Autor: admin

  • Intenté espiar a mi nueva vecina y esto pasó

    Intenté espiar a mi nueva vecina y esto pasó

    ¡Hola una vez más! De nuevo con la continuación del relato anterior. Después de lo que habían presenciado mis ojos de mi nueva vecina quede impactado y ganas de poner en marcha un plan, el plan consistía en espiarla dentro de su casa lo cual era una misión suicida ya que técnicamente era imposible pero ustedes sabrán qué cuando la lujuria está al tope uno hace lo que sea por un buen cuerpo y más si la niña vale la pena. Arantxa la veía siempre por las mañanas al salir de trabajar y en una ocasión fui de urgencia a mi depa y me la encontré se me hizo raro ya que debería estar en la universidad y no ahí como sea no le tome importancia, subí por unos papeles y al momento de bajar vi que el vecino que le había propinado aquellas embestidas por la tarde entraba a su casa. Yo sabía que algo iba a ver ahí pero entre las prisas pase desapercibido y me dirigí al trabajo, mientras me dirigía hasta allá pensaba en la situación que debería de estar pasando en su casa, con qué suerte tiene el vecino de tener semejante cuerpo disponible para él aun siendo casado y la niña resultó ser una tanga fácil ¡Uf! Bueno ahí me vieran pensando en el camino cómo entrar para ver con lujo de detalle tal escena para otra ocasión, visualicé todo el departamento, las esquinas, ventanales y azotea de forma que nadie me viera pero me resultaba súper imposible hasta me daba la idea que era algo suicida y si me quedaba adentro podría tener serios problemas ya que con esa vecina solo pasaba de los buenos días y hasta ahí, en fin, me desanime unos buenos días.

    Las semanas pasaban y poco a poco se me iba quedando esa idea, siempre la veía llegando temprano cuando yo llegaba al depa con prisas y con la misma me marchaba pensando “De nuevo se verá con el vecino, qué suerte el de aquel” nadie los veía y yo era el único que lo hacía y al parecer no me prestaba atención supongo cómo iba con prisas no sospecharía, en fin. En una ocasión de tantas los escuché hablando, Arantxa le decía al vecino que el jueves llegaría una amiga para quedarse y él era bienvenido, el vecino solo le comentó “Uy, espero sea buena como lo eres tú” yo iba bajando y me hice el tonto con mis audífonos, ya no escuché más y para despistar le di las buenas tardes a lo que ambos me respondieron cordialmente, parecía una charla de vecinos comunes eso pensaría cualquiera pero yo sabía que no, después de lo que había escuchado y de lo que había visto esa ocasión en la azotea sabía qué tramaban algo súper caliente y no tenía que perdérmelo. Salí del departamento de forma que viera cómo entrar a esa casa sin ser visto y para fortuna había un pequeño balcón pegado al balcón de su casa y justo en esa casa vivía un vecino buena onda, tenía rato que no hablaba con él ya que por mi trabajo me la pasaba ocupado y él estaba en lo mismo y ahí fue donde encontré mi solución, pedirle que me diera oportunidad de entrar a ese balcón ahora lo que tendría que hacer era un buen pretexto y mientras volvía a subir algo tenía que se me ocurriera en la cabeza.

    Toque y me abrió con sorpresa. Me invito a pasar y me regalo una cerveza, hablamos y fue cuando se me ocurrió decirle “Mira no quiero molestarte ni que pienses mal, me pidieron unas fotografías del amanecer y apenas salí abajo vi que tú balcón da una impresionante vista y quería saber si el jueves podrías darme la oportunidad de entrar desde temprano para venir y tomarle algunas fotos”. Él sabía mi fascinación por la fotografía ya que siempre me veía con go pros, drones y cámaras a lo cual me dijo que no había problema pero que viniera temprano para entregarme la llave ya que él salía al trabajo y no tenía hora fija, yo me comprometí a irle a dejar su llave al trabajo, confía mucho en mí y aceptó, sin más, ya tenía la mitad de mi plan hecho ahora sólo faltaba lo más difícil: ENTRAR. Los días pasaron y poco a poco pensaba en lo que iba a ver, no era solo con ella sino con su amiga también, tenía que verlo a como diera lugar. El miércoles para jueves no dormí y como sea ya habiendo pedido permiso para ir faltar al trabajo tenía que hacer un plan sin margen de errores pues me costaría caro cualquier error.

    Llego el jueves, 5:30am, baje por las escaleras en pants con mi taza de café y me abrió, me dejo la llave y salió a su trabajo. Ya estaba todo hecho ahora tenía que espiar desde el balcón si abrían la ventana, espere con las cortinas cerradas de forma de escuchar algo y para mi fortuna así fue, de reojo vi a su madre abriendo la ventana y las cortinas, la vi con el traje de donde trabaja y si tuviera suerte sabría que la dejarían abierta, espere unas horas y al cabo de las 7:45am escuché que iban saliendo, solo me asomé a la puerta y vi que iban bajando las escaleras, me asomé por el balcón y vi cómo subían a su auto y se iban del estacionamiento, el paso 1 ya estaba listo. El balcón de mi vecino es chico pero de un paso largo podría estar en el siguiente balcón y así fue, abrí un poco más la ventana y logré entrar, qué fortuna, ya estaba adentro lo primero que hice fue buscar un lugar estratégico para que no me vieran, busque y solo me quedaba estar en el cuarto de Arantxa pero si ellos decidieran entrar fácilmente me verían, tenía miedo y estuve a punto de dar marcha atrás pero no lo hice, tenía que hacerlo. Entre tanta búsqueda opte por buscar su ropa interior y di con ella, maravillado estaba ahí pensando en cómo la vería en ese día así que sin más lo dejé en el cajón la prenda que tomé y me dirigí al cuarto de su mamá, su ropa era algo tradicional a lo que ya venía viendo pero me sorprendió encontrar casi escondido un vibrador en su cómoda, alguien tenía que satisfacerla y ella lo hacía, lástima es muy guapa pero no iba por ella si no por su hija.

    La hora llego y toco actuar. Me escondí debajo de la mesa así que no parecería loco estar ahí cubriéndome con todo el mantel sabiendo que Arantxa iba a llegar con su amiga y el vecino a coger y sabía que no iba a notar ese detalle, tocó esperar un rato más, vi la hora y sabía que en cualquier momento entrarían esos tres. Me entraba morbo y la adrenalina hacía que mi pene estuviera erecto a más no poder sabía que vería algo en primera fila y no algo común sino un semejante trío con un señor que es casado y dos jovencitas de muy buen ver algo como pasan en las películas pero ahora me tocaba verlo con lujo de detalle. No pasó ni 10 minutos cuando escucho el abrir y el sonido de unas llaves al otro lado de la puerta; eran ellas, si Arantxa está bonita y con ese hermoso cabello lacio su amiga la superaba por mucho, era un ángel o más que eso. Su delicada piel blanca con el cabello totalmente negro la hacía toda una belleza y esas medias hasta arriba ponían en el pedestal a esas dos bellezas que por suerte el vecino iba a tener a disposición no lo podía creer, qué suerte tienen algunos desgraciados, pensé.

    Entraron y sin más la amiga pidió el baño para acomodarse y arreglarse un poco mientras Arantxa le decía “Tómalo mientras yo le mando mensaje a este que ya estamos aquí…” eso me excitó a más no poder sabía que si hacía el mínimo ruido estaría gravemente en problemas así que solo me dediqué a ver y escuchar. Su amiga apenas salió al baño le dijo a Arantxa que estaba un poco nerviosa, Arantxa le comentó que ella haría todo que de eso no se preocupara ya que solo iba a ver y si gustaba podría participar. Ella le encantó la idea pero por mientras solo quería ver a su amiga ser embestida por alguien mucho mayor a ella. Ahí escuché que le decía “Oye Arantxa y ¿qué se siente hacerlo con alguien mayor?” A lo cual ella respondía “De lo más rico, algunos lo tienen chico pero saben cómo hacerlo aparte tú tienes el control de la situación sabiendo que mucha gente te tiene como buena niña y eres lo contrario eso lo excita aún más” de solo escuchar eso ya no podía y sabía que tenía que masturbarme si o si pero no podía estaba bajo las cuerdas creo que era mejor poner mi GoPro e irme pero ya era demasiado tarde ya estaba ahí y estaba muy limitado. Tocaron a la puerta y era el vecino, entró y soltó una pequeña risa para proseguir con un “Madre mía, lo que haré hoy nunca lo olvidaré” Arantxa solo sonrió y presento a su amiga Eva (así se llama su amiga) se saludaron y el muy imbécil ya sabía a lo que vino y no perdió su tiempo, se sentó, se quitó el cinturón y bajo su pantalón para dejar ver su miembro mientras Arantxa le dijo “Ya era hora recuerda tenemos un rato porque tenemos que salir” mientras decía eso se metía aquel miembro a la boca, Eva se quedó a un lado del vecino lujurioso mientras esté la abrazaba y cerraba sus ojos.

    Arantxa era toda una profesional haciendo sexo oral debajo de la mesa se escuchaba esas succiones con saliva que solo las masters sabían hacer. Veía a Eva de piernas cruzadas y en otro momento de piernas abiertas, sabía que quería meterse mano pero se contenía. Arantxa lo notó y le dijo “Eva ven, te toca” ella bajo y solo le dio un sorbo a la punta del miembro, ella vio a Arantxa con una seña de que le gustaba y las dos comenzaron a lubricar aquel pene al mismo tiempo, el vecino sin más solo acostó su cabeza y lo disfrutaba díganme qué hombre no. Ahí escuchaba esas succiones que esas dos chicas hacían hasta que Arantxa le dijo que ya estaba lista para ser embestida, el vecino le ordenó quitarse la ropa y así fue. Quién viera esos pequeños cuerpos delicados haciendo lo que un señor les pedía, primero se quitaron la blusa y luego la mediana falda que se cargaban y se dejó ver las pequeñas tangas que usaban, las dejó como unos ángeles aunque Eva tenía mejor cuerpecito las dos eran un absoluto manjar de dioses. La tanguita de Eva me fascinó demasiado que ya no podía aguantar al ver su orilla negra y un rosado algo oscuro que dejaba ver su delicioso trasero blanco mientras la de Arantxa era una color morada de encaje nada mal. Se subió encima Arantxa y comenzó a cabalgar y moverse muy rico como ella sabe hacerlo, Eva se recostó en el sillón y se comenzó a tocar los pechos mientras veía a su amiga ser penetrada. Así siguió un rato Arantxa hasta que el vecino la puso en cuatro contra la pared, sus pequeños quejidos comenzaron a excitar a Eva que sin más se acercó donde estaba su amiga y comenzó a rosarla con sus manos firmes, ambas tenían una cara de lujuria exquisita tan cuál jovencitas de películas para adultos. Sabían lo que hacía y le gustaba, el vecino al ver a Eva se desprendió de Arantxa y movió un poco a Eva para ponerla en la misma posición, le costó algo de trabajo pero cuando la penetro y comenzó a moverse Eva comenzó a gemir más fuerte que Arantxa lo cual hizo que el vecino le diera unas embestidas tremendas a ella, prácticamente la estaba violando y no lo culpó hasta yo lo haría.

    Arantxa sabía que los gritos se podrían escuchar hasta las escaleras y optó por cerrarle la boca pero Eva solo decía “Que rico se siente” “Ah” “Siempre quise ser penetrado por alguien mayor” Arantxa sabía que tenía que callar la lujuria de su amiga así que sin más comenzó a besarla mientras decía “Estoy húmeda” el vecino entendió que comenzó a mojarse y esto hizo que Arantxa levantara a su amiga y le tocaba ella, procedió lo mismo aunque ahora Eva solo se masturbaba. El vecino pidió que ambas se agacharan porque ya tenía que salir y estaba a punto, las dos se agacharon y comenzaron a saborear aquel miembro el cual Eva estaba obsesionada, comenzó desde la punta hasta el final, parecía todo para ella mientras Arantxa solo besaba los testículos de aquel vecino y con sus manos ayudaba a Eva a tragársela hasta el fondo. Sentaron al vecino en el sillón y escuché que le dijo a Eva “Quieres que te lo meta por atrás” Eva solo dijo que si, no estaba en sus cinco sentidos y así que la puso en cuatro, escupió un poco en aquel orificio y comenzó poco a poco a meterlo. Arantxa en complicidad solo le cerró la boca ya que sabía que iba a gritar, escuché ese sonido y sabía que ya había entrado, Eva solo se tomaba fuertemente del sillón y Arantxa la sostenía de la boca para no emitir ningún sonido. Se escuchaba demasiado como la penetraba y como aquellos pequeños senos se movían demasiado rápido. El vecino se quejaba igual, mencionaba que estaba muy estrecho y le gustaba. Así siguieron un buen rato hasta que el vecino sacó demasiado rápido su miembro, tomó del cabello de Arantxa y la hincó para después disparar un buen de ese líquido espeso en la boca de esta, le pidió que no se lo tragara y le diera un poco a Eva y así fue. Se fue donde Eva estaba exhausta, la tomó de la cara y le dio un poco de semen en la boca, sin hacer gesto se lo tomó todo para luego caer rendida en el sillón. Arantxa le dijo al vecino que saliera rápido pues ya tenía que irse, se despidió de un beso y salió lo más rápido posible. Arantxa comenzó a vestirse y Eva aún estaba acostada. Le pregunto si le había gustado y le dijo que si, que ojalá se repitiera. Ambas comenzaron a vestirse para lo cual arreglaron un poco la casa para no levantar sospechas, tomaron sus mochilas y salieron. Mi oportunidad había terminado. Sabía que lo que había visto era oro puro para mi cabeza pero sabía que ya no podía estar ahí, espere unos 10 minutos para ver si no regresaban y con la misma salí por donde había entrado. Satisfacción fue cuando levante mi equipo fotográfico y me dirigí a mi cuarto. Problema resuelto ahora podré decir que vi algo que muchos desean ver a primera fila.

  • Nos quedamos sin consuelo (Partes I y II)

    Nos quedamos sin consuelo (Partes I y II)

    Parte I

    Lunes a las 11 de la mañana fue el entierro de mamá. A mis casi 19 años y una penosa enfermedad de mamá internada cuatro meses en el hospital no me había aún acostumbrado a tener que valerme por mí mismo. Hasta el día de la crisis más aguda de mamá, cuando llamamos a la ambulancia, mientras esperábamos me invitó a cambiarme de camisa diciéndome cuál y qué parte del ropero estaba.

    Ese lunes del entierro estaba sin consuelo, no pude hablar con nadie porque solo lloraba. La misa en el tanatorio fue breve con corta homilía, aunque muy sentida, previamente mi padre que había avisado a don Silvio, un cura amigo suyo me llamó para confesarnos y poder comulgar, él lo hizo primero y yo después, pero yo solo lloraba y no podía decir nada. El cura muy amablemente me dijo que diría una lista de pecados y yo dijera con la cabeza sí o no. Así fue, pero a todo dije que sí, porque parecía haber cometido todos los pecados del mundo; alguna vez el cura extrañado de mi respuesta repetía con pregunta como aquella de “¿Has tenido relaciones sexuales con alguna chica?”. Las dos veces incliné la cabeza, porque en esas circunstancias me pareció mejor contestar afirmativamente y que no preguntara con chicos, que eso sí lo había hecho. Solo es cuestión de una letra.

    Martes fue un sinvivir de nerviosismo, vino mi tía para recoger toda la ropa de mamá. Ella la quería quemar, pero había ropa muy bonita y le dije que la diera a alguien, previamente, como no pude dormir, y mi padre se fue a dormir a otra habitación, pasé para recoger y guardarme algunas cosas, pantys, brasier, leggins, ligas y sujetadores y dos preciosas pelucas, escogí lo que más me gustaba para mí, porque a veces me apetecí ponerme lencería femenina, además que a mi madre se le habían quedado muchas cosas sin estrenar y prácticamente éramos iguales, ella tenía poco pecho y yo tengo buenas caderas y un culo como el de ella. Me hice con todos los legisladores por estrenar que todavía sigo usando en casa y bajo la ropa. Bueno, en definitiva, gracias a mi tía pasé el martes ocupado con algo que me gusta.

    El miércoles vinieron dos amigos, gemelos ellos para llevarme a su casa a comer y entretenerme, así que salí temprano y regresé muy tarde, saludé a mi papá con un beso y él me abrazo y no me soltaba. Me dio un poco de pena y luego miedo, porque me había dicho tantas veces que me parecía del todo a mi madre, que pensé lo peor. Me fui a dormir porque estaba muy cansado.

    El jueves en la tarde tuvo lugar el funeral en la Iglesia de la parroquia para que pudieran asistir los amigos de mis padres que no se habían enterado. El cura se portó bien pero largo y tedioso su sermón, pero supongo que sus intenciones eran buenas pero yo aún no estaba para sermones. Hubo algo que me molestó mucho es cuando en el pésame muchas personas le decían a mi padre: “Tú hijo es igual que Amelita” y alguno se atrevió a decirme: “Eres igual que tú madre, pareces que ella está viva”. Acabé del funeral con diarrea, si se muere mi padre antes que yo no le voy a hacer funeral, porque entonces igual me parezco a mi padre.

    El sábado en la noche fue el día más amargo. Tras un viernes sin hacer nada y una mañana de sábado tocando el violón, estaba desesperado y no sabía qué hacer. Vino mi padre, preparé para los dos pizza, dos copas y una botella de vino que vacié en el escanciado para tomarla entera. Cenamos, nos zampamos la botella, pasamos a la sala y conversamos mi padre y yo con un vaso de whisky cada uno. Mi padre me dijo que solo le quedaba yo en su vida, que yo era su amor, que yo era su ilusión, que tenía ganas que acabara mi carrera —que acababa de comenzar—, para que nos dedicáramos los dos a sus negocios. Ante tanto cariño me puse a su lado, le di un beso y me besó como siempre en la boca, pera esta vez metió lengua y yo también. Cuando se dio cuenta, se disculpó y yo le dije: “Papá solo nos tenemos uno al otro y, mientras no te busques una mujer, sabes que te entiendo todo”. Mi padre solo hizo un gesto con la mano de poca importancia cuando le hablé de “buscarse una mujer”.

    Acabamos el whisky, es decir, la botella y nos fuimos a dormir. Creo que me quité mi ropa y me tumbé sobre la cama dormido u, como es habitual, desnudo. No sé a qué hora me desperté y mi padre estaba tumbado, totalmente desnudo a mi lado. Estaba despierto y mirándome. Lo miré y le dije: “Me parezco a mamá”. Me contesta: “Eres igualito, excepto en esto”, tomando con su mano mis genitales. Yo añadí: “Y en esto”, señalando mis pechos”. Seguimos hablando y mi papá iba tocando mi cuerpo con sus manos, unas veces porque se refería a algo y otras más porque me hablaba del mismo modo que a mamá, la tocaba mucho.

    Me levanté, me puse una tanga de lencería transparente de mi madre. Miraba a mi padre y él miraba al techo esperando mi regreso, me calcé unas medias con ligas y me puse un sujetador con relleno. Sobre la cabeza una peluca y me acerqué a mi padre. Se sorprendió gratamente y me llenó de besos por todas partes. Me puse a hacer movimientos eróticos lentos y mi padre se acercó a mí, me besó por todas partes y acariciaba mis artificiales pechos por encima del sujetador, poco a poco lo desarmó y el sujetador cayó al suelo, comenzó a morderme mis tetillas, me daba gran placer y mi polla se erigió hasta salirse del tanga en dirección al ombligo. Mi padre restregó su polla sobre la y ya notaba la humedad del líquido preseminal de mi padre mezclándose con el mío. Empujé a mi padre en plan puta sobre la cama, y levanté la pierna derecha sentando el pie sobre la cama, mi padre entendió que debía quitarme la liga y bajarme la media, iba a hacerlo con las manos y le pedí que trabajara con la boca. Me sacó la liga y se la puso de collar a través de la cabeza. Hice la misma operación con la otra pierna y le costó más, pero lo consiguió. Cuando iba a sacarme el tanga le puse mi pie en la boca y me senté sobre la cama, me chupó cada dedo y luego hizo lo mismo con el otro pie, me eché encima de mi padre y me comí su polla hasta dejarla bien húmeda y preparada. Me tumbé en la cama, levanté los pies y le di mi agujero anal a mi padre, que dijo:

    — Lubrico?

    — ¡Echa, echa y atraviésame si es que me amas!

    Mi padre inició una lenta y cuidadosa penetración y le dije:

    — ¡No me seas maricón, puto de mierda y tira p’a dentro de una puta vez!

    Mi padre me hizo caso y entró, vaya que sí entró, eché un grito que inició en el culo pasó al estómago y salió como bufido de satanás. Mi padre se quedó quieto, abrí los ojos, le sonreí y le dije cariñosamente:

    — Hala, cabronazo, tras la estocada acaba la faena.

    E inició un largo mete y saca que vi las estrellas y luego la gloria.

    — Eso es follar, lo demás son mariconadas —exclamé agradecido.

    Luego ya vino la dejada, que no fue necesario que avisara porque no notaba, me llenó, me llenó a tope y me llegó el momento, los chorros fueron a la ara de mi padre los primeros y el resto lo compartimos, me puse en la boca una dedada y la comí. Mi padre se quedó mirando y con un poco de reparo, probó y le gustó la vida de su hijo. Esa noche dormimos juntos en mi cuarto, los demás días iba yo a la habitación de mi padre para consolarnos, pero ahí busqué los cosméticos de mi madre poco a poco aprendí a presentarme ante mi padre como mi madre, aunque creo que más sexy, porque era más recatada que las monjas ursulinas. Así pasamos cuatro meses a lo largo de los cuales acerté a reconstruir el hombre y él me ayudó a mí. Le he dicho muchas veces que se busque una mujer, pienso que ya lo está haciendo, pero no me ha dicho nada.

    Parte II

    Conforme iba transcurriendo el tiempo, se iba normalizando nuestra situación en casa. Mi padre me preguntó si algún amigo o amiga o su madre necesitaban trabajo y le indiqué que en el vecindario quizá alguien lo necesitara, pero no quiso que nadie del vecindario entrara en casa, porque lo que quería es servicio doméstico y no deseaba ir de boca en boca. Sugerí a mi padre que hablara con su amigo el cura que oficio el entierro de mi madre porque “ellos siempre saben de personas que necesitan trabajo y son de fiar”. Le pareció bien y en una semana se nos presentó una señora simpática, aseada y sabia en lo suyo. Comenzamos a comer más veces en casa y mejor. Se dedicó a hacer las compras, la limpieza y la cocina, era media mamá lo que teníamos, empecé a tomarle cariño. Si le avisaba podía traer algún amigo a casa, se esmeraba y no se quejó nunca, así en María Teresa, humilde, sencilla y servicial.

    Hoy mi padre está casado, la mujer de mi padre está muy contenta con María Teresa y así puede seguir con su tienda de moda “fashion for life”. Me he hecho cariñoso con Laura, así se llama la mujer de mi padre. Mi silogismo es el siguiente: mi padre necesita una mujer para ser feliz, si mi padre es feliz, yo seré feliz, luego mi padre ha hecho bien en volverse a casar”, eso me obliga a hacer feliz a Laura. Aunque me dirijo a ella como Laura y no como mamá, que a mi edad sería ridículo, la trato y considero como la señora de la casa, para mí no es una intrusa como algunos me insinúan, sino una muy buena amiga, pues sólo tiene ocho años más que yo, ¡cuántas cosas me ha preguntado que podría hacer para complacer a mi padre! entre Laura y María Teresa, mi padre y yo somos muy felices y nos encontramos muy bien.

    Ahora es el tiempo de arreglarme yo, eso pensé cuando mi padre y Laura me anunciaron el casamiento. La boda se iba a realizar en una pequeña capilla de un lugar no muy lejano de Madrid, ejercería el cura amigo de mi padre, don Silvio, y yo iba a ser el padrino, junto con una hermana de Laura. Como padrino e hijo del novio tenía muchos privilegios, uno de esos es que podía invitar a algunos amigos si quería, invité a mi amigo especial, Jesús Manuel, a quien presenté como mi mejor amigo. Mi padre imaginó algo más, pero no dijo nada. Aunque todavía no habíamos hablado de mi orientación sexual, le había dado a entender descaradamente todo. Pero cuando le dije que vendría Jesús Manuel le dije:

    — Ya hablaremos más adelante y quisiera hacerlo a la vez con Laura.

    — Pero no le dirás nada de lo que hicimos nosotros…

    — Eso fue una etapa de nuestra vida, era el modo de ir haciendo desaparecer el dolor que teníamos y nos ayudó a superarnos, de una manera estaba presente, pero era tu hijo y para mí eras mi padre que necesitaba una mujer; no estoy arrepentido, tal como te veía llegué a pensar en que te suicidabas…

    — ¿Te creerás que yo pensaba lo mismo de ti?

    — Fue un momento difícil para los dos, yo te quiero, papá, pero no pensaba quedarme contigo, solo quería entretenerte y animarte a buscar mujer: lo hemos conseguido, ahora me toca a mí con mi amigo, un día os lo traigo y hablamos, lo escucharás y sé que te gustará mi elección.

    — ¿Qué pensará Laura?

    — Laura es inteligente y buena chica, ella se ha casado contigo no conmigo y somos buenos amigos, estoy seguro que Laura y tú llegaréis a ser buenos amigos suyos también.

    — Dime cómo es, qué ves en él, qué le ilusiona.

    — Te aseguro que cuando hables con él verás todo eso y más; te encandilarás con él y entonces te darás cuenta que no tienes un hijo solo sino dos, y serás feliz.

    La fiesta de matrimonio de mi padre con Laura fue bonita por discreta, éramos poca gente. Los padres y hermanos de Laura, su hermana Lucía fue la madrina porque le hacía ilusión, gracias a ello yo fui el padrino, de lo contrario hubiese sido mi tía, que estuvo en la boda. Estuvieron unos tíos de Laura, hermanos de su padre y una hermana de su madre, mis dos tías con sus esposos y la tía viuda de toda la vida. No hubo primos míos, los hermanos de la novia invitaron algunos amigos para que la boda fuese alegre y yo invité a Jesús Manuel. Yo presentaba a Jesús Manuel como mi mejor amigo, pero cuando le preguntaban a él, decía que era “el amigo de Julio”, decía verdad porque los demás no eran amigos sino conocidos. Lo que quedaba claro es que el asunto mío con él era mi secreto, no el suyo, no es que lo pregonaba, pero no mentía, no sabe mentir. A la hora del vals, yo tenía que sacar a la novia y su hermana Lucía sacaba a mi padre, es decir, que bailamos cruzados los padrinos con los novios, y antes del vals del emperador, entregamos a los novios y yo bailé con la madrina, junto con los novios, luego bailaron los novios y a continuación nos pedíamos bailes. Los hermanos de la novia tentaron a Jesús Manuel para que me incitara a un baile, pero no cayó en la trampa; pero Carlota, una de las hermanas de Laura me sacó a bailar y cuando estábamos en pista me colocó ante Jesús Manuel y todos corearon que bailáramos. Lo hicimos, bailamos vals clásico y lo hicimos muy elegante, porque ambos sabemos bailar vals y tango. Cuando acabó la canción arrancaron en un aplauso tremendo. Yo estaba avergonzado, pero Jesús Manuel me besó en la boca y extendió la lengua, ni pude ni supe parar aquello y no sabía dónde esconderme, me senté junto a mi padre como buscando refugio y él me pasó la mano por los hombros y me acercó a su cara y me dio un beso en la boca con lengua. Se levantó Laura, vino a mi sitio, me quiso besar y tuve que ponerme de pie y me dio un beso en la boca y extendió la lengua invitándome a proseguir, fue el beso más largo y todos aplaudieron. Toda mi vida estaré agradecido a Laura por su naturalidad y por aumentarla. Ahora la quiero como mi mejor amiga y cuando tengo algún problema entre mi padre, Laura y Jesús Manuel lo disuelven.

    El asunto fue que presenté a Jesús Manuel para conversar con mi padre y con Laura, no tardé mucho tiempo, un par de semanas después del beso, porque declaradas las cosas hay que formalizar el asunto. La verdad es que, cuando se fue José Manuel, mi padre y Laura me dijeron que era un chico agradable, inteligente, respetuoso, sincero y fiel. Eso me satisfizo y después de ir a mi habitación y desnudarme hice un videochat con José Manuel, le conté la impresión recibida por Laura y por mi padre y él se desnudó, nos pajeamos por videochat y nos despedimos hasta el día siguiente. Yo me fui a dormir y me dormí feliz.

    Al día siguiente nos encontramos JoséManuel y yo para decidir el día en nos presentaríamos como novios, es decir, nuestro compromiso, porque no pensábamos hacer boda, entonces había que quedar con los familiares y amigos, así aun a riesgo de que hubiera alguien que no le pareciera bien lo nuestro. Lo acordamos para la primavera entrante, así dejaríamos pasar la Navidad. El problema es que no disponíamos de suficiente dinero para hacer vida juntos, ya que éramos estudiantes. Cuando hablé estos asuntos con mi padre, solo me dijo:

    — Voy a pensarlo y ya te diré.

    Pasaron unas dos semanas y un día que estábamos los cuatro en casa cenando, mi padre dice:

    — ¿De verdad deseáis formalizar lo vuestro en la primavera?

    — En espesamos, dijo Jesús Manuel, pero…

    — Laura y yo hemos pensado —decía mi padre abrazado al cuello de Laura— regalaros la vivienda y mientras seáis estudiantes todas las demás necesidades materiales.

    No sabíamos que decir, fue mi padre quien explicó cómo seque se vendía una casa vecina en nuestra urbanización y que él lata visto, tiene piscina y le hizo ilusión que fuera nuestra, que al día siguiente podríamos ir a verla para que él formalizara la compra de nuestro regalo.

    Laura tomó la iniciativa y nos dijo:

    — Durante el mes de julio tu padre y yo hemos pensado hacer un viaje y dar vacaciones a las cuatro personas de la tienda, pero os necesitaríamos a los dos en la tienda, por supuesto que vais a cobrar vuestros honorarios legalmente, peores que si nos vamos no quiero dejar la tienda con los empleados, por eso tomarán todos las vacaciones, pero una semana antes podéis ver qué se hace allí, aprender y haceros cargo de la tienda todo el mes, si os parece…

    Nos miramos uno al otro sin tiempo de pensar más y dijimos que sí de inmediato y añadí:

    — Lo haríamos incluso sin cobrar.

    — Pero es mejor cobrar e iros de viaje en agosto —dijo Laura—, porque tenéis que hacer un viaje de luna de miel, ¿no?

    Nos volvimos a mirarnos y nos pareció una idea interesantísima.

    Al día siguiente estuvimos viendo la casa, vimos cómo estaba, lo que había que reformar y mi padre se hizo cargo de todo. Como todas las casas eran unifamiliares cada una tenía un nombre y nosotros encargamos dos letreros en madera con las letras grabadas a fuego; en uno decía “Villa Laura” y en el otro “Laura House”. Mi padre escogió los dos, Laura eligió para nosotros en inglés, y mi padre cambió “La Magdalena”, que es como se llamaba la nuestra, por “Villa Laura”. Laura, modesta como era, dijo que era demasiado dos casas dedicados a ella y le dije:

    — Eres la única mujer que tenemos ahora en nuestra familia, estamos cobijados o amparados en ti, es nuestro modo de que sientas cuánto te queremos.

    Laura se puso a llorar de la emoción, mi padre la abrazó y noté y supe cuánto de verdad la amaba. Me abracé a Jesús Manuel y nos besamos, esta vez voluntariamente del todo, sin atropellos delante de mi padre y de Laura, ellos se besaron también.

    Al poco tiempo, comenzaron las obras de habilitación de la casa, mi padre me pidió que en mis horas libres me pasara por allí para que de alguna manera vieran los albañiles que no estábamos ausentes y no se prolongaran las obras indefinidamente. Jesús Manuel se apuntó con sus horas libres y casi conseguimos que uno o el otro estuviéramos cubriendo todo el día. Fue cuando Jesús Manuel venía más por mi casa y también ayudó a arreglar el jardín a gusto de Laura. Me complació que se llevara bien con la mujer de mi padre.

    Por fin las obras acabaron y todo estaba preparado, habíamos cenado en casa con Laura y con mi padre y decidimos los dos ir a pasar la noche en “Laura House”. Fue la primera vez en que dormimos juntos, la primera vez en que deliberadamente estuvimos desnudos uno frente al otro, nos examinamos y nos tocamos, entramos en deseo y la pasión nos pudo. Y quisimos follar, yo deseaba ser poseído por Jesús Manuel, de modo que se lo pedí. No teníamos ni lubricante ni preservativos, la saliva y la voluntad hicieron el resto. No me metí en la cama, dejé que me abrazara y Jesús Manuel con toda su fuerza me levantó, me arrimó a una pared y me penetro. Dolió, me gustó, lo probé, lo saboreé, lo degusté, lo caté, me agradó, me complugo, me deleitó, me satisfizo, me interesó, me cautivó, me privó, me quedé anhelando, lo deseé, me apeteció, lo ambicioné y, lo que es más importante, mi pirró, en efecto, me quedé pirrado por Jesús Manuel.

    Lo bueno para mí fueron las tornas, de gusto y placer me caí al suelo todo extendido y con una erección de espanto. Jesús Manuel, antes de que yo acabara conmigo mismo, se sentó mirándome con si pícara sonrisa a la cara y se metió mi polla en su culo hasta descansar sobre mi pubis. Luego comenzó a moverse en círculos y luego en vertical metiendo profundamente y sacando mi polla a medias de su culo hasta que me corrí. Ni tuve tiempo de avisar. De ahí a la ducha y de la ducha a la cama. Dormimos muy abrazados y confirmamos que éramos el uno para el otro.

    Al día siguiente contamos a mi padre lo que nos había pasado y nos dijo:

    — De una u otra manera casi todos hemos hecho una de las nuestras antes de comprometernos, es como probar si funcionará, pero no os olvidéis de los lubricantes. Haceos vuestros análisis si es que pensáis que no vais a usar profilácticos.

    Nos dio un nombre y dirección, era un médico amigo suyo. Hoy sabemos que no necesitamos condones para nuestras relaciones íntimas y no estamos necesitando a nadie más en nuestra vida íntima. Sabemos complacernos del todo y somos felices. Nuestra unión ha sido motivo de alegría para muchos y un escándalo asqueroso para unos pocos. No vinieron a nuestra celebración. Solo es un problema de ellos que no nos atañe.

  • Niñato del almacén cumple mis bajos instintos

    Niñato del almacén cumple mis bajos instintos

    18 años cumplidos hacía dos meses. Cuerpo menudo pero firme, nalgas paradas, cara lampiña, cabello largo, le cae sobre la frente, negro azabache, blanco, bronceado y con piernas torneadas por el fútbol. No más de 1.70 de estatura y si acaso llega a las 135 libras.

    Que más le puedes pedir al chico que trabaja en una empresa agrícola y que cada vez que pasas a comprar algo te mira con una inocencia angelical, como si estuvieras regalando caramelos.

    Cada vez que iba le sonreía, le hablaba, comentaba cosas del trabajo, muy discretamente. Cuando encuentras alguien así hay que ir con calma. Yo no soy ningún adolescente, tengo pasados los 40 y no es la primera vez que me pasa alguien así por el frente.

    Ayer se me presentó la oportunidad. Justo cuando voy dirigiéndome a la carretera principal lo veo con los audífonos escuchando música en la parada de bus y me detengo a ofrecerle el bote. Le pregunto si está apurado y me dice que no, que va temprano a su casa. Casi me lo como con la mirada, lleva unos jeans flojos, a media cadera, lo que deja ver el calzoncillo apretado y azul, su cara no tiene ni atisbo de barba y me imagino que así mismo debe tener el culito. Es un chico sencillo, de campo, guapo pero simple.

    Le pido que me acompañe a mi casa unos minutos y asiente, casi como si supiera cuales son mis intenciones. Llegamos y me pongo a buscar unas vainitas en la cocina y él se queda admirando mis cosas. Le ofrezco algo de tomar y lo agarra con un poco de pena. Me pongo a charlar y hago como que se me perdió algo y él se ofrece a ayudarme a buscarlo. Se agacha y vuelvo a tener frente a mí esos dos globos de carne. Entro a mi habitación y él se queda en la sala, esperando que yo le dé instrucciones. En un momento lo veo un poco distraído y me le voy acercando poco a poco. Ya no quiero aguantarme las ganas. Me le pongo por detrás y le paso las manos por el pecho mientras lo aprieto contra mi verga, que ya es una piedra. El cierra los ojos y se deja llevar por el momento. Su olor a sudor me marea, me siento como si estuviera robándole la virginidad pero no es así, él sabe lo que vamos a hacer.

    Me lo llevo a la cama y comienzo a besarlo, le chupo las tetillas y descubro que casi no tiene vellos en las axilas. Hundo mi cara en cada una, oliendo, lamiendo, estrujándolo contra mí. Su pinga es delgada, larga, circuncisa y puntiaguda. Parece un caramelo blanco, durísimo. Se la aprieto contra la mía y le echo todo el peso encima.

    Traté de besarlo pero no se dejó. Cuando comenzamos a sudar los dos por el esfuerzo y yo lo termino de desnudar de un solo halón de sus pantalones.

    Le aprieto suavecito las bolas y veo con lujuria que solo tiene un vellito fino en su verga. El olor a chico sudado, hormonal y sudoroso de todo el día de trabajo cada vez es más excitante.

    Nos metemos a la ducha y ahí si no aguanto más, le enjaboné el culo y me pegué a mamarle ese huequito como si fuera lo último que comería en este mundo. Cuando le separaba las nalgas el solo se meneaba y gemía. Me puse de pie y tuve que levantarlo un poco y yo agacharme para que mi verga entrara en su culo suave, muy lentamente. Cuando ya la sentí toda adentro comencé a bombearlo y el a quejarse.

    Le mordí los hombros, la espalda, le chupetee los costados, apretando sus tetillas. En un momento lo agarré del cabello mientras mi pinga lo taladraba durísimo, como con rabia. Sentí como la leche se le salía sola con cada embestida mía y así mismo le deje el hueco chorreando leche y sangre.

    Fue una sensación fulminante para los dos. Apenas terminamos de culear nos tiramos a la cama mojados y nos acurrucamos hasta quedarnos dormidos.

  • De camino a casa en el autobús

    De camino a casa en el autobús

    Llevaba ya 7 meses la tregua filial a su pedido.

    Que la «cuestión de piel» había desaparecido, que no era correcto, que no había feeling, que las dudas, que los motivos, que la realidad, que la dejara en paz. Igual seguíamos saliendo todas las mañanas en mi automóvil para el trabajo, como cada día de los últimos 3 años.

    Ella contesto mi cotidiano «Buen día, te amo» con un inaudible «Hola».

    Y arrancamos. En esa época el invierno de Buenos Aires extiende las noches más allá de las 7.00 h en la mañana y el frio se hace importante. Apenas el reloj marca las 7.25 h empieza nuestra rutina. Dejamos el auto y juntos llegamos hasta la parada del micro. En el viajábamos hasta el trabajo, desde el sur hasta pleno centro de la ciudad.

    Pude convencerla de cambiarnos desde el viejo micro al actual, mucho más moderno y confortable. No había tenido otro motivo que la comodidad. Asientos contiguos, final del pasillo, 1 hora larga de viaje tedioso y rutinario. Sí, es cierto dormíamos juntos. Bajábamos y cada uno a su tarea.

    Diez pisos son una gran diferencia de perspectiva y realmente nos perdíamos en el trabajo hasta las 19.30 h.

    El regreso solía ser también aburrido y olvidable. El invierno lo hacía oscuro. El chofer decidió apagar las luces generales y dejar que los viajeros usaran las individuales. Teníamos calefacción y música y poca distancia entre uno y el otro. Y muy poca luz. “Hace mucho frio, tengo las manos heladas”. Fue un comentario normal. Amable. Al fin de cuentas siempre fuimos buenos compañeros de viaje. No recuerdo si lo pensé pero le sugerí poner su mano en mi bolsillo. Pienso que creyó que me era indiferente. Era evidente, para ella, que su presencia y su cercanía no alteraba ya mi ritmo cardiaco. No lo pudo soportar. Note que se enojaba pero se encamino a «calentar» su mano de acuerdo al ofrecimiento.

    Mientras tanto el resto de los ocupantes iniciaban su rutinario sueño. Quiso saber si todavía reaccionaba a su presencia y corrió la mano más cerca de mi miembro. Un poco más. Estaba sobre mi vello y seguía sin notar ninguna actividad.

    A esa altura no reconocía mi comportamiento, era raro el control que estaba teniendo sobre mis deseos, (me costó no haberla violado hacía más de 6 meses).

    «¿Que estás haciendo?, si querés tocar, toca, pero por lo menos seamos sinceros».

    Me miraba sin creer en la evidencia.

    El portentoso mástil que la enloquecía se negaba a responderle. Estaba al borde del llanto.

    «¿No quedamos en que ya no había «cuestión de piel? ¿Estuviste 7 meses tratándome como perro faldero, usándome de «trapo de lágrimas» y ahora te sorprende que no te desee?»

    Mientras decía esto me reacomode en el asiento y el juego cambio. El movimiento deposito su mano justo sobre mi pija que no estaba muerta, ni mucho menos. La encontró dura como nunca, impresionante, caliente y jugosa. Apenas se dio tiempo para sonreír.

    “¡¡¡Estaba del otro lado, turro!!!»

    Exasperada y caliente, bajo el cierre del pantalón y lo extrajo a la superficie. Comenzó a recorrerlo extasiada, a reconocerlo, a admirarlo, notaba su calentura en la presión que hacía con sus manos. Me envolvía y lo soltaba. Mire alrededor, no podía creer que nadie estuviera viéndonos, y la deje hacer.

    Soltó mi cinturón, bajo mi bóxer, se inclinó y empezó a lamerme con la pasión que decía terminada. Empuje su cabeza con las manos para entrar más en ella, como pude, le quite un pañuelo de seda que llevaba al cuello. Mi misión parecía limitarse a controlar al resto de los viajeros. Verificar que nadie viera la monumental «mamada» que estaba recibiendo.

    Pero no me quede quieto, la incorpore y le desprendí la blusa del uniforme reglamentario, saque sus tetas hacia arriba del corpiño y me dedique a chuparlas con insolente seguridad. Tenía los pezones más duros que nunca, seguía como en trance, con los ojos cerrados y repetía:

    “¡No puedo creer lo que siento, como podes ponerme así. Más, mas, no pares necesito sentirte encima de mí!”.

    Estaba luchando entre mi desesperación por tenerla y el miedo a que nos vieran y termináramos varados en la autopista, pero el olor de ella me saca de control, levantábamos alternativamente la vista para confirmar el sueño de nuestros compañeros de viaje y seguíamos.

    Metí la mano en su entrepierna y la apreté. La conozco bien, entre su ropa interior surge el calor pero no me necesita ahí. Ella prefiere sentirme en su pecho. Le gusta que le apriete las tetas, mientras las chupo con fuerza, que despacio le muerda un pezón y que con los dedos ensalivados le toque el otro. Todo a la vez, todo mientras sostengo la presión sobre sus pechos sensibles.

    Estaba al borde de su orgasmo, cuando cierra los ojos y se deja hacer, su cuerpo primero llega a un punto quieto, como un pre final, para después estallar en un inconfundible espasmo que la recorre entera como una ola. Y tiene el poder de trasmitirlo, quizás por telepatía, pero me lo pasa claramente, su electricidad me recorre también.

    Nuestro asiento resiste, afortunadamente, la presión de los cuerpos, seguimos atentos espiando a los pasajeros cercanos, mientras la pasión continua arrastrándonos más lejos.

    Siempre fue así, nunca entendimos esta sintonía tan profunda entre nosotros, y hemos tratado de ignorarla, de evitarla, de eliminarla. Hicimos muchos intentos por separarnos. No pudimos, o no supimos, pero a veces creo que no quisimos, que nos complementamos tan bien que sin ella me sobra un pedazo, (bastante grande), y sin mi ella tiene un hueco muy difícil de llenar.

    Esta por acabar, lo presiento, un poco más de presión en mis manos, más firme la mordida sensual en sus pezones y ya se entrega. No puede gritar y lo sabe, ni siquiera un gemido, el cuerpo se le contrae en un goce mudo y muy profundo.

    Se viene quieta sobre mí, aparece su sonrisa satisfecha y cómplice.

    No tenés derecho a hacerme sentir así. Sí que lo tengo.

    Su mano se vuelve firme sobre mi pedazo. Es mi turno y ella lo sabe, sabe que es mi hembra y asume su responsabilidad. Sabe que mi excitación es por ella y se hace cargo. Sabe más de mis deseos que yo mismo y lo demuestra.

    Apura el paso de su lengua sobre el glande, amaga morderme, aprieta y afloja, juega con suficiencia sobre mí. Me obliga a cerrar los ojos tanto placer, quiero seguir contemplándola como lo mete en su boca pero no puedo, me gana. Puedo sentir que voy a explotar, y nuestra telepatía hace el resto.

    Recoge su pañuelo de seda, lo envuelve en mi pija, se queda mirándome a los ojos, sacudiendo con sus manos el «regalo» recién preparado, hasta obligarme a soltar toda la leche que tengo.

    No dejamos de mirarnos ni un segundo.

    Tuvimos una recaída, nosotros no podemos seguir adelante con esto.

  • Como el fuego de un volcán

    Como el fuego de un volcán

    Cada encuentro con Miguel fue un derroche de erotismo, pasión y locura. Su mente implacable quería más de mí siempre que había oportunidad de tener sexo, incluso en mis relatos quería que dejara salir a flote todos mis deseos, fantasías y perversiones.

    Era imposible no caer en la tentación y dejarme llevar por la pasión, su cuerpo y el mío juntos se encendían cada vez que nos veíamos, nuestros encuentros se daban cada mes o dos meses cuando alguno de los dos viajaba a visitar al otro y con sólo recordar que se acercaba aquel encuentro mi corazón se aceleraba y mi cerebro me preparaba para perder el control, cada instante ardía de deseo, cada lugar era una aventura, en el sofá de la sala yo encima suyo sin importar quién pudiese vernos a través del ventanal, quitándome el panty y tocando mis senos mientras levantaba mi blusa y el brasier, o llevándome contra la pared para que no pudiese escapar de sus besos llevando su lengua a lo más profundo de mi boca y tocándome con sus manos mientras yo me mojaba…

    Su cuerpo encima mío o yo encima suyo me hacía arder como el fuego de un volcán… Nunca imaginé que aquel hombre despertara toda esa pasión que había perdido ya meses atrás… Me hizo sentir deseada, bella, apasionada, pero sobre todo que podía sacar la loba que llevo dentro, perder el miedo a probar cosas que jamás habría pensado hacer, desinhibirme, desnudarme frente a extraños en aquel bar sw, tener sexo delante de aquellos curiosos del lugar…

    Cómo no recordar aquel fuego que me hace arder a mí también…

  • Cara cortada, Gazapo Silvero y los atajos cuberos

    Cara cortada, Gazapo Silvero y los atajos cuberos

    Vicente ni siquiera ahora sabía con precisión qué hacer. En comparación con sus usuales especulaciones amatorias, este era un compromiso importante y serio. Ignoraba cuanto había de por medio y hasta dónde tendría que llegar para obtener lo que hubiese de obtener… se creía con posibilidades. Estos pensamientos, al contener su júbilo, impartían a su tono una sobriedad muy acorde con las circunstancias.

    —¿Adónde quieres ir Verónica? –inquirió con voz suave.

    —¡No me lo preguntes! He venido a pasar aquí el fin de semana, eres tú el que debes decidir que enséñame de tu pueblo.

    Vicente dedujo que estaba muy excitada pero muy contenta de volverlo a ver. Se había quedado silenciosa a su lado por un momento y luego, de repente, hizo algo que él jamás hubiera esperado: deslizó la mano bajo su brazo.

    —El temario ha sido duro, pero ya estamos en el último trabajo de final de carrera, por fin se ha terminado —dijo Verónica.

    —Sí, son sensaciones inherentes a la satisfacción de una labor formacional para desempeñar en una labor, Verónica.

    —Tu siempre con ese lenguaje tan elegante, y eso que te quejabas de que eras de pueblo, por cierto dime Vero.

    —Para mí era muy importante tener unos estudios, la gente que los tiene se diferencia al resto, todos mis amigos trabajan, ya bien en la obra, en supermercados o gasolineras; yo quería otros parámetros culturales, Vero.

    —¡Eres un valiente, no cabe duda!

    —El éxito se basa en eso, a los que arriesgan con una formación sólida —dijo en tono decidido y algo altivo.

    Por miedo a aventurar su inteligencia por caminos en los que su natural no alcanzase para guiarlo, Vicente desplazo su mente con resolución, todas sus suposiciones, conjeturas y teorías. Tenía allí a Vero, entregada por completo a él, la había impresionado y esa era la consideración principal.

    En las paredes no había nada más que el ladrillo visto, una superficie rojo sangre, manchada con chorreaduras de cemento cola. En dicha pared se alzaba un andamio estaba Marcos, alias el cara cortada sosteniendo entre sus manos una radial Makita. Vestido con pantalones de trabajo de diversos bolsillos y camiseta sin mangas, sumergía sus brazos en el boquete abierto en la pared, era un trabajo que requería una media hora, por eso él lo había terminado en veinte minutos.

    —¡Dile al hijo puta de la hormigonera que se dé prisa, es un puto vago! Marcos.

    —¡Estoy cansado que me exploten como a un puto negro, no me toquéis los cojones —grito el de la hormigonera.

    —¡Me cago en la puta madre que te pario, a rapar como todos, puto imbécil si no te gusta vas al encargado de la obra! —dijo a grito pelado el otro.

    —¡Cuidado, al loro cara cortada, ahí viene la biga, cógela, ponla como si fuera una polla y el agujero un coño ¡jajajaja!

    Cara cortada debía su apodo a varios años atrás, en una obra ejecutada con cemento armado y varilla forjada de mallazo, utilizando en vertical y a contramano una amoladora angular BOSCH GWS 22-180, esa misma radial con una potencia absorbida de 2.200 watios y una velocidad de giro de 8.500 r,p.m su disco de 180 mm fue partido y alcanzada la mejilla de Marcos, en un corte limpio y largo. Por lo cual siempre lucía barba de una semana, lo que le daba ese aspecto rudo. Robusto de complexión y de altura considerable, junto a sus ojos negros, le daban ese aspecto insondable y caustico. Operario dedicado a la maquinaria manual debido a su carencia de manejar el sistema métrico a través del metro reglamentario y lo complicado de sumar más de tres cifras. Dividía su vida en tres estadios: la obra, su coche y las mujeres.

    —¡Joder! Mira, cara cortada, lo que veo, el bobazo del Vicente haciendo de guía con una pava de la ostia, cago en la puta, el cagón ese…

    —¡Conque lleva una piba el señorito remilgado! —exclamo otro.

    —¡¡Tía buena!! ¡¡Maciza!! ¡¡Te hacía un favor, rubia!! ¡¡Vente al pub del rubio esta noche!! ¡¡¿Tienes quién te consuele?!! ¡¡No vayas con mentecatos gilipollas!! —gritaban a pleno pulmón.

    —¡Qué vergüenza! —dijo Vicente mirando a Vero— que tengas que oír estos maleducados, voy a ponerles las cosas claras.

    —No te preocupes, suele pasar —contesto ella en un ademán coqueto y estirado.

    Con paso decidido Vicente entró en la obra encontrando a cara cortada en un rincón echando una generosa meada, el cual al verlo y subiéndose la cremallera de la bragueta le dijo:

    —No sé… no sé… cómo no os da vergüenza, mostrar esa vulgaridad delante de… de…

    —¿Qué pasa señor listillo, aún te crees que estamos en el instituto para hablarnos con tanto remilgo como un puto señorito de mierda? —dijo al mismo tiempo que abría una lata de cerveza con el cigarrillo entre los labios.

    —Os comportáis… no sabéis…

    —¡Oye! Puto maricón de mierda, si vienes con la rubia delante de la obra, ¿qué quieres? Tráela está noche al pub del rubio y te aseguro que me la tiro: le meto los veinte, por mi madre —dijo tocándose la bragueta y escupiendo delante de los pies de Vicente, por sus comisuras resbalaban restos de cerveza.

    Con todo el enfado del mundo Vicente volvió hacía Vero.

    —No hace falta que te discutas por mi…

    —Es la degeneración de esta sociedad implícita en sector servicios lo que me…

    —No divagues más, siempre con esa filosofía —dijo Vero y siempre mirando hacía el cara cortada que estaba de pie con mirada retadora. Incluso al empezar a andar le obsequio con un giro de caderas con pendulación de nalgas, el cual, dicha actitud no le pasó inadvertida.

    —Por la vida de mi puta madre que si esta noche viene me la follo —dijo cara cortada al mismo tiempo que miraba sus compañeros.

    —¡Cómo la del otro finde! ¿Me equivoco? —Dijo el compañero— anda que pronto nos dejaste al entrar la rockera esa. No tardasteis en dar un paseillo hasta el baño.

    —¡Claro que me la tiré! ¿qué te crees? Me cepillé la tronca en el puto baño del pub. ¡Ostia puta consagrada, por quién me tomas!

    Vicente y Vero iban caminando, era informada del periodo de que databa el pueblo, sus monumentos, en tono instructivo Vicente iba explicando los pormenores de la localidad.

    —Esta noche hay un acontecimiento cultural en la pequeña biblioteca, te invito —dijo Vicente.

    —Lo siento he quedado con Fabiola para esta noche, vamos a tomar algo, ella lleva una semana por aquí en casa de su tía, y no puedo negarme ya que me han invitado y me dan alojamiento este fin de semana.

    —Ella ya lleva una semana, tu aún no has visto… es más, ella puede venir, no le vendrá mal para su cátedra de música renacentista.

    —No te creas, quiere desconectar, incluso el sábado pasado fue a un concierto de rock local.

    —Si eso era de interés nulo, son simples aficionados vagos y porreros los de este grupo. Además, ¿no querían ir a vivir juntos con su novio, ahora que ya es abogado?

    —Pues ya ves, no todo tienen que ser virtuosos de la música clásica y no sé, que tiene que ver el novio en todo eso, por qué no puede ir a un concierto sin él —dijo casi en tono de reproche.

    —Bueno, perdona… no quería…aunque aquí para tomar algo solo está el pub ese hortera… no te gustara… y no quiero ser…

    —No te preocupes por eso, hay que verlo todo desde el prisma y en el contexto que le corresponde —dijo Vero convencida.

    Era uno de esos días en los que la belleza temerosa del pueblo parece desvelarse, uno de esos días en que la ligera brisa barre las calles crepitando como una vela tensa y entonces ese pueblo adquiere una extrema nitidez, con unos perfiles muy marcados, como una fotografía muy contrastada.

    Vicente al dejar a Vero se quedó unos segundos pensativo, con un gesto casi desesperado. No había para menos, en pocos minutos se le había hundido su ilusión. Y en ese momento le volvió a la mente las palabras tajantes de cara marcada “le meto los veinte“.

    Ya habían pasado bastante horas desde que había dejado esa tarde a Vero, había dado vueltas por el pueblo, la biblioteca, el pequeño cine, algún que otro bar decente, solo le cabía en la cabeza que pudieran haberse ido junto con su amiga al andrajoso local del rubio, encontró de pronto su destino final en dicho lugar, mal que le pesara. Miro el destartalado cartel de neón, avanzo unos pasos y comenzó a adentrarse en el local. Al entrar se habían accionado en su mecanismo reflexiones que en modo alguno se habría formulado de haber Vero aceptado su invitación para esa noche. Se detuvo frente a la barra. Más que recordar sus visitas al pub, lo que mejor recordó fue el comentario de esa misma tarde “le meto los veinte“ ya que cara cortada era un habitual.

    —Vaya, quién tenemos aquí —dijo en voz alta el estrambótico camarero— desde luego hacía tiempo que no te veía.

    —Bueno, es que con los estudios en la ciudad, se hace un poco complicado…

    —Ya serás al menos ministro, eras un empollón de cojones —dijo riendo sarcásticamente y mirando a los otros dos que estaban en la barra.

    —Ya nos han contado la bienvenida que os dieron la peña en la obra —dijo uno de ellos.

    —Vaya jaca, y esa amiga de la pequeñaja tetona que vino por aquí —dijo otro.

    —No sabía que… la conocierais a la Fabiola —dijo sorprendido Vicente.

    —Estás demasiado concentrado en los libracos, algunos tuvieron el gusto de conocerla, eh peña ¡jajajaja! —contesto el camarero.

    —Eso díselo al cara cortada ¡jajajaja! —dijo otro.

    En aquel momento, mientras Vicente recordaba el incidente de la obra y a medida que pasaban los segundos y aguantaba la risa histriónica del grupillo le volvía venir a la mente “le meto los veinte“. Se daba cuenta de que ante el desconocimiento de dicha circunstancia solo le venía a la mente la Fabiola de la Universidad, con su violonchelo a cuestas siempre y que lo demás pertenecía al reino confuso de la nebulosa en la que se mueve mucho la imaginación.

    —El hijo puta se la entroncó en los lavabos, los berridos se oían desde aquí, qué grande y cabronazo el cara cortada. Después le dijo a Gazapo Silvero si la quería acompañar a casa de su tía, que él, en su buga tuneado apenas llevaba gasofa —dijo uno de ellos mirando a Vicente.

    —Yo… ya… no… ni sé quién ese… no os entiendo… —dijo confuso Vicente al mismo tiempo que pensaba “le meto los veinte“.

    —Tú eres idiota o qué… se la folló, encima tiene ese nuevo amigo suyo, el Gazapo, que va de oportunista, ya que le suministra la carburación necesaria para que su coche metralle como un cohete y le deja las pavas usadas —dijo enfáticamente otro.

    —Sí, le dicen el abreculos, le gusta encular la hostia, dice que prefiere una buena enculada a tres vaginales —dijo el estrambótico camarero.

    —Ese lo que tiene es palique, no te lo creas —contesto uno de ellos.

    — Se de buena tinta que a la Merche, la de correos; Magda la pechugona; Cris, de la mercería; Fina la chula; Rosa, la petarda; Toñi, la de la cafetería y la amiguita de la ciudad de nuestro Vicente las remato en enculada —dijo en tono convencido el estrambótico camarero.

    —Y todo eso… cara cortada… — dijo dubitativo Vicente mientras pensaba las palabras “le meto los veinte”.

    —Si en lo que va de año la Merche, la de correos; Magda la pechugona; Cris, de la mercería; Fina la chula; Rosa, la petarda; Toñi, la de la cafetería; Susana del lavadero; La madre soltera Patri; María la cocinera; Micaela del pueblo vecino; Olga del pueblo vecino; Nerea que viene a temporadas; Adela; Bárbara la jamona; Carlota del centro cultural y, la amiga de tu amiga de la ciudad —dijo en tono triunfante el estrambótico camarero.

    Vicente, miraba y escuchaba queriendo creer que todo aquello era tan irreal como una pesadilla, al mismo tiempo que pensaba las palabras “le meto los veinte“.

    Cara cortada era sinónimo de poderío varonil, dotado de un potencial de veinte centímetros de órgano viril, alardeaba de ello y cada vez que se percataba de alguna chica guapa y de buen cuerpo le sobrevenía ese sentimiento de pertenencia. No dudaba, iba a por todas. Y en efecto, con Fabiola conecto rápido, esa misma noche entro sola y alegre, muy suelta, muslona y bajita, pero compacta, de pechos generosos, un trasero de media envergadura, con su pelo largo rizado; llevaba falda por encima de las rodillas, con una camiseta de los AC/DC. Se dedicó a beber chupitos junto a cara cortada y poco después era llevada al lavabo de hombres. Cara cortado habiendo hecho una catalogación de calidad del uno al cinco de Fabiola y habiéndola catalogada en un 2’ 23 opto por una jodienda rápida, sin complicaciones de preliminares, la dificultad del espacio que presentaba el lugar daba tres opciones: taza del inodoro y ella encima; apoyada ella en la taza del inodoro y el de espaldas en cuatro o en volandas, el de pie y ella encima. Decidió esta última y en una bajada de pantalones con el empalme ya confirmado la cogió y la levanto 8’35 cm. encima de su glande para después dejarla caer desde esa altura sobre pene, el cual se incrustó en la vagina sin siquiera retirar el tanga de hilo. Fabiola emitió un quejido de gozo, había coronado la cima, el cara cortada la impulsaba arriba y abajo, las pequeñas piernas de ella se entrelazaban sobre la espalda de él, el pene se sumergía una y otra vez en el coño de abajo arriba; ella le arañaba, daba golpes de galope al vuelo. Al intentar subir la cima ella sola, no acababa de encontrar el ritmo adecuado cuando ella iniciaba los movimientos pélvicos. A cara cortada le indigno esa falta de ritmo y estoicamente remacho con sus manos el culo de ella y lo hizo subir y bajar de forma frenética. No tardo el cara cortada en notar derrame de líquidos en toda la parte de su tronco. Fue así como tuvo lugar la apoteosis del orgasmo: bufidos, gemidos, unos me vengo… me vengo… me vengo… por parte de ella y un ronco gemido gutural profundo señal de descarga de cara cortada. Quedando ella todavía encima, los restos de lefa goteaban en suelo. Los veinte habían sido metidos.

    Vicente pensó que siempre se aprende algo de estas experiencias, pero no esperaba que esto sucediera, una derrota que al principio ni él era capaz de vislumbrar. Y le volvió una vez más el pensamiento a “le meto los veinte“.

    En estas divagaciones estaba cuando aparecieron por la puerta de la entrada un pequeño grupito entre los cuales se encontraba Fabiola, que en un deje entre lo ausente y lo decidida ni siquiera le saludo.

    —Hostia puta, el derrape del buga de cara cortada ha sido impresionante, le ha ganado al rebufo —dijo uno.

    —Sí, el gazapo le prepara la máquina de la puta hostia, en arrancada y con el ensamblaje de la carburación tira como un puto avión —contesto otro.

    —¿Qué pasa peña, tan animados? —pregunto el histriónico camarero.

    — Hemos estado en la carretera vieja, cara cortada con los de la peña del Bernal competían entre ellos, el puto cara cortada es la reputa hostia, se los ha llevado de calle, hijo de la gran puta —contesto el otro.

    —Será para impresionar a las chicas de ciudad, sobre todo esa rubia de piernas largas y pechos de maniquí —dijo el camarero mientras miraba sarcástico a Vicente.

    —No veas, han estado bebiendo allá con nosotros, cara cortada le tenía ganas a la rubiaca, no la dejaba de vista, nada más terminar con las carreras la ha montado en el buga y han hecho un “ atajo cubero” —contesto el otro.

    —¿Qué es… eso… atajo cubero? —dijo Vicente con voz temblorosa y siempre teniendo en mente las palabras “te meto los veinte”.

    —Atajo cubero —dijo uno en tono didáctico— es llevarse una tía al momento y soplársela donde se pueda, el cara cortada es un especialista en esta modalidad, es un poco un polvo a escape.

    —Se la ha jalado al lado del río, al venir con la moto hemos podido ver como le aplicaba una soberana monta.

    Ya no era una evidencia era una realidad: LOS VEINTE HABÍAN SIDO METIDOS. Nada más terminar la carrera montó en su buga 18 válvulas a Vero, acelero de forma brutal y decidida, Marlboro rojo en la boca y con su mirada de soslayo a través de sus rayban y su bragueta abultada, no tardando en contravolantar en un pequeño camino al lado del río. Una vez allí, con su mirada liquida penetrante morreo a Vero, al mismo tiempo que le bajaba los jeans y tiraba de su camiseta; el cuerpo de ella parecía de cera, blancura nuclear; no tardo en bajarse los pantalones ponerla de rodillas e incrustarle todo el rabazo en la boca sensual de ella. A duras penas podía tragarla, por su parte él se regodeaba en su triunfo:

    —¿En la ciudad tenéis estas pollas? Traga, traga, flípala ¿cómo, ya quieres que te la meta? Espera, espera niña… lame el tronco de arriba abajo so putanga… así, así, así, así… oh, oh, oh… Túmbate ya y destangate, con ese coño que parece de niña…

    Una vez tendida en el suelo le aplico un cunnilingus baboso de arriba abajo, ella por su parte gozaba. Cara cortada se incorporó y cipote en mano se lo incrusto hasta medio tranca.

    —¿Quieres más puta? La quieres flipar toda ehhh. Todas parecéis remilgadas, pero en el fondo eres una guarra.

    —¡Siiiii! Dámela ya, métemela toda, por Diosss, la quiero ya toda.

    Bombeos sonoros empezaron a oírse, el mete saca había empezado: ritmo, velocidad, potencia hicieron el resto. Vero tenía el coño encharcado se había venido de forma abundante. Cara cortada saco su polla y empezó a deslefar de forma generosa salpicando los pechos y parte de la cara…

    Vicente nunca había visto a Vero tan desaliñada —despeinada, ojos ausentes, jeans mal colocados, camiseta con evidentes manchas—. Habían terminado de entrar, nada más llegar cara cortada se acercó al grupito.

    —Hostia puta, cara cortada, la rubiaca está algo decaída por lo que veo, ya se le ha pasado el subidón de la cerveza —dijo uno riendo jocosamente.

    —¿Qué quieres ? Está recién follada, hace veinte minutos que me la he calzado —dijo al mismo tiempo que miraba a Vicente, el cual el ver el sufrimiento mental a que era sometido le producía un enorme placer interior a cara cortada.

    Vero en estado de ausencia, ante Vicente tomó algunas cervezas con otro grupito, y en un momento dado cuchicheaba con cara cortada. Al acecho estaba Gazapo Silvero, el cual tuvo algunas palabras con cara cortada.

    —Ese carburador en V ha trallado la hostia puta, enhorabuena, eres único preparando motores —dijo cara cortada—. Sabes, no llevo apenas gasofa, la piba de la ciudad quiere irse, si me hacías el favor de llevarla —dijo guiñando al mismo tiempo un ojo.

    —Encantado, será un placer, ¿tengo posibilidades? Mi intención es hacer un atajo cubero en el camino.

    —Está en trance, aún no se ha repuesto; a por ella, lo vale —dijo cara cortada.

    Gazapo Silvero conducía con Vero al lado somnolienta, erróneamente se le atribuía a Fabiola en sus logros, nada más lejos, la semana pasada, Fabiola, quedo dormida truncando el plan.

    Gazapo Silvero era bajo, también lo separaban 4 cm. de polla en comparación a cara cortada. Preparador de carburadores en V había hecho amistad con cara cortada. Su condición de ex gay pasivo le daba el sobrenombre del abreculos. Su dotada habilidad para encular era asombrosa, adoptando un estilo directo y contundente. Como buen ex gay pasivo adoraba los culos, los apreciaba más que los coños. Siempre tenía a punto la vaselina. En el asiento de al lado, tenía a una buena hembra, por eso antes de llegar al lugar que debía dejarla se paró con la excusa de fumar un porro de calidad superior, a lo cual Vero acepto compartiendo canuto…

    Todo paso rápido, solo mantener la imagen en pause y recopilar a partir del momento en que Vero se encontraba sin pantalones en posición de perrito enfrente del auto con las luces encendidas ya que Gazapo no quería perderse detalle y necesitaba la luminosidad de esos potentes faros alógenos, era la postura favorita de Gazapo, por su control sobre tal culo. Empezó con un sondeo visual al conducto anal —Vero se encontraba en esa fase en que la marihuana produce esa laxitud y ausencia de la realidad, con esa sensación que estuviera flotando, los ruidos y el mundo le parecían lejanos—. Con sus manos entreabrió las nalgas y a juzgar por lo que veía se encontraba en apariencia ante un ojete sin estrenar. Rápido y ágil con los pulgares extendió las nalgas al límite quedando a la vista el ano pulido en todo su esplendor. Empezó a relamerlo y chupetearlo por los lados terminando por sumergir la lengua en el orificio, lo hacía a fondo, hasta donde le llegaba el vértice de la lengua. Por su parte Vero en estado hipnótico expulsaba escuetos susurros. Gazapo con su verga enrabada cogió su lubricante (durex gel intense orgasmic de 10 ml) y aplico sobre la zona anal una generosa cantidad. Al primer contacto ella sintió esa sensación fría seguida de una ligera molestia que no era otra cosa que la introducción del dedo índice. Sintiéndose algo incomoda emitió leves quejas; Gazapo, viendo esta indecisión de ella decidió ejecutar lo antes posible la maniobra de avance de inserción. Embadurno su tronco de lubricante e inició el avance, encontrándose con la dificultad de la alineación de su polla para con el culo — Al ser ella de estatura más alta la polla quedaba en unos cinco centímetros más baja, siempre con la posición de Gazapo arrodillado — por esa razón y por su experiencia siempre utilizaba la opción de colocarse detrás a horcajadas adoptando la posición de la rana saltarina. Y así, en ese orden de ideas, ya colocado a media horcajada y quedando su polla diez centímetros más arriba, bajándosela con una mano con el estilo que le caracterizaba introdujo en primera instancia el glande.

    —¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¿Qué coño haces? Para… ¡para ya! ¡No! ¡Por ahí no!

    —Relájate coño, déjate llevar… lo tienes cerrado —dijo Gazapo

    Dio otro empuje hasta medio tronco y la dejo un rato, era experimentado y le gustaba ver la reacción de esa primera tirada inicial de arranque.

    —¡gr…! ¡gr…! ¡ufff! ¡no! ¡no!

    Gazapo al ver la incertidumbre de Vero opto por la vía rápida, su experiencia le había enseñado que ante la vacilación la mejor opción era la conclusión definitiva. Con ese argumento aprendido, pisó fuerte el suelo y afianció su postura, y con su tranca metida a medio tronco se dejó caer con su pelvis en caída libre hasta el fondo. Una vez empotrada toda su polla y con esa autoridad que le daba la ocasión:

    —¡Empieza el baile nena! Haberlo pensado antes.

    La sacó y volvió a meterla un total de tres veces de forma lenta pero contundente, era la vuelta de reconocimiento, para después pasar a mete sacas contundentes ¡cataplam! ¡cataplan! ¡plof! ¡chof! ¡chof! Su delirio rozaba la locura, sus golpes pélvicos impulsaban su miembro hasta el fondo, el conducto era ensanchado a base de polla. Quejidos y gritos por parte de ella.

    —¡Toma! ¡toma! Por puta, ya podrás decir que fuiste enculada por primera vez en este pueblo por Gazapo.

    Sus movimientos se hicieron más compulsivos, el ritmo era acompasado, técnico, directo, perpendicular con bombeos decisivos; la corrida no tardó en llegar, fue interna, incluso con la lefa dentro continuó metiendo y sacando, su tronco salía empapado de lefa, el ano se contraía y agrandaba, se apartó y quedo tendido, por su parte ella se dejó caer a su lado. En un alarde de intromisión masculina le dijo: “ya tienes el culo operativo”.

    El lunes siguiente Vicente era despedido por sus padres, iba a buscar ese título universitario tan añorado, antes recibió un sabio consejo de su padre: “Toma muestra de la gente de la ciudad”. A no mucha distancia de allí, justo al lado de la farmacia, cara cortada ya conectaba su radial a la corriente eléctrica para acometer la jornada laboral. Por otra parte Gazapo tomaba su café matutino en el pub del rubio con el rocambolesco camarero.

    —Entonces este finde ha habido dos atajos cuberos, sois la rehostia consagrada, ¿triunfaste con la morra del cara cortada?

    —Sí, cayó, fue gozada al lado del río, como siempre —contesto Gazapo.

    —Doy por descontado que fue…

    —Sí, enculada.

    —¿Y…?

    —Debuto, era un culo sin estrenar, lo ataque con decisión como es obvio —dijo Gazapo.

    —¿Dio la talla? ¿le costó?

    —Bueno, es diferente que con los tíos, los cuales, los pasivos, solo tienen ese conducto de gozo y siempre son culos más acostumbrados, deben atacarse desde otra perspectiva, desde mi condición de ex gay activo la experiencia me ha enseñado que se debe obrar con rapidez y solvencia, cosa que se hizo, y como le deje claro ya tiene “el conducto operativo” siempre y cuando sepa usarlo. Pero destaco las sensaciones que produce reventar un culazo de hembra por primera vez —dijo Gazapo en tono didáctico y erudito.

    Vero, sentada junto a Fabiola tras la ventanilla del autobús vio como dejaban atrás el letrero de BIENVENIDOS A CUBERO y al mismo tiempo no dejaba de pensar una y otra vez en las palabras de Gazapo Silvero YA TIENES EL CULO OPERATIVO.

  • Chingado otra vez por el gitano

    Chingado otra vez por el gitano

    El lunes cuando llegué a trabajar a la descarga del pescado congelado, volví a coincidir en los vestuarios con el gitano y sus 2 colegas. Me saludaron dando los buenos días y me puse a cambiar de ropa para empezar a trabajar. Me senté en el banco justo enfrente del gitano, ya que era donde tenía la taquilla. Él ya estaba listo para salir, pero se quedó esperando que yo me cambiara; los 2 amigos ya se habían marchado, al igual que la mayoría de la gente; cuando estaba colocando la ropa en la mochila y guardar esta en la taquilla y ponerme luego el chándal que usaba para trabajar, el gitano se levantó aproximándose a mí. Llevó una de sus manos a mi culo y sobándome el mismo a través del slip que llevaba puesto, me susurró al oído; joder payo, que culito más rico, ya me has puesto cachondo y con ganas de volvértelo a chingar bien chingado.

    Me estremecí al notar su mano sobarme el culo a través del slip. Cómo pude lo aparté, y me senté en el banco para terminar de ponerme el pantalón del chándal, calzarme las zapatillas de deporte, y luego ponerme una sudadera. Joder que eres bien salido le dije, ahora no podemos que ya va a ser la hora de empezar. Además, no tengo ganas; el sábado me dejasteis el culo para el arrastre, y aún tengo el culo algo dolorido.

    Me levanté del banco una vez terminé de vestirme, y pegado a mí, y aprovechando a meterme mano, venía el gitano.

    Cuando llegamos al andén, el encargado nos fue distribuyendo a cada uno en su puesto de trabajo y empezar con la faena.

    Aquella mañana cada vez que coincidía con el gitano, si tenía oportunidad de meterme mano, no lo desaprovechaba, con mucho disimulo me pellizcaba el culo, me metía mano, hasta llegó a restregar su paquete por mi culo, dejándome notar cómo estaba de empalmado.

    Cuando llegó la hora de parar para comer, yo cómo casi siempre fui a comer al bar de la cooperativa. Allí prácticamente íbamos todos los eventuales a comer. De nuevo volví a coincidir con el gitano y uno de sus colegas; era Luis; cuando me vieron, se sentaron en la misma mesa que me encontraba yo.

    Teníamos una hora para comer antes de volver al trabajo, así que cada uno pidió su comida. Yo cómo siempre a esa hora comía un bocadillo, luego tomaba un café; me gustaba tener tiempo para descansar un poco y no ir con el estómago lleno a trabajar. Durante la comida hablamos de todo un poco, pero en cuanto tenía ocasión, el gitano me metía mano; llevaba la conversación a cómo me iba follar, y las ganas que tenía de hacerlo. Antes de levantarnos para volver al trabajo, quedamos en tomar unas cervezas al salir por la tarde.

    Nos levantamos y después de pagar cada uno lo suyo, antes de marchar, fuimos a mear el gitano y yo. En los aseos, el gitano volvió a la carga, y mientras yo meaba en el urinario que había pegado a la pared me metió mano por todas partes; para joder, le dije, que no puedo mear; me soltó, y se puso a mear en el urinario de al lado. Cuando terminé de mear, fui al lavabo a lavarme las manos, y allí mientras me lavaba, el gitano que ya había terminado de mear me bajó el pantalón del chándal y slip, dejando parte de mi culo al aire. Se pegó a mí, empezando a restregar su polla, la cual aún no se la había guardado; ¡ay payo cómo me calientas! Tienes un culito que me pone a mil, payo. Deja que te meta la puntita nada más, me decía sin parar de restregar su verga por mi culo. Cosa que casi consigue; de hecho, consiguió meter parte de ella, pero al moverme yo, no culminó su objetivo; sin terminar de secarme las manos, me subí el pantalón del chándal, y salimos de los aseos de la cooperativa.

    Fuimos para el trabajo, pero cómo aún faltaban unos 20 minutos, nos quedamos sentados al sol, fumando unos cigarrillos hasta que diera la hora de comenzar.

    Cuando terminó la jornada, en lugar de esperar para ducharme de los últimos, esta vez fui de los primeros; sabía que, si esperaba al final, estaría el gitano, e iba ser difícil frenarlo; El muy cabrón andaba salido a más no poder. llevaba todo el día empalmado y metiéndome mano y restregándome la polla cada vez que tenía ocasión. No estaba mi culo en condiciones ese día, así que cómo fuese tendría que evitarlo.

    Dudé incluso en ir a tomar las cervezas en que habíamos quedado, de hecho, no los había esperado al salir del trabajo, pero al ir de camino a casa, decidí ir a la cervecería, y tomar las cañas cómo habíamos quedado.

    Cuando llegaron ellos a la cervecería y me vieron allí, se acercaron y me dijo el gitano: Hostia payo, ¿tanta sed tenías que no esperaste por nosotros?

    No, no se trata de eso, lo que tengo es cansancio y ganas de acostarme, no iba parar, pero de camino lo pensé mejor, y decidí parar y tomar un par de cervecitas.

    Hoy me has dejado sin poderme duchar contigo, me he tenido que aliviar yo solito en la ducha. Con las ganas que tenía de chingarte de nuevo este culito, me decía a la vez que me apretaba el culo con su mano. Pues hoy no va a poder ser, estoy cansado y cómo ya te he dicho, no tengo el culo en condiciones; El sábado me lo dejasteis para el arrastre; así que ahora necesita recuperarse.

    Después de tomar varias cervezas, me despedí del gitano y sus colegas, yéndome para mi casa. Querían que tomara una más, y llevarme luego ellos en la furgoneta a mi casa. Pero no les di opción, sabía que, si me quedaba, íbamos a terminar follando. Así que los dejé allí, y me fui andando para mi casa.

    Al día siguiente la cosa transcurrió más o menos igual que el día anterior; el gitano metiéndome mano cada vez que tenía ocasión, y quererme follar. Pero al igual que hice el lunes, conseguí marcharme para casa sin que el gitano consiguiera darme por el culo.

    El miércoles cuando llegué por la mañana y coincidimos en los vestuarios, estaba el gitano empezando a cambiarse de ropa. Cuando estuvo completamente desnudo, vi que tenía la polla totalmente empalmada. Se giró hacia mí, y mostrándome la verga, me dijo: Mira cómo me tienes payo.

    ¡Dios! Aquella visión hizo que me relamiera. Pasé la lengua por los labios, sin quitar la vista de aquella verga que me mostraba el gitano. En un instante me había puesto caliente a tope. La polla se me puso tiesa al momento, y el culo me temblaba, si llegamos a estar en otro sitio, me hubiera agachado y llevaría aquel manjar a mi boca.

    ¡Uy! Cómo te brillan los ojitos, payo, te mueres por comerla, ¿eh? Hasta te estás empalmando me dijo acercándose a mí. Me apretó el culo con su mano mientras me susurraba, no te preocupes, hoy si quieres te doy una chingadita después de comer.

    Nos terminamos de cambiar, y subimos para empezar a trabajar. En esta ocasión me tocó de compañero el gitano; nos habían enviado a cargar un camión a los 2.

    Cómo ocurría todos los días, en cada oportunidad que se le presentaba, no dejaba de meterme mano. Este día, poco faltó para que me corriera con sus magreos, y es que andaba caliente a tope, y la visión de la verga del gitano a primera hora de la mañana, me hizo desear ser follado por aquella majestuosa polla; necesitaba que me diera por el culo y me preñara de leche.

    Cuando llegó la hora de comer, cómo todos los días, fuimos a comer a la cooperativa. Yo cómo siempre pedí un bocadillo y una cerveza, una vez terminado, solía tomar un café, pero esta vez no lo pedí, ya que el gitano me pidió que fuera con él.

    Salimos los 2 solos, llevándome hasta la furgoneta; creía que iba buscar algo; pero al llegar abrió la puerta lateral, y me ordenó que subiera.

    Cuando subimos los 2, el gitano cerró la puerta, quedando casi a oscuras; solo entraba un poco de luz por el parabrisas, y es que estaba aparcada contra la pared de la fábrica, y en una especie de callejón que hacía aquel recodo.

    Nada más cerrar la puerta, el gitano me sujetó por la cintura, llevando su boca a mis labios, y empezando a darme mordiscos en los mismos. Tranquilo payo, que aquí no nos va a molestar nadie, y necesito darle una buena chingadita a este culito que tienes.

    Tiró con sus manos de mi sudadera, sacándomela por la cabeza, y dejando mi pecho totalmente descubierto y a su entera disposición.

    Empezó a morderme el cuello y hombros, a la vez que con sus dedos iba pellizcando los pezones de mis duras y pequeñas tetillas.

    Mientras yo empezaba a gemir al sentir aquellos mordiscos por mi cuello y hombro, al igual que sentir sus pellizcos en mis pezones, yo empecé a bajar la cremallera del pantalón del gitano, luego desabroché el botón de la cintura, metí mi mano por dentro de su slip, cogiendo aquella polla que tanto deseaba.

    Poco a poco fui bajando el slip y pantalón del gitano, dejando su polla y huevos libres de su encierro. Acariciaba los huevos del gitano, mientras seguía gimiendo por aquellos mordiscos que me estaba dando.

    Con sus manos en mis hombros, el gitano empezó a empujarme para que me agachara y le dejara meter su polla en mi boca. Mientras me iba agachando, le fui bajando el pantalón y slip hasta dejarlos en sus tobillos. Agarré su polla con mi mano, llevándola a mi boca y empezar a chupar aquel rico manjar. Mientras yo chupaba el glande y metía la lengua por la piel del prepucio, el gitano se quitó la camiseta que llevaba, quedando su pecho totalmente desnudo. Luego puso sus manos en mi cabeza, y suspiraba mientras yo saboreaba su rica polla.

    Así payo, así, ¡aaahhh que bien chupas!

    Ahora metía todo lo que podía su polla en mi boca, llegando varias veces a traspasar la campanilla y hacerme dar arcadas. Tenía una mano acariciando sus huevos, la polla en lo más hondo de mi boca, y con la otra mano acariciaba su vientre, pecho y tetillas.

    Después de un rato chupándole la polla, me sujetó con sus manos por las asilas, y tiró por mi hacia arriba. Llevé mi boca a sus pezones, empezando a morderlos, mientras él tiraba de mi pantalón de chándal y slip, hasta que cayeron a mis tobillos.

    Me dio la vuelta, subiendo mis manos a los barrotes que separaban la cabina de los asientos, y tiró de mi cintura hacia él, haciendo que me curvara un poco, y quedara mi culo a la altura de su polla. Escupió en su mano, llevándola luego a mi ano, la restregó por mi hoyito, introduciendo un dedo en él.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar cómo entraba su dedo.

    Tranquilo payo, que ya te lo voy a chingar, y preñar bien preñado para que goces y gimas de placer.

    Arrimó su polla a la entrada de mi ano, y con un solo movimiento de su pelvis, enterró toda su verga dentro de mí.

    ¡Ohhh! Suspiré a la vez que daba un respingo, notando cómo me entraba aquella polla.

    Ya tenía sus huevos y pelvis pegados a mi culo, y la polla del gitano en lo más profundo de mis entrañas. Notaba sus pelos púbicos rozarme la piel haciéndome cosquillas mientras él terminaba de colocarse y empezar a culearme.

    Empezó con un ritmo suave, para poco a poco ir incrementando la velocidad de la enculada.

    ¡Ohhh! Aquello me estaba haciendo gozar y gemir cómo una perra en celo, ¡ooohhhh! Gemía al notar el roce de su polla con mi próstata.

    Dale rápido, le pedía yo, dale rápido, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras estaba siendo enculado por la polla de aquel gitano.

    De repente se paró, sacó la polla de mi culo diciéndome que me sacara el pantalón del chándal por completo, y sentándose él en aquella especie de asiento, me ordenó que me sentara a horcajadas sobre él.

    Haciendo lo que me había dicho, me saqué las zapatillas, y terminé de sacarme el pantalón del chándal y slip. Luego fui hacia donde estaba el gitano sentado, viendo cómo se erguía aquella majestuosa verga; estaba roja he hinchada, esperando por volver a entrar en mi culo; me apoyé con las manos sobre los hombros del gitano, y abriendo las piernas me fui sentando a horcajadas sobre el gitano.

    Me agarró con sus manos el culo, colocó su polla en la entrada de mi ano, y mientras me iba sentando, aquella verga volvía a hacer que mi esfínter cediera, dándole vía libre para que entrara en mí.

    ¡Ohhh! Payo que gusto, me decía el gitano mientras me sujetaba con sus manos por la cintura, e impulsaba su pelvis para que su polla llegara a lo más profundo de mis entrañas.

    Así payo, así, muévete así, ¡ooohhh! Que gusto, te voy a chingar bien chingado este culito que tanto me gusta, ¡ooohhh!

    Mientras yo subía y bajaba sobre aquella verga apoyando mis manos sobre sus hombros, el gitano no paraba de dar suspiros y hablarme de lo que le gustaba, y lo preñado que me iba dejar. Luego acercó su boca a mi cuello, dándome lametadas y pequeños mordisquitos, para seguir con sus manos pellizcarme los pezones de mis tetillas, haciéndome dar gemidos de placer.

    ¡Ufff! Aquello me estaba haciendo derretir de placer. El cuerpo me temblaba, y el corazón parecía que se me iba a desbocar. La pobre de mí polla no paraba de gotear semen, y en cualquier momento estallaría cómo un volcán en erupción.

    Ya solo se escuchaba nuestros jadeos, y el chof, chof, chof, de la polla del gitano entrando y saliendo de mi culo, cuando noté cómo se hinchaba la polla del gitano, los dedos de sus manos se clavaban en mis caderas, y soltando un grito de placer, empezaba a llenarme el culo con su leche, ¡aaahhh! Me corro, me corro.

    Apoyó su cabeza en mi hombro y dándome un mordisco en la base del cuello, terminó de eyacular.

    Cuando terminó de eyacular y recuperar el aliento, sin sacar su polla de mi culo, con su mano agarró mi polla, la cual no había parado de gotear esperma, mientras me estaba dando por el culo el gitano, y con 2 meneos que le dio a mi polla, empecé a correrme, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh!

    Una vez repuestos y recuperado el aliento, nos vestimos y salimos del furgón, ya que tan solo nos faltaban 5 minutos para empezar a trabajar de nuevo.

    Encendimos un cigarrillo y fuimos a donde estaban los 2 colegas del gitano. Nada más terminar de fumar el cigarrillo, ya se cumplía la hora de descanso que teníamos para comer.

    Volvimos a nuestro puesto y seguir con la carga de los camiones que nos quedaban. Estábamos colorados por la chingada que me había terminado de dar el gitano, y olíamos a sexo y semen; menos mal que el fuerte olor a pescado minimizaba el olor que desprendíamos; yo llevaba el semen del gitano en mis entrañas, y él llevaba mi esperma por su pecho y vientre.

    Cuando terminamos la jornada a las 7 de la tarde, antes de ir a ducharnos, fuimos el gitano y yo al bar de la cooperativa y beber una cerveza, y es que estábamos sedientos y muertos de sed. Después de beber la cerveza, fuimos a ducharnos.

    Cuando llegamos, ya casi no quedaba nadie. En ese momento salían los 2 colegas del gitano, hablaron con él, quedando de esperarnos en la cervecería.

    Entramos los 2 en la misma ducha, ya que la otra todavía estaba ocupada, y aquello iba ser peligroso si cómo ocurrió, se iba el que estaba terminando de ducharse. Tan pronto se fue el único que quedaba, el gitano no perdió el tiempo, se abrazó a mí, llevó su boca a la mía, empezando a darme pequeños mordiscos en el labio inferior, luego pasarme la lengua por ellos, para terminar por meter su lengua en mi boca y juntar nuestras salivas.

    Cogió con su mano mi polla y huevos, magreándomelos a la vez que mordía mi cuello y hombro, para poco a poco irme bajándome hacia su polla, haciéndome que le empezara a chupar aquella verga que tanto me gustaba y tanto placer me daba.

    Abrí la boca llevando la verga del gitano a ella, y empecé a lamer aquel falo que empezaba a ponerse duro y tieso como un mástil.

    Lamí y chupé la polla y huevos del gitano, hasta que me hizo levantar cogiéndome por los sobacos. Me hizo dar la vuelta y apoyar los brazos a la pared de azulejos de la ducha. Tiró por mis caderas haciendo que mi culo quedara a su entera disposición, y arrimándose a mi espalda, me hizo abrir las piernas para colocarse justo a la entrada a mi ano.

    Llevó su polla a mi hoyito y después de pegarlo a mi esfínter, fue empujando su pelvis para que este fuera cediendo. Tan pronto mi esfínter cedió dando entrada a su glande, dio un empujón con su pelvis, clavándome toda su verga.

    ¡Ohhh! Suspiré a la vez que me erguía, al notar cómo volvía a estar empalado por la polla del gitano.

    Ya ya payo, tranquilo que ya la tienes toda dentro; me dijo cómo si no la hubiera notado; claro que sabía que la tenía toda dentro, notaba sus huevos pegados a mi culo, y cómo su pelvis estaba pegado a mí, haciendo que sus bellos púbicos rozaran la piel de mi culo.

    Terminó de colocarse, y poco a poco empezó a bombear su pelvis, haciendo que su polla entrara y saliera de mi ano.

    ¡Ay payo, tu culito me vuelve loco! Me vas a dejar los huevos secos, pero te voy a dejar este culito bien chingado.

    Empezó a culearme cómo si fuera un caballo a pleno galope, haciendo que me mordiera los labios y me pusiera de puntillas y gimiera cada vez que su polla rozaba mi próstata, ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía en un constante lamento, a causa del placer que me estaba dando aquella polla.

    No tardó mucho el gitano en comenzar a gemir, ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba a la vez que soltaba su esperma en lo más hondo de mi culo por segunda vez en el día, ¡ooohhh que gusto! ¡Ay Payo que gusto!

    Me tenía abrazado, su polla en lo más hondo de mi culo terminando de eyacular, el agua de la ducha pegando en nuestros cuerpos, y mi polla goteando constantemente semen por toda la ducha.

    Agarró mi polla con su mano, y mordiendo mi hombro empezó a pajearme hasta que terminé por explotar, soltando todo mi semen sobre los azulejos de la ducha.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras me estaba corriendo sobre los azulejos. Ya, ya me he corrido, tartamudeaba para que parara de pajearme.

    Cuando paró de pajearme y su polla fue saliendo de mi culo, dejé de temblar y poco a poco me fui recuperando de aquella segunda chingada del día que me daba el gitano.

    Una vez recuperamos el aliento, terminamos de ducharnos, luego nos secamos y vestimos, encaminándonos a la cervecería donde nos esperaban los colegas del gitano, para tomar unas cervezas.

    Yo después de la tercera cerveza, me despedí de ellos hasta el próximo día. Iba cansado por el trabajo, el culo abierto por las chingadas del gitano, y bien lleno de semen.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].

  • Confesiones de un aficionado

    Confesiones de un aficionado

    Tal como acordamos os mando lo que he vivido en el mundo del D/s, tanto en su vertiente real como en la virtual. Como comprobareis por la primera no es bagaje suficiente para pontificar sobre el BDSM. Mis reflexiones al respecto se basan mucho más en conversaciones a través de Internet con sumisas reales y también solo ciber. No sabéis la cantidad de fieles esposas y madres de familia que subliman sus inclinaciones por este medio. Debo aclarar que la mayoría de ellas lo hicieron con la mayor libertad, bien porque no tenían conmigo ninguna relación de pertenencia, o porque así estaba pactado entre nosotros. Otras lo hicieron bajo la presión del interrogatorio, una de mis prácticas habituales en las relaciones D/s, imprescindible a mi juicio para sacar a la luz determinadas respuestas ocultas. Para mí, conocer todo sobre la sumisa, hurgar en su pasado, extraerle sus más recónditos y oscuros recuerdos, es uno de los actos supremos de la dominación. En algunos casos eso solo es posible mediante una gran presión. Digámoslo claro… bajo tortura. Yo lo practiqué con todas mis sumisas reales y también con las virtuales, pero soy consciente de que solo se pueden obtener resultados satisfactorios y fiables cara a cara.

    Como leeréis se trata de una enumeración de hechos y fechas redactada con la concreción que exige la comprensión, pasando de satisfacer curiosidades morbosas. Así y todo comprobareis que puedo haber cargado la tinta en algún pasaje. Si lo he hecho no ha sido con intención de estimular la libido de nadie sino por significar ante todos la intensa emoción que me produjo.

    Abandoné para siempre mi actividad como Amo real, justo en el momento en que empecé una relación sentimental estable con la que hoy es mi mujer. Comencé con este rol a consecuencia de conocer a Stella en navidades de 1980; nos gustamos, y al poco tiempo nos hicimos novios más o menos formales. Era bastante más joven que yo, solo 19 años, éramos del mismo pueblo y era una estudiante muy aventajada. Pasado un cierto tiempo comenzamos a introducir juegos sadomasoquistas en nuestras relaciones sexuales. Tanto ella como yo leíamos novelas y cómics de este tema. Siempre he sido sensible a ese mundo pero hasta el momento solo estaba presente en mis lecturas y fantasías. Al principio solo eran ligeras manipulaciones nada importantes; participábamos a partes iguales, pero poco a poco fuimos decantándonos hacia la misma dirección: ella de víctima y yo su verdugo. Las inocentes travesuras fueron haciéndose con el tiempo más y más duras. Conforme fueron ganando en intensidad, ella más gozaba… y yo lo mismo. Hasta tal punto se hizo necesario para ambos este tipo de relación que dejamos de practicar el sexo en la forma común. Ella parecía transfigurarse cada vez que iniciábamos una sesión. En la vida real se comportaba como lo que era: una chica lista y desenvuelta, independiente y algo arrogante, pero en la intimidad de nuestra “cámara de tortura” se convertía en un ser dócil y vulnerable. Solíamos vernos casi cada día como cualquier pareja, pero para las sesiones reservábamos la tarde-noche de cuantos sábados nos era posible. Eran jornadas agotadoras: empezábamos a últimas horas de la tarde y terminábamos a veces casi de madrugada. Durante esos periodos se plegaba sin rechistar a todos mis caprichos. Empezó a llamarme Amo, lo que al principio me divirtió más que otra cosa. A decir verdad antes de esa época yo estaba poco interesado en la D/s. Siempre fui aficionado al sadomasoquismo, ya os lo he dicho, pero esa situación de dominio y poder sobre ella cada vez me gustaba más. Un día entre semana me anuncio una sorpresa para el siguiente sábado. Hacía más de un mes que no encontrábamos una ocasión propicia para nuestro “juego”, así que esperaba ese fin de semana con verdaderas ganas. Yo soy muy, pero que muy curioso pero a pesar de mis esfuerzos no quiso soltar prenda. Cuando quedamos en el bar habitual apareció con otra chica, Teresa, una rubita con pinta de nórdica, veinteañera como ella. Me la presentó como una amiga de la facultad que venía a pasar el fin de semana. Para mis adentros pensé ¡vaya sorpresa de mierda! Así que resignado de nuevo a una tarde tranquila pregunte qué querían tomar. Mi novia pareció no entender nada y me preguntó porque no nos íbamos ya a nuestra “mazmorra”. Llamábamos así al lugar de nuestros encuentros, una casa vacía en el campo propiedad de una tía mía. Ante mi extrañeza me aclaró la situación… ella venía a sumarse al grupo. Resultó ser una sumisa suya (algo también habitual en este mundo del D/s) con la que se veía alguna vez entre semana. Yo ya sabía que mi novia era bisexual pero pensaba que en ese tiempo de vida en común solo existía yo. No me importo demasiado, la verdad. Mi relación con ella había aumentado considerablemente en el aspecto sexual y debilitado en el emocional. La chica era una preciosidad… así que ya os podéis imaginar cómo me sentí. Acepté por supuesto. Esa noche por primera vez en mi vida azoté a dos mujeres frente a frente y espalda contra espalda.

    Esa privilegiada situación duró casi un año, justo hasta el final del curso académico en que Teresa volvió a su casa paterna. Mi novia y yo seguimos con lo nuestro todo ese verano. Al poco de reanudarse las clases Teresa reapareció de nuevo con Stella. Las acompañaba otra chica, algo mayor y extremadamente delgada, que resultó ser una profesora de ambas. Así que el grupo era ya de un amo y tres sumisas… no me lo podía creer.

    Stella y yo nos habíamos montado una sala apañadita, en la planta alta de la casa, con una estufa de gas, una barra de balancín, un camastro, y nuestro particular potro: un somier inclinado sin malla, que incorporaba muñequeras y tobilleras de construcción casera. No nos faltaban cinturones, algún látigo para caballerías, esposas, etc. Menos mal que mi tía estaba impedida y nadie se acercaba nunca por allí excepto yo.

    Pero esta vez el grupo duró poco: mi novia y la nueva se enrollaron por su cuenta y desparecieron… y nos quedamos solos Teresa y yo.

    Creo que fue lo mejor que nos podía haber pasado. Desde principios del año 83 en que nos reencontramos tras el paréntesis navideño, mantuvimos una verdadera y prolongada relación Amo-sumisa que duró más de cuatro años. No nos veíamos más que cuando teníamos sesión, como media un sábado al mes descontando periodos vacacionales. Entre nuestros encuentros ella debía seguir ciertas órdenes y rendía cuentas en cada ocasión en que nos reuníamos de nuevo. No voy a explicitar cual era la intensidad ni los detalles de nuestra relación, no es ese mi objeto al contaros mi experiencia, solo deciros que Teresa parecía carecer de límites y yo le daba lo que ella deseaba. Yo sabía que ella salía con un chico, compañero de la universidad. No me podía explicar cómo podía ella justificar las marcas que yo dejaba en su cuerpo. Con ella aprendí a saborear realmente lo que significaba el rol de dominador. Nuestra relación era exclusivamente sexual, ambos lo sabíamos. Cuando quedábamos un fin de semana yo la recogía en la ciudad el sábado tarde y nos íbamos directamente a la casona, a lo nuestro. Normalmente de madrugaba la devolvía a su piso. Apenas hablábamos en los trayectos. Más tarde ella ya acudía con su propio coche y nos encontrábamos allí directamente. Nunca nos vimos para otra cosa que no fuera para someterla. Para cenar yo tomaba un tentempié mientras ella comía y bebía en sus cuencos, como una perra. Cuando terminó la tesis en la primavera de 1987, y casi sin avisar, se fue con una beca de un año a los Estados Unidos, acompañada de su noviete. Y ahí acabó todo. Le perdí la pista… momentáneamente.

    Tanta abstinencia sexual entre encuentros me era indiferente, aunque por entonces yo también tonteaba con una compañera del trabajo, una mujer recién separada de edad más acorde con la mía. Esporádicamente había algo de sexo, pero nuestra confianza no era la suficiente como para confesarle mis inclinaciones A partir de la marcha de Teresa nuestra relación se intensificó bastante. Un cálido fin de semana entrado ya el verano recalamos en el parador de Sigüenza. El fresco bienestar de la noche en la terraza tras una satisfactoria tarde de sexo invitaba a sincerarnos y conocernos mejor. Estuvimos hasta la salida del sol confesándonos nuestras respectivas intimidades. Yo sentía por ella una cierta atracción sentimental pero por nada del mundo quería renunciar a mi forma de entender la sexualidad, así que si quería que nuestra relación prosperara debía contarle la verdad. Y así lo hice. Para mi sorpresa ella me confesó haber mantenido de soltera una tórrida experiencia de esa naturaleza con un hombre casado, antes de encontrar al que sería después su marido. De eso hacía ya muchos años pero con gusto decidió repetir conmigo. Así que sin comerlo ni beberlo fui de oca a oca.

    De nuevo la casa de mi tía se convirtió en cámara de tortura, pero esta vez las cosas funcionaron de diferente forma. Reme, ese era su nombre, parecía disfrutar solo cuando había un duro castigo previo seguido de un sexo violento y salvaje, todo lo contrario a la lenta observación y degustación exquisita de la sumisión de Teresa o de Stella. Reme era sin duda más masoca que sumisa, por cierto algo bastante común. Ya puesto en mi papel de amo intente educarla para que su entrega fuera total, moldearla a mi gusto como hacía con Teresa… pero ella no era Teresa. Además con Reme no estaban claramente separados el plano sentimental con el de sexo-dominio-sumisión. A mi la situación me sabía a poco, y progresivamente la cosa comenzó a perder fuerza. Ella se dio cuenta de que no funcionábamos, así que decidimos dejarlo amistosamente. Solo duramos 4 meses.

    Pasó más de un año en que mi vida sexual se redujo a esporádicos encuentros de una noche. Alguna vez intenté sondear a mi partenaire pero la negativa era lo habitual. Eso me quitaba las ganas de seguir la aventura. Un intento casi fructificó pero finalmente la chica se echó atrás. En esa tesitura estaba cuando en mi vida reapareció Stella. No la había vuelto a ver desde su espantada con la profesora. Un frío día de enero vino a verme a mi lugar de trabajo. Había engordado pero continuaba manteniendo para mí un morboso sex-appeal. La acompañaba una chica alta y espigada, de largos cabellos castaño-rojizos, bastante atractiva… y también bastante tímida. Nos fuimos a comer a la playa.

    Bueno, pues empezamos a salir los tres casi todos los fines de semana. Stella era (y sigue siendo) una mujer brillante, muy inteligente, culta y gran conversadora. Su amiga aunque callada era muy agradable de trato y transmitía candor y pureza. Supuse después que era su novia porque compartían un pequeño apartamento. Era una relación de abierta y sana amistad. Íbamos mucho al cine, a cenar, con largas tertulias que se prolongaban hasta el alba, alguna excursión, pero… la cabra acaba tirando al monte. Un viernes encontré a Stella sola en casa. Su amiga había ido a ver a la familia a su pequeño pueblo natal, así que el destino quiso que termináramos en la casa de mi tía. Esa sesión fue espeluznante. Ella y yo sacamos fuera toda nuestra represión de años. Nunca que yo recuerde había sido tan sumisa ni soportado tanto… ni yo tan duro y posesivo. Terminamos agotados. Me contó que la otra vez lo dejó por amor pero que ese amor no llegó a satisfacerla. Intentó liarse de nuevo con Teresa a mis espaldas para tratar de reintegrase como sumisa a mi disciplina, pero esta se negó a hacer de intermediaria. Su orgullo le impidió intentarlo directamente conmigo (eso me dijo pero no lo creo). Al poco tiempo le surgió la oportunidad de irse a Cambridge… y se buscó la vida fuera. Al volver de nuevo a la facultad con un contrato de reincorporación Teresa ya no estaba. Poco después conoció a Jo, su actual chica, intimaron y se fueron a vivir juntas. Supo de mi ruptura con Reme y por fin se decidió a verme de nuevo… y las cosas habían salido como tenían que salir.

    Y allí estábamos los dos, sucios, sudorosos y saciados de sexo duro. ¿Qué íbamos a hacer en el futuro? Ni yo ni ella teníamos ninguna intención de reanudar otra relación que no fuera exclusivamente la de D/s, pero… en medio estaba Jo, la pelirrojita, y Stella por nada del mundo quería renunciar a ella. Así que decidimos dejar las cosas como estaban y aprovechar cuantas oportunidades se nos presentaran.

    Tras una fugaz sesión entre semana después de una prolongada abstinencia, Stella estaba decidida a hablar con Jo y contarle nuestra verdadera relación. Sabía que corría el riesgo de perderla, pero para ella valía la pena intentarlo, y en el hipotético caso de que ella compartiera algo de nuestra inclinación no le importaba lo más mínimo compartirla conmigo con tal de satisfacer su insaciable hambre de ser usada. Yo le aconsejé prudencia, y que reflexionara sobre sus verdaderos sentimientos hacia ella antes de tomar una decisión que podía dar al traste con su idilio, pero no sirvió de nada. Os parecerá extraño mi comportamiento ¿no? ¿Sabéis por qué lo hice? Porque estaba a mi vez enamorándome de esa chica. Si… esa era la verdadera razón de mis recelos. Si había alguna persona más incompatible con el SM esa era Jo, pero hubiera renunciado a todo por conseguirla; lamentablemente nunca me sentí correspondido y nunca lo intenté. Estaba convencido de que íbamos a perderla definitivamente pero nada podía hacer al respecto.

    Contra todo pronóstico Jo se mostró receptiva. No sé como pero Stella la convenció. Me llamo por teléfono entusiasmada. El próximo sábado; sí, el próximo… Jo estaría con nosotros. Respire hondo… no sabía si era mejor o peor. Mi primera reacción fue pensar que estaba muy enamorada de mi ex y por ella sería capaz de cualquier cosa pero… ¿por qué no podía ser como nosotros? ¿Acaso sentía desprecio por mí mismo y me negaba a admitir que la persona de la que estaba perdidamente enamorado fuera otro saco de vicio? Pensé en dejarlo y negarme pero… ¿era esa la solución? ¿Iba a arreglar algo? Cuando nos vimos el sábado tarde yo estaba resignado a lo que viniera.

    Sin apenas cruzar palabra, cosa rarísima, subimos al coche y nos dirigimos a la mazmorra. Jo parecía tranquila aunque ensimismada. Bajamos en silencio y subimos a la planta alta. Como siempre hacíamos, las sumisas tenían que quitar el polvo y asear la sala. Después se retiraron a una habitación para prepararse; yo las esperaría en el salón poniendo a punto los artefactos habituales. Convencionalmente empezábamos del mismo modo: me gustan las sumisas ataviadas con lencería blanca y sofisticada, siempre con medias blancas y ligueros, sin joyas ni abalorios. Cuando apareció Jo por poco me cae el alma a los pies: estaba preciosa con un corsé sin tirantes con sus ligueros incorporados sujetando unas medias de puntillas; unas minúsculas braguitas transparentes delataban que era pelirroja de verdad. Sus largas piernas caían rectas arrancando de unas caderas todo lo curvilíneas que permitía su delgadez. La conocí pasado el verano… nunca la había visto así y tuve inmediatamente una fuerte erección. Recuerdo que llevaba el pelo recogido en una cola, la cara alta, el cuerpo erguido, pero… ya las lágrimas amenazaban brotar por sus ojos.

    Y dudé…

    Mi titubeo duró muy poco pero lo suficiente como para que Stella se apercibiera. Tenía que tomar la iniciativa. Yo era el Amo y tenía que demostrarlo. No importaba otra cosa. Olvidé por completo mis sentimientos hacia ella. Estaba allí por su propia voluntad y debía obtener lo que esperaba que yo le diera. Recuerdo perfectamente los detalles: di orden a Stella que esposara a la nueva aspirante y la hiciera arrodillar a mis pies. Yo estaba sentado en un sillón de mimbre montado sobre una especie de tarima que habíamos construido. Dócilmente Jo fue esposada y se arrodillo en la alfombra frente a mí. Me levante y cogí mi fusta favorita. En el huerto había un cañizal de bambú. Yo usaba varias cañas finas, más o menos flexibles según lo tiernas que estaban. Desprovistas de los agudos nudos hasta dejarlos casi romos eran un material perfecto para todo uso. Me acerque a ella, puse la caña en su barbilla haciéndole alzar el rostro y enderezar el tronco. Le di golpecitos al busto y a los hombros para que lo pusiera todo lo erguido que diera de sí. No hacía calor en absoluto pero desde la base del cuello hasta el escote tenía su piel perlada de sudor. Pensé para mi que era tan puta como Stella: cualquier resto de duda desapareció de inmediato. Yo tengo un pene bastante normalito, tirando a pequeño, pero de la tremenda erección que sentía pensaba que en cualquier momento podía saltar la cremallera de la bragueta. Entonces introduje la fusta por dentro del escote del corsé entre sus pequeños pechos, hundiéndola poco a poco. Cuando asomó la punta por el vientre di un tirón hacia arriba sacándola, dándole sin querer en su barbilla. Debió dolerle porque gimió. Sin darle un respiro le di un fustazo no demasiado duro pero seco en su torso para enderezarla de nuevo. Volvió a gemir con más fuerza e inició un sollozo pero logro reprimirlo a duras penas. Me sentía verdaderamente su amo. Yo creía que me correría en cualquier momento. Stella observaba el espectáculo con satisfacción. Sin hacer ningún caso a los débiles gimoteos de Jo me puse a sus espaldas. Metí ahora la punta de la caña bajo el elástico de sus bragas y la hundí muy despacio entre sus nalgas. Dándole un empellón agujeree sus bragas. Lo repetí varias veces hasta romperlas, quedando colgadas de los tirantes del liguero. Libres sus genitales de todo obstáculo sentí la necesidad de comprobar lo mucho que debería estar gozando, así que me agache y hundí mis dedos con violencia en la profundidad de su sexo… que estaba tan seco como la arena del desierto. Jo gritó de dolor… nada más apartar mi mano rompió en incontrolable llanto. Lo hizo de tal forma que llegué a asustarme. Cuando pudo calmarse, entre sollozos balbuceó: “no puedo hacerlo… perdóname pero no puedo seguir… lo siento, lo siento”.

    Tome las llaves y yo mismo quite sus esposas. A pesar del sudor estaba helada. La ayude a levantarse y puse mi anorak sobre sus hombros, y le pedí a Stella que la ayudara a vestirse. Las lleve a casa y las dejé solas.

    Deje pasar unos días para reflexionar sobre lo ocurrido. Evidentemente me había dejado llevar, por Stella primero, pero también por mi ego asumiendo mi rol sin cuestionarlo. Debí haberla interrogado sobre su verdadera disposición a ser dominada en lugar de justificarme con hipotéticas coartadas. El viernes por la tarde había tomado una decisión. Las llame por teléfono para decirles que iría a hablar con ellas. Cuando llegué a su casa, Jo estaba esperándome sentada en el alfeizar del portal. Cuando la vi allí, cogiéndose las rodillas con las manos y apoyando su barbilla en ellas me sentí muy culpable por el daño que le había causado. Estaba sola; increíblemente Stella había salido y tardaría en volver al menos un par de horas. Subimos al apartamento.

    Después de unas inconexas disculpas, sin extenderme demasiado ni dejar que replicara le expuse claramente mi situación: yo no podía seguir con el trío porque estaba enamorado de ella y continuar de la forma que fuera me hacía daño. No quería interferir entre ellas y tampoco deseaba seguir la relación de dominación con su (y mi ex) novia porque significaba tenerla a ella presente aunque fuera de forma indirecta. Así que me despedí.

    Por toda respuesta Jo acercó hacia mí su boca y me besó en los labios. Primero con un beso fugaz, para seguir con otro profundo y prolongado. Era su forma de justificarse… había ido a la casa por mí, no por ella. No había nada más que explicar.

    Ahorro todas las vicisitudes que pasamos Jo y yo hasta estabilizar nuestra relación. Hubo problemas –y muchos- con Stella. Jo jamás volvió a pisar la casa de mi tía. Yo tampoco lo hice rechazando todas las insistentes peticiones de mi ex novia. Resistí la tentación a pesar de contar con el consentimiento expreso (incluso la recomendación) de Jo a que lo hiciera. En estos momentos Jo es mi mujer, y Stella es ahora una amiga muy querida de ambos.

    Toda relación de pareja, o evoluciona o acaba agotándose. Jo y yo mantuvimos vivo el fuego del sexo durante años… hasta que las llamas pasaron a ser brasas primero y cálidos rescoldos después. Supongo que podrían escribirse libros sobre ese fenómeno que afecta a 99 de cada 100 parejas. A nosotros nos queda el amor puro acompañado de una tierna, cariñosa y cómplice amistad… y el sabor agridulce de la convivencia diaria. A favor de ella he de decir que siempre está dispuesta para el sexo; el problema soy yo. Jo mantiene un envidiable físico y con el inmenso atractivo que posee no tendrá nunca problemas en encontrar lo que yo le doy a cuentagotas. Que lo haga es cosa suya, y si lo hace no se lo puedo reprochar. Antes, recordaba nuestro encuentro en la casa y mi cuerpo reaccionaba inmediatamente. Ahora lo que necesitaría es repetirlo… pero lamentablemente para ambos el final sería el mismo. Quizás sea una asignatura pendiente pero eso está por ver todavía.

    En estos años de casado yo le he sido fiel… a mi manera. Desde 1985 trabajo con ordenadores. Poco después de casarme cambié de trabajo. Lo hago desde mi propia casa. Decidimos ir a vivir en el campo y nos trasladamos a un minúsculo pueblo de Girona, a una vieja casa de payés que restauramos con esmero. Jo ganó unas oposiciones en una población cercana y trabaja solo por las mañanas, así que a excepción de los jueves que voy a Barcelona, paso solo gran parte de los cuatro días de la semana. Os cuento esto porque es fundamental para explicar mi actual situación.

    Ante mi progresivo desinterés lujurioso por Jo intenté poner remedio haciendo algo que siempre había deseado: escribir… convertir en relatos mis obsesiones y fantasías de dominación y BDSM, con ella de protagonista. No dio resultado pero me aficioné hasta tal punto que tengo varios publicados por algunas páginas. Una de mis mañanas laborales poco intensas estaba escribiendo un pasaje bastante escabroso. No pude evitarlo… en mi mente Jo cedió el puesto a Teresa. En una pausa tuve una idea: busqué su nombre en el Magallanes (entonces no existía el google). Y la encontré. Figuraba en un artículo publicado recientemente en Nature. Con suerte estaría todavía en los Estados Unidos, en una Universidad del este. Le mande una carta certificada a su atención, donde figuraba mi correo electrónico. Al cabo de 5 días recibí un mensaje suyo. Ese fue el comienzo.

    Por primera vez Teresa y yo nos comunicamos. Había roto con su novio al poco de estar en América. Estuvo tentada en volver pero debía agotar la beca postdoctoral si quería hacer algo en el mundo de la investigación. Se había concentrado en su trabajo obteniendo unos resultados brillantes y había decidido quedarse. Había rechazado docenas de pretendientes. Su vida sexual se limitaba a masturbarse recordando sus años de sumisa. Lo había echado de menos todos los días desde la última sesión que mantuvimos. La mayor alegría de toda su estancia en USA fue recibir mi carta.

    Iniciamos una intensa relación por el mail. Todos los días nos enviábamos dos correos, a veces hasta tres. El paso siguiente estaba cantado: iniciamos nuestra primera relación ciber. A pesar de los inconvenientes del correo electrónico y de la inicial falta de nivel tecnológico, fueron sin duda unos meses maravillosos. En los últimos tiempos de nuestra renovada relación empezamos a utilizar el chat y las primeras versiones del messenger. Ella disponía ya de una de aquellas sony mavica digitales. Mi disco duro se llenó de imágenes suyas que me abstengo de describir, pero… pasada la primera etapa no era lo mismo. La relación se fue enfriando. Desgraciadamente como he podido comprobar en estos años las relaciones virtuales tienen una duración limitada, incluso con la actual tecnología audiovisual. Eso ocurrió con Teresa. Poco a poco se fueron espaciando nuestros contactos. Un día me comunicó que volvía a España, y que esperaba verme de nuevo en las circunstancias que yo eligiera. Le dije que eso no era posible. Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida. No he vuelto a saber de ella.

    Mi ruptura con Teresa no significó el fin de mi actividad como amo virtual. Fui perfectamente consciente de que necesitaba una vida paralela a mi relación con Jo. Empecé a buscar compañeras de juegos o de pura discusión en los chats y también entre lectoras que me han escrito a propósito de mis cuentos. Con muchas de ellas he llegado a mantener relaciones de D/s virtual, siempre advirtiéndoles de mi rechazo al contacto real. También he tenido excelentes comunicaciones con sumisas sin relación alguna de pertenencia. Precisamente estas últimas han resultado ser bastante más duraderas y profundas que con sumisas virtuales. Me he llevado muchos chascos. Hay mucha mentira y engaño en este mundo de la dominación ciber. Me blindo lo que puedo, de ahí que cada vez me resulte más difícil establecer contactos medianamente serios. Impera el aquí-te-pillo-aquí-te-mato con quinceañeras que chatean desde el instituto, de ahí que ya no use el chat como medio de trato.

    Cuando conozco a alguien que responde a los parámetros básicos (mayor de edad, preferente de 25, interés y/o curiosidad por el BDSM, cámara web, horario de mañana y por último un rostro que me diga algo) hago todo lo posible por interesarla para intercambiar opiniones, experiencias, observaciones… siempre sobre sexo con sadomasoquismo. Me gusta profundizar en asuntos como las fantasías tempraneras, la adolescencia, los primeros síntomas en materia de perversiones ocultas… pero también doy pie para que me repregunten a su vez con entera libertad. Normalmente a la segunda o tercera conversación barrunto si tengo al otro lado a una persona interesante y que además es una potencial sumisa, aunque ella nieguen su adhesión a ese tipo de relación. Pero he dicho “normalmente” porque me equivoco más de una vez.

    Cuando nuestros diálogos fructifican en ese interés mutuo y pasamos al estado Amo-sumisa nos fijamos ambos un periodo de tiempo. Hasta ahora nunca me ha hecho falta establecer un convenio previo, porque tampoco me lo han pedido. Para mi esta relación tiene mucho de teatro, de juego de imaginación. Son importantes las formas porque contribuyen a la idealización de escenas en nuestra mente, a mi juicio el órgano sexual por excelencia. Ese periodo de prueba yo lo llamo de aprendizaje. En él la aspirante a sumisa aprenderá a ser usada a mi manera; conocerá mis obsesiones, mis gustos, mis filias y fobias… y deberá adaptarse a ello y entregarse en la forma que yo requiero. Elemento fundamental de esa iniciación es el interrogatorio. En su vertiente virtual reconozco que su utilidad es relativa aun con una cámara web. La pupila es sometida a una presión –en algunos casos extrema- para contestar mis preguntas que versan sobre su infancia y adolescencia, su despertar sexual, su vida. Yo deseo saber TODO sobre ella y utilizo la tortura si es necesario. Cuando ese periodo se da por finalizado por ambas partes (a propuesta siempre mía) celebro una ceremonia de iniciación como sumisa. Esa liturgia contiene mis manías respecto a vestimenta, aspecto físico, rituales, comportamiento público y privado… y también régimen de castigos, objetos para aplicarlos y forma de hacerlo, según se trate de acciones punitivas o de entrega para mi placer. Soy consciente de la imposibilidad absoluta de que estas prácticas puedan sustituir a las relaciones D/s físicas, pero para personas que no pueden permitírselas hay que intentar estimular al máximo la imaginación y la fantasía, única forma de hacerlas medianamente satisfactorias.

    A partir de ese momento la vida sexual de mi sumisa es exclusivamente mía. Dejo volar mi imaginación con el fin último de mantener a mi sumisa en estado de excitación lo más intenso y permanente que me sea posible. A veces me cuesta mucho esfuerzo, otras no tanto. La relación es interactiva… dependemos el uno del otro para lograrlo. Si llamáis a eso complicidad, pues somos cómplices. Y así hasta que llega un día en ambos nos damos cuenta que esta relación se agota. Entonces solo queda que ponerle the end.

    Gabriel

  • Nuestra amiga argentina la vuelve a liar con Virginia

    Nuestra amiga argentina la vuelve a liar con Virginia

    Ya les conté que con Virginia tenemos una relación, especial ella, siempre lo dijo, no es de acostarse con mujeres, pero la vez que estuvimos juntas y me “regalo” a su vecino, fue uno de los días mejores de sexo que tuve (conchita y pija) ¿qué más se puede pedir?

    Bueno resulta, que la cosa es así, ella algo contó que se la estaba cogiendo un negro, con una pija re grande, entre joda y joda le dije que no sea puta y lo compartiera, todo esto lo hablamos por mensajes, y la cosa es que entre joda y joda (la hija de puta me mandó una foto en que una rubia se la chupaba a una negro) me hizo recalentar y cuando estoy así, no me gusta quedarme con las ganas.

    Arreglamos que el viernes pasado después de la facultad, a eso del mediodía, yo me fuera a su casa que el negro iba a ir y nos iba a coger a las dos, la verdad que, aunque no me lo crean, esas cosas, me ponen un poco nerviosa, pero la adrenalina de la calentura de hacer eso es más fuerte que yo. No tuvo que insistirme mucho para que fuera, de una le dije que si (prefería no pensarlo).

    Llego a la casa de ella, la veo por segunda vez, con lo cual fue más fácil, nuestro contacto, pero la hija de puta, me dice cuando llego que el negro al final la llamo y le dijo que no podía ir, ¡me quería morir!, me fui hasta La Plata al pedo.

    De la misma manera que hablamos por mensaje, lo hicimos personalmente, y le digo “Hija de puta, al pedo no me vine, la calentura de alguna manera me la vas a sacar”. Yo me acuesto con mujeres pero la idea de ese día era que nos cogiera a las dos el negro, pero caliente ¡tampoco me iba a quedar!

    Yo reconozco que soy más lesbiana que Virginia, así que no me quedó otra que acercarme ella, partirle la boca de un beso, empezar a tocar esas tetas enormes que tiene y empezar a meterle la mano por debajo del top. Virginia siempre cuenta que anda en bolas ¡y es verdad! Ella no se quedó quieta, también me empezó a besar, a tocar la conchita, ya me empezaba a calentar, le saque el top, y no me alcanzaba la boca para besar sus tetas, note que le gustaba ¡sus pezones ya estaban duros! Estaba tan caliente como yo. Ella no le reconoce pero le gusta acostarse con mujeres tanto como a mí, solo era cuestión de sentirnos y sacarnos la calentura.

    Bueno la cosa es que al rato ella ya me había sacado mi shortcito, y yo la había dejado desnuda, nos tiramos en la cama, nos revolcamos juntas (no sé si a ella le va gustar que lo cuente, pero que piel suave que tiene y como gime cuando está caliente, se vende sola) eso note, que se estaba calentando mal, y yo también. Le empuje su cabeza, casi obligándola a que me chupe mi conchita, no se resistió, me la comió. Me metía los dedos, y yo ya estaba entregada a ella, me gusta lo que me hacía, hasta que me hizo acabar, con Virginia es distinto, sentí mi cuerpo temblar y estaba entregada a ella, acabe como una puta, temblando, gimiendo, pidiéndole más (la hija de puta, sabe cómo hacerme gozar).

    Seguimos frotándonos nuestras conchitas (la clásica tijera) y besándonos, y tacándonos, yo le acariciaba sus piernas sus tetas, quería que me dedicara un orgasmo, hasta que estallo en su primer orgasmo y como gemía la puta, no podía disimular que le gustaba.

    Agarra su consolador y el gel, y me lo empieza a pasar por la cola, le digo “putaza, ¡no me hagas eso!, me matas”, de solo pensar que Virginia me iba a hacer la cola me mojaba, y la hija de puta, me puso el gel y me empezó a poner de a poco el consolador, yo ya estaba re mojada, sola me puse en 4 con la piernas bien abiertas, para que entrara mejor, y me lo empezó a poner con mucha suavidad, despacio hasta que me lo metió entero, me lo sacaba, me lo ponía hasta que me hizo acabar como una puta en celo, no sé cómo explicarlo, pero como me hico calentar esta putita jeje, ya lo del negro me importaba un carajo, la guarra de Virginia me estaba re cogiendo.

    Nos quedamos en la cama recuperándonos un poco y suena el timbre, pero de arriba, del departamento, le pregunto, “¿quién puede ser?” me dice que no sabía, la hija de puta así en bolas, va hasta la puerta, abre, y solo escucho un SHHH, le pregunto: ¿quién es Virginia?, y la reverenda hija de puta, se aparece en el cuarto con el negro y le dice: ”mira el regalito que te tengo, aparte es re puta la rubia”, me quería morir, otra vez la hija de puta, me había regalado, engañado, porque ese no era el trato que habíamos hecho, pero la verdad que me gustó, yo en la cama desnuda, apenas tapada con una sábana y el negro ¡enfrente mío!

    La trola de Virginia, lo agarra de atrás, lo abraza y le empieza a desabrochar el pantalón, le baja el bóxer y NOOO, ERA VERDAD QUE PIJA QUE TIENE ESE NEGRO, ASÍ MUERTA YA ERA ENORME, y Virginia me dice: ”dale putaza a ver cómo te la metes en la boca”, yo no lo podía creer, el negro se pone al lado mío, me siento en la cama y se la empecé a acariciar, a besar.

    No tardó mucho en pararse, más cuando se la empezamos a chupar entre las dos, mientras nos besábamos, el negro nos agarraba nuestras cabezas para que sigamos así, besándonos y chupándosela, ya cuando la tenía re parada pensé que ni siquiera en la concha me iba a entrar, menos en la cola.

    El Negro se acuesta y Virginia me dice “rubia puta, quiero ver cómo te rompe esa conchita que tenés”, me subí arriba del negro y de a poco me la fue poniendo, me dolía, si me dolía la concha, era enorme esa pija, pero entre la calentura de estar cogiéndome al negro y Virginia que me estaba besando y acariciando mis tetas, no me importaba, hasta que el dolor ya era placer, obvio no me la metió toda (me partía al medio) bastó que entrara, no sé cuánto para que mi concha ya estuviera re abierta, como la sentía por favor, y Virginia diciéndome: “puta quiero verte gritar”, y si, ya estaba gritando y gimiendo de placer, sentía que me partía y me gustaba eso hasta que acabe como una loca.

    El Negro hijo de puta, no me dejo salirme, seguía con su pija dentro mío y me acerca para como que quede yo sobre él y mi colita al aire y me sigue cogiendo mientras que siento algo que me entra en la cola, era la hija de puta de Virginia que me la estaba preparando con el consolador, yo no lo podía creer, entre los dos era demasiado placer, esa pija que no me dejaba casi mover, pero me ponía loca y Virginia ya metiéndome el consolador en la cola y diciéndome “rubia trola ahora quiero verte cuando te rompa el culo” “nooo”, yo decía que nooo, era ¡demasiado grande!, pero mi calentura era más fuerte.

    Seguí así un rato hasta que acabe a los gritos, el negro grandote me agarra como si nada, me da vuelta me pone en cuatro, ya sabía lo que venía, la verdad es que me daba miedo, pero no quería dejar de disfrutar esa pija en mi culo que ya Virginia se había encargado de dilatar jeje. Y si, la empecé a sentir, por suerte me tuvo compasión, empezó de a poco y ya sentía que me partía, y Virginia me besaba y me decía que me iba a gustar, y el negro aprovechando mi calentura me la empezó a poner, y a poner, dolor, si dolor, pero me la banqué hasta que empezó el placer, la quería adentro, quería que me partiera, yo le decía a Virginia, me va a matar, pero no importa, Virginia me decía: “rubia sos re puta te encanta”, “siiii”, le decía, “negro cógeme, rómpeme bien el culo”, y me empezó a bombear , Virginia a tocar las tetas, era todo demasiado placer, no pude evitar gemir, gritar, acabé como una zorra, a los gritos, temblando, agarrándome de las sabanas.

    Cuando la sacó, sentía que mi culito era una tubería, le dije Virginia ahora te toca a vos. Y la puta no puso ninguna resistencia, se le subió encima, como si nada y lo empezó a cabalgar, yo ya estaba muerta, solo le acariciaba las tetas, esas enormes tetas que tiene, hasta que empieza a gemir, a saltar como si nada arriba de esa pija (ella ya se la había comido varias veces, estaba acostumbrada), ella gritaba de una manera desaforada, con tantas pero tantas ganas de montar esa enorme pija, sus gemidos se habrán escuchado en todo el edificio, hasta que finalmente también empieza a acabar como una zorra.

    Por supuesto que eso era recién el principio para ella. Ni bien terminó de acabar, se acostó boca en la cama y abrió las gambas casi 180º mientras le pedía al negro que la penetrara otra vez, mientras le gritaba que ella era su puta, que ella era ¡su puta! Yo de ver esa situación ya se me estaba mojando otra vez mi conchita, pero la verdad que desistí de la idea de otra penetración porque me ardía y dolía ¡demasiado! Me había realmente destrozado la concha ¡y la cola!

    El negro entonces empezó a penetrarla a Virginia, fue metiendo su pija de a poquito, cada vez más profundo, la cara de dolor y placer de Virginia era como para filmarla y grabar ese momento para siempre. A los pocos segundos, el negro estaba ya bombeándola metiendo y sacando toda la pija, y mientras tanto yo me había puesto semi arrodillada atrás de Virginia a la altura de tus tetas, y se las chupaba al mismo tiempo que ella me chupaba las mías.

    Virginia no tardó mucho en acabar de nuevo, y ese grito de placer estuvo acompañado de una mordida en mi pezón que ¡aún tengo la marca!

    Después de acabar, nos ponemos de rodillas, se la empezamos a chupar entre las dos, otra vez hasta que el negro nos llena la boca de leche, el hijo de puta le alcanzó la leche para encastrarnos ¡a las dos! Y con Virginia nos besamos con las boquitas llenas de leche.

    Nos quedamos los tres un rato tirados en la cama con el negro en el medio, hasta que el negro dice que se tiene que ir, no, se habrá estado dos horas, pero dos horas solo cogiéndonos, mi culito y mi conchita ya no quería más.

    Me quedo con Virginia, me dice de pedir algo para comer, la verdad es que estaba cagada de hambre, comimos, nos tomamos unas cervezas, yo la verdad ya no estaba para volver, y Virginia me dice si me quería quedar a dormir, y la verdad me pareció lo mejor. Obvio aviso en casa para que no me rompan las bolas, y Virginia al rato me dice de ir más tarde a un boliche que va ella que se pone re bueno.

    Ok, le dije que sí, pero algo tranquilo, en serio, le dije que me había quedado la conchita ardida, me mato el negro, ¡ya no quería coger más!, y Virginia me dice que sí, que es solo para tomar algo, que me quede tranquila.

    Cuando terminamos de cenar ella me dijo que se iba a duchar, y que después me duchara yo, pero la verdad que es difícil de explicar lo que sentía en ese momento. No tenía ganas de coger más, estaba completamente satisfecha (como para no estar así después de semejante cogida), pero ver a Virginia mientras se sacaba la ropa para entrar en la ducha, me hizo calentar, ver como se desnudaba, hizo que saltara mi parte lésbica, aparte ya les dije, es muy guarra y me gusta eso.

    Ella enseguida vio mi mirada hacia ella, se acercó a mí completamente desnuda, y me apoyó sus enormes tetas en a las mías. “¿No me las querés chupar un poquito?” Me preguntó. Que hija de puta, como me conoce la zorra, ella sabía que yo quería que estuviéramos juntas de nuevo, yo me vendo sola, entonces le digo que tengo una idea mejor me fui desnudando frente a ella ¡y nos metimos juntas en la ducha!

    El agua caliente, el roce de nuestras pieles, las caricias por todas partes, hicieron que me calentara más. Cuando me quise acordar, yo estaba arrodillada lamiéndole bien despacito la conchita a Virginia, ¡como describir lo hermosa que es! Toda bien depiladita, rosadita, chiquitita, es tan hermosa que no podía parar de chupársela. Mi lengua jugaba con su concha, subía y bajaba, luego empecé a meterle dos dedos, después tres, su concha estaba tan dilatada por la pija del negro que hubiera entrado una mano entera.

    Virginia se mordía los labios al mismo tiempo que me con sus brazos me apretaba mi cabeza contra su conchita. A los pocos minutos me acabó, sintiendo como sus piernas temblaban de placer.

    Luego siguió mi turno, empezó también a chupármela bien despacito, recorriendo cada una de mis partes de la conchita, rozándome con su lengua mi clítoris. Sabía que me iba a costar acabar porque ya lo había hecho demasiadas veces, pero Virginia sabía muy bien lo que hacía. Sus juego con sus dedos y lengüetazos hicieron que a los pocos minutos, volviera a acabar, una vez más, ¡y como!, me agarraba de la pared de la ducha, mis piernas temblaban, quede otra vez muerta.

    Por favor, ya no podía seguir acabando más. Sentía que me iba a morir. Pero ese orgasmo lleno de placer y caricias fue casi, lo mejor de la noche. Nosotras nos conocemos más, somos más dulces, me encanta la piel de una mujer y más enjabonadas.

    Después de ducharnos, me prestó un poco de ropa (me dio una mini re cortita, que encima como yo soy más alta que ella me quedaba demasiado corta, vestida así era una puta total), y nos tomamos un taxi.

    En el bar lo pasamos, realmente genial. Si bien estábamos cansadas la tarde que habíamos tenido, estábamos también muy relajadas y contentas y con ganas de bailar y seguir disfrutándonos, tocándonos un poquito delante de todos, solo para histeriquear, porque ni pensábamos en coger.

    Nos habrán sacado a bailar 4 o 5 veces, pero con los dos últimos chicos con los que bailamos, hubo una onda muy especial. ¡Ni hablar de lo lindos que eran! Después de estar con ellos un buen rato y apretar un poco, Virinia se me acerca y pregunta qué quería hacer, diciéndome: Caro no te rías, pero la verdad, me lo quiero coger. No sé de dónde saco tantas ganas pero ya estoy caliente de nuevo. Vos ¿qué querés hacer?

    No podía creer lo puta que es Virginia, ¡QUERÍA SEGUIR COGIENDO! Yo no daba más, pero el pibe era re lindo y de solo pensar en que podíamos coger los cuatro juntos, obvio que no lo dudé un segundo. Nos tomamos un taxi los 4 fuimos al departamento de Virginia.

    No voy a contar muchos detalles, pero no paso mucho tiempo para que estuviéramos los 4 en la cama de dos plazas de Virginia, empezaron a cogernos con todo, nos tenían estaban recalientes los pibes mirando como Virginia y yo nos besábamos ¡mientras nos cogían! Estuvimos cogiendo al menos una hora y media, yo acabé otras 2 veces, y creo que Virginia también 2 o 3. A ella se la cogieron un buen rato por la cola, ella estaba acostumbrado a que el negro se la hiciera, pero a mí no me daba más, me dolía mucho como para que me la hagan de nuevo.

    Que me cogieran junto con Virginia fue inexplicable, sentir una pija adentro y tenerla desnuda y tocándonos, besándonos, ¡viéndonos gozar!

    Tipo 5 am nos dormimos juntas, desnudas en la cama, semi abrazadas. Cuando nos despertamos alrededor de las 15 h, y obviamente las dos desnuditas era imposible que no nos empezáramos a tocar y acariciar de nuevo. Nuevamente, estuvimos una hora por lo menos masturbándonos mutuamente, frotándonos nuestras conchitas, hasta que acabamos un par de veces más.

    A esa altura había perdido la cantidad de veces que había acabado, sólo sé que habían sido dos días casi enteros de pleno sexo, placer y goce.

  • De puta en un gloryhole en el extranjero

    De puta en un gloryhole en el extranjero

    Hace unas semanas atrás decidí tomarme unas vacaciones en el extranjero para relajarme y cambiar de ambiente así que opté por irme a la hermosa ciudad de Ámsterdam, bien conocida por su barrio rojo, el ambiente liberal y relajado en cuanto al sexo. Quería hacer compras de ropa sexy, juguetes sexuales interesantes y simplemente pasarla bien. Llevé toda mi ropa femenina aunque claro, no podía putear así como así nada más. Tenía que ser cuidadosa. Para empezar tenía que visitar un sex-shop; había leído sobre ellos, y sobre todo los que incluían cabinas con “gloryholes” – ya saben, esos en las que tienes uno (o dos) huecos en la pared, alguien mete su verga y tú se la chupas hasta que se venga. Sexo anónimo! Sonaba demasiado tentador como para no hacerlo. Así que una noche me puse una ropa sexy pero no muy llamativa: vestido en tubo negro, bien pero bien cortito, con los hombros desnudos, con una trusa tipo hilo dental y unas botas que llegaban hasta mis muslos. Claro, para “no llamar la atención”. Me fui a un complejo que era una mezcla de sex-shop, cine para adultos y cabinas personales… donde podía pasar casi de todo.

    Primero deambulé por la tienda, curioseando, explorando el territorio (habían unos juguetes maravillosos que se veían realmente rompe culos… y que terminé comprando). Algunos me daban la típica mirada lasciva que yo respondía con una pícara sonrisa. Sabía que me seguían con la mirada. Luego bajé a un sótano; era la sección de sado-masoquismo… todo tipo de accesorios para hacerte sufrir de placer. Y entonces lo vi, al fondo, la sección de cabinas de video y “otros pasatiempos” Había que pagar 15 euros para poder a esa sección así que normal, lo hice. Las luces eran bastante bajas, casi oscuro, lo único que podía escuchar eran los jadeos de los videos en las cabina; solo escucharlos hacía que empezara a excitarme. Vi varios machos en el lugar, merodeando, esperando una buena presa. “Cariño, aquí estoy” pensé. Así que me metí en una cabina de gloryhole; del ancho de un baño estrecho, con perforaciones a la altura de la verga en ambas paredes laterales. Había una silla de plástico así que me senté a esperar. No pasaron ni dos minutos cuando de pronto siento que alguien había entrado a la cabina del costado; sacó su verga del pantalón y empezó a sobarla para endurecerla. Le di un vistazo por el hueco y sí, lucía deliciosa… ”Aquí vamos” pensé. Mostrando los dedos a través de la perforación de avisé que estaba interesada; de inmediato, su verga ya dura entró por el hueco quedando completamente a mi disposición. Hummm qué rica verga! No lo pensé dos veces: la cogí con la mano derecha y empecé a chupársela como si fuese la última verga en el mundo. Pura carne blanca, suavecita, venosa, cabezona. La idea de no saber a quién pertenecía esa pieza me excitaba. Mamé, mamé y mamé hasta hacerla entrar hasta el fondo de mi garganta; me encanta chupar verga, me aloca, me excita más que el sexo anal, sobre todo si terminan dándome la leche, así que como una perra en celo se la chupé hasta hacerlo explorar: su esperma salió disparado aterrizando en mi cara, labios y cuello. “Oh qué rico amor!!” El mazo ese desapareció repentinamente, pero de pronto me di cuenta que ya había otra verga en el hueco de la pared opuesta. “Esto será divertido… voy a ser una puta oral esta noche”. De inmediato giré la silla y de nuevo, a mamar verga; la chupaba desesperada mientras el semen chorreaba por mi cuello. Ya tenía un plan en mente: chupar todas las vergas que se presente, hacerlas explotar, recibir todo el semen que pueda. Y así se dio: terminaba con uno, hasta hacerlo derramar todo su esperma en alguna parte de mi cara (o a veces, en el fondo de mi garganta) y luego el siguiente, y el siguiente, y el siguiente. Mi silla giraba de izquierda a derecha y nuevamente a la izquierda… los penes entraban y salían de los gloryholes, entraban y salían de mi garganta; la capa de esperma se iba acumulando en mi cara, como un manto de crema para la piel, lechosa, con ese olor tan característica de la leche de un macho. Habían pasado quizá un par de horas; en ese tiempo debí mamar unas 30 vergas, o quizá más. En un momento dado no lo pude resistir más, así que me quité la trusa y el vestido, quedándome solo con las botas puestas y entonces hice algo más: mientras se la chupaba al tipo que estaba a mi derecha, el de la izquierda me rompía el culo con su verga. “OMFG”…” ¡Doble penetración anónima!! “Esto es el paraíso. Me quedé así, con el cuerpo en 90 grados, con la boca abierta en un hueco y el culo, también abierto en el otro. Lo ÚNICO que pensaba en ese momento era: “CÓJANME por favor, cójanme todos los que quieran!!!”. Estaba en el paraíso, en el nirvana… era la mejor experiencia para una puta travesti como yo. Se sujeté con ambas manos de una barra de metal en la pared, mientras que con los tacones me apoyaba en la pared opuesta. Cerré los ojos, abrí ambos huecos: las vergas entraban y salían, entraban y salían, entraban y salían; la leche, el semen, el esperma de inundaba por todos lados, una y otra vez, más y más y más.

    Me quedé unas cuatro horas en el lugar. Debo haber servido a unos 50 a 60 hombres, quizá más. El semen chorreaba por todo mi cuerpo: mi culo, mis piernas, mi cuello… eraba completamente bañada en esperma. No sabía si debía salir así… en realidad quería hacerlo, lo había hecho en mi ciudad y es súper cachondo. Me vestí de nuevo, el semen dejaba marcas por todos lados en mi vestido; removí un poco el esperma de la cara, al menos para poder ver bien. Al salir de la cabina vi que habían varios hombres, mi miraban dándome una risa lasciva, como diciéndome “eres una diosa”, un par me pidieron mi nombre y el de mi hotel. Sentía el semen saliendo de mi ano, metiéndose en mis botas; con los dedos, traté de remover el esperma de mi nariz y mejillas. Era un desastre.

    Al final pensé, “joder, esto es Ámsterdam, seguro no tienen problema con esto” así que salí, media cubierta de esperma hacía la calle en dirección a mi hotel. Eran más de la medianoche afuera.

    Mientras caminaba me sentía la puta más puta de todas. “Esto hay que repetirlo” Pensé.

    ¿Crees que lo volveria a hacer?