Autor: admin

  • Mi hijo mayor y Carmen, la madre de Pedro Pablo

    Mi hijo mayor y Carmen, la madre de Pedro Pablo

    Mi hijo menor seguía convencido de que para ayudar a su amigo Pedro Pablo a no alcoholizarse lo mejor era llevarle hacia el mundo de sexo, y para ello lo mejor era transformar a toda su familia en una familia como la nuestra, completamente abierta en materia de sexo, y para ello una de la siguiente idea fue llevar a su hermano, mi hijo mayor, a follar con la madre de su amigo.

    Así que un día, como por error, dejó su móvil, en casa de su amigo, después desde casa, hizo como que se había dado cuenta y desde el teléfono de su hermano llamamos al suyo, lo cogió la madre de Pedro, mi hijo menor le contó a la madre de su amigo, que al día siguiente no podía ir a recogerlo, pero que enviaría a su hermano a por él, de esta manera se propició el encuentro entre mi hijo mayor y Carmen la madre del amigo de mi hijo menor, según me contó él:

    Cuando llegué a casa de Carmen y llamé a la puerta esta me abrió, debo reconocer que estaba divina, rellenita, pero tenía mucho sexy, no me extraña que mi hermano tuviera ganas de tirársela. Llevaba una blusa de tirantes que hacía destacar sus enormes tetas, y una falda caqui, por encima de las rodillas.

    Le di las gracias por guardarnos el móvil, y nos pusimos a conversar, mis ojos no podían apartarse de sus tetazas, en un momento dado me coloqué detrás de ella y le dije:

    -Estas buenísima, no me extraña que mi hermano se haga muchas pajas pensando en estas tetazas.

    Primero se las acaricié por encima de la blusa, después le bajé las hombreras y se las dejé al descubierto, le dije:

    -Me encantan tus tetas.

    -Las chicas con las que seguro sales, las tendrán mucho mejores que las mías.

    Le dije que no, y se las seguí acariciando, después me di la vuelta, llevé mis manos hacia la cremallera de su falda y se la bajó, en ese momento me di cuenta de que lo que yo pensaba que era una blusa en realidad era un bodi, la hice sentarse en el sofá, y cuando lo hizo se lancé con mi cabeza hacia sus impresionantes tetas, y me puse a besárselas, mientras ella me decía:

    -Mi rey, me estás haciendo gozar un montón

    Al rato añadió:

    -Cariño ahora me toca a mi darte gustito.

    Cuando me quise dar cuenta, me había bajado los pantalones y el bóxer dejando al descubierto mi polla. Al verla dijo:

    -Mi amor, menudo pollón tienes.

    Se tumbó en el sofá dejándome en uno de los extremos, acercó su boca a mi polla, se la metió en su boca y comenzó a chupármela, le ponían unas ganas impresionantes.

    -Si lo haces así con tu marido, debe de estar en la gloria contigo, le dije.

    Para nada mi amor, me respondió, con mi marido no tengo ganas de hacer nada, cuando lo hacemos es por rutina.

    Y siguió chupándomela, me encantaba como lo hacía. No quería que terminara nunca, y me la estuvo chupando hasta que sacándose mi polla de su boca me dijo:

    -Amor vamos a follar.

    Me tumbó sobre el sofá y me quitó la camisa, que era la única prenda que todavía llevaba puesta. Ella se quitó el bodi, de esta manera los dos nos quedamos completamente desnudos, después me hizo tumbarme en el sofá, ella se puso encima de mí, y llevó mi polla hasta la entrada de su coño, y poco a poco la fue introduciendo en el interior de este, en ese momento comprendí que mi hermano no había exagerado, esa mujer follaba de maravilla.

    Apoyó sus brazos, uno a dada lado de mi cuerpo, se quedó de esta manera a cuatro patas, yo al ver estas esplendidas tetas encima de mí, no pude menos de acariciárselas, y lo mismo me paso con su culo, esta mujer, como mi madre serían lo que se llaman rellenitas, y eso es algo que me da mucho morbo, ella al sentir mis manos sobre su cuerpo dijo:

    -Vais a hacer que me aficione a los jóvenes, follais de maravilla.

    Y continúo cabalgándome, sus gemidos eran muy intensos, lo que me excitaba aún más, pero notándola un poco cansada la propuse:

    -¿Quieres que nos pongamos de lado, y follemos así?

    -Cariño, yo con tal de follar contigo, follo como sea, me respondió.

    Se bajó de mí y se puso en el sofá de medio lado, mientras yo me había ladeado y ahora estaba detrás de ella, le pedí que alzara una de sus piernas y se la sujeté, su coño estaba muy abierto y al alcancé de mi polla, así que desde esta postura introduje mi polla en ese maravilloso agujero, ella al sentirme dijo:

    -Que delicia, con mi marido esto nunca lo haríamos.

    Yo me puse a moverme, sus gemidos iban en aumento, mientras con una de sus manos acariciaba una de sus tetas, todo esto hacía que mi excitación aumentara, me propuse hacerla correrse y aumente el ritmo de mi follada, sus gemidos seguían aumentando de intensidad, mientras ella decía:

    -Me estoy volviendo loca de gusto, sigue.

    Seguí aumentado el ritmo hasta que sentí que se corría, en esos momentos me dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, esto es una locura maravillosa.

    Ella estaba tumbada sobre el sofá, descansando, pero mi polla seguía dura y con ganas de marcha. Le pedí que abriera bien las piernas, ella al ver mi polla dijo:

    -Esta dura y es preciosa, mi amor métemela de nuevo.

    Me puse de rodillas sobre el sofá, alcé una de sus piernas y la puse sobre mi hombro, y de un golpe se la metí, ella nada más sentirla dentro se puso a gemir nuevamente, mientras decía:

    -Nunca pensé que se pudiera gozar tanto.

    Mientras decía esto llevé una de sus manos hacia un de sus tetas y me puse a acariciársela, mientras llevaba la otra hasta cerca de su coño y me puse a rozar la superficie de su sexo cercana al lugar por donde mi polla le estaba penetrando, sus gemidos eran todavía más intensos. Y decía:

    -Mi amor, me estas volviendo loca.

    De eso se trataba, quería volverla loca de placer, así que seguí moviendo mi polla dentro de ese coño tan caliente que ella tenía, hasta que nuevamente ella me volvió a sugerir otra postura, me hizo sentarme en el sofá y ella se sentó encima de mí, empezó a subier y bajar mientras se puso a gemir de una manera muy intensa y decía:

    -Mi amor esto es fantástico, no puedo dejar de pensar en lo mucho que he dejado de follar por serle fiel al imbécil de mi marido. te adoro y quiero gozar del sexo de todas las maneras posibles,

    Y siguió cabalgándome de una manera desesperada, yo sentía que estaba ante una mujer hambrienta de sexo, y mi polla deseaba complacerla a tope, oírla gemir era impresionante, y en un momento determinado soltó un fuerte gemido y dijo:

    -Me corro.

    Yo en ese momento le ofrecí sacarle la polla de su coño, pero ella me respondió:

    -No mi amor, quiero disfrutar de sentir tu leche en mi interior.

    Y siguió montándome como si no hubiera pasado nada, lo hacia con ansia, así que no tarde en correrme y mi leche se esparció por su coño, en ese momento ell se levantó y besándome en la boca me dijo:

    -Te amo, me estás haciendo muy feliz.

    Descansamos un poco yo aproveche para preguntarle si lo había hecho antes con jovencitos, ella me confesó que lo hacía con un amigo de su hijo, aunque sin decirme que se refería mi hermano, yo le dije que me encantaban las mujeres maduras, aunque ella por supuesto ella más que ninguna, y que buscaba una mujer abierta para hacer algunas cosas, especiales, ella se ofreció a ser mi compañera de juegos, quizás fue esta conversación, pero el caso es que mi polla comenzó a ponerse dura nuevamente.

    Ella al sentirla llevó su lengua a mi miembro y se puso a lamerla, esto hizo que mi polla despertarse del todo, y ella al verla dijo:

    -Cariño, me parece que los dos tenemos, y creo que debemos comenzar por donde lo dejamos.

    Se volvió a sentar encima de mí y a cabalgarme. Y nuevamente, se la notaba completamente recuperada me volvió a cabalgar de una manera muy vigorosa, que demostraban que una rellenita no tiene que estar falta de energía, mientras me decía:

    -Te adoro mi yogurin, eres un follador maravilloso.

    Seguía cabalgándome, hasta que se dio la vuelta, de esta manera me encontré con sus impresionantes tetas sobre mi cara, por supuesto aproveché la ocasión para chupárselas, mientras, para meter ideas en su cabeza, la dije:

    -Mamita, este nene adora tus tetas.

    -Mi niño, me respondió ella, son todas tuyas.

    Yo seguí chupándoselas, adoraba a esa mujer, y noté como sus gemidos aumentaban poco a poco, parecía que se estaba corriendo y eso para mí resultaba muy estimulante, así que seguí chupándoselas. Quería que mi polla aguantará el máximo posible, pero finalmente terminé corriéndome:

    -Muchas gracias, mi amor, los chicos de hoy sois fantásticos, mucho mejor que los hombres de mi edad.

    Descansamos un momento, pero yo sentí que tenía muchas ganas de comerle el coño, así que la hice tumbarse en el sofá con las piernas bien abiertas, y cuando estuvo en esa posición llevé mi cabeza hasta su coño, y sacando mi lengua me puse a comérselo, ella al sentir mi lengua me decía:

    -Mi amor, eres divino, menuda lengua tienes.

    Sus gemidos eran intensos, me encantaba el sabor de su coño, así que seguí comiéndoselo, hasta que ella me dijo:

    -Mi amor, esto es divino, pero quiero sentir, de nuevo tu polla dentro de mí.

    Nos sentamos en el sofá, juntamos nuestras bocas y nos dimos un beso muy intenso, mientras lo hacíamos, ella puso una de sus piernas encima de las mías, y luego llevó una de sus manos hasta mi polla y se puso a acariciarla, era algo delicioso.

    Luego con sus manos me echó hacia atrás, hasta tumbarme sobre el sofá, y desde esta postura se sentó encima de mí e introdujo mi polla dentro de su coño. Mientras me decía:

    -Mi amor adoro esa polla.

    Comenzó a marcar un ritmo delicioso, se inclinó hacia mi sus tetas quedaron a mi altura de mi boca, se las chupé un poco y luego la empujé un poco hacia atrás, desde esta postura podía acariciar mejor sus deliciosas tetas, mientras ella me decía:

    -Mi amor, me vuelves loca.

    Estuvimos así, hasta que ella se echó hacia atrás, y apoyando sus manos sobre el sofá comenzó a moverse, su coño se desplazaba más a lo largo de mi polla y tan pronto me entraba en su totalidad, como se salía hasta casi la cabeza, desde luego esa mujer era muy viciosa, y eso me encantaba, pero en ese momento fui yo quien tuvo un capricho.

    -Me gustaría follarte a cuatro patas, le dije.

    -Mi amor, follame como tú quieras, pero follame.

    Ella aceptando mi propuesta se salió de mí y se puso a cuatro patas encima del sofá, mientras me decía:

    -+Mi amor aquí tienes a ru perrita que desea, que le des tu salchicha, bueno más bien un salchichón muy grande, jajaja.

    La visión en primer plano de su culo me resultó alucinante, mi polla se puso durísima, así que la acerqué a su delicioso coño y de un golpe se la metí.

    Nada más sentirla, ella se puso a gemir, nuevamente me estaba demostrando ser una mujer muy ardiente, así que comencé a moverme en su interior, mientras ella decía cosas muy deliciosas que se mezclaban, no se sabía lo que decía, pero desde luego era que estaba gozando, y sentir el sonido de mi polla chocando con su culo, me ponía todavía más caliente.

    Ella también estaba muy caliente y me decía:

    -Mi amor, me estas haciendo muy feliz, eres adorable.

    Y la verdad es que no tardó mucho en correrse, pero yo seguía con mi polla empalmada, así que seguí follando ese coño tan caliente, hasta que ni pude evitarlo y me corrí en su interior.

    Descansamos nuevamente, pero lo sucedido había hecho que un nuevo deseo apareciera en mí, quería follar ese culo tan divino, cuando se lo pedí ella me dijo:

    -Mi amor, después del día que me estas haciendo pasar no puedo negarte nada.

    Se puso a cuatro patas encima del sofá y me dijo:

    -Aquí me tienes, soy toda tuya.

    Yo m fui hacia donde estaba, me puse de rodillas detrás de ella, y volví a disfrutar de la visión en primer plano de su culo, era impresionante, así que primero se lo acaricié, des pues fui acercando mi polla hacia ese culo tan divino, y de golpe se la metí, ella dio un primer grito de dolor, que poco a poco se fue transformando en gemidos de placer, yo lo disfruté desde el primer momento. Ella me decía:

    -Mi amor, nunca pensé que por el culo se pudiera disfrutar tanto, estoy descubriendo que una mujer se puede volver loca cuando se lo hacen por ahí.

    Eran unas palabras que me resultaban muy estimulantes, así que seguí follandola por su trasero, era cálido y delicioso, por lo que seguí moviéndome en su interior, nuestros gemidos se hicieron más intensos, de pronto ella dijo:

    -So cabron estas consiguiendo que me corra de nuevo.

    Para mi oír estas palabras era música celestial. Así que seguí moviéndome en su interior hasta que sus gritos de placer me demostraron que una vez más se había corrido. Pensé en sacársela, pero ella me pidió;

    -Mi amor, no me la saques quiero sentir tu leche regando mi culo.

    La verdad es que yo también tenía ganas, así que seguí follando su culo, ella seguía gimiendo y animándome:

    -Venga mi amor, sigue, sigue.

    Sus palabras me calentaban aún más hasta que me corrí y sentí como mi leche, que aún era muy abundante regaba ese divino culo. Ella me dijo:

    -Gracias, mi amor, ha sido una de las tardes más maravillosas de mi vida.

    Para mi también lo había sido, y a la que se la saqué y vi mi leche corriendo por ese delicioso trasero y cubriendo toda su superficie me sentí inmensamente feliz, desde luego le debía una a mi hermano.

    Pero la tarde estaba llegando a su fin, de una cosa me di cuenta, no sabía, si la idea de mi hermano para apartar a su amigo del alcohol daría resultado, pero desde luego dado lo que había que hacer merecía la pena intentarlo.

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  • Estamos en la misma causa (1)

    Estamos en la misma causa (1)

    La casa había sido adaptada a las prisas para ser oficina. En una habitación se escuchaba el tecleteo de tres teclados. Martina, Johnny y Carlos escribían sin parar. Afuera sonaba una impresora y el chisporroteo de alguien lavándose las manos. Martina intentó dar un sorbo a su tercer café del día. Estaba vacío. Al borde de su escritorio, se veían los cadáveres de sus cafés anteriores. Apiló los vasos y los tiró a la papelera.

    —Johnny, ¿cómo va el evento en redes?

    —461 dicen que asistirán; otros 364 dicen que no saben; en Instagram tenemos tres kilos de corazones —le contestó Johnny después de revisar los datos en su celular.

    La respuesta incomodó a Martina. ¿Ahora debía sentirse entusiasmada por los corazones de Instagram? ¿Esa era su vida? Tomó un respiro y volvió a trabajar. Era una chica de veintipocos, delgada, morena y pecosa, que usaba una falda larga, con estampado a cuadros, una blusa llena de encajes de color arcoíris y un reboso rojo, muy ceñido a su figura. Collar y aretes de cuarzos. Ese año había dejado de usar la perforación de la nariz: la había sentido muy informal. Su cabello, increíblemente rizado, lo llevaba en una larga trenza que le caía por la espalda. Sus brazos delgados bailoteaban cuando escribía.

    —Carlos, ¿estás seguro de que enviaste la invitación a todos los peces gordos del Partido? —preguntó Martina.

    —Enviada, capitán. Pero ninguno va a venir, se lo aseguro.

    Carlos era siempre una molestia… pero a veces tenía razón. No importa, las invitaciones tenían que estar.

    Carlos y Johnny estaban como todos los días: Carlos con sus rastas, debajo de un sombrerito; Johnny muy limpio con su camisa blanca, rasurado con precisión geométrica y delicadamente perfumado (“no como esos hombres que enturbian el ambiente de desodorante y gel“, se decía Martina). El único espacio libre que le daba a su arreglo personal era su pelo largo, amarrado en una cola de caballo bastante suelta.

    —¿Capitán?… —empezó a preguntar Johnny; Martina, sumida en su laptop, no hizo ninguna señal de haberlo oído. —Martina… oye… ¿cómo es ella?

    —¿Cuál ella? —le contestó Martina.

    —Samanta Sifuentes.

    —¿Que no la has visto? —contestó Martina, sin ninguna expresión. Carlos se rio.

    —No, no. Sí la he visto. Quiero decir… Como tú la llevaste al hotel ayer…

    —Es rubia ojiverdosa, como se ve en los videos… más bajita de lo que piensas. Pero intimidante. Casi ni te ve, y no cambió conmigo ni una palabra.

    Johnny sonrió. No esperaba una respuesta tan completa.

    —Es muy hermosa —dijo Johnny, mirando al techo, embelesado con su memoria.

    —¿Te vas a poner como los viejos verdes que le escriben en YouTube? —preguntó Martina, riéndose.

    —Samanta Sifuentes es una influencer con ínfulas, una “infuléncer” —dijo Carlos, muy satisfecho de su juego de palabras.

    —Carlos, Carlos, Carlos… Samanta no es una influencer —dijo Martina, interrumpiendo su trabajo, y empezó a citar de memoria el texto que había preparado para presentarla: —Es “una politóloga con diez años de experiencia periodística en medios de circulación nacional, a la que nos sentimos encantados de recibir”. ¿Y sabes por qué estamos tan encantados? Porque resulta que esa politóloga tiene un podcast. ¿Y sabes quién escucha ese podcast? ¡El puto 76% de nuestros afiliados! Entonces, si tienes algún otro comentario inteligente, por favor mándamelo por escrito.

    —Sólo porque es hermosa, como dice el buen Johnny. Es el objeto de fantasía de toda la izquierda. Te aseguro que, si le haces una encuesta a ese 76%, todos te dirán que fantasean con Samanta Sifuentes dominándolos en la cama con hoz y martillo en mano.

    —Además de ser un comentario grotescamente sexista, es falso —gruñó Martina, ofendidísima. —La escucha el 78% de nuestros afiliados hombres, el 74% de las mujeres y el 80% de otros géneros.

    Carlos se echó a reír. Le parecía divertido ver cuántos números tenía Martina en la cabeza.

    —Pues todos ellos le traen ganas, capitán. ¿O tú no te acostarías con ella?

    Martina no podía mentir. “No te puedes meter en política si ni siquiera sabes decir una mentira blanca”, le había dicho su padre… que era un político. Martina siempre respondía “es hora de una política de la verdad” y, la verdad, la verdad, eso no le estaba saliendo muy bien. En fin, Martina no mentía y, por eso, solamente se quedó callada. Carlos se carcajeó.

    —A mí me gusta más Silvia, la que debate con ella los jueves. Es más… cuantiosa, digamos.

    Carlos hizo un gesto con las manos abiertas, que podía interpretarse como buscar la palabra exacta o como medir la “cuantiosidad” del pecho de Silvia. Martina se dio cuenta de que, por estar discutiendo, ya no iba a poder terminar su trabajo. Guardó con ira sus documentos, cerró la computadora y tomó sus llaves. Cuando se levantó, el ambiente de la oficina cambió por completo. Carlos y Johnny la miraban con temor y con respeto:

    —Compañeros… —empezó Silvia.

    —¡Sí, capitán!

    —¿Estamos en la misma causa?

    —¡Sí, capitán!

    —¿Buscamos una vida digna para el pueblo?

    —¡Sí, capitán!

    —¿Queremos que este evento salga bien?

    —¡Sí, capitán!

    —¿Queremos que yo salga de este agujero sin fondo que es Gestión de Redes, y que me den por fin un lugar decente en el Partido?

    —¡Sí, capitán! —contestaron ellos, movidos por la presencia magnética de Martina, y ya sin escuchar lo que estaban diciendo.

    —¡Entonces dejen de decir estupideces y pónganse a trabajar!

    —¡Sí, capitán!

    Y Martina se fue. Silvia le había pedido que pasara al hotel a recogerlas cuatro horas antes de la mesa de debate. “Nos gusta llegar con tiempo; tener todo listo”, le había dicho. Cuando Martina llegó, diez minutos antes de lo acordado, ya la estaban esperando afuera. Se subieron al coche y Martina condujo hacia el auditorio.

    Samanta traía unos lentes oscuros, pero se los quitó cuando empezó a leer un guión de treinta páginas, desastrosamente arrugado y garabateado de todos los márgenes con pluma azul. El día anterior, ese guión estaba recién salido de la impresora. Traía una gabardina gris muy linda… y demasiado abrigadora para el verano. Debajo, unos pantalones acampanados negros. Martina pensó «quizá yo debería vestirme así».

    Silvia era todo lo contrario. Tenía unos pantalones de mezclilla muy entallados, que resaltaban sus piernas anchas. Arriba, una blusa blanca, acabada en una especie de valona vaporosa, abría un escote suelto y airoso. La piel de su turgente pecho era de un rosa intenso, idéntico a la piel sonrosada de sus mejillas.

    —¡Putos hombres! —se dijo Martina, cuando se descubrió fijándose en Silvia por el espejo retrovisor.

    Parpadeó con fuerza dos veces, para ver si la mirada de Carlos se le quitaba de los ojos. Después de que terminó de parpadear, vio por el espejo que Silvia le estaba sonriendo. Luego, sacó su computadora y se puso a trabajar. Martina pasó buena parte del viaje apenada.

    —¿De qué tema van a discutir hoy? —se resolvió a decir Martina.

    Silvia siguió leyendo en su computadora y Samanta en sus documentos. Después de un minuto de un silencio, que para Martina fue muy incómodo, Silvia le dijo pausadamente:

    —Autonomía energética y… vivienda.

    —Oh… ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra? —preguntó Martina, apenada.

    —No comas ansias. Ya verás —le contestó Silvia con un tono extrañamente coqueto. Un escalofrío recorrió la espalda de Martina. Hace mucho que no le coqueteaban.

    Por un momento, Samanta despegó la vista de su guion y le pidió a Silvia que le confirmara unos datos. Silvia los investigó y le dijo que estaban correctos.

    —Gracias, Silvia. Para mí, tu trabajo es invaluable y te lo reconozco muchísimo —dijo Samanta con una voz hueca, como de máquina.

    —Es un gusto ayudarte, compañera —contestó Silvia, feliz.

    Como Silvia vio que a Martina le parecía raro el tono del agradecimiento de Samanta, le dijo:

    —Siempre me da las gracias con palabras muy exageradas. Es nuestro acuerdo. Si no me da las gracias así, a veces se olvida de todo lo que hago por ella.

    Al ver que Martina no entendía bien, Silvia cambió la conversación.

    —¿Martina, verdad? Tú eres de Juventud en Debate.

    —Sí. Dirijo su Gestión de Redes.

    —Y… ¿Juventud en Debate es una organización del Partido, no?

    —Bueno… es una organización hermana.

    —¿Su objetivo no es “formar cuadros”?

    —Bueno… sí.

    —Entonces, ¿sería correcto decir que, si una joven enérgica y carismática quisiera entrar al Partido, antes tendría que hacer… digamos, gestión de redes?

    ¡Silvia la estaba entrevistando! ¡Qué tonta, tonta, tonta! Martina apenas se daba cuenta y no sabía qué decir.

    —Bueno… sí.

    —Entonces, ¿Jóvenes en Debate es como un enorme examen de admisión? Súper. Y… ¿no crees que eso evita que haya un relevo generacional en tu partido? —a esta última pregunta de Silvia, Martina se quedó sencillamente con la boca abierta. —No te preocupes. No hablaremos de esto al aire.

    Y Silvia se quedó sonriendo.

    Llegando al auditorio, Martina instaló a las invitadas en el único cuarto que parecía algo así como un camerino. Se sentaron frente a dos espejos. Silvia y Samanta se maquillaron largamente. Después, Samanta volvió a sus papeles; Silvia, a su computadora. Martina se quedó allí; quería preguntar si necesitaban algo más, pero no encontraba el momento correcto para interrumpirlas.

    —Silvia, necesito ayuda —musitó Samanta.

    —¿Ayuda con qué? —contestó Silvia sin quitar su vista de la computadora.

    —Ayuda, Silvia. “Ayuda” —dijo Samanta, tratando de enfatizar esa última palabra, aunque su expresión facial no cambió en lo absoluto.

    —Estoy ocupada. Plantéaselo a la chica de Redes —contestó Silvia, después de veinte incomodísimos segundos.

    Samanta hizo una mueca de hartazgo y se giró a ver a Martina. Su expresión cambió por completo. Era la expresión alegre, acariciadora y empática que tenía cuando estaba al aire.

    —Martina. Mira, sé que esto es muy… infrecuente. Pero Silvia y yo hicimos un viaje largo ayer y hoy no pude dormir bien. Sé que este no es para nada tu trabajo y, por favor, no me lo tomes a mal, pero…

    —¡Por favor, con gusto! —la interrumpió Martina.

    —¿Puedes darme un masaje en los hombros? —dijo, y al ver a Martina sorprendida, agregó: —Oh, yo entiendo si no…

    —¡Claro! ¿Por qué no? —dijo Martina, poniéndose detrás de Samanta.

    Samanta se levantó un momento, para quitarse la gabardina. Debajo, llevaba una blusa aterciopelada color hueso, de mangas muy cortas, que mostraba sus clavículas. Martina volvió a pensar en Carlos: Samanta no parecía estar usando brasier. Martina comenzó a masajearla: verdaderamente sentía que Samanta estaba muy tensa y así se lo dijo.

    —Es por el pecho —contestó Samanta. —No encuentro un brasier que me acomode, así que los he estado llevando sueltos.

    —Oh, entiendo, entiendo.

    A Martina también le pasaba… y supo usar esa empatía para no ruborizarse. Siguió masajeando el cuello y los hombros de Samanta, apretando los músculos, imponiendo sus pulgares y haciendo círculos, pero no notaba que la tensión disminuyera.

    —¿Te podría pedir que me levantes un poco un pecho, y me masajees los músculos que tiene arriba? —le pidió Samanta. —Los músculos que van al hombro son siempre un horror

    Así lo hizo Martina, sin pensar. Tomó desde abajo uno de los pechos de Samanta y fue apretando los músculos que unían pecho y brazo. Samanta empezó a gemir discretamente.

    —Ay, disculpa —se rió Samanta. —No pasa nada; es que lo haces muy bien.

    —Quizás deberías cerrar la puerta —le dijo Silvia a Martina, levantando sus ojos de su trabajo.

    —Sí, mejor, mejor —dijo Martina, sonriendo; puso seguro a la puerta y regresó a masajear a Samanta.

    Siguió con los pechos un rato y notó cómo, incluso debajo de la ropa, los pezones se iban irguiendo.

    —¿Te sería más fácil si me quito la blusa? —preguntó Samanta.

    —Eh… sí. Sí, eso creo.

    —No te sientas presionada, ¿eh? —dijo Silvia. —Tú dile que no.

    —Sí, tú dime que no —aclaró Samanta.

    Pero Martina se limitó a asentir, sonriendo. Repitió lo mismo, sólo que ahora levantar el pecho desde abajo implicaba tocar la piel de Samanta. Sentía el pezón de ella rozando con su propio pulgar. Primero el lado de un pecho… luego el lado opuesto del otro pecho. Quizá sus pechos no fueran tan cuantiosos como los de Silvia, pero eran muy armónicos… y a decir verdad, no cabían bien en las manos pequeñitas de Martina. La chica empezaba a notar cómo se humedecía. La respiración de Samanta era notoriamente agitada, porque no le importaba disimularla; Martina no quería que su respiración se notara y estaba intentando guardar el aliento.

    —Muchas gracias, Martina —dijo Samanta. —También necesitaré un masaje en las piernas, pero ese me lo doy yo misma, no te preocupes.

    —¡No, no! No hace falta, por favor.

    Samanta sonrió, se descalzó y se quitó sus pantalones acampanados negros, quedando solamente en una breve ropa interior color carmín. Martina buscó en el cuarto alguna tela en la que pudiera arrodillarse y encontró una toalla para manos. La puso en el suelo y se arrodilló con las rodillas muy juntas. Empezó con las pantorrillas, pero Samanta le dijo que más bien se refería a los muslos. Cuando Martina empezó a masajearle los muslos, Samanta empezó a dar gemidos cada vez menos ahogados, cada vez más claramente eróticos. Martina fue acercando el masaje a su entrepierna:

    —Sí, muy bien. Precisamente allí me duele —aclaraba Samanta, conforme Martina se acercaba.

    Cuando Martina llegó a la ropa interior de Samanta, preguntó:

    —¿Puedo quitarla?

    Samanta le sonrió y asintió con la cabeza. Samanta se había recortado el vello ya hacía un tiempo. Breves y tenues destellos rubios recorrían todo su pubis. Martina besó el vientre de Samanta, bajó a la parte superior de su pubis y besó su vello; bajó a sus piernas y besó la cara interna de sus muslos.

    —¡Qué dedicada eres, Martina! —le dijo Samanta. —Aprecio muchísimo lo que estás haciendo por mí.

    Entonces Martina supo a qué se refería Silvia en el coche.

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  • La perspectiva de mi novio

    La perspectiva de mi novio

    En este perfil siempre he contado mi perspectiva como el pasivo con mi novio pero en esta ocasión dejaré que el escriba .

    Decidimos ir a conocer un pueblito muy turístico a 6 horas de la cuidad, mi carro estaba en el mecánico así que tocó ir en bus.

    Fuimos de noche para llegar al otro día temprano, dentro del bus hacia mucho frío entonces nos tapamos con una cobija que traíamos, mi novio se acurrucó al lado mío y decidí tocarle un poco las nalgas por encima del pantalón, me dijo que si adivinaba que ropa interior tenía me dejaba tocarle las nalgas por debajo del pantalón, para poder adivinar tenía que al menos saber que tipo de ropa interior era me dijo que era una tanga pero no era de las de tipo hilo sino de las normales dije tanga negra y me dijo que no, me dijo solo tenía una oportunidad más y yo ya traía el pene bien duro y si que recordé que en la mañana lavamos ropa por lo que las posibilidades se reducían.

    Mi novio o bueno mi novia como me gusta decirle tiene varias tangas pero la intuición me decia tanga azul así que lo dije y me dijo ¡si es! Así que lentamente sin que nadie se de cuenta metí mi mano debajo de su pantalón y comienzo a masajear sus nalgas y hacerle círculos con mi dedo en su ano.

    Pasó un rato así y nos dormimos llegamos al otro día una habitación bastante cómoda con vista al lago llegué bastante casado dormí un rato y luego fuimos a un restaurante a almorzar, nos devolvimos a la habitación y me dijo que me iba a cabalgar un poco me acosté y me quité los pantalones el se metió al baño y a los 10 minutos salió con una camiseta mía y la tanga que tenía puesta en el bus.

    Se acomodo encima mío y se empezó a sentar sobre mi pene, no me di cuenta y la cortina estaba un poco abierta así que la cerré de inmediato mientras él seguia cabalgando y gimiendo, a mí también se escapó uno que otro gemido por la sensación tan cálida y apretado del ano de el, le apreté las nalgas y me dijo que No por qué era él quien me estaba cogiendo a mi, lo que se me hizo gracioso pero asentí, sentí que ya me iba a venir así que lo agarre por las piernas mientras me venía adentro.

    Se puso en cuatro mientras yo veía como le escurría desde adentro lo cual me gusta mucho.

    En la noche mi suegra nos llamó por video llamada y yo pensé si tan solo supiera lo rico que es el culote de su hijo, muchas gracias por tenerlo.

    Por lo demás el paseo fue muy tranquilo y más aún recién deslechado.

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  • Terminé de criado de mi jefa (11): Preñar a mi jefa y su amante

    Terminé de criado de mi jefa (11): Preñar a mi jefa y su amante

    La orgia se prolongó hasta la madrugada, tuve sexo con todas las mujeres, siempre acabé dentro de Susana o Clara. Nos fuimos a dormir, lo raro fue que Susana nos invitara a dormir con ella, algo que sorprendió a Valentina, Juli y Clara compartieron otra habitación y Hernán y su esposo otra. Nos despertamos cerca de las diez, tanto Vale como Susana dormían sobre mi pecho, después de algunos besos entre los tres nos levantamos. No me importo mucho llegar tarde al trabajo, supongo que si a los dueños no le molestaba, a mi tampoco, teníamos después de almuerzo una reunión de directorio en la empresa. Empezamos a desayunar y Hernán dijo más o menos de que trataría la reunión.

    Clara: La reunión de Gerencia de anoche fue más divertida.

    Todos reímos de la ocurrencia, y seguimos con el asunto, se puede decir que fue un desayuno de trabajo. Ya cuando nos estábamos preparándonos para irnos, mi novia me consulto.

    Vale: Cariño me comentaste que este fin de semana es el cumpleaños de tu mamá.

    Alberto: Ella esta como loca con eso, porque llegan parientes de España y no le parece adecuado festejarlo en casa, y con tan poco tiempo no consigue lugar.

    La verdad que le daba pena, en el fondo de casa de mis padres hay un quincho, un lugar para juntarnos entre familiares o hacer comidas. Pero no era muy grande, apretados cabían veinte personas, y mi mamá no quería quedar mal con sus hermanas que tenían una mejor vida en el viejo continente, la cosa es que siempre mis tías le restregaban los trabajos de sus hijos en grandes empresas, y ahora iban a venir sus dos hermanas con sus esposos y algunos de sus hijos y nietos, y hace dos días le avisaron que iban a caer para su cumpleaños, si a eso le sumábamos la gente que siempre iba a saludarla, como dije mi mamá era un ser muy especial, aquella que le caía bien a todo el mundo y donde iba tenia un amigo o conocido.

    Vale: Cariño déjame ayudarte, a parte ya es hora que me presentes a los suegros.

    Quise decirle que no se preocupe, que ella lo solucionaría. Pero tomo su teléfono y marco a su secretaria, le dijo que encontrara un buen lugar para hacer un cumpleaños en la ciudad de San Nicolás. Yo me fui con Valentina de la mansión, mientras ella en la camioneta hablaba con su secretaria, yo pensaba como se tomaría mi madre toda esta situación, llegue a mi casa y entre a cambiarme rápidamente, Vale ya se había cambiado en la Mansión aprovechando que tenia ropa en sus maletas de viaje, mientras me arreglaba en el baño pensando en la reunión Vale me hablo.

    Vale: Cariño le mandare el contacto de tu madre a la persona que se encargara del evento.- la verdad no tenia drama en que mirara mi teléfono, así que se compartió el contacto de mi madre y lo envió a su secretaria.

    Ya en la camioneta mi novia me dijo el salón que había alquilado para mi madre, era un salón para eventos de lo más distinguido y caro de la ciudad, de esos lugares donde tu vas y te sientas no más, comida, bebida y hasta show en vivo te ponen, donde las empresas hacen sus reuniones o los ricos se casan. Estábamos por llegar a la empresa y mi teléfono sonó, era mi santa madre, la conecte al manos libres de la camioneta.

    Estaba histérica, la acaba de llamar el Organizador de Eventos de un salón para que eligiera su servicio, menú, show y hasta la torta. Más o menos le dije una verdad a media, que como era su cumpleaños y debería estar tranquila y disfrutar mi novia había elegido regalarle la fiesta, para que no se tuviera que preocupar de nada, por su puesto que Vale estaba escuchando todo.

    Madre: Novia, ¿que novia?. La chica linda de la otra vez, Julieta se llamaba.

    Vale: Hola suegra.- dijo interrumpiendo.- me llamo Valentina, y no sabia que su hijo había llevado a otra novia.- se reía maliciosamente, mientras mi madre balbuceaba, seguro no sabia donde meterse.

    Alberto: Tranquila madre, no hay nada que esconder, Valentina te esta haciendo un chiste, mañana la conoceras.- ya me la imaginaba inventando una historia para zafar del problema.- tu concéntrate en tu cumpleaños, en estar hermosa y disfrutar de todo, nosotros iremos mañana, ahora estoy camino a una reunión importante, chau te amo.

    Nos despedimos y Vale seguía riéndose, ya veía las historias que se estaría imaginando mi mamá en su cabeza.

    Llegamos a la reunión y estaban todos, cada Gerente con sus respectivos directores, los cincos directores de mi área se sorprendieron cuando ocupe el sillón de Gerente. Después la CEO doña Susana, empezó a contar pormenorizadamente toda la investigación llevada a cabo contra los cinco directores, el abogado de la empresa recalco las condenas que podían recibir, con la de contrabando nomás arriesgaban de doce a quince años, más todas la otras causas hacían un buen número.

    Luego me presento a mi como nuevo Gerente, y mi misión principal era corregir los errores que posibilitaron que un área clave de la empresa se viera envuelto en tantos delitos, cabe aclarar que no salió en ningún lado esto, todo fue muy discreto y no hubo escándalo mediático, el poder del dinero diría yo.

    La reunión se prolongo por una horas más, una vez terminada me dirigí a mi planta, donde comencé una nueva reunión con los directores, ahí me estaba esperando mi secretaria, Mercedes era una de las más viejas de la empresa y de las más astutas, había sido secretaria muchos años de Miguel Ángel. La reunión fue breve.

    Alberto: Los elegí a ustedes porque son los más idóneos para el puesto, aparte de ser personas honradas, eso peso mucho, la orden que tengo es poner en orden toda la gerencia, sacar a los malos elementos, y que toda el área funcione como un reloj Suizo.

    No quise extenderme mucho más, le di plena libertad de acción, pero también que tenían que asumir las consecuencias de cada error, una cosa que me dijo la jefa, que creyeran todos que yo los había elegido así serian mis hombres. Mercedes me puso al tanto de casi todo, creo que ella misma hubiera sido buena gerente, conocía casi todas las mañas. También tenía un informe remarcando todos los errores que se habían cometido tras la muerte de Miguel Ángel, y habían posibilitado el trabajo a los delincuentes. Mucho de esto yo lo había visto y lo había notificado en mi investigación, de otros no me había dado cuenta, tendría bastante trabajo que hacer.

    A la salida me asaltaron mis amigos, me abrazaron, se reían, de verdad estaban felices por mí, era algo fascinante que alguien celebrara contigo tus éxitos.

    Lautaro: Lo que es tener novia con influencias, tal vez nosotros también podamos con alguna de las otras Gerentes, o la CEO.

    Alberto: Hernán me pregunto si eran pasivos, y les dije que creí que si.- saltaron para golpearme.

    Kevin: Una cena y una salida a tomar tragos, mínimo te tienes que pagar.

    Lautaro: Vamos amigo, o tu novia te tiene atado.- si ellos supieran, me reia para mí.

    Seguimos caminando haciendo nuestros chistes, mientras me encontraba con conocidos que me saludaban y felicitaban, note la distancia que ponían algunos y el respeto. Los únicos que seguían iguales eran mis amigos. Vale me había dicho que se juntaría con Juli y unas amigas esa noche, no sabia que tenía amigas tan intimas fuera del grupo, es más creía que no tenía a nadie fuera del grupo.

    Así que me fui a cenar y tomar unos tragos con mis amigos, cada tanto nos escribía Vale, ahí me entere que era una reunión de ex alumnas del colegio, de esos súper exclusivos y elitistas, donde son todas amigas y cuando se va una le comen el cuero, esas amigas de alta sociedad, donde reina la envidia y el resentimiento. Bueno todo esto me conto mientras estaba con los chicos, ya habíamos cenado y fuimos a un bar cercano.

    Ellos me cargaban por contestarle a mi novia, la estábamos pasando de maravilla, estábamos desinhibidos, y justo fue cuando entro María al bar, con sus amigas y compañeras de trabajo, los chicos me hicieron una seña, pero ella nos vio y se dirigió derechito hacia nosotros.

    María: Hola chicos, aquí están, Felicitaciones Alberto, nadie se merecía más ese cargo que tú.- Parecía que estaba un poco tomada y venia de otro lado, como la zona era toda de bares era lo más probable.

    Alberto: Gracias María, chicas como están.- hice un saludo general.

    Mientras que María se sentó directamente en nuestra mesa, y hablaba de todo un poco, incluso se le iba de más la lengua. No paraba de mirarme y lanzarme indirectas, yo solo sonreía, ya eran las once y media de la noche, yo estaba incomodo con la situación, hasta que me llego un mensaje de Clara.

    Clara: Hola salvaje no se lo que tu estés haciendo, pero tienes dos hembras en celo que están ovulando, te necesitamos.

    La verdad es que ya no me apetecía estar ahí, desde que llego María y sus amigas me sentía incomodo. Así que me despedí, y salí, María intento que la llevara, pero le dije que no podía porque tenía que ir a buscar a alguien. La cara de ella fue como de desilusión, pero no me importo, como dije de un tiempo para acá ella estaba rara conmigo, y era obvio que quería tener algo pero yo estaba con mis asuntos, a parte con cuatro hermosas mujeres ni me daba para mirar a otra. Los chicos se quedaron con el grupo de María un rato más y se que se fueron acompañados por dos de sus amigas.

    Llegue en pocos minutos a la mansión de Susana, cuando subí a su habitación las dos estaban en ropa interior, de encaje, la rubia con un conjunto rojo y portaligas, con transparencias, la morocha con un conjunto blanco que resaltaba con su cuerpo, y un pequeño camisón transparente, se ve que estaban jugando, porque Clara se acomodo el suyo mientras entraba, tenían un poco el labial corrido, y ambas ya tenían los pezones erectos.

    Susana: Vaya nuestro semental se vino a preñarnos, a ver si le atina.- Ahí entendí que me iban a ordeñar.

    Clara se acerco a mí y me empezó a desvestirme, mientras que la jefa pasó un cinto por detrás de mi nuca y me atrajo hacia ella para darme un porno beso, es que no hay otra definición, con mucha lengua y saliva, nos trenzamos en beso casi sin separarnos mientras que Clara terminaba de desvestirme y se encargaba de atender oralmente a mi pene.

    Las chicas estaban calientes porque la mamada, ni el beso eran tranquilos, yo mientras tanto había metido una de mis manos entre las nalgas de la jefa y masturbaba su vagina desde atrás, el calor y la humedad eran un termómetro para saber su nivel de calentura. Yo seguía jugando en la entrada de su vagina sin penetrarla, a Susana le dio desesperación y me termino empujando sobre la cama, se saco el tanga y se dirigió a mí.

    Susana: Basta de juegos.- sus ojos estaban brillosos, ella estaba agitada, estaba en celo.

    Me empujo sobre la cama y se subió sobre mi, tomo mi pene y se dejo caer, emitió un gemido y se quedo unos segundos quieta, mientras Clara se había subido con nosotros a la cama y empezó a besarla, le saco las tetas de su corpiño y se prendió a una de ellas, Susana se empezó a mover, en realidad se levantaba y dejaba caer, me estaba montando como una amazonas, mientras dirigí una de mis manos a la vagina de Clara, tuve que correr su tanga, y la otra al pecho libre de Susana, la verdad es que no me pude concentrar mucho porque mi jefa se dejaba caer con violencia y había agarrado un ritmo realmente alto, y entre los mete y saca a veces se doblaba un poco mi pene, produciéndome dolor y placer al mismo tiempo.

    Notamos que le faltaba poco para acabar estaba como poseída saltado sobre mi pene.

    Alberto: Clara, su ano.- no hizo falta más, yo también estaba por acabar.

    Clara le metió dos dedos en su ano, y mi jefa empezó a acabar fuertemente, no termino ahí y se tiro sobre mi pecho y se quedo inmóvil, aproveche y la agarre de las nalgas y empecé a hacer fuerza con mis piernas y la levante un poco, empecé un mete y saca brutal que llevo a mi jefa a otro orgasmo más, mientras que Clara le seguía taladrando el culo con sus dedos, yo no aguante más y me vine dentro de ella.

    Clara se termino de desvestir, se fue y volvió con algo para tomar, nos dio dos vasos, mientras tomaba se metió entre las piernas de Susana que estaba al lado mío y empezó a lamer su vagina y me semen que salía de allí, no contenta Clara con eso llevo una mano hacia mi pene y empezó a acariciarlo, mi pene todavía estaba sensible y ver a una mujer tan bella comiéndole la vagina a otra con el culo levantado es un estimulo que levanta a cualquier muerto, que virus zombi ni nada, show lésbico levanto mi muerto.

    Clara: Creo que me toca a mi.- dijo relamiéndose, no pudo hacer mucho porque Susana la obligo a seguir con lo suyo.

    Me puse atrás de Clara y la penetre, que rica sensación, que nalgas más preciosas, redonditas trabajadas de gimnasio, las abrí bien y mientras la penetraba empecé a jugar con su ano, mientras la jefa la insultaba, la llamaba puta caliente, perra, que si cuando estuviera preñada iba a ser igual de puta, todas cosas que denostaba la calentura de ambas féminas, porque la verdad es que Clarita también estaba igual expulsando bastante liquido. Cuando note que su ano se había dilatado bien, enterré mi pulgar en él, Clara exploto en un orgasmo magnifico, justo en ese momento Susana también tenia un orgasmo. Esta última se repuso más rápido y se dirigió hacia mi pene a mamarlo.

    Clara: No zorra, me toca a mi, todavía no recibo su leche.- dijo hablando entrecortado.

    Era evidente que había reglas entre ellas, Susana me dejo y se fue a buscar algo, mientras que Clara me hizo acostar y se subió sobre mí, ella le costaba respirar no se había repuesto, y movía sus caderas muy lento, cuando vi que la jefa volvía del vestidor, se había puesto un arnés y un pene de goma en él, traía un bote de lubricante en la mano que colocaba en el pene como masturbándolo, su vista estaba clavada en las nalgas de su amante. Se subió a la cama y tomo por detrás abriendo las nalgas de Clara, yo vi como se le desfiguro el rostro mientras la jefa la penetraba, hubo un rictus de dolor.

    Ella empezó a insultarla en todos los idiomas conocidos, apoyo la cabeza contra mi hombro, dejándole mejor posición para que su amiga la penetrara, mientras Susana tenia una sonrisa diabólica, yo sentía el pene de plástico dentro del ano.

    Susana: Así que la perrita quería pene, se cansara hoy de comer penes por todos lados.

    La jefa estaba poseída y bombeaba el ano de su amiga para detonarlo. Mientras que Clara jadeaba en mi cuello, la verdad es que notaba que ya se le había pasado el dolor y estaba gimiendo de gusto, yo tome sus nalgas y las abrí más para que la penetración fuera más profunda, Susana me sonrió y empezó a darle con todo mientras que golpeaba sus nalgas donde mis manos se lo permitían. Clara un par de minutos después volvió a acabar fuertemente, las contracciones de su vagina más la presión que ejercía el pene de plástico hicieron que yo también me viniera dentro de ella, y como ultimo Susana también acabo. Todavía lo hicimos un rato más esa noche, aunque la intensidad bajo evidentemente.

    Dormimos hasta pasado el medio día, esta vez quería descansar bien, por lo que me tocaba ese Sábado, nos levantamos directamente a almorzar, la buena onda entre los tres era algo que me gustaba, creo que había logrado romper la coraza de Susana, que si bien es la más distante de las cuatro mujeres ya me trataba como uno más del grupo, charlaba, incluso yo la empujaba o le daba una nalgada en la cocina y solamente me dedico una sonrisa. Las chicas querían que durmiera la siesta con ellas, la verdad es que no creo que hubiera funcionado, llevaba dos noches bastantes agitadas, y la otra es que no iba a descansar. De ahí me fui a mi departamento a dormir una siesta, luego me bañe y cambie para irme a la casa de mi novia.

    Algo que no conté fue que el viernes a la tarde y el sábado, me llegaron muchísimos mensajes de mi hermano, mi madre y mi padre, preguntándome por mi novia, por el salón de eventos, por Julieta y todo esto, yo conteste con evasivas, y les dije que le explicaría en el cumpleaños. Recién el sábado a la tarde pude hablar con mi hermano, me dijo que mi mamá estaba eufórica porque el sábado al medio día fueron a ver el salón, incluso le presentaron a la banda que tocaría en vivo y el DJ, también probó el menú, me dijo que para estar a la altura los tres habían ido a comprarse ropa nueva.

    También me comento que iría su novia, yo la conocía, era Elena la mejor amiga de mi ex, y un poco arpía e interesada, salían hace un par de meses, físicamente era linda chica, yo siempre sospeche que ella le aconsejo a mi ex que termináramos, pero bueno si fue así fue para mejor.

    Cuando mi madre me conto hace un tiempo que mi hermano estaba saliendo con Elena pensé que no era mujer para él. Haber ella siempre había salido con hombres de plata, muchos más grandes que ella, y siempre me veía a mi poca cosa para su mejor amiga, incluso alguna vez vi un mensaje que le había mandado a mi ex diciendo, amiga tu te mereces lo mejor, tu te mereces más en tu vida. Pero como dije si ella ayudo a que yo estuviera ahora donde estoy, le estaba agradecido.

    Yo espere en la casa de mi novia, a Juli y Vale que habían ido a la peluquería, también de compras para comprarse un vestido y un regalo para mi madre, que me lo dio a mi, era un reloj de Bulgari con detalles en oro dorado y blanco, cuando vi la factura casi me da algo, 25.500 dólares, no la pude interrumpir porque llego su maquillador, estas mujeres no dejaban nada la azar, Juli me saco de allí y me llevo a tomar un café a la cocina, hablamos animadamente incluso me conto su noche con sus ex compañeras, me dijo que Vale la paso fatal, ella por su carácter no le importaba y le resbalaba todo.

    Y como si nada hizo referencia a mi noche con las chicas, con una sonrisa socarrona, me dijo que tenía que empezar a formar mi equipo de futbol con mis hijos.

    Cuando bajo Valentina la verdad valió la pena la espera, sus cabellos rubios, sus ojos verdes todo resaltaba por el peinado y maquillaje, estaba embutida en un vestido gris con brillos que se pegaban a su cuerpo, estaba anudado a su cuello su espalda descubierta, y unos zapatos a juego, era la elegancia personificada, resaltaban sus curvas sin ser algo vulgar, la verdad es que mi corazón latió más rápido cuando la vi.

    Salimos casi justo, ella quería que fuéramos en el helicóptero de la empresa, yo no vi la necesidad por 150 km, es más ya me costaría explicar todo esto se imaginan si caigo en un helicóptero, algo que me había dado cuenta de ellos, es que no les interesaba mostrarse, me explico algunos ricos que había visto se compraban los súper deportivos más caros, limosinas o yates ultra lujosos, para ellos la ostentación no era algo prioritario, si bien tenían buenos autos o casas, la mayoría eran casas lujosas en barrios caros, pero que no desentonaban con la del vecino, la única excepción era la mansión de Susana.

    Valentina quiso que viajáramos en su Mercedes Benz AMG GT C Roadster, en algo tenia que ceder así que maneje el autito de mi novia. Cuando agarre la autopista me di el lujo de acelerarlo y probar su potencia, es algo una adrenalina única.

    El camino fue entretenido, porque fuimos hablando de que le podíamos decir a mis padres, como no nos decidíamos hicimos una video conferencia con todo el circulo. Nos fuimos riendo de cada una de las ocurrencias, Juli dijo que dijera que tenía un Harem, Clara que dijera que estaba en una pareja poli amorosa, Susana sostenía que teníamos que decir la verdad y no importar lo que dijeran los demás, y Hernán era la más sensata decir una verdad a medias. Bueno los chicos nos acompañaron parte del camino hablando con nosotros.

    Llegamos al salón era contiguo a un hotel casino de cinco estrellas, el único de mi ciudad. Estamos llegando tarde, ya mi hermano me había mandado un par de mensajes. Estacionamos y entramos al salón, estaba todo divino, la entrada con muchas flores como le gusta a mi mamá.

    Uno entraba al salón y tenia un patio interno con una fuente y muchas flores, la música estaba suave y todos estaban parados conversando mientras mozos servían bebidas y canapés. Cuando entre con mi novia todos se nos quedaron mirando, claramente Valentina era el centro de atención todas las miradas se fueron hacia ella, y no es para menos su juventud, diez años menos que yo, su belleza una rubia ojos verdes con una cara de nena buena, su cara era pura dulzura y ternura, vestida exquisitamente y con un andar que parecía un gacela. Alcance a ver a mis parientes de España, a mi ex con la novia de mi hermano, y mi familia que venia a recibirme. Esta noche se ponía cada vez más interesante.

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  • El regreso del señor

    El regreso del señor

    El sol se ocultaba tras las colinas, tiñendo el cielo de un rojo profundo, cuando el señor cabalgó hacia su castillo. Su figura imponente, envuelta en una armadura de cuero negro que relucía bajo los últimos rayos, parecía fundirse con la montura. La indumentaria era una obra maestra de artesanía: una túnica ajustada de cuero curtido, moldeada a su torso, con costuras reforzadas que crujían suavemente con cada movimiento.

    Sobre ella, un jubón de cuero grueso, teñido en negro azabache, con bordes reforzados en cuero rojo, ceñido por un cinturón ancho del mismo material, adornado con hebillas de bronce que brillaban al movimiento del galope. Sus piernas estaban cubiertas por pantalones de cuero flexible, ajustados como una segunda piel, metidos en botas altas hasta la rodilla, hechas de cuero endurecido en las suelas y suave en el interior, con espuelas que tintineaban al ritmo del galope.

    Su espalda se encontraba en una funda de piel de lobo y, sus manos enfundadas en guantes de cuero negro, largos hasta los codos, con dedos reforzados para empuñar la espada o el látigo. Cada pieza era una extensión de su ser; el cuero se adhería a su cuerpo como un amante posesivo, cálido y restrictivo, protegiéndolo del viento mientras exudaba un aroma terroso, animal, que lo envolvía en éxtasis.

    El señor inhaló profundamente, sintiendo el roce del cuero contra su piel sudorosa después de un largo día de ejercer justicia en sus tierras. «Nada me iguala a esto», pensó, apretando el mango de la fusta contra la palma enguantada. «El cuero me ciñe, me contiene, me convierte en ley». “¡Ah, qué dicha incomparable!” murmuró para sí mismo, su voz ronca de placer. – “Esta ropa de cuero completa me hace invencible, me envuelve en un abrazo eterno que despierta cada fibra de mi alma. me permiten sentir el mundo a través de una barrera de poder.

    Me hacen sentir vivo, dominante, como si el cuero fuera mi propia carne endurecida por la batalla y el deseo”. Acarició con una mano enguantada el mango de su espada, y una sonrisa de pura felicidad iluminó su rostro barbado.

    Al fin, las puertas del castillo se abrieron con un gemido de bisagras oxidadas. El señor desmontó, sus botas pisando el empedrado. Allí, en el patio iluminado por antorchas, lo esperaban sus tres doncellas, entregadas para sus placeres por los pueblos bajo su dominio a cambio no ejerciera el derecho de pernada en todas las mujeres contrajeran matrimonio en sus dominios. Asi Lira, Elara y Mira, se encontraban alineadas en una reverencia sincronizada, sus figuras esbeltas envueltas en atuendos que eran un himno al cuero y la sumisión.

    Lira, la mayor, llevaba un vestido largo de cuero negro brillante, que caía hasta sus tobillos como una cascada de medianoche. El corset de cuero, ceñido con cordones cruzados en la espalda, realzaba sus curvas generosas y empujando sus pechos hacia arriba en un escote profundo bordeado de encaje de cuero fino. Sus guantes largos, de cuero blanco cremoso, subían hasta los hombros, ajustados como una caricia eterna, con puños adornados en hebillas plateadas. El tocado era una corona de cuero negro trenzado, con velos translúcidos que caían sobre su cabello dorado, sujeto por tiras de cuero que se entretejían como cadenas de deseo.

    Elara, de piel morena y ojos ardientes, vestía un vestido similar pero en cuero marrón terroso, largo y fluido. Su corset de cuero negro, realzaba sus caderas. Los guantes, largos y de cuero verde bosque, llegaban hasta los codos, con dedos elongados que terminaban en puntas afiladas, ideales para arañar o acariciar. Su tocado era un yelmo ligero de cuero, con plumas de cuervo insertas en tiras cruzadas, que enmarcaba su rostro como un marco de dominación.

    Mira, la más joven y delicada, lucía un vestido de cuero azul profundo, ceñido desde el cuello alto hasta los pies, con mangas acampanadas que ocultaban sus guantes largos de cuero plateado, que subían hasta los bíceps y brillaban como luna llena. El corset, de cuero negro con incrustaciones de perlas, apretaba su cintura , acentuando la fragilidad de su silueta. Su tocado era una red de tiras de cuero entrelazadas, adornada con joyas que tintineaban suavemente, sujetando su melena negra en un moño elevado.

    Las tres exhalaban un aroma embriagador: el olor corporal de sus cuerpos femeninos, cálido y ligeramente salado por el esfuerzo del día, mezclado con el cuero fresco y curtido de sus atuendos. Era una sinfonía olfativa —sudor dulce de Lira, almizcle terroso de Elara, y un toque floral salvaje de Mira—, fundido con el perfume animal del cuero, que impregnaba el aire como un afrodisíaco.

    El señor se acercó, sus guantes rozando los de ellas al saludarlas, y el crujido colectivo de los materiales fue como un coro de bienvenida. “Mi señor, bienvenido a casa”, murmuró Lira, su voz un susurro que invitaba a la intimidad, el corazón del señor latio con la misma felicidad que le provocaba su propia vestimenta. Las tres usaban un cinturón de castidad oculto bajo las faldas.

    El señor las miro, el silencio no duro mucho, mientras pensaba cual de sus doncellas amancebaría dicha noche. Levantaos —ordenó. Las tres se pusieron de pie con la lentitud que él había entrenado: rodillas primero, luego caderas, finalmente el torso, siempre con la mirada baja. El crujido colectivo de sus atuendos fue un coro de sumisión.

    Entonces llamo a su favorita, Lira dio un paso al frente. Sus guantes blancos rozaron el jubón .—Mi señor, el baño está preparado. Caliente. Con aceites aromáticos, – entonces el señor deslizó un dedo enguantado bajo la barbilla de Lira, obligándola a alzar el rostro. El olor de ella —sudor y cuero, — lo golpeó como un latigazo. — Lo que le provoco una erección espontanea.

    Entraron al salón principal. Las antorchas proyectaban sombras que danzaban sobre las paredes de piedra. El señor se sentó en su trono de roble tallado, piernas abiertas, fusta sobre el regazo. —Desnúdense —ordenó—. Entonces las vio desnudas, con su fusta, rozo sus cinturones de castidad. Las muchachas se estremecieron, pero no se movieron.

    Entonces el señor decidió —Esta noche —dijo el señor, con, voz grave como el trueno— escogeré a Elara, deseo te coloques un traje de cuero que cubra todo tu cuerpo, deseo escuchar mientras cruje, oler a vuestro cuerpo sometido me excita, y asi vestida os deseo poseer, recordaréis que incluso vuestros latidos me pertenecen. El resto puede retirarse a sus aposentos aséense y descansen, ya que puede que mas tarde las requiera

    La doncella elegida inclino su cabeza. El aroma —sudor, cuero, deseo reprimido— llenó la sala como incienso. Afuera, la luna se alzó sobre el castillo, testigo silencio del festín de sensaciones que apenas comenzaba.

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  • Milf nalgona se venga de su hijo

    Milf nalgona se venga de su hijo

    Todo el mundo dice que “la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena” pero, el día de hoy, les voy a contar una historia donde la venganza no solo fue gratificante para la perpetradora, sino también para la víctima, por muy imposible que eso pueda parecer.

    Antes que nada, les voy a hablar de Kevin, un joven que, tras graduarse de la secundaria, decidió que quería ser neurocirujano. Sin embargo, como en el pueblo en dónde vivía no existían universidades, se fue a la gran ciudad, alquiló un pequeño departamento, consiguió un trabajo de medio tiempo en un restaurante de comida rápida, y se anotó en una universidad pública.

    Durante los siguientes dos años, Kevin se la paso todos los días ocupado, pues durante la mañana estudiaba, durante las tardes trabajaba para obtener dinero para pagar la renta y los víveres que consumía, y durante las noches estudiaba para poder progresar en sus estudios, pero todo eso estaba a punto de cambiar.

    Un día, tras regresar del trabajo, Kevin, quien en aquel entonces tenía 19 años, vio a una mujer parada al lado de la puerta de su departamentos con varias bolsas de supermercado en las manos, y se sorprendió, porque dicha mujer era su madre.

    Marín, la madre de Kevin, era una mujer de 39 años la cual tenía la piel muy bronceada, el pelo negro y corto y, aunque tenía tetas de tamaño normal, poseía una cadera muy amplia, unos muslos muy gruesos y firmes, y un par enorme de nalgas.

    “¡Pero si es mi hijo querido!” exclamó la milf, con alegría.

    “¡Hola, mamá!” exclamó Kevin, contento, mientras abrazaba a Marín “¡No sabes cuánto me alegra verte! ¿Qué te trae por aquí?”

    “¿No es obvio? ¡Vine a hacerle una visita a mi querido hijo, y a hacerle una comida especial para celebrar el reencuentro!”

    “¡Genial!”

    Kevin guio a su madre hasta su apartamento, y luego le abrió la puerta para dejarla pasar.

    “¿Así que este es tu hogar?” pregunto Marín, mientras dejaba las bolsas sobre el mesón de la cocina “¡No está nada mal, aunque le falta el toque femenino!”

    “¿Que vas a cocinar, mamá?” pregunto Kevin, con gran entusiasmo.

    “¡Pastel de carne, tu plato favorito!” exclamó la milf, y luego se dio cuenta de algo “¡Uy, que torpe! Olvide los tomates ¿Serías tan amable de ir a comprar algunos? Es que yo no conozco bien está ciudad”

    “¡Claro, ya regreso!” exclamó Kevin, mientras salía del apartamento.

    En cuanto su hijo se fue, Marín saco un florero de su bolsa, el cual tenía una cámara escondida, y lo coloco sobre la mesa.

    Más tarde, por la noche, madre e hijo cenaron juntos, al tiempo que charlaban.

    “¡Realmente estuvo muy buena la comida, mamá!” exclamó Kevin, mientras se limpiaba la boca “¡Realmente extrañaba tu cocina!”

    “Si tanto la extrañabas ¿Por qué no fuiste a visitarme aunque sea una vez?” pregunto Marín, molesta “¡No he sabido nada de ti desde que te fuiste de casa hace más de un año!”

    “¡Perdón, es qué no he tenido tiempo! He tenido que estudiar y trabajar”

    “¿Y no pudiste, aunque sea, haberme llamado o, por lo menos, enviarme un puto mensaje? ¡La verdad, estoy muy enojada contigo pues, básicamente, me dejaste completamente abandonada, como lo hizo tu padre!”

    “¡Tampoco seas tan melodramática! Todo eso ya no importa, pues ya estamos juntos de nuevo ¿O acaso no me visitaste a visitar porque querías verme?”

    “¡En parte sí fue por eso, pero también vine a buscarte para vengarme de ti por haberme dejado sola durante más de un año!” exclamó Marín, quien rápidamente agarro a su hijo de la nuca, y le dio un beso muy ensalivado y apasionado.

    Kevin trato de despegar su boca de la de su madre, pero está lo tenía bien agarrado, al tiempo que metía su lengua tan adentro de la garganta como podía. Finalmente, la milf soltó a su hijos y este quedó en estado de Shock por lo que le habían hecho

    “¿Pero qué mierda te pasa, mamá?” preguntó el joven, quien tenía una gran erección.

    “Me pasa que, durante mucho tiempo, estuve pensando en que te haría para vengarme de ti, y me di cuenta de que el mejor castigo que te puedo dar es generarte un pequeño trauma abusando sexualmente de ti” exclamó Marín, mientras se sacaba los pantalones, dejando en libertad a su culo gordo “¡Es lo mínimo que se merece un desagradecido como tú!”

    Al percatarse de lo que su madre quería hacer, Kevin intentó huir, pero Marín se abalanzó sobre él, lo derribo, lo agarro de las piernas, y lo arrastró hasta el sofá de la sala.

    Luego, la milf envolvió sus piernas al rededor del cuello de Kevin y, haciendo uso de sus gruesos, gigantescos, y poderosos muslos, empezó a estrangular a su hijo.

    “¡Mama, detente!” exclamó el joven, mientras luchaba en un banco intentó de liberarse “¡Me asfixias!”

    “Pues así es como yo me sentía cuando no sabía nada de ti ¡Sentía que me faltaba el aire!” exclamó la milf, mientras seguía ejerciendo presión sobre el cuello de su hijo “Te dejare respirar si gritas: “¡Soy la putita de mamá!””

    “¡De ninguna manera!” exclamó Kevin pero, al sentir que el aire lo abandonaba, decidió ceder “¡Está bien, tu ganas! ¡Soy la putita de mamá!”

    “¡No creo que estés siendo sincero! ¡Gritarlo como si realmente lo fueras, porque lo eres!”

    “¡Soy la putita de mi mamá!” grito el joven, con todas sus fuerzas, y su madre dejo de estrangularlo.

    Aprovechando que su hijo estaba aletargado por la falta de oxígeno, Marín le agarro la cabeza de este, y aplastó la boca de Kevin contra su coño húmedo y perfectamente depilado.

    “¡Mete tu lengua allí adentro, puta sucia!” ordenó la milf.

    “¡Pero mamá…!”

    “¡No me cuestiones!” exclamó Marín, mientras sale daba un fuerte tirón de orejas a Kevin “¡Las putitas no cuestionan, obedecen sin rechistar!”

    Al no tener más opción, Kevin termina metiendo su lengua dentro del coño de su madre, haciendo que está gimiera.

    “¡Dentro de todo, no puedes quejarte!” exclamó ella, de forma sarcástica, mientras disfrutaba del sexo oral “¡Pese a que has sido un mal hijo, yo igual te prepare una buena cena, y también estás disfrutando de un rico postre! ¿No te parece?”

    “¡No conforme con abusar de mí, encima se burla!” pensó Kevin quien, pese a estar muy excitado, se sentía humillando.

    Tras mucho sexo oral, Marín empujó a Kevin sobre el sofá, y dejó caer violentamente su culo sobre su cara, para luego levantarse, y repetir el mismo movimiento varias beses.

    “¡Mama, detente!” dijo el joven, justo antes de que su cara quedará dentro de las inmensas nalgas de Marín “¡Me plastas!”

    “¡Pues tú aplastaste mi corazón al dejarme sola, así que te la aguantas!” exclamó la milf, y luego restregó su trasero contra la cara de su hijo “¡Ahora, quiero que me comas el culo a besos!”

    “¡No, eso es muy humillante!” exclamó el joven, mientras trataba de sacarse a su madre de encima.

    “¡Pues entonces espero que estés cómodo, porque no me voy a levantar hasta que sienta tu lengua mal agradecida entre dentro de mi culo!” Afirmó la milf, y luego cruzo sus brazos.

    Al percatarse de que no tenía más opciones, Kevin se dio por vencido, y comenzó a chupar el culo de su madre.

    “¡Yo sabía que, como la buena putita que eres, ibas a terminar cediendo!” exclamó la milf, entre gemidos “¡Es tu obligaciones darme placer para compensar todo el daño que me hiciste!”

    Los besos negros que Kevin le dió a Marín fueron tan intensos que, al momento en el que la milf separó su trasero de la boca de su hijo, varios hilos de baba seguían uniendo la lengua del joven al culo de su madre.

    Luego, Marín se puso sobre Kevin, y guío la verga de este hacia su coño.

    “¡Piedad, mamá!” exclamó Kevin, mientras todo su cuerpo temblaba de la excitación “¡Usemos condón por lo menos!”

    “¡A las putitas se las coge sin condón!” dijo la milf, mientras la verga de su hijo penetraba su coño.

    Madre e hijo pegaron un grito de placer al momento de unir sus cuerpos y, una vez superado el gran placer inicial, la milf se empezó a mover con gran violencia, haciendo que la verga de su hijo entrara y saliera de su coño a gran velocidad.

    “¡Vamos, puta sucia, gime para mí!” grito Marín, quien le dio una bofetada a su hijo, y luego lo beso apasionadamente “¡Gime para tu mamita!”

    “¡Dios, el coño de mamá es mil veces mejor que el de las otras chicas con la que he estado, ya que es más húmedo y más apretado!” pensó Kevin, mientras recibía los potentes movimientos de su madre “¿Cómo es posible que este disfrutando el abuso sexual que me está propinando mi propia madre? ¡No puedo caer más bajo!”

    Un rato después, Marín le dio la espalda a su hijo, saco la verga de este de adentro de su coño, y se la metió en el culo.

    “¡Voy a romperte la cadera a puro sentones, sucia puta de mierda!” exclamó la milf mientras ella y su hijo tenían sexo anal “¡Y que no se te ocurra venirte hasta que yo lo haya hecho primero porque, si lo haces, juro que te arrepentirás!”

    “¡Su culo está mucho más apretado que su coño!” pensó Kevin, quien ya babeaba y lloraba de placer “¡No sé cómo voy a hacer para aguantar!”

    Finalmente, tras mucho sexo, madre e hijo tuvieron un orgasmo al unísono, y Marín se desplomó justo al lado de su hijo.

    “¿Quién dice que la venganza te deja vacío por dentro? ¡Yo me siento bien llena y muy satisfecha!” exclamó Marín, mientras sus culo chorreaba semen.

    “¡Eso fue… fue… no tengo palabra para describir lo que sentí!” exclamó Kevin, agotado “¡Pero, por lo menos, ya podré volver a mi vida normal!”

    “¡Sabía que dirías algo así, y es por eso que grave todo lo que hicimos!” exclamó Marín, mientras agarraba el florero que dejó sobre la mesa “¡Sonríe a la cámara!”

    “¿Nos filmaste?” pregunto él joven, sorprendido “¿Pero para qué?”

    “¡Para asegurarme de que no me volverás a abandonar! De ahora en adelante, me tendrás que visitar todos los domingos, para que pasemos tiempo juntos, charlar de lo que hicimos en la semana y, por supuesto, tener sexo salvaje. Si tú no me visitas o no me complaces en la cama, juro que subiré el video de lo que hicimos está noche a internet, y todos sabrán no solo que fuiste dominado sexualmente por tu propia madre sino que, además, lo disfrutaste ¿Fui clara?”

    “¡Si… muy claro!” respondía, preocupado.

    “¡Genial! Bueno, eso es todo, ahora volveré al hotel donde me hospedó, porque mañana regresaré al pueblo” dijo contenta Marín, y beso a su hijo “La verdad, pese a todo, realmente me encantó reunirme contigo, hijo ¡Cuídate, Kevin, nos vemos la semana que viene!”

    En cuanto su madre se fue del departamento, Kevin se fue hasta su cuarto y se acostó en la cama para pensar en todo lo que le había pasado, sin estar seguro si debía considerar la “venganza” de su madre como un castigo o como un premio.

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  • Mi joven esposa (1): Don José, mi vecino de 55 años

    Mi joven esposa (1): Don José, mi vecino de 55 años

    Yes y yo nos casamos un abril, nos mudamos a mi departamento situado en la localidad en la que había vivido desde que era un niño, si bien mis padres hace mucho que se habían cambiado de ciudad, por mis amistades, proyectos y planes en pareja (que terminaron fracasando), yo había decidido continuar ahí. Tenía algunos familiares cercanos, pero más que nada, los vecinos eran los de toda la vida, aunque muchos de ellos con los que crecí, no habían terminado en buenos pasos, tampoco le daba importancia.

    Yes se adaptó pronto al cambio, es una mujer alegre, valiente, carismática, por lo que fue bien recibida en el barrio y por mi familia. Nuestra vida diaria se fue haciendo rutinaria, mas no aburrida, todos los días salíamos a trabajar, regresábamos, preparábamos algo para la cena e íbamos a la cama, como recién casados el sexo era una constante, no habíamos perdido ni el apetito ni mucho menos la imaginación.

    Cada día me sorprendía más Yes, le gustaba jugar conmigo, inventábamos juegos en la cama, pero también cuando estábamos afuera, coqueteaba y me buscaba dar celos, tenía muchas amistades adquiridas con los años, yo jamás le prohibí seguirles hablando o visitarlos de vez en cuando, así que ocupaba un amigo u otro amigo para picarme. Si bien no me molestaba, si conseguía su objetivo, en la cama la aleccionaba por ser una niña mala, le gustaba ese tipo de juego.

    Una ocasión que salimos de fiesta, pasamos la noche de lo más normal como pareja, al hacerse algo tarde y estar en estado inconveniente, decidimos pedir un carro de plataforma, la persona que nos recogió era un chico entre un hombre entre los 35 y 40 años aproximadamente, en el camino nos vino haciendo la plática, bueno, en realidad hablo más con Yes que conmigo, ella hizo todo lo posible por desaparecerme de la conversación y cuando yo intentaba intervenir, rápido conseguía llamar de nuevo su atención.

    Se aseguro de que el chico no supiera que éramos pareja, le preguntaba sobre sus aventuras como chofer, sobre todo esas nocturnas, él en efecto había tenido algunas experiencias, las platicaba con total tranquilidad, sin segundas intenciones, pero Yes era coqueta y terminó dándole insinuaciones, como si quisiera que el chico se fijara en ella.

    Así fue como el chico se puso nervioso, no le habíamos dado indicios de que fuéramos algo, pero supongo que aún dudaba, siguiendo el juego de Ye yo no hice nada por cortarlos, como si solo fuera su amigo y pasara de lo que estaban hablando. El con más confianza le platico sobre una pareja, la cual había tenido la oportunidad de realizar viaje con ambos por separado, ellos mismos le habían confesado, desde la perspectiva de cada uno, una infidelidad.

    Primero contó que la mujer de esta pareja había realizado un viaje con él, habían conversado y se agradaron, le dijo que era soltera y le dio su número, tiempo después esto dio una oportunidad de que se conocieran y llegaran a intimar, tiempo después le dio un servicio al hombre, él le había platicado que sospechaba que su pareja lo engañaba y conforme le dio más detalles, cayó en cuenta que hablaba de la chica con la que había salido.

    No le dijo más al chico, terminó su viaje y continuó su labor normal, poco después, de nuevo viajó con la chica y aunque dudaba en decírselo, le terminó preguntando si era verdad que no tenía pareja, ella se lo confirmo, no tenía pareja, en ese momento le entró una llamada, ella contestó y resultó ser su pareja, ahí mismo en el taxi ella discutió con él, y le negó estar viéndose a escondidas con alguien, al finalizar la llamada se quedó callada, terminó confesando que si tenía pareja y que lo que había ocurrido entre ellos era solo una calentura, si él no decía nada lo podían dejar tal como está.

    El chico del taxi acepto, pues igual él no debía nada ni quería problemas, otros días más tarde volvió a coincidir con el chico, no le platicó nada, pero sintió pena por él, sabia que ella lo estaba engañando y el mismo había sido uno de los chicos con los que tuvo sexo.

    Este relato mantuvo a Yes muy entretenida, tanto que ya estábamos por llegar a nuestro departamento, el chico del taxi ya estaba muy nervioso por la forma en que ella lo trataba, pero finalmente llegamos y descendimos de la unidad. Cuando el chico arrancó, Yes me dijo que algo se le había olvidado dentro del vehículo, le hizo señas desde donde estaba y el taxi se detuvo, camino hacia allá, cruzó palabras con el chico y de nuevo se subió al taxi, estuvo unos instantes buscando lo que supuestamente se le perdió, yo solo la esperaba desde la entrada, poco después descendió de nuevo, regreso conmigo y me dijo que se había equivocado, no había dejado nada en el auto, todo esto con una sonrisa pícara.

    Entramos al departamento y ahí mismo la tomé de la cintura y la subí a la mesa, la besé con gran intensidad, ella me mordió los labios, señal de ella cuando está muy excitada.

    K: te gusto jugar con el taxista

    Y: si, mucho

    K: lo pusiste muy nervioso

    Y: si lo note

    K: no te importo que yo estuviera ahí

    Y: si me importo, solo quería hacerte enojar

    K: mira lo que conseguiste

    Lleve su mano a mi paquete, ella lo acarició por encima del pantalón

    Y: veo que estas excitado

    K: tú tienes la culpa

    Y: ¿yo o el taxista?

    K: tú, él ni siquiera tuvo el valor de dar un paso

    Y: quizás es porque estabas tú

    K: si quieres me voy

    Y: está bien, al fin que me dio su tarjeta

    En efecto, le había dado una tarjeta de otro negocio de imprenta que tenía, en realidad era su teléfono celular disfrazado, al final ella si le había podido sacar algo, esto me puso a mil y la levanté de nuevo, la lleve a la recamara y la arroje a la cama, me desnude e hice lo mismo con ella, sin piedad me introduje en ella, no había necesidad de un preámbulo, Yes ya se encontraba totalmente húmeda y su orgasmo llego rápido. Tras finalizar la sesión de sexo, le pregunte:

    K: ¿Qué fue eso?

    Y: ¿qué?

    1. pedirle su tarjeta

    Y: él me la dio, yo no se la pedí

    K: ¿en serio estás interesada en él?

    Y: ¿qué?, ¿quieres hacer un trío? Jaja

    K: bueno no, aunque tampoco es que me de miedo

    Y: vaya, que abierto me saliste

    K: no se si abierto, pero al menos no temo experimentar

    Y: ya para, solo fue un juego

    Así se quedaron las cosas, para Yes solo había sido uno de sus juegos, un esfuerzo para ponerme celosos y sacar a ese animal en mí, pero para mí, había sido despertar ese monstruo oculto que creía haber superado, la idea de saber que mi esposa pudiera tener sexo con otra persona me empezó a abordar la cabeza y esa idea me causo excitación. Pese a encontrarme con ese deseo nuevamente, esta ocasión fui precavido, decidí no tocar el tema, en este caso Yes era mi esposa, no es que decirle algo como eso fuera fácil, pese a lo atrevida y coqueta que era, no me aseguraba que en realidad pudiera aceptar algo así, una propuesta de esa magnitud puede terminar con un matrimonio.

    Pasamos el tiempo con normalidad, por algunas situaciones Yes tuvo que cambiar de trabajo, por lo que nuestros horarios ya no coincidían en la mañana, ella salía un poco más tarde, por lo que se tendría que ir sola, fue poco tiempo hasta que me contó sobre un señor que la había estado acercando a su trabajo.

    Y: ¿conoces a un tal José?

    K: ni idea, de donde lo conoces

    Y: es un vecino, tiene una camioneta blanca

    K: oh ya, un moreno cincuentón

    Y: si, supongo que en esas anda

    K: si lo conozco, es uno de los más grandes que se juntan en la calle a beber y ese tipo de cosas

    Y: si se ve de cuidado

    K: ¿por qué?, ¿te ha dicho algo malo?

    Y: no, solo es que…

    K: ¿qué?

    Y: Me ha estado llevando durante las mañanas

    K: ¿hasta tu trabajo?

    Y: bueno no, solo me acerca

    K: ¿todas las mañanas?

    Y: al principio no, pero últimamente sí

    El tema quedó ahí, solo lo vi como una curiosidad, más no pensé que fuera a escalar, la confianza que tenemos es mucha y la comunicación también, cada tanto me platicaba sobre lo que conversaba con don José, cosas inocentes, trabajo, familia, él le platicaba sobre su juventud y ella sobre su vida y nuestro reciente matrimonio, don José le menciono que me conocía desde niño, pues yo me juntaba con sus hijos a jugar futbol, también le mencionó sobre las parejas que había tenido y que ellos habían visto entrar a mi departamento.

    Nada de eso era nuevo para Yes, ya conocía mi pasado y a las personas con las que había salido en el trabajo, pues había coincido en su estancia con Lau y Ani, aunque no se lo mencione a ella, las intenciones de don José me eran evidentes, clavar una aguja de duda en Yes, con esto en mente y mis experiencias previas, lo lógico era no darle oportunidad a don José de continuar con su plan, pero por algo estos relatos tratan de mis cuernos, así que como en todas las anteriores ocasiones, don José entró a las fantasías de pareja en la cama.

    Si bien, Yes era muy caliente y le gustaban este tipo de juegos, debo reconocer que en esta ocasión sus reacciones eran muy intensas, talvez por que tenia guardadas esas ganas por todas las mañanas en que estuvo en la camioneta con él o porque era una persona relativamente cercana, el asunto es que sus orgasmos eran muy intensos al terminar, de alguna manera esto me perturbaba, pero me excitaba a la vez.

    El juego siguió por la mañana, yo mismo la incite a que saliera en una hora diferente, para ver si don José realmente la esperaba para salir o solo era una coincidencia, cuando al fin salió, una hora después, en efecto, la camioneta de don José se arrancó detrás de ella y la alcanzó, desde la ventana solo pude ver como se acerco a Yes, se dirigieron unas palabras y ella terminó subiendo, tomaron el camino y desaparecieron de mi vista.

    Yo me dirigí a mi trabajo intentando seguir mi rutina normal, sin embargo, tenía la mente llena de pensamientos que no me dejaban concentrarme, me inquietaba un poco la situación, no solo era que tuviéramos un juego entre ella y yo, donde le permitía coquetear con otros, también reconocía como hombre, que las intenciones de don José eran claras, llevarse a la cama a Yes. Por si no fuera poco, él no era como los amigos de ella, le conocía desde que era pequeño y sabía perfectamente el tipo de hombre que era, sobre todo en su juventud, mi esposa era una niña inocente ante un lobo voraz.

    El día se me hizo eterno, pero al fin llegó la noche y la hora de reencontrarnos, nos saludamos normal, compramos algunas cosas y nos dirigimos a casa, cocinamos como todas las noches y cenamos juntos, en la conversación solo hubo cosas habituales de la rutina y el trabajo, como si lo demás no interesara, cuando llegó la hora de acostarse parecía que todo terminaría así, pero no, Yes se desnudo y me mostro su cuerpo cubierto por un conjunto verde agua, el cual estoy seguro no se puso esa misma noche, “lo tendría desde la mañana” pensé, la acaricie y al llegara a su vagina lo note, estaba super húmeda, todo el día había estado aguantándose las ganas, ¿o había algo más?, la duda me pudo y tuve que preguntar, a la vez que la masturbaba para estimularla.

    K: ¿Qué ocurrió hoy?

    Y: tenías razón, me espera a propósito

    K: claro, es obvio, pero cuéntame, ¿pasó algo?

    Y: si y no

    K: vamos, no me hagas sufrir

    Y: se me acercó como de costumbre y me invitó a subir, yo acepté con normalidad. En el camino me platico que tenia que ir a hacer un trabajo, pero que le daba pereza y me pregunto si yo me había ido de pinta cuando era joven

    K: vaya ¿y si lo hiciste en tu juventud?

    Y: no, nunca

    K: y se lo dijiste

    Y: si, por qué habría de mentirle

    K: para que no parezcas tan inocente, ¿y después?

    Y: ¡ya sabes!

    1. ¿te dijo que se fueran de pinta?

    Aquí tuvo un orgasmo

    Y: Siii

    K: ¿te fuiste con él?

    Y: le pregunté a dónde iríamos, me dijo que a un lugar tranquilo, donde pudiéramos conversar

    K: claro, conversar

    Y: yo le dije, “¿algo así como un parque o una plaza?”

    K: ¿y que contestó?

    Y: me dijo que no, algo más tranquilo y silencioso

    K: ¿A dónde?

    Y: me dijo que… a un motel

    Llego otro orgasmo más intenso, no me permitió preguntar más, me retiro y se montó encima, sacó mi miembro y se lo introdujo, se movía con ansias, era evidente la calentura que traía, pero yo no pensaba dejar pasara el momento

    K: ¿te fuiste al motel con él?

    Y: lo pensé, pero al final no lo hice, me dio miedo

    K: era una muy buena oportunidad

    Y: no lo sé, una cosa es la fantasía, pero que tal si te enojas conmigo si lo hago

    K: te aseguro que no me molestaría contigo

    Y: aun así, no me sentí segura

    K: ¿y ya no insistió?

    Y: no, ya estábamos donde siempre me deja, pero antes de salir me dijo algo

    K: ¿Qué cosa?

    Y: me pregunto que no le dijera nada de lo que hablamos a una tal Guadalupe, que no quería problemas

    K: Oh ya

    Y: ¿quién es esa?

    K: una tía mía

    Y: ¿y que, es su novia o algo?

    K: no, es su hermana

    Yes se sacó de onda por un momento, pero después intensifico sus movimientos, había caído en cuenta, entonces, don José era de la familia, “mi tío”, eso la prendió y la hizo terminar en un gran orgasmo, al finalizar, me pidió que le aclarar quién era don José, y así lo hice.

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  • Filmo a mi esposa masturbándose para su amigo y su amiga

    Filmo a mi esposa masturbándose para su amigo y su amiga

    Era ya de madrugada cuando mi mujer volvió de fiesta.

    -¿Qué tal con Cristina?

    -¡Ufff! Genial. Nos hemos puesto al día de nuestras cosas, me ha hablado de sus hijos y de su marido, al que ya no aguanta. Y luego hemos follado como nunca. ¿Sabes? Me encanta comerle las tetas con esa medallita de la virgen que cuelga entre ellas.

    Imaginé la escena y me volví a empalmar.

    -¿Y tú, cariño?

    -Nada comparable a lo tuyo. Les he ofrecido un pequeño espectáculo a los vecinos. Mira, disimula, que aún siguen allí. No duermen nunca jajaja…

    Nos besamos riendo. En su piel aún permanecía el olor de un perfume que no era el suyo.

    Para no ser menos que yo, se fue desnudando en el salón. Previamente había encendido las luces que yo había apagado. Otro cigarrillo prendió en la ventana de enfrente pero me dio la sensación de que ahora la mujer estaba sola. Tendría insomnio.

    -¡Oye, tú! Que no llevas bragas…

    -Pues no, se las regalé a mi amiga. Le hacía gracia ponérselas.

    -Guarrillas…

    En ese momento sonó un mensaje entrante en su móvil.

    -¿Es de Cristina?

    -A ver…. No, es de mi compañero. Me ha enviado una foto para desearme buenas noches-me dijo mostrándomela.

    Y allí estaba él, exhibiéndose.

    -Ha sido bastante discreto. ¿Qué tal si le envías una tuya, pero más…? ya sabes… Ven, túmbate en el sofá, que aún tenemos una espectadora.

    -Eres lo que no hay. Vale… ¿Y qué hacemos?

    -No, no. Te lo vas a hacer tú sola… Yo me encargo de las fotos.

    -Tócate como si él te estuviera mirando.

    Alicia suspiró y, de cara la ventana, tumbada en el sofá con las piernas separadas, empezó a tocarse los pechos con la vista puesta en el objetivo del móvil. Enfoqué bien y fui captando sus movimientos.

    Primero unas fotos, luego activé el vídeo. Antes de empezar le había pedido que, cuando se estuviera masturbando, dijera bien claro el nombre de su amigo. Y así lo hizo cuando, ya muy mojada, se acariciaba el clítoris. La humedad ya era evidente en la tela del sofá. Cuando se arqueaba, sus nalgas se hacían visibles. Entre gemidos, pronunciaba su nombre y también palabras obscenas. Con la mano libre, se retorcía los pezones y apretaba sus pechos como si una lengua que no fuera la mía los estuviera lamiendo.

    Antes de grabarla, yo ya le había enviado algunas fotos a su compañero y él había respondido con otras suyas. Estaba cachondo, obviamente.

    Pero Alicia improvisó y, con un gesto de la mano, me invitó a acercarme.

    Filmé en primer plano el momento en que empezaba a hacerme una felación y cómo seguidamente recorría y engullía mi miembro.

    Era consciente de que la vecina permanecía en su ventana y la imaginé dándose placer.

    Mi mujer ya había experimentado algunos orgasmos cuando yo no pude aguantar más y me corrí en su cara.

    Tras ello, se derrumbó derrotada y feliz, momento que aproveché para enviar el vídeo.

    -Déjamelo ver, cariño -me pidió.

    ‐¿Te gusta? ¿Qué haces?

    -Lo estoy editando. Borro los momentos en que digo su nombre.

    -¿Y por qué?

    -Porque se lo voy a pasar a Cristina -respondió con un guiño.

    Me lamí los labios, le di la vuelta y, con su cabeza apoyada en el respaldo, me la follé.

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  • Un viejo verde y yo sola en la piscina (6)

    Un viejo verde y yo sola en la piscina (6)

    Me despierto al lado de mi vecino. Otra vez los ronquidos naciendo de su prominente barriga y llenando el espacio. Me sorprende que me haya quedado dormida… bueno, tantas emociones, es normal…

    Pienso en Pablo. Mucho más atractivo, educado, atento… Y sin embargo, ayer dejé que este hombre se corriera dentro de mí mientras hablaba por teléfono con él… ¿cómo pude hacerlo?

    Comienzo a rememorar lo ocurrido la noche anterior y, en realidad, me cuesta poco entenderlo. Llevo encadenando un orgasmo brutal tras otro con esta aproximación a ser humano que tengo como vecino. Vivo en un estado de deliciosa excitación permanente en el que me siento plena. Feliz. Tengo que pensar en esto, tengo que discernir cómo afecta esto a mi vida, a mi matrimonio.

    Justo en ese momento se despierta mi amante y tengo que dejar de pensar. Trato de aprovechar los pocos momentos que me regala totalmente sobrio.

    En cuanto abre los ojos le doy un beso.

    -Buenos días, vecino.

    -Mmm, buenos días. Joder, niña, me tienes agotado. No hacía tanto ejercicio desde… jajaja. Creo que no he hecho tanto ejercicio en mi puta vida.

    Le sonrío.

    -A cambio, yo tengo el coño irritado. Así que estamos los dos para el arrastre.

    -¿Ah sí? Vamos a ver.

    Y lleva su mano a mi sexo y comienza a acariciarlo.

    Cuarto de hora después mi vecino se levanta con los dedos empapados después de lograr que me deshiciera de nuevo entre ellos. Tengo aún su saliva en mis pechos y los pezones irritados.

    -Joder vecina, así da gusto despertarse, jajaja. Venga levanta y prepárame el desayuno.

    Por supuesto no solo sirvo el desayuno, sino que además me siento sobre él para que me pueda meter mano mientras se alimenta. Nunca pensé que pudiera acabar un desayuno con un copazo, pero le acompaño con el primero de los dos que se toma él para ponerse a tono. Cuando termina me dice.

    -Ahora después de desayunar follaremos, comeremos, follaremos y dormiremos la siesta. Esta tarde vienen mis amigos a jugar a las cartas y tenemos que estar descansados.

    Y todo fue según el guion que me dijo en un par de frases. Con algún cambio, porque yo, para recibirlos, además me di una ducha.

    Escondida en la cocina oigo las voces de los amigos al pasar. Comienzan a intercambiar saludos soeces y pronto los oigo pasar al salón. Entonces mi vecino toma la palabra.

    -Bueno, Rubén, espero que hayas traído hoy pasta fresca que voy a desplumarte. Pero, ¿qué coño haces mirando por la ventana?

    -Pues lo del mes pasado, ¿no te jode? A ver si está tu vecina la flaca tomando el sol en bikini.

    -Jajaja. Pero si no está tan buena, hombre, apenas tiene tetas, jajaja. -Responde mi vecino.

    Oigo al muy cabrón hablar así de mí y… aflora una sonrisa a mi rostro.

    -Ya, pero tiene un culillo y unas patas que vamos… ¿cómo se llamaba la jodía?

    -Silvia, se llama Silvia. Siento decirte que no está en la piscina.

    -¿Está de vacaciones?

    -No, qué va. Está en casa. Le pedí que me ayudara hoy a organizar la partida de hoy.

    -No jodas, cabrón… ¿va a venir aquí?

    -Sí, claro, ya te he dicho que le comenté que teníamos partida y, como no tengo mujer, se ofreció a servirnos las bebidas y a prepararnos algo.

    Se crea un largo silencio. El comentario machista me mata, pero no puedo dejar de sonreír.

    -Venga tío, estás de coña… ¿que va a venir esa jamelga a ponernos las birras? ¡venga!

    -¿Qué? jajaja ¿Te gustaría no? Jajaja. -Contesta mi vecino.

    -Qué cabrón, -dice su amigo-por un momento pensé que iba a tener su culo aquí meneándose mientras le pedía otra cerveza.

    -Jajaja. Lo imagino, lo imagino. ¡Silvia! -grita de pronto-tráenos ya las cervezas, guapa.

    En ese momento aparezco con mi microvestido ajustado y mis tacones llevando la bandeja llena de latas de cerveza. El momento es bestial. Todos se me quedan mirando abobados con la boca abierta. Yo dejo de mirar sus caras de pura vergüenza y excitación.

    -Buenas tardes, señores.

    Y dejo las latas en la mesa. Después voy de nuevo a la cocina roja de vergüenza.

    Ahora hablan en voz baja, aunque los oigo de todas maneras.

    -¿Pero qué coño has hecho cabronazo? ¿Cómo es posible que…?

    -Jajaja. -Oigo reír a mi vecino. -Teníais que haber visto vuestra cara cuando ha aparecido, jajaja. Nada, ya te he dicho que se ofreció a servirnos mientras jugábamos la partida.

    -Pero… joder, si iba medio en pelotas. Que no llevaba sujetador, que se le notaban los pezones…

    Me miro el pecho y, efectivamente, los pezones están marcadísimos por la excitación.

    -Sí, bueno, eso se lo pedí yo. Le dije que mis amigos pensaban que era muy atractiva y le pedí que se pusiera algo sexy para servirnos. O ¿cómo le dije?, ¡Silvia!

    Vuelvo a salir al salón y me quedo mirándole.

    -Silvia, cuéntame que no me acuerdo. ¿Qué te dije que te pusieras para servir a mis amigos?

    -Me dijo que a sus amigos les gustaría que me vistiera de putilla, vecino.

    -Eso es, jajaja. Te dije de putilla, eso es…

    -¿No está bien así vecino? ¿Debo ponerme algo diferente?

    -De momento no, preciosa. Sólo una duda. El amigo Pedro piensa que no llevas sujetador y que se te marcan demasiado los pezones, ¿es eso cierto? ¿no llevas?

    Yo miro hacia el suelo.

    -Vecino, como usted dijo “de putilla”, pensé que… Pero no quiero incomodarlos…

    Mi vecino se ríe sonoramente.

    -A ver Pedro, fíjate bien, ¿tú prefieres que se ponga un sujetador o que siga marcando pezones?

    -Joder, por mí así está bien, jajaja. Y mejor aún si se quiere poner en tetas, jajaja

    Mi vecino me mira seriamente. Bueno, eso podemos arreglarlo…

    Se levanta y se acerca a mí, seriamente. No admite réplica. Yo permanezco quieta mientras él comienza a deslizar los tirantes hacia mis codos. Ni siquiera protesto. En realidad, me estoy excitando solo de pensar que va a mostrarme en tetas a sus amigos.

    Siento la tela del vestido avanzar perezosamente, escalando mis pequeños montes por la ladera menos escarpada. Al llegar a la cima, veo aparecer el pezón rosado e, inmediatamente, miro a Pedro que observa hipnotizado mi pezón. Mi vestido sigue bajando hasta que mis dos pechos quedan completamente al descubierto.

    ¿Veis? Ya os lo dije. Apenas tiene tetas, jajaja.

    Nos quedamos todos en silencio durante un minuto. Sus amigos mirando fijamente mis pechos desnudos, yo avergonzada y excitada a partes iguales. Y mi vecino, supongo, disfrutando del status adquirido entre sus amigos y satisfecho de comprobar que mi sumisión era total. De nuevo es él quien rompe el silencio, señalándome a uno de sus compadres.

    -Silvia, mi amigo Rubén piensa que tienes un culo muy interesante.

    Yo miro a su amigo.

    -Muchas gracias, señor.

    De nuevo un silencio. Mi vecino, esta vez no tiene que decirme nada.

    Desabrocho la cremallera y bajo completamente mi vestido hasta quedar en tanga y tacones frente a los tres extraños. Me doy media vuelta para que Rubén pueda ver mi culo con tranquilidad.

    Mi vecino se levanta y de un empujón, me coloca con las tetas apoyadas en la mesa en la que están jugando. Sin mediar palabra, pega un tirón y rompe el tanga dejándome completamente en cueros y allí, delante de sus tres amigos comienza a follarme.

    Nadie habla. Sus amigos observan atónitos, mi vecino bombea sin cesar y yo… yo me limito a gemir en cuanto su ritmo agita mi interior. Así seguimos por unos minutos, quién sabe cuántos, hasta que se cansa de la postura y me hace tumbarme en la mesa boca arriba, con mi trasero justo en el límite, y vuelve a atravesarme sin piedad, sólo que ahora agarrando mis pechos para ayudarse a empujar.

    Yo siento su rabo deslizarse por mi interior y las miradas de sus vecinos por mi cuerpo. Y llega el orgasmo. Ahí, sin intimidad alguna, rodeada de extraños. Llega el orgasmo a tiempo, antes de que mi vecino explote, para que quede constancia frente a su parroquia de que él cumple con las mujeres, que las hace gozar. Y una vez logrado su objetivo, se vacía dentro de mí.

    Sus amigotes lo miran con veneración mientras lanza sus últimos gruñidos. Se queda un rato dentro de mí. Mira a sus amigos sonriendo. Finalmente sentencia.

    -Creo que tengo que ir a cagar.

    Y sale de mí. Dejándome tirada en la mesa con sus amigos. Chorreando semen de mi sexo. Yo trato de respirar, de recomponerme. Quieta sobre la mesa. Pero pasa lo que tiene que pasar. Lo que mi vecino sabe que pasaría: Pedro, tímidamente comienza a acariciar mi brazo. Yo sé que es lo que él quiere, así que no hago nada mientras él, viendo mi permisividad, avanza su mano por mi brazo hasta la parte superior de mi pecho. Sigo quieta y él interpreta que tiene vía libre, de modo que el viejo rufián abarca mi seno con su manaza y lo aprieta para después jugar con mi pezón.

    Otro de sus amigos, el que ni siquiera me presentó, ocupa el otro pecho. Yo los miro mientras me tocan… y me encanta. El que queda, Rubén, se levanta y comienza a bajarse la cremallera.

    -Compadre.

    Oigo una voz en el pasillo. Mi vecino avanza sonriendo.

    -Se puede tocar, pero no te pases.

    No sé cuánto durarán habitualmente sus partidas de cartas, pero no creo que fueran más largas que el rato que continúan magreándome. Al menos yo pierdo la noción del tiempo. Tres bocas y seis manos en mi cuerpo son las culpables. La excitación que apareció cuando mi vecino me puso en tetas para ellos se quedó corta comparado con lo siento cuando dos de ellos chupan a la vez mis pezones mientras me acarician. No creo que pueda describir el torbellino de sensaciones que me invade.

    Finalmente mi vecino, excitado tanto o más que yo, vuelve a follarme mientras sus amigos se resisten a dejar de abusar de mi cuerpo. Sentir su aparato deslizándose dentro de mí, mientras el resto del geriátrico me toca y me come es brutal. Y el resultado es el orgasmo más salvaje que he sentido hasta el momento. Esta vez, tras eyacular, se queda en mi interior y les dice a sus amigos que se larguen.

    Nos quedamos los dos solos. Él aún dentro de mí.

    -Has estado excepcional, Silvia.

    Yo no soy capaz ni de hablar.

    -Buuuf, tenía mis dudas de que fueras capaz de hacerlo. Ya sabes que a los hombres, de nada nos vale tirarnos a una tía si no podemos contarlo a los amigos. Y si lo contara, no creo que lo hubieran creído, jajaja.

    Yo sigo callada.

    -Joder, si hasta cuando Rubén se bajo la cremallera te quedaste quieta… ¿querías follártelo o qué? jajaja

    -Vecino, no sabía qué hacer, la situación me superó… ha sido… desbordante… no podía ni pensar.

    Él sale finalmente de mi interior y me da un beso.

    -En determinados momentos, querida, pensar no es lo que hay que hacer.

    Se bebe la cerveza y se va de nuevo al baño. Como la vez anterior, yo me quedo quieta. Tratando de entender qué pasa conmigo. Me doy cuenta de que, pese a su apariencia, sus palabras siempre dan en el clavo “En determinados momentos, querida, pensar no es lo que hay que hacer”. Qué demonios. Lleva razón. Para cuando sale del baño ya estoy convencida de que la tarde ha sido maravillosa. Que los orgasmos vividos han sido demoledores y que, lejos de ser humillante lo vivido, ha sido, sobre todo excitante. Mi vecino se da cuenta de mi ánimo y abre una botella de whisky mientras me dice que vamos a cenar. Yo, por supuesto, en pelotas.

    No bebo mucho, de modo que a la segunda copa estoy mareada y cuando acabamos de cenar, me quedo dormida en el sofá sintiendo sus manos en mis pechos. La luz machaca mi cabeza. Se clava como agujas en mi cerebro embotado. Me duele la espalda y estoy agobiada. Con esfuerzo abro los ojos. Estoy desnuda en el sofá del salón y tengo a mi vecino, dormido, apoyando su pesado cuerpo sobre mí. Apestando a whisky…joder supongo que yo también… ¿en qué me estoy convirtiendo?

    De nuevo sus palabras: “En determinados momentos, querida, pensar no es lo que hay que hacer”. Inmediatamente sonrío recordando la fiesta de la tarde anterior. Estoy viviendo el sexo de una manera maravillosa. Brutal. Exagerada tal vez, pero intensa. Creo que se merece que lo despierte con una mamada…

    Durante los siguientes días apenas salimos de casa. Mi vecino quiere que beba con él. Y bebemos. Mucho más de lo que estoy acostumbrada. Y follamos. Descubro lo delicioso que es abrir mis piernas cada vez que él me lo dice. Tener mi cuerpo siempre a su disposición… Es maravilloso.

    Finalmente llega el día en que mi marido va a volver a casa. Mi vecino me dice que no queda ginebra. Que va a comprar más. Mientras tanto, vuelve a esa infinita bolsa de cosas que compró el primer día y saca un microshort vaquero, una camisa de cuadros, un sujetador negro y unas botas de cowboy.

    -Dúchate y ponte eso. Siempre he querido follarme a una vaquera, jajaja. Ah, y no se te ocurra abrocharte el escote. Uf, con este modelito te vas a enterar lo que te voy a hacer.

    Miro la ropa y pienso “más que una vaquera, voy a parecer una autentica puta del oeste americano”. Pero sonrío, porque en realidad estoy deseando vestirme para él. Me ducho, me maquillo, me perfumo tratando de alejar de mi cabeza que hoy llegará mi marido. Que todo volverá a ser como antes… Pasan por mi cabeza todos los polvos que hemos echado, todas las cosas vividas y no me puedo creer que haya sido capaz de hacer todo lo que he hecho… y más aún, lo que he disfrutado haciéndolo.

    Espero a oír la puerta y entonces me acerco despacito por el pasillo. Su boca se abre cuando aparezco en su campo de visión.

    -¡Joder!, ¡estás impresionante! -Dice justo antes de dar un trago a morro la botella.

    -¿Esto era lo que querías no?-Respondo acercándome a él y, tras agarrar la botella, doy un trago también.

    -Sí, esto era.

    Siento un intenso cachete en el culo y luego lo aprieta bien fuerte. Después me quieta la botella. Da otro trago y después vierte lo que queda sobre mi escote para lamerlo. Desde el cuello a mis tetas.

    -te voy a destrozar como nadie te ha follado zorra.

    -si vecino, fóllame, fóllame, lo estoy deseando. -Contesto casi con tristeza, sabiendo que se está agotando el tiempo.

    Eso es lo que mi vecino quería oír. Me empuja contra el sofá y, de un tirón rasga la camisa y luego el sujetador. Yo me voy quitando el pantalón y las bragas, pero no me deja quitarme las botas.

    Poco después tengo su cabeza entre mis piernas y yo gimiendo ante sus lamidas, pensando lo que voy a echar de menos esto. Y también echaré de menos ver cómo se incorpora y me la mete. Y me taladra fuertemente. Echaré de menos ver su cuerpo gordo y viejo moverse para bombearme una y otra vez. Ver sus manos agarrar mis muslos, ver su cara acercarse con la boca abierta para meter su lengua entre mis labios.

    Así que trato de disfrutarlo y guardarlo en mi memoria.

    -Ahora me vas a cabalgar como una cowboy.

    De modo que esa era su fantasía. Mi vecino se sienta en el sofá, yo me pongo a horcajadas sobre él y me la meto fácilmente. Comienzo a cabalgar como me ordenó.

    -Vamos, zorra, solo sabes hacer esto. -Me grita. -Al galope yegua, que quiero llegar a mi destino ya.

    Sólo sé hacer eso, me dice el muy cabrón…Yo sonrío y continúo. Subiendo y bajando. Se ve que le excita cómo se mueven mis tetas mientras le monto porque su boca se lanza a por ellas y, mientras sigo mi cabalgada, él las chupa y muerde los pezones.

    Mi móvil comienza a sonar. Mi vecino se separa de mis tetas y lo mira.

    -Pablo dice que te quería dar una sorpresa y que está en casa, jajaja, o sea que detrás de mi pared está el cornudo de tu marido. Y casi gritando suelta “ohhh como follas zorra”.

    Saber que Pablo está a unos metros me mata. Aumento el ritmo. Gimo fuerte, jadeo.

    Otro whatsapp.

    -Éste sí que es bueno, jajaja. “joder cariño el asqueroso de nuestro vecino está follándose a alguien, será una puta desesperada que ha contratado”. Jajaja.

    Eso es demasiado para mí y, entre gritos, termino de correrme. Sin preocuparme porque Pablo me reconozca porque, con él, nunca he gritado así. Mi vecino se ríe con el whatsapp, supongo que imaginando a Pablo viendo la tele mientras él se folla a su mujer. Una sonora carcajada que pronto muere porque la situación también es excitante para él. Tanto como para lograr que termine muy pronto y se vacíe sobre mí.

    Terminamos agotados y voy tomando conciencia del peligro de lo que está ocurriendo. Me levanto, me doy una ducha rápida, me lavo los dientes y me visto.

    “Vaya, qué sorpresa, he ido a comprar el pan y estaba aquí de charla con una vecina” escribo en el whatsapp.

    Antes de salir lo miro.

    -Esto se ha acabado a partir de ahora se vuelve a la rutina. -le digo.

    -De acuerdo puta. -Contesta riendo, -pero ya sabes… si necesitas lo que no te da tu marido, ya sabes dónde estoy jajaja.

    Pero a pesar de lo dicho sé que no se ha acabado… sé que no podré dejar de tener esos polvazos. Sobre todo cuando, tras despedirnos, tomo sus manos y las pongo en mis pechos, que agarra con fuerza. Abro la puerta sin hacer ruido y rápido voy a las escaleras a comprar el pan. Cinco minutos después estoy en casa con mi marido. Hago como que me hace ilusión verlo medio día antes, cuando, en realidad, maldigo su “sorpresa”.

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  • Mi inicio

    Mi inicio

    Hola, me presento mi nombre de chica es Gina, desde pequeña me identifique con lo femenino, en mis gustos, pero siempre en secreto por mi educación tradicionalista, a los 11 empecé a probarme ropa de chica, de mis hermanas, siempre con mucho cuidado de que no me descubrieran, así llegue y pase por la secundaria y la preparatoria, nunca mis modales delataron mis gustos.

    Cuando iba a ingresar a la universidad, tuve que marcharme de mi pueblito, un tío me había facilitado una pequeña casa que no usaba a cambio de que mantuviera limpio y pagara los recibos de los servicios, partí con mis pertenencias y un montón de ilusiones, en una de mis maletas llevaba uno de mis más grandes tesoros, mi ropita de nena, zapatilla y lencería, llegue haciendo limpieza.

    Quince días antes de entrar a clase para instalarme bien, lo primero, me pinte las uñas de mis piecitos, me depile todita y empecé a ordenar todo a pintar la casa por dentro, acordar muebles, lavar las sábanas y cortinas, así empezó mi rutina me levantaba temprano, salía a correr, y llegando me bañaba y desayunaba para empezar con los quehaceres de la casa.

    Desde el primer día que salí a correr, vi que un vecino, también salía a hacer ejercicio a esa hora y como no conocía la colonia decidí, seguirlo para no perderme, al segundo día al llegar a donde nos regresábamos se detuvo me saludo y se presentó, se llamaba Daniel, tenía 45 años, y salía a correr a diario, me dijo que ya tenía entonces con quien salir a correr, así paso una semana y ese día me levante, y me di cuenta que por estar haciendo las reparaciones de la casa no había lavado ropa y ya no tenía ropa limpia para salir a correr.

    Decidí no salir ese día para lavar lo pendiente, de rato se oye que tocan la puerta y salí a ver quien era, mi vecino que se le hizo raro que no saliera y llegó para ver si todo estaba bien, le digo si solo que no tengo ropa limpia, y me dijo pero absolutamente toda tu ropa esta sucia, no tendrás ahí algún short o algo así para salir, le dije no, todo está sucio, y me vino a la mente un short de nena que tenía algo cortito y ajustado, pensé y mi cara se puso caliente el pensar que un hombre me viera con ropita de nena, le dije entre mi ropa se vino un short qué es de mi hermana, deja ver como me queda si no pues hasta mañana que se seque la ropa, dijo anda ve pontelo, se te verá bien.

    Fui y me lo puse de sobra sabía como me quedaba, ajustado y corto que hacia que mis nalgas se levantarán más de lo que ya estaban, unas calcetas cortas, tenis y una playera algo corta, que dejara ver como me quedaba el short.

    Salí y vi como se abrían sus ojos al verme, dude un poco y le dije sabes que mejor no se me hace que no se me ve bien, me veo raro, al instante me tomó del hombro y me dijo estas muy bien así ya vámonos antes de que se haga más tarde y salimos en tramos veía que se quedaba atrás y llegamos al punto del retorno sin cruzar palabra solo su mirada hacia mi había cambiado, al terminar y llegar a mi casa, descansamos un poco y me dijo ya tenemos una semana de conocernos y quiero invitarte a cenar a mi casa, que dices aceptas.

    Le acepte la invitación y ya para despedirse me dice por pura curiosidad de que número calzas, me quede extrañado y le dije el 5 porque, simple curiosidad, se despidió y quedamos a las 8 pm en su casa, ese día se paso muy rápido entre lavar la ropa y terminar algunos arreglos a la casa, se llego la hora y me vi tocando la puerta de su casa.

    Entre y me pidió que tomara asiento en la sala, me sirvió una copa de vino y empezamos a platicar, me contó que era viudo de hacía 3 años y que tenía dos hijos que vivían en otra ciudad, viva solo y trabajaba en unas oficinas de gobierno, al terminar su charla me dice y tu que me cuentas de tu vida, le dije pues no hay mucho que contar, vengo de un pueblito a 3 horas de aquí, termine mi preparatoria y llegué aquí a estudiar la universidad, la casa es de un tío que me la prestó a condición de que la arreglara y pagara los servicios y es todo de mi.

    Se me quedo viendo a los ojos y me dice en verdad es todo, estamos en confianza, algún secretillo por ahí que me quieras contar, me imagino que al decirme eso, el color me subió a mi cara, sentí un calor en mis orejas y me hice el desentendido.

    No nada solo eso que te dije, a ok me contestó, es que se me hace que eso del short era de tu hermana no me parece, en verdad le dije se vino revuelto entre mis ropas, bueno te lo hubiera creído si no hubiera visto en la mañana que llevas las uñas de tus pies pintadas de rojo, sentí que se me caía la cara de vergüenza, empecé a tartamudear y le confesé que desde chico me gustaba vestir de nena en la intimidad, pero que solo lo hacía a escondidas y que mi familia ni nadie se debía de enterar porque eso me traería muchos problemas.

    Me miró a los ojos y me dijo que no me preocupara por eso que mi secreto estaba bien guardado con el, no diría nada, solo te voy a pedir un favor, que te vistas de nena para mi esta noche y así me acompañes a cenar, pero solo si tu quieres, no te voy a obligar a nada y si decides no hacerlo aun así tu secreto seguirá bien guardado conmigo, las cosas seguirán igual entre nosotros.

    Entre en pánico nunca nadie me había visto vestida y menos un hombre, nunca había imaginado que le interesara a un hombre como mujer es más nunca había imaginado nada con un hombre solo me vestía porque me gustaba verme femenina, no niego que me excitaba mucho verme así, pero de eso a hacerlo para un hombre nunca me había pasado por la mente, en ese momento muchas cosas pasaban por mi cabeza y empecé a sentir una agitación extraña para mi, hasta ese momento lo vi como ve una mujer a un hombre, el era alto moreno, alrededor de 1.90, atlético con algo de canas, sus manos grandes, se me hizo atractivo cosa que antes no me habia pasado, con un montón de nervios.

    No encontraba qué hacer, me decidí a darle gusto, y le dije si me permites ir a mi casa por algunas cosas porque no traigo aquí nada para vestirme.

    Me dijo ve a la recamara ahí encontrarás una sorpresa, me tomo de la mano y me guio a ala recamara y al entrar vi en la cama un vestido, lencería, y unas zapatillas altas divinas, y una peluca larga de color negro lisa con un flequillo al frente, me dijo te dejo para que te arregles mientras termino la cena, ahí encontraras también algo de maquillaje, por si gustas, salió y procedí a desnudarme, no sabía por donde empezar de los nervios, me puse la tanga primero, una tanga negra, con una coqueta mariposa en la parte de atrás donde unen los tres hilos que la componen, después unas medias negras con portaligas integrados.

    El vestido me quedo como guante negro con pedrería divino, justo me cubría las nalgas, me acomode la peluca me llegaba a la cintura negra, sedosa de pelo muy lacio, y por último las zapatillas negras también con adornos plateados, ahí caí en cuenta porque me había pedido mi número de calzado, como no me se maquillar solo aplique un poco de rubor y pinte mis labios de un rojo intenso, el tenía en su recamara un espejo de cuerpo completo, me acerque y pude verme en todo mi esplendor.

    Una morenita caderona con unas nalgas bien paraditas, y una cinturita aceptable, algo plana de arriba pero lo de abajo compensaba eso, me quede pensativa como es que había llegado a eso, y ahora mi preocupación era si le gustaría a el, si no me le haría muy sin chiste, estaba en eso cuando tocó la puerta y me dice estas lista para salir, le respondo si ya casi, ahí voy, y con todos los nervios del mundo, me dirijo a la puerta, respire profundo, tome valor y salí.

    Al verme casi se le salen los ojos de la impresión, le dije que pasa, me veo mal, quieres que me vaya, y me dice, no al contrario te ves divina, se acercó a mi y me tomo de la mano me hizo dar un giro y soltó un silbido, si con el short de tu hermana me dice con algo de sarcasmo, te veías muy bien así te ves divina, ven ya casi esta la cena, me condujo a la sala, me senté en un sillón y me sirvió otra copa de vino, no dejaba de mirarme y de decir lo bien que me veía así, puso algo de música y me dijo que si le concedia ese baile, yo toda nerviosa acepte y ahí estaba yo la travesti de closet, morenita caderona, nalgona, de 1.60, bailando pegada al cuerpo de ese hombron de 1.90, musculoso sentía su mano en mi cintura y un calor rico recorría de mi estómago a mi cara.

    Termino esa pieza y otras dos más, ya más románticas y se me queda viendo a los ojos me toma de la barbilla y me da un beso muy tierno en mis labios, sentí que ardía mi cara, mi respiración se agitó, sentí como me empezaba a excitar, mi pequeño penecito quería reaccionar pero yo mentalmente no lo dejaba, en cambio en mi estómago sentía la tremenda erección de el, sentía como palpitaba su miembro bajo su ropa y empecé a imaginarlo, algo que nunca antes me había pasado pensar y desear un pené, la diferencia de tamaños era notoria aun sin haberlo visto, me apreté más a el para sentirlo más, sentía como crecía como latía.

    Y tomando la iniciativa le plante tremendo beso, mi lengua se deslizó hacia su boca jugando con la de el, sentí como me apretó mis nalgas con ambas manos y me dijo me encantas desde que vi esas nalgotas en short me fascinaron, pero ahora veo que son más grandes de lo que pensé, no las abarcó con mis manos.

    Sentía que me derretia con cada palabra suya, lo empecé a besar como loca desesperada, le acaricie el pecho fuerte, musculoso, sus brazos gruesos y fuertes, el me levanto el vestido y me empezó a acariciar mis nalgas denudas, yo ya muy excitada, le acaricie su miembro sobre el pantalón que ya estaba muy duro y en su maxima expresión, me fue llevando hacia la recamara, y antes de entrar me dijo, preciosa estas segura de lo que vas a hacer todavía estas a tiempo de arrepentirte, nunca había estado tan segura de algo en mi vida quiero ser tuya.

    Abrió la puerta enteramos y al cerrarse caí en cuenta que ya no había vuelta atrás iba a ser su nenita, me iba a quitar mi virginidad, pero eso ya no me importaba yo lo deseaba y no había vuelta atrás, nos seguimos besando un buen rato, le desabrocha el pantalón y cayó al suelo el se quitó los zapatos y quedo en bóxer, le desabotone la camisa y fui besando su pecho, su abdomen marcado, el tomo una almohada y la puso en el piso para que yo pusiera mis rodillas, ahí estaba yo de rodillas ante aquel macho maduro, frente a mi primer pene.

    Lo único que me separaba de el era el bóxer qué aun tenía puesto en el se veía ya una mancha de humedad, seña de que estaba muy excitado, metí mis dedos índice en el elástico del bóxer y tire hacia abajo y aquel miembro salto como con un resorte golpeandome en la barbilla.

    Se veía enorme, grande, grueso y jugoso, rematado con un glande gordo en forma de hongo, brilloso por los jugos derramado, no sabía que hacer lo tome con mi manita y no lo abarcaba en su totalidad, lo empecé a pajear, lo olí, ese olor a macho que desconocía y me embriagaba, empecé a darle besitos en la cabeza, luego a todo lo largo hasta el tronco, después le pase la lengua desde sus bolas hasta la punta, así varias veces, sentí como ese par de bolas depilada se ponían duras y arrugadas, y por primera vez, me metí esa cabezota en la boca, mientras la tenía adentro, movía mi lengua acariciando con ella el frenillo el bufaba de placer, mi primera mamada y estaba saliendo bien.

    después de un rato chupando, le lami las bolas, esas bolas morenas y grandes, pesadas de verdadero macho, llenas de leche, que ahora eran para mi, las lami, las chupe, me las metí en la boca, mientras con mi mano no dejaba de darle placer en su pené, empecé a sentir como se hinchaba más y se hacía un poco más grande.

    El me separó de su miembro y me dice espera preciosa, me vas a hacer venir y todavía falta lo mejor, ven, me levanto y me quito el vestido quede en lencería y el me abrazó por detrás sentí como su pené, se pegaba en mis nalgas desnudas, me las humedecio con sus jugos y con mi saliva que había quedado en el, mientras me besaba el cuello, eso me derretia y me excitaba, mi pollita estaba dura pero ridículamente más pequeña que su verdadera polla de macho, me fue besando el cuello la espalda hasta llegar a mis nalgas, me sube de rodillas a él borde de la cama y me hace ponerme en cuatro, pegando mi pecho en la cama y mi culito en pompa a su disposición.

    Sigue besando mis nalgas y recorre mi tanga a un lado, cuando me da el primer lengüetazo en mi anito sentí una corriente eléctrica que me recorrió mi cuerpo, mi espalda se arqueo más y mis nalgas quedaron más levantadas, me dio lengua a llenar, me lamia, me pasaba la lengua en círculos, sentía como rozaba su lengua cada pliegue de mi culto haciendome desfallecer de placer, para cuando acordé ya tenía dos de sus dedos dentro de mi y movía mis caderas suavemente, sintiendo un placer desconocido para mi, mi pollita dura se había salido de mi tanga, y de ella colgaba un hilo de precum, desde la punta hasta la cama, cada que el desliza a sus dedos hacia afuera los doblaba un poco.

    Dándome un placer indescriptible para mi cuando sentía eso, mi pollita daba un brinco y sentía unas ganas de orinar muy fuertes, ya tenía rato que había empezado a venirme como una nena y no me había dado cuenta.

    Hasta que saco sus dedos e hice silencio, escuche su voz cuando me dijo estas lista y segura, adelante le dije hazme tuya, sentí como aquel duro y gordo miembro, se posaba en la entrada de mi huequito, y empezó a hacer presión, sentí cuando entro la cabezota con algo de ardor pero soportable, solo tratame con cuidado, es mi primera vez, nunca nada me ha entrado en mi colita, ni penes, ni consoladores ni nada, era completamente virgen, no te preocupes amor lo haré despacio, y así de apoco, fue entrando hasta que lo sentí pegado a mi, ya esta toda adentro linda, estas super apretada, yo con unas ganas inmensas de orinar, me preocupaba mojarle la cama, estas lista me dijo.

    Si papi despacio, y empezó a sacar de a poco y volver a meter, así me fue dando hasta que solo dejaba adentro la cabeza y me la dejaba ir de nuevo toda, empezó a acelerar el ritmos y yo a gemir y a poner los ojos en blanco en mi vida había recibido tanto placer, te gusta me decía y yo, si papito así dame más, más por favor, dame más duro amor, y más duro me daba me tomo de las caderas y me empezó a dar durisimo, sentía que a cada metida me salía un chorro de orina, pero no, era precum, porque estaba muy espeso, me tenía ya gritando así papito, duro más duro que rico mi amor, no pare dame más, dame mas.

    Después de 3 minutos dándome de lo más duro tuve mi primer orgasmo anal, fue algo realmente maravilloso, empecé a temblar y a gritar, me vengo mi amor, me vengo, así no pares que rico, métemela toda, así así, mas, fue como una corriente eléctrica que empezó en mi culito, subió por el perineo, paso por mis bolitas, recorrió mi pollita y salió en forma de lechita, me vine muy abundante, nunca cuando me masturbe había botado tanta leche.

    Aparte el orgasmo anal es más intenso, porque cuando me masturbaba solo al salir el esperma era la parte cumbre de el orgasmo y ahora no desde antes de salir la leche ya estaba disfrutando, acabe de eyacular y el placer siguió por varios minutos o así lo sentí yo, recorriendo mi cuerpo, seguí convulsionando de placer, mi culito se abría y se cerraba como loco, todavía el terminar sentía corrientes de placer en mi cuerpo que me hacían estremecer, y el entrando y saliendo en mi sin venirse, cuando ya pasó todo, caí en la cama, suelta, todavía gimiendo, y gritando, que rico, que rico papi, me llevaste al cielo.

    El me volteo boca arriba y me empezó a besar y acariciarme, mi piel se erizaba con sus caricias, y en lugar de que se me quitaran las ganas como cuando me masturbaba me empecé a excitar más, y el me tomo de los tobillos poniendo mis piecitos en sus hombros con su mano guio su pené a mi colita y me la metió toda ahora si no hubo resistencia, ni dolor, ni ardor, solo placer, sentía en cada metida como aumentaban mis ganas de orinar, se inclino y empezó a besarme y mordisquear mis pezoncitos, que estaban duros como piedras, así chupaba, mordía y lamia mis pezones sin dejar de moverse.

    Me dobló toda dejando mis rodillas, a un lado de mi cara, completamente abiertas mis piernas y en esa posición podía ver como me enterraba todo su miembro, como desaparecía aquella barra de carne en mis entrañas haciéndome, gemir y gritar como loca pidiéndoles más y más, así papito, dame duro, dame más, mas, por favor no dejes de cogerme.

    Ahora la difencia era que mis bolitas casi habían desaparecido dentro de mi cuerpo, mi pollita no estaba dura, se había perdido dentro de mi y era solo un botoncito, apenas perceptible, el en ocasiones me sacaba su miembro y con el golpeaba mis bolitas y mi botoncito como diciendo que el era el macho, con su enorme miembro y yo su nenita, el mostraba así su dominio y eso a mi me excitaba más, en una de esas me la clavo duro y de golpe hasta el fondo y un chorro de precum salto de ella, y empecé a sentir el inicio de un nuevo orgasmo, le exigí que me diera, duro, durisimo, sin piedad y me tomo fuerte de mis piernas y empezó a entrar y salir como loco de mi.

    Yo voltee los ojos en blanco y empecé a sentir de nuevo esa corriente eléctrica qué recorría mi cuerpo, esta vez no hubo ereccion, de mi parte, solo me empezó a brotar mi lechita despacio sin fuerza, pero mi orgasmo fue intenso, arquee mi espalda al máximo, y gritaba como loca me vengo, mi vida, me vengo otra vez, así me tuvo convulsionando tomada fuerte de mis tobillos, tarde en reponerme, no podía dejar de temblar y sentía esos corrientasos de placer que me hacían tener espasmos, mientras el trataba de calmarme con besos y caricias, ya estaba yo más que rendida.

    Cuando el se gira y quedo yo arriba, con todo su miembro dentro de mi, me dice te toca cabalgarme, empecé a moverme despacio de atrás hacia adelante, era yo un desastre, mi tanga torcida y bien mojada con mi lechita y mis jugos, el cabello revuelto, el maquillaje corrido y sintiendo espasmos de placer de mi anterior corrida, me toma de la cintura y empieza a moverme de arriba a abajo haciendo que parte de su miembro, saliera y entrará en mi, cada vez más arriba, cada vez mas fuerte, cada vez salía más pedazo de su miembro y volvía a clavarse violentamente en mi, cada metida más violenta que la otra.

    Nos besabamos nuestras lenguas jugaban en nuestras bocas, no podía parar de darme sentones en ese rico palo, empecé a sentir como se agita a su respiración, su pollon se sentía más duro y más grueso en una de esas me levanta más alto solo dejando su glande adentro y muy violentamente me deja caer en su pene.

    Tocando algo adentro de mi que me hace explotar en un nuevo orgasmo, empecé a ver lucecitas brillantes a mi alrededor, mi pollita se desapareció solo quedo afuera el cuerito qué la recubre, pensé que lo iba a manchar al venirme, en su abdomen, sentí como palpitaba su miembro, y un bufido como de toro, se estaba viniendo dentro de mi y yo me estaba viniendo en su polla, gritamos arañamos, nos abrazamos fuerte, así fue la culminación de nuestro acto, al terminar le dije, te manche, no importa me dijo, yo te llene tu culito de leche, era lo que quería corazon, y nos besamos, su pene fue perdiendo firmeza y salió de mi, seguido de un chorro de leche, espesa y caliente.

    Al ver su abdomen me di cuenta que no habia eyaculado nada, solo fue el orgasmo anal, como toda una nenita me vine sin eyacular, y con mi pollita a su más mínima expresión, me quede recostada en su pecho sintiendo como un río de leche, escurra de mi culito, y me humedecio mis muslos, así estuvimos un rato hasta que nos acordamos de la cena.

    El me dice, si quieres darte un baño mientras, caliento la cena, le dije que si nos levantamos y el saca una bolsa de el guardarropa, me la entrega y me dice, para que te pongas después de bañarte y duermas sexy, era un baby doll, rosa con su portaligas y medias todo en color rosa, el agua tibia me reconforta un poco mi colita que me empezó a arder un poco.

    Cenamos y dormimos abrazaditos de cucharita toda la noche al día siguiente, no salimos a correr, me quede dormida hasta el mediodía, muy satisfecha, espero les guste mi primer relato si es así háganmelo sabes en sus comentarios, porque hay muchas que contar, pero ustedes tienen la última palabra.

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