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  • Mi joven vecino me folla (Parte II)

    Mi joven vecino me folla (Parte II)

    Tras la enculada a la que me había sometido, mi vecino se vistió y me dejo en casa diciéndome que se iba a dar una vuelta y que ya volvería a la hora de la cena, cuando cerró la puerta de la casa yo todavía estaba sentada en la cocina con mis tetas desnudas y mi culo dolorido, subí al piso de arriba y me di una ducha, mientras el agua caía por mi cuerpo no podía dejar de pensar, no sabía qué hacer, en todos mis años de matrimonio jamás había sido infiel a mi esposo y tampoco jamás lo había deseado hasta aquel día, se podía decir que mi vecino me había violado pero yo sabía que eso no era del todo cierto, yo no solo no me había resistido sino que lo había gozado como una autentica puta.

    Nada mas terminar de ducharme me vestí y me fui de mi casa, estuve dado vueltas durante horas sin saber que hacer, pensé en llamar a los padres de Carlitos, en llamar a mi esposo e incluso en llamar a la policía pero todas las opciones me echaban para atrás porque de ningún modo quería que nadie se enterase de que aquel muchacho me había follado por el culo como a una perra, solo el hecho de pensar en que mi esposo y mis hijos supieran lo que había hecho me echaba para atrás en mi idea de avisar a nadie, así que volví a casa sin haber encontrado una respuesta a mi problema.

    Cuando entre en casa me lleve una sorpresa mayúscula, allí estaba Carlitos que no se de que manera había conseguido entrar en la casa.

    «Joder, ya era hora coño, ¿dónde te has metido? He tenido que colarme por el jardín

    No me dejo tiempo a decir nada, aún no había reaccionado ante la sorpresa de encontrármelo nuevamente frente a mi en mi casa cuando se acercó a mi y cogiéndome entre sus brazos me arrincono contra la puerta de entrada de la casa, me metió toda la lengua en mi boca, con una mano estrujaba mis pezones y la otra la metió bajo el vestido toqueteándome el coño, hasta que sentí los jugos descendiendo por mis muslos.

    Me deshice de su abrazo como pude y me quede mirándole impotente.

    «O sea que te vas a volver a hacer la remilgada, esta bien, vas a ser tu la que me suplique que te folle, ya lo veras putilla»

    Trate de salir de la casa pero Carlitos me agarro fuerte antes de que consiguiera abrir la puerta, me tiro en el suelo, era mas grande que yo y tenia bastante mas fuerza, no podía resistirme, me desnudo con violencia, rasgando mi vestido negro de seda, arrancándome el sujetador y rompiendo con fuerza mis braguitas dejándome desnuda y completamente a su merced, el muy cabron empezó a pasar sus dedos arriba y abajo por mi húmeda raja mientras me mordisqueaba los pechos.

    Se arrodilló sobre mí, besándome y lamiéndome por todas partes, recorriendo con sus labios y su lengua, mi boca, mis hombros, mordiendo y chupando todo mi cuerpo, pasó la lengua por mis pechos y tomó mis ardientes pezones entre los dientes, empezó a chupar y morder alternativamente y luego jalando, con un poco más de fuerza cada vez, hasta que sentí que mis tetas y mi coño iban a estallar de placer por mucho que yo tratara de negarlo, sin dudarlo, hundió su rostro en mi entrepierna.

    Separó mis labios con los dedos, introdujo su lengua en mi vagina y comenzó a follarme con ella, Carlitos lo lamía como un bebé hambriento, jugueteaba con su lengua con la puntita de mi clítoris y luego volvía a hundir su lengua en mi coño, realizando movimientos rotatorios en su interior, hasta que consiguió que me corriera, luego me introdujo un dedo hasta en fondo, sin dejar de comerme el clítoris.

    Justo en ese momento se detuvo y me miro con una sonrisa, yo sabia lo que aquel cabron pretendía, me había ganado, lo había echo, había logrado que deseara que siguiera, yo quería que aquel niñato siguiera comiéndome el coño, quería que me follara, agarre con mis manos su cabeza y la dirigí hacia mi coño pero el se zafo y se levanto del suelo, fue a la cocina y regreso con una caja de Donet mientras yo seguía tirada en el suelo, desnuda y expectante.

    «Después de tanto rechazo tendrás que hacer algo para recompensarme si quieres que continué»

    El muy cerdo no quería solo follarme, quería humillarme, quería que fuera yo la que se lo suplicara y para mi desgracia no podía evitarlo.

    «Follame, por favor, hazlo, follame»

    «Jajaja, eso esta mucho mejor, pero no es suficiente, no solo yo me he sentido rechazado, también mi amigo»

    Dicho esto se levanto y se bajo los pantalones y los calzoncillos dejando nuevamente ante mis ojos aquel monstruo que me había roto el culo esa misma mañana, estaba flácido pero aun así tenia unas dimensiones impresionantes.

    «tendrás que convencer a mi amigo para que te perdone»

    Yo sabia lo que quería así que me acerque a el gateando y bajando mi cabeza hasta su enorme polla la agarre sumisamente con mi mano derecha y me la metí en boca.

    Comencé a chupar aquella polla que poco tardo en comenzar a crecer y crecer dentro de mi boca, pronto no cabía mas que la mitad y a pesar de eso, solo con la mitad de aquella polla en mi boca, mi cavidad bucal se hinchaba por completo, Carlitos se divertía sacando su polla de mi boca y golpeándome la cara con ella, como si me abofeteara.

    «Chupame las pelotas»

    Yo obedecí, me metí sus 2 enormes pelotas llenas de pelo en la boca y las chupe con ganas, luego pasaba mi lengua por toda su polla, desde la base hasta la punta donde me entretenía lamiendo y chupando su glande, besaba la punta de aquella polla como si se tratara de un ídolo al que había que adorar, Carlitos me agarraba de la nuca y me obligaba a tragarme su polla hasta que la punta rozaba mi campanilla y me provocaba arcadas, desde su posición podía verme reflejada en el espejo del salón, arrodillada ante su polla con mi cabeza entre sus muslos bajando y subiendo a ritmo acompasado mientras su polla entraba y salía una y otra vez de mi boca, mi garganta se fue acostumbrando ante tamaña herramienta y en alguna ocasión conseguí tragarme tres cuartas partes de aquella polla aunque no lograba tragármela hasta la empuñadura como el pretendía.

    La imagen para cualquiera que nos hubiera visto debía de ser de autentica película porno, un muchacho de apenas 18 años sentado en un salón con una mujer mayor entre sus piernas completamente desnuda cuya cabeza se limitaba a moverse de arriba abajo al ritmo de la mamada, Carlitos me saco la polla de la boca y comenzó a agitarla delante de mi cara, yo me asuste pensando lo que pretendía, jamás nadie se había corrido en mi cara y no quería que mi vecino lo hiciera, siempre me había parecido algo repugnante, pero aquel cerdo tenia otra cosa pensada, cogió uno de los Donet de la caja que había traído de la cocina y tras un sonoro grito se corrió abundantemente sobre el Donet, dejándolo cubierto de semen.

    «Como estoy seguro de que no has cenado nada, esto es para ti, un rico bollo con leche merengada recién ordeñada, jeje»

    Mire con cara de asco aquel Donet y me negué por completo ante aquella guarreria pero ante mi negativa Carlitos se levanto y dijo que se iba, cogió su pantalón para vestirse y una punzada me subió desde el coño.

    En ese momento estaba claro, estaba caliente como una perra en celo y no podía permitir que aquel macho se fuera sin follarme bien follada, así que hice de tripas corazón, cogí aquel Donet cubierto de semen y me lo comí poco a poco, mirándole fijamente a los ojos sin decir palabra, tuve un par de arcadas pero conseguí tragármelo todo sin rechistar.

    «Muy bien, así me gusta, has sido buena y por ello tendrás tu premio, has comprendido que aquí mando yo así que ven».

    Me acerque a el y cogiéndome por los brazos me levanto del suelo y me subió en brazos por la escalera hasta mi habitación de matrimonio donde me deposito delicadamente sobre la cama, luego el se tumbo en la cama, con los brazos cruzados sobre la cabeza.

    «Mi amigo es todo tuyo, disfruta de el»

    Estaba como loca y me deje lleve por la pasión que ese crio había desatado en mi empecé chupando y mordisqueando sus pezones y acariciándole la polla.

    Luego le pellizqué la polla y lo huevos, lo que hizo que su amigo se pusiera nuevamente duro, la verdad es que desde el momento en que me enculo aquel crio me había alagado, mi marido prácticamente no me tocaba así que cuando aquel muchacho estaba loco por follarme el culo se había encendido algo dentro de mi, Carlitos me había hecho sentir deseada, a mi edad era capaz de poner en pie de guerra a un soldado como el que Carlitos tenia entre las piernas

    Su virilidad estaba fuera de toda duda, menuda juventud, divino tesoro, a pesar de la corrida de la mañana y de la mamada de hacia unos minutos, aquella enorme polla estaba dispuesta a seguir repartiendo su néctar.

    Era la polla más hermosa del mundo, nunca me han obsesionado los tamaños, pero aquello era demasiado, de verdad, la impresionante tranca de mi vecino era propia de un Titán, aquella polla se levanto por tercera vez aquel día tan dura y rígida como la primera vez, como una torre desde la que su dueño se disponía a conquistar todos los coños que se le pusieran por delante.

    Fui directamente a sus partes para chuparlas y morderlas tanto como me fuera posible, la cogí con mi mano y esta se veía insignificante, apenas abarcaba la mitad. Dudaba de que aquella cosa entrara en mi agujero después del esfuerzo sobrehumano que había hecho anteriormente para que entrara en mi boca, aunque claro, si pudo entrar en mi culo, podía hacerlo en mi coño.

    Agarré la tranca entre mis labios, pasé la lengua por toda su extensión, mordí suavemente y, a continuación, me la metí en la boca y la succioné con deseos incontenibles. Dejé que la saliva me resbalara por la barbilla para que la polla le quedara bien lubricada y fui acompañando la acción con un movimiento de mi mano arriba y abajo, al tiempo que con la mano libre le palpaba los huevos.

    Carlitos empezaba a gemir con la polla en mi boca, pero ahora era yo quien tenía el control, empecé a mamarle la tranca con frenesí, metiéndola en mi boca hasta sentir arcadas, alternando con movimientos de bombeo de mi mano y succiones fuertes en el glande que provocaban un chasquido en mi boca. La punta de su rabo, que tenía forma de corazón, era de un rojo brillante por la saliva. Yo seguí chupando y succionando su piel aterciopelada, tragando sus primeros jugos al tiempo que me admiraba de las dimensiones que estaba tomando el agujero de la punta de su nabo. Deseaba tragar sus cremosos líquido esta vez directa de la botella, mis tabas y prejuicios habían quedado a un lado y mis hijos y esposo olvidados, en ese momento solo tenia tiempo para aquella polla maravillosa.

    En ese instante Carlitos se incorporo y echándome sobre la cama me montó y con parsimonia y destreza, empezó a penetrarme. ¡Dios, era tan grande!

    Por un momento pensé que no lo resistiría cuando me llenara todo el coño, pero al fin me sentí perfectamente y el comenzó a moverse rítmicamente mientras yo le acariciaba y mordía el pecho. Claro, al principio solo pudo meterla unos cuantos centímetros en mi coño, pero con el fluir de mis jugos, pudo hundir sus 20 centímetros hasta el fondo de mi agujero. No paré de correrme desde el instante en que mis flujos comenzaron a mojar su polla.

    «¿Te gusta mi polla, zorra?», preguntaba Carlitos, mientras me cabalgaba con furia.

    «¡Si, Carlitos, me gusta mucho tu enorme polla!»

    «Como que Carlitos, ahora soy Carlos para ti, ¿acaso crees que esta polla es de un Carlitos?»

    Estaba totalmente desatada «No, claro que no, este enorme ariete es propio de un semental llamado Carlos, vamos, sigue, follame».

    «FOLLAME FUERTE Y HASTA EL FONDO»

    Me olvidé de mi marido para entregarme por completo a Carlos, yo le pertenecía en ese momento, lo único que me interesaba era que me follara sin parar.

    De un golpe me ensarto hasta el fondo, haciéndome gritar de tan violenta metida, pero al tiempo le jale con mis piernas y me entregue a ese semental que me lastimaba pero me hacia sentir maravillosamente, sus movimientos al metérmela empezaron, primero rápidos y al poco tiempo lentos y deliciosos, me estaba disfrutando y yo también lo hacia.

    Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me penetraba una y otra vez, me besaba el cuello y chupaba mis tetas sin dejar de taladrarme, sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me jalaba y me las apretaba con fuerza, parecía adivinar lo que esto me fascinaba, moviéndose logro ponerse mis piernas en sus hombros y con esto sus penetraciones se hicieron mas profundas, yo sudaba y el me poseía a su antojo.

    «Sigue así, follame mi semental, eres un toro»

    Cuando me embestía yo salía a su encuentro moviendo mi cadera, haciendo mas profunda la invasión de su polla a mis entrañas, bombeando con furia y rapidez me hizo explotar, mi coño se contrajo rítmicamente como chupando esa polla que me ensartaba hasta el fondo y haciéndome gritar y gemir de gusto le di mi primer orgasmo intenso y prolongado como pocos, al tiempo que lo incitaba a que siguiera.

    «Sigue mas mi vida, follame toda»

    Luego fui yo quien se lo follo a el, me senté sobre su polla quedando totalmente ensartada por aquel miembro viril, aquel instrumento me tenia completamente empalada cuando comencé a subir y a bajar por ese mástil, cabalgando como una fiera desbocada haciendo que aquella polla se enterrara en mi coño hasta la empuñadura.

    Luego de casi un cuarto de hora, me colocó en cuatro patas y empezó a darme por detrás, las embestidas eran violentas y podía oírse el chasquido de su pelvis contra mis nalgas mientras las embestidas se hacían cada vez más rápidas, fuertes. Por momentos, sin ninguna consideración.

    Estando yo todavía a 4 patas como la perra en que me había convertido, Carlos apunto su polla hacia el agujero que había excavado esa misma mañana, pero en esta ocasión le ofrecí mis nalgas abiertas para que me enculara, dirigiendo la gruesa cabeza de su polla a mi culito, me untó algo de saliva y se decidió a penetrarme, fue un suplicio, pero finalmente me entró gracias a que por la mañana había allanado el terreno.

    Poco a poco su polla ganaba terreno, yo sufría mi esfínter dilatado me dolía, pero lo alentaba a que me la metiera mas adentro, me entro de un golpe seco toda su polla en el mismo instante en que comenzaba a sonar el teléfono de la mesilla.

    Pude ver en la pantalla del teléfono que era mi esposo quien llamaba, antes de que reaccionara, Carlos contesto poniendo el manos libres.

    «Si, dígame», Carlos seguía con su polla dentro de mi culo cuando contesto

    «Si, ¿con quien hablo?, ¿Micaela?, soy yo».

    «Vaya, no, Micaela esta abajo, soy yo Carlitos, su vecino» mientras me saco y me metió de nuevo su polla por el culo

    «Hombre Carlitos, que haces en casa»

    «Es que mis padres han tenido que ir a Asturias a ver a mi tío que ha tenido un accidente de trafico y ya sabe como es mi madre, no se fía de mi y me ha dejado aquí con su mujer para que me vigile»

    Su polla me entro de nuevo y me la saco hasta que empezó el movimiento de entrada y salida de mi culo mientras yo estaba escuchando todo, aterrada, pensando en que mi esposo pudiera darse cuenta de algo.

    «Vaya con tu madre, mira que no fiarse de un buen chico como tu Carlitos, si yo se que tu eres un trozo de pan, dile a mi esposa que se ponga por favor, por cierto, espero que te este tratando bien»

    «No se preocupe señor, Micaela esta siendo muy amable conmigo, ahora se la paso»

    El muy cabron decía esto mientras no dejaba de metérmela por el culo cada vez mas rápido y con mas fuerza.

    «Si, hola cariño, que tal», trate de disimular todo cuando pude, mi respiración estaba agitada por la enculada a la que estaba siendo sometida.

    «¿Todo bien por ahí, cielo?, te noto algo agitada, que tal con Carlitos»

    «Todo bien cariño» en ese momento Carlos se detuvo y dejo su polla enterrada en mi culo, podía sentirla dentro de mi mientras hablaba por teléfono con mi esposo»

    «Díselo Susi –me susurro al oído Carlos-, dile a tu marido que es un cornudo de mierda, que es un pichafloja y que tienes que recurrir al vecinito para que te llene con su polla por todos tus agujeros, dile que te has tragado mi semen, dile que te he follado ese rico coñito que tienes como un toro, dile quien es tu semental, dile quien te esta rompiendo el culo mientras hablas con el, diselo»

    «Carlos se esta portando bien, pero ya sabes que es algo crio de todas formas yo se como tratarle»

    «Así que soy un crio verdad, pues vas a ver lo que puede hacer este crio».

    Aquello no le gusto a Carlos que comenzó a darme fuertes cachetes en el culo al tiempo que renovó con mucha mas fuerza la enculada a la que me estaba sometiendo, era como un ariete tratando de derribar la puerta de un castillo, podía escuchar el sonido de sus pelotas al chocar contra mi pubis cuando su polla penetraba hasta lo mas hondo de mi hasta ese día inexplorada cueva, mis tetas se agitaban con fuerza al ritmo de sus embestidas y ante el miedo de que mi esposo pudiera escucharle decir alguna cosa mas o de que pudiera escuchar los cojones de Carlos al chocar contra mi coño decidí despedirme de mi esposo que me dijo que llegaría sobre las 19:00 del día siguiente.

    Cuando colgué mi culo me ardía terriblemente, le pedí que me la sacara pero no me hizo ningún caso, a cambio me dio unas fuertes y sonoras nalgadas, enrojeciendo mis nalgas, me estaba enculando de una manera terrible, pero yo estaba encantada.

    Carlos me cogía de los cabellos mientras me follaba el culo, cabalgaba sobre mí como si yo fuera una yegua desbocada.

    «Me voy a correr»

    «No, dentro de mi culo no, hazlo en mi cara, córrete en mi cara»

    No podía creer en lo que me había convertido, en una vulgar ramera dispuesta a todo para con su semental, ese muchacho me había hecho hacer en un día lo que jamás en todos los años de matrimonio con mi esposo había hecho.

    Lo cierto es que recibí mucho más de lo esperaba, mientras seguía mamándosela furiosamente, sus gruñidos me anunciaron que estaba a punto de correrse, separé un poco los labios para verlo, pero mantuve mi boca hambrienta lo bastante cerca del glande para que no se me escapara ni una gota de su eyaculación. Seguí bombeando con ambas manos y observé sorprendida como su tranca empezaba a palpitar suavemente.

    No disparó el semen con tanto brío como yo había supuesto y se limitó a hacer unas leves contracciones rítmicas, entonces su polla comenzó a agitarse más rápido y me eché hacía atrás para ver como surgía de su extremo un potente chorro de líquido.

    Carlos dio un chillido y entonces se corrió de verdad, volví a colocar mis labios en su polla justo en el instante en que el primer chorro de leche surgía de la puntita, Carlos comenzó a gritar mientras me cogía de los cabellos: «ç

    ¡Trágate toda la leche, puta, trágatela!»

    Mamé su magnífica herramienta con verdadera ansia, pero me resultaba imposible tragarme todo el esperma. Pronto, toda mi cara y mis tetas estaban recubiertas de semen. Seguí chupándosela y meneándosela hasta dejarla lo más limpia que pude.

    Aquella noche y la mañana del domingo, Carlos y yo fuimos insaciables, cabalgué sobre su polla hasta el amanecer, me destrozo el culo las veces que quiso, mamé su polla hasta tragarme la última gota de semen que sus testículos podían contener.

    Cuando mi esposo y mis hijos llegaron a casa fue como si nada hubiera ocurrido, Carlos y yo nos comportamos con absoluta normalidad, incluso me sorprendió la facilidad que tenia para mentir acerca de lo que habíamos hecho el fin de semana. Por la noche los padres de Carlos vinieron a buscarle, ha pasado una semana y no puedo dejar de pensar en mi semental, en esa enorme polla entrando en todos y cada uno de mis agujeros, esa polla es mi dueña y aunque se que esta mal, creo que no podré resistirme y antes o después volveré a caer en las redes de mi joven vecino.

    Algún comentario a [email protected], en el otro relato puse mal mi correo este es el bueno agradeceré sus comentarios.

  • Historias de oficina (Temporada 2 – Capítulo 3)

    Historias de oficina (Temporada 2 – Capítulo 3)

    La situación podría ser delicada o no, depende de cómo se viera. Por un lado, tendría un mes completo de vacaciones con goce de sueldo, podría usarlo. Por el otro me pondrían a alguien que controlara mis actividades, esa parte ya no me gustaba, pero seguro podría resolverlo.

    Volví al hotel donde me estaba alojando, comenzar las sesiones con Lamberg seria todo un martirio, pero me preocuparía de eso apenas volviera a la ciudad. La habitación se hallaba completamente en silencio, mire por pequeña y sucia ventana de mi habitación, debía admitir que me había acostumbrado a tenerlas en mi vida, comenzaba a extrañarlas – ¿qué tiene de malo una vida de civil aburrida y llena de rutinas? – me pregunte – ¿no es eso lo que todo el mundo busca? – continúe pensando mientras desactivaba todas mis alarmas, aunque sabía que sería inútil. Sin más que hacer solo me acosté en la incómoda cama tapándome con alguna frazada, no era el mejor ni el peor lugar donde había dormido, realmente el tema de los lujos y las comodidades era una frivolidad para mí, sin la menor importancia.

    A la mañana siguiente me desperté cerca de las cuatro de la madrugada, maldije mi habito. Me mantuve ocupado revisando algunos de los expedientes que estaban en la base de datos de INTERPOL, al intentar acceder a algunos de ellos me apareció algo que no esperaba o al menos no tan pronto.

    *ACCESO DENEGADO*

    *NIVEL DE SEGURIDAD SIETE*

    *ACCESO DENEGADO*

    Niveles de seguridad y privilegios revocados, había que darles crédito se movían con eficiencia. Resignado tome mi teléfono, tras dos tonos contesto.

    – ¿Señor? – comento aun con voz dormida.

    – Buenos días Agostina.

    – Son las cuatro de la madrugada – exclamo con un tono de molestia

    – Lo sé, necesito que me traigas algunas de las investigaciones actuales. Continuare el trabajo desde fuera.

    – Pero señor usted técnicamente ya no se encuentra al mando.

    – También lo sé – dije cortando.

    Intentar sobrepasar el sistema sería inútil para mí, no contaba con los conocimientos para hacer eso, la verdad nunca fue mi fuerte. Me tuve que conformar con ojear casos de menor importancia, pero al menos no estaría sin nada que hacer. Tras varios minutos de lectura decidí poner algo la televisión, música, noticieros, algo. Comencé a hacer un rápido zapping hasta que apareció el programa del perro estúpido, el capítulo consistía en que Lushu buscaba a un ladrón de galletas, que al final terminaba siendo Tipy que pensaba que las galletas eran suyas por haberlas encontrado. El programa terminaba con una lección acerca de cómo comportarse y pensar primero en los demás antes que en uno mismo. Realmente sabía de memoria cada capítulo, fueron muchas las noches que me quede mirándolas con Ana. Al terminar el programa apague el televisor continuando con la lectura pendiente de los informes, pasaron dos horas antes que tocaran la puerta.

    – Adelante – respondí sin sacar los ojos de la pantalla

    Agostina ingreso cargando tres carpetas, obviamente algo resumido de todo y algo que debería devolver inmediatamente.

    – Te traje los últimos casos que estábamos investigando. El caso Dumont, tenías razón sobre Túnez. Las oficinas europeas descubrieron una brecha en esa región. Comenzaba acá en Latinoamérica luego pasaba para Brasil, Puerto Rico, Marruecos, Túnez y finalmente entra a Italia – dijo poniendo la carpeta frente a mi

    – Bien – dije sonriendo complacido mientras comenzaba a ojearla.

    – El caso Fischer, como habías dicho el dinero se transfería a distintos paraísos fiscales repartidos por todo el mundo hasta finalmente terminar en una cuenta en Suiza, seguimos cada paso, pero llegamos a un punto ciego, el dinero se esfumo y… no sabemos que paso.

    – Se me ocurre algo que podrías revisar, tengo un contacto en el banco del Vaticano, seguramente el dinero se transfirió ahí.

    – ¿Señor?

    – ¿No tenía Fischer un familiar en los puestos más altos del vaticano?

    Se quedo mirándome sin entender, tomo la carpeta y se puso a leer hasta que…

    – Tiene un primo político que es miembro del episcopado – leyó antes de quedarse muda.

    – Bien ya tienen donde comenzar a investigar, avisen a las oficinas en Europa. Vamos a necesitar toda la ayuda de este mundo, si nos estamos equivocando mejor que nadie se entere.

    La puerta recibió dos pequeños golpes, Agostina dio inmediatamente media vuelta apoyándose contra la pared, desenfundando su arma.

    – ¿Esperas a alguien? – pregunto espiando disimuladamente mientras movía una de las cortinas baratas.

    – Pedí el desayuno – dije tomando las carpetas.

    – ¿desayuno? – susurro – ¿Quién es? – grito

    – Servicio al cuarto, traigo del desayuno para dos que ordenaron.

    – ¿Dos? – dijo mirándome, sonreí sin decir nada.

    Guardo nuevamente su arma abriendo la puerta, el adolescente ingreso arrastrando la orden mientras no le sacaba los ojos de encima a Agostina – gracias, adiós – dijo ella fríamente. Observo las dos tazas calientes de café, tostadas, mantequilla y mermelada de frutilla. Esta última seguramente fue algo que termino de impactarla ya que era su preferida.

    – ¿Cómo lo haces? – pregunto

    – ¿Hacer qué?

    – Esto… ¿cómo sabias que vendría cuando llamaste? O lo de caso Dumont o lo del banco vaticano ¿Cómo haces todo esto?

    Sonreí mirándola por unos segundos antes de acercarme a preparar una tostada.

    – Somos lo que hacemos – respondí – sabía que vendrías por la misma razón por la que yo estoy leyendo desde las cuatro de la mañana, somos apasionados por esto.

    – Supongo – dijo mientras se sentaba a mi lado – ¿puedo preguntar algo de su pasado?

    – Claro – respondí.

    – Cuando nos conocimos, tú estabas con Víctor tratando de salvar a Mariza como una especie de super justiciero, pero según tengo entendido antes trabajabas junto a ella ¿Cómo debería entender eso?

    – La red de Sara que tu conociste ya estaba debilitada, lo sé perfectamente porque fui yo quien la debilito.

    – Entonces tu relación con Mariza no cambio nada, ya estabas planeando asesinar a Sara.

    – Mi encuentro con Mariza me dio la oportunidad perfecta, encontré un lugar donde operar y sacarme de encima a la rata que Sara había puesto sobre mí.

    – Luego de eso te fuiste a… ¿cómo se llamaba?

    – El Sector-Dos.

    – Eso… lo busqué por todas partes, pero solo encontré ruinas.

    – El Sector-Dos está destruido y sus células dormidas.

    – En estos años que hemos estado juntos realmente aprendí muchísimo estando contigo.

    – Gracias – dije terminando mi café y poniéndome de pie – vámonos.

    – ¿Qué? – dijo mirando su taza – ni siquiera comencé.

    Se apresuro a tomar su café dando un gran sorbo para luego tomar una gran bocanada de aire, estaba demasiado caliente – cuénteme algo sobre Sara mientras ¿Cómo debilito la red? – dijo tratando de hacer tiempo. Me senté nuevamente a su lado recordando un momento en particular

    *

    Era un gélido invierno cuando Sara decidió reunir a su cúpula, los más grandes colaboradores se reunieron en un solo punto, era una oportunidad perfecta para mí. El objetivo era Antonio un español perteneciente al Parlamento Europeo en el cual tenía gran poder y decisión. Ante Sara me opuse rotundamente a que dicha reunión se llevara a cabo, pero tal como tenía pensado, desestimo mi opinión realizándola igualmente.

    El lugar elegido era un antiguo depósito que había quedado en desuso, se hizo un espectáculo donde varias chicas bailaban recorriendo las distintas mesas que las rodeaban, en cada una de las puertas había hombres armados y sobre nosotros colgaban algunas jaulas donde meterían a las chicas para un juego previo a todo el espectáculo. Espere confiado en mí asiento sin siquiera mirar a mi objetivo, nadie debería sospechar. Pasaron las horas hasta que en un momento de la madrugada el sujeto se levantó seguido de sus dos hombres de confianza, saludo a Sara y se retiró saliendo por la puerta principal. Conte el tiempo, minuto cero dos, minuto cero tres, minuto cero cuatro… ¡Boom!

    La gigantesca explosión creo una onda expansiva que abrió de par en par las puertas principales, de un momento a otro todo el mundo corría desesperado de un lugar a otro, desenfunde mi arma ante un enemigo que no estaba ahí escoltando a Sara y a otros hacia afuera mientras comenzaba a escuchar las sirenas de policías acercándose. Podría haberla rematado ahí mismo, pero no sería un trabajo limpio, matar a Sara no garantizaba nada solo el nombramiento de alguien más y la perdida de toda la información, debía esperar.

    *

    Para este momento Agostina me observaba emocionada – ¿qué paso después? – pero le hice una seña para que nos vayamos de una vez, pasamos por recepción pagando todo y partimos en su auto, ya que a mí me habían llevado hasta ahí para reunirme con el consejo disciplinario.

    – Es mi turno de preguntar algo – le dije

    – Claro señor – respondió.

    – ¿Qué podría comprarle a Mariza? Hoy es su cumpleaños.

    – Que pregunta complicada ¿habías pensado en algo?

    – Bombones o flores.

    – Ahgg por favor que básico ¿flores? Por favor, un padre puede regalarle flores, un hermano, un extraño a quien apenas conoce en una reunión de negocios, pésima idea. En cuanto a los chocolates más allá de que son el cliché más patético está el hecho de la figura de Mariza. Se debe cuidar constantemente si los acepta créeme cuando te digo que en el mejor de los casos los tira a la basura.

    – Está bien – dije resignado – eres mujer no discutiré las respuestas.

    – ¿Perdón? – luego de reír de forma irónica.

    – Olvídalo, no dije nada ¿ropa?

    – Ni siquiera lo pienses, si no estás seguro de que quiere o le gusta no te arriesgues a hacer nada. Además, no es por ser mala pero no tienes la mejor fama por seguir los gritos de la moda, siempre de traje.

    – Lo clásico no pasa de moda.

    – Lo ves – grito – por favor esa frase la podría decir mi abuelo cuando era joven, a eso me refiero. No se te ocurra regalarle ropa

    – ¿Perfumes?

    – Eso es más fácil, hay algunos que son típicos y que podrían salvarte ¿Cuál usa actualmente? – la mire sin decir nada – olvídalo… solo regálale algo que le recuerde a ti, esa no podrá fallar.

    No puede fallar, bien – llévame al centro de la ciudad mejor – ordene a lo que simplemente asintió sin soltar una palabra, si las cosas salían como esperaba recuperaría mi trabajo en un tiempo mucho menor.

    – Supongo que en este mes de inactividad iras a disfrutar un poco – dijo interrumpiendo mí meditación.

    – Un mes – repetí sonriente – veremos.

    – ¿señor?

    – Déjame en esa esquina – ordene – Cualquier cosa que hable, muere contigo ¿entiendes lo que digo?

    – Si señor. Por supuesto.

    – Mírame – dije con tono serio – descansa, si las cosas salen como pienso se avecinan tiempos difíciles.

    – ¿De qué me hablas realmente? – respondió.

    – Hablamos mañana – dije bajando del auto.

    Saque mi teléfono llamando a un oficial de muy alto rango de la fuerza aérea, recordándole la cita que tendríamos ese día. una idea había llegado a mi mente hacía ya algún tiempo, tendría que desembolsar algún que otro secreto. Si hay algo que se aprende trabajando en inteligencia es que la información es poder.

    Llegue al pequeño bar designado encontrándome con la persona que buscaba. Ordenamos algo y empezaron las negociaciones. Pasados veinte minutos…

    – ¡Es inimaginable! Una insensatez.

    – Inimaginable…por favor no subestimemos la inteligencia del otro ¿puede ser?

    – ¿Qué me estas pidiendo? Es una aeronave de más de ciento ochenta millones de dólares y pretendes usarla como un juguete.

    – Con todo respeto si la información que tengo sale a luz quien va a usarlo como un juguete a usted va a ser una corte marcial.

    Suspiro resignado con una mirada que hubiera podido matarme y asintió – un gusto hacer negocios con usted caballero, pagué la cuenta – dije levantándome para retirarme. Bien, parte uno completa.

    La siguiente etapa era pensar que podría regalarle, siguiendo las palabras de Agostina ropa, chocolates y flores quedaban descartados debía buscar algo más original. Durante mi tiempo en Inglaterra había llegado admirar su arte y conocer su historia. Tener la oportunidad de estudiar de cerca las distintas culturas del llamado viejo mundo me volvió poco a poco en un admirador. Desde las historias de las tierras altas de Escocia hasta los viajes de Magallanes en la costa sur de Argentina, desde las disputas entre Castilla y Aragón hasta Hideyoshi tratando de unificar Japón. De toda la simbología que tenía guardada en mi mente me decidí finalmente por uno de origen celta, lo que hoy es un gran país era en un comienzo fue un grupo de clanes independientes, tan feroces e indomables que lograron resistir los intentos de las implacables legiones romanas hasta que finalmente durante el gobierno de Claudio fue llevada a cabo la invasión definitiva que finalizo con la derrota del pueblo celta. tal vez Mariza pudiera apreciar de igual manera este intrincado arte.

    Llegue tarde a casa, pude escuchar desde la puerta de entrada como Mariza discutía con Ana, amoneste a la pequeña y tranquilice a la cumpleañera, pero todavía no era el momento mire mi reloj, faltaban dos minutos. Pasado ese pequeño tiempo le entregue su regalo, lo tomo confundida – feliz cumpleaños – le aclare. Era tercera vez que se le pasaba su propio cumpleaños, supongo que tenía demasiadas cosas en la cabeza. Verla sonriente, pero aun cargando con todos sus problemas me hizo querer acercarme a ella, hasta que finalmente con un beso termine de coronar la noche.

    Mariza

    Acaricio mis cabellos, mordió mis labios y volvió a besarme. Mis latidos se dispararon a medida que mi respiración se alteraba, me soltó. Nos observamos mutuamente hasta que no pude contener una sonrisa. Sus manos tomaron mi cintura acercándome más a él.

    – ¿Que? – dijo

    – Un momento lleno de ternura – respondí volviendo a sonreír, observo mis ojos pensativo – ¿Qué sucede?

    – Vamos a cenar esta noche

    – Como siempre – dije.

    – No, cenemos afuera, solo nosotros.

    La puerta nuevamente se abrió solo que esta vez era Ana que volvía corriendo, Michael inmediatamente me soltó.

    – ¿Qué hacen?

    Me quede muda por dos segundos hasta que Michael lo resolvió de una manera bastante simple.

    – Ven a decirle feliz cumpleaños a tu madre Ana.

    – Mami – grito mientras venia corriendo hacia mí.

    Me arrodille para que pudiera abrazarme, pero en lugar de eso comenzó a arrancarme las orejas – uno, dos, tres – comenzó contando, para mi fortuna solo pudo contar hasta diez antes de aburrirse, aunque estaba eufórica y no nos dejaba solos. Michael me observo, pero pasados unos minutos simplemente se fue.

    – Seguimos hablamos en otro momento.

    – Adiós Michael.

    – ¿mami yo también tengo que regalarte algo?

    – No amor, vos ya sos mi regalo dame otro abrazo, fuerte muy fuerte.

    Esa noche me lavé los dientes y tras leerle un cuento a Ana, me acosté con la pequeña todavía a mi lado. Me había sorprendido, no tanto el beso sino lo que sentí. Fue tan …extraño, no era normal en él. Mire sobre mi mesa de luz, el regalo esperaba aun con su envoltura, tarde mucho en dormir, pero luego de vueltas y vueltas logre conciliar el sueño.

    A la mañana siguiente comencé con mucha energía pudiera ser el hecho de un nuevo año o simplemente pudiese ser que estaba ansiosa con la cena que me esperaba. Me di un baño de sales con fragancia de rosas y quedé como nueva, al llegar a la cocina fui recibida por todos los empleados de la casa. Lo primero que escuche fue un gran aplauso, silbidos, vitoreas y los besos de mi hija, me regalaron un gran ramo de flores con la firma de todos – ojalá que estas flores en algún momento pudiesen alcanzar la belleza de su dueña – decía la pequeña tarjeta, un detalle cursi pero que recibí llena de ternura. Prepararon un gran pastel con el que desayunamos todos juntos, en ese momento agradecí la enorme cocina que esta casa poseía.

    Tras todo el alboroto llevé a Ana a la escuela y me dirigí a la fundación, nuevamente me recibieron con aplausos, besos, saludos, regalos, llamadas y llamadas de gente que deseaba felicitarme. Termine completamente agotada apenas llegue a la oficina, mi teléfono sonó.

    – Hola

    – Disculpe Srta. Márquez tiene a la directora del proyecto Uruguay en la línea tres ¿La comunico?

    – Si, muchas gracias.

    El proyecto Uruguay era básicamente establecer una sede de la fundación en ese país, la directora seria Sofia Garica, una chica que estuvo conmigo acompañándome cuando caí en las garras de Sara, realmente si no hubiera estado en esa maldita habitación mi mente hubiera colapsado.

    El teléfono volvió a sonar, tome una bocanada de aire llenándome de actitud positiva.

    – Buenos días Sofia.

    – Buenos días Mariza, que gusto volver a escucharte

    – Me alegro de que aceptes mi oferta Sofia.

    – Realmente – suspiro – no acepte nada aún.

    – Sofia por favor, me gustaría que fueras tu quien se encargue.

    – Realmente no tengo nada de experiencia.

    – Leí que estudiaste administración de empresas, esta fundación se te dará muy fácil. Tendrás un jugoso sueldo si te pones al frente de esto.

    – Si Mariza, pero lo hice hace años y en cuanto al dinero… no es problema. Me ayuda mucho, no voy a mentir. Es solo que no quiero decepcionarte.

    – Tendrás todo un equipo ayudándote, lo único que quiero es que la fundación sea dirigida por alguien que sepa realmente por lo que estas chicas pasan día a día.

    Me di cuenta de una llamada en espera por lo que le pedí a Sofia que me esperara d unos cuantos minutos.

    – Dije que no me molestasen cuando estuviera hablando con Sofia.

    – Lo siento Mariza, pero es que llamaron recién de la escuela. Ana se encuentra con fiebre y vómitos.

    – Ok, gracias. Cancela todas mis juntas y discúlpame con cada uno.

    – Mariza perdón por la opinión, pero tal vez debería ir a buscar alguien más a Ana. Hoy se deberían cerrar varios acuerdos muy importantes.

    – No lo suficiente, cancela todo.

    – Si Mariza.

    Me despedí rápidamente de Sofia mientras salía corriendo lo más rápido posible. Al llegar a la escuela todos me esperaban en la pequeña enfermería que allí tenían, le habían dado algo que contuviera los vómitos y habían reducido la fiebre.

    – Buenos días a todos – dije entrando en la habitación y mirando únicamente a Ana.

    – Buenos días – fue el saludo que todos dieron.

    – Mami.

    Me observo con una carita de enferma que logro partir mi corazón. Tenía los ojos llorosos y la carita roja. Me acerque besando su frente, efectivamente la temperatura era normal. Me levante acercándome al médico que allí había.

    – Quiero irme a casa – dijo lloriqueando.

    – Ahora nos vamos amor espera que hable con el señor – dije.

    – Srta. Márquez – dijo tendiéndome la mano el profesional.

    – ¿Qué le pasa? Me dijeron que había pescado solo un resfrió, no le di mayor importancia.

    – Creemos que solo es algo que comió, algo muy pasajero.

    – En mi casa no, toda la comida es natural. Supongo que es otra de las irresponsabilidades del padre.

    – No hay otra cosa que hacer más que vigilarla, por el momento todo es normal. Por cierto, feliz cumpleaños.

    – Se lo agradezco.

    Regresamos a casa nuevamente y lleve a Ana a su habitación, nos pusimos a ver las aventuras de Lushu hasta que se durmió, supongo que los medicamentos le hacían efecto. Fue entonces cuando recordé, el pastel. Fue lo único raro que había comido, me dirigí a la cocina a pedir explicaciones a todo el personal, pero me dijeron que el pastel había sido preparado de forma natural. El resto del día lo pasé al lado de Ana, realmente no dormí casi nada cualquier pequeño movimiento o sonido me alertaba.

    La pasaron las horas hasta que llego Eva, hablamos de todo. De Ana, de Víctor, de que podría haber hecho para enfermar a Ana, del proyecto en Uruguay, de los costos o beneficios… hasta que por fin abordamos el tema de Michael.

    – Entonces apareció, nos abrazamos, me dio un regalo y me beso.

    – Si, es evidente que pasa algo entre ustedes.

    – No, no. No entiendes. Me beso, lo sentí.

    – ¿Qué sentiste? – pregunto confundida.

    – A él, lo sentí a él – Eva simplemente levanto las cejas con un gesto – ya se cómo suena, pero no. Lo sentí…distinto.

    – Mira voy a ser clara con vos – dijo tomando mis manos – cuídate, cuídate de este hombre.

    – ¿De Michael? Por favor Eva, mira lo que decís.

    – Este tipo es un sociópata en potencia, te lo digo de verdad. Cuídate… y a Ana.

    – Michael no hará nada para lastimarme mucho menos a Ana.

    – Eso no lo sabes, nadie sabe. Es un misterio lo que pasa por su retorcida mente.

    – Te lo digo de verdad. Michael es incapaz ¿podes cuidad a Ana entonces?

    – Por supuesto nena, déjame con mi sobrinita postiza.

    – Gracias, le dieron paracetamol asique fiebre ya no tiene.

    – Bien. No te di tu regalo de cumpleaños todavía.

    – Si es alguna perversión sexual, me lo das cuando venga,

    – Es un hecho entonces – dijo sonriente.

    La charla se fue desviando hasta que comenzamos a reírnos, entendía lo que ella debía pensar, lo que todo el mundo podría llegar a pensar. Michael era un sujeto extraño nadie podía decir lo contrario, pero el hecho que el pudiera llegar a lastimarme era imposible ni hablar de lastimar a Ana. Inimaginable. En medio de la charla mi celular sonó – Michael – anunciaba.

    – Es él – susurre mientras contestaba – hola, si, ajá. Nos vemos

    – ¿Qué te dijo? – pregunto ella.

    – Dijo que usara ropa cómoda, me pasaran a buscar para ir a la base Bismark.

    – Es la base militar de la fuerza aérea ¿Qué mierda planea?

    – ¿Acaso no lo dijiste recién? Nadie sabe que pasa por su mente – agregue sonriente.

    Mire el reloj – bien tengo una hora – le explique a Eva. Me di un baño, mientras Eva preparaba mi ropa. Me arreglé lo mejor que pude pintando mis labios con un labial carmesí – resaltan tus ojos celestes – dijo Eva. La mire sonriente, no podía evitar estar nerviosa a pesar de que Michael era algo de lo más común en mi vida, sentía que ese día seria especial. Termine justo a tiempo, un auto se detuvo frente a la puerta principal, el chofer se bajó dando la vuelta al vehículo abriendo la puerta trasera.

    – Tú puedes amiga – dijo dándome una fuerte nalgada – enséñale quien manda.

    Me puse colorada mirando al chofer quien disimulaba mirar para otro lado como si nada hubiera pasado. Avance a paso rápido ante la mirada de aquel sujeto hasta que una idea cruzo mi mente. Venganza.

    – Disculpé – dije poniéndome frente al chofer – mi amiga es ninfómana, se humedece toda, especialmente ante los hombres rudos con traje.

    El sujeto se acarició el traje de manera casi inconsciente, antes de saludar con cara de idiota a mi amiga, quien ajena a todo devolvió el saludo alegre – tonta – pensé sonriente.

    El vehículo llego a la base pasando sin siquiera detenerse en la entrada, todo estaba preparado al parecer, el vehículo recorrió la base deteniéndose en un hangar en particular. Descendí del vehículo observando el enorme jet frente a mí, sin duda era un avión de combate ¿nos subiríamos a él? la idea era excitante e intimidante en igual medida.

    Contemplaba como el sol se preparaba para ocultarse tras el horizonte, antes de ver como mi sádico amigo llegaba, le daba algo al chofer quien inmediatamente se iba, se acercó dando un beso en la comisura de mis labios mientras su mirada se encargaba de intimidarme – no juegues con esto Michael – pensé.

    – ¿Lista? – pregunto

    – Siempre trato de estarlo.

    – Bien – dijo sonriente.

    Tomo mi mano llevándome hasta ese avión, subimos por una especie de escalera con esteroides y entramos. Michael se sentó frente a los controles colocándose una especie de casco raro, sentándome yo en su falda, acomodamos los cinturones y como pudimos nos aseguramos mutuamente.

    – Estamos atados el uno al otro – dije algo nerviosa

    – ¿No es así desde siempre? – contraataco

    Lo único que hizo fue hacer que mi cabeza trabaje más que antes. El avión comenzó a desplazarse de manera lenta hacia la pista.

    – Atención torre de control ¿me copia?

    – Copiado Michael. Ten cuidado por favor estas a bordo de una aeronave de más de ciento ochenta millones de dólares. Te recuerdo que tu si quieres puedes desaparecerte de este mundo, pero yo no sé hacerlo si esto trasciende me colgaran de los huevos en la plaza.

    – Copiado, águila uno corta.

    Sonreí mirando la expresión tranquila que tenía mientras aceleraba cada vez más, hasta que de pronto nos elevamos alejándonos de la tierra a una velocidad sorprendente.

    – Nunca me dijiste que sabias volar.

    – Srta. Márquez, los IAF éramos fuerzas especiales entrenados en aire, tierra y agua. Capaces de hacer lo que hubiera que hacer.

    – Muy impresionante señor Michael

    El avión se elevó a miles de kilómetros, daba zigzagueos entre las nubes mientras giraba sobre su eje. observaba maravillada cada parte del recorrido

    – ¿Quieres ver algo que hacía cuando estaba aquí arriba?

    – ¿me dará miedo verdad?

    – ¿Confías en mí?

    Demore solo unos segundos en responder, observe primero sus ojos, luego su sonrisa y nuevamente sus ojos.

    – Más que en nadie.

    Dio un brusco giro y caímos en picada, de un momento a otro el dio un giro de ciento ochenta grados quedando paralelo a la tierra solo que de cabeza.

    – Cuando entrenaba solía hacer esto – comenzó diciendo – mira eso.

    Ante nosotros la puesta de sol ahora lucia como un hermoso amanecer pintado en el horizonte.

    – Cuando entrenaba solía hacerlo todo el tiempo, pensaba que tal vez haciendo que el sol saliera por oeste el tiempo podría volver atrás. Evitar toda la mierda del pasado– El avión dio una rápida vuelta volviendo a la normalidad – pero nunca fue así, el tiempo no vuelve.

    Lo observe cargar con su pasado mientras miraba hacia la inmensidad del mar, nuestras miradas se cruzaron y un momento se creó. Algo nuevo sucedía con Michael algo nuevo surgía, casi sin darnos cuenta nos acercamos más hasta que por fin nos besamos. Hundió una de sus manos en mis cabellos, me acomodé más sobre él atrayendo su boca a la mía, mordí sus labios sintiendo sus toqueteos por mi cuerpo.

    – ¿Quieres volar? – dijo alejándose

    – No sabría por dónde empezar.

    – Solo relájate.

    Tome esa especie de palanca de cambio y guiada por sus manos surcamos los cielos, la velada iba de una forma maravillosa, nos miramos a punto de volver a besarnos cuando nos interrumpieron.

    – Águila uno ¿me copias?

    – Aquí águila uno – respondió, Michael de manera profesional.

    – El tiempo se acabó, debes volver inmediatamente a la base.

    – Bien – dijo resignado – águila uno corta.

    Pasados unos minutos volvimos a ver la pista, bajamos despacio hasta que aterrizamos y comenzamos a detenernos.

    – El viaje termino – comente sonriente.

    – Sigamos con la cena mejor – dijo desabrochando los cinturones de seguridad.

    Me ayudo a salir y en minutos vino el mismo chofer, llevándonos al centro de la ciudad. El restaurant elegido por mi sádico amigo fue Les Orchidées. El lugar estaba ubicado frente a la plaza independencia y a su lado se encontraba la majestuosa catedral, era famoso por sus increíbles platillos que lo dieron a conocer en todo el mundo.

    Al llegar nos encontramos con un empleado hablando por teléfono, organizaba una cita mientras esperábamos frente a él.

    – Buenas noches – comenzó diciendo apenas termino de hablar.

    – Buenas noches – respondimos juntos.

    – ¿Tienen reservación?

    – Realmente no – dijo Michael – ¿tienen una mesa para dos?

    Dio un rápido vistazo al papel frente a él, negando con la cabeza – no, nada de nada – respondió sin mirarnos.

    – Y si esperamos unos minutos – insistí mirando a Michael que lo observaba con mala cara.

    – Imposible, no pueden esperar acá. Lo lamento.

    – Mejor vamos a otro lado – concluyo Michael.

    Dimos media vuelta acercándonos a la puerta principal cuando de pronto alguien nos detiene.

    – Un momento – comento un hombre que apresuradamente vino a saludarnos – Sra. Márquez, es un gusto contar con su presencia.

    – Gracias estábamos yéndonos.

    – Pero por favor…

    Trato de tomar mi brazo, pero Michael puso una mano en su pecho empujándolo un paso atrás. Evidentemente estaba enojado, ya fuera por la irrespetuosidad del empleado o el simple hecho que haya querido tocarme. El sujeto volvió a mirar a mi sádico amigo e intento otra forma.

    – Sra. Márquez le aseguro que mi empleado está muy arrepentido, no debió reconocerla. Le conseguiremos una mesa y podrá disfrutar de nuestros servicios sin costo alguno ¿le parece bien?

    – Muchas gracias, pero no hay nada que disculpar. Prefiero simplemente irme.

    – Srta. Márquez – comenzó diciendo esta vez el empleado, quien intento sujetar mi mano

    La respuesta con él fue más contundente, Michael lo empujo exactamente igual que al otro sujeto solo que a este logro derribarlo.

    – Ya basta Michael – dije amonestándolo, aunque dudo que haya tenido en cuenta mi queja, sus ojos seguían fijos en ambos sujetos – Tengo poco tiempo y prefiero no inmiscuirme en un problema más, nos retiraremos y no causaremos más inconvenientes.

    – Sra. Márquez por favor.

    Tomaron mi brazo, solo que esta vez al dar vuelta la mirada descubrí que fue Michael. Se acerco un poco más susurrándome.

    – Si es cierto que no quieres causar problemas deberíamos quedarnos.

    – ¿por qué? – replique – Estas enojado y yo harta

    – ¿Ves a ese empleado? – dijo refiriéndose al joven que nos había atendido y que ahora discutía en susurros con su jefe.

    – Si – respondí sin mayor importancia

    – Siempre que elijo un lugar donde ir, me tomo el trabajo de investigar a la gente. Eso me da la tranquilidad de saber quién es cada persona.

    – Parece algo innecesario.

    – Tal vez ahora lo sea, son gajes del oficio supongo. Ese empleado que nos rechazo es padre de dos niños, su esposa está embarazada nuevamente. Si te vas y rechazas el ofrecimiento van a echarlo a patadas eso te lo aseguro.

    Pensé durante unos segundos, mirando hacia el gerente – disculpé – comencé diciendo mientras me acercaba a ellos.

    – Estos últimos días solo han sido problemas, creo que descargue un poco de mi ira aquí. Estaría encantada de aceptar su oferta siempre y cuando sea atendida por este caballero – dije señalando a la persona que nos había atendido inicialmente.

    – Por supuesto, será un gusto preparar una mesa para ustedes – respondió entusiasmado el gerente – rápido prepárale una mesa a la Sra. Márquez.

    Cenamos devorando los platillos que nos habían preparado, parecíamos una pareja más del montón, me sentía aliviada de no tener que cargar con ningún guardaespaldas, aunque claro teniendo a Michael ahí dudo que alguien pudiera acercarse. Uno de los camareros trajo una botella de champagne junto con dos copas, la destapo frente a nosotros sirviendo primero a Michael, degusto y aprobó.

    – Bien Srta. Márquez – dijo llenando mi copa – ahora así podremos brindar como se debe.

    – Se lo agradezco señor Michael, pero brindar con un abstemio tiene poco sentido para mí.

    – Hay quienes consideran que los abstemios son aquellas personas que abandonaron el alcohol de forma voluntaria debido a algún problema o creencia y otras que consideran que jamás lo probaron en su vida. Siguiendo esta última teoría, no soy abstemio asique no hay ningún problema – tomo la botella y sirvió en su copa, pero en una medida bastante menor a la mía – aunque tratándose de ti podría hacer una excepción a la regla.

    Sonreí aceptando la copa, el clásico “chin chin” cerro el mágico momento. Estaba contenta, conocía a la perfección al verdadero Michael ¿me enseñaba su corazón realmente o era una pantalla? De pronto el empleado que había elegido para que nos atienda, se acercó.

    – Disculpe Srta. Márquez ¿necesita algo más?

    – No, gracias. No podría comer un bocado más.

    – Disculpe Srta. Márquez. Solo quiero decirle que si la moleste o le falte el respeto pido perdón.

    – Tranquilo, todo está bien. La verdadera razón para irme era que mi amigo estaba un poco enojado ya.

    – Ya veo – dijo mirándolo durante unos segundos – puede resultar alguien intimidante – susurro bajo la mirada de Michael.

    – Eso te lo aseguro, dime algo ¿tienes familia?

    – Si, tengo dos hermosos hijos. Mi esposa está embarazada es una niña esta vez.

    Que sorpresa, mi loco amigo tenía toda la razón. Sonreí

    – Felicitaciones – le dije tendiendo mi mano. La miro, luego miro a Michael – no te preocupes por él, tengo una niña también.

    – Gracias.

    Tomo mi mano soltándola rápidamente sin sacar los ojos de Michael, no paraba de mirarlo como si fuese a matarlo en cualquier momento.

    – Gracias señorita, parte de mi cansancio es debido a eso, estoy trabajando doble turno desde hace unos días.

    – Te entiendo perfectamente, dile a tu jefe que no podría aceptar irme sin pagar.

    – Gracias señorita. No duden en decirme si necesitan algo más

    – Bien – concluyo Michael.

    El pobre muchacho, sonrió de forma nerviosa y se alejó rápidamente.

    – ¿Te gusto tu regalo? – comenzó diciendo

    – No lo he visto todavía – tome mi bolso sacando aun el regalo envuelto – no lo quería ver si no estabas conmigo.

    Sonrió nuevamente, nos quedamos unos segundos alejados del tiempo y el espacio sosteniendo esa mirada cómplice que siempre habíamos tenido.

    Rompí el papel ansiosa de ver por fin que me había regalado. Bajo el papel había un pequeño estuche y en su interior una especie de colgante. Hecho de plata, sus lazos se entrelazaban una vez tras otra en una especie de nudo.

    – Gracias – dije sin entender lo que era, pero maravillada igualmente – ¿Qué es?

    – Es un nudo Perenne los antiguos celtas creían que representaba amor y unión eterna. Es un nudo que no puede deshacerse jamás ya que no tiene principio o fin – no dije nada – ¿Sabes qué? Tienes razón es una idea estúpida.

    – ¡No! Es precioso, gracias – dije conmovida – trague con fuerza y junte una lagrimas que aún no había podido escaparse de mis ojos llorosos – es solo que no me esperaba algo como esto.

    Sonrió de manera tan clásica de él que no pude evitar sonreír con solo verlo.

    – Llevamos tanto tiempo juntos que sé que no necesitamos títulos, pero…podríamos intentar ir un paso más allá.

    – ¿Un paso más allá? – dije sin entender a qué quería llegar – ¿Qué me estas proponiendo?

    – Te propongo que blanqueemos esta situación.

    – Blanquear… – repetí sin entender – ¿me estas pidiendo que seamos novios formalmente?

    – Podríamos intentarlo.

    Me quede congelada ¿me estaba proponiendo esto en vedad? Lo miré sin siquiera saber que decirle, sentía algo fuerte por Michael, pero no quería jugar con sus sentimientos, ya había sufrido tanto que una cosa más… por otro lado me perdí en su mirada, tomo mi mano. Me sentí tan segura y contenida.

    – Realmente no…no me esperaba esto – dije bajando mi mirada.

    – ¿Eso es un no?

    – Es un vamos despacio.

    – ¿más? Hace cinco años que nuestra relación va, viene, vuelve a ir, vuelve a venir y no termina de venir que ya se está yendo de nuevo.

    Sonreí y tras un rápido movimiento de mi mano oculté mi pequeña risa que se convirtió en incertidumbre acaricie mi copa, pensando su propuesta ¿cambiaría algo entre nosotros si aceptaba? Evite su mirada directa, mirando a las mesas contiguas. Este había sido un día perfecto hasta ese momento ¿Por qué tenía que salir con esto ahora?

    – Te estoy hablando – se quejó.

    – Te estoy escuchando.

    – ¿Acaso Víctor es el problema?

    – ¿Víctor?

    – ¿Sigues pensando en él?

    – Por supuesto que no, no se trata de eso.

    – ¿de qué se trata? – desvié mi mirada a las otras mesas

    Note que hizo una seña – la cuenta – ordeno, voltee nuevamente para verlo, su clásica actitud controlada volvía a estar ahí. Su armadura frente al mundo.

    – ¿Qué sucede?

    – Nos vamos – respondió con seriedad.

    – Está bien – respondí

    Observe como tomaba su abrigo y dejaba un puñado de dólares sobre la mesa ignorando si algo sobraba, un sentimiento de culpa se apodero de mi corazón al mismo tiempo que un frio recorría mi cuerpo. Al salir del restaurante tras una emotiva despedida por parte del personal descubrí que el mismo auto seguía ahí, el chofer estaba esperándonos. Hizo una seña con su mano a Michael, una reverencia conmigo, abriendo la puerta. Me pareció notar algo raro en él, juraría que su labio estaba hinchado ¿habían intentado asaltarlo?

    El camino de regreso fue completamente en silencio, se mantenía frio, mirando por la ventana. Llegamos a casa tiro su abrigo sobre el sofá y subió las escaleras ignorando a Eva – buenas noches Srta. Márquez, Srta. Simmons – agrego antes de irse.

    – ¿Qué paso? – Pregunto Eva.

    – Nada. No sé.

    – ¿segura? – contraataco.

    – ¿Tomamos un té? – dije resignándome fácilmente – te cuento todo lo que paso.

    – Dale.

    ¿Qué diferencia había en contarle ahora o no? Tarde o temprano terminaría contándole todo de igual manera. Nos fuimos a la cocina, encontrándonos con dos empleadas.

    – Buenas noches Mariza ¿se le ofrece algo?

    – Simplemente tomaremos un té

    – Claro – dijo levantándose una de ellas.

    – No se preocupen, vayan a descansar enseguida lo preparo.

    Ambas asintieron mientras mostraban una gran sonrisa, me gustaba tener buena relación con mis empleados, sobre todo si eso significaba no molestarlos por una estupidez. Preparé ambas tazas de té colocándolas sobre la mesa, en un momento sentí como Eva se tiraba sobre mí, presiono mi cuerpo contra la mesa y de una en una varias nalgadas fueron cayendo mientras yo me quejaba retorciéndome.

    – ¿Te gusto?

    – ¡para estúpida! – grite – ¿Que estás haciendo?

    – En un momento apareció el chofer de mierda que te vino a buscar. Con una botella de vino en una mano y dos cajas de preservativos en la otra, pero supongo que tengo que aceptar como la ninfómana que soy.

    Largue una carcajada mientras ella seguía dándome su castigo también tentada, supongo que debido a mi risa. Me soltó y nos acomodamos sobre la mesa cada una con una taza de té caliente.

    – ¿Cómo te fue?

    Le conté sobre cómo se habían ido desarrollando las cosas a lo largo de la noche, hablábamos de lo elaborada que había sido la salida, lo que había preparado.

    – Wao – comenzó diciendo Eva – realmente, me dejas sin palabras

    – ¿Verdad?

    – Si, no es solamente la actitud que me dices. También lo que hizo ¿sabes lo que le abra costado ese viajecito en el avión? – dijo tomando un sorbo de su te.

    – Me pidió que fuéramos novios.

    Mi amiga se sorprendió tanto que se atraganto mientras comenzaba a toser y a largar té por su nariz.

    – ¡Que! – dijo aun sin recuperarse – ¿Qué respondiste?

    – No supe que responder, inventé algo de momento.

    – Ahora entiendo porque esta así – agrego – ¿Qué vas a hacer?

    – No lo sé, ahora es el momento donde me viene bien una mejor amiga.

    – Es una situación complicada, pero debes resolverla ahora.

    – Lo sé, trato siempre de hacer lo mejor, tanto para mí como para Ana.

    – Si es por Ana, creo que es lo más cercano que tiene a un padre.

    – Antes dijiste que Michael no me convenía. Que era peligroso.

    – Sigo pensando igual ¿Quién pudiera pensar que Michael no es extraño? Es un sujeto intimidante, pero si es la persona que eliges no voy a entrometerme – sonreí y nos abrazamos fuerte – será mejor que me vaya, necesitan hablar. Te veo mañana, aun necesito darte tu regalo – comento divertida guiñándome un ojo

    Fue cuando quede completamente sola, de nuevo ¿Qué debía hacer? Pensaba si no funcionaba… ¿cambiaría algo entre nosotros? me sentía estúpida ¿Por qué no? Michael había estado ahí siempre que lo necesite, era evidente que pasaron siempre cosas entre nosotros. En estos cinco años habíamos estado prácticamente conviviendo – ¿sigues pensando en él? – su pregunta me lastimaba ¿Por qué tenía que traerlo a la discusión? No es que no pasaran cosas, sino volver a sentir dolor, volver a sufrir por amor. Mire las escaleras una y otra vez, no me animaba a subir.

    Paso cerca de una hora hasta que mi mente ordeno todo, el avión, el restaurante, la propuesta, el viaje a casa… ¿Por qué no intentar? subí lentamente las escaleras, recorrí el pasillo sintiendo como mi corazón se aceleraba más y más a cada paso ¿Por qué estaba tan nerviosa? Era Michael, no debía estarlo. Me pare frente a su puerta ¿debía tocar? No lo creí necesario, su habitación estaba completamente oscura, solo la luz de luna colándose por la gran ventana permitía ver algo. Me acerque despacio haciendo a un lado las sabanas y frazadas acostándome a su lado. Fue cuando note sus ojos, me observaba, pero no decía nada.

    – Hola – pronuncie con timidez, temiendo que ahora sea el quien me rechazara.

    – Hola – respondió – ¿te equivocaste de cama?

    – No – respondí

    Me acerqué besándolo – podemos intentarlo – dije antes de besarlo nuevamente – lo intentaremos – sus brazos me rodearon y esta vez fue el quien se acercó. Volvimos a besarnos, encendió el velador que se encontraba sobre una pequeña mesa contigua.

    – ¿Segura? – pregunto.

    Negué con la cabeza – no, pero ¿Quién puede estarlo? – sonrió asintiendo, me beso acariciando mi rostro. Dimos una vuelta sobre la cama quedando el encima de mí, su cuerpo fue pegándose al mío, a medida que me tocaba. Prendio la luz y volvió a besarme lo vi sonreír mientras tomaba mi blusa, levante mis brazos y suavemente la prenda se deslizo siendo tirada al piso. Acomodo mis cabellos y tomo mi mentón entre sus dedos.

    – Te vez hermosa – dijo sonriente.

    – Cállate y bésame.

    Sonrió en su forma característica mientras comenzaba a sacarse su camisa. Mordí mi labio inferior antes de tirar de su cinturón hacia mí. Beso mi cuello hasta que de repente debe haber recordado mi punto débil, el lóbulo de mi oreja. Lo tomo con sus dientes tirando de él mientras yo soltaba un largo gemido – Si…Michael – susurre. Volvió a besar mi cuello mientras bajaba poco a poco, llego a mis pechos, tomo uno de ellos besándolo mientras su mano descendía poco a poco hasta llegar a mi entrepierna. Ya para esta altura estaba humedeciéndome mucho, introdujo su mano bajo mi ropa llegando a mi entrepierna. Comenzó a acariciar mi clítoris, disfrute cada roce, cada caricia, cada pequeña gota de humedad que mi cuerpo liberase al ritmo de sus manos hasta que dos de sus dedos se hundieron en mí. Gemí llena de éxtasis mientras comenzaba a masturbarme, sus movimientos cada vez aumentaban su intensidad. Mi respiración estaba descontrolándose junto con mi corazón y mi mente.

    – ¡Por favor! – rogué entre dientes

    – ¿Qué quiere Srta. Márquez? – pregunto sin detener sus movimientos.

    – A ti – articulé como pude entre jadeos – por favor, te quiero a ti.

    Sonrió deteniéndose, lamio sus dedos y libero su miembro de su bóxer, con suavidad y lentitud fue entrando en mí. Poco a poco, casi desesperándome. Sentir como iba llenándome, tan despacio tan carente de energía.

    – Uff más, dame más Michael. Por favor.

    Sonrió hundiéndose en mi de una sola vez. Salió, respire. Volvió a hundirse con fuerza, gemí de forma prolongada mientras sus penetraciones aumentaban tanto en velocidad como en violencia. Abrí mis piernas recibiéndolo gustosa mientras escuchaba como bufaba sobre mí, tomo uno de mis senos apretándolo – por favor sigue – rogué sujetándome del cabezal de la cama.

    Lamia mi cuerpo, chupaba mis pezones y tironeaba de ellos. Mi cuerpo se llenaba de espasmos. Me retorcía mientras con respiración entrecortaba dejaba escapar un orgasmo, sus envestidas muy por el contrario aumentaban mientras sentía que me elevaba hacia los cielos aun apretujándome contra él. Me beso, acaricio mis labios. Le sonreí cansada.

    – ¿Qué pasa Srta. Márquez? – pregunto – ¿se rinde?

    – No todavía – respondí – tu no acabaste.

    – No ¿Quieres ayudarme?

    – Claro – sonreí.

    Nos besamos mientras tocaba mi cuerpo, era mi turno de estar arriba. Lo bese mientras comenzaba a “jugar” con su miembro. Sentía su dureza en mi mano, como gemía suavemente en mi boca. Me calentaba muchísimo tanto que comencé a tocarme, notaba la humedad en mi entrepierna, mis dedos estimulaban mi clítoris mientras poco a poco mi boca fue bajando por su cuerpo. Llegue a su miembro, lo bese con cuidado. Mi lengua recorrió su extensión, lo engullí en un solo movimiento mientras clavaba mis ojos en los suyos, era tan excitante ver el deseo en su mirada, tan extraño, tan ajeno a él. Como dije algo cambio.

    Sus manos acariciaban mi rostro, mantenía la vista clavada en mi y en mi…labor – ven – dijo con voz llena de autoridad, nos besamos. Acariciando mis senos llevándolos a su boca, gemí mientras colocaba su miembro en mi vagina. Descendí lentamente sintiendo como empezaba a llenarme, nuevamente gemí con fuerza besándolo. Sus penetraciones aumentaban junto con mis gemidos y jadeos.

    Ignoro cuantas veces tuve relaciones con él, pero esta vez era distinto. Esta vez sentía que por primera vez no estábamos teniendo sexo, estábamos haciendo el amor. Nos besamos con pasión, mordíamos nuestros labios, sentíamos las caricias, la respiración, el corazón, los sentimientos del otro. Entre sonrisa y palabras dulces…mías, acabamos juntos quedando agotados y agitados. Nos miramos con una sonrisa y nos acostamos uno al lado del otro.

    – ¿Y ahora qué? – pregunto acariciando mi cabello.

    – No lo sé – respondí, dando un beso en su pecho acostándome nuevamente sobre él – dejemos que las cosas simplemente sucedan.

    – De acuerdo Srta. Márquez

    – ¡Deja de decirme así!

    – No – respondió sonriendo.

  • Silvia, ocupó el lugar de su tía Liliana (Parte 3)

    Silvia, ocupó el lugar de su tía Liliana (Parte 3)

    Durante ese tiempo que Liliana y yo estuvimos juntos intentamos que lo nuestro fuese algo secreto para los conocidos, en parte era fácil porque la mayor parte de esos encuentros se circunscribía al ámbito de mi departamento, pero a veces los cuidados que uno pueda adoptar no son suficientes, y esto sucedió al mes de estar juntos.

    Era sábado por la noche estábamos caminando muy acaramelados y mimosos por la calle, ajenos a todo cuanto se nos cruzó en nuestro camino, cuando de pronto se paró delante nuestro una chica a quien yo no conocía y que dejó perpleja a Liliana, la que estaba delante nuestro era Silvia, sobrina y ahijada de Lili. Era evidente lo nuestro y no había forma de disimularlo.

    Liliana tartamudeo e intentó explicar lo evidente, le explico lo nuestro y ella la detuvo diciendo:

    S- Madrina no tenes nada que explicarme, yo te dije muchas veces que tenías que rehacer tu vida, y la única que se hace problemas por la diferencia de edad sos vos, si se quieren y son felices juntos que les importa los demás acá solo importan ustedes, pero si queres mi opinión, estoy feliz, se los ve muy enamorados y lo importante es eso… eso si cuídalo porque tenes un novio muy churro…

    Fuimos a cenar los 3 la cena fue muy tranquila, hasta que Silvia se dio cuenta de la hora, ella vivía lejos y ya no tenía colectivos. La íbamos a llevar en auto pero luego surgió la posibilidad que se quede en casa y la llevásemos al otro día, así que esa noche ella durmió en el living de casa, y yo las llevé a ambas el domingo por la noche. Lili la llamó a su hermana inventó un poco la historia diciendo que se quedaban en casa de una amiga.

    Ese fue nuestro primer encuentro, Silvia cumpliría los 18: Los 3 volvimos a reunirnos para festejar el cumpleaños de Silvia, la llevamos a cenar y luego al cine

    Silvia era físicamente muy dotada por donde se la mire, dulce, tierna y muy bonita. La pasamos muy bien los tres, y adoraba a su madrina.

    Cuando mi relación con Liliana sufrió ese bajón previo a la separación; Silvia hablo varias veces conmigo por TE dándome ánimo, si bien con Lili no había todavía una separación definida para mí era evidente que lo nuestro iba en ese camino, llevábamos 10 días así

    Y para colmo de males era viernes y ese iba a ser mi segundo fin de semana sin Liliana, volví a casa del trabajo y no sabía que iba a hacer, probablemente vería fútbol… a eso de las 7 de la tarde sonó mi celular, era Silvia y dijo:

    S- Estoy a 3 cuadras de tu casa, si me invitas a tomar unos mates llevo facturas asi charlamos un rato… ¿Queres?

    G- Listo, estaba por poner a calentar el agua…te espero.

    A los 15 minutos llamó al portero eléctrico, entró, yo la estaba esperando en la puerta del departamento y quedé impactado al verla, Silvia era muy bonita por donde se la mire, y ese día estaba resaltando todas sus virtudes, 1,69 metros, cabello castaño oscuro, lacio, largo y suelto, ojos verdes maquillados de mirada dulce, rostro aniñado que la hacían aparentar menos que sus tiernos 18 años, piel trigueña, sonrisa dulce y seductora de labios gruesos, y cara redondeada. Campera de cuero marrón, corta hasta la cintura y ajustada, cierres en mangas, bolsillos y frente, su campera abierta dejaba ver una especie de top negro elastizado con remaches dorados y ajustado al cuerpo de mangas largas con escote cuadrado y recto generoso, por el que asomaban sus redondos senos, vaquero lavado, super ajustado, de cintura baja, que resaltaba todas las curvas de su cuerpo y unas botas altas por encima de sus rodillas de gamuza negra y tacos altos, se acercó y me dio un beso en la mejilla, yo delicadamente apoye mi mano por detrás en su cintura y sentí estremecerme y ni que hablar cuando vi su cola dibujada en sus vaqueros, las medidas de Silvia eran 1,65 mt, 95- 72- 96.

    Ese día cuando se quitó la campera y se quedó con esa ropa ajustadita puede admirar en todo su esplendor su dotado cuerpo que sin Liliana presente pude disfrutar.

    G- ¿Qué haces por acá?

    S- Voy a pasar el finde en casa de una amiga, y decidí venir hasta acá para verte… saber cómo estás, charlar un rato… pero cuando llegue no me animé, cuando te llame ya hacia una hora que estaba dando vueltas

    G-¿Por qué?

    S- Porque pensé que podías estar mal o enojado con lo de mi madrina y no me quisieras ver…

    G- Como voy a estar enojado con vos, y con ella tampoco, sabíamos que esto iba a pasar pero nunca tuvimos en cuenta este final…

    S- No seas tan pesimista dale tiempo para reconsiderar…

    G- No necesitas tanto tiempo, ya lo nuestro se cerró…

    S- Es probable, pero yo al menos tengo esperanzas, se los veía tan enamorados, felices de estar juntos…

    Sonó el celular de Silvia, era la amiga con la que iban a encontrarse. Mientras hablaban yo fui a la cocina a calentar un poco el agua al llegar dijo:

    S- Bueno tomamos unos mates más y me voy a casa… mi amiga se esguinzo y tiene que guardar reposo, asi que no vamos a ir al cine… con esa película siempre me pasa algo y no puedo verla.

    G- ¿Porque no vamos a verla juntos?

    S- Si queres… aunque hay un problema… yo me iba a quedar en la casa de Lucia porque no tengo colectivo para volver

    G- Te puedo llevar a tu casa o te podes quedar a dormir acá, dormís en mi habitación y yo en el living

    S- ¿Porque en tu habitación?

    G- Porque tiene llave, asi dormís más tranquila y segura

    S- ¿Segura? bobo… yo confió mucho en vos y en mi…nadie va a tocarme a menos que yo lo permita… me se defender muy bien. Asi que me quedo a dormir en el living… aunque en una de esas a vos te convenga poner llave a tu habitación, no vaya a ser que la que te viole sea yo…

    Se río y nos abrazamos

    Se cambió el top por una especie de remera de mangas largas, mas abrigada y cerrada, que si bien ocultaba más lo que mostraba de sus senos, esta era más ajustada, resaltando más sus extraordinarias dimensiones y marcaban más sus pezones

    Fuimos al cine, luego a comer pizza con cerveza artesanal, al mimo lugar al que iba con Lili, los recuerdos se agolpaban, pero Silvia se encargaba de darme “lata” y por momentos hacer que me olvidase de su tía. Volvimos a casa con ella tomada de mi brazo, comentando la película y mirando vidrieras.

    Cuando volvimos nos sentamos en el sofá… empezamos a ver una película por TV y charlamos, al principio de temas intrascendentes, la conversación se derivó a mi relación con Liliana, y empezó más o menos asi:

    S- Mi madrina me dijo que desde chico estás enamorado de ella

    Me sorprendió su pregunta y dije:

    G- No sé si ese es el término exacto, pero si desde mis 14 años me sentí atraído por ella, me gustaba estar y charlar con ella, me atraía físicamente, me gustaba su cuerpo y sobretodo sus piernas, creo que siempre estuve loco por ella

    S- Te masturbaste por ella?

    Su pregunta me tomo desprevenido… no la esperaba… Al ver mi sorpresa dijo:

    S- Perdoname me estoy metiendo en tu intimidad, sino queres no me la contestes

    G- No me esperaba esa pregunta, si… lo hice muchísimas veces, y la primera masturbación fue por ella el día que la vi en bikini tomando sol

    S- ¿Te gusta hacer el amor con ella? ¿Es buena en la cama?

    G- Es la mejor, pero aquí terminó el cuestionario

    S- ¿Por qué?… te pregunto esas cosas porque no entiendo la separación entre ustedes, yo sé que vos le gustas mucho, no solo porque me lo dijo, sino por cómo te mira y por lo de la otra noche, cuando me quedé, los gemidos de ustedes teniendo sexo eran infernales

    G- Perdoname, no debí decir eso

    Ella se recostó sobre mi pecho, yo la abracé y permanecimos dos o tres minutos asi y en silencio, acariciando su brazo sentí que ella no era la culpable de mi molestia, me encontraba incómodo, porque me sentía bien tener a Silvia asi, mi pene estaba a tomar cierta rigidez, cuando noté que los pezones de ella estaban tiesos y erguidos. Quise incorporarme y dejar de tenerla asi, al intentar hacerlo ella me aferró con fuerza y dijo lo que nunca pensé escuchar:

    S- No te vayas, quiero seguir en tus brazos y no parar de besarte… quiero ser tuya… quiero sentir lo mismo que siente mi madrina… te deseo apenas te vi… no te estoy pidiendo que la dejes, ni que seas mi novio, solo quiero ser tuya, me gustas, y acepto gustosa ser en este momento tu amante

    No salía de mi asombro, no estaba acostumbrado a que me encarasen de esa manera, sus labios rozaron apenas los míos como para que sintiese su dulzura, y su cuerpo se pegó al mío, y entonces dijo:

    S- Me equivoque, dame un beso, me voy a dormir, mañana a primera hora me voy a la casa de mi amiga.

    Pero ella no iba a abandonar tan fácilmente su objetivo su lengua recorrió mis labios, sus dientes lo mordisquearon suavemente para luego besarme y entonces me entregué a ella y me rendí al calor de sus besos, devoré su boca, nos lamimos sin importar nada en el mundo solo existía ella y yo, luego sin dejar de besarnos ella cruzo sus piernas sobre mi cuerpo y se sentó sobre mi erguido pene y seguimos besándonos durante más de diez minutos.

    Nos levantamos del sofá sin dejar de besarnos, ella se subió en mi cruzó sus piernas en mi cintura y asi fuimos sin dejar de besarnos hacia mi habitación

    Nos tumbamos en la cama y nos miramos fijamente. Me sonrió y la besé en los labios, hasta que mi lengua se introdujo en la suya. Mis manos empezaron a recorrer su cuerpo, aun vestido. Sus tetas eran duras, inmensas, ella gemía y daba gritos de placer.

    Era hora de desnudarnos, le ayude a quitarse las botas, luego se quitó el pantalón, su remera era larga de forma que ocultaba su cuerpo, yo estaba recostado en la cama solo cubierto por mi slip, ella movía su cuerpo sensualmente aumentando mis deseos por verla desnuda, me dio la espalda y se quitó la remera lo que vi fue espectacular

    Silvia tenia puesto un body negro transparente y ajustado al cuerpo, por detrás cola less, dejaba casi totalmente su cola al aire, nada impedia ver su torneado y espectacular cuerpo y mis ojos disfrutaron lo torneado y bello, en zona de sus tetas estas dejaba, la mitad fuera del body, la parte transparente dejaba ver sus pezones erguidos casi a punto de estallar y su vagina sedienta de sexo, parecía una reina imponente deseosa de sexo en su carita aniñada.

    Caminó hasta la cama, se recostó sobre mí, nos besamos en forma ardiente, yo la sujeté tomándola por la cola y me movía para que sintiese la erección que se había apoderado de mi cuerpo, y mis manos se deslizaban por los cachetes de su cola suave y redonda disfrutando la perfección de su piel, mientras su boca jadeaba en gemidos ahogados por el beso.

    La recosté sobre la cama la mire a los ojos:

    G- Sos hermosa, sos un diamante perfecto

    S- Te amo, quiero que hagas conmigo lo que quieras, quiero gozar como nunca quiero gemir, gritar y gozar toda la noche

    La besé y pase mi mano por sus senos que su body no cubría, su boca fue un concierto de gemidos, luego bajé el body liberando totalmente sus senos los acaricie suavemente sus pezones estaban muy erguidos, las tomé con mis manos ella gemía, se contorsionaba sobre la cama, mis dedos jugaban con sus pezones, y los lamie besé y succione cada uno de esos rosados y tiernos pezones ella no paraba de jadear. Mis labios gozaban la dulzura de sus tetas.

    Luego comencé a bajar su body, lamiendo y besando su abdomen su vientre, hasta bajarlo por completo y dejar su cuerpo desnudo, acaricié su vagina que estaba muy mojada, su boca gritó apasionadamente, nos tomamos de las manos, besé sus piernas cerca de su vagina como preámbulo de lo que pronto disfrutaría.

    Mire su vagina totalmente depilada, no pude esperar más, acerque mi boca a su vagina y la lamí de abajo hacia arriba, sentí su cuerpo estremecerse, un delicado gemido nació de su boca, y comencé a lamerla, lamí cada uno de sus labios vaginales, luego los separe con mis dedos, mi lengua deseosa penetro en su conchita, dispuesto a obtener como premio el orgasmo tan deseado y la penetré con mi lengua jugando cada vez más profundamente, noté que estaba a punto de acabar, aceleré más el ritmo tomándola fuerte de las caderas, ella apretó más mi cabeza contra su vagina como para asegurarse que mi boca que mi boca no la abandonaría, jugando con mi cabello, el final estaba próximo su cuerpo se retorcía y segundos después su cuerpo comenzó a agitarse en espasmos violentos y se corrió en mi boca, la disfruté un poco y comencé a darle besitos suaves en las piernas, y empecé a subir poco a poco, besando su vientre, sus senos, hasta llegar a sus labios, donde me fundí en un profundo beso, dulce intenso y apasionado, mientras su cuerpo continuaba convulsionándose.

    Cuando su cuerpo se calmó, su boca dijo:

    S- Fue lo más hermoso que me pasó en la vida, sos increíble jamás disfruté tanto… ahora me toca a mí, espero poder satisfacerte de la misma manera

    Ella bajó con besos hasta llegar a mi erecto pene, deseoso de recibir sus carnosos labios, deslizó su lengua por sus carnosos labios como saboreando lo que pronto seria suyo, lo tomó en sus manos se la metió en la boca y comenzó a chuparla, a saborear cada centímetro del que su boca se adueñaba, jugaba con su lengua que recorría mi pene en toda su extensión desde la base hasta el glande, haciendo círculos con la punta de su lengua sobre él y engullía poco a poco mi pene, con su lengua jugando de lado a lado, muy despacito, mi cuerpo extasiado se sentía en otro mundo, acariciaba su espalda, su cabello y gemía constantemente

    S- Si asi mi amor, me hace muy feliz verte gozar, tenerte asi es lo mejor que pudo haber pasado

    G- Me encanta estar con vos

    Y siguió chupando, yo sentí que pronto acabaría, y quise sacar mi pene de su boca, entonces dijo

    S-Noooo, yo me corrí en tu boca, ahora quiero saborear tu semen en la mía…

    Estaba disfrutando cada segundo que su boca se adueñaba de mi pene, pero no podía estirar más el final; torrentes de semen inundaron su boca, deglutió cada gota y lo siguió mamando hasta dejar mi pene sin vestigios de semen

    La miré y pude ver su cara de felicidad, sus ojitos brillaban, yo estaba extasiado, me tumbe sobre la cama, Silvia lo hizo sobre mí de manera que su depilada y húmeda conchita se depositase sobre mi pene.

    La envolví en mis brazos, nos besamos, y dijo:

    S- Te amo

    G- Yo también, además de hermosa, sos increíble

    S- Vos también, estar asi con vos es maravilloso, me excitas mucho, pero el mayor gozo fue tu dedo recorriendo mi ano

    G- Me gustaría meterte algo más que el dedo…

    S-Para vos no hay nada prohibido, mi cuerpo te pertenece, ahora soy tu esclava

    G- No sos mi eslava, sos mi reina…

    Los besos, las caricias, los roces y jugueteos en sus labios vaginales, hicieron lo suficiente para hacer que mi pene volviese a desearla ella acarició mi pene al tiempo que dijo

    S-Muero por tenerla dentro de mí (me susurró al oído)

    G-Pues no te voy a hacer esperar tu mandas y yo obedezco mi reina, voy a buscar condones

    S- Me gustaría no usarlos, quiero saber que se siente, nunca lo hice sin condón, no son mis días fértiles y compré pastillas, confío en vos, sé que no te acostas con cualquiera

    Ella se acostó en la cama boca arriba, yo sobre ella, Silvia giró su cuerpo para volver su boca a adueñarse de mi pene, luego fue mi boca la que se ubicó entre sus piernas, y un concierto de jadeos y gemidos inundaron la habitación, luego de un par de minutos asi, ella se acomodó para ser penetrada y yo para poseerla, mi pene entró con facilidad en su cueva, dado lo mojada que estaba. Ella no paraba de gemir y dijo:

    S- Ay Gaby, tenerte asi, sentir tu pene libre dentro de mi vagina es lo más hermoso que me pudo pasar en la vida

    G- Vos sos una joya hermosa, a la que siempre voy a desear

    S- Cógeme, quiero sentir tu semen recorriendo mis entrañas

    Y comencé a moverme despacio, suave, haciéndole gozar mi pene dentro suyo

    -Esto es hermoso… mmmm… me encanta… es maravilloso hacerlo asi y poder sentirte dentro mío de esa manera

    Mis manos recorrían su cuerpo, ella ya estaba totalmente excitada y yo saboreaba su cuerpo felino, parecía una gatita en celo, besaba sus labios, acariciaba su cuerpo, lamia sus senos, los chuponeaba, mordía suavemente sus pezones, su respiración era violenta y agitada y dijo entre gemidos

    S- Ayyy… Gaby no aguanto más… voy a acabar

    G- Hacelo amor, me encanta ver esa carita de gozo

    Fue como una orden su cuerpo se agitó en miles de convulsiones, podía sentir en mi pene las enloquecedoras contracciones de su vagina

    Cuando se calmó, y vi su carita de plena felicidad seguí bombeando unos minutos y dijo:

    S-Quiero cabalgarte… quiero gozar tu pene dentro mío, lo más adentro posible

    Accedí a su pedido , me acosté boca arriba, y ella absorbió con su vagina mi pene por completo y comenzó a cabalgarme, en los comienzos en forma lenta para ir poco a poco acelerando sus movimientos hasta tenerlo por completo, en esa posición su cuerpo hacia círculos en mí, no paraba de gemir, la tome por las caderas acompañando sus movimientos de cintura, luego se recostó sobre besándome con pasión su lengua ardiente entro en mi boca y aproveche ese momento para introducir nuevamente mi dedo en su ano, aferré sus nalgas y bombee con fuerza, segundos después su cuerpo se convulsionó, al mismo tiempo que mi pene estallaba lanzando en su vagina torrentes de cálido semen.

    Cuando nuestros cuerpos se calmaron se recostó al lado mío, luego se incorporó me beso en la boca y dijo:

    S- Esto fue maravilloso, estoy viendo con vos el más inolvidable de los días

    G- Vos sos maravillosa, jamás me lo hubiese imaginado

    Estuvimos largo rato besándonos, acariciándonos

    Me abrazó y nos quedamos descansando un rato. Cuando nos recuperamos, le dije si nos íbamos a duchar juntos, aceptó, pero dijo

    S- Nos duchamos y después me haces la cola

    G- Pensé que iríamos a dormir

    S- No puedo, cogerte es más importante que respirar

    Íbamos hacia la habitación, nos detuvimos en el living a tomar algo, ella se arrimó al ventanal del balcón y envolvió su cuerpo en la cortina, para ocultar su cuerpo desnudo, me excitó verla asi, me acerque a ella la envolví en mis brazos y comenzamos a besarnos y acariciarnos apasionadamente.

    Sin llegar a la habitación nos acostamos en el piso sobre la alfombra durante varios minutos estuvimos envueltos en la vorágine de caricias y besos luego a pedido mío, ella se acostó boca abajo, yo lo hice poniendo mi cara sobre su delicia cola, paradita, de cachetes duros y redondos, de piel suave y tersa, Silvia se derritió de placer cuando mis manos acariciaron sus nalgas, mi boca las besó y chuponeo, intentando no marcarla pese a mi excitación, su cola era perfecta para dejar mis huellas en ella.

    En toda esa exploración anal, Silvia no paraba de jadear luego separe sus nalgas dejando su ano expuesto a mi vista y mi lengua sedienta saboreo ese hermoso bocado, sus jadeos originales se convirtieron en intensos gemidos de placer.

    Luego de tomarme de la mano fuimos hacia la mesa del comedor, apoyó las manos sobre él, separó sus piernas dejando su culo accesible se dio vuelta, sonrió y dijo:

    S- Llegó el momento de ser tuya por completo…

    Me arrimé a ella puse mi erecto pene sobre su cola, la tomé por la cintura y besé su cuello en forma dulce y dije:

    G- Tener tu cuerpo asi es lo mejor que me pasó en la vida, nos besamos unos segundos.

    Arrimé mi pene sediento a su cola, ella separó sus piernas, yo separé sus nalgas ella acomodó su cuerpo y gimió profundamente cuando sintió mi pene sobre su ano, yo la aferraba por la cintura, luego de unos segundos su ano se llenó con mi pene duro, caliente y deseoso.

    Noté cierta tensión en su cuerpo y dije:

    G- ¿Estas bien, te duele? ¿Queres que la saque?

    S- ¡No!, déjala asi para que mi cuerpo se acostumbre a tenerla adentro, es mi segunda vez…

    Yo obedecí, mis manos fueron a su vagina y la acaricié al mismo tiempo que nos besábamos ardientemente. Luego de unos largos segundos Silvia dijo:

    S- Ya está… dame más…

    Y la obedecí, acaricié sus senos mientras iba penetrando su apetecible culo, Silvia gemía, gozando ese sublime momento, ella acariciaba su sexo masturbándose mientras la penetraba.

    Nuestras respiraciones eran cada vez más agitadas, nuestros jadeos eran cada vez más intensos, mi pene recorría intensamente su cavidad anal ella entre gemidos de intenso placer decía:

    S- Asi amor… dame más… me encanta… ahora soy toda tuya… sos lo mejor que me pasó en la vida

    G- Estoy a punto de acabar cielo, no creo que pueda contenerme más…

    S- Yo también cielo, acaba cuando quieras

    Silvia aceleró los movimientos de su mano sobre su vagina… mi pene no pudo contenerse más y estalló lanzando dentro de su cavidad anal torrentes de cálido y espeso semen, ella apenas décimas de segundos después dejó caer chorros de fluidos propios de un orgasmo por demás intenso.

    Yo me recosté sobre ella, acaricie sus senos, me pegué a su cuerpo, besé su espalda, su cuello, mientras mi pene comenzaba a perder rigidez

    G- Mi reina… sos fabulosa…

    S- Este día con vos fue lo mejor que me pudo haber pasado… te amo y te deseo cada vez más

    Tomamos un café, nos dimos otra ducha, la alcé en mis brazos llevándola a la habitación, me acote a su lado, nuestros cuerpos desnudos se unieron en miles de besos y caricias, hasta que vencidos por el cansancio nos dormimos.

    Nos levantamos, fuimos a comprar cosas para volver a entregarnos a momentos intensos de placer y deseos, asi hasta el domingo en que la lleve a su casa.

    En esa semana Liliana me llamó para explicar lo de nuestra separación, terminamos a modo de despedida teniendo sexo. Silvia supo de ello, aceptó eso porque amaba mucha a su tía – madrina y eso unió más nuestra relación haciéndola más intensa, aunque solo duro 3 meses.

  • Segundas vidas

    Segundas vidas

    Se había pasado toda la mañana escogiendo los regalos adecuados, quería tener a su familia contenta; para ella tenía pensarle regalarle una blusa para el verano, la niña algún juguete y para el recién nacido, con apenas dos meses, algún sonajero, o algo por el estilo. Estaba contento consigo mismo, tanto en el aspecto familiar como en el laboral; su empresa lo había enviado a gestionar la unidad de redes de la zona, por eso había tenido que desplazarse; era sinónimo que sus superiores ya confiaban en él. Se sentía capacitado, por algo tenía estudios universitarios, su formación era inmejorable. Todo eso con una capacidad de don de gentes (como le dijo antes de partir su jefe) superior a sus colaboradores. De hecho se conocía algo la zona, no era una de las primeras veces que la visitaba, quizá por ese motivo se le confiaba el trabajo, ¿quién lo hubiera dicho dos meses antes, cuando estuvo en esta misma localidad? De hecho, había almorzado con el presidente de la empresa junto a su mujer, causando – aparentemente – una buena sensación, ya que le prodigaron muchos elogios, dejando claro, que era con él en persona que a partir de ese momento deseaban negociar. Procedía a descansar en ese pequeño hotel, el cual le gustaba porque quedaba cerca del local que le gustaba tomarse algo cuando acababa la jornada. A sus treinta y tres años Esteban se sentía un hombre muy seguro. Eran las once de la noche y se disponía a saludar a Lucas, el camarero de dicho local, ya que les unía una pequeña amistad de ir alguna que otra vez cuando estaba por la zona. Ya habiéndose puesto cómodo, en vaqueros y su camiseta sport de marca, engominado y con buena planta salió para adentrarse en el local.

    Amaya de un tiempo a esta parte se sentía más segura lejos de su casa, de los suyos, le agradaba relacionarse con gente desconocida, debido a temas laborales estaba en esa localidad alejada, ya que su marido debido a su enfermedad tenía que guardar reposo Se dedicaban al trabajo de la ferralla abandonada, con eso se ganaban el sustento. Amaya fue madre de joven, tenía dos hijos y una hija. De padres gitanos y marido medio gitano, lo cual conlleva a ese carácter especial a veces no entendido por la gente. Recogían toda la ferralla de construcciones ya inservible y la vendían. Conducían una furgoneta, y lo que no se podían llevar, lo encargaban a un camión. Sus hijos ya mayores no seguían la tradición de dicho trabajo y trabajaban en mercadillos vendiendo ropa de segunda mano. Amaya, era una mujer recia, alta y tetuda y muy vertical, de muslos potentes, algo culona, pero como si estuviera levantado con dos puntales, apretado; a pesar de su envergadura era compacta y muy prieta, lo que junto a su cara algo gastada, pero de ojos vivaces y españoles y unos labios carnosos tenía una apariencia felina. Sin estudios y curtida por la vida se desenvolvía como tal. Al cumplir los cuarenta medito sobre su vida, solo había estado con su marido Rafa el ferrallero, se dijo a si misma que el arroz se le pasaba, tuvo esa reacción que tienen algunas mujeres que se reactivan y vuelven a la mentalidad de los dieciocho y quieren aprovechar lo máximo el tiempo perdido. De eso ya han pasado cinco años, el mismo tiempo de sus primeros comienzos de infidelidades. Todo coincidió con la enfermedad crónica de su marido debido a su afición a la bebida. Tuvo que hacerse cargo de la ferralla en una playa poco concurrida, tan solo se observaba un surfer entre esas aguas, un jovencito rubio que tabla en mano y echándole una mirada se hizo al mar para surfear; Amaya, llevaba consigo el bikini de topos de leopardo que le había regalado su hija; debido al calor se echó un chapuzón; el surfer no la dejaba de mirar, se cruzaron las miradas… una hora después era tumbada y gozada tras unos matorrales en las dunas de la playa. Aún recuerda como el joven de apenas veinte años le dijo “nunca me había tirado una tía con pelos en el coño”. Se sintió más viva, más Amaya, más mujer deseada. Esperaba ansiosa el próximo viaje a dicha playa, lo cual aconteció tres días después. No estaba el chico, en cambio una auto caravana estaba aparcada al lado de las dunas cerca de los matorrales. Estaba en tensión, impaciente, entró en el agua, ni siquiera había recogido la ferralla. Se sintió observada por un hombre con tabla, está vez era un veterano surfer, entrecano con barba y coleta; tras haber surfeado se fue al lado de la auto caravana, puso la música a toda castaña, la miraba fumando, con sus gafas oscuras; al poco rato se levantó y se cogió los testículos mirándola. Esta vez fue en la auto caravana, fue otra vez tumbada, gozada y enculada; estuvo toda la tarde dándole pollazos; al encularla la puso en cuatro patas y le dijo que mirara por la pequeña ventana ya que de esta manera “vería mundo”. Le había puesto el culo en adobo (envaselinado) para “un mejor acabado” como dijo él. En cada embestida era empujada hacía el cristal, dejando su aliento en él. Gritaba y le decía que era una puta, que tenía el honor de profanar su culo, partirlo y que no cesaría de encularla hasta que de él saliera la mismísima mierda. No ceso de – al mismo tiempo que la penetraba – decirle que tenía el aspecto de una camionera vulgar, otra vez se le hizo hinca pie en su vello púbico diciéndole que “se podía barrer el suelo con el”. Regreso casi de noche a su casa, apenas podía sentarse. Desde esa perspectiva se nos presenta Amaya, cinco años después, sentada en un local de copas de una localidad alejada de su casa y observando como el camarero y un hombre, engominado, con camiseta sport de marca y vaqueros parecen cuchichear en voz baja acerca de ella.

    – Me alegro mucho por ti, veo que todo te va viento en popa, un nuevo retoño, pero hablemos de lo nuestro, ¿cómo fue la última vez que estuviste aquí? – pregunto, Lucas el camarero.

    – Muy bien, siempre aciertas, triunfé con la hembra que me dijiste, todo termino en una buena follada.

    – Es merito tuyo, siempre consigues levantarlas, si mal no recuerdo la antepenúltima vez también te tiraste a la jovencita esa.

    – Era pan comido, ni merito tiene – dijo Esteban en tono triunfador – aunque esta noche, veo todo el ganado vendido, todas las jamelgas están adquiridas.

    – Te aconsejo ese ejemplar del fondo de la barra.

    – ¿La madurita, esa milf? Tiene un aire vulgarzote, pero tiene ese atractivo y como sensualidad bizarra, viste sin estilo, con ese vestido que parece de mercadillo, pero quizá eso la haga más apetecible.

    – Esteban, Esteban, eres increíble, siempre tienes las palabras apropiadas – dijo, Lucas.

    – ¿Referencias sobre ella? – pregunto Esteban.

    – Hace una semana que suele venir, desconozco de donde viene, pero en ese tiempo se la ha tirado el ligón Marcos, el gran Aurelio también la cipoteo dos noches y anteayer nuestro jovencito camarero nos dijo que flipo colores con ella. Dicen que es infatigable y que se regala con todo, encima no pide funda: folla a pelo.

    – Al parecer, es la mujer apropiada para darse un buen revolcón y de paso probar las bondades de una señora madura, ¿no crees?

    – Pues sí, de hecho, también tenía ganas de cepillármela, pero tengo que madrugar para dejar los niños en el cole. En fin, solo decir que puede presentártela.

    Le fue presentada y, como bien le había informado su compañero, tras unas copas no tardó en darse cuenta de que su triunfo era inmediato, por eso desarrollo un lenguaje, directo, tosco y efectivo, sin necesidad de ningún esfuerzo de más. Ya le hablaba en corto, con alguna broma, se mostraba atrayente, seguro y muy compacto, adoptando la postura de amante gallardo con ese toque hortera sensual. Por su parte ella se mostraba estoica, de pocas palabras, dispuesta, muy aposturada, su vestido se le ceñía, dejando entrever tanga; sus muslos ajamonados, pero muy sólidos; sus pechos estaban acoplados a un sostén, como si de dos grandes melones envueltos se trataran. Su decisión final fue al verla caminar hacía el lavabo, sus pasos firmes y largos y el movimiento de su culo en cada movimiento.

    – Oye Lucas, ya me la llevo al pilón… ¿sabes dónde puedo encontrar algo…? Es por…

    – Tranquilo, te comprendo, no te la cepillaras en el hotel que te alojas; justo arriba el jefe tiene pequeños apartamentos y uno de ellos está vacío, de hecho lo usamos de follodromo, jejejeje

    Sin compromiso ninguno te dejo la llave, puedes dejarlo abierto, yo me encargo de ello mañana, ahora tengo que irme, y bueno, ya me contaras.

    – Sí, mañana voy, pero paso a despedirme cerca de donde vives, paso a tomar un café y me despido. Mil gracias, ya te cuento la jodienda.

    Le informo a Amaya que se dirigía a ese apartamento arriba, que si quería una mejor charla no dudara. El plan estaba establecido, la historia siguió su curso: Amaya diez minutos más tarde llamaba a la puerta de ese apartamento. Ernesto le dijo que pasara, ya estaba en bolas sentado en un pequeño sillón con las rodillas en cada uno de sus reposabrazos, sus testículos le colgaban y su pene estaba erecto y se daba algunos pajotes con los dientes apretados, al mismo tiempo le dijo, “agítese antes de usar” y acto seguido “quiero ver ese potencial, ponte cómoda, tu misma quítate el vestido”. Quedó una mujer corpórea, una hembra con garra, su cuerpo era muy tensionado, sus pechos delataban una edad por su ligera caída, pero no le restaban nada, a ese aire de furia salvaje; dotada de un espeso vello púbico. Como un feligrés ante el altar, como si la polla fuera la cruz y los testículos el soporte ella se arrodillo para dar paso a una diligente mamada, chupaba con ganas, le lamia el tronco; Esteban empezó sus primeros gemidos de gozo, se recreó en los testículos, succiono cada uno de ellos, los masajeo con sus manos rudas de ferrallera, sus ojos miraban directo a los de él.

    – ¡Dios! La mamas como una estrella del porno, sigue así puta…

    Bajó hasta la zona anal, le abrió las nalgas y empezó a lamer, la metía bien adentro, daba lengüetazos de abajo arriba; le comía literalmente el culo mientras lo masturbaba. Esteban no daba de si, bramaba de placer, ronroneaba, gemía, convulsionaba. Lo hacía con ganas, cada vez más adentro la lengua.

    – ¡Si! ¡Si! Voy… voy… me vengooo.

    La mamaba cuando se vino, los hilos de semen le goteaban por las comisuras, glup, glup, glup; iba tragando lefa, los ojos le lloraban. Esteban quedo rendido ante semejante alarde de vicio quedando postrado en el butacón, tuvo que recuperarse de semejante faena. Transcurrido un espacio de tiempo para fumarse un cigarrillo mientras ella hacía gárgaras en el baño se puso otra vez en acción el resorte fálico exclamándole a ella “vamos al catre, quiero penetrarte”. Nada más lejos de la realidad ya que ella se montó encima dándole la espalda solo pudiéndose ver su delantera por el espejo frontal de la habitación. Amaya se puso a horcajadas y empezó un boteo sobre la polla de Esteban, se podría afirmar que ella llevaba el peso de la jodienda: arriba, abajo, al centro y para adentro. Repetimos: arriba, abajo, al centro y para adentro, así sucesivamente; los muelles de la cama chirriaban, ñic, ñac, ñic, ñac; Esteban jadeaba, su respiración era acelerada, estaba en trance, emitía sonidos guturales “pu… pu… puta”. En una de las subidas del boteo volvió a venirse, quedando mucho semen en vello púbico de Amaya, emitiendo un “arg, ohhhh”; por su parte ella también se corrió, dejando la polla empapada, de su coño salía semen y flujos. Quedaron rendidos y jadeantes, los dos cuerpos uno al lado de otro con suspiros de cansancio, abierta ella, él se rascaba los testículos. Se adormilaron unos minutos, no habían intercambiado ninguna conversación, como si de un plan preestablecido se tratara. Esteban tenía su orgullo algo tocado, lo habían manejado. Si bien estaba configurado en modo varonil y su sensor interior dio signos de retroactivación.

    – Has pasado muy bien el corte Amaya, pero ahora quiero acabarte con una merecida enculada, he observado que tu canal anal tiene dimensiones aceptables.

    – Voy… debo lavarme antes…

    – No importa, dame tu culo, pon ese culo en cuatro, quiero meterte churrasco ¡dame culo ya! ¡Quiero tu culo!

    Se puso en posición, Esteban semiflexionado y escupiendo previamente sobre su zona anal la penetro con soberbia y rabia; tiraba de su cabello le cacheteaba las nalgas, rugía como un león herido, no tardo en volver a eyacular, eyaculo dentro y la saco despacio para que sus restos de lefa fueran visibles, como un pintor delante de su cuadro. Nada más terminar, se bajó de la cama, se ducho, ella seguía tumbada.

    – Veo que llevas el anillo de casada, ¿tu marido no te da lo suficiente?

    – Cosas de la vida… veo que tú tienes la marca de un anillo aunque no lleves.

    – Estoy felizmente casado y con familia, hago eso como una necesidad fisiológica, como el mear o el cagar; y tú, la puta de turno a usar – dijo en tono ofendido.

    – Por eso te duchas y te vas sin decir nada – dijo ella.

    – Aquí he cogido la mierda y aquí la he dejado – dijo en tono orgulloso y se marchó dando un portazo.

    Ya eran las once del día siguiente, como había prometido a Lucas se tomó a tomar un café con él, estaba con su mujer.

    – Mi marido te prodiga elogios, eres tan… no sé, atento, tienes mucha perspectiva de lo que es la amistad, pero bueno, debo irme, os dejo.

    – Me siento halagado, pero todas las personas valemos igual, no lo olvides es mi lema. Que tengas un buen día.

    – Tienes una mujer muy agradable – dijo Esteban, al marcharse ella.

    – Sí, la verdad es que si, aunque pasemos al tema de anoche, ¿qué tal te fue?

    – Se me ofreció con todo, me corrí en cantidades industriales, hice el triplete: boca, coño y culo; su culo y coño eran tan grandes como una cochera, encima me comió el culo con ganas y se tragó mi lefa la hija puta. Es más guarra que treinta y seis cerdas. Solo decirte que la bonifiqué dejándola quedar a pasar la noche. Me permití esa licencia.

    – Tu siempre tan deferente para con los demás, y por el apartamento no te preocupes, para eso está.

    – Buen picadero, supongo que lo aprovecharas también.

    – Como te dije la familia me ocupa mucho tiempo, he tenido mis tiempos de gloria eso sí, los otros lo aprovechan, yo solamente unas cuantas veces estos meses.

    – ¿Algo especial?

    – No, el sábado pasado, una niñata pedía guerra en la barra.

    – ¿Y qué tal?

    – Nada en especial, guapilla, joven, no mediría más de un metro y medio, me la folle en volandas a lo rápido, ni pensé en llevar condones.

    – Cuidado con eso… estás niñatas te pueden complicar la vida.

    – Leche fuera.

    – ¿Tragó?

    – No, lo intente, aunque le vacié en toda la cara.

    Grandes amigos y grandes esperanzas, Esteban tras el café y la charla se despidió de Lucas y con tronío incontestable, arranco su BMW rumbo a su feliz vida.

    ¿Comienzo de una saga? Ustedes dirán…

  • Un encuentro más, en su propia casa

    Un encuentro más, en su propia casa

    Parte 3

    Hace días que no he mirado a mi vecina Mayra, en el poco tiempo que por el momento dispongo por parte de mi trabajo apenas y he notado su presencia aun siendo vecinos. Por el momento sólo está el recuerdo de nuestro último encuentro en mi auto a las afueras del bar donde por coincidencia nos encontramos esa noche. Entro a mi auto y aún puede percibirse su perfume, algo suave, embriagante y delicioso. Qué locura aquella noche, pero bueno, quizás fue algo pasajero y debemos continuar.

    Ayer desperté de forma normal, lo habitual entre mis rutinas diarias antes de irme a mi trabajo. Algo feliz porque ya se acercan las vacaciones y estamos a casi nada del fin de semana. Un poco de descanso y sacar el estrés es bueno para mantenerse al día con todo lo fastidioso de mi trabajo.

    Después de terminar parte de mi rutina matutina, me dirijo a mi trabajo. Voy conduciendo y me percato de que mi auto tiene poca gasolina por lo que decido pasar a llenar el tanque. Estaba llenando mi auto cuando a lado de la bomba de gas, se estaciona un auto. Bajan el vidrio del copiloto y vaya sorpresa, era mi vecina que venía junto con su esposo.

    – ¡Hola vecino, buenos días!

    “Buenos días vecinos, ¿Cómo están? Andaban desaparecidos”

    – Si, tuvimos que viajar con los familiares, ya sabes las clausuras y todo eso.

    “Si me imagino, es bueno se diviertan y convivan con la familia de vez en cuando”

    – Estoy de acuerdo, a veces es muuuy bueno convivir… (Guiñándome el ojo)

    Disimule su acción por la presencia de su esposo que estaba revisando su motor, le comenté si tenía problemas y afirmo que sí, en su viaje de regreso venía haciendo ruidos extraños. Lo revisaría en casa dijo él, a lo cual le respondí que si ocupaba algo de herramienta, podía pedírmelo sin problema alguno, pero sería por la tarde porque en ese momento iba rumbo a mi trabajo. Me despedí de ambos y subí a mi auto para marcharme, antes de eso volví a mirarla antes de acelerar, sacó su lengua recorriendo sus labios y con una sonrisa coqueta, sonreí y solo le respondí con un guiño por parte mía.

    Llegué a mi trabajo y continué con mis pendientes del día anterior. Trabajaba al mismo tiempo que recordaba los gestos de Mayra, reía y me calmaba a mí mismo, debía concentrarme para teminar todo. Avanzó el reloj y había terminado el papeleo de unas firmas de un contrato hacia mi empresa. Tenía tiempo para comer algo, pero como no había tanto movimiento en la oficina, decidí irme a mi casa para allá cocinar y ver quizás una película.

    Dicha decisión tomada, partí a mi casa.

    Al ir llegando, mire el garaje de mi vecina, observé que su esposo reparaba su auto. Salude nuevamente al bajarme, repitiéndole que si ocupaba alguna herramienta, con toda confianza podía pedírmela. Me respondió que ocupaba cierto tipos de llaves para trabajar, le dije viniera sin problema alguno.

    Entré a mi casa, busque mi herramienta y la deje sobre la mesa a la espera de que viniera por ella. Cambie mi ropa por algo más cómodo, unos jeans de mezclilla y una camisa a cuadros sin manga por el calor. Pasaron los minutos y no venía él, así que tomé la herramienta y fui hasta su garaje.

    “Aquí se la dejo vecino, para que pueda terminarlo a tiempo”

    – Gracias, y disculpe hacerlo venir, sólo que trato de sacar este tornillo y está algo complicado

    “Sin problema alguno, de igual forma por el momento no tengo cosas por hacer y rara vez charlamos entre nosotros”

    Continuamos hablando un poco en lo reparaba su auto, a los 15 minutos llega Mayra por la parte trasera de su garaje, me vio y sonrió. Le pregunto a su marido si quería algo de tomar para este calor, él le pidió un par de cervezas así que fue por ellas. A los minutos volvió ella con una hielera pequeña con algunas cervezas, le dio una a su esposo y me ofreció una. De igual manera ella también tomó una y comenzamos a beber de a poco. Entre lapsos de segundos cuando su esposo volteaba ella hacia juegos con la punta de su lengua sobre la punta de la botella. Yo solo disimulaba, estaba en presencia de su marido y no quería tener ningún problema alguno. Sus juegos continuaban aprovechando cada instante en el que su marido se distraía entre su trabajo de mecánica. Se mordía un poco sus labios, jugueteaba con la punta de la botella, y hasta la metía un poco a su boca, no hace falta les describa lo que intentaba hacerme imaginar. Se terminó su cerveza y sólo dijo que iría a darse una ducha porque no aguantaba el calor que hacía. Se marchó y continúe ayudando un poco a su esposo con su auto. No sé mucho de mecánica pero por lo menos lo usaba para distraerme un poco de las locuras de Mayra de hace un momento.

    Al paso de unos 20 minutos regresó nuevamente, preguntando que como iba el avance con el auto. Yo le respondí que iba muy bien, mientras la miraba de arriba abajo. Puesto que se había puesto una blusa color verde, algo muy escotada que dejaba ver parte de sus senos. Que por cierto, está muy bien proporcionada, a lo cual le lucia de maravilla. Y un short algo corto, lo cual dejaba ver sus blancas piernas al descubierto para mis ojos. Lo hizo con la intención de provocarme sin duda alguna, su esposo ni en cuenta de lo que tramaba ella, mucho menos opinó algo de su atuendo debido a que así, ella se la pasaba en su casa mayormente.

    Se sentó enfrente de mí, yo a lado de su esposo haciendo que le prestaba atención mientras le metía mano a su auto.

    Comenzó nuevamente con sus juegos, cruzaba las piernas para que yo pudiera notarlas, a la misma vez que movía su blusa echándose aire con la excusa del calor. La movía y dejaba más a descubierto parte de sus senos. Me estaba poniendo muy desesperado al mirar tal escena. Se percató de que me gustaba lo que miraba, a lo cual jugaba con sus piernas, las separaba de poco a poco y con su mano de forma disimulada, la pasaba entre medio de ellas. No pude evitar la erección bajo mi pantalón, aunque me mantenía pegado al auto para que su esposo no se percatara de lo que sucedía. Era una sensación de excitación y adrenalina el mirarla, aun cuando su pareja estaba ahí presente entre nosotros. Ella continuaba con sus juegos hacia conmigo, e hice algo para ella. Me moví apenas un poco para que notara la erección bajo mi pantalón, ella cerró sus piernas y las movió frotándose una con otra. ¡Le encantó! Dije entre mí, si ella me ponía desesperado, yo también podría usar la misma estrategia. Continuó con el juego de la botella en su boca, y yo me movía para mostrarle el bulto que provocaba con sus acciones. En uno de mis movimientos, me moví para que lo viera, y me pase la mano por encima de mi pantalón, frotándomelo por completo para sus ojos.

    – Ahora vuelvo…

    Dijo ella y se paró de inmediato para meterse al interior de su casa.

    No sabía lo que había pasado, pero pensé que ya no saldría y que ahora me había dejado con tremenda erección.

    Su marido continuaba con el auto, hablando prácticamente sólo porque mi atención estaba por completo en su esposa que me tenía loco y ansioso por tenerla una vez más.

    Al par de minutos se asoma por la puerta:

    – Mi amor… ¿Me puedes subir las maletas? Ocupo sacar la ropa para lavarla

    *Bájalas del auto nada más y ahora las llevo para adentro, respondió su marido.

    La miré bajar unas maletas con algo de complicación de la cajuela de su auto.

    – Ya las bajé, mételas que ya meteré la ropa a la lavadora y están pesadas

    * Espérame un momento carajo, estoy batallando porque esto quede pronto

    * Vecino no seas malo, échame la mano y ayúdale con eso a mi mujer por favor

    No lo pensé ni dos veces obviamente y accedí afirmando con la cabeza, mientras él se metió bajo el auto para continuar.

    Tomé una maleta, algo pesada y le dije que para donde la llevaría, sólo dijo, ¡Sígueme!

    Nos dirigimos al cuarto de lavandería de su casa, ella abrió la puerta y se metió a prisa, yo le seguí. Apenas y entre me empujo contra la pared y se lanzó a mi boca, me besó desesperadamente y yo no pude negarme a sus labios ya que moría de antojo por ella. La puerta abierta y entre besos le dije que esperara, que su marido podría entrar y nos atraparía en lo que hacíamos.

    – Él está ocupado, o ¿Prefieres huir ahora sabiendo cómo me has puesto ahora?

    “¿Cómo te tengo? Le pregunté mientras le acariciaba sus senos a través del escote de su blusa.

    Rápidamente tomo mi mano con la suya y la llevo entre nuestros cuerpos, sin dejar de besarme metió mi mano bajo su short. ¡Dios! Su sexo estaba totalmente húmedo, pude sentir como mis dedos resbalaron fácilmente al bajar por su entre pierna. Mi miembro no se quedó atrás, de igual forma sin sacar mi mano de su sexo, tomé con la otra una de las suyas y la puse por encima de mi pantalón. Hice que sintiera lo que me había provocado desde ya hace un buen rato. Apenas lo sintió, comenzó a acariciarlo por encima, apretándolo con algo de fuerza mientras mis dedos resbalaban en su sexo, arriba y abajo al mismo tiempo que nuestras lenguas se tocaban en cada beso. Me despegué de su boca y le dije que parara, que su marido nos descubriría y nos meteríamos en problemas. Sin dejar de acariciar mi erección grito asomándose por la puerta de donde estábamos:

    – Mi amor, ¿Quieres te lleve más cerveza?

    *Aún tenemos cariño, en un rato más*

    Me quedé sorprendido al oír que ni siquiera notaba mi ausencia ahí. Se fue de nuevo a mi boca, me beso con desespero y mis dedos seguían moviéndose en su sexo, su mano fue más allá, quitó el botón de mi pantalón y rápidamente bajo el cierre. Se quitó de mi boca y se arrodilló de forma rápida, sacó mi erección frente a su boca.

    – Desde que la vi hace rato, moría de ganas por sentirla dentro de mi boca.

    “Hazlo” fue lo único que le respondí

    De forma tan a prisa lo metió a su boca, apenas retrocedió por primera vez y sentí como lo succionaba con tanta fuerza que sentí un placer tan increíble recorrer mi cuerpo. Mi mano sosteniendo la puerta entre abierta mirando de reojo que no viniera su marido y a la vez, como devoraba Mayra mi miembro con su boca. Era un placer indescriptible el que sentí en esos momentos, sentía como sus labios me recorrían en cada cm de mi erección. Su lengua hacia pequeños movimientos de un lado al otro mientras retrocedía. La excitación era intensa, la adrenalina del solo hecho de pensar que podríamos ser descubierto hacia que el placer fuera aumentando más y más. Vigilaba la puerta y regresaba a verla rápidamente, ella me miraba fijamente mientras me devoraba a su antojo. Su lengua jugaba rápidamente en la punta de mi miembro y lo hacía vibrar, sus labios se abrían más y me llevaban totalmente dentro de su boca. Sentía como sus labios pegaban a mi piel. Era tan maravilloso ver y sentir ese espectáculo que me daba en su propia casa. Sentía como mis líquidos pre seminales emanaban de la punta de mi miembro, ella no los desperdiciaba, los saboreaba con tanta hambre, sexualmente hablando. Yo respiraba profundamente mientras se comía mi miembro tan deliciosamente.

    – Estoy totalmente húmeda, te necesito en mí ya.

    “Espérame unos segundos…”

    Salí apresurado al garaje donde estaba su marido reparando su auto.

    “Le llevaré la otra maleta vecino, vaya que si están pesadas”

    *Si lo sé, pero es desesperada esta mujer, no puede esperarse un poco más*

    “No creo que pueda esperar más, mejor se la llevo”

    *Trae más cervezas, ya queda una nada más*

    “Hecho”

    Rápidamente me metí con la maleta, de prisa al cuarto de lavandería donde ella me esperaba. Ni metí la maleta cuando la tome con fuerza de la cadera, la traje a mi boca y le bese nuevamente ansioso de sentirme dentro de ella. Su mano nuevamente fue en busca de mi miembro, dejé lo sacara mientras mis manos se metieron un poco bajo su blusa, el sentir sus grandes senos me puso a full por completo. No me pude aguantar más las ganas y quite mi boca de sus labios, la tome bruscamente y la giré, la pegue contra la pared, puse sus manos extendidas en ella y de forma rápida, bajé su short a la altura de sus piernas. Separé apenas un poco sus piernas, hice de lado su panty, separé con una mano sus nalgas y busqué acomodar mi miembro en la entrada de su sexo.

    Gimió al sentir como apenas la punta de mi miembro tocaba su sexo ya húmedo acomodándose para ser hundido.

    – No aguanto más, métemelo que quiero sentirte clavarme.

    Sus palabras sólo provocaron excitarme aún más, no dude en obedecer sus palabras. Separé sus nalgas, ya acomodado la punta de mi miembro en su sexo, la jalé contra mí con fuerza. Llevé todo mi miembro dentro de ella, provoco un gemido algo fuerte, de forma rápida llevé mi mano a su boca, para evitar que sus gemidos fueran escuchados por su marido. Pude sentir su sexo arder al haberme hundido, sin esperar más comencé a moverme detrás de ella. Miraba de reojo a través de la abertura de la puerta para ver que no viniera él, de igual forma echaba ojo abajo y miraba como mi miembro cada vez salía más y más húmedo por sus fluidos que cubrían de forma excitante mi miembro. Su cadera solo se erguía para mí. Mi cadera se sacudía detrás de ese bello par de nalgas que posee, el choque era insistente y con tanta fuerza que movía su cuerpo en cada embestida que le estaba dando. Estaba lleno de deseo por ella, aún ya haber tenido un par de encuentros, seguía insaciable a Mayra. Quité mi mano de su boca, ambas manos fueron a ese par de bellos senos que tiene, los apreté un poco y me apoye de ellos para embestirla una y otra vez. Mi miembro se hundía por completo, podía notar como sus fluidos resbalaban por sus piernas en cada movimiento. Sus gemidos seguían tras cada choque de sus nalgas con mi cadera. Su respiración se hacía agitada al igual que la mía, mi boca se pegó a su espalda y la besaba a la misma vez que le daba unas mordidas. Eso provocaba que su cadera se levantara aún más y que se moviera ahora ella contra mí. Era una locura todo eso, pero era totalmente indescriptible todo el placer que se sentía mutuamente. Gemía cada vez más al grado que entre sus gemidos me decía que no aguantaría más, la estaba llevando al camino del placer, así que de forma inmediata baje mi mano derecha a su entre pierna, buscaba su vagina de forma casi desesperada, pudo notar mis intenciones y sus piernas se separaron un poco más. Mis dedos recorrieron sus labios vaginales de arriba abajo, los resbalaba por el medio y extendía mis dedos separándolos al retroceder. Mis movimientos detrás de ella no paraban, era uno tras otro azote de mi cadera tras sus nalgas. Ella se entregaba por completo a mí, y yo no desaprovecharía esa oportunidad de hacerla sentir mía en su propia casa. Su boca fue en busca de mis dedos, los cuales llevo dentro chupándolos, no pude negar que me excitó aún más esa acción de su parte. Mis dedos subieron hasta tocar su clítoris. Con dos de mis dedos lo presione un poco y comencé a masajearlo sin dejar de clavarme en ella, su placer incrementaba, pude sentir como me atrapaba dentro de su sexo. Mi miembro se estimulaba deliciosamente y mi placer, era tanto como el de ella. Mis dedos no dejaron ese pequeño botoncito que estimulaban sin cesar, mis dedos salieron de su boca y sus palabras fueron simplemente:

    – Ya no puedo más…

    Un calor indescriptible comenzaba a emanar de su sexo, inundaba mi miembro. Su orgasmo se hizo presente, un placer indescriptible sintiendo como me tenía atrapado en el fondo de ella mientras terminaba para mí.

    De forma rápida me sacó de ella, se arrodillo nuevamente y sin una sola palabra me llevó de nuevo a su boca.

    Disfrutaba de su propio sabor y de mi miembro que no paraba de sacar gotas que ella me provocaba. Succiono una y otra vez, su lengua lamia desesperadamente la punta de mi miembro. Su mano se adueñó de mi miembro, me masturbaba a la misma vez que succionaba de forma exquisita. Era mi momento, sentía como una ola de placer crecía y recorría por todo mi cuerpo. Ella pudo percatar de lo que me pasaba, me miró fijamente y me tenía atrapado. Sabía lo que ella quería y no iba a negarle dicho regalo, no pude soportar tanto placer de su boca, comencé a soltar a chorros todo mi semen en su boca. En un gemido le deje caer todo lo ella había buscado, mis manos se sostenían de la pared mientras ella seguía succionando más y más, no dejaría ni una sola gota por lo visto. Bebió cada gota que emergió de mí, sacó mi miembro de su boca, se paró frente a mí y sólo me dijo “Gracias” me dio un beso en la mejilla y me dijo “Ya lleva las cervezas a mi marido o entonces si sospechará”

    Salí sin decir una sola palabra, acomodándome el pantalón. Tome un par de cervezas de la nevera y las llevé al garaje, su esposo ni en cuenta de lo que había sucedido.

    “Iré a comer vecino, tuve un día muy agotador y ocupo algo para tomar energías”

    *Vaya sin cuidado vecino, gracias por la compañía, en cuanto desocupe su herramienta se la envío a su casa*

    No dije nada más y me marché a mi casa, me metí a la ducha, fue tan agradable el baño que me fui directo a mi cama. Me quede totalmente dormido, no desperté hasta 2 horas después que escuché sonar el timbre de la puerta…

    Para Mayra G

    Fuente de inspiración.

  • Llevando a los padres de mi novia a una fiesta (3)

    Llevando a los padres de mi novia a una fiesta (3)

    Luego de disfrutar de una buena cogida con mi suegra Olga y dejar toda mi leche en su matriz esa leche que estaba guardando para Claudia al final fue para su madre, un momento quedamos abrazados y agitados hasta recuperar el aliento.

    Ella tenía apoyada su cabeza en mi pecho y se estaba quedando dormida se veía tan hermosa me hubiera gustado estar así más tiempo pero ya estaba amaneciendo y era hora de irme.

    -Olga ya me voy tú también ve a dormir a tu habitación… Gracias lo pase muy bien…

    Estaba muy cansada así que la ayude a llegar a o no su habitación y me fui no quería que despierte su marido y me vea aún ahí, ya en mi casa caí rendido en mi cama no había dormido nada y el desgaste físico ya me estaba pasando factura.

    Me desperté cuando sonó mi teléfono y era mi novia Claudia que llamaba para saber cómo había salido todo ya darme las gracias por haber cuidado al sus padres otra vez. Dije que su padre y madre llegaron sanos y salvos a su casa.

    -Gracias mi amor… Bueno mi papá me llamó y te está esperando en su casa para almorzar en señal de agradecimiento por todo lo que hiciste por ellos.

    Dije que no era necesario yo lo hice por ella y lo pase muy bien también con sus padres, me preguntó si estaba seguro dije que sí pero luego me llamó sus papá y me invitó insistentemente y aceptó.

    Al llegar me recibió don Frank con un abrazo muy fuerte y dijo que estaba muy agradecido por todo lo que había hecho por ellos ayer, en ese momento las miradas cómplices de su mujer y yo se cruzaron y luego ella bajó la mirada y fue a la cocina…

    Luego de almorzar Frank me dijo que había quedado con sus amigos ayer para jugar fútbol si lo podía llevar, de mala gana tuve otra vez que decir que si, ella no quiso ir diciendo que estaba muy cansada así que fuimos los dos.

    -Frank… No vayas a tomar ahora recuerda que anoche tomaste mucho y mañana es lunes hay que trabajar…

    Toda la tarde viendo como mi suegro jugaba fútbol no estaba en mis planes, pero cuando vi que empezó a beber con sus amigos y sabiendo que cuando empieza no se detiene parecía que algo bueno podía pasar luego.

    Ya era las 8 de la noche y lleve a mi suegro de regreso, al llegar otra vez lo llevó a su cama y Olga le quitó la ropa para que durmiera, ella ya estaba con una bata de seda que se veía muy bien sobre su cuerpo cuando se inclinó para tapar a su marido su culazo se marcó muy bien en la bata y me acerqué sobando mi verga que ya estaba dura.

    -Nooo… ¿Qué haces… estás loco mi marido está acá?… Déjame ya…

    Yo sabía que su marido no se iba a despertar por nada del mundo por su propia boca así que continué ahora sobando también sus tetas y besando su cuello y quité la bata quedando en su ropa de dormir que era de seda muy delgado, sus pezones reaccionaron a mis dedos que jugaban con ellos y estaban ya erectos.

    La tiré en la cama boca abajo y subí hasta su espalda su ropa de dormir mi boca besaba todo su enorme trasero me volvía loco esas nalgas grandes y duras le abrí las piernas y ahora mi lengua recorría su ano haciendo que su cuerpo temblara y también besaba su vagina y labios la imagen era para no creerlo su marido en la cama durmiendo a un lado su mujer con las piernas abiertas y yo arrodillado comiéndole la chucha y culo.

    -Ohhh… nooo ohhh Pedrooo…

    Su vagina comenzó a lubricar y proseguí en su clítoris pasando la lengua y los dedos en su ano luego explotó y sus jugos mojaron mi boca y cayeron por sus piernas.

    Ahora la tenía bien sujeta de las caderas y dirigí mi pene en la entrada de su culo y cuando el glande fue entrando muy despacio en su esfínter ella aguanta y resoplaba cuando el invasor se metía en sus entrañas mi suegrita era toda una sorpresa.

    -Uffff… Uffff…

    Sus nalgotas saltan cada vez que el falo entraba y sale de su apretado esfínter que rico se sentía.

    -Ahhh… despacito… ayyyy me dueleee…

    Bajé las revoluciones de la penetración y di tiempo para que se vaya acostumbrando su culo a mi verga y resultó poco a poco dejó de quejarse y soltó los primeros gemidos cuando proseguí cachandomela por el culo…

    Ahora era ella quién movía el trasero como una perra arrecha ya no quedaba nada de la señora correcta y dulce que conocía.

    -¿Te gusta así como te meto la verga hasta el fondo suegrita?

    -Siii me gusta mucho… Qué rico se siente nunca sentí algo así tan rico…

    Lo que dijo me sorprendió mucho y no lo podía creer entonces era la primera vez que mi suegra hacía sexo anal, eso me excito más porque no sólo le había roto el culo a su hija sino también a la madre ahora eran hermanas de leche.

    Fueron 38 minutos dándole por el culo a mi suegra hasta que ella gemía más seguido y yo también llegue a venirme en su culo y el clímax nos llegó.

    -Agggg… Así así toda mi leche es para ti… Agggg… Ohhh…

    Luego de experimentar él orgasmo busque sus boca y ella correspondió mis besos y me dijo que mejor nos íbamos a otro lugar, cuando veo mi verga estaba con señales de sangre y semen, fuimos a la sala a conversar ella quería saber ahora que pasará entre los dos…

    Después que Claudia se recibió de doctor nos casamos. Ahora yo debía cumplir con mi esposa y suegra y darles su ración de una buena vida.

  • Nuestra amiga argentina tiene fiesta sin planearlo

    Nuestra amiga argentina tiene fiesta sin planearlo

    Creo que muchas cosas las busco y otras, como lo que les voy a contar, son consecuencia de todo lo que hice antes.

    Les cuento lo que me paso.

    Ayer a la tarde en Capital (para los que son del interior) se largó a llover de golpe ¡como la puta madre!, yo estaba en la calle y no tenía ni paraguas, me empape, estaba con toda la ropa mojada, el pelo mojado, quise tomar un taxi y no conseguí y todo eso me pone ¡de muy mal humor!

    No sabía qué hacer, lo que si sabía es que estaba en la esquina de lo de Benjamín (Benja es un amigo de Matías, el amorcito de mi vida, Benja y yo cogimos algunas veces, es otra historia que ya la conté), pero no me animaba a ir a su casa a secarme y esperar que parara de llover, él iba a pensar que iba a otra cosa y la verdad lo que menos ganas tenía era de coger, QUERÍA SECARME NADA MÁS JAJA.

    Al final pienso que no puedo ser tan boluda, ¡estaba en la esquina!, le toco el timbre, le cuento lo que me pasa y me dice que baja. Mi sorpresa fue cuando bajo ¡Matías!

    Yo: ¿qué haces acá??

    Mati: estamos estudiando.

    Yo: ¿quiénes están?

    Mati: Belu (con ella nos agarramos una calentura muy grande y nos fuimos afuera un par de días, lo conté), y Fer (un amigo de ellos medio boludo que también me cojeo, lo conté).

    Yo: ni en pedo subo ¡Matías!, me acosté con todos (ahí me di cuenta lo zarpada que estoy)

    Mati: ¡no seas boluda!, ¡no te vas a ir así!, fuera de joda, sabes que te quiero mucho, separemos las cosas, subí, sécate.

    Yo: pero Matías, no tengo ganas de hacer nada, estoy re molesta, ¡empapada!

    Matías, me agarra de la mano y me lleva adentro del edificio, y no me pude negar, ¡es lo más dulce que hay!

    Bueno, la cosa es que subo, cuando me ven así, me dicen que me pegue un baño, mientras meten la ropa mía en el secarropas, y que me dan una bata hasta que la ropa este seca, que si, que no, ¡siempre me convencen!

    Me meto en el baño, y Belu viene atrás mío.

    Yo: espérame afuera, que cuando esté en la ducha te doy la ropa.

    Belu: boluda, nosotras nos re cogimos, no me vas a decir que te da vergüenza ponerte en bolas delante de mí.

    Yo: vergüenza no, pero hoy estoy re enojada, ¡me embola mojarme así!

    Belu: no te enojes ¡hermosa!

    Y me da un beso, otro, otro, y no me pude resistir, nos matamos con unos besos que las lenguas nuestras eran una sola, pero estaban los chicos, ella sale del baño y yo me ducho. No sé pero entrar en calor, el agua calentita, todo eso hizo que se me pasara el frío, y que subiera mi temperatura corporal y también mi ¡calentura!, Belu me había dejado caliente. Aparte de todo esto, Matías, Benjamín, Belu y yo somos parecidos con el sexo, somos ¡re zarpados!, nos encantan las fiestitas, y se daba todo para hacer una, pero no, no sabía que iba a pasar.

    Me termino de duchar, veo que Belu se había llevado ¡hasta la ropa interior!, la llamo, no me contesta, yo la conozco, sé que lo hizo a propósito (¡porque es muy muy puta!), no me quedó otra que ponerme la bata, abro la puerta del baño (para que me entiendan Benja vive solo en un departamento de dos ambientes y el baño está en un pasillo que comunica el living con el dormitorio), como les decía abro la puerta del baño, y escucho algo raro, bah, raro no, la escucho a Belu ¡gimiendo!, pensé ¡que hija de puta!, ¡yo le dije que no quería hacer nada hoy!, pero me conoce y sabe que tengo el sí fácil jaja.

    La cosa es que no me quedaba otra que ir al living (no me iba a quedar viviendo en el baño), ¡cuando la veo! Otra vez digo ¡qué hdp!, estaba en el sofa, tranzando con Fer ¡y con Benja! Dije NOOO FIESTITA HOY NOOO, pero Matías cuando me ve se me acerca, me da un beso, esos besos de él que son irresistibles, que me ponen re loca y no, no puedo decirle que no, y mientras me besaba , sin decirme nada, me empieza a desabrochar la bata, ya estaba casi desnuda, nos seguimos besando, me hace sentir como su pija ya no era una pijita, me acaricia las tetas, me las amasa, me las besa, yo lo dejo, me puede ¡y él lo sabe!

    Mientras me hacía eso veo que a Belu ya la estaban dejando en bolas, Matías me saca la bata, quedo denuda, él sabe que me gusta estar desnuda y mi hombre vestido, no sé, me siento indefensa, ¡y eso me gusta!, me empuja la cabeza para abajo, y yo ya sé lo que tengo que hacer, me pongo de rodillas, le empiezo a desabrochar el pantalón hasta encontrar esa hermosa pija que tiene, lo miro, se la acaricio, se la beso y como hago siempre despacito se la empiezo acariciar hasta sentir lo grande que se pone dentro de mi boquita, lo sigo mirando viendo su cara de placer mientras se la sigo chupando.

    Se la seguí chupando hasta que escucho un “así, así dame ¡así!!” Fernando ya se la estaba cogiendo a Belu, y Benjamín ya le estaba por poner su pija ¡en la boca!, Matías me lleva al sillón, me pongo arriba de él. Como a mí me gusta, poniendo mis pies sobre el sillón y empiezo a saltar sobre su pija, yo estaba tan caliente que entró como si nada, y así nos quedamos me acariciaba las tetas yo saltaba, le pedía que me cogiera fuerte, hasta que veo a Benja con su pija bien parada al lado mío, se la empiezo a chupar, ¡hasta que acabé!

    Benjamín se va al sofá al lado de Belu, me siento sobre su pija (era el segundo que me cogía en menos de 10 minutos) pero dándole la espalda, empiezo también a saltar sobre su pija, con Belu estábamos pegadas y enfrentadas, nos empezamos a besar, mientras Benjamín me cogia y Matías me metía manos ¡por todos lados!, yo lo miraba también a Matías, porque se que a él le calienta verme coger y a mí me calienta que me vea como me cogen, hasta que con Belu terminamos acabando como dos hijas de puta, ¡no parábamos de gritar!, Benjamín y Fernando también acabaron.

    Como todavía le faltaba a Matías, con Belu con solo mirarnos nos entendemos, le empezamos a chupar esa pija hermosa hasta que nos dio esa lechita caliente en la boca, en la cara, así, todas enlechadas, nos besamos las dos.

    Me quede un rato más y me fui con mi ropita seca y mi conchita contenta jaja, los chicos tenían que seguir estudiando, la verdad es que no se si siguieron estudiando o se la siguieron entre los tres cogiendo a Belu, ya se lo voy a preguntar.

  • El viejo ginecólogo

    El viejo ginecólogo

    Hacía ya mucho tiempo que debería haber ido a mi revisión periódica pero por una cosa u otra nunca conseguía encontrar tiempo ni el momento para poder ir.

    Así que aprovechando que aquella tarde no tenían nada que hacer y que no quería seguir retrasando los chequeos que tenía pendientes y por el bien de mi salud decidí presentarme en la consulta de mi ginecóloga, sabía que tendría que llegar temprano y que una vez allí explicando a la secretaria que no tenía cita previa debería esperar a ser atendida la última.

    Ya allí, la chica como de costumbre me trato muy amablemente, le explique mi caso y tras acompañar a otra paciente al interior de la habitación que hacía las veces de consulta regreso haciéndome saber que sería atendida, de modo que me senté en una de las sillas de la sala de espera junto a otras pacientes, me arme de paciencia y mirando las revistas que había sobre una pequeña mesa, seleccione varias de ellas, todas de prensa rosa y moda, tras dudar un rato, finalmente decidí empezar por las de moda.

    Resulto ser una duda tonta, ya que me dio tiempo de sobra de ver casi todas la revistas que había seleccionado, ya estaba dudando que nueva revista escoger, cuando por fin, salió la última chica, la secretaria tras despedirla en la puerta, se acercó a mí, diciéndome:

    -Si es tan amable de seguirme.

    -Si. Por supuesto

    Deje rápidamente la revista sobre la mesa, cogí mi bolso y la seguí.

    Cuál fue mi sorpresa al ver que detrás de la mesa no estaba mi ginecóloga sino un hombre ya de avanzada edad, supongo que el ver mi cara de sorpresa hizo que comentara:

    -Buenas tardes, soy el suplente durante el periodo de vacaciones de su doctora.

    -Buenas tardes, ah, sí naturalmente, acerté a decir mientras dejaba mi bolso en el perchero y me sentaba.

    -Bueno doctor, dijo la secretaria, le importa volver a cerrar me esperan y si no es molestia…

    -Váyase tranquila hija ya cierro yo, hasta mañana.

    -Hasta mañana y gracias. Se despido la secretaria.

    El ginecólogo cogió mi ficha de paciente y la ojeo estudiando los datos que en ella había, yo me entretuve mirando los objetos que tenía sobre la mesa, una agenda encuadernada, una pluma que parecía valer una fortuna y otro objeto que siempre me llamaba especialmente la atención un gran pisapapeles que era un enorme pene introducido en una vagina.

    -Muy bien, he visto que nunca ha tenido ningún problema grave y hoy ha venido a realizar sus chequeos periódicos cosa que por otra parte ya debería haber hecho hace tiempo.

    -Si bien ya se sabe con el stress diario una no encuentra el momento…

    -En fin supongo que le daré hora para el mes que viene.

    -¿Cómo? ¿No me va a realiza los chequeos después de esperar toda la tarde?

    -Supuse que lo preferiría, normalmente es así, las mujeres que usualmente van a una ginecóloga suele ser por pudor o porque sus maridos así lo prefieren y a estas alturas a punto de jubilarme ya tengo ojo para estas cosas.

    -Pues preferiría que los hiciese y quedarme tranquila de que todo está bien.

    -Ah muy bien como desee, realizaremos entonces el chequeo preventivo de mama al igual que uno de útero, si te parece empecemos por el de mama.

    -Por favor, si eres tan amable de colocarte en la tarima.

    Me levante y me situé junto a una pequeña tarima donde ya me habían hecho antes ese chequeo, entonces fue cuando se fijó por primera vez en mi cuerpo, mis piernas largas y esbeltas que se dejaban ver hasta mis muslos solo cubiertos por mi minifalda, mi ombligo que se veía tras la fina blusa transparente sin mangas al igual que mis pechos grandes, redondos, firmes sujetados solo por un pequeño top de licra tras la blusa transparente, cuando se dio cuenta de que le miraba bajo de inmediato mirada y la fijo en sus papeles.

    No me molesto que lo hiciese, estoy acostumbrada a que me miren e incluso me divirtió su forma torpe de disimular.

    Me empecé a desabrochar la blusa, más despacio de lo normal tomándome mi tiempo entre botón y botón, le observaba de reojo para ver su reacción.

    Me quite la blusa y la colgué en el perchero.

    Vaya este vejete esta hecho un portento, se mantuvo como un jabato con su mirada firme en los papeles mientras me quitaba lentamente la blusa.

    -Ya estoy lista. Le dije.

    El me miró y a ver que todavía lleva el pequeño top dijo:

    -Es necesario que este complemente desnuda de cintura para arriba señorita.

    -Señora, precise.

    A lo que él asintió con un movimiento de cabeza, añadiendo.

    -Parece muy joven para estar casada.

    -Muy amable, respondí.

    Yo ya sabía de sobra que tenía que estar completamente desnuda de cintura para arriba, pero viendo que se encontraba violento y que hacía lo que podía por mantener su mirada apartada de mí, no pude resistirme y quise hacerle sufrir un poco obligándole a decírmelo, además su voz había sonado tan temblorosa.

    Así que cruzando mis brazos, lleve mis manos a mi top y cogiendo por abajo tire para sacarlo por encima de mi cabeza, lo hice todo lo deprisa que pude, porque como juego ya había sido bastante, con lo que no había contado en que se me enganchara el top en mi coleta, me quede ahí, con mis pechos desnudos y con el top delante de la cara.

    Estaba enganchado con mi coletero, forcejee por soltarlo, me moví de lado a lado pero sin éxito y por fin dando unos tirones hacia arriba, haciendo como si diera unos pequeños saltitos, se soltó.

    La cara del viejo ginecólogo, estaba roja, sin duda al quedarse tapado mi rostro, había estado mirando tranquilamente todo el tiempo, disfrutando de ver mis pechos desnudos moviéndose de lado a lado y de arriba abajo, mostrando lo redondos, duros y bien formados que están.

    Instintivamente me cubrí los pechos con uno de mis brazos, a la vez que con el otro colgaba el pequeño top en el perchero.

    Todavía algo rojo, se levantó y se dirigió hacia una pequeña máquina de agua, llenándose un vaso de agua y bebiéndoselo en dos largos sorbos, luego cogió unos guantes de una caja situada en un estante y poniéndoselos se dirigió hacia mi, ya no estaba rojo, pero si llevaba una pequeña e inconsciente sonrisa en la cara, se había divertido de lo lindo con mi mal rato.

    Cuando estuvo junto a mí me dijo:

    -Me permite.

    Aparte el brazo que cubría mis pechos y después levantando ambos brazos hasta llegar por encima de mi cabeza, entrelacé los dedos de mis manos, dejándole mis pechos a su entera disposición.

    Él había recobrado la compostura ya no tenía esa disimulada sonrisa en la cara y con sus dedos expertos presionaban por mis pechos asegurándose de que no hubiese ninguna anomalía.

    Vaya con aquel viejo, quería haberle hecho pasar un mal trago y al final había sido yo quien había estado bien apurada.

    -Todo está bien, puede estar tranquila.

    -¿Cómo dice? Despistada como estaba en mis pensamientos

    -Que puede estar tranquila jovencita, no tiene ninguna anomalía.

    -Perfecto, ya me quedo más tranquila.

    -Aun así recuerde que debe hacerse una al menos mamografía una vez al año.

    -Si doctor.

    Si en ese momento, tras acabar el chequeo y retirar sus manos de mis pechos, el ginecólogo no hubiese resoplado con alivio por haber terminado, quizás no habría caído en la tentación de devolverle el mal trago.

    -Doctor. Dije.

    Él dándose media vuelta porque ya había empezado a girarse para apartarse de mí, contesto con un:

    -¿Si?

    -Vera es que a veces tengo una sensación rara en los pechos, por aquí en parte inferior, el colocó de nuevo sus dedos en mi cuerpo, esta vez justo por debajo de mis pechos, donde le había indicado.

    Palpo un poco con sus dedos.

    -No noto ni veo nada extraño.

    -Si mire, con mis manos cogí las suyas e hice que sujetara por debajo mis pechos. Ve doctor sospéselos, no cree que uno pese más que el otro, ¿no será por un exceso de grasa?

    Algo azorado consiguió llegar a articular:

    -Nadie tiene todo igual jovencita ni siquiera los pechos, normalmente el izquierdo es más pequeño en las diestras y al revés en las zurdas, aunque yo la verdad apenas noto diferencia, no debes preocuparte.

    -Y que me dice doctor… (Y llevando ahora sus manos hacia las aureolas de mis pezones) A veces me duele alrededor… (Puse sus dedos sobre las aureolas y los moví circularmente) por aquí y por aquí… (Haciendo que involuntariamente su dedos tocasen mis pezones)

    El pobrecito con un temblor del labio inferior apenas podía retirar la mirada de mis pechos y mucho menos las manos, así que como todavía se las tenía sujetas las aparte de mí, pareció recuperar la compostura y pudo llegar a decirme:

    -Seguramente será debido a un inicio de lactancia aunque no estés embarazada el cuerpo a veces reacciona de esa forma pero en un par de días desaparece el dolor, ¿no es así?

    -Si doctor. Gracias de nuevo, me tranquiliza saberlo.

    Ahora quien sonreía para sí, era yo, él se detuvo de nuevo junto a la máquina de agua y volvió a beber un poco. Creo que si hubiese podido se la habría echado por encima en vez de bebérsela.

    -¿Paso allí para el chequeo de útero doctor?

    A la vez que señalaba la camilla con los posa piernas que se utiliza para ese chequeo, situada tras un pequeño biombo.

    -Si por favor

    Tras situarme detrás del biombo. Me quité los zapatos, mientras me continuaba desnudando, él desde su silla me hizo un par de preguntas sobre mis anteriores chequeos, a las que yo iba contestando, mi minifalda salía por mis pies mientras le comentaba lo agradecida que estaba por haberme atendido sin cita previa y por sus tranquilizadoras palabras antes mis dudas, cogí con ambas manos mi minúsculo tanga de hilo y lo fui bajando por mis piernas hasta que pude sacarlo por mis pies, quedando totalmente desnuda.

    Él continuaba dándome explicaciones médicas, de el porque podía estar tranquila etc.

    Había una pequeña sabana color rosado para cubrirte el cuerpo desnudo mientras estas tumbada en la camilla, iba cogerla y tumbarme cuando el ginecólogo termino diciendo:

    -En resumen que usted jovencita que está muy buena de salud tras aclararse inmediatamente la voz rectifico diciendo: muy bien de salud.

    Me reí por lo bajito ante tal error, en que estaría pensando ese viejecito y quise apurarle aún un poco más.

    Me puse la pequeña sabana rosada alrededor de mi cuerpo desnudo y tras sacar primero la cabeza por el biombo, sonriéndole le dije:

    Me alegro de estar tan bien de salud y apto seguido salí de detrás de biombo corriendo a pequeño pasitos (todo lo que la anchura de la sabana envuelta en mi cuerpo me permitía) con una mano sujetaba que no se cayera la sabana y con la otra llevaba la mini y el tanga.

    La sabana no era demasiado transparente pero si que perfilaba las bonitas curvas de mi cuerpo, tras llegar al perchero donde estaba el resto de mi ropa, colgué la minifalda y el tanga, le mire y le dije:

    -Ya estoy lista. Y a la misma velocidad regrese detrás del biombo.

    Al viejo ginecólogo parecía que le iba a dar un infarto por la cara que puso.

    Sin duda podría haber dejado mi ropa en una silla detrás del biombo pero fue muy morboso hacer eso.

    Me tumbe en la camilla, colocando mis piernas en los soportes quedando totalmente abierta, coloque bien a la sabana quedando tapada desde mis muslos hasta mis pechos.

    Un instante después pasaba el también tras el biombo, cogió una silla y la situó entre mis piernas y se sentó.

    -Muy bien dijo. Voy a iniciar el chequeo este tranquila jovencita

    -Si doctor le respondí.

    Por el ruido que hacía, ya que en esa posición solo le veía la cara, se estaba poniendo de nuevo los guantes.

    Me miro y me dijo:

    -Ahora voy a ponerme algo de gel, para evitarle un posible dolor, es posible que lo note frío.

    Asentí con la cabeza

    Mientras él iba cogiendo un bote de gel (tirando parte sobre sus guantes para luego esparcirlo por ellos) yo recordaba lo sucedido y pensaba:

    En cuanto llegue a casa me voy a masturbar a gusto o quizás esperare a que llegue mi marido y follare con el pensando en esto.

    Estando así desnuda (con las piernas abiertas mostrando mi coño totalmente depilado, con sólo la fina sabana sobre mi cuerpo, con mis pechos marcándose perfectamente) no debí pensar eso porque me puse caliente y me moje.

    Me preocupe por si él se daba cuenta, observándome como podía hacer toda mi rajita, pero en ese momento sus dedos cubiertos por el guante y el gel se introducían lentamente en mi vagina, al estar caliente y notar la penetración, el frío y humedad del gel no pude por más que lo intente evitar contraer mi vagina, sintiendo aún más sus dedos y escapándoseme un leve gemidito.

    Él retiro enseguida sus dedos, disculpándose por haberme hecho daño.

    -No se preocupe, no ha sido nada, dije yo aliviada ante su reacción.

    Se echó más gel en el guante mientras yo giraba mi cabeza hacía un lado intentando pensar en algo que evitara que siguiera poniéndome caliente, pero ya era tarde, mi cuerpo había reaccionado, mis pechos y mis pezones se endurecieron y ahora se marcaban muy claramente en la sabana, mi rajita estaba mojada, dándome cuenta de ello, intente prepararme para cuando me penetrara de nuevo no reaccionar.

    Pero fue peor porque me puse tan tensa que a pesar de estar mordiéndome un labio, nada más sentirme penetrada por sus dedos, se me escapo un nuevo

    ¡Ay! que intente sonara todo lo doloroso posible y no de gusto.

    El viejo ginecólogo volvió retirar rápidamente los dedos y me miró.

    Yo azorada solo supe decir:

    -Lo siento pero creo que es que me roza algo.

    -Es posible que sea alguna arruga del guante, me los cambiaré.

    -Si por favor

    Mientras bajaba la cabeza hacia sus manos, pude ver como detenía su mirada en mis pechos o quizás sólo en mis pezones duros, marcándose en la sabana, para acto seguido quitarse los guantes con el típico sonido de ¡slash!

    Volví a girar mi cabeza hacia un lado, realice un par de inspiraciones lo más disimuladamente que pude intentando retomar el control de mi cuerpo, oí de nuevo el ruido del bote soltando el gel y de nuevo empezó a introducirme sus dedos aunque esta vez lo hizo más rápidamente, me mordí fuertemente el labio intentado evitar suspirar

    Entonces fue cuando me di cuenta, se había quitado pero no se había vuelto a poner los guantes, sus dedos desnudos impregnados con el gel penetraban mi vagina y como si en ese momento él se hubiese percatado de que me había dado cuenta, hundió del todo sus dedos en mi vagina, sin darme tiempo a decir o hacer nada.

    Mis manos agarraron con fuerza los lados de la camilla y el viejo ginecólogo colocaba sus dedos sobre mi punto g comenzando a masturbarme hábilmente , hacía pequeños movimientos de delante hacia atrás intercalando movimientos circulares y presionando con las yemas de sus dedos en mi punto g, aquel viejo ginecólogo con sus movimientos expertos, me estaba matando de gusto, si había alguna resistencia a aquella masturbación, se acabó en aquel instante, estaba a mil y mi coño chorreaba por los fluidos que emanaban debido a lo cachonda que estaba.

    Me retorcía de gusto, entonces de repente dejó de tocarme de esa forma y empezó a follarme con los dedos, comencé a jadear de placer y el respondió follándome con sus dedos aún más rápido, los sacaba y me los volvía a meter, rítmicamente, al compás de los deseos que le indicaba mi cuerpo, estaba llegando al éxtasis y mi orgasmo llegaba…

    Él paró unos instantes sólo como para que lo deseara más, a la vez que de un tirón quitaba la sabana que cubría mi cuerpo, sus ojos devoraron por completo mi cuerpo desnudo, saboreándolo con la mirada, de repente volvió a meterme hasta el fondo sus dedos, haciéndome gemir de gusto, para luego seguir masturbándome como al principio, sus movimientos certeros me hacían gemir cada vez más fuerte avisando de mi orgasmo, mi pezones se pusieron duros como piedras y mis manos se aferraron a la camilla, sus dedos aceleraron ligeramente, mi cuerpo se arqueó, grite de placer y un momento después tenía un intenso orgasmo quedando sus dedos inundados con mis fluidos.

    Tras unos instantes así, saco lentamente sus dedos de mi vagina y se alejó ligeramente de mi, entonces como dándose cuenta de lo todo sucedido, dio media vuelta y desapareció detrás del biombo, dejándome allí, todavía jadeando suavemente, con mis flujos mojando la camilla tras el buen orgasmo que acaba de tener, recuperando el aliento.

    Le oí sentarse en su sillón y resoplar.

    Me levante, recogí la sabana, me cubrí ella y salí de detrás del biombo, el viejo ginecólogo me miró sin decir palabra, podía ver en su cara la preocupación pensando:

    -¿Y ahora que va a pasar? ¿Qué he hecho? ¿Dios mío me he dejado llevar que locura?

    La verdad era que se podía haber metido en un lío de los grandes.

    Me acerque a él lentamente poniendo cara de enfada, él trago saliva.

    Cuando llegue hasta él, le miré el bulto de su entrepierna que se le notaba tras la bata y el pantalón, le sonreí a la vez que deje caer la sabana, me puse de rodillas, le comencé a desabrochar la bata mientras con mi otra mano, le acariciaba su polla sobre el pantalón que no tardo en estar durísima.

    Una vez ya abierta parte la bata, dirigí mis manos al botón de su pantalón, tras desabrocharlo tirando con mis manos, fui abriendo su cremallera, quedando a la vista un slip negro y un buen bulto.

    Levante el slip y su pene quedo a la vista era de un tamaño normal excepto porque era de un buen grosor, se lo acaricie notando su dureza y tacto, él suspiraba nervioso, comencé a masturbarlo despacio sin prisa, su pene se puso aún más duro, y empezó soltar líquido seminal, acerque mi boca a la punta de su polla y lleve mi lengua hasta su puntita lamiendo el líquido seminal, me volví a separar y seguí masturbándole.

    De nuevo salió algo más de líquido y volví a hacer lo mismo, el pobrecito no podía más, así que me puso una de sus manos en mi cabeza empujando ligeramente, como animándome a que se la chupara, abrí bien la boca y fui introduciendo su polla hasta tenerla dentro por completo, para luego ir sacándomela despacio de la boca, dejándola resbalar por mis labios hasta que quedo fuera, ahora mis labios se posaban sobre su capullo y lo aprisionaban suavemente, lo succione varias veces y cogiendo su polla con la mano la apoye sobre mi lengua, con la boca muy abierta y la lengua todo lo fuera que podía y empecé a golpearme la lengua y los labios con su polla que estaba durísima.

    Él empezó a gemir muy fuerte y termino diciéndome:

    -Vuelve a metértela en la boca, si, chúpamela

    Metí de nuevo su polla en mi boca, haciéndole una buena mamada, poco a poco cada vez a un ritmo más acelerado, mi cabeza se movía hacia delante y hacia atrás, chupándole por completo su polla, a la vez que le acariciaba y presionaba levemente sus testículos, él miraba como se la chupaba deleitándose viendo su polla dentro de mi boca y viendo como de vez en cuando mi lengua la recorría de arriba abajo, con largos y húmedos lametones, me incline un poco hacia atrás para que pudiera verme bien la cara y continué tragándome su polla sin parar.

    -¡Dios! qué bien la chupas, que cara de viciosa pones…

    Lleve mi mano a mi clítoris y sin dejar de mamársela, comencé a masturbarme,

    Frotándome con fuerza el clítoris.

    -Si así no pares, cómetela toda…

    Se puso tenso y comenzó a retorcerse en el sillón, estaba claro que no iba aguantar mucho más, lleve mi labios a su capullo y lo volví apretar manteniéndolo dentro de mi boca, su semen empezó a salir, chorretón tras chorretón, él gemía de placer, mientras yo tragaba el semen que me iba cayendo en la boca, hasta que finalmente no hubo más, saque su polla de mi boca y con la lengua relamí los restos que quedaban de leche en su grueso pene, limpiándola a conciencia, tras terminar me separe algo de él.

    Yo seguía allí de rodillas, todavía masturbándome suavemente con mis dedos, él me miraba como extasiado, le dedique una amplia sonrisa y lleve mi otra mano a mis labios donde todavía quedaban restos de su semen y con dos de mis dedos que comencé limpiarlos, cada vez que recogía un poco de su semen, metía mis dos dedos en mi boca y los succionaba, despacio, sin prisa, saboreando su leche con la lengua, hasta que no quedo ni una gotita, al mismo tiempo que mi otra mano mantenía mi coño muy caliente.

    El ginecólogo se levantó y apartó bruscamente las cosas que había sobre la mesa de despacho, tirando muchas de ellas al suelo, yo entendí de inmediato lo que quería y cachonda todavía como estaba por mi masturbación, me levante y me tumbé enseguida sobre la mesa, no me había terminado de recostar cuando su cabeza ya estaba entre mis piernas y su labios se apoyaban en mis labios vaginales.

    Sus manos subieron para acariciar mi vientre, notando lo terso y suave que es, para luego seguir subiendo hasta alcanzar mis pechos y los apretó con suavidad, manteniéndolos en sus manos y luego llevando sus dedos hasta mis pezones, apretando y tirando de ellos hasta conseguir que estuvieran los más duros posible.

    Yo suspiraba de gusto antes sus lametones y sus caricias, instintivamente abrí más las piernas apoyando mis pies en la mesa, abriéndome por completo, su lengua recorría mi rajita, centrándose de vez en cuando en clítoris, dando círculos con su lengua sobre él.

    Mi coño se iba mojando cada vez más y él lamía sin cesar todos mis jugos, saboreándolos, se separó de mi cogiendo aire a la vez que con su mano empezó a dar palmaditas sobre toda mi rajita, especialmente en mi clítoris haciendo que se tensara, entonces puso su boca en mi clítoris otra vez y comenzó succionar de forma intensa, yo hacía esfuerzos por no ponerme a gritar de gusto pero cada vez mis gritos de placer eran más altos.

    Ahora jugaba con su lengua en mi sexo y yo me estremecía de placer, mis jugos fluían abundantemente recorriendo mi coño hasta mi ano y mojando la mesa, entonces dejo de lamerme para poner su mano sobre mi coño restregando todos sus dedos en mis fluidos y para luego volver a seguir comiéndome el coño sin parar, yo movía mi cadera como intentando restregarme contra él, del gustazo que me estaba dando.

    El viejo ginecólogo puso uno de sus dedos mojados en mi ano y comenzó a realizar círculos con él, para ir poco a poco introduciéndose dentro, ahora su dedo me follaba el culo y su lengua el coño, yo cada vez estaba más fuera de mi, sentí un poco más de presión que aumento mi placer y un nuevo dedo se introdujo en mi ano dilatándolo un poco más, su lengua se colocó entre mis labios vaginales recorriéndolos por completo, de arriba abajo, entonces la punta de su lengua se detuvo en mi clítoris, dándole unos cuantos golpecitos para luego lamerlo salvajemente, mi cuerpo se arqueo al mismo tiempo un nuevo dedo presionaba por entrar en mi ano.

    Tras empujar un momento, saco los dos que ya tenía introducidos, escupió sobre los tres varias veces, para volver a presionar en mi ano, otra vez con los tres dedos, lentamente fueron introduciéndose en mi culo haciéndome gemir de placer, ese viejo dominaba muy bien los ritmos acelerando cuando debía o haciéndolo todo más lentamente, consiguiendo hacerme siempre disfrutar al máximo.

    Me follaba con sus dedos el culo y me lamía cada vez más rápidamente, mi cuerpo temblaba estremeciéndose, sus dedos se hundían por completo en mi ano, su lengua se introducía en mi vagina para luego lamer mi clítoris, con mi mano agarré su cabeza y la pegue con fuerza contra mi coño, gemía fuertemente de gusto, apretándolo más y más contra mi coño y el viejo ginecólogo me lamía más intensamente y me follaba el culo sin parar, yo chorreaba por todas partes tanto por mis fluidos como por su saliva, no podía más, me corría.

    Apreté mis piernas contra su cabeza, me movía convulsivamente hasta que de repente él dejo de moverse, yo seguí moviéndome en busca del placer, del orgasmo, que estaba por llegar y tras esa pequeña parada, apretó con sus labios fuertemente mi clítoris y clavo con fuerza hasta el fondo sus dedos en mi ano, grite de placer, de dolor, mi piernas presionaron aún más su cabeza, mi mano lo apretó fuertemente contra mi coño, sin dejar que se separara ni un centímetro y así entre gritos de:

    -Más, más, más… no pares y chillidos de placer tuve un nuevo orgasmo.

    Finalmente le solté y su cabeza salió de entre mis piernas a la vez que sus dedos de mi culo, se levantó y se limpió con la manga de la bata todos los restos de mis fluidos que tenía por su cara, yo no me moví seguía sobre la mesa, abierta de piernas, completamente mojada, suspirando tras el orgasmo, le miré, deseaba ser penetrada, mi coño estaba más que a punto y deseoso pero por desgracia su polla todavía no estaba del todo recuperada.

    Por mi mirada el viejo ginecólogo se dio cuenta de lo que deseaba, así que se acercó a mi esta vez por un lado de la mesa, cuando estuvo junto a mi, con una de sus manos empezó a acariciarme la cara y la otra la metió entre mis piernas, acariciando el clítoris y así comenzó a masturbarme despacio.

    Yo gemía suavemente al ritmo de sus caricias.

    -Que carita de ángel tienes, dijo suavemente.

    Le mire sonriendo, para luego volver a cerrar mis ojos dejándome llevar por el placer de sus dedos, mi excitación aumentaba por momentos, él dejo de acariciarme la cara para cogerme por el hombro, aumentando la velocidad con las que sus dedos frotaban mi clítoris, yo lleve mi manos a mis tetas y comencé tocármelas apretando y soltando, tirando de mis pezones, pellizcándolos, mi placer iba en aumento y también mi deseo de ser penetrada, solté una de mis tetas y lleve la mano al pene de aquel viejo y lo agarré con fuerza.

    Él me contesto dejando mi clítoris y hundiendo varios de sus dedos en mi coño, gemí y comencé a masturbarle, su polla se puso más dura, pero todavía no estaba a punto, se inclinó sobre mi, pensé que me querría besar, pero no, lo que hizo fue alcanzar aquel pisapapeles que todavía seguía sobre la mesa y con un movimiento de su mano extrajo aquel enorme pene de la imitación de vagina.

    Sus dedos seguían follándome, entrando y saliendo de mi vagina, tras terminar incorporarse tras coger aquel pene, me lo enseño y lo colocó entre mis tetas y empezó hacer como si me las follase, yo solté su polla y teniendo de nuevo mis tetas en mis manos las apreté contra aquel pene como si hiciera una cubana, notándolo entre mis pechos y viendo cómo se deslizaba entre ellos.

    Lo sacó de entre ellos y empezó a frotarme los pezones con la punta, haciendo círculos, mis pezones ya sensibles se pusieron más duros y respingones, a la vez que un nuevo dedo se introdujo dentro de mi vagina, al mismo tiempo que tiraba mi cabeza un poco hacia atrás di un gritito de gusto.

    Aquella imitación de pene dejo tocar mis pezones para pasar a tocar mis labios, le di unos besitos y luego abrí la boca, él lo introdujo dentro, empecé a chuparlo como si le hiciera una mamada a la vez que aquel viejo sacaba los dedos de mi vagina y se dedicaba acariciarme el clítoris intensamente, yo lo chupaba cada vez con más ganas y él me masturbaba cada vez más rápido, hasta que de repente todo ceso.

    Sacó aquella imitación de enorme pene de mi boca y lo fue arrastrando por mi piel dejando un reguero de saliva hasta llegar mi coño entonces se situó entre mis piernas apoyo la punta de aquel enorme pene en mi clítoris y se relamió observando lo mojado y abierto de mi coño, un segundo después aquel pene separaba los labios de mi vagina y nada más situarse en mi agujero de entrada, me la clavó de golpe, lo que debió ser hasta la mitad más o menos.

    Grité, gemí, me retorcí

    Y justo cuando mi cuerpo se relajaba, una nueva embestida me la clavaba hasta el fondo, arrancándome un nuevo grito de placer.

    Mi almejita chorreaba flujos por todas partes mientras aquella imitación de enorme pene seguía clavada hasta el fondo de mi coño, no tardo en empezar a moverla dentro fuera como si me follara, yo gemía de gusto a la vez que comencé a tocarme las tetas apretándolas, acariciándolas tirando suavemente de mis pezones, estaba cada vez más excitada, su polla ante tal espectáculo estaba ya totalmente recuperada así que empezó a reducir la velocidad con la que follaba con aquel pene, en cambio aumento la fuerza con la que me lo metía, empujando fuerte una y otra vez, aunque más despacio.

    Tras un última embestida dejo aquel pene dentro de mi vagina, me cerró las piernas, tiró de mi, haciendo que mi culo sobresaliera de la mesa y entonces me hizo dar la vuelta, mis tetas quedaron apoyadas sobre aquella mesa y sus manos apretaron con fuerza mi culo, manoseándolo, yo me sentía muy mojada, cachonda y tremendamente caliente, él cogió su polla con la mano y apretó suave pero firme su capullo en la entrada de mi culo, su capullo se hizo sitio en mi agujero y tras un momento de presión entro fácilmente, se detuvo un momento disfrutando de la sensación, sus manos me agarraron con firmeza por la cintura, y de golpe de cadera, me clavo su polla por completo en mi culo, mi boca se abrió emitiendo un:

    Oooohhhh

    Mientras él continuaba follándome todo lo deprisa que podía, yo seguía gimiendo, estaba siendo follada por dos pollas a la vez, y me encantaba, estaba loca de placer, él cambio el ritmo, comenzó a moverse follándome despacio para luego poco a poco volver aumentar la velocidad con la que me follaba, mi cuerpo se balanceaba suavemente hacia delante y atrás, notaba mis pezones duros, frotándose contra la mesa, lo que si eso era posible me excitaba aún más.

    No podía dejar de gemir.

    Sus manos soltaron mi cintura para agarrarme por el culo y me folló con fuertes embestidas clavándome su polla hasta el fondo de mi culo, jadeando cansado, lentamente me metió su polla hasta el fondo apretándose bien contra mi y entonces inclinándose sobre mi cuerpo, metió su mano entre mis piernas y cogiendo aquel falso pene que tenia en el coño, comenzó a follarme con el, a la vez que de vez en cuando daba algún respingo con su polla en el interior de mi culo, yo gritaba enloquecida, jadeaba, gemía…

    Cada vez más cachonda, le pedí que no parara

    -Si así no pares dame, dame oooooh… Quiero más, fóllame fuerte

    Se apretó aún más contra mi, sentí como rodeaba con unos de sus brazos mi cintura, mi cuerpo quería más, todo era placer y sentía que me iba a volver a correr, él sabiendo lo que ocurría, continuó follándome más despacio sólo que ahora él también se movía, dentro fuera, acompasando la follada del pene que me follaba el coño y el suyo que me follaba el culo, no pude más, mi cuerpo se pegó más contra la mesa y mi culo se puso todo lo en pompa que pudo, notando al máximo aquella doble penetración.

    Y entonces ocurrió, mi cuerpo se tensó, mis gemidos se convirtieron en gritos de placer entrecortados, en ese instante él me clavó a la vez las dos pollas hasta el fondo, mi culo se movió dado pequeños respingos de arriba abajo sintiendo aquellas dos pollas en lo más profundo de mi ser, el viejo ginecólogo pegó más su cuerpo al mío diciendo:

    -Córrete pequeña.

    Le habría dicho que me corría, pero ya era tarde, mi cuerpo se convulsiono estremeciéndose, mis jugos chorrearon por todo mi sexo y mis uñas chirriaban contra la mesa, tuve un intenso orgasmo.

    Tras mi orgasmo me saco la imitación de pene de mi coño, a la vez que gran cantidad de mis fluidos resbalaron entre mis piernas y lo dejo caer al suelo produciendo un ruido seco y como pegajoso imagino porque estaba totalmente impregnado por mis jugos.

    Poniendo sus manos abiertas contra mi culo, fue retirándose a la vez que se incorporaba sacaba su polla de mi culo, cuando la tuvo completamente fuera, juntándome las piernas, me volvió a dar la vuelta quedando de nuevo boca arriba.

    Despacio, fue separando mis piernas, hasta que quede completamente abierta, mis pies se apoyaron en las esquinas de la mesa, quedando totalmente expuesta, él observándome lascivamente se cogió la polla con la mano y comenzó a masturbarse suavemente, yo recuperaba mi aliento tras mi magnífico orgasmo, cuando deje de suspirar, entonces él dejo de masturbarse y se acercó a mi casi hasta tocar con la punta de su polla mi coño y mirándome a los ojos me dijo:

    -Mmmm. esta vieja polla se va a follar este coño tan fresco, joven y bonito que tienes

    Asentí con la cabeza como si hubiese sido una pregunta, a la vez que con mis manos me cogí de los bordes de la mesa.

    Él se movió pegando su gruesa polla contra los labios de mi vagina, cogió su polla de nuevo con la mano y la empezó a restregar por toda mi rajita, de arriba abajo, deteniéndose de vez en cuando en mi clítoris, frotándolo, otras veces se detenía en mi agujero de entrada pero sin llegar a penetrarme, mi respiración se volvió a acelerar y mi vagina agradeció aquellas atenciones emanando nuevos fluidos.

    Él continuaba restregando su polla contra mi coño en alguna ocasión la introducía un poco pero enseguida la sacaba y continuaba su juego, comencé a mover la cadera en parte para ayudar al juego y en parte por las ganas que tenía que me penetrara.

    Colocó la punta de su grueso pene en la entrada de mi vagina y cogiéndome las piernas las puso sobre sus hombros, yo no podía más, me moría de ganas de sentir aquella polla dentro de mi coño, pero él continuaba inmóvil en aquella posición.

    -Fóllame ya, no puedo más. ¿A qué esperas? Métemela ya, por favor.

    Su polla se puso en marcha y se fue introduciendo cada vez más adentro de mi ser, a la vez que sus manos me acariciaban, mis suaves, sedosos y bien formados muslos, cuando su polla estuvo completamente dentro de mi comenzó a follarme apretando mis muslos con sus manos a cada embestida, me daba con tanta fuerza que todo mi cuerpo se movía, sus ojos se mantenían fijos como hipnotizados por el movimiento de mis tetas entonces comencé a contornearme exhibiéndome ante él, mis manos acariciaban mi cuerpo sudoroso apretándome de vez en cuando las tetas y pellizcándome los pezones

    -Sigue así pequeña

    Redujo el ritmo de su follada y ahora me clavaba lentamente su polla hasta el fondo sintiendo el calor y humedad de mi coño a la vez que una de sus manos se deslizo por mis mulos hasta llegar a mi clítoris y empezó a masturbarme mientras su polla seguía follándome, volvía a estar muy caliente, el olor a mi coño inundaba la habitación y el ruido de chof chof que acompañaba sus suaves embestidas no dejaba duda de ello.

    Estaba fuera de mi, la sensación de su mano masturbándome y la de su polla follándome era increíble, le sentía totalmente dentro de mi, no podía más y a la vez quería más, quería que me follara más rápido, le rogué, le grite que me follara más deprisa pero él continuaba a su ritmo sin hacer casos de mis suplicas, disfrutando de mi desesperación, en ese momento de una forma totalmente lasciva abrí mis piernas para provocar que me embistiera con más fuerza, su mano dejo y mi clítoris y me agarro con ambos por la cintura, me clavó su polla de un fuerte golpe hasta el fondo de mi coño y una vez allí se quedó quieto presionado contra mi su cuerpo y apretándome contra él con sus manos, di un gritito de placer al mismo tiempo que mis dedos tiraban con fuerza de mis duros pezones, sentí un intenso calor en mi cuerpo y mi vagina emanó más fluidos, tuve un par de espasmos y en ese instante sentí una sacudida violenta dentro de mí.

    -Me corro gritó

    Su polla soltó un primer borbotón tibio, para seguir soltando su leche dentro de mi sin parar, chorro tras chorro, yo sentía su caliente semen inundando mi coño, esa sensación termino por hacerme estallar de placer y un nuevo orgasmo extraordinariamente intenso recorrió todo mi ser mientras él continuaba presionado contra mi su polla y los últimos gotones de su semen caían dentro de mi vagina.

    Finalmente cuando saco su polla de mi coño y agotado se dejó caer de nuevo sobre su sillón, yo me levante, nuestros fluidos entremezclados resbalaron por mis piernas y algunas gotas cayeron al suelo mientras iba hasta mi bolso, donde saque un paquete de clínex y me limpie los restos.

    Cogí mi ropa del perchero y me vestí a la vez que él también sin decir nada se guardó su polla y se arregló.

    Y de esa forma sin decir nada me dirigí a la puerta para irme, una vez allí antes de salir me gire y le dije:

    -Un placer doctor

    -No, no el placer ha sido todo mío guapa.

    -No doctor le puedo asegurar que también ha sido mío y entre risitas cerré la puerta.

  • Reencuentro esperado

    Reencuentro esperado

    Me excita hasta hacerme temblar y ponerme la piel de gallina imaginar que estoy en casa esperándote, cerca de las nueve de la noche.

    He llegado pocos minutos antes de las ocho. No me sorprende que no estés, puesto que a veces sueles bajar a última hora para comprar algo o tal vez hayas quedado con tu prima. Me cambio de ropa y enciendo el ordenador para introducirle los documentos que he traído del trabajo. Hago un canuto y me abstraigo de todo lo que no sea lo que estoy haciendo, de forma que el tiempo pasa sin darme cuenta hasta que al oír el ruido de la cerradura de la puerta miro el reloj y veo que son las nueve y cuarto. Llegas radiante y excitada, con la respiración entrecortada y la cara brillante y sonrosada. Te sientas a mi lado y tu mirada queda fija en mis ojos. Noto un brillo especial en los tuyos, un brillo que conozco y me apasiona pero que hacía ya algún tiempo que no percibía. Te abalanzas sobre mi y tu boca me absorbe; me introduces la lengua en la boca y lames todo mi interior con codicia mientras noto un sabor ajeno en tu boca y un olor distinto en tu cuerpo: hueles y sabes a hombre. Mi sorpresa se convierte con rapidez en una sensación ignorada hasta el momento, mezcla de excitación y temor hacia lo desconocido, que pone todos mis sentidos a flor de piel y me produce un bienestar creciente.

    Sin darme tiempo a decir nada te levantas y en pocos movimientos te despojas de la ropa y quedas ante mi sin otra prenda que aquellas bragas blancas semitanga, con blondas laterales y lisas delante y detrás. Sigues mirándome fijamente mientras te despojas de las bragas y me las entregas, pronunciando la primera palabra desde que has llegado: huélelas. Me las llevo a la cara y las noto húmedas, mojadas en parte. Tanto en la zona que cubre tu coñito como en otros lugares hay manchas blancas viscosas y recientes. Sin poder evitarlo y temblando de emoción las froto por mi cara, las huelo y absorbo su aroma para impregnar de él todo mi interior, para que pase a formar parte de mi. Paso la lengua precisamente por donde están las manchas y llego a chupar para intentar exprimir hasta el último átomo de la sustancia que las impregna, que sólo puede ser una.

    Sigues de pie a mi lado, desnuda, espléndidamente lujuriosa, temblorosa de excitación; tu mirada conserva el brillo del sexo mientras estoy sentado junto a ti lamiendo tus bragas y tu me acaricias cariñosamente el cabello, gozando ambos del placer de lo prohibido. Te sientas en una silla de la mesa del comedor con las piernas abiertas y rápidamente me pongo de rodillas frente a tu entrepierna y comienzo a devorar con ansia tu coño abierto y empapado de sabor a otro cuerpo. Estoy temblando y tengo la piel erizada, la cabeza me arde y no puedo dejar de lamer, aspirar, pasar la lengua por todos tus pliegues húmedos y sorber todos los sabores que te impregnan.

    Me doblego, estoy de rodillas frente al placer que otro cuerpo te ha proporcionado. Sé que tú sabes, tú sabes que yo sé… Chupo con ardor cada pliegue, lamo tu piel y tus poros y trago, devoro tu gusto a sexo. Sé que chupo y trago los restos de semen que tu amante ha dejado sobre tu piel… y me gusta hacerlo, disfruto a sabiendas de que estoy lamiendo mi propia humillación: un hombre, otro hombre que ni siquiera conozco, ha gozado con mi mujer, la ha poseído mientras ellas se entregaba como una perra en celo.

    No puedo resistir por más tiempo la ansiedad y le pido que me hable, que diga algo. Ella sin más me aparta, se agacha frente a mi y empieza a chuparme la polla, pero al cabo de unas pocas emboladas levanta la cabeza y me dice: «¿te gusta?», a lo que respondo: «¿le ha gustado a él?». «Sí, creo que lo ha pasado tan bien como yo…».

    «Iba por la Rambla, caminando por el paseo central, cuando de pronto alguien me agarró del brazo. Al principio no le reconocía, pero se trataba ni más ni menos que de Artur F., a quien no había visto desde hace muchos años. ¿Sabes de quien se trata? ¿Te acuerdas de aquella historia que te conté hace tiempo de un rollo que tuve con un hombre mayor que vivía en el barrio de Horta?».

    «Sí, me acuerdo; aquel profesor o algo así que fuiste a visitar una vez a su casa para follártelo, ¿no?». Era, en efecto, una de sus viejas historias que más me gustaba. Ella tenía poco más de veinte años y corría el tiempo de la transición política española, cuando conoció a un cuarentón intelectualizado con el que tuvo una relación de conversaciones y discusiones políticas en grupo, en torno a la mesa de algunos cafés de moda, tan propias de la época. Me había contado que en una ocasión acudió a la casa de Armand, que así se llamaba, y acabaron -o empezaron-follando sobre la alfombra de la biblioteca, él tumbado de espaldas al suelo y ella cabalgándole. Acudió a aquel piso otras ocasiones con el mismo propósito: tirarse, o dejarse tirar, por aquel hombre que hubiera podido ser su padre.

    «Pareció muy contento de verme y nos pusimos a charlar, preguntándome por el transcurso de mi vida y por fulanito o menganita de aquellos tiempos. Me invitó a tomar algo en el Café de la Ópera y me explicó que un año antes había comprado un piso en la calle Tallers, muy cerca de allí, que viví en el barrio y que estaba encantado de haberme encontrado. No sé por qué, pero me iba sintiendo caliente; no salían de mi cabeza algunas escenas vividas con él hacía tanto tiempo. Me acordaba de aquella polla monumental que tenía y cuando me propuso enseñarme su casa me sorprendí a mi misma aceptando la invitación.

    El piso resultó ser un ático muy soleado desde el que se veía el puerto y algún trozo de mar. La decoración y el mobiliario me recordaron enseguida aquella otra vivienda suya que había conocido. Seguramente había traído sus muebles. Íbamos hablando mientras entrábamos en la casa, que recorrimos pieza por pieza hasta llegar al dormitorio, muy espacioso y con el desorden organizado propio de un solterón. Ambos sabíamos que habíamos llegado a nuestro destino y se hizo el silencio. Quedamos de pie en el centro de la habitación, junto a la gran cama. Nos miramos y sonreímos e inmediatamente nos fundimos en un beso. Sentí de inmediato su lengua en mi boca y acabaron de mojárseme las bragas…».

    Al llegar a este punto mi mujer se quedó un poco cortada y me dijo: «lo siento, a lo mejor me he pasado o me estoy pasando ahora. ¿Estás seguro que deseas que siga, no te da mal rollo?». Le aseguré que no sentía ningún mal rollo sino todo lo contrario, que la historia me ponía a cien y que deseaba conocerla para excitarme mientras me la contaba. Estaba encantado y loco de amor por ella y me hacía feliz compartir estos presuntos secretos.

    En este punto yo también me había desnudado y estábamos sentados uno junto al otro en el sofá. Me agarró suavemente la polla y la acarició; inició un suave movimiento con la mano alrededor de mi nabo ya erguido y continuó hablando: «nos besamos como dos enamorados que hace tiempo que no se han visto, con locura y pasión, mientras nos fuimos manoseando por todo el cuerpo. Él me mordía en el cuello -cosa que sabes que me vuelve loca-y me sobaba y apretaba las nalgas. Yo estaba derritiéndome y temblando de ganas; y recorrí su cara y cuello con mi lengua y le metí mano al paquete. ¡Dios, que aparato tiene! Estaba tieso a más no poder y apenas me cabía en la mano. Era imposible detenernos siquiera para desnudarnos, por lo que más que quitarnos la ropa nos la fuimos arrancando sin dejar de morrearnos y palparnos. Caímos enlazados sobre la cama y continuamos el frenesí de caricias y besos. Me mordió los pezones hasta estremecerme y fue bajando hasta mi pubis y, finalmente, hasta meter la lengua en mi coño que ya chorreaba a mares. Como pude me situé de forma que pudiera meterme aquella polla en la boca, quería chuparla, comerla, lamerla, antes de metérmela hasta los huevos. Estábamos en la postura del sesenta y nueve, él encima y yo debajo. Cada chupada que daba a aquellos cojones grandes e hinchados se traducía en una descarga de su lengua en mi interior. Me aprisionó el clítoris entre los labios y me corrí como una colegiala. Tal vez fue por la sensación de soledad del ático, pero chillé de gusto como hacía tiempo que no lo hacía. Fuimos girando de costado hasta que nos desenlazamos, jadeando y sudando. Me lancé sobre él y le chupé los pezones -en este momento me acordaba de ti, de cómo te gusta que te haga lo que le estaba haciendo a él- bajando hasta su entrepierna presidida por aquel mástil que amenazaba desgarrarme por dentro y que, precisamente por esto quería sentirlo bien hondo».

    «Cariño -se interrumpió en este punto- quiero que sepas que sentía un morbo enorme por aquel hombre. Quería sentirme muy guarra y portarme como una puta para luego exhibir mi vicio ante ti. Hace años, cuando me lo tiré, él también era muy vicioso. Recuerdo que no paraba de llamarme «niñita», «pequeña calentorrita» y otras lindezas que cuajaban muy bien por cuanto que yo me sentía muy traviesa yendo a hacerme follar por un hombre mayor». Mi polla estaba a punto de reventar pero la ansiedad por escucharla era más fuerte que el deseo de gozar inmediatamente. «Continúa», le dije. Y siguió: «me la metí en la boca, pero apenas podía ya que el capullo era de un grosor desmesurado. Mientras le acariciaba los cojones con las manos; y sin saber como ni por qué -pues tú sabes que es algo que no me gusta especialmente-le acaricié el ano. Fui abriéndolo lentamente con el dedo y de repente se lo encajé de golpe. Sorprendido por aquella osadía que, no obstante, le resultaba placentera, gimió y me agarró la nuca empujándome la cabeza hacia la polla, tratando de que la tragara toda. No quería que se corriera antes de follarme, pues dudaba que a su edad la cosa diera para dos polvos, pero él tenía sus ideas al respecto. Me mantuvo contra sí, dejándome sólo un pequeño margen de movimiento imprescindible para poder hacer lo que él deseaba en aquel momento: mamársela. Duró poco antes de doblarse hacia arriba y llenarme la boca de leche, que a poco me hizo atragantarme y que tuve que tragar para liberar mi boca. Me apartó con fuerza -aunque sin violencia alguna-y me hizo tender a su lado. Con los dedos recogió los restos de esperma que colgaban de mis labios y me lo extendió sobre los pechos…».

    «¿Ves, me dice, como aún quedan vestigios de mi guarrada? En efecto, sobre sus tetillas y en el surco que las separa había manchas secas que parecían haber sido de licor seminal. No podía aguantar más, me lancé sobre las tetas de mi esposa y lamí sus pechos hasta dejárselos relucientes de mi propia saliva. Estaba loco de placer y le pedí que me la chupara y me hiciera lo mismo que le había hecho a él. «Aquí no puedo, vámonos a la cama; recuerda que allí estábamos», dijo y nos dirigimos, desnudos como estábamos, hacia nuestra cama. Nada más tumbarnos se arrojó sobre mi polla, que a través del pasillo no había perdido fuerza, y comenzó la mamada más sabrosa con que me haya obsequiado nunca. Masajeó y lamió mis huevos y poco a poco fue adueñándose de mi culo con sus hasta ahora casi desconocido dedos. Se retiró un momento para coger el tubo de vaselina que tenemos en mi mesilla de noche y con una sonrisa pícara me dijo: «prepárate, maridito». Volvió a su posición anterior ocupándose de mi pene y huevos con su lengua y de mi virginal culo con los dedos hasta llegar a introducirme la punta de tres de ellos. A continuación, mientras me miraba a los ojos, introdujo me con fuerza su dedo índice, lo que ocasionó un respingo de dolor tan intenso como breve que se transformó en una sensación muy agradable. La agarré de la nuca y le hice tragar el miembro hasta que le motivó una arcada. No cedí y la obligué a seguir el ritmo de la mamada mientras la iba llamando «puta, guarra, házmelo como a tu amante, so puta…» hasta que no pude ya más y arrojé en su boca todo el semen que mis cojones no podían ya retener.

    Se retiró un instante para engullir la masa lechosa y volvió a la carga para dejarme la polla limpia de cualquier traza de semen, que en todo caso iba tragando. Fuimos quedando inmóviles, uno junto al otro y cogidos cariñosamente de la mano.

    Estaba en el séptimo cielo, corrido y feliz. Ambos seguíamos excitados por aquella historia tantas veces soñada y que ahora se había convertido en realidad. Me incorporé en la cama para liar un porro. Mientras íbamos fumando ella comenzó a acariciarme suavemente y posó su mano sobre mi entonces vencido pene. «¿Estás bien», me preguntó. «Estoy enloquecido de placer, te quiero», respondí. Y sin dejar de lado las caricias que ya me iba prodigando, continuó:

    «Cuando se corrió me quedé un poco frustrada pues pensaba que ya habría agotado sus posibilidades aquel día. Al fin y al cabo, Artur tiene cincuenta y ocho años, según me dijo… Pero me equivoqué de cabo a rabo. Verás, estábamos fumando un cigarrillo y sin ninguna intención apoyé la mano sobre sus huevos. Fue como apretar un resorte, pues aunque hubiera eyaculado pocos minutos antes, su polla empezó a responder de inmediato a mi manoseo. «Tranquila que ahora te tocará a ti», dijo incorporándose hasta quedar de rodillas a mi lado. Me cogió por las caderas, me obligó a dar la vuelta sobre mi misma hasta que flexioné las rodillas y levanté el pompis, quedando así a cuatro patas, ofrecida a su deseo. Hasta aquel momento sólo había pasado por mi imaginación montarme a horcajadas sobre él e introducirme aquella barra de músculo en mi coñito palpitante. Pero me encontré de esta manera, a cuatro patas, como me gusta ofrecerte a ti. Me resultaba muy morboso ofrecerme así a él mientras pensaba en ti. Por otro lado tenía unas ganas de ser follada como hacía tiempo que no sentía; necesitaba que me la clavara en aquel mismo instante. No se hizo de rogar y mientras con una mano me sobaba y apretaba los pechos, empleó la otra mano en la tarea de guiar aquel inmenso cipote hacia mi entrada vaginal. Me iba diciendo cosas al oído, como: «mi niña sigue siendo tan putita, ¿verdad?, ven, ven, que papito te hará sentir mujer; ven guarrita…». La verdad es que me sentía como una puta en celo cuando sentía aquel pedazo de carne enhiesta pugnar por abrirse camino entre mis carnes. Acabó de metérmela hasta la empuñadura de un solo empujón que me hizo chillar de gusto y comenzó un constante y enloquecedor bombeo que en pocos momentos me provocó un orgasmo genial durante el cual me volví loca y comencé a decirle que me follara toda, que era su puta y que hiciera de mi lo que quisiera».

    La imagen de mi mujer en tal situación, entregada por completo a un hombre que en aquel momento la deseaba, abierta de piernas para ser taladrada por una polla lujuriosa, comportándose como una ramera y mezclando sus humores corporales con los de aquel tipo maduro, provocaron en mí una erección que en este punto resultaba casi insoportable. Pedí a mi mujer que se pusiera a cuatro patas que me lo siguiera explicando mientras la follaba, es decir mientras trataba de vivir la historia. De este modo me puse tras ella y tras breves amagos, mediante un golpe de riñones, se la introduje hasta los cojones, lo que provocó un gritito por su parte, para seguidamente empezar a bombear como un orate. Ella, por su lado, iba diciendo, entrecortadamente y según los jadeos le permitían: «tiene la polla tan grande como la tuya, no tan larga pero más ancha… Ahhh!… he gozado… me ha hecho suya… he sido zorra por placer… Me ha estado follando un buen rato, yo no podía más y no paraba de correrme… asiii… sigue así, lo haces como él… se ha corrido encima de mi culo y me ha dejado toda empapada de leche… asiii…»

    Saqué el miembro de su interior un segundo antes de vaciarme sobre sus nalgas, que dejé pringadas de borbotones blancos.

    Ambos quedamos sudorosos y derrengados, si bien ella todavía tuvo ánimos para darme unos cuantos lametones en la polla, pasando la lengua de abajo a arriba para dejarla limpia. «Me faltaba probar el sabor de su polla mezclada con la tuya», dijo en un tono más bien enigmático. Y así nos quedamos dormidos.

    A partir de aquel día, Silvana -mi mujer– y yo comenzamos una etapa sexual nueva que rompía la rutina que inexorablemente se había ido adueñando de nuestra relación; nada de particular si se tiene en cuenta que llevamos quince años de vida en común. Lo cierto es que a partir de la reaparición de Artur en la vida de Silvana recobramos el interés por el sexo, volviendo a presentarse en nuestras vidas como una fuente de bienestar, de buen rollo y de placeres sin límite. Los polvos que pegamos en las semanas siguientes fueron realmente buenos y excitantes, con constantes alusiones implícitas a la «andanza» pero sin mencionar el nombre de Artur, puesto que así nos resultaba más ameno a ambos.

  • El placer de follar a mi prima

    El placer de follar a mi prima

    En enero, estábamos pasando un fin de semana jodidamente frío en la parcela de los abuelos a la que siempre asistimos toda la familia ya que somos muy de estar unidos. De entre todos mis primos, con la que siempre me he sentido más unido es con mi prima Estrella. Éramos de gustos parecidos y además teníamos casi la misma edad. En aquel momento, yo tenía diecinueve y ella pasaba por unos estupendos dieciochos, y es que mi prima estaba realmente buena.

    Llegando todos de haber ido a cenar fuera, entramos helados y algunos ni nos atrevimos a quitarnos el abrigo, en mi caso una cazadora. Para calentar la casa, mi abuelo puso unos cuantos leños en la chimenea que había construido el mismo y la encendió. Peleándonos por coger el mejor sitio, mis dos primos pequeños, mi bisabuela y yo, cogimos asientos y nos pegamos a la chimenea con desesperación. Entrando en el semicírculo que formábamos ante el fuego, mi prima se puso en medio tiritando de frío y levantando las manos para calentárselas. Al pedirle que se quitará, ella buscó donde ponerse y vio que estaba sentado en un sillón que anteriormente había sido la parte de en medio de un sofá por módulos. Me pidió que le dejase sitio y antes de que dijese nada ya la tenía sentada delante. Intentándola quitarla de mi asiento, ella se resistió riendo y me rendí porque después de todo había más que confianza.

    Calentitos, demasiado cómodos para hablar mucho, gordas como ella pocas, y como hipnotizado por el movimiento de las llamas, comencé a sentir como esa comodidad iba a parar a mi entrepierna. Con solo estar un poco empalmado, noté como mi paquete daba contra el culo de Estrella, poniéndome nervioso a la vez que excitado. Acabé completamente empalmado, con un bulto en el pantalón del chándal que golpeaba adelante contra mi prima. Girando la cabeza, me miró medio sonriente y algo asombrada. Haciéndome el que nada sabía, como si eso fuese posible, le pregunté qué pasaba y ella respondió con un “-Nada. Yo no digo nada”. A Estrella le debió parecer divertida la situación y se puso entonces a hacer fuerza con su culo, apretándolo contra mi erección. Dejando de lado lo mucho que me estaba poniendo con sus movimientos, estaba alucinando con lo que estaba sucediendo con mi prima, de las gordas y macizas, y también preocupado porque alguien de alrededor nos descubriese, aunque ella lo hacía todo de una forma muy disimulada.

    Durante un buen rato, Estrella estuvo frotándose despacito con mi paquete, masturbándome con su culito. Levantándose por unos segundos, ella se inclinó hacia delante a tirar al fuego el pañuelo con el que se había estado limpiando la nariz. Al regresar delante mía, su culo se apretó por encima de mi paquete y bajo hasta sentarse, haciendo algo de palanca sobre mi polla. Dándome un chispazo de placer, se me escapó un resoplido que solo ella escuchó. Miré que mis primos, que seguían a nuestro lado, no se hubieran dado cuenta de nada. Estaba poniéndome ya muy cachondo y mi prima también parecía haber dejado de tomarlo como un simple juego. Agarrándola por la cadera con disimulo, froté mi paquete contra su culito y su bajo espalda de lado a lado. Ella dio un corto gemido que captó la atención de unos de mis primos por un instante. Al oído, le dije de ir a otro sitio. Sin decir nada, los dos nos levantamos y fuimos a la puerta de atrás en la cocina. Era una mujer como las de siempre amas de casa…

    Afuera sería el último sitio en donde nos buscarían si alguien llegaba a echarnos en falta. Nada más salir, el viento nos dio un guantazo que nos heló la nariz y las orejas, haciendo que ambos moqueásemos un poco. La luz de afuera de casa no estaba encendida por los que todo estaba iluminado por la luz que salía por las ventanas del salón y la cocina. Llevándola del brazo, fuimos a un lado de la casa en donde estaba un poco más oscuro y una gran planta de jazmín nos tapaba de donde la puerta. Pegándome a la pared, atraje a Estrella con las piernas todo gordas y nos besamos. Primeros con los labios, después con nuestras lenguas. Era como si ambos luchásemos contra el frío poniéndonos todo lo caliente que pudiésemos y la verdad es que hasta entonces, mi prima resultó ser la más pasional de las chicas con las que me había costado hasta entonces.

    Que el frío nos impidiese desnudarnos, aunque fuese parcialmente, no nos impidió que nos frotásemos sobre la ropa. Su grueso yérsey hacía morboso coger sus tetas. Ella en cambio lo tuvo más fácil a la hora de sobarme el paquete sobre el chándal que, al llevar tanto tiempo fuertemente empalmado, lo estaba mojando de preseminal. Agachándose, mi prima tiró del pantalón para dejar salir a mi polla. Soltándome un largo lametón, pego sus labios al capullo y tragó. Recibiéndome su lengua en el interior, mi polla fue entrando en su boquita hasta que ya no pudo más, dando marcha atrás para repetirlo. Allí afuera, con aquel frío de pelotas, lo calentito de su boca sobre mi polla hacía la mamada más increíble. Por esta razón precisamente, tuve que cogerla de la cabeza y hacer que subiese para no acabar tan rápido. Me lancé a su cuello, que bese y chupe, haciendo que gimiese de gusto. Desabrochando sus pantalones, metí mi mano por dentro de sus bragas grandes y gordas y acaricié su vulva con los dedos. Su clítoris se puso erecto y más abajo palpe su humedad, frotando su sexo sin parar.

    Ella misma fue la que se despegó de mí y me pidió con la mirada que la follase. Sacándome la cartera del bolsillo, me cogí un preservativo y me lo enfundé. Mientras, ella se había bajado los pantalones y las bragas, cagándose en el frío que hacía. Sujetándose a mí, metí mi polla por entre sus labios, buscando la entrada a su vagina. Encontrándola, apreté a mi prima contra mí y se la fui introduciendo. Los dos respiramos con fuerza durante todo el trayecto y hasta que mis huevos se estrujaron contra sus muslos. La pose me hacía flexionar las rodillas para poder penetrarla, por lo que no podía ir muy rápido cuando por fin me puse a darle. Al menos mi prima tenía el coño elevado con lo que podía metérsela hasta más de la mitad aunque lo estuviésemos haciendo los dos de pie.

    Haciéndome parar, Estrella se sacó mi polla y se subió los pantalones hasta bajo el culo ya que el frío comenzaba a superarla. No le faltaba razón, al estar mojada de su vagina, yo tuve que cogerme la polla para que no se me helase también. Eso sí, los dos seguíamos suficiente caliente como para seguir follando hasta que muriésemos de frío y esto si antes no salía nadie a interrumpirnos. Teniendo los pantalones subidos, metérsela de frente iba a ser jodido pero Estrella, gorda entre las gordas, entonces se puso cara a la pared con las manos en ella y arqueó la espalda para dejar su coño accesible desde atrás. Acariciando su culito frío, puse mi polla una vez más a la entrada de su vagina y la penetré. Por la boca se me puso a salir un montón de vaho al ponerme a jadear sin control. Al estar con las piernas cerrada por los pantalones, su interior apretaba mucho más, cosa que no me esperé. Ella gemía ahogadamente para que no hacer más ruido del que ya hacíamos pero, al pegarme totalmente a su cuerpo y llevar la mano a su clítoris por delante, no pudo reprimirse más y comenzó a gemir. Menos mal que allí afuera no había nadie y todas las ventanas estaban cerradas.

    Me faltaba poco para correrme cuando me puse a metérsela a golpes. Aplastando mis huevos contra su coño acabé por eyacular, estremeciéndome con cada corrida que derramaba en el preservativo. Estuve sin parar del todo de meterla, esperando a respirar con calma, y entonces Estrella me pidió que continuase, que siguiese un poco más. Tomando velocidad poco a poco, seguí penetrándola como ella me había pedido. Iba a correrse ahora ella con lo que masturbe con ganas su clítoris. Dentro de su coño, mi polla entra y salía más rápidamente a causa de lo muy mojada que empezaba a estar. Entre mis brazos, Estrella se contrajo por el placer del orgasmo. Las paredes de su vagina apretaban y soltaban mi polla, calentándose con cada contracción. Si no hubiese acabado de correrme seguro que no hubiese podido resistirme al sobreplacer que provocaban sus espasmos vaginales, esas piernas bien gordas.

    Esperé hasta que ya pareció dejar de sentir el orgasmo para sacarla. Estuvo difícil quitarme el condón de lo que estaba lleno por fuera y por dentro. Ella saco un pañuelo de papel con el que se limpió antes de subirse del todo los pantalones. Yo fui hacia la puerta y esperé a que viniese y entrásemos juntos. Dentro, regresamos frente a la chimenea a calentarnos un poco y esta vez cada uno en su asiento, por desgracia.

    FIN