Autor: admin

  • La dulce Julia, buena esposa y madre

    La dulce Julia, buena esposa y madre

    Soy originario de Madrid, tengo 34 años.

    Desde hace 4 años vivo en Londres, trabajando en una conocida empresa española. Soy ingeniero industrial, y la empresa me envió allí desde Madrid por un periodo indefinido.

    Siempre he sido atractivo, tengo buen cuerpo (hago bastante deporte) y mido 182 cm. Las chicas siempre se me han dado bien, especialmente a partir de mitad de los veinte, cuando me solté más.

    En Londres me sentí desde el principio como pez en el agua. Viernes al club o bar, conocer chica, marcar.

    Al cabo de 6 meses conocí a Lilly, una londinense que trabajaba para un famoso banco americano. Empezamos a salir y ahí acabaron mis noches de desenfreno.

    Justo un año después de llegar a Londres, contrataron a Luis desde España para unirse a mi departamento. Tenía 1 año menos que yo, casado con una canaria llamada Julia que tenía 2 años menos que yo, y con una hija de 4 meses.

    Luis y yo congeniamos desde el principio. El también era deportista, por lo que quedábamos para ir al gimnasio o salir a correr. Era algo más bajito que yo, de aspecto normal (ni feo ni guapo), pero algo más fuerte. Me comentó que su mujer, Julia, había conseguido que su empresa la enviase a Londres. Allí se reincorporaba a trabajar justo al acabar la baja maternal.

    A los 2 meses de llegar Luis a Londres, un compañero de trabajo organizó una fiestecita en su casa para la gente del departamento (éramos unos 30) con sus parejas (si las hubiese).

    Yo fui con Lilly. Llegué a la casa y empezamos a hablar con la gente que ya estaba ahí. Luis me dijo que habían encontrado niñera para su hija, pero llegarían un poco más tarde.

    Vi entrar a Luis por la puerta, que fue saludando a la gente. Entonces vi detrás de él a Julia. Me quedé embobado mirándola. Era de estatura normal para una española (unos 160 cm), melena hasta los hombros morena, con el pelo pasando por detrás de las orejas, cara redondita muy juvenil, con una media sonrisa constante, ojos oscuros grandes, nariz delicada muy bonita, piel, sin ser muy morena, pero con un color muy saludable, en contraste con el típico blanco pálido de Londres que se veía tanto por las calles. Vestía unos vaqueros que le hacían buen culo. No era un culo tipo actriz explosiva, pero tenía la forma perfecta. La camisa era algo holgada, pero mi ojo experto me decía que ahí dentro había un buen material (entiendo que también favorecido por la reciente maternidad).

    Fui a saludarles y ella me recibió con una cálida sonrisa. En realidad lo hacía con todos, era una persona muy cercana y hablaba con una medio sonrisa en la cara siempre. Entablamos en un grupo conversación, incluido Luis y Julia. Julia no tenía un fuerte acento canario, pero si un ligero toque que hacia su forma de hablar lo más bonito que había escuchado nunca.

    Luis y yo nos llevábamos bastante bien, así que gran parte de la tarde-noche la pasamos hablando Luis, Julia, Lilly y yo.

    Los cuatro entramos en una buena relación. Los meses siguientes los pasamos haciendo planes, una vez al mes salíamos a cenar los cuatro, o venían ellos a mi casa o la de Lilly, o íbamos Lilly y yo a su casa a cenar. De vez en cuando Luis, que tiene un carácter algo irritable, discutía con Julia sobre, en mi opinión, cosas banales. A Julia, que es una chica de carácter bastante tranquilo, se le notaba molesta con estas subidas de tono de Luis. Pero se quedaban en nada, y pronto seguían la conversación afablemente.

    Cada vez que la veía, me gustaba más. Me encantaba su cara, su forma de vestir (una faldita y una camisa, o un vestido suelto bonito…). Yo disimulaba muy bien, era la mujer de Luis, mi compañero, y eso era una línea roja. Pero me gustaba demasiado, y aprovechaba la mínima para observarla. Incluso a cotillear las fotos de un USB que Luis me dejó inocentemente para pasarme una serie que tenía en él. Vi a Julia en bikini en una playa. Era una belleza natural. No hacía mucho ejercicio, era simplemente genético. Y tenía efectivamente un par de tetas bien colocadas.

    Cuando quedábamos en parejas, nunca hablaba directamente con ella, ni ella conmigo. La conversación la llevaba principalmente Lilly (hablaba por los codos) y Luis. Julia y yo hacíamos comentarios a las conversaciones. Un día, fuimos Luis y yo después del trabajo a tomar algo, y Julia vino con la niña. Cuando hubo que cambiarle el pañal, Luis la llevó, y por primera vez Julia y yo estábamos solos, hablando. Me dio la sensación de que quizá ella se había también fijado en mí. No sé, la mirada, la risa, la conversación…

    Luis me comentaba normalmente con total naturalidad su vida privada, sin sospechar nada de mi interés en su mujer. Me dijo que estaban intentando quedarse embarazados, lo que sucedió justo un año después de que llegaran a Londres. Mi estúpida fantasía/utopía con Julia se fue por el desagüe.

    En los 9 meses siguientes ocurrieron 3 cosas. Luis y Julia tuvieron otra niña, Lilly y yo rompimos, y Luis me contó que la relación con Julia se deterioró un poco (estrés del trabajo, hormonas, vida con niños).

    Tras mi ruptura con Lilly, y el momento no tan bueno por el que pasaban Luis y Julia, dejamos de quedar. No veía a Julia desde 2 meses antes de dar a luz.

    En la oficina, a Luis se le veía algo irritado. Necesitaba claramente un descanso. Finalmente, decidió apuntarse a un evento deportivo en España que tenía lugar a los 4 meses de haber nacido su segunda hija. Me contó que necesitaba un tiempo para respirar, ver amigos, pensar, y estaría una semana fuera. Yo le dije que cómo dejaba a Julia aquí sola sin familia con dos niñas una semana. Julia se acababa de reincorporar al trabajo y no podía ir con él. Dijo que no pasaba nada, Julia le había dado permiso y que se las apañaría sola. No querían molestar tampoco a sus padres por una semana en Londres, ya que los billetes desde Canarias estaban caros. A mí me pareció una irresponsabilidad, seguramente consecuencia del carácter exagerado de Luis tendente a sobre reaccionar, y el carácter demasiado bueno de Julia. Pero ellos sabrían, quien era yo para meterme.

    Luis se fue un viernes a España y volvería el sábado de la siguiente semana.

    El martes, Julia tuvo que pasar por nuestra oficina a recoger un USB que Luis se había dejado en la oficina, y que contenía documentos personales que necesitaba esa semana. Tenía aspecto cansado. Hablamos rápidamente. Hacía meses que no la veía, pero me produjo otra vez esa sensación de embobamiento verla. Le pregunté qué tal se las iba apañando con las niñas. Me dijo que no del todo bien. La vi de hecho muy agobiada, y altruistamente le dije que si necesitaba ayuda, me lo dijese. Era la típica cosa que decir por quedar bien, pero por su reacción, parece que de verdad necesitaba ayuda. Entre la baja de maternidad, el poco tiempo que llevaba en Londres, su exigente trabajo (ocupaba un puesto senior en el departamento legal), no había tenido tiempo de entablar amistad con nadie. Lilly y yo éramos lo más cercano a amigos que tenía. Y ahora que Lilly ya no salía conmigo, solo estaba yo. Me dio las gracias, y me dijo que me llamaría si necesitaba ayuda.

    El jueves por la tarde, después del trabajo, me escribió. Me pidió perdón por contactarme a esa hora, pero no tenía a nadie más que la ayudara, y si podía ir a su casa a ayudar. Le contesté que claro.

    Mi corazón latía con rapidez. En mi interior me intenté quitar la idea de que pasara algo. Era la mujer de Luis, una madre agobiada y que necesitaba ayuda. No puedo imaginarme lo desesperada que tenía que estar para pedirme que fuese a ayudar a su casa, la vergüenza que le debía dar. No teníamos en realidad una relación de amistad así.

    Llegué a su casa, abrió la puerta con el bebé en brazos. Noté que tenía la cara algo manchada, como de haber llorado. Estaba preciosa.

    Entré, y aquello era un desastre. Juguetes por todos lados, la cocina llena de cacharros sucios, la mesa llena de platos sucios y comida tirada (niños…), y en el piso de arriba (a la que se accedía por una escalera) seguramente había ropa por todos lados.

    -Cómo puedo ayudar -es lo único que pude decir.

    Me miró y me dijo:

    -haz lo que puedas -con esa medio sonrisa (algo triste esta vez) tan bonita.

     Le dije que se subiese a bañar a las niñas y meterlas en la cama, que yo me quedaba recogiendo abajo.

    Recogí juguetes, recogí mesa y cocina, y preparé algo ligero de cenar para Julia. Ella bajó tras 45 minutos, con el bebé. La mayor estaba ya en la cama. Cuando vio lo que había hecho, se le iluminó la cara, sonrió, y soltó una pequeña lágrima.

    -Todo bien Julia? -le pregunté. Sacudió la cabeza, no quería hablar de ello. Me dio las gracias y un beso en la mejilla.

    Yo estaba hecho un flan. No sabía qué hacer ahora. Era la típica situación de mis fantasías. Era el momento en el que empezaban a ocurrir.

    Pero una cosa es la fantasía donde todo sale exactamente cómo quieres, y otro la realidad. Esto era la realidad, Julia la mujer de Luis, madre de dos, que necesitaba ayuda y no tenía a nadie más que a mí. La ayudé, y ya está, no ocurriría nada más.

    -Bueno -dije.- Me alegro haberte ayudado, me voy yendo que es tarde y mañana trabajamos.

    Me miró y me dijo:

    -no quieres quedarte a cenar? Después de ayudarme qué menos que ofrecerte cena.

    Ese ligero acento canario me estaba matando.

    -Vale, es un trato justo, gracias -dije con una sonrisa.

    Nos sentamos en la mesa uno enfrente de otro, ella con el bebé en brazos. Julia llevaba los vaqueros de la primera vez que la vi, que tanto me gustaron, y una camisa también holgada. Como en la primera vez que la vi, me pareció que ocultaba dos buenas razones (otra vez favorecida por la reciente maternidad). Hablamos sobre temas banales al principio, y poco a poco nos embarcamos en temas algo más espinosos (Lilly, Luis…). La verdad que me gustaba hablar con ella, congeniábamos. Y me excitaba también esa ligera sensación que tuve la otra vez también, de que no le era totalmente neutral a Julia.

    Al cabo de un rato, el bebé empezó a llorar un poco. Y Julia dijo las palabras mágicas:

    -cariño, tienes hambre?

    Me miró y dijo:

    -te importa si le doy el pecho aquí? No quiero subir arriba, para no despertar a la mayor, le cuesta quedarse dormida. Además estoy demasiado cansada para subir ahora.

    Conseguí reprimir mi cara de impresión, y conseguí articular decentemente unas palabras en tono de broma:

    -no sé, soy muy impresionable, además soy todavía virgen y sería un shock para mí.

    Inmediatamente me di cuenta de la gilipollez que acababa de decir. Por suerte Julia reaccionó bien, se rio y dijo:

    -venga ya tío, seguro que has visto unas cuantas tetas ya.

    Me había seguido la broma y la había multiplicado por dos. Dije:

    -vale, está bien por mí.

    Pensé que lo que sucedería a continuación sería, Julia se desabrocharía los primeros botones de la camisa y discretamente daría el pecho al bebé. Con suerte conseguiría arrancar una mirada furtiva de su teta. Lo que en realidad ocurrió me dejó de piedra.

    Julia se levantó, se dio la vuelta y caminó hacia una cuna que había pegada a la pared. Dejó al bebé en la cuna, mientras le hablaba cariñosamente sobre cómo iba a comer. Desde mi posición veía a Julia de espaldas (buen culo) y ligeramente su perfil derecho. Vi cómo sus manos se movían delante de ella, desabrochándose la camisa. Entonces, una vez desabrochada totalmente, se la quitó y la dejó en una mesilla de al lado. Mi corazón dio un vuelco. Ella seguía hablando al bebé. Yo veía su espalda desnuda, y ligeramente la silueta de la copa del sujetador de su teta derecha. Entonces se echó las manos a la espalda buscando el enganche del sujetador, lo desabrochó. Posteriormente deslizó sus manos sobre los hombros, y se quitó el sujetador, dejándolo también en la mesilla. Ahora podía ver la silueta de su teta derecha, aunque no llegaba a ver el pezón. Lo que los anglosajones llaman sideboob. Se inclinó para coger al bebé, y vi cómo la silueta de su teta colgaba. Mis piernas temblaban, no me creía este momento.

    Finalmente, la guinda del pastel. Cogió al bebé y se giró para venir a sentarse en la silla. Ahí estaba, caminando mirando cariñosamente al bebé y hablándole, en vaqueros y topless frontal. Mi cara debía ser un poema, mi mandíbula estaba en el suelo y mis ojos como platos. Tenía unas tetas preciosas, voluminosas (la lactancia…) redondas con unas aureolas y pezones de color marrón muy bien colocados y bonitos. Luis me había dicho que esta vez Julia se había tomado el ejercicio en serio, y un mes después del parto empezó a hacer ejercicio con regularidad. Eso y una genética privilegiada dieron resultados. Tripa plana que daba aún más relevancia a sus bonitas tetas, y no tenía ni una estría.

    Se sentó y empezó a dar de mamar a la niña. Se dio cuenta de mi reacción porque me miró ligeramente y dijo:

    -va a ser verdad que eres virgen y no habías visto unas tetas nunca antes. Desperté de mi estado de shock y solo reaccioné a decir algo inconexo. Julia se rio y dijo:- tranquilo, ya sé que impresionan, se me han puesto muy grandes con el embarazo.

    Con que naturalidad hablaba de sus tetas… En realidad no eran tan grandes, pero su cuerpo pequeño hacía que lo parecieran. Eran muy bonitas, y eso es lo único que reaccione a decir:

    -no, no, no es eso, es que son muy bonitas.

    Otra vez había dicho una gilipollez. Esta vez Julia reaccionó tímidamente, con una ligera sonrisa mirando al suelo:

    -Gracias, siempre gusta que te digan bonitos cumplidos.

    Traté de desviar el tema hacia otro lado. Mi polla estaba dando brincos y mi corazón latía a 100. Me puse a hablarle del trabajo y proyectos (vete a saber por qué) mientras ella me miraba con esa media sonrisa. Después de 10 minutos, dije:

    -Bueno, voy a recoger la mesa.

    Me llevé mi plato al fregadero y fui a por lo de Julia. Me acerqué a su lado, de pie, pero al estar tan cerca, no pude quitar mi mirada de ella, allí desnuda de cintura para arriba. Ella giró su cara, sentada, me miró, sonrió, y con la mano que tenía libre me cogió mis dedos y empezó a jugar cariñosamente con ellos. Yo estaba ahí parado como hipnotizado. Finalmente reaccioné, me senté en la silla de al lado y le puse la mano en el hombro desnudo mientras miraba cómo daba el pecho a su hija. Ella seguía mirándome a los ojos. Le miré a sus ojos, y tras unos segundos, decidí acercar mi cara a la suya. Por fin me la jugaba, me daba igual ya todo, Julia me volvía loco y mi cuerpo iba en autopiloto. Ella no se apartó. Mis labios tocaron los suyos. Empezamos a besarnos, al principio suavemente, saboreando el momento. Tenía unos labios suaves. Empezamos a acelerar, nuestras lenguas se tocaron y los besos alcanzaron un ritmo adolescente. Tras un rato besándonos, de repente la niña empezó a llorar, y Julia se echó hacia atrás. Yo salí de mi éxtasis, y me di cuenta de lo que estaba pasando. Julia se levantó, con cara algo confundida, y dijo:

    -perdona, tengo que subir a acostar a la niña.

    Yo me quedé ahí sentado perplejo, mirando al suelo. Ni siquiera le miré el culo y tetas mientras se dirigía a la escalera. Como dije antes, la realidad es diferente a la fantasía. En la realidad, estaba nervioso, me entró miedo. Esto era un error. Un minuto después reaccioné, y pensé que lo mejor era irme.

    Subí las escaleras para decirle a Julia que me iba. Desde las escaleras dije en voz medio baja que me iba. Su voz salió de la habitación que sus dos hijas compartían:

    -espera! Ven un momento.

    Terminé de subir las escaleras. La puerta del cuarto de las niñas se abrió, y salió Julia, cerrándola detrás. No solo seguía desnuda de cintura para arriba, sino que además se había quitado el pantalón y solo llevaba puesto un culotte rosa de encaje precioso, que dejaba ver sus bonitas y tersas piernas. Se quedó ahí de pie mirándome, y yo también. Los segundos que pasaron, los dos mirándonos, parecieron eternos. De repente se abalanzó sobre mi, rodeando mi cuello con sus brazos (como pudo, le sacaba una cabeza) y me plantó un morreo en la boca. Inmediatamente la cogí del culo, y ella subió sus piernas rodeándome la cintura.

    La lleve así a su habitación, y la puse en la cama. Me quité la camisa, quería sentir esas tetas desnudas en mi pecho. Me tumbé encima de ella y continuamos besándonos como locos. Entonces Julia bajó sus manos y empezó a desabrocharme el cinturón y pantalón. Estaba desbocada, no conocía a esta Julia.

    Me bajó el pantalón y tardó medio segundo en meter la mano en mi bóxer, y rodear mi polla (que ya estaba bien dura) con su mano. Mientras nos besábamos, empezó a pajearme a un ritmo intermitente. Yo le manoseaba las tetas. Eran suaves, llenas, voluminosas, me volvían loco, de las mejores tetas que había tocado, si no las mejores. Bajé una mano y empecé a tirar del culotte hacia abajo, me incorporé y terminé de quitárselo.

    Aquí tenía por fin a la dulce Julia, buena esposa y madre, tumbada delante de mí totalmente desnuda. Tenía el coño completamente depilado, ni una tira de pelo siquiera. Me fui hacia abajo. Ella lo entendió y abrió sus piernas. Empecé a chuparle el clítoris, poco a poco. Estaba mojadísimas. Chupé y lamí, mientras jugaba con mis dedos en su coño y acariciaba sus piernas, tripa, y extendía mi otra mano para jugar con sus pezones. Usé mis mejores técnicas, y disfrutaba al oír cómo sus gemidos se iban haciendo más fuertes. Tras solo cinco minutos, tuvo un orgasmo brutal, apretó con sus piernas y casi se puso a llorar de placer.

    Una vez terminado, me puse de pie al borde de la cama, Julia se sentó delante de mí y me cogió la polla. Se quedó un momento así, mirando mi polla fijamente. Podía imaginar lo que estaba pasando por su cabeza. Julia y Luis se habían conocido hacia 10 años. Y pondría la mano en el fuego, que esta era la primera vez que le era infiel.

    Entonces abrió su boca e introdujo lentamente mi polla dentro. A la mitad, cerró sus labios. Empezó a chupar, metiéndosela y sacándosela, pero sin llegar lejos. La verdad, había recibido mejores mamadas. Estaba claro que a Luis no le chupaban la polla con asiduidad. Pero esto me excitaba aún más. Julia me estaba chupando la polla lo mejor que sabía, y ver esa preciosa cara, esos ojos negros que me miraban de vez en cuando mientras se metía y sacaba mi polla de su boca… estaba en Valhala.

    Quería follarmela, quería sentir mi polla dentro de ella, no podía esperar más. Interrumpí su mamada y la empujé a la cama. Me puse encima de ella, abrió sus piernas, y coloqué mi polla a la entrada de su coño. Julia respiraba rápidamente, y me miraba a los ojos. Empecé a meterla poco a poco, y vi cómo su cara iba cambiando hasta que cerró los ojos de placer.

    Seguí metiéndola y sacándola, cada vez con más ritmo. Tenía el coño mojadisimo. Estaba en la gloria, me estaba follando a mi fantasía. Julia estaba gozando también, gemía cada vez más con cada estocada que la metía, mientras abría y cerraba los ojos, y me rodeaba con sus brazos. Me gustaba sentir sus tetas en mi pecho. Levanté mi cuerpo con los brazos para poder ver cómo sus tetas bailaban con la acción. Mientras me la follaba, sus preciosas tetas se movían acompañando, y la cara de disfrute de Julia era algo para recordar.

    Después de un rato, quise probar otra posición. Le dije que se pusiese a cuatro patas, y obedeció al instante. Me puse detrás, desde donde tenía la mejor visión de su culo, que cada vez me gustaba más. Esta posición es la que más me gustaba por tres motivos.

    Primero, por lo psicológico. Tenía a Julia, hasta hacía 15 minutos la fiel y dulce mujer de Luis, en una posición de sumisión esperando impacientemente a que se la metiese, lo que hice sin esperar más.

    Segundo, porque según me la follaba, mi pelvis chocaba contra su culo, lo que provocaba una sensación estupenda, y un sonido hueco al golpear digno de película porno. Seguí metiéndola a buen ritmo, Julia volvía a gemir placenteramente con cada arremetida, y golpeaba con mi pelvis con ganas contra su culo con cada metida. Me encantaba.

    El tercer motivo. En esta posición, sus tetas volaban descontroladas. Inclinándome un poco, podía alcanzarlas con mis manos, sujetarlas y estrujarlas. Noté que se me mojaban las manos. Era leche materna que salía de sus tetas… un efecto de follarte a una mujer en plena época de lactancia. Normalmente me hubiese disgustado, pero en ese momento me puso cachondísimo.

    Julia gemía descontrolada, un milagro que sus niñas no se despertasen. Entre gemido y gemido alcancé a entender que dijo que la notaba muy adentro. No sé si era un cumplido, o una queja, pero me dio igual, nada podía pararme ahora del placer de follarmela así.

    Bueno, en realidad si había una cosa. Estaba cerca de correrme, y quería ver otra vez su preciosa cara mientras follabamos.

    La di la vuelta, se tumbó y me puse sobre ella. Volví a metérsela. Julia tenía una cara de éxtasis, cada estocada era como un orgasmo para ella. No tenía duda de que era la mejor follada que le habían dado nunca (o eso me gustaba pensar). Me iba a correr pronto.

    -Me voy a correr -dije.

    Entre un suspiro y otro, y mirándome a los ojos, Julia dijo:

    -córrete dentro cariño.

    Volvería a jugarme todo lo que tenía, a que la única persona que se había corrido dentro de Julia en toda su vida, era Luis. Y aquí la tenía, pidiéndome a mí, que me corriese dentro de ella, y llamándome cariño. Qué más podía pedir, estaba viviendo un sueño.

    En un momento de media lucidez, y mientras seguía metiendo y sacando, dije:

    -estas segura?

    -Sí, no me puedo quedar embarazada durante la lactancia, córrete dentro por favor cariño.

    Otra vez, y con ese ligero toque canario en su voz. No hacía falta que lo repitiese más. Aceleré el ritmo.

    Éramos dos cuerpos sudorosos uno contra el otro, moviéndonos acompasadamente, sus tetas balanceándose pegadas contra mí, los dos suspirando, gimiendo, besándonos, sus uñas clavadas en mi espalda. Subió sus piernas rodeando mi cadera. Hacía fuerza con ellas, como para que no se escapase ni una gota de lo que le iba a enviar.

    Noté como mis huevos se calentaban, y un hormigueo, para sentir inmediatamente una contracción en la base de mi polla. En el siguiente movimiento al meterla, la contracción en la base se trasladó a la punta de la polla y sentí como disparaba potentemente, dentro de Julia. Toda la excitación de la noche se transformó en cinco sucesivos potentes chorros de semen en las siguientes cinco metidas. Había descargado todo lo que tenía, dentro de Julia. Ahogamos nuestra pasión en un suspiro juntos.

    La miré a los ojos, la besé, y me eché a su lado boca arriba. Julia se giró, colocó su cabeza sobre mi hombro, pasó su brazo por encima al otro hombro, cruzó su pierna sobre las mías, sus tetas apoyadas en mi costado, y se quedó dormida. No era mi intención quedarme a dormir, pero también caí derrotado.

    Me fui pronto por la mañana. Durante el día la escribí para ver cómo estaba. Respondió de forma muy corta, que todo bien, gracias. El sábado volvió Luis, por lo que no me atreví a seguir escribiéndola.

    Las semanas siguientes no recibí ningún mensaje de ella. Preguntaba a Luis qué tal las cosas en casa. Parece que todo iba mejor, Julia estaba más cariñosa que nunca con él, y Luis se enorgullecía de que era gracias a su semana de descanso y reflexión. Si él supiese…

    Entendí que para Julia solo fui una válvula de escape, que necesitaba en ese momento. Pero me jodía bastante oír esto. La verdad… me había pillado por la dulce Julia, mujer de otro, madre de dos niñas.

    Pasaron tres meses en los que no tuve ningún contacto con ella. El siguiente viernes se celebraba un evento anual de la empresa, donde estaban invitados empleados y acompañante. Luis confirmó su asistencia… con Julia.

    El evento era por la tarde, un cóctel con bebidas. Yo estuve nervioso toda la semana, no tenía un sentimiento así desde hacía muchos años. No sabía cuál sería la reacción de Julia al verme. No sabía si me odiaba, o no quería verme, o si no quería saber nada de mí. Entendía que fui cosa de una noche, y no esperaba nada más, pero ni un simple mensaje en tres meses… eso me dolió.

    Luis y Julia llegarían algo más tarde, ya que tenían que esperar a que llegase la niñera. Estaba conversando en un grupo cuando les vi entrar. Julia estaba radiante. Llevaba un vestido que quedaba justo por encima de las rodillas, ajustándose ligeramente en la cadera. Quería volver a verla desnuda, sentir sus tetas contra mí, besar sus labios, correrme dentro otra vez, correrme en su boca, su cara, sus tetas, su culo. Mi mente echaba fuego.

    Se acercaron a nosotros para saludar. Mi corazón latía rápidamente. Julia fue dando dos besos uno por uno, sonriendo. Cuando llegó mi turno, hizo lo mismo, y pasó al siguiente. No me hizo ningún caso especial. Tras unos minutos, no aguanté más y me fui a hablar con otra gente.

    La cabra tira al monte, y primero fui a hablar con Cindy, la explosiva asistente del director financiero en Londres. Tras un rato, me aburrí, y pasé a hablar con Miriam, la chica guapa de contabilidad. Además desde aquí podía observar de reojo a Julia, que estaba detrás de Miriam, de perfil con el grupo.

    Mientras hablaba con Miriam, me percaté de que Julia me echaba miradas furtivas. Quizá no pasaba tanto de mi como quería hacerme ver, y tenía algo de celos al verme hablar con otras. A la cuarta que me percaté, giré la cabeza y me encontré con su mirada. No la retiró, y me dedicó una bonita sonrisa. Miriam seguía hablando, pero yo solo tenía atención para Julia. Interrumpí a Miriam diciéndole que necesitaba pedir una bebida. Miré a Julia y me entendió. 5 segundos después de llegar a la barra, Julia apareció a mi lado. Pedimos una bebida, y empezamos a hablar mientras esperábamos. Que tal iban las cosas, cómo iba el trabajo, planes que tenían de vacaciones, ese tipo de cosas.

    Como Luis había dicho, parece que todo iba muy bien con ella y su familia. Luego me preguntó cómo me iba a mí, y si ya había conocido a alguien después de cortar con Lilly. No mencionó en ningún momento nuestro secreto. Le dije que salía y conocía chicas, pero no encontraba nada que pudiese durar tiempo. Lo que me contestó con una preciosa sonrisa me dejó con las manos temblorosas: no te creo, un tío como tú tendría a la chica que quisiera. Si además les contase lo que sabes hacer, se pondrían todas en fila india para conocerte.

    Ni me odiaba ni me había olvidado… Un sentimiento de alegría me inundó por dentro. Sin pensar, dije mirándola a los ojos:

    -solo hay una chica a la que quiero, y ella a mí no, así que no es verdad que podría tener a la que quisiera.

    El camarero nos puso en ese momento las bebidas, estropeando el momento.

    Julia bajó su mirada al suelo. Un momento después volvió a levantar la cabeza, y mirándome con los ojos llorosos, con una medio sonrisa, dijo con su precioso acento:

    -adiós, cariño.

    Lo nuestro era imposible, pero al menos me ayudó a calmar ligeramente mi sufrimiento interior saber, que ella sentía al menos algo parecido por mí, como lo que yo sentía por ella.

    Cogió la bebida y se alejó de vuelta a su grupo. Me quedé mirándola según caminaba, observando el movimiento de su vestido acompañando el balanceo de sus caderas. Cada vez me gustaba más su culo.

  • La fantasía que se hizo realidad

    La fantasía que se hizo realidad

    Siempre me han llamado la atención las mujeres que son mayores a mí; por razón lógica, terminé casándome con una, cinco años mayor que yo. Hemos logrado una estabilidad marital a pesar de la diferencia de edades; llevamos aproximadamente dieciocho años de matrimonio y dentro de todos esos años, nuestra vida en la intimidad ha ido evolucionando siempre de buena manera; yo soy un hombre que le encanta hablar de sexo y siempre estoy buscando realizar cosas distintas para no caer en la monotonía; mi esposa es una mujer de mente abierta, así que en ese aspecto me facilita las cosas para atrevernos a hacer algo atrevido.

    El otro día, ella y yo habíamos asistido a un evento musical a un teatro reconocido de la ciudad, nos tomamos algunas cervezas para entrar en ambiente, bailamos y nos divertimos demasiado; al salir del evento, nos dirigimos a casa y en el camino comencé a platicarle una fantasía que venía atolondrando mi cabeza, la fantasía consistía en que yo quería verla teniendo sexo con otro hombre, era algo excitante para mi el pensarlo e imaginarlo diariamente; y esa fantasía se hizo presente en mí aquella noche, porque cuando bailábamos dentro del concierto, noté que algunos caballeros se le quedaban viendo a su forma de bailar, a sus piernas y sus bien torneadas nalgas; mi esposa siempre usa minifaldas o vestidos que horman perfectamente en su cuerpo y es inevitable no voltear a verla.

    Llegamos a casa, tome la botella de vino que teníamos guardada y comenzamos a platicar del tema, pero sentados en nuestro sillón, ella me decía que estaba algo loco, que de donde sacaba esas ideas, yo solamente demostré interés y seguridad de querer hacerlo con ella; la pregunta obvia era, ¿con quién íbamos a hacerlo, o quien sería el candidato?, ella tenía que elegir a la persona que le diera confianza y gusto por querer tener sexo; pasaron algunos días y en mi trabajo se acercaba la cena de ejecutivos que nos organiza una compañía contratista en agradecimiento a nuestra lealtad con la marca; esa noche mi esposa se fue vestida de manera despampanante, el vestido entallado al cuerpo, con un escote que casi dejaba al descubierto la zona donde comienzan sus hermosas nalgas, los pechos se podían percibir si la miraba de costado o por la parte trasera, esa noche no utilizó ropa interior, lucia hermosa, sus curvas pronunciadas, su rostro maquillado de manera tenue sin caer en el exceso de maquillaje, un peinado elegante haciéndola ver como una mujer que va decidida a todo; su rostro angelical con tintes de maldad, eso me mató y me dejó aún más en claro querer cumplir mi fantasía.

    Llegamos al salón para disfrutar de la cena, saludamos a algunos miembros de dirección y finanzas; al seguir caminando rumbo a la mesa que nos habían otorgado, un caballero se acercó y me tomó del brazo, me habló al oído y me dijo en voz baja lo hermosa que se veía mi esposa, claro, acentuando el respeto que me otorgaba para no verse mal, le di las gracias y seguimos caminando; pasaron las horas y vi que aquel caballero no le quitaba la vista de encima a mi esposa, se encontraba junto a otra persona que también veía con ojos de deseo a mí mujer, de repente, aquel caballero se levantó de su asiento y me pidió el permiso de salir a bailar con mi esposa; mi mujer no rechazó la invitación y salieron a la pista de baile, estuvieron bailando algunas canciones, se veía que aquel hombre quería proponerle algo pero no se animaba o tomaba el atrevimiento, cambiaron el ritmo musical y decidieron tomar asiento, al ver que las personas de nuestra mesa se habían retirado, le hice la propuesta de sentarse con nosotros si es que no tenía inconveniente, él aceptó y llamó a su otro compañero para que se dirigiera a nuestra mesa y así continuáramos pasándola bien.

    Platicamos por varios minutos, los tres caballeros salíamos a la pista para bailar con mi esposa hasta que ella le propuso a uno de ellos ir a un lugar mas privado para poder platicar mucho mejor, nuestros amigos no se resistieron a nuestra invitación y salimos del salón con rumbo a nuestra casa; entramos, saqué de mi alacena una botella de vino para continuar con el brindis y la charla, comenzamos a platicar de nuestros trabajos, de nuestras actividades diarias y fue ahí cuando decidí ir hacia mi centro de entretenimiento a poner algo de música para hacer más amena la velada, comenzamos a bailar todos al mismo tiempo, mi esposa en medio de nosotros, uno de ellos bromeaba como si se tratara de un show de strippers y eso comenzó a prender a mi esposa.

    No imaginaba que ella rápidamente se fuera a acoplar a esa onda de seguirnos el baile erótico, comenzó bailando con uno de nosotros tres, se le pegaba al cuerpo, dejaba que con sus manos la fueran recorriendo poco a poco y así fue pasando con cada uno; al llegar conmigo, me abrazó y me dijo al oído si estaba seguro de hacer realidad mi fantasía y que opinaba si en lugar de que fuera un hombre fuéramos los tres; me dieron nervios, mi piel se puso chinita, mi corazón comenzó a latir rápidamente, una onda sanguínea comenzaba a recorrer mi cuerpo y sentía como si se acumulara en mi cabeza, era excitación lo que estaba experimentando; acepté lo que ella me decía y fue entonces cuando a uno de ellos lo tomó de la mano.

    Comenzaron a bailar en el centro de nosotros, colocó su mano en sus voluptuosa cadera y le preguntó que era lo que le despertaba al sentirla, el rápidamente se acercó a ella y comenzó a frotarle su pene en sus nalgas, diciéndole que era eso lo que le despertaba, siguieron bailando, él siguió recorriendo el cuerpo de mi mujer, y así, nos fue preguntando que era lo que nos despertaba tener una mujer como ella entre nosotros, yo tomé mi celular y comencé a grabar aquella escena, cada uno de ellos le fue desprendiendo de su ropa hasta dejarla desnuda completamente; comenzó a masturbar a uno de ellos mientras el otro la acariciaba, le besaba el cuello, sus espalda y bajaba hasta sus nalgas con besos y caricias, así estuvieron varios minutos, yo tenía mi pene bien duro, me la quería jalar pero me contuve por seguir grabando el sexo de mi esposa, sin pensarlo, uno de ellos la tomó por sorpresa y la acercó hacia su pene para que le hiciera sexo oral, lo comenzó a hacer, pero por otra parte, el otro caballero también le comenzó a probar su rica vagina bien mojada, con su dedo le frotaba el clítoris y en ocasiones con la lengua; mi esposa estaba comenzando a sudar de lo excitada que estaba, sus gemidos eran excitantes, me miraba a lo lejos como me agarraba mi paquete por encima del pantalón mientras grababa y me preguntaba si era así como quería hacerlo.

    Yo me calenté aún más con aquella pregunta y me dijo que esperaba para unirme a la fiesta; dejé de grabar el acto, comencé a desvestirme y me uní a ellos, comencé a besar sus ricos pezones, agarraba sus pechos como a ella tanto le gustan, rodeando su aureola, dándole ligeras mordidas a sus pezones y después con mi lengua acariciarlos, los cuatro estábamos extremadamente calientes; uno de nuestros amigos me hizo la invitación de penetrarla, no lo pensé dos veces y lo hice, en ese momento mi esposa lanzó un gemido de placer, comenzó a pedir más de aquella dotación que le estaba dando, gemía suavemente y a la vez lanzaba un gemido más largo, pedía que no dejaran de frotarle su clítoris y sus pezones mientras ella seguía con el oral.

    Nuestro amigo al que le estaban haciendo el sexo oral nos dijo que ya no iba a aguantar mucho tiempo así, porque mi esposa lo estaba haciendo llegar, no me había dado cuenta que mientras le chupaba el pene también le frotaba con uno de sus dedos el ano, por tal motivo estaba muy excitado y cerca de venirse, se veía claramente que lo estaba disfrutando, en su piel se notaba el placer, se le ponía chinita y dejaba oír algún gemido de placer hasta que ya no pudo más y eyaculó en los pechos de mi esposa; nuestro otro amigo, que aún seguía frotando su clítoris, me pidió la oportunidad de penetrarla, pero en una posición diferente, acepté y me hice a un lado, la puso boca arriba y levantó sus piernas, se las colocó en su pecho y así comenzó a darle unas ricas embestidas.

    Mi esposa gemía cada vez más, me pidió me acercara para que ahora me la chupara a mí, me acerque poniendo mi pene arriba de su boca, comenzó a chuparme mi miembro y también comenzó a frotarme el ano, lubricaba sus dedos con el líquido que salía de mi pene y me frotaba, nunca había sentido esa sensación, era algo increíble, se sentía como un escalofrío pero a la vez dejaba placer, mi pene se puso mas duro todavía por aquella sensación, un cosquilleo en mis entrañas comencé a sentir justo cuando eyaculaba por esa experiencia; solamente faltaba la otra persona de venirse, mi esposa había acabado con nosotros dos; se colocó en la posición de perrito y así le pidió a él la penetrara, comenzó a hacerlo, ella hacia un movimiento de cadera muy rico y ella misma se frotaba el clítoris, lo hicieron varios minutos así, ella le decía que la penetrara más duro, quería sentir su pene llegar hasta adentro, se seguía masturbando ella misma al compás de las embestidas, hasta que ella comenzó a decir que estaba a punto de llegar y nuestro amigo se apuró a darle con más fuerza, cuando de repente, mi esposa tuvo su orgasmo y a nuestro amigo le apretó su pene con su vagina, ambos terminaron al mismo tiempo, la leche de nuestro amigo quedó escurriendo en la vagina de mi esposa; ella me pidió que le pasara mi pene por su vagina para que se impregnara de leche y después se la diera a probar, me la quitó con su lengua muy sensualmente y culminamos el acto sexual con un rico beso entre nosotros.

    En ese momento todos caímos rendidos en el sofá, nuestros amigos se vistieron, decidieron despedirse y dejarnos solos, nosotros todavía quedamos desnudos en nuestro sillón, después nos fuimos a la regadera a darnos un rico baño y descansamos. Al otro día mi esposa se levantó sonriente, me preparó el desayuno, nuestras miradas tenían cierto tinte de picardía y no faltó la pregunta para medir nuestra experiencia, ¿nos había encantado hacerlo?, claro, es algo que nunca pensamos que se daría así.

  • Nuestra amiga argentina estudiando con su nueva amiga Paula

    Nuestra amiga argentina estudiando con su nueva amiga Paula

    Esto no sabía si contarlo o no, porque no fue algo tan fuerte, como otras cosas que he vivido.

    Hoy, como tantas tardes, me junté con mi compañera de la facultad, Pau (la que es lesbiana), obvio algunas veces más hemos estado juntas, hasta me he quedado a dormir en su casa (después de estudiar) y dormimos juntitas desnudas en la cama, como dos lesbianitas y me gusto eso.

    Resulta que hoy, ya habíamos terminado de estudiar, estábamos en la cocina, preparando un café yo sentada en la mesada y de la nada, se me acerca, me agarra de la cintura y me da un beso (la verdad que me quede helada, porque pensé que ya me iba y que hoy no iba a pasar nada, porque Paula sabía que ya me tenía que ir).

    Sentir su lengua dentro de mi boca es más fuerte que yo, esa lengua suave dulce que tiene, con la que jugamos dentro de nuestras bocas hasta calentarnos, y así empezamos, ese primer beso fue extenso largo, sin pausa, mientras ella, ya me estaba acariciando la espalda, por debajo de mi blusa (en el departamento de ella hace siempre calor, así que estaba con una blusa y el jean, nada mas).

    Sentir su mano acariciando mi espalda, y la otra mi panza, me empezó a calentar mucho, pero mucho, me desabrocha el corpiño, le dejo, y siguió desabrochándome la blusa y dejando mis tetas al aire y yo sentada en la mesada.

    Se tira encima de mis tetas y me las empieza a chupar, y yo le agarraba la cabeza para que me las coma, me las besa muy dulce, mientras me acaricia todo lo que puede.

    No sé porque, casi inconscientemente, me tiro para atrás, apoyando mi espalda en la pared de la cocina y sin decirle nada, que ella supiera lo que yo quería, cosa que se dio cuenta enseguida, me desabrocha el jean y me lo saca, junto con la bombacha, yo ya estaba toda mojada, y ansiosa de que con esa boca me pegue una linda chupada.

    Apoyada, sobre la pared pongo mis pies sobre la mesada, y Paula, me abre bien las piernas, y muy de a poco me empieza a besar las piernas, las entrepiernas hasta que llega a mi conchita, que se mata besándola, y me metía y sacaba la lengua, jugaba con su lengua en mi conchita y eso me hace estallar de calentura, otra vez le agarraba la cabeza para tenerla dentro de mi concha.

    Acompaña ese juego de lengua con sus dedos, mientras yo sola (que ya estaba desnuda) me acariciaba las tetas, y así siguió hasta que me robo mi primer orgasmo, pero la guacha, no se detuvo siguió sin darme respiro, y me metía los dedos, me acariciaba las pierna y ahí si estalle agarrada de donde podía en mi ¡segundo orgasmo!

    De ahí fuimos derecho a su cama ya las dos desnudas, nos matamos en un terrible 69, yo arriba de ella, yo solo se la chupaba, se la comía y escuchaba sus gemidos, lo que me demostraba que le gustaba lo que le hacía, y ella aparte de chupármela, como yo estaba arriba, aprovechaba y me metía un dedo en la cola, yo le dejaba, con mis jugos el dedo entraba ¡muy fácil!, y seguimos hasta que acabamos ¡las dos juntas!

    Nos quedamos un ratito desnudas en la cama y me volví.

    No fue nada del otro mundo, pero se me dio por contarlo.

  • Fantasía (3): Una masturbación personal

    Fantasía (3): Una masturbación personal

    Su coño, que seguro está más mojado que el mío, se traga esa vara de carne, yo me estoy follando la pepa con el dedo, penetrando mi excesiva humedad dentro de mi tanga húmeda trasparente con lo único que tengo en estos momentos para masturbarme;

    Quiero a alguien que me quite la virginidad y me meta una polla grande y dura. Imagino qué siente chupar esa polla de tus sueños con fuerza…

    Siento el cosquilleo en mi clítoris, como se hace cada vez más intenso y me muerdo los labios para tragarme el gemido que escapa de mi garganta mientras me froto mi vagina hago un lado la tela de mi tanga…

    Llevo los dedos y me toco suavemente, siento chispazos eléctricos cada vez me la rozó.

    «Ahí papi si supieras lo que muero por una polla, tu que me lees sabrás estoy sólita y quiero que te masturbes conmigo y que la punta de tu pene salgan chorros de leche».

  • La segunda lección

    La segunda lección

    Este relato continúa a «El Castillo».

    Tuve que llamar casi de inmediato a Gaspar para indicarle que no podría salir con él esa tarde y le declaré lo que realmente ocurría. El asunto es que, al entrar en casa, estaba esperando Néstor. Estaba conversando con el Tío Paco. Le había dicho al Tío Paco que tenía que conversar conmigo porque quería unas orientaciones sobre la ciudad, la universidad y otros asuntos y que esperaba encontrarme, ya que me había avisado el día anterior. El Tío Paco, con gran intuición, le dijo que esperara que no tardaría porque, como a mí no me gustaba ir por mucho tiempo con la misma ropa, tendría que venir a cambiarme. El Tío Paco en poco tiempo había captado casi todo de mí. Era extraño ver cómo un hombre que casi no habla, que no opina, que no se inquieta, que solo trabaja, pronto cala a las personas y sabe de qué pie cojean. Con Néstor tuvo una interesante charla porque, tras preguntarle de qué familia era, como el Tío Paco se conocía a todas las familias del pueblo, enseguida adivinó que Néstor estaría necesitado de verdaderos amigos y un poco de afecto, ya que en su casa el afecto y el cariño no era lo que más relucía. Se había dado tanto el Tío Paco a sus hijos, a mi padre y a sus nietos, que le dolía cuando a los demás niños, adolescentes o jóvenes no los atendían adecuadamente. Así que, al entrar yo en casa, ya le había dedicado a Néstor algo más de una hora, le había dado confianza y lo había invitado a cenar. Aunque Néstor le dijo que no sabía si se podría quedar porque tenía que hablar conmigo y en su casa que si esto y lo otro y bla, bla, bla,…, el Tío Paco le dijo que es libre de lo que quiera, pero no hace falta avisar, cenaría si quería con nosotros.

    Cuando entré, me fui a saludar al Tío Paco y le di un beso y un abrazo. Cuando saludé con un abrazo a Néstor, éste me besó sin ningún pudor ni temor; yo, pues, le di dos besos bien sonoros. Al volverme, el Tío Paco ya había desaparecido. Nos sentamos a charlar y entró la señora Paulina con una bandeja. Me levanté a tomarle la bandeja y le sonreí.

    —”Gracias, Paulina, es usted un ángel”, le dije con mi ancha sonrisa.

    —”¿Ángel, yo?, no se equivoque usted señorito, cada una sabe cómo es y por dónde le caen; usted que es tan atento como su tío”, dijo Paulina muy nerviosa.

    —”Señora Paulina, por lo que más quiera, no me llame señorito, dígame solo mi nombre, Jess, y no me hable con tanto bombo y platillo, a mí me habla usted de tú, soy más joven que usted; si no quiere que me enfade, hágalo así, por favor”, y dejé la bandeja en la mesa.

    —”¡Ay, señorito, qué…”, y se vio interrumpida por mí, poniéndole mi dedo índice perpendicularmente ante sus gruesos labios.

    Luego le dije:

    —”¿Qué le he dicho? primero, señorito, no; segundo, de tú, de tú, de tú, tutee, a mí sin el usted, eso lo guarda para el Tío Paco y si quiere para mi padre, ¿entendido?”, y me quedé mirándole a los ojos muy cerca de su cara.

    —”Entendido, tenga.., ten paciencia, hijo mío, ten paciencia conmigo, que lo aprenderé poco a poco…”

    La besé con dos besos bien sonoros en cada mejilla y le dije:

    —”Gracias, muchas gracias, así ha de hablarme, de tú y como si fuera su hijo, ¿eh, mamá Paulina? Gracias por llamarme hijo, gracias, mamá Paulina, eres un sol”.

    Levantó el extremo del delantal de un blanco reluciente que tenía ceñido y se fue llorando de la emoción, pero yo no imaginaba que lo dicho era para tanto. Cuando me senté para merendar con Néstor le dije que parecía una mujer muy emotiva, porque se había puesto a llorar y no era para tanto.

    —”Es para eso y mucho más, Jess, mucho más”, dijo muy en serio Néstor.

    —”¿Por qué? Explica por favor”, le dije con curiosidad e interés.

    Néstor sacó el pecho de su inclinación a causa del sillón, se sentó con la espalda recta bien apoyada en el respaldo, tragó el bocado que se había metido a la boca, bebió agua y comenzó:

    —”Paulina es viuda. Hace casi dos años que enviudó y se quedó sin sus hijos. Su esposo y sus dos hijos, el menor, Anselmo, era amigo mío, muy amigo; vamos, mi mejor amigo. Pues te digo, que su esposo y sus dos hijos sufrieron un accidente de coche y murieron en el acto. No chocaron con nadie, no hubo rastro de alcohol en ninguno de ellos, pero el coche se salió de la carretera, dio varias vueltas y murieron. Se quedó la mujer sola. Ella no es de aquí, es muy buena, quería mucho a sus hijos. Cuando me ha visto entrar aquí, ha llorado porque le recuerdo a su hijo, los dos hacíamos los deberes juntos. Y ahora tú le dices eso, la mujer se ha puesto blandita y se ha emocionado. Debe ser duro perder toda la familia de un solo golpe. Ella ya trabajaba aquí unas horas al día, pero al quedarse sola y sin ayudas, tu Tío Paco la empleó y está casi todo el día aquí”.

    —”Es duro, pero no sabía nada; ahora la voy a tratar mejor los pocos días que me quedan”, dije conmovido por el relato de Néstor.

    —”¿Ya te vas?”, preguntó con tristeza Néstor.

    —”Pero prometo regresar; tengo que irme para ponerme al día y luego ya pronto vienen los exámenes. Concluidos los exámenes, pienso venir algunos días por aquí. No te librarás tan fácilmente de mí…”, dije socarronamente.

    Acabamos la merienda y metimos la bandeja en la cocina, le dimos cada uno un beso a Paulina, un “hasta luego” y nos salimos a la calle. Paseamos por todos los rincones que yo aún no conocía e íbamos charlando. En un momento dado le pregunté si había pensado algo al respecto de lo del otro día. Me dijo que le gustó, pero no sabía mucho más. Le hablé tranquilamente de mi opinión:

    —”Te ha de gustar tener sexo, porque lo llevamos en nosotros; además, se ha situado justo entre las piernas para que se note. Nos enteramos del sexo al mear, para rascarnos cuando crecen los pelos, para eso tenemos las manos a su altura. Los jugadores de fútbol se ponen las manos delante de los huevos cuando se dispara a falta, para protegerse. No se protegen la cabeza sino los huevos, porque ahí están las manos. Justo a la altura del pene tenemos las palmas de la mano, para cuidar, proteger, orinar, masturbar, rascar. Los que tienen los brazos muy largos no saben donde colocar las manos. Nosotros siempre sabemos que están para los menesteres de nuestro sexo, igual que para los menesteres de la boca y la cabeza están los codos que articulan los brazos para hacer esas necesidades. Los brazos no necesitarían doblarse cuando nos masturbamos, sino naturalmente caídos, como cuando orinamos. Lo que pasa es que el placer que sentimos nos hace actuar de mil maneras y doblamos muñecas, codos, inclinamos hombros, es decir, toda la maquinaria se pone en funcionamiento. Estamos hechos para eso, el sexo es de lo mejor que nos puede ocurrir en nuestra vida y tenemos que disfrutarlo. Nos acompaña a todas partes. Si uno quiere una cerveza, tiene que ir a casa o al bar para conseguirla y así todas las cosas, pero si necesitas el sexo —culo, pene o testículos— no tienes que ir a comprarlo o alquilarlo en ningún sitio. Si estás acompañado, lo compartes; si estás solo, te haces unas pajas o te metes los dedos en el culo; asunto resuelto. No hemos de preocuparnos por nada de esto. No sé por qué hay gente que sufre a causa del sexo; quizá sea un problema para ellos tener algo tan esencial encima de uno mismo, pero visto con inteligencia es lo que en condiciones naturales óptimas jamás nos falta. Por eso, pienso que tener sexo —no hablo de violación, sino sexo consentido— es lo mejor que nos puede pasar”.

    Néstor escuchaba con atención, como si descubriera un mundo para sí. Como lo noté ávido de saber, proseguí con mi perorata:

    —”Mira —le decía, porque le hablaba con lenguaje directo, sin tapujos ni eufemismos—, te encuentras con un amigo y le das la mano. Te lavas las manos porque se ensucian. No siempre sabes de qué se ensucian. La nariz, aunque la tengas con una gripe notoria, no la escondes, y eso que a veces se pone colorada. No sé qué manía tiene la gente de decir que este trozo de carne que tenemos entre las piernas es diferente, hay que cubrirlo, sienten vergüenza de tener una erección porque se nota. Pero si excitarse no está en nada raro, es nuestra naturaleza que responde a requerimientos del cerebro, de la voluntad, de la necesidad o simplemente del accidente. Una vez —le contaba anécdotas para que entendiera—, había un chico que estaba muy nervioso antes de un examen. El tío era listo, le sobraba, pero se puso nervioso e iba preguntando a todos lo que pondrían en el examen. Tan nervioso se puso que estando cerca de mí note que eyaculó sin tocarse para nada. Acudí a auxiliarlo y lo metí en el baño. Le quité los pantalones y el bóxer, le di papel higiénico para que se limpiara y con papel le limpié el bóxer. Creo que lo necesitaba. Lo metí en el cuarto y sobre la taza lo masturbé para que se sacara toda su mugre guardada de mucho tiempo y poco a poco se iba desahogando. Lo lavé con agua y con su pañuelo lo sequé. Bajé la tapa, lo senté y le dije: Tú lo sabes todo, tú estás bien, serénate que harás un buen examen”. El resultado fue que entró al examen sonriente, sereno y un sobresaliente fue su premio. Un día se me acercó para agradecerme lo que hice por él. Es natural, y contener ese deseo produce traiciones en la propia psicología. Fue entonces cuando exclamó:

    —”Así era yo hasta anteayer”.

    Lo sabía, lo que necesitaba Néstor era una especie de relleno en un vacío que se hace mucha gente en su propio cerebro. De nuevo, le dije:

    —”Todo lo que tenemos es bueno. Además, toda la parte del sexo, desde el culo hasta el pene, está llena de terminaciones nerviosas que producen una gran sensibilidad y por tanto excitación por cualquier cosa. Es absurdo que se use el sexo solo dos veces para tener dos hijos o cinco veces en toda la vida para tener cinco hijos. Añade el doble o el triple, veinte veces en toda la vida para tener cinco hijos. ¿Qué locura! Eso es un desperdicio de muchas posibilidades y de mucho placer”.

    Entonces le dije directamente:

    —”Néstor, quieres tener esta noche una experiencia única?

    —”¿Como qué? Buenoooo…, sí…, pero, ¿qué cosa?”, dijo medio sorprendido.

    —” Esta noche cenas con nosotros en mi casa. Luego nos sentamos con mi papá y dejamos que hablen los mayores, nosotros leemos o vemos la tv o escuchamos lo que dicen, si es interesante. A la hora de dormir, nos vamos a mi habitación y nos pasamos la noche durmiendo juntos, ¿te parece?”, propuse.

    —”¿Qué dirá tu tío o tu padre?, objetó.

    —”No dirán nada, porque yo les pediré permiso y consentirán; de mi padre sé que sí, de mi tío no lo dudo por como has estado con él, seguro que le parecerá bien”.

    —”Si te parece…, yo avisaré a mi casa que no voy hasta mañana. Pero no tengo pijama ni…”, segunda objeción de Néstor.

    —”¿Necesitas pijama?, pregunté.

    —”¿Tú no usas pijama?”, preguntó.

    —”Tú tampoco. Se trata de dormir en la misma cama desnudos los dos y dejar rienda suelta a lo que nos acontezca. Verás como todo lo que te he dicho es cierto; pero… ¡uf!, ¡la hora!, se nos pone tarde. Vamos deprisa a cenar”, dije apresuradamente, aunque teníamos suficiente tiempo.

    Hicimos el recorrido a casa con la misma naturalidad, conversando de todo lo que se nos ocurría. Lo que le quedó claro a Néstor es que estábamos programando una tanda de sexo para nosotros dos juntos, sin nadie más, con intimidad. El objetivo era que experimentara sus sentimientos, su inclinación, su opción. Yo ya sabía que Néstor era verdaderamente gay, pero él necesitaba experimentar sin miedos ni presiones que realmente lo es. Llegamos a casa con tiempo para que yo hablara con Tío Paco y con mi padre. Como esperaba, no había problemas. Tío Paco, además, me preguntó si necesitábamos un colchón o ropa de cama o cualquier otra cosa, le dije que nos arreglaríamos bien. Y cenamos.

    *****

    Después de los últimos acontecimientos en los que hubo 32 muertos, la televisión daba reportajes y más reportajes y todos los canales estaban en lo mismo, pero ocurre que a las personas mayores les gusta esto, como si les entrara el morbo por saber qué más podría haber detrás de todo aquello. Tío Paco y mi padre estaban callados y atentos a las noticias repetitivas. Pensé que quizá no hablaban porque estábamos nosotros o porque estaba Néstor. Tomé la indeliberada decisión de que nos levantáramos y nos fuéramos a lo nuestro. Me despedí de mi padre haciéndole una caricia con un pequeño pellizco en su pómulo. Pensé que no siempre han de ser los mayores quienes hagan caricias a los menores porque ¿no se alegran los mayores de saberse cariñosamente queridos por sus hijos o nietos? Vi que mi padre recibió la carantoña con una sonrisa de agradecimiento y pensé que Tío Paco también formaba parte del ámbito de mi cariño. Le dije:

    —”Buenas noches, yayo», y le di dos besos.

    —”Buenas noches, hijo”, me contestó agradecido el Tío Paco.

    Ahora fui yo quien le sonreí. Nos estábamos yendo y le dije a Néstor que me esperara al pie de la escalera y regresé:

    —”Papá, ¿te parece bien que tome al Tío Paco como mi abuelo?, dije como un estúpido con ganas de agradar.

    —”También es tu abuelo”, contestó inclinando la cabeza y mirando al Tío Paco.

    —”Gracias, papá”.

    Salí de la sala y escuché una vez traspuesta la puerta:

    —”Este chico es extraordinario”, dijo el nuevo abuelo.

    —”Lo vas conociendo; es extraordinario en todo, pero…”, —mi padre, tras un momento de duda, siguió hablando,— ”Pero me da pena, porque…, vaya, es que le gustan los chicos…”

    —”Qué tiene que ver eso; si es buen muchacho, si estudia y aprovecha el tiempo, si es buen amigo, si le gusta el trabajo…, ¿qué tiene de malo?”, dijo el Tío Paco.

    —”Tío, ¿tú también lo ves así?”, dijo mi padre con voz apenada.

    —”No es que yo lo veo así; es que es así; cada uno somos como somos y no hay vuelta de hoja; mira a Gaspar, ¿qué problemas hay con un muchacho responsable, trabajador, cariñoso con los de su casa…; bueno, y el otro chico con el que se junta, ese Luis es una auténtica perla fina…; por eso hacen buena pareja y se nota porque no se dedican a hacer mariconadas para llamar la atención, se gustan, se atraen…, se aman; ¿quién podrá objetar algo a lo que sienten estos chicos? El amor es muy extraño… y creo que no lo hemos abarcado, por eso no lo conocemos…”, respondió el Tío Paco a las objeciones de mi padre.

    Cuando decidí darme la vuelta me tropecé con Néstor que se había arrimado a mi espalda para escuchar lo que tanto me interesaba. Me sobresalté por no pensar que podía ser Néstor. Lo agarré del cuello por encima de los hombros con la mano izquierda y de los muslos con la derecha y lo subí en brazos a la habitación; por la escalera me daba picos en la boca y casi me hace tropezar más de dos veces. Al llegar a la puerta de la habitación, le dije que abriera y traspasamos la puerta hasta la cama; lo eché sobre la cama y me puse encima de él; nos besamos todo el rato y noté que su polla se ponía dura. Lo dejé en la cama y fui a cerrar la puerta. ¿Qué tenía que esperar ya sino comerme de inmediato el pájaro antes de que tomara el vuelo? Si esto iba a ser una lección para enseñar a este discípulo ignorante, yo iba a convertirme en un profesor avieso y travieso. Al regresar, tras cerrar la puerta, me lo encontré sentado sobre el borde de la cama, quizá con la intención de quitarse la ropa para dormir. “¡Alto, muchachito!”, pensaba en mi interior al mismo tiempo con las manos le daba un empujón para que cayera de espalda encima de la cama. No podía permitir que siguiera la lección a su ritmo, sino a mi compás, porque el maestro iba a ser yo y él un alumno que ignoraba a dónde teníamos que llegar. Un rato largo lo tuve así aprisionado hasta que pude calmar su prisa por actuar lo que imaginaba él que había que hacer. No imagines, muchacho, lo que hay que hacer; imagina lo que te gustaría hacer y que te hicieran, que el ritual del sexo consiste en no tener ritual; las leyes del sexo consisten en ser libre, es decir, en no tener normas ni reglas. El sexo nos da alas de libertad para el amor, porque el amor no resiste las ataduras. Primero nos estamos dando una sesión de picos, besos con la lengua porque el sexo comienza por la cabeza y se expresa en la boca. Besos como estos en los que nuestra lengua saborea cada uno de los rincones de la boca del amado. Contamos con la lengua cada uno de los dientes. Paseamos la lengua por las cavernosas partes del paladar, investigamos debajo de la lengua cualquier resto que pudiera añadir sabor a nuestros besos. Brota la saliva y la compartimos. Las palabras más cariñosas y los insultos mas excitantes salen en voz baja de nuestra boca para ponerse en el oído del amado, mientras mordemos con suavidad el lóbulo de la oreja. Las cejas, que recogen el polvillo del ambiente para custodiar al ojo, aumentan de mil sabores las papilas gustativas. Esos pómulos, han de ser objeto de admiración y se analizan como punto final de una inspección facial, donde mi lengua comienza a recorrer desde el cuello, pasa por el mentón y recorre el rostro lentamente hasta los pómulos. Se ponen después los labios en la frente ofreciendo el contacto de rostro con rostro invitando al amado a ofrecer la otra parte de su cara para semejante prospección, mientras los brazos acarician desde los hombros a la cabeza y remueven el cabello para mayor placer del amado. Néstor responde perfectamente a los requerimientos sin que medie palabra, porque el amor, cuando es generoso, no entiende de palabras que pueden resultar falsas, sino de gestos auténticos y sinceros. Mi lengua recorrió todo el rostro de Néstor, esta vez comenzando desde la frente hasta los pómulos, ofreciendo a la vez el cuello para que la boca y la lengua de Néstor bese e inspeccione esta región, provocando el deseo en el amante. Llegada la lengua al pómulo, interrumpe el recorrido para pasar a jugar con los labios de Néstor, ofreciendo a continuación la clavícula a la boca del amado y poder inspeccionar con la lengua su rostro, desde el cuello hasta el pabellón auricular. Besos y mordiscos suaves al lóbulo, luego al antitragus y al tragus para que sienta en su interior mi propia persona; a lo largo de la fosa escafoidal paso suavemente mi lengua para detenerla en punta sobre el helix. El cuerpo se mueve acompasadamente apretando la pelvis y poniendo en tensión los glúteos; con esta acción exigida por la pasión provocada se definen con el contacto los glúteos, se sienten a través de la ropa los órganos genitales de ambos casi en contacto. Se siente también el deseo de desnudarnos. Nos vamos poco a poco desnudándonos de la camiseta. Sentimos el contacto de pecho con pecho. Néstor nota pronunciadas mis tetillas por la erección que han tomado y yo pongo mi lengua en las suyas para imprimirlas. Voy dando la vuelta y me sitúo a la cabecera de la cama en dirección a los pies de modo que nuestras caras se han contrariado y la visión se vuelve como si estuviéramos ambos boca abajo. Néstor se acomoda en la cama. Ahí nos mantenemos en el profuso placer de besarnos invertidos, cuando nuestras lenguas experimentan otros contactos diferentes, pero la pasión se enciendo. Me adelanto con las manos por encima del cuerpo de Néstor y con ellas empujo el short de Néstor hacia sus rodillas. Se queda con su fino slip blanco y limpio. Comienzo a morderlo, pero me da pena ensuciarlo con mi saliva y decido bajarlo de igual modo junto al short sobre las rodillas, pero como Néstor tiene dificultad de moverse y su pene me ha saltado con fuerza a la cara me alargo para dejarlos debajo de la rodilla, el pene de Néstor me produce cosquillas tentadoras por detrás de la oreja. Mientras, Néstor está sacando mi short que, al no tener interiores de protección, ha salido inmediatamente. Con mis pies lo saco y los empujo lejos de la cama, salen volando desde la cabecera a los pies y se pierdan en el suelo. Néstor sigue el juego y hace lo mismo con idéntica fortuna. Ambos tenemos las pollas en la cara del otro y comienzo mi mamada magistral de modo que Néstor complete el 69 a la perfección. Para mayor relax nos ponemos de lado y voy lamiendo y mamando la polla y el escroto de Néstor, siento que él me sigue y me acerco a su ano para oler su antro. Ha tenido como yo la precaución de lavarlo bien y paso varias veces mi lengua por su ano como un preludio. Interesa dar placer al amado y vuelvo a mamar esa polla que ha ido creciendo y se está poniendo sabrosa gracias al jugo preseminal que eyacula y comienzo a masturbarla con mis labios de modo que ya no oponga resistencia para ofrecer su preciado contenido. Siento los espasmos de Néstor y, cómo no en mí, me van moviendo mis entrañas que se hacen exteriores en movimientos de apretar mi pubis hacia la boca de Néstor y marcando nalgas. También Néstor me está empujando ya su pubis que me roza la barbilla. Y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, comenzamos a expulsar los chorros eyaculados. Todos se vinieron dentro de mi boca, no quería abrirla, pero no me fue posible contener todo en mi boca y caía, saliendo por la comisura de mis labios, hacia las ingles de Néstor. Más suerte tuvo mi amado que, al estar sobre su costado derecho, pudo contener toda mi leche sin desperdiciar una sola gota. Tocaba ahora saborear los dos espermas y volteé para darle un beso en la boca. Allí tenía mi semen y en mis labios estaba el suyo. Ambos comimos ese suculento y delicioso postre y nos quedamos por un momento largo abrazados, rostro con rostro, sonriendo, en silencio, los ojos abiertos, mirándonos de cerca, sabiendo que nos habíamos amado mutuamente. El tiempo de mirarnos abrazados en nuestra desnudez parecía eternidad.

    *****

    Me había propuesto hacérselo pasar bien a Néstor. Otras veces pienso en mí y cómo me gusta follarme un tío hasta dejarlo hecho un trapo, sobre todo cuando me cuesta dinero o algún favor. Pero no era el caso. Néstor se había abandonado en mis manos y pensaba que él es quien tenía que disfrutar. No estaba pensando en hacerle lo que a aquel estudiante, compañero mío, que llevaba unos dos meses enteros que no había venido a clases, y no es porque estuviera enfermo o por necesidad, sino por vago, porque no quería levantarse temprano. Entonces, a un mes de Navidad me pidió que le pasara los apuntes y le explicara las cosas más complejas. Primero lo envié a tutoría y no quiso, luego, ante la insistencia, acepté porque me dijo que no quería dar los motivos verdaderos de sus retrasos y faltas para no ser sancionado y que me pagaría lo que yo le pidiera a no ser que no estuviera en su poder.

    La verdad es que yo no he necesitado dinero nunca porque mi padre me ha dado todo lo que necesito y hasta más, porque sabe que no soy derrochador. En su pensamiento me ofreció dinero, pero yo le dije que le pasaba apuntes y le explicaba si se convertía en mi esclavo sexual. Se quedó pensando y, al parecer, creyendo que no iba a ser tan grave, aceptó. Le hice firmar un documento que redacté. Le dije:

    —”De hoy a Navidad eres mi esclavo, lo que te pida en cuanto al sexo has de hacer, tal como indica este documento; si te niegas, presentaré este papel no solo a escarnio público sino a tutoría, se sabrá que eres un vago, que tus faltas no tienen justificación y te arriesgas a lo que sea. A partir del 1 de marzo quedas libre de tu esclavitud; yo me comprometo a darte las clases mientras seas mi esclavo, después te las arreglas”.

    —”Acepto”, dijo después de pensarlo y tragando saliva.

    Yo no sé si fue un buen método para que se pusiera a estudiar en serio, pero ese no era mi propósito sino que yo estaba deseando divertirme con una mierda de tío al que le iba a hacer sangrar por el ano durante algo más de dos meses, cada vez que quisiera sacar sus putas heces por sus rotos esfínteres. Como esclavo no le permití jamás lubricarse. Las embestidas por el culo que le di no fueron suaves, sino violentas y desgarradoras. Gritaba como una puta en celo. Me lamía los zapatos, los pies y la mierda de las suelas que yo pisaba adrede cuando nos íbamos a encontrar. Me orinaba en su cara y cuando tenía necesidad de cagar, le pedía que me comiera el culo para cagarme encima de su cara. Quizá ha sido lo más divertido de mi vida. Alguna vez le pegaba con un palo cuando no hacía las cosas que le mandaba o cuando las hacía mal. Un día le pedí que se orinara sobre sus pantalones delante de todos; como no quiso hacerlo, cuando nos quedamos solos, le di dos patadas en todos los huevos y tuvo que acudir a revisarse porque no se le iba el dolor. Ni siquiera sentí compasión. Cuando lo masturbaba estiraba el prepucio del todo para dañarle. Es verdad que dejaba tiempo para que se recompusiera. Pero la segunda vez que le mandé que se orinara delante de todos, lo hizo y fue el hazmerreír de todos; nadie sabía por qué se había orinado sobre su ropa. Con todo esto, que servía para divertirme con un gazapo de hombre, me propuse que iba a saber su materia mejor que el mismo profesor y, en efecto, cosa extraña en él, que siempre suspendía varias asignaturas, en las dos más difíciles y que yo le expliqué sacó sobresaliente, como yo. Que le pusieran un 9, y eso que el profesor siempre decía que el 10 es para el profesor, fue un éxito que le brindó prestigio ante toda la canallesca colectiva de condiscípulos. Mierda a esos docentes que se reservan calificaciones les daría yo en la misma rectoral. Pero así se aprovechan.

    Cuando concluyó nuestro compromiso, me dijo:

    —”Si no me pides hacer nada ridículo en público, aunque me pegues, quisiera seguir siendo tu esclavo; me ha gustado, sobre todo cuando me follas duro”.

    Me dejó hecho una mierda podrida. Me arrepentí de tantas perradas que le había hecho, porque le había sangrado varias veces el ano y yo seguía con mi pene enfundado o con un bastón dañando aquel culo. Tuve con él varias veces sexo, pero no ya como esclavo, sino como un amigo dispuesto a que yo me satisficiera con él. Me aproveché sádicamente lo más que pude sin compasión. Luego se hizo una novia y me dijo que ya no vendría más. No cumplió su palabra; a veces dejaba a su novia en casa, algunas después de haberla follado y venía para que yo lo follara a él. Merecía que lo que aprendía de mí lo practicaba con su puta particular porque a ella le gustaba el sexo violento. Yo le iba descubriendo posturas, nunca suaves, siempre violentamente.

    No iba a hacer a Néstor nada similar, sino que me propuse hacerle tomar gusto al sexo. Por eso, le dije que se pusiera su ropa; yo también me vestí; nos bajamos a la cocina. Encontré media botella de vino, no muy bueno, pero válido para el propósito. Saqué dos vasos de la alacena y vacié en los vasos el vino. Eché la botella a la basura y nos fuimos a la habitación con el vaso en la mano. Nos sentamos a charlar mientras tomábamos el vino. Yo le preguntaba cosas del pueblo y él me contaba curiosidades, unas para reírse y otras como para ponerse a temblar, porque la vez que tuvieron un maniático en el pueblo y murieron dos sin poder averiguar quien era el asesino, pues se cepillaron de una paliza al pobre loco, que nada tenía que ver con el asunto según supieron más tarde. El loco murió y lo enterraron. Nadie habla del asunto. Néstor me lo contó con mucha pena.

    Habíamos acabado el vino y me levanté, me acerqué donde estaba él y me incliné a besarlo en la boca y en todas partes. La cara, la frente, los ojos… Néstor me respondía del mismo modo sin moverse y la verdad es que se le puso dura antes que a mí; pero estaba disfrutando esta sesión preparatoria de los besos. No sabía Néstor que lo estaba preparando para una penetración, pero se dejó llevar y reaccionaba positivamente. Me lamía desde el cuello hasta la cabeza y con el sabor del vino su lengua parecía enriquecida, daba gusto saborearla.

    Agarrándolo por las axilas lo levanté del sillón y lo coloqué junto a la pared. Apoyó sus hombros en la pared, pero no pudo arrimar sus pies porque yo tenía mi pierna por detrás de las suyas para que quedara en plano inclinado. Lo estaba viendo guapo. Néstor es guapo; no es una gran figura, pero las cejas pobladas y negras le juegan bien en su cara. En esa postura observé la nariz más recta que había visto hasta ese momento. De no ser porque al abrir la boca se le doblada un poco, su sonrisa hubiera sido la de alguien con quien no se puede competir en belleza. Con el rostro quieto, la boca cerrada y los ojos con miedo era un chico guapo, verdaderamente guapo; cuando abría la boca, no parecía guapo; cuando miraba alegre, se le iba lo extraordinario de su mirada. Prefería verlo más dudando, que seguro, enfadado que alegre. Es rara la belleza de los hombres, hay gente que para ser bella ha de sonreír y los hay que tienen que poner el gesto grave. De este último tipo es Néstor.

    Seguí besándole pero me decidí sacarle muy despacio la camiseta; en desnudarlo no me adelantaba nada sin que la lengua, los labios o mi nariz y mentón no me lo autorizaran. Néstor besaba mi pecho, la erección de mis tetillas parece que le encantaba. Saqué su camiseta y extendiendo la mano la dejé caer al suelo. Néstor solo miraba mi pecho y de vez en cuando mi cara. Yo lo iba mirando todo. Saqué poco a poco su short. Primero descorrí la cremallera y luego desabroché el botón para que me mostrara el slip rojo que llevaba puesto. Esto me encendió porque cuando veo el rojo me pongo a tope. El rojo es un color que me ha gustado siempre porque es vivo, ardiente y me pone; es posible que me excite hasta llegar a eyacular con solo ver algo rojo. No era éste mi caso ahora. Solté el pantalón y se cayó hasta los pies. Con un movimiento de cada pie, Néstor los alejó de sí, e inmediatamente comenzó a sacar mi short. Un poco más complicado porque yo estaba amarrado a su trasero por encima del slip y no paraba de maniobrar y porque mi short tenía unos botones metálicos, nada fáciles de pasar por los ajustados ojales; pero lo consiguió e hice lo mismo que Néstor para alejarlo de nosotros. Pero la diferencia es que yo ya estaba desnudo y Néstor aún tenía su slip puesto. Como me entretuve en caricias, hizo ademán de quitarse el slip y no se lo permití. Con mucho cuidado y lentamente le cogí de las manos y las levanté clavándoselas en la pared, mientras en esta postura, le besaba y me besaba, arrimaba mi pelvis a su delantera marcando mi culo, para que él notara bien mi contacto con su polla. Después de un rato bajé las manos liberándole las suyas y con un dedo de la mano derecha estiré el elástico de su slip para mirar su polla. Miramos los dos su polla y solté el elástico, “plaf”; nos miramos, un beso más y abrazados le tocaba por dentro del slip las nalgas. Él paseaba sus manos suavemente por mis glúteos. Con mis manos en sus nalgas hice presión hacia afuera para bajar el slip y dejar sus nalgas al aire. Me separé para contemplar el plano inclinado que formaba un ángulos convexo sus piernas con el piso; entonces él abría lentamente su slip bajándolo suavemente, de modo que dejaba visible la base de su polla con su pelo medio rapado; siguió lentamente abriendo su slip del todo, liberando aquel bicho que ya debía estar cansado de tanta presión. Yo miraba su cara y él con media sonrisa tentadora forzaba su cuello medio lado para invitarme a la acción. Caí de rodillas delante de él para saborear una polla que hacía rato se estaba resistiendo. Escuché un suave mugido de Néstor cuando hice mis primeras fricciones con mi lengua en su polla y le entró una especie de calambre que le hizo inclinarse, besando la parte trasera de mi cuello. Poco a poco fue bajando y los dos nos encontramos en el suelo, yo con mi boca ocupada en su polla y él ocupando sus manos en inspeccionar cada rincón de mi cuerpo. Nos dimos media vuelta inversamente y nos encontramos de costado haciendo un 69 que no deseábamos que se prolongara mucho tiempo.

    En efecto, pronto, en cuanto vi que se estaba madurando la cosa, metí suavemente un dedo en su culo y pronto fueron dos. Iba dando vueltas a mis dedos en el ano para provocar placer en Néstor, y fueron ya tres dedos. Puse saliva al ojete y di más vueltas a los dedos. Metí el pulgar que entró con gran facilidad. Me fui levantando poco a poco y con mis manos levantaba sus muslos, de modo que se quedara apoyado sobre los omoplatos en el suelo y con la cara casi mirándome hacia arriba y puse más saliva en su ojete y la punta de mi polla que suavemente entró un poco sin que se quejara. Entonces, con mis manos coloqué mi pene en dirección de entrada un poco, solo un poco más adentro, y comencé a dar vueltas a mi duro pene en la boca de su agujero anal. Dejó caer los pies sueltamente, se amarró una pierna con una mano, mientras con la otra mano mantenía su equilibrio y ensarté con suavidad todo mi pene en el interior de Néstor.

    —”Ah, ah, ah, qué bueno se siente…”, dijo sin dolor.

    Comencé a dar paulatinamente vueltas, mientras hacía suavemente el mete y saca en su ano. Al que llevaba media vuelta recogí su pierna libre para que no se desmoronara todo él y sentí cómo apretaba su culo aprisionando mi polla; así frenaba el mete y saca. Cuando me liberó de la presión, di media vuelta más, ensartaba de nuevo mi polla y volvía a presionar; así, poco a poco hasta dar tres vueltas y media. Era una hélice lenta, llena de pasión y amor mezclados con el deseo de hacer disfrutar al compañero. Entonces le dije:

    —”Voy a venirme, ¿lo quieres dentro o fuera?”

    Como dudó un poco, le dije:

    —”No voy a tener ya más tiempo que me voy, que me voy ya”

    —”Suéltala, suéltala toda, que quiero sentirla dentro”, contestó.

    Su palabra fue una orden porque comencé a soltar mi esperma, uno, dos, tres, cuatro, uno más pequeño, y otro, y ahora salía menos, y un espasmo, y otro, y otro y acabé. Inicié la salida de mi polla de su interior y me retuvo, pero poco a poco le di la vuelta para liberarlo de su posición y le puse de espaldas al suelo. Me costó rodar con la polla algo fláccida en su interior y me caí sobre su boca, notaba su pene que estaba en las últimas y salí de su culo para meter mi boca en su polla. Descargó toda su leche en mi boca y yo la iba tragando, uno, dos, tres, cuatro, no me cabía y comenzó a salirse de mi boca, cinco, seis y siete, ¡Dios mío!, qué capacidad la de este semental, y no pude asumir todo aquel rico manjar, derramando abundante sobre su pubis que, a continuación se descolaba corriendo por sus ingles. Dejé su polla liberada de mi boca y apretaba la base del falo para ordeñar los restos, y los recogía con mi lengua. Néstor me dio un tirón y me acercó a su cara para besarme con la intención de saborear su propio semen del que mi boca estaba repleta. Ahí nos quedamos en el suelo los dos abrazados y mirándonos. Los ojos de Néstor brillaban no menos de lo que estarían los míos, porque con sus manos iba recorriendo cada lugar de mi rostro, aunque yo prefería tocar sus nalgas sudadas para grabarlas en mi mente. Nos cruzamos un fuerte y prolongado beso, en el que su lengua tocó la campanilla de mi garganta y me provocó una arcada. Nos sonreímos los dos de mi debilidad y nos quedamos un rato largo haciendo picos con nuestros labios y abrazados, mientras se secaba el abundante sudor de nuestros cuerpos. Al relajarnos, un reguero de mi esperma salía por el culo de Néstor hacia el suelo.

    *****

    Así no podían quedar las cosas. Quedaba todavía una larga noche y la prolongación matutina. Esta tenía que ser la lección magistral que necesitaba mi amigo Néstor para tomar decisiones libres y descubrir que en el fondo de nuestra existencia hemos de empeñarnos e vivir como somos lo que somos, procurando siempre ser lo mismo.

    En efecto, nos habíamos adormilado un poco sin llegar a dormirnos del todo, pero el calor no permitía dormir si estábamos bien juntos uno del otro. Y estábamos bien juntos. Cuando yo desperté de mi entresueño, me encontraba con una pierna casi recta al cuerpo tocando el entarimado del piso que estaba hecho de un parquet flotante de buena calidad, por en medio de mis piernas tenía una de Néstor; la otra la tenía un poco adelantada tocando la nalga de Néstor y la segunda de mi amigo montada por encima de la cadera. Nuestro pecho y abdomen juntos y las pollas besándose una a la otra. Estábamos muy juntos y sudorosos. Cuando me moví, como Néstor estaba igual que yo, medio despierto, reaccionó y le pregunté:

    —”¿Te apetece una ducha?

    —”¡Por supuesto que sí!”, respondió alegremente.

    —”¿Quieres ir solo o quieres venir conmigo?”, pregunté casi adivinando la respuesta.

    —”Vámonos los dos a la vez, ¿no?, creo que será mejor”, dijo incorporándose y tomando una de mis manos para que me levantara.

    Me levanté haciéndome el remolón y con todo el peso cargado sobre la mano que me sujetaba Néstor. Dio el tirón y me incorporé hasta su rostro que aproveché para besar muy sinceramente. Estaba yo cautivado con hacérselo pasar bien y lo estaba disfrutando yo mismo. Puse una de mis manos en su culo y le dije:

    —”Bonito culo tienes”.

    —”¿Tú crees?”, fue su escueta respuesta.

    —”Lo es de verdad”, insistí.

    —”Me encantan tus bolas, grandes, pletóricas y compactas”, me dijo halagándome tanto que me arrancó un beso.

    Entramos a la ducha y me senté en el piso. Se sentó frente a mí. Extendí una mano hasta la clavija y dejé salir un poco de agua que caía formando una ligera cortina entre ambos. Era como estar bajo una cascada. Salpicaba el agua hacia nosotros, pero no nos caía encima.

    —”¿Sabes? Me gusta lo que haces”, dijo Néstor.

    —”¿El qué?”, pregunté.

    —”He disfrutado mucho la penetración que me has hecho, no me ha producido dolor, solo un poquito al comienzo pero soportable, nada que me hiciera sufrir; todo ha sido deleitable y muy grato, ¿cómo lo has hecho?, dijo.

    —”Cuando hagas el amor con alguien a quien quieras, nunca tengas prisa. Muchos tienen prisa por penetrar, desechar y marcharse. Eso no es hacer el amor, es una putada. Hacer el amor es conseguir que tu amante lo goce igual o más que tú mismo. El sexo ha de hacerse con cuidado, con preparación o preliminares, como dicen algunos. Besos, caricias, toqueteos, desnudar al amado, dejarse desnudar, mamar la polla con suavidad y muchas más cosas amansan la rigidez del cuerpo y hacen que el cuerpo se confíe al amante. Cuando los músculos y nervios están en tensión siempre duele cualquier esfuerzo. Cuando se trabajan, se estimulan, se les ablanda con masajes, es más fácil que el cuerpo se abandone en el amado y al revés. No se debe hacer una penetración a alguien que quieres a lo bestia, se le pueden romper algunas venas pequeñas y sangra; se le estiran los músculos y luego duele o se le fuerzan nervios y tendones y esto es como una torcedura, puede durar hasta días el dolor. Es bueno ser lento, y conseguir que la polla entre en el ano a su paso. Al ablandar con masaje en los dedos y con la misma punto del pene el esfínter del ano, se consigue que penetre con suavidad y sin dolor”, respondí para que entendiera lo que viene a continuación.

    —”Para eso hace falta maestría”, dijo.

    —”Para eso hace falta tener paciencia y querer hacer gozar del sexo al otro”, le corregí.

    —”¿Cuándo aprenderé yo eso?, preguntó.

    —”Ya lo has aprendido; ya sabes que si delante tienes alguien a quien amas y no hay prisa, no tiene por qué sufrir el otro, ni gritar de dolor. Los gritos para las locas; el amor es agradable, y duele solo lo necesario para despertar la pasión. Ahora después te toca penetrarme a mí, porque esa polla tan, tan…, me mola, me mola tenerla en mi culo, sentirla, gozarla…”, le dije cerrando los ojos.

    —”No sé hacer las cosas que tú, ¿y si no lo hago bien?”, objetó

    —”Sí vas a saber. Todo lo que tienes que hacer es pensar que yo soy algo tuyo muy preciado. Me vas a hacer entrar en ganas. Me llevas a tu deseo y me haces desear, con caricias, besos, un beso negro porque ahora vamos a limpiarnos el ano bien limpio. Y luego me penetras con una vela”, le expliqué.

    —”¿Con una vela, dices?, preguntó sorprendido.

    —”Si, es una postura que me gusta mucho para la penetración…”

    —”¿Como esa que llaman el perrito?”, preguntó como quien no sabe de qué va, y no lo sabía.

    —”Bueno, es una postura, como el perrito es una postura, pero el perrito es muy mainstream. Prefiero para ti una cosa más friky, más nueva, la vela”, dije para meterle curiosidad.

    —”¿Cómo es?”, la curiosidad le hizo preguntar.

    —”Después de toda la preparación que quieras que hagamos, esperando que nuestras pollas se pongan duras, has de conseguir dejarme de modo que yo esté tumbado sobre la cama, espalda en horizontal y mirándote; tomas con tus brazos mis piernas juntas formando con mi cuerpo un ángulo de 90 grados. Las levantas a buena distancia de la cama respecto al resto de mi cuerpo. Mi agujero ha de quedar totalmente expuesto y tú te ajustas con toda tu anatomía para hacerme una penetración muy profunda. Mantén mis piernas cerradas para que se estreche mi conducto y sea mayor la fricción, tu roce conmigo. Para mí será muy cómoda, porque tú sujetarás mis piernas; como me mantendrás elevado, voy a tener una enorme sensación de placer, si lo haces bien. Luego igual te digo que me masturbes, depende. Verás cuánto lo gozas. Pero no pienses que te vas a equivocar o no lo vas a hacer bien, que yo no seré un pasivo total, pues te ayudaré. Pero la gozaremos los dos”.

    Esta fue toda mi indicación. La suficiente, para que se manejara como un maestro. En la ducha, nos lavamos, que ya tiene su morbo. Le puse cabeza abajo y se apoyaba con sus pies y manos en el suelo, dejando el culo en la parte superior. Descabecé la ducha y metí el extremo del tuboflex en el ano, sin apretar, pero suficiente para que penetrara el agua en el interior. Cuando ya comenzó a salirse el agua, cerré la ducha y noté que tenía espasmos. Para no hacerle sufrir, le dije que se enderezara poco a poco e hiciera fuerza para sacar del vientre todo lo que tenía. Comenzó a salir toda la mierda con el agua. El lo vio y se rió viendo tantos grumos de mierda que desaparecían por el coladero de la ducha. Dejé la ducha limpia y le dije que de nuevo se pusiera como antes y volví a llenarle los intestinos de agua, y otra vez, bastante mierda salió de su vientre. Ahora empezamos a decirnos groserías, si somos el 50 por ciento de mierda, si esto es una mierda, y mira que mierda tan chula tengo, que si eres una mierda, etc. Esto hacía divertida la operación. Así se lo hice cuatro veces y se quedó limpio. Pero ya le costaba sacar su agua, porque no había materia que empujar. Cuando se encontró perfectamente bien, le dije que hiciera lo mismo conmigo. Me limpió y comenzó tras la última salida de agua a meterme su nariz en el ano para decirme que no olía. Salimos de la ducha a secarnos uno al otro y nos fuimos a la cama. Nos sentíamos raros, como si nos acabáramos de conocer. Las explicaciones y el lavado nos habían enfriado las pasiones. Volvimos a salir, ahora muy despacio y sigilosos hacia la cocina. Ibamos desnudos. Descubrí pan y jamón y me llevé una botella de litro de cerveza que había en la nevera. Por suerte nadie se despertó, nos lo llevamos a la habitación. Allí nos reíamos de pensar si hubiera salido alguien de la casa y nos hubiera visto desnudos, pero no era nuestra preocupación. Con el lavado sentíamos hambre y nos pusimos a comer el pan con jamón y a beber la cerveza. No usamos los vasos, sino que bebíamos los dos de la botella. La verdad es que ese desayuno tenía su morbo y lo comimos con avaricia. Néstor me ofreció de su bocata y le di un mordisco grande, luego le ofrecí del mío y me superó. Las risas imperaban entre nosotros. Ya ninguno de los dos se comió su bocata entero, íbamos alternando y nos comimos los dos bocatas y nos tomamos la cerveza. Néstor, con su boca llena de cerveza se vino a mi boca y me dio a probar de segunda mano, tragamos cada uno una parte y me pasó la botella para que hiciera lo mismo. Jamás había disfrutado tanto un desayuno como éste, y eso que todavía era de noche. Néstor se limpió las manos en sus muslos; la humedad de la botella estaba pringosa. Yo me limpié mis manos en su cadera, porque nos pusimos de pie, para besarnos. Néstor llevaba la delantera y me besó todo el cuerpo pulgada a pulgada. Nada se le quedó. Cuando me besaba los pies, estaba dando a mis ojos una visión espectacular de su agujero anal y me incliné para besarlo y meter lengua. A Néstor le gustó esto porque suspiró. Cuando llegó a mi culo, me hizo tumbar en la cama tal como le había indicado y echó mis piernas hacia mi cabeza. Con mis manos me las abracé y abrí bien el hoyo de mi trasero. Se puso de rodillas y con toda su cara en mi culo, comenzó a pasar la lengua, y a meterla en mi agujero. Así estuvo un rato largo hasta que consideró que podría haber ayudado a dilatar mi esfínter, lo que comprobaba de vez en cuando con sus dedos. Entonces me tomó las piernas y comenzó a elevarme hasta poner mi agujero a la altura de su total erecta polla. Ensartó la punta de su polla en el hoyo y comenzó una fricción lenta. Yo veía el movimiento de su cuerpo para que la polla fuese contorneando circularmente mi agujero y cada vez iba entrando más. No empujó nada con violencia, le costó penetrar porque amordazadas mis piernas con sus brazos y no dejaban paso fácil para que su polla perforara la entrada de mi ano. Ya le corrían a Néstor los sudores por todo su cuerpo, pero también noté la humedad de su líquido preseminal en mi ano, lo cual facilitó la inmersión. Le sugerí que añadiera saliva y esto fue el remate. Traspasó toda la polla hasta el interior y sentí un placer inigualable e incontable. Ésta fue la primera vez que me hacían la vela y fue muy placentera. Después de un largo mete y saca con el doble esfuerzo de mantenerme elevado y del ejercicio de la penetración, le dije que me masturbara con una mano. Sujetó bien las piernas con su brazo izquierdo y su pecho y comenzó a masturbarme con su derecha. ¡Magistral! Este chavo aprende. Ya estaba yo casi para venirme, pero el soltó mi polla porque se venía también y yo apreté mi culo más todavía para que no sacara su polla. Entendió y se vino dentro de mí. Sentí el placer de encontrarme lleno, aunque no tanto por la vaciedad de los intestinos, pero notaba los trallazos en mi interior. Me sorprendí cuando Néstor, tras vaciarse, sacó su polla y volvió a echar mis piernas hacia mi cabeza para lamer el culo. Me inclinó un poco para que se saliera todo mi esperma y lo succionó conforme iba saliendo. Hecho esto, me mamó la polla hasta hacerla explotar y se iba tragando todo mi semen. Entonces le pregunté:

    —”¿Te quedaste con hambre?”

    No me contestó de momento. Pero se vino a mi boca para trasladar de la suya mi esperma, que ya había sido mezclado con el suyo.

    —”Sacia, pues, tu hambre, mi amor querido”, dijo con mucho cariño.

    Había entendido Néstor que yo le había dicho “También tengo hambre” y por eso me hizo partícipe. Ahí, tumbados sobre la cama, dos hombres, durante un rato largo de picos con nuestra lengua y con las manos de Néstor jugando con mi escroto, nos dormimos. Nadie nos molestó, nadie nos despertó. Despertamos a la vez y seguimos un rato como estábamos, muy pegados y besándonos sin parar.

    Ya estábamos de nuevo en la ducha hacia el mediodía. Jugamos a darnos placer. Néstor me dijo que se iría a casa para realizar unas actividades. Nos secamos, se vistió. Hubo un beso apasionado que hubiera podido tener algún resultado positivo si yo hubiera vivido en el pueblo. Pero ese no era nuestro destino. Tampoco fue la última vez que nos vimos. Decidí ir con frecuencia al pueblo de mis padres en tiempos de vacaciones. Definitivamente el veredicto fue claro: Nestor es gay y vive ahora con su novio, un primo mío llamado Tono, chico muy bueno de verdad. Sí, Néstor vive con su novio, pero cuando voy al pueblo de mi padre, nos vemos los tres y mi novio, por supuesto que follamos; me invita a ir a su casa que está contigua a la mía. Lo paso bien con Néstor y con Tono; pero eso ocurre de uvas a peras, porque las visitas al pueblo de mi padre son espaciadas.

  • Nuestra amiga argentina y sus aventuras con Pau

    Nuestra amiga argentina y sus aventuras con Pau

    Y esto no puedo dejar de contarlo, me humedezco con el solo hecho de escribirlo y acordarme de ¡todo lo que pasó!, por eso, por otra cosas que conté mil veces, me gusta escribir lo que hago, porque al contarlo, es como que ¡lo vivo de nuevo!

    15 HS: estaba medio peleada con mi novio, a la mañana me manda un whatsapp, y nos arreglamos, me dijo que se moría de ganas por verme (o sea cogerme jeje), le dije que venga a casa, pero no, me dijo que quería que estuviésemos más tranquilos. A las 15 hs, me pasa a buscar, me subo a su auto, nos matamos con esos besos, pero la verdad les digo con amor, porque, a pesar de que lo cago, ¡lo quiero mucho!, tampoco la boludez de decir que es el amor de mi vida jeje, pero me trata re bien, tenemos buen sexo, me sabe manejar, y el si me quiere, de eso estoy segura.

    Bueno, en esto mucho no me voy a detener, porque hicimos lo que hace cualquier pareja, pero esta vez, como estuvimos peleados, fue ¡re intenso!, habremos estado tres horas cogiendo, lo que más me gusto fue cuando le entregué la cola (como otras veces) pero esta vez me bombeo como una animal, yo en cuatro, gritando (porque también en la forma que lo hacía me dolía, pero me gustaba) gimiendo agarrada de las sabanas, y como él es grandote también lo que me gusta es cuando me está cogiendo y me termina levantando en el aire, yo colgada de sus hombros, y casi sin poderme mover me la mete como quiere.

    No sé cuántas veces me hizo acabar, lo que si se es que por la cola me la metió varias veces, y a la pobrecita la dejo destruida

    21Hs: cómo salir el día del amigo es un quilombo, mi casa es grande, estaba sola, porque mis viejos habían salido con sus amigos, nos juntamos en casa. Éramos un montón de gente, porque mi novio invito a sus amigos, yo a mis amigas, había gente que ni conocía, bah, un quilombo de gente.

    Pero dentro de toda esa gente Paula, mi amiga de la facultad, sobre las que mucha veces le hablé, que ella es lesbiana y fue con su amiga que digamos no es lesbiana, es como yo, pero una vez nos acostamos las tres juntas (esto ya lo conté), pero había quedado con Paula, que no se mande ninguna cagada, que ninguna de las personas que iba sabía que yo me acostaba con mujeres, y aparte había más chicas de la facultad.

    Y por otro lado un amigo de mi novio, lo llaman Cali, soltero, muy putañero, y que me di cuenta varias veces me tiro onda, aparte cuando me mira, me desnuda con la mirada, ¿me explico?

    Todo venía tranquilo, yo tenía una pollerita corta, pero normal, y medias, y unas botitas (siempre cuento como me visto, a los chicos esto les debe importar un carajo, pero para nosotras es más importante que, quien va a ser el próximo presidente jeje, nos pasamos horas frente al espejo para ver que nos ponemos).

    Como les decía y para que me entiendan, les tengo que explicar esto: mi casa es grande, abajo tiene dos living, comedor, escritorio, y a la cocina se va por un pasillo, medio largo, y con la cantidad de gente que había, si yo desaparecía un rato, ¡nadie se daba cuenta!

    En un momento voy a la cocina, para decirle a María (la chica que trabaja en casa) que se fije si faltaba algo, no la encuentro, se ve que estaba justamente viendo eso, y veo que aparece Cali, que por lo que me di cuenta, por lo que hizo, estaba medio en pedo y la verdad yo también (siempre cuento que apenas tomo un poco me pongo, no sé si en pedo, pero hago cosas, que no se si las haría si no hubiera tomado, ¿me explico?)

    La cosa es que lo veo a Cali y le digo (por lo que me acuerdo fue más o menos así):

    Yo: hola, ¿qué haces acá?

    Cali: Caro, no te hagas la boluda, hace tiempo te vengo tirando onda y nunca me dijiste nada.

    (Es cierto eso, me gusta que se calienten conmigo, pero no pensé que me lo iba a decir así.)

    Yo: nada que ver ¡nene!, me di cuenta lo que haces, pero estoy de novia con Tommy, tu amigo.

    Cali: ah, jaja, te diste cuenta y no decís nada, entonces te gusta.

    Yo: ¿me gusta que?

    Cali: esto.

    Vale aclarar que Cali, también es re lindo, no es grandote, pero es rubiecito, con pelo largo, bien pinta de tramposo.

    Y de una me mete un beso, al principio me quede, pero me mato ¡con ese beso! Así, inesperado, me agarra la mano y me la lleva a su pija, que estaba ya re parada (y eso para mí es IRRESISTIBLE).

    Lo separo, le digo que está loco, si me ve Tomy se arma quilombo, y me dice: “¡llevame a otro lado!”, ni lo pensé, me gustan esas cosas de trampa, así rápidas inesperadas, y tampoco nos podíamos quedar así ¡en la cocina!, lo agarro de la mano y lo llevo a un baño de una habitación de servicio que está vacía (repito me fui a la mierda, no lo tendría que haber hecho).

    Entramos en el baño, y me parte mal la boca, me lleva la mano otra vez a su pija, no pude evitar tocarla sobre el jean, pero el forro, aumentó la apuesta, se desabrocha el pantalón, Y LA SACA, y obviamente se la empiezo a acariciar, estaba re parada, y yo ya re mojada, y caliente , me empuja la cabeza para que me agache, le digo que no, me dice: “¡no me vas a dejar así!”, le digo: “basta, ¡no puedo desaparecer!”, pero me sigue empujando la cabeza hacia abajo, yo con mi mano acariciando esa pija enorme e irresistible, me agacho, y le digo: “te vas a quedar más caliente, porque más que esto no te voy hacer”, y no como lo hago siempre, despacio (no tenía tiempo) de una me la pongo en la boca y se la empiezo a chupar, pero me fui al carajo, se la chupe como una trola, me atragantaba con esa pija y aparte ya estaba re caliente, porque mientras se la chupaba yo me tocaba y estaba ¡toda mojada!

    Ya nada me importaba, Cali me levanta, me poya sobre la pared del baño. Así de una como si nada, me baja las medias y la bombacha y me empieza a chupar la conchita y me dice: “¡que puta que sos! Estás toda mojada nena, estas ¡re caliente!” y me mete la lengua en la concha, así él casi tirado ¡en el piso!, yo ya estaba para cualquier cosa.

    Se levanta y me la quiere poner, le digo con forro (obvio él llevaba uno encima), así de parada, con las medias bajas, apoyada sobre la pared me la mete en la concha de una, no sé si fue por esa locura que estábamos haciendo, pero acabamos los dos enseguida, yo agarrándome de los azulejos, tratando de no gritar, pero sentí. Como él ¡también acabo!

    Me dice: “sos una puta hermosa”, le digo: “sos un forro supongo que no vas a ser tan boludo de contar esto” y me dice: “no caro, no soy un boludo, siempre quise cogerte, pero no para que todos se enteren” y le digo: “OK, pero fue la primera y última vez”.

    No sé si habrá otra vez, eso ahora ¡no me preocupa!, la cosa fue muy rápida, no creo que hayan pasado más de 15 o 20 minutos, pero en ese tiempo ME DEJE COGER POR UN AMIGO DE MI NOVIO, preferí ni pensar en lo que había hecho.

    Le digo a Cali, que salga por la cocina y si María le preguntaba algo, le diga que estaba buscando un baño, y yo por una escalera de servicio me voy a arriba, me lavo los dientes, y bajo.

    Lo veo a Tomy, él estaba con sus amigos, ni se dio cuenta que ¡me ESTABAN COGIENDO!, le doy un beso en la boca, con la misma boca que hacía 10 minutos le estaba chupando la pija ¡a su amigo!

    Hoy todavía no sé si hice bien o no, pero la calentura me llevo a eso.

    Pero la noche no termino ahí.

    Paula, con la excusa de que estamos preparando finales, me dijo si no me quería ir a dormir a su casa con Maru, que ya se lo había dicho a Maru y se había re prendido, y me pregunto dónde estaba, después se lo conté y me dijo: “sos una HIJA DE PUTA, como te vas a coger en tu casa a un amigo de tu novio ¡estando él acá!” y la verdad ¡tenía razón!

    Paula, me insistió un par de veces y la idea me gustaba, aparte Tomy no sospecha nada de esto, para él las tres somos compañeras de la facultad y sabe que estamos con finales.

    3 AM: o sea las tres de la mañana, como hoy todos trabajaban, no se terminó muy tarde, le digo a Tomy que me voy a dormir a lo de Paula, así, mañana nos levantamos y nos poníamos a estudiar, pobre, ¡nos llevó a las tres!

    Llegamos a lo de Paula, ¡las tres medias en pedo!, no hizo falta ninguna previa, ni bien entramos en su departamento, Paula nos agarra a Maru y a mi, y nos besamos entre las tres, nos turnábamos o nos tocarnos las tres juntas las lenguas, mientras nos empezamos a acariciar y a tocar, fue todo rápido, como les dije ¡no hacía falta la previa!

    Solas nos sacamos la ropa (ya habíamos estado las tres juntas) desnudas nos seguimos besando acariciando sintiendo esa piel suave, rozándonos las piernas y empezándonos a tocar las conchitas, que ya estaban todas mojadas.

    Nos vamos a la cama, no sé porque, pero querían verme gozar a mi, Maru empieza a chuparme las tetas y a acariciarme todo lo que podía, Paula, se encarga de mi conchita, me la empieza también a besar, y yo abría cada vez mas mis piernas, gozando con lo que me hacía, me mete los dedos, que obviamente con lo caliente que estaba y lo lubricada, mojada que estaba, entraron fácilmente, aparte me había quedado caliente de esa cogida “Express” del amigo de mi novio, quería sexo ¡pero en serio!, más allá, de que la había pasado a la tarde cogiendo con mi novio.

    En una de esas me doy cuenta que Paula desaparece porque Maru aparte de chuparme las tetas me estaba tocando la conchita y Paula, hizo lo que hacía tiempo que no hacía (porque como le conté es lesbiana y además bien activa), y aparece con el cinturonga puesto y me empieza ¡a coger!, pero como había tiempo, libertad espacio, me cogió mejor que el amigo de mi novio, no sé cómo explicar el placer: Maru me comía las tetas, Paula me cogía, me puso las piernas sobre sus hombros para que me pudiera ¡coger mejor!

    Siguieron así hasta que acabé ¡como una HIJA DE PUTA!, agarra Paula y se la empieza a coger ¡a Maru!, y yo hago lo mismo que me hizo, ¡me tiro en sus tetas! Y también terminó acabando ¡como una yegua!

    Pau se saca el cinturonga e hicimos un trio de chupada de conchitas, cada una se la chupaba a la otra, hasta que terminamos acabando ¡todas juntas!

    Nos quedamos las tres dormidas desnuditas, juntas, medio incomodas, pero ¡no importo!

    Nos levantamos y nos duchamos juntas las tres, que placer si la piel de una mujer me gusta, enjabonada más todavía, y obvio en la ducha nos empezamos a tocar hasta que acabamos otra vez ¡todas juntas!

  • Un clavo saca a otro clavo

    Un clavo saca a otro clavo

    Realmente no recuerdo todos los detalles como Pamela y yo terminamos platicando bien entrada la noche. Toda la gente se había despedido a eso de las nueve de un día domingo y ese día yo me había tomado más de los tres whiskys que regularmente es mi medida regular en cualquier evento.

    Pamela era un chica muy hermosa que rondaba los 21 o 23 años y quien si no estaba casada legalmente, tenía un par de años viviendo con su novio… aunque en este caso, era el novio quien llegó a vivir con ella, pues mi hermana le rentaba un apartamento a Pamela y quien también trabajaba para la compañía de bienes raíces de mi hermana. Y es debido a este acercamiento, especialmente con mi hermana, es como me llega la nota que su novio le ha puesto el cuerno a la hermosa Pamela y ella en esos días anda con esos altibajos emocionales.

    Pamela era una chica esbelta, de uno de los más hermosos rostros que he conocido; sus medidas deberían ser las apropiadas para tener la oportunidad de ingresar fácilmente al modelaje y con eso quiero decir que sus pechos también eran o están en la medida de una copa B. Su cabello era largo y lacio y le cubría la mayor parte de su espalda y tenía unas piernas espectaculares, torneadas y alargadas. Aquel día nos hizo babear a más de alguno cuando salió del baño cerca de la piscina vistiendo un traje de baño de dos piezas y con un color azul marino que le daba un bello contraste a su piel morena clara.

    Pamela es de esas chicas que en cualquier lugar, ya sea vestida o desnuda te van a llamar la atención, pero lo que me gustaba más de esta chica era su sonrisa coqueta, su hablar con un léxico muy sugestivo, meloso. Tenía unos incisos perlados que mostraba coquetamente cuando sonreía y mi fantasía con ella era imaginar mi glande atrapado en ellos. Como sabía que estaba comprometida, pues nunca antes había hecho un intento de insinuarle nada, pero este día parecía que ella era la que estaba interesada en conocer a los hombres a través de la experiencia que quizá yo proyectaba a mis 43 años.

    – ¿Qué es lo que en realidad los hombres buscan en una mujer? ¿Por qué es tan difícil para un hombre ser fiel? –eran algunas de sus preguntas.

    De aquella manera recuerdo comenzó la plática, pero poco a poco comenzó invadiendo de una manera subliminal mi intimidad. Me dio el cumplido de lo guapo y elegante que le parecía y según ella, debería tener la experiencia de haberme llevado a muchas mujeres a la cama. En eso no se equivocaba Pamela, había tenido la suerte de haber tenido muchas experiencias de alcoba con varias mujeres y aunque no me lo reprochaba pues ella misma me exoneraba de infiel, puesto no era casado, ella indagaba el porqué la necesidad de los hombres con estar con varias mujeres.

    – ¡Creo que eso se llama “conquista”! -le dije.

    Le di mi teoría usando todo el conocimiento psicológico, biológico y antropológico que tenía para defenderla, pero Pamela, al igual que yo ya habíamos rebasado la medida de alcohol que podíamos fácilmente controlar y supe que ella se había pasado cuando sus preguntas eran más sexualmente abiertas, sin ningún tabú.

    – Tony, todas las mujeres tenemos lo mismo. ¿Cuál es la diferencia entre una vagina y la otra?

    – Pam, en general todas tienen lo mismo, pero realmente no todas son iguales. Quizá ese sea una de las curiosidades del porque de la conquista. Sabes, la parte genital de una mujer “x”, es diferente a la mujer “y”. La hechura de sus labios, el tamaño y forma de su clítoris, la manera de cómo cuida de su aspecto, la manera de cómo mueve esa pelvis al tener sexo, la forma como jadea o gime. Nosotros los hombres queremos conquistar siempre ese algo diferente.

    Hablamos de aquello por un largo rato y no sé si la demás gente nos escuchó la plática, pero al pasar la noche, solo escuché la despedida de mi hermana que se iba a su habitación y me pidió que no dejará ir a Pamela en aquellas condiciones. Dejamos de tomar alcohol y comíamos algunas saladitas acompañadas de jugo de toronja. Pamela me pregunto tanto en relación a como yo miraba el sexo e incluso quiso averiguar a quienes de la compañía de mi hermana me había llevado a la cama, pues por aquellos días el rumor de que Melodi y una chica de nombre María, ambas colombianas y ambas casadas, eran las que de vez en cuando se deslizaban en mi cama. Pamela fue directa al preguntarlo:

    – Tony, ¿quién coge mejor, Melodi o María? ¿Quién de las dos le gusta más, quién lo hace más rico?

    – Pamela, puedo compartir muchas cosas contigo acerca de mis experiencias, pero a mis pláticas no les agrego nunca un nombre.

    – ¡Disculpe mi indiscreción! ¡Perdón!

    – ¡No hay cuidado Pamela! En eso si me considero todo un caballero.

    – Tony, usted dice que un hombre mira a una mujer y si le gusta, comienza a imaginar cómo esa mujer funciona en la cama, como se vería sin ropa alguna. Tony, puedo hacerle una pregunta?

    – Dime.

    – Mientras estuvo casado con su esposa, ¿alguna vez le fue infiel?

    – Dos veces… la primera a los dos años de casados y la segunda, después de ocho años más o menos.

    – ¡Ya no me siento tan mal! Su mujer era una mujer tan bella, que si usted se lo hizo a ella, a cualquier mujer le puede pasar.

    – Es que no creo que tu novio haya tenido otra relación porque tú no seas bella, o porque no te quiera: lo hizo por curiosidad, por esa adrenalina de la conquista. Ahora, ¿te puedo hacer yo una pregunta?

    – Dígame.

    – Tú has sido infiel antes o has tenido la tentación de hacerlo.

    – Se la voy a contestar, pero antes quiero que me conteste la mía primero, solo quiero escuchar su respuesta para tener el valor de contestarle con honestidad.

    – Entonces, pregunta…

    – ¿Le parezco una mujer bonita a usted? Y si le parezco una mujer bonita, ¿ha imaginado como me veré desnuda y como hago el amor? – me hace sonreír su pregunta.

    – ¡Bueno! Sería difícil negar que eres una chica muy bella. Tú sabes bien que atraes miradas y hoy esta tarde, viéndote con tu traje de baño, créeme que a muchos nos hiciste fantasear. Pamela, tenlo por seguro, tu novio no te traicionó porque no eras bella, lo hizo por curiosear otros horizontes.

    – ¿Y según usted, como me miro desnuda, como gimo, como hago el amor?

    – ¡Bueno Pamela, eso está solo en mi imaginación! Pero bien, ahora contesta mi pregunta.

    – ¡No nunca le he sido infiel a nadie físicamente!

    – ¡Pero!

    – Sí, pero creo que todos somos infieles con nuestro pensamiento. Creo que todos fantaseamos.

    – ¡Te das cuenta! De esa fantasía a la realidad es la misma distancia entre el amor al odio. Puede suceder en cualquier momento.

    – Sí, me doy cuenta… Sabe Tony, ¿quién es esa fantasía?

    – Si Pamela, si me tienes confianza, dímelo.

    – Si, le tengo confianza, pero me siento muy nerviosa… ¡esa fantasía es usted!

    La tomé de las manos y pude sentir que temblaba de miedo. La besé por largo tiempo en la boca y la estuve mimando como a una niña. Realmente parecía una niña entre mis brazos y me encantaba saborear su piel, su perfume de Chanel se mezclaba con la feromonas y no me cansaba de besarla y acariciar con mis manos su espalda y piernas. Llevaba un vestido ajustado a su cuerpo esbelto. No hablamos mucho desde ese momento, pero a los minutos yo le hice una pregunta:

    – ¿Tú has imaginado como yo hago el amor?

    – Sí, me lo he imaginado, y tengo miedo vivirlo.

    – ¡Miedo! ¿Por qué miedo?

    – Usted dijo que de la fantasía a la realidad solo es un pequeño paso… pues ese paso, le tengo pavor.

    – Si tienes mucho miedo y crees que tendrás un fuerte sentimiento de culpa, estas a ese paso también de evitarlo.

    – ¡Por favor Tony! Quiero evitarlo… no me haga más preguntas. ¡Quiero que me haga su mujer!

    La levanté completamente entre mis brazos y realmente su cuerpo temblaba. Subí con ella por las gradas hasta llegar a mi habitación. En ese proceso miré ese lindo rostro que siempre me gustó, pero que nunca pensé tener esta posibilidad. Pamela es una chica muy linda, y me di gusto saboreando todo su cuerpo completo. La posé en la cama, removí sus zapatos de vestir, se tuvo que sentar para poder desabrochar su vestido y poder descubrir sus pequeños y sólidos pechos. Le removí su vestido completamente y su brasier, solo dejándola con un bikini color azul marino, su pulsera de mano y una cadena de oro en su cuello. No tenía ningún tatuaje y su piel y su cuerpo, uno de los más perfectos que he gozado. No sé por cuánto tiempo saboreé su cuerpo, que cuando llegué a su entrepierna, podía ver que sus jugos vaginales habían invadido completamente aquel bikini azul marino. Se lo removí delicadamente y Pamela estaba para hacer una erupción final que tuve que ser breve con besar su clítoris y pasar un par de veces mi lengua en aquella húmeda y caliente rajadura. Me desvestí ante ella, y le permití apreciar por unos segundos mi pene completamente erecto y también brillante de mis fluidos pre seminal. Ella me asistió con abrir sus piernas, donde es una delicia ver esa rajadura completamente afeitada, fresca, con unos labios rosados y un clítoris brillante que pulsa como si fuese el temple del cerebro. Me acomodo y le acerco mi glande y este se introduce lentamente, mientras veo esa mirada delirante de esta linda chica.

    Tomamos esa posición del misionero y mi verga está completamente hundida en la vagina de esta bella mujer. No son movimientos agresivos, pues Pamela me lo indica con sus besos, le gusta este ritmo, me lo dice mientras me mira, nos volvemos a besar donde por minutos saboreamos nuestras lenguas, y aunque lento, se escucha ese chasquido cuando mi verga entra y sale de su preciosa abertura. Quizá han pasado unos siete minutos y Pamela al mismo ritmo choca contra mi pelvis de una manera más violenta, jadea, respira profusamente, lo veo en sus ojos, abre la boca y se muerde sugestivamente sus labios… le invade un orgasmo.

    No dejo de pompear su conchita y por un par de minutos ella ha sentido como mi verga erecta y bien solida le ha acompañado por lo largo de su orgasmo y cuando el efecto glorioso de esa sensación se ha calmado, pues he dejado de sentir las contracciones de su vagina y lo erizo de su piel ha desaparecido, me lo dice al oído con esa voz melosa y sugestiva de su léxico:

    – ¡Quiero sentir que te vengas adentro de mí! ¡Quiero verte disfrutando de mi chonchito!

    Realmente no me tomó mucho tiempo explotar con una tremenda eyaculación adentro de las paredes bien estrechas de la vagina de esta linda niña. Tres minutos más de pompearla y ver ese lindo rostro ante mí, y me mandó al paraíso. Ella al verme en ese estado sacudió su pelvis eufóricamente, me tomó de los glúteos y me los acariciaba con sus uñas, enviándome un placer súper exquisito. Ambos estábamos tan calientes, que tuvimos que cambiar las cobijas de mi cama, pues todo aquel placer había hecho una mancha espectacular.

    Nos fuimos a darnos un baño juntos, para luego pasar al yacusi que regularmente está con agua caliente y donde nos reponíamos en breve para seguir con el placer oral. Fue ahí donde Pamela elogió con su voz melosa mi miembro, que aunque en este momento no tan erecto, pero que Pamela lo describía como el más grande que había experimentado en ese momento en su vida. Recuerdo que así, algo flácido mi miembro, se lo llevó a su pequeña boca, donde solamente lograba insertarse mi glande. Obviamente en minutos me lo puso erecto y el segundo round de esta experiencia llegó en el yacusi. Se sentó sobre mis piernas frente a mí y esta vez, ella fue la que dirigió mi verga a encontrar ese hueco tan rico y jugoso de Pamela. Esta chica es de esas chicas de sexo delicado, de sexo erótico. No necesita de tanta violencia o poder para alcanzar su orgasmo, es más, cuando le daba ritmo más fuertes a mis estocadas, ella me lo bajaba, ya sea besándome o no siendo muy participativa. El sexo de Pamela es de tacto, de roce delicado y descubrí que era una combinación de chupar sus pezones, mientras ella sentada sobre mis piernas y con mi verga hundida en su rajadura que disfrutaba y era como le llegaban sus orgasmos. En este segundo round, ella en su estilo alcanzo dos orgasmos seguidos mientras no pausé de chuparle sus pezones. Una vez ella alcanzaba su meta, se disponía a darme placer a mí. Se volteó siempre sentada sobre mis rodillas, dirigió mi pene a su rico orificio y me dejó que disfrutara viendo sus ricas nalgas, el ojete de su ano que se movían en un compás de movimientos sutiles, que me llevaron a correrme a los pocos minutos. Es que ver es rico culo y sentir lo caliente de su vagina y sus contracciones, es como estar verdaderamente en el paraíso.

    Creo que la posición de perrito fue el cierre de broche de oro, pues ya para este momento deje que Pamela llevara el ritmo. Ella no es de las que habla mucho, pero es de esas chicas que te transmiten su placer a los decibeles de gemidos casi en silencio y que se elevan cuando alcanzan un orgasmo. En aquella posición de perrito, le tomó a Pamela unos doce minutos en alcanzar el orgasmo y no sé si se debió a mi atrevimiento de explorar y frotar delicadamente su ano mientras mi verga entraba y salía de su rica panocha. Se corrió y fue quizá el momento que mis embestidas fueron las más violentas, y aun así me tomó otros cinco minutos para poder acabar de nuevo en su rica concha. A las dos de la mañana, le había metido 3 polvos y ella creo que se había corrido unas cuatro veces.

    Un tanto agotado por la faena de la noche, aunada con el movimiento de todo el día por la fiesta que mi hermana había dado y que yo le asisto en todo, pues estaba ya a punto de relajarme en el sueño, y nos quedábamos desnudos junto a Pamela abrazados. En el correr de un par de minutos escucho a Pamela decir:

    – Tony, ¿de veras te gusto mucho, como dices que te gusto?

    – Pamela, ¡tú me encantas!

    – ¿Qué es lo que más te gusta de mí? ¡No me vayas a decir que mis ojos! -y ella se ríe.

    – ¡Pamela, la verdad que me gustas toda!

    – ¿Dime algo en particular?

    – ¡Me gustan tus pechos, tus piernas, lo que tienes en medio de tus piernas!

    – ¿Mi trasero no te gustó?

    – ¡Claro que me gusto, me encantó!

    – ¿Por qué no me lo pediste?

    – ¡Porque tenía miedo incomodarte!

    – ¿Lo quieres?

    – ¡Me gustaría probarlo!

    – Tony, es tuyo… quiero que me lo cojas así tan rico como me has cogido.

    Y así de lado mi verga se fue poniendo erecta, y a los minutos había segregado mucho fluido y poco a poco mi glande fue invadiendo el culo de esta linda niña. Sé que le dolió, pues me lo decía sus quejidos, pero siempre insistía que no se la sacara. Con los minutos comencé a pompearle el culo, mientras con mi mano le masturbaba su conchita, específicamente su clítoris. En minutos encontró otro orgasmo y en minutos después le dejaba ir el cuarto y último polvo de la faena. Nuevamente a bañarnos y nuevamente a acomodarnos para esta vez dormir. Y de repente:

    – ¿Tony, te fuiste rico?

    – ¡Estuvo delicioso! ¿Nunca imaginé que te gustara el sexo anal?

    – ¡Es que no lo sabía! Es primera vez que lo hago y teniendo esta oportunidad hoy contigo, me figuré que podrías ser el primero.

    – ¿Tu novio nunca te lo pidió?

    – Si… pero nunca se lo di… pensé entregárselo en un día especial… ¡mira que tonta!… ¡Mejor no hablemos de él!

    – ¿Y hoy es un día especial?

    – Si, mis amigas se encargarán en hacerle saber a mí ex que fui tu mujer y que fue a ti a quien le entregué la virginidad de mi trasero. – y se escuchó una leve risa.

    Sé que las mujeres al igual que los hombres hablan de sus intimidades entre sí, y la verdad que estas mujeres de la compañía de mi hermana se conocen y me conocen. Sé que hasta algunas que nunca han estado conmigo en la cama dicen haberlo estado, quizá para sentirse parte y ser aceptadas en grupo. Aquella noche me dormí con una sonrisa a la expresión de Pamela:

    – Sabes Tony, ese dicho que dice: Un clavo saca otro clavo.

    – Si… lo he escuchado.

    – Bueno, mis amigas se encargaran de contarle a mi ex, que tú me sacaste ese clavo y me clavaste el tuyo.

    [email protected].

  • Nuestra amiga argentina y su nuevo amigo Cali

    Nuestra amiga argentina y su nuevo amigo Cali

    Esto me paso ayer (hace tres años), porque ya son las dos de la mañana. Estaba tranquila y sola en casa, me acababa de duchar, serían las 18 hs, en casa no hacia frio, estaba la calefacción al máximo, solo tenía la tanga y una remera, que me quedaba bastante corta, María la chica que trabaja en casa, mi mama le había dado permiso para ir al médico y sabia que hasta las 20 hs no iba a llegar.

    Estaba hablando por MP con algunos amigos que tengo en internet, hasta que suena el timbre, yo no esperaba a nadie, me asomo por la ventana para ver quién era, y ¡no lo podía creer! Era Cali, el amigo de mi novio que me cogió acá en casa el día del amigo.

    La verdad que me puse nerviosa, pensaba, ¿le abro?, ¿me cambio?, me hago la boluda y bajo así, para ver quién es, ¿solo por la mirilla? (Aunque en casa afuera hay cámaras), la verdad que no sabía qué hacer, como en todos esos momentos, la adrenalina me subió a mil. Y mi corazón también ¡latía a mil!, pero eso me provoca una calentura por lo inesperado, que es más fuerte que yo, no lo puedo dominar, me gusta cuando siento eso, esos nervios, como si fuera mi primera vez.

    Vuelve a tocar el timbre, y sin pensarlo bajo, miro por la mirilla, apenas le abro la puerta, me mira ya cogiéndome con la mirada, y le pregunto qué hacía en casa. Y el dialogo fue más o menos así:

    Yo: ¿qué haces acá?

    Cali: nada nena, te vine a ver, ¿puedo?

    Yo: si, pero me sorprende.

    Cali: me vas hacer pasar ¿o te vas a quedar así y que todos te miren como estas vestida?

    Yo: ehh, noo, sii, dale pasa.

    Cali: Caro, ¿estás sola?

    Yo: si, ¿por?

    Cali: tenemos que terminar lo del otro día.

    Yo: (haciéndome al pedo la boluda) ¿qué cosa?

    Cali: dale nena, cuando cogimos de parados en el baño, apenas duro 10 minutos.

    Yo: ¡estás en pedo nene!, ya todos saben todos como sos, no voy a pasar a ser una de tus putitas (tiene fama de cogerse a todas las pendejas).

    Cali: nena, ya lo sos.

    Yo: ¿Qué?

    Cali: que ya lo sos, ya te cogí como una trolita en el baño, mientras tu novio estaba con los amigos.

    Yo: bueno… pero

    Cali: aparte, no te hagas la boluda, hay cámaras afuera, sabías que era yo, y me recibis casi en bolas nena, te moris porque te coja de nuevo.

    Yo: ¡sos un desubicado nene!, ¡no me hables así!, ni en pedo me vas a coger de nuevo.

    (La verdad, me moría de ganas ¡que me coja!, pero en el fondo esta vez la verdad que no quería, no puedo ser tan HIJA DE PUTA, y cagarlo así a mi novio.)

    Cali: bueno, perdóname, pero quiero estar con vos, el otro día ni sentí tu piel, ¡fue muy rápido! quiero ver como gozas y acabas ¡en serio!

    Yo: bueno, basta nene, te dije ¡que no!

    Se me acerca, no me dice nada, y me parte la boca, y yo como una forra desesperada hago lo mismo, nos matamos en ese beso largo y profundo, mientras él con su manos por detrás de mí, me levantaba la remera y me acariciaba la cola sobre la tanga y yo lo dejaba, ya estaba ¡muy caliente!

    Así, seguimos un rato, hasta que me saca la remera, me tira en el sillón y se abalanza sobre mis tetas, me las empieza a comer, a besar, y yo ya le demostraba lo caliente que estaba y su mano me la mete debajo de la bombacha, y ve que ya estoy ¡toda mojada!, y me dice: “menos mal que no querías coger, ¡sos re trola!” esas palabras me pusieron más caliente, me saca la bombacha y ya me había dejado desnuda, ¡en el living de mi casa!

    Se tira en mi conchita y con una suavidad, que me puso loca, me la empieza a acariciar, hasta que la suavidad se fue transformando en una bestia salvaje que me metía los dedos, uno, dos, la lengua, ¡me la comía! Mis gemidos ¡hablaban por mi! y siguió, siguió, mis piernas imposibles dejarlas quietas y le empujaba su cabeza para que cada vez ¡me la chupe más! Hasta que me robo mi primer ¡orgasmo! (Ahí entendí porque se cogía a todas las pendejas, es un seductor el puto ese).

    Le termino de sacar la ropa, y voy derecho ¡a su pija!, se la acaricio, muy despacio, provocándole cada vez más calentura, le paso la lengüita sobre la punta y lo miro, me dice: “segui chupándomela así, que me encanta”, y se la seguía chupando, hasta que me la meto toda en la boca, me la como, cada vez la tenía más dura, le pido que no acabe, y me subo arriba de él, apoyando los pies sobre el sillón y me la clavo, y empiezo a saltar sobre esa pija.

    “Ayyy, ayyy, segui, segui, mas fuerte, más fuerte”, me acuerdo que le decía, y él me respondía: “¿te gusta cómo te cojo?” “si, si bebe, cógeme así, segui que ¡no doy más!”, me acuerdo que el turro me preguntó: “¿sos mi puta?” “siii, sii bebe soy tu puta” (en ese momento le decía que si a todo), hasta que me hizo acabar ¡otra vez!

    Me pide que me agache en el piso, el sentado en el sillón, y me la mete en la boca, se la empiezo a chupar, me pregunta: “¿queres la lechita trolita?” “Si”, le digo que la quiero, y se la sigo chupando hasta que él se la agarra, yo arrodillada, saco la lengua esperando mi premio y me llena la boca y la cara de leche.

    Yo seguía caliente, me siento al lado de él, sobre él, acariciándole con mi pierna su pija y besándolo, ya se le estaba parando de nuevo, hasta que suena mi celular, ¿quién era?, si, mi novio, el turro, me dice: “atendelo”, no sé porque le hice caso y atendí.

    Mientras hablaba con él Cali no hacía más que besarme las tetas y tocarme la concha, mientras mi novio me decía algo así, no me acuerdo bien.

    Tomy: amorcito, ¿qué hacías?

    Yo: nada, media dormida (no podía ni hablar).

    Tomy: Estoy por XXXX, si queres en media hora paso, ¿queres hermosa?

    (No le podía decir que no siempre le digo que si, aparte, no podía ni hablar).

    Yo: dale, amor, te espero.

    Le digo a Cali que se tenía que ir, me pide uno más, no le contesto, me pone en cuatro en el sillón y ¡me empieza a coger!, como me calentó que me cogiera sabiendo que mi novio estaba viniendo, a él también le paso lo mismo, porque ¡acabamos en seguida!

    Se vistió y se fue, voy corriendo al baño, me lavo toda y me visto, a los 5 minutos llega mi novio, y a la media hora estábamos cogiendo, pero en mi cuarto, yo caliente le pedí que me hiciera la cola, me la hizo, acabe como una perra a los gritos, no mucho tiempo, porque yo sabía a la hora que llegaban mis viejos.

    Terminaos de coger, nos vestimos bajamos, a los 10 minutos llegaron mis viejos, cenamos todos juntos y Tomy hace un rato que se fue.

    Cali, es un chico que cualquier pendeja quisiera estar con él, mucho chamullo, divertido, re lindo, pero tiende, dentro “del grupo” fama de que se coge a todas las pendejas, inclusive a alguna hermana de los chicos del grupo, y a pesar de que me cogió le dije que no iba a ser una de sus putitas (aunque reconozco que me tiene caliente).

    La última vez que nos vimos fue el sábado que salimos como 8 parejas a tomar algo, cuando salgo del baño, me agarra, me lleva a un rincón, me parte la boca, me mete la mano por la cola, debajo de la pollerita que tenía, y no me pude resistir, yo también le partí la boca, una de mis piernas se entremezclo con la de él, y me dejó más caliente todavía, el después fue al baño, y yo a la mesa, donde estaba con mi novio.

    Ese día me dijo, que en algún momento, nos teníamos que matar y sacarnos la calentura que teníamos, le dije que ni en pedo, que se olvide.

    Ayer 23 HS, me manda un whatsapp, y les copio lo más importante.

    Cali: y Caro, tenemos que terminar lo que nunca hicimos completo y con tiempo

    Yo: (haciéndome la boluda) no se de que hablas

    Cali: dale nena, los dos estamos re calientes, saquémonos las ganas

    Yo: no nene, estoy de novia con un amigo tuyo!!!

    Cali: pero nadie se va a enterar, a mi tampoco me conviene que nadie se entere, voy a quedar como un HDP, no seas pendeja!!!

    Yo: aparte, no voy hacer una de tus putitas, tenes fama de haberte cogido a varias pendejas

    Cali: si a eso llamas putitas, vos ya lo sos!!! Y no es que te cogi, no te obligué, vos también tenías ganas, o no? decime la verdad?, no seas boluda?

    Yo: eso no me lo tenes que preguntar, nene

    Cali: que estas haciendo ahora?

    Yo: nada, por?

    Cali: en 40 minutos te paso a buscar

    Yo: estas re loco nene, vas a pasar al pedo

    Cali: no seas pendeja!!! nadie se va enterar!! Dale, tenes tanta ganas como yo, o no? te voy hacer sentir muy puta cogiendo conmigo, y se que eso te gusta, pensalo, en una hora podemos estar cogiendo!!!

    No sé, como digo siempre son esos momentos en que me late el corazón a mil, de solo pensar que en una hora me iba a estar cogiendo me humedecía solita, y la decisión era sola mía, decirle ¡que si o no! ¿Qué hacia? lo deje esperando unos 5 o 10 minutos, y me seguía mandando whatsapp para que me decidiera, pero yo ya sé como soy, y estas cosas son más fuertes que yo, aparte ya había hablado con mi novio, habíamos estado cogiendo a la tarde en casa y teóricamente no íbamos hablar más por ese día.

    Cali: y nena, no seas pendeja, dale!!!

    Yo: OK

    Listo, ya me había jugado, estaba a mil nerviosa, excitada, todo junto, me iba a dejar coger, pero esta vez en serio por un amigo de mi novio, y estaba convencida de que por la calentura que tenía quería hacerlo.

    Ahora viene la otra parte si iba a ser su putita, iba a ser la mejor putita que tuvo, en eso soy ¡re competitiva!, aproveché que estaba sola en casa (porque mis viejos se habían ido a cenar afuera) y me puse una pollerita re corta y ajustada (esas que tengo escondidas, porque si mis viejos me ven vestida así me matan), sin medias y el resto, quería vestirme bien perra y estaba dispuesta a que ¡no se olvide más de mi!

    Cuando me subí al auto y esa pollerita me queda casi como un cinturón (para los que no entienden con esas polleritas cuando nos sentamos se suben y quedamos casi en bolas), me di cuenta de cómo se puso, me partió la boca y me empezó a meter mano en las piernas, y le digo que acá no (ni en pedo en la puerta de casa, por más que los vidrios de su auto son oscuros y de afuera casi no se ve nada) pero no me iba a quedar en la puerta de mi casa, sin saber cuando llegaban mis viejos.

    Me di cuenta que Cali ya estaba re caliente, hicimos un par de cuadras y para en una calle oscura, y me parte la boca, se me tira encima, sentía como sus manos, me acariciaban todas mis piernas, me empezaba a poner la mano en la entrepierna, que es mi parte ¡más sensible!, le toqué sobre el jean su pija y ya la tenía reparada, y como les dije a mi de puta no me van a ganar y aparte quería que no se olvidara más de mi, en un momento, lo pare, le dije “espera”, ¿saben lo que hice? Algo que así tal cual nunca lo había hecho, pero quería que nunca se olvide de mi. Le dije, te voy a dar un regalito, y me saque la bombachita ¡y se la di! Puffff, se volvió loco, me empezó a manotear cada vez mas, obvio, me empezó a tocar la concha, que ya la tenía toda mojada, y yo le empecé a desabrochar el pantalón hasta encontrar esa hermosa pija, que mientras él me tocaba la concha yo me la metía en la boca.

    Estábamos los dos re calientes, yo en algunas cosas soy media boluda, pero si algo se es como dejar bien caliente a un chico, me pase al asiento de él, me puse sobre él, ya su pija estaba en la entrada de mi conchita y así ¡me la rozaba! Sé que se moría por cogerme ahí nomás, pero esa no era mi idea, solo era ¡calentarlo!, entonces le digo: “no, acá no, ¡vamos a otro lugar!” Se quedó re caliente, pensaba que ya me iba a coger ahí.

    Fuimos a un telo, ni bien llegamos, y como les dije de putita nadie me gana, al menos es ¡lo que intento!, obvio nos besamos, mientras me iba sacando la ropa, bah, lo que me quedaba y yo me dejaba, me gustaba que me fuera dejando ¡desnuda! hasta terminar así en la cama (nunca habíamos cogido en una cama, las dos veces que lo hicimos fue rápido).

    Estando en la cama, le beso todo su lomo, eso lomo marcado, casi sin pelos, que me encanta, hasta llegar a desabrocharle el pantalón, bajárselo, meterle la mano por debajo del bóxer, encontrar su pija.

    Primero la agarre con la mano, nada más y lo miraba, después la empecé a besar, le pasaba la lengua, y empecé a jugar con mi lengua con su puntita hasta que la empecé a chupar toda, ¡y sentía el placer que eso le daba!

    Sentía que su pija explotaba, le pedí que todavía no acabe y me dice que no que antes me va hacer acabar ¡mil veces!, le termino de sacar el pantalón, y como siempre, en la posición que más me gusta, me pongo arriba de él y me clavo su pija en la concha y empiezo a saltar, me movía como loca y él también me la quería meter toda, mientras me tocaba las tetas, y me decía: “que puta que sos” eso en ese momento ¡me calentaba más! “Si, soy tu puta, ¿te gusta?”, “si nena sos mi puta y te voy a partir al medio”.

    Seguí así un rato hasta que me hizo explotar en mi primer orgasmo, y a los gritos, ¡como desesperada!, la verdad estaba con muchas ganas que me cogiera así, tranquilos, con tiempo.

    Me hace poner boca abajo en la cama y me empieza a besar la cola, a acariciarla, todo esto durante un buen rato, a mi eso me encanta, de a poco empezó a jugar con sus dedos en mi cola, y yo me dejaba, y como un movimiento inconsciente, la empecé a levantar, ¿me explico?, casi quedando en cuatro, y me empezó a meter un dedo.

    Se que me estaba probando para ver hasta donde yo le diga que basta, que ya estaba, que eso no me gustaba, ¡pero no!, ¡eso es lo que más me gusta!, y aprovecha y me mete un dedo, dos, y mis gemidos hablaban sola por mí, decían que eso me gustaba.

    Así estuvo unos minutos hasta que de apoco me empieza a meter esa hermosa pija en la cola y yo gemía ¡cada vez más!, de solo pensar que le estaba entregando el culo a un amigo de mi novio me ponía re loca.

    Y bueno, me la metió toda, me la sacaba, ya no me importaba nada, me decía: ”putita ¿te gusta por la cola?” y yo lo único que quería era acabar así y le decía: “ si forro, cógeme, ¡cógeme por el culo!”, hasta que no tarde mucho en acabar y él tampoco.

    Nos quedamos en esos minutos necesarios para recuperarnos, me decía que desde el primer día que me vio sabia que me iba a coger, en un momento pensé “¿qué carajo estoy haciendo?” pero era tarde para hacerme esa pregunta, le empiezo a acariciar su pija y se le para enseguida, se la chupo un poco y ya estaba del todo parada.

    Me dice: “veni, quiero hacerlo así” nos levantamos de la cama, me apoya contra una pared y me empieza a coger de parada, mientras apoyo una de mis piernas en una mesa y solo me agarraba ¡de la pared!, mis piernas ya temblaban, no me podía sostener hasta que me saca otro orgasmo.

    Me pongo de rodillas y se la empiezo a chupar, bien como una trolita, siempre mirándolo, hasta que me, se empieza a desesperar, se agarra la pija, yo saco la lengua, me llena la cara y la boca de leche.

    Nos vestimos y nos fuimos, al final, FUI UNA DE SUS PUTITAS, lo peor es que me dijo: “Caro, ¡no pensé que te gustaba tanto coger!”

  • Noche de incesto con mi hermana

    Noche de incesto con mi hermana

    Esto me paso ya hace más de dos años, un día de trabajo entre mis compañeros quedaron en ir a divertirse un fin de semana a una disco para botar el estrés que genera la chamba; yo en particular no soy mucho de ir a discos ya que gracias a mis 2 pies izquierdos no se bailar, para colmo mi esposa estaba de viaje en Trujillo en un evento familiar al que no pude asistir gracias a mi sacrificado trabajo, y no tenía con quien ir…

    Esa misma noche en la que se quedó, me anime a ir, eran como las 11 de la noche y trate de ubicar algunas amigas para que me acompañen al tono pero no ubique a nadie, cuando ya estaba desanimándome me llama mi mama para saludarme y saber cómo estaba, ya que hace días no sabía nada de mi. Le comente que me iba a quedar encerrado otro fin de semana viendo tele ya que no tenía con quien ir a la disco, cosas de la vida, mi madre me pidió que invitara a mi hermana ya que a sus 18 años no era mucho de salir ni de ir a fiestas es más, amigos tenia contaditos, a pesar de ser una mujer muy simpática. Bueno al no ver opción la invite a salir.

    La recogí una hora después de haberla llamado y vaya sorpresa que me lleve, bajo de las escaleras con un vestido negro muy corto y escotado que mostraba unos senos espectaculares, y el mejor culo que había visto en todo mi vida; tuve que disimular mi sorpresa ya que mi mama estaba a mi lado, nos despedimos de mama y prometí traerla temprano. Salimos de la casa con dirección a dicha fiesta, no sé por qué pero empecé a imaginar cosas con ella; en el trayecto empezamos hablar de todo un poco, de ella, de mama, de mi trabajo, de los estudios, de sus enamorados hasta ahí todo normal.

    Llegamos y más de uno se quedó con la boca abierta al verme llegar con ella, mis amigos empezaron a molestarme y a preguntarme quien era esa hembron que me había conseguido. Como joda les dije que era una amiga muy especial, espere que mi hermana me desmintiera y les dijera la verdad pero solo se limitó a sonreír, y me guiño el ojo en señal de complicidad. Comenzamos a beber, a bailar, a pasarla muy bien, tanto que no me percate que ya eran como las 3 de la mañana, Sheila (así se llama mi hermana) estaba un poco pasadita de copas y me dijo que no quería llegar a casa en ese estado ya que mis viejos se podían molestar ya que según ella nunca había tomado tanto como esa noche, entonces llame al fijo de la casa para avisar que llegaríamos un poquito tarde porque según yo, nos fuimos a otro lugar un poco más alejado de donde iríamos al principio ya que no pasaba nada en el tono. Para mi buena suerte mi viejo me aconsejo que si era posible durmiera en la casa de un amigo y que mañana con menos peligro que representa transportarse de noche volviera a casa, solo me pidió que cuidara a mi hermana ya que es la única mujer entre 4 hermanos, se despidió y me dijo que la pasara bien.

    Después de colgar el teléfono le comente a mi hermana la charla que sostuve con mi viejo y decidimos seguir tomando, en eso ponen un perreo, y me dijo que si quería bailar, le dije que no, que si quería, sacara a unos de mis amigos que yo no me iba a molestar, que normal, pero me dijo que no, que quería bailar esa canción conmigo, ya que me tenía confianza para bailar ese tipo de canciones porque que mis amigos tenían cara de pervertidos, jajaja (creo que nunca se percató de la mía).

    Al comienzo fue un baile con mucho respeto, hasta que una pareja de mi mesa se pone a bailar a mi costado y por ser enamorados tenían mayor confianza de roce y en son de broma empieza a molestar a mi hermana diciéndole que con ese cuerpo podría bailar mejor, que si quería ella le podía dar clases de baile y un montón de indirectas más, ese fue el inicio de todo, de repente empezó a pegarse más a mí, empecé a sentir su rico culo golpear mi pene, me empecé a excitar tanto que ya luego yo mismo trataba disimuladamente de pegarla a mí, empecé a rozar sus muslos con mis manos y poco a poco iba subiendo hasta que ella me dijo sonriendo que no me aprovechara, me hizo recordar que eras hermanos, y que a pesar que estaba disfrutando mucho el baile conmigo, no podía llegar a mas, pero lo que me confundió fue que no se molestó que me lo dijo de una manera tan extraña que me CALENTÓ, que me EXCITO, que me provoco aventarla contra la pared, besarla, morderle sus pechos, levantarla el vestido y penetrarla una y otra vez, hasta que de ella misma me pida que la folle.

    Lo único que atine a decir a todo lo que me dijo fue que si me tenía miedo, que si quería nos sentábamos pero sabes, lo que una mujer no resiste es que la reten, y me dijo que no, que mientras bailáramos me permitía hacer lo que sea, y así fue, poco a poco le di uno que otro beso en el cuello, sin separarla de mí, le empecé a besar la oreja y mi hermana se retumbaba contra mí, tenía la verga a mil, estaba follandome a mi hermana en pleno baile, era casi un sexo con ropa. Yo estaba en la gloria. Llegaron las 4 de la mañana y nos empezamos a despedir, el tono había acabado y pensé que mis oportunidades de tener ese rico culo apretándome el pene se habían terminado; pero no fue así. Cerca de la disco había como un hotel y dentro había un bar, le propuse tomarnos unas par de chelas haciendo tiempo que amaneciera porque supuestamente estábamos lejos de casa y no podíamos regresar todavía. Pensé que me iba a decir que no, pero accedió. Llegamos, nos sentamos en la barra, revisamos la carta y pedimos una bebida llamada curiosamente ORGASMO…

    Entre un trago y otro me pregunto cómo fue mi primera vez y que como iba la relación con mi esposa en ese aspecto, le dije que era una pena que ella no era muy apasionada en cama y que yo ya la había engañado más de una vez porque a mi si me gustaba el sexo, y empecé a describirle situaciones, las poses más comunes y las que daban más placer, veía la cara de mi hermana llena de excitación, como pidiendo que me folle…

    Con el pretexto de que no podía llegar así oliendo alcohol, le propuse ir a una habitación, para descansar un poco, me dijo que normal pero con camas separadas, preguntamos y para mi suerte solo habían camas matrimoniales, le dije que no se preocupara que yo dormiría en un sillón o en suelo, que confiara en mi y subimos al 5 piso, llegamos al cuarto la instale y no sé por qué pero le dije que mejor alquilaba otra habitación porque estaba muy excitado por lo de la disco, por la conversa que tuvimos y que de repente no vaya a cumplir mi promesa y la termine follando.

    Me pidió que no me vaya que le daba miedo quedarse sola y que ella no me iba a reclamar nada si es que pasaba algo. Me acerque a ella y la abrace, me pidió que la abrace fuerte, lo más fuerte que pueda, y así lo hice la apreté tanto que sentí su rica concha, tanto que sentí que la penetraba y eso que estaba con ropa, mi pene se estaba por reventar.

    Nos miramos y nos fundimos en un beso desesperado, apasionado, con mis manos le levante el vestido y la cargue, ella me empezó a desabotonar la camisa, luego el pantalón, la pegue a la pared y sin dejarnos de besar le puse a un lado su minúsculo calzón y la penetre, una y otra vez, sus gemidos eran placenteros, todavía no podía creer que me estaba cachando a mi propia hermana, era riquísimo, es una sensación indescriptible algo que nunca sentí con ninguna mujer, ni con mi esposa…

    Después de unas cuantas embestidas contra la pared, me avente a la cama, era el turno de ella, se colocó encima de mí y empezó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás, mientras yo mordisqueaba sus senos con una desesperación como si fuera el ultimo polvo de mi vida, le pedí hacer la pose del perrito y me dijo que esa noche era mía, que podía hacer lo que yo quisiera que ella era mi puta y que estaba dispuesta a todo, me acuerdo que hicimos el amor hasta las 8 de la mañana, un polvo tras otro, les juro que nunca voy a olvidar esa noche, porque fue la mejor noche de mi vida…

    Después de esa noche nunca más se habló del tema, nunca más se repitió, dentro de poco mi hermana se va a casar y estoy pensando en seducirla otra vez, solo una noche más, una y nada más.

  • Mi hija se casa

    Mi hija se casa

    A mediados del año que termino, recibí una noticia por parte de mi hija, que me sorprendió, resulta que me anuncio que iba a contraer nupcias con el pendejo de su novio, cuando me lo dijo, me quede un poco mudo, porque aunque esperaba esto, nunca creí que fuera tan pronto, ella sin darse cuenta de mi desconcierto, me dijo, que su novio, en compañía de sus padres muy pronto venían a pedirla oficialmente.

    No pude dormir esa noche, porque me vi otra vez solo, y lo que era peor, mi relación sexual con mi hija, muy pronto se iba acabar, esa noche soñé con ella y con las noches calientes que pase con ella, así no podía dormir, miré el reloj y vi que era la una de la madrugada, de pronto me vino una idea a la cabeza y me levante rápidamente y fui a su recamara, o decepción, me acorde que estaba de visita con una amiga de mi ex vieja, así que, me tuve que hacer justicia con mi propia mano en honor de ella y de su hermoso cuerpo.

    Al otro día, ella llego muy temprano, es hermosa, se parece a su mama, aunque todavía no embarnecía mucho, se notaba que iba estar más buena cuando estuviera más grande, se me quedo mirando, al notarme que estaba un poco enojado, me dijo “¿Qué te pasa papito?”, con ese tono de voz que me ponía cachondo con tan solo oírlo, al tiempo, que me abrazaba y se sentaba en mis piernas, podía sentir la dureza de sus ricas nalgas, yo le conteste “es que te vas y a lo mejor te vas a olvidar de mi”.

    Me contesto, “el que me vaya a casar no es el fin del mundo”, es más, “para tu tranquilidad, yo te seguiré viniendo a visitar” plantándome un ardiente beso en mi boca, que se prolongó bastante. Con mucho trabajo, me separe y le dije, “no pude dormir anoche, creo que me voy a volver acostar, para ver si me duermo algo”, ella intrigada me pregunto “¿Por qué no pudiste dormir papi?”. Yo le dije, “pues no pude dormir, porque estaba pensando en ti preciosa y si no logro dormir, ando de mal humor todo el día”.

    Sin más, me retire a mi recamara y me eche en la cama y me quede dormido, pero no tanto, para sentir que ella se metía a la cama y se me pegaba a mi espalda, como cuando era niña y no podía dormir, como ella vio que no me movía, me dio la espalda, entonces fue cuando le pase mi brazo por su cintura y me repegue mas a sus nalgas paraditas, ella lanzo un gritito y fingí que me despertaba y le pregunte “¿Qué pasa, que ya no te gusta que te abrace preciosa?, llevamos casi un mes sin hacerlo, ¿no te parece que ya va siendo hora que cojamos un poco?”.

    No deje que me contestara, prestamente le metí la mano debajo de su camiseta y empecé a acariciar con mis dedos muy suavemente sus pezones, los cuales se pusieron erectos de inmediato, le susurre a su oído, “así me gusta, muy bien” seguí masajeando sus tetas con mi mano derecha, ella empezó a gemir de excitación, ya que primero acariciaba los bordes de sus pezones y luego tiraba un poco de las puntitas, rápidamente, por un solo momento, adentre mi mano en su bajo vientre y le acaricie sus labios vaginales, estaba bastante mojadita, se notaba que la estaba excitando muy bien.

    Dentro de mi excitación, me imagine que también estaba cachondeando a su madre, a mi ex, ya que como dije antes, las dos tienen casi la misma complexión física y son realmente casi parecidas relativamente parecidas.

    Deje de acariciar sus tetas, con la misma mano empecé a acariciar sus ricas nalgas, eran duras y paraditas, mis dedos le sobaban su ano y recorrían los finos labios de su vagina, ella estaba loca de excitación, ella agarro mi mano y la condujo hasta su rica conchita que estaba húmeda y como me gustaba, depilada completamente, yo le acariciaba el clítoris y metía mis dedos dentro de ella, ella gemía de placer y gritaba que le metiera más profundo mis dedos, de pronto sentí que temblaba, como si una descarga eléctrica la hubiera tocado y se vino profusamente, al tiempo que movía frenéticamente su bajo vientre, hasta que se quedó completamente estática, resoplando suavemente.

    Después de que ella se hubiera repuesto de tan tremenda venida, se desnudó completamente y me quito los calzones que vestía, al tiempo que mi verga se encontraba totalmente parada, yo acomode las almohadas en mi espalda, con el fin de levantar mi torso, ya que, yo soy un auténtico voyeur y me encanta ver todo, en especial cuanto tengo sexo.

    Mi hija se recostó a un lado de mí y coloco su cabeza sobre mi regazo, agarro mi varga y la empezó a acariciar desde la base hasta la punta, me acaricio los testículos delicadamente, después, solo tuvo que llevar su lengua hasta la punta y comenzar a lamerla poco a poco y en círculos. Ella me volvió loco con su boca, recorría toda mi verga mojándola con su saliva, llegó hasta chuparme mis testículos, hasta que se la metió en la boca de una sola vez, mientras con sus dedos acariciaba mis testículos.

    El ver como se comía mi hija, mi verga, me puso sumamente cachondo, era excitante ver como se la tragaba hasta la mitad y luego la sacaba poco a poco, hasta morder la punta y después se la volvía meter, yo bufaba bastante. Siguió mamándola, hasta que sentí que se aproximaba el viaje sin retorno, ella se dio cuenta de ello, dejo de mamarla y se puso en cuatro patas, estábamos sudando, presto me levante y me coloque atrás de ella, yo quería sentir mi verga dentro de ella, quería matar a estocadas su hermosa conchita.

    Me agarre de sus caderas y de un golpe se la metí hasta el fondo, empecé a cogérmela muy rápido y muy duro, yo estaba como loco, nada más se oían sus gemidos y el sonido seco, cuando mis testículos chocaban con su vagina, sus jugos bajaban por sus piernas hasta llegar a las sábanas, sentí que ella estaba a punto de venirse, fue cuando le dije, estoy a punto de venirme preciosa, creo que no voy a poder aguantar más

    Cuando ya sentía que me venía, se la metí de un solo golpe y me agarre de sus caderas, como ya tenía un rato que no cogía, le descargue una gran cantidad de semen, que si no hubiera tenido el condón puesto, le hubiera inundado su vagina completamente y seguramente la hubiera embarazado. Después del tremendo palo que me avente con ella, nos quedamos dormidos, eran como las 4 de la tarde, cuando despertamos, nos aseamos y salimos a comer.

    La noche de ese día, volvimos a coger, me la cogí en posición de misionero y terminamos con ella arriba, ensartada hasta los huevos, yo tenía hartas ganas de quitarme el condón y cogérmela a pelo, quería sentir la suavidad de sus paredes vaginales apretando mi pene, tal vez haya oportunidad de hacerlo, ahora que se case, agotado me quede dormido.