Autor: admin

  • El mejor masajista

    El mejor masajista

    Adoro los videos porno en que el masajista comienza a excitar a su cliente y se desata una ola de pasión, mamadas, cogidas y mucha leche. Así fue como hace diez años llamé a un masajista, era un domingo y llegó alrededor de las 7:00 PM a un loft en el que vivía en ese tiempo, lo vi muy profesional, venía vestido como un médico, con su gran portafolio, su mesa de masaje. Me confundí, hay masajistas que dan un masaje profesional y otros que te hacen gozar de un final feliz y a veces, muy pero muy feliz. Por su apariencia pensé que sería un profesional y, tristemente que no habría sexo, por lo que me decidí a disfrutar de un relajante masaje, que buena falta me hacía. Sentir las manos de un hombre fuerte, me excitaba, ya después completaría mi satisfacción con Manuela…

    Él me había pedido, cuando lo llamé para concertar la cita, que me diera un buen baño por lo menos media hora antes de su llegada, cuando llegó me encontraba muy limpio, en bata de baño y mis calzoncillos. Entró, desplegó frente a la cama su mesa de masaje y puso una sábana sobre la misma, me preguntó por un sitio donde pudiera cambiarse por ropa más cómoda para realizar su trabajo, lo invite a que con confianza entrara al baño, agradeciendo el gesto, me indicó que me quitara la ropa y me recostara para relajarme en la mesa de masaje, a lo que obedecí como buen paciente. Salió del baño con unos pants y una camiseta blanca, aunque menos profesional que el traje de médico, aún seguía aparentando ser un maestro del masaje.

    Estaba yo boca abajo, en esa posición tan cómoda que brinda tener tu cuello recto apoyando tu cara en la cavidad de una mesa de masaje, él tomó su aceite, lo escuché frotar sus manos y comenzó a masajear mi espalda… que manos, que forma de relajar y hacer sentir bien al cuerpo. La espalda, el cuello, la cabeza, las piernas, todo mi cuerpo fue consentido de una forma espectacular, estaba tan relajado que mi únicas dos trampas fueron: levantar un poco mi cabeza cuando él estaba justo frente a mi, estirando sus brazos para tallar sus manos largamente desde mis hombros hasta mis nalgas, notando que se había puesto los pants sin calzones y, que le excitaba su trabajo, por debajo de la ropa, se dejaba ver la silueta de un pene grande, a medio pelo y con una deliciosa cabeza (pensé, bueno, a mi tal vez me excitaría algo este trabajo); mi otra trampa era que, al pasar su dedo suavemente por mi año, yo levantaba las nalgas un poco más para mostrarle mi intención de obtener una más sexual atención después del masaje. Puede haber sido más atrevido, pero el masaje era tan bueno, que no quería que terminara.

    En su anuncio, mencionaba que el masaje era erótico, y si, tocaba mis partes en forma que nadie lo había hecho, delicioso. Como ya comenté, levantaba mis nalguitas cuando me tocaba el culo, y los huevitos, nunca hizo ningún gesto o sugerencia que indicara que quisiera sexo. Bueno, pues terminó con mi parte posterior y me pidió que me volteara, el masaje fue espectacular por el frente, talló y relajo mi barriga (me había solicitado también que no comiera nada por lo menos una hora antes del masaje) entendí por qué, lo apretaba, pero al mismo tiempo se relajaba riquísimo, pero mi desilusión creció, era demasiado buen masajista y lo disfrutaba al máximo, él los hacía mejor, sí, mucho mejor y pensaba que no habría un final muy feliz. Cabeza, cuello, hombros, tronco y piernas, wow, que buen masaje. Duró aproximadamente dos horas, al final, comenzó a masturbarme…

    En mi vida, ni yo que me conozco como nadie más lo hace, me habían masturbado de forma tan exquisita. Me excite y mucho, tanto que estiré mi mano para acariciar su pene sobre los pants, la tenía paradísima, metí la mano y comencé a masturbarlo con mi mano, que rica verga tenía. Se bajó los pants para que pudiera acariciar mejor su pene. Entiendan que llevaba dos horas de masaje, durante las cuales, acaricio de forma maravillosa mi ano y mi pene, más una puñeta espectacular, paso lo que paso, tuve un delicioso orgasmo. En esa época, estaba comenzando a explorar mi lado gay, surgió cuando comencé a ver grandes pollas en Internet y me excitaban más que las vaginas, muchos me entenderán, porque era el tiempo en el que después de venirme, se me quitaba lo puto tan rápido que ya no soportaba más de ese rico sexo entre varones. Le subí sus pants, le pagué, en el baño se cambió de nuevo, salió con su traje de médico y se fue, después borré su teléfono, era un puto principiante y quién me puede culpar…

    Buenos, pasaron los años, alrededor de diez, y no volví a ver a mi masajista. Ya había madurado algo en mi mundo gay. Después de un largo rato de visitar mis páginas de contacto gay favoritas un sábado por la mañana, donde todo mundo quiere pero al final no puede (no sé si te ha pasado, teniendo el culo deseoso de las ricas vergas anunciadas), recordé una de las primeras páginas gay que visité, donde conseguí mi primera cita con un hombre, de la cual ya escribí un relato en el sitio titulado «Me Quito los Zapatos». Por alguna razón, tal vez muy obvia, al ingresar después de años, me recordó al masajista. Claro, ahí había encontrado su anuncio, fui directo al vínculo de masajistas y ¡Eureka, su anuncio aún figuraba en la página! Lo llamé y acordamos para la tarde. Ahora vivo en un doceavo piso en un complejo de torres y apartamentos. Pues llego, se veía muy bien, unos años más añejado, pero era el mismo, le comenté que ya lo conocía pero él no me recordó. Con más experiencia gay y sabiendo que su masaje podría terminar en un final muy pero muy feliz, me encontró muy bien bañado y con un pijama ligero sin calzoncillos.

    Bien, ahora el masaje sería completo o dejaría de llamarme Giacomo. Después de desplegar su mesa de masajes, me pidió nuevamente una espacio para cambiarse, lo invité de nuevo al baño, yo me desnudé y recosté en esa rica mesa de masaje, salió con sus pants y su camiseta, también unas chanclas de baño. Conociéndolo, quería dos cosas: la primera, gozar de su amplia experiencia en el masaje, es un verdadero mago, vaya que te hace relajar y sentir fabuloso; la segunda, quería mamar y ser penetrado por esa rica verga. Pues bien, el masaje fue de lujo y hasta mejor que en nuestro anterior encuentro. Incluso, media hora antes de nuestra cita, fumé algo de yerba para lograr acrecentar mis sentidos, honestamente, incrementa sobre manera el placer. Después de dos horas de masaje, comenzó a masturbarme, igual que en nuestra primera cita, pero ahora, tomé la ofensiva. Retiré mi verga, con una puñeta tan rica, uno puede venirse y acabar la fiesta sin obtener lo que uno realmente desea. Me volteé boca abajo, comencé a acariciar su verga por encima de los pants, él se dejó, muy dócil.

    Lo acerque hacia donde tenía recostada mi cabeza, que estaba justo a la altura de su cintura, saque la verga de los pants, comencé a acariciarla, a apreciarla, de verdad era grande y la tenía como piedra. Comencé a salivar por el antojo y, a mi no me gusta salivar por salivar, comencé a lamerla, introduciendo su verga cada vez más profundo en mi boca, disfrute mamándosela, yo recostado, él parado frente a mi y gimiendo un poco, como aprobando mi habilidad para mamar. Se la mamé por un largo rato, ya goteaba néctar, mi comida favorita, disfruté como siempre jugando a chuparlo y estirarlo desde la punta de la verga, es una delicia. Como estábamos en la sala, había colocado una sábana sobre el sillón, él, nunca pregunto. Me senté y nos dimos un largo abrazo, muy apretado, de cierta manera, con mucho cariño, sentíamos cada uno a la persona, deseosa de afecto y sexo. Besábamos y lamiamos nuestras bocas, cuellos, pechos, acariciábamos nuestras espaldas, yo sentado en la mesa de masaje y él parado, con su rica verga entre mis piernas, frotando mi ano que ansiaba tenerla hasta adentro.

    Me paré y lo guíe hacia el sillón. Ya recostados, seguí mamándole la verga, después pasamos al sesenta y nueve, que rico mamaba. Soy pasivo, normalmente los activos son algo agresivos, él no, por lo que supuse que también le gusta recibir, no lo complací mucho, una que otra caricia en su culo, noté que le gustaba, pero llevaba diez años esperando a que mi culo lo recibiera. Ya no podía más, le susurré al oído que me cogiera, asintió con una sonrisa. Tomó lubricante del maletín de sus materiales de trabajo y un condón, se lo colocó, lubricándolo generosamente y lubricó mi ano, dedeándome como todo un profesional, mmmhhh, yo gemía de placer. Él se hincó, yo eché mis piernas sobre sus hombros, comenzó a darme rozones deliciosos con su pene alrededor de mi culo, que delicia, que técnica, lo giraba con su mano, y al terminar cada giro, lo metía en mi culo un poquito más cada vez, más y más, mi culo ya estaba excitado, con su técnica, llegó un momento en que la sentí toda adentro. Cuando me cogen, pierdo toda noción de tiempo y espacio, lo único que existe es mi culo y una verga dándole placer, me encantan los machos cumplidores, que aguantan un buen rato empujando su verga entre mis nalgas, este masajista, si me cumplió. En mi mente perdida, quería ser su perrita, por lo que saque su verga de mi culo y me volteé, poniéndome en cuatro, me penetro nuevamente, sentí delicioso, recostó su tronco contra mi espalda, por su peso, me eché, que rico sentía, era su perrita echada, así estuvimos por largo rato, su movimiento me daba placer, mucho placer y al tiempo. El acariciaba mi verga, sólo lo justo para aumentar mi placer y para que no terminara, un maestro del masaje y de la cogida.

    Yo ya estaba frenético, volví a sacar su deliciosa verga de mi culo y volví a voltearme, estábamos en la posición inicial, pero esta vez yo tenía su verga hasta adentro y mis piernas abrazaban fuertemente su torso, yo me movía haciendo círculos y hacia arriba y hacia abajo, teniendo el control de cuanto entraba, cuanto salía y la velocidad, me di placer con mi masajista que en ese momento era un juguete sexual a mi disposición. Tenía mi verga tan hinchada, el placer era tanto, ya no pensaba, sólo sentía que de mi saldría una enorme cascada de leche, comencé a masturbarme, con su enorme verga bailando frenética dentro de mi, el calor subió, subió y subió, mis ojos, imagino, ya estaban en blanco, como huevos cocido. No sé si se combinaron las dos horas de masaje más casi una hora que estuvimos fajando y cogiendo, comencé a venirme pero, extrañamente, durante unos segundo, no sentí muy fuerte el orgasmo, el siguió dentro, yo seguía mi frenético movimiento, un par de segundos más y vino lo que bauticé como el retro orgasmo, el pequeño orgasmo se convirtió de un momento a otro en un mega orgasmo, mi leche salió con tal potencia que calló en mi frente, en mi boca, mi pecho y finalmente sobre mi bajo vientre, en cantidades exorbitantes, las convulsiones de placer seguían sintiéndose en todo mi cuerpo, de forma intensa, y con cada una, veía un chorro de semen que se seguía emanando, acumulando, ha sido el orgasmo más largo que he sentido y el más lechoso. Saque su verga de mi culo, comencé a mamarla y masturbarla con mis dos manos, estaba agotado, pero quería su leche, tomó su verga con la mano, y al tiempo que la golpeaba contra mi lengua y mis cachetitos, se masturbaba como un maestro, la metía y bombeaba hasta el fondo de mi boca, la tenía hasta adentro, vi que su cara se contraía en un gesto de gran placer y sentí su leche en grandes, calientes y potentes chorros derramándose dentro de mi boca, la trague toda y seguí mamando hasta dejarla limpia, mi cara y mi torso seguían llenos de mi leche. Los dos estábamos exhaustos, él se paró, fue al baño para traerme bastante papel higiénico, para que pudiera limpiarme. Lo intenté hacer, pero de plano estaba exhausto, no podía moverme, me había exprimido de la A a la Z y él lo sabía, me limpió muy bien, luego, tiernamente cerró mis ojos y me dio un lindo masajito en mi cara y hombros. Después de un rato, logré despabilarme, aunque algo tembloroso, lo abracé y le agradecí su excelente trabajo. Pagué sus honorarios, regresó a su disfraz de médico y se fue. Ya no soy el gay inexperto de antes y, ahora puedo obtener por un precio muy accesible al mejor masajista de la Ciudad de México. Y, por supuesto que seré uno de sus mejores clientes. Si eres activo, puedo suponer, por los gemidos que emitió cuando sobé su culito mientras fajábamos, que también le gusta sentarse en una rica verga. En fin, que rico masaje y que deliciosa cogida, la recomiendo de todo corazón y con todo mi ser.

    P.D. Al platicar con él durante el masaje, le pregunté qué tal iba el trabajo, me comentó que por la inseguridad había estado bajando y que ese es su único trabajo. También se cuida, si le llamas y vives en una zona que tiene fama de no ser segura, declinará tu oferta o te dará la alternativa de encontrarse en un hotel en zona segura. Pienso que una persona que es honesta y sobre todo, tan excelente y profesional en su trabajo, debería tener llena su agenda, si te gusto mi pequeño relato, espero que te animes y le llames, no te vas a arrepentir, y vas a gozar como nunca, es un maestro. No doy su nombre (la verdad no sé, como pasa regularmente en estos casos, si realmente es su nombre).

    Y otra, soy de buen ver, vivo sólo y me encanta el sexo, déjame algún comentario en el relato y tal vez, disfrutemos tu y yo de un masajito delicioso.

  • Historias de oficina (Temporada 2 – Capítulo 5)

    Historias de oficina (Temporada 2 – Capítulo 5)

    Observe el sombrío reflejo que el espejo me devolvía, mis ojeras se veían cada vez más grandes. Apague la luz del baño y me retire hasta el living tirándome en el mullido sillón. A mi lado una copa de un exquisito coñac aguardaba junto a él un enorme puro.

    Pensaba en como mariza se había alejado de mi vida, en realidad en como yo lo había hecho. La única palabra que podría hacer justicia a como había actuado era imbécil, lo era… tome la copa junto con mi puro, con un solo sorbo el delicioso liquido desapareció. Di una gran pitada largando una gran bocanada de humo, deambulé por la casa hasta llegar a mi bodega. Observe cada una de las botellas que reposaban tranquilamente en su lugar asignado, tal vez no podría reparar todos los daños causados, pero si podía comenzar a hacerlo. Tomé una unos cajones especiales para el transporte de las botellas y las empecé a guardar.

    Las horas pasaron, había sido testigo de cómo mi colección personal había sido eliminada. Las había separado en dos grupos, las más baratas y comunes no podían mezclarse con las demas. Escuché un ruido que veía desde el piso de arriba, extrañado subí la escalera de roble hasta que al final Lucio salió de la nada “amenazante” según él con una mandolina. Fue como un patético screamer efectivo, a fin de cuentas.

    -Oh disculpe Sr. Vask

    -Lucio… ¿Qué estás haciendo?

    -Lo lamento mucho, no sabía que estaba pasando.

    -Estoy remodelando – respondí volviendo al trabajo – ¿Puedes bajar esa mandolina por favor?

    -Seguro… ¿Cómo termina esta remodelación?

    -Ya verás, ayúdame a llevar todas estas pocas cajas al baño.

    Poco a poco cada una de las pesadas cajas subieron las escaleras hasta el baño principal, nos acomodamos alrededor de la enorme bañera y destape la primera botella.

    -¿Seguro que quieres hacer esto? Podemos contratar a alguien que lo haga de forma más eficiente.

    -No, debo ser yo quien lo haga. Cuando alguien toca fondo debe levantarse por sí mismo y yo hace rato que lo hice, solo que no quería verlo – lucio sonrió asintiendo.

    El líquido de la primera botella comenzó a manchar la impecable superficie hasta que quedo completamente vacía – lo ayudare señor – dijo Lucio tomando el destapador, la segunda botella ya quedaba vacía.

    -Por cierto, Lucio ¿Qué haces aquí? Esta es tu noche libre.

    -Lo es, señor. Vine a traer su dosis semanal – dijo sacando del bolsillo un paquete de cannabis.

    -Si… esto. El nuevo Víctor deberá eliminarla también.

    -Me encargare señor.

    -No, es mi responsabilidad.

    Tome el pequeño paquete y abriéndolo lo eche dentro de la bañera, rápidamente se mezcló con los residuos de vino quedando casi todo en la blanca superficie.

    -Adiós viejo amigo, nuestro tiempo juntos se terminó.

    Abrí una nueva botella y con ella limpié todos los residíos. Una a una todas las botellas fueron vaciadas hasta que finalmente la purga termino.

    -¿Quiere algo más señor?

    -Si, ordena que alguien se encargue de encontrar una bodega que quiera los vinos sobrantes, podemos sacarle provecho.

    -Lo hare – respondió asintiendo – ¿y ahora que Víctor?

    -Ahora a recuperar a recuperar mi vida y sobre todo a Ana.

    -¿Qué hay de Mariza? – contrataco.

    Quede enmudecido, era una pregunta a la que realmente le tenía miedo, pero tal vez era hora de aceptar lo que todo el mundo había visto antes que yo.

    -En cuanto a Mariza, creo que es momento de seguir adelante y continuar con mi vida.

    -Así será Señor – Respondió.

    -Lucio mi viejo amigo, una cosa más necesito que me lleves a un lugar más.

    -¿Dónde señor?

    Le conté los planes a futuro y de cómo debía mantenerme sobrio para poder llevarlos a cabo, seria en completa confidencialidad nadie sabría dónde estaría, solo él. Fuimos hasta un enorme edificio donde nos encontramos con uno de los encargados del programa.

    -¿Dónde se supone que es esto?

    -Eso es secreto – respondió el amable sujeto – usted comprenderá si tratándose de gente de tanto poder y popularidad no podemos cometer esos errores.

    -¿Usted comprende las consecuencias de lastimar a este hombre? – pregunto amenazante Lucio – su cabeza tendrá un precio.

    -Estoy al tanto, gracias.

    -Lucio, es hora de irme -dije interrumpiendo todo.

    -¿no quieres pensarlo mejor? Quédate, podremos ver que hacemos y lo intentamos de nuevo.

    -No, si lo pospongo ahora no habrá marcha atrás.

    -¿Quieres que te traiga algo? iré disparado y lo conseguiré, te traeré lo que necesites.

    -No puedo llevar nada, ellos me lo proveen todo.

    -¿Este es un adiós?

    -No, es un hasta pronto. Nos volveremos a ver amigo mío, recuperare a mi hija y seré el padre que nunca fui.

    -Adiós Víctor – dijo con un hilo de voz.

    Nos dimos un abrazo tan fuerte que por poco me convence de quedarme, era lo mejor. Al separarnos di media vuelta y me alejé con mi nuevo acompañante.

    -Señor Víctor – lo escuche decir.

    Me tome un segundo más y voltee para mirarlo una vez más…

    -Creo que su madre y la Sra. Lorena estarían orgullosas de usted.

    Asentí levantando mi mano saludándolo por última vez, salimos de la estación y nos encontramos con un auto esperándonos.

    -¿Listo? – pregunto mi acompañante.

    -Eso creo – respondí.

    Michael

    Sentado sobre la cama observe la pantalla con las coordenadas exactas, finalmente el gobierno de los EE. UU. había logrado llevarse a Emilio Santos, eso era algo malo para mis operaciones. Revertir la situación era estúpido, se alertarían todos los controles.

    Consulte la hora nuevamente, la noche trascurría con tranquilidad. Dejé mi celular sobre la mesa de noche y deshaciendo mi corbata me recosté sobre mi cama. Podría descansar, aunque sea unas horas de más, siempre y cuando mi mente permaneciera tranquila. Mire el techo durante un momento, mi mente analizaba los posibles escenarios, hasta el momento solo encontraba tres, ninguno era conveniente que sucediera.

    Tras varias vueltas me levanté, fui hasta mi ropero y moviéndolo saque de un pequeño hueco falso en la pared una caja de acero. Volví a la cama, colocando su respectiva contraseña se abrió. En ella había algunas fotos, tomé una de ellas observándola, sonreí durante unos segundos, con cuidado la deje donde estaba. Lo siguiente que había era un video, ese día habíamos recibido la invitación a una fiesta de disfraces por Halloween, podía verse a la pequeña Ana vestida de flor, a su lado estaba Mariza vestida de Abejita y yo aparecía sonriente vestido de abejorro – tan negro como tu estilo – comento sonriente mi compañera. La pequeña saludaba con besos a la cámara y jugaba con su madre, se podía ver cómo me acercaba a ella y le decía algo al oído.

    -¿Que están cuchichiando ustedes? – había dicho mariza divertida.

    Con un gesto de silencio que la pequeña entendió a la perfección el secreto quedo guardado, envolví a la pequeña en un abrazo y de sorpresa le hice unas pequeñas cosquillas.

    -No papá – se le escapo – Te dije papá – repitió riéndose y tapándose la boca con sus pequeñas manos.

    En algún momento reaccione guarde todo de nuevo y me dispuse a volver a la cama – Papá – repetí sonriendo al techo sobre mí, en esta ocasión si pude conciliar el sueño.

    Mis sueños fueron interrumpidos, el estridente sonido del celular rompió el silencio de la habitación. Suspire con pesadez y conteste.

    -¿Qué pasa?

    -Señor disculpe que lo moleste, pero la Srta. Márquez acaba de pasar al área de los dúplex

    -¿Hace cuánto?

    -Quince minutos más o menos.

    -¿Tú eres idiota muchacho? Te dije que me avisaras ante cualquier cosa ¿Sigue ahí?

    -No, se retiró junto con Eva – respondió – Sr. Michael lo lamento…

    -Como digas – dije cortante

    Definitivamente estaba rodeado de gente idiota, era la maldición de mi vida. Decidí levantarme, me di un baño caliente y tras preparar café apareció Mariza. Se acerco con tranquilidad, mostrando una mirada muy triste.

    -Hola… – comenzó diciendo.

    -Hola

    Nuestras miradas se cruzaron, tiro su abrigo sobre el mullido sofá sin sacarme la mirada de encima acercándose a mi ¿trataba de intimidarme o hacerme sentir mal?

    -¿Tienes algo que sientas que necesites contarme?

    -No – respondí simplemente dando un sorbo a mi café.

    -¿No? – respondió con un hilo de voz.

    Sus ojos estaban completamente rojos, su maquillaje corrido y sus mejillas dejaban evidentes trazos de lágrimas que ya habían secado.

    -Qué sentido tiene contarte algo que ya sabes – respondí dando un nuevo sorbo – ¿un café?

    -¿No sientes acaso la mínima culpa de herir mi confianza? Hace dos días te declaraste, me pediste una oportunidad y hasta hicimos el amor como nunca lo habíamos hecho. Todo eso para que dos días después descubra ¡esto!

    -¿Entonces no quieres tu café?

    De un manotazo tiro tanto la taza como su respectivo plato clavando una mirada furiosa en mí.

    -Ahora tenemos un juego de tazas que permanecerá para siempre incompleto.

    -Basta de juegos, termina con las evasivas y responde a mi pregunta.

    -No me has preguntado absolutamente nada.

    -Sabes perfectamente de que hablo – dijo manteniendo la voz serena pero amenazante – ¿Qué mierda hace Alex en la fundación?

    -Todo tiene una perfecta explicación.

    -Bien, fantástico – dijo con ironía – ¿Cuál es?

    -Es clasificado.

    -Lo que hiciste fue mucho más que despreciable, desapareciste por dos días y lo siguiente de lo que me entero es de esto.

    -Lo necesito.

    -¿Para qué?

    -Es clasificado.

    -Perfecto, deberíamos tomarnos un tiempo.

    -¿Perdón? – esa no la esperaba.

    -Ya me escuchaste, junta todas tus cosas y sal inmediatamente de mi casa. Tienes hasta mañana para que así sea.

    -¿y si no acepto tus condiciones?

    -Golpeare donde sé que podría dolerte, me encargare de alejar a Ana de ti.

    -¡No! – pudo escucharse decir a la pequeña.

    Sin que nos diéramos cuenta Ana había estado escuchándonos discutir, se acercó a Mariza sin decir ni una palabra más.

    -Mi amor – dijo intentando acercarse a ella para calmarla.

    -¡No! – grito rechazándola – no quiero que Muky se vaya.

    -Amor, son cosas de grandes. Con Michael vamos a arreglar las cosas – intento nuevamente, pero como la primera vez fue rechazada.

    Su mirada se posó en mi durante unos segundos – piensa bien lo que quieres hacer – dijo terminando el tema conmigo. Note como la tristeza brotaba de los ojos de Mariza, estaba herida y eso también era culpa mía. Observo a su hija y sonriéndole dio media vuelta subiendo las majestuosas escaleras rumbo a su habitación.

    Ana ahora fijaba su mirada en mí, los enormes ojos celestes eran iguales a los de su madre, la tristeza también era evidente en ellos, solo que a diferencia de su madre comenzaban a llenarse de lágrimas.

    -Anita – dije tendiéndole la mano.

    Su mirada permanecía fija en mí, ni siquiera se molestó en responderme. Sus ojos hablaban por si solos, dio media vuelta y siguió el camino de su madre.

    Definitivamente la amenaza era real, no me parecía que a ella se le ocurriera jugar con Ana. Lo que no me esperaba era que la use como un arma, tal vez era momento de compartir un poco de información con ella. En cuanto a la pequeña…bueno digamos que sentí un gran vacío al ver cómo me rechazaba.

    Alexander

    Siempre pensé que podría tener un reencuentro mucho más digno con Eva, muy lejos de aparecer frente a ella con una toalla en mi mano y comportarme como el idiota que siempre tuve dentro.

    Si tuviera que ser sincero diría que ella fue el gran error de mi vida, en ese tiempo estaba completamente perdido. Las drogas, el alcohol y mis miedos colaboraron para hacerme ver un enemigo que ni siquiera existía, la lastime…pase años insultándome, pidiendo perdón en cada imagen que de ella se me venía a la mente. Ahora que volvía a tenerla frente a mi nuevamente toda esa mierda vino a la luz nuevamente.

    Muy por el contrario de lo que hubiera hecho yo o incluso Víctor no fui echado a patadas, Mariza ordeno que limpiaran un viejo cuarto que era usado como un improvisado depósito, ahí mismo me colocaron una cama con sabanas limpias y perfumadas.

    A la mañana siguiente sentí que debía hablar con mi anfitriona, darle las gracias era una muy buena forma de comenzar. Demostraría que su elección de tenerme aquí era la más acertada, me dirigí a su oficina y tras esperar unos minutos me toco hablar con la secretaria.

    -Buenos días – comenzó diciendo ella.

    -Quiero hablar con Mariza Márquez.

    -¿Tiene usted una cita?

    -¿Que? No.

    -Tendré que darle un numero entonces – tomo un trozo de papel y tras un garabato me lo entrego.

    -Doscientos treinta y ocho – leí sin entender – ¿Qué mierda es esto?

    -Señor Vask le pido por favor que modere sus palabras, tenemos códigos estrictos de lenguaje y no permitiremos que nadie los quebrante.

    -Disculpe… ¿podría explicarme?

    -Por supuesto. Hay días especiales, como hoy por ejemplo en el que Mariza destina todo su tiempo a las chicas. Por ello todos los turnos están reservadas para ellas.

    -¿Me quieres decir qué tengo que esperar que pasen doscientas treinta y siete chicas primero?

    -Exactamente. De hecho, Mariza dejo en claro que si no está conforme puede retirarse inmediatamente de las instalaciones.

    -Aguarde un momento, usted dice que hay días especiales en los que Mariza hace esto ¿no? bueno de ser así quiero un turno con ella, pero para mañana.

    -No funciona así, el número que le di no cambia.

    -¿Pero no son días especiales?

    -Los turnos se reservan por si las dudas…

    -¡Ustedes están complemente locos!

    -Son las reglas.

    -¡Pueden chuparme la verga todos ustedes junto con sus ridículas reglas!

    -¡Señor Vask!

    Uno de los guardas cercanos escucho las quejas de la escandalosa mujer y se acercó a hacerme a un lado. Me tomo de la parte trasera de mi cuello e intento alejarme de la oficina principal.

    -¿No ves que estoy intentando hablar Dumbo?

    -Llévelo de nuevo a su habitación – ordeno la secretaria.

    Asique… de nuevo estaba siendo escoltado contra mi voluntad, claro es mejor esto que esa movida de perros y nueve milímetros en la cabeza, pero se entiende el punto.

    -Dime grandote ¿Sabes quién soy yo?

    -No me importa realmente.

    -Ese discursito ya lo conozco, soy un Vask. Me llamo Alexander – trate de darme vuelta para ofrecer mi mano me empujo obligándome a seguir caminando – dime grandote ¿sabes que los Vask somos sinónimo de dinero?

    -También de armas, escándalos y problemas.

    -También grandote, pero escúchame con cuidado. Te estoy proponiendo una alianza – respondí esta vez sí pudiendo dar media vuelta – ¿Cuánto ganas?

    -¿Importa?

    -Todo importa en cuestiones de negocios grandote ¿no te gustaría ganar un pequeño bonus laboral?

    -Te estoy escuchando.

    -Ahora estoy aislado del mundo, pero si te pones a mi disposición en el momento que lo solicite me asegurare de devolverte el favor con intereses y sobre interesas.

    -¿de dónde sacaras el dinero?

    -Mírame Dumbo ¡soy un Vask! – dije arrogante – nadamos en la abundancia.

    -Lo que tú digas pececito, entra a tu habitación.

    Las horas que pase hasta que Mariza tuvo “tiempo de atenderme” se hicieron eternas, por fortuna Michael me había devuelto mi smartphone. Tras chequear las noticas descubrí que en Las Vegas se estaba generando una seguidilla de asesinatos, todos ellos de alto perfil. Evidentemente tras la muerte de De Luca la ciudad debía reorganizarse, tras unos minutos perdí mi interés en todo eso, mi tiempo se perdió en videos pornográficos y videos al azar de internet.

    En un momento la puerta recibió dos golpes, el mismo guardia había venido a visitarme.

    -¡Dumbito! Que alegría verte

    -La Srta. Márquez está lista para recibirlo.

    -Parece que es momento de la verdad, andando.

    El grandote se encargó de guiarme por el mismo camino que antes me había mostrado a los empujones. Llegamos a la oficina principal y sonriendo de forma triunfal a la secretaria entré. Dentro Mariza solo aguardaba sentada en un horrible sillón tan barato y tosco como ella misma, sobre el escritorio había algo cubierto por un fino pañuelo. Se me ordeno sentarme en una silla, de metal ordinaria y algo despintada.

    -Ohh que acogedor.

    -Gracias por traerlo – le dijo al grandote – ¿me harías el favor de retirarte?

    De inmediato dio media vuelta y desapareció. Era rápido a pesar de su sobre peso ¿o era acaso musculo? Sea como fuere, por fin estaba frente a ella. Me observaba con ceño fruncido sin decir absolutamente nada, más que sentirme intimidado me sentía nervioso y algo aburrido.

    -Qué reunión tan entretenida.

    -¿Y ahora qué? Luego de ese chiste tan infantil ¿Qué sigue?

    -Dímelo tú, ya que se nota que ahora eres tan poderosa. Dime tu que sigue.

    Sonrió de lado y descubrió lo que había debajo del pañuelo, ahí reposaba tranquilamente un arma nueve milímetros. La tomo saco el cartucho hizo que una bala saltara de la recamara y la coloco en el cargador.

    -Déjame que te explique¬¬¬¬¬¬¬ – comento dejando el arma desarmada frente a mi – cuando conocí a Víctor no sabía absolutamente todo el montón de mierda en el que me metería por formar parte de su mundo.

    -Igualmente parece que te fue bastante bien perteneciendo a él

    -¡Silencio! – grito con fuerza – poco tiempo después de comenzar una especie de relación, todo se salió de control. Estuve dos veces secuestrada, vi como asesinaban gente frente a mí y hasta presencié lo peor de este mundo, la esclavitud. Es por eso por lo que empecé con esta tarea de la fundación. Pero mientras todo eso pasaba yo conocía al tipo que te trajo aquí.

    -Michael…

    -Si, él es algo muy singular. Me enseñó a enfrentar mis miedos, a disparar, a defenderme y a pensar cómo se supone que debo hacerlo para mantenerme con vida. Ahora se presenta esta oportunidad ante mí.

    -¿Qué oportunidad?

    -Tú, eres esa oportunidad. La oportunidad de demostrarme a mí que puedo hacerme cargo de cualquier situación sin que una sola fibra de mi cuerpo se sienta incomoda – Fue ahí cuando tomo el arma y colocando su cargador me apunto.

    -¿Qué haces? – dije mirando el arma fijamente

    En ese momento sí que daba más miedo, sobre todo por la actitud tan calmada que me mostraba. No parecía ser para nada una persona que pudiera hacer algo así sin que su mente no colapsara, pero al mismo tiempo parecía no ser la primera vez que amenazaba a alguien con una pistola.

    -No puedes dispararme…

    -Claro que no, el arma no está cargada, pero si tiramos de la corredera… – dijo al tiempo que lo movía, pudo escucharse un sonido – y listo…ahora si puedo dispararte.

    Nuestras miradas se mantuvieron firmes, una tratando de vencer a la otra. Me encantaría decir que me impuse con una fuerte orden haciéndome respetar, pero la verdad es que no…tuve miedo.

    -Tranquila ¿está bien?

    -¿Viniste por Eva?

    -No, ya te lo dije ese tipo me trajo. Ni siquiera se para que me necesita – bajo su arma y la guardo en uno de los cajones de su escritorio.

    -Seré directa contigo, puedes hacer todos los trabajos que quieras con Michael, pero si te llegas a acercar a Eva más de la cuenta, serás liquidado.

    -Eres totalmente distinta a la chica buena e inocente que conocí en un inicio.

    -Soy la misma, solo que las circunstancias me han cambiado. Tuve que adaptarme o morir.

    -Una de las razones por las que necesitaba hablar contigo era Eva. Una vez que tuve que irme y que pude desintoxicarme un poco de la vida que estaba haciendo en este país caí en la cuenta del craso error que había cometido. Me ha atormentado cada noche.

    -¿Te ha atormentado cada noche? – pregunto de forma irónica – Pobrecito, que triste y agobiante vida has tenido que soportar. No te quiero cerca de ella.

    -Es la tercera amenaza en estos minutos ¿Qué piensas hacer conmigo?

    -Por el momento nada, solo quiero que te mantengas lo más lejos posible de Eva. Terminamos, por el momento dejare que vivas aquí, pero mantente alejado de los problemas ¿de acuerdo?

    Asentí levantándome de mi silla, su mirada se fijó en mí una vez más antes de sacar su teléfono y ordenarme que me retirara ¿Qué mierda acababa de pasar? Había demostrado su autoridad conmigo, pero del mismo modo me deja libre.

    La noche llego y con ella también llego la cena, una muy especial. La gente de Mariza se acercó a mi ofreciéndome un traje para la ocasión, tras cambiarme rápido me dirigí al enorme salón principal donde se estaba llevando a cabo la reunión. Por primera vez desde que había llegado me sentía como si fuera normal. El gran salón había sido “arreglado” si es que a eso llamamos colgar unas ridículas serpentinas y unas luces baratas. Entre el amontonamiento de gente pasaban algunas camareras sirviendo champagne, no era lo que esperaba, pero al menos intentaban mantener un cierto nivel en cuestiones de etiqueta. Las chicas que recorrían el salón me parecía haberlas visto, sin dudas eran de la fundación. Un detalle que podría considerarse tierno o burdo cada uno tiene su opinión.

    Tras recorrer una y otra vez el salón escapándome de charlas estúpidas finalmente me cruce con Michael ¿le interesaban estas idioteces?

    -¿Te gusta esta porquería que están sirviendo? – le pregunte

    -Es jugo de manzana, no bebo – respondió sin siquiera mirarme – ¿Disfruta la noche Sr. Vask? – pregunto animado, con una copa en su mano.

    -Como no te das una idea, no sé cómo expresar mi emoción por eso no se refleja en mi rostro.

    -Genial. Tengo una buena noticia para ti, por ciertos desaciertos la tarea de la cual formarías parte quedara momentáneamente en stand by.

    -¿Qué pasara ahora entonces? – le pregunte.

    -Por el momento nada, la cena de hoy servirá para darte a conocer. Mariza dice que no quiere tenerte escondido en la fundación, eso llevaría a que la gente hable cosas que no son y no está de acuerdo.

    -¿Qué se supone que debo decir?

    -Nada, sonríe, agradece y mantente callado.

    -¿Y si eso no funciona y me avasallan a preguntas?

    -Tengo un plan de contingencia.

    -Bien…gracias. supongo.

    -No lo hago por ti, sencillamente este evento debe salir a la perfección – respondió con seriedad – Acomódate la corbata y sonríe – dijo retirándose.

    -Una última cosa – me apresure a decir – ¿que pasara con las investigaciones en las que estoy implicado?

    -Tranquilo, todo esta bajo control.

    Respondió, aunque en mi opinión no le dio importancia. Nuevamente quede solo o al menos en lo que a mí respecta ya que no conocía a nadie. Sin nada más que hacer me dedique a beber, rápidamente se comenzaron a acercar algunas personas ninguna llamo mi atención salvo por una hermosa mujer que estaba repartiendo champagne. Era una mujer de rojizos cabellos y ojos de un negro hipnótico, tenía una figura delicada y deseable. Se acerco a mi dejando la bandeja sobre la mesa fijando su mirada en mí.

    -¿te ayudo en algo? – pregunte incomodado.

    -Puedes ayudarme en varias cosas Vask.

    -Vaya me conoces ¡Que emoción!

    -No conocerte sería algo raro, todos conocen a Alexander Vask la oveja negra de la poderosa familia.

    -Según a quien le preguntes.

    -¿Qué haces aquí?

    -¿te importa?

    -Realmente no pero no creo que tengas nada más entretenido que hacer.

    -Punto para ti

    -¿Vienes a probar suerte con tu excuñada?

    -Es una mujer interesante pero no es por lo que estoy aquí.

    -Según se dice Mariza ha tenido un perfil muy bajo, no se le conocen hombres por lo que se hacen bromas que se mantiene pura.

    -Todos nos ensuciamos con alguien, la diferencia que hay es si alguien se entera o no.

    -¿Con quién te ensucias tu?

    -Podría ser contigo.

    -Podría ser – respondió poniendo su copa, el clásico sonido la hizo sonreír – ¿algún lugar privado? – susurro.

    Intentamos escabullirnos cada uno por su lado, el objetivo era llegar hasta mi habitación sin que se fijaran en nosotros, la mande primero a ella y espere unos minutos dando una vuelta más por el salón. Cuando lo creí oportuno me dirigí a encontrarme con mi nueva acompañante.

    Mariza

    Salimos con Eva de la fundación luego de encontrarnos con Alex, mi corazón se encontraba roto mientras trataba de contener mis lágrimas.

    -¿Segura vas a estar bien? Vamos mejor a casa, no lo enfrentes en ese estado.

    -No, estoy bien.

    -Mariza hablo enserio, me duele verte así. Vamos a casa, podremos mirar una película comiendo palomitas y riéndonos de las tonterías que se puedan pasar por nuestra mente.

    -No te preocupes Eva, me hare cargo de Michael y resolveré esto.

    Uno de los encargados de la seguridad fue el encargado de llevarme a casa, todo el camino de vuelta fue un martirio, sentía una daga en mi pecho, un dolor muy profundo muy dañino.

    Tal y como había pensado la discusión con Michael salió increíblemente mal. Lo amenace con lo único que sentía que podía lastimarlo y me retire a mi habitación. Las lágrimas una vez más caían por mi rostro, no me dolía tanto que no me hubiera dicho nada de Alex, me lastimaba el hecho que parecía todo un fino y meticuloso plan. El cumpleaños, mi regalo ¿El amor del que hablaba también era parte de los objetivos a cumplir? Me sentía completamente estúpida. Me hice un ovillo sobre mi cama tomándome el pecho, sentía un gran vacío, tanto que me dolía.

    Me desperté de repente, escuché dos golpes en mi puerta ¿fue eso lo que me despertó? no tenía ganas de que nadie me hable, pero en cambio me levante y abrí la puerta solo un poco para poder espiar. Como me lo esperaba Michael era el responsable.

    -No tengo ganas de seguir discutiendo.

    -No vine a eso.

    -¿A qué viniste entonces?

    -¿Puedo pasar?

    Lo observe durante unos segundos antes de abrir finalmente la puerta, entro y se mostró como si estuviera indeciso, dio unas cuantas vueltas por la habitación hasta que por fin se quedó quieto me observo y simplemente sonrió con esa manera tan típica de él.

    -¿Qué quieres entonces?

    -Vine a decirte que tienes razón en estar enojada, tal vez no manejé la situación como era debido.

    -Tal vez…tal vez la manejaste terriblemente mal, tal vez deberías haberte despertado a mi lado luego de hacer el amor y no aparecer dos días después, tal vez deberías consultarme sobre lo que quieres hacer con el proyecto al que le estoy dedicando mi vida. Si, tal vez no lo manejaste como era debido.

    -Cuando todo esto de Sara se presento ordene a mi equipo que intervengan los teléfonos de la antigua mansión Vask. En estos días mis hombres me informaron que una llamada de auxilio de los EE. UU. se había realizado por parte de Alexander, como podrás darte cuenta, los teléfonos seguían estando intervenidos.

    -¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros?

    -Se registraron cientos de llamadas, se no haber intervenido Alexander en estos momentos estaría muerto.

    -Ohh por favor que evento tan trágico.

    -No te mueve absolutamente nada que un hombre vaya a ser cruelmente ejecutado.

    -¡No! – grite inclusive antes que terminara su frase – A ti no te importa en lo más mínimo Alexander Vask, lo haces para tus propios fines.

    Negó en silencio con la cabeza y sonrió, puso su mirada en mí, aunque no dijo nada ¿discusión ganada?

    -¿No vas a decir nada?

    -No quiero irme.

    -Traicionaste mi confianza Michael, no puedo permitir que eso quede impune – di media vuelta abriendo la puerta de mi habitación – vete por favor.

    Mantuvo su mirada fija en la puerta y luego me observo nuevamente a mí, trago con tanta fuerza que pude escucharlo.

    -Quiero seguir viendo a Ana.

    -Lo pensare luego de que te vayas, vete por favor.

    Negó nuevamente, agacho la cabeza mientras apretaba con fuerza sus puños, hasta que finalmente…

    -Me equivoque – dijo sin levantar la mirada.

    Cerré la puerta de un golpe mirándolo, esa no me la esperaba. Estaba admitiendo frente a mi… ¿se trataba solo de una estratagema?

    -¿Qué dijiste?

    -Me equivoque.

    -Levanta la mirada,

    -Quiero seguir viendo a Ana – susurro.

    -Podrás hacerlo, levanta el rostro por favor.

    No movió ni un solo músculo, permaneció en su lugar sin siquiera mirarme. Parecía muy afectado. Tal vez sin darme cuenta lo había lastimado de verdad, desde el momento en el que Ana nació siempre estuvo pendiente de ella ¿sentía acaso que llenaba la perdida de la familia?

    -Michael ¿Estas llorando?

    -Yo no lloro – respondió levantando su rostro.

    Su mirada se fijo en mi nuevamente, efectivamente no estaba llorando, aunque si podía notarse una mirada muy triste, tal vez la mirada más triste que jamás vi en su rostro.

    -Hace muchos años que no lloro, la idea de no volver a verla me está afectando.

    -No necesito secretos ni misterios ni nada amenazante. Necesito que no me lastimes, Ana necesita un padre no un amigo. Eso es lo que necesito ¿Puedes ser el hombre que necesito?

    El silencio lleno la habitación en ese momento, nos observamos y fue como si alguien hubiera puesto la cámara lenta. Lo vi acercarse como si flotara por el tiempo y el espacio hasta que me beso. Sentí su piel chocando con la mía, su olor envolviéndome, por un momento fue como si ambos tuviéramos el mismo pulso, nuestros corazones estaban completamente sincronizados.

    -Perdóname – dijo hundiéndose contra mi pecho – perdón.

    -Tranquilo – volvió a repetirlo – shh tranquilo Michael tranquilo.

    -Martin – dijo.

    -¿Que?

    -Mi nombre real es…Martin – dijo sin despegarse de mi pecho.

    Fue algo que me dejo congelada, mi mente pensaba si quizá era alguna especie de truco tratando de disuadir mi enojo o de verdad había tocado su corazón.

    -No, no, no – dije separándome rápidamente de él – esto no te funcionara

    -No sé de qué hablas.

    -Este nuevo truco del Michael triste y arrepentido no funcionara para que te perdone.

    -No es un truco, es mi nombre real – se acercó nuevamente – puedo aceptar que dudes de mi luego de haber faltado a la confianza que me diste, pero… ¿acaso piensas que luego de tener a Ana en brazos no puedo tener ningún sentimiento hacia ella? Se que te lastime y lo siento.

    Lo vi acercarse nuevamente…

    -No más mentiras – dije poniéndome dura nuevamente.

    -No, no más – dijo dándome un fugaz beso en los labios.

    -No más secretos ni engaños.

    -No, no más. Es una promesa.

    Confié, creí en sus palabras ¿era verdad algo de lo que salía de su boca? Nuevamente me beso, solo que en esta ocasión fue mucho más que apasionado, acaricio mi cuerpo hasta llegar a mis nalgas, las apretó sorprendiéndome me levanto en brazos llevándome hacia a la cama asentándome con delicadeza.

    Sentí como uno a uno cada botón de mi blusa iba cediendo hasta que finalmente mi ropa interior quedo expuesta. Me beso nuevamente mordiendo mis labios mientras acariciaba mi cuerpo, deje que un jadeo escapara de entre mis labios ¿creía en él o era lo que necesitaba? Esta vez fui yo quien tomo la iniciativa, me saque mi blusa tirándola al suelo. Lo vi sonreír de esa manera tan típica de él, dio unos besos en mi abdomen retirando de a poco mi falda, la historia volvería a repetirse, al parecer nuestros tiempos de sexo habían quedado atrás, Michael ahora, aunque no lo admitiera disfrutaba haciéndome el amor.

    Desprendí mi sostén tirándolo al suelo junto con la demás ropa, acaricié unos de mis senos observando cómo me miraba, ver el deseo en sus ojos me excitaba muchísimo. Repitió mi acción con mi seno derecho, tomo mi pezón pellizcándolo gemí intentando no hacer tanto ruido. Sonrió acariciándome nuevamente, el último vestigio de mi ropa interior fue removido. Sus dedos recorrieron la parte más íntima de mi ser recogiendo con sus dedos la más pura muestra de deseo, se introdujo en mi interior comenzando una lenta y placentera tortura.

    -Por favor Michael.

    -¿Qué quieres Mariza?

    -A…ti por favor

    Retiro sus dedos de mi interior llevándolos a su boca, los saboreo frente a mi mirándome directamente a los ojos. Dio unos besos más sobre mi abdomen mientras comenzaba a bajar cada vez más, un primer lengüetazo se encargó de estremecer mi cuerpo, mordí mis labios al sentir como se concentraba a en mi clítoris sin darle siquiera una dosis de clemencia. Trataba de mantenerme en silencio, bufeaba tratando de mantener mis gemidos contenidos. Los estímulos se detuvieron, lo mire con tristeza, no quería que se detuviera. Había mantenido mis ojos cerrados no sé en qué momento fue había sacado su miembro, ahora completamente listo jugaba con el sobre mi vagina, sentía su color, su dureza. Lo refregaba una y otra vez solo humedeciéndolo con mi excitación.

    -Ayy Michael por favor – rogué en un susurro – por favor…te quiero dentro de mí.

    Me obligó a darme vuelta, dio una fuerte nalgada y se introdujo en mi de una sola vez, tome una fuerte bocanada de aire, presiono mi cabeza contra la cama y volvió a penetrarme. Largue un largo gemido que fue absorbido por la almohada, lo sentía dentro de mí con tanta fuerza, tanto placer, me sentía llena por él. Las envestidas continuaron cada vez con más ímpetu, gemí con fuerza, sus dedos ingresaban en mi cola también. En un perfecto vaivén comenzó a inundar mi cuerpo de placer, pellizque mis pezones sintiendo como un extremo goce me invadía…hasta que en un momento se detuvo.

    -¿Qué pasa? – dije con disgusto – Michael no te detengas.

    Sus dedos empapados continuaban dentro de mi colita, los saco y lo siguiente que sentí fue como su miembro se iba abriendo paso dentro de mí. Gemí resistiendo el dolor que me causaba hasta que intenté zafarme de su agarre recibiendo una fuerte nalgada.

    -Relájate, si algo me encanta de ti es lo rápido que te dilatas – dijo hundiéndose en mi nuevamente.

    Gemí con fuerza contra la almohada, las penetraciones aumentaron junto con su intensidad. Había olvidado cuanto las disfrute en esa ocasión con Michael, hasta el momento el único que “disfruto” esa parte de mí, sentí una fuerte nalgada – tócate – ordeno. Mordí mi labio inferior obedeciendo llevando mi mano a mi vagina, me sentía tan llena excitada que no pude contenerme por mas tiempo, mi cuerpo se llenaba de espasmos al tiempo que mi respiración se descontrolaba, cada una de mis extremidades se llenaba de impulsos involuntarios mientras acababa aun con su miembro en mi cola. Michael fue dejando una hilera de besos que subían por mi columna, pasando por mi cara hasta dar un fugaz beso en mis labios, salió de mi cayendo a mi lado aun sin haber recuperado el aliento ¡había sido tan intenso! Todo mi cuerpo estaba aun temblando, me dio un suave beso en la frente y se acostó a mi lado.

    -Eso fue… fantástico – dije

    -Eso funciona muy bien para incrementar el ego – respondí mientras la observaba sobre mi pecho.

    -Lo imaginé – dije risueña – ¿y ahora qué?

    -Como te dije, no más mentiras.

    -Bien, porque tenemos mucho de qué hablar – dije ahora con seriedad.

  • Primera noche

    Primera noche

    Mientras se besaban, Charles iba bajando su mano lentamente por el cuerpo de Samantha.

    Samantha encantada seguía besándolo con excitación, él la excitaba tanto que ya quería sentirlo dentro de su ser.

    El joven telépata bajo su mano por el estómago de la chica hacia el pantalón y al llegar ahí metió su mano llegando a su vagina. Y como si fuese una acción automática llegó hasta su clítoris y con dos de sus dedos empezó a acariciarlo, de arriba a abajo, de lado a lado eh incluso circularmente.

    Charles seguía excitándola más mientras la seguía besando y la chica queriendo más bajo su mano hasta el pantalón del joven y lo sintió. Tocaba su pene por encima de la ropa, subía y bajaba la mano poniéndolo más duro de lo que ya estaba. En un acto de desesperación y con las caricias del joven bajó el zipper y metió su mano por dentro del bóxer y lo acarició, yendo desde el tronco hasta la cabeza, lentamente subió y bajó su mano.

    Ambos estaban tan excitados que ya no aguantaba las ganas de estar pegados.

    El joven dejó de besarla para quitarle la camisa, el brazier, y el pantalón junto con la pantaleta, atacó uno de sus pechos con su boca y con una mano acariciando el pezón del otro pecho. Le succionaba el pezón haciendo la soltar pequeños gemidos. Charles fue bajando más y más dando besos por todo el camino y al llegar a la entrepierna de la joven pasó su lengua de abajo a arriba, deteniéndose un momento en su clítoris haciendo movimientos uniformes con su lengua. Le estaba haciendo el mejor oral que había tenido en mucho tiempo, Samantha ya no aguantaba los gemidos y los soltaba.

    En un momento la joven mutante tomó la cabeza de Charles y la juntó más a su vagina sintiendo sus movimientos con la lengua en su entrada y su clítoris. Y entonces lo sintió, dos de los dedos de Charles estaban dentro de ella y los movía dentro y fuera de ella y su lengua aun estimulando su botón. Le estaba dando un gran placer que ella ya no pudo aguantar y su cuerpo empezó a moverse de forma convulsionada, los dedos del joven seguían entrando y saliendo y ella por fin se vino, tuvo un orgasmo en la boca del joven. Dejando su sabor en él, Charles dejó de hacerle el oral y se acercó a su boca para besarla y seguir con Las caricias.

    Charles se separó un momento y se desnudó frente a ella, inmediatamente retomó sus caricias pero esta vez ya no eran sus dedos los que estaban en la vagina de la chica, su pene tomaba el lugar de sus dedos y mientras seguía besándola y acariciando sus pechos movía sus caderas de abajo a arriba acariciando la cabeza de su pene con el clítoris de la joven.

    Sin aguantar más, la joven lo giró quedando ella encima de él, y con excitación baja hacia el pene de su compañero y lo toma con las manos.

    Subiendo su mano de arriba a abajo acariciándolo lentamente y cuando bajo al tronco del miembro como su boca lame la cabeza como si fuese una paleta, sus movimientos eran repetidos lame, sube, lame, baja.

    Mirándolo introduce el pene en toda su boca y haciendo movimientos verticales lo mira seductoramente. A los pocos minutos Charles la toma de las manos y hace que pare de chupársela, se iba a venir si lo seguía haciendo.

    La joven se montó a él con su vagina y su pene rozando. Ella empezó a jugar acariciándose en él sin introducirlo. Movía su cadera de tal forma que la cabeza quedará por pequeño momentos en su entrada.

    Se movía de lado a lado que lo volvió a sentir. Se había vuelto a venir encima de él, con tan sólo caricias, Charles no paraba de gemir por las acciones de la joven.

    Impaciente y después de recuperarse, levantó un poco la cadera y tomó el miembro de Charles y lo colocó en su entrada. Mirándolo se dejó caer lentamente soltando un suspiro y un gemido cuando entró por completo.

    Y como si fuera un robot comenzó a subir y bajar, ambos gemían y disfrutaban tanto que la joven volvió a venirse con él dentro de ella, era tan excitante e increíble tenerlo dentro que no aguantaba más.

    Charles aprovechó para cambiar de posición y puso a la chica boca arriba frente a él y sin pensar se la metió tan rápido que ambos gimieron por la excitación repentina. Movía su cadera de tal forma que su pene entraba y salía de ella, con movimientos lentos y rápidos.

    El telépata aceleró sus movimientos, estaba por venirse y no quería terminar solo, por lo que con una mano acarició el clítoris de la joven.

    Y con un gemido profundo y excitante, ambos se vinieron, llenando la vagina de la chica de semen caliente y excitante. El joven salió de ella y su semen escurría de la entrada de la chica y acostándose a un lado de ella la tomó una mano y los cubrió con una sábana quedando profundamente dormidos.

  • La infausta cena

    La infausta cena

    Es continuación de «Mi familia paterna».

    La cena en la casa de tío Andrés fue de lo más espectacular y, a la vez, protocolar. Pero Gaspar se empeñó en desbaratarlo todo y nos apuntamos a ayudarle Fernando el mellizo y yo, porque aquello se preveía que iba a ser un funeral y era mal asunto. Y se impuso arreglarlo, pero vayamos por pasos.

    Tía Fina había preparado en el comedor una mesa propia de una boda sin novios o de una Navidad sin adornos, todo muy formal; copa para el agua, copa para el vino tinto, copa para el vino blanco, copa para el cava, copas para no sé qué majaderías más. La verdad es que entre tantas copas, los platos, el impecable mantel blanco con sus caminos de mesa, los platitos para el pan, las servilletas, los tres cuchillos, la cuchara y los tres tenedores, el cubierto del postre cruzado ante los platos y un florero, aquello parecía más una mesa de exposición y venta de vajilla que preparada para comer.

    Llegábamos Gaspar y yo desde la calle y nos encontramos a Fernando sentado en una silla que había sacado para ver a los que pasaban.

    —”¡¡Ya llegaron los príncipes de Niosey!!”, exclamó Fernando al vernos y levantaba los brazos cada vez que lo repetía armando un escándalo tal que hizo girar más de una cabeza que se interrogaba qué sería aquello.

    —”¿Qué te pasa, Fernando querido? ¿Qué te pasa?, exclama Gaspar.

    —”Entra, entra y vas a ver; comer no sé si comeremos, pero platos y tenedores tenemos… qué te diré, mejor, ya lo verás”, se quejaba Fernando ceremoniosamente.

    —”Seguro que mamá piensa que estamos en Navidad. La pobre se esfuerza y luego se lo estropeamos siempre”, cantó Gaspar.

    Entramos en casa; yo me estaba orinando y ya me cogía el paquete con las dos manos para resistir, y me metí a hacer la más grande meada hasta la fecha; tanto fue así que pensaba que no iba a acabar aquello, salía sin parar ni perder virulencia la presión de orina. Desde dentro escuché:

    —¿Ya trajiste de la tintorería mi frac, mamá?

    A continuación los gritos y consideraciones que Gaspar le daba a su mamá. Que si esto lo deshacemos, que si aquí no va a caber nada, que si sobran copas, y un sinfín de recomendaciones; pero no escuchaba la voz de tía Fina y pensaba que ya se estaban peleando. En efecto, Gaspar le decía que ella no tendría que trabajar tanto, ni preparar tanto, que luego se cansaba y que era un exceso. Lo mejor es que le decía:

    —”Los excesos de cariño matan a la que mucho quiere a los suyos, luego ellos se quedan sin cariño. Como yo no voy a tener mujer, no quiero perder a la única que tengo, ¿te enteras, mamá? Que-yo-no-me-di-vor-cio, mamaaa…”

    A tía Fina yo no la escuchaba, pero al que salgo del baño, allí estaban los mellizos que, además de ayudarle a su mamá, cada vez que pasaban por su lado le daban un beso. Hubo momentos que le besaban los dos a la vez. Cuando lo vi me dio un ataque de risa que no podía frenar. Así que me puse a ayudarles y hacía lo mismo que ellos, al pasar junto a mi tía la besaba, pero los mellizos me habían dejado la parte delantera y mis besos iban a su boca. Ella les decía a sus hijos que “Jess besa mejor que vosotros”. No le hacían caso, iban a toda velocidad preparando cosas, partiendo, enrollando, desenvolviendo, girando, secando y montando mesas en la terraza, hasta que Gaspar dijo:

    —¡Ya está! Ahora a deshacer la mesa del comedor para arreglar los platos afuera…”

    —”¡¡Alto ahí!! Esa mesa no se desmonta sin fotografiarla antes”, dije yo.

    —”¡Anda con la puta mesa, hasta el primo la quiere conservar!”, añadió Fernando.

    —”Eso es educación, eso, ¿lo veis? No sé quién os ha educado a vosotros, no lo sé…”, dijo tía Fina.

    En silencio y, como fusileros apuntando con fusil, los mellizos de cara a su madre la señalaban con el dedo. Mientras tanto hice fotos de la mesa por todos los costados. Estaba bonita, de escaparate. No les dije nada, pero quería fotos de la mesa para enviarlas a Roxana, pues me había propuesto llamarla todos los días y ponerle mensajes. Eso a ella le gustaría mucho, pero, si les decía que enviaría las fotos a mi hermana, no halagaba tanto a tía Fina. Ella se sintió orgullosa porque, según dijo, había alguien que valoraba su trabajo y arte culinario.

    Todas las cosas se prepararon en la terraza para tener una cena de pie, aunque todos se sentaban de vez en cuando, sobre todo cuando había que utilizar los cubiertos, pero de modo informal. La mesa que había preparado tía Fina era para vestirse elegantemente. Y con el calor que hacía, nadie querría usar camisa. Vinieron a cenar mi Tío Paco con mi padre, Andrés y Sara, su esposa, Lorena, los dos mellizos, yo y los anfitriones. Mientras entraban hice fotos a todo el bufé preparado por los mellizos. Tía Fina se sentía feliz. Durante la cena, mientras yo hablaba con los mellizos vi a tía Fina hablando con mi padre que de soslayo y de vez en cuando me miraban; como tenían una conversación con clarividente sonrisa, entendí lo que luego me contó mi padre, que yo estaba feliz, que me las arreglaba bien con mis primos, que era delicado y que le había contado lo de las fotos. Tío Paco, tío Andrés y Andrés estaban siempre hablando juntos, mi padre y tía Fina, excepto el momento anterior que conté, también estaban con ellos. Los dos mellizos y yo entreteníamos a las dos chicas, Sara, la esposa de Andrés, y Lorena; las dos muy agradables, Sara muy formal, se notaba más tranquila y libre con nosotros que con los mayores y Lorena era todo un circo de risas, chistes, despropósitos y de vez en cuando le decía cosas a Sara por las que esta reía y solía mirarme, por lo que deduje que algo le decía de mí. Quedé un poco mosca y Fernando lo notó, por lo que me dijo que no era nada malo, sino tonterías que se inventaba, porque…

    —”Ella y Gaspar se inventan de todo, pero luego no intentan ningún daño”, dijo Fernando para tranquilizarme.

    La cena fue llegando a su fin y Lorena entraba con dos envoltorios. Todos me miraban a mí, y yo me sentía aludido; es verdad que pensaba en que sacaría una camisa, pero no envuelta en papel de regalo; además, llevaba dos, y me desconcertó. Gaspar se me echó al cuello diciéndome:

    —”¡Conquistador! ¡Te sacas las mujeres como hormigas del hormiguero!”.

    —”A ver, Jess y Gaspar, los duendes de la noche, recibid vuestro atuendo”, soltó Lorena toda azorada.

    Entendí ahora todo y nos dio un regalo a cada uno. Nos hizo desenvolverlos y dentro había —¡ay, madre!— una camisa de seda toda borracha de colores y un sobre de plástico transparente con un mini slip también de muchos colores como caracolillos con tendencia al rojo. Nos hizo poner la camisa delante de todos y no dejó que la abrocháramos pero nos indicó que diéramos un pase de modelos. Gaspar me guiñó el ojo y entendí qué quería. Entonces hicimos el pase en la terraza los dos, uno tras otro con movimientos típicos de pasarela muy femeninos. Todos rieron. Al acabar, Fernando me dijo al oído que no sabía que yo modelaba tan bien. Nos fuimos deprisa a cambiarnos los interiores y a perfumarnos, pero nos dio tiempo para entrar en la ducha y me dijo Gaspar:

    —”Ese slip es porque tienen preparado las chicas hacer algo con nosotros, así que vamos a darnos una buena sacudida y cuando ellas nos hagan quitar los pantalones para vernos en slip o algo más, no tendremos tanta premura. Con esas putas hay que estar al pairo”.

    Los dos a la vez empezamos a sacudir nuestras pollas antes de soltar el agua y los dos a la vez sentíamos los espasmos previos al orgasmo. Intercambiamos las manos para mayor placer y noté el abrazo suave de la mano grande de Gaspar en mi polla que necesariamente tenía que ocurrir, me incliné hacia adelante porque me venía y luego levanté la cabeza y con los ojos cerrados comenzaron a salir los chorros de mi amado esperma; con todo no dejé de masturbar a Gaspar y él, al ver ya que estaba yo soltando mi lefa, se vino con sobreabundancia del divino néctar. Todo se fue a la mampara de la ducha. Abrimos el agua y nos ayudamos a limpiarnos bien, echando agua incluso a la mampara para dejar el cristal limpio. Nos secamos y nos insertamos el mini slip. ¡Joder! de verdad que era pequeño. A duras penas cabía toda mi polla dentro del delantero sin forro, y por detrás no llegaba a cubrir ni la mitad de las nalgas. Le dije a Gaspar:

    —”Para esto, pudo haber sido una simple tanga cuerda, que no deja marcas en la nalga; estos parecen chinos”.

    —”Seguro que sí, pero ya verás, la tanga la llevarán las chicas…”, dijo Gaspar.

    Nos pusimos el pantalón, los dos de corto, y la camisa sin abrochar y fuimos hacia la puerta donde nos esperaba Lorena, tía Fina y Fernando. Lorena pasó revista dándome media vuelta y con sus manos tocó mi trasero y metió la mano dentro del short para saber si me había puesto el mini slip. Luego hizo lo mismo con su hermano. Los ojos de tía Fina se dispararon hacia el techo, mientras Fernando se partía de la risa al ver a dos maricones —así lo estaba pensando— domeñados por una chavala. La verdad es que Roxana nunca me ha tratado así, pero parece que Lorena ha tenido más entrada en los mellizos para elegir sus ropas y decidir qué han de ponerse. Mientras Lorena inspeccionaba a Gaspar, Fernando señalándome hacia sus partes me dijo al oído:

    —”Yo también lo llevo puesto toda la tarde, igual al vuestro por orden de la «mademoiselle»”.

    No tuve más remedio que reírme y entendí el rollo que se llevan los tres hermanos. Daba muchas recomendaciones tía Fina a los «niñitos», mientras Luis le decía que éramos mayores. La besé en la boca para decirle un «hasta luego» y me contestó un «te quiero, Jess» como nunca había salido para mí de labios de una mujer.

    He notado que para las madres que aman a sus hijos y son correspondidas, éstos no se hacen nunca mayores. Esta es una constante. No se resisten a que sus hijas se hagan mayores hasta que no les dan un nieto. Pero los hijos gay para su madre son siempre una preocupación, no los consideran nunca mayores, siempre los quieren proteger, cuidar, mimar…, son sus niños, los ven más desamparados y aman al novio de su hijo, si lo tiene, como a su propio hijo y lo tratan igual. Tía Fina es de estas mujeres. A su hijo Andrés lo cuida ya una mujer; ella ya no se mete con él. A Fernando lo trata como al que un día se le irá de casa. Lorena, si se casa, le dará un nieto para hacerse mayor y se convertirán en amigas y confidentes. Pero Gaspar será siempre su niño, el niño, el preferido. Así me sentí, junto con Gaspar, para tía Fina; me demostraba un querer de madre del que yo tenía tanta carencia y más necesidad.

    Con este pensamiento se me escapó una lágrima y se humedecieron mis ojos. Gaspar se dio cuenta y me dio un codazo como quien pregunta qué es lo que me estaba pasando. No le respondí, solo le hice un gesto con la cara y con las manos de que no me pasaba nada.

    *****

    Salimos de casa. Subimos al coche y Gaspar arrancó. Lorena y yo nos pusimos detrás. Me puse detrás porque pensé que Lorena se pondría delante. Cuando la vi a mi lado le pregunté por qué no se había sentado delante y me respondió secamente:

    —”Ahí va Luis”.

    —”No es verdad”, protestó Gaspar.

    —”Pues ya me dirás por qué no le dijiste a Jess que se sentara delante”, replicó Lorena.

    —”Porque pensé en ti, para que no estés separada, para…”

    —”Ya, ya, ahora sí que soy importante”, cortó Lorena.

    Yo me estaba riendo de verlos pelear como perro y gata, lo que no cuadraba con lo bien que se planificaban la vida ayudándose mutuamente.

    —”¿Entiendes por qué no me voy a casar con una mujer nunca?, me dijo Gaspar.

    —”Eso tampoco yo me lo creo”, le dije y seguí: “porque creo que en cierta manera estás casado ya con Lorena”, y me puse a reír.

    —”De ninguna manera, yo con esta no quiero saber nada, ya tendrás experiencia, ya”, dijo Gaspar mientras se reía.

    Nos pusimos a reír todos y Lorena nos contó cómo hizo para conseguir las camisas y por qué se le ocurrió lo del slip. Resulta que sus amigas tienen la costumbre de tentar a los chicos a quitarse el pantalón o hacen un juego para obligarle a quitárselo. Como sabía que yo no usaba ropa interior, no quería hacérmelo pasar mal, así estaría bien. Así se provocó de nuevo la hilaridad entre nosotros. Al hablarme así pensé que íbamos varios chicos y pregunté:

    —”¿Cuántos vamos a ser?”.

    “Mis siete amigas, vosotros dos y yo; es una fiesta para ti, quieren conocerte y no han querido invitar a nadie más. Pero alguno vendrá porque Néstor me ha preguntado y yo le he dicho que viniera a la hora que quisiera a tomar una copa y que se traiga al que quiera. Mis amigas se van a enfadar si vienen y sabrán que soy la culpable, pero me parecía que así tendrías la oportunidad de conocer también a nuestros amigos”.

    Todo esto y más detalles contó Lorena y fue explicando los juegos que se habían preparado y los tipos de licores que habían traído. Pero me decía a cada momento que yo tuviera los ojos bien abiertos y que no me fiara de nada ni de ninguna. Que me lo decía así porque son sus amigas y las conoce bien y que ni ella misma se fía de ninguna. Pero que estaba segura de que me lo iba a pasar bien. Mientras decía esto llegamos al lugar.

    Era un lugar bastante tranquilo, todas las casas tenían su jardín alrededor y se mantenía todo en silencio. Estaba en la montaña, justo a la parte contraria de cuando fuimos al río. La casa a la que íbamos y que estaba frente a mí tenía un acceso desde la calle por un trozo de camino con árboles a ambos lados. El camino estaba iluminado por farolas elevadas. La casa era de dos pisos según se veía desde fuera, y tenía todas las luces encendidas, porque desde las ventanas salía un resplandor que iluminaba el ancho espacio que había delante de la casa.

    Grande, muy grande es aquella casa. Como está exenta, toda ella es una fachada por los cuatro costados. Debajo de una especie de cobertizo, formado por lo que arriba era una terraza que daba la vuelta a toda la casa, estaba la puerta, con sus módulos salientes, uno a cada costado. Grandes ventanales abajo y grandes arriba. Una chimenea exterior adosada a la pared en piedra descubierta se podía apreciar a mano izquierda, delante de la fachada, a excepción de la acera de acceso, había un precioso jardín de césped con plantas de matorral muy bien cuidado y un tinajón enorme del que salía agua formando un riachuelo que daba la vuelta a la casa. Al entrar, un pequeño zaguán daba acceso por la izquierda a una sala de estar grande con chimenea y por la derecha a una sala para visitas. La sala de estar tiene un acceso al exterior independiente de la entrada, mediante unas puertas muy bien acristaladas. El resto de la planta baja lo conforman dos pequeños salones para juegos, escuchar música o ver la televisión, un estudio, el comedor y una amplia cocina, donde hay mesa de comedor también; junto a la cocina hay un enorme tendal. La parte superior de la casa, en el segundo piso, se encuentran las habitaciones de dormir. En total conté seis habitaciones grandes y dos más pequeñas. Todas tienen baño independiente, a excepción de las dos pequeñas que tienen un baño común al que se accede desde las mismas habitaciones sin necesidad de salir al pasillo. A una de ellas fue a dejar las cosas Lorena. Y por si nos cansábamos y queríamos reposar un rato nos asignaron a Gaspar y a mí una de las grandes que daba a la parte de atrás de la casa. Nos dijo Araceli, hija de los dueños, que era la habitación destinada a los invitados. Las chicas, si se dormían, querían pasar la noche todas juntas en la sala de estar y descansarían en los sillones.

    Fue graciosa la presentación. Estaban esperando en la parte trasera de la casa, donde hay un campo de recreación con diversidad de juegos, pista de vóley, canastas de baloncesto, patinaje, y un mini golf. A un lado una hermosa piscina toda ella iluminada. Pensé que era magnífica porque seguro que ahí íbamos a acabar.

    Cuando llegamos a la piscina, comenzaron las presentaciones y los saludos: Araceli, la hija de los dueños, su prima Juanita, Toia y Alba, dos amigas de Juanita, y las amigas de Araceli y Lorena, Rocío, Abril y Sonia. Besos por aquí y besos por allá y mucho toqueteo. Estas niñas parecían besar no solo con los labios sino también con las manos. Todas me manosearon y ninguna evitó tocarme en el culo. Después de la presentación nos regresamos a la casa para tomar algo. Abril se me echó al cuello y me frenó para retrasarme respecto a Gaspar. Puso su mano sobre mi cadera y me rodeó la cintura con su brazo. Como es más bajita que yo, le puse mi mano sobre los hombros, acariciando su cara con las yemas de mis dedos. Rocío y Sonia se acercaron a Gaspar pero no se dejó tocar.

    En la cocina abrí dos tónicas para Gaspar y para mí, mientras las chicas estaban preparando cosas en bandejas. Le estaba diciendo a Gaspar lo peligrosas que eran y la gana de hombre que tenían. No pudo contestarme porque escuchamos ruidos y golpes en la puerta de entrada. Se presentaron Néstor, Tony y Fran. Saludaron y me extrañó mucho que Néstor nos besara y, dándome un cariñoso y suave pellizco a la cara, preguntó mirando a Gaspar:

    —”¿Este es el primo Jess? No me lo imaginaba así. Muy guapo, sí.

    Los otros dos chicos, Tony y Fran saludaron dando la mano, pero igual me cayeron muy bien. Parecían simpáticos, amables y educados. Fueron a saludar a las chicas y se pusieron a ayudar. Aproveché para preguntar a Gaspar:

    —”¿Son gays todos ellos?”

    —”No, qué va; Néstor quisiera serlo, ha presumido de serlo, casi convence a todo el mundo de ser gay, pero se deshace por Araceli, y Araceli no le hace ni puto caso. Araceli es muy puñetera con él, jodida de verdad. Y los otros dos están pirraos por las niñas, Toni por Rocío y Fran por Sonia, pero esas dos pendejas andan a por mí… ¡están locas perdidas ellas y locos desorientados ellos!

    Esta fue una respuesta que me dio a entender que no había competencia leal ni seria ni posible con estos chicos. Ellos mendigaban lo que nosotros desechamos y ellas apetecían lo que les era inaccesible. Ahí estábamos nosotros; yo, al igual que Gaspar, estaba dispuestos a hacer “casi, solo casi” todo lo que ellas quisieran. La suerte está echada. Menos follar con ellas, que no lo soporto, cualquier cosa. ¿Qué mal lo tenían el trío de buenos chicos, guapos y parece que con dinerito, parné que decían ellos, porque de eso presumían.

    Vienen las niñas, nos comemos todo lo que ponen. Procuro que Gaspar no beba alcohol, yo tampoco. Ellas medio borrachas pero con aguante femenino, que ya es mucho decir. Los tres alevines, despatarrados en los sillones, y comienza el juego. Yo con ganas; Gaspar, como estaba bien, y sin alcohol, me entendió muy bien qué había que hacer, incluida la peor de las cochinadas que se les pudiera ocurrir a las chicas, excepto follarlas, que es siempre problemático. Le dije:

    —”¡Que nos follen ellas!”.

    —”Si saben…», respondió.

    Nos reímos y esa fue la propuesta. Conseguir que se lo pasen bien, pero “¡que nos follen ellas!”. Gaspar no acababa de entender, pero se fió de su primo, y su primo, o sea yo, sabía qué tenía que hacer para los dos. Había habido tiempo de pensar y de ver cómo reacciona cada uno de los reunidos. De momento los tres chicos tenían que dormir juntos en un sofá. ¿Solución? Un combinado a cada uno de estos que preparo yo con gin, vodka y matarratas. Como ya estaban entrados en tragos, este combinado con un Ginger Ale que presume bien, les animó. No tardaron más de media hora. Cayeron KO sin remisión y los metí a los tres juntos en un sofá. No hacía falta taparlos, con el calor que hacía por fuera y el que tenían por dentro, ya estaban aviados hasta el día siguiente.

    ¿Qué hacer? Pedí a Lorena que comience el juego. Y nos anunciaron un juego de prendas. Alertado Gaspar de que resistiera, conseguimos que todas las chicas, todas sin excepción se quedaran, sin zapatos, para que no escapen lejos, sin blusa para que no salgan a la calle, sin pantalones para que se queden a merced nuestra. Habíamos formado un equipo de los chicos contra las chicas. Tres chicos durmiendo y dos respondiendo. Ellas pagaron todo. Le dije a Gaspar que era la hora de ir perdiendo hasta quedarnos totalmente desnudos, que ellas no pierdan más porque eran demasiados coños juntos. Y así fue. No sabían qué había pasado, pero comenzamos a no acertar con las respuestas a las preguntas. Remitieron nuestros falos al cansancio. Gaspar y yo nos habíamos quedado, sin zapatillas, sin calcetines, sin reloj, sin pulsera, sin collar, sin camisa, sin gorra, sin pantalón y nos quedaba el mini slip, y decidí perderlo. Lo perdí, lo pagué. Pero…, había un pero: o me lo quitan o no me lo quito. Se levantaron todas a quitármelo y les puse orden, entre todas, dos dedos cada una y a la voz de tres. Y así fue.

    —”Una… dooos… y ¡treseees!, ¡abajooo!

    Y las muy putas lo bajaron, lo bajaron a los tobillos, pero mi polla saltó, aunque fláccida y larga, dio un brinco y se quedó bailando. Como era el último castigado, me quedé de pie en medio de todas las chicas totalmente desnudo, porque Lorena recogió el mini slip y se lo llevó. Mientras se iba la vi mover el culo orgullosa de tener tal primo, y lo orgullosa que se va a quedar por tener tal hermano. Porque Gaspar, si lo sueltas, es como una vaquilla en la arena. Y yo lo iba a soltar. Vamos, que nos íbamos a soltar.

    Llegó la pregunta para Gaspar. Pregunta más fácil no había: ¿Qué lengua se habla en Argentina? Y Gaspar respondió que en Argentina se habla el argentino que es un inglés de segundo orden. No supo poner orden y le sacaron su mini slip, pero le clavaron las uñas en todo el culo y en las caderas. De nuevo Lorena recogió la prenda y fue a guardarla. Gaspar estaba ya junto a mi y le dije que mirara a su hermana cómo movía el culo y se le caía la baba. Entonces le dije:

    —”He descubierto que nosotros los gays, en cuanto a mujeres, solo podemos enamorarnos de nuestras hermanas”.

    —”No había caído en la cuenta, pero es verdad…, ¡qué buena está la tía!”.

    Regresó Lorena y dijo qué cosa iban a hacer con nosotros. Araceli dijo:

    —”Según las reglas del juego, ellos deben elegir el castigo, puede ser el mismo para los dos o cada uno puede pedir uno diferente.

    —”¡El mismo para los dos!”, dije en voz bien alta, mientras ellas miraban impávidas nuestras pollas morcillonas pero aún caídas.

    Gaspar se me quedó mirando, sin saber qué decir, ni responder. Pero inmediatamente Araceli dijo:

    —”De acuerdo; el mismo para los dos. ¿Pueden decir los chicos qué castigo desean?

    —”Sí”, dije yo, y Gaspar estaba como asustado.

    —”A ver, dinos qué castigo queréis, que nosotras nos encargamos de realizarlo”, dijo Araceli.

    Lentamente y poniendo la voz pausada serena y cálidamente, mientras me movía la polla con mis manos, dije:

    —”Queremos…, y ya no podéis negaros, que cada una… de vosotras… chupe con su lengua, boca y dientes, nuestras pollas…”

    Gritaron todas de contento, e hice la señal con mis manos de que se callaran para continuar:

    —”Cada una ha de dar dos mamadas por el tiempo que desee a cada uno de nosotros. Al concluir la segunda ronda debemos haber eyaculado ya. Si lo hacemos antes de que todas pasen dos veces, tenemos un nuevo castigo que lo imponéis vosotras. Si, después de mamarla todas dos veces a los dos, hemos aguantado sin eyacular, elegiremos a dos por cada uno para eyacular sobre su cara y a continuación a las otras dos para que nos desahoguemos la orina”.

    De nuevo todas gritaron de contento y aceptaron, pues pensaban que no llegaríamos al final, aunque de mí yo estaba seguro, pero no sabía cómo respondería Gaspar.

    Pasaron una vez y todo normal, consiguieron a duras penas que por fin se nos levantara. ¿Puede ser que a un gay no le estimule la mamada de una mujer? Si Gaspar y yo no nos ponemos a besarnos y a tocarnos nuestras pollas no se levantan. Pero casi todas daban mordiscos con los dientes y hacían daño con lo que la calentura se bajaba. Antes de la segunda ronda les expliqué que si los mordiscos hacen daño, el dolor atenúa la tensión y la sangre se va a un solo lugar y no sube a lo largo de la polla. Que tenían que mordisquear el capullo. Dos gays diciendo que han de hacer unas putitas de poco alcance… brrr… Les prometí que si lo hacían mejor, les enseñaría cómo se hace. Pasó la segunda ronda. Me dolía Lorena que le daba un no sé qué mamársela a su hermano, pero yo le decía que no había problema, que todo es un juego. Todo fue inútil. Las pollas se mantuvieron incólumes. Entonces para mi sorpresa, Araceli intervino:

    —”Puesto que no hemos sido capaces de excitarlos con nuestras bocas, a ver si podemos con nuestro coño”.

    Repliqué:

    —”Ya que no se trata de que no habéis podido, sino que no habéis sabido, hemos de enseñaros cómo se hace.”

    Todas de nuevo se pusieron de acuerdo. Entonces me puse de rodillas delante de Gaspar, me llevé su polla a mi boca, y comencé a friccionarla lentamente, la sacaba y de nuevo me la metía hasta la garganta, en un momento determinado, con la punta de mi lengua pasaba a lamer el anillo por dentro del prepucio que levantaba con dos dedos. El silencio era sepulcral y la respiración de las chicas entrecortada. Pero la polla de Gaspar se puso dura, muy dura, y al que estaba a punto de eyacular llamé a dos voluntarias que se levantaron enseguida —las muy putas— y se pusieron delante de Gaspar de rodillas, me levanté y seguí masturbando aquella sobrecargada polla que soltó toda su leche y llenó la cara y el pelo de las dos chicas. Con el pie les di la señal de que se sentaran en su sitio y Gaspar sin ninguna orden hizo otro tanto de inmediato. Me hizo una mamada excepcionalmente caliente, mi polla atravesó su garganta y yo comencé a retorcerme de placer y sudaba de tal modo y tanto que las chicas estaban más sorprendidas y temerosas que felices. Sin duda alguna fue la mejor mamada que jamás me habían hecho, larga, esplendorosa, con maestría, codiciosa, porque de verdad se metía mi polla más allá de la garganta, atravesaba las amígdalas que le daban arcadas, pero no le impedían continuar. Quería lucirse y ¡bien que lo hizo! De pronto dije:

    —”¡Que me vengo, que me vengo!”

    Vinieron dos chicas y sobre ellas eyaculé. Con mis manos dirigí la polla para que disparara en plena cara y llené su nariz y labios de mi propio esperma.

    La sorpresa mayor fue cuando llegó el momento de orinar. Había unos plásticos que yo había visto y los trajimos entre los dos, los extendimos en el suelo y se pusieron las otras cuatro en fila, pero antes de que comenzáramos a orinar, las cuatro primeras ¡que eran putas de verdad!, se juntaron y prolongaron la fila. Reventamos casi al mismo tiempo, y las llenamos de orina totalmente. Los sujetadores y bragas quedaron repletos de nuestra orina.

    Al acabar se abrazaron todas, pero se notaba que estaban cansadas. Salimos a la piscina y nos duchamos allí mismo. Todas se quitaron sus bragas y sujetadores mojados y nos metimos a nadar desnudos los diez. Los otros tres chicos seguían durmiendo.

    Cansados de nadar decidimos que había que dormir un poco hasta el desayuno. Ya eran casi las cuatro de la mañana. Gaspar y yo nos fuimos a nuestra habitación de invitados. Entonces Gaspar me dijo:

    —”Lo hemos hecho bien. Ahora nos toca premiarnos a nosotros. ¿Follamos?”

    —”Follamos sin parar hasta dormirnos”.

    Así lo hicimos; me dejé penetrar por Gaspar que lo hace de maravilla y esperé a que descargara todo su esperma en mi interior, porque me hacía gozar. Luego me exigió el débito y lo follé como un loco a rabiar y con la mala intención de hacerle daño para que lo disfrutara. Imposible, no le hice daño, pero lo disfrutó. Luego jugamos a meternos dedos en el ano y a dar masajes en la entrepierna, y a excitarnos apretando en la ingle. Así nos dormimos uno enroscado con el otro.

    Al despertar por escuchar el ruido de gente, salimos de la habitación los dos desnudos. Allí se nos quedaron mirando los tres chicos. Nos dirigimos a la piscina y ellos nos siguieron. Nos metimos a nadar y ellos se quitaron la ropa, toda la ropa y entraron a nadar con nosotros. Me acerqué a Néstor para intentar rozarme con él. Lo conseguí y me dijo:

    —”Me gustaría que en algún momento me follaras, pero que estos no se enteren”.

    —”De acuerdo, prepara el plan, lugar y hora y follamos en secreto”.

    Allí, dentro de la piscina, hundidos bajo el agua, lo besé y le saludé sobando su polla y su huevera mojados por el agua. Le gustó y me sonrió.

  • Nuestra amiga argentina y sus fiestas con Matías

    Nuestra amiga argentina y sus fiestas con Matías

    Esto que les voy a contar, me paso hace unos fines de semana (hace tres años), me acuerdo que desde el viernes busque pelearme con mi novio, por cualquier boludez, quería hacer algo distinto, pero el viernes me salió mal, discutí al pedo porque no hice nada, el sábado, ya embolada, estaba por arreglarme con él cuando Matías (el amorcito de mi vida), me dice que iba a estar solo en la casa (porque los viejos se quedaban a dormir en el country y la hermana en la casa de una amiga) e iba a ir Belu (ya conté la historia con ella, estuvimos juntas varias veces) y con Benja (que también cogió conmigo). Ellos tres son compañeros de su facultad y alguna vez cogimos los cuatro juntos.

    Obvio, rearmé la pelea con mi novio, y le dije que ni en pedo me vuelva a llamar, que hablemos mañana (por el domingo) que iba a estar más tranquila. Obvio que me creyó, porque sabe que soy así, pendeja y caprichosa, así que ya tenía la noche libre para divertirme un poco.

    Al rato me llama Matías y me dice que sus viejos cambiaron de idea y se volvían al departamento porque hacía frío, entonces él les dijo que había arreglado con unos amigos para juntarse a la noche en su casa, pero que si los viejos volvían al departamento íbamos al country, que le dejen el hogar y la estufa prendida que nos juntábamos ahí.

    Bueno la cosa es que llego a lo de Matías y se había sumado otro chico mas Juampi, ¡que yo no conocía!, y pensé tres contra dos, ¡qué noche! jeje

    Me subo atrás en la camioneta de Matías en el medio de los dos chicos, y al rato (yo estaba con una pollerita, medias, una blusa, saquito y todo eso) Benja, me empieza a tocar la pierna, y cada vez con más intensidad, llega a mi entrepierna, me agarra la cara, me da un beso, yo me dejo, dejo que me toque delante de Juampi, hasta que Benja, le agarra la mano a Juampi y le pone la mano a Juampi sobre mi otra pierna. “¿Qué haces nene?”, le dijo a Benja, y él me contesta: “nada nena, nos vamos conociendo, sé que te gusta, tanto como a nosotros esto” y me parte la boca desesperadamente, no me da tiempo a contestarle nada, y Juampi aprovecha para pasar su mano sobre mi entrepierna llegando casi hasta mi coño, lo que hace que yo sin buscarlo, abriera las piernas ya casi entregada a que me toquen los dos.

    Todo esto, obvio duro un buen rato, ahh Mati decía: “che, yo estoy manejando” y Belu le dice: “te voy hacer el viaje más animado, y le empieza a acariciar la pija, ya era un quilombo la camioneta, y ya estábamos llegando.

    Hacía calor en la casa, así que me saco la campera, boludeamos un rato, empezamos a darnos piquitos ¡entre todos! Cuando estábamos cerca, yo con Matías, Belu con Benja, yo con Belu, ya empezaba ¡el descontrol! Tomamos, para mi bastante porque tomo poco, hasta que paso esto:

    Mati: Chicas a que no se animan a desnudarse

    Yo: ¡que!

    Mati: eso, sáquense la ropa delante nuestro, o me van a decir que no les gusta estar desnudas delante nuestro, viendo como nos calienta eso.

    Yo: ¡estás en pedo nene!

    La verdad es que pensé que se fue a la mierda, ni en pedo iba hacer eso, que se contrate a dos putas (por más confianza que teníamos entre todos y más que ya habíamos cogido juntos, menos con Juampi que recién lo conocía).

    Matías: Caro, nos conocemos hermosa, y no te vas a hacer la santa, ya estuvimos juntos todos ¡varias veces!

    Yo: obvio que no me hago la santa, pero así en frio, ¡ni en pedo!

    Belu que es mucho más puta, mientras yo le decía esto a Matías, ya estaba atrás mío, pasándome la mano por debajo de la blusa y tocándome la panza y al oído me dice: “¿querés que te saque el frio?”, me quede helada, no me iba a poner en bolas ¡delante de todos!

    Le digo a Belu que se deje de joder, pero ya sus manos estaban debajo de mi blusa tocándome las tetas y me ponía su pierna entre las mías, ella sabe que me gusta y me calienta su piel: Le digo basta, pero ya con la voz entre quebrada, y de una me desabrocha la blusa y me empieza a besar ¡el cuello! Y cada vez más me rozaba su pierna con la mía y ella sabe que eso ¡me calienta! Y obvio me empecé a calentar y mucho. Para que me entiendan, menos con Juampi ya habíamos cogido todos juntos, así que en bolas los cuatro estuvimos varias veces, pero esto de desnudarnos delante de ellos, que se yo…

    Bueno la cosa es que Belu, me empieza a desabrochar la blusa, mientras me besaba el cuello y con su pierna seguía acariciando la mía, yo ya me estaba calentando, me saca el corpiño (siempre ella detrás), hasta que me empieza a tocar mis tetas y la otra mano me la empieza a poner debajo de la pollera acariciándome la conchita. Ahí ya dejé de estar fría, y todo me importaba un carajo, me di vuelta, nos comimos la boca con nuestras lenguas, yo solita me saque la pollera, ella también se empezó a sacar la ropa y quedamos desnudas delante de todos sintiéndonos, besándonos.

    Obviamente, los chicos también ya estaban en bolas y siento a uno que me la empieza a apoyar por atrás, me doy vuelta y era Benja y veo que Juampi le hace lo mismo a Belu, con lo caliente que estábamos, cualquier lugar era bueno, así que las dos nos apoyamos sobre la mesa del comedor, y así de paradita, nos empezaron a coger, y aparte con lo mojada que estábamos entro muy fácil. Mientras nos cogían nos seguíamos besando, pero cada vez nos apoyábamos más en la mesa y cada vez nos bombeaban más, hasta que terminamos acabando casi las dos juntas, y ahí empezaba la noche de locura.

    Matías, se sienta en un sofá, me llama, me subo arriba de él, me clavo esa hermosa pija que tiene en la concha, me pongo de cuclillas y empiezo a saltar sobre ella, me acuerdo que le pedía: “cógeme puto, cógeme fuerte, mátame” y cada vez me bombeaba más, mientras siento que otro de los chicos se pone detrás y me empieza a amasar las tetas, y yo me dejaba, tener a dos chicos dándome placer es lo más. Mientras escuchaba los gemidos de Belu que también se la estaban cogiendo.

    Matías, que me conoce y sabe lo que me gusta, se recuesta sobre el sofá, y yo me pongo sobre él dejando mi colita al aire libre, mientras el chico que me tocaba las tetas (me di vuelta para ver quién era, y era Juampi), empieza a besarme la cola, y el guacho sabía bien cómo hacerlo, me empezó a abrir bien los cachetes y a meter directamente ¡la lengua!, mientras seguía cogiendo con Matías, ya estaba en esos momentos en los que me dejo hacer ¡de todo!, me empezó a meter un dedo dos hasta que siento que me la empieza a meter.

    Ya había perdido el control, era solo placer un poco de dolor, gemidos gritos, pero ni me podía mover, mi cuerpo sentía que era de ellos, si de ellos, solo para que lo gocen y me hagan gozar ¡a mí! Obviamente terminé acabando como una zorra, a los gritos agarrándome de donde podía, mi cuerpo temblando, pero ellos me seguían cogiendo y yo no podía ni reaccionar, me dejaba coger, hasta que acabé de nuevo y Matías también, salgo de esa posición, me siento en el sofá y Juampi, me pone la pija en la boca, veo que Belu también se la estaba chupando a Benja. Se la empecé a chupar a Juampi, así, como a mí me gusta, mirándolo, acariciándole los huevos, hasta que me llenó la boca de leche y casi al mismo tiempo, solo un poco después le hacen lo mismo a Belu.

    Pero la noche loca siguió, y ahora van a ver porque digo noche loca. Yo soy media boluda porque después que se me pasa la calentura (momentánea), me da cosa quedarme en bolas, si es que estamos en grupo, si es con mi novio u otro chico obvio que no, entonces me pongo una camisa, Belu, no ella seguía en bolas (es muy puta jaja).

    La cosa es que me siento en un sofá chico junto con Belu y los chicos en unos sillones, tomamos algo, y Belu, de una me da un beso, pero un beso de lengua a los que no me resisto, y me empieza de nuevo a meter la mano debajo de la blusa, me la saca, ya estábamos las dos de nuevo en bolas, tocándonos delante de los chicos, pero esta vez fue distinto, nos empezamos a tocar mucho, ¡pero mucho!, ella empezó metiéndome los dedos en mi conchita, lo que hizo que solita mis piernas se abrieran y yo hiciera lo mismo con ella, todo mientras los chicos nos miraban, pero ya no me importaba, Belu, me daba mucho placer.

    Nos empezamos a acomodar en el sillón, bahh, ella me lleva a ponernos en un 69 y nos empezamos a chupar nuestras conchitas (una cosa así nunca la había hecho) digo hacer eso delante ¡de tres chicos!, pero estábamos re calientes, yo estaba arriba de ella, hasta que siento que Matías me empieza a meter los dedos en la cola, y otra vez yo me dejaba hasta que me empezó hacer la cola, eso para mí es lo mas, chupar una concha ¡y una pija en la cola!, acabé de nuevo y como una puta, digo como una puta, porque fue a los gritos.

    Después de eso, cambiamos de posición, me quedo con Matías, y a Belu se la empieza a coger Juampi y Benja le pone la pija en la boca, la puta estaba desesperada con las dos pijas, no paraba de moverse, como lo cabalgaba, hasta que acabó ella también y, no me acuerdo quien uno de los chicos también.

    Nos quedamos todos sentados, casi muertos en los sillones, hasta que nos quedamos ¡medios dormidos! Me despierto, veo que ya estaba saliendo el sol, me voy a duchar (para que me entiendan me metí en esas bañeras de hidromasajes que son enormes), y escucho que abren la puerta, corro, la mampara y era Belu, en bolas, se mete en la ducha conmigo, y la verdad es que nos empezamos a matar, enjabonadas las dos, sintiendo esa piel suave que solo siento con una mujer, ya me estaba chupando la concha, yo recostada en la bañera a punto de acabar, cuando jaja, siento que se abre la puerta de nuevo y era el amorcito de mi vida y nos dice: “¿me invitan?”, entró en la bañera, entre las dos mientras nos besamos se la empezamos a chupar, ya la tenía reparada y Belu de dice a Matías: “cogela”, así de parada, pongo una pierna en alto y me empieza a coger, mientras Belu se encargaba de chuparme la cola y acariciarme por todos lados, fue uno de los mejores amaneceres que tuve.

    Por eso lo cago a mi novio, estas cosas no las hago, ni las quiero hacer con él.

  • Don Braulio me monta

    Don Braulio me monta

    Mi nombre es Lourdes, mis amigos me dicen Lula, soy una chica transex de 32 años y les voy a relatar lo que me sucedió el año pasado en mi barrio. Resulta que a dos casas de donde vivo hay un taller en donde trabaja un hombre. Su nombre es Don Braulio y es un hombre grande, fornido y morocho, tendría unos 45 años. La verdad me calienta mucho cuando lo veo. Bueno, el taller está en una esquina donde esta también la parada del colectivo, el cual siempre tomo para ir a mis clases de aerobics y eso me «obliga» a ir todos los días en ropa muy sugestiva.

    Todos los días para ir a mis clases me visto con calzas muy ajustadas, sin ninguna arruguita en la lycra, como una segunda piel, pues así me gusta. En la parte de arriba si no hace mucho frio, alguna remera ajustada que me marcan bien mi delantera. Bueno, hablando del año pasado todas las tardes salía de mi casa con esta ropita y mi mochila algunas veces y llegaba a la parada. La puerta enorme del taller justo daba hacia la parada y hacia mi presencia por lo cual mientras Don Braulio trabajaba, creo que algo de metales, junto a otro compañero de seguro me observaba de arriba abajo, en especial mi colita al estar de espaldas. Hablando de eso, mi cola es mi mas preciado orgullo, para mi y «otros» es lo mas lindo que tengo. Yo nunca volteaba para ver si me observaban. Me gustaba esa sensación y el misterio. Yo solo imaginaba que si lo hacían y con eso me era suficiente.

    Bueno, resulta que hablando con una amiga del barrio que vivía una cuadra más allá de una u otra cosa le comente sobre el taller y me dijo que ese tal Braulio era peligroso, que había estado en prisión, etc. Pero lo que más me llamo la atención fue que Nadia me dijo un apodo que muy pocos sabían. Le decían «Abre Culos». Wooow, y yo que se lo había estado mostrando descaradamente embutido en mis calzas ajustadas. Ese comentario de mi amiga me dejo perpleja y con algo de miedo. Pero algo me hacía seguir con este «jueguito», la intriga, la calentura y el morbo me taladraban la cabeza. Además Don Braulio me gustaba y la decisión fue que debía seguir, ver hasta donde llegaría todo esto. Es más, estaba pensando en hacer algunas pequeñas provocaciones pues la suma de ese apodo más mi perfecta colita y las calzas no eran pura coincidencia, me entienden, era el destino, ¿no creen?

    Pues así empezó, recuerdo que algunos días mientras esperaba el colectivo, siempre de espaldas al taller, me inclinaba hacia delante sin flexionar las rodillas, sacando la colita hacia fuera disimulando atarme los cordones de las zapatillas o acomodarme las polainas que están muy de moda hoy. Otra cosa por ejemplo era hacerme la distraída y tocarme los muslos o la cola deslizándola sobre la suave tela de lycra. Todo esto siempre sin voltear, imaginando como me estaría observando Don Braulio y tal vez su compañero.

    Así fue pasando algunos días hasta que llego el día de lo sucedido. Recuerdo que ese día, un martes, las clases se harían un poco más tarde, casi al anochecer ya que había que tomar examen a algunos y no me acuerdo más porque. La vestimenta que use fue una remera ajustada creo que de lycra y sobre esta un buzo deportivo también algo apretadito y cortito. Una tanga bastante chiquita, casi cola less y sobre esta unas calzas largas de color azul algo brillante muy ajustadas, demasiado, parecía como una segunda piel. En los tobillos para estar a la moda me calce un par de polainas hasta media pantorrilla color blanco y finalmente mis zapatillas blancas casi nuevas. Me mire al espejo un tiempo largo, me gustaba como me veía, todo apretadito a mi cuerpo, sin dejar nada a la imaginación. Finalmente tome mi bolso y a las 18:00 hs salí hacia la parada. Al pasar vi que aun el taller estaba abierto pero no se veía a nadie. Estaba esperando el colectivo que no venía más cuando siento que el taller se empezaba a cerrar, la cortina principal estaba bajando. Se estaba haciendo tarde, una persona que también esperaba se marchó. Estaba sola y eran casi las 18:45 hs. Una vez la cortina bajada apareció Don Braulio saliendo de una puerta trasera al lado del taller. Lo mire a los ojos mientras se acercaba, el me miro también pero al rato fijo sus ojos a mi entrepierna. Desvié la mirada hacia delante y note que estaba al lado mío. Estábamos en silencio mientras esperábamos, pues creo que el también, el colectivo. Sentí que se alejó hacia atrás un poco mientras yo estaba algo nerviosa. Se me vino a la cabeza todo eso que me dijo mi amiga, lo de que estuvo preso, su fuerte apodo, además que me impresiono el tamaño de su físico.

    Me sentía totalmente observada, de segura tenía su vista fija en mi trasero.

    -No viene más el bondi ¿no? -De repente hablo, de seguro a mí, era la única ahí. Me puse nerviosa. Tartamudeé un poco devolviéndole una respuesta.

    -Sí, bastante.

    Que me pasaba, parecía una nena de 13, inexperta y asustada. Se dio cuenta de eso y me dijo con esa voz ronca y gruesa:

    -Me parece, no estoy seguro, que hoy había paro de colectivos, vení que averiguamos por teléfono.

    Te juro que me quede de piedra, quería que yo lo siguiera adentro de su taller, me quede pensando, me decía a mí misma que era una estúpida si lo seguía pero algo en mi lo contradecía. Y fue más fuerte, lo seguí mientras tomaba sus llaves y abría la puerta de al lado del taller. Yo sabía que había paro pero pensé que era dentro de dos días. Mientras abría me decía que tenía un amigo colectivero de la línea que tomo yo y que lo iba a llamar para averiguar. Entro primero y me dijo que pasara, que lo siguiera, íbamos por un pasillo largo.

    Entramos al taller, era bastante amplio llenos de cosas y algo mugriento pues era de esperar. El nerviosismo se había apoderado de mí, era esa sensación entre el miedo y la intriga de la situación. Él se fue hacia una parte visible y tomo un teléfono. Me di la vuelta y me quede mirando el lugar, había una amplia mesa de trabajo que empecé a observar, era una mesa improvisada con un duro tablón de madera como base y de unos cuatro cajones robustos como patas, sobre la misma habían bastante herramientas de todo tipo, lo que no sabía en ese momento era que justamente ahí me iba a abrir de gambas para hacerme el culo. Estaba mi vista fija en esa mesa, era la mesa en donde trabajaba Don Braulio que se veía desde afuera, la mesa en donde hacia sus cosas mientras me miraba cuando esperaba el colectivo. De repente sentí que me tomó de un brazo tirando mi bolso y me jaló quedándonos frente a frente, mientras me miraba fijamente a los ojos. Me acaricio con ternura una mejilla y luego el cabello pero de repente me dio la vuelta quedando de espaldas a él, me rodio con sus brazos por la cintura y me apretó contra él tratando de levantarme un poco como empujándome hacia donde estaba la mesa, me asuste y comencé a lagrimear y suplicar, al llegar a la mesa dejo de empujarme, se quedó parado allí sujetándome de mi cintura y aprisionando fuertemente mi trasero contra su pelvis, yo podía sentir claramente el bulto de su miembro en mi cola, después de unos momentos me soltó, empezó a mirarme de arriba abajo y sonriendo lujuriosamente me dijo: “Escúchame nena vos ya sabes porque estas acá así que vas a tener que portarte muy bien conmigo y obedecerme en todo, tu solo déjate llevar que yo me encargo de lo demás”. Pensé en que me había metido, pero me calme y me dispuse a hacer lo que quería.

    Tomó una silla y se sentó tras de mí de modo que mi culito quedaba frente a él, comenzó a acariciar mis piernas sobre las calzas, al ver que yo no decía nada subió sus manos y acarició mis nalgas, las apretó y las estrujó, como vio que yo no oponía la menor resistencia se levantó y empezó a frotarme su pene que ya se encontraba erecto contra mi trasero, entonces bajó sus manos para acariciarme las piernas y las subió a mi entrepierna, me empezó a pajear con sus dedos sobre la lycra mientras mis primeros gemidos se hacían presente y mis piernas se abrían solo un poco más. Entonces me dijo: “¡Vaya!, te está gustando no puta, pues empezá a disfrutarlo porque a vos te tengo preparado algo muy especial ¿sabes?”. Su mano volvió atrás y empezó a acariciarme el contorno de mi cola mientras me decía:

    -Perfecto, es perfecto, debes tener el culo tan estrecho como el de un maricen ¿no es así?, pues eso lo vamos a arreglar. Ya te estarás imaginando lo que te espera ¿no es cierto?, voy a romperte el culo y a convertirte en toda una puta.

    Me quede perpleja por todo lo que me estaba diciendo pero igual lo quería, quería que continuara y recordé su apodo, realmente iba a dar crédito al mismo.

    Mi silencio sepulcral lo motivo así que me tomo de la cabeza y me inclinó sobre la mesa y lo ajustada de mis calzas dejaba ver la marca de mi tanga, lo cual seguramente lo excitó aún más, de nuevo frotó su pene contra mi trasero, se aflojó el cinto, bajo sus pantalones y siguió frotándome con su enorme miembro que aun guardaba en sus calzoncillos, entonces se arrodilló tras de mí y acariciando mis nalgas bajo mis calzas hasta el final de mis nalgas y corrió a un costado mi tanga con rudeza, yo estaba totalmente estupefacta pues no podía creer lo -que me estaba pasando, de pronto sentí su rostro en mi cola besándome las nalgas, me las abrió y empezó a besarme el culito, lo chupo, lo lamió, lo succionó, pasaba su lengua y la metía en mi pequeño orificio, yo jadeaba y gemía inevitablemente, sentí mi cara muy caliente, que me ardía de excitación, todo me daba vueltas, nunca me habían dado ¡tan rica! comida de culo.

    Entonces se levantó e hizo que cambiáramos de posición, ahora yo me encontraba sentada frente a él con su pene en mi cara, un animalón enorme y moreno, grande, grueso, venoso y con el glande completamente hinchado de excitación, me tomó de la nuca jalándome los cabellos y comenzó a frotarme su miembro entre mis labios, su piel era suave, brillante y caliente, ésa sensación no me disgusto para nada, adiviné lo que quería que hiciera y abrí mi boca, él lo introdujo un poco, al sentirlo entre mis labios me gustó mucho la sensación e instintivamente empecé a chuparlo, al ver que yo misma se lo mamaba voluntariamente dejó de jalarme el cabello y de pronto ya no podía parar, se lo mamaba ávidamente aunque no cabía por completo en mi boca, después de hacerme que se lo chupara por un buen rato me retiró y volvió a inclinarme sobre la mesa, ésta vez ensalivo mi culo para lubricarlo, ya estaba dispuesta a recibir el tremendo ataque pues acababa de probar el tamaño de su miembro y me preguntaba si todo eso podía entrar en mi pequeño culo, pero ¡como lo deseaba!, ya no me importaba nada, solo quería sentir esa tremenda pija penetrando mi hermoso culito.

    Sentí su enorme pene a la entrada de mi ano, me tenía empinada frente a él con mis piernas algo abiertas, mis calzas a medio bajar y mi cola bien paradita, entonces me dijo: ‘Ahora sí puta, te voy a romper el culo como tu querías o acaso crees que no te había visto ya provocándome ahí afuera mostrándome el orto, pues ahora si vas a sentir una verdadera pija dentro, te advierto que esto te va a doler pero también te va a gustar y después hasta me pedirás que no te la saque’, entonces comenzó a abrirse paso entre mis nalgas; ¡WOOOW!, ¡ERA ENOOORME!, sentí que me partiría en dos, movía mi cabeza incontrolablemente mientras le suplicaba: ¡NO! ¡NO!, ¡MEJOR NO!, ¡POR FAVOR, MEJOR NO!, traté de zafarme echándome para delante pero fue inútil, él me sujetaba por los hombros y me aprisionaba fuertemente contra la mesa, mientras seguía empujándomelo con fuerza, creí que me desmayaría, al ver que no estaba dispuesto a soltarme le suplicaba; ¡DESPACITO POR FAVOR!, ¡ME DUELE!, ¡DESPACITO, DON BRAULIO POR FAVOR, PORQUE ME DUELE MUCHO! ¡POR FAVOR!, DON BRAULIO ¡POR FAVOOOR!, pero él seguía metiéndomelo poco a poco y no se detuvo hasta que lo introdujo completamente dentro de mí, grite y llore y varias lagrimas rodaron por mis mejillas, él me regañó y me dijo que no gritara porque podían escucharnos y yo me mordí los labios para no gritar pues el dolor que sentía era muy intenso, pero a pesar de todo él tenía razón, ya no quería que me la sacara.

    De pronto empezó a sacarlo y sentí un poco de alivio, pero de nuevo lo introdujo con fuerza, siguió repitiendo ése movimiento haciéndolo cada vez más rápido, así continuó bombeándome hasta que el dolor fue cediendo y poco a poco comencé a disfrutarlo, después de violarme por un buen rato, el hombre ya lograba que yo me arqueara de placer, parecía una gatita en celo retorciéndome de gusto con su verga dentro de mí, pues nunca había experimentado ésa sensación tan intensa entre el dolor y el placer con tanta excitación, tanta pasión, tanto sexo y entonces él se estremeció y pude sentir que se venía dentro de mí, estaba chorreándome toda su leche caliente dentro de mí, ¡que ricura, que delicia!, en ése momento me sentí completamente invadida, poseída y sometida por un hombre que me estaba cogiendo en su propio taller, mi culo había sido estrenado y desvirgado por Don Braulio alias el «Abre Culos». Ni se imaginan que situación toda esta, un morbo y un placer indescriptible.

    Y así Continuó cogiéndome durante un largo rato, al tiempo que yo seguía convulsionada con ésa dulce mezcla de placer y dolor. Claro que después de aguantar largamente tan violentas embestidas, ya sentía dolor en mi pequeño culo, sin embargo él era implacable conmigo. Cuando intentaba soltarme o hacia algún gesto de dolor o se me escapa algún grito, me apretaba más fuerte y me decía; ‘Quieta nena, querías probar la pija por atrás ¿no es así?, Pues seguirás comiendo verga hasta que me harte, te que voy a seguir abriendo el culo ¿sabes?’ y al tiempo que me la empujaba con fuerza me decía; ‘Come verga, vamos, cómetela toda grandísima putita’, y así continuó cogiéndome y eyaculando dentro de mí, no recuerdo cuantas veces.

    Cuando al fin quedo satisfecho, se salió de mí, se subió los pantalones y después de darme una fuerte nalgada, me dijo; ‘Pues ahora sí nena, ya eres toda una mujer y además tienes un culito ¡delicioso!, eres muy dulce y te has portado como una nena buena, ya se notaba que eras toda una puta. Desde ahora tu culo me pertenece, para que te lo coja cada vez que yo quiera, aunque ya verás que tu solita regresarás a pedirme pija todos los días y yo estaré aquí esperándote para cogerte a diario perrita. Se retiró hacia otro cuarto y me dejó allí tendida sobre la mesa, donde permanecí por varios minutos, realmente estaba exhausta y completamente llena de leche, incluso podía sentir como escurría entre mis nalgas y corría por mis piernas, me toque el culito y pude sentir que aún lo tenía muy abierto.

    Me reincorpore y me vestí rápidamente saliendo por la puerta del costado.

    Llegue caminando a mi casa con gran dificultad, fui al baño para darme una ducha y al quitarme la ropa note que mi bombacha estaba muy manchada con semen y sangre, me espante un poco, pero después pensé que era lógico después de la revolcada que me acababa de meter ‘Don Braulio’ para desvirgarme el culito. Ésa noche sufrí de fiebre, incluso al día siguiente mi mamá pensó que estaba enferma, tardé varios días para recuperarme, sin embargo en todos esos días no pude apartar de mi mente lo sucedido.

    Imaginaba una y otra vez la escena; empinada sobre la mesa del taller, con mis calzas abajo, mi tanga de lado y Don Braulio tras de mí, con su enorme verga penetrándome violentamente. Como deseaba volver a sentir ése enorme palo dentro de mí, era cierto lo que él me había dicho, yo misma quería regresar y pedirle que por favor me cogiera otra vez. Me excitaba mucho la idea de volver a tener su miembro en mi boca, pero ésta vez no pensaba conformarme solo con chupárselo, quería mamársela hasta que se chorreara en mi boca y saborear su semen escurriendo entre mis labios. Pero sobre todo quería volver a tener ésa tremenda verga dentro de mí, ¡tan grande, tan gruesa, tan dura y tan deliciosa!, ¡ésa verga me había vuelto loca!

    Paso una semana, cuando volví a encontrarme con Don Braulio en la parada del colectivo, yo andaba con mi ropa habitual para ir a la facu, zapatillas deportivas, calzas y remera con buzo. Cuando lo vi en el taller no supe cómo reaccionaría pero él me saludo desde adentro sonriendo, como si nada hubiera sucedido, salió afuera, se acercó y paso su brazo por encima de mi hombro e intercambiamos saludos; ‘Hola Lula cómo estás?’, yo le respondí que estaba bien, ‘Que bueno que estés bien, la verdad estaba un poco preocupado porque no te veía desde hace varios días’ y bajando la voz me dijo; ‘ Espero no haberte lastimado’, yo me quedé helada al oír esas palabras, no estaba fingiendo nada, me estaba hablando abiertamente de lo que había ocurrido entre nosotros, le respondí un poco nerviosa; ‘No Don Braulio, no me lastimo mucho, no se preocupe estoy muy bien, gracias por preguntar’, se quedó un ratito callado y luego de mirarme de arriba abajo, me dijo que le daba mucho gusto saber que estaba bien y acariciando mi mejilla en forma paternal se inclinó para despedirse dándome un beso en la mejilla y me susurró; ‘Espero que te haya gustado lo que hicimos, te espero cuando vuelvas en la tarde, mira que te voy a estar esperando, no faltes nena’, y al retirarse me guiñó un ojo, yo no pude evitar sonrojarme, agaché la cabeza avergonzada y mirándolo de reojo le sonreí pícaramente mientras le respondía; ‘Sí Don Braulio, gracias, aquí estaré’.

    Luego llego el colectivo y me fui a la Facu, estaba totalmente emocionada, no lo podía creer, el hombre me estaba citando para cogerme otra vez, eso significaba que yo le gustaba y me quería de su puta, ¡wow! Me sentí muy halagada y muy excitada al saber que a ése señor, que era todo un hombre, de seguro me iba a sodomizar otra vez. Pero que me pasaba, estaba actuando como una chiquilina sin experiencia. Estuve toda la clase en la facu distraída, no podía apartar de mi mente lo que de seguro iba a suceder con Don Braulio. Así que antes de llegar a destino llame a mi mamá por celular diciéndole que no me esperara, que me iba a quedar más tiempo en la facu. Una vez baje del bondi, cruce la calle y me dirigí a la puerta trasera del taller de ‘Don Braulio’, que estaba cerrado. Recuerdo la vestimenta que traía puesta, un buzo gris con capucha, una de mis remeras preferidas rosada ajustada, unas calzas de lycra que eran nuevas en ese momento, recuerdo que eran negras con un azul a los costados y mi otro par de zapatillas blancas, unas botitas converse all star. Así que me dispuse a entrar por donde lo hicimos antes, fui por el pasillo y vi que la puerta estaba entre abierta y se veía luz, entré y allí estaba él tomándose una cerveza mientras me esperaba, cuando me vio entrar sonrió y acercándose me dijo; ‘como estas Lula?’, me abrazó y acariciándome la cola me dijo; ‘Sabía que volverías nena, te gustó mucho mi verga, verdad?, estoy seguro que te fascinó’, entonces me giró, empezó a acariciarme las piernas por sobre mis calzas para luego seguir con mis muslos, frotándome su pene en mi trasero me dijo; ‘Mira nada más como me pones, me tienes la pija bien parada, ahora tendrás que comértela hasta que me saques toda la leche, así que prepárate putita, porque te voy a coger toda la noche’.

    Me mantuvo un tiempito ahí acariciándome la cola y metiendo sus dedos entre mis nalgas para frotarme el culito por sobre la lycra, al mismo tiempo me besaba el cuello, mordisqueaba mi oreja, me besaba en la boca, la recorría con su lengua y chupaba la mía, me mordisqueaba los labios y yo solo cerraba mis ojos y me dejaba hacer todo lo que él quisiera, pues me excitaba muchísimo.

    Me llevó hacia su mesa de trabajo y me recostó boca abajo levantando mi colita, se arrodilló y empezó a besarme las nalgas dándome pequeños mordiscos, jaló mis calzas hacia abajo y corrió mi tanga de lado para besarme el culito, lo lamía y lo chupaba con fervor, introducía su lengua en mi orificio jugueteando con él y arrancándome gemidos de placer. Después se levantó, se soltó los pantalones y de sus calzoncillos liberó su miembro completamente erecto, me tomó de la cintura, me hizo abrir un poco las piernas y apuntó contra mi entrada su enorme bestia hambrienta de culo y de un solo golpe me la enterró ¡completita!, grité dolorosamente aferrándome a la mesa, pero nunca intente zafarme. Para silenciarme se inclinó y me tapo la boca con su mano, empezó a mecerse lentamente haciéndome el mete-saca y susurrándome al oído; ‘Ya nena, ya no llores puta, es que me gusta mucho tu culito, me pone como loco y no me puedo controlar, ¡tu culo es mío! Y me encanta que seas tan puta, para meter mi pija en tu hermoso culo’, la forma en que me hablaba me excitaba mucho y me hacía sentir totalmente dominada.

    Poco a poco fue acelerando hasta llevarme a un ritmo verdaderamente delirante, cada embestida de su miembro la recibía hasta adentro de mí y podía sentir sus huevos chocando contra mis nalgas, instintivamente fui apretando mi culito en fuertes contracciones, eso lo enloqueció, el hombre gemía de placer mientras me bombeaba a más no poder, a mí me tenía jadeando y con mi respiración muy agitada, de pronto empezó a estremecerse, se estaba corriendo dentro de mí, me estaba chorreando toda su leche mientras exclamaba; ‘Así, así nena, que lindo, sigue moviendo tu culito, así mami, apriétame con tu culito y sácame toda la leche, te lo voy a llenar de lechita caliente mamita, ahh, ahh, que culo tenes puta y como te la comes’.

    Cuando terminó se salió de mí y me tomo del cabello para arrodillarme frente a él, tomé su enorme pene entre mis manos y lo metí en mi boca, no quería desperdiciar ni una gota de su semen y se la chupe dulcemente hasta dejársela completamente limpia. El sentir su espeso semen en mi boca me gustó mucho, su sabor me pareció deliciosamente salado y único, entre tanto él me decía; ‘Vaya que te gusta la pija putita, sos una puta golosa’. Después se acercó una silla para descansar un momento, le dio unos sorbos a su cerveza y me convido un poco, me dijo que me saque los pantalones, refiriéndose a mis calzas y luego me colocó sobre él con mis piernas abiertas, me arrancó la tanga diciéndome que la conservaría como recuerdo y cogiéndome de mis nalgas me sentó sobre su miembro que ya tenía una nueva erección, yo rodee su cuello con mis brazos y comencé a encajarme lentamente en ésa gran estaca, hasta que nuevamente ¡me la comí toda!

    Me tomo de la cintura y comenzó a subirme y bajarme lentamente, yo aún estaba muy excitada y lo disfrutaba como loca, entonces me agarró de las nalgas y al bajarme me las abría para meterme su verga tan adentro como pudiera y cuando me levantaba las apretaba con fuerza aprisionando su enorme miembro, eso lo excitó muchísimo y pronto me estaba dando de sentadas en su verga ¡frenéticamente! Se volvió a correr dentro de mí con abundancia y los dos quedamos totalmente batidos de semen.

    Continuó cogiéndome toda la tarde y noche y en todas las posiciones que se le ocurrieron, me cogió cuanto quiso hasta que los dos quedamos exhaustos y claro hasta que volvió a dejarme el culito enrojecido, dolorido y palpitante, ¡pero como me encantaba lo que me hacía ése hombre! ¿Continuara?

    Me gustaría recibir comentarios sobre lo que me sucedió y sus opiniones sobre porque me sucedió esto y de quien fue la «culpa». Besos. Lula. Escriban a [email protected].

  • Patas arriba (XXIV)

    Patas arriba (XXIV)

    Ya no daré excusas, la verdad, me cuesta un mundo sentarme a escribir, sin embargo, os puedo presentar esto:

    Cami

    Joer, vaya pedazo de vacaciones nos hemos pegado, macho. Lo mejor es que mi tío Tavo cuenta que les está yendo de puta madre, al parecer, la familia de mi tío ha cuidado como se debe el patrimonio familiar y recibieron al tío Dani sin problemas, por supuesto, el tío Anderson es uno más de la casa, así que ni hablar. Por lo visto, las inversiones familiares van viento en popa y el tío Anderson, que no quiere saber de muchos líos con ese dinero, compró una escuela abandonada en pleno centro de la capital y la acondicionó como orfanato, eso sí, cada salón de clase es una habitación pensada para dos niños como máximo y las ganancias netas de esas empresas se irán directo a atender tantos huérfanos como sea posible. Se ve que a pesar de negarlo, mi tío tiene mucha sensibilidad con los abandonados, porque en un viaje anterior ya había dedicado el negocio que él había heredado de su propia familia a un comedor para los sin techo.

    Pero bueno, no sólo ellos se la pasan de puta madre, mi Ramón y yo no hemos necesitado más que estar con nuestros amigos para pasarla como nunca, tanto durante el viaje como en estos días posteriores. Como Ylian y Joel siguen fuera, nos turnamos para ‘cuidar’ su casa, básicamente, abusar de su piscina todo lo que nos dé la gana, así fue como terminamos mi Ramón y yo un día desnudos jugando en el agua y pasó lo inevitable: dos sendas erecciones.

    Y es que Ramón se había estado ejercitando y no es un ciclado, pero está como nunca y el color dorado de su piel, su cabello mojado y esa sonrisa de total felicidad me tenían loco, así que aproveché que estábamos jugando y me acerqué a él por detrás y coloqué mi pene entre sus nalgas, no pretendía penetrarlo, sólo quería subirle la temperatura al juego, pero Ramón lo vio venir y por lo visto ya él estaba muy caliente, porque se aferró a mi pene y me sacó de la piscina entre caricias a mi falo, me recostó en una de las toallas y se sentó sobre mí, dejando que yo entrara lo más profundo de él que era posible.

    No voy a negar que lo disfruté, estábamos demasiado excitados y Ramón supo sacarle partido a eso moviéndose como nunca antes, pero no me dejó terminar, cuando sintió que ya estaba a punto, se levantó y me ofreció su pene, que comí con muchas ganas, tenía muchas ganas de mi chico y él lo sabía, así que no me dejó su miembro mucho rato y pronto me estaba comiendo mi hermoso culo, haciéndome gemir sin reparo alguno. Me penetró como pocas veces, algo salvaje, pero sin llegar a ser cruel y me lo pasé como nunca.

    Mi mano no había estado ociosa y mi pene estaba a punto de estallar, Ramón lo notó por la presión que mi ano ejercía en él y pronto sacó su pene de mí y me dijo que me recostara en la toalla, se recostó junto a mí y empezó a cascármela, así que hice lo propio con él hasta que los dos terminamos al mismo tiempo y nos dimos un largo beso dejando que nuestros corazones hablaran. Tomamos las toallas, nos limpiamos y, una vez satisfechos, nos fuimos a comer.

    Joel

    Es una pena que las vacaciones estén por terminar, pero debo reconocer que han sido las mejores de mi vida, para empezar, tengo a mi Ylian conmigo, no tengo que esconderme, porque somos pareja oficial y, además, el abuelo podrá parecer muy serio de entrada, pero creo que está más que dispuesto a las aventuras y a vivir la vida al máximo, más que cualquier otra persona, así que nos propone escapadas para ver paisajes o lugares maravillosos que yo jamás habría pensado o que él ha ido descubriendo a lo largo de su vida.

    Por ironías de la vida, estamos en la misma playa en que le di mi virginidad a Evans hace tantos años, esa única vez que fui pasivo y desde entonces le he tenido mucho miedo a serlo, ya no tanto el sentirme usado o no, con mi Ylian sé que no pasará, sino por lo mala que fue la experiencia en sí, todavía recuerdo que no pude sentarme cómodamente durante una semana, incluso fui al doctor a escondidas y me estuvo interrogando muy serio, porque creyó que había sido una violación, quiso incluso de llamar a la policía, pero logré detenerlo.

    Hoy, por insistencia de mi abuelo, le propuse a Ylian ir a ver las estrellas, nos llevamos una manta por si la noche se pone muy fría y el abuelo me dijo en privado que tal vez sería un buen momento para sanar heridas y empezar a crear buenos recuerdos sin manchas del pasado. Ahora menos me creo que el abuelo no supiera o se imaginara nada de lo que pasó esa vez, pero al menos ha servido para que esté junto a mí como un ángel guardián encargándose que yo sane bien y ayudándome a madurar sin estancarme en el pasado.

    Ylian

    Mi chico guapo está demasiado pensativo, supongo que la conversación con su abuelo lo dejó así, además, sospecho que esta playa tiene un mal recuerdo para él, porque intentó protestar cuando sus papás planearon pasar aquí las vacaciones, pero por lo que he hablado con Mr. Mellors, en este lugar fue donde mis suegros se conocieron y por eso les gusta mucho venir aquí.

    -Yliusha, mi amor -me dijo Joel, se ve que ahora era yo el que estaba en las nubes-, ¿te has dado cuenta que son las 3 de la madrugada y que esto está totalmente desierto? -su gesto me decía que quería aprovechar para hacer locuras, yo pensé que su idea de salir a ver las estrellas iba por ahí, así que no me sorprendió mucho y le sonreí pícaramente.

    -Claro que lo sé, hombre guapo, ahora tengo miedo que quieras aprovecharte de mí y hacerme cosas malas -le dije intentando hacerme el inocente pero sin borrar mi sonrisa y siendo demasiado obvio, quería que me hiciera ‘cosas malas’.

    -Lo único malo que haré será dejarte agotado y deseando dormir abrazadito, mi Yliusha -me dijo mi chico acercándose a mí y plantándome un beso lento, apasionado, con ganas de disfrutar el momento-, pero antes de cualquier cosa, quiero decirte algo.

    Vaya forma de matar el buen rollo tiene el tío, primero me calienta al punto de estar yo por abrir las piernas y dejarle hacer y ahora me sale con que quiere hablar, joder…

    -No me pongas esa cara, mi amor, esta playa tiene algo que creo que debes saber porque no quiero engañarte, no quiero que cuando lo sepas te sientas mal, si después de escucharme todavía quieres que hagamos el amor, lo haremos todo lo que quieras, te lo prometo -me dijo algo triste.

    -No te pongas así, fue sólo que le quitaste toda la magia al momento, mi vida -intenté animarle-, dime lo que sea que quieres decirme, quiero hacerte el amor y la espera me mata -le di un beso antes que dijera cualquier cosa que lo distrajera del tema, y me dispuse a escucharlo, pero hice lo que hace Cami con Ramón, lo recosté en mis piernas para poder jugar con su pelo, siempre quise intentar eso.

    Joel se dejó hacer y me encantó sentirlo tan cerca mientras le respeto su espacio, creo que a él le gustó también porque estaba mucho más relajado y sonreía, hasta que tomó algo de aire y clavó su mirada en mis ojos verdes:

    -Sé que no eres tonto, ya notaste que tengo algo con esta playa, mi Yliusha hermoso -Joel estaba demasiado nostálgico y yo ya adivinaba que esta playa tenía que ver con aquel chico con el que tonteó un verano, pero sé que él quiere decírmelo libremente y no voy a quitarle eso, el que sepa que puede confiar y contar conmigo.

    Asentí para que continuara, pero estaba intentando buscar palabras para expresar algo que necesitaba dejar salir, por lo que decidí ayudarle:

    -Déjalo salir, mi vida -le dije mientras le daba un beso en la frente.

    -Está bien, tienes razón, es sólo dejarlo salir -me sonrió y le di un beso en la nariz sólo para animarlo un poco-, esta playa es la que mis papás más quieren porque aquí se conocieron, pero es la que tiene mis recuerdos más dolorosos, aquí fue lo de Evans… -Joel no pudo terminar la frase por estar intentando disimular una lágrima, como si necesitara esconder sus emociones conmigo, pero en fin, yo se la limpié con la mano y esta vez sí le besé en los labios.

    -Joel, Evans ya pasó, ahora eres totalmente distinto, ya no eres el puberto que cualquier amago de tableta impresiona y se entrega fácil, eres todo un hombre, es más, eres el héroe que me defendió de Alexei, no tengo que recordártelo, pero creo que esos fantasmas se podrían quedar en el pasado, ¿no? -quería sonreírle, infundir toda la confianza y amor que le tengo en la frase, pero no podía, esto es algo que Joel debe resolver por sí mismo, yo sólo puedo ser su apoyo, estar junto a él, pero no tomar esta decisión por él.

    Entonces pasó algo que no esperaba: mi novio se reía y con ganas, como si en lugar de querer apoyarle, le hubiera contado un chiste de los mejores de mi repertorio.

    -No le veo la puta gracia, macho -le dije un poco molesto.

    -No, no, no, no es eso, mi Yliusha -recobró la compostura ante mi cabreo-, es que eso ya lo superé… y la lágrima no es porque eso me duela, no, mi pasado está curado con medicina rusa -tuve que darle un beso, se lo ganó-, lo que pasa es que estoy nervioso y no sé cómo decir lo que quiero decir.

    -¿Te ayudo? -asintió y si ya empezó a sanar, entonces no tiene sentido que yo me calle lo que sé-, a ver si adivino: en esta misma zona de la playa perdiste tu virginidad y quieres tapar ese mal recuerdo con uno que te haga sonreír, ¿me equivoco?

    -Sólo un poquito -me dijo mi Joel perplejo-, no fue en esta zona: fue en este mismo lugar.

    -¡Bah! Eso da igual -le sonreí sincero, total, no hay mucha diferencia entre una cosa y la otra-, en todo caso, me debes algo -Joel levantó una ceja y debo reconocer que el gesto le quedó hermoso-, me prometiste hacerme el amor hasta que mi culito no pudiera más.

    -Eso no es cierto -me respondió mi novio-, te prometí que haríamos el amor todo lo que quieras, no que tocaría esa obra de arte en la que te sientas.

    Joel

    La cara de sorpresa de Ylian no tiene precio, creo que se hubiera esperado cualquier cosa, incluso correr desnudos por la playa, pero que le insinuara que quería tenerlo dentro de mí, eso no se lo esperaba, vamos, no creo ni que lo soñara, fue una completa bomba para él, pero es lo que quería y la lágrima que se me salió antes era realmente de miedo, miedo a no atreverme a pedirlo, miedo a que él no quisiera. Él siempre ha sido pasivo, al menos conmigo y nunca lo he oído comentar nada sobre ser activo, pero la verdad es que hace tiempo le tengo ganas a semejante pene tan delicioso y que ya es hora pasar a algo más con él.

    Ylian

    Esto sí que fue una completa bomba, no me esperaba que mi chico me pidiera algo así, yo siempre he sido pasivo porque lo que más llama la atención de mi físico es mi culo y me he sentido cómodo con eso, jamás me había planteado siquiera intentarlo, la verdad es que mi Joel logró sorprenderme y me quedé totalmente de piedra… hasta que mi príncipe azul me dio un beso de amor verdadero y rompió el hechizo.

    -¿Estás de coña? -fue todo lo que pude decir cuando me recuperé.

    Un largo beso y las caricias por todo mi cuerpo me confirmaron que Joel iba en serio, especialmente cuando metió la mano entre mis bermudas y se aseguró que mi pene estuviera listo para la acción, como si lo necesitara realmente.

    -Jamás -me dijo muy serio, serio como nunca lo había visto antes-, jamás bromearía con algo tan importante, hermoso y lleno de amor como es el que seamos uno, mi Yliusha -soltó mi pene y me volvió a besar, sabía muy bien que con lo que acaba de decir estaba a punto de un orgasmo de puro amor y necesitaba distraerme.

    Y vaya que me distrajo, se levantó, se desnudó y me dejó comerme su pene, a lo que jamás me negaría. Sin embargo, esta vez mi Joel me dejó beber su semen y luego se puso en cuatro sobre la manta ofreciéndome ese hermoso culo que nunca había pasado de darle un par de nalgadas en mis momentos de mayor excitación.

    No tenía ni idea de por dónde empezar, pero sé muy bien lo que me gusta e intenté recrear las mismas sensaciones en él, que pronto gemía ruidosamente, menos mal eran las 3 a.m. y no nos escondíamos, porque habría llegado hasta el MI5. Cuando lo sentí lubricado, relajado y preparado, acaricié ese delicioso agujerito con un dedo, no pensaba meterlo todavía, sólo quería calentarlo más que no la pasara mal, era mi primera vez y sabía que no lo haría muy bien, así que buscaba la forma de compensarlo.

    -Si vas a meter el dedo, hazlo o pasa directamente a ese maravillo pene que tienes, mi amor, porque ya no quiero esperar más -me dijo entre jadeos y no pude más que complacerlo. Metí mi dedo y entró bastante fácil, así que tampoco lo dejé mucho ahí, le besé el culito un poco más para mantener la lubricación y preparé mi verga.

    Una vez listo, puse mi glande contra su ano y Joel suspiró y se movió un poco hacia atrás, su excitación era demasiada y se notaba, así que empecé a hacer presión y sentí cómo iba entrando.

    -¿Te duele? -no sabía si detenerme o no.

    -Para nada, es sólo algo a lo que mi cuerpo no está acostumbrado, pero me encanta y no me duele lo más mínimo -oí sinceridad en su voz y entré un poco más, fui despacio hasta que estuve totalmente adentro, la verdad es que a mí sí me dolió un poco, pero fue sólo al principio y pasó tan rápido que cuando mi pene terminó de entrar sólo pensaba en moverme dentro de él, cosa que hice y debo admitir que fue genial.

    Era la primera vez que mi pene era sometido a algo así y no pensé que fuera a aguantar mucho, pero al menos fue suficiente para satisfacer a mi Joel, quien me pidió terminar dentro de él y con solo la idea de hacerlo, mi semen empezó a brotar como nunca antes, pero no fui el único, mi Joel estaba terminando también. Se levantó me dio un beso de los buenos, de total unión entre los dos, fuimos al mar, nos lavamos un poco y volvimos a la toalla, recogimos las cosas, nos vestimos y volvimos al hotel, el lavarnos en el mar era provisional, nos haría falta una buena ducha que tomamos juntos.

    Hoy fue un día muy movido, no en lo físico, más bien en lo emocional, veo que mi Joel ha crecido mucho durante este tiempo y debo reconocer que yo también, tal vez hay cosas que yo superé más fácilmente porque estaba deseando hacerlo y tuve el apoyo necesario en el momento justo, pero mi chico sólo nos ha tenido a su abuelo y a mí y aún así lo ha hecho. Con todo lo que pasó en la playa, no podía dormir, así que acariciaba el pecho de mi Joel mientras mi mente se iba a lo suyo y disfrutaba el abrazo que me daba dormido, de verdad que el amor es capaz de muchas cosas, más de las que creemos posibles.

    -¿Estás despierto? -me dijo mi novio.

    -Sí, hay demasiadas cosas en mi cabeza para poder dormir -por lo visto en la suya también.

    -Necesitamos dormir y descansar, además, pronto volveremos a casa y tu tía me matará si llegas con ojeras -nos reímos un rato de la ocurrencia-, pero ya, seamos serios, tengo tanta alegría en mi corazón y en mi cabeza que no puedo dormir, pero necesitamos desconectar -y empezó a besarme, también me abrazó más fuerte y me entregué al amor que nos tenemos, me relajé y dejé de preguntarme cosas, ya es hora de dejar de pensar las cosas y vivirlas.

    Ricardo

    Lo malo del calor es que la gente lleva poca ropa, pero no tanto por eso como porque la mayoría de tíos están más mazados que yo, de hecho, hay un chico nuevo en el edificio, tendrá nuestra edad y el pobre está más perdido que Adán con regalo el día de la madre, así que Iván y yo quisimos ser buenos vecinos y al menos enseñarle algunos lugares útiles en el barrio y tal, para que se pueda ir movilizando y no le cueste tanto adaptarse, pero el jodido tiene un cuerpazo como para volverse loco y este ruso novio mío se lo come con los ojos cada que puede. Vale, tiene mucho mejor cuerpo que yo, pero todavía soy su novio, joder, que algo debería disimular.

    Lo hablamos, en varias ocasiones ya, pero no logra contenerse… o es que quiere provocarme, no lo sé, pero Iván se está buscando problemas y me está haciendo enojar mucho, igual que a él no le gustaba que fuera cariñoso con Ylian y por él dejé de serlo, debería saber que a mí no me gusta que se ponga a mirar a cualquier tío y que eso me pone malo, en fin…

    Ramón

    Bueno, después de unas maravillosas vacaciones, un par de días de normalidad, tranquilidad y no pensar en nada vienen bien para tomar impulso para el resto del año, así que mi Cami y yo estábamos haciendo absolutamente nada disfrutando que podemos cuando de repente sonó el telefonillo.

    -¿Quién es? -dijo Cami con una imitación de acento murciano que le diré que deje de ver comedias.

    -Ricardo -su tono sonaba tan deprimido que de inmediato Cami le abrió y yo corrí a la cocina para preparar algo de picar que incluyera chocolate, no por nada dicen que siempre levanta el ánimo.

    Cuando tocó el timbre y le abrimos la puerta, se me cayó el alma a los pies: Ricardo no sólo se escuchaba deprimido, es que daba pena verle, tenía un par de días sin afeitarse, ojeras y los ojos rojos, estoy totalmente seguro que este chico no ha dormido casi nada.

    -¿Qué pasa, tronco? -le preguntó mi Cami sin el más mínimo asomo de broma, de hecho, se escuchó idéntico a su papá Luis, aunque no se lo admitiré jamás.

    -Iván, eso pasa -vale, pasa algo chungo, porque no suena triste, sino enojado.

    -Pues si quieres dejarlo salir, para eso estamos y si no, pues también para eso estamos, tronco -esta vez fui yo quien le dio pie a hacer lo que quisiera.

    -Sabéis muy bien que vine con vosotros porque necesito desahogarme, necesito alguien que me escuche sin reproches y sois mis mejores amigos… -está triste, cabreado y tímido, definitivamente este pobre las está viendo canutas.

    -Entonces -le puse un vaso de agua enfrente-, te escuchamos.

    Me senté junto a mi chico, que, prudentemente, no entrelazó su mano con la mía y le dedicó toda su atención a Ricardo, que había dado un par de sorbos al vaso y buscaba la manera de soltar lo que traía adentro.

    Iván

    Esto ya ha ido demasiado lejos, mira que ponerse celoso porque el vecino nuevo es guapo… ¿qué quiere que haga? ¿que me arranque los ojos o que tenga malos gustos sólo por tener novio? Es que el tío no se da cuenta que precisamente por mis gustos es que yo estoy con él, de verdad, pareciera que es un completo idiota.

    -¿Qué cojones te pasa? -le increpé cuando regresó medio ebrio por la noche, mi Ricar no es de hacer esas cosas.

    -Pasa que prefieres un ciclado cualquiera a tu novio, así que vete a buscarle, porque yo no te daré calor hoy -y va el tío y se encierra en la habitación de Ylian y pone el pasador.

    Pues muy bien, que haga lo que quiera, no creo que pasen más de 10 minutos cuando regrese a nuestro cuarto.

    10 minutos, un cuarto de hora, media hora, una hora, dos horas, amaneció y mi chico no regresó nunca. De repente escuché un golpe en la puerta, era un golpe seco, sin repetición, sin ser más que una simple advertencia, nadie toca así en casa, por lo que supuse que era Ricar, porque él nunca ha necesitado llamar a mi puerta, así que no sabía cómo lo hacía.

    -Buenos días, mi amor -le dije al abrir la puerta e intentando disimular que no había pegado ojo.

    -Buenos días te dará tu vecino, sólo vine a recoger mis cosas -entró y, efectivamente, empezó a recoger sus bártulos.

    -¿Qué está pasando aquí? -quise saber, no entiendo, vale me ha dicho que le molesta que me fije en el vecino nuevo, pero si sólo he mirado lo que el otro expone a simple vista, no he hecho nada malo.

    -Según tú, no pasa nada, pues ya está, este ‘nada’ se larga de aquí, además, hoy regresa Ylian y no habrá espacio para un arrimado en esta casa.

    Mi chico estaba demasiado cabreado por una tontería como esa, él sabe muy bien que no es un arrimado en esta casa, es mi novio y tiene todo el derecho del mundo de vivir aquí mientras quiera, aunque parece que ya no quiere.

    Ricardo

    Obvio que quiero estar con mi Vanya, por supuesto que si me pidiera quedarme y se disculpara, por falso que suene, me quedaré con él, este hombre es el dueño de mi corazón y podría hacer eso y más conmigo, pero no quiere, me ha estado haciendo sentir como nada por un tipo que marca musculatura en una camiseta ajustada, pues que sepa que ya me cansé de ser nada. Ya no doy más, si le interesara, querría retenerme, pero juraría que le da exactamente lo mismo, pues a mí no.

    -¿Qué pasa aquí? -quiso saber don Pedro.

    -Me vuelvo a casa de mis padres, don Pedro, muchas gracias por todo lo que han hecho todo este tiempo por mí, pero hay una situación que ya no puedo soportar más. Creo que vuestro hijo podría explicároslo mejor que yo. Debo irme, el camino es largo en metro, permiso.

    Salí de la casa de Iván tan rápido como pude, me llevé toda mi ropa, mis cosas de la universidad, el portátil, pero nada que se relacionara ni remotamente con él, ni siquiera mis llaves del coche, excepto por dos cosas: mi anillo, porque todavía lo amo y cumpliré mi promesa de dar lo mejor de mí para que él sea feliz, aunque ahora mismo sé que le estoy fallando por irme porque no soporto sentirme despreciado por él. Lo otro que me llevé fue la foto que nos dio Norman, estamos los tres felices y eso es todo lo que quiero de la vida.

    Al salir del ascensor, me llevé una sorpresa tremenda al encontrarme a Cami allí, pero me dijo que venía a sacarme a pasear antes que hiciera alguna tontería, aunque notó que ya la había hecho y simplemente me ayudó a cargar mis cosas, que llevó al coche de su papá y me llevó a casa de mis padres.

    -Sí sabes que lo que has hecho bien podría ser premiado como la estupidez del año, ¿verdad? -me dijo con una seriedad impropia de él.

    -Lo sé -suspiré-, es cierto me arrepentí de romper con Iván y de volver a mi casa en el mismo momento en que golpeé la puerta de la que fue nuestra habitación. Es una estupidez como una puta catedral, pero ¿qué puedo hacer? ¡si es que le dio exactamente igual que dejara su casa!

    Rompí a llorar, poco me importa que estemos en la calle, necesito explotar y Cami lo único que hizo fue aparcar, poner las luces de emergencia y abrazarme todo lo que se puede en un coche.

    Ramón

    Tal como mi Cami lo pensaba, estos dos han ido demasiado lejos esta vez, espero que todavía podamos ayudarles en algo.

    -Buenas, estoy buscando a Iván, ¿está en casa? -le pregunté a la señora que me contestó al telefonillo unos 10 minutos después que Ricardo se hubo ido con Cami, tal como habíamos planeado.

    Me dejaron pasar sin preguntar ni quién era ni decirme si Iván estaba realmente en casa, cosa que me sorprendió, pero no podía perder tiempo con eso. Tomé el ascensor directamente, sin siquiera preguntar al portero, conozco bien donde voy, aunque sólo haya estado unas cuantas veces. Cuando el ascensor se abrió arriba, la historia fue otra.

    -¿Es usted quien busca a Iván? -me preguntó una señora bastante ceñuda que identifiqué como la que me había contestado el telefonillo.

    Le dije que sí y me advirtió que tuviera cuidado, al parecer había problemas en casa, se identificó como Maripaz y me dijo que la habían enviado a casa, la última vez que pasó eso, dijo, el matrimonio de los papás de Iván estuvo a punto de romperse.

    Tomé aire, me preparé para lo peor y estuve a punto de darme la vuelta cuando escuché claramente a Iván y sus papás discutiendo en ruso, pero mi amigo me necesitaba y no pensaba dejarlo tirado. Iba a golpear la puerta cuando se abrió de golpe e Iván se chocó conmigo al salir a la carrera. Le alcancé en el ascensor y le llevé a mi casa, este chico necesita despejarse.

    Iván

    No suelo beber tan temprano en la mañana, pero no dije nada hasta beberme unas cuantas cervezas, todo esto me supera ¿qué hice malo para que Ricar se pusiera así? Si hasta los regalos que nos hemos hecho los dejó atrás como si no significaran nada, como si no reflejaran todo lo que hemos vivido en este año y pocos meses. Dejé salir todo, no le oculté a Ramón por qué discutimos, ni el hecho que no comprendía el actuar de mi chico. Pensé que Ramón soltaría la risa igual que cuando supo que yo había estado celoso por Ylian, digo, es una tontería idéntica, pero yo jamás pensé en mandarlo a freír espárragos, me molestaba, se lo dije y se arregló, ya está, ¿qué hice yo para que ahora su reclamo no funcionara?

    Ramón seguía serio como un muro, no sé si molesto conmigo o simplemente reaccionaba a lo serio de la situación, al final de cuentas, mi Ricar no quería vivir conmigo y yo seguía sin entender ni media.

    -¿Qué hiciste cuando te dijo que te molestaba que te comieras con los ojos a ese chico? -me preguntó Ramón después de tomarse un tiempo para pensar lo que iba a decir.

    -Me descojoné, ¿qué más podía hacer? -le dije sincero, pero su cara seria sólo me hizo gesto de continuar-, ¿te refieres a lo que hice respecto al chico? -asintió-, nada, era una tontería y no le vi sentido a hacer algo respecto a eso.

    -¿Y qué hizo Ricardo cuanto te pusiste celoso por Ylian? -creo que ya sé por dónde va Ramón, pero es que no hay color.

    -Igual, se descojonó -levantó una ceja-, después me explicó por qué era cariñoso con Ylian y aunque no dejó de serlo, sí le bajó mucho la intensidad y su cariño se volvió más filial, imposible de malinterpretar que lo ve como un hermano… ¡ay, mierda!

    Ylian

    Llegamos a Madrid perfectamente, aunque la primera noche la pasé en casa de mi Joel, principalmente porque el viaje primero en tren y luego en avión fue una paliza, aunque el que Rubén y Aurora (con Ester, obvio) fuesen a buscarnos para que ninguno de nosotros tuviera que conducir fue un detallazo de su parte, debo decir.

    Rubén se llevó a mis suegros y Mr. Mellors en su coche, mientras que Joel y yo nos fuimos con las chicas. Todo fue perfecto, mejor que a como estaba planeado, así que tenía que haber algo chungo detrás, como se me confirmó cuando Cami se apareció para llevarme a casa por la mañana. Era más que obvio que Joel pensaba llevarme y que aprovecharíamos para irnos al cine o a tomar algo o lo que se nos ocurriera, pero Cami se llevó a Joel aparte, le dijo algo que era evidente que no quería que escuchara y al regresar Joel me dijo que me iría con Cami.

    -¿Seguro que es mejor que no vaya? ¿ni como apoyo moral? -Cami le dirigió una fría mirada de advertencia que se veía muy extraña en sus cálidos ojos verdes-, tenía que intentarlo, ¿no? -le contestó mi novio encogiéndose de hombros, pero mucho más serio de lo normal, luego me besó-: llámame si necesitas algo ¿está bien? -ahora entendía menos, ese consejo me parecía totalmente fuera de lugar, pero le respondí con otro beso y más confundido que nunca me fui con Cami.

    Pensé que Cami querría algo, así que no me sorprendió cuando nada más subirse al coche me dijo que no le preguntara nada porque no iba a hablar antes de tiempo y me llevó derechito a su casa. Ramón nos esperaba allí y también estaba mi pequeño Vanya, pero no Ricardo. Mi brat tenía los ojos rojos como si llevara todo el verano llorando como Magdalena.

    -¿Qué narices pasa aquí? -la verdad no entiendo nada.

    -Pasa que me gané el premio a gilipollas del año -fue Vanya el que habló.

    Ramón me puso un cola-cao en la mano, curiosa elección de bebida, imagino que por ser cerca de la hora del desayuno, aunque mi primo se estaba tomando una cerveza y, por lo vidrioso de sus ojos, juraría que no es la primera. Sin embargo ni Cami ni Ramón dijeron nada, de hecho, parecía que querían fundirse con el sofá y no interrumpir algo que debía suceder entre Vanya y yo.

    -Pues como no me lo cuentes, no veo cómo podré entenderlo, brat -me estaba impacientando, además, no me gusta que la gente abuse del alcohol y Vanya era evidente que no pasaría ni un alcoholímetro descompuesto.

    -Resulta que hice algo que a Ricar le molestó -empezó Vanya-: hay un chico nuevo en el edificio y disimulé muy poco -Ramón se aclaró la garganta-, vale ni siquiera intenté disimular que me pareció muy guapo y a Ricar eso no le gustó, me lo dijo varias veces y yo no le di importancia, pensé que se le pasaría, que sólo se estaba quedando conmigo, pero resulta que no, hace una semana cogió sus cosas y volvió con sus papás, me cortó como si el año y pico juntos no significase nada, que es exactamente como me comporté -terminó la frase antes que yo pudiera decir algo.

    -Joder… -fue todo lo que pude decir, ahora tenía un bajón emocional que no podía con él, pensar en Vanya sin Ricardo era imposible para mí, pero ahí estaban, con un noviazgo perfecto terminado por la gilipollez más grande del mundo-, Vanya, por el estado en que estás, imagino que quieres volver con él…

    -Sería más fácil respirar cloro puro que vivir sin mi Ricar, brat -se sinceró mi primito-, pero pasa de mí como de comer mierda, no me coge el teléfono, me deja los mensajes en visto y no he tenido cojones para ir a verle, me da miedo que me diga que de verdad no quiere saber más de mí -se puso a llorar copiosamente.

    Cami lo abrazó para consolarlo antes que yo pudiera reaccionar y Ramón tiró de mí hacia la cocina, cuando lo que yo quería era abrazar a mi primo y apoyarle.

    -Sé que quieres estar con él, pero quiero confirmarte tus sospechas, porque creo que eres el único que puede hacer algo: Ricardo quiere que Iván vaya a buscarlo, se muere por abrazarlo y perdonarlo, pero jamás lo hará por teléfono, lo conoces bien, creo.

    -Sí, lo sé, tienes razón, me lo imaginaba, mi cuñado no es de esconderse, como sí lo está haciendo Vanya, no quiero saber cómo debe estar mi tía Katia -suspiré.

    -Tu tía cree que lo invitamos a pasar unos días aquí para que no le duela tanto la cama vacía, no lo ha visto como está -muy sabio por parte de los chicos-, pero no podremos tapar la situación para siempre.

    -Totalmente de acuerdo, por cierto, excelente elección el chocolate, me ayudó a mantenerme algo motivado, pero ahora necesito cafeína -tomé una Coca Cola de frigorífico y volvimos para enfrentar a Vanya.

    Ricardo

    Hace dos semanas y media que terminé con mi Vanya hermoso, estoy tan desesperado por verlo que ni el pobre Norman logra alegrarme la cara, aunque debo admitir que tenerlo conmigo siempre ha impedido que me vuelva loco.

    -Ricardo, ya casi cumplo 10 años, ¿te das cuenta? -me dijo al entrar en mi habitación bastante serio, se sentó en la cama y siguió hablando-, vale, no he tenido novia, mucho menos novio, pero no soy tonto, no me creí ni por 10 segundos el que simplemente quisieras venir a pasar unos días conmigo, como tampoco era lógico que al llegar te encerraras 2 horas a hablar con papa y mama si lo que venías era a pasar tiempo conmigo, Iván no se ha aparecido por aquí y tú lloras por los rincones, así que sólo puedo saber que pasó algo entre los dos. Está bien, no me lo cuentes si no es algo que deba saber -me cortó antes que lo interrumpiera-, pero sabes que estoy para apoyarte… igual que alguien que está esperando para entrar a hablar contigo, le diré que pase y me da exactamente lo mismo que no quieras recibirlo.

    Se levantó, cerró la puerta y me dejó hecho un lío en la cabeza. Sé que mi hermano es listo, sé que no me creyó, porque ni yo me la creí, pero no me dijo quién estaba para apoyarme, en el mejor de los casos, sería mi Vanya que al fin habría decidido aparecer, más ahora que los chicos no me quieren decir nada de él, sólo dicen que si nos peleamos, debemos arreglarnos nosotros, cosa muy lógica, pero él no quiere.

    Decidí ser optimista y me preparé como si Vanya fuera mi visita. Claro que no lo era, pero era un rostro familiar que me alegró mucho ver.

    -Ylian, ¡qué alegría! -no era cortesía, me alegraba mucho verle en mi casa, aunque habría preferido verlo en la suya.

    -Pues me alegra verte sí, pero no las circunstancias -me abrazó fuerte, de esos abrazos que sólo él da y me plantó dos besos que eran mucho del cariño que necesitaba.

    -Y que lo digas, pero ahora estás aquí y podré al menos saber cómo está mi chico -necesitaba saber que estaba bien, que aunque no quisiera estar conmigo, era feliz, si él es feliz, lo demás no me importa.

    -No necesitas sobornarme para que te lo cuente, he venido a eso. Espera un momento -se acercó a la puerta y estiró la mano, que trajo de regreso a Norman, gentilmente, pero totalmente colorado por haber sido descubierto.

    -Lo siento dejasteis la puerta abierta y yo también quiero saber -intentó disculparse.

    -Es lógico que quieras saberlo, no tienes un pelo de tonto -le dijo Ylian-y yo te contaré un poco lo que pasó para que entiendas por qué no debes escuchar y esta vez cerraré la puerta y hablaré bajo para que no puedas escuchar cosas que son privadas de tu hermano, ¿te parece?

    -Sí -el rostro de mi hermano se iluminó al saber que se saldría con la suya, al menos en parte-, prometo que no me inmiscuiré más.

    -Vale, es suficiente para mí, ¿Ricardo? -asentí conforme-, muy bien, lo que pasa es que cuando dos personas tienen una relación de noviazgo, siempre hay alguna cosa en que no están de acuerdo, pero cuando viven juntos, esas cosas, por pequeñas que sean, duelen mucho, eso fue lo que pasó: una cosa que podría parecer pequeña provocó un gran dolor y tu hermano y el mío terminaron alejándose para no hacerse más daño -Ylian debería trabajar con niños, joder, es un genio, yo jamás habría podido plantear lo que nos pasa así, especialmente porque no me parece nada pequeño lo que sucedió.

    -Pero ¿eso no los daña más? -las preguntas de los niños, no fue el dedo en la llaga, sino toda la mano y cubierta de sal.

    -Casi siempre, sí -Ylian no sólo era bueno explicando, también era sincero- por eso vine a hablar con tu hermano, ahora tenemos que buscar una manera de solucionar todo esto.

    -Entiendo y es algo que ha terminado siendo grave puesto que no puedo escuchar -Norman comprendió todo y ahora estaba preocupado por mí y por Vanya, pero al menos no se quedó con la duda.

    -Que no puedas escuchar no significa que no puedas ayudar -le dijo Ylian con una sonrisa, sospecho que ya lo había pensado-, al final de cuentas mi hermano te quiere montones, así que es probable que nos puedas ayudar, pero primero tenemos que hablar tu hermano y yo, ¿está bien?

    -Claro, si es a lo que viniste -Norman le dio un abrazo-, gracias por explicarme, ahora me quedo más tranquilo, creo… -y se fue pensativo a su habitación.

    -Por si acaso -me dijo Ylian mientras cerraba la puerta de mi cuarto.

    Se dejó caer en la cama y notó la foto, que la tenía en la mesilla de noche, sonrió y tomó aire:

    -Vanya está hecho una completa pena -me dijo sin rodeos-, por ahora, lo escondimos de mis tíos en casa de Cami y Ramón porque está más ebrio que vivo, básicamente porque ya entendió lo que hizo. Por cierto, no sabía que te había causado problemas con él, perdón… -no sé que más habría dicho porque le di un abrazo que lo dejé sin aire.

    -¿Ves? No es tan difícil de entender, creo yo -le dije-, lo mismo que a él no le gustaba que te abrazara así o que te diera besos sin motivo, por qué me iba a gustar a mí que se comiera con los ojos al vecino nuevo… vamos, yo creo que hasta el tipo se dio cuenta, joder -estallé.

    -Lo que pasa es que según él no era gran cosa porque el amor que te tiene es mucho mayor a cualquier cuerpo que pueda ver en la calle, sabes muy bien que el físico no le importa -me detuvo con la mano antes que protestara-, aunque, ahora que no nos oye, te diré que eres muy guapo. En fin, no me voy a ir por las ramas, él cometió la estupidez de asumir que tú sabes a la perfección lo que él siente y eso es imposible, porque no eres él. También es importante que sepas que ya lo entendió y que se arrepiente montones, pero no se atreve a venir a buscarte porque no se siente digno de ti, dice que le da miedo que lo mandes al cuerno.

    -Sabes que eso no pasará, pero tampoco pienso ir a buscarle, creo que me dolería demasiado verlo así, además, él fue el que empezó haciéndome daño, no me pidas que ponga abajo por darme mi lugar, ya ves lo que me duele estar sin él -le declaré mis intenciones-, no necesita ni pedir perdón, sólo necesita acercarse, pero me gustaría que él dé el primer paso, que de alguna manera diga que le importo, ¿sabes?

    -Perfectamente comprensible, brat -me dijo con una sonrisa-, menos mal que Norman es más listo que el hambre. Ya había previsto esto, así que seguiré su plan.

    Me dijo esto y se dio el piro, el muy cabrito. ¿Cómo que el plan de Norman? Pero si Norman no tiene idea de lo que sucede, al menos no de los detalles… es posible que me conozca tan bien que no necesite saber todo con exactitud para poder ayudarme, al final de cuentas, con él me he abierto como con nadie, ni siquiera Vanya.

    En fin, no se puede hacer más. Por ahora, al menos.

    Continuará…

    Por algún motivo el servidor de correo que usaba antes fue cerrado, por lo que me hice un correo nuevo, está en mi ficha de autor: [email protected].

  • Sex on the beach

    Sex on the beach

    ¿Quien no sabe qué es un «sex on the Beach»? Cuántas veces alguno de mis lectores lo habrá tomado y por lo agradable habrá repetido de nuevo e incluso tres o más. Ha ido a casa de su novia borracho y ella lo ha mandado a “joder a su madre a ver si le gusta”, lo que habrá sido probablemente causa de que uno y otro saquen del sombrero el conejo, es decir, ese novio o no novio, que no novia, que tenían escondidos. No es para menos un «sex on the Beach» es parte de la gran familia de bebidas largas o de copa larga y abombada basadas en vodka y debe su éxito al sabor limpio, seco y simple que lo distingue. Tanto como los otros parientes, el destornillador y la brisa del mar, refrescantes cócteles, decididamente apoyados sobre la base de la «dulce dureza» de los cítricos.

    El zumo de naranja natural se ablanda con el calor de vodka, en el fondo con las notas dulces y fragantes de licor de melocotón: el jugo de arándano añade una nota amarga que hace al cóctel más apetecible.

    El «sex on the Beach» es la bebida clásica en la piscina, muy buena para beber en el verano, pero con la temporada de naranjas rojas todavía a pleno rendimiento también, sería una pena no aprovechar este periodo. Acompáñalo con tartas sicilianas, naranjas rojas y dulces y tendrás un cóctel fabuloso. En el verano no te excuses por no tener naranjas, que en el mercado están las naranjas sudafricanas…

    La historia del «sex on the Beach» es bastante simple, común a muchos cócteles: nació en los años 80, en los EE.UU., impulsado por razones comerciales para promover el licor de melocotón «Peach Tree»(1) DeKuyperun(2) y el Suntory Midori. Este último porque también hay una receta de «sex on the Beach» que incluye el Midori (segunda receta). Sin embargo, lo que nunca debe faltar es el jugo de arándano, el arándano es el ingrediente que distingue a este gran cóctel.

    Ahora os voy a presentar, queridos lectores, los ingredientes y dosis del cóctel Sex on the Beach: 4 cl de vodka, 2 cl de schnapps de melocotón (licor de melocotón), 4 cl de jugo de naranja fresco, 4 cl de jugo de arándano, arándano americano. Esto corresponde a la primera receta, es decir, la más universal.

    Para preparar el cóctel Sex on the Beach necesitáis: a) sin agitador: poner hielo en un vaso alto, agregar el vodka y el schnapps de melocotón. Agregar jugo de arándano y jugo de naranja. Remover con cuchara. b) Si hay agitador, hágase lo mismo.

    Pasemos a la variante menos conocida del cóctel «sex on the Beach». Ingredientes para el sexo en la playa con los Midori: 1.5 cl de Chambord, 1.5 cl de Midori, 1.5 cl de vodka, 3 cl de jugo de piña, jugo de arándano. El proceso es el mismo: hielo en el vaso, verter los ingredientes, llenar con jugo de arándano, revolver y decorar con una rodaja de naranja o limón.

    ¿Qué platos combinar con Sex on the Beach? Peces, indio, comida mexicana, tacos con camarones y aguacate, pasta con 4 quesos, pollo en curry de la India, cordero kebab, queso, arroz cantonés.

    (1) Jugo de melocotón. Peachtree es el exclusivo espíritu de melocotón blanco, que ofrece al camarero muchas oportunidades de mezclas únicas y emocionantes. Claro como el cristal, el espíritu de la luz, que revienta con el sabor de los melocotones maduros de árboles. Graduación alcohólica: 20º.

    (2) Dekuyper Raspberry es un licor elaborado con extractos de frambuesas frescas. Se trata de una fruta muy delicada, compuesta por pequeñas bayas sin hueso, con mucha pulpa. Pertenece a la destilería holandesa De Kuyper Royal Distillers, fundada por Peter De Kuyper y Anna Custers en 1695. Se trata de una de las empresas familiares más antiguas de Holanda y uno de los principales elaboradores de licores de coctelería del mundo.

    (3) El Midori, en japones significa ‘verde’, es unlicor de color verde claro y sabor a melón fabricado por Suntory en México, originariamente se elaboró en Japón hasta 1987. Fue presentado en 1978 en NY. Su contenido de alcohol ocila entre el 20 y 21% por volumen. Es extremadamente dulce, por lo que se usa para elaborar cócteles, por ejemplo un Japanese slipper. El Midori suele usarse en varios long drinks, con limonada, zumo de limón fresco, de lima, piña o naranja. Se usan sabores ácidos para compensar su dulzor. (Wikipedia)

    *****

    Pero yo no soy ni cocinero, ni coctelero, sino un tipo al que le gusta el «sex on the Beach», es decir, tener sexo en la playa. Pero sexo en la playa se puede tener de muchas maneras, como en la disco, en un barco, en un avión, en un cine, incluso en la propia cama. La historia merece tener este título porque ocurrió como sigue.

    Como siempre iba la playa y dudaba si ir en mi coche o en el autobús. Salgo a la calle y me da pereza conducir. El día era esplendoroso, un sol de puta madre, vamos que no se divisaba ni una pizca de nubes en todo la placa azul metálico del cielo. A la sombra un calor de mil demonios, al sol era como estar en el infierno. Pero estos son los días que me gustan, cuando el sol quema más que las brasas candentes y apetece ir al mar, entrar, estar en pelotas dentro del agua y que ocurra lo que se presente. No son días para pensar y calcular sino para dejarse llevar o dejarse hacer.

    Digo: “me voy en autobús”, por lo tanto me enfundo la camiseta de tirantes muy sesgada con espalda nadador que llevaba al hombro, que con ser rosada reflectante era suficientemente llamativas y el short muy corto en verde reflectante, porque en día como este hay que ir así, a brillar más que el sol. Ya solo con ponerme la camiseta en la calle se volvió mucha gente a remirar, pero con mis gafas, al menos, ya no ven mi rostro de caradura. Me encaminaba a subir el bus y, cerca de la parada, escucho mi nombre, me vuelvo y desde el coche me llamaba un amigo mío, Lizardo. Estacionó a mi lado y pregunta:

    —¿Dónde vas?

    — A la playa.

    — Sube y vamos los dos.

    Abro la puerta, me pongo en el asiento a su lado, tiro del cinturón, me lo coloco. Teníamos un semáforo delante, suelto el cinturón, lo saludo, es decir, le doy un beso, me contesta del mismo modo, acabo de ponerme el cinturón y me dice:

    — Supongo que tomamos algo en cuanto lleguemos.

    — Sí, Sex on the Beach, respondo.

    — Joder, mira, ya me la has puesto dura, es solo verte y me pongo a cien.

    — ¿Que tengo yo, que no tengas tú?, digo poniendo mi mano en su paquete para notar cuán dura estaba.

    — Pero, ¿no te has visto?, me pregunta.

    — ¿El qué?

    — Mira tu paquete, tu polla se sale, ya asoma la punta.

    — El huevo no se sale porque la abertura de la pierna es estrecha.

    — ¿Por qué no sales de casa en pelotas, si lo que llevas es casi nada?

    — Para la próxima vez, dije yo riéndome.

    — Tú no tienes escarmiento, aquella vez que te saliste de la discoteca desnudo con aquel otro y que follaste con él en la carceleta…

    — Los policías estaban todos muy empalmados, porque yo tengo esta polla que no está mal, pero el tío que me follé tenía una por los menos de 30 cm. o más, porque le llegaba a la rodilla.

    — Me dijeron que te lo follaste en la misma carceleta y que se enteraron cuando gritasteis al eyacular los dos a la vez.

    — Más o menos debió así, pero no llegó a nada. Cuando fue mi padre con el abogado, conversaron, se quejaron de que me llevaran con otro, ambos desnudos y sin cubrirnos con nada, pues estábamos borrachos perdidos.

    — Dicen que drogados, además.

    — Al menos, voluntariamente no; porque jamás me he drogado yo mismo, ni aspirinas tomo para nada, pero sí me han dicho que pusieron algo en una de las copas, le respondí a Lizardo.

    — ¿Siempre has sido así?

    — Genio y figura hasta la sepultura, respondí.

    — ¿Dónde tomamos el sex on the Beach?

    — En la primera coctelería junto al paseo marítimo.

    Como iba a estar imposible estacionar, entramos en el aparcamiento público y fuimos a pie. Entramos a la coctelería, llena de gente joven, quien con Margarita Corona, quien con Gelatina de champaña, o con Margarita de fresa y tequila, Sorbete de piña al cava, Caipiroska de pepino, Bandera de Colombia, Fresa espumante, Whiskey Irish Redhead, Clericot de vino blanco, Carajillo de Bailay’s con café y avellanas caramelizadas, Sorbete de Mojito, Trago de Durazno con mezcal o vodka y romero, Blueberry Spritzer con lavanda, Mojito de Vodka con Maracuyá, Coctel Granizado de ginebra y sandía, Coctel Americano en base a campari o Vermut, Sangría de Cava, Margarita on the rocks, Bramble, White Lady, Old Fashioned, Manhattan, Moskou Mule, Espresso Martini, Negroni, Amareto Sour.

    Pero con tantos, en el listado de la pizarra no estaban ni el Bloody Mary ni nuestro “Sex on the Beach”. Me acerco al barman y le dije:

    — ¿Donde está el prestigio de esta casa?

    — ¿Por qué lo dices?

    — Porque quiero un Sex o the Beach auténtico y un Bloody Mary matador.

    — Eso está hecho, es lo mejor, pero la gente pide lo que cada verano está de moda, pero a mí me encanta servir a los de plato fijo.

    Dejó todo lo que tenía a mano y se puso a elaborar nuestros dos cocteles, al punto, pruebo mirando la cara del maestro coctelero, me abre los ojos y dijo:

    — ¿Qué?

    — Joder, esto está de puta madre, me dejo follar por quien lo hizo y si me prepara otro en diez minutos suyo es mi culo toda la semana, respondí.

    Todo el mundo se reía de mis paridas, pero nos tomamos los dos cócteles cada uno y Lizardo pagó y propinó fuerte al barman. Salimos y nos fuimos al aparcamiento. Le pregunté:

    — ¿Vamos a pie por el paseo marítimo o quieres llevar el coche?

    — En coche, ¿no?

    — ¿Cómo te sientes?, porque has bebido.

    — Todavía no hace efecto, vamos en coche tranquilamente y despacio, ¿sí?

    Fuimos a la parte nudista que no estaba muy lejos, ni necesitábamos salir a carretera. Llegamos y lo de siempre. Tendimos las esterillas, la de Lizardo perpendicular al mar y la mía en paralelo, para que mi cabeza la pusiera sobre el pubis de Lizardo. Fácil era desnudarnos, consiste en quitarse lo poco que ya se lleva encima. Cuando íbamos a tumbarnos, vimos dos chicos que estaban al lado y eran conocidos de Lizardo, los saludó y me acerqué. Uno de ellos me dijo:

    — Buena medida usas…

    — Gracias…

    — ¿Se podrá probar?

    — Sin inconveniente, amigo, para eso está…

    Continuó Lizardo conversando con ellos y cuando comenzó lo más morboso, le dije:

    — Queda tú con ellos, para todo, voy a refrescar mi calentura, porque me estaba empalmando de escuchar las propuestas de Lizardo y su amigo.

    Lizardo no tardó en venir donde yo estaba y se me echó encima diciéndome:

    — Quiero ahora un «sex on the beach».

    Lo abracé, lo besé, junté mi cuerpo al suyo, ambos estábamos bien empalmados dentro del agua y le dije:

    — Te están haciendo efecto tus Bloody Mary, mejor sería calmarnos un poco aquí y salir a tomar el sol o quizá dormir incluso, luego te aseguro que tendrás tu «sex on the beach» porque aquí sería «sex in the sea».

    Se la agarré con las manos y lo masturbé dentro del agua, me hizo lo mismo y allí nos calmamos de momento. Nos besamos y afuera. Nos embadurnamos de protector, aunque ya no hacía tanta falta y añadimos encima un bronceador en pasta muy efectivo. Dormimos los efectos de nuestros cócteles y casi al mismo tiempo despertamos, perfectamente sanos. Con ganas, la vejiga llena de orina y la polla dura.

    Al levantarnos, nos fuimos detrás de las dunas para echar una meada, las dos cayeron en un hoyito de arena que nunca se llenó con ser abundante entre las dos meadas. Ahora correspondía lo que ambos teníamos en mente, comenzar una mamada, pero llegaron los amigos de Lizardo y el que había hablado conmigo se puso delante de mí de rodillas y comenzó a mamarme la polla. Vi que Lizardo hizo lo mismo ante su amigo y ahí nos tenías a los cuatro en el comienzo de la acción. Mi mamador me miró y yo hice saliva para soltarla sobre mi polla y la recogió en la boca para seguir mamando mi falo que ya estaba al límite de sus posibilidades de crecimiento.

    Mi mamador, cuyo nombre no sé ni me interesó, se dio la vuelta dándome su culo a mi merced y escupí en mi mano para embadurnarle el culo, metí un dedo, iba costando meter el siguiente, pero lo conseguí sin dolor, y al tercero se quejó y le dije:

    — ¡Aguanta, maricón!

    — Tira p’adentro, puto cabrón, que desespero.

    Y no lo dudé, puse el capullo en la entrada de su orto y empujé despacio pero sin piedad ni descanso hasta que entró toda. Los bufidos del hijoputa que tenía en mis huevos eran estruendosos y comencé a follarlo con un mete y saca descomunal, veloz y despiadado. Chillaba y le puse la mano en la boca, aunque nadie podía escuchar más que mis compañeros de al lado que ya estaban en lo suyo. Lizardo estaba siendo follado por su amigo y como estaba de cara a mí me miraba con la boca abierta y soltando abundante saliva. Tomé a mi flaco por la cintura, lo levanté un poco y me acerqué a Lizardo, me tumbé en el suelo y el bujarrón de mierda que estaba sentado en mi polla comenzó a danzar su culo sobre mí, pero me apetecía besar a Lizardo y calmarlo de sus dolores porque el cabrón que lo follaba estaba dándole la paliza del siglo.

    — ¡Qué rica saliva tienes, aún sabe a bloody Mary!

    Lizardo sonrió y me besaba más mi boca, intercambiamos nuestra espuma bucal hasta que Lizardo comenzó a suspirar porque su compañero ya estaba en las últimas y depositando su semen en el culo de mi amigo, Lizardo se vino inmediatamente tan fuerte que uno de los chorros por debajo de su cara llego a la mía, eso me encendió e hice fuerza para acabar en el culo de mi puto. Allí solté toda mi leche, que llevaba ya dos días sin siquiera tocarme. Lizardo recogía de mi cara su esperma y me besó para compartirlo.

    Mientras el cabrón que follaba a Lizardo seguía moviéndose como si deseara repetir, el hijoputa que me había follado se levantó y comenzó a comerse de nuevo mi polla, la volvió a poner en activo y consiguió sus jugos dándome un placer incomparable. Acabé en la boca de mi mariposón. Me arrastré por debajo de Lizardo y llegué a su polla para comérmela y darle gusto. Su tenorio, sin haber sacado para nada la polla de su culo, se volvió a venir dentro de Lizardo y este me benefició de sus jugos, porque eyaculó enseguida. Este fue mi «sex on the Beach» incomparablemente más auténtico que todos los de la coctelería. Nos levantamos los cuatro y nos fuimos directamente al mar, lo necesitábamos al menos para limpiar y aliviar nuestros sudores y no menos nuestros humores.

    Jugamos en el mar y los amigos de Lizardo se fueron. Se había ido ya mucha gente, eran las horas de comer y sestear. Miré a Lizardo como quien pregunta qué hacemos y me dijo:

    — Quiero un «sex on the Beach» tuyo.

    Miré el estado de la playa y estábamos bastante alejados del resto. Me coloqué en la esterilla de Lizardo cara al cielo y Lizardo en la mía cara a mi polla, se la puso en la boca, me gustaba verlo así afanado, pero poco a poco me iba dando gusto, luego pasó al placer y finalmente llegó el batido y el orgasmo, ofreciéndole un «Sex on the Beach», auténtico, original y amoroso. Me dio a probar de mi coctel y todavía nos dio una hora para estar abrazados en la playa, juntos, tocándonos las pelotas de vez en cuando. Nos lavamos con agua de mar y nos fuimos a comer a uno de los restaurantes del paseo marítimo que ya no tenían tanta gente y tampoco de todo lo que se leía en la carta, pero eso no es importante. Tras esto nos dirigimos al coche para irnos a mi casa a continuar con lo nuestro.

    Fue mi día de «Sex on the Beach”.

  • El prestamista y la señora Claudia (Parte 4 y Final)

    El prestamista y la señora Claudia (Parte 4 y Final)

    El cansancio nos venció luego del trajín sexual a ella y a mí, cuando abrí los ojos y vi hacía la ventana de la sala el reflejo de luz que pasaba sobre las cortinas indicada que ya eran las 6.33 de mañana y había amanecido, en mi pecho descansaba su cabeza con mucho cuidado de no despertarla me levanté y la cubrí con una colcha que traje de su cama.

    Estaba preocupado que mis padres descubran que no había dormido en la casa así que debía volver antes que se despierten, cuando le di un beso en la frente y estaba por salir Claudia abrió los ojos.

    -Por favor aún no te vayas no me dejes sola mi hijo recién regresa en la tarde…

    Le dije que yo también quería quedarme pero teníamos que tener mucho cuidado cuando más tarde me iba aumenta el peligro de ser visto por alguien en el barrio pero no entendía razones y no quería que me vaya y me abrazó fuerte y su mano jugaba con la verga que al instante reaccionó y se puso dura.

    -Pablo tú también me vas a dejar sola ahora que te necesito… por favor no lo hagas…

    Su boca buscando la mía y besándome hizo caer por completo mi resistencia y ya no nos interesó nada de lo que pudiera pasar luego y fuimos a su dormitorio sin dejar de tocarnos y besarnos sentí ese cuerpo de mujer caliente que reclama más y más.

    Nunca imagine que estuviera tan caliente y necesitada de un hombre si lo tenía todo para tener a los que ella quisiera con ese cuerpazo que todos miraban con morbo al verla pasar.

    Sus besos y caricias en todo mi cuerpo me volvió loco estaba como poseída Claudia y se montó sobre mí y empezó a moverse con fuerza sobre la verga que ya la tenía adentro de su chucha hambrienta, está mujer de 42 años que muchos deseaban en el barrio y le darían lo que ella quisiera ahora me estaba ella haciendo el amor.

    -Ahh así así, qué rico mi amorcito me estoy acostumbrado a ti y tu verga que duraaa la tienes… ohhh…

    Sus tetas saltaban al igual que todo su cuerpo mientras seguía montada sobre mí, ella ahora maneja la penetración y llegó a tener varios orgasmos sus labios se los mordía y chillaba cuando ya no pudo más y explotó.

    -Agggg… ohhh dioooosss ohhh… que rico… ayyy siiii…

    Y sus jugos de hembra caliente mojaron la cama y se desplomó sobre mi su respiración era muy fuerte y agitada bese su frente llena de sudor y la abracé fuerte era en ese momento como una niña muy necesitada de protección.

    -Pablo mi amor gracias por quedarte no sé qué me pasó se me vino a la mente muchas cosas lo sola que estoy y ver que te ibas me puso mal.

    -Ya no estás sola Claudia ahora yo estaré junto a ti el tiempo que tú lo quieras y veras que todo mejorará. No te preocupes más…

    Sus ojos brillaron de una manera muy especial y me beso era un beso muy tierno y se volteó dándome la espalda dejando ante mis ojos su espectacular culazo y ella misma mojó sus dedos con sus jugos vaginales y empezó a meterse dos dedos a su ano y lo estaba preparando para mi.

    -Mi amor tu serás el segundo hombre que probará de mi ano, sé que lo quieres y deseas mucho y te lo voy a dar porque tú eres ya mi macho, mi cachero quiero darte todo.

    Y tenía razón yo soñé muchas veces que se lo metía por el culo y lo haría de todas maneras por la deuda que tenía conmigo pero ahora era diferente ella me lo estaba dando de forma voluntaria eso me excitaba más.

    Muy despacio se acomodó y con ambas manos se abrió las nalgotas y se puso en posición para ser penetrada analmente y empujó su ano sobre la verga que no inicialmente no podía entrar era hora de ayudarla y con mi mano que sujetaba la pinga entró el glande y lentamente fue bajando ella el trasero y de a pocos se lo fue tragando como apretaba su esfínter las paredes de su ano cedían ante el invasor que se abría camino victorioso.

    -Uffff… uffff… me arde y duele mucho espera, aun no te muevas mi amor.

    Que rico se sentía bien apretadito su culo y la vista que tenía era única como iba entrando mi verga en su ano al fin mi sueño se hacía volvió realidad, cuando lo tuvo todo adentro ella se quedó quieta sus gemidos de dolor eran débiles y luego se fue moviendo muy despacio yo estaba en el cielo tremenda mujer me estaba dando su culo.

    -Aggg… qué rico Claudia así muévete así está bien apretadito y sabroso tu culito…

    -Siii… uff… que bueno que te guste tu eres ahora mi marido y toda yo soy para ti uff agg despaciooo… ya está pasando el dolooor…

    Sus movimientos de caderas iban en aumento mis manos estaban sujetando sus caderas y guiando la penetración que empieza a ser más rápido y fuerte.

    -Aggg… aggg… qué ricoo papito… lo tengo todooo adentrooo ahhh… soy tu mujer ayyy ahora siii dámelo todooo…

    Sus nalgas subían y bajaban con fuerza ahora su esfínter ya estaba dilatado y acostumbrado a la verga que entraba y salía y su cuerpo también reaccionó sus gemidos eran de placer.

    Luego cambiamos de posición ahora ella está sobre la cama y yo detrás de ella y seguía dándole duro a su culo.

    -Así así… te gusta cómo te lo tragas todo. Así que ricooo culo tienes… ahhh…

    -Siiiiii… aggg… dámelo todooo… soy tu perraaa… siii quiero más.

    Ahora sí la señora Claudia era completamente mía, recibía el mejor regalo de su cuerpo su ano que después de mucho tiempo recibía una buena verga que la hacía vibrar y gritar de placer , sentía como se había abierto su esfínter y apretaba bastante rico.

    -Ahhh siii papitoo ohhh dameee todo ohhh eres todooo miooo ohh

    Esa mujer de 42 años tan imponente y deseada por todos en mis brazos era una niña grande tan necesitada de atención y amor. Yo también disfrutaba su compañía mucho.

    -Sii mi amor tu también eres mía qué rico todaaa tu ohhh

    Fueron 38 minutos donde nuestros cuerpos disfrutaban de sexo anal salvajemente hasta que explote y llené su esfínter de semen caliente.

    -Aggg siii yaaa ahhhh Ohhh

    Ella también explotó cuando se sintió llena por lo eyaculación en su cavidad anal y cayó sobre la cama toda agitada y sudada, vi su ano bien abierto de donde caía un poco de semen

    La abracé fuerte y nos besamos con mucho cariño luego nos fuimos a bañar donde seguimos acariciando pero ya debía irme antes que regresé su hijo.

    Ahora ella es mi mujer y cuando todos duermen en el barrio nosotros disfrutamos haciendo el amor.

    FIN

  • Un abrupto fin de semana

    Un abrupto fin de semana

    Alec se sentía en el mejor de los sueños: tenía entre sus brazos a Bobby, sus manos acariciaban su cuerpo y el chico le correspondía con besos. No sólo era el primer chico al que llevaba a ese lugar, también era el primero con el que sentía una química tan intensa. Alec lo volvió a besar y salieron de la piscina. Ya una vez fuera, Alec le quitó la camisa y mientras se quitaba la suya, Bobby se había quitado el pantalón, quedándose con sólo la ropa interior puesta. Bobby buscaba algo para secarse, pero se dio cuenta que no había nada cerca, Alec no había pensado en ello, mientras tanto, él también se había quedado en ropa interior y no le molestó que los dos estuvieran chorreando agua, se acercó a él y lo besó, beso que aprovechó para tomar de nuevo sus nalgas y apretarlas.

    Sin importarles nada, los dos entraron a la cabaña, mojados como estaban.

    *-*-*-*-*

    Bobby ya se había acostumbrado a que Alec le llevase cargado a todo sitio, así que dejó que lo cargase hasta la habitación, una vez allí, los besos subieron de tono y Alec empezó a besarle el cuello. Los dos notaban la excitación del otro y el nerviosismo de Bobby, por lo Alec decidió bajar a sus pezones y darles un dedicado masaje con la lengua para que la excitación superara los nervios del chico y se relajara un poco.

    Su estrategia funcionó a la perfección puesto que Bobby lo dejó hacer y hasta dejaba escapar algunos tímidos gemidos ahogados que luego no se molestó en disimular. En ese momento Alec decidió que quería degustar algo más interesante del cuerpo de ese chico, pero él lo detuvo en seco, se disculpó y se fue corriendo al baño y se encerró allí.

    Alec no lograba hacer nada mientras reflexionaba lo que había ocurrido para ver si había hecho algo mal, tampoco podía remediar la tremenda erección que tenía en ese momento. Justo entonces tocaron a la puerta principal y Alec pensó que sería el pedido que había encargado antes de salir del departamento: comida para unos días y ropa para Bobby, ya que Alec tenía algunas pertenencias allí, pero la comida que había no la consideró a la altura del chico que quería consentir. Alec prefirió vestirse antes de abrir la puerta y se puso un bóxer y una camisa. Su pinta causaba un contraste muy pronunciado con el hombre de unos treinta y tantos que vestía un inmaculado traje blanco que parecía recién sacado de la tintorería. Alec dedujo que sería uno de los guardias de su tío, cosa que le fue confirmada. El guardia entró a la casa y dejó las cosas en la sala de estar más próxima, miró de reojo a Alec y le preguntó si necesitaba algo más. Alec le agradeció la cortesía, pero declinó su oferta, ya que realmente no tenía nada más que solicitarle al hombre, quien se dispuso a salir, pero no sin antes acercarse a Alec e intentar colar su mano entre el bóxer y acariciar su pene. Alec reaccionó por instinto, tomó del cuello al guarda al que no había terminado de agradecerle y lo golpeó contra una pared mientras lo separaba un poco del suelo, su casi 1,85 de altura le facilitaba imponerse y recordarle al tipo que trabajaba para él y no con él, así que la próxima vez que se atreviese a tocarlo a él o a su chico podría terminar con las manos rotas, o peor. Sin embargo el hombre no había terminado y aprovechó la cercanía con Alec para darle un chupetón en la oreja, como diciendo que no le importaba ni le asustaba. Alec pudo sentir como a su cuerpo le agradó aquel lametón, pero su cabeza se encargó de hacer arrepentirse al guarda de querer tocarlo al propinarle un excelente puñetazo en la cara y dejarlo ir sobándose la nariz sangrante y conteniendo el llanto.

    Por fin Alec pudo concentrarse en lo que de verdad le importaba, así que fue y se puso un pantalón muy ajustado al cuerpo, botas y un polo negro que se le pegaba como una segunda piel, lo que mostraba perfectamente su abdomen. Ya vestido para la ocasión, Alec fue hasta el baño donde estaba Bobby, golpeó dos veces y cuando intentó entrar, descubrió que le había echado el cerrojo, por lo que no tuvo más opción que hablarle desde fuera. Quiso saber si el chico estaba bien, pero no le contestó, incluso se disculpó por haber cruzado la línea y haberle asustado, tampoco tuvo respuesta, finalmente le dijo que le dejaba algo de ropa junto a la puerta y que lo esperaba cerca de la chimenea. Bobby le contestó un tímido “gracias” que más que calmar a Alec lo hizo sentirse más preocupado por haber lastimado al chico que empezaba a amar y se fue a pensar junto al crepitar del fuego.

    Después de dos eternas horas, Alec decidió que debía ser más prudente si no quería herir a Bobby, que debía demostrarle que le interesaba el chico mucho más que el sexo. Pero no sabía cómo hacerlo, estaba intentando encontrar una solución cuando apareció Bobby. Se había puesto un pantalón azul oscuro, calcetines de lana, Alec supuso que se había puesto la camiseta que le había dejado, pero encima de todo tenía un abrigo, casi un forro polar, que, probablemente, salió de la habitación de Alec.

    Finalmente, Bobby se acercó a Alec y él pudo ver sus ojos hinchados y rojos, el chico había llorado mucho y logró hacerlo en silencio sin que Alec se enterase, lo que partió su corazón porque sabía que era su culpa, que ese dolor lo había causado él, sufrió todavía más cuando Bobby hizo ademán de sentarse frente a él y él se levantó para asegurarse que los dos estuvieran cómodos y el chico se sobresaltó y quiso huir, pero Alec se las ingenió para tomarlo de la cintura y que Bobby entendiera que era amor lo que le ofrecía, así que se dejó abrazar, puso sus brazos entorno al cuello de Alec, ocultó su cara en su cuello e intentó pedirle perdón.

    *-*-*-*-*

    Alec no quería separar ese abrazo cálido y sincero, además, ya empezaba a hacer frío fuera, así que lo cargó hasta la cocina, lo sentó en la isla y simplemente lo aferró fuerte hasta que se hubo calmado. Cuando Bobby se hubo repuesto un poco dejó que Alec se separa un poco de él y le dijo que no se sentía preparado todavía para eso y Alec se disculpó de nuevo, se sentía como un completo idiota por lo que había pasado y así se lo dijo, pero Bobby lo miró serio y le dijo que eso no era así. Alec quiso explicarse, le dijo cómo no podía resistirse a la idea de besarlo y cada momento quería más y no pudo controlarse. Bobby vio sinceridad y amor en lo que Alec le decía y decidió abrirse a él y le contó cómo un hombre con una contextura física similar a la suya lo logró conquistar, pero sólo quería sexo, pero sexo duro, lo usó como un simple juguete sin importarle los sentimientos de Bobby o que fuera su primera vez ni nada más que disfrutar él, lo próximo que supo Bobby de sí fue que terminó golpeado, ensangrentado y desgarrado en el hospital, pero ni siquiera sabía cómo había llegado ahí. Desde entonces el chico no quiso tener sexo con nadie y cuando se vio casi desnudo en la cama a total disposición de Alec, no pudo refrenar el impulso de ocultarse y protegerse.

    Aquello le cayó a Alec como un balde de agua de fría, no se lo esperaba para nada y tenía un mal sabor de boca porque no podía entender que alguien tratase así a un chico tan lindo y mucho menos que él, sin querer, se lo hiciese recordar, así que decidió que ese sería otro riesgo del que le protegería y le prometió que no pasaría nada que Bobby no quisiera y pidiera. El chico suspiró tranquilo porque Alec lo había tomado bien y asintió para aceptar la promesa que le hacía y volvió a ocultarse en el cuello de Alec con total confianza. Alec lo abrazó con todo el amor que sentía por él y lo tranquilizó, nada ni nadie le haría daño a Bobby mientras él lo pudiera evitar.

    Una hora después, en la que ninguno dijo nada para no romper la magia del momento, Bobby se atrevió a preguntar si podía comer algo, entonces Alec se dio cuenta que no sólo no habían comido, sino que también moría de hambre, pensó en algo relativamente rápido, fácil y nutritivo que pudieran preparar ellos mismos, ya que estaban a las afueras y no habían restaurantes cerca. Terminaron preparando pizza casera y mientras se cocinaba en el horno, empezaron a hablar de cualquier cosa y de repente Bobby le dijo a Alec que su pene de 21 centímetros y un grosor considerable lo había asustado mucho. Este comentario tomó a Alec por sorpresa, quien sólo pudo reírse porque no sabía ni cómo tomar aquello, pero pudo disimular bastante bien sacando la pizza del horno y yendo a buscar una botella de vino para él y una gaseosa bien fría para Bobby.

    *-*-*-*-*

    Cuando decidieron que habían comido bastante, se fueron al baño para lavarse los dientes, la forma en que Bobby lo hacía le provocaba a Alec reír un poco, pero su sonrisa desapareció cuando vio unas gotas de sangre en el piso. La mirada de Alec y su semblante serio como nunca cuando le preguntó qué había hecho asustaron a Bobby que sólo tenía miedo en su mirada y no lograba contestar nada, por lo que Alec decidió no esperar mucho y le quitó el abrigo y la camiseta para descubrir en su espalda unas heridas recientes. Más preocupado que serio, Alec volvió a preguntarle a Bobby qué significaba eso y el chico no se atrevía a responderle, sólo lo miraba con sus ojos anegados de lágrimas, pero no era capaz de articular palabra. Después de un rato logró dominarse y le explicó a Alec que cuando entró en el baño sólo pensaba en hacerse daño como castigo porque era un desgraciado incapaz de complacer a un hombre que lo había estado tratando como nadie en el mundo.

    Con su cara todavía seria, pero tranquila, simplemente reflejando la honestidad de sus palabras, Alec abrazó a Bobby y le dijo que no tenía que complacerlo con sexo, que una sonrisa suya era todo lo que él necesitaba, le confesó que en ningún momento le molestó que el chico se negara a tener sexo, también le dijo que pasara lo que pasara, jamás lo golpearía. Esas palabras llegaron al corazón de Bobby que sólo podía llorar y ya hasta temblaba por el torbellino de emociones que sentía, pero no se perdía en él porque Alec lo abrazaba fuerte, lo consolaba y lo mantenía en la realidad. A Bobby le costaba dominarse y Alec terminó quitándose su propia camiseta y poniéndosela a él, le puso el abrigo y lo llevó hasta la cama, pero Bobby no dejaba de llorar. Alec, sin saber por qué, empezó a cantarle y al final Bobby se durmió, así que Alec lo arropó bien y lo dejó descansar.

    La mente de Alec, acostumbrada a hacer más de una labor al mismo tiempo, se centró en investigar quién era Bobby y, sobre todo, por qué se hacía tanto daño a sí mismo sin darse la mínima oportunidad, además, mientras indagaba, recorrió toda la casa poniendo fuera de su alcance todas las armas o lo que pudiera ser una (cuchillos, navajas, armas de fuego, rasuradoras, abrecartas, lo que fuera), es cierto, Alec es de los mejores en el negocio familiar, pero Bobby no es una de esas personas que tiene que desaparecer, al contrario, es a quien quiere proteger de ahora en adelante, pero es algo que se hablará en otro momento.

    A eso de las 3 de la madrugada, Alec terminó lo que hacía y fue cuando decidió volver a la cama. Al entrar a la habitación pudo ver una de las imágenes más bellas que podría recordar: Bobby dormido abrazando la almohada con una total serenidad y relajación. Alec no dejó pasar la oportunidad y tomó él el lugar de la almohada.

    Al despuntar el alba, como si hubiera estado esperando ese momento, el teléfono de Bobby empezó a timbrar sin parar, al principio Alec no le dio importancia porque estaba con el resto de la ropa del chico y apenas se oía, pero era tal la insistencia de su timbre que Bobby terminó por despertarse y abalanzarse sobre él como si su vida dependiera de ello. Cuando por fin lo encontró, tenía tantas llamadas perdidas que el indicador sólo ponía un punto rojo, eran varios de sus amigos, era tal su insistencia que tenía varias llamadas al mismo tiempo. Finalmente, el chico abrió uno de los mensajes pendientes y lo buscaban porque era domingo -¿tan pronto? Bobby no pudo evitar sorprenderse de cómo volaba el tiempo-, y era el día de esa famosa carrera que apoya la lucha contra el cáncer a la que Bobby quería ir desde hacía años y que había insistido hasta que logró convencerlos a todos para inscribirse. Estaba intentando asimilar la fecha, el evento y dónde estaba, a la vez que luchaba por despertarse, cuando entró una llamada que debía contestar si no quería problemas serios:

    – ¿Se puede saber dónde fregados te has metido? Te desapareciste hace cuatro días, cabrón -lo saludó su mejor amigo, Santiago Solares- ¡y no me creas idiota! Sé muy bien que no estás con nosotros, tal como dijiste a tus papás.

    – Santiago… -Bobby no pudo contener una sonrisa al oír a su amigo como siempre, no todo cambia de la noche a la mañana, las cosas buenas a veces permanecen mucho tiempo-, respira un poco, por favor, te vas a ahogar -mientras su amigo tomaba algo de aire para relajarse porque ya lo había encontrado, Bobby se decidió a ser sincero con él-: por favor, siéntate, respira hondo y no te burles de mí, ¿está bien?

    – Bobby… -Santiago ya perdía la poca paciencia que había logrado mantener y se estaba asustando-, dilo de una vez por todas, por favor.

    – Está bien -Bobby ya se estaba arrepintiendo de haber abierto la boca-, ahí te va: conocí a un hombre y estoy en su casa, en su cama, de hecho, dormimos abrazados…

    – ¿Pero estás tonto o qué? -lo que Bobby se temía, Santiago había perdido el control-, ¿cómo se te ocurre irte a meter a la casa, peor, a la cama de un tipo cualquiera que no conoces? ¿No te acuerdas hace un tiempo cuando me llamó la policía porque estabas en medio de un charco de sangre en plena campiña lejos de todo y todos?

    – Ni falta me hace que me lo recuerdes -ya Bobby se empezaba a poner de malas-, no necesito que me digas ese tipo de cosas cada vez que intento algo con alguien, Santiago.

    – Una cosa es que intentes algo con alguien y otra que te metas en su cama -Santiago tenía un muy buen punto en esto y Bobby lo sabía-, dime dónde estás, que salgo de inmediato a recogerte.

    – La última vez que miré, no eras ni mi padre ni mi tutor legal, no te preocupes por mí, llegaré a tiempo -le contestó un Bobby ya bastante molesto.

    – No se te ocurra dejarme hablando solo -Santiago conocía a su amigo y sabía lo que iba a pasar-: Bobby, ¡Bobby! ¡¡Bobby!! -demasiado tarde, parecía decirle el tono de final de llamada-, ¡por Dios! -suspiró-, vaya niño más inmaduro.

    Bobby tenía algo que resolver frente a sí y Santiago no podía ayudarle, por eso le cortó la llamada, su amigo no le diría cómo despertar a Alec de forma rápida, tierna y linda. Sólo se le ocurrió una cosa: besarlo, pero después de todo lo sucedido en esos días le daba demasiada vergüenza no estar a la altura de lo que Alec esperaba de él, así que optó por algo más sencillo: le destapó un poco la espalda y le dio un beso en el cuello. Alec se despertó de inmediato, su vida dependía de no bajar la guardia ni dormido al final de cuentas, se incorporó de inmediato y lo próximo que vio fue una sonrisa que le llegó al alma.

    – Buenos días, Bobby -fue todo lo que pudo decir.

    – Buenos días, Alec -la mente de Bobby funciona tan rápido como puede un domingo en la mañana y Alec lo notó, así que decidió continuar- ¿sabes? Creo que me he metido en un lío algo grande…

    – ¿Qué pasó? -a Alec el mundo se le puso de cabeza, no podía entender qué podrían haberle dicho que fuese tan grave, no hablaron mucho tiempo y, aunque Bobby estaba molesto, tampoco había usado un tono fuera de lo normal.

    – Verás, es que tengo un par de horas para llegar a la carrera contra el cáncer que se hará hoy, le prometí a mi grupo de amigos que correríamos todos juntos y lo había olvidado por completo hasta que hablé con ellos hace un rato…

    – No sé cuál es el lío en que te metiste, pero puedo llevarte, estamos cerca, además, tengo un auto… -lo que fuera que Alec iba a decir desapareció en la radiante sonrisa de Bobby y el beso que, por primera vez, le dio a Alec sin reservas.

    Bobby decidió terminar el beso y agradecerle con palabras, pero Alec pensaba otra cosa y esta vez lo besó él, un poco salvaje, pero con dulzura, lo tomó de la cintura y lo llevó hasta la pared. A Bobby le encantó el contraste entre el frío a su espalda y el calor que Alec emanaba, calor que empezaba a encender un fuego en su interior. Finalmente, Alec le dijo que se duchara tranquilo mientras él se encargaba de los implementos deportivos.

    Bobby no se hizo de rogar y se fue a la ducha sin dudarlo. Mientras tanto, Alec bajó al sótano, eligió zapatillas deportivas, calcetines, pantaloneta, camiseta, incluso un abrigo deportivo, porque no estaba muy seguro de si haría frío o no; estaba Alec ordenando las cosas, lo que llevaría y el caos que había causado cuando vio un sobre, todavía sellado, dirigido a él y del que sabía su contenido: era una carta de la persona a quien había pensado alguna vez regalarle esas cosas, Valerius, pensar en él le llenó de nostalgia, se sintió algo triste y justo cuando las lágrimas amenazaban escapar de sus ojos la voz de Bobby llegó a él, le llamaba con insistencia, eso produjo una sonrisa en él y, luego de guardar la carta en un lugar seguro, volvió al presente, con Bobby, y se encontró con una estampa que nunca olvidaría: Bobby con tan solo una toalla anudada a su cintura. Alec necesitó hacer acopio de toda la fuerza de su mente para no hacer caso a sus instintos que querían arrancar esa toalla y demostrarle a ese chico cuánto lo amaba, tuvo que conformarse con acercarse, besarle, un poco más apasionado de lo que pretendía, un par de caricias y entregarle la ropa que le llevaba. Bobby, quien pareció no hacer mucho caso a lo que provocaba en Alec, le dedicó una radiante sonrisa y entró a cambiarse a una de las habitaciones.

    Alec nunca se había duchado en tan poco tiempo, y cuando se dio cuenta, ya estaba vestido de una manera relajada, con una camiseta tipo polo blanca y algo ajustada, un pantalón negro y unas botas negras que realmente eran parte de su ropa habitual del trabajo, pero que no le importó. Cuando vio a Bobby salir de su habitación, sus hormonas de nuevo querían hacer de las suyas, era un chico demasiado guapo como para dejarlo pasar. Bobby, en cambio, no sólo veía al hombre más hermoso de su vida, veía al hombre que lo representaba todo para él en ese momento, poco le importaba lo que pasara fuera de esa casa, o incluso dentro, siempre que Alec estuviese con él.

    En algún momento el sentido común, o el hambre, les dijo que sería buena idea desayunar y se dirigieron a la cocina, pero de camino Alec recibió una llamada:

    – ¿Alec, dónde carajos te has metido? -era su hermano Vladimir, más molesto que de costumbre-, una cosa es tener vacaciones y otra es desaparecer sin avisar.

    – Tengo derecho a algo de privacidad como toda persona normal -le dijo Alec encogiéndose de hombros.

    – Claro, como eres una persona normal con el más normal de los trabajos -Vladimir tenía un doctorado en reproches sarcásticos-, ¿piensas decirme dónde estás?

    – Estoy en el lugar al que voy cuando no quiero tenerte cerca -Alec lo dudó por un momento antes de continuar-, estoy con un chico muy hermoso y que me importa, no pienso dejar que ni tú ni mi trabajo lo arruinen todo.

    – Pues estamos apañados, tienes que deshacerte del chico o alguien lo hará por ti, el jefe quiere verte, parece que tiene una misión para ti -Vladimir suspiró con impaciencia-, recuerda que no eres normal, no puedes andar encaprichándote de cada chico que conoces y no sueñes con una vida normal -antes que su hermano pudiera siquiera intentar protestar, Vladimir cortó la llamada para dejar en claro que no había protesta posible.

    Los pies de Alec no habían estado ociosos y pronto entró a la cocina, donde Bobby bebía una taza de leche acompañada por unas cuantas galletas. Por un momento, la duda apareció en la mente de Alec: ¿realmente valía la pena arriesgarlo todo en un trabajo como ese? ¿no sería mejor retirarse del negocio de una vez por todas y disfrutar las cosas sencillas, tal como Bobby? La incertidumbre no duró mucho, ya que una voz lo llamaba con insistencia, Bobby se mostraba ahora preocupado, quería saber si su ¿su amigo? ¿su novio?, su… ¿qué?, estaba bien. Alec intentó calmarlo, pero tampoco podía mentirle a la cara, así que se limitó a decirle que era una llamada de trabajo.

    Bobby estaba terminando de recoger su desayuno cuando Alec le tomó de la cintura y empezó a besarlo. Al principio, Bobby se puso nervioso, pero luego recordó todo lo que había pasado, el cariño, ternura y respeto que Alec le había mostrado y logró controlarse, dejando que la adrenalina recorriese sus venas. Se giró hacia Alec y tenía sus labios tan cerca que lo único que le apetecía era besarlo y fue lo que hizo. El fuego de antes volvió, pero no provenía de Alec, salía del interior de Bobby, que podía sentir su cuerpo revivir del frío invierno en que estuvo; pronto la ropa le estorbó y, casi podría decirse, se arrancó la sudadera y la camiseta, para luego hacer lo mismo con Alec. Semejante arrebato tomó a Alec un poco por sorpresa, pero lejos de molestarle, le agradó al punto de casi detener el beso, pero su pasión logró no estropear el momento.

    De alguna manera llegaron a la sala de estar y Bobby, dejando su timidez en la cocina, tiró a Alec al sofá, se subió sobre él y empezó a besarle el cuello y llegó a una de sus orejas. Alec no podía contenerse más y empezó a gemir sin disimulo alguno, incluso era un poco salvaje, lo que lejos de incomodar al chico, lo excitó aún más y se decidió a probar sus pezones y a morderlos con todas las ganas que había estado reprimiendo. Pronto Alec perdió todo control de sí mismo y se bajó los pantalones, haciendo que el miedo invadiera de nuevo a Bobby, pero Alec, que no se dio cuenta, los hizo girar para que el chico quedase debajo suyo, quería hacerlo disfrutar tanto como él estaba disfrutando el momento, así que tomó sus muñecas con una mano y las subió sobre su cabeza y en los ojos de Bobby vioe deseo y algo de temor, pero la calentura dominaba a Alec que lo empezó a besar con toda la pasión que había ido acumulando, pero cuando estaba apunto de empezar a besar el pecho de Bobby, éste le pidió que se detuviera, que no le hiciera nada porque no estaba listo. Alec logró dominarse y liberar sus manos, se levantó y lo dejó solo en el sofá.

    Bobby, perplejo, vio a Alec irse hacia la cocina, escuchó un fuerte golpe, un puñetazo, pensó, pero algo se rompió, así que, más asustado que otra cosa, corrió hacia allí para ver qué sucede, pero todo lo que hay es un gran agujero en la pared y un Alec un poco más relajado, aunque con la mano herida, y que notó que había ido demasiado lejos. Bobby, de nuevo, se disculpó con su anfitrión, tomó su ropa y le dijo que lo esperaría fuera mientras huía hacia la puerta.

    Alec terminó de tranquilizarse, se lavó el puño, su puso un vendaje con algunos medicamentos tópicos para mitigar el dolor y prevenir infecciones, se volvió a poner su camiseta y tomó la llave de uno de los autos y salió, no sin antes activar las cámaras de seguridad y las alertas de movimiento. Una vez afuera, se encontró a Bobby sentado en la calle, así que se acercó a él, se arrodilló y le robó un beso antes de pedirle que lo acompañe a traer la camioneta.

    Alec sacó el vehículo, ya que no había espacio para que Bobby pudiera subir y se dispuso a bajarse para abrirle la puerta, pero Bobby tenía otros planes, abrió la puerta y se disponía a entrar por sí mismo cuando Alec lo detuvo, cerró la puerta, lo hizo mirarle a los ojos e intentó hablar con él.

    – Mira, lo de antes no fue más que adrenalina y excitación por parte de los dos, no te sientas mal ni te culpes, sólo significa que todavía eres capaz de sentir algo por alguien, ¿está bien? Te prometo, que si hay una próxima vez, intentaré controlarme un poco mejor, ¿te parece? -Alec no era muy bueno sonriendo, pero lo intentó y por lo visto funcionó, ya que la tierna timidez de Bobby volvía haciendo desaparecer su miedo.

    Alec se sintió seguro y le dio un beso suave, con ternura, que recibió respuesta, de manera casi automática, cargó a Bobby y él abrazó su cintura con sus piernas, dejó que Alec lo colocara dentro de la camioneta y le pusiera el cinturón. Cuando Alec se subió a su lugar y se dispuso a salir de la casa, descubrió que no tenía ni idea de dónde iba, así que le preguntó a Bobby, quien se lo indicó y Alec se puso en marcha.

    Bobby se sentía un poco incómodo y no sabía cómo hacer para pasar el momento, así que empezó a intentar encender el radio del auto, cosa que logró, pero no pudo hacer más que fijar la canción que empezó a sonar cuando encendió, era Melody, de Oliver Heldens [si la queréis conocer: https://www.youtube.com/watch?v=VMnPX3GeyEM], por algún motivo, el sonido de la música despertaba algo en la mente de Bobby, pero mientras el joven se perdía en su propia mente, Alec se dio cuenta que la música despertaba algo en su pantalón, por lo que se le ocurrió pasarle su teléfono a Bobby y decirle que buscara algo que le gustara. Bobby, un poco extrañado, le hizo caso, pero al parecer tenían gustos similares, porque la primera canción que se encontró era Contro de Halsey y el chico, sabiéndose seguro, se puso a cantar a todo lo que le daban sus pulmones. Alec sonrió, amaba escuchar su voz, pero más le gustaba el que se sintiera tan libre con él. La distancia se hizo poca y cuando se dieron cuenta, Alec estaba buscando un lugar dónde dejar su auto, mientras que Bobby perdía mucha de su seguridad, sabiendo que tendría que hacer frente a sus amigos, especialmente a Santiago, que ya sabía todo lo que pasaba y no le hacía ni pizca de gracia.

    Alec por fin encontró un buen lugar para estacionar y fue hacia la puerta de Bobby para ayudarle a bajar, le abre la puerta y Bobby se lanza a sus brazos como un niño cuando su papá regresa del trabajo. Alec se sorprendió, pero lo atrapó a tiempo y lo besó, luego Bobby puso sus pies en el suelo, dejó que Alec cerrara el auto y se dirigieron hacia el grupo de amigos de Bobby que estaban cerca. Sus amigos corrieron hacia él, pero cuando notaron que tenía a Alec de la mano la cara de todos cambió: Claudia y Amber lucían sorprendidas, porque Santiago no les había dicho nada, aunque pronto sus caras pasaron a una cómplice picardía; Santiago en cambio, no lograba disimular que le hervía la sangre, estaba más rojo que un tomate y su cara ocultaba poco lo que sentía.

    Los amigos de Bobby eran tres: Santiago, que tenía la piel blanca, los ojos azules, era alto y delgado y tenía el cabello castaño de ese tono que nunca se ve dos veces igual, tenía fama de ser un donjuán, conquistador empedernido y galán como pocos, pero la verdad es que las mujeres le daban un poco igual, él amaba a Bobby mucho más que como un amigo o un hermano, aunque jamás lo admitiría. Claudia, una mujer guapa como pocas, al menos por lo que oía entre la gente, de cabello rubio, ojos café, con un gusto excelente para combinar ropa y accesorios, incluso para hacer deporte, o para tener sexo, ya que se consideraba a sí misma pansexual. Luego estaba Amber, que según el gusto de Bobby para las chicas, era la más hermosa que conocía, era pelirroja, pero de un tono cobrizo que parecía brillar con luz propia, unos ojos verdes que te atravesaban el alma, pero eran gentiles y dulces más allá de las palabras y su piel, en algún momento blanca, ahora ligeramente dorada por el sol, completaba un cuadro que a más de uno dejaba con la boca abierta, pero esta chica, tal vez para mantener el balance, tenía un secreto en su alma que pocas personas conocerían alguna vez.

    Amber no era nada tímida y fue la primera en hablar, y en reprocharle, claro está, a Bobby que no compartiera la suerte que tenía respecto a los hombres. Claudia, un poco más centrada, le recordó a Bobby que sería buena idea presentar a su acompañante, pero en ese momento Santiago, con mucha dificultad para contener su enojo, por no decir celos, dijo con la voz más seria, gruesa y pesada que tiene que la carrera está por empezar y deben ir a la línea de partida. Tenía razón, pero era tan obvio que sólo quería sacar a Bobby de allí que Alec empezó a entender por qué su hermano amaba tanto el sarcasmo y juraría que Amber le dijo aguafiestas y un par de elogios similares al pasar a su lado.

    Alec reaccionó y pensó en desearle suerte a Bobby, pero él sólo le dio un tímido abrazo, cosa que sorprendió a Alec, pero luego pensó que tal vez Bobby no era abiertamente gay en público, o que podría no serlo en su casa y temer a los chismes, o simplemente no quería ser tan obvio como lo tomaron sus amigos, así que le devolvió el abrazo y, aprovechando que el propio Bobby tapaba su boca, le dijo al oído que lo esperaría en la línea de llegada, que diera lo mejor de sí y que era el más hermoso de todos en la carrera.

    Bobby no pudo evitar sonrojarse un poco y cuando se separó de Alec notó que sus amigos ya le habían tomado la delantera, así que corrió tras ellos, las chicas sonreían, pero Santiago lo tomó del brazo y le dijo que después de la carrera tenían que hablar muy seriamente, Bobby no sabía si tenía problemas o sólo un amigo que lo quería mucho, pero le dio un poco de miedo y se sintió amenazado. No había terminado de decidirse a pensar algo sobre la actitud de Santiago cuando empezó la carrera y tuvo que concentrarse en ella.

    Mientras tanto, Alec, que intentaba distinguir a Bobby entre los corredores, sintió lo que menos deseaba en su pantalón: el vibrar de su teléfono.

    – Alec, -era Francisco, su jefe-, te necesito en la oficina la otra semana, ya Vladimir me dijo que te estás divirtiendo con un chico, pero eso tendrá que esperar.

    – Hola, Frank -Alec se llevaba bien con su jefe-, no es sólo un calentón ocasional, quiero algo serio, estoy enamorado, déjalo fuera de todo esto, ¿sí?

    – Bien sabes lo malo que es enamorarse en este negocio, Alec -su jefe lo cuidaba como si fuera de la familia, es lo que tiene un trabajo riesgoso como el suyo-, sólo recuerda a Valerius, lo que lloraste por él… y lo molesto que es sacarte un mal de amores de encima.

    – Eso fue hace mucho, no necesito recordatorios, ya aprendí lo que podía de eso y lo demás está en el pasado -a Alec le empezaba a hervir la sangre-, además, son como la noche y el día, no se parecen en nada.

    – Tomando en cuenta lo mucho que te molesta la sola mención de su nombre, creo que no está tan en el pasado como dices -Francisco puso el dedo en la llaga-, dejaré de mencionarlo cuando aprendas a no enamorarte porque no es buena idea, ¿o acaso ya olvidaste que Valerius juró ser el mejor hombre que pudiera ser y terminaron vete tú a saber dónde y luchando a muerte?

    – ¿Podrías dejar de mencionarlo? -ya Francisco estaba empezando a pasarse de la raya-, haré lo que quieres, estaré allí la próxima semana, pero no dejaré a este chico, así que más te vale protegerlo con tu alma mientras yo esté fuera… y no quiero que se entere de los guardaespaldas que tendrá día y noche, ¿entendido, Francisco? -no pretendía dejar que su enojo lo dominara, al final de cuentas era su jefe, pero Francisco lo estaba haciendo haciendo perder la calma.

    – Veré qué puedo hacer, disfruta mientras puedas a tu Bobby… -Francisco con sus evasivas.

    -¿Y cómo es que sabes su nombre? -Alec estaba seguro de no haberlo dicho, sabía que Francisco usaría cualquier dato en su contra-, ¿me estás vigilando? ¿de nuevo?

    – No te vigilo, simplemente voy un paso delante de ti, besos, nos vemos luego -se despidió Francisco con ese tono de suficiencia que significaba que había logrado lo que quería.

    Alec finalizó la llamada e intentó encontrar pistas a su alrededor sobre quién podría estar más atento a él que a lo que sucedía cuando notó que la carrera terminaría pronto, así que se dirigió hacia allí, comprando una bebida isotónica en el camino y, por algún motivo curioso, un chocolate. Cuando por fin llegó a la meta, vio que Bobby, que chorreaba sudor, estaba buscándole entre la multitud y, al verlo, corrió hacia él, se le lanzó encima y Alec debió atraparlo al vuelo, lo que de nuevo lo hizo pensar en un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, eso hasta que lo besó sin importarle la gente que los rodeaba. Un poco más allá estaba Santiago, atento a su mejor amigo y al verlo besarse con ese tipo que conocía hace un par de días, juraría que hasta en Australia se oyó cómo su corazón se rompió, pero decidió no decirles nada y se llevó su enojo y los pedazos de su corazón a su auto.

    En el parqueo, Santiago se encontró con un hombre muy atractivo, muy guapo, demasiado desafío para su sobreactuada heterosexualidad, pero logró seguir su camino hacia su automóvil, era el que él siempre había soñado, se lo regalaron sus padres por tener las notas más altas de la facultad el primer año de carrera. Estaba buscando las llaves del auto cuando una mano lo hizo girar y le plantaron un beso como pocos. Un beso demasiado bueno para el gusto de Santiago, un beso que no podía provenir de una mujer con lo poco que lo atraían; no se equivocó, era el hombre de antes, que se había acercado más sigilosamente que un gato. Santiago recordó que debía parecer todo un heterosexual, así que intentó golpear al que le había dado el mejor beso en años, pero este hombre tenía buena condición física, lo esquivó en el último momento y aprovechando el impulso que llevaba Santiago le hizo una llave de lucha libre y lo dejó hecho un nudo en el suelo.

    – Bonita forma de agradecerme el salvarte de este lío -le dijo sin el más mínimo signo de agitamiento.

    Finalmente, liberó a Santiago, quien logró incorporarse, no tenía gran daño físico, pero su orgullo sí estaba muy dolido. Santiago desconectó la prudencia y el sentido común y decidió darle un golpe por la espalda a ese tipo en cuanto él se giró para irse pero, de nuevo, el otro fue más rápido que él y esta vez le dio tal golpe en el abdomen que lo hizo escupir sangre y lo dejó tirado en el suelo otra vez. El hombre no habló esta vez, simplemente dejó caer a su lado una tarjeta de negocios y se fue a su auto. Según la tarjeta, su nombre era Vladimir, pero sin apellido, cosa que le llamó la atención, y por detrás le había escrito “llama cuando necesites un hombre de verdad”.

    Mientras tanto, Alec, Bobby y las chicas, que no tenían idea de lo que le sucedía a Santiago, empezaron a buscarle, no sabían donde podría estar, cuando le entró un mensaje a Bobby al teléfono, Santiago le decía que estaba en el parking y que necesitaba ayuda porque no se sentía bien. Bobby no se lo pensó dos veces para salir a socorrer a su amigo, lo único que lo atrasó fue preguntarle a Claudia dónde estaba el auto. Bobby no necesitó buscar mucho a su amigo para encontrarlo, pero Alec se quedó frío a la entrada del local, un aroma muy familiar le embargaba los sentidos, pero no pudo detenerse a pensar en ello porque Bobby lo llamaba con desesperación, corrió hacia él y vio la situación.

    Recurriendo a sus conocimientos de primeros auxilios y a su fuerza física, llevó a Santiago hasta su propio vehículo, sacó un botiquín que siempre tenía a mano y lo curó lo mejor que pudo mientras su cabeza funcionaba tan rápido como podía sin dejar a Bobby sin su mejor amigo. Lo primero, pensó, era salir de allí, así que preguntó cómo habían llegado y resulta que Santiago las había ido a buscar en su nuevo automóvil, principalmente para presumirlo. Alec no necesitó consultar si alguna estaba en condiciones de conducir, era más que obvio que no.

    – Mierda -murmuró Alec mientras buscaba su teléfono y se alejaba un poco para que los demás no lo oyeran, por suerte, estaban demasiado entretenidos con Santiago como para darse cuenta, marcó un número y esperó respuesta-: Vladimir, necesito ayuda en mi ubicación, no creo que sea grave, pero no traigas tu auto ni armas ni nada, por favor.

    – Llego en cuanto pueda, hermanito -le dijo Vladimir intentando disimular su satisfacción, ya que su plan había salido a pedir de boca, sabía manipular a su hermano sin esfuerzo y ahora además tendría a ese chico que quiso golpearlo en su cama cuanto quisiera.

    – Chicos -Alec se reintegró con los demás-, mi hermano nos va a ayudar, él se llevará el auto de su amigo y yo el mío, están demasiado asustados para irse a casa sin más, así que avisen en casa que irán a comer a algún sitio y podremos ir a mi casa a despejarnos un poco, vivo cerca, a menos de 10 minutos de aquí.

    A Amber le pareció una idea bastante buena, especialmente porque Bobby y Claudia parecían haber olvidado cómo reaccionar y porque algo en Alec le daba confianza, así que aceptó por todos, sacó las llaves del auto de Santiago de uno de los bolsillos de su amigo y lo abrió para poder recostar a Santiago mientras llegaba el hermano de Alec.

    Vladimir no dudó en vestirse para la ocasión, dejando que un traje muy ajustado, o varias tallas más pequeño para él, marcara todos sus desarrollados músculos, llevaba una corbata negra que resaltaba su reloj, sus zapatos y, sobre todo, sus ojos. Los dos hermanos hablaron más con la mirada que con palabras y al final Vladimir le recibió las llaves del auto de Santiago a Alec, le confirmó que llevaría a los chicos a su apartamento y que le dejaría a él la labor de elegir la comida.

    Alec se sorprendía de lo serio y responsable que podía llegar a ser su hermano menor cuando le daba la real gana hacer algo, pero allá iba, todo formal y con total control de la situación. Aunque no podía decirse lo mismo cuando llegaron, ya que Vladimir cargó al joven al hombro como un costal de papas y lo dejó caer en una cama, lo que lo hizo despertar, para verse en una habitación desconocida con el hombre que lo había golpeado dos veces casi sentado sobre él y sosteniéndole las manos sin ningún esfuerzo. Quiso gritar, pero era muy difícil hacerlo cuando una mano más grande que tu boca apenas y te deja respirar, Vladimir se limitó a pedirle que se calmara y hacerle entender que sólo quería hablar.

    – Mira, Santiago, sé toda la verdad, incluso la que te ocultas a ti mismo -Vladimir sabía infundir miedo con sólo un par de palabras-: sé que amas a Bobby y que tienes pánico a aceptarlo ¿cómo lo sé? Es simple, tu psicólogo, con el que tenías sexo salvaje, fantasías de conquistar a Bobby y de salir del closet, supongo que ya lo recuerdas… Bruno, creo, sí, Bruno -no había olvidado el nombre, pero el pánico en la cara de Santiago le indicaba que había acertado de principio a fin-, era bueno en la cama, hay que admitirlo, bueno, lo era antes que supiera demasiado y tuviera que matarlo -Santiago estaba más blanco que una hoja de papel-, ¿qué?, tengo derecho a protegerme, ¿no? Bueno, para resumir, tú harás lo que yo diga, quieras o no, por las buenas o por las malas, me da igual, ahora tienes 20 minutos para decidirte y recibir órdenes antes que lleguen mi hermano y tus problemas.

    Santiago intentó hablar, pero no podía, además, ya le empezaba a faltar el aire, así que tiró de la mano de Vladimir y éste por fin cedió y lo liberó, preparado por si gritaba o intentaba escapar.

    – ¿Qué quieres que haga, amor mío? -la voz de Santiago, pese al resentimiento por todo lo que había pasado y la falta de aire, era tan melosa que podría causar diabetes, pero su disposición a obedecer le gustó a Vladimir y se relajó un poco.

    – Tú serás mis ojos, mis oídos, mi boca y mis manos cerca de mi hermano, me dirás todo lo que suceda, hasta el más mínimo detalle y harás y dirás exactamente lo que te diga, hasta lo más pequeño, o no dejaré ni lo más pequeño de tu Bobby, ¿queda claro?

    – Es… -Santiago iba a protestar, pero luego se dio cuenta que no estaba en posición para ello y fingió algo de tos-, está bien, lo que tú desees, amor mío -logró decir con ese mismo tono meloso.

    Vladimir le dio a Santiago los detalles de lo que esperaba de él, lo besó de nuevo y le prometió darle lo que Bruno nunca le dio o asegurarse que terminara peor que el psicólogo.

    Menos de cinco minutos después Alec llegó al lugar y Vladimir salió de la habitación y les dijo que Santiago estaba descansando. Bobby, de inmediato, corrió a ver a su amigo para encontrarlo dormido. Hizo un rápido examen con su mirada de Santiago y notó que parecía estar bien, pero Bobby sentía que quería y debía hacer algo por él, aunque no lograba decidirse a hacer nada en concreto. En ese momento unas manos lo rodearon por la cintura y sintió un cálido abrazo, mientras la voz de Alec le susurraba al oído que lo mejor que podían hacer por él era dejarlo dormir hasta que se repusiera y ya luego hablarían. Bobby se dio cuenta que en realidad dormir era lo mejor que podía pasarle a Santiago y que no lograría nada despertándolo, así que se fue con Alec y lo dejaron solo en la habitación.

    Cuando Bobby y Alec regresaron, notaron que las chicas habían estado investigando las bolsas de la comida y era poco lo que quedaba por preparar, aún así, se dispusieron a ayudar, momento que Claudia aprovechó para preguntar por el baño, Alec le dijo cómo llegar y ella se fue hacia allí. Cuando entró, sintió que había algo fuera de lugar, pero no sabía el qué, aunque después de un momento se dio cuenta que lo que la incomodaba era que un cajón estaba semiabierto. Pudo haberlo cerrado con un leve empujón, pero la curiosidad es lo único capaz de matar a un gato y ella terminó abriendo del todo el cajón sólo para encontrar un arma de fuego, municiones y varias navajas. Su sorpresa fue tal que no pudo reprimir un grito y al momento Alec estaba junto a la puerta preguntándole si estaba bien, ella decidió disimular y le dijo que se le cayó el teléfono, él no le creyó, pero lo dejó estar, estaba logrando ser un magnífico anfitrión y no lo arruinaría por una tontería. En cuanto oyó sus pasos alejarse, Claudia intentó dejar todo tal como estaba y volvió al comedor con los demás, como si nada hubiera pasado.

    – Alec, -dijo Claudia repentinamente a media comida, cuando no pudo aguantarse más-, ¿se puede saber para qué necesitas armas en el baño? Necesito una explicación lógica a eso.

    Alec no supo cómo reaccionar, le molestaba que alguien hubiera estado revisando sus cajones, aunque le molestaba más no haberlas escondido mejor, así que al final no pudo decir nada, además, Claudia ya empezaba a hacer drama y eso es algo que a él no le gustaba para nada. Al final, Alec tomó su teléfono, llamó un taxi y le dijo a Claudia que si le molestaba que el se preocupara por su seguridad, podía irse en cualquier momento, tampoco pudo evitar agregar que podría llamar más taxis si alguien más quería cuestionar sus motivos para actuar.

    Claudia salió dando un portazo tal que por poco quiebra las ventanas, Amber, que no quería irse, no le molestaba la existencia de un arma mientras no amenazara su vida, optó por ir tras ella e intentar calmarla, al final de cuentas no valía la pena arriesgar una amistad por alguien que acaban de conocer, aunque eso no lo dijo, sólo dijo que intentaría calmarla mientras se disculpaba por las dos.

    Bobby miraba la escena boquiabierto sin saber cómo tomar nada de lo sucedido, pero decidió quedarse con Alec, lo abrazó y le pidió disculpas por lo que había sucedido, esperando que eso calmara a Alec, ya que su cara estaba un poco roja y Bobby sabía que eso nunca era buena señal.

    *-*-*-*-*

    Amber intentaba alcanzar a Claudia mientras la llamaba con todas sus fuerzas y le suplicaba que esperara, hasta que ella por fin se detuvo.

    – Amber, de verdad -la seriedad de su mirada lo decía todo-, no puedo creer que ni siquiera te preocupe que ese tipo con el que apareció Bobby sea tan misterioso, al menos debería inquietarte el que tenga armas en su baño.

    – Claudia, si yo las hubiera visto, probablemente sí me daría curiosidad -Amber intentaba que el sentido común volviera a su amiga-, pero me preocupa más que vayas por la vida revisando lo que tienen los demás en sus casas, vamos, que hasta donde sé en Reino Unido no es crimen la posesión de armas. Además, creo que le debes una disculpa a Alec por estar haciendo dramas sin sentido y por estar revisando lo que no es tuyo.

    – Yo no pienso entrar a ese sitio en mi puta vida -le dijo una Claudia totalmente aterrorizada-, es más, no me gustaría estar cerca de él, ¿no te has dado cuenta que podría ser un asesino o un sicario? Y tú tan contenta comiendo a su lado…

    – También podría ser un policía, si a eso vamos -Amber pensaba que una cosa era tan ilógica como la otra-. No empieces con tonterías, además, salvó la vida de Santi, a saber si la nuestra también, si no me crees, tan solo recuerda su gesto al mirar a nuestro Bobby, casi perdemos a ese niño y hasta ahora ha vuelto a sonreír. El tipo incluso nos invitó a comer sin importarle nada. Y tú te pones a hacer dramas porque fuiste a meter tus narizotas donde no te llaman, ¿sabes qué? ¡nos subimos ahora mismo y te disculpas! ¿queda claro? -esto le salió un poco más gritado de lo que pretendía, pero desde su punto de vista, Bobby lo valía.

    – No veo que me dejes muchas opciones -se resignó Claudia-, pero, Amber, si nos matan o pasa algo que no debe ser, será todo tu culpa, ¿queda claro?

    – Gracias, Claudia -su amiga le sonrió y fingió no escuchar su pregunta.

    *-*-*-*-*

    – Alec, lamento mucho lo que pasó, -Bobby sentía que debía disculparse en nombre de su amiga-, no tenía idea que algo así podría pasar…

    – Bobby -Alec lo silenció poniendo un dedo en sus hermosos labios, porque si lo besaba, no respondería de él, la ternura de Bobby retaba el autocontrol de Alec-, no te preocupes, tengo que aprender a guardar mejor mis cosas, de hecho, iré a poner las armas a un sitio donde no representen un peligro para nadie.

    Estaba observando a Alec salir hacia el baño cuando Bobby se dio cuenta que todavía había alguien más a la mesa y que analizaba todo en silencio, disfrutando la discusión casi tanto como la copa de vino tinto que saboreaba. Pero la mente de Vladimir iba un paso adelante, lo que menos le interesaba en ese momento era lo que sucedía ante sus ojos, ni el vino, por un momento pudo comprender el por qué Bobby hacía lo que quería con su hermano, incluso valoró el jugar un poco con él y de paso destrozar el corazón de Alec, pero recordó que él tenía su propio juguete que no le reportaría consecuencias y decidió ir a revisar que todo estuviera bien con él.

    – ¿Dónde vas, hermanito? -dijo una voz detrás de él, era Alec que salía del baño con una tela en sus manos y un gesto de curiosidad por ver a su hermano campando a sus anchas en su casa.

    – Iré a ver si tu invitado necesita algo, podría tener hambre -el tono de Vladimir ocultaba una ironía tan sutil que Alec no la notó y simplemente se hizo a un lado para que su hermano pasara.

    Todavía estaba Alec preguntándose en qué momento su hermano menor había madurado si esa misma mañana era un completo hijo de puta cuando sonó el timbre de la puerta, así que metió la tela entre las cosas de un estante en la parte superior del armario de la entrada, nadie la encontraría a menos que supiera lo que estaba buscando. Se fijó por el ojo de buey de la puerta y vio dos caras familiares, una que le agradaba y otra que no tanto.

    – Bobby -Alec no quería ponerse en situación de reaccionar mal de nuevo- afuera están tus amigas, ¿podrías ver qué quieren? Si puedes evitar que Claudia entre a mi casa, te lo agradezco, Amber es una buena chica, ella puede hacer lo que quiera.

    – Está bien, Alec -Bobby sabía que Alec estaba siendo prudente, pero igual era un poco gracioso ver a un hombre hecho y derecho como él, alto como un roble y fuerte como pocos incómodo por una chica que físicamente no le podía dar muchos problemas-, iré a ver qué quieren.

    Amber ya daba por hecho que Alec no las recibiría y estaba por dejar que Claudia ganara y se fueran las dos cuando la puerta se entreabrió lo suficiente para que Bobby asomara parte de su melena y su cara:

    – ¿Qué pasa, chicas? -su pregunta se dirigía más a Amber y tenía un tono alegre, pero su mirada, fría como el acero, parecía querer hacer trizas a Claudia.

    – Sólo quería disculparme -Claudia respondió antes siquiera que Amber abriera la boca-, hice demasiado drama cuando no debí estar registrando en casa ajena. ¿Podrías decirle eso a Alec?

    A Bobby le pareció que Claudia era sincera, aunque sospechaba que esa sinceridad era un poco forzada por Amber, así que decidió dejar en claro las cosas antes de siquiera hablar con Alec, no quería otro drama, ni otro enojo, ni problemas.

    – Chicas, sé que podríais tener miedo, que todo esto os cause un poco de inseguridad, hace mucho que yo no intentaba una relación, pero, de verdad, necesito vuestro apoyo en esto. Sé que me habéis visto malherido y no sólo en la parte emocional, pero fue hace un tiempo, sabéis que no puedo contar con mi familia, a ellos les dije que fue un asalto y no especifiqué de dónde salía la sangre; pero este hombre que vive aquí es totalmente distinto, él es todo un caballero, hemos tenido nuestros momentos, sé que él tiene ganas y yo también, pero también tengo mucho miedo y él no sólo me ha tenido paciencia, me ha demostrado que siente por mí algo más que calentura, que me quiere de verdad, que si nunca tenemos sexo no es problema para él mientras yo esté bien, ¿cuál tipo que conoces hace dos días se comporta así, especialmente si te tiene todas las ganas del mundo? -Claudia no perdía palabra, quería asegurarse de lo que sentía Bobby, ya que no confiaba en Alec, tendría que confiar en él. Amber, en cambio, sonreía abiertamente, pero no se notaba que era una sonrisa para impedir que sus ojos lloraran, no tanto por la ternura de Bobby, más bien, por lo que ella misma cargaba en el alma y que jamás mencionaría-. Sé que nos conocemos sólo de un fin de semana, por eso no he tenido nada con él, no sé si esto va a funcionar, ni siquiera sé a qué se dedica, ni me importa, es un hombre honesto y sé que me cuidará, me respeta y me ha apoyado en todo.

    – Bobby -Amber se miraba radiante, pero lo mismo era el ángulo en que el sol daba en su cabello que provocaba unos reflejos tales que parecía ser ella quien brillaba-, yo vi lo que vi y veo que no nos mientes, así que le daré una oportunidad, aunque me pareció que exageraba un poco al sacar a Claudia, pero si tú dices que es todo eso, yo te creo -le dedicó una sonrisa radiante que podría derretir el hielo y si Bobby iba a responderle algo, se lo guardó para sí con tal de no arruinar la sonrisa de su amiga.

    – Yo creo que vas un poco rápido -Claudia siempre tan centrada, no podía dejar de pensar que la última vez había pasado lo mismo, salvo que ellos se dieron cuenta cuando la policía llamó a Santiago, con quien Bobby más hablaba según su teléfono y ella nunca conoció al tipo-, Bobby, ¡por Dios!, podría ser un asesino o algo peor y tú no ves más allá de un cuerpo trabajado y una cara bonita… -tal vez habría vuelto a gritar o se habría desmayado teatralmente, pero el codazo que Amber le dio en las costillas le sacó el aire y cortó el drama de raíz.

    – Gracias Amber -Bobby le dedicó una de sus sonrisas, no tan buena como las de ella, pero con el mismo cariño-, Claudia, sé que tienes buenas intenciones, pero ¿no puedes ser un poco menos impetuosa? Igual, Alec sólo quería que superarais el susto de lo de Santi, podéis iros si algo os incomoda…

    Bobby finalmente las dejó entrar y llamó a Alec, quien apareció intentando mostrar su mejor cara. Al mirar a Claudia miró a Bobby pidiéndole una explicación con la mirada, ella fue quien le explicó las cosas a Alec, diciéndole lo mucho que le preocupaba Bobby, que era algo sobreprotectora con él y que no debía haber revisado el cajón en primer lugar, por no hablar de reclamar sin conocer los motivos, en fin, una disculpa mucho más sincera, completa y genuina de lo que Bobby o Amber habrían esperado, incluso más de lo que Claudia había planeado. Alec también notó que más que lo que sus amigos le habían dicho, Claudia hablaba por su cuenta y eso, además que no se puso a hacer dramas, terminó de convencer a Alec para darle una segunda oportunidad a la chica, aunque Alec ahora sería mucho más prudente con la información que dejaba a su alcance.

    El momento se volvió algo incómodo porque no sabían qué hacer o decir cuando el estómago de Claudia rugió de hambre, a fin de cuentas, ella no había comido tan bien como los demás, por lo que se dirigieron a la cocina a “ayudar” a Claudia y Amber a terminar de comer mientras decidían qué harían luego, ver una película, buscar un postre o simplemente reposar en los sillones sin esforzarse por luchar contra la marea alcalina.

    *-*-*-*-*

    Vladimir, una vez que llegó a la habitación en que estaba Santiago, se aseguró que nadie los molestara, así que cerró la puerta con el pasador, nadie entraría sin tener que avisar, además, había escogido la habitación más alejada del salón y la cocina, por lo que era poco probable que lo escucharan, si es que hacían algún ruido. Es cierto, para él el chico no era más que un juguete, pero no por eso tenía que ser rudo o desconsiderado con él, así que en lugar de amenazarlo, decidió despertarlo con unos besos en su cuello. Santiago, profundamente dormido, dejó a su subconsciente reaccionar y su boca dijo claramente: “Bobby”, lo que a Vladimir no le cayó muy bien y le lavó la voluntad, así que pasó de besar a Santiago a darle una sonora cachetada, lo que despabiló a Santiago como nada podría haberlo hecho. El joven se sentó de inmediato, totalmente despierto, sobándose el cachete y con cierto resentimiento quiso saber el motivo del golpe.

    – No soy Bobby, soy Vladimir -fue la ácida respuesta-, si es mucha la excitación, dejaré que me digas amor, pero nada más, ¿queda claro?

    – Sabes que sí, Vladimir -Santiago había recuperado su tono meloso. Tomó a Vladimir de la corbata y lo hizo recostarse sobre él y Vladimir volvió al juego que había empezado y siguió besando su cuello, Santiago no necesitó esforzarse mucho para fingir que le gustaba lo que sentía, cosa que a excitó mucho más a Vladimir, que intentaba quitarse la ropa sin dejar de besar a Santiago. Logró arrancarse la corbata y la usó para atar las manos de Santiago, pero a diferencia de antes, esta vez no era opresivo ni intimidante, de hecho, Santiago estaba empezando a ceder a sus hormonas también y en algún momento su camiseta desapareció.

    La habitación no tenía muy buena iluminación natural y estaban en una penumbra que lejos de impedirles hacer, les resultaba muy sugerente. Pronto Santiago notó el cuerpo bien formado de Vladimir, igual que notó una muy sensual capa de vello corporal rasurada hacía poco. Ese abdomen lo hipnotizaba, y en su mente reapareció el bien cuidado cuerpo de Bruno, que parecía un miriñaque a su lado.

    – Vladimir, quiero ser tuyo -no sólo la petición era inesperada para él, sino que Santiago no había usado el tono meloso y complaciente, parecía una petición real.

    Vladimir decidió no darle tiempo a cambiar de idea y empezó a morder los rosados pezones de Santiago que se sentía en el paroxismo. Pero Vladimir no se contentó con eso, siguió por el abdomen, dejando un rastro de besos y mordiscos mientras por su cabeza pasó la efímera duda de si eso sería hacer el amor, él estaba acostumbrado a simples revolcones de no más de un fin de semana, pero según su plan, estaría mucho más tiempo con este chico.

    Sus pensamientos lo habían distraído, lo que le quitaba la magia al momento, pero unos insistentes golpes en la puerta terminaron por arruinar el momento. Vladimir empezó a vestirse, por si acaso tenía que abrir la puerta, pero resultó que Alec sólo quería saber si estaban bien, intentó sonar tranquilo y relajado, aunque la tensión sexual todavía estaba en el aire y le dijo a su hermano que sí, que estaban estupendamente, simplemente estaban hablando y era un poco íntima la conversación, que por favor no les interrumpieran. Vladimir estaba seguro de lo que sucedía fuera: su hermano levantó las cejas con esa cara de sorpresa que ponía cuando él superaba sus expectativas, se encogería de hombros, le diría que entendía (Alec lo dijo en ese momento exacto) y luego se iría.

    Apenas habían dejado de oírse los pasos de Alec cuando Vladimir se dio cuenta de lo bien que se sentía, incluso podía decir que estaba emocionado, aunque sabía que era tan sólo la adrenalina que lo ponía eufórico, así que se quitó a como pudo la ropa que se medio había puesto cuando Santiago lo tomó totalmente por sorpresa por detrás y empezó a besarle el cuello y acariciar todo lo que sus manos alcanzaban. Vladimir lo dejó hacer, pero después de un rato, se giró hacia él con una sonrisa pícara como Santiago no había visto y tanta excitación reflejada en su cara que el beso que se dieron fue el mejor que los dos podrían recordar en algún tiempo. Se movieron hacia la cama y al final Santiago terminó sobre Vladimir, quien sentía una química y una empatía con este chico que se sorprendía incluso a sí mismo. De nuevo, la mente de Vladimir le mostraba algo que no quería ver: este era un chico inocente y tierno, no era ingenuo ni infantil como Bobby, pero a su manera era alguien a quien él no dudaría en proteger. Vladimir sacudió su cabeza, ese era un pensamiento del tonto de su hermano, no suyo propio, él gozaría lo que tenía delante y ya luego vería.

    Santiago parecía haber olvidado cómo pensar y su cuerpo iba haciendo lo que su calentura le decía sin control alguno, en ese momento, besaba y mordía suavemente el cuello de Vladimir, aunque tenía cuidado de no dejarle ninguna marca visible. Pero aunque la mente de Vladimir había estado un poco extraviada, sus mano tampoco estaban ociosas y Santiago sentía claramente cómo intentaba alcanzar su ano que estaba totalmente expuesto por la posición en que estaban. De repente, Vladimir tuvo una idea y le pidió hacer un 69, a lo que Santiago accedió gustoso.

    Vladimir lamía el ano del chico, lubricándolo con su saliva lo mejor que podía y sintiendo cómo él se retorcía de placer, mientras que la atención que recibía su pene lo estaba calentando demasiado y él todavía no quería terminar. Cuando sintió que ya era suficiente, le pidió a Santiago que se acostara y, por un momento, pensó en simplemente penetrarlo y gozar todo lo que quisiera de ese ano cerradito y que pedía a gritos un pene que le diera todo el placer del mundo, pero Santiago se acostó boca arriba y lo invitaba a continuar con los brazos y las piernas abiertas, así que cambió de idea. Le dedicó algo de atención al pene de Santiago y luego volvió a comerle el culito, decidido a darle tanto placer como pudiera. No pasó mucho rato cuando Santiago le pidió que lo penetrara y Vladimir estaba listo para complacerlo. Sin dudarlo un instante, tomó su pene, se lo ofreció al chico para que lo humedeciera un poco, dejó caer algo de saliva en su ano para estar seguro y lo penetró lentamente, asegurándose de no causarle dolor sino placer. Los gemidos ahogados de Santiago le decían que lo estaba haciendo bien y cuando lo hubo introducido todo Santiago le hizo algo de presión con su esfínter para excitarlo un poco y que no se detuviera. Vladimir así lo hizo y cuando llevaba un buen rato embistiendo a Santiago y oyéndolo suspirar de placer, se inclinó un poco para entrar mejor y para evitar cansarse y Santiago tiró de él y lo empezó a besar. Vladimir solía enorgullecerse de su aguante en la cama, pero ese beso provocó una corriente desde su nuca hasta su pene que lo hizo terminar sin tiempo a reaccionar siquiera. Pero él no era el único, las contracciones del ano de Santiago le indicaron que él también había terminado.

    Sacó su pene del ano de Santiago y se acostó junto a él, el chico lo abrazó, recostó su cabeza en su pecho y se durmió en el acto, pero la mente de Vladimir estaba inmersa en un torbellino de emociones y sentimientos que no lograba procesar. No era la primera vez que besaba a alguien mientras lo penetraba, pero esta vez hubo algo diferente, no esperaba sentir más que placer y esta vez hubo algo más que eso, mucho más, no podía explicarlo con palabras, ni le interesaba hacerlo. También descubrió que el tono varonil que usó Santiago para pedirle sexo y que lo penetrara le gustaban mucho más que el tono meloso, le gustaba estar con un igual y no con un esclavo. El problema es que Santiago era su esclavo, sólo le obedecía porque él había amenazado a Bobby, pero la forma en que se comportó en la cama decía lo contrario, es cierto que estaba soñando con Bobby cuando él lo despertó, pero era evidente que sabía con quién tenía sexo… ¿o hacía el amor?

    *-*-*-*-*

    En cuanto Alec hubo regresado y les hubo informado que Santiago estaba bien, todos se relajaron por completo y se quedaron en la cocina, riendo, hablando de cualquier cosa, recordando anécdotas graciosas y, claro está, vaciando el frigorífico de Alec, cosa que no parecía molestarle en absoluto. Como si presintiera que iba a sonar, Bobby buscó su teléfono, que le informó que eran las 9 de la noche. Apenas había apagado la pantalla cuando entró una llamada: era su madre, quería saber si estaba bien y si se dignaría regresar a su casa algún día.

    – Sí, mama, sólo iremos a dejar a las chicas a sus casas y volveré derechito a casa -eso pareció bastarle a su madre, que le dijo que no se retrasara mucho y que lo esperaría.

    Bobby terminó la llamada con una cara de evidente desagrado, como cualquiera que está pasando un muy buen rato con sus amigos y la realidad lo interrumpe, pero lo que nadie se esperaba es que dejó escapar un refunfuño que sonó muy parecido a si dijera “puta vieja majadera” mientras guardaba su teléfono.

    Alec necesitó un momento para recomponerse de lo que había escuchado, pensó que sería tristeza por ver la noche arruinada, así que decidió acercarse a Bobby y darle un beso profundo para que se calmara. Las chicas decidieron darles su espacio y volvieron al salón, mientras que, una vez solos, Alec cargó de nuevo a Bobby, que se dejó hacer, y lo llevó hasta su habitación.

    Una vez allí, Bobby intentó quitarle la camisa a Alec, pero no pudo, mientras que Alec, recordando su promesa, le dijo que sólo habían ido a buscar las llaves de su auto y prepararse para salir, pero cuando se giró, vio a Bobby haciendo un puchero tal que no pudo evitar sonreír y le preguntó al chico qué pasaba.

    – Bueno, es que desde la mañana tenemos un asunto pendiente y pensé que podríamos resolverlo -Bobby olvidó su puchero y su cara adoptó un gesto de picardía sexual que incluso Alec podía notar.

    – ¿Estás seguro de querer hacerlo? -Alec estaba muy preocupado, no sabía si Bobby lo hacía porque quería, o por agradecimiento por salvar a su amigo o como disculpa por lo de Claudia, pero tenía claro que no quería que Bobby se sintiera obligado a tener sexo con él, así que se aseguraría de hacerlo porque él verdaderamente quería.

    Bobby no contestó, sino que empezó a desnudarse y Alec cerró la puerta con seguro y mientras recorría la poca distancia entre la puerta y la cama se había quedado sólo con el bóxer puesto. Se acostó y Bobby de inmediato se puso sobre él y empezó a besar, lamer y morder todo lo que podía. Alec sabía muy bien lo que quería, pero sabía también que su calentura lo dominaría y no quería que Bobby se asustara de nuevo, así que decidió darle espacio para que él fuera quien decidiera y tuviera la iniciativa de lo que quería hacer. Bobby también sabía lo que quería y en cuanto se hubo asegurado que Alec estaba disfrutando, le arrancó el bóxer y se metió todo su pene de golpe a la boca.

    Alec desconectó el cerebro, estaba muy ocupado disfrutando y no le interesaba absolutamente nada de lo que podría suceder, sólo quería disfrutar y bajó una de sus manos para marcarle a Bobby el ritmo que le gustaba, pero recordó su intención de dejarlo hacer y se limitó a acariciar su cabello. Bobby lo tomó como una señal de Alec y se levantó, le dio un beso fugaz y sin pensarlo mucho se sentó sobre él, clavándose su pene en el ano hasta el fondo en el proceso. Pronto Bobby estaba cabalgando a Alec y gimiendo sin tapujos, disfrutando sin remordimientos lo que hacía y cuando Alec le dijo que estaba a punto, el chico intensificó el ritmo y lo hizo terminar dentro de él.

    Luego se levantó, buscó en un cajón y encontró un slip de Alec que usó para limpiarse bien, se vistió y le dijo a Alec que iría a buscar a Santiago.

    *-*-*-*-*

    Alec estaba muy impresionado, si bien era el tipo de sexo al que estaba acostumbrado: una simple liberación de hormonas y ganas, no era lo que esperaba que sucediera con Bobby, había logrado deducir que tenía varios años sin ningún tipo de roce con nadie desde la vez que lo atacaron, así que supuso que no era nada grave, pero aún así no le hizo ni pizca de gracia. Se limpió bien, se volvió a vestir y se encaminó hacia el salón donde estaban las chicas, allí se encontró a Santiago y a Vladimir muy alegres.

    – Hermanito, creo que lo mejor es repartirnos a partes iguales, ¿no crees? -le dijo Vladimir con una gran sonrisa, lo que fuera que había hablado con Santiago, pensó Alec, lo tenía del mejor humor que había visto en su vida-, tú lleva a Bobby y a Amber, yo me encargo de Santi y de Claudia.

    Los tres amigos de Santiago se miraron con la boca abierta y totalmente estupefactos, nadie llamaba Santi a Santiago si no quería ganarse un enemigo y muchos problemas, pero Santiago sonreía y no tuvo problema alguno en que Vladimir lo llamase así.

    – Me parece bien -Alec no sabía el motivo del asombro de los demás, pero si algo no quería era otra decepción ese día-, cuando termines me llamas, así puedo ir a buscarte.

    – Va a ser que no -esta vez le contestó Santiago-, Vlad no necesita que nadie lo busque -agregó con un pícaro guiño de ojo.

    Esta vez fue Alec quien necesitó usar la mano para cerrarse la boca, porque nadie llamaba Vlad a su hermano, pero allí estaba él, sonriente como nunca y sin importarle el gesto cariñoso de Santiago. Salieron todos hacia donde estaban los autos y Alec pudo notar que cuando pensaron que nadie los veía porque todos se subían a los autos, Santiago acariciaba la mano de Vladimir y éste le correspondía con una sonrisa radiante. Finalmente, se subieron todos a los autos y salieron de allí.