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  • La pensión de don Lito (2)

    La pensión de don Lito (2)

    Don Lito no veia el momento de cogerse nuevamente al chico mas lindo de la pension. Hacia ya mas de un mes que lo habia disfrutado en su cuarto tras amenazarlo con tener que dejar su pieza, por haberse atrasado con el pago. El chico, a su pesar, tuvo que elegir entre dejar que el abusador viejo le hiciera lo que quisiera o irse de la pension. Pero ya habia pasado un tiempo y Don Lito no se aguantaba, sobretodo viendo al muchacho pasar vestido con unos cortos shorts en ese tiempo caluroso y se excitaba viendole las piernas y las nalgas. L ya habia e habia hecho propuestas pero el chico no queria nada, ahora le pagaba con puntualidad el alquiler y casi ni le hablaba para no darle motivos al viejo. A Luciano, que asi se llamaba el joven, le daba asco el viejo verde y habia dejado que el viejo lo cogiera solo porque no tenia donde ir. Habia pensado en buscar otra pension, pero por lo que podia pagar no encontraba nada.

    Don Lito ya habia tramado como llevarse a la cama de nuevo ese manjar delicioso y puso en marcha su plan. Esa mañana fue al centro de la ciudad, busco una tienda de lenceria y en la vidriera vio una prenda que queria regalarle al chico: una preciosa tanga de color negro muy sexy. Imagino al muchacho desnudo solo ataviado con esa tanga y se le hizo agua la boca. Entro en la tienda y le dijo a la vendedora que se la envolviera para regalo, pago y se fue.

    Al volver a la pension fue directamente hasta el cuarto de Luciano, golpeo la puerta y el chico, lo atendio, solo tenia una remera puesta y el viejo se regodeo mirandole las piernas. «Te tengo que decir algo importante» dijo el viejo y agrego «Tenes que dejar la pension mañana porque tengo un cliente que me va a pagar mas»

    El muchacho se quedo sorprendido, no terminaba de entender y dijo entrecortadamente «Pero donde voy a ir Don Lito» «Como me hace esto» casi sollozaba y el viejo abusador disfrutaba del momento, espero que el chico siguiera quejandose un rato y luego le dijo «Bueno pero vos tampoco haces nada por portarte bien conmigo» a lo que Luciano entendio de inmediato. El viejo queria cogerselo de nuevo y lo volvia a extorsionar con lo mismo. «Si te portas bien te puedo dejar que te quedes, pero voy a perder plata» Luciano lo miro, bajo la mirada y entregado le dijo «Que quiere que haga Don Lito?» El viejo saco del bolsillo el paquete que habia comprado en la lenceria, se lo entrego al muchacho diciendole «quiero que me esperes aca en tu cuarto en media hora, desnudito y con eso que te regalo puesto». Luciano le dijo «No, no quiero que me haga lo que me hizo la otra vez» a lo que el taimado viejo le contesto «Entonces hace tus cosas y andate» y dandose media vuelta empezo a irse. El chico desesperado le dijo «Esta bien pero prometame que es la ultima vez, que despues me va a dejar tranquilo».

    «Si te prometo que es la ultima vez» y dandole el pequeño paquete volvio a decirle «ponete eso y en media hora yo vengo, te quiero desnudito con eso solo puesto»

    Luciano acepto lo que le daba el viejo, luego Don Lito se retiro y el muchacho quedo sumido en negros pensamientos. De nuevo ese desagradable viejo queria cogerselo, lo amenazaba con echarlo solo para que le dijera que si, pero y si de veras lo echaba? Adonde iba a ir?

    Cerro la puerta y fue hasta el baño. Abrio el paquete que le habia entregado Don Lito y vio que era una tanga negra, minuscula, una prenda femenina que el abusador queria que se pusiera. Ese viejo degenerado lo trataba como a una chica y lo peor que no tenia mas remedio que aceptar todo lo que le pidiera. Se quito la remera y el slip y se puso la tanga. Se miro en el espejo y se dio cuenta porque el depravado viejo habia puesto sus ojos en el. Con su fisico menudo, de cintura estrecha pero que se agrandaba en las caderas y seguia por sus piernas bien modeladas, parecia una chica. Se sentia culpable de tener ese fisico, era lampiño y al pasar sus manos por los muslos sintio su suavidad. Por eso viejos abusadores como Don Lito lo buscaban, a los otros chicos de la pension el viejo no los molestaba. Era a el, por su aspecto femenino que lo acosaba y ahora para peor con esa tanga que dejaba sus nalgas al aire, el viejo se iba a poner como loco.

    Al rato sintio que la puerta de su cuarto se abrio y Don Lito entro. Se quedo mirando al chico que estaba parado en la puerta del baño, sus ojos se abrian desmesuradamente viendo al chico desnudo, solo con esa pequeña tanguita cubriendolo por delante. Cerro la puerta y paso llave. Se volvio nuevamente para mirar al joven, su verga ya se ponia dura como piedra. El viejo vestia una bata vieja y su bulto era visible, Luciano sentia la calentura del depravado, se lo comia con los ojos y su boca se abria y cerraba tragando saliva. Finalmente se acerco y lo tomo por la cintura diciendole «Que bueno estas, te voy a chupar por todos lados» y empezo a lamerle el cuello. Afiebradamente se pego al chico y sus manos subian y bajaban por el cuerpo del chico. Luciano soportaba estoicamente los manoseos y lamidas del viejo, quiso besarlo en la boca a lo que el chico se rehuso, siguio chupandolo por el cuello y le buscaba la oreja para meterle la lengua.Luciano sentia como el erecto pene del viejo le rozaba las piernas, ahora las manos de Don Lito buscaron la espalda de Luciano y bajaran hasta agarrarlo por las nalgas, con sus dos manos sobaba y apretaba las carnosas y duras nalgas mientras le susurraba al oido » Que buen culo tenes pendejo, te voy a llenar de leche» y seguia lamiendolo en el cuello y la cara.

    El calenturiento viejo llevo de un brazo al chico hasta la cama y lo hizo acostar boca abajo. Se puso encima de Luciano y le apretaba y acariciaba las enormes nalgas, suspirando y resoplando de placer. Su verga dura rozaba sin cesar los muslos del joven, con una mano hizo a un lado la tela de la tanga y hundio su cabeza en el culo del chico lamiendolo sin cesar. Luciano ahora se agitaba bajo el caliente viejo, dijo en un momento «Por favor no me haga doler» a lo que el viejo contesto «No precioso, no te va a doler». Saco de un bolsillo de su vieja bata un tubo de pomada lubricante y vertio una buena cantidad en las nalgas del chico.

    Comenzo a esparcirla por los cachetes hasta llegar al orificio del chico, lo unto bien y luego introdujo un dedo. Sintio como vencia la resistencia del esfinter mientras el chico gemia y empezo a mover en circulos su dedo, tomandose su tiempo, lentamente dilatando y lubricando el ano del muchacho.

    Luego de unos minutos, dejo de penetrar con el dedo, se quito la bata y se puso encima de Luciano. Con una mano abrio lo mas que pudo una nalga y con su otra mano llevo su endurecido miembro hasta el orificio del chico. Empujo y su verga se introdujo un poco, el chico gimio de dolor, pero al empujatr nuevamente pudo meter la mitad de su pene. Espero unos segundos a que su verga se acostumbrara a las apretadas paredes del chico y empujo ahora con fuerza penetrando totalmente el culo del muchacho. Luciano se agito, se removia bajo el viejo pero estaba ensartado completamente y ahora el violador empezaba un mete y saca lento para ir haciendose mas rapido. Don Lito experimentaba un placer enorme, su verga se movia apretada pero firme dentro del lubricado culo del chico, emitia sonidos guturales con cada embestida. Entrecerraba los ojos y de las comisuras de su boca salia saliva, disfrutaba como nunca de la cogida que le estaba dando a ese manjar, ese chico que lo volvia loco. En un momento abrio los ojos y vio a Luciano, con su cabeza hundida en el colchon, su boca entreabierta gimiendo y suspirando ahora ya no de dolor, sus ojos entrecerrados y no pudo aguantarse mas, en una furiosa embestida empezo a eyacular en un orgasmo memorable.

    Luciano sintio cuando el viejo se descargo dentro de el, sintio la calidez y la humedad que lo llenaba sintio que el viejo lo seguia cogiendo aun despues de haber acabado, extrañamente no sentia tanto dolor y hasta en algun momento las embestidas del viejo lo habian excitado-

    Al cabo de unos minutos, con el pene ya flaccido, Don Lito se aparto del muchacho, que quedo tendido y de sus nalgas rezumaba el semen del abusador.

    El viejo se levanto, se puso la bata y encaminandose a la puerta le dijo al chico «Asi me gusta que te portes conmigo, vas a ver que nos vamos a llevar bien» y se fue, dejando a Luciano perplejo, pensando que fue lo que quiso decir.

  • Me imagino cómo será ser infiel

    Me imagino cómo será ser infiel

    He conocido un chico no es muy guapo, pero es atractivo sabe escuchar y es simpático.

    Yo soy una mujer con compromiso, tengo una relación larga, pero que se ha vuelto monótona y casi sin sentido, y mi vida me está pidiendo adrenalina y aventura.

    Llevamos 3 salidas en plan de amigos, el me insinúa cosas y trato de hacerme la loca que no escucha, pero no veo el momento en que por fin se atreva a besarme y a algo más… Mientras me imagino como será…

    Llega la hora de dormir, mi esposo llega cansado y se duerme de inmediato, ya no hay tiempo para mí. Me quedo despierta leyendo sus relatos y calentándome un poco.

    Empieza mi mente a imaginar cómo besará mi prospecto, cómo será sentir sus delgadas y largas manos sobre mi cuerpo, acariciando cada centímetro y repegándome a su cuerpo, me imagino que estamos en un rincón oscuro del parque, el me aprieta por la cintura, me besa frenéticamente, baja poco a poco a mi cuello, me derriten sus besos, baja más hasta mis senos que se van hinchando de placer, empiezo a sentir ese cosquilleo entre mis piernas y esa humedad, no puedo resistir y su mano acaricia lentamente mis pompas y poco a poco se van moviendo, siento su sexo, su erección, su calor.

    Mete su mano lentamente debajo de mis bragas y toma mis pompas fuerte apretándome a él, continúa besando mi boca y cuello, gimo de placer, le digo al oído que no aguanto más, me voltea violento contra la pared, soy su presa, de espaldas a él me sigue besando el cuello, con una mano me aprieta y acaricia los senos, con la otra lentamente mi vagina tan húmeda y deseosa de su verga. Me baja el pantalón y las bragas, hace lo propio y comienzo a sentir su verga jugosa y caliente, alcanzo a tocar…

    Siento la primera embestida suave y luego fuerte y rápido, gimo de placer, me vuelve loca, me hace chorrear y le pido más, fuerte y caliente. Termina con una gran corrida. Me encanta…

    Me he masturbado pensando en él.

    Si definitivamente quiero que eso pase ya

  • La solución para Tono

    La solución para Tono

    (Continuación de “Fiesta con sauna y discoteca”)

    *****

    Tono estaba feliz de pensar que íbamos a ir a su casa. Para mi padre fue un motivo de alegría ir a casa de su prima. Se fue con el Tío Paco y compraron muchas cosas, una verdadera canasta de botellas, embutidos y no sé cuántas cosas más. Al final es que el Tío Paco se había apuntado a venir. Entonces decidí que los primos y Nestor irían juntos, yo me iría con mi padre y el Tío Paco. No sé por qué a todos les pareció normal. En el coche referí mi extrañeza y el Tío Paco me explicó que era lógico, porque él quería estar con mi padre y conmigo, pues nos tiene menos tiempo, y concluyó:

    —”Y tú, Jess, te has pasado una semanita que no has parado un momento en casa”.

    —”Me he dejado llevar por mis primos”, repliqué con pícara sonrisa.

    —”Me parece bien; te puedo asegurar que has sido para ellos un estímulo; ahora quieren estudiar todos, porque te han visto y se dan cuenta que una persona vale más por lo preparado que está”, dijo el Tío Paco, y yo notaba cómo mi padre escuchaba lo que decíamos con plena complacencia.

    —”Ahora te va a costar cuando llegues a casa, después de unos días tan intensos”, soltó mi padre.

    —”No creo, papá; tengo mucho por hacer, y los exámenes me van a tener entretenido, luego…, ya sabes…, luego tenemos muchas cosas que hacer tú y yo para preparar la venida de mis primos, porque te aseguro que todos van a querer venir…, seguro”, dije.

    —”Seguro que sí; y debes prepararlo todo bien porque los has de recibir mejor que te han recibido todos aquí”, dijo mi padre.

    —”Ya será difícil superar al Tío Paco, ya…”, dije, balanceando la cabeza hacia ambos lados y quedó mi cabeza reposando en su pecho, incluso escuché el latido apresurado del corazón del abuelo.

    Fue entonces cuando el Tío Paco estuvo reflexionando sobre lo que yo le había dicho de la casa y me dijo que le daba mucha alegría poder disponer para que todos tuvieran vivienda. Yo confirmé mi deseo para que mis primos pudieran disfrutar de las cosas de mi padre. La verdad es que nunca me había sentido tan contento de disponer de cosas a favor de los demás. Le dije al Tío Paco que yo quería tener una vivienda entre ellos pero más pequeña, porque la usaría menos tiempo y que las de ellos tendrían que ser amplias y cómodas ya que se pasarían todo el año allí. Intervino mi padre para decir que ya tenía pensado el proyecto y llevaría los dibujos al arquitecto de su empresa para hacer planos y para que mejorara el proyecto. Manifesté mi total aprobación y cuánto me satisfacía saber que se iba a realizar:

    —”Porque no somos unos niños con tiempo por delante, todos estamos con capacidad de formar un hogar no tan lejano en el tiempo, de ahí mi preocupación; pues no quisiera ver a mis primos alquilados, teniendo tanto espacio”, dije.

    —”Eso te honra, hijo, no esperaba menos de ti”, dijo mi padre.

    —”Y te honra a ti, Antonio, tener un hijo que mira por los suyos”, dijo el Tío Paco.

    —”Sí; y ahora me hacéis un monumento; no quiero alabanzas, quiero armonía entre los primos y que nos estimemos como miembros de la familia. Andrés y Sara me preocupan, lo mismo Fernando; el castillo no es la morada de Gaspar y Antonio; pienso que Tono también ha de tener parte entre nosotros…; papá, yo quiero ser feliz, quiero que me miren de frente, quiero tener una familia armoniosa, porque eso es lo que me falta y necesito. Si yo he sido feliz estos días no es porque hayamos ido de aquí para allá, sino porque he estado entre personas que no entienden de rencillas y desamores, sino que saben querer; tú sabes, papá, a qué me refiero, no quiero tener un infierno de vida, no sé si me explico…”, dije esto y se hizo el silencio.

    Estábamos llegando y el Tío Paco me indicó que callara, poniendo el dedo índice perpendicularmente a sus labios. Entendí que no quería que hablara de esto delante de los demás y lo comprendí. Pero yo necesitaba expresarme porque, salvo mi padre, a quien veía poco, no sentía el amor de mi madre y mi hermana no sabía expresarlo. Yo sé que mi hermana me quiere y me acepta, pero, como es bastante suya, no sabe expresar el querer. Roxana no completa las acciones, si te comprara un par de zapatos faltaría los pasadores. Yo quiero a Roxana porque, siendo mujer y una niña tan bonita, con la madre que tenemos, no puede considerarla ni su amiga, ni espera recibir ayuda de ella. Y sé que sufre más que yo, porque yo, tengo a mi padre de amigo, ella ni eso. Siempre que me requiere, la atiendo, le escucho, aunque me fastidie el modo cómo me dice las cosas, pero si yo no le hago caso, esa niña se va a desesperar. Por eso la quiero aún más. Mi padre la quiere; decir lo contrario es falso, pero es como ella, no sabe expresar el amor en familia, es decir, con pequeños detalles; cuando es nuestro cumpleaños lo resuelve con dinero, porque no tiene tiempo para comprar nada. En los últimos años, mi padre me da dinero para que le compre alguna cosa a mi hermana, pero ella quisiera recibirlo de manos de mi padre y mi padre no sabe hacer eso; él hace empero las cosas más difíciles, pero los detalles más mínimos se le pierden. Al final, cada uno es como es y, si no sabe hacer las cosas de otra manera, hay que entender. Yo encuentro en mi padre un amigo; lo que me ha pasado siempre es que me falta el tiempo de mi amigo, porque a mi padre lo veo poco; pero, cuando lo veo, cuando lo tengo, me escucha, me ayuda, me comprende y yo hago por entender a mi padre.

    Hemos llegado. Hemos estacionado delante de la casa. De inmediato ha llegado también Gaspar con Tono y Néstor. Mi sorpresa fue ver que venían mi tíos Andrés y Fina con Fernando. Aquello se había complicado agradablemente. Gaspar, después de aparcar el coche, salió y se puso a hablar por el móvil. Estaba hablando con Luis y, mientras hablaba, se venía directamente hacia mí. Me toma por los hombros y me pone el móvil en la oreja:

    —”Cuando acabéis ahí, sea la hora que sea, os venís todos al castillo, os espero sin falta…”, me decía la voz lastimera de Luis desde el auricular.

    —”Pero…, no sé cuándo acabaremos…”, contesté.

    —”Eso me da lo mismo, os venís todos…”, insistió Luis.

    —”Pero…, ¿qué todos?, ¿quiénes son todos?”, pregunté.

    —”Pues todos, joder, tú, Néstor, Tono, Gaspar, Fernando… ¿Quién va a ser?”, insistió Luis.

    —”No sé…, yo sí…, si acabamos pronto…, Néstor, pues…, también…”, dije haciendo el recuento.

    —”Oye, Jess, no seas hijoputa, y tráete a Tono también; ah, y no me digas mariconadas de esas; a la hora que sea, os espero; ¡júrame que vendréis!”, dijo en serio Luis.

    —”Te juro que vamos; no necesito que me expliques nada, iremos todos sin falta”, le dije.

    —”Muy bien guapo, pásatelo bien, un beso, primo”, se despidió Luis.

    —”Un beso, gracias, Lu…”, contesté.

    —”¿Con quién hablabas para darle besos así tan descaradamente?”, preguntó Gaspar, mientras le daba el móvil.

    —”Con mi amor secreto”, dije sonriendo en plan sorna.

    —”¡No me digas que…; no, no era Luis…”, dijo Gaspar justo en el momento en que ya se había arremolinado toda la pandilla.

    —”No sé de qué hablas, no sé por qué te pones así; estaba hablando con mi primo Luis…, y nos hemos despedido”, dije de lo más natural.

    —”¿Tu primo Luis? Tu primo soy yo, joder, dime, dime, qué te ha dicho”, dijo vehemente Gaspar.

    —”Que me quiere mucho, un poco más que a ti, que se quiere quedar conmigo, que…”, dije en plan de broma y carcajeándome.

    —”¿Que tú? Cabronazo, quitanovios, rompenamorados, camisuelta, culisuelto, robanovios, soplanucas, pelavaras, estripacharcos, esgarramantas, bocachancla, morroputa, abrazafarolas, soplapollas, joputa, cabezabuque, morropato, culoplano, malparido, mascachapas, trepababas, rumiamierdas, follaplantas, husmeabragas, revientaviejas, huelebraguetas, cagatrufas, meapilas, asustaviejas, nalgasprietas, comeberzas, malfollado, pichafría, rabilargo, lameculos, malababa, ojosapo, ansiarota, soplagaitas, abreculos, sorbelefas, caraaborto, rascaingles, perroflauta, comebolas, matasanos, catacaldos, descocao, pelazarzas, pagafantas, cuerpoescombro, peinabombillas, aburrevacas, peinaovejas, descalzaputas, escachamatas, cierrabares, pinchatrenes, culofino, culopollo, culocarpeta, rebañacondones, desnortado, lamezurullos, pinchauvas, cagasemen, muerdealmohadas, huelebragas, follawaifus, caraperro, saltacorrales, chupacharcos, mierdaseca, pinchauvas, bocachancla, ratapestosa, tragasemen, mascachapas, pataliebre, chorraboba, eschorrao, mangarranas, peinaanguilas, carapan, mamaostia, chaflameja, cierrabares, culorroto, cagabandurrias, almuerzachicles, carajaula…”, dijo así hasta que explotó de risa.

    —”Vaya letanía”, soltó Néstor con los ojos abiertos de par en par.

    Gaspar se sentía fatigado tras decir su lista de agravios sin parar; no podía sujetar su ataque de risa al ver la cara de Néstor cuando decía “Vaya letanía”; entonces aproveché para decir a “todos” que esta noche, al llegar no íbamos a parar en casa porque estábamos invitados a ir al castillo a no sé qué.

    —”Vamos a cenar en el castillo”, dijo Gaspar, calmando su risa.

    —”Por supuesto que vamos todos nosotros, Fernando y Tono inclusive”, dije, señalando a los cinco con el dedo indice.

    —”No sé si yo…”, dijo Tono y le interrumpí:

    —”Tú te regresas con nosotros, ya lo arreglamos con tu madre…”.

    —”No sé qué dirá mi padre…”, terció Tono.

    —”Tu padre dirá que sí, aunque sea por quedar bien”, dije en serio.

    —”¿Lo veis?, ¿lo veis?, y sigue dando órdenes… ¿Yo ya qué pinto? A que te suelto el resto de la “le-ta-ní-aaaaa”…, dijo esto y volvió a explotar su risa.

    —”No te la sabes; si te la supieras ya la hubieras soltado”, dije yo por encima del hombro, y me hacía una señal de darme un sopapo cuando estuviéramos solos.

    Entonces, balanceando el dedo índice en plan de negativa, le dije:

    —”Eres incapaz de darle a una mosca, pero si quieres mi culo, a tu disposición”.

    Me hizo la señal de los cuernos con su mano y siguió riéndose, porque no podía calmarse. Néstor le iba dando palmadas en la espalda a ver si se serenaba. Entramos a la casa y aquello era una bacanal. Entre lo que había preparado la madre de Tono y lo que habíamos traído nosotros, entre dos mesas que allí había no cabía todo. Los españoles comemos como bárbaros y cuando nos juntamos las familias comemos como cerdos y preparamos para “un ejército”, como se dice. Los humanos pensamos que para pasarlo bien hemos de tener las barriga llena; pero luego viene el malestar o la enfermedad y nos estamos estropeando nuestra existencia. La moderación en el comer y en el beber produce libertad y estado de ánimo entero.

    En cuanto al sexo, comer lo normal, lo necesario para vivir y no excederse es sano y ayuda a realizar la actividad sexual sin impulsos baldíos. Cuando el sexo depende del estado de ánimo de una borrachera, lo único que alcanza es a una eyaculación con un goce mínimo, ya que lo único que se espera es descargar y quedarse dormido. Es lo mismo que el sexo estando cansado por la actividad laboral. El hombre no debiera dejarse llevar al sexo para descargar intensidades, fatigas, problemas o preocupaciones. El sexo tiene valor en sí mismo. La actividad sexual debiera hacerse estando liberado de problemas, cansancio, presiones o preocupaciones a fin de tener una relación sexual intensa. Cuando el sexo se realiza por amor, esta debiera ser una razón suficiente. Cuando el sexo se realiza por placer igualmente debiera ser razón suficiente. Se goza más y no se convierte la actividad sexual en una escapada o liberación de problemas personales, más cuando esa sería la liberación de uno solo, utilizando al otro para uno mismo. Así el sexo se convierte en puro egoísmo y no se hace participar al otro de la felicidad que produce la actividad sexual armoniosamente entre dos cuerpos. Cuando una persona necesita liberarse momentáneamente de sus problemas tiene, además de la masturbación, otras actividades corporales, no siempre sexuales, para hacerlo. Cuando el sexo se practica entre dos o más personas, debiera ser querido para meter al otro o a los otros en la propia dimensión sexual en sí misma, no como una evasión. Un acto sexual entre dos personas requiere una expresión de intimidad —que no de secreto—, casi religiosa, donde uno y el otro consagran su propia pasión para hacer feliz cada uno al otro. Cuando se trata de más personas, quizá no se consagra la intimidad, pero se puede manifestar el deseo de hacer feliz a los otros mediante el sexo. Toda relación sexual nos compromete entre nosotros para buscar la felicidad y el amor.

    En fin, esta disquisición, aunque haya venido a causa de la comida que desperdiciamos, la doy por buena. En la parquedad descubro el honor; en el derroche material el desorden personal. En el sexo de mera satisfacción personal descubro el egoísmo; en la relación sexual generosa descubro la benevolencia y el amor.

    El Tío Paco, mi padre, Tía Adelaida y su esposo Fulgencio, tío Andrés y tía Fina se quedaron en casa después de comer con versando en amena tertulia familiar. Los más jóvenes nos fuimos a dar una vuelta. Tono nos llevó a ver el pueblo y acabamos en una terraza de bar sentados, mientras cada uno tomaba lo que le apetecía.

    Las hermanas de Tono se quedaron en casa porque tuvimos el despiste de no invitarlas a venir con nosotros. A decir verdad, las hermanas de Tono, Amalia, Adelaida, Liberia y María Angustias no tienen mucho que ver con Tono. Las noté evasivas, huidizas y de pocas amistades. Parece que todas estaban saliendo cada una con su chico.

    Al atardecer comenzó a refrescar en el pueblo y salieron a pasear tío Andrés y tía Fina. Nos encontraron en la terraza y se sentaron junto con nosotros. El camarero se presentó para el requerimiento y el tío Andrés nos invitó a todos a una ronda. El tío Andrés es un hombre callado y majo, pero le acompaña una mujer que es para ponerle un monumento. Tía Fina es amorosa, sabe querer a sus hijos y a los amigos de sus hijos. Se había sentado quedando Néstor a su lado y al poco tiempo estaban hablando animosamente. Ella en un momento lo abrazó y lo besó. Parece que nadie se percató, quizá porque estaban acostumbrados. Pero yo, acostumbrado a todo lo contrario, encontré la escena muy llena de cariño, de comprensión, de amor, en definitiva. Tío Andrés, al rato de acabar todos su consumición y habiendo bajado el nivel de conversación, nos animó a irnos a casa para preparar el viaje de retorno, diciendo:

    —”No se os olvide que hoy tenéis fiesta en el castillo”.

    *****

    Llegamos a casa de tía Adelaida y Tono, en privado, me dijo que no iba a venir con nosotros, porque su padre tenía mucho trabajo y no le dejaría ir. Me insistía que sería mejor no decirle nada. Yo le había escuchado atentamente y, no convencido del todo, pensé que se iba a perder una gran oportunidad entre Tono y Néstor para convivir más tiempo juntos y conocerse mejor. Además me sentía en la obligación de poner mis buenos servicios a favor de mi primo y de mi amigo. Me levanté y me acerqué a donde estaba el padre de Tono y le dije:

    —”Tío Fulgencio, quisiera hablar un momento contigo a solas”.

    Se levantó y nos salimos a un patio interior donde había muchos aperos del campo, y me dijo:

    —”Dime eso tan importante que tienes”.

    —”Mira, el lunes me voy. Tono se ha hecho muy amigo de todos sus primos y queremos que se venga con nosotros hasta el lunes. Mi padre y yo lo traeremos aquí ese mismo día, cuando nos regresemos. Si te parece, déjalo venir, aunque sé que debes tener mucho trabajo…”, le dije todo suplicante.

    —”Tono es un buen hijo. Si no fuera por otras cosas estaría del todo contento con él, pero ese no es el caso; tengo miedo a perderle porque me quedaría solo, todo lo demás que tengo son chicas y no están orientadas al trabajo agrícola. Sé que hará el trabajo cuando venga porque en eso es como una bestia de carga, muy responsable. No te preocupes, yo le diré que vaya con vosotros”, fue su respuesta.

    Yo imaginé que lo de “otras cosas” se refería a su orientación homosexual, pero no quise intervenir por ahí. Le dije que me gustaría que Tono estudiara alguna carrera técnica orientada a la agricultura, para que no fuera un mero agricultor de faenas del campo, sino que pudiera desarrollar toda su imaginación e ingenio en la producción agrícola. El padre de Tono se entusiasmó, pero me dijo que tenía cuatro chicas en casa, dos de ellas próximas a casarse y no se podía permitir los gastos de esos estudios. Fue entonces cuando le dije que mi padre me había llevado allí para que animara a mis primos a estudiar y para ofrecerles ayuda para que puedan estudiar, motivo por el cual el dinero no era el problema. Mi tío Fulgencio me abrazó y me dijo:

    —”Eres como tu padre, generoso de verdad”.

    —”Gracias, tío, pero no te olvides de decirle a Tono que se venga con nosotros”, le dije muy contento.

    Entramos donde todos y, como ya se estaban levantando para las despedidas, tío Fulgencio se fue donde Tono y habló con él. Tono reía de contento y desapareció. Al poco tiempo estaba de nuevo con nosotros, metida su bolsa en bandolera, gritando:

    —”¿A quién estáis esperando?”.

    *****

    Lo del castillo fue un ingenio que ese mismo día se había inventado Luis. Imagino que, siendo sábado, se encontraba solo. De ninguna manera podía desaparecer del castillo y decidió organizar una fiesta o algo para tenernos con él. No poder salir un sábado a la calle ni a tomar algo ha de ser horrible. Lo entiendo porque si me ocurriera a mí seguro que me desesperaría. Pensé que Luis estaba discurriendo que si nos quedábamos hasta tarde en la casa de Tono se iba a quedar más solo que la una. Una treta es preparar algo para que vengan todos. Es claro, «yo no puedo ir, pues que vengan ellos». Pero esto, que quizá en otros sería un fastidio, en Luis era una chulada porque los preparativos iban a ser de película. Y así fue.

    Luis había preparado junto a la piscina unas mesas llenas de manjares y canastas con diferentes bebidas. Las mesas, las sillas, las toallas para cada uno sobre la silla. La sala para dejar la ropa sobre los sillones y las luces a media caña para hacer una especie de luz y sombra. La zona más iluminada era la mesa para servirnos y comer. Habíamos aparcado los coches después de dar el rodeo de dejar a los padres de Gaspar en casa. El Tío Paco y mi padre fueron con ellos, al menos para estar un rato juntos. Como supe luego, la verdad es que mi padre llevaba interesado ya un tiempo en invertir en la cooperativa del pueblo. El más indicado para hablar sobre el asunto era tío Andrés, ya que tenía la cooperativa a su cargo como gerente. Supe que a mi padre le interesó la posición tomada por tío Andrés e hizo una fuerte inversión. Tío Andrés iba a preparar todos los papeles para convertir a mi padre en uno de los accionistas mayoritarios y mi padre trasladaría parte de su capital de los otros negocios hacia la cooperativa.

    Esa era la parte que iba dejar en manos de tío Andrés como ya lo había hecho con los demás negocios en las manos de Tío Paco. Padre e hijo eran iguales de nobles y honrados, de la más absoluta confianza. De todo eso doy fe ahora, después de pasar muchos años, en los que he tenido que ir para hacer una remodelación similar a la que en esta ocasión ha hecho mi padre. Tío Paco y tío Andrés no se han aprovechado nunca de nada, han sido nobles por demás, porque han trabajado para el propietario del dinero y no se han cobrado sus sueldos. Lo que venga en el futuro ya lo podremos conversar, pero en esos negocios se estaban ocupando mi padre y tío Andrés, mientras los mangantes de sus hijos estábamos desnudos dentro del agua o totalmente despatarrados sobre los sillones de plástico junto a la piscina mientras le dábamos a las lonchas de jamón y al buen vino de la tierra.

    Luis es un caso aparte de todo el mundo. Está verdaderamente enamorado de Gaspar. Entiende que Gaspar ha de estar con sus primos y que estas son unas circunstancias particulares porque estoy yo a quien no conocían pero habían oído hablar mucho. Mis primos conocían a mi padre, sobre todo Gaspar, Fernando y Andrés. Mi padre les decía siempre que un día me iba a traer al pueblo. Ellos querían ver al bicho de la ciudad. Y desde el primer día nos hicimos muy amigos. Pero tampoco tenían una especial relación con Tono y ahora se habían juntado y se sabían todos queridos por todos. Y por si faltaba alguien, Néstor, a quien no veían bien, lo querían como a un primo más. No puedo ponerme méritos ni ha sido gracias a mí. Yo no he puesto ningún esfuerzo especial. Lo que ha ocurrido es que todos los que estábamos allí habíamos sufrido de una u otra manera, yo quizá menos que ellos, a causa de nuestra orientación sexual.

    Es cierto que ellos lo habían sufrido más; en un pueblo se nota más y se sufre todo más que en la ciudad. Néstor, como ya sabéis, ignoraba si era o no gay a pesar de sus inclinaciones ocultas. Gaspar no lo soportaba porque se burlaba de los homosexuales para disimular su condición, lo que Gaspar ignoraba. Aquí cada uno seguía su batalla particular con su mal llamado “problema” personal; era una situación que no les dejaba vivir en paz. Luis estaba refugiado en el castillo hasta que encontró a Gaspar, gracias a Fernando. Cuando Luis y Gaspar decidieron ser el uno para el otro los “problemas” personales menguaron, pero tuvieron que pelear con problemas de grupo. La gente empezó a mirarlos mal porque no escondían su homosexualidad. La suerte que tuvieron fue la tía Fina. Ella supo pronto las cosas que pasaban en sus hijos y a cada uno lo orientó adecuadamente. Los hermanos se sintieron unidos y jamás permitieron que vapulearan a uno por librarse el otro. Hubo mucha gente que pensaban que los dos eran homosexuales y criticaron a sus padres como si ellos hubieran sido los culpables. Otros sabían que solo Gaspar era gay, pero eso les importaba poco porque así no había morbo suficiente. Es mejor dos víctimas que una. Por eso comenzaron a crucificar a Fernando, para tener siempre a mano a quien echar la culpa de todo lo malo que ocurría en el pueblo.

    Si llovía demasiado en invierno era un castigo de Dios para este pueblo; si no llovía nada y amenazaba sequía, el cielo se estaba vengando de los habitantes del pueblo por permitir vivir entre ellos a los sodomitas. Hubo quien había propuesto la expulsión del pueblo para toda la familia de sodomitas. Hubo otros que condenaban a Fernando por error, pensando que él era el gay y no Gaspar, dada la contextura más musculosa de Gaspar. Jamás Fernando se defendió y admitía las acusaciones para no tener que señalar a su hermano. El Tío Paco se comportó como un perfecto hombre, padre y abuelo. Cada vez que escuchaba decir a alguien algo contra sus nietos los denunciaba a la policía por difamación, calumnia o lo que la ley le permitía. Nunca dejó que se saliera nadie con la suya. Como quiera que fueron varios los que tuvieron que pagar las multas y otros costes a causa de los juicios, hizo callar, al menos en público, a toda aquella guarida de animales disfrazados de hombres que había en el pueblo.

    Tono no tuvo que sufrir como los mellizos, pero nunca pudo manifestarse claramente ni confiar su orientación ante nadie, ni a sus padres, ni a sus hermanas. Todo lo ocultó esforzándose en el trabajo agrícola duro. No tanto porque quería ser agricultor, sino porque sabiendo del sufrimiento de sus primos por los comentarios de sus padres, no siempre acertados ni benévolos, él se veía amenazado si declaraba su orientación. Nunca pidió a sus padres hacer estudios superiores, porque no sabía si podría vivir fuera de su casa con ese peso. Su refugio era el campo, la soledad, el trabajo y, si tenía suerte de conocer a alguien con deseos, fuera o no gay, tener un polvo en secreto. Incluso prefería que sus encuentros no fueran con solteros sino con casados ya que de este modo se aseguraba el silencio de sus amantes a causa del temor que sentían por ser descubiertas sus “depravaciones”. Por eso Tono evitaba ir al pueblo de su madre, a fin de no encontrarse con sus primos mellizos y no ser tildado tan cruelmente como ellos.

    Se podría decir que todos habían encontrado la paz y la alegría al podernos juntar. Fernando se sentía uno de nosotros sin ser gay; había sufrido las consecuencias y amaba a su hermano como nadie, excepción hecha de su madre que los amaba más que a su vida. Todos nos encontrábamos juntos, como multitud, y sentíamos que éramos una parte de la población donde reinaba la paz y la armonía. Todos nos sentíamos protegidos unos por los otros y todos por nuestros padres y por el Tío Paco. Incluso Néstor se sentía ya de la familia y miraba con muy buenos ojos la atención que el Tío Paco le prestaba. Había descubierto un ámbito de libertad para manifestarse a sí mismo como lo que era y como quien era. Se sentía querido y aceptado.

    Esta fue la semana crucial que toda la familia encontró para descubrir los remansos de paz que tanto anhelaba y necesitaba. Las recompensas habidas para la fidelidad y la honorabilidad de unos, la generosidad de otros, la lucha continua y abnegada que todos tuvieron que sufrir. Cuando referíamos estas cosas se quedaban mirándome para esperar que yo contara alguna de las desgracias tenidas o sufridas por mí a causa de mi homosexualidad. Pero yo no las había sufrido. De todo el grupo fui el único que escapé de persecuciones y desprecios, porque lo único que había probado era alguna majadería que podía yo mismo replicar con otro ataque personal. Alguna vez en el colegio me decía algún compañero que yo era un “maricón de mierda” y casualmente quien estas cosas decía siempre era gente de poco nivel intelectual y se le podía castigar con otro insulto referente a los estudios, desde ignorante a “pedo matemático”.

    De todo esto hablamos esa noche en el castillo, entre baño en la piscina y lonchas de jamón, entre cerveza o bourbon. Decidimos que íbamos a dormir todos en el castillo. Lógicamente Luis y Gaspar durmieron en el habitáculo de Luis. Propuse que Tono y Néstor durmieran en la habitación contigua. Solo al día siguiente me contó Néstor las perrerías que hicieron los dos, pero estaba muy contento. Quedamos Fernando y yo para otra habitación. Gaspar se compadecía de mí porque no tenía pareja adecuada. Me dio la lata hasta el fastidio y tuve que decirle que era bueno que me tocara una noche de abstinencia sexual, porque las cosas, si sobreabundan, empalagan y no se aprecian. Con esta reflexión Gaspar se sintió satisfecho y muy tarde y con sueño todos nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones asignadas, no sin antes recoger la ropa que teníamos en la sala.

    Como ya es costumbre, antes de acostarme me fui a duchar; por esta razón no me había vestido. Creo que solo se vistieron Luis y Fernando. Le dije que me metería un rato a la ducha para aclarar mi cabeza que me pesaba un poco. Eso significaba que antes me sentaría en la taza para aligerar mis entrañas. En efecto, cuando entré en la ducha, me senté para dejar que el agua me cayera encima sin más y encontré un considerable alivio.

    Salí de la ducha y me dispuse a secarme con la toalla. Pero algo me perturbó; me pareció percibir un movimiento en la habitación. No sé si miré. Todo transcurrió al mismo tiempo. Se me cayó la toalla al suelo y la culpé de mi turbación. Decidí castigarla como si fuera alguien o algún animal y sentí deseos de follarla. Inicié mi masturbación sobre la toalla para empaparla con mi esperma. Pero ya sabía yo que no iba a ser de inmediato, porque en la ducha ya me había sobado y había expelido mi buena porción de caliente leche. Pero sentía auténtica aversión a la toalla y seguí pelándomela con desesperación.

    De pronto, por detrás de mí, sin haber percibido movimiento alguno, sentí unos cálidos besos en mi cuello por debajo de mis orejas. Besos suaves, besos tiernos, cálidos y amorosos. Unas manos rodearon mi talle desnudo y apartando las mías comenzaron a masturbarme más suave y tranquilamente. Los besos en mi cuello y aquellas manos blandas, suaves y untadas con olorosa crema, serenaron mi ánimo. Notaba el paquete enfundado de mi apresador apretando por entre los glúteos y me entraron sentimientos de liberarlo. Llevé mis manos detrás de mi espalda e intenté desabrochar aquel pantalón. Aunque el inesperado amante me lo facilitó, no podía pasar aquellos botones por sus ojales. Desabroché a ciegas el cinturón y solo así abrí el primer botón y el segundo y el tercero. Sentí frescura en la piel de mis nalgas al caer el pantalón a lo largo de las piernas de mi amante. Arrimó su pecho a mi espalda y sentí su piel contra la mía. Acercó su desnudo miembro a mis nalgas y se separaron para dar paso a aquella misteriosa prenda. Como si la esperase, mi esfínter se puso en manifiesto movimiento interno para autodilatarse y no impedir el paso al miembro asaltante. Tal fue la serenidad y prontitud que con gran facilidad pude engullir el grueso pene hasta lo más profundo del colon.

    Suavemente bombeaba metiendo y sacando la polla por el agujero de mi culo, mientras con mayor suavidad aún me iba masturbando. Con mis manos en el trasero de mi inesperado amante acompañaba sus movimientos y luego metía en su agujero, uno, dos y hasta tres dedos. Todo tiene su comienzo y todo tiene su meta. Llegamos intencionadamente al mismo tiempo al orgasmo. Sentía los trallazos de semen en mi interior y dejé rienda suelta a mi polla para llenar la toalla con todo el esperma eyaculado para cumplir la sentencia.

    Serenados los ánimos y los espasmos corporales, me volví para agradecer con un par de besos a mi ignorado amante anónimo y mayor fue mi alegría y placer al descubrir que se trataba de mi primo Fernando. Había deseado toda la semana amarlo y tenerlo junto a mí haciendo el amor con él y por él siendo amado, pero su condición de heterosexualidad y con proyectos de casarse con su novia, nunca imaginé que mi deseo predijera hacerse realidad. Lo besé con mayor intensidad y agradecimiento y nos metimos los dos en la cama a seguir dándonos placer.

    Por supuesto que de esto no se enteró nadie. En el desayuno, ellos contaron alguna de sus perrerías y yo solo dije que Fernando era buen acompañante para dormir porque no roncaba. Todos se reían cuando decía esto; nunca les pregunté cuál era el motivo de su risa, si mi soledad en la cama o la gracia que les hacía la falta de ronquidos. Pero no había razón para dar mayores explicaciones.

    *****

    Continuará: La despedida oficial.

  • En el barco atracado al muelle, me rompen el culo

    En el barco atracado al muelle, me rompen el culo

    Era ya media tarde, cuando iba por el puerto de La Coruña camino a mi casa, después de haber tenido que trabajar aquel sábado. Pero bueno, ahora hasta las 8 de la mañana del lunes, tendría libre.

    Al pasar por al lado del bar del puerto, me entraron ganas de beber una cerveza, y es que andaba muerto de sed. Así que sin pensarlo entré y pedí una cerveza, la cual casi la bebí de penalti, por lo que pedí otra más, y cuando ya había pagado ambas cervezas y estando ya casi terminada esta segunda cerveza, el camarero me dice que estoy invitado a otra cerveza si la quería; el que me estaba invitando, no era otro que Pedro el portugués, chabolista del puerto; al principio dije que no, pero después de tanto insistir en que me pusiera la cerveza, accedí a dicha invitación.

    El chabolista se pegó a mí, y estuvimos hablando mientras bebíamos, me comentaba que hacía tiempo que no se me veía el pelo y que se alegraba de volverme a ver. Antes de terminar esa cerveza pidió otras 2 cervezas, pero no dejó que yo lo invitara.

    Estando conversando con él, tuve que ir al aseo a mear, y es que era mucho líquido en tan poco tiempo, voy un momento al aseo, le dije. Espera que yo también tengo que ir, me contestó.

    Entramos ambos en el aseo, y como uno de los urinarios estaba atascado, no me quedó más remedio que esperar a que él terminara de mear, para luego hacerlo yo.

    Cuando saqué la polla y me disponía mear, el chabolista, me agarró la polla y huevos, diciéndome que tenía ganas de darme por el culo. Que te parece, me decía meneándome la polla y acariciándome los huevos, a la vez que con la otra mano me acariciaba y sobaba el culo.

    Al momento yo me puse colorado, a la vez que giraba la cabeza mirando la puerta de entrada al aseo, no fuese a entrar alguien y nos viese como el chabolista me sobaba el culo y me pajeaba mientras yo intentaba mear.

    Dios, el muy hijo de puta ya me había empalmado, y intentaba bajarme los pantalones y meterme un dedo en el culo.

    Para para, le decía mientras me sujetaba los pantalones. Pues vamos o te follo aquí mismo, me decía el chabolista. Mira cómo estoy, me dijo mientras llevaba mi mano a su entrepierna.

    ¡Ufff! Menudo rabo que tenía el muy hijo de puta, tenía la polla más grande y gruesa que jamás había visto, y por encima estaba a reventar de empalmado.

    Joder, si esa verga no me va a entrar, le dije. Es demasiado grande y me vas a romper el culo.

    La otra vez sí que te entró, pero no te preocupes que, si no te entra, me haces una paja y me dejas correrme en tu cara.

    Bueno le contesté, pero para y déjame terminar de mear.

    Cuando terminé de mear, salimos ambos de los aseos, fuimos a terminar de beber las cervezas, y salimos del bar del puerto.

    Ven me dijo, vamos al barco que está atracado en el muelle de Linares Ribas, que tengo que dormir allí, ya que el barco no sale hasta el lunes.

    Cuando llegamos al barco, subimos a él y me llevó a la cocina, para luego desde allí ir a donde tenía el camarote, que era donde dormía el chabolista. Aquí nadie nos molestará, me dijo.

    ¿Estás tu solo? Le pregunté.

    Sí, hasta el lunes que salga el barco, estoy yo solo, me contestó, mientras llevaba sus manos a mi cintura y me abrazaba a él.

    Ay maricón, que ganas te tengo. Me decía mientras me iba mordiendo los labios y saboreando mi boca.

    Me fue dando la vuelta y mientras pegaba su paquete a mi culo y lo restregaba por él, me iba mordiendo la nuca, mientras con sus manos empezaba a desabrocharme el cinturón, luego hizo lo mismo con el pantalón, tirando de estos para abajo, lo mismo que hizo con el slip, hasta que los tuve a la altura de los tobillos. Subió luego mi camiseta quitándomela mientras me iba besando la espalda y se restregaba el paquete en mi culo.

    Ay maricón que bueno estás. Que ganas tengo de follarte, jadeaba mientras me lo decía.

    ¡Ufff! Que bueno y rico estás. Te voy a preñar este culito, te voy a hacer mi hembrita. Me decía el chabolista sin dejar de restregar su enorme pene por mi culo, y metiéndome mano por todas partes. Ay putita, cómo te voy a abrir este culito con mi verga, te lo voy a dejar bien preñado pedazo de maricón.

    Sácate los zapatos y termina de sacarte el pantalón, mientras yo me despeloto, me dijo dejando de abrazarme.

    Terminé de sacarme toda la ropa, y una vez en pelota picada, ya lo tenía abrazándome de nuevo a él.

    Me sobaba por todas partes, me iba lamiendo y mordisqueando todo el cuerpo, mientras yo le agarraba aquella enorme verga con mi mano, y la iba acariciando a la vez que se la meneaba.

    Empezó a morderme el cuello, y aquello fue el comienzo de empezar yo a gemir y temblar de gusto.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía a la vez que temblaba de placer, mientras agarraba con más fuerza su polla con mi mano y se la meneaba.

    Tranquilo putito, tranquilo que te voy a hacer mío y te voy a hacer gozar de placer. Te voy a hacer llorar de gusto, y te voy a dejar bien preñado este culito.

    Me tumbó sobre el camastro, y poniendo mi culo a su disposición, llevó su boca a él, empezando a darme una lamida de ano cómo nunca había recibido. Me mordía la parte interna de los muslos, luego el perineo, lamiendo la parte de atrás de los huevos. Yo gritaba y me retorcía de gusto, a la vez que me abría más de piernas y levantaba el culito para que su lengua lamiese mi ano, que ya empezaba a abrirse cómo si fuese una almejita.

    Así putito, así, deja que tu culito se abra y vaya aflojando para que te pueda meter mi polla en él.

    Dios, moría de ganas por que me diera por el culo, pero aquella polla del portugués era demasiado grande y sobre todo gruesa para mi pobre y estrecho culito. Sabía que, si me la metía, me iba reventar el culo al igual que me pasó la primera vez, por lo que estaba algo nervioso.

    Pero con el medio colocón que llevaba a causa de las cervezas que había bebido, el calentón que tenía, y la lengua y mordiscos del chabolista, me estaban haciendo perder la razón, y desear que me diera por el culo con aquella tremenda pirola, más que pirola era un pirolón descomunal.

    Me lamía el culo, mordisqueaba el perineo y lamía los huevos haciendo que diera gritos de placer, sin yo poder reprimir aquellos gemidos, por tanto gusto que estaba sintiendo.

    Mientras me iba lengüeteando el esfínter anal, empezaba a meterme un dedo en el ano, y así ir abriendo un poco mi culo. Metía su lengua dejando la entrada de mi ano toda llena de saliva, mientras su dedo iba abriendo más mi esfínter, y esparciendo sus babas.

    Después de un buen rato abriéndome el culo con su dedo y dejarlo lleno de sus babas, me levantó ordenándome echarme encima de él, y que le chupara la polla, mientras él seguía lamiéndome el ano, y metiéndome su dedo.

    Así hice, sujetando la tremenda foronga del chabolista con mis manos, llevé mi boca a ella, empezando a lamer y chuparle el glande ya que poco más me cabía en mi boca. Lamía y le iba dejando mis babas, para que aquella verga pudiese entrar en mi culito.

    Ahora ya me había metido otro dedo, y jugaba con ambos dedos haciendo que mi esfínter se abriera aún más, y su lengua pudiese entrar mejor y lubricarse aún más mi ano.

    Estoy seguro de que, si hubiese alguien en el barco, nos habría podido escuchar perfectamente, ya que yo no paraba de jadear, gimiendo cómo una gatita en celo y de dar pequeños gritos mientras el chabolista me iba metiendo 2 dedos en el culo y lamiéndome con su lengua.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras abría las piernas todo lo que podía, a la vez que metía en mi boca todo lo que podía la polla del portugués.

    Vamos a probar a ver si ya te entra mi polla en este culito tan sabroso y vicioso que tienes putita, me dijo a la vez que se levantaba, levantándome a la vez a mí en sus brazos.

    Se quedó sentado en el camastro poniendo las piernas en el suelo, y dándome la vuelta me ordenó que abriera las piernas y me sentara a horcajadas sobre su regazo.

    Abrí las piernas arrimándome a él, dejando que sus piernas quedasen en medio de las mías, y pegándome a él todo lo que pude, me sujeté en sus hombros y fui sentándome sobre su tremenda polla.

    Colocó el su cipote en la entrada a mi ano mientras lo sujetaba con su mano, me decía que me fuese sentando poco a poco. Pero aquella verga no era capaz de entrar en mi estrecho culito. ¡Ahhh! ¡ahhh! Gritaba yo cada vez que intentaba introducir aquel pollón en mi culo.

    Vamos a cambiar de posición dijo el chabolista, que veía que no había manera de que su polla me entrara en mi culo y así poderme dar por el culo y preñármelo de leche.

    Me puso a 4 patas sobre el camastro, y colocándose detrás de mí, volvió a intentar meterme su tremenda polla en el culo.

    Pero otra vez los intentos fueron infructuosos, no había manera de que aquella foronga entrase en mi culo.

    Joder maricón, sí que estás bien cerrado, eres de culo estrecho, pero por mis cojones que hoy te abro este culo y te lo follo bien follado.

    Me ordenó levantarme, y agarrándome por la mano, salimos del camarote llevándome al comedor donde estaba la cocina. Entró en la cocina dejándome allí de pie en el comedor. Fue a la gamuza donde estaban los víveres del barco, saliendo al poco rato con una tremenda zanahoria, y una tarrina la cual contenía mantequilla.

    La zanahoria que traía era tan pero que tan grande que asustaba, era cómo su polla, salvo que en la punta era menos gruesa, y hacía que fuese algo cónica, pero de la mitad de esta, era tan gruesa cómo su polla.

    ¿Para que es la zanahoria? Le pregunte. No irás a metérmela en el culo, ¿verdad?

    Pues sí, contestó, la vamos a usar cómo consolador, y así abrirte más el culo, y con la ayuda de esta mantequilla, lubricarte bien este culito, me dijo mientras me lo estrujaba con su mano.

    Dejó lo que traía en uno de los bancos, luego me abrazó pegándose a mí, empezando a morderme el cuello mientras se restregaba contra mí, ¡aaahhh! Maricón que ganas tengo de darte por el culo y hacerte mío.

    Me agarró con sus manos por detrás de mí culo, levantándome para colocarme sobre la mesa que allí había. Me sentó sobre ella, para seguido hacerme acostar sobre ella quedando boca arriba.

    Levantó mis piernas colocándolas sobre sus hombros, tirando por mí hasta que el culo me quedó al borde de la mesa. Echó mano a la tarrina de mantequilla, y untándose los dedos, fue pasándolos por mi ano. Metía uno de sus dedos dentro, haciendo que mi esfínter quedara impregnado de mantequilla, cuando consiguió que entraran fácilmente 2 de sus dedos, cogió la zanahoria y después de untarla de mantequilla con su mano, la llevó a la entrada de mi ano, para írmela introduciendo dentro de mí.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Empecé a gemir yo, al notar cómo me iba entrando aquella enorme zanahoria en mi culo.

    Mira cómo te entra la zanahoria, pedazo de maricón. Te gusta cómo te da por el culo la zanahoria, ¿eh?

    Mira cómo la traga tu culito, mira pedazo de puta, mira cómo traga y te gusta que te den por el culo.

    El muy hijo de puta del chabolista metía y sacaba aquella enorme zanahoria en mi culo, haciendo que yo gimiera y me retorciera de gusto. Pero lo que yo quería, no era la zanahoria, si no que lo que deseaba era aquella tremenda polla que se gastaba el chabolista portugués.

    Luego de estar un rato metiendo y sacándome aquella zanahoria en el culo, cogió la zanahoria, y en lugar de metérmela por la parte más delgada, le dio la vuelta a la zanahoria, y ahora intentaba metérmela por la parte más gruesa. Al primer intento no me entró, pero después de untarla un poco con la mantequilla, colocó la misma en la entrada a mi ano, y fue empujando poco a poco, hasta conseguir que mi esfínter fuese cediendo, y aquella zanahoria fuese entrando en mi culo.

    ¡Ahhh! ¡ahhh! Gritaba yo, ¡ay! Ve despacio que me duele, le decía mientras mi frente se llenaba de sudor, sintiendo cómo aquella enorme zanahoria, me iba abriendo el culo y se metía dentro de mí.

    Los gritos que daba eran cada vez mayores, y le pedía que me la sacara, que no podía más. Cuando de repente, se abrió la puerta del comedor, y aparecía un hombre algo mayor que yo, y más joven que el chabolista.

    Joder, Pedro, pensé que pasaba algo. Venía a dejar el petate, y no te vi, pero al escuchar los gritos creí que te pasaba algo. Y menudo panorama que me encuentro. Te estás follando a un maricón. Joder, menudos gritos que pega el muy cabrón.

    El que había hecho acto de presencia, era uno de los marineros del barco, que cómo había venido hasta La Coruña, había aprovechado, y fue a dejar en el barco el petate con sus cosas, para no venir cargado con él, el lunes.

    El chabolista paró de meterme la zanahoria en el culo, y mirando para el que había entrado, le dijo: Pasa pasa, Fidel, ve dejar el petate en tu camarote, y si quieres unirte aprovecha que hoy le voy a dar por el culo a este rico mariconcito. Tiene un culito de lo más rico, pero el muy cabrón es algo estrecho para mi polla, y chilla cómo un condenado.

    Joder, pero si le tienes metida una tremenda zanahoria en el culo, le decía el tal Fidel al chabolista, sin sacar la vista de mí.

    Es para abrirlo un poco, ya que no hay manera de meterle mi polla. No me extraña le decía el tal Fidel, es mucha herramienta la que te gastas, con esa polla revientas a cualquiera.

    Joder Pedro, no sé cómo consigues estos mariconcitos, sí que es guapo el muy cabrón, y menudo cuerpo que tiene, decía mirándome a la cara, y llevando su mano a mis pezones me los pellizcaba. Si me dejáis participar, me apunto, le dijo el tal Fidel al chabolista.

    Pues ve desnudándote y vamos a darle por el culo a este pedazo de maricón. No te parece mal, ¿verdad Dani? Me dijo el chabolista.

    Yo no contesté nada, pero en vista de la posición en que me encontraba mejor era callar y consentir que aquellos 2 me dieran por el culo, y luego marcharme. Además, a aquellas alturas estaba tan pero que tan caliente, que lo que necesitaba era una polla que me diera por el culo, y me quitara aquella calentura que tenía.

    El tal Fidel, no tardó ni un minuto en quitarse la ropa, y una vez en pelotas, meneando su polla la cual era algo larga, pero de grosor normalito; quizás más delgada de lo normal; se acercó a la mesa y cogiéndome la mano, me la llevó a su hermosa pirola.

    Toma, me dijo, acaríciala un poco y mira que rica verga te va a dar por el culo, mariconcito. La cogí con la mano empezando a acariciarla subiéndole y bajando la piel del prepucio, y acariciándole los huevos. ¡Ohhh! Gimió el tal Fidel, cuando le empecé a acariciar los huevos. Ay maricón, cómo me estás poniendo, me decía mientras me pellizcaba los pezones. Tienes unos pezoncitos muy ricos joder, y una boquita con unos labios muy sensuales, que estoy deseando me chupen la polla.

    Se subió el tal Fidel al banco, y poniendo las rodillas sobre la mesa, me cogió por la cabeza, llevando mi boca a su verga. Anda abre la boca y chúpala un poquito, me dijo.

    Abrí la boca, y sujetándole la polla con mi mano, le empecé a chupar aquel glande que se mostraba hinchado y colorado. Mientras le iba chupando la polla, el chabolista, seguía metiéndome la zanahoria en mi culo, ahora con mayor facilidad y menos dolor.

    Así, así chúpame la polla, maricón, ay que bien chupas, ay que boquita más golosa que tienes.

    Después de un ratito el recién llegado le dijo al chabolista, mientras yo le chupaba la polla y él me pellizcaba los pezones. Déjame darle por el culo que ya no aguanto más, así de paso te dejo el culo del maricón más abierto y lubricado. Anda quítale la zanahoria del culo y deja que me lo folle.

    El chabolista sacó la zanahoria de mi culo y le dijo que cómo me quería follar, si así tumbado sobre la mesa, o cómo prefería.

    Mejor me lo follo de pie, que se recline sobre la mesa, y le doy por el culo, dijo el tal Fidel.

    Así que me pusieron de pie, y después de sentarse en la mesa el chabolista, coloco mi cabeza sobre su regazo, y mientras yo me agarraba a su cintura con mis brazos, el tal Fidel se colocó detrás de mí, abrió mis piernas y colocando su polla en la entrada a mi ano, dio un movimiento a su cadera enterrándome la polla en lo más hondo de mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité al notar toda su polla dentro de mí.

    Calla calla, pedazo de maricón, que ya te la has comido entera, me decía el tal Fidel. Se pegó más a mí hasta notarle los pelos de su pubis pegados a mi culo, y sujetándome por las caderas, empezó a mover su pelvis haciendo que su polla entrara y saliera de mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Que culito tienes, ¡ooohhh! Que gusto, ay que gusto, ay que gusto me da maricón, me decía mientras no paraba de darme por el culo.

    Yo estaba gozando con la follada de aquella polla que entraba y salía de mi culo rozándome la próstata, haciendo que mi polla goteara semen por todas partes, a causa del vaivén de la follada que me estaban dando.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía yo mientras me daban por el culo, y tenía sobre mi cara la tremenda polla del chabolista. Con tanto gusto que estaba sintiendo, no hice otra cosa que agarrar el tremendo pirolón del chabolista, y empezar a lamerlo y darle chupetadas al glande que se mostraba hinchado y colorado a más no poder.

    Te está gustando mariconcito, te gusta, ¿eh? Me decía el chabolista mientras con sus manos iba pellizcándome los pezones. Pues no te preocupes, que luego lo vas a pasar mejor. Te voy a preñar bien preñado este culito tan rico que tienes.

    De repente el que me estaba dando por el culo, clavó sus dedos en mis caderas, y metiéndome la polla más a fondo, empezó a jadear y gritar, me corro, me corro, ¡ooohhh! Me corro, ¡ooohhh! Ay que gusto, ay que gusto.

    Había soltado 5 largos trallazos en lo más hondo de mi culo, y luego de eyacular, quedó agarrado a mis caderas, dándome besitos por la espalda, hasta que su polla fue saliendo de mi culo una vez se había descargado por completo.

    Ohhh que gusto maricón, que gusto me has dado, que pedazo de culito que tienes, me decía acariciándome el culo.

    Joder que culito más sabroso, no sé donde cojones consigues estos culitos, Pedro, pero es que está tan rico que me lo estaría follando seguido.

    Bueno ahora si que me gustaría ver cómo le revientas el culo con esa tremenda polla que te gastas, decía el tal Fidel, terminando de recuperar el aliento, e irguiéndose, pero sin dejar de acariciar mi culo.

    Pedro el chabolista se puso de pie, y haciéndome poner derecho a mí, me preguntaba si me había gustado.

    Qué maricón, ¿te ha gustado eh! Me preguntaba el chabolista, mientras con sus manos agarraba mi polla y huevos.

    Uy pedazo de puta, si tienes la pollita toda babosa de semen, me decía el chabolista mientras me iba sobando la polla y huevos.

    Me pegó más a él, y mientras me decía, estás bien caliente, eh maricón, llevaba su boca a la mía empezando a morderme los labios. Tiemblas como un ternerito, y mira cómo te gotea la pollita, mariconazo, te gusta que te den por el culo, eh.

    Claro que te gusta, te encanta la polla pedazo de maricón. Te gusta que te den por el culo y te lo dejen bien preñado.

    Ven me dijo, tirando por mí. Vamos a meterte ahora mi polla, que estoy que reviento de ganas por abrirte este culito.

    Se sentó en uno de los bancos quedando mirando hacia el pasillo, y tirando por mí de mi mano, me hizo que abriera las piernas, para que me sentara a horcajadas sobre él.

    Ven mi putita, ven y abre esas piernas que te voy a meter mi cipote en este tierno culito que tienes.

    Abrí las piernas, y sujetándome a sus hombros, mientras él me rodeaba con sus manos mi cintura, me fui arrimando hasta quedar pegado a su pecho.

    Así maricón, así, ahora relaja ese culito y ve sentándote mientras te va entrando mi cipote.

    Me fui agachando mientras él sujetaba con una de sus manos su enorme polla, y con la otra buscaba mi esfínter para que su glande quedara pegado al mismo, mientras yo me iba sentando sobre él.

    Una vez puso la punta de su enorme verga en la entrada a mi ano, me dijo, relájate y deja que te vaya entrando.

    Yo notaba su enorme polla pegada a mi esfínter, e intentaba que entrara el glande, pero aquella polla hoy no había manera de que me entrara.

    El cabrón del chabolista veía que no había manera de que mi esfínter se abriera más y le diera paso a su enorme cipote, así que le dijo al tal Fidel, que estaba mirando cómo trataba de ensartarme aquella enorme polla en mi culito, agárrale las piernas y levántalo un poco y ve dejándolo caer poco a poco.

    Fidel, se pegó a mi espalda, y sujetándome por las piernas, me levantó un poco en el aire, y al momento noté un enorme pinchazo en mi ano.

    Ay, ay ay ay, grité al notar cómo mi esfínter se abría empezando a entrar el enorme cipote que se gastaba el chabolista. Para para, le pedía abrazándome al cuello del portugués.

    Ya, ya mi putita, ya te entró la puntita, ahora respira hondo mientras se adapta tu esfínter a mi polla.

    ¡Ufff! Estaba abrazado al cuello del portugués y me había puesto pálido, un sudor frío me caía por la frente. Un tremendo pinchazo me había recorrido toda la espina dorsal. Intenté relajarme mientras respiraba profundamente, cuando el chabolista dio un movimiento a su pelvis, haciendo que su enorme tranca terminara por entrar en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Grité al notar cómo terminaba por entrar la enorme polla del portugués en mi culo.

    Ya ya putita, ya te ha entrado toda, ahora relájate para que puedas disfrutar de ella, me decía el chabolista, mientras apoyaba la cabeza en mi hombro.

    ¡Ufff! Resoplaba yo mientras mi culo se iba adaptando a aquel enorme intruso que se alojaba en mis entrañas.

    Así maricón, así te quería tener, bien ensartado en mi cipote, pedazo de maricón, que eres todo un pedazo de maricón, pero con un culito que me vuelve loco, y que ardo en deseos por preñártelo bien preñado con mi leche.

    El muy hijo de puta me tenía ensartado su cipote hasta los huevos, y ahora mordía mi cuello y hombro, mientras subía y bajaba su pelvis haciendo que su polla empezara a subir y bajar dentro de mi culo, haciéndome dar gritos de placer, cada vez que su polla rozaba mi próstata.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Suspiraba yo cada vez que notaba su polla tocar mi próstata. Las piernas me temblaban y mi pobre pollita no paraba de gotear semen sobre el vientre del portugués.

    Me abrazaba a su cuello con mis brazos, y con mi boca le iba mordiendo el cuello mientras no paraba de gemir y gritar de gusto.

    Ay que gusto, ay que gusto, le decía. Préñame cabrón, préñame el culo con tu leche, ¡ooohhh! ¡ohhh! Que gusto, ay que gusto, le decía sin dejar de morderle por todo el cuello y dejarlo marcado de chupones.

    Fóllame cabrón, fóllame. Quiero que me folles y me rompas el culo con este pedazo de cipote que tienes. Quiero que me dejes bien preñado y que me abras bien el culo con tu tranca.

    Ya llevábamos un buen rato follando y el cabrón del chabolista no tenía trazas de eyacular. Los labios me los tenía hinchados y enrojecidos de tanto mordérmelos, al igual que el cuello y hombro. Y mientras el chabolista seguía dándome por el culo con su enorme verga, Fidel, no dejaba de mirar cómo me daban por el culo, y de vez en cuando se arrimaba a mi espalda, me la acariciaba, y pegaba su polla y huevos a ella restregándose por ella, dejándomela toda impregnada con el semen que le brotaba de su polla; debía ser a causa del roce y de lo excitado que estaba, viendo cómo me daban por el culo.

    De pronto el chabolista, sujetándome por las piernas se levantó y manteniéndome ensartado en su enorme polla, me colocó sobre la mesa, empezando a follarme manteniéndome allí tumbado.

    Ahora el cabronazo arremetía con más ganas, y se empezaba a escuchar el plof plof plof de su polla entrando en mi culito, y el golpeteo que daba su pelvis y huevos al entrar su polla en mi culo.

    Así maricón, así, ay que gusto, ay que gusto, decía, cuando empezó a gritar que se corría.

    Ya ya, ya me corro, ya me corro. Y de repente empezó a hincharse más su enorme polla, empezando a escupir semen por él, dejándolo en lo más profundo de mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía el chabolista, mientras terminaba de descargar todo su semen en mis entrañas.

    Ay que gusto, ay que gusto maricón, ay que gusto me has dado, ¡ooohhh!

    Mientras el chabolista estaba corriéndose en lo más profundo de mis entrañas, yo había explotado en una eyaculación, soltando toda la leche que tenía en los huevos, sobre mi pecho y vientre.

    Mis gritos y jadeos de placer, se habían mezclado con los del chabolista, y cuando ambos terminamos de soltar toda la leche, nos miramos a los ojos, y al ver él que yo también había terminado de correrme, me incorporó cogiéndome por los hombros, y sin sacarme su enorme polla del culo, me volvió a coger en brazos, volviéndose a sentar en el banco, y así sentados, empezó a morderme de nuevo los labios y cuello, mientras me susurraba, lo maravilloso que había sido aquella follada. Me acariciaba la cara y no paraba de mordisquearme los labios, viendo las lagrimas de placer que salían de mis ojos, y que recorrían mi cara, él con su lengua las lamía, y me susurraba, ya te dije que te iba hacer llorar de gusto, y por lo que veo así ha sido. Hasta he hecho que te corrieras de tanto placer que has sentido.

    Una vez nos hubimos calmado y recuperado de tremenda follada, me fui levantando de su regazo, a la vez que su enorme polla iba saliendo de mi dolorido ano.

    Cuando terminé por ponerme de pie, el chabolista me dijo que me apoyara sobre la mesa, y que le dejara ver cómo me había quedado el ano. Me apoyé el pecho sobre la mesa, dejando mi culo dispuesto para que lo revisara.

    Joder, dijo el tal Fidel, menudo boquete que te ha quedado, tienes el culo más abierto que el canal de la mancha, claro que no me extraña, con semejante cipote que te ha metido, a cualquiera le quedaría esa abertura.

    El chabolista metió 2 dedos en mi culo, y cuando los sacó, salieron manchados de semen y algo de sangre. Tienes algo de sangre, pero no se ve nada rasgado, seguramente algún baso sanguíneo que se ha roto, pero eso con lavarse con agua ya no pasa nada.

    Vamos a los aseos y nos damos una ducha, dijo el chabolista cogiéndome por la mano. Nos encaminamos los 3 hacia los aseos, pero antes de llegar, pasó por el camarote donde dormía el chabolista, y cogiendo una toalla y una pastilla de jabón, seguimos hacia los aseos.

    Al llegar primero abrió la ducha que había; había solamente una, pero era bastante amplia, ya que cabíamos los 3 perfectamente en ella; esperamos a que empezara a salir el agua caliente, y una vez empezó a salir, primero me metió a mí para remojarme. Mientras yo me iba remojando todo el cuerpo, el chabolista me dijo que apoyara las manos sobre la pared, y que me agachara un poco, que me iba lavar el culo, haber si ya no sangraba. Con su mano fue llevando agua a mi culito, metía un dedo en él y así hasta que me dijo que saliera que me iba enjabonar, y que mientras se remojara Fidel.

    Salí dejándole el sitio a Fidel, y mientras tanto el chabolista, empezó a pasarme jabón por todo mi cuerpo.

    Cuando llegó a mi culo, después de enjabonármelo bien enjabonado, fue metiendo hasta 2 de sus dedos dentro de él; habían entrado con suma facilidad, ya que aún seguía mi culo abierto a más no poder; y después de lavarlo bien lavadito, pasó a mis huevos y polla, los cuales también enjabonó bien enjabonados; lo hizo de tal manera, que mi pobre polla ya empezaba a ponerse morcillona. Pero quien realmente ya estaba empalmado de nuevo, era el tal Fidel, que con aquella visión y aquellos manoseos que daba el chabolista a mi cuerpo, ya se había puesto burro de nuevo.

    Joder Fidel, ya te has empalmado de nuevo, pues sí que debes pasar hambre.

    El tal Fidel, empezó a menearse la polla, mientras nos decía, que queréis, con semejante espectáculo que me habéis dado, ya estoy salido otra vez. Se fue arrimando a mí mientras le dejaba la ducha al chabolista para que se remojara, y mirándome a los ojos, acercó su boca a la mía, empezando a besarme, mientras agarraba una de mis manos y la llevaba a su polla. La colocó sobre ella, y mientras me iba metiendo la lengua en mi boca, yo le iba meneando la polla.

    Déjame meterte la polla en esta boquita, me decía, mientras me iba besando y metiendo su lengua en mi boca.

    Se arrimó todo lo que pudo a mí, y colocando sus manos sobre mis hombros, me iba empujando para que yo me agachara a chupar su polla.

    Yo por supuesto que me dejé llevar, y una vez agachado, agarré aquella larga y delgada polla, empezando a chuparle el glande, que ya estaba hinchado y colorado de nuevo.

    Chupaba el glande y le pasaba la lengua por dentro de la piel del prepucio, haciéndolo gemir, ¡ooohhh! Gemía el tal Fidel, mientras me agarraba la cabeza con sus manos, empujándola para que tragara más su polla. Ay que labios más calientes y sensuales tienes, me decía mientras yo le iba chupando la polla.

    Así así, chupa maricón, ¡ooohhh! Que gusto, ¡ooohhh! Que gusto, ay que bien la chupas.

    Mientras yo le iba chupando la polla con mi mano le acariciaba los huevos, y el chabolista después de remojarse y ver aquel espectáculo, se arrimó por detrás al tal Fidel, y pegándose a su espalda, empezó a restregarle la polla por el culo. No pedro, no quiero que me vayas meter esa tranca, a mí no me gusta que me den por el culo, y menos una tranca cómo esa.

    Tranquilo Fidel, tranquilo que no te la voy a meter, pero tú deja que te acaricie y así te corres antes.

    Fidel, dejó que Pedro el chabolista siguiera restregándole la polla por su culo y espalda, y mientras yo seguía chupándole la polla y acariciando con mi mano sus huevos.

    En un momento determinado llevé uno de mis dedos a su ano, y tan pronto empecé a acariciar su esfínter haciendo un poco de presión para que entrara un poco mi dedo, el tal Fidel, empezó a gemir más fuerte y meter más al fondo de mi boca su polla, cuando noté cómo su polla se hinchaba más, y empezaba a escupir semen.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba mientras empezaba su polla a soltar semen dentro de mi boca. Agarré la base de su polla con mi mano, y meneándole la misma, le seguí chupando la polla hasta que descargó toda su leche en mi boca.

    Tragué todo lo que pude la polla del marinero, mientras este eyaculaba en el interior de mi boca. Tragué todo el semen que expulsó, dejándole la pirola super limpia y flácida.

    Ahora sí terminamos de ducharnos, y mientras Fidel terminaba de ducharse, el chabolista me fue secando con la toalla que tenía. Cuando secó mi polla y huevos me los sobó todo lo que pudo, dejándome medio empalmado por aquellas caricias que me daba mientras me iba secando. Cuando pasó a secarme el culo, me volvió a hacer reclinar, revisándome de nuevo el ano, y ver si seguía sangrando. Ya no te sangra nada, solo lo tienes un poco irritado y abierto por la follada que te he dado, mariconcito.

    El chabolista le pasó, luego de secarse él, la toalla al marinero, y rodeándome con su brazo la cintura, me llevó de nuevo al comedor.

    Al pasar por el camarote de este, entramos, yo al menos con intención de vestirme, pero el chabolista, me pidió que me quedara así desnudo, que iba a traer algo de beber, y luego ya me marcharía; es solo un ratito, así me hacéis compañía un poco. Si, le dije, pero es que me está cogiendo el frio. Toma, me dijo pasándome la camiseta, ponte solo esto, y quédate así, que me excita verte así desnudo. Me puse la camiseta, y así cómo estaba, llevó su mano a mis nalgas, y luego de apretármelas y sobarlas, me volvió a rodear la cintura con su brazo, llevándome hacia el comedor.

    Bueno y hasta aquí este relato, en el siguiente relato, terminaré de contar esta historia, ya que se hace un poco largo.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Nuestra amiga argentina de fin de semana con Pau

    Nuestra amiga argentina de fin de semana con Pau

    Ya les había contado que Pau (mi compañera de la facultad que es lesbiana) me había propuesto irnos un fin de semana a un departamento que sus viejos tienen en la costa.

    La idea me gustaba, más que en esta época no nos teníamos que cuidar de que nos viera nadie, y la cosa se dio de golpe, casi sin prepararlo. El jueves a la tarde me llama y me dice de irnos el viernes ¡hasta el domingo!, que el jueves a la noche me fuera a dormir a su casa y el viernes, no fuéramos a la facultad y salíamos temprano.

    Obvio que le dije ¡que si!, me mataba la idea, era algo que tenía ganas de ¡experimentar!, de darle el gusto de mostrarse como ella quisiera conmigo.

    Arreglé en casa y con mi novio, que me iba a dormir a la casa de ella, para terminar un Trabajo Práctico, y que de la facultad, nos íbamos cuatro chicas hasta el domingo a un departamento que ella tenía en la costa, de esta manera, no despertaba ninguna sospecha jeje

    Llego a su casa el jueves a la noche, pedimos algo para comer, y nos acostamos, nos habíamos prometido dormirnos enseguida así el viernes salíamos ¡temprano!, pero obvio las dos sabíamos que eso era ¡imposible!

    Nos acostamos, con nuestros pijamitas y a los 5 minutos, ya estábamos abrazadas y de ahí a besarnos, no paso ¡nada de tiempo! Y menos tiempo paso hasta quedarnos desnuditas y tenerla a Pau con su boca en mi conchita, metiéndome los dedos y la lengua, hasta que me hizo acabar, seguimos con un 69 en el que acabamos las dos juntitas y nos dormimos desnuditas, sintiéndonos, ¡como nos gusta!

    El viernes, nos levantamos temprano, Pau se va a ducha, y yo me meto en la ducha, no lo podía evitar, nos enjabonamos una a la otra, Pau se tira en el piso de la bañera, yo pongo uno de mis pies sobre el costado, para entregarle bien mi conchita, hasta que me hizo ¡acabar!, que lindo empezar la mañana ¡así!

    No quería que se nos hiciera tarde, nos vestimos y nos fuimos.

    En la mitad del camino, obvio como todas mujeres, paramos en una estación de servicio para hacer pis y tomar un café jeje Pero Pau, ya empezó con lo que ella quería hacer (Pau había estado en pareja con una chica, con lo que no tiene problema en mostrarse como una lesbiana, pero yo nunca lo había hecho).

    Nos bajamos del auto, vamos al baño, y ya cuando salíamos de ahí, me pasa la mano por la cintura, vamos a la barra de la estación de servicio y la guacha me dice: “¿que queres toma amor?”, y me da ¡un pico!, ¡ME QUERIA MORIR!, nunca me había mostrado así frente a la gente, pero sabía que tenía que ir dispuesta a eso, por suerte no había casi nadie, pero en el fondo ¡me gustó!, sabía que iba a tener que cruzar límites ¡que nunca había cruzado!

    Nos subimos al auto, seguimos el viaje, le pregunto porque había hecho eso y me dice que porque se moría de ganas desde hace tiempo de hablarme así, delante de la gente, y ahí no nos conocía nadie y me sigue diciendo: “prepárate porque vas a ser como mi novia ¡este fin de semana!” Ya sentir que “iba a ser su puta” me calentaba, y me empieza a acariciar la pierna, le digo: “forra, déjame de joder, nos vamos hacer mierda jaja”

    Y así siguió el viaje hasta que llegamos.

    Era un departamento más grande que en el ella vive, subimos las cosas, yo dispuesta a que se me tirara encima y me desnudara y la guacha nada, pero nada de ¡nada! (Eso sabe que me desconcierta, me calienta, me sabe manejar y dejar caliente).

    Me dice, vamos al súper a comprar cosas (porque no había un carajo), en el súper hizo lo mismo, me decía amor, me daba picos, me agarraba ¡de la mano!, yo me dejaba, había también poca gente pero nos miraban éramos dos lesbianitas ¡en vivo! Y mi adrenalina por toda esa situación que vivía iba ¡cada vez en aumento! No se, estaba desconcertaba, pero dejaba que me tratara así, en algún punto ¡me calentaba eso!

    Llegamos al departamento, acomodamos todo, en una de esas yo estaba apoyada sobre la mesa del comedor, se me acerca y me dice: “¿te gusta que te trate como a una lesbianita?”, no le digo nada, solo le doy un beso, otro beso, nos partimos la boca y empezamos a jugar con nuestras lenguas, y a sacarnos la ropa.

    Me acuesta sobre la mesa del comedor, me saca el jean y la bombacha, y de a poco despacio como lo hace ella, me empieza a acariciar, las piernas, bien cerquita de la conchita (hasta ponerme bien caliente), hasta que también de a poco me la empieza a besar, a chupar, y me seguía diciendo que me iba a coger ¡hasta que no diera más!, yo le decía que si, que me cogiera, que me haga acabar ¡de una vez!, me come la concha, me mete los dedos, me la muerde, yo me tocaba las tetas, cada vez abría más las piernas en el aire para que me la pudiera comer mejor, hasta que me hace explotar en el primer orgasmo de ese fin de semana que va a ser inolvidable.

    De ahí, nos fuimos a la cama, nos abrazábamos, en una manera que no sé cómo explicarla, pero nos matamos con los abrazos, roce de piel, esa piel que ella tiene y me encanta, besos, terminamos rozándonos las conchitas (la famosa tijera), mientras nos mirábamos ¡como gozábamos haciendo eso!, no sé cuanto tiempo lo hicimos hasta que acabamos ¡las dos juntas!

    Después ella, se acuesta y abre sus piernas, no hacía falta que me diga lo que me estaba pidiendo, me tiro en esa conchita hermosa que tiene y esta vez yo se la empecé a chupar, a besar, la acariciaba, ella, me empujaba la cabeza para ¡que se la chupe más! Y me decía: “así quiero que me hagas, cógeme toda puta, cómeme” y más me hacía calentar eso, se la seguí chupando le metía uno o dos dedos, hasta que la hice acabar ¡a ella!

    Nos quedamos las dos un largo rato en la cama, desnudas, acariciándonos, hablando, hasta que me dice si quería salir un rato, no se ya eran como las 9 de la noche del viernes, obvio que le dije que si, tampoco nos íbamos a quedar encerradas ¡los dos días!

    Salimos, yo ya, aunque no acostumbrada, pero si resignada, íbamos por la calle, de la mano, abrazadas, de vez en cuando un piquito ¡y todo eso!

    La verdad es que teníamos hambre, así que nos comimos una pizza y volvimos a su departamento.

    Cuando llegamos, tomamos un café, en un sofá que tiene en el living, y empezamos de nuevo a besarnos, a tocarnos, hasta que quedamos las dos desnudas, yo me puse sobre ella (como hago cuando estoy con algún chico, pero obvio me faltaba una pija), pero igual tanto nos rozamos y nos tocamos hasta que terminamos acabando de nuevo las dos, pero yo al menos me había quedado muy caliente y la guacha me dice, espérame.

    Me quedo desnuda en el sillón y se aparece con su cinturonga (yo ya conté que como ella es más activa tiene uno y ya me había cogido antes), me dice: “chupa putita chúpala”, y le hice caso, no es lo mismo, no tiene nada que ver con chupar una pija calentita y venosa, pero le hice caso, hasta que me hace poner en cuatro.

    Me empieza a poner el cinturonga en la concha, me lo clava, mientras me metía con mis jugos uno, dos dedos ¡en la cola!, me bombea como una turra ¡desesperadamente!, hasta que me hizo acabar y sin darme tiempo a nada, me lo empieza a meter por la cola, lo hizo muy despacio, pero me dolió, pero ese dolor se fue transformando en placer, y me lo ponía ¡entero! Así tal cual ¡entero!, dolor y placer, decirle que por favor ¡no!, y me decía que si, ¡que si!, que me iba a coger ¡como nunca! Que me quería oír gritar de ¡placer!, hasta que acabe como una guacha, mis piernas temblaban y la verdad fue un orgasmo largo, seguía acabando y ella ¡cogiéndome! Acabe, no se, dos o tres veces seguidas, fue un placer ¡enorme!

    Pau, se sentó en el sillón, me dijo: “veni, veni quiero seguir viéndote ¡gozar!”, le hice caso, me senté arriba de ella, me clavé esa pija en la concha y me puse de cuclillas a saltar sobre ¡esa pija! Hasta que me hizo acabar de nuevo.

    Se saca el cinturonga, nos vamos a acostar, yo ya no daba más, entre lo que había manejado y lo que había cogido estaba ¡muerta!, ni sé cuantos orgasmos me robo ¡en un solo día! En la cama nos empezamos a acariciar de nuevo y así nos quedamos dormidas…

    Caí muerta de sueño, como ya les había contado entre lo que había manejado y los orgasmos que Pau me robó durante el día dormí muy plácidamente.

    El sábado, ya cerca del mediodía, yo dormida, siento que me empieza a acariciar Pau, muy despacio, muy suave (estábamos las dos desnudas), me empieza a besar las tetas a la vez que las acariciaba y yo me iba despertando.

    Para mí no hay mejor despertar que ese, en el que me despiertan, y a la vez me van ¡calentando!, siguió, así pero cada vez con más intensidad y con sus manos acariciaba mi panza, mis piernas, yo la dejaba, me encantaba que me acariciara ¡así!, ¡me sentía en el cielo!

    Me empieza a besar la panza, y sigue bajando hasta que llega a mi concha, que ya estaba totalmente mojada, y me la empieza primero a acariciar con sus manos, ¡durante un buen rato!, ya me había hecho calentar de nuevo, y otra vez, como siempre, empiezo a acariciarme las tetas, a mover las piernas para todos lados y pedirle (como otras veces) que me haga acabar, porque no daba más, pero la turra me hace ¡desear!

    Me dejo así un rato, bien caliente, hasta que me empieza a meter los dedos, la lengua y no tardo mucho en terminar acabando, ¡pero quería más! Yo solita, sin que ella me diga nada, me pongo arriba de ella (en un 69), y nos empezamos a chupar las conchas, y a acariciarnos las piernas, todo con mucha dulzura ¡y calentura a la vez!, hasta que acabamos ¡las dos juntas!

    Así, empezó mi ¡sábado! Qué lindo despertar, nos ponemos unas remeras, nada más y nos vamos a preparar el desayuno /almuerzo. Nos pusimos a hablar un montón de cosas, que obvio a ustedes ni les va a interesar saber jeje.

    Ya se habrían hecho las tres o cuatro de la tarde, y Pau me dice: “putita o linda, la verdad que no me acuerdo, ¿nos duchamos?”, me agarra de la mano y nos vamos a la ducha, pero siempre me sorprende con algo.

    Abre la ducha, me agarra otra vez de la mano y nos metemos ¡con las remeras puestas!, y nos empezamos a besar, pero no despacio, nos metíamos las lenguas hasta la garganta y jugábamos con nuestras lenguas y ella con una de sus manos en mi coño, lo que hacía que yo casi inconscientemente habría las piernas, para que me pudiera acariciar más, no se a los 5 minutos ya estábamos las dos recalientes, así mojadas ¡con las remeras puestas!

    Nos sacamos las remeras y nos empezamos a enjabonar, una a la otra, ¡como me gusta eso!, siempre digo lo mismo, si me gusta la piel suave de una mujer, enjabonada, ¡me enloquece!, y así estuvimos, enjabonándonos y besándonos, hasta que la turra, me sorprende ¡de nuevo!, ¿saben lo que hizo?

    Abre la mampara y agarra el cinturonga (que lo había dejado escondido al lado de la bañera), yo ¡ni lo había visto!, le digo: “no, no seas guacha”, y me dice: “siii, te voy a coger, y vas a ver ¡como te va a gustar!, pero primero arrodíllate, quiero ver ¡como la chupas!” A ella le gusta verme sumisa, y a mí me calienta hacer eso, me arrodillo, lo chupo (aunque la verdad chupar esa pija de plástico mucho no me gusta), así que para calentarme un poco más, mientras lo hacía yo solita me metía los dedos ¡en la concha!, y sin buscarlo, porque no lo busque, me empecé a calentar, y mucho, me metí, uno, después dos dedos, me comía esa pija y Pau me decía: “¡chúpala como una puta!”, yo no le contestaba, pero me la ponía toda en la boca hasta, que como les dije sin buscarlo, acabe, chupando ¡esa pija de plástico!

    Me levanto, veo que se enjabona bien esa pija, me hace poner de espadas y me hace inclinar, y me la empieza a poner en la concha, y entre lo caliente que yo estaba y la pija enjabonada, me la puso ¡de una!, y me pregunta: “¿Te gusta?, ¿te gusta que te coja así?” “siiii”, eso le decía yo.

    Pero la turra siempre quiere más, quiere ver hasta donde yo llego, y sabe que llego hasta donde ella quiera, me la empieza a poner ¡en la cola!, le digo: “no Pau, no seas guacha ¡acá no!, ¡no voy a poder!”, Y me dice: “si, vas a poder, y te va a gustar también”, me inclino lo más que puedo, hasta que siento que me la empieza a poner, me dolió, pero por lo enjabonada que estaba entro fácil, y me empieza a coger por la cola, mientras con las manos me amasaba mis tetitas, me bombeo ¡hasta que me hizo acabar!, mis piernas, terminaron temblando, me abracé a ella, nos besamos, pero me sostenía ¡en ella!

    Bueno, después, nos terminamos de duchar, nos secamos, nos ponemos otra remera, nada más, yo ya estaba muerta, y nos acostamos en la cama a ver un rato de tele, yo me poyo sobre ella, pongo mi cabeza sobre su pancita y así nos quedamos un rato, y me quedo media dormida, hasta que siento que me empieza a tocar ¡de nuevo!

    “¡Guacha!”, le digo: “no doy más, me hiciste acabar mil veces”, no me dice nada y me parte la boca, nos sacamos las remeras, nos abrazamos sentadas en la cama, yo arriba de ella (me explico) otra vez me empieza a tocar, sentir sus manos en mi cola me calienta ¡mucho!, hasta que me las empezó a poner en mi concha hasta hacerme acabar ¡de nuevo!

    Y me dice: “ahora me toca a mí”, así que como el día anterior, me voy a su conchita, y me decía: “chupámela putita” la guacha sabe que eso me calienta y se la chupo hasta que la hago acabar ¡a ella!

    Ya estaba anocheciendo, no se, serían las 7 de la tarde, nos vestimos y salimos a dar una vuelta, obvio igual que el viernes, ella me agarra de la mano, yo la abrazaba, no voy a repetir lo mismo, parecíamos dos lesbianas.

    Caminamos un rato y vamos a comer algo.

    Bueno ahí me sorprendió ¡de nuevo!, les cuento: a ella le encanta verme acabar, ver como gozo, entonces me dice algo así (lo cuento como más o menos me acuerdo).

    Pau: nena, quiero que hagamos algo, pero ¿no lo vas a tomar a mal?

    Yo: no, decime.

    (Y así de una me dice)

    Pau: a pesar de ser lesbiana tengo amigos.

    Yo: si, está bien, ¿y qué?

    Pau: bueno, quiero que te coja un amigo mío.

    Yo: ¿qué?, ¡estas re loca nena!

    Pau: no, (y se reía), es una fantasía que tengo, y sería así, un día arreglamos con algún amigo mío, que venga a casa, y vos te quedas escondida en la cocina, casi en bolas, o sea, con solo una remera o una camisa de esas que te quedan grande que se la podes afanar a tu viejo, y yo le digo a mi amigo que tengo un regalo para él, y te voy a buscar, y obvio, quiero que te coja alguien que ni conozcas y ver cómo ¡te calentas!, sabes que me gusta y me calienta verte gozar, y yo también te tocaría y te besaría hasta que te mueras de calentura.

    Yo: no nena, estás loca, olvídalo, ni en pedo, ¡no me podes regalar así!

    Pau: no seas boluda, anímate, te va a gustar.

    Y la cosa medio quedo ahí, ella me preguntaba si nunca me había cogido a un desconocido y obvio yo le cambiaba de tema (no le quería decir que me había prostituido y obvio me deje coger por desconocidos).

    Bueno, la cosa quedó ahí, terminamos de comer, caminamos un rato y nos fuimos de nuevo a su departamento.

    No quiero ser repetitiva, obvio que paso lo mismo que la noche anterior, terminamos ¡cogiendo, mal!, yo la verdad ya no daba más, aparte la guacha seguía con su cinturonga y me hizo otra vez ¡la cola!, y nos quedamos cogiendo no sé hasta que hora, hasta que nos quedamos dormidas.

    El domingo, la guacha me despierta como el sábado (por eso no lo voy a contar de nuevo), nos duchamos juntitas y al mediodía ya ¡nos volvimos!

    Ese fue mi fin de semana de lesbiana, pero ojo, también moría por una pija, ese domingo con mi novio no pude arreglar nada, pero el lunes nos matamos jeje, creo que nunca se la chupe ¡durante tanto tiempo! Yo quería una pija, pero de verdad, calentita venosa, ¡que me llene de leche!

  • Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (15)

    Divirtiéndome con los amigos de mi esposo (15)

    Para el día de hoy vengo con otras de mis experiencias reales.

    Era viernes al medio día acababa de salir de un juzgado con malas noticias para un cliente mío, aburrida y pensativa con los ánimos por el piso. Llamé a mi esposo para que fuéramos a almorzar, quedamos de encontrarnos en el restaurante yo llegué primero. Iban a ser las doce apenas me senté a esperarlo, cuando veo que entran dos caballeros muy bien vestidos de corbata y trajes costosos, Ambos voltean a mirarme mientras buscan mes, yo los sigo en su andar y les sonrió muy coquetamente, al minuto mi esposo llega me ve y se viene a mí mesa pero también ve a los caballeros y cambia su rumbó al verlos y pasa a saludarlos enseguida a mí se me cambia el ánimo y mi cuerpo sufre una transformación exquisita.

    De pronto los caballeros se levantan de la mesa y siguiendo a David llegan a la mía.

    – Ingenieros les presento a mi esposa. – Mucho gusto Oliverio Gamboa para servirle. Santiago de la Cruz, encantado de conocerte. – Mucho gusto caballeros ¿nos van a acompañar a almorzar? – Si señora el ingeniero David nos invitó. -. Ha qué rico me parece fantástico, siéntese por favor.

    El tema de conversación pues fue el juicio qué acababa de perder y la explicación de la afectación que quedaría si no logró impugnar el fallo. Lo que a los ingenieros los tenía Muy interesados. La hora paso rápidamente y mi esposo ya tenía que regresar a la oficina y como los ingenieros tenían la tarde libre nos quedamos charlando.

    – bueno ingenieros los dejó en compañía de mi amada esposa.

    Dándonos un besito se levanta.

    – ¿Mami vas para la oficina? – Hay no tengo pereza de ir. Y los ingenieros qué van a hacer.

    Les pregunte.

    – Vamos de shopping tenemos que comprar ropa para el frío. Acá hace Mucho frío. – A no perfecto me gustaría acompañarlos los puedo llevar a un sitio donde venden una ropa divina… – Listo señora Diana va pa esa.

    Mi esposo termina de despedirse de los ingenieros y me da un beso en la mejilla hablándome en voz baja: Ya me imagino tus intenciones no desaprovechas oportunidad. – hay mi vidas está vida es para gozarla.

    Se marcha y los tres pedimos un café termine dé contarles lo del casó. La tarde era nuestra y yo empezaba a imaginar lo bueno que la iba a pasar.

    – Bueno entonces qué niños nos vamos de shopping. – Si camine haber Dianita.

    Oliverio me ofreció su mano para levantarme del puesto y como no me soltó yo tampoco hice el deber. Cogidos de la mano caminamos hasta el parqueadero, arrancamos bajando por la Av. de las américas nos dirigimos a los megas aulet entramos a varios almacenes y mientras aquellos entraron a uno yo entre a uno de ropa interior femenina me compré un enterizo negro uno blanco Y medias tipo ligueros. Al salir me estaban esperando y abrazando a Oliverio nos dirigimos al parqueadero.

    -Listo y ahora a dónde me van a llevar. – A dónde quieres ir Dianita llevamos tu que conoces la ciudad. – Quieren ir a un lado en especial o vamos más bien a su departamento y nos tomamos algo fuerte.

    A lo que Santiago responde. Pues no es ni mala idea Dianita. Se miran con Oliverio Y responde Oliverio.

    – Listo vamos para el apartamento.

    Arrancamos devolviéndonos para el barrio de Teusaquillo, guardamos la camioneta y bajamos todos los paquetes incluidos los míos. entramos me quite la chaqueta y Santiago sacó de la nevera una botella de ron Oliverio las copas partieron limoncito. Y nos sentamos a ver lo que habían comprado. Las copas eran desocupadas rápidamente, música bailable uno que otro cigarrillo. Uno a uno me fueron mostrando lo que habían comprado, hasta cuándo el Oliverio sin darme cuenta sacó de la bolsa mía uno de los interiores. Y los sobrepuso sobre sus pantalones y lo veo.

    + Hay maldito esos son míos.

    Ambos soltaron la risa. Y se los quito dé una.

    – Guau Dianita te debes de ver divina con eso puesto.

    Con cara de brava me pare y agarrando la bolsa me fui para el baño.

    – hay no Dianita por favor discúlpanos. Voltee a mirarlos y cerré la puerta del baño. Bueno muchachos ahora sí a lo que vinimos. Me quite la falda, los zapatos, las medias y los calzones me senté primero a orinar, saqué de la bolsa el enterizo de encaje negro y unas medias, termine de quitarme la blusa y el sostén me coloco el enterizo, las medias tipo ligueros, las zapatillas me maquillo y me alistó para salir. Abro la puerta la musica no ayudaba a mi entrada pero había que dé todos modos salir. Con una mano sobre la pared y la otra en mi cintura

    Me quedé mirándolos que al verme pegaron un grito.

    – Hay mamacita pero quién mandó todo eso.

    Dijo el Santiago. Me pare de espaldas a la pared y Levante Asía atrás mi pierna recostando mi pie contra la pared.

    – Querían verme con esto puesto pues hay los he complacido.

    Me acerco a la salita aquellos dos se acomodan en el sofá, camino en frente y les bailó casi encima moviendo con mis manos mis tetas, Albeiro se acomoda la verga que empieza a crecer dentro del pantalón, y me siento en las piernas de Santiago de frente a él le doy un beso en la boca y le restriego mis tetas en la cara agarrándomelas muevo mi cuerpo encima de él como si estuviera cogiendo

    Me incliné asía donde Oliverio, apoyándome en mi rodilla di vuelta entera quedando sentada encima de Oliverio quién beso y lambo su boca a la vez que muevo todo mi cuerpo en un zigzagueo sexual Me levanto sentándome en el piso y en medios de los dos con la izquierda solté el cinturón de Santiago y con la derecha el de Oliverio quitándoselo al volverme a parar. Entre ambos se miraban sorprendidos y excitados yo seguía bailando le di la vuelta al sofá y estando por detrás me incliné entre ambos metí mis manos en sus pantalones buscándoles la verga qué ya bien paradita estaban, ambos se desapuntaron el pantalón y sé bajaron la cremallera

    Mi manos acarician sus vergas entre sus bóxer. Y ellos levantaron el trasero bajándose el bóxer a los pies dejándome a la vista esos dos instrumentos de placer

    Los que yo seguía masturbando. Me levanté y colocándome en frente ellos me solté el enterizo quitándomelo, quedando desnuda ante la mirada atónita de mis acompañantes.

    – Ha hija de puta que cuerpo tan divino tienes Dianita. – A mí me encantan tus tetas que pajazo me haría con ellas.

    Me les arrodillamos y comienzo a darles picos a sus vergas luego a lamberlas, recorriendo sus troncos. Para luego metérmelas a la boca chupándolas, restregándomelas por la cara y volverlas a chupar por más de 20 minutos en donde complací a Santiago masturbándolo con mis tetas. Me pare y colocándome de espaldas a Santiago lo hice acostar de lado colocándome de espaldas a él le agarre la verga me la metí por mi cuquita haciendo gemir de placer.

    Oliverio se sentó al lado y me quedo perfecto para mamarle la verga, disfrutando de una exquisita doble penetración, aquellos dos en señal de victoria hicieron palmas. Mi cuerpo temblaba en espasmo continuos al sentirlo invadido de tanto placer… Oliver me cogía en forma descomunal haciéndome gritar de la dicha descomponiendo mí rostro, me desgonzo toda, quedando a merced de mis amantes.

    Cambiamos de pose y me le montó a Santiago quien me penetra de una. Siento si verga en mis paredes vaginales y apretó, estoy súper húmeda me levanto y con la camisa de Oliverio me seco Y vuelvo a penetrarme su verga y así iniciar una incontenible sucesión de sensaciones placenteras hasta hacerme venir, paramos y servimos trasgos me prendí un cigarrillo. Termine de fúmamelo, me le monté a Oliverio parándome sobre el sofá y le coloque mi cuquita para que me la chupara.

    Cinco minutos de incesante placer me senté encima de él le agarre su verga y me la metí a la cuquita hasta el fondo, empiezo a moverme en círculo sintiéndola por todas mis paredes, sintiendo sensaciones placenteras. Para luego empezar al mete y saca. A coger cómo puta presa por cerca de cinco minutos me levanto y descansando un poco, le agarro la verga y me la coloco en mí trasero y muy suavemente me dejó deslizar por su tronco dilatándomelo a su grosor para luego empezar el mete y saca muy suavemente, aumentando el ritmo cada vez sintiendo tu trasero lleno de carne en rollo en toda su dimensión en verdad divino, sin complejos ni tabúes solo disfrutar del acto más delicioso del ser.

    Unos tres minutos bastaron en esa posición y volearme de espaldas a Oliverio y decirle Santiago qué me penetrara por mi cuquita, acomodándose en frente páramos y abrazándolo me penetró enloqueciéndome de gusto al sentir ésas dos vergas dentro de mi entrar y salir, recorrer mis labios en todo su esplendor.

    Dándome sensaciones placenteras exquisitas que me gustan mucho, doblemente penetrada, desgonzada y sin fuerzas para maniobrar me dejó a sus ataques contundentes rompiendo mis entrañas con sus vergas grandes y deliciosas haciéndome venir en intervalo seguidos, mi cuerpo temblaba de la emoción. Quería fundir el tiempo y quedarme en un letargo eterno para sentir ésas exquisitas sensaciones, doblemente penetrada por dos hombres que me tenían poseída por sus vergas hasta cuándo Santiago no aguanto más y sacándomela me bota su semen en mí cara, a la vez que Oliverio aumenta su actividad dándome sensaciones, placenteras y viniéndonos en un mar de líquidos vaginales y su semen. Yo quedo acostada y sin fuerzas para moverme Oliverio se levanta quedando sentado en el borde del sofá con ganas de volverse a acostar pero se levantó al baño, le urgía una meada y el limpiarse la verga. Él tiempo había transcurrido de la mejor forma de pronto sonó el celular David me llama averiguando dónde andaba.

    – Hola Mami cómo estás? – hola mi vida bien acá en el apto de Oliverio. Pasándola bien rico y tú dónde estás? – En la oficina ya de salida necesitas algo en casa. – Hay si comprar unos víveres y pasa por mí, quieres? – Si listo yo te recojo ya salgo entonces. – ok Papi te espero.

    Me toco y bañarme hasta el cabello Terminé de vestirme y espere a que David llegará. Me despedí y dándoles mi celular los invité a la finca.

    Llegó David y salí del apartamento.

    – Hola Mami cómo estás mi vida. – hay papi feliz me divertí como una reputa todo estuvo divino, delicioso. Ha qué tarde tan hijueputa de rica. – Bueno me alegra por ti preciosa. – Papi los invité a la finca allá podrás verme cogérmelos meterme a la piscina desnuda con ellos que rico de sólo pensarlo me mojó. – ok Mami nos vamos para la finca con los ingenieros…

    Y así fue. Ese fin de semana pero eso es otra historia.

    DIANA LUCÍA SAAVEDRA [email protected]

  • Con ganas de repetir orgasmos

    Con ganas de repetir orgasmos

    Hace mucho conozco ese lugar, y más aún, hace mucho conozco al hombre quien me llevó y me ha acompañado en cada ocasión, algunas han sido más excitantes que otras, pero cada una ha sido especial y digna de recordar…

    Esta noche sin sueño y sin mucho en qué pensar me imagino en ese bar, en ese club de deseo y pasión, vestida sensual, con la mirada que muy pocas personas conocen que equivale a un «abre mis piernas y penétrame», quisiera estar sentada en una mesa siendo el centro de muchas miradas y deseos, hasta que él se anima por fin a darme lo que mi vagina siempre espera de él, su calor, su piel, ser llenada y satisfecha, pero, lo hace diferente, empieza como aquel día en ese restaurante y mi minifalda con un dedo, luego dos, tres, alcanza la parte rugosa dentro de mi, me hace gemir y gritar de placer, pido que pare, no porque quiera en realidad, sino porque estoy a punto de fundirme en el placer del primer orgasmo y me voy del mundo.

    Muchas personas miran atentas, abro la boca y dejo salir gemidos mientras él, impasible y apasionado deja entrar otro dedo más, casi grito, me calla con un beso profundo y un mordisco, y mete la mano completa, me siento completamente cogida aunque aún no tengo su pene adentro, baja hasta mis senos, o mis mini tetas jajaja, llena su boca con una de ellas y con la leche que logra sacar de mí, mientras con la otra mano hala mi cabello, voltea mi boca en dirección a la verga parada de otro hombre que recibo con alevosía…

  • Mi tía Clotilde y yo superando el problema

    Mi tía Clotilde y yo superando el problema

    Ella cayó a mi lado en la cama totalmente agitada y sudada luego de recibir una buena cantidad de semen dentro de su vagina después de mucho tiempo haciendo que perdiera la razón y se deje llevar por excitación del momento.

    Después de unos minutos cuando recobró creo la conciencia ella se bajó su vestido y salió raudamente del cuarto muy avergonzada, cogí la llave que había dejado sobre la cama y eché llave al cuarto y bajé las escaleras ahí estaban Eva e Iván ya por salir de la casa y su sorpresa se reflejó en sus caras al verme porque según ellos estaban solos en la pensión.

    -Hola Roberto ¿recién llegaste… Y tú tía? Preguntó Eva algo nerviosa.

    Contesté que hace rato había llegado a la pensión y mi tía aún no regresaba, viendo a sus ojos de Eva ella noto que la veía raro y disimuló y se despidieron y salieron de la casa, durante de lo que restaba del día mi tía Clotilde no salió de su habitación imaginó por la vergüenza.

    Los días siguientes a nuestro encuentro carnal mi tía Clotilde no me hablaba mucho solo lo necesario ni me veía a los ojos cada vez que nos cruzábamos bajaba la mirada, se sentía muy mal por lo sucedido entre nosotros.

    Luego que había visto su cuerpo y sentido su calor de mujer y como vibró cuando tenía mi verga en su interior ahora ya no podía mirarla igual y ella lo sabía, nuestras habitaciones quedan en el primer piso muy lejos de los demás que están en el segundo piso así que sólo yo podía escucharla algunas veces llorar de noche.

    Había que hacer algo al respecto así que tomé la decisión de irme de su casa una noche de sábado cuando terminamos de cenar le dije que tenía que decirle algo muy importante pero ella dijo que mejor sería mañana domingo porque estaba con un dolor de cabeza terrible y se fue a dormir, cuando eran aproximadamente la dos de la madrugada la escuché sollozar entonces fui a su habitación porque me sentía muy mal y toqué la puerta muy despacio y otra vez el silencio de la noche pero igualmente entré.

    -¿Qué haces en mi habitación Roberto?

    -Disculpa tía pero ya no podemos seguir así desde ese día ya no es lo mismo para ambos usted se siente mal con mi presencia y ahora más cuando en las noches la oigo llorar por culpa mía sé que tiene un compromiso con mis padres y por eso no me boto de su casa pero no se preocupe más yo me voy mañana y muchas gracias por todo tía…

    Ella quiso decir algo pero no le di oportunidad y salí y me fui a dormir mañana haría mi equipaje, cuando sentí como alguien me abrazaba fuerte por detrás y unas tetas que sobaban mi espalda abrí los ojos y oí una voy que me dejó sorprendido.

    -Roberto no quiero que te vayas por favor te necesito mucho a mí lado y no te sientas mal por lo que sucedió yo también tengo la culpa si debemos hablar de culpables porque yo perdí la cabeza en ese momento cuando un hombre me rosaba con su virilidad y después ya no había marcha atrás y tú hiciste lo que cualquier hombre haría en esas circunstancias, y tienes razón desde ese día yo también te veo diferente he peleado conmigo misma todos estos días pero no puedo ahora quién habla no es tu tía sino la mujer que mucho tiempo ha estado sola y te necesita mucho.

    Su mano bajó y buscó mi verga que estaba como siempre lista y sus dedos jugaron con el glande y empezó a masturbarme suavemente y al mismo tiempo sus labios besaban mis cuello y luego mis orejas ahora era ella quién me hacía sentir muy bien sus pezones estaban duros los podía sentir muy bien en mi espalda.

    No le decía nada porque era lo mejor para que mi tía se sienta en confianza, me volteó y la vi a los ojos ella los cerró porque aún tenía algo de vergüenza creo y aprovecho para besar sus tetas enormes y luego sus pezones hinchados estaba como un bebé buscando su comida sus gemidos se dejaron escuchar en mi habitación.

    -Ohhh… ohhh nooo te vayas no me dejes… Ohh… ohh… sola Roberto…

    Decirle que me iba a ir fue lo que le dio el valor para que acepté que también ella estaba muy necesitada de mi y entré a mi cuarto haberlo sabido antes lo hubiera hecho antes y así me hubiera dejado de masturbarme recordando lo que había sucedido en el cuarto de Iván.

    La acomodé en la cama mientras besaba su cuerpo desnudo desde sus apetitosas tetas y esos pezones marrones que chupaba y fui bajando muy lentamente por su ombligo mi lengua jugaba y la estremecía por donde estaba y cuando llegue a su sexo se había depilado completamente sus labios eran grandes e hinchados ya estaba mojada por mis caricias previas.

    Mi lengua subía y bajaba por sus ricos labios vaginales hinchados un rato volviéndola loca su respiración se hizo rápida y cuando la punta de la lengua tocó su clítoris ahí sus piernas se abrieron por completo dando su venia para seguir con el sexo oral que recibía de su sobrino.

    -Ahhh… ahhh… ohhh Robertooo me vuelves locaaa ahh ahhh ohhh…

    Lo bueno era que mi habitación estaba lejos y no podíamos ser escuchados por los demás yo devoraba su chucha caliente tan necesitada de cariño mis manos y lengua entraban y salían de su sexo hasta hacerla gritar y llorar de placer y cuando ya no pudo más llegó a tener un orgasmo.

    Sus jugos me mojaron la cara por completo por primera vez veía como una mujer llegaba a tener un orgasmo y parecía como si estuviera orinando, mi tía parecía como en ese orgasmo se le hubiera ido la vida porque se quedó muy quieta como muerta. Le puse en su boca mi verga que también reclamo atención y se lo pasé por sus labios y empezó a darle de besos y luego abrió la boca y se lo trago muy lento y despacio hasta tenerlo todo adentro de su garganta.

    Sus ojos cerrados mientras seguía chupando la pinga con desesperación me calentó más se veía que tenía experiencia chupando vergas mi tía la mujer de 48 años que según mis padres tenía que cuidarte de los peligros en la capital me estaba dando una buena mamada hasta en ese momento la mejor de mi vida.

    Su boca parecía una máquina de succionar por momentos apretaba y luego chupaba mi pinga mientras su lengua jugaba también con el falo en su boca. Y no se detuvo en la felación hasta que su sobrino terminó llenando su boca de semen caliente que trago por completo, había despertado en ella la mujer que mucho tiempo había estado dormida desde que se quedó viuda.

    -Ahhh siii… qué ricoo tía ohhh

    Ella me jaló a su lado y me abrazó fuerte sentía los latidos de su corazón, luego de un tiempo otra vez estaba con la verga dura y empiezo a tocarla pero ella no me dejó.

    -Duerme Roberto tenemos mañana todo el día para seguir ahora quiero sentirme entre tus brazos descansa no es necesario que te exijas.

    Me dejó con las ganas yo no quería para nada dormir lo que quería era seguir cogiendo toda la noche pero entendí que no debía presionarla así que puse mis verga en medio de sus nalgotas como empezó todo y cerré los ojos.

  • Cartas homoeróticas (II): De Janpaul a Mikel

    Cartas homoeróticas (II): De Janpaul a Mikel

    Querido amigo Mikel:

    Te he dicho querido porque te considero así, no solo porque te quiero sino porque te has convertido en mi querido, aquel que me demuestra el amor que necesito y el que me consuela convirtiéndome en una especie de tu amante, tu puta, tu geisha o qué, pero a la vez eres mi amigo, porque nos hemos conocido de siempre, hemos jugado juntos, hemos estudiado juntos, ¿te acuerdas de aquella paliza que me diste en la que me rompiste los dos dientes superiores de delante? Menos mal que éramos jóvenes y me los pudieron limar y arreglar. Pero yo recuerdo que te di tu correspondiente merecido. Pero éramos amigos y ya nos queríamos sin saber ni pensar qué íbamos a ser, al menos yo no sabía que era gay hasta muy tarde y sufrí unos años porque como no lo sabía de ti, pues nunca me insinué.

    Tu carta, después de tanto tiempo me ha dado mucha alegría, más que cualquier cosa buena que me pueda ocurrir, esto ha sido para mí como ver la luz al final del túnel. En tu carta me pides que te escriba nuestros encuentros, pero no sé si lo podré poner todo en esta carta, de momento empiezo por aquel que hicimos en Huacho. Teníamos ganas de encontrarnos lejos de casa para que nadie nos molestara y la emprendimos.

    Nos fuimos en coche, recién tú conducías y decidiste que no íbamos en autobús sino en coche desde Lima, ¿te acuerdas de las saunas que tomamos en Lima? Un día te lo recordaré.

    No tardamos tanto en llegar, porque no está excesivamente lejos, pero tampoco teníamos prisa porque me tenías para ti y te tenía para mí. Lo que sí sentíamos y comentamos en el coche es que nos íbamos a follar hasta sacarnos “la mugre” (1), recuerdo que esta era tu palabra, que a mí siempre me ha gustado más “la chochoca” (2). Pero ya por el camino teníamos la conversación sobre sexo y lo que nos admirábamos uno al otro. Y en consonancia con las palabras anteriores nos referíamos a la paliza sexual que nos íbamos a dar uno al otro, ¿te acuerdas? Jamás un viaje se me hizo tan corto. Fueron aproximadamente unas dos horas media (desde mi casa unos 150 km) muy amenas y yo tenía mi polla dura todo el viaje; mientras conducías, puse mi mano sobre tu bragueta y la tenías bien tiesa, que me dio gusto desabrocharte y meter mi mano, hasta que me dijiste que podría pasarnos algo. De todas formas dejé tu bragueta abierta para poner mi mano y tocar tu carne, lo que hice algunas veces y te daba mucho gusto.

    Al llegar a Huacho, lo primero fue buscar hotel. Sin pedir nada nos dieron una habitación buena que tenía una cama grande, que para los dos sobraba, ya que en casa nos acostábamos los dos en una cama normal para uno, y también sobraba cama. Pero eso nos alegró porque así estaríamos a nuestras anchas y porque al darse cuenta que íbamos a lo que íbamos, pues ya no nos preocupó nada, ni los posibles ruidos, ni los gemidos, por eso la habitación estaba en una esquina del hotel en el tercer piso.

    Salimos a ver la población y comimos algo, nos fuimos hasta el mar paseando, allí nos sentamos contándonos chistes morbosos y hablando de nuestras sexuales intenciones y deseos. Así que miramos a diestro y siniestro, no veíamos a nadie que pudiera molestar, nos bajamos los pantalones y tú cara a mí y yo cara a ti comenzamos una masturbación. ¡Joder!, te acuerdas que yo me vine primero, pero qué chorros, tuviste que apartarte para que no te tocaran, y luego acabaste tú con unas rociadas tremendas de tu sabrosísimo semen. Tú siempre me decías que mi semen era salado, pero te lo tragabas por consideración a mí; el tuyo me parecía manjar de ángeles, lo probaste y me dijiste que el tuyo estaba salado y agrio, pero a mí me gustaba siempre. Por eso allí, frente al mar, me puse en cuchillas y te limpié la polla, esa preciosa polla tuya que me volvía loco, loco a morir.

    Comimos en aquel restaurante y llenamos la barriga de ceviche, picante, muy picante, mucho marisco, machas, gambas, langostinos, mejillones, calamares con trozos de palta(3), tomate, con cilantro y todo eso que ponen, pero para mí lo mejor era la buena cantidad de rocoto(4) que tenía. Me caliento con el picante y se me pone la polla dura, te o dije, y te agachaste a mirar, abrí mi bragueta y la viste, menuda risotada, pero la concha de tu madre, joder, que toqué la punta de mi polla con los dedos y comenzó a picar que rabiaba. Tú te reías de ver mis lágrimas y el camarero aquel, que me vio rabiar y me trajo miga de pan diciendo que lo comiera que eso limpia la boca y deja de picar. Pasé la miga por la polla y no aliviaba nada, pero poco a poco iba remitiendo hasta hacerse soportable. Pagamos y salimos a dar otra vuelta.

    Me acuerdo, y tú también lo recordarás, cómo me ibas bromeando, te agarrabas de tu paquete sobre tu pantalón y decías: “me pica, me pica, chúpamela”. Nunca te dije que me la chuparas, pero como tú te inventas, pues añadías eso. Pero yo te respondí: “esta noche mi polla en tu culo que me servirá de pan.

    Y llegó la noche. De regreso hacia el hotel compramos unas cosas en aquella tienda de abarrotes que tenía de todo, compramos algunas galletas y una botella de whisky. Nos la zampamos toda ¿eh? Así nos pusimos. Apenas entrar en la habitación me quitaste mi ropa y te quité la tuya, nos miramos, nos abrazamos, con la idea de que todo nuestros cuerpos se juntaran y sentir nuestras pollas enhiestas tocándose entre ellas y en medio de nuestro abdomen. Luego había que sentarse, teníamos unas cosas que venían desde Lima para cenar la primera noche y con las galletas saladas nos la comimos, dos vasos, esos que ponen ara lavarse los dientes, los lavamos un poco más y los llenamos de whisky. Así cenamos con ganas de meternos en la cama. Vimos algo de televisión y nos fuimos a la ducha y de ahí a la cama.

    Ya habíamos tomado la costumbre de no usar nada para dormir, ni la trusa(5) siquiera. Ya teníamos ganas de ese contacto en la cama, sin nervios, distendidos, con la noche por delante para nosotros. Como al día siguiente no íbamos a regresar y habíamos contratado para dos noches, esa noche era la nuestra. En la cama nos tomamos dos tragos más de whisky. Nosotros dos teníamos bastante aguante con el alcohol, ¿verdad? Porque no reconozco que nuestra borrachera fuera escandalosa y siempre recuerdo cuando ya estábamos pasados que decíamos: “Basta ya, no nos pasemos”. Pero es cierto que no mezclábamos licores. Esa noche nos zampamos la botella y nos acabamos la otra media que venía con nosotros desde Lima.

    Así y todo recuerdo todo lo que hicimos. Te apetecía un 69, mientras yo quería que me follaras a pelo y sin preparación. Ganaste tú, como siempre. Tú mamas muy bien y de ti aprendí a chupar la polla para dar gusto, pero sabes que mi lengua es delicada y a veces rebelde, pero esa noche de Huacho no, se portó bien, lo que no pude fue metérmela en la garganta. Si notaba la mía que la pasabas a tu campanilla y me daba un doble placer. Lo siento, amigo, por no poder hacer más. Ahora ya sé cómo, si un día nos encontramos de nuevo y creo que será pronto te lo podré demostrar, porque creo que no tienes a nadie que se pueda encelar. Yo tampoco, porque quiero ser libre y tener un novio en cada puerto, como los marineros.

    Hiciste que te llenara toda tu cara de mi leche y tú tardaste tanto en eyacular que mi boca comenzó a doler. Pero pensé que si te lamía la parte de atrás de tus bolas y daba mordiscos pequeños a tu rafe perineal y lamía suavemente con la lengua el perineo, pasándola desde los huevos hasta el ano. Aprovechaste ese gusto que te estaba dando para comerte mi culo, tu lengua la metiste hasta dentro eso me produjo tanto placer que con la yema del dedo índice apreté en tu perineo y tu próstata te hizo reaccionar, allá que se fueron las chorretadas de semen por todo tu cuerpo y por el mía, nos juntamos para celebrar nuestros orgasmos con un montón de besos, con la lengua y con caricias, sobre todo a nuestros huevos, que eso de acariciar los huevos lo aprendí de ti.

    Al mucho rato decidí pedirte que me follaras, sacaste un condón, te lo pusiste, me untaste con aquel aceite lubricante y sin más asomaste tu pene a mi culo y lo fuiste metiendo. Casi no costó y me dio muy poco dolor. Pensé que yo tenía el culo más grande que tu polla, pero recordé otras veces y es que la dilatación ese día no era necesaria, demasiadas ganas de tener tu polla en mi culo. Las metidas eran magistrales porque entrabas y salías como Pedro por su casa. Pero ya era muy avanzada la noche y después de follarme quise celebrarlo con whisky y nos tomamos otro trago. Ahí entendimos que el whisky de boca a boca y con sabor y saliva del amante es más rico, es como una tercera fermentación.

    Recuerdo que estaba muy cansado y te pedí que durmiéramos. Consentiste y te dormiste antes que yo, pero no debí tardar mucho tiempo. Lo que sí note y me fui despertando es que algo pasaba en mi culo y me sorprendí que mientras dormía yo, tú me estabas follando, eso me alegró, porque me pone feliz despertar con una polla en mi culo. Noté tus espasmos y de repente la sacaste y todo tu semen cayó sobre mis nalgas, tenía el culo todo mojado de tu leche y solo pude que darte un beso y nos caimos los dos hasta despertar.

    Despertamos con ganas. Nos fuimos juntos. Ambos queríamos defecar y te esperé mirándote. Me dijiste que era la primera vez que alguien miraba mientras cagabas y te contesté que tu madre te había visto antes. Cagabas y te movías la polla al ver que yo me aguantaba y me la movía también, pero acabaste, unos siete minutos te dije que te costaba defecar ¿te acuerdas? Luego me dijiste que yo había estado doce, me había masturbado sin dejar escapar mi lefa, me contaste mi vida. Entramos a la ducha juntos que es lo que queríamos y nos lavamos uno al otro, sobre todo nos lavamos bien el culo. Un rato largo duró nuestro beso, justos, yo amarrado a tus nalgas y tú me atravesaste el culo con tus dedos. Eyaculamos y a secarnos, a vestirnos, e iniciamos un nuevo día.

    Siempre te he dicho que el segundo día fue mejor y me gustó más, tú me dices que te gustó más el primero. A gustos no nos gana nadie.

    En tu carta quiero que me cuentes tu último polvo con quien quiera que lo hagas, no tengas pereza de escribir y me cuentas, si me es conocido dime su nombre para que cuando yo vaya también me lo folle, pero me interesan tus sensaciones.

    Sin más por el momento, recibe un fuerte abrazo y un beso sin igual, tu querido amigo,

    Janpaul.

    (1)Sacar la mugre: 1) pegar contundentemente; 2) (reflexivo) esforzarse mucho, ya sea física o mentalmente. Miguel iba borracho y le sacó la mugre a un pobre mendigo que encontró. / Si Pepe tiene villegas es porque se saca la mugre trabajando.

    (2) Martha Hildebrandt: el significado de Sacar(se) la chochoca (27.11.2015): Según la Enciclopedia ilustrada del Perú de Tauro, chochoca es la adaptación del quechua chuchuqa, que significa “maíz en grano sancochado y luego deshidratado mediante su exposición al sol o el frío nocturno”. En nuestra lengua familiar, se documenta la expresión sacar la chochoca ‘golpear fuertemente a alguien’ (también tiene uso reflexivo). Véase este ejemplo de Bryce en El huerto de mi amada: “… los tales Víctor y Miguel, primer y segundo mayordomos de la familia Alegre, terminaron sacándole[s] la chochoca a sus superiores…” (Barcelona 2002, p. 28).

    (3) Palta es el nombre del aguacate en Perú.

    (4) Una especie de pimiento morrón achatado cuyos nervios son muy picantes.

    (5) Trusa o truza, Calzoncillo, generalmente tipo slip.

  • Nuestra amiga argentina vuelve con Matías

    Nuestra amiga argentina vuelve con Matías

    Esto a lo mejor es una boludez, el domingo iba a ser una noche tranquila para mi, realmente no tenía ganas de hacer ¡nada!, pero uno de mis “amiguitos” al que siempre llame el amorcito de mi vida y hacía mucho que no veía, me empezó a mandar mensajes para vernos a la noche (o sea coger).

    La cosa es que no estaba muy segura, pero como siempre a la tardecita, me engancho en internet y me empecé a mandar mensajes con un chico que me empezó a calentar, le conté que un amigo mío me había mandado ws para salir, y obvio su consejo fue que lo haga y lo que él me haría, y más cuando le conté, que si me decidía a salir la ropa que me iba a poner.

    Y como tengo el si fácil, al final le dije a Matías, que si, que me pasara a buscar, ya estaba con esa adrenalina de ser de otro, de sentirme ¡de trampa!

    Como ya les conté, para nosotras la ropa es lo más importante, aparte, me vestí ¡como se que a él le gusta!, me puse unas botitas cortas, una re mini bien ajustada, blusa y un saquito (como mis viejos ya se habían acostado no me vieron como salía vestida, es el precio de no vivir sola).

    Bueno la cosa es que me pasa a buscar, me subo al auto, y obvio, la pollerita, ya me quedaba de cinturón, y aparte como tomo sol en cama solar, y no hacía calor, mis piernas no estaban blanquitas así que aproveché para salir sin medias.

    Me subo al auto y antes de preguntarnos cualquier cosa, nos matamos con un beso, y sus manos, ya estaban en mis piernas (se que se pone loco cuando estoy así vestida), lo deje, si lo deje que me tocara, es tan ¡lindo!, no me puedo resistir, y la calentura, la adrenalina de dejarme tocar, y sabiendo en que iba a terminar, por otro que no sea mi novio, ¡me mataba!

    Me sigue tocando hasta que llega a mi conchita, y yo ya con las piernas abiertas y le digo: “¡basta!, ¡acá no!”.

    Nos fuimos derecho a un telo, y recién ahí hablamos un poco, bah, Matías decía cualquier tontería, porque no dejaba de tocarme jeje y eso a mi me gustaba, moría de ganas de que me cogiera, de sentirlo dentro mío de ser ¡suya!

    Llegamos al telo, literalmente, me tiro en la cama, me empieza a besar, yo abrazándolo con mis piernas, empieza a bajar, así, de una me saca la bombacha, yo lo ayudo a desabrocharme la pollerita y me la empieza a ¡chupar!, esos pelos rubios viendo que me chupaban la conchita, con su lengua que me la metía cada vez más adentro, sus dedos, mis piernas en el aire, y yo agarrándole la cabeza para que me la chupara mejor, hasta que me hizo acabar.

    El también ya estaba ¡en bolas!, me siento en la cama y como mejor pude y más me gusta se la empecé a chupar, pero eso de la chupada fue después de tenerlo ¡bien caliente!, primero le bese bien las piernas, cerquita de los huevos, le acariciaba los huevos con las manos, y después la pija, que la tenía ¡re parada!

    Hasta que muy de a poco, le empiezo a pasar la lengüita por la punta, y se la besaba, toda a la vez, y durante un rato, hasta que se la empiezo a chupar, y ahí yo ya no pude más, me la comí, me la metí toda en la boca, la agarraba con la mano y se la estuve chupando, no se cuanto tiempo, mientras él me decía las palabras mágicas: ”como la chupas putita, me volves ¡loco!” y eso más ganas me da de ¡chuparla!

    Después de estar un rato chupándosela, me acuesta en la cama, se pone arriba, mis piernas sobre sus hombros y me empieza a coger, me encanto sentir su pija calentita, me la metió un par de veces, suficiente para que acabara y sentir su leche ¡calentita!

    Me da vuelta, me pone en cuatro, y me empieza a coger ¡de nuevo! (Yo ya había acabado dos veces, que no es mucho, pero el ¡ninguna!), y me empieza a coger y a ponerme uno, dos dedos en la cola, y después la pija ¡en la cola! El estaba tan caliente que me la taladró, primero sentí dolor, después placer y quería cada vez más hasta que empiezo a sentir sus gemidos y su leche calentita que me inundaba ¡la cola!

    Nos recostamos en la cama, se la empiezo a tocar y se le empieza a parar de nuevo, me inclino y se la empiezo a chupar, pero no despacio, a chupar como para que me llene la boca de lechita, de esa lechita calentita, cosa que no tardo mucho en pasar.

    Y nada, ya se acababa el turno y nos fuimos, yo el lunes me tenía que levantar temprano, y la verdad, lo que hice fue demasiado, teniendo en cuenta que era una noche que pensaba quedarme en casa y acostarme temprano.