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  • El moro me hizo suyo (Segunda parte)

    El moro me hizo suyo (Segunda parte)

    A las 9:30, ya habíamos subido a bordo del barco. Habíamos dejado las pertenencias en el camarote que nos correspondía a cada uno. El moro Jabibi y yo, teníamos un camarote para los 2 solos, otros iban en camarotes de 4, otros igual que Jabibi y yo, y los oficiales y técnicos, iban en camarotes individuales.

    Cuando repartieron la ropa de trabajo y camas, todos fuimos a hacer las camas de cada uno, ordenar la ropa, y vestirnos con la ropa de trabajo. Cómo no hacía frío, solo consistía en un buzo de trabajo, calcetines y botas de agua.

    Jabibi y yo, primero hicimos cada uno su cama. Eran 2 literas, el escogió la litera de arriba, dejando la de abajo para mí; tu coge la de abajo, que, al fin y al cabo, será donde dormiremos la mayoría de las veces los 2 juntitos, mi amorcito.

    Cuando nos vestimos con la ropa de trabajo, el moro solo se puso los calcetines, el buzo, y las botas de agua. O sea que debajo del buzo, iba totalmente en pelotas. Yo iba igual que él, solo que llevaba puesto un slip. Cuando me vio ponerme el slip, acariciándome el culo, me dijo, va a ser mejor que no lo pongas, mi amor, así no me darás tanto trabajo el tener que estar sacándote el slip, cuando quiera follarte.

    Me eché a reír, pero no le hice caso; y que gran verdad me había dicho, pero eso lo supe al cabo de unos días.

    Una vez preparados, subimos a cubierta, empezando a arranchar el barco y colocar los víveres. Cuando terminamos de arranchar el barco, y después de hacer la toma de gasóleo y la toma de agua, soltamos amarras, comenzando a navegar rumbo a la zona de pesca.

    Jabibi y yo, siempre estábamos juntos, si el trabajo era en grupos, cada pareja iba al mismo grupo, si íbamos comer, nuestro asiento estaba uno junto al otro. Pasamos todo el día trabajando. A las 8 de la tarde, fuimos todos a cenar; a las 8 de la mañana comenzaríamos la jornada; tendríamos turnos de 8 horas, y nos iríamos turnando unos a otros, pero siempre por parejas.

    Después de cenar, la mayoría nos retiramos al camarote de cada uno.

    Primero nos fuimos a asear, y como las duchas que había eran solo 3 para la mayoría de nosotros, Jabibi y yo, después de asearnos, dejamos la ducha para la mañana siguiente, y así no tener que estar esperando a que nos tocara nuestro turno.

    Al llegar al camarote, Nos desvestimos; sacamos las botas de agua y calcetines, sacamos el buzo, y a meterse entre las sábanas.

    El primero en estar desvestido fue Jabibi. Como debajo del buzo no llevaba nada, estaba totalmente en pelotas. Cuando yo me hube quitado el buzo y haberlo colocado, sin darme tiempo a girarme, el moro ya me había abrazado por la espalda. Llevó su boca a mi cuello, y dándome mordiscos y chupadas, me agarró el slip, tirando por el hacia los tobillos. Cuando los tenía a los pies, con sus manos me levantó en el aire, haciendo que salieran por completo el slip de mis piernas.

    -Ves mi amor como es mejor que no te lo pongas, así me darías menos trabajo amorcito.

    Llevándome en el aire agarrado por la espalda, se sentó en el banco que teníamos y después de morderme la nuca, cuello y hombros, me puso de pie, me hizo inclinarme, llevando uno de sus dedos a mi ano después de habérmelo metido en la boca para que se lo chupara y así se lo dejara mojado de saliva. Cuando me metió aquel dedo en el ano, di un respingo que me hizo dar con la cabeza en la litera de él.

    -Perdona mi amor por haber sido tan brusco, la próxima vez iré con más cuidado, mi amorcito.

    Volvió a meterme el dedo en el ano, pero ahora iba más despacio, hasta que consiguió meterlo todo. Lo giraba y apretaba haciendo que abriera más el esfínter, hasta que consiguió meter un segundo dedo. Ya mi amor, ya se va abriendo el culito, pero sería conveniente conseguir un lubricante, para que sea más fácil y no se te irrite tanto el ano, mi amor.

    Espera que tengo lubricante en mi taquilla, si no en último recurso, podemos utilizar un poco de jabón. Me dejó incorporar, abrí la taquilla, y entre mis cosas de aseo personal, cogí una botellita de lubricante que había comprado en Las Palmas. Abrí el frasco, se lo pasé al moro, el cual untó un poco en 2 de sus dedos, devolviéndome el frasco, guardándolo de nuevo en la taquilla.

    Me volví a colocar inclinado como estaba, cuando el moro después de oler el lubricante y decir que olía a fresas, pasó los 2 dedos por el canal de mi culo, llevando los 2 dedos a mi ano. Presionó ligeramente, y los 2 dedos se colaron en mi culo.

    -Vaya, esto parece una maravilla, hasta huele a fresas que da ganas de comerte el culito.

    -Puedes probar, que se puede llevar a la boca sin peligro alguno.

    Agachó la cabeza hasta mi trasero, y abriendo los cachetes de mi culo con sus manos, acerco su boca a la entrada de mi ano, y sacando la lengua, la pasó por mi ano, dejando que la punta de su lengua tocara mi esfínter, haciendo presión por entrar.

    Di un suspiro al notar su lengua intentando traspasar el esfínter, y solté un gemido de placer, ¡ooohhh! Me haces cosquillas.

    Sí mi amor, sabe a fresa, y da ganas de comerte este rico culito que tienes. Volvió a meterme los 2 dedos, como vio que entraban y salían con suma facilidad, me llevó a su regazo, colocó su polla en la entrada a mi ano, poco a poco me fue bajando, hasta que tubo ensartada la polla totalmente dentro mía.

    Yo suspiraba y gemía al notar como me iba ensartando la polla en mi culo, ¡ufff! Y a la vez que temblaba de placer, iba soltando en una especie de lamento los gemidos que no era capaz de reprimir, ¡ooohhh! ¡ummm! ¡ooohhh! Lloriqueaba al sentir aquella polla resbalar por dentro de mi culo, y como rozaba mi próstata, hasta llegar al final de mi ano.

    -Así mi amor, así, ¡ay! Que gusto me das, ¡ooohhh! Eres toda una riqueza de pasión y lujuria. Que culito más rico y calentito tienes, mi amor, ¡ooohhh! Como me gusta estar dentro de ti.

    Con sus manos en mi cintura, me iba subiendo y bajando haciendo que mi culo, fuera recorriendo por todo lo largo de su polla.

    Los 2 no parábamos de soltar gemidos y lamentos de placer sin poder pararlos, ni reprimirlos.

    Después de más de 15 minutos en esa posición, en la que me estuvo dando por el culo, se puso de pie, y sacándome la polla del culo, me ordenó meterme en la cama.

    Me acosté sin necesidad de taparme, ya que hacía bastante calor, y estaríamos mejor sin necesidad de taparnos. Me arrimé todo lo que pude a la pared, dejándole suficiente espacio a Jabibi.

    Él se tumbó pegándose a mi espalda, y abrazándome con sus brazos, acercó mi culo a su polla, hasta que dio con la entrada a mi ano, dando un movimiento a su pelvis, me volvió a meter toda la polla de una sola vez.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como volvía entrar la polla del moro en mi culo. Mi culo ya se acostumbraba a tener aquella polla dentro, y ser follado por ella. Me gustaba el mete y saca que el moro le daba a mi culo, sobre todo cuando me rozaba la próstata, y tocaba el fondo; era tanto el gusto que me daba, que aquello me hacía gemir y llorar de placer.

    Ponía los ojos en blanco cada vez que la polla me rozaba la próstata. Notaba la pelvis de Jabibi pegada a mi culo, su polla entrar y salir, mientras sus dedos pellizcaban mis pezones, y la boca de Jabibi, me mordisqueaba el cuello, ¡ooohhh! Que gusto.

    Así me estuvo follando hasta que se corrió dentro mía, ¡ooohhh! Me corro, me corro, mi amor, ¡ooohhh! Que gustazo me das amormío, ¡ooohhh!

    Sin dejar de dar pequeños movimientos a su pelvis, con su mano iba haciéndome una paja, hasta que yo también terminé por soltar todo el semen que tenía en mis huevos, ¡ooohhh! Ya ya, ya me… me corro, ¡ooohhh!

    Parte del semen fue a parar a la palma de su mano, otra fue contra la mampara de la pared, y otra quedó encima de las sábanas.

    Nos quedamos, así como estábamos; yo ensartado en su polla, y acurrucado en su pecho, él abrazado a mí, su polla dentro de mi culo, y siendo acariciado por la mano que tenía impregnada por una parte de mi semen; hasta me pasó la mano por toda la cara, dejando restos de semen por toda ella.

    Así nos quedamos dormidos, hasta que al oír ruidos de otros marineros a eso de las 6:30, nos despertamos.

    Miramos la hora que era, como teníamos que ducharnos, nos levantamos, cogimos una toalla cada uno, nos pusimos las chanclas, cogimos jabón, y nos fuimos a duchar.

    El primero en llegar fui yo, me puse en la primera de las duchas, la cual era la más grande; casi el doble que las otras 2; abrí el grifo, antes de que los que allí estaban, pudieran verme el cuerpo, todo lleno de restos de semen pegado y seco que tenía por todas partes.

    Algunos ya sospechaban algo, uno de ellos vio la pinta que llevaba, pero se sonrió al verme en aquel estado, y siguió lavando lo que tenía en una de las piletas.

    Cuando llegó Jabibi, se metió en la misma ducha que estaba yo; tienes las otras 2 libres le dije; es igual, yo me ducho con mi mujercita, dijo, sin temor a ser escuchado por los demás. Más bien creo que lo hizo con la intención de que todos lo pudieran oír.

    Yo me empecé a ruborizar, y la cara se me empezó a enrojecer, yo yo no soy ninguna mujercita, le dije, soy soy un hombre cómo todos. La voz me temblaba, y los colores se hacían más evidentes cada vez.

    -Ya lo sé mi amorcito, pero no temas, que, si quieres que te respeten, todos deben saber que tú eres mi amor, y por lo tanto eres mi mujer.

    Y por si aún quedaba alguna duda, allí mismo me abrazó, se apodero de mi boca, me morreó, lamió y mordió los labios, hasta conseguir meterme la lengua y dejarme casi sin respiración.

    ¡Dios! Aquello además de ponerme nervioso, me hizo tener una erección instantánea. Los 6 marineros; todos marroquíes; que allí había, no sacaban ojos de nosotros, todos vieron el empalme que estaba teniendo.

    Jabibi vio como me había empalmado, y sin soltarme me dio la vuelta, me metió un dedo en el culo, y tan pronto se hubo empalmado él, allí delante de todos, empezó a darme por el culo.

    Arrimó su polla a mi ano, y de una sola estocada me enterró toda la polla en el culo.

    Los 2 empezamos a gemir, y en un mete y saca frenético, al cual le imprimió, a aquella follada, en menos de 10 minutos, me hizo explotar, lanzando semen por la polla, hasta dejarme exhausto.

    Después de haberme corrido y parar de soltar leche por mi polla, sacó la polla de mi culo, me hizo dar la vuelta y agacharme, arrimó su polla a mi boca, y sin pedirme que la abriera, puso la polla en mis labios. Sin esperar a que me ordenara abrir la boca, yo mismo la abrí. Sujetándome a sus caderas, empecé a tragar aquella polla que tenía delante.

    Me sujetó la cabeza con sus manos, empezando a marcarme el ritmo, a gemir y decirme, así mi amor, así, haz que esté orgulloso de mi mujercita, que sepan todos que tu solo me perteneces a mí, tu eres mi mujer, eres mi amorcito.

    En menos de 5 minutos, empezó a correrse en mi boca, haciéndome tragar su semen, luego antes de acabar de correrse, sacó la polla de mi boca, soltando 2 lefazos en mi cara, para luego volverme a meter la polla en la boca, haciéndome tragar el resto del semen.

    Una vez terminó de correrse, y haberle dejado reluciente la polla, me hizo poner de pie, acercó su boca a la mía, lamió mis labios, metiendo su lengua en mi boca, me estuvo besando hasta que me dejó los labios hinchados y colorados.

    Terminamos de ducharnos, luego de secarnos, nos fuimos los 2 de la mano al camarote, vestirnos con el buzo igual que el día anterior; el en pelotas, y yo con solo el eslip.

    Una vez vestidos, nos fuimos juntos al comedor, y en cuanto estuvo listo el desayuno, desayunamos. Al acabar, fuimos al puesto de trabajo, para comenzar el día.

    Estuvimos trabajando en cubierta, y a las 12 del mediodía, paramos a comer durante una hora, y a la una, volvimos al trabajo de cubierta, para volver a parar a las 6 para cenar, y luego descansar hasta las 6 de la mañana del día siguiente.

    Después de haber terminado de cenar, aún estuvimos 2 horas viendo la televisión; eran películas que llevaba el barco, y las emitían por vídeo.

    A las 9:10 de la noche, yo ya caía rendido de sueño, así que nos fuimos a dormir los 2 juntos.

    Nos desnudamos, pero él tuvo que ir al aseo a mear, y cuando llegó de nuevo al camarote, yo ya estaba acostado boca abajo, y por supuesto con mi eslip puesto, apuntito de caer en los brazos de Morfeo.

    Casi ni me di cuenta cuando entró en el camarote, ni siquiera me di cuenta de cuando abrió mi taquilla, cogió el frasco de lubricante, llevándolo en la mano. Como él ya se encontraba desnudo por completo, se echó en mi catre, quedando casi encima de mí.

    -Esta noche no, Jabibi, esta noche me muero de sueño.

    -No te preocupes mi amor, tu duerme y deja que yo te folle mientras duermes. Hoy quiero hacerte el amor, voy a hacértelo con mucha ternura.

    Joder, aquel ritmo que llevábamos iba a acabar conmigo, me iba quedar el culo como un bebedero de patos, era un continuo follar, tenía el culo más tiempo abierto que cualquier oficina pública.

    El moro era incansable, siempre tenía la polla dispuesta para darme por el culo, y preñarme de leche.

    Empezó a bajarme el slip, hasta sacármelo por completo; tenía razón el capullo del moro, iba ser mejor no volverme a poner el slip, al fin y al cabo, estaba más veces sin él que con él puesto, y cada vez que me lo tenía que sacar, era un coñazo.

    Una vez me tuvo completamente en pelotas, abrió el frasco de lubricante, se untó un poco los dedos, cerró el frasco, dejándolo a los pies del catre, llevó sus dedos a mi pobre y sufrido culito, empezando a acariciar mi ano a la vez que iba untando de lubricante el esfínter y canal del culo, hasta que mi esfínter cedió a sus dedos, dejando que fueran entrando en mi cuerpo.

    Los dedos ya entraban y salían con gran facilidad en mi culo, así que, recostándose sobre mi espalda, fue metiendo lentamente su polla dentro de mí.

    Ya volvía a estar empalado por aquella polla, y aunque me estaba haciendo gozar, estaba que me caía muerto de sueño. No tenía ni fuerzas para gemir, pero sentía un rico y relajante placer que me llegaba desde mi culo, hasta el cerebro, recorriéndome toda la espina dorsal.

    Cómo me había dicho Jabibi, hoy quería hacerme el amor, quería follarme despacito y suave, y lo estaba haciendo a la perfección, lo hacía tan sumamente suave y despacito, que me estaba quedando dormido. Lo último que recuerdo, es cuando me hizo correrme al estarme pajeando con su mano, mientras me daba por el culo. Quedé tan pero que tan sumamente feliz y relajado, que me quedé dormido hasta que Jabibi me despertó a las 4:45 de la madrugada, para irnos a duchar, antes de vestirnos, desayunar, y empezar la faena.

    Cuando entramos en las duchas, esta vez no había tantos marineros como el día anterior, Pero los pocos que había, pudieron volver a disfrutar de un bonito espectáculo.

    Primero abrió la ducha, y sin cerrarla, me puso de rodillas bajo el agua, luego me hizo abrir la boca, metiéndome la polla en ella. Me tubo un rato follando la boca, y cuando creyó que la tenía suficientemente limpia y lubricada, me levantó besándome y magreando todo el cuerpo, para luego girarme contra la mampara de la pared, subirme las manos haciéndome apoyar en ella, a la vez que me sujetaba con sus manos por mis caderas, tirando por ellas y hacerme inclinar un poco, para que mi culo quedara dispuesto para volver ser enculado.

    Colocó el glande de su polla en la entrada a mi ano, y fue empujando lentamente, hasta que hizo entrada del glande en mi ano. Arrimó sus pies más a mí, y con un leve movimiento de su pelvis, me metió toda la polla dentro, ¡ooooohhh! Gemí al entrar la polla en mi culo, ¡ooohhhh! Volví a gemir cuando empezó a bombearme con su polla. Aquello sí que era empezar el día con gusto, era empezar con muchísimo gusto y gran placer.

    Jabibi no paraba de gemir, y decir lo mucho que le gustaba, y que era su mujercita y amor de su vida.

    Hoy me culeaba con muchas ganas y fuerza; llevaba un ritmo salvaje; tan rápido y fuerte me dio, que, en menos de 10 minutos, me dejó preñado el culo de leche, ¡oooohhh! Mi amor que rico culito tienes, ¡ooohhhh! que gusto me das, cuanto placer me haces sentir, mi amor.

    Terminó de soltar todo su semen dentro de mi culo, y cuando hubo acabado, sacó la polla, haciéndome que se la chupara y no dejara restos de semen en ella.

    Se la chupé con gran devoción y glotonería. Después de habérsela dejado reluciente y limpita, me besó con toda la dulzura del mundo haciéndome empalmar cómo si fuera un tierno adolescente. Sin dejar de besarme y comerme los labios, me pajeó hasta que me corrí sobre su pubis, dando grandes gemidos de placer, ¡ooohhh! Me corro, me corro, mi amor, ¡ooohhh!

    Una vez solté todo el semen que tenía, terminamos de ducharnos y mientras nos secábamos, pudimos disfrutar de la follada que le estaba dando un marroquí, a otro marroquí jovencito que había en el barco.

    Antes de que saliéramos para nuestro camarote; también fue por secarnos a cámara lenta, y no perder el espectáculo; terminó de correrse el marroquí más viejo, en el culo de aquel joven marroquí.

    Y es que el follar, comer y rascar, solo es cuestión de empezar.

    Llegamos al camarote, nos vestimos; esta vez ya no me puse el slip; nos fuimos para el comedor, y desayunar antes de empezar el trabajo.

    La rutina era todos los días la misma, descansábamos 8 horas y trabajábamos 16 horas. Y todos los días me daba por el culo, al menos una vez por día, aunque la mayoría de las veces era follado 2 veces.

    Hubo días que ni tiempo me daba a sacar el buzo, sin terminar de sacarlo, ya me enchufaba la polla en el culo, y no paraba hasta correrse dentro. Los demás marineros, nunca me dijeron nada que me pudiera ofender; me trataban con respeto y cariño. Al fin y al cabo, además de cumplir de sobra con mi trabajo, era la mujercita de uno de los de ellos.

    Antes de que se cumplieran los 3 meses de campaña, tuvimos que ir a puerto. Teníamos que descargar el barco al haberlo sellado de pesca, y además aprovechar a reponer víveres.

    Fuimos al puerto del Aiún, donde pasamos 5 días en puerto.

    Durante esos 5 días que pasamos en tierra firme, Jabibi me llevó por toda la pequeña ciudad y junto a la otra pareja que habíamos disfrutado del espectáculo de la follada en directo en las duchas del barco, fuimos a follar a una especie de hotel, durante las 4 noches y 5 días que pasamos allí.

    Era una habitación para los 4, en la que disponíamos de una especie de baño turco, las camas eran a ras de suelo.

    Allí no paramos de follar, tanto el joven marroquí cómo yo, teníamos permanentemente una polla dentro del culo.

    Uno de los días, hicimos entre los 4 una orgía, en la que todos probamos algo del otro; hasta el joven marroquí, tuvo la oportunidad de darme por el culo, el único que no probó culo alguno fui yo, lo máximo que conseguí, fue que me mamasen la polla y que me dejaran correrme en su boca.

    Una de las tardes el otro marroquí; se llamaba Ahmed; y su jovencito compañero Ali, fueron a comprar productos para el aseo personal. Cuando estuvieron de vuelta en el hotel, Ali, se desnudó por completo, fue para el baño turco, y allí Ahmed, con los productos que habían comprado, se puso a depilarlo por completo; solo le dejó el pelo de la cabeza.

    Jabibi quedó maravillado del resultado de la depilación, pidiéndome a mí, que también lo hiciera.

    Dije que sí, pues veía como había quedado Ali, y me gustaba lo que veía. Así que Jabibi ayudado por Ali, y Ahmed, me depilaron por completo, solo tenía el pelo de la cabeza y cejas. Me habían depilado los huevos, culo y polla, sin dejar ni un pelo en el pubis, y lo mismo hicieron con las axilas, piernas y pecho.

    Cuando terminaron de depilarme, tenía una erección de campeonato. Con tanta caricia y toqueteo, me había empalmado como un burro. Allí fue donde Ali, mientras Jabibi me daba por el culo, me realizó una de las mejores mamadas que recuerdo.

    A los 5 días volvimos a navegar, volviendo a la rutina de los últimos 3 meses.

    Ya estábamos a punto de cumplir los 6 meses de campaña, y tenía el culo más abierto que el culo de una puta de 80 años. Los labios tenían una hinchazón permanente y los pezones y cuello parecía que les había picado una sanguijuela, siempre estaban rodeados de moratones.

    Estábamos cansados de tanto barco, y necesitábamos cambiar de aíres. Necesitábamos ver otra gente, ver algo que no fuera siempre mar y cielo, Incluso necesitábamos cambiar de comida. Estaba hasta los huevos de tanto arroz, tanta sopa de cuscús, y tanto pescado.

    Al que iba echar de menos, era a Jabibi, no sé si lo volvería a ver; esperaba que sí; eran muchos días viviendo juntos, y mi culo ya estaba acostumbrado a su polla; si no nos volviéramos a ver, seguro que hasta mi culo echaría en falta aquella polla; ya era como parte de mi cuerpo.

    Cuando navegábamos rumbo a Las Palmas para irnos de vacaciones 45 días; siempre que volviéramos la siguiente campaña a embarcar en aquella compañía; íbamos haciendo planes para que hacer al llegar a puerto. Jabibi me pedía que fuera con él a su casa en Marruecos, pero yo quería llegar a mi casa en La Coruña, y al menos estar unos días con mi familia.

    Así que quedamos en ponernos de acuerdo, y si seguíamos contratados para la siguiente campaña, antes de marchar de Las Palmas, nos pondríamos de acuerdo.

    Aquella noche después de terminar de cenar, nos quedamos un poco más en el comedor, estábamos tomando otro café y hablando de los planes que teníamos. Yo notaba como a Jabibi se le abultaba el buzo haciendo que se le formara una inmensa tienda de campaña, a causa del empalme que tenía. Llevé mi mano a su paquete empezando a acariciarlo.

    -Joder cómo estás hoy de empalmado, ¿eh?

    El acarició mi cara con su mano, dejando que yo siguiera sobando su polla. Cómo no quedaba ya nadie en el comedor, subió un poco la cremallera dejando que saliera la polla. Puso su mano en mi nuca, empujándome para que me agachara a chupar su polla.

    -No Jabibi, en el comedor no. Puede venir gente, y el comedor es sagrado. Vamos para el camarote.

    -Solo dale un besito, anda. Me decía, mientras me seguía empujando por la nuca.

    Me agaché, le lamí con la lengua el glande, le di un besito y acaricié sus huevos. Luego le bajé la cremallera, y me levanté pidiéndole que nos fuéramos al camarote.

    Nada más llegar al camarote, antes de que Jabibi se sentara, ya llevaba parte del buzo sacado. Se sentó, terminó de sacarse el buzo, y sin esperar a que yo también lo sacara, me rodeó con sus brazos, llevándome hasta él. Anda sígueme dando besitos y lamiéndome la polla cómo tú sabes, amor.

    No me quedó más remedio que colocarme de rodillas, y empezarle a chupar el rabo a Jabibi, mientras él estaba sentado en el banco.

    Jabibi suspiraba y me iba acariciando y moviendo la cabeza para que se lo chupara a fondo.

    -Así mi amor, así, cómela toda, ¡aaahhh! Que gusto.

    Mientras le iba chupando la polla, empezó a sacarme el buzo. Primero me sacó el brazo izquierdo, luego hizo lo mismo con el derecho, me levantó del suelo, y sin terminar de sacarme el buzo, me dio la vuelta, y me hizo sentar en su polla, ¡ooohhh! Suspiró al meterme el glande.

    Siguió empujando mis caderas hacia su polla, hasta que me la metió por completo, ¡ooohhh! Mi amor, que ganas tengo de follarte hoy.

    ¡Dios! Ya volvía a estar con el culo abierto, y lleno de polla, y no me había dado tiempo ni a sacar el buzo; allí estaba a mis tobillos, mientras era follado por Jabibi.

    No tardó mucho en preñarme el culo con su leche Jabibi; ese día estaba salido y bien caliente; ¡ooohhh! Mi amor ya me corro, me corro, ¡ooohhh!

    Sentí unos 6 trallazos de leche llenarme el culo, y así sentado como estaba en su polla, me agarró la polla meneándomela hasta que me hizo eyacular, ¡aaahhh! Ya, ya, ya me corro, ¡aaahhh!

    Me había hecho correr allí sentado sobre su polla. Estaba el buzo y parte del pasillo lleno de mi semen, y seguía sentado con la polla de Jabibi dentro de mi culo. Los 2 jadeábamos y sudábamos allí abrazados, hasta que nos calmamos.

    Cuando nos levantamos, terminé de sacarme el buzo, limpiamos el semen que había por el suelo, y juntos nos acostamos en el catre.

    A la mañana antes de irnos a duchar, ya me había dado por el culo otra vez. Me hizo subir a horcajadas sobre él, y hasta que nos volvimos a correr, no paramos.

    Esa mañana al irnos a duchar, llevaba el culo recién abierto, y la leche dentro bien fresquita. Así que solamente nos duchamos y fuimos a desayunar.

    Al llegar a Las Palmas, nos confirmaron para seguir la próxima campaña que comenzaría al cabo de los 45 días de las vacaciones que teníamos. Así que cómo aún íbamos a estar 2 o 3 días en Las Palmas; dependía del vuelo que tuviéramos cada uno; pasaríamos esos días en un hotel, yo iría 25 días a mi casa, y luego iría a Marruecos a casa de Jabibi, los 20 días que restaban de vacaciones, y volveríamos desde Marruecos juntos para el barco.

    Esos 3 días que pasamos juntos en Las Palmas, lo hicimos junto a la otra pareja de marroquíes (Ahmed y Ali) con los que nos llevábamos estupendamente.

    En el hotel repetimos la orgía que habíamos hecho en el Aiún, y aunque esta vez Ali, el jovencito marroquí me dio por el culo 2 veces, esta vez sí dejó que yo le diera por el culo a él.

    Y después de pasar los 3 días con la polla de Jabibi permanentemente dentro de mi culo, nos despedimos hasta dentro de 25 días, en lo que volveríamos a estar juntos. Yo sería su mujercita, y el mi amorcito.

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  • La historia del trío de Alba, Beatriz y Carlos

    La historia del trío de Alba, Beatriz y Carlos

    Alba y Beatriz son dos hermanas gemelas idénticas en sus treintas, muy bonitas, pero por distintas razones ambas han tenido problemas para tener relaciones duraderas y estables…

    Sexualmente eran mujeres normales, ninguna disfrutaba demasiado del sexo… era algo común y normal…

    Un día Alba conoce a Carlos, bastante más joven que ella, conectan bien y rápidamente comienzan una relación y por supuesto tienen sexo…

    Carlos parecía ser insaciable y la hacía disfrutar a Alba tanto que muchas veces terminaba extenuada.

    Beatriz en cambio, hacía mucho tiempo que no tenía relaciones sexuales y mucho más aún que no podía disfrutar al menos un poco haciéndolo.

    Alba y Beatriz charlan sobre el tema y la primera le propone a su hermana que la sustituya alguna vez, al ser idénticas sería para Carlos imposible saber la diferencia. Alba no era celosa y aunque nunca habían compartido un hombre estaba dispuesta a hacerlo, Beatriz deseaba tener sexo y estaba de acuerdo si a su hermana no le importaba…

    Así fue pasando el tiempo, establecieron una rutina en la cual se intercambiarían una vez cada tres días, ambas disfrutaban mucho tener sexo con Carlos, pero no tardó en aparecer el primer problema…

    Carlos ahora cada vez más seguido quería tener relaciones por vía anal, Alba ya lo había hecho antes y no tenía problemas en hacerlo con él, pero este no era el caso de Beatriz que ni lo había hecho ni estaba dispuesta a hacerlo…

    Cada vez se le hacía más difícil a Beatriz inventar alguna excusa para no hacerlo y además ya a las dos les parecía injusto mantener a Carlos en la obscuridad…

    Ambas se presentan juntas un día y le cuentan a él toda la verdad, ese fue el primer día que ambas tuvieron sexo con el estando juntas…

    Las hermanas y Carlos crearon una nueva rutina los días lunes y martes seria el turno de Alba los miércoles de Beatriz, los jueves y viernes nuevamente de Alba los sábados de Beatriz y finalmente en los días domingos lo haría con ambas, demás también acordaron que solo Alba tendría sexo anal dado que su hermana no lo deseaba pero que si Carlos así lo deseaba podía hacerlo de esa forma siempre que fuera su turno…. los tres estuvieron de acuerdo con este arreglo y así continuaron por más de un año…

    Alba estaba cada vez más enamorada de él y quiso algo más serio, deseaba tener hijos, una vida más normal, aunque estaba dispuesta a permitir que de tanto en tanto siguiera teniendo sexo con su hermana si ambos así lo deseaban, pero deseaba ser madre, sabía que si quería alguna vez tener hijos no podía esperar mucho tiempo y quería que él fuera el padre…

    Carlos estaba de acuerdo, a partir de ahí Alba ya no se cuidaría, pero fuera de eso seguirían como hasta ese momento, con la salvedad de que en los tres días más importantes de su periodo tendría sexo con Alba aún si era el turno de su hermana y por lo tanto los días que tendrían sexo con él cada una se modificarían teniendo en cuenta esto. Además también durante dichos días al menos una vez de cada día debía hacerlo vaginalmente (obviamente acabando dentro y sin usar preservativos).

    Pasaron dos meses de esa forma sin novedades, llega el último día del periodo más fértil de Alba y era el turno de ambas juntas… primero lo hace con Alba luego su hermana… mientras él está por acabar cae en cuenta de que hace mucho que no tiene sexo de manera anal y que extrañaba hacerlo de ese modo, pero entendía que obviamente tenía que ser así, al menos si deseaba tener hijos con Alba (y así era)…

    De todos modos, él no puede evitar decir que deseaba tener un culo pronto…

    Beatriz que hasta entonces nunca lo había probado ni deseado entre gemidos de placer le dice que puede tener el suyo…

    Por primera vez lo hacen así, ella nunca lo había hecho y por lo tanto tenía la cola muy cerrada.

    Pero lentamente el pene de Carlos se fue abriendo camino dentro de su ano, mientras ella gritaba entre placer y dolor.

    Beatriz lo disfruta como nunca antes, ella misma no podía creer habérselo estado perdiendo tanto tiempo… mientras siente los últimos chorros de leche dentro de su ano se lo dice, ahora tomaría el lugar de su hermana y seria ella quien entregaría su trasero siempre que él quisiera…

    Pasa el tiempo y Alba no logra quedar embarazada ya a esta altura a ninguna de las dos le importaba nada, ellas querían darle un hijo…

    Beatriz entonces deja de cuidarse también… los tres estaban de acuerdo y a nadie le importaba cuál de las dos quedara embarazada primero… se querían y se deseaban y eso era lo importante…

    Se alternaban para hacerlo por la cola cuando la otra estaba en los días más fértiles, ambas disfrutaban mucho hacerlo de ese modo también y por suerte para ambas no coincidían en sus periodos…

    Pasan otros dos meses hasta que descubren que ambas estaban embarazadas, aunque no era la intención inicial ambas estaban felices cada una de ellas iba a darle un hijo…

    Nueve meses después Alba tiene un niño y su hermana una niña…

    Desde entonces forman una extraña familia, mientras Carlos sigue disfrutando de las vaginas y colas de ambas hermanas alternativamente…

  • A los 26 seguía virgen

    A los 26 seguía virgen

    La mente tiene poder

    Muchos intentan contar sus historias o sus anécdotas de amor, pero se limitan de hacerlo, ya que piensan que las personas que los conocen podrían enterarse y saber todo, lo íntimo, lo personal que solo debe quedar entre dos personas que en un determinado momento, año, mes, día, hora, minuto o incluso segundo, compartieron y se entregaron sin pensar en lo que podría venir en el futuro; esta, es una historia real de personas comunes y corrientes, de la clase media trabajadora, que le puede pasar a cualquier persona, como le ocurrió al joven Bothda Chaupis Trinidad, de tan solo 24 años, que luego de culminar sus estudios de técnico industrial en la Ciudad de Lima, consigue su primer trabajo en la ciudad de Tocache, siendo asignado como supervisor en la empresa de palma aceitera de dicha ciudad. Bothda, llegaba por primera vez a ese lugar, todo le parecía nuevo, el clima insoportable, la gente alegre y muy respetuosa, su primer día de trabajo fue sin novedad, todos el personal era nuevo, debido a que era un proyecto piloto de la empresa, sus colegas también venían de Lima, por lo que no le fue difícil hacerse amigos de todos; a los tres meses de trabajo su vida ya se había hechos rutinaria, sin embargo un lunes cuando llegó temprano a su trabajo y esperaba en el pasadizo que le abrieran su oficina, ocurrió un evento que le daría una vuelta de ciento ochenta grados a su vida; en ese pasadizo también se encontraba esperando una mujer, era la nueva trabajadora de la empresa que venía también de Lima, ella se llamaba Amelia Danubio Irigoin, de 26 años de edad, esta mujer tenía una belleza diferente a la de las chicas de Tocache, era natural de Ancash, pero había terminado sus estudios en la capital, de tez blanca, con bastantes pecas, con pechos grandes, contextura normal ya talla mediana (1.54).

    Ese día se saludaron y comenzaron a trabajar juntos en la misma área, por lo que la química era perfecta entre Bothda y Amelia, no paso mucho para que se hicieran buenos amigos, que digo amigos, ellos eran uña y mugre, claro la mugre era Bothda, ya que Amelia, más que su belleza natural, lo que resaltaba y atraía en ella era su nobleza, su carácter dulce y tierno, muy inteligente, con la cual podías conversar horas de horas y nunca se acababan los temas de conversación, a ella le podías contar todos tus problemas y sabias que te iba dar un buen consejo; en el trabajo, siempre se daban tiempo para conversar, incluso cuando terminaba el trabajo y cada uno estaba en su respectivo cuarto, seguían conversando por teléfono hasta altas horas de la noche, no conforme con eso también se mensajeaban constante mente por lo que sus celulares sonaban constantemente dando aviso de cada mensaje que se mandaban durante todo el día; Amelia también era divertida, siempre le mandaba chistes por mensajes a Bothda, lo cual en cualquier momento le sacaba una sonrisa, la amistad entre ellos era perfecta.

    Pero nada en la vida es perfecto, a Bothda, le comenzó a atraer físicamente Amelia, pero ellos eran muy buenos amigos y él no quería malograr esa amistad, además había otro problema, él tenía una novia en Lima, una relación de años que se estaba transformando en rutina, empeorándose más por lo lejos en que se encontraban; Bothda, no quería lastimar a su amiga, pero al transcurrir de los meses comenzó a imaginarse que sería o como sería besar a Amelia, como sería hacerle el amor, esto comenzó en hacerse costumbre y todos los días se imaginaba y no dejaba de pensar en tener algo con su amiga Amelia; de esta última parte Bothda, puede asegurar con conocimiento de causa que si uno desea constantemente algo, esto pude ocurrir, ya que la mente llama al destino a que cumpla el deseo del solicitante; en otras oportunidades de su vida él también deseo con mucha intensidad algo y al pasar los días o meses se llegó a cumplir, por lo que inconscientemente también sabía que lo que anhelaba con su amiga en algún momento se cumpliría.

    Como ellos eran foráneos en ese lugar, vivían en cuartos alquilados en deferentes quintas, el lugar donde vivía Amelia, tenía reglas muy estrictas como la de no dejar ingresar a varones, en cambio en la quinta donde vivía Bothda, era un loquerío, cada quien podía hacer lo que quiera en el mismo mientras no se haga bulla a los demás, pero el pequeño problema en ese lugar era que otros tres colegas de trabajo también vivían ahí, por lo que si Bothda hacían algo, al día siguiente todo el trabajo sabía de lo que había pasado. Una noche después del trabajo cuando Bothda, se encontraba sobre su cama conversando por mensajes telefónicos con Amelia, decide enviarle por fastidiar un mensaje diciendo “¿vamos a ver una película en mi cuarto?”, sabiendo que ella le respondería que no, debido a que ella es una mujer tranquila, criada a la antigua, más aún, sabía que se negaría porque ella sabía que él tenía enamorada; sin embargo, Amelia le responde, “ ya en media hora estoy por tu cuarto, ¿quieres que te traiga algo?”, esa respuesta le dejo atónito a Bothda, su respiración se aceleró, no podía creer que ella vendría a su cuarto de noche y estaría solos, su mente se bloqueó y no podía imaginar que podría pasar cuando llegue.

    Amelia, nunca había tenido enamorado, por eso era muy ingenua, habiendo llegado al cuarto de Bothda, sin pensar que ocurriría algo malo, pese a que a ella también le gustaba él, lo respetaba porque eran amigos y no quería malograr esa amistad; al tocar el cuarto, rápidamente Bothda le hace ingresar, haciéndola sentar en la cama, procediendo a comer los snaks y bebidas que Amelia trajo, luego del cual pusieron una película, y apagando la luz, se echaron en la cama con la finalidad de verla, sin embargo, ninguno de ellos tomó atención de lo que se proyectaba en el televisor, por el contrario comenzaron a conversar sin atender la película, la soledad del lugar, y la comodidad de estar sobre una cama, influencio para que ambos se suelten y entren en confianza, contándose sus problemas y eventos más íntimos de sus vidas, como que Amelia, nunca había tenido enamorado y aún era virgen, así también le contó que antes tenía sobre peso, hecho que le hizo pensar en que no era atractiva, evitando a los pretendientes que se le acercaban, motivo por el cual en una sola oportunidad había besado a un hombre, también le contó que su familia era bien recatada y por eso no salía a muchas fiestas y menos bebía licor; por otro lado, Bothda contó todas sus experiencias sexuales vividas, que no eran muchas, él no era un casanova o experimentado, pero si había vivido lo necesario para poder enseñar, le contó cómo fue su primera vez, y las experiencias fugases o pasajeras que tuvo con alguna mujer, el ambiente se comenzó a calentar, pero nadie se atrevía a dar el primer paso, por lo que decidieron tomar atención al televisor; grave error, ya que justo en esos instantes, por azares del destino, se proyectaba una escena de sexo, de la película: «La habitación azul», cuya trama narraba la historia de infidelidad de Toño y su amiga de la infancia, el cual pese a estar casado y con una hija, no pudo evitar sentir atracción sexual por aquella señorita, una mujer que no tenía reparos para desnudarse frente a él, ni abrir sus piernas para que Toño la penetre en pleno campo de cultivos.

    Al mirar esas imágenes, Bothda se excito mucho, más todavía cuando recordaba que Amelia le confesó que era virgen, eso le puso a mil ya que deseaba ser su primer hombre en su vida. Por su parte Amelia temerosa vio las imágenes y sintió vergüenza, negándose a ver esa película subida de tono, por lo que Bothda a fin de no incomodarla apago el televisor y al percatarse que era casi las 2 de la madrugada, le dijo para que duerman un poco, ya que muy temprano por la mañana le acompañaría hasta su cuarto; por lo que ambos con sus ropas puestas se taparon con una sábana delgada y comenzaron a dormir en la misma cama. Bothda, estaba muy caliente, su pene se había parado como nunca estaba enorme, debido a las imágenes que vio en la película, así como las confesiones que hizo Amalia, esa última parte le excitaba mucho más, quería enseñarle, todo lo que se estaba perdiendo, lo rico que es hacer el amor; pero al mismo tiempo Bothda era tímido, lo cual no le daba el valor para besarla y proponerle tener relaciones sexuales, creía que Ella podría reaccionar de mala forma y molestarse con él.

    Luego de pensar tanto en cómo hacerle el amor a Amelia, se le ocurrió hacerse el dormido con la finalidad de manosearla hasta que ella se excite mucho y ruegue que le hagan el amor; por lo que ni bien apagaron el televisor él se hizo el dormido y procedió a acercarse lentamente a ella, estando ya cerca puso su mano derecha en el pecho derecho de Amelia, pese a que lo tocaba por encima de su polo, podía sentir que era muy grande, la mano no le cabía, eso le éxito y emocionó, más porque él nunca estuvo con una mujer de pechos tan grandes como los de ella, sin embargo su mano se quedó inmóvil encima de ese pecho, porque temía que Amelia se despertara si el comenzaba a sobarlo, pero las ganas de acariciarlos fueron más fuertes, así que se tomó de valor diciendo “ya que venga lo que tenga que venir y si se molesta máximo me tirara una cachetada y no me hablara”, por lo que con esa misma mano, lentamente comenzó a sobar la teta de Amelia, lo acariciaba de arroba para abajo, también por los costado, subiendo la intensidad de las carisias cada vez que se daba cuenta que ella no se despertaba, pero toda eso lo hacía por encima de su polo, por lo que quería pasar al siguiente nivel, al pasar los minutos la intensidad y la fuerza con la que le sobaba el pecho era suficiente para que cualquier persona por mas cansada que se encuentre se despierte, sin embargo, ella no se despertaba, por lo que Bothda se dio cuenta que ella también se estaba haciendo la dormida, eso le dio el valor para hacerla girar, quedando de costado y frente a el frente; teniéndola de esa forma procedió a poner su cara en medio de los dos pechos de Amelia, procediendo a besarlos por encima de su polo, en ese momento podía sentir que eran grandes y olían rico, le dio muchos besos, pero ya no era suficiente besarlos por encima de una tela, así que comenzó a meter su mano dentro de su polo hasta alcanzar el broche del sostén que estaba en su espalda, el cual lo desabrocho y metió su mano dentro del sostén, pudiendo sentir dos pechos inmensos, jugosos, calientes y suaves a la vez; Bothda, estaba a mil, ya no podía más, quería chupar esos pechos, y sin importarle que se despierte o moleste ella, le levanto el polo y comenzó a chuparle los dos pechos, como si fuera un niño, no dejaba de succionarlos y besarlos, los besaba por la punta por los costado, eran muy grandes lo que le excitaba más; durante todo ese tiempo, ella seguía haciéndose la dormida, no decía ni hacía nada; pero al cabo de unos minutos Amelia, empezó a reaccionar, supuestamente haciéndose la que se despertaba agarró las manos a Bothda, con la intención de parar la arremetida que le daba éste, pero esa resistencia era muy débil, se notaba que ella no quería que el parare y solo por cumplir débilmente intentaba soltarse, ella con sus manos se tapaba un pecho y él iba por el otro pecho, esa parte parecía lucha libre y uno debía vencer.

    Bothda tenía un as sobre la manga, mientras succionaba locamente uno de los pechos de Amelia, su mano derecha comenzó a deslizarse por su cuerpo, acariciando primero su vientre luego siguió bajando y comenzó a tocar su vagina por encima de su pantalón jeans, esto comenzó a excitarla, pero su conciencia le decía que tenía que defenderse, así que hizo un último intento de para todo, ella débilmente intentó sacar la mano de Bothda de su vagina, pero en el forcejeo la mano izquierda de Amelia termina en la bragueta del pantalón de él, tocándole el pene por encima del pantalón, ella pudo sentir por primera vez un miembro viril, estaba muy duro y grande, eso la éxito mucho y ya no se resistió más, dejándose llevar y guiar por él; al percatarse Bothda de esto, rápidamente con una de sus mano bajo su cierre de su pantalón y sacando su pene hizo que Amelia lo toque, aquello impactó a Amelia, despertándose su deseo dormido de experimentar nuevas sensaciones, pese a la penumbra de la noche, debido a las luces de la calle que ingresaban por la ventana, pudo apreciar aquella carne humana bien erecta y llena de venas gruesas, por fin Amelia vio el pene de un hombre; Bothda al ver que ésta caía rendida a su implacable hombría, comenzó a sacarle el pantalón a Amelia y luego de sacarle el calzón, con su mano comenzó a acariciar esa vagina virgen y deseosa de ser poseída, dándose cuenta que estaba completamente mojada, su cuerpo pedía a gritos ser penetrada, esto era la señal que él esperaba, así que se subió en su encima, y tomando su pene con una de sus manos, comenzó a sobarlo en la vagina de Amelia, le sobaba el clítoris de arriba hacia abajo, también lo sobaba por los costado, esto era mucho para aquella muchacha sin experiencia, así que comenzó a hacer unos ruidos que indicaban placer, Bothda, continuo con su lujuria y mientras Amelia gemía en silencio, comenzó a introducir su pene lentamente, lo cual hizo que Amelia grite por un instante de placer, cuando ingreso todo ambos se abrazaron fuertemente y dándose un beso largo, Bothda comenzó a bombearla, las envestidas iban tomando más velocidad a medida que se besaban, era interminable el mete y saca, parecían dos caníbales que se comían vivos.

    Al cabo de unos minutos Bothda sentía que iba a eyacular, no aguantaba tanta estreches, así que a fin de aguantar más y no quedar mal ante Amelia, de improviso sacó su pene con el pretexto de desnudarse; y así fue, se sacó toda su ropa y a ella también, ya completamente desnudos otra vez comenzó a penetrarla, esta vez entro más rápido, pero la estrechez era insoportable y le obligaba a eyacular rápido, pero concentrándose aguanto unos minutos más, luego del cual soltó toda su leche en el interior de la vagina de ella, quedando abrazados y besándose. Por unas horas se quedaron dormidos muy temprano antes de que se aclare bien las calles a eso de las cinco y media de la mañana, ambos se despertaron desnudos en la cama, ninguno dijo una palabra, hicieron como si no recordaran nada, haciéndose pasar como que en todo momento estuvieron dormidos, se pudieron la ropa y Bothda acompaño a su cuarto a Amelia, durante el trayecto ninguno dijo una palabra y en el trabajo por unos días estuvieron distantes, pero no volvieron a hablar de ese tema, como si nunca hubiera pasado.

  • Emputecimiento (II): Lunes por la mañana

    Emputecimiento (II): Lunes por la mañana

    Aquí estoy como un quinceañero, a primera hora, esperando que Pedro y Magda no hayan cambiado de opinión. No me gusta mucho venir tan pronto. A estas horas, bañado por la luz blanca de las bombillas el local parece aún más sórdido. Paca ha terminado de limpiar y Olga está, como siempre, revolviendo las botellas y pensando en lo que necesita.

    Al final, el viernes de madrugada, me fui con ella a su casa a descargar el calentón que la tal Magda me había provocado, y entre “col y col” la estuve aleccionando bien. Espero que colabore, realmente esta Magda me está resultando interesante.

    – Olga, estoy en la oficina, avísame cuando llegue Magda.

    – Tranquilo Jefe -me contesta desde detrás de la barra-.

    A las seis y media, puntual, la oigo entrar. Uso mi particular “despacho” para observarla sin ser visto. Trae el mismo abrigo de paño de lana con el que vino acompañada de su maromo, oscuro y largo por encima de los tobillos. Al verla con él no puedo dejar de pensar en lo que llevará puesto debajo, je, je, je. ¡Soy un romántico! lo sé. La misma melena de cabello negro azabache, liso y lacio que le cae sobre los hombros. Sola no parece tan tímida como el viernes. Habla con Olga, que la conduce inmediatamente al reservado tal y como le había pedido en su casa y al momento viene a informarme.

    – Ahí está la cordera -me suelta Olga entre displicente y borde-.

    Cuando entro al reservado, Magda me está esperando de pie, junto a los pies de la cama. Olga ni siquiera le ha dicho que se quite el abrigo, ¡Menos mal!, je, je, je…

    – Hola Magda, me alegra verte por aquí, anda, quítate el abrigo. -A continuación me dirijo a Olga con tono severo- Toma el abrigo y cuélgalo donde pones tus cosas. ¿Cómo estas Magda? -Le pregunto a mi nueva putita volviendo la mirada hacia ella, en tono relajado, como para romper el hielo-.

    – Bien, Señor, gracias. Aquí traigo lo que me pidió -me responde Magda aparentemente tranquila y segura.

    – Olga, Pon esta fotocopia en mi oficina. Y no me molestes para nada en un rato.

    – Si, Jefe -vuelve a responderme en su habitual tonillo entre jocoso y despectivo.

    ¡Magda esta estupenda! Ha seguido mis indicaciones. Falda, negra, justo por debajo de la rodilla, con un poco de vuelo, abrochada a un lado, dejando entrever una abertura que seguramente mostrara algo del muslo al moverse. Ahora esta quieta, no me mira directamente, pero tampoco baja la vista como hacía en su primera visita. La blusa, naranja fuerte, con el escote plegado en pico, deja ver discretamente el “canalillo” Remata el vestuario un colgante a juego con los pendientes que parecen de plata pulida o acero, a medio camino entre juvenil y formal. La verdad es que el conjunto esta conseguido, provocativo, pero sin resultar de putón verbenero.

    Dudo entre sentarme a los pies de la cama o en el incómodo silloncito. Realmente no esperaba que se mantuviera tan segura de sí misma. Elijo el sillón.

    – Desnúdate, Magda -le suelto como por sorpresa y de sopetón, mirándola fijamente a la cara con la intención de captar su reacción.

    Espero que mi voz haya sonado lo bastante firme y severa. Quiero marcar terreno desde el primer momento, muchas son las que se creen que por tener dos buenas tetas y un coño bien enseñado van a poder hacer que uno coma en la palma de sus manos. Sin titubear, comienza a desabrochar la cinturilla de la falda.

    – ¡No!, Magda -le suelto seco y severo y tras una leve pausa para que el tono haga el efecto deseado, prosigo-, primero la blusa -ahora relajado y casi dulce.

    En este momento sí ha dudado. La blusa no tiene botones, como le sugerí, pero se la saca fácilmente por la cabeza. Resulta todo un espectáculo ver como sus grandes tetas se suben hacia arriba arrastradas por la blusa, al tiempo que liberadas de ella caen a plomo rebotando en su pecho. Tiene el buen sentido de dejar caer al suelo la blusa, la muy jodida sabe lo que se hace y no puedo dejar de pensar en los estriptis que debe regalarle a su marido cada vez que este se la folla. El sujetador es blanco, en eso tampoco me ha hecho caso, pero me alegro, el contraste con la falda negra y la melena azabache enmarcan sus pechos de forma espectacular.

    Estoy convencido de que la muy puta ha notado que me gusta, las mujeres tienen un sexto sentido para estas cosas y yo estoy que reviento. Tan solo hemos cruzado la mirada un par de veces, pero han sido suficientes para poner a cada cual en su lugar, yo en el de quien debe ser atendido y ella en el de quien se sabe entregada

    Al llevar las manos atrás para soltar el sujetador, su busto se proyecta hacia delante. Las tetas tienen el tamaño justo, un poco caídas eso sí, pero tremendamente hermosas aún. Su piel es clara, más blanca que la del cuello y los hombros, tan tersa y fina como la seda. Las areolas grandes y más oscuras, casi violáceas. Los pezones pequeños y ahora completamente erguidos, casi trempados, me hacen pensar en que la muy guarra debe estar disfrutando.

    – Tócate los pezones -vuelvo a ordenarle en el mismo tono seco y severo.

    No duda la muy jodida y al instante las palmas de sus manos giran en círculos sobre las tetas, acariciándolas suavemente, casi con ternura. Ella no me mira, pero tampoco baja la vista. Me gusta. Sin embargo sé que puede dar mucho más de sí y estoy dispuesto a exprimirla como a las naranjas.

    – ¿Eso es todo lo que sabes hacer? Magda -le suelto entre severo y defraudado-. ¡Vamos, espabila!, aprieta tus pechos el uno contra el otro -ella obedece-, moja tus pezones con la punta de la lengua hasta que queden brillantes y duros como piedras…

    La muy guarra no tarda en cogerle el tranquillo al asunto, se nota que ha practicado con anterioridad y el magreo de pechos que me regala me pone a cien. Lo acompaña con poses insinuantes y miradas lascivas de lujuria desenfrenada. Seguro que el tal Pedro, su marido, se ha debido cascar buenas pajas viéndola en acción.

    – La falda, Magda -le insinuó cuando creo terminado el voluptuoso espectáculo de sus pechos.

    ¡Magnifico!, sin el menor asomo de duda ante mis órdenes, las manos vuelan a la cinturilla. Los pezones están aún más tiesos, si cabe, parece que me estén mirando. Se toma su tiempo y despacio, muy despacio, desabrocha su falda entre miradas, caricias y evidentes insinuaciones. Cada vez que le miro a la cara, baja su mirada, dulcemente, sumisa y dispuesta, con la boca ligeramente entreabierta, mostrando una dentadura perfecta de blancos dientes esmeradamente dispuestos y una boca húmeda y caliente. Es plenamente consciente de que la excitación no radica tanto en lo que se enseña como en de qué manera se enseña. Por fin cae la falda sobre los pies. Permanece entonces inmóvil, sin intención alguna de quitarse las bragas, blancas, sencillas y del tamaño justo, lo suficientemente grandes para tapar aquello por lo que uno desespera y lo suficientemente pequeñas para insinuarlo incitando a descubrirlo.

    – ¿A qué esperas, Magda? -le pregunto ansioso.

    – Disculpe, Señor -contesta con voz dulce y suave totalmente consciente de por dónde va mi pregunta.

    Desliza lentamente sus manos por su cuerpo, hasta que los pulgares alcanzan la goma que mantiene las bragas sujetas a la cintura. Los introduce con suavidad entre la tira elástica y la piel y tirando de ella hacia afuera, simultáneamente por ambos lados, comienza a quitárselas. Al igual que con la falda, lo hace muy lentamente, en suaves movimientos descendentes que va alternando de derecha a izquierda. Al bajarse las bragas, se gira ligeramente, mostrando un escorzo magnifico. Para que las bragas alcancen las rodillas no puede dejar de doblarse por la cintura. Tiene las piernas cruzadas y la postura hace que muestre en todo su esplendor un culo respingón, de generosos y redondeados cachetes. La visión de su chocho depilado, con los labios semiabiertos y completamente a la vista por la postura justo a tocar a su ano, prieto y cerrado es verdaderamente espectacular. Por fin consigue bajarlas hasta las rodillas desde donde las deja caer sin alterar la postura. Esta estupenda. Nada que ver con el nerviosismo de algunas ni con la falsa seguridad de otras. Esta aquí y a la vez “no está”. Es todo un reto esta Magda y pocas cosas me motivan más que un buen desafío.

    – Acércate Magda, quiero tenerte más cerca -le digo maravillado ante el deslumbrante paisaje que se muestra ante mis ojos-. ¡Quiero tocarte! -añado en un todo que no deja lugar a la réplica.

    Ahora viene lo de siempre, me muero por tocarla suavemente, acariciarla con dulzura, pero en lugar de eso la manoseo burdamente, como quien comprueba un saco de patatas. Quiero provocar con ello su humillación, doblegar su espíritu, que se sienta carne de puta, mientras desde abajo le miro a la cara intentando escudriñar sus sentimientos. Ella se mantiene casi inalterable, apenas pequeños espasmos la recorren cuando le rozo el coño. Está bien depilada y para mi sorpresa lleva anillada la pipa. No es la primera vez que veo un clítoris atravesado por un pircing, pero no sé porque no me lo esperaba en ella. Seguro que se lo habrá exigido el cabrón de su marido como símbolo de pertenencia, o al menos eso es lo habitual en círculos sadomasoquistas. Es un placer mirarla, tengo el coño a la altura de la cara y está húmedo, rezumando jugos. No, si al final esta Magda va a resultar toda una salida. Con gusto lo acercaría y acercaría mi cara para sentir su olor y su sabor, pero haciendo de tripas corazón, saco fuerzas de donde no pensaba que las tenía y me mantengo firme en mi papel, indiferente y distante.

    Introduzco entonces mi dedo anular entre sus labios. Magda se sobresalta, tanto por lo inesperado de mi gesto como por la violentación que conlleva de su parte más íntima. La miro directamente a los ojos, exigente y resuelto y cuando parece que cede en su intento de retirada, lo saco y se lo clavo más violentamente, más profundo, todo lo que puedo. Nuevo sobresalto seguido de una nueva introducción, hasta que a la tercera o cuarta penetración, se abandona por completo y relajada, recibe mi dedo sin el menor atisbo de repliegue. Introduzco entonces, también, mi dedo índice, y me la follo con ambos mientras con el pulgar aprovecho para pajear su clítoris. Por los chorros que rezuma su chocho es evidente que está disfrutando como una perra, pero quiero averiguar hasta donde es capaz de sujetar su orgasmo. En el día a día se la follaran muchos tíos y una puta corrida es una puta vacía.

    La masturbo durante un par de minutos, hasta que convencido de que es capaz de contenerse lo suficiente, saco los dedos de su coño.

    – ¡Agáchate zorra! -le suelto ya sin reparo alguno, total, una vez palpado el interior de su coño, para que disimulos.

    En cuando pone su rostro a la altura de mi mano le introduzco los dedos, totalmente mojados por los jugos de su coño dentro de su boca. Me esperaba algún reparo, pero para mi sorpresa, Magda sabía perfectamente lo que esperaba que hiciera y adelantándose a mis órdenes, es ella misma la que se los introduce en la baca, jugando con ellos con su lengua mientras sorbe y succiona.

    – Ven, arrodíllate entre mis piernas -le digo con los dedos aun metidos en su boca-. ¡Chúpamela!

    Magda me obedece sin dudar, realmente está bien domada. No puedo por menos que admirar el buen trabajo que ha hecho Pedro, mal que me pese, en verdad está magnífica en su papel de puta sumisa. Se arrodilla ante mi bragueta y con la cabeza levemente inclinada hacia adelante, solo veo su pelo negro cayendo sobre sus hombros y cubriendo sus tetas. Con habilidad abre la bragueta y sin liarse excesivamente, saca mi polla, que, como comprenderéis, ya está bastante a punto. Estos preámbulos me han puesto a cien, pero tengo que seguir en mi papel de “duro”. En cuanto se la mete en la boca, una pequeña bofetada, más de advertencia que dolorosa. Se sorprende y me mira.

    – Señor… -me dice sorprendida a la espera de algún tipo de explicación-.

    – ¿No te ha dicho Olga que siempre con condón?, Magda -le explico entonces comprensivo y protector.

    – Disculpe mi torpeza, Señor -intenta justificarse-, pensé que usted no querría.

    – Siempre, Magda, es siempre -intentando aleccionarla-. Toma, pónmelo. ¿Sabes hacerlo con la boca? ¿No?

    – No Señor -responde para mi sorpresa.

    Vista su soltura hasta aquí, solo hay una explicación para tal circunstancia: que el hijo puta del que pretende ser su AMO, se complazca en que trague leche y se la preñen al follarla. Hoy en día y gracias a Dios, con las pastillas no hay riesgos de embarazo, pero eso no quita que se puedan pillar un sinfín de venéreas.

    – Pues dile a Olga que te enseñe -le ordeno severo-. Hazlo ahora como sepas. Y ten condones siempre a mano. ¡No te olvides!

    – Sí Señor -responde avergonzada y también algo agradecida-, perdóneme nuevamente.

    – Ahora, ¡Chúpamela! -le ordeno con brusquedad y sin reparos ni miramientos-. Quiero ver como lo haces. A una buena puta se la conoce por su boca, no por su coño -justificando mi comportamiento-. Y ya sabes, fuera las manos, usa solo la boca.

    ¡Es muy buena! La de trancas que se habrá tragado la muy guarra. La técnica es perfecta pero el maldito condón no me deja disfrutarlo al límite. He tenido que hacer el paripé. No quiero que pille nada estando en mi casa, que estas cosas corren como la pólvora. Tiene una boca suave y sabe cómo emplear la lengua y los dientes, claro que las “circunstancias” también ayudan. Empuja mi prepucio hacia atrás, descapullándolo con sus suaves labios de seda, mientras lo abraza por completo. A continuación, lo libera y frota con su lengua mi frenillo, de la punta hacia su base, intentando llegar lo más abajo posible del tronco. Inevitablemente mi capullo vuelve a introducirse por completo en su boca, llega un punto en el que la punta de la polla choca contra su paladar. Puedo sentir la humedad y calidez de su boca, mientras su respiración acaricia dulcemente mi capullo. Al sentir el contacto de mi tranca con su paladar comienza a tragársela hasta que choca con la campanilla, Lo hace restregando literalmente mi capullo contra su paladar mientras por debajo, su lengua lametea el tronco aquí y allá. El roce me pone frenético y los toques de lengua añaden un punto de “sal” a la mamada. Por fin, y tras un breve esfuerzo, consigue que mi capullo traspase su campanilla encajándose a presión en el interior de su garganta. ¡Joder con la puta! ¡Cómo mama! Parece que le vaya la vida en ello…

    Antes de llegar al punto de “no retorno” y empleando todo el autocontrol del que dispongo, la aparto. Ella me mira extrañada, esperando seguramente que me vaciara en su boca.

    – Túmbate en la cama -le ordeno mientras trato de recuperar el aliento-, boca arriba.

    Obedece y me acerco a ella. Una nueva bofetada, esta vez y por ser la segunda, algo más pesada y humillante. Por un momento sus ojos me miran brillantes, apreciándose en ellos un leve atisbo de rebeldía, pero su entrenamiento la vence y casi al instante apaga la mirada. Parece mentira, pero este simple acto de sumisión y entrega me ha puesto más cachondo que todo lo anterior. Empiezo a envidiar a Pedro.

    – ¿Señor? -reacciona ella asombrada y confusa.

    – ¿Te dijo Olga algo sobre la cama? -respondo como a quien se le está acabando la paciencia-.

    – ¡Oh…! Sí, disculpe Señor, me dijo que usara siempre un juego de sabanas de papel -reacciona ella como quitándole importancia a su falta.

    – Ahí, tienes -le digo mostrándole el lugar donde se guardan-. Asegúrate de que la bolsa de plástico esta entera antes de abrirla tú. Si está rota o abierta coge otra. No te eches nunca sobre la cama sin poner tu misma un juego limpio. Hay también un cubre almohada y una toalla de papel. ¡Úsala con el cliente! -le ordeno tajante y sin dar lugar a excepción alguna.

    – Comprendo, Señor -me responde claramente avergonzada.

    – Ahora puedes levantarte -le ordeno distante y despreocupado-. ¡Vístete!

    Evidentemente, uno no es de piedra y en mi estado de excitación follármela es lo que me pide el cuerpo, pero también sé, que de hacerlo, no podría dar marcha atrás y mi excitación delatarían mi necesidad sexual hacía ella. Ya sabemos que si una mujer te quiere tener pillado por los huevos, nada mejor que conseguir hacerte beber los vientos de su coño. Magda me interesa, no tanto de puta como de sumisa y en este sentido, perder el menor ápice de autoridad sería fatal para mis deseos. No me queda otra que reprimirme ahora y volver esta noche a casa de Olga para descargar de nuevo.

    – ¿Señor?, ¿Hice algo mal? -pregunta la puta sorprendida.

    – No, simplemente ¡Ya está! -le respondo mostrando entereza y desdén-. ¿Creíste que quería follarte? Je, je, je… Pues aún no. Simplemente quería que conocieras esto. ¡Mira!, ¿Ves aquel cuadro de la mujer desnuda?, Al lado hay una mirilla -añado como si estuviera desvelando el gran secreto-. Desde ahí puedo ver toda la habitación. Estate tranquila, no miraré como te follan. Si tienes algún problema aprieta este botón junto a la mesilla. ¡Hazlo! -le ordeno tajante-.

    – ¿Ves? -le digo indicando con la mirada la dirección en la que se encuentra la lucecilla que se acaba de prender-. Se enciende la luz y otra en mi oficina. Y junto a la registradora de Olga también. Enseguida te ayudaremos.

    Y ahora, ¡Venga!, ¡A trabajar!, ¡Vamos! Que se hace tarde ya -le apremio dando por zanjada la inspección-. Pregúntale a Olga lo que no sepas. Y ¡Cuidado con las chicas! Vete despacio hoy y fíjate en las otras.

    FIN

  • Nuestra amiga argentina y sus caprichos

    Nuestra amiga argentina y sus caprichos

    Hoy me levante con ganas de estar con una mujer, no se hay veces que me pasa eso, la llame a mi amiga Pili (es una compañera del colegio, que la empecé a llevar por el mal camino jeje, con la única mujer que se acostó ella fue conmigo, y también la enfiestamos). Hablamos por whatsapp así (les copio lo más importante, no las boludeces que hablamos jeje)

    Yo: no te querés venir a casa, estoy sola

    Pili: no Caro, ya te dije estoy saliendo con un chico

    Yo: que tiene que ver, venite un rato

    Pili: no porque si estamos solas, se en que vamos a terminar, y ya fue eso, te lo dije

    Yo: que tiene de malo, si lo pasamos siempre bien, o no?

    Pili: si, pero no quiero ser una lesbiana

    Yo: bolu, nada que ver, yo no soy lesbi, pero me pone re loca sentir tu piel, besarte.

    Pili: no empieces

    Yo: sabes que me encanta que me toques, que me hagas acabar, y a vos te gusta también que te haga acabar, dale, pensa que en un rato podemos estar juntas

    Pili: caro, no sigas, ya esta

    Yo: dale boluda, venite, no querés que te masturbe?

    Pili: me hiciste calentar, jaja, en un rato estoy

    La espero con una remerita y bombachita nada más, llega, estaba con unos pantalones cortos, la llevo a mi cuarto, nos tiramos en la cama y empezamos a besarnos desesperadamente, me voy bajando, le empiezo a desabrochar el pantaloncito, se lo saco, la acaricio, le beso la pancita, y vuelvo encima de ella.

    Nos seguimos besando mientras nuestras piernas se iban entrecruzarnos y empezamos a gozar con el sentimiento que nos da sentir nuestra piel, no parábamos de rozarnos las piernas, le pongo la mano debajo de su bombachita y le empiezo a tocar su conchita, ella hace lo mismo, ya estábamos las dos muy, muy mojaditas, que manera de movernos, de excitarnos, de gemir, de ponernos cada vez los dedos con más fuerza, hasta que acabamos las dos juntas.

    Bajo, le saco la tanga, ya estábamos las dos denudas, le empiezo a besar esa conchita rosadita, depilada que tiene, le como los labios, le meto los dedos y me voy corriendo para ponerle mi conchita en su boca, cosa que no le molesto, no sé cuánto tiempo estuvimos besándonos nuestras conchas, le acariciaba la cola, gemía, le gusta, yo sabía que le iba a gustar, después empezamos a frotarnos mutuamente nuestras conchis (la tijera) ahí, si nos pusimos re locas, sentir sus jugos, ella los míos, hasta que acabamos otra vez.

    Nos quedamos un rato más, nos dimos un beso y se fue, no habremos estado más de una hora juntas, lo suficiente para sacarme mis ganas de estar con una mujer, y jaja ella también aunque no quisiera.

    Hoy a la noche la veo, porque nos juntamos en la casa de Agus, la hermana de Matías (el amorcito de mi vida) jaja

    Bueno es una boludez, pero a mí me gusto lo que hice y lo quería contar.

  • Nuestra amiga argentina y las locuras que hizo con Matías

    Nuestra amiga argentina y las locuras que hizo con Matías

    Ayer después de haber estado con Pilar habíamos quedado con mis amigas en juntarnos en la casa de Agus, (la hermana de Matías, el amorcito de mi vida jeje). Yo no sabía si Matías iba a estar, y es más si iba a estar también su novia, pero por las dudas me fui con esas polleritas que sé que le gustan, sin medias (aunque me cague un poco de frio, jeje), botitas cortitas, y el resto, que no importa mucho.

    Llego, éramos pocos, estaba Matías solo, la novia se había ido afuera con los padres por el fin de semana largo (jeje lo tengo para hoy también). Pasó la noche tranquila, con algunas miradas cómplices con Matías, algún piquito que me robó a escondidas y alguna tocadita de pija que le hice. Llega la hora de irnos, y Matías se ofrece a llevarnos a Pili, su novio y a mí, dejamos primero a ellos, porque estaban más cerca y ahí empieza la cosa…

    Antes que siga, les voy a contar que Matías en el sexo es muy zarpado, como yo, juntos cumplimos fantasías (tríos, que me viera coger con sus amigos, coger a escondidas y otras cosas), cosas que con la novia no hizo jamás, ni siquiera la cola le hizo a esa boluda jeje

    Bueno la cosa es que no agarra el camino para casa, le pregunto, ¿dónde vamos?, y me responde, ¿te animas que hagamos algo?, ¡pero temes que confiar en mí!, obvio, le digo, siempre confié en vos amorcito, pero ¡adelántame algo!, y nada, no me decía nada, lo único que me decía es que me iba a gustar lo que íbamos a hacer, obvio, le digo, seguro que me llevas a coger, y sabes que me encanta que me cojas, pero que tiene de raro, mil veces cogimos juntos. Llegamos a la Av. Las Heras y estaciona el auto, me dice que me baje, la verdad es que no entendía nada, pero con él hago cualquier cosa, me abraza y empezamos a caminar por República de la India (para los que no conocen en esa calle está el zoológico y hay un paredón con rejas de 5 cuadras y pasan a esa hora pocos autos).

    Caminamos un poco, él se detiene, detrás un gran árbol, se apoya sobre el paredón, me abraza, lo abrazo, me empieza a besar, nuestras lenguas ya eran una, yo lo sigo, me pasa la mano por la espalda debajo de la blusa, me encanta sentir que me acaricia, baja la mano, me la apoya en la cola, sobre la pollerita, y apoyándomela me hacía sentir lo parada que tenía su pija, me mete la mano por debajo de la pollerita, ¡y ya me estaba tocando la cola!, le digo ”no mati, estás loco, ¡acá no!”, “si”, me dice “si amor, es mi fantasía quiero cogerte acá en la calle, algo rápido”, con la otra mano me empieza a tocar la conchita, que ya la tenía toda mojadita, sentía algún que otro auto que pasaba, pero ya no me importaba.

    Le desabrocho el pantalón, le saco esa hermosa pija que tiene, me agacho, me la pongo en la boca, pero casi nada, una chupadita nada más, aparte él no tenía los pantalones bajos, solo la pija afuera. En un movimiento casi de magia (por la rapidez), me saco la bombachita, el se sienta en una saliente del paredón, le doy la espalda, y me siento sobre su pita, me la mete, yo me agarraba de donde podía, volaba de la calentura, que sensación indescriptible, me estaba cogiendo en la calle , y enfrente está lleno de edificios, pasa un auto con unos pendejos de mierda y nos gritan “vayan a coger a un telo!”, eso me dio más calentura, me estaban viendo coger desconocidos, tal fue la calentura que acabamos los dos enseguida, con un pañuelo me seque la leche que me caía de la conchita.

    No hizo falta que nos preguntáramos nada, de ahí nos fuimos a un telo donde nos matamos, mientras íbamos en el auto tenía su manito en mi conchita, ¡cómo me gusta eso!, cuando parábamos en un semáforo, pensaba que seguro quienes estaban al lado no sabían que yo tenía una dedo en mi conchita, y estaba remojada, pero no lo voy a contar porque no tiene nada distinto a lo que ustedes hacen en un telo.

  • El taxista casado

    El taxista casado

    Todo inicio el sábado pasado. Tenía una invitación a una cena con amigos y colegas del trabajo. Soy arquitecto, tengo 28 años, complexión normal, ni gordo ni flaco. Lo que sí me han dicho es que tengo unas buenas nalgas, las cuales sobresalen cuando utilizó pantalones justos.

    La cena estuvo bastante relajada, llegué a eso de las 8 pm a la cita y se prolongó hasta ya pasada la madrugada. Tomé varias copas de vino que me dejaron algo mareado. Cabe recalcar que ya al calor de las copas, se me alborota la hormona y casi siempre me pongo muy cachondo.

    Al despedirme ya de la cena para marcharme a mi casa, algunos amigos se ofrecieron para llevarme a casa pero no acepté. Tenía pensado regresarme igual que como había llegado, utilizando el servicio de Uber; así que lo pedí calculando que llegara en lo que terminaba de despedirme de la gente en la reunión. Como era un horario ya algo tarde (1 o 2 am), el tiempo que me marcaba el Uber era demasiado para mi, alrededor de 20 min, pero decidí esperar ya sobre la calle. Estaba yo impaciente de que el Uber no se movía de su lugar a pesar de que ya había aceptado el viaje, decidí esperar unos minutos más. Pasando ya 10 minutos decidí cancelarlo. Se avecinaba una tormenta y no tenía intención de mojarme así que comencé a caminar calle arriba esperando que pasara algún taxi para poder tomarlo e ir a casa. Pasaron fácil 10 taxis y a ninguno le hice la parada, tengo la suerte de tener el radar para escoger al chofer perfecto y así lo hice. La persona que decidí me llevara de regreso a casa era un taxista maduro, delgado, blanco. De unos 50 años aproximadamente y algo atractivo. En cuanto me subí el chofer detectó mi estado de ebriedad, no estaba tan borracho pero esas copas de vino habían ya comenzado a hacer efecto.

    En ese momento yo ya iba bastante caliente y como el viaje a mi casa era muy corto decidí cambiar la ruta. Le pedí al chofer que me llevara por un camino más largo argumentado que quería que se me pasara la peda. Él accedió, e inmediatamente cambió dirección. Con muchos nervios comencé a acercar mi brazo a la palanca de velocidades tratando de que mi mano rozara con la suya y en cuanto pasó eso y el no puso objeción, fue el momento en el que me di cuenta que iba a acceder a algo más. Aprovechando que pasamos por un lugar bastante oscuro metí mi mano ya sobre su asiento y la puse sobre su entrepierna, el solo hizo un sonido de sorpresa y me pregunto si todo estaba bien, a lo que yo conteste: estoy muy caliente y necesito mamar una verga. Para eso yo ya había posado mi mano sobre su cremallera y pude sentir un bulto flácido pero que reaccionó inmediatamente a mi caricia. Comencé a tocarlo y el bulto fue creciendo. Él se paró en el camino y se quitó el cinturón de seguridad, se bajó el cierre y me dijo: vas, mámale. Comencé oliendo aquel pedazo de carne y el olor a sudor y peines me prendió rápidamente. Chupé y chupé cómo desesperado, hasta que me pregunto si me los podía vaciar en la boca. Obviamente respondí asertivamente con la cabeza y sentí los disparos caliente de su leche. Lanzó un gran gemido y empujó con fuerza mi cabeza hasta casi atragantarme. Bebí hasta la última gota de ese manjar. Era espesa, agria y con un sabor muy fuerte.

    Después de esto le pedí me dejara por fin en casa. Al bajar del taxi me dijo que ni su esposa se la había mamado nunca así y que yo había sido su primera vez y que realmente lo había sorprendido. Me dejo su número telefónico y se fue. Espero poder contactarlo nuevamente.

  • Laura: Una mujer diferente

    Laura: Una mujer diferente

    Después de varios encuentros llenos de placer con Don Gustavo, mi vida sexual cambio por completo, me di cuenta que era una mujer capaz de atraer a los hombres, que, a pesar de no ser una mujer voluptuosa, y parecer una chica insignificante. La hermosa experiencia de tener sexo con placer y por placer, me habían dado una mayor seguridad en mi trato con el sexo opuesto. Había aprendido a recibir y a dar placer, a la vez de saber cuidarme para no embarazarme nuevamente y lo más importante, aprendí a vestir tan sexy como para provocar que los hombres voltearan a verme y me desearan. Además, aunque mucha gente y mi ginecóloga digan que no, estoy cierta que el semen de los hombres produce tal alboroto en las hormonas femeninas que modifica sustancialmente el cuerpo femenino dándole volumen a los senos y ampliando las caderas. Me consta en mi y en mi hija, que sin necesidad de que me lo dijera, supe perfectamente cuando se convirtió en mujer.

    Debo reconocer que también descubrí a la mujer deseosa que habitaba muy dentro de mi y esa fue la principal razón, para buscar a otros hombres además de Don Gustavo, y de aquí se genera el siguiente relato.

    Cuando mi hija cumplió los 18 años, con toda la tristeza de mi corazón, la tuve que dejar partir a cumplir uno de sus objetivos, estudiar la universidad, en la capital de México. Los últimos nueve años había ahorrado para ayudarla en sus planes, además de contar con el apoyo económico del mismo hombre que había hecho de mí, otra mujer.

    Al mismo tiempo, a mis 44 años, tomando en cuenta, un consejo profesional, decidí dejar de trabajar en casas ajenas y busqué un trabajo de tiempo completo. Hacía varios años que mi madre había fallecido, por lo que a partir de ese momento tendría que acostumbrarme a vivir sola.

    No tarde mucho en conocer a Ricardo, era el propietario de una pequeña cadena de lavanderías, que estaba por inaugurar otra sucursal muy cerca de mi casa y al que desde el principio le parecí la persona adecuada para hacerse cargo de la misma.

    El trabajo era sencillo y me gustaba, solo era estar al pendiente de la operación de las maquinas por las personas que hacían uso de ellas y realizar el lavado de la ropa de las personas que solamente pasaban a dejárnoslas para su limpieza.

    Ricardo pasaba diariamente a supervisar cada sucursal, en ocasiones hasta dos veces en un día. Se notaba el gusto por su negocio, pues siempre estaba al pendiente de las necesidades de cada tienda además de tratar a sus empleados con mucha educación y cortesía.

    Una vez al mes, se hacía una junta con todos los responsables de sucursal, ahí pude conocer a los cinco encargados, dos hombres y tres mujeres, todos mayores de 40 años, curiosamente, las tres mujeres coincidentemente, éramos o viudas o divorciadas. Y al pasar de las reuniones, fui enterándome que las otras dos compañeras, también eran amantes del dueño. Lo platicaban abiertamente y sin disimulo entre ellas, sabían de las ventajas que eso les daba en su trabajo.

    Después de seis meses de laborar en la lavandería y luego de la reunión mensual, mis compañeras de trabajo me advirtieron que no tardaba el día en que Ricardo empezara a acosarme, pues sabían bien que yo era el tipo de mujer que a él le fascinaban.

    Ricardo era un hombre de entre 35 y 40 años, más joven que cualquiera de sus empleados, pero que gracias a una cantidad considerable de dinero que como herencia le dejo su padre, más las ventajas que obtenía con los conocimientos adquiridos con sus estudios había logrado acrecentar su negocio. Nadie sabía si era casado y mucho menos le conocían a alguna mujer o pareja (además de sus empleadas). Como hombre era muy común a los hombres del norte, alto, moreno claro, complexión muy normal, tirándole a ligeramente gordito, siempre vestía semi formal y nunca presumía de ser un hombre con dinero.

    La verdad es que desde que lo conocí, me pareció atractivo y honestamente, ya había pensado en seducirlo aun antes de saber sus aventuras con las empleadas, pero luego al conocer este detallito de su parte, había optado por dejarle la iniciativa, es más, trataría de hacerle un poco (solo un poco) difícil su objetivo. En realidad, en ese momento, mi vida sexual era completa, Don Gustavo seguía manteniendo su libido, a pesar de sus casi 60 años y normalmente dos veces al mes nos citábamos en algún hotel, para pasar una o dos noches juntos, además había entre mis amigos, uno o dos a los que ocasionalmente me entregaba, por el puro gusto y placer de tener sexo con hombres de mi edad. Pero la oportunidad de tener un amante más joven, no me molestaba en lo absoluto y por lo que platicaban las otras chicas, me daba cuenta de que buen amante, si lo era.

    Así llego un día, en que Ricardo llego a supervisar una hora antes del cierre de la sucursal, algo que nunca antes había pasado. Reviso rápidamente la cuenta y el estado que guardaban las máquinas y el local, como ya no había clientes a esa hora, yo estaba ocupada con la limpieza del mismo, aun así, en más de una ocasión me pidió ayudarle con la revisión de las instalaciones, por lo que teníamos que ingresar a los pequeños cuartos donde estaban todas las mangueras y ductos, habitaciones que de por si eran estrechas y que provocaban que nuestros cuerpos en varias ocasiones se rozaran entre ellos. Ricardo no dejaba pasar ninguno de estos, sin tocarme o agarrarme de forma que, aunque parecía ser cortes, yo adivinaba que lo hacía de manera planeada para ver mis reacciones. Si quería jugar, yo le daría motivos para ello, por lo que en uno de esos momentos en los que dos cuerpos no cabían en el mismo espacio, me voltee, quedando de frente a él y pasando totalmente embarrando todo mi cuerpo en el suyo y para hacer más caliente el momento, justo cuando estábamos frente a frente, me detuve por unos instantes para poder sentir su hombría y con la nariz pegada a su cuello olerlo y dejarlo olerme. Justo en ese momento, pude sentir a la altura de mi estómago, como su miembro empezaba a tomar forma y dimensiones, sus manos reaccionaron y de forma supuestamente involuntaria, tocaron mis tetitas, produciéndome a la vez, una rica humedad en mi cuquita.

    Después de eso, me dejo terminar mis labores de limpieza, sin quitarme los ojos de encima, mientras de forma descarada, yo me empinaba frente a él, para no dejarle nada a la imaginación.

    Cuando cerramos, me ofreció ir a un café a tomar algo, pero como mi casa estaba muy cerca, preferí pedirle que me acompañara hasta ella, yo creo que pensó, que tal vez pudiera invitarlo a pasar, pero al llegar a la puerta, con un saludo de manos, me despedí, dejándolo con las ganas.

    Mi plan funciono perfectamente, sus visitas se hicieron cada vez más frecuentes a la hora del cierre, yo aflojaba en algunos aspectos y en otros me hacía más difícil, había que hacerlo sufrir un poco, sabiendo de sus gustos, empecé a vestirme con ropa cada vez más provocativa, pantalones entallados, vestidos coquetos (a los que les había subido un poco el dobladillo). También nuestro saludo se convirtió en un beso en la mejilla, aunque en ocasiones el beso se acercaba demasiado a la comisura de los labios. Pero sucedió un día, después de casi un mes de iniciar sus coqueteos. Justamente un fin de semana, donde yo cumplía tres semanas de total e involuntaria abstinencia sexual, cuando decidí, que esa era la oportunidad de conseguir una buena verga, que me llenara la falta de sexo por tanto tiempo.

    Así que opté por vestirme con unos leggins super sexys y un sujetador deportivo, cubiertos ambos con una blusa larga semitransparente, de ropa interior, escogí una tanguita del mismo tono que los leggins, que en ciertas posiciones se marcaban claramente. Sabía que, con ese atuendo, no habría hombre que se mantuviera ecuánime.

    Dos horas antes del cierre, le avise a los pocos clientes que había, que por razones personales, ese día cerraría una hora antes, esto me daría la seguridad de estar totalmente sola, cuando llegara Ricardo.

    Y así fue, poco antes de la hora de cierre llego mi jefe, tan solo de verme, note que entre sus piernas crecía su deseo por mí. Sin perder tiempo en revisar absolutamente nada, tomo asiento, mientras yo terminaba las labores de limpieza que a él tanto le encantaba verme hacer. Cada vez que me empinaba, sus ojos se le iban, tratando de adivinar hasta donde llegaba el hilo que se perdía entre mis nalgas. Tan solo de provocarlo, yo ya estaba al 100, dos veces le pedí se parará, supuestamente para limpiar, aunque la verdadera razón era observar aquella carpa que se formaba en su pantalón y que me indicaba que ante mi tenia a un hombre con una larga y gruesa pija entre las piernas.

    Ricardo camino hasta la puerta del negocio y cerró la puerta por dentro, sin ningún reparo, se dirigió hacia mí y me tomo entre sus brazos intentando besar mi boca, yo evite su boca y haciéndome la inocente le pregunte sobre sus intenciones, me contesto que me deseaba, que durante un mes había intentado seducirme sin logarlo, pero que ahora estaba seguro que también yo lo deseaba, que mi forma de vestir y de actuar me delataban y que estaba dispuesto a ofrecerme cualquier cosa con tal de aceptar en ese momento coger con él.

    Sin más, su boca volvió a buscar la mía, esta vez con mucha más suerte, pues el beso que siguió a continuación fue largo y húmedo, agresivo y lleno de lenguas que se enmarañaban una con la otra. Nuestras manos buscaban el cuerpo del otro, el deseo y la pasión nos envolvían, al tiempo que desabrochaba su pantalón y sacaba aquel bello instrumento, que con el solo tocarlo, adivinaba largo y grueso, casi negro y cubierto con tupido pelambre, el bajaba hasta los tobillos, la poca ropa que cubría mi sexo, me tomo de las axilas y me subió de un tirón a una de las lavadoras, donde sin ninguna objeción de mi parte, clavarme hasta el fondo aquel fierro candente. Entro hasta el fondo sin problemas, lo esperaba una húmeda vagina deseosa de ser penetrada sin piedad, tomándome de las nalgas, clavaba una y otra vez su verga en mí, y yo con las piernas en sus glúteos y mis manos en su cuello, empujaba para provocar mayor penetración de su parte. No paso mucho tiempo para vaciarme en un riquísimo orgasmo, mientras el eyaculaba en mi interior, llenándome de sus mocos calientes y en abundancia.

    Mientras tomábamos un respiro, acomode uno de los cobertores que teníamos lavados y que el cliente no había pasado por él, para usarlo como cama. Mientras me desnudaba, mire como Ricardo hacía lo propio, y pude apreciar como aquella verga que apenas tenía unos minutos de haberse vaciado, tenía un tamaño impresionante aun en estado de reposo, lo tome de la mano para recostarlo y así poder llevarme aquel pedazo de carne a mi boca, quería que pronto recuperara su tamaño máximo, para poder disfrutar nuevamente de su intrusión en mi cuerpo, él se acomodó no solamente para recibir, sino también para dar, un 69 que por sí solo, provoco un nuevo orgasmo de mi parte, su lengua se hundía tan dentro de mi que pensaba que era poseída nuevamente, lo hacía con tal maestría que con ella lograba darme total placer, mientras yo, con muy poco de mi parte, veía como su miembro viril, volvía a tomar dimensiones increíbles, mi mano no alcanzaba a rodearlo por completo y mi boca no daba suficiente apertura para poder meter por completo su glande.

    Me acomode nuevamente para recibir mi dotación de carne, Ricardo se puso encima mío, tomándome de los tobillos para abrir mis piernas completamente, y esta vez poco a poco hundirme su miembro hasta topar con mi útero. Ahora no hubo salvajismo, con ternura fue metiendo y sacando aquello que tanto me complacía, besaba mi boca y mis senos al tiempo que sacaba por completo y hundía nuevamente hasta el fondo se caliente garrote, a la quinta o sexta intrusión, mi cuerpo no aguanto más y por tercera vez descargue mi tensión sexual en un inacabable orgasmo, esta vez acompañado de fuertes contracciones de mi pelvis y múltiples espasmos musculares en todo mi cuerpo, sin dejar de temblar, seguía recibiendo verga, parecía que Ricardo jamás se vaciaría nuevamente, se notaba tranquilo mientras me bombeaba suavemente. De repente, hundió su arma lo más profundo que pudo y con largo grito de placer, se vacío por completo durante casi medio minuto. Era como si estuviera orinando dentro de mí, sentía como me llenaba de líquido sin parar, cuando por fin termino de eyacular, se dejó caer sin fuerza encima de mí. Así, como muerto estuvo otros diez minutos, mientras su inerte verga, poco a poco se contraía hasta retirarse de mi interior, el cual aprovecho el momento para vaciarse de la cantidad de líquido que tenía dentro. Más de una lavada, necesitaría ese cobertor para volver a quedar limpio.

    Pensé que todo había terminado ahí, él se acomodó a un lado para descansar, no emitía ninguna palabra, con cierto desasosiego empecé a pensar en vestirme e iniciar mi retirada, ya había tenido suficiente para sentirme complacida. Esperé un poco más a su lado y cuando pensé que dormía, intente levantarme, pero aparte de que mis piernas no respondían, una mano me tomo del brazo evitando que me terminara de levantar, mientras que mis incrédulos ojos, observaban como aquel pedazo de carne, nuevamente empezaba a tomar vida. Ricardo me jalo hacia su boca para nuevamente iniciar un beso candente y placentero mientras al oído me susurro que ahora me rompería el culo.

  • Marichuy (A petición de Julio)

    Marichuy (A petición de Julio)

    Acabo de llegar a casa, tuve un día complicado, primero en el gym, con mi coach pidiendo mayor esfuerzo en las series, luego un día difícil en la escuela, dos largos exámenes antes de salir de vacaciones intersemestrales, además mi novio en un plan de “sopórtame”, al cual mandé al carajo de inmediato y por último, un grupo de borrachos en el restaurant, que se sentían simpáticos y creían tener derechos de tocar, por el solo hecho de tener billete.

    Estoy cumpliendo apenas seis meses de independencia paterna, acabo de cumplir 19 años y hasta hoy, me siento totalmente llena.

    Mi roomie no me escucha llegar, duerme profundamente. Mientras me desvisto, recuerdo a los hombres del restaurant, aunque me molesta su forma de tratar a las mujeres, debo confesar que llegue a sentirme inquieta al saberme atractiva. Volví a humedecerme de solo recordar. Ojalá mi novio no hubiera estado pesado por la tarde, para por lo menos, fantasear con él por teléfono.

    En eso suena mi teléfono, es mi novio pidiendo disculpas y diciéndome que está afuera, esperando mi perdón. Lo amo demasiado como para dejarlo afuera, así que lo invito a pasar, unos besos bien pueden aplacar mi agitación y disculpar su actitud vespertina.

    Sin pensar, tomo un largo suéter para tapar mi desnudez y salgo a recibirlo a la puerta del departamento, la idea es no dejarlo pasar, solamente cuantos besos, tal vez un poco de libertad de manos y hasta ahí, mañana hay que empezar temprano el día.

    Pero las flores no las esperaba, rompieron mis planes de inmediato, lo invite a pasar, mientras buscaba un recipiente donde ponerlas. Después corrí a sus brazos para besarlo al tiempo que lo abrazaba del cuello con los míos y mis piernas abrazaban su cintura.

    Sus manos me sujetaban de los glúteos, totalmente descubiertos del suéter, note sus manos calientes sobando mis braguitas y buscando meter sus dedos entre la tela y la piel. Al mismo tiempo pude sentir como su excitación crecía entre sus piernas y las mías.

    Para no permitirme cambiar de posición, me recargo suavemente en la pared e inicio un movimiento de pelvis como si estuviera penetrándome. Si ya antes me sentía húmeda, ahora realmente estaba chorreando mi coñito.

    Lo invite a mi habitación, pidiéndole silencio para no despertar a mi compañera, estaba deseosa de dar un paso más, me sentía capaz de tener un buen faje, sin llegar al sexo.

    Cuan equivocada estaba, antes de acostarme, mi novio ya me había quitado el suéter que me tapaba, ahora estaba frente a él casi desnuda, cubierta con tan solo mis húmedas braguitas, que mostraban claramente los líquidos que emanaban de mi vagina. Permití que él se desnudara frente a mí, dejándose tan solo su bóxer manchado también por liquido preseminal.

    Ambos sabíamos que ninguno de los dos tenía experiencia en el sexo, ambos vírgenes deseosos, entre besos candentes y caricias, nos quitamos lo último que nos cubría, no quería ni ver, con los ojos cerrados espere el momento en que me poseyera, con torpeza intentaba penetrarme sin lograrlo, deseosa tome su pene entre mis manos y lo puse justo en la entrada de mi vagina, mientras con la otra abría mis labios vaginales, para permitir el libre acceso a mi interior, me sentía empapada, esperaba que eso me ayudara a hacer más fácil el ingreso de aquel invasor.

    Desde el momento que sentí que su glande se incrustaba en mí, el dolor me invadió, con voz baja le pedí que tuviera cuidado, que fuera despacio pues el dolor me mataba. Pero al sentirse dentro, dejo caer su cuerpo sobre el mío, clavando su pene de un solo golpe hasta donde mi cuerpo le permitió, desflorándome sin miramientos, no pude evitar gritar del dolor, mientras el trataba de moverse dentro de mi intentado sin lograrlo, imitar el movimiento de sacar y meter.

    Sin dejar de moverse como loco y sin considerar mi dolor, rápidamente sentí, como un líquido templado llenaba mi interior, mientras el gozaba con su venida, yo sentía como si me hubiera echado acido en una herida, Como pude trate de sacarlo de mi interior, con un enorme dolor logre mi objetivo, aun su miembro estaba semirrígido, por lo que la salida fue casi tan dolorosa como la entrada. Entre sollozos le pedí que se fuera y me dejara sola.

    Cuando estuve sola, mi compañera entro a mi habitación para consolarme, me ayudo a caminar hasta el baño y me preparo la ducha caliente para aliviarme.

    Sabía que no era intención de mi novio lastimarme, su falta de experiencia unida a la mía, habían hecho del que se suponía un bello momento un tormento, jure que jamás volvería a estar con un hombre.

    Volví a equivocarme, tres meses después, con el mismo hombre empezamos una aventura sexual que duro más de un año, y que de alguna manera, sembraron mi pasión por un tema del que hasta hoy disfruto al máximo.

  • Una para todos (Tercera parte)

    Una para todos (Tercera parte)

    Por la mañana del sábado y sabiendo que sus padres habían salido, Daniel espero a ver pasar a Fernanda rumbo al baño. En cuanto escucho el chorro de agua puso manos a la obra. Su teléfono estaba cargado al máximo y su verga estaba tan dura que le dolía.

    Cuando Fernanda salió de la ducha encontró a su hermano parado en la puerta.

    —¿Y ahora tu que quieres?

    —…

    Sin decir nada, Daniel le puso la pantalla de su teléfono enfrente. Fotos en días distintos de ella y su hermano mayor Carlos saliendo del Hotel.

    —¿Y eso que? ¿Ya no puedo subirme al auto de mi hermano?

    Luego puso un video, su padre saliendo de su cuarto en medio de la noche. Fernanda recordaba perfectamente cada momento, sin embargo lo negó.

    —¡Estas loco!

    Daniel se metió el teléfono en la bolsa de su pijama y jalo la toalla que cubría a Fernanda, su hermoso cuerpo desnudo quedó al descubierto. Y los dos se quedaron inmóviles por un instante.

    —¿Que te pasa? ¿Que haces?

    —Ya sabía que eras bien pinche…

    —¡CÁLLATE!

    Una bofetada le volteó la cara a Daniel que de inmediato desató su furia y la tomó por el pelo para obligarla a ponerse de rodillas. Aunque quería zafarse, ya estaba aprisionada por las piernas de Daniel que se bajaba el pantalón dejando expuesto su pene.

    —¡Mamamela!

    —¿Estas loco… imbécil?

    —¡MAMAMELA!

    —¡que no… suéltame!

    —¡Abre la puta boca carajo!

    —¡No seas idiota!

    La verga dura de Daniel chocaba contra la cara de Fernanda. Que aún trataba de parar a su hermano, aunque también sabía que tenía suficiente evidencia para hacerle pasar un mal rato con su madre. Tomó aire y se calmó un poco. Solo tenía una salida.

    —Ok, bueno… cálmate ya. Pero… si te la chupo… solo esta vez… borras esas cosas. ¡TODO!

    Daniel puso el teléfono frente a ella y eliminó el primer video. Luego se detuvo y la miró hasta que ella entendió. Tomó con la mano su verga y la coloco sobre sus labios.

    —Solo esta vez, no me vuelvas a pedir esto nunca. ¿Me oíste?

    —¡Cállate y abre la boca!

    En cuanto los labios de Fernanda se separaron, Daniel metió su verga hasta el fondo. Fernanda tenía que detener un poco a su hermano o terminaría asfixiada. Pero él le jalaba el cabello para no dejarla tomar ni un respiro. Con los ojos cerrados ella recibía la verga de su hermano menor. Y en cuanto pudo ver un poco, miro el teléfono de su hermano frente a ella. La estaba grabando.

    —¡GGgnogg! Graggghhbs!

    Movía la cabeza para que Daniel entendiera, pero él no tenía intenciones de parar en nada. Luego sacó su verga y le jalo el pelo con más fuerza a Fernanda. Estaba siendo abusada por la boca. La baba le escurría sin control cada que la verga de su hermano salía un poco de ella. Y sentía como crecía la excitación de Daniel. Hasta que el saco su verga y ya no soportaba ni un segundo más.

    —No Daniel… ¿que vas a hacer? ¡No! ¡No!

    —¡Levanta la cara!

    —¡No mames no! ¡No quiero!

    —¡Cállate!

    En cuanto sintió el primer chorro de semen en su cara, Fernanda cerró los ojos. Un par de chorros más le ensuciaron el rostro. Solo pudo abrir un ojo, el otro estaba cubierto de semen. Daniel seguía grabando.

    —¿Ya estas contento? Ahora borra todo eso y olvídate que esto pasó.

    —¿olvidar?

    Daniel salió del baño carcajeándose y azoto la puerta. Cuando Fernanda se puso de pie pudo ver en el espejo que incluso el pelo lo tenía lleno de semen. Se enjuago nuevamente y se fue a su cuarto.

    En cuanto entro, vio varias notificaciones en su teléfono. Su hermano Carlos le mandaba besos y le recordaba lo rico que la habían pasado un día antes. Su padre le decía que ya quería que fuera de noche para hacerla su puta. Su novio le mandaba besos. Pero del número de Daniel llegó un video. Con un mensaje claro.

    “Apenas comenzamos”

    La escena completa de la mamada que le acababa de dar. A Fernanda siempre le encanto que la grabaran. Y al ver los chorros de semen de su hermano cayendo en su rostro, se humedeció de inmediato. Aún estaba desnuda así que abrió las piernas y comenzó a masturbarse, repitió el video una y otra para hasta que logró un orgasmo. Otro mensaje en su celular le recordó que tenía una cita para comer con su novio Ricardo que veinte minutos después la esperaba en la puerta con su clásica playera de los Rolling Stones.

    Ricardo manejaba el carro de sus padres y tenía su clásica risa tonta en la cara. Ella seguía caliente y vestía una falda muy pequeña, que al subir al auto apenas y le tapaba un poco. Y su novio no le quitaba la vista de encima.

    —Méteme la mano!

    —¡¿QUÉ?!

    —Quiero que me toques la panocha.

    Cuando Ricardo metió su mano bajo la falda, las piernas de Fernanda se abrieron, pudo sentir que no traía nada bajo la falda y en cambio, ella estaba ya empapada. Maniobraba para hacer los cambios de velocidad si dejar de meterle mano.

    —Metete ahí.

    —¿Donde?

    —Ahí, al estacionamiento.

    Sin dudar entro al estacionamiento de un centro comercial sobre insurgentes. Y en cuanto apago el motor Fernanda buscó en el pantalón de Ricardo su dulce favorito. La verga se asomó, ella la hizo desaparecer en su boca. Se escuchaban los gemidos de él, enloquecido por el gozo y a punto de estallar. La verga le hervía. Y la boca de ella no dejaba de salivar. Cuando se sacó la verga de la boca y se montó sobre él. Vio a una pareja bajar de su carro a un costado y mirarla fijamente con desaprobación. Cosa que le hizo hervir la sangre y al caer sobre la verga de su novio. Fernanda se retorcía frenética e incontrolablemente. Ni siquiera sintió cuando su novio se vino dentro de ella. Siguió hasta conseguir un buen orgasmo. Solo entonces percibió la presencia del vigilante de la plaza comercial. Ricardo pasó de estar extasiado a esta aterrado.

    —¡Ya nos vamos! ¡Ya nos vamos!

    —¿Se te paro papi?

    —No le haga caso, ya nos vamos oficial.

    Mientras se alejaban, Fernanda le sostenía la mirada y se sobaba la panochita con residuos de semen, para el vigilante Ricardo no existía. Estaba fascinado con el espectáculo que Fernanda le ofrecía. Y Fernanda le guiñaba el ojo y no paraba de mandarle besos. Ya en la Avenida, el teléfono de Fernanda sonó. Era Carlos su hermano.

    —Quiero verte. ¿Puedes hoy?

    —Si, ahorita mi novio me acerca y te veo donde siempre.

    —En la noche…

    —En media hora está bien bye.

    La cara de Ricardo estaba desencajada, no entendía. Seguía manejando con el pene al aire, cada vez más flácido.

    —¿Si vamos a ir a comer?

    —Perdón amor, pero tengo unas cosas que hacer con mi hermano. Me dejas en metro villa de Cortez por favorcito!

    —Pero… pensé que… además mírate.

    Era obvio que su atuendo dejaba poco a la imaginación y el metro no era lo más adecuado para aquella minifalda y la blusa escotada.

    —Gracias.

    Subió el volumen a la radio y en cuanto llegaron ella le dio un beso y se bajó del auto. El tráfico no le dejó otra opción que arrancar su auto y dejar atrás a su novia. Fernanda entro al hotel y una vez que se instaló le mando mensaje a su hermano.

    “Habitación 403 te quedan 25 minutos o me voy”.

    Se dio un baño y sacó de su bolso una tanga que hacía juego con su sujetador. Luego quito el seguro de la puerta y se empinó sobre la cama. Le quedaban cinco minutos a Carlos para llegar. En tres minutos se escuchó la manija de la puerta. Cerró los ojos y en cuanto sintió la barba rasposa sobre sus nalgas supo que era su hermano mayor.

    —Por poco y no llegas.

    —¿Te hubieras marchado?

    —¡Ni loca!

    —Lo sabía putita.

    La cara de Carlos se perdió entre las nalgas de Fernanda y su lengua se hundió y recorrió desde el clítoris hasta el ano. Provocando que la piel de ella se erizara. Y unos pequeños gemidos inundarán la habitación.

    —Méteme la verga

    —No chiquita, primero póngase a mamar.

    La jalo hasta el borde de la cama y le metió la verga hasta el fondo. Ella estaba boca abajo y apenas se podía mover, la cabeza le colgaba en el borde de la cam, Carlos metía y sacaba su verga de la boca a placer mientras admiraba el hermoso culo de su hermana que seguía intentando meter más y más a su boca.

    —¿Te gusta que te haga mi perra?

    —…

    —Tragas verga como una puta hermanita!

    —Mmm

    —¿te vas a tragar mi semen?

    —ammmjjjumm!

    Saco su verga y la giro hasta que sus piernas se recargaron sobre sus hombros, luego hundió su verga y Fernanda dio un gemido que debió escucharse hasta la avenida.

    —Si dame duro! Soy tu perra! Méteme la verga cabron!

    —Me encantas cabrona!

    —¿Me muevo mejor que tu esposa?

    —Eres la mejor puta que allá probado en mi vida Fernandita.

    La giro y Fernanda quedó empinada, apuntó bien y metió su verga en ella.

    —Siiii! Soy tu puta cógeme! Dame dame!

    —¡Que pinche delicia es tenerte así!

    —¡Méteme tu vergota!

    Fernanda se empinó aún más y con sus manos separó sus nalgas, estaba teniendo un gran orgasmo y Carlos estaba a punto de terminar. Así que la jalo hasta el piso y metió su verga en la boca de Fernanda para que todo su semen entrara en su boca. Ella succionaba y seguía mamando.

    —Trágate toda la leche putita!

    —mmmm

    —Ahora enséñame tu boca!

    —haaaaa!

    Fernanda abrió su boca para mostrarle que no quedaba ni una gota en su boca y luego siguió mamándole la verga un rato.

    —Quisiera quedarme todo el día aquí, pero deje a mi mujercita sola en una fiesta.

    —¿Te saliste de la fiesta?

    —Larga historia, me voy. ¿Te pido un taxi?

    —No, le llamó a papa para que pase por mi.

    —¿AQUÍ?

    —Obvio no menso. Lo espero en el metro.

    —¿Segura?

    —Si, ya vete o te roban a tu Mujer.

    Tardo un rato dándose un largo baño, ya le había hablado a su padre estaba a más de una hora de camino. Bajo y lo espero sobre la avenid Tlalpan, que es conocida por ofrecer sexoservicio. Una docena de autos bajaron su velocidad para admirar el hermoso cuerpo de Fernanda.

    —¡¿De a cómo mamacita?!

    —Ven súbete güera!

    Por suerte o para mala suerte, porque ella lo estaba disfrutando. Llegó su padre y con la misma cara de asombro miró el vestuario diminuto de su hija.

    —¡¿Qué haces acá y vestida así?! ¿Estas loca?

    —Pues nada, larga historia.

    La mirada de papá en sus piernas le agradaba. Sabía que debajo de ese pantalón tenía ya la verga dura. Y ella jugaba con él, separaba las piernas y se asomaba por la ventanilla para dejarle ver de más.

    —Ya deja de hacer eso, vamos a chocar chingada madre Fernanda!

    —¿Y dónde dejaste a mamá?

    —Se fue al súper, Sabes que los sábados es feliz haciendo filas interminables para pagar la despensa.

    —¿Y la dejaste sola?

    —Ya sabes que odio las colas

    —La mía no, te he sentido muy animado en mi colita pa’

    La sonrisa cómplice de papá les hizo recordar las noches pasadas y el sexo a hurtadillas que tenían en casa. Cuando llegaron a casa, se aseguraron de que nadie estuviera en casa. Luego Fernanda lo llevó de la mano hasta su habitación y lo sentó en la cama.

    —¿Que me vas a hacer niña?

    —Hacerte feliz

    —Podría llegar tu madre en cualquier momento.

    —Sabes que se tarda horas y además aprovecha para tomarse un café con sus amigas. Relájate.

    Cuando le bajo el pantalón, la enorme verga de papá salió erigida como un mástil. Ambos sonrieron. Pero Fernanda ya estaba llena de poder. Sabía que controlaba cualquier situación. Comenzó a chupar la punta de la verga y clavó sus ojos en los ojos de su padre. La verga entraba y salía de su boca y ella casi ni parpadeaba, además le encantaba ver la cara de su padre contener el aliento y soltarlo resoplando.

    —Me gusta verte con mi verga en la boca.

    —Me gusta tener tu vergota en mi boca, soy tu putita papito. Obedezco.

    —Vamos abre bien la boca, quiero que te llegue hasta la garganta.

    —haaaagggg!

    La verga entraba y las pelotas de don Antonio chocaban con el mentón de Fernanda que aunque tenía la boca llena, seguía mirando fijamente a papá.

    —¡HOLA, YA LLEGUE! ¡¿Estas en tu cuarto Fernanda?!

    —¡SIIII!

    —¿Y tu papá esta?

    —No lo he visto he!

    Fernanda seguía mamando y Don Antonio contenía cualquier ruido que pudiera emitir. Escucho la voz detrás de la puerta.

    —Me dijo que iba a recogerte, algo así.

    —No ma’ yo estaba con mi novio.

    —Seguro se fue con sus amigotes.

    —Haaaag mmm si, seguro al dominó.

    —¿Estas bien? Te escuchas ronca, te vas a enfermar.

    La risa pícara de Fernanda mataba de angustia a su padre, que le hacía señas de que ya se callara.

    —Un poco, seguro se me pasa ma’

    —Ahorita te hago un té mi niña.

    En cuanto escucho que se alejaba, Fernanda se trepó sobre su padre y se ensartó. Ahora no gritaban, todo se lo susurraban al oído.

    —Estas loca Fernanda.

    —No me digas así, trátame como puta.

    —¡Te voy a coger como la perra que eres re cabrona hija de la chingada!

    —Si papito dime más!!!

    —Vas a ser mi puta mientras respire, esa cola es mía, eres mi putita!

    “YA ESTÁ TU TÉ MIJITA”

    Pegaron un brinco y como pudo se acomodó la falta, su papá se paró y se colocó tras la puerta. Fernanda abrió un poco, recibió la taza y le sonrió a mamá.

    —Gracias ma

    Cerró de inmediato.

    —¡Abre las ventanas para que se ventile. Huele muy feo hijita!

    —Si ma’ Tranquila. Hoy dejó bien limpio todo.

    Papá le hacía señas para que cerrara la puerta. Pero a ella le excitaba esa adrenalina. En cuanto sonó el seguro de la puerta su padre la empujó hasta la cama hasta déjala empinada, levantó su falda sobre su espalda. En cuanto sintió el ano de su hija, empujó hasta penetrarla, le encantaba sentirse dentro de esa colita apretada.

    —Si papi! hazme tu perra!

    —Este culo me vuelve loco cabrona! Levanta esas nalgas que quiero verte bien empinada.

    —Si papi soy tu perrita!

    —¡ESO! ¡Que rica colita!

    La pasión los envolvió, ya sonaba el choque sus nalgas contra papá. Y los gemidos de Fernanda crecían.

    —¿te sientes bien hija? escuche ruido, ¿no rompiste mi taza verdad?

    —No ma’ me voy a dormir un rato haaaa haaaaay!

    —Abre y te tomó la temperatura.

    Don Antonio no paraba y solo movía la cabeza esperando que su esposa se fuera de una buena vez. Pero insistía, los ruidos no eran normales.

    —Si me siento mal te aviso ma’ me duermo un rato.

    —¡es que también siempre andas toda destapada! ¿No andabas con esa falda por la calle verdad?

    —¡No ma’!

    —¡Tanto tipo vulgar!

    —¡me voy a dormir ma’ bye!

    Don Antonio con fastidio se tumbó sobre la cama, y Fernanda se subió sobre el y mientras sus caderas se movía, aprovechaba para besar el pecho lleno de vello de su padre.

    —¡Si te enfermas te voy a tener que inyectar mijita!

    —Jajaja no mamá, inyecciones no ja ja ja!

    —Voy a preparar la cena.

    —Si mamá siii siiii asiii

    —¡Estas muy rara niña!

    Por fin su parte la tomó de las caderas y la hizo rebotar sobre su verga.

    —Ahora si ya muévete chingada medre.

    —¿Todavía la amas?

    —¡CÁLLATE Y MUEVE EL CULO PERRA!

    Como si le hubieran encendido un botón, Fernanda comenzó a ir y venir sobre su padre. El ruido de la cama era incontrolable, así como el deseo de acabar de Don Antonio. La aventó a un lado y se contorsiono para poder vaciarle la leche en su cara. Por lo visto su rostro se convirtió en un depósito de semen.

    —Hay hija de puta! Que riiiico!

    —Cállate pa’ te va oír!

    —Que bonita mi niña llena de leche!

    —¡me encanta!

    La cara de Fernanda estaba llena de semen y aun así seguía con la mirada a su pare que se vestía y salía por la ventana al patio. Ella sacó su teléfono y se tomó una selfie. Con la leche de papá.

    —¿AHO ESTÁ TU PAPÁ? ¡CLARITO ESCUCHÉ SU VOZ!

    —Mamá, ya alucinas. ¿No será que la enferma eres tú?

    —¿que yo que amor?

    —Mira, ya llegó. ¿dónde andabas? Ven a cenar mijita y despierta a tu hermano que se quedó dormido en el estudio.

    El estudio, era un cuarto de servicio al final del pasillo con un escritorio y una computadora. Moderna hace veinte años. Y era también donde su pare guardaba su colección de porno. Revistas, películas en Beta, VHS y DVD. Y era el rincón favorito de Daniel. Pasaba horas mirando las viejas películas porno. También se supone que nadie sabía nada de todo ese archivo de entretenimiento.

    Fue la típica cena de sábado, pero a diferencia de otros sábados, Fernanda decidió quedarse en casa, estaba exhausta y solo quería a descansar. Así que se puso su pijama y el sueño la venció en un momento. Hasta que sintió que alguien le amordazaba la boca. Un terror indescriptible la giro invadió hasta que escuchó la voz de su hermanito Daniel.

    —No hagas ruido hermanita. Mamá y papá siguen viendo la tele en la sala.

    Y aunque quisiera, la mordaza le impedía hablar o pedir auxilio. Quiso moverse pero se dio cuenta de que sus manos estaban atadas tras su espalda. Los dedos de Daniel entraban en sus agujeros, de manera brusca, usándola, agarrándola como si fuera bola de boliche. Aunque le dolía, le gustaba. Y quería decírselo a Daniel, pero no podía. Así que levantó bien sus nalgas. Que se enterara que aquella brutalidad le fascinaba.

    —¿Te gusta verdad puta?

    —Ujuumm!

    Fernanda asentía y movía su culo, mientras su hermano metía de a dos y hasta tres dedos en sus agujeros.

    —Te voy a quitar la mordaza y me vas a mamar la verga, ¿Entendiste?

    —UJUUMMM!

    En cuanto pudo, jalo varias bocanadas de aire, luego sonrió y lo miro.

    —Te la voy a mamar pero sigue, eso qué haces con los dedos me gusta.

    —Eres la más puta Fer!

    En cuanto sintió que la saliva de su hermana envolvía su verga, no dudo y abrió sus nalgas para meter con más fuerza sus dedos. Ella pujaba, pero no se sacaba la verga de su boca. Después del día tan agitado, la mandíbula ya le dolía un poco. Pero su panochita era la que a base de tanta fricción estaba ya un poco rozada. Paro aun así, es ese momento ella se había convertido en la puta de su hermanito y no tenía planes de parar. La saliva le escurría por los lados de la boca. Para entonces ya sus ojos buscaban al dueño de cada verga que pasara por ahí. En cambio Daniel con los ojos cerrados y retorciéndose seguía entrando y saliendo de la insaciable boca de Fernanda. Al igual que sus dedos hurgaban con furia en sus agujeros.

    —¿Te encanta ser usada verdaaad?

    —¡uuuumm!

    Cuando sintió que se venía, por fin sacó su verga y aventó a su hermana, que con las manos atadas quedó de lado. La imagen de sus largas piernas le parecía hermoso. Pero la panochita expuesta era irresistible, y metió su cara entre las nalgas de Fernanda buscado su sabor.

    —siii! Chúpala hermanito! Mete tu lengua!

    El susurro de su hermana lo impulsaba a seguir chupando, y el sabor era exquisito. Con ambas manos separaba sus nalgas, tratando de hundir más su cara y de que su lengua entrara más.

    —Sisisisi! Que rico! Haa!

    —Ahora te voy a meter la verga cabrona!

    Al tener las manos atadas en la espalda, cuando se acomodó, su cara quedó hundida en su cama y su espectacular culo bien empinado quedó tan arriba que Daniel tuvo que subirse a la cama para poder meter su verga.

    “TOC TOC”

    Justo cuando la punta de su verga entro en ella, alguien tocó la puerta.

    —¡Fer! ¡Feeeer! ¡Abre mi amor!

    Era la voz de papá, que quería un poco más. En silencio escuchaban como la manija de la puerta se movía, pero no se abría. Daniel había tenido el cuidado de poner el seguro.

    —¡Feeeer! ¡¿Estas dormida?!

    Unos segundos después se escuchaban los pasó alejarse de la puerta y al mismo tiempo resbalaba la verga de Daniel al fondo de Fernanda que contuvo sus ganas de gemir, por el temor a que su padre los escuchara. Pero el golpeteo de su hermano chocando contra su culo delataría cualquier cosa, cerró los ojos y se dedicó a disfrutar. Inconscientemente mordía sus sábanas. Cada vez con más fuerza, pues su hermano iba cada vez con más fuerza contra ella. Y los gemidos aunque contenidos, se podían escuchar en su habitación y en los pasillos de la casa. Ahora si era imposible que Daniel contuviera sus ansias.

    —¡Ya me voy a venir!

    —¡¿EN MI CARITA?!

    —¿Quiere que te embarre la jeta?

    —siii! Quiero mi carita bien sucia siii?

    La aventó y apuntó su verga sobre su cara, apenas y pudo hacer a un lado su cabello, y los chorros de semen ya buscaban acomodo. Fernanda con la boca abierta y la lengua de fuera disfrutaba de la sensación de calor en su rostro. Como pudo, abrió un poco los ojos, para ver a su hermano exprimir su verga sobre ella y buscó la verga para seguir chupando.

    —haaaa! Haaaa!

    —¿Ahora no me grabaste?

    —No, ¿pero no será la última vez o si?

    —No, hazme tu puta cuando quieras hermanito!

    La desató y Fernanda jalo todo el semen de su cara para comerlos. Y su hermano la veía fascinado. Ella en verdad saboreaba cada porción de leche.

    “TOC TOC”

    De nuevo llamaban a la puerta.

    —shhh!

    Con el mismo dedo que juntaba el semen de su cara, Fernanda le hizo la seña de que guardara silencio. No movían ni un solo músculo.

    —¡Feeer! ¡Feeeeer!

    Cuando escucharon de nuevo que papá se alejaba, Fernanda se acomodó bajo las sábanas y le hizo espacio a Daniel. Abrazados se perdieron hasta quedarse dormidos. A la mañana siguiente, Fernanda amaneció sola, con el olor a semen en su cara. Y la vagina rozada. Pero la sonrisa en su rostro dejaba de lado cualquier estrago del día anterior. Decidió tomar un baño y desayunar. Se moría de hambre.

    Al salir de su habitación se encontró con su papá y sus dos hermanos sentados en la sala. Con una seriedad catastrófica. Siguió de largo y con una angustia inexplicable se dio un baño caliente y decidió salió a enfrentar lo que fuera que viniera.

    No sabía lo que le esperaba…