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  • Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (Catorce)

    Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (Catorce)

    ¡QUÉ VERGA! tuve una semana agotadora era viernes hora del almuerzo. Y me encontraba cerca de la oficina de mí esposo. Le marqué a su celular para encontrarlo y almorzar juntos. Tenía la tarde sin compromisos lo qué me hizo pensar en relajarme un poco en compañía de una compañía varonil y pegarme una buena cogida. O sea, tenía ganas de verga.

    Pero no cómo muchas que piensan en hacerlo con su esposo, porque para mí en la variedad está el placer y para esa entonces mi esposo andaba con un grupo de ingenieros en donde había dos costeños que me gustaban, lo que para mí esposo no era desapercibido.

    Al llegar al restaurante David estaba con su jefa y la secretaria esperándome, pedimos y ya al rato llegaron sus colegas los dos costeños y un santandereano muy joven. Se sentaron en una mesa cercana, lo que daba pie a que nuestras miradas se cruzaran en un coqueto constante. La jefa y la secretaria terminaron y se marcharon.

    – Te veo muy animada ¿qué te pasa? – No sólo pensando qué hacer tengo la tarde libre y no se me gustaría algo relajante

    Y voltee a ver asía donde los ingenieros lo que mi esposo interpretó bastante bien.

    Acercándose al oído me dijo.

    – ha ya entiendo tú lo que quieres es verga?

    Moviendo mi naricita acercándomele a la suya le di un beso.

    – y tú qué crees? – Qué sí. – Y me vas a colaborar con eso. – Mi vida tú sabes que a mí me encanta complacerte, tus deseos son órdenes. – listo muñeco hermoso como tú eres su jefe ¿les puedes dar la tarde libre? – Si claro ¿y con quién quieres coger?

    Me quedé mirándolo de frente y le respondo.

    – puede ser con los dos costeños. – ¡QUE!! No jodas mami. – Hay Papi tu sabes que me encanta hacer tríos. Y los dos están cómo a mí me gustan.- Bueno y al pingo. Qué no lo llevas también. – Jejejeje no está Muy joven para mí gusto. – Bueno está bien mi bella esposa les voy a dar la tarde libre para que te cojan toda la tarde.

    Dándonos un beso apasionado.

    – Te amó demasiado papacito rico.

    Mi cuerpo entero sintió un delicioso corrientazo.

    – Mami voy a ir al baño y aprovecha para sentarte con ellos ya salgo. Así fue me senté con ellos Darío se paró para saludarme de beso y un apretado abrazo de mi parte o que aproveché parada sentarme entre ellos dos.

    – Hola ingenieros cómo van los puedo acompañar. – claro Dianita ven y te sientas a mí lado.

    Me senté y Dándonos un beso en la mejilla. Me dice Arturo.

    – Es un placer tenerte a mi lado.

    Colocando mi mano sobre su pierna le contesté.

    – Papacito rico para mí también.

    Y volví a darle un beso en la mejilla. Darío se sentó y agarrando mí mano con sus dos Manos.

    – Refutó lo qué el ingeniero dice Dianita es un verdadero placer.

    Sus manos acercan mi mano derecha a su boca dándole un beso.

    + Hay niños a ustedes dos que me les está pasando me ponen en vergüenza tanto halago. – Dianita no es culpa nuestra.

    Mi mano izquierda seguía sobre la pierna de Darío y la derecha se soltó de las de Arturo para acariciar su quijada y acariciarla. David se nos acerca ya había también cancelado la cuenta.

    – Bueno ingenieros por hoy no es más los espero el lunes para qué comencemos a sacar los planos. Darío le responde

    – ingeniero yo quería hoy mostrarle el plano de la anterior obre.

    Voltee a mirarlo y apretándola la pierna le hice caras de que aceptara. – No ingeniero el lunes a primera hora lo hacemos. Voy a estar ocupado con la jefa toda la tarde. – listo David nos vemos el lunes.

    Mami nos vemos en la noche ¿vas para la oficina? – no la verdad tengo la tarde libre y ya que les dieron la tarde podríamos pasarla los tres.

    Arturo contesta.

    – Pues no me parece mala idea rico estar contigo preciosa – De eso no lo dudes.

    Le contesto

    – Que dices tú Darío. – No encantado de estar contigo. – Bueno niños no se diga más tomemos una cerveza y nos vamos para mí casa.

    Mi esposo se despide

    – Bueno me voy a trabajar nos vemos Mami en la noche. – chao Papi.

    Nos tomamos la cerveza en medio de halagos y una que otra caricia qué fueron rompiendo el hielo. Aunque no eran nada d tímidos. Darío fue al baño lo que Arturo aprovecha para abrazarme por los hombros.

    – Hay muñeca hermosa si supieras las ganas te tengo. – ¿En serio? Mi mano izquierda le acaricia la pierna y le doy un beso en la mejilla. – En verdad dianita qué envidió la suerte que tiene el ingeniero David. – . Y qué tal el ingeniero tirándome los perros mi mano izquierda se posa sobre su pierna derecha

    Darío llego y pago la cuenta. – bueno nos vamos tienen algo que hacer o nos vamos para la casa. – No mamita nada. – Bueno vamos entonces. Salimos para el parqueadero abrazada de Arturo y rápidamente bajamos por la Av 26. Entramos y les ofrecí roncito saque la botella serví, prendí el equipo, música pop americana. Nos quitamos las chaquetas y acercándomeles a cada uno les quite la corbata bailando. Me quite los zapatos. Y agarrando las copas brindamos.

    – Bueno caballeros por una tarde exquisita y sexualmente inolvidable. Tomamos y ambos se me acercaron lo qué mis manos aprovecharon para posarse sobre sus pantalones a la altura de su verga. Sorprendidos ambos me comenzaron a agarrar mis tetas, me solté el botón de la falda y bajé la cremallera, dejándola caer al piso, enseguida Darío bajo sus manos hasta llegar a mi trasero y mi Cuquita. Ambos me besaban la nuca y los hombros Como pude le quité el cinturón a Arturo, luego le desabotone el pantalón y le baje la cremallera dejándolo caer, para luego continuar con Darío. Me inclinó quedando a la altura de sus bóxer y con mis manos acariciaba sus bultos notando lo bien dorados que estaban.

    – Delicioso guau por lo que o veo voy a pasar una tardes exquisita. Me le coloque en frente de Arturo y mis manos bajaron el bóxer dejando al descubierto tremenda verga midiendo la con mi brazo era igual de larga desde el codo a mis muñecas y terminando en un delicioso glande al que lambí y después besaba con cariño

    – Arturo yo si me imaginaba tu verga así. Abrí mi boca metiéndomela y mirándolo a sus ojos. Le mostraba como me gusta mamársela, Mientras Darío se nos acerca le agarro su verga qué no era tan larga pero si bien gruesa y también se la chupo.

    – Hum Darío tú no te quedas atrás que rica verga tienes. Volví a chupársela y luego con mi lengua recorrí su tronco hasta llegar a sus huevos, los que chupe, mi cuerpo temblaba sin control, mis pechos se expandían más de lo normal en cada respiración chupaba una luego la otra estaba desaforada y no era para menos al sentirlas en mi boca. Lo que hizo qué durará casi 30 minutos mamándoselas, disfrutando su carnosidad, lambiéndolas, restregándomelas por mi cara y tetas. Arturo se sienta en el sofá y me levanto para montármele enzima le agarro la verga y me la coloco en mi Cuquita y me dejó rodar por su tronco, me quito la blusa y me suelto el sostén quitándomelo y dejar que Arturo se divirtiera chupándome los pezones.

    Darío se colocó al lado y así pude mamarle la verga. Mientras brincaba sobre la verga de Arturo

    – Hass que rico Dianita sigue así eres toda una experta mamando verga, se nota que te encanta. – Estás en lo cierto me encanta y más cuando son bien dotados. – Por lo que veo preciosa té encanta colocarle los cuernos a tu maridito. Ha golosa. – Sí se podría decir que sí. Eso es algo que escita y no Por el hecho de serle infiel sino porque mi esposo sabe muy bien lo que estamos haciendo. – Ha no Dianita de ahora en adelante me complacería calmarte esas ganas tuyas. Cuando quieras mamacita. -. Bueno lo tendré muy en cuenta.

    Continúe cabalgando encima de Arturo y mamándosela a Darío por 10 minutos más Cambiando montándomele a Darío Le agarro la verga y me la frotó con mis labios vaginales, para luego dejarme rodar por su tronco llenándome de placer, moviéndome en círculos sintiéndola toda dentro de mí. Arturo se me coloca al lado y yo le mano la verga dándome deliciosas sensaciones. Por todo mi cuerpo que tiembla de la dicha tan hijueputa. Sentir el glande de Arturo es un delicia ya que sobresale dé su tronco dándome una sensación al chuparlo divina.

    – Me encanta éste cabezón y espero tener con ustedes dos muchos encuentros. Vengan cuando quieran pasarla rico conmigo.

    Mis movimientos empezaron a ser más rápidos cogiendo con mucha pasión Y energía. Haciendo venir a chorros. Por 20 minutos aproximadamente. Paramos y me fui para la cocina a traer cervecita fría tomamos y seguimos en la lucha. Me acosté en el salón Levante mis piernas, Arturo se dispuso a chuparme la Cuquita mientras que Darío me dejaba mamarle la verga. La lengua de Arturo me estaba enloqueciendo el placer que producía su accionar en mi clítoris y trastero me llenaba de sensaciones deliciosas haciéndome gemir con tanta arrechura que se sentían por toda la casa, hasta que me vine escupiendo en la cara de Arturo con mis líquidos. Y gritando dé la dicha tan hijueputa.

    +HAY QUE RICO!!! ME ENCANTA HIJUEPUTA QUE COSA TAN RICA ES COGER!!!

    Arturo sin pensar se me abalanzó encima alcancé a agarrarle la verga y me la coloque en la entrada de mí trasero.

    Despacio muñeco métemela suavemente.

    Arturo empezó a empujarla asía adentro muy suavemente, dilatando mí trasero por completó, empecé a sentir su glande recorriendo mi cuerpo y con suaves movimientos a entrar y salir aumentando el ritmo paulatinamente hasta convertirse en un intenso golpeteo de su glande en mis paredes anales, llevándome. al estasis supremo teniendo un orgasmo múltiple por varios minutos de incesante cogida. Al fin Arturo paró y yo me desgonce quedando a un lado de él.

    – Que tal preciosa si te gusto? – ¿Gustarme? No papacito Edo fue de otro mundo me has hecho ir al paraíso guau que rica verga tienes mi amor espero poder estar contigo muchas veces. – Preciosa cuando quieras soy todo tuyo. Nos tomamos la cerveza y fui por más. Al regresar Darío estaba sentado esperándome, Arturo se había ido a bañar, le di la cerveza a Darío y me le senté encima de espaldas y agarrándole la verga se la acariciaba masturbándolo nos acomodamos el boca arriba y yo encina haciendo un 69 que no duró mucho porque Arturo regreso ya bañadito y prestó a seguir en la lucha. Me pare acomodando a Darío sentado en el sofá y me le senté encima de espaldas a él y agarrándole la verga me la coloque en el trasero dejándome deslizar por su grueso tronco metiéndome la toda, le acariciaba sus huevos y nos sonreímos con Arturo. Empecé a moverme en círculo sintiéndola toda dentro de mí y colocando mis manos en sus rodillas entraba y salía cómo un pistón en aceleramiento continuo por unos Díez minutos haciendo venir y deteniéndome al sentir que él estaba qué se venía. -. Cuidado hijueputa todavía no te me vengas muñeco aguanta, aguanta. Le pedí a Arturo que nos alcanzará las cervezas y no las tomamos. Volví a sentarme de espaldas a Darío, agarre su verga y me la metí nuevamente en mi trasero y con mis dedos le hice señas a Arturo de que me metiera su verga en mí cuquita. Haciéndolo de una se montó encima mío y metiéndome la hasta donde le cupo para luego empezar a cogerme como loco. Recibiendo el más exquisito placer, dejándome llevar sin complejos ni tabúes estúpidos que no permite la satisfacción del ser en lo sexual. Yo simplemente si me gusta lo tomó y hasta el cansancio. Así en esa pose duramos cosa de 20 minutos hasta que de golpe sonó la puerta de la calle, yo estaba que venía. -Sigue Arturo no pares carbón.

    -Es qué llegó alguien. -Que no te detengas sigue cogiéndome Arturo sigue cogiéndome. -Debe ser mi hija que llega de la uni.

    – Y así fue Ana María se nos acerca con una hermosa sonrisa viéndonos a los tres unidos en un sólo gocé sexual.

    – Ajá Mami mírala a ella que bien así es que le da a unos gusto llegar a casa.

    – Arturo seguía cogiéndome y Ana María se comenzó a desvestir ya desnuda se nos acerca se besan con Arturo.

    – Te presento a mi hija Arturo. -Divina tu hija y por lo que veo igual de puta que la mamá. -No lo dudes a mí también me encanta la verga.

    – Ana María lo empuja retirándolo y agarrándole la verga se agacha y se la mete a la boca – Deliciosa Arturito guau Miami ¿y tú papasote cómo te llamas? está vez te luciste mami tus amigos están deliciosos – No pensé que fueras a llevar tan temprano y eso. – es que quedamos de reunirnos con unos compañeros de la uni y yo vine a cambiarme. Pero viendo lo bueno que está esto mejor me quedo en casa muy juiciosa.

    Volvió a mamarle la verga a Arturo y al momento me la colocó en mi Cuquita empujándolo para penetrarme Y continuar disfrutando de una deliciosa doblé penetración Arturo estaba para reventar mi hija se le coloco detrás de su espalda besándolo y acariciándolo lo qué lo hiso venir dejando mí cuquita toda untada dé su semen Ana María al verlo le agarro la verga sacándosela de mi cuquita se la metió a la boca recibiendo el último escupitajo de semen Arturo se sentó y Ana María se encargó de limpiarle la verga lambiéndosela mientras yo continuaba ensartada de Darío cambiando de pose y sin sacármela. Quede en cuatro y el detrás mío arreciando su cogida, haciéndome venir y el también dejando mi trasero todo untado de su semen nos arrodillamos quedando el detrás mío me abrazaba dándome besos en la nuca y dedeándome la cuquita.

    – Dianita mi amor este fue el polvo más delicioso que he tenido en mi vida estuvo del putas. Eres toda una experta. – Vea ingeniero que manera tan decente de decirle a Dianita puta. Todos nos reímos. Ana María seguía mamándole la verga Arturo ya que seguía bien paradita arrodillada en frente de el sin detenerse gimiendo cómo cuando algo que te apasiona se da y es que no era para menos con semejante delicia de verga. La dejé qué se enloqueciera de gozó. Y nos fuimos con Darío para mí cuarto a bañarnos. Nos metimos a la ducha y entré ambos nos enjabonamos ya bañaditos y dándonos picos bajamos a la sala y los gemidos de Ana María nos indicaban que estaban cogiendo. Al asomarnos los vimos a ella boca arriba con sus piernas levantadas y a Arturo penetrándola a toda marcha gozando de lo rico. Seguimos para la cocina y saqué más cerveza de la nevera las destape y Darío agarro dos y yo las otras dos y regresamos a la sala en donde mi hija y Arturo seguían cogiendo pero esta vez él estaba acostado boca arriba y mi hija sentada brincando encima de su verga. El Darío queda embobado mirándolos coger.

    – guau que rico coge tu hija qué forma de moverse tan espectacular y cuántos años tiene? – Apenas y ya es toda una experta todo se lo he enseñado yo. + No pues que mejor maestra que su propia madre, mírala howw que manera de coger.

    Y es que Ana María estaba disfrutando de Arturo en tal forma que hasta el más casto sucumbiría al placer. Arturo no aguanto más y mi hija tampoco pasando dé estar gimiendo a gritar tan fuerte que hasta el mismo Darío pensó que algo malo había pasado y sólo era la culminación de la placer más sublime, ambos se abrazaron fuertemente y luego mi hija se levanta me pide una cerveza, se sienta en mis piernas. – Huff que rico estuvo eso. Ana María sudaba a mares. Tomó varios sorbos y fue al baño a remojarse la cara. Al regresar Darío la esperaba lo que ella interpretó muy bien y acercándosele lo. Abraza con la izquierda y con la derecha le agarro la verga y empinándose lo besa Arturo termina de tomarse la cerveza y sube a mi baño. Darío agarra de las nalgas a Ana María y la levanta hasta la cintura y ella se posa sobre su verga abrazándolo de la nuca se besan apasionadamente. Darío la levanta un poco, le coloca la verga en su Cuquita y la penetra haciéndola gemir sus manos se aferran a la cabeza de Darío y su cara nos muestra a sus ojos perdidos en el limbo del placer, yo me les acerco extasiada y acarició la espalda de mi hija quién me mira.

    – Que rico mami ha si, si, dame más así eso así.

    En esas llegó Arturo y se acerca a me quita y le pide a Darío qué se detenga denle coloca por detrás a Ana María se agarra su verga y se la mete suavemente por el trasero y así entre los dos la llevan al paraíso mi hija ya no gemía. ¡Gritaba! de lo rico que estaba pasando para mí era algo hermoso verla a ella disfrutar de dos hombres bien dotados. Casi diez minutos duraron parados luego Darío se acostó boca arriba y Ana María se le montó le agarro la verga y se la metió por el trasero y de una empezó a coger como loca. Arturo me agarra por detrás e inclinándome me penetra por el trasero Y así hija y madre disfrutan de una deliciosa tarde de sexo desenfrenado, y explícito en donde la locura hace presencia improvisando momentos y eventos inesperados. Seis horas en que disfrute lo que más me gusta hacer.

    DIANA LUCIA SAAVEDRA- [email protected]

    Espero sus comentarios y visiten mi perfil que está muy bueno.

  • El descubrimiento de mi primo Lalo

    El descubrimiento de mi primo Lalo

    Me llamo Helio, tengo 19 años, soy guapo, muy flaco y largo y estoy enamorado de mi primo Lalo.

    Nunca he conocido a mi madre porque murió cuando yo tenía solo seis meses, a resultas del parto o a saber de qué, como decía siempre mi padre para que no me sintiera culpable. Así que viví con mi padre hasta su fallecimiento, ocurrido hace tres años cuando recién había cumplido los dieciséis. Quien se encargó de cuidarme en mi infancia fue mi tía Jovita, la hermana de mi padre, que también cuidó a mis dos hermanos mayores. El recuerdo que tengo de mi padre es un gran amor hacia mí y una tristeza intensa en su rostro y modo de hablar.

    Mis dos hermanos mayores tenían sus parejas y no vivían ya en mi casa. El mayor tenía dos niños y el otro se había juntado con una chica muy guapa que no quería saber nada con nosotros, así que ya no lo he visto hasta el día de hoy. Alguna vez yo visitaba a mi hermano mayor en su casa y trataba con cariño a sus hijos mis sobrinos, pero, nunca vinieron a ver a mi padre; muerto mi padre a quien consolaba hablándole de sus nietos que nunca veía, pensé que tampoco yo tenía obligaciones con ellos.

    Por otra parte, yo tenía amigos que venían por mi casa, saludaban a mi padre, siendo siempre muy atentos con él, luego jugábamos en la sala y en verano nos íbamos al río a bañarnos y nunca se iban sin despedirse de él.

    Desde que murió mi padre me quedé casi sin amigos, no por mala voluntad, sino porque mi tía me pidió una y otra vez que fuera a su casa para no estar solo. Mi tío, su esposo, me lo decía también insistentemente, así que quedé con ellos que iría cada día al salir del colegio para comer y haría los deberes hasta la cena, pero dormiría en casa para custodiarla y cuidar del taller de mi padre, ya que me gustaba también pintar y hacer forja a fuerza de estar siempre con mi padre. Les pareció bien y estuve yendo hasta los 19 años en que vendí la casa y las tierras y con todos mis ahorros y una beca me fui a la ciudad para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios. A mí me gusta la pintura y la escultura en hierro.

    Mis tíos tienen dos hijos, Rafa que es cinco años mayor que yo y Lalo dos años más que yo. Así que cuando cumplí los 18 años, Rafa tenía 23 y Lalo 20. Ellos habían sido mis amigos y protectores desde mis catorce años, pero no había entre nosotros una especial confianza, lo que sí tenemos ahora Lalo y yo. Rafa se ha casado por todo lo alto y ha dado dos nietos a mis tíos.

    Pero regresemos un poco porque me enrollo. El día que cumplí los 18 años, 28 de mayo, mi tía me preparó una comida de fiesta y duró la sobremesa hasta la cena inclusive. Llegó el momento de irme tras la cena y Lalo dijo que me acompañaba a casa por ser mi cumpleaños y mayoría de edad. Entonces yo le dije que se quedara a pernoctar y nos tomaríamos una copa de champaña. Mi tía solo dijo que no nos emborracháramos, pero mi tío añadió:

    — Un día es un día, buscad dos chavalas y a dormir calentitos los cuatro, que dieciocho años no se cumplen más que una vez.

    Mi tía dijo:

    —Vaya consejo que das tú a los chicos…

    Pero yo repliqué:

    — No te preocupes tía, ya sabes tú que yo soy gay…

    Mi primo Rafa se partía de risa.

    Cuando salimos a la calle mi primo Lalo me dijo:

    —¿Mi madre sabe que tú eres gay?, ¿desde cuándo?

    — Yo creo que lo ha sabido siempre, además me ha dado buenos consejos siempre, porque para mí ha sido mi madre, de manera diferente a vosotros que la habéis engañado siempre, pero yo no tenía con quien sino era con mi tía Jovita, porque mi padre se puso cada vez peor.

    Puso cara de extrañeza sin decir nada, me escuchaba con gusto.

    —¿Tú que ropa interior usas?, —le pregunté.

    — ¿Yo?, calzoncillos blancos, como es normal, eso sí: Calvin Klein, contestó.

    — Yo uso tanga cuerda… y…, ¿quién me las compra?, —pregunté con picardía.

    —No me digas que mi madre…

    — En efecto, pero tú jamás le dijiste tus gustos y jamás le dijiste que eres gay por bobo, como si ella no lo supiera…, le dije con sorna.

    — Mi madre no sabe nada, ¿cómo va a saber si nunca…?

    — Eso, eso, nunca le dijiste nada, pues nosotros no podemos actuar sin el consejo de una mujer, porque si lo decimos a un chico se encarga de decirlo a los demás, pero si tenemos una amiga o una mujer familiar como tú mamá ellas se callan, nos respetan y nos aconsejan, encima nos buscan nuestros gustos como mis tangas y otras cosas que te mostraré esta noche.

    — Yo ya sé que tú siempre eres muy precavido y controlas todo, pero a duras penas hace poco que supe que tú eras gay y ¿ahora dices que mi madre lo ha sabido antes que yo?, protestó Lalo.

    — Sí, ahora te lo digo; porque tantas veces yendo al río a nadar en pelotas y no te fijabas en mis miradas, mis deseos…, pues yo sí sabía que a veces no nadabas para mirarme y te quedabas en la orilla con el bañador puesto.

    — Claro que te deseaba pero hasta que no me lo dijiste, ni caí en la cuenta ni me atreví a nada, porque temía que podrías decirles lo mío a mis padres si me insinuaba, mientras, tonto de mí, yo pensaba que descubriría a los gays con solo verlos, reflexionó Lalo.

    — Lo mío lo he sabido siempre, hablé con mi tía Jovita y ella me orientó para que nadie se burlara de mí y viviera en paz, le dije.

    Se quedó pensativo y en cierto modo se sentía estúpido por temores infundados. En esto que llegamos a mi casa y como hacía calor fui directamente a mi cuarto y me quité la camiseta y el pantalón, con el tanga me fui al baño y Lalo se quedó y se tumbó en la cama. Estuvo todo el tiempo pensando sobre su estupidez. Cuando salí del baño le dije:

    —¿Qué haces ahí?, ponte fresquito y quítate la ropa para celebrar con champaña.

    — Es que me has dejado tieso, mi madre te compra esas tangas tan chulas que llevas con colores tan vivos… y me da ahora vergüenza quedarme en calzoncillo…

    —No seas idiota, maricón, abre el armario y a la derecha están las últimas sin estrenar, sácate una de su envoltorio, la que más te guste y vamos, que te espero en la cocina preparando el champagne.

    Había sacado las copas a la sala y la botella y Lalo salía de la habitación con la cara feliz y sacando paquete mientras curvaba su espalda, me dijo:

    — Esto me gusta, poca tela, dos elásticos pequeños, la pena es cómo te la voy a poner, porque yo he venido esta noche de tu cumpleaños, para follarte, este será mi regalo para mi primo más sexy.

    — No esperaba otra cosa, eres mi tipo, eres mi hombre, eres lo que yo deseo, eres mi amor oculto, —con esto lo dejé con la boca abierta y los ojos de búho.

    ¡¡Ploum!! Abrí la botella, puse caldo en ambas copas, le ofrecí una a Lalo, la tomó, le pasé la mano por detrás del cuello, junté mi pecho al suyo, metió una de sus piernas entre las mías de modo que ambos paquetes se tocaran y le di a beber de mi copa y él me dio de la suya, tragué y volví a beber, él hizo lo mismo y lo besé con la clara intención de mezclar ambos sorbos en las bocas mediante un beso que nos dimos intenso y profundo.

    Nos sentamos juntos en el sofá, rellené las copas y prendí el televisor, le di el mando a distancia para que eligiera programa y le pasé el brazo por el cuello, hizo lo mismo, puso una cosa porque le parecía porno, pero no hicimos caso, hablamos de nuestras cosas, sorbíamos champaña, nos besábamos cada sorbo y a poco habíamos vaciado la botella. Entonces Lalo comenzó a sobarme el paquete por encima del tanga y le dije:

    —¿Qué te parece si nos vamos a la mierda ya, nos metemos sobre mi cama y hacemos la primera guarrada hasta poner el tanga perdido?

    Se levantó, le puse mi mano en su nalga y él en la mía y nos fuimos a la habitación.

    Iniciamos un morreo de besos desesperados por todo nuestro cuerpo y el continuado roce de nuestros paquetes que al rato avisé que me iba a correr. Decirle esto y correrme con el tanga puesto fue la misma cosa. No tardó Lalo y se vino igualmente, en ambos se salió el semen por el tanga y mojaba nuestros muslos y pubis; me quité el tanga y lo eché a la esquina, Lalo hizo lo mismo y nos pusimos en 69 para probar los restos de semen y limpiar nuestras pollas. Luego nos pusimos juntos para encontrar diferencias en nuestros genitales, ambos sin circuncidar y pensamos un momento que podríamos hacernos circuncidar los dos a la vez, pero pronto pasamos a medir nuestras pollas, ni grandes ni chicas, ambas de unos 18 cm., como yo me la había medido varías veces sabía que era eso y la suya era igual, puestas duras poco más crecían, pero engordaban mucho y pensamos que nos iban a dar mucho placer. Luego tocó examinar escroto y huevos: grandes los testículos, pero mi bolsa colgaba un poco más que la suya. Nos pusimos a contemplar el culo, se dio media vuelta y le abrí las nalgas y le dije:

    —Muy blandas las nalgas, golfo, no haces nada, ni deporte ni trabajas, parecen dos globos en lugar de dos melones, demasiado pelo, mañana te afeito todo, y el centro del mundo la mejor joya que he visto en foto, en peli porno y en la realidad, nada comparable con esto.

    Mientras le decía esto iba tocando cada cosa, le hundí hasta dos dedos dentro del ano que le hicieron suspirar.

    —Ahora te toca a ti, —dijo dándose la vuelta con la polla bien erecta.

    Me di la vuelta mostrándole mi culo un poco elevado para que se abriera bien y escuché:

    — Dos piedras una a cada lado, un río en su interior con esta regata, donde pondré mi polla, y un agujero… — y metió un dedo que mi culo se tragó con facilidad, su silencio era muy elocuente, porque metió otro dedo y otro. Y exclamó

    —¡Ya puedo follarte, cochino maricón!

    —Cómeme el culo con tu puta lengua y saliva a mares y cuando te canses la clavas firme dentro de mí.

    Me puse en 4 para facilitar la mordida y fue rápido, me pasó su polla como la visa por mi raja y cuando le dije «¡ya, monstruo!», la metió, dejé libre mi culo y entró sin problemas. Hizo un largo mete y saca que estuvimos los dos bien mojados de sudor. A Lalo le sonreía toda su cara cuando me enderecé para que me besara, le hice descansar sin sacarla y me di la vuelta para estar de cara y, mientras, él volvió al mete y saca muy agarrado a mis caderas, mis piernas se apoyaban en sus hombros y de vez en cuando en su cintura para relajarme, pero yo no cesaba de masturbarme sobre todo cuando noté sus espasmos y le grité «¡dentro, dentro, todo dentro!». Y comenzó su regadera a echar su semilla en mi interior; no tardé, de inmediato mis disparos cayeron sobre su pecho, y sobre el mío, no pude controlar mis disparos por mi alegría y satisfacción de haber tenido mi primera vez en serio con mi primo Lalo, el amor que tenía oculto. Esta no fue la primera vez con un hombre, pero sí la primera con Lalo.

    Nos quedamos quietos, besándonos, no dejé que se saliera de mí hasta muy tarde, se puso fláccida la mía, se puso fláccida la suya, y tras el descanso le invité a bombear de nuevo. Lo hizo, igual de apasionante. Cuando acabamos la cama estaba perdida de sudor y semen, y me pidió que lo follara:

    — Lalo, hoy es mi cumpleaños, esta noche y mañana en la mañana tú me das el regalo. Una pregunta, ¿tienes algún novio oculto?

    — No, qué va, ninguno, con mis amigos, creo que todos son heteros, solo nos hemos masturbado para ver quién era el más macho…

    —¿Nos hacemos novios para siempre?, —propuse.

    — Genial, total.

    Me dio un beso como nunca había recibido uno. Lalo sabe besar, mete la lengua y la pasea por la boca como ni yo sé hacer; aunque me gusta más cuando mete su lengua bajo la mía y con sus labios acaricia sin cesar mi lengua, solo la falta de aire interrumpe este placer.

    —¿ Se lo dirás a mí madre?

    — ¿Yo? Se lo dirás tú, yo ya le dije que te iba a conquistar, porque me gustas mucho. Ah, y tú padre está al corriente de todo.

    — La puta madre qué os parió a todos…, —y se rió, y me reí, y nos besamos una vez más.

    Encima de aquel charco de semen y sudor, muy pegado el uno al otro nos dormimos; a las 11 me despertó para que desayunáramos. Lo hicimos desnudos y de pie jugando cada uno con lo que le gusta del otro y luego nos fuimos a duchar, era sábado. Lalo hablaría con sus padres y tras la comida, en la sobremesa nos declaramos ante los tres oficialmente como novios.

    El tío Aurelio, su padre, al final exclamó:

    — Jovita, todo queda en casa, saca el güisqui.

  • El curita me vuelve dar por el culo

    El curita me vuelve dar por el culo

    Hacía unos días que había ido con Andrei, el rumano, a la casa que tiene el cura pegada justo detrás de la iglesia, y había sido follado por ambos. Ese día al pasar por debajo del viaducto, para ir hasta el puerto, no vi allí aparcado el monovolumen de Andrei. Al ir con prisas, no me paré a echar una ojeada, por si lo había cambiado de sitio; lo haría a la vuelta; y es que ya deseaba volver a ser follado por aquel guapo rumano, que tan ricamente me daba por el culo, y que tanto me había hecho gozar la última vez que estuve con él.

    Cuando a media tarde subía de vuelta para casa, me dispuse a buscar si estaba el monovolumen de Andrei, por allí aparcado. El corazón se me encogió al no verlo por ningún lado, estaba cómo ido, y sin saber que hacer. Cuando de repente, me acordé del cura, y decidí ir hasta la iglesia, y preguntarle al cura, por si sabía algo de Andrei.

    Cuando estuve en la puerta de entrada a la iglesia, no sabía que hacer; cómo dirigirme al cura, si estaría dando misa, en fin, que estaba hecho un mar de nervios; así que después de fumarme un cigarrillo, me decidí y entré a la iglesia.

    Nada más entrar, fui buscando con la vista si se veía al cura, pero lo único que había en la iglesia, era una señora mayor sentada en uno de los bancos. Fui andando por uno de los pasillos mirando hacia todas partes, cuando llegué a los bancos que quedaban frente al altar, me quedé parado sin saber que hacer. Así que solo se me ocurrió sentarme en uno de los bancos y esperar a ver qué pasaba, mientras me iba aclarando las ideas que se me amontonaban en la cabeza.

    No habían pasado ni 10 minutos, cuando por una de las puertas apareció el cura. Quedé mirando fijamente para él, sin saber que decir o que hacer. Cuando el cura me vio y reconoció, mostró una ligera sonrisa, encaminándose hacia donde yo estaba.

    Que alegría, Dani, me dijo cogiéndome la mano.

    ¿Qué te trae por aquí?

    ¿Bienes a redimir tus pecados?

    No, le contesté, a la vez que mostraba una ligera sonrisa en mi cara.

    Quería preguntarle por si sabe algo de Andrei. Es que hoy al pasar para ir al puerto, no he visto el monovolumen aparcado donde lo tenía, y al volver por la tarde, miré por si lo había cambiado de lugar, pero no lo he visto, y se me ocurrió entrar a la iglesia a ver si usted me podría decir algo.

    Pues sí, Dani, sí te puedo decir, pero creo que no van a ser de tu agrado. Andrei, hace 2 días que se fue para Madrid, allí le espera un trabajo que, gracias a Dios, y a los buenos amigos, le he podido conseguir.

    El cura sin dejar de mirarme se dio cuenta de mi cambio de expresión, y de cómo se me oscurecía y entristecía la cara.

    No te apenes, Dani, me decía cogiendo mis manos. La vida sigue, y si quieres yo te puedo ayudar, ya sabes que estoy aquí para lo que necesites.

    Gracias, le dije al cura, y bajando los ojos al suelo, y sin saber que más decir, me dejé caer sentado en el banco.

    Mira, me dijo el cura sentándose a mí lado, si quieres luego podemos hablar más. Ahora en 15 minutos, tengo que dar misa, y a eso de las 10 de la noche, que es cuando más o menos habré terminado por hoy, podemos charlar un poco si tú quieres. Vienes cómo el otro día, allí tocas el timbre y ya te estaré esperando.

    Bueno, le contesté, mientras me levantaba del banco. Mientras él agarrándome la mano, me acompañaba a la salida de la iglesia, he iba hablándome.

    Cuando salí de la iglesia, el cura me despidió diciéndome que me esperaba, que no me preocupara, que él me ayudaría a sobre llevar la pena que en aquellos momentos me afligía.

    Mientras iba caminando para mi casa, iba pensando que el muy cabrón del cura, lo que me iba dar, era una buena ración de polla en mi culo. Pero bueno, no había estado nada mal el día que habíamos estado Andrei y yo, con el cabroncete del curita aquel.

    Así que cómo andaba ya más caliente que una perra en celo, lo que haría es irme a casa, ducharme y prepararme bien el culito, y acudir a la cita con el cura para que me ayudara y reconfortara, la pena que mi culito sentía por la pérdida de la polla de Andrei el rumano.

    Eran ya las 10 menos 5 cuando me disponía a salir de casa, recién duchado, el culito bien lavado y listo para una buena sesión de polla.

    Cuando llegué a la puerta de la casa del cura, eran más o menos las 10 y 10 de la noche. Levanté la tapadera que resguardaba el timbre, y pulsé una vez el interruptor que hacía sonar el timbre.

    Esperé unos segundos, cuando el cura ya me abría la puerta.

    Que alegría de verte de nuevo, Dani, temí que no vinieses, me alegro de que hayas decidido venir. Ven, pasa, pasa, me dijo el cura agarrándome de la mano.

    Una vez dentro, y de haber cerrado el cura la puerta, me echó la mano a la espalda, luego la fue bajando hasta llegar a el culo, tal y cómo había hecho la primera vez que había ido.

    Estás muy guapo, Dani, y hueles muy bien, te has duchado por lo que veo, decía el cura mientras me iba tocando el culo.

    Abrió la puerta donde tenía la televisión encendida, llevándome hasta el sofá, donde nos sentamos, y cogiéndome de las manos, me iba hablando. Mira Andrei ahora no está aquí, cómo ya te dije, se fue para Madrid, pero no te preocupes, que cuando tú quieras puedes venir, ya sabes donde encontrarme, haces igual que has hecho hoy, y quedamos cuando tú quieras.

    ¿Quieres beber algo? Un refresco, cerveza, o un vino si lo prefieres.

    No, le contesté, ahora mismo no me apetece beber nada.

    El cura cogió con sus manos mí barbilla, y mirándome a los ojos, fue acercándose a mi cara, hasta llevar su boca a la mía, sacar la lengua y pasarla por mis labios. No estés triste, Dani, que ya verás cómo pronto olvidas a Andrei, ya me encargaré yo de que no sufras por su ausencia, me decía mientras lamía mis labios, para seguido empezar a morderme el labio inferior, y llevar mis manos a su entrepierna.

    Anda, cógela y juega un poquito con ella, que mira cómo me tienes, me decía el curita.

    Metió mis manos por dentro de su sotana, y ya tropecé con la gran polla que el cura tenía; el muy cabrón no llevaba nada debajo de la sotana, al igual que la vez anterior; mientras yo le cogía la polla con mis manos, él se aferraba a mi boca, mordiéndome los labios, para luego sin dejar de jadear y de nombrarme por mi nombre, me empezó a meter la lengua en mi boca, buscando mi lengua y decirme entre jadeos, Dani, ay Dani, yo te ayudaré, ya verás cómo te voy hacer disfrutar, Dani.

    Mientras yo agarrado a su polla, le bajaba la piel del prepucio, se la acariciaba con una mano, y con la otra le iba sobando y acariciando los huevos.

    Poco a poco el curita fue desabrochándome el cinturón, luego hizo lo mismo con el pantalón, hasta que consiguió bajármelos un poco y que quedase a la vista el slip que llevaba. Luego empezó a desabrocharme los botones de la camisa, hasta que me la quitó por completo.

    Tiró la camisa al suelo, y llevando sus manos a mis pezones, empezó a acariciarlos y apretarlos. Luego mientras llevaba su boca a los pezones y me los mordisqueaba, siguió bajándome el slip; levanta un poco el culo, para que pueda quitarte el slip y pantalón, me dijo; me levanté un poco el culo del sofá, y de un tirón me bajó hasta los tobillos el slip y pantalón.

    Mi polla dio un respingo, quedando tiesa y pegada a mi vientre. El cura la cogió con la mano empezando a descapullarla y manosearme los huevos con la otra mano, mira que durita tienes tu pollita, seguro que andas bien calentito, pero no te preocupes que yo te ayudaré a aliviar esta calentura y pena que sientes por no tener a Andrei.

    Después de sobarme la polla y huevos, me dijo:

    Anda, sácate los zapatos y calcetines.

    Mientras yo me sacaba los zapatos y calcetines, el curita se sacó la sotana quedando en pelota picada, solo tenía puestas unas zapatillas. Estando así de pie, sujetó mi cabeza con sus manos, llevándola hacia su foronga, que se mostraba tiesa, dura y bien hinchada. La cabeza estaba roja y la tenía descapullada por completo. Anda, Dani, abre esta boquita y chúpala un poquito.

    Abrí la boca, y cogiéndola con mis manos, la introduje poco a poco en mi boca.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Dani, suspiró el curita al notar mis labios chupar su pija. Me agarraba por las orejas, y empujaba de mi cabeza para que metiera más su polla en mi boca.

    Yo abría la boca lo que más podía, mientras con mis manos sujetaba la polla del curita por la base, y le iba manoseando los huevos.

    De vez en cuando me daban arcadas, ya que el curita empujaba a fondo la polla para que se la tragase toda, pero aquello era imposible que me entrara toda; era demasiado larga; y cada vez que me tocaba la campanilla, me abría en arcadas, haciéndome salir las babas por la comisura de los labios.

    Después de un buen rato chupándole la gran foronga que se gastaba el curita, me levantó por los brazos. Ven, vamos para el baño, me dijo mientras tiraba por mí.

    Al llegar al baño, abrió las puertas de la mampara de la ducha, metió una banqueta que tenía en el baño, y después de abrir el grifo de la ducha y esperar a que el agua se regulase, me ordenó sentarme en la banqueta, me levantó las piernas, y haciéndome que las abriera, se agachó empezando a lamerme el ano.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Gemí al notar su lengua en mi hoyito y empezar a lamerlo.

    Después d un rato lamiéndome el ano y dejarlo lleno de sus babas, llevó un dedo, empezando a meterlo dentro de mi culito, ¡ohhh! ¡ohhh! Volví a suspirar al notar entrar su dedo. Si seguía así, el curita me iba hacer correr antes de meterme su polla en el culo.

    Pero no fue así, y enseguida me ordenó levantarme, y después de volverle dar una buena chupada a su polla, el curita se sentó en la banqueta, ordenándome que me sentara a horcajadas sobre él.

    Ven, me dijo agarrándome por los brazos, abre las piernas, y siéntate a horcajadas sobre la polla.

    Abrí las piernas, y arrimándome a él coloqué las manos sobre sus hombros, y mientras el me iba abriendo el culo con sus manos, yo me iba sentando sobre su regazo. Poco a poco fue entrando en mi culo aquella gran polla que se mostraba erguida, tiesa y bien dura del curita, hasta que estuvo toda dentro de mí culo.

    ¡Ufff! Suspiré cuando estuve sentado sobre su regazo y con la polla del curita toda dentro de mí.

    Notaba los huevos del curita pegados a la entrada de mi culo, y la cabeza de su polla cómo rozaba mi próstata, llegando al tope de mi ano, mientras el agua seguía saliendo por el grifo inferior y hacía que nos fuésemos mojando los pies.

    Cuando quedé sentado sobre el regazo del cura y ensartado por su foronga, el curita jadeando decía mi nombre y me iba hablando, ¡ohhh! ¡ohhh! Dani, así mi niño, así, deja que esta pobre y humilde polla entre en este culito tan rico y perverso que tienes. Quédate así y no te muevas mientras se va acomodando tu culito, Dani.

    Mientras yo quedaba quieto sobre el regazo del curita, estando bien ensartado por aquella pija que mi culo había tragado, el curita iba mordiéndome los pezones que estaban duros y tiesos, haciendo que gimiera y me abrazara más fuertemente a su cuello.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía yo mientras el cura mordisqueaba mis pezones y me tenía ensartado en su polla.

    Así, así, gime mariconcito, ya verás cómo este curita te quita la pena que siente este culito perverso que tienes.

    Empezó el cura a hacer que fuera levantando mi culo, y le fuese cabalgando la polla que me tenía ensartada. Así maricón, así, mueve el culito y haz que este pobre cura te ayude a redimir tus penas y pecados, ¡ohhh! ¡ohhh! Maricón que bien te mueves, ¡ohhh! ¡ohhh! Cómo me gusta, ¡ay que gusto Dani! Ay que gustazo me estás dando pedazo de maricón.

    Yo subía y bajaba cabalgando sobre la polla del curita, mientras él me iba diciendo toda clase de barbaridades, sintiendo cómo su polla rozaba mí próstata, y sus dedos pellizcaban y retorcían mis hinchados pezones.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras subía y bajaba sobre la polla del curita, sujetándome sobre sus hombros. Mi pobre polla al estar rozándose con tanto sube y baja, estaba a punto de expulsar el semen que contenían mis huevos. Y no tardó mucho, ya que noté cómo me subía un gustazo por los huevos, hasta que mi pobre polla explotó soltando todo el semen que mis huevos acumulaban, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Me corro, me corro, gritaba yo, derramando todo el semen sobre el pecho del curita.

    Así, así, córrete maricón, anda y deja que tu polla expulse el veneno que contiene tu cuerpo, pedazo de maricón, me soltaba el cura sin dejar que su foronga parase de taladrarme el culo. Deja que satanás salga de tú cuerpo, maricón, me decía haciendo que mi culito subiera y bajara sobre su foronga.

    Después de haber terminado de eyacular, y sin dejar de cabalgar sobre la polla del curita, no tardó mucho el cura en empezar a bramar que se corría. ¡Ohhh! Dani, ¡o! Ya, ya me corro, ¡ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba a la vez que me presionaba fuertemente con sus dedos en mis caderas, y su polla se clavaba en lo más hondo de mis entrañas.

    Mientras su polla terminaba de soltar todo el semen en lo más hondo de mí culo, el curita mordía la base de mi cuello y hombro sin dejar de gritar y soltarme toda clase de improperios.

    ¡Ay maricón! Ay que culito más perverso tienes, este culito es la mismísima tentación de satanás, decía el curita mientras terminaba de eyacular dentro de mí.

    Cuando terminó de eyacular y haberse repuesto un poco, hizo que me levantara, saliéndose la foronga del cura que aún estaba tiesa, de mí culo. Siéntate me ordenó. Y una vez me hube sentado sobre la banqueta, me dijo que abriera la boca. Anda y chupa maricón, que vas a probar el semen que te va a redimir tus penas y pecados.

    Abrí la boca, y tragando la pija que aún se mostraba hinchada y tiesa, empecé a chupar la polla del curita, hasta dejársela limpia y reluciente; al muy cabrón, la polla aún le soltó unas gotas de semen dentro de mi boca, la cual no tuve más remedio que saborear y tragarme.

    Después de dejarle la pija bien limpia y reluciente, me levantó cogiéndome por los brazos, y llevó su mano a la palanca que accionaba la ducha, y moviéndola a la derecha, empezó a caer el agua por el maneral de la ducha.

    Nos remojamos todo el cuerpo, luego el curita cogió una esponja y gel que tenía sobre una repisa, y después de enjabonarnos a ambos todo el cuerpo; por supuesto parándose especialmente en mi culito y huevos, y recrearse con ellos; descolgó el maneral de la ducha, y nos aclaramos hasta sacarnos todo el jabón.

    Salimos de la ducha y cogiendo la toalla que tenía allí colgada, me secó todo el cuerpo, volviendo a recrearse con mi polla, huevos y especialmente mi culito, para terminar por secarse él.

    Una vez nos secamos, me cogió de la mano llevándome a la sala donde estaba la televisión, y donde habíamos dejado toda la ropa allí esparcida.

    Quédate así, me dijo, no te vistas que voy a buscar algo para beber y quiero tenerte así desnudito, me dijo mientras iba a buscar de beber.

    ¿tú quieres cerveza, o prefieres otra cosa? Me dijo mientras abría la puerta.

    Cerveza está bien, le contesté.

    Apareció de nuevo el curita con 2 cervezas y 2 vasos, me pasó una cerveza y baso, y llenando este de cerveza, le di un trago dejando luego ambos en la mesita que había.

    El curita, haciendo lo mismo que yo, terminó sentándose en el sofá a mi costado izquierdo.

    ¿Tienes frío? Me preguntó, echando su brazo sobre mis hombros, y arrimándome a su pecho.

    Bueno, algo de frío sí tengo, le contesté; y es que me estaba empezando a coger un poco el frío, al estar así desnudo, y de vez en cuando me daban escalofríos.

    Ven me dijo, abrazándome más sobre su pecho. Vamos a terminar las cervezas y vamos para la cama, que allí estaremos más calentitos, me susurraba al oído.

    Mientras me abrazaba sobre su pecho, me lamía y mordisqueaba la oreja, luego el cuello y hombro, mientras sus manos jugaban con mi polla, huevos y me pellizcaba los pezones.

    Mientras tanto yo, acariciaba su espalda, y jugaba con su polla, que seguía hinchada y tiesa. Le subía y bajaba la piel, dejando su glande al descubierto, y le acariciaba y manoseaba los huevos.

    Te gusta la polla, eh mariconcito. Estás hecho toda una nenita, pero una nenita muy guapa, y con un culito muy rico y apetecible. Eres toda una perversión, Dani, me susurraba al oído el curita, sin dejar de magrearme y abrazarme sobre su pecho.

    Cuando terminamos de beber las cervezas, yo ya volvía a estar caliente, y con más ganas de que el curita me volviera a ensartar en el culo aquella foronga que se gastaba, y que no había dejado de estar hinchada y tiesa. Ahora además de hinchada y tiesa a más no poder, se mostraba el glande colorado cómo si de un tomate se tratara.

    Ven me dijo el cura, levantándose del sofá a la vez que tiraba por mí, cogiéndome del brazo. Vamos para la cama, que allí estaremos más cómodos.

    Me llevó a la habitación donde estaba su cama, y después de abrirla, me tumbó sobre ella, quedándome boca arriba.

    Me levantó las piernas haciendo que las encogiera, y quedándome abierto y expuesto mi culo y polla a su entera disposición, llevó su boca a mi pobre polla, y después de darle una buena chupada, siguió lamiéndome los huevos hasta llegar a mi esfínter. Allí empezó a lamerme y intentar introducirme su lengua en mi ano, haciendo que yo gimiera cómo si de una gatita en celo se tratara.

    ¡Ahhh! ¡ahhh! ¡ay ay ay! Gemía y gritaba yo, mientras el curita lamía mi esfínter y trataba de introducir su lengua. Con mis manos agarraba la cabeza del cura, y sin dejar de gemir y dar grititos, me iba retorciendo de gusto.

    ¿Te gusta lo que te hago, eh Dani? ¿Te gusta, pedazo de maricón?

    Claro que te gusta, te retuerces de gusto y gimes cómo una putita.

    Dejó de lamerme el ano, y echándose sobre mí, hizo que mis rodillas llegaran a mi pecho, y colocando la punta de su polla sobre mi esfínter, empezó a meterme de nuevo su hinchada foronga.

    Nada más empezar a abrirse mi esfínter, el curita dio un empujón a su pelvis, enterrándome toda su verga de una vez.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar su polla entrar en mí.

    Ya está, ya no sufras maricón, que ya la tienes toda dentro de tu culito. Ahora goza y disfruta de esta verga que te va a quitar las penas del cuerpo, pedazo de zorrita.

    El curita echado sobre mí metía y sacaba su polla de mi culo, mientras con su boca sobre la mía, mordía mis labios, metía su lengua en mi boca, y jugaba con mi lengua y saboreaba toda ella, sorbiendo mi lengua y saliva cómo si le fuese la vida en ello.

    Ya llevaba el curita dándome por el culo un buen rato, y yo ya no podía más, tenía los labios hinchados de tanto que me los había mordido y succionado, y el culo me ardía de tanto meter y sacar la polla el curita; la pobre de mí pollita no paraba de gotear semen sobre mi vientre.

    ¡Ay maricón! ¡Ay que me voy a correr! Empezó a gritar el cura, sin dejar de taladrarme el culo con su polla.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba el cura clavándome más su polla.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Que gusto, maricón. Decía el curita terminando de eyacular dentro de mi culo.

    Cuando terminó de eyacular, esperó a que su polla fuese saliendo ella sola, y una vez fuera, dejó que mis piernas se estirasen, montó sobre mí, y llevando su polla a mi boca, me la metió en ella.

    Chupa maricón, chupa que te gusta mí líquido que emana de la fuente de la vida y del amor.

    Chupé la polla y restos de semen que todavía soltaba la pija del curita, y luego de dejársela limpia y reluciente, se bajó de mí, y tumbándose a mi costado, me abrazó, y nos tapamos con la sábana y manta que cubría la cama.

    ¿Tienes prisa por marcharte, Dani? Me preguntó el curita.

    No, le contesté.

    Pues vamos a dormir un poco, luego te despierto, nos volvemos duchar, y luego te vas.

    ¿De acuerdo? Me pregunto.

    Sí, le contesté.

    A las 5 de la mañana, el curita me despertó, ¡Dani, Dani! Venga que hay que levantarse, me decía mientras me sacudía con su mano.

    Vamos mariconcito, me decía besándome en la boca. Anda no seas perezoso, vamos a la ducha que olemos a sexo y semen que apestamos, pedazo de maricón.

    Cuando me di levantado, llevado por la mano del curita, me llevó a la ducha, nos metimos en ella, y después de dejarme sentado sobre la banqueta que todavía estaba dentro de la ducha, fue buscar unas toallas, y después volvió a entrar en la ducha, cerró la puerta, reguló el agua, y mientras esta salía por el grifo inferior, el curita me besaba la boca, y llevando su polla a ella, me dijo que abriera la boca, metiendo su polla en ella.

    Joder, casi me atraganto al notar la polla del curita en mi boca; todavía estaba medio dormido, y ya volvía a tener una polla dentro de mí.

    Chupa, maricón, chupa que te voy a llenar la boca con mi semen.

    Empecé a chupar y acariciarle los huevos, hasta que el curita sacando la polla de mi boca, empezó a meneársela. Abre bien la boca que me voy a correr, y quiero que bebas mi leche, mariconcito.

    Abrí la boca y mirando a su polla, esta empezó a escupir semen sobre mi cara y boca, hasta dejarme toda la cara manchada de semen y parte de ella dentro de mi boca.

    Volvió a meter su polla en mi boca, y después de lamerle y saborear toda ella, la sacó, y apuntándome a la cara, empezó a mear sobre mí.

    El muy cabrón del curita se había meado sobre mí, haciéndome lo que fue mi primera lluvia dorada; me había meado toda la cara, pecho y pubis.

    Una vez terminó de mear, volvió a ordenarme abrir la boca, volviendo a meterme su foronga en ella. Ahora estaba mojada y soltando gotas de la meada que terminaba de hacer.

    Eres toda una guarra, me dijo el muy cabrón del curita, te gusta la polla más que a un niño un caramelo, mariconazo, que eres todo un mariconazo.

    Después de lamerle la picha de nuevo al curita, nos remojamos con la ducha, luego me enjabonó con la esponja y mientras me enjabonaba el culito y sobaba los huevos, me empezó a realizar una paja, hasta que me hizo que me corriera.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí mientras mi polla empezaba a derramar todo el semen sobre la pared de la ducha.

    Así, así maricón, córrete y descarga esos huevos que tienes, pedazo de putita.

    Cuando terminamos de ducharnos, nos secamos y me llevó de vuelta a la sala donde estaba la televisión, y allí recogí mi ropa, me vestí, luego el curita después de haberme manoseado bien el culito y haberme hecho prometerle volver a visitarlo, me acompañó a la puerta, siguiendo manoseando mi culito, me abrió la puerta, y saliendo de allí, me encaminé para mi casa.

    Cuando iba caminando para mi casa, miré el reloj, eran ya las 6 de la mañana, e iba duchadito, el culito bien repleto de leche, abierto y satisfecho para unos cuantos días.

    El curita no me había confesado, pero me había dejado bien satisfecho de polla.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Mozambia

    Mozambia

    Ana, ha hecho su juramento y se plantea la duda de si no sería mejor acabar aquí. El final parece amable y sin trampas, parece en verdad un final y el conjunto tendría gran ventaja de su brevedad. Ana se sentía irresistiblemente atraída por Franz, eso si que era un hombre. Aunque las cosas había que presentarlas bien y como eran. Lo afrontaba con serenidad pero con fuerza. A sus 24 años, se encontraba en Mozambia para abrirse un futuro, venida desde casi la otra punta del mundo para obtener beneficios rentables de ese nuevo negocio, el trayecto era largo, pero los artículos que necesitaba para su nuevo gimnasio hacían que el viaje hubiera valido la pena. Franz en vísperas de sus 40 años era todo serenidad pero con fuerza.

    — Puedes estar contenta, ya has hecho el primer pago y los envíos se harán de forma regular, a tu edad eres toda una emprendedora.

    — Me alegro tanto de haberte conocido que no sé que hubiera hecho sin ti, tus consejos, tu ayuda y, sobre todo, ese cariño que me has dado, siento algo profundo por ti, y creo que es amor.

    — Las cosas son como son y nos volveremos a ver, en cuanto a mi ayuda, he hecho lo que he podido, si esa gente hubiera querido un segundo interlocutor, pero eran tan reticentes, que solo he podido aconsejarte.

    — No sabes como te lo agradezco, tus negocios con este país te hacen ser un experto, aunque en este tema de las vitaminas hormonales y debido a la intromisión de otra gente los capullos no se fiaban, será por ese control de aduanas que tienen aquí. No olvidare nunca estás dos semanas, quiero volver a verte pronto — dijo Ana dándole un romántico beso aprovechando la detención del auto en un semáforo.

    Ana y Franz se conocieron en un pequeño mercadillo, aún recuerda como le recomendó que regateara con los pequeños comerciantes, era muy extendido entre la población. Ese mismo día Franz, afable y caballero la invito a desayunar contándole las peculiaridades del lugar. A la mañana siguiente Franz ya está esperando a Ana para mostrarle el lugar y orientarla en lo que pueda para su nuevo negocio. Ágil como una gacela, parecía que flotaba en vez de caminar, musculada, pechos turgentes y esa media melena le hacían sentirse segura, era la vida del gimnasio. Por su parte Franz era todo elegancia, de elevada estatura, muy asentado en el suelo, seguro de si mismo le daba ese aire de glamour que a Ana le encantaba. Esa misma noche un cielo estrellado miraba la habitación de Franz el cual hundía su cabeza entre las piernas de Ana y ella le chupaba su pene; fue un 69 que inició todo el proceso de apareamiento durante una semana, cada día follaron con pasión y ternura. Ana pensaba que ese altruismo gratuito era debido — como bien le había dicho él — a esas negociaciones con Mozambia a esa gente desfavorecida. Siempre atento a gente como ella, en aras de hacerse un pequeño negocio en su país, incluso ingeniaba artículos para los necesitados como había podido comprobar con esa batería casera que daba electricidad, se entretenía, en lo que él decía, ese pequeño generador de corriente; o el depósito de agua que sacaba el agua a través de un – botón y una manguera; o ese círculo oval de metal, que mantenía la boca abierta, útil para la limpieza bucal. Le pedía detalles de sus negociaciones, ya que como le había dicho era algo inexperta. La víspera de su partida habían hecho el amor en la playa, un misionero soberbio por parte de él, gozó mucho, en esa semana había hecho el anal por primera vez y sentía complementada.

    — ¿Me echaras de menos? — pregunto Ana.

    — Será por poco tiempo, pronto vendré a vete a tu país.

    — Eres fenomenal, tan bueno con la gente, no sé que hubiera hecho sin ti — dijo Ana en tono cariñoso.

    — Sabes, es que en mi país, todo es egoísmo, ese consumismo exagerado, es por eso que me gusta ayudar a esta gente con pequeños detalles, incluso me gusta hacerlos, poder dar ese pequeño generador de corriente para gente que no tiene, ese bidón de agua que sale sola, o para los niños ingeniar ese aparato bucal, es tan fácil hacerlos felices — dijo Franz en tono cariñoso.

    El corazón de Ana late con fuerza, se da cuenta, con gran sensibilidad, de cualquier acechanza de sus compañías dudosas en su país. Esto le ha dado fuerza para confiar en ella misma, porque su estrella, bajo cuya luz ella vino al mundo, seguirá siendo su guía constante y le ha ayudado a encontrar la persona que hará su felicidad completa.

    Se han besado efusivamente, se dirige hacía el avión, ni siquiera hay zona de embargue en el destartalado aeropuerto y no más de veinte pasajeros, sube la escalinata y se acomoda en su asiento, se alegra de poder estar sola y no tener ningún vecino de vuelo.

    — ¿No estás seguro Franz ? — pregunta una voz tras él.

    — No, y me gusta dejar las cosas claras, no soy amigo de dejar asuntos pendientes — responde Franz.

    — En ese caso…

    Desde la ventanilla Ana observa como se acerca un pequeño Jeep del cual bajan dos policías, hay algún revuelo en el avión, uno de ellos habla con el piloto y entra en el pasillo del avión, se detiene ante Ana, es un hombre fuerte de carnes abundantes.

    — Señorita, tendrá que acompañarnos — dice en tono castrense y autoritario.

    — ¿A qué… a qué… vie… viene eso, yo… yo…? — responde en tono asustadizo.

    — No me lo ponga más difícil…

    Los dos hombres habían pasado a una sala contigua, delante de ellos unos vasos y una botella.

    — Un habano Franz, es de calidad superior, sé que te gustan, y por favor, sírvete tu mismo de la botella.

    — Tienes buen gusto cabrón, lo consigues todo, bueno por eso tienes tus contactos, este whisky de 20 años no desentona, no.

    — Sé que te gusta la calidad y más ahora que me han informado… — dijo mientras daba fuego al habano de Franz — Ya tendrás…

    — Si, el tercero, para ser exactos, nacerá de un momento a otro, de hecho me voy directo para allá mañana mismo. La familia me tira mucho, es mi debilidad, somos felices. Hablando de trabajo, ¿quién se ocupa…?

    — Otto, se que es de tu confianza.

    El teniente Otto caminaba de arriba abajo de la habitación, Ana estaba sentada.

    — Dígame una vez más como se llamaba, ¿de qué le conocía? — preguntaba Otto en tono intimidatorio.

    — Yo… yo… yo solo sé que le llamaban Luders… no… no… por favor… — dijo entre sollozos ella.

    — Y los otros, ¿cómo se llamaban? — pregunto gritando el teniente.

    — ¡Yo solo trate con ese! ¡por favor! ¡créame déjeme!

    — ¡Por última vez, ¿quién era el otro enlace?! — pregunto mientras descolgaba el teléfono.

    Mientras tanto en otra habitación distendidos y relajados, los dos hombres charlaban.

    — Eres un buen colaborador Franz, y te lo agradecen, no te gusta dejar ningún cabo suelto y el C.I.M (Centro de inteligencia de Mozambia) lo sabe.

    — Tú también como inspector de operaciones haces una labor encomiable.

    — Cada uno sabemos nuestra tarea, yo como inspector local conozco todas las fuentes de información y por ello confío en ti — dijo mientras descolgaba el teléfono y se ponía al habla —. Perdón, era Otto, dice que no colabora, o no sabe, pide permiso para actuar o, si creemos conveniente dejar el caso cerrado, tú decides.

    — La cosa está empezada, que actué con el protocolo, que pruebe con intimidación, quizá nos de resultados — dijo categórico Franz.

    Otto colgó el teléfono al mismo tiempo que se alisaba su blanco bigote, su cara adusta y avejentada, llena de arrugas le daban esa austeridad castrense. Más de 35 años de servicio le daban esa disciplina de saber actuar en todo momento. Caminó hacía la puerta con brusquedad al mismo tiempo que la abría gritaba a los dos guardias:

    — ¡¡¡Despelotadla y llevadla a dar el paseillo, que vea un poco el lugar, igual se le aclaran las ideas y recuerda mejor!!!

    — ¡¡No!! ¡¡no!! ¡por Dios! ¡no sé nada, lo juro! — gritaba Ana en tono suplicante.

    Es desnudada, indefensa con su cuerpo sin ropas se muestran unos pechos turgentes y unas piernas moldeadas a base de gimnasio, tiene el pelo desaliñado, las lágrimas le caen, se pone las manos delante de su sexo y es obligada a caminar por el pasillo con Otto tras ella; en el pasillo hay puertas abiertas, hay expectación de policías mirando, aunque no se atreven a hablar, Otto impone respeto, es su teniente y es muy estricto. Otto llama a una puerta y entra.

    — ¡Vaya! ¡qué tenemos aquí! —exclama, un hombre calvo de edad avanzada y con unos galones de sargento.

    — ¡Ya ves! No quiere colaborar, por un simple nombre me hace pasar por un hombre malo —dijo en tono socarrón Otto.

    — Tú, zorra, si supieras quien es el teniente y lo que les pasa, no te atreverías a…

    — Te doy otra oportunidad —dijo Otto— dime nombres.

    — ¡Juro por Dios que lo que he dicho es la verdad! –dijo en tono suplicante al mismo tiempo que lloraba.

    Franz se levanta con el puro en la boca, mira a través del espejo que da a la sala contigua, va de un lado para otro, el repiqueteo del teléfono le hace pararse.

    — Si, dígame… de acuerdo… consultaré a Franz —dijo el inspector—. No acata, Franz, tú decides…

    — ¡Que siga el protocolo! Vamos a probar con la sala de interrogatorio — dijo mirando a través del cristal la escueta sala contigua.

    — ¿Crees que sabe más nombres? No creo que conozca más enlaces, es probable que solo fuera embaucada.

    — Solo se trata de ser fiel a la regla del combate, no podemos dejar que esta gente arruine la reputación del país —dijo acalorado Franz.

    — Si, pero si tu la habías seguido, no siendo capaz de obtener otro enlace.

    — ¡Qué proceda!

    Ana fue conducida a una sala de luces escuálidas, solo una silla y una cuerdas colgadas del techo, el ambiente era aséptico y sepulcral; Otto junto a dos subordinados invita a Ana a sentarse, ella está histérica empieza a sollozar, por lo que Otto ordena que la sienten. Una vez sentada es atada de manos y pies a la silla, está frente a un cristal ahumado.

    — Está tan guapa, aún con todo el maquillaje corrido — dijo Franz.

    A través de la puerta que da a la otra habitación entra Otto donde se encuentran Franz y el inspector.

    — Me alegro de verte Franz — dijo de forma efusiva Otto —, ya me he enterado de tu próxima paternidad.

    — Si, siempre es un aliciente, son mi vida —respondió Franz al mismo tiempo que se abrazaban—. Y los tuyos supongo que ya harán su vida. Me han dicho que ya eres de nuevo abuelo.

    — Ya son mayores si, el más joven de los cuatro ya tiene 28 años, si no fuera por los nietos los cuales me dan muchas alegrías —dijo en tono fraternal.

    — Bueno, vamos a por el trabajo que nos ocupa Otto, ¿has visto lo que te he traído?

    — Si, una hembra algo atemorizada y estridente, con sus herramientas en un pequeño carrito de compra. Piensas en todo, eres un manitas, ¿por donde empiezo?

    — ¡¡Electrificación!! — dijo Franz categórico.

    Otto entro en la sala que estaba Ana y se quita el chaleco, queda en botas, pantalones y tirantes; del carrito saca una pequeña batería con y se coloca de pie delante de Ana. Es el emblema de la autoridad, de su superioridad sobre ella. Es una pequeña caja metálica con dos cables con pinzas. Otto va de un lado a otro, con la vista baja. Ana tiembla, lloriquea al mismo tiempo que Otto se dirige a ella y le coloca las pinzas en sus pezones. Se aparta y gira un pequeño dial al número 1. Ana se estremece, intenta hablar, se tensa, chilla. El sudor le cae a borbotones, sigue gritando hasta que no puede más. Ceden los estremecimientos.

    — Quiero nombres ya… —dijo Otto.

    — ¡¡No!! solo sé… qué se llamaba Luters… ¡Hijo de la gran puta, cabrón! Franz… conocí a Franz… ¡¡No!!

    Otto volvió a entrar en la habitación contigua donde estaba Franz y el inspector.

    — Te ha nombrado, al menos empieza a desembuchar — dijo Otto.

    — Sírvete uno de esos puros — dijo el inspector ofreciéndole la caja — haces una labor encomiable Otto, siempre defiendes lo que es justo, aunque quizá la chica no conozca a nadie más y diga lo que sabe.

    — Entonces voy a seguir, ¿o, que hago? — pregunto Otto mirando a ambos.

    — ¡¡Hazle el alternador!! — grito Franz.

    — Veo que es una cuestión de principios Franz, ¿te ha molestado que te nombrara? — dijo el inspector.

    Otto a pasos largos vuelve a entrar en la sala de interrogatorios, da una calada a su puro mientras mira a Ana y grita a sus subordinados:

    — ¡¡Atadle las piernas al reposabrazos de la silla, quiero ver esos agujeros bien abiertos, tanto su puto coño como el de su puto culo!!

    — ¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! — grito Ana a pleno pulmón.

    Una vez atada y colocada en esa posición, Otto se acerca con la pequeña batería y le coloca las pinzas en sus labios de la vagina, después le enseña una bombilla.

    — Te lo voy a enroscar en tu puto culo y te daré corriente hasta que se encienda —dijo Otto echándole una bocanada de humo a la cara y enroscarle en su zona anal la bombilla.

    En esta posición, recibió la primera descarga, sus muslos se tensaron, su boca estaba abierta, el sudor corría por todo su cuerpo, el dial de la batería estaba en posición 2, un ligero amago de encenderse la bombilla aunque la corriente interior no bastaba. Y se para, Ana está blanca como la pared, intenta balbucear algo.

    — ¿Se te ofrece algo, quieres hablar? — pregunta Otto dando una bocanada al puro.

    — Si… se… creo… no sé como se llamaba, los primeros… días… me presenta… presentaron…

    — ¡¿Quién te lo presento?! ¡¿Cómo se llamaba ese otro?!

    — Yo, yo… no… sé…

    Otto volvió a accionar el dial en el numero 3, vuelven las convulsiones a Ana, su cuerpo se agarrota, las venas se le hinchan, la bombilla se enciende, de la vagina de Ana empieza a salir orina a causa del esfuerzo, la tensión es enorme. Se para.

    — Ha empezado a cantar, Franz, no creía que supiera más — dijo el inspector.

    — Confió mucho en Otto es perro viejo — dijo Franz al mismo tiempo que Otto entraba.

    — Parece que había otro, un poco más de tiempo y canta quien le proporciono la mercancía — dijo pletórico Otto.

    — Continua Otto, hazle el aljibe.

    Otto salió con paso decidido, cogió el pequeño depósito de agua con motor, con la manguera se acercó a ella, sus dientes castañeaban, sudorosa.

    — ¡No! ¿que va a hacer? ¡No!

    — Haz memoria puta — dijo al mismo tiempo que abría con sus manos su ano e introducía la manguera.

    — ¡Le llamaban Herbert… solo se eso! —exclamo ella.

    El mecanismo casero empezó a bombear agua, el líquido subía, Ana empezó a sentir una sensación de hinchazón del intestino, sus músculos estaban tensados al máximo.

    — ¡¡Herbert y Danton!! ¡¡No sé más!! ¡¡Pare!! ¡¡Pare!!

    Otto paró el pequeño motor, retiro la manquera y tapono su ano con su dedo corazón al mismo tiempo que a pocos centímetros de la cara de ella le obsequiaba con una bocanada de humo.

    — ¿Alguien más había? Haz memoria

    — ¡¡No!! ¡¡Es todo lo que sé!! — Grito Ana.

    Otto aparto el dedo de su ano y acto seguido su ano expulso de forma compulsiva agua como un grifo a presión.

    Exultante por su buen trabajo Otto entró en el departamento donde estaba Franz y el inspector.

    — ¡Fenomenal! Conocemos a los dos sujetos, buen trabajo —dijo el inspector.

    — Siempre he confiado en ti Otto, ha cantado —dijo Franz.

    — ¿Y ahora? La dejo, o… —pregunto Otto.

    — Barra libre, si quieres puedes gozarla, como siempre en estos casos — respondió Franz.

    — Será un placer observarte, si se puede, vamos… — dijo el inspector.

    — Faltaría más, nunca he tenido secretos — dijo exultante Otto.

    Tras la breve conversación volvió a entrar en la sala y exclamo a sus subordinados:

    — ¡¡Crucifixión a cuerda asistida!! Preparadme la hembra. Vas a tener polla en todos tus conductos — dijo mientras miraba a Ana con ojos feroces.

    Ana es y atada e izada con poleas en posición de cruz mientras Otto está en el otro compartimento, los dos subordinados ultiman los detalles.

    — Levanta más de esa parte que quede bien tenso el cabo, se nota que es tu primera vez — dice uno de ellos.

    — Ya, es que no estoy acostumbrado, y ahora, que le va a hacer — contesta el otro.

    — Estará expuesta así en cruz un rato, cuando entre el sargento la pondremos en horizontal y tiraremos de las cuerdas de los pies para abrirlas hasta que encuentre la alineación adecuada para que el mismo sargento se la pueda fornicar — contesta el otro mientras Ana solloza.

    — ¿Y siempre lo hace así? — pregunta asombrado el otro.

    — Con las jacas que valen la pena si, he perdido la cuenta la verdad, quizá sea la que hace trescientas desde que estoy aquí, es un auténtico toro bravo el teniente.

    Ana tensada en cruz y el pulso desbocado le daba embates por las venas. Volvió Otto y mirando a Ana, como un fiel devoto mira a su cristo desde abajo del altar. Y, movido por un repentino impulso y bruscamente alterado, sudando por todos los poros dirigió una iracunda mirada a Ana, la cual rendida ya sentíase ajena, sacada de si misma, como situada en el umbral de una época de transformaciones.

    — ¡Bajadla ya! — dijo al mismo tiempo que se quitaba los pantalones, quedando con la camisa y dejando unas piernas velludas, junto con un pene erecto.

    Ana fue bajada y puesta en horizontal, el aire estaba inmóvil.

    — ¿Así mi teniente?

    — ¡Abridle más las piernas! — contesto Otto.

    — Tira más de cuerda — dijo el otro al novato.

    — Mi teniente, ya la tiene alineada.

    Otto, pene en mano, embistió como un tren de mercancías dando trallazos pélvicos, cada embate era más agresivo que el anterior. Estremecíane en cada embestidas las nalgas de Otto emitiendo sonidos guturales de su garganta. El sostenido embate de Otto se iba rompiendo en ritmo — unas débiles; otras brutales; siempre más espaciados — y, con pasmoso desenfado, se despojó de la camisa, quedando completamente desnudo. En la brusquedad del atolondramiento, Ana no acababa de entender lo que ocurría, daba por terminada su penetración vaginal, pensaba ella. Movido por un estallido nervioso, Otto escogió esta vez el conducto anal y volvió a embestirla sin compasión. Ana buscaba donde arañar, solo encontraba aire. Otto la miraba con media sonrisa desencajada, lo que revelaba una portentosa capacidad de humillar. El conducto anal quedo abierto en la penetración. Fue bombeada durante unos minutos con determinación y potencia, vum, vum, vum; plof, plof, plof.

    — ¡Ponedle el aro bucal! — exclamó Otto.

    Ana, vio como ese implante bucal diseñado por Franz le era colocado en la boca, quedaba abierta sin posibilidad de cerrar las mandibular. En esa posición Otto introdujo su pene en su boca y vació una abundante lefada…

    Franz y el inspector terminaban su comida y se disponían a degustar un licor y unos puros, cuando entro Otto.

    — No os encontraba, no sabía que estabais en el restaurante — dijo Otto.

    — Ya ves, dispuesto a partir después; y tú ¿qué tal? — dijo Franz.

    — Ya ve, también para casa, lo decía por si quería ver a la chica antes de irse, ya la he terminado, pero la he dejado a exposición de la tropa… — dijo orgulloso Otto.

    Movido por una repentina impaciencia Franz se dirigió hacia la sala de interrogatorios, una vez allí pudo observar como Ana era follada al mismo tiempo que otro le introducía el pene en la boca, los dos estaban en el éxtasis ya convulsionaban y no tardaron en soltar el semen sobre Ana: uno dentro de la boca, el otro en su zona vaginal. La cara de Ana parecía un lodazal de esperma, así como sus conductos vaginal y anal; el suelo estaba en estado deplorable, lleno de líquido seminal, el ambiente apestaba a lefa. Los dos se quedaron mirando a Franz y uno de ellos dijo:

    — Tu turno, ya hemos acabado.

    — No, no… solo venía a verla, ya que por lo visto está bien servida — dijo Franz.

    — No te quepa duda, somos los últimos de la tropa del cuerpo de guardia, te aseguro que sequedad vaginal no tendrá — dijo riendo jocosamente junto con su compañero.

    — Podéis bajarla ya, quitadle el aparato de la boca.

    Fue bajada hasta el suelo, una calma de sensaciones se apodero de la habitación, Ana rendida con el semen cayéndole de la frente, de las sienes, de la boca saliéndole unos hilillos babeantes. El pie de Franz patinó de forma ligera al acercarse, la miró largamente.

    — Ere… ere… eres un… un… un… un… mal… malvado — balbuceo ella.

    — Así es la vida nena — contesto Franz, al mismo tiempo que se bajaba la cremallera de la bragueta, sacando su pene flácido, descapullándose el glande, para orinar abundantemente sobre ella, moviendo su pene de un lado a otro.

  • Tony, le vienen a entregar las nalgas

    Tony, le vienen a entregar las nalgas

    Había recibido la llamada de mi amigo Rivas y me comunicaba que la chica de la fiesta estaría en mi casa en minutos regresando las cosas que él me había pedido prestadas para quedar bien con ella. ¡Gracias! –dije en mi pensamiento, pues eran unas 40 sillas, una media docena de mesas y unas carpas pequeñas que habían servido para mitigar el sol de la tarde anterior, pero que todo eso regularmente lo guardo en una bodega que desde el guarda coche de mi casa a la bodega, son unos 500 pies ida y vuelta: -¡Gracias por hacerme trabajar! – dije de nuevo en mi pensamiento.

    Yo había sido invitado a la fiesta por medio de mi amigo y bueno, pues porque les estaba ahorrando una buena cantidad de dinero al yo prestarles todas esas cosas, pero no había ido, pues realmente no los conocía, aunque mi amigo Rivas me incentivaba diciendo que me iba a perder de una buena fiesta, y de la cantidad de lindas mujeres que llegarían.

    Minutos después escucho el interlocutor de casa sonar y el guardia de seguridad de la colonia me comunicaba que la Srta. Sofí, venía a entregar unas sillas y mesas. Realmente, el guardia de seguridad quien era un hombre de mi misma edad y que con los años teníamos mucha confianza me murmuró lo siguiente de esta manera: -Tony, tengo a una chica de nombre Sofí, que dice que le viene a entregar las nalgas. – su inventiva me hizo reír.

    Oí entrar su vehículo y bajé para ayudarle a bajar las cosas. Desde la distancia pude observar una chica que quizá rondaba los 27 años, de un metro setenta de altura, no le podía estimar el peso, pues sus piernas eran atléticas y con mucho musculo, y con unos pechos que deberían estar atrapados de por lo menos en una copa D. Me sonrió y se presentó y ya cerca pude observar un bonito rostro, ojos redondos, cejas depiladas las cuales eran una delgada y simétrica línea, sonrisa de labios gruesos, muy juvenil, pues su pequeña camiseta que dejaba ver en algo su bien trabajado abdomen, combinaba bien con los pantalones cortos y tenis deportivos que ese día vestía.

    Bajamos las cosas y las pusimos en contra de una pared de retención al lado de mi casa y solo pensaba pedirle ayuda para meter las 3 carpas, las cuales las habían atado para quizá evitar hacer más trabajo, pero para cargarlas se le es incómodo a una sola persona. Ella tomó una punta y yo la otra y caminamos entre el jardín trasero de la casa. Se dio cuenta de la distancia y ella me había preguntado que si todo sería guardado en la misma bodega y yo le había contestado con un “si”.

    No le tuve que decir que me ayudara, ella tomó la iniciativa y comenzamos juntos a meter todas las cosas a esa bodega y quizá todo aquello nos tomó unos 20 minutos, pero bajo el sol de las once de la mañana en un día de verano, donde la humedad llega por arriba de los 90%, teníamos nuestras camisas empapadas de sudor. Fue Sofí quien comenzó en forma de broma a sugerir que una zambullidla en la piscina no caería tan mal.

    Para abreviar el paso del tiempo, después de guardar las cosas nos sentamos en una mesa bajo de un kiosco que está cerca de la piscina y platicamos de muchas cosas triviales alrededor de una media hora mientras nos tomábamos una cerveza. Fue Sofí quien volvía a insinuar que le gustaría hundirse en la piscina y le dije que se sintiera en su casa.

    – ¡Si hubiese sabido, hubiera traído traje de baño! –dijo.

    – Pues acomódate como tú quieras, aquí solo estamos tú y yo.

    – ¡No lo quiero incomodar!

    – ¡Te aseguro que no me incomodas para nada!

    Se fue a la regadera, se dio una ducha para quitarse la sal del sudor, se había quitado el sostén y salió solo con su pantalón corto y su blusa húmeda que me dejaba ver en su transparencia, el volumen exquisito de sus dos preciosos melones y unos pezones erectos que parecían tener un volumen extraordinario. Saltó a la piscina y luego ella me incentivaba a acompañarla. Se dio cuenta que esa pequeña blusa, con la fricción del agua se le subía al punto que sus pechos quedaba desnudos. Ella lo nota y ríe, y es cuando le digo:

    – ¿Por qué no te la quitas de una sola vez? Tú sabes que no te cubre nada y es más, creo que hasta te incomoda. Sofí, no serán los primeros pechos desnudos en el mundo.

    – ¡Creo que tiene razón! – y se quitó la blusa.

    Me di cuenta que tenía unos aretes en cada pezón y un tatuaje de ese conejo famoso de playboy en uno de sus suculentos pechos. No me pude resistir de hacerle la pregunta y cuando nos acercamos y nos quedamos sentados en las gradas de la piscina le pregunto:

    – ¿No duele tanto hacerse esos orificios en los pezones?

    – ¡Que no duele! ¡Va! ¡Claro que duele y mucho!

    Aquello abrió la plática que creo Sofía quería entablar; era como abreviar lo que ella buscaba o que pienso siempre buscó. Ella me lo dice de esta manera y no me lo puedo creer:

    – ¡Pero me dolió mucho más hacérmelo en los labios!

    – ¿Usas aretes en los labios?

    – Si. –me dijo.

    – ¡No se te nota nada en los labios!

    – Tony, ¡mis otros labios! –y sonríe.

    Hablamos al respecto un poco, del dolor, del morbo que conlleva, en fin hablamos algunas cosas mientras consumíamos la segunda cerveza. Lo que me sorprendió y me tomó con gran sorpresa fue su pregunta, o algo así como una oferta: ¿La quieres ver?

    Pensé que bromeaba, pero al segundo de haberla dado una respuesta positiva, ella comienza a hacerse de un lado una de las mangas del pantalón corto, lleva una pequeña prenda interior de color blanca, la hace a un lado y me permite ver el brío de un arete o aretes dorados. Por demás está decir que me provocó una erección y es notable en mis pantalones cortos y muy sueltos. No dudo en decírselo, Sofía tiene esa personalidad muy abierta y no creo que se moleste si se lo comunico:

    – ¡Me has provocado tremenda erección!

    – ¿En serio? ¿De veras? ¿Puedo ver? – y sonríe.

    Me he levantado de las gradas de la piscina para que Sofía pueda ver como mi verga se ve restringida sujetada por mi ropa interior. Veo una sonrisa pícara en ella y presiento su próxima pregunta y acierto:

    – ¿Puedo verla? Dijiste que te había provocado una erección y así no se puede ver si en realidad es una erección. – y seguía con esa sonrisa.

    – Te voy a dar el honor a que seas tú quien la descubra.

    – ¿Puedo?

    Me tocó la verga sobre mi pantalón corto mojado y me lo baja y queda ante ella mi verga totalmente erecta. Sus ojos se concentran en mi falo y yo lanzo mi vista a sus espectaculares pechos. Ella me aprieta con su mano mi glande y en forma de masaje llega hasta tomarme de los testículos. Sofía me mira y me pregunta:

    – ¿Quieres cogerme Tony?

    – ¿Tú quieres?

    – ¡Tienes una hermosa verga! ¿Puedo? – como pidiendo permiso para mamarla.

    Se la llevó a la boca y comenzó a darme una mamada de las que yo llamo de profesional. Sofía sabe lo que hace, no en balde lleva esa estampa tatuada del conejo de playboy en uno de sus pechos. Intentó tragársela toda y sé que buena parte le llegó a su esófago que parecía se ahogaba. Realmente aquello sonaba a tortura, pero ella insistía en repetirlo una y otra vez. Tuve un buen control de la situación, pues un día antes había estado con otra chica y le había metido dos polvos, así que mi arma no estaba sobrecargada y eso hizo que Sofía la disfrutara a placer.

    Para retribuirle esa rica mamada y para estar más cómodos, la puse en una silla reclinable, que tiene colchón y el suficiente peso para aguantar el rigor de esta faena. Le remuevo su pantalón corto, el bikini diminuto de color blanco, y vuelvo a ver esos aretes en sus labios y comienzo a chupar esa hermosa panocha de labios muy gruesos y un clítoris bastante pronunciado. Sofía solo gime y solamente escucho entre sus labios, como apretando sus palabras: ¡Dios mío, que rico!

    Le encantaba que le halara sus aretes, cosa que a mí me parecía doloroso, pero el sexo es algo muy propio para cada quien, y para Sofí, esto que me parecía tortura a mí, para ella era un enorme placer. Fue ella quien me pidió llevándome mis manos a sus pezones y me insinuó que también se los halara. Sus gemidos se elevaron y a los minutos ella me anuncia que está a punto de venirse. Me pide que quiere sentir mi verga y para esto, Sofía se levanta y toma la posición de perrito y así en cuatro sobre esta silla reclinable, comienzo a hundirle cada centímetro de mi verga. Sofía es de las chicas de sexo rudo, agresivo; le gustan las embestidas violentas. Ella suda y mi transpiración se desliza por mi espalda. Son las doce del mediodía en un día de verano y el mercurio ha sobrepasado los 92 grados Fahrenheit. Yo le pompeo la panocha a Sofía con enorme violencia, que hasta escucho el eco del golpeteo en contra de sus nalgas en las paredes de la casa. Ella menea sus caderas de una manera agresiva y sensual, mientras con una de sus manos se masturba el clítoris. Me dice que se viene y me lo grita, que si alguno de mis vecinos están afuera en sus patios, hubiesen escuchado fácilmente: ¡Me vengo Tony, no pares, dame más, no pares!

    Siento ese temblar incontrolable de sus nalgas, la contracción de su vagina apretándome la verga y escucho esa respiración profusa, la cual le toma un par de minutos en recobrarse. Me mira y me pregunta: ¿Te falta mucho para acabar? – le digo que no, que estaba a punto, que era solo cuestión de un par de minutos. Me hace la oferta de una nueva mamada, pero yo tengo en mira ese rico culo. Sofía tiene un rico culo que debería medir unos 94 centímetros de cadera y al haberla tenido en cuatro, con ese ojete ante mi vista, es un culo rosadito, con algunos vellos finos rubios y a sabiendas que esta chica parecía ser muy liberal, pues no dudé en pedírselo:

    – ¿Sofía, me das tu trasero?

    – ¿Quieres sodomizarme?

    – ¡Te me antojas!

    – ¿Sabes que en este estado es ilegal esa práctica sexual?

    – Bueno, prometo no divulgarlo. – y ella se ríe y me dice:

    – ¡Que rico me lo hiciste! No te lo puedo negar. Solo que sé breve, se está haciendo tarde.

    Ha falta de lubricante, le lamí el culo a placer por un par de minutos, mi verga seguía empapada de sus jugos vaginales de tremenda cogida y de nuevo, en la misma posición de perrito, le asomé mi glande y comencé la penetración cuidadosamente. Que rico fue ver como mi verga volvía a desaparecer en el culo de esta linda chica. Ella me quería mandar pronto al paraíso, pues Sofía sabe contraer su esfínter. Comencé con ese vaivén de mi pelvis y podía ver el reflejo de nuestras siluetas en aquel movimiento sexual en las ventanas del sótano de la casa, acompañadas del golpeteo contra sus nalgas. Sofía me masajeaba los testículos cuando en algunas veces hice una pausa y me concentré para dejarle ir ese polvo en su rico culo. La taladré a morir y bajo el sol del mediodía, empapado de sudor ambos, le lancé internamente una rica corrida.

    – ¡Pensé que nunca terminarías! Tienes enorme aguante que ya casi me hacías acabar de nuevo.

    – ¿Quieres acabar te sigo dando?

    – Me gustaría, pero debo irme. Porque no lo dejamos para pasado mañana. ¿Tienes tiempo a la misma hora?

    Se tomó un baño aligerado, se puso su ropa mojada y se despidió con un beso en la boca. Aquel día se despidió con la misma frase con la cual se despidió las cuatro veces que cogimos en mi casa: ¡Coges rico, me gusta tu verga! – Fueron pocas ocasiones, entre las cuales hubo una sesión de 5 polvos. Sofía es una linda mujer, infortunadamente es una mujer casada y con compromisos y según ella, su esposo comenzaba a sospechar. Recuerdo le conté lo que en broma me había dicho el guardia de seguridad la primera vez que llegó a dejarme las cosas de su fiesta: -Viene esta chica de nombre Sofía, a entregarle las nalgas:

    – ¡Y no se equivocó! – dijo y se alejó sonriendo.

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  • Nuestra amiga argentina poniendo cuernos es única

    Nuestra amiga argentina poniendo cuernos es única

    Ya lo aclare en el último relato que conté que sobre las cosa que hago y cuento acá, hay algunos que no me creen, pero muchos que si, y por ellos, cuento estas cosas, que como siempre digo no lo quiero o no puedo contar.

    Todo empezó ayer a la tarde con Maxi. Algunas cosas conté de él, es un “amigo” con una muy buena pija jeje, y cogemos de vez en cuando, pero hacía mucho que no estaba con él; es más al final del año pasado que yo no estaba de novia varias veces me quede a dormir en su casa, y también me cogió con dos amigos, uno por vez, o sea me hizo dos tríos, ¡y me gustó!

    La cosa es que ayer a la tarde, él sabe que estoy de novia, me manda un WS, para ver como andaba y esas boludeces, obvio que yo sabía que atrás de eso venia algo más, hasta que me empezó a decir (lo voy a resumir si no va hacer muy largo), si no quería ir a la noche a su casa, que iba a ir Milagros (yo ya la conocía, es re puta), con un amigo, ¡y los dos amigos de él con los que hicimos los tríos!

    No les voy a copiar, como hago siempre la conversación por whatsapp, porque se va hacer muy largo, la cosa es que me decía, que la idea era pasarlo bien, que a lo mejor solo nos juntábamos a tomar algo y nada más, pero conociéndolo a él y a quienes iban a ir, sabia como iba a terminar la noche, y la verdad, la idea me gustaba, y a pesar de que solo me humedecía de pensar que podía tener “fiestita a la noche” lo tuve como tres horas insistiéndome, porque en realidad sabía que iba a tener quilombo con mi novio, pero me importo un carajo, hasta que le dije que está bien, que iba a ir, que me pasar a buscar, pero que no se olvidara que yo estaba de novia (no sé por qué carajo se lo dije).

    Ahhh, a mi novio le dije que iba a la casa de una compañera de la facultad que estaba re mal, porque se había separado y nos juntábamos es su casa para acompañarla, le dio por las bolas porque ya habíamos quedado en juntarnos en la casa de un amigo de él varias, parejas, pero si no me creía lo mandaba al carajo jeje.

    La cosa es que, a medida que fue pasando el tiempo, más me fue gustando la idea, de solo pensar que se podía armar una especie de “orgia”, me ponía muy caliente, y esa calentura me daba esa adrenalina que no me deja pensar y sabiendo que iba la trolita de Milagros, en ese sentido soy competitiva y en trolita, no me van a ganar (más allá de que me gusta serlo).

    Aprovechando que no hacía frío, aunque en esta época, no es lo que debería haberme puesto, me puse igual una mini negra, re corta y justada, sin medias, una blusa y un saquito re corto.

    Bueno me pasa a buscar Máximo con el auto de su amigo, que en realidad (yo no entiendo un carajo de autos) era una camioneta chiquita, donde solo se pueden sentar adelante, porque tiene una solo fila de asientos.

    Bajo, y me hacen sentar en el medio de los dos, chauuu, cuando me senté la pollerita me quedaba de cinturón. Maxi vive en Olivos, o sea teníamos un rato de viaje, al ratito de subirme a la camioneta, empezó de a poco y haciéndose el boludo a acariciarme las piernas, y yo lo dejaba, como siempre, me calienta eso, y al rato me parte la boca, mientras su amigo (que no sé cómo carajo lo hacía), manejando también me empezó a tocar las piernas, pero la entrepierna casi llegando a mi conchita, y me seguí dejando, me gustaba sentir a los dos, que se calentaban conmigo, aparte no pude evitar, tocarle sobre el jean la pija Máximo, que ya estaba reparada.

    Obvio, me estaba portando como una trolita, y más sabiendo ellos que estoy de novia, más les calentaba la situación ¡y a mí también!, así hasta que llegamos a la casa.

    Llegamos a la casa de Máximo, y nada, tomamos algo y al toque llego Milagros ¡con su amigo!, habrá pasado una hora, hora y media hablando boludeces y tratando de que todo sea relajado, que para mí siempre es la parte más difícil, digo hasta que se vaya ¡todo a la mierda!

    Maxi en un momento, se levanta apaga las luces y deja solo prendida una lámpara, para que me entiendan estábamos sentados en un sofá, Maxi, su amigo y yo en el medio y en el otro milagros ¡con su chico!

    Milagros se empieza a besar con su chico, pensé, ahhh, ¡así largamos la cosa! Obvio que no me quedo otra que empezar a besarme con Máximo, pero con esos besos que nos matamos, yo mucho no me quería mover, quería ver que hacía su amigo, y al toque me empieza a acariciar las piernas, primero me pone la mano sobre una de mis rodillas, y de a poco empieza a subirlas sobre mis muslos, hasta que llega a mi entrepierna y yo casi sin darme cuenta abro mis piernas, demostrándole que me gustaba lo que me estaban haciendo.

    Lo tenía a Maxi, con su mano debajo de mi blusa, acariciándome la espalda, y desabrochándome el corpiño, a su amigo casi llegando a mi conchita, y eso me ponía muy caliente, ya estaba toda mojada, la miro a Milagros y la PUTA, ¡ya estaba EN TETAS! Chauuu, ya se fue todo a la mierda y ¡a mí no me gusta quedarme atrás!

    Yo sola, me empecé a sacar la blusa, quede en tetas, Maxi comiéndomelas, besándomelas, y yo ya gimiendo, mientras su amigo, sobre la bombacha ya había llegado a mi conchita y vio que estaba mojadita, con lo que no tardó mucho en sacarme la bombacha, yo ya entregada a que me llenaran de placer, lo dejaba a Maxi que me besara las tetas, que me las muerda, que me las bese, y totalmente abierta de piernas, poniéndolas sobre los hombros de su amigo. Dejé que con su lengua empiece a jugar con mi conchita.

    Solo para ver que hacía Milagros, la miro y estaba solo con su mini tanguita y su chico metiéndole dedos por todos lados, yo seguía gozando, era mucho el placer que me estaban dando hasta que en un momento fue tanto el placer que no pude evitar, agarrarle la cabeza a su amigo, meterla en mi concha y explote en mi primer orgasmo, y siempre después del primero quedo ¡muy caliente!

    El amigo de Maxi, me saca la pollera, ya estaba totalmente en bolas, Milagros también ¡y ya se la estaban cogiendo!, el amigo de

    Maxi me pregunta: “¿querés que te coja?” que forro obvio que quería, pero él lo quería ¡escuchar!, “si, cógeme , cógeme guacho” (algo así le dije) abro mis piernas, mi conchita ya era un lago y me empieza a coger, mis gemidos, mi cara de placer, sola me tocaba las tetas y Maxi me pone su pija en mi boca, no hay cosa que me guste más que me cojan y tener una pija en la boca, como podía se la chupaba y su amigo me cogía ¡desesperadamente!

    Los gemidos de Milagros, y sus gritos cuando estaba acabando fue lo único que me hacía falta para ¡acabar de nuevo!, mientras Máximo, se pajeaba y me lleno la cara y la boca ¡de leche!

    Después de eso, Milagros, se viene al sofá donde estaba yo, y me dice que su chico ¡también había acabado!, y me dice, hagámoslos calentar lo más rápido posible, y me da un beso, así, con mi boquita ¡llena de leche!, y nos empezamos a tocar, por todos lados, yo me deje, ella se dejó, nos empezamos a meter los dedos ¡en nuestras conchitas!, y Milagros se entretenía con mis tetas (ahí me di cuenta que es media lesbiana como yo), todo esto mientras los chicos ¡nos miraban!

    Terminamos haciendo un 69 y el amigo de Máximo, que todavía no había acabado, me empieza a poner la puntita en la cola (yo estaba arriba). No me hizo la cola, pero eso fue suficiente para que se caliente y me acabe ¡sobre mi cola!, mientras con Milagros, ya nos estábamos matando con nuestras lenguas en las conchitas (yo en la de ella y ella en la mía), yo ya estaba perdida, solo quería gozar, ella también, todo nos importaba un carajo, y más saber que hacíamos eso mientras los chicos nos miraban, más nos calentaba (al menos a mi), hasta que acabamos las dos juntas, acariciándonos las piernas, chupándonos las conchitas.

    Yo esto lo cuento rápido, pero haría más de una hora que ya estábamos cogiendo ¡todos!

    Después Máximo y el chico de Milagros, directamente nos piden que nos pongamos en el sofá en cuatro, y nos empiezan a coger de nuevo (con lo que habíamos hecho ya estaban calientes de nuevo), y mientras nos cogían, como podíamos con Milagros nos besábamos, otra vez (al menos para mí) el placer total, que me cojan mientras me beso y me toco con una mujer, así estuvimos un rato dejándonos que nos cojan hasta que con Milagros acabamos de nuevo las dos agarradas, y esta vez acabamos ¡como perras!

    A esa altura los tres chicos ya estaban otra vez con ganas de acabar, con Milagros nos sentamos en el sofá y nos fuimos repartiendo las pijas, para ir chupando las tres, siiii, nosotras dos chupando tres pijas, hasta que nos empezaran a llenar la cara y la boca de lechita, Maxi, fue el único que acabo directamente en mi boca, me lleno la boquita de leche, me la trague, y se la seguí chupando hasta dejársela ¡totalmente limpita!

    Nos vamos con Milagros al baño a lavarnos la cara la boca, una vez limpitas Milagros me parte la boca, ella me hace dar vuelta, me apoyo sobre los azulejos del baño, me mete la mano en mi conchita, enseguida me moje ¡de nuevo!, me mete los dedos y me hace ¡acabar de nuevo!, me dijo que también le gustan las mujeres (como a mí), me dijo de algún día estar juntas las dos solas, pero no sé, ¡quedará para otra vez!

    Ahhh, al baño, ya nos habíamos llevado algo de ropa, ya había pasado bastante tiempo cogiendo y la verdad que por ese momento ya no queríamos más, ya estábamos bien cogidas por esa noche.

    Vamos al Living, los chicos también, ya estaban medio vestidos, ya era tarde, no se serían las 5 o 6 ¡de la mañana! Maxi, me pregunta si me quería quedar a dormir, no sé, estando de novia me parecía ya muy muy de trola, pero me acordé de las noches que pase con él (cuando no estaba de novia) y como ya estaba jugada le dije que sí.

    Se fueron todos, nos acostamos, y obvio empezamos a coger de nuevo, me hace poner en cuatro y empieza jugar en mi cola con mis jugos, con solo tocarme la conchita me empecé a mojar ¡de nuevo!, me pone un dedo, gimo, me pregunta: “¿te gusta?” le digo que si, me lo mete todo y otro más, mi colita ya estaba bien dilatada y me empieza a meter la pija, despacio primero, hasta que se desespera y me la mete como una animal, dolor placer, gemidos gritos, acabe como una perra de nuevo (sin pensar que después de los que nos cogieron iba acabar de nuevo).

    Nos quedamos dormidos, a eso de las 9 de la mañana me despierto. No podía llegar muy tarde a casa, pero despertarme con una pija al lado es más fuerte, así que lo desperté, con una linda chupada de pija, obvio al toque se le paro, pero me dice: “¡acá no!”, me lleva a la ducha, y ahí hicimos un mañanero de aquellos, agarrada otra vez sobre los azulejos de la ducha, así de parada, me empieza a meter los dedos enjabonados ¡en la cola!, entraron fácil, y más fácil entro su pija y me dejo ¡temblando!

    Me lleva a casa, y nada… mi novio me había llamado varias veces, obvio no lo atendí, ya le había dicho lo que iba a hacer, a la tarde hablamos, me mostró desconfianza, lo mandé al carajo, como siempre le dije que no me ofenda y todas esas cosas, seguro que mañana lo recompenso, como nosotras sabemos hacerlo y se le pasa.

  • Expuesta con la familia (Parte 2)

    Expuesta con la familia (Parte 2)

    El silencio en la sala era tremendo, como su Marielita -quién era conocida como la más tierna y juguetona de la familia- venía a aceptar que se acostaba con otros siendo casada…?

    El líder de la banda se acercó más a mi lado y poniendo su arma a mi lado debajo de su chamarra tocando mi hombro al estar yo sentada de nuevo me dijo, te voy a hacer algunas preguntas y si no contestas o lo haces en tono inaudible te va a ir mal cabrona!

    Yo estaba muerta de miedo y ni me fije que al sentarme dejé las piernas un poco abiertas dejando a la vista de todos mi raja velluda…

    -Por qué eres swinger?

    -porque me gusta experimentar el sexo con más personas además de mi marido y hombres y mujeres…

    -Eres muy caliente?

    -sí, soy muy caliente (me di cuenta que varios hombres de la familia cambiaban de posición al empezar a excitarse…)

    -Por qué vistes así?

    -porque me excita mucho exhibirme en público, es algo que traigo desde muy joven, desde que estaba en la universidad…

    La mirada de varios de mis familiares empezó a cambiar de preocupación a excitación… varios de ellos empezaron a admirarme descaradamente en esos momentos.

    -Cuéntanos Mariela, como eres en tu trabajo?

    Mi mirada llegó al rostro del ladrón en signo de incertidumbre…

    -Sí, cuéntanos si te has acostado con alguien de tu trabajo…

    -sí… me he acostado con varios hombres de mi trabajo en diferentes ocasiones

    -Sola o en tríos?

    -de las dos formas, varias veces sola con diferentes hombres y en tríos con dos hombres a la vez

    La cara de mis familiares variaba entre shock y sorpresa de las mujeres y regocijo y aceptación de la mayoría de los hombres… pude ver en sus caras que se empezaban a imaginar cogiéndome…

    -Y cuál es tu debilidad en el sexo mujer? -Preguntó el líder de la banda en franca curiosidad después de descubrir que era una mujer más que caliente…

    -el semen… -dije en casi un suspiro- me gusta mucho que se vengan en mi boca…

    -No te oí! dilo fuerte carajo -respondió el bandido pidiéndome fuera más explicita

    -me gusta mucho el sabor del semen, es mi debilidad

    Tomándome del pelo preguntó de nuevo:

    -le has dado sexo oral a alguien en tu oficina?

    -sí, (la mirada de mis tías y primas era de total sorpresa aunque no necesariamente de rechazo), muchos hombres me buscan en la oficina porque me gusta darles sexo oral hasta que terminen en mi boca…

    -…bueno vaya vaya con la señora casada! -Dijo burlonamente el ladrón- hagamos una cosa: párate! -Me dijo jalándome del brazo para ponerme de pie- si lo haces bien, los dejamos continuar con su fiesta, pero si no es cierto lo que nos has platicado, además de llevarnos sus pertenencias nos llevamos a alguien a manera de rehén para pedir rescate y ya sabes como suelen terminar esas cosas…

    (Las mujeres empezaron a protestar y gemir en desesperación y los hombres trataron de impedirlo pero los demás ladrones controlaron la situación amenazándolos con sus armas…

    -Vamos a ver, quiero que te quites el vestido y les bailes a tres de tus amigos aquí, tú!, tú y tú! -Dijo él señalando a dos primos y un tío- Traigan unas sillas y quiten esta porquería (refiriéndose a la mesita de la sala)

    De nuevo las mujeres y los hombres protestaron y fueron aplacados por los ladrones con gritos y amenazas…

    -Ok -dije- lo haré, pero tengo tu palabra de que después se irán? (dije tratando de sonar convincente)

    -Veremos -dijo él- no estás en posición de negociar Mariela… empieza ya!

    Los ladrones se acomodaron entre los invitados de manera estratégica de forma que pudieran seguir controlándolos pero permitiéndoles verme mientras les bailaba a mis familiares.

    No sé de donde alguien puso música y el líder animo a los demás a aplaudirme como si estuviera en un table dance…

    -Apláudanle para motivarla o les va mal… Uds. deciden

    Los hombres empezaron a aplaudir más que temerosos, emocionados por poder presenciar el show que iba a darles…

    Me pare en medio de los tres familiares, mi primo que había frotado su erección en la foto familiar y otro primo que era muy serio y un tío más bien joven que casi no veíamos y me quité el vestido lentamente empezando a bailarles como si fuera una stripper en un club de mala muerte…

    Terminé de quitarme el vestido y se lo di al primo más joven quien rápidamente lo paso a los demás en la parte trasera de mi audiencia improvisada… los demás se me quedaron viendo como hipnotizados al verme finalmente desnuda bailando cachondamente frente a ellos, el jefe de ellos me dijo:

    -quítate la tanga!

    Me agaché y me despojé de la minúscula pieza dándosela a una prima quién la tomo en sus manos como un trofeo, continué bailándoles descaradamente sintiendo la mirada de todos en mis tetas y principalmente en mi raja que empezaba a lubricar en demasía señal de la excitación que estaba experimentando ya sin control…

    …podía alcanzar a escuchar algunos comentarios de los demás mientras los tres que estaban frente a mi no perdían detalle, algo dentro de mí se apoderó de mi ser y empecé a excitarme al estarles bailando, sentí como mi raja empezaba a humedecerse en signo inequívoco del punto del no retorno, una vez que me caliento, mi sexualidad se apodera de mi voluntad como lo había podido comprobar en varias ocasiones en mi vida y empecé a dejar mis líquidos fluir en mi raja…

    -Wowww! -Dijo el jefe de la banda- se puede oler tu raja como está empezando a lubricar! eres una puta Mariela!

    Podía percibirse ya el característico olor de mi raja cuando está caliente.

    Lejos de molestarme ese enunciado, no hizo más que aumentar mi excitación y continué bailándole a los tres sentándome en sus regazos dejando mis líquidos mojarles su pantalón…

    El silencio de los demás era de excitación y de no saber qué hacer al verme caliente desnuda frente a todos, de repente, mi ser llegó a su máximo nivel de excitación y no me importó más que me vieran todos, les dije a mis tres machos mientras los veía con lujuria:

    -Bájense los pantalones!

    Ellos reaccionaron de manera inmediata siguiendo mis órdenes y vi que mi primo jovencito era el mejor dotado, la tenía enorme!

    Sin dejar de bailar me acerqué a ellos y me arrodillé frente a mi tío, tome su pene en la mano ante la sorpresa de los ahí presentes y empecé a masturbarlo mientras los demás en la sala no salían de su asombro, “ay hija!”, dijo él al empezar a aumentar su erección producto de mi mano, “quieres?”, le pregunté sacando mi lengua entre los labios en franca invitación a mamarle la verga…

    No me contestó pero me tomó de los hombros llevándome la cara hacia su verga…

    Empecé a mamarlo como poseída!, estaba caliente y quería que disfrutara la mamada como yo lo hacía, le acaricie su pene delicadamente con la lengua, empecé a gemir de manera más que audible y eso hizo que él respondiera aumentando sus embestidas en mi boca y sin darme cuenta sentí de repente su semen invadirme la boca lo que me motivo a mamarlo intensamente hasta que terminara para que disfrutara plenamente…

    Las mujeres se dieron cuenta de que me tragaba el semen de mi tío y quedaron sorprendidas, seguí con el primo serio que al arrodillarme frente a él me tomo de los senos y me dijo:

    -me dejas acariciarte la vagina?

    Me puse de pie y le ofrecí mi raja empapada, me recosté sobre los otros dos y me acaricio las nalgas con fervor y metió sus dedos en mi raja haciéndome poner los ojos en blanco, lo estaba disfrutando como él, se acercó a mi de nuevo y me pregunto en voz baja:

    -y mi tío? No le molesta que seas así?

    -él fue quien me regalo la pulsera! -Dije riendo y poniéndome de rodillas frente a él de nuevo para poder mamarlo sin dejar de verlo a los ojos…- Le gusta que llegue a la casa llena de semen de otros hombres… por los dos lados -guiñándole un ojo y sonriéndole en complicidad empecé a mamarlo con placer mientras el no dejaba de acariciarme los pezones, seguí mamándole de manera caliente mientras de reojo veía que los demás no perdían detalle de mi desnudez y mi manera de mamar hasta que diciendo mi nombre se vino en cantidades tremendas que hizo se me derramara un poco por la comisura de los labios…

    Llegue hasta el más jovencito y voltee a ver a su mamá como pidiendo su aprobación, ella inclino la cabeza en signo de consentimiento y empecé a mamarlo con mi boca mientras decidía si llevar a cabo lo que mi raja me pedía…

    Sus gemidos de macho joven acabaron de decidirme y súbitamente me pare dejando a todo mundo sorprendido mientras me empecé a sentar en su verga de frente a él para poder besarlo mientras dejaba que me penetrara profundamente con su machete de hombre joven…

    Empezamos a movernos como novios, gimiendo y suspirando mientras todos en la sala no perdían detalle…

    Subía y bajaba en su verga con verdadera lujuria, estaba buenísimo y su manera de menearla dentro de mi raja me calentó aún más, empecé a gemir como una hembra caliente a punto de venirse y empecé a sentirme feliz volteando a ver a la familia quiénes no sabían como reaccionar al verme de esa forma.

    Al sentirlo empezar a venirse aumente mis movimientos para darle mas placer y diciendo mi nombre mientras me abrazaba con fuerza sentí su semen llenarme la vagina en un orgasmo exquisito…

    Me paré despacio dejando a todos verme la raja como escurría ese semen de macho joven que acababa de desvirgar seguramente por la forma en que me veía él y su mamá…

    Casi olvido al jefe de la banda que súbitamente dijo:

    -Muy bien Mariela, ahora todos saben en la familia la clase de hembra que eres!, qué opinas al respecto?

    -Que soy y siempre he sido así, les pido una disculpa si en algo les molesta mi forma de vivir la vida pero a estas alturas no creo poder cambiar mirando a mi alrededor consiente de mi desnudez enfrente de mi familia…

    Me pasaron mi ropa y empecé a vestirme mientras los demás empezaron a aplaudirme de manera espontánea y uno de ellos dijo:

    -respetamos tu forma de ver la vida Marie, solo ten cuidado con quienes te relacionas para evitar enfermedades pero cada quién su vida no?

    -cierto! cierto! -repitieron todos al unísono y sonriendo les agradecí la confianza y vi como todos mis primos quedaron excitados de lo que acababan de ver, ya sabía que mañana mi teléfono no dejaría de sonar solicitando una oportunidad de cogerme…

    Los ladrones terminaron de guardar las cosas que nos habían robado y fueron saliendo poco a poco de casa no sin antes amenazar de no dar aviso a la policía y al final el líder sacó de su chamarra una pistola de madera que dijo, las de los demás son iguales… jajaja

    -Buenas noches! -Cerrando la puerta de la casa.

    Nos quedamos en shock al sabernos engañados y en eso vi a mi acompañante con una mirada de satisfacción total y entonces me di cuenta al fin de lo que acababa de pasar:

    -Todo fue obra de Tony y su pareja que arreglaron que me viera mi familia coger frente a ellos… con alguien de la familia!!!

    Quise fulminarla con la mirada pero su belleza y ese rostro angelical terminaron por ponerme de buenas de nuevo y aceptando la situación me acerque a ella y le dije:

    -son Uds. el diablo mismo!

    Riendo ella contestó:

    -el diablo es lo que cada quién encuentra en su camino que no?

    Obviamente la fiesta termino en ese momento pero pude darme cuenta que la mirada de toda la familia había cambiado conmigo, ya no era la niña buena de la familia sino la mujer caliente que es capaz de todo si de placer se trata.

    De repente el teléfono de casa sonó de nuevo por undécima vez, eran mis papás que llevaban toda la noche tratando de comunicarse porque se les había ponchado una llanta justo afuera de la pastelería y no había quien los pudiera ayudar…

    Voltee a ver a mi acompañante y riendo me guiño el ojo, era parte del plan también, le agradecí el detalle de evitar que mis padres me vieran así, y sonriendo continué platicando con unas primas que querían saber más de mi estilo de vida…

    Varias de ellas estaban excitadísimas al saberme swinger, querían saber de mis inicios y de si había sido difícil la interacción estando casada, les expliqué que mi esposo sabía de mi afición por este estilo de vida y de que no tenía inconveniente en dejarme salir con otros hombres en tanto le contara a detalle lo sucedido a mi regreso a casa, eso nos excitaba a ambos y a mi me gustaba pensar en lo que diría cuando llegara a casa después de tener sexo con otro hombre…

    Los hombres por su parte se reunieron en grupito seguramente para comentar lo sucedido, cuando llegaron mis papás insistieron en que me quedara a dormir en casa después de lo que a grandes rasgos les contaron pasó, y accedí no sin antes preguntar por mi acompañante y ella fue obviamente invitada a quedarse también en casa…

    La familia empezó a despedirse y varias primas quedaron en llamarme para platicar más a detalle de lo sucedido. Al quedar solas de nuevo con mis papás en su recamara de nuevo me di cuenta de la mirada de mi amiga…

    Algo estaba tramando, podía ver en su mirada la lujuria que me transmitía de manera natural…

    -Ven! siéntate aquí conmigo -dijo de manera cariñosa…- Te gustó tu sorpresa? -Me preguntó con esa mirada y rostro que no podía uno más que adorar…

    -Pues me dejo muy nerviosa al principio, nunca imaginé que Uds. estuvieran detrás de todo, fue tan real! -dije con emoción y excitación reflejada en mi voz- sabes qué?, al principio estaba muy inhibida con mi familia, pero cuando me desnudé se me quito todo el pudor y volví a ser yo!

    Se acercó a mi y me dio un beso francés que me dejo feliz!

    -Mariela: he visto muchas mujeres sensuales pasar en mi vida, pero la manera en que te veías hoy, es sencillamente espectacular!, esas piernas te van muy bien con zapatillas y luego con ese vestido que no deja nada a la imaginación!

    -Pues muchas gracias! -dije genuinamente ruborizada por saberme deseada y admirada por mi atuendo.

    -te lo pondrías para ir a trabajar? -Me preguntó con genuina curiosidad…

    -Sí, me encantaría ir al trabajo vestida así -dije bajando la mirada para admirar el efecto de la falda y mis piernas- me hará la ejecutiva más puta de la oficina pero no me molesta para nada! -dije con seguridad imaginando la cara desde los policías del estacionamiento hasta mis compañeros de trabajo…

    Continuará…

  • Mi primo Tono

    Mi primo Tono

    (Continuación de “La segunda lección”).

    *****

    Tía Adelaida estuvo este jueves a visitar a su padre. Tío Paco se alegró mucho de verla porque no se veían muy a menudo. Con tía Adelaida vino un chico, su hijo, nieto del Tío Paco. Se llama Tono, derivado de Antonio. Su nombre no se debe a mi abuelo sino a mi bisabuelo. Con esto ya me pierdo. Siempre me prometo hacer un árbol genealógico completo y no hay modo. Todo es porque no me decido a viajar por donde hay descendientes de antepasados, pues me da pereza. Así que, más allá de mi abuelo que no conocí, ya no me encuentro. Ahora he dado una remontada con mi Tío Paco, y estoy llegando lejos porque tía Adelaida y Tío Paco hablan de sus cosas y van diciendo gente que son familia y que han muerto. A nadie conocí. Mi primo Tono tampoco los conoció, pero a ese le da un huevo todas esas cosas.

    Tía Adelaida y mi padre estuvieron hablando para que fuéramos a su casa el sábado a comer, lo que a mi padre le pareció bien y mirándome pedía mi asentimiento. Entonces yo dije:

    —”Claro que vamos; pero yo pediría otra cosa, si hasta entonces Tono puede quedarse aquí y me cuenta cosas de por estos alrededores”.

    Tono se quedó con la boca abierta, pues no habíamos hablado mucho, pocas palabras entre nosotros y ahora yo quería que se le invitase a pasar casi dos días con nosotros. Su madre accedió como hacen las madres:

    —”Si él quiere, no hay problema; … tú, ¿qué dices, Tono?”.

    —”Pues no sé…, si no molesto…, no he traído nada para quedarme…, con gusto lo haría, pero…”, decía esto porque tenía ganas y no sabía cómo hacer para que le volvieran a rogar.

    —”Lo que necesites, te lo presto”, dije yo.

    —”Es que…”, dijo con ganas de quedarse.

    —”Vale, vale; lo que necesites te lo presto; ahora hablamos y si no tengo algo que necesites, vamos a comprarlo”, dije decidido a que ya no replicara.

    —”¿Ves qué fácil te lo hace Jess?, dijo tía Adelaida.

    —”Me quedo, me quedo”, dijo como accediendo a la voluntad de los demás y moviendo las manos por encima de la cabeza.

    El último gesto de Tono fue tan revelador que ya no tuve duda de que lo iba a pasar con él de puta madre. Dos días ocupados con otro primo. No es guapo mi primo Tono, pero como trabaja desde pequeño en el campo con su padre tiene un cuerpo atlético al natural. Amplia cara, acostumbrada a los fríos y calores, pabellones de las orejas enrojecidos y quemados por el frío y el sol, ojos claros, brillantes y despiertos, boca grande con la dentadura hecha un asco, lo que pensé que tenía que hacerle arreglar. Mucho pelo en la cabeza y supuse que por lo que asomaba por el cuello debía tener bastante vello por todo el cuerpo. Los hombros anchos, le hacían una espalda a prueba de cargas. Tenía buen culo y se le notaba porque el short era ancho y las piernas como columnas, fuertes, gruesas, poderosas. No podía adivinar cómo era su pene, porque como llevaba short ancho y camiseta de manga corta no tenía acceso a vislumbrar ni siquiera los movimientos. Pensé que debía llevar bóxer y acerté, un bóxer azul navy con elástico de dos colores azul y rojo. Pero eso ya lo vi después y no me adelanto.

    Después de tanto hablar y más hablar, tía Adelaida se despidió con un beso de su hijo Tono y me dejó la pieza para mí solo con unas palabras muy de madre mimosa:

    —”Monín, Jess, querido, cuídalo que él es muy tímido”.

    —”Claro que sí, tía, casi te aseguro que cuidará él de mí”, dije sonriendo.

    —”Ay, que lindo es tu hijo, Antonio, qué lindo, como tú cuando eras pequeño, cómo me acuerdo…” y diciendo esto salió acompañada de mi padre y el Tío Paco.

    Ahí nos quedamos los dos solos para hablar. Dudé cómo empezar, pero tuve que hacerlo. Le invité a subir a mi habitación para que viéramos qué podía necesitar. Nos sentamos sobre la cama. Y le dije si quería que le pidiéramos al abuelo un colchón o era suficiente con esta cama por ser grande, pues la cama de mi habitación es enorme, un poco más ancha que las que llaman de matrimonio. Echó una mirada alrededor y dijo:

    —”Si no te molesta, prefiero así para no ir montando cosas cada vez”.

    —”A mí no me molesta; cuando tengo sueño, duermo sobre una piedra”, le contesté en firme.

    —”Lo que no tengo es pijama, ni ropa para cambiarme mañana”, dijo muy claro.

    —”Suelo dormir sin pijama”, dije.

    —”Ah, como yo, ¿en calzoncillos?”, preguntó.

    —”No; no suelo usar ropa interior”, contesté.

    —”Vale; me da lo mismo, pues no me pondré nada…”, dijo dubitativo.

    —”Ahí en ese armario hay ropa. Traje cosas muy ligeras pero en el camino compré otras camisetas y un par de short que no he estrenado porque aquí volví a comprar; si te gusta, te lo pones y considéralo ya tuyo; si no te gusta, compramos”, le dije en plan generoso.

    Se levantó de la cama hacia el armario para ver su contenido y, al abrirlo, se le fue la respiración y dijo:

    —”Dice mi madre que tu padre es muy rico…, ¿es verdad?”, preguntó.

    —”Eso es lo que no puedo responder a nadie, porque no sé nada, pero supongo que sí por la cantidad de negocios que lleva”, respondí con sinceridad.

    —”¿De verdad que no sabes cuánto tiene tu padre?”, preguntó extrañado.

    —”Mi padre nunca presume de lo que tiene, al menos ante mí; pero nunca me ha faltado nada, casi no tengo necesidad de pedir. Mira ese short amarillo, lo compré en una tienda de la primera gasolinera; lo estaba mirando, me gustó y cuando fui a pagar, ya lo había pagado mi padre”, le dije con naturalidad.

    —”¡Joder, qué padrazo! Eso sí es tener padre…”, dijo riéndose.

    —”Voy a darme una ducha, mientras tú escoges lo que quieras, y si quieres usar un slip, ahí hay un mini limpio, y si no te va, salimos a comprar, dije para darle tiempo.

    —”¿Te vas a duchar?”, preguntó.

    —”Si, antes de salir, quiero ducharme, es mi costumbre”, contesté.

    —”Entonces…, ¿yo puedo hacerlo después?”, preguntó

    —”Como quieras”, le dije mientras me quitaba el tank top y el short.

    —”¿Esto también es tuyo?”, preguntó.

    —”Eso…, ¿qué?”, dije acercándome al armario.

    —”Esto…”, me miró sorprendido porque yo ya estaba desnudo y me sonreí al ver donde tenía puesta la mano.

    —”Sí, es mío, ¿por qué?”, dije.

    —”No, por nada, no había visto nunca; bueno, los había visto en foto, pero de verdad no, ¿cómo se llama esto…? ¿lo usas?”, me llenó de preguntas.

    —”No sé cómo se llamará técnicamente, lo llamo multifunción, aquí se coloca el pene, para estimularlo y esta bola va detrás metida en el agujero; así se estimulan las dos partes a la vez y por debajo, entre los huevos y el ano va este hierro que sostiene la bola, así multiplica las sensaciones, ¿satisfecho?”, contesté.

    Me fui a la ducha. Como siempre, mi ducha tarda en hacerse, además me había entretenido mirando al primo Tono y pensando que era un tío bueno, comencé a pelármela. Asomó la cabeza en la ducha y preguntó si podía pasar. Lógicamente le dije que no había inconveniente y se metió desnudo. Le cedí el sitio para que se pusiera debajo del rociador. Menuda pieza mi primo Tono. Su culo, que ya me había parecido rico cuando estaba vestido, ahora lo vi, redondeado y duro, carnoso y sólido. Sus pectorales no eran de gimnasta, sino más fuertes y redondeados, pero el abdomen estaba marcado con un bonito “sixpack» y una sección saliente, la más baja, que se debería a la clase de comida del campo, parecía tener un “sevenpack” en su abdomen. La polla me pareció espectacular, monstruosamente espectacular. Le dije:

    —”Necesitas que vayamos a comprar un par de bóxer; eso que te cuelga no cabe dentro del short”.

    —”¿Te gusta mi nena?”, preguntó.

    —”¿Así llamas a tu polla, nena? Eso es más un machorro que una nena…”, dije.

    —”Ésta es mi chica, ésta es mi nena…; pero…, ¿te gusta?”, insistió.

    —”Me la comería, si me lo permitieras; ya me gustaría ser atravesado por ella”, contesté.

    —”¿Eso desearías de verdad?”, insistió de nuevo.

    —”Me estás incitando, no sé qué decirte, he imaginado que tú eres gay, pero no sé si estoy en lo cierto”, dije sinceramente.

    —”Soy homosexual, sí; soy gay; creo que tú también, ¿es así?”, dijo.

    —”Sí”, fue mi escueta respuesta.

    Considerando que no hacía falta más presentaciones, me puse de rodillas bajo el agua y tomando con mis manos aquella tranca preciosa, la puse en mi boca y comencé a mamarla como yo solo sé hacerlo, con la intención de que al primo Tono le entraran las ganas de follarme en la noche y me dejara desgraciado de por vida con esa tranca monstruosa. Creo que jamás he tenido una de este tipo en la boca. Peluda, muy peluda; grande, larga, no sabría decir los centímetros, pero colgaba por más de la mitad del muslo; gorda, más gorda por la punta que por la base; grande, muy grande el glande, porque se salía del prepucio con facilidad sin necesidad de descapullarlo, porque él solo se descapullaba; medio gris y medio morena.

    Este primo mío debía de haberla trabajado para que se pusiera así. Aunque me parece que nuestra genética tendía a las pollas largas, como mi padre, los mellizos y yo, pienso que Tono tenía que haberla trabajado duro, para que se duplicara respecto a las nuestras y sobre todo me extrañaba el grosor delantero en relación a su base. Estos pensamientos tenía yo mientras la estaba mamando, eso sí, con maestría, que hasta ahora nadie se ha quejado de mis mamadas, sino todo lo contrario, les dejo satisfechos. Pero al mismo tiempo sentí un poco de temor. Mi boca no alcanzaba a llegar a la base y eso que me dio un par de arcadas por quererla meter hasta la garganta, pero sentía un poco de molestia por tener la boca tan abierta. No era una polla normal. Entonces, como si fuera una pesadilla psicológica, comenzó a picarme el trasero con desiderada comezón y llevé una de mis manos para suavizarme la entrada del culo. Tono lo observó y con una fuerza descomunal, me tomó por la cintura y dándome media vuelta, que creí que me daba con la cabeza en la pared, quedé mamando aquella polla cabeza abajo, apoyando las manos en sus piernas y sujeto por la espalda, a la altura de la cintura, con los brazos de Tono que me atenazaban, mis piernas extendidas a ambos lados de la cabeza del primo, que puso su boca en mi culo y empezó a meter lengua y a lamer mi limpio trasero. Parece que le estaba dando gusto, pero el gusto me lo daba a mí, porque yo notaba ya que entraba por mi ano la mitad de la lengua y estaba necesitando ya que me pasara algo más.

    Como tenía la polla de Tono en la boca y no podía hablar, levanté una de los manos con los dedos cerrados en puño excepto el pulgar que estaba abierto y extendido. Tono entendió enseguida, porque junto a la lengua que seguía friccionando todo el aro de mi culo, metió su pulgar por el agujero y pasó. Pasó y metió otro dedo; debía ser el índice porque como lo fue metiendo abría como una tenaza. Debió parecerle que estaba mi dilatación a punto, porque hizo ademán de sacar su polla de mi boca. Me dio rabia porque me dejaba sin caramelo, y me dejó poco a poco caer sobre la plataforma de la ducha, cerró el agua, o se le cerró al arrimar la espalda. Me colocó apoyando mis espaldas por los omoplatos en la plataforma de la ducha; abrí más las piernas hacia los lados, doblando las rodillas como una rana, y dejé mi agujero anal tan a punto que enculó su polla contra él. Tuvo piedad, porque si me la tira del todo, me parte por la mitad.

    Me sujetaba por la cintura e ingles para evitar todo el peso contra mi espalda y fue paulatinamente metiendo su monstruosa polla. Entró, la noté, ¡vaya si la noté! Me llenó de placer, pero me paralizó tanto que no podía hacer ni el más mínimo movimiento; no podía moverme, parecía ensartado por un palo. Tono notó mi situación y con un poco de compasión me dio unas palmadas en las nalgas. Ni noté el daño ni pude gritar, estaba realmente empalado. Entonces volvió a girarme para ponerme boca arriba. Así estaba frente a su cara, sentado sobre su polla, noté alivio y le sonreí. Entendió y nos besamos. Había aliviado la tensión, no sé si por la postura o por haberse dilatado bien mi esfínter, y comencé a moverme arriba y abajo. Me di cuenta que no tenía ninguna posibilidad de que se saliera la polla de mi culo, dada la longitud, y mis movimientos se hicieron más rápidos y más largos. Aquella enorme y monstruosa polla entró y salió, nunca del todo, pero sí entró profundamente. Tanto placer me dio en mi culo esa polla, y la lengua de Tono en mi boca, que me vine y eyaculé sobre su cadera. Nos reímos y seguimos besándonos.

    No tardé en sentir los espasmos, uno y otro, y de repente se vino dentro de mí, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, me perdí, ya no supe cuántos trallazos me dio en mi interior, aunque los sentí todos, pero yo estaba en mi éxtasis y totalmente abandonado. Acabé mis movimientos y seguí abrazado al primo. Ahora sentía sus fuertes brazos de agricultor y sus callosas manos. Sentí el abrazo más grande y apretado de toda mi corta y puta vida. Noté la satisfacción de Tono de tenerme en sus brazos. Parecía mi tío en lugar de mi primo, parecía mi amante en lugar de un recién conocido. Me dijo al oído:

    —”Gracias; gracias, primo”.

    Lo miré y lo besé. Sacó su polla de mi culo y todavía en sus brazos sentí el reguero de la lefa que salía de mi culo. Nos dejamos caer al suelo. Me dolía el ano, pero quise disimularlo. Nos pusimos frente a frente en la ducha a mirarnos y no cruzamos palabras, pero nuestras caras, manifestaban verdadera satisfacción. Nos pusimos de pie para lavarnos y con el gel le pasé mis manos por todo su cuerpo y me entretuve en aquella polla fláccida, larga y medio morena. Me entretuve tocándola, inspeccionándola.

    —”¿Te gusta?”, preguntó.

    —”Quizá esta noche me guste más”, respondí.

    *****

    Había venido Gaspar a recogernos para ir con él al castillo a llevarle el correo a Luis. Luis solía bajar a diario a recoger el correo y pasaba por casa de Gaspar para verlo y charlar un rato, pero ese día le pidió que se lo llevara Gaspar al castillo, porque tenía unos fontaneros arreglando averías y no quería dejarlos solos. Así que salimos Tono y yo con Gaspar en dirección al castillo y de camino nos indicó dónde podríamos comprar los bóxer que necesitaba Tono. Una buena tienda, muy surtida. Eligió tres, pagué y salimos.

    Tono no había visto nunca el castillo y le vi muy interesado. Así que al llegar ya estaban acabando los fontaneros y Luis nos dijo que esperásemos a que se fueran mientras tomábamos una cerveza. Preguntó Luis:

    —”Vosotros queréis ir a la piscina, lo sé; ahora enciendo las luces porque se está haciendo tarde; pues os vais, yo le doy un paseo a…

    —”Tono”, dijimos los tres a coro.

    —”… Tono para que vea el castillo y nos juntamos con vosotros; no os bebáis toda el agua de la piscina, ¿eh?”, concluyó escuetamente Luis.

    —”Y tú no te comas a mi primo”, dijo malintencionadamente Gaspar, haciendo gestos con sus manos.

    Gaspar y yo nos fuimos directamente a la piscina. El agua estaba caliente, pero algo menos que el ambiente, así que refrescaba un poco. Llevábamos un buen rato jugando y no habían venido, nos extrañó mucho. Por fin aparecieron con unas bandejas y unas cestas. Traían la cena preparada. Eso no estaba previsto, pero nos gustó. Luis se desvistió y se echó a la piscina. Tono estaba con ganas pero no se atrevía. Razón tenía su madre en decir que era tímido. Desde la piscina le dije que se desvistiera y entrara, que nadie se extraña de nada. Pero no fue así. Cuando entró y se nos acercó, fue Gaspar el que le dijo:

    —”Buena pieza luces, ahora sabrá Jess lo que es disfrutar”.

    Nadie hicimos más comentarios pero todos nos reímos bastante, incluso Tono. Ya nadie dijo nada, ni al salir, ni mientras estábamos comiendo. Mientras estábamos en la piscina, hicieron una escapada Luis y Gaspar, y tardaron en venir. Salí de la piscina para sentarme sobre el césped y Tono también salió y se puso a mi lado.

    —”Tardan en venir, ¿no te parece?”, dijo Tono.

    —”Están follando, seguro”, le contesté.

    —”¿Sí?, ¿cómo lo sabes?, preguntó.

    —”No lo sé, lo imagino; pero no me equivoco, seguro; ¿qué otra cosa pueden hacer?”, respondí.

    —”Ah, claro; y… tú, ¿tienes novio?”, preguntó de nuevo.

    —”No; yo no me voy a casar ni quiero tener nada en firme y con compromiso; y ¿tú?”, dije.

    —”Yo tampoco tengo; no es fácil tener por estos pueblos un novio, es una suerte lo de Gaspar y Luis; a lo más de vez en cuando salgo al campo y me encuentro con alguien que no sé si es gay o no, pero nos damos un lote y cada uno a lo suyo, porque aquí hay homosexuales, pero se casan con un zagala para disimularlo, luego se buscan entre ellos, pero eso a mí no me gusta, me suena a traición, a consuelo o no sé qué; también hay heteros que buscan un gay para que se la mamen o dar por el culo porque sus mujeres ya les han negado todo; pero eso, si lo sé, no lo quiero, aunque a veces también tengo ganas”, contó esto entreteniéndose en detalles de poca monta.

    —”Es decir, os vais, os bajáis el pantalón sin miraros y de inmediato a follar rápido hasta eyacular, luego todo a la mierda”, dije con desagrado.

    —”Así es; luego todo a la mierda”, respondió.

    —”Eso es puro polvo: mañana te presentaré a un amigo mío; ojalá os podáis hacer amigos vosotros; pero no digas nada a estos de lo que te acabo de decir”.

    Fue mi última palabra cuando llegaron Luis y Gaspar. Mientras cenábamos, hablamos casi de todo hasta la hora de irnos. Como yo había llamado a Paulina para avisarle que no íbamos a cenar, aunque ella me dijo que nos dejaría una cosa, que había preparado expresamente para nosotros, no teníamos ninguna prisa. No; no tenía por qué tener prisa, pero sentía el deseo de estar a solas con Tono. Por mi cabeza pasaba Néstor, Tono, y…, sí, él también, pero no podía reconocer su cara porque nunca le había visto. Pero estaba, estaba dentro de mi cabeza, no como un fantasma sino como una realidad deseada. Nadaba y comía y me preguntaban si me pasaba algo, a lo que tenía que disimular y decir que me había cansado nadando. Pero no era verdad; la verdad es que mi pensamiento estaba dividido entre lo que sucedería al llegar la noche y lo que sucedería cuando llegara a mi casa, tras el viaje.

    Estaba a mitad de semana y había vivido momentos intensos, ahora pensaba si sentiría añoranza por los días pasados en este pueblo, por estos amigos, o podría tener algún tipo de consuelo satisfactorio. Sé que esta semana está siendo de sorpresas y que quizá me he puesto al galope o trotando o en plena carrera, pero pensaba mucho cómo serán mis días allá, cuando en medio de los exámenes mi mente se venga hasta aquí. Lo mismo no iba a ser, pero quisiera poder conseguir alguna esperanza en el propósito que me había planificado. Me di cuenta que me estaban mirando en silencio y dejé mis pensamientos. Seguimos hablando de qué íbamos a hacer el viernes. Se me ocurrió proponer ir al río todo el día. Pero ya dijeron que no de entrada. Así que propuse ir antes de comer y les pareció bien. Luis dijo que no vendría y que Gaspar le recogiera el correo porque los fontaneros iban a ir para rematar la faena. Quedamos en que iríamos por la mañana, luego a casa y por la noche a la discoteca de no sé qué lugar un poco apartado del pueblo. Me pareció bueno el plan. Con esto proyectado, ayudamos a Luis a retirar las cosas, poner orden y vestirnos para irnos a casa. Al momento de despedirnos, los tres besamos a Luis.

    —”Hoy me ha tocado la lotería, ya tengo tres novios”, dijo Luis riéndose.

    —”¡Alto ahí!; tres novios ¡no!, un novio y dos amantes si lo deseas”, protestó Gaspar.

    —”Solo te deseo a ti, caro carísimo; te he dicho mil veces que tú y solo tú eres mi Gas”, respondió Luis.

    En el coche, Gaspar habló como siempre de Luis, verdaderas genialidades, lo puso en lo más alto. Le dije a Tono:

    —”Eso es querer; ¡estos se quieren de verdad!”.

    Nos dejó a la puerta de casa y entramos a saludar al Tío Paco y a mi padre, estaban cenando. Nos sentamos con ellos para contar que veníamos con Gaspar del castillo y de la piscina y todo eso. Mientras, mi Tío Paco sacó un pastel de hojaldre y crema que había hecho Paulina para nosotros, pero era muy grande y nos esperamos a que ellos acabaran de cenar para que les sirviera de postre. El Tío Paco le dijo a su nieto:

    —”Tono, ¿lo estás pasando bien?”.

    —”Abuelo, ¿se puede aburrir uno con este?; ya tiene preparado todo el plan de mañana, si no va a dejarme vivir…”, contestó Tono.

    —”Eh, eh, eh, que tú no te quedas corto…”, protesté.

    —”Antonio, se lo pasan bien; ¿ves?, esto es lo bueno de ser joven, no saben de historias pasadas ni rencores. ¿Te imaginabas esto? Tú solo querías irte del pueblo y a tu hijo le falta pueblo. Así es la vida. Ojalá no hereden nuestras miserias y diferencias”, dijo el Tío Paco.

    Como mi padre era escueto en hablar y prefería callar y no replicar a ese hombre a quien quería como a su padre, intervine yo:

    —”Abuelo, nosotros no vamos a ser así; Tono y yo seremos primos y muy buenos amigos, y, si a mi padre le parece bien, que sé que sí, cuando vayamos a la playa quisiera invitar a Tono y a mi amigo Néstor, para que lo pasemos bien allí”, dije.

    —”Sabes bien que yo no te pongo inconveniente, pero no sé cómo será posible, porque con tu madre y tu hermana, ya sabes”, dijo mi padre.

    —”No, papá; este año nuestras vacaciones en la playa serán para ti y para mí; tu traes tus amistades y yo las mías; a mamá y a Roxana no les gusta mucho el mar y será fácil convencerlas”, propuse de modo firme, pensando en secreto a qué amistades de mi padre me refería.

    —”Si consigues eso, no hay inconveniente”, resolvió mi padre.

    —”¡¡Bravo por mi padre!!”, canté de alegría.

    —”Pero te voy a pedir un favor, mañana levántate pronto; yo desayuno a las 8 y luego tengo que salir; antes de irme el Tío Paco y yo hemos de conversar contigo necesariamente”, dijo mi padre.

    —”A la orden, capitán, sus deseos serán cumplidos”, dije poniendo mis dedos en la frente.

    Comimos el postre, vimos un rato la televisión y nos fuimos todos, cada uno a su habitación; al que nos íbamos, el Tío Paco me llamó y me dijo si necesitaba algo o ya estábamos arreglados. Le dije que todo estaba en orden, lo besé y me fui. Tono, al ver que yo había besado a su abuelo y que le daba un beso a mi padre, regresó y le dio un par de besos a su abuelo; al Tío Paco le brillaban los ojos y con el dedo índice se secó una lágrima. Era la primera vez que Tono lo besaba desde que era muy pequeño. Las barreras de las diferencias familiares se estaban derrumbando.

    *****

    Nos sentamos en la cama uno junto al otro y comentamos las tonterías que arrastran las familias. Nos juramos uno al otro que eso no iba a pasar entre nosotros y que haríamos lo posible para olvidar las cosas desagradables que otros tuvieron anteriormente. Luego a mi primo, porque había entrado en confianza, le hablé de lo malvada que era mi madre y que por eso no la quería en la casa de la playa. Incluso le dije que era probable que mi padre algún día se divorciara y se uniera a otra persona a quien yo deseaba conocer. Se alegró de la confianza que deposité en él, indicándole que de esto no dijera nada a nadie, que ya mi padre diría lo que fuera conveniente si llegaban a algo. Pero le aseguré que cuando viniera a la playa, se traería con él al amigo que le iba a presentar mañana. Le hablé de Néstor, de cómo estaba descubriendo su homosexualidad y de lo mal que lo había pasado, pero que eso se le curará porque va a vivir con sinceridad consigo mismo sabiendo cómo es él mismo.

    Tono comenzó a mirarme con cierto respeto, porque, además de la confianza, le hablaba bien de la gente; pero se extrañó porque yo mostraba poco amor hacia mi madre. Tuve que decirle que nos soportaba pero no nos quería. Ella buscaba su vida y nunca se había preocupado de nosotros sus hijos, que algo, quizá por ser mujer, se entendía con mi hermana, pero que nunca nos había llevado al colegio ni nos había recogido. Esa tarea siempre la había hecho mi padre y cuando no podía, contrataba a una persona para que lo hiciera.

    —”Nunca sentí el cariño de mi madre; jamás me ha arropado en la cama; creo tener déficit de besos maternos, peor que si hubiera estado en un internado; si me dañaba algo, le decía a mi padre que me curara; si lloraba, se enfadaba, pero nunca me abrazaba ni me besaba; ahora de mayor se porta peor conmigo, busca siempre cómo fastidiarme; si me pongo a estudiar, canta, grita, me habla desde otra parte a gritos; si me pongo los auriculares para no oírla, viene y me toca en la espalda; si miro la televisión, me cambia de canal, por eso no me gusta la televisión, porque nunca he visto algo en serio y completo, mas que cuando estoy solo en la playa. Así es siempre. Si digo de invitar amigos le molestan, por eso a mi casa, si sé que está ella, no invito a nadie… y así te podría ir diciendo toda una larga lista de agravios que soporto a diario”.

    Tono se quedó con la boca abierta, y a mí se me escaparon unas lágrimas de mis ojos. Tono me abrazó y sollocé en su pecho. Me sentía querido en sus brazos, me sentía alguien. Me dijo:

    —”¡Triste es eso! Pero tu padre sí te quiere, se nota; y ahora tienes un primo que te quiere, te ama y te admira…”

    Con mis lágrimas y llorando sin poder reprimir mi llanto, levanté la cabeza y lo besé; Tono besó mis lágrimas que iba sorbiendo con sus labios y me besó en los ojos y en la boca. Se mantuvo abrazado a mí hasta que me calmé. Cuando me calmé quise secar mis lagrimas y me dijo:

    —”¡No!, quiero contemplarte así, con tus lágrimas y tu belleza, porque eres muy guapo, ¿sabes que eres muy guapo?; ya me gustaría ser tu hermano, pero como te amo, haremos un pacto: vendrás todos los años y todos los años iré a verte. Ya nos las ingeniaremos”.

    —”Ya nos las ingeniaremos, así se habla”, le dije dándole un beso.

    Me levanté para desnudarme y cambiar las luces a tenue. Hizo lo mismo. De nuevo me puse a contemplar su polla, además, era hermosa, más gorda por la punta que por la base y quise saber si eso era de natural o se había hecho algo. Se lo pregunté y me dijo:

    —”Yo quería una polla grande, muy grande; pregunté a varios y me hablaron de pastillas e instrumentos que no estaban a mi alcance aquí en el pueblo. Leí en internet lo que hacían ciertos sujetos de unas tribus de Oceanía y lo puse en práctica. Cuando nadie me veía y estaba en el campo, por dentro del pantalón, ponía piedras atadas al pene para que creciera. Me hice un artilugio de caña y metía allí el pene y las piedras hacían de peso para que creciera. Sí funciona; al principio me hacía daño y tuve una fuerte hinchazón; como yo sabía su procedencia, no me preocupé; con agua y estiércol caliente me lo curaba. La parte de la caña tiene el grosor del hueco de la caña, la parte delantera tiene el grosor de la hinchazón. Yo no quería una polla gruesa, sino larga. Pero ahora me ha quedado gruesa y larga”.

    —”¿Es incómoda cuando vas vestido?”, pregunté.

    —”No; estoy acostumbrado, la llevo siempre conmigo y no me la quito nunca”, dijo esto y nos reímos los dos por la broma.

    Entonces comencé a acariciarla como si me compadeciera de ella, porque iba diciendo en voz suave:

    —”¡Cuánto habrás sufrido de manos criminales, pobre pollita, todo por unos centímetros de más; manos de puto maricón te han lastimado, pero está contenta porque ahora te ves bella, esbelta, gustosa, sabrosa y señorona”.

    Tono se iba riendo por las tonterías que yo decía y ya no pude resistir de tener aquello en la mano y comencé a meterle lengua a toda ella, luego la boca para masturbarla; como mi boca se cansaba, de vez en cuando la sacaba para apretar la base de la polla o descapullarlo y pasar los dedos por el anillo del glande para que lo gozara. Tono quiso que hiciéramos un 69 y nos colocamos en la cama acostados de lado para mayor comodidad. Me jamé la polla y le metía dedos en el culo. También me gustó masturbar aquella polla con las manos y hacer rimming con su culo, que me supo a gloria. Así estuve un largo rato pero como Tono mama muy bien, por fin me entraron las ganas de eyacular porque notaba mis espasmos y que estaba ya el esperma en la base del tubo peneano. No quise avisar para que se sorprendiera y descargué bastantes veces, que yo sentí con mucho placer pero no conté porque estaba pendiente de su descarga, ya que había notado sus espasmos y no tardó mucho y se vino abundante. Como tenía tanta polla metida en la boca, una parte me entró directamente por la garganta, otra la saboreaba, era un agridulce delicioso y otra parte se me escapaba por la comisura de los labios. Pero mis penas se habían calmado.

    Nos arremolinamos los dos juntos jugando con nuestro cuerpo, haciendo picos, sobre todo yo, o miraba a los ojos. Pero noté que Tono estaba prendado de mí. Yo pensé que, al llorar delante de él como lo hice, me apreciaría menos o pensaría que soy un niñito, pero su reacción fue otra. Por momentos pensaba que se estaba enamorando de mí por las cosas cariñosas que me decía. Así como a mí se me arrancan palabros malsonantes, a Tono nunca se le oye hablar ninguna palabra injuriosa. Si yo digo puta, él se ríe, no tanto porque le gusta sino porque le extraña. Me contó que en su casa cuando se decía de alguna mujer del pueblo que era una puta no se decía con esta palabra sino con otras similares, “musa”, “rusa”, “lusa”, “fusa”, etc., sobre todo si había niños y jóvenes delante. A mí me gustó lo que me contaba, pero acostumbrado a escuchar los insultos que mi madre le suelta a mi padre, me han entrado todas las palabras más groseras del vocabulario por esa maestra que he tenido. Mi padre, con ser un macho de verdad, tampoco dice palabras soeces, de modo que alguna vez me dice que debiera moderarme para no tener ningún disgusto, pero se me hace difícil.

    Entonces yo le solté para su conocimiento todo el elenco de los nombres del pene. Y le decía que hay dos cosas que tienen más nombres que ninguna, el cerdo y el pene. Eso le hizo gracia y me pidió que le dijera todos los nombres que yo conocía para el cerdo.

    —”Puerco, gorrino, marrano, guarro, cocho, cochino, cuino, y algunos se dedican a las personas por su parecido al cerdo en cuanto a la suciedad, como desaseado, sucio, maloliente; también se dice al cerdo con estos nombres: asqueroso, cebón, chancho, verraco, cochinillo, cocha o bocha para la cerda, lechón para comerlo de una forma determinada. En definitiva oficialmente creo que tiene 9 nombres: Lechón, Tostón, Cochinillo, Cochino, Gorrino, Marrano, Guarro, Puerco, Cerdo, Y en algún sitio, Barraco, Chancho y Gocho”, le dije lo que yo conocía más o menos.

    —”¿Y el pene cuántos nombres tiene?, preguntó.

    —”Hoy he conocido uno nuevo”, dije riéndome.

    —”¿Cuál?, desembucha esos nombres, dijo ansioso.

    —”Calma, calma; va por ahí. Oficialmente reconocido por todos tiene los siguientes: falo, verga, miembro, órgano viril, glande y bálano. Pero creo que hay más de mil maneras de decir pene. Quizá sea la cosa que más nombres ha recibido, además de los indicados, por ejemplo: Canelón, poronga o foronga, chota, pito, pija, la propia, ganso, la nutria, pedazo, pistola, banana, garumpeta, chingo, cañón, pirulín, joistick, pendorcho, garcha, socotroco, manija, palanca de cambios, muñeco, chupachup, caño, cañón de carne, marcelo, bombilla de cuero, happy, paquete, motumbo, mástil, palo, warasca, helado palito de carne, soldado, dispensador de leche, wasca o guasca, anaconda o anaconda 2, salchichita de Viena, chizito, alfajor de dulce de leche, chorizo, termo entre las gambas, la guaranga, pijama…

    —”¡Qué barbaridad! ¿Tantos?”, exclamó Tono.

    —”Estos son los más comunes, además según países hay bastantes más, sin decir los países que no me acuerdo ahora, te puedo decir otra lista, como: calvito, terror de las nenas, escupidor, la diuca, pilin, pirula, pichula, larguirucho, el tuerto, el hueso de goma, cachito de goma, el saca caca, el zopapo, la palita, el punzón, cabeza de haba, tula, casco alemán, dedo sin uña, la coronita, la que cuelga, el que llora espeso, el fiambre, el guañaño, ñuflo, cabezón, palo del amor, víbora, el quita penas, pirulin, abrechocho, carlinhos bronw, cocacola de dos litros (si es grande y de negro), escarbador de túnel, godzilla, bagget de queso, bengala mágica, BRAD P.ITO XD, Billgates, blancucha, perrito caliente, camello escupidor, cava cueva, quitamuros, meón, padre de todos, picolini, pimpinela, plug and play, pepino cabezón, Salvador Dalí, vaginómetro, pitín, cuarenta y ocholona o cuarenta y ocholita, pizarrín, pilín, pajarito, pancho”, y respiré al concluir.

    —”Es mucho, ¿no?”, dice pasmado Tono.

    —”Y quedan los que usamos habitualmente en la jerga sexual para decir las cosas a lo bravo: rabo, nabo, picha, polla, tranca, pija, verga, chorra, cola, porra, pito, mango, pilila, minga, cipote, carajo, ñonga, encajoso, chupirul, chile, tomate. Esto significa que es lo que más estimamos y más consideramos como propio”, le dije.

    —”Bien, bien, pero…, algo tenemos que hacer con esto que tiene tanto nombre, ¿no?”, dijo animado Tono.

    —”En efecto, ningún nombre sirve para mucho, lo que sirve es «vamos a follar», y nos vamos a follar. Ahora quiero disfrutar, que ya me has hecho pensar, mira, mira cómo la tengo de mansa, vamos a endurecerla”, dije señalando mi polla totalmente fláccida y caída.

    —”Pues mira la mía que da pena el pene y parece un rabo más que una tranca”, dijo Tono haciendo alarde del vocabulario aprendido.

    —”Joder, puto chingón de mierda, aprendes raudo y veloz”, y me abalancé a su polla.

    —”¿Qué hacemos?”, preguntó.

    —”Lo que quieras, pero tengo mi fantasía”, contesté.

    —”Dime, hago lo que quieras por esta”, dijo agarrando mi polla.

    —”Me gustaría tener sexo intangible”, dije como sorpresa.

    —”Y eso…, ¿qué es?”, preguntó.

    —”No tocamos con las manos nuestras pollas, sí el resto del cuerpo, pero nuestras vergas tocan de nuestros cuerpos todo lo que se les ponga por delante, excepto las manos, hasta que tengamos las pollas duras, para follarnos. El primero que no pueda aguantar se la mete al otro como quiera y luego al revés”, no quise explicar más.

    De acuerdo. Nos tumbamos a lo largo de la cama los dos y abrazados nos dábamos besos. Pero hacíamos ejercicios con nuestras pollas para restregarlas en el abdomen del otro. No tardaron en ponerse tiesas. Pero el juego continuó porque Tono besaba bien. Cada beso suyo era una verdadera degustación de labios, lengua y paladar, un auténtico disfrute. Yo hice por besar y lamer centímetro a centímetro su cuerpo total. Creo que gasté más saliva que gasolina un coche en la carretera. Lo besé todo, sus ojos, su nariz, sus párpados y cejas y cada vez que nos besábamos notaba en mi vientre una fuerza que daba empuje a mi polla para ir poniéndose dura. Lo besé por todo el cuerpo, desde el cuello, en un reguero de baba y saliva, lamiendo cada milímetro cuadrado, y me entretuve en las tetillas. Aunque las tetillas no estaban tan pronunciadas como las mías eran duras como piedra. Bajé hasta la cintura y mi lengua inspeccionó su ombligo, su vello púbico abundante, tanto como por todo el cuerpo. Matorral púbico donde daba gusto esconder la nariz para olfatear los humores corporales escondidos, una mezcla de gel, orina y semen que hacía las delicias de mi olfato.

    Tono se entretenía besándome el cuello y con las manos metía dedos en mi ano, lo que me gustó en sí y por estar preparado para disfrutar de esa polla en mi ano. Luego hice unos rodeos con la lengua alrededor de su polla, ya que era prohibido tocarla pero pasé varias vueltas y me entretuve chupando y lamiendo su escroto, peludo y sabroso. La ventaja del escroto y el pubis peludo sobre el afeitado es el sabor; el afeitado no tiene sabor ni olor propio, el velloso tiene toda la gracia salvaje del olor mezclado, y cuando se pone duro y comienza a salir el líquido preseminal como estaba ya en ese momento, y se esparce por todos los pelos, cada pelo es como un fideo sabroso. Su vello es firme no se desprende fácilmente, grueso, pocos pelitos me llevé a la boca. Tono se entretenía en mi culo, porque como voy afeitado, a Tono le gustaba tanto meter dedo como meter polla, y se llevaba los dedos a la boca. Entendí que era agricultor y tenía costumbre de usar estiércol para muchas cosas y no le daba asco. Chupaba el culo y lamía como si fuera una taza de chocolate, y metía la lengua ojete a dentro, luego más dedos. Por fin me dijo:

    —”Ya estás preparado”.

    Me puse de espaldas, encogí las piernas doblando las rodillas y las elevé abiertas hacia los lados mostrando mi culo, con mis brazos recogí mis piernas abiertas y le di todo lo que soy a su merced. Me arrastró tal cual estaba a la parte baja de la cama y de pie, con los pies en el suelo, me ensartó su polla. Intentó meterla de una vez, pero mi cara hizo un ademán de dolor y la fue metiendo poco a poco, aunque yo le decía que siguiera sin miramientos, pero los tuvo. Y por fin la metió toda. Vi las estrellas, pero todo cambió cuando el pene debió pasar a la altura de la próstata y sentí que el cielo se me venía en vida, el placer era tal que no pude pronunciar ni un grito de dolor ni de entusiasmo, como si fuese mío. Notaba cómo iba entrando, que pasó ese punto, pero me moví para que retrocediera un poco y apuntara con movimientos de mete y saca en esa dirección, porque yo estaba gozando. Pero también él quería sentir el máximo placer y se escurrió hacia adentro. No sé donde llegó, pero me encontraba lleno, como después de una cena en día de fiesta.

    —”Por donde ha pasado la punta de mi verga, pasa algo más”, me dijo sin entender yo bien.

    Entonces noté que junto a su pene entraba un dedo en dirección a la próstata, comenzó a golpear el lugar y me producía un placer irresistible. Estar lleno hasta lo profundo y sentir esos toques eléctricos que no hubo otra que explotar y eyaculé en su pecho, en su abdomen y en su cara. Tenía en los brazos esperma de mis putos huevos. Yo estaba como una puta cabrona en celo y me movía como una loca desesperada. Y aún después de eyacular seguía dando los toques, que era un placer de martirio porque no se podía aguantar tanta dicha. De pronto sentí muy adentro que salían los trallazos de esperma del maricón que me estaba ensartando y sentí el largo recorrido del esperma a lo largo del pene hasta su desembocadura, auténticos ríos de leche caliente.

    Luego, agotado, Tono se cayó encima de mí; estaba verdaderamente agotado. Había trabajado como para dos folladores, para darme gusto y para darse gusto. Se comportó como un puto cerdo en celo delante de la marrana. Y me besó y se quedó con la boca junto a la mía sin moverse, apretando, como si ahora quisiera comerme. Le dije que no sacara su polla, que quería descansar con ella dentro. Sentía cómo se ponía fláccida en mi interior y no me moví para evitar que se saliera. Así estuvimos un rato largo, y volví a besarlo y crucé la lengua con él. Le pedí que, sin sacar su polla, me volviera a follar. Aunque yo sabía que le iba a costar, la penetración ya la tenía, había que aprovecharla. Y después de un largo rato comenzó a ponerse dura de nuevo. La mía también y llegamos por fin al orgasmo. Me volvió a dar el producto de sus huevos para mi deleite, porque lo disfruto más cuando sale. Yo hice por no eyacular para tener mayor vigor más tarde, aunque las ganas las tenía y no sé cómo pude evitarlo, pero la naturaleza se rige por la mente.

    Estábamos sudados, muy sudados, y pensé que sería bueno ir a la ducha. Entonces él me hizo quedarme quieto en la esquina de la cama y sacó su polla y al instante metió su boca para recoger lo que fuera saliendo. Cuando me avisó, me levanté y vi el suelo lleno de esperma y otras cositas con mierda fresca. Y le miré pensando que habría comido algo de mierda, entonces me dijo:

    —”Es de buena calidad”.

    Nos fuimos a la ducha. En la ducha comenzamos a lavarnos uno al otro y yo quería acabar allí nuestro juego antes de dormir. Como estábamos cansados, después de lavarnos y mojados, quité el agua, y como yo estaba que no podía aguantar más, mi polla, levantada, los huevos repletos y a punto de estallar, mi pensamiento decidido y mi deseo a tope, lo agaché hasta el suelo y le hice una hélice que tanto me hace disfrutar. No esperé que estuviera a punto, se la ensarté de una vez y comencé el mete y saca dando vueltas para que notara el doble movimiento de mi pene. Por fin, dando un grito y a la voz de “ya va”, me descollé como un torrente en su intestino y ahí que entró toda mi leche caliente. Me quedé un rato con la polla dentro y luego la saqué para que se enderezara. Su cabeza, enrojecida por la presión de la sangre, se me echó encima para llenarme de besos y cariños, yo con mis manos en su culo iba notando que mi leche discurría hacia el exterior. Todo se perdió por el desagüe cuando hice funcionar la ducha para acabar de lavarnos. Ligeramente nos secamos y con la toalla mojada limpié del piso de la habitación el semen desperdiciado de Tono, y eché la toalla al cesto de la ropa blanca.

    Nos fuimos abrazados a la cama y dormí sobre mi lado izquierdo para que Tono estuviera detrás de mí y de esta guisa tener su monstruosa y monumental polla entre mis piernas por debajo de mi perineo. Nos dormimos y de pronto sonó el despertador, siete y media. Lo apagué y me levanté, me puse el short y un tank top rojo y bajé al desayuno para atender a lo que mi padre y el Tío Paco me habían pedido. Tono no se enteró y siguió durmiendo.

    *****

    Continuará con el título: “Fiesta con sauna y discoteca”.

  • Algunos mitos o creencias del sexo

    Algunos mitos o creencias del sexo

    He escuchado muchas creencias, mitos a través de mi vida y alrededor del sexo he escuchado algunos que me suenan más que increíbles… chistosos. Como lo que me contaba Claudia, una chica mexicana muy linda y que lo más llamaba la atención y que disfruté en más de una docena de ocasiones, su lindo trasero. Una cintura muy delgada y unas caderas por arriba de los 96 a 98 centímetros.

    Obviamente su culo era lo que llamaba la atención, sin descartar que tuviera una buena medida de bustos y un rostro también bello. Recuerdo que su obsesión era que uno acabara en su culo por lo menos una vez en cada encuentro, pues según ella, eso le ayudaba a tener un buen trasero y del cual contaba, que sintió como comenzó a tomar volumen desde que comenzó a tener sexo anal. Obviamente, yo también alimente aquella creencia, pues era una delicia coger el rico culo de Claudia y escuchar cómo te pedía que te fueras adentro de su apretado orificio.

    Con la bella Erín, una chica escultural con la cual viví algunos ricos momentos en la cama, ella tenía la creencia que su piel se miraba mejor y que no tenía erosiones de espinillas o problemas de acné gracias al milagro de consumir esperma. Así, que con Erín, era imperativo de por lo menos acabar una vez en su boca y no era raro que cuando le estaba taladrando la conchita y presentía que estaba a punto de venirme, te hacia la oferta de mamártela y de esta manera tragarse esa leche vital para su piel. Erín siempre le gustaba que me viniera en su boca, pues según ella, de todas las corridas que había probado, la mía era la más dulce y quizá eso se deba a que consumo muchos jugos naturales, y no solo Erín me mencionó eso, muchas chicas ya me lo habían dicho.

    Con la espigada Lauren, una chica jamaiquina inglesa, ella tenía el mismo concepto, pero ella prefería que uno acabara sobre su piel. Siempre el primer polvo te lo provocaba de una manera oral y aquella corrida se iba directa a su cara o pechos, y siempre debía ser en la primera, pues era también la más abundante. Hacíamos el misionero y esa corrida era para su abdomen y cuando lo hacíamos de perrito, ya sea vía sexo vaginal o anal, aquella corrida era para sus piernas o espalda. Ella me decía donde quería que se lo echara.

    Gaby era muy especial, esta chica venezolana tenía la creencia que su sedoso cabello, se debía a las proteínas del esperma. Con ella teníamos un pequeño inconveniente y que yo me hice un poco reticente en cooperar. Siempre le di la negativa a llegar a masturbarme ante ella por el hecho que ella quería que le dejara ir mi corrida en su sedoso y largo cabello. No le gustaba mamar y quería que cuando me corriera cogiéndole la conchita o su rico culo, que llegara masturbándome y acabar en su cabeza. Lo intenté, pero una vez le sacaba la verga de alguno de sus ricos orificios, perdía la concentración y esa sensación de irme desaparecía… Nunca me gustó masturbarme, me parece lo más patético del sexo.

    Finalmente aprendió o aceptó que si quería mis corridas en su cabeza, tenía que aprender a mamar o por lo menos a tolerarlo y de esa manera ya me encontraba cerca de su cabello y dejarle ir mi corrida… ah, una vez le dejaba ir mi descarga, ella debería seguir mamando o darme por lo menos la oportunidad de dejarle ir una de mis descargas en alguno de sus ricos huecos. Realmente no me gusta irme en seco o con la sensación de que soy yo quien me masturbo. Puedo sentir placer que una chica me masturbe, pero no al hacerlo yo mismo! Nunca me gustó!

    Me gustaría saber de algunas otras experiencias o creencias que la gente tiene alrededor del sexo. Me gustaría que dejaras un comentario o si te sientes más confortable, me puedes escribir a mi correo electrónico que aparece al final de cada uno de mis relatos.

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  • La sumisión de tía Viviana

    La sumisión de tía Viviana

    La tarde más demencial de mi vida fue en la primavera del dos mil diez. Estaba solo en mi casa, mis padres se habían ido a unas minivacaciones a Brasil. Yo había terminado la escuela el año anterior, y todavía no había logrado conseguir trabajo, por lo que estaba muy aburrido, sin nada que hacer. Recuerdo que ese día en particular hacía un clima muy agradable, tenía las ventanas abiertas y entraba una brisa deliciosa. Afuera, el pequeño jardín de mamá florecía con un montón de colores. Era una tarde ideal para salir a pasear, pero yo prefería quedarme atrincherado en mi casa, y el motivo era muy simple: mi tía Viviana llegaría en cualquier momento, y yo quería estar ahí para recibirla.

    Tía Viviana era mi obsesión desde que comencé a sentir atracción por el sexo opuesto. De chico la veía un par de veces al año, en reuniones familiares. Su presencia era un espectáculo para los ojos, en medio de tantos tíos viejos y tías gordas. Era de piel blanca, y pelo negro lacio, ojos verdes, y cuerpo de vedette, con apenas unos quilos de más. Muchas veces tuve sueños lujuriosos con ella, y me desperté con el bóxer empapado de semen.

    Decir que era inalcanzable es poco. No sólo era extremadamente hermosa, sino que me llevaba doce años, y como me conocía de chico, siempre me trataba como a un bebé. Además, era una mujer prohibida, ya que era la cuñada de mamá, y aunque no teníamos lazos sanguíneos, los imperativos sociales harían que cualquier relación entre nosotros fuese vista con malos ojos. Pero esta última certeza, lejos de espantarme me producía más morbo, y hacía que mi deseo se convierta en una obsesión.

    Un par de meses antes de la tarde de la que trata este relato, tía Viviana se mudó al barrio de mi familia, por lo que comencé a verla con más regularidad. Día por medio venía a cenar con Gastón, el hermano de mamá. No tengo nada en contra de mi tío, pero nunca entendí cómo un minón como Viviana fue a darle bola a un mojigato barrigón como él. Para colmo, ella siempre se mostraba muy cariñosa con su marido. A pesar de haberse casado con él a los veinte años, seguía viéndolo con una admiración y cariño que me daban celos. Por otra parte, a pesar de que yo ya contaba con dieciocho años, me seguía tratando como a un niño. Es cierto que disfrutaba mucho de sus besos sorpresivos en la mejilla, o de sus abrazos efusivos (donde aprovechaba para sentir sus tetas) cuando no me veía por tres o cuatro días, pero yo en realidad quería que esos besos apunten a mis labios y quería sentir las partes íntimas de su cuerpo con total libertad, y no de manera casual.

    Esa tarde estaba tirado en la cama, viendo una película a la que no prestaba la menor atención. Mi cabeza elucubraba una idea por demás siniestra. En esos tiempos salían en los noticieros muchos casos relacionadas con una droga que llamaban “Burundanga”. Esta droga, que se podía ingerir vía oral o vía inhaladora, era capaz de anular la voluntad de quienes la consumían, ya que al hacerlo la víctima entraba en un estado de “sumisión química” donde, entre otros efectos, se convertía en un ser extremadamente manipulable que obedecía cualquier orden que se le daba, sin oponer la menor resistencia. El descubrimiento de esta droga me fascinó tanto que comencé a leer muchos artículos sobre ella en internet. Se utilizaba principalmente en robos, para que el asaltado entregue su dinero sin que se produzca ningún tipo de violencia. El delincuente solo debía ingeniárselas para que la víctima de turno tome un líquido en el que se vertió la burundanga, o que aspire algún pañuelo contaminado con dicha droga. Pero en un pequeño porcentaje se utilizaba para someter a mujeres y abusar sexualmente de ellas. No voy a detenerme en tantos detalles con respecto a las características de este fármaco, sólo agregaré que quien ingiere esta droga, en lo dosis adecuada, cae en un estado de amnesia por lo que olvida todo lo sucedido durante las dos o tres horas en que la droga surte efecto, lo que la convertía en una sustancia peligrosamente eficiente.

    Así que ahí estaba, en mi cama, rememorando cada cosa que sabía sobre esa droga.

    Me pregunté si mi integridad era realmente parte de mi esencia, o si sólo era buena persona porque sabía que determinados actos tenían consecuencias. Pero, ¿Y si no las tenían? ¿Si podía salir impune? En el fondo sabía que la oscuridad ya se había apoderado de mi corazón. Entonces me pregunté si sería capaz de hacer lo que fuese necesario para que mi fantasía (Mi obsesión) se concrete.

    Escuché que alguien golpeaba la puerta. Sabía que era mi tía Viviana, ya que mamá me había advertido que vendría a lavar su ropa, porque su lavarropas se rompió. Antes de bajar a recibirla abrí el cajón de mi ropero, ahí estaba, un frasquito pequeño con el que cumpliría mis deseos. Lo guardé en el bolcillo. No importa cómo lo conseguí, baste con saberse que tengo algunos amigos que van por la vida caminando entre sombras.

    Me di cuenta que estaba muy desarreglado, todo despeinado, con la remera arrugada, con una bermuda y ojotas, pero no había tiempo para esos detalles. Bajé a abrirle.

    —Hola Carlitos. —Me saludó. Llevaba un vestido encantador, de color blanco con flores verdes y rojas. Cargaba una bolsa grande, donde supuse que llevaba la ropa sucia.

    —Hola tía, la saludé.

    —Te dijo tu mami que venía ¿No? —Preguntó, mirándome con sus radiantes ojos verdes.

    —Sí tía.

    —Bueno, voy al lavadero, no te voy a molestar…

    —Vos no molestas para nada tía. —dije.

    —Qué divino que sos. —me dijo, y me dio un sonoro beso en la cara.—Voy poniendo esto en el lavarropas y después hablamos ¿querés?

    —Bueno.

    Mientras se iba para el fondo noté que el vestido dejaba gran parte de la espalda desnuda, y además pude ver la tanga blanca a través de los estampados de flores del vestido. Ahí se me fueron todas las dudas. Mi tía se convertiría en mi esclava por unas horas, si luego había consecuencias, estaba dispuesto a enfrentarlas, lo que no estaba dispuesto a tolerar era a seguir soportando la terrible calentura que sentía por ella.

    —Esperá tía, te llevo la bolsa. —Dije, corriendo hacia ella.

    —No hace falta mi amor… —Me dijo, pero yo ya le quitaba la bolsa de la mano.

    —Qué lindo está el día. —Dijo, mientras iba sacando la ropa de la bolsa. —Deberías salir a disfrutar.

    —Por hoy prefiero estar en casa.

    —Bueno, igual tenés toda la primavera para salir.

    Estuvimos conversando en el lavadero, mientras ella iba poniendo la ropa adentro del lavarropas. Cuando presionaba los botones para programar el lavado, pareció estar muy concentrada en su tarea, así que aproveché para comérmela con la mirada. Su cintura delgada hacía que su cuerpo esté formado por curvas increíblemente sinuosas. Me detuve en ella, y recorrí la piel blanca de su espalda, llena de lunares, y me detuve especialmente en sus nalgas escandalosamentes voluptuosas, dignas de ser exhibidas en televisión.

    —¿Todo bien? —Me preguntó, dándose vuelta, enganchándome con las manos en la masa.

    —Sí, todo bien. —Dije, haciéndome el tonto.

    Ella me siguió conversando. Si se había incomodado por mi mirada libidinosa no lo demostró. Yo estaba más callado que de costumbre, ya que por mi cabeza pasaban miles de fantasías y un montón de incertidumbres. Las fantasías consistían en imaginar todas las formas en que me hubiese gustado poseer a tía Viviana; mientras que la incertidumbre tenía que ver con la desconfianza hacia mí mismo: ¿Me animaría a darle de tomar la droga? ¿Podría hacerlo sin que ella se dé cuenta? ¿La sustancia daría resultado?

    Para responder definitivamente a la primera pregunta, y así dejar al menos esa duda de lado, le ofrecí a Tía Viviana algo para tomar.

    — No Carlitos, gracias. —me respondió para mi sorpresa.

    ¿Acaso ahí terminaban mis fantasías? ¿Se había dado cuenta de mi ansiedad y había sospechado algo? ¿O simplemente no tenía sed ni calor? ¿Acaso era una señal del destino que me instaba a retroceder en mi plan macabro?

    Decidí que debía hacer un intento más. Si nuevamente se rehusaba me daría por vencido. Las cosas sucedían por algo, de eso estaba seguro.

    Pero en lugar de ofrecerle de nuevo algo para beber, fui directamente a la cocina. Abrí la heladera, saqué una botella de coca fría. Serví un vaso lleno. Saqué el frasquito de mi bolcillo, y con las manos transpiradas y temblorosas, vertí el contenido en la gaseosa.

    Visiblemente no había manera de percibir que la bebida estaba adulterada, pero por las dudas la revolví un poco con una cuchara. Ya estaba hecho, había jugado mi as de espadas, sólo quedaba ver si mi tía perdía en esa jugada.

    —Tomá tía, hace mucho calor. —le ofrecí.

    —¡Pero que caballero! —dijo. Inmediatamente sentí que mi corazón empezaba a acelerarse.— Pero estoy a dieta, no puedo tomar eso. — agregó después, encogiéndose de hombros.

    No había nada que hacer. Toda la burundanga que tenía estaba en ese vaso, y no sabía cuándo conseguiría más. Ni siquiera sabía si volvería a intentar hacer algo tan bajo. Una parte de mí se alivió mucho, después de todo, no haría nada malo, y por ende, seguía siendo una buena persona.

    Fuimos al living. Y conversamos un rato más mientras la ropa se lavaba. Me indagó sobre mis supuestas novias, y me preguntó dónde me gustaría trabajar. En un momento se fue a sacar la ropa y a poner más.

    Yo fui a hacer pis. Me encontré con que mi sexo, si bien estaba blando, había largado bastante presemen, por lo que el glande aparecía pegajoso, y con un vello púbico atrapado en esa viscosidad. Me limpié con el papel higiénico. Me reí de mi mismo, sin terminar de creer la locura que estuve a punto de hacer. Luego fui al lavadero, donde estaba tía Viviana.

    —¿Van a venir a cenar el próximo finde? —le pregunté, sólo por dar conversación.

    —Sí. —respondió ella, escueta.

    —Qué bueno. —dije. Y como siguieron varios segundos de silencio agregué.— ¿Se llevan bien con el tío Gastón, no?

    —No. —Contestó, tajante.

    Me sorprendió su sinceridad. Los adultos no suelen confesar esas cosas a sus sobrinos de dieciocho años. Se me ocurrió que, si me había respondido, fue porque estaba dispuesta a hablar del tema, por lo que continué con mi interrogatorio.

    —¿Se pelean mucho?

    —Sí.

    —y… ¿por qué?

    —No le gusta que los hombres me miren en la calle. Dice que a veces me visto como puta. —dijo, dándome la espalda, mientras miraba girar la ropa que había puesto a lavar.

    —No tenía idea de eso. Es una pena. No merecés que te traten así. Vos sólo sos una mujer bella.

    —Sí. —se limitó a decir ella.

    —Además… vos nunca lo engañaste ¿no?

    —Varias veces. Pero él sólo se enteró de una, y nunca me perdonó.

    No daba crédito a tanta sinceridad. Me quedé pensando un rato, hasta que recordé el vaso de coca.

    —Tía ¿dónde dejaste el vaso de coca que te serví?

    —Lo lavé y lo guardé.

    —Entonces… ¿tomaste la gaseosa?

    —Sí.

    ¡Era increíble! Cuando ya me había olvidado del asunto me vine a enterar que se había tomado la burundanga, y no sólo eso, por su extraña actitud, de sinceridad brutal, parecía indicar que la droga ya hacía su efecto.

    —Tía… mirame. —dije, probando mi primera orden.

    Ella tardó un par de segundos, pero volteó a mirarme. Tenía las pupilas dilatadas.

    Debía pensar seriamente en lo que iba a hacer a continuación. Decidí seguir probando algunas órdenes simples como esa, hasta decidirme a hacer lo que tenía ganas de hacer con ella.

    —Tía, acercate. —Ella lo hizo, parándose frente a mí.— vení, seguime. —Me siguió hasta la cocina.— Necesito que hagas algo por mí, ya que estás acá. —Tía Viviana tenía los ojos vacuos, como si estuviera en su propio mundo.— necesito que le quites el polvo a la parte de arriba de esa alacena. —dije, señalando el mueble.

    Busqué el plumero y acerqué una silla frente a la alacena.

    —Podés subirte acá para limpiar.

    —Está bien. —dijo ella. Parecía más dormida que despierta. Su cuerpo se movía lento, como si se desplazara en la arena.

    —No dejes de limpiar hasta que te diga.

    —Sí.

    Agarró el plumero y se subió a la silla. La dejé unos minutos a solas, y cuando volví me di cuenta de que mi orden era cumplida al pie de la letra. A pesar de que ya no salía ni un poco de polvo de la alacena, tía Viviana seguía pasando el plumero sobre ella. No pareció notar que había vuelto. A pesar de estar sobre la silla, debía ponerse de punta de pie para poder llegar hasta arriba. Sus piernas torneadas y su trasero prieto se movían con gracia mientras hacía lo que le pedí. Me acerqué, y al comprobar que toda su atención estaba puesta en su tarea de limpieza, me puse en cuclillas y miré por debajo de su vestido: La tanga blanca se ceñía a su trasero, y una parte de la tela se perdía en las profundidades de sus hendiduras. Los glúteos aparecían como dos bolas macizas, tentadoras. Cambié de posición y le miré las tetas, que se mantenían firmes a pesar del continuo movimiento.

    —Ya está bien tía, bajate. —Ella lo hizo.— dame el plumero. —me lo entregó.— Ahora necesito que hagas otra cosa por mí. Acompañame al baño.

    Ella me siguió, siempre unos pasos atrás. Ya estaba seguro de que la sumisión química había hecho su efecto en Viviana, por lo que me animé a ir un poco más allá. Entramos al baño. Me desabroché la bermuda y me bajé el cierre. Apunté al inodoro y largué un corto chorro de pis en él, mientras ella miraba la pared.

    —Sacudímela. —le ordené.

    —¿Qué? —Inquirió ella, con vos soñolienta.

    —Sacudime la pija.

    Se puso a mi lado, y con una mano agarró con delicadeza mi sexo. Estaba hinchado, pero me las arreglé para que se mantenga a media asta, aunque me costaba mucho hacerlo. Tía Viviana meneó la víbora que tenía en la mano, con una ternura digna de una tía cariñosa. Sus uñas largas también apretaban, despacio, mi piel, lo que me hizo estremecer deliciosamente. Algunas gotitas de pis salieron despedidas mientras ella sacudía mi verga. Le dije que ya estaba bien, y ella retiró los dedos pegoteados.

    —Ahora me vas a ayudar a bañarme.

    Me quité las zapatillas y luego la bermuda y la remera. Entré a la ducha, completamente desnudo. Ella esperaba frente al inodoro con la cabeza gacha. Parecía confundida. Abrí el agua de la ducha, y retrocedí un poco para que el chorro cayera en mi sexo.

    —Va a ser mejor que te quites el vestido tía, así no te mojás.

    Tía Viviana se lo quitó. Su cuerpo quedó casi desnudo ante mis ojos. Realmente era una hembra digna de ser esclavizada, un juguete sexual del que nadie se aburriría de usar.

    —Vení, parate justo frente a mí.

    Ella entró a la ducha. El agua salpicaba su ropa interior blanca. Pero no quería que se la quite por ahora, quería disfrutar cada detalle.

    —Ahí está el jabón, agarralo.

    Ella se inclinó y lo agarró.

    —Llenate de jabón la mano, y enjaboname acá. —dije, señalando mis genitales.

    Mojó el jabón con el agua de la ducha. A pesar de estar en ese estado lograba hacer ciertas cosas por su cuenta. Luego lo frotó en sus manos, las cuales, enseguida se llenaron de la espuma blanca. Se inclinó y con ambas manos frotó mi verga, que ya estaba dura, llenándola de jabón.

    Lo hacía con determinación, como si quisiera dejar mi pija impecable. Su corpiño y su tanga blanca comenzaban a empaparse mientras me frotaba como si me estuviese masturbando. Su rostro no reflejaba una expresión diferente a la que tenía cuando ponía la ropa a lavar. No era consciente de lo que estaba haciendo, sólo se limitaba a actuar en base a lo que le ordenaba.

    —las bolas también. —dije, jadeando, ya que la continua estimulación me producía un placer imposible de ocultar.

    Enseguida mis testículos se llenaron de espuma blanca.

    —Sos muy buena tía. Sos una mujer sumisa y obediente. —la felicité, acariciando su cabello.— ahora enjuagame.

    Tenía mucho vello púbico, por lo que la ayudé a enjuagarme, para que no esté tanto tiempo ahí, ya que notaba que en cualquier momento iba a estallar.

    Cuando mi sexo quedó impecable, ya sin el contacto con las manos femeninas, sentí que el orgasmo era inminente, y sin la menor estimulación, mi verga escupió dos chorros de semen que impactaron en las caderas y pelvis de Viviana, ensuciando su diminuta tanga.

    —Al final, no pude aguantar más. Pero no importa. Ayúdame a secarme.

    Ella lo hizo, y luego yo le sequé su sinuoso cuerpo, sintiendo la firmeza y voluptuosidad de cada una de sus partes. Aun así, la dejé con la tanga húmeda, con una viscosidad invisible en parte de ella, y también con el corpiño.

    —Me estoy divirtiendo mucho con vos, tía. Sé que en un par de horas no vas a recordar nada de lo que pasó, pero yo no me lo voy a olvidar nunca. Vení, ya es hora de ir a la cama.

    Fuimos hasta mi pieza, que estaba tan desordenada como la de cualquier adolescente.

    —Tirate en la cama, boca abajo.

    Viviana extendió su cuerpo sobre el cubrecama. Se quedó ahí sin apenas moverse.

    Me quedé un rato mirándola. Era difícil decidir por dónde comenzar a devorar a semejante mujer, más cuando sabía que podía hacerle todo lo que quisiera, pero en un tiempo limitado. Calculé que me quedaban como máximo dos horas.

    —Quedate así, no te muevas.

    Acaricié sus piernas por primera vez. La piel estaba húmeda, y algunas gotitas reposaban sobre su blancura. Mis dedos se deslizaron lentamente, partiendo desde detrás de sus rodillas, subiendo poco a poco. Me incliné, y la besé la espalda con ternura. Luego la saboreé con la lengua, al tiempo que mis manos avanzaban hasta su entrepierna y nalgas.

    Los glúteos eran tal como me los imaginaba. Firmes y tersos. Le corrí el pelo a un costado, para darle un chupón en el cuello. Ella, fiel a mi orden, sólo hacía mínimos movimientos debido a mis toqueteos. Mi sexo ya estaba endureciéndose de nuevo. Apoyé mi tronco sobre su cuerpo, mientras seguía acariciando sus nalgas.

    Mis dedos agarraron el elástico de la tanga, y tironearon hacia abajo, despojándola de una de las últimas prendas que la cubrían.

    —Wow, tu culo es el mejor tía, de eso no cabe duda. —le dije al oído mientras la tela blanca se deslizaba por sus piernas, hasta que se la quité por completo.

    Luego desabroché su corpiño. La abracé por atrás y estrujé sus tetas. Mi sexo erecto se apoyó en sus carnosas nalgas. Hice un movimiento pélvico, y con ayuda de mi mano apunté mi verga a su sexo.

    —Por fin sos mía, tía. —le dije, cuando comencé a penetrarla. —Por fin sos mía.

    Su cabello olía bien, y sus tetas, aprisionadas en mis manos, me excitaban de tal manera, que a pesar de que me quedé casi inmóvil, penetrándola milímetro a milímetro, con una ternura infinita, mi verga en ningún momento dejó de estar extremadamente tiesa.

    Pensé en lo mal que estaba haciendo, y en lo injusto que estaba siendo con mi querida tía, al aprovecharme de ella y ultrajarla. Pero esto, lejos de hacerme sentir culpable me hacía experimentar una sensación de omnipotencia que nunca había sentido.

    Apreté con más fuerza sus tetas. Sentí que el orgasmo era inminente, pero, a pesar de que la penetraba sin preservativo, la sensación de su cuerpo húmedo junto a mi cuerpo caliente era tan linda que no tuve ganas de apartarme mientras eyaculaba.

    Tía Viviana había quedado boca abajo, sin decir palabra. Le corrí el pelo a un costado y ella giró y se encontró con mi cara. Todavía estaba atontada, pero ya parecía un poco más lúcida que hace unos momentos.

    —Vamos a jugar un rato más, y ya te vas a ir. —Le dije.— Date vuelta.

    Ella giró sobre sí misma. Sus tetas quedaron expuestas. Chupé el pezón de una, mientras masajeaba la otra. Su cuerpo se había secado casi por completo, y ahora podía sentir la calentura brotar de su piel. La abracé. Esta vez sentí un profundo amor por esa mujer. Mi verga se puso rígida enseguida. Me dejé llevar por la lujuria de nuevo. La penetré, esta vez con más ímpetu que antes. Sus ojos drogados apenas mostraban alguna sensación cuando la embestía con potencia. Besé sus labios, a lo que ella retribuyó con apatía. Puse sus pernas en mi hombro, y ahora, totalmente abierta, tía Viviana recibía mi verga en lo más profundo de su sexo.

    Estaba transpirando con tanto ajetreo, y mis piernas no aguantaban más, pero seguí penetrándola furiosamente hasta que acabé de nuevo adentro suyo.

    Ya era hora de dejarla ir. Pero antes la hice caminar desnuda por toda la casa, mientras le ordenaba que me trajera alguna cosa, o que acomode alguna otra, como si fuese una mucama sin uniforme alguno. Le devolví el vestido, pero no así la tanga, ni el corpiño.

    —Ya podés ir a tu casa tía, otro día nos vemos.

    Ella hizo un gesto de perplejidad, y agarró la bolsa con la ropa lavada y desapareció de mi vista.

    Durante varias semanas no supimos nada de Viviana y su marido. Mis padres se preguntaban por qué nos estaban evitando. Yo tenía un poco de miedo, lo reconozco, no estaba del todo seguro de si realmente se olvidaría de todo lo sucedido, pero aun así estaba feliz, porque por fin pude estar con mi tía Viviana.