Autor: admin

  • Chamaco mano larga

    Chamaco mano larga

    Hola soy una mujer de 44 años casada y con 2 hijas pero de vez en cuando tengo mis encuentros con mi vendedor de ropa.

    Hace 1 año que conocí a Javier un joven vendedor que me sigue vendiendo ropa mi marido le da flojera acompañarme a las compras por eso decidí ir sola.

    Le compré unos pantalones muy ajustados y me comía con la mirada lo sorprendí varias veces mirándome pero nunca le dije nada mi cuerpo temblaba de la emoción cuando él me miraba siempre mirando mis nalgas y ajustadas marcándose mi tanga siempre se tocaba su polla pensé éste chico me desea así que decidí jugar con él.

    Cada vez que iba siempre usaba pantalones transparentes para ver sus erecciones amaba ver su polla creciendo así que le tomé un pantalón blanco y le dije “crees que entre mi culo en estos pantalones?”, me miró y tartamudo me dijo “claro que si te ayudó”.

    Fui con él a su local y bajo la cortina prendió la luz y le dije “ahora si fóllame a tu antojo”, inmediatamente bajo mi pantalón vio mi tanga roja y empezó a meter su lengua dentro de mi culo así estuvo 39 minutos, ya estando mojada saque su polla y era grande media 4″ de larga rápido la chupe y con saliva era más delicioso seguía con más rapidez y sentía que su erección no terminaba.

    Rápido me puse de perrita y me lo metió de golpe dios que enorme polla comía mi vientre bombeaba despacio y rápido yo como perra pedía más y lo mire por el espejo viendo como me cogia a su edad pero folla delicioso estuve más de 1 hora sin parar de follar me dijo “te llenare de leche todo tu culo” sólo mire atrás y moví la cabeza diciendo que sí.

    En una sola metida me llenó mi culo de leche yo no podía ni gritar por los orgasmos estuve así por 10 minutos después me limpie y chupe su polla para que estuviera muy limpia lo bese y me besó como desesperado pensando que ya no me follaría otra vez solo le avise que lo volveríamos hacer cada vez que viniera al tianguis salimos de su local volveríamos al tianguis y regrese a mi casa como si nada mi marido aún no llegaba me bañé rápido para ocultar la hermosa follada de mi adorado vendedor me cambie de ropa llegó mi marido y me vio con ropa nueva y me mencionó donde la había comprado solamente le sonreí y le dije tengo a un gran proveedor de ropa muy maravilloso.

    A estas alturas sigo visitando el tianguis y no sólo para comprar pantalones si no para ser follada por el joven vendedor y su enorme polla mi marido aún no se explica de donde tengo tantos pantalones.

    Si te gustó mi relato déjame un SMS y te contestaré rápido, los amo.

    Atte. La madura come pollas maduras y jóvenes

  • Hermanos forzados a follar

    Hermanos forzados a follar

    Estacioné lentamente mi VW Jetta color rosa frente a la universidad de Raúl, mi hermano menor, todo mientras mi mamá seguía dándome instrucciones por el celular: «Verónica, ¿Entendiste bien lo que te dije? Apenas pases por tu hermano menor necesito que vayan a comprar las verduras para la cena, porque tu papá llegará como a las 7.»

    «Ay mamá, -Le repelé. –ya estoy en la universidad de Raúl, ¡Y no lo veo por ningún lado!»

    «Espéralo un rato más.»

    «¡Pero mamá! –puse una mueca de disgusto. -¿Por qué tengo yo que hacer esto? Sabes que tengo casting en la Televisora a las 3, mejor hubieras enviado a mi hermano a comprar las verduras.»

    «¡Verónica! -Mi mamá se puso firme. –No es posible que seas tan rebelde, ¿Porque no puedes ser como Raúl? A tus 22 años sigues siendo caprichosa y egoísta, en cambio él solo tiene 18 y…»

    «…Pero mamá…»

    «… Todo por tu obsesión de ser modelo, ay Dios, ¿Por qué tenías que elegir esa profesión? Es que…»

    «Ay mamá, ¿Sabes qué? ¡No estoy de humor para tus regaños! Recogeré a Raúl y te llevaré las malditas cosas a la casa.»

    «Hija, pero…»

    ¡Click!

    «Carajo, -Me dije sin poder contener el coraje. – ¡Nada de lo que hago le parece suficiente!»

    Suspiré con resignación, recordando el momento en que cumplí 18 años y les dije a mis padres que quería ser modelo. Pero ellos no lo habían tomado nada bien, ya que según ellos, tan católicos y bien portados, eso era una «profesión prohibida», un oficio digno de la Santa Inquisición. (Hago una pausa, para comentar que soy modelo en los eventos de autos, ya saben de esas chicas que están ahí junto a los autos y para lucir lindas, bueno continúo).

    Aunque, siendo honesta, debía reconocer que mi personalidad tampoco me había ayudado mucho a calmarlos, ya que desde siempre había sido rebelde, vanidosa y algo diva.

    Todo lo contrario a mi hermano Raúl, el cual era, simplemente, el hijo perfecto: alto, deportista, bien portado…

    …y muy guapo, aunque estuviera mal que yo lo dijera.

    Pero a pesar de ser tan diferentes, yo lo adoraba.

    Raúl era el único que me entendía, y en más de una ocasión me había defendido de mis padres. Casi parecía que él fuera el mayor.

    «En fin, -me dije para tranquilizarme. -mejor me doy una manita de gato antes del evento, que no gano nada con enojarme.»

    Lentamente salí del carro y me asomé en el cristal del mismo, pero al ver mi reflejo no pude evitar sonreír con coquetería.

    Claro, la vanidad siempre estaba ahí para reconfortarme: Ver mi largo cabello negro meciéndose con la brisa, la forma en que mi vestidito negro se apretaba deliciosamente a mi cuerpo, y el modo en que mis largas piernas se veían aún más sexys con los zapatos de tacón alto…

    «Es-pec-ta-cu-lar, -me dije con una expresión vanidosa. –voy de lujo.»

    Pero aún faltaba el último toque, por lo que saqué mi lápiz labial y lentamente lo pasé por mis labios, aunque de repente me sentí observada, y cuando volteé…

    Ahí estaba Raúl y sus 2 mejores amigos, Paco y Tito, vestidos todos con su uniforme de futbol, y mirándome como si fueran lobos hambrientos…

    … aunque Raúl esquivó mí mirada inmediatamente.

    «¡Hola chicos! – Les dije cariñosamente, aunque notando que sus uniformes estaban demasiado limpios. – ¿No tenían hoy practica de futbol?»

    «H-hola Verónica, -me dijo Paco con una sonrisa obvia. –eh, si, hoy, pero la cancelaron.»

    Me mordí los labios con malicia, muy divertida al ver cómo los amigos de Raúl siempre se ponían nerviosos frente a mí. «Ah, como sea, se ven muy guapos con esos uniformes, eh.»

    «G-gracias, nosotros, este, tú también te ves muy linda así. ¿A dónde vas?»

    «Ay, ¡gracias, chicos! Es que voy a tener un evento de autos, deséenme suerte.»

    «S-suerte.» Respondieron emocionados, pero en ese momento Raúl se metió al carro, así que me despedí rápidamente mientras regresaba al volante, y entonces nos pusimos en marcha hacia el supermercado.

    «¿A dónde vamos?» Preguntó Raúl sin dejar de mirar por la ventana, aunque con cierto enojo en su expresión.

    «Ay, ¿Qué tienes?»

    «Verónica, ya sabes que ese par sólo se te queda viendo con lujuria.»

    Me reí al oír eso. «Ay, ¿crees que no lo sé? Es que me encanta molestarlos así.»

    La expresión de Raúl se suavizó al oírme reír. «Bueno, mejor cuéntame algo: ¿cómo está eso de que vas a una audición?»

    «Uff, ¡No sabes! –Lo miré emocionada. -¡Estoy súper nerviosa! Me hablaron en la mañana y me dijeron que me presentara a las 3 en el evento, ¿Cómo ves?»

    «Bueno, -me miró rápidamente. –sin duda, vas muy guapa.»

    «Uff, ¡Ojalá los asistentes piensen lo mismo!»

    Entre risas seguimos avanzando por la ciudad hasta que llegamos al supermercado, pero ahí encontramos un problema: una fila inmensa de coches esperando para entrar, y el retraso sería de mínimo 20 minutos.

    «Ay no, ¿Qué hacemos?»

    «Mira, -Raúl señaló una calle lateral. -podríamos dejar el carro ahí, son solo unos metros hacia la tienda.»

    Rápidamente di la vuelta por la calle y me estacioné en el lugar indicado, y entonces saqué la lista que me había dictado mi Mamá hace rato: «A ver, me dijo que no se me olvidara traer los tomates, un kilo de cebolla, y…»

    De repente sentí algo frio y metálico apuntando contra mi cabeza, e inmediatamente una voz rasposa dijo con mucha tranquilidad: «No hagan nada estúpido, nos vamos a meter atrás y quiero que conduzcan hasta ese callejón al fondo, ¿Entendido?»

    Dios mío, ¡nos están asaltando!

    Me quedé en shock, totalmente paralizada, y más cuando pude ver con el rabillo del ojo que otro sujeto también tenía encañonado a mi hermano.

    «No sé quiénes sean, -Raúl les dijo tratando de mantener la calma. –pero nuestros padres tienen dinero, sólo déjenos hacer una llamada y…»

    Pero los tipos lo ignoraron y se metieron al asiento trasero. «Silencio. –Ordenó el tipo de la voz rasposa. -Nenita, maneja por la calle y métete a ese callejón al fondo.»

    «P-por favor, señor, yo…»

    «¡Maneja!»

    Asentí con nerviosismo, y apenas pude controlar el temblor de mis manos para manejar hasta allá, un callejón completamente vacío excepto por un basurero al fondo. El tipo me ordenó apagar el motor y entonces cubrió mi cabeza con una bolsa de tela negra opaca, para después sacarme del carro y llevarme hasta la cajuela del carro. «Métanse ahí.»

    «N-no… -les supliqué nuevamente, aunque la voz de Raúl me tranquilizó un poco. -Tranquila, Verónica, pronto saldremos de aquí, papá va a pagar lo que le pidan.»

    Con cierta dificultad me metí en el reducidísimo espacio, aunque un segundo después sentí a mi hermano junto a mí. Los fulanos cerraron la cajuela y arrancaron el carro. «Ay Raúl, ¿qué nos van a hacer?»

    «No sé, -me respondió tratando de mantener la calma. -¿Estas bien?»

    «T-tengo mucho miedo.»

    «No dejaré que te hagan nada, te lo prometo.»

    «¿Pudiste… verlos?»

    «No, -respondió inmediatamente. – Verónica, NO debes de verlos, si lo haces nos matan. ¿Entendido?»

    «S-sí.» Dije con resignación, y entonces abracé a mi hermano con todas mis fuerzas mientras el carro seguía avanzando por quién sabe dónde, hasta que después de casi 20 minutos…

    …Se detuvo, y entonces la cajuela se abrió, aunque la bolsa negra seguía impidiendo que pudiera ver nada.

    «Bájense.» Dijo uno de los tipos mientras nos sacaban de ahí, y por los pasos a nuestro alrededor supe que había al menos 3 más.

    «Bien, muy bien, -sonó una voz que no había oído antes, la cual parecía ser de un señor como de 60 años y con cierto acento norteamericano, aunque muy educado. –la muchacha está excelente, los felicito.»

    «Señor, -Raúl intentó interceder. –Se lo suplico, ¡Liberen a mi hermana y quédense conmigo! Mi Padre les dará lo que pidan.»

    «Muchacho estúpido, -respondió el tipo con una risita. –reconozco que eres valiente, pero lo siento, no me interesa tu dinero.»

    «Por favor, ¡déjenla ir! Ella no…»

    «Silencio. –el tipo habló con autoridad. –llévenlos al cuarto, en un momento estoy con ustedes.»

    Uno de los fulanos me tomó de la mano y me fue guiando por lo que se oía como un largo pasillo empedrado, hasta que llegamos al interior de una casa, que por el sonido de mis tacones noté que tenía piso de madera. El tipo continuó llevándonos por lo que parecieron varias salas, hasta que finalmente nos metieron a un cuarto y cerraron la puerta.

    «Verónica, -me preguntó Raúl a mi lado. -¿Estas bien?»

    «S-sí, ¿y tú?»

    De repente alguien entró a la habitación, y con mucho cuidado me quitó la bolsa de la cara, aunque instintivamente volteé al suelo, recordando lo que me había dicho mi hermano hace rato.

    Pero a pesar de que mis ojos aún estaban readaptándose a la luz, pude ver de reojo que estábamos en un cuarto blanco pequeño y con espejos en casi todas las paredes, que había una ventana con cortinas blancas a un lado, una cama King size en medio, y una cámara de video al fondo con un tipo encapuchado revisándola, así como otro fulano más a mi lado, aunque éste estaba vestido con un traje gris impecable y llevaba una pistola en la mano.

    «¿Q-que es esto?» Pregunté apenas con un suspiro.

    «A partir de ahora hablarán cuando yo lo indique, ¿entendido?» Dijo el tipo del saco, aunque por su voz educada y tranquila supe que era el mismo señor de hacía algunos minutos.

    Asentí ligeramente.

    «Ahora, muchacha, voltea a verme.» Me ordenó.

    «N-no, -intenté negarme. –no, por favor.»

    «No te lo estoy preguntando.»

    Obedecí temerosa, aunque respiré aliviada al ver que el tipo también tenía puesto un pasamontañas negro, el cual sólo dejaba entrever sus ojos azules y unas arrugas alrededor. «¿P-porque nos… tiene aquí?»

    «No estás en posición de preguntar nada, aunque te diré que tu destino y el de tu hermano depende de que tan obediente seas con mis instrucciones, ¿Lo has entendido?»

    Asentí ligeramente.

    «Bien, -el tipo sujetó mi barbilla entre sus dedos. –así me gusta. ¿Cómo te llamas?»

    «V-veronica, señor.»

    «Muy bien, Verónica, puedes llamarme Dave. Estás muy bonita, ¿a qué te dedicas?»

    «modelo, señor.»

    «Me lo imaginé, -se rio ligeramente. –Ahora, lo primero que quiero que hagas es…»

    El americano me ofreció un vaso de agua y una pastilla rosa, y su ayudante hizo lo mismo con mi hermano, aunque en su caso, era una pastilla roja. «…Tómense esto.»

    Miré con desconfianza la pastilla. «P-pero…»

    «Ah, yo ordeno y tu obedeces, ¿Recuerdas?»

    Resignada, puse la pastilla en mi lengua y con un trago de agua me la pasé. Dave me pidió que abriera la boca para comprobar que me la había tomado, y al ver que así había sido, dijo complacido: «Muy bien, me gusta que seas obediente.»

    Asentí débilmente, pero en ese momento noté…

    …que algo estaba pasando en mi interior. El calor en la habitación parecía aumentar con cada segundo que pasaba, mi piel se estaba poniendo muy, muy sensible, y hasta el roce de mi vestido contra mi cuerpo enviaba señales de placer a mi cerebro…

    Dios mío, ¿Qué nos dieron?

    Dave se sentó muy tranquilamente en una silla junto a la puerta, a la vez que el camarógrafo se ponía en posición de grabar, y entonces nos aventó dos tarjetas a los pies, las cuales pude ver que eran nuestras propias identificaciones. «Recójanlas, muéstrenlas a la cámara y digan sus nombres y edad.»

    Miré dubitativa hacia la cámara, y con voz baja dije: «V-veronica de la O, 22 años.»

    Raúl hizo lo mismo: «Raúl de la O, 18 años.»

    Dave preguntó en voz alta, claramente para el video: «¿Son hermanos?»

    Asentimos lentamente.

    «Desnúdense, por favor.»

    «¡¿Qué?!» Protestó Raúl enérgicamente. – ¡Maldito enfermo! ¿Qué te crees pidiendo eso…?»

    Dave lo miró fijamente y apretó su pistola a modo de advertencia.

    «R-Raúl, -le dije con actitud suplicante. –obedezcámoslo, n-no tenemos de otra.»

    «Pero Verónica, ellos…»

    «¡Raúl!» Le volví a rogar, pero al ver que seguía de terco decidí tomar la iniciativa: rápidamente tomé los costados de mi vestido negro y lo deslicé hacia abajo por mis piernas, y después hice lo mismo con mi bra y tanguita negra, aunque cuando quise quitarme los zapatos el americano me ordenó que me los dejara.

    Muerta de pena, cubrí mi intimidad con las manos, aunque también vi con mucha impotencia que mi cuerpo seguía acelerándose por la maldita pastilla: pezoncitos firmes, respiración ligeramente agitada, mi piel brillando con un poco de sudor…

    …y la humedad entre mis piernas aumentando con cada minuto que pasaba.

    N-no, Dios mío, d-debo controlarme, esto es sólo por la pastilla, debo controlarme…

    Asustada, volteé a ver a Raúl, aunque al ver su expresión angustiada y el ligero temblor en sus manos, me di cuenta que la pastilla que le habían tenía que ser mucho más poderosa.

    «Ahora, -dijo el americano. –desnuda a tu hermano, muchacha.»

    Me mordí los labios con resignación, y sin apenas encontrar resistencia le quité la playera a mi hermano y luego sus shorts y tenis, aunque no me atreví a ir más allá de sus boxers…

    Pero una nueva mirada de Dave me hizo entender que no tenía de otra.

    Mis manos agarraron el costado de sus boxers y lentamente se los bajé, aunque pude ver que Raúl traía ya una inmensa erección, cosa que lo hizo apenarse visiblemente y cubrirse con las manos.

    «¿Ves lo que ocasionas, muchacha? Tu hermano te desea.»

    «M-maldito, -Le dijo Raúl, pero sin atreverse a verme. –Cuando esto termine…»

    El americano se rio ligeramente. «La deseas, muchacho, tu erección no miente. ¿Y cómo no querer eso? Tu hermana es preciosa, ¿cuántas veces te has masturbado pensando en ella?»

    Raúl frunció aún más el ceño. «N-no, yo no…»

    «Muchacho, la pastilla solo multiplica los efectos de lo que ya sientes. Y me alegra que estés enojado, porque eso aumentará el efecto y en unos minutos serás incapaz de controlarte.»

    «N-no, yo…»

    «Verónica, -me ordenó Dave. –Abrázalo, tócalo.»

    Con un paso titubeante mi cuerpo se apretó fuertemente contra el de Raúl, quedando los dos frente a frente, mis pechos contra su torso, mis brazos en su espalda, así como su poderosa erección en mí entrepierna…

    Y el latigazo de calor en mi cuerpo fue… brutal.

    Mi temperatura aumentó hasta casi volverse febril, mi respiración se volvió un suave jadeo, y por mucho que luchara contra eso…

    …mis instintos sexuales comenzaron a ganar la batalla. N-no, Dios mío, no, no puedo sentirme así, ¡no puedo!

    Y Raúl estaba incluso peor, con su rostro aun volteado a un costado para no verme, y su respiración cada vez más intensa.

    «No va a aguantar mucho más, muchacha. –Dijo el americano con cierto tono triunfalista. –Ahora, dile a tu hermano que quieres mamarle la verga.»

    Acto 3: forzados.

    «N-no, por favor…» le respondí suplicante, pero de nuevo, una mirada del fulano bastó para hacerme entender que lo tendría que hacer.

    «Raúl, -dudé mucho antes de continuar. -quiero mamarte la… verga.»

    «Verónica, n-no…»

    «P-por favor, Raúl, sólo…»

    «N-no.»

    El americano puso una expresión de impaciencia.

    «P-por favor, -le insistí con más intensidad. –Q-quiero hacerlo, siempre he querido, métemela en la boca.»

    Raúl inhaló profundamente y no me respondió nada, aunque su resistencia era cada vez más débil. Sin preguntarle de nuevo, me fui arrodillando lentamente frente a él hasta quedar con su imponente miembro casi en la cara, viendo fascinada que estaba completamente erecto y rebosante de venas, las cuales palpitaban poderosamente mientras su gruesa cabeza morada apuntaba justo hacia mis labios…

    …Y perdí el control.

    Abrí la boca todo lo que pude y empecé a devorar su verga con voracidad, sintiendo como cada vena se deslizaba ásperamente por mis delicados labios, hasta que finalmente la gruesa cabeza pegó contra mi garganta y vi que me había comido poco más de la mitad. En ese momento mis mejillas se hundieron y empecé a moverme lentamente de atrás para adelante, sintiéndome la peor de todas las mujeres…

    …pero sin poder detenerme ni un segundo. «Mmfmf… mfmfmfm… mfmfmfm.»

    «M-maría Elisa, -Jadeó mi hermano. -n-no, Dios, no…»

    «Véanse a los ojos.» Ordenó el americano.

    Obedecí inmediatamente, y cuando vi que Raúl también me miraba fijamente, sentí otra oleada de calor sexual por todo mi cuerpo e instintivamente aceleré un poco más mis movimientos. «Mmfmf… mfmfmfm… mfmfmf.»

    Y la resistencia de Raúl se acabó.

    Sus dedos se deslizaron por mi cabello, tímidamente al principio, aunque después de algunos intentos sujetaron mi cabeza con firmeza. Entonces su miembro comenzó a bombear mi rostro con movimientos suaves pero contundentes: de lado contra mis mejillas, hacia mi garganta, de atrás para adelante…

    Y yo sólo atinaba a deslizar mis manos por sus piernas mientras me arqueaba sexualmente, mamándosela sin parar aunque siempre con mis ojos clavados obedientemente en los suyos, hasta que después de 15 intensos minutos…

    Raúl inmovilizó con mucha más fuerza mi cabeza, temblando de ansiedad, y su verga comenzó a escupir violentos chorros de semen contra mi garganta. «T-tómatelo, TODO.»

    Gemí con actitud sumisa al oír eso, con mi lengua nadando en aquel mar de leche mientras mi boca tragaba sin parar la semilla de mi hermano, hasta que lo dejé seco…

    Raúl, visiblemente angustiado por lo sucedido, sacó su miembro de mi boca, aunque dejando gruesos hilos blancos colgando entre mis labios y la punta.

    Roja de vergüenza, use mis dedos para limpiar mis labios, aunque mis pensamientos eran un caos. Dios, no, ¿Qué he hecho? Ay, no… ¿Qué he hecho?

    «Bien, muy bien, –Dijo Dave con visible satisfacción. –que boca, muchacha, ¡que boca!»

    El americano se levantó y salió del cuarto, seguramente para que mi hermano pudiera recuperarse, pero durante casi 10 minutos la habitación estuvo en un completo y abrumador silencio, interrumpido solo por nuestras respiraciones…

    …y mis suaves gemidos, ya que mi cuerpo seguía acelerándose como nunca antes, con un hambre sexual tan voraz que me tenía frotando mis manos por mi cuerpo, como si fuera una perra en celo.

    Hasta que finalmente el tipo regresó, e inmediatamente me ordenó: » Verónica, acuéstate boca arriba en la cama.»

    Me levanté del piso y lentamente me acosté en la cama, apretando las sabanas con anticipación mientras mi cuerpo pedía más, y sin que nadie me lo pidiera…

    …abrí ligeramente las piernas.

    El americano le dijo a mi hermano: «¡Que magnifico ejemplar de hembra tienes frente a ti! Que pechos, que rostro, que piernas… y mira, está empapada por ti.»

    Pero Raúl sólo miraba al suelo, aunque temblando de rabia…

    … ¿o deseo?

    «Ahora, muchacho, hazla tuya.»

    Raúl, ya con su erección de nuevo a reventar, se acomodó entre mis piernas, las cuales doblé en el aire mientras con mis manos agarraba su miembro, y después colocó su cabeza junto a la mía y sostuvo su cuerpo con sus brazos, pero no se atrevió a dar la estocada final.

    Hasta que yo, jadeando suavemente, guie la punta de su miembro hacia mi intimidad. Inmediatamente las caderas de Raúl comenzaron a moverse hacia adelante para penetrarme, ensanchando agresivamente mis delicados labios vaginales mientras su carne entraba centímetro a centímetro en mi cuerpo, hasta que con un firme empujón quedó completamente en mi interior.

    «Ah.» Gemí con ternura.

    Raúl me dijo al oído: «P-perdóname, perdóname.»

    Apreté mis piernas contra sus caderas. «N-no, perdóname tu a mí.»

    Y todo comenzó.

    Su cuerpo se hizo para atrás algunos centímetros, sacando la mitad de su miembro, y entonces me dio una embestida firme y poderosa.

    «Ahhhh.» Gemí suavemente, pasando mi lengua por mis labios.

    Y la maniobra se repitió.

    «Ahhhh, D-dios.» Gemí nuevamente, y Raúl comenzó a montarme cada vez más rápido, hasta que alcanzó un ritmo vigoroso que estremecía la cama, aunque él se mantenía en silencio y sólo sus gruñidos junto a mi oreja me daban una indicación que estaba tan acelerado como yo.

    Pero yo me estaba volviendo loca de placer, ya que cada movimiento suyo restregaba mis pechos contra su cuerpo y electrizaba mi piel, y entonces clavé mis uñas en su espalda. «M-mas, mas, ahhh, mas, mas.»

    «S-sí, -me dijo al oído. –mas, más te daré.»

    Me quedé mirando febrilmente al techo mientras que con cada acometida mis piernas temblaban en el aire, sintiendo como mi cuerpo se calentaba cada vez más, hasta que después de casi 10 minutos de castigo…

    Grité y me retorcí en éxtasis debajo de mi hermano, abriendo la boca en mil poses lujuriosas y sin poder controlarme en absoluto, y justo en ese momento Raúl se apretó aún más a mí y me mordió deliciosamente el cuello, temblando con la más sexual agonía mientras su leche quedaba firmemente depositada en mi interior.

    Dios, se vino adentro de mí, oh Dios.

    Pero mis instintos seguían dominándome, y sólo atiné a gemir tiernamente mientras mi hermano continuaba apretando su miembro contra mi sexo, aunque acariciando suavemente mi cabello con sus dedos.

    Nos quedamos así, debilitados pero juntos, durante varios minutos.

    «Ahora, -nos interrumpió el americano. – Verónica, debajo de la almohada hay una botellita, tómala.»

    Obedecí débilmente mientras mi hermano se sentaba en el borde de la cama, pero cuando vi la etiqueta de la botellita me quedé helada: «Lubricante».

    «Oh Dios.» me dije en shock.

    «Silencio, muchacha, -Dijo Dave. –aplícaselo en el miembro a tu hermano, y luego ponte un poco también.»

    Me mordí los labios con nerviosismo mientras me inclinaba en la cama junto a mi hermano, dejando caer un poco de lubricante en la punta de su miembro para entonces a masajearlo suavemente con mis dedos.

    Pero algo había cambiado en Raúl, ya que ahora me miraba fijamente, lo que interpreté como una señal de que la pastilla había ganado la batalla. Confundida, sólo atiné a sonreír ligeramente mientras continuaba cumpliendo con la orden, hasta que su miembro quedó completamente cubierto del lubricante.

    Entonces me puse en 4 sobre la cama y, con mucho pudor, empecé a embarrar con mis dedos el lubricante alrededor de mi ano, en ocasiones metiendo un poco en mi interior con un suave masaje circular.

    Pero Raúl no paraba de mirarme, hasta que finalmente no pudo más y…

    …de un salto se acomodó detrás de mí y agarró mis caderas, cosa que me arrancó un tierno quejido, y entonces comenzó a frotar lentamente la punta de su verga entre mis nalgas, torturándome un poco con la ansiedad…

    Hasta que con un empujón firme, profanó mi ano.

    «¡Ah!» Abrí los ojos de par en par mientras apretaba las sabanas, sintiendo como mi cuerpo comenzaba a ser invadido por algo duro, venoso y caliente, hasta que finalmente quedé empalada por completo.

    Y la sensación era… brutal. Animal. Exquisita.

    En medio de tiernos gemidos levanté aún más el culo y arqueé la espalda, en actitud totalmente receptiva, y Raúl, al verme perder el control así, no tuvo piedad.

    Con un gesto dominante me jaló agresivamente del cabello, obligándome a ver hacia el frente (y mi reflejo en uno de los espejos), y entonces empezó a reventarme el culo con su gruesa anaconda como si su vida dependiera de eso.

    «Ay, ahhh, R-Raúl, m-mas, mas.» Gemí con ternura una y otra vez, mirando como hipnotizada en el espejo las caras de lujuria que Raúl ponía al montarme.

    Y él estaba como posesionado, sodomizándome de la forma más animal y primitiva posible, hasta que después de darme así durante varios minutos, su cuerpo se inclinó sobre el mío y me aprisionó contra la cama, colocando sus pies sobre mis tobillos para evitar que las moviera, al mismo tiempo que colocaba su brazo posesivamente bajo mi cabeza a modo de almohada.

    «¿Quieres más?» Me dijo débilmente al oído, a lo que sólo pude responder con un débil. «Ajá.»

    Pero Raúl no me dio mi premio inmediatamente, sino que apretó sus caderas contra mis nalgas y empezó a moverse cadenciosamente en círculos, y entonces metió sus dedos en mi boca y empecé a chuparlos como desesperada. «Ahhhh, mmmmm, R-Raúl, ahhh.»

    Simplemente, la sensación era deliciosa. Sentirme así, tan sometida e indefensa, y con mi cuerpo en tal estado de excitación…

    …me tenía sonriendo con malicia y pidiendo más.

    Pero el castigo tenía que llegar, y de repente las caderas de mi hermano volvieron a martillear mi culo de atrás para adelante, con tanta energía que casi parecía que me fuera a clavar contra la cama. «¡Ah, R-Raúl, más, oh Dios, mas!»

    «Así, -me dijo al oído. –muévete así, aprieta más el culo.»

    Asentí con una sonrisita traviesa, arañando las sabanas con desesperación mientras me culeaban como nunca en mi vida, hasta que después de casi 10 minutos de brutal sodomización…

    …Raúl sacó su verga de mí y empezó a bañar mis nalgas y espalda con su leche ardiente, y entonces volvió a meterme la punta, a lo que yo respondí con total sumisión. «S-sí, dámela toda, toda.»

    Finalmente, después de dejarme toda empapada, mi hermano se dejó caer a mi lado, completamente exhausto y tembloroso.

    Pero yo continué moviéndome suavemente contra la cama, fascinada al sentir las gotas de leche resbalando por mi piel, así como un delicioso dolorcito en el ano.

    «Excelente. -dijo el americano con actitud complacida. –ahora, vístanse.»

    Oír eso rompió el trance sexual en el que estaba, y pensé que los efectos de la pastilla debían estar debilitándose, por lo que con mucho pudor intenté agarrar las sabanas para limpiar el semen que había quedado en mi cuerpo, pero el americano me detuvo: «No, no te limpies, ponte tu ropa así.»

    «P-pero…»

    Pero era inútil discutir. Recogí mi tanga del suelo y lentamente la subí por mis piernas, aunque la sensación húmeda entre mis nalgas era un poco molesta. Con actitud resignada me puse mi bra también.

    Raúl, mientras tanto, ya se había puesto su ropa, y muy atento recogió mi vestido del suelo y me lo dio, aunque de nuevo esquivaba mi mirada, señal de que también estaba superando los efectos de la pastilla.

    Me mordí los labios mientras me ponía el vestido y me veía en los espejos, peinándome ligeramente por simple vanidad natural. En ese momento el americano se me acercó y me puso de nuevo la bolsa negra en la cabeza, así como a mi hermano, aunque me quedé muy intrigada cuando le dijo: «Ten, guarda esto. Lo necesitarás más adelante.»

    Claro, la curiosidad me quemaba, pero sabía que no podía ponerme a preguntar nada, ya que lo que más anhelaba era salir de ahí.

    En ese momento sentí que alguien tomaba mi mano, igual que cuando nos trajeron al cuarto, y entonces nos fueron guiando de regreso por las escaleras y el pasillo hasta que llegamos a donde debía estar nuestro carro, en donde nos volvieron a meter en la cajuela, aunque me alegré mucho cuando sentí a Raúl junto a mí, y sin poder contenerme, lo abracé con todas mis fuerzas.

    Acto 4: el regreso.

    Durante un buen rato avanzamos por lo que sonaba como ciudad, hasta que finalmente nos detuvimos, y un segundo después la cajuela se abrió.

    Tardamos unos segundos en salir, aún muy confundidos, pero cuando lo hicimos me quité la bolsa de la cabeza y pude ver que estábamos en una calle vacía en las afueras de la ciudad, y eran como las 5 de la tarde.

    Rápidamente Raúl se puso al volante y yo me senté en el asiento del pasajero, y en medio del más abrumador silencio fuimos regresando a la ciudad.

    Pero mi mente era un caos.

    Muy a mi pesar, las escenas de lo sucedido se reproducían en mi mente una y otra vez, con la misma claridad como si lo estuviera viviendo de nuevo, y el hecho de que mi cuerpo volvía a reaccionar sexualmente ante ellas me hacía sentirme avergonzada, humillada, digna de nada.

    Cerré los ojos, recordando la deliciosa sensación de tener la boca llena con el imponente miembro de Raúl, su respiración en mi cuello, la forma en que me había montado, el sutil dolorcito que aún sentía entre las nalgas…

    N-no, no puedo tener estos pensamientos. No puedo. No debo.

    Me cubrí la cara con las manos, sin saber si llorar o deprimirme, y así continuó el viaje hasta que finalmente llegamos a la casa, pero de repente Raúl se estacionó en un lugar oscuro de la calle y apagó el motor.

    Silencio absoluto.

    «Verónica, -dijo Raúl en voz baja. -¿Crees que… deberíamos decirle a nuestros padres?»

    «NO. -Lo miré asustada. –N-no, ¡Por Dios, ni se te ocurra!»

    «Pero…»

    «Raúl, -lo miré suplicante. –lo que acaba de pasar, pasó. No se lo diremos a nadie.»

    «Está bien, -suspiró ligeramente. –te lo prometo.»

    «Raúl, -adopté una voz más tierna. -¿Estas bien?»

    Mi hermano miró con tristeza hacia abajo. «Si, creo… no sé.»

    Me mordí los labios sin saber qué hacer, y entonces recordé algo: «¿Qué fue lo que te dio el americano?»

    Raúl empezó a buscar algo en la bolsa de su pantalón. «No sé, puso algo en mi bolso, pero se me había olvidado checar.»

    Me quedé asombrada cuando Raúl encontró una pequeña bolsita transparente, la cual estaba llena de pastillas rojas y rosa. «Oh, Dios.»

    Raúl me miró fijamente a los ojos, esperando una reacción de mi parte, pero al ver mi indecisión sacó lentamente la bolsa por la ventana para tirarlas.

    Pero inmediatamente le detuve el brazo…

    …y no hizo falta decir más.

    Nos quedamos mirando durante varios segundos, hasta que muy lentamente Raúl puso la bolsita en mi regazo.

    «¿Estas segura?» preguntó en voz baja.

    Asentí ligeramente. «Ajá».

    Raúl prendió el carro nuevamente, aunque sonriendo ligeramente. Y así, con nuestro futuro irremediablemente torcido a partir de ahora…

    …regresamos a la casa.

    Únicamente comentarios a [email protected] o en esta página, no busco sexo ni encuentros, no doy cam, espero les haya gustado besitos.

  • El secreto de Rita Culazzo (Parte 3): La ley de gravidez

    El secreto de Rita Culazzo (Parte 3): La ley de gravidez

    Llevaba un largo rato admirándose frente al espejo de la sala. Sus manos sostenían la enorme panza con extrema delicadeza, como si tuviera miedo de romperla. De vez en cuando ensayaba un medio perfil derecho, luego giraba hasta alcanzar el medio perfil izquierdo y finalmente volvía a su posición frontal. Se complacía en repetir ese cíclico ritual una y otra vez; y se sonreía orgullosa. Yo la observaba en silencio; no recordaba haber visto alguna vez a una mujer tan hermosa. Las ocho lunas no le habían robado un ápice de su femenil esplendor; por el contrario, habían contribuido a enaltecer su belleza con indecente magnanimidad.

    Papá se le acercó lentamente por detrás y la rodeó con sus brazos con mucha ternura. Sus manos se posaron sobre las manos de ella y las cuatro sostuvieron aquel vientre materno con un cariño que, de ser el cariño algo malo, hubiera sido atroz. Ella giró su cabeza y la echó ligeramente hacia atrás; él le dio un beso en la sien.

    –Podemos excusarnos… –dijo mi padre con voz suave mientras observaba embelesado la abultada barriga a través del espejo.

    –No podemos faltar, somos los homenajeados; estoy bien –respondió mi madre con dulzura.

    Yo, que a menudo despertaba de perturbadoras pesadillas en donde mis primos y mis tíos se me presentaban como monstruosos demonios con enormes miembros viriles e insaciable apetito sexual, experimentaba un lujurioso terror cada vez que me hacía a la idea de un nuevo encuentro familiar, y más al considerar la exaltación de los atributos femeninos de mamá producto de su estado grávido.

    Llegamos a la casa de mi tía el sábado al mediodía. Recuerdo un cielo claro con un sol enorme y tibio, y una brisa tan suave que apenas si acariciaba nuestros rostros. Tuve, en un instante, la misma sensación de calma que se siente en el ojo de un ciclón tropical, y presentí que abandonaría ese centro inocuo apenas entrara en la morada donde nos acogerían para celebrar el advenimiento de un nuevo miembro a la familia. Serían sólo veinticuatro horas las que pasaríamos allí: una eternidad infernal en una guarida de íncubos hambrientos de carne. Yo sabía que para estas bestias mi madre no era más que carne; sólo carne.

    Nos recibieron con una calidez no acorde a mis figuraciones. Apenas bajamos del auto, mi tía salió de la casa, corrió por el vasto jardín hasta alcanzarnos en el portón de entrada y nos dio un enorme abrazo a cada uno. Mi tío Juan y mis dos primos siguieron sus pasos, aunque con menor ansiedad. Todos contemplaron maravillados la panza de mamá. Puedo recordar, en especial, los rostros de mis primos invadidos por una ternura que mi recelo no esperaba. Los ojos que antes habían reflejado la roja llama de los placeres prohibidos, en ese momento eran de blanca pureza, eran de ángel y no de demonio. Barrunté, entonces, que era el milagro de la vida el que oficiaba de antídoto contra todo impulso indecoroso de las personas más lúbricas que yo había conocido.

    –Tenemos una sorpresa –dijo mi tía con amplia sonrisa volviendo su vista hacia la casa.

    En ese momento, mi abuelo se asomó a la puerta y salió al jardín para encontrarse con nosotros. Con lágrimas en los ojos, abrazó fuerte a mi madre; ella respondió con un apretón de igual calibre.

    –¡Papá!¿Qué hacés acá? –le dijo con desbordada alegría.

    –Quiero estar con mi nena antes de que pierda esa barrigota hermosa –respondió mi abuelo con voz quebrada; luego acarició esa prominencia con suavidad.

    –¿Y mamá? –preguntó ella.

    –Esta vez se quedó en casa, viste como es… pero ya se está aprontando para viajar, quiere estar presente en el parto –respondió él.

    Yo estaba conmovido con toda la escena que acababa de presenciar; pero la emoción rápidamente se me fue desvaneciendo y la desconfianza volvió a ganar terreno en mi psique. Durante toda la tarde estuve atento a los movimientos de mis familiares, sobre todo de mis primos; y mi vigilancia se extendió hacia la noche. A la hora de la cena todos nos sentamos a la mesa y yo me mantuve alerta, observando todo, analizando el más mínimo detalle, escrutando las miradas; pero nada. Nunca fui adepto al vino, y esa noche lo bebí en abundancia sólo para deshacerme de la incomodidad que me generaba el inesperado comportamiento de una familia normal.

    Después de la tercera copa fui yo el que comenzó a mirar a mi madre con ojos de deseo. Estaba hermosa. Llevaba puesto un vestido ligero y suelto, y por sobre la mesa amanecían sus enormes ubres que, aunque sin escote revelador, se abultaban en su pecho como dos gigantescos planetas. Quedé prendado de esas tetazas que se iban aprontando para amamantar; imaginé que era yo el beneficiario de su maravilloso néctar. Pronto advertí que estaba algo ebrio y demasiado cachondo, con mis ojos clavados en las tetas de mi madre y una gran erección por debajo del mantel. Mientras, los demás mantenían una charla corriente, aburrida y cándida acerca de cuidados de bebe.

    Luego de la cena, mis primos abandonaron la mesa unos minutos con la intención de convidarnos con un licor de hierbas de reciente adquisición. Los seguí con la mirada y, a la distancia –estaría yo a unos diez metros del pequeño bar ubicado en la sala–, observé atentamente todo el preparado. Algo llamó mi atención: me pareció que dos de los vasos ya servidos habían sido ligeramente separados del resto, y hasta tuve la inquietante sensación de que les había sido volcado algún tipo de sustancia de manera clandestina. No lo vi con claridad; como dije, fue más bien una sensación.

    Mi sospecha se acrecentó cuando nos sirvieron la bebida y pude comprobar que los vasos separados estaban destinados a mi padre y a mí. Imaginé que mis primos querían que estuviéramos bien dormidos, y el motivo se me hacía evidente. Por fin se habían caído las máscaras angelicales y habían quedado expuestos los rostros demoníacos de aquellos pendejos hijos de puta.

    En una maniobra casi digna de un mago, logré intercambiar vasos con mi abuelo. Lamentablemente, no pude salvar a mi padre, que se bebió su sospechoso licor de un sólo trago. Apenas unos minutos después del brindis –brindamos por la nueva vida, obviamente– papá se retiró a su habitación acusando una inexplicable lasitud; mi abuelo hizo lo mismo casi al mismo tiempo; no era casualidad. Mis primos me miraron fijamente esperando –calculé yo– una reacción parecida, así que bostecé para ellos unas cuantas veces y luego simulé un pequeño malestar; sin embargo, no abandoné la sala hasta que mi madre decidió marcharse a su dormitorio.

    A mí me había tocado compartir habitación con mi abuelo; así que, cuando quedé a solas con él, pude corroborar mi sospecha al intentar despertarlo. Le di unos cuantos sacudones que no tuvieron respuesta; estaba completamente knock out producto de vaya saber qué clase de somnífero. Calculé que mi padre corría con la misma suerte y pensé en mi indefensa madre. No podía quedarme con los brazos cruzados; no podía dejarla a merced de las bestias; tenía que actuar. Y actué.

    Atravesé el pasillo corriendo en puntas de pie hasta llegar a la habitación en donde dormían mis padres. La puerta estaba entornada. Entré. Había tomado la decisión de atrincherarme junto a papá y mamá para protegerlos de un seguro asalto nocturno; aunque poco me iba a durar el gesto de valentía. Cerré la puerta y cuando comenzaba a idear una forma de trancarla, escuché pasos que se acercaban prestos por el corredor; entonces abandoné la primera línea de defensa y cobardemente me escondí en el amplio clóset empotrado en una de las paredes laterales del dormitorio. Acababa de descubrir cuál era el verdadero motivo de mi presencia en la zona que estaba por ser atacada.

    La puerta de la habitación se abrió lentamente y me fui preparando para observar, a través de las voyeristas rejillas de la puerta del clóset, lo mismo que ya había visto en mis más espeluznantes pesadillas. Mis primos entraron con sigilo y se acercaron a mi padre para comprobar que estaba completamente anestesiado. Instantes después, mientras Lautaro encendía uno de los veladores y lo cubría con una manta para que la habitación quedara tenuemente iluminada, Daniel tomó a mamá de un tobillo y le sacudió la pierna. Ella despertó de un sobresalto y quedó sentada en la cama mirando a los conocidos asaltantes con estupor. Lo siguiente que vieron sus ojos pasmados fue dos descomunales falos dispuestos en sendas erecciones de caballo.

    –¿Extrañabas esto, putita? –esputó Daniel tomándose su imponente vergón con ambas manos.

    Mi madre, atónita, sólo atinó a mirar hacia su costado, donde yacía mi padre en un profundo sueño de pinchazo de rueca.

    –Tranquila, está dormido igual que una piedra –le dijo Lautaro al mismo tiempo que le enseñaba (haciéndolo bailotear entre sus dedos) el pequeño frasco que yo había intuido más temprano cuando los bribones servían el licor.

    –Dicen que las embarazadas se ponen cachondas; mientras más panzonas, más cachondas –acotó Daniel con libidinosa voz.

    Luego tiró fuerte de la sábana que cubría a mi padre y lo destapó completamente. Acto seguido, lo acomodó boca arriba y le bajó los calzoncillos con un nuevo jalón mientras se dirigía a mamá:

    –A ver con qué te entretenés en tu casa, putita –le dijo.

    El inerte pene de mi padre quedó expuesto: pequeño y arrugado. Mis primos acercaron sus pijones para que mi madre pudiera compararlos con la pijita flácida de su marido. Ella, que a esa altura había borrado de su rostro el gesto de perplejidad inicial para darle paso al de zorra libidinosa, acercó su mano a la verga exánime de mi padre y jugueteó con ella moviendo su dedo índice como péndulo, mientras una risita burlesca escapaba de su boca al ver aquel pedacito de carne blanda moverse de lado a lado sin oponer ninguna resistencia.

    Luego miró el palpitante vergajo de Daniel, del cual parecía que se podía colgar un ancla sin perturbarle la rigidez, y su mueca de burla se transformó en circunspecto gesto de deseo; la línea incisiva de sus dientes superiores asomó en su boca y mordió con ganas su labio inferior. Dos segundos más tarde, se engulló el ciclópeo falo de su sobrino hasta el fondo de su garganta. No pasó mucho tiempo para que fueran dos las vergas a las que mi madre diera cobijo en su boca, las que saboreara con desespero de puta alborotada, con las que se atragantara a placer.

    No les fue fácil a mis primos desprender a la putona de sus colosales miembros; cuando lo lograron, fueron ellos los que aferraron sus cabezas a las tetas de mamá –que eran como otras dos cabezas– y las mamaron a placer. Luego colocaron a la encendida hembra en cuatro a la orilla de la cama y le arrancaron las bragas. Ella arqueó su espalda y quedó con el culo en pompa para que sus sobrinos pudieran contemplarlo en toda su dimensión (le encantaba mostrarle el culo a sus sobrinos).

    –¡Qué culazo, qué hija de puta! –exclamaron mis primos al unísono. Yo hice la misma exclamación por lo bajo en la oscuridad de mi escondite.

    La culona se colocó una almohada bajo la panza y se dispuso en pose de perra para que los imberbes le rompieran el orto sin compasión. Daniel tomó la iniciativa. Luego de un par de escupitajos lubricantes, el mayor de los hermanos la penetró violentamente y comenzó a serrucharla como si esa misma noche se fuera a acabar el mundo; sus envestidas parecieron sacar chispas del culo de mamá durante largos minutos.

    Lautaro, sobreexcitado con la escena que estaba presenciando, reclamó su turno; pero Daniel estaba en rítmico trance y sin intenciones de abandonar a su presa; fue entonces que su hermano decidió sacarlo a la fuerza con un empujón que lo tomó por sorpresa e hizo que cayera hacia atrás, quedando sentado en el suelo. Sin perder un segundo, Lautaro enterró la pija en el culo de mi madre y continuó con el mismo ritmo frenético que antes había impuesto Daniel. Pero éste último se sentía injustamente despojado; así que, luego de incorporarse, tomó del cuello a su hermano menor y lo arrancó de las nalgas de mamá como arrancaría un potente imán de neodimio del más precioso metal. En ese momento, los hermanos se trabaron en lucha insultándose furiosamente como si fueran enemigos. Mi madre, sin abandonar su posición perruna, giró su cabeza e intervino en el diferendo:

    –No peleen, hay para los dos –les dijo con voz de puta arrebatada mientras se manoseaba una de sus nalgas.

    Mis primos detuvieron la pelea y contemplaron fascinados aquel enorme y redondo culo dispuesto como gigantesca manzana partida por la mitad; vieron las violentas contracciones de su apetitoso orificio pidiendo con desespero que alguien volviera a salvarlo del incómodo vacío, y se reconciliaron en una maravillosa doble penetración anal. Lautaro trepó sobre la cama de un salto y, con un pie a cada lado de la humanidad de su preñada tía, la entubó desde arriba, al mismo tiempo que Daniel, con los pies en el suelo, la empernaba desde atrás. Los dos vergones unidos invadieron el culo de mamá como si fueran un atado de leña gruesa. Ella comenzó a gemir estruendosamente: estaba gozando como una yegua.

    Quizá fueron esos hondos quejidos los que atrajeron más gente a la fiesta, o quizá todo estaba cuidadosamente calculado: mi tío Juan apareció de repente en la habitación y fue derecho al encuentro de su cuñada. Pasó por delante de sus hijos, que seguían culeando a mamá con acrobático ritmo de vértigo, y trepó en la cama como gato para quedar frente a frente con la puta y meterle la lengua hasta la garganta. Luego se arrodilló sobre el colchón y liberó su increíble miembro, grueso y venoso, más impresionante aún que los de sus hijos, y lo introdujo en boca de la gestante mientras la tomaba fuertemente de los pelos y le sacudía la cabeza como forma de dirigir el impaciente acople buco-genital. Mi madre tuvo que abrir la boca hasta casi rajarse la unión de sus labios para hospedar tamaño pedazo de verga enhiesta de pura sangre.

    Yo hacía rato que me pajeaba dentro del clóset; la imagen de mi panzona madre doblemente enculada por sus sobrinos y atragantada por el majestuoso palo mayor de su cuñado, me había puesto a mil. Pero todavía le faltaba una pieza a ese engranaje hedonista: de pronto, mi tía entró en la habitación como un rayo y se entreveró diligente en el épico saturnal. Sus manos volaron por el cuerpo de mamá magreándole la espalda, los pechos y el abultado vientre, mientras profería una serie de epítetos que soezmente pretendían resumir lo buena que estaba su hermana y lo puta que era.

    Luego se acostó boca arriba en la cama, se deslizó hasta quedar debajo de mi madre y su boca lactante mamó de los hinchadísimos pechos de la embarazada. Instantes más tarde, mi hiperactiva tía abandonó esa posición de mecánico de automóvil y se entremezcló en la incesante culeada junto a sus hijos; lo hizo en forma tan impetuosa que accidentalmente atropelló a Lautaro haciendo que éste perdiera estabilidad y cayera encima de mi desmayado y semidesnudo padre. Poco le importó esto a la arrecha hembra, quien se asió fuerte de las nalgas de mamá y, como una verdadera directora de orquesta, comenzó a dirigir la culeada de Daniel. A partir de ese momento, fuertes cachetazos a aquella cola espectacular y groseros elogios a la pija que la insuflaba, adornaron el avasallante ritmo de bombeo del joven semental.

    El mentón de mi tía descansaba sobre el culo de mamá. Cada tanto un extenso lengüetazo recorría aquellas venturosas nalgas. Cada tanto Daniel sacaba la pija de la cola de mi madre y la metía en la boca de la suya. En tanto, Lautaro logró recuperar su antigua posición y nuevamente mamá se vio enculada por duplicado.

    Uno a uno, mis insaciables parientes fueron derramando sus ubérrimos fluidos sobre mi santa madre: en el ápice del placer, mis primos le sacaron sus pijas del culo y la manguerearon entera mientras ella abría la boca bien grande y sacaba su lengua para recibir los caudalosos chorros del tío Juan. La lechearon de arriba abajo. Como rúbrica, mi tía le dio una postrera chupada de concha y de orto que la hizo retorcerse de placer.

    En lo que respecta al espía escondido en el closet… puede decirse que logré sincronizar mi final con el resto de la manada. Al mismo tiempo que mi madre era bañada en semen, mi verga expulsó un largo chorro que salió disparado hacia adelante y atravesó las rejillas de la puerta del clóset, salpicando el piso de la habitación.

    La tormenta pasó. Mis familiares, saciados de carne diva, abandonaron el cuarto dejando a mi madre desparramada en la cama panza arriba, embadurnada en semen, exhausta y complacida. Sin abandonar el lecho, la encintada mujer trató de incorporarse; lo hizo con cierta dificultad y con gestos de dolor que eran producto del delicioso castigo que había recibido. Lentamente se acercó a mi padre y le volvió a colocar la ropa interior que sus sobrinos le habían quitado de forma humillante; y lo cubrió con la sábana tan tiernamente como lo haría una madre con su pequeño hijo; y se durmió abrazado a él. Recién ahí pude marcharme de la habitación con el modesto acto de rebeldía de no limpiar el semen derramado, ni siquiera el mío. Esa noche dormí plácidamente, ayuno de mis acostumbradas pesadillas, como si los verdaderos demonios hubieran exorcizado a los que habitaban en mi mente.

    Desperté cerca de las diez de la mañana. Sentía mucha sed, así que me levanté y me dirigí hacia la cocina en busca de agua. Mi abuelo seguía dormido como lirón y parecía que nadie se había levantado aún –hecho que no me llamó la atención teniendo en cuenta la extenuante batalla nocturna–; sin embargo, al llegar a la puerta de la cocina, escuché la voz de mi tía, que mantenía una charla con alguien a quien yo no podía escuchar. Me quedé parapetado en la puerta y pronto advertí que en realidad se trataba de una conversación telefónica. Se hablaba de mi madre:

    –Le dimos su merecido por puta buscona, y con su marido durmiendo al lado. No sabés lo cachonda que se puso la panzona con las tres vergas adentro. Se chorreaba la muy puta. Creí que iba a parir ahí nomás después de la paliza que le dimos.

    Por el tono de la charla calculé que nuevamente había descubierto a mi tía hablando con su otra hermana (la que había visto lamiendo las nalgas de mamá en el cumpleaños del abuelo). En su siguiente elocución se la notó molesta con su supuesta interlocutora:

    –No la defiendas, es una puta calienta pijas. Es el segundo hijo que le hace a mi marido, la odio –dijo en voz baja pero alterada– ¿Eeeh, qué decís? –Dijo luego de unos segundos bajando aún más su volumen– ¿Cómo que Julio no es hijo de Juan?

    ¡Estaban hablando de mí otra vez! Afiné mi oído para no perderme de nada.

    –Por supuesto que podés confiar en mí, contame, ¡dale!

    En ese momento, hubiera dado uno de mis brazos con tal de poder escuchar lo que decía la voz en el teléfono. Después de un prolongado silencio que me resultó eterno, mi tía volvió a hablar:

    –¡¿Cómo?! Decime que es broma –e insistió– ¿Es broma, verdad? ¿Por qué me entero recién ahora? Todo este tiempo estuve creída que Julio era hijo de mi marido, y resulta que… no, no, no lo puedo creer, esto es muy fuerte… necesito tomar mi pastilla –y terminó abruptamente la comunicación.

    ¿De qué se acababa de enterar mi tía? Toda clase de conjeturas se entreveraron en mi cabeza. La primera fue confortable: esto confirmaba que en realidad yo era hijo de mi padre y no de mi tío, hecho que ya sospechaba yo tras mi estudio del tamaño de las vergas familiares, que había resultado tan efectivo como un análisis de ADN. Sin embargo, había algo que no cerraba: yo ya había escuchado a mis tías conversar sobre este tema, y ambas parecían coincidir en que yo era hijo de Juan. ¿Por qué mi otra tía había decidido cambiar la versión? Y, lo más importante, ¿cuál era esa otra versión?

    La mañana dio paso al mediodía y poco a poco todos se fueron levantando; mi tío y mis primos con un semblante de satisfacción producto de la orgía, mi abuelo y mi padre con una gran resaca narcótica y mi madre vivaz, como buena perra satisfecha.

    Más tarde, durante el bullicioso almuerzo familiar, mi tía se mantuvo en silencio, con gesto de espanto. A veces me miraba de reojo; hacía lo mismo con mis padres, y se mantenía absorta. ¿Qué era lo que sabía sobre nosotros? Pasaron horas para que volviera de su letargo y reaccionara con algunos comentarios banales.

    Tan concentrado había estado yo tratando de decodificar su inexpresión, que no advertí la ausencia de mi madre. Me tranquilizó comprobar que mi tío y mis primos estaban allí mismo, en la sala, al alcance de mis ojos vigilantes. “Estará en el baño”, pensé. Pero luego de un buen rato, al ver que demoraba, decidí patrullar la casa en su búsqueda.

    Efectivamente, como había pensado en un principio, estaba en el baño; pero no estaba sola. Mis ojos pudieron verla a través del breve intersticio que forjaron mis dedos entre la puerta y el marco. Estaba inclinada hacia adelante contra el lavabo, con sus manos apoyadas en la pared, con su vestidito arrollado en medio de su arqueada espalda y enteramente enculada por mi abuelo. ¡Sí, mi abuelo!

    El septuagenario, parado de tras de ella, con sus pantalones bajos hasta sus tobillos, la tenía fuertemente sujetada del pelo y le aplastaba el rostro contra el espejo, mientras la mataba a pijazos con un vigor juvenil envidiable (ni rastro parecía quedar del somnífero que lo había planchado toda la noche). La nariz y la boca de mamá se veían deformadas a raíz del aplastamiento y su lengua lamía la lengua reflejada. Estaba extasiada con la verga de su padre en sus entrañas.

    El viejo, cuando sintió que acababa, le sacó la pija de la cola, la hizo voltearse a puro jalón de cabello y le lanzó un gran chorro de semen en la protuberante panza. Luego hizo que su hija se arrodillara y le diera una buena lustrada al tremendo vergón maduro que se cargaba.

    Volví a la sala pasmado, tratando de disimular mi erección y reflexionando sobre todo lo vivido en menos de un año; sobre los secretos familiares descubiertos y sobre los que me restaba por descubrir. También vino a mi mente esa ley enunciada por Daniel la noche anterior, la que establecía una proporcionalidad directa entre el tamaño de la panza de una embarazada y su necesidades sexuales.

    En ese momento era yo el que estaba absorto como antes lo había estado mi tía. Me despertó de esa especie de coma un fuerte grito de mi madre que parecía pedir auxilio. Todos saltamos de nuestros asientos y corrimos rumbo al baño siguiendo el sonido; pensé que mi padre iba a descubrir todo. Cuando llegamos nos detuvimos frente a la puerta y observamos desconcentrados, porque aún faltaban un par de semanas para la fecha señalada. Mi abuelo estaba ahí, junto a ella, correctamente vestido; parecía que había llegado primero que todos para socorrerla. Ella respiraba agitada; había roto fuente.

  • Nuestra amiga argentina le cumple fantasías a Pau

    Nuestra amiga argentina le cumple fantasías a Pau

    Estas son las cosas que ni yo sé como llego hacer, y que obvio, aunque algunos no lo entiendan solo lo puedo contar por acá.

    Yo cuando me fui con Pau el fin de semana afuera (para los que no lo saben Pau es una amiga de la facultad que es lesbiana, yo me acuesto con ella y nos fuimos un fin de semana a la costa como dos lesbianas), ella, me confesó que tenía la fantasía de cogerme con un amigo de ella, pero que la historia que ella se había armado en su cabeza, era que yo ni lo tenía que conocer, y ni bien nos encontráramos en la casa de ella, me empezaban a coger entre los dos.

    Al principio la saque cagando, pero que se yo esas cosas me gustan aparte confío en ella, y sabía que no iba a pasar nada malo. La cosa quedó ahí, pero me siguió insistiendo con la idea y a mi me empezó a calentar hacerlo, no se dejarme coger por un amigo de Pau, como una trolita, que ni lo conozco, y él a mi ¡tampoco!

    La cosa, es que tanto me dijo que le dije: “está bien, pero no lo quiero programar, quiero que para mi sea una sorpresa, algo inesperado para ese día, así me calienta más, si ya está programado, no se” para mi no es lo mismo, la dejé a ella que lo ¡arregle! Y yo con la intriga de ¿cuándo sería?

    La cosa es que durante la semana, como siempre me voy un par de días a su casa, después de la facultad, y yo con la intriga, de saber si ese sería el día o no, pero no almorzamos algo, estuvimos juntitas un rato y me iba, ya es como una “amigovia”, algo que en algún momento, me voy a tener que sentar a hablar con ella.

    Bueno hoy viernes, salimos de la facultad, me dice de ir a su casa un rato, y como siempre le digo que si, pedimos un par de empanadas, comimos, y después de llevar las cosas a la cocina, estábamos en el living (bah ya conté es un departamento re chico de un solo ambiente), y nos empezamos a besar (como tantas veces, hasta ahí todo normal), me empieza a sacar la blusa, el corpiño, me besa las tetas, ¡ya me estaba calentando!, me recuesta sobre la cama, me saca el jean , la tanga, y me empieza a besar ¡la concha!, ¡pero no me hizo acabar!, no me dio a tiempo.

    Como les decía, me la empieza a chupar, y cuando vio que estaba yo re caliente, ¡se separa de mi!, yo no entendía nada, me trae una camisa grande (que no se de donde la saco) y me dice: “Caro, ponete esta camisa, y nada más”, yo seguía sin entender, y le pregunto: “¿qué pasa Pau?, ¿estás loca?, no entiendo nada.”

    Pau entonces me dice algo así: (mucho no me acuerdo porque me puse nerviosa, pero nerviosa en serio, ya lo van a entender) “Vos me pediste que lo de mi amigo fuera una sorpresa” mira el reloj y me dice, “en 5 minutos viene Sebas y te vamos a coger entre los dos, y no te lo dije antes, porque vos me pediste que fuera así.”

    Por eso estaba que me moría de nervios, era el juego que yo le había pedido, pero no sé en el fondo nunca pensé en que llegaría ese día, y obvio, ya no le podía, ni tampoco quería decirle que no, me puse la camisa, y nada más, la adrenalina, los nervios, la calentura de saber que me iba a coger junto con Pau alguien que ni conocía, ¡me mataba!, la verdad que lo que sentí en ese momento, ¡no sé cómo explicarlo!

    Suena el portero, ella, me dice que me quede en la cocina, le abre, me viene a buscar, la verdad, que ya ni pensaba, hacía lo que me decía, y la cosa fue así.

    Pau: Sebas, este es el regalito que te tenía.

    (Y yo casi en bolas como una prostituta delante de alguien que no conocía, pero por suerte estaba muy aceptable.)

    Yo: hola, y le doy un beso en la mejilla.

    Pau, agarra mi mano y me la pone ¡sobre la pija de él!, no me resistí, como les dije era el juego que iba a jugar, se la empiezo a manosear sobre el jean, hasta que se le empieza a parar, y me mete un beso, al que no me resisto, me parte la boca, y su pija cada vez mas parada (y como siempre digo que soy re competitiva en esto) las cosas me gusta hacerlas bien, jeje

    Le empiezo a desabrochar el jean, hasta que encuentro la pija, una linda pija, pero con muchos pelitos para mi gusto, mientras Pau, ya me estaba desabrochando la camisa y acariciándome ¡las tetas!

    Pau ya me saca la camisa y me deja en bolas, Sebas se sienta en el sofá, y como siempre, esmerándome, muy de a poco se la empiezo a besar, a acariciar a chupar, mientras Pau, no paraba de tocarme toda y eso me ponía más loca, me decía: “chúpasela bien que le gusta”, y se la chupaba, pero la agarre a Pau con un beso y la lleve a la pija y nos besamos mientras las dos se la chupábamos.

    Así, estuvimos un largo rato chupándosela y besándonos con la pija en el medio hasta que Sebas me dice: “ven putita, subite que te quiero coger” como buen papel de puta que estaba haciendo le pregunto: “¿ya me cores coger bebe?” y me dice que si, mientras Pau, le decía: “vas a ver la rubia como acaba”.

    Se pone un forro y llegó el momento que Pau tanto esperaba, me subo arriba de el apoyando mis pies sobre el sillón, y de a poco me la empiezo a ¡clavar! estaba tan caliente que entro fácil, y empiezo a salta sobre esa pija y ya también a gemir, y cada vez gemía más, y Pau me besaba las tetas.

    Sebas me pregunta: “¿te gusta putita?” “siii”, le digo que siii, que me gusta que me coja, “¡cógeme más fuerte!, ¡más fuerte!” Y Pau, me seguía mordiendo las tetas y me acariciaba ¡todo lo que podía!, y Sebas me seguía diciendo: “grita putita grita” y mis gemidos ya eran gritos y termine acabando como una verdadera ¡puta! Con su pija dura adentro me empecé a besar con Pau, nos comíamos las bocas y nos pasábamos las manos por ¡todos lados!, yo estaba ¡re caliente!

    Sebas se acuesta en el sillón, yo arriba y sobre de él, mientras me seguía cogiendo y le dejaba mi colita libre para Pau, que no tardó mucho empezar a besármela, comérmela, chupármela, me metía la lengua, y después me empezó a meter un dedo, dos dedos, ya estaba dilatada y Sebas me seguía cogiendo (no se como ¡tardaba tanto en acabar!), siento que Pau me empieza a meter ¡un consolador!, “nooo”, le digo: “porfi los dos juntos noooo”, y me dice: “si rubia, te dije que te ibamos a coger los dos juntos”, y de a poco me lo va metiendo, hasta que me lo mete todo, yo ya no me podía ni mover, era puro placer, siguieron así un poco más, hasta que me hicieron acabar de nuevo, Sebas también acabó, pero mis piernas quedaron temblando, ¡ya no daba más!

    Me senté en el sillón, y Pau me dice: ”ahora me toca a mí”, medio como que se para en el sillón, inclinada y me pone su conchita ¡en mi boca!, ufff, todo esto al lado de Sebas, se la empiezo a chupar, a morder, Sebas decía: “que hermosas lesbianitas que son” esas palabras eran como mágicas, más calentura me daba, le empiezo a meter los dedos, Sebas me empieza a comer , a besar las tetas, y también me empieza a tocar la concha, y yo abría mis piernas dejándolo, y sintiéndola a Pau, ¡que placer!, hasta que Pau también acabó ¡desaforadamente!

    La verdad es que ya no tenía más fuerzas, pero Sebas me dice: “putita veni de nuevo arriba mio” y obvio le hice caso, pero cuando me subo, me dice: “no al revés, ¡dame la espalda!” ¿me explico? Y me subo arriba de él, otra vez apoyando mis pies en el sillón y me la empieza a poner ¡por la cola!, que gracias al consolador que me había puesto Pau, no tardó mucho en dilatarse y que su pija entrara.

    Ya cuando la tenía adentro y el dolor se transformo en placer, me empezó a coger, a bombear por la cola, y Pau como siempre, como podía me besaba, me tocaba, me decía: “rubia, como te estamos cogiendo, ¿te gusta?” obvio, mis gemidos ya hablaban por mi, pero igual le decía: “siii, que siiii, que me cojan ¡así!”, hasta que otra vez me hicieron acabar, y también quede temblando, pero ¡ya no podía más!

    Sebas me dice: “te quiero llenar la boca de leche”, me trataba como una puta, pero en realidad fui ¡como una puta!, no podía decir ¡nada!

    Me quedo sentada en el sillón, porque ya ni podía pararme, y se la empiezo a chupar, le acaricio los huevos, me la pongo toda en la boca, esta vez Pau, no hizo nada, solo me miraba, hasta que siento que le va a explotar, me agarra la cabeza, me la mete toda en la boca, así toda, sin dejarme sacarla de mi boca, hasta que me acaba y me llena la boca de ¡leche!

    Me pidió que me la tragara, lo dudé, pero le hice caso y se la seguí chupando hasta dejársela ¡limpita!

    No se, habrían pasado como dos horas, Pau le dice a Sebas algo así: “bueno nene, ya esta, Caro no da más, el regalito ya fue”.

    Sebas se viste, yo ya estaba más que entregada, en bolas en el sillón, me da un beso ¡y se va!

    Nos quedamos con Pau, las dos en bolas en el sillón, me pregunta si me había gustado!, la calentura ya se me había ido y aunque no me crean, me dio esa cosa de vergüenza, me pongo colorada y se da cuenta, y se caga de risa, me dice algo así como: “Caro, te dejaste re coger por alguien que ni conocías y ahora te da vergüenza”, era verdad lo que decía, pero yo soy ¡así!

    Me da un beso tierno, suave, como para que me sienta bien, pero ese beso cada vez fue más fuerte, nuestras piernas ya estaba entrecruzadas, sintiéndonos esa piel suave ¡que solo nosotras tenemos!, yo ya estaba calentándome de nuevo, me empieza a tocar la concha le digo que por favor no, ¡ya no daba más!

    Pero a ella cuando estoy así es cuando ¡más le gusta!, agarra el consolador de nuevo, me lo empieza a meter en la concha, mientras me besaba mis piernas, me las acariciaba, hasta que me hace acabar ¡otra vez!

    Yo ya había acabado mil veces, ¡ella no!, me recuesta en el sillón, en la posición del 69, nos empezamos chupar de nuevo, pero matándonos, hasta que acabamos nuevamente ¡las dos juntas!

    La verdad es que no daba más, ni saque la cuenta las veces que acabé, me quede un rato mas ¡y me fui!

    Aparte sabía que a la noche salgo con mi novio, y me iba a coger, y sabe que a mi me gusta acabar varias veces, no se, me tendrá que calentar mucho jeje.

    Y como siempre, estas cosas, las cuento ni bien las hago, para poder contar sin olvidarme lo que sentí encada momento. (Ojo estos hechos ocurrieron hace unos tres años).

  • Deseando hacerlo de nuevo

    Deseando hacerlo de nuevo

    Tuve de nuevo esa sensación en el estómago, luego de un mes distanciados y una última conversación acalorada a causa de aquella molesta mujer. No niego que a veces quisiera volver a experimentar aquellas locuras, pensar en las fantasías sexuales de los dos, su deseo de una segunda noche en un bar swinger, me sentía tentada a repetirlo, porque curiosamente, en medio de tantas personas viendo lo que todos hacían él, Miguel, se comportó como una verdadera pareja ,no soltaba mi mano y me besaba de una manera distinta. Teníamos varias cosas en mente, cosas sucias, desde sexo desenfrenado en aquel bar swinger, hasta un posible intercambio, el cual me generaba cierto temor o ansiedad, no sé si sería capaz de hacerlo, pero haría parte de aquella complicidad y confianza que llegamos a sentir.

    Cosas sucias… quizás sería capaz de permitirle a otra mujer que me besara o me practicara sexo oral, sé que Miguel lo disfrutaría al máximo mientras acaricia mis senos y los muerde, y penetrándome por detrás como aprendimos a hacerlo y a disfrutarlo, en nuestro último encuentro fui yo quien le pidió meterlo por detrás, ese dolor placentero del principio terminaba siendo un maravilloso placer que quisiera se repitiera muchas veces, aunque desearía que él prolongara más mis ratos de placer, que tuviese la calma para acariciar cada parte de mi cuerpo y aquellas zonas que sabía me harían explotar, que aprendiera a controlarse un poco más y llegaras al orgasmo los dos, que me permitiera estar encima de él moviéndome lentamente y sentir su pene dentro de mí.

    Me encantaría por ejemplo que tuviera la osadía de meter sus manos entre mi blusa en la calle, como el primer día, o quererme llevar a ese sofá luego de unas cuantas copas, de permitirme sentirme ebria para desinhibirme y pedirle que me lo hiciera ya!, quisiera sentirlo desabrochando mi pantalón suavemente con una mano y con la otra acariciar mis senos tendidos en el sofá con la luz encendida sin importar quién nos pudiese ver a través de la ventana… o estar desnudos en la ducha mientras me coge por detrás, quiero que me regale más noches de placer, que ese fuego que despertaba en cada conversación telefónica o chats ardiera de nuevo, quisiera que cuando nos despertáramos sólo pensara en hacerme el amor, en quitarme la pijama, y cogerme duro, y luego ir a la ducha y acariciar mi cuerpo, apretar mis senos y morderlos… y luego agacharme y meter su pene erecto en mi boca.

    No niego que despertaba muchos deseos en mi pero viendo lo que sucedía luego de poder compartir esos ardientes fines de semana, su distancia, entendía que quizás sólo era eso, placer, algo efímero, nada de importancia para él, una cómplice de aventuras eróticas mientras aquella mujer del pasado seguía teniendo protagonismo… y arruinando esos planes que sacaban mi lado más oscuro haciendo lo que nunca había hecho. El bar swinger era nuestro secreto, así como lo son estos relatos que escribo para mantenernos conectados a pesar de haber fracasado en el intento. Qué piensas?

  • Nuestra amiga argentina y uno de sus días locos

    Nuestra amiga argentina y uno de sus días locos

    Lo escribo porque necesito contarlo, lo de hoy, no me pasó nunca, nunca hice todo junto, en un mismo día.

    Hoy no tenía facultad, y había quedado en ir a la mañana a lo de Pau a buscar unas cosas de la carrera que me tenía que dar, la llamo y a eso de las 11 hs. voy para allá.

    Vale que aclare algo, con Pau tenemos una relación especial, ella sabe que yo estoy de novia y ella, también me cuenta que se acuesta con otras chicas, con lo que está todo bien, pero lo que tengo que aclarar todavía, es que siempre me dice que con ninguna se calienta tanto como conmigo.

    Ah, y otra cosa, también quedé en ir a esa hora porque había arreglado con mi novio que a las 16 hs. pasaba por casa (yo, ya conté varias veces que durante el día estoy sola, vivo en una casa grande y con mi novio a la tarde cogemos en mi cuarto que está en la planta alta).

    Bueno, la cosa es que llego a las 11, como hacía calor, estaba con una pollerita de jean, zapatillas y una blusita, nada más, subo y como digo siempre, me quedé helada, porque la turra, no me había dicho ¡nada!

    La cosa fue así, entro, y estaba Pau, con una amiga, las dos tenían puesto solo una remera larga, ¡pero una remera al fin!

    No hacía falta mucha imaginación para darme cuenta que habían pasado la noche juntas.

    Llegué con medialunas, desayunamos, hablamos mil boludeces, hasta que la amiga de Pau (Flor), me cuenta que tiene 21 años, que estaba de novia, y Pau la interrumpe y dice: “si esta de novia, pero es como vos hermosa, también le gusta estar ¡conmigo!” Ahí nos miramos con Flor, Pau de una me mando al frente, y me di cuenta que ya le había comentado su plan a Flor, ¿cuál plan?, hacer un trío ¡lésbico!

    Pau le da un beso a Flor, ella, media nerviosa, se deja besar, después Pau me besa a mi, y me dejé ¡re besar!

    Pau, que sabe manejar estas cosas, nos pone las manos en las cabezas a Flor y a mi, y nos empieza a empujar las cabezas para que nos ¡besemos! Flor medio se resistía, pero de una le metí un beso, suave, dos, tres, cuatro hasta que le metí la lengua despacito, ella abrió su boca y nos matamos con esos besos que nos damos, mientras Pau ya me estaba tocando, acariciando las piernas y suponía que le hacía lo mismo a Flor.

    Ya estaba bastante caliente, Pau, ya me estaba tocando la conchita, nos agarra a las dos de la mano y nos lleva a la cama, nos quedamos sentadas, besándonos y acariciándonos entre las tres, tantas caricias por debajo de la ropa hasta que nos quedamos las tres en bolas (bah, la única que estaba vestida era yo, porque ellas tenían solo la remera puesta).

    Ahí nos empezamos a sentir la piel de las tres, a entrecruzarnos las piernas, tocarnos, besarnos, acariciarnos, estábamos las tres re calientes. Pau va hacia mi conchita y la lleva también a Flor, y entre las dos me la empezaron a chupar a besar, a meter dedos yo me retorcía de placer hasta que me hicieron estallar en mi primer orgasmo inesperado (solo iba a buscar unos apuntes y termine haciendo un ¡trío lésbico!)

    Después, Pau empieza a besar a Flor y yo también, yo la besaba en la boca, en las tetas, la acariciaba y Pau, le besaba la conchita, hasta que la hicimos acabar a Flor, después, nos acomodamos en la cama para que cada una le chupara la conchita a la otra, yo se la chupe a Pau, y no solo eran chupadas eran deditos, caricias, besos en la concha, mordidas, hasta que casi acabamos las tres ¡juntas!

    Bueno ahí quedamos ya las tres tiradas en la cama y solo nos acariciábamos, yo estaba en el medio, paso un rato y Pau (la guacha que me conoce y mucho) le dice a Flor: “no sabes como acaba la rubia” y me empezaron a acariciar y a besar todo el cuerpo, me pasaban la lengua desde el cuello hasta los pies, ¡las dos juntas!, volvieron a mi conchita, a besarla, Pau agarra un juguetito y me lo pone en la conchita, yo estaba que ¡volaba de la calentura!, mis piernas por el aire, mientras Flor se entretenía con mis tetas.

    Pau, me mete el consolador mil veces, los besos de Flor, nada, acabe ¡como una yegua!

    Otra vez nos quedamos en la cama, miro el reloj eran las 15,30 Hs., les digo que me tengo que ir (a las 16 horas, había quedado con mi novio de vernos en casa) pero seguía ¡caliente!

    Llego a casa, a las 16 horas y me encuentro con mi novio en la puerta, entramos, ni un café le ofrecí. Lo lleve a mi cuarto, nos empezamos a besar, le acaricio la pija, le desabrocho el pantalón, se sienta en mi cama, le saco el pantalón, y se la empiezo a chupar despacito como a mi me gusta (yo estaba como loca, no sé por qué, pero desesperada, quería también una linda pija que me coja), hasta que la tuvo bien parada, me pongo arriba de él empiezo a cabalgar sobre él, mientras siento que me empieza a poner un dedo en la cola, dos dedos, me reclino sobre él y termino acabando, pero yo quería más (no sé, estaba re caliente), me pongo de nuevo arriba de él y le digo: “haceme la cola, ponemela en el culo” lo ayudo, así de espadas sobre él ¿me explico?, me la empieza a poner (ya tenía la cola bastante dilatada) y me la mete toda, dolor, placer gemidos, no se estaba loca saltaba con esa pija en el culo hasta que me la lleno de leche y yo volvía a acabar de nuevo.

    Nos quedamos un rato en la cama, se la empiezo a acariciar, se le para, me pongo en cuatro, me la mete en la conchita, otra vez mis gemidos, mi goce hasta que acabo ¡de nuevo!

    Ya eran como las 17,30 hs, él se tenía que ir a la oficina, me lavo, me pongo algo encima y lo acompaño hasta la puerta.

    Bueno este fue mi día, la verdad me cogieron a morir tuve de todo, y les cuento algo, estoy re bien jajaja, por eso lo quise contar.

  • (14) Pensamientos

    (14) Pensamientos

    Grafiti pintarrajeado por descerebrados, enfrentada a Daria, ambas dos son contrapuestas. Zahr es más sensible y le dije que se tapara, podía herir la sensibilidad de los censores.

    En cuanto a TENDED_EROS, aprovecho para explicar la causa de que le escriba de esta forma, ya que parece que no lo ven. Tiene que ver con Eros, y he aprovechado la palabra y que encierra todo lo que tiene que ver con la ropa lavada y puesta a secar en cuendas, resumiendo es el tendedero.

    En cuanto al conjunto de ropa interior, se estudia para hacerle más atractivo a la mirada masculina, y nadie pone pegas en ese sentido, soy experto en ello y en un importante centro, en la planta de las féminas, tuve cierto roce que saltaron chispas de la señora que atendía la zona de ropa interior femenina.

    Ya de entrada se sorprendió cuando vio que llevaba datos, es decir medidas de quien pensaba regalar bragas y miraba de reojo a los sujetadores, todo de fantasía, y de colores entre el negro, escarlata, azul oscuro y plata, rojo brillante con ribetes dorados y una larga combinación de colores intensos.

    La señora opuso resistencia, no quería sacar muestrario, y se me terminaba el tiempo, por tanto a otra empleada le pedía que avisara a la jefa de planta, y era la que me atendía, esta sonrió, entonces dije que llamara al jefe de los jefes de planta y que tenía prisa.

    Y apareció un tipo estirado, y escuchó mi reclamación, ver muestrarios de ropa íntima femenina, este miró a la señora, esta se alejó murmurando, el jefe de los jefes hizo una llamada con su móvil dándome la espalda y procurando quitar hierro al asunto ocupó el tiempo suficiente para que aparecieran en escena de tías jóvenes, no más veinte años calculé, charlatanas y pasando por encima de su jefe me cogieron del brazo y me llevaron hasta un mostrador, una de ellas desapareció y la otra me interrogó que era lo que buscaba.

    Y le puse al corriente de mis ideas de las dos piezas, incluso de dos fulares de seda negros transparentes, hizo un gesto, dije que podía encargarse de buscarlos, preguntó que tenía que ver con las prendas interiores, le dije que servían para dos cosas, una para atarla a la cama y la otra por si acaso no le gustaba el conjunto, se lo pondría en su lugar, no iría desnuda debajo del vestido.

    La otra había llegado y no había perdido nada de mi respuesta, ambas dos cruzaron una mirada de inteligencia, y volvió desaparecer en busca del fular.

    El conjunto era de color negro que no cubría nada, además tampoco ocultaba nada a la mirada, muy suave y con deshilados dobles que le daban cierto aspecto de gastado, y la que fue en busca de todo, dijo que gastado de ponerse y quitarse, aunque ese desgaste era más de arrancarse que de quitarse con cuidado.

    Reímos la ocurrencia, el jefe de los jefes de planta no, pero no vi reacción alguna, otro muermo pensé. Además las dos chicas lo envolvieron con ciertos detalles que daban a las cajas cierta duda en su contenido, dijo una de ellas que estaba pensado, parecía una caja de zapatos, y me dio que pensar, pero con ese conjunto y unos zapatos no lo veía claro, de nuevo ellas dos cruzaron otra mirada y preguntó ¿zapatos de baile?, ahora el sorprendido fui yo y el jefe de los jefes mostró cierto interés, aquella venta prometía.

    Y respondí que no fueran como los de cenicienta, ambas dos rieron y no dejaron de reír cuando les dije que ese regalo tenía gato encerrado, posiblemente terminara en una subasta, la fiesta era de fin del invierno, y no había reglas, el año anterior uno quiso subastar a su chica, no causó sorpresa alguna, pero le convencieron de que no lo hiciera, las leyes lo impedían.

    Y la misma escapó en busca del calzado, cuatro cajas de zapatos y un par sirvieron, finos de medio tacón fino y además hacia juego, de color negro con un ribete en el borde de color plata.

    Total 137,50 €, el jefe de los jefes se despidió contento, ambas dos me dijeron que volviera a contarles el final y lo hice dos semanas después. El regalo fue un éxito total, y lo que más le gustó fue eso que dijo la espabilada, que esas prendas no se quitaba, se arrancaban, acto que producía cierto descubrimiento de sensaciones nuevas y más si el siguiente acto entraban en juego los fulares, pero no para atarla, no, para cegarla, cubrir sus ojos y que viera todo a través de un velo negro, y el siguiente paso fue otro día, ya que me di cuenta que debía de rizar el rizo.

    Una tarde con esa lencería, la lleve a ver una exposición, abrió la boca debido a la suma de lo que vio, la tarde gris y viejos coches fúnebres. Le dije que echar un polvo de forma experimental, en el lugar donde se colocaba los féretros.

    Es otra historia que he abreviado mucho, de veintidós páginas a un párrafo de tres renglones y poco.

  • Arte

    Arte

    ¿Qué hay en el lienzo?

    Unas curvas, una salida.

    Una mujer que guardó las alas.

     

    Y veo en la pintura,

    Dentro de la artista,

    Un gemido, de placer.

     

    Me envenena, me reclama

    Me hace sentir.

     

    Todo puede terminar en un orgasmo,

    Artista y observador,

    En un retrato.

    Sexo = arte

  • Nuestra amiga argentina hace nueva amiga bi y tramposa

    Nuestra amiga argentina hace nueva amiga bi y tramposa

    Si, jamás pensé que iba a terminar así la noche, hace un rato me levanté y con ganas de contarlo (hace dos años).

    Anoche fui con mi novio a una fiesta que hacía un amigo de él que cumplía años, había mucha, mucha gente, yo conocía a algunos nada más, fue pasando la noche hasta que es como que armamos un grupito con tres parejas más, dos chicos que estaban solos y una chica (Valentina), y así estuvimos bastante tiempo.

    Como ya conté varias veces el defecto enorme que tiene mi novio es que no sabe tomar, y cuando toma más con los amigos se va a la mierda y termina en pedo, bueno, eso fue lo que le pasó anoche.

    Con Valentina, durante la noche nos cruzamos varias miradas, que eran medio raras, esas miradas de que es que te quiero comer, ¿me explico?, pero no le di importancia, o más bien deje que quedaran en eso y nada más, más allá de la buena onda que agarramos enseguida.

    Valentina es de mi edad, pero re linda la guacha, rubia, pero natural, unos ojos celestes y unas piernas re lindas, que como estaba con una mini muy cortita todos la miraban, y yo también, pero disimuladamente.

    Llega el momento de irnos, mi novio se levanta del sillón y del pedo que tenía se cae, y bueno ahí empezó el quilombo, que él decía que estaba bien, que yo le decía que ni en pedo me subía a su auto con el pedo que tenía y los amigos le decían lo mismo que yo, que no podía ni manejar.

    La cosa es que quedamos que una pareja de amigos nos llevaban con el auto de mi novio (porque ellos estaban sin auto), Valentina, me pregunta por donde vivo, le cuento y me dice: “deja que te llevo yo que voy para ese lado”.

    Estábamos bastante lejos (en Pilar, por eso con el pedo que tenía mi novio no podía venir manejando desde allá). Bueno me vuelvo con Valentina, viaje largo, hablamos mil boludeces, me cuenta que estaba de novia pero no casada (chau, dije esta es tramposa como yo), por lo que me esperaba que me dijera de ir a un boliche a ver si levantamos algo (ah, las dos estábamos con mini, o sea algo seguro levantábamos jeje) y hacíamos fiestita, no se, se me había ocurrido eso, pero no, me sorprendió por completo.

    En un momento pone su mano ¡sobre mi pierna!, se me erizó la piel enseguida y me dice: “como me miraste toda la noche guacha” le digo que ¡nada que ver! (obvio que yo sabía que se había dado cuenta de las miradas que nos cruzamos).

    Me dice:

    Valentina: no seas boluda, sos como yo, te encanta coger y estas re linda.

    Yo: y si a quien no nena jeje

    Valentina: si, pero, también coges con chicas.

    (Me quería morir.)

    Yo: no, nena nada que ver.

    Mientras su mano acariciaba más mi pierna y yo como una boluda la dejaba, tenía unas manos re suaves y apenas me acariciaba mi pierna, me la rozaba, me gustaba eso, no se la podía sacar.

    Valentina: nena, si no te acostaras con mujeres no dejarías que te esté acariciando, aparte no seas boluda, tuvimos la suerte que el destino nos cruzara.

    Ya me estaba calentando, no quería quedar como una boluda y no me quedaba otra que darle la razón, cosa que también quería hacer para ver qué pasaba, ¿me explico?

    Yo: está bien, siii, sabes que tenes razón, y sos re linda ¡guacha!

    Valentina para el auto, y sin decirme nada, me rompe la boca, ¡no me resistí!, y nos empezamos ¡a acariciar! Y mucho, ya sus manos estaban cerca de mi conchita, y yo toda mojada, y le digo:

    Yo: acá no nena, estamos en la calle (ya estábamos por Palermo).

    Valentina: ¿Vivis sola?

    Yo: no ¿vos?

    Valentina: tampoco, vamos a un telo, ¿te animás?, yo nunca fui con una mujer, ¿vos?

    Yo: tampoco, pero que se yo, dale vamos.

    En un punto, no lo podía creer, salí con mi novio e iba a terminar en un telo con una pendeja ¡que recién conocía!, y eso me gustaba, me erotizaba, me daba adrenalina de saber cómo iba a ser la cosa, porque era algo nuevo, me refiero a hacer algo con alguien que recién conocía y no sabía cómo iba a ser la cosa, ¿me explico?, porque cuando estoy con mi amiga Pau, ya sé lo que vamos hacer, pero con Valentina, ¡ni idea!, a lo mejor era una forra en la cama o no. Y esa intriga me mata.

    Llegamos al telo, (obvio a uno con cochera en la habitación, no era cosa de ir caminando por el telo y cruzarnos con alguien y parecer dos lesbianitas) nos empezamos a besar muy despacio, así paradas, ella, me arrincona sobre la pared, yo levantaba una de mis piernas para entregarle mi conchita, me empieza a meter la mano en mi conchita húmeda y excitada, y muy caliente, hasta que nos empezamos a sacar la ropa y quedarnos desnudas las dos.

    Uf, cuando la vi ¡desnudita! me encanto su cuerpito, parecido al mío las dos flaquitas, y por suerte sin pelitos jeje ¿me explico?, ella me dice: “que linda estas guacha y encima toda depiladita”, y me lleva hasta la cama.

    Ya en la cama, yo me pongo en cuatro entregándole la cola, la cual me la empieza a chupar, a acariciar, hasta que me mete la lengua directamente en el culo y dos dedos en la concha, yo desesperada, agarrándome de las sabanas, me preguntaba: “¿te gusta?” “siiiii”, le decía: “segui nena, me tenes re calentita” y siguió ¡hasta que me hizo acabar!

    Después nos ponemos a frotarnos las conchitas, pero la verdad es que Valentina lo sabía hacer muy bien, no se… aparte de eso me tocaba las tetas, me besaba, me acariciaba las piernas ¡en mis puntos más sensibles!, así un rato hasta que acabamos las dos juntas.

    Nos quedamos acostadas, solo acariciándonos y sintiéndonos la piel, que piel suave y calentita tenia la guacha y como sabía tocarme, calentarme (la verdad es que lo hacía mucho mejor que yo), hasta que terminamos en un 69, y yo arriba.

    Nos empezamos a chupar las conchitas, ella, con una suavidad y calentura, todo junto, me la comía y me empezaba a meter un dedo en la cola, como siempre me deje, yo le metía la lengua en la concha, y los dedos también, un poco cada cosa, hasta que terminamos acabando ¡las dos juntas!

    Nos quedamos de nuevo en la cama, me confesó que ni bien me vio le dieron ganas de acostarse conmigo, pero se lo saco de la cabeza porque le parecía algo imposible, jaja, le dije que a mí me pasó lo mismo.

    Nos empezamos a besar de nuevo, besos cada vez más fuertes, las piernas entrecruzadas, ya no sabíamos que hacer para sentirnos ¡cada vez más! hasta que de solo tocarnos terminamos acabando y ya se acababa el turno y nos fuimos.

    Me quedé con las ganas de ducharnos juntas, pero ninguna se animo a decírselo a la otra.

    Nos pasamos los celulares, hoy ya hablamos y a las dos nos pasó lo mismo, nos quedamos calientes, con ganas de coger ¡de nuevo!

    No sé cómo va a seguir la cosa, yo le aclaré que prefería que se olvidara de lo que pasó, que ella está en el grupo de mi novio y no me gusta mezclar las cosas, pero con su respuesta me cagó, porque me dijo que ella también y su novio anoche no había ido porque estaba con fiebre y ella fue igual porque es muy amiga del que cumplía años, que podíamos tener entre nosotras ese secreto…

    No sé como sigue la historia, por un lado me quiero olvidar, pero por otro lado quiero estar de nuevo con ella, es re linda, y sabe muy bien coger con una mujer.

    No me voy a cansar de decir, que me gusta contar las cosas que me pasan por acá, porque es por donde lo puedo hacer y me gusta contarlas, lo más pronto que sea, porque es una manera de revivir lo que sentí y de la manera que lo sentí. (Aclaro son hechos sucedidos hace dos años más o menos).

    Esto que hice hoy, no es nada nuevo, a muchos les puede resultar una boludez, pero a mi me gustó, me excitó, me calentó, me dio adrenalina, por eso lo cuento.

    Para que lo entiendan es como una continuación de lo que ya conté.

    Bueno les cuento. Anoche fui con mi novio a un cumpleaños en un country, como siempre, había mucha gente, era una casa muy grande, pero ¿saben quien estaba? ¡Valentina!, siii, yo ni sabía que iba a ir, hacía unos días que no hablaba con ella.

    Bueno cuando la veo chau, que sorpresa, las dos nos quedamos como medio heladas, más que yo estaba con mi novio, nos saludamos, como si nada y fue pasando la noche, pero no dejábamos de vernos y fijarnos en los movimientos que hacía cada una.

    En una de esas, yo voy a la cocina (porque quería tomar nada más que un vaso de agua y no encontraba por ningún lado) y se aparece Valentina, en la cocina, no había nadie, pero en cualquier momento podía venir cualquiera, y hablamos más o menos así:

    Yo: guacha, me estás persiguiendo.

    Valentina: no, nena nada que ver.

    Yo: mentis, pero no importa quería verte.

    Valentina: yo también.

    La agarro de la mano, me fijo alguna puerta en la cocina que diera a un lavadero, habitación de servicio o algo así, veo una y la llevo, era un lavadero, cerramos la puerta, nos partimos la boca, pero con esos besos que nos damos nosotras, re suaves acariciándonos solo con la lengua, pero tanto nos calentamos que terminamos tocándonos las conchitas, con las piernas ya arqueadas, aparte las dos estábamos con polleritas, con lo cual era más fácil.

    Estábamos las dos re calientes, y mojadas, yo note su conchita llena de jugos, y la mía estaba igual, ella intenta meterme un dedo y la freno, le digo que no, que ¡acá no! (quería dejarla bien calentita jeje), que mañana, por hoy, yo iba a estar sola en casa (mis viejos se fueron a la quinta de mis tíos), obvio que enseguida me dijo que si, pero temprano, tipo 13 hs, porque a las 17 hs tenía que estar en una reunión de un bautismo de un sobrino.

    Abro despacio la puerta, veo que en la cocina no hay nadie, y salimos las dos, y vuelvo con mi novio y el grupo de amigos con los que estaba. No se como explicarles la sensación que tenía, todavía estaba mojada híper caliente, las piernas casi que me seguían ¡temblando! Y tenía que disimular todo, mi novio de algo se dio cuenta, porque me pregunta si estaba bien, obvio que le dije que ¡si!

    Pero me había quedado muy caliente jeje, pasa un rato, y le empiezo a decir a mi novio de irnos pero “de irnos solos” a ver, como puedo explicarlo, a pesar que en la cama cuando estoy caliente hacemos de todo, con él siempre me porto como digamos “una señorita educada”, pero hacía ya unos días que no hacíamos nada, me acerco y le digo al oído: “ quiero que me cojas amor”, jeje, se re quedo, ¡nunca se le había dicho eso! (yo con él soy distinta, no se como explicarlos, ¿más legal?, ¿así se podría decir?)

    Obvio que nos fuimos enseguida, llegamos al telo, y con la calentura que yo tenía, ni bien llegamos, nos quedamos en bolas y cogimos a ful, (no me voy a detener en contar esto, porque cogimos como cualquier pareja que coge bien), pero fue de las noches hasta que me hizo la cola y ¡un par de veces!

    La cosa es que habré llegado a casa tipo 7 de la mañana, y muerta, me acosté, y pensando en que me iba a costar dormir pensando en que hoy venía valentina, por suerte me dormí enseguida. Me puse el despertador a las 11 hs, mis viejos ya se habían ido, me ducho, y como digo siempre aunque para ustedes la ropa sea una boludez para nosotras no jeje, aunque sea para estar con un hombre o una mujer, siempre me fijo bien que me voy a poner y eso lleva ¡su buen rato!

    Como estaba en casa, tampoco me iba a vestir como para salir, me pongo unas zapas, de esas que se usan con suela alta, una pollerita corta pero bien amplia ¿me explico? y una blusa, sin corpiño, ya eran las 12, 30 hs, y estaba re ansiosa, nerviosa, con esa adrenalina que me da esperando que venga Valentina y con las dudas si se iba a arrepentir ¡o no!

    La cosa es que la las 13 hs. en punto llega, le abro y estaba re linda, también con una pollerita de jean, botitas cortas y bueno, el resto… Parecíamos dos boludas al principio, vamos a la cocina tomamos un café, comimos algo, hablamos boludeces, parecíamos dos pendejas que por primera vez íbamos hacer algo, no se por qué, pero ninguna daba el primer paso (como digo siempre hasta que estoy caliente soy vergonzosa, aunque no me lo crean) y me di cuenta que a ella le pasaba lo mismo.

    Llegó un momento en el que le digo: “veni que te muestro mi cuarto”, y bueno entramos a mi cuarto, nos miramos, ¡porque fue así!, nos agarramos de las manos y nos damos un pico, dos tres, un beso suave, otro beso suave, uno más fuerte, hasta que nos terminamos, otra vez partiendo la boca (esta vez nada ni nadie nos iba a detener).

    Nos seguimos besando e igual que ayer, nos empezamos a poner las manos por debajo de las polleritas a tocarnos las conchitas sobre las bombachas, las dos hacíamos lo mismo, hasta que estábamos re mojadas y ya las manos de las dos estaban debajo de las bombachas tocándonos las conchitas.

    Nos empezamos a meter los dedos, ya muy calientes las dos, cada vez con más fuerza nos besábamos, nos metíamos los dedos, y esta vez si, así de paradas, vestidas terminamos las dos ¡acabando!, ya calientes, fue más fácil, nos sacamos la ropa, nos quedamos las dos en bolas, nos tiramos en la cama, Valentina me empieza a comer mi tetitas y con su mano me tocaba la conchita y que bien que lo hacía, yo con mis piernas totalmente abiertas para darle lugar a ella para que se ponga entre mis piernas, (¿me explico?) , y así estuvimos un rato, hasta que mi hizo acabar de nuevo.

    Después, nos empezamos a acariciar, y como la otra vez, nos empezamos a frotar las conchitas, y a besarnos, a tocarnos, que hermosa sensación esa de rozarnos las conchitas, no se cuanto tiempo habremos estado así, pero acabamos las dos juntas (yo ya ni sabía cuántas veces había acabado).

    Ella se acuesta, y me agarra la cabeza para que se la chupe, despacito, acariciándole las piernas, besándoselas, se la empiezo a chupar, muy despacio (como hago con las pijas para dejar bien caliente al otro jeje), hasta que veo que empezaba a volar ¡de la calentura que tenía!, le empiezo a meter un dedo, dos, mientras se la seguía chupando, comiendo, hasta que le hago acabar yo a ella.

    Después Valen me dice: “puta te voy hacer acabar como nunca, dame algún juguetito, que seguro tenés”, me descolocó, me daba cosa decirle que tenía, pero estaba muy caliente, ni lo pensé, saco mi consolador y se lo doy, me dice: “ponete en cuatro” le hago caso, y me lo empieza a poner en la conchita, despacio, mientras me besa la cola, me seguía besando la cola pero ya con su lengua en mi ano y me empieza a meter un dedo en la cola (ya me imaginaba lo que quería hacer, pero no me importaba, me gustaba lo que me hacía sentir y me entregué a ella).

    Me escupe en la cola y me mete dos dedos, y después siento que me empieza a meter el consolador le: “no forra, no”, pero con esa voz temblando que en el fondo le estoy diciendo “COGEME POR EL CULO”, obvio que no me hace caso y me empieza a poner el consolador en la cola, una vez, me lo saca, me lo mete en la concha, en la cola, en la concha en la cola, y siguió metiéndomelo en la cola, me lo metía me lo sacaba, mi gritos y gemidos decían que me gustaba eso, hasta que me hizo acabar a los gritos ¡y temblando!

    Estaba ya llegando la hora en la que se tenía que ir, le digo, Ok, pero tomemos un café antes, nos vestimos, siempre dándonos algún beso, y vamos a la cocina a tomar un café.

    Mi objetivo del café era proponerle en algún momento ¡hacer un trió con Pau! Bueno la cosa es que empezamos a tomar el café, beso por medio y me juego:

    Yo: Valen, te quiero proponer algo, pero si, no queres no me contestes ahora.

    Valen: ¿que? Decime, me matas con la intriga jeje

    Yo: bue, te digo la verdad, yo tengo una amiga con la que me acuesto.

    Valen: Guacha, ¿tenés conchita y pija siempre?

    Yo: y la verdad que si, con mi amiga desde hace unos meses al menos dos veces por semana estamos juntas, y lo pasamos ¡re bien!, pero ella, no es como nosotras, digo, nosotras somos, bi, porque yo estoy de novia y vos alguna pija de vez en cuando te comes, ¿no?

    Valentina: jajua.

    Ahí se cagaba de risa y me dijo que si.

    Yo: bue, mi amiga, es re femenina, no es un macho, pero es lesbi, casi nunca se acuesta con tipos, pero no parece esas lesbianas que las ves y te das cuenta enseguida porque parecen tipos, esta nada que ver

    Valen; ahh bueno ¿y?

    Valen no estaba entendiendo lo que le quería decir.

    Yo: que me gustaría que algún día nos acostemos las tres juntas, ¡nos vamos a matar!

    Valen: estas re loca nena, nunca hice un trío con mujeres.

    Yo: bue, no seas boluda, anímate, es re copada mi amiga, aparte vive sola, así que no hay drama con eso.

    Valentina: que se yo, me sorprendes, sos re trola nena (risas entre las dos).

    Yo: No es que sea re trola, vivo la vida, igual esto queda entre nosotras, porque a ninguna de las dos les conviene que “el grupo de amigos” se entere.

    Valentina: obvio nena, pero que se yo, la idea no está mal, pero nunca pensé en hacer algo así, déjame pensarlo.

    Bueno, hablamos algunas otras boludeces y se fue.

    Pero ¡que tarde que tuvimos!, lo peor es que me quede calentita, lo pase re bien acabe mil veces, pero igual, muchas veces después de estar con una amiga me quedo con ganas de una linda pija (es una de las razones por la que estoy de novia jaja), por suerte después de cenar me pasa a buscar mi novio, salimos solos así que seguro a seguir cogiendo, pero con una pija en serio, que me hace falta después de una tarde como la que tuve.

  • Compañera de trabajo (IV)

    Compañera de trabajo (IV)

    – Buena niña. Creo que eso significa que estas listas para pasar a caprichos más avanzados, ¿verdad?

    – Sí… sí, por favor.

    Llené la bañera, le dije que podía permanecer en ella para relajarse, que se tomase el tiempo necesario y que al salir se pusiese lo que le dejaría en una bolsa.

    Unos minutos más tarde…

    – ¿Umm… Hola?

    – ¿Sí? ¿Todo está bien?

    – No estoy segura.

    – Acercate -le dije.

    Yo estaba sentada en el sofa desnuda con una copa de vino en la mano. Tal como le habia dejado en la bolsa, llevaba puesto el corpiño que le cubría por debajo de los pechos hasta la cintura, de donde un ligero cogia las medias y unos zapatos de talon alto, todo de color blanco, dejando al descubierto el resto. Se apreciaba al andar que no tenia mucha practica en llevar aquel tipo de zapatos.

    – ¡Oh, te ves genial! Me encanta ver tus tetas, tu culo y tu coño.

    – Gracias. Creo que tal vez es un poco demasiado…

    – Pero creo que te falta algo, ¿no?

    – Oh, ¿te refieres al collar?

    – Desde luego ¿No piensas ponertelo?

    – No pensaba…

    – Si no te lo pones puedes coger tu ropa y marchar, pero si voluntariamente aceptas seguir en esta habitación, cosa que deseo, tienes que ponertelo y nadie tiene por qué enterarse decidas lo que decidas.

    – No te enfades. Hice lo que hice porque me gusto hacerlo, pero para mí es muy fuerte y se sale de todo lo que conocía.

    – Tú eres quien decide… -me levanté y le dí un suave beso en los labios.

    – Te quiero, no quiero perderte… espero que no me dejes -Mientras se colocaba el collar alrededor del cuello

    – No me des órdenes… vete mentalizando de que las órdenes las doy yo, seras mia y sumisa. ¿Es correcto?

    Ella asintió.

    – Dilo -le ordené.

    – Deseo estar aquí -afirmó.

    – Bien. Es la última vez que voy a comentarlo, Elsa. A partir de ahora, que lo que pase entre nosotros será consentido. Pero al mismo tiempo, tienes que aceptar el hecho de que lo que tú desees no es lo más importante, tienes que saberlo y aceptar lo que soy yo, pues puedo desatar todos mis deseos oscuros en tí.

    – Sí, lo entiendo… -sonríe.

    Yo me había sentado de nuevo, ella de pie, nerviosa, expectante, quizas esperando que le invitara a sentarse, alargé el brazo y le acaricie entre las piernas, apenas rozándole el vello. Movia la mano despacio y ella hizo una brusca inspiración cuando los dedos se abrieron paso sumergiéndose en su interior.

    – Estás mojada, no me imaginaba que fueras tan rapida en excitarte.

    – Puedes sentarte -señalandole el sofá. Se tumbó con todo el cuerpo tembloroso. Llene la copa de vino y se la ofrecí.

    – No tengo palabras… -despues de tomar unos sorbos.

    – Veo que aceptas de buen grado servir a los caprichos de tu Ama, ósea a mí.

    – Sí, aceptare de buen grado tus caprichos…

    – Levántate -le ordené. Vaciló durante unos segundos, luego se puso en pie con torpeza. Mis ojos la recorrieron de arriba abajo.

    – Tiéndete en mi regazo.

    Ella se quedó paralizada, me miró incrédula, soltó una risita, nerviosa, espectante por lo que le ordenaba.

    – ¿Por qué? -preguntó.

    – ¿No deseas complacerme?

    – Sí.

    – De eso estoy hablando, túmbate en mi regazo. Boca abajo. Se movió despacio para acomodarse sobre mi regazo tal como le había indicado.

    – No entiendo -protestó.

    – No te he dado permiso para hablar.

    Era una agradable satisfacción la que me proporcionaba tenerla en mis manos, vulnerable, semidesnuda, nerviosa y entregada. La observé, tendida inmóvil, el calor del torso sobre mis piernas, colgando los brazos y las piernas apoyadas en el suelo, en alto sus generosas nalgas… Me excitaba… Era una sensación especial y morbosa.

    De repente, le dí una fuerte palmada en la nalga izquierda.

    – ¡Ah! -gritó ella, echando la mano hacia atrás para frotarse. Giro la cabeza, mirandome. Movia las caderas quizas para que no pudiera obtener un buen golpe.

    – ¡Quieta! -Volví a golpearla en el mismo lugar.

    – ¿Quieres que pare? -le pregunté.

    – Sí… no… no lo sé… -vaciló.

    – Eso está bien, porque van a ser alguna más y continuaron

    Movió la cabeza y asintió aprensivamente. No dijo nada, no podía decir nada. ¿Qué podría decir? ¿Sí? O peor, ¿no?