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  • Me cogí a mi compañera casada en la fiesta de Halloween

    Me cogí a mi compañera casada en la fiesta de Halloween

    Gaby es una compañera del trabajo, una deliciosa morena bajita y nalgona. Es muy alegre y extrovertida y por lo mismo atrae a las personas, en especial a los hombres que siempre tratan de ligarla.

    Me encantan sus outfits; llega con una falda de cuero muy corta y botas del mismo material por encima de las rodillas y blusa blanca casi transparente o con jeans ajustados y sandalias. Por su puesto que desde que la conocí me obsesioné con sus pies, solo podía imaginar su olor por el uso de botas y VANS. Siempre me gusta ver sus fotos en Insta. Hace pole dance en shorts o licras, me encanta ver sus piernas anchas y sus pies morenitos y más la deseo. (También se pone faldas cortas y zapatillas para bailar, me la imagino bailándome antes de coger).

    A pesar de ser extrovertida es muy selectiva con las personas. Al principio creo que yo no le caía muy bien pero como le gusta el metal y a mí también nos empezamos a llevarnos bien pero siempre que nos quedábamos solos platicando llegaba un cabrón a interrumpirnos.

    Nuestro primer acercamiento fue cuando nos mandaron a un curso en Querétaro. Fuimos en mi auto y durante el camino platicamos de cosas más personales, me dijo que se casó a los 21, un compañero ya me había dicho que Gaby estaba casada pero no le creí porque le da entrada a los weyes que le caen bien o están mamados.

    Ese día la sentí a gusto y de regreso paramos para cenar pizza. Me di cuenta de que me miraba de forma coqueta, me seducía con sus labios, así que le seguí el juego. Tomé una rebanada y le di en la boca, ella hizo lo mismo conmigo.

    —Tienes cátsup en los labios.

    —¿Ya?—. Dijo limpiándose con el dedo.

    —¿A ver? —Me acerqué a ella y le di un beso en la comisura de los labios—. Ya.

    —Jajaja eso no lo esperaba—. Dijo sonrojada.

    Luego de repente me dio un beso en los labios, un calor recorrió mi cuerpo. Sonó su teléfono y me pidió que ya nos fuéramos. En el camino seguía mirándome provocativa, acaricié su mejilla y le di un beso, ella acarició mi pierna, empezaba a excitarme, quería hacerla mía en ese momento.

    Llegamos a su casa, esperamos un rato en el auto.

    —Me la pasé bien, si sabes a lo que me refiero—. Dije acercándome a ella para besarla, se dio cuenta de mi intención y se apartó.

    —Jajaja sí me percaté.

    De pronto me besó en la boca, fue un beso más largo y húmedo que el primero que me dio.

    —Yo también puedo jugar ese juego—. Dijo retándome.

    Quería abrazarla, seguir con el beso y acariciar sus nalgas pero sabía que tenía las de perder, no por miedo a su esposo sino porque era probable que ella se sintiera acosada y no volviera a darme entrada, así que me contuve.

    —Que nadie sepa esto—. Me advirtió.

    —Confía en mí—. La besé en la mejilla y nos despedimos.

    Los siguientes días nos llevábamos como si nada, pasábamos más tiempo juntos y si otro wey llegaba Gaby le daba el cortón para que no nos interrumpiera. A veces nos besamos a escondidas y nos dábamos uno que otro arrimón. Después un compa se dio cuenta y me dijo que esa morra ya ha hecho eso con otros dos weyes y que una vez la vio saliendo de un motel con un cabrón que no era su esposo.

    Yo sabía a lo que me atenía con ella, me quedaba claro que era mi “turno” jajaja. No sabía si seguir con ese juego pero tampoco quería ser uno más de esos weyes pero si a ella le vale verga estar casada yo tenía que aprovechar la situación.

    Gaby y otra chica llamada Anabell organizaron la fiesta de Halloween de este año. Al principio no tenía muchas ganas de ir pero Gaby subió a su IG fotos probándose varios disfraces, el que más me gustó fue de Princess Kida (de la película de Atlantis), le quedaba perfecto, se veía hermosa y decidí ir dispuesto a hacerla mía.

    La fiesta sería en la casa de Anabell, llegué e inmediatamente vi a Gaby que estaba disfrazada de Chel, se veía deliciosa; sus tetas redondas y firmes resaltaban debajo del pequeño top, sus nalgas anchas y firmes apenas estaban cubiertas por la mini falda blanca y en sus pies unas zapatillas abiertas plateadas, su hermoso cabello negro y lacio complementaba perfectamente el atuendo.

    —Te ves hermosa—. Dije tomándola de la cintura y besándola.

    —Lo sé, yo siempre.

    Bebimos y bailamos un poco, después de varias cervezas, whisky y vodka Gaby empezó a marearse, nos sentamos en un sofá.

    —¿No va a venir el Diego (su esposo)?

    —No, él también fue a una fiesta.

    Subí sus piernas en mi regazo, lentamente le quité las zapatillas y acaricié sus pies, no se resistió.

    —Me haces cosquillas.

    —Los tienes muy suavecitos.

    —Me gusta cuidar cada parte de mi cuerpo.

    Seguí acariciando sus pies y seguí con sus piernas, subiendo hacia su entrepierna, metí la mano debajo de su mini falda y acaricié levemente su cosita.

    —¡Oye cuidado con esa mano!—. Dijo apartándomela.

    Volví a besarla mientras acariciaba sus tetas.

    —Nooo alguien nos va a ver.

    —Vamos a una habitación.

    Agarré sus zapatillas y subimos, entramos en la primera habitación que vimos.

    La puse contra la puerta y seguí besándola, comiéndole la boca, metí mi mano debajo de su falda apretando sus duras nalgas, su respiración se aceleró. Se apartó, me desabrochó el pantalón y se puso de rodillas, liberó mi verga y empezó a mamármela, hasta el fondo, solo podía escuchar cómo se atragantaba.

    Se levantó y fuimos a la cama, quiso desvestirse pero le dije que se quedara así, ella me quitó la ropa y se acosó boca arriba. Le quité su mini tanga blanca y saboreé su cosita mojada.

    —¿Ya sabías a lo que venías verdad cabroncito?

    —La verdad siempre te he tenido ganas.

    —Jajaja se nota.

    Saqué un condón y se lo di para que me lo pusiera. La dedeé para que lubricara.

    —Una palabra de esto y te corto los huevos—. Me dijo tomándome del cuello, me abrazó con las piernas y entré en ella, estaba estrecha y calientita, Gaby gemía y se mordía los labios.

    Tomé sus pies y puse sus suelas contra mi cara, lamí en círculos sus talones, a lo largo de sus suelas raspositas y pálidas, tenían un ligero sabor a tierra y sudor, lamí entre sus dedos quitando pequeñas virutas y pelusitas.

    —¡Así! ¡Así métemela toda!—. Me imploraba. Me calenté más con sus pies y aumenté el ritmo, la empecé a ahorcar, contrajo la vagina apretándome la verga.

    —Acuéstate—. Me ordenó. Se desvistió y se subió en mí, frotó la punta de mi verga entre sus labios y empezó a cabalgarme. Apreté sus tetas y mordí sus pezones duros y oscuritos

    —Te mueves muy rico nena.

    —¿Sí? ¿Te gusta mucho?

    —Me encanta preciosa.

    Siguió cabalgándome y me mordió en el cuello mientras me enterraba las uñas en el pecho y yo apretaba sus nalgas para hacer más profunda la penetración. Gaby se empezó a correr, yo sentí la verga caliente y nos venimos al mismo tiempo. Se dejó caer sobre mí exhausta. Acariciaba su cabello, su carita y sus duras nalgas.

    Como Gaby no dejaba de acariciarme la verga se mantuvo dura y parada.

    Me incorporé, la puse en cuatro, besé sus nalgas y di pequeñas mordidas, lamí su conchita, pasé a su orto e introduje la puntita de mi lengua mientras acariciaba sus nalgas, Gaby dio un saltito y aflojó el cuerpo. Le puse las zapatillas y me masturbé con sus pies.

    —¿Te gustan mucho mis pies?

    —Me encantan, los amo.

    —Bésalos.

    Besé y lamí sus pies por encima de sus zapatillas.

    Abrí otro condón, la tomé firmemente de la cadera y entré lentamente en ella, levantó bien las nalgas y apreté el ritmo, tenerla en cuatro era poder contemplar su orto dilatado, le metí un dedo.

    —Sí así, se siente bien ricooo—. Decía gimiendo.

    —¿Quieres por atrás?

    —No, mi chiquito ya tiene dueño—. Me quitó el condón.

    Seguí dándole, la jalaba del cabello con cada embestida y la nalgueaba, sus nalgas empezaron a ponerse rojas y Gaby gemía más fuerte y se aferraba a las sábanas pidiéndome que se le metiera más duro.

    —Así zorra, grita más fuerte—. Le ordené y gritó mi nombre, cuando estaba a punto de venirme se la saqué y la tomé del cabello apuntando a su cara.

    —No, en la cara no, me gustó mi maquillaje.

    —Me vale verga—. Solté una descarga de espesa leche caliente en su cara, chorros y chorros, la que cayó en sus labios la saboreó con la lengua y se la tragó. Quedé exhausto y me acosté junto a ella. Sonó su teléfono.

    —Vámonos—. Dijo limpiándose la cara.

    —No, todavía sigo caliente—. Dije besándola en el cuello.

    —Estuvo muy rico pero ya, vámonos antes de que nos vean.

    —Está bien pero regálame tus zapatillas.

    —OK te las doy el lunes, no me voy a ir descalza.

    Terminamos de vestirnos, le di un último beso manoseándole las nalgas. Bajamos a donde estaban los demás.

    —Recuerda lo que te dije eh.

    —Confía en mí. Y quiero esas zapatillas y también tu tanguita.

    —Ay qué pervertido eres.

    —Lo justo es lo justo.

    —OK el lunes te las doy.

    Al poco rato vi que su esposo llegó por ella.

    Se ve ruda y cabrona en persona pero en la cama es un zorra sumisa.

    Cumplió su promesa y el lunes me dio mis regalos. Seguimos llevándonos bien, los besos y arrimones siguen y ahora mi propósito es seducirla para que entregue el culo.

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  • Venganza (2): Romper para volver a construir

    Venganza (2): Romper para volver a construir

    A Mariano le costaba procesar todo, de estar solo con su madre en el mundo, ahora tenia un abuelo, y su padre había muerto hacia poco, miles de interrogantes cruzaban por su mente, lo que menos le preocupo en ese momento es que su abuelo fuera un capo mafioso. Comieron charlando sobre la dura vida que había tenido el chico, pasaron todo el día juntos, la verdad es que este no veía a su abuelo como alguien intimidante como lo hacia el resto, tal vez el viejo estaba viendo en ese joven su oportunidad para que alguien de su sangre herede todo su imperio.

    Mariano: Abuelo me encanto conocerte, pero debo volver a mi trabajo, no creo que estén contentos con que falte.- al chico volvió a la realidad, y pensó que tenia que volver a su vida, a Carmen le dio risa.

    Roberto: Mira nieto, si tu aceptas ser mi heredero, nunca más tendrás que trabajar para otra persona, nunca pasaras penurias económicas, y te juro que quien te mire mal se arrepentirá.

    Por supuesto que el chico no dudo mucho, venia de una vida de mierda, cualquier cosa que le ofrecieran era mejor que eso. Primero tenia que poner en orden su vida, hablar con su madre, no pensaba decirle nada por ahora, solamente le diría que había conseguido un trabajo, su madre odiaba a su padre y todo lo que viniera de él, así que esperaría que terminara su tratamiento para decirle la verdad. Segundo renunciaría a su trabajo. Tercero se tenia que someter tanto a un entrenamiento físico como mental para hacerse cargo de los negocios de la familia.

    Le costo dormir entre tanto lujo, no podía se sentía raro, sentía que tenia que renacer. Tal vez la leyenda del ave fénix, aquella mitológica ave que renace de sus cenizas sea lo que lo representaba en aquel momento. Mariano se levanto temprano como de costumbre, al llegar al comedor su abuelo y Carmen estaban desayunando, Roberto estaba con una tablet, lo saludaron al ver lo que estaba haciendo su abuelo este le respondió.

    Roberto: Estoy jugando en el casino más grande del mundo, la bolsa de valores. Tú aprenderás a hacer todo esto.

    Después de desayunar con su abuelo y Carmen, este viajo a su ciudad natal para arreglar sus cosas. En el helicóptero los esperaban dos personas, una chica con rasgos asiáticos llamada Tai, que seria su futura Asistente personal, bonita, delgada y chiquita, de veinticinco años, la condenada parecía que no había matado ni una mosca, pero era experta en Kali, y el uso de cuchillos, también era Licenciada en Administración de Empresas.

    Por otro lado estaba una persona de un metro setenta, Arturo, de compleción normal pero con el cuerpo muy definido, ex militar y como se aburrió de esa vida y necesitaba adrenalina cruzo medio mundo y se enlisto en la Legión Extranjera Francesa, ya a sus treinta y siete años lo vías y sabias que no tenias que pelear con él, algunas cicatrices en su rostro, orejas de coliflor de practicar MMA y Krav Maga. En el viaje no se aguanto más y pregunto.

    Mariano: ¿Por qué no eres tu la heredera del abuelo, si son tan cercanos?

    Carmen: Yo.- sonrió y dejo lo que estaba haciendo en su teléfono.- tu abuelo es mi única familia, pero no me interesa su dinero.- se tomo su tiempo.- el me ha dado más que eso en este tiempo, la mayoría que estamos con él es por algo más que él dinero, aunque es más que generoso, a mi hace tiempo transfirió acciones de una empresa y algunas propiedades a mi nombre.

    Mariano: ya veo, y ellos, para que los necesito, a mi no me conoce nadie.

    Carmen: Déjame ponerte un ejemplo, su mundo era una jungla, y el se convirtió en el Rey, en el León alfa dominante, todos le debían respeto y sumisión, pero lo observaban esperando un momento de debilidad, un momento para poder atacar.

    Mariano: ¿Pero eso quedo atrás, o no?

    Carmen: Si, pero todo se mantiene en un tenso equilibrio, tu abuelo decidió salirse del juego y ser neutral. Y nadie lo molesta porque tu abuelo sabe demasiado de todos, de los políticos y de las familias. Cuando en los noventa entraron los carteles para el gobierno fue una luz roja, después lo hizo la mafia Rusa, su violencia y técnicas no le convenía a los políticos que quedaban mal frente a la opinión pública, una alianza encabezada por tu abuelo los combatió y acabo.

    Después de eso negocio su salida, en un pacto de caballeros. Sus casas de préstamos se convirtieron en un banco, que si bien no tienen muchas sucursales sus clientes son sus ex colegas. Sus casinos ilegales, ahora son hoteles y casinos de cinco estrellas, y su constructora se volvió cien por ciento legal.

    Mariano: El abuelo es Michael Corleone.

    Carmen: más o menos.- todos rieron.- lo que si el nunca aparecerá en ninguna noticia, o lista de ricos y famosos, pero el siempre esta, en las sombras viendo todo. No puede ser débil, no puede parecerlo, ni tu tampoco.

    El chico se quedo pensando en todo lo que se le venia, él pensaba que había un solo camino y era hacia delante. Llegaron a su ciudad natal, en un principio Tai llevaría su carta de renuncia, pero Mariano no se quería perder la satisfacción de entregarla en persona. En el estacionamiento del aeropuerto había dos Mercedes Benz Clase G, y Marco y otro muchacho esperaban, era el hombre que lo había seguido estos días atrás.

    Se dirigieron a la empresa que trabajaba Mariano, se bajaron el chico, Tai y Arturo, fueron directo a RRHH, cuando le entrego el dinero que debía y la carta de renuncia el director se le quedo mirando, sabia que Mariano era un esclavo que por centavos estaba haciendo la mayoría del trabajo. Mientras esperaba sus papeles aparecieron sus amigas.

    Carolina: Mira el limpiador quiere irse, no nos has pedido permiso.

    Vanesa: Sabes todo lo que nos debe basurero.

    Por primera vez Marino no tuvo miedo, no pensó en su trabajo, en su madre, en la renta. Solamente ignoro a estas dos personas y recibió los papales. Estas se enervaron ante la indiferencia del chico, incluso Vanesa siguió insultándolo o intentando humillarlo, las demás personas de RRHH solo observaban, ante la desesperación Carolina agarro una taza de un escritorio y quiso lanzársela, pero Tai y Arturo se interpusieron entre ella y el chico, estas mal criadas las habían ignorado o tratado mal lo miraban con odio, Marino puso su mano en su boca y les lanzo un beso.

    Mariano: Hasta pronto.

    El chico salió exultante, tenía más de mil por ciento en aur, estaba tan reprimido que nunca había hecho algo tan osado. Carmen vio la diferencia pero no dijo nada, eso si le escribió a su abuelo con el que estaba en permanente comunicación. El chico, Carmen y Arturo fueron al hospital a ver a su madre, mientras que Marco, su asistente y Tai se encargarían de la mudanza de Mariano, si porque Carmen le había comprado una casa en las afueras de la ciudad. Mariano no le importo, él no quería ver a su casera, así que delego ese trabajo.

    Todo lo que respecta a la madre de Mariano fue emotivo, el solo hecho de saber que no iba a tener problemas para pagar su tratamiento le daba una paz y seguridad, ella estaba perfectamente atendida en el sector VIP. Mariano le conto un cuento a su madre, le dijo que lo habían contratado en un muy buen trabajo en una gran empresa, que su seguro medico cubriría todos sus gastos, y que él podría venir a visitarla los fines de semana. También le conto lo de la casa, que la empresa le daba una, así que no tendría que preocuparse en volver a su humilde departamento. El chico se quedo casi toda la tarde con su madre, se despidió de ella con mucho cariño.

    Fueron a su nueva casa, en realidad era una vieja casona enorme, no llegaba a ser una mansión, pero si estaba en un lugar en las afueras de la ciudad, sobre una propiedad de diez hectáreas, en la entrada había dos casas para los empleados. La casa principal estaba en medio de la propiedad, no había vecinos cerca, un bosque en el fondo, una cancha de golf a un costado y al otro costado una propiedad enorme con casa de fin de semana.

    La casa era de dos plantas, con seis habitaciones en el primer piso, cada una con su baño, en la plata baja había una enorme cocina, dos baños, comedor, living, sala de televisión, una oficina y lavandería. Atrás de la casa estaba el garaje separado unos treinta metros de la casa, y a continuación unas viejas caballerizas que con una remodelación se habían convertido en un gimnasio.

    Lo que más sorprendió a todos, menos a Carmen, es que debajo de la casa y con una entrada oculta había un sótano, con un túnel que conectaba un bunker anti nuclear, por su profundidad y refuerzos, incluso sus puertas eran herméticas y reforzadas.

    La casa se le veía bastante potencial, estaba amoblada, rápidamente todos escogieron una habitación. Esa casa, por lo menos en los primeros meses serviría para los fines de semana, viviría con su abuelo, el viejo lo quería moldear.

    Se dieron cuenta que no había comida en la casa, Carmen buscaba entre los muebles y nada, el chico no pudo evitar dirigir su mirada ante tan imponentes posaderas, eran dos mazas de carne perfectamente moldeadas. La mujer se dio, y esbozo una sonrisa.

    Carmen: soy mucha mujer para ti, concéntrate en crecer como hombre, y conseguirás una buena mujer.

    El chico no se lo tomo a mal solamente le dijo que no era mujer para él. Lo que si pensó que ese culo le gustaba a cualquier hombre que respiraba. Y es que Carmen tenia un cuerpazo debajo de esos trajes elegantes, no podía ocultar su cuerpo, encima su cara de seria sus ojos color miel daba un aire a una maestra estricta que lo ponía loco al chico. Pero no quiso pensar más en el tema, no sabia como eran las cosas. Marco y su esposo fueron a comprar comida, el hombre que lo acompañaba era su esposo, ellos ocuparían una de las casas de la entrada, la otra seria ocupada por una familia que se encargaría de la limpieza y la jardinería de la casa, también serian parte de la protección, si hasta la asistente personal estaba armada.

    A la mañana siguiente se prepararon y volvieron junto a su abuelo, este lo sito en su oficina y le hablo de la preparación que requería para ser su heredero y poder moverse efectivamente en su mundo, Roberto no quería que le pasara lo mismo que con su hijo, aunque en carácter eran totalmente diferentes. Roberto le hablo a su nieto y lo convenció de tomar un entrenamiento duro y salvaje para llevarlo a ser un líder, el chico entendía todo y sabia sus falencias por lo tanto acepto.

    El entrenamiento al que iban a someter a Mariano prácticamente era para romperlo y armarlo de nuevo, eliminar todo rastro de debilidad, hacer una persona más fuerte mental y físicamente. Para ello su abuelo había recurrido a un antiguo amigo suyo, un Sargento retirado del ejército, de esos tipos turbios y oscuros que después de retirarse a los cuarenta años se dedico a negocios pocos legales o volvió a dedicarse a su antiguo trabajo, ingreso al ejercito porque la otra opción que le dio el Juez de menores a los diecisiete años era una correccional. De adolescente lo conocía el abuelo, de las pandillas. Este viejo era como su abuelo la vieja escuela, y lo iba a llevar a una casa que tenían prepara en un bosque cercano.

    Mariano estaba acostumbrado a aguantar y seguir, vivir con lo mínimo pero esto lo pondría a prueba por que seria más extremo todavía, pero si el sabia que había un objetivo claro, una luz al final del túnel.

    El domingo a la noche después de las presentaciones se fueron a vivir a la cabaña con Nicolás, su instructor. El lugar era sencillo, con lo básico, dos habitaciones, un baño y cocina comedor nada más. La habitación del chico tenía una cama, una mesa de noche, un armario con dos mudas de ropa y unas zapatillas extra y su kit de aseo personal.

    La primera noche le costo dormir pero cuando lo hizo durmió profundamente, tanto que no escucho cuando Nicolás entro a su habitación, cinco de la mañana, le puso casi en el oído una sirena, el muchacho pego un salto de la cama aterrado, mientras que Nicolás lo sacaba a empujones afuera, le metió la cabeza en un tacho de agua helada y le dio cinco minuto para cambiarse.

    Día uno de su entrenamiento a correr, el chico no estaba en forma y el viejo instructor de más de cincuenta años lo dejaba atrás como si nada, una hora corriendo, Mariano lo hizo en dos horas, llego caminando casi arrastrando sus pies, sentía hambre, cansancio y dolor. Pero era solo el comienzo, tras insultarlo y gritarle comenzaron los ejercicios de tipo militar, Mariano casi no podía hacer una flexión de brazos pero lo intentaba. Ya cansado le ordenaron que entrara. Desayuno escueto, taza de avena y una banana. Después clases de anatomía y el cuerpo humano, el no entendía mucho de que servía pero hacia caso.

    Almuerzo pollo a la plancha y verduras, luego lo mando a la casa del abuelo, una hora y media caminando, eso si le advirtió que tenia que estar antes de las ocho sino dormiría afuera.

    El chico tardo poco más de dos horas para llegar a la Mansión, ahí se baño y cambio, hablo con su abuelo sobre todo de sus negocios como funcionaban, donde invertía y por que, tuvo tiempo para más ya que a las seis de la tarde se tenia que ir. Volvió a las ocho y diez minutos, el viejo no dijo nada, pero se notaba en su mirada que no le gustaba. Le tiro un par de guantes de box y empezó a mostrarle los movimiento básicos, después lo saco afuera donde había una bolsa colgada de un árbol y los ejecuto ahí. Pero lo mejor estaba por llegar, la clase práctica, donde el viejo agarro a Marino como un saco de boxeo, el chico se llevo una paliza. Como castigo por llegar tarde no ceno, solo se le permitió comer una fruta.

    El día siguiente fue igual, lo mismo toda la semana, aunque el chico se iba adaptando rápidamente a todo, el era un sobreviviente, fue a ver a su madre el fin de semana, se tuvo que poner maquillaje que le suministro Tai para disimular los golpes. La semana empezó de la misma manera, misma rutina, el chico no pensaba renunciar, nunca lo había hecho.

    Aunque cambio algo, el viernes Nicolás en vez de correr lo mando caminando por un sendero del bosque, debía caminar por dos horas por ese sendero y volver con una roca de tono rosa del arroyo que pasaba por el bosque, Mariano pensó que seria fácil, la caminata le tomo tres horas era más complicado de lo que pensó, después se dio cuenta que estaba perdido, habían múltiples senderos y el no sabia reconocer por cual había venido, estuvo dando vueltas en círculos hasta que volvió al mismo lugar, era un chico de ciudad y esto era más que evidente aquí.

    Ya en la tarde, cansado, con hambre si haber probado bocado en todo el día, se dio cuenta de algo, el arroyo salía al camino principal, el camino que llevaba a la casa de su abuelo, de ahí podía volver a la cabaña y lo hizo, aunque llego a las nueve de la noche.

    Nicolás lo estaba esperando, ni bien vio a Mariano le arrojo los guantes de box, y empezó la misma rutina, terminando mariano aporreado, sin embargo en una de los últimos cruces con las pocas fuerzas que le quedaban le dio un golpe en la cara a Nicolás que lo hizo retroceder, el viejo retrocedió, sonrió y volvió a atacar. Cuando entro le dio carne a la plancha y le dijo que hoy se lo había ganado, era la primera vez que cenaba en la cabaña en dos semanas.

    Mariano comprendió las clases que le daba Nicolás, porque fueron avanzando y mostrando su propósito, aprendió anatomía, como cuidar su cuerpo, que comer, como curarse heridas, como realizar primeros auxilios, que partes de cuerpo se tiene que proteger, y cuales son las que tiene que atacar. También fue conociendo de supervivencia, armas blancas, armas de fuego. El ejercicio físico ya no era tan pesado. A los seis meses justo Mariano había perdido quince kilos, los ejercicio los hacia perfectamente, y le dieron su graduación, lo llevaron a lo profundo del bosque y le suministraron un cuchillo y un rifle con cinco balas. Debía cazar un jabalí, algo para lo que lo venían preparando el último mes.

    Aunque el chico no lo sabia, por el bosque se repartió a francotiradores, a parte dos drones lo tenían siempre a la vista, era una de las condiciones de su abuelo, no quería arriesgar la vida de su nieto.

    Mariano lo hizo perfecto, uso los conocimientos aprendidos del bosque, el terreno, los posibles sitios donde la manada de jabalí tomaran agua, y empezó a rastrear la zona, para el mediodía ya tenia el rastro, comenzó a seguir las huellas y eligió el mejor sitio, un abrevadero, se posiciono en contra del viento y se subió a un árbol, paso toda la tarde, la paciencia tuvo sus resultados cuando estaba atardeciendo apareció la manada, un gran macho, tres hembras de mediano tamaño y unas diez crías.

    El chico apunto al más peligroso, la distancia era de casi cincuenta metros, el estruendo del disparo y después el macho cayó, la manada empezó a correr y el dirigió su rifle a una de las crías otro disparo y también derribo a uno, disparo otra vez a una de las madre pero fallo. Observo que no había peligro y se acerco, le dio el tiro de gracia, no se quiso arriesgar con el cuchillo, eran animales peligrosos.

    Esa noche hubo fiesta en el patio de la mansión, fueron a buscar el premio de Mariano, treinta personas fueron al gran asado, todos trabajaban para el abuelo. Era gente de distintos niveles y cosas, hombres de confianza que le habían ido presentando en estos seis meses, estaban desde sus guardaespaldas a gerentes de las empresas, fue algo de campo, todo informal donde no había distinción, era alga para divertirse, pero también para conocer gente y que Mariano se fuera posicionando como el heredero, el chico charlo con todos, incluso con Carmen que no la veía hacia mucho tiempo.

    Ese fin de semana Mariano fue a ver a su madre, era notable la mejora de esta, prácticamente ya estaban hablando de un tratamiento mas ambulatorio, o sea que se podía retirar a su casa, Mariano eligió alquilarle un departamento a su madre, a una cuadra del hospital, para que se tuviera que mover lo menos posible.

    De nuevo en la mansión de Roberto, su nieto iba a empezar su otra etapa de preparación, una más refinada, donde iba a tener que aprender a actuar en sociedad, como moverse, como negociar, como vestirse, como enamorar a una mujer, como analizarla y que esta no se aproveche de él, y hasta como bailar. Todo esto lo iba a poder hacer en la mansión, sin olvidar el entrenamiento físico y de combate, aunque este ultimo se encargaría su guardaespaldas Arturo.

    Por las mañanas correr y ejercicios con Nicolás, después del almuerzo el abuelo le enseñaba los negocios incluso visitaban algunos, a la tarde artes marciales mixtas con Arturo, y a la noche el abuelo le enseñaba etiqueta. Ese viernes practicaría algo de lo hablado, salieron Mariano, su abuelo, y tres guardaespaldas, incluyendo a Arturo. Fueron a un restaurante conocido por ser muy exclusivo, es más muchos políticos que habían en él se acercaron a saludar a Roberto y este les presento a su nieto. Cuando terminaron fueron a un bar, también caro pero este era más frecuentado por turistas, dejaron el Maybach S680 y la camioneta de apoyo a una cuadra del lugar, quería que su nieto sedujera no por lo que trajera o por ser rico, sino por su técnica.

    Pidieron una mesa y tragos a la misma, no era un lugar que frecuentara Roberto, pero no desentonaba, la moza era joven y muy linda, el viejo con un par de sonrisas y palabras suaves al oído le saco una sonrisa a la chica, era un zorro viejo un galán, se fue la chica sonriendo, los cincos estaban bien vestidos, pero sobriamente, no resaltaban, ahí le dijo el viejo al nieto que no debía parecer desesperado, debía ser seguro, ser original y distintos a todos. Volvió la moza con una botella de champagne, siguió charlando con el abuelo. Mariano fue al baño, de lejos lo siguió Arturo. Al volver una chica morocha, bajita esta intentado sacar una parte de su vestido que se había enganchado de la madera de la barra una pequeña astilla, al hacerlo rompió el vestido y empujo a Mariano.

    Morena: Disculpa.- al querer irse se dio cuenta que su vestido se había roto y quedaba su espalda al aire y tenia que sostenerlo por que se caía dejándola desnuda.

    Mariano encontró una solución, paso su brazo por su espalda y la saco de ahí hacia el patio. Ahí se pusieron a hablar mientras buscaban una solución, según ellas sus amigas habían desaparecido con algunos chicos y no la encontraba, Morena era una chica de veintidós años, bastante simpática, era linda, sin ser una belleza, estaba muy bien. Mariano contestaba con chiste que esta le festejaba, vio que Arturo lo vigilaba a lo lejos, se pidieron unos tragos y después de unos veinte minutos de conversar el chico pensó que era hora de ver si podía avanzar, y la beso, ella respondió y empezaron a besarse y meterse mano, el escucho a su abuelo decir que el primer piso de ese lugar era muy discreto.

    Mariano con la joven se dirigieron a la planta alta, ahí había muchos cubículos con sillones y la luz era muy baja, se sentaron en uno y siguieron con lo suyo besándose, en un momento dado Mariano quiso demostrar su habilidad en tantos años forjadas como chico de compañía, metió sus manos bajo el vestido de ella, encontrando su tanga mojada, empezó a masturbarla, ella no pudo seguir besándolo y puso su cara en su cuello mientras gemía y tenia un excelente orgasmo, se sorprendió de la habilidad dactilar del joven, ella se bajo y saco su pene, le gusto lo que vio y empezó a darle tratamiento oral, lo hacia profundo.

    Mariano hacia mucho que no estaba con una mujer y no pudo aguantar más y acabo pero cuando lo iba a hacer apretó la cabeza de la chica contra él para que se tragara todo, ella termino escupiendo todo el semen, tomo de su trago y se enjuago la boca.

    Morena: Eso no se hace.

    Mariano la beso, la levanto y aprovechando que no se le había bajado la sentó sobre su pene, y con una mano lo dirigió a su vagina, la penetro, tomo sus dos nalgas y empezó a moverla la chica ya colaboraba mientras tenia todo el pene de él adentro, no tardo mucho en acabar, Mariano la saco y ella recuperándose en el sillón vio como él meneaba su pene a centímetros de su cara y descargaba otra andanada de semen sobre ella. Después agarro su trago y la dejo ahí.

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  • Ari: Prisionero de mi piel (4)

    Ari: Prisionero de mi piel (4)

    La historia sigue…

    Como todos los domingos, salí con mi madre a comprar víveres. Caminábamos juntas como si fuéramos dos mujeres, madre e hija —bueno, ella no sospecha nada—. Y ahí estaba él.

    Apoyado en un poste, con los brazos cruzados, observándome como si yo fuera suya.

    —Buenas tardes, señora —saludó con voz grave y una sonrisa falsa.

    —Buenas tardes, joven —respondió mi madre, sin sospechar nada.

    Yo apreté el brazo de mamá, tratando de pasar rápido, pero Jordan me lanzó un murmullo que solo yo escuché:

    —Te ves preciosa así, toda tímida al lado de mami.

    Mi corazón dio un salto. Bajé la cabeza y aceleré el paso, pero sentí su mirada clavada en mí trasero hasta que doblamos la esquina.

    Otro día iba con Camila, mi mejor amiga a comprar unas bebidas. Ella hablaba y reía animada de la universidad, ajena a mi tormento. De pronto, la voz que más temía y, al mismo tiempo, más esperaba, retumbó en la calle.

    —¡Princesa! —gritó Jordan desde la otra acera.

    Camila volteó, sorprendida.

    Me paralicé. Mi rostro se encendió de inmediato.

    —¿Quién es ese? —preguntó Camila, volteando hacia la acera de enfrente.

    Yo me puse rojo, tan rojo que Camila lo notó.

    Era Jordan, recargado en un poste, mirándome como si me desvistiera con los ojos. Mi corazón se desbocó.

    —N-no sé… —balbuceé, evitando su mirada.

    Jordan cruzó la calle con pasos seguros, esa sonrisa insolente pintada en su rostro.

    —Hola, muñeca ——me dijo sin pudor, ignorando por completo a Camila.

    —¿Perdón? —le reclamó, indignada—. ¿muñeca a mí? ¿Quién te crees para hablarme así?

    Camila pensando que lo de muñeca era para ella, sin sospechar que Jordan se estaba refiriendo a mí.

    —saltó Camila, poniéndose seria—. ¿Por qué me hablas así? —¿qué te pasa? Acaso me conoces…

    —C-Camila, no le hagas caso… vámonos…

    Jordan rio suavemente y alzó las manos en señal de “tranquilidad”.

    —Relájate, solo estoy bromeando. Ari y yo somos buenos amigos.

    Ella lo miró con desprecio y tiró de mi brazo—¿Lo conoces? Dijo Camila.

    —S-si… yo… s-si… —balbuceé.

    —Tu amigo es muy… especial. —Dijo Jordan.

    Camila frunció el ceño.

    —Sí, es especial porque no se mete con nadie. Y no creo que sean amigos así que déjalo en paz.

    Yo quería desaparecer. Sentía que mi cara ardía, que mis labios temblaban.

    Jordan se inclinó hacia mí, sin importarle la mirada de Camila, y susurró:

    —No puedes esconderte, Ari. Yo sé lo que eres.

    Mis rodillas flaquearon. Camila, confundida, me tomó del brazo.

    —Ari, vámonos. Este tipo está loco.

    Jordan me sostuvo la mirada, disfrutando de mi miedo.

    —Nos vemos pronto Ari —dijo en tono burlón, con voz grave.

    Camila me jaló para alejarnos, pero yo apenas podía caminar.

    —¿Qué le pasa a ese idiota? —preguntó ella, indignada.

    —Yo… yo no sé… —musité, la voz entrecortada.

    —Ese tipo se le nota que es un vago. Seguro te molesta porque sabe que eres callado, y piensa que no puedes defenderte, Ari si ese tipo te vuelve a molestar avísame y le digo a mi tío que es policía.

    (Camila siempre había sido dulce conmigo, me trataba como a un hermano, sin sospechar jamás la tormenta que yo llevaba por dentro.)

    Asentí débilmente, fingiendo que tenía razón. Pero dentro de mí, sabía la verdad: Jordan no me molestaba por ser débil… sino porque ya me había atrapado.

    Esa noche, mientras me arreglaba en mi habitación, escuché un silbido desde afuera. Me asomé un instante… y ahí estaba, en la vereda, con los brazos en alto, como si celebrara haberme atrapado en su juego.

    —¡Ahí estás, princesa! —dijo en voz baja, pero firme, suficiente para que solo yo lo escuchara.

    Cerré la cortina de golpe, con el corazón en la garganta.

    —No puede ser… —susurré para mí misma, llevándome las manos al rostro.

    Me sentía perseguida, vigilada, como si él pudiera atravesar mis muros en cualquier momento, pero me sentía empoderada por haberle cerrado la cortina de golpe, ese acto me hizo sentir seguro y que ya le podía hacer frente, pero todo fue una ilusión.

    Apenas unos días después. Yo había salido solo a la tienda. Caminaba lento, mirando el celular, cuando sentí su sombra cubriéndome.

    —Ya basta, Jordan… —dije en un hilo de voz pero fuerte, sin detenerme.

    Él me tomó suavemente del brazo, sin violencia, pero con una firmeza que me paralizó.

    Y mis miedos, dudas e inseguridades que pensé que las había superado regresaron de golpe y multiplicadas por mil.

    —No, princesa… no basta. —Su tono sonaba como una sentencia—. ¿Sabes por qué? Porque cada vez que tiembla tu voz, cada vez que bajas la mirada, me das más razones para no dejarte.

    —Yo… yo no puedo… no soy como tú crees… —mis ojos se llenaron de lágrimas.

    Jordan me levantó el mentón con un dedo, obligándome a mirarlo.

    —Claro que lo eres. Y aunque llores, aunque supliques, ya no puedes escapar de mí.

    Negué con la cabeza, el pecho oprimiéndome, los labios temblorosos.

    —No… no digas eso…

    Él sonrió, inclinado sobre mí, su voz grave resonando en mi oído:

    —Tú eres mía, Ari. Tarde o temprano vas a aceptarlo. Y ese día, vas a suplicar… no que me detenga, sino que nunca te deje.

    Yo quedé muda, con el alma hecha pedazos, atrapada entre el miedo y esa vergüenza ardiente que me carcomía. Sentí que ya no podía escapar, que sus palabras se habían convertido en cadenas invisibles que me ataban a él.

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  • Enamorándome de Dianita (17)

    Enamorándome de Dianita (17)

    Resumen: Sofia juega sus cartas, ¿será que su belleza podrá hacer caer a Thiago en la tentación?, por otra parte, Thiago sufre un accidente que lo deja en coma, que pasará cuando despierte.

    Dianita le envió la dirección a Paula por mensaje de texto, cuando Paula vuelve a mirar la foto mentalmente dice, -“hoy es el día en que esa zorra va a saber con quién se está metiendo, y Thiago esto no se lo voy a perdonar”. No tenían idea de quien le había enviado el mensaje a Dianita ya que el número era desconocido, la única persona que se le pasaba por la mente era Amber, por lo que antes de ir al hotel que aparecía en la foto y en la cual se observaba muy claramente el nombre, pensaba Dianita; “era un error o realmente querían que supiera donde estaba Sofia con Thiago”, esa era una pregunta que rondaba la cabeza de Dianita.

    Paula y Dianita llegaron casi al mismo tiempo el hotel, cada una en taxi, se saludaron y caminaron con urgencia hacia la recepción, trataron de averiguar la habitación donde estaban Sofia y Thiago, pero no consiguieron ninguna información.

    -Señorita por favor ayúdenos, por favor díganos en que habitación se encuentra Sofia del Castillo y Thiago Gamarra. -preguntaban las dos.

    -Lo siento señoritas, pero esa información no se las puedo dar está prohibido. -decía la recepcionista

    -Esa mujer quiere acabar con la relación de mi amiga. -decía Dianita

    -Lo siento solo puedo decirles que no tenemos registro de nadie con ese nombre.

    -Mire esta es la mujer ayúdenos por favor.

    -Lo siento yo acabo de recibir turno, no puedo ayudarlas.

    Derrotadas y con lágrimas en los ojos salieron las dos del hotel, en el fondo sabían que era muy difícil conseguir la información de la habitación.

    -No puedo creer que esa zorra haya ganado. -decía Dianita

    -No puedo creer que Thiago se haya dejado engatusar de esa zorra. -decía Paula

    -Tengo el corazón destrozado, vamos a beber llamemos a Natalia. -dijo Dianita.

    -Si yo también quiero beber, vayamos al apartamento de Cristian. -dijo Paula

    -Pero no sabemos si Cristian está allí, y llaves no tenemos. -dijo Dianita

    No te preocupes yo tengo llaves, Thiago me dio una copia cada vez que nos íbamos a encontrar en al apartamento, él llegaba tarde y me tocaba esperar afuera, solo tenemos que llamar a Cristian y decirle que nos preste el apartamento. -dijo Paula.

    -Está bien, pero llámalo tú, mientras yo llamo a Natalia. -dijo Dianita.

    Paula llamo a Cristian y le pidió el favor que les prestara el apartamento a las tres, querían ahogar penas, Paula medio le conto lo que estaba pasando.

    -Claro no hay problema pueden quedarse en el apartamento, allí estarán más seguras que si se van a beber a otro lugar. -dijo Cristian

    -Muchas gracias eres un sol. -dijo Paula

    -Bueno tú tienes llaves Thiago me dijo que te dio una copia yo las acompañaría, pero es mejor que pasen una noche solo de chicas, se cuidan cualquier cosa me llaman. -dijo Cristian

    -Gracias eres el mejor.

    -Listo ya tenemos la aprobación de Cristian, vamos. -dijo Paula

    Se fueron en taxi al apartamento de Cristian, y por domicilio pidieron bebidas y comida, para pasar las penas, Natalia llego al rato para conformar el trio, pero encontró que Dianita y Paula ya estaban bastante tomadas.

    -No puede ser, no quiero que Sofia y Thiago se acuesten. -decía Paula llorando, como niña pequeña.

    -Porque esa zorra se tenía que fijar en Thiago, ella no lo merece. -decía Dianita también llorando como niña pequeña, mientras abrazaba a Paula.

    -No puedo creerlo, ya estas dos están borrachas. -decía Natalia casi riendo al verlas hacer berrinches como niñas pequeñas, sentadas en el piso.

    Mientras, Sofia no dejaba de besar a Thiago, se sentía victoriosa sabía que nadie podía dañarles ese momento, esa noche ella y Thiago iban a tener sexo.

    El alcohol estaba haciendo su trabajo, ya no tenía control de mi cuerpo con cada beso de Sofia, yo se los correspondía, estaba cediendo a sus encantos, mis manos acariciaban sus piernas y subían por sus torneadas y duras nalgas las estruje, y seguí subiendo por su piel suave como la seda hasta llegar a sus senos, Sofia emitía suaves gemidos, pase mi lengua sobre la tela del sujetador, sus pezones estaban duros que sobresalían.

    Aparte la tela y pase mi lengua por su duro pezón, abrí mi boca y chupe su seno, Sofia me acariciaba el cabello, haciendo presión hacia su pecho. -que rico se siente, -me decía, pero en un momento de lucidez me contuve y me aparte.

    -¿Qué pasa no te gusto? -me decía Sofia

    -Claro que me atraes Sofia, ese es el problema, pero no estoy cómodo. -le dije, quería ganar tiempo no sé para qué, pero quería tiempo.

    -Estas pensando en ella cierto.

    -Voy hacer sincero contigo, no estoy pensando en Dianita estoy pensando en Paula, ella no se merece esto. -le dije

    -Tienes razón, mi problema no es con ella, pero es un daño colateral, no puedo ayudarte con eso, además al final también vas tener que terminar con ella, cual es el problema.

    -El problema es el orden de las cosas, primero debería terminar con ella y después si hacer todo lo que tú quieras, no quiero hacerle daño.

    -¿Y qué hay de Diana?

    -Ella está al tanto de todo, sabe muy bien que, entre ella y tú hay una lucha, pero Paula no es consciente de nada.

    Mientras discutíamos el tema, seguimos tomando la botella de Champan, que sumado a las botellas de vino que me tome con la profe Violeta, ya estaba perdiendo el conocimiento, y el control de mi ser, Sofia se daba cuenta de eso, por eso me seguía llenando la copa.

    En un momento no se cuándo ni cómo, estábamos en la cama, ella quitándome la camisa, me besaba el pecho mientras bajaba hacia mi abdomen, quito mi cinturón y desabrocho el pantalón, para después quitarlo por completo, quede completamente desnudo.

    -Wao, esa verga intimida, ya sé porque las mujeres se mueren por ti, pero la quiero ver en su máximo esplendor. -decía

    Sus palabras las escuchaba a lo lejos, realmente no era consciente de lo que estaba pasando, Sofia muy hábilmente tomo mi pene y empezó a pasar su lengua por el tronco, mientras con sus manos acariciaba mis huevos, mi cuerpo reaccionaba a sus estímulos, mi pene se puso duro, y Sofia paso su lengua por mi glande.

    -Que haces, detente por favor. -le decía entre jadeos.

    -Tu boca me dice que pare, pero tu cuerpo me pide que continúe. -me contestaba.

    Sofia siguió chupando mi pene, su habilidad era extraordinaria con lengua le daba caricias a mi glande mientras con su mano me pajeaba brutalmente, quería sentir el sabor de mi leche en su boca, mi cuerpo no resistió más y explote en un fuerte orgasmo, salieron chorros de leche que fueron a parar a su boca, cuello, ojos y mejillas, con sus dedos limpio su cara y se los llevó a su boca, y con su lengua termino de limpiar mi pene, me dio un tierno beso y dijo.

    -Uf, uf, que rico sabe tu leche, espérame un segundo voy al baño, me acicalo y regreso quiero que me hagas tu mujer.

    Se levanto, y fue caminando muy sensualmente al baño, mi respiración era agitada, me quede mirando la puerta del baño, hasta que todo se tornó borroso, y perdí la noción del tiempo, no pasaron ni tres minutos cuando Sofia salió, del baño y me vio con los ojos cerrados, me había quedado dormido profundamente, su plan había fallado por un error de cálculo, bebí demasiado alcohol que me embriago más de la cuenta hasta el punto de fulminarme, intento por todo los medios por despertarme pero no lo consiguió.

    -Pero es en serio, como te vas a quedar dormido, si ya te tenía en mis manos, pero que tonta, no le debí dar tanto alcohol. -decía mientras maldecía.

    Aunque no tengamos sexo hoy, en la mañana cuando te despiertes si lo haremos, pero antes quiero enviarle un regalo a tu noviecita y a Diana, por lo que tomo su celular, eran las 3 de la madrugada, me cubrió con las sábanas, pero dejo mi pecho y abdomen descubiertos, solo tapaba mi entrepierna, y se podía ver que estaba totalmente desnudo, ya que mi pierna estaba descubierta, no quiso hacerse una selfi junto a mí, para que no pudieran chantajearla, pero le envió la foto a Diana con el siguiente mensaje:

    “Te dije que no se resistiría a mis encantos, mira que bien la pasamos, quedo exhausto de tanto placer que le di, lo siento por ti y su noviecita, pero ya no les pertenece, desde esta noche Thiago es solo mío, recuerda nuestro trato es mejor que te alejes, admítelo perdiste, nunca fuiste rival para mí, al final del mensaje se podía ver un emoji de una carita tirando un beso de corazón”.

    Las chicas de tanto alcohol están ebrias, ya dormidas en la sala del apartamento de Cristian, las tres estaban abrazadas y acostadas sobre almohadones, cuando Dianita sintió el ruido del su celular, despertó su cabeza le daba vueltas, tomo su celular y leyó el mensaje de Sofia, al ver la fotografía de Thiago dormido desnudo en la cama, se le salieron las lágrimas, puso su mano en la boca para no hacer ruido y que sus amigas no se dieran cuenta, se levantó muy cuidadosamente y se ubicó frente a la ventana, con el celular en la mano solo miraba la fotografía.

    -Porque lo hiciste Thiago me prometiste que serias solo mío, me prometiste que no te acostarías con Sofia. -decía muy suavemente

    Estaba tan ida que no se dio cuenta que Natalia estaba detrás de ella, pudo leer mensaje y ver la fotografía de Thiago, no dijo ninguna palabra solo la abrazo por detrás, sacando de sus pensamientos a su amiga, Diana giro y solo pudo abrazar fuertemente a Natalia, no pudo contener sus lágrimas y se desplomo a llorar, Paula también se levantó y vio la escena, se puso la mano en el pecho, en el fondo sabia porque Dianita lloraba, se puso de pie y se dirigió a donde estaban Dianita y Natalia, vio el celular y se lo quito de las manos a Dianita, vio la fotografía y leyó el mensaje, miro fijamente a Dianita y sus lágrimas también brotaron.

    -Tienes que amarlo tanto o igual que yo, para que esta fotografía te duela tanto. -le dijo Paula

    -No te voy a mentir, el sentimiento que tengo por Thiago cada día crece más y más, pero tú te has ganado mi respeto, por la única persona en el mundo que me apartaría de la vida de Thiago serias tú, y espero que no me lo pidas. -le contesto Dianita.

    Paula la queda mirando fijamente y le dice -estoy segura que entre Thiago y tú, hay más que una simple amistad, eso ya lo tengo asumido como también tengo asumido que ustedes ya debieron haberse acostado, aunque no me lo quieras confesar, pero tenemos una enemiga en común y si tengo que escoger, es mejor compartirlo contigo que con esa perra. -le dijo Paula a Dianita.

    -Las dos hablaremos con Thiago al mismo tiempo para que nos explique a ambas porque lo hizo. -termino de decir Paula.

    -Estoy de acuerdo. -respondió Dianita.

    -Bueno ahora solo queda tratar de dormir un poco, mañana será un día muy largo. -dijo Natalia.

    Las tres trataron de dormir, aunque era difícil hacerlo, Natalia pensaba… que suerte tienen algunos hombres, estas dos mujeres en vez de estar jalándose de los cabellos optaron por unirse y compartirlo, sí que debes ser especial Thiago, pero yo no me quejo tengo a Cristian que es muy especial, además no tengo que lidiar con que otras mujeres quieran cogérselo, uf, uf, eso me deja tranquila, pensaba.

    La mañana llego y un rayito de luz atravesó una de las cortinas de la habitación, muy lentamente abrí mis ojos, toda la habitación me daba vueltas, pasé mi mano por mis ojos tratando de enfocar donde estaba, y fue cuando la vi, dormida totalmente desnuda a mi lado, ¡Dios mío!, esta mujer es una diosa, cualquier hombre en el mundo desearía estar en mi lugar, pero yo solo quería escapar Sofia era demasiada tentación, era consiente que si ella despertaba y me encontraba en la habitación no había manera de que no termináramos teniendo sexo.

    Antes de levantarme de la cama, la observe muy detenidamente, pude apreciar su escultural cuerpo, sus senos perfectos, su rígido culo, pero me llamo la atención un pequeño tatuaje que estaba ubicado en la pelvis muy cerca de su sexo, era una mariposa que volaba hacia la luna, su ubicación era como si no quisiera que nadie lo viera, ya que cualquier tipo de tanga lo cubría muy fácilmente, solo estando desnuda se podía apreciar el tatuaje, tome mi teléfono que estaba en la mesa de noche y le saque una fotografía.

    Al levantarme muy despacio de la cama, me di cuenta que yo también estaba totalmente desnudo, tenía rastros de que había eyaculado, pero no me acordaba de nada.

    -¿No puede ser realmente terminé acostándome con Sofia? -me pregunté mentalmente.

    Rápidamente busque mi ropa y me vestí, volví a mirar a Sofia en la cama desnuda, me quede unos segundos hipnotizado, pensaba que si habíamos tenido sexo en la noche que más daba volver a cagarla ahora en la mañana, porque si Sofia y yo amanecimos desnudos era porque el trato se había consumado pensaba, di dos pasos hacia la cama quería morder ese enorme culo, pero en un momento de lucidez me detuve y decidí mejor dejarle una nota, primero averiguaría que había pasado entre los dos, así que salí en silencio de la habitación.

    Cuando llegue a la recepción, la chica que había atendido a Dianita y a Paula, me quedo mirando por lo que decidí acércame.

    -Hola buenos días. -le dije

    -Buenos días joven. -me contesto

    Disculpa, miré su nombre en la placa que tenía en su pecho, y le dije -¡Luciana cierto!, podrías por favor enviarle un desayuno frutas algo delicioso y al lado con una salsa pueden poner un mensaje que diga “perdóname por favor”, y al final una firma con mi nombre Thiago, a la chica que está en la habitación 1026, por favor.

    -Claro que sí señor con gusto. -me dijo

    -Muchas gracias eres muy amable Luciana. -le dije

    -Disculpe señor Thiago, una pregunta por casualidad la chica que estaba con usted se llama ¿Sofia? -me pregunto cómo indecisa.

    -Efectivamente señorita, ¿hay algún inconveniente? -pregunte asombrado y preocupado

    -No, ningún problema, es que no se si deba decirlo, pero ayer estuvieron dos señoritas buscándolos en la noche, pero como no tenemos a nadie registrado con esos nombres no pudimos ayudarlas, se les veía muy desesperadas, por encontrarlos. -me dijo con una sonrisa.

    -Muchas gracias por la información, y disculpa que abuse de tu generosidad, no le comentes nada a Sofia por favor, vaya lio en el que estoy. -pensaba.

    Como era posible que Dianita y Paula, se hubiesen enterado que Sofia y yo estábamos en ese hotel, pensaba será que Sofia pudo ser capaz de… -igual se iban a enterar no quería que sufrieran por mi culpa, pero ya les estaba haciendo daño, bueno tengo que ser un hombre y afrontar la situación, les mande un mensaje a las dos diciéndoles, necesitamos hablar, mi idea era hacerlo con cada una de forma independiente, Sali del hotel muy preocupado encendí mi moto y me dirigí a mi casa.

    Continuará….

    Si te ha gustado el relato, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.

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  • Un rico encuentro

    Un rico encuentro

    Soy Marijó y las saludo con gusto queridas chicas preciosas, esperando que su vida femenina sea tan intensa como creo que es lo que les voy a contar en el siguiente relato.

    Fue un jueves de un mes de septiembre de hace algunos años. Yo había tomado el día libre de varios que tenía derecho y, bueno, quería pasar un día conmigo misma, de gozo y, por qué no decirlo, de lujuria. Tenía ya bastante tiempo que no tenía una “pareja formal”.

    Vivía sola y había estado muy atareada en el trabajo, en donde asisto de chico.

    Me levanté temprano, siempre lo hago. La noche anterior me había acostado con un camisón para dormir, tipo fondo completo de color azul rey, de esos ligeritos, pero muy seductores, con una pantaleta muy sensual y brasiere de encaje, también color azul, soberbios ambos. No todas las noches lo hago, pero esa ocasión me había metido un plug metálico de tamaño mediano en mi cola, me ajustaba riquísimo y así me fui a la cama. Tan rico lo sentía metido en mi colita que tuve sueños eróticos.

    Soñé que iba a dejar mi auto al servicio y que el dueño del taller me coqueteaba y me invitaba a pasar a su privado, donde me daba tremenda manoseada, me tocaba por todas partes, me besaba con gran furia y me metía la mano por todos lados. Lo soñaba como si fuera real y sentía que me metía su pene y que yo lo apretaba con saña (estaba apretando el plug je, je, je), para que sitiera la fuerza de mi vagina y mis potentes músculos. Me corrí, entre sueños, tres veces. Amanecí completamente húmeda.

    Bueno, nada más de recordarlo y contarlo, me humedezco nuevamente, soy una lujuriosa.

    Con la inquietud voluptuosa que amanecí, desayuné muy ligero, estaba con necesidad de hombre (en ningún momento me retiré el plug, andaba a gusto, muy caliente y cómoda)

    Cuando terminé de desayunar y hacer las labores caseras propias de mi sexo (soy toda una hembra), me dispuse a tomar un baño. Preparé, para usar en casa, un juego de pantaleta y brasier en color negro todo de encaje, una blusa blanca holgada, con los hombros descubiertos y manga tres cuartos, una faldita negra, corte A, que llega justo arriba de las rodillas, mi adorada joyería de bisutería que nunca falta, siempre la uso, zapatillas de tacón corto, para andar cómoda, medias de elástico color negro y el maquillaje, ya vería cual seleccionaba al mero momento.

    Cada que dejaba en la cama la ropita que sacaba, apretaba con fuerza el plug en mi cola y, ayyyy que rico sentía, me excitaba como adolescente.

    Me metí a la tina, con el camisón y la ropita interior puesta (por supuesto que el plug también je, je, je), me encanta hacer eso, me siento en el paraíso toqueteándome y moviéndome como loquita en el agua. Es más, me encanta sumergirme y aguantar la respiración lo más que pueda mientras me acaricio el cuerpo, tetas, vientre, vagina, cola, culo (con todo y plug je, je, ja) y salir a respirar en un casi último momento (¿lo han hecho? Es tan lujurioso que me enloquece). Aproveché para jugar un rato cambiando el plug por mi “novio” formal, un dildo de 25 cm de largo 6 cm de grueso, de ensueño.

    Bueno, después de esa agasajada que fue deliciosa, me salí de la tina, según yo ya completamente “satisfecha” de mis necesidades, muy modosita, como si nada hubiera pasado.

    Me empecé a arreglar para mi día, ya les comenté mi ajuar para el día. Me puse crema en todo mi cuerpecito y poco a poco me fui poniendo lo que había preparado con tanto empeño.

    Cuando ya estaba con la ropita interior y medias puestas, ya eran como las 11, me dio sed. Fui al bar y me preparé un highball de güisqui y regresé a la habitación a terminar mi rutina de embellecimiento. Finalmente me había tomado un día para disfrutar, se vale.

    Lo último siempre es la peluca, ya con el maquillaje aplicado, la ropa en su lugar y los accesorios adicionales montados, seleccioné una peluca de corte boby, color castaño obscuro, muy mona, me encanta como se me ve. Dije lo último, verdad, pero no era así, lo último es ensartarme un dildo, ahora fue un número adicional de grosor, que solo al meterlo, me erizó la piel del placer y me dije ¿“no que satisfecha Marijó”?

    Ya eran las doce del día y, tenía que planear mi día. Aproveché el pretexto para servirme otro güisqui ja, ja, ja.

    Bueno, ya con el vaso en mano, fui a revisar que todo en el departamento estuviera en orden, lo cuál me llevó como media hora.

    Cuando llegué a la puerta que da a la calle, abrí y me asomé también a revisar alrededor del departamento. A lo lejos, a más de 50 metros, estaba un trabajador haciendo alguna tarea en la fachada de una casa. Me sentí como electrizada ¿recuerdan que traía metido un plug en la colita? Al ver al tipo, miles de ideas lujuriosas me llegaron a la cabeza. Yo salí hasta la mitad de la calle y me ubiqué para que fuera vista por el tipo. Mi idea era solo “loquear” es decir, que me viera, que yo le mostrara a lo lejos algo de pierna, que me viera tocarme los senos y como quien no quiere, sobarme la entrepierna.

    Me enloquece hacer eso y, como ya traía dos tragos encima, pues que ni mandado a hacer. Para darme más valor, fui por otro güisqui y salí con el vaso en la mano y en algún momento le hice la seña de que le convidada de mi bebida, Solo vi que se metía con urgencia y ya no salió. Me dio mucha risa, porque creo que me aproveché.

    Sin embargo, la idea siguió rondando mi cabecita, de hacer algún contacto con alguien ahí, afuera del departamento, ya estaba un poco borrachita. Como era medio día, ya más de las 13, no se apreciaba nadie, es una hora de otras actividades.

    Pues decidí quedarme un rato parada en la puerta, para ver a las personas que pasaban. La distancia entre la senda por donde andar a donde estaba yo era de casi 10 m así que me sentía cómoda y confiada.

    Pasaron varias personas, algunos hombres, a los que trataba de atraer, pero, sin ningún éxito.

    Finalmente, como a las 14, pasó un tipo que vestía pants, no se veía mal, como de unos 45 años, delgado, sonriente, no tan guapo, pero no feo. Voltea el rostro hacia donde yo estaba parada en el quicio de la puerta del departamento y viéndome con interés me dice “¿le puedo ayudar en algo señora?”. Primero que me dijera señora, me sonó a música y segundo, no estaba tan mal. Me dije a mi misma, ahora o nunca Mariajosé y, le dije llena de coquetería y con una sonrisa sexy “¿y qué sabes hacer”? Me contestó con gran aplomo (eso me encantó, sin miedo) “de toda señora, puedo hacer de todo”. Yo le dije “¿ah caray, de todo?” y me dijo si, de todo y le respondí, eso me gustaaa, mucho.

    Sin pensarlo dos veces le dije, bueno, eso me satisface (ja, ja, ja), ven, era lo que necesitaba. Se acercó a la puerta y se me quedó viendo con cara de asombro y de gusto, lo cual fue para mi una maravilla. Cerré la puerta y le puse llave, de reojo trataba de ver su respuesta, lo que vi, me agradó aún más, se chupo los labios, tal vez se dijo a si mismo “de aquí hasta donde tope” al menos eso era lo que yo quería. Lo invité a pasar al pasillo de entrada y le dije “tengo algo que es de gran urgencia que me gustaría que me ayudaras a resolver” Me dijo “estoy a sus órdenes señora” y me revisó de pies a cabaza (seguro pensó mira lo que me voy a comer).

    Si ya estaba yo caliente, me puse más erótica y sexy en mi modo de hablar y de intercambios de miradas. Le dije “pues mira este es uno de mis grandes pendientes y necesito urgentemente que me ayudes a resolverlo, repetí para que no hubiera duda de la necesidad que tenía de ello. Lo abracé y lo besé ¡con pasión! Me clavé en su boca, le puse primero los labios llenos de labial en los suyos y le metí la lengua con enorme urgencia. Se dejó, se dejó muy lindo y poco a poco fue respondiendo a mis besos, primero suave, no como yo de ofrecida y, luego también con mucha pasión.

    Lo fui llevando hacia un área donde hay pasto, nos tiramos al suelo y lo seguí besando, lo estaba besando como lo recordaba de mi sueño que les conté con el mecánico, mucho, fuerte, besos mordelones, cariñosos, apasionados. Lo empecé a toquetear y se dejaba muy receptivo, estaba a mi disposición. Bajé mi mano desde la cabeza que le estaba acariciando, hasta el pantalón (ya saben a dónde je, je, je) y le apreté el pene con enorme pasión, lo tallaba encima del pantalón.

    Para esos momentos ya estaba tremendamente duro. Así lo estuve besando como media hora y él me tocaba los senos, me acariciaba, me metía la mano debajo de la falda, se dio cuenta que tenía algo entre las piernas, hasta le gusto lo que encontró, solo dijo, que rica sorpresa lo que encontré, me encantó, ya lo deseo. Me excitó más.

    Le empecé a bajar el pantalón y el boxer, tomando en mis manos aquel manjar, largo, jugoso, no tan grueso, pero muuuy largo.

    Le dije, pero mira nada más que me encontré, que cosa tan linda y provocativa. Esta hermoso.

    Me dijo, ojalá sirva para corregir sus pendientes señora. Le dije, ya lo sabremos en un momento y, por favor, háblame de tú, es más, dime Marijó, así me llamo.

    De sus labios no me despegaba, tenía tantas ganas de besar y de que me besaran que no me despegaba de su boca. Inicié el camino hacia abajo, besando su cara, el cuello, el pecho, el estómago, el vientre hasta que llegué al pene. Que hermosura y que delicia. Le tomé las manos y las apreté con pasión mientras le lamia la puntita del pene, que rico, sabía saladito y al mismo tiempo dulce, ustedes saben que esto es así, su “pecome”.

    Le pasé la legua por todo el glande, succionando con delicadeza para hacerlo sentir la gloria. Poco a poco lo fui metiendo más a mi boca hasta llegar a la base del tronco, que ricura, era un manjar. Ya todo dentro lo succioné con fuerza por un buen tiempo y él solo emitía gemidos ricos de hombre satisfecho de la mamada que le estaba dando su hembra.

    Así nos dimos placer durante unos 15 minutos, yo mame y mame y él soba que soba mi cabeza, apretándola y empujándola contra su pene para hacerla penetrar hasta la garganta.

    Me dijo Marijó, que sabroso mamas, nuca me la habían mamado con tanta pasión, con tanto deseo, con tantas ganas.

    Le dije “desnúdame, cógeme”. Con cuidado y calma, empezó a manipular mi ropa, con delicadeza, pero con deseo. Estábamos disfrutando tremendamente, pero preparándonos para lo que venía, que era mi mayor necesidad.

    Le pedí que me dejara en ropa íntima, que solo me bajara la pantaleta, me retiré el plug para que pudiera meterme el pene. Con delicadez y hasta con “amor” me fue desnudando poco a poco.

    Ya desnuda me dijo “supongo que esto es lo que más urge que te ayude a resolver Marijó” y yo le dije, si mi rey ayúdame a calmar mi calentura y cógeme fuerte, cógeme, soy tu puta de uso personal, cógeme, cógeme. Yo estaba tremendamente caliente, sexy, deseosa, quería sentir pene dentro de mí.

    Me acostó boca arriba, montó mis piernas en sus hombros y apunto su pene, que se sentía como un leño, directo a mi coñito. Poco a poco fue haciendo camino, primero abrió un poco mi vagina y luego fue empujando con delicadeza y dulzura su leño que iba entrando poco a poco. Con gran emoción estaba yo recibiendo pene, duro y grande.

    Metía un tramo y paraba, me besaba y acariciaba los senos y de nuevo, otro tramo y, repetía los besos y caricias, hasta que finalmente, entró todo, todo, estaba ya apasionadamente penetrada, me sentía que volaba, me sentía en el edén, me decía a mi misma, que suerte tienes Marijó, que buen macho te encontraste y le dije “amor, eres único, me tratas como una reina y me estás cogiendo como a una gran puta, te amo, te amo, cógeme, cógeme, mételo más, fuerte, fuerte, quiero que llegue hasta mis entrañas, préñame, préñame, hazme mujer, hazme tu mujer, hazme tu puta, tu gran reputa y amorosa hembra, cógeme, cógeme, cógeme y, córrete, córrete dentro de mí, quiero tu leche dentro de mí, dentro de mí. Córrete, córrete.

    Me dijo, con gran placer te estoy cogiendo Marijó, ahora siéntate en mi pene. Yo, rápidamente me revolqué en el suelo, quedando el abajo y yo me di la vuelta para quedar sentada en su pene y me empecé a mover, a mover como loca, a sentir pene en toda la extensión de mi interior, a darme sentones para que su pene entrara más, hasta el fondo, hasta mi más profunda intimidad. Sentía como me acariciaba los senos, la cabeza, el vientre, las nalgas, toda.

    Así lo estuve cabalgando como media hora hasta que me dice “me quiero correr dentro de ti”. Le respondí córrete, córrete y lléname de leche, llena mis entrañas, préñame, hazme tu mujer, hazme un hijo, quiero un hijo tuyo, córrete. Súbito, sentí como salían chorros de semen de su pene, cómo inundaba mis entrañas, como las absorbía mi versión perra, como quería hasta comérmela y, también la deseaba en mi boca, también. Sus contracciones de eyaculación fueron formidables, fuertes, poderosas, cada una era un empujón de tripa haciéndome sentir sexo, sexo fuerte, que yo sentía delicioso. Así me estuvo bombeando durante varios minutos y yo, soñaba, volaba, me venía, me corría, gozaba.

    Le dije, ay amor, que maravilla de hombre eres, pero te digo un secreto, aún tengo urgencia, lo que hemos hechos hasta ahora fue una delicia y lo he disfrutado con pasión y alegría, pero se alborotó mi pasión. Déjame recostar y no la saques, seguro se hará pequeña, pero no la saques, quiero mucho más.

    Me dijo, Marijó, si que eres golosa de sexo y muy apasionada. Eres formidable haciendo el amor. Déjame apapacharte y acariciarte, déjame seguir resolviendo la urgencia y, te lo digo con emoción, quiero cogerte toda la tarde, toda la noche, a mí también se me están despertando urgencias.

    Nos quedamos abrazados, tirados en el césped durante no se cuánto tiempo, acariciándonos, besándonos, “descubriéndonos”. Ya eran como las 6 de la tarde.

    Me dijo, si aquí ha sido tan placentero, ya me imagino como será en tu lugar preferido del departamento. ¿Vamos?

    Le dije, claro amor, ya estoy empezando a sentir la cosquilla delatora del deseo arrollador. Ayúdame a vestir. Así lo hizo y nos levantamos, caminamos hacia la puerta de acceso al interior del departamento y antes de entrar me dijo“ Quiero entrar llevándote en brazos, déjame cargarte” Eso me enloqueció, le dije, cariño que romántico eres, me encantas.

    Me tomo por la cintura, unió su boca a la mía y me levanto en brazos y así me llevó como 10 metros adentro. Me sentí quinceañera, me encontré un hombre de esos que ya hay pocos, suertuda que soy.

    Continuará.

    ¿Qué opinas?

    Gracias por leerme.

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  • La una para la otra

    La una para la otra

    Salí del baño después de terminar de lavarme y limpiar el arnés, pasé por el dormitorio y deje el arnés sobre la cama, fui donde estaba Gaby, ella recostada sobre el sillón, yo me arrodillo en el suelo, ella me mira y me dice beboteando “tardaste mucho amor”, yo acariciándole la cara le respondo “ya estoy aquí mi amor”, y le doy un beso. Antes que ella me diga algo le comento.

    Yo: Quisiera tomar un café, el tiempo contigo no importa, me olvido de todo.

    Salí del baño después de terminar de lavarme y limpiar el arnés, pasé por el dormitorio y deje el arnés sobre la cama, fuí donde estaba Gaby, ella recostada sobre el sillón, yo me arrodillo en el suelo, ella me mira y me dice beboteando “tardaste mucho amor”, yo acariciándole la cara le respondo “ya estoy aquí mi amor”, y le doy un beso. Antes que ella me diga algo le comento.

    Yo: Quisiera tomar un café, el tiempo contigo no importa, me olvido de todo.

    Gaby: me pasa lo mismo, ven vamos a la cocina, te muestro donde están las cosas y tú lo haces.

    Ella me iba indicando dónde estaban las tazas, cucharas, puse agua a calentar, en un mueble abajo estaba el café, me agache a tomarlo, en ese momento Gaby me toca la cola. Es cuando le digo: “oye, ¿ crees que si me tocas así es fácil?”, ella riendo me responde, “estás mojadita Andre”, le respondo “si boba, me tienes loca”, y tocándole a penas la conchita le respondo “tú tampoco te quedas atrás” y ambas nos reímos.

    Se hizo el café, lo sirvo, y nos sentamos en la cocina, a todo esto, ambas estábamos completamente desnudas, tomamos un sorbo de café y surge este diálogo:

    Yo: Que raro esto.

    Gaby: que es raro cariño.

    Yo: que las dos estemos cruzadas de piernas en la cocina, tomando café, en pelotas mi amor. Ambas no podíamos parar de reir, Gaby casi escupe todo el café, lo que me causó más gracia.

    Gaby: eres increible, te quería preguntar, ¿tu donde vives alquilas?.

    Yo: Si, ¿por?… joder que te traes entre manos.

    Gaby: ¿por qué no vienes a vivir conmigo?, este departamento es mío.

    Yo: me le quedo mirando, los ojos se me ponen brillosos.

    Gaby: no vas a llorar otra vez no.

    Yo: casi jajaja, me da miedo.

    Gaby: ¿miedo de que?

    Yo: nosotras nos vemos los fines de semana, y lo pasamos regio, tengo miedo que la rutina y la convivencia del día a día se vaya todo a la mierda.

    Gaby: te entiendo, pero según la psicología tenemos que salir de la zona de confort, tenemos que arriesgarnos, además voy a usar palabras tuyas, algo así como, si calientas el agua y el mate no lo tomas el agua se enfría.

    Yo: ¡¡¡mierda…!!! No salgo de mi asombro. Okey, te voy a proponer algo, me encanta lo que dices, ¿que tal si antes no convivimos una semana?, para probar nuestras maneras de hacer las cosas, detalles de todos los días, podríamos corregir cosas de una y otra, y luego si, vendría a vivir contigo, y otra cosa más, vamos a ir a ver a mi familia, te presento y vemos que pasa con eso. Igual diga lo que diga mi familia con vos voy a cualquier lado.

    Gaby: me parece perfecto.

    Yo: se me está ocurriendo algo, probamos esta semana en convivir, y el fin de semana que viene vamos a ver a mi familia, ¿que dices?

    Gaby: me acabas de dar la mejor noticia.

    Yo: voy a tener que vender heladera, lavarropas, sillón y la cama, ah y la mesa con las sillas.

    Gaby: si estás tranquila, no te vuelvas loca, yo te ayudo en todo lo que necesites.

    Yo: ya se amor, ¿aquí tienes otro dormitorio?

    Gaby: si, ahora te muestro, y podríamos poner algo o usarlo de alguna manera.

    Yo: okey, ¿me acompañas a casa a ir a buscar ropa para la semana?, a otra cosa, yo tengo el auto, ¿tu tienes asignado estacionamiento en el departamento?, sería bueno así el auto no quedará en la calle.

    Gaby: si Andre, no hay problemas con eso, iremos juntas al trabajo.

    Yo: si mi amor, seremos inseparables. Me acerco y nos besamos.

    Ambas nos vestimos, estábamos totalmente desnudas, salimos a la calle tomadas de la mano, igual serían unas pocas cuadras, llegamos a mi casa, le pedí a Gabriela que me ayude, que mire en la heladera si había comida que pueda echarse a perder, mientras yo en una valija, pondría ropa para una semana.

    Una vez que terminamos de juntar todo, cargamos todo en el auto, nos besamos, y salimos para el departamento de Gaby, cada cosa que hacemos nueva, es como dar un paso adelante en nuestra relación, y para celebrarlo nos damos un beso, parece algo estúpido pero nos gusta y lo disfrutamos. Ya en el departamento acomodamos todo, Gaby me ofreció un placard vacío en la otra habitación, momentáneamente hasta saber cómo sería la convivencia, una sorpresa que no sabía, Gaby había hecho una carne al horno:

    Yo: eso huele riquísimo, si cocinas así vamos a volver al gimnasio, nos vamos a poner como cerdas.

    Gaby: jajaja no es para tanto.

    Yo: ya vengo y te ayudo a preparar. Fui al dormitorio y saqué de la valija, un camisolín transparente negro anudado a penas a la altura de las tetas, sin corpiño, y con un cola less negro, me pinte los labios con un color rojo, me recogí el pelo con una hebilla y salí así como si nada. ¿En que te ayudo amor? Cuando Gaby se dio la vuelta trastabilló, largo los cubiertos.

    Gaby: ¡¡¡Joder…!!! me quieres matar o qué?

    Yo: haciéndome la tonta, “que pasó estás bien”.

    Gaby: eres terrible Andre, por Dios, y esto recién comienza.

    Yo: jajaja, has dicho lo correcto, esto recién comienza jajaja. Esto te pasa cuando aquella tarde me dijiste, y te recuerdo tus palabras, “yo tengo un asunto contigo, estoy enamorada de ti” jajaja, lo recuerdas.

    Gaby: hija de puta, si que me acuerdo, como olvidar, ven, y no me arrepiento tontita. Nos besamos.

    Yo: solo que hay un problema amor.

    Gaby: ¿cual?

    Yo: si no cuidas lo del horno la vamos a cagar.

    Gaby: ¡¡¡Joder…!!! tienes razón

    Yo: jajaja. Para que sepas esta ropita la estoy estrenando contigo, ¿te gusta?

    Gaby: me encanta mi amor, no esperaba tanto, me calientas sabelo, tengo un océano allá abajo.

    Yo: a pura risa, con la mano en la boca.

    Nos pusimos a cenar, y ultimar detalles de cómo sería la semana, nos pusimos de acuerdo cuando ducharnos cada una, yo lo haría por la noche, a la salida del trabajo pasaremos por el super, repartiremos los gastos.

    Terminamos de cenar, levantamos y lavamos todo, y nos fuimos a la cama, desanude el camisolin, mis pezones deseosos de ser lamidos, me solté el pelo, y deje caer la tanga, Gaby me extendió los brazos, para recibirme, nos comimos la boca, con la pierna toque su vagina, era un río, me puso de espaldas, masajeo las tetas, como pude en un hilo de voz le digo, “hagamos un 69 amor”, por Dios, el mas rico que había hecho. Agitadas terminamos las dos, y Gaby me dice “será mejor que nos pongamos a dormir, sino mierda nos levantamos mañana”, fue un fin de semana intenso pero bonito, en eso coincidimos.

    La semana fue transcurriendo lo más bien, quedamos el próximo sábado, ir a visitar a mi familia, y presentar a Gabriela como mi novia. En eso llega el viernes, mientras trabajo, me llega un mensaje de whatsapp, levanté la vista y Gaby no era, estaba a pleno, me dije, “joder quien mierda es”, miro y era un número no agendado, y el mensaje era de Veronica, la hermana de Gabriela, si me podía juntar con ella, Mierda dije. Me levanto del escritorio y le digo a Gaby, “te invito un cafe”, ella me responde “ve tú, a ver si puedo terminar esto”

    le aprieto el brazo, y hablando entre dientes con los ojos casi afuera le repito, “joder que te invito un café”, Gaby no entiende nada, “que paso”. En la máquina de café le explico lo de la hermana, la respuesta fue, “que hincha pelotas, que carajos quiere”

    Yo: shhh baja la voz, tranquila, salimos de acá del trabajo, vamos a casa, a tu departamento, perdón, me cambio la ropa, y la voy a ver allí al bar donde me dice, vos tranquila no te vuelvas loca, no pasa nada.

    Gaby: okey.

    Yo: estamos en el trabajo, sino te daría un beso, y le guiño un ojo.

    Terminamos de trabajar, salimos rápido, en el auto, hablamos de la hermana de Gaby, no sabemos qué se trae entre manos, llegamos al departamento, me puse un jean, una blusa, y unas zapatillas, me puse algo de perfume le di un beso a Gaby y le dije “tranquila mi amor, todo va a estar bien”, ella me miró con ojos algo preocupados.

    En el bar, me encontré con Verónica, esta vez me saludó con un beso en la mejilla, buena señal pensé, pedí un agua mineral.

    Verónica: Gracias por venir Andrea, no te preocupes seré breve, nada de qué preocuparse; en estos días luego que nos vimos el domingo, fui reflexionando en la relación tuya con mi hermana, yo a ella la conozco, y vi como habla de ti, te ama Andrea, aunque a mi me resulte rara la relación, la acepto profundamente, nunca la vi así a mi hermana, y me deja tranquila que después de lo que pasó, ella está en buenas manos.

    Yo: Gracias Verónica por tus palabras, no sabes lo bien que me hace escuchar eso, y le tomé la mano sobre la mesa en señal de agradecimiento, le comento me haces emocionar, tu sabes.

    Verónica: si lo se, eres una buena mujer, si quieres llorar puedes hacerlo.

    Yo: jaja, descuida

    Verónica: quiero decirte que puedes contar conmigo en lo que necesites, transmite estas palabras a Gabriela, seguro que me debe estar maldiciendo.

    Yo: jajaja.

    Verónica: lo se, soy su hermana y la conozco, y dile que me venga a ver, no tenemos que pelear por esto, somos familia.

    Yo: descuida le diré, entre nosotras no hay secretos, yo tambien tuve malas experiencias, no tan extremas como Gaby, tampoco somos pendejas para andar jugando, estamos viviendo algo hermoso, descuida que también todo nos parece raro; me confieso contigo, tuve experiencias lesbicas sin ser lesbiana, como un juego, o porque se dio, con hombres tuve mas experiencias, nadie, pero nadie, me dio la oportunidad de seguir, jugarse por algo, ser pareja, todo era pasar un rato, no me arrepiento de nada, me encantó lo que pasó, pero como mujer siempre soñamos con algo, nunca pasó, hasta que apareció Gabriela, no se si me entiendes.

    Verónica: te entiendo, soy mujer y se a que te refieres.

    Yo: descuida que con Gaby, ambas estamos viviendo algo difícil de expresar en palabras, ambas estamos enamoradas, pero decirlo en palabras es muy pequeño.

    Verónica: entiendo perfectamente, y no sabes lo que me alegra escucharte. Y gracias Andrea, si lo deseas agenda mi número, y en lo que pueda ayudar y colaborar, pueden contar conmigo y mi marido.

    Yo: Gracias infinitas Verónica.

    Nos despedimos, subí al auto, con una alegría inmensa, no veía el momento de verla a Gaby y contarle la buena noticia.

    Espero que les haya gustado.

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  • Lo que tiene que hacer una para aprobar (2)

    Lo que tiene que hacer una para aprobar (2)

    Después del día en el que Susana me dejó bien follada en su despacho no pude dejar de masturbarme pensando en como me metía los dedos, en sus enormes tetas sobre mi o en como me hablaba, como si fuese su esclava sexual. A partir de ese día ella siempre salía al recreo, cosa que no solía hacer, y veía que no apartaba la mirada en mi, cosa que yo también hacía. Siempre salía con un café acompañada del profesor de música interesado en camelársela, ya que se rumoreaba que ese profesor, que estaba casado, le gustaba mucho la directora, sin saber que su jefa se folló a una alumna sumisa.

    Durante días hablábamos por whatsapp de forma muy guarra y a la vez cariñosa, tras una semana decidimos pasar una noche juntas en su casa un sábado. Iba a ser perfecto ya que podría quedarme a dormir con ella sin la preocupación de mis padres.

    Cuando llegó el sábado me quise poner muy sexy. De ropa interior solo me iba a poner un tanga negro de hilo que apretaba mis labios vaginales y que dejaba ver mi ano, no me quise poner sujetador ya que iba a vestir un corset también de color negro y una minifalda blanca que apenas me tapaba el culo. Era una minifalda que no me ponía hace años, ahora con un cuerpo más maduro y curvilíneo que antes, aunque sigo siendo una petite, la faldita me tapaba la mitad del culo. Si corría o me sentaba la falda se levantaba con mucha facilidad pero no me importaba.

    Para terminar me puse unos tacones, me perfumé y fui directa a su casa. Tenía que coger un bus, el tren y otro bus que me dejaría en su calle. Durante todo el rato que estuve fuera entre transporte y transporte no dejé de notar miradas hacia mi cuerpo, sobre todo hacia mi culo: hombres con sus novias, madres asqueadas, ancianos y ancianas pasmados y grupos de pubertos que cuchicheaban entre ellos.

    -Oye, ¿cual es tu Instagram?. -Me dijo un chaval con ropa entera de Nike y unas pintas de porreta…

    -No tengo.

    -¿Cómo no vas a tener Instagram? -Su aliento apestaba…

    -Para ti no lo tengo. -Al decir eso sus amigos empezaron a reirse de él.

    -Vaya puta… seguro que le abres las piernas a cualquiera.

    -Si, a todos menos a ti imbécil, ahora dejame en paz.

    Sus amigos no pararon de reirse durante todo el trayecto. Tomé el último bus, una amable señora me ofreció asiento porque veía que casi me caía por los tacones y porque el autobusero conducía como el culo, lo tuve que rechazar porque como me sentase se me subía la falda a la cintura. Por fin llegué a su calle, caminé unas manzanas y llegué a su portal, llamé a su timbre, me abrió, fui subiendo, oí como una puerta se abría y al llegar a su puerta ahí estaba ella esperándome en sujetador y unos shorts de andar por casa.

    Nos quedamos mirando un rato impresionadas una por la otra, ella de mi vestido y yo por su cuerpazo, se abalanzó sobre mi y comenzó a besarme delante de la puerta de su piso mientras me agarraba del culo totalmente al aire, solté unos gemidos que resonaron por todo el pasillo. Tras varios besos largos y húmedos entramos a su casa, me hizo un tour y comenzamos a cenar mientras hablábamos de nuestras vidas, concretamente de anécdotas sexuales y relaciones fallidas, al parecer ella tenía un exmarido que la dejó porque la pilló siéndole infiel con otra mujer, me enseñó una foto de su ex y otra de la mujer con la que fue infiel y honestamente, la entiendo a la perfección, yo también le habría sido infiel con ese pibonazo. Tras un buen rato terminamos de cenar.

    -Espera aquí cielo. -Me dijo ella mientras se levantaba y se dirigía a su habitación.

    Supuse que se iba a cambiar, esperé y cuando escuché un “date la vuelta” vi su cuerpazo de milf en lencería negra de encaje. Sus tetas estaban sujetadas por un sosten transparente que dejaban ver sus pezones, su coño estaba tapado por un tanga que estaba abierto por la mitad para dejar a la vista su coño y su ano. También se puso unas medias altas negras sujetadas por un liguero que rodeaba su cintura. Cuando la vi sentí que mi coño se mojaba. Se acercó a mi con pasos que hacían que sus tetas rebotasen exageradamente, yo seguía sentada, se inclinó, levantó mi barbilla con uno de sus dedos y empezó a besarme ligeramente.

    -¿Te gusta el sexo duro Lara?

    -Me encanta.

    -¿Quieres que juguemos a algo?

    -Si por favor.

    -Yo seré tu profesora y tú mi alumna, te has comportado fatal y tengo que castigarte, ¿te gusta la idea?

    La besé de nuevo y solté un “Sí”. Ella sonrió, volvió a su habitación diciéndome que la esperase, yo me quité el corset la minifalda y los tacones, quedándome solamente en tanga el cual estaba mojado por mis fluidos. Ella volvió, se quedó embobada con mi look y tras varios besos me puso un collar de cuero que tenía anclado una fina cadena de metal.

    -Me vas a hacer caso en todo lo que te diga ¿Si?

    -Si. -Dije gimiendo.

    -Harás todo lo que te pida y no te vas a quejar, ¿entendido?

    -Entendido.

    -Quiero que me digas mami.

    -Lo haré mami.

    Me dió una bofetada suave acompañada de un profundo beso. Me empujó del hombro hacia abajo para que me pusiese a cuatro patas, me fue tirando con la cadena y como si fuese una perra fui siguiéndola obediente e inocentemente allá donde iba. Tras seguir su culo llegamos al salón, ella se sentó en el sofá, me dijo de tumbarme boca abajo sobre su regazo, quedando mi culo sobre ella, posición perfecta para que me azotase.

    -Me he enterado de que te has estado comportando muy mal niña. -Me dio un azote en una de mis nalgas que me hizo gemir de dolor y placer-.

    -Si mami.

    -¿Y te parece correcto hacer las cosas que haces?. -Me dio otro azote en la otra nalga aún más fuerte-.

    -No mami.

    -¿Entonces por qué las haces? Te mereces ser castigada.

    Fue azotándome el culo cada vez más fuerte acompañando dichos golpes con frases como “eres una puta”, “eres demasiado joven como para guarrear”, “tus padres deberían saber lo que haces”, “te mereces ser tratada como la guarra que eres” y así y más humillaciones que me ponían cachondísima perdida.

    -Mira como te estás mojando el coño, ¿Te gusta que te peguen? ¿Es eso? ¿A la niña le gusta que la peguen en el culo?

    -Si mami, me gusta que me pegues.

    -Mira que eres una puta de mierda, me has mojado los muslos.

    -Perdón mami, merezco ser castigada. -Menee mi culo para que me lo azotase de nuevo-.

    -Claro que te voy a castigar.

    Empezó a dar azotes aún más duros que antes, esta vez sentía más dolor que placer y mis glúteos quemaban. Tras la ronda de azotes ella removió el hilo de mi tanga hacia un lado, introdujo tres dedos en mi mojadísimo coño y empezó a follarme violentamente. Yo respondí gimiendo y gritando entre sudores y temblores mientras mis piernas no paraban de moverse por la excitación que sentía. A la vez empezó a azotarme en las mismas zonas de antes las cuales estaban rojísimas. No lo pude soportar y tuve un orgasmo que me hizo temblar muchísimo sobre su regazo. Mientras se me iban quitando los temblores ella me fue acariciando la cabeza y los glúteos cariñosamente.

    -La niña se ha comportado muy bien esta vez.

    -Gracias mami. -Dije con voz agotada y alegre-.

    -Pero aún te mereces ser castigada.

    Me dio un azote que me pilló por sorpresa haciendo que suelte un grito agudo con un sobresalto. Se levantó y de nuevo me fue tirando de la cadena hasta llegar a su dormitorio donde me quitó el tanga tirándolo sobre su mesilla de noche. Ella me tumbó con mis extremidades abiertas, me esposó a la cama y me puso un antifaz. Sin ver nada me besó los labios y me susurró al oido “esto te va a encantar”. Parecía que mi cuerpo empezó a sentir más los olores y el tacto. Fui notando roces suaves cerca de mi vagina, por el tacto supuse que eran las uñas de Susana, jugueteaban en círculos sobre mi piel e iban de arriba a abajo y viceversa entre mis labios.

    Tras ese jugueteo ella puso algo redondo con textura elástica que empezó a vibrar sobre mi clítoris, era un vibrador. Cuando lo puso a funcionar sobre mí empecé a temblar y más aún cuando empezó a comerse mi coño con su lengua. No paré de mover mis piernas y mis brazos esposados, no pude contenerme los gemidos y mis gritos, comencé a convulsionar de placer ya que tuve un orgasmo pero ella no paró de jugar con mi coño ahora aún más sensible, era una tortura orgásmica. Mis gritos eran tan fuertes que ella me tapó la boca y presionó aún más el vibrador contra mi coño haciendo que lo sintiese más intensamente.

    Tras un rato de tortura me dejó en paz, estuve temblando y suspirando tratando de recuperar energías, ella me quitó el antifaz, mi visión borrosa iba aclarándose mientras ella me besaba en mi boca a la vez que jugueteaba con mi lengua.

    -¿Te ha gustado?

    -Si… -Dije cansada-.

    -¿Te gustaría seguir?

    -Si por favor.

    Me desesposó y quitó el collar, se abrió de piernas mientras apoyaba su cabeza sobre una de las almohadas y me pidió que le comiera el coño. Yo, obviamente, acepté gratamente. Me tumbé delante de su vagina y empecé a juguetear con sus labios vaginales rozándolos con la punta de mi lengua. Su vulva estaba mojadísima, se nota que le encantó torturarme, comencé a lamerle el coño y el ano a la vez mojándolos aún más y haciendo que ella comenzase a retorcerse de placer y a gemir mientras me agarraba de la cabeza y me empujaba aún más contra su coño.

    Fui soltando gemidos a la vez que le comía el coño y ella me apretó la cabeza con sus muslos, de reojo podía ver sus tetas rebotar sin parar y su rostro enrojecido de mujer siendo satisfecha sexualmente que pedía con la mirada que no parase. Ella llegó al orgasmo, yo recibí un squirt que casi me ahoga y terminé bañada en su líquido. Me subí sobre ella y empecé a besarla mientras nuestros pezones se juntaban. Su piel era suave y su cuerpo estaba muy caliente. La abracé, mis besos eran profundos y calmados. Compartimos miradas de enamoradas.

    -¿Alguna vez te han empotrado con un arnés Lara?

    -Que va, no me jodas que tienes uno.

    -Si, vamos a probarlo.

    Ella fue a su armario a buscar en unos de los cajones el arnés y un dildo. Hace semanas estaba en clase aburrida y ahora estoy en el dormitorio de mi directora a punto de ser empotrada por ella… quien lo diría. Ella se puso el arnés de cuero negro y acompló un dildo de 18 cm. Se sentó en el borde de la cama, yo me arrodillé en el suelo delante de ella y comencé a mamar su dildo como si fuese una actriz porno. Me metía el juguete hasta el fondo de la garganta ahogándome, lo escupía, lo hundía en saliva, lo masturbaba y lo volvía a mamar como una puta desesperada y hambrienta.

    Tras mojar su dildo ella me tumbó sobre su cama boca arriba y con las piernas abiertas y empezó a follarme en misionero intensamente mientras me agarraba del cuello. Su mirada estaba clavada en mi rostro enrojecido y sudado de puta jovenzuela siendo follada brutalmente. Todo mi cuerpo se movía con cada empujó que esa milf me daba, mi coño recibía cada penetración con mucho placer y mis ojos se desviaban solos hacia arriba, todo eso mientras estaba siendo ahogada.

    Terminamos con un orgasmo que me dejó totalmente abatida. Fui recuperando la respiración mientras ella me besaba suavemente mi joven cuerpo. Me abrazó por detrás y estuvimos en cuchara mientras ella me peinaba y besaba mi cuello. Yo estaba muy cansada, tanto que me terminé durmiendo directamente.

    A la mañana siguiente noté como unos dedos recorrían mi coño, sentía las tetas de Susana a mi espalda y como sus dedos se metían poco a poco en mi vagina, desperté gimiendo por el dedeo que ella me estaba haciendo mientras me agarraba del cuello para que nl escapase de ella. Tuve un orgasmo que acabó en risas por lo inesperado y gratificante que fue eso.

    -Así que así se te despierta eh. -Dijo Susana a mi oido-.

    Me di la vuelta y empecé a besarla mientras agarraba una de sus tetas y ella manoseaba mi culo. Después bajé a mamar sus tetas como si fuese su bebé, ella como la anterior vez puso su mano sobre mi cabeza y me amamantó con cariño. Pasamos el rato abrazadas y encariñadas, hablándonos románticamente y planteando qué era nuestra relación.

    -Me lo paso muy bien contigo Lara.

    -Yo también Susana, espero que podamos repetir esto.

    -Tantas veces como quieras. Pero tenemos que hablar de lo que somos.

    -¿De lo que somos?

    -Sí, de la relación que tenemos ¿somos follamigas?

    -Bueno… no me importaría ser algo más…

    -¿Pareja? ¿Novias?

    -Si… pero claro, como nos pillen se montará una buena.

    -Si… es una pena, pero disfrutemos de lo que tenemos ahora y quizás en el futuro sepamos lo que somos.

    -Me parece bien… aunque podríamos escaparnos y vivir juntas.

    -Anda anda…

    -Que si, imagínate, nos vamos a un pueblo pequeño y bonito como de Grecia, decimos que somos madre e hija y me follas todas las noches como ahora.

    -Eres… una puta loca.

    Nos empezamos a reir y no tardamos en besarnos de nuevo, terminando la mañana en una ducha cálida en pareja.

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  • Me obsesioné con mi tío y terminé siendo su puta

    Me obsesioné con mi tío y terminé siendo su puta

    Mi nombre es Ana Katherine, tengo 24 años, trabajo en las oficinas administrativas de un complejo residencial en la ciudad de México, lo que más me gusta de mi cuerpo es mi culo, bien formado, resaltado por mi angosta cintura, un pecho afortunadamente de buen tamaño, soy bastante vanidosa en todo sentido, acostumbro hacer ejercicio y yoga, en dichos lugares conocí buenos amantes, pero de ellos les contaré más adelante.

    Por ahora quiero confesarles algo que, si bien me encanta no significa que este bien, pero me encanto en su momento y me sigue encantando, todo comenzó cuando despegue mi vista de los libros y el espejo, comencé a permitirme interés por los chicos, interés de verdad no solo el de querer ser admirada, deseada, sino algo que me llevará a una relación de verdad, pero realmente me parecían tan insípidos los chicos que me pretendían, yo deseaba algo más intenso, tenía dieciocho años y buscaba una relación pero estaba equivocada, porque cuando conocí el placer carnal mi visión cambio completamente.

    Tengo una familia grande y como en toda familia grande la diferencia de edades a veces no es mucha, entre primos o incluso tíos y en mi caso esa primera aventura, calentura y obsesión fue un tío, Rodrigo, el tenía veinticinco años y yo dieciocho, estaba ya en la universidad, el siempre me soltaba halagos por mi apariencia, su mirada siempre recorría mi cuerpo entero, por alguna extraña razón cuando el lo decía me ponía nerviosa, me gustaba y siempre buscaba oportunidad para estar cerca de él, cada vez fui más descarada, a la hora de acercarme o hacer de todo para poder estar a su lado en cualquier lugar y el fuera de alejarse por lo indiscreto de mis intenciones parecía gustarle.

    No decíamos nada en doble sentido pero su manera de tocarme la pierna discretamente o pasar su mano por mi cintura incluso en una ocasión me dio una nalgada, acto que repetía a escondidas claro, bueno así no se toca a una sobrina.

    El día de una fiesta por el bautismo de una de las primas más pequeñas fue que me descarte completamente, saque a bailar a mi tío el por supuesto que aceptó bailábamos pero lo notaba nervioso, quizás no estaba cómodo sabiendo que a diferencia de otras veces si me tocaba indebidamente todos se darían cuenta. La fiesta había sido en un jardín así que tuve una muy buena idea.

    -Tío que le parece si vamos a fumarnos un cigarro —le propuse parando de bailar.

    -Vamos, por allá creo que vi unas bancas —me señalo para el fondo de aquel jardín.

    Yo lo que quería era alejarnos lo más posible, sinceramente ya estaba bien cachonda, ya me urgía dejar de darme dedo, o con el vibrador, quería sentir una verga de verdad rellenándome el coño. Camine con mi tío aún más allá de las bancas que había dicho, el jardín era enorme de camino saque el cigarro y lo prendí, íbamos fumando y platicando pero cada vez se me acercaba más, hasta que llegamos a una parte no del todo obscura pero si alejada y escondida, había una especie de bloque rectangular de concreto, parecía una banca o una mesa, no lo se pero allí deje mi bolsa y recargue mi culo.

    -¿Estaba algo floja la fiesta no? —le comente a mi tío, este se quedó parado muy cerca de mi, tan cerca que tenía que mirar hacia arriba para verlo a la cara.

    -Bastante, ya me quería ir pero igual y sale algo más divertido ahorita —no por algo me siguió hasta aquí el sabía lo que yo, quería lo que yo, miró a los lados y paso su mano izquierda por mi cintura, yo le ofrecí el cigarro.

    -Podría ser que si, si usted quiere —me hice más atrás para sentarme en aquella estructura de concreto y separar algo mis piernas, mi tío bajo la vista y sonrió soltando el humo del cigarro.

    -Eso no se pregunta —se metió entre mis piernas y me apretó por la cintura para atraerme hacia el — Nos traemos ganas ¿no?

    -Por eso ahora nada más traigo tanga — le dije y me hice a un lado el vestido pero mi tío no esperó, porque ya me estaba metiendo la mano entre las piernas.

    Se me salió una risita, estaba extasiada por lo que estaba empezando, me frotaba sus dedos en mi coño ya mojadito, sus guapos rasgos se deformaban para hacer una expresión llena de lujuria, movía rápido su mano, abrí más las piernas y gemí, quería sentir más, me baje el vestido del frente, dejando salir mis tetas, al verlas se relamió los labios como un lobo hambriento.

    Fijé mi vista en su bulto, lo quería ver, quería sentir, estaba como una loca por ello, me vi tan desesperada queriendo sacarle la verga de los pantalones que detuvo lo que hacía para ayudarme, cuando se la sacó y vi ese largo y gordo trozo de carne, erecto, duro, empecé a masturbarlo, mientras el me masajeaba las tetas y las chupaba, mamaba mi pezón tan rico que el coño me palpitaba demasiado.

    -Quiero que me la chupes, —hablo sin dejar de apretar me las tetas.

    Yo más que encantada me baje para arrodillarme frente a el, abrí la boca sacando la lengua y me dio unos golpes en la cara antes de metérmela a la boca, mamé cual ternero hambriento, escuchaba los gemidos de mi tío, sus jadeos y de la nada ya lo tenía moviendo su pelvis haciendo que su dura erección me pasará por la garganta, soltaba arcadas por la falta de experiencia en ello pero me fascinó sentirla llenar mi garganta, me agarró por la cabeza.

    -Así sobrina que rico la chupas —y empujaba de vez en vez para que me la tragara toda.

    Así me tuvo mamándosela un rato mas hasta que me jalo para levantarme y volver a subirme a la mesa de piedra, me abrió las piernas haciendo la tanga de lado y empezó a lamerme el coño, eso me arranco la cabeza yo perdí totalmente la noción todo era placer, pero me tapé la boca para no hacer tanto ruido.

    -¿Te gusta? —me pregunto levantando la cabeza y acomodándose entre mis piernas.

    -Si —le gemir quitando la mano de mis labios.

    -Está te va a gustar mas —me froto su cabezona, dura y gorda en mi hambriento coño.

    Abrí más las piernas esperando el empuje, pero palmeo mi coño con su verga un par de veces, cuando menos lo espere me la clavó, empujó duro tras gemir ronco y profundo, yo solté un grito, me dejó ir la mitad sin piedad, fue delicioso, pedí más entre gemidos, y empujo de nuevo, si bien era una sensación extraña no dolió como yo esperaba, estaba tan cachonda que yo solo quería sentir más y más…

    -Mierda que coño tan rico sobrina —jadeo bien rico y se empezó a mover como un desquiciado lujurioso.

    -Deme verga tío, me tiene bien cachonda —le rogaba entre gemidos.

    Mis tetas rebotaban tras cada choque, el sonido de este era bien húmedo rico, gemía como una loca, ya poco me importo si escuchaba alguien, yo estaba disfrutando la cogida que me estaba metiendo mi tío, me agarraba de las piernas y me jalaba hacia el cada que empujaba, cada vez más duro, oírlo gemir me erizaba la piel, oírlo jadear y decirme: te mojas como una buena puta, eso me llevo al límite, la mente se me nublo por completo, el calor se acumuló en mi vientre explotando en un delicioso orgasmo, mis jugos salieron a chorro, grite de placer, mis piernas temblaron.

    Y mi tío se movió como un poseso, mientras se movía casi bramaba como un toro en celo, eso se mezclo con mis gemidos, quedé sofocada y con las piernas temblando, los espasmos de placer relamían mi clítoris como llamaradas, pero no me dejó descansar, porque salió de mi solo para darme la vuelta y ponerme en cuatro, no sé cómo pero aquella mesa estaba a cierto desnivel o no se pero quedé perfecta a cuatro patas para mí tío.

    -Pero que rico culito Anita —me acaricio la nalgas como si fueran una bola de cristal — Se te ve más grande así empinadita.

    Me dio una nalgada bien duro y me ensartó la verga muy brusco, grite no me dio tiempo a responder algo, empezó a cogerme duro, se movía como un loco, apretaba mis caderas el choque se escuchaba muy rico, un ritmo delicioso.

    -Que rico rebota este culito —decía mi tío entre roncos gemidos — Sabia que terminarías siendo mi perrita.

    Yo no podía más que gemir, me cogía como un salvaje el choque cada vez más intenso, más mojado y delicioso, casi se me iban los ojos en blanco tenía la boca abierta gimiendo como una completa loca, sentía mis tetas rebotar, mi culo contra la pelvis de mi tío, su mano contra mi nalga una y otra vez, el parecía poseído, mis rodillas ya dolían y el no se cansaba de follarme, de vez en vez me sacaba la verga y me daba golpes con ella en las nalgas, la volvía a meter y seguía con el mismo ritmo que antes, de pronto sus gemidos fueron más profundos y comenzaba a decirme cosas como: “Que rico rebota este culito”, “Así perrita gime para tu tío”, “Que putita tan rica tengo de sobrina”.

    Sentía las piernas empapadas, temblaban y el calor intenso invadió mi vientre, gemí más fuerte y mi tío me empezó a follar más duro, me daba metidas más lentas pero profundas gimiendo muy fuerte y ronco hasta que me la saco y se quedó jadeando, sentí como me dejaba las nalgas llenas de semen, estaba sofocada, con las rodillas doloridas, piernas temblorosas y mojadas, el coño palpitando chorreando juguitos, estaba completamente satisfecha.

    Mi tío volvió a acomodarme sentada en la mesilla, sentía frío del concreto en mis nalgas doloridas de tantas nalgadas, se metió entre mis piernas dejando ambas manos en mi cintura, yo dejé una sobre su pecho, este subía y bajaba con su continua respiración, se acercó a mis labios pero no para besarme sino para hablar.

    -¿Eso es lo que buscabas sobrinita? —dijo, me apretó más hacia el por la cintura y yo solté un jadeo — Una buena cogida eso querías no? – preguntó.

    -Me fue mejor de lo que esperaba —le dije, yo si le mordí su labio inferior y pase mis brazos por su cuello — Coge bien rico tío.. —susurre.

    -Ahora que ya probé ese coñito no me voy a quedar con las ganas, cuando se me antoje te voy a ir a coger —me dijo pasando una de sus manos para mis tetas apretando una como en un masaje circular.

    Aquella promesa se convirtió en un trato, en nuestro sucio secreto un placer prometedor, no me pude resistir al ansia de un nuevo encuentro del como sería, la promesa de ser la perrita de mi propio tío me mantenía más cachonda a cada segundo.

    Cuando volvimos a la fiesta hicimos como si nada, bebimos, bailamos y platicamos en familia de la manera más normal pero con simples miradas nos recordábamos lo rico que la habíamos pasado.

    Con esto comenzó mi adicción al sexo, después de este día di rienda suelta a mi deseo carnal, fuera con quién fuera…

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  • En la bodega del trabajo

    En la bodega del trabajo

    Una tarde me tocó trabajar hasta tarde, y coincidió con que estaba rolando en ese mismo turno una compañera con la que había tenido una onda.

    Le mandé mensaje para decirle que la estaría esperando en el almacén pequeño que había en la oficina.

    Ella tenía novio, o amante, o alguna movida, pero le gustaba eso de andar fajándose conmigo.

    Llegó al almacén, cerró la puerta y se fijó que nadie la hubiera visto. De todas maneras no había mucha gente ya en ese momento.

    Llevaba unos jeans ajustados y cuando entró llegó dándome besos y agarrándome el fierro. Ya sabíamos que sería un fajecito nada más.

    Comenzamos con tallones por encima de la ropa, y se bajó a darme unas ricas mamadas. Ella era buena para eso, cada que me la chupaba me pedía terminara en su boca pero esta ocasión se me antojó más…

    Me apresuré a bajarle los jeans y mientras yo estaba sentado, se me montó dándome la espalda. Estaba tan apretadita, que sentía delicioso cómo sus paredes me recibían mojaditas y calientes. Se movía muy rico y comenzó a darme unos ricos sentones. Esta morra si que sabía cómo coger rico.

    Terminé dentro de ella, tras lo cual se puso de rodillas de frente a mi y me terminó de sacar todo…

    Ambos nos acomodamos de nuevo y nos devolvimos al trabajo.

    Más tarde me contó que seguía escurriendo y que su tanga había quedado súper empapada de mis chamacos.

    Esta fue la única vez que la penetré en el almacén, en otras ocasiones solo fueron sexo oral hasta que se pasaba mis chamacos…

    ¿A ustedes les ha pasado que tienen ondas en el trabajo?

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  • Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (4)

    Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (4)

    Por enésima vez José el dragón está en la cárcel, parece mentira que ya se haya cumplido un año desde nuestro primer encuentro ¿y que pasa? En lugar de estarlo celebrando tengo que contener mis ansias de hembra ya que me amenazó con hacerme daño si lo traicionaba.

    Sin embargo, mi marido y mi hijo se habían metido en problemas al hacer un mal negocio con el líder de la banda contraria a la del dragón.

    –No mames cabrón, ¿Cómo que me pusiste como garantía? Le digo a mi marido furiosa

    –Yo le dije que no mamá, pero el insistió, replica mi hijo

    –¿y ahora que va a pasar?

    Me comentan que tengo que ir a arreglar las cosas con el cabecilla y que me esta esperando, no quiero confesarles lo del dragón, aunque creo que ya lo saben, pero igual me da miedo el hecho de que llegue a enterarse.

    Por mi hijo accedo a ir con el tipo, pero con la condición de que va a quedar entre nosotros.

    –pero a poco vas a ir así toda chimoltrufia, me dice el pendejo de mi marido, lanzándole una mirada furiosa le pido un vestido prestado a mi prima, al final me presta un minivestido negro ajustado y de manga corta con escote pronunciado muy pegadito a mi cuerpo dejando ver un poco de mi brasier y resaltando mi cadera, me coloco una tanga negra de encaje, la única que tengo y unas zapatillas negras de tacón alto, me maquillo ligeramente arreglando mi pelo con unas peinetas a los lados, obviamente que le digo a mi esposo que mejor se quede ya que siempre hace algo para arruinar las cosas.

    Al fin llegamos al barrio de mala muerte donde nos encontraríamos con el tipo con el que había de negociar, un tipo muy malo, déspota y agresivo según mi hijo y casi caigo de la sorpresa al ver que era el muchacho que me había defendido del dragón en mi primera visita a la cárcel, ¡no lo puedo creer! Le digo, ¿tú?

    –Hola señora, ¿se acuerda de mi? Me dice con su voz de malo

    –Claro que me acuerdo de ti, le digo entre otras cosas, al final me comenta que la situación esta muy delicada y todas esas cosas de hombres que parecen que son muy difíciles de arreglar.

    –Ándale, le digo, hazlo por mí ¿sí? Le coqueteo

    Me invita a ir a otro lugar, mi hijo me sigue.

    –¿y este wey quién es? O ¿Qué es de ti?

    –¡Es mi hermano! Le digo sonriendo mientras me sujeto de su brazo

    –tienes una pinche hermana muy buenota cabrón, le dice entre carcajadas.

    Me sube a un auto en la parte trasera le dice al que va de chofer una dirección, mi hijo va detrás de nosotros y varias motos con chavos mal encarados y tatuados nos siguen de cerca.

    Empezamos a platicar de pendejadas entre sonrisas, bromas y demás y ya en confianza de las palabras pasamos a los besos, a las caricias, así como estamos besándonos, bajo la mano a la bragueta de su pantalón.

    Nuestras lenguas juegan ansiosas mientras mi mano saca su verga empezándola a masturbar lenta y pausadamente, disfrutando sus besos y la tersa piel de su mástil, sus manos estrechan mis tetas por encima de la tela del vestido.

    –Ya llegamos “nanis” le dice su amigo mientras se sube la bragueta y yo me arreglo un poco.

    Son puros chamacos, me digo a mi misma, no se ven mas grandes que mi hijo y ya son todos unos delincuentes temidos por casi todos, subimos por unas escaleras interminables con cuartuchos de lámina estilo favelas brasileñas, un lugar muy inseguro con gente de mirada inquisidora y aterradora, al final llegamos a una especie de bodega, me hacen esperar junto a mi hijo que me toma de la mano mientras intento calmarlo.

    Salen sus amigos y me dicen que entre yo sola agarrando a mi hijo, lo tranquilizo, al entrar él está sentado tras un viejo escritorio, me pide que me acerque, hace el sillón donde está sentado hacia atrás y puedo ver que tiene su magnífica macana fuera del pantalón, blandiéndola de forma retadora de un lado a otro,

    –A qué viene señora?, me pregunta, como si no supiera el cabrón.

    Sonriendo de forma coqueta, le digo: Vengo a ver el problema que tuviste con mi esposo, ¿crees que podamos arreglarlo?

    –No sé, haber convénzame, me dice al mismo tiempo que me recorre de arriba a abajo con esa mirada de lujurioso que tiene.

    Sin decir palabra alguna y sonriéndole sin dejar de mirarlo a los ojos me inclino para tomar con una de mis manos su hermosa verga, mientras él mete su mano entre mis muslos para acariciar mi vagina por encima de mi tanga con la palma y con los dedos mi ano, hago el intento de agacharme para besar su hermosura de tranca, pero me detiene pidiéndome que primero me de vuelta.

    Le obedezco dejando mis caderas a la altura de su cara, el “nanis” me quita el vestido de forma hábil y después baja mi tanga hasta mis tobillos y empinándome hacia su escritorio, comienza a besarme las nalgas y el culo.

    Lo hace por largo rato poniéndome al borde de la excitación y la lujuria.

    –sé que eres la perra del dragón, me dice, pero no sabía que eras la esposa del wey ese.

    Finjo no escucharlo mientras lo separo delicadamente, me hinco frente a él tomo su verga con ambas manos y empiezo a besarle la cabeza dándole chupetes en la punta, enseguida le paso mi lengua desde el tronco hasta la cabeza haciendo prolongadas pausas para lamer sus huevos, subo nuevamente besando y lamiendo el tronco y al llegar a la punta la empiezo a mamar descaradamente, su deliciosa cabeza apenas me cabe entre mis labios con la boca bien abierta y apenas alcanzaban a entrar algunos centímetros de su exquisita verga por el grosor de la misma, pero hago esfuerzos por tragármela lo más posible empleando mi poca experiencia que tengo en esto de chupar penes.

    –Luego de varios minutos mamándosela, me saca la verga de la boca y me sienta sobre la mesa.

    –Quiero saborearte, lamerte, no dejar un solo rincón de tu cuerpo sin lamer.

    –¿Le vas a perdonar la deuda a mi marido? Le pregunto suplicante.

    Sin decirme nada se sienta en una silla frente a mi y con placer comienza a introducirme un dedo, luego dos, tres en mi vagina.

    –¿cual deuda? Me pregunta, ¿la del carro o la de la apuesta?

    Comienzo a respirar agitadamente, mis duros senos saltan de emoción al sentir sus dedos introduciéndose en mí, se los ofrezco, le pido, le ruego que los chupe, que haga lo que quiera con ellos.

    El “nanis” se levanta apenas de la silla, mete en su boca en uno de mis senos, los lame, mientras sus dedos hurgan dentro de mi vagina yo no hago más que gozar y suspirar, y pedir más y más.

    -¿Quieres más puta? ¿la perra del dragón quiere más?

    Se sienta en la silla, me toma de las caderas y me jala hacia su cara, saca su lengua y comienza a transitarme dentro de mi cueva ya a esta altura inundada de mis flujos, enrosco mis pies cubiertos por los altos zapatos en su cuello, de esta forma empujo cada vez más su cabeza entre mis piernas, sus manos se apoderan de mis pezones, con sus dedos los masajea, los pellizca, los malluga.

    Me abandono a un delicioso orgasmo, muevo las caderas al compás de sus lamidas entre suspiros, gemidos y gritos de placer.

    -Eres una pinche puta, ahora entiendo porque el puto del dragón te quiere tanto.

    Coloca unos cartones en el piso, se desnuda y se tiende en ellos, me llama, lo monto, me entierra su rica verga lentamente, me penetra apenas un poquito, después mete más y más, hasta estar todo adentro mío.

    Empiezo a cabalgarlo con frenesí, mientras soba mis senos y yo de vez en vez le ofrezco mis labios entregándonos al sexo de la forma más brutal y lujuriosa que hubiera experimentado hasta este momento.

    –¿si vas a perdonar a mi esposo? Le pregunto

    –Nel, me debe mucho me dice

    –Ándale, porfa, le digo suplicante

    –no chingá, me ladra pidiendo que me calle y me mueva mas

    Decidida a todo y pensando en mi hijo me quedo quieta y me desprendo de él.

    –Bueno pues entonces a la chingada cabrón, me vale madre lo que hagas, le digo categóricamente recogiendo el vestido intentando vestirme.

    –Ya chingá, no se saque de onda señora, mire como me dejó, venga ándele

    –Pero si vas a perdonarlo o ¡no!

    –Si chingada madre, le doy mi palabra

    Sonriendo triunfante, vuelvo a su lado, me tiendo en los cartones y él acerca acomodándose entre mis piernas, colocándolas entre sus hombros me dobla poniendo la cabeza de su verga a mi sexo y de un solo empujón me la mete hasta la mitad, hum, empuja otro poco y de un golpe sus testículos peludos golpean mis nalgas, una sensación de ahogo me invade, entonces sin miramientos comienza a sacarlo y meterlo arrancándome gritos de placer al sentir las paredes de mi vagina rozadas por su pito,

    Mi ahora fornicador se acerca a mi oído y me susurra

    –¿El dragón se la culea así? ¿eh?, ¿Dígame, es como yo?

    Confundida pero muy caliente, le respondo: No papito, tu si eres un hombre de verdad, un macho

    –¿Soy su hombre ahora? ¿lo soy?

    –Uf si, eres mi hombre, dame papito ¡con fuerza!

    Los compinches del “nanis” obligan a mi hijo a observarnos

    –Mira cabrón, ves cómo me cojo a tu hermana uf, mi hijo escucha todo nuestro dialogo caliente observándonos sin poder hacer nada, mientras me rindo ante las embestidas de mi nuevo amante sin importarme nada ya.

    –uf, así amor, dame

    –¿la perrita quiere más de su macho?

    –si amor, préñame, hazme un bebe, le digo en mi paroxismo

    Sus embestidas y su forma de mover me indican que está a punto de venirse y no me equivoco, un chorro caliente me inunda muy adentro haciendo que me venga con él al mismo tiempo, sus chorros son interminables, mis manos rodean su cuello mientras lo siento explotar dentro de mí, mi boca busca la suya y lo beso ardientemente.

    Suavemente se desprende y se sienta en la silla, los tipos sacan a mi hijo del cuarto, lo observo, es increíble la forma en como este vago me ha hecho tocar el cielo de una forma brutal, lo observo de nuevo, pero esta vez me acerco de forma voluntaria y me doy el placer de acariciarlo completamente mientras el me observa, acaricio su pecho, sus tetillas, empiezo a frotar mi sexo en su muslo mientras mis manos lo recorren.

    Mi blanca piel contrasta con su piel morena curtida, beso su pecho mi mano traviesa y ávida de tocar algo toma su miembro flácido y lo comienza a masturbar mientras lo beso, restriego mi sexo en su muslo buscando reanimar de nuevo mis ansias de hembra, no me importa si mi hijo me ve o si mi esposo o el dragón se enojan, me siento usada como algo sin importancia, sin embargo, este tipo al que casi le doblo la edad me ha despertado de nuevo a la vida.

    Beso su barbilla, su cuello, roso un pezón de mis pechos en su tórax, mi mano ahora masturba con mayor vehemencia su miembro, pero hace falta algo más, entonces, mientras el dormita, voy bajando por su cuerpo, besando, lamiendo, mordiendo, tirando con mis labios su alfombra de pelos.

    Tengo su miembro a mi alcance, lo observo detenidamente, le doy un par de tiernos besos en la cabeza, comienzo a chuparlo despacito, abrazo sus muslos y lo chupo con un placer inusual, como queriendo atraparlo eternamente en mi boca, mi mano aprieta suavemente sus testículos, hasta que me doy cuenta que nuevamente comienza a despertar, siento su mano en mi cabeza y sus gemidos de aprobación.

    Me incorporo, abro sus muslos así sentado como está, me siento con las piernas abiertas sobre él, de frente a él, me observa, tomo su pito con una de mis manos y la guio a mi sexo.

    Me dejo caer sobre ella despacito pero constante, hasta sentir que ya no hay más que meter.

    Con los ojos entrecerrados por el placer de sentirme así de llena, tomo su cara y la conduzco hacia mis pechos, no me muevo, repleta de su verga disfruto a mi hombre chupándome los pechos, arrancándome gemidos intensos, mientras mis manos acarician tiernamente su cabeza.

    Así ensartada como estoy miro hacia abajo y toda una gama de sensaciones me envuelven cuando su boca los atrapa.

    Mientras el me chupa de este modo, apoyo mis manos en sus fuertes hombros y comienzo a mover mis caderas rítmicamente de adelante y hacia atrás.

    Nuevamente mis jugos, comienzan a fluir de mi interior, esta exquisita sensación de moverme de este modo, mientras el me chupa eternamente las tetas.

    Gimiendo como perra en celo muevo mis caderas más rápido alcanzando un orgasmo de locura.

    Agradecida y caliente, me abrazo a él y lo beso apasionadamente mientras sus manos agarran mis nalgas, continúo moviéndome, pero esta vez subo y bajo mientras el me abraza, lo muerdo, lo beso, le digo que lo amo.

    –¿Le gusta señora? Me pregunta

    –Oh si papito, mucho

    –¿Es mi hembra ahora?

    –Si mi amor, tuya, solo tuya, ahora eres mi hombre, mi macho, le digo con palabras que me salen del corazón.

    El me abraza y hace algo que mi marido ha dejado de hacer, me hace sentir una mujer deseada.

    –Abrázate bien a mí, me dice, entonces con firmeza se levanta del sofá llevándome con él, cuando se pone de pie lo abrazo con mis piernas, ensartada tan profundamente en esa posición camina conmigo, primero asomándose por la puerta diciéndoles a todos que se fueran incluyendo a mi hijo y después así ensartada me lleva a un pequeño cuarto, aunque de lámina, bien decorado y amueblado, me aferro a él abrazando su cabeza con mis manos.

    Una vez dentro cierra la puerta, me apoya contra una pared y aferrando fuertemente mis nalgas comienza a fornicarme de una manera bestial, solo en mis sueños me habían fornicado de esta forma y ahora es una increíble realidad.

    De la misma forma nunca pensé una pudiera sentir tan profundamente el pene de un hombre.

    Lo beso, lo muerdo como loca, después de un rato me deposita en la cama, abre mis piernas y nuevamente me la clava entera, me tiene afirmada las piernas con ambas manos, me las abre al máximo tomadas por los tobillos y me hace sentir su deliciosa macana entrando y saliendo de mí.

    Él se prodiga la visión de ver mi sexo penetrado por el suyo.

    Suelta mis piernas poniéndolas en sus hombros sacando su hermoso tolete justo en el momento en que comienza a eyacular, me hace sentir sus potentes chorros en el exterior de mi sexo, bajo mis piernas y lanza hacia mi vientre, hacia mis pechos se acerca masturbándose y deposita su semen restante en mi boca, yo se la chupo para tragarme todo lo que queda, intenta recostarse a mi lado, pero yo lo jalo hacia mi colocándolo de nuevo sobre mi cuerpo.

    ¡Fue maravilloso! Le digo al oído extasiada, mientras nos relajamos juntos besándonos con vehemencia, con furor, terminando rendidos uno encima del otro sin importar nuestra diferencia de edades, siendo solo hombre y mujer.

    –por cierto, ¿Cómo te llamas? Le pregunto.

    –me llamo Gilberto y usted se llama Silvia ¿no?

    Abrazo su cuerpo sintiendo su respiración en mi cuello agradecida por que, a pesar de mi marido y el dragón, el ha sido mi primer hombre realmente, aquel, que estoy segura, todas las mujeres soñamos, aunque no queramos admitirlo, ese hombre, que te lleva al paroxismo como hembra.

    –Si, me llamo Silvia, pero tu puedes llamarme como quieras

    –¿Cuándo nos volvemos a ver?

    –Cuando quieras le digo sin importarme nada más.

    Me besa delicadamente, pasados unos minutos más, me incorporo de la cama, me visto arreglando mis ropas y maquillaje, salgo volteando a ver a Gilberto quien también está arreglando sus ropas.

    –No se te vaya a olvidar ¿he? Le digo abriendo la puerta ante la mirada inquisidora de mi hijo

    –no se preocupe, me sonríe

    –Que hermana tan buenota tienes eh carnal, le dice a mi hijo quien se aguanta el coraje y me ayuda abajar por las escaleras entre las risas burlonas de los malvivientes que se quedan con Gilberto.

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