Autor: admin

  • La marca del aspa

    La marca del aspa

    Hace unos días me encontré con un antiguo compañero de clase del Colegio. Se trata del Abelardo Toledo. Sabía que su padre tenía negocios con el mío y que no sería raro que un día nos encontraríamos cada uno con lo nuestro frente a frente. Yo, en efecto, estaba ya muy metido en los negocios familiares y prácticamente llevaba todo un sector en el que su padre tenía muchos negocios. Ya me había entrevistado varias veces con el padre de Abelardo, muy amigable, amable, alegre y muy “echado p’alante” en el buen sentido de la palabra. Esta era una expresión que su padre comentaba con respecto a mí a cualquiera que encontraba en la oficina. La verdad es que por suerte o fortuna o no sé qué yo estaba haciendo crecer el capital de don Faustino, el papá de Abelardo. Pero este día llegó Abelardo para hacer lo que su padre hacía y un poco como que me azoré. También noté que él dio un paso atrás, pues tampoco sabía que se iba a tropezar conmigo, solo que llevaba buenas referencias de su padre.

    La secretaria lo introdujo hasta mi despacho mientras yo atendía al teléfono algo sin mucha importancia y le dije que se sentara.

    Cuando apagué el móvil me preguntó:

    — Eres tú Jess Bueno?

    — Sí, fuimos condiscípulos en el Colegio, Abelardo.

    Bajó la cabeza y vi como que se desorientaba y le dije:

    — Abelardo, somos adultos, de pequeños hemos hecho mil barrabasadas y eso es tiempo pasado que nos ha curtido. Ahora tenemos otros asuntos que tratar. Mi obligación es hacerte rico y procurar que tu capital aumente; así lo he hecho siempre con tu padre, de modo que cuanto más rico seas tú más lo voy a ser yo, porque te cobro por porcentajes y no por cuota fija. Esto es bueno para nosotros —seguí explicándole—, ya te habrá puesto tu padre al corriente, supongo.

    — No, mi padre solo me ha dicho que me pase por aquí, me entere de todo, que tú me explicarías todo y que haríamos buenos negocios.

    — No es mucho lo que te ha dicho. Yo puedo poner tus capitales sin riesgo, yo gano menos y tú también y si el dinero decrece mucho quiere decir que disminuye; con tu padre tu dinero activo siempre está en riesgo, mi trabajo consiste en que el riesgo sean ganancias que no pérdidas, con eso ganas tú y gano yo. Por la cuenta que me trae tu dinero crecerá y, si el riesgo lo veo al límite, estarás siempre avisado y recomendado para retirar o seguir adelante. Tú mandarás siempre de tu dinero, yo estoy para que ganes.

    — Supongo que con esto me serás fiel.

    — Con mis clientes siempre soy fiel, vosotros sois la razón de mi trabajo, ¿acaso tu padre no te ha puesto de sobre aviso en esto?

    — Tan fiel, tan fiel serás como lo fuiste en aquel chiquillo…, ese, se llamaba…

    — Eugenio

    — Eso, Eugenio, el mariconcete ese de primero de ESO, ¿por qué te vengaste de mí tan cruelmente si yo no te hice nunca nada?

    — Abelardo, Abelardo, ¿no te acuerdas de aquella vez que quemaste mi ropa cuando yo estaba en la ducha?

    — Lo recuerdas todo, ¿cierto?

    — Si lo recuerdo todo, también recuerdo el modo cómo pasé de vosotros, los matones del colegio.

    Claro que me acordaba. Si apenas Abelardo se asomó por el cristal de mi oficina supe de quién se trataba, y lo que le dolería tener que encontrarse conmigo para hacer negocios a buenas. Esto voy a relatar, porque toda aquella historia me pasó por los ojos como una verdadera película, de la que no me encuentro orgulloso, pero sí satisfecho.

    Nosotros nos encontrábamos en 2º de bachillerato, ya pasada la Pascua, íbamos encarados hacia las vacaciones y con ganas de que acabara el curso. De ese curso me acuerdo mucho de cuatro chicos que todavía hoy seguimos viéndonos con frecuencia Hilario, Damián, Facundo y Roberto. También eran del mismo curso los cuatro matones: Abelardo, Sixto, Juan Leal y Rafa Candela, a estos todo el mundo coreaba, bueno, todo el mundo no, nosotros cinco —los que habíamos salido del armario—, no y algún otro, que no salía de su armario, tampoco. Luego había otros que no estaban muy de acuerdo con los matones pero les era más fácil aparentar ser amigos de ellos que de nosotros, eran los miedosos.

    Cierto día Damián vino corriendo a buscarme, yo me encontraba con Hilario y Facundo. Damián nos explicó cómo los Leopardos, así llamábamos a los matones, se estaban ensañando con un niño de ESO y nadie defendía al niño. Inmediatamente indiqué a Facundo que buscara a Roberto y se vinieran donde indicaba Damián. Hilario, Damián y yo nos fuimos a ver qué pasaba y, en efecto, estaban insultando a un niño llamado Eugenio que era y sigue siendo muy amanerado, que, además de ser gay, muy pronto lo iba diciendo a los demás sin ser prudente porque todo el mundo no es tan confiado ni tan de fiar, y la pagó. Le habían dado algunas bofetadas y lo sujetaron entre dos, Sixto y Rafa Candela, le habían roto la camisa, y fue Abelardo el que acabó de cagarla, sacándole los pantalones y calzoncillos y los echó lejos para que se paseara todo el patio en pelotas delante de los demás, chicas y chicos.

    Descaradamente fuimos corriendo donde el chico, lo cubrimos como pudimos y Roberto que corría más recogió sus ropas para que se las pusiera mientras nosotros cinco lo cubríamos de la vista de todos.

    El niño lloraba. Le hicimos compañía un rato mientras le poníamos una camisa que no sé quién nos trajo.

    — Si me hacen esto más veces, me suicido, ya no soporto más, —dijo Eugenio.

    — ¿No es la primera vez?, —pregunté.

    — No, siempre se meten conmigo y con otros niños, pero a mí me pegan, me rompen mi ropa, de quitan los pantalones, los esconden y ya estoy cansado, —dijo Eugenio muy amargado.

    — Pues no te canses, eso lo vamos a arreglar nosotros, a ese le cortamos los huevos si vuelve a meterse contigo, —dijo Roberto.

    Damián repuso:

    — Si esperamos que se lo vuelva a hacer, el chaval… va… a, hará una barbaridad, hemos de actuar ya: ¡Viva el imperio de la ley!

    Como los Mosqueteros cruzamos al centro muestras manos y exclamamos:

    — Unus pro omnibus, omnes pro uno (1).

    Ese mismo día, que estábamos calientes y deseosos de venganza, buscamos la ocasión, la hallamos y la aprovechamos.

    Resulta que al final del día cada uno nos íbamos a nuestra casa en el correspondiente autobús. Pero al que salíamos “Los Maricones Muertos” —tal como nos designaban—, digo que al que salíamos del aula, vimos que Abelardo se metió en el baño, raro hacer pis a esa hora, pero entramos allí y no había nadie más.

    Dejamos perder al bus y le cortamos la meada a Abelardo del susto. Roberto se animó a decirle su perra vida de matón y cómo pretendía escapar. Entre Damián, Hilario y Facundo lo sujetaron. Roberto, mientras le quitaba los pantalones y el slip blanco y le dijo:

    —No me ha gustado nada lo que le hiciste al niño, ahora te lo hago yo, pero es poco, porque tú eres mayor que el niño; a ti te voy a cortar los huevos.

    Yo estaba mirando la total disposición de Roberto que estaba muy enfadado. Roberto sacó de su mochila un cutter y se lo pasó por la cara sin cortarle, pero se agachó y no iba en bromas, sino muy en serio para abrirle el escroto y sacarle los dos huevos, pues con dos dedos había estirado el escroto y levantó el cutter para cortar. Aquello me pareció que iba a ser una sangría horrible. Me agaché, le quité el cutter a Roberto y le dije:

    — Déjame a mí, que este me ha hecho más daño a mí que a ti.

    Entonces tomé el pene de Abelardo con dos dedos, cerré el prepucio dejando ver el glande y le hice un aspa con el cutter cruzando el meato, unos milímetros de profundidad y también el prepucio. Era mi intención cortar en forma de cruz, pero para no cortar mis dedos, me salió un aspa. Sé que aquello debió doler mucho, porque se cayó al suelo y lo soltaron, le saqué un pañuelo de su bolsillo, se lo envolví al pene y le dije:

    — Vete donde quieras a curarte si no te quieres desangrar —tampoco era para tanto pero tenía ganas de asustar— y mucho cuidadito: Si algo de esto dices y alguien la emprende con nosotros o conmigo, un día dejaré a Roberto que te saque los huevos como quería hacer hoy. Esto te lo juro por mi vida, joder.

    Entonces Damián dijo:

    — Yo te cortaré el pene al raso, a ver quién será más maricón tú o yo.

    Lo dejamos, salimos sin que nos viera nadie. Esperamos en un sitio para ver si salía. No tardó mucho tiempo, iba cogiéndose sus genitales con la mano y muy apresurado.

    Nunca supimos si dijo o no dijo. Lo que sí nos dimos por enterado es que tardó dos semanas a venir a clase, no tocaron ya nunca más a ningún niño y pasaban por nuestro lado un con respetuosísimo temor.

    Es claro, o te quieren o te temen, a veces prefiero esto último, es más productivo.

    — De las cosas de nuestra adolescencia no tenemos por qué tenerlas en cuenta para los negocios. No vamos a ser amigos tú y yo, ni tenemos por qué serlo, pues de casi ninguno de nuestros clientes soy amigo. Al revés sí, algunos amigos se han hecho mis clientes, no por ser amigos, sino porque les interesa y ganan más. Tú eres libre de buscar otros lugares y si lo deseas te puedo recomendar los mejores, pero no ganarás tanto; quizá se vayan comiendo tu hacienda. Yo te veo como un buen cliente, no te veo como el imbécil adolescente presumido que un día la cagó; todo eso ya pasó. Tú mírame como el sujeto que te saca adelante tus negocios y aumenta tus arcas, no me tomes como el adolescente que se vengó y te marcó con un aspa.

    — Pero dolió y me humilló…

    — Si te vas, lo comprenderé; pero cuando pierdas tu capital y tu padre te lo recrimine, entonces verás: te dolerá más y te humillará más. Hay que ir olvidando etapas y pasar adelante, eso significa que hay que cambiar modos de pensar, la vida fluye, las personas estamos para entendernos. Tú verás; en tus manos está, eres dueño de tu dinero, del que gano para ti y también serás dueño de tus perdidas si vas a otros vampiros chupa-sangre. Un consejo de colega: sal de tu postura homófoba, jamás te hará bien, perdiste aquella batalla, puedes perder esta, porque es ahí donde está el asunto. No importa que uno sea gay o no lo sea, importa ser persona. Ha sido un placer encontrarte y poder hablar contigo. Tu padre está al corriente de todo. Cuando quieras, ya sabes donde encontrarme.

    Al poco tiempo recibí una invitación de matrimonio, era de Abelardo Toledo Martínez que contraía matrimonio con Iselda López Carhuanca. Dudé mucho si iba o no, pero al tratarse de una invitación para dos personas, sabiendo que soy gay, es que pensé —así reflexioné— que le había hecho mella la conversación. Decidí llamarle por teléfono para preguntarle en qué cuenta depositaba mi regalo en metálico, me la dio, y luego le pregunté por qué la invitación era para dos personas, entonces me respondió:

    — Me ha dicho mi padre que tienes pareja.

    — ¿Cómo lo sabe?

    — El mundo es pequeño, tú mismo padre se lo dijo.

    — ¿Estás seguro que deseas que vayamos los dos?

    — Si no es así, no vendrías.

    — De eso puedes estar seguro, no pensaba ir para no incomodarte…

    — Hemos quedado que eso eran cosas de otro tiempo, ¿no es así?

    — Así es; oye, Abelardo, te llevaste la chica más guapa y valiosa de nuestro salón de clase, felicidades.

    — Fue gracias a ti, desde que me cortaste ya no quise saber nada de chulerías y burradas y por eso se me acercó Iselda,

    — Por eso me alegro, pero siento pena a la vez, espero que no te impida para nada, me entiendes, ¿sí?

    — No te preocupes, nadie supo nada, primero por vergüenza, luego por respeto, pues me libraste de las manos de Roberto; hubiera sido horrible.

    — Venga, vale, ahí estaremos, puedes avisar a quien te parezca que no tenemos el mayor reparo.

    Fuimos a la iglesia, tuvimos un comportamiento adecuado, hicimos lo que hacen todos y luego con mi pareja que conducía llegamos al hotel-restaurante. Con todos les esperamos, había muchos conocidos, unos clientes míos, otros del Colegio, nos saludamos todos sin más y les presente a Lucio, mi pareja. Cuando llegaron los novios iban saludando y al pasar ante nosotros, me dijo Iselda:

    — Te has lucido con tu regalo.

    — ¿Por…?

    — Ha sido el mayor que hemos recibido…

    — No tiene importancia, sois mis amigos.

    Saludaron a Lucio y Abelardo le dijo:

    — Seremos buenos amigos, al regresar de nuestro viaje, os avisamos y cenaremos en mi casa.

    — Hecho, —dijo Lucio.

    Abelardo no había dicho nada de la marca del aspa a Iselda y lo comprendo, pero yo le había explicado a Lucio. Cuando acabó todo nos quedamos a dormir en el mismo hotel donde teníamos reserva para no conducir habiendo libado alcohol. Al entrar en la habitación, nos desnudamos y Lucio, motivado por el alcohol, pues había bebido bastante, se puso a acariciar mi polla y sólo decía “qué penita que no tengas un aspa”, estaba muy gracioso, pues cuando toma bastante se pone alegre, chistoso y muy sexy, me pellizcó todo el cuerpo, me lo besó, no me quedé atrás pero me ganó y me folló a tope. Me deja siempre satisfecho cuando lleva la batuta encesta y dirige las acciones, me dio por la boca, por el culo y no paró hasta dormirse. Me dejó feliz. A las 9 de la mañana nos despertamos y, tras la ducha, nos fuimos a desayunar al aeropuerto para despedir a los novios. Allí estaban los padres de Abelardo y los padres y hermanos de Iselda. Todos nos saludaron con delicadeza y ahí mismo dijo Abelardo:

    — Regresamos el 24, descansaremos un día y el 26 es el cumpleaños de Iselda, todos los que estamos aquí comeremos en casa, tomad nota, os lo recordaré, pero no os comprometáis con nadie.

    Cuando atravesaron la puerta de embarque, Lucio se acercó a los padres de Iselda y les preguntó qué podríamos regalarle por su cumpleaños. Uno de los hermanos dijo que tenían visto un televisor que les gustaba mucho, entonces le dijo Lucio:

    — Mañana nos acompañas y que os lo traigan a vuestra casa, lo colocáis donde ellos han decidido, ese será nuestro regalo, sería bueno saber si cambian de pensar.

    El hermano de Iselda dijo que no es el caso, que lo tienen separado, pero no pagado, que buscaría el papel para que en la tienda se fiaran. Lo dejamos así y Lucio se encargó de todo. Lucio dirige una sucursal del negocio familiar y sabe que estas determinaciones que toma me gustan. Pero es que de Lucio me gusta todo, su cara, sus ojos, todo su cuerpo y cuando se pone sexy, es un todoterreno y no hay quien le iguale haciendo el amor, es una máquina imparable, lo mismo da sobrio que ebrio, le va y me hace gozar.

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    (1) “Uno para todos, todos para uno” es tomado como lema de Suiza desde más o menos 1902, pues resonaba desde que Suiza se convirtió en República Federal. En francés la hizo famosa Alejandro Dumas en su libro Los tres Mosqueteros, “un pour tous et tous pour un”. En español se dice indistintamente “Uno para todos y todos para uno” como “Todos para uno y uno para todos”. El sentido es el mismo. Nosotros estudiamos historia y latín y quisimos sacarla de una tarjeta donde se leía en latín.

  • Con la madre caliente de mi novia

    Con la madre caliente de mi novia

    Eran las 10 de la mañana de un sábado del mes de mayo del 2000, en un pueblo cercano a Madrid. Sonó el teléfono. Mi novia Sonia me llamaba, eufórica, diciéndome que había conseguido un trabajo como secretaria en una gestoría cerca de casa. Además de decirme una y otra vez lo contenta que estaba, me comento que fuera ese mismo día a comer a su casa para celebrarlo. Yo dije que iría con mucho gusto y le recordé lo bien que me lo había pasado dos noches antes en su casa. Nos despedimos.

    Conocía a Sonia desde hace mucho tiempo, ya que vivíamos cerca uno del otro, pero solo llevábamos saliendo dos meses. Ella es espectacular: rubia, ojos marrones, con unas tetas de tamaño normal pero con los pezones bastante grandes y mirando hacia arriba, caderas algo anchas con un culete redondeado. Es algo mayor que yo; tiene 26 años. Tarde casi un mes en convencerla de que follásemos, pero desde que la convencí lo hemos estado haciendo casi todos los días. Al principio pensé que era un poco tímida, pero en este poco tiempo me ha demostrado que es una verdadera putita: le encanta comerme la polla mientras ella se pajea con sus dedos; un día, mientras yo conducía, se subió la faldita que llevaba, se dio una crema que llevaba en su culo y empezó a meterse una zanahoria de las que habíamos comprado en el híper, etc.

    Llegue a su casa a las dos de la tarde. Me abrió la puerta Julia, su madre. Tiene unos 47 años y también esta buenísima; de hecho, cuando era más pequeño no dejaba de hacerme pajas pensando en ella. Me cruzaba con ella por la calle, nos saludábamos, y cuando llegaba a casa se masturbaba como una bestia. Desde que salgo con su hija se me ha pasado un poco esa fiebre, aunque no del todo. Julia es más morena que su hija, siempre está perfectamente bronceada y tiene un cuerpo increíble: tetas más grandes que las de Sonia, curvas de escándalo y una boca enorme con labios muy sensuales que parecen pedir una polla para chupar. Está divorciada y en el barrio siempre ha tenido fama de puta.

    Me dio dos besos y me mando pasar. Llevaba un vestido de verano con gran escote y tirantes. Pase al comedor, donde estaba Sonia. Ella se levantó del sofá y me beso en los labios. Nos pusimos a comer; siempre que iba a su casa me sorprendía la naturalidad con que hablaban de cualquier tema, cosa que no pasa en mi casa: si salía algún tipo bueno en la tele, Julia comentaba sin reparos que «ya le podía hacer a ese un buen trabajito» y después se reía,.. A las cinco de la tarde, Sonia me dijo que había quedado con Marta, una amiga suya inaguantable, para comentarle lo del nuevo trabajo. Yo dije que me iba a casa a echar la siesta, pero en ese momento Julia intervino diciendo que me quedase allí, que a ella no le molestaba. Mire a Sonia y asintió, así que acepte.

    Me tumbe en la cama, con bastante sueño y un poco excitado por quedarme solo con Julia. Una hora más tarde me desperté. Se oían en el comedor un montón de gemidos. Me levante, con la polla totalmente tiesa. Me asome sigilosamente al comedor y vi que Julia estaba viendo una película porno en la que un negro con una polla enorme se la metía a una tía negra con unas tetas enormes y unos labios (superiores e inferiores) muy carnosos. Julia estaba con el vestido levantado hasta la cintura, bragas negras bajadas y con un vibrador metido en el coño. Movía las caderas ligeramente y con una mano se sobaba las tetas por debajo del vestido. Tenía el coño afeitadito, dejándose solo unos pelitos en la zona central de su monte de venus. Gemía algo, aunque mucho menos que los que estaban en pantalla. Unos segundos más tarde, se sacó el vibrador negro de la vagina y se lo metió en la boca, lamiéndolo completamente. Yo me había sacado la polla del chándal que llevaba y me la estaba meneando; estaba a punto de correrme. En ese momento supuse que lo estaba haciendo adrede sabiendo que yo estaba en su casa y estábamos solos. Así que me lance. Me subí el chándal, pero se notaba un bulto impresionante en mi paquete y entre en el comedor. Nada más entrar, ella me miro sin hacer más.

    -Que tienes ahí escondido -dijo señalándome el bulto.

    -Que haces tú con el coño al aire y chupando ese consolador -le respondí.

    -Hace mucho que no me echan un buen polvo, y hoy que tengo un macho en casa no lo pienso desaprovechar. Sonia llega siempre muy contenta a casa después de estar contigo, así que también deberías contentar a tu futura suegra…

    Yo le dije que lo haría con mucho gusto. Me baje el chándal y le mostré mi polla, no muy larga pero bastante gruesa. Ella sonrió y me dijo que me acercara al sofá. Agarro mi polla por la base y le dio un lengüetazo. Estaba a mil. Se la metió su gran boca y la succionaba, moviendo continuamente la lengua y exprimiéndome los huevos con la otra mano. Yo baje las manos y empecé a sobarle las tetas; le baje los tirantes y ella, moviéndose un poco en el sofá, se quitó el vestido por abajo. Saque mi polla de su boca contra su voluntad para contemplar el espectáculo. Estaba ahí tumbada en el sofá completamente desnuda, con el coño y las tetas al aire; tenía unos pezones enormes, bastante más grandes que los de Sonia, al igual que las tetas, muy bronceadas y algo caídas, pero totalmente excitantes. Me acerque otra vez a ella y volví a meter mi polla en su boca. Su excitante boca con gruesos labios la volvió a chupar; me masajeaba constantemente los cojones con su mano izquierda… Estaba a punto de correrme. Me saco la polla de la boca, me la acaricio con la mano y me corrí en su cara, llegándole la leche a la frente y al pelo. Me sonrió y siguió machacándomela hasta que se puso otra vez dura. Comento que «ahora quería gozar de verdad».

    Me pidió que cogiera una loción solar que tenía allí al lado y que se la diera en su culito. Le abrí las nalgas lo que pude, dejándome ver su agujerito totalmente. Le aplique la crema en círculos; su agujero se fue dilatando y le metí un dedo; ella gimió de gusto. Saque el dedo y le metí mi polla exultante. Me dijo que la dolía un poco y que hacía mucho tiempo que no se la metían por el culo. Me puse muy burro y empecé a encularla lo más fuerte que pude. Ella gritaba y echaba las manos hacia atrás agarrándome del cuello. Se corrió rápidamente y poco después lo hice yo. Nos quedamos en esa situación unos minutos, recuperándonos. Saque el cipote de su culo y lo tenía lleno de mierda; le dije que se pusiera boca arriba y me limpie la mierda en su abdomen; ella se moría de gusto. Fue al baño y se limpió lo que yo le había ensuciado. Cuando volvió me propuso un juego que no pude rechazar. Me dijo que le encantaría que la follase mientras tenía yo un vibrador en mi culo. Estaba tan excitado que no me lo pensé ni un segundo. Me puso crema en el culo: me metió los dedos mientras yo gemía; retiro los dedos y metió el consolador. Me sentía como una puta. Ella lo puso a funcionar y empezó a moverse en mi interior. Estaba súper empalmado; Julia me puso un condón con la boca, lo que todavía me excito más. Se sentó encima de mí y empezó a moverse arriba-abajo. Gemía cada vez más alto y sus tetas se bamboleaban de forma increíble; cogí una con mi mano y me metí el pezón en la boca. Lo lamia sin cesar. Ella dijo que se corría y metió un grito enorme. Al momento me corrí yo y me saque el vibrador del culo.

    Nos quedamos tumbados en el sofá. Me quite el condón y eche toda la leche que tenía por sus tetas. Ella se la restregó por todo el cuerpo. Nos vestimos. Eran las nueve y media de la noche. La bese en los labios y la metí la lengua. Me despedí de ella hasta la próxima. Me dijo que lo repitiera cuando quisiera.

  • La sobrina nieta de Enrique

    La sobrina nieta de Enrique

    Otro relato que cuento en primera persona sin ser el protagonista.

    Agosto de 2018. Once de la noche. En una ciudad de Galicia.

    -…Aquí me siento como si fuese una estrella.

    Quien me hablaba en la sala de estar, y sentada a mi lado en un sofá de cuatro plazas, era mi sobrina nieta Estrella, que había venido a pasar unos días en mi casa junto a la playa.

    -Es que lo eres.

    -Sí, pero sólo de nombre.

    Estrella, estaba descalza y tenía un pinta uñas en sus manos. Tenía puesto un short marrón y un top blanco bajo el que no llevaba sujetador ya que se le marcaban en él los grandes pezones de sus tetas. En la cena (jabalí con patatas asadas y pimientos de Padrón) habíamos dado cuenta de una botella de Rioja Alta 890 Gran Reserva del 2004. La muchacha estaba contentilla, cuando me dijo:

    -¿Me pintas las uñas de los pies, tío Enrique.

    -¿Tienes la espalda dañada?

    -Sí, una caída jugando al hockey. No es que no pueda yo, es por no empeorar la lesión.

    -¿No será el vino el que te hace inventarte una lesión?

    Se lanzó sin paracaídas.

    -El vino, las ganas de estar con un maduro… ¿Acaso importa?

    -Soy tu tío abuelo. No quisiera abusar de ti.

    -¿No será que tienes miedo a no dar la talla?

    Si dejaba pasar aquella oportunidad era para pegarme un tiro, le dije:

    -Dame el pintauñas y echa un pie hacia aquí.

    Mi sobrina nieta se llamaba Estrella, tenía diecinueve años y era más larga que un día de mayo. Sus piernas delgadas, eran interminables. Sus tetas eran grandes y puntiagudas, sus ojos eran azules como el mar y su cabello lo llevaba cortado al 1, lo que resaltaba sus labios carnosos y sus ojazos.

    Se estiró en el sofá y puso un pie justo encima de mi polla. Empecé por el dedo meñique. Al acabar de pintarle la uña con el esmalte rojo, me dijo:

    -Sóplale para que seque.

    Mi polla empezó a engordar. Estrella, me dijo:

    -Está despertando el bicho.

    Sonreí, y le contesté:

    -Está.

    Al acabar de pintar las uñas del pie izquierdo ya tenía la polla dura. Estrella lo sabía y movía el talón sobre ella para sentirla latir.

    -Dame un masaje en el pie antes de pintar las uñas del otro.

    Le di cuerda.

    -¿Otra lesión?

    Ya no se cortaba.

    -No, por puro placer.

    Masajeando sus dedos, la planta y el tobillo del pie, vi que había cerrado los ojos y que los pezones de sus tetas estaban tiesos bajo el top. Me moría por comerle las tetas, pero no quise dar un paso en falso. Quería que marcase ella los tiempos. Le pinté las uñas del otro pie, y cuando se lo masajeé, me dijo:

    -Chúpame los dedos.

    Le chupé el dedo gordo, del pie izquierdo y después le pregunté:

    -¿Así?

    Arqueó la espalda, gimió, y su voz se hizo suspiro:

    -Síííí.

    Le chupé, masajeé y lamí cada dedo, las plantas y los tobillos de sus pies…, mientras le preguntaba:

    -¿Tienes novio?

    -Novia.

    -¿Eres bisexual?

    -Sí, soy bisexual. Hace calor aquí. Me voy a quitar el top.

    -¿Eres consciente de que te voy a poner a arder el coño y el culo, Estrella?

    -Desde el momento en que puse mi pie sobre tu gorda polla. ¿Con cuántas mujeres te acostaste, tío?

    Mi respuesta fue la clásica.

    -Con menos de las que pude y con más de las que debía.

    -¿Con cuáles no debiste acostarte?

    -Con las mujeres de mis amigos. ¿No te ibas a quitar el top?

    Estrella se quitó el top (lo tiró al piso) y vi sus puntiagudas tetas, con sus grandes areolas marrones y sus pezones tiesos, me preguntó:

    -¿Nunca te enamoraste?

    -Estuve enamorado de tu abuela, pero ella se enamoró de mi hermano Juan.

    -Dicen que me parezco mucho a ella cuando era joven.

    -Es verdad, sólo que ella tenía una melena que le llegaba a la cintura.

    Estrella ya empezaba a echar por fuera.

    -¡Joder, tío! Se me está empapando el coño con las mamadas y las lamidas a mis pies.

    -Me alegro.

    -¿Cuánto tiempo hace que no te corres?

    -Dos días.

    -¿Con cuántos orgasmos te quedas satisfecho?

    -Por lo regular con uno.

    -Yo con tres. ¿Me la comes un poquito?

    -Si te apetece…

    -Me apetece.

    Me puse de lado y acaricié sus duras tetas. Se quitó el short y el tanga empapado de jugo. Su chocho era pequeñito, estaba mojado y totalmente depilado. Jugué con mi dedo medio en su ojete. Le pasé la lengua por los pezones y las areolas, las chupé. Mamé tetas, lamí y chupé pezones, un minuto, dos, cinco, seis… Ya mi dedo estaba dentro de su culo y ella gemía cuando bajé lamiendo y besando su vientre. Le metí la lengua en el ombligo, se lo besé, le quité el dedo del culo. La cogí por las nalgas y lamí desde el ojete al clítoris, con la lentitud de un caracol… Al tiempo que iba subiendo le metí la punta de la lengua en el ojete y después en la vagina, para llegar al clítoris, lamerlo de abajo arriba y luego chuparlo. Lo hice durante largo rato. Cuando su pelvis ya buscaba mi lengua para llegar al orgasmo, le pregunté:

    -¿Quieres correrte así o prefieres que te la meta en el coño?

    -Así, quiero correrme así. Vuelve a meter el dedo en mi culo.

    Volví a acariciar su ojete. Mojé el dedo con los jugos de su coño y le metí la punta del dedo gordo. Con la puntita de la lengua le di pequeñas y lentas lamidas a su clítoris, erecto y fuera del capuchón. Estrella movía la pelvis acelerando las lamidas. Sus gemidos eran escandalosamente sensuales. Me dijo:

    -Me voy a correr, tío.

    Apreté mi lengua contra el clítoris. Estrella movió la pelvis con rápidos movimientos. Metí todo el chochito en la boca y mi lengua en su vagina. Al comenzar a correrse, (se le abría y se le cerraba el ojete) mi dedo pulgar se fue enterrando en su culo…

    -¡¡¡Me corro!!!

    Retorciéndose de placer, y con todo mi dedo gordo dentro de su culo, me la dio. Bebí hasta la última gota.

    Se quedó con los ojos cerrados, los pezones de punta y los muslos mojados de su jugo. Era la mujer 10.

    Al abrir los ojos, y estando ya echado a su lado, me dijo:

    -Sabes cómo satisfacer a una mujer.

    -Son muchos años comiendo coños.

    -¿Te gustó comer el mío?

    – Sí, no había comido nunca uno tan fresco.

    -¿Por qué nunca te casaste?

    -No me gustó como bailaban las mujeres que conocí.

    -Hablando de bailar. ¿Pon música?

    -¡¿Qué?!

    -Qué pongas una canción en el móvil.

    -¡¿Quieres bailar?!

    -Muchas fueron las veces que fantaseé con que me follaban y me corría bailando un agarrado.

    -¿Alguna canción en particular?

    -Nothing compares to you.

    Bailamos con mi polla tiesa entre sus piernas (era más alta que yo) y sus duras tetas pegadas a mi cuerpo. Besándonos, noté como los labios de su chochito iba encharcando mi polla. Sus besos eran tan frescos que me iba a correr entre sus piernas como un adolescente en su primera vez. Se me iba a adelantar. Metió la polla con una mano en su estrecho chochito, cerró las piernas y movió su culo de adelante hacia atrás, de atrás hacia adelante, alrededor y frotó su clítoris contra mi vientre, todo rítmicamente, hasta que comenzó a temblar. Me besó con pasión y disfrutó de un orgasmo largo e intenso. Se acabó la canción al mismo tiempo que se acabó de correr ella.

    Nos sentamos en el sofá. Estrella, se echó hacia atrás, estiró las piernas, que tenían el interior de sus muslos mojados de jugo, y me dijo:

    -Tardas una eternidad en correrte.

    -¿No será qué tú eres de orgasmo fácil?

    -La verdad es que sí lo soy. Hasta siete en media hora.

    -¿Siete, qué?

    -Siete orgasmos en media hora.

    -¿No habías dicho tres?

    -Con Begoña.

    -¿Es una buena amante?

    -Sí, es como los peces de la canción: Beben y beben y vuelven a beber…, sólo que ella bebe en mi río.

    -¿Y con quién te corriste siete veces?

    -Con mis dedos.

    -Debe ser hermoso ver cómo te masturbas y te corres.

    -¿Quieres verme?

    -Sí.

    -Y yo a ti. Quiero ver cómo sale la leche de tu polla. ¿Nos masturbamos mirando el uno para el otro?

    Yo quería volver a clavársela, pero tiempo habría.

    -Masturbamos.

    Se arrodilló delante de mí. Yo hice lo mismo. Puse la canción de nuevo, canción que cantaba una chica que era casi clavada a Estrella. Dejé el móvil entre los dos y comencé a masturbarme mirando como ella se frotaba el clítoris con tres dedos, como se follaba el coño con dos y como acariciaba sus tetas y sus pezones con la otra mano, mientras me miraba a los ojos y para la polla. A los diez minutos, o así, cuando ya la canción acabara y solo se oían sus gemidos, no pude aguantar más… Un chorro de leche fue a parar a su frente, el segundo le entró en la boca. Gimiendo, se lo trago. Estaba cachondísima. El tercero fue de nuevo a su boca y se lo volvió a tragar. A los pocos segundos, Estrella, comenzó a correrse, se encogió y su boca tropezó con mi polla, la metió dentro y la mamó con una fuerza impresionante.

    Con la última mamada y su último gemido, se fue incorporando. Se echó de nuevo a lo largo del sofá. Le pregunté:

    -¿Ya habías hecho esto antes?

    -Sí, pero con chicas.

    Estrella volvió a incorporarse. Pensó que ya no iba a dar más de mí, y quiso hacerme un favor.

    -Me voy para cama. Con tres orgasmos ya estoy servida.

    -Pensé que íbamos a pasar más tiempo follando.

    -¡¿Aguantarás?!

    -Tres o cuatro horas más. ¿Has tenido algún orgasmo anal?

    -Nunca, y nunca es mucho tiempo.

    La noche fue larga.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

    Quique.

  • Nuestra amiga argentina y con su amiga de infancia Pili

    Nuestra amiga argentina y con su amiga de infancia Pili

    Quienes me conocen saben que me gusta contar las cosas en caliente, es decir cuando me pasan, no cosas de hace mil años atrás, por eso les cuento lo que me paso hoy (le pasó hace tres años y lo escribió en caliente, y ahora se publica aquí), aprovechando este rato que tengo antes de que me llamen a cenar.

    La cosa fue con Pili, les cuento un poco quien es. Pili era mi mejor amiga, la conozco desde que empezamos el jardín de infantes, estábamos siempre juntas, pero en 4º año del cole se puso de novia y nos distanciamos, hasta que nos dejamos de ver, pero sin estar peleadas.

    Hasta que nos dejamos de ver, siempre fue como era yo, re santa, nada de cosas raras y el sexo era cosa de putas (jajajajaja, cuánto tiempo perdí). Hasta que hace unos meses la encontré en un cumpleaños. Nos pusimos hablar y era como que el tiempo no hubiera pasado. La encontré re cambiada, estaba con una mini y re zafada, hacía unos meses se había peleado con su novio, y me confeso, que desde que se peleó con su novio se había comido unas cuantas pijas (bah, se había vuelto media putita jaja).

    Después del cumple, nos fuimos con dos chicos (Pili estaba medio, bah, bastante en pedo) y nos terminaron cogiendo estos dos chicos, pero juntas, con lo cual no perdí la oportunidad para probarla, la empecé a toquetear un poco, unos besos, y nada más, pero nos sentíamos, más allá, de que lo mejor fue la cogida que nos dieron acabamos varias veces, verla coger a ella, y que ella me viera coger a mí, bueno, me re calentó.

    Al día siguiente, viene a casa, me dice que se había arrepentido, que le daba vergüenza, que nunca había hecho eso, que nunca había tocado a una mujer, y nada, le dije que por eso no se tenía que considerar lesbiana y todo eso, hasta que terminamos las dos desnudas, no hicimos mucho, pero lo suficiente para que las dos acabemos un par de veces.

    Después de eso habremos estado juntas una sola vez.

    Bueno, voy a lo de hoy, desde hace unos días, estamos hablando para ver cuando nos vemos, le dije que venga a casa, la note con un poco de dudas, hasta que la convencí y vino.

    Pili es chiquita, pero tiene un lindo cuerpito, estaba con un jean y zapatillas, re sencilla, yo, como estaba en casa estaba con una mini y una blusa. Tomamos algo en el living, y le digo de ir a mi cuarto que le quería mostrar unas fotos de cuando éramos chicas, subimos, nos ponemos a ver las fotos.

    Yo la veía medio nerviosa, porque en el fondo sabía lo que podía pasar. Pili con la única mujer que estuvo fue conmigo, le gusto, pero es algo que ella misma se reprime en hacer, piensa que si lo hace es lesbiana, yo ya le dije que no es así, yo al menos mientras tenga un orgasmo, no me importa que sea con un hombre o mujer.

    La cosa es que estábamos sentadas en la cama viendo las fotos, yo re pega a ella y siempre aprovechando para tocarle las manos, los brazos algo, y cada vez estábamos más cerca.

    En un momento le agarro la carita y le doy un pico y me dice algo así:

    Pili: caro, no por favor.

    Yo: que tiene de malo Pili, pasémosla bien.

    Pili: pero sabes como yo soy con esto.

    Yo: si, ya sé como sos, te encanta.

    Pili: no, yo no soy lesbi.

    Yo: yo tampoco, pero mientras tengamos un orgasmo y la pasemos bien que tiene de malo.

    Mientras hablábamos, cada vez los besos eran más fuertes, más intensos, hasta que bastó para que le agarrara su mano y la pusiera sobre mi pierna. Siempre digo lo mismo, a mi me gustan más los hombres, pero nosotras somos más dulces, tenemos una piel más suave. Bastó que apoyara su mano en mi pierna, para que sola la vaya subiendo casi llegando a mi conchita y yo inconscientemente, abría mis piernas como entregándole mi conchita a ella.

    Nos seguimos besando, le saco la remera que tenía, su corpiño, yo mi blusa (yo no tenía corpiño) y ya estábamos casi en bolas. Pili ahí se re calentó (menos mal que le daba cosa hacer esto jaja), se abalanzo, sobre mis tetas, me acostó, si ella, me acostó en la cama y me las empezó a comer mientras ya tenía su mano acariciándome la conchita y yo toda mojada. Su boca comiéndome mis tetas, su mano ya en mi conchita, hasta que le pedí que me haga acabar, no daba más, me mete un dedo dos, los saca los mete, los saca los mete, yo me retorcía hasta que me robo mi primer orgasmo.

    Después le saco el jean a Pili, la bombacha ya estábamos las dos desnudas en la cama, nos abrazamos, nuestras piernas, nuestras tetas, no paraban de tratar de sentir la piel de la otra, estábamos a mil, empiezo abajar y le empiezo a besar su conchita, le gustaba, gemía, se retorcía, le metí un solo dedo y bastó para que también acabara.

    Después empezamos a rozarnos las conchas, mientras nos besábamos, que calentura que teníamos, como nos frotamos, ver su cara de placer me hacía calentar más, hasta que acabamos de nuevo.

    Ahí hice algo que ella no se lo esperaba, le dio cosita, pero lo hizo, yo saco un consolador que tengo, se lo doy, me pongo en cuatro y le pido que juegue con mi cola, me di cuenta que no sabía mucho que hacer, me la empieza a besar, le digo que agarre un gel que tengo y me lo ponga en la cola, me hace caso me pone el gel y me empieza a poner el consolador despacio, yo me retorcía de placer, le digo “métemelo todo, puta, cógeme bien por el culo, rómpemelo Pili, ¡cógeme!”

    No sé pero eso la hizo calentar, me lo empieza a meter y yo me tocaba la conchita, así en cuatro hasta que me lo mete todo me lo saca, me lo mete, ya estaba jugando con mi conchita, y me hizo acabar de nuevo.

    Ahora viene lo mejor, le digo a Pili ”te toca a vos” y saben lo que me dice, “no, Caro, nunca me hicieron la cola” jajajaja, me entre a cagar de risa, hasta que le creí, nunca se la habían hecho, le digo que se quede tranquila, que le va a gustar, que no tenga miedo.

    Se pone en cuatro, empiezo a besarle la cola, se la acaricio, con sus jugos (estaba re caliente) empiezo a meterle un dedo, otro, ya empezaba a gemir, le gusta a la puta lo que le estaba haciendo, ya cuando mis dos deditos entraban sin problema, de a poco le empecé a poner el consolador, y nada, se retorcía de placer, hasta que se lo metí todo y sus gemidos eran gritos de placer y estallo en el mejor orgasmo que le pude escuchar.

    Para esto le cuento, que esto fue la primera vez que lo hice, siempre soy yo la pasiva, pero me calentó verla a Pili gozando tanto el consolador en el culo, como grito ¡como gimió!

    Ya destruidas, nos quedamos un rato en la cama abrazadas, desnudas, hasta que llegó la hora que se tenía que ir.

    No sé, me gusto y lo quería compartir.

  • Violación en el subte

    Violación en el subte

    Estaba apurada. Era el cumpleaños de su hermana y llegaba tarde. Bajó corriendo la escalera del subte, temiendo resbalar con sus zapatos altos, y terminar en el piso con las piernas abiertas. Era el último tren que saldría, y ya lo escuchaba llegar por el túnel, a lo lejos. Se sostuvo fuerte del pasamanos y bajó el último escalón. La estación estaba vacía, y cuando llegó el subte, el viento que produjo hizo bailar su pollera negra.

    La puerta se abrió, y ella entró, encontrándose con un vagón vacío. Vio a través de las puertas de vidrio que los vagones que lindaban con el suyo tampoco llevaban pasajeros.

    Se miró en el espejito que estaba al lado de la puerta: Estaba bien maquillada, sus ojos miel resaltaban por la sombra negra que se había puesto. Luego se miró en el vidrio de una de las puertas automáticas, que reflejaban su imagen de manera difusa gracias a la oscuridad del túnel. Los tacos hacían que sus piernas torneadas se vieran elegantes y sensuales. Se dio cuenta de que de su cartera colgaba el pañuelo verde. Pensó en guardarlo, pero luego decidió que si a alguien no le gustaba, no era su problema.

    En la siguiente estación entraron dos pasajeros. Ya de entrada la miraron con hambre. Ella se cruzó de brazos instintivamente, como queriendo protegerse de las miradas lascivas de los desconocidos. Pero los hombres no se conformaron con escrutarla lujuriosamente. Se acercaron a ella “Hola muñeca” dijo uno de ellos, a lo que respondió agachando la cabeza.

    Se sentó, pero ambos hombres se acomodaron al lado suyo, haciendo que esta vez se cierren sus piernas por inercia. El tren paró en otra estación. Era muy tarde y nadie parecía viajar para esos lados a esas horas. Al tiempo que ella rogaba en silencio que suba algún otro pasajero, al menos en los vagones contiguos, los otros esperaban, expectantes, a confirmar que seguían solos con su presa.

    Finalmente el destino se inclinó en favor de ellos, y cuando se vieron impunes en la soledad de la noche, comenzaron a recorrer sus piernas con manos rasposas y sudadas. “No me lastimen, por favor” suplicó ella, mientras el tren doblaba una curva tan sinuosa como su cintura. “Vos quedate tranquila mamasa”, le respondió uno de ellos, “quedate tranquila y no te va a pasar nada”.

    Ella tenía la cabeza gacha, y a pesar de querer mantener los ojos cerrados, no podía evitar abrirlos cada tanto, y ver sus piernas sedosas, presas fáciles de esas manos impertinentes.

    Alguien lamió su rostro como perro, tirándole el aliento etílico encima. Una de las manos ya estaba escarbando por debajo de la pollera, y hacía a un lado la tanga.

    El tren frenó en otra estación, pero los hombres, perdidos en la lujuria, ya no repararon en si alguien podía interrumpirlos.

    Ella sintió algo duro tocar su rostro. No quiso abrir los ojos, pero tuvo que abrir la boca cuando el que le arrimaba el sexo le tironeó el pelo y la hizo gritar. “¿Cuánto falta para que termine el recorrido?” Preguntó el tipo, mientras violaba la boca de la chica. “Siete u ocho minutos”, respondió el otro, que ya le estaba metiendo los dedos en la vagina. “Tenemos que acabar rápido”, dijo el que había metido la pija en la boca de la chica, para luego hacer un movimiento pélvico y clavársela más adentro. “Sí”, dijo el otro, metiendo mano con más vehemencia.

    Era una posición incómoda para el que estaba sentado, manoseándola. Pero se conformó con ver, como su amigo, que estaba haciendo equilibrio sobre el asiento, la obligaba a chuparle la pija. Era como ver una película porno, pero mucho mejor. Cuando el tren iba llegando a la penúltima estación el tipo acabó adentro suyo. Ella sintió el chorro caliente inundar su boca. El otro, fascinado comenzó a masturbarse frenéticamente y largó el chorro sobre su pierna desnuda.

    “Vamos, vamos”, dijo el que la obligó a mamar, bajándose de la silla. El otro lo siguió, la puerta se abrió, y ella los vio correr hasta que se perdieron de su vista.

    El tren avanzó. Ella estaba con el vestido levantado y la tanga corrida a un lado. La boca todavía llena de leche, y su pierna manchada.

    Se tragó todo. Luego desató su pañuelo verde de la cartera, y se limpió la pierna, para finalmente hacer un bollo de la tela y guardarlo en la cartera. Se acomodó la pollera. Se paró, y se miró en el espejo. No había semen en su rostro, pero igual se frotó la cara con la mano. Se miró de nuevo en el vidrio de la puerta. Estaba perfecta, menos mal, no vaya a ser cosa que encima de llegar tarde, aparecía toda desarreglada en el cumpleaños de su hermana.

  • El prestamista y sus aventuras

    El prestamista y sus aventuras

    Me llamo Pablo y tengo 26 años estoy estudiando en la universidad de economía y en mis horas libres doy clases particulares de matemáticas a domicilio a estudiantes de secundaria lo cual me permitió ahorrar una buena cantidad de dinero que luego hice crecer dando préstamos con el 20 % de interés a los del barrio y no me iba nada mal. Como vivía con mis padres y ellos tenían una de las mejores bodega de la zona nada nos faltaba y también ahí los ayudaba dando atención ahí a los clientes.

    Todos nos compraban menos la señora Claudia que con su empleada iban solo al supermercado trayendo todo lo necesario para la semana en víveres, como su esposo tenía muy buen trabajo nada les hacía faltar ella ni a su hijo que tenía 13 años y menos hablaba con sus vecinos así como era de pedante y vanidosa lo era de bella siendo la envidia y al mismo tiempo criticada por todas las señoras del barrio.

    Claudia tendría más o menos unos 42 años pero no pareciera que había tenido un hijo su cuerpo estaba espectacular sus nalgas bien puestas y una cintura que luego daba a conocer sus anchas caderas y las tetas no se quedaban atrás de muy buen tamaño y muy bonita de cara todos los días iba al gimnasio y cuando salía con sus ropas de gym era toda una tentación para los hombres.

    Pero con la inmigración masiva de venezolanos al país todo cambiará en su vida porque su marido la dejaría por una venezolana más joven que luego de ser su amante le exigió vivir juntos y abandonó su casa, claro que cumplía como padre pero ya no era lo mismo pero ahí no terminaría las desgracias a la señora Claudia porque su ex por complacerla a su nueva pareja descuido su trabajo y lo perdió y ahí sí su economía cambió por completo.

    Adiós empleada y gimnasio y otra cosas más sólo recibía lo necesario para vivir, ella acostumbrada a la buena vida le chocó el cambio radical pero lo tuvo que asimilar. Una tarde que no había muchos clientes la vi entrar a la bodega por primera vez se veía despampanante y compró algunas cosas y se acercó a caja a pagar ahora la tenía tan cerca y vi sus ojos verdes era toda una muñeca ella me quiso decir algo pero en ese momento también llegó otro cliente a pagar así que rápidamente apuntó en un papel algo y me lo dio y se fue.

    Veía como se movían sus caderas al marcharse y por unos segundos me quedé como hipnotizado admirando su cuerpo que la señora que estaba por pagar me levantó la voz molesta, cuando vi lo que había escrito era un número de celular así que llamé.

    – Aló… ¿quién habla?

    – Aló señora Claudia soy Pablo Ud. me dio su número en la bodega…

    – Ahh si me enteré que haces préstamos y deseo que me hagas un préstamo de 2,000 soles hasta el fin de mes ¿puedes o no?

    Aún mantenía su manera de hablar toda soberbia le explique cómo era el interés y que tenía que firmar un documento de compromiso de pago le pareció bien y quedamos entonces le dije para ir a casa pero no quiso y tuvimos que encontrarnos en otro lugar.

    Cuando llegó al restaurante donde habíamos acordado vernos estaba como siempre muy bien vestida y elegante y jalando las miradas de los hombres por ese momento fui la envidia de ellos un muchacho joven con tremenda mujer en la misma mesa, preguntó si desea algo del beber dijo que no entregó en un sobre manila la cantidad de dinero que había solicitado firmó y se fue.

    Cuando llegó fin de mes no supe nada de ella y tampoco me llamó, varias veces llamé a su celular pero tampoco contestó ya me preocupe algo así que fui a tocar su puerta y abrió su hijo y me dijo que su mamá no estaba le dejé el recado que le diga que la estoy buscando y me fui molestó.

    Ya había pasado dos semanas que no sabía nada de ella y en eso recibí una llamada de un número desconocido cuando contestó resultó ser ella y me pidió disculpas varias veces que había tenido un problema mayor que si podía esperar un tiempo más pero no acepté.

    – Está bien entiendo que estés muy molesto ven a mi casa en la mañana qué no está mi hijo para conversar pero ten cuidado que nadie te vea por favor…

    Le dije que iría pero no a conversar si no a que me pagué la deuda que me tiene, su voz ya no era para nada la misma que la primera vez al contrario era otra toda sumisa. Cuando vi que su hijo se fue al colegio y nadie veía rápidamente fui a su casa y toqué y abrió la puerta ella y me hizo pasar viendo que nadie esté cerca y mirando…

    Nos sentamos en el sofá y me ofreció algo de beber y al igual que ella hizo no acepté sólo estaba ahí para cobrar mi dinero más los intereses su cara era de preocupación y me pedía que por favor si le podía esperar ante mi estaba la mujer más pedante del barrio suplicándome totalmente vencida pero negocios son negocios ya estaba viendo en su casa lo que tenía y me podría pagar el televisor de última generación 4k u otra cosa.

    – Nooo el televisor no mi hijo me mataría si lo dejo sin el…

    Yo no me iba a ir de su casa sin cobrar así que le dije que algo tenía que darme pero que tenga el valor de la deuda, ella me vio y ante mi sorpresa se levantó del sofá y se inclinó dándome la espalda y se levantó la falda que llevaba dejando ante mis ojos sus enormes glúteos blancos tenía una tanga roja que se metía en medio del culo.

    – Está bien Pablo cóbrate lo que te debo… Sé que te gustan mucho y siempre me veías cuando pasaba por tu casa… son todas tuyas…

    (continuará…)

  • El hermano de mi hermano es de cuidado (II)

    El hermano de mi hermano es de cuidado (II)

    Parecía que nuestros padres habían olvidado comprar la cama que habían dicho y ya llevábamos casi dos meses y nosotros seguíamos sin decir nada porque lo teníamos más fácil para follar cada día antes de dormirnos. Sinto comenzó a ir a la Universidad, casi todos los días teníamos parecido horario, aunque estábamos en años diferentes, a mí me faltaba poco para la licenciatura en medicina, pensaba hacer doctorado y algún máster de especialización con la idea de acompañar a Sinto, pues cada día lo llevaba yo en el coche que nuestros padres compraron para nosotros dos. Nos portábamos muy bien, decían ellos.

    Ya había comenzado a hacer fresco, y en la cama teníamos de cobija el nórdico con funda, que era muy grande y nos cubría bien, así que ya no usábamos sábana en la parte superior. Nuestros padres madrugaban diariamente, solomos sábados y domingos podíamos verlos. Sinto y yo comíamos en el comedor universitario. El problema era Gonzalo que no salía de casa, pero mamá Martina siempre le dejaba algo cocinado que solo tenía que calentar. Ya llevaba más de tres meses sin salir de casa, su programa era su habitación salir a comer tres veces al día y volver a su habitación.

    Mientras, Sinto y yo íbamos cada vez uniendo nuestras vidas en lo profesional futuro, ambos hacíamos medicina; teníamos claro que nos queríamos algo más que por el simple hecho de ser hermanos o medio hermanos, qué más da; comenzamos nuestra relación por el placer y pasamos a realizar todo lo que se puede hacer con el sexo entre dos hombres, pero un día nos dijimos que quizá sería bueno planificar nuestra vida de cara al futuro orientándola hacia nosotros dos y así evitar que surgieran otras cosas con otros. Ambos estábamos de acuerdo.

    La habitación nuestra era amplia, muy espaciosa, tenía un closet grande y cabía la ropa de los dos, ropa que al principio estaba muy ordenada en dos compartimentos —la tuya y la mía—, y que pronto dejó de ser así, porque al ser de la misma estatura y mismas tallas a pesar de la distancia de los siete años, cada uno se ponía lo que le gustaba o tenía delante. A veces ocurría lo siguiente:

    — Ponte mi pantalón y tomo tu camisa.

    — ¿Qué tal me queda este jockstraps tuyo?

    — ¿Vas a usar hoy este jersey, si no me lo pongo yo.

    Ya no había ropa de nadie, toda la ropa era de los dos. Pero en casa nadie nos dijo nada, tal vez porque no caían en la cuenta, pero yo pienso que nuestros padres no tenían tiempo a pensar en nosotros, solo nos daban el dinero que necesitábamos y a veces más, lo que nos indicaba que los negocios les iban bien. La mamá de Sinto, Martina, tenía un puesto de mucho prestigio en el mercado, allí se hacía cola para adquirir quesos, jamones, embutidos, algunas conservas y otros productos de cierto lujo como aceites vírgenes, etc.; mi padre era distribuidos de mercancías de importación, desde España al extranjero y al revés, claro lo mejor que veía se lo llevaba a su esposa y con eso aumentaban más las ventas. Tengo que reconocer que aunque no nos prestaban mucha atención al ser mayores, trabajaban para nosotros, porque nunca nos vimos privados de dinero ni para comprar nuestra ropa, ni los pagos en la U ni para nuestros caprichos. Pero nosotros ahorrábamos bastante porque nuestros gastos de capricho eran escasos, ya que nuestros gustos se limitaban a dos pollas y dos agujeros del culo; pues de eso estábamos bien servidos y era y lo será siendo gratis.

    Un día noté que mi armario estaba revuelto y esperé a que viniera Sinto para que lo viera. Yo estaba sentado en la cama de cara al ropero.

    — ¿Qué has hecho?, ¿por qué esta revuelto el closet? —preguntó.

    — No lo sé, así me lo he encontrado yo —respondí.

    Yo no quería acusar a Gonzalo por ser su hermano, pero Sinto mismo dijo:

    — Eso es cosa de Gonzalo, busca dinero o droga o qué se yo…

    — Eso mismo pienso.

    — ¿Se lo decimos? —preguntó Sinto.

    — Mejor lo dejamos pasar, no falta nada, ya sabe que no tenemos lo que busca y nos dejará tranquilos —respondí.

    — Está raro, lleva meses sin salir de su cuarto —dijo Sinto.

    — Debe tener miedo —dije,

    — ¿Miedo..?, ¿a qué? —preguntó Sinto.

    — A la policía —sentencié.

    — ¿Ha hecho algo malo?

    — No lo sé —respondí.

    — y… ¿por qué has dicho la policía? —insistió Sinto.

    — Si no es la policía, es peor todavía, son su gente que lo buscan porque habrá hecho algo que no les gusta —dije, pensando más en las películas que en la realidad.

    Sinto con mucha calma dijo:

    — Algo de eso será, es tonto.

    Pusimos orden al ropero y nos fuimos a la cocina donde estaba mamá Martina. La encontramos llorando, nos pusimos a su lado, Sinto le preguntó:

    — Mamá ¿por qué lloras?

    — Ahora vendrá papá y nos lo contará —y siguió llorando.

    Nos sentamos todo el tiempo con ella hasta que viniera papá no sabíamos de dónde. Entró, gritó muy enfurecido, vino a la cocina, nos miró y dijo gritando:

    — Pero… ¿qué hijos tengo?

    (Silencio total).

    — Sí, Martina ¿qué hijos tenemos? Ladrones, drogadictos, asesinos, maricones, incestuosos… ¿qué pasa?

    Mamá Martina callaba y lloraba.

    — A ver, Julio, ¿eres maricón? y dime la verdad —gritaba mi padre.

    — Sí, papá, soy homosexual —respondí.

    — ¡Mierda puta! ¿Y tú, Sinto, también eres homosexual? —preguntó mi padre mariconeando la voz en la pregunta y con volumen más bajo.

    — Sí, papá, yo soy gay.

    — Vamos, que tengo dos hijos maricones en casa, los que estudian, los que se portaban bien, los hijos ejemplares, claro que sí, ellos tenían que ser maricones, claro… pero no acaba ahí todo, ¿sabes Martina? nuestros hijos se acuestan juntos y hacen cochinadas de maricones…

    Mamá Martina levantó la cabeza, dejó de llorar, miró la furia de su esposo y dijo:

    — ¿Cuántas veces te he dicho yo que compráramos la otra cama y dividiéramos la habitación?…

    — Claro, claro que sí, la culpa es mía… Tu hijo Gonzalo acaba de decirme que mis dos hijos son maricones porque lo llevan en los genes y yo soy el que lo ha transmitido…, y tú me hablas de la cama y la división…, pues ahora tenemos la habitación de Gonzalo libre, ¿quién de los dos va allí? ¿y los genes dónde están?

    (Silencio total).

    — Pues yo diré quién se va…

    — ¡Ninguno! —dije gritando.

    — ¿Qué? —Exclamó mi padre—, ¿quién manda en mi casa?

    — Papá, escucha, por favor…

    — ¿Qué tengo que escuchar yo? dime ¿qué tengo que escuchar?

    — A tus hijos lo que te digan —dije.

    — Vale, pues habla… —me dijo.

    — Primero nos cuentas que pasa con Gonzalo, luego lo nuestro. Gonzalo es hijo de mamá y hermano de Sinto, lo quiero como a un hermano, ¿qué ha pasado? Luego seguiremos hablando, y serénate, papá, serénate, por favor, que mamá sufre en silencio.

    — Empezamos a entendernos, respondió mi padre.

    Entonces nos contó que había sido asesinado hace ya cuatro meses el papá de Gonzalo, que la policía había cercado al señor Monisario que es como se llamaba el tal sujeto. La policía estaba y está buscando al asesino o asesinos, porque había sido acuchillado diecisiete veces con tres cuchillos diferentes. Explicó que iban buscando a Gonzalo, el propio hijo, como uno de los sospechosos, pero que no es el único; que los negocios de Juan Manuel Monisario, el padre de Gonzalo, estaban relacionados con la droga y una banda competidora se lo quería arrebatar. Esta lucha interna es lo facilitó a la policía ir recopilando datos de las dos bandas. Por fin dieron con Martina y le preguntaron qué sabía de su ex esposo, como les dijo que no sabía nada de su ex, le preguntaron si sabía de su hijo porque no aparecía y ella tuvo la debilidad en ese momento y lo llamó.

    Cuando apareció fue inmediatamente detenido y está en la carceleta de comisaría esperando la decisión del juez. Toda una retahíla de novedades, porque mamá Martina nada sabía de los negocios de su ex ni de la complicidad de su hijo. Precisamente el juez que había concedido la custodia de Gonzalo a su padre, ha tiempo que había sido encarcelado como un capo de la mafia y ya había muerto en la prisión.

    Por fin relató que cuando la policía se llevaba a Gonzalo, este gritó, de cara a su madre:

    — Tú no sabes nada, te has casado con un maricón, sus hijos son unos maricones y se acuestan juntos para follar.

    Esta era una de sus lindezas, pero desde la casa hasta la camioneta de la policía, iba diciendo cosas de Julio y Sinto sin parar. Cuando mi padre fue a la comisaría a prestar declaración de cuánto tiempo estuvo viviendo últimamente Gonzalo en nuestra casa y de sus actividades, le permitieron verlo y él le había declarado todo lo que Sinto y yo veníamos haciendo.

    Entonces se encaró con nosotros para que le dijéramos la verdad de todo lo nuestro. Diríamos que ese día salimos del armario porque dijimos la verdad sin reticencias. Cuando habíamos acabado todo el asunto, mi padre dijo:

    — Para vivir en esta casa, tenéis que dejar estas cosas.

    — Papá, esto es un asunto personal nuestro, si lo impides me echas a la calle —dije yo.

    — ¡Pues te vas! —gritó mi padre.

    — Si Julio se va yo también me voy, —gritó Sinto que jamás había levantado la voz.

    Mi padre se puso a mirar a mamá Martina y ella dijo:

    — Lo que los chicos hagan entre ellos no daña a nadie; si los echas, yo también me voy con ellos.

    — Pero…

    Martina cortó en seco:

    — Ya estoy hasta de que mis esposos maltraten a mis hijos, ya tengo uno en la cárcel por culpa de mi primer esposo, ¿ahora dos hijos en la calle por culpa tuya? No, a Julio me lo he criado yo siendo pequeño y es un amor conmigo, tú solo no decides de él; de Sinto ni qué decir…, estos hijos míos se aman, mejor los quiero que se amen a que se odien…

    Mi padre calló un rato largo y al final dijo:

    — No voy a ser yo quien te haga la vida imposible, mi niña, si quieres a nuestros hijos, yo también los quiero, aunque no entiendo nada…, yo no quiero ser culpable de esto, no quiero, no quiero…

    Y se puso a llorar como un niño desesperado. Nos acercamos Sinto y yo para abrazarle y le dije:

    — Papá, no eres culpable de nada, nadie tiene la culpa de cómo somos, tampoco sois culpables de que nos amemos intensa e íntimamente, es cosa nuestra, pero siempre nos has cuidado y con mamá Martina junto a ti hemos sido felices…, creo que un día entenderás mejor esto que nos pasa…

    Nuestros padres se retiraron y nosotros también, solo teníamos pena por todo lo ocurrido, nos abrazamos y lloramos. Al día siguiente nos fuimos a la U sin ganas, pero lo consideramos necesario. Durante la comida en el comedor universitario hablamos de lo que haríamos si mi papá insistía y si mamá Martina se ponía contra mi padre. No sacamos provecho en toda la mañana, habíamos estado pensando todo el tiempo en todo lo ocurrido el día anterior. Sinto me mostró el periódico que había comprado con toda la noticia sobre Gonzalo. Cuando acabaron todas nuestras clases nos fuimos a casa con la idea de inscribir a Sinto en el gimnasio. Pero estaban esperando nuestros padres y nos quedamos quietos frente a ellos. Mi padre nos dijo:

    — Ahora vais a vuestra habitación y ponéis orden.

    En silencio fuimos a nuestra habitación y encontramos una cama Queen de 180 cm de ancho por 200 cm de altura. Aquello parecía una plaza de toros rectangular. Cayeron al suelo nuestras mochilas y nos abrazamos. Se asomaron nuestros padres y los abrazamos y besamos mostrándoles nuestro cariño. Era una cama exactamente igual que la que usaban nuestros padres.

    Esa noche sí. Si la noche anterior había sido una noche de duelo, ahora en esta noche fue el despilfarro de nuestros padres el que nos animó y rubricamos nuestro amor con una follada por partida doble, primero nuestros besos, de los cuales teníamos ya un excelente historial, los movimientos en esa cama fue libros y nos buscamos con un 69 para preparar las entradas para nuestros penes. Y finalmente follé a Sinto como era su gusto y le di mucho placer. Pero como soy envidioso, quise volver a comenzar tras un ligero descanso, porque deseaba que Sinto me hiciera perder mi virginidad anal. Fue la primera vez que lo hizo y le gustó, a mi también y desde entonces nos hemos convertidlos dos en versátiles.

    Nuestra vida ha transcurrido en paz desde entonces, primero ejercí yo la medicina luego hemos conseguido que mi padre ampliara la gama de sus negocios y nos ha abierto un dispensario especializado en Nefrología. Ahí trabajamos los dos, somos felices, mis padres se han mayores, vivimos los cuatro en la misma casa. De vez en cuando vamos a visitar los cuatro a Gonzalo. Siente pena por no haber seguido viviendo con nosotros, intentamos no dar mucha importancia a esto, pero se siente acompañado. Cuando salga de la cárcel, somos su familia y lo esperaremos para acogerlo.

  • No lo pienses demasiado (Parte 9)

    No lo pienses demasiado (Parte 9)

    Empecé a trabajar y llevarlo todo se había convertido en quebradero de cabeza, tenía que llevar la casa, los estudios, mi familia, a Carla y las 12 horas que echaba los días que trabajaba, pero merecía la pena ya que mi trabajo me encanta.

    Me adapté rápidamente al trabajo, siempre iba con el mismo compañero, un chico con un par de años más que yo que me ayudó a ponerme al día y con el que enseguida cogí mucha confianza ya que pasábamos muchas horas juntos.

    Mi marido no llevaba muy bien el tema del compañero ya que tenía algo de celos de él (me sabe mal decirlo pero el pobre no sabía ni de dónde le venían), Carla también andaba celosa ya que pasaba muchas horas con él y era un chico muy atractivo. Era un chico que llamaba la atención, alto, morenito de piel, con el pelo negro, fuerte de gimnasio, era agradable a la vista pero para mí nada más. Hugo tenía pareja y estaba muy tontito con ella ya que llevaban poco tiempo juntos y yo ya tenía bastante con las dos relaciones que tenía como para ponerme a buscarme otra más.

    Hacemos turnos de 12 horas pero en ese tiempo no estamos todo el tiempo trabajando, ya que sólo salimos cuando hay faena, mientras tenemos que permanecer en un centro que es nuestra base. En la base tenemos una habitación común para comer y pasar el rato y una habitación para cada uno con una cama, para poder descansar en el turno de noche o durante el día. En los ratos libres que teníamos poco a poco según íbamos cogiendo confianza hablábamos de temas personales.

    Hugo: Jo Irene echo de menos a Elena. -Hacía como que lloraba.

    Irene: Ooh qué bonito al principio, seguro que tampoco hace tanto tiempo que no os veis.

    Elena era la novia de Hugo, llevaban un par de meses saliendo, trabajaba en la misma empresa, las mismas horas pero a turnos distintos y en otra base. Sólo un par de compañeros y yo en la empresa sabíamos que estaban juntos ya que lo llevaban con discreción para evitar los comentarios.

    Irene: Hugo estoy pensando que como está noche Elena no trabaja, dile que se venga aquí y así podéis dormir juntos, lo único que cuando tengamos algún servicio se quedará aquí sola.

    Hugo: Puff no sé Irene es buena idea pero si se entera alguien vamos los dos a la calle.

    Irene: Quien se va a enterar? Estamos solo nosotros, además lo mismo yo te pido algo parecido otro día si me guardas el secreto claro.

    Hugo: Pues por mi perfecto, esto queda entre nosotros y tú ya me pedirás cuando quieras. Muchas gracias Irene!!

    Elena vino esa noche y muchas más a dormir con Hugo y por supuesto nadie se enteró, y yo me estaba planteando invitar a Carla a pasar una noche también.

    Por cambios en el cuadrante ésta iba a ser la tercera semana sin poder ver a Carla y ya era más que molesto, así que me decidí a hablar con Hugo para pedirle mi favor.

    Irene: Hugo creo que voy a pedirte el favor que teníamos pendiente, puedo confiar en ti? Te va a parecer algo extraño bueno…

    Hugo: Claro tía, pide por esa boquita que yo soy un tumba, gracias a ti Elena y yo ahora nos podemos ver más.

    Irene: Bueno… verás… tú sabes que yo estoy casada no? A ver cómo te lo digo…

    Hugo: Va suéltalo, que no me vas a asustar!

    Irene: Me gustaría que alguien viniera a dormir algún día conmigo y ese alguien obviamente no es mi marido.

    Hugo: Bueno tampoco es tan raro, yo te guardo el secreto.

    Irene: Ya… La cosa es que, ese alguien, es una mujer… Ya sé que parece algo raro pero bueno, espero que puedas tener discreción con el asunto, no te lo pediría si no fuera importante para mí.

    Hugo: A ver Irene, para mí viene una amiga a verte y lo que hagas de la puerta de tu habitación para adentro no es cosa mía ni de nadie. Puedes estar tranquila que yo no se lo contaré a nadie. -Se acercó y con una sonrisa me apretó con sus grandes brazos.

    Irene: Jo muchas gracias Hugo, Carla se pondrá súper contenta.

    Hugo: No hay de qué, ya me presentaras a Carla.

    Según terminamos de hablar Hugo y yo, cogí el móvil y le escribí a Carla.

    Irene: Buenas rubia, tengo una buena noticia y otra mala.

    Carla: Bueno pues empieza por la mala supongo.

    Irene: Me han cambiado el cuadrante y esta semana tampoco nos podremos ver…

    Carla: Joder Irene… Es una muy mala noticia, te echo mucho de menos… después de esta tan mala no creo que la buena me anime…

    Irene: Ya lo sé Carla yo también te echo de menos, por eso la buena noticia te va a gustar. He hablado con Hugo, le he contado lo nuestro y he quedado con él en que vendrías a pasar alguna noche conmigo a base. Podríamos estar juntas, lo único que si me sale algún servicio tendrías que quedarte sola en base hasta que volviera.

    Carla: Eso es genial, pero seguro que Hugo es de fiar? No quiero que te metas en problemas.

    Irene: Sí tranquila, él también lo hace con su chica.

    Carla: Ok, pensaré en alguna historia que contarle a Fernando y la próxima noche que tengas iré. Ya lo estoy deseando.

    Irene: Empiezo las rondas de noche mañana, así que cuando quieras allí te espero.

    En la segunda noche Carla le contó a Fernando que pasaría la noche en casa de su hermana y se vino a pasarla a base. La hermana de Carla sabía que tenía algo y le cubría las espaldas, aunque realmente no sabía lo que tenía, pero tenían buena relación y no le importaba hacerlo.

    Yo estaba ya en base empezando la noche sin parar de mirar el reloj.

    Hugo: Tienes prisa o qué? Te recuerdo que acabamos de entrar y son 12 horas.

    Irene: Ya lo sé – le saqué la lengua- Hoy viene Carla a pasar la noche, espero que no te importe.

    Hugo: Anda no me habías dicho nada. Tranquila no me importa, Elena también vendrá cuando termine su turno.

    Mi teléfono sonó, era Carla que ya estaba en la puerta, así que salí a abrirle y nada más entrar y cerrar la puerta Carla y yo nos besamos, con un beso largo y apasionado después de tanto tiempo.

    Hugo: Va Irene, preséntamela primero y luego ya haces lo que quieras.

    Los presenté, estuvimos hablando los 3 un rato mientras cenábamos algo y al poco tiempo llegó Elena. Ellos se fueron a su habitación y nosotros a la nuestra.

    Irene: Ves como Hugo es buen tío, se puede confiar en él.

    Carla: Sí parecen buena gente los dos, esperemos que sea así. Por cierto te he dicho que ese uniforme te queda muy bien?

    Irene: No me lo habías dicho, pero me alegro de que te guste porque no me lo puedo quitar por si tenemos un servicio… Como mucho la camiseta y las botas.  Mi uniforme constaba de botas, pantalón, camiseta de manga corta, sudadera los días fríos y un chaleco con bolsillos.

    Carla: De verdad que no hay problema. Me gusta el rollo del uniforme.

    Las dos estábamos tumbadas en la cama besándonos, a Carla le había quitado la camiseta y estaba en sujetador, acariciando su espalda mientras la besaba, cuando la emisora pitó y entró el primer aviso.

    Irene: Que oportuno… bueno me esperas aquí? No está lejos tardaremos poco.

    – Carla: Tranquila no me pienso mover.

    Hugo y yo nos fuimos y en unos 40 minutos volvimos. Al entrar en la habitación Carla seguía sin su camiseta y estaba esperándome.

    Carla: A ver por dónde íbamos. -Mientras me besaba me quitó el chaleco y la camiseta dejándome en sujetador-  Te parecerá raro pero déjate el chaleco.

    Irene: Mmmm está bien, tú mandas.

    Nos tumbamos en la cama, las dos nos comíamos a besos, le quité el pantalón a Carla, acariciaba sus piernas, apretaba su culo mientras la pegaba lo máximo a mi cuerpo y movía mis caderas moviendo a Carla que estaba encima de mí. Ella abrió la cremallera del chaleco y sin quitarme el sujetador sacaba mis pechos, los chupaba y mordía.

    Era increíble volver a tener a Carla en una cama y la emisora nos estaba dando una tregua.

    Me incorporé, agarré a Carla por la espalda, la tumbé a ella en la cama y yo me quedé arriba. Ella tenía la ropa interior puesta, metí mi mano dentro de su tanga y empecé a masturbarla mientras la besaba para silenciar el sonido de su respiración y sus gemidos. Teníamos libertad para hacernos, pero tenía que ser en silencio. Movía sus caderas con energía mientras la masturbaba, metiendo mis dedos, hasta que sus ojos se cerraron con fuerza, sus besos se pararon sin separar sus labios de los míos, su espalda se levantaba con pequeños espasmos y su cadera se quedó unos segundos para arriba para luego bajar despacio. Su cuerpo se relajó después de la tensión, sus ojos se abrieron y sus labios se separaron de los míos enseñando esa sonrisa perfecta suya.

    Nos quedamos tumbadas en la cama, Carla en ropa interior y yo con el chaleco del uniforme abierto, en sujetador y con el pantalón.

    Carla: Estoy pensando que mientras que solo te quites una prenda no habrá problema no?

    Irene: Cómo que sólo una prenda?

    Carla: Sí, ahora mismo estas sin camiseta, pero y si te pones la camiseta y te quitas el pantalón? Si tienes que salir es igual de rápido…

    Irene: No lo había pensado así, tienes razón.

    Me levanté de la cama, me quité el chaleco y lo dejé una silla y me puse la camiseta, Carla se levantó de la cama y vino hacia mi, me empezó a besar apasionadamente, mientras desabrochaba mi pantalón y me acariciaba por encima de la ropa interior. Me empujó a la cama y se tumbó encima de mí, me besaba en la cadera y en las ingles, apartó mi tanga a un lado y empezó a lamer mi clítoris. Miraba como Carla me comía y a veces me encontraba con su mirada, mi cadera se movía y mi manos se enredaban en su pelo. Estaba a punto de correrme cuando la emisora volvió a sonar y entró un servicio.

    Irene: Mierda… no pares… por favor… -Con una mano seguía sujetando la cabeza de Carla y con la otra miraba el mensaje de la emisora.

    Carla siguió con más energía y yo me corrí a los pocos segundos. Me senté en el borde la cama con la cabeza medio ida por el orgasmo, me puse el pantalón y las botas corriendo, mientras Carla estaba detrás de mí y me besaba en el cuello, me levanté, la besé y salí de la habitación.

    Irene: Enseguida vuelvo.

    Carla: Aquí te espero.

    Al verme salir todavía abrochando el cinturón del pantalón y la cara que debía llevar Hugo empezó a reírse.

    Hugo: Una noche «difícil»? Jajaja.

    Irene: Ahora mismo me gustaría un poco más de calma, pero no me importaría que fuera así siempre. Jajaja.

    Hugo: Tranquila no es nada grave, para un segundo y relaja que te veo un poco tensa. -Hugo se reía sin parar.

    Irene: Un segundo, aunque en realidad estoy bastante relajada… -Me estiré, respire hondo y me reí siguiendo la broma de Hugo- Vale ya estoy lista, dónde vamos?

    Hugo: Jajaja muy bien Irene!! Así mejor!!

    Terminamos el servicio y nos enlazaron con otro, ya llevábamos una hora fuera y tardaríamos por lo menos media hora más.

    Irene (móvil): Hola guapa, nos han metido otro servicio, aún tardaremos un poco en volver, descansa un poco.

    Guardé el teléfono sin poder leer la contestación de Carla, cuando terminamos el servicio y ya íbamos de camino a base pude mirarlo.

    Carla: Tranquila aquí te espero.

    Junto con el mensaje había una foto suya en la cama en sujetador.

    Irene: Puuff. -Se me escapó.

    Hugo: Todo bien?

    Irene: Sí todo bien. -Dije con una sonrisa de oreja a oreja.

    Hugo: Carla?

    Irene: Jajaja sííííí.

    Hugo: Venga pues a base, a ver si nos dejan descansar.

    Llegamos a base a las 3, todavía teníamos tiempo hasta las 9 para disfrutarnos un poco si nos dejaban. Entré en la habitación, Carla estaba dormida, me quite la camiseta, me tumbé despacito en la cama para no despertarla, podría haberme quedado simplemente mirándola pero no pude resistirme, me acerqué a su espalda, besé y acaricié su hombro y su cuello con delicadeza. Carla se giró y sonrió con esa sonrisa suya que me vuelve loca, nos besamos y empecé a recorrer su cuerpo con mis manos, con besos, con la lengua, mordiéndole… me gustaba ver cómo reaccionaba su cuerpo según lo que le hacía, su piel se erizaba, sus pezones se ponían duros, su corazón se aceleraba y sus pequeños quejidos cuando le mordía. Ella se dejaba hacer y a mi me encantaba hacerle. Nos pusimos de rodillas en la cama, me puse detrás de ella, con una mano la sujetaba por el cuello y con la otra recorría su cuerpo, besaba y mordía su espalda y su cuello. Pegué mi cuerpo al suyo, apretando mis pechos en su espalda, con la mano de cuello en ocasiones le permitía girarse un poquito para besarnos pero al poco tiempo volvía a girarle la cara. Jugaba con la goma de su tanga y hacía el amago de meter mi mano dentro pero no llegaba a hacerlo, cada vez que lo hacía Carla soltaba un pequeño gruñido y yo me reía. Su corazón y su respiración estaban a mil.

    Irene: Me encanta sentirte tan excitada. -susurré en su oído.

    Carla: Esto me recuerda a algo, es una venganza?

    Irene: Puede ser… -Me reí y le mordí en la espalda, esta vez algo más fuerte.

    Carla: Uuuffff.

    Irene: Lo siento no me puedo aguantar, estás muy rica.

    Por fin metí mi mano dentro de su tanga y empecé a frotar su clítoris, nuestros cuerpos estaban tan juntos que cuando ella se movía por el placer mi cuerpo seguía el suyo. Cuando ya estaba cerca del orgasmo, giré su cara y la besé para silenciarla aún con mi mano en su cuello. Carla se corrió, su cuerpo se quedó relajado apoyado en el mío, desde su clavícula podía ver sus pezones duros después del orgasmo, chupé mis dedos, nos tumbamos y nos seguimos besando.

    Carla: Dormimos un ratito a ver si nos dejan?

    Irene: Sí, vamos a descansar un poco, hasta el próximo aviso. Gracias por venir a pasar la noche, me encanta tenerte aquí.

    Carla: No tienes que darme las gracias, no se me ocurre un sitio mejor donde estar ahora mismo. Te quiero.

    Irene: Yo también rubia, que descanses.

    Nos quedamos durmiendo aproximadamente una hora y media hasta que volvió a sonar la emisora y me levanté con mucho cuidado para no despertarla. Volvimos a las 6:30 a base, entre con mucho cuidado a habitación y al meterme en la cama Carla se giró a verme.

    Irene: Hola rubia, estoy hecha polvo, he puesto el despertador a las 8, crucemos los dedos para que no suene más.

    Carla: Pobrecita mi niña, ven a dormir un ratito.

    Por suerte no volvió a sonar la emisora y pudimos dormir hasta que sonó el despertador. El cambio de turno de hacía a las 9 así que como muy tarde a las 8:30 Carla debía salir de base para no encontrarse con los compañeros de cambio.

    Carla: Buenos días – me besó – voy a vestirme.

    Antes de que pudiera levantarse de la cama la cogí por el brazo, tiré de ella, la senté encima de mí y empecé a besar sus pechos.

    Irene: Nooo, no te vayas todavía, todavía no te he disfrutado lo suficiente.

    Carla: Va no me hagas esto, sabes que tengo que irme, no me lo pongas más difícil.

    Decía eso pero su cuerpo no se movía ni un centímetro, yo aproveché para seguir metiéndole mano.

    Carla: Para por favor, ya se oye a Elena también por fuera, tengo que irme.- Esta vez si se separó un poco de mí.

    Irene: Vaaale, pero es un pecado dejarte así.

    Las dos nos levantamos, nos vestimos y acompañé a Carla hasta su coche.

    Irene: Volverás otra noche? Necesito más de ti.- Le puse cara de pena.

    Carla: No puedo decirte que no y lo sabes. -Me sonrío, me cogió por la barbilla y me besó.

    Irene: Me lo apunto.

    Nos despedimos, Carla se fue a casa y yo volví a base dónde ya estaban los compañeros del cambio del turno.

    Julio: Qué tal la noche? Mucha faena?

    Hugo: Mucha faena verdad Irene? -Se reía de mí.

    Julio: Mala cara tenéis desde luego.

    Irene: Uy sí, no hemos parado. -Le di un codazo a Hugo.

    Cogí mis cosas y me fui a casa.

  • Mónica, inicio inesperado

    Mónica, inicio inesperado

    Mónica perdió su beca debido a los descuidos y fiestas en la universidad, y a sus 19 años no sabía dónde busca trabajo, nunca antes trabajo. Pero además en ningún trabajo ganaría lo que necesitaba para pagar su escuela. Fue su amiga Mariana quien le platico de su trabajo de fin de semana. Lo cual la sorprendió muchísimo. Nunca le paso por la cabeza que su mejor amiga trabajara como stripper en un bar. Aunque ahora entendía porque nunca la veía en las fiestas. Jamás los acompañaba de antro, ni a ningún lado en fin de semana.

    —¿Pero, tú crees que me den trabajo?

    —Claro, estás bien buena.

    Mariana tenía razón, Mónica a pesar de ser bajita, de 1.55 de estatura, tenía unas nalgas deliciosas, razón por la cual era invitada a todas las fiestas y por lo que sus amigos hacían todo por estar cerca de ella. Además desde la adolescencia sus pechos se desarrollaron más de lo normal y verla en días de frío era un espectáculo divino.

    —Pero, ¿cómo puedes quitarte la ropa frente a la gente?

    —¿Te la quitas frente a tu novio?

    —Es diferente.

    —Es lo mismo, solo que vas a tener muchos más novios mirando.

    —No creó poder…

    —Si Quieres seguir estudiando sin beca, puedes hacer eso y más mamacíta! Pero allá tú.

    La plática quedó en el aire hasta el jueves, Mónica fue directo a Mariana y decidida le preguntó.

    —¿Y qué tengo que llevar o qué?

    —Solo ese culo hermoso.

    —Estoy hablando enserio.

    —Mira, debes tener vestuario. Pero yo te presto algo. Paso por ti a las ocho.

    —¡¿HOY?!

    —Si hoy, te bañas y no te maquilles allá nos maquillamos.

    A las ocho en punto, luego del mensaje de su amiga. Mónica bajó en un vestido corto y entallado que la hacía ver súper sensual.

    —¿Estás loca?

    —¿Por…?

    —No te vas a parar en una esquina. Cámbiate, ponte un pantalón.

    —Pensé que…

    —Ándale que tenemos que está antes de las nueve.

    Subió y se puso unos leggings parecidos a los que vestía su amiga y una sudadera. Cuando bajo, un taxi las esperaba y las llevo hasta el bar. Las Delicias, así se llamaba el bar. Y desde que bajaron del taxi, los tipos de la puerta se la comían con la mirada.

    —¿Traes tu identificación?

    —Sí, toma.

    —Tranquila. Ven, por acá.

    La siguió por un pasillo oscuro hasta que las luces la cegaron, luego subió las escaleras y entró a un cuarto con espejos enormes. Durante todo el trayecto, los hombres a su paso le clavaban la mirada. Estaba temblando de los nervios y quería salir corriendo. Pero siguió, y ahora estaba entre al menos una docena de mujeres desnudas. Maquillándose y poniéndose trajes que mostraban casi por completo sus partes íntimas.

    —Que te maquillen y ahorita te cambias, ¿quieres traje o disfraz?

    —un vestido.

    —¿Eres nueva? yo le presto uno. El negro cortito.

    —¿Que vas a bailar?

    —…

    —¿No le explicaste nada?

    —Mira, bailas dos, una rápida o así y una para desnudó.

    —El desnudó es completo o te descuentan en la caja.

    —¡¿TODO?!

    —Todo mi amor, mira ahí está el DJ dile de una vez.

    El tipo con un micrófono en la mano se acercó y como todos, la desvistió con la mirada.

    —Hola mi amor, como te llamas.

    —Mónica.

    —¡No seas pendeja! No tu nombre, uno artístico. Yo acá me llamo Chanel. Invéntate uno.

    —No sé… Thalía!

    —¿Thalía? Me gusta. ¿Y qué bailas?

    —No se… reggaetón o lo que sea!

    —Ok, tienes que estar pendiente al llamado.

    —¿Al que…?

    —Ya cámbiate y vámonos a una mesa.

    Le dijo su amiga, mientras se terminaba de peinar. Cuando salieron al salón, todos. Hombres y mujeres la seguían con la mirada y es que cada quedaba un paso, el contoneo de sus nalgas levantaba el vestido y dejaba ver su hermoso culo. Además su sonrisa coqueta y el rostro juguetón llamaban muchísimo la atención. Los clientes también reaccionaban y volteaban a verla. Sobre todo los clientes frecuentes, siempre estaban ávidos de ver carne fresca.

    —Ven mami, vamos a una mesa

    —¿Yo?

    —Las dos.

    —Vamos, para que veas qué pedo y no la cagues Mónica… perdón Thalía ja ja ja.

    Un par de señores entre los cincuenta y sesenta años las esperaban sonrientes. A su amiga la saludaron con familiaridad, y una nalgada. Y a ella solo de beso en la mejilla.

    —¿Y en serio ya eres mayor de edad?

    —Tiene diecinueve pero esa cara de pinga nunca le cambió.

    —Estas bien bonita, ¿cómo te llamas?

    —Thalía

    —¿Estas nerviosa?

    —Algo, es mi primer día.

    —invítale algo cabron, no me la espantes o no va a regresar.

    Con una seña, se acercó el mesero y tomó la orden. Enseguida les llegaron dos botellas de champaña. Thalía abrió los ojos sorprendida, nunca antes había tomado eso. Ella prefería la cerveza, pero tampoco diría que no.

    —¿Así de bien o más?

    —Gracias!

    —¿Ahora si vas a salir conmigo? Ya tienes quien te acompañe.

    —No salgo con clientes.

    —¿Y tu chiquita?

    —Ella tampoco.

    “Thalía primera llamada”

    Seguían bebiendo y charlando, el que le invitó la botella no dejaba de frotarle las piernas. Y en cuanto se acabaron las botellas. Llegaron otro par.

    —A ver, ¿prefieren novios que ni al cine las lleven porque no tienen dinero?

    —No es eso flaco, si salimos contigo y se enteran acá, nos corren.

    —Pues que las corran, nosotros las mantenemos.

    —Ja ja no les alcanza.

    “Thalía segunda llamada, prevenida”

    —Han de cobrar en dólares o euros no cabrona.

    —Casi casi, y tu ya casi pasas a bailar he.

    —Si, ya escuche. Mira, estoy temblando.

    —Te vamos a echar porras chiquita.

    “Thalía esta es tu tercera llamada a la pista”

    En cuanto se levantó sintió el Mateo por el champán, ya sonaba “sin pijama” de Becky G y el DJ tuvo que regresar la canción debido a la tardanza de Thalía.

    —Te tienes que quitar todo mami.

    —…

    En cuanto subió a la pista y sintió las miradas de absolutamente todos, los aplausos, los chiflidos y los gritos. Un leve empoderamiento se apoderó a de ella. Empezó a mover su cadera, a mover los brazos hasta que la armonía en su cuerpo fue total. El morbo con que la miraban la excitaba, sentía como el vestido subía cada que movía el culo y ya no le importaba. Estaba disfrutando por completo y las botellas le ayudaron a relajarse. Terminó la canción y empezó a sonar “Bum Bum” de Die antwoord. Y ella ya casi en un trance, comenzó a quitarse la ropa. Todos a su alrededor babeaban, ahora podían ver ese culo al aire y lo festejaban. Cuando termino de caer el vestido, sus dedos fueros al botón del sujetados y callo dejando ver sus pechos duros, hermosos, divinos. Ella sonreía con su cara de niña traviesa. Al final se bajó la tanga y se agachó hasta quedar a gatas. Movía su culito y dejaba ver su hermosa y rosa panochita. Aquello parecía la celebración de un gol en el estadio. El DJ animaba y todos gritaban y aplaudían.

    Cuando bajo, sudaba y apenas podía respirar por la emoción. Nunca pensó que sentiría esa satisfacción quitándose la ropa frente a extraños.

    —¡que rica estas mamacita!

    Le dijo el DJ, luego se vistió en el pasillo ante la mirada perversa de los meseros y volvió a la mesa, totalmente excitada.

    —¿Porque te quitaste todo pendeja?

    —¡¿No es así?!

    —La tanga no, y hasta te empinaste cabrona.

    —¿Seguro que eres nueva?

    —¡PENDEJO!

    —Pero felicidades amiga, mira como los dejaste.

    Todos seguían mirándola, y dos botellas más llegaron a la mesa. Aunque muchos querían en su mesa a Mónica, los caballeros no dejaron de invitarles botellas y los ánimos se calentaban. Su amiga bailó y le pidió que pusiera atención. Se acercaba a las mesas y le ponían billete en la tanga. Así cuando volvió a subir Thalía, el salón estaba a reventar y los gritos eran ensordecedores. Thalía estaba más que borracha, y cuando tomaba, perdía un poco el control. Así que ahora las bocinas sonaba un “a mi me gustan mayores” como le prometió a su enamorado de hoy. Y meneaba las caderas de tal manera que todos aplaudían y chiflaban. Aún con vestido, los clientas le pedían que se acercara para colocarle billetes en la tanga. Y ella se empinaba por completo, para que el vestido se levantara hasta su cintura. Para cuando empezó “Darte” de Alex Rose, ella ya tenía llena la tanga de billetes de todas las denominaciones. Incluso algunas clientas le ofrecían billetes a cambio de besos y Thalía encantada besaba a cada chica que se acercaba. Termino la canción y el bullicio era incontrolable.

    —Para ser tu primer día, estás reventándola mamacita.

    —Y ahora no me encuere toda.

    —Lastima, estás bien rica.

    —¡Pendejo!

    La risa del DJ le daba la total aprobación, las miradas de envidia de las de las chicas y los piropos a su paso también. Era casi hora de irse, pero para ella apenas empezaba la noche. Cuando salió junto a su amiga, con la cartera llena de dinero, supo que ahí estaba la respuesta a sus plegarias.

    —¡No mames amiga, en un día me gane…!

    —No te acostumbres, hoy eres la novedad. Tienes que hacer clientes.

    En ese instante, mientras esperaban su taxi, una camioneta impresionante y lujosa se detuvo frente a ellas. Eran los clientes con los que estuvieron durante la noche.

    —¿Vienen o les pegan?

    —Ya te dije que no…

    —¡Vamos!

    —Mira, tu amiga nueva si quiere, no seas aguafiestas.

    —Pero son diez…

    —Sin bronca mamita.

    —Para cada una.

    —Ahora si te manchaste pinche Chanel.

    —Ya casi llega mi taxi, ustedes deciden.

    Las puertas se abrieron y subieron de un salto. Llegaron a un hotel igual de lujoso, en la habitación ya estaban varias botellas de whiskey, comida y una charola con condones.

    —¿A poco piensan ocupar todos jajaja?

    —Mejor que sobren. ¿No crees?

    Su amiga y se fue al jacuzzi con su acompañante. Mientras ella por fin se enteró del nombre y la ocupación de su acompañante. Su nombre era Juan, tenían una empresa de construcción, a sus cincuenta y dos años, por fin se había decidido a tener aventuras. Esto se lo platicaba mientras en medio de besos le iba quitando la ropa. Ella también le confesó que en realidad su nombre es Mónica. Que solo acepto trabajar para pagar sus estudios y que estaba muy borracha.

    —Mónica, están bien pinche sabrosa. Sabes a nuevo.

    —Tu hueles rico… aaah!

    La lengua de Juan exploraba cada centímetro de Mónica, cuando llegó a sus pezones se detuvo y los chupo lentamente. Dejando sentir cada roce sobre ellos, luego descendió poco a poco, hasta llegar a su sexo. Casi ninguno de sus novios se tomaba el tiempo de hacerle sexo oral. Y nunca nada igual. Parecía que le daba un rico beso francés, y su clítoris lo disfrutaba, lo agradecía. Los gemidos no se hicieron esperar.

    —Siii papiii maaas! Que rico! Haaay! Aaaah!

    Incluso su amiga se asomó para constatar que no la estuvieran apuñalando.

    —¡PINCHE ESCANDALOSA!

    —Me vale haaa! Si sigue! Sigue papito!

    La lengua de Juan se internaba en su interior y ella estaba a punto de explotar. Sentía su vista nublada, el calor en su interior, unos pequeños espasmos. El orgasmo duro poco, pero para ella fue una eternidad gloriosa.

    —Métemela ya!

    —Primero mámamela chiquita.

    Sin perder tiempo se abalanzó sobre su miembro, pero el la detuvo en seco.

    —Tranquila, sujétate el pelo. Quiero ver tu cara, quiero ver tu boca con mi verga en ella. Pero despacio.

    —Así…

    Mónica metía suavemente en su boca aquella verga, mientras le sostenía la mirada a Juan. El movía su verga dentro y lograba marcarle chocando contra su mejilla.

    —Así, quiero ver tu cara bonita siendo penetrada por mi verga. Podrías ser mi nieta.

    —…

    —Solo que mi nieta no tiene ese culito redondo.

    —Ahora si, ven acá. ¿Sabes que va a pasar?

    —¿Me la vas a meter?

    —Si, te voy a dar verga mi niña.

    Colocó las piernas de Mónica sobre sus hombros, la beso tiernamente mientras iba acomodándose dentro de ella. Cuando comenzó a balancear sus caderas, los gemidos de Mónica eran incontrolables.

    —Siii que rico, que rico me coges papito rico!

    —¿Te gusta? ¿Eres mi perra lo sabes?

    —Sí, soy tuya cógeme! Dame más duro!

    Mónica estaba en trance, en cuanto pudo le dio la vuelta y se montó sobre el para dar sentones sin parar, ahora era el quien estaba totalmente inundado de placer. Pero él quería tenerla en otra posición. Empinada.

    —Agacha la cabeza hasta el colchón!

    —¿asiii?

    —Ahora levanta ese culo!

    En cuanto Mónica puso en el aire sus nalgas, y sintió las manos de Juan en sus caderas. Ambos se agitaron sin parar.

    —¡que rico culo mi amor!

    —Siii asiii dame más! No pares por favor! ¡Que rico!

    —¡ven acá!

    La cargo, tomándola de sus nalgas y ella lo tomó por el cuello. Mientras ella se balanceaba él se aferraba a sus caderas, el aliento de ambos se mezclaba al unísono. Mientras el terminaba, Mónica se estremecía en un orgasmo que la hizo chupar el rostro de su amante. El la recostó y siguió besándola.

    Cuando abrió los ojos, el sol estaba a todo color. Su amiga estaba recibiendo una charola de comida y sus acompañantes habían desaparecido.

    —¡Por fin despertó la princesa!

    —¡No mames! ¿Qué hora es?

    —3:15 de la tarde, no mames no despertabas.

    —¡Mi cabeza!

    —¿Pero qué tal anoche? Cuenta tu dinero… y tú pagas el taxi al rato. Tenemos que estar a las ocho en punto.

    En su bolsa de mano tenía dinero para pagar el semestre completo, la renta de un año y renovar su guardarropa.

    —No te vuelvas loca, y no descuides la escuela.

    —No no… no como crees… a las ocho… yo pago el taxi…

    —Y no podemos irnos con los clientes, no se puede!

    —Ajá… si… no podemos… a las ocho… ¡NO MAMES MI CABEZA!

    Mónica conoció a la persona más interesante del mundo, ella misma. Y pensaba aprovechar cada oportunidad. Le encantó ser el foco de atención y desnudarse frente a todo el mundo. Vendrán más aventuras.

    @MmamaceandoO

  • Nuestra amiga argentina y su nueva amiga Paula de la Facu

    Nuestra amiga argentina y su nueva amiga Paula de la Facu

    Yo sigo contando lo que me pasa, y me gusta hacerlo en caliente, esto me pasó hoy. Yo ya conté que es como que tengo una doble vida, una lo que cuento acá, y otra como soy con mis amigas (las del cole) y con las de la facultad, para ellas soy re tranquila, y jamás sospecharon nada de lo que hago (que es lo que cuento acá, y por eso lo hago, digo, por eso lo cuento acá, porque me gusta y necesito compartirlo).

    Este año empecé a cursar una materia con una chica que no conocía, llamémosla Paula; nos juntamos varias veces a estudiar en mi casa o en su departamento, chiquito, es 1 ambiente que se lo alquilan los padres, porque ella es del interior.

    Con Paula, siempre nos llevamos, bien, muy buena onda, ayer, después de terminar la clase, nos quedamos tomando un café en el bar de la facultad, y yo, muchas veces le hablé de mi novio y ella, nunca me contó nada de ninguna salida, o novios. Nos quedamos hablando un rato y yo vuelvo con el mismo tema, hasta que me dice algo así: ”Caro, te pido un favor, lo que te voy a contar no se lo vas a contar a nadie, me caes bien y creo que puedo confiar en vos” “obvio”, le digo, “nena cuéntame”, y de una me dice “soy lesbiana, solo dos veces me acosté con chicos pero siempre me atrajeron las mujeres, y hasta hace poco estuve en pareja con una chica de mi edad, casi vivíamos juntas, pero después nos peleamos”.

    La verdad, me quede helada, jamás lo hubiera pensado de ella, no es linda, pero tiene un cuerpito normal, no sabía que contestarle, lo único que le dije, es que no se hiciera problema, que no se lo iba a contar a nadie, y seguimos hablando de cualquier otra cosa, ah, y me dijo que por favor, no dejemos de ser amigas, que conmigo lo pasaba bien y ella sabía no mezclar las cosas, le dije que está bien, que no se hiciera problema, la verdad es que yo no quería seguir hablando del tema, por miedo a que me pregunta algo sobre mi relación con las mujeres.

    Hoy tuvimos clase de 8 a 10 de la mañana y ella tenía que volver a cursar a las 14 hs, yo no, y teníamos que preparar un trabajo práctico, y, como tantas otras veces, me dice de aprovechar ese rato para empezarlo, y que fuéramos a su casa, porque había dejado ropa en el lavarropas y la quería sacar para secarla (cosa que era cierto).

    Llegamos, tomamos café, hablamos boludeces, como lo hicimos siempre, hasta que en un momento ella vuelve a sacar el tema y me dice algo así (bien no me acuerdo porque la verdad me puse nerviosa).

    Paula: Caro, no te molesto lo que te dije ayer.

    Yo: ¿qué cosa?

    Paula: que soy lesbiana.

    Yo: no nena, olvídalo, empecemos con lo de la facultad.

    Yo no quería seguir hablando, porque me conozco, y si ella estaba sacando el tema por algo era, y esta vez por algo me había dicho de ir ¡a su casa!

    Paula: bueno, mejor, te puedo hacer una pregunta sin que te ofendas.

    Yo: si, dale (en el fondo sabía lo que me iba a preguntar, y yo soy my boluda, me vendo sola muchas veces, y más cuando en el fondo no se qué hacer).

    Paula: vos alguna vez, algo hiciste con una mujer, viste que ahora es común que nos demos picos, esas cosas.

    Yo: ehhh (y me di cuenta que me puse colorada), que se yo, a lo mejor alguna vez.

    Y Paula, me empieza a acariciar los brazos mientras seguíamos hablando.

    Paula: contame nena, ¿te gusto?, ¿viste que es distinto?

    Yo: bue, que se yo, no se… puede ser… (No sabía que decirle, me sentía una boluda, no quería hacerlo con una chica de la facultad, pero la situación me estaba calentando, esas situaciones cuando se dan así me calientan).

    Pau: dale nena, no seas tonta…

    Y me seguía acariciando los brazos cada vez más, y más, y yo no hacía nada, no me quería resistir, tampoco avanzar, estaba pasiva viendo que iba hacer ella, hasta que me pone sus dos manos en mi cara y me dice:

    Paula: así ¿te diste un beso con una mujer?

    Y suavemente me da un pico, me quedo quieta, me da otro, otro, no le digo nada, y en el siguiente pico, me empieza a meter la lengua para que yo abra la boca, (ese era el momento para que yo le diga basta o seguir, la decisión era mía, si yo abría la boca, sabia como terminábamos, si no la habría no pasaba nada, pero fue más fuerte que yo), abrí la boca y empezamos a jugar con nuestras lenguas, y los besos cada vez eran más intensos, más fuertes, ella se detiene, me pregunta “¿te gusta?” no le contesto nada y me sigue besando, así nos pasamos un buen rato, solo besándonos.

    Ya la calentura que teníamos era muy fuerte entre beso y beso, nos sacamos los abrigos, y ella me empieza a desaborar la blusa, le digo que no, que por favor ¡no lo haga!, pero mis ganas me vendían sola, me saca la blusa, yo me dejo y el corpiño también (ya era tarde para volver atrás).

    Me empieza a besar la panza, a acariciarla, hasta que llega a mis tetas, me las empieza a comer, con una suavidad que me puso loca, ya le había demostrado que me gustaba lo que me hacía. Con su mano me empieza a tocar la pierna (yo estaba con un jean largo), hasta que llega a mi concha y me la acariciaba sobre el jean, mis gemidos empezaban a salir, no los podía ocultar.

    Me empieza a desabrochar el jean y me lo saca, yo me dejaba, no podía decirle que no, me gustaba lo que sentía, ah estábamos las dos sentadas cada una en una silla, ella se agacha y me empieza a besar las piernas, y cada vez subía más y yo cada vez las abría más y gemía más, hasta que llega a mi conchita, me saca la bombacha, yo ya estaba desnuda, ella más o menos, y me la empieza a besar, a comer, me la mordía, mientras me acariciaba, me empieza a poner la lengua, a coger con la lengua, ¡no pude más! Le agarre su cabeza y la enterré en mi concha hasta que me hizo acabar muy fuerte, si quede, medio temblando, ¡acabé mucho!

    Ella se termina de sacar la ropa, me lleva a su cama, la situación la manejaba ella, me hace poner en la posición del 69, y yo arriba, otra vez me empieza a chupar, a comer la conchita y yo a ella, me gusto hacérselo, se la besaba, la mordía también le metía la lengua, Paula, mientras me la chupaba, con mis jugos me empieza a meter un dedo, dos en la cola, cosa que me puso más loca, y hacía que con más ganas se la chupara hasta que acabamos las dos juntas en un hermosos orgasmo.

    Pero acá viene la parte que no esperaba, ella me había dicho que era lesbiana, pero no me había dicho que le gustaba el rol de activa, o sea cogerse a las chicas.

    Me dice, espera, esto te va a gustar, saca del armario un cinturonga, se lo pone y me dice, “chúpala nena, como una pija, quiero ver como lo haces” se para al lado de la cama y yo sentada la empiezo a chupar mirándola, y ahí ella saco su parte de lesbiana activa, porque me empezó a decir “chupa putita, chupa que te gusta, sos muy putita” y todas esas cosas, que la verdad me hacían calentar y mucho.

    Después me dice que me ponga en cuatro, le hago caso (ella seguía manejando la situación), y me empieza a coger, me lo ponía, lo sacaba, me lo ponía, me bombeaba, me acariciaba las tetas, yo ya estaba re caliente, y me volvía a preguntar: ”¿te gusta putita? ¿Así?, ¿te gusta cómo te cojo?” yo caliente le decía que sí, que me gustaba que siguiera (quería acabar de nuevo, y ella ya estaba en su rol bien activo, que era lo que le gustaba), y siguió hasta que acabe, pero después que acabe siguió, me lo puso de nuevo y me metía uno, dos, dedos en la cola, hasta que empiezo a sentir que me quiere meter la pija esa en la cola.

    “No Paula, no, por favor”, le digo y me dice, “si a vos te gusta trolita, rubia puta, te gusta”, y me la empieza a meter en la cola y con su mano me tocaba la conchita que estaba totalmente mojada, y me decía “ vas a ser mi putita rubia, mira cómo te gusta que te coja” yo con la calentura que tenía le decía “si, cógeme voy a ser tu puta, pero seguí cogiéndome” y ella seguía diciéndome “putita ¿te gusta?”, “siii”, le decía yo, cógeme, así hasta que otra vez me hizo acabar y esta vez como una perra.

    Se saca el cinturonga y me dice, “me toca otra vez a mí”, así que me tire en su conchita y se la empecé a chupar a meter los dedos, ella, también me enterraba mi cabeza en su concha, y me seguía diciendo: “putita haceme acabar”, y yo me esforzaba para que acabara hasta que estallo en un orgasmo.

    Después, nos quedamos en la cama las dos desnudas acariciándonos, en silencio, hasta que me pregunta.

    Paula: Caro, no te enojes, pero vos ¿también sos lesbiana?

    Yo: no, nena, ya te dije que estoy de novia.

    Paula: eso no tiene nada que ver, no me mientas, esto, no es la primera vez que lo haces, estabas re caliente, te calentas con las mujeres, yo me cogí varias, pero vos fuiste de la más putas, no le dijiste que no a nada, te dejaste hacer la cola sin problema ¡y te gustó!

    Yo: está bien, Pau, no soy lesbi, pero si, alguna que otra vez me acosté con alguna amiga.

    La cosa es que ella ya se tenía que ir de nuevo a la facultad, nos dimos un beso y nos despedimos.

    Pero desde hace un rato no hace más que mandarme mensajes diciéndome lo bien que lo pasó, que lo quiere volver a repetir, que me porte como una rubia lesbiana y puta…

    No se… mañana cuando la vea que va a pasar, me gustó lo que hice, lo que sentí, pero no quería que fuera con una compañera de la facultad, me estoy yendo a la mierda.

    Por lo menos hoy salgo con mi novio, una buena pija hoy no me viene mal.