Autor: admin

  • Calenturas con mi suegra (Parte 2 – Final)

    Calenturas con mi suegra (Parte 2 – Final)

    Después de la culeada por el culo que le di, las cosas cambiaron, para bien digo yo, pues mi suegra se puso más provocadora y calentona, empezó a jugar a calentarme y después dejarme con las ganas, haciéndome correr al baño a pajearme, me decía “pronto te voy a dar una sorpresa que no olvidarás”.

    Nuestros contactos fueron más audaces, sobre todo estando las muchachas con nosotros, no quería darme la pasada de nuevo, sólo cuando a ella se le ocurriera, así que le seguía corriendo mano como siempre, en la piscina cuando nos bañábamos sacaba la pichula parada y se la paseaba por el poto, las chicas tomando sol tranquilamente, ella haciéndose la loca me la agarraba y la mantenía en sus manos mientras le corría el traje de baño y le metía los dedos en sus hoyos. Cuando tenía la oportunidad, le pedía que se desnudara y ella feliz se paseaba delante de mí moviendo el culo y se cagaba de la risa, sabiendo que lo único que quería era metérsela toda, lo que agregaba otra paja en el baño, no sé porque nunca me pajeé delante de ella. Mi noviazgo con Fernanda andaba a las mil maravillas y solamente en pocos momentos podía hacer cosas calientes con mi suegrita.

    En la empresa me dieron una semana de vacaciones, por lo que les propuse a todas salir unos días a la playa, los primeros días estuve en la casa y salía de noche con Fernanda, ella regresaba de su trabajo como a las 19.30 hs. y todos los días me encontraba con la pichula a punto de reventar, causada por las calenturas con el poto de mi suegra, “oye Ricardo -me decía- la tienes tan parada, ten cuidado que mi mamá te puede ver”, rápidamente se encargaba de pajearme y bajarla a su estado de descanso, nos íbamos el viernes a la playa y el jueves en la mañana mi suegra me dijo “ya, tengo todo organizado para darte lo que te tengo preparado, así que nos vamos a un motel que tengo reservado para esta ocasión especial, que te parece?”, al instante le dije que bueno que mi verga era toda suya y que podía hacer lo que quisiera conmigo, y partimos. Les dijo a las muchachas que iríamos a un jardín botánico y que regresaríamos tarde. Llegamos al motel como a las 11 de la mañana, ella bajó un bolso con cosas, vienes de picnic le pregunté, algo parecido me dijo.

    De entrada me pidió que ella quería hacer lo que tenía planeado y que por favor no me preocupe y solo haga lo que ella me diga. Yo acepté encantado, lo único que quería era volverme puro pico para darle duro.

    Primero me desvistió, y me llevó al jacuzzi que estaba listo para ocuparlo, le tiró al agua unos polvos que dijo eran sales, mi suegra se empelotó y ya mi pichula comenzó a ponerse tiesa, ya quería chuparle la zorra y meterle mano por los orificios, calma me dijo, tranquilo que yo mando. Nos metimos al jacuzzi y con unos paños me lavó de pies a cabeza, obviamente pasando por las partes que Uds. calientes de mierda se imaginarán. Terminado ese trámite, la lavé a ella de igual forma. Nos secamos, no paraba de mirarle el poto y me dijo, sécame la concha, con la toalla la sequé detenidamente y luego me puse por atrás y le sequé el poto que me quitaba el sueño, que agradable era sentir ese tremendo monte de carne, estuve un rato secándole el agujero chico con toda dedicación, contemplando su rosado contorno, que calentura más grande. Traté de acercarme a chuparle el ojetillo, me paró, “espera eso es para más adelante”.

    En la pieza había un gran jarrón con hielo y 2 botellas de champagne, sacó del bolso varios potes y puso todo en su velador. Sirvió dos copas con el champagne e hicimos salud por lo que venía. Nos acostamos y yo como perro me tiré al poto, se corrió y me ordenó que me tendiera boca arriba, abrió varios potes y comenzó a echarlos en mi barriga, pichula, bolas, que es esto dije, es crema con futas un postre muy rico, y comenzó a degustar rápidamente, en un rato lengüeteo todo y dejó mi pichula y mis bolitas muy limpias, repite lo mismo me dijo, le llene la concha con esa crema y levanté sus piernas y le embadurné entre los cachetes y el hoyito que tanto quería chupar, no le tomé ni el gusto a la crema en un santiamén le dejé los agujeros como recién salidos del jacuzzi, que rico era chuparla.

    Mi pichula se llegaba a retorcer de parada y la cabeza pelada miraba para todos lados, la miró y la puso entre sus manos, métemela, a lo que la apunté directamente a su concha y se la mandé a guardar de una sola vez, y comencé a culeármela con todas mis fuerzas mientras le chupaba las tetas y le metía el dedo en el chico, estaba que ardía de caliente, ella gritaba de placer, métemela toda Ricardo, amo tu pichula en mi concha, que rico se siente, yo cada vez se lo metía con más fuerza, estaba encima de ella, la pongo patitas al cuello y ahí sí que la sintió hasta los pendejos, me la comí toda dijo y en ese instante acabé dentro de ella, sigue me dijo que todavía no acabo, le di un par de metidas y acabó retorciéndose completamente. Era la primera.

    Nos lavamos y descansamos un rato fumando y tomando champagne hasta agotar la primera botella, llamó a la recepción y pidió otra, para que le dije si todavía queda una entera, no contestó una es para mí y la otra tuya. Trajeron la otra botella y la metió al tiesto con hielo, ya me dijo estás listo para seguir?, tomando con la mano mi pichula, si suegrita ahora por el chico quiere?, no me dijo ahora viene la cascada parte tú, fuimos a la mesita, se subió y quedó en cuclillas con las piernas abiertas mostrándome toda su concha peluda, ponte debajo mío me pidió, me instale justo quedando mirando la concha y el chico, puse mi lengua y ella comenzó a echarse la champagne de las tetas hacia abajo, no se cuanta champagne tomé pero le chupe hasta el último pendejo y el chico cada vez lo sentía más rico y más me calentaba, se acabó al líquido y subí a tomarme lo que quedaba en las tetas, ella estaba que ardía de caliente, que haremos con la segunda pregunté, sácale el corcho, agítala un poco y métemela en la concha me pidió, lo hice y ella al sentir dentro el fuerte chorro helado de la champagne se estremeció y vi que abría unos tremendos ojos, le llené la concha y la saqué, el líquido salió como cascada y tomé esa mezcla de licor con jugos de zorra, hice lo mismo tres veces hasta que se terminó, mi suegra estaba loca, sentir esos chorros helados y burbujeantes en su interior llegaba a tiritar de la gozada que había sentido, esta vieja se las sabía por libros la degenerada de mierda. Seguía tiritando de placer por lo que la acosté en la mesa la metí la punta de la botella en la concha y le puse la pichula en la boca, me la chupó hasta las bolas mientras me la culeaba con la botella, acabe y le llené la boca de mocos que se los comió todos mientras acababa con la botella metida casi hasta la mitad.

    Pasado un buen rato todavía tiritaba de placer la muy puta. Dormimos como dos horas para recuperar fuerzas, despertamos más relajados, nos comimos unos sándwiches que traía y me contó que su ex marido le hacía con el champagne en la concha y que siempre lo había disfrutado. Era la segunda.

    Nos dimos un jacuzzi y nos echamos otro polvo con toda calma, de nuevo nos chupamos todo, lo que más me gustaba era chuparle el poto, me enloquecía, metía mi cabeza entre los cachetes y le lengüeteaba su rosado hoyito, era lo máximo para mí. Acabé en sus tetas ya no me podía el cuerpo, no daba más. Era la tercera.

    Descansamos nuevamente, yo pensaba que no se me iba a parar nunca más mi pichula era una miseria, no reaccionaría ni con la miss universo.

    Puso una película porno y me dormí profundamente, cuando desperté ya estaba oscuro, y ella con la pichula en su boca, no reaccionaba, ahora te toca por el culo me dijo, al parecer mi pichula la escuchó y no sé de dónde sacó fuerzas y se paró, seguramente pensando en encularla de nuevo, no me queda moco ni para pegar una estampilla pensé, pero seguía en la lucha, vamos Ricardo me dije, hay que partirle el hoyo, ya me ponía más caliente y tomé la crema y la esparcí en el hoyo y en mi delicada pichula, ella se subió sobre mí y poniendo el poto hacia mi cara se la empezó a meter lentamente, al ratito estaba toda adentro, vamos Ricardo pensaba, tu puedes, se la metió hasta las bolas mientras se pajeaba, yo miraba su poto moviéndose de arriba abajo y la pichula aparecía y desaparecía entre los cachetes, que rico era sentirla en su culo, era ella la que me culeaba, cuando estábamos en lo mejor, agarra el tiesto con agua y hielo y me lo tira todo en las bolas, en ese minuto creí que me iba a morir, sentir el hielo en mis bolas me provocó una reacción tremenda, la sensación fue absolutamente inimaginable, mi pichula se agrandó a su máxima potencia y después de dos metidas hasta el fondo acabé como la primera vez, estaba loco, esos segundos de frío fueron interminables de puro placer, la muy puta se rio después de acabar y me recordó cuando me la culeé en la cocina que no me iba a olvidar de este momento.

    Era la cuarta. Estuvimos abrazados largo rato, cuando miramos el reloj eran las 12.30 de la noche, así que nos vestimos miramos que la habitación estaba echa un asco, pedimos la cuenta y dejamos una buena propina para la mucama.

    En el auto ella venía de lo más contenta y risueña, esto era lo que me hacía falta, lo pasé de maravillas, “gracias Ricardo, ya programaremos otra sesión” dijo la muy puta, yo no me podía el alma, pero lo había pasado espectacularmente bien.

    El hoyo de su culo es una imagen que nunca se me ha podido borrar. En la playa me recuperé comiendo mucho marisco y buen vino, en el refrigerador había dos botellas de champagne, para que serían?

  • Mi primera experiencia al aire libre

    Mi primera experiencia al aire libre

    Era una calurosa tarde de verano y recibí un mensaje de mi mecánico pidiéndome vernos que salía antes del taller. Sin pensármelo dos veces acepté su invitación, me puse las mallas y los tirantes, cogí el coche y me fui a nuestro punto de encuentro. Nuestro sitio era bastante discreto y perfecto para nuestras quedadas.

    Cuando llegué allí ya me estaba esperando. Movimos los coches hacia el final de nuestro sitio para apartarnos un poco de la carretera y así escondernos. Se bajó antes que yo y se acercó a mi coche. Nada más salir de mi coche, cerré la puerta y me dio un apasionado beso apoyándome sobre la puerta del coche. Durante un rato subíamos la temperatura a besos y suaves caricias que se hacían menos inocentes según pasaban los minutos.

    Mis manos empezaban a perderse bajo su camiseta mientras las suyas agarraban con fuerza mis nalgas sin despegar nuestros labios. Sin esperar más, le quite la camiseta bajando mis labios para mordisquearle el cuello sacándole los primeros suspiros de la tarde. Pronto me arrancó mi camiseta y el sujetador para perder sus labios entre mis pequeños pero juguetones pechos. Los primeros suspiros comenzaban a salir de mi boca mientras él acariciaba mis pechos, mordisqueaba mis pezones y se perdía por mi cuerpo.

    Lentamente nos desplazamos a la parte delantera de mi coche y con un suave empujón me subió sobre el capó para acto seguido quitarme mis mallas y mi tanga y perderse entre mis piernas provocando que de mi boca salieran sendos gemidos que cada vez iban en aumento. Sus dedos acariciaban mi clítoris en círculos mientras su lengua se perdía dentro de mi vagina. Mis primeros orgasmos llegaban en ese momento.

    Tras varios orgasmos, me dejé caer del capó y lo apoyé a él contra el coche para buscar bajo su pantalón algo que ya llevaba un rato duro. La saqué y lentamente la acaricié con la yema de mis dedos mientras acercaba mi lengua. La recorrí entera con mi lengua antes de llevármela a la boca y hacerle una de mis ricas mamadas con la que sus primeros gemidos harían acto de presencia. Sus gemidos, sus ojos en blanco y sus manos sujetando mi pelo hacían ver que estaba disfrutando de aquel maravilloso momento.

    No aguantaba más. Me levantó, me dio la vuelta haciendo que pusiera mis manos sobre el capó y sin previo aviso metió su polla hasta el fondo de mi vagina. Aquella tarde nos apetecía hacerlo duro y nuestros gemidos eran cada vez mayores según me la metía mientras me propinaba algún azote. Cambiamos de posiciones hasta que, sin poder evitarlo más, dejó resbalar todo su semen sobre mi abdomen antes de que yo me arrodillara para llevármela a la boca. Pero aquello no terminó allí. Él quería más. No tardó en volver a ponerse duro y esta vez su polla fue a terminar dentro de mi culo que estaba sin explorar previamente. Al principio fue dolor, pero pronto llegó el placer hasta que tras un rato me agarró fuerte contra su cuerpo y acabó corriéndose dentro de mi culo sin poder evitarlo.

  • Horas extra nocturnas

    Horas extra nocturnas

    Era la última semana antes de la entrega final del proyecto para un centro comercial. Yo era el asistente de un ingeniero, dueño de una constructora. Preparamos varias carpetas con montones de planos y documentos y todo ese trabajo nos obligaba a quedarnos en la oficina hasta muy tarde en la noche, a veces con otras personas del equipo de trabajo. Luego de cada jornada mi jefe llevaba en su carro a los que no teníamos transporte. A mí me dejaba en la puerta de mi edificio y continuaba la ruta con otros compañeros.

    Mi jefe es un tipo muy guapo, varonil, de barba poblada y usando siempre camisas ajustadas a su hermoso cuerpo. Su voz retumbaba en mis oídos cuando me solicitaba alguna cosa, se me mojaba el culito cada vez que me tocaba para llamar mi atención y darme indicaciones, a veces sentía que lo hacía a propósito. Pero está casado. Así que sólo fantaseaba de vez en cuando con sus manos gruesas sujetándome de las caderas mientras me clavaba su verga. La oficina está ubicada en el piso 10 de una torre empresarial en Caracas y en la noche el brillo de las luces en la ciudad produce muchas emociones a cualquiera.

    Yo soy delgado y blanco, de cara bonita y actitud medio afeminada, sin embargo trato de controlarme en mi trabajo, pero lo cierto es que soy perra y no puedo evitarlo.

    La noche anterior a la entrega del proyecto sólo quedábamos en la oficina mi jefe y yo… al terminar de ordenar las carpetas él decidió sacar una botella y brindar conmigo por el éxito del proyecto. Yo acepte el trago y comenzamos a hablar de mil cosas… la verdad no recuerdo que temas tocamos… ya después de unos cuantos vasos de whisky y varios “salud” yo estaba bien mareado. En un descuido tenía a mi jefe muy cerca, a pocos centímetros de mi rostro… sentí pánico y felicidad de sentir su aliento de alcohol y su perfume con esencia de no sé qué… el caso es que olía a macho, él me agarro por un hombro y sencillamente me dijo:

    -Flaco quiero cogerte aquí mismo, hoy… ¿cómo hacemos?

    Yo me ruborice y baje la mirada, inmediatamente me encontré con su verga haciendo un paquete enorme bajo sus jeans.

    -¿Y entonces?

    – Ay jefe que pena… no sé qué decir!

    – No tienes que decir nada… mámame el guevo pues, ¿Qué estas esperando?

    Así sin más ya estaba yo de rodillas y bien puta tragándome su guevo bien duro y caliente… no era demasiado grande pero si lo suficiente como para llenar mi boquita mamadora. Mi fantasía era esa, tal cual: De rodillas o en cuatro patas con mi jefe bello dándome placer en el trabajo. Me gustaba demasiado ese hombre y ahora podía disfrutarlo sin temor a nada. Estábamos solos allí y nadie podía interrumpirnos.

    -uffff que putica más buena me saliste, que rico lo mamas, sigue así y me vas a sacar toda la leche

    – lo que usted diga jefe, yo soy su esclava y si quiere llenarme la boca de leche yo la recibo… ahora si me quiere llenar el culo mucho mejor

    Sonreí perversa y lo mire desde abajo… y él sin dudarlo mucho me tomo por los brazos y me levanto.

    -ahora ponte en cuatro que te voy a dar bien duro

    Quite algunas cosas de su escritorio para hacer espacio, baje mis pantalones junto con mi ropa interior y me recosté sobre su mesa para dejar mi culo a su total disposición.

    -¡¡¡mírame esto vale!!! Que culito bien redondito y sabroso tenías escondido allí

    -¿te gusta jefe?

    -está divino… no imagine que tenías unas nalgas tan ricas, y mira ese hueco apretadito… ya te vamos a rellenar con este trozo de carne

    -lo que tú digas jefe, es todo tuyo

    No acababa de terminar la frase cuando ya me había escupido en la raja de mis nalgas, con mis manos me las abrí y con un dedo me lubrique con su saliva. Volvió a escupir esta vez mas saliva y mi culo ya estaba bien mojado. El dolor llego de inmediato y grite un poco… me agarro desprevenido, luego gemí de puro placer porque mi hombre me estaba dando la más rica cogida que había tenido en mucho tiempo, no fue tierno, no fue suave, me dolió mucho y me gusto… cumplió su palabra, me estaba dando duro, durísimo… era una bestia. Con cada embestida hacía temblar el escritorio y me hacía saltar hacia arriba… yo todo flaco y blanco… era la propia muñeca, su muñeca sexual. Sentí que me llegaba bien adentro, me perdí en el placer y sentí un espasmo por mi espalda mi verga se puso durísima, estaba muy excitado, tanto que inevitablemente acabe. Luego él dentro de mi… me dejo bien lleno el culo de leche caliente. Él se apartó y yo me quede allí tumbado sobre el escritorio escurriendo semen por el culo y sintiendo espasmos en mi ano. Delicioso.

    Limpie un poco nuestro desastre, nos vestimos y salimos en silencio. Era un poco más de la media noche. Afuera llovía, durante el camino a mi casa no hablamos, él puso música y yo sentía mi hueco palpitar y aún mojado. Se detuvo a una cuadra de mi edificio, las farolas de la calle estaban dañadas, la oscuridad y el silencio reinaban en la noche. Él me miro y luego miro su entre pierna. Yo me lance sobre su verga que estaba dura de nuevo, se lo mame con mucho deseo hasta que por fin luego de un rato sentí en mi paladar el primer golpe de jugo salado… su deliciosa leche ahora era mía… me lo trague todo como buena puta.

    -ahora si perrita, estas bien llena de mi leche

    -me encanta que me digas perrita, eso soy de ahora en adelante cuando tu lo ordenes jefe, seré tu perra, tu puta, tu muñeca sexual

    No respondió. Encendió el auto y me dejo en casa. Me baje y sin despedirme un poco intrigado di unos pasos hacia la puerta. Él me llamo para indicarme que mañana me tocaba hacer horas extras de nuevo. Sonreí y dije que sí.

    Podría hacer este trabajo gratis… sin embargo me pagaron muy bien mis horas extras…

  • De nuevo en el bar swinger

    De nuevo en el bar swinger

    Como ya he descrito en otros relatos soy una mujer de tez blanca, delgada y de estatura normal, tengo senos pequeños pero bastante duros y puestos en su lugar, con unos pezones que no me permitirían mentir sobre las ganas que alberga mi cuerpo, y una cintura estrecha de la cual también se disfruta en varias posiciones. Mi compañero en el bar swinger es un hombre blanco, delgado, con unas piernas bastante atléticas y fuertes y unos brazos que pueden rodearme toda, sus dedos hacen magia dentro de mí, por supuesto, no tanto como su miembro que se pone tan duro como no he visto otros.

    Esa noche como otras, fuimos al bar swinger, era día, de lencería, sobre ella yo tenía un vestido negro con rojo bastante escotado y lo utilicé sin brasier, realmente no dejaba nada a la imaginación, la mirada del recepcionista lo decía todo.

    Cuando entramos ambos estábamos solo con ropa interior yo ya tenía muchas ganas pues él me excita con solo estar a mi lado o rozarme la piel, y lo sabe. En la pista donde estuvimos un buen rato había muchas parejas, varias mujeres con cuerpos perfectos que me hacían sentir un poco temerosa, sin embargo, disfrutaba tanto de verlas que pronto lo olvidé, mientras veía otras parejas, lo besaba y lo tocaba, él, quien disfruta de hacerme esperar no me penetraba aunque se lo pedía y ciertamente mi vagina necesitaba de su pene.

    Después bailamos un poco y nos acercamos a una de las chicas más lindas del lugar con unas tetas impresionantes, unas piernas hermosas y una carita espectacular, bastante joven igual que yo, la besé y la toqué mientras ella me masturbaba, después intercambiamos parejas y su chico me tocaba, a esas alturas mi vagina ya estaba mucho más ansiosa, mientras tanto él la besaba y la tocaba, besaba sus tetas con la intensidad que besaba las mías cada vez que tirábamos y me calentaba más y más.

    Después subimos a la piscina y besé cuantas tetas pude mientras él lo consentía y besaba y tocaba algunas cuantas también, por fin salimos de allí y mi vagina que clamaba por ese pene duro, grueso y largo lo recibió, fuimos a una cama y él me hizo sexo oral, lo cual me enloquece enormemente, después se puso sobre mí y me lo metió fuerte hasta el fondo mientras me repetía lo que soy, una puta en la cama, a medida que lo decía me calentaba más, hasta que los dos por fin tuvimos nuestro orgasmo…

    Después de eso llegaron más parejas, yo tenía la fantasía y de cierto modo el reto de dejarme penetrar por desconocidos, me acosté como una puta y mientras uno me lo metía y yo gemía de placer otro me penetraba por mi boca hasta sentir que me llegaba muy al fondo, esa noche atendí a 4 hombres y unas cuantas mujeres…

  • La bibliotecaria ninfómana (Parte 2)

    La bibliotecaria ninfómana (Parte 2)

    Capítulo 6.

    Satisfecha, Gloria soltó mi verga, al tiempo que dejaba de frotar su entrepierna. Colocó sus manos en mis músculos abdominales y los acarició fogosamente. Sentí sus uñas clavándose en mi piel, el inevitable dolor se hizo presente, pero, nada que no pudiera tolerar. Sus ojos nuevamente se fijaron en mi rostro aún extasiado por la monumental eyaculación de segundos atrás. Esbozó una sonrisa lujuriosa y lentamente empezó a subir sus manos adheridas a mi piel hasta que llegó a mis pectorales, las deslizó hasta mi ombligo, y las subió nuevamente, repitiendo la acción varias veces.

    —Tienes un semen dulce, bebé. —Me dijo desde su posición. Inmediatamente mi verga, completamente dura, se irguió instintivamente, acometiendo algunas veces hasta que volvió a su posición de descanso.

    Gloria se percató de la reacción de mi miembro, y enseguida levantó su rostro hacia mí. Su hermosa cara había adquirido un gesto de ansioso deseo. Lentamente empezó a incorporarse, hasta que su rostro estaba justo frente al mío. Nuestros labios se hallaban a escasos centímetros, casi a punto de tocarse. Inhalábamos el aire que el otro exhalaba.

    No pude aguantar más y la besé apasionadamente. Mordisqueé esos labios carnosos, besuqueé toscamente esa lujuriosa boca de hembra en celo, nuestras lenguas empezaron a probarse una a otra, mientras ella me acariciaba la espalda con sus manos, una vez más sentí sus uñas rayando mi piel, pero el dolor solo me incentivaba a besarla con más pasión.

    De repente, sus manos se colocaron en mis pectorales y me dio un pequeño pero notorio empujón, deteniendo mis acometidas carnales. La miré con deseo pero también con algo de incertidumbre. Me sonrió, se movió a su izquierda y empezó a caminar lenta y grácilmente hasta que se detuvo justo frente al escritorio; se volvió y me miró con descaro mientras se quitaba el saco y lo dejaba caer al suelo. Inmediatamente empezó a desabotonarse lentamente la blusa al tiempo que me miraba con lujuriosa, unos segundos más y la blanca blusa cayó justo encima del saco.

    Un rosado sostén cubría las hermosas y grandes tetas. Las miré ansioso por descubrirlas completamente.

    — ¿Quieres verlas, bebé? —Me dijo la hermosa mujer agarrándolas con sus manos.

    Solo hice un ademán afirmativo con mi cabeza.

    Gloria llevó sus manos a su espalda e inmediatamente noté como la presión de la prenda sobre las tetas cedía ostensiblemente. Lenta y de manera fácil, Gloria se libró del sostén y lo dejo caer al suelo. Ante mí se mostraron dos señoras tetas que desafiaban atrevidamente la ley de la gravedad; prominentes, abombadas, adornadas con dos majestuosos y erectos pezones de un marrón oscuro, dos hermosas mamas que me invitaban a mamarlas inmediatamente.

    Capítulo 7.

    Gloria dirigió su atención a sus senos mientras los manoseaba lascivamente, y luego de unos segundos levantó su mirada y me miró fijamente. Entendí la invitación, y me lancé con actitud decidida, pero a punto estuve de dar con el suelo. Mis interiores y pantalón se habían acopiado en torno a mis zapatos como verdaderos grilletes que me impedían caminar libremente.

    Gloria soltó unas cuantas carcajadas. La miré, me sentí un tanto tonto, pero, su rostro prendido de lujuria y sus carcajadas desvergonzadas me excitaron nuevamente, haciéndome olvidar cualquier resquicio de duda o humillación. Abruptamente me saqué los zapatos, las medias, e inmediatamente el pantalón conjuntamente con los interiores, quedando completamente desnudo. Gloria cesó de reír y me miró ansiosamente.

    Me lancé sobre ella y de nuevo, besé alocadamente su boca, y mientras lo hacía sentí sus duros y protuberantes pezones espoleando suavemente la piel de mi pecho, en el frenesí de mi boca en la suya, sentí que sus manos me agarraban de los cabellos y lentamente me conducían hasta donde ella quería, pronto mi rostro estaba justamente frente a sus tetas.

    — ¡Mámalas! —Me dijo con vehemencia, prácticamente ordenándome. Y eso hice.

    Empecé besando y lamiendo suavemente su pezón derecho, mientras magreaba apasionadamente su teta izquierda; y unos segundos después estaba mamando generosamente de su pezón excitado.

    —Así bebé, así, no pares bebé. —Alcance a escucharla en medio de los suaves gemidos que provenían de su boca, mientras cambiaba alternativamente de teta y pezón.

    La posición en la que me encontraba no era precisamente la más cómoda para desarrollar mi trabajo con desenvoltura y confort pero, el deseo superaba cualquier incomodidad. Pronto empecé a magrear y chupar con más fuerza, mordisqueando suavemente sus duros y firmes pezones; por un instante, la imagen de una vaca lechera siendo vehementemente ordeñada por su ternero se coló en mi mente. Pronto los ligeros gemidos de Gloria se volvieron notorios ayes de placer.

    Una vez más sentí que Gloria agarraba con fuerza de mis cabellos y me obligaba a bajar mi cabeza más aún. Se detuvo justo cuando mi rostro se hallaba en su entrepierna. Inmediatamente percibí un olor que me resultaba inconfundible, un olor difícil de comparar, el típico olor a hembra, a mujer.

    Sus jeans apretados continuaban en su lugar. El botón de sujeción y el cierre se encontraban abiertos, pero el pantalón azul se mantenía adherido a las redondas nalgas y a los exuberantes muslos de Gloria. Entre los pliegues del cierre podía alcanzar a ver sus olorosas bragas.

    Capítulo 8.

    El olor a sexo de mujer, terminó por embriagarme de erotismo; coloqué mis pies de manera estable en el frío piso de parqué, entonces, agarré con mis manos decididamente de los extremos de la cintura de su pantalón, y de inmediato halé con fuerza hacia abajo.

    — Ay —Sollozó Gloria, yo creo que del susto más que de otra cosa.

    El fuerte empellón había conseguido lo que buscaba, sus bragas y jeans se hallaban cubriendo sus zapatos de tacón. Levanté mi mirada y lo primero que observé fue una abundante mata de vellos que le cubría su monte de venus y se extendía por todo el perímetro externo de su vulva.

    Por un momento me sentí sorprendido, y ligeramente asustado. Las dos mujeres con las que había tenido sexo, anteriormente, ambas mujeres de mi edad, tenían sus entrepiernas perfectamente depiladas, pero Gloria, no. La imagen de la vulva peluda me intrigó por un momento. Sin embargo, nuevamente la lujuria se apoderó de mí al observar que los vellos que bordeaban los labios vaginales se hallaban completamente mojados.

    — ¿Eres virgen? —Me preguntó con tono pícaro.

    — No. —Le dije, levantando mi rostro.

    — Y entonces, qué esperas. —Me dijo con su rostro adornado con una lascivia que invitaba al sexo desenfrenado.

    No esperé una segunda incitación y dirigí mis manos a su entrepierna, mientras notaba que ella levantaba alternativamente sus piernas y se libraba de su pantalón y bragas, e inmediatamente se apoyaba en el viejo escritorio de madera, al tiempo que abría las piernas lo suficiente para dejar completamente a la vista su caverna sexual.

    —La tienes muy peluda. —Le dije, mientras acariciaba con mis manos su clítoris y los labios de su vulva, abriéndome paso en medio del follaje velludo y mojado.

    — ¿Y no te gusta que esté así? —Me preguntó con la misma picardía de momentos atrás.

    La miré y sin vergüenza empecé a lamer la entrada de su vagina que se encontraba resplandeciente por los jugos que la bañaban mientras con mis manos acariciaba sus piernas. Era obvio que se encontraba tremendamente excitada pues exudaba abundante líquido vaginal, hasta el punto que incluso el interior de sus muslos se hallaban humedecidos por las secreciones sexuales.

    Gloria empezó a emitir una nueva oleada de gemidos de placer que se iban intensificando en la medida en que mis atenciones a su clítoris y vagina se hacían más profundas y apasionadas. Besaba fervientemente sus labios vaginales como besaría su boca y de repente caí en cuenta de algo, me detuve por un momento y me concentré en la abertura de la erótica caverna; y casi inmediatamente confirmé lo que me había imaginado, la vagina instintivamente se abría y se cerraba, como ansiando algo, como si estuviese sedienta o hambrienta de algo. Y yo sabía que anhelaba.

    Capítulo 9.

    Me incorporé tan rápido como pude, y al hacerlo, sentí un poco de dolor en los músculos de mis muslos y piernas por la posición en la que había estado por varios minutos. Ignoré el dolor cuando me encontré con el rostro extasiado de Gloria. La besé fogosamente, mientras sentía su sensual jadeo en mi boca, pero, no por mucho tiempo.

    La miré, y ella automáticamente interpretó mis deseos, se dio la vuelta y violentamente lanzó por los aires los documentos, papeles, libros e incluso mi carpeta que se encontraban sobre el escritorio, se puso de nuevo frente a mí, se sentó, y lentamente dejó caer su espalda en la superficie del duro mueble.

    La imagen de Gloria acostada en el escritorio con sus piernas colgando del mismo, y su vagina chorreando líquido vaginal me ensimismó, la escena plena de erotismo me dejó boquiabierto. Sus dos bocas jadeaban ansiosas de pasión.

    —Hazlo, hazlo bebé, hazme tuya mi amor. —Me dijo la bella mujer madura.

    Su pedido que más parecía un ruego me sacó del ligero arrobamiento. Cogí su pierna derecha y la coloqué sobre mi hombro izquierdo, y su izquierda sobre mi derecho. Agarré mi verga con la mano y cuidadosamente la introduje lentamente en la misteriosa cueva erótica. Inmediatamente sentí una sensación de placer que me estremeció todo el cuerpo.

    —¡Ay, sí, bebé, así, hazlo, hazlo! —Me dijo Gloria mientras alternativamente se masajeaba furiosamente las tetas y se oprimía sus erectos pezones.

    Empecé lentamente el bombeo, suave pero profundo. Lento pero seguro y constante. La intensidad y sensibilidad de la fricción me recordaron que no estaba usando preservativo. “Y dónde carajos voy a conseguir un condón ahora”, me dije mentalmente. De inmediato aumenté la velocidad de los empellones, mis piernas chocaban contra las partes inferiores de las nalgas y superiores de los muslos de Gloria, haciendo un ligero sonido similar a un chasquido.

    — ¡Ay, sí, sigue así, bebé, sigue así! —Me repetía Gloria a cada momento.

    Una y otra vez mi verga entraba y salía de la vagina lustrosa y lubricada de la sensual mujer, mientras ésta, no cesaba de sollozar cada vez más fuerte con cada una de mis fuertes embestidas. De repente sentí, que la hembra madura soltaba un fuerte chorro de líquido blanquecino por su uretra, luego otro, y otro, y otro más, siempre acompañados por fuertes gemidos de placer emitidos por su boca.

    La sorpresa del evento hizo que soltara sus piernas y sacará mi verga de la caverna para contemplar a la hembra gimiendo y sacudiéndose en ligeras convulsiones de placer. Jamás había experimentado algo semejante, “así que esto es una eyaculación femenina”, me dije mentalmente. Dejé que pasen unos segundos, y luego levanté nuevamente sus piernas que apenas momentos atrás se sacudían temblorosamente por el fuerte orgasmo que la mujer había tenido; volví a meter mi verga en su vagina y empecé a cargar con más fuerza. La mujer volvió a prorrumpir en continuos sollozos de placer, mientras lujuriosamente se frotaba con su mano derecha su enorme clítoris hinchado y con la izquierda continuaba ordeñándose las tetas sucesivamente.

    A pesar del dolor que empecé a sentir por lo duro y tupido con que la estaba cogiendo, no podía parar, y yo mismo empecé a emitir leves gemidos por las fuertes y constantes arremetidas; hasta que de repente sentí una sensación intensa de placer, símbolo inequívoco de que había llegado al orgasmo. Con fuerza inusitada espoleé a la mujer como intentando que mi verga llegara hasta su mismísimo útero, descargando finalmente mi semen en lo más profundo de su excitada vagina.

    Capítulo 10.

    Me tumbé sobre ella, dejando que el sudor de mi cuerpo se mezclase con el suyo, pero, la posición en que se hallaba Gloria era tan incómoda y el escritorio tan pequeño que no tuve más remedio que escabullirme hacia atrás, y lentamente dejarme caer en el frío piso de parqué.

    Cansado pero satisfecho, extendí mis brazos hacia los costados, y me quedé viendo hacia la lámpara que tenía sobre mí. En ese momento todo lo que había sucedido minutos atrás me pareció surreal. No sabía qué hora era. Qué tiempo había estado en ese lugar: un día, una hora, un minuto, un segundo. “¿Y si esto no es más que un sueño, y dentro de poco me despertaré, y no recordaré nada?”, me dije a mí mismo. Pero, entonces, escuché un ligero siseo, levanté mi rostro y vi que Gloria, se movía a gatas hacia mí.

    La bella mujer llegó hasta mi pelvis y de un solo movimiento se apoderó de mi verga. Sentí como mi miembro era agarrado y masajeado poderosamente por la mano de aquella ardiente fémina, una vez más todo mi cuerpo se estremeció.

    Dejé que mi cabeza descansara en el piso y solo me limité a disfrutar del apasionado masaje, pero un nuevo estremecimiento me hizo levantarla nuevamente para ver que sucedía, de inmediato me di cuenta, al masaje Gloria había añadido una lujuriosa mamada. Segundos, minutos, horas, la noción del tiempo se había ido, solo había lujuria, carnalidad, placer indómito, y de repente un orgasmo que intentaba trascender el infinito; ayes, gemidos, pero esta vez solo míos.

    Gloria se acostó sobre mí y empezó a lamer mi rostro. Yo estaba agotado, satisfecho, cansado, pero ella, ella parecía inagotable. Solo la dejé hacer.

    — ¿Te gustó bebé? —Me dijo luego de besarme copiosamente.

    Solo atiné a sonreírle, había tenido el mejor sexo de mi vida, hasta ese momento. Ella lo sabía, le bastaba con observar mi rostro extasiado de placer.

    — ¿Cómo dijiste que te llamabas? —Me preguntó, con una sonrisa pícara.

    —Pablo. —Le dije, mientras me sentía a merced de aquella monumental mujer.

    — ¿Crees que esta experiencia te sirva para terminar tu investigación? —Me dijo y sonrió ampliamente.

    —Supongo que sí. —Le dije, imaginando que se había dado cuenta que lo de la investigación había sido una farsa, seguramente desde el principio.

    —Me gustó mucho estar contigo, eres un chico muy fuerte y rendidor. —Dijo sin dejar de verme.— Aunque te hace falta práctica, necesitas alguien con experiencia que te enseñe. —Dijo y esbozó una sonrisa pícara.

    —Siempre estoy dispuesto a aprender. —Le dije; la charla me había puesto cachondo, y empecé a sentirme con nuevas fuerzas.

    —Estoy segura que sí. —Dijo y me miró fijamente por unos segundos.—Ahora quiero que me prometas algo. —Dijo con cierto dejo de formalidad.

    —Lo que tú digas. —Le dije obedientemente.

    —Quiero que no vuelvas más por aquí.

    En ese momento me quedé atónito; sin saber que responder; sin saber qué argumentar, y sin embargo, pude articular una palabra que resumía mi confusión en esos instantes.

    — ¿Qué?

    —No quiero que vuelvas nunca más por aquí.

    —Pero, Yo te amo.

    Gloria soltó una sonora carcajada que, no lo niego, cacheteó mi ego fuertemente.

    —Tú no estás enamorado de mí, solamente tuviste buen sexo, eso es todo, y nada más, y tú lo sabes.

    —Pero… —Intenté replicar pero fui interrumpido.

    — ¿Te gustó lo que hicimos hoy?

    —Claro que sí, fue maravilloso. —Le dije convencido y emocionado.

    —Entonces, en honor a esa experiencia, quiero que me prometas que nunca me buscarás, y tampoco volverás a esta biblioteca, ¿entendido?

    —Pero, ¿por qué? —Le pregunté, esperando una razón que calmase la desilusión que empezó a agobiarme.

    —Porque yo lo quiero así. —Me dijo esta vez con seriedad.

    Me quedé viéndola; esta vez no sonreía; su rostro hasta hace momentos lujurioso se había vuelto sereno pero al mismo tiempo indisputable.

    —De acuerdo. Si no quieres que te busque, no lo haré.

    — ¿Lo prometes?

    —Sí, lo prometo. —Le dije, con mi rostro desconsolado.

    Gloria, me besó la boca, pero esta vez no fue un beso lujurioso, quizá de agradecimiento.

    —Vamos, levántate y vístete, debe ser muy tarde. —Me dijo con dejo amistoso, y se incorporó lentamente.

    Por un momento me quedé observándola desde mi posición, tendido en el frío piso de parqué. Sus muslos flexionándose para recoger sus ropas tiradas en el suelo. Las corvas de sus pies, aún todavía sobre sus sandalias con tacos. Sus labios, los de su rostro y los de su entrepierna. Sus senos, sus pezones, su cuerpo maravilloso. Por unos extraordinarios y grandiosos momentos había disfrutado de esa exuberante hembra, pero, en un solo instante todo se había terminado.

    Empecé a sentir frío, mucho frío. Me incorporé y busqué mi ropa, estaba a unos metros de donde me había acostado. Empecé por ponerme los calcetines.

    — ¿Y en dónde estudias? —Me preguntó de repente Gloria.

    —En la Universidad Central. —Le dije sin mucho ánimo.

    — ¿En qué facultad?

    — En Economía —Le dije y me volví para verla; se estaba poniendo el pantalón, pero no las bragas, que aún seguían tiradas en el piso.

    — ¿En qué nivel estás?

    —Segundo.

    — ¿Estudias en la mañana, en la tarde, o en la noche?

    — En la tarde. —Le dije, y empecé a molestarme, es decir, considerando que no deseaba volverme a ver preguntaba demasiado sobre mí, pero no quería enojarme con ella, no después de lo que habíamos hecho, de manera que supuse que solo quería hacer conversación.

    Mientras me terminaba de vestir, me dije a mí mismo: “solo fue sexo”. Efectivamente solo había sido sexo para ella, nada de sentimientos, nada de compromisos, solo algo carnal. “Y por qué debería haberlos”, me dije en mi mente, es decir, apenas nos habíamos conocido. La gente no se enamora de buenas a primeras, no, eso lo pasa en las vulgares telenovelas y en la películas tontamente románticas. Y sin embargo, esa mujer despertaba en mí, sentimientos especiales, o eso me parecía ese momento. No me importaba su edad, quizá me llevaba veinte años, o quizá más, pero, eso no me importunaba, ni siquiera que hubiese tenido sexo con Juan.

    —Te acompaño a la salida. —Me dijo, para entonces, estaba completamente vestida.

    — ¿No deseas que te acompañe a tu casa? —Le dije buscando estar un poco más con ella.

    —No. —Me dijo fríamente.

    Pasé por el dintel de la puerta y me volví para despedirme. Gloria se acercó y me dio un beso en la mejilla.

    —Chao, hermoso. —Me dijo y de inmediato cerró la puerta.

    Suspiré un par de veces, y me di la vuelta para salir del aquella casa. Solo entonces noté que ya era de noche pues las tinieblas dominaban el lugar. De repente un foco se encendió en el pequeño pasillo. Levanté la mirada y busqué el reloj que estaba empotrado en la pared encima de la puerta de ingreso, marcaba el nueve. Enseguida me encaminé a mi casa, pensando en todo lo que me había sucedido aquella tarde y noche.

    Capítulo 11.

    Al día siguiente fui a clases, a pesar del estado melancólico en el que me hallaba, pero a diferencia de Juan, me abstuve de contar a mis amigos acerca de la experiencia que había tenido en la pequeña biblioteca.

    Sin embargo, necesitaba conversar con Juan, deseaba saber sobre su relación con Gloria. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo le había ido? ¿Seguían viéndose? Tenía muchas preguntas que hacerle. Pero no deseaba que mis otros amigos se enterasen.

    La oportunidad se dio una semana después cuando luego de clases me lo encontré solo en la salida de la facultad y lo invité a tomar una cerveza. Juan tenía dos pintorescas costumbres: ser un descarado mujeriego y un empedernido amante de la cerveza.

    Luego de conversar de eso y aquello, decidí que era momento de preguntarle acerca de Gloria.

    — ¿Recuerdas que nos contaste de la bibliotecaria que te habías culeado? ¿Aún la sigues viendo?

    —No. —Me dijo Juan.

    — ¿Y qué pasó?, ¿amor de una noche?

    —No, era una mujer media rara. La fui a ver el otro día, y cuando le propuse culear de nuevo me mandó al diablo.

    No pude evitar reírme. Juan despreciado por una mujer. Pero inmediatamente sentí curiosidad. En verdad que Gloria era una mujer misteriosa, o “media rara”, como bien decía Juan.

    —Tal vez le dijiste algo que la ofendió. —Le planteé.

    —No, no sé. Como te digo era una mujer rara. Luego que la cogí, me hizo prometer que no la buscaría, y tampoco quiso darme su dirección o su teléfono. —Dijo Juan y se tomó un sorbo de cerveza.— Pero, la volví a buscar una semana después, y esa vez ya no quiso nada.

    —Pues qué raro, eh. —Le dije sonriendo.

    —Pero, no importa, porque igual me la cepillé una vez. —Dijo con aire jactancioso, pero casi inmediatamente Juan asumió una actitud taciturna por varios segundos.

    —Tengo que irme. —Me dijo, y se tomó de un solo trago el resto de la cerveza que le restaba.

    — Yo también. —Le dije; dejé el vaso a medio tomar, y salí con mi amigo a la calle donde nos despedimos finalmente.

    Capítulo 12.

    Tres meses después de la intensa sesión de sexo que tuve con la mujer de la biblioteca, finalmente había conseguido superar la melancolía que había tenido por su negativa de volvernos a ver. Aunque no por eso la había olvidado. Su recuerdo permanecía innato en mi mente, pero había superado la pérdida, o más bien el alejamiento. Pero entonces, sucedió algo.

    Me encontraba subiendo las escalinatas que conducían al edificio de la Facultad, inmerso en varios pensamientos, hasta que finalmente llegué al inicio del amplio corredor enmarcado por una gran puerta de vidrio, fue cuando escuché una voz que me hizo reaccionar de inmediato.

    —Hola Pablo.

    Regresé a ver hacia el lugar de donde provenía la voz femenina que me resultaba muy familiar. Se trataba de una mujer alta, casi de mi estatura, cabello recogido en forma de cola de caballo, grandes gafas negras, labios carnosos, cuerpo esbelto y frondoso cubierto por un vestido azul oscuro, medias de nylon negras transparentes y zapatos negros con tacones medianos.

    La incertidumbre se apoderó de mí. Su voz me recordaba a alguien pero, su imagen actual contrastaba con la reminiscencia que tenía.

    — ¿No te acuerdas de mí?, porque yo sí me acuerdo de ti, y de lo que hicimos. —Dijo la mujer con tono picante esbozando una sonrisa lúbrica. Enseguida se quitó las gafas.

    Solo entonces la reconocí, aunque, estaba diferente, era Gloria, pero en una faceta mucho más formal y elegante.

    —¿Gloria? —Le dije, sorprendido.

    — ¿Cómo te va? —Me dijo, acercándose a mí.— ¿Me extrañaste? —Dijo deteniéndose a unos treinta centímetros de mí.

    —Hola. —Le dije inocentemente, y me quedé mirándola deslumbrado.

    La mujer sonrió generosamente y me miró fijamente, sentí que de inmediato mi verga se endurecía dentro de mi pantalón. Un silencio de segundos se cernió en ese momento, incómodo para mí, mas no para ella, que seguía adoptando la misma actitud desenvuelta y segura.

    — ¿Y qué haces aquí? —Le dije.

    — Vine a verte. —Me dijo inmediatamente.— He estado buscándote desde hace una semana.

    — ¿A mí? —Le dije con incredulidad.

    —Supongo que yo tengo la culpa, debí pedirte más señas sobre dónde buscarte.

    —No entiendo. Me hiciste prometer que nunca te buscaría. ¿Lo olvidaste? Me dijiste que no volviera a esa biblioteca.

    —Cierto, y cumpliste, por eso estoy aquí. —Me dijo con tranquilidad.

    — ¿Qué? —Le dije sin entender qué mismo pasaba.

    —Nunca dije que yo no podría buscarte.

    —No, pero… —Le dije, mas no pude terminar la frase porque me interrumpió.

    — ¿Te parece que soy una mujer común? —Me dijo.

    —No —le dije—, eres muy diferente a las demás mujeres que conozco.

    —Me gustan los hombres que tienen palabra de honor. —Dijo y se remojó los labios con su lengua, y enseguida me hizo una pregunta.— ¿Sabes cuántos hombres han estado conmigo en la biblioteca?

    Entre excitado y asombrado, me limité a responderle encogiéndome de hombros, señalando mi desconocimiento.

    — Muchos, pero solamente tú honraste la promesa que me hiciste. —Dijo acercándose aún más.— Unos, volvieron al día siguiente, otros, al siguiente. En menos de una semana todos habían vuelto rogándome por una gota de mi sexo, todos volvieron, menos tú. Tú cumpliste tu promesa.

    Prácticamente sus labios tocaban los míos.

    — ¿Has estado con otra mujer, desde que estuviste conmigo?

    —No. —Le dije.

    Inmediatamente sentí que su mano tocaba mi entrepierna y agarraba con fuerza mi verga a través del pantalón.

    —Ese semen es mío —Me dijo, y añadió.— Y tú también.

    Me tomó de la mano entrecruzando nuestros dedos, se encaminó hacia las escaleras y empezó a bajarlas seguida mansamente por mí. Nadie se dio cuenta de aquella escena, nadie excepto Juan, que desde un lugar escondido, miraba absorto como Gloria y yo, nos íbamos alejando hasta que finalmente nos perdíamos detrás de una tumultuosa marea de gente, en una acalorada tarde de verano.

    FIN

  • Mis fantasías cornudas

    Mis fantasías cornudas

    Desde joven siempre tuve fantasías cornudas con mis novias, siempre imaginaba a mis amigos haciendo el amor con ellas y yo siempre me masturbaba con esas imágenes en mi cabeza.

    Ahora ya casado con mi esposa sigue todo ese morbo de esas fantasías cornudas, imagino y sueño a mi esposa siendo penetrada por amigos, por compadres e incluso una vez soñé que el encargado de la tienda donde ella trabaja, llegaba un día a mi casa cuando yo no estaba y ponía a mi esposa a mamarle su verga.

    Cuando despierto lo primero que hago es subírmele a mi esposa y hacerle el amor como loco, recordando esos sueños donde ella estaba cogiendo con otro.

    Me excita tanto imaginar a mi esposa gozar con otro hombre, porque mi esposa es muy bella, tiene unas tetas bonitas y unas nalgas paraditas de piel blanca y pelo negro además de ser muy caliente en la cama, siempre cuando vamos a fiestas varios hombres se quedan mirándola casi como desnudándola y cogiéndosela con la mirada, es por eso que tengo el deseo de ver como otro hombre disfrutaría a mi esposa, pero más me gustaría ver que tan caliente y putita se comportaría mi esposa al ser agasajada y penetrada por otra persona.

    Por ahora todo va muy bien, poco a poco estoy metiendo ese morbo de mis fantasías a mi esposa, como ya lo había dicho, ella es muy caliente en la cama y yo aprovechando eso un día le pregunté qué cuál era su fantasía y ella me dijo que era estar con dos hombres al mismo tiempo, desde ese día cuando tengo relaciones con mi esposa siempre que le penetro le meto un dedo en su culito y le susurro al oído que se imagine que entre dos nos la estamos cogiendo y ella se calienta y empieza a gemir mucho o cuando la estoy cogiendo de esa manera le digo los nombres de algunos de mis amigos y le pido que se imagine que él se la está cogiendo. Lo siguiente es comprarle un juguetito lo más real a un miembro masculino a lo que por supuesto ella ya me dijo que sí.

    No quiero ahorita proponerle un trío o que se deje coger por otro tipo porque después de que ella y yo hacemos el amor, después de toda esa calentura, ella ya no me sigue el tema y no quiero echar a perder todo esto que ya he ganado quiero ir poquito a poco.

    Cada vez más creo que mi fantasía está por volverse realidad, he trabajado mucho para que esto suceda y creo que lo más difícil ya está, que es el tener una esposa de mente abierta caliente en la cama y sin que ella lo sepa con una misma fantasía en común que es verla coger y gozar diferentes vergas.

  • La putita de papi

    La putita de papi

    Nota: por favor es primer relato de una serie de sucesos que he tenido en mi vida. Disculpen cualquier falta ortográfica, prometo mejorar.

    ************************

    Estaba dormida cuando el entro a mi cuarto. Escuche como se abría una puerta en mis sueños estaba plácidamente soñando cuando de pronto sentí como mi cama se sumía pero aun así no desperté del todo.

    Sentí unas manos acariciando sobre mi top blanco mis pechos los cuales son grandes (para un chica de mi edad 19 años) sentí como eran apretujados y como alguien dejaba caer su peso en mi estómago unas rodillas se colaron a los lados de mi cadera estaban algo peludas con el tacto me estremecí y entre abrí los ojos y pude ver una figura de alguien mayor tenía una camisa negra era algo gordo.

    Y sus manos eran grandes me empezó a acariciar el rostro mientras con una mano subía mi top y apretó mi seno izquierdo fuertemente y ahí desperté por completo y lo pude ver era mi tutor a quien yo llamaba daddy de cariño él me había criado desde los 9 años, pero no era mi padre puso un dedo en mi boca en señal de silencio.

    —Qué haces daddy? —Pregunte mientras baje mi miraba y vi la enorme erección que tenía en su bóxer negro.

    —Silencio corazón… —me respondió mientras bajaba su cara y mordía mi izquierdo y apretaba mi seno derecho con su otra mano.

    Me revoleteé en la cama y le grite:

    —Suéltame daddy que estas…? No puedes tocarme así.

    Lo mire con caro de asco y desprecio y plass! Me cacheteo con su mano de manera rudamente y con la otra apretó mi pezón izquierdo jalándolo un poco.

    —Nooo suéltame por favor! basta daddy le diré a mama lo que me estás haciendo. —Refute amenazándolo.

    —Cállate perra! —Me grita enfureciéndose un poco por haberlo amenazado.— Ella no está en la casa estúpida puta. —Me grita mientras sume más su peso en mi estómago impidiéndome mover más. Suelta mi pecho y empieza a cachetearme una tras otra vez plass! Plass! Plass!.— Crees acaso que no vi cuando entraste con tu novio a coger a mi casa maldita puta! Hee crees que soy como la tonta de tu mama… NO yo voy a permitir que alguien que no sea yo coja en mi casa perra de mierda! —Me grita regañándome mientras toma mi rostro y baja su cabeza y empieza a besar mi boca y mi cuello chupando y embarrándome con su saliva asquerosa.

    —Humm… —gimo de dolor— No daddy no hicimos nada. —Miento mientras el miedo recorre mi cuello y mis pechos mordiendo mi teta derecha con fuerza sintiendo como clava sus dientes en ella.

    —Cállate perra —se levanta un poco y baja su bóxer saltando una enorme verga del casi del doble de mi novio (la de mi novio es como de 13 cm.) y vi la enorme erección con algo de líquido pre seminal además bajo mi mirada y veo sus enormes huevos están tan grandes como dos naranjas nunca había visto a alguien con tal herramienta no pude evitar saborear un poco ese pedazo de carne e inconscientemente mi vagina empieza a humedecerse… quizá por sus palabras o sus trato a mi como una cualquiera.

    Se acerca a mí con su mástil apuntando a mi boca:

    —Abre la maldita boca zorra hoy sabrás lo que es mamar una verdadera verga no como la miseria de tu novio. —Mientras agarra mi mentón y me obliga a abrir mi boca cedo para evitar que me golpee más.

    Va a introduciendo su verga en mi boca y siento como la tengo que abrir para que pueda entrar. Maldición nunca había mamado algo así de grande ni mis consoladores son tan grandes.

    —No sabes lo mucho que me duelen los huevos por tu culpa putita —dice mientras va introduciendo más su verga y siento en mi boca cada vena y su grosor.

    —Hugg daddy… —digo mientras su verga entra más a mi boca.

    —Hoo traga zorra no sabes las veces que me masturbe pensando en ti pero hoy ya no pude resistir vi cómo te besabas con tu novio y me dio una rabia horrible que ese niñato te besara. —Diciendo esto su cara cambia a un gesto de enojo y furia hacia mí.— Hoy disfrutare tu boca zorra a mi antojo… humgrrf —dice mientras gime de placer.— Perra que bien chupas vamos puta de mierda sé que te encanta mamar pitos —dice mientras toma mi cabello y lo estira haciendo que me trague más verga…

    —hugmm humm. —Siento mi boca demasiado abierta y empieza a salir liquido pre seminal de ella combinada con mi saliva— Hugmm hagg hugg. —Se oye mi voz mientras sigue empujando más su verga hasta que siento sus huevos en mi barbilla y en mi nariz una mata de pelos que huele a sudor de macho a un hombre no puedo evitar sentir cierta humedad en mi vagina es una nueva sensación que nunca había experimentado.

    —Ahora si veras lo que es bueno te voy a enseñar a respetar mi casa maldita puta! —Grita mientras con su mano izquierda me cachetea y sume aún más su verga y empieza a mover su mano estirando mi cabello controlando la mamada.

    —Hugg humm gals glash —se escucha mi boca como traga y se desliza ese pedazo carne.— Hug uhg gagr —casi me atraganto y mi respiración se corta un poco mientras su punta que se parece a un arpón gordísimo choca y se abra paso a mi garganta no puedo respirar y volteé a ver su rostro y veo el de un animal follando a una perra.

    En estos momentos mi vagina es un mar de agua… escurriendo litros y litros de líquido… Hoo pienso no puede ser mi daddy me está follando la boca como un maldito poseso y lo que hace mi cuerpo es excitarse… mis pezones están durísimos. Es un sentimiento extraño y algo eléctrico.

    —Hgrr Hurr perra estúpida que bien mamas vamos succiona. —Golpeando mi rostro con su mano libre.

    —Hugg hug fss fsss —empiezo a chupar con todas mi fuerzas quiero que se venga pronto y acabar con esta tortura.

    —Ya ves te dije que eras una puta… mi putita… de mierda ahaahhagg. —Dice mientras empieza a mover más rápido mi cabeza estirando mi cabello.

    —Hugg hugg garg. —Siento como trago montones de saliva con líquido pre seminal de su verga.

    Empiezan sus huevos a golpear mi barbilla de la fuerte acometida que está llevando mi boca y parte de mi saliva escurre a sus bolas y luego está a mis pechos.

    —Haggr haggr perra… hagrr puta zorra de mierda vas a hacer lo que yo diga!

    Grita mientras empuja más su cuerpo y mi cabeza da con el respaldo de la cama suelta mi cabello se acomoda y empieza a follar mi boca como si fuera una vagina se recarga en la pared y empieza a bombear.

    Esto se sale de control estoy súper empapada de mi vagina y gimo como lo que él dice que soy una perra —Humgg muhggr.

    —Perra perra haggrr. —Grita mientras da un una estocada final que entra más adentro de mi garganta y siento un disparo súper cargado de leche entrando a mi boca siento como se cierra mi garganta y atrapa su verga exprimiéndola más.— Hugrr ugrr ho si humm eres un perrita traga leche… que bien aprieta tu garganta mi verga. —Mientras siento otros tres disparos y sigo tragando— Hugrg uhgrgr —gime y su verga sigue escupiendo leche directo a mi estómago.

    —Garrg garrrg —se oye desde mi boca como voy perdiendo oxigeno golpeo su pierna mi vista se empieza a nublar y me vengo como una vil zorra.

    Se levanta sacando su verga de mi boca y siento como se vacía mi garganta

    —Haaa haaa huff ho ho. —Mientras su verga sale escurriendo y cae un montón de líquidos a mi cara él está levanta en mi cama con su verga escurriendo.

    —Hoo daddy… —Alcanzo a decir. Este maldito me ha hecho correrme sin necesidad de tocar mi vagina.

    Se agacha y me acerca de nuevo su verga.

    —Vamos puta termina tu trabajo y limpia mi verga.

    —Si daddy… —digo sumisamente mientras tomo su verga y la chupo despacio succionando cada gota de saliva y semen, incluso siento un pelo de su pubis y me lo trago.

    —De ahora en adelante serás mi puta. Entendiste perrita —me dice golpeando mi cara con su verga.

    —Ho ho —agarro aire y le respondo— si daddy…

    —Bien de esto nada le comentes a mama, perrita. Ha y mañana cortas con tu novio no quiere verte con ningún otro hombre entendiste. —Me dice apretando mi barbilla.

    —Daddy pero él… —plass me tira un cachetadon fuertísimo que casi me doy vuelta.

    —Pero nada puta!! Tu serás mi putita mi zorra yo soy tu amo entiendes?

    —Si daddy… —bajo la mirada sumisamente mientras veo mis pechos y mi short de dormir súper húmedos.

    —Entonces… —me dice mientras camina a la puerta poniéndose su bóxer…— Di que lo eres. —Voltea con cara de macho con una sonrisa de malicia.

    —Soy tu putita daddy…

    Grr gruñe en asentimiento y sale de mi cuarto.

    *************************

    Pueden contactarme a mi correo: [email protected]

    Pd: Jeje soy muy sumisa así que acepto cualquier proposición para crear un relato.

  • Bea: El inicio

    Bea: El inicio

    Para ser un domingo por la tarde, el aeropuerto estaba demasiado concurrido a mi parecer. No soy del tipo de personas que acostumbra a andar en lugares concurridos; la verdad, los odio. Prefiero una tarde tranquila en casa, leyendo, jugando, haciendo el amor o al menos viendo una película reciclada en el televisor. Cualquier cosa menos tener que lidiar con merolicos gritoneando, niños haciendo berrinche y el clásico inadaptado social que te da un codazo sin motivo alguno y sin que medie al menos una disculpa; en fin, ahí estábamos nosotros, mi esposa Susana, mi hija Sandra con sus gloriosos 18 años y yo, Javier el patriarca de la familia Larios, esperando la llegada del vuelo 725 procedente de Madrid. Las pantallas decían que el vuelo venía a tiempo, sin embargo, ya habían pasado 15 minutos desde que las puertas deberían haberse abierto para que salieran los pasajeros, entre ellos la hija de mi mejor amigo, Pablo.

    Somos una típica familia mexicana de medio ingreso, ni más, ni menos. Mi esposa Susana, una mujer guapa y madura que, a pesar de los años se había logrado mantener esbelta, y aunque no era ya una exuberante belleza, si tenía el suficiente appeal para lograr que los hombres voltearan a verla un par de segundos más de lo necesario. Si pudiéramos catalogarla podría decir que calificaba como una MILF (Mother I’d Like to Fuck) que es tan común en el ambiente sajón, solo que sin el ingrediente de la sensualidad desbordada con la que encasillan a estas guapas y maduras mujeres. Ella trabaja para una compañía de auditorías contables como jefa de departamento donde le va bastante bien, aunque el trabajo puede llegar a ser esclavizante y es uno de los motivos por los cuales nuestra relación se está yendo a pique.

    Mi hija Sandra, a sus dieciocho años era también una belleza en ciernes. Tal vez por mi apego a ella desde pequeña, yo la seguía viendo como mi niña, aunque ya habían empezado a surgir las señales de adolescentes revoloteando tras ella y hombres viejos libidinosos viéndola como un objeto de deseo. Ella era delgada también, de senos más bien prominentes, una breve cintura que moldeaba sus delgadas, pero bien torneadas piernas y rematando con unas caderas amplias que en su conjunto la hacían ver, en el lenguaje de los hombres maduros, como un material sumamente encamable.

    Y al final de la historia me hallaba yo, Javier. Un tipo más bien delgado sin llegar a ser flaco, ya con las huellas de mis 46 años encima, no soy un adonis, aunque tampoco soy un primate al que las féminas le saquen la vuelta. Si he de catalogarme, sería simplemente un tipo cualquiera pero bien conservado para sus cuarenta y tantos. Blanco, uso gafas y eso me da un aire de intelectualidad que va muy acorde con mi línea de trabajo ya que soy docente en una universidad privada.

    Cuando estuve de intercambio estudiantil en España, mi amigo Pablo y yo hicimos una muy buena amistad que se consolidó con el paso del tiempo, gracias a la proliferación de las redes sociales. Después de un año, yo me regresé a México donde continué con mis estudios, y seguí con mi vida, pero la amistad perduró con el paso del tiempo. Él es 5 años mayor que yo, y cuando nos conocimos yo era un imberbe joven universitario y él iba ya por su primera maestría. En ese entonces andaba de novio con la que a la postre se convertiría su esposa y con quien había procreado una hija, Bea, quien era a la persona que esperábamos en el aeropuerto. Yo por mi parte, me casé hace veinte años y mi esposa y yo tuvimos a Sandra dos años después. Susana y yo seguíamos juntos aunque estábamos pasando por una crisis matrimonial producto de su desapego emocional hacia mí, pero esa es otra historia. Sandra en el medio, se había desapegado de mí producto de los constantes pleitos entre ambos y la cercanía que últimamente tenía con su madre.

    Hacía apenas un par de semanas que Pablo me había llamado emocionado porque su hija había sido seleccionada para participar en un semestre de un curso especial en el área de sicología que se iba a llevar a cabo en la Ciudad de México. Él no quería que su hija estuviera en alguna casa de intercambio, con algunos desconocidos si podía quedarse en casa de su gran amigo Javier. Me había comentado que su presencia no supondría gran problema para nosotros porque realmente se pasaría la mayor parte del tiempo en la universidad y ella sabía perfectamente moverse sola, a través del metro y el colectivo. Yo no quería realmente aceptar esa situación por los problemas por los que estaba pasando con mi esposa pero no podía decirle que no a un amigo que se había portado tan bien conmigo cuando estuve con él en España; así que lo acepté sin mostrar a mi amigo la incomodidad que me presentaba esa situación.

    Solo había visto a Bea en persona cuando fuimos a pasar las primeras vacaciones de casados a España, hacía 11 años ya. En ese entonces ella tenía unos 10 años, 12 cuando mucho. La recordaba como una muchacha tímida y flacucha, pelo lacio y mirada esquiva. Apenas le prestamos atención en esa ocasión ya que mi amigo Pablo estaba pasando por una dura separación con su esposa y su hija estaba en medio de ese conflicto. La vimos un par de ocasiones durante nuestro viaje y ahora sólo la recordaba como un nombre más. Pablo me había hecho llegar una fotografía más o menos reciente donde se apreciaba una chica sonriente, de ojos claros y unas simpáticas pecas en su rostro. Esa fotografía era nuestro único referente para identificarla. Eso y el letrero con su nombre que Susana había insistido en que trajéramos para facilitar el encuentro.

    Cuando finalmente anunciaron el arribo del vuelo procedente de Barajas, hacía ya un buen rato que había aterrizado por lo que los pasajeros ya habían recogido sus maletas y la mayor parte había pasado ya por la oficina de migración. Del fondo de la sala, salió una joven mujer, esbelta, con una figura hermosa y un andar sensual e hipnotizante, sonreía con aire emocionado de por haber arribado finalmente. Traía lentes oscuros y tenía su largo pelo lacio y castaño medio ordenado en una especie de chongo. Me había dejado boquiabierto. Debo admitir que por estar observándola, deje de prestar atención al resto de los pasajeros para ver si localizábamos a nuestra invitada. Afortunadamente para mí, mi esposa se hallaba ocupada buscando por su cuenta y mi hija estaba distraída mirando su teléfono para haber notado mi reacción tan fuera de lugar.

    De repente, la joven se volteó hacia donde nos hallábamos nosotros y saludo agitando su mano mientras sacaba a relucir una maravillosa sonrisa. Supuse que quienes la habían venido a recibir se hallaban detrás de nosotros y los envidié cordialmente en ese momento. Convivir con ese ángel en cuerpo de tentación sería quizá una gran e inolvidable experiencia, pensé.

    A medida que la joven se aproximaba más a nosotros, seguía buscando contacto visual con nosotros. Cuando finalmente se acercó lo suficiente, dijo: «Hola, soy Bea. Ustedes deben ser Javier y Susana, ¿verdad?» dijo apuntando al letrero que sostenía mi esposa con su nombre. Decir que me quedé con los ojos cuadrados y que batallé en pasar saliva por unos cuantos momentos, es decir poco. Estaba en Babilonia y se me había olvidado el camino de regreso.

    «Hola, Bea. Bienvenida a México» dije con todo el aplomo que pude reunir. Su blusa roja dejaba al descubierto una ligera visión de sus senos sujetos por un sostén rojo también, sus piernas enfundadas en un diminuto short, se veían bien torneadas y bronceadas. Sus manos delicadas jugaban con el aire como si fueran palomas en vuelo cuando hablaba y sonreía con la seguridad de que el aeropuerto subía de intensidad de iluminación cada vez que lo hacía. Era un poema hecho mujer y cuando se quitó los lentes oscuros, se descubrió ante mí el cielo más intenso en su mirada.

    «Muchas gracias, Javier. Espero no ser un estorbo para ustedes.»

    «De ninguna manera.» Dije tal vez con demasiada convicción. «Eres hija de Pablo y siempre serás bienvenida» recompuse y al sentir la gélida mirada de Susana, rematé con «recuerdas a mi esposa Susana, ¿verdad?»

    «Hola Susana. Muchas gracias por todo»

    “No tienes nada que agradecer” Dijo Susana tratando de sonar cordial. Mi esposa no es muy fanática de recibir visitas en casa realmente. No era que le molestara Bea en particular si no el hecho de sacrificar su privacidad durante 6 meses con alguien a quien realmente no conocíamos. Ella sabía de mi amistad con Pablo y entendía mi compromiso, pero no por eso le acababa de gustar, pero el hecho de que tratara de disimular su descontento era más que suficiente para mí.

    “Ella es nuestra hija, Sandra. Supongo que la recuerdas…”

    “Mucho gusto, Bea.” Dijo Sandra, interrumpiéndome casi a propósito. No había duda de que había guerra civil en casa. Le dedicó una sonrisa y después regresó al mundo que se concentraba en una pequeña pantalla no mayor a 6 pulgadas. Adolescentes, las tienes que amar.

    «Vámonos entonces. Debes tener hambre y ganas de descansar». Dije tomando su maleta. Al hacer esto, sentí el contacto suave de sus manos y fue como si hubieran salido chispas de sus dedos. Ella dejó su maleta en mis manos y abrazó a Susana dándole un ligero beso en su mejilla, abrazó e hizo lo mismo con Sandra y finalmente me recompensó con un abrazo y un beso en mi mejilla que me provocaron escalofríos.

    Habían pasado ya tres días desde que Bea llegó a nuestras vidas. Tras el primer día dónde se dedicó a descansar para quitarse la resaca viajera, fue a la escuela para indagar los pormenores de los cursos. Como lo había anticipado Pablo, Bea no tuvo ninguna dificultad para utilizar los medios de transporte a su alcance. La verdad es que mi trabajo y el de Susana quedaban del lado opuesto de la universidad y hasta el trayecto de Sandra a la preparatoria quedaba en una dirección distinta a la de Bea e incluso a la nuestra.

    Para el segundo día, Bea nos aseguró que todo estaba bien y que ya que le hubieran dado sus horarios, no habría mayor problema para ella. Estaría llegando alrededor de las 6 de la tarde todos los días excepto el viernes en que saldría un poco más temprano.

    Ese tercer día amanecí con fiebre, dolor abdominal y unas ganas intensas de reforzar mi relación con el retrete. Definitivamente no pude ir a trabajar y me disculpé con el Director de la Facultad quien se encargó de conseguirme los remplazos para mis clases.

    Para medio día me aventuré a la cocina para buscar algo que pudiera comer sin espantar a la fiera que tenía dentro del estómago. Algunas galletas saladas, pan tostado o un jugo de manzana. Cuando hube comido lo suficiente, pasé por el cuarto de Sandra, que estaba compartiendo con Bea por el momento en lo que adecuábamos el cuarto de huéspedes. Rara vez entro en el cuarto desordenado de mi hija adolescente pero en esta ocasión me aventuré entre los rastros de prendas regadas para tratar de conocer un poco más de nuestra invitada. El colchón inflable que hacía las veces de cama se hallaba pulcramente tendido, su maleta recargada sobre la pared y su laptop abierta en la mesita de noche, con la pantalla oscura. Me acerqué y tecleé en el teclado más por inercia que por otra cosa y para mi sorpresa, apareció su escritorio sin que me pidiera una contraseña. Me quedé quieto como si Bea estuviera observando a mis espaldas mi invasión a su privacidad. Tras unos segundos eternos, recordé que estaba sólo y tendría la casa para mí por las próximas 5 horas.

    Un poco más relajado y con mi sentimiento de culpa perfectamente amarrado y amordazado, empecé a merodear por el portátil. Una típica pantalla de chica, con la foto de un cantante de moda español de fondo de pantalla, y algunas fotografías de Bea con sus amigas. Tenía una cuenta de Instagram y todas sus fotos pulcramente ordenadas por mes y año. Había algunas fotos sensacionales de ella en traje de baño, mostrando un coqueto tatuaje a la altura de su cadera cerca de su entrepierna pero nada más. No había fotos de ella o alguna de sus amigas en Topless, o desnudos parciales, totales o convencionales, vaya, ni siquiera una foto con la polla de su novio.

    Bea, al parecer era una chica muy bien portada. Pero endemoniadamente sexy y me tenía loco. Debía haber algo…

    Después de explorar sus fotos abría algunas de sus conversaciones intentando encontrar algo lo suficientemente jugoso para al menos masturbarme con las aventurillas de nuestra pequeña invitada. Nada. Las típicas charlas de chicas con inuendos sexuales tan de moda, pero nada que hiciera saltar el corazón de mi, hasta ahora, bien portada polla.

    Entonces fue que vi el perfil de Eduardo, un muchacho sonriente de unos 25 años que tenía varias conversaciones con Bea, siempre revoloteando alrededor del coqueteo, con frases de doble sentido y en las que a veces al parecer, Bea le seguía la corriente. Hablaban de Chile como especie y en algún punto se refería a algo más que eso. No parecía que hubieran progresado más allá de eso y tenían más de 3 meses que no se habían vuelto a escribir. De acuerdo a la última conversación que habían sostenido, no habían discutido, simplemente habían dejado de comunicarse sin un motivo aparente como a veces sucede con los amigos.

    Entonces fue cuando se me ocurrió. Era una idea descabellada, pero una idea al fin. Si todo funcionaba, podría lograr que algo sucediera con Bea. Tenía 6 meses para ejecutar el plan y no tenía realmente algo más interesante qué hacer que pelear con mi mujer así que bien valdría la pena. Había que afinar algunos detalles pero definitivamente, Ojos de mar valía ese esfuerzo si al final rendía frutos.

    Ni tardo ni perezoso, escribí el nombre del chaval y capturé su foto de perfil, tomé nota de su correo electrónico que era EduardoACS901 @gmail.com. No tenía idea de qué significaba todo eso pero en un santiamén había creado la cuenta EduardoAC5901 @gmail.com con el nombre Eduardo Alcalá como el original. Una vez completado el proceso, borré el contacto de la lista de amigos de Bea y añadí el mío. Para completar el proceso, escribí los textos más recientes del historial de sus conversaciones, esperando que no se fuera a fijar en que esa conversación había ocurrido apenas ese día y no hacia 3 meses como había ocurrido en realidad. La suerte estaba echada. Puse la pantalla de nueva cuenta en modo Sleep y me retiré tratando de dejar todo como lo encontré.

    Alrededor de las cinco llegó primero mi hija, después mi esposa y al último Bea, ataviada en unos ajustados jeans, una blusa azul y una pañoleta en el cabello. Cuando llegó la hora de cenar, me escabullí a mi cuarto y le mandé un breve mensaje a su cuenta. Me regresé y nos dedicamos a cenar platicando de las incidencias del día. Ya me sentía mejor y no había motivo por el cual siguiera en casa al día siguiente.

    Comimos prácticamente en silencio. Yo aun con los estragos del malestar y comiendo una desabrida pechuga de pollo con vegetales, Sandra en su mundo, texteando en su celular, Susana algo cansada por un día particularmente complicado en el trabajo en el que tuvieron que quedarse hasta tarde por un error de cálculo de una de las chicas que trabajan para ella en su departamento contable; y Bea que aún no tenía la suficiente confianza como para romper el hielo por su cuenta. Ya no traía puesta la pañoleta en su cabello y su largo pelo oscuro le caía en cascada sobre los hombros. Traía una ligera blusa sin mangas y un pantalón deportivo cómodo pero nada espectacular. Se hallaba a la derecha de mí, enfrente de Susana, con la abstraída cibernauta a su mano derecha.

    – Estoy cansado de verdad. Este asunto del malestar estomacal es un fastidio. – Dije tratando de romper el hielo, pero a la vez, echando a andar el plan que tenía preparado para esa misma noche. De las 3 chicas, solo Bea volteo a verme para prestarme atención aunque solo fuera por cortesía de su parte.

    – Me voy a tomar una de las pastillas que usas para poder dormir, si no te molesta, Susana. – Continué. Ella, al oír su nombre, volteo a verme con cara de interrogación, como esperando que le repitiera lo que había dicho. – Aun te quedan de esas en tu buro? – Proseguí.

    – Ah, las pastillas de dormir. Claro. Aun me quedan algunas. Creo que yo voy a tomar una también. Me duele la cabeza y la verdad es que esas me vienen de maravilla. – Respondió mi esposa.

    – La verdad es que son muy buenas. La vez que me tome una de ellas, caí como tronco y no desperté hasta muy tarde al día siguiente. No sé qué diablos les pondrán, que bien puede pasar un tren y no me despierto.

    – No exageres, tampoco es para tanto. Solo son relajantes de tipo herbal que ayudan a conciliar el sueño. – Me dijo Susana en su infalible método de llevarme siempre la contraria. Decidí ignorarla. Tenía cosas más importantes en mente. Volteando a ver a Bea, le pregunte”

    – Tu no quieres tomar una también, Bea?

    – No señor Larios, gracias.

    – Llámanos Javier y Susana. – Le dije. – El señor Larios es mi papá

    – No, gracias Javier. Así estoy bien. – Dijo volteando a verme con esos ojos hermosos.

    La cena transcurrió en ese mismo ambiente de cordialidad desapegada hasta que me levante y me excuse y me retire a mi cuarto. Susana llego un poco después y se preparó para dormir. Por supuesto, no me tome la pastilla pero deje la suya en el buró, junto con un vaso de agua.

    Cuando confirmé que estaba profundamente dormida, tomé mi laptop conmigo a la recámara y la encendí, ingresando a la cuenta del renovado Eduardo. En mi Messenger había aparecido una respuesta de Bea

    – Hola, ¿qué haces acá? Deberías estar durmiendo.

    – Pues nada, que he cogido algo de insomnio. ¿Dónde andas? Tengo tiempo que no te he visto. – En sus conversaciones había notado que él era español también y tuve que recordar las expresiones que se utilizan allá y que había a duras penas aprendido durante el tiempo en que estuve viviendo de intercambio en España. Lo peor que podía pasar era que ella descubriera el engaño pero mi identidad quedaría al menos intacta.

    – Pues he estado ausente de casa. Ahora mismo me encuentro en México

    – ¡México!, vaya, pues ¿qué es lo que estás haciendo tan lejos?

    – Larga historia, estaré por acá unos seis meses. ¿Tú que has hecho?

    – Nada importante, lo mismo de siempre. Apenas entraré a un call center mañana a trabajar en lo que defino qué más quiero hacer

    – ¿Call center tú? Jamás lo hubiera pensado de ti

    – Ya ves. La gente cambia, al menos temporalmente

  • Mis machos del campo: La sorpresa

    Mis machos del campo: La sorpresa

    Carlos llego a casa con cara de circunstancia y me entregó un sobre que traía en la mano, me pidió que lo abra, en principio me asuste un poco hasta que vi lo que había adentro, un paquete de vacaciones de quince días en el Caribe!! Nunca había viajado al exterior y jamás en mi vida había subido a un avión. Fueron días cargados de ansiedad y preparativos, hasta que llegó el gran día. Carlos era un viajero experimentado, pero así y todo seguía teniendo terror a volar de manera que antes de abordar el avión tomo una pastilla para dormir y a los pocos minutos del despegue ya estaba casi dormido. Yo no quería perder detalle, mi asiento era el del medio en la línea de tres, un señor de unos 45 a 50 años estaba del lado de la ventanilla, yo al medio y Carlos en el pasillo, al despegar desde Ezeiza el espectáculo de las luces de Buenos aires era maravilloso, el hombre al lado de la ventanilla observando mi cara de asombro me ofreció su asiento, cosa que acepte para poder ver mejor. Cuando paso la azafata ofreciendo la cena, Carlos -al contrario que el señor gentil y yo- estaba entre dormido y la rechazó. El señor, me pregunto si era la primera vez que volaba y me dijo que siguiera en su asiento, así podía apreciar todo por la ventanilla, él estaba cómodo y ya había viajado muchas veces, era un médico que volaba a Cuba a hacer prácticas allí, ya que quería comparar algunas cosas de la medicina cubana con su experiencia en Buenos Aires y en Estados Unidos adonde viajaba frecuentemente.

    Ambos cenamos conversando, se llamaba Daniel y ejercía en Buenos Aires. Poco a poco fue descendiendo la luz dentro del avión hasta casi quedar en penumbras, yo recostada contra la ventana, pensaba en lo loco de estos últimos años de mi vida, de ser una modesta y tímida comerciante en Buenos Aires, mi ida a vivir al campo y desde aquel día que me agarraron los chicos en el arroyo y me cogieron los tres, luego Carlos y su cariño y buen trato hacia mí, permitiéndome seguir y sumarse el a la lujuria de las fiestas sexuales con los chicos. Ensimismada en mis pensamientos, acurrucada y cubierta con la frazada que habían repartido las azafatas, en un momento miré hacia mi izquierda para ver a Carlos que dormía plácidamente, y me encontré con la mirada picara de Daniel (el medico), sin decir palabra me sonrió, me arrimo su boca y me besó, me sentí sorprendida, pero le devolví el beso, los dos con la cara bien apoyada en el respaldo, Carlos no podría ver, nos lamimos la boca mutuamente, en un momento me dijo, me vuelven loco tus tetas, tome su mano y la deslice debajo de mi remera, con una mano me acariciaba los pezones que ya estaban duros por la calentura, me sentí caliente y agitada, puse mi mano sobre su pija, se la notaba durísima debajo del pantalón, estaba desesperada quería chupársela, pero si Carlos se despertaba notaria mi cabeza debajo de la manta que cubría a Daniel, que seguía manoseando mis tetas, como pude afloje la cintura de mi pantalón y saque la mano de Daniel de mis tetas y lo ayude a llevarla hasta mi concha, el con su mano libre bajo el cierre de su pantalón, la situación era loquísima, estábamos en un avión en penumbras a 10.000 m. de altura, con mi pareja dormida al lado nuestro y cogiéndonos cada uno con una mano, era demasiada adrenalina para mi, los dedos de Daniel me hacían acabar una y otra vez, el me pedía que se la chupe, pero no me anime y lo hice acabar con la mano, sentí su leche tibia en mi mano que saque enseguida para evitar que manche su pantalón, la limpie con la frazada y lamí de mis dedos los pocos restos de leche que me quedaron.

    Daniel mirando asombrado me susurró: te vi cara de hembra puta, pero no imaginé que eras tanto. Conversamos en un tono muy bajito y poco después nos dormimos. Cuando desperté ya casi estábamos llegando a Panamá donde Daniel haría un transbordo y Carlos y yo pasaríamos un par de días. Al llegar a la sala nos despedimos, Daniel nos pidió que lo llamemos si íbamos a Buenos Aires y le entrego una tarjeta personal a Carlos. Al arrimarse para darme un beso de despedida me susurró: sos fantástica, sonrió y se fue rumbo a su próximo embarque. Los dos días en Panamá me resultaron fascinantes, nunca en mi vida pensé que podría llegar a ver semejante obra como la del Canal, además el hotel era bellísimo, también paseamos mucho por la ciudad en el día y de noche cogíamos como dos locos. Al tercer día temprano por la mañana tomamos el avión rumbo a la Habana, allí estaba Daniel, pero no podría verlo porque al llegar un pequeño avión nos llevó a nuestro destino.

    El hotel era bellísimo, a poco de llegar nos pusimos los trajes de baño y fuimos a la playa, había mucha gente de todo el mundo, en su mayoría españoles, argentinos, algunos alemanes y canadienses. Casi todos en pareja y a juzgar por sus caras y risas la estaban pasando muy bien. La primer noche el comedor lleno y un grupo de argentinos que había allí nos ofreció lugar en su mesa, rápidamente surgió esa camaradería entre compatriotas que se encuentran en el exterior. Eran tres matrimonios de nuestra edad, entre 40 y 50 muy amables y educados. Más tarde fuimos todo el grupo a la boite del hotel y allí bailamos y conversamos largo y tendido.

    En las tardes en la playa o pileta, mate de por medio nos fuimos haciendo compinches con los tres matrimonios argentinos. Una tarde los hombres nos desafiaron a las chicas a hacer topless, les dimos el gusto, por supuesto que yo sabía que lo que querían era ver mis tetas, ya habían bromeado acerca del tamaño, los tres decían que querían ver si los pezones hacían juego con mis pechos. Cuando me saque el corpiño de la malla las chicas y Carlos (mi pareja), se reían ellas decían que competir conmigo era imposible, Carlos no le dio importancia, él las tenía a disposición cuando quería, en cambio los tres muchachos me miraban como para comerme, una de las chicas admirada dijo riéndose: hasta yo chuparía esas tetas. El caso es que nos reímos mucho y se notaba que los tres chicos quedaron muy calientes, Carlos también lo había notado y le divertía mucho.

    Más tarde, luego de ducharnos en la habitación cogimos rapidito y me pidió que me vista bien sexy para la noche, que tenía que mostrar que su hembra no era solo un par de tetas bonitas y grandes. No había llevado mucha ropa de vestir, solo un par de vestidos con mucho escote y ajustados, elegí el color negro, una mini muy linda que me marcaba todo resaltando mis pezones y que con los zapatos de taco me hacía muy esbeltas las piernas. A la hora de la cena bajamos al comedor y nuestros amigos ya nos habían reservado un lugar, note que a Carlos se le estaba yendo la mano con las copas, cosa que no me preocupo, había uno de los muchachos (Pablo) que no me sacaba la vista de encima, más tarde, cuando fuimos a la disco del hotel comenzamos a bailar y a tomar, llego un momento que me sentí un poco mareada seguramente era el exceso de alcohol, ya que no acostumbraba a beber.

    Salí al parque y pocos minutos después tenia a Pablo al lado mío, se acercó y sin decir palabra me tomo de la cintura y me beso mientras me manoseaba toda, yo como de costumbre estaba caliente y con ganas, lo abracé y respondí sus besos. Me manejaba a su antojo, por momentos me daba vuelta y chupaba desesperado mis pezones, al instante otra vuelta y me apoyaba la pija en el culo. Eso duro unos instantes hasta que salió su esposa y otra de las chicas al parque, nosotros podíamos verlas, aunque ellas no a nosotros pero, si caminaban unos pasos podrían vernos, ambos nos pusimos nerviosos, de modo que acomode mi vestido, le acaricie la pija y le pedí que tuviera paciencia, ya cogeríamos tranquilos. Caminé hacia donde estaban las dos chicas y Pablo se fue por algún lado que desconozco, pero al entrar nuevamente a la disco allí estaba sentado bebiendo como si nada. Lo mire y me miró, yo sonriente le guiñe un ojo y el hizo lo mismo, ese hombre ya me había dejado muy caliente, así que al regresar a la habitación me cogí a Carlos, digo me cogí porque él estaba tan borracho que ni cuenta se dio, tuve que chuparle la pija un largo rato para que se le ponga dura y luego me monte en él, mientras me movía como loca pensaba en Pablo y la manoseada que me había dado y en lo dura que tenía su pija. Si no hubieran aparecido las mujeres se la habría mamado entera y luego lo hubiera cogido, fue una especie de paja usando a Carlos y pensando en Pablo.

    A la mañana siguiente nos levantamos con Carlos, allí estaban nuestros amigos en el inmenso salón de desayuno, al arrimarme a la mesa de dulces a buscar mis platos, Pablo también fue conmigo a buscar lo suyo y caminando uno al lado del otro me pidió mi número de teléfono, disimuladamente lo anote en una servilleta y se lo di. Aprovecharíamos el wifi del que disponía el hotel para comunicarnos por whatsapp. Mientras desayunábamos se arrimó a la mesa uno de los chicos de relaciones públicas del hotel ofreciendo una excursión de buceo, la lancha saldría al mediodía y volvería antes del anochecer, Carlos era un apasionado del buceo y Beto, uno de los muchachos del grupo también, de modo que se anotaron entusiasmados, empezaron las bromas con respecto a tiburones y sirenas, Pablo no podía ocultar su cara de felicidad, ya que yo estaría libre esa tarde. Antes de ir a la pileta fui a mi habitación a buscar mi teléfono, en el que ya tenía un mensaje de Pablo pidiéndome que coordinemos para vernos, le respondí que después de almuerzo estaré en mi habitación sola, al instante respondió: si querés llevo a Mariano, que también esta recaliente con vos, anoche le gane de mano al salir al parque a buscarte, no dije ni si ni no, solo respondí con un emoticón guiño de ojo. Quería dejarlos intrigados y calientes.

    Más tarde acompañe a Carlos hasta el muellecito y lo vi partir feliz despidiéndome con un beso. Fui a la habitación, me bañe, me perfume, me puse el baby doll negro con medias tres cuartos y portaligas y allí esperé con la puerta sin llave, sentada en un sillón con las piernas cruzadas y mi mejor cara de puta ,ansiosa y caliente que llegara mi nuevo macho, el corazón me latía a mil, los pensamientos se me iban a los chicos del campo y a la cuadrilla de obreros que me había cogido y en lo puta en que me había transformado, era igual a una perra alzada, me dejaba coger por cualquier macho que se me arrime, pensando estas cosas me calenté tanto que estaba a punto de pajearme cuando sentí los golpes en la puerta, era Pablo, le grite que pase entró sonriente y para sorpresa mía vi que Mariano venía con él.

    Les dije bienvenidos arrímense, yo estaba desaforada y ellos seguramente no esperaban esa reacción , tal vez pensaron que deberían forzarme para poder cogerme los dos, se arrimaron uno de cada lado del sillón y sonriente comencé a acariciarles la pija y desesperada abrí sus braguetas y empecé a mamarlos a ambos, no sé en qué momento me tiraron sobre la cama y arrodillados uno de cada lado me iban desnudando y al mismo tiempo me manoseaban toda, yo solo atinaba a gemir y a pedirles que me cojan, que me usen como a un pedazo de carne. Pablo me puso en cuatro y me la metió de una sola embestida mientras yo mamaba la pija de Mariano que me manoseaba las tetas como un poseído, cuando Pablo acabó yo ya lo había hecho varias veces, sin cambiarme de posición fue Mariano a darme por atrás y Pablo me puso la pija semidura en la boca, todavía salía leche que mamé con avidez, cuando Mariano acabó se tiro a un costado, allí quedamos los tres respirando agitados ,yo boca abajo con la concha manando leche tibia y uno de ellos de cada lado. Curiosos comenzaron a preguntar cosas de mi vida sexual, yo respondía riendo y con medias verdades. Mientras conversábamos nos manoseábamos los tres, Pablo me abría las nalgas y me masajeaba el ano suavemente, llego un momento que no aguanté más, saque de la mesa de noche la crema lubricante que usaba Carlos se la pase por la pija y le pedí por favor que me rompa el culo, quiso ponerme en cuatro pero en lugar de eso lo monte a él, así mientras cogíamos podría chupársela a Mariano, los note sorprendidos por mi manejo de la situación, además empecé a acabar sin parar como ocurría siempre que me cogían por el culo. Mariano me acabo en la boca y le mamé hasta la última gota de leche, Pablo debajo mío se dejaba cabalgar, no puedo creer lo puta que sos me decía, yo solo gemía sonriente moviéndome sobre el hasta que logre hacerlo acabar, coger por el culo me enloquecía, era capaz de acabar montones de veces y cuando mi macho acababa sentir esa leche tibia brotando de mi culo era una sensación indescriptible.

    Estuvimos varias horas en la habitación, los tres exhaustos, así que solo nos acariciábamos, aunque cada tanto les llevaba la mano a la concha y al culo para que me metan los dedos y seguir gozando de ellos. Descubrieron que yo acababa cuando me chupaban las tetas, así que cada tanto se prendían a chuparme los pezones uno de cada lado y alguno de ellos metiéndome los dedos en la concha, mientras tiernamente les acariciaba la cabeza.

    Estaba llegando la hora del regreso de Carlos y los buceadores, así que los acompañe hasta la puerta de la habitación, allí les di un beso bien apasionado a cada uno y se marcharon, yo me bañe me puse un short y una remerita y me fui al muelle a esperar a Carlos. Cuando bajo de la lancha lo bese y lo tome del brazo y así fuimos juntos hasta nuestro cuarto. Allí me conto su aventura de buceo que pensaba repetir ya que lo había dejado fascinado.

    Entre charla y charla llego la hora de la cena y allí fuimos, nuestros amigos nos habían reservado lugar en la mesa y allí nos sentamos. Terminaba mi tercer día en Cuba, ahí descubrí que en cualquier lugar del mundo, incluso en un avión sigo siendo reputa. Si quieren en unos días les cuento como sigue el viaje. Besos a todos.

  • Viaje de trabajo: Otra historia con mi jefe

    Viaje de trabajo: Otra historia con mi jefe

    Luego de entregar aquel importante proyecto y entregarle mi cuerpo a mi jefe, comenzaron las obras de construcción, mi jefe se iba a ganar unos buenos reales con ese proyecto y yo siempre salía muy beneficiado… me había convertido en su puta personal, de vez en cuando le mamaba el guevo en su despacho, y en dos ocasiones nos quedamos hasta tarde haciendo horas extras, él me hacía regalitos o bonificaciones salariales y como yo andaba soltero mi culo se lo dedicaba sólo a él.

    El proyecto debía construirse en Barquisimeto, así que él viajaba frecuentemente y pasaba tres o cuatro días en aquel lugar… yo me encargaba de organizar sus viajes, reservar su hotel y comprar sus pasajes, cosas de asistentes. Lo extrañaba cada vez que se iba, pero me alegraba recibir sus mensajes o llamadas cuando ya estaba de vuelta.

    En fin, para uno de esos viajes, el que le tomaría más días, me indicó que debía comprar pasajes para él y para mi… de inmediato me explotó la cabeza con la cantidad de imágenes… me volví loca nada más de pensar que tendría a mi macho tanto tiempo sólo para mí. Que no tendría que compartirlo con su esposa… ¡fascinante!

    Compre los pasajes y reserve dos habitaciones en el hotel de costumbre, una junto a la otra. Al llegar al lugar e instalarnos, deje mis cosas, me metí en su habitación y allí mismo, cansados del viaje pero con muchísimas ganas nos desvestimos, su sudor me tenía muy excitado, y de inmediato baje hasta su cintura, le quité los bóxer y me hundí en sus bolas, me embriague con su olor, las lamí, las bese, las acariciaba mientras engullía su guevo divino, su erección no tardó. Se sentó en el borde de la cama y yo en cuatro en el piso, de frente a él y mamando como si no hubiera un mañana, él se puso más duro al verme con un hilo muy femenino que hacía ver mis nalgas regias… un lacito coronaba el final de mi raja, era como un regalo para él. Acariciaba mi espalda y con el roce de sus manos yo la encorvaba levantando más mi cola, se inclinó hacia adelante y me dio unas nalgadas que no esperaba, luego las apretó y con su dedo lleno de saliva acarició mi agujero produciendo cosquillas que me erizaban la piel.

    -que buena puta me has salido, así me gusta: obediente, atenta, sumisa y dispuesta a cualquier cosa sin preguntar.

    “Sin preguntar”. Ciertamente desde el inicio entendí mi posición en esta relación. Yo tendría privilegios siempre y cuando no lo metiera en rollos. Debía ser a los ojos de todo el mundo su asistente. Y en secreto su amante, sin romance, sin delicadezas, sin palabras lindas, sin compromisos de una relación larga y estable. Sólo sexo del bueno, puro sexo como y cuando él lo quisiera… y sinceramente yo estaba gozando demasiado como para preocuparme por esos detalles, lo que más deseaba era ese sexo sin complicaciones. Su hermoso y rico guevo taladrándome las cavidades, así que dije sí en todo momento y acepte sus condiciones.

    De un pequeño jalón me levantó del suelo. Él se puso de pie, me tomo por los brazos con firmeza y me lanzó sobre la cama. Caí boca abajo y me quedé así. Él se montó sobre mí, aparto el hilo de mi culo, abrió mis nalgas con sus manos y lo que sentí fue su lengua en mi agujero. ¡Qué delicia!… caliente e inundado de saliva me lamía y pasaba sus dedos con suavidad por la piel sensible de mi ano. Las cosquillas corrían por mi espalda, su lengua pasaba sin límites, daba círculos, me penetraba con ella y yo lo dejaba, relajaba mis músculos para que me entrara toda su lengua aunque sólo metía la punta… yo estaba volando de placer, él besaba mis nalgas, fue delicado y muy íntimo, sus caricias dejaron de ser agresivas, me penetro con sus dedos pero con cuidado, metió uno luego dos, tres y hasta cuatro dedos juntos, luego regreso con su lengua sedosa. Con cada lengüetazo arqueaba mi espalda y gemía luego me relajaba.

    -rico mami, ¿te gusta que te chupe el culo? pero te va a gustar más cuando te lo meta todito en un rato.

    -me fascina papi, me encanta que me hagas lo que quieras… no sabes cuánto deseo que me cojas bien rico. Anda… dame guevo nene, quiero que me des bien duro y que me partas el culo con ese guevote.

    Esas palabras lo pusieron a millón y aún boca abajo sentí su peso sobre mis piernas, pero esta vez tampoco fue tan brusco… me sorprendió sentir que pasaba su verga bien tiesa por mis nalgas, y luego me acariciaba el hoyo con la cabeza rosada… más cosquillas, mas placer… no quería que acabara.

    -Anda papi métemelo rico, mi culito lo quiere, anda cógeme rico y lléname de esa rica leche que tanto me gusta.

    -Recuerda que el jefe es quién manda, así que te esperas perra, te lo voy a meter cuando a mí me dé la gana OK?

    ¡Volvió mi macho!! Hundí mi cara en la almohada y recordé un mal chiste contra los gay… “muerde almohadas” y pensé en silencio: “yo si muerdo almohadas y me encanta sobre todo cuando me duele el culo por un buen trozo de guevo clavándome rico”.

    Él seguía divirtiéndose con mi ano, metía sus dedos luego su lengua, y no paraba de decirme cosas sucias, hasta que en medio de tanto manoseo me lo clavó, y esta vez no me dolió tanto como otras veces. Claro, el muy sinvergüenza me lubricó y me estimuló para que mi ano dilatara mejor, sin darme cuenta se gozó mi culo y me relajó tanto que ahora me estaba cogiendo bien sabroso, yo seguía boca abajo en la cama y mí hombre arriba haciendo todo el trabajo, yo sólo me ocupada de arquear mi espalda y levantar mis nalgas para él.

    Su respiración se hizo cada vez más fuerte y caliente, jadeaba en mi espalda y sentí gotas de su sudor caer sobre mí, se movía más rápido me daba más duro. Apoyó todo su pecho en mi espalda y su barba raspaba mi cuello, eso producía más erizamiento, me dio algunos besos, apretó mis manos, yo estaba crucificado de espaldas, clavado en su estaca.

    -ya viene tu leche perra, ya voy a acabar, uffff esto es demasiado rico, tu culo está muy bueno perra, vamos levanta esas nalgas y disfruta tu guevo… uffff aquí viene rico, ahhh siii rico… para esas nalgas puta!!! vamos te voy a dejar bien llena de leche ahhhh, siii rico, siiiii uffff.

    Se me nublo el sentido, acabamos juntos, mientras me entraba leche por el culo, me salía por el guevo… mi punto G explotó en espasmos que inevitablemente me llevaron al orgasmo. Sencillamente fue lo máximo. Amaba su brutalidad, amaba su forma de tratarme como su perra en la cama, amaba su guevo.

    Nos bañamos juntos, yo lo limpie de pies a cabeza, él no dijo nada, pensé en hacerlo de nuevo, enjuagaba sus bolas, bese su verga varias veces pero estábamos agotados, me quedé quieto… tendríamos tiempo para más. La verdad use poco mi habitación durante esos días. Dormimos juntos las cuatro noches seguidas y obviamente me cogió las veces que quiso. Al regresar a Caracas continúe con mis labores. Ese viaje de trabajo fue una experiencia única, mientras tanto seguiré atento al llamado de mi jefe bello para contar otra historia.