Autor: admin

  • Natalia me pilló haciéndola una foto

    Natalia me pilló haciéndola una foto

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Ya os hablé de Natalia, mi compañera de trabajo. Es guapa y eso, pero sigue siendo como antes. Llevamos ya varios meses conociéndonos, aunque no en plan bíblico, claro, que es lo que me gustaría a mí. Nos conocemos como compañeros y, para de contar.

    Ahora escribo relatos eróticos y he puesto mi correo en alguno de ellos. Me escribe gente y hay un chico en particular, no diré su nombre aquí, que me escribe y que parece tan salido como yo.

    Nos escribimos casi todos los días y le he hablado de Natalia. Así que un día decidí hacerla una foto con el móvil, para enseñársela a él. Es un poco rara y no le gusta que la hagan fotos, por lo que le hecho una foto a escondidas con el teléfono. Se la mandé a este chico y me dijo lo buena que está y el culazo que tiene. Lo que no sabía es lo que pasaría un poco más adelante.

    Una tarde que no teníamos mucho trabajo, decidí hacerle otra foto a escondidas.

    Estaba con el móvil, sin saber cómo poner la cámara para que no me viera, cuando se giró para beber agua y me pilló con el teléfono apuntándola.

    -¿Qué haces? ¿Me estás haciendo una foto?

    -Es que… -no me salía que decirle.

    En esto que se puso frente a mi como posando.

    -Anda, venga, hazme la foto, no te cortes.

    -Es que… hoy estas muy guapa.

    -Pues anda, dispara. No parecía enfadada.

    Le hice la foto y me olvidé de todo. La tarde pasó rápido y nos fuimos a casa.

    Cuando llegué por la noche a casa, no pude evitarlo y me la casqué con la foto que acaba de sacarla.

    Después de correrme y limpiarme la leche, lo primero que hice fue escribir a mi amigo por email y contarle lo que había hecho.

    Estuvimos hablando un buen rato de lo que había hecho y lo que había disfrutado, y un poco más tarde, ya muy cansado me fui a la cama.

    Al día siguiente me encontré de nuevo con Natalia y volvimos a hablar, solo que esta vez la noté algo cambiada. Ya no parecía la chica seria y tímida de antes.

    En un instante que se fue al baño, se me ocurrió algo. No se me había pasado por la cabeza hasta ese momento. Tenía el móvil en su mesa sin bloquear y se me ocurrió cogerlo y cotillear su galería de fotos. En lugar de encontrar más fotos suyas, encontré una mía.

    ¡Vaya! pensé. Así que la jodía me ha hecho una foto sin darme yo cuenta. ¿Será que en el fondo le gustaba yo también, o es que le estaba empezando a gustar?

    Dejé el móvil en su mesa antes de que volviera y me hice el loco.

    Pasaron dos semanas al menos. En ese tiempo me di cuenta de que no estaba equivocado y lo que en un principio había sido una intuición mía, era realmente cierto. Yo le gustaba a Natalia. No pensé que la cosa se precipitaría tan pronto.

    Una tarde me dijo:

    -Oye, ¿para qué me hiciste la foto aquel día?

    -Es que estabas muy guapa, ya te dije.

    -En serio, ¿solo por eso? ¿no te habrás tocado pensando en mi?

    -¿Tocado? Tocado y hundido, pensé para mis adentros.

    -Que si te la has meneado, me dijo sería.

    Vaya con la mosquita muerta, pensé…

    Se rio al ver que no la contestaba, pero estaba claro que sabía que había hecho con esa foto. ¿Y quién no decía que ella habría hecho lo mismo con mi foto? Hacerse un buen dedo, claro. El pensar en eso me puso cachondo para el resto de la tarde.

    Ya por la noche, al salir de currar, me dijo si podía acercarla a un sitio en concreto. Yo sabía que ella no vivía allí.

    Le dije que sí, pero luego pensé que era un idiota por llevarla, porque seguro que lo que iba a hacer era quedar con algún maromo y que se la follaría. Mis pensamientos de que sí le gustaba, se habían desvanecido.

    Íbamos por la carretera a donde me había indicado y creía que nos habíamos perdido, cuando sentí su mano izquierda en mi paquete.

    No pude reaccionar, creía que nos íbamos a chocar.

    -Tranquilo hombre. Anda, sal por esa salida.

    Salí por donde me dijo, ya un poco más tranquilo.

    Me indicó donde parar.

    Cuando apagué el motor, me habló. No se veía nada por allí.

    -¿No te has dado cuenta de cómo te he estado mirando todo este tiempo?

    -Sí, pero las tías sois tan raras…

    -Pues me gustas, tío. Ya está, ya lo he dicho.

    -¿No vas a ver a tu novio?

    -¿Qué novio? No tengo novio. Como estabas así… decidí yo tomar la iniciativa. Sabía que me hiciste la foto para meneártela con ella. Y yo también te tomé una a escondidas hace unos días. Me hice un buen dedo con ella y diciendo esto se sonrojó.

    -¿Te corriste?

    -Claro, tonto. Me corrí como una perra…

    Y diciendo esto me cogió la cabeza y me comió la boca.

    Nos besamos, nos sobamos, pero no follamos. Cuando estábamos a punto, yo empalmado y ella mojada, nos masturbamos mutuamente.

    Nos corrimos como locos. Casi mancho el asiento con mi semen.

    Natalia me ayudó a limpiarlo todo.

    Más tarde la llevé a su casa. Me dijo cuándo quedaríamos para follar y que yo pusiera el sitio.

    No pude esperar más de una semana. Le propuse quedar en un descampado, lejos de su casa y de la mía, lo que llamábamos terreno neutral, jeje.

    No le pareció mal, aunque me dijo que lo haríamos con condón, que como no tenía novio había dejado de tomar la píldora y no quería quedarse preñada, que aunque sabía que era buena persona y no tendría ninguna enfermedad que pegarla, lo haríamos así.

    Bueno, mejor es eso que nada, ¿no?

    Los días pasaron rápido. Yo estaba nervioso por nuestro encuentro y me la casqué los días previos pensando en ella.

    Al fin llegó el día en cuestión y me la volví a menear, más que nada por si nada más metérsela, me corría enseguida por lo cachondo que me ponía Natalia.

    La recogí lejos de mi casa y antes de salir para allá, me dijo:

    -¿Llevas condones?

    -¡Hostia! No. No tengo.

    -Mira, por aquí hay una farmacia. Para en doble fila y yo te espero.

    Paré en doble fila y me bajé corriendo. Iba a estropear mi polvo. Estúpido, estúpido, pensé.

    Había una cola grande en la farmacia. Señoras mayores con sus nietos esperando y un par de parejas jóvenes, que supongo, iban a comprar lo mismo que yo.

    De vez en cuando miraba al coche. Solo faltaba que me multaran por aparcar en doble fila.

    Como 10 minutos más tarde, conseguí salir con la compra. Unos preservativos superfinos para sentir mejor a Natalia. Por dentro me reía. Después de todo, iba a triunfar.

    Llegamos al descampado. No hacía mucho calor. Miré alrededor y vi una piedra grande. Allí me la tiraré, pensé.

    Saqué una manta que llevaba en el maletero y la puse al lado de la piedra. Nos sentamos y enseguida pasamos al lío.

    -En serio, me dijo. ¿Nunca te diste cuenta de cómo te miraba?

    -Sí, me fijé. Pero pensé que solo sentías curiosidad por mí. Nunca pensé que fuera en plan… me gustas. Como nunca me dijiste que guapo vienes hoy o alguna chorrada así.

    -Pues no, es verdad, no soy de esas. Pero me ponías cachonda cada vez que te veía. ¿Recuerdas aquella vez que te dije voy al baño a refrescarme?

    -Si.

    -Pues lo hice y luego me senté en la taza del váter. Me había secado la cara, pero por debajo estaba húmeda. Me hice un pedazo de dedo, que tuve que morderme los dedos para no gemir como una loca en el baño y que todo el mundo me oyera.

    -Yo también me la he cascado pensando en ti…

    Con esa conversación mi rabo ya estaba tieso. Le quité el vestido que llevaba y la dejé en ropa interior. Ella me desnudó a mí. Mi rabo apuntaba a su ombligo.

    Natalia se agachó y me hizo una de las mejores mamadas de mi vida. Diréis que en estos relatos siempre decimos lo mismo, pero es verdad. Fue una mamada maravillosa.

    Aunque me había corrido esa mañana, estaba a punto de volver a correrme de nuevo, así que le pedí que parara, que quería saborearla.

    Natalia se quitó las bragas y el sujetador y se quedó en pelotas frente a mí.

    Muy sumisa, se abrió de piernas mostrándose su chocho. No lo llevaba muy depilado, y a mí no importó tampoco, la verdad.

    Se lo comí lo mejor que pude. Tampoco me indicó como le gustaba que se lo comieran. Y cuando la humedad lo llenó, saqué la caja de condones y extrayendo uno, me lo puse con cuidado y lo desenrollé hasta la base de mi polla que estaba a punto de reventar.

    La penetré lentamente, muy despacio, como si fuera la última vez que iba a estar dentro de ella, y una vez dentro, me quedé quieto.

    Ella se me quedó mirando al verme quieto, como diciendo, ¿qué haces tonto? y enseguida comencé a bombear.

    Iba despacio, saboreando el mete-saca como si fuera la última vez, como os dije. Al principio la expresión de su rostro no cambió, por lo que decidí acelerar las embestidas. Y entonces sí que empezó a disfrutar.

    -¡Ah, ah, ah! Juan Carlos, Juan Carlos, sigue así, sigue así, ah, ah, ah.

    Yo estaba callado, pero estaba disfrutando tanto o más que ella.

    Después de un rato de follármela así, decidí ponerla de pie. La giré de espaldas a mi y la apoyé contra la piedra.

    Ahora iba a cumplirse mi fantasía. Podía ver su culo. Su magnífico culo que siempre había imaginado bajo su vaqueros o bajo su vestido.

    Era grande, no demasiado, el tamaño perfecto para mi y tal y como lo había imaginado.

    La penetré fuerte esta vez. La bombeé con ganas. Ella gemía como una loca y entonces yo me animé y empecé a gemir también como loco. Nadie podía oírnos.

    No duré mucho en esa postura. Me corrí enseguida. Lo que mas me importaba era haber tenido su culo frente a mi y estaba contento.

    Natalia se giró al sentir que había acabado y me dijo:

    -¿No irás a dejarme así, verdad?

    -Qué, que no te has corrido, ¿no?

    -Ha estado genial, pero no, no me he corrido. Quiero sentir un orgasmo con tu rabo dentro.

    Me quité el condón usado y lo tiré al suelo. Fui a por otro.

    -Quédate así, le dije.

    Natalia obedeció y se quedó de espaldas a mi. La sobé el cuello con fuerza, como si estuviera amasando harina y la incliné un poco hacía delante. En cinco minutos mi rabo estaba otra vez a tope.

    Me puse el preservativo y se la metí de un tirón. Me la follé como una bestia, como un animal. Sudaba a chorros mientras copulábamos como dos animales salvajes. No me importaba si la estaba haciendo daño al darse en la tripa contra la roca. Solo sabía que quería que se corriese y que yo quería volver a correrme dentro de ella.

    No tuve que esperar mucho. Unas embestidas más, y le solté toda mi leche de nuevo. Tuve que gritar su nombre:

    -¡Natalia! ¡Natalia! Me corro… aaaahhhh.

    Ella también gimió como una perra y al sentirla correrse, terminé de bombear.

    Me quedé dentro de ella, hasta que sentí que ya no soltaba más semen y me salí.

    Después nos sentamos en la manta y nos besamos apasionadamente. Yo me medio-empalmé un poco, pero vi que ya no podría volverme a follármela por hoy. Ya no me quedaban fuerzas.

    -La próxima vez lo haremos en una cama grande y cómoda, ¿eh? Me dijo picarona.

    Le acaricié la cara y le dije que por supuesto, que estaba deseando que llegara ese día.

    Nos limpiamos un poco, nos vestimos y nos fuimos de allí.

    Follar con Natalia había sido genial. Estaba deseando repetir.

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    Si os gustado el relato y queréis cambiar impresiones, escribidme a: [email protected].

  • Adriana, mi segunda y última infidelidad

    Adriana, mi segunda y última infidelidad

    Admito dos infidelidades durante estuve casado con mi esposa. La primera fue producto de la pura casualidad, pues sin buscarlo un día me encuentro con un mensaje de una chica de compañía que se equivocó de número y la segunda, fue algo imprevisto, pero que admito yo busqué con más arraigo. Es algo de lo que no me siento orgulloso y honestamente conllevé un sentimiento de culpa, pues tenía a una mujer muy hermosa, que sé que siempre me quiso, y que a pesar que nosotros o mejor decir, la mayoría de hombres fantaseamos y muchas veces conllevamos estas aventuras, en mi caso siempre amé a mi esposa y es por eso tal sentimiento doloroso.

    Me encontré con la inconveniencia de quedar atascado en el aeropuerto de Dallas, Texas, gracias a las inclemencias del tiempo y se nos notificaba la cancelación de varios vuelos hasta siguiente aviso. En mi caso, todos esos inconvenientes me los pagaba la compañía para la que trabajaba, pero muchos se quedaban a la intemperie, durmiendo en los asientos en el aeropuerto. Esperé algunas horas, hasta que ya en la tarde se nos informó que no habría vuelos al aeropuerto de Los Ángeles, California.

    De repente vi a esta chica que intentaba a acercarse hacia mí y quien se miraba confundida en la conglomeración. Recuerdo me hace la pregunta con cierta desconfianza: ¿Habla usted español? – Y fue de esa manera que conozco a Adriana, una linda chica argentina de algún metro y 65 centímetros de estatura. Cabello rizado que le llegaba a media espalda y unos ojos oscuros en un rostro lindo y estéticamente maquillado. Vestía pantalones vaqueros y zapatos de tacón que la hacían ver más alta, un suéter de algodón de color rosa, y sobre el suéter, una chaqueta de mezclilla del mismo color de los pantalones. Aun con su abrigo, se notaba el cuerpo de una chica esbelta y que al principio estimé de unos 21 años, pero en realidad, tenía 27.

    En aquella platica que se extendió por algunas horas, pues ya no se despegó de mí, descubrí que iba a Los Ángeles a asistir a la boda de su hermana y era aquello lo que le preocupaba, pues solo tenía dos días más para llegar a aquel evento. Cenamos juntos en un restaurante de comida rápida en el aeropuerto y llegó la hora de despedirnos o de continuar juntos toda la noche.

    Adriana es de ese tipo de mujer que no se puede dejar de mirar como mujer. Desde la primera mirada uno se envuelve en su belleza y realmente ya había despertado en mí ese diablillo que siempre había sido cuando joven, ese mismo diablillo que ahora soy, pero que intentaba contener a toda costa. Siempre se me hizo fácil alejarme de las mujeres de la compañía donde trabajaba, de las que eran del entorno de nosotros… nunca lo pensé, y si lo pensé sabía que no pasaría al siguiente paso. Con Adriana fue distinto, una mujer que no me conocía ni conocía. Ella, aunque soltera, ya me había hablado que tenia novio. Ella había escuchado de mis labios que era casado y en mi anular llevaba la prueba. Quise de alguna manera abruptamente alejarme de esta hermosa chica porque para mí era una enorme tentación, no sin antes sorprenderla y que fuera ella la que me diera la negativa y no quedarme pensando: “Quizá me hubiese dicho que si, que si quería pasar la noche conmigo”. Con aquel duende morboso sobre mi hombro, decidí hacerle caso a la tentación y se lo propuse cuando ambos presentíamos que era hora de decir: ¡Feliz noche!

    – ¿Quieres compartir conmigo el hotel esta noche?

    – ¿Qué compartamos una habitación juntos? –me preguntaba sorprendida.

    – ¡Si, eso mismo!

    – ¡Pero usted es casado! No me parece apropiado.

    – ¡Tú tienes novio! Ni tu novio ni mi mujer deben saberlo. –le dije algo dudoso.

    – ¡No se Antonio! ¡Usted que si me ha puesto nerviosa!

    Cuando me dijo que le ponía nerviosa, me di cuenta que no me quería decir que no, que eso de nerviosa era esa sensación de considerar tomar ese paso de serle infiel a su novio y de la sorpresa de considerar tener sexo con un desconocido, de quien los más probable nunca volverá a ver. Es ella la que contempla la pregunta más sugestiva y me dice:

    – ¿Vos sabes lo que puede pasar entre un hombre y una mujer en una habitación de hotel a solas?

    – ¡Me lo imagino y es por eso que te hago esa invitación! –le dije

    – ¡Eres malo, eres un chico muy malo! –me lo dice sonriendo.

    – ¿Qué dices? –le insistí.

    – Sabes, nunca he sido una chica mala, pero esa carita que vos tenes, me tienta a querer ser mala aunque sea una noche. ¡Está bien! Espero que ni vos ni yo, nos arrepintamos un día de esto. – Y dándole la mano, tomamos camino en busca de un hotel.

    Como toda chica vanidosa, lo primero que hizo fue tomarse un baño y volverse a maquillar. Obviamente, por la falta de confianza aquello transcurrió bajo llave y quizá por cierto pudor no me quería mostrar y su desnudez debería concebirla con la velocidad de sus pasos. No sé cuánto le tomó, pero se me hizo largo, aunque valió totalmente la pena, pues cuando salió, se miraba fresca, un retoque a su maquillaje y se miraba aun mas jovial, pero lo más lindo de esa escena, fue verla con un camisón color naranja pálido transluciente, que me permitía ver sus oscuros pezones y un pequeño bikini de color negro.

    A mis 29 años, tenía la suficiente experiencia de cómo afrontar dicha situación, pues ese morbo de coger con una desconocida, esa sensación de lo prohibido hace que el arma se cargue demasiado y si no se conlleva con tacto, se puede disparar antes que el objetivo este en la mira. Es por eso que decidí prolongar las caricias y llegar a todas esas zonas erógenas que son muy comunes en la mayoría de las mujeres. Besos tiernos y profundos, lamer y besar su cuello, ese mordisqueo en sus orejas parecía volverla loca, especialmente si uno tienes a esa chica por sobre su espalda y ella pueda sentir mi miembro creciendo y apuntado a sus nalgas. Le besaba toda la espalda hasta llegar a las ultimas vertebras de su columna, le besé sus glúteos y le encantaba que los masajeara como arañándole. Me tomé tiempo en su monte Venus, que solo contaba con un pequeño arbusto por sobre su conchita que se miraba bien rasurada y que al abrir sus piernas para tomar acceso pude ver ese brío de sus jugos vaginales. En este proceso es que me removí mi camisa, pantalón y bóxer. Ella no me vio que ya estaba desnudo, pues creo que pensó solo me había quitado la camisa. Hundí mi lengua despacito en su rica concha y lentamente recorría todo es canal hasta llegar en su clítoris donde le hacía círculos lentamente o se lo succionaba. Adriana solo me tomaba del cabello mientras mi rostro se hundía entre sus piernas saboreando las mieles de su pasión. Gemía despacio y hacía movimientos tenues con su pelvis, contraminando su concha contra mi boca y comenzó a decir: ¡Que rico Tony! ¡Que delicioso! ¡Me vas hacer acabar!

    Escuché aquello, como una petición de que quería ya sentir mi verga, pero yo estaba tan caliente que sabía que si ella no estaba a ese punto, yo me vendría antes que ella y para una mujer, eso es una desagradable desilusión. Opté por estar listo en la penetración y mientras le mamaba sus pezones haciendo intervalos, con mis dedos le masturbaba el clítoris aceleradamente. Adriana comenzó a acelerar sus movimientos de cadera y comenzó a decir: ¡Tony me vengo, me vengo!

    Sabía que tocaba el paraíso, se le habían abierto los cielos y fue cuando sintió mi verga penetrándola y gimió de placer y su movimiento de pelvis parecía incontrolable y sus alaridos, ese jadeo sensual, en un par de minutos, me hicieron abrir los cielos a mí también. Fue un orgasmo y eyaculación potente, que nos comimos a besos por largo tiempo, hasta que mi verga poco a poco se relajó y tomó esa posición pasiva. Adriana recobrando la compostura hacía plática:

    – ¿Te fuiste rico?

    – ¡Si! Me hiciste acabar delicioso! ¿Y tú? ¿Acabaste rico?

    – ¿Tú qué crees? ¿No se me nota en la cara?

    Ya en esta ocasión nos fuimos a bañar juntos y Adriana al igual que yo, nos dimos gusto restregándonos y removiendo el jabón. Fue ahí donde me retribuyó una rica mamada y donde elogió e hizo que elevara mi estima y mi ego:

    – ¿Todo esto me metiste?

    – Ni un centímetro más, ni uno menos. –le dije.

    – Tony, que rica verga tienes… y coges de lo rico.

    Ya con la arma sin la misma tensión de descarga, el sexo es mas controlable y después de esa rica mamada mi miembro tomó grosor y erección, y en posición de perrito, comencé a taladrar a Adriana, mientras ella gemía y me decía cosas morbosas. Ella me propuso que me sentara en la tina y se sentó en mi, metiéndose cada centímetro de mi verga, pero aquello era algo incómodo, pero con todos esos movimientos nuestros cuerpos estaba secos… la tomé entre mis brazos y la puse en cuatro sobre la cama y me fui por sobre ella y le taladré su concha hasta que gritó de nuevo: ¡Tony, me vengo! – Se vino, y taladré su sexo hasta que sació su placer y luego me pregunta:

    – ¿Quieres que te la mame?

    – ¡No, quiero que me des tu culo!

    – ¿Por qué los hombres siempre piden lo mismo? ¿Qué no saben que eso es de salida y no de entrada? – lo decía con ese acento argentino. -Mi primer novio, el segundo… y este último…

    – ¿Se lo has dado?

    – No.

    – ¡Este día eres una chica mala, puede ser la excepción!

    – ¡Sabes! Tienes toda la razón… este día es especial, es un día para el olvido… y no me mal entiendas… hoy he perdido la razón, he perdido los estribos… cógeme como tú quieras, este el día donde todo es permitido.

    Le comí el culo por más de media hora. Todos mis dedos de mi mano derecha abrieron su culo. Algunas veces le inserté mi verga en su conchita, mientas mi pulgar abría su esfínter y Adriana solo gemía. Cuando mi verga ocupó todo ese espacio, Adriana solo gimió y chocaba su trasero con violencia contra mi verga. Se la taladré por más de 10 minutos constantemente, y comenzó a gemir, a jadear y en seguida como una sorpresa dice: ¡Tony, clávame, no pares… me estás haciendo acabar!

    Esos eran gritos desesperados, que pensé me enviarían los guardias de seguridad del hotel. Se fue en contra de la cama y con aquellos gemidos y alaridos me fui en los intestinos de esta argentina, quien fue la segunda y última mujer con quien traicioné a mi mujer. El culo de Adriana sangró, pero le alivié diciéndole que era algo normal. Había visto ya otros culos sangrar, incluso el de mi esposa, pero este día lo tengo presente, porque cargué con esta culpa por todos y muchos de estos años. En el avión, nos sentaron en asientos separados y nunca nos dijimos adiós, ni nada.

    La chica argentina desapareció llegando a Los Ángeles, donde me esperaba Nadia, mi linda y bella esposa con mis dos lindos hijos. Eran las once de la mañana de un día viernes, y Nadia como mi mujer y cinco días de no sentir mi compañía… tan pronto atravesamos esa puerta de la habitación… me da un oral y de perrito ella acaba… yo me doy dos minutos más para acabar en ella y solo me dice:

    – ¡Te extrañé mi amor!

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  • Caliente noche de sexo entre cuñados (Parte 1)

    Caliente noche de sexo entre cuñados (Parte 1)

    Mi nombre es María José y soy la menor de tres hermanas, Susana es la mayor y Raquel la del medio. Crecimos juntas y dormíamos en el mismo dormitorio durante nuestra infancia y adolescencia.

    En las frías noches de invierno, todas nos acostábamos en una cama grande para darnos calor mutuamente, ya de jóvenes, mis hermanas mayores me molestaban. Susana pellizcaba mis pezones diciéndome que así, se tornarían bonitos y atractivos, Raquel por su parte, me tomaba de las caderas y simulaba follarme diciendo que así haría mi marido cuando me casara. Cuando terminaban nuestros juegos, que siempre fueron muy inocentes, me dormía en medio de las dos sintiendo el calor y el perfume de sus cuerpos.

    El tiempo pasó y mis hermanas mayores se casaron y se fueron a vivir a sus respectivos nuevos hogares, Susana con Roberto y Raquel con Rubén. De esta manera, la familia creció y ahora contaba con dos atractivos cuñados para mí que seguía estando soltera.

    Creo que debe ser algo usual que los cuñados tengan fantasías eróticas con las hermanas menores de sus esposas pues, siempre pude ver y disfrutar de los constantes halagos que recibía por parte de Roberto y Rubén.

    Durante un invierno, visité la casa de Raquel con el deseo de estar con ella algunos días, mi hermana y su marido se sintieron felices con mi visita.

    Lamentablemente el dormitorio que debía ocupar era demasiado helado y las noches me torturaban con su intenso frío.

    Fue una de aquellas noches en que no soportando más el frío, decido ir al dormitorio de mi hermana y su marido para encontrar la manera de pasar una noche mejor.

    Entro en su dormitorio pero ellos están dormidos, resignada regreso a mi cama pero me es imposible dormir, el frío no me lo permite. Comprendo que es necesario despertar a mi hermana Raquel y decirle lo que me sucede, entro nuevamente en su dormitorio pero por vez segunda, me arrepiento de despertarla…

    Sólo puedo ver que ellos duermen en una cama muy grande y hay un lugar suficiente para que yo me acueste entre los dos esposos. Lenta y silenciosamente ocupo el lugar que queda entre los dos y enseguida me abrazo al cuerpo y al calor de Raquel. Aquello me trae recuerdos de nuestra adolescencia y al amparo de su calor, siento que pronto me quedaré dormida.

    Solamente deseo no molestar a Rubén que duerme plácidamente un poco más allá y que tampoco se ha enterado de mi secreta invasión. Me duermo rápidamente entre los bellos recuerdos del pasado… sin embargo, y sin saber cuánto tiempo después, despierto sintiendo la mano de mi cuñado que acaricia la parte alta de mis muslos, seguramente mientras yo dormía, había logrado levantar gran parte de mi bata de dormir.

    No me muevo para simular que aún estoy dormida y me pregunto si Rubén me ha confundido con mi hermana o por el contrario, decididamente está tocando eróticamente a su cuñada. Pasan los minutos sin saber lo que ocurre realmente y ya las manos de mi cuñado juegan con mi braga intentando llegar al rincón más íntimo de mi sexo, por algunos instantes abandona esa caliente tarea para llegar a mis pezones los cuales comienza a acariciar con evidente y prolongado placer. Víctima de sus caricias expertas, delicadas y calientes, me excito y en mi silencio, deseo más de todo aquello que me está brindando mi cuñado quizás sin saber a qué mujer está realmente dejando humedad de una creciente ansiedad sexual.

    Rubén acerca más su cuerpo al mío y siento el roce de sus muslos masculinos como asimismo, la caricia húmeda, caliente y poderosa de su verga sobre mi piel. El frío se ha ido por completo y mi cuerpo se ha llenado de un calor sexual y corporal ante las ahora más intensas caricias de mi cuñado. Raquel definitivamente duerme y está ausente de la gran calentura que se ha apoderado de su hermana y de su marido. Rubén finalmente logra despojarme de mis bragas y ahora mi sexo se encuentra sin inconvenientes a pleno capricho de su intenso deseo. Sus dedos lo invaden y en mi intimidad sexual, realiza los más ardientes juegos eróticos, intercambia tanto caricias sobre mi clítoris como la penetración digital, noto que él está igualmente poseído por un gran deseo sexual y en su ansiedad y placer, deja escapar un leve suspiro donde puedo distinguir mi nombre… María José.

    No hay tal confusión, Rubén sabe que está disfrutando sexualmente de su cuñada y esto lo ha puesto fuera de sí, tal vez sea la realización de un sueño que había acariciado por largo tiempo… tocar y quizás follar a la hermana menor de su esposa.

    Por cierto que ya no estoy abrazando a Raquel, ahora permanezco boca arriba, sin bragas y entregada por entero a las ardientes tocamientos de mi cuñado las cuales, muy pronto me llevarán a un delicioso y deseado orgasmo. Sin embargo, no quiero llegar a la plenitud de este goce sin haber tocado antes el duro miembro masculino que ha rozado constantemente mi piel, extiendo mi mano y tomo delicadamente la verga de mi cuñado quien siente el violento placer que le provoca la presión y la tibieza de mi mano atrapando su duro miembro sexual. Lo acaricio suavemente otorgándole un delicado masaje a través de toda su extensión, lo tomo desde la base abarcando las endurecidas bolas para luego subir hasta la parte más húmeda y sensible. Ahora, con mayor intensidad, le brindo aquellas caricias manuales que adoran los hombres…

    Pero si bien Rubén se ha calentado mucho más, yo ya estoy al borde del orgasmo gracias a la experta masturbación que me ofrece mi cuñado y que ya trae la recompensa de mi frenético orgasmo.

    Para no despertar a mi hermana, debo acallar mis gemidos de placer y disfruto de mi orgasmo mientras aprieto con todas mis fuerzas su miembro del amor.

    Ha sido un goce caliente y extraordinario que he debido sentir en silencio, sin poder expresarlo ante las actuales circunstancias en que nos encontramos mi cuñado y yo.

    Mientras descanso pienso que nunca tuve como fantasía o cosa parecida, ser masturbada por mi cuñado, pero todas estas consideraciones vuelven a excitarme aun cuando pienso que no debo seguir adelante con este juego sexual que inició mi cuñado mientras yo dormía.

    Rubén me ha dejado descansar por algunos momentos y luego toma mis piernas para levantarlas ligeramente lo cual permite que él pueda, pasando bajo mis piernas, apuntar su miembro hacia mi sexo. Mis nalgas sienten el contacto de sus musculosos miembros y su verga ya no tiene obstáculos para invadir mi húmedo y tibio sexo.

    Mi cuñado me toma de las caderas y lentamente pero sin detenerse, me provoca una intensa penetración, es una posesión profunda y una dominación que hace de mí a través de su sexo hundido en mi cuerpo.

    Quedo de esta manera, clavada a su sexo sin poder liberarme de su dardo duro y ardiente.

    Sin movernos, disfrutamos de esta unión sexual por algunos momentos, luego él inicia un leve movimiento dándome a entender que finalmente follará a su cuñada aun cuando sea con leves movimientos.

    Comprendo que no me follará como es normal, pero mi goce no es menor en estas extrañas circunstancias, mi segundo orgasmo llega y nuevamente debo acallarlo por intenso que sea. Rubén me siente gozar y no puede soportarlo más entregándome una avalancha de caliente semen que inunda mi sexo de su propio placer.

    En la complicidad del silencio que hemos mantenido durante esta caliente noche de sexo entre cuñados, arreglamos nuestra ropa de dormir y yo por mi parte me entrego nuevamente al delicioso sueño de esta noche de invierno, abrazo a mi hermana Raquel y aun cuando ya no necesito su calor, me duermo sintiendo el perfume de su pelo entre los sueños ya idos de la hermosa adolescencia.

  • Caliente noche de sexo entre cuñados (Final)

    Caliente noche de sexo entre cuñados (Final)

    Había recibido carta de mi hermana mayor, Susana, en la cual me decía que en el verano pasado había recibido la visita de Raquel y Rubén, es decir, mi hermana del medio y su marido.

    La carta me hizo recordar la noche de sexo que había tenido con mi cuñado Rubén y tenía la esperanza de que él, no lo hubiese contado a nadie.

    Ahora es invierno y Susana junto a su marido Roberto, me invitan a pasar algunos días con ellos.

    Pensé que sería bueno cambiar de ciudad y a los pocos días ya me encuentro en la casa de mi hermana mayor y mi cuñado Roberto. Él es unos 10 años mayor que yo mientras Susana me adelanta por unos cuatro años. Me sentía feliz de estar nuevamente con mi hermana y con su maduro marido, juntos compartimos mucho disfrutando las bellezas de su hermosa ciudad.

    Una noche, cuando ambos llegaron a casa, Susana se veía bastante mal y dijo que tenía un terrible dolor de cabeza, no sabía cómo ayudarla pero Roberto algo acostumbrado a esto, dijo que tenía la solución a ese problema y dándole dos píldoras como medicina se terminaría su dolencia. Mi hermana tomó aquella medicina y a los pocos minutos le invadió un fuerte deseo de dormir y es así como se marchó a su dormitorio a descansar. Me quedé sola con mi cuñado Roberto y conversamos de muchas cosas, sin embargo se hizo tarde y el frío, el sueño y el cansancio me llevaron a decirle a mi cuñado que yo también deseaba descansar y que me marcharía a dormir.

    Roberto me besó a modo de despedida y dijo que él haría igual e iría a dormir junto a su esposa.

    En aquella fría noche de invierno me metí a la cama y decidí leer algo antes de dormir, tal vez habían transcurrido unos 30 minutos cuando Roberto entra a mi dormitorio vestido con su bata de dormir.

    —¿Está bien mi hermana? —le pregunto.

    —Sí, está muy bien, dormirá profundamente hasta mañana, pues le he dado una medicina muy poderosa para dormir —responde él.

    Se acerca a mi cama y me habla nuevamente:

    —Tú debes saber que somos muy amigos tu cuñado Rubén y yo, y siempre hablamos de ti diciendo que eres una joven muy hermosa y deseable. —Ante mi sorpresa y silencio mi maduro cuñado se sienta en mi cama junto a mí y acariciando mi rostro continua diciendo:— Rubén dice que eres muy ardiente al igual que tus hermanas.

    Luego deja de tocar mi cara para intentar acariciar mis hombros debajo de las ropas de cama. Comprendo que es una insinuación erótica e intento impedir que continúe con algo que puede ser mayor.

    —Creo que no debes hacer esto conmigo, sabes que soy tu cuñada y no deberías tocarme de esa manera.

    Roberto sonríe y dice que Rubén le ha contado todo acerca de aquella noche en que me hizo el sexo cuando yo me había acostado en su cama matrimonial junto a mi hermana Raquel.

    Ante la sorpresa quedo muda y mi cuñado aprovecha mi secreto para llevar su mano a mi pecho y tocarlo levemente.

    —Sí, no es justo que hayas dado placer solo a uno de tus cuñados y dejes al otro sin su parte —dice Roberto atrapando uno de mis pezones con sus dedos.

    Luego de disfrutar y calentarse con mis senos, Roberto continúa con su cachondo monólogo:

    —Oh cuñadita, tienes unos pechos muy eróticos y ya me has puesto muy caliente, vas a permitir que te acaricie mucho hasta que sientas mucho placer.

    —No por favor —le ruego a mi cuñado Roberto— mis hermanas no estarían felices de saber que ha sucedido esto entre nosotros.

    Pero él no escucha y en virtud al conocimiento del sexo que mantuve con mi otro cuñado, comienza a lamer y a morder ambos pezones.

    Roberto está disfrutando de mi pecho mientras yo, sin poder evitarlo, siento una leve excitación.

    Deseo oponerme a sus caricias ya muy calientes, pero como lo dijera mi hermana Susana, Roberto es un especialista en calentar rápidamente a una mujer.

    Tomo su cabeza intentando sacarlo de su fuente de placer, pero Roberto se ha pegado a mis pechos como el mejor de los amantes.

    Sus caricias aumentan y una de sus manos llega a mis bragas para tocar ardientemente mi sexo por encima de la tela… luego sus dedos quedan piel con piel con mi sexo, juega con mis labios, y los entreabre suavemente para penetrar delicadamente mi intimidad y centro de mis más dulces placeres.

    Luego me habla: —Es delicioso tocar el lugar donde penetró tu cuñado Rubén, tu rincón donde su polla entró por completo para hacerte sentir su poder sexual.

    Sus palabras traen a mi mente el recuerdo de aquel caliente sexo que me hizo sentir mi otro cuñado… me excito aún más aunque intento disimularlo.

    —Vamos cuñadita, quiero que te calientes al igual como hiciste con Rubén —me dice Roberto quien ahora saca mis braguitas con evidente deseo de hacerme el sexo oral. La boca de mi cuñado mayor llega a mi sexo para comenzar a darme las más delicadas y excitantes caricias orales. Lo recorre entero, lo besa, lo lame y lo penetra con su lengua húmeda y anhelante.

    No puedo disimular más y tampoco puedo evitar los ahogados gemidos de mi intenso placer.

    —Oh Roberto —le digo— me harás acabar con todo eso que me estás dando.

    Al escuchar mis palabras, mi cuñado hace más intensas sus caricias sabiendo que pronto me provocará un gran y caliente orgasmo.

    —Eso es lo que deseo —dice Roberto— quiero sentir como te mueres de placer, quiero sentir como disfruta nuestra cuñadita cachonda.

    Sus deseos se cumplen y pronto me veo envuelta en uno de mis mejores orgasmos: Ha sido un grandioso e inolvidable sexo oral el que me ha dado mi cuñado mayor.

    Concluida su tarea, Roberto se levanta de la cama y se desprende de su bata de dormir quedando completamente desnudo pudiendo yo apreciar la erecta y fabulosa polla de mi cuñado.

    El comprende que me he sentido sorprendida por la belleza y tamaño de su miembro sexual y lo acerca a mí para que pueda mirarlo aún más de cerca.

    Me pide que lo tome con una de mis manos para sentir su calibre, su humedad sexual y la textura de su piel. Tener en mis manos dicho aparato de goce sexual, me provoca eléctricas sensaciones de deseo erótico. Roberto lo acerca más a mí buscando el contacto con mis labios hasta lograr que éstos toquen la punta de su miembro. Mis ojos se cierran ante la visión y beso delicadamente la húmeda cabeza de la erecta y dura verga de mi cuñado.

    Roberto empuja más y más su miembro sexual contra mis labios y no me queda más remedio que acogerlo dentro de mi boca donde puedo sentirlo en toda su medida. Le otorgo unos momentos de sexo oral recordando los similares placeres que anteriormente me había brindado.

    Ya complacido de los placeres que le da mi boca, mi cuñado Roberto me pide que baje de la cama y me arrodille junto a ella apoyando los brazos sobre la misma, de esta manera lleva a realizar una penetración desde atrás.

    Así, a modo de los perritos, podrás sentir todo el largo de mi verga, me dice mi improvisado amante.

    Y es muy cierto concluyo yo misma al ser penetrada por todo el largo del miembro sexual de mi cuñado.

    Roberto comienza a follarme con cierta energía hundiéndome en la cama con cada una de sus arremetidas.

    —Que bello culo tiene mi joven cuñada, Rubén lo habrá gozado de igual manera como hago yo. Es una suerte tener a la hermana menor de mi esposa clavada hasta mis bolas, dice Roberto.

    Mi cuñado me posee de esta manera hasta que decide cambiar de posición.

    —No soportaré mucho cuñadita, de manera que debes subirte a la cama para ya gozar definitivamente.

    Le obedezco y estando boca arriba, abro mis piernas para ofrecerle mi sexo el cual es rápidamente invadido por segunda oportunidad.

    Sin tardanza me veo penetrada profundamente por la sexual enormidad de mi cuñado, el calor y el placer me han invadido en esta fría noche de invierno.

    Mi cuñado me hace el amor enloquecido mientras susurra en mi oído calientes frases eróticas:

    «Ya has sido follada por tus dos cuñados»; «Esperé mucho tiempo en follar a mi querida cuñadita» y cosas por el estilo que nos calentaban aún más a ambos.

    Por fin en medio de sus calientes frases, Roberto me lleva al placer de mi segundo orgasmo… no puedo aplacar mis fuertes gemidos de goce mientras disfruto de este sexo familiar.

    Ahora espero que mi cuñado llegue a su momento más feliz, pero en la espera, consigo un tercer orgasmo el cual me recuerda a mi hermana mayor Susana quien siempre dice que su marido la hace gozar sin medida.

    En medio de estos pensamientos, llega el placer de mi cuñado quien me toma con enorme fuerza para depositar muy profundo en mí, el ardiente semen que me quema en mi interior.

    Sus gemidos incontrolados se unen a los míos mientras terminamos este encuentro de sexo entre cuñados.

    Roberto regresa a su dormitorio a dormir junto a mi hermana mientras mi cuerpo incapaz ya de sentir el frío del invierno, se entrega al dulce placer de dormir.

  • Terminé claudicando y le entregué el culo al musulmán

    Terminé claudicando y le entregué el culo al musulmán

    Se llamaba Mustafá, trabajábamos juntos desde hacía unas semanas eventualmente para una empresa que llevaba la limpieza, mantenimiento y ambigús de las instalaciones deportivas del municipio.

    Cuando había cualquier acontecimiento deportivo, nos encargábamos de proporcionar almohadillas a los que la solicitaban, luego de recogerlas, limpiarlas, lo mismo que las instalaciones, y quedaran listas para el próximo evento.

    Otros se encargaban del ambigú, donde se vendía bebidas, café, bocadillos, etc.

    Mustafá y yo, nos encargábamos siempre de las almohadillas, recogerlas, limpiarlas y servirlas a quien las solicitara.

    Un domingo por la mañana, antes de que comenzara el evento deportivo, después de sacar las almohadillas y colocarlas para su distribución, coincidimos ambos en los aseos. Ambos habíamos ido a mear. Cuando me coloqué en el urinario, el ya casi terminaba de hacerlo. Se puso a sacudir la polla, con prácticamente los pantalones por la rodilla, donde se le podía ver parte del culo, la polla y huevos en su totalidad.

    Yo quedé mirando con la boca abierta, tenía la vista fija en aquella tremenda polla y huevos que le colgaban como si fueran melones.

    ¿Que, nunca has visto una polla? Me soltó.

    Levanté la vista mirando a sus ojos, empezando a enrojecer, a la vez que la polla se me empezaba a empalmar. No fui capaz a contestar nada, solo girar la cabeza, y mirar al frente tratando de ocultar el empalme que estaba teniendo.

    No te pongas colorado, si te gusta mi polla, solo tienes que pedírmela, y te aseguro que la tendrás.

    Se acercó a mí, tocándome el culo con su mano y diciéndome, veo que sí te gusta, mira cómo te has empalmado con solo vérmela.

    Todavía tenía su polla de fuera, me la enseñaba sujetándola con su mano, mientras seguía sacudiéndola. Que no te de vergüenza, puedes cogerla con la mano, no te va a morder, ya verás que suave y caliente la tengo.

    Llevó la mano con la que me estaba acariciando el culo a mi mano, cogiéndola y acercándola a su polla para que se la cogiera con la mano.

    Cógela, me dijo, no tengas miedo.

    No, yo no no, tartamudeaba mientras posaba mi mano sobre su polla.

    La solté como si me hubiese dado un calambrazo, agachando la cabeza y tratando de serenarme.

    Vamos me dijo volviéndome a coger la mano y ponerla sobre su polla. Que no te de vergüenza, sé que lo estás deseando.

    Quedé con la mano sobre su polla y la vista puesta en aquella verga que mi mano sujetaba.

    Anda, acaríciala un poquito, ya verás que caliente y cómo crece. Está deseando que lo hagas, y tú también lo estás deseando.

    Recorrí con mi mano todo lo largo de aquella polla, notando lo suave que era, haciendo que se empezara a empalmar.

    Ves cómo lo estabas deseando, mira cómo crece y se pone dura cuando la acaricias.

    Puso una mano sobre mi hombro diciéndome, agáchate y chúpala ya verás cómo te va a gustar.

    No no, tartamudeaba. Si nos ven nos nos pueden echar.

    Tranquilo, aquí nadie nos ve, y no se va a enterar nadie. Esto solo es entre tú y yo. Anda agáchate y pruébala. Solo chupa la puntita, ya verás cómo te gusta.

    Después de mucho insistir, consiguió convencerme, y con muchos nervios y tembloroso, me fui agachando, hasta que Mustafá colocó la polla sobre mis labios.

    Anda abre la boca y deja que te la meta. Solo la puntita, la chupas un poquito, y le pasas la lengua por la punta, ya verás que rica sabe.

    Abrí la boca, empezando a chupar la cabeza de la polla de Mustafá.

    ¡Ohhh! Exclamó Mustafá al notar mis labios sobre su polla.

    Así, así, abre bien la boca, chúpala con los labios. Haz cómo si fuera un caramelo.

    ¡ohhh! Así, así, ves cómo te gusta, ¡ohhh! ¡ohhh! Que bien lo haces.

    Sigue, sigue, ¡ohhh! Que gusto, ¡ohhh! Que bien la chupas, ¡ohhh! Que gusto.

    Mustafá me sujetaba la cabeza, empujando su pelvis haciendo que cada vez tragara más polla. Trágala, trágala toda, me decía, ya verás que rica está. Ves cómo te gusta.

    Por varias veces me dieron arcadas, haciendo que los ojos me lloraran y no dejará de babear, pero el cabrón de Mustafá no paraba. Cada vez iba más rápido, pidiéndome que abriera bien la boca, y que le acariciara los huevos con la mano.

    No podía más, no daba respirado, me abría en arcadas, la baba me caía por la barbilla y costados. Como pude me zafé de sus manos pudiendo sacarme la polla de la boca.

    No puedo más, me estás ahogando, le dije.

    Ya falta poco, solo un poquito más y ya termino, me decía Mustafá.

    No, no puedo más, casi me ahogas, le contesté a Mustafá, poniéndome de pie.

    Deja entonces que te la meta en el agujerito; me decía metiéndome mano en el culo y llevando un dedo a mi ano; Solo meter la puntita y que me corra.

    Estás loco, no, además aquí nos pueden ver, y tengo miedo de que me lastimes.

    Joder, no me vas a dejar así, deja al menos que me corra, tu solo acaríciame los huevos, y chupa la puntita mientras yo me la meneo.

    Tanto insistió, que le volví a hacer caso, pero pidiéndole que cuando fuera a correrse, me avisara. Me agaché de nuevo, dejando que metiera solamente el glande, acariciándole yo los huevos, mientras él se la meneaba.

    ¡ohhh!, Maricón, que bien lo haces, ¡ohhh! Chupa la cabeza, así, así, chupa y juega con la lengua.

    El muy cabrón, cuando me avisó, ya se estaba corriendo, Me largó 2 trallazos de leche, y el resto me lo soltó por la cara.

    Protesté y me cabreé, pero lo que recibí fue un calla maricón, que te ha gustado.

    Luego me hizo abrir la boca.

    Abre la boca maricón y traga todo, ya verás cómo te gusta, ya verás que rico sabe.

    Abrí la boca, dejando que volviera a meter su polla, terminando de soltar las últimas gotas de semen, tragarlas y chuparle la polla hasta dejarla limpita.

    Así me gusta maricón, me decía. Límpiate la cara que tienes todavía restos de semen.

    Mientras me lavaba la cara, me metía mano en el culo, diciendo que ahora solo me faltaba que le dejara abrirme el culito. Ya verás cómo lo vas a disfrutar y vas a querer repetir. Vas querer que te dé por el culo todos los días.

    Tienes un culito muy sexi y apetecible, maricón.

    No paraba de meterme mano el muy cabrón, y por encima, yo había quedado con una calentura de 3 pares de cojones. No me había corrido, y la polla la tenía a reventar.

    Durante todo el domingo, en cada oportunidad que tenía, Mustafá, me decía que le tenía que entregar el culito. Me tocaba el culo metiendo mano, diciendo que ese culito tenía que ser suyo. Ya verás cómo te va a gustar, Dani, luego tu solito me vas a pedir que te dé por el culo.

    Cuando fuimos a comer, se sentó a mi lado, cuando no nos veía nadie, se aprovechaba, me metía mano tocándome el culo, sobándome la polla y huevos. Mira cómo estás de empalmado, te gusta que te meta mano y cuando te magreo y toco el culo. Mueres porque te lo abra, ¿verdad? Estás deseando entregarme este culito, sé que mueres de ganas por tener mi polla dentro, ya verás que gusto te va a dar.

    Al terminar de comer, tuve que ir al servicio, cuando estaba meando, allí me apareció Mustafá. Se acercó a mí, me agarró la polla mientras me magreaba y sobaba el culo.

    Dani, ay que culito tienes, este culito va a ser mío, me vas a dejar que te lo abra, Verdad Dani.

    Mira cómo te gusta que te meta mano, ay cómo me gusta cuando lo mueves, mira la pollita cómo se te pone dura y caliente.

    Mustafá, joder, déjame de una vez. Ni a mear voy a poder venir.

    Calla maricón, que bien te ha gustado mi polla cuando me la chupabas. Hasta la lechita me bebiste. Así que ahora no te hagas el estrecho.

    Callé la boca, y con la cara enrojecida sabiendo que tenía razón, conseguí abrocharme el pantalón. No sin haber tenido dificultades, ya que no paró de meterme mano, incluso llegó a bajarme el pantalón y slip por detrás, sobándome el culo, casi meterme un dedo en el ano, y arrimarme su polla restregándose por él.

    Cuando terminamos por la noche, tuve suerte y me di zafado de Mustafá, pudiéndome marchar sin que se diera cuenta.

    Pero los siguientes días, volví a tenerlo encima y no me dejaba en paz.

    El sábado había partido de fútbol por la noche, y ese día iba ser peor, tendríamos que quedar a limpiar las almohadillas, ya que tenían que estar listas para el domingo por la mañana. La salvación iba estar en que no quedáramos solos.

    El sábado durante todo el partido, Mustafá no paró de acosarme. Después del descanso del partido, me cazó en los aseos, allí ya me hizo que le chupara de nuevo la polla. No pudo terminar de correrse, ya que entró gente, y pude escapar. Casi nos pillan en plena función, gracias que venían 2; parecían un padre e hijo; venían hablando, que, si no llegan hacerlo, nos hubieran pillado infraganti; yo agachado con la polla de Mustafá en la boca, y a él con los pantalones en los tobillos.

    Al terminar el partido, nos pusimos a recoger las almohadillas, luego teníamos que limpiarlas y dejarlas listas para la mañana siguiente. Solíamos quedar 4 o 5 personas, pero ese día como había faltado gente, primero nos mandaron ayudar a limpiar las gradas, luego mientras 3 limpiaban los aseos, Mustafá y yo, limpiaríamos y ordenaríamos las almohadillas.

    Cuando fuimos Mustafá y yo al cuarto donde limpiábamos y dejábamos ordenadas las almohadillas; bueno cuarto no Hera, ya que era una zona abierta, pero era como una especie de almacén sin puertas, que quedaba al final del pasillo; al llegar ya me agarró por la espalda empezando a meterme mano y sobarme el culo. Ahora no vas a tener tanta suerte, ahora tenemos que terminar lo que dejamos a medias, dijo Mustafá.

    Primero vamos a limpiar y dejar listas las almohadillas, y luego si quieres te la chupo, le dije.

    No, contestó Mustafá, vamos ahora, que los otros están ocupados, y luego pueden venir.

    Me llevó a la esquina donde había un montón de almohadillas, allí me tiró sobre ellas. Se tumbó sobre mí, abrazándome e intentando besarme. Pudo colocarme los brazos sobre mi espalda, y apoderarse de mi boca, empezando a morrearme.

    Quiero metértela en el culo, Dani. Tienes un culito muy sexi que me vuelve loco, y hoy quiero que sea mío, hoy te voy a dar por el culo.

    Puso su boca sobre la mía, empezando a morderme los labios, para luego meterme su lengua hasta las amígdalas.

    Cuando pude hablar, le dije que estaba loco, que solo habíamos quedado en terminar la mamada.

    Mustafá sin salir de encima de mí empezó a desabrocharme el cinturón, una vez conseguido desabrochármelo, hizo lo mismo con el pantalón, empezando a bajarlo junto al slip.

    Cuando ya tenía el pantalón por los tobillos, tiró por las zapatillas de deportes que llevaba puestas, sacándolas. Luego terminó de sacarme el pantalón y slip, poniéndose a continuación a bajar su pantalón y calzoncillo.

    La polla ya la tenía tiesa y bien dura el muy hijo de puta. Se fue arrastrando hasta mi cabeza, hasta que pudo acercar su polla.

    Me levantó la cabeza por la nuca con una de sus manos, y con la otra sujetaba su polla llevándola hasta ella.

    Vamos Dani, abre la boca y empieza a chuparla, y hazlo bien, que hoy te la voy a meter en el culo. Así que lubrícala bien que hoy me vas a entregar tu culito.

    No Mustafá, aquí nos pueden ver, además tu polla es muy grande y no creo que me entre en mi culo.

    No te preocupes, Dani, ya verás como sí te entra. Te va a gustar cómo te da por el culo mi polla.

    Me vas a hacer daño, y además aquí nos pueden ver y se van a enterar los demás.

    No te preocupes, Dani, abre la boca y chúpala bien.

    Abrí la boca empezando a tragar la polla de Mustafá.

    El muy cabrón me la enterró hasta los huevos, empezando a darme arcadas atragantándome, y a llorar los ojos. No podía respirar, me empezaba a salir la baba cayéndome por la barbilla y cuello, pero no podía hacer nada.

    Menos mal que Mustafá debió ver mi cara y ojos de súplica, y sacó la polla de la boca dejándome respirar.

    Me ahogas, le dije. Es mejor que me ponga de rodillas, y dejes que yo la chupe.

    No, solo otro poco y te la meto en el culo, contestó Mustafá.

    La volvió a meter hasta hacer que me abriera en arcadas, caerme la baba por la barbilla y costados, haciendo que no parara de llorarme los ojos; el muy hijo de puta, en una de las embestidas, llegó a traspasarme la campanilla con la polla. Pensé que me quedaba sin aire.

    Bueno ahora vamos a darte por el culo. Así que pórtate bien y no hagas ruido si no quieres que nos pillen follando, y vean cómo te abro el culo.

    Ábrete de piernas, para que me pueda colocar.

    Abrí las piernas, dejando que él se pusiera en medio.

    Me subió la camiseta dejándome el pecho al descubierto, haciéndome que pasara la cabeza, luego sobó mi polla y huevos, diciendo: Mira cómo te has empalmado, te gusta lo que te hago, ¿Eh maricón? Me iba diciendo mientras me meneaba la polla y sobaba los huevos.

    Cogió unas almohadillas, ordenándome levantar el culo, poniéndolas de bajo. Así te quedará el culo más elevado, y será más fácil metértela.

    Metió sus manos por medio de mis piernas, levantándolas haciendo que mi culo fuera respingándose hacia arriba, quedando el agujero de mi ano, totalmente expuesto para meterme la polla.

    Escupió en su mano, llevando la saliva a mi culo, y metiendo uno de sus dedos, me iba abriendo el esfínter. Volvió a escupir varias veces, introduciendo cada vez su dedo en mi ano.

    Yo temblaba por los nervios que tenía, suspirando cada vez que notaba cómo el dedo hurgaba en mi culo, haciendo que se abriera cada vez más. Metió un segundo dedo, fue haciendo como si fueran unas tijeras o pinzas, haciendo que el esfínter se abriera cada vez más.

    Joder, Dani, que culito más rico tienes, está pidiendo que le meta mi polla. Se abre como una almejita, mira que bien entran mis dedos, sé que lo estás deseando, te voy a cumplir ese deseo, maricón.

    Colocó su polla en la entrada de mi agujero, se fue echando sobre mí, y fue poco a poco empezando a meter su polla. Cuando vio que ya se había empezado a abrir mi esfínter, dio un movimiento de pelvis, metiendo toda la polla.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité al notar entrar toda su polla. Me la había enterrado hasta los huevos. ¡Ufff! Suspiré al ver que ya había entrado toda.

    Notaba su pelvis y huevos pegados en mi culo, mientras Mustafá se terminaba de colocar, dejando que mi culo se acostumbrara a su polla.

    Ya, ya la tienes toda dentro, Dani. Ves que fácil entró. Tienes un culito muy tragón, deseoso de polla.

    ¡Ahhh! Que bueno está, Dani, ¡aaahhh! Que calentito y suave se nota.

    Empezó a mover su pelvis, haciendo que su polla entrara y saliera, rozando mi próstata con cada movimiento de pelvis que me daba.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Gemía al notar la polla rozarme la próstata, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ohhh!

    Te gusta, ¿eh maricón?

    Lo estabas deseando, ¿eh? Decía Mustafá, mientras metía y sacaba la polla dentro de mi culo.

    ¡Ahhh que culito! Cómo me gusta tu culito, Dani, ¡aaaahhh! que calentito y gusto me estás dando, ¡aaahhh! Que gusto.

    Llevaba un buen rato Mustafá sacando y metiéndome su polla en el culo, sin que paráramos de gemir, jadear, y cada vez sudar más, cuando me fijé que desde uno de los cañones de las escaleras que daban a la grada superior, estaba uno de los compañeros viendo como Mustafá me daba por el culo.

    En la posición que yo estaba, no podía distinguir muy bien quien era, ya que apenas había luz, y yo estaba muy inclinado. Para para, le decía a Mustafá, nos están viendo, le decía.

    Con pocas ganas Mustafá, dejó de mover su pelvis dejando su polla enterrada en lo más hondo de mis entrañas, para preguntarme. ¿Dónde está?

    Allá en las escaleras que vienen de la grada, le dije.

    Miró hacia allí, y comenzando a darme de nuevo por el culo, dijo, no te preocupes, es el cabrón de Juan. Le dije que hoy te iba abrir el culo y hacerte mío. Y el muy cabrón nos está espiando.

    También está loco por tu culito, y tiene muchas ganas de follártelo. Fue el que me dijo que estaba seguro de que a ti te iba el rabo.

    Mustafá seguía metiendo y sacando la polla en mi culo, jadeando y sudando cada vez más. Solo se escuchaba los suaves jadeos y el sonido de la polla al entrar en mi culo, chof, chof, chof.

    Mientras yo gemía al notar su polla palpitar dentro de mí culo, y notar cómo iba rozando mi próstata. A la vez que el nerviosismo se apoderaba de mí, temiendo que nos pillaran en aquella situación.

    Menos mal que Mustafá, ya empezaba a soltar todo el semen que llevaba, dejándome el culo lleno de esperma.

    Empezó a eyacular, a la vez que soltaba pequeños gritos, ¡ahhh! ¡ahhh! Dani, que culo, ¡ahhh! ¡ahhh! Te voy a preñar maricón, ¡ahhh! Jadeaba mientras iba soltando su esperma dentro de mi culo.

    Cuando terminó de eyacular, quedó tumbado sobre mí, dejando que su polla fuese saliendo poco a poco.

    Yo aún no me había corrido, pero estaba a punto de explotar, cuando hizo aparición Juan.

    Cabrones, que bien lo estáis pasando, decía mostrando su polla y huevos mientras se la estaba meneando.

    Tenía un empalme de campeonato, y unos ojos de lujuria, que no se apartaban de mí.

    Dejarme meterla a mí también, que quiero llenar ese culito con mi leche.

    Mustafá, se giró hacia un lado, dejando mi culito a la vista, libre y dispuesto a ser penetrado por la polla de Juan.

    No no, le decía yo, aquí no, que nos van a pillar, y además estoy cansado.

    Calla, decía Juan, ocupando el sitio de Mustafá, levantándome las piernas y metiendo su polla en mi culo.

    Mira que empalmado estás maricón. Si te gusta que te den por el culo más que a un niño un caramelo. Y sin contemplaciones, me metió la polla en el culo.

    ¡ohhh! Que culito, ¡ohhh! Que gustito y ganas tengo maricón. Decía mientras empezaba a meter y sacar su polla dentro mía.

    Ya se volvía a escuchar el chof, chof, chof, de la polla al entrar en mi culo, y ahora los jadeos de Juan, dándome por el culo.

    Mientras Juan movía su cadera metiendo y sacando su polla manteniéndome las piernas levantadas, con una de sus manos, agarró mi polla, haciéndome una paja. Cosa que hizo que me corriera casi al momento.

    Empecé a soltar trallazos de semen dando unos gemidos, ¡ohhh! ¡ohhh! Me corro, me corro, ¡ohhh!

    ¡Ay maricón! Que bien me aprietas la polla con el culito, ¡ahhh! Que gusto me das, ¡ahhh!

    Ya me corro, ya ya, ¡ay que gusto! ¡ay que gusto!

    Ahora era Juan el que se estaba corriendo dentro de mi culo. Soltó 5 trallazos en el fondo de mi culo. Sacó la polla, dejando que cayeran las últimas gotas sobre mis huevos y ano.

    Recuperamos el aliento, y antes de que me diera levantado, Mustafá, me lanzó un paño para que me limpiara. Límpiate un poco y vístete que tenemos que terminar con las almohadillas antes de que venga el jefe.

    Me vestí y nos pusimos a limpiar y ordenar las almohadillas, siendo ayudados por Juan, ya que él había terminado su trabajo.

    En cuanto tenían oportunidad de meterme mano, me sobaban el culo; ¡ay Dani que culito! Me decían, pasando la mano por el canal de mi culo y magreándome. Que bien lo vamos a pasar, Dani, te vamos a dar polla hasta dejarte preñado.

    Y así me tuvieron hasta que tuve que dejar el trabajo. No hubo semana que no me preñaran bien preñado de leche el culito.

    Mustafá consiguió que le entregara el culo, a cambio él siempre que podía me lo dejaba bien abierto, repleto de semen y muy feliz.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • You play whit me? (Sólo damas)

    You play whit me? (Sólo damas)

    ¡Hola bella dama!

    En esta ocasión no escribo una experiencia propia en sí.

    Tengo en mente, invitarte a jugar conmigo en este momento. Me dejes hacerte parte de mis pensamientos, y me permitas entrar en lo profundo de tus sentidos por un instante.

    ¿Te interesaría jugar?

    ¡Gracias por aceptar!

    Ponte cómoda, respira profundamente y presta atención.

    Estás en un sueño poco profundo, poco a poco quieres comenzar a abrir tus ojos y te das cuenta que están cubiertos por una suave tela que apenas entre su bordado semi transparente te deja ver la habitación donde estas justo ahora. Intentas moverte pero tus manos están cuidadosamente atadas, tratas de encontrar una explicación casi de forma desesperada al casi instante en la cual me escuchas mover la perilla de la puerta intentando abrir.

    Abro la puerta y apenas doy un paso adelante cerrando a la misma ves la puerta. Te quedas inmóvil tratando de mirar a través de la tela que cubre tus ojos quien es el que está frente a ti. Intentas hablar un poco pero te ordeno silencio con apenas un ¡Shh! De mis labios.

    Te quedas inmóvil por completo con nerviosismo, mientras apenas me observas y me escuchas caminar hasta la pared para apagar la luz principal. Enciendo un par de velas que acomodo en cada buro a lado de la cama donde te encuentras recostada. Me siento a lado de ti y sientes una caricia de mi mano sobre tu mejilla. Estarás muy nerviosa con ganas de gritar por ayuda, pero me acercaré a tu oído y te calmaré. No te haré daño, soy alguien que conoces, aquél que en algún momento fue participe de alguna de tus fantasías a solas. Obedece mis órdenes y prometo dejarte ir sin problema alguno.

    ¿Estás de acuerdo?

    Apenas querrás decir un ¡Sí! Cuando mi dedo silenciará tu respuesta. No digas una palabra por el momento, sólo relájate y cierra tus ojos.

    Mi pulgar comenzará a recorrer tus labios lentamente, observaré detenidamente tu cuerpo frente a mí. Mi mano bajará de tu boca por tu cuello de forma lenta, no tengo prisa alguna por el momento. Mis caricias llegaran al escote de tu atuendo que tienes en esta ocasión. La yema de mis dedos resbalarán por el medio de tus senos, sentiré tu suave piel en cada centímetro que recorro de forma lenta y suave. Podré escuchar el incremento de tu respiración, mi pulgar irá por encima de tu sostén, sentirás como acerco mi dedo justo donde tu pezón comienza a marcarse a través de tu sostén. Rodearé dicha reacción de tu cuerpo con mi dedo, sentirás como comienza a haber roce sobre tu pezón haciendo que se marque un poco más. Dejo por un momento mi juego y me dirijo al broche del frente de tu sostén para dejar tus senos al desnudo. Admiro por un instante tu cuerpo, tus bellos senos ahora disponibles por completo para mí, pero los dejaré sólo un instante.

    Me acercaré a tu boca, apenas a un centímetro de tus labios me detendré, soplare entre tus labios de un lado a otro, dejaré sientas mi cálido aliento recorrer tu boca. Mi boca recorrerá tu mejilla, hare que llegue justo a tu oído. Con la punta de mi nariz recorreré todo el borde de tu oreja de forma muy lenta. Me detendré y respiraré profundamente para ti. Escucharé un pequeño jadeo de tu parte a la par de tu respiración. Regresaré por el mismo camino hacia tu boca, dejare un suave beso a tus labios y continuaré mi camino por tu piel.

    Ahora mis labios continuarán bajando lentamente, tu cuello ahora será mi zona de juego. Dejaré sientas la mezcla de mis labios, mi respirar y la humedad de mi lengua. Quiero sientas como la punta de mi lengua recorre tu cuello, como tu piel de pronto se eriza lentamente. Te estremeces un poco y yo no detengo mi juego. Subo por el medio de tu cuello hasta tu mentón, lo tomo apenas y cuidadosamente con mis dientes, sosteniéndote observando como tu cuerpo cobra vida y comienza a moverse sobre la cama. Tu aliento cálido alcanza a sentirse entre mis labios, mi boca se acerca a ellos al mismo instante en el que te dejo sentir mi mano entre tus senos. Deslizo la punta de mi lengua entre tus labios, dejo saborees un poco de mi al instante en el que mi mano se desliza por tu vientre. Llego justo a tu ombligo, te regalo un beso suave mientras mi dedo medio recorre en círculos esa pequeña zona de tu cuerpo. Tu respiración aumenta y pequeños jadeos son emitidos por tu interior. Mi mano avanza un par de centímetro más abajo, llegan a tu cadera.

    Dejo tu boca un instante y me quedo simplemente frente a tu rostro, tú me observas muy apenas entre la venda que cubre tus ojos. Mis dedos comienzan a deslizarse lenta y suavemente por tu cadera, recorriéndote de un extremo a otro. Muy apenas mis dedos se introducen por el borde de tu panty interior que traes puesto hasta ahora. Llevo mi mano hasta una de tus piernas, la acaricio suavemente comenzando a subir de la misma forma. Separas tus piernas un poco más para mis caricias, mis dedos te recorren hasta llegar a la orilla de tu panty por tu entre pierna. Apenas y toco esa zona de tu cuerpo, tu cuerpo se mueve un poco y te calmo. Dejo por un momento mis caricias y te vuelvo a regalar un beso suave para calmar tu ansiedad. Quito mi camisa por completo y vuelvo a dirigirme a ti, nuevamente mis labios bajaran por tu cuello, dejando mis besos y la humedad de mi lengua mientras bajo a tus senos una vez más. Esta vez iré directamente a uno de tus pezones.

    La punta de mi lengua se deslizará por la areola de tu seno, será humedecida con mi lengua al recorrerle en forma circular. Apenas y tu pezón será tocado por mi lengua, tu respirar aumenta otra vez, y es cuando mis labios succionarán de lleno tu pezón a mi boca. Sentirás como lo llevo por completo a mi boca, lo disfrutaré y haré sientas lo mismo. Tiraré de él sólo un poco y volveré a llevarlo a mi boca, mi lengua lo lamerá a prisa entre juegos de mi lengua. Sentiré como se endurece entre mi boca, lo dejaré e iré por el otro para hacer el mismo proceso y dejarlos erguidos por igual.

    Una vez logrado dicho objetivo, me acomodaré entre medio de tus senos, lentamente con la punta de mi lengua iré bajando como lo hizo mi mano hace unos instantes.

    Llegaré justo a tu ombligo, le daré unos besos suaves y mi lengua comenzará su juego en él. Le rodearé en forma circular lentamente, sentiré como tu piel se eriza de nuevo, tu cuerpo comienza a temblar y tus jadeos se hacen emitir de tu interior. Me acomodaré entre tus piernas, las separaré apenas un poco mientras mi boca se acomoda sobre tu cadera. Mis labios imitaran lo que hace unos instantes hicieron mis dedos, irán dejando besos por tu piel de un extremo a otro.

    Al regresar al punto de inicio, será mi lengua quien devuelva el recorrido, humedeciendo ese camino de regreso. Moveré la punta de mi lengua por toda la línea de tu cadera, la misma que se elevará al sentirse recorrida por mi lengua. Me detendré justo en el medio y calmaré tu ansiedad un poco. Mi boca irá sobre tu pierna izquierda, comenzaré a subir desde tu rodilla a la altura de tu panty. Me acercaré al medio de tus piernas, las separaré otro poco y sin previo aviso, sacaré toda mi lengua y la deslizare por encima de tu panty, justo por todo el medio de tu sexo. Un gemido excitante será emitido de tu interior para mí, subiré hasta el borde de tu interior y con mi boca tiraré de ella. Comenzaré a deslizarlo por tus piernas, quiero dejar al descubierto tu intimidad, mirarte ahora por completo en tu desnudez.

    Mi lengua se acercará a tu sexo, tu humedad ya ha quedado al descubierto ante mis ojos que saborean cada gota esparcida por tu vagina, ahora mismo, la punta de la misma comenzará a deslizarse por un lado, justo por encima de uno de tus labios vaginales, sentiré apenas un poco de tu sabor, algo verdaderamente exquisito. Subiré por el borde hasta la altura de tu clítoris. No será tocado aún pero, ¿Recuerdas lo que mi lengua hizo sobre tu panty hace un instante?

    ¡Pues lo volveré a hacer!

    Volveré a acomodar mi lengua extendida en su totalidad desde abajo, y subiré por todo el medio de tu vagina. Ahora podrás y podré sentirte sobre mi lengua. Recogeré cada gota de ti, saborearé y disfrutaré todo lo que he provocado hasta este momento. Y por si fuera poco, repetiré una vez más lo que hice, pero esta vez lo haré de forma lenta. Mi lengua comenzará a subir pero esta vez jugando de un lado a otro. Sentirás como provoco que tus labios se extiendan al paso de mi cálida lengua saboreando toda humedad derramada por tu sexo. Esta vez llegaré hasta tu clítoris, es hora de subir el nivel un grado más. Me estacionaré a lado de él, tus piernas se separarán un poco más, mi lengua girará sobre él apenas tocándole, comenzaré a escuchar pequeños gemidos de tu ser, tu cuerpo estremeciéndose poco a poco, mi lengua apunta a él y comienza a darle de lamidas. Lo hago de forma lenta aumentando poco a poco su ritmo, lamidas suaves, largas y extensas son emitidas hacia tu clítoris. Lo siento endurecerse un poco entre cada paso que doy en él. Succiono un poco y tiro cuidadosamente de él, dejo sientas esas descargas de placer que recorren ahora mismo tu cuerpo. Doy una última lamida a tu sexo con mi lengua para separarme por un instante. Te dejo relajar por unos pocos segundos, buscas mi presencia apenas entre lo poco que puedes ver por tu venga, observas como me quito mi pantalón hasta quedar completamente desnudo ante ti.

    Subiremos un grado más.

    Subiré de nuevo a la cama, acomodándome entre tus piernas otra vez.

    Observarás apenas entre la poca luz que existe en la habitación mi desnudez, como mi excitación está por completo.

    ¡Y sii! Tú has provocado eso ahora.

    Tomaré mi miembro firme sobre mi mano, comenzare a estimularlo un poco apenas, entre ir y venir tirando de la piel para dejarlo totalmente erguido para ti. Tirare de su piel para descubrir la punta de mi miembro, misma que será llevada a tu sexo. Repetiré lo que mi lengua hizo pero ahora con una parte diferente. Acomodaré la punta entre tus labios y el juego de mi cadera iniciará, un vaivén hará resbalarme sobre tu sexo. Incrementando aún más esa humedad que probé y que me fascinó. Tu sexo sentirá la dureza de mi miembro que recorrerá de arriba abajo una y otra vez, presionando para no despegarme en lo absoluto de ti. La punta de mi miembro llegará a tu clítoris, lo estimulare con unos pequeños masajes queriendo escuchar nuevamente tus gemidos. Mi cadera seguirá su movimiento y ahora mi miembro comenzará a dejar mi humedad sobre la tuya, mezclándose ambas y ahora provocando pequeños gemidos de mí parte.

    Estaré excitado como tú, tirare de mi piel hasta mi base y llevare la punta a la entrada de tu sexo.

    Notaré como elevas un poco tu cadera, dándome la señal que ahora deseo.

    La punta de mi miembro hará presión sobre ti, dilatando tu sexo para recibirme, mis manos serán colocadas sobre tu cadera. Mis dedos se encajaran en la misma y comenzarás a sentir como de forma muy lenta, mi miembro empieza a hundirse dentro de ti. Lo haré de forma suave y lenta, deseo sentir el calor de tu sexo envolverme así como tú, cada centímetro de mi miembro resbalar por dentro.

    El vaivén de mi cadera será iniciado, mi dureza comenzará a recorrerte una y otra vez. Comenzaremos a gemir mutuamente, disfrutándonos a este punto ambos. Mis manos tiraran contra mi tu cadera, y yo contra ti la mía, encontrándonos ambos y disfrutando de este momento. Mis movimientos comenzarán a tomar más ritmo, se intensificarán mis embestidas para contigo, y me hundiré para ti como nadie jamás lo ha hecho hasta ahora en tu vida sexual.

    Me hundiré por completo en tu sexo, me inclinaré hacia tu cuerpo llevando una de mis manos bajo tu cadera para mantenerla elevada y así, me disfrutes totalmente dentro de ti. Mi cadera seguirá moviéndose una y otra vez, mi boca intentará atrapar tus pezones entre el movimiento de tu cuerpo con cada embestida que te regalo. Tus gemidos seguirán excitándome aún más, y me volveré imparable. Tu humedad me baña por completo y me hace resbalar en tu interior de forma exquisita. Beso con desespero tu piel, tu pecho dejando atrás tus pezones, subo para encontrarme con tu boca, te beso apasionadamente y respondes a mis besos de la misma forma, entregándote por completo a mí.

    Muerdo tu boca y continuo hundiéndome en ti, nuestra respiración se agita por completo, y nuestros gemidos aumentan entre las cuatro paredes de nuestra habitación.

    Busco tus manos una por una sin dejar de moverme y las desato, dejando ambas totalmente libres. Las envuelvo con mis manos, entrelazo tus dedos y las extiendo sobre nuestra cama. Tus piernas ahora me enredan y me jalan contra ti, siento tu deseo por tenerme completamente dentro de tu sexo. Nuestras ganas aumentan desesperadamente y nos dejamos sentir por completo.

    Dejo tus manos y voy en busca de tu piel, acariciarte como me sea posible en este encuentro que ahora disfrutamos los dos de la misma manera, tus uñas se encajan en mi espalda, siento como arañas mi piel y nuestros deseos aumentan más y más. Te miro fijamente sin parar de moverme, observamos a detalle nuestros gestos y escuchamos los gemidos que nos provocamos mutuamente. Mis manos rodean tu cuerpo, te abrazo y en un movimiento repentino hago giremos para dejarte sobre mí.

    ¡Es hora de dejarte tener el control!

    Te acomodas sobre mí y tu faena empieza.

    Tus movimientos maravillosos comienzan a hacerme gemir con fuerza, te observo de arriba abajo mientras cabalgas sobre mí. Miro a momentos como llevas todo mi miembro dentro de ti, observo como lo disfrutas, ese bello par de senos que posees moverse de un lado para otro excitándome aún más. Voy a ellos con mis manos, los disfruto mientras te elevas y te dejas caer en mí con una fuerza descomunal. Me haces tuyo ahora, eres tú quien me hace estremecer, quien hace que gima para ti y pida que no te detengas.

    Mis manos van sobre tu cadera, ayudan a no detenerte por nada en lo absoluto. Tus manos apoyadas sobre mi pecho hacen que tus movimientos se hagan frenéticos y deliciosos. El placer que provocas en mí es ahora indescriptible, tus gemidos aumentan y me das la señal de no poder contenerte un poco más. Yo estoy listo para entregarme a ti por completo y sé que tú ahora lo estás.

    ¡Terminemos juntos!

    Tus movimientos se vuelven desesperados, mis manos a como pueden te jalan contra mí, mi miembro vibra increíblemente dentro de tu sexo, de la misma forma siento el tuyo palpitar, atrapándome en lo profundo a la misma vez que lo estimulas deliciosamente. El placer aumenta rápidamente invadiéndonos de lleno, nuestros gemidos se hacen uno invocándonos culminar.

    No podemos contenernos más, nuestro placer llega a su límite así que de forma inmediata me levanto quedando frente a ti, buscando tu boca para besarte con desespero a la misma vez en la que mis manos buscan tus nalgas para hacer no detengas tus movimientos. Nos besamos desesperadamente ahogando nuestros gemidos, me dices entre gemidos que lo harás, y yo te pido hacerlo. Te mueves incesante y no puedes contenerte más, en un grito de placer comienzas a sentir tu maravilloso orgasmo que invade todo tu cuerpo por completo. Disfruto de ese momento de placer tuyo, siento tus exquisitas contracciones que estimulan mi miembro. Te mueves para mí pidiéndome, obedezco tu deseo y comienzo a derramar mis fluidos tibio en el interior de tu sexo, sientes como quema tu interior mientras poco a poco tus movimientos se van calmando.

    Quedamos temblando de placer frente a frente, exhaustos y sudando por tan delicioso final.

    Te giro para recostarte sobre la cama lentamente, me quedo sobre tu pecho un par de minutos, ambos en silencio sin decir una sola palabra, recuperando nuestro aliento lentamente. Pasan los minutos y te escucho tranquila, haz quedado agotada que el sueño te ha vencido. Sin hacer tanto ruido me levanto, me visto y me acerco a tu cara para dejarte una caricia acompañada de un beso a tus labios. Cubro tu cuerpo desnudo con la sabana y apago las luces. Me dirijo a la puerta para irme y dejarte descansar hasta el día de mañana.

    Espero haya sido una deliciosa experiencia para ti.

    Si lo deseas en un futuro, volveremos a encontrarnos una vez más.

    ****************************

    Te invito a dejarme un comentario, eso me ayudará a mejorar en mi próximo escrito para la comunidad.

  • Maduras anónimas (Cap. 10)

    Maduras anónimas (Cap. 10)

    Durante los días siguientes fui trazando el plan para poder juntar a Alex y a su madre. Mi amistad con el chico se había distanciado un poco por los recientes acontecimientos pero no hay nada que un par de cervezas entre hombres no resuelvan.

    Aquella tarde de domingo me encontraba con Alex en la azotea del complejo. Le pedí disculpas por mi comportamiento distante y se lo achaque a problemas familiares.

    -Sabes, estaba seguro que doña Elide te había convertido en su juguete sexual personal. Es la única razón que se me ocurre para faltar a las reuniones y aislarte así.- me dijo el chico.

    -Para nada, hombre. He de decir que mi experiencia con ella fue muy satisfactoria y reveladora.- le dije riendo.

    -Claro, échame en cara que tu si has podido disfrutar de ella. Carajo, que suerte tienes.- me dijo algo molesto.

    -oye Alex, dime una cosa, ¿tu alguna vez… has pensado… no se… alguna vez te la has jalado pensando en tu madre?- le dije tanteando la situación.

    -¿Pero qué clase de pregunta es esa, hombre?… la verdad es… bueno pues para que te miento, si lo he hecho un par de veces. Antes de entrar al grupo y decirle adiós a las pajas llegue a imaginar a mi madre mientras me la jalaba.- dijo el chico bastante apenado.

    -¿Y nunca has pensado en follartela?- le pregunte haciéndole escupir su cerveza.

    -¿Pero qué coño te pasa hoy haciendo ese tipo de preguntas? Pues es mi madre, hombre. No negare que tiene lo suyo y si fuera una de las inquilinas de aquí no lo pensaría dos veces para cogérmela, pero pues… es mi madre.- me dijo el chico alejando la mirada.

    Una vez confirmada la atracción del chico por su progenitora decidí poner en marcha el plan.

    -La verdad Alex, es que tengo un favor que pedirte. Mi madre ha entrado al grupo de Maduras Anónimas, supongo que era cuestión de tiempo dado que vivimos aquí y yo no puedo impedírselo. La cosa es que me gustaría que su primera experiencia fuera con un buen chico y honestamente no puedo pensar en nadie mejor que tú. ¿Qué dices?- le explique.

    -¿Estás hablando en serio?- pregunto completamente atónito.

    -Claro que si no quieres pues lo dejare a la suerte con el que le toque en la urna.-le dije para molestarlo.

    -¡NO!, claro que si quiero, digo… será todo un honor. Mas te vale que no sea una broma o te juro que te tiro de la azotea.- respondió Alex.

    -Claro que no, hombre. Y estoy seguro que para ti es un sueño hecho realidad. ¿Crees que no he visto las miradas que le lanzabas a mi madre?- le dije.

    -Hombre pues perdona que lo diga pero tu madre está muy buena. ¿Pero cómo le harás para que me toque su número en la urna?- pregunto el chico.

    -Ya he hablado con doña Elide y ella ha aceptado, esta será una de esas situaciones especiales por lo que su número no estará en la urna. Iras directo a mi departamento, no se te olvide ponerte la máscara para que no te reconozca.- le dije

    -Te prometo que la tratare bien, no te preocupes.- me dijo de manera sincera.

    -Sé que lo harás o seré yo el que te tire de la azotea.- le conteste.

    Ambos nos reímos y nos tomamos otra cerveza.

    Al día siguiente por la tarde me dirigí a casa de Alex sabiendo que este estaría fuera por asuntos de la uni y podría hablar con su madre a solas. En el camino iba recordando lo que sabía de doña Rosy; era divorciada, trabajaba de contadora en una oficina, físicamente era muy parecida a mi madre; gordita, con grandes seno y un enorme culo. Lo que las diferenciaba entre uno que otro detalle menor era que Rosy era rubia y mi madre morena.

    Llegue hasta mi destino y toque el timbre.

    -Hola, David. Tanto tiempo sin verte. ¿Cómo has estado?- me dijo doña Rosy al abrir la puerta, aun tenia puesto parte de su uniforme lo que indicaba que acababa de llegar del trabajo.

    -Muy bien, señora. ¿Puedo pasar?- le respondí.

    -Seguro pero Alex no se encuentra ahora, tiene práctica en la uni y tardara un buen rato pero puedes esperarlo si quieres.- contesto.

    -Ya lo sé, pero es a usted a quien vine a ver.- le dije dejándola intrigada.

    Una vez dentro ella se dirigió hacia la cocina por algo de tomar mientras yo me sentaba en el sofá de la sala. Al verla alejarse pude admirar su increíble retaguardia. Ahora que ya conocía el cuerpo de mi madre a la perfección note que doña Rosy tenía un culo más grande que el de mi progenitora.

    Regreso con un par de vasos y me ofreció uno para luego tomar asiento en el extremo opuesto del sofá.

    -¿Y dime cómo has estado? Hace tiempo que no te veía por aquí. ¿Cómo está tu madre?- me pregunto.

    Por mi parte decidí no andar con rodeos y saque las bragas que me había entregado luego de nuestro encuentro y la máscara que usaba para las reuniones.

    -Estoy seguro que reconoce estas bragas, señora. Al igual que esta mascara.- le dije mostrándole los objetos.

    La mirada de terror y asombro en el rostro de doña Rosy me indicaban que era claro que reconocía aquellos artículos.

    -¿De… de dónde has sacado eso? ¿Q-quieres decir que tú eres uno de ellos…?- la señora no podía articular palabra ante tal revelación.

    -Seré sincero con usted, nuestro encuentro fue una experiencia inolvidable que en verdad me gustaría repetir. Después de todo usted es una mujer muy hermosa además de muy buena en la cama. Claro que si se rehúsa no me quedara más remedio que contarle lo sucedido a Alex. Supongo que eso será el fin de mi amistad con el pero aún más importante que pensara de usted cuando sepa la verdad. Cuando sepa que su madre lo desea y anda por ahí follando jóvenes como el, podría acabar bien o podría acabar muy mal.- le dije.

    -No puedes decírselo. E-él nunca te creerá.- me dijo muy consternada.

    -Dado que él ya sabe lo que sucede en el complejo encontrara muy revelador el descubrir a su madre entrando al departamento especial.- le dije sacando mi teléfono y mostrándole un video de ella caminando por el lugar hasta entrar al departamento 302. Aquel video había sido una colaboración de Doña Elide quien estuvo más que dispuesta ayudar cuando le conté mi plan.

    La verdad era que me sentía un poco mal por hacerle aquello pero si todo salía bien habría valido la pena.

    Doña Rosy me miro con furia en los ojos y por un momento pensé que no aceptaría pero solamente lanzo un suspiro de resignación.

    -Está bien, tú ganas. Dime donde y cuando.- dijo sin siquiera intentar esconder su enojo.

    -Antes que nada me gustaría saber ¿desde hace cuánto es que desea a su hijo?- le pregunte sentándome en el extremo opuesto del sofá.

    Ella me miro con indignación, seguramente deseosa que me largara de ahí cuanto antes, pero yo sabía bien por experiencia propia que con certeza ella deseaba hablar con alguien respecto al tema y sacarse del pecho lo que la acongojaba. Suspirando resignada una vez más comenzó su relato:

    -Desde hace unos meses. Mi relación con Alex tuvo un serio golpe luego del divorcio, a pesar de nuestras diferencias mi ex esposo había sido un buen padre y él lo quería mucho. No le agrado del todo que yo obtuviera la custodia y mucho menos cuando tuvimos que mudarnos lejos de el por mi trabajo y debido a este último cada vez pasábamos menos tiempo juntos. Los primeros meses no hacíamos nada más que pelear y discutir hasta que un día, de la nada el comenzó a portarse mejor, más amable que de costumbre, ayudaba con algunas tareas en la casa y las discusiones eran cada vez menores. Imagine que tal cambio se debía a que por fin se había acostumbrado al nuevo ambiente.

    Una noche al llegar lo descubrí saliendo de la casa. Temiendo que estuviera en malas compañías o en algo peligroso lo seguí de cerca hasta llegar al complejo y entrar a aquel cobertizo, me quede un rato esperando hasta que salió junto a otros jóvenes portando una máscara. Aquello era sumamente sospechoso y nuevamente lo seguí a escondidas. Llego hasta uno de los departamentos y luego de tocar en la puerta entro en su interior.

    Yo estaba preocupada. ¿Qué clase de asuntos tenía en aquel lugar? Me acerque a la puerta y escuche con atención. Adentro se oían risas que luego se transformaron en gemidos, estaba sumamente impactada. Buscando confirmar mis sospechas localice una ventana y me asome por ella, afortunadamente no estaba del todo cubierta y pude observar lo que ocurría en el interior del departamento.

    Con gran asombro vi como mi hijo se follaba a una señora mayor que yo; me quede completamente petrificada, ¿Qué debía hacer? ¿Cómo reaccionar ante una situación así? Mi mente se quedó en blanco y mi cuerpo no reaccionaba. Tenía que salir de ahí para decidir qué hacer pero los gemidos de la mujer eran cada vez más intensos, el morbo me mantuvo observando mientras veía como Alex penetraba con fuerza a esa madura; parecía que mi hijo sabía lo que hacía por la forma de gemir y gritar de esta.

    Observe nuevamente con más atención la acción que sucedía en el interior, Alex tenia a la madura bien abierta sentada en un sofá, mi hijo la embestía con fuerza haciende que esta se estremeciera y gritara pidiendo más, era algo hipnotizante el verlos follar. Sin siquiera darme cuenta ya me estaba frotando el coño por encima de mis bragas que se humedecían cada vez más.

    Finalmente mi hijo embistió con fuerza a la mujer quien soltó un gran gemido anunciando que había alcanzado su orgasmo. Alex se retiró de ella y pude ver como su leche escurría de aquel coño peludo. Pero también pude ver la polla de mi hijo la cual aún se mantenía rígida y poderosa. La señora se levantó y tomándolo de la mano lo llevo fuera de mi vista, seguramente al dormitorio a continuar la faena.

    Recupere la cordura y me sorprendí de lo húmeda que estaba. Tratando de pensar con claridad comencé a alejarme del lugar pero antes de poder hacerlo una mujer me detuvo; se identificó como la dueña del lugar. Me llevo hasta su departamento y me explico todo lo que ocurría ahí con los chicos y las señoras. La mujer fue directa al grano, si yo planeaba contarle a alguien lo que había visto ella tenía los medios suficientes para hacer que me arrepintiera. Parecía que no sabía que Alex era mi hijo.

    Sin embargo a cambio de mi silencio me ofreció poder probar aquel peculiar servicio que ofrecía utilizando un departamento especial para quienes no eran inquilinas. Salí corriendo de ahí sin decir palabra. Nunca había estado tan horrorizada en mi vida, ¿Cómo se le ocurría a aquella mujer que yo estaría interesada tan siquiera en formar parte de ello? No le diría nada a nadie pero en cuanto a mi hijo hablaría con él para evitar que regresara a ese pervertido lugar.

    Llegue a casa y me quede esperando que Alex regresara para encararlo. Desafortunadamente había tenido un día pesado en la oficina y el cansancio me venció antes que me diera cuenta y caí dormida en el sofá.

    Desperté ya entrada la madrugada y me sorprendió ver que alguien me había colocado una sábana para cubrirme, no podía ser otro que mi hijo. Me dirigí a su habitación y lo encontré profundamente dormido. Pensé en despertarlo para recriminarle lo que había visto pero caí en cuenta que eso solo dañaría nuevamente nuestra relación que apenas y comenzaba a repararse. Supuse que su cambio de carácter se debía muy posiblemente a sus encuentros con aquellas maduras, como una especie de desahogo sexual.

    Suspire resignada y decidí dejar las cosas como estaban, buscaría ayuda acerca de que hacer al respecto pero cuando me disponía a retirarme algo me hizo detenerme, el recuerdo de la polla de mi hijo, de cómo entraba y salía de aquel chocho maduro, los gritos de la mujer vuelta loca de placer. Aun no podía creer que mi hijo, a quien todavía consideraba un niño pudiera hacer el tipo de cosas que había visto.

    Por más que trate no pude apartar de mi mente la visión de aquel pedazo de carne erecto. No sé qué se apodero de mí esa noche pero una fuerza en mi interior me motivo a hacer algo que aun hasta hoy me avergüenza.

    Con lentitud me fui acercando hasta él; como era verano lo encontré durmiendo solo con sus calzoncillos. Me arrodille en silencio y poco a poco comencé a despojarlo de aquella prenda. Ante mis ojos hizo su aparición su miembro que también dormía, habían pasado muchos años desde la última vez que lo había visto. A pesar de estar en letargo se veía grande, al menos más grande que los que había visto. Sabía que lo que estaba haciendo no era correcto, mi sentido común me gritaba, me imploraba que me retirara pero algo dentro de mí se resistía, había una parte de mí que deseaba verla en todo su esplendor de cerca.

    Con sumo cuidado acerque mis manos hasta ella y la acaricie con delicadeza; recordé aquellas veces anteriores cuando solía bañarlo y comenzó a tener sus primeras erecciones. Alex se moría de vergüenza cuando eso sucedía y yo lo encontraba de lo más tierno. Pero lo que estaba haciendo ahora no tenía nada de tierno; era algo prohibido e inmoral. Aun así no podía detenerme, poco a poco aquel pene comenzó a despertar gracias a mis atenciones.

    Lo seguí acariciando con ahínco hasta que se levantó majestuoso frente a mí.

    Me quede unos minutos inmóvil observando aquel erecto pedazo de carne. Comencé a sentirme acalorada, ansiosa, respiraba con dificultad. Una vez más mi cerebro me gritaba que saliera de ahí pero mi cuerpo seguía sin responder.

    La verdad es que había pasado bastante tiempo desde que había tenido relaciones sexuales. La última vez había sido antes del divorcio, cuando mi ex y yo aún intentábamos reparar nuestro matrimonio. Cuando llegamos a la ciudad tuve un par de citas pero nunca llego más allá de un faje rápido. Nunca me he considerado una mujer fogosa pero la polla de mi hijo estaba despertando nuevas sensaciones en mí, las cuales me hacían sentir como una depravada.

    Aun no puedo comprender que me llevo a cometer aquel acto impuro pero sin poder detenerme me lleve la polla de mi hijo a la boca y comencé a darle una mamada. Para fortuna mía Alex siempre ha tenido el sueño pesado y simplemente se limitaba a emitir pequeños gemidos mientras disfrutaba de lo que hacía.

    Dios, nunca había probado tal delicia ni tampoco tenido algo tan grande en mi boca. Apenas y podía tragarla toda, sentía como esa gorda verga me llegaba hasta lo más profundo de la garganta y eso me excitaba. Hice a un lado mis bragas completamente empapadas y con mi mano libre comencé a masturbarme. Mis dedos entraban y salían de mi coño al compás de la mamada que le estaba propinado a mi hijo.

    Con la otra mano me dedicaba a pajearlo mientras sacaba y metía su verga de mi boca. No sabía si se había limpiado luego de su encuentro con aquella mujer pero no me importaba. Aquella verga me sabía a gloria, su morada cabeza era cubierta por mis labios dándole delicados chupetones. Mi mano apenas podía abarcar todo su grosor mientras continuaba pajeandolo. Sentía como mis jugos recorrían mis piernas hasta llegar al suelo haciendo un charco debajo de mí.

    Finalmente mi hijo se convulsiono entre sueños y soltó un potente chorro de esperma que lleno mi garganta por completo.

    Me saque la polla de la boca y caí sentada mientras intentaba no desperdiciar ni una gota de aquella deliciosa leche y pronto la hice desaparecer toda en mi boca.

    Jadeando agitadamente la realidad me cayó de golpe ante lo que había hecho.

    Estaba horrorizada por aquel acto despreciable que había cometido, ¿cómo pude caer tan bajo? ¿Qué clase de madre es capaza de hacer aquello? Volví a cubrir la polla de mi hijo y limpiando mis jugos del piso salí corriendo de ahí y me encerré en mi habitación.

    A pesar de sentirme sucia e inmoral aún estaba caliente, tome mi confiable vibrador y me masturbe con furia hasta hacerme correr varias veces mientras imaginaba que mi hijo me follaba.

    Los días siguientes estuve como ausente, trate de enfocarme en mi trabajo pero apenas tenía un momento de descanso y venía a mi mente mis acciones de esa noche. Para colmo cada día me sentía más excitada, especialmente cuando veía a mi hijo. Comencé a masturbarme todas las noches e incluso empecé a usar su ropa interior manchada de semen para tratar de saciar mi calentura.

    Necesitaba una buena follada para poder superar eso. Fue cuando recordé la invitación de doña Elide. Me dirigí ahí un día y ella me indico que la propuesta aún seguía en pie.

    Una semana después estaba yo en aquel departamento con una máscara para ocultar mi identidad. Mientras esperaba la llegada de mi joven amante una duda vino a mi mente; la misma duda que había tenido desde que decidí realizar aquello: ¿Qué haría si mi hijo era quien aparecía ahí?

    Yo sabía la respuesta pero me daba temor aceptarla y aún más el cómo reaccionaría mi hijo. Cuando el chico asignado llego no pude deducir su identidad por la máscara pero al ver su polla sabía que no trataba de mi hijo. La verga de Alex se me había quedado grabada en la mente pero aun así me dispuse a disfrutar el encuentro. Ese joven fue todo un caballero, noto mi nerviosismo y me trato con dulzura, me follo como hacía tiempo no lo hacían pero durante todo el encuentro yo no podía apartar a mi hijo de mi mente. Imagine que era el quien me cogía y me hacía alcanzar orgasmo tras orgasmo.

    Esa noche de regreso en casa permanecí despierta, me sentía satisfecha por el encuentro, más tranquila y relajada. Pero una parte de mi aún no estaba del todo tranquila, era la parte que me había llevado a cometer aquel acto pecaminoso noche atrás, que me incitaba a cometerlo de nuevo, era el deseo que sentía por mi hijo.

    Contacte de nuevo a doña Elide para saber si podría ser parte de la siguiente reunión pero dado mi estatus tendría que esperar hasta que el cuarto estuviera disponible.

    Afortunadamente solo tuve que esperar mes y medio para que ello pasara. Mientras tanto me desahogaba masturbándome mientras leía relatos de incesto entre madre e hijo y veía videos porno de la misma temática. Antes de mi segundo encuentro se me ocurrió aquel juego de roles entre madre e hijo y el chico que me toco hizo muy bien su labor pero una vez mas no era a quien deseaba. Siempre asisto a aquel departamento con la pequeña esperanza que el juego de roles se convierta en realidad pero sin embargo no he tenido suerte. De todos los jóvenes con quien he estado tu polla es la que más se ha asemejado a la de mi hijo, por eso revele mi identidad durante nuestro encuentro, asumiendo que si tú eras mi hijo el calor de la pasión te haría aceptarme. Vaya lógica la mía, ¿no?

    No sé qué pienses de mi luego de oír todo esto pero si te pido por favor que no le digas nada a Alex; así como me emociona también me aterra como pudiera reaccionar y no me gustaría que se alejara de mi.- dijo doña Rosy concluyendo su relato.

    Nos quedamos en silencio varios minutos, ella permaneció sentada con las manos cruzadas sobre su regazo y la mirada baja esperando que yo dijera algo al respecto de lo que me había contado; el enojo que tenia se había desvanecido, se le notaba más tranquila y serena, puede ver que aquello la atormentaba desde hacía tiempo y tenía ganas de contárselo a alguien en busca de ayuda y desahogo.

    Pero también había algo más en ella, algo que se hacía cada vez más evidente en el silencio de aquella habitación: estaba excitada.

    Podía notarse por como frotaba sus piernas cruzadas, como sus manos jugaban con ellas mismas, su respiración era un tanto agitada, seguramente el relatar aquello la había encendido.

    La observe más detenidamente, llevaba tacones negros así como medias cafés y una falda negra; una blusa blanca acompletaba aquel tradicional atuendo de oficinista. La blusa se pegaba a sus grandes pechos y pude notar como sus pezones se marcaban en ella, estaban erectos. Mi madre tenía la costumbre, incluso desde antes que comenzáramos nuestra relación, que al llegar a casa se deshacía de su sostén para poder darle un descanso a sus aprisionados senos luego de oprimirlos todo el día. Parecía que doña Rosy era igual, seguramente mi inesperada llegada le había hecho colocarse a prisa la blusa sin el bra.

    Lo cierto era que yo también me había excitado con el relato y tenía ganas de volver a probar a aquella deliciosa madura.

    Con rapidez acorte la distancia entre nosotros y de manera sorpresiva la tome entre mis brazos. Ella trato de decir algo pero la calle con mis labios mientras mis manos comenzaban a recorrer su anatomía. Ciertamente estaba excitada pues puso muy poca resistencia y antes que me diera cuenta sus manos también comenzaron a recorrer mi cuerpo.

    Lleve una de mis manos a sus pechos donde pude sentir sus pezones endurecerse contra la tela de su blusa, confirmando el hecho que no llevaba sostén. Ella por su parte bajo sus manos hasta mi entrepierna llegando hasta mi dura verga que se marcaba contra mi pantalón.

    Sin mucho tiempo disponible doña Rosy dejo libre mi verga y comenzó a pajearla con rapidez, por mi parte yo abrí su blusa de un tirón haciendo que sus grandes tetas saltaran al descubierto y sin perder un instante me dirigí hacia ellas para chuparlas con fuerza haciendo que sus pezones se pusieran duros. Los gemidos de la madre de mi amigo pronto se hicieron cada vez más intensos y sus atenciones con mi polla aumentaron.

    Con la mano libre me dirigí hacia su entrepierna y metiendo mi mano por entre sus bragas llegue hasta su hambriento coño. Luego de buscar un poco encontré su clítoris y lo frote con ganas haciendo que la mujer gimiera.

    Sabiendo que no teníamos mucho tiempo ella me aparto para acomodarse en el sofá con las piernas abiertas, se levantó la falda del trabajo y dejo expuestas sus bragas las cuales estaban tan húmedas que ya habían empapado incluso sus medias de nylon.

    Tan desesperada como estaba, doña Rosy rompió aquellas medias a la altura de su entrepierna y sin tiempo que perder y sin decir palabra hizo un lado su ropa interior exponiendo su coño empapado por sus jugos y tomando mi dura polla la guio hacia su ansiosa raja donde la hundí de golpe en su interior haciendo que gimiera de placer.

    No teniendo mucho tiempo la folle con fuerza contra el sofá sosteniendo sus piernas en alto.

    La madura gemía y gritaba de placer, se aferraba con fuerza al sofá mientras mis embestidas la hacían gozar. Empujaba con fuerza mis caderas disfrutando de aquel delicioso chocho maduro, doña Rosy jadeaba y gemía cada vez más hasta que finalmente se corrió y pude sentir como sus jugos empapaban mi verga. Pero yo aún no alcanzaba el orgasmo así que sigue penetrándola contra el sofá arrancando nuevamente gemidos de sus labios. Finalmente llegue al orgasmo y sin aviso descargue mi leche dentro de su peludo coño.

    Caí sentado en el piso jadeando buscando recuperar el aliento mientras la señora yacía exhausta en el sofá. Podía ver que al igual que mi madre aquello no había sido suficiente y tenía ganas de mas, por mucho que me hubiera gustado complacerla el tiempo se nos había terminado y Alex podía llegar de un momento a otro.

    Recompuse mis ropas y me dirigí hacia la salida del departamento dejándola tendida semidesnuda en el sofá de su sala.

    -Nos vemos este viernes por la noche en mi casa. Mi madre trabajara el turno nocturno por lo que estaremos solos. Asegúrese de usar algo sensual y le prometo que la dejare satisfecha toda la noche. Podremos realizar aquel juego de roles que tanto le gusta si quiere.- le dije y salí del lugar.

    Esa noche le explique el plan a mi madre que estaba tan ansiosa como yo. Esperábamos que todo saliera a pedir de boca ya que de ser así nos esperaba un futuro lleno de placer y nueva experiencias.

    El día en cuestión le envié un mensaje a doña Rosy informándole de la hora. También le dije a Alex que no fuera al cobertizo y viniera directamente al departamento unos minutos después.

    Mi madre y yo decidimos abstenernos de tener sexo durante la semana para poder disfrutar plenamente lo que estaba por suceder. Esa noche ella su parte escogió un sensual atuendo para recibir a mi amigo. Era un negligé rojo con medias de seda negras. Sus enormes pechos colgaban libremente mientras que su delicioso coño era cubierto por una tanga de la cual asomaban unos cuantos vellos de su mata de pelo púbico. Se veía espectacular, tanto que tuve que resistirme a la tentación de follarla ahí mismo.

    Sonó el timbre indicando que doña Rosy había llegado y mi madre corrió a esconderse. Abrí la puerta y ahí se encontraba ella vestida de manera casual, con un vestido de estampado floral. Ya no había disgusto en su rostro sino deseo y el ansia de placer

    -Hagamos esto de una vez.- me dijo al entrar y apenas se cerró la puerta se lanzó contra mí besándome con lujuria, metiendo su lengua en mi boca y buscando mi verga que ya se encontraba completamente despierta.

    -Paciencia, señora. Hay que hacer las cosas con calma. Tenemos toda la noche. Pasemos a mi habitación.- le respondí al apartarla de mí.

    Una vez estuvimos dentro cerré la puerta y me senté en la cama. Faltaban al menos 10 minutos para que Alex llegara por lo que decidí jugar con ella un rato.

    -Espero que haya hecho caso de mi sugerencia y haya traído algo sugerente y atrevido.- le dije.

    Con rapidez se retiró el vestido enseñándome lo que traía debajo que enseguida me puso dura la polla. Era un sensual babydoll morado con bragas que hacían juego. La tela era transparente por lo que podía ver sus pezones y su coño peludo a través de esta.

    -mmm, sí. Veo que me hizo caso. Ya había olvidado lo precioso que es su cuerpo, señora. El otro día no puede deleitarme con él por la prisa pero hoy puedo admirarlo con toda calma- dije acercándome a ella y esta vez fui yo quien le metió la lengua en su boca hasta encontrar la suya.

    Mientras mis manos recorrieron su figura hasta llegar a su pecho haciendo a un lado la tela deje libere aquel par de grandiosas tetas. Acto seguido me lance sobre ellas y comencé a chuparlas con gusto. Doña Rosy se deshizo entre mis brazos y leves gemidos escapaban de sus labios mientras yo chupaba y lamia sus pezones que comenzaban a reaccionar ante mis esfuerzos.

    Deslice una mano hasta su coño y lo toque por encima de sus bragas las cuales se humedecían gradualmente. Frote aquel peludo coño por encima de su prisión de tela mientras seguía chupando esos magníficos senos.

    Me separe de ella y rápidamente me desvestí enseñándole mi dura verga. Pude ver la lujuria en sus ojos, seguramente al recordar como aquel miembro la había hecho gozar anteriormente.

    Sin tener que decirle nada ella sola se arrodillo frente a mí y se llevó mi miembro a su ansiosa boca. Como una posesa se introdujo toda mi verga en la boca tragándola por completo.

    Aquella tarde anterior no había quedado completamente satisfecha y ahora teníamos todo el tiempo del mundo para gozar.

    Sus labios trabajan mi polla con ahínco, salivándola por completo y metiéndosela hasta casi el fondo de su garganta. Le gustaba jugar con su morada cabeza dándole húmedos chupetones.

    Un leve golpe en la puerta me indico que Alex había llegado por lo que la hice detenerse y sentarse en la cama mientras encendía la computadora.

    -Antes de continuar hay algo que quiero que vea. Un pequeño show que estoy segura disfrutara mucho.- le dije.

    Encendí el monitor y ante nosotros apareció en la pantalla el cuarto de mi madre. Luego de unos segundos mi madre y Alex entraron el rango de visión, ambos llevaban sus máscaras puestas para ocultar su identidad.

    -Espero que seas bueno conmigo. Es mi primera vez en este grupo y ha pasado tiempo desde la última vez que tuve sexo.- dijo mi madre.

    -No se preocupe señora, la tratare muy bien. Ya vera lo bien que nos la vamos a pasar.- dijo Alex.

    Acto seguido mi madre se deshizo del vestido que llevaba enseñándole su sensual atuendo a mi amigo. Este se quedó con la boca abierta ante tal celestial visión.

    -¿Qué pasa? ¿Acaso no te gusta?- dijo mi madre haciendo un sensual puchero.

    -No es eso, señora. Es que la verdad esta increíble, se ve usted preciosa.- dijo mi amigo y rodeo con sus brazo a mi madre para comenzar a besarla con pasión.

    Mientras aquellos amantes comenzaban a disfrutar de su encuentro, en mi habitación la situación era diferente. Doña Rosy había reconocido casi al instante la voz de su hijo y miraba asombrada la acción.

    -¿E-es mi hijo?- pregunto.

    -Sí y es en vivo, en estos momentos esta con una madura conocida mía que acepto a transmitir el encuentro. Me imagine que si no puede estar con él pues al menos puede disfrutar observándolo.- le respondí.

    De regreso en la pantalla mi madre había descendido hasta quedar de rodillas frente a Alex y sin apuros comenzó a liberar su polla de su confinamiento. La verga de mi amigo ya estaba completamente erecta y mi madre la admiro por unos instantes además de menarla un poco para la cámara para deleite de la otra mujer.

    -Mmm, que buena herramienta tienes, corazón. Además se ve deliciosa. Con tu permiso.- dijo mi madre y acto seguido la hizo desaparecer dentro de su boca.

    Doña Rosy no apartaba la vista del monitor hipnotizada al ver a su hijo en acción. La veía relamerse los labios mientras observaba como mi madre le comía la polla deseando ser ella la que degustara aquel duro fierro de carne. Por mi parte yo imite a mi madre y me arrodille frente a la madura abriéndole las piernas para encontrarme con su peludo coño. Haciendo un lado la tela que lo cubría dirigí mi lengua hacia su interior donde sus exquisitos jugos comenzaban a brotar producto de su excitación.

    Doña Rosy seguía embelesada con la acción en el monitor, soltando pequeños gemidos mientras yo continuaba deleitándome con su coño y buscando un poco de su atención me dirigí hacia su oscuro agujero donde metí mi lengua por entre sus pliegues haciéndola saltar de gusto.

    -Mmmm, había olvidado lo bien que se sentía eso. Discúlpame si estoy ausente pero es que no puedo dejar de verlo.- me dijo.

    -No se preocupe, señora, después de todo hice esto pensando en usted, para que se desahogue un poco pero tampoco se olvide de mi.- respondí para luego regresar a mi labor.

    Yo no podía ver lo que sucedía en el monitor pero si podía escuchar los sonidos de la mamada que mi madre le propinaba a mi amigo y los gruñidos de este que demostraban lo mucho que estaba gozando.

    Doña Rosy comenzó a acariciar mi cabello con una mano mientras jugaba con sus senos con la otra y comenzaba a gemir al sentir como el placer invadía su cuerpo.

    Usando mis dedos escarbe aquel cada vez más mojado agujero y una vez los tuve bien empapados los lleve hasta el agujero posterior y los introduje lentamente haciendo que la señora gimiera con más fuerza, todo esto sin descuidar su raja donde tenía metidos otros 3 dedos. Con mis manos trabajando pude levantar mi vista para ver que sucedía en la pantalla y observe a mi madre trabajando en la polla del chico con el mismo ahínco que yo.

    Gracias a nuestros encuentros y a la práctica podía tragarla por completo hasta la base mientras jugaba con las bolas que seguramente estaban por reventar.

    Mi madre se la sacaba por completo para luego pajearla con suavidad mientras veía hacia arriba deleitándose con las expresiones de Alex que le indicaban lo buena que era.

    -Ah, señora que gusto, es una experta mamando. Si sigue así no durare mucho- escuche decir a Alex.

    -En ese caso será mejor que pasemos a lo siguiente pues ansió sentir tu leche en mi coño. Respondió mi madre.

    -Qué le parece si nosotros también pasamos a la acción.- le dije a doña Rosy levantándome de entre sus piernas.

    En la pantalla mi madre estaba desnudando a Alex sin dejar de besarlo para luego subir juntos a la cama donde mi amigo se dispuso a chupar los grandes senos de mi madre. Ella gozaba las atenciones del joven y le devolvía el favor acariciando su polla para mantener su erección.

    Mi madre hizo que Alex se acostara en la cama y ella se colocó encima de él dándole la espalda lista para cabalgarlo. Mi madre disfrutaba el montar una buena polla y además esa posición me permitía ver con claridad como la follaban.

    De un solo sentón hizo que su coño se tragara todo aquel pollon y lanzo un largo gemido al sentirse incrustada.

    -Sera mejor que te prepares, querido, este será un viaje muy movido.- advirtió mi madre.

    Una vez dicho aquello comenzó a montar una verga como solo ella sabe hacerlo. Se movía de manera descontrolada mientras subía y bajaba sobre ese palo carnoso haciéndola gemir de placer.

    -Ummmm, mi vida, que rico, siii, que buena polla tienes, corazón, mmmmm, asiiii.- decía ella disfrutando del encuentro.

    Debo admitir que me excito increíblemente el ver a mi madre cabalgando una polla, ella en verdad parecía estar disfrutándolo y eso me hizo muy feliz.

    Por mi parte yo coloque a mi amante acostada de lado mirando hacia el monitor para que juntos pudiéramos disfrutar del show.

    Le levante una pierna y le deje ir toda mi polla dentro de su panocha haciéndola estremecer.

    -Mmmm, que salvaje eres, David, pero así me gusta. Métemela toda con fuerza, mmmmn, massss.-gimió doña Rosy.

    Siempre dispuesto a obedecer la folle salvajemente sosteniendo una pierna en alto para hacer más profunda la penetración, ella gemía y jugaba con sus senos gozando del encuentro.

    Mi madre se encontraba inclinada hacia delante mientras seguía montando esa verga y sus enormes tetas se bamboleaban sin control. Pensé en lo mucho que me gustaría estar ahí con ella dándole mi polla para chupar para aumentar su placer.

    Eso me hizo cambiar de posición y coloque a doña Rosy de frente y la penetre en posición de misionero para así poder tener más facilidad de jugar con sus grandes pechos. Los apretuje y sobe con fiereza sin dejar de taladrarla con la misma furia. Los gemidos de la mujer se estaban convirtiendo en gritos de placer y sabía que podrían delatarnos en la otra habitación así que hice chupara mis dedos para mitigar un poco el ruido.

    Al ver la pantalla mi madre había bajado la intensidad de su cabalgata y con sus manos jugaba con su coño abriéndolo dejando ver como la polla del chico entraba y salía de su interior. Luego miro directamente a la cámara haciendo muecas de placer mientras se relamía los labios de gozo. Esto no hizo más que excitarme aún más y taladre con más fuerza el coño de mi amante totalmente loca de gusto.

    Mi madre se lanzó hacia atrás apoyándose con las manos sobre la cama para hacer más visible su cogida, de repente las manos de Alex que hasta ahora se habían limitado a acariciar su anatomía se lanzaron a sus bamboleantes tetas y comenzaron a acariciarlas y apretarlas suavemente provocando aún más gemidos en mi progenitora. A mi madre le volvía loca que jugaran con sus senos.

    Ella seguía moviéndose sobre la verga y disfrutando como el chico jugaba con sus tetas y pezones.

    -Así mi vida, mmmm, apriétamelas con fuerza, ufffff, que rico, massss.- escuchaba gemir a mi madre.

    De las bocas de manas mujeres escapaban sonidos de placer intensos mientras cada chico se esmeraba en hacerla alcanzar el orgasmo. Finalmente el ganador fue Alex pues un claramente audible gemido anuncio el clímax de mi madre, por fortuna doña Rosy estaba perdida en su propio placer y no lo escucho. Viéndola convulsionarse y temiendo que soltara un gemido de igual o mayor intensidad le aplique una fuerte embestida al tiempo que me lance hacia adelante y acalle sus labios con los míos. Ella me abrazo con fuerza mientras el orgasmo invadía su cuerpo provocándole espasmos de placer.

    -Espera vamos a cambiar de posición.- dijo mi madre desmontándose de la verga de Alex y al hacerlo siguiendo lo que habíamos acordado le retiro por “accidente” la máscara a mi amigo revelando su identidad.

    -¡¿Alex?! ¡¿Pero cómo es posible?! – dijo mi madre fingiendo sorpresa y enojo retirándose la máscara también.

    -Lo siento, doña Margarita, no se suponía que usted supiera quien soy.- respondió el chico totalmente apenado.

    -Sabía que era una mala idea el formar parte de esto, dios bendito nunca espere que me tocara un conocido. ¿Y ahora que voy a hacer? ¿Cómo puedo volver a verte luego de esto?- dijo mi madre interpretando su papel.

    -No se preocupe señora. No le diré a nadie de esto, mucho menos a su hijo. Será mejor que me vaya.- dijo Alex disponiéndose a recoger su ropa.

    -Espera, sé que es una situación un tanto extraña pero debo admitir que sabes bien lo que haces y la verdad es que yo estoy bastante necesitada. Estoy segura que no hará daño el terminar lo que empezamos siempre y cuando esto quede entre nosotros.- dijo mi madre acercándose al chico.

    -Pero por supuesto, señora. No es la primera vez que hago esto sabe.- respondió Alex.

    -Mmm, eso pude notar. Y no me digas señora, llámame Margarita.- dijo mi madre antes de abrazar a mi amigo y besarlo con lujuria.

    De regreso en mi habitación doña Rosy aún estaba estupefacta.

    -¡¿Es tu madre?! ¿Eso quiere decir que están en este mismo departamento?- exclamo doña Rosy sorprendida señalando al monitor y a la puerta de mi alcoba.

    -Así es, señora. Vera han pasado muchas cosas desde nuestro encuentro, más específicamente mi madre y yo follamos juntos ahora. Déjeme decirle que es de lo más placentero, ahora somos más felices. Ella y yo ideamos este plan para ver cuáles son los verdaderos sentimientos de Alex hacía de usted y dado que yo me folle a su madre pensé que lo justo era que el follara con la mía.- le explique a la señora.

    -No se desespere, luego que ellos se hayan divertido un poco comenzara el plan para que usted consiga lo que tanto desea. Mientras tanto nosotros podemos seguir divirtiéndonos.- añadí.

    Doña Rosy y yo también nos besamos con lujuria volviendo a jugar con nuestras lenguas.

    -¿crees que mi hijo corresponda mis sentimientos?-me pregunto sin dejar de besarme.

    -Estoy seguro que sí, después de todo tenemos gustos muy similares y usted es el tipo de mujer que nos fascina. ¿Acaso no vio como follaba a mi madre?- le respondí.

    -¿Entonces tú y tu madre lo hacen juntos? ¿La follas todos los días? ¿La haces gozar hasta gritar?- me pregunto sumamente excitada.

    -La folllo hasta que ya no podemos más, cada noche se duerme con sus agujeros llenos de mi leche.- respondí sobando su voluptuoso cuerpo.

    -Follame como a ella, follame como aquella ocasión, quiero que me hagas gozar como a tu madre.- me dijo poniéndose a cuatro sobre la cama.

    Tomando mi aun erecta verga me dispuse a volver a entrar a su palpitante y húmedo coño pero ella me detuvo.

    -No, quiero que me folles el culo. Métemela con todas tus fuerzas como si fuera tu madre.- me dijo ansiosa.

    ¿Quién era yo para negarme a tal suculenta petición? Levante mi polla unos centímetros hasta quedar en línea con su ojete y con todas mis fuerzas se la incruste de golpe. Ella solo profirió un gruñido salvaje y a continuación comenzó a empujar sus caderas hacia atrás deseando sentirla toda dentro de ella.

    Como siempre dispuesto a complacer a una madura, la tome de las caderas y la folle con brio y pasión. Mi verga aun cubierta de sus jugos se deslizaba dentro y fuera de su apretado ojete mientras la empujaba con fuerza hacia adelante.

    -mmmm siii, massss, métemela toda, follame el culo, siii, cógeme como a la puta de tu madre. Mmmmm.- decía ella enloquecida.

    -ahhhhhh, masss, no pares, que rico, siiii, mmmmm, vamos, con fuerza. Ufffff.-escuche en voz de mi madre.

    Los gemidos que provenían de la pantalla captaron nuestra atención.

    Curiosamente mi madre y Alex habían escogido la misma posición que nosotros.

    El muy cabron estaba follando con más ganas a mi madre, seguro por el morbo de hacerlo sin tener que ocultar su identidad. Mi madre lo estaba gozando de sobremanera, a cuatro patas sobre la cama, sintiendo como esa polla joven entraba y salía de su seguramente empapado y chorreante coño. Sus senos se bamboleaban al compás de las embestidas de Alex. Como otra muestra de lo mucho que estaba disfrutando su personalidad guarra salió a flote.

    -¡Vamos! Follame, cabron, con ganas, mmmmm, asiiii, massss, que rico me la metes, Alex.- gemía mi madre.

    -Oh, Margarita, que rico coño tienes, es una delicia, uffff, que gusto.- respondió el chico mientras le propinaba un par de nalgadas a mi madre en su hermoso culo.

    Doña Rosy por su parte también estaba excitadísima viendo como su hijo follaba con otra pero era obvio que deseaba con fuerzas ser ella quien estuviera en lugar de mi madre. Afortunadamente su deseo estaba por cumplirse.

    La madura y yo seguimos en la misma posición que los amantes de la pantalla y yo la follaba con la misma intensidad que mi amigo solo que mi verga entraba y salía de su estrecho ojete. La señora y yo no perdíamos de vista la acción que se desarrollaba frente a nosotros, era algo de lo más emocionante.

    Los gemidos de mi madre podían oírse a través de las paredes del departamento, sobreponiéndose totalmente a los de la pantalla.

    -MMMMMM, masssss, métemela toda, papito, mmmmm, follame con ganas, niño. Quiero que me llenes el coño de leche.- decía mi madre entregada al placer.

    Desafortunadamente nosotros no podíamos expresar nuestro gozo con la misma libertad pues corríamos el riesgo de ser descubiertos. Le acerque una almohada a doña Rosy y ella la utilizo para acallar sus gemidos de placer.

    Que experiencia tan única era aquello, el ver a mi amigo dándole caña a mi madre mientras yo le hacía lo mismo a la suya. Mi polla se ponía cada vez más dura de solo imaginar cómo sería cuando estuviéramos los 4 juntos.

    Alex se aferraba con fuerza a mi madre rodeándola por el estómago con sus brazos sin descuidar sus intensas penetraciones mientras ella usaba sus fuerzas para sostenerlos a ambos. Yo por mi parte apretaba con fuerza el trasero de doña Rosy mientras ella hacia lo mismo con las sábanas de la cama y mordía la almohada con furia.

    Finalmente Alex embistió a mi madre con fuerza mientras emitía un fuerte gruñido, mi madre soltó un gemido intenso de placer que llego hasta nuestra alcoba. Por mi parte eso me excito lo suficiente para también alcanzar el orgasmo e imitando a mi amigo enterré hasta el fondo mi verga en el culo de su madre llenándolo de leche. Doña Rosy aun tenía la cara enterrada en la almohada pero claramente la escuche ahogar un grito de placer.

    Caí jadeando junto a la madura mientras mi semen escurría de su palpitante ano. Los otros amantes también estaban recostados recuperando fuerzas. Luego de unos minutos observe a mi madre ponerse de pie.

    -Espero que aun tenga ganas de más porque ahora viene lo bueno.- le dije a doña Rosy sabiendo que el momento culminante se acercaba.

    -Oye cariño, ¿Qué te parece si hacemos un pequeño juego?- pregunto mi madre a mi amigo.

    -Seguro, Margarita.- respondió este emocionado.

    Mi madre se dirigió a su armario de donde saco una venda y se la entregó al chico.

    -Tengo ganas de un pequeño juego de roles y pensé que así sería más fácil. Yo igual usare una.- dijo la madura sacando otra venda.

    Luego de colocarle la venda a Alex y cerciorarse que no podía ver nada, estábamos listos para el gran momento.

    -No sé qué opines al respecto pero me gustaría follar fingiendo que somos madre e hijo. Sé que tal vez sea algo morboso considerando que somos conocidos pero es una fantasía que tengo.- dijo mi madre.

    -No te preocupes por nada Margarita. Debo admitir que es algo morboso pero también excitante. Y como le dije antes, lo que suceda aquí quedara entre nosotros.- respondió Alex.

    -Me alegra escuchar eso y supongo que si lo encuentras excitante es porque lo has considerado antes, ¿no es cierto? Dime, Alex, ¿te excita tu madre?- pregunto mi madre.

    Doña Rosy estaba al borde de su asiento esperando con ansias la respuesta. Luego de unos intensos segundos finalmente Alex respondió.

    -Siendo honesto con usted la verdad es que sí. Mi madre es una mujer hermosa y admitiré que me he masturbado pensando en ella y que si fuera una desconocida no dudaría en follarla pero al fin y al cabo pues es mi madre. No es algo que pudiera suceder, digo usted no lo haría con su hijo, ¿cierto? Es solo una fantasía.- pregunto el chico.

    -No, tienes razón, es solo una fantasía.- dijo mi madre con una sonrisa en los labios.

    Doña Rosy estaba llorando de felicidad al escuchar las palabras de su hijo. Ahora sabía que el la encontraba atractiva y follable, ahora solo era cuestión de hacer que diera el paso final.

    -Bueno, basta de charla y a lo nuestro. Recuéstate que quiero volver disfrutar mamándote la polla y recuerda que a partir de ahora me llamaras mama.- dijo mi madre.

    Doña Rosy estaba limpiándose los restos de mi corrida en su culo cuando la tome de la mano y nos dirigimos a la alcoba de mi madre. Al entrar ella estaba de pie a un lado de la cama donde se encontraba Alex con la polla al aire. Mi madre le hizo la seña de silencio a doña Rosy y guiñándole un ojo le ofreció a su hijo totalmente a su merced.

    Sin perder un momento la madura se abalanzó sobre la polla de su hijo y se la metió a la boca para hacerla alcanzar su máxima erección.

    Yo permanecí de pie junto a mi madre observando aquella escena cuando de repente sentí una mano acariciando mi pene. Era mi madre que tenía una sonrisa de oreja a oreja.

    -Muchas gracias por esta experiencia. Ha sido increíble pero de verdad extrañaba tu verga, hijo.- dijo susurrándome al oído.

    -Me alegro que te gustara pero esto aún no termina y ahora viene lo bueno.- le dije y luego de di un ardiente beso en los labios.

    En la cama doña Rosy estaba degustando con ahínco la verga de su hijo que crecía cada vez más. Le chupaba la morada cabeza y babea sobre ella con deleite, recorría su grosor con su lengua hasta llegar a sus bolas llenas de leche. Con su mano le hacía una lenta paja de arriba hacia abajo sin dejar de darle besos y chupetones en la punta del glande.

    Los gemidos de mi amigo indicaban que lo estaba disfrutando pero había que agregarle un poco más de pasión. Mi madre saco a doña Rosy del trance en el que estaba y le hizo detener su mamada.

    -Dime hijo, ¿te gusta lo que mama te está haciendo?- pregunto mi madre.

    -Mmmm, si mami, que bien me la chupas.- respondió Alex.

    -Que gusto me da oír eso, hijo. Me encanta chuparte la polla. Que rica esta. ¿te gustaría sentirla entre mis tetas?- pregunto mi madre.

    -Sí, mama. Me encantan tus tetas, son tan grandes.- respondió el chico.

    Doña Rosy puso manos a la obra nuevamente y levantando sus increíbles senos aprisiono la verga de su hijo entre ellos. Alex soltó un gruñido de placer al sentir su polla deslizarse entre aquellos montes carnosos. la madura apretaba sus senos juntos mientras lo movía de arriba hacia abajo pajeando esa dura verga en su interior. La morada cabeza de aparecía por intervalos y ella aprovechaba para recibirla con un lengüetazo.

    -Ohhh, mama que rico, uffff que gusto, mamita, que bien se sienten tus tetas. Mmmmm. Sigue, mami, ughhh.- decía Alex entre gemidos.

    Mi madre y yo nos masturbamos uno al otro observando con deleite lo que sucedía pero aun había mas por hacer y doña Rosy merecía disfrutar también.

    Una vez más mi madre hizo que doña Rosy se detuviera para que ella pudiera hablar.

    -Hijo, ¿te molestaría comerle el coño a la vieja de tu madre?- pregunto.

    -Nada me haría más feliz, mama. Seguro tienes un coño delicioso.- respondió Alex quien sonaba cada vez más excitado con aquel juego.

    Doña Rosy se subió a la cama y colocándose sobre su hijo formaron un 69 incestuoso.

    -Adelante, hijo, es todo tuyo. Y no te cortes, puedes usar tus dedos si quieres.- dijo mi madre riendo al ver la expresión de emoción de su amiga.

    Alex comenzó su faena de comerle el coño a su madre ignorando que se trataba de ella, doña Rosy por su parte volvió a su labor de degustar aquel duro miembro que tanto había deseado. Mi madre y yo nos acercamos cada uno a un costado de la cabecera de la cama para observar con curiosidad como Alex devoraba el coño de su progenitora. Haciendo caso a la instrucción comenzó a tantear su camino hasta la raja que tenía sobre de él y una vez tuvo claro su objetivo uso sus dedos para separar ambos labios y hundir su lengua dentro de él. Su madre gimió con la polla en la boca y el chico chupo vorazmente la panocha de donde había salido. Luego uso sus dedos para penetrarla suavemente, uno, dos y finalmente tres dígitos entraron en aquel húmedo canal. Los sonidos de chupadas y sorbidas llenaban el silencio de la habitación. Mi madre había comenzado a masturbarse emocionada por la escena y yo también hacia lo mismo.

    Los gemidos de doña Rosy eran acallados por la enorme polla en su boca pero era obvio que su hijo estaba haciendo un buen trabajo pues de su coño se veían brotar cristalinos jugos que eran sorbidos con ahínco por Alex sin dejar escapar ni una gota.

    Me acerque a mi madre y le susurre algo al oído.

    -No temas jugar también con mi culo, hijo. Me encanta que jueguen con el.- dijo mi madre.

    Doña Rosy se sacó la verga de la boca y volteo a verme con una mirada de reproche. Un gemido escapo de sus labios al sentir como el dedo medio de su hijo había entrado en su oscuro agujero. Gracias a nuestro encuentro aún estaba dilatado y pronto también tuvo tres dedos en su interior mientras la lengua del chico se enfocaba en seguir chupando su peludo coño.

    Aquel 69 continúo un par de minutos hasta que Doña Rosy fue recompensada con el salado festín de la leche de su hijo. Alex gimió con fuerza mientras descargaba su corrida en la boca de su madre quien no deseaba desperdiciar nada. Mientras degustaba aquella leche, su hijo seguía atendiendo sin parar su panocha seguramente en busca también de su premio. La mujer ahogo un grito de placer y soltó su corrida sobre la cara de Alex quien tampoco dejó escapar ninguna gota de aquel suculento manjar.

    -Muy bien hijo veo que tu polla aún tiene ganas de más, ahora voy a volver a cabalgarte pero de frente.- dijo mi madre.

    Era hora del gran final, el momento cumbre de la noche. Doña Rosy se puso de pie y siguiendo las indicaciones de mi madre se colocó sobre la polla de su hijo lista para enterrársela toda.

    -Ahora viene lo mejor hijo. Es hora de que tu polla vuelva al lugar de donde salió. Esta vez tú llevaras la iniciativa. Quiero que me folles con ganas, que me digas cosas sucias, que me hagas gozar como nunca hijo.- dijo mi madre.

    -sí, mama. Te voy a follar como lo mereces. Quiero sentir tu coño aprisionando mi verga, quiero escucharte gemir y gritar de placer, mama.- respondió el chico.

    Doña Rosy estaba temblando de la emoción, finalmente alcanzaría lo que había añorado desde hacía tiempo. Lentamente descendió sobre la polla de su hijo hasta que su cabeza toco sus labios menores. Poco a poco comenzó a bajar mientras disfrutaba como la verga entraba dentro de ella centímetro a centímetro. Mi madre y yo observábamos excitadísimos en silencio hasta que finalmente doña Rosy tuvo toda la polla de su hijo dentro de ella. La observe retorcerse ligeramente y estaba seguro que había alcanzado un orgasmo de la emoción. La mujer permaneció quieta saboreando el momento, ya no había marcha atrás; pasara lo que pasara luego de la revelación este era un punto sin retorno, las vidas de ambos cambiarían y todos esperábamos que para bien.

    Un tanto ansioso por la pasividad de su amante, Alex coloco sus manos en las caderas de la mujer y comenzó a moverla para empezar la faena. Doña Rosy reacciono y lentamente comenzó a moverse ella sola

    La mujer coloco sus manos sobre el pecho de su hijo para apoyarse mientras aumentaba el ritmo de sus movimientos. Leves gemidos salían de su boca pero ella se mordía los labios para acallarlos.

    -Mama, que bien se siente, que rico, mmmmm, que buen coño tienes, uffff, me encanta.- dijo Alex.

    Emocionada por aquellas palabras y buscando más placer, doña Rosy tomo las manos de su hijo y las llevo hasta sus grandes senos. Sin tener que decir más, su hijo de decido a magrearlos con pasión, apretándolos con fuerza lo que provocaba que la mujer ahogara más gemidos.

    Buscando ayudarla un poco mi madre se colocó junto a la cama y yo detrás de ella donde deslice mi polla por entre sus piernas sin penetrarla, simplemente rozando sus labios con el tronco de mi verga. Mientras hacía eso también jugaba con sus igual de enormes senos y pronto ella comenzó a gemir con fuerza. Trataba de gemir lo más fuerte que podía para enmascarar los gemidos de su amiga quien ya casi no podía contenerlos.

    -Que gusto, mama. Me encantan tus tetas, son tan suaves y grandes, quiero chuparlas como cuando era niño, mami.- dijo el chico.

    Doña Rosy se inclinó hacia adelante hasta que sus tetas colgaban sobre el rostro de su hijo; apoyándose en el barandal de la cama con una mano, utilizo la otra para tomar uso de sus senos y llevarlo hasta la hambrienta boca de Alex quien se prendió al pezón como recién nacido.

    Un fuerte gemido fue acallado por los labios de la mujer al sentir la ansiosa boca de su hijo chupar con deleite su teta. Nuevamente a ciegas el chico busco a tientas los colgantes senos frente a él y los amaso con gozo mientras su boca pasaba de uno a otro.

    Mi madre me volteo a ver y asintió indicando que ya era el momento indicado.

    -¿Estas lista?- le susurre al odio a doña Rosy. Ella me miro dubitativa pero asintió ansiosa por lo que pasaría.

    Le quite la venda a mi amigo y sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la luz. Al reconocer a la mujer que estaba cabalgando su verga su ojos se abrieron con asombro.

    -¡¿Mama?! ¡¿Qué esta pasan?!- exclamo sorprendido.

    Doña Rosy se lanzó hacia adelante y acallo los labios de su hijo con los suyos dándole un ardiente beso.

    -¡Calla, hijo, calla! Después lidiaremos con esto, ahora solo follame con fuerza.- dijo la mujer al separarse del beso.

    Un deja vu vino a mi mente al ver la reacción de madre e hijo y mire a mi madre a los ojos quien seguramente pensaba lo mismo. Nosotros también nos fundimos en un apasionado beso incestuoso.

    Sin duda Alex estaba confundido por la situación y seguramente ni se había dado cuenta de mi presencia pero al igual que como ocurrió conmigo pronto el mundo y sus reglas habían dejado de existir y solo importaba el placer y la lujuria así como el deseo pasional por la mujer que le dio la vida.

    El chico atrajo a su madre hacia él y le devolvió el beso con igual pasión y lujuria mientras la rodeaba con sus fuertes brazos. Alex lanzo sus caderas hacia arriba con fuerza penetrando a su madre mientras acariciaba cada centímetro de su cuerpo con lujuria.

    -Ahhhh, siiii, hijo, massss, follame con ganas, mmmmm, siiii.- gemía la mujer ahora con total libertad.

    Madre e hijo follaban moviendo sus cuerpos al compás mientras se besaban como 2 amantes apasionados. Mi madre y yo seguíamos con nuestra faena observando satisfechos lo que habíamos logrado. Mi polla completamente empapada con sus jugos seguía frotándose contra sus labios y su hinchada cabeza entraba y salía brevemente de aquel agujero de placer.

    Los gritos de doña Rosy anunciaban que estaba por alcanzar el clímax más esperado de su vida y arqueando su espalda se corrió en el que seguramente había sido su orgasmo más intenso. Por su parte Alex también gimió con fuerza y descargo su leche dentro de su querida madre.

    Yo le anuncie mi orgasmo a mi madre y ella se puso a toda prisa de rodillas para recibir mi corrida en su cara y tetas como le encantaba.

    Finalmente Alex se dio cuenta de lo que había ocurrido así de mi presencia en la habitación y miro atónito como mi madre seguí degustando los restos de mi semen.

    -¿David? ¿Margarita? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué significa todo esto?- pregunto completamente perplejo.

    -Ya habrá tiempo para responder tus inquietudes por la mañana, por ahora limítate a disfrutar de la increíble mujer que es tu madre, quien seguramente aún tiene ganas de mas.- le respondí.

    -La habitación es toda suya, nosotros dormiremos en el otro cuarto. Que se diviertan.- dijo mi madre mientras salíamos.

    -Gracias por todo.- alcanzamos a escuchar que dijo doña Rosy antes de cerrar la puerta.

    Mi madre y yo nos dirigimos con rapidez a mi alcoba donde ambos sabíamos que la cámara seguía transmitiendo la acción de aquel cuarto.

    -Mama, ¿Qué es lo que acaba de pasar? ¿Hace cuánto tiempo estas aquí?- pregunto el chico.

    -Desde que todo comenzó, hijo. Te observe follar con Margarita y entre cuando te vendaron los ojos. Te pido me disculpes por hacer algo tan mezquino pero la verdad es que era algo que necesitaba hacer. Como madre debí actuar con más sensatez pero como mujer fue algo que ansiaba desde hace tiempo. Entiendo si me odias y no quieres saber nada de mí, si lo deseas puedo hablar con tu padre para que te mudes con el.- dijo la mujer con lágrimas en los ojos.

    Alex tomo el rostro de su madre entre sus manos y le limpio las lágrimas.

    -Yo nunca podría odiarte mama, sé que hemos tenido dificultades entre nosotros pero yo te amo de verdad. Siempre me has apoyado aunque yo no hubiera sido un buen hijo y sé que me he portado mal contigo por lo que si alguien debe pedir perdón soy yo.- Respondió Alex con sinceridad.

    Madre e hijo se abrazaron con ternura y se mantuvieron así por unos minutos. Al separase nuevamente se dieron un romántico beso y sin decir más se dispusieron a continuar con la acción acostándose juntos en la cama.

    -Mama, eres tan hermosa, quiero recorrer cada parte de tu cuerpo con mis labios, quiero escucharte gemir y gritar mi nombre mientras te follo.- dijo Alex admirando la desnuda figura de su madre.

    -Soy toda tuya, hijo. Haz conmigo lo que quieras, hazme sentir mujer, hazme gozar como nunca, Alex.- respondió doña Rosy.

    La mujer se recostó en la cama y se abrió de piernas mientras su hijo se puso en posición para penetrarla de frente, esta vez la follaria sabiendo que se trataba de su madre y aquello los hizo estremecerse a ambos con ansias.

    -Creo que lo justo es darles algo de privacidad. Ya luego podremos verlos follar en vivo otra vez.- dije apagando la computadora.

    -Estoy de acuerdo, hijo. Además llevo toda la semana ansiando el volver a sentirte dentro de mí. Luego de todo lo que ha pasado esta noche, ¿aun tienes energía para tu vieja madre?- dijo ella mientras se acostaba en la cama y abría sus piernas imitando a la otra mujer y mostrándome aquel peludo coño que era mi perdición.

    -Para ti, mama, siempre.- le dije antes de lanzarme con la polla lista para hacerla gozar.

    Aquella noche nadie durmió en ese departamento y estaba seguro que los gemidos de aquellas incestuosas parejas se habían oído en todo el complejo. Lo mejor era que los vecinos se acostumbraran porque de ahora en adelante habría muchos más gemidos saliendo de aquel departamento.

    CONTINUARA…

  • Visita al ginecólogo

    Visita al ginecólogo

    Mi esposa y yo, como ya conté en relatos anteriores, habíamos experimentado de todo pero nuestro error en todas esas ocasiones fue que nunca usamos protección. Por una u otra razón nunca se nos ocurrió y me estaba preocupando de que mi esposa tuviera alguna infección o problema en su vagina o peor que hubiera contraído alguna enfermedad, por eso decidimos ir al doctor.

    La verdad estaba muy nervioso, pero también excitado, ya hacía mucho que pensaba en llevarla a coger con un doctor pero ella siempre se negó, y más si era con un médico que frecuentáramos y este era el caso. Así que me puse a pensar en cómo convencerla pero no se me ocurrió nada así que mi única alternativa era ofrecérsela sin que ella se enterará.

    Yo hice la cita con el ginecólogo y le pedí que fuera la última hora de todas, no importaba el día pero que fuéramos los últimos a los que atendiera, y el aceptó, me dijo que el sábado a las 7:50 nos vería para atendernos.

    Llegó el día, me arregle muy poco pero mi esposa se bañó, se puso una falda cómoda pero muy corta y una blusa negra de tirantes, se veía muy bien pero no como si quisiera que fuera a más que la simple cita médica.

    Llegamos 10 minutos antes y el consultorio estaba casi solo, estábamos su secretaria, una joven bajita con cabello rojo y rizado (bastante bonita) mi esposa y yo. El doctor tardo más o menos 20 minutos en salir, era un muchacho como de 25 a 28 años no muy alto, castaño y de buen físico y yo tenía que se me salía el corazón de los nervios.

    Entramos al consultorio y nos preguntó el porqué de nuestra visita y antes de que mi esposa respondiera yo dije «mire la verdad es que mi esposa y yo intercambiamos parejas y tenemos miedo de que haya contraído algo», mi esposa se quedó helada pero el doctor no pareció sorprenderse.

    Hizo que mi esposa se acostara en su camilla que separaba la vista del paciente de la del doctor por una cortina pequeña y pusiera sus piernas en unas bases que servían para que abriera las piernas y pudieran revisarla, el doctor muy profesionalmente revisaba la vagina de mi esposa y yo notaba como con sus toques ella se empezaba a mojar más y más, entonces supe que era el momento y le dije al doctor «puedo hablar con usted un momento» el aceptó y fuimos al otro lado del consultorio separado por una pared con puerta y en cuanto la cerramos le dije explique mis deseos y el muy alegre me dijo «si claro yo le ayudo pero necesito que me de libertad total sobre ella» yo acepté y antes de abrir la puerta y entrar de nuevo me dijo «nada de condones ni de intervenir en el acto ok?» Yo ya erecto le dije «si claro solo miraré y disfrutare» entramos y me senté en una silla que tenía al fondo de la habitación.

    El doctor con cara sería le dijo a mi esposa «mire señorita tengo que hacer unos estudios más a fondo pero llegan a doler un poco y necesito atar sus manos para que no vaya a moverse y se lastime» mi esposa asustada le respondió «tengo miedo pero si es necesario lo hago» el doctor saco unas correas de un cajón y la ató a la camilla.

    El doctor empezó a mover sus dedos en mi esposa de manera lenta y lasciva como si la estuviera masturbando y ella reaccionaba con gemidos «esto es para relajar la vagina y no le duela tanto no se preocupe» le dijo el doctor a mi esposa, de pronto el doctor fue más violento y tocaba el punto g de mi esposa y ella gemía sin parar y de repente soltó un fuerte gemido y se vino soltando un pequeño chorro de agua «que paso señorita le gustó lo que le hice?» El doctor dijo burlándose y mi esposa le contesto «perdone doctor no sé qué me paso» y el doctor le respondió «no se preocupe ya se lo que necesita, y no es un chequeo médico» se acercó a un cajón y saco in frasco con liquido » esto es un afrodisíaco que sensibiliza la vagina al rose, le voy a hacer una demostración» le hecho unas gotitas en la puchita y metió su dedos hasta el fondo «aaah doctor aaah ay aash» gimió mi esposa y el doctor dijo «ve es muy bueno para el sexo, la verdad le ayudare un poco más» después de acabar de decir eso unto un buen chorro en sus labios y luego metió la botella en su vagina y cuando la saco estaba vacía «esto le ayudará a lo que le haré en seguida» tomo el teléfono y le dijo a su secretaria «otra más quieres venir?». Movió la cabeza y dijo «sube entonces ya está lista para los estudios especiales» mi esposa estaba ya muy caliente pero consiente y le pregunto «que estudios son?» Y el doctor descaradamente le dijo «mire cada cierto tiempo viene una pareja con nosotros y le damos el tratamiento especial, mi secretaria me va a ayudar a cogérmela como me pidió su esposa, le va a encantar pero hasta que esté de acuerdo no la desatarse» mi esposa me volteo a ver enojada y dijo forcejeando «suelte me no quiero nada de esto» y en eso llegó la secretaria con un abrigo y cuando se lo quito estaba desnuda y con algo entre sus piernas, un gran arnés como de 25 o 28 cm y le dijo «ya empezamos doctor?». Y de pronto se acercó a mí esposa y la beso sensualmente.

    Mi esposa se negaba pero poco a poco cayó en los movimientos de lengua de la secretaria y el doctor por su parte saco su verga y se la clavaba sin piedad a mi esposa y me veía burlándose, mientras más la penetraba mi esposa más se movía a su compás y el doctor dijo «ya desátala ya le gustó mi verga» y la secretaria lo hizo y mi esposa en cuánto se creyó libre tomo a la secretaria y la monto sobre ella mientras la besaba «aaah mhggh mggh aamhgg» gemía mientras besaba a la sexy secretaria después de 6 o 7 minutos mi esposa soltó varios chorros de líquido vaginal y soltó a la secretaria «qaaah aaay sí doctor aaaaah ay aaaay doctor aaah» y se vino muy fuerte el doctor tardo uno o dos minutos más en venirse dentro y mi esposa con cada penetración soltaba un chorro de agua, el doctor se separó y fue a la cabeza de mi esposa a qué se la chupara y está con mucho gusto acepto y se comía su verga con unas ganas impresionantes, la secretaria le metió el arnés todo y mi esposa al sentirla se vino sin más bajo las piernas y comenzó a moverse para que la penetraran más profundo y la secretaria le decía «ay qué rico mmm si muévete a si chiquita» mi esposa se movía cada vez más rápido hasta que con un gran gemido se vino «aaay mami aaah métela aaah más más más más aaay aaaah» y el doctor se vino en su cara. Yo estaba como roca y en cuanto me saque la verga y me la jale me vine tan fuerte que manche mi camisa.

    Mi esposa se puso en cuatro y les dijo «los dos por favor los dos» el doctor y la secretaria sin chistar se acomodaron y la dieron tan duro como pudieron «aaaah ash ay que ricooo aaah» se venía cada 10 o 12 embestidas de cada uno y tenía los ojos perdidos como si estuviera en transe el doctor se corrió en su ano y se separó «bueno yo creo que este tratamiento ya quedó pero si quiere le hago un análisis mejor en mi casa» y yo gustoso dije «si por favor dele más análisis» y el doctor dijo «bueno me la llevo y mañana va por ella» yo acepté y esperamos hasta que la secretaria y mi esposa acabarán juntas ya sin arnés y de tijera «aaaah aaah ay mami aaay si aaaaah» gritaba mi esposa y la secretaria «aaaah mueveteee así aaah asiiii siii siii siiii» acabaron juntas en un beso y mi esposa se quedó dormida, la llevamos al auto del doctor y se la llevó a su casa, yo los seguí y me quedé cogiendo con la secretaria en el coche hasta que nos quedamos dormidos.

    A la mañana siguiente como a las 5 entramos a la casa y encontramos a mi esposa siendo cogida por el doctor mientras dormía «perdón todavía no acaban los exámenes venga secretaria y usted también» nos acercamos y la penetre por su ano y la secretaria se masturba con su boca «aaaah que qué rico me la chupaba» decía la secretaria y cuando acabamos yo y el doctor seguimos con la secretaria «aaah ay que rico doctor asah aaay más denme más» acabamos en su ano y vagina y cuando mi esposa despertó no se podía ni mover, «porque me hiciste esto si te dije que no quería, ahora ni me puedo mover» y yo le dije «mejor así todavía no acabamos» no la cogimos dos o tres horas más y la secretaria de vez en cuando hacía una escena lésbica del calibre de una porno, mi esposa y yo nos retiramos, ella llena de semen escurriéndole por sus agujeros y manchada de la cara, cabello y pechos y yo satisfecho y alegre.

  • Tocando a mamá

    Tocando a mamá

    Corría el mes de Mayo. Mi Padre se había ido de juerga a Madrid, a la Feria de San Isidro. Mi Hermana estaba estudiando en una academia privada para la Selectividad, y sólo quedábamos en casa mi madre y yo.

    Yo tengo 18 años, delgado, de estatura normal y moreno. Y ella es más alta que yo, de 1.76 de altura, de 38 años, melena larga, delgadita pero con carnes y un pecho precioso, de medida 95 y muy bien formado, nada caído. Yo me llamo Manuel y ella Trini.

    El fin de semana, como hacía calor y en la ciudad es aburrido, decidimos ir a nuestra casa de verano en un pueblo de la Costa Norte de España.

    El viernes llegamos. Cenamos unas pizzas y a la noche salimos a tomar algo. Y quisimos ver a las 9 la puesta de sol maravillosa de todos los pueblos costeros.

    Nos fuimos al puerto y nos sentamos en una escalera donde no hay casi nadie, viendo cómo se despedía el sol, con alguna copita de más… miré para ella y la vi como a una mujer atractivísima. Tenía la mandíbula marcada y un cuello musculoso, que la hacían juvenil y atractiva. Ella me miró y me sonrió. Y, con confianza, bajé la mirada hasta su pecho. Ella llevaba una blusa y una chaqueta algo escotadas. Y me recreé la vista. Era notorio y mi madre miró para abajo para ver lo que yo miraba:

    —¿Qué miras, Lolo?

    —A esto. —Y de repente, impulsivamente y sin pensarlo, dirigí mi mano hacia su pecho, y lo palpé por encima de su chaqueta, y lo notaba carnoso y duro.

    Mi madre se levantó sorprendida pero no enfadada:

    —¿Pero qué haces? Anda, vamos.

    Y el sábado decidimos ir a una playa lejana, con poca gente, pues hacía ya bastante calor.

    Tenía una figura espléndida, alta, sin nada de grasa, y con un pecho de revistas, muy estilizado. No pude parar de mirarle en toda la tarde. Mientras dábamos un paseo a la orilla del mar, miraba su cuerpo, no le quitaba ojo, y la veía como a una mujer muy apetecible, olvidándoseme por completo que era mi propia madre, a la que llamaba mamá. Para mí era Trini, una guapísima mujer de 38 tacos.

    Decidimos ir a las rocas, donde nos sentamos a tomar el sol.

    Otra vez la miré y mi mirada se clavó en su escote, precioso…

    Ella dijo riendo: —¿Pero otra vez, cielo? ¿Dónde miras?

    Y de nuevo le acaricié su pecho izquierdo, palpándolo, y para disimular un poco le dije:

    —Es que las tienes muy bonitas y me gustan mucho.

    Esta vez duró más de los tres segundillos del puerto, y ella no protestaba. Ella bajó la mirada, quizá también por instinto, y se clavó en mi paquete, que ya abultaba a través de la bermuda:

    —¿Y tú qué? ¿No te puedo mirar?

    Astutamente le provoqué:

    —¿A dónde miras?

    Y ella con su mano tocó un poco mi paquete. Y yo me dejaba por completo.

    Agarró el pene excitado y dijo riendo:

    —¡Pero cómo lo tienes! Mejor nos vamos.

    Y mientras nos íbamos hacia nuestro sitio, le miré a su trasero, que se movía al compás de sus pasos, con unas carnes perfectas. Y, como había un cierto clima, le acaricié el culo. Ella puso cara de sorpresa, ye respondí:

    —Es que no te lo había tocado.

    —Yo a ti te estrangulo, caradura —me dijo de broma mientras me agarraba y así notaba yo sus pechos en mi espalda.

    Llegó la noche, y hacía mucho frío, y no teníamos edredones a mano.

    Entonces, nos levantamos y sólo había una bolsa de agua caliente allí olvidada. Y dijo ella:

    —Mira, dormiremos en mi cama, que sólo hay una bolsa y no tenemos que coger catarro por una tontería así. Además, eres mi hijo y no es tampoco nada del otro mundo que durmamos una noche en una misma cama. ¿Te parece bien?

    —Yo encantado.

    Estábamos los dos cara arriba, y ella a mi derecha. Y se incorporó un poco para dejar puesto el despertador, que estaba en la mesilla de mi izquierda, y lógicamente puso su pecho encima del mío, mientras su pelo me acariciaba las mejillas, con lo que me excité enseguida.

    —Quédate así, por favor, mami.

    —¿Serás avispado? —Y seguidamente me mordisqueaba la cara de broma, mientras me pellizcaba el vientre.

    —Sí, pero ¿A que no te atreves a besarme? Eres muy liberal y moderna pero seguro que eso no lo haces.

    —¿A que lo hago?

    Y acto seguido, me metió toda su lengua en mi boca. Era un morreo con mi madre!

    Chupé su lengua como si fuera un caramelo y chocamos muy cariñosamente los labios, mientras ella acariciaba mi pelo.

    —Huy, cielo… hemos llegado muy lejos ¿En dónde puede acabar esto?

    —Mamá, lo estamos pasando bien, ¿No? Además, quedaste en la playa de enseñarme hoy tu pecho.

    —¿Yo? ¡Mentiroso! Eres un tramposo.

    —Por favor…! que ya los toqué.

    —¿Pero tanta ilusión te hace? Hummm.

    —Venga, mami, que mis amigos ven a sus madres al salir de la ducha y lo ven como algo normal y natural.

    —Bueno, tampoco veo nada malo en ello. Y así a ver si dejas de mirarme todo el día.

    Se desabrochó un poquito su pijama y se sacó el sostén, y su blanco y redondo pecho quedó al aire, con ese pezón rosado precioso. Y sin permiso, se lo acaricié lentamente y con ternura, y ella cerró los ojos.

    —Bueno, ya me conoces a mí. ¿Y yo qué? Tendré que conocerte a ti. Hace ya seis años que no veo tus partes. Me pica la curiosidad para ver cómo han crecido.

    Me saqué la verga, que estaba a punto de explotar. Y llevé yo su mano hasta mi pene. Ella comprobó su dureza, y yo le toqué otra vez su pecho, jugando con su carne, apretándolo suavemente con mis dedos. Seguramente por instinto o por su excitación, mamá me estaba acariciando la polla, y le supliqué.

    —Por favor, no pares. Sigue así, mami.

    —Pero si está durísima y ardiendo. Oye, que ya sé hasta dónde quieres llegar… —y echó una sonrisa picarona y maliciosa, desviando su atención a mi pene pues seguro que le encantaría ver cómo eyaculaba su hijito.

    Y de repente eché un chorro que me llegó hasta el pecho.

    — Hala, Lolo! Casi hay medio litro.

    —¿Ahora puedo llamarte cariño, mamá?

    —Durmamos, cielo, y si se lo dices a alguien puedes rezar, ¿Eh?

    Al día siguiente, le dije:

    —Como hoy nos iremos y tardaremos muchísimo en estar juntos solos, tú y yo, por favor, ¿Podríamos ducharnos juntos? (como despedida).

    —Pues mira, por mí no hay problema. Nos hemos permitido una aventurilla para conocernos mejor, cielo. Total, nos conocemos cada poro. ¡Venga!

    Nos metimos en la ducha.

    —Hala, cómo estás ya, ¿Eh? Me tocó un hijo fogoso. La verdad, no saliste a tu padre, Lolo.

    Yo rocé mi pene muy erecto todo lo que pude con ella, pegándolo a su rajilla del culo, pero ella me decía:

    —Venga, Manuel, salgamos que estoy ya asustada de lo que podría o incluso puede llegar a pasar.

    —Bueno, salgo pero si nos secamos juntos.

    —Chantajista!

    Estaba cerquísima de mi madre, piel con piel, con sus dos preciosos globos pegados a mí, y ella con su pelo largo y rizado húmedo. No pude más, y le besé su cuello.

    —Uyyy, quieto, cielo, no me excites.

    Me puse en cuclillas y le llegué hasta su mentón, que se lo mordisqueé, y ella no paraba de suspirar, notando yo así más cerca sus pechos.

    Pero yo le toqué su vagina, tocando sus ya húmedos labios y le besé un pecho.

    —Ven, cariño, sequémonos en la cama.

    Húmedos todavía, yo me tumbé cara arriba, y ella encima de mí me iba secando. Llegó a mi polla, y la secaba con la toalla, mientras me miraba con sus pechos al aire y todo su esplendor recién salido de la ducha.

    No pude más, me incorporé y la besé como un amante, con pasión, intercambiando saliva y chupando su lengua y sus labios y tiré la toalla. Su mano acariciaba ya mi polla desnuda. Bajé mi lengua hasta su cuello y acaricié con las dos manos su pecho.

    —¡No puedo más, Manuel!

    Se puso encima de mí y rozaba su vagina con mi glande, que casi entraba solo.

    —¡Mamá! Eres preciosa.

    Sus pechos se movían con el vaivén y se los volví a tocar, y dirigía su movimiento, hasta que conseguí metérsela del todo…

    —¡Mamá, lo estamos haciendo!

    —Manuel, relájate, disfruta, cariño. Y aguanta, no te vayas enseguida.

    Mi pene entraba y salía sin problema. Y encajaba a la perfección con mi madre.

    La agarré de los hombros y la atraje hacia mí. Nos unimos del todo y nos dimos un morreo tremendo, mientras tocaba yo su culo y así ponía yo el ritmo.

    —Ahhhh, sigue Lolo, por favor… sigue. Así, bésame el cuello, cielo…

    —Mamá, te quiero. Ahhhhh

    Y de repente, la abracé mucho más hacia mí y eyaculé con todas mis fuerzas dentro de mi madre, mientras le tocaba su melena y le besaba otra vez en sus labios.

    —¿Qué tal lo hice, mamá?

    —Mira, si tu padre aprendiera a besarme así, sería yo más feliz. Pero será nuestro secreto, ¿Vale? Amo a tu padre, y esto sólo ha sido una aventura.

    Y me besó de nuevo.

    No lo pudimos hacer más, porque no estábamos solos y no surgió de nuevo la magia. Pero pasados nueve meses, mamá dio a luz una niña. Pero jamás me dijo si era de mi padre o mía. Ni lo sabría ella, porque aquel lunes folló con mi padre como una descosida.

    FIN

  • No lo pienses demasiado (Parte 1)

    No lo pienses demasiado (Parte 1)

    Buenas! Voy a intentar contaros esta historia que comenzó hace como 3 años y que ha puesto mi vida patas arriba pero no cambiaría por nada.

    Empezaré por presentarme, me llamo Irene, tengo 28 años, vivo en Málaga (España), tengo el castaño claro y rizado, ojos marrón verdosos, mido 1’65 y con un peso normal. Estoy casada y tengo dos hijos.

    Hace 3 años cansada de buscar trabajo y no encontrar cosas decentes decidí apuntarme a un FP semipresencial ya que podría llevar mi casa y al mismo tiempo sacarme algo de estudios y si me salía algo decente de trabajo lo podía compaginar.

    Empezó el curso y aunque casi no había que ir a clase nos juntamos en un grupo de Whatsapp varios compañeros y durante los dos años que duró el FP hicimos amistad y había muy buen rollo entre todos. Yo era la pequeña del curso con 25 años, la mayoría estaban en torno a los 40. Algunas veces después de clase nos íbamos y nos tomábamos unas cervezas y nos echamos unas risas. Siempre entre risas me hacían saber que yo era la pequeña del grupo y me gastaban bromas que a mí no me molestaban la verdad.

    En especial estaba Carla, 14 años mayor que yo, casada, con 2 hijos, rubia, ojos marrones, algo más alta que yo y un cuerpo que llamaba la atención. Carla cuando me veía andaba abrazándome, llamándome su niña de forma cariñosa y siempre andábamos escribiendo por privado fuera del grupo. Hicimos una buena amistad y nos echamos una mano cuando era necesario y alguna de las dos tenía algún problema.

    Pasaron los dos años de curso y quedamos para hacer una cena y salir de fiesta para celebrar que todos habíamos aprobado. Cuando llegué al bar donde habíamos quedado Carla estaba con Cristina y ya llevaban dos cervezas de ventaja, al verme llegar se acercó corriendo a saludarme.

    Carla: Hola mi niña!! Ya era hora no? Venga pídete una cervecita y siéntate a mi lado.- Me abrazó, me dio dos besos en la mejilla con fuerza y cogiéndome por la cintura me acompañó hasta la mesa.

    Irene: Hola guapa! Jo eso es trampa parece que ya me llevas algo de ventaja.- Actúe de la misma forma que ella y le guiñé un ojo.

    Cristina: Hombre ya está bien! Menos mal que empezáis a llegar, la puntualidad no es vuestro fuerte.

    Irene: Buenas Cris! Si que es verdad, por lo menos no soy la última en llegar, bueno nos pedimos una cervecita y hasta que llegue el resto.

    Durante la cena bebimos bastante, todos íbamos bastante perjudicados y como no podía ser de otra la forma según iba avanzando la cena y corría el alcohol las conversaciones se volvían más calientes. Carla cada vez se acercaba más pero no le di mayor importancia, al contrario, por algún motivo me gustaba tenerla tan pendiente de mí.

    En una de las ocasiones fui al baño y al abrir la puerta del baño para volver a la mesa me encontré a Carla de frente, sin dejarme salir entró al baño y cerró la puerta.

    Carla: Uy! pues ahora ya te tienes que esperar a que mee! – soltó una carcajada y se fue a mear.

    Irene: Jajaja creo que esto se puede considerar un secuestro – Dije mientras apoyaba la espalda en la puerta del baño.

    Cuando terminó se puso delante de mí, se me quedo mirando a los ojos y puso sus manos en mi cintura. No entendía muy bien que estaba haciendo pero me puso nerviosa, el estómago se me hizo un nudo y mi corazón se aceleró, le miraba los ojos y no podía evitar mirarle a los labios, hasta que se separó.

    Carla: Bueno volvamos a la mesa que se van a pensar cosas raras jajaja.

    Irene: Venga vamos que ya va siendo hora de irnos por ahí.

    Carla: Eso!! Vámonos a tomarnos un copazo!

    Mi cabeza no paraba de dar vueltas y no sólo por el alcohol, era la primera vez que me había encontrado en una situación así y para nada me había resultado incómoda y eso hacía que me sintiera bastante confusa.

    Salimos del bar y nos fuimos a un garito que había cerca a tomarnos unas copas. Nos sentamos en una mesa con sillones y un sofá, y estuvimos de risas recordando cosas que nos habían pasado durante los dos años. Yo me senté en el sofá y para cuando me quise dar cuenta tenía a Carla sentada al lado mío, ponía una de sus piernas sobre las mías, se apoyaba en mí y con su mano acariciaba mi cuello. No sabía si el resto de los compañeros se estaban dando cuenta de que Carla estaba especialmente cariñosa esa noche, decidí hacerme la loca y hacer como que no pasaba nada y dejar que Carla hiciera.

    Carla se fue al baño y entonces llegó un mensaje a mi móvil.

    Carla: Vente al baño un ratito conmigo no?

    Mi estómago se volvió a hacer un nudo y mi corazón pegó un salto. Tenía curiosidad y Carla me había estado picando toda la noche, no pensé en mi marido ni en la situación que se me estaba planteando y me guíe por lo que me pedía el cuerpo en ese momento.

    Irene: Voy…

    Entre al baño y una de las puerta se abrió un poquito y Carla se asomó, me acerqué, abrió la puerta del todo, entré y cerré la puerta.

    Irene: Qué te pasa loca?

    Carla: Bueno… No lo pienses demasiado…

    Carla me chocó contra la puerta y empezó a besarme, me pilló un poco de sorpresa pero me encantaba y rápidamente respondí a sus besos. Le comía el cuello y besaba su pecho aprovechando el escote de su camiseta, mientras ella mordía mi oreja y notaba su respiración acelerada. Nos besábamos con cierta desesperación, con un calentón tremendo, hasta que la puerta del baño de fuera se abrió y alguien vino a buscarnos.

    Laura: Eeeeh!! Qué pasa?! Carla?! Irene?! Os ha tragado el wc o que?! Salid que os estáis perdiendo el baile de Juan!!

    Laura volvió a salir y cerró la puerta tras ella.

    Carla: Tendremos que salir no?.- Se rio y me susurró al oído mientras yo seguía comiéndole el cuello.

    Irene: Que remedio…tendremos que ver el baile de Juan… -Puse los ojos en blanco, me mordí el labio y empecé a reírme.

    Antes de salir del baño, Carla me cogió de la mano y me dio un beso en los labios.

    Carla: El último… -me dijo con una sonrisa.

    Salimos y efectivamente Juan se estaba marcando un baile digno de ver, nos separamos y cada una se sentó alejada de la otra. A las 5 de la madrugada decidimos que ya era hora de acabar con la fiesta, nos separamos en varios grupos según la dirección que teníamos que tomar, Carla se iba en un grupo y yo en otro, nos despedimos todos con dos besos, deseándonos buena suerte y un buen verano.