Autor: admin

  • Una piscina climatizada para cuerpos irresistibles

    Una piscina climatizada para cuerpos irresistibles

    Ha transcurrido el primer mes que estamos juntos Lorenzo y yo. No se ha hecho largo, hemos follado a diario, no nos hemos cansado aún. Pensamos que cuando vengan las clases y tengamos trabajos, madrugones, sesiones de clase y todas esas habituales obligaciones, se va a reducir a la mitad de la mitad y algunas veces a cero, por eso no nos preocupa ahora.

    Cada fin de semana Zigor y Mauro vienen a casa, mejor dicho, vamos a recogerlos justo los viernes en la tarde. Ellos no estaban decididos a pedir permiso a sus padres y nos comprometimos a ir nosotros para invitarlos ante sus padres. Los padres de Zigor no pusieron más inconveniente que “¿y si molestan?, ¿por qué tenéis que aguantar ese peso?”, lo que saldamos porque nuestros abuelos lo desean, ya que están muy solos y no quieren que nos cansemos… Excusa tonta, pero los padres de Zigor comprendieron y no hubo problema.

    Íbamos muy bien vestidos, nos habíamos comprado dos jeans muy elegantes y unas camisetas serias. Lorenzo parecía un pimpollo hijo de multimillonario y yo con mi camiseta negra y una cruz al lado con jeans estrechos pero elegantes y con vuelta por los tobillos, nos presentamos en la casa de Mauro. Cuando con mucha educación nos dirigimos a la señora, se extrañó de nuestra amabilidad y le explicamos que su hijo era un muchacho bueno, piadoso, cuidadoso de las cosas y con buena moral y nos había causado buena sensación.

    Cuando llegó el papá y se lo planteamos, se puso a pensar. Cuando yo iba a razonar lo que había convencido a su esposa, elevó su brazo izquierdo con la palma de la mano extendida me daba a entender que me callara. Guarde silencio. Al rato dijo:

    — Domingo, todas las mañanas, a las 10 h. en la Iglesia, oye misa, tomamos un refresco juntos, estáis invitados, y puede marcharse de nuevo hasta la noche. Los lunes tenemos trabajo.

    Lo dijo con tanta sequedad y determinación que Lorenzo se asustó. En mi interior me dije que era una respuesta como otra cualquiera, qué más daba, si nos dejaba a su hijo. Luego, ya en la calle, me preguntaron los tres cómo íbamos a hacer y les contesté:

    — Hablaremos con los abuelos, les diremos las condiciones, les pediremos la camino y estaremos en la misa esa los cuatro.

    — Si yo no voy desde que tome la Comunión…, dijo Lorenzo.

    — Pues ya es hora de que vayas, ¿no?, dije yo.

    — Y tú…, ¿desde cuando no vas?, preguntó Lorenzo.

    — ¿Yo? No sé si he ido alguna vez, quizá acompañando a algún amigo, pero no he ido formalmente nunca…, pero un amigo bien vale una misa ¿no?, respondí.

    — ¿No tomaste la comunión?, preguntó Mauro.

    — No; yo no estoy bautizado, ni mi padre es creyente, ni mi madre va a la iglesia…; no, no tengo esa costumbre, pero hay costumbres que no tenía y ahora tengo; si tu amistad me exige eso, por ti lo hago, pero no me hagáis hablar en la iglesia que no sabría que decir.

    Zigor me miraba sorprendido por encontrarse a uno que no iba nunca a la iglesia. Zigor a veces huía de ir, pero para quedarse en la cama o ir a nadar en verano, en invierno solía ir, pero no le gustaba para nada el cura. A Mauro, según decía, tampoco le gustaba el cura porque una vez se confesó que le gustaban los chicos y le dio un sermón de “padre y señor mío”. A mí me parecía que cada uno podía tener su opinión, pero si yo le pido al papá de Mauro que me lo deje traer a casa porque es amigo, él tiene derecho a pedirme que quiere ver a su hijo en una de sus costumbres familiares. Allí estaremos los cuatro por nuestro amigo Mauro.

    Llegó el domingo. Habíamos hablado con los abuelos y la abuela se apuntó a venir con nosotros, porque ella antes tenía costumbre, pero ella haría otras cosas mientras nosotros estuviéramos con el papá de Mauro. Al por cierto, el papá de Mauro es Mauro y su mamá María. El papá de Zigor es Ernesto y su mamá Luisa Isabela.

    A los cuatro los encontramos en la Iglesia, las dos mujeres muy adelante en los bancos, pero no juntas. Luego supe que estaba cada una con su cofradía. Los papás, Mauro y Ernesto estuvieron de pie, al final de la iglesia. Nosotros nos sentamos en un banco que estaba solitario hacia la mitad de la Iglesia, los cuatro juntos: Zigor, Mauro, Lorenzo y Joel, que soy yo.

    Se acabó la misa, el sermón me pareció largo, pero soportable. Zigor fue a saludar a su mamá y en la calle su papá esperaba a su mamá y se encontraron los tres y una hermana. Los saludamos nosotros tres y nos juntamos luego los cuatro con el papá de Mauro. Nos invitó a la cafetería, empeñado en que desayunáramos, pero ya lo habíamos hecho. La gente que salía de la iglesia le felicitaban por su hijo y sus amigos, todos tan buenitos. Menos mal que no sabían nada de lo que hacíamos ni de lo que íbamos a hacer. Dejamos que nos invitara y tomamos una cola cada uno. Nos despedimos y fuimos a recoger a la abuela a la puerta del super, como habíamos quedado.

    Por tratarse de un domingo, no había muchas cosas que hacer, pero nosotros teníamos ocupación. Salimos los cuatro a correr vestidos solo con short por el bosque en dirección al claro que ya habíamos conocido. Cuando llegamos allí, después de unos estiramientos y con el calor que hacía nos tumbamos en el suelo en la parte donde había algo de hierba. Allí nos entraron las ganas y allí comenzó nuestra orgía.

    Sin que nadie lo ordenara pero hubo un general “short fuera” y se hizo evidente el desplome y el mandamiento de nuestras pollas para que se pusieran buenas. Me puse a ayudar a Lorenzo mamándosela y se animaron los chicos a mamársela haciendo un 69. Lorenzo y yo hicimos el 69, pero Lorenzo la emprendió con mi culo mientras yo le preparaba su polla. Se me puso detrás mío estando yo en posición fetal y comenzó a meter polla en el agujero de mi culo. Lo había preparado bien, pero ese día me dolía su intento y comencé a gritar, vinieron los dos chicos y Mauro comenzó a chupar la polla de Lorenzo mientras la metía dándole masajes con la lengua y llenándola de su saliva. Con un poco de dolor entró y se quedó Lorenzo quieto para acostumbrarme.

    Zigor me estaba mamando mi verga para calmar mis gritos, mientras Mauro metía sus dedos suavemente al dado del pene de Lorenzo. Me pusieron de espalda al suelo y Lorenzo se tumbó algo sobre mí. Zigor seguía con mi polla y me dio la suya para que me distrajera, así que tenía una polla en la boca, otra en el culo y dos dedos jugando, saliendo y entrando de mi ano. Así como estábamos hicimos lo difícil, fue movernos los tres para dar la vuelta. Lorenzo estaba de espaldas al suelo, yo encima de él y Mauro inició la entrada de su polla en mi culo. Zigor fue a alimentar con su saliva esa polla de su Mauro y mi culo. Por fin Mauro consiguió penetrarla junto a la de Lorenzo. Zigor se puso detrás de Mauro y sin perdida de tiempo le ensartó la polla en el culo de Mauro, lo cual provocó las ganas de Mauro iniciando y mete y saca que hacía gemir y vibrar a Lorenzo por el rapamiento, mientras yo deliraba de regusto y placer. Los cuatro gemíamos, suspirábamos, gritábamos, insultábamos, pero nadie sabía quien era ahora más hijoputa que el otro. Todos un total movimiento y el primero que avisó fue Mauro

    — Me corro, ya no, ya no, ya no puedo y aahh…

    No tardó en seguir de modo similar, añadiendo:

    — ¡Cabrón! ¿Por qué has acabado ya? ¡Aahh! ¡aahh!, me voy…

    Mientras yo sentía las dos pillar vaciar sus chorros de leche en mi interior:

    —Waw, que bueno, bueno, yaaaa…

    Me corrí sobre el pecho de Lorenzo y Zigor fue el último en vaciarse dentro de Mauro con unos gritos de escándalo que nadie entendimos. Ni supimos en que lengua hablaba o si eran los gritos de un animal que habitaba en su interior. Dos estábamos en el suelo, Lorenzo y yo; dos se tumbaron en el suelo sacando sus pollas. Lorenzo me abrazó amarrándome mi espalda para que no me levantara, quería permanecer dentro de mí un rato más y lo agradecí hasta que por fin la polla de Lorenzo ella misma se salió. Zigor y Mauro se echaron sobre mi culo para recoger lo que iba saliendo, mientras Lorenzo y yo nos besábamos como solo nosotros sabemos hacerlo, enroscando la lengua y haciendo que nuestras pollas se vuelvan a empalmar.

    Mi culo dejó de manar más leche y nos pusimos de pie abrazándonos. Recogimos cada uno nuestro short con la intención de ponérnoslo para salir del bosque y Lorenzo nos recordó que no había gente y menos en domingo, así que nos regresamos a casa desnudos con el show de sombrero. ¿Encontraron con alguien durante el regreso? Sí, dos personas, pero nosotros íbamos corriendo y nuestras pollas bailando. Llegamos a la zona de la piscina y sin siquiera ducharnos para sacar el sudor, nos metimos a la vez en la piscina hasta que la abuela nos llamó para comer.

    Nos secamos un poco al sol, nos vestimos con nuestro short y nos fuimos a la cocina para ayudar, pero nos encontramos que el abuelo había ayudado a preparar la mesa y nos esperaban.

    — Parque comáis con ganas y contéis todo lo que os dé la gana, os digo lo que la abuela y yo hemos pensado…, dijo el abuelo.

    — Mal asunto, —dijo Lorenzo— algo va mal…

    — Desembucha, abuelo, desembucha, me tienes en ascuas…, insistí.

    — Calma, calma… la abuela y yo hemos pensado y ya está proyectado… (silencio desesperante)…

    — Abuelooo, vaaa…, dijimos los cuatro.

    El abuelo miró a la abuela y le levanto la mano mostrando los cuatro dedos sonriendo, mientras nosotros soplábamos de desesperación.

    — Pues,… hemos pensado…. queee…, seguía lentamente el abuelo

    —Aaa-bueee-looo…, gritamos los tres.

    — Que… vamos a cubrir la piscina y climatizarla para que esté disponible todo el año.

    Nos levantamos los cuatro gritando y abrazándonos, luego besamos a los abuelos y escuche que el abuelo dijo a la abuela:

    — Ya tienes cuatro nietos.

  • Cuando una puerta se cierra otra se abre

    Cuando una puerta se cierra otra se abre

    Como muchos de los lectores yo era un travesti de closet. En la época que esto paso vivía en Delft una pequeña ciudad de los Países Bajos. Me encantaba correr por la mañana, de hecho corría cuatro días consecutivos y al quinto hacia sesión de pierna para corregir y fortalecer la pisada. En realidad la sesión de pierna la dedicaba a glúteos, cadera y vientre. Durante esa temporada me sentía y me veía muy bien, estaba flaquito y con un gran culo, incluso algunos colegas me decían el culón.

    Disfrutaba de salir en las mañanas con mis mallas para correr cuando hacía mucho frio o con short los días soleados. Durante 2 meses consecutivos, por lo menos 2 días por semana, me encontraba con un chico al cual saludaba.

    —Goedemorgen —nos decíamos sin parar de correr.

    Siempre fue así hasta el día que le hable

    —Hablas neerlandés?

    —No —me respondió— pero podemos hablar en inglés.

    Platicamos de esto y de aquello pero todo relacionado con correr, en fin vida de runners. El día que le hable me di cuenta que no era un chico sino un hombre maduro bastante bueno con brazos muy marcados y espalda ancha en fin un rico holandés.

    Un día de tantos empezamos a entrenar juntos, este chico llego para revolucionar mi vida. A la semana que empezamos a entrenar decidí comprarme unas mallas nuevas, algo que a él le gustara. En la sección deportiva había unas mallas negras con cuadricula verde de hombre y de mujer, una al lado de la otra. Las de mujer eran sencillamente encantadoras, sin pensarlo las compre.

    El siguiente día salí a correr con mis mallas, no quería que se me viera el paquete me gustaba verme sin nada ahí. Mi experiencia como travestido me ayudo para esconderlo dentro de una tanguita verde fosforescente, mi experiencia y que mi pene es bastante pequeño.

    Pensé que el chico holandés no lo había notado pero cuando terminamos me dijo

    —que bien se te ven las mallas te ves mejor que mi novia.

    Soltamos la carcajada y PUM toda esa tarde la pase pensado en él, me sentía tan contenta por gustarle, todo era color de rosa sus palabras causaron un gran efecto positivo en mi sacando la mujer que tenía dentro.

    El fin de semana siguiente me levante temprano y me fui al centro comercial por mas ropa deportiva de mujer, quería todo, todas las mallas, faldas, shorts, etc. Me gustaban. Al final me compre un short muy pequeño de color morado, también compre unas mallas azules de ¾ un short de licra, una sudadera gris que dejaría al descubierto mi trasero y otra negra y dos camisetitas de chica para correr, mi vida giraba alrededor del momento en ir a correr y estar con mi chico.

    Durante los siguientes días estrene con él todos mis atuendos y el no dejo de alagarme por mi apariencia. Los días posteriores me ponía labial y pintaba mis ojos y cejas. Después de un mes iba completamente vestida de mujer sport a correr, a mí me encantaba y a él parecía gustarle también!

    Me sentía como quinceañera deseando el momento en que él se decidiera a tocarme y besarme. Cada mañana que platicábamos y corríamos, cada rose de sus manos por mi cuerpo cada mirada coqueta que nos hacíamos. Estaba totalmente segura que el sería el primero, que perdería mi virginidad que él y eso me ponía como loca enamorada. (Por supuesto que yo ya tenía experiencia con más de cien dildos los cuales utilizaba en mis ratos de soledad).

    Un día este chico me invito a un concierto. Yo sentía que íbamos muy bien así que me anime a dar el gran paso, en fin que podría pasar si todos los días me veía pintada y arreglada como mujer (sport). Ese día me esforcé mucho quise estar lista para él y por si acaso utilice un dilatador toda la mañana y empaque en mi bolso un gran pomo lubricante. Pensé que él estaba totalmente enterado que yo era una chica en un cuerpo de hombre así que fui por todo.

    Me puse un mini vestido azul con blanco, me puse una pulsera delgada y unos aretes de gota largos, unas zapatillas blancas, me pinte el cabello de rubio (tipo Katy Perry cuando lo tenía corto, pixel) y una lencería de encaje divina. Cuando termine mi transformación me veía increíble en fin, todo estaba listo para el encuentro con mi chico.

    En ese momento sonó el timbre de la puerta. De los nervios tire un vaso con chocolate caliente en el piso, afortunadamente no me manche. Deje el chocolate en el piso y me dirigí a la puerta, mi zapatilla se encajó en la alfombra y caí, por suerte no le paso nada al vestido, me levante y me golpeé la frente con la mesa, por suerte no me despeine. Del dolor di dos pasos asía atrás y le pise la cola al gato este soltó un gran maullido y pego una carrera increíble.

    Volvió a sonar el timbre por tercera vez, me repuse como pude y abrí sin pensar dos veces la puerta. Si, era el, se quedó sin habla, volteó para la izquierda y para la derecha y dijo las palabras mágicas:

    —te ves muy bien vámonos.

    Pero algo no me cuadro, no me abrazo no me beso no me dijo nada más, en fin no puse atención a eso.

    Nos fuimos a su carro donde ya le esperaban tres de sus amigos. Yo ni enterada que iríamos con alguien más, así que me puse muy nerviosa. Hasta aquí todo iba relativamente bien. Y de repente crash… él les dijo a sus amigos

    —Ella es la prima de mi amigo que nos iba acompañar al concierto, su primo está enfermo y no podrá ir al concierto y a ella le vamos a dar un aventón a la farmacia para que compre algunas de las pastillas que el necesita.

    Yo me quede helada, que tenía que decir o hacer en ese momento? no mi boca color carmín no salió ni un sonido. Uno de ellos me pidió mi whatsapp y como robot se lo di. Paro en una esquina y dijo:

    —Aquí está la farmacia, espero que tu primo se ponga bien.

    Abrí la puerta y me baje del carro, empecé a caminar en shock, jamás volteé para atrás empecé de mis ojos empezaron a rodar lágrimas de enojo y decepción. Sin hacer un solo sonido con mi boca me fui directo a mi departamento. Porque algo que iba tan bonito había salido tan mal? Que había hecho? Donde estuvo mi error? Jamás volví a saber de él.

    Pasaron días, semanas, meses y el odio y tristeza se fue esfumando. Empecé a vestirme de mujer en mi casa. Durante un tiempo recibí algunos whatsapp de su amigo invitándome siempre a salir, pero jamás respondí. Después de un año mi corazón había sanado mi deseó de ser mujer era más fuerte, estaba firmemente con la idea de hacerme una cirugía de feminización facial y ya había empezado a tomar hormonas. Poco a poco mi cuerpo cambiaba y me pedía un macho para llenar ese gran vacío que tenía.

    Un día sonó mi timbre, en mi puerta se encontraba aquel amigo de ese día funesto. Abrí la puerta y me dijo

    —sé que eres mujer y me encantas.

    Sin vacilar tomo mi mano me abrazo y me beso a la fuerza, todo fue tan rápido que no pude ni responder. Mi cabeza me dictaba aventarlo pero mi cuerpo ya no podía, había estado soñando tanto con un hombre que respondí tímidamente a su beso. Cuando nos separamos le dije “pasa”.

    El entro y en cuanto cerré la puerta todo el fuego que tenía en el cuerpo se liberó, sin ni una palabra lo abrace y lo bese como loca. No note que tenía la nariz chueca, fuimos caminando hasta el sofá donde él se sentó primero.

    Pude ver su sonrisa con de dientes amarillos y chuecos. Le quite la camisa descubrí un estómago flácido, hombros pequeños, poco bello pero largo y una costilla chueca, lo bese desde el cuello hasta el ombligo pasando mi lengua por todo su torso. Le quite el pantalón y descubrí sus piernas flacas y velludas. La pasión que me segó hizo que le sacara el pene del calzón y con gran asombro encontré la belleza de ese hombre, 19 cm de carne magra dura como una astabandera, me lo metí a la boca y lo empecé a chupar como un niño chupa la teta de su madre.

    Se puso de pie y se desnudó completamente, vi las uñas grandes de sus pies llenas de mugre. Yo hincada no paraba de chuparle el pene y caray hacia un gran esfuerzo este chico tenía un gran pene! Lo quería poner todo dentro de mi boca pero esto es humanamente imposible. En mi mente me dije ‘saque el premio mayor’.

    Él se inclinó y con su mano empezó a buscar mi pene. Vaya que sus manos eran hábiles pero yo no quería eso, yo quería ser mujer. Le tome la mano y la lleve para atrás, entre mis nalgas. Instantáneamente lo entendió y empezó a buscar mi ano. Jugueteaba con dos dedos en mi entrada sobándolo y apretándolo, yo estaba que explotaba de ganas que me los metiera. Aun así no quise cambiar de posición y seguí de rodillas chupándole la verga.

    En un momento dado hice mucha saliva y puse en mi mano, misma que lleve a mi ano untándolo completamente e incluyendo sus dedos. Sin esfuerzo dos dedos resbalaron dentro de mí produciéndome un gemido de placer. Tanto era el deseo de tener su pene dentro de mí que no duramos más de un minuto así, me levanté y lo avente nuevamente al sillón. Tome su pene completamente húmedo y lo dirigí a la entrada de mi ano, milímetro a milímetro fue entrando ese delicioso manjar y aunque era más grande de lo normal no me costó mucho tenerlo todo dentro de mí. Estaba tan dilatado mi ano que en cuanto lo tuve todo dentro empecé a montarlo como una vaquerita experta.

    Mis manos fueron directo a su abdomen mientras que las suyas me ayudaban a subir y baja y abrirme las nalgas. Que delicia sentir toda su verga dentro de mí, extasiada estaba, no paraba de besarle su boca y su cuello. Sus caderas se movían con un ritmo estrepitante que buen sexo me estaba dando sentía que toda mi sangre estaba en mi cara, su verga estaba muy caliente yo tocaba mis pezones y hacia círculos con mis caderas.

    Fue tanta la estimulación que de mi pene, que no estaba erecto, me salió un chorrito de semen el cual cayó en el estómago de mi macho. Me convulsionaba de placer cuando el termino, que sorpresa con este chico, no solo tenía una rica verga, también descargaba una cantidad impresionante de semen. Sentí como me llenaba y me escurría por mis piernas.

    Pero esto no fue todo, él no había terminado de penetrarme, tomo la iniciativa y cambio me cambio de posición boca abajo y ahí me convirtió en una más de sus hembras me la metió por un largo rato y volvió a terminar, yo ya no pude terminar pero sentí uno dos tres orgasmos secos. Por ultimo quiso ponerme de lado y seguir metiéndomela pero ya no tuvo tanta energía, después de 5 minutos paro.

    Sin decir nada se puso su ropa y se fue, yo quede tirada en el piso estaba tan cansada que desperté al día siguiente el charco de semen que había dejado mi chico se había secado.

    Desde ese día me sentí más mujer.

  • Esclava de mis actos, presa de mis palabras

    Esclava de mis actos, presa de mis palabras

    Me costó mucho escribir estas líneas. Pero decidí hacerlo para advertir, a quienes como a mí, una situación de erotismo y seducción puede derivar en un hecho impensado, al borde de lo delictivo. Digo al borde porque nunca hice ninguna denuncia y cuando no hay denuncia, al menos en mi país, tampoco hay delito

    Cómo todo lo había hecho en el contexto de una “trampa”, tampoco pude recurrir a mi novio. El desconocía por completo mis aventuras epistolares y por eso la noche en que se desencadenaron estos hechos tuve que fingir que las marcas que me habían quedado en el cuerpo habían sido producto de un robo al voleo cuando regresaba al tren en la estación Constitución.

    Todavía siento dolorida por la brutalidad con la que fui cogida por el culo. Algo que siempre fantasee pero sin haber tenido, hasta esa noche triste, ninguna experiencia real más allá de algún dedo de mi novio o algún intento de meterme un consolador pero que nunca concretaba porque el dolor podía más que el placer.

    Las cosas con mi novio de se pusieron realmente aburridas en los últimos meses. Además de vivir encerrados viendo películas (a mí me encanta salir, ir a bailar, odiaba el encierro) no teníamos una gran actividad sexual y al cabo de un tiempo descubrí que su sexualidad consistía en montarme un rato, bombear hasta acabar y dormirse como un tronco inmediatamente después del orgasmo.

    Esa situación me fue generando angustia y vacío. Además de una inmensa insatisfacción, sobre todo cuando me encontraba con mis amigas y hablábamos de las virtudes de nuestros hombres a la hora de hacer el amor.

    Así y todo, estaba cómoda con la situación. Pero no pasó mucho tiempo hasta que empecé a buscar variantes para ver si mi vida monótona adquiría algún matiz excitante. Me abrí correos electrónicos truchos, me inventé un perfil en Facebook y otro en Instagram y me abrí una cuenta de Tinder, muy mencionada por mis amigas que en cada uno de nuestros encuentros siempre tenían alguna aventura potable para contar o alguna pija inolvidable para recordar.

    Conocí a Gustavo por Tinder. No tenía muchas fotos personales, pero me había enternecido una que había subido con sus tres hijos. Eso me dio una relativa confianza. Comenzamos a conversar, de las cosas triviales de la vida y fuimos convirtiendo esos diálogos en encuentros diarios y casi indispensables. Me daba intriga saber cómo era y me parecía una persona interesante.

    Escribía muy bien y sin errores de ortografía y eso ya era mucho en un Tinder en el que a cada uno que le ponía me gusta, al segundo me escribían que me comerían la tetas o que me romperían el culo o que les pasara el número de teléfono para tener sexo por whatsapp. Gustavo, por el contrario, era súper educado. Me decía siempre que le parecía muy linda y que sentía que íbamos a tener buena piel, pero no pasaba de ahí.

    Era diez años más grande que yo (tengo 25), divorciado y se dedicaba al comercio exterior, por lo que una o dos veces al mes viajaba a Asunción de Paraguay o a San Pablo donde tenían oficinas en la empresa exportadora en la que trabajaba. Un par de veces me había propuesto de ir a tomar un café. “Nos encontramos en un lugar neutral, ves qué onda y si no te gusto, charlamos dos boludeces, tomamos un café y cada uno para su casa”.

    Por una amiga también empecé a leer relatos eróticos y a mirar películas porno en los horarios en los que mi novio estaba trabajando o jugaba el rugby. Me empecé a interesar por algunas situaciones que hasta ese momento desconocía por completo como que me acaben en la boca para tragarme el semen o me cogieran por el culo, algo que siempre me dio impresión.

    Pero leyendo relatos y viendo pelis empecé a ponerme muy cachonda y a masturbarme todas las tardes frente al computador. Había días en los que terminaba con la vagina toda irritada por la presión que hacía con los dedos o por intentar meterme un tubo de desodorante porque necesitaba sentir una pija cuanto antes.

    Traté de todas las maneras posibles de que mi novio me prestara atención o de que fuera menos egotista a la hora de coger, pero el resultado fue tan frustrante como siempre. Sin juegos preliminares, se subía arriba mío me bombeaba durante dos o tres minutos hasta que descargaba su leche y con un piquito o un besito en la frente se desmoronaba en el costado de la cama y empezaba a roncar como un escuerzo.

    Yo estaba cada vez más caliente así que empecé a elucubrar un plan como para que me cogieran como yo me merecía y redoblé la apuesta en Tinder con fotos mucho más zarpadas donde mostraba bien las tetas, ponía cara de putona y aseguraba que buscaba “diversión” y “vivir el momento” antes que alguna relación estable o duradera.

    La temperatura de mis menajes con Gustavo fue subiendo en la misma proporción en la que yo me sentía desamparada e insatisfecha y estaba dispuesta a gozar como lo hacían la mayoría de mis amigas que “no tenían tanta suerte como yo” pero que se las veía con mejor semblante y mejor humor.

    Me hice adicta a la paja a tal punto que me compré un consolador para jugar mientras estaba sola en casa. Intenté varias veces metérmelo por el culo, frotándome el clítoris pero nunca pude enterrarlo verdaderamente y terminaba acabando más por la sensación que yo pensaba que me podía provocar que por tenerlo bien adentro.

    —Qué te gustaría que te hicieran —me preguntó Gustavo en una serie de mensajes de altísimo voltaje al que le habíamos sumado fotos de nuestras partes íntimas y audios con gemidos y susurros. Yo estaba tan excitada que nunca me intereso descular si me gustaba o no me gustaba. No me importaba como era, sólo una enorme pija que me mostraba en las fotos y que me tenía obsesionada. Me servía para calmar mi instinto femenino y con eso sobraba. Era mi galán anónimo y me mandaba fotos de una pija grande que más de una vez fantasee con tenerla toda adentro o con mamarla hasta que me llenara la boca con su semen y me lo dejara saborear. Y por supuesto, que me partiera en dos el culo.

    El cruce empezó a transgredir Tinder y era habitual encontrar sus mensajes en mi mail o en mi casilla de whatssap. Doy clases en un colegio y muchas veces tuve que irme al baño para tocarme de las terribles fotos de su poronga que cada vez me parecía más apetecible y comestible. Le empecé también a mandar fotos de mis tetas, de mi culo, de la concha bien abierta con los dedos metidos. No le mandé fotos de mi cara, ni el tampoco, pero hasta me puse en cuatro para mostrarle el tatuaje de mariposa que tengo justo arriba de la rayita del culo. “Me lo vas a llenar de leche’”, le pregunté cachonda en ese posteo.

    Él me mandaba fotos de su verga erguida y sólo me preguntaba. “Qué te gustaría que te hiciera ahora mismo”.

    —Me gustaría que me obligaras a que te chupe la pija, que nos encontremos en la oscuridad de un pueblo perdido y me llenes de pija por todos los agujeros. Me gustaría probar toda la leche que salga por esa cabezota. Me encantaría tomármela toda —le escribí en una oportunidad en la que mi novio se había quedado dormido mientras le chupaba la pija y mi frustración fue tan grande que estuve a punto de agarrar mis cosas y mandarme a mudar.

    Gustavo escribía bien, sabía aprovechar mi calentura y lograba que tuviera orgasmos diciéndome chanchadas por mensajes de voz. Yo no le conocía la cara, pero me parecía un detalle menor, estaba segura de que ese tipo me calentaba y con solo meterme esa enorme pija me iba a hacer ver las estrellas.

    “Qué me harías en este momento”, me preguntó el día en el que decidí darle rienda libre a sus intentos de encuentro. “Me pararía atrás tuyo, te pellizcaría los pezones, te bajaría el pantalón y te rompería todo ese culo que se ve tan apetecible en tus fotos”. Cuando leí la frase la vagina se me empapó y los pezones se me endurecieron casi hasta sentir un poquito de dolor. Tuve que correr al baño para meterme los dedos y no me alcanzaban las manos para hundirlas adentro de mi concha que ya estaba desesperada por sentir una pija adentro. Y la de Gustavo me encantaba.

    “Tiene que ser así – le dije – salvaje, me calienta mucho la idea de excitarme con un desconocido. Quiero sentir toda esa pija adentro, que me hagas gozar como si fuera tu putita”, le escribí sin pensar y ya no tenía retorno.

    “Por qué no nos encontramos dentro de una hora en los carritos que dan a la reserva ecológica”, me sugirió. Lo pensé un rato porque no estaba segura. Me mortificaba el hecho de traicionar a mi novio sólo por una terrible calentura en lugar de tratar de revertir las cosas. Pensaba que si me gustaba la otra pija la relación con él se iba a tornar peor.

    Mientras ese pensamiento me daba vueltas en la cabeza me llegó un videíto que me terminó de convencer. Lo había grabado en cámara lenta y justo en el momento en el que la leche salía de su cabeza y después de largar un chorro que salió de cuadro empezó a chorrearse por toda la pija. Me latía el clítoris de la calentura. Quería estar ahí para lamerla toda y tomarme esa leche que parecía una delicia.

    Lo encaré a mi novio para ver si agarraba viaje porque el que avisa no traiciona. Pero desistí cuando me di cuenta que el muy pelotudo estaba todavía jugando a la play con un amigo y ni me escuchó cuando le dije que salía para la estación para encontrarme con unas amigas en Puerto Madero. Como yo era de zona Sur y el de Caballito, pusimos como punto de encuentro la Costanera Sur. “Comemos algo en los carritos de esa zona y si todo está bien, arrancamos para un telo que queda por Independencia”, me explicó. “Dale, perfecto, nos vemos en una hora. Preparate porque te la voy a dejar seca”, lo traté de calentar aún más. “Te la voy a dar toda”, me respondió y yo sólo quería sentir esa leche tibia entre mis labios, en la lengua, en la garganta. Estaba sedienta de semen y tenía un semental dispuesto a hacerme feliz.

    Me puse una camisa muy escotada y una pollera de jean me marcaba bien el orto y me dejaba la pancita al aire. Como estaba fresco, me puse una camperita de esas que te quedan marcadas al cuerpo y te resaltan las tetas. No soy del tipo de minas flacas, soy más bien rellenita pero siempre me gustó ponerme ropa ajustada porque tengo buenas curvas y un culo que siempre es objeto de elogios y miradas. Como estaba por indisponerme tenía las tetas enormes.

    Me dolían los pezones de la calentura que me agarré imaginando a Gustavo chupándome las tetas. Estaba mojada a más no poder. “Cómo te voy a comer la pija -le escribí mientras esperaba el tren- voy a hacer todo lo que me pidas porque soy muy zorrita”, le redoblé la apuesta. “Quiero sentir como tu leche me llena todo el orto, te la voy a triturar toda”, seguí escribiendo mientras llegaba a destino en Constitución.

    Yo estaba desatada, por momentos no podía creer que me salieran mensajes tan guarros. El hecho de habernos intercambiado mensajes durante tanto tiempo me había inspirado confianza. “Sin prender la luz ni decir una palabra quiero que me violes el culo y no pares, aunque yo te por favor que no lo hagas. Te gusta eso no?, te excita’, se te para esa pija gordita que tenés’, mándame fotos… dejame renga, rómpete toda”, ese fue mi último mensaje mientras viajaba en el taxi a la Reserva Ecológica convencida de que el taxista había advertido mi calentura y mis olores.

    Me sentía desconocida. Hasta ese momento yo era una mina rescatada. Iba de frente, hacía las cosas que me parecían bien, pero estaba enceguecida por una pija, necesitaba calmar las contracciones de mi vagina. Estaba desesperada por una pija…

    Al momento me llegó una foto con su tremenda pija afuera del pantalón, dura como una piedra, amenazante y rosa. Le brillaba la cabeza y se le marcaban todas las venas. “Qué buen pijazo que me voy a comer”, le escribí instintivamente cuando vi ese terrible aparato a punto de explotar.

    Cuando llegué vi su silueta sentado en una de las mesas que habíamos acordado previamente y se me mojó más la entrepierna. Pero cuando lo vi de cerca mi decepción fue total. No tenía menos de 75 años, su cara estaba cruzada por una cicatriz tremenda, tenía un pómulo hundido y un párpado que no podía levantar, como si media cara estuviera muerta.

    En su frente tenía un tatuaje tumbero y un número romano. Tenía un sobretodo viejo, que olía rancio, casi largo hasta las pantorrillas, le faltaban por lo menos cuatro dientes y tenía un aliento terrible que me la terminó de bajar cuando me agaché para darle un beso. Me sentí muy sucia, decepcionada conmigo misma. Cómo pude hacer semejante periplo para encontrarme con este engendro sólo por la foto apetecible de una pija y sus frases guarras…

    Por supuesto que la calentura se me fue al diablo y que hubiese preferido que jamás le hubieran llegado ninguno de mis mensajes. Para tratar de no ser tan grosera empecé a acusar un fuerte dolor de espalda, le dije que tenía una enfermedad autoinmune que los días de humedad me ponía las articulaciones a la miseria y no me dejaba caminar. Sentía estúpidamente mojada la entrepierna en el tren era un charco y en el taxi casi con la espesura del flujo de los orgasmos. Me lo había imaginado todo, que distinta y cruel resultó ser la realidad…

    Me senté, pero en ningún momento solté la cartera y con esa inclinación del cuerpo que uno adquiere cuando sólo se sienta por unos minutos. Tomé el celular y fingí que recibía mensajes. “Es de mi novio, es recontra celoso, si se entera que hice esta locura me mata. Es rugbier”, le dije como para ponerlo en caja e intimidarlo un poco y se olvidara por completo de mis pedidos.

    Se ve que Gustavo estaba acostumbrado a los rechazos porque no dijo nada malo, al contrario, siguió tratándome con suma amabilidad. “Tranquila, se entiende, pero no es necesario que inventes nada”, me dijo con tal sensatez que por primera vez en la noche pude aflojar un poco el estrés que me había provocado la cita a ciegas para encontrarme con este anciano. Ninguno de los dos habló de coger, tomamos un café rápido y pedimos la cuenta.

    “Te acerco hasta Constitución” me dijo. Un poco me había enternecido su resignación y el hecho de que fuera cerca así que accedí. Fue el peor error que cometí en mi vida. Ni bien puse mi culo en el asiento se trabaron las puertas y eso me asustó. Me callé porque lo adjudiqué a mi paranoia y fue otro error fatal porque en la rotonda en lugar de girar para el lado de la estación se metió en un camino lindero a la reserva ecológica absolutamente abandonado, como si lo hubiera calculado.

    – Por donde vas a agarrar- le pregunté con tono tranquila, pero con la voz quebrada. Estaba muerta de miedo. “Vos vas a agarrar putita”, me dijo y me apretó fuerte de la muñeca para acercarme la mano hacia su pija que quedó al descubierto apenas cuando se abrió el tapado.

    -Pará Gustavo, no quiero, ya te dije que no me siento bien -traté de excusarme en el mismo momento que sentí un fuerte golpe a la altura de la sien que me dejó mareada. Me pegó con el puño cerrado, con el nudillo y el dolor era muy intenso. Empecé a llorar.

    Acto seguido sentí su manota tirándome del pelo y con fuerza me tironeó hasta dejarme cara a cara con su pija. Era más grande de lo que había visto en las fotos. Me pegó tres golpecitos en la cara con su miembro, estaba tieso y caliente. Olía a semen. Me soltó el pelo y con un cachetazo me advirtió: “Chupala hasta que yo te diga si no querés que te pase nada”. No tuve otra alternativa que prenderme a su pija, no podía meterla toda en mi boca de lo ancha que era.

    “Mentime zorra, chupala como si te gustara, decime las mismas cosas que me decías por el chat, querés que te lea”. Y me tiró más fuerte del pelo.

    Empecé a fingir gemidos y a chuparla como si realmente me gustara porque sentía miedo. “Que hermosa pija”, le dije como para que mi actuación fuera más convincente. Le pasaba la lengua de arriba para abajo y por momentos la vagina se me contraía. Me dolía la cabeza por el golpe y sentía un ardor en la mejilla pero había algo en mí que deseaba ser ultrajada por esa pija amenazante y erguida. Me agarró de la nuca y me la clavó hasta la garganta. No podía respirar, me tuvo así algunos segundos hasta que me soltó. Mi vagina lanzó un chorro de flujo, tuve temor de morir ahogada pero al mismo tiempo quería que lo volviera a hacer. Empecé a toser y hacer arcadas pero no me dio respiro, volvió a apretarme hasta que mi boca hacía contacto con su pelvis. Era enorme.

    Estaba confundida quería que me dejara bajar de su auto, pero su pija se ponía cada vez más tiesa y tentadora. Con su mano seguía jugando con mi clítoris, pellizcándome las tetas, manoseándome todo el cuerpo buscando que yo reaccionara.

    “Mirá lo mojada que estás zorra. Sos igual que todas. Sos putita traga leche”, llegue a escuchar porque me descargo un chorro grande de semen en la garganta que no me quise tragar y quedo toda en la zona de sus pendejos. “Cometela o te doy otra como la de recién. No era que te gustaba le leche zorrita”. Tuve que hacele caso, subí y bajé por su pene una y otra vez hasta que no quedó ni una gota de leche. Me comí hasta lo que había quedado en uno de sus muslos. Estaba mojada, pero me quería ir. “Dejame bajar, Gustavo”, le imploré.

    Destrabó la puerta y manoteó mi celular cuando quise agarrarlo para salir corriendo. “Dámelo por favor”, le rogué pero bajó por la otra puerta del auto y lo rodeó hasta quedar detrás de mí. “Ahora te lo voy a dar”, pero primero vas a cumplir tus promesas. Y me empujó hacia el auto. Mis tetas quedaron apretadas contra el vidrio de la ventanilla.

    Me bajó la bombacha y me levantó un poco la pollera. “Por favor no Gustavo, ya está. Ya te chupé la pija, dejémoslo acá”, le pedí llorando pero su respuesta fue violenta. Me dio dos fuertes palmadas en el culo, me dejó toda roja. Con uno de sus pies me peteó los tobillos para que abriera más las piernas. Me metió dos dedos en la vagina y los refregó por el culo como para lubricarlo.

    “Pedime que te lo rompa como me pedías en el chat”. Yo estaba inmóvil, tenía esa tremenda vara amenazante en la puerta de mi culo a punto de romperme toda. De ultrajarme. Sentía su respiración en mi nuca y su aliento hediondo. Me metió un dedo en el culo.

    “Pedime que te lo rompa todo”, me repitió. Yo no podía pronunciar palabra. Me tiró del pelo, me levantó la mejilla tirando apenitas de los pelos de la nuca. “Dale putita, te quiero escuchar”, me repitió y su pene ya trataba de hacerse lugar en mi ano.

    “Rompelo, Gustavo, por favor rompémelo todo”, repetí para que no me pegara otra vez. Y su enorme pija me perforó sin importarle nada. El dolor fue tan grande que tuve ganas de morirme ahí mismo. Su enorme verga me había perforado las entrañas y bombeaba como un animal aplastándome contra el auto. “Pedime que siga, que no pare, te quiero escuchar clarito”, me repitió al oído.

    “Dame más Gustavo, rómpete toda, lléname el culo de leche”, dije sin saber el peso que más tarde tendrían mis palabras. Sentí su chorro caliente recorriendo mis intestinos. Siguió bombeando casi por un minuto más. Sólo decía “Vos lo pedís, vos lo tenés zorrita”. Su semen caía por mi entrepierna y hasta me pareció ver sangre. Seguramente me había desgarrado el ano con esa enorme pija y sus malos modales. Me dolía el alma. Recién ahí me devolvió el celular.

    Me subí la bombacha como pude y me acomodé la ropa. Me dolía la cabeza por la trompada y el culo por la violación. Se volvió a subir al auto y antes de irse me hizo escuchar un audio de su teléfono. “Rompelo todo Gustavo, por favor rompémelo todo”, se escuchaba con toda claridad.

    “Ni se te ocurra denunciarme zorrita, porque no te cree nadie de lo puta que sos”, me advirtió antes de que lo viera alejarse, afortunadamente por última vez en la vida. Me sentí muy boluda. Había hecho todo lo posible para terminar como terminé, con el culo roto y la autoestima por el piso. Nadie me iba a creer si hacía la denuncia. Yo preferí el silencio, hasta estas líneas, para recordarles que jugar con fuego siempre deja sus marcas indelebles. Es así la vida, uno es esclava de sus actos y presa de sus palabras.

  • Viendo a mi hermana

    Viendo a mi hermana

    Mi hermana tiene un cuerpo bestial. A mí me calienta espiarla cuando se viste. Es sensual al extremo, y yo soy un pajero ¡tengo que reconocerlo! Me gusta verla cuando se acaricia el cuerpo desnudo, lentamente, cuando juega con sus dedos sobre los pezones hasta ponerlos bien en punta, rozando primero la aureola de sus pezones y luego tirando suavemente con la yema de los dedos ese botón prohibido.

    Percibo su olor a mujer fresca, a hembra en celo, y me masturbo frenéticamente, reprimiendo mis quejidos de placer tras la puerta entreabierta. A veces pienso que ella sabe todo esto y que lo hace a propósito. Y aunque retengo la leche con el puño apretando el prepucio, debo ir a mi cuarto a seguirme pajeando… ¡es tan fuerte esa idea de que ella sabe que la espío!

    Me gusta verla cuando se coloca suavemente sus braguitas, hundiendo la telita blanca y transparente entre sus nalgas. Es que tiene un culo perfecto. Un culo redondo y suave, bien trabajado en el gimnasio, con dos bolas de carnes firmes y paradas, que le dan un aspecto de manzana con piel rosada bajo una cintura fina y atlética, a punto de cortarse. A ella le gusta ponerse esas tanguitas bien chiquititas, bien metidas en el ojete, porque sabe que cualquier pantalón ajustado, cualquier faldita corta va a caerle bien, y quiere calentar, resaltando ese culo de infierno.

    Me gusta verla cuando se cubre apenas con esos corpiños tan delicados, diminutos, transparentes, que marcan bien sus pezones largos y rosados. Sobre todo, esos soutiens que rematan en un diminuto triangulito, una excusa más que tonta para mantener erguidas algo que por naturaleza están bien erguidas, por el físico de mi hermana, por la gimnasia diaria, porque ella solo tiene 28 años. Y ese triangulito de tela no puede retener las aureolas de sus pezones. Mis amigos se calientan mucho con mi hermana cuando ella combina esos corpiños con blusas blancas, con tops claros, pegados al cuerpo. Los pechos son grandes, enormes.

    Me gusta verla cuando se depila, cuando se rasura esa diminuta conchita, ese triangulito del placer que nunca pude llegar a verlo bien hasta el día de ayer, cuando sucedió lo que voy a contarles.

    A ella nunca le faltan novios y menos pretendientes. Terminaba con uno y salía con otro. Es raro verla sola. Esa muy popular en el barrio, en el club, en la universidad. Sin embargo, no es considerada una puta. Es sensual, pero no es una marrana cualquiera. Tiene clase, tiene estilo. Nunca la he visto llorar o sufrir por una pérdida, y sin embargo, me enteré de algunos novios que sí lamentaban que mi hermana los dejara. Y llamaban a casa, y le enviaban flores, poemas… pero ella es muy decidida, y cuando algo no va… no va.

    Sin embargo, los novios solo entraban en casa para buscarla, nunca se quedaban, nunca los traía a almorzar. Mi fantasía recurrente era la de poder verla en acción, en la cama, cogiendo. Quería verla cogiendo, gozando, chillando como una ardilla y si pudiera ser yo quien la hiciera chillar.

    Ayer sábado era para mí el gran día. Había planeado un fin de semana de pesca con mis amigos. Íbamos a salir por la mañana y quedarnos hasta hoy domingo por la noche. Como yo trabajo los sábados, el viernes me quedé hasta tarde trabajando. Por la noche, fuimos a tomar algo con unos amigos hasta la madrugada… y casi sin dormir, el sábado a la mañana recibo un llamado ¡se suspendía la excursión! Hubo un problema de último momento con la camioneta del chico que nos llevaba por costumbre a estas excursiones de pesca… así que con un poco de mal humor, me quedé durmiendo en casa. Mis padres, aparentemente también tenían planes. O sea que en mi casa quedaba mi hermana… y yo, de incógnito. Todos suponían que yo estaba de pesca.

    Qué fin de semana aburrido que me esperaba.

    Cerca del mediodía, me despiertan unas risas, unos sonidos extraños. Mareado como estaba, con sueño, no sabía bien de dónde venían. El oído afinó la percepción cuando involuntariamente… eran voces, gemidos, risas, un machaqueo constante. A hurtadillas me levanté y abrí suavemente la puerta de mi habitación. Venían del cuarto de mis padres. La puerta estaba entreabierta. Y las voces… me eran muy familiares.

    La voz femenina era la de mi hermana… ¿qué hacía ella? ¿con quién estaba? Sus gemidos de goce eran cada vez más fuertes, salvajes, impresionantes… ¡lo estaba haciendo en el cuarto de mis padres, la muy puta! Esto no me lo esperaba, pero se estaba cumpliendo mi gran fantasía… ella pensó que no habría nadie y había traído a alguno de sus novios… ¡¡y yo la podría ver cogiendo a lo loco!!

    Me acerqué despacio, la puerta estaba bastante entreabierta. Adentro había una fiesta infernal. Mi hermana gritaba, yo estaba al palo, saqué la pija del slip que vestía ya que estaba durmiendo solo con eso… y no me animé a mirar. Me imaginaba. Ese machaqueo constante… flap, flap, flap… le estaba dando duro a su amante, a su noviecito, ¡no me importaba quien era! y estaba gritando como loca, ¡no me imaginé nunca que gritaba tanto, con tanto entusiasmo, placer, locura desenfrenada!

    -Aaaah, Siiii… mi papacito… durooo asiii Siii… papiii… dame más… Aaaah… ahhh aha ahhh… mmmfff… más, más, más… toda, toda, dámela todaaa…

    El flap, flap, flap parecía una ametralladora. La puerta del cuarto de mis padres daba a los pies de la cama matrimonial, así que traté de escabullirme y ver el cuadro, pero podía ser visto. Empujé la puerta suave, traté de mirar por la cerradura… pero no, no era suficiente. Me deslicé en cuatro patas, entrando apenas al cuarto… desde allí abajo era difícil que me vieran.

    Estaba muy caliente para pensar en los riesgos… y no podía esperar mucho más, porque mi hermana acabaría en cualquier momento. Vi los pies de un hombre en el respaldo inferior de la cama, con los talones hacia abajo… o sea, que mi hermana estaba saltando como un resorte sobre el tipo. El flap, flap, flap, era el culo de mi hermana chocando contra los huevos del noviecito… asomé mi cabeza lentamente, y por suerte mi hermana estaba de espaldas a mi, mirando al tipo. Lo que vi… me impresionó.

    No era mi hermana, era un culo rebotando como un resorte. Unas manos peludas, duras, maduras y seguras la sostenían de las nalgas y la ayudaban a rebotar sobre esa estaca.

    Era una estaca, no una simple pija, era un caño duro y enhiesto, parado y grueso, que entraba y salía casi en su totalidad en la concha de mi hermana, que se abría como una flor babosa para recibir las embestidas (o embestir, claro…) esa pija desmesurada, caliente, venosa. Era como una película porno, pero mejor. Mi vista era espectacular. Miraba el delicioso coño de mi hermana acariciando y tragándose ese pene. Los labios rosados y llenos de un líquido blanco, el néctar de mi hermanita, lustrando ese pedazo de carne infernal. Las bolas del tipo, rojas al máximo, con algunos pelos sucios por el sudor y el flujo de la perra que tenía encima, golpeteaban contra el ano desflorado.

    Era la primera vez que podía ver el ano de mi hermana, y me di cuenta enseguida que estaba desflorado. La abertura rosada, ahora toda abierta para mi, parecía desgarrada, y con un líquido blanco chorreando… el hijo de puta del novio se la había culeado primero, y razón no le faltaba. El culo de mi hermana estaba más infernal que nunca, y yo lo tenía ahí, en primera vista, abriendo y cerrando, subiendo y bajando, dejando entrar y salir un trozo de carne grueso como un salchichón…

    El ritmo comenzó a acelerarse, y las manos del tipo estrujaron más el culo de mi hermana, acompañando el frenesí descontrolado de esa vagina insaciable, corrupta, elástica, que se tragaba sin remordimientos. Yo me había olvidado de pajearme, teniendo esa vista tan loca… pero seguía al palo, y mi pene rozaba el respaldo de la cama… miraba las manos del tipo arañando ese culo intocable para mí, y observé como el muy sucio tenía una alianza de oro… ¿mi hermana con un tipo casado? Por los pies, las piernas, los dedos, ya me parecía algo grande… ¿un profesor de la facultad? La muy turra estaría aprobando exámenes… no podía imaginarme que. Pero el ritmo aumentaba salvajemente, y de pronto, empezó a gritar, girando el culo como si estuviera revolviendo con una cuchara el café de una taza…

    -Aaahhh… Siii… que lindooo tu lechita papiii… aaagghhh….. mmmhh… llename, llename, llenameee!

    Y mientras hacía esto, arqueaba la espalda, dejando su cabello caer casi hasta el comienzo de su cola… y luego se dejó caer sobre el tipo, que también dejó de apelmazar el culo de mi hermana, aunque la estaca humana quedó enterrada dentro de los labios vaginales que seguramente esperarían a que se achicharre toda… seguían los gemidos, la respiración agitada y profunda, y yo bajé mi cabeza para salir de allí cuanto antes sin que me vean… cuando sentí la voz del tipo.

    -Ay mamacita… menos mal que tus padres y tu hermano se fueron y nos dejaron solos para vivir este momento en casa… te amo… te amo…

    -Te amo, tío.

    ¡Mi tío se había cogido a mi hermana! Yo no entendía nada, pero no pude más, y me paré, apenas vestido con el slip y salí corriendo a la calle, con tremenda erección…

    Espero les haya gustado, y agradezco sus comentarios y algún consejo de cómo puedo cogerme a mi hermana, les agradecería mucho. Pueden escribirme a [email protected].

  • El poder de mis manos

    El poder de mis manos

    Era 1978 en Lima y en mi barrio de Breña vivían muy cerca a mi casa don Genaro que era taxista y su esposa Ángela, él siempre jugaba ajedrez en la puerta de su casa y era muy bueno y les ganaba a todos con quién jugaba siempre, yo estaba a su lado todas las tardes luego de venir del colegio viendo todas sus jugadas y aprendiendo del mejor luego de unos meses también resulte muy bueno en el juego ganando a todos menos a él.

    Cuando cumplí los 18 años al fin logré ganar a don Genaro y tuvo que aceptar su derrota al final, Ángela sus esposa era japonesa y había sido botada por su padre al no aceptar que se enamore y se case con un hombre que no era de su raza, ella para colaborar con su esposo lavaba y planchada ropa para gente de la calle a señoras de dinero.

    Yo les ayudaba cuando podía porque era muy buenos conmigo y además ya eran los dos personas mayores, algunas veces yo entregaba los paquetes con la ropa lavada y planchada a sus clientas a domicilio. Además la señora era muy buena dando masajes y también daba ese servicio algunas veces a sus clientas y yo como buen observador que soy también viéndola fui aprendiendo a dar masajes.

    Una tarde llego una clienta a recoger su ropa y la señora Ángela estaba algo malita de salud y don Genaro me dijo que no la deje sola, porque él iba ir al mecánico porque su carro estaba fallando, cuando se le entregó sus paquetes con su ropa limpia la señora le pidió que por favor le hiciera unos masajes como la otra vez porque estaba muy adolorida y estresada.

    -Señora Bibolotti hoy no me siento bien discúlpeme usted…

    Yo sabía que el dinero adicional por el masaje a pagar lo necesitaba mucho la señora Ángela así que cuando vi que la señora ya estaba por irse me atreví a decir que yo podía darle los masajes ante la sorpresa de ella pero luego preguntó si era cierto que sabía.

    -Señora Bibolotti lo conozco desde hace años y es un buen muchacho y si él sabe dar muy bien los masajes porque lo aprendió de mí.

    Ante lo dicho por la señora Ángela ya no le quedo dudas a la clienta y entró a un cuarto que había sido acondicionado y detrás fuimos los dos, la cliente era una mujer de 42 años de cabellos rubios y ojos celestes de 1.70 de altura aproximadamente de una belleza natural.

    Cuando se quitó el sacón que llevaba puesto vi que tenía unos senos grandes pero tenía que disimular la emoción que empezaba a sentir, un rato tuve que salir afuera para que se pusiera cómoda siendo ayudada por la señora Ángela.

    Cuando ya debía entrar para dar los masajes me agradeció la señora Ángela por ayudarla y no pierda ese pago que no esté nervioso que ella estaría ahí para indicarme cómo hacerlo. La clienta estaba echada boca abajo en la camilla y cubierta con una toalla grande que dejaba al descubierto sus hombros.

    Debajo de la toalla se había quedado sólo en ropa interior, mis manos empezaron a tocar su cuello tenía una piel suave mis dedos hacían una leve fricción en la nuca y luego de unos minutos hice lo mismo cuello y hombros sus músculos estaban tensos y fui bajando a la espalda y todo lo hacía ante la atenta mirada de la señora Ángela.

    Todo su cuerpo era masajeado por mis manos espalda brazos y sus piernas era duras y bien formadas ya tenía una erección que por más que lo evite no lo conseguí.

    -Tenías razón Ángela si sabe dar masajes es muy bueno el jovencito es como si tú me lo estuvieras dando si deseas puedes irte ya que te veo que estas muy cansada.

    Pero la señora Ángela no se quiso ir diciendo que estaba bien y tuvo que insistir varias veces la señora Bibolotti y tenía razón cuando la vi sus ojos se veían bien cansados así que dije que tenía que ir a descansar que no se preocupe que ya estaba por terminar y tuve que ayudarla a llegar a su dormitorio y regrese donde la clienta inmediatamente.

    -¿Ya está Ángela en su dormitorio?

    -Si señora ya está descansando y tomó sus pastillas.

    Seguí dándole masajes en la espalda pero ahora ella me dijo que soltara el brasier color blanco talla 36C para que pueda hacer mejor el masaje, con mucho nervios luego de un rato logré abrir el broche y ella levantó un poco su cuerpo y sola lo sacó dejándolo a un lado.

    -No tengas miedo ahora si deseas puedes tocarme por todo mi cuerpo quiero unos buenos masajes. Sino no voy a pagarte.

    Ahora mis manos recorrían toda su espalda y llegaban a tocar algo de sus senos enormes ya estaba con una fuerte erección que ya me dolía por la presión que hacía en el pantalón, mis manos bajaron hacia sus caderas ella abrió las piernas inmediatamente para que meta mis manos en medio cuando mis dedos tocaron su trusa se notaba húmedo ya por su lubricación.

    -Por favor no te detengas ohh… sigue quiero sentir tus dedos ahí… ohhh…

    Ya no tuvo que volver a repetir porque les baje la trusa hasta las rodillas y luego se lo quité y obedecí a sus deseos por primera vez tocaba a una mujer en lo más íntimo sus labios eran rosados y su vello púbico era castaño usaba mi dedo para sobar su sexo.

    -Ohhh… siii ohhh… siguee… ohh… yaaa… ohhh… ayyy…

    Mi mano se mojó con sus jugos vaginales cuando llegó a tener un orgasmo, todo era nuevo para mí parecía como si se hubiera orinado y mojó también la camilla y toalla.

    (Continuará…)

  • Al cuidado de mi sobrina

    Al cuidado de mi sobrina

    Fueron muy difíciles los momentos de mi separación. Me deprimí a tal punto que adelgacé casi diez kilos. Marisa me había dejado porque se había enamorado de un compañero de trabajo. No hubo discusiones ni discursos inútiles. Cuando llegué del trabajo, ella tenía la valija preparada y sólo me había esperado por un mínimo respeto que aún nos teníamos a pesar de que llevábamos mucho tiempo distanciados, casi sin dirigirnos la palabra. Hasta ese día estaba convencido de que ponerle punto final a ese calvario era lo mejor que me podría pasar en la vida. Sin embargo y tal vez por mis reminiscencias de hombre herido, que no pude aguantar el hecho de ser abandonado. Y encima por un pendejo.

    Debo confesarles que estaba hecho una piltrafa. Me había dejado crecer la barba y siempre estaba desprolijo, con las camisas arrugadas y los cuellos de mis camisas sucios. Mis amigos, los pocos que me quedaban, me evitaban porque ya estaban cansados de mi hermetismo y mi silencio casi sepulcral. “Olvidate de esa turra y dale para adelante, que mujeres hay a montones”, me aconsejaba cada uno que se creía con derecho a hacerlo. Y lo más triste, es que todos se creían poseedores de soluciones mágicas. Yo estaba muy, pero muy amargado. No me resultó fácil ponerle punto final a casi 20 años de matrimonio. Comencé a fallar en mi trabajo y eso generó una desconfianza general hacia mi profesionalismo que me condenó a un segundo plano casi inevitable. Tengo 44 años, soy ingeniero y trabajo en una multinacional, en el área de comercialización. A esta altura de mi vida, un despido significaría casi una muerte civil.

    Para completarla, la hija de puta de mi ex mujer y su noviecito leguleyo, me hicieron un juicio de divorcio en el que perdí hasta los calzoncillos. Y como Marisa había heredado de su madre la casa en la que habíamos compartido la vida conyugal, no tardó en pedirme que me fuera. “Te la hago corta –me dijo el pendej – o te vas en una semana con todo lo que quieras o te iniciamos otro juicio y vas a tener que pagar los gastos y mis honorarios. La escritura lo dice clarito, era de su vieja”. Me dejó con una calentura tal que tuve que contenerme para no ir a buscarlo y cagarlo a trompadas.

    En una semana era imposible alquilarme algo, así que llamé a una de mis hermanas para ver si podía parar unos días en su casa. Marta tenía 50 años, era viuda y compartía con su única hija de 23 años, un piso enorme que le había dejado su difunto marido. Mi sobrina se llamaba Alejandra, estudiaba publicidad y ese año había vuelto a vivir con su madre porque dos meses antes de casarse decidió dar marcha atrás, a pesar de que ya había entregado las invitaciones. Ale, o la Negra, como le decían en la familia, era una morocha cautivante, con ojos color del tiempo. Cuando había mucha humedad o se avecindaba una tormenta, su rostro resplandecía porque sus ojos variaban de color según el ángulo o la luz con el que se los mirara.

    Pero no sólo era bonita de cara, Alejandra tenía un cuerpazo espectacular y siempre estuvo acompañada de los mejores hombres. Infinidad de veces le ofrecieron trabajo como modelo, pero ella siempre se negó. Aunque se supo cuando conmocionó a la familia con la suspensión de su boda, que esa negativa era más de su novio que de sus propias convicciones. Todos pensamos que Alejandra iba a esta muy deprimida, pero ocurrió todo lo contrario: desde que volvió a lo de su madre, mejoró en sus estudios, consiguió un puesto importante en una agencia y ya le faltaba poco para comprarse su propio departamento y así volver a rehacer su vida sola. Con el novio con el que se iba a casar había convivido tres años, por lo que le había perdido el rastro en los últimos tiempos.

    “Marta, necesito que me des alojamiento por unos días. La mano está dura con los alquileres y prefiero buscar algo que me guste para no arrepentirme dentro de un mes”, le comenté a mi hermana. Me dijo que no tenía inconvenientes, pero me pidió que mis pertenencias las llevara a un depósito para no complicarle la vida. Empaqué lo más rápido que pude mis pertenencias y llamé a una empresa de mudanzas para que a la mañana siguiente pasaran a buscar mis cosas y las guardaran hasta que yo consiguiera algo estable.

    A la mañana siguiente esperé a los de la mudanza y una vez que estuvo todo arriba del camión, me tomé un taxi para lo de mi hermana. Toqué el timbre y me contestó Alejandra. Cuando me abrió la puerta me dejó sin aliento. Estaba con un conjunto negro, que marcaba bien sus dos pechos perfectos. La falta era corta y sus muslos bronceados me provocaron una leve erección. Ella se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo afectuoso. Pude sentir todo su cuerpo pegado con el mío y me avergonzó el hecho de estar calentándome con mi sobrina, pero había logrado que mi pija se pusiera a mil y tuve que moverme hacia un costado por temor a que ella lo notara. “Tío, me contó mamá que vas a estar con nosotros unos días. Estás muy flaco, pobrecito. Acá te vamos a alimentar bien. Voy a hacer todo lo posible para que no estés tan mal como me han comentado”. Todo esto lo decía con sus dos manos apoyadas en mi cara, dándome besos en la frente. Tuve que contenerme para no besarla en la boca. Esta mocosa me estaba devolviendo las ganas de vivir y desde ese primer momento en el que llegué a lo de mi hermana, supe que mi vida volvía a tener sentido. “Te agradezco, porque la verdad es que estoy destruido”. Y esta vez fui yo el que la abrazó con fuerza y no me importó que notara mi excitación..

    Gracias a una conversación profunda que tuve con uno de los gerentes de la empresa, logré recuperar posiciones. Le pedí que me diera una semana para acomodar mis cosas, con la promesa de que iba a regresar renovado. Marta me ubicó en el cuarto que tenía reservado para los invitados. Estaba justo enfrente al de mi sobrina y bastante alejado de la habitación de mi hermana. Tenía una cama de una plaza y media, un televisor, una reproductora de videos y un equipo de música. También había un teléfono y un escritorio con una computadora, que supuse podría ser de Alejandra.

    Me mudé un viernes y ese fin de semana estuvimos mucho tiempo juntos Marta, Alejandra y yo. Mi hermana trabajaba en un consultorio médico y durante la semana prácticamente estaba solo por las noches en la casa. Salía del consultorio a las seis de la tarde, pero siempre se quedaba charlando con sus amigas y no aparecía hasta las siete o las ocho. Alejandra no le creía mucho ese cuento de las amigas y me confesó que pensaba que su madre había conseguido un novio, pero que no se animaba a presentarlo por temor a que ella se enojara. “Una boluda la vieja, se cree que no me di cuenta que le cambió el humor desde la atienden bien”. A mí el comentario me dejó helado, pero me hice el distraído.

    Ese lunes salí a ver un par de departamentos, pero se largó a llover a media mañana y decidí volver al departamento hasta que cesara la tormenta. Además, desde allí aprovecharía para hacer algunos llamados que tenía retrasados por todo el asunto de la mudanza y la separación. Entré a lo de mi hermana con muchas ganas de hacer pis y como creí que no había nadie, saqué mi pija antes de llegar al baño. Empujé la puerta con mi mano derecha y con la izquierda sostenía mi miembro para evitar pérdidas de tiempo. No pude evitar el encontronazo con mi sobrina, que estaba sentada en el inodoro, con las piernas abiertas y la bombacha a la altura de los tobillos. No llevaba nada puesto arriba, excepto un corpiño transparente que dejaban ver sus senos paraditos y duros. Se notaba que recién acababa de bañarse, porque todavía tenía el pelo húmedo. Sus hombros eran una invitación permanente, al igual que su cuello erguido. Bruscamente traté de guardar mi miembro, que a esa altura ya había adquirido dimensiones considerables, y de retroceder, pero ella se quedó inmóvil, como disfrutando de mi torpeza, con sus ojos de tigresa clavados en mi entrepierna. “Qué pasa tío, nunca viste a una chica meando”. Me guiñó un ojo y comenzó a orinar. “Ahora la estás viendo”, me desafió y soltó una carcajada. Esa pendeja me había dejado muy caliente, pero sentí pudor y preferí irme.

    Afortunadamente, ese martes pude firmar un contrato por un departamento. Pero como la imagen de Alejandra me atormentó durante toda la jornada, preferí no comentarles nada durante la cena. Mi sobrina estaba espléndida. Bajó a comer después de darse un baño. Se había puesto una musculosa blanca, unos pantaloncitos cortos súper ajustados y el pelo recogido. Las gotas de agua recorrían sus hombros. Me pareció que no llevaba ropa interior y fue difícil concentrarme en la comida porque no pude quitarle los ojos de encima en toda la noche. Para evitar que ella lo notara, llevé mis manos a la frente, apoyé los codos en la mesa y me froté los ojos. “Tío, estás cansado, por qué no te vas a acostar. Si querés yo te llevo un té”. Acepté la oferta y me dirigí a mi habitación. Mi hermana también se fue a la suya. Mi sobrina se levantó hacia la cocina. Me excité otra vez cuando vi cómo se acomodaba el pantaloncito, que se le había metido en la cola. Tenía un culo bien redondito y duro. Carne joven para un veterano con muchas guerras encima.

    Alejandra golpeó suavemente la puerta y le dije que pasara. Yo me había recostado boca abajo, tapado con la sábana, pero sólo en calzoncillos. Me preguntó si me sentía bien y si quería que me hiciera masajes. Sin que yo pudiera hace nada, me pidió que me quitara la remera y que pusiera los brazos debajo de mi cabeza. Sus manos eran muy suaves. Primero me acarició el cuello, pero de a poco fue realizando movimientos imperceptibles con las yemas de sus manos en mi espalda. Mi erección era incontrolable, pero ya no me importaba. Me preguntó si me molestaba que me acariciara la cola. Le dije que no. Me bajó lentamente los calzoncillos y con sus manos comenzó a jugar. Yo estaba súper excitado. La punta de sus dedos hacía contacto con mi miembro cuando deslizaba sus manos por mis nalgas. “¿Y esto qué es?”, me preguntó ya directamente después de tomarlo entre sus manos y recorrerlo con sus dedos. “¿Puedo probarlo?”, susurró. Asentí con mi cabeza y me di vuelta para poder apreciar tremendo espectáculo. Ella recorría una y otra vez con su lengua todo mi glande y acto seguido lo hacía desaparecer por completo en su boca. Succionaba hasta quedarse sin aire y después lo llenaba de saliva para que sus manos no opusieran ninguna resistencia.

    Hice fuerza para no acabar y pude contener el orgasmo. Le pedí que se quitara la musculosa para poder chuparle las tetas. Se la sacó y también dejó a un lado el pantaloncito. Su sexo olía muy bien, estaba muy mojada. Se inclinó sobre mi pene y me ofreció su hermosa concha depilada para que le hiciera una buena lamida. Gemía sin hacer demasiado ruido, para evitar que mi hermana nos sorprendiera, pero temblaba como una poseída cada vez que llegaba a un orgasmo. La puse en cuatro y apoyé la cabeza de mi pija en su entrada. Entre su excitación y mis besos, logré penetrarla sin resistencias. Ella empezó a moverse como una loca. Le mordí el cuello y eso la puso más loca todavía. Daba grititos pequeños, pero gemía sin parar y eso me excitó mucho más. “Ahora la quiero en mi culo, Tío”. La saqué de su vagina y la apoyé en su botón diminuto. “Nunca lo hice por ahí”, me dijo y eso me excitó más aún. Entré suavemente y evité moverme por unos minutos para evitar que le doliera. “Me encanta que me la des por el culo”, me dijo cuando ya habíamos tomado un ritmo de ida y vuelta. Le llené el culo de leche. Cuando saqué mi polla, ella me la limpió con sus labios. “Te dije Tío que te iba a atender bien”.

    Estuve toda una semana cogiendo con ella. A veces entraba al baño, me comía la pija y se iba golosa con la boca llena de leche. Demoré un poco la mudanza porque esa pendeja era un volcán en erupción. Recién la noche anterior a volver al trabajo les avisé que había conseguido un nuevo departamento. “Tío – me dijo cómplice Alejandra—tranquilo que yo lo ayudo con la mudanza”. Y me siguió comiendo la pija casi por dos meses hasta que se puso de novia y me pidió que la cortáramos.

  • (16) La muerte

    (16) La muerte

    A pesar de mi corta edad, y en mi mente sin cultivar ya habitaba el horror y esto no es ficción. Supongo que todo el mundo ha probado las clases de sueños, dicen que soñamos cada vez que dormimos y que unas veces nos acordamos y otras no, no lo comparto, una vez pregunté el porqué de esa afirmación y la respuesta fue que no siempre la memoria nos lo permite, algo así como una medida defensiva. Pasemos a la actualidad y 1 de noviembre.

    Los cementerios se han llenado, las flores dominan con sus colores, barullo y desorden, incluso suciedad como rastro al final del día, las papeleras no son suficientes, papel que el viento pasea por las calles ya desiertas, llega la noche de ese día 1, de nuevo mi lógica ¿por qué?, si por qué se inventó esa “fiesta”. No me importa la causa ni el origen, todo es vulgaridad y falsa moneda.

    Hace tiempo, quizá ocho años, fui a charlar con mi padre, murió joven, le cuento cosas de la familia, supongo que se revuelve, lógico y normal, y poco antes de que cierren me despido, le digo que no sé cuándo volveré, ya que me muevo por impulsos no por costumbre, me comprende, supo lo raro que me fui haciendo.

    Una vez vi lo que llaman reducción de restos, abrieron una sepultura temporal y la pala del camión fue sacando de todo, y todo mezclado. Tierra oscura, trozos podridos de madera, telas, huesos y demás detritus y aunque estaba lejos, si noté cambio en el ambiente, el olor empezó a ser raro, con las mismas me tapé la boca y nariz, y me alejé en dirección a las pequeñas rachas de viento.

    Vi lo suficiente para pensar en la muerte. En varias pesadillas que tuve de muy pequeño, viví momentos complicados. Y muchas de aquellos pasajes que no comprendí debido a la edad, empecé a comprenderlo, y nada de vidas pasadas ni tonterías como esas, y en el caso de que fuera cierto, la memoria dicen que está alojada en nuestro cerebro, si precisamente certifican la muerte cuando el cerebro deja de funcionar ¿Dónde queda esa información?, y debido a eso y más detalles, tengo dejadas instrucciones, no quiero ser enterrado, que entreguen mi cuerpo al fuego. Pienso que es mejor pasar mucho calor y terminar de verdad, ya que nada queda a estar metido en una caja y a unos metros bajo tierra y me asalta una duda y no es descabellada ¿y si no estás muerto?

    Los forenses desde hace tiempo, te tapan todos los agujeros de tu cuerpo, lo hacen para que no dejes escapar gases, aunque estés en la exposición de la sala y herméticamente cerrada.

    Puedes estar dormido, yo pensaba que esos forenses se cercioraban de que no vives, pero no, sé que ha enterrado a gente viva y que seguirá haciendo, es un misterio como puede ser esa realidad y yo no quiero ser un candidato a sufrir esa experiencia, por tanto es mejor el fuego y más limpio, mis restos en un urna serán esparcidos entre los pinos donde crecí, incluso llevé a cabo algo que siempre quise, echar un polvo en la ladera de la montaña, a 1.500 metros de altitud.

    Y hace unos pocos años, en el puerto de Cotos salí de duda, empezaba el otoño y esa mañana de lunes, decidimos salir de dudas, ambos dos habíamos pedido el día de asuntos propios, y tan propios. Pero eso no corresponde al tema que estoy tratando, volvamos al camino.

    Y pienso en la muerte, en mi muerte….

    Sensación de ahogo leve, pulsaciones sin ritmo, alteradas, hormigueo en las extremidades, sequedad en la boca y garganta, incapacidad de movimiento y miedo, mucho miedo, no sé qué me pasa y de la duda paso a la certeza, me estoy muriendo.

    Me han dejado sin conocimiento con un golpe en la cabeza, chispazo y oscuridad, en este caso no hay chispazo y la oscuridad es diferente, recuerdo ver sobre fondo negro una especie de finas estrellas sobre fondo azulado, y recuperar el sentido dentro de una atmosfera asfixiante y fuerte dolor en el lugar del golpe, y tengo otra experiencia anterior, la primera con siete años caí por el hueco de la escalera de mi casa, tres pisos, casi cuarenta metros, en esa caída el sistema nervioso central cerró la sesión, cuando me solté de la barandilla se hizo la oscuridad, desperté casi treinta horas después en el hospital.

    Pero la llegada de la muerte no se parece en nada a lo que he contado. Todo el cuerpo se desajusta y el cerebro procura que no te interés, he visto a gente horas antes de morir y su estado físico es muy parecido.

    Hay una salvedad que ya contaré en otro momento, y es cuando la gente sabe que se está muriendo y cuando vas a visitarla, te coge de la mano, o de la muñeca, te clava sus garras, te hace daño y es cuando te roba vida, y eso me ha ocurrido con el padre de un amigo, además un maligno, mi padre en sus últimos días hizo algo parecido pero no con la fuerza de ese hombre.

    Tu mente ya no la controlas, eres el alojamiento de un montón de vísceras que empiezan a fallar debido a que no les llega nada, al margen del deterioro por la edad y mientras los médicos te meten calmantes, solo eso, procuran que no sientas dolor al morir, aunque la muerte no duele, es un pequeño paso, el aliento se detiene, así de simple.

    Esa frase, no me eches el aliento. Es cuando estás muy próximo y aseguro que ese aliento huele a podrido, algo así, a putrefacción que parte del interior, ya hay zonas muertas que empiezan el proceso, esa bolsa que escondemos en nuestro cuerpo se empieza a romper, lombrices le llaman.

    Hay veces, aunque ignoro la causa ya que oí ese tema desde lejos y me largué, no me interesaba lo que estaban hablando esos enfermeros. El caso era de un tipo que le picaba el ano, y le hicieron una exploración, había pequeñas lombrices amarillentas, eso fue todo lo que escuché y cuando murió una anciana vecina, una de sus familiares, hablaba de ese saco, como le llamó ella, parece que su descomposición empezó muy rápido debido a la alta medicación que le dieron, si recuerdo el día que fui a verla, tenía puesta una mascarilla y su respiración era muy agitada.

    Ya no escuchas nada, es lo último que se pierde, el oído y por mi experiencia, fue lo primero que recuperé ante de despertar del coma que tuve, que puse antena y ese silencio me asustó, pero no, escuché pasos, deduje que sabían que me había despertado como así fue.

    Y sé que hay una especie de duermevela pero con efectos retroactivos, no en tiempo real. Tardas en cortar la comunicación, supongo que el sistema nervioso es el último en desconectar, es decir te quedas sin fluido eléctrico y ya no sientes tu cuerpo, este se empieza a enfriar lentamente.

    El alojamiento de todo ya no sirve, por tanto te has quedado sin sombra, esa donde se aloja el mal. El espíritu sigue a tu lado y el alma se desintegra, se deshace, y una parte queda en la sombra, ya que mientras haya cuerpo el espíritu se queda cerca, es desahuciado sin sentido, no está de acuerdo y con el paso del tiempo desaparece, dicen que está cerca de la tumba, pero no deja de ser un mito.

    Ahora estás dentro de un cajón, y con un montón de tierra encima, el frío ya es intolerable, y pasan los días y de repente abres los ojos, respiras, no, no respiras, no sientes nada, solo es mental, nada físico, y te das cuenta de que estás vivo, pero no sientes el cuerpo, pero si el frío y quieres salir del cajón, pero horror, has muerto de cáncer y no lo recuerdas, y estás dentro de un envoltorio de cinc, y las juntas están selladas con un soplete, imposible arañar el cajón y la tierra, no hay salida.

    Conoces el terror en la mayor de sus dimensiones, pero algo o alguien te habla, igual que cuando dormías, de vez en cuando alguien te habla, piensas que eres tú, pero no, es algo que parte de los recuerdos, sin llegar a ser pesadilla y se parece a un reflejo de imposibilidades por tu parte, cosas que rechazas y errores cometidos.

    Te habla y te dice que si puedes escapar, que no precisas respirar, ni beber, ni comer, ni follar, ni nada físico. Precisas de concentración subliminal, te preguntas que coño es eso, tú no estás para esos detalles tan precisos y esa trasmisión te dice que tu cuerpo produce humedad y esa humedad se queda en el cinc y que el cinc es un metal, y esa humedad produce óxido, y ese óxido puede provocar fisuras en el metal, y esa es la salida.

    Piensas que pasa con la tierra y la lápida, esa transmisión te dice que el proceso se repite de la misma forma. Que la fina grieta del cinc, se irá agrandando y la tierra irá llenándola, y es cuando llegarás a la lápida, y tendrás que buscar en la junta, algún fallo, que le habrá y repetirás lo mismo, esa especie de humedad que eres hará su trabajo, y escapará de la tumba.

    Pero al salir no estarás solo, tu espíritu te espera y este te acoge en su interior, pero no a la humedad, a tu nube, te ha desprendido de ella, ahora eres un ente. Y como tal eliges.

    Como eres un ignorante, está cómodamente instalado en algo que te protege, eres casi invisible, pocos ojos humanos o la percepción de algunos pueden descubrirte, y es cuando puedes elegir, entre vivir un mundo paralelo al humano invisible o terminar con todo.

    Y el ente en que habitas te responde, te dice que para terminar con todo, debes quedarte en el cementerio, rodeado de muerte y de entes y espíritus vacíos, y el paso del tiempo es el final, desgasta lo invisible como lo visible y se desintegra con una especie de coloración boreal. Ya no existes.

    ————

    No se puede descartar que esté en un error, que todo sea lo contrario, que no puedes salir y ese tiempo hasta que te han comido, no sé por dónde cogerlo, terror se queda corto.

    En el Impero Romano, los niños asistían a clase de muerte, les llevaban a que contemplaran como moría los ancianos y heridos por accidentes, incluso soldados. Tanto ellos como ellas a pesar de su corta edad veían la fragilidad que era la vida.

    —————

    Dedicado a mis amigos desaparecidos. (Causa) y edad.

    Tétanos (armas) 14. Infartos (cazador) 28. Cáncer (cazador) 26 (Ferroviario) 25. Fueron la causa, todos jóvenes, no llegaron a los treinta.

    ¿Quién o que maneja nuestro paso por la vida?

    No pueden ser dioses, la definición de lo que deben ser es falsa, pienso que un todo poderoso no puede hacer las cosas tan mal, y lo digo por una causa.

    No existiría el mal.

  • Maestra particular

    Maestra particular

    Seguramente, muchos de ustedes comprenderán mi situación ni bien los ponga en foco y para eso bastan unas pocas líneas: me llamo Agustín, tengo 37 años, soy arquitecto. Trabajaba en la empresa de mi ex suegro, pero hace unos meses que estoy desocupado y me cuesta horrores la manutención de mis hijos. Me divorcié el agosto pasado y salvo ponerme al día en el tema sexual, mi vida no ha cambiado demasiado desde entonces. Tengo dos hijos: Guillermo de 9 y Florencia de 7. Viven con su madre los días de semana y los sábados y domingos conmigo.

    Cuando me separé, me alquilé un apartamento pequeño, de dos ambientes, baño y cocina, cerca de la casa de mi ex mujer. Lo que más me costó de todo era perder el contacto cotidiano con los chicos y pensé que viviendo cerca el desarraigo iba a ser más leve. Ellos se enojaron con mi decisión de poner punto final a mi matrimonio, pero pude construir una nueva relación más saludable con ellos y recuperar los años que sentía haber perdido con una mujer que ni siquiera me excitaba. Precisamente por un problema de polleras fui despedido de la empresa del padre de mi ex mujer, pero no me arrepiento porque para mí comenzó una nueva vida.

    En diciembre del año pasado, Pamela, mi ex mujer, tuvo que ausentarse del país por cuestiones de trabajo. Me pidió si me podía mudar a su casa durante esos quince días para que me hiciera cargo de los chicos durante su estancia en el exterior. Yo tenía algunos asuntos, pero me gustó la idea. Mi terapeuta me aconsejaba constantemente que intentara tener una separación sin roces con Pamela para que no repercutiera en la relación con mis hijos. El tema de los bienes y los alimentos fue simple: ella se quedaba con la casa y mi ex suegro me descontó directamente del suelo lo que fijamos en la audiencia de conciliación. Cómo vivíamos cerca, los sábados a la mañana nos encontrábamos en la esquina del parque y ella me entregaba a los chicos. Un beso en la mejilla, cero reproches y vida tranquila.

    Por el tema del divorcio, los niños habían experimentado notorias bajas en sus rendimientos. Por lo tanto, tuvimos que ponerles profesores particulares. Guillermo iba a un instituto de inglés y Florencia tenía clases particulares con una maestra a domicilio.

    El primer día que tocó el timbre, me quedé varios segundos alucinado, sin poder pronunciar una palabra. Medía 1,77, tenía las caderas anchas y la cintura angosta y un par de redondeces que se le salían por la parte superior del escote. “Soy la maestra de Florencia, Pamela me avisó que ibas a quedarte unos días. Me presento: soy Lorena y vengo para ver si puedo hacer estudiar a tu hija”: ciertamente que este ese pedazo de hembra daba ganas de encerrarse en un escritorio.

    Tenía un pelo ondulado, castaño rojizo y no debería superar los 23 o 24 años porque su piel no denunciaba ninguna arruga. Su boca era grande y sus dientes blanquísimos contrastaban con sus labios pintados de color púrpura. Todo en ella era sensualidad e seducción y olía a rosas.

    La pendeja me había puesto como loco, pero no podía hacer nada sin saber cuál era la relación real con mi ex esposa. Me puso la verga dura cuando se agachó en el escritorio para ver las tareas de mi hija y sus enormes pechos se balancearon con sensualidad hacia adelante. No llevaba sujetador y casi se le escapa un pecho por el costado de la musculosa. Yo estaba en el sillón del living haciendo que leía el diario, pero no podía quitarle los ojos de encima a esa yegua.

    De pronto sentí que me llamaba. Le dijo a mi hija que la clase había terminado, la alzó, le dio un beso y la mandó para la habitación. Evidentemente tenía una muy buena relación con mi ex así que tenía que actuar con inteligencia para no quedar como un boludo. Así que no intenté nada.

    “Agustín – me dijo con tono serio a pesar de su carita angelical—vamos a tener que intensificar las clases de esta chica. Siento que no entiende y falta muy poco para el examen”: Le dije que no había problemas y combinamos en que vendría el sábado a la mañana y el domingo a la tarde. Yo les había prometido llevarlos a la cancha, pero estaba seguro de que entenderían.

    El sábado cuando abrí la puerta me quedé helado. Lorena se había puesto un vestido floreado, bien apretado al cuerpo y lo suficientemente cortitos como para que sus piernas lucieran mucho más esbeltas. Tenía unas sandalias blancas, de esas que se atan al tobillo y me sorprendió un tatuaje que tenía en el hombro derecho. Se había atado el pelo con una colita y sus hombros estaban apenas cubiertos con las tiritas del vestido. Tenía anteojos para sol y escuchaba música con Spotify.

    Sin darme cuenta mi pija se había puesto dura contemplando ese terrible culo y un par de tetas que sobresalían del vestido con dos puntos a la altura de los pezones. Traté de taparme con el periódico para no pasar un papelón. “Hola Bebé, me parece que a vos también te vendrían unas buenas clases de apoyo”, me dijo con picardía.

    Lorena se había levantado levemente los lentes y tenía sus ojos apuntando hacia mi pantalón. Subió la mirada y cuando llegó a mí, me guiñó el ojo y soltó una carcajada después de pasarse la lengua por los labios y mordérselos con actitud desafiante. Mi pija se puso más dura aún.

    Lorena advirtió mi presencia en la sala contigua al escritorio. Me quedé ahí esperando a ver si este minón me tiraba de nuevo alguna onda. Jugado por jugado pensé, a la mierda si tiene una buena relación con mi ex esposa, si me quiere coger, a coger y que se acabe el mundo.

    Estaba seguro que después de mi erección matutina ella se estaba divirtiendo jugando conmigo. Sus movimientos eran sexys, se acomodaba a cada rato el pelo y sus tetas sobresalían aún más. Tenían una forma hermosa, yo las miraba subir y bajar. De tanto en tanto le explicaba con voz sensual los ejercicios a su hija y se ponía el lápiz en la boca, sugerente. Noté también que me buscaba con la mirada. Yo me hacía el boludo, y seguía leyendo el diario.

    Con la excusa de buscar un libro en la biblioteca, se subió a una silla, se puso en puntas de pie y me dejó ver todo su culito bien formado. Cuando estaba por bajarlo, se le fue de las manos y se le cayó. Al caer rompió varios adornos de los estantes. Fue mucho más ruido que nueces, pero me sirvió como excusa para entrar al escritorio a ayudarla.

    “Me duele por acá”; me dijo señalándose la entrepierna. Y con una de sus manos, agarró una de las mías y se la apoyó en uno de sus muslos, bien cerca de su pelvis. Pude sentir el calor de su sexo y largó un gemido cuando le rocé la bombacha con uno de mis dedos.

    Advertí que esta mocosa estaba muy caliente, pero no podía hacer nada con mi hija allí adelante. Después de esos segundos, los más largos de mi vida, la tomé de las muñecas y la ayudé a incorporarse. Ella se tambaleó y me tomó por el cuello con sus dos brazos.

    “Agustín, disculpá, pero estoy un poco mareada”. La senté en una silla y le traje agua. Cuando se sintió recuperada, le pedí un taxi para que la llevara a su casa. Me preguntó si podía venir a la tarde, le dije que encantado pero que mis hijos no iban a estar porque se iban al zoológico con mi hermana.

    “¿Y vos te vas a quedar solito?”, me preguntó otra vez con tono de perra antes de subirse al taxi. Le respondí afirmativamente y cuando se fueron los chicos, me tiré en la cama con la intención de hacerme una buena paja.

    Había arreglado con mi hermana que se quedara con los chicos hasta el domingo a la tarde. Me los traería a la hora en la que Lorena había combinado con Florencia la clase del día siguiente. Yo estaba muy caliente, así que me preparé un baño y me puse a ver los avisos clasificados para conseguir alguna mujer para esa noche.

    Tenía toda la casa de mi ex para mí, pero había decidido dormir en mi departamento para evitar cualquier encuentro con mis ex vecinos. Cuando salí de la ducha, escuché el timbre. Maldije porque pensé que algo les había pasado a mi hermana y a mis hijos, pero afortunadamente estaba equivocado. Era Lorena, con el mismo vestido, pero con el pelo suelto. Yo estaba solo cubierto con una toalla y le pedí que pasara y me esperara mientras me cambiaba.

    “¿No querés que te seque?”, me preguntó cachonda. Y deslizó su mano por debajo de la toalla hasta encontrarse con mi pija erguida. “A ver qué tenemos por acá. En Anatomía esto se llama pene: objeto delicioso que las mujeres amamos comernos para ponerlos más duros”, enunció.

    Dicho esto se arrodilló ahí mismo en el palier y mi pija le quedó a la altura de su nariz. “Huele rica, está recién bañada”, dijo. “Secámela, pero con la boca. Ella se desató el vestido por el cuello y dejó caer su parte delantera.

    Sus pechos se liberaron y como estaba haciendo presión con sus dos brazos, no pude resistir la tentación de tratar de acomodar mi pene en la canaleta que se formaba entre teta y teta. “Te voy a secar con la lengua y los pezones”, me avisó.

    Y con suma suavidad fue recorriendo todo mi cuerpo con sus pechos y su boca. Sentía reventar. “¿Te gusta? ¿Hace cuánto que no te coges a una pendeja?”. Le respondí que una eternidad y le pedí que me la chupara de una vez por todas.

    Ella obedeció. Se quedó jugando un buen rato con mi pija que estaba tiesa y húmeda. Lorena era una experta mamadora, cada tanto le gustaba metérsela hasta la coronilla y la iba sacando lentamente. Estuve tentado en hacerle comer toda mi leche, pero aguanté porque quería cogérmela sin esperar más.

    “Ahora vas a tener que dar el oral, a ver si sos un poco menos retraído que tu hija”; me susurró mientras me empujaba hacia el sillón, se subía por el lado del respaldo y me envolvía con sus dos piernas a la altura del cuello. Su sexo era suave y sus jugos chorreaban. Tenía un aroma dulce. Me sentí todopoderoso al ver cómo había puesto a esta pendeja con dos o tres toques de la punta de mi lengua en su clítoris.

    Cuando ya me pedía por favor que la penetrara, la tomé de la cintura y la dejé caer al lado mío. Me coloqué detrás de ella y le metí la lengua en sus orejas, algo que la puso todavía más caliente.

    “Metémela Agustín, necesito sentir dentro mío esa pija hermosa y dura que tenés. No aguanto más, cogeme por favor”, decía entre gemido y gemido. Apoyé la cabeza de mi pija en su cuevita y empujé suavemente. Lorena gritaba como una loca y me atraía con sus manos en el culo para que la penetrara con más fuerza. “Dámela con fuerza, haceme ver las estrellas hijo de puta”.

    Yo bombeaba con fuerza y le apretaba los pechos. Tenía los pezones erectos y si los estrujaba con fuerza, dejaban salir unas gotas de leche. “¿Cómo te dejó ir Pamela con esa pija, ¿qué bien que me cogés lindo? Sentí como acabo sobre tu juguete”. Dicho y hecho, sentí las contracciones de su cuevita caliente en mi pija. Se chorreó toda me la dejó más lubricada todavía. Sus jugos caían hasta mis huevos.

    Tuvo una sucesión de orgasmos y mientras acababa me clavaba las uñas en los cachetes del culo. Le dije que quería acabarle en el medio de sus tetas y la idea le encantó. Se arrodilló en el piso, tomó con sus dos manos los redondos pechos y acomodó uno a cada lado de mi miembro. Mientras, con su lengua jugaba en mi glande y succionaba para que yo sintiera la presión en mis testículos.

    Me escupió la pija y empezó a masturbarme con sus tetas. Con sus dedos me masajeaba el culo y sólo pude aguantar unos minutos. Le avisé que estaba por acabar y ella abrió la boca, sacó la lengua y me dijo: “Quiero probarla bebé, seguro que es tibia y ácida”.

    Descargué varios días de abstinencia en plena cara y le manché todo el pelo. Ella seguía con leves movimientos de su cabeza la dirección de mis chorros y cuando los atrapaba con la lengua se los tragaba poniendo cara de viciosa.

    Esa tarde cogimos tres veces más. La última en la cama de mi ex esposa, lo que terminó por condenarme a ser un desocupado más. A eso de las tres de la mañana, Lorena se había puesto en cuatro patas y yo me la estaba cogiendo por atrás. Sentí el ruido de las llaves y efectivamente era mi ex que había regresado un día antes porque no había más pasajes para el lunes.

    Me hizo un escándalo, le contó todo a su papá y me mandaron el telegrama de despido. De la indemnización, me descontaron lo de los alimentos y acá estoy. Al menos, todos los sábados a la tarde, Lorena viene a mi casa para ponerme al día con las lecciones de sexo, algo en lo que es verdaderamente una maestra.

  • Nuestra amiga argentina se folla a un amigo de su ex

    Nuestra amiga argentina se folla a un amigo de su ex

    Ahora se me dio por contar todo de golpe, estoy en casa medio embolada, desde la mañana que estuve en la pileta y ya me embolé, así que me vine a mi cuarto a contar otra de las cosas que hice en este tiempo.

    Se acuerdan que les conté que después de pelearme con mi novio lo cague con dos de sus amigos, el se entero y me odia. En realidad quería probar eso que dicen que “un pelo de concha tira más que una yunta de bueyes” o algo así, es decir, hasta que punto un amigo puede cagar a otro cogiéndose a su ex, porque a pesar de yo lo largue y él me seguía queriendo y me rogaba por volver, ¡y yo nada!

    A la semana, más o menos de pelearnos paso esto: Mi ex tiene, bah, ahora tenía un amigo, que siempre me gusto, porque son de los que me gustan a mi, rubiecito, pocos pelos, lomo bien marcado y bastante alto y grandote.

    La cosa es que él es psicólogo y yo para recibirme me faltaba dar una materia que tiene mucho de psicología infantil, y yo no entendía un carajo y siempre me decía que cuando quisiera el me explicaba, pero la cosa quedo en nada…

    Hasta que un día (después de pensarlo un par de días y de calentarme con la idea, con la fantasía de saber que podía pasar), decido ir a su casa, pero sin avisarle nada, cosa que me daba más adrenalina, porque no sabía si iba a estar, o estaría ocupado, o la cara de sorpresa que pondría cuando me viera.

    Una cosa, que a ustedes, les embola (como digo siempre), pero las chicas me van a entender: LA ROPA, jeje, era fundamental, ponerme algo, sugestivo, pero no en bolas, pero que me pudiera poner en bolas enseguida, sin problemas, jeje

    Entonces me pongo un vestido cortito, pero no en bolas, de esos que se abrochan de adelante, con mil botones, no me pongo corpiño, pero si bombacha.

    La cosa es que llego, toco el timbre le digo que soy Caro, me pregunta si pasa algo, le digo que no, que venía por lo de Psicología y me hace subir.

    Nada, entre, hablamos boludeces, me siento en un sillón con las piernas cruzadas, y ahí empecé a “jugar jeje”, cuando me siento lo hago de tal forma que el vestido me quedo casi de cinturón, re cortito, casi en bolas, mostrándole bien ¡mis piernas! Y su mirada fue inevitable, me la clavo en las gambas.

    El se sentó al lado mío, empecé a reírme de las boludeces que decía y mientras me reía le ponía una de mis manos en sus piernas, ya lo estaba calentando, me di cuenta que mucho no entendía, pero seguimos así, yo me mostraba media regalada, y me gustaba hacerlo y el estaba desconcertado.

    Hasta que en un momento se levanta para traerme un café, cuando lo veo venir, yo también me paro y la cosa fue más o menos así.

    Yo: decime la verdad, ¿por qué siempre me miraste de una manera distinta?

    El: nada que ver Caro, te miré como la novia de mi amigo (y ya se estaba poniendo colorado).

    Yo: pero un poquitín te gusto, ¿o no?, decime la verdad.

    El: Caro, te miré como la novia de mi amigo, nada más.

    Entonces pase a la etapa dos jeje: me empecé a desabrochar el vestido, dejando entrever mis tetas y que no tenia corpiño (en bolas no me puse, pero me lo desabroche bastante, para que me viera los costados de mis tetitas y que no tenia corpiño, eso de ponerme en bolas me calienta ¡y mucho!), y le digo:

    Yo: ¿y ahora como me ves? (y decir esto me calienta ¡más! jeje)

    El: Caro, no, por favor, ¡no me hagas eso! No seas guacha.

    Y mientras me el me decía eso, yo me seguía desabrochando el vestido, hasta que mis tetitas quedaron al aire, y mi misión se cumplió jaja

    Me parte la boca de un beso, me pongo en puntas de pie, para poder besarlo (como les conté es bastante alto y grandote), y ahora el me empieza a desabrochar el vestido, y mientras me lo saca (y yo me dejo sin problema) yo le pongo mi manito sobre el jean y ya la tenía ¡re parada!

    Le desabrocho el jean, se lo bajo y le empiezo a tocar la pija por debajo del bóxer, mientras el me empezaba a tocar la cola y a meter mano por todos lados, y yo con mis gemidos le decía que me gustaba ¡lo que me hacía!

    Me agacho, me pongo de rodillas, le bajo el bóxer, y muy despacio, le empiezo a besar las piernas, se las acaricio, sigo con los huevos acariciándoselos, y besándoselos, así un rato, hasta ¡que la pija le explotaba!

    Empecé a pasarle la lengua en la puntita, a jugar con la puntita de su pija y mi lengua, ¿me explico?, se la empiezo a besar y después, cuando vi que no daba más se la empiezo a chupar, me agarra la cabeza y me la hace tragar, me atraganto (la verdad es que tenía una muy linda pija), y se la sigo chupando un rato, hasta que me paro, me pongo otra vez en punta de pies, nos besamos, me cuelgo de su cuello (el entendió enseguida lo que quería).

    Me agarra de las piernas y me pone en el aire (¿me explico?), esa posición me encanta, me pone re loca que me cojan asa en el aire parados los dos, pero ya era tarde para pedirle que se ponga un forro, yo estaba re mojada, y así en el aire me empieza a coger, me la ponía de tal manera que me hacía saltar sobre su pija (la verdad es que jamás, pero jamás pensé que me iba a coger tan bien), y así estuvimos un rato hasta que primero acabe yo, quede destruida, el solo me sostenía hasta que me lleno la concha de leche, pero me la lleno, es ¡re lechoso el guacho!

    Nos sentamos en el sillón, no había mucho que hablar, no sabíamos que decir, con la leche que se me iba saliendo de la concha, el se la ponía en el dedo y de ahí a mi boca y yo la chupaba toda, yo hacia todo lo que ¡el quería!

    El guacho estaba re desatado, al rato agarra mi mano y la pone sobre ¡su pija!, se le paró enseguida, lo empecé a pajear, así media acostada, ¿me explico?, y el me empieza a poner un dedo en la cola, dos dedos, y yo se la chupaba y gemía, y me decía: “sos re puta caro” y yo le decía que si, que iba a ser su puta (siempre me calienta decir eso), y que iba a ser sola de el.

    Con la fuerza que tiene, me agarra, el sentado en el sillón, me pone arriba de el y empiezo a cabalgar sobre su pija, mientras el me comía las tetas hasta que me hace acabar ¡de nuevo!! Y otra vez ¡a los gritos!, pero yo seguía caliente, y le decía: “cógeme más puto, segui cogiéndome” (no se pero estar dejándome coger por un amigo de mi ex, me hacía sentir bien puta y eso me calentaba mucho).

    Me da vuelta, me empieza a chupar la cola, me la besa, me mete la lengua en la cola, un dedo dos, y siento que me empieza a poner su pija (pero era digamos de un tamaño que un poco asustaba), pero no me importaba, creo que el sabia que la tenia grande y me la fue metiendo muy de a poco, no se cuanto tiempo habrá estado pero fue bastante, hasta que mi cola se dilato bien y me empezó a coger bien ¡por la cola!, hasta que siento que me la empieza a llenar de esa leche calentita, mientras yo movía mi cola para todos lados y eso me hizo acabar ¡otra vez!

    “Caro”, me dice, “sos insaciable, nunca pensé que eras ¡así!”, y yo le digo: “así ¿Cómo?, decímelo con todas la palabras”, y me dice: “ así de puta”, pufff, me calentó más eso, lo empiezo a besar, bajo por ese cuerpo bien marcado que tiene hasta que termino en la pija, se la empiezo a chupar de nuevo y al guacho se le para otra vez y le digo: “ vos no te quedas atrás guacho, se te vive parando” y me dice: “ lo que pasa es que me calentas, y si tenes razón ¡siempre tuve ganas de cogerte!”, se la sigo chupando, hasta que estaba por explotar, no hizo falta decir nada, solo abrí bien la boca, con la lengua se la acariciaba hasta que me la lleno de leche la boca, y así con la pija en la boca se la seguí chupando hasta dejársela ¡bien limpita!

    Nos quedamos en silencio, abrazados en bolas en el sofá, como que ya había terminado todo, pero a mi me gusta jugar hasta el límite hasta dejarlos bien sequitos, se la empece a tocar de nuevo, con esfuerzo se le paró, y me la clavo en la concha, esta vez lo cogí yo, empiezo a saltar sobre esa pija, lo beso, me toco las tetas, pongo cara bien de puta, hasta que acabo de nuevo, el también pero ya con poca leche.

    Bueno la cosa es que era difícil explicar lo que habíamos hecho, bah, lo que yo había ido a buscar, hasta que me dice: “Caro esto queda acá, no quiero quilombos y lo de psicología lo dejamos para otro día, pero te aclaro, sos una putita hermosa, no entiendo como el forro de mi amigo no siguió con vos”, y le cuento que yo fui la que dijo basta.

    La cosa es que me vestí y me fui, pero como ustedes son unos boludos el se lo conto a otro amigo y este a mi ex, y así fue como se enteró, y yo bien de guacha le dije que si, que me lo había cogido ¡y cogía mejor que el!, ¿para que?, menos puta me dijo de todo, que se vaya al carajo jeje

    Pero la cosa, es que después de eso me mando un par de mensajes (el amigo de mi novio) y cogimos un par de veces más hasta que un dia le dije que ya basta, me gusta hacer eso dejarlos bien calentitos, total quien me coja no me hace falta jaja, ¿está mal?

    Otro día les contare como me deje coger por otro amigo de el.

  • Mi madre me prefiere ahora a mí

    Mi madre me prefiere ahora a mí

    Soy Renzo, tengo 20 años y mi hermana 2 años menos, mi madre tiene 45 y mi padre 40.

    Desde que era pequeño me ha gustado saber sobre sexo. Escuchaba a mis padres cuando lo hacían, solo que entonces no sabía que era eso. Vamos, que no sabía que era el sexo.

    Así cumplí los 18, y me eché novia. Cuando lo hicimos por primera vez, le pedí que se pusiera ella encima, pero estaba tan perdida como yo, y no disfruté mucho, aunque me corrí fuera de ella. No teníamos condones.

    Dos años más tarde, ocurriría lo que quería contaros. Mi madre estaba trabajando y mi padre también. Cada uno tenía un trabajo distinto.

    Serían las once de la mañana o así cuando sonó el móvil. Era mi padre, me llamaba para decirme que mi madre se había caído al suelo y creían que se había roto una pierna. Su voz era preocupada, pero me dijo que me tranquilizara. Estaban esperando la ambulancia. Mi padre se iba para el trabajo de mi madre en ese momento.

    Mi hermana tenía clase, y en un principio me puse tan nervioso que no se me ocurrió avisarla.

    Me vestí y salí corriendo para el trabajo de mi madre.

    Cuando llegué, mi madre estaba sobre la camilla y estaban subiéndola a la ambulancia. Me cogió de la mano y me dijo que estuviera tranquilo, que no le dolía mucho. Yo imaginé que sí, que debía dolerle mucho y más dependiendo de qué hueso se hubiera roto.

    Se fueron en la ambulancia y yo cogí un taxi hasta el hospital.

    Después de unas horas nos dijeron que se había roto la tibia y parte del peroné. Tendría que esta escayolada una temporada.

    Dos días más tarde volvió a casa. Aunque ya era julio, mi padre tenía que seguir trabajando. Cogería sus vacaciones en agosto, por lo que mi hermana y yo tendríamos que pasar casi todo el día con ella ayudándola.

    A los pocos días, mi hermana no estaba mucho por la labor, la verdad y en cuanto podía, se largaba con su novio.

    Los primeros días, mi padre pudo ayudarla a meterla en la ducha, porque lo hacían por la noche, pero luego me pidió que la ayudara yo a meterla en la ducha a eso del mediodía, antes de comer.

    Yo estaba cortado, nunca había visto a mi madre desnuda, aunque ella lo hizo todo más fácil.

    Se puso un plástico en el yeso y una bata, ya sin ropa y el primer día la metí sin problemas y ella antes de salir, volvió a ponerse la bata. Todo perfecto.

    Una semana después, estaba meándome y salí corriendo al baño. Después de orinar, me dio por tocarme y empecé a masturbarme, mi madre estaba sentaba con la pierna en alto en el salón, viendo la tv. Me senté en la taza, mientras terminaba de llegar al orgasmo.

    En ese momento, oí como algo golpeaba la puerta, era la muleta de mi madre que tocaba para entrar. Se me había olvidado echar el pestillo y estaba abriéndola. Me di la vuelta e intenté taparme la polla, pero ella ya estaba dentro, cuando empecé a eyacular.

    Al verme así, se giró y salió de nuevo. Yo no sabía dónde meterme.

    Cuando me atreví a salir del baño, ella seguía en el sofá viendo la tv, como si nada.

    Cambió de canal y en la pantalla salió una película donde una pareja hacía el amor. No cambió de canal mientras seguían haciéndolo y cuando la escena terminó, apagó la tv.

    -Tu padre me ha contado que nos has visto haciéndolo. Y sonrió.

    Yo no dije nada.

    -Mi niño es un voyeur.

    No sabía dónde meterme. Si con mi padre me daba corte, con mi madre era peor.

    -Te has pasado unos años mirándonos. ¿Cuantas pajas te habrás hecho con tu madre, eh?

    -Mamá, no digas eso. Ninguna.

    Ella se quedó mirándome con deseo. Estaba claro que me había visto la polla tiesa.

    No volvió a decir nada y terminamos de ver la película. Luego me dijo que estaba muy cansada y que la ayudar a acostarse. Así lo hice.

    A la mañana siguiente me desperté tarde. Estaba medio empalmado y después de mear con dificultad, no me la meneé, me fui a desayunar.

    Estaba con el desayuno, cuando mi madre me llamó.

    La saqué de la cama y me pidió que la llevara al baño. Dejó la muleta a un lado y me dijo que le bajase el pantalón del pijama y las bragas. Era raro, porque siempre lo había hecho ella sola.

    Pude ver su coño depilado aunque no quisiera, porque se quedó de pie sobre la taza antes de sentarse.

    Iba a salir, pero me pidió que me quedara y que la ayudara a limpiarse. Aquello se estaba poniendo muy feo.

    Después de lavarnos las manos, me dijo que le apetecía ducharse antes de desayunar. Se quedó en pelotas delante de mí sin cortarse.

    Se agarró a mi hombro para meterse en la ducha y pude verla por primera vez de frente, desnuda, como dios la trajo al mundo. En mis escapadas nocturnas solo había podido verla de espaldas.

    Aquello fue lo más. Tenía dos tetas de al menos una talla 100, grandes, caídas un poco, pero suficientes para poner la polla de un adolescente tiesa como un mástil, aunque este fuera su propio hijo.

    Ella lo hizo aposta y me dijo que nos ducháramos juntos.

    -Mamá, que dices.

    -Anda hijo, métete conmigo en la ducha.

    Yo intenté huir, pero ella me arrastró dentro. El agua caía sobre mí, vestido y me bajó el pantalón del pijama y el calzoncillo y pese a su rotura de tibia y peroné, se inclinó y me chupó la polla. Una chupada tierna, suave, de una madre a su hijo.

    No duré mucho y me corrí sobre su cara, aunque fue lo mejor, porque en ese momento la puerta de casa se abrió. Era mi hermana que volvía de juerga.

    Yo salí corriendo de la ducha y mi madre se limpió la cara con el chorro.

    -La próxima vez quiero tenerte dentro, me dijo en voz baja, con una cara de viciosa increíble.

    No iba a tardar mucho en estar dentro de ella.

    Esa misma tarde, después de comer todos juntos, mi hermana me dijo que se iba con su novio al cine. Mi padre había quedado con unos compañeros a terminar un trabajo, aun le quedaba casi todo el mes para terminar de trabajar.

    Al final mi madre y yo nos quedamos solos en casa.

    Mi madre llevaba un vestido vaporoso por el calor. La escayola también debía de darle mucho calor. Estábamos viendo una serie algo rollo. Yo estaba empezando a cabecear. Entonces mi madre me habló.

    -Voy a hacer palomitas. Ayúdame a levantarme.

    Me levanté y me giré para ayudarla a bajar la pierna y pude ver cómo abría un poco sus piernas. La muy guarra no llevaba bragas. Ya no recuerdo si se las había puesto cuando salió de la ducha.

    Me fui para la cocina con ella e hizo que se caía y se agarró a mi culo.

    -Vamos cariño, me dijo, quiero que me des tu polla.

    -Mamá, por favor, eres mi madre. ¿Qué estás diciendo de mi polla?

    -Quiero que me folles. Que me folles bien, mi niño.

    -¿Pero es que es papá no te folla bien?

    -Muy bien, pero quiero probar las dos pollas de mis hombres.

    Aun así, metió una bolsa de palomitas en el microondas, y luego me bajó el pantalón del pijama y el calzoncillo, dejándome desnudo de cintura para abajo.

    Intentó agacharse a chupármela, pero no le fue posible como en la ducha, le dolía la espalda.

    Yo me quedé mirándola y decidí hacérselo fácil. Subí de culo a la mesa de la cocina y como si fuera yo el que se lo comiera a ella, le facilité la labor.

    Mi madre chupaba y chupaba mi polla. Yo estaba en el cielo, pero si ella quería probarla dentro de verdad, no iba a permitir correrme ahora.

    La eché para atrás, y me levanté. La pegué contra la lavadora y la levanté el vestido. Como no llevaba bragas fue fácil.

    Ni siquiera pensé en usar condón con ella. No sabía si tomaba la píldora, pero imagino que sí, no vi el brillo del condón cuando los veía follar.

    Cogí mi polla con la mano y la guie a la entrada de su coño. Separé sus labios con mi otra mano y los acaricié. Mi madre se mordía los labios. Sobé su clítoris, y se la metí despacio, lentamente.

    Cuando estuve dentro del todo, me miró con cariño y me besó en la boca. Estaba muy excitado y solo podía pensar en bombear.

    Comencé a follármela. Había encendido la lavadora, aunque sin ropa. No me preocupé de si podía romperse o no.

    Con su vestido subido por ella, y mis empujones, aquello era super excitante. Me olvidé al poco de que estaba follándome a mi madre, la que me había dado la vida.

    No duramos mucho, la verdad. Cuando la lavadora empezó a temblar, yo estaba a punto de terminar.

    Mi madre me miraba con cariño, mientras se moría de gusto.

    Terminé de follármela, y mientras tenía su orgasmo, me agarró fuerte y me clavó las uñas.

    -Mi niño, mi niño, aaaah, que gusto me das, que gustooo.

    -Mamá me corro, me corro…

    -Si, si, siii.

    Los dos acabamos casi a la vez. Acabamos exhaustos, pero satisfechos.

    Me limpié el pene y luego mi madre me llevó al salón.

    No sabía que tenía pensado.

    Me sentó en el sofá y como pudo, se sentó sobre mí.

    -Métemela ahora por el culo. Tu padre nunca quiere hacérmelo así.

    Yo no sabía dónde meterme. ¿De verdad me estaba pidiendo que se la metiera por el culo? No podía creerlo. Ni en mis más retorcidas fantasías podría haber imaginado algo como eso.

    Pero no podía hacerlo así. Necesitaba lubricante. La levanté como pude de mí y me fui al baño. Busqué en los cajones del armarito y encontré una crema que creí que podría servir.

    Volví con ella y volvió a sentarse sobre mí, de espaldas. Mojé un dedo con la crema y se lo metí despacio por el culo. Al principio le dolió, pero luego entró todo. Evidentemente mi polla no era mi dedo, por lo que no sabía que daño podía hacerle.

    Ella seguía animándome y finalmente, con la polla bien lubricada, se la metí.

    Mi madre gemía, pero de dolor no de placer, pero seguía subiendo y bajando sobre mí.

    A los cinco minutos, ya no le dolía, porque empezó a jalearme.

    -Mi niño, me folla el culo, mi marido no quiere. Si, si, siii, fóllame el culo. Fóllamelooo. Me corro cabrooon. Me corrooo.

    Sus fluidos me salpicaban, se estaba corriendo pero bien.

    Yo aguantaba mucho después de mi corrida. Creía que iba a romperle el culo, pero no era así. Se deslizaba mi polla toda dentro de él.

    -Me follas, decía casi sin voz. Me follas el culo, el culo, el culo de tu mami, siii, siii, me voy, me voy, mi niño me folla el culooo, aaahhh.

    Termino de moverse y mi polla eyaculó fuerte. Aún tenía leche dentro.

    Se salió de mí y se giró.

    -Ojalá tu padre nunca coja vacaciones, me dijo, y que no me quiten la escayola en mucho tiempo.

    Aquello fue fantástico. Tenía a mi madre loca por mí y como dije: Mi madre me prefiere ahora.

    Para Lara, mi más fiel lectora.