenes confusas de lo que había pasado la noche anterior.

    Después, vio a Arteaga moviéndose en la misma cama que ella, sobre el cuerpo de Elías. Arteaga estaba con el torso desnudo, mientras masturbaba a Elías.

    —Ya te vi, pinche Nina. No me lo vas a quitar —le dijo Arteaga, mientras la veía fijamente. Continuó con la mirada fija en ella cuando se metió el pene de Elías en la boca.

    —¡Arteaga, por Dios! —exclamó Dinora, que estaba tendiendo la otra cama, con ayuda de Fer. —Ya déjalo.

    Como si Dinora fuera su señora, y ejerciera sobre ella una especie de influjo mágico, Arteaga detuvo su mamada y se puso la camisa azul con la que había llegado.

    Elías no parecía tener fuerza para volver a guardar su miembro erecto. Nina se sentía un poco incómoda por eso, estando tan cerca, pero no iba a reprocharle nada. ¿Cuándo había regresado Fer? ¿Dónde había estado?

    —Ya casi nos vamos, compañero —dijo Dinora, sonriendo con una mezcla de contención y falsa inocencia. —Ya solo nos falta una cosita y todo queda en orden.

    Nina volteó a ver alrededor del cuarto: las latas de cerveza y las colillas habían desaparecido. Todo se veía limpio; como si nunca hubieran estado allí.

    —¿Falta que paguemos todo lo que tomaste del minibar? —preguntó Nina.

    —¡Hasta crees! —le contestó Dinora, clavándole la mirada. —No. Quiero que te cojas al compañero, Nina.

    —¡Pero por qué! —gruñó a voz en cuello Arteaga, que seguía en su arranque de posesividad.

    —Porque ya todas nos lo cogimos ayer, por si no te acuerdas —la regañó Dinora. —Solo falta ella. Y no nos vamos a quedar disparejas. Así no funciona esto.

    Así como Fer lo había hecho el día anterior, Nina intentó conversar con Dinora. Todo era inútil:

    —Mira, es muy fácil. Si te lo coges, nos vamos antes de que llegue el hermano. Si no, Arteaga y yo nos quedamos, lo usamos un poquito y, cuando llegue el hermano, le armamos una escena.

    Mirando fijamente a Dinora, Nina se quitó las bermudas y la ropa interior, con un gesto de molestia, y las arrojó al suelo.

    —Acá te las guardo, putita —le dijo Dinora, con un aire vencedor.

    Cuando Nina se sentó en la cama, Elías aún no había guardado su miembro. Nina de hecho lo veía aún más crecido que antes, pero quizá era su impresión. Primero, empezó a masturbarse. Pensaba en cómo había tenido sexo con Fer, tratando de borrar toda la porquería que había ocurrido antes y después. “Ay Elías”, pensaba. Luego de su conversación en el balcón, incluso Elías le parecía más guapo; también se masturbó pensando en cómo sería haber cogido con él en un escenario normal. Cuando se sintió bastante húmeda, hizo un acopio de fuerzas, suspiró y se sentó sobre Elías.

    —¿Ni un buenos días antes? —se burló Dinora, y Arteaga se carcajeó horriblemente.

    —Lo siento. Esto es lo más fácil. —le susurró Nina, para que Dinora no la escuchara, mientras comenzaba a restregarle la vulva. —No la metas. Intenta venirte así. Y, por favor, piensa algo agradable.

    Elías le contestó musitando algo que no pudo entender. El miembro de él palpitaba en la vulva de Nina. Nina estaba excitada por la situación, pero necesitaba estarlo más para seguir con esa forma de contacto, así que empezó a masturbarse de nuevo. La punta de sus uñas tocaba accidentalmente, de tanto en tanto, el pene de Elías, que gemía. Después de eso, empezó a hacer como si estuviera cogiéndose a Elías: daba pequeñas embestidas y hacía movimientos en círculos con su cadera, para excitarlo más y terminar más rápido.

    —¡Ya métetelo, pinche Nina! —le gritó Arteaga.

    —¡Tú qué vas a saber! —la regañó Dinora. —Si a ti apenas te desfloramos ayer. La Nina sí le sabe. Fíjate en la cara del Elías. A los hombres les gusta que te les restriegues un poquito. Si no son muy brutos, hasta te puedes masturbar un poquito encima de ellos. Sirve que te humedeces más. Así, si entras más fogoneada, terminas antes y no te llevas desilusiones con ellos. ¡Ve cómo Nina mueve las caderas! No es de atrás a adelante, es como curveado.

    —Pues así le hice yo ayer —se quejó Arteaga.

    —¡Ándale sí, pinche mentirosa! Mejor aprende. La Nina sí le sabe. ¿No ves que hace años estuvo de arrimona con un güey que no la quería lo suficiente como para dejar a su novia? Por eso la llamamos “putita”.

    Arteaga podía intentar molestarla, pero Dinora era mucho más inteligente. Nina sabía que no se iba a callar hasta que Elías la penetrara.

    —Pásame un condón —le dijo a Fer, que así lo hizo.

    Nina le puso el condón a Elías y trató de sonreírle.

    —Piensa algo agradable —le repitió y tuvieron sexo.

    Nina usaba la misma técnica que Dinora. En el caso de Nina, verlo era menos llamativo, porque sus pechos no rebotaban y no se veía cómo un trasero enorme perreaba sobre Elías. La técnica era la misma, pero Nina sabía que no producía en los hombres el mismo efecto sobrecogedor. Pero de inmediato sintió el pene de Elías crecer dentro de ella. Sintió cómo Elías la tomaba de las nalgas y la acariciaba. Sintió cómo subía por sus pechos con una mano y los iba tocando. Sintió cómo, desde abajo, Elías acompañaba sus embestidas, al ritmo que le ponía ella, pero con voluntad, con gusto.

    Entonces Nina pensó que si cogían bien, las cosas podían arreglarse. Que, aunque seguramente Elías no la había pasado bien antes, probablemente sí quería coger con ella ahora.

    —Lo haces bien —le dijo Nina, mientras disminuía un poco la velocidad.

    Más lento, Nina podía controlar mejor la situación. Se restregó sobre Elías, mientras se mesaba su cabello negro (se permitió tomar prestado de Fer ese gesto). Puso su mano en el pecho de Elías y volvió a perrear sobre él.

    —Por Dios, Nina —le espetó Dinora, que ya estaba preparándose para salir del cuarto. —Es una cogida de compasión, no le pongas tanto esfuerzo.

    Pero a Nina ya no le importaba lo que dijera Dinora: quería disfrutarlo y que Elías lo disfrutara.

    —¿Te gusta así? —le preguntó a Elías, que asintió con algo que a Nina le pareció una sonrisa.

    Nina entonces se puso en cuclillas y empezó a dar saltos. Elías gimió descontroladamente.

    —Esta posición me gusta… porque te siento muy profundo —le dijo, quizá como un consejo para alguna vez futura.

    Entonces Elías tuvo un orgasmo, pero fue de esos orgasmo extraños en los que la erección se queda como atorada, y el hombre puede continuar. Las cuclillas habían cansado a Nina, que calló sobre él y siguió montándolo.

    —¿Quieres seguir? —le preguntó Nina.

    —Sí. ¿Podemos besarnos? —le preguntó Elías.

    Nina asintió muchas veces con la cabeza. Se besaron hasta que ya no pudieron respirar. Hicieron una pausa y se besaron desesperadamente otra vez. Nina se abrazó al cuello de Elías e hizo una última carrera a fondo. Sus amigas ya no hablaban y el sonido de su sexo galopeando húmedo contra Elías se escuchaba en todo el cuarto. Nina gritó cuando tuvo un orgasmo. Al mismo tiempo, Elías se estaba viniendo otra vez.

    Nina se quedó a descansar un momento en el pecho de Elías. Cuando se dio cuenta, sus amigas ya se habían ido. Se vistió corriendo y se fue.

    Años después, Nina, como ya sabemos, se encontró a Elías en una panadería. Se había mudado de ciudad y estaba entrando en los treintas. Aún se delineaba los ojos de una forma que le parecía un poco gatuna y aún se sentía pequeña. Tenía un trabajo más o menos estable y hablaba con Fer de tanto en tanto. Un día no pudo más y la llamó por teléfono:

    —Me encontré con Elías —le confesó, después de la cháchara de cortesía… sin acordarse de que “Elías” era un nombre inventado.

    —¿Con quién? —preguntó Fer.

    —Con el chico al que nos cogimos entre las cuatro en un hotel.

    Se hizo un silencio de cinco segundos y finalmente Fer colgó.

    Nina siguió yendo a la panadería, a esa misma hora, con la esperanza de encontrar a Elías. Durante días pensó una disculpa que tuviera el tamaño y el tono adecuado para lo que había pasado. No la encontró, pero estaba segura de que, si improvisaba de corazón, las disculpas saldrían finalmente de su boca en el momento justo.

    Pero durante una semana no se encontró a Elías. Un día, desilusionada, estaba por regresar a casa, cuando vio que Elías la estaba observando desde el parque de enfrente. Lo saludó a lo lejos y se acercó a hablarle. Se sentó junto a él. Ni siquiera lo podía ver, mucho menos decirle lo que quería decir.

    —¿Cómo ha ido tu vida? —le preguntó, cuando se sintió vencida.

    —Nina, dejé de venir a esta panadería. Hace ocho años, falté a un congreso universitario, solo por saber que estarías tú. No sabes la fuerza que necesité juntar hoy para decirte lo que quiero decirte.

    Nina suspiró. Todo estaba saliendo horriblemente mal, pero al menos no era ella la que tenía que hablar.

    —Y ¿qué quieres decirme?

    —No quiero verte, Nina. No sé si vives por aquí, y por supuesto que no te puedo pedir que te vayas si es así, pero no tienes por qué saludarme. No tienes por qué hablar conmigo. Yo mismo me iré en algún momento

    Una lágrima rodó por la mejilla derecha de Nina y se sintió estúpida. ¿Por qué lloraba? Era Elías. Elías obviamente iba a pedirle eso.

    —Ay, Nina. No tienes que llorar. No quiero verte, pero no te culpo —le dijo el hombre, intentando sonreír. —¿Recuerdas cuando, justo antes de que pasara… de que pasara entre tú y yo,… justo antes me dijiste que tratara de terminar rápido… y que pensara en algo agradable?

    —Sí lo recuerdo.

    —¿Recuerdas qué te contesté?

    —Pues… es que la verdad no te entendí.

    —Te dije que tú, Nina, tú eres agradable… y aún lo creo. Gracias por lo que fuiste para mí esa noche. Las veces que me han preguntado por mi primera vez, pienso en ti y contesto solamente que se llamaba Nina.

    Se sonrieron un momento. Ella se forzó a no llorar.

    —Hasta nunca, Nina —le dijo el hombre con tristeza, y le volteó la espalda.

    —Hasta nunca —le dijo Nina, que ya jamás supo cómo se llamaba.

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