Autor: admin

  • Extorsión en familia

    Extorsión en familia

    Un saludo cordial a todos los fanáticos de este sitio, en especial a los que leen y comentan mis relatos. Esta ocasión les contaré una experiencia inusual que afortunada o desafortunadamente quedó en familia.

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    Todo sucedió a mis veintitantos, aún no me casaba y en ese tiempo compartía junto a una amiga el alquiler de un apartamento. Una temporada me dio por arreglarme muy sexy para salirme por las noches a ciertas avenidas donde se paran las prostitutas. Durante esa etapa que duró de 4 a 5 meses tuve por supuesto varios encuentros con hombres que me levantaron, prometo contarles más delante sobre esas aventuras. Por ahora les relataré una de las situaciones más complicadas que sucedieron como consecuencia de andar ofreciéndome en la vía pública.

    Recuerdo que poco después de que terminé con esas prácticas, llegó la época navideña y se organizó en casa de mis padres el tradicional festejo del 24 de diciembre al cual asistieron tíos, primos y sobrinos. Varios familiares vivimos en la misma ciudad, irónicamente son los que menos nos frecuentamos. Ese era precisamente el caso con mi tío Alfredo, hermano de mi papá, el que rara vez asistía a estos eventos, hasta pasaban años sin que le viéramos. Este señor andaba para ese entonces cerca de los 50 años (casi me doblaba la edad) y estaba divorciado. Su aspecto era algo rudo, fornido, alto, moreno, guapo, pero mal encarado, muy serio y de pocas palabras.

    La celebración transcurrió con normalidad: cena, vino, música, chistes, baile y demás. Particularmente noté a mi tío Alfredo un tanto extraño porque me sacaba mucha plática, me sonreía todo el tiempo y anduvo la noche entera buscando cómo sentarse junto a mí. Le pillé varias veces viéndome el escote y las piernas, además de que cuando bailábamos su mano se posaba un poco más abajo de lo permitido. Por lo poco que le conocía sí estaba muy animado, nada tenía que ver con el alcohol pues era abstemio, supuse que estaba contento de convivir en familia o algo así.

    Ya de madrugada con tanto baile y brindis me sentí cansada. Decidí subir a mi antigua habitación a recostarme un rato, subí las escaleras, entré a la recámara, me quité los zapatos y caí rendida sobre la cama. La fiesta continuó en el piso de abajo, alcanzaba a escuchar la música y las risas. Comencé a quedarme dormida cuando de repente sentí que alguien se me subió encima y cómo una mano tapó mi boca. Reaccioné espantada y al abrir los ojos me percaté de que se trataba del tío Alfredo que me tenía inmovilizada con todo su cuerpo aplastando al mío. Me pidió que me calmara, que no hiciera un escándalo, que tenía algo que mostrarme. Sacó su celular y me mostró 3 fotografías en donde claramente salía yo vestida de minifalda y tacones, parada al lado de varias prostitutas en una avenida famosa donde concurren a esperar a la clientela. Al parecer me reconoció de entre el resto de las chicas y capturó con la cámara de su teléfono varias tomas sin que me diera cuenta. Comenzó entonces a chantajearme con ellas y amenazó con mostrárselas a mi padre si no hacía lo que me pidiera.

    Me quedé sin saber qué hacer, jamás imaginé que algún familiar se enteraría de esa actividad ni mucho menos que lo usaría en mi contra para extorsionarme. Primero me exigió una fuerte cantidad de dinero que obviamente yo no podía cubrir, estoy segura de que esa cantidad exorbitante era parte de su plan para obligarme a cumplir sus verdaderas intenciones. Discutimos sobre lo inalcanzable de su petición económica y mi tío se alteró ante mi negativa, su mirada se tornó perversa y sin rodeos me dijo que lo único que podía salvarme de ese lío era someterme a sus deseos carnales. Obviamente me rehusé principalmente por ser mi pariente directo así que volvimos a discutir por un rato hasta que logró atemorizarme con su amago, cobardemente no tuve más remedio que ceder a sus demandas: por cada una de las fotos que había tomado con su celular yo aceptaría a cumplir uno de sus caprichos sexuales. Mi tío borraría una imagen a la vez, cada que completase una de sus órdenes.

    Sin perder mucho tiempo su primer mandato fue que le diera sexo oral ahí mismo. Se tendió en la cama de espaldas y cerró los ojos. Bajé la cremallera de su pantalón y se lo bajé hasta los tobillos, luego hice lo mismo con su bóxer. Su verga quedó descubierta, tenía una longitud acorde a la altura y complexión de mi tío. Tomé su miembro medio erecto con una mano y en cuanto sintió mis dedos alrededor se puso tieso. Debo reconocer que el tío Alfredo tenía buen palo y a pesar de que lo masturbaba de mala gana a su verga le gustaba lo que le hacía porque se puso más ancha y venosa con cada movimiento. Le frotaba la polla con ritmo, estirando hacia abajo la piel que cubría su cabeza hasta que la punta se asomó. En eso mi tío me reclamó enojado, él quería que se la comiera enseguida, ya había sido suficiente de tanto frotamiento. Refunfuñé y con mi lengua recogí toda la agüita que le escurría del ojo de la punta de la cabeza, sé la dejé limpia y brillosa.

    Fue algo extraño porque por momentos la situación me daba rabia y con mucho disgusto le lamía la verga a mi tío, tratando de que no gozara en lo más mínimo y que se corriera enseguida para terminar de una buena vez con esa humillación; luego sin darme cuenta se me quitaba el coraje y mi boca se aferraba a ese pedazo de carne, saboreando su miembro con lujuria y deseando que mi tío aguantara sin venirse para mamarle por mucho rato su palote.

    La verdad es que mi tío Alfredo aguantó buen rato mi mamada sin llegar al orgasmo, por lo regular mis habilidades orales provocan corridas en pocos minutos. Estaba atenta a las reacciones de mi tío para anticipar su eyaculación porque no pensaba permitirle correrse en mi boca, quien sabe cuánta leche tendría ahí acumulada en esas bolas que se miraban muy cargadas. Ahí seguía yo como en trance, obligada a cometer incesto con un tío, llenándome la boca con su pito regordete, lamiendo ese tronco de arriba abajo, succionando sus bolas de una por una, recorriendo desde la base hasta la punta todo su tieso pene con mi lengua y mis labios, mordisqueando suavemente su cabeza rosada, chupando con esmero ese palo que se endurecía más y más a cada lengüetazo. No supe en qué momento me olvidé del chantaje y comencé a deleitarme con la verga de mi tío Alfredo, me dediqué a disfrutar aquella buena polla sin importarme de que fuera un pariente tan cercano.

    Para descansar un poco mi quijada adolorida por tanto rato de estarle mamando, le empapé todo su miembro en saliva y escupí un par de veces sobre las palmas de mis manos para continuar estimulando su verga con una paja. El tamaño de su palo daba para pajearlo con ambas manos, a veces coordinaba ambas manos de arriba hacia abajo, otras veces alternaba una subiendo y la otra bajando al mismo tiempo, una masajeando sus bolas mientras que la otra sobaba la punta de verga, en fin, una variedad extensa de movimientos que por los bufidos de mi tío Alfredo supe que lo estaban volviendo loco. Como noté que ya estaba a punto de correrse aceleré a fondo la paja con un ritmo frenético esperando su explosión en cualquier instante. En menos de un parpadeo las manos toscas de mi tío me alcanzaron y me sujetó con fuerza de la nuca para obligar a engullirme de nuevo su verga, no me dio tiempo ni de reaccionar, solo recuerdo que no podía respirar muy bien porque ya la tenía hasta el fondo de la garganta. Forcejaba con él y lo empujaba para zafarme porque temía que fuera a deslecharse en mi boca. Mi tío Alfredo me jalaba de la cabellera para evitar que dejara de tragar su polla y el muy cretino comenzó a correrse dentro con potentes disparos de semen. Su leche no tenía buen sabor por lo que me rehusé a tragarla, tratando de escupirla fuera, era tal la cantidad que expulsaba que en de un momento sentí que me ahogaba. Como mi tío no me soltaba ni dejaba que se saliera ni un centímetro de su polla de mi boca, me vinieron unas arcadas y tosía repetidamente, lo que a su vez provocó que el semen comenzara a salirme por la nariz. Una vez que termino de vaciarse fui corriendo de inmediato al baño para asearme. El final de esa mamada fue bastante desagradable y enfurecida insulté a mi tío con las peores palabras que se me ocurrieron, él ni se inmutó. Fiel a su palabra me mostró su celular para cerciorarme de que borraba una de las 3 fotos, al mismo tiempo me dijo que pensaría bien cómo canjear las otras dos que le restaban.

    Al día siguiente toda la familia nos levantamos pasado el mediodía y nos reunimos en la mesa a almorzar. El antiguo comedor en la casa de mis padres era largo, como para 10 o 12 comensales. Estaba disfrutando mi café cuando llegó mi tío y se sentó a mi lado. Lo arrojé una mirada de desprecio y tuve que disimular mi enfado para que nadie se percatara. Cuando me dispuse a retirarme de la mesa me detuvo con su mano y me pidió que me quedara. Poco a poco se fueron los demás y al final quedamos solos mi tío Alfredo y yo en la mesa pues mi madre y mis tías se habían ido a la cocina, desde el comedor alcanzaba a escuchar sus pláticas y quehaceres. De pronto mi tío tomó mi mano izquierda y la llevó por debajo del mantel de la mesa hasta su entrepierna. Los dedos de mis manos se toparon con su verga que ya la tenía por fuera de la cremallera. Me exigió que lo pajeara ahí mismo y que esa era su segunda petición. Me puse bastante nerviosa porque lo único que dividía al comedor de la cocina era una cortina de tela y temía que en cualquier momento alguien saliera y nos viera. Afortunadamente el mantel que cubría la mesa llegaba hasta el suelo, por lo que pude maniobrar con cierta facilidad sin que se notara lo que pasaba por debajo. Mi tío y yo nos quedamos sin hablar, ambos atentos a los sonidos que avisaran de alguien aproximándose. Dadas las circunstancias traté lo mejor que pude de masturbar su polla sin que se evidenciara en mis movimientos o ruidos. A mi tío le costaba esconder el placer que le provocaba mi mano, sus ojos se torcían y soltaba de vez en cuando unos suspiros que delataban lo bien que la estaba pasando. Al ver la mantequilla en la mesa tuve la genial idea de untar un poco al miembro de mi tío para ver si así se corría más rápido. Lo hice y comencé a recorrer con mi mano su verga untada, la mantequilla funcionó como un lubricante. El tío Alfredo se puso como loco, apretaba los puños y cerraba los ojos por las fuertes sensaciones de la tremenda paja que le propinaba. En unas 2 o 3 ocasiones mi tía Rebeca salió de la cocina al comedor a ofrecernos más café o llevarse los platos sucios, por suerte ninguna vez nos pilló.

    Luego de un rato mi tío se aburrió de la paja y me obligó a meterme debajo de la mesa para comerle la polla. En contra de mi voluntad tuve que escabullirme y comenzar a chuparle el pito, una experiencia totalmente nueva para mi pues nunca había engullido un miembro sabor a mantequilla ni tampoco había mamado debajo de una mesa. Mientras relamía esa verga escuché de nuevo a mi tía Rebeca salir al comedor y me detuve un instante, ella preguntó por mí a lo que mi tío le respondió que había ido al baño que no tardaba en regresar. La tía Rebeca regresó a la cocina y apresuré mis mamadas hasta que por fin el tío daba señales de que estaba a punto de reventar. Tomé una servilleta y pajeándolo con la mano hice que arrojara toda su leche en ella, por lo menos esta vez no tuve que recibir su semen en la boca. Guardé su polla y le subí la cremallera para luego salirme cuidadosamente a la superficie. Disimulamos un rato con más café y nuevamente me mostró cómo eliminaba de su celular la segunda foto. Ya por la tarde todos los invitados se retiraron a sus hogares incluyendo mi tío Alfredo. Debí de sentirme aliviada de que se fuera, aunque en realidad me quedé inquieta pensando que aún tenía una foto más en su posesión. Con lo descarado y pervertido que resultó ser el tío me temía lo peor.

    Pasaron varios días hasta que llegó el festejo de Año Nuevo y quedamos de reunirnos por la tarde en la casa de campo de mi hermana. Poco a poco fueron llegando los parientes al evento y para sorpresa de muchos (sobretodo yo) se volvió a aparecer el tío Alfredo. Mi semblante cambió al verlo y traté de evadirle lo más que pude, pero inevitablemente me abordó para restregarme con tono altanero lo del chantaje y recordarme que debía hacer lo que me pidiera sin chistar. Estuvo toda la tarde merodeándome, buscando el mejor momento y lugar para cobrarse su último pago. Ya se acercaba la medianoche y la celebración continuaba, faltaba poco para que se hiciera el tradicional protocolo de año viejo, año nuevo. Fue justo por esa hora cuando mi tío Alfredo me hizo una señal para que saliéramos de la casa, me dijo que fuera con él hacia el huerto que se extendía sobre el fondo de la finca. Lo seguí hasta que llegamos a una arboleda con un área central cubierta de pasto. Mi tío se desabrochó el pantalón, se lo bajó con todo y calzoncillos hasta las rodillas para luego sentarse y quedar con la espalda recargada sobre el tronco de un árbol. Ordenó que me pusiera de rodillas y que le comiera el pito inmediatamente. Obedecí sus indicaciones, me hinqué a su costado quedando en escuadra y me puse a chuparle la polla que aún no se encontraba totalmente erecta. Estuve metiendo su pedazo de carne en mi boca con cierto recelo, mis movimientos eran más mecánicos y no me inspiraba mucho darle una buena mamada. Una de sus manos se estacionó sobre mi trasero, lo masajeaba lentamente por encima del vestido, poco después la metió por debajo para apretujarme las nalgas. Mi tío me sujetó de la trenza del cabello y comenzó a mover mi cabeza de arriba abajo al ritmo y profundidad que más le gustaba. Jaloneaba mi cabello para forzarme a engullir su polla por completo, mi barbilla chocaba con sus bolas cada que la devoraba entera y su cabeza alcanzaba a raspar el fondo de mi garganta. Luego me retiraba por completo hacia atrás para que su pito se saliera de mi boca, sujetaba su pene de la base con la otra mano y lo frotaba bruscamente sobre toda mi cara, incluso lo usaba para propinarme pequeños golpeteos en las mejillas y labios.

    Cuando tuvo suficiente de mis chupadas me pidió que me pusiera de pie, quedé parada justo enfrente de él con mis caderas a la altura de su rostro. Subió mi vestido hasta la cintura, hizo rápidamente mi tanga a un lado, me sujetó de las nalgas con ambas manos y me empujó hacia su cara hasta que sentí su lengua entre las piernas. Comenzó a darme lengüetazos en la entrada de mi vagina, movía su lengua de un lado a otro, frotando de vez en cuando mi clítoris y chupando con fuerza mis labios. Definitivamente chupar coños no era lo suyo, me lo comía con torpeza y brusquedad, no logró darme placer, ni se esforzó en satisfacerme, creo que fue más una forma de dominarme y excitarse, no le importaba en lo más mínimo si yo gozaba o no. Lo curioso es que me comencé a excitar, obvio no por sus movimientos sino por el morbo de la situación, me estimulaba lo prohibido y lo sucio de ese encuentro. El tío continuó un rato más saboreando mi entrepierna, bebiendo los jugos que comenzaban a escurrir de mi vagina, su boca y barbilla se veían empapadas con la mezcla de saliva y flujo, sin duda se dio un buen festín con mi coño.

    A esas alturas sentí necesidad de calmar la picazón que notaba ya en mi coñito, me dieron ganas de frotarme por dentro, aunque fuera con los dedos. Las manos de mi tío hicieron que me girara sobre mi eje, mi trasero y espalda quedaron ahora frente a él. Sin perder el tiempo me empujó hacia abajo para que me sentara sobre su palo. De un sentón me ensartó su gorda polla hasta el tope, mis nalgas chocaron en su pelvis y sentí mi vagina totalmente invadida por su carnosa verga, hasta se me salió un gemido por la tremenda clavada. El vaivén de mis caderas comenzó de inmediato, montaba a mi tío dándole la espalda, él marcaba el ritmo y velocidad agarrándome de la cintura para moverme hacia arriba y hacia abajo, deslizando su miembro dentro de mí en cada embestida. Por mi parte, con la buena follada que me estaba dando el tío Alfredo, me olvidé por completo de todo. Mi primer orgasmo estaba por llegar y apreté los músculos de mi vagina ya que así llego al clímax con más intensidad. Cuando estaba a punto de terminar, a mi tío se le ocurrió detenerse y salirse de mí, menudo imbécil pensé, me dejó con el orgasmo en la puerta. Se colocó sobre sus rodillas solo que ahora detrás de mí, acomodándome en cuatro, con el trasero apuntando hacia arriba. Lo que no anticipé fueron sus intenciones, yo ansiaba que continuara con la cogida para que me arrancara el orgasmo atorado que tanto me urgía sacar. La desagradable sorpresa de sentir la punta de su miembro a la entrada de mi anito se encargó de recordarme que a mi tío solo le importaba humillarme y someterme a su antojo. Le supliqué que no me enculara, que si quería lo dejaba correrse en mi boca o alguna otra variante, le hice hincapié que ese agujerito mío no sería capaz de aguantar su grueso pito. Ignorándome por completo, aplico saliva sobre la cabeza de su estaca y sin mucho preámbulo la fue metiendo centímetro a centímetro, nunca retrocedió ni un poco, se fue a hundirla hasta donde pudo, poco más de la mitad entró. El ano me ardía de recibir semejante intruso, fue como recibir una vara ardiendo en mi interior. Poco a poco mi agujero fue abriendo más sus paredes y acoplándose al grosor del instrumento de mi tío, el dolor intenso fue disminuyendo gradualmente hasta volverse soportable, sin embargo, el tener esa verga dentro de mi estrecho hueco era incómodo. Mi tío Alfredo me bombeaba notablemente emocionado, sus penetraciones se volvieron más violentas y profundas, se aferraba a mis nalgas con tanta fuerza que las marcas de sus uñas sobre mi piel me dejaron varias huellas visibles por varios días. Aquella respiración agitada de mi tío ya la conocía, supe que pronto se correría. En ese lapso previo a su orgasmo, al tío le dio por explayarse con insultos dirigidos hacia mí, me llamo ramera y demás adjetivos ofensivos al tiempo que con su cinturón se puso a azotarme los glúteos e incluso la espalda. Intenté liberarme, pero me tenía bien agarrada, con su mano empujó mi cabeza hacia abajo hasta que mi mejilla estaba en el piso. Con esa saña y furia me enculó sin piedad, cada segundo me pareció una eternidad. Por fin mi tío se doblegó explotando dentro de mi ojete, se deslechó en mi interior con fuertes contracciones de su verga, esparciendo todo su caliente semen en mis entrañas. Una vez que expulsó hasta la última gota de leche en mi agujero, sacó su pito de mi ano y se tendió exhausto sobre el pasto. Costó trabajo incorporarme luego de aquella brutal enculada, los fluidos escurrían por mis ingles y tenía semen embarrado por todas partes. De cierta manera tuve suerte, pudo haber sido peor, con semejante verga estuve al borde de que me rasgara por dentro, aún recuerdo que duré una semana con ardor cada que me sentaba o evacuaba.

    Apenas comenzaba a sentirme calmada y confiada de que ya todo había concluido, cuando mi tío me exige que le limpie la polla con mi boca. Toda adolorida y sin haber tenido un solo orgasmo, engullí por última vez el pito del tío. Tenía restos de semen por todos lados, así que fui limpiando su miembro, su pubis y sus bolas de los restos de leche, eso sí, no la tomé, solo la recolectaba con la lengua y la escupía a un costado. Al final de cuentas el tío quedó complacido al ver que dejé su palo limpio y reluciente, como recién bañado. Con horror miré que su verga volvía a ponerse tiesa, así que antes de que saliera con otra de sus perversiones, me levanté presurosa y le pedí que cumpliera su palabra. Así lo hizo, borró de su teléfono la última foto restante e intentó convencerme de follar nuevamente para aprovechar la erección que estaba teniendo. Me negué y ofendida salí de ahí lo más rápido que pude de regreso a la casa donde me tumbé agotada sobre un sillón.

    Cuando desperté era ya de día y no había señales del tío Alfredo. En el almuerzo me enteré de que la noche anterior se había marchado súbitamente, no quiso siquiera quedarse a la cuenta regresiva para recibir el año nuevo. A la fecha no he vuelto a verle, no se ha presentado nunca más a las reuniones, por lo menos a las que él sabe que se topará conmigo.

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    Gracias a todos los que se toman el tiempo de valorar y comentar este relato, me alientan a seguir publicando más historias.

    Saludos cordiales a todos,

    Claudia.

  • Sensaciones con carácter retroactivado

    Sensaciones con carácter retroactivado

    Elvira al medio día, había bajado las escaleras del hotel, pasado por el vestíbulo y dejado las llaves en la recepción, con paso decidido y con sus gafas de sol pasando por delante del bar, el cual daba directamente a la playa. En tono servicial y con una sonrisa de complicidad el barman de barra le dio los buenos días, a los cuales ella ni contesto, ni tan siquiera se lo miro. Bajo a playa dispuesta a tomar el sol y descansar, quería desconectar, demasiado ajetreados habían sido esos días. Por eso, a pesar de que le habían aconsejado un hotel de más calidad, había optado por alojarse unos días lejos de esos ambientes de carácter empresarial que toda la otra gente había optado. Tuvo que desplazarse unos cientos de kilómetros, pero se sentía más tranquila y no tan incómoda, no quería estar esos días todo el rato hablando de acciones, empresa. Ya había tenido suficiente esas jornadas, para volver a estar con ellos. Todo estaba dispuesto para esa negociación quedando los asuntos accionales de la empresa aclarados. Su marido y su hijo estaban lejos, él le dejo claro las clausulas a seguir en las condiciones impuestas por los socios. Por esa razón quería tener su propio espacio al menos esos días, sin ser molestada. Había trabajado duro esos años, en las puertas de sus cuarenta años y viniendo de la nada había conseguido ese estatus social, también gracias a su marido, bueno, el legado de su suegro, muerto hace años. Aun así se administró la herencia con buenas gestiones, las cuales ahora disfrutaban de las bonanzas. Por esa razón ahora que tenía libertad y estando sola, a partir del día anterior actuaba con esa libertad salvaje de antaño, hacía lo que hacía sin reprocharse nada. Tumbada al sol bajo treinta y dos grados, Elvira rumiaba todo esto.

    Confuncio Benavides esa misma mañana se había esmerado y acudido a su trabajo dos horas antes, afeitado, con su bigote cepillado y aplicado su after shave para ocasiones especiales, junto con su desodorante que venía el dos en uno; pasada la cuarentena y separado, no siendo muy agraciado en el aspecto físico (barrigón, cara ancha, medio calvo) la víspera se había afianzado una buena pieza e inexplicablemente dicha pieza ni se dignó a mirarlo a la cara la misma mañana. Henchido orgullo por los acontecimientos de la noche anterior, acudió a su trabajo un poco antes, para devoción del personal. Si creían que tenía poco que aportar, aquí tenían la muestra: y era, que, ni más ni menos que se había ligado a la clienta nueva recién llegada. Esa mañana estaba majestuoso junto a sus compañeros, entre los cuales se encontraba Asensio Malvidas el animador del hotel, siendo un plus extra el que la noche anterior hubiera sido testigo de los acontecimientos. Todo eran conversaciones por lo bajo de los dos muchachos que se encontraban con él esa mañana.

    – ¡Joder! Me han contado que ayer el jefe triunfo –dijo uno de ellos.

    – No veas pedazo de tiarraca, como vino vestida y en qué plan, el jefe cuando vio que tenía posibilidades me dijo que me marchara a casa.

    – Mucha suerte tuvo el cabronazo, la tía era carne de cañón – dijo Asensio.

    – Lo que a ti te jode es que no habértela tirado tú.

    – Si no lo hice es por la sencilla razón que tenía una piba a punto en ese momento, de hecho nos encaminábamos al catre y no me podía duplicar – contesto airado Asensio.

    – ¿Subieron? – pregunto uno de ellos.

    – No, de hecho el sereno me dijo que paso delante de recepción muy tarde con un vestido ceñido y desbragada.

    – ¿Entonces donde…?

    – El sereno dijo que Confuncio cerró el bar como el alma que se llevara el diablo y bajaron a la playa, justo debajo de la escalera, junto a la papelera vio como la empotraba, dijo que ella se levantó la falda, se tumbó y se regaló abriendo las piernas, añadió que fue una copula rápida, Confuncio nada más dar unas cuantas embestidas ya lefó dentro.

    – Ya ves Serpiente te levantaron una morra en tus narices – dijo el camarero a Asensio.

    – Ya te digo, mala suerte, pero os aseguro que caerá tarde o temprano… – dijo Asensio.

    – No te quejes Serpiente, te ganaron por la mano, pero también bajaste a esa hembra al pilón, y sobre los planes de esa casada que viene con su marido ¿qué tal?

    – Mañana tenemos excursión de Quads, su marido no viene, ella no sabe conducir, está a punto…

    – Se te nota algo enojado por la piba de ayer, casi que la prefieres, que me aspen si no es así.

    – Todo a su tiempo, aunque no vas mal encaminado, le tengo ganas.

    Elvira estaba tumbada en la playa, necesitaba ese descanso; su figura estilizada, de piernas largas y culo apretado y musculoso hecho a base de gimnasio, junto con los pechos comprados a un cirujano de prestigio le daban seguridad. Siempre había sido guapa, morena, de ojos expansivos y sonrisa reciproca que le daban ese toque sensual. Se sentía más relajada, la noche había sido larga, con retraso, estaba poseída de ganas de evadirse, por eso nada más llegar se había enfundado un vestido que se le pegaba como una capa de cebolla y resaltaba su figura, ni tan siquiera se puso bragas fue a saco a buscar una polla, la que fuera. Bajo al bar, ante la mirada atenta de un bobalicón tras la recepción, para eso están los serenos, para quedar como pasmarotes, chusma. Se encontró con un chulapo y una chica que se besaban, el joven de la barra al poco tiempo se fue, solo le quedaba el ordinario barman con bigote al estilo militar, por descartes y mal que le pesaba lo eligió; se sentó y dejo entrever sus muslos; al servir la bebida temblaba, al final fornico con él en la playa, como una puta; el muy imbécil quería subir a la habitación, le dijo que no y el muy cursilón le dijo que podían ir a ver la luna en la playa. Se regaló, la montó, noto sus bufidos al poco rato, ni siquiera se dejó morrear; le vació a las primeras de cambio, ella también se vino.

    Elvira se encontraba aburrida, mirando el espectáculo de animación, contaban chistes, bailaban… era el colmo de la ordinariez, la gracia y el desparpajo, esa sobreexposición del personaje según pensaba Elvira daban vergüenza ajena, solo apta para chusma. Serpiente era el seudónimo de Asensio; mulato de piel y tatuado con reptiles en casi todo su cuerpo, nacido en Sumbaya no sé sabe de forma exacta su edad ya que no fue registrado hasta años después, aunque a tenor de su físico podría estar alrededor de los treinta. Gastaba pantalones que le marcaban paquete, era inquieto, ágil y sigiloso como el apodo que llevaba; sus gestos eran enérgicos; se jactaba de ser un macho de los de verdad, curtido por sus propios medios. Esa misma noche invito a Elvira a participar en el Karaoke recibiendo un “no” por respuesta. Herido su orgullo de macho, sabedor de la noche anterior de los hechos acontecidos palurdo del barman le lanzó una mirada transversal inquisidora provocativa, al mismo tiempo que cantaba a todo pulmón en el karaoke, era como si dijera “tarde o temprano CAERAS”.

    Serpiente ultimaba los detalles, el calor era sofocante, los quads aguardaban a los excursionistas, dos ayudantes pasaban lista a la pequeña expedición. Serpiente de pie, tensionado, con porte marcial se ató un pañuelo a la frente al estilo nipón kamikaze, sus gafas oscuras le daban más carácter, el pantalón ceñido marcando paquete. En un alarde de protagonismo se dirigió a Elvira, con un “todo correcto”, no sabiendo muy bien Elvira a que se refería, y es que a veces en el habla de Serpiente obviaba los pronombres. En cuanto se hubo cerciorado que el grupo estaba completo prosiguió dando órdenes de arranque a los ayudantes formando un pequeño grupo los tres.

    – Tú vas delante, el detrás, yo controlo el medio del grupo, ¿recibido? Al llegar a las lomas doy rodeo para controlar los accesos, están bajo nuestra responsabilidad, yo llevo en mi trasera la señora que no sabe conducir.

    – Recibido Serpiente, en las lomas descansamos el grupo y tú vas a controlar los accesos, allí puedes dejar la copiloto… – dijo uno de los ayudantes.

    – Eres nuevo veo, tu amigo lo pilla mejor que tú, la señora vendrá conmigo – dijo al mismo tiempo que se tocaba los testículos.

    –Solo quiere algo de tiempo para trajinársela –dijo jocoso el otro compañero.

    Serpiente, en un gesto enérgico levanto la mano apunto al frente y gritando a pleno pulmón dijo, ¡¡VAMOS TODOSSS!! Abrió gas a fondo levantando polvareda, su melena ondeaba, tras él iba la acompañante, una señora algo muslona, con pechos centrifugados, muy aposturada pensaba Elvira, la cual la había visto la noche anterior en el karaoke, una más del club de admiradoras; no era muy alta, melena oxigenada, ojos oscuros, parecía mujer envasada al vació; acoplada a la espalda de Serpiente, su marido estaba apoltronado en la piscina. Elvira junto con el ayudante cerraba el grupo, Serpiente se puso a la par de ella, su mirada era de magreo ocular, al volverse ella hijo el gesto de masturbarse, a la vez aceleraba a fondo blandiendo y apuntando con la mano derecha que se desviaba, recibiendo un afirmativo de parte del ayudante levantando el pulgar; que recuerdos de road movie le volvían a Elvira.

    A cabo de unos kilómetros, tras media hora pararon en avituallamiento, Elvira no tenía pensado comer los bocadillos de fiambre que se repartían. Elvira inicio un pequeño paseo entre las dunas y la maleza, no tardo en oír cuchicheos, expectante miro tras un matorral, tras él una mujer a gatas mamando con ganas el cipote de Serpiente al mismo tiempo que tres dedos estaban dentro de un gran clítoris.

    – ¿Tenías ganas ehh, so guarra?

    – Sí, me gustas mucho.

    – Coge posición, debemos darnos prisa, ponte a lo perro.

    A cuatro patas ella estaba esperando, Serpiente bajo un poco la cadera, la postura no era ideal, era bajita y la picha no quedaba al mismo nivel, era a todas luces una follada de perfil bajo.

    – ¡Me cago en la hostia puta! Ponte en el montante del quad y saca culo, no consigo enchufar.

    Ahora sí, se puso en el montante del quat y la raja le quedo a la misma altura, semi abierta de piernas recibió el primer vergajazo, fue una embestida rotunda y contundente acompañado de un bramido de ataque, señal inequívoca que el coño estaba a nivel. Ella ronroneo como una gata. Saco toda la polla y volvió a penetrarla al mismo tiempo que le hostiaba las nalgas; adelante, atrás, semicirculo al vuelo de tacada… “toma por puta”. Las embestidas se volvieron frenéticas, la bombeaba a ritmo estratosférico, ella empezó a tener espasmos, ruidos de chof, chof, chof, plof, plof, un argggg, ohhhhh. El tiempo quedo suspendido en silencio, Serpiente se desaclopó y quedo a la vista un coño que goteaba semen. Serpiente, camino unos metros para atrás y con ella, apoyada aún en el asiento y mirando para atrás vio al Serpiente echar una abundante meada, la orina era impulsada para arriba, aún llevaba medio empalme.

    Elvira en esos momentos tuvo pensamientos pretéritos de veinte años atrás y fueron los de su primera enculada.

    El día que le iban a encular coincidió con su segundo año universitario, era fin de curso y lo estaban celebrando con unas amigas, ese mismo día, en el mismo lugar conoció un motero, el cual se ofreció para llevarla los treinta kilómetros que recorría en bus, le gusto ese aire desenvuelto y la chupa de cuero. Aquel día, sentada en la trasera de la Harley se sentía independiente, con esa percepción de madurez interior que da la juventud. Ese mismo día en el semáforo de la salida de la urbe, pero en direcciones opuestas coincidió con otra Harley –motero veterano, entrecano, con melena y perilla– el cuál en un movimiento de hombros, al estilo gestualidad motera le preguntaba a dónde iba, contestando el otro con el movimiento índice y pulgar un redondel y con el índice de la otra mano entraba y sacaba; el veterano motero levantó el pulgar arriba al mismo tiempo que cambiaba el sentido de su marcha para ponerse los dos en la misma ruta. Varios kilómetros después se desviaron. Elvira, con su tanga negro bajo el cual estaba ese culo sin estrenar tenía la suerte echada. Pararon en un descampado abandonado, nada más bajar de la moto el veterano motero le informo que “mordería el polvo”. Unos minutos después ya aplicaba una mamada al más joven previo acuerdo entre ellos, de que el otro miraría pajeándose, le gustaba verlo. Ante tal deferencia el joven le obsequio con “un de lado” follándola de espaldas levantándole una pierna, para que de esa forma tuviera una mejor perspectiva para ver el entra y sale de la tranca. Después de ser follada y haberle vaciado dentro el semen fue enculada por el veterano, dando las gracias a su compañero por haberle dejado una Kilómetro cero de culo. La folló a saco con un simple escupitajo previo en el culo. Tras ser enculada, fue requisado su tanga a modo de trofeo.

    El embargue era a pie de pista y llevaba retraso, al fin pudo despegar. Leyendo el periódico estaba poniéndose al día, lo importante es que esos días se había desconectado del mundo, consiguiendo esa paz interior. Le esperaba una agenda que cumplir, primero al llegar vería a su familia, para después ponerse en ese proyecto el cual le hacía ilusión. Atrás en una papelera del modesto aeropuerto era retirado por el sector de la limpieza en un aseo los dos vestidos que le había usado para despertar su vertiente felina. Sí, uno el día que llego, el otro la víspera de su partida. Justo en esos momentos el avión sobrevolaba el lugar para atravesar el continente. A la misma hora del día siguiente de su llegada bajo doce mil pies del avión la vida seguía igual, pero con nuevas conversaciones de los mismos personajes.

    – Es la puta hostia consagrada, como aquel que dice a la última lo consiguió.

    – Al ver como se levantaba, como iba vestida y él detrás a por todo vi que nos deleitaría como él sabe hacerlo – dijo el otro camarero.

    Y fue así, efectivamente, la noche anterior de su partida, Elvira volvió a enfundarse otro vestido, esta vez con ropa interior, sus instintos otra vez estaban en la línea ardiente y fogosa, se sentía puta una vez más, había más tiempo que la vez pasada, su selección estaba hecha. Como un cazador que va armado ella salió de caza.

    – Se lanzó a tumba abierta Escorpión, echaba burbujas por la boca.

    – ¿Dónde se la tiró?

    – Como la otra vez el gilipollas del Confuncio. Pero le dio metralla de la buena, nada más salir a ver qué pasaba vimos al potrudo darle polla en la boca, mamaba con ganas la hija puta y no veas cuando la ensamblo fue “ a full “.

    No decían mentiras, primero le aplico una fellatio profunda y después la montó a galope desenfrenado. Ella había perdido el aplomo y era una muñeca en sus manos. La bombeaba como un pistón neumático y en el tramo final recibió de bonificación un profundo anal.

    – El cabronazo gritaba a pleno pulmón, se lo curraba, no hay ninguno como él.

    – Cuando la enculaba se nota que el gozaba como un toro y ella berreaba que daba gusto.

    – ¡Sí! Incluso el cabronazo sabiendo que era observado, levanto la mano e hizo la v de victoria con los dedos. Es un genio.

    – Incluso al haberla terminado se lo dijo con todas las palabras: ERES UNA PUTA.

    – Sí, pero a pesar de eso fue una follada limpia y precisa.

    – ¿Dónde acabó? – dijo el camarero que no había estado.

    – Deslefó en toda su cara, después le restregó toda su polla por todo su cutis, al final se limpió con su melena.

    – jajajaja, si, pasó por aquí delante sin decir ni mu hecha una basilica.

    Entre toda esta charla transcurrió la mañana, Confuncio al entrar su guardia vio aparecer a Escorpión, que en un asaz gesto de rabia y pundonor tiró el tanga encima de la barra a modo de triunfo. Era la segunda vez que el tanga de Elvira era exhibido a modo de trofeo.

  • Nuestra amiga argentina sigue recordando sus vacaciones

    Nuestra amiga argentina sigue recordando sus vacaciones

    Yo ya les había dicho que mi prima, era bastante turrita, pero a mí me podía, me daba cuenta que siempre terminaba haciendo lo que ella quería, lo que les cuento ahora, ella me contó después que lo había planeado así con dos amigos de ella.

    Mi primera doble penetración:

    Si así como se los digo, ah, yo todo esto no se lo conté a nadie, me refiero a que nunca se lo dije a ninguna amiga por eso tengo la necesidad de contarlo y lo hago acá.

    No me acuerdo que día era, pero estaba sola con mi prima, y hacía calor, así que como estábamos las dos solas, estábamos casi en bolas, yo estaba tirada en la cama y viene mi prima y me empieza a franelear, y la dejo, me gustaba que me acariciara, bueno la cosa es que fueron más que caricias, empezó dándome unos lindos besos con su lengua que me dejaron ya toda mojadita y siguió besándome las piernas y dándome una hermosa chupadita de concha, y a pesar de que acabe, seguía caliente, nos pusimos las dos en bolas y seguimos tocándonos y besándonos.

    Hasta que me dice que me quería coger (la HIJA DE PUTA tenía el cinturonga de su amiga en su casa y no me había dicho nada), trato de resistirme, pero la pendeja me puede y le digo que un poco, nada más, bueno, me dice que me ponga en 4 y me lo empieza a meter en la conchita, de a poco hasta que me lo mete entero y me recogió, me agarraba del pelo, me la ponía y sacaba y me metía uno y dos dedos en la cola, me había hecho calentar mucho, ya estaba toda transpirada y entregada, hasta que intenta empezar a ponérmela en la cola (les cuento, nunca me habían hecho la cola), al principio me dolía y entonces le pone vaselina para que entre más fácil, yo le decía que no, pero ella seguía de la conchita al culito, hasta que se quedó con mi culito, y después me empezó a gustar, pensaba ¡mi prima me está cogiendo por el culo!, es una sensación totalmente distinta, una mezcla de placer y dolor, pero más placer que otra cosa, la verdad me hizo acabar otra vez, pero yo ya estaba a los gritos, parecía una reputa o ya lo estaba siendo jaja.

    Yo ya había perdido el control, no sabía ni lo que hacía, les repito me cogieron más en este verano que en toda mi vida, y aparte hice cosas que jamás pensé.

    Bueno la cosa es que me empieza a decir que estaría bueno que algún día llamemos a dos amigos de ella, Juan que es uno que ella se había cogido varias veces y a Martín, yo lo había visto un par de veces, pendejo, pero muy lindo y veíamos qué onda, que a ella le gustaría que cogiéramos juntas, es decir cada una con su chico pero en el mismo sillón o en la misma cama.

    Yo tenía una mezcla de miedo, excitación, vergüenza, adrenalina, bah de todo, pero no le podía decir que no, si ya habíamos hecho de todo juntas, aparte aunque le dijera que no, me iba a terminar convenciendo para que lo hiciera.

    La cosa es que al día siguiente, mi prima me hace lo mismo, jeje, yo no sabía pero me estaba preparando la colita, ya van a ver.

    La cosa es que esa noche fuimos a cenar a lo de mi abuela y volvimos y estos chicos caen a eso de las 11 de la noche.

    Empezamos a hablar boludeces hasta que mi prima empieza a darle besitos a Juan y se empiezan a cortar solos, ah las dos estábamos con falditas, y veo como Juan le empieza a tocar la cola, por debajo de la pollera.

    La verdad es que me empecé a sentir incómoda y media boluda, era como que me iba o me lo apretaba a Martín, pero ¡recién lo conocía!, solo lo había visto ¡un par de veces!

    Bueno la cosa es que Martín de la nada me mete un beso, yo no sabía qué hacer, me mete otro, le respondí y empezamos a apretar. Nunca, nunca me entregué tan fácil a un chico, no hacía más de media hora que estábamos hablando y ya me estaba tranzando, me sentía una puta, pero jugada, quise portarme como una putita, nunca lo había hecho.

    Mi prima ya estaba a mil con Juan, ya le había desabrochado la blusa y estaba besándole a full las tetas.

    Bueno la cosa es que Martín me empieza a besar, y a acariciar las piernas, ah ya les dije que había decidido portarme como una putita, que nunca lo había hecho, entonces dejo que me siga acariciando las piernas y las separo para que me pueda acariciar mejor, aparte ya estaba bastante calentita y él al palo.

    Entonces como una buena putita le meto la mano en la pija (sobre el pantalón), vi que se puso loco y a mí me encantó, entonces se lo empecé a desabrochar, él ya me estaba acariciando directamente la cola, bueno le saco la pija, la tenía reparada, y él se baja los pantalones, y se la empiezo a chupar (me olvide que estaba mi prima, ni sabía qué hacía ella).

    Bueno ahí se fue todo a la mierda, mientras se la chupaba me saco la bombacha, la pollera, bah me puso en bolas y me metía la mano en la conchita que ya estaba toda mojada, se la seguía chupando y me mete un dedo en la cola, yo me dejé ya estaba entregada.

    Hasta, me doy cuenta que mi prima ya estaba cogiendo, por los gemidos que hacía, así que Martín me saca, se pone un forro, y yo pongo sobre él, como se dice cabalgando sobre él.

    Nosotros estábamos en un sofá y mi prima en un sillón, empezamos a coger como locos, yo siempre arriba de él, después el me hace acercar para que lo bese, mientras me seguía cogiendo.

    Acá viene la parte más importante y es lo que había planeado mi prima, por eso me estuvo preparando la HIJA DE PUTA.

    Mientras seguíamos en esa posición, veo que mi prima se acerca y me empieza a besar y a acariciar las tetas, yo con la calentura q tenía, no pensaba nada, solo lo disfrutaba, nunca había estado con mi prima y un chico, estaba haciendo ¡un trío!, estaba recaliente, no sé cómo explicarlo.

    Mi prima cada vez me besaba más y me tocaba más, hasta que siento las manos de Juan sobre mi cintura, noooo, que me querían hacer, le digo a mi prima que por favor no, que le diga a Juan salga, que eso yo no lo iba hacer, y me decía mientras me acariciaba que no sea tonta, que me iba a gustar. Mientras me hablaba Juan ya estaba con sus dedos en mi colita, y así estuvimos, no sé, a mi me pareció una eternidad, no podía ni hablar, Martín me seguía cogiendo cada vez con más fuerza.

    Hasta que siento que Juan me la empieza a poner por la cola, y mi prima me tapa la boca con un beso, y de a poco me la terminó poniendo. Sí, me cogieron dos tipos a la vez, creo que mis gritos se escucharon en todo el pueblo, como me calenté, no paraba de acabar, me pusieron re loca, tener a dos tipos que te están cogiendo es lo más, y lo mejor es que me acabaron los dos adentro (ojo con forro), pero hice acabar a dos tipos juntos ¡adentro mío!, no sé si alguna vez me sentí tan puta, pero ¡como lo goce! Si alguna chica me lee y lo hizo me va a entender

    Jamás pensé que iba a hacer eso, lo había visto en alguna porno, y siempre pensaba: ¡que puta tiene que ser una mina para dejarse coger así!, y lo terminé haciendo yo.

    Después mi prima me dijo que ya le había dicho a los chicos que quería ver cómo me cogían entre los dos, que HIJA DE PUTA, pero como me hizo gozar.

  • Adelita, su padre y su amiga

    Adelita, su padre y su amiga

    Sábado, 30 de junio de 2018 – 11 de la noche – En un pueblo de Galicia.

    Adelita estaba desnuda sobre la cama con una mano en la nuca de su amiga Marta, (también desnuda y con la cabeza entre sus piernas) y la otra agarrando con fuerza una de sus preciosas y enormes tetas. Sus ojos estaban cerrados y de su boca abierta salían gemidos de pre-orgasmo. Moviendo su pelvis de abajo arriba, de arriba abajo y alrededor, le dijo a su amiga:

    -Me voy a correr, Marta, me voy a correr.

    Adelita, aceleró los movimientos de pelvis y se corrió en la boca de su amiga, jadeando como una perrita.

    Al acabar se echaron boca arriba en la cama.

    Adelita tenía 18 años y era mulata. Su cabello era negro azabache, rizado y largo. Medía 1 metro 75, pesaba 90 kilos, y sus medidas eran: 112, 90, 124. Su amiga Marta, tenía su misma edad. Era rubia, de ojos azules, y su cabello era cortito. Medía 1.78. Pesaba 58 kilos, y sus medidas eran 86,58, 90. Las dos querían ser modelos, cada una en su categoría.

    Gerardo, el padre de Adelita, había escuchado los jadeos. En bata de casa fue a la habitación de su hija, y en el umbral de la puerta, le preguntó:

    -¿Estás bien?

    Adelita, para disimular, comenzó a gemir, y gimiendo le respondió:

    -Estoy gorda como una vaca.

    -Estás como una flor.

    Adelita y Marta se sentaron en el borde de la cama.

    -Como una flor marchita.

    -No, hija, eres muy, pero que muy, muy guapa.

    -No soy guapa, soy gorda, y las gordas no son guapas. ¡Cómo voy a ser modelo!

    Marta, entró en el juego.

    -No digas tonterías, eres preciosa.

    Gerardo, que era un hombre de 1.82 de estatura, de 42 años, moreno y fuerte, fue al lado de su hija, que lo cogió de la mano para que se sentase en medio de ella y de Marta. Gerardo le apartó el cabello de la cara, le puso un dedo en el mentón, le levantó la cabeza, le recorrió la cara con las yemas de sus dedos, y mirándola con sus ojos de ciego, le dijo:

    -Tiene razón tu amiga. Eres la flor más bonita de toda Cuba. Cada día te encuentro más guapa y con la piel más fina.

    -Soy un cardo.

    Gerardo, le acarició el cabello con una mano, y besó a su hija en la mejilla.

    -Eres una rosa.

    Adelita le dio un pico en los labios a su padre, que le dijo:

    -Eres la cosita más dulce que hay sobre la tierra, Bernarda.

    Bernarda, era la madre de Adelita, una cubana que los abandonara tres meses atrás, y al hacerlo, a Gerardo se le fuera la olla.

    Marta, le dio otro pico. Gerardo, sonriendo, les dijo:

    -¡Ay qué traviesas!

    Adelita le llevó una mano a una de sus tetas y Marta a una de las suyas. Gerardo, magreando las tetas, les dijo:

    -¡Estáis desnudas! Ya me parecía a mí que aquí olía mucho a chochito. ¿Estuvisteis jugando?

    Adelita le preguntó:

    -¿Te molestaría si lo hubiésemos hecho?

    -En absoluto.

    Marta, que fuera a la casa con la idea de follar con Adelita y con Gerardo, le dijo:

    -Bernarda se acaba de correr en mi boca ¿Quieres correrte tú también?

    -No, no vaya a ser que se marche otra vez.

    Adelita recordó el día que había llegado de pasear y su padre la abrazara confundiéndola con su madre. Le diera un beso con lengua casi interminable. Se quedara de piedra. Supo que se le había ido la olla. Al principio le dio pena, pero cuando sintió su verga empalmada cerca de su virginal chochito, se puso tan cachonda que se dejó hacer. Recordaba cómo le quitara la blusa y el sujetador y le devorara las tetas, como de pie le quitara las bragas, le comiera el chochito y se corriera en la boca de su padre. Como la llevara a su dormitorio, como la desvirgara e hiciera que se corriera tres veces más. Adelita, le dijo su padre:

    -No me volveré a ir, cariño. Deja que Marta te la mame.

    Marta se arrodilló delante de Gerardo, le quitó el calzoncillo y sacó su verga, larga, gorda y flácida. Adelita, le quitó la bata y luego hizo que se echara hacia atrás, le besó, lamió y chupó las tetillas y después le metió la lengua en la boca, Gerardo se la chupó, después ella se la chupó a Gerardo. Se fueron saboreando mutuamente mientras Marta le acariciaba, lamía y chupaba las pelotas. Masturbaba con su mano derecha la verga, le lamía y mamaba la cabeza…

    Adelita, pasado un tiempo, fue a la cocina y volvió con un spray de nata, mermelada de fresa, fresas y mantequilla.

    -¿Quién quiere que la coman todita?

    Sacando la verga de la boca, de la que cayó cantidad de saliva mezclada con aguadilla, exclamó Marta:

    -¡Yo!

    Marta se echó boca arriba en la cama. Adelita puso todo encima de la mesita de noche, y le preguntó a su padre:

    -¿Vas a comer todo lo que le ponga a Marta en la boca, en las tetas, en el ombligo y en el chochito?

    -Voy, pero deja que vea como es. A ti ya te conozco, a ella, no.

    Gerardo, a tientas, supo dónde estaba Marta, se arrodilló entre sus piernas con la verga tiesa, y con las yemas de sus dedos le hizo un reconocimiento facial.

    -Eres hermosísima!

    Luego sus manos recorrieron el cuello de Marta. Sus hombros, sus tetas y sus pezones, su cintura y sus caderas, sus piernas, los dedos y las plantas de sus pies. Volvió recorriendo el interior de sus muslos, tocó su chochito empapado, le metió un dedo, -Marta soltó un sensual gemido- lo llevó a la boca, probó el jugo, y le dijo:

    -¡Eres la perfección hecha mujer!

    Adelita, se celó.

    -¿Y yo que soy? ¿Una vaca burra?

    -Tú eres una diosa de ébano.

    Mientras Gerardo se masturbaba para que no se le bajase la verga, Adelita le puso una fresa en la boca a Marta. La comieron juntas y se besaron. Rodeaba Marta con sus brazos el cuello de Adelita, cuando le dijo Gerardo:

    -¿No habías dicho que iba a ser yo el que comiera?

    Adelita le puso una fresa en la boca a Marta. Partió otra a la mitad y le clavó una mitad en cada uno de los pezones erectos. Partió una segunda fresa, comió la mitad y la otra se la puso en el ombligo. Le echó mermelada en el chochito, y le dijo a su padre:

    -Toda tuya.

    Gerardo, tomando la cara de Marta con sus manos, comió la fresa que tenía entre sus dientes y después le comió la boca, -al dejar de besarla él, la besó Adelita- comió las mitades de fresa clavadas en sus pezones y le comió tetas y pezones. -al dejar de comerlas, Adelita, se las magreó- Comió la mitad de la fresa del ombligo, se lo lamió y besó. Fue a por el chochito untado en mermelada de fresa. Al comenzar a lamer ya Marta besaba a Alicia con lujuria y se deshacía en gemidos. Al rato, a punto de desbordar, y con una mano en la cabeza de Gerardo, le dijo:

    -¡Sigue, sigue, sigue, sigue, no pares, no pares, no pares, no pares! ¡¡No pares que me corro!! ¡¡¡Me corro!!!

    Gerardo, mientras Marta movía el culo alrededor y se sacudía, mantuvo la lengua dentro de la vagina y sobre su clítoris. Al acabar le lamió el chochito, y le dijo:

    -Impagables estas aguas tan frescas!

    Adelita estaba como una moto. Se echó boca arriba, y le dijo a Marta:

    -Échame nata donde tú sabes.

    Marta, con el spray, le echó nata, y para que Gerardo se enterase donde tenía que lamer, lo iba diciendo en voz alto:

    -Labios… cuello… por ambos lados… tetitas… vientre… ombligo… y chochito.

    Al acabar de pringarla de nata, Gerardo, a tientas, fue y le quito a lametazos la nata de encima a su hija… En el chochito se paró un rato. La puso como una loba en celo. Adelita, le cogió la cabeza con las dos manos, se la apartó del chochito, y le dijo:

    -Échate boca arriba, Gerardo.

    Después de echarse boca arriba, Adelita, cogió un condón en la mesita de noche y se lo puso en la verga. Subió encima de su padre. Le puso el culo en la boca y Gerardo le folló el ojete con la lengua. Al rato, Adelita, se puso en posición, acercó con su mano la verga a ojete, que ya se abría y se cerraba, y se la metió hasta el fondo del culo, pues si la mete en el chochito ya se corre, Marta, le preguntó:

    -¡¿Te gusta por el culo, Adelita?!

    -Sí. ¿A ti no?

    -Nunca me la metieron. ¿Da gusto?

    -Después, si quieres…

    -Quiero.

    Gerardo, le dijo a Marta:

    -Ponme el culo en la boca que te lo voy preparando.

    Le puso el culo en la boca y Gerardo se lo comenzó a trabajar.

    Adelita, besaba a Marta, le comía las tetas y se las magreaba. Marta, le hacía lo mismo a Adelita y además se frotaba el clítoris con los dedos. Algo más tarde, Marta, viendo que a Adelita se le iban cerrando los ojos, le preguntó:

    -¿Te vas a correr?

    -Siiii.

    -¡Que envidia!

    Marta se metió dos dedos en el coño empapado.

    -Corrámonos juntas. Espera por mí.

    -¡No puedo esperar, Marta, no puedo esperar! ¡¡¡Me corro!!!

    Viendo como Adelita gemía y temblaba y sintiendo la lengua de Gerardo en su ojete, Marta, casi se corre, pero al no correrse al mismo tiempo que su amiga, quiso saber que se sentía al ser penetrada analmente.

    Al quitarse Adelita de encima de su padre. Marta ya iba lanzada a meter la verga en el culo engrasado de saliva. Adelita, la detuvo.

    -Espera, no seas impaciente. Ponte a cuatro patas.

    Marta se puso a cuatro patas. Adelita untó tres dedos con mantequilla y le folló el culo con ellos. Después le untó el condón de mantequilla a su padre… Marta subió encima de Gerardo. Adelita le puso la verga en el ojete. Marta empujó y lo fue metiendo poquito a poco. Una vez dentro, le dijo Marta a Adelita:

    -Creo que me puedo correr así.

    No se correría así. A los quince minutos, más o menos, quitó la verga del culo. Le quitó el condón a la verga. Se la metió en el chochito y minutos más tarde, al sentir la leche calentita de Gerardo dentro de ella, se corrió, diciendo:

    -Que corrida. ¡Qué corrida! ¡¡Qué corrida!! ¡¡¡Que cooorriiida!!!

    Marta, tuvo un orgasmo tan fuerte, que de su chochito salieron a presión chorros de jugo, mientras temblaba como sacudida por una corriente eléctrica.

    Domingo 1 de julio de 2018 – 9 de la mañana.

    Gerardo estaba arrodillado en el confesionario de la iglesia, y el cura, un cincuentón, le decía:

    -¡¿Otra vez, Gerardo?! No vuelvas a confesarte si te sigues acostando con tu hija…

    -Está vez fue con mi hija y con Marta, la hija del farmacéutico. Soy un pobre ciego que esta tarde va a volver a pecar…

    -Lo que eres es un hijo puta. O compartes o se lo cuento al padre de Marta.

    -¡¿Y qué pasa con el secreto de confesión?!

    -¡Pasa que me lo paso por el forro de los cojones! Mira, ahí viene el farmacéutico.

    -Vale, comparto, comparto.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Intimando con mi amiga

    Intimando con mi amiga

    Para vacaciones fui a visitar a una amiga, que hacía un par de años, se fue a vivir a Italia. Llegue un fin de semana y ese mismo día salimos a conocer a sus amigos más cercanos, la pasamos muy bien, regresamos a su casa a altas horas de la madrugada, bastante tomadas y muertas de la risa. Ella vivía en un apartamento chico, con una sola habitación por lo que habíamos quedado en dormir juntas. Casi cayéndonos entramos al dormitorio, nos quitamos la ropa para ponernos la pijama pero aún yo no había desempacado y como me dio mucha flojera buscarla entra toda la ropa de la maleta, decidí acostarme solo en tanga, Andrea; mi amiga, siguió mi ejemplo y también se acostó en ropa interior. Ya en la cama, me puse de espalda a ella e intenté dormir, pasó el tiempo y no podía conciliar el sueño pero seguía quieta en mi lugar, al cabo de más o menos 30 minutos sentí que Andrea se movía y levantaba mi cobija, la quito completamente, puso su mano en mi cadera, luego la desplazó a mi trasero. Todo esto me estaba pareciendo algo raro pero quería saber cómo iba a terminar por eso seguía fingiendo que dormía.

    Ella apretó un poco mis nalgas y empezó a quitarme la tanga, me puso boca abajo con mucho cuidado, abrió mis piernas todo lo que pudo, comenzó a pasar sus dedos por toda mi raja, abriendo bien mi culo pasó su lengua una y otra vez intentando meter la lengua en mi pequeño hoyo, mientras tanto intentaba mantenerme quieta y callada.

    Parece que se cansó de esa posición porque me cambio de lado, esta vez se puso encima mío, me beso, tomó mis tetas en sus manos y las metió en su boca, no sé cómo hice para estar tan callada con tremenda comida de tetas, entonces paro, muy a mi pesar, sentí que tomaba una de mis piernas y la levantaba para pasar una pierna suya por debajo, de esta manera su coño y el mío quedaron pegados, comenzó a mover sus caderas y ya no pude fingir más, me moví pegándome más a ella, por un momento Andrea se congelo, me miro a los ojos y mis movimientos se volvieron más insistentes, entonces mi amiga sonrió volviendo a restregar su clítoris con el mío. Cambiamos a un 69, necesitaba probar esa vagina, probar el sabor de sus fluidos, ella estaba empapada, tenía esa chocha rosadita muy mojada, metí mis dedos, lamí y succione como nunca. Andrea se vino en mi cara y yo en la de ella, pero aún no habíamos terminado, mi amiga se paró un momento y trajo consigo un amigo íntimo de ella. Sonriendo me mostró un dildo doble, sentadas una en frente de la otra, nos pusimos a chupar cada una un extremo del dildo, después de un rato me indicó de que me pusiera en cuatro, apenas lo hice sentí como me lo metía en el coño, luego escuché como gemía mientras ella misma se penetraba, empezó a moverse, yo también, estábamos culo contra culo, nos tomamos de las manos para metérnoslo más profundamente, gemíamos como dos perras en celo, me saqué por completo el falo de plástico y lo volví a meter pero esta vez yo estaba encima de ella como si me la estuviera cogiendo en cuatro, la agarre de sus ricas tetas, mordí y lamí todo lo que quise, ahora ella fue la que cambio de posición, puso una pierna encima, otra debajo de mí y se ensartó en el dildo, ella marcó el ritmo y yo me dediqué a comerme sus tetas, ya no pude aguantar más, tuve un rico orgasmo. Sacándome el dildo me concentré en penetrarla con el hasta que ella se viniera, no pasó mucho tiempo y ya había logrado mi cometido, nos dimos un par de besos y quedamos profundamente dormidas.

  • Body, ligas y nada más

    Body, ligas y nada más

    Me siento en un sillón y miro.

    Luces bajas, apareces vestida con un body, ligas y nada más. El body es transparente y muestra un pubis depilado. Solo piel.

    Comienza el show.

    Te paras frente a mí y te desabrochas los snaps inferiores del body, se entrevén labios hinchados. Tus manos recorren tu cuerpo lentamente. Muslos, cintura, brazos… tus pezones se dejan ver duros a través del material. Tienes algo más en ellos… ¿aros? no se alcanza a notar.

    La luz no es suficiente.

    Te arrodillas frente a mí, entre mis piernas, abres mi cierre, sacas mi pene, medio erecto, le das un beso en el glande y lo dejas afuera, prohibiéndome tocarlo. Sigues arrodillada entre mis piernas, enderezas la espalda y empiezas a acariciarte los pechos lentamente, recorriendo toda su deliciosa superficie. Tus pezones parecen perforar la tela. Miras como me crece y crece el pene. Ves el brillo de una gota en la punta. Estiras un dedo, esparces el líquido por el glande y te chupas el dedo como si te estuvieras devorando un pico grande y duro. Con gula. Comienzas a enrollar el body de a poco, mostrando tu pubis depilado perfectamente, tu ombligo, y te lo dejas justo antes de mostrarme los pechos. Noto que tu piel brilla. Parece aceite.

    Me gustaría tocar pero no puedo.

    Te das media vuelta y te pones en cuatro patas. Tus nalgas me apuntan y veo como se asoma una vulva pelada y un ano rosado e invitante. Veo ese brillo que puede ser aceite. Te lejas gateando, te incorporas y te abres las nalgas, dejándome ver en plenitud tu depilación y el brillo del aceite y tu lubricación. Quiero comer y lamer… pero nada.

    Traes una silla, te sientas frente a mí, totalmente abierta de piernas y te comienzas a acariciar la cara interna de los muslos, diciéndome que parece que a ambos nos gusta esto, que mire lo congestionado y mojado que tengo el pico. Piensas un poquito y sacas mis testículos también para verlos. Un par de pajitas, y me dejas el pico con el glande cubierto. Te abres los labios inferiores y me muestras un clítoris rojo e inflamado. Veo que te gusta también esto de dar shows. Te pellizcas el clítoris entre el índice y el pulgar, y suspiras.

    Yo te ruego me dejes ver tus pechos. Tú me ignoras.

    El pellizco deja paso a caricias y tirones suaves en tus labios inferiores, como si los quisieras estirar. Te acaricias suavemente la zona alrededor del ano, y tu dedo vuelve, lentamente, desesperantemente, clítoris, labios, entrada de vagina, ano, labios, clítoris.

    Pasas una mano por debajo de tus piernas y te acaricias la entrada de la vagina mientras tu otra mano se dedica full-time a tu clítoris. Yo goteo y goteo y tú te das y te da placer, un dedo desaparece en tu vagina.

    Gimes… clítoris, labios, entrada de vagina, ano, labios, clítoris… otro dedo desaparece, respiración acelerada, me dices cuánto te gustaría ser penetrada por algo grande y duro.

    Me ofrezco.

    Tú te ríes y sacas un vibrador de no sé dónde. Sacas dos dedos brillantes de tu vagina y te metes el vibrador lentamente, sin parar pero con lentitud cruel. Tu otra mano no olvida clítoris, labios, entrada de vagina, ano, labios… te empalas más y más rápido en el vibrador, cuyo zumbido se confunde con los sonidos líquidos de tu vagina inundada.

    Tu otra mano sigue con la diferencia que tu entrada de vagina esta distendida alrededor del pico falso que bombea en tu interior. Aun así, la caricia no disminuye… me dices que estas a punto de acabar y me ordenas pajearme.

    Te corres entre gritos y gemidos.

    Yo me pajeo lentamente, con el poco autocontrol que me queda.

    Te sacas el vibrador, te acercas a mí y te empalas en mi pene, hipersensible.

    Mientras nos besamos me corro en torrentes, llenándote…

  • El pene de mi yerno y yo

    El pene de mi yerno y yo

    En alguna ocasión leí en una revista un relato donde tenían relaciones sexuales yerno y suegra a mí me pareció más fantasía que realidad, nunca pensé que yo terminaría en una situación así. Tenía tres años de vivir sola después de la muerte de mi esposo.

    La soledad me estaba haciendo daño por lo que mi hija me pidió que me fuera a vivir con ellos. Damián, su esposo, siempre ha sido franco cuando dice las cosas por lo que cuando mi hija le dijo que le gustaría que yo viviera con ellos, Damián fue muy directo cuando me dijo que él estaba acostumbrado a estar en su casa en calzoncillos que si yo no tenía ningún problema con eso, esa era mi casa.

    Cuando me mudé con ellos al principio evitaba toparme con Damián cuando estaba en casa y con los puros calzoncillos puestos pero me fui acostumbrando a verlo así.

    Ya tenía viviendo más de dos años con ellos y para mí ya era algo normal ver a Damián en calzoncillos, los domingos tenía como costumbre sentarse en la sala a ver la tv. En esa situación, ese domingo en especial Rosa no estaría en casa ya que en la empresa donde trabaja tenían inventario, Damián se encontraba en la sala viendo tv, la posición en que se encontraba sentado hacía que la bragueta de su bóxer quedara abierta, yo al estar limpiando la sala sin querer me fijé en su bragueta, la abertura dejaba ver algo de su pene, no lo podía creer a mis 58 años me estremecí con la visión. Me para detrás de él para tener mejor ángulo y ver si podía ver algo más de su pene.

    En verdad me había excitado, no pude ver más de lo que se veía de frente por lo que me armé de valor y me senté junto a él con el pretexto de ver la película que estaba viendo. Mi garganta se encontraba seca no así mi vagina que se había humedecido. Entablé una plática con Damián sin ningún sentido y con la plática ponía mi mano en su pierna como llamando su atención hasta que la dejé en ella. Damián no se había dado cuenta de nada ya que su pene seguía flácido, la excitación en que me encontraba hizo que empezara a sobar su pierna diciéndole que su piel se sentía rica. Sonriendo me dijo que si me gustaba sentir su piel podía tocarla el tiempo que quisiera y donde quisiera, los dos soltamos una carcajada, la mía fue de nervios la de él no sé.

    De nuevo centró su atención en la tv y yo mi vista en el pedazo de pene que podía ver sin quitar mi mano de su pierna que seguí sobando y subiendo en cada movimiento. Al llegar a la pierna de su bóxer metí ligeramente los dedos entre la tela. Damián volteó a verme y lo único que se me ocurrió decir fue “puedo?”. Y él me respondió “es tu decisión, yo estoy dispuesto a lo que tú quieras”. En ese momento su pene se empezó a poner duro, pude ver cómo fue creciendo hasta que por la erección se salió del bóxer. Ya no vi la cara de Damián, toda mi atención estaba puesta en su erecto pene, sin dudar lo tomé con mi mano jalando hacia atrás todo su prepucio, dejando su glande completamente descubierto, después de recorrerlo con mi mano de su glande a sus testículos por un buen rato mis labios se apoderaron de él. Al principio solo chupaba su glande hasta que salieron unas gotas de líquido pre seminal, su sabor aumentó mi excitación y lo metí casi por completo en mi boca.

    Él no había perdido el tiempo y había empezado a quitarme la ropa que a esa hora del día no era mucha, solo tenía puesta una bata y mi ropa interior pronto me tuvo completamente desnuda y mamando su pene, sus manos atendían mis erectos pezones y de vez en cuando recorría por completo mis tetas, mi bata sirvió de manta para que yo me acostara en el piso de la sala.

    Ya no podía esperar más tiempo, separé mis piernas para que él pudiera acomodar su pene en la entrada de mi vagina, ayudándose con la mano empezó a pasar por mis labios vaginales su pene que al tocar mi clítoris hacia que me estremeciera. Entre jadeos le pedí que ya me penetrara, no tuvo ningún problema en meter su glande que de inmediato sacó, así lo estuvo haciendo por largo rato hasta que exploté en un formidable orgasmo, fue el primer orgasmo de mi vida que me había provocado un glande. Aun no terminaba de convulsionar mi cuerpo por el efecto del orgasmo cuando su pene se fue al fondo de mi vagina, un prolongado gemido salió de mi garganta al sentir mi vagina llena con su pene, sus embestidas yo las acompañaba con mis jadeos y gemidos, estaba completamente entregada al placer. Empujó con gran fuerza su pene dentro de mi vagina dejándola ahí un gran chorro de semen broto de él y otro más en total sentí cinco y casi al instante yo experimenté otro orgasmo.

    Cuando nuestros cuerpos recobraron su estado normal le di las gracias por el magnífico rato que me había dado.

    Después de ese día los dos buscamos la ocasión para poder seguir con nuestros encuentros sexuales.

  • La señora Rica

    La señora Rica

    La primera vez que la vi fue en mi casa cuando llegó y estaba en la sala conversando con mi mamá salude ambas y me la presentó como la señora «Rica» que era el diminutivo de su nombre Ricardina así le gustaba que la llamaran todos, vivía en otro lugar pero venía una vez a la semana al barrio porque era prestamista para hacer sus cobranzas, me había quedado muy impresionado porque para su edad 52 años aún estaba muy buena y ella lo sabía porque usaba unos pantalones bien apretaditos que provocaba a todos grandes y chicos con ese culazo que movía cuando caminaba por el barrio.

    Mi mamá le había pedido un préstamo que luego logró pagar, de ahí algunas veces la veía de lejos venía con su esposo que manejaba un carro viejo como él, Rica era una mujer que le encantaba mucho provocar a los hombres y su marido era un imbécil que sólo le servía de su chófer según ella misma les contaba a las mujeres se quejaba que paraba enfermo y otras cosas más.

    Pero ninguna señora le reclamaba nada de su manera de vestir provocando a los hombres porque siempre era mejor estar bien con ella para un préstamo a futuro. Llegó el sábado eran las 8.32 de la noche cuando salí de mi casa para vernos con unos amigos y luego a bailar, cuando subí al bus había regular cantidad de pasajeros que iba en aumento cada vez más a cada paradero que se detenía.

    Cuando la vi subir a la señora Rica al bus varios hombres la veían con lujuria y se la comían con la mirada y no era para menos con la ropa que se ponía ahora estaba con un vestido de verano bien ceñido de tela delgada con figuras de flores y tacos su estampa era espectacular, me sorprendió mucho verla sola sin su marido.

    Ella se iba abriendo camino entre los gente y busco un lugar donde ponerse no pasó ni un minuto cuando un tipo se colocó detrás de ella veía como disimuladamente le veía el culo y se le iba acercando hasta que junto su cuerpo a la señora Rica, ella lo sintió inmediatamente como le sobaba su bulto el hombre en medio de su enorme trasero, se le veía incomoda y como yo estaba cerca fui a su rescate.

    -Buenas noches señora Rica

    Ella me vio y no me reconoció pero luego de unos segundos y haciendo memoria se acordó de mí y me saludo y pidió permiso al hombre que tenía detrás de ella y se acercó donde yo estaba y ella sola se puso delante mío el tipo me vio con cólera y se fue en medio de la gente buscando a otra víctima.

    Le pregunté por su esposo y me dijo que su carro se había quedado botado saliendo de su casa así que tuvo que venir sola para hacer sus gestiones como había mucha gente alrededor escuchando no era muy buena idea hablar de dinero, yo sabía que lo llevaba en su cartera que lo tenía bien sujeta en su pecho.

    Cada vez estaba más apretada la gente así que era inevitable que nuestros cuerpos no se vayan juntando, que rico se sentía mi verga dura en su culo le pedí disculpas pero me dijo que no había problema y que no me sienta mal entendía la situación y sonriendo acerco su boca a mi oreja y me dijo

    -Prefiero mil veces que seas tú que un hombre extraño que esté detrás de mí…

    Sus palabras me dieron la confianza necesaria para seguir adelante, ese vestido de tela tan delgada mostraba la forma de sus glúteos y como mi verga sería colocaba en medio de ellos, veníamos conversando para disimular ambos de lo que sucedía debajo del nuestras cinturas.

    Su mejillas de la señora Rica estaban rojas veía que no era el único que su cuerpo reaccionaba al estar juntos ahora ella tiraba para atrás muy levemente su trasero, la vida a veces te pone en situaciones muy buenas que no sabes si se vuelvan a repetir así que había que disfrutar el momento.

    El movimiento del bus y la cantidad de gente a nuestro alrededor ayudaba bastante para seguir sobando mi verga dura entre sus ricas nalgas, ya había pasado el paradero donde debía haber bajado hace rato pero estaba muy bien junto a la señora Rica que lo demás no importaba.

    Ahora yo también daba unos empujones leves sobre sus trasero que a ella le gustaba mucho hasta que no pude más y explote y tuve que aguantar soltar un gemido fuerte de lo rico que sentí al botar mi semen era bastante que hasta moje un poco su vestido ella puso su mano detrás y sintió la humedad de su ropa y muy tranquila mi dijo para bajar del bus.

    Ya en la calle empezamos a caminar yo estaba muy avergonzado a mis 19 años era la primera vez que me pasaba esto algunas veces en el bus sobaba mi verga en el trasero de alguna mujer pero jamás llegué a terminar, pero con ella fue diferente debía ser que siempre soñé tocar su cuerpo como muchos en el barrio.

    -Vamos cambia esa cara muchacho que no es para tanto ni que hubieras matado a alguien… Ahora debemos buscar donde te puedas limpiar y también yo que no puedo llegar así a mi casa…

    Ella sacó de sus cartera un poco de papel higiénico para que limpié algo mi pantalón había mucha gente en la calle como para que los haga bien lo bueno es que nadie notaba la humedad en mi por la oscuridad, hasta que ella vio un hostal y dijo para entrar que era el único lugar donde podíamos limpiarnos bien.

    El recepcionista nos vio con una mirada de asombrado y luego se sonrió al notar las diferencia de edades, ella se fue de frente al baño y dejó la puerta entre abierta y se quitó el vestido para lavar en el lavadero esa zona donde había mojado con mi semen… Ohh al fin vi lo que tantas veces imagine sus cuerpo tenía una ropa interior blanca sus tetas eran de muy buen tamaño y piernas aun de bellas formas se veía que cuidaba mucho su cuerpo haciendo gym, yo quedé como un imbécil hipnotizado admirando su belleza de mujer madura era el sueño de cualquiera de los hombres en el barrio.

    -¿Qué tú no te vas a limpiar?

    Fueron las palabras que me despertaron de mis pensamientos pero cuando lo noté otra vez estaba empalmado tenía la verga dura, ella me dijo que le alcance el pantalón para limpiarlo de una vez cuando entró al baño y se lo doy la vi tan cerca que eso hizo que alcance mi máxima erección y la señora Rica lo vi pero no me dijo nada solo pidió el bóxer también para limpiar y no esperé afuera.

    Jamás hubiera podido imaginar que estaría en un hostal con la señora Rica casi desnudos hace unas horas pero habría que ver que podría pasar ahora no debía forzar nada sólo dejar que ellos tome la iniciativa como lo hizo en el bus, cuando ella salió me vio que estaba echado en la cama tapado con la sabana y el bulto que se formaba de la erección que tenía…

    -Vaya, vaya ¿aún veo que aún sigues muy caliente y no te fue suficiente para ti hoy? Mira en la situación que nos puso la vida que iba a imaginar yo que terminaría el día con un muchachito en un lugar así… Pero júrame que no vas a decir nada a nadie… Ok?

    Prometí no decir nada ella se sentó a mi lado pero no se atrevía a echarse en la cama había que esperar un rato para que se seque algo nuestras ropas como era verano aún de noche se sentía calor, dijo que prenda el televisor para ver algo mientras tanto y obedecí y lo primero que vimos era a una mujer rubia de 42 años y de grandes tetas chupando la verga a un muchacho casi de mi edad el silencio de ambos mientras veíamos esa escena porno era muy excitante.

    – Señora Rica disculpe no sabía que daba esa película ¿Mejor apago el televisor?

    – No hay problema si gustas déjalo ahí no es nada que no haya visto antes sólo baja un poco el volumen…

    Y claro que los dejé la rubia de la película xxx chupaba con ansias esa verga ahí ella se levantó y recogió su cartera verla caminar por la habitación en tacos y ropa interior como se movían esas nalgotas me volvió más loco aún.

    Rica sentada a mi lado revisando sus apuntes haciendo como si nada hubiera pasado entre los dos pero después vez en cuando veía lo que sucedía en la televisión, hasta que ya no pudo más y retiró la sabana que cubría mi verga que apuntaba al techo y sin decir palabra alguna se inclinó y se metió a la boca el falo con la misma desesperación de la actriz porno de la película.

    Yo no decía nada sólo por temor a romper el momento sólo disfrutaba de la boca y lengua de la señora Rica que se tragaba mi verga con la experiencia que le daba sus años, mis dedos jugaban con sus cabellos.

    -Ohhh… ohhh… qué rica verga…

    (Continuara…)

  • Festejando sus 18 añitos

    Festejando sus 18 añitos

    Corría el mes de noviembre, Susana, vivía al lado de la casa de mis padres, con ella nos habíamos criado juntas, era casada y su hijo Javier, inevitable se llevaba inglés y me pidió si yo podía ayudarlo para que pudiese rendir la materia en diciembre.

    Durante un mes estuvo todos los días de la semana yendo a mi casa para que lo ayudase en el examen, el venía a última hora de la tarde cuando yo llegaba de mi trabajo. Los fines de semana yo iba a casa de mis padres para ayudar un poco a arreglar la casa y sobre la fecha de examen de Javi acelerar un poco su preparación

    Javi en unos días cumpliría los 18 años, era delgado, alto 1,80 m., musculoso, lindo de cara, dulce, educado y gentil, nos quedábamos charlando más allá de la clase de muchos temas.

    Poco a poco y casi sin darme cuenta empecé a prestarle más atención, y empezamos a compartir más cosas, inclusive hubo dos o tres salidas compartidas donde fuimos al cine juntos. Me gustaba su manera de ser dulce, tierno, atractivo y atento con un físico muy apetecible. Yo duplicaba su edad pero eso no era impedimento, me gustaban los hombres más allá de su edad, empecé a notar que yo tampoco pasaba desapercibida para él, mucho más cuando una tarde dejó olvidado su celular.

    Esa tarde había dejado su celular olvidado en casa, en cualquier momento vendría a buscarlo, cuando lo descubrí noté que estaba encendido y como buena mujer hurguetee en él y descubrí para mi sorpresa que en el había varias fotos mías donde había vuelto a lucir ropas ajustadas y algo más sexys e insinuantes y otras en bikini en la casa de mis padres regando las plantas e inclusive tomando sol. No me sentí molesta por eso sino todo lo contrario, eso me encantó más de la cuenta, sentí que de a poco volvía a ser la mujer que era hace unos meses atrás.

    Esto no hizo más que activarme como mujer, y empecé disimuladamente a mostrarme más sexy y provocativa, y comencé a seducirlo.

    El 2 de diciembre rindió Ingles aprobándola, Javi venia todos los días a verme y a charlar, y notaba como me miraba y como sus ojitos se desvivían cada vez que mis ropas mostraban un poco más de mi cuerpo.

    El miércoles 9 de diciembre era su cumpleaños y decidí festejarle su cumple de una manera especial, quería que siempre recordase esta fecha…

    Preparé una torta de cumpleaños, para festejar su mayoría de edad. Le compré una remera en gris y blanco y me preparé como para ser yo el mejor regalo de cumpleaños de su vida.

    Llevaba mi cabello negro ensortijado y suelto, mis parpados en un tono celeste, un poco de rubor en la cara, y mis labios con un rouge rojo intenso, como vestimenta un trajecito muy sexy de 2 piezas; un corset de breteles finos, con estampado fantasía en tonos pastel de color celeste, rosa y blanco, ajustado a mi tórax, escote redondeado por el que asomaban parte de mis senos y unos 5 cm por encima de mi cintura, llevaba un cierre al frente y elastizado a mi espalda, y que dejaba la mitad de ella al descubierto, mi falda con el mismo estampado, y muy corta algo más de 10 cm por encima de mis rodillas, falda acampanada que insinuaba más mi cola, unos zapatos de taco bastante alto y grueso, sujeto a mis tobillos y uñas de pies y manos de color blanco, me mire en el espejo me veía sexy y provocativa pero a la vez dulce y tímida en realidad tenía un toque de adolescente sexy, estaba algo más rellenita mis medidas eran ahora 93-65-95.

    Estaba ansiosa, nerviosa y excitada, me gustaba Javi, era varonil, pero a la vez dulce y tierno, por edad podría ser mi hijo, pero no lo era, y yo quería darle todo de mí mucho más luego de haber descubierto que yo le gustaba. Cuando sonó el timbre de casa y por la forma de tocar sabía que era él, sentí mi corazón a punto de estallar cuando fui a su encuentro.

    Al verme su carita mostro signos de agrado y sorpresa, le desee un muy feliz cumple al tiempo que lo besé en la mejilla pero muy cerca de la comisura de sus labios pero pensando que pronto su boca y su cuerpo serían míos. El día, climáticamente hablando se presentaba muy caluroso, y pesado con el cielo límpido.

    Le di su regalo, le encantó, comimos un pedazo de torta y un vaso de gaseosa, dejamos el mate de lado para más adelante y él dijo:

    J- Espero que no te moleste lo que voy a decirte pero estas muy bonita, me encanta como te queda el conjunto

    C- Gracias cielo (era normal que yo me expresase en esos términos con él), al contrario como me va a molestar que pienses que me veo bonita

    Cuando nos sentamos en el sofá a tomar mate mis piernas quedaron bastante al descubierto y yo veía sus ojitos desviviéndose por ellas, en ningún momento quise “no mostrarlas”, intentaba cubrirlas como una manera de disimular un poco pero eso solo duraba un par de segundos

    De golpe el cielo se oscureció como a punto de llover, y enseguida un poderoso trueno sacudió la casa, le pedí ayuda para sacar la ropa que colgaba en la soga antes que lloviese, estábamos a punto de terminar de descolgar y doblar la ropa cuando un viento arremolinado por algunos segundos (10-15) subió mi falda hasta la cintura y sus ojos lo vieron todo, corrimos se largó a llover en forma casi torrencial fuimos con la ropa hasta mi habitación y la dejamos en el placard, luego la ordenaría, ambos estábamos mojados y dije:

    C- Ay, te mojaste

    J- No importa hace calor

    C- El viento levantó mi pollera, espero no hayas visto nada desagradable

    J- ¿Desagradable? Para nada todo fue muy hermoso, lo más hermoso que vi en mi vida

    C- En la vida debe haber muchas cosas más agradables que yo

    J- No… no lo hay, vos sos lo más hermoso y perfecto que hay en la tierra

    C- A ver demostrámelo

    Le coquetee, lo excité un poco ofreciéndome un tanto provocativa que sintiese el aroma de mi perfume que pudiese acerar su cabeza a la mía para luego alejarme un poco pero sin dejar de seducirlo.

    Volví a ponerme de frente a él y dijo:

    J- Me encanta tu perfume

    C- En serio?

    J- Todo en vos es hermoso los chicos del barrio están locos por vos

    Lo seguí coqueteando y dije

    C- No me podes decir eso, puedo ser tu madre, tengo un hijo un par de meses más grande que vos…

    A Javi se lo veía muy excitado, me gustaba provocarlo. Me quiso besar la boca y yo la aparte girando mi cara, entonces su beso fue a mi cuello y yo dije:

    C- Ay qué lindo beso, me encanta tu suavidad

    Giré mi cabeza volviéndole a ofrecer mi cuello pero sin permitirle besar mi boca, ya de frente a él pasé suavemente mi mano por su rostro y dije… ”sabes que sos muy lindo bebé”

    Y volvió a intentar besar mi boca gire mi cuerpo dándole la espalda; volvió a besar mi cuello y entonces dijo:

    J-Estoy loco por vos Claudia, pienso en vos todo el tiempo…te amo

    C- A mi también me gustas… sos muy lindo… pero sos muy chico para mi

    Luego de un par de intentos más por besar mi boca le ofrecí un suave y breve contacto de mi boca en sus labios y giré dándole la espalda, eso lo excitó más aun, tomó mi cintura, sentí contra mi cuerpo su pene erecto y me volvió a besar en el cuello, para luego chuponearmelo, di un pequeño gemido demostrándole que me gustaban luego de eso giré mi cuerpo colocándome frente a él, le coquetee y le dije:

    C- Sos muy lindo bebé

    Lleve mi mano a su rostro y lo besé en la boca dándole un muy pequeño beso, yo estaba muy excitada, volví a besar varias veces más sus labios, yo le coqueteaba, lo provocaba; sus besos eran dulces y tiernos, a esta altura ambos estábamos muy excitados mi respiración igual que la de él era agitada abrí un poco mi boca, e introduje mi lengua en su boca, los besos cada vez eran más apasionados, luego de varios minutos así, me aparte un poco de él y bajé el cierre de mi corset, fue rápido así que no vio mucho de mis tetas ya que al mismo tiempo giré dándole la espalda, bajó mi corset acariciando mis hombros hasta que este cayó por mi cuerpo.

    De espaldas a él tomé sus manos con las mías haciendo que acariciase mis pechos me dijo “sos muy hermosa” y volvió a besarme el cuello mientras yo guiaba sus manitos sobre mis pechos acariciándolos; ya a esta altura de la situación tenia mis pezones muy erectos, yo le decía que me gustaba su suavidad, giré mi cabeza y nos volvimos a besar en la boca: no podía dejar de besarlo estaba muy excitada.

    Me puse frente a él lo miré a los ojos y a pedido mío se sacó la remera, me miró las tetas con deseos y se inclinó en busca de ellas, y las besó y lamió; su lengua en mis pezones y sus besos succionando mis tetas me tenían muy excitada, al rato nos dimos un beso de lengua y besó y lamió mi otra teta, con desesperación y mucho deseo volvimos a besarnos en la boca.

    El me miró dulcemente y se puso en cuclillas, llevé mis manos a la cinta de mi falda y la bajé lentamente mientras él acariciaba y besaba mi vientre mientras mi falda caía por mi cuerpo rumbo al piso.

    Tenía puesta una pequeña bombachita celeste y él me la besó justo a la altura de mi concha con suavidad, pasión y dulzura, eso me excitó a punto tal que un gemido de placer de mi parte invadió la habitación, luego me senté en la cama, lamí y besé sensualmente su pecho mientras acariciaba su pene erecto por encima del pantalón, luego baje su pantalón y su slip seguí acariciando su erecto pene de buenas dimensiones y luego lo llevé a mi boca para succionarlo suavemente mientras él gemía y jugueteaba con mi cabello, lo succioné algunos segundos. Luego nos acostamos en la cama.

    Yo sobre él, ya completamente desnudo, extendida sobre su cuerpo, aun con mi bombachita puesta, y excitando con mis movimientos su pene, él me tomó por los hombros, yo cabalgaba muy suave sobre él , mirando su carita tierna, me bajé un poco y mi boca siguió jugando con su pene y lo volví a lamer muy dulcemente saboreándolo todo, cuando lo miraba disfrutaba ver su cara de gozo, y luego volvía a la carga hasta deglutirlo por completo, luego de unos luego me quité la bombacha deje de lamerle el pene me acosté a su lado nos besamos y nos acariciamos apasionadamente durante mucho tiempo luego dije:

    C- estamos muy calientes ya es hora que me cojas

    Me acosté en el colchón abrí mis piernas, él se puso entre ellas, volvió a apoderarse de mis senos los lamió, los besó, succionó mis erectos pezones, yo acariciaba su cuerpo me sentía estremecer cada vez que me besaba, cada vez que me acariciaba.

    Luego de unos minutos así tomo su pene con una mano, yo con la mía abrí un poquito mi concha, sentí su pija penetrándome suave y delicadamente, apenas entró en mi vagina, mi boca gimió pletórica de placer, y en apenas segundos la tuve totalmente dentro mío, yo moría de placer, mi cuerpo se estremecía… hacia demasiado tiempo que no tenía una pija tan joven dentro mío, a pesar de su juventud, tenía experiencia, indudablemente no era su primer vez, sabía muy bien cómo hacerlo, sabia darme placer, entraba y salía de mi vagina llenándome de un inconmensurable placer; luego fue en busca de mis labios y los besó mientras no paraba de bombear y de decirme que era muy hermosa durante algún minuto estuvimos solo besándonos, luego cuando en un momento su pene salió de mi vagina yo aproveche para cambiar de posición.

    Le dije lo maravilloso que era sentirlo dentro de mi cuerpo entre palabras entrecortadas por la agitación que me invadió.

    Cuando cambié de posición quedé en 4 patas, con mi cola levantada. El acarició mi cola la besó y la mordisqueó mientras yo no paraba de gemir. Luego él apoyo su mano en mi cintura, llevó su pene nuevamente a mi vagina y volvió a penetrarme a dármelo por completo, yo mordía mis labios de placer mientras mi boca gemía constantemente. Él con ambas manos aferraba mi cola, mientras su pene entraba y salía recorriendo mi ardiente vagina. Luego le dije que yo quería cabalgarlo, sin sacar su pene de mi vagina giramos sobre la cama ahora él estaba debajo de mí.

    Nos besamos apasionadamente y empecé a cabalgarlo rápidamente, quería y deseaba sentir su semen recorriendo mis entrañas, mi boca no paraba de gemir, Javi no paraba de decirme que era muy hermosa, que me amaba, el ritmo de nuestro encuentro sexual se hacía cada vez más apasionado la cabalgata era infernal su pene estaba entrado por completo en mi vagina ya no podía más… deseaba acabar y le pedí que lo hagamos juntos, el pedido se corporizo en segundos, las convulsiones y la agitación se hicieron presente en ambos y un torrente de cálido semen invadió mi vagina mientras nuestras bocas se unían en un beso apasionado e interminable mientras sus manos y brazos se apoderaban de mi cuerpo.

    Cuando ya nuestros cuerpos se estabilizaron permanecimos abrazados y besándonos y para mi ese momento fue inolvidable. Hacía tiempo que no sentía ese intenso placer. Luego nos fuimos a duchar juntos, nos acariciamos nos besamos, luego me llevó a la cama con mis piernas entrelazadas a su cintura y no parando de besarnos, volvimos a la habitación nos acostamos y entre caricias y besos volvimos a tener sexo.

    Fuimos pareja durante el verano, me sentí una adolescente a su lado, pero era muy chico para mí, y todo llegó al final.

  • El lunes pasado (Continuación)

    El lunes pasado (Continuación)

    -¿Por qué no le dices a tu padre, que te quedas a pasar la noche?

    – ¿Quieres que me quede?

    – ¡Por supuesto!

    Dejé caer las manos, y agarrándole por las ingles, aumenté el ritmo y la fuerza de mis envites.

    -¡Agh!… ¡Agh!… ¡que me corro!… ¡buhhh!… ¡uff!

    Quique acababa de correrse, aunque yo seguí pegándole zambombazos.

    Después de correrme, yo también, le abracé y esperé hasta que terminé de vaciarme; y luego, me lo llevé hasta el sofá; y nos dejamos caer sobre él. No pude evitar volver a acariciarle.

    – ¡Me gustas mucho!, nene. Lo sabes, ¿verdad?

    Acurrucado junto a mí, me miraba y se dejaba hacer…

    – ¡Oye, Quique! Podemos follar toda la noche…

    … ¿si quieres?, claro!

    Levantó la mirada; y me clavó los ojos.

    – ¡No tienes huevos!

    – ¡Ah!, ¿no? De momento, ¡vamos a ducharnos!, ¿vale?

    – ¿Y?

    – ¡Nos vamos a cenar!, que tengo hambre.

    Todavía no eran las 21:30; así que, pasamos por el autoservicio de la esquina y pillamos unas cervezas.

    – ¿Nos hacemos un chino?, o ¿llamamos a un Pizza Hut?

    – Prefiero un chino.

    – Entonces, vamos a dejar las cervezas en casa. Y luego, vamos a la Estación, que esos se lo curran de puta madre, ¿vale?

    – ¡OK!

    Pero, después de dejar las cervezas; y ya abajo, en el portal, nos encontramos con mi vecino…

    – ¡Coño, Lucas!, ¿tan pronto en casa?

    – ¡Si!, pero solo he venido a cambiarme. Esta noche, se quedan mi cuñada y mi sobrino.

    Le miré sin entender bien de que me hablaba; y levanté las cejas…

    – Es que, hemos tenido que hospitalizar a mi mujer.

    – ¿A tu mujer?

    – ¡Si!… esta mañana.

    – Y, ¿eso?

    – Pues, que se ha roto la cadera.

    – ¡Vaya! ¡Joder!, cuanto lo siento, ¡de verdad!

    – ¿Es tu nieto?

    – ¡No! Es el hijo de un compañero de trabajo, que ha venido a echarle un vistazo a mi colección de discos, para un trabajo que tiene que hacer para la universidad. ¡Ya sabes!…

    – ¡Hola!, ¡encantado!; y le ofreció la mano a Quique.

    – ¡Mucho gusto!

    – ¡Bueno! Pues, nosotros vamos a la Estación, que a este se le ha antojado cenar en el chino.

    – ¡Ah!, pues…

    … ¡ahora, nos vemos! Justamente, estaba pensando en ir para allá. Me gusta la comida china, ¿sabes?

    – ¿Te esperamos, entonces?

    – ¡Si no os importa!

    – ¡No!, no funciona; le dije a Lucas, cuando vi que pulsaba insistentemente sobre el número 3 de la botonadura del ascensor.

    – ¡joder!, que mala leche, ¡coño! Con las pocas ganas que tengo de subir escaleras.

    Y, me di cuenta de lo que acababa de decirle a Lucas.

    – ¿Has oído lo que le he dicho a Lucas, Quique?

    Me miró, y se quedó un rato pensativo.

    – ¡Andá!…

    … pues ¡es verdad! Es perfecto.

    Y, enseguida, sacó el móvil del bolsillo.

    – ¿Papá?…

    … ¡oye!, que me quedó a pasar la noche con Pepillo…

    Al llegar, nos colocamos en una de las mesas del fondo, junto a la cristalera; y esperamos a que llegara Lucas. Y cuando uno de los camareros se acercó a atendernos…

    – ¿Lo de siempre?

    – ¡No!, yo quiero una sopa de nido de golondrinas, para empezar.

    – Chupsuey de verduras y gambas con bambú y setas chinas. ¿Os parece bien?, continuó Quique.

    – ¡Por mi, si!… dijo Lucas. Pero, añade arroz frito tres delicias, y un rollito de primavera ¿vale?

    – ¡Vale!

    – ¿Y para beber?

    – ¿Agua?

    – Si, agua.

    – Para mi también, dio Quique.

    Me llamó la atención ver como Lucas se quedaba mirando a Quique: y empecé a desear que se quedara con nosotros a pasar la noche.

    – ¿Te apetece una copa, en casa, Lucas? Quique y yo, estamos solos.

    Y volví la cabeza, para mirar a Quique, con un gesto bastante elocuente (con el que le preguntaba si le parecía bien).

    – ¡Por supuesto!

    – ¿Que dices?, Lucas… ¿te apuntas?

    – ¡Ah!, pues si. Me apetece. ¡Muchas gracias!

    Entonces, sacó el móvil; y llamó a su cuñada…

    – ¡Oye!, ¿hasta qué hora vais a estar, mañana?…

    … ¡vale! ¡Gracias!, Lola.

    Y luego, curiosamente, llamó a Vicente, el portero:

    – ¿Vicen?…

    ¡Oye!, que voy a tomarme una copa con Pepillo. Luego, me paso ¿vale?…

    … si, ahora estoy en el chino cenando con él y un amigo…

    … ¡muy bien!… ¡vale!… ¡ahora nos vemos!

    – Dile, que cuando lleguemos, nos pasamos a avisarle, para que suba a tomarse una copa con nosotros.

    – ¡Que dice Pepillo, ¿que si subes a tomarte una copa?…

    … ¡que si!, que invita él… ¡venga!, ¡hasta luego!

    No engañaban a nadie. En cuanto les vimos juntos en casa, Quique y yo nos miramos, y nos echamos unas sonrisitas.

    Lucas, ronda los cincuenta, pero está muy bueno. Y, claro, el portero le ha debido de echar el anzuelo; y ha picado.

    ¡Vamos!, que se lo está follando, fijo.

    Me dispuse a servir esas copas; y al abrir el mueble bar, me di cuenta de que Quique volvía a curiosear entre mis cosas.

    – Lucas, ¿que se te antoja?

    – ¿Puede ser un Gin Tonic?

    – Puede ser.

    – A mi otro, ¡por fa!, dijo Vicente muy resuelto.

    Y se me escapó un guiño, mientras miraba a ver si me quedaban tónicas.

    – Y ¿tu?, Quique. ¿Qué te pongo?

    – Yo solo quiero, una Coca Cola. ¿Te quedan?

    – ¡Por supuesto!

    Y, de repente, empezó a sonar 24K Magic, de Bruno Mars, a buen volumen…

    Quique había cogido el iPad; y lo había amplificado a través de la barra de sonido.

    – ¿Te importa? Me preguntó mirándome a los ojos, mientras empezaba a mover las caderas, dando pequeños saltos y algunos pasos de baile.

    ¡Qué preciosidad! ¡Qué sexy es, este cabrón!

    Lucas y Valentín, le miraban con los ojos abiertos de par en par.

    – ¡Guauuu!, dijo el portero…

    Y Quique, empezó a darnos de filar…

    Completamente encendidos y entusiasmados, por el bailecito que se estaba marcando Quique, nos concentramos en mirarle…

    … y poco a poco, fue quitándose la camiseta, sin dejar de mover el culo. ¡De una forma!… ¡ufff! , ¡Madre, que cosa!.

    Hasta, que logró engancharnos.

    – ¿Y este chaval?, pensé…

    ¡Pero, como se lo monta, el cabrón!…

    Nos tenía babeando; mientras exhibía ese cuerpo, absolutamente descocado. Y claro, Vicente le echaba mano, en cuanto tenía oportunidad. Cosa que, por lo visto, a Quique le gustaba.

    Total, que terminó echándoselo encima; para repartírselo con Lucas. Y entre los dos, lo tumbaron en el sofá y le dejaron en bolas; se les veía muy acelerados.

    Lucas le había cogido de los pies; y le mantenía con las piernas en alto, para que Vicente le diera lengua a sus anchas.

    – Te gusta esto, ¡eh! cabrón, le decía Lucas.

    Yo ya había terminado de preparar las copas; así que, decidí sentarme en un sillón, a mirar el espectáculo.

    Pero, Lucas soltó sus piernas y se desnudó.

    Entonces, Vicente, lo sentó sobre sus rodillas y empezó a follárselo, bien apretadito.

    Yo, al ver a Lucas desnudo, me puse muy burro; y empecé a desnudarme como un autómata, sin dejar de mirarle. No podía imaginar que mi vecino estuviera tan bueno, ¡coño! ¡Qué cuerpazo, tiene el cabrón!

    Me acerqué a él; y empecé a pasarle la lengua por la espalda, sin dejar de sobarle. Y con verdadero ansia le repasé la raja del culo.

    – ¡Que ricas nalgas tienes, cabrón!

    Giró la cabeza, para mirarme, sonriendo; mientras lo sacaba y lo movía, revoltoso.

    Y no me lo pensé dos veces. Le metí un par de dedos, bien cargados de saliva, y me puse a dilatarlo.

    Luego, le abracé; y se la deje en lo más profundo, mientras le acariciaba el pecho y mantenía un tranquilo movimiento de la pelvis con la cabeza apoyada sobre su hombro.

    Sentir el calor que su cuerpo y ese olor a macho, me tenía en órbita.

    ¡Qué rico está Lucas!… nunca lo hubiera imaginado.

    Empecé a aumentar el ritmo y a tirar de sus caderas, para apretármelo bien en ese mete y saca, tan excitante, hasta que sentí a Vicente detrás mi, dejándome el rabo entre las piernas, con evidente intención.

    Dejé que me la metiera, absolutamente encantado, e iniciamos un mete y saca, enganchados como si fuéramos perros callejeros.

    ¡Qué placer!, ¡joder!

    La noche acababa de empezar…