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  • Corneado, enculado, dominado y humillado

    Corneado, enculado, dominado y humillado

    Felipe, mirando sin pestañear la calle, había retomado ese estado de aislamiento que le era necesario para la continuidad de sus reflexiones. El optimismo empezaba a brotar de sus labios. Vio esa oportunidad de negocio, quería que avanzara con precaución, incluso con timidez. Porque las grandes metas se hacen con herramientas y no con ideas; y las condiciones económicas lo cambian todo: viajes, bienestar, fiestas, liberalidad sexual. Sin emoción no hay acción. Desde el martes que habían llegado le estaba dando vueltas a ese negocio, tenía las herramientas para captar nuevos turistas en este país, mantener esos enlaces era importante. Le sería de utilidad que le enviaran en los meses veraniegos esa gente a su nuevo local en la costa. Junto con su mujer, una mujer algo ajamonada, de amplios pechos, algo musculada y relamida habían estado experimentando desde hace un año las virtudes de la vida moderna mediante intercambios de parejas, lo cual les daba esa sensación de gente puesta al día. Felipe, tenía ese aire de marinero indulgente con el mundo después de una borrachera borrascosa, acompañando hasta las afueras del edificio a sus amigos, los cuales también acompañados de sus respectivas mujeres habían llegado unos días antes. Movido por la justa decisión de un hombre que ya ha sobrepasado los cuarenta, amenazado en lo que le era más que su reposo y su seguridad, se preguntaba a si mismo si debía hacer caso a sus amigos. Había descendido a los abismos de las reflexiones morales. Con el criterio que le otorgaba su temperamento, pronuncio su opinión. Fue una suerte extraordinaria que ella, su mujer aceptase de buen grado esa sugerencia. Es evidente que nadie se opone contra las ventajas y oportunidades que la situación proporcionaba, sino contra el precio que por ellas haya que pagar en moneda de moralidad. Y en esta última, debido a sus nuevos gustos sexuales estaba superado.

    – Pues sí, Felipe, como te decía es una deferencia hacia ellos, ya que queremos captar ese tipo de turismo, encima nos gustan esas experiencias nuevas y más si ella, como has dicho acepta de buen grado. Lo que uno de nosotros pueda o no saber sobre un hecho dado no puede ser materia de indagación, como es tu caso – dijo uno de sus compañeros.

    – Completamente de acuerdo, encima mi mujer no pone objeciones, será cuestión de adoptar un rol diferente en esta nueva aventura sexual – dijo Felipe.

    – Claro, aunque la tipología de esta gente es diferente, ellos te ven como un cornudo, desde luego son sensaciones fuertes, usan a tu mujer delante de tus narices, pero son experiencias inolvidables aun con su insensibilidad para contigo – dijo el otro compañero.

    A la mía la gozó con voracidad, conmigo adopto una pose de arrogancia suprema, como te han dicho toca la fibra – dijo otro.

    – Lo dicho, esta experiencia deberá ser vivida, no pongamos peros, ¿dónde se encuentran… cómo diría, estos corneadores? – dijo Felipe.

    – En el club de Logan, siempre están de caza, será un placer acompañarte – dijo uno de ellos.

    Felipe observaba como su mujer ultimaba los últimos retoques a su figura, se había puesto un vestido negro ceñido que marcaba su cuerpo; debajo llevaba un tanga de hilo con transparencias delanteras a juego con un sostén también con transparencias. Sus muslos asomaban portentosos, recios, como si de las columnas del Capitolio se trataran.

    –Se te ve algo ausente, Felipe, las otras veces en los intercambios se te veía más enérgico, ¿quizá sea por esa sensación que creas una humillación ver como estoy con otro? – dijo Loli.

    – No, estoy libre de estos perjuicios morales, hemos hecho intercambios y es un poco de lo mismo.

    El instinto de hombre de éxito de Felipe le había enseñado, que una reputación se construye sobre los modales tanto como los hechos meritorios. Y sentía que su reacción frente a su mujer no estaba a la altura.

    – Una cosa puedo decirte: ninguno del grupo se ha librado de ver la escena de su mujer con otro, y yo por mi parte no voy a ser menos.

    En su integridad de amante era fuerte, pero ahora comprendía que una reserva cortes e impenetrable hubiera sido más útil para su reputación marital. Por otra parte, se admitía a si mismo que era difícil preservar la reputación de uno cuando un intruso sin más dilación estaba por poner la mano y más cosas a su mujer. El tono de advertencia de sus amigos había sido tan ácido como para provocar incertidumbre.

    Al iniciar de inmediato junto con su mujer el recorrido hasta el local. No acostumbrado como los cornudos a examinar de cerca su corneador se sintió algo impactado.

    Al entrar en el local, a través de las luces de colores pudo ver las parejas que bailaban, en una parte de la barra estaba su amigo, algo más alejados solitarios hombres nervudos, mulatos, de aspecto chulesco.

    – Veo que has venido y ella por lo que veo ya va por libre… incluso te he buscado un jamelgo para esta noche, el cual ya veo que está en señal de alerta cuando os ha visto entrar.

    Felipe, con aprobatorios a través de los destellos de luces observaba la opulencia y la chulería del chico en cuestión: mulato de considerable envergadura, pisaba el suelo con sigilo y pesadez al mismo tiempo que se dirigía hacía su mujer; sus dientes brillantes y su aspecto general correspondían al de un felino en pleno ronroneo. De el emanaba un cierto aire indescriptible: el aire común de los que viven en el vicio. No acostumbrado, como los cornudos, a examinar de cerca a sus corneadores, Felipe se sintió impactado

    – Ahí lo tienes, Felipe; ¿cohibido?

    – No, para nada, solo estaba algo ausente, veremos que nos depara la noche… – dijo Felipe.

    – Entonces te dejo, no tardará en acercarse el chaval, no tienen ningún rubor, están acostumbrados. Bueno, que te sea leve y llevadero – dijo en tono sarcástico.

    – No te preocupes, son sensaciones potentes, creo, vamos…

    – Ah, se me olvidaba, pide asistente.

    – ¿Cómo?

    – Sí, lo que se dice un mamporrero, les gusta regodearse con el cornudo.

    – Bueno… ¿lo habéis probado? – dijo Felipe.

    – Desde luego, es una experiencia de lo más fuerte.

    El eco de las palabras “mamporrero” repetidas en el subconsciente de Felipe le preocupaban bastante. Por otra parte pudo observar como su mujer bailaba animosamente, lo envolvió una lobreguez húmeda y sombría. Las luces del local emitían destellos de colores, el suelo brillaba con efecto de fosforescencia y, cuando volvió a observar a su mujer junto al hombre ya estaban cuchicheando entre ellos apreciando que el hombre en cuestión le dirigía una mirada escrutadora y retadora al mismo tiempo. Entretanto Felipe estaba bebiendo, mientras reflexionaba acerca de su cometido, parecía ir perdiendo algo más de su identidad. Tenía una sensación de aislamiento. De inmediato vio como el hombre avanzaba hacia él, dentro de la inmensidad de luces. Se sentía con el corazón ligero, como si hubiese estado emboscado, totalmente solo, ya que nadie lo acompañaba.

    – Nosotros vamos arriba ya – dijo repentinamente el desconocido en tono seco y áspero.

    – ¿Tan pronto…? Bueno, yo me llamo Felipe, es que no… no… nos han prese… presentado – dijo balbuceante.

    – Masu, yo me llamo Masu – dijo en tono distante y apático.

    – Veo que han congeniado pronto, ¿qué le parece mi mujer, le gusta ?

    – Parece un putón de feria, como todas las que vienen de afuera…

    – Bueno, veo que eres muy directo, ya me habían advertido…

    – Me ha dicho tu subes también, vas a colaborar, en ese caso mira mi culo y no lo pierdas de vista – dijo en tono chulesco y en señal de que los siguiera.

    Después de pagar su consumición, cuando se puso de pie, se miro en un pedazo de espejo que estaba tras la barra y lo impactó su extraña apariencia de acatamiento. Por dentro temblaba, porque temía y admiraba el carácter calmo y autocontrolado de su mujer para la ocasión, cuya postura ante la situación a través de una hosca variedad de silencios amilanantes. Ya que ella se encontraba de repente a pocos metros de ellos a la espera.

    Salieron del local, ellos siempre delante, justo en el edificio colindante les aguardaba unas sucias escaleras, parecían la ilustración de un proverbio que dijese: “la verdad puede ser más cruel que la caricatura”. A medida que iban subiendo con ella abrazada a él, él le iba subiendo la falda, dejando entrever un portentoso culo entangado. Tras ellos Felipe vio como las nalgas subían y bajaban ligeramente en cada escalón. Masu como un si fuera un garfio agarró las nalgas, para después con el dedo corazón erecto en una de las subidas introducirlo en el conducto anal, y así de esta manera ir subiendo escalones. Era el prefacio inequívoco de lo que iba a pasar. Una vez delante de la puerta destartalada sin dejar de tener el dedo en el conducto anal de Loli, Masu dio las llaves a Felipe y como si de un criado se tratara abrió la puerta y les dio paso.

    Masu se sentía seguro, sabedor de su valía, las circunstancias de la vida le habían colocado en este lugar del continente, unos tienen más otros menos. Esta circunstancia reforzó su convicción que ese matrimonio que tenía delante habían venido en plan turista y encima querían sacar esa tajada para sus negocios en su lugar de origen. Sentía que alguien debía ser castigado por todo ello. Como no era un escéptico, sino una criatura moral, estaba a merced de sus justas pasiones.

    – ¿No sabes para que sirve este palacete ? Esta para que yo pueda cepillarme a mujeres como la tuya – dijo Masu en tono despótico.

    Al abrir la luz pudieron observar un pequeño apartamento con un sofá a topos en el medio, las almohadas en el suelo, revistas de coches y mujeres desnudas esparcidas por todo el habitáculo; la puerta del dormitorio abierta dejaba ver una cama sin hacer, sobre ella camisetas, pantalones, slips, sostenes y tangas varios. El ambiente era cargante, olía a una mezcla de perfume de mujer y lefa.

    – Voy al baño un momento señores, agradecería que me preparas la yegua mientras hago mis cosas – dijo mirando a Felipe, al mismo tiempo que se dirigía hacia la única puerta cerrada la cual daba al baño.

    – No sé si hemos acertado Loli ¿tú estás segura… ? No tengo del todo claro…

    – Yo asumo todas las consecuencias, a lo hecho pecho.

    – Será como digas entonces.

    Pudieron observar como entro en el baño y sin cerrar la puerta se bajo la cremallera y orinó abundantemente, tiró de la cadena y volvió sin haberse subido la cremallera sin decoro ni pudor quedando de pie ante ellos con el pene semierecto y sacudiéndose la polla eliminando los últimas gotas de orina. Era un pene de grandes proporciones, nervudo, descapullado con un glande cabezón; alrededor de sus testículos llevaba un anillo que los resaltaba, como globos muy hinchados.

    – ¡Despelotaos los dos, quiero veros en pelota picada!

    Felipe y Loli sin ninguna sensualidad se quitaron las ropas, como quién se la quita para ducharse, de forma mecánica.

    – Los calzoncillos también y ella el sujetador, que se quede entangada.

    – Dónde podemos colocar la ropa – pregunto Felipe.

    – Aquí mismo, ¿qué te crees que tengo un guardarropa? – dijo Masu, cogiendo la prendas y tirándolas al suelo.

    – Vaya, que tenemos aquí… una media polla y una hembra en su declive, hubiera sido interesante pillarla años atrás – dijo en tono despectivo –  Cógela por atrás y entrégamela, dame sus putas tetas.

    Felipe la cogió por atrás, agarro sus prominentes pechos por la parte baja levantándolos en señal de ofrecimiento. Masu altivo pellizco los oscuros pezones y los mordisqueo, escupió sobre ellos y los lamió. Loli empezaba a gozar, cerro los ojos, emitió pequeños suspiros. Masu aparto el tanga para ver la raja, la escrutaba. Los miró a los dos, tenía una expresión orgullosa, aprensiva y concentrada, al mismo tiempo que se quitaba la ropa y les daba la espalda para sentarse en el sofá abierto de piernas pajeándose. Los miró y sacudió la cabeza; sus ojos estaban inyectados de sangre y su cara roja para exclamar: “vais a mamar; los dos”. Loli sin dudarlo se adelanto, por su parte Felipe tuvo una sombra de indecisión, sin embargo siguió a su mujer. Ella empezó por su tronco, lo lamió para después embucharselo en la boca y empezar la fellatio. Durante el contacto de esa inesperada subordinación Felipe solo miraba. Con su cara descompuesta y un aire de estar absorto seguía los movimientos de su mujer.

    – Ahora que mamé él – dijo en tono autoritario.

    Algo dubitativo agacho la cabeza y abrió la boca para engullir el desmesurado pene, al mismo tiempo Masu con un brusco movimiento le endoso toda la chorra de golpe en la boca dejándola dentro. Felipe se atragantaba, sus mejillas parecían globos rojos de feria y al mismo tiempo le daba palmadas en ella al mismo tiempo que decía:

    – Tranquilo cornudo, mira tu mujer como te contempla, encima llevas empalme so capullo, ahora os pondréis a hacer un 69 delante de mi, ¿a qué si cornudo? ¿No contestas? – le preguntaba mientras el intentaba hablar y se atragantaba –. Tiéndete en el suelo cornudo.

    La liberó de su boca, Felipe cogió aire, respiraba en suspiros, para dejarse caer en el suelo, sus ojos estaban desencajados.

    – Dale tu coño, ponte encima, mamaos uno al otro, disfrutad…

    Empezaron el 69 con pasión, ella le ponía ganas, él le daba lengüetazos a su coño, en pleno frenesí y de manera cenital Felipe vio una polla y unos testículos que pasaban delante de su cara hasta llegar al fondo del coño de su mujer, los testículos le restregaban toda la cara, incluso empezó unas tacadas sonoras a fondo, las cuales cuando estaba en la máxima profundidad vaginal el culo quedaba a la altura de la boca de Felipe, y en esas mismas tacadas Masu bajaba el culo para ponerlo en la boca de Felipe.

    – Come culo y huevos cabrón, siente como goza tu zorra…

    Los movimientos eran más intensos, los flujos vaginales caían sobre la cara de Felipe, el cuál podía ver como los labios vaginales de ella se agrandaban y contraían en los mete sacas. Paso a ser un ritmo frenético, señal inequívoca del orgasmo. Felipe pudo ver la mirada que le regalo Masu desde arriba, mitad viciosa; mitad cruel de sus grandes ojos extasiados. En ese momento se oyó un rugido como si de un toro se tratara OHHH, OHHH, AHHHH, AHHHH al mismo tiempo que la vagina emitía chapoteos chof, chof, plof, plof. Saco su polla chorreante y la incrusto en la boca de Felipe, dando los últimos coletazos del orgasmo, al mismo tiempo que le decía:

    – ¡Limpiá sable cornudo!

    Quedaron en suspenso los tres, los dos se habían venido encima de la cara de Felipe, el cual, también había lefado en la mamada de su mujer, aunque ella no trago. Medio agotados el matrimonio quedo tendido; por su parte Masu volvió a su sofá y los observaba. Transcurrió un corto espacio de tiempo ante el cual Masu en una explosividad de temperamento dijo:

    – Poneos los dos en cuatro, quiero terminar cuanto antes.

    Acataron su dictamen y se pusieron en dicha posición mirándose uno a otro al ladear sus cabezas.

    – Las señoras primero – dijo al mismo tiempo que la penetraba analmente a horcajadas cogiéndola del pelo – ¡Toma! ¡Por puta! Que me aspen sin nunca habías tenido un cipote como este. ¿tú que miras imbécil? – dijo al verse observado por Felipe y en un rebrote vigoroso felino con impulso voraz retroactivado saltó sobre Felipe y lo enculó sin compasión, su polla era clavada una y otra vez hasta el fondo con rabia y fanatismo.

    Felipe aullaba, gritaba como un poseso ¡NO! ¡NO¡ NO! ¡POR DIOSSSSS! Su zona anal se veía afectada, se había ensanchado sin dilatación: era usado como un animal. Llegado el momento de eyacular, Masu le dio la vuelta y le endosó todo el cipote en la boca vaciando dentro. Por sus comisuras resbalaba semen, de su nariz salía mucosidad. No bastando con esto Masu le introdujo los testículos uno por uno en su boca. Noqueado Felipe intentaba respirar y poner en orden sus ideas, su mujer lo miraba como si se apiadara de un animal. En un impulso Masu se levanto jadeante con su polla goteante, cogió la ropa de ellos, abrió la puerta y la tiró al rellano.

    – ¡FUERA! ¡FUERA! No quiero más basura en mi apartamento.

    Así, de esta guisa, se vistieron en el rellano y a medida que bajaban las escaleras iban abotonándose como podían. Al salir del edificio Felipe exclamo.

    – ¡NO! HORROR ESTÁN AHÍ… – dijo mientras veía a sus tres amigos de viaje expectantes a la salida.

    – Bueno, a quién tenemos, ¿que llevas en la cara Felipe? Estás resfriado, parecéis salidos de un tsunami. MUUU, so toro… – dijo uno de ellos en tono jocoso.

    – Apenas puede caminar, se nota que te han toreado bien torito. MUUU, so toro. – dijo otro de ellos.

    – ¡Apestáis a semental parejita! MUUU so toro – dijo el último.

    Estaban hilarantes y empezaron a vociferar mirando la ventana del apartamento donde habían salido “torero, torero, torero, que le den la oreja, y el rabo también” –vocifero otro– “y vuelta al ruedo” – dijo el último.

    Las persianas del apartamento se abrieron y salió Masu como si del papa en el vaticano se tratara blandiendo en las manos un sujetador y unos calzoncillos, mientras los compañeros gritaban HIP, HIP, HURRA; HIP, HIP, HURRA.

  • Un favor a mi tío Gualberto

    Un favor a mi tío Gualberto

    Me había peleado con mi novia. No es que fuese mala y no me agradaba, pero era un poco pesada y caprichosa, aunque tampoco estas eran las razones para pelearme con ella. A decir verdad, toda la culpa fue mía, absolutamente toda. Mi primo holandés, Jeriaan, un maricón de la patada, pervertido como solo él sabía serlo, se encariñó conmigo, aunque eran tan pesado que yo no quería nada serio con él. Además, yo estaba convencido que lo mío era casarme con una chica y por eso me hice novio de Rosita sin gustarme mucho, pero es lo que había.

    Pues resulta que la primera semana de estar mi primo conmigo llegó a ser tan absorbente que solo existía yo para él, y, además, tan fogoso en el sexo —el chico debe ser obsesivamente enfermizo— que follamos como dos veces al día, porque el tipo tenía ganas y ¡suerte que al maricón ese le gustaba que se la metieran!, de lo contrario yo tendría ya el culo hecho una pitaya consumida. Tan absorbente era Jeriaan que Rosita llegó a pensar, al no salir ningún día con ella, ni llamarle —pero es que no tenía ni tiempo—, que yo ya la estaba olvidando. Se presentó en mi casa y ante mi primo y mis padres me armó tal rifirrafe lleno de insultos y palabras soeces, que me vi obligado a abrir la puerta diciéndole:

    — Márchate y no vuelvas más, tampoco soy tu esclavo, si ahora te pones así, mañana solo seré un escarabajo para ti.

    — No, no, no; yo no quería eso, lo siento, —decía intentando agarrarme del cuello para besarme.

    — ¡Vete!, —le dije con el brazo extendido y señalando la puerta con el dedo índice.

    — ¿No te arrepentirás?, —preguntó.

    Me senté en el sofá al interior del salón y ella se puso a llorar rabiando y desesperadamente. Mi madre, la abrazó y la sacó de casa acompañándola hasta la salida. Nunca me dijo mi madre qué le había dicho a Rosita ni lo que ella le contestó. Cuando mi madre entró en casa me dijo:

    — Por fin te has deshecho de esa tigresa.

    Silencio en la casa. Esa tarde follamos mi primo y yo como si con ello se acabara el mundo.

    El único hermano que tiene mi madre es soltero. Para todo el mundo fue un hombre bueno con mala suerte porque su novia se lo había dejado y a los cuatro meses más o menos se suicidó de desesperación, tras una feroz discusión con su propio padre que le recriminaba el haber abandonado a su novio, el chico más educado del pueblo, con dinero y buen trabajador. Pero la chica fue noble y a nadie le dio las razones de haber roto con mi tío. Yo he llegado a saberlo, ni mi madre, ni mi padre, ni mis abuelos, saben la razón por la cual la chica lo abandonó. Pero ella misma pagó los platos rotos porque todo el mundo estaba en su contra y tanto amaba a mi tío Gualberto que enloqueció y se echó al río del pueblo, profundo y pedregoso. La encontraron muerta en el pueblo de más abajo donde el río se ensancha, la chica tenía la cabeza hecha trizas por los golpes dados en las rocas. Mi tío fue al entierro, se abrazó al que iba a ser su suegro, lloraron los dos como niños, así decía la gente. Pero nadie sabía ni sabrá la verdadera razón de esta desgracia.

    Lo que pensaba mi tío Gualberto es que mi novia Rosita me había dejado porque yo hacía más caso a Jeriaan que a ella. Él pensaba que ella me había dejado a mí y por más que mi madre explicara a su hermano que yo le abrí la puerta, mi tío siguió toda su vida con la misma. Aunque nunca lo dijo a nadie, pensaba que me había dejado por ser maricón.

    — No sé qué hace ese maricón holandés viviendo aquí…, —me dijo un día mi tío Gualberto estando los dos solos en mi casa.

    — Es hijo de un primo hermano de mi padre que se fue a Amsterdam…

    — Eso ya lo sé, pero ¿qué hace aquí?

    — Pues conocer la familia, eso dice, —respondí.

    — Ese puto maricón no te va a dejar vivir, va a ser peor que la Rosita y luego va a ir con exigencias, —decía mi tío Gualberto.

    — Eso me temí, pero ahora quiere que me vaya a Amsterdam con él todo un año…, —me quejaba yo.

    — Tú te vas un mes y yo aprovecharé para ir a Holanda de vacaciones, allí te controlo y luego nos regresamos los dos, que a ti te espera la Universidad y no quiero que malogres tu vida, —así razonaba mi tío Gualberto y lo mejor es que me gustaba.

    Conversamos largo y tendido de todo el proyecto de mi vida, la Universidad, mis padres, si convendría que buscara novia, pero le dije que en cierta manera de las mujeres ya me había desengañado y él abrió los ojos como si fueran doblones. Entonces fue cuando se sinceró:

    — Muchas veces le había dicho a mi novia Martina que teníamos que dejar lo nuestro, pero ella se resistía siempre y casi no me dejaba hablar y hay cosas que son duras y difíciles de decir y necesitas tu tiempo y que quieran escuchar, pero ella no escuchaba nunca; yo quería ser sincero con ella, pero no había modo, cuando intentaba hablar, siempre me cortaba y solo su punto de vista era válido. Ocurrió que un día que yo había olvidado la cita con ella porque teníamos que ir juntos a una visita y a comer, se vino a mi casa a buscarme, sabía dónde tenía yo una llave de auxilio por lo que pudiera ocurrir y entró; no llamó y se metió en mi dormitorio pensando que estaría durmiendo por cansancio, digo yo; resultó que me encontró con un amigo, mi novio de entonces, que estábamos desnudos en la cama y follando. Ahí se volvió loca. Tardó cuatro meses en desequilibrarse del todo y suicidarse. Desde entonces que yo me arreglo solo con pajas, ya no me he atrevido ni con hombre ni con mujer ni con nada. Me he convertido en un desgraciado. Y no sé cómo salir de esta.

    Abracé a mi tío, lloré con él, lloré mis penas y sus penas, lo besé, primero como que era el hermano de mi madre, con cariño filial, pero poco a poco me enamoré primero de su sinceridad, luego de sus penas largo tiempo guardadas y ahí mismo me di cuenta que lo amaba de un modo muy peculiar.

    — ¿Tío, qué puedo hacer por ti?, —pregunté.

    — Primero que nada, que ya eres mayor, llámame Berto, como tu mamá y tus abuelos y seamos algo más uno del otro. Deja al holandés que será tu perdición, yo te necesito en mi casa, ven conmigo, tienes mi coche para desplazarte a la Universidad cada día y en tu tiempo libre me ayudas en mis negocios que al fin y al cabo van a ser tuyos. Y si podemos ayudarnos y servirnos de consuelo o encontramos algo más en nosotros dos, vivámoslo y disfrutémoslo. No necesitamos decirlo a nadie, ni formalizar nada, vivimos nuestra vida y si te parece que soy mayor para ti, te buscas un chico para alternar.

    — Berto, ¿piensas que eso es lo más conveniente?, —pregunté.

    — Si yo te lo expongo, mi opinión está dada, tú eres el que ha de decidir y lo que hagas será bueno para mí, aunque te equivocaras, —respondió mi tío.

    — ¿Sabes yo que he pensado muchas veces y más en estas semanas? Mi tío está solo, me quiere y lo quiero, me ha hecho siempre los mejores regalos y quiere que vaya a la Universidad y me paga mis estudios…, ¿por qué no me voy con él? —hablaba juiciosa y sinceramente y continué—, aunque nunca había pensado en tus inclinaciones…

    — Di mejor orientación…

    — Eso, porque si lo hubiera sabido antes, mi culo hubiera sido tuyo sin dudarlo, te quiero, Berto, con toda mi alma, y eso está hecho; no vendrán hasta la noche, vamos a mi cuarto porque, mira toca cómo de duro estoy.

    Mi tío tocó por encima del shot mi polla, luego metió mano por dentro de la cinturilla y nos levantamos, nos fuimos a mi cuarto. Me hizo duchar, me echó agua por el ano, me hizo sacar cuatro veces la mierda, él se hizo lo mismo con maestría, nos secamos y desnudos nos fuimos a la cama.

    Me echó en la cama boca arriba, desde detrás de mi cabeza levantó mis piernas y se echó sobre mí en un 69, encogidos de piernas y comenzamos a comernos el ojete. ¡Joder! Jamás había disfrutado tanto, yo no pude hacer tanto por falta de no sé qué, pero mi tío Gualberto me metía la lengua suavemente y empujaba y notaba que algo entraba, pero cuando pasaba su lengua blanda por mi ojete hasta el escroto, pasaba la lengua con tal suavidad por mi perineo que me ponía a temblar. Me enamoró mi tío. Él sabía qué hacer para demostrar amor y hacer sentir el placer internamente. No creo que lo hiciera muy bien yo, pero le quería imitar y conseguía que él se estremeciera, pero a mí me tuvo en vilo.

    Notó que yo podría dejar escapar mis flujos y se enderezó, se dio media vuelta y, sentándose a lo bruto sobre mi polla, comenzó a bailar su culo sobre mi pubis sin esperar más, hasta que me corrí en su interior. Mi corrida fue abundante, quizá la mayor de mi vida, porque lo notaba. A mi tío se le puso dura y dimos como media vuelta de campana, le saqué mi polla de su culo e hice lo mismo que él, y cabalgué como había visto que lo hacía hasta que noté cómo su polla llenaba mi interior y comenzaba a sentir sus espasmos, aparte del placer de tener tal polla en mi interior y «se corrió, se corrió, se corrió, se corrió», y no había modo de que acabara, hasta que por fin, sintiéndome totalmente lleno, me incorporé a besar a mi tío y le dije:

    — Tío de mis amores, nunca nadie me hizo nada mejor que esto, —y lo besé profundamente para saturarme de su sabor.

    Mientras tanto mis esfínteres iban dejando pasar la vida de mi tío por encima de las sábanas. Cuando acabamos, se habían mezclado las dos leches usadas y medio secas.

    — Berto, la próxima vez quiero probarlas directamente y exprimirte con mi boca.

    — Tus deseos serán placeres para mí.

    — Arreglaremos lo nuestro.

  • Mi vecinita dejó de ser una niña

    Mi vecinita dejó de ser una niña

    Hace un par de semanas le escribí por imbox (desde una cuenta falsa) a mi vecina Any, ya que la había visto recientemente como había cambiado, a ella le gusta usar shorts cortos y ropa muy «fresca», enseñar la piel pues. Ella recién cumplió 20 años, no puedo creer que la conozco desde que ella tenía 11 y no había notado su cambio tan radical.

    En fin, le envié un imbox abriéndome completamente, diciéndole cuanto me gustaba. Fueron charlas muy extensas, nunca quise decirle quien era yo, pero admito que estuve dándole algunas pistas, por lo que estaba seguro, ella ya sabía con quién estaba charlando. Un día, sin tener que darle mi nombre, decidí confesarle mi identidad, ella, a pesar de que ya lo sospechaba, se sorprendió pero me dijo que le había gustado la sorpresa, puesto que entonces, era reciproco el sentir, o sea, que yo también le gustaba, al menos un poco.

    A partir de ese día, las conversaciones se pusieron mas interesantes, sin tener que llegar a lo explícito. Un día me mandó la foto de sus piernas, lo cual me excitó al tope, ya que era la parte que mas me gusta de ella. Ella se apenaba pero sé que disfrutaba de ser halagada por mi. Yo le pedí que fuéramos discretos, finalmente solo me interesaba una cosa y ella lo sabía, le dije que no podía pedirle alguna relación seria, ni siquiera una amistad, yo fui claro, mi único interés era carnal.

    Un día me atreví a invitarla a «conocernos» en persona, nunca antes habíamos cruzado palabra, más que para el buen día, buenas noches, porque lo que en realidad si nos conoceríamos formalmente. Quedamos de vernos en una esquina cerca de nuestras casas, yo iba en mi coche, pasé a donde ella me esperaba y se subió conmigo. Al principio era algo incómodo, ella estaba muy apenada y he de confesar que yo también. Ella sabía lo que yo quería desde lo más profundo de mi corazón… ¡Cogérmela! Pero ella tímida siempre puso la barrera, no estaba lista. A pesar de que yo sabía algunas historias de ella (las que me motivaron a acercarme a ella). Aun así, siempre se mantuvo al margen.

    Rondando por la ciudad, después de haberla invitado una nieve, y luego de echarle algunas indirectas, para lo que ella siempre respondía con una sonrisa tímida, más nunca me rechazaba, le dije que si podía regalarme un beso. Yo había planeado un poco esto, así que yo la llevaba a un rumbo donde pudiéramos estar tranquilos, era una colonia de la orilla de la ciudad, donde hay mucha tranquilidad. Ella me respondió que sí; avanzamos un poco más hacia la zona adecuada, un espacio oscuro, pero muy seguro. Ahí me estacioné y sin rodeos, la abrace para besarla. La verdad es que ella me gustaba más por su cuerpo, así que el beso no me creó tanta satisfacción, pero ahí aproveché para tocarle las piernas, eso si me calentó fuertemente.

    Mientras nos besábamos, yo tocaba sus piernas, ella usaba esos shorts que tanto me gustaban. Me iba un poquito hasta sus nalgas y comencé a frotarlas por encima de la tela, después me fui por abajo de la prenda y sentí la división de su trasero, ahí donde me encantaría llegar con mi pene. Ella se alarmó y se puso muy apenada, me decía que no estaba lista para eso. Yo estaba demasiado excitado, mi pene se alcanzaba a traspasar por el pantalón, era lamentable que hasta ahí hubiera llegado mi faena.

    Ella apenada me dijo que si podía mejor intentar otra cosa, yo le dije que si, con algo de duda. Ella empezó a tocarme el miembro duro, poco a poco lo masajeaba, en ocasiones Any gemía ligeramente mientras hacía eso. Después de unos minutos de besarnos mientras ella me tocaba el miembro, me dijo que me iba a regalar algo, algo que nunca antes había hecho, pero que sentía la confianza conmigo de hacer… Darme sexo oral.

    Rápido le dije que si, saqué mi duro pene de mi pantalón y se lo dejé a la vista, ella estaba riendo mucho, se le notaba aun su vergüenza, pero también se notaba decidida. Tomó mi falo desde la parte de su base y comenzó a masturbarme, arriba y luego abajo, se inclinó hacia el y comenzó a besar el glande. Era algo torpe he de confesarlo, al principio su boca estaba algo seca, por lo que no era tan grata la sensación. Pero conforme fue agarrándole ritmo, se iba humedeciendo. Usaba su boca y su mano izquierda al mismo tiempo, algo que simplemente me encanta. Yo excitado, me bajé el pantalón para dejar expuestos también mis testículos, quería que llegara también un poco más abajo. Con mis manos la fui guiando para que llegara hasta allá, ella sin resistirse me empezaba a lamer cada una de mis bolas, era algo muy rico, sobre todo porque yo sabía que era al primero que le regalaba ese momento. Yo empecé a prenderme demasiado, la tomaba de la cabeza y la empujaba fuertemente para que sus movimientos en mi pene fueran mas intensos. Al principio ella se «arqueaba» un poco por la sensación de su garganta, pero poco después fue agarrando práctica a dicho ejercicio. Se pasaba de mi glande a mis testículos, era todo un camino que recorría, en ocasiones me besaba en el pubis, eso era raro.

    Mientras ella estaba agachada, yo alcanzaba a tomarle de sus nalgas con la mano derecha, eso hacía que todo mejorara. Así pasaron casi 15 minutos, la verdad es que yo tengo buena resistencia en ese tema, me gusta disfrutar y aguantarme hasta el momento adecuado. Lo interesante es que ella también resistiera los 15 minutos mamándome la verga. Aunque bueno, en ocasiones se detenía y lo hacía con las manos y también me besaba el pecho u otras partes.

    Al fin al llegar al momento interesante, le dije que iba a correrme, que si quería hacerme el regalo completo, se quedara justo donde estaba. Ella me dijo que no quería comerse mi semen, a lo que le dije que no era necesario que se lo comiera, pero si quería venirme mientras ella tenía sus labios haciéndome esa felación. Ella sonrió y me dijo que si. Entonces le quite sus manos y con mi mano derecha, después de haberle rosado su cola por un rato, empecé a masturbarme, primero lento pero fuerte, después ya comencé a hacerlo más rápido. Se notaba que a ella le gustaba verme masturbarme; se tocaba sus pechos mientras yo hacía lo mío, me besaba, ponía su cabeza en mi pecho para morderme los pezones, ella comenzaba a ponerse muy intensa, lo cual me distraía un poco jaja porque si era algo torpe aun en el tema. Luego de unos minutos comencé a sentir caliente y duro mi falo, lo cual indicaba que estaba casi listo. La tomé del cuello y la bajé hacia la zona indicada, pero la verdad era algo incómodo. Le propuse bajarnos del carro, igual iba a ser difícil que alguien nos viera en el lugar donde nos habíamos estacionado, ella aceptó, se bajó del carro con la puerta abierta, yo con los pantalones a media rodilla, me crucé hacia donde ella estaba. Ella de rodillas y yo parado, haciéndome la «paja» de mi vida. Ella me besaba las piernas, luego sentía lamiéndome las bolas. Así fue como empecé a correrme en su cara, primero le cayó semen en la frente, después se acomodó con la boca abierta para darme oportunidad de «aterrizar» en su lengua. Yo tenía mucha leche acumulada, por lo que la comencé a bañar por todos lados, su hombro, sus mejillas, su boca, los ojos, pobre jajaja… yo me sentía tal cual un actor porno, solo que sin el cuerpazo de 10 jeje.

    Después de mi corrida, ella empezó a lamerme todo mi aparato reproductor, como queriendo quitar los residuos de la leche que quedaban a la vista, un par de veces más, me mamó hasta querer dejarme seco, fue extraordinario.

    Entonces ella sacó una toalla de su bolsa y comenzó a secarnos a ambos, todo esto mientras ella seguía arrodillada con mi verga en sus «narices». Después de escupir y hacer gárgaras con su agua, se levantó frente a mi, yo seguía con el pantalón abajo, bastante agotado. Ella me besó, pero ahora de otra manera, llegué a sentir como ella ´pegaba su pubis al mío, se notaba que quería algo más, pero no me lo decía. Yo la agarré de su hermosos trasero para seguirla besando, pero ahora si sin tapujos, con mis manos por debajo de su short, sintiendo su tanga tan deliciosa.

    Así fue como terminó nuestro primer encuentro, le propuse que la próxima pasáramos al siguiente nivel, esta vez me dijo que si. Esto fue hace poco, así que espero nuevamente verla para llegar a la siguiente base. Obviamente les comentaré como me fue.

  • Nuestra amiga argentina y dos lesbianas maduras

    Nuestra amiga argentina y dos lesbianas maduras

    Esta es otra de las cosas que le quiero contar a alguien y no tengo o no quiero contar, por eso lo hago en esta linda comunidad.

    Ayer, discutí por una boludez con mi novio (en realidad fue por culpa mía) y le corté, no me volvió a llamar, así que tenía la noche libre.

    Podría haber llamado a alguno de “mis amigos” y “regalarme” porque si los llamo un sábado a la noche para ver cómo están es obvio que quiero coger, ¿o no?

    Pero también estaba medio lésbica, eran de esos días en que estaba así, pero tampoco quería llamar a alguna de esas dos o tres amigas con la que nos acostamos, quería algo distinto.

    Me acorde de Silvia, yo lo conté, una mujer de unos 45 años, buen cuerpo, la conocí en el gimnasio, ella es lesbiana en serio, y me terminó cogiendo dos o tres veces. Ninguna mujer me cogió como ella, obvio es más grande, es lesbiana, y sabe cómo hacer gozar a una pendeja como yo.

    Dude pero le mande un whatsapp, para ver como andaba, dos o tres mensajes y me dice si quería ir a cenar a su casa, que no iba a pasar nada que yo no quisiera, obvio que le dije que sí, y que sabía cómo íbamos a terminar, pero nunca me imaginé como terminamos.

    La voy hacer un poco corta, si no va a ser muy largo: cenamos sushi, con champú, me pregunto de mi vida, las vacaciones, si estaba de novia, y me empezó a llevar por la parte lésbica, me pregunto si me había vuelto a acostar con alguna mujer, le dije que sí, con alguna amiga, alguna que otra vez.

    Me avisa que había llamado a una amiga que después de cenar venia un rato, y me dice” no te molesta, ¿no?” le digo que no, pero pensé que no iba a venir ¡nadie más!, y me dice que no me preocupe, que es muy amiga de ella, y me vuelve a repetir que ya nos conocemos y que no va a pasar nada que yo no quiera. Pensé, chau, ¡me están entregando de nuevo!, pero eso me empezó a calentar, si bien estuve con amigas de mi edad, nunca con dos mujeres “mayores”, que seguro a una pendeja como yo le iban a querer hacer de todo.

    Ya estaba jugada, no me iba a ir, yo sola me meto en esto, aparte ¡YO FUI LA QUE LA LLAME!

    Terminamos de cenar, le ayudo a llevar los platos al lavavajillas, y de golpe me doy vuelta, quedamos enfrentadas y se me acerca, no me dice nada, yo tampoco, me empieza a acariciar los brazos, sube hasta mi cara, me da un pico y unos besos suaves, de esos que nos damos las mujeres, con mucha lengua, con mucha suavidad, así estuvimos un rato besándonos, y me ponía la mano por debajo de la mini, y ya me estaba calentando mucho, y me decía que seguía linda como siempre, con esa piel y esa frescura que la excitaba mucho, seguimos así hasta que suena el timbre y era su amiga, le dice que suba.

    La verdad es que en ese momento me puse nerviosa, sabía que iba a ser el juguete de las dos viejitas, y que iban a saber hacerme gozar, pero no sabía cómo se iba a dar la cosa. Yo con dos chicos estuve varias veces y se cómo manejarme, ¡pero no con dos mujeres grandes!

    Entra su amiga, una mujer de unos 50 años, pero bien conservada, estaba con una pollera, no tenía feas piernas, al menos no tenía celulitis, por lo que vi (eso no me gusta).

    Bueno, nos saludamos, Silvia nos trae más champú, me siento con Silvia en el sofá y su amiga, llamémosla Clara, en un sillón.

    Pasó un rato y Clara le dice a Silvia algo así “¿de dónde conoces a esta pendeja tan hermosa?, es un bebé para nosotras“ y Silvia le dice “del gimnasio” y me agarra muy suavemente de nuevo la cara y me da un pico, y sigue con otro pico, me da un beso de lengua que me dejo calentita, y yo no le digo nada, quería ver como seguían, estaba segura que ahí iban a empezar, pero no… no hizo nada más, me quede desubicada, helada y caliente, me beso delante de su amiga y nada más, solo para demostrarle que yo era una pendeja calentona y digamos “lesbiana”.

    Al rato, nos levantamos las tres, vamos a la cocina y nos volvemos a sentar en el sofá, pero yo quedo ¡en el medio de las dos!

    Nos ponemos hablar de boludeces hasta que Silvia me empieza a acariciar las piernas, yo las tenía cruzadas, hasta que con mucha suavidad, me agarra una de mis piernas, me empieza a acariciar la entrepierna, y dejo de tenerlas cruzada, la miro, y me parte la boca de un beso, esta vez si me beso, nos cruzábamos las lenguas, nos comíamos la boca y su amiga me empieza también a acariciar, empezó por mis piernas, con caricias muy suaves, eran casi como cosquillas, sintiendo cada vez que apoyaba su mano sobre mi piel, me erizaba, ya estaba mojada, con las piernas abiertas y entregada.

    Me sigo besando con Silvia, y clara me saca la blusa (¡ya me estaban desnudando!) y continua acariciándome las piernas, y me empieza a sacar la pollerita, le dejo, y Silvia ¡la bombacha!, ya me habían dejado desnuda, y me acuerdo que Clara dice algo si como “nooo, a esta pendejita la quiero en mi mesa de luz, nena sos hermosa, ¡que piel que tenés! “

    Ya desnuda, Silvia me empieza a besar las tetas, y me acaricia la pancita, pero como lo sabe hacer ella, con mucha suavidad, esa suavidad que me pone loca, su amiga, se agacha y me empieza a besar y a acariciar las entrepiernas hasta que llega a mi conchita.

    Me la acaricia, me da besos suaves, abre los labios de mi conchita y me empieza a meter la lengua, Silvia seguía entretenida con mis tetas, mi boca y sus manos me seguían acariciando. Me calentura estaba por explotar, ¡las dos me estaban dando placer!

    Clara, dejo su suavidad, y me empieza a meter la lengua bien en la conchita, lengua dedos, lengua dedos, la lengua de Silvia jugando con la mía y sus manos amasándome las tetas, yo ya recostada sobre el respaldo del sofá, y Clara con su lengua en mi conchita hasta que lograron que estallara en mi primer orgasmo,

    Silvia se levantó, quede sola con Clara, me lleva mi cabeza para que se la chupe, me agacho le empiezo a acariciar las piernas, y a separárselas bien, hasta que se la empiezo a chupar, no sé, decía: “pendeja sos un juguete, ¡me vas hacer acabar!”, sentía como salía su flujo, la calentura de esta mujer, cosa que me excitaba, estaba siendo la puta de ella, la que la iba hacer acabar, me esforzaba, para que gozara (la verdad es que me gusta más que me la chupen que chuparla) pero la calentura de esta mujer me superaba, no tardó mucho en acabar.

    Me siento en el sofá y aparece Silvia con “juguetitos”, y entre las dos me van llevando a la cama de Silvia.

    Ahí nos empezamos a besar entre las tres, a entrecruzarnos las piernas, quedo con Clara en la posición del 69, yo arriba, Clara otra vez, me metía su lengua en la conchita, mi cara estaba entre las piernas de clara y también se la chupaba y Silvia me empieza a besar la cola, me mete la lengua en el ano, un dedo, dos dedos, y sentía que me empezaba a meter el consolador ¡por la cola!, me calenté mucho, le comí la conchita a Clara y Silvia con el consolador me lo empezó a meter bien en la cola, que ya la tenía bien dilatada, hasta que en un momento sentía que explotaba de placer y termine a los gritos, mis piernas ya no respondían y tuve un orgasmos mientras me seguía poniendo el consolador en la cola, no terminaba más de acabar, de gemir de gritar.

    Clara se corrió, me quede muerta en la cama boca abajo, Clara y Silvia me acariciaban la espalda la cola, y me dijeron que hacía mucho que no estaban con una pendeja que le gustara tanto coger (cuando se me pasa la calentura que me digan eso me da cosita, pero que iba hacer).

    Así, estuvimos un rato, hasta que Silvia nuevamente me empieza a besar la cola, y a meterme la lengua, solita me empecé a mojar de nuevo, mi cuerpo solo se movía, mis piernas no se podían quedar quietas y mis gemidos, demostraban que eso me gustaba. Entre las dos me estaban matando ¡era su juguete!

    Clara me acomoda para que me quede en cuatro y empieza de nuevo a jugar con mi conchita mientras Silvia seguía con mi cola, y ya estaba otra vez poniéndome los dedos, y clara diciéndome que conchita tan hermosa que tenía, hasta que siento que clara me empieza a poner un consolador en la conchita, no lo esperaba, me sobresalte, pero me gusto, ¡ME ESTABA COGIENDO!, y mis gemidos nuevamente decían que me gustaba lo que hacían.

    Hasta que Silvia me dice, algo así, como “preciosa, te queremos ver retorcer de placer” y me empieza a poner el otro consolador ¡en la cola!, les digo ¡que no!, los dos juntos no, pero de a poco me lo empieza a poner y me empecé a dejar, a dejar que me hagan ¡lo que quisieran! Y gemía, transpiraba, no me podía mover, hasta que acabe de nuevo, pero esta vez seguía caliente, me empecé a tocar la concha, ellas obvio se dieron cuenta, y me dicen ¡ahora si vas a gozar! (No sabía a qué se referían).

    Me dicen que me ponga bien al costado de la cama, boca arriba, apoyando mi cola, bah mi cintura sobre un par de almohadones, les hago caso, Silvia me levanta las piernas poniéndomelas sobre sus hombros, y otra vez empieza a jugar con mi conchita y Clara se las ingenia para de a poco ponerme el consolador de nuevo en la cola, que como ya estaba dilatada entro sin que me doliera nada, solo me daba placer, clara solo se dedicaba a mi cola, me lo ponía, me lo sacaba, me estaba cogiendo por el culo.

    Silvia sigue jugando con mi conchita, me empieza a poner bien, la lengua adentro de la conchita, pero bien adentro, me pone la lengua, la saca, mis flujos hablaban solo de lo que me gustaba lo que me hacían, me agarraba de las sabanas y no paraba de gemir de decirles que sigan, y Silvia desaforadamente me empieza a meter los dedos en la conchita, me los ponía, me los sacaba, estuvieron las dos así, un rato que para mí era interminable, porque era demasiado el placer que sentía, y Silvia seguía haciendo lo mismo, hasta que esta vez sí, ella sabe dónde y cómo meterme los dedos y lo hizo a una velocidad impresionante, sabiendo exactamente donde me tenía que tocar, hasta que siento que mi cuerpo ya no respondía, empecé a sentir esos espasmos, esos movimientos incontrolables, mis gemidos ya eran gritos, hasta que logró hacerme eyacular, en ese momento mi cuerpo me domina, tiemblo, transpiro grito, y quiero más, lo volvió hacer y eyacule de nuevo, sobre la cara de ella.

    Bueno, quede exhausta, muerta, no me podía mover, literalmente, no me podía mover, me temblaba todo el cuerpo, me quede en la cama, me dormí un rato, no me importaba quedarme dormida ahí, lo necesitaba. Habré dormido una hora, no más, me despierto, y veo que me habían dejado mi ropa en la cama, me visto voy al living y estaba Silvia sola, Clara ya se había ido.

    Me pregunta cómo lo pase, le digo “¿hace falta que te conteste?”, jaja se rio, me dio un pico suave, como una caricia, le digo que me voy, me dice llámame cuando quieras.

    Yo no soy lesbiana, diría que soy bisexual, me acosté con amigas, pero estar con lesbianas, pero lesbianas en serio como estas dos, es otra cosa, saben y muy bien cómo hacerme gozar, está bien, yo me entregué y dejé que me hicieran todo, pero saben cómo hacerlo para que me excite, me sienta cómoda, y lo mejor como calentarme a tal punto de hacerme eyacular, Silvia las otras veces que estuve con ella, también lo había logrado.

  • Violación consentida

    Violación consentida

    Don Berto pasaba largos ratos en la plaza, sobre todo en los últimos días en los que se presentía la llegada de la primavera y por las tardes hacia bastante calor. Esto era bueno porque permitía a Don Berto solazarse mirando chicos jóvenes con poca ropa que hacían ejercicios, paseaban en bicicleta o simplemente se sentaban en otros bancos a conversar animadamente. Don Berto dirigió su atención a un muchacho con un cuerpo muy sexy, vestido con un corto short de jean y una remera musculosa que le marcaba los pechos, era gordito como le gustaban a Don Berto, tenía unas piernas espectaculares y unas nalgas grandes y duras que le marcaban el short . A la edad de 72 años era difícil para Don Berto conseguirse un ejemplar así para disfrutarlo en la cama. Mientras lo miraba se le hacía agua la boca imaginando como seria acariciar esas piernas y apretar esas carnosas nalgas y comenzó a experimentar una erección mientras se pasaba la lengua por los labios mirando sin disimulo al muchacho, que estaba sentado en un banco de la plaza leyendo un libro.

    El chico percibió la mirada lujuriosa del viejo sentado a pocos metros y sintió una sensación extraña. Que querría ese viejo verde con un joven como él? No era nuevo que algunos hombres se excitaban con chicos, no hacía mucho un hombre mayor lo había seguido diciéndole cosas subidas de tono sobre su cola y lo que le haría si lo agarraba hasta que llego a su casa y el viejo siguió su camino. Había experimentado una mezcla de sensaciones, entre temor, impotencia y también una rara excitación por saber que pasaría si llegara a acceder a lo que esos hombres querían.

    Levanto la mirada nuevamente y confirmo que el viejo lo miraba con fijeza, sus ojos recorrían su cuerpo, sobretodo sus piernas casi desnudas por llevar un corto short. Era una mirada impregnada de deseo, de urgencia, parecía desnudarlo completamente, se sintió incómodo y se levantó para irse. Había recorrido unos metros cuando al mirar atrás vio que el viejo lo seguía. Sería una casualidad o era que ese hombre quería hacer algo con él? Camino unos pasos más y al llegar a la esquina de la plaza se detuvo, esperando que el hombre siguiera su camino.

    Don Berto vio que el chico se detenía y decidió encararlo, se paró frente al muchacho y le dijo «Hola también estas disfrutando de esta linda tarde?» El chico no respondió y el viejo continuo diciendo «Yo ahora me voy a casa a tomar una cerveza, si querés te invito»

    El chico le dijo «No, gracias ya me iba para mi casa» sintiendo que le costaba hablar. El viejo no se rindió y le dijo «Dale, una cerveza bien fría viene bien, vivo a una cuadra, no te vas a demorar nada». Y en forma impensada el muchacho contesto «Bueno, pero solo un ratito porque tengo que ir a mi casa»

    Don Berto casi salta de alegría, dijo «Dale vamos» y se encaminaron en dirección a la casa del viejo. En el camino Don Berto miraba las piernas del chico y volvía a experimentar una erección, «qué bueno que esta» pensaba y decidió que se lo iba a coger por las buenas o por las malas.

    Llegaron a la casa de Don Berto, una vivienda modesta franqueada por un jardín y entraron, el viejo hizo pasar al chico primero y no perdió la ocasión de mirarle las nalgas y las piernas sintiendo que su calentura crecía minuto a minuto. Le dijo que se sentara en el living mientras traía las cervezas.

    El muchacho experimentaba una mezcla de sensaciones, que iba a hacer si ese hombre quería abusar de el? No lo sabía y a la vez quería que algo pasara, y si después de todo era simplemente una invitación a tomar una cerveza?

    Don Berto volvió con dos cervezas y le tendió una al muchacho. Tomaron un sorbo y luego el viejo dejo la cerveza en una mesita al lado del sillón. Mirando las piernas del muchacho no se pudo aguantar y le dijo «Que lindas piernas tenés, son bien suaves» y le acaricio un muslo lentamente. El chico nada dijo, la mano del viejo subía y bajaba por el muslo y la cara de Don Berto se transformó, ahora tocaba con las dos manos las piernas del muchacho que nada decía.

    Entusiasmado con los manoseos el viejo acerco su cara a la del muchacho y empezó a lamerle el cuello, el chico seguía como en trance hasta que musito «No por favor no me viole». Don Berto ya tenía una erección monumental y sentir que el chico le decía que no lo violara lo calentó aún más. Lo tomo de un brazo y sin mucha consideración lo llevo al dormitorio. Lo puso contra la pared cerca de la cama y empezó a desnudarlo. El chico nuevamente se quejó diciendo «Por favor no me viole». El caliente viejo le quito la musculosa dejando al descubierto sus carnosos pechos. Las manos del viejo verde se apoderaron de cada pecho del chico y los apretaron con fuerza, con los dedos estimulaba los pezones hasta que no pudo más y se metió un pezón íntegramente en la boca, chupándolo con fuerza mientras sobaba sin pausas el otro pecho. El muchacho se recostó contra la pared, gimiendo en voz baja ante los furiosos manoseos y chuponeos a que era sometido, solo decía «Por favor no». El viejo, dejando de chupar le dijo «Como no te voy a coger con lo bueno que estas, vas a la plaza a calentar hombres con ese cuerpo que tenés y ahora no querés, te voy a hacer de todo precioso» y siguió chupándole los pezones un buen rato. El chico ya no decía nada, se entregaba a lo que ese pervertido quisiera hacerle. Don Berto decidió que ere el momento de disfrutar del culo del muchacho, le desabotono el short y se lo arranco por las piernas dejándolo desnudo ya que ni ropa interior llevaba el chico. «Mira, te gusta calentar hombres, andas desnudito para que te cojan» y lo puso de cara a la pared. Cuando vio las impresionantes nalgas, duras y blancas casi se desmaya «Mira el culo que tenés nene te voy a chupar todo» y con sus manos agarro cada nalga y la apretó y manoseo hasta que se puso de rodillas y abriéndole las nalgas hundió su lengua en el culo del muchacho.

    El chico pego un respingo, gimió de nuevo diciendo “No por favor» mientras el viejo lo quería penetrar con la lengua, con las manos sobaba esas soberbias nalgas y sentía que no podía aguantar mucho más sin cogerse ese monumental culo. Se levantó y dirigiendo su dura verga con una mano la introdujo entre las nalgas del chico empezando a penetrarlo. El muchacho ahora grito de dolor, «Por favor no me viole» y el viejo empujo más logrando meterle más verga, gruñendo de placer. Tomo al chico por la cadera haciéndolo empinar para poder meterle todo su pene y lo logro ante los gemidos doloridos del muchacho. Empezó a culearlo moviéndose lentamente de adelante hacia atrás, sintiendo un placer indescriptible por lo apretado que era el chico, ahora sus embestidas eran más potentes hasta que en uno de ellas sintió que eyaculaba en el intestino del muchacho. Siguió moviéndose por un rato, el muchacho ya ni gemía, el viejo verde lo había empalado a voluntad y ni se había resistido. Don Berto se retiró del culo del chico pensando que había sido el mejor culo que se había cogido, vio al muchacho recostado contra la pared y le dieron ganas de cogerlo de nuevo, pero ya había tenido suficiente. Llevo al chico al baño, le dijo que se vistiera y lo acompaño a la puerta. Como despedida le dijo «Cuando quieras de nuevo nos vemos en la plaza». El muchacho emprendió el camino a su casa dolorido, confundido pero pensando que en algún momento también le había gustado.

  • Todos los días tenía una sesión con mi abuelo

    Todos los días tenía una sesión con mi abuelo

    Me llamo Eva y vivo en una ciudad del norte de España, con mar. Desde adolescente vivo con mi padre y mi abuelo. Mi padre se pasa largas temporadas fuera de casa porque es marinero. Mi abuelo está inválido de cuello para abajo, incluso tiene dificultades para comer y por supuesto, no habla. Yo me ocupo de él. Aparte, estudio. Cuando empezó esta historia, yo tenía 18 años y casi no me relacionaba con las compañeras, incluso pensaban que era algo rarita, pero mi abuelo me ocupaba mucho tiempo y nada más salir de clase iba a cuidarlo.

    Cuando lo limpiaba, lógicamente limpiaba su sexo, pero aquello parecía muerto. Un día que estaba muy caliente, cuando le limpiaba la polla, se la tocaba y acariciaba más rato, empecé a menear suave, tiré para atrás de su piel y apareció el capullo, pero lo miré y me miraba con los ojos muy abiertos. Me asusté y lo dejé. La ventaja era que él no podía decir nada. Me fui a mi habitación y estuve pasando los dedos por mi coño y por mis duras tetas de pezones abultados hasta que me corrí.

    Todo transcurría así hasta que un día vino mi padre para quedarse un mes y después se fue otra vez por varios meses.

    El mismo día que se fue, estuve rebuscando entre sus cosas y encontré varias revistas eróticas y había cintas de video pornográficas, pero yo no tenía reproductor. Las revistas me calentaban, y empecé a ir con camisas desabrochadas a dar de comer o a limpiar al abuelo. Me acostumbré a aquellas miradas duras a mis ojos y a mi escote. Yo cada día estaba más caliente y empecé a limpiarlo dos y hasta tres veces al día con tal de tocar esa polla flácida, pero me gustaba tocarla, tocar sus huevos, incluso pasaba las tetas por su hombro. Cada día iba más caliente.

    Le pedí un reproductor de vídeo a una compañera que se extrañó y me dijo que para qué lo quería. Esa misma noche me puse a verlas. Dios, no podía creerlo. Mis compañeras hablaban de esto y yo no las creía… Aparecían chicas chupando pollas que se corrían en su boca y se la metían por el culo; incluso hubo alguna escena en que uno se la metía por el culo y otro en el coño.

    (Inciso de Kandidasumisa: hay que entender que esto es de los años 80).

    Me puse como loca, con mi coño muy húmedo. Tenía que probarlo, y el único con quien podía hacerlo era mi abuelo.

    Me fui a su habitación con una camisa larga con dos botones abrochados y nada más. Mi corazón se salía de excitación. Allí estaba mi abuelo que me miró extrañado. Lo incorporé en la cama, cogí su mano inerte y un poco fría y la llevé a mis tetas, la pasaba de una a otra, apretaba mis manos con la suya debajo contra mis pechos… ahhhh… sus dedos gordos, largos y arrugados. Después le pasé mis tetas por su cara y los pezones por sus labios… ahhhhh… Miré su cara y sus ojos parecían querer taladrarme, pero me daba igual, estaba tan salida y lanzada que sólo quería disfrutar. Puse su mano sobre el muslo y mi coño chorreando encima de la mano y empecé a moverme despacio contra ella, a la vez que empezaba a tocar su polla… a lo mejor también él disfrutaba. Seguí moviéndome sobre su mano, tocando su polla con una mano y mis tetas con la otra. Cada vez me movía más rápido hasta que me corrí, pero eso no me calmaba en absoluto; seguía con las imágenes de las películas en mi cabeza, estaba muy salida.

    Seguí tocando la polla y los huevos con las dos manos empecé a lamerla y me la metí en la boca. Y de pronto pasó algo inesperado: empezó a crecer, y crecer, y crecer en mi boca. Nunca había pasado antes. Se puso gorda, y dura, algo más larga que en las películas. Seguí chupándola como había visto en el cine, lamiendo el capullo y chupándolo. Entonces mi abuelo empezó a hacer sonidos que salían de su garganta y me asusté porque tampoco antes los había hecho. Lo miré y tenía la cara roja, las venas del cuello muy hinchadas, los ojos muy abiertos y la mirada perdida. Al mirarlo, me miró “agghhhrrr” “agghhhrrrr”, y después decía algo como… ”uta” “uta”, mirándome, y no sabía si decía “gusta” o “puta”. Para no ver su cara, la tapé con un paño y seguí lamiéndole la polla y tocando mi coño con los dedos. Tenía que intentarlo. Agarré su polla y la empecé a pasar su gordo capullo por los labios de mi coño, mientras cogía otra vez su mano fría y la pasaba por mis tetas. Me dolían los pezones de duros y excitados, y su mano me volvía loca. Empecé a meter el capullo dentro de mi coño; muy muy despacio, porque… era virgen, y como me dolía lo dejé, seguí frotando la polla hasta que me corrí, y después mi abuelo, también se corrió; salieron unos goterones muy espesos y entre blanco y amarillos. Cuando quité el pañuelo a mi abuelo, no me miraba.

    Analizándolo todo, mi abuelo era poco menos que un ser inerte, y al fin y al cabo, con esto no hacíamos daño a nadie y disfrutábamos ambos; pero esa noche me sentía mal por lo que había hecho con él, y aunque me dije que no lo volvería a hacer, al día siguiente, al regresar, lo primero fue desnudarme y entrar a ver a mi abuelo, porque durante el día me había puesto muy salida pensando en lo ocurrido y en las películas.

    Todos los días tenía una sesión con mi abuelo. Él se corría y yo también, y ya no me importaba lo que pensara o lo poco que podía decir. Era mi objeto de placer. Lo limpiaba y lo sentaba en un butacón con una mantita a cuadros rojos y me sentaba encima y le pasaba las tetas por la cara, o le chupaba la polla hasta que se corría en mi boca y después lo escupía, o frotaba mi coño húmedo por su cuerpo inerte, por sus piernas, sus manos; incluso, tumbado en la cama ponía mi coño en su cara hasta correrme, él no podía lamer ni sacar la lengua.

    Así transcurrían los días hasta que todo esto cambió. Cuando le devolví el reproductor de vídeo a la compañera, ésta me preguntó que qué había visto. Entonces le conté que tenía cintas pornográficas, y se puso como loca, se lo contó a las compañeras y por la tarde estábamos viéndolas en mi casa. Mi abuelo puso gesto extraño, porque nunca viene nadie a casa. Vinieron dos compañeras, y una decía “guau!!! Se la meten por el culo; dicen que es genial”. Entonces les dije que había probado con mi abuelo, que casi no se movía, que no podía decir nada y que se le ponía dura. Me miraron y dijeron, “joder, y nosotras que creíamos que eras una sosa…”. Les faltó tiempo para ir a la habitación de mi abuelo y empezar a quitarse la ropa. Estaban como locas y mi abuelo con unos ojos como platos. Yo no sabía si aquello le gustaba o lo pasaba realmente mal. Empezaron a tocarle la polla, que no tardó en ponerse dura… ”qué grande es”, y se la chupaban las dos, le pasaban las tetas por la cara, por las manos, por los hombros. Entonces me dijeron que lo follara yo primero. Les dije que nunca lo había hecho, y ellas me ayudaron.

    Escupieron toda la polla hasta dejarla muy lubricada. Me puse encima y una compañera agarraba la polla dura. Primero me metió un dedo y después dejó paso a la polla. Me la iba metiendo muy despacio hasta que sentí un poco de dolor, y entonces entró despacito. La compañera que lo dirigía todo, me agarraba ahora las nalgas y la polla entraba y salía muy muy despacio. Vi que había un poco de sangre y me asusté y me salí, pero mis compañeras no le dieron mayor importancia. Limpiamos al abuelo y se lo follaron las dos. La primera, se la clavó despacio, pero empezó a cabalgar rápido hasta que se corrió. Después lo folló la compañera del reproductor de cinta de vídeo, mientras la otra le cogió la mano y se la pasaba por el coño. Cuando esta segunda se corrió, la primera dijo que quería metérsela por el culo. Mi abuelo no se había corrido y decía “uuta”… ”ahhhhfggg”… ”uuuta”. Yo estaba un poco asustada, al margen, pero todo aquello me excitaba. Escupió el capullo, escupió los dedos y lubricó su ojete y empezó a metérsela. Le costaba hasta que entró el capullo, y dio un grito y siguió clavándosela toda hasta los huevos y a tocarse las tetas o a amasar el pecho y barriga de mi abuelo. Estuvo así… adentro… afuera… adentro… afuera de su apretado culito hasta que mi abuelo se corrió y ahí acabó la sesión.

    Por la noche, más relajada, pero salida, después de darle de cenar y cenar yo, volví a follar con él, pero esta vez, le puse el coño en la boca hasta que estuve bien húmedo, lo pasé por la cara, hombros, brazos, manos… cogí sus dedos (uno) y lo metí en mi coño, después dos…y al final tres… me corrí con sus dedos fríos gordos y arrugados en mi coño. Chupé su polla hasta que estuviese a tope, pasé el capullo por la entrada de mi coño, abriendo los labios… y empecé me tragué el capullo. Empecé a bajar despacio, y como no me dolía, me metí toda la polla hasta los huevos. Ahora empecé un mete-saca lento, hasta que su capullo quedaba a la entrada de mi coño… y otra vez abajo. Me di la vuelta hacia los pies y me tocaba las tetas mientras seguía entrando y saliendo despacio… mi cuerpo empezó a temblar con la polla dentro por completo… vibraba hasta que nos corrimos los dos… ahhhhh. Era genial.

    A partir de ese día, nada ha sido igual. Yo siempre estoy acompañada, y ya sea una o dos compañeras, todas las tardes tengo amigas en casa… para follarse-follarnos a mi abuelo. Después por la noche, yo me lo follo otra vez. Incluso yo lo hecho ya por el culo, y aunque el primer día me dolió, ahora me gusta.

    La verdad es que creo que su salud ha mejorado; incluso mi padre, en la última visita lo comentó.

    Y hasta aquí este relato que mientras lo escribía me ha puesto chorreando.

    La vida es un regalo, disfrutadlo aunque no tenga velas o algunos días parezca que están torcidas.

  • Follado por el gitano y sus colegas

    Follado por el gitano y sus colegas

    Llevaba unos días trabajando de manera eventual en el puerto de La Coruña; se trataba de descarga de pescado congelado; allí trabajaba toda clase de personas, había gitanos, emigrantes, parados que no encontraban trabajo, etc. Había también mujeres en las descargas. Normalmente los que éramos eventuales, nos cambiábamos aparte de los que eran fijos. Teníamos 2 zonas de vestuario, uno para las mujeres, y otro para los hombres; aparte de estos vestuarios, luego estaban los vestuarios de los trabajadores fijos, y las duchas. Hasta hacía un mes, los que éramos eventuales, no teníamos acceso a las duchas, pero conseguimos que nos permitieran el acceso a ellas.

    Después de terminada la jornada de 11 horas, algunos íbamos a ducharnos. No las usaban todo el mundo, pero los gitanos y algunos cómo yo, siempre íbamos a ducharnos.

    Yo cuando iba a ducharme, siempre procuraba esperar al final para hacerlo solo, más tranquilo y a gusto. Pero aquel sábado cuando ya creí que no quedaba nadie más, apareció un gitano y 2 colegas.

    El gitano era joven, no pasaba de los 30 años, tenía un cuerpo delgado y fibroso, y una polla y huevos, que me hacían la boca agua. No le quitaba el ojo de encima a aquella polla cuando lo veía en las duchas. Detalle que a él no le había pasado desapercibido, ya que siempre que me veía, me guiñaba un ojo, y si alguna vez coincidíamos en algún lugar donde no había gente, siempre se metía conmigo, y en más de una ocasión, me había tocado el culo y metido mano.

    Yo me estaba duchando en una de las 2 duchas que teníamos para los eventuales, cuando llegaron ellos. Los 2 colegas del gitano se metieron en la que estaba libre, y el gitano se metió en la que estaba yo.

    -Deja que me remoje payo, mientras te enjabonas -me dijo metiéndose en la ducha que yo estaba.

    Me arrimé dejándole espacio, pero quedé pegado a la pared, y al ponerse el gitano debajo de la ducha, quedaba pegado a mí.

    -Deja que te enjabono yo -me dijo empezando a meterme mano. Empezó a pasarme las manos por la espalda, luego paso a mi pecho agarrando mis pezones, bajando luego hasta mi pubis y frotarme la polla y huevos, cosa que me hizo mover el culo hacia atrás, pegándome a su cuerpo.

    -Uy payo, vaya culito que tienes -me decía pegándose más a mí.- Mira cómo se me pone la verga, payo.

    Me había arrimado su polla al canal de mi culo, por lo que me hizo estremecer.

    -Eh -le protesté mientras me giraba hacía él.

    -Mira cómo me la has puesto -me decía, tocándose la polla con la mano.

    Miré para la polla del gitano, viendo que se estaba empalmando; tenía una polla larga y delgada; se le empezaba a asomar el glande por el prepucio, aquello me hacía relamerme y ganas de agarrarle la polla para llevarla a mi boca.

    Aquella visión me estaba poniendo nervioso y caliente de tal manera, que me estaba haciendo empalmar.

    -Uy payo, mira cómo te pones,

    -¿te gusta mi polla?

    -Te ha gustado el roce de mi polla ¿eh?

    -Deja que me saque el jabón -le contesté al gitano, metiéndome debajo del agua.

    ¡Dios! Aquella situación me estaba ruborizando, estaba empezando a ponérseme la polla tiesa a más no poder.

    Estaba terminando de aclararme cuando me pasó la mano por el culo diciendo, tienes un culito muy rico payo. Al notar la mano acariciarme el culo, pegué un respingo quedándome pegado a la pared de la ducha. El arrimó su cabeza a mi oído y colocando su mano en mi culo llevó uno de sus dedos a la entrada de este, y mientras presionaba mi esfínter para introducirme el dedo, me decía al oído: Deja que te meta mi polla en este culito tan rico, ya verás cómo te hago gozar. Sé cómo me miras y sé que te gusta mi polla, me decía mientras presionaba mi esfínter con el dedo. Llevó la otra mano a mi polla agarrándola, cosa que me hizo echar el culo hacia atrás y que el dedo que tenía presionando mi esfínter, se introdujera un poco haciendo que mi esfínter cediera, dejándole el camino libre.

    -¡Ohhh! -Grité al notar entrar parte de su dedo en mi ano.

    -¡Uy! Mira cómo se abre tu culito -al notar mi dedo tocar este chochito que tienes.- Y mira cómo estás de empalmado -me decía mientras me meneaba la polla suavemente. Terminó por meter todo el dedo dentro de mi culo y pegándose a mí, me acorraló contra la pared de la ducha, y sin dejarme mover, empezó a meter y sacar su dedo en mi culo, a la vez que me iba meneando la polla.

    -Así payo, relájate y deja que te folle. Anda inclina un poco el culito y deja que te meta la polla. Sé que lo estás deseando y ahora solo estamos nosotros. Ya verás cómo te hago gemir de placer. Anda se bueno y deja que te dé por el culo, payo -me decía con la boca pegada a mi oreja.

    -Puede venir gente -le dije- además en la ducha de al lado están tus colegas.

    -Por ellos no te preocupes, ellos también quieren follarte, pero eso mejor lo hacemos en otro sitio. Si tú quieres puedes venir con nosotros a tomar algo y luego vamos a otro lugar.

    -Pues mejor vámonos ahora en lugar de hacerlo aquí.

    -Mira cómo estoy -me dijo el gitano arrimando su polla a mi pierna.- No aguanto más, estoy a punto de correrme, tienes un culito que me vuelve loco. Anda se bueno y deja que te dé por el culo que sé que lo estás deseando -me decía, pegando su cuerpo a mi espalda y subiéndome las manos para que las apoyara en la pared de azulejos.

    Teniéndome pegado a la pared de azulejos, Arrimó su polla a mi culo y agarrándola con su mano, la fue llevando a la entrada de mi ano. Colocó la cabeza pegada a mi esfínter, y dando un suave movimiento a sus caderas, me enterró más de la mitad de la polla.

    -¡Ohhh! ¡ooohhh! -Gemí al sentir entrar la polla del gitano en mi culo. Dio otro movimiento a su pelvis, terminando de meterme toda la polla.

    -¡Ohhh! -Suspiré a la vez que daba un respingo poniéndome más derecho, al notar su polla tocar el fondo de mi culo.

    Arrastró sus pies mientras mantenía pegada su pelvis a mi culo, haciendo que yo abriera un poco más mis piernas, para colocarse él mejor y empezar a mover sus caderas, haciendo que su polla fuera entrando y saliendo de mi ano.

    -Así payo, así te quería tener. Deja que mi polla te dé por el culo, así, deja que te folle, ya verás cómo te voy a hacer disfrutar. ¡Joder que culito tienes payo! Mira que bien traga tu culito mi polla, ¡ooohhh que calentito y cerradito lo tienes!

    -Ya vi cómo me mirabas payo, cada vez que mirabas mi polla tus ojitos brillaban de lujuria. Sé que la estabas deseando.

    Notaba cómo la polla del gitano me rozaba la próstata y luego tocaba el fondo de mi culo, a la vez que chocaban sus huevos con los míos.

    Yo estaba gimiendo sin parar, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Mientras la polla del gitano me follaba el culo, y su mano me meneaba la polla al ritmo de sus culeadas.

    ¡Dios que gusto me estaba dando aquella maravilla de polla! Notaba cómo se deslizaba dentro de mi culo, y cómo sus huevos chocaban con los míos, ¡ooohhh! Gemía y mordía los labios al notar el roce de su polla.

    -¡Ay payo que culito tienes! Hoy vamos a follarte bien follao. Lo vamos a pasar de puta madre, payo.

    Yo no pude aguantar más, y empecé a eyacular, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Empecé a lanzar chorros de semen por los azulejos de la ducha.

    Esto hizo que mi culo presionara la polla del gitano, haciéndolo que él también se empezara a correr, ¡aaahhh payo! ¡aaahhh! Como aprietas el chochito, ¡aaahhh! Que gusto. Lanzó varios trallazos de leche, en lo más hondo de mi culo, mientras a mí me empezaban a temblar las piernas.

    -¡Ahhh payo! Que gusto, joder me has exprimido la polla -me decía mientras me lamía el cuello y oreja.

    Poco a poco fuimos recuperando la respiración, a la vez que la polla del gitano iba saliendo de mi culo. Tenía la cabeza sobre mis hombros y su mano seguía acariciando mi polla y huevos.

    -Qué bueno ha estado payo. Tu culito es cómo un chochito virgen, calentito y muy apretadito. Que gusto me ha dado follarte.

    -Ahora vamos a terminar de ducharnos, vamos a tomar unas cervecitas, y luego a seguir follándote. Vamos a darle placer a ese chochito que tienes por culo. Te vamos a preñar bien preñado payo.

    Cuando salimos de la ducha para vestirnos, allí estaban esperando sus 2 colegas. Tenían una sonrisa que les llegaba de oreja a oreja. Joder cómo habéis disfrutado de la ducha, nos largaron al vernos salir de la ducha. Yo estoy seguro de que tenía la cara en aquel momento, al rojo vivo. Cómo pude esquivé las miradas, y cogiendo la toalla de la mochila que tenía, empecé a secarme.

    -Bueno -empezó a hablar el gitano a sus colegas- ahora vamos a tomar unas cervecitas, y luego vamos a seguir chingando. Oye payo, tú te llamas Dani, ¿verdad?

    -Sí -le contesté.

    -Bueno pues supongo que ya sabes cómo nos llamamos. Él es el Ramón, este Luis, y yo Víctor, pero me puedes decir gitano.

    -Sí, ya sé cómo os llamáis.

    Mientras terminaba de secarme, el gitano hablaba a sus colegas, llevaba su mano a mi culo, lo volvió a acariciar y decirles, tiene un culito divino, es cómo un chochito virgen, me lo voy a chingar bien chingao, hoy te voy a dejar embarazado payo, te voy a preñar con mi lechita.

    Menos mal que nos vestimos rápido, si no, estoy seguro de que me hubieran follado de nuevo allí.

    Fuimos los 4 al bar del puerto, donde estuvimos bebiendo unas cervezas y comiendo unos pinchos, hasta que nos marchamos de allí. Y menos mal que nos fuimos, si no, ya salgo borracho de allí. Entre la cerveza y los porros de hachís; cosa que yo no suelo fumar; ya iba medio colocado.

    Ellos tenían una furgoneta, por lo que montamos los 4 en ella. El gitano y yo, subimos por la puerta lateral que daba a la zona de carga, y los 2 colegas, uno era el que conducía, y el otro iba de copiloto. Solo tenía asiento para el copiloto y el conductor, los otros 2, íbamos de pie o sentados en lo que era la zona de carga. Bueno allí tenían una especie de butaca, en la que se podía sentar una persona o 2 si eran niños.

    -Ven paquí payo, sienta aquí junto a mí. -Me dijo el gitano.

    Me senté casi entre sus piernas, dejando la mochila junto a las bolsas de ellos.

    El gitano me agarró por la cintura, pegándome a él.

    -Ya tengo ganas de chingarte de nuevo payo. Tienes un culito que me pone a mil.

    Me tenía abrazado y con sus manos no dejaba de meterme mano por todas partes. Empezó a desabrocharme el cinturón, siguiendo luego con el pantalón. Ya me había desabrochado y bajado parte del pantalón, cuando empezó a meter sus manos por dentro de mi slip. Empezó a sobarme la polla y huevos, empezando esta a reaccionar.

    Yo iba agarrado a una de las barras que separaban la zona de carga con los asientos del conductor y copiloto, cuando el gitano metió una de sus manos por debajo de mi culo, llevando uno de sus dedos a la entrada de mi ano. Presionó un poco hasta que consiguió meterme el dedo en el culo, ¡ooohhh! Gemí al notar entrar el dedo.

    -Te gusta lo que te hago ¿eh?

    -Sí, sí que te gusta, mira cómo ya tienes la polla durita de nuevo.

    Sacó el dedo de mi culo, empezando a bajarme por completo el slip y pantalón. Pues no te preocupes que ahora te voy a chingar este culito mientras vamos en la furgoneta.

    Terminó de bajarme el slip y pantalón, sacándolos por completo, junto a las zapatillas de deporte que llevaba. Luego tiró de mi camiseta hacia arriba, sacándomela por la cabeza.

    El muy hijo puta del gitano, ya me tenía completamente en pelotas, medio colocado, y con ganas de ser follado de nuevo.

    En un plis plas se sacó su camiseta, bajado sus pantalones y slip, quedando su polla al aire. Ya la tenía tiesa y dura, lista para follarme de nuevo.

    -Ponte aquí de rodillas payo, y chúpala un poco que te voy a volver a preñar este culito.

    Me puse donde me ordenó, agarré la polla con mis manos llevándola a mi boca. Abrí la boca, tragándome aquella polla tan maravillosa que me hacía babear de lujuria.

    Empecé a chupar la polla del gitano, mientras este agarraba mi cabeza haciendo que tragara toda la polla, ¡ooohhh payo que gusto! Que putita estás echa, ¡ooohhh que bien la chupas!

    -Joder Víctor -le soltó uno de los colegas, ya podíais haber esperado a que llegáramos, nos estáis poniendo cómo burros.

    -Tranquilo hermano, que vas a tener culo pa follar todo el día. Esta putita está caliente y salida a más no poder. Tiene ganas de polla y que le preñen el culito de puta que tiene. Y yo me lo voy a chingar mientras no llegamos.

    Llevaba un buen rato chupando la polla del gitano, cuando se paró la furgoneta.

    -Ramón -dijo el gitano- coge cervezas, y que te de el Toni el material. Ah, y coge también tabaco y papel.

    El copiloto que era el Ramón bajó de la furgoneta, y al cabo de un rato se abrió la puerta trasera del furgón; detalle que me asustó un poco; tranquilo payo, me dijo el gitano, solo es el Ramón con la mercancía.

    Entró el colega del gitano, y después de dejar unas cajas de cerveza, cerró la puerta quedándose el dentro.

    -No aguanto más, déjame darle por el culo mientras te la chupa -le dijo al gitano.

    Ya se había bajado los pantalones y sacado la polla, la cual estaba tiesa cómo el mástil de un velero, cuando echó mano a mi culo, llevando un dedo a mi ano metiendo el dedo dentro.

    -Joder tengo los huevos que me explotan -dijo mientras se ponía la furgoneta de nuevo en marcha. Se arrodilló detrás de mí, colocó una mano sobre mi espalda, llevando con la otra su polla a la entrada de mi culo.

    La polla del Ramón era más gruesa que la del gitano, pero nada más colocarla en la entrada a mi ano y presionar un poco, mi esfínter cedió dejando que entrara en mi culo.

    ¡Ufff! Ya me había clavado la polla el Ramón. Ahora tenía la polla del gitano en la boca, y al colega dándome por el culo.

    Se agarró a mis caderas, empezando un mete y saca de su polla en mi culo, que me hacía delirar, ¡ooohhh que gusto!

    -Joder que gusto -decía mientras me culeaba a toda velocidad- ¡ooohhh que gusto! Maricón, que gusto da follarte este culito. Me tenías a punto de reventar cabrón.

    Empezó a clavarme la polla más a fondo, cuando empezó a dar gritos y empezar a correrse, ¡ooohhh maricón! Me corro, ¡ooohhh! Me corro.

    Soltó 5 trallazos de leche, dejando de culearme y dejando que su polla saliera poco a poco de mi culo.

    -Joder maricón que pedazo de culo tienes -decía mientras se dejaba caer sentado en el suelo de la furgoneta.

    Yo seguía chupando la polla del gitano. Tenía los ojos cerrados y la polla goteándome semen continuamente.

    -Joder payo, sí que eres bien puta, lo debes estar pasando de puta madre, tienes la polla que no para de soltar semen. Me tienes pringada toda la pierna.

    -Ven -me dijo el gitano levantándome la cabeza.- Vamos a chingarte el culito de nuevo, a ver si te dejamos preñado.

    Me hizo levantar, ordenándome que me sentara a horcajadas sobre él.

    -Ven payo, abre las piernas y siéntate sobre la polla. Ve agachándote poco a poco, agárrate a mis hombros y ve agachándote mientras yo te voy metiendo la polla.

    Me apoyé en sus hombros, y me fui agachando poco a poco. Noté cómo colocaba la cabeza de su polla en la entrada de mi ano, y cómo esta se iba introduciendo dentro de mí.

    ¡Ohhh Dios! El cuerpo me temblaba de placer, haciendo que me abrazara más al gitano que me estaba dando por el culo. Apenas tenía fuerza para cabalgar sobre la polla que el gitano me estaba metiendo en el culo.

    Menos mal que el gitano me ayudaba con sus manos, si no me quedaría abrazado a él, con la polla clavada en mi culo, y la cabeza sobre sus hombros.

    -Así, payo así, muévete que te voy a preñar bien preñado, ¡ooohhh que gusto payo! -Suspiraba el gitano mientras me daba por el culo- ¡ooohhh! Cómo me gusta tu culo payo. Así, muévelo así, ¡ooohhh! Que chochito tienes maricón.

    Dios, ya me estaba empezando a correr sobre el pecho y vientre del gitano, y la polla que me daba por el culo se clavaba cada vez más en mis entrañas, ¡ooohhh me corro! Me corro, gemía yo mientras estaba soltando todo mi esperma sobre el pecho y vientre del gitano.

    -¡Ay payo! Mira cómo te corres, cómo estás gozando puta, menuda chingada que te estoy pegando.

    Llevábamos ya unos 5 minutos que habíamos llegado, y el gitano seguía dándome por el culo. Me tenía a horcajadas sobre él, haciendo que subiera y bajara sobre su polla.

    -Así payo, mueve este culito de puta, que te lo voy a preñar. Así, así muévete así, ¡ooohhh así! ¡aaahhh! Me corro payo, ¡aaahhh! Me corro, me corro.

    Soltó varios trallazos de leche en lo más hondo de mi culo, dejándome esparramado sobre su pecho y hombro.

    No podía más, estaba agotado y el cuerpo me temblaba de tanto placer que me había dado la polla del gitano.

    Cuando me fui levantando, la polla del gitano terminó de salir de mi culo, empezando a escurrirse por mis piernas el semen que me habían metido.

    Las piernas me temblaban, y sudaba por todos los poros de mi piel. Estaba agarrado a los barrotes que separaban la zona de carga cuando se abrió la puerta trasera del furgón. Eran Luis y Ramón; el cual había salido cuando habíamos llegado; que venían por las cervezas.

    -¿Dónde estamos? -Les pregunté.

    -Puedes salir que no hay nadie -me dijo Luis- aquí solo estamos nosotros, así que no te preocupes, que no te va a ver nadie.

    Recogí mi ropa para vestirme, cuando el gitano me sujetó por la mano diciéndome, no te vistas payo, quédate en bolas que aquí nadie nos va a molestar, y te vamos a seguir follando. Quiero verte así desnudo y disfrutar de la visión de tu cuerpo, y ver cómo te folla la polla del Luis. Quiero ver cómo te abre el culo ese pedazo de polla que tiene; le dicen el banana de mote.

    -Pero es que necesito ir a mear -le dije.

    -No te preocupes, puedes salir que solo estamos nosotros. Toma, pon las deportivas, y enfrente de la chabola, hay un pequeño bosque donde vamos a mear y cagar.

    Cogí las deportivas, calzándome y salí de la furgoneta. Nada más salir vi la chabola, miré para ver si sabía dónde estábamos, pero allí solo se veía la chabola, que además parecía que había animales; cosa que así era cómo pude comprobar más tarde; miré alrededor, y vi enfrente un pequeño bosque, a donde me encaminé para mear, ya que necesitaba descargar mi vejiga, y es que empezaba a hacer efecto las cervezas que había bebido.

    Me paré a mear al pie de uno de los árboles que había después de entrar un poco en aquel pequeño bosque. Cuando estaba terminando de mear, escuché cómo llegaba el gitano, quedándose detrás de mí. Que culito más bonito que tienes payo, me decía mientras me lo acariciaba con su mano; me hizo estremecer aquella caricia que me dio el gitano con su mano; suspiré mientras intentaba relajarme y terminar de vaciar la vejiga. Pero el gitano se arrimó más a mí, pegando su cuerpo desnudo a mi espalda, y pegando su verga a mi culito, llevó su mano a mi polla, sujetándola hasta que terminé de mear. Me meneaba suavemente la polla, mientras me susurraba al oído cómo me iban follar.

    -Te vamos a chingar bien chingado este culito que tienes -me decía mientras mordía el cuello y hombro, y a la vez me seguía meneando suavemente la polla.- Te vamos a dejar bien preñado payo, hace tiempo que te tenía ganas, este culito me vuelve loco. -Llevó su mano izquierda a mi culo, introduciendo su dedo medio en mi ano.- Mira que bien entra mi dedo. Está bien lubricado gracias a la chingada que te hemos dado. -Metió otro dedo, haciéndome abrir más las piernas y dar un pequeño gemido, ¡ooohhh!- Eres bien puta, pero tranquilo que hoy vas a quedar bien chingado.

    Sacó sus dedos de mis entrañas, y sobándome el culo, me llevaba de vuelta hasta la furgoneta. Vamos a beber unas garinbas y fumar unos porritos mientras nos recuperamos un poco, luego ya te seguiremos chingando este culito.

    Habían sacado un banco de la chabola, donde estaban sentados los 2 colegas del gitano, bebiendo unas cervezas y haciéndose unos porros. Ven, siéntate aquí me indico el gitano colocando una especie de colchoneta en el suelo de la furgoneta. Nos sentamos los 2 allí; era la parte trasera de la furgoneta, la cual tenía la puerta abierta; quedando frente a los colegas y la chabola. Cogió 2 cervezas, pasándome una a mí, y tan pronto terminaron de liar uno de los porros, se lo pasaron al gitano. Este lo encendió, y luego de darle unas caladas, me lo pasó a mí; toma payo, fuma un poco que ya verás cómo te relaja. Lo agarré y después de darle unas caladas, se lo volví a pasar al gitano. No payo, fuma que hay más.

    Aquello estaba haciendo que cogiera un buen colocón; no estaba acostumbrado a fumar porros; entre las cervezas que llevaba y los porros, ya estaba bien colocado.

    Después de varias cervezas, tuve que ir a mear otra vez, pero al ponerme de pie, hice unos quiebros que casi me hacen caer. No fui al suelo gracias a los reflejos del gitano, que en un rápido movimiento me sujetó. Espera payo que te acompaño.

    Después de mear los 2, volvimos a la furgoneta, pero esta vez yo en lugar de quedarme sentado, me quedé tumbado boca arriba. No recuerdo el tiempo que pasó; no creo que mucho; cuando noté que me sacaban las deportivas, me abrían las piernas, y metían un dedo en el culo. Abrí los ojos y vi al colega del gitano, Luis, Que estaba de cintura para abajo desnudo, con un pedazo de polla, tiesa y dura, dispuesta para entrar en mi culo.

    ¡Dios! Que pedazo de polla tenía; por eso le decían el bananas; era cómo una banana gigante, y además la tenía curvada hacia la izquierda. El que me estaba metiendo el dedo en el culo, era el gitano, que cuando vio que abría los ojos, me dijo, tranquilo payo, que ya verás cómo te entra la banana del Luis.

    Se colocó el gitano junto a mi cabeza, poniendo la misma entre sus piernas; los huevos del gitano me daban en la cara; y con sus manos sujetó mis piernas por detrás de las rodillas, tirando de ellas hacia mi pecho. El culo quedó a plena disposición de aquella polla que veía, y que poco a poco se fue acercando a mi esfínter.

    Ya notaba la cabeza de la polla apoyada en la entrada de mi culo, cuando noté cómo poco a poco iba entrando aquel pedazo de verga.

    ¡Ahhh! Grité al notar cómo iba entrando, espera espera, le dije, cuando me largó un viaje que hizo que me entrara toda la polla, ¡aaahhh! Grité al sentir cómo entraba aquella tremenda banana en mi culo.

    ¡Uffff! Ya me había ensartado por completo, notaba sus huevos pegados a mi culo, y cómo me clavaba los dedos en mis caderas. Se colocó a su gusto, empezando a sacar y meter aquella verga dentro de mí.

    Notaba cómo pegaba su pelvis y huevos en mi culo, y aquella polla me iba abriendo cada vez más mi ano. ¡Ohhh dios! Aquella polla me llenaba el culo por completo haciéndome gritar cada vez que su pelvis chocaba con mi culo, haciéndome poner los ojos en blanco, y gemir cómo una perra en celo, ¡ooohhhh! ¡ooohhhh! Se escuchaban mis gemidos, a la vez que se oía el chof chof chof de su polla al entrar y salir de mi culo.

    -¡Ay que gusto! ¡Ay que gusto! -Decía el cabronazo que me estaba dando por el culo- ¡ay que gusto maricón! Que pedazo de zorra que eres, vaya culo que tienes.

    Después de un buen rato dándome por el culo, empezó a follarme más fuerte a la vez que gritaba, me corro, me corro, ¡ooohhhh! ¡ooohhh! Empezando a descargar su leche en lo más profundo de mi culo.

    Una vez terminó de descargar su semen y recuperar el aliento, fue dejando que saliera su polla de mi culo, hasta que salió por completo. Se tumbó a mi costado terminando de recuperarse y luego se levantó para ir por una cerveza.

    El que no iba tener descanso era mi pobre culo, ya que el otro colega (Ramón), se había puesto cómo un burro al ver la follada que me habían terminado de dar. Así que, sin darme descanso, me cogió por las manos haciéndome poner de pie fuera de la furgoneta, me hizo dar la vuelta, me agachó haciéndome poner las manos sobre el suelo de la furgoneta, y haciendo que abriera las piernas, me clavó su polla de una estocada.

    ¡Ohhh! Gemí al sentirme empalado de nuevo. Ya volvía a estar ensartado por otra polla y aún no me había repuesto de la anterior follada.

    El Ramón, me estaba dando por el culo a toda velocidad, haciendo que no parara de gemir y moverme cómo si fuera una marioneta. No paraba de llamarme de todo, desde puta a maricón, y decirme que me iba preñar el culo de puta que tenía.

    Mientras tanto el gitano me sujetaba la cabeza, a la vez que poco a poco iba llevando su polla que ya empezaba a estar algo más que morcillona, a mi boca. Abrí la boca, dejando que entrara la rica polla del gitano. Empecé a chuparle el prepucio, le pasaba la lengua por la piel del prepucio, luego chupaba el glande, haciendo que cada vez se fuera empalmando cada vez más.

    El gitano acariciaba mi cara, gimiendo, ¡ooohhh! ¡ooohhh! ¡ay payo que bien la chupas! Cuando de repente empezó a dar alaridos el Ramón, y gritar que se corría.

    -Me corro, me corro, ¡aaahhh! -Y clavando sus dedos en mis caderas, empezó a soltar todo su esperma dentro de mi culo.

    Cuando terminó de eyacular, su polla fue saliendo de mi culo, hasta que salió, quedando pegada a mi ano, hasta que, dándome un par de palmadas en mi culo, se separó de mí.

    Una vez terminó de darme por el culo, yo saqué la polla del gitano de mi boca, pidiéndole que me dejara descansar un poco.

    Me senté en el suelo del furgón poniendo las piernas fuera, mientras el gitano me traía una cerveza y se sentaba a mi lado. Toma payo, bebe un poco que te lo mereces.

    Bebí esa cerveza y otra más, hasta que tuve que volver a ir a mear.

    El gitano venía conmigo de la mano, y mientras me puse a mear, él se puso pegado a mi espalda con sus manos sujetaba mi polla a la vez que me restregaba la suya por mi culo.

    Mientras meaba él se restregaba la polla por mi culo y mordía mi nuca, ¡ummm! Cómo me gustas payo me susurraba.

    Ya había terminado de mear, pero él seguía a mi espalda restregando su polla por mi culo, mordiéndome la nuca cuello y hombro, a la vez que meneaba suavemente mi polla que ya había terminado de expulsar todo el líquido que contenía mi vejiga.

    Mi polla ya empezaba a estar tiesa a tope, empezando yo a gemir por culpa de aquellas sensuales caricias que estaba recibiendo por parte del gitano. Poco a poco me fue haciendo inclinar, hasta que tuve que apoyar las manos sobre el árbol que tenía enfrente de mí.

    Cuando me hube apoyado, el gitano con sus piernas hizo que abriera las mías y me inclinara un poco. Fue restregando su polla sobre mi culo, hasta que encontró la entrada a mi ano. Presionó un poco, haciendo que su glande abriera mi esfínter. Empujó un poco y después de unos segundos, movió su pelvis, haciendo que su polla terminara por entrar de todo.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar entrar la rica polla del gitano de nuevo en mi culo. Ya volvía a estar siendo chingado por aquel gitano, que tan rico me daba por el culo con aquella hermosa polla que tenía.

    Colocó sus piernas más pegadas a mí, para luego empezar un rico mete y saca. El muy cabrón follaba cómo nadie, era sensual y cariñoso, haciéndome gozar cómo nunca había gozado; me tenía al borde de la locura; mi polla no paraba de gotear semen, y haciendo que pegara mi culo a su pelvis para que su polla entrara más en mí.

    Solo se escuchaba el chof chof chof de su polla al entrar y salir de mi culo, y los gemidos que en forma de lamento soltaba yo al ser follado por aquella hermosa polla.

    Ya llevábamos un buen rato follando, cuando noté cómo una sensación de placer subía por mis huevos, hasta que mi polla exploto soltando todo el esperma que contenían mis huevos, ¡ooohhhh! ¡ooohhh! Empecé a gemir mientras me corría sobre aquel árbol, y seguía siendo follado por aquel gitano.

    Al notar cómo me corría, el gitano empezó a darme por el culo a mayor velocidad y clavándome la polla lo más profundo que podía, ¡ay payo que gusto! Decía el gitano sin parar de follarme, ¡ay payo que gusto!

    No tardó mucho en derramar su leche en mi culo el gitano, ¡ay payo me corro! Me corro, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía el gitano soltando su semen en lo más profundo de mi culo.

    Quedamos un rato pegados uno junto al otro, hasta que su polla salió por si sola de mi culo. El gitano seguía abrazado a mi espalda, lamiendo mi cuello y mordiéndome la nuca. Te estaría chingando todo el día y noche y no me cansaría nunca de chingarte este precioso culo que tienes payo.

    Cuando nos dimos recuperado, me llevó de vuelta a donde estaba la furgoneta. Ahora sí nos vestimos, ya que empezaba a ser de noche y a refrescar un poco. Una vez vestidos, tomamos las últimas cervezas, y después de cerrar la chabola, nos fuimos de allí.

    Me llevaron hasta cerca de mi casa, y luego de mirar la hora que era; cerca de las 11 de la noche; me despedí de ellos hasta el lunes que volveríamos a trabajar en la descarga del pescado congelado.

    Iba con medio colocón, el culo abierto y chingado a tope, súper agotado, pero sobre todo muy feliz, y el culito bien preñado de leche.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • La maravillosa experiencia con mi hijo

    La maravillosa experiencia con mi hijo

    Bueno lo principal ocurrió hace unos siete años cuando yo rondaba los cuarenta y a él no le faltaba mucho para cumplir los diecinueve años. Aunque me remontaré un poco más atrás en el tiempo para hacernos una mejor idea.

    Me casé bastante joven por embarazo del que nació un niño que llamaré Mario. Todo marchaba entonces muy bien entre mi marido y yo.

    Al cabo de cinco años volví a quedarme embarazada, pero tuve problemas, el embarazo no pudo seguir adelante y los médicos me dijeron que ya no podría tener más hijos. Yo me consolé con el que ya tenía, pues era una bendición de niño, pero mi marido a raíz de eso empezó a salir bastante de casa, a llegar tarde, muchas veces bebido y sobre todo a jugarse el dinero.

    La relación se fue deteriorando cada vez más y tras muchos “ultimátum” seguidos de promesas de cambiar, que nunca se cumplían, decidí cortar, coger a mi niño, que por entonces tenía siete años, y marcharme a vivir a otro piso lejos de mi ya ex-marido.

    Por cierto que a él no le afectó lo más mínimo.

    A mí en cambio se me cayó el mundo encima, en una zona nueva, en una casa nueva, solos mi hijo y yo, pasé unos primeros meses muy agobiada, pues todo me preocupaba, todo me asustaba.

    La disposición de la casa que tenía la habitación principal separada del otro dormitorio por un largo pasillo, con el baño, el salón y la cocina entre las dos habitaciones, hizo que en vez de acostar al niño en aquel lejano cuarto lo empecé a acostar conmigo, pues me daba miedo no tenerlo cerca de noche por si me llamaba o le ocurría algo.

    Así fueron pasando los años sin nada de particular, salvo que seguíamos pasando las noches juntos, pues a él nunca se le ocurrió irse a su cuarto, ni yo tuve el valor de pedirle que se fuera.

    Me encontraba segura y protegida por mi hombrecito cada vez más mayor, pero que yo trataba como un niño al que bañaba y vestía cada día, cosa que se prolongó por lo menos que tuvo los trece o catorce años, y eso porque a esas alturas ya me negué, ya que a mí me daba un poco de corte ver cómo le iba creciendo el aparatito y se iba haciendo un hombre, pero él ni se inmutaba por mi presencia como cuando era pequeño.

    De lo que no pude librarme nunca era de enjabonarle y secarle la espalda cada vez que se duchaba y sobre todo lavarle la cabeza, ya que casi siempre solía tener el pelo bastante largo y él decía que no se apañaba. Después de que estaba un buen rato en la bañera o bajo la ducha, oía la típica frase:

    –¡Mamá ven!

    –Ya voy –le contestaba presurosa dejando cualquier cosa que tuviera entre manos.

    Pero él continuaba tan tranquilo en pelota picada, y aunque yo le dijera:

    –Tápate un poco. –él no me hacía ni caso.

    Así que ya terminé por acostumbrarme y no decirle nada. Al fin y al cabo bien visto lo tenía de arriba abajo, y por otra parte nadie iba a llegar para verlo así.

    Yo por mi parte me cuidaba de que a mí no me viera desnuda, aunque no me ocultaba al ponerme el pijama, si acaso, me daba un poco la vuelta, porque eso sí siempre dormíamos los dos con el pijama.

    Por supuesto que seguíamos durmiendo juntos, habíamos intentado hacía algún tiempo dormir cada uno en su habitación pero ni él estaba a gusto ni yo podía conciliar el sueño sin tenerlo allí cerca, ya que a medida que crecía cada vez más lo veía como mi protector, así que no nos lo planteamos más, seguiríamos compartiendo habitación y cama, pues no teníamos ningún motivo para cambiar.

    Además nos lo pasábamos bomba, pues antes de dormir nos contábamos montones de historias el uno al otro ya que él no tenía secretos para mí. Yo me reía de sus tonterías y así hasta quedarnos dormidos.

    Por las mañanas a veces se ponía a jugar conmigo, me pegaba con la almohada, me quitaba las mantas, se me subía encima, me pellizcaba, me hacía cosquillas, aunque lo más que se atrevió alguna vez en materia de sexo fue apretarme en una teta y simular la bocina de un coche para reírse tontamente; pero nunca vi otra intención que no fuese el juego, aunque sí pude alguna vez apreciar por el tacto o por la vista que el paquete se le alteraba y le crecía un poco. Yo no le di importancia, pensé que era algo normal.

    Ni por su parte ni por la mía pasó nunca jamás la idea de otra relación que no fuese la de madre e hijo, por lo menos hasta la fecha en que cuento al empezar el escrito, él con dieciocho años ya bien cumplidos y yo casi llegando a los cuarenta.

    El caso es que hacía algunas noches que lo veía un poco inquieto en la cama, daba vueltas, no parecía dormir tranquilo, incluso le pregunté que si le ocurría algo, pero me contestaba que no, así que terminé por dejarlo en paz.

    Pero aquella mañana todo fue distinto. Me despertó al subirse encima de mí, me besó suavemente en la cara, y acercándose a mi oído, me dijo bajito:

    –¡Quiero follarte!

    Me quedé tan aturdida, entre el reciente despertar y la frase que le escuché, que tuve que cerciorarme de haber oído bien:

    –¿Cómo dices?

    –Eso, que quiero metértela toda ahí –dijo apretándome la tripa.

    Por mi cabeza pasaron en un momento, todas las cavilaciones que me había hecho acerca de con quién sería la primera vez de mi “pequeñín”. No quería que fuera una jovencita por si su inexperiencia los llevara a un embarazo de jóvenes. Tampoco me gustaba que lo iniciase una profesional del sexo. Igualmente me aterraba la idea de que lo hiciesen sin cuidado y le contagiasen alguna enfermedad. Todo ello quizás pudo influir en mi decisión.

    Ya sé que tenía que haberme enfadado, haberlo bajado de allí donde permanecía subido… pero sólo pude decir:

    –Si te atreves…

    Su reacción fue inmediata se despojó de todas sus ropas y tiró de las mías tan fuerte que casi me las rompe. Apenas me dio a tiempo a colocarme cuando empecé a sentir su pene completamente erecto entre mis piernas llenándome de ese líquido resbaloso que indicaba su total excitación. Le dejé que hiciese a su antojo, y tras unos intentos de pinchar por donde no era, acertó con el agujero adecuado y me la introdujo totalmente.

    No es que la tuviese muy larga, ya digo que se la había visto muchas veces, pero sí que la aprecié en aquel momento bastante gorda y sobre todo tremendamente dura.

    Así que lo sentía taladrarme dándome unas embestidas tan enormes que temía por la estabilidad de la cama. Yo cerré los ojos para sentirlo mejor dentro de mí porque me estaba llevando al séptimo cielo su ímpetu y la dureza de lo que tenía dentro. Pero ante tanta acometida y su exceso de pasión por meterla cada vez más rápido y más adentro, no tardó en quedarse un momento quieto, cuando de repente empecé a sentir dentro de mi un chorro caliente que me golpeaba y que no parecía acabar. No me preocupó porque no tenía problemas de embarazo, por eso lo dejé que se relajara sobre mí con su miembro dentro de mi cuerpo al que yo apretaba con mucho cariño, y aunque ya sabía la respuesta, por romper el silencio, le dije:

    –¿Ha sido la primera vez verdad?

    –¿Crees que no te lo habría contado, si hubiese tenido una experiencia como esta?

    –Lo que ocurre es que aparte de lo maravillosa que ha sido, me ha parecido muy corta –continuó en tono apenado.

    –Es que lo has tomado con tanto furor, que así es imposible resistir –le contesté

    –¿Entonces podré tener otra nueva oportunidad? –preguntó un poco indeciso.

    – Por supuesto me tendrás cada vez que tú quieras –le dije, sin pensar, pues si ya lo habíamos hecho una vez, ¿qué importan unas cuantas más?

    Además egoístamente a mi me había venido de maravilla, hacía años que no tenía relaciones sexuales, pues tras mi separación sólo lo había hecho un par de veces y no me había agradado, por eso no quise repetirlo. Pero ahora había sido distinto.

    El morbo de tener encima a mi hijo y verlo satisfacer sus impulsos de esa manera, el hecho de poseer aquel cuerpo tan joven para mi edad, despertaron mis instintos y me hicieron gozar como no lo había hecho antes, por eso yo también estaba decidida a probarlo otra vez.

    –Debes hacerlo con más calma para que a la vez que tú lo sientes, hagas sentirlo también a la pareja, verás cómo te gusta –continué en tono de profesora particular.

    Ahora que había probado ese manjar no quería desaprovecharlo, así que fui yo ahora la que lo deposité en la cama y terminé de desnudarme, pues estaba aún con la parte de arriba del pijama y quería que viera mi cuerpo sin ropas como yo lo veía a él.

    Tengo que decir aunque sea un poco presuntuosa, que no me conservaba mal por entonces, ni incluso ahora cuando escribo esto, siete años después. Siempre me ha gustado hacer un poco de footing y practicar tenis, cosas que hacíamos frecuentemente los dos juntos. Así que tenía un cuerpo bastante aceptable.

    Como iba diciendo, tras quitarme la parte superior del pijama me puse sentada sobre él totalmente desnuda y le pregunté insinuante:

    –¿Te parezco bonita? recuerda que tengo treinta y ocho años.

    –¿Bonita? –Me dijo– ¡Estás estupenda! ¡Buenísima! –como dirían mis amigos.

    –Y ahora que tengo tus tetas tan cerca me parecen un postre maravilloso, aunque tengo que decirte que ya te las había visto antes, pues a veces te espiaba al bañarte o cambiarte. Deberás perdonarme.

    –¿Perdonarte? Sufrirás un castigo por tramposo –y le di un mordisco cariñoso en una de sus tetillas.

    Entonces él se decidió a tocar una de las mías. La palpó y luego fue a la otra e hizo lo mismo, así estuvo un rato pasándome suavemente la palma de la mano por una y por otra teta, mis pezones se inflamaron y a él le hizo tanta gracia que les dedicó a ellos toda su atención. Luego bajó la mano hacia mi trasero me lo acarició y pensé que quería descubrir más cosas de mí, por eso me bajé de su cuerpo y me tendí a su lado dejándole admirar toda mi desnudez.

    –Esto sí que no lo había visto nunca –murmuró y empezó a acariciarme los pelos y pasar su mano sobre mi conejo.

    Yo entonces creo que temblaba, no sé si de emoción o de deseo, y al mirar hacia sus partes bajas las vi de nuevo en una completa erección y entonces supe que lo volvería a probar, pero ahora sería yo la que dirigiera para calmar su ímpetu y disfrutarlo más.

    –Ven -le invité a subirse de nuevo sobre mí –te enseñaré a dominarte.

    Cuando lo tuve encima abrí bien mis piernas y tomé su polla completamente dura en mi mano y la dirigí hacia el agujero. Cuando quiso volver a hundirla como al principio, le dije:

    –Tranquilo, no claves a fondo, hazlo suavemente a mi ritmo y sólo cuando yo eleve el culo lo metes hasta atrás.

    Así lo hacía, aunque a veces tenía que poner mi mano entre nuestros sexos para separarlo un poco, porque parecía que quería atravesarme. Otras veces le hablaba algo para distraerlo y prolongar ese acto que tanto me gustaba al estar dirigiéndolo yo por donde me gustaba y sobre todo porque el contacto de su miembro suave y duro en mi clítoris me hacía sentir allí algo que no puedo contar con palabras.

    Yo me movía lascivamente levantando la pelvis para recibirlo completamente y apretándole el capullo con mi almeja, apreciando por su respiración cómo le gustaba más. Así estuvimos casi media hora hasta que lo oí decir con voz ronca de placer:

    –No aguanto más –y volví a sentir en mis entrañas aquel líquido caliente.

    –Ahora sí que estuvo bueno, tenías razón –balbuceó contento.– Siempre has sido una mamá maravillosa.

    Luego nos duchamos juntos durante un larguísimo rato. Le hice que me lavara él lo que me había dejado casi marchito, cosa que hizo encantado muy cuidadosamente y yo le devolví el favor aseándole su paquetito que al contacto con mi mano quiso volver a hacerse grande.

    Después de esa experiencia tuvimos otras muchas más. Lo hicimos de todas las formas posibles. Especialmente yo de rodillas y el por detrás, ya que le gustaba mucho poseerme así, y a mí no digamos.

    Lo hicimos en todos los rincones de la casa: en la cocina, en la ducha, sobre la mesa del salón y hasta en una terracita que tiene el piso cuando nadie pudiera vernos.

    Es que él era incansable especialmente cuanto tuvo veinte años, no se aburría del sexo. Me lo hacía al acostarnos, y antes de levantarnos, otras veces se despertaba por la noche y se me subía encima, en fin… a cualquier momento que se le ponía dura. Yo le había dicho que recurriera a mi cada vez que tuviera ganas de ello, que lo prefería así antes que descubrirlo haciéndose una paja, ya que eso me parecía que era estropear aquel maravilloso “aparato”. Si alguna vez le apetecía que se la chupara, se la mamaba con auténtico placer, con tanto afán que a veces me decía:

    -Con cuidado que me la arrancas

    Claro que a mi también me gustaba y me tenía siempre dispuesta, sería de todos los años de abstinencia sexual que había tenido. Él también mamaba a veces mis tetitas con mucha fuerza recordándome cómo lo hacía de bebé.

    Creo que por esa época me convertí en una auténtica zorra, pues esperaba impaciente el momento que en llegara a casa, ya que lo ansiaba como hijo y como amante. A veces si tardaba más de la cuenta me sentía celosa de que hubiese encontrado a alguna chica por el camino.

    Y aún ahora que tiene veinticuatro años, sigo esperándolo que llegue cada día, que me tome y me haga gozar.

    No nos han faltado en este tiempo unos días de vacaciones cada año. Y ya podrán imaginar en lo que invertimos la mayor parte del tiempo. Recuerdo especialmente las que pasamos en República Dominicana. Creo que solamente lo dedicamos a la playa y a la cama.

    Ahora al cabo de todo este tiempo, a veces le digo:

    -¿No te gustaría probarlo con esas chiquitas más jóvenes?

    Pero su respuesta siempre es la misma:

    -Nunca será como contigo.

    Así que yo encantada.

  • Con Felina, una madura marchosa

    Con Felina, una madura marchosa

    Esta historia me sucedió el verano pasado, soy un chico de 32 años, vivo en un cuidad española tocando con el Mediterráneo, de aspecto físico normal, 1.85, suelo cuidar mi físico haciendo deporte y acudiendo al gimnasio.

    Un día, como otros, estaba en casa chateando, y contacté con una mujer con el nick Felina, casualidades de vida resultaba que era de mi misma ciudad, digo causalidad, porque era un chat de toda España.

    Empezamos a hablar un congeniamos muy bien, hablamos durante la semana y llegó el fin de semana y yo salía de marcha con un amigo y mientras estaba tomando unas copas tranquilamente con mi amigo, me llegó un mensaje al móvil, diciéndome que estaba en una discoteca y que «… muchas ansias de conocerme».

    Durante la semana que estuvimos hablando, me había dicho que tenía 40 años, que hacía poco que se había separado porque su marido se había ido con una mujer más joven y que no llegaba a asimilarlo.

    Así que le dije a mi amigo para ir a esa discoteca que tenía ganas de conocer a la que me había enviado el mensaje, además le dije que estaba con amigas, así que nos dirigimos a la discoteca en cuestión.

    Estando ya allí, nos pedimos unas copas y nos pusimos bailar, cuando ya hacía un rato que estábamos en la pista, se me acercó una mujer y me dijo:

    -Perdona, eres deivis

    -Sí -le respondí

    -Es que Merche está allí esperándote, porque le daba corte venir ella y he venido yo, por cierto, yo soy Eva (me reconoció porque le había enviado una foto por correo electrónico)

    Fui hacia donde se encontraba Merche y nos presentamos.

    -Hola Merche, que tal?

    -Hola deivis muy bien.

    – Veo que me has reconocido, fácilmente.

    – Pues sí, porque no cambias nada con respecto a foto que me enviaste, y llevo un rato mirándote como bailas (ella a mí no me había enviado ninguna foto, solo me había dicho que era rubia y bastante alta).

    -Como ya te dije, me gusta bailar (le respondí).

    -Ya he observado que no lo haces nada mal, que te mueves muy bien y uffff…

    La verdad es que me llevé una grata sorpresa, era una mujer de unos 1.78 cm, rubia con el pelo rizado y con muy buen cuerpo, iba vestida con un pantalón blanco y una camisa blanca algo transparente que dejaba entrever que tenía unos pechos bastante apetecibles.

    Estuvimos bailando toda la noche y poco a poco la cosa fue subiendo de temperatura, así que cada vez bailábamos con movimientos más sensuales y nuestros cuerpos iban rozándose, y poco a poco le fui acariciando su culo y la iba acercando hacia mí, notando como sus pezones se iban endureciendo y notándolos en contra mi pecho.

    Cuando decidimos marcharnos su amiga Eva se dio cuenta que había perdido las llaves del coche, así que las tuve que acompañar, primero a casa de su amiga a buscar las llaves de repuesto y luego la acompañé a ella a casa.

    De camino a su casa, empezamos los dos a mirarnos y ella empezaba a suspirar, yo con la excusa de cambiar de marchas, iba rozando con mi mano por su pierna y veía que iba cerrando los ojos y no ofrecía resistencias, fui acariciando su pierna hasta llegar a su ingle, entonces nos paramos en un semáforo y me dirigí a sus hermosos labios y la besé, siendo correspondido, reanudamos la marcha y Merche empezó a pasarme la mano por mi pierna y poco a poco hasta rozarme el bulto que había en mis pantalones, la verdad que estaba excitado y se hacía notar el bulto en mis pantalones.

    -En serio quieres que te lleve a tu casa –le dije.

    -Ni se te ocurra, me has puesto muy cachonda.

    -Yo? Si no he hecho nada. –de dije sonriendo.

    -Como que no has hecho nada –cogiéndome la mano y llevándomela en medio de sus piernas -estaba muy húmeda, tanto que se notaba en sus pantalones.

    -Al igual que me has puesto tú a mí, lo mío salta más a la vista -le dije sonriendo.

    Buscamos un lugar apartado, y empezamos a besarnos, mientras yo le iba acariciando sus pechos por encima, aunque al poco rato mis manos pasaron por debajo de sus ropas para sentir aquellos pechos calentitos y duros. Ella iba suspirando y me decía que era aquello era un sueño, y besándola fui bajando mi mano y desabrochándole el pantalón y muy suavemente le fui acariciando por encima de sus braguitas que estaban empapadísimas de sus flujos, así hasta que las fui apartando y fui acariciando su clítoris y poco a poco le fui metiendo mis dedos en su coñito y no pare hasta lograr que se corriera. Entonces yo me tire para atrás en el asiento delantero del coche y ella me desabrocho el pantalón y me saco mi polla y empezó a masturbarme y le dije:

    -Me gustaría que me la comieras.

    Y poniendo cara de viciosa, se acercó lentamente al glande de mi polla y empezó a acariciarlo con la punta de su lengua, y así fue haciendo recorriendo todo el largo de mi polla hasta llegar a mis huevos, luego se la metió en su boca y empezó a sacarla y a meterla, yo estaba a punto de correrme y hasta que le dije:

    -Para que si no me voy a correr -y la cogí por su larga melena rubia y la aparte.

    -No te gusta.

    -Me encanta, como la chupas, pero ahora quiero que te pongas encima de mí porque quiero que la sientas bien dentro de ti.

    -Uuuummm, si métemela toda, quiero sentirla.

    Se colocó encima como una buena amazona, y me dijo

    -Poco a poco, que hace más de un año que no hago nada.

    -Tranquila mujer tú marcaras el ritmo.

    Así que le deje mi polla tiesa para que ella se fuera metiendo poco a poco, hasta que sin mucho esfuerzo se la metió toda, debido a que estaba mojadísima y empezamos a movernos, le iba acariciando su pechos mientras me iba cabalgando, le acariciaba su espalda y nos besábamos de tanto en tanto y se movía de maravilla, hasta que de repente empezó a chillar:

    -Aaaahhhh que polla que tienes, me voy a correr.

    -Córrete Merche. -Mientras yo la sujetaba fuerte por sus caderas y la apretaba fuertemente contra mi polla.

    -Siiiiii aaaahhh que bueno -se corrió y se quedó abrazada a mí.

    -Lo ves, como no te ha hecho daño y creo que te ha gustado y todo -le susurré al oído mientras yo seguía con mi polla dentro su coño sintiendo su flujos suyos derramándose por encima de mí.

    -No me ha dolido para nada, me ha encantado y cuando me corría sentía como si algo dentro de mi me quemaba.

    Entonces le dije que se pusiera en su asiento abatido boca abajo y me puse encima de ella mordiéndole el cuello y su orejas mientras con mi polla se la iba pasando por su culito hasta que fui buscando la entrada de su coñito y esta vez se la metí de golpe y empecé a metérsela y sacarla fuertemente

    -Así deivis dame fuerte, me gusta cómo me follas.

    -Toma fuerte, quiero que la sientas toda.

    -Ahhhh vas a hacer que me corra otra vez.

    -Eso quiero que te corras, quiero oírte, toma mi pollaaa.

    -Siiiiime corrooo.

    -Así me gusta.

    -Y tú que, no te corres, quiero sentir tu leche dentro de mí.

    Yo estaba apunto si seguí metiéndosela con fuerza y me decía:

    -Lléname, quiero sentirla.

    -Siiii ya viene, toma tu leche, aaahhh -me pegué una gran corrida, salió toda la leche que llevaba acumulada toda la noche.

    -La sientooo.

    Me quité de encima y estuvimos un rato más acariciándonos y ya marchamos para casa porque era ya de día y tenía que estar en casa porque sus hijas se iban a despertar y me confesó que no tenía 40 años sino 45, pero la verdad que no me importó y volvimos a vernos varias veces más.

  • A nuestra amiga argentina le gusta que le vean follando

    A nuestra amiga argentina le gusta que le vean follando

    Esto que les voy a contar es una boludez, me paso hoy a la tarde (hace tres años), pero nada, me apeteció contarlo.

    Para que entiendan, les cuento que vivo en una casa grande y los dormitorios están arriba, durante el día generalmente estoy sola, porque mis viejos están en el estudio, en realidad sola no, con la chica que trabaja en casa y vive con nosotros.

    Muchas veces, mi novio si tiene un rato libre, y más ahora que estoy al pedo, pasa y hacemos una cogida rapidita en mi cuarto, a mi eso me gusta, pasa me coge y se va, como si fuera una prostituta, porque a veces no está más de 40 minutos, una hora, o sea que casi ni hablamos.

    Hablando esto con mi amiga Virginia, me dice “¿Por qué un día no buscas la manera en que la chica que trabaja en tu casa (María) te vea coger?”. Obvio que María sabe que en mi cuarto cojo con mi novio y a veces con algún otro chico, o chica, pero la tengo “arreglada” para que no abra la boca. Yo sé que soy un poco exhibicionista, me calienta mucho que me vean coger. La idea me empezó a dar vueltas en la cabeza y me pareció buena, me pareció que me iba a calentar si ella me veía coger.

    La cosa es que hoy a eso de las 15 hs, me llama mi novio, y me dice si podía pasar, que tenía un rato libre, le digo que sí, que venga. Para que no tengamos que perder mucho tiempo me pongo una remera de mi papa, esas que me quedan enormes y arriba de las rodillas, sin nada abajo, pero nada, en bolas.

    Llega, le digo a María que en un rato nos suba unos café, y lo llevo a mi novio a mi cuarto, dejo la puerta media abierta, (él con la calentura que tiene conmigo ni se dio cuenta de eso jaja), me parte la boca, y me empieza a meter la mano por las piernas, cuando se da cuenta que no tenía bombachita, me dice “sos una HDP, no me podes esperar así!!!” y obvio me saca la remera y me deja en bolas, él sabe que me pone loca que me dejen desnuda, y el todavía vestido.

    Me agacho, le desabrocho el pantalón, le empiezo a acariciar su pija sobre el bóxer, se la saco, la empiezo a besar, a acariciar, a pasarle la lengua y me la meto en la boca, él ya se había sacado el pantalón y el bóxer, yo le saco la camisa, y él se recuesta en la cama.

    Yo me pongo arriba de él, me clavo su pija en mi conchita, y empiezo a cabalgarlo, no quería gemir mucho, porque sabía que María en cualquier momento subía. Yo estaba arriba de él mirando hacia la puerta de mi cuarto, por lo que mi novio la puerta no la veía, estaba al revés, ¿me explico?

    Hasta que veo a María que venía con una bandejita con los café, ahí si me calenté y empecé a gemir, mirándola a ella, quería que me viera coger, pobre se quedó helada, no sabía qué hacer, pero no se movía, me miraba como yo gemía y saltaba sobre esa pija. Yo pensé que se iba a ir enseguida, pero no, se quedó mirándome y yo la miraba a ella, y eso me calentaba más, que la chica que trabaja en casa estuviera viendo ¡cómo me cogen!, esas cosas me ponen ¡re loca!

    Se quedó hasta que acabamos los dos juntos, yo no oculte mis gemidos de placer y él tampoco, ahí se fue María con los café que había traído (pobre, se los metió en el culo los café jaja)

    Bueno me quedo un ratito más con mi novio, se viste (porque tenía que seguir trabajando) lo acompaño a la puerta y se va.

    Voy a la cocina, veo la bandeja con los café, le digo a María “uy me había olvidado del café”, lo caliento en el microondas, y me lo llevo a mi cuarto.

    Ella no me dijo nada, yo tampoco. Ahora quiero ver la cara que pone cuando nos sirva la cena con mama y papa, y ellos me pregunten cómo fue mi día y les diga “nada medio embole, hasta que empiece la facultad estoy al pedo”, porque algo de eso les voy a decir cuando nos esté sirviendo la cena.

    Nada es una boludez, pero a mi me pareció divertido jeje.