Autor: admin

  • Mi prima francesa, menuda cerda

    Mi prima francesa, menuda cerda

    Me llamo Eder y vivo en Bilbao (España). Quiero decir que lo que les voy a contar me ocurrió de verdad hace unos años, cuando tuve mi primera experiencia sexual con una prima de Francia que paso el verano en mi pueblo con mi familia. Yo soy un chico más bien normal, mido un 1,65 cm, ancho de espaldas, casi siempre me dicen que estoy cuadrado, soy moreno de pelo negro y ojos verdes y mi polla no es tan exagerada como en otros relatos que leído por ahí, mide unos 17 cm. más o menos.

    Se lo voy a relatar tal y como ocurrió. A últimos de julio, como todos los años, mis padres y yo nos fuimos de veraneo al pueblo. Cuando llegamos mi madre me dijo que iba a pasar una temporada una prima francesa que tenía, yo no la conocía y tampoco sabía nada de ella. A los pocos días de estar allí llego mi prima, se llamaba Julia, era más o menos de mi estatura, rubia de pelo rizado y ojos verdes, no estaba ni delgada ni gorda, algo rellenita quizás y con un par de tetas increíbles. En la primera impresión me pareció una chica normal y no me llamo la atención, pero pronto descubriría que era un autentica cerda.

    Los días pasaron con normalidad, ella y yo casi no nos hablábamos por vergüenza, pero un día comenzó todo. A mi prima le gustaba un chico de mi cuadrilla pero no se atrevía a decirle nada, cuando yo me entere no hacía más que burlarme de ella y ella me seguía el juego.

    Un día después de comer me tumbe en la cama de mis padres, ella estaba en la cocina y yo empecé a burlarme de ella, entonces se acercó a mí y me dijo:

    -Que es lo que pasa

    -Nada -dije yo- solo que tiene que tener una buena polla mi amigo para que te guste no?

    -Pues seguro que la tiene más grande que tu -me dijo- él la tiene grande y tu pequeña

    -Tócamela para que lo compruebes que polla tengo -dije yo agarrándomela- vamos, cógela.

    -El grande, tu pequeña -me seguía diciendo

    -Vale, luego cuando se vayan mis padres la coges para que te quedes tranquila jajaja

    Ella se fue a la cocina a hacer sus quehaceres y yo espere que mis padres se durmieran. Una vez dormidos, me acerque a ella y la dije:

    -bueno que, tócamela a ver si te atreves

    -que, que pasa -dijo ella cogiéndome la polla con la mano por encima del pantalón

    Entonces me baje los pantalones y la dije que a ver si se atrevía ahora y ella me dijo que no, entonces me acerque a ella y la bese, ¡dios! me metía toda la lengua hasta la garganta. Después de eso me cogió la polla y me la masajeó hasta que se me puso como una piedra, y entonces empezó a hacerme una deliciosa paja. Yo estaba en la gloria, se me empezó a acelerar la respiración y después de 5 minutos de masturbarme sin parar y a punto de correrme oímos un ruido de la habitación de mis padres y tuve guardármela a toda prisa, y de pronto apareció mi padre. En seguida mi prima se levantó y me dijo al oído:

    -A la noche te espero en mi cuarto para acabar con esto.

    Yo no podía creer lo que había pasado y lo que iba a pasar. Estuve todo el día pensando y fantaseando con eso, me preguntaba si me la conseguiría follar y vaya si lo conseguí.

    Ese mismo día por la noche me encontraba en mi habitación a la espera de que se durmieran mis padres y empezaba a fantasear en lo que tal vez podría suceder. Eran los 2 de la madrugada, me acerque a la habitación de mi prima y entre sin hacer ruido, allí estaba ella en camisón y con la luz encendida.

    -Te esperaba -me dijo ella con una sonrisa.

    -Bueno ya estoy aquí -dije yo mirándola con lujuria

    Ella se levantó de su cama y se acercó a mí, yo la cogí por la cintura y apreté contra mi cuerpo, nos fundimos en un apasionado beso y mi polla empezó a crecer restregando su coñito. Yo me quite la camiseta y ella comenzó a pasarme la lengua por todo el pecho, me chupa los pezones con mucha fuerza y yo no paraba de gemir.

    Julia se puso de rodillas enfrente de mí y empezó a bajarme los pantalones, yo me quede en calzoncillos y me dijo:

    -A ver que tenemos aquí? Vamos a ver si esta tan rica como me lo he imaginado

    Acto seguido me cogió la polla con la mano y empezó a hacerme una deliciosa paja, me la puso como una piedra y ella seguía masajeándomela. De repente se la metió en la boca y empezó a succionar mucha fuerza sentía dolor pero también un placer increíble. Ella seguía chupando como una loca y yo no paraba de gemir.

    -No sabía yo que tenía una prima tan puta jajaja -dije yo- Ahora vas a saber lo que es bueno, te voy a enseñar a ser mi putita

    La cogí por el pelo mientras me la seguía chupando y empecé a llevar el ritmo de su cabeza, ¡dios! se la tragaba toda, se la metía hasta la garganta a veces me daba la sensación de que tocaba su campanilla. La embestía lo más fuerte que podía hasta me hacía daño, sus labios se chocaban contras mis huevos. Así estuve un rato embistiéndola por la boca hasta que vi que tenía la cara completamente roja y casi no podía respirar, cuando se la saque tenia todos los labios llenos de saliva.

    -Lo has hecho muy bien primita

    -Estoy muy caliente en estos momentos -me dijo tumbándose en la cama y abriéndose de piernas- Yo también tengo una cosita para ti

    Tenía ante mi un coño bien abierto esperando a que fuera follado. Julia se quitó el camisón y se quedó desnuda ante mí. Me tumbe encima de ella y empecé a jugar con sus pezones, los chupaba y los mordía fuertemente, ella gemía y seguía pasándome un pezón a la boca y luego otro. Después de eso puse mi polla a la entrada de su coñito y la dije:

    -Preparada? Aquí viene lo bueno zorra calienta pollas

    Se la metí fuertemente de un golpe rompiendo toda su virginidad.

    – aaaahhh hijo de putaaa -gritó ella

    Tuve tiempo de ponerle la mano en boca para callar su grito, cuando le quite la mano de la boca vi que tenía los ojos en blanco, se había como desmayado pero no me importaba, yo seguida bombeándola con fuerza y agarrando sus pechos con firmeza.

    -Despierta puta -dije yo dándola un tortazo

    Ella reacciono y comenzó a gemir y a moverse como una loca, parecía que estaba poseída.

    -Vamos fóllame con fuerza cabrón -me decía- Vamos hijo puta

    Yo la empecé a follar lo más fuerte que podía, ella arqueo su cuerpo y la comencé a taladrar a lo bestia hasta que me quede sin fuerzas y tuve que descansar un rato tumbado encima de ella. Julia entonces se dio la vuelta dejándome a la vista su hermoso culito, no lo podía creer, me iba a dejar follármela por el culo, por si acaso no la dije nada y puse mi polla a la entrada de su ano.

    -Esto te va a pasar por cerda -dije yo y de un golpe conseguí meter tan solo el capullo

    -Cabronnn noooo -dijo ella gritando

    La agarre de la cabeza y se la estampe contra la almohada para que no gritase y de otro empujón se la clave entera, yo estaba en la gloria enculando a esta perrita y empezó el mete saca.

    -Te gusta primita como te follo por el culo?

    -Eres un cabrón, yo por ahí no quería… aaaahhhh me haces mucho daño, sácala ya por favor

    -Jajaja no no, me voy a correr en tu puto culo prima

    Acto seguido la agarre del pelo echando su cabeza para atrás y empecé a llevar el ritmo de las embestidas, me la seguí follando fuertemente, la sacaba casi entera y luego se la volvía a meter violentamente seguía con el mete saca continuo. Era increíble, estaba dando por el culo a mi propia prima y me estaba gustando.

    -Te-te odio ca-bron te-te odiooo -me decía- Eres un hijo de puta, sácamela del culo joder que me quema

    Este comentario me puso a mil y estaba notando que iba acabar dentro de su culo.

    -No te preocupes putita que enseguida acabo… me viene me viene, joder me voy a correr en tu culo prima aaahhhh

    Tres embestidas más y me corrí dentro de su culo, empezaron a salir chorros y chorros de semen de mi polla que la llegaron hasta las entrañas, la inundé de semen calentito a esa puta.

    -Serás cabrón, te has corrido dentro. Yo quería probar tu leche

    Dicho esto saque mi polla de su culo y Julia me puso boca arriba y me dijo:

    -Ahora te vas a enterar cabrón, esta putita va asacar la leche aunque este toda la noche, ahora te toca sufrir a ti un poco.

    Me cogió la polla y me la empezó a chupar a un ritmo increíble, yo me estremecía de dolor porque me acababa de correr hace unos segundos y ella seguía jugando con su lengua en mi capullo. Mientras me la chupaba me agarro los huevos con mucha fuerza y empezó a mordisquearme el capullo, yo me quería morir del dolor, no aguantaba más.

    -Qué te pasa cabrón? te duele? te hago sufrir? jajaja. Ya sabes lo que quiero, cuanto antes te corras menos sufrirás -dijo mientras me la machacaba muy rápido.

    Dicho esto volvió a metérsela en la boca y morderme el capullo y los huevos. Yo por fin ya estaba a punto de correrme así que la cogí de la cabeza y se la metí hasta el fondo de su boca, acto seguido empezaron a salir chorros y chorros de semen, más que la primera vez que tuvo que tragárselos todo para no ahogarse. Se lo tragaba todo, no dejo escapar ni una sola gota, se la saque de su boca y comenzó a limpiármela, cuando termino me dijo:

    -Dame un beso cabrón

    Y tuve que darla un beso teniendo los labios con restos de mi semen, probé el olor a polla y a semen y no me resulto muy desagradable. Después de esto me fui a mi habitación a descansar, y me pregunte que con los gritos que pegamos no sé cómo no se despertaron mis padres.

    A la mañana siguiente vinieron mis padres a despertarme y me preguntaron:

    -Que tal la noche con tu prima? Esperamos que bien jejeje.

    Eso me dejo helado, pero no me preguntaron nada más de eso.

  • La psicóloga (2-2)

    La psicóloga (2-2)

    Ambas

    Los siguientes días nada pasaba, aun tenía en mente mi experiencia exhibicionista en mi consultorio, pero jamás se repitió nuevamente. Solo esperaba tener una cita con aquella chica una vez más, deseo que se cumpliera en un par de días más.

    Aquel día estaba muy ansiosa por la paciente que tendría. No podía dejar de imaginar lo que me platicaría, verla, escucharla y claro, llenarme de nuevo de todas aquellas sensaciones. Todo tenía pinta para día perfecto. Apenas podía contener la ansiedad de esperar al final del día, hora en que tendría aquella cita.

    Recuerdo que esa mañana estaba muy soleada, así que decidí vestir un vestido ligero y corto para la ocasión. Sin más, salí de casa pensando en todo lo que sucedería, tratando de sacar de mi mente lo que no debería pasar de nuevo.

    Ya por la tarde, el sol nos abandonaba y yo lo único que deseaba era tener en el consultorio a aquella última paciente que tan caliente me había puesto la anterior cita.

    Despidiendo al penúltimo paciente aquella chica ya me esperaba, de reojo pude ver que vestía el mismo abrigo robusto que le cubría hasta las rodillas y de bajo solo se podían ver sus botas largas cubriéndole el resto del cuerpo.

    Sin más y con las prisas encima, la hice entrar. Recuerdo que respiré profundamente sabiendo lo que me esperaría la siguiente hora, traté de controlar mis emociones y la pesadez de aquella ardua semana y me entregué a lo que pudiese pasar.

    Después me senté frente a mi paciente en turno y comencé con las cordialidades mundanas que se deben hacer para que se sintiera más cómoda.

    -¿Cómo te ha ido? ¿Qué tal la escuela? ¿Los amigos?- Me atreví a preguntarle sabiendo que ahí radicaba el problema, de esta manera direccionando la plática a la raíz de una vez. –He estado llena de emociones -Contestó con una voz seductora acompañada de un profundo suspiro.

    -¿Cuáles emociones? Pregunté de inmediato para saber de qué iba el asunto, pero la chica no era fácil y pronto encontró una manera de controlar la conversación de nuevo. Me comentaba que había tenía otra experiencia más reciente que me quería confesar.

    Sin más opción, no me quedaba de otra que dejarla expresarse libremente de nuevo, sabía que era lo que necesitaba, además me estaba pagando por ello, después de todo y sinceramente no era que me molestara en lo absoluto, de hecho, me encantaba.

    -¿Por qué lo dices? ¿Qué te hace pensar eso?- Pregunté, dando de esta manera bandera verde al relato.

    -Sucedió hace poco, fue como si no fuese yo. -Comenzaba.

    -Estaba en la universidad, era ya tarde, pero apenas iniciaba mi última clase. Estaba de lo más aburrida, fastidiada y abrumada. Entonces algo pasó.

    Ese día llevaba un vestido corto de lo más ajustado, tacones altos y solo la parte intima de abajo. Claro, todos los hombres se perdían en mí, y eso me encantaba. Especialmente ese día y con ese atuendo no hubo hombre capaz de quitarme la mirada al pasar. Esa sensación ¿sabe?, sentirse atraída, importante, te hace sentir superior y poderosa.

    Ya lo había hecho antes, siempre me ha gustado vestir así, pero ese día algo estaba diferente en mí, me sentía mucho menos de lo normal, como que no era suficiente ¿me explico? Las miradas bien, los halagos y los suspiros a escondidas que notaba al pasar, mejor, pero ya no era lo mismo, ya no se sentía igual que antes. Especialmente ese día parecía que me sentía más ignorada que nunca, sin importar que todos me vieran, sentía que no me miraban con pasión, sino con pena. Entonces en aquella clase algo pasó.

    De pronto sentí una mirada, una de esas que te hacen voltear aunque no sabías que te estaban viendo. Al girar, un chico rompía la vista rápidamente al lado contrario. Ya lo había visto antes en el colectivo de trasporte, además compartimos un par de clases más. No es de mi tipo, pero no está mal, es decir, tiene buen cuerpo y parece ser divertido cuando esta con sus amigos, aunque cuando está solo, como en esa clase, es de lo más serio y aburrido.

    Pero como ya dije, no era un día común, algo estaba diferente, era el único que me miraba como a mí me gustaba, con cierta lujuria pero también con interés, con detenimiento, con deseo de querer más que solo sexo, no me clavaba la mirada en mi cuerpo solamente, sino que miraba lo que hacía y no olvidaba mirarme al rostro, tan solo cuando nuestras miradas se cruzaban era cuando apartaba la mirada de mí. Algo que sucedía constantemente.

    La clase era de lo más aburrida, el profesor solo hablaba y hablaba, por lo que no había nada más interesante que observar como aquel chico me miraba cada vez que creía que yo no lo veía. Así, comencé a jugar con él. Yo estaba en la parte trasera del salón, junto a la puerta trasera, él, estebaba en la misma fila horizontal que yo pero al otro extremo del salón, de frente a mí de espaldas a la ventana, por lo que había todavía tres columnas de alumnos entre nosotros.

    En fin, ya tenía en algo con que divertirme un poco para pasar el tiempo hasta el final de la jornada. No era nada, al principio tan solo jugaba con mis pies y piernas. Las masajeaba y estiraba seductoramente, pero más tarde al paso de la aburrida clase me percaté que aquel chico era el único que me miraba, el resto de los compañeros, platicaba entre ellos, miraba su móvil o en su defecto atendían la clase. Esa sensación me cambio por completo, mirar cómo, pese a estar en un lugar con mucha gente podía tener al mismo tiempo tanta privacidad que me diera la libertad de hacer lo que placiera, me estaba excitando.

    Me contaba la chica, quien comenzaba ya a titubear en su hablar y a ponerse nerviosa. Yo, escuchaba atentamente con rostro serio y firme, mientras ella continuaba.

    -Entonces, me atreví. Primero me quité uno de mis zapatos altos y juguetee un poco con mi pie desnudo, después lo masajee un poco para clamar mis nervios y el cansancio que me habían provocado los tacones altos en todo el día. Enseguida hice lo mismo con mi otro pie, su mirada estaba completamente concentrada en seguir cada uno de mis movimientos. Eso me encantaba.

    Más tarde me puse de nuevo los zapatos pero al hacerlo deliberadamente subí mis manos acariciando mis piernas firmemente, de esta manera subiendo mi ya de por sí corto vestido aún más arriba.

    Así me quede un tiempo mirando al resto de los alumnos para asegurarme que solo fuera él quien me estuviese viendo. No es que me importara que alguien más me mirara, pero no quería quedar como la zorra del salón y que más tarde todos quisieran lo mismo para ellos.

    En algún momento la clase terminó, todos se alistaban para salir rumbo a casa, pero yo permanecí de esta manera por un tiempo más, tan solo me cubrí un poco con mi abrigo mientras regresaba mi libreta a mi bolso. Sabía que aquel chico aun continuaría viéndome así que me tomé las cosas con calma, no quería que ese momento terminara, pues sabía que jamás me atrevería a repetirlo.

    Finalmente cuando terminé de alistarme para salir, y solo hasta estar segura que tenia la mirada del chico en mí, quité mi abrigo de las piernas y con total descaro las abrí frente al chico por un fugaz instante mientras me ponía de pie. Después, fríamente me puse mi abrigo y sin mirar atrás, salí del salón.

    Sabía que en esa posición me pudo haber visto todo, es decir tenía un tanga debajo, pero esa diminuta y sensual prenda no era para menos.

    Pensé que ahí terminaría todo, salí del campus y me dirigí al transporte subterráneo muy dispuesta a llegar a casa y olvidar todo lo sucedido en aquel tan extraño, pero nunca me imaginaba lo extraño que se pondría.

    Me quedé platicando con mis amigas por un tiempo y después me encaminé al subterráneo. Justo al bajar por las escaleras para tomar el tren me percaté de que había mucha más gente de la normal, me preocupé al inicio pero entonces lo vi de nuevo. Ahí estaba el mismo chico del salón al que anteriormente me le había exhibido, esperaba pacientemente en los andenes con la vista perdida en las vías. Quería ver su reacción al encontrarme ahí, quería ver si me ignoraría o si me miraría de nuevo y cómo lo haría.

    Me acerqué a él seductoramente, casi modelando, dándome mi importancia. Pero justo cuando estaba por llegar a donde estaba, arribaba inoportunamente el convoy para recoger a aquella multitud que esperaba.

    Aun así nos alcanzamos a mirar, supe que ya tenía su atención de nuevo, pero aquel chico aun titubeaba si seguirme o subirse al tren del que ya comenzaba a bajar las personas dando espacio para que los que esperaban, subieran.

    Sin quitarme la mirada caminaba a dentro del vagón, dudando, queriendo ir hacia a mí, pero las personas lo empujaban queriendo ganar algún lugar. Entonces un impulso incontrolable me hizo querer estar con él más tiempo, no lo pensé mucho, de haberlo hecho no hubiese sucedido, pero en un arrebato de tontería me lance a la multitud desesperadamente luchando por llegar a donde él.

    Entre empujones, pelee por entrar al apretujado tren, y con un poco más de esfuerzo me adentré hasta donde estaba el chico. Ahí me arrejunté con él, no era muy difícil pues no había lugar para un alma más. Entonces fue cuando me di cuenta de la tontería que había hecho, pero algo no andaba bien con migo. En ese momento comencé a sudar, mi respiración cambiaba y una oleada de calor subía por todo mi cuerpo.

    Casi me arrepiento, en ese momento de haber tomado la decisión de entrar en aquel vagón, no podía moverme y no veía nada más que los hombros robustos de los hombres a mí alrededor. Ya me estaba poniendo incomoda, pero entonces el tren comenzó a tambaleare al tomar las curvas e inevitablemente me hacía chocar contra todos en el lugar. Era molesto, bochornoso, si, pero al mismo tiempo me gustaba, de cierta forma.

    Intentaba no pensar en lo que sentía, pero sin nada más que me distrajera la mente, era imposible. Mientras luchaba contra mis sensaciones, el tren se detuvo, creí que bajaría toda la gente, liberaría espacio y al fin podría relajarme, pero sucedió todo lo contrario. El vagón estaba completamente lleno y aun así, no sé cómo, pero lograron entrar un par de personas más.

    Todos nos repagamos por completo, yo con toda alevosía me junté en dirección a donde estaba aquel chico, es decir, sabía que era inevitable el roce, y si estaría apretujada con un tipo, ese tipo sería el que yo eligiera ¿no?

    Me preguntaba con tono como para que yo le dijese algo. Pero la forma en la que contaba su erótica historia ya me tenía petrificada y no tuve capacidades para responderle, así que permanecí seria, fingiendo que aún conservaba mi cordura y tranquilidad, mientras ella continuaba.

    -El convoy arranco de nuevo, yo estaba de frente al chico, lo cual me puso tan nerviosa que mejor decidí poner a un lado de él. Como estaba en medio de la multitud me era imposible sujetarme de algún lado, así que solo me mantenía en pie gracias al poco espacio que había.

    En esas estaba cuando el vaivén del tren comenzaba, e inevitablemente comencé a rebotar como pelota por todos lados. Sin escapatoria miraba por entre la gente si se abría algún hueco para salirme o en último caso para sentarme. Había espacio apenas para respirar. Entonces sentí algo, sentí que algo rosaba mi mano, voltee y vi que era la mochila de aquel chico, quien al darse cuenta que miraba su mochila de inmediato la aparto a un costado. En ese momento la locura se apodero de mí.

    Y es que no pude evitar mirar la entrepierna del chico al dejarla descubierta. Ese día vestía un pantalón deportivo holgado, pero aun así se le marraba un bulto bastante sugerente, (risas nerviosas) y mi imaginación volaba (Mas risas). De inmediato voltee la mirada a cualquier otro lado y me clavé en ese punto como si estuviese mirando la cosa más entretenida del mundo.

    Así permanecí por un momento, lo juro, no volví a voltear, pero el meneo del tren no me dejaba olvidarme que estaba a un par de centímetros de aquel chico que tanto me había excitado y entonces una escalofriante idea me llagaba a la mente. No era yo, no lo pensé, cuando me di cuenta de mis acciones ya estaba acercando mi mano a la entrepierna del chico. No esperaba, ni quería que sucediera nada, solo actué, como es mi maldita costumbre. No sé en qué pensaba o mejor dicho, no pensaba, pero ahí iba mi mano encaminada a su destino camuflando sus movimientos con los ajetreados tambaleos del vagón hasta tocarlo.

    Fue un roce fugaz, pero tremendamente excitante. Apenas pude sentirlo pero aún así fue suficiente para que comenzara a temblar como si estuviese teniendo un ataque de hipotermia, no sé porqué. No era la acción lo que me tenía así, era solo el hecho de estarlo haciendo. No sé si me explico.

    Voltee a mirar la reacción del chico, solo por curiosidad. Di un rápido vistazo y regrese la vista a cualquier lado. El chico no tenía reacción alguna, creí que tendría esa cara de pervertido gozando mi momento, pero no, solo estaba ahí como si nada, llegué a creer que no se había dado cuenta pero en ese momento lo sentí de nuevo, su pene rozaba mi mano nuevamente y esta vez había tanta complicidad de mi parte como de la suya.

    Ya no quería seguir con ese juego, pero la sensación era increíble, tan solo dejé mi mano libre por ahí como no sabiendo qué, permitiendo que aquel chico rosara su miembro en ella. Así di rienda suelta a mí locura hasta la siguiente estación, donde al parar el tren ambos fingimos y nos distanciamos un poco hasta el nuevo arranque del convoy. Entonces regresé mi mano a posición y comencé a sentir como aquello que había comenzado como un bulto ahora se sentía duro y erguido.

    No podía creer el descaro de mi paciente al contarme tal cosa, pero sabía que era lo que le gustaba y en gran parte lo que necesitaba. Además también me gustaba y le permití que llegara tan lejos como confianza me tuviera.

    En ese momento cortó un poco su relato para quitarse el abrigo. Lo hiso rápido y de un solo movimiento. Fue cuando pude percatarme que debajo de aquel abrigo vestía una falda entablillada increíblemente corta con una blusa delgada y muy ajustada que dejaba ver en claro su evidente excitación, pues al no tener nada debajo de aquella blusa, se le marcaban erguidos su par de pequeños pero puntiagudos pezones.

    Ya se le notaba ansiosa de nuevo, titubeaba y temblaba, estaba segura que le excitaba platicar sus experiencias tanto como vivirlas en el momento. Por mi parte no me quejaba, tenía un buen don para relatar sus anécdotas y yo también comenzaba a contagiarme de su pasión mientras escuchaba atentamente como continuaba su historia.

    -Entonces de a poco comencé a rotar mi mano para sentirlo mejor con mi palma. Fue surrealista todo eso, nunca antes había tocado un pene, ya he tenido novio, pero con él solo eran besos y esas cosas, ya sabe. Nunca llegué a tocar a un hombre como lo estaba haciendo en ese momento, y además en público, eso me excitaba mucho. Nunca pensé que mi primera experiencia fuera de esa manera, pero me gusto.

    Fue ahí cuando me decidí por todo y me di media vuelta para quedar de espaldas al chico. No tardé mucho en sentir como el chico se me aproximaba y de inmediato sentí aquel bulto rígido restregándose en mi trasero. Miraba a todas partes para asegurarme que nadie nos viera mientras me repagaba con toda alevosía moviéndome de sobremanera exagerando los ajetreos del vagón para sentir el miembro del chico por todo mi trasero.

    El tren paró de nuevo, pero aún no habíamos llegado a la los andenes, estábamos todavía en el túnel, había retraso, nada de extrañarse a esas horas. Creí que debía de tener la peor de las suertes, pues con el convoy totalmente detenido, no tenía excusa para segur moviéndome sobre el chico.

    Maldecía a mí misma esperando que reanudara la marcha lo antes posible, pero en ese momento sentí la mano de mi compañero detrás de mí. Sentía como me acariciaba con delicadeza e increíble excitación. Sus dedos rosaban sutilmente mis piernas, mis glúteos y un poco mi cintura. Yo en tanto, solo revisaba a todos a mí alrededor pero nadie se percataba de lo que sucedía debajo de sus hombros. Entonces sentí de nuevo como el chico se repagaba, pero está vez era diferente, su pene estaba completamente erecto y se clavaba entre mis glúteos tan solo retenido por el estrecho vestido que le impedía ir más a fondo.

    Ya no estaba apenada, el estrés por ser descubierta había desaparecido, ahora estaba completamente convencida de que aquel momento entre el chico y yo era meramente confidencial pese al lugar público. Me entregué a las sensaciones y dejé por fin que la excitación hablará por mí, entonces me estreché aun más a aquel compañero y comencé a menear mi trasero para sentir como su pene me golpeaba las nalgas como bate entre sandias.

    Fue en ese momento cuando el tren paro, pero nosotros no lo hicimos, su mano se inmiscuía en mi trasero subiéndome de a poco el vestido, un estremecedor palpitar en mi corazón me decía que era demasiado, pero ya estaba totalmente entregada, era demasiado tarde detenerlo ahora que tan lejos había llegado. Aquella era mi estación destino. No me importó. Mientras veía entre la multitud las puertas deslizarse al cerrar, sentía el pene de mi compañero rosándome los glúteos. Estaba completamente desnudo, húmedo, igual que yo, poco a poco se inmiscuía en el estrecho y ardiente espacio entre mis nalgas, se movía de un lado a otro al ritmo del vagón que iniciaba su marcha, intentando penetrar más allá pero mi tanga se lo impedía. A mí no me importaría, es decir, ahora me sentía invisible pero quizá el pensó que sería demasiado.

    Finalmente llagamos a la siguiente estación y bajamos. El vagón quedó casi vacío, no tenía mucho sentido permanecer en él, así que también bajé. El chico me seguía de cerca pero pronto lo perdí de vista y al salir del subterráneo desapareció por completo.

    Miré de reojo el reloj y supe que la hora de mi paciente estaba por terminar, pero no hice ninguna expresión al respecto, sabía que nadie más esperaba pues era mi última paciente de la semana. Dejé entonces que continuara por un momento más, no podía evitar contagiarme por su relato y las sanciones que experimentaba al momento de platicar sus experiencias, imaginándome y recreando sus recuerdos en mi mente, pero conmigo como protagonista.

    El consultorio estaba muy caliente, las ventanas se humedecían al igual que nosotras, quienes ruborizadas éramos confidentes de nuestra respectiva excitación. En ese momento me puse de pie y me acomode la falda, dando de paso unos pequeños jalones a mis bragas que se me entremetieron en mis nalgas y mi coño, el cual compartía las características ya mencionadas de aquella habitación.

    Como pude me acomode mi prenda intima, disimulando cuanto pude mi incomodidad, me senté de nuevo, esta vez un poco más de cerca a mi paciente, y con un cruce de piernas cerré la pequeña pauta, permitiendo así que mi paciente continuara. -¿Cómo te sentiste después? Le pregunté

    -Muy confundida, distraída, aun continuaba en aquel sueño, no sentía que nada de eso fuera real. Estaba muy excitada y no podía tranquilizarme, quería más de aquel chico, en verdad estaba frustrada por lo que había sucedido y haber terminado tan pronto. Pero ya no había más que pudiera hacer así que decidí regresar a casa.

    Como me había pasado por una estación, debía regresar, pero con el bochorno y todo aquello que sentía mejor decidí volver a casa por fuera y así tomar aire fresco.

    Salí del subterráneo y el frio me golpeo fuerte, caminé bajo la noche y no podía dejar de pensar en aquel chico. Me imaginaba y fantaseaba cómo hubiese sido si nunca hubiera terminado.

    Hubiese sido demasiado, es decir, ya sabe, ¿Se imagina haber tenido su primera vez en un tren? ¿Así en medio de tantas personas? Me preguntaba, con una sonrisa nerviosa sin esperar respuesta mientras continuaba: -Ahora que lo pienso, me alegra que por fortuna no fuese así, pero en ese momento pensaba diferente, maldecía por no haber tenido más tiempo para consumarlo.

    Caminando por las calles bajo la noche me sentía muy confundida, comenzaba a despertar de aquel trance, pero nada cambiaba en mí, la vida a mí alrededor aún era surrealista, me sentía sola, incomprendida, excitada, pero sobre todo muy frustrada por haber terminado.

    Estaba realmente muy caliente, no podía pensar en otra cosa que no fuese mi reciente experiencia latente en mi mente. Todo lo relacionaba con sexo, las personas, los lugares, las cosas. Cada que miraba a un hombre atractivo me imaginaba como sería tener sexo con él, en aquel vagón, lo mismo con las mujeres. Imaginaba como sería hacerlo con ellas, en los lugares que pasaba; escaleras, pasillos, callejones, en los buses que pasaban, los hoteles, casas, edificios, oficinas y consultorios cualquier lugar oscuro me parcia potencialmente aceptable para hacerlo, y cualquiera, hombre o mujer apenas atractiva era el candidato perfecto.

    Entonces sucedió algo que me cambiaría por siempre, justo lo que quería y necesitaba aparecía frente a mí. Y es que en ese momento, cuando mi mente se encontraba fuera de mí, pasaba frente a una tienda de sexo. Entonces un mar de emociones me sacudió, debía entrar y no había discusión en mi mente. Así lo hice.

    Nunca lo pensé, ya era un hecho, ese lugar me estaba esperando. Al entrar una excitación me hacía tambalear las piernas, nunca había estado más caliente, apenas podía sostenerme en pie mientras recorriera los pasillos de aquella tienda repleta de juguetes sexuales, accesorios y vestimentas. Había dildos por doquier y no pude dejar de pensar nuevamente en mi primera y reciente experiencia con penes. Recordaba aquellas sensaciones al sentir el falo de mi compañero de escuela intentado entrar en mi ardiente coño. Fue ahí cuando todo tomó sentido, si, estaba segura de mi propósito en ese lugar. Terminaría aquella experiencia aunque fuese con uno de plástico.

    Nunca me preocupé por nada, no tenia noción de lo que hacía. Antes de saberlo ya estaba en el área de cajas pasando la tarjeta de crédito para pagar el pene falso que acababa de comprar.

    De inmediato salí de la tienda ocultando el estorboso paquete en mi bolso, entre cuadernos y libros. Estaba incontrolablemente nerviosa, sentía que todo mundo sabía lo que llevaba en mi bolso, todos me miraban, mi corazón golpeaba fuerte en mi pecho como si acabase de cometer un delito grave, temblaba y sudaba como condenada a muerte. Pero ya estaba hecho, no había marcha a atrás y a decir verdad no me arrepentía de nada, sabía que llegando a casa podría terminar lo que tanto necesitaba.

    Boquiabierta, escuchaba a la pobre chica relatando su única y la más grande experiencia sexual que jamás antes había escuchado, con voz engarzada y jadeando de excitación. Era evidente que no podía más, las palabras salían entrecortadas de su boca que temblaba junto con el resto de su cuerpo que pedía revivir la experiencia encarnadamente ahí mismo.

    Por mi parte hacía grandes esfuerzos por mantener mi disimulo, pero lo cierto es que igualmente estaba tambaleante, mi corazón palpitaba fuertemente y ya me era imposible controlar mi respiración que intentaba ocultar con uno que otro tosido ocasional, cuando la chica continuaba.

    -Temblando de estrés y ansiedad por todo lo ocurrido llegaba a la estación de autobuses, ya era tarde, llegaría muy noche a casa y seguro se preocuparían por mí, pero eso no me importaba, aquel día había sido el mejor de mi vida, y no lo cambiaría por nada. El salir de mi zona de confort y romper una que otra regla fue lo mejor que me pudo haber pasado.

    Sin pensarlo, me subí al primer bus que compartía mi destino. Sabía que estaría atestado de gente, claro que eso me tenía sin cuidado, pero al subir descubrí que de hecho estaba casi vacío y es que con todo no me percaté de que ya era más tarde de lo que había pensado.

    Al ver la hora me puse mucho más nerviosa, nunca había estado fuera de asa tan noche, y al llegar a casa sería aun más tarde, debía inventar alguna escusa a mi familia pero con la cabeza hecha un desastre y agobiada por tantas emociones no encontré más que enviar un mensaje explicando que había mucho tráfico.

    En verdad no sé cómo explicar lo que sentía en ese momento, estaba experimentado todas y cada una de las emociones que alguien pueda sentir en toda su vida, miedo, tristeza, soledad, excitación, angustia, estrés, ansiedad, desesperación, felicidad, alegría. En fin todos esos sentimientos eran insoportables y mi mente daba vueltas y vueltas, imaginaba lo que haría al llegar y por fin estar sola en mi cuarto, definitivamente abriría el juguete que había comprado y que ocultaba con recelo en mi bolso.

    Entonces un palpitar duro y seco de mi corazón estremeció todo mi cuerpo, la idea de destapar aquel paquete era simplemente insoportable, como al ver los regalos un día antes de navidad. Solo que de este regalo ya sabía el contenido, y su contenido era indescriptible.

    Como ocultando un animal peligroso, miraba el interior de mi bolso abriéndolo con extrema cautela. Sentía que cualquiera estaría viendo tras de mi hombro, pero lo cierto era que estaba sentada en la penúltima fila del bus, y tras de mí no había nadie. Enfrente había más gente pero era imposible que me viesen por la altura de los asientos, un poco diferente era el asiento de la fila de junto, a mi derecha, pues estaba ocupado por una pobre señora de traje quien presa por el cansancio del día, dormía perdidamente aferrándose a su bolso de mano y una bolsa más en la que seguramente traería sus tacones que le harían juego con su minifalda y saco, en vez de los desalineados zapatos deportivos que calzaba.

    Como si estuviese a punto de robar algo, deslizaba lentamente el empaque fuera de mi cartera intentado no hacer ruido alguno. Una vez fuera y con la misma cautela, comencé a revisarlo; era muy realista, debía serlo, había cogido uno de los más caros del mostrador. Entonces comencé a destaparlo, no sin antes dar un rápido vistazo a mí alrededor. Una vez comprobado que nadie me observaba destape el pene plastificado y lo saque del empaque que guardaba de inmediato de vuelta a su escondite.

    No lo podía creer, la textura era muy realista, sin duda justificaba su precio, pero lo que tampoco podía creer era que estuviese ahí, en el colectivo con personas a mí alrededor y yo, con un dildo en la mano.

    Pero aquello era extrañamente calmo, había silencio absoluto, dada la hora, ya nadie tenía energía, no había música, no había voces extrañas, llamadas de móviles, no había vendedores, nadie conversaba. Todos dormían o revisaban mensajes. Esa atmosfera me daba de nueva cuenta aquella sensación de privacidad pese al lugar público.

    No podía resistirlo más, recordaba la sensación del pene de mi compañero frotado mi mano, imaginado si se vería igual a ese pene artificial mientras lo tocaba de la misma manera. Mi ritmo cardiaco estaba a su máximo, mi cuerpo me temblaba y entonces, tras mirar a mi alrededor, me lo eché a la boca cual paleta de hielo.

    Sabía horrible, a plástico, pero eso no me importaba, tan solo imaginaba que era el pene de mi compañero y que por fin estaríamos a punto de hacer el amor, aunque fuese en aquel subterráneo. Lo chupaba con pasión, desesperación y mucha excitación, imaginando y fantaseando cualquier cosa. Entonces otro palpitar estremecedor me golpeo desde el pecho hasta los pies. Pensaba en probarlo ahí mismo.

    La idea me conmocionó, era demasiado, pero por otra parte sería muy excitante, digo, si era posible estarlo aún más. Aquel pensamiento me había regresado a mi máximo estado de ansiedad, temblaba como si estuviese dentro de un congelador, mis piernas estaban incontrolables, las masajeaba una y otra vez, pero solo conseguía excitarme más y más. Entonces se me pasó la mano y me roce un poco mi vagina, y de inmediato sentí una fuerte dilatación mientras una húmeda sensación recorría aquella recóndita parte de mí, mojando mi ropa interior.

    Escuchando tortuosamente el nivel de detalle del relato de mi paciente, simplemente estaba en estado de shock, no podía hacer nada. Su hora había terminado hace mucho, cortar ahora sería estúpido. Además, me tenía al borde de mi asiento y el ver a esa pequeña que podría ser mi hija excitándose a tales niveles justo frente a mí, era una experiencia que disfrutaba increíblemente.

    No podía evitar imaginar y materializar cada palabra de su relato dentro de mi mente. Cuando relataba lo húmeda que estaba en aquel asiento en la parte trasera del trasporte, supe exactamente lo que sentía, y lo supe porque estaba igualmente húmeda como yo misma en ese momento. Al mover mis piernas para cambiarlas de posición sentía justamente aquella humedad que describía bajo mis medias de seda que apenas retenían mis fluidos que empapaban mis pantis.

    Dicho sea de paso cada que hacía este movimiento de cruce de piernas, su mirada se adentraba lo más posible debajo de mi falda. Estaba segura que solo se trataba de curiosidad como parte de su descubrimiento sexual, pero también sabía que espiar la privacidad ajena era su fetiche, y ver mujeres le excitaba, por ello deliberadamente cambiaba de posición intermitentemente y con toda la calma posible.

    Entonces pensé: Si así estaba yo, ¿cómo debía estar ella? Imaginaba, cuan excitada debía estar ahí, frente a mí, mirándome con lujuria, hipnotizada con mis piernas. La miraba temblando, balbuceando y sudando. Yo estaba igual, ella lo sabía, por eso se había desinhibido por completo, ya no medía palabras, no censuraba detalles, todo lo contrario, ahora relataba con lujo de detalle.

    No había tregua, aún no tenía el control de mis acciones, mis manos se movían sobre mis piernas llevándome fuera de ese lugar. Me toqué la entrepierna y enseguida sentí ese calor y ese liquido aun sobre mi tanga que ya estaba completamente mojada. Entonces la tomé fuertemente y halé de ella para bajarla hasta mis rodillas, mientras se escurrían mis fluidos al exprimir la prenda por el movimiento.

    Con la mano mojada sujeté el falo de plástico y lo restregué para humedecerlo también, entonces voltee a mi alrededor, y al ver que todos eran ajenos a lo que hacía, me metí el dildo en mi coño.

    Creí que al estar tan mojada se deslizaría sin problemas hasta el fondo, pero lo cierto es que me dolió un poco, tuve que bajar el ritmo para meterlo lentamente. Aquello era simplemente la sensación más excitante que había vivido, el hacerlo despacio, y en público es lo mejor que he experimentado.

    Sabía de qué hablaba, sus palabras relataban una experiencia que todas las mujeres fantaseamos, pero pocas nos atrevemos a vivir. Estaba disfrutando de su sexualidad, abiertamente, quizá demasiado abierta, pero bueno, no le hacía mal a nadie, solo experimentaba y satisfacía su cuerpo sin tapujos, sin censura, sin medida, como todos lo hemos hecho alguna vez. Como todos deberíamos hacerlo alguna vez.

    Y en vivo, ahí, en mi consultorio frente a mí, parecía que el revivir esa experiencia, le hacía reencarnar esta libertad sexual sin importar mi presencia. A sabiendas que no estaba sola, comenzaba a tocarse sobre la ropa, comenzó frotándose sus pequeñas y tiernas mamas, pero poco a poco sus manos bajaban hasta sus desnudas piernas, jugando por debajo de su diminuta falda, sin perder de vista en ningún momento cuán lejos pudiese llegar debajo de mi vestido.

    Yo estaba tan caliente como ella, y no era decir poco, sabía que todo eso no iría más lejos que una experiencia más que rápidamente dejaría atrás sepultado en el baúl de su juventud, así que quise que lo tomara como eso, como un bello momento, como algo normal en una etapa de su vida.

    Entonces auto-convencida de hacer lo correcto, decidí unirme a su fantasía, ser partícipe de ese momento decisivo en su sexualidad y con toda alevosía comencé a separar mis piernas lentamente fingiendo total desinterés sin perder la serenidad.

    De inmediato su mirada se clavó bajo mi vestido, ahora podía ver con claridad y no perdería la oportunidad aunque perdiese por completo el disimulo.

    Su mirada en mi coño, mi respiración haciéndome jadear por lo que estábamos haciendo, sus manos tocándose frente a mí, y continuaba.

    Todas aquellas sensaciones de estrés, ansiedad, temor, arrepentimiento, excitación y deseo parecían apaciguarse a medida que me mesturaba con ese consolador en la parte trasera del bus. Mi ritmo cardiaco aun golpeaba ferozmente, pero ahora parecía domado. Podía controlarlo con el masaje vaivén del pene en mi vagina, el placer era absoluto, estaba perdida en él, pero entonces escuché pasos, de inmediato cerré las piernas y acomodé el dildo entre ellas ocultándolo con mi vestido y poniendo mi bolso encima.

    Era un chico quien bajaba en la siguiente estación, no notó nada pese a que aún tenía mi tanga en las rodillas. Apenas descendió continúe masturbándome; me subí el vestido y continúe metiendo y sacando lentamente el pene de plástico que hacía ruidos pegajosos al deslizarse adentro y al salir nuevamente.

    Tenía pánico de ser descubierta, pero estaba muy cliente para detenerme ahora. Estaba dispuesta, terminaría lo que había empezado sin importarme nada, pero justo en ese momento la chica de al lado despertaba, parecía que pronto bajaría, pero yo no esperaría que sucediera, ya no podía resistir un segundo más. Quería continuar pero aunque desde su perspectiva no podría mirar lo que estaba haciendo, sin duda sospecharía si continuaba con las piernas completamente abiertas de par en par.

    Entonces cerré las piernas nuevamente y comience a moverme con el juguete dentro de mí, pero no era suficiente. Fue ahí cuando me decidí. Me saqué el dildo y lo coloqué erecto y afirmado con la succión de su base sobre el asiento. Entonces sin dejar de mirar a aquella mujer quien aun desconocía lo que hacía, me senté sobre el pene.

    Primero me puse de pie, pretendiendo acomodarme el vestido, cuando en realidad lo que hacía era subirlo hasta mi cadera y quitarme el tanga de una buena vez por todas. Enseguida me toqué un poco para mojar aun más mi vagina que ya chorreaba de la excitación. Entonces poco a poco comencé a descender en aquel pene artificial.

    Los sonidos que hacia al descender hacían eco en el autobús ya casi vació y en completo silencio, pero parecía que los pocos ocupantes no lo notaban, o bien no le prestaban atención.

    Fue así como comencé a bajar y subir lentamente sobre el dildo afianzado firmemente en el asiento. En poco tiempo mi respiración se fue haciendo incontrolable y rápidamente se fue convirtiendo en jadeos. Era inminente, estaba a punto de venirme, bajaba y subía cada vez más rápido ahogando mis gritos con una mano en la boca y la otra en el sujeta manos del asiento de enfrente. Fuera, pocos autos pasaban, las calles estaban desiertas, y una vez más aunque estaba justo en el centro del mundo me sentía completamente en libertad dentro de mi espacio privado.

    Y entonces terminé en medio de todo y de todos. Entre los ruidos que hacía mi coño cuando el dildo entraba y salía velozmente a mi movimiento, entre autos, pasajeros, calles oscuras, el silencio de la noche y todas aquellas sensaciones que había congregado a lo largo del día, me subí el vestido hasta mi boca y lo mordí con todas mis fuerzas y mientras volteaba a ver una última vez a la chica de al lado nuevamente con los ojos cerrados, me imaginé que me veía, que me miraba de frente. Y así, un enorme orgasmo me recorrió por todo el cuerpo, arrancándome todo esa pesadez, estrés y ansiedad, junto con un profundo y entrañable grito que a duras penas lograba contener en mi vestido que mordía férreamente cuando de mi vagina salía un pequeño pero fuerte chorro que retenía aquel pene falso al dejarme caer por completo sobre él, rendida y vencida por mis piernas que tambaleantes eran ya incapaces de sostenerme al vivir ese increíble orgasmo.

    De la fantasía a la realidad

    Ya no podía soportarlo, simplemente era intolerable, para amabas. Su relato nos tenía sudando, jadeando y temblando. Aquella chica estaba de ensueño, perdida en sus propias palabras, dejándose llevar por el momento, por el lugar y principalmente por la compañía. Y es que en la última etapa de su relato no me quitaba la vista de mi entrepierna que ahora tenía abierta a la vista desde el ángulo en el que me había sentado con todo atrevimiento de separar mis piernas.

    Con tal vista, y toda la atmosfera del momento aquella chica ya no podía contenerse; temblaba cual cachorro en la intemperie y con la misma ternura. Mientras sus manos recorrían minuciosamente su cuerpo, llegando cada vez más profundo bajo su corta falda.

    Al final del relato sus manos que en un principio se limitaban a tocar sus piernas, ahora con todo descaro sobaban su entrepierna por encima de su falda que con tanto movimiento ya vestía de cinturón.

    Le miraba atentamente, sin perderme detalle de su actitud, su nerviosismo, de su ansiedad, y si, de su excitación. Sabía que ya no era la misma chica que había llegado, ya no era la misma niña ingenua que había vivido lo que relataba. Ahora era toda una mujer experimentando sus fantasías, sus deseos, sus recuerdos y su sexualidad. Ya no era consciente de sí, no tenía miedo, fortalecida por la confianza de nuestro vínculo que iba más allá de lo profesional, ahora se tocaba sin tapujos frente a mí.

    Toda esa experiencia me había contagiado de su libertad, de su derecho auto-proclamado de reclamar su propio cuerpo en el lugar y la compañía con la que se sintiera en confianza para hacerlo, para hacérselo a sí misma. Y es que sin saberlo yo misma experimentaba ese efecto espejo, cuando al ver a esa chica tocarse, mis manos llenas de envida, remedaban sus movimientos para tocar de la misma manera mi cuerpo.

    Y así, sin planearlo, estábamos una frente a otra tocándonos, disfrutando y complaciendo lo que nuestros respectivos cuerpos necesitaban. No sé cómo llegamos a ese nivel de confianza, pero ambas nos sentíamos con la suficiente seguridad pasa hacerlo.

    En un momento no me importaba lo qué estaba pasando, no le tomaba la seriedad necesaria a lo que estábamos haciendo, ambas éramos ya suficientemente maduras para saber lo que sucedía en ese lugar y lo suficientemente capaces de hacernos responsables de nuestros actos.

    Pero en ese momento no parecía así, especialmente yo, nunca había actuado así. Siempre había sido una persona seria y recatada. Quizá por eso es que me era tan difícil salir de ese trance, me había dejado llevar por el momento y daba rienda suelta a mis instintos más escondidos y profundos.

    Aun así, logré regresar a mi cordura, y detuve aquella situación completamente descarrilada. Me acomodé la falda, me puse de pie y sin perder la prisa, comencé a despedirla poniendo de excusa la hora que era.

    Muy diferente la reacción de mi paciente. La pobre chica no quería desprenderse del momento que tan duramente había forjado, cual tan arduo trabajo apenas le comenzaba a rendir frutos.

    Me hice de corazón duro y terminé la cesión del día. Sin darle más opciones la encaminé a la puerta para despedirnos. Pero la chica es muy inteligente y decidida. Al verse acorralada ideó un plan. Con la excusa de la tardanza, me pedía pasar al baño antes de irse, pues el trayecto sería largo.

    La excusa era buena, no lo niego, pero yo sabía qué en realidad iba hacer en el baño, no me había pasado la carrera de psicología para que me engañara de esa forma. Era completamente predecible.

    Pero no podía negarle ese derecho, así que la acompañé y esperé afuera. De antemano sabía que esperaría un tiempo, pero no me atreví a dejarla sola a su suerte, con algunas oficinas aún laborando podría ser descubierta, así que esperé fuera.

    El silencio era absoluto en aquel pasillo, tan solo tenues sonidos llegaban entre ecos desde los demás pisos del edificio. A la espera, el tiempo pasaba y yo, haciendo de guardia a la saciedad de los instintos de mí paciente quien debería de estar relajando su cuerpo como mejor sabe.

    Entonces recordaba sus últimas palabras y ese sentido tan explicito de relatar aquel orgasmo que había tenido y que tan caliente nos había dejado.

    Pero era ella tan solo, es decir, ella se estaría tocando para terminar con la ansiedad que su relato nos había creado, pero yo no. Yo estaba fuera con aquel nerviosismo y estrés en todo mi cuerpo, tan excitada como ella, pero sin poder hacer nada. Entonces lo hice.

    Aquel pasillo completamente solitario y el eco lejano de mis colegas en sus respectivos consultorios, me daba al mismo tiempo una especie de seguridad, igualmente como me la habría descrito la misma chica en su experiencia, la cual estaría replicando justo en esos momentos tras de mí. Fue en ese momento cuando no lo resistí más y comencé a tocarme.

    De inmediato me toqué mi entrepierna por encima del vestido y sin demora mi cuerpo me lo agradecía con espasmódico escalofrió que me hacía temblar hasta el último musculo de mi ser. Me sentí increíble, envidiando a mi paciente por tener la osadía y libertad de poder tocarse sin recelo, mientras continuaba presionando fuertemente la poco elástica tela de mi vestido intentado que mis dedos pudiesen frotar mi vagina que me rogaba por ser atendida.

    Muerta de la envida, no permitiría que ella se saliese con la suya mientras me moría de ansiedad en aquel pasillo. Entonces me decidí. Si ella podía yo también lo haría en el baño. Así que entré.

    Apenas abría la puerta principal de los baños para dama la escuché. Seguro debía estar disfrutando de aquel momento, pensé, pero el demonio me susurraba al oído.

    No lo había pensado, pero es que su cubículo estaba abierto, no sé si lo había hecho deliberadamente, seguramente sí, pero la idea de espiarla me invadía por completo la mente. Comencé a andar lentamente, y a medida que me acercaba escuchaba como la chica gozaba de aquel momento haciendo sonidos de placer.

    Por fin llegaba y me asomé lentamente y le miré. Tenía sus piernas completamente separadas, mientras se masturbaba con su dildo que seguramente sería el mismo participe de su experiencia en el bus.

    De inmediato nuestras miradas se cruzaron, pero no hubo ningún sobresalto, ella continuaba haciendo lo suyo como si aún estuviese sola, y mientras me aproximaba más con extrema lentitud, ella continuaba masturbándose con su dildo que metía placenteramente en su vagina completamente lubricada por sus jugos.

    Yo era otra, no podía hacerme responsable de mis actos, no me controlaba, sin saberlo me acercaba más y más, mientras escuchaba aquellos sonidos que producía su juguete en su cavidad pequeña y lubricada, acompañados de pequeños gemidos de lo más excitantes, y antes de darme cuenta me encontraba frente a ella.

    Entonces me arrodille entre sus piernas, le tomé su dildo y sin sacárselo de su pequeño coño, comencé a chupárselo. Sin recelo la chica aumento sus gemidos de ritmo y volumen, mientras sujetándome del cabello me agradecía con tiernas caricias llegando al climax.

    Me volví loca, me dejé contagiar por su libertad sexual, por el momento, por mis instintos más bajos y por mi propia excitación. Mientras le chupaba su apretada e inocente vagina, le metía y sacaba su amigo plastificado haciéndola gozar como nunca.

    Entonces de a poco sus gemidos aumentaban cada vez más, sabía que estaba a punto de culminar su fantasía. Ahí aumente el ritmo y comencé a meterle y sacarle el falso pene velozmente mientras le succionaba su clítoris como loca para hacerla venir. Fue en ese momento cuando de entre el dildo y mis labios comenzaba a escurrir aquel líquido de placer reafirmado por una serie de desgarradores gritos que me expresaba el tremendo orgasmo que estaba viviendo.

    Había sido un magnifico orgasmo el que presencié, sin duda que lo había disfrutado y yo estaba más excitada que nunca, estaba tan caliente que comencé a masturbarme ahí mismo, arrodillada frente al coño aún chorreante, sujetando aquel dildo en su mojada cavidad. Inclusive pensé en sacárselo y metérmelo a mí misma, sin embargo la chica me sobrepasaba, estaba más extasiada que yo. Se levantó tomándome de los brazos para erguirme junto a ella e inmediatamente se me abalanzó a besarme, sin impórtale que aquel juguete aun colgase de su vagina, cual al ponerse de pie, caía resbalándose por el lubricado lugar en el que se hallaba. Yo no podía hacer nada, ya estaba perdidamente hundida en el momento, así que me dejé besar y la besé.

    Todo era maravilloso, le abrasé apasionadamente y me perdí en sus labios sin importarme nada, mientras le entremetía los dedos en su cabellera, sentía como ella me acariciaba las piernas a manos abiertas hasta llegar a mi trasero, el cual estrujaba sin recelo.

    Sabía que nos perderíamos en ese lugar, pero en ese momento se escucharon ruidos cercanos y nos sobresaltamos. Rápidamente nos acomodamos la ropa, ella levantó su juguete metiéndolo a su bolso y salimos al lavamanos.

    Mientras nos arreglábamos un poco el cabello no nos perdíamos de vista, sabíamos que aquello era solo un receso, una pequeña pauta, pues ambas deseábamos terminar con la historia que juntas habíamos forjado.

    Salimos del baño y sin mediar palabra regresamos al consultorio, le hice pasar y apenas cerrando la puerta, se me acercó de nuevo y yo le respondí. De nuevo nos unimos en un beso y nos perdimos.

    Esta vez sin restricciones de inmediato comenzamos a deshacernos de nuestra ropa, lo primero en salir fue mi vestido, del cual deslizaba la cremallera con grandes esfuerzos de controlar sus tambaleantes manos, para finalmente hacerle caer desde mis hombros hasta el suelo. Enseguida comenzó a besarme el cuello sin detenerse mucho ahí, para bajar besándome el pecho hasta mis senos, los cuales comenzaba a lamber con pasión llena de ansiedad. Seguramente sería su afición, pues habría puesto bástate atención a esa zona de mi cuerpo, chupando y tocando excitantemente mis senos duros y erectos. Yo fascinada.

    Le agradecía acariciándole la espalda y sus pequeñas tetas por debajo de su delgada blusa, pellizcándole sus pequeños pezones puntiagudos. En tanto mi dulce paciente bajaba por fin de mis senos hasta mis bragas, pasando a besarme por todo mi abdomen. Ahí comenzó a bajarme la única prenda que aun vestía, desnudándome mi coño húmedo a la intemperie al cual se apresuraba a besar con pasión y ternura.

    Aquello me llevó al éxtasis, sentía como me humedecía aún más prediciendo un inminente e incontenible orgasmo. Entonces me dejé llevar. Me senté sobre mi escritorio y le abrí mis piernas a mi paciente tanto como mi elasticidad me lo permitiese mientras ella me chupaba como podía y como quería sin desprenderse en ningún momento.

    Así, mientras me besaba mi vagina, la chica comenzó a tocarse la suya, aquello era una sinfonía de fluidos entre los míos, su saliva y los de ella. Ahí supe que ambas terminarías en cualquier momento, así que me lleve mis manos para ayudarle a hacerme terminar.

    Era insoportable, era la mejor sensación que podría experimentar en mi vida y aun no terminaba. Estaba dispuesta a hacerlo inmejorable, como ella, llevar el momento a sus extremos, apostar el todo por el todo, sin miedo y sin reservas, así que me metí un par de dedos y comencé a masajearme mí clítoris mientras ella me chupaba entre los espacios que mis dedos dejaban.

    Poco a poco sentía como aquel orgasmo surgía desde lo más profundo de mi cuerpo a medida que me masturbaba, mientras aquella chica me chupaba mis fluidos que escurrían al ritmo de mis dedos entrando y saliendo. Entonces, cuando pensaba que no podía mejorar, la chica se paró, tomó su bolso y de él sacó aquel protagonista principal del relato, lo chupó un poco, y sin más comenzó a metérmelo en mi mojado coño.

    De inmediato sentí como mi vagina se dilataba para dar paso al pene de plástico que lentamente se deslizaba en mi mojada cavidad, mientras unos pequeños y pero muy excitantes espasmos recorrían todo mi sexo a su paso. Y en cuanto entró por completo un profundo y desgarrador suspiro salía entre jadeos y gimoteos de mi garganta.

    Me sentía increíble, al borde del orgasmo, mientras mi paciente me metía y sacaba su dildo de mi vagina yo me masajeaba mi clítoris haciéndome gemir de placer como nunca. Poco a poco aumentaba de velocidad las embestidas de su juguete al tiempo que me chupaba mis dedos que estimulaban mi clítoris, y entones no pude más; aumente mis movimientos presionando justo en mi zona de placer, y mientras ella me metía su dildo velozmente, por fin me hice estallar en un espasmódico orgasmo que me arrancaba el gemido más profundo que jamás había soltado, mientras me corría en la cara de mi pequeña paciente quien a su vez se hacía terminar de nuevo, mirándome al mismo tiempo haciéndome terminar, con mis piernas completamente abiertas para que ya no tuviese que espiar a escondidas. Ahora podía ver claramente mi vagina en pleno orgasmo, en primer plano y culminar todas sus fantasías en su propio orgasmo al mismo tiempo.

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  • Haciendo una nueva amiga

    Haciendo una nueva amiga

    Hoy les contaré la vez que, por trabajo, tuve que ir a la costa.

    Alquile una habitación en un pequeño pero lindo hotel, a la orilla del mar. Llegue a este lugar un miércoles en la mañana, después de registrarme en el hotel me metí de lleno en el trabajo hasta el viernes tarde en la noche, el día del sábado comenzó muy tranquilo, leyendo sobre el lugar me di cuenta que había una playa nudista muy cerca y decidí ir a ver qué tal.

    En la playa había poca gente, pero eso sí, habían prácticamente de todas las edades, formas y tamaños…

    Puse mis cosas a un lado un poco apartado de la gente, me desnudé y tomé el sol por unos minutos, luego entre al mar, al cabo de un rato una chica se me acercó, era delgada, un par de años menor que yo y un poco más baja, de pechos pequeños y nalgas respingadas. Mientras yo flotaba en el inmenso mar, ella me saludó y empezó a preguntarme sobre mis nipples piercings, que si me dolieron, que cuánto me costaron, que si me causaban molestias… Ya frente a frente con ella y con el agua al ombligo conteste a sus preguntas, y moviendo y estrujando mis tetas le mostré que no me dolía o incomodaba de ningún modo, con una mirada pícara pregunto si podía tocarlas para ver mejor el piercing, naturalmente, esbozando una sonrisa, le dije que podía tocar todo lo que quisiera. De inmediato se puso manos a la obra, tocando, apretando, acercó tanto su cara a mis pechos que podía sentir su aliento caliente contra ellos e incluso, cuando se irguió, su nariz rozó uno de mis pezones erectos.

    Me dijo que me había visto flotar y que ella nunca había aprendido y yo, como soy muy buena persona, me ofrecí a enseñarle en ese mismo instante, ella entusiasmada acepto. Con una mano en su espalda y otra en su culo le pedí que se dejara caer, que se relajara, que pusiera su cabeza hacia atrás y abriera las piernas, mientras la mano en su trasero se dedicó a recorrerlo, a apretarlo y a abrirlo un poco, de allí fue a su vientre y a sus muslos, subiendo y bajando, acercándose más y más a su pubis para después subir sin previo aviso a los pequeños y redondos pechos de mi nueva amiga, pellizque sus pezones a lo que ella respondió con un pequeño gemido y cerrando los ojos, ahí fue cuando decidí, ahora sí, meter mis dedos entre sus labios vaginales, recorrer ese coñito y poner su clítoris entre mis dos dedos para después apretar, soltar, apretar un poco más, detenerme y volver a empezar, mientras tanto mi boca no se quedaba quieta, estaba entretenida en chupar y morder esas ricas tetas, al cabo de unos minutos me dijo que ella también quería tocar, nos fuimos hacia la playa y al parecer estaba un poco más vacía que antes, aun así había un tipo maduro que nos miraba con insistencia, fuimos por nuestras cosas y tratamos de encontrar un lugar más distante en donde no hubiera nadie; casi lo encontramos y digo casi porque el hombre maduro nos había seguido, aunque guardaba su distancia pudimos ver que su verga estaba totalmente dura y la tocaba mientras nos miraba. Y como todos tenemos derecho a disfrutar, pusimos las toallas y me acosté con las piernas abiertas en su dirección, enseguida mi nueva amiga se puso en la tarea de comerme el coño separando bien sus piernas para que nuestro admirador tuviera buena vista, ella me metía tres dedos y luego cuatro sin ningún problema, toda esa aventura me tenía muy mojada pero yo también quería probar a mi amiga, así que le pedí que se sentara en mi cara para empezar a hacer un rico 69; y si, yo estaba mojada, pero ella… ¡Uuff! Era otro nivel, terminé con la cara empapada, después de un rato cambiamos de posición, queríamos poder vernos y poder ver al hombre que se masturbaba en nuestro honor, me senté y ella poniendo una pierna debajo de mi y otra sobre mi acercó su coño al mío, nos movimos al unísono, nuestros fluidos se mezclaron, nuestros clítoris se rozaron un sin número de veces, sus tetas y las mías brincaban pidiendo que alguien las apretara, los movimientos de caderas aumentaron tanto como el vaivén de la mano de nuestro querido mirón y cuando él se vino con un gran gemido, nosotras sólo pudimos seguir su ejemplo.

  • El moro me hizo suyo (Tercera parte)

    El moro me hizo suyo (Tercera parte)

    Ya había disfrutado 25 días de vacaciones en mi casa, pero aún me faltaban 20 días que iba a pasar con Jabibi.

    Viajaba en el avión que estaba a punto de aterrizar en Marruecos (Casablanca), allí me estaría esperando Jabibi.

    Nada más salir de la aduana, ya vi a Jabibi. Con una inmensa sonrisa en su cara, se abrazó a mí, y después de los saludos protocolarios, tiró por mí llevándome hasta su coche, donde dejamos el equipaje, volviendo luego al aeropuerto para tomar algo en la cafetería, ya que yo estaba muerto de sed.

    Nos sentamos en una mesa a beber unas cervezas, mientras hablábamos de lo que habíamos hecho esos 25 días en que nos habíamos separado.

    Dani, te he extrañado mucho, todas las noches he soñado contigo y tu hermoso culo, besar tus labios, y abrazarte junto a mí.

    Yo también te he echado en falta, bueno creo que el que más te ha echado en falta es mi culito. Pero al menos así ha podido descansar estos días.

    No sé si daré esperado a llegar a casa para darle la bienvenida como se merece. Tengo ganas de meterte la polla en ese rico y bonito culo.

    Tengo los huevos repletos y a punto de estallar, Dani. Esta noche te voy a follar hasta que amanezca. No te voy a dejar dormir, mi amor.

    Hablamos durante un buen rato, mientras íbamos consumiendo un par de cervezas. Al acabar, nos levantamos para marchar, pero antes de subir al coche de Jabibi, le pedí que me dejara ir a los servicios, ya que necesitaba mear.

    Jabibi entró conmigo en los aseos, al no haber nadie en ellos, me cogió de la mano, metiéndome en uno de los cubículos y cerrando la puerta.

    Nada más cerrar la puerta, me rodeó con sus brazos, arrimando mi cintura a él, bajó con su boca buscando mis labios. Puso la boca sobre ellos, empezando a pasar la punta de su lengua y saboreándolos. Poco a poco fue metiendo su lengua, hasta que se encontró con la mía, jugó con ella, la saboreó, succionó para luego ir mordiéndome los labios.

    Mientras tanto sus manos se aferraron al cinturón, lo desabrochó, luego siguió desabrochando el pantalón, tirando por él hasta conseguir bajármelos junto al slip.

    Espera Jabibi, espera, le dije. Déjame mear que me estoy meando.

    Dejó que me colocara para mear, sin dejar de acariciarme. Me sobaba el culo mientras con su barbilla apoyada en mi hombro, me susurraba cuanto te he echado en falta mi amor, que culito más rico.

    Subía sus manos por mi vientre acariciándome, fue subiendo mientras me iba acariciando, se paró en los pezones. Con sus manos empezó a pellizcarlos, mientras con su boca me mordía en el cuello y la nuca, ¡aaahhh mi amor! Necesito follarte ya, ¡aaahhh, que rico estás!

    Cuando terminé de mear y pulsar el botón de la cisterna, Jabibi ya se había bajado sus pantalones, mostrándome su polla que tanto había echado de menos. Puso las manos sobre mis hombros, haciendo que me agachara y llevara mi boca a su polla, que ya se mostraba en todo su esplendor. Me sujeté a sus piernas mientras abría la boca para dar entrada a aquella rica polla, que ya mostraba en su punta el brillo del precumen que empezaba a salir. Saboree con la punta de la lengua aquel manjar que ya salía, chupeteando luego todo el glande.

    Jabibi, se retorcía de gusto y desesperaba por no poder emitir sonidos que nos pudieran delatar. No aguantó más y me levantó por las axilas, dándome la vuelta y colocar mis manos sobre la pared. Me sujetó por las caderas, haciendo que me inclinara un poco, y sacara un poco el culo para dejárselo a su alcance.

    Mojó sus dedos con saliva, llevándolos luego a mi culo, repitió varias veces hasta mojar de saliva bien mi ano, luego acariciando el esfínter con un dedo, fue empujándolo, hasta que consiguió abrirme el culo.

    Apoyó con desesperación la punta de la polla en la entrada de mi ano, dio un pequeño empujón, y cómo si mi culo ya lo estuviera esperando, le dio entrada a su polla.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar entrar el glande en mi culo.

    Jabibi me puso una mano en la boca y me decía: Calla mi amor, calla que nos pueden oír. Siguió empujando su polla, hasta que consiguió metérmela toda.

    Esperó unos segundos a que me acostumbrara y el culo se dilatara un poco, y poco a poco empezó a mover su pelvis, hasta que ya metía y sacaba la polla a toda velocidad.

    No tardó mucho en empezar a correrse. Daba fuertes embestidas mientras me mordía el cuello, e iba soltando su semen en el culo.

    Cuando terminó de eyacular, sin sacar la polla, cogió con su mano la mía, y dándome mordiscos en el cuello, me hizo eyacular a mí.

    Nos volvimos a besar, y después de un buen morreo, donde me volvió a dejar los labios hinchados y colorados cómo tomates, nos vestimos, saliendo del aseo con precaución y mucho sigilo.

    Llegamos al coche, nos sentamos y allí me volvió a acariciar la pierna. Mi amor, cuanto te necesitaba, me decía mientras me acariciaba la pierna.

    Jabibi, si no paras de meterme mano, me vas a hacer empalmar de nuevo. Mejor que arranques y me lleves a tu casa.

    Según íbamos llegando a su casa, me iba explicando las zonas por donde íbamos pasando, y la historia de la ciudad.

    Aquí es, dijo cuando llegamos a una casa de 3 plantas. Ahora conocerás a mi tío y su familia, como te dije, es toda la familia que me queda, y no temas nada, porque la casa es mía, y ellos saben todo de mí.

    Bajamos del coche, cogí la maleta, y fui siguiendo a Jabibi. Abrió la puerta, y allí en la planta de abajo, que era donde estaba la cocina, comedor y una gran sala, además de otras estancias que todavía desconocía, estaba su tío. Me presentó y le dijo que nos perdonara, que primero iba a subir el equipaje y acomodarme.

    Subimos al primer piso, entramos en una inmensa habitación, este es nuestro dormitorio, me dijo. Aquí tienes para guardar la maleta, y colocar la ropa. Allí está el aseo, y como ves esto es la cama. Era como un grandísimo colchón tirado sobre el suelo. Aquí dormiremos los 2, es nuestro nido de amor.

    Después de guardar la maleta y haber colocado la ropa que tenía pensado usar, bajamos y junto a su tío, fuimos recorriendo toda la casa. Me enseñó todas las estancias, diciendo que además de su tío, estaba la mujer de este, y un hijo de más o menos mi edad.

    La mujer del tío llegó a la casa cuando terminábamos de hacer todo el recorrido; venía de comprar algunas cosas, por lo que se disculpó por no estar cuando había llegado. El hijo estaba estudiando y no llegaría hasta la hora de cenar.

    La mujer se llamaba Aisha, el hijo Said y el tío Rachid.

    Después de un buen rato hablando con el tío, la mujer y haber recorrido toda la casa, Jabibi me llevó a dar una vuelta por la ciudad e irla conociendo.

    Entre que paramos a consumir algo y hacer alguna compra, no fue mucho lo que vimos, ya que a las 7:30 de la tarde, ya estábamos de vuelta en casa y A las 8 cenábamos.

    Cuando íbamos a sentarnos a cenar, fue cuando apareció el primo de Jabibi, Said. Me presentó, sentándonos a cenar.

    Mientras estábamos cenando, el primo no me quitaba la vista de encima. Era como si quisiera comerme a mí, en lugar de comer la cena. Era alto y guapo cómo Jabibi, tenía unas pestañas que quitaban el hipo, eran largas y rizadas, que le hacían tener una mirada muy sexi y tierna.

    Durante toda la cena, estuvimos hablando de todo un poco. Ellos contaron que tanto les había hablado Jabibi de mí, que habían estado deseando conocer a ese Dani, del que tanto les hablaba Jabibi.

    Y ahora querían saber todo de mí. De donde era, cómo se vivía, si tenía familia, etc.

    Les conté todo lo que quisieron saber, y respondí a todo lo que me preguntaron. Yo creo que les satisfice todas las curiosidades que tenían sobre mí.

    Pasaban algo de las 10 de la noche, cuando Jabibi se levantó, y despidiéndose de ellos, me llevó para la cama.

    Nosotros ya nos retiramos a dormir, Dani debe estar cansado del viaje, y mañana quiero llevarlo a conocer la ciudad.

    Pasarlo bien y no hacer mucho ruido, dijo Said, el primo de Jabibi, cuando nos íbamos.

    Jabibi se echó a reír cogiéndome por la mano, e hizo que pasara delante de él, poniendo luego sus manos en mi cintura, mientras subíamos las escaleras.

    Entramos en el inmenso dormitorio, y después de cerrar la puerta, Jabibi me rodeó con sus brazos por la espalda, empezando a morderme el cuello, e irme quitando la ropa.

    Jabibi, deja que primero me vaya a lavar, le dije mientras intentaba zafarme de sus brazos.

    No sé si daré esperado tanto tiempo. Mañana nos bañaremos los 2 juntos.

    Solo voy a lavarme la boca y a mear, le dije.

    Me soltó de su abrazo, dejando que fuese a lavarme. No tardes mucho mi amor, mientras tanto me iré quitando la ropa.

    Entré en aquel inmenso baño, y luego de asearme, salí para desvestirme y acostarme con Jabibi.

    Jabibi me estaba esperando sentado en un sillón, completamente en pelotas. Ven mi amor, ven que te quiero quitar yo la ropa.

    Me acerqué a él, cogiéndome el por las manos, lo primero que hizo fue quitarme los zapatos y calcetines, luego me hizo girar y me abrazó por la espalda a la vez que se levantaba del sillón.

    Me empezó a morder el cuello, mientras con sus manos me desabrochaba el cinturón, luego siguió desabrochándome el pantalón, dejó que fuera cayendo por mis piernas, mientras iba subiéndome la camiseta, para sacármela por la cabeza y haciéndome levantar los brazos para ello.

    Después de sacarme la camiseta, volvió con sus labios a besar y morderme el cuello, mientras sus manos acariciaban y pellizcaban los pezones. Siguió bajando y acariciando con sus manos hasta llegar a mi slip. Ahí las fue deslizando por dentro, a la vez que me lo iba bajando, y Dejando que el slip cayera por las piernas, hasta llegar a los tobillos, donde tenía el pantalón.

    Me arrimó más a su cuerpo, haciendo que mi culo se pegara a su pubis y notara su polla pegada a él.

    Llevó sus manos a mis ingles, apretándome contra él, y acariciándome los huevos y polla a la vez que iba restregando su polla por mi culo.

    Metió uno de sus pies por el medio de mis piernas, y pisando el slip y pantalón, terminó de quitarme toda la ropa.

    Luego me fue llevando hasta llegar a la cama. Con una mano apartó la ropa y nos metimos entre las sábanas.

    Me tumbó boca abajo, y así como estaba pegado a mi espalda, nos quedamos. Mordía mi cuello y hombro, luego fue llevando mis brazos arriba, e hizo que abriera las piernas para poderse colocar mejor.

    Echó la mano al lubricante que ya había dejado a la cabecera de la cama, vertió unas gotas en el canal de mi culo, luego con su mano lo fue esparciendo por todo el ano. Hizo presión con un dedo en el esfínter haciendo que se abriera, lubricando la entrada.

    Volvió a echarse sobre mi espalda, a la vez que se iba restregando con la polla por mi cuerpo, buscando la entrada de mi ano.

    Cuando la dio colocado, me pidió que elevara un poco el culo. Nada más levanté un poco el culo, ya me entraba el glande en él.

    Al notar entrar su polla, di un suspiro de placer, ¡ooohhh! Y seguido volvió a dar otro movimiento a su pelvis, entrándome toda la polla en el culo, ¡oooohhhh! Gemí más fuerte.

    Ya, ya está mi amor, me dijo mientras se quedaba parado unos segundos. Mientras me besaba la cara y cuello.

    Empezó moviendo su pelvis despacito, para poco a poco ir cogiendo más ritmo, cómo notó que yo elevaba un poco más el culo buscando su polla, empezó a follarme más rápido y profundo.

    ¡Ay mi amor cuanto te quiero! Que gusto y placer me das, ¡ooohhh! Que gustito estoy sintiendo, ¡ooohhh! Que caliente y suavecito se nota tu culito mi amor.

    Los 2 gemíamos y jadeábamos sin parar.

    Yo pegaba y subía mi culo para que la polla de mi morito me llegara lo más profundo; me encantaba notar sus huevos pegados a mi culo, y su pelvis haciéndome cosquillas en el culo con sus pelos.

    ¡Ohhh! Dame, dame más fuerte, ¡ooohhhh! Le pedía a mi morito, elevando el culo y pegándolo más a él.

    Jabibi, mordía mi cuello y hombro, lamía mi cara, e iba moviendo su pelvis cada vez más rápido.

    En toda la habitación se escuchaban los jadeos y gemidos de ambos, y el sonido de su pelvis al pegar en mi culito, plas plas plas plas, y de repente empezó a gemir más fuerte, ¡ooooohhh! Y gritaba: me corro, me corro, me corro mi amor.

    Su polla empezaba a escupir semen dentro de mi culo. Largó 5 o 6 trallazos, llenando mi culo con él.

    Cuando terminó de eyacular, quedó tumbado sobre mí, recuperando el aliento. Luego llevó una mano a mi polla, y con solo tocarme, empecé a expulsar el semen, ¡oooohhh Jabibi! Me corro, me corro.

    Había llenado su mano y manchado las sábanas con mi leche; había quedado exhausto.

    Jabibi seguía echado sobre mi espalda, besando mi cara y cuello, y con la polla dentro de mi culo. Mi amor, te quiero, me decía mientras me daba besos por todo el cuello y cara, y me acariciaba con sus manos.

    Desperté por la mañana al sentir los labios de Jabibi recorrerme por la espalda, y sus manos acariciarme el culo. Mi amor, tenemos que levantarnos, me decía subiéndose a horcajadas sobre mi espalda.

    Desperté con Jabibi montado sobre mi espalda, notando el calor de sus huevos y su polla erecta.

    Agachó su cabeza para besarme y morderme el cuello, a la vez que se iba estirando sobre mí, colocándose para volver adarme por el culo.

    Levanta el culo un poco mi amor, me decía sin dejar de besar y dar mordiscos a mi cuello.

    Me estiré cómo pude, desperezándome un poco, y tan pronto levanté un poco el culo, ya noté la polla de Jabibi entrando en mi ano.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar como mi esfínter se abría, dando entrada a su glande.

    ¡Ahhh! Mi amor, así, así, me decía Jabibi, mientras me iba metiendo la polla en el culo.

    Con una de sus manos buscaba mi polla y huevos, mientras seguía moviendo su pelvis introduciendo y sacando su polla en mi culo, ¡aaahhh! Mi amor, te quiero mi amor, ¡aaahhh!

    Agarró mi polla con su mano, y mientras me seguía dando por el culo, iba haciéndome una paja.

    ¡Ohhh! Suspiraba y gemía yo, notando como la polla de Jabibi entraba y salía de mi culo, rozándome la próstata, y sintiendo cómo mi polla era estimulada por la mano de Jabibi, ¡ooohhh!

    No tardé mucho en empezar a correrme, ¡ooohhh! Jabibi, Jabibi, gemía, ¡ooohhh! Y sin poder remediarlo, empecé a eyacular en su mano.

    ¡Ahhh! Mi amor, gritaba Jabibi, incrementando sus arremetidas, ¡aaahhh! Mi amor, ¡aaahhh! Empezando a soltar todo su esperma en mi culo.

    Cuando terminó de descargar todo el semen, quedamos parados unos minutos, levantándonos una vez repuestos y recuperada la respiración.

    Antes de levantarnos, me giré y echando un brazo sobre Jabibi, busqué su boca, besando sus labios y metiendo la lengua en ella. Me subí a horcajadas sobre él, y sin dejar de besarlo, le dije, me gusta cómo me despiertas, mi amor.

    Nos metimos en la ducha, y después de una hora, estábamos desayunando junto al resto de la familia de Jabibi.

    Esa mañana de sábado después de haber desayunado, Jabibi, junto a su primo Said, me llevaron a conocer la ciudad, hacer unas compras, comer algo, y a una especie de balneario que al parecer era la casa de un amigo de Said, donde Jabibi ayudado por Said; más bien Jabibi ayudó a su primo; me volvieron a depilar por completo.

    Después de depilarme y antes de bañarnos y perfumarnos, Jabibi junto a su primo, me poseyeron por todos mis agujeros, y todas las posturas posibles.

    Said, el primo de Jabibi, resultó ser un gran semental, tenía una polla más grande y gorda que la de Jabibi; lo que más me costó, fue meter aquel ciruelo que tenía de polla en la boca, ya que apenas me cabía; gracias a que Jabibi me tenía el culo bien abierto de tanto follarlo, si no, la polla de Said, no me hubiera entrado tan fácil. Cuando me la metió en el culo, no tardó en hacer que me corriera ni 3 minutos; me hizo correr sin tocarme.

    Me había dado por el culo, después de haber sido follado por Jabibi. Me colocó boca arriba, levantó mis piernas doblándolas por las rodillas llevándolas a mi pecho, haciendo que mi culo le mostrara el esfínter. Para hacer que quedara más levantado, se tumbó sobre mis piernas y pecho, haciendo que las piernas quedaran lo más pegadas a mi pecho, respingando mi culo más arriba y quedara más expuesto para su penetración.

    Cuando empezó a meterme aquel ciruelo, creí que me iba desmayar. Empecé a dar gritos de placer que ni metiendo su lengua en mi boca apoderándose de ella, fue capaz de acallar.

    Cuando terminó por correrse dentro de mí, quedé tan agotado, que me tubo que levantar y cogerme en brazos; las piernas me temblaban y no me daban sujetado. Quedé con agujetas hasta el día siguiente.

    Después de salir de allí, follado, sin vellos en el cuerpo, unas agujetas y el culo super abierto y repleto de semen, me llevaron a comprar unas babuchas junto a una chilaba que me regaló Jabibi. Quería que la pusiera sin llevar ropa alguna debajo de la chilaba, pero ese día no lo consiguió; logré ponerme el slip, y al menos ese día salí de allí con el puesto.

    Ese día no me volvió a dar por el culo Jabibi, yo me encontraba tan pero que tan cansado, que esa noche no follamos. Claro que, al día siguiente, volví a despertarme con la polla de Jabibi dentro de mi culo.

    Al día siguiente, me llevó en su vehículo a conocer Rabat, y consiguió que llevara puesta la chilaba y babuchas, y no llevara nada más puesto; me convenció para que fuera incluso sin el slip puesto.

    En el camino a Rabat, me dio por el culo 2 veces, una al llegar a Rabat, en el hotel nada más llegar, y la otra fue en una parada que hicimos en el camino. Salimos del vehículo a estirar las piernas y mear en una zona desierta, y cuando estábamos meando, me levanto la chilaba por detrás, y arrimado a un árbol para que me pudiera sujetar, me dio por el culo.

    Me había subido la chilaba por detrás, dejando mi culito al aire. Me subió la chilaba hasta la cabeza, quedando sujeta por la misma, me hizo apoyar las manos en un árbol, abrió mis piernas colocándose entre ellas. Levantó su chilaba colocando su polla en la entrada de mi ano, comenzando a empujar su polla hasta que me tubo empalado.

    ¡Ohhh! Dani, tu culo me vuelve loco, no me canso de follarlo, con solo mirar para él, ya me pones a mil.

    Que gusto, ¡ooohhh! Que gusto me da follar tu culito, Dani, ¡ooohhh! Que gusto.

    Me tubo casi 10 minutos apoyado al árbol, dándome por el culo. Entraba y salía su polla de mi culo, haciendo que con cada embestida que me daba, me pusiera de puntillas.

    Jabibi, ¡ooohhh! Jabibi, gritaba yo, salpicando de semen con mi polla la parte delantera de la chilaba que llevaba puesta. No paraba de gotear semen, mientras estaba siendo enculado por Jabibi.

    Cuando terminó de darme por el culo, quedamos jadeando pegados uno al otro. Mi polla parando de salpicar el semen que me goteaba, y Jabibi mordiéndome la espalda y recuperando el aliento.

    Durante los 20 días que estuve en Marruecos con Jabibi, me dio por el culo todos los días, hubo días en que me folló 2 veces, y en un par de ocasiones, llegó a darme por el culo 3 veces. El primo de Jabibi no me volvió a follar, ya que con lo que me daba por el culo Jabibi, tenía polla de sobra, y además mi culito no aguantaba tan fácilmente aquel ciruelo de Said.

    Pasados los 20 días, volvimos a embarcar Jabibi y yo en el mismo barco, y como en la campaña anterior, durante 6 meses que duró la misma, volví a ser su mujer.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • De tiendas y en el probador

    De tiendas y en el probador

    Después de estudiar toda la mañana y parte de la tarde sentía el cuerpo sin vida, descolorido y tenso. Necesitaba calor y lo único que me lo podía ofrecer por el momento, era un buen baño.

    Mientras la bañera se llenaba, eché un poco de esencia de lilas al agua, encendí unas velas y las repartí por el baño.

    Fue meter la pierna, notar el calor abrasante e inmediatamente mi cuerpo se empezó a relajar. ¡Dios! Realmente quemaba. Pero mi cuerpo se adaptaría enseguida.

    Me tumbé, apoyé la cabeza y lentamente me fui escurriendo al fondo de la bañera hasta introducir por completo la cabeza. Me quedé ahí por unos segundos intentado liberar la mente y aunque el calor del agua era relajante, no terminaba de quitarme el estrés. Saqué la cabeza y aún con los ojos cerrados dejé vagar la mente.

    Sin proponérmelo, acudió a mi mente él. Metro ochenta de puro musculo, cabello negro, piel tostada, ojos brillantes y una cara que engaña. Pues aunque parezca dulce, le gusta duro.

    Me entró un escalofrío. Recordé el día que habíamos pasado de compras. ¡Uf! ¡Vaya día! Lo que parecía que iba a ser una tarde de lo más tranquila se convirtió en algo que jamás olvidaré. Paseamos por varias tiendas pero nada nos terminaba de llamar la atención. Apenas llevábamos un par de bolsas cada uno. Vi en un escaparate un conjunto de ropa interior que me llamó bastante la atención y pasamos a mirar.

    Él no paraba de mirar la lencería cuidadosamente. Observando cada detalle de cada prenda. Yo por el contrario estaba hablando con la dependienta sobre el conjunto que había visto cuando al poco rato su mano pasó por mi cintura y me mostró un par de conjuntos.

    – Pruébatelos.

    Lo dijo de una forma tan firme y autoritaria que parecía una orden. Pero sólo hacía falta fijarse en cómo se elevaba la comisura de su labio superior para entender qué era lo que realmente quería.

    Mi cuerpo empezó a entrar aún más en calor y mi mano, sigilosa e impaciente fue bajando hasta el centro de mi placer. Me abrí un poco y la dejé hacer.

    Me fui hacia el probador y él me siguió.

    Esperó paciente a que me probara el primero. Era un poco soso para mi gusto pero en cuanto salí para que me viera él pareció maravillado. Me di una vuelta para él y por su sonrisa, estaba claro que le gustaba lo que veía. Me acerqué a él y le besé. Fue un beso abierto a varias opciones que él podía tomar o dejar. Y por ahora, parecía dejarlo pasar así que me metí de nuevo al probador y me puse el segundo. Éste, era otra cosa. Me pareció más sexy aunque su corte fuera más clásico. Era verde botella y su tejido, de raso era tan suave que el vello se puso de punta al ponérmelo.

    Salí y le mostré cómo me quedaba aquella maravilla. Parecía que él opinaba lo mismo que yo sobre este conjunto. O al menos, eso decía su cara. De nuevo, me acerqué a él, le besé con pasión pero él no pareció inmutarse demasiado. Así que, un poco decepcionada por no conseguir lo que esperaba, volví al probador.

    Me volví a mirar en el espejo durante 30 segundos aproximadamente. No entendía por qué el conjunto no había hecho su magia. Lo veía perfecto. Y mientras seguía cavilando sobre el asunto, una mano se deslizó hasta mi espalda y me la acarició lentamente.

    Terminó de meterse en el probador conmigo y posó sus manos en mis caderas desnudas. Acercó su boca a mi oído y susurró:

    – Estás realmente sexy. No he podido aguantar la tentación. Pero estabas tardando mucho en salir y… – exhaló en mi oído mientras su mano derecha se acercaba a mi lugar secreto. Yo no apartaba la mirada del espejo y veía cada movimiento que realizaba.- Quiero follarte ahora.

    Tras esa última frase. Se pegó más a mí y noté cada músculo de su cuerpo contra el mío. No pude más que estremecerme. Su mano derecha se coló por debajo de mis braguitas de raso. Con su mano izquierda sujetaba mi barbilla con fuerza mientras nos besábamos apasionadamente y rápidamente consiguió su objetivo. En un momento, estaba húmeda y hambrienta.

    Sin demora, se desabrochó el pantalón, se bajó los pantalones y los calzoncillos a la vez y en suspiro me encontraba sin bragas y con el cuerpo inclinado hacia delante. Al segundo me embistió con tal arrebato que no pude contener el gemido por la sorpresa y el placer. Sus embestidas eran rápidas, fuertes y rítmicas. No cesaba. Tuve que apoyar mis manos en el espejo para tener un poco más de equilibrio.

    Era realmente excitante. La idea de estar, en un lugar público, en un probador, delante de un espejo mirando cómo me follaba, viendo su cara de placer era más de lo que podía aguantar, así me fui. Me corrí. Pero él no, aún seguía. Pero por sus embestidas quedaba claro que no le quedaba mucho. Esto era un polvo rápido.

    Así que aceleró, aceleró hasta que una última embestida lo dejó quieto, sudando y exhausto. Salió de mí, se subió los calzoncillos y los pantalones y salió de ahí no sin antes decirme:

    – Llévate el verde. Lo quiero ver con más calma.

    Recuerdo tener que sentarme un momento antes de salir del probador porque cada vez que me miraba en el espejo me daba la sensación de que mi cara delataba lo que acababa de pasar. Era la primera vez que me lo montaba en un lugar público y esperaba que no fuera la última.

    Yo también quería ver el conjunto con más calma.

    Salimos de la tienda dados de la mano y con una mirada cómplice.

    Y yo ahora en mi bañera al recordarlo no había podido evitar tocarme. Había sido una de las experiencias más excitantes de mi vida. Mi respiración se aceleró, mi estómago se contrajo y finalmente me corrí.

    No veía el momento de volver a verle e ir de nuevo a mirar ropa interior.

  • Todo comenzó en la calle

    Todo comenzó en la calle

    Todo empezó como suele empezar, en la calle. Unas cuantas miradas, unos besos, unas caricias, y ya no se puede parar.

    Entramos a su casa, en la misma puerta la paré, no podía separarme de ella. La cogí de espaldas a mi por la cintura, acercando mi cabeza a su oreja, oliendo su pelo mientras me acercaba dándole besos por el cuello cada vez más despacio.

    Una vez dentro se giró hacia mí y nos besamos, no hacía falta nada más, la agarré por el culo, la apreté contra mí dejándola sin respiración y la miré a los ojos. Ella se dejaba dominar cuando estaba conmigo, y a mi me gustaba.

    Sus manos no paraban de moverse, me acariciaba el pelo cuando me besaba, bajando la mano hacia el pecho. Me desabrochó los primeros botones de la camisa, metiendo la mano por dentro y gimiendo suavemente.

    Entonces la lancé contra la pared y me tiré contra ella, allí nos besamos cada vez más fuerte.

    Le quité la camiseta mientras ella me desabrochaba los pantalones.

    La llevé al cuarto de espaldas mientras le besaba el cuello y la apretaba contra mi, y allí la tiré a la cama, me quité los zapatos y me subí entre sus piernas.

    Ella quería levantarse y yo la empujé contra la cama, besando despacio desde su barriga hasta su cuello, donde mordí con fuerza mientras se quejaba levemente.

    Le quité el sujetador y me apreté contra ella para que sintiese el tacto de las pieles denudas,

    En la penumbra no podía distinguir los detalles de su cuerpo, pero sí su silueta, lo que me hizo desearla aún más.

    Ella me agarraba fuerte contra sí misma, por lo que la cogí de las muñecas para que no pudiera moverse y mordí hasta el último trozo de su cuerpo, parando en sus pechos.

    Terminé de quitarle la ropa, no dejaba que ella me tocase, mandaba yo, y tenía que hacerlo notar, por lo que le até las manos con la corbata.

    Seguí bajando con besos hasta llegar a su cintura, donde fue besando despacio hasta bajar a sus muslos.

    Ella me pedía que siguiese, pero aún no era el momento. Subí y me desnudé al completo, poniéndome entre sus piernas de nuevo mientras bajaba una mano y la tocaba, estaba húmeda.

    Cada vez tocaba más fuerte mientras gemía y me pedía que se lo hiciese, entonces abrí más sus piernas y la metí de golpe mientras le mordía el lóbulo de la oreja muy fuerte.

    Ella la sentía dentro, hasta el último centímetro. Yo la sacaba muy despacio mientras nos besábamos y la volvía a meter fuerte.

    En ese momento desaté sus manos, la agarré de los hombros y se lo hice como nunca lo había hecho.

    Ella me pegaba en la espalda para que no parase, para que lo hiciese más rápido, y yo lo hacía.

    Entonces bajé la mano y la toqué fuerte mientras se lo hacía y gritaba, ella me clavaba las uñas y me pegaba cada vez más fuerte.

    Cuando ya no pudo más me pidió terminar los dos a la vez. Yo la apreté, la miré a los ojos, le di con toda mi fuerza mientras gritaba hasta que los dos terminamos a la vez, apretando nuestros cuerpos.

    Al terminar los dos estábamos empapados. Solo era el primero de muchos otros polvos que vendrían esa mañana.

  • El polvo de mi vida

    El polvo de mi vida

    Allí estaba yo, sola, rodeada de tanta gente pero tan sola… envuelta en un silencio que acallaba todas las voces que escandalosas flotaban en el aire. No sé por qué me eché a andar, a las tantas de la madrugada, ni se por qué había acabado allí, en una discoteca abarrotada de personas exultantes por el alcohol y la noche. Ese momento era tan extraño… la tristeza que me pesaba tanto se mezclaba con una confusa euforia que no sabía de dónde provenía. Y ambas luchaban fuerte, para ver quién sería la vencedora. Me rendí. Decidí que ese momento sería sólo y exclusivamente mío. Me sentí libre de cargas por un instante. Quería dejarme llevar. Pero claro, para ello necesitaba un empujoncito. Definitivamente tenía que beber algo. Inconscientemente fui a pedirle al camarero más guapo del bar. Guau, vaya ojazos verdes, piel morena, cuerpo de infarto… me subió la temperatura en un segundo y sin querer. Le pedí dos chupitos de tequila, esperando que me concediera el honor de acompañarme en tan fuerte trago. Y así fue. Dos golpecitos en la barra, sal en la mano y limón preparado. Dulce amargor. Mientras tragaba, sentía su mirada intensa, ardiente, como si con ella pudiera tocarme, como si con su boca pudiera besarme, aun estando a cierta distancia.

    -Cómo te llamas? -le pregunté atreviéndome demasiado, esa no era yo.

    -Soy Mike, y tú?

    Madre mía, era posible que hasta con su voz me excitara tanto?

    -Me llamo Mara, me pones otro más por favor? -Me sonrió. Me hizo temblar de arriba abajo. Necesitaba algo frío sin lugar a dudas. Sentía que podía emanar humo de un momento a otro.

    Enseguida tenía otro vasito a mi lado, el cual engullí en un segundo. Y así hasta 4 seguidos. Ahora sí me sentía totalmente libre, feliz, desinhibida, atrevida… hasta caliente.

    Mike iba y venía, pero no me quitaba ojo, a pesar de todas las bellezas que allí había, tan maquilladas, descotadas, lujuriosas… ya sabía yo que no era la única que se había fijado en él. Todas le sonreían como muñequitas vacías. Uf, no podía con aquello, me haría vomitar. Eran como ganado a la espera de que una sola tuviera el privilegio de ser la elegida. Yo no era un objeto para la colección de nadie.

    Me dirigí al centro de la pista, y empecé a bailar como nunca lo había hecho, sin tener nada ni a nadie en mi mente, sin importarme en qué pensaría la gente, en quién me estaría mirando… y cerré los ojos. Me dejé llevar. Sonaba una de mis preferidas, “We found the love”… buena música del momento. Estuve un buen rato a la deriva, disfrutando, relajada. Cuando abrí mis ojos, allí estaba él, a lo lejos, frente a mí pero separado por una marea de gente que hacía cola tras la barra para saciar su sed. Su mirada sobresalía de todo lo demás, sentía que quería estar ahí conmigo, bailando, rozándonos, besándonos… definitivamente necesitaba echarme agua fría por todos lados de mi cuerpo. Así que me dirigí al baño.

    Entré y no me lo podía creer, dada la hora que era y que debería haber una cola de cojones, está vacío. Perfecto, un poco de intimidad para bajarme el calentón… preciado regalo. Allí sola, frente al espejo, me observé con mucha atención. Definitivamente esa noche tenía dos yo, mi persona real y su completa desconocida. Era como un ángel que reflejara al mismo Satanás. Me llené las manos de agua y me la eché en la cara desesperadamente, intentando borrar a la que no debía estar ahí, apagar el fuego que esa intrusa desprendía en mí…

    Mi cara no estaba nada mal, dado que no me había preparado para la ocasión. Todo surgió improvisadamente. Pero estaba, como se suele decir, potable. Morenita por el sol, ojos verdes, labios carnosos, cabello moreno y rizado… A los tíos les solía gustar bastante. Eso se nota en sus miradas. Mi cuerpo tampoco estaba nada mal, pechos grandes y firmes, delgada pero con curvas y carne donde coger. Quizás podría ser más alta. Pero no había nada que unos buenos tacones no pudieran arreglar. En ese momento llevaba sandalias de cuña, por lo que no enseñaba mi estatura. Buena forma de engañar un poco a la realidad.

    De repente se abrió la puerta. Joder, con lo tranquila que estaba, ya se me había acabado el rollo. Mucho había durado mi soledad. Oh, oh, era él? Sí, indudablemente lo era, y se acercaba a mí con cautela, sin saber qué hacer realmente, sin saber qué haría yo. Simplemente me cogió la mano, y me sacó del baño. No mediamos palabra. Yo me dejé llevar.

    Pasamos a través de una puerta negra que daba a una sala de estar muy chic, con su mesa de despacho, en la que había un portarretrato con una foto de él, guapísimo, debería ser delito… Deduje entonces que no era un simple camarero. Encargado quizás? O el dueño? Simples conjeturas sin importancia. Había un gran sofá rojo, parecía tan confortable como una cama. Los suelos eran de madera, las paredes blancas. Decoración minimalista. Debía estar muy bien insonorizado, puesto que no se escuchaba ni rastro de música.

    Al entrar, echó la llave y la puso encima de una mesita. Aquello prometía y mucho. Se acercó suavemente, con fuego en los ojos. Sabía que me deseaba, y que yo lo deseaba a él. Qué más daba que no le conociera ni hubiéramos cruzado más de dos palabras? Tenía que acallar a esa loba que me comía por dentro. Y nos lanzamos. Al más puro estilo desesperado, como si nunca antes hubieras besado, acariciado, saciado… Me pegó de cara a la pared, quedando él detrás de mí. Yo llevaba una faldita corta con un poco de vuelo, en pleno verano de noches calurosas era lo más fresquito que podía llevar. Quién me iba a decir dos horas antes en casa, cuando me estaba vistiendo, que podría tener tantas ventajas. Deslizó sus manos tan suaves por mis muslos, me apretó el culo una y otra vez mientras nos besábamos de lado, ardientes, apasionados. Y me tocó en mi más preciado secreto, volviéndome loca de verdad. De pronto me dio la vuelta. Madre mía, que guapo era. Ya estaba fuera de mí. Empecé a desabrocharle los pantalones, impaciente, buscando como un niño su caramelo. Me quitó la camiseta dejando al descubierto mi sujetador, sacó mis pechos lascivos por encima y los lamió urgentemente. Se quitó su camiseta y pude deleitarme con aquel torso musculoso pero sin llegar a ser exagerado. Perfectamente marcado. No dejábamos de besarnos, mordernos, chuparnos, tocarnos… por todos lados… cuello, pecho, cara… no había rincón que no pudiera apetecer. Le cogí su poderoso secreto, acariciándolo mientras él me acariciaba a mí también. Me cogió en peso con sus brazos para que abriera las piernas alrededor de su cintura. Y me penetró suave pero duro, no sé si estábamos follando o haciendo el amor, pero aquello era perfecto. Me apoyó en la cabecera del sofá de manera que yo quedé sentada, pero seguíamos en la misma posición, el frente a mi de pie y yo con mis piernas rodeándole, apretándonos una y otra vez, queriendo fundirnos en uno solo. Aquello estaba muy pero que muy bien. Estábamos disfrutando el uno del otro, sin tapujos, sin reservas, dándolo todo… hasta que nos corrimos juntos, jadeantes, deseosos. Madre mía, sin lugar a dudas podía gritar a los cuatro vientos que había sido el polvo de mi vida. Increíble. Nos miramos a los ojos, nos besamos, y nos dimos un fuerte abrazo agradeciéndonos por ese perfecto momento que acabábamos de compartir. Por un instante sentí que quizás yo podía ser un trofeo en su vitrina, pero desde luego él también lo sería de la mía. Pudimos elegir esa noche, y nos elegimos mutuamente, de acuerdo en todo. Fue alucinante. Dos perfectos desconocidos compenetrados en un momento. Nunca pensé que eso fuese posible. Y rompimos a reír como niños pequeños…

    ¿Qué si nos volvimos a ver? Puedo decir que ese fue solo el primer encuentro del mejor sexo de mi vida. A día de hoy, cuando nos apetece, nos desahogamos como locos disfrutando del momento. ¿Mañana? Quién puede saberlo…

  • Patricia y su alumno

    Patricia y su alumno

    Patricia abrió la puerta y se sorprendió ante lo que vio. Esperaba a un niñato de instituto; un adolescente flacucho e imberbe. Pero, en lugar de aquello, se encontró con un joven de 18 años, un alumno repetidor, seguramente, un chico alto, fornido, de cabellos muy negros y piel blanca, pero morena. En esos momentos vestía unos vaqueros y una camiseta blanca sin mangas que dejaba al aire sus musculosos brazos y dibujaba su endurecido torso. Ella, que ya estaba bastante caliente a causa del calor veraniego, no pudo evitar morderse el labio inferior excitada al verlo.

    El chico también se sorprendió al ver a aquella preciosidad que le había abierto la puerta. Una joven de 26 años de largos cabellos castaños, piel color marfil y un cuerpo escultural y voluptuoso que en esos momentos llevaba embutido en un ajustado top blanco y unos pantalones cortos de color rosa que dejaban al aire sus impresionantes piernas. El sudoroso joven la miró de arriba a abajo boquiabierto sin apenas disimular.

    -Tú debes ser David -dijo Patricia con una cálida sonrisa- el alumno nuevo.

    El joven, aún absorto en el atractivo de la chica, asintió con la cabeza.

    -Adelante, pasa -continuó ella haciéndose a un lado para dejar que entrara en el apartamento.

    Una vez dentro, lo llevó hasta la sala de estar, invitándole a que se sentara en el sofá, frente a una pequeña mesa de cristal donde dejó su mochila. Ella se sentó a su lado, cruzando sus explosivas piernas, y lo miró con una maliciosa sonrisa.

    -Bien -empezó a decir con una voz perversa-. Así que eres un mal estudiante que ha acabado con la paciencia de otras profesoras particulares…

    -Si -respondió el joven; mientras hablaba, echaba furtivas miradas a las piernas y el escote de la chica-. Le seré sincero. Yo creo que estudiar es una pérdida de tiempo, pero mis padres quieren que, al menos, termine el bachillerato y me obligan a malgastar parte del verano con estas clases particulares. Así que, si podemos empezar ya para que se acabe la hora cuanto antes…

    Se dispuso a abrir la mochila para sacar los libros de texto, pero Patricia lo detuvo cogiéndole suavemente por la muñeca.

    -¿Es que no te agrada mi compañía…? -preguntó en plan provocadora.

    -Por supuesto que sí, pero si fuera para otra cosa que no fuera estudiar…

    -Pues yo pienso que estudiar no es una pérdida de tiempo; lo que pasa es que no han sabido motivarte bien. Yo tengo un sistema especial para chicos como tú.

    -¿Qué sistema…? -preguntó el chico cada vez más nervioso y excitado.

    Ella, con una sonrisa cada vez más perversa, se acercó más a él hasta el punto de que casi le susurra al oído.

    -Te diré lo que vamos a hacer. Cada semana vendrás con una lección aprendida, da igual el tema o la asignatura, eso lo dejo a tu elección. El caso es que, si me demuestras que te la sabes, te daré una recompensa…

    El joven, cada vez más excitado, arqueó las cejas al mismo tiempo que en su entrepierna un bulto empezaba a crecer y a luchar por salir del pantalón.

    -¿Que… Qué clase de recompensa…? -preguntó con voz temblorosa, aunque ya se imaginaba la respuesta.

    Patricia no se fue por las ramas. Se abalanzó sobre el joven abrazándose a él y besándole apasionadamente en los labios. Él, totalmente perplejo, estuvo unos segundos inmóvil, pero, rápidamente, reaccionó y rodeó a la chica con sus fuertes brazos atrayéndola más hacia él.

    Mientras se daban un largo y apasionado beso con lengua, las fuertes manos de él acariciaban el cuerpo de la chica, prestando especial atención a sus piernas y sus enormes tetas, las cuales toqueteaba por encima y debajo del top. Ella, mientras, alargó una de sus manos y bajó la cremallera del pantalón del joven, introduciéndola después por el hueco. El joven sintió como la suave mano de ella agarraba suavemente su endurecido miembro y empezaba a masajeárselo.

    Poco después, el joven estaba sentado en el sofá mientras ella se encontraba frente a él mirándole ardientemente.

    Tras hacerle un pequeño baile exótico, lenta y sensualmente se quitó el top y sus dos enormes senos saltaron ante los ojos del joven, quién solo había visto unos pechos como esos en revistas y películas porno. Después, se quitó los pantalones cortos, quedándose solo con unas sexys braguitas, también de color rosa; aunque un rosa más claro que el del pantalón.

    Vestida solo con las bragas, Patricia hizo de nuevo el baile exótico, poniendo al joven más cachondo aún de lo que estaba. Acto seguido se inclinó sobre él y dejó que jugara un rato con sus tetas antes de arrodillarse frente a él, bajarle los pantalones y los calzoncillos hasta la altura de los tobillos, agarrar su cada vez más dura y caliente verga e introducírsela entera en la boca mientras él se recostaba en el respaldo del sofá con las brazos en cruz y con la mirada fija en el techo, disfrutando de aquel agradable momento.

    Más tarde era Patricia quién se encontraba en el sofá tumbada boca arriba con las piernas muy abiertas mientras el joven, arrodillado en el sofá frente a ella, completamente desnudo, le quitó las braguitas rosas y metió su cabeza entre las piernas de la chica, quién cerró los ojos y soltó un fuerte gemido de placer al sentir la lengua del chico dentro de ella al tiempo que sus firmes dedos masajeaban sus muslos.

    Así estuvieron un buen rato hasta que ella hizo que se tumbara boca arriba en el sofá y ella se sentó sobre él empezando a cabalgarle. Así estuvieron un buen rato hasta que el fuerte joven la levantó en el aire y, sin dejar de penetrarla, la tumbó boca arriba en el sofá y él se colocaba encima para penetrarla con más fuerza.

    Así estuvieron probando distintas posturas durante largo tiempo hasta que Patricia se dio cuenta de que el joven estaba llegando al final. Por ello, rápidamente le hizo ponerse en píe mientras ella se arrodillaba frente a él colocando su rostro justo enfrente de la verga, la cual estalló dejándole la cara completamente perdida.

    El joven, muy agotado y sudoroso, se encontraba tumbado boca arriba en el sofá aún desnudo. La chica, también desnuda y aún con restos de semen en la cara, estaba tumbada junto a él dándole pequeños besitos en el duro pecho.

    -Así que esta es la recompensa que me espera si me aprendo las lecciones… -dijo él entre jadeos.

    -Esto es solo una pequeña muestra. Tengo muchas más cosas preparadas que te sorprenderán aún más…

    -Entonces, creo que debería empezar a estudiar.

    Ella rio un poco y se puso en píe.

    -Será mejor que te vistas y te vayas antes de que llegue mi compañera de piso. Nos veremos dentro de una semana y espero que te traigas la lección bien aprendida; así podremos dar el resto de la clase en mi dormitorio.

    Le guiñó un ojo y se encaminó al cuarto de baño, donde se disponía a darse una relajante ducha. El joven, mientras, se vistió, cogió la mochila y se marchó del apartamento.

    Mientras bajaba por las escaleras, cogió el móvil y buscó el número de su mejor amigo para decirle que esa noche no iba a poder ir a la fiesta que estaban preparando. Aunque, se iba a tener que inventar alguna excusa, ya que no se iba a creer que no iba a ir a la fiesta porque quería estudiar esa noche.

    Poco después, Patricia se encontraba en el mismo sofá donde antes se lo había montado con aquel chico. Estaba vestida solo con una toalla enrollada al cuerpo con sus cabellos recogidos en otra toalla. En esos momentos veía la tele mientras comía de un cubo de helado.

    La puerta de entrada al apartamento se abrió entrando por ella otra joven de su edad. Era también una chica atractiva, de largos cabellos rubios y figura escultural; aunque menos voluptuosa que ella. Venía cargada con varias bolsas de tiendas.

    -Uf, estoy agotada, Patricia -dijo mientras dejaba las bolsas-. Y todavía me queda terminar de hacer el equipaje antes de acostarme.

    -¿Quieres que te ayude?

    La otra chica negó con la cabeza.

    -No hace falta. Solo me queda hacer una maleta.

    Se encaminó hacia su dormitorio pero, antes de entrar, se detuvo y se volvió hacia Patricia.

    -Por cierto, ¿ha venido el chico al que tenía que dar clases?

    -Sí, ha estado aquí.

    -Le dirías que no voy a poder darle clases particulares, ya que voy a estar fuera del país todo el verano.

    Patricia asintió con la cabeza.

    -No te preocupes.

    -Siento haberle hecho perder el tiempo -continuó la otra chica- pero es que me ha surgido este viaje tan de repente. Hubiera querido avisarle, pero como he tenido que estar todo el día de compras y no tengo su teléfono…

    -Te he dicho que no te preocupes. Además, te puedo asegurar que el chico no se ha ido de aquí muy disgustado…

    -Me alegro. Bueno, voy a terminar de hacer el equipaje y, después me acostaré directamente. El vuelo sale mañana muy pronto.

    Terminaron de despedirse y la otra chica entró en el dormitorio cerrando la puerta tras de su.

    Una vez se quedó completamente sola, Patricia dibujó una diabólica sonrisa en su rostro.

    -No te preocupes, Sandra -dijo en voz baja-. Voy a cuidar muy bien de tu alumno…

    FIN

  • El pollón de mi suegro

    El pollón de mi suegro

    La aventura que os voy a relatar, fue sin duda la experiencia más atrevida y arriesgada de toda mi vida. Una aventura en casa de mi novio, con mi suegro como principal protagonista.

    Mi suegro es un señor de 53 años, muy atractivo. Tiene pelo largo y barba alargada. Para la edad que tiene se conserva bastante bien, va al gimnasio y esta fuerte. Lo que sumado a su altura le hace tener mucha planta. Yo soy una chica de 20 años, mido 1,68, pelo largo, moreno un poco rizado y la piel blanquita. Suelo llevar los labios pintados de rojo.

    Hace un par de semanas estaba durmiendo en casa de mi novio. Él ya estaba dormido, sin embargo yo no conseguía dormirme. Como de noche todo está en silencio, escuche que sus padres estaban follando. De pronto, escuche un gemido fuerte de mi suegra y comprendí que habían terminado. En ese momento mi suegro fue al cuarto de baño pero se dejó la puerta abierta, porque me entraba la luz.

    A mí me pudo la curiosidad y me acerque a espiarlo. Entonces lo vi desnudo. Y vi el tamaño de su… ejem.

    En ese momento, él se giró y me fui enseguida a la habitación con mi novio. Estaba muy asustada pensando que me había visto. Pero como no me dijo nada pensaba que no se habría dado cuenta.

    Al día siguiente pase el día entero y no me hicieron ningún comentario. Y ya cuando me iba, fui a darle dos besos de despedida y me dijo:

    -No sabías que era más grande que la de mi hijo a que no?

    Yo me quede muy roja porque me imaginaba de lo que me hablaba. Aun así le afirme:

    -No sé de qué me hablas.

    Entonces él me soltó:

    -El próximo día que quieras verme la polla ve con cuidado, que igual que te pille yo te podría haber pillado mi mujer o mi hijo.

    Yo me puse aún más roja y me fui con la cabeza agachada.

    Estuve un tiempo que no me atreví a ir a casa de mi novio. Yo siempre había sido muy abierta y en alguna ocasión había tenido alguna charla de sexo con mi suegro. Pero aquella situación era demasiado vergonzosa para mí.

    Pasaron 2 semanas en las que no aparecí por allí para nada. Pero tuve que volver, porque si no mi novio iba a sospechar que algo raro pasaba.

    Cuando volví no me atrevía ni a mirar a la cara a mi suegro. Pero al final tuvimos un momento a solas y estuvimos hablando. Empecé con mucha vergüenza, pero conforme fue avanzando la conversación me fui soltando un poco más. La conversación se fue poniendo un poco picante.

    Estábamos en el sofá. Mi novio había salido. Y su mujer estaba por arriba haciendo cosas.

    Él se atrevió a sacar el tema. Y lo hablamos, pero más destensados, con bromas.

    Mi suegro me decía que era una espía y me pinchaba. Yo le decía que era malo por recordármelo, que había sido un accidente.

    Pero mi suegro volvió a ponerme rojita cuando me dijo:

    -Venga reconoce que querías verme la polla, si no pasa nada.

    Pese a la vergüenza que tenía, también he de reconocer que me había puesto bastante calentita. Entonces no tuve más remedio que decirle:

    – Reconozco que tenía curiosidad jeje.

    Después el me confesó que alguna vez también nos había escuchado follando a su hijo y a mí. Y agregó que su hijo me aguantaba muy poco. Entonces me dio una caricia por el pelo y me abrazo un poco diciéndome:

    -Ay pobrecita, lo que tienes que aguantar.

    Yo le di unos besitos en la mejilla y le dije que eso a su mujer no le pasaba, que ya lo escuchaba yo y que ahora sabía que con más motivo.

    Él me pregunto qué porque ahora con más motivo. Entonces yo le respondí:

    -Porque tienes buena polla.

    Los dos nos miramos en silencio y nos reímos. En ese momento bajo su mujer. Al poco me tuve que ir, ya que entraba a trabajar en el supermercado.

    Al finde siguiente, volví a quedarme a dormir en casa de mi novio. Y de nuevo, lo volví a escuchar como follaba con mi suegra. Cuando terminaron, él se bajó a la parte de abajo de la casa. Yo aproveche y fingí que iba a por algo a la cocina y también baje para toparme con él.

    Entonces lo vi. Mi suegro iba en calzoncillos. Aun así no le importó. De hecho saco un par de cervezas y se las tomo conmigo en el salón.

    Nos pusimos hablar y la conversación fue subiendo de temperatura.

    Yo le dije que le había vuelto a escuchar y que suponía que se habría quedado aún caliente, porque solo había escuchado a su mujer gemir pero no a él gemir como si se corriera.

    Él me confesó que aún no se había corrido y que de hecho aún la tenía dura.

    Yo le conteste que con ese pollón que tenía normal que su mujer se corriera tan rápido.

    Él me pregunto:

    -¿Todavía te acuerdas de ella?

    Yo le respondí que algo, aunque se me empezaba a olvidar.

    Él entonces se la sacó y me la enseñó. En ese momento me dijo:

    -La recordabas así??

    Entonces volví a ver ese falo tan grande que tanto me había impactado la otra noche y que pese a que la de mi novio no está mal, efectivamente era mucho más grande que la de su hijo.

    Entonces añadió:

    -Puedes cogerla si quieres para verla de más cerca.

    Yo le obedecí y se la cogí.

    Le dije:

    -Tienes buena polla. -Y entonces empecé a movérsela despacito.

    Le dije que no era bueno que se fuera a la cama con ese calentón, que lo mejor era que se pegara una buena corrida antes de irse a dormir.

    Mi suegro me dijo:

    -¿Quieres ayudarme?

    A lo que yo le respondí:

    -Vale voy a ayudarte. –Y le empecé a pajear más rápido.

    En ese momento nos empezamos a besar. El metió su lengua dentro de mi boca, mientras yo le movía la polla. Él quiso meterme la mano por debajo del pantalón pero le dije que no podía hacer nada porque tenía la regla. Que se relajara y disfrutara. Pero que otro día me debía una recompensa.

    Después metí ese palo gigantesco dentro de mi boca. Cuanto más le escuchaba gemir, más ganas tenia de comérsela y de hacerle disfrutar. Me moría de ganas de sentir como estallaba en mi boca.

    Al final termine pajeándole súper rápido con las dos manos hasta que se corrió, salpicándome sus gotas por mi cara y mi cuello.

    Mi suegro se acercó y me susurro al oído:

    -Ahora te ves más bonita, con mí corrida sobre ti.

    Entonces me beso los labios y se subió arriba a dormir con su mujer.

  • Primera sesión con mi Amo

    Primera sesión con mi Amo

    Nos conocimos por una red social, duramos hablando un par de meses hasta que un sábado quedamos de encontrarnos en un bar para hablar frente a frente y ver si se daba algo más.

    Cuando llegue lo encontré sentado en una mesa en el fondo, lo había visto en fotos así que lo reconocí enseguida, era el tipo de hombre que siempre me ha gustado; alto, acuerpado, varonil, rasgos fuertes y mirada pícara, al verme de levanto y nos saludamos con dos besos en la mejilla, pedimos algo para tomar mientras hablábamos de todo y de nada, la noche seguía y nosotros nos íbamos sintiendo más en confianza, aunque no estábamos borrachos, creo que los tragos ayudaron a eso.

    Mirándome a los ojos me preguntó -¿Quieres que te entrene? ¿Quieres ser mi perrita obediente, mi sumisa?-

    Sonrojándome un poco le respondí que si, que quería intentarlo, sonriendo ampliamente dijo -El entrenamiento comienza desde ya, quiero que vayas al baño te quites el panty, me lo entregues y que al sentarse te subas un poco la falda y lo hagas con las piernas lo más abiertas posible en mi dirección, ¿Entendido?-

    -Si, entendido-

    -No, no, no. No es “si, entendido”, es “si Señor, entendido” y cada vez que te dirijas a mi, me dirás Señor, SEÑOR. ¿Entendido?-

    -Si Señor- Me quedó viendo expectante, levantó una ceja y me levante de la silla con un suspiro.

    Hice lo que me ordenó, nunca me había gustado seguir órdenes pero esto era excitante, le entregué una pequeña tanga negra, él la tomó y disimuladamente, se la llevo un momento a su nariz, mirándome a los ojos, después de guardarla lo único que hizo fue clavar su vista largo rato en mi entrepierna, desde mi puesto pude ver como pasaba su mano por encima del pantalón a lo largo de su verga. Finalmente pago la cuenta, me dijo que me levantara y lo esperara en la entrada que él iba por el carro. Mientras conducía me tocaba los muslos, los pechos y me dio un par de besos en los semáforos en rojo, en conclusión me tenía muy caliente.

    Nos dirigimos a su casa, un apartamento no muy grande, perfecto para una sola persona, al cerrar la puerta me comentó: -Mientras estés en mi casa, siempre vas a estar desnuda, a menos que yo diga lo contrario. Así que quítate la ropa pero no los tacones-

    -Está bien-

    -¿Cómo dijiste?-

    -Que está bien, ya voy a hacer lo que me ordenaste.

    -Mmmm perrita, parece que se te olvida muy rápido lo que te digo y eso tiene consecuencias…

    En ese momento recordé como debía responderle pero era muy tarde, iba a ser castigada. Sentándose en el sofá me llamó.

    -A las niñas desobedientes hay que castigarlas…- poniéndome sobre sus piernas empezó a darme nalgadas y jalándome del cabello para poder mirarme a los ojos, dijo: -Espero que así recuerdes que soy tú Señor y que cuando te dirijas a mi como tal me tienes que tratar, ¿te quedó claro?

    Entre jadeos por las fuertes nalgadas solo pude decir: -S… si… Se… ñor.

    -Así me gusta, ahora te quiero ver sin ropa.

    Sin esperar a que dijera nada más, me fui desvistiendo, el solo me miraba mientras daba vueltas a mi alrededor como un depredador esperando a atacar.

    -De frente a la pared, estira los brazos, recuesta las palmas de las manos, eso… así, abre las piernas, más, más… Mmmm muy bien- acercándose lo más que pudo a mi pero sin tocarme me dijo: -No sabes lo rica que te ves así, bien abierta y con el culo rojo por mi mano- Me estaba matando, me tenía a mil y no me ponía ni un dedo encima, se separó de mi y siguió viéndome unos minutos, después me ordenó que me pusiera de rodillas, sacara el culo, dejara las manos a los lados y mirara al piso. Sin perder el tiempo hice exactamente como me mando.

    -Mi puta aprende rápido, si sigues así nos vamos a entender muy bien.

    -haré todo lo posible para que así sea, Señor.

    Se paró frente a mi y vi cómo se iba bajando el pantalón, tenía un bóxer blanco en el que se notaba mucho una gran erección, tomó mi cabeza y pasó mi cara por su bóxer diciendo: -Mira perrita, todo esto te lo vas a comer- Luego saco su enorme verga y la metió entera en la boca, por poco vomito pero él supo controlar la situación, me follo la boca por unos minutos, ya tenía los ojos llenos de lágrimas y me faltaba el aire, saco toda su longitud de mi boca y me levanto tomándome del cuello.

    Sin que lo esperara me dio una fuerte cachetada, del impacto y la impresión lo único que hice fue abrir la boca y él lo aprovecho para darme un prolongado y apasionado beso de lengua que me dejo muy caliente, así siguió; alternando besos y cachetadas hasta que intente pegarme a él para sentirlo en otra parte de mi cuerpo.

    -No mi amor, no seas impaciente- me dijo llevándome a la cama, amarró mis manos a la cabecera de tal forma que podía ponerme boca abajo o boca arriba cuando él quisiera.

    -Quiero que en todo momento tengas las piernas abiertas, compórtate bien.

    -Lo que usted ordene, Señor.

    Me sonrió, busco entre sus cajones y saco una fusta, recorrió con ella todo mi cuerpo parando justo antes de llegar al clítoris. Se dispuso a jugar con mis tetas diciéndome lo mucho que le gusta que las tenga grandes; las tomo en sus manos y apretó, se llevó una a la boca, mordió, cogió la fusta y las torturo a su gusto y como me gusto…

    Ahora era el turno de mi culo, me volvió a nalguear, lamió mi piel, mordió y chupo dejándome una marca porque ahora era suya, tomó la fusta y en menos de nada tenía otra vez el culo rojo.

    Puso su cara frente a la mía, me beso, se subió en mi, empezó a masturbarme con su pene, levante mis caderas, el soltó una risita.

    -¿Me quieres dentro de ti?

    -Mmmm si Señor…

    -¿Quieres que te la meta? ¿Qué te haga venir?

    -Señor, Señor ¡sí!

    -Entonces pídelo por favor, ruega por esta verga como la perra caliente que eres.

    -Señor, por favor, lo necesito dentro de mi, quiero que me abra el coño con su gran polla, por favor, no puedo más, lo necesito clavado dentro mío, sentir como entra y sale, como me lleva hasta el clímax, por favor Señor, See… ñor!!

    Mientras pronunciaba la última palabra metió toda su verga de una sola embestida, me movía y gemía como nunca, cualquiera se hubiera sonrojado con lo necesitada que estaba de tener a ese hombre dentro de mi. Comenzó a ahorcarme, nunca había sentido nada igual, esta combinación hizo que llegara rápidamente al orgasmo pero todavía no había terminado conmigo, salió de mi, me puso boca abaja y me penetro poniéndome en cuatro y jalándome del pelo, aún no me recuperaba del orgasmo cuando sentí que venía creciendo otro, él también se dio cuenta de eso.

    -No mi amor, vas a esperar, te vas a venir cuando yo te lo permita.

    Bajo el ritmo de las penetraciones, lamia mi cuello, mi hombro, con la mano libre pellizcaba mis pezones, después de un momento empezó a follarme más rápido, más duro, me dijo: -Ahora- Y así ambos nos vinimos.

    Desató mis manos, me abrazó.

    -Nos vamos a divertir tanto juntos.