Autor: admin

  • Los inmigrantes (II)

    Los inmigrantes (II)

    Llegó por fin el tan anhelado día. El martes de la siguiente semana a la que nos habíamos contactado por primera vez acordamos que yo recogería a Catherine y a su esposo en la estación de buses. Luego de los iniciales reconocimientos y saludos nos dirigimos en mi carro hacia un motel cercano que previamente había seleccionado. Catherine se sentó al lado mí en la silla delantera y su esposo atrás.

    Durante el trayecto me sentía un poco nervioso y al mismo tiempo no dejaba de mirar las hermosas piernas morenas de Catherine que surgían de debajo de un diminuto vestido rojo carmesí que contrastaba perfectamente con el color de su piel. La miré a sus ojos y ella me respondió con una ligera sonrisa. Al mismo tiempo nos miramos su esposo y yo por el retrovisor, y entonces le pregunté por su nombre para romper el hielo: “Manuel” me contestó

    Habíamos llegado al motel. Subimos a la habitación e inmediatamente Catherine entró al baño.

    “Ella es un poco demorada. Pero vas a ver. Se está poniendo a punto” me dijo Manuel.

    Iniciamos entonces él y yo una conversación sobre todos los temas. Él hablaba también de su experiencia en el mundo swinger acerca de la cual yo no tenía mucho conocimiento. Me dijo que en Venezuela ellos tenían varios contactos y lo hacían porque les gustaba pero ahora en Colombia por su situación económica habían tenido que recurrir a cobrar.

    De pronto apareció Catherine con una diminuta tanga roja que dejaba al aire todos sus atributos. Era en verdad una hermosa morena con sus curvas sinuosas y sus muslos y nalgas voluptuosas que sugerían una poderosa sexualidad a flor de piel. Me sentí excitado casi que de inmediato y al principio con algo de timidez comencé a acariciarla y a besarla en su boca. Me quité mis pantaloncillos y la abracé fuerte contra mí. Ella al sentir mi desnudez me apretó aún más y quedamos entrelazados en un apasionado beso.

    Mientras tanto, Manuel su esposo nos miraba y metiendo su mano izquierda bajo su pantaloncillo comenzó a masajear su pene hasta que éste emergió como un asta de su ropa interior. Era de un tamaño enorme, tan grueso que lo hacía ver como si fuera de corta longitud. Me imaginé de inmediato la fantasía de tener a Manuel penetrándome con aquel miembro mientras que yo penetraba a su mujer.

    Manuel se nos acercó y nos dimos entonces los tres un beso. Continuamos así abrazados un rato hasta que decidí bajar para explorar oralmente aquellos cuerpos. Comencé primero con Catherine quien ya desnuda exhibía su vagina completamente depilada. Acerqué mi lengua a su clítoris y comencé a lamerla con fruición.

    Luego pasé a la verga de Manuel. Me la introduje en la boca. Casi no me cabía. Manuel entonces empezó a moverse para que su verga entrara rítmicamente afuera y adentro, afuera y adentro… uf. Me llegaba hasta la garganta y me daban ganas de trasbocar pero así continué por algunos minutos.

    Luego nos acostamos los tres y entonces ella me preguntó como quería penetrarla. Le dije que inicialmente en la posición de misionero. Habíamos hablado previamente del uso del condón en nuestras relaciones, pero en ese momento me di cuenta de que era tal nuestro grado de excitación que tácitamente prescindimos de su uso de inmediato. Mientras tanto Manuel nos miraba y se masturbaba. Cambiamos de posición y ella se quedó en cuatro con sus nalgas al aire dejando ver por detrás su orificio anal.

    “Como quieres que te penetre?” le pregunté a ella

    “Como te guste” me contestó. Inicialmente seguí clavándola por la vagina. Cada movimiento de sus caderas me excitaba más y más. Luego unté los dedos de mi mano derecha con un poco de lubricante y le pasé mis dedos untados por su culo, metiendo primero el índice, luego el del centro y por último el anular para luego meterle los tres.

    Luego saqué mi miembro de su vagina y la penetré analmente. Fue algo sensacional. Aquellas nalgas sonaban como cachetadas cada vez que yo me movía dentro de su ano. En ese momento sentí que algo entraba por mi culo. Era una sensación algo extraña pues por mi posición no podía saber que me estaba penetrando. Me imaginé que era Manuel hasta que me volteé y lo vi con un consolador en su mano izquierda mientras que con la derecha se masturbaba.

    Continué así hasta que eyaculé sobre los pechos de Catherine. Luego Manuel también se vino y nos quedamos los tres, exhaustos acostados sobre la cama. La experiencia había sobrepasado mis expectativas. Les dije que me había gustado mucho y acordamos que deberíamos repetirla otro día.

    En la próxima entrega les contaré mis nuevas experiencias.

  • Somnofilia

    Somnofilia

    Cuando Daisuke abrió los ojos, lo primero que notó fue el color azul. La habitación estaba bañada en un frío resplandor azul de la primera luz de la mañana de otoño, el sol ni siquiera se elevaba sobre el horizonte todavía.

    Cuando inhaló profundamente, lo segundo que notó fue el olor característico de humanidad masculina. El olor agridulce despertó sus sentidos mientras se frotaba los ojos con sueño.

    La tercera cosa que notó fue la falta de calor a su alrededor. Se acercó a su lado para ver una pequeña mata de pelo negro debajo de las sábanas y se encontró sonriendo en adoración.

    Se volvió a unir a la forma dormida y se acurrucó alrededor de Ken, apoyándose en su espalda con un brazo sobre su cintura y el otro apoyando su propia cabeza hacia arriba. Enterrando su nariz en el espeso y negro cabello y deleitándose con la forma en que su barbilla hacía conexión con aquella pálida piel inconsciente.

    —Oye…

    Ken no reaccionó su saludo para gran consternación de Daisuke, quería atención, prosperó con la atención de Ken, gruñó para sí mismo mientras tomaba su cerebro como una forma de despertar a su novio, sus pensamientos viajaron a la noche anterior, cuando Ken no podía mantener sus manos y ojos alejados de él. Ya sea por la forma en que su aliento caliente recorría los muslos internos, o la forma en que su lengua viajaba en la manga donde la cadera se encuentra hasta el muslo, o incluso cuando las rodillas de Ken estaban sobre los hombros de Daisuke cuando enterraba su rostro entre las piernas, definitivamente tenía toda la atención de Ken anoche.

    En ese momento supo lo que quería hacer.

    Su boca se pegó a la nuca del cuello de su chico, trazando castos besos por su espina dorsal mientras la mano en su cintura viajaba hacia un pezón. Escuchó un suspiro de respiración en un patrón por lo demás estable y sonrió contra la piel cicatrizada. Su mano viajó desde el pezón de Ken hasta su ombligo y no pudo controlar su risa cuando empujó suavemente el ombligo allí. Escuchó un gruñido desagradable y decidió que tal vez debería pasar de esa actividad en particular por el momento. En lugar de enterrar su mano un poco más abajo, optó por arrastrar sus dedos por el interior de los muslos, provocando un gemido casi inaudible.

    Animado por los sonidos que escapaban de los labios de Ken tan de buena mañana, Daisuke respiró aire caliente en la parte posterior del cuello de su mejor amigo mientras su mano cubría la polla medio dura con calzoncillos finos. Un suave zumbido viajó a través de los labios separados de Ken, provocando también un zumbido de Daisuke, los dientes clavándose en su labio inferior.

    Comenzó el lento descenso por el cuerpo, todavía a tientas con su polla casi totalmente erecta mientras se deslizaba más abajo, finalmente desapareció bajo las mantas, girando el cuerpo de Ken hacia él ligeramente, este dejó escapar un suspiro vocal, extendiendo su brazo hacia el lado de la cama de Daisuke solo para sentir las sábanas calientes y un espacio vacío donde su amante había estado segundos antes.

    De alguna manera había logrado ubicar a Ken sobre su espalda correctamente. Alcanzó su punto máximo desde debajo de las sábanas para verle aún dormido, pero volviendo a la conciencia lentamente. Observó que una de las manos estaba ligeramente enredada en su propio cabello mientras la otra seguía buscando un cuerpo cálido a su lado, nunca superó lo deslumbrado que se sentía al mirar a bello y pálido novio.

    Dejó caer las sábanas sobre su cabeza y comenzó a tocar suavemente la rótula de Ken, con las manos subiendo por los muslos a cada lado. Sonrió contra la carne cuando sintió una leve contracción debajo de él y escuchó un gemido desde arriba. Recorrió la boca perezosamente por el muslo musculoso hasta que su lengua se encontró con un hueso afilado de la cadera, mordió la protuberancia, sabiendo muy bien que era uno de los puntos débiles de Ken. Este conocimiento solo se confirmó más cuando presionó sus pulgares sobre cada cadera y recibió un fuerte impulso en el aire y un gemido aún más fuerte de su chico

    El aliento caliente se redujo hasta que finalmente se encontró con la punta de la ahora increíblemente dura erección de Ken. Con las manos aún agarrando los huesos de la cadera, Daisuke pasó su lengua por la cabeza ligeramente, y casi pudo sentir que las manos de Ken comenzaban a abrirse paso sin siquiera verlas.

    —Daisuke…

    Sintiéndose validado al escuchar su nombre, tomó la cabeza de la polla de Ken en su boca que esperaba.

    Un empuje violento y luego su nombre de nuevo.

    Ken, ahora muy consciente, hizo una bola con las sábanas que tenía en la mano y las arrancó de sus dos formas. Daisuke ofreció una sonrisa descarada antes de arrastrar su lengua desde la base hasta la punta.

    —¿Cómo supiste que era yo?

    Los ojos de Ken se pusieron en blanco ante la burla obvia:

    —Reconocería tu boca en mi polla en cualquier situación.

    Daisuke solo zumbó antes de tomar la polla en su boca una vez más, presionando su lengua contra el fondo. Sintió una mano en su cabello y levantó la vista para ver a la cabeza de Ken echada hacia atrás con placer, necesitaba contacto visual, afirmación, frunció el ceño de una manera casi cómica antes de tomar la longitud tan lejos de su garganta como pudo.

    —Dios… eres tan travieso con mi cuerpo..

    La cabeza de Ken se movió hacia adelante, sus ojos se encontraron. Daisuke comenzó a menear la cabeza a un ritmo constante, aplicando una buena cantidad de succión a medida que avanzaba. Solo cuando la mano en su cabello se tensó, soltó y soltó la polla con un toque lascivo.

    La mano de este viajó a la cara de Daisuke, su pulgar presionando contra la almohadilla de la lengua del chico mientras su otra mano sostenía su rostro firmemente por el cabello.

    —¿Te gusta chuparme, amor?

    Asintió con un zumbido. La boca de Ken se torció en una sonrisa y su pulgar dejó esa pequeña boca caliente con un silenciador. Daisuke sintió calor en su ingle mientras el pulgar viajaba sobre su barbilla y bajaba por la columna de su cuello.

    —Tócate a ti mismo.

    Eso era todo lo que Daisuke necesitaba. Se agachó y jadeó suavemente ante el calor que irradiaba su polla endurecida. Ken cuidadosamente llevó la cara de su novio a su propia polla hinchada.

    Sus ojos nunca dejaron los de Daisuke mientras veía desaparecer su polla entre los labios rosados. Podía ver la mano de su chico moverse erráticamente, acariciando su propia polla dolorida al mismo tiempo que su cabeza se balanceaba.

    Ken comenzó a empujar suavemente en la boca caliente de Daisuke mientras bajaba la cabeza para encontrar su ritmo.

    —Sí amor, toma toda mi polla en esa boca de puta, por favor.

    Los modales, la educación en Ken desaparecieron.

    Los ojos de Daisuke se volvieron un poco hacia atrás y dejó que esas palabras lo inundaran. Sólo para él.

    Ken por su parte, sintió su liberación pronto. Conociendo a su chico, probablemente estaba listo para estallar.

    —¿Quieres mi semen, amor? ¿Quieres que te ensucie la garganta, eh?

    Daisuke asintió alrededor del miembro pulsante, recogiendo tanto el ritmo de su balanceo como el ritmo de su mano sobre su propia polla, sintió que se acercaba una ráfaga y dejó escapar un ruidoso e irónico gemido alrededor de la polla de Ken ante la idea de beber su semen.

    Con las vibraciones que rodeaban su polla, Ken comenzó a abrirse paso hacia el calor de manera errática.

    —Mírame cuando me corre por tu garganta, puta.

    Daisuke no podía apartar los ojos, ni lo intentaba. La única advertencia que recibió fue apretar la mano en su cabello y ver a su chico mordiéndose el labio mientras el calor líquido explotaba desde la punta de su polla en la garganta, Ken silbó entre dientes apretados y dejó escapar un grito final cuando la última de su semilla se vació en Daisuke, este último estaba seguro de hacer un espectáculo de tragar todo el calor de Ken y sabía que esto a él le encantaba.

    Levantó la cabeza con una fuerte toma de aire. Ken miró hacia abajo en su niebla de post orgasmo para verle todavía acariciando polla roja y resopló.

    —Ven aquí, mi amor.

    Colocó cuidadosamente a Daisuke para que se sentara a horcajadas sobre su pecho y comenzó a bombear su polla con una mano, mientras que la otra sostenía firmemente su mandíbula mientras mantenían el contacto visual. Las manos de Daisuke se encontraron con fuerza en los hombros de su chico mientras él se movía suavemente hacia el toque. Tan bueno… Ken siempre lo hacía sentir tan bien.

    —… estoy cerca…

    —Lo sé ¿Quieres correrte para mí?

    Su aliento se volvió más áspero cuando gimió un pequeño «sí» a su guapo novio. Ken guio la cara de su chico cerca de la suya cuando se encontraron para un beso casto antes de que se alejara, «chorrea todo tu poesía de amor para mí».

    Una simple orden fue todo lo que necesitó antes de que abriera la boca en gritos silenciosos mientras atravesaba su orgasmo, Ken nunca apartó la vista de su rostro sin vergüenza. Cintas de calor blanco se dispararon y aterrizaron en el pecho y la mano, Daisuke dejó escapar un largo gemido del nombre de su amor y un suspiro de encorvamiento cuando terminó.

    —Un chico tan bueno, tan perfecto, tan bueno para mí… me haces sentir bien, feliz y equilibrado

    La mano obscena de Ken viajó a la parte posterior de la cabeza de Daisuke, enterrando el cabello allí mientras su otra mano dejaba la polla deteriorada y la envolvía alrededor de su cintura. Sin preocuparse por el desastre que habían hecho entre ellos, trajo el cuerpo de Daisuke contra él y apretaron sus labios. Sus labios se mantuvieron juntos y se movieron suavemente uno contra el otro mientras sus respiraciones trabajadas se calmaban, manteniendo una incoherente melodía, una sucia poesía, con la piel abstracta, con un deseo inconmensurable, un vicio sin final.

  • El amor de una madre

    El amor de una madre

    Mary se estiró lentamente bajo el edredón, tomándose unos momentos para disfrutar los últimos momentos en su acogedor colchón, antes de tener que levantarse. Mientras yacía allí, no dejaba de sonreír, porque hoy era un día especial, muy especial de hecho. Era nada menos que su cumpleaños, y su madre le había prometido que, ahora que era casi una mujer, era hora de cambiar por completo su guardarropa.

    No podía esperar para llegar al centro comercial y explorar todas las maravillosas tiendas juveniles, ya no tendría que usar nunca más lo que su madre consideraba apropiado, que para la joven resultaba muy viejo y pasado de moda. Le diría adiós a las blusas lisas, y a las faldas rectas, y a toda esa ropa blanca y aburrida. Pronto tendría un vestuario digno para ir a la universidad (y se sonrojaba un poco al pensar en ello).

    Cuando llegara a la universidad, sería como una mariposa saliendo del capullo. Ella se transformaría, de la sencilla y desaliñada Mary, de la que todas sus compañeras se burlaban, a una sexy y emocionante Mary, una Mary que simplemente «tenía» que encontrar un novio.

    Deslizó lánguidamente una mano por debajo de las sábanas, y dejó que sus dedos golpearan sus blancas bragas, acariciándose a sí misma. En su cabeza se preguntaba cómo sería besar a un chico, sentir su aliento mezclarse con el de ella.

    Pero no era todo, no dejaba de preguntarse el cómo se sentiría un pene… ¿sería tan bueno como había escuchado? ¿Cómo sería uno se deslizándose dentro de ella? Sus amigas le habían dicho que era mucho mejor que el mango del cepillo, y que cuando se iban, oh!! que la sensación de como las llenaba el semen caliente, era para morirse!!!

    No era como que ella realmente lo supiera, su madre la había mantenido en un estricto toque de queda toda su vida. Sin embargo, no podía culparla, sabía que la había parido muy joven, y que tuvo que soportar los abusos de su padre, sólo para que la abandonara después. Sabía perfectamente los sacrificios que su madre había hecho para criarla sola, y que aunque no podía esperar para tener un novio, entendía el por qué su madre había sido tan estricta con los chicos que alguna vez le gustaron.

    De mala gana, retiró la mano de sus bragas, cuando escuchó a su mamá llamarle. Había estado tan cerca, tan cerca de un glorioso orgasmo, pero la necesitaban, y por hoy, bueno, su orgasmo podía esperar. Después de todo, tenía cosas mucho mejores que hacer. Rápidamente se vistió, pensando que esta sería la última vez que tendría que usar esas viejas ropas de doncella, que pronto estaría vestida como cualquier otra joven que iba a la universidad.

    Su tiempo en el centro comercial simplemente pasó volando, había mucho que ver y elegir, es que no podía creerlo!! Los colores, las telas, los estilos, tantas opciones a la vez eran demasiado abrumadoras!! Cada vez que se probaba un nuevo atuendo, no podía dejar de notar que los vendedores la miraban con asombro. Es que cada mirada parecía traer un gesto de aprobación de ellos, y se sentía tan maravillosa!, tan viva! Nunca había pensado que pudiese verse tan bien!

    Mary era consciente de que su mamá no estaba muy contenta con algunas de las prendas que había elegido, pero aún con una mueca en el rostro, hizo todo lo posible por aprobar los atuendos de su hija, incluso si era obvio que algunos de ellos eran, bueno… muy reveladores. Sólo cuando volvían, comprendió el distraído silencio de su madre…

    Mientras se probaba su ropa nueva, mamá le dijo que había recibido un recordatorio de la clínica, de que Mary debía ir a un chequeo. Así que en lugar de ir a comer, aquí estaban, dirigiéndose al ginecólogo, para su chequeo anual. En lugar de la ruta normal, su mamá tomó una diferente, diciéndole que ya que el Dr. Mackenzie estaba de vacaciones, le había remitido a un colega. Al llegar, le dio una palmadita en la espalda, y le dijo que la esperaría, y que podrían tener su cena de cumpleaños más tarde, si aún lo deseaba. «¡Por supuesto mamá, eso sería genial!».

    Una vez dentro de la clínica, la recepcionista tomó su nombre y le dirigió una mirada profunda, una mirada que Mary tuvo dificultades para interpretar. No pudo decidir si era depredadora o compasiva…

    Un poco desconcertada por el extraño comportamiento de la recepcionista, Mary abrió la puerta de la oficina, y se sorprendió gratamente al ver que su doctor era una mujer, que y se veía bastante joven, casi que demasiado joven como para haberse graduado en ginecología, de hecho. De todas formas, se sentía mucho más cómoda que con el viejo Dr. McKenzie. No es que el Dr. Mac, como lo llamaba, fuera malo, era solo que era el único hombre que había visto sus partes más íntimas, y eso la hacía sentirse un poco incómoda.

    La doctora le dio la bienvenida con un; «Hola, puedes llamarme Steph», y señaló un asiento junto a su escritorio. Mary se sentó rápidamente y esperó el inevitable aluvión de preguntas, que contestó de manera honesta y abierta. Steph parecía bastante complacida con las respuestas, solo pausándole ocasionalmente para comentar que el Dr. Mackenzie había mantenido excelentes notas.

    Lo siguiente era la parte la parte que Mary solía temer, el examen en la silla del ginecólogo. Ella siempre se sentía tan expuesta, allí tendida, con las piernas abiertas por los estribos, mientras que el Dr. Mac miraba su parte más privada. El solo recuerdo hizo que se sonrojara un poco. Esta vez, Mary se sintió mucho más relajada, sabía que una mujer sería más comprensiva, por lo menos más de lo que cualquier hombre podría ser. Mientras se retorcía un poco, tratando de ponerse cómoda, Steph trabajaba silenciosa y eficientemente a su lado, atándole correas en los muslos, las pantorrillas y las caderas. Cuando Mary cuestionó la necesidad, Steph respondió que durante este examen tendría que tomar algunas medidas delicadas, no podía permitirse que Mary se moviera demasiado y estropeara las lecturas.

    Algo apaciguada, Mary se tranquilizó y, de pronto, se dio cuenta de que, de alguna manera, sentirse desamparada de esta manera daba un poco de miedo, pero también era un poco sexy. Se dio cuenta de que era como una princesa indefensa, que esperaba a su príncipe para que la rescatase. Se sonrojó, más profundamente esta vez, mientras esperaba que su parte no se humedeciera demasiado, que sus pensamientos traviesos no tuvieran un efecto demasiado grande en su coño, ya que sería mortificante que la agradable Dra. Steph la viera así. Steph sólo le sonrió y le dio una palmadita en el brazo, y con una sonrisa de complicidad, le dijo que muchas mujeres tenían una reacción similar cuando las correas eran apretadas.

    Steph desapareció brevemente y regresó con un gran aparato cubierto por un manto, algo que nunca había visto con el Dr. Mac. Cuando se sentó entre sus muslos extendidos, le dijo que la iba a examinar de varias maneras distintas, de una forma que el Dr. Mac probablemente nunca había hecho. Mary se inclinó y vio que Steph destapaba el aparato, y se sorprendió mucho al ver lo que parecía el pene de un hombre, en una especie de brazo robótico. Steph notó su interés, y con una sonrisa le dijo que sí, que era exactamente lo que estaba pensando.

    «Si no lo sabías, Mary», Steph le dijo: «Hay dispositivos especiales para ayudar a las chicas a disfrutar, no necesitas usar los mangos de los cepillos». Mary quería enterrarse en la tierra de tanta vergüenza, ¿cómo podría saber que esa era su manera favorita de disfrutar mientras soñaba con su primer novio? Su mente volvió al presente cuando sintió que la mano cubierta de látex de Steph hacia su vello púbico a un lado. Con un profundo rubor, sintió como sus labios vaginales se separaban, exponiendo sus pliegues íntimos.

    «Buena chica» Steph le decía, pareciendo no notar su excitación mientras continuaba acariciando suavemente los labios de Mary, a la vez que alineaba el dispositivo fálico con su vagina abierta. Mary no podía mirar, era demasiado vergonzoso, allí estaba, atada, mientras la doctora la acariciaba donde nadie la había acariciado y, para empeorar las cosas, ¡se estaba volviendo a excitar!

    Intentó alejarse cuando sintió que la punta del dispositivo presionaba contra ella, pero Steph simplemente siguió acariciándola, y la sensación de su caricia fue lo suficientemente relajante como para permitir que el intrusivo falo se deslizara dentro de ella, casi sin que se diera cuenta. Hizo una mueca cuando sintió que la punta del falo plástico presionaba contra su cuello uterino, y Steph la movió con cuidado un poco hacia atrás. “¿Cómodo?” Preguntó, y Mary asintió con un «sí». Steph detuvo sus caricias y volvió a ser profesional, «Me gustaría que trataras de apretar el falo «, le dijo, «Necesitamos saber qué tan bien has desarrollado tus músculos vaginales, muchas mujeres no se cuidan lo suficiente, y necesito saber cuáles son tus lecturas de referencia».

    Mary hizo lo que le pidieron y trató de apretar el dispositivo tan fuerte como pudo. Steph estaba ocupada mirando las lecturas en su computadora portátil, pero le dijo sorprendida que lo estaba haciendo muy bien; «No hay muchas mujeres que tengan músculos tan bien desarrollados!». Este elogio sonrojó un poco a Mary, ya que nunca había hecho nada para ejercitarse «ahí abajo».

    La voz de Steph la sacó de sus pensamientos. «Voy a encenderlo ahora, y quiero que te relajes y disfrutes», repitió Steph. «Dios mío», pensó Mary, la Dra. Steph quiere que me moje, aquí y ahora, y volvió la cara hacia la pared, tratando de cubrir su rubor. Mary se mordió el labio cuando el falo comenzó a vibrar lentamente, enviando sensaciones sorprendentes a través de todo su cuerpo. El dolor de su labio y las agradables sensaciones del falo se mezclaron, se dio cuenta de que realmente se estaba excitando. La caricia de Steph, cuando llegó, de alguna manera no la sorprendió, de hecho, esperaba que la médico frotara su mano de látex contra su pubis, repitiendo lo que había estado haciendo antes.

    Mary se encontró con que realmente no podía mover sus caderas en lo absoluto, y que ese dispositivo no se movería ni un milímetro, simplemente vibraría dentro de ella, enviando ondas temblorosas a través de todo su cuerpo. Aunque Mary había pensado que su primera vez seria con su primer novio, extrañamente, no le importaba que fuera con el aparato de la Dra. Steph.

    Su respiración se volvió abrupta, se acercaba un orgasmo. La doctora reaccionó frotando sus dedos hacia arriba y abajo, a lo largo de los labios vaginales totalmente hinchados de Mary. Este toque era todo lo que faltaba, y con un gemido bajo y prolongado, Mary se sintió a sí misma apretando al falo aún más fuerte que antes.

    La sensación invasiva que le provocaba el aparato fue muy grande, por un momento pensó que nunca dejaría de gemir, así de intenso fue. Pero lo había disfrutado como nunca había disfrutado antes, y todo lo que podía pensar era; «bueno, si eso es lo que se siente con un juguete, ¿cómo se sentirá un pene real?». Y con esos pensamientos, Mary se sumergió en un sueño ligero y orgásmico. Apenas se dio cuenta cuando Steph retiró lentamente el falo, y abandonó la habitación.

    Mary se despertó, un poco mareada mientras trataba de comprender todo lo que había pasado, pero la amable voz de Steph le tranquilizó y le dijo que solo necesitaban un examen más, y ya habrían terminado. Solo el recuerdo de su orgasmo, allí frente a Steph, le causó a Mary un momento de gran vergüenza, pero rápidamente lo superó. Si este último examen era tan bueno como el anterior, bueno, sería un cumpleaños para recordar.

    Encontró el valor suficiente para preguntarle a la Dra. Steph como se llamaba en realidad ese dispositivo, no podía evitar el maquillar un poco la pregunta, pero pensó que, ahora que iba a ir a la universidad, debería considerar conseguir uno de esos, por si acaso encontrar un novio demoraba más de la cuenta. Steph le dijo que los términos técnicos, eran «consolador», para el que no vibraba, y «vibrador» para el que sí. «Dildo, vibrador», estos nombres resonaban en su mente mientras observaba a Steph alinear otro dispositivo con su coño. Al ver la curiosidad de Mary, Steph le informó que volvería a usar un consolador, ya que necesitaba reafirmar los resultados.

    Esta vez, Mary notó que tenía un grosor un poco más grande que el primero, pero Steph calmó sus preocupaciones diciéndole que se sentiría tan bien como el primero, si no mejor, y Mary de verdad esperaba que tuviera razón. Cuando el consolador se deslizó dentro de ella, Mary sintió que su cuerpo respondía, su coño comenzó a humedecerse y sus labios se hincharon de nuevo, volviéndose agradables y gruesos. Podía sentir el latido de su clítoris cuando la sangre corrió hacia él, reclamando su atención.

    Mary se relajó cuando Steph comenzó a frotarle de nuevo, enviándole descargas de placer por todo el cuerpo. A medida que se relajaba, podía disfrutar este consolador más grande, llenándola, haciéndola sentirse muy excitada. Una vez más, Steph deslizó sus dedos cubiertos de látex arriba y abajo, a lo largo de sus labios hinchados, estimulándola, cuando Mary pudo sentir otro gran orgasmo. Justo cuando la primera ola de contracciones orgásmicas la recorrió, sintió varios pinchazos agudos en el interior de su vagina, pero las caricias de Steph y la proximidad de su orgasmo sólo confundieron las señales de dolor, conduciéndola a un orgasmo demoledor. Esta vez, sin embargo, después del orgasmo, descubrió que su coño no se relajaba, que no volvía a la normalidad. Podía sentir como sus músculos vaginales aún apretaban firmemente al consolador.

    «¿Steph?» Mary preguntó con preocupación: «Mi vagina, hay algo mal con mi vagina, todo está apretado», «No te preocupes» Steph le aseguró, es una reacción perfectamente natural a las inyecciones de Botox que acabas de recibir.

    La cabeza de Mary se revolvió; ¿inyecciones?, ¿Botox? ¿De qué estaba hablando Steph? No tenía sentido para ella, pero Steph ignoró las débiles protestas de la chica y continuó con su negocio, como si nada fuera de lo normal estuviera pasando.

    Cuando Steph retiró lentamente el consolador, Mary pensó que su coño se daría vuelta como un calcetín, lo estaba apretando tan fuerte… Las leves manchas de sangre que vio mientras salía lentamente de su cuerpo, solo aumentaban su consternación. Una vez que estuvo fuera por completo, Steph, se acomodó en su asiento y, levantando los muslos todavía extendidos de Mary, dejó escapar un suspiro y dijo que era una pena, pero las instrucciones de su madre habían sido muy claras.

    Mary estaba totalmente confundida ahora, ¿qué tenía que ver su madre con todo esto?, ¿no era un chequeo normal de ginecología? Y más preocupante; ¿qué quiso decir exactamente Steph con todo esto?

    No tuvo que esperar mucho para averiguarlo, mientras observaba a Steph acercar su boca, lentamente, cada vez más y más, hacia su pubis expuesto. La sensación del aliento caliente y húmedo en su expuesto y todavía palpitante clítoris, le produjo nuevamente una escalofriante excitación, relajándola un poco.

    Luego Steph tomó una botella de lubricante y se cubrió generosamente ambas manos, frotándolas con un sonido chirriante. Mary estaba totalmente conmocionada cuando sintió como los dedos de Steph sondaban sus labios vaginales aún hinchados, y comienzan a deslizarse dentro de su vagina. Al principio, se sentían un poco como el consolador, pero a medida que seguía, pudo sentir primero dos, luego tres y, finalmente, los cuatro dedos comenzaron a deslizarse dentro de su parte más íntima.

    Mientras todo eso ocurría, la boca de Steph se acercaba más y más a su clítoris, la sensación de su aliento se estaba volviendo cada vez más poderosa, distrayendo incluso la parte de su cabeza preocupada por lo que estaban haciendo sus dedos. Steph cronometró el momento a la perfección, el instante en que comenzó a introducir su dedo pulgar, fue el mismo en que sus labios hicieron contacto con la vulva de Mary. Mary no pudo evitar soltar otro suave gemido, la sensación de los labios húmedos de Steph en su coño fue demasiado agradable, y se olvidó momentáneamente de la mano que ya estaba casi dentro de ella.

    Mientras Steph deslizaba su lengua por su entrepierna, casi tocando su clítoris hinchado -pero no del todo-, también podía sentir cómo se ablandaban sus paredes vaginales, la sensación de rigidez fue reemplazada por una serie de pequeños estallidos de dolor, cuando sus músculos se estiraron más allá de su límite. Esta sensación en sus músculos más internos, cundo dieron paso a la mano insistente de Steph, comenzó a sentirse bien, especialmente combinado con su habilidosa boca. Podía sentirse a sí misma tratando de levantar sus caderas, tratando de hacer que Steph le besara su palpitante clítoris, pero la correa de la cadera impedía todo movimiento.

    Estaba jadeando, en una mezcla embriagadora de dolor y placer mientras Steph lentamente cerraba su puño, muy dentro de ella. Sentía sus nudillos y su pulgar mientras se deslizaban lentamente, presionando los excitados nervios de su punto G. Sentía sus músculos y ligamentos, paralizados por el botox, luchando contra el insistente e intrusivo puño. Eventualmente, estaba tan profundo, que notó un empujón en su cuello uterino. «Mira», le dijo Steph, corriendo momentáneamente su cabeza, permitiéndole ver su brazo enterrado profundamente en ella (con un espejo). El antebrazo de Steph estaba dentro de su coño hasta la mitad, deslizándose lentamente hacia atrás, con los nudillos estirándose, dilatando sus sensibles paredes vaginales a lo largo y ancho.

    Mary no pudo evitar pensar lo mal que se veía, pero se sentía tan bien el como Steph movía lentamente su puño dentro de su adolorida vagina. Steph acercó su boca al pubis de Mary nuevamente, y comenzó a estimular y atormentar su clítoris, con la promesa de otro beso aún más íntimo, cuando comenzó a retorcer su muñeca dentro de sus entrañas.

    Mary pudo sentir sus músculos vaginales, estirarse, luego romperse, liberando un dolor masoquista exquisitamente intenso, mientras el puño recorría con pericia todos los profundos recovecos de su vagina. En el fondo, era consciente de que el Botox había paralizado sus músculos, lo que hacía que se mantuvieran rígidos, y que por ende la mano de Steph los fracturaba, y los demolía, no solo en los ligamentos, sino que causaba un gran trauma por estiramiento, millones de micro desgarros en todas partes, arruinándolos, inutilizándolos, para siempre. Ella se habría asustado, pero estaba tan abrumada por la sensación, que apenas podía pensar.

    Pero de alguna manera no importaba. Todo lo que importaba eran las increíbles sensaciones que la mano invasora y su boca le estaban produciendo. Steph se detuvo momentáneamente y relajó la mano, dejando que se abriera dentro de Mary, mientras acomodaba su otro brazo. Comenzó a deslizar los primeros dedos de su otra mano, Steph tomó el pequeño capuchón de Mary con su boca lo deslizó suavemente con sus dientes, dejando su pequeño y sensible clítoris totalmente al descubierto.

    La mente de Mary se perdió cuando las increíbles sensaciones del fisting y el gentil mordisqueo de Steph en su clítoris le provocaron un escalofrío orgásmico. Casi, pero no lo suficiente. Podía sentirse justo al borde de un orgasmo demoledor, pero Steph soltó su clítoris, impidiéndole alcanzarlo. Mientras había estado distraída con su casi orgasmo, Steph había terminado de deslizar su otra mano dentro de su cuerpo, de modo que cuando le dijo a Mary que mirara, pudo ver las dos muñecas de Septh atravesando con fuerza sus estiradísimos, inflamados y destruidos, labios vaginales.

    Steph comenzó a cerrar sus manos, formando un par de puños enterrados profundamente dentro de Mary, estirando, rasgando sus fibras musculares, rompiendo y aflojando sus ligamentos, destruyendo su elasticidad, produciendo cientos de pequeñas fracturas musculares que no se podrían contar, pulverizando su joven coño, y convirtiendo sus paredes vaginales en papilla, una blanda papilla sanguinolenta. El hematoma le impediría caminar al otro día. El trauma fue equivalente al que producirían varios partos repetidos, y todo en segundos, no en horas. Y con el botox eliminando de por vida cualquier esperanza de hacer ejercicios de Kegel, o de cualquier tipo, para recuperarse.

    Bajó la cabeza de nuevo, y comenzó a pasar su lengua húmeda sobre el clítoris expuesto de Mary. La conmoción y la intimidad de la boca experta de Steph enviaron a Mary directamente al borde del orgasmo. Cuando por fin llegó, pudo sentir que los dos puños eran forzados profundamente dentro de ella, ahora se movían rápido, luego muy rápido, luego despiadadamente, golpeando, más duro, más duro, más rápido. Hizo ruidos atroces, como una bota agitada en un barro espeso. Ahora estaba batiendo sus puños con fuerza, usando todo su peso corporal para apalancar, gruñendo con esfuerzo, como un luchador en el ring,

    La «Dra» hizo todo lo posible por eliminar el pequeño tono que aún sostenían los músculos de su vagina. Mary estaba en un éxtasis, un orgasmo tras otro, mientras los puños y la lengua jugaban hábilmente con ella. La sensación de la boca de Steph jugueteando con su clítoris, la sensación de los puños mientras se chocaban contra su punto G, mantenían a Mary atrapada en un espasmo orgásmico en todo su cuerpo, sin embargo, su vagina ya no se contraía. No quedaba nada de sus jóvenes músculos vaginales, estaban estirados más allá de la utilidad, arruinados, para siempre. Todo lo que podía sentir era el latido de su clítoris y la sensación de las manos invasoras que violaban sus entrañas mientras estiraban las paredes vaginales más y más. Sin pausa alguna, y le parecía que durante horas. Steph estaba siendo brutal y sistemática.

    Finalmente, los orgasmos se detuvieron, y Steph, lentamente, sacó sus manos de lo profundo de sus entrañas con un sonido entrecortado. Mary estaba aturdida, estaba totalmente agotada. Apenas podía levantar su cabeza cuando Steph sacó un espejo, igual al de una peluquería, y le dijo que mirara su vagina.

    A pesar de que su mente apenas funcionaba, no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando vio su coño totalmente destrozado. Estaba machismo peor que el coño de una puta veterana. Todavía estaba abierto de par en par, tan grande como cuando ambos puños acababan de salir juntos, era una profunda y palpitante caverna oscura y roja. Nunca más estaría cerrada, ordenada, bonita o apretada de nuevo, como debería ser, como era antes. Era como si acabara de dar a luz, excepto que el trauma vaginal era absoluto e irrecuperable.

    Steph, luego, con su mejor voz de médico, le dijo que esto era lo que su madre había querido para ella. No quería que Mary cometiera los mismos errores que ella cometió en su juventud, y que con una vagina agrandada, suelta, y destruida como esta, ningún chico, ni ningún hombre querría follarla jamás. Al menos, hasta que fueran al dormitorio y sintieran lo arruinada que estaba. Ella podría atraerlos con su cara bonita y su cuerpo sexy, podría obtener favores de ellos, pero solo un hombre que realmente la amara aguantaría sus músculos vaginales destrozados.

    Su madre hizo esto para evitar novios tóxicos, que no se preocupasen por ella, y para que así se centrarse en sus estudios, en lugar de ser una zorra tonta de fiesta en fiesta como lo había sido su madre: la capacidad de su madre de ordeñar pollas con los apretados músculos de su coño era legendaria, los chicos habían insistido en experimentarlo a pelo, y el resto era historia: una joven madre soltera. Bueno, eso no le pasaría así a su hija Mary ahora.

    Gracias a mamá, su carrera universitaria estaba segura. Mientras se mantuviera tímida con respecto a su coño, evitara el sexo casual, se concentrara en aprobar los exámenes y encontrara a un nerd virgen, o alguien con quien casarse, ojalá alguien rico y poco agraciado, que no crea en el sexo antes del matrimonio.

    Desafortunadamente, su plan fracasó rotundamente, y Mary no fue para nada una buena estudiante, se convirtió en la puta de una pandilla de motociclistas, y terminó dando a luz a toda una camada de bebés de diferentes hombres. Al menos cada parto fue muy fácil. Los bebés simplemente caían, sin necesidad de pujar. Mary al menos podría agradecer a su madre por eso…

  • Compañera de trabajo (VII)

    Compañera de trabajo (VII)

    Cuando llegué a casa al mediodía, me di una ducha y me metí desnuda entre las sábanas de satén, donde caí fulminada en el acto.

    Me desperté cubierta de sudor. Tere no había sido un sueño. El azar hizo que fuera una realidad, pero me dejó frustrada. Claro que la tuve, pero hubiese querido retenerla por más tiempo. Era la mujer que siempre soñé poseer, pero se me había escapado de nuevo. Y fue inevitable que mis manos buscasen el calor y la humedad que me provocaban estos oscuros deseos

    —Estas muy callada hoy — Era la voz de Elsa, dirigiéndose a mí.

    —Si está muy callada —Belén, mi compañera de despacho.

    Elsa había entrado en el despacho, me miró sonriente y le entregó a ella unas carpetas, al salir pasó por mi lado y con una sonrisa asomando entre sus labios me guiño el ojo, me quedé embobada mirándola. Llevaba un vestido con falda ajustada, y como casi siempre el pelo recogido en una coleta alta… ideal para agarrarla y someterla. Ha sabido sacar la mujer mala que vivía dentro de mí… la mujer deseosa y hambrienta.

    —Es verdad, estas muy callada hoy, ¿te ha ido mal el fin de semana? —soltó Belén.

    —Aburrido, nada interesante para comentar —y me callé

    —Te has dado cuenta cómo te ha mirado Elsa —pasados unos minutos de silencio.

    —La verdad que no.

    —Pues bien que te fijaste en ella.

    Yo no tenía ganas de continuar con la conversación y pase mi interés en la pantalla del ordenador. Conocía a Belén desde hacía bastante tiempo, incluso habíamos coincidido trabajando en otra empresa, ahora compañera de despacho, naturalmente sabía cosas de mi vida, que naturalmente yo le había contado.

    —Desde que no tiene novio, me he dado cuenta que la sobrinita del jefe te mira con unos ojitos, al igual quiere algo de ti.

    —No debes burlarte de mí. Ya sabes que no discrimino a los hombres pues me he comido y me han follado buenas pollas, me gustan las mujeres que como yo, a les que apasiona la búsqueda del placer en el sexo, y actualmente disfruto más con ellas, aprovechando ya que te has referido a ella, tengo que confesarte una cosa.

    —Dime, estoy ansiosa esperando oírte —dijo sonriéndome.

    —Pues que en muchas ocasiones me he masturbado soñando con fantasías de placeres sexuales y tú me llenas en ocasiones estas fantasías —Lo solté de golpe para cortar, de todos modos no estaba diciendo ninguna mentira, pero mi estado de ánimos no estaba para seguir con el tema. Se encogió de hombros y puso cara de circunstancias, se levantó y colocándose frente a mí se inclinó apoyándose en mi mesa. Suspiro.

    —Soy una buena amiga, y siento haberte incordiado, pero me alaga que cumplas tus desahogos pensando conmigo, tú ya sabes de mi postura sobre el tema lo hemos hablado en varias ocasiones, además tengo un marido que me llena.

    Me di cuenta que Belén no quería dar por zanjado el tema y aquel intercambio empezaba a divertirme, hubiese querido levantarme y besarla, pero… Vestía una camisa de seda roja, se le apreciaban presos por el sujetador unos pechos en reposo pero vivos, unos jeans negros pegados a sus caderas femeninas pero poderosas a la vez, y un culo respingón, parecía una recién separada buscando novio.

    —No, tranquila no me has incordiado para nada más bien todo lo contrario.

    —Reconozco que ahora no te sigo.

    —¿El cumple y llena tus fantasías? pues fantástico.

    —Los dos sabemos muy bien lo que desea el uno del otro y nos lo damos.

    —¿Estás segura? si las miradas hablasen —dije sonriéndome

    Me miró fijamente durante un espacio de tiempo.

    —Sí, claro, pero desde luego no te sigo a que te refieres.

    Si dejaba ir mis pensamientos podría salir mal parada del asunto, pero… continué.

    —Cuando, Víctor viene a buscarte y coincidimos de salir al mismo tiempo o yo salgo antes, es muy amable conmigo y la verdad también me hace unas buenas miradas, no te has dado cuenta al igual quiere algo conmigo….

    —¿Qué has dicho?

    Me da cuenta que se tensaba y empezaba a crisparse, pero no quería perder esa oportunidad única. Me divertía su indignación

    —Dijiste que te llena toda, ¿seguro?

    —Si

    —Permíteme tener mis dudas, seguro que te debe llenarte bien la boca cuando se la chupas, ¿pero le dejas que te llene también el culo?

    —Desde luego no pienso responderte, es un tema muy personal y creo que te estás pasando de la raya.

    —Tu respuesta, me hace pensar… ¿Crees que tu marido querría que él, tú y yo…? , porque desde luego a mí no me importaría que me enculara, siempre y cuando tu estuvieras delante, mientras podría comerte el coño que lo debes tener sabroso y muy delicioso.

    —¿Que has dicho? ¿De veras piensas lo que dices?

    —Es muy excitante ver lo nerviosa que te pones, parece que mi oferta no te ha dejado indiferente.

    Se alzó intempestivamente.

    —Eres una grosera, ahora entiendo que tu soledad sea muy aburrida y solo tengas el placer de masturbarte pensando en estas cosas.

    Saliendo cerró de un portazo. Nefasto lunes.

    Al día siguiente, nada más entrar.

    —Por favor, Belén te pido perdón por lo de ayer, creo que me pase.

    —Estoy pensando si podre perdonarte la ofensa de ayer, te pasaste un montón.

    —Ódiame, pero nos conocemos desde hace mucho tiempo…

    —Tú también tienes que perdonarme, no tengo derecho en entrometerme, eres libre de hacer con tu vida lo que quieras incluso de tener tus sueños.

    —Quizás sí, pero…

    De pie frente a mí todo el tiempo, y ante mi sorpresa, me cogió la cabeza con sus manos dándome un beso en los labios.

    —Bueno tampoco fue para tanto, continuaremos siendo amigas ¿no? Vamos a tomar un café —Ver la cara de Belén haciéndome ojitos al final me hizo sonreír, me encogí de hombros y murmuré.

    —De acuerdo. Tú sabrás lo que haces.

    El resto de semana con Belén transcurrió normal, lo que me tenía desconcertada era la ausencia de Elsa, incluso de las reuniones, sabía que en ocasiones estaba de viaje, me propuse no agobiarme y la verdad es que no indagué el motivo.

    Normalmente los viernes por la tarde hay poco personal en las oficinas, es libertad de cada uno quedarse después del mediodía, yo tenía trabajo y decidí quedarme.

    La encontré en la sala de descanso tomándose un café. Al verme sonrió feliz.

    —¡Hola! No esperaba verte aun aquí, te iba a llamar por teléfono.

    —De hecho ya me iba, solo me falta recoger un par de cosas y apagar el ordenador.

    —¿Te espero en mi despacho, por favor?

    Cuando entré en su despacho, estaba sentada, con una mirada de lo más traviesa… Se puso de pie y cerró la puerta con seguro.

    —¿Estás bien? —Me pregunta

    —¿Qué es lo que quieres?

    —Te deseo, te deseo tanto… —mientras me besaba efusivamente.

    —Aquí en tu despacho es peligroso.

    —Lo sé… Lo sé… pero es excitante ¿no te parece?

    —Te gusta el peligro, ¿verdad, preciosa?

    —Por favor…

    —¿Es esto lo que quieres? ¿Es esto lo que deseas? Mientras colocaba una mano sobre la falda por debajo de la cintura. Debes estar ya mojada…

    —¡Dios, sí!

    —Sí, ¿qué? quien soy yo

    —Sí, tú eres mi ama

    La hice inclinarse sobre uno de los sillones del despacho, y le levanté la falda por detrás, llevaba un tanga de hilo.

    —¿Me puedes explicar qué esto, que has hecho? mientras le daba la vuelta y le mantenía la falda levantada y tiraba de la parte delantera del tanga.

    —No te gusta… —En mi cara pudo ver la contrariedad ante mi sorpresa, se había rasurado completamente.

    —Pero… ¡no te gusta! —Casi lloriqueando.

    —Cállate… Yo no te he pedido que lo hicieras, ni te imaginas como me gustabas de aquella manera.

    —Perdón ama, es verdad, tendría que habértelo dicho y pedir permiso —La verdad se le notaba disgustada.

    —No se te ocurra hacer nada más.

    —Ama, hare lo que tú me ordenes, castígame si crees que me lo merezco —Se puso a lloriquear.

    —No me llores como una niña pequeña —A continuación rebusque dentro de los cajones, para encontrar lo que quería. Le desbroché la camisa y tirando hacia arriba del sujetador, aparecieron tersos sus pechos.

    —Esto es un castigo, ¿recuerda? No es una venganza, pero no voy a darte lo que quieres a la primera de cambio.

    Cogí dos pinzas de las que sirven para sujetar papeles y se las coloque en los sonrosados pezones. Agitada, azorada, se movió y jadeó temblando, mordiéndose el labio inferior para no chillar.

    —Dime cuánto me deseas.

    —Mucho… mucho… mi ama.

    —Date la vuelta —Con la respiración acelerada, obedeció, mientras la agarraba por la coleta con fuerza.

    —Levántate la falda y agáchate —le exigí con rudeza.

    Su respiración era siseante y entrecortada mientras se agachaba. Se volvió para mirarme, con los ojos brillantes, quizás confundida, mientras se levantaba la falda hasta la cintura, dejándome las nalgas al aire. En respuesta, tire del pelo y le obligó inclinarse sobre el escritorio. Paseé mi mano derecha entre sus muslos, le toque la húmeda vagina, y mis dedos se impregnaron de sus jugos a la primera pasada por su sexo. Le golpeé el trasero un par de veces en cada nalga con un gesto juguetón, y colocando la punta del dedo pulgar sobre un tembloroso ano y la palma de la mano sobre el resto.

    —¿De quién es esto?

    —Todo tuyo, mi ama.

    —¿Con qué propósito?

    —Cualquier propósito que tú quieras, mi ama.

    —¿Y tú, como quieres gozar?

    —Acaríciame por detrás, como a ti te gusta hacérmelo, hazlo por favor.

    —No me des órdenes… vete mentalizando de que las órdenes las doy yo —, mientras le golpeaba de nuevo el trasero.

    —Sí, mi ama.

    Sin mucho esfuerzo por la humedad, estaba cálido, suave y tan estrecho, y empecé a bombear en el interior de su ano con el dedo pulgar. Se mordía el dorso de la mano para evitar gritar, el resto de los dedos unos frotaban los labios y otros dentro, y cuando aprecié que sus músculos se contraían, me aparté. Golpeándole de nuevo las nalgas. Le da la vuelta, la incorporé y ataque su boca despacio. Saboreándole sus labios hasta que la tormenta amainó, y ella quedó laxa entre mis brazos.

    —¿Estás bien? —susurré. Ella asintió en silencio, sonriente, levantó la cara de mi pecho y me acarició la mejilla con una de sus manos. Le ordené sentarse en uno de los sillones, con la falda levantada y bien abierta de piernas. Obedeció sin rechistar. Aprecié por la expresión de su cara alivio cuando le retiré las pinzas de los pezones, los tenia rojos por la presión, se los besé suavemente, mientras pasaba una mano por entre sus muslos.

    —¿Aún estas mojada? —Creyó que me disponía a retomar lo que no habíamos terminado, pero ante su sorpresa me aparte.

    —Tú misma mastúrbate y nada de orgasmos hasta que yo lo diga —Sentencié

    —¡No, por favor, ama! ¡No voy a poder!

    —Claro que podrás.

    Se estuvo masturbando y tocándose el clítoris durante más de diez minutos, parando cuando notaba que estaba a punto de alcanzar el clímax. Sollozaba, y rogaba desesperada por correrse. Finalmente se agarró del sillón como un gesto de no poder ya más.

    —Muy bien, Elsa… muy bien, creo que te mereces un premio —Me arrodillé, me puse entre sus piernas y con mis dedos en sus labios vaginales, se los abrí, dejando el clítoris totalmente expuesto, paseé mi la lengua por su vagina abierta, y cuando la posé sobre su clítoris. Cerró los ojos y todo su cuerpo tembló.

    Cuando salí, las empleadas de la limpieza empezaban su trabajo por aquella zona.

    —Esperen un poco en hacer este despacho, la señorita Elsa está terminando unas tareas y no quiere que la molesten.

  • El poder de mis manos (2): La señora Bibolotti

    El poder de mis manos (2): La señora Bibolotti

    Siempre fui muy observador y aprendía rápido por eso yendo a la casa de mis vecinos aprendí a jugar ajedrez y luego a dar masajes y ahora estaba dándolo por primera vez a una mujer y había logrado que ella llegue a explotar cuando tuvo un orgasmo.

    -Siii… ayyy… ohhh… queee ricooo… ohhh

    Yo también estaba muy excitado pero aun así me estaba controlando para no hacer nada más y evitar cualquier problema con la señora Bibolotti sólo estaba haciendo lo que ella había pedido.

    Luego vino lo mejor porque ahora ella viendo la erección que se dejaba ver bajo el pantalón su mano me empezó a sobar y viéndome con esos ojos celestes me dijo:

    -Qué duro lo tienes. A ver déjame verlo has hecho un buen trabajo… quiero devolverte el favor.

    Me afloje la correa y rápidamente le enseñe mi pene que estaba hinchado y duro y se lo puse muy cerca de su boca, abrió los labios y con su lengua empezó a jugar con el glande y de a pocos se lo fue tragando hasta que tuvo lleno su cavidad bucal con un pedazo de carne dura y caliente.

    Por hacer el favor a la señora Ángela para que no pierda un dinero extra con el masaje que ella no podía darlo en ese momento yo también salí ganando y me permitió que por primera vez una mujer me dé una buena mamada.

    Pero ahora ya no sólo me conformaba con eso había que aprovechar que tenía bien caliente a la señora Bibolotti y la jale poniéndola al borde de la camilla, dejo de existir en mi todo tipo de miedo ya no me interesó nada si en ese mismo momento se aparecía la señora Ángela sólo quería meter mi verga en esa mujer madura.

    Pero ella también lo quería así que no me dijo nada al contrario colaboró y puso su rico trasero a total disposición mía, su mano buscó mi verga y los puso a la entrada de su vagina y solo fue necesario que de un pequeño empuje para que vaya penetrando en ella por lo mojada que estaba su sexo.

    -Ahhh… siii que duro y grande lo tienes como me encanta… metelo bien hasta el fondo… que ricooo…

    Fui metiendo la verga hasta creo chocar con las paredes de su matriz y comenzó el mete y saca era mi primera vez que con una mujer sentir una chucha caliente y jugosa que recibiera mi pinga porque hasta ahora solo mi mano me había me daba placer.

    -Ve despacito ohhh no te apures quiero que ambos lo disfrutemos así papito ohhh bien… se ve que no sólo sabe dar buenos… ahh masajes.

    Sus nalgas eran blancas y duras se notaba que hacía mucho ejercicio para mantenerse así, luego me diría que su marido era coronel de la marina y paraba viajando y la dejaba bastante tiempo sola en casa sin ser atendida como mujer.

    La tenía apoyada sobre la camilla recibiendo mis embestidas sobre ella que rico se sentía como su chucha recibía al falo que no era de su marido, me hubiera gustado mucho demorar todo lo posible pero había que pensar también en don Genaro que podía regresar en cualquier momento a sus casa así que apure la fuerza e intensidad de la penetración.

    -Ayyy… más más…

    Había resultado bien gritona la señora Bibolotti así que tuve que tapar sus boca con mi mano y le dije que tal vez con sus gritos y gemidos podía despertar a la señora Ángela entendió y ahora mordía la toalla y seguí dándole duro a ese rico culo blanco.

    Cuando sentí como si recibiera una fuerte descarga eléctrica en mi cuerpo y llegué al clímax y eyacule dentro de su chucha caliente buena cantidad de semen era totalmente diferente a masturbarme y metí y no la solté hasta que perdí totalmente la erección.

    -Nooo… por qué dejaste tu semen dentro de mí, me hubieras avisado antes…

    Ella se despegó de mí y se fue al baño para tratar de quitar todo lo que podía de mi semen estaba asustada porque no se estaba cuidando porque su marido no la tocaba hace tiempo.

    Rápidamente se vistió y dejó sobre la camilla el pagó por el masaje recibido y se fue, deje todo limpió así que cuando regresó don Genaro me preguntó por su esposa le contesté que estaba descansando y me fui a mi casa.

    Y ahora sabiendo que tenía un poder en mis manos dando masajes esto recién empieza.

  • Nuestra amiga argentina de puta con Belu, otra vez

    Nuestra amiga argentina de puta con Belu, otra vez

    Bueno les voy a contar algo, que obviamente, no se lo puedo contar a nadie, y voy a tratar de resumirlo lo más posible.

    Esto me pasó hace un par de días, para los que no saben les cuento que tengo, digamos una ‘amiga’ lo digo así, porque solo nos juntamos para coger, pero lo pasamos bien, es más, ya conté una vez que me fui a la costa con ella como ‘dos lesbianitas’ hasta que nos echaron del hotel familiar al que fuimos, por los gritos que pegamos a la noche cuando cogíamos.

    La cosa es que Belu (esto también lo conté mil veces, pero lo repito, para quienes no saben), vive acá en su departamento, bah, se lo alquilan los viejos, mientras termina la carrera que está estudiando, aparte le pasan bastante plata por mes para que viva, pero es una enferma de gastar dinero y desde hace bastante, cuando la plata no le alcanza trabaja de prostituta, lo hace por épocas y solo digamos “con su clientela”, no con cualquiera, y le pagan muy bien, porque es morocha re linda pero solo lo hace solo por eso, cuando la pasta que le dan no le alcanza por todo lo que gasta.

    Hasta hace, no se, como dos años, cuando le pedían de ir con una amiga, ella tenía una, que le pasaba lo mismo que a ella, hasta que a esa amiga se le solucionó el problema económico y me empezó a llamar a mi. Aquí aclaro, que varias veces fui engañada, sin saber que iba hacer de prostituta, es decir, me decía de salir, llegábamos al departamento donde estaban los chicos nos recogían y después le daban la plata.

    Por ese tema estuve peleada un tiempo con ella, pero como también es bastante bisexual, como yo, nunca falta oportunidad para juntarnos y matarnos cogiendo. Yo con mujeres solo lo hago con mis “amigas/conocidas” que son como yo nada más (bah casi siempre, hubo excepciones).

    Bueno ya contándoles el principio les cuento lo que me pasó hace un par de días. Les voy a copiar lo que hablamos por whatsapp (obvio solo lo más importante), hablamos mil boludeces, hasta que me dice:

    Belu: bueno Caro, hoy me tenés que hacer gamba.

    Yo: gamba, no te entiendo un carajo nena.

    Belu: nada, lo de siempre ando re mal de $$$ y hoy justo me llamo un amigo mío para que vaya ¡a su casa!

    Yo: ¿y qué tengo que ver con eso?

    Belu: bah te cuento son cuatro amigos de unos 45 años que se juntan en la casa de uno que está separado una vez por mes, y yo ya fui, con mi amiga de antes, si, hacemos bien de putas y nos pagan muy buena plata, imagínate, al departamento que vamos en Puerto Madero, los viejos tienen toda la plata.

    Yo: ¿y? ¿Qué tengo que ver? Nena es cosa tuya, anda y cógetelos, si te pagan bien y los dólares te sirven hacelo.

    Belu: no forra, quieren dos chicas porque ¡son cuatro!

    Yo: ¿y? ¿qué tengo que ver con eso?

    Belu: no te hagas la forra, sabes de qué te hablo, y por eso te mando el whatsapp, haceme gamba, no seas turra, tenemos que ir las dos, nos pagan una bocha y los dólares y los necesito.

    La verdad, me quede, no sé cómo explicarlo, pero que me llame así y me diga que tenía que hacer de puta, no lo tenía pensado, era una noche que me quería quedar re tranquila en casa, tardé en contestarle, pero a los 10 minutos me manda otro whatsapp.

    Belu: y nena, te animas, no pasa nada, yo, está bien hace mucho que no voy, pero las veces que fui no pasó nada raro, nos dejamos coger y nada más, aparte arregle que no iba a ser más de una hora con mi amiga.

    Yo: ¿con que amiga?

    Belu: con vos forra, si te encanta hacer de puta, pero esta vez tenemos que hacer de putas en serio, dale no seas forra, ¡me cagas!, y necesito los $$$.

    Yo: sos una forra, sabes que ya me está entrando esa adrenalina putezca, pero hoy pensaba quedarme en casa y ¡no hacer nada!

    Belu: bueno puta, pero no me cagues, please, ya lo arreglé y contaba con vos.

    Aclaro cuando me llamo eran las 20 hs. Si no iba sabía que la cagaba y esas cosas, más sabiendo que son con “conocidos” porque Belu no es boluda, sabe con quién hacerlo. Qué se yo, son cosas distintas que me calientan.

    Yo: bueno forra, putita, te hago gamba, ¿Cómo hacemos?

    Belu: cena y venite a casa, pero, no me vengas con boludeces, tenemos que hacer de putas ¡en serio!

    Yo: no te entiendo.

    Belu: venite y ya vas a entender.

    Yo: ok ceno y voy.

    Belu: tráete en la cartera zapatos con tacos altos.

    Yo no quise preguntar más, ya estaba jugada, y me llevo un par de zapatos con tacos altos (los hombres no entienden nada, pero era de esos zapatos con taco tipo aguja).

    Sé que estoy re loca, ir hacer de puta cuando no me hace falta la plata, solo por la calentura que me da hacerlo, lo hice.

    Bueno la cosa es que ceno en casa (bah con los nervios no comí un carajo), termino de cenar y les digo a mis viejos que me voy a tomar algo con una ex compañera de la facultad y seguro me quedo a dormir en la casa de ella.

    Bueno, toda la boludez, mis vieja me dice: “avísame que haces” (como si tuviera 15 años).

    La cosa es que llego a los de Belu tipo 23,30 de la noche, nada, llego hablamos boludeces, aunque no lo crean estaba nerviosa y con esa sensación de sorpresa por lo que me había dicho “mira que tenemos que hacer de putas en serio”, pero la verdad , a ver si alguien me entiende hay veces que prefiero no preguntar nada y esperar a ver en realidad que es lo que hay que hacer, o como me tengo que comportar (que no es por nada, pero siempre se cómo manejar la situación, mas cuando estoy caliente).

    Hasta que Belu me lleva a su habitación, saca de su placard dos tangas tipo hilo dental, un corpiño de encaje y portaligas, un conjunto era blanco y otro ¡negro!

    Yo la verdad, y les soy sincera en mi puta vida me puse medias ¡con PORTLIGAS! Y le pregunto más o menos así (porque con los nervios que tenía no me acuerdo bien).

    Yo: ¿y esto Belu?

    Belu: te avisé que teníamos que hacer de putas en serio, aparte nos van a pagar en dólares, estos tipos tienen toda la plata y quieren terminar la noche cogiéndose pendejas, pero le aclare que la tarifa era por una hora (no vale la pena cuanto les dijo, ya que para muchos casi es un sueldo, y con eso no me gusta boludear).

    Belu: dale forra, ¡ponete todo!

    Belu se empieza a poner en bolas y se pone el conjunto blanco yo el negro.

    No le pregunte más pero me puse ese conjunto (corpiño de encaje, tanga tipo hilo dental, medias con portaligas. Que repito en mi puta vida había usado), y Belu me dice: “mírate al espejo”.

    Me miro y la verdad, como digo siempre a pesar de no tener ni muchas tetas ni mucho culo, era realmente ¡una prostituta!

    Las cosa es que parecíamos en serio dos putas, yo estaba que se yo, la verdad nerviosa y no muy caliente, y Belu que es otra guacha que me conoce, se me acerca, me besa, me dejo besar, me empieza a meter la mano debajo de ese hilo dental hasta que me hizo mojar, yo quería que me hiciera acabar, y me dice: “nena acabar te voy hacer ¡allá!”

    Yo: pero nena. ¡Así no podemos salir a la calle!

    Belu me da un vestido, bah, un vestido de mierda sin botones ni nada, era como una remera larga que me tapaba todo, y yo seguía sin preguntar nada, quería saber cuál era la sorpresa que nos esperaba.

    Bueno la cosa es que llegamos a ese departamento en Puerto Madero, nos anunciamos, nos hacen entrar y ahí (como siempre Belu me mata con sus sorpresas que a veces me calientan y a veces me embolan).

    Era un piso alto que se yo 22 o 25, y en el ascensor Belu me dice: “cuando bajemos del ascensor antes de tocar el timbre nos sacamos el vestido, tenemos que entrar como dos putas y portarnos ¡como dos putas!”

    La verdad, me invadió esa adrenalina, eso nunca lo había hecho, digo de mostrarme así ante cuatro tipos que ni conocía, pero estaba jugada, no me iba a ir (la verdad, pensé, “si me viejo me ve haciendo esto se muere, su nena, ¡haciendo de prostituta!”), pero me importó un carajo.

    La cosa es que no tuve tiempo ni de elegir ni de pensar, llegamos al departamento. (Tenia palier privado) Belu en dos minutos se saca el vestido y me dice que yo haga lo mismo y entremos así, casi en bolas al departamento. La verdad ya no le podía decir que no, solo me intrigaba ¿cómo seguía la cosa?

    Bueno como siempre Belu me caga, no eran tipos de 45 años, tenían como 60 todos gordos, ¡unas bolas de grasa!, me quería morir, con los pibes que me cojo con el lomo súper marcado tenerme que coger a estos viejos ¡nooo!, pero ya estaba jugada.

    Entramos, y uno de los tipos nos pregunta: “¿no nos vas a presentar a tu amiga?“ y Belu les dice: “primero la saludo yo” (todo cosas que ni esperaba), Belu me dice: “hola Caro” me parte la boca de un beso, empezamos a jugar con nuestras lenguas (como lo hago con mi amiga/novia), me toca, me desabrocha el corpiño, hago lo mismo, y siento como esas bolas de grasa me empiezan a tocar, primero las tetas, mientras nos seguíamos besando.

    Nos siguen tocando nos desabrochan los portaligas, nos empiezan a las dos juntas a tocar las conchas las tetas (y la verdad aunque fueran una bola de grasa, me empecé a calentar).

    Bueno la cosa es que nos dejan en bolas, ellos también ya estaban en bolas, uno me agarra me lleva a un sofá (pero era de esos sofá que son enormes), a Belu le hacen lo mismo, la ponen al lado mío, nos empiezan entre los cuatro a comer las tetas, nos tocan las conchas, nos empiezan a meter los dedos y a besarnos las conchas, las dos ya teníamos los pies sobre ese sofá enorme cosa de dejarles nuestras conchitas para que hagan con ellas lo que quisieran, mientras con Belu nos empezamos a besar ¡de nuevo! (y repito que a pesar de ser cuatro bolas de grasa me empecé a calentar), y así estuvieron un rato (no mucho porque Belu había arreglado nada más que una hora).

    Intentan ponernos la pija en las conchas y Belu que es más fría que yo, porque esto lo hace como un trabajo les dice: “nooo, con forro o nada”.

    La cosa es que se ponen cada uno un forro, nos empiezan a coger sobre ese sofá enorme, (nosotras dos en cuatro, dejándonos que nos cogieran uno y otro, se iban repartiendo y a las dos (bah por lo menos a mi, porque me di cuenta) nos cogieron los cuatro, algunos acabaron otros no (yo acabe como tres veces, estaba re caliente, en cuatro en el sofá, mientras nos cogían con Belu nos tocábamos, algún beso nos dábamos, bah, todo completo, como me gusta a mi).

    Después se sientan dos de esas bolas de grasa en ese sofá y nos dice que nos pongamos arriba de ellos y los cabalguemos (después me di cuenta porque hicieron eso, y ya se lo cuento).

    La cosa es que con Belu empezamos a cabalgar sobre esas pijas de los gordos de mierda, mientras con Belu, nunca dejamos de tocarnos, al menos, las tetas y como podíamos algún beso nos dábamos, yo empecé a saltar como una loca hasta que acabe de nuevo, Belu no (ella la verdad es digamos “más profesional” y no se calienta tanto, yo si me calenté y bastante).

    Hasta que en un momento, nos agarran, nos inclinan para que nuestros cuerpos queden encima de esas bolas de grasa y nuestros culitos al aire, ¿me explico?

    Yo empiezo a sentir que uno de los gordos, me empieza a besar la cola, me la escupe, me mete los dedos (la verdad, ya ni me acordaban que estaba laburando, que quiero decir con esto, que solo nos tenemos que dejar hacer lo arreglado y eso me lo explicó Belu).

    Y por los visto a Belu, le hacían lo mismo porque les dice algo así: “Chicos, ya se está por cumplir la hora y aparte la doble penetración no la habíamos arreglado” y uno de esos gordos de mierda le contesta: “chicas por 200 dólares más para cada una, no me vas a decir que no se van a quedar y nos van a entregar esos culos hermosos que tienen”.

    La verdad es que me sentía re boluda, y cogida, por esos cuatro gordos que aparte ¡me hacían calentar! Porque me sentía ¡re boluda!, porque son cosas que ni se cómo se manejan, Belu si lo sabe, porque lo hizo varias veces, hasta que la guacha sin preguntarme nada les dice:

    “Por 200 dólares más para cada una les entregamos hasta la oreja, pero solo media hora más”, me mira me parte la boca, yo nada, solo dejaba tanto a ella como esas bolas de grasa hicieran lo que querían conmigo.

    La cosa, es que siento de nuevo como me escupen la cola (supongo que a Belu le hacían lo mismo), me meten un dedo dos, yo seguía saltando con la pija del otro gordo adentro, hasta que siento bien dos dedos en la cola (que ya la tenía bien dilatada), y siento como me empieza a meter la pija por la cola.

    A Belu, por sus gemidos y sus gritos le hacían los mismo, yo empiezo a gemir a gritar: “nooo, siiii, ayyy”, ya no me podía ni mover, y nos empezaron hacer a las dos la doble penetración.

    Otra vez, terminé acabando a los gritos antes que ellos (yo gozaba lo que me hacían, Belu no, para ella era solo un trabajo, nada más).

    Bueno la cosa es que ahora, con los que les voy a contar me fui y se fue todo a la mierda, yo acabo, los gordos no (claro, no eran pendejos llenos de leche), nos sacan las pijas, con Belu nos sentamos en el sofá enorme, los gordos nos miraban, Belu les dice: “por 100 dólares más cada una ¿quieren ver como hago acabar a esta trolita?” (La guacha hablaba ¡de mi!), obvio (estaban llenos de plata las bolas de grasa.

    Yo seguía caliente, Belu, me empieza a besar, a jugar con nuestras lenguas de nuevo, me tocaba las tetas, se va a mi concha, me la empieza a chupar, mientras dos de los gordos, me empiezan a poner de a uno las pijas en la boca, se la chupaba de a uno, después a otro.

    Seguía yo caliente, y encima tenia a todos para mi, y eso ¡más caliente me ponía!, los otros dos, me besaban las tetas, Belu me empieza a re chupar la conchita, me mete los dedos uno dos, me los saca me los mete con una velocidad ¡que me ponía loca!

    Ella me conoce bien mis puntos débiles y un par de veces me hizo ¡eyacular!, la cosa es que yo tenía esas dos pijas en la boca, dos gordos, tocándome, besándome las tetas, A Belu haciéndome mierda la concha hasta que casi sin darme cuenta, la calentura mía fue tan grande, que mientras me sacaba y me metía los dedos, ¡me hizo EYACULAR! Hacía mucho que no me pasaba eso, y me hizo eyacular, como tres veces.

    Los gordos, cuando me vieron así, digo así de caliente y ya totalmente entregada, se empezaron a pajear, y me llenaron la boca de leche, digo mientras acababan me la metían en la boca, primero uno, después otro, me llenaron dos la boca de leche, y a Belu después que yo había eyaculado y yo estaba muerta en el sofá, veo que también, se la meten los otros dos en la boca, se pajean hasta ¡llenársela de leche!

    La cosa es que de la hora que Belu había pactado fueron dos horas. Vamos con Belu al baño, nos limpiamos un poco, salimos y Belu, les termina sacando más dólares americanos, ¡por lo último que hicimos!

    La verdad que por dos horas nos llevamos entre las dos bastantes plata, nos vestimos, ¿y saben qué? Los gordos le dicen a Belu que les pase mi número, por si algún día alguno quería coger y así me llamaba (como si fuera una puta en serio, y bah, la verdad me porte como una puta). Obvio que Belu les dijo que después se los pasaba y no les paso nada.

    Bueno la cosa es que nos ponemos esos vestidos, ya sin portaligas ni nada, nos vamos a lo de Belu (ya habíamos quedado en ir a dormir ahí), y le digo: “Belu mientras preparas unos café o algo para tomar me voy a pegar una ducha así me saco el olor de esas bolas llenas de grasa”

    Me meto en la ducha, me estoy duchando y de nuevo ¿saben qué??, se mete Belu y me dice: “¿hay lugar para una más?”, mi respuesta fue partirle la boca, todas mojadas enjabonadas (si la piel de una mujer me gusta por lo suave que es enjabonada ¡me gusta más!), nos re contra acariciamos, nos tocamos, nos empezamos a meter los dedos cada una en la concha de la otra, así un rato, mientras seguíamos besándonos, hasta que acabamos de nuevo, ¡y mal!, quedamos casi temblando.

    Bueno, salimos de la ducha nos secamos, nos quedamos con los toallones, y vamos a la cocina a tomar algo (un Fernet con cola), mientras hablábamos y nos reíamos de las bolas de grasa y Belu re contenta por los dólares americanos que se levantó, porque los necesitaba, yo no, solo lo hice para hacerle gamba a ella.

    Estábamos muertas, nos sacamos los toallones y así en bolas, nos vamos a acostar, nos abrazamos y nos quedamos dormidas ¡enseguida!

    Dormimos bastante, pero la cosa no termina ahí, a la mañana yo media dormida, empiezo a sentir sus labios sobre los míos, sus manos sobre mi cuerpo (no hay mejor despertar que ese), ya despierta, nos re contra acariciamos, nos acomodamos para hacer el famoso 69, y nos re contra comimos las conchitas, hasta que acabamos casi las dos juntas.

    Me quedo un rato más, y ya me volví a casa.

  • La oficina sexual

    La oficina sexual

    Hace tiempo tuve una relación con una mujer algunos años mayor que yo, trabajábamos en el mismo lugar aunque en diferentes oficinas.

    Una tarde pase a buscarla para ir a comer, era el cambio de turno, al entrar ella cierra la puerta diciendo que le de unos minutos para terminar.

    Me acerqué a darle un beso suave en la boca, y este comenzó a hacerse más intenso a cada momento, la abracé y mis manos comenzaron a acariciar su espalda y sus caderas, luego sus senos se pegaron a mi pecho y comencé a excitarme, me pegaba más a su cuerpo y me embarraba en sus caderas, las toque, acaricie y metí mis manos bajo su falda haciendo a un lado su pantaleta, yo ya estaba muy erecto y no podía aguantar más, y esto fue lo que sucedió:

    Hilda: quieres hacerme el amor??

    Guillermo: si

    Hilda: mmmm

    Guillermo: lo deseo mucho

    Hilda: y yo

    Guillermo: estar dentro de ti por todos lados

    Hilda: mmmmm

    Guillermo: mamar tus senos y bajar a tu pucha

    Hilda: lamerla

    Guillermo: recorrerla con mi lengua meterla mientras mis manos aprietan tus pezones mójame dame tus jugos mas mas

    Hilda: si mi amor

    Guillermo: que rico aprieto tus tetas mmm quiero tu pucha vaciándose en mi boca

    Hilda: mi amor que caliente eres

    Guillermo: me haces estremecer

    Hilda: y tu mojarme

    Guillermo: siente mi tamaño

    Hilda: es grande amor

    Guillermo: la llevo a tu entrada

    Hilda: me llenarás la puchita

    Guillermo: que rico resbala cógeme aprieta las nalgas en cada empuje mas mas

    Hilda: nalguéame

    Guillermo: si si

    Hilda: métemelo duro

    Guillermo: hasta el fondo mientras mamo tus tetas

    Hilda: son tuyas

    Guillermo: mas duro

    Hilda: siiiii

    Guillermo: quiero nalguearte

    Hilda: mmmm si

    Guillermo: volteate te quiero tomar por detrás

    Hilda: me quieres poner de perrita??

    Guillermo: para jalarte el pelo para ver tu cara

    Hilda: si papiito

    Guillermo: te parto el culo delicioso anda muévete pide verga

    Hilda: si papito dame verga cogeme rico

    Guillermo: empínate más

    Hilda: que brame como perrita

    Guillermo: grita mami

    Hilda: si mi amor

    Guillermo: te duele? me vale te quiero dar mas duro

    Hilda: no la gente puede entrar

    Guillermo: no me importa

    Hilda: métemela soy tuya amor

    Guillermo: te cojo duro amor?

    Hilda: muy duro

    Guillermo: tus tetas se menean rico mami

    Hilda: te gustan

    Guillermo: me encantan grandes sabrosas que rica perrita eres

    Hilda: si amor

    Guillermo: mi verga es tuya

    Hilda: claro, eres mío ya

    Guillermo: te quiero nalguear mucho

    Hilda: esa verga es para cogerme a mi

    Guillermo: solo a ti no quiero otra pucha que no sea la tuya

    Hilda: claro amor

    Guillermo: móntame

    Hilda: te voy a tener buen cogido para que no quieras coger con ninguna puta mete tu verga hasta adentro

    Guillermo: ninguna verga te tocara

    Hilda: solo la tuya

    Guillermo: muévete mas

    Hilda: siii

    Guillermo: que rico rebotan tus tetas reboten mamita

    Hilda: me vas a dar lechita

    Guillermo: que ricas tetas si sácamela la leche

    Hilda: ándale cabron cógeme

    Guillermo: así así me enciendes mas dale mi cabrona sácame la leche

    Hilda: ándale cógeme eres mi semental no

    Guillermo: si si me quiero venir en tu pucha

    Hilda: dale cabron duro

    Guillermo: puta madre que rico coges

    Hilda: que todas las pinches viejas de tu oficina sepan que tienes una puta que te coge delicioso

    Guillermo: si si ábrete las nalgas así mi puta dale

    Hilda: me vas a dar vega por el culo?

    Guillermo: quieres pito en el culo? te lo voy a besar primero

    Hilda: soy tu mujer no? tu perra tu hembra

    Guillermo: solo para mi que rico culo apretado

    Hilda : si mi amor anda dame verga

    Guillermo: siente la cabeza que rico resbala ahhh

    Hilda: párteme en dos

    Guillermo: eres mi perra

    Hilda: soy tu perra y tu un cabron que coge muy rico

    Guillermo: no mames que rico aprietas el culo

    Hilda: siiii, que brote el chorro de mi venida me voy a venir dale

    Guillermo: así mi puta dale que me vengo mas mas

    Hilda: dale dale ándale yo también voy a gritar

    Guillermo: mas mas ahhh toma lecheee que rico coges

    Hilda: me tienes temblando quiero secarte la verga con mi boca.

    Así es como recuerdo que pasó, y hasta la fecha diez años después no puedo olvidar esa rica cogida en su oficina.

  • Marilina y la modista

    Marilina y la modista

    Marilina se despertó sintiendo una voz familiar ‘Nena despertaste que son las 9’, todavía somnolienta la chica dijo ‘Pero mama hoy no tengo clases’ a lo que su mama respondió ‘Pero a las 11 tenés cita con la modista, no te acordabas?’ y fue cuando Marilina recordó que tenía que hacerse un vestido para el casamiento de su prima y para eso tenía que ir a lo de Doña Margot, la modista del barrio. Estuvo un rato más remoloneando hasta que se decidió y ágilmente salto de la cama y fue al baño a ducharse.

    Se observó en el espejo, su figura estilizada, su cabellera rubia hasta los hombros su carita todavía aniñada le daban un aspecto muy atractivo. Era alta y delgada y quizás por eso sus pechos resaltaban, sabía que en la calle la miraban y muchos hombres jóvenes y viejos se daban vuelta para apreciar sus piernas y su cola. Se metió en la ducha, estuvo un buen rato sintiendo el agua correr por su cuerpo, como le ocurría casi siempre se le endurecieron los pezones al enjabonarse y la chica pensó ‘U que caliente estoy, me hace falta un buen polvo’.

    Salió de la ducha, se secó y peino su larga cabellera y se vistió con una tanga blanca, unos shorts de jean y una remera liviana, eran ya días de verano y como a toda chica, a Marilina le gustaba vestirse con esas prendas prácticas y frescas que además le permitían lucir su cuerpo. Fue a la cocina donde su madre la esperaba con el desayuno, un vaso de jugo de naranja y una tostada. Marilina desecho la tostada y se tomó el jugo. Como siempre tuvo que escuchar las quejas habituales «nena tenés que comer algo, estas muy flaca». La chica ya sabía cómo comportarse diciendo «mama con un jugo estoy bien y no estoy flaca, yo como bien no te preocupes”. Se despidió con un beso, asegurándole que para mediodía estaría de vuelta. Salió al pasillo, se dirigió al ascensor y llego a la planta baja. Por suerte no estaba Don Lito, el portero viejo verde que la miraba como para comerla cada vez que se cruzaba con ella.

    Salió a la calle y se dispuso a caminar las dos cuadras que la separaban del domicilio de Doña Margot. Pensó en la modista y tuvo un pensamiento extraño, era una mujer mayor, no sabía calcular bien la edad, pero debería tener más de 60 años, vivía sola y en una anterior oportunidad, cuando tenía 16 años tuvo que hacerse un vestido con Doña Margot y recordaba como la había mirado y halagado por su figura. Incluso más de una vez se había cruzado en la calle con ella y había notado como la miraba fijamente cuando la saludaba, la hacía sentir un poco extraña. Había escuchado decir que a Doña Margot le gustaban las chicas y Marilina se preguntaba como seria eso, de cómo sería que una mujer le hiciera el amor a otra mujer e involuntariamente y extrañamente se sintió excitada.

    Llego al domicilio de la modista, toco timbre y al cabo de unos minutos atendió la puerta la misma Doña Margot. «Hola nena, te estaba esperando, pasa» y la hizo pasar a la sala de su casa. Era una mujer mayor, como recordaba Marilina, de pelo canoso atado en un moño, enjuta y de rostro afilado. Sus ojos miraron con atención a Marilina mientras decía » Me dijo tu mama que precisas un lindo vestido de fiesta para un casamiento, verdad?» «Si» contesto la chica «es para el casamiento de mi prima» «Las fiestas son lindas, te vamos a hacer un precioso vestido» dijo la mujer mirando las piernas de Marilina «Con lo linda que sos todo te va a quedar bien». «Y decime, como querés que sea, un vestidito cortito o largo? Con esas piernas que tenés me parece que tenés que lucirlas con algo corto» dijo la mujer. «Si me parece mejor un vestido corto, como por acá» dijo la joven marcando con su mano a medio muslo. «Si por ahí te va a quedar divino» dijo Doña Margot mientras estiraba su mano tocando el suave muslo de Marilina. «Mira vamos a hacer esto, vos sácate la ropa en la piecita de trabajo mientras voy por la cinta de medir así te tomo las medidas» y le indico que entrara en un cuarto donde había una máquina de coser, unas cuantas telas y al fondo del cuarto una cama, donde presumiblemente dormía Doña Margot.

    «Me tengo que sacar la ropa?» pregunto cándidamente la chica. «Claro preciosa, no tengas vergüenza, estamos entre mujeres, sabes cuantas chicas veo desnudas por día? “Podes dejar la ropa en esa silla» y se retiró a buscar la cinta. Marilina estaba un tanto desconcertada, no pensó que tenía que desnudarse, pero si así trabajaba la modista tenía que hacerlo. Se dirigió al centro del cuarto y se sacó la remera, luego se desprendió el short y lo deslizo por sus piernas. Cuando estaba dejando sus prendas en la silla, Doña Margot apareció y la chica se cubrió los pechos con pudor. La mujer la miraba de arriba abajo mientras le decía «que cuerpo que tenés nena, debes tener muchos novios». Marilina no contesto, sonrojándose. Doña Margot se puso por detrás de Marilina y le dijo que le iba a tomar las medidas, que bajara los brazos así podía medirla. La chica bajo sus brazos y de inmediato sintió como le pasaba la cinta por delante de sus pechos y el contacto de la tela mientras la mujer le media excito sus pezones, lo que le dio vergüenza a Marilina. «Tenés 110 cm de busto, estas bien desarrolladita nena» dijo la mujer mientras bajaba la cinta para medirle cintura y caderas «Estas muy bien de medidas, pareces una modelo» volvió a decir Doña Margot. Marilina no respondía, estaba cohibida y veía que la mujer a pesar de ya haberla medido no se separaba de su espalda.

    «Bueno, dijo la mujer, vamos a hacer una prueba, como te gusta el vestido, justo o flojo» y en ese instante paso sus manos por la espalda de la joven y tomo con fuerza cada uno de los pechos, comenzando a apretarlos. Marilina quedo conmocionada, sin respuesta mientras le amasaban los pechos. Sin dejarla reaccionar, la mujer paso ahora a acariciar por los costados los senos en forma muy suave diciendo «O preferís, así, que te quede más flojo?» y antes que hubiera respuesta comenzó a apretarlos más fuerte diciendo «Te gusta así, más justo?» y enseguida acariciaba despacio diciendo «O te gusta más flojo, nenita?» Marilina estaba en plena confusión, no reaccionaba a pesar que se daba cuenta que la mujer estaba aprovechándose de ella. Pero ese manoseo empezaba a excitarla y cuando en medio de las caricias la mujer pasó la yema de sus dedos por los pezones, empezó a sentir una agradable sensación. Doña Margot alternaba apretones más fuertes con suaves caricias diciéndole al oído «Te gusta justo o flojo, preciosa?» y no dejaba de manosear los pechos de Marilina. La chica, en medio de esa continua maniobra de la mujer atino a decir, con voz muy queda «me gusta más justo, me gusta más justo» a lo que la mujer respondió masajeando con más fuerza los dos senos «si, con algo justo esas tetas van a lucir mejor, nenita» y empezó a pasarle la lengua por el lóbulo de la oreja. La chica se enderezo al sentir la lengua de la mujer y se dio cuenta que se estaba mojando la tanguita, estaba siendo excitada en gran forma. Doña Margot se daba cuenta que sus caricias hacían efecto, no quería apresarse, esa belleza la enloquecía y ya quería chuparle la concha pero debía ser paciente, mientras acariciaba esos deliciosos globos carnosos, bien parados se daba cuenta que tenía una calentura que volaba. Se había jugado y bien podía haber salido todo mal pero la chica había aceptado sus caricias en forma pasiva, una belleza poco común dejando que la tocara a placer. Continúo su manoseo a las tetas mientras con sus dedos tocaba también los duros pezones de Marilina, que ya estaban como piedras. Se arrimaba al oído de la chica y le decía cosas que la calentaban «que tetas más lindas tenés pendejita me encanta tocártelas». Marilina sintió que estaba por tener un orgasmo mientras las manos de la mujer en forma incansable sobaban sus pechos, alternaba caricias más suaves por los costados de las tetas y apretaba cada tanto los endurecidos pezones. Nunca le habían tocado las tetas por tanto tiempo, Marilina entrecerraba los ojos y abría su boca suspirando de placer mientras las manos de Doña Margot hacían su exquisito trabajo. La mujer se pegó contra el cuerpo de la chica y sintió la dureza de las nalgas desnudas de la chica y comenzó a frotarse contra ella. Se inclinó sobre el cuello de Marilina e introdujo su lengua en el oído de la joven mientras le decía «te voy a chupar por todos lados nena » En ese momento, como con una descarga eléctrica, Marilina sintió que estaba teniendo un orgasmo, gimió y suspiro de placer mientras la mujer seguía sobándole las tetas y chupándole la oreja. Por varios minutos siguió Doña Margot amasando esos exquisitos melones, hasta que tomándola de un brazo la hizo dar vuelta y quedar cara a cara. Marilina tenía entrecerrados sus ojos, sus labios entreabiertos fueron una tentación imposible de evitar para la mujer y comenzó a besarla con ardor a lo que la chica respondía. Sus manos volvieron a aprisionar los pechos de Marilina y mientras se besaban continuaba estimulando los pezones hasta que bajando por el pecho de la joven se introdujo un erecto pezón en forma íntegra en la boca. La chica suspiraba mientras le chupaba las tetas y Doña Margot no aguantaba más su calentura. Por fin decidió llevarla a la cama, el tomo por un brazo y Marilina obedientemente la siguió. La hizo sentar en la cama y comenzó a acariciarle los muslos, la hizo acostar y comenzó a sacarle la tanguita con movimientos lentos hasta que se la retiro por los pies. Abrió con sus manos los muslos de Marilina y se puso a lamerle las piernas y muslos por dentro hasta llegar a la mojada concha de Marilina. La chica gimió de placer cuando la boca de la mujer se concentró sobre sus labios vaginales y con la lengua la chupaba sin cesar, Marilina habría al máximo sus muslos recibiendo una chupada memorable. Sintió su clítoris envuelto por la lengua de la experimentada mujer y sintió llegar otro orgasmo y su cuerpo se estiro mientras recibía la incansable lengua de Doña Margot. La mujer percibió por las sacudidas de Marilina que estaba gozando a pleno y también quería acabar, se irguió sobre la chica y empezó a frotarse contra el vientre y las piernas de la chica hasta que sintió llegar un fuerte orgasmo que la dejo extenuada.

    Al cabo de un rato, Doña Margot le dijo a Marilina que se vistiera, que ella se iba a poner a trabajar en su vestido. Cuando se despedían, la mujer le dijo a Marilina «Quiero que vengas la semana próxima para ver cómo te va quedando el vestido» a lo que Marilina dijo «Si Doña Margot, voy a venir a probármelo»

  • Algo breve en un almacén

    Algo breve en un almacén

    El día de hoy salí de paseo. Durante los ratos que descansaba en algún asiento del Centro Histórico, entraba por ratos al chat gay de la ciudad. Llevo un par de semanas buscando a alguien que me llenara de semen. No pude encontrar nada por diversas razones y el día de hoy no parecía la excepción. Ya habían pasado varias horas, así que en mi último descanso de la caminata de 4 horas entré de nuevo al chat.

    Como de costumbre, puse como Nick ‘llenamedeSEMEN’, encontré algunas propuestas, pero ninguna dijo nada realmente, luego de 5 min, poco antes de desconectarme, alguien me contactó y me dijo que se encontraba a unos 10 minutos de dónde yo estaba. Rápidamente compartimos números de teléfono y fui a verlo.

    Durante el camino me di cuenta de que estaba algo alejado del Centro y las calles se veían cada vez más pálidas. Cuando llegué a la calle, me llamó la atención un mercado del que jamás había escuchado, se veía completamente decaído y apenas habían un par de locales abiertos. Empecé a sentir algo de nervios, pero luego de caminar unos metros pude ver a un señor sobresaliendo de su local. Él era un hombre de 49 años, con bigote, de complexión delgada. Su aspecto era algo rudo, pero hablé con él, su voz era bastante calmada y amable.

    El local era una especie de almacén pequeño, veía algunos materiales de construcción, pero eran pocos. Cuando llegué, él recibió una llamada, así que tuve que esperarlo un par de minutos observando el lugar. Al terminar la llamada cerró el local y luego de eso, me dijo que fuera a la habitación de atrás, ahí había algunas tablas de madera apiladas, llevó una toalla y la puso encima. Luego se quitó la bata y fue por un condón y lubrícate. Entre tanto, yo no estaba seguro de qué hacer, así que simplemente me quité la camisa y me bajé los pantalones. Él se terminó de desvestir detrás de mí, no lo pude ver bien, sólo me di cuenta de que llevaba bóxer amarillo y era velludo. No pude ver su pene pues me recosté contra la pila de madera y no me volví a mover de ahí.

    Él me empezó a tocar. Me tocó el trasero e, incluso, me lo mordió. Siguió tocando por toda mi espalda. Entonces se alejó un poco para ponerse el condón. Me untó el lubricante e intentó penetrarme. Tardó un poco, pero una vez que pudo meterla, empezó a darme duro. Me gusta el sexo rudo, pero las tablas y la posición hicieron algo difícil que pudiera dominarme por completo. Aun así, a ratos me daba fuertes nalgadas y besaba la espalda. Además, me preguntaba qué tal me parecía a lo que yo sólo le pedía entre gemidos que me diera más fuerte. Él se aceleró y yo empecé disfrutar más y más. Al par de minutos me preguntó si quería que ya se viniera a lo que dije que sí, pues había olvidado que estaba usando condón y yo sólo pensaba en que quería su semen dentro. Luego de un fuerte gemido, se quedó un rato y sacó su pene de mí. El condón se quedó atorado en mi trasero.

    Luego de sacármelo, yo me levanté y pude ver que su pene era algo delgado y de unos 15-18 cm. Al principio pensé que era algo más pequeño, pero lo disfruté. Finalmente, ambos nos vestimos y me arreglé un poco con trastero que estaba por ahí. Me quedé sentado otro rato, ya que recibió otra llamada. Al terminar, abrió el local de nuevo y nos despedimos. Durante todo el trayecto a casa sentí cierto calor en mi trasero como si de verdad hubiese eyaculado dentro. Fue una sensación agradable.

  • Follar con los gregüescos puestos a Florencio

    Follar con los gregüescos puestos a Florencio

    Suelo decir que soy muy caprichoso, pero no exijo mis caprichos, sino que busco la posibilidad de disfrutar de algunos. Vi un día a la abuela cosiendo con una sigma, maravillosa máquina de coser, ni sabía que ella tenía una. Estaba cosiendo unos pantalones para el abuelo, porque a él no le gustaba ir a tiendas a probarse. La abuela que de joven había sido ayudante de sastre y después tenía la propia sastrería hasta que el prêt à porter derrumbó la confección de media costura, porque el prêt à porter afectó al sastre o sastres de la clase media, no a la alta costura. Mi abuelo tenía su sastresa personal. Envidioso yo, quise tener también mi sastresa personal y, yendo vestido solo con mi tanga como de costumbre, me acerqué a la abuela.

    Me encantaba el ronroneo de la máquina cuando cosía, me arrimaba a la máquina como ayudando a sujetar las partes largas y notaba la vibración de la máquina en mis huevos. La abuela me miraba con media sonrisa al ver mis ojos en blanco y como gozando. Lo bueno de la abuela, entre otras muchas cosas, es que no hacía comentarios aunque adivinaba lo que pasaba. Siempre decía que ver a sus nietos delante de ella ya le hacía gozar. Creo que por eso nos consentía todo. ¿Que si he dicho todo? Pues sí, he dicho todo. Sí, nos ha visto follar en la piscina y pasa como si no hubiera nadie. ¿Se habrá acostumbrado? No; es que la abuela es así, mientras nos vea felices y el abuelo le asegure que estamos sanos y fuera de peligro, la abuela contenta. A mí me parece que me quiere un poco más o de modo diferente que a los demás. El mismo Lorenzo lo nota porque me suele decir: “Yo soy el nieto de verdad de la abuela, pero tú eres su nietísimo”, con esto lo ha dicho todo.

    Me dice la abuela:

    — ¿Quieres que te cosa algo…, un pantalón, una camisa, una chaqueta…?

    — Sí, abuela, me gustaría tener un par de gregüescos, respondí.

    — ¿De grequé?, preguntó la abuela.

    — De gregüescos o greguescos…

    — ¡Ah!, de calzas a lo don Juan de Austria!

    — Sí, abuela, algo como eso mismo, pero sin calzas, dije yo.

    — Eso está hecho, ¿con forro o sin forro?, ¿a cintas o completos? Muy cortos o hasta casi las rodillas

    — ¡Joder!, abuela, es que te lo sabes todo…, cortos, cintura baja y sin calzas…

    — Eso es fácil; el de cintas mañana lo tienes ya, porque tengo tela como de seda para el interior. Uno entero para ti… tendría que ser de satén, seda de color, lycra… ¿qué color te gustaría? Ah, no, yo elijo lo mejor, uno rosado fuerte y otro marrón, oscuro y claro, eso es bueno para ti, déjame, mañana vienes a probarte el de cintas.

    Me puse feliz, pero no conté nada a nadie, porque era un capricho muy caprichoso. Así que al día siguiente con mi tanga puesta me puse delante de la abuela que estaba cosiendo otro pantalón para el abuelo. No dije nada. Los caprichos se dicen, se sugieren, pero no se exigen. Paró de coser, escarbó en su cajón de sastre y me dijo:

    — Ponte esto a ver…, si te va bien solo me falta ajustar el elástico, a no ser que quieras que te ponga cintas de sujetar…

    — Mejor elásticos, abuela, respondí.

    Era un perfecto short, solo que tenía una tela blanca de toque sedoso muy suave y unas cintas sobre el sedoso. Era como dos pantalones bombachos, uno encima del otro y acababan por debajo de la ingle. El blanco dentro y las cintas del beige estaban unidos por velcro. La abuela ajustó la parte inferior para el elástico de los muslos…, luego le pregunté por qué los unía por velcro en lugar de coserlos y a la abuela y me dijo:

    — Blanco y color no se deben lavar juntos, porque mancha o destiñe y ensucia el blanco…, —me mira a los ojos— aquí tienes en color crema un repuesto, solo tienes que despegar el velcro para lavar por separado y poner de fondo el que quieras…

    — ¿Y el que va sin cintas?

    — Esta tarde voy a comprar la tela… pero quiero saber si el toque de esa lycra te gusta porque la seda da más calor, así que te quitas el tanga y te lo vuelves a poner…

    — ¿Aquí, abuela?

    — Hijo, ya no me falta nada que ver en este mundo y menos de ti, haz lo que quieras…

    Pensé que era verdad y se me empezó a poner un poco dura. Respiré profundo y me quité todo y volví a ponerme el gregüesco. Se sentía bien, caminé un poquito y me daba gusto el toque, me lo quité enseguida, antes de que lo ensuciara con mi presemen, me puse mi tanga, acomodando bien mi polla para disimular algo y…

    — Descuida, hijo, no te preocupes, eres muy sensible…, anda vete, ya veo que te gusta ponerte esta lycra… ¿cuántos quieres?

    — Abuela, uno o… o dos, no más…

    — Este te lo llevas en media hora y el amarillo también, mañana te doy los otros… mejor los usas sin nada, porque con esta bombacha no se va a notar nada.

    — Qué lindos, quedan muy retro…

    — Muy retro…, claro que muy retro, siglos de retro…

    A la media hora me llamaba a la puerta diciendo

    — Aquí los tienes, ponte uno y a ver que lo ajuste sin apretar.

    Abrí la puerta, me los dio, la besé, me puse uno, el blanco, aunque el otro también iba completo. Salí, fui donde la abuela, me hizo dar vueltas sobre mí mismo y me dijo:

    — Yo les hacía a mis niños esto en solo blanco cuando eran pequeños, así no se notaban los pañales; te quedan bien.

    Como siempre me ha gustado llamar la atención, salí a la calle y todos me miraban. Si hubiera llevado calzas, jubón y ropilla pareciera estar en el siglo XVI. Al día siguiente tenía los otros sin cintas. Mis amigos Lorenzo, Zigor y Mauro me preguntaban dónde había comprado semejantes paramentos y no quería decirles, pero la abuela se asomó, se me puso en jarras mirándome y no tuve más remedio que declarar la verdad. Ellos se pusieron a mirarla y la abuela se pasó una semana dándole a la sigma. Con estos calzones pasamos el resto del verano. La abuela nos hizo muchos para que nos cambiáramos con frecuencia, porque no usábamos con ellos más ropa interior.

    La cinturilla superior era ancha y la abertura para usar el pene con tres botones, de modo que fácilmente salía la polla y los huevos. Para follar no era necesario sacárselos del todo, aunque más nos gustaba la desnudez. Nuestro lugar preferido era el claro del bosque. Allá que nos íbamos cada día para correr, caminar, pasear. Una vez que llegábamos, ya sabíamos que era para follar los cuatro con los cuatro. Pero he aquí que al entrar en el claro nos vimos a un tipo sentado, arrimando su espalda a un árbol, iba con jeans largos, zapatillas y la camisa a rayas abierta, mostraba buenos pectorales y algo de pelos, no tenía el abdomen a cuadros, pero sí lo tenía muy plano; en bandolera llevaba una bolsa de ruda tela y en las manos tenía una especie de bloc y con un lápiz de tinta indeleble iba dibujando lo que tenía delante.

    — Hola, nos dijo.

    — hola, contestamos los cuatro a la vez.

    — ¿Venís a lo de siempre?, preguntó.

    — ¿Por qué preguntas eso?, dijo Zigor que al parecer lo conocía.

    — Oye, Zigor, diles a tus amigos…, no; mejor, preséntame, ¿sí?

    — Mis amigos, Joel, Lorenzo y Mauro; él es Florencio, un compañero de la nocturna, los dos estamos acabando el bachillerato.

    — Y…, ¿qué hace aquí?, preguntó Lorenzo.

    Florencio se levantó a darnos la mano al tiempo que decía:

    — Florencio es mi nombre completo, pero en casa y mis amigos me dicen Floren, si queréis me decís igual, hace tiempo que vengo por aquí, un día os vi cómo os divertíais, pero no me atreví a salir; he venido varias veces a distintas horas y he esperado aquí, pero no he tenido suerte de encontraros y me las he arreglado yo solo…; hoy he tenido, al menos, la suerte de poderos saludar, ni voy a exigiros nada ni nada diré a nadie, por mí no será…

    — Mira, Floren, has sido sincero en lo que has dicho y es una pena que estás solo, ya sabes qué somos y cómo hacemos, ahora nos pillas sin saber como emparejarte, pero bienvenido seas: el que es amigo de Zigor, puede ser amigo nuestro…, dijo Lorenzo sensatamente y todos asentimos con sonrisa y con la cabeza.

    — No sabía que tú eras gay, Floren, te imaginaba un homófobo o al menos que pasabas de nosotros…, no sé qué…, dijo Zigor.

    — Tú conoces a Silver, bueno, quizá lo conozcas mejor por Silverio González…, sí, ¿no?…, preguntó Floren.

    — Sí, creo que sí, por el nombre seguro, pero no sabría ahora decir bien de quién se trata, dijo Zigor.

    — Se sentaba siempre detrás tuyo.

    — Ah, coño, sí, un tío de puta madre, ¿qué pasa con él?

    — Es mi…, somos amigos, bu- bueno… casi novios, confesó Floren.

    Zigor se bajó su gregüescos dejando una nalga abierta y dijo:

    — Escribe en mi nalga tu número de móvil y en tu cuaderno anota el mío, así nos pondremos de acuerdo.

    — Cuando Zigor te avise, te traes contigo al tal Silver, lo conoceremos y si es de puta madre, como dice Zigor, pues igual puede ser nuestro amigo, dije yo.

    — Ellos dos, Lorenzo y Joel empiezan este año la Universidad, creo que ya saben lo que van a estudiar, pero no quieren decírnoslo, ellos sabrán por qué —dijo Mauro y añadió— pero yo tengo ganas de caña y no de parla.

    — ¿Por qué lleváis esos gayumbos o como se llame? ¿Estáis en una fiesta?, preguntó Floren.

    Zigor le explicó que se trataba de un reputo invento mío y que era un modo de ser diferente. Le gustó la idea y se rió. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo nos echamos todos encima de Floren, el cual guardó en su bolsa el cuaderno y su lápiz. Como si le fuéramos a dar una paliza, quién le besaba, quién le metía mano y decidimos, sin ponernos de acuerdo, en desnudarlo porque se tenía que estrenar. Unos por arriba, otros por abajo lo dejamos canuto, su poronga ya estaba dando señales de despertar, gruesa, muy gruesa y morena, casi negra, no excesivamente larga, pero yo que me había quitado mis gregüescos y los había puesto junto con la ropa de Floren, me coloqué de rodillas para chupar aquella gorda polla, Lorenzo se me unió y entre los dos la dejamos bien tiesa, dura —señalaba el este en horizontal— y muy húmeda. Zigor se puso detrás de Floren mordisqueando su hombro y lamiendo su cuello. Mauro, por encima de Lorenzo y de mí se metió a darle boca y se besaban chupándose hasta las mismas entrañas. Zigor le empujó un poco hacia adelante y Floren se inclinó un poco sin dejar de besar a Mauro. Como imaginé que Mauro deseaba una penetración de Floren, pasé a comerle el culo a Mauro mientras Zigor inició los preparativos con saliva y dedos en torno al hoyo de Floren para iniciar la penetración que no tardaría en hacer efectiva.

    ¡Joder! ¡Cómo chupaba Lorenzo la polla de Floren!, se la comía con ganas, pero quiso evitar la eyaculación y dio paso a Mauro que ya estaba medio preparado, se metió detrás de Zigor, cuando vio que yo comencé a comerme la polla de Mauro mientras era follado por Floren. Como que estaban los tres, Mauro, Floren y Zigor suspirando y gimiendo de dolor y placer mezclado con «Aaagh» y «qué rico» mezclados, se escuchaba también desde delante donde yo me comía la polla de Mauro, cómo Lorenzo cacheteaba las nalgas de Zigor y le comía el hoyito, metiendo lengua también. Aquello parecía una sinfonía del sexo.

    De repente me empujaron hacia atrás y me caí de culo porque, sin previo aviso, Lorenzo se la metió a Zigor de una embestida y produjo un movimiento en cadena. Me levanté, me puse firme de rodillas a mamar la polla de Mauro y la cadena se invirtió:

    — Aaaah, aahh, me corro, gritó Mauro por cada uno de sus empujes y por cada chorro que yo iba tragando para que nada se desperdicie.

    Me enderecé y con un beso le ofrecía a Mauro de su propio esperma. Luego Floren comenzó a gritar sin saber ni que decía, como si hablara en una lengua de otro sistema planetario y notaba cómo se relamía de gusto Mauro. No tardó Zigor en soltar su lefa dentro de Floren y gritaba como siempre:

    — ¡Uy, uy, uy!, ¡qué rico!, ¡ahí va!, ¡uy, uy uy!, ¡aahh, ooooh!

    Y se agarró a la espalda de Floren porque se le aflojaron las piernas del inmenso placer por su fuerte eyaculación. Se echaron todos al suelo, sobre la hierba, yo estaba de rodillas, meneándomela para eyacular y echarme al suelo. Al parecer estaba tan nerviosamente impresionado que tardaba en eyacular, no me salía y estaba muy sudado, más que todos. Lorenzo se dio cuenta y se vino a levantarme y ponerme en cuatro para pasear su polla por la raja de mi culo. No sé qué señal les dio que todos los otros tres se levantaron y se pusieron a meneársela al lado de Lorenzo. Yo, con la cabeza en el suelo y apoyada en un brazo, intenté abrir mi culo, Lorenzo me quitó la mano y seguí dándole a mi polla por mi cuenta. Lorenzo, con todo el cuidado del mundo metió el cipote en la puerta de mi culo y empujó, ganas que tenía yo, no opuse resistencia y se me abrieron todos los esfínteres. Lorenzo descargó su semen dentro. Luego me la metió Floren y por indicación de Lorenzo me llenó las nalgas de semen. Zigor ya la metió seguido sin resistencia que no lo notaba y se puso debajo de mí. Entonces Mauro metió su polla junto a la de Zigor y descargaron casi a la vez ambos. Entonces fue cuando sentí que me iba y grité. Sin pérdida de tiempo Floren se metió debajo de mi polla, apoyando su cabeza sobre el abdomen de Zigor y recogió mi abundante semen que degustaba y tragaba como si se tratara de un dulce néctar.

    Nos tumbamos a descansar, puse mi cabeza sobre el pecho de Lorenzo mientras los otros tres se juntaron a besarse en el tiempo de reposo. Lorenzo me iba dando besos. Al cabo de un rato, Lorenzo preguntó a Floren la hora, porque era el único con reloj. Y era ya buena hora para bajarnos. Le explicó cómo íbamos a bajar a casa y le dijo:

    — De aquí nos vamos a la piscina de nuestra casa; hoy te podemos invitar a comer en nuestra casa, pero en adelante nos pondremos de acuerdo, sobre todo si venís los dos, porque a la abuela no le gusta improvisar.

    Como siempre nosotros cuatro usamos los gregüescos de sombrero y las chanclas en los pies, Floren se puso sus jeans y camisa al cuello, se calzó sus zapatillas y puso su slip en un bolsillo de sus jeans. Empezamos a correr. Ese día no nos cruzamos con nadie. Al llegar a la puerta, Lorenzo me indicó que avisara a la abuela que teníamos un invitado. Yo sin pensarlo dos veces, entré en la casa corriendo, pasé a la cocina y le dije a la abuela que teníamos un invitado, por la puerta de la cocina salí al jardín y ellos me vieron y Zigor me dijo:

    — ¿Así, totalmente desnudo, has entrado a darle el aviso a la abuela?

    — No, coño, no —dijo Lorenzo— ¿no ves que lleva el gregüesco ese en la cabeza? ¿Qué más da? Si la abuela le ha hecho probar todos nuestros gregüescos para ver si estaban bien y se los cambiaba delante de ella…, ya le ha visto demasiado, si es el puto nietísimo, joder, es más nieto que yo, coño.

    Todos nos pusimos a reír de la parida de Lorenzo y nos echamos a la piscina.

    Al salir nos venimos con nuestros gregüescos puestos y Floren vestido con sus jeans y la camisa medio abierta. Lo presentamos a los abuelos. Lo saludaron cordialmente y no preguntaron nada porque escucharon que Lorenzo le decía que a la tarde le llevarían a casa en la camioneta. Luego la abuela me aclaró que estaba a punto de preparar una habitación y le dije que mejor no, aunque vendría él y un amigo más veces era mejor que Lorenzo los devolviera a casa a media tarde para no dar nada a entender sobre nuestra casa a nadie porque que a nadie importa nada, y añadí:

    — Tú y el abuelo merecéis nuestro respeto y esto no se puede convertir en una casa de gays, aunque todo el mundo sea bienvenido; una cosa es quedarse a comer y otra a dormir; y cuando venga alguien invitado por ti o por el abuelo, nos avisáis y nos vestiremos adecuadamente porque a nadie le importa nuestro particular modo de ser y vivir; eso no es por nosotros, sino por vosotros, abuela, porque nuestro cariño por tí y por el abuelo es inmenso.

    La besé y me dio un sinfín de besos y afloraban las lágrimas de sus ojos. Luego escuché que le contaba esto último al abuelo y le decía que sus nietos la hacían muy feliz y él le decía que con ella todo el mundo irradiaba felicidad. La verdad es que el abuelo estaba enamoradísimo de la abuela y ella de él. Luego el abuelo le preguntó:

    — ¿Y a mí no vas a hacerme unos gregorios de esos?

    Ella le dio un codazo, diciendo:

    — ¿Qué dices? ¿Unos gregüescos para ti? Ni en broma, tú eres un viejo y cómo vas a llevar eso, ellos son jóvenes, tienen ideas locas que no hacen daño a nadie, y todo les cae bien porque son jóvenes y guapos, además de buenos y amorosos.

    — Amorosos, sí, bien amorosos, te sacan todo lo que quieren, dijo el abuelo.

    — Pues contigo no se quedan cortos, que les has dado hasta la camioneta, dijo burlonamente la abuela.

    — Es que ellos son jóvenes y guapos, y les queda bien hasta la camioneta, concluyó el abuelo.

    Y se juntaron sus cabezas, pronto la cabeza de la abuela estaba sobre el pecho del abuelo que le hacía caricias sin parar.