Autor: admin

  • Mi novia empieza a usarme como criado

    Mi novia empieza a usarme como criado

    La vida con mi novia fue un tanto particular por un motivo simple: mi familia no podía permitirse pagar una academia para estudiar para la selectividad, pero la familia de Raquel, mi novia, sí podía. Ella me daba el material para poder estudiar, y ese sería el plan durante seis meses. Pero Raquel se cansó de hacer el trabajo gratis:

    —Vas a tener que hacer algo por mí, o al menos por la casa, para que siga dándote material. Llevo una vida mi ajetreada: despierto temprano para ir a estudiar por los dos, llego a cocinar, comer y estudiar hasta la noche y tú vives a cuerpo de rey. Esto se acabó.

    La verdad es que fueron unos días muy intensos, de peleas. Yo la amaba pero me parecía injusto lo que pedía. Hasta que al quinto día llegó la explosión final:

    —Me parece muy egoísta lo que me estás haciendo —me dijo— creo que lo mejor será dejarlo.

    Esas palabras me asustaron mucho, durante horas traté de convencerla pero parecía imposible, hasta que dije las palabras clave en el momento exacto: haré lo que quieras. A partir de ahí cambió todo. Ella era cautelosa aunque ya sabía cómo iba a acabar la situación. Hablamos mucho sobre mi nueva vida para poder seguir estudiando. Me decía que necesitaba concentración y relajación para estudiar y explicarme por lo que me ofrecí a limpiar la casa y cocinar yo solo, sin su ayuda. Claro que aceptó pero faltaba más.

    —También necesito relajación física. Es algo que no va a molestarte —dijo en referencia a mi fetichismo de pies… ella sabía que lo era y ella disfrutaba las pocas veces que lo hice porque me daba vergüenza. Esta vez no iba a tener forma de negarme, las cosas habían cambiado. Pasé de ser su novio a su criado.

    Mis días se resumían de una forma muy simple: Me despertaba media hora antes que ella para hacer el desayuno, que se lo llevaba a la cama mientras yo lamía sus pies. Quería que fuera con mi cabeza dentro de las sábanas y arrodillado en el suelo. A oscuras me guiaba yo solo. Tenía ambos pies cerca, empezaba siempre dando besos en los talones, las plantas y los dedos, en ese orden.

    Luego lamía en el orden contrario hasta que me daba una leve patada con el otro pie, señal que indicaba que solo quería dedos, su parte favorita. Tras un rato se apartaba sin previo aviso y se iba a arreglar para irse. Yo tenía que arreglarme rápido para acompañarla y llevarle la mochila. Volvía a casa lo más rápido posible para cocinar, ordenar todo y volver a recogerla.

    En casa ella comía y yo estaba de rodillas en el suelo. A veces veía series, otras hacía Skype con su madre. Lo más usual era la segunda opción y recuerdo la primera vez que ocurrió. Ella comía, todo estaba en silencio y yo estaba lamiendo sus pies por segunda vez en el día. Tenía su pulgar derecho en mi boca cuando sonó la música característica de Skype y me quedé helado cuando contestó. Al escuchar la voz de su madre tuve pánico de que Raquel le dijera algo, por lo que me saqué el pulgar lentamente y me quedé de rodillas.

    Me miró mientras su madre hablaba y me volvió a meter el mismo dedo, lo movió sin prisas, su madre hablaba. Me ofreció la planta que era suave, estaba con algo de sudor. Y luego volvió tranquilamente a la conversación. Siempre tomaba una siesta, momento que me dejaba para poder estudiar. Nunca sabía cuánto tiempo tenía pues podían ser un par de horas de siesta o haber días en los que no pudiera dormir y yo no podía estudiar.

    Al acabar la siesta Raquel solía ponerse boca abajo y ordenaba sexo oral. Mi cabeza quedaba a su merced cuando la introducía entre sus nalgas. Mi nariz masajeaba el ano y mi boca se encargaba de su coño. Pasaba mi lengua al ano y vuelta al coño. Se daba la vuelta y mi apresaba con sus piernas hasta que no se corriera en mi cara.

    Y ya solo quedaba día para que ella estudiase mientras yo cocinaba y obedecía órdenes esporádicas como llevarle bebidas o algún aperitivo. Al final de día le lamía los pies por última vez en el día pero era diferente a las otras dos porque aquí ella se recreaba, lo disfrutaba. Se ponía en el sofá después de apagar toda tecnología para evitar despistas. Y durante una media hora me dedicaba a limpiar, oler, besar y adorar sus pies entre frases humillantes y algún que otro golpe.

  • Mi hermano Ricky

    Mi hermano Ricky

    Me tomó un buen rato prepararme. Tenía puestos mis jeans favoritos, unos negros y realmente ajustados, así como una blusa blanca sin mangas y algo corta. Maquillaje, perfume, selfie. Todo perfecto. Tenía que ser perfecto.

    Era mi primera cita secreta con mi hermanito menor.

    Siempre he sido muy cercana a Ricardo. Un chico adorable, alegre y energético, 18 años, quien suele invitarme a sus partidos de fútbol, porque sabe que yo le animo con todo mi entusiasmo. Con frecuencia me dedica sus goles y me agradece por ser su inspiración.

    Todos esos detalles han pasado sin mucha importancia para mí, aunque su caso no era el mismo. Descubrí lo mucho que yo le importaba hasta que un día, hace poco, me confesó lo atractiva que yo le resultaba.

    —Me gustas mucho. Tanto, que desearía que fueras mi novia —me confesó, mientras volvíamos de uno de sus partidos y él se había retirado la camiseta sudada, mostrando su abdomen tonificado.

    —¿Qué rayos dices? Soy tu hermana. Eso es algo mejor, ¿no crees?

    —Claro que no. Porque si eres mi hermana no podría descubrir el sabor de tus labios.

    Le hice que se callara tras esa atrevida frase. Lo que nunca admití es que me había gustado en realidad.

    Los siguientes días fueron especiales… Sentí que su trato hacia mí fue aún mejor que nunca. Era caballeroso, lucía mejores prendas de vestir y me ayudaba con el oficio de la casa que me correspondía. Sin dejar de lado esas miradas que me lanzaba. Ricardo es un chico lindísimo en verdad.

    Una noche de luna llena en que yo había salido al patio a revisar mi teléfono, mi hermanito también salió y se sentó junto a mí. Se veía sereno.

    —¿Te molesta si te hago compañía? —preguntó con timidez.

    Sin alterarme respondí: —Claro, no hay problema.

    Tras un rato en silencio, me confesó:

    —Sabes que yo te amo, ¿verdad?

    —Claro, y yo también te amo. Eres mi hermanito.

    —No. Te amo más que eso. Me gustas con tanta pasión… Verte me vuelve loco y me hace desear darte un gran beso en la boca.

    —Ya deja eso, ¿quieres? No es correcto.

    —Eso lo sé, pero ¿no sería bellísimo si lo fuera? ¿Si pudiéramos darnos todo el cariño que en verdad sentimos uno por el otro?

    Él tenía razón. Ricky siempre me pareció guapo, mucho más que algunos de los chicos con los que he estado, y en más de una ocasión imaginé cómo sería besarme con él para terminar con remordimiento por esa loca idea. ¿Debería probarlo?

    Quizás.

    —¿En verdad quieres un beso?

    —Sí

    —Está bien. Pero sólo será una vez.

    —Okey —respondió con nerviosismo. De seguro no esperaba que yo aceptara. Se movió un poco para quedar frente a mí. Ambos estábamos sonrojándonos. Empezamos a acercarnos, cerramos los ojos y nuestros labios se juntaron con suavidad. Mi tierno hermano tiene un exquisito sabor en sus labios, mejor del que imaginé. Mi boca le invitó a prolongar el beso, a llevarme al cielo con su saliva y su lengua. Fue un largo y hermoso minuto de puro amor.

    Al separarnos, Ricky lucía una luminosa sonrisa, de esas que tan bonito le hacen ver.

    —Gracias.

    —¿Te gustó?

    —Sí. Fue… Lo mejor del mundo.

    —No creas. Hay besos mejores.

    —¿En serio? No lo creo.

    —Entonces mira…

    Lo halé de la camiseta y le di otro beso, más largo, fuerte y salvaje. Dejé que sus manos recorrieran mi espalda ya que las mías hacían lo mismo. Fue diez veces mejor que el primero, y lo notaba en la forma en que mi hermano jadeaba de emoción. Diablos, juro que me lo habría comido de lo mucho que lo gocé.

    Por fin nos separamos. Solo la luna había contemplado ese momento prohibido.

    Ricky comentó: —Creo que… Ahora sí ya somos novios, ¿verdad?

    Yo reí y le respondí: —Sí. Ya soy tu novia.

    Sus tiernos ojitos brillaban de felicidad.

    —¡Gracias! Ya verás que siempre te haré feliz, y que vamos a divertirnos mucho.

    Entró a la casa a toda velocidad, y yo me sentí muy feliz. Finalmente había dejado de negar mis propios sentimientos y había abrazado mis anhelos más oscuros, los cuales ahora me parecían bellos.

    Llega la hora de acostarme, y tras ponerme mi pijama (una pequeña blusa gris y unos shorts rojos bastante pequeños) alguien llamó a mi puerta. Era Ricardo, aún sin cambiarse. Verme vestida así le debió dejar sin aliento, ya que no dijo nada en varios segundos.

    —¿Qué pasó, Ricky?

    —Oye… Ya que ahora somos novios… ¿Te gustaría tener una cita?

    —Me encantaría. ¿Dónde nos vemos?

    —En el centro comercial, si quieres —respondió, sin dejar de escudriñar mi cuerpo.

    —Okey. Hasta mañana

    —Chao.

    Cerré la puerta con lentitud y dándole una tierna sonrisa.

    Me acosté y seguí pensando en cuanto a esa alocada noche. ¿Yo, novia de Ricky? Sonaba absurdo, pero era algo hermoso en realidad. Me había dedicado a recordar la tierna carita de mi hermanito cuando escuché la puerta de mi cuarto cerrarse, y con llave.

    Era él. Entró en mi cuarto, y vi su oscura silueta abalanzarse sobre mí. Estuve a punto de gritar, pero él me advirtió.

    —Tranquila. Es solo que… No me puedo resistir.

    Fue en ese momento que sus labios se presionaron nuevamente contra los míos, pero de una forma más impetuosa. Quiere forcejear, pero él había sacado fuerzas que nunca le había sentido, y no le costó mucho dominarme. Y ese beso. Con todo y su torpeza, lo disfruté mucho…Fue increíblemente intenso y salvaje, algo que no esperaba en ese momento.

    Al dejar de besarme, contemplé su rostro tierno mirándome a los ojos con admiración, y le noté respirar pesadamente. Con una de sus pequeñas manos, acarició una de mis mejillas con timidez.

    Había llegado el momento de dirigirle.

    Tomé su mano y la coloqué sobre uno de mis pechos. Aún sorprendido, tardó unos segundos en empezar a acariciarlo, y en aumentar la velocidad y la fuerza de su tarea. Entonces ocupó también la otra mano sobre mi seno restante, y posteriormente procedió a retirar mi blusa, dejándolas al descubierto.

    —Son grandes y hermosas —comentó Ricky.

    —Y saben bien —respondí con picardía. Con eso logré tenerlo besando y chupando de mis dos tetas por un buen rato. Fue algo exquisito, y terriblemente excitante.

    —¿Te puedo… desnudar?

    —Hazlo

    No tardó en cumplir. Me fue bajando los shorts despacio, como si cuidara mi cuerpo. Al quedar desnuda por completo, él se dedicó a admirarme de pies a cabeza.

    —Sabía que tú eras la chica más bella del mundo.

    —Y yo quiero saber si tú sabes qué hacer ahora.

    Él negó con timidez, así que lo conduje desde ese momento.

    Abrí las piernas, y le vi desnudarse también. Su adorable físico quedó al descubierto, incluyendo su miembro, pequeño pero apetecible, y erecto por completo. Seguramente le había gustado mucho lo que vio, porque además pasó un buen rato besando y acariciando cada parte de mi ser, con énfasis en mis piernas, mi trasero y mi vulva.

    Le avisé cuando debiera detenerse, acercarse a mi abdomen y meter su pene. Lo hizo con lentitud, y la sensación que ambos compartimos fue deliciosa, a la vez que prohibida. Mi hermanito pequeño, mi tierno Ricky, ahora era mi hombre. Yo era su mujer.

    Empezó a sacarlo y a meterlo, cada vez más rápido, y cada vez más fuerte. Ricky, mi atlético Ricky, mostraba una gran energía en darme placer. Mi pelvis era golpeada cada vez más fuerte, y tuve que apretar los labios para no emitir algún gemido apasionado. Lo detuve, y ahora yo le monté. Él se maravillaba con el movimiento de mis grandes pechos, los cuales empezó a tocar cuando tuvo oportunidad. No me detuve. Ya era inevitable el final.

    —Creo que… Va a pasar algo.

    —No te detengas. Me encanta, Ricky.

    Se vino dentro de mí. Sentí con deleite sus tibios fluidos entrando por mi cuerpo, y eso me hizo sonreír. Nuestro incestuoso pecado había culminado con excelencia.

    —Te amo —confesó mi hermano.

    Respondí: —Yo también, amor.

    Nos besamos nuevamente. Tras unos minutos él se despidió de mala gana, como si hubiera preferido seguir conmigo toda la noche.

    Por eso me arreglo tan bien este día de cita. Mi hermanito Ricky es ahora mi novio, y voy a hacerle el chico más feliz de la tierra.

  • A sus pies Alteza

    A sus pies Alteza

    Todo comenzó en la página de CuentoRelatos, pues una lectora me envió un correo lacónico, enigmático y de mucho morbo:

    ‘Vi que eres autor de varias páginas de relatos y me interesa mucho tenerte a mis pies’.

    Así que me conecté a Facebook e iniciamos un chat y la aventura que narran estas líneas:

    *Estúpido animal!

    – Ordene Ud. su Alteza. Me apresure a escribir

    *Seré tu Ama y veremos que tan buen entrenamiento tienes perro

    -Sera un gusto complacerle Señora… como saber dónde está? y cuál es su whatsapp?

    *tendrás que ganártelo

    -Como así? (pregunte no sin desilusión por lo que parecía ya una relación D/s virtual, a la cual no soy muy aficionado pues prefiero el sexo y la dominación presencial)

    * No perderé mi tiempo… tienes 10 minutos para enviarme una foto desnudo y de rodillas, con un letrero en tu pecho que diga «suyo ALTEZA»

    Aquella inusual grosería me tomo desprevenido, pero la altivez y lo directo de aquella orden me dio un cierto morbo, así que decidí seguir el juego; como estaba en casa y realmente no muy ocupado lo hice, enviando una imagen frente al PC de rodillas cabizbajo y con un letrero como el pedido.

    *ja ja… cumpliste, pareces un candidato a estar a mis pies, pero te faltan dos pruebas antes de que te de mi whatsapp

    -como Ud. ordene su Alteza… (Dije y, proseguí con el juego)

    * Esclavo mañana a esta hora quiero que te conectes, estarás desnudo con collar de perro y muñequeras de cuero en los tobillos y en las muñecas, como las imágenes que tienes en la galería de Facebook entendiste…

    -si Ama Alteza como Ud. diga

    -Bien hasta mañana. Quiero que tengas cerca un tobo con agua, una caja con tierra de jardín, dos zanahorias y una cebolla… serás un jardinero para mí…

    Acto seguido se desconectó, dejándome intrigado por el pedido; el día se me antojo inusualmente lento y dedique parte del mismo a indagar en la web más sobre mi misteriosa dominadora, en verdad no pude ubicar más que los relatos suyos en varias web pero sin detalles de donde o como ubicarla, ni su apariencia física.

    Llego la hora ansiada y acomode la cámara de modo que al iniciar pudiera tomar imágenes de mí mismo y de los objetos que solicito, Luego de diez minutos de espera llego el mensaje

    *Perro arrodíllate ante tu Ama

    -Ordene su Alteza, beso sus pies virtualmente (respondí de forma abyecta)

    * Quiero que mezcles la arena de jardín con agua hasta formar una pasta; y con ella te ensuciaras todo tu cuerpo animal; incluida la cara y tu pene; ponte de rodillas te colocaras una zanahoria grande en tu culo y la cebolla en tu boca y me enviaras tres fotos frente, otra de espalda y otra lateral que muestren tu penitencia… tienes cinco minutos…

    Aquella orden súper humillante me causaba morbo y algo de turbación, no fue fácil embadurnare de barro, de pronto me vi todo sucio como nunca antes, y avergonzado al tener que ponerme una zanahoria en el culo; y menos fácil aun sostener una cebolla en la boca sin que se agrien los ojos y la nariz, lo cierto que aquel morbo que causo una erección y apenas tuve tiempo para hacer las tres imágenes grotescas con la cámara y enviarlas con cierto retraso.

    * Tardaste más de lo pautado perro, tendrás un castigo: no debes quitarte el juguete de tu boca y culo; ni te limpiaras hasta que yo decida

    -gracias por su Disciplina Señora (teclee rápidamente para agradarle, lo cierto que era incomodo estar lleno de barro casi seco sobre la piel desnuda y soportar la violación de la zanahoria, que no atrevía a quitarla no fuera ser que luego no pudiera colocarla rápidamente si me pedía otra foto)

    El dialogo siguió por un buen rato sobre preguntas generales sobre mí que me apresuraba a responder con sinceridad y respeto, pero que Alteza respondía con altivez y despóticamente, tratándome de basura, sucio perro, lamepies y marica… mi mayor preocupación era que pidiera otras imágenes, de pronto y sin más agrego, cambiando el tema abruptamente:

    *Serás mi puta y te usare como yo quiera, entendiste?

    * Así que prepárate para la tercera prueba antes de ganarte el derecho a tener mi número para whatsapp

    -Ordene Ud. AMA

    *Mañana a esta hora te conectaras nuevamente como esclavo, deberás estas desnudo sucio y lleno de barro salvo la cara… ahh y recuerda que quiero todo todo tu piel sucia de barro: axilas, entrepiernas, nalgas, dedos… todo menos el rostro.

    Aquella nueva orden me causó estupor, como que Alteza lo tendría por costumbre? otra vez tendría que humillarme así? meditaba sin responder cuando agrego

    *No te pondrás zanahoria ni cebolla, Te violaras cuando lo ordene como las putas: con un consolador. Entendiste putacha?

    -Si Alteza… como Ud. disponga

    Nuevamente fue híper degradante tener que ensuciarme con barro, y esperar frente al PC de rodillas hasta que su Alteza se conectara, que lo hizo unos diez minutos después de lo pautado:

    *esclavo estaré ocupada… me conecto en una hora, cuando lo haga debes tener el consolador puesto

    Espere pacientemente, de forma muy incómoda por el barro, pero me puse el consolador faltando solo tres minutos antes de la hora señalada… creo que Alteza lo intuyo:

    *Espera… perra

    Y espere, no sabía cuándo se conectaría o que foto pediría… pasaron minutos… y minutos y el consolador me molestaba intentaba salirse, y el tener que empujarlo me hacía más morbo que me empalaba. Finalmente como una hora después llego el mensaje:

    *espero que tengas puesto el juguete en tu cola

    -Así es Ama (dije orgulloso de no defraudarla y prepare la cámara para la foto liberadora de la violación)

    *Bien, pero la foto será en cuatro patas mirando a la cámara y que se te vea el rostro sonriente y cogiéndote el culo con el vibrador… Debe verse bien la cara… me la enviaras dentro de una hora… quiero que te masturbes y llenes toda tu cara con tu porquería; que se te vea sonriente con la lengua afuera y la cara llena de semen.

    Iba a protestar pero corto la comunicación, Pase un rato dudando, al final estaba muy excitado imaginando lo humillante y degradante de la imagen y termine por acceder a masturbarme, pero me daba cierto asco el tener que recoger el semen y más aún pasarlo por mi rostro, era repulsivo y pegajoso… al final logre la imagen, que no era fácil porque debía sostenerme de rodillas con una mano en el piso y otra introduciendo el vibrador en el culo.

    *ja ja ja… veo que aprendes rápido putacha… considera que es un premio.

    *adivina con te tocara maquillarte cuando decida castigarte… je je

    *Bien mi perra, mi Whatsapp es:… te comunicaras allí maña a las 8 para darte más órdenes.

    -Gracias Ama por la confianza es un placer divertirla y hacerla sonreír.

    *No te entusiasmes esclavo, como veo que es un placer para ti, entonces te quedaras violado, sucio y con la cara llena de tu semen…para asegurarme que así sea me enviaras fotos junto a un reloj en las próximas tres horas antes de darte permiso para asearte.

    (Continuara)

  • Mójame la cara, sacia mi sed

    Mójame la cara, sacia mi sed

    Rosa, era el color de sus labios
    los de arriba y los de abajo,
    también lo era de su tanga,
    pequeño, minúsculo.

    Sólo asomaba por detrás, un poco al agacharse,
    nada propio de alguien tan joven,
    tan fresca, lan limpia,
    tan dulce, y sobre todo,
    con tanto olor a virginidad.

    Aún recuerdo ese olor al pasar a mi lado,
    olor a recién florecida,
    y cómo la deseaba yo.

    Deseaba sus piernas, su mirada,
    deseaba su aroma, deseaba sus manos en mi cabeza,
    y mi cabeza entre sus piernas.

    Ahí me dí cuenta, mirando aquella hasta ahora amiga,
    que era lesbiana, sí, era y soy lesbiana.
    Yo sólo quería comerla, comerme todo lo que ella tenía.

    Quería beber, ver ese grifo abierto sobre mi boca.
    Abrir ese culo, ese hilo de tanga mojada romperla por dentro, 
    ese orificio pequeño y cerrado,
    quería mi lengua ahí.

    Por favor, vamos a masturbarnos.
    Penetrame con tus dedos, con tu lengua, 
    con cualquier cosa,
    pero violameme.

    Y acaba en mi cara, abre ese grifo,
    me da igual lo que me caiga,
    ese agua fresca al tocarte, 
    orínate sobre mi, déjame follarte.

    Quítate este tanga, mételo en mi boca, y baja,
    baja a comerme, hazme gritar, hazme sentir.

  • Deep blue sea (Parte 3)

    Deep blue sea (Parte 3)

    Ava no pudo ocultar la impresión. ‘La casa’ era en realidad una enorme mansión blanca y elegante, oculta entre jardines en una de las zonas más exclusivas de Londres. Por supuesto que los dueños de una corporación multimillonaria no vivían en departamentos como el suyo, no estaba acostumbrada a tanto lujo.

    -¿Tú casa? – preguntó admirando la fachada cuando se detuvieron.

    -Era de mis padres, pero sí, ahora es mía.- respondió Amanda.

    En ese instante la puerta se abrió y apareció una mujer mayor, de aspecto amable y sabio.

    -Niña Amanda, todo está preparado.- habló de pronto sorprendiendo a Ava –Y esta debe ser la señorita Brenner, ¿Dónde está el pequeño?

    -Llámeme Ava por favor.- la corrigió sorprendida, ¿Acaso Amanda le habló sobre ellos? La interrogó con la mirada pero no obtuvo respuesta.

    -Rosa es la señora de la casa, mi Nana y de mi hermano, lo que necesites no dudes en pedirlo.- le aclaró Amanda.

    -¡Oh!! Pero si es un angelito! – exclamó la señora que abrió la puerta en busca del bebé, con tanto movimiento ya se despertaba –Hola pequeño.- la voz de Rosa se transformó en un arrullo suave, Ava abrió los ojos sorprendida. Su experiencia con bebés debía ser infinita. Observó como la mujer le tocaba la frente y murmuró algo que no alcanzó a comprender mientras lo sacaba de la sillita. Por segunda vez en el día Sebástian se iba a los brazos de una extraña sin protestar. Vaya familia –Las habitaciones están listas, el encargo llega en una hora, José subirá las maletas y la habitación de la señorita es la roja, enséñale donde está, mientras llamaré al doctor Benson.

    Ava estuvo a punto de abrir la boca, cuando Amanda negó con la cabeza, Rosa ya se adentraba en la casa con Sebástian muy a gusto en sus brazos.

    -Es inútil intentar contradecirla, aquí todos somos subordinados. No te preocupes por el bebé, está en manos expertas. Vamos, te mostraré la casa y tu habitación.

    Pero Ava se sentía como un pez del agua, en un lugar desconocido, entre personas desconocidas, su hijo era lo único a lo que podía aferrarse y se lo habían arrebatado. A pesar de eso siguió a su ex –jefa hacia el interior de la casa, que era incluso más impresionante de lo que se imaginó. Una sala de juegos, biblioteca, recibidor, terraza con piscina, una cocina enorme, territorio de Rosa según Amanda, otro salón de estar más privado con una chimenea. Regresaron al recibidor donde dos enormes escaleras a cada lado subían a una segunda planta donde estaban los dormitorios, ocho en total y seis baños.

    -Esta es mi habitación.- señaló Amanda la segunda puerta a la derecha del pasillo –La roja es esta.- dos puertas más adelante frente a la suya. Para su sorpresa Rosa ya estaba allí cambiando el bebé y las maletas a un lado de la cama.

    -Este niño es precioso. Me tomé la libertad de desempacar algunas cosas para cambiarlo.- dijo Rosa con una sonrisa, Amanda observó a su invitada, temía que pudiese sentirse incómoda.

    -No tenía que molestarse.- respondió Ava apenada.

    -Tonterías, ha estado cuidando de su bebé, debe estar agotada. Un poco de ayuda no es molestia, crie a mis hijos y a la niña Amanda con su hermano, me encantan los niños.

    -Igualmente le agradezco, Amanda ya está haciendo mucho por mí.- contestó poco acostumbrada a tanta amabilidad y atenciones.

    Era la primera vez que la llamaba por su nombre y le gustó, con suerte la formalidad iría desapareciendo.

    -Bueno, yo me retiro que debo resolver algunos asuntos.- anunció Amanda, le quedaba un largo camino de investigaciones y toda la situación sobre el robo la tenía irritada y quería resolverlo cuanto antes –Estás en casa, aprovecha para relajarte y descansar, nos veremos en la cena, se sirve puntual a las 8.

    -¿Te marchas? – preguntó Ava y al instante se arrepintió, lo cierto era que se sentía a gusto en su compañía y un poco menos fuera de lugar.

    -¿Necesitas algo más? – Amanda se detuvo curiosa.

    -No gracias, solo darte las gracias por todo.

    -No es nada.

    -Hablaremos más tarde.- concluyó Ava apenada y Amanda asintió antes de retirarse.

    Rosa observaba en silencio el intercambio de miradas, reconocía cuando dos personas tenían mucho que decirse y estaban a punto de cambiar la vida de la otra. Nadie le había dicho que no podía cooperar un poco.

    -Es bueno ver a la niña relajada, ha estado tan preocupada últimamente.- se lanzó Rosa.

    -Me temo que es culpa mía.- respondió Ava tomando asiento al borde de la cama junto a Sebástian.

    -En lo absoluto lo creo y su estás aquí, es porque Amanda opina lo mismo, diría que más que eso, nunca trae a nadie a casa, ni amigos, ni novias, ni nada.-continuó Rosa despreocupada vistiendo a Sebástian.

    -¿Novias? – se escuchó preguntar en voz alta. Eso había sido imprudente.

    -Sí, aunque no es que alguna haya valido el tiempo, todas con cuerpo de Barbie y cerebro de plástico.

    Ava estaba sorprendida, por suerte Rosa no se había percatado de su imprudencia, no quería que malinterpretara su reacción. ¿Amanda tenía novias? Ni siquiera sabía por qué le sorprendía, una mujer hermosa y elegante como ella, con dinero podía tener el mundo a sus pies si lo deseaba. Quizás por eso le afectaban tanto sus miradas, sabía cómo conquistar a una mujer. «Oh, por favor, suficiente tontería,» no es que Amanda fuse una devoradora, mucho menos se interesaba en madres solteras acusadas de robo de guante blanco. Le había inspirado lástima por Sebástian y era la razón por la cual estaba allí. Además, nunca estuvo interesada en mujeres más allá de curiosidad y ni siquiera en colegio hizo nada por satisfacer esa curiosidad pasajera. Esos tiempos quedaron atrás, aunque no tenía dudas de que Amanda era capaz de satisfacer cualquier curiosidad, incluidas las suyas. «¿Pero qué…?»

    -¿Le importaría que me dé un baño? No la molestaré más, se lo prometo.

    -Vaya niña, no molesta nada, llevaré al pequeño a los jardines.

    Ava fue hasta las maletas y desempacó algunas cosas, preparó el baño, se dio el lujo de una ducha caliente y gel de baño exquisito, se lavó el cabello y estuvo lista en cuestión de minutos. Miles de preguntas daban vueltas en su cabeza, sobre todo el hecho de que Amanda estaba interesada en las mujeres y su curiosidad excesiva con el tema. «Déjalo ya Ava, cada quien lleva su vida como desea.» Por lo demás, disfrutaba del descanso, confiaba en Rosa plenamente y el bebé estaba a gusto con ella sin embargo, los problemas de su vida continuaban allí, esperándola.

    Con el cabello pelirrojo libre para secarse, jeans, una blusa blanca y sandalias, fue en busca de Rosa y su hijo. Cuando bajó las escaleras, tres hombres, cargaban varias cajas hacia el piso superior en lo que ella seguía su camino hasta la terraza trasera. Era media tarde ya, corría una brisa suave y Sebástian retozaba sobre un colchoncito sobre el suelo, para su sorpresa, no era Rosa quien estaba allí sino Amanda. Con las piernas desnudas, llevaba shorts cortos, estiradas y cruzadas sobre un banquito acolchado, una camiseta ligera y la laptop sobre las piernas, alternaba la mirada entre lo que escribía y el niño, siempre atenta. En ese instante Sebástian lanzó el juguete de goma para morder al suelo y Amanda dejó el pc a un lado para recogerlo y entregárselo. Pero la mirada de Ava estaba fija en las piernas interminables y los muslos bronceados y definidos por el ejercicio, unos pies delicados y uñas pintadas de rojo, sencillas y elegantes. El abdomen plano se adivinaba bajo la camiseta y un escote de senos firmes y generosos quedaba a la vista cuando se inclinó. Ava reaccionó de golpe cuando el calor le subió a las mejillas, avergonzada por lo que estaba haciendo y más que eso, lo que estaba sintiendo.

    Amanda alertaba sus sentidos curiosos con su atractivo, era una suerte que viviera por sendas opuestas de la vida y la situación en la que estaba fuese tan complicada, no necesitaba buscar problemas innecesarios por tonterías de colegio, como un caso agudo de hormonas rebeldes, ya no era una adolescente. Y bajo esa consigna puso freno a sus pensamientos, aunque a veces las palabras no fuesen necesarias. Cuando alzó la mirada Amanda la miraba a los ojos. Enrojecer era algo que no podía evitar, sobre todo porque los ojos de la mujer frente a ella eran como un espejo, reflejaban muchas cosas, promesas, deseos y el conocimiento de que no le era indiferente. Como había dicho, suerte que su vida fuese un desastre complicado y eso la mantenía firme con los pies sobre la tierra. Suspiró y se acercó.

    -Debiste haberme llamado, esto es demasiada molestia.- dijo arrodillándose junto a su hijo con irritación y aparentando la mayor naturalidad imposible.

    ¿Sería posible? Amanda se equivocaba pocas veces y estaba segura de que no era una de esas. Rosa le había pedido cuidar el bebé para terminar la comida y ella aceptó gustosa mientras terminaba unos informes. Ava se duchaba y no pudo evitar que su imaginación volara hacia la ducha, hacia una piel suave y exquisita rociada con cientos de gotas dulces que le encantaría… Un suspiro agotado, no había que ser un pecador para auto-flagelarse, que manía la suya. Si Ava supiera lo que estaba pensando, si llegase a imaginar siquiera que parte de los motivos por los que estaba allí, era la atracción que sentía por ella, estaría en problemas serios. Pero se llevó la sorpresa del siglo cuando la encontró recorriendo su cuerpo con una mirada de evidente interés y algo más, sabía diferenciar bien una cosa de otra y de alguna manera imposible, no le era indiferente a Ava Brenner.

    Algo se agitó en su interior, como el cazador que avista a la presa, el preludio y la emoción de la caza. El silencio observó la reacción de vergüenza al ser descubierta y se guardó la sonrisa. Por el momento le dejaría creer que lo pasaba por alto, la situación de Ava con la compañía era delicada y no quería complicarlo más para ella, pero entre tardes y noches, indagaría un poco más en esa mirada esmeralda que la había devorado en secreto.

    -Deja de disculparte, yo me ofrecí, Rosa está terminando la comida y tiene razón en que puedes usar un poco de tiempo para ti.- contestó Amanda relajada, con satisfacción observó cómo rehuía de su mirada.

    -No me has traído de vacaciones, ni para que hagas de niñera.- contestó irritada. Le molestaba que la tratara tan bien, que diese tantas vueltas a sus intenciones y que todo fuese un misterio –Se supone que vine a trabajar.

    -Y lo harás, pero todo a su tiempo. Apenas llegaste hace un par de horas, ha sido un día agotador y necesitas acomodarte.- le respondió con calma, teniendo en cuenta el tono -¿Te molesta aceptar ayuda? ¿O es solo porque viene de mí?

    La pregunta tomó a Ava de sorpresa y por primera vez la miró.

    -Ehm… no, es que… No entiendo, con todo lo que sucede, ¿por qué me ayudas? – era angustia, incertidumbre, el temor de quedar en la calle y perder a su hijo.

    -Porque eres inocente y no te mereces lo que te han hecho, mucho menos que pague un niño.- respondió con el tono frío que había utilizado en la Sala de Conferencias, era evidente que la situación la disgustaba, al menos con respecto al bebé.

    -¿Cómo puedes afirmar algo así? No me conoces.- inquirió sorprendida con la sinceridad, realmente lo creía.

    -Intuición, no tienes una gota de maldad como para hacer algo así, además, utilizarte de pantalla fue tan obvio y tan tonto, un error estúpido, es casi una burla.

    Sí que tenía buena intuición, al menos en la parte en que carecía de maldad y astucia para robar semejante cantidad de dinero. Además de que nunca expondría a su bebé a quedarse solo por ir a la cárcel.

    -Vaya, supongo que debo darte las gracias, otra vez.- sentía que le debía hasta el alma y ni todas las gracias del mundo serían suficientes.

    -No me las des todavía, hasta que no se atrape al culpable, sobre todo porque ese será tu trabajo.- le soltó de pronto cerrando la laptop y poniéndose de pie –La cena está lista.

    Ava no salía del shock, aún.

    -¿Pero cómo…?

    -Después, a comer primero.- recogió a Sebástian en brazos, Ava estaba tan distraída por la sorpresa, que no atinaba a nada –A Rosa no le gusta que lleguen tarde a la mesa, ya te explicaré.- dijo y se marchó al comedor, Ava no tuvo más opción que seguirla.

    Para cuando llegaron a la mesa Ava era un mar de preguntas y confusión. ¿Atrapar un ladrón ella? Era contadora, no detective. Amanda percibiendo la inquietud, le entregó el bebé a Rosa que había hecho comida especial para él y tomó asiento a la cabeza de la mesa señalando la silla a continuación para ella.

    -Relájate Ava, te lo explicaré con detalle.

    Rosa que había escuchado el intercambio preguntó curiosa sobre la situación, Amanda le explicó de manera resumida lo que ocurría y el papel de Ava, incluyendo parte de las razones por las que estaba allí, estaba segura de que Rosa había deducido la otra mitad, pero se reservó los planes futuros y los detalles de su nuevo trabajo. Planes futuros, ¡JA!

    -Si la niña Amanda te ha creído inocente, entonces no tienes que preocuparte.- sentenció Rosa con confianza, no dudó un instante y eso descolocó a Ava.

    Sus padres eran buenas personas, pero vivían en un pueblo de mente cerrada y preferían continuar así, en su burbuja. Cuando su hermana Elena comenzó con problemas de conducta, la típica etapa rebelde de la juventud, le pidieron que recogiera y se marchase, Ava se fue con ella. Si sus padres podían abandonarla, ella jamás lo haría. Por eso la familiaridad, la confianza y el trato maternal y cariñoso de Rosa estaba haciendo mella en su firmeza y derrumbando las defensas que había construido en su vida. Su hermana era la única persona que permitió en su corazón hasta que falleció y ahora su bebé. La parte de ella que añoraba una familia, el calor de una madre, aún lloraba la pérdida de algo que nunca tuvo, a pesar de haberse repetido tantas veces que no lo necesitaba. Tenía que marcharse de allí antes de derrumbarse, de mostrarse vulnerable y continuar deseando algo que no le correspondía. Luchando contra las lágrimas, consiguió hablar a pesar del nudo en la garganta, apenas si había comido tres bocados y estaba a punto de devolverlos sobre el plato.

    -Me disculpan por favor, voy a retirarme. No se preocupe Rosa, yo acostaré a Sebástian. Gracias por todo.

    Amanda la observó intrigada pero no la detuvo, algo había cambiado en Ava en cuestión de minutos. Quizás se debía a la presión y podía reconocer cuando alguien necesitaba espacio. Terminó de comer mientras Rosa retiraba las sobras y la vajilla, dejarían la conversación sobre trabajo para otro momento. Subió a las habitaciones y se detuvo frente a la puerta de Ava indecisa, al final tocó. Segundos después, la joven abrió la puerta en un pijama discreto y juvenil, pantalones cortos un poco más debajo de la rodilla, camiseta sin mangas ajustada, estaba descalza y no llevaba sostén. Sus senos relativamente pequeños para una madre que daba el pecho a su bebé, algo que estaba asumiendo, pero redondos y perfectos con pequeños pezones que se marcaban a través de la tela. La piel era de la misma palidez suave en los brazos y en el pecho, como en las mejillas y la nariz, estaba salpicada de pecas diminutas. Amanda se mordió la lengua para resistir el impulso, de pronto quería besarlas todas y algo debió delatar sus intenciones, los pezones de Ava se endurecieron bajo la tela, el pecho se agitó ligeramente y cuando finalmente alzó la mirada, tenía las mejillas encendidas. ¿Cuánto tiempo la había estado mirando? Al parecer el suficiente como para ponerse en evidencia.

    -Vine a ver si necesitaba algo antes de irme a dormir, o para Sebástian.- logró decir en un tono de voz ronco y profundo, iba de mal en peor. Ella que lo controlaba todo, se ponía en evidencia por segunda vez y quizás era eso lo que necesitaba. ¿Cuántas veces no la habían acusado de no tener corazón y jugar con las emociones de las personas? Lo que sea que fuese aquello, quería experimentarlo, así que no se molestó en ocultar su interés.

    Ava deseó no haber respondido a la puerta, no quería ver a nadie, mucho menos cruzarse con Amanda que se las había arreglado para en un solo día, desenterrar anhelos del pasado y ninguno agradable. Pero lo hizo y allí estaba, consciente de la mirada atenta sobre su cuerpo, que reaccionó traicionero a los estímulos de su propia mente. Amanda la miraba con deseo y no era tímida en lo absoluto para mostrarlo, la hacía desear retroceder el tiempo, a cuando podía darse el lujo de explorar lo que sentía sin consecuencias y complicaciones. Pero el tiempo no iba a retroceder y su vida ya estaba patas arriba. Además, si Amanda prefería mujeres como modelos, ella no tenía nada que ofrecer, excepto ser la diversión del momento y se negaba a eso. Pero no se lo ponía nada fácil, sus ojos azul hielo se habían oscurecido y la desnudaban, se estremeció como si supiera todo el placer que podía recibir y que prometían, estuvo a punto de dar un paso adelante, pero en vez de eso retrocedió cruzando los brazos sobre el pecho para cubrirse y alejándose de la tentación personificada.

    -Nada, Sebástian ya está dormido y yo también lo necesito, estoy agotada.- respondió con un ligero temblor en la voz –Así que buenas noches. Si no te importa prefiero que conversemos mañana.

    -Mañana será entonces.- comprendió la indirecta, podía sentirse atraída por ella, pero no se dejaría arrastrar y si era sensata, ella tampoco –Buenas noches.- se despidió y se marchó a su habitación.

    En sueños complació cada fantasía con Ava y besó cada centímetro de su cuerpo y si pensó que los sueños aliviarían la necesidad, no pudo equivocarse más. A la mañana siguiente en el desayuno tuvo que alejar con frecuencia las imágenes de los besos y las caricias, sobre todo cuando Ava apareció en el comedor, en jeans ajustados, una blusa sencilla blanca y tenis deportivos, demasiada piel para avivar su imaginación y ni siquiera lo necesitaba. Ava por su parte, había probado los besos de Amanda en sueños y los labios le ardían desde el instante en que sintió su mirada sobre ella al entrar. Aquello estaba mal en todos los sentidos y podía írsele de las manos en cualquier momento.

    -Buenos días.- saludó con naturalidad mientras tomaba asiento en la mesa.

    -Buenos días, ¿descansaste bien? – le preguntó Amanda en apariencia distante.

    Aquello solamente irritó a Ava, las actitudes cambiantes le desagradaban. Primero la miraba como si quisiera besarla y ahora prácticamente le era indiferente. Probablemente había perdido el interés después del rechazo la noche anterior y debería sentirse aliviada, podía largarse con sus rubias de cuerpo plástico y cabeza vacía, en vez de jugar con ella e intentar complicar su vida. Entonces, ¿por qué la irritaba tanto la indiferencia? Y ni hablar del pensamiento sobre ir a dedicar atención a una de esas barbies. «¿Qué demonios estaba pensando?» Se reprendió al instante, era libre y podía hacer lo que le daba la gana, además de que no le interesaban los jueguitos de seducción para una noche de sexo y después ser desechada. Su curiosidad podía quedarse perfectamente donde estaba, en el pasado.

    -Fue una noche perfecta, Sebástian durmió corrido, lo cual es un milagro, ¿Y tú? – preguntó con educación.

    -Fue interesante, hacía mucho que no soñaba así…tan vívido.- comentó con descuido y curvó los labios en una sonrisa. Tan vívidos que no pudo resistir la necesidad de extender la mano y tocarla. Antes de percatarse, apartaba un mechón pelirrojo del rostro y en el proceso acariciaba la mejilla con la punta de los dedos –Aun así, tienes el rostro agotado y marcas de sueño.

    Ava se quedó paralizada cuando fue consciente de que Amanda alzaba una mano para tocar su rostro. ¡Retrocede!, fue la orden inmediata de su cerebro, pero había algo en su mirada, preocupación, anhelo, además de que ella misma lo deseaba, que la tocase. Contuvo el aliento cuando sus dedos la rozaron y cada fibra de su cuerpo recibió el impacto de un estremecimiento, inconsciente se inclinó para percibir más el contacto que no había sido suficiente para satisfacer sus propios deseos. Quería lo que Amanda podía ofrecerle, la experiencia de su vida, quería dejarse llevar y cada vez cedía más a los impulsos de olvidar todo y lanzarse al vacío, o en su defecto, a sus brazos. Por suerte para ambas, Rosa entró al comedor en ese instante y la burbuja se rompió sobre sus cabezas como un balde de agua helada.

    Amanda parpadeó desorientada, estaba jugando con fuego, siendo irresponsable. Ava no era una de sus conquistas para una noche, no pertenecía a su mundo, ni siquiera estaba segura de que verdaderamente tuviera los mismos gustos y que no fuese la típica curiosidad. Era una joven con una vida complicada, madre soltera, sin tiempo para juegos de seducción con los que intentaba confundirla aún más. Tenía que recuperar el control y enfocarse en ayudarla, como debió ser desde un inicio. Rosa actuó con normalidad a pesar de haber presenciado la escena antes de entrar. Nunca había censurado a su niña, pero el poco sentido común que estaba demostrando la tenía desconcertada. ¿Acaso no se daba cuenta que Ava no era igual a las mujeres que frecuentaba? La joven tenía una vida difícil ya como para agregar más presión y no dudaba que una vez que abriese su corazón, Amanda lo destrozaría, consciente o no.

    -¿El bebé es alérgico a algo? – preguntó cambiando el ambiente.

    -No, a nada según los exámenes.- contestó Ava que tenía dificultades para normalizar los latidos de su corazón.

    -Perfecto entonces.

    -Rosa, si puedes cuidar del pequeño, necesito conversar sobre algunos temas con Ava.- habló de pronto Amanda, sorprendiéndola por la dureza en el tono. Rosa frunció el ceño pero asintió y desapareció a la cocina sin decir palabra. Ava la miró interrogante, no comprendía que había sucedido, ni la razón de un cambio tan brusco, o quizás sí lo sabía –En el despacho estaremos más cómodas y es más privado. Si terminaste sígueme.

    Parte irritada y parte curiosa la siguió. En cada paso notaba el cambio y para cuando llegaron al despacho y tomaron asiento, Amanda había levantado un muro de hielo y su mirada era tan inexpresiva como cuando la había conocido. Decidió serenarse y enfocarse en el problema y la razón por la que estaba allí.

    -No estoy segura como puedo ayudar en lo que me has dicho.- dijo rompiendo el hielo -¿No tienes personal más capacitado?

    Amanda abrió el pc y los archivos que Daniel había reunido, estaba claro que no los analizaron lo suficiente en su momento.

    -Quizás sí, pero quiero investigar por mi cuenta y confío en ti para que me ayudes. Créeme, serás recompensada, además de la garantía de que podrás limpiar tu reputación y continuar trabajando una vez que se haya resuelto. ¿Lo necesitas por escrito?

    -¿Qué? – preguntó desconcertada.

    -La garantía.

    -No, no sé Amanda, ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué me ayudas? Me ofreces casa, trabajo, la oportunidad de probar mi inocencia.- pero bien sabía que nada era gratis en la vida –Cualquier otro ya me hubiese lanzado a la cárcel sin dudarlo. Has dicho que no haces nada sin un motivo y quiero saber cuál es. Que quieres de mí.- concluyó mirándola fijamente, aunque cada vez tenía más claro lo que Amanda pretendía de ella.

    Tenía valor para enfrentarla, le daba crédito por eso, pensó Amanda mientras le permitía desahogarse. La presión era demasiada y se estaba quebrando y ella contribuyendo, por mucho que quisiera no podía evitarlo. Aguardó un par de minutos antes de ordenar las ideas para una respuesta.

    -Te dije antes, que todos son sospechosos, no confío en nadie. Quien hizo esto sabía cómo eludir las revisiones y ocultar el dinero. Detectamos el problema por una casualidad, de lo contrario las pérdidas hubiesen sido mayores y el ladrón habría conseguido cubrir los errores a tiempo, e ibas a parar a la cárcel. Es evidente que sabe cómo funciona la compañía y muy de cerca.- en ese punto tenía lógica, reconoció Ava, era alguien que sabía cómo manejar las transacciones encubiertas.

    -¿Sospechas de alguien? – preguntó curiosa.

    -Tengo varias ideas y ninguna prueba, por eso estás aquí. Eres la más beneficiada en que esto se resuelva y eres honesta, estás obligada a serlo, de lo contrario te destruirán la vida. Tu motivación es algo mayor que el dinero, tienes un hijo por el que velar.- dijo con una conclusión tan evidente como cierta. Cada argumento era irrefutable, calculado y analizado, donde todo se limitaba al simple trabajo y el hecho de que ella estaba contra la espada y la pared.

    -Tienes razón en que haré todo lo que sea necesario para probar que soy inocente.- pero había algo más, ambas lo sabían, mencionarlo significaba reconocer sus propias dudas.

    -Entonces todo aclarado. Contigo fuera de la Empresa, como principal sospechosa y todas las pruebas aparentes, el estafador confiará en que está a salvo y cometerá un error. De hecho, ya lo hizo.- mencionó y Ava abrió los ojos de la sorpresa –Y ese rastro es el que necesito que sigas sin alertar a nadie. Todo lo que necesitas está aquí.- le cedió una laptop que estaba a su lado y señaló además varias cajas con carpetas llenas de documentos –Trabajaremos juntas cuando esté aquí, el resto avanzarás sola y cada día me tendrás un informe.

    -Eso puedo hacerlo.- le dijo decidida, no todos los días tenía la oportunidad de probar su inocencia y Amanda le había dado todas las razones adecuadas -¿Qué debo buscar?

    -Descubrí dos transacciones de apenas unos días antes de tu contratación en la Empresa. Esos documentos tienen que estar ahí.- señaló las carpetas –Escondidos, pero están. Puede que el rastro electrónico haya sido borrado, pero tengo la esperanza de que esos papeles existan y sabremos qué ejecutivo aprobó esas compañías y ordenó las transacciones.

    -¿Crees que será tan sencillo? – preguntó con duda, aunque la esperanza crecía a cada palabra.

    -No, pero el estafador tampoco es tan inteligente como quiere hacernos creer. Tú fuiste su primer error.

    -Lo haré porque de esto depende de mi vida, mi futuro, pero no tengo garantías de nada.

    -Te ofrecí ponerlo por escrito.

    -No servirá de nada si no puedo probar que no robé ese dinero. Está en cada papel, tendrás que entregarme tarde o temprano.- entendió angustiada pero firme. Le maravillaba como aún no había caído bajo un colapso nervioso, Sebástian la mantenía en pie, era su pilar y su fuerza.

    -Eso… lo decido yo.- la escuchó contestar con seriedad, hablaba la ejecutiva una vez más.

    -Alguien tiene que pagar Amanda.- la esperanza era muy tentadora y también la destruiría si se permitía tenerla.

    -Y lo hará créeme.

    -Estás siendo arrogante y ofreciéndome algo a lo que no me puedo aferrar.- le reprochó con lágrimas en los ojos, la mirada azul de Amanda se oscureció como si fuera a desatarse una tormenta.

    -No estaría donde estoy si no estuviese segura de lo que hago.- contestó Amanda con la rabia bajo la piel, quería rodear la mesa, abrazarla, besarla y asegurarle que todo estaría bien, pero no podía –Necesito que te enfoques, no irás a la cárcel, no lo permitiré.- palabras confiadas, una sentencia.

    -¿Por qué?¿Por qué lo haces?

    Una batalla de miradas, de deseos, de palabras que esperaban a ser pronunciadas, aunque fuese en el silencio de los pensamientos.

    -«Porque eres mía,» – Amanda escuchó las palabras con tal claridad en su cabeza que casi creyó que las había pronunciado en voz alta, pero no. Aunque no por eso la revelación era menos perturbadora. Lo que sentía hacia Ava no tenía explicación, posesividad sería la palabra más adecuada, atracción, como nunca antes la sintió con nadie y una pérdida de control, que la tenía enojada y fascinada a la vez. Pero no fue esa la respuesta que salió de sus labios –Porque un hijo necesita a su madre y porque no me sirve de nada que vayas a la cárcel, cuando el ladrón todavía está en la Empresa.

  • Diario de un dedo

    Diario de un dedo

    El Inicio

    Mi iniciación en el mundo de la masturbación femenina fue al contarme una amiga su primer dedo.

    Mi amiga se llama Franceska y es una rubia de melena hasta el culo, sin extensiones, ojos de un verde intenso labios de pecado y un cuerpo de infarto y cuando sus padres se ponían a discutir por el inminente divorcio, Franceska se encerraba en su cuarto ponía música heavy, su favorita, especialmente de AC/DC y se tumbaba en su cama y se dedeaba al ritmo de la canción.

    La primera vez que lo hizo fue cuando le comunicaron la noticia del divorcio hará unos 6 meses, Franceska y puso la canción titulada Back in Black y se desnudó y al empezar los primeros acordes rozaba despacio con dos yemas el clítoris como si punteara las cuerdas de una guitarra eléctrica y después seguía con gran maestría el ritmo de la canción y cuando parecía que Franceska iba a correrse el ritmo de la canción cambiaba y ella se tenía que adaptar el ritmo de sus punteos corporales al ritmo de la melodía.

    Franceska contenía las ganas de correrse acelerando y disminuyendo los roces de sus yemas y deseando que acabase de una vez la canción para tener la gran ovación de su particular concierto. Los últimos acordes del tema fueron la señal que precisaba ella para tener su primer gran orgasmo y lo tuvo pero de una forma tan intensa que salieron disparados los primeros 3 chorros de fluido vaginal, que empaparon el nórdico violeta que tenía en su cama pero estaba dispuesta para un bis, pero eso aún no me lo ha contado ella…

    Placer Dirigido

    Un día Franceska fue pillada paseando por los pasillos del instituto y la mandaron al despacho de la directora, que se llamaba Clara. Franceska tocó con sus nudillos en la puerta del despacho de Clara y ésta se abrió despacio y sin hacer ningún ruido, y vio que Clara se estaba dedeando como si fuese su primera vez.

    Franceska, se sentó en la silla que había delante de la de mesa de Clara y cuando ésta abrió los ojos se asustó y se puso nerviosa pero no se alteró con ella sino que se intentó recolocar la ropa pero Franceska hizo con su dedo índice el gesto del NO.

    Franceska se levantó y se dirigió hasta el lado de la silla de la directora Clara y le empezó a acariciar la cara interna del muslo izquierdo hasta llegar al borde izquierdo de las bragas blancas con puntilla que llevaba la directora ese día. Clara pensaba que se lo apartaría pero Franceska no lo hizo, sólo rozó el clítoris por encima de las bragas de Clara muy despacio, fue dibujándolo con suma perfección bajo sus delicadas caricias digitales.

    Acto seguido Franceska, añadió un segundo dedo y aumentó la fricción sobre las bragas de Clara y ésta no tardó en gemir, pero Franceska tenía otros planes para la directora Clara, como hacía calor la ventana del despacho estaba medio abierta y Franceska hizo levantarse a Clara de la silla y la llevó a la ventana. Apoyada en una columna estaba la profesora de gimnasia, que mientras sus alumnos hacían un circuito ella le estaba chupando la polla al bedel del instituto y que estaban fuera de miradas indiscretas, menos de las de Franceska y la de la directora Clara, que tenían una visión perfecta de lo que hacían los dos.

    Franceska acabo de abrir una hoja de la ventana del despacho de Clara y le desabrochó los cuatro primeros botones de la blusa que llevaba y empezó a acariciar suavemente las tetas de Clara al mismo tiempo que seguía jugando con su clítoris. El efecto conjunto de las caricias de Franceska y la visión de la mamada de la profesora de gimnasia al bedel en el cuerpo de la directora Clara no tardó en aparecer, pezones erectos, bragas húmedas y gemidos de placer incontrolados.

    Mientras abajo, la profe de gimnasia, apuraba la mamada al bedel porque sus alumnos habían acabado ya el circuito y estaban esperándola y cuando el bedel se corrió, ella se lo bebió hasta la última gota y cuando volvió a su clase dijo entre risas había que beber mucha leche para estar como yo.

    Mientras, desde la ventana, Clara tenía que aguantarse con sus manos al marco del ventanal por sus orgasmos eran brutales a manos de Franceska y Clara le dijo gracias por esta visión ha sido más estimulante de lo que me esperaba, mientras las dos se fundían en un apasionado beso muy morboso.

    Calor Caribeño

    En el mes de junio, nuestra clase fue al tan ansiado viaje fin de curso al Caribe, con algunos profesores, incluida la profe de gimnasia. Todos estábamos nerviosos en el aeropuerto esperando a que saliera el avión con nuestros billetes. Yo iba monísima con una blusa blanca tipo ibicenca y una falda con motivos florales y sin ningún tipo de ropa interior que me molestara.

    Noté que una mano me acariciaba el pecho por encima de la blusa y me susurraba ‘te gusta, verdad?’ y mi respuesta fue ‘Mmmm… Siii, pero baja un poco más y ya verás que ya estoy llenando mi «piscina» de aguas caudalosas para que se conviertan en cascadas imparables’. La mano hizo lo que le sugerí, metió la mano en la raja frontal de la falda y un dedo profundizó lentamente en mi sexo, que estaba deseando de ser atendido como se merecía y éste reaccionó como se esperaba, primero saludó al invitado, después el dedo se puso muy cómodo y finalmente se hizo dueño y señor del placer de mi coño.

    Yo mientras tanto, pegaba mi culito a su entrepierna y me rozaba ligeramente hasta sentir que su bulto me hacía presión en la tela que envolvía mi culo que por ese momento era totalmente virgen y en ese momento se acercó un profesor, que nos cortó totalmente el rollo y paramos de inmediato pero antes de separarnos me dio a probar su dedo bañado en mis jugos y lo saboreé lentamente y cuando se alejaba de mí, vi de reojo como chupaba el dedo y me guiñaba un ojo.

    Ya dentro del avión, me senté al lado de mi mejor amigo, Nico, que vestí una camiseta de manga sisa y unas bermudas hawaianas amplias y entre risas y comentarios picantes empecé a calentarme otra vez y me desafió a pajearle allí mismo a cambio yo recibiría un masaje relajante cuando llegaríamos al hotel de Barbados.

    Yo ni corta ni perezosa alargué mi brazo izquierdo hacia las bermudas de Nico, metí la mano, y empecé a masajear con los dedos índice y el dedo pulgar el glande a velocidad lenta, mientras yo miraba el cielo azul que se veía por la ventana del avión y cuando Nico estaba con un buen calentón me detuvo y me coge hasta el aseo del avión entramos los dos y me subió al lavabo me levantó la falda, él se agachó y me empezó a lamer de tal forma que a los pocos segundos tuve 3 orgasmos seguidos.

    He de reconocer, que hasta ese momento ningún hombre me supo hacer un buen cunnilingus como en el aquel minúsculo baño de aquel avión rumbo al mejor viaje de fin del curso de mi vida. Y esto fue un pequeño aperitivo de mis aventuras con el calor caribeño, y aún estaba en pleno vuelo.

    Hotel 5 orgasmos

    Cuando llegamos al hotel de las Islas Barbados nos regresamos, aunque no me tocó con Nico estaba en la habitación contigua y mi compañera de habitación era Mónica, la profesora de gimnasia, que poco después que como compañera de habitación no estaría nada mal.

    Cuando entramos en la habitación puse mi maleta encima de una de las dos camas que había en ella, la abrí y cogí mi neceser, una toalla y un bikini muy minúsculo de color verde fosforito y me fui a la ducha y estaba realmente cansa del vuelo. Con el pedazo cunnilingus que me hiciera Nico en el baño del avión, mi coño no necesitaba más atenciones por ese día. Por eso no me dedeé en esa primera ducha tropical.

    Me vestí con ese bikini fosforito y me puse un pareo azulón y salí del baño y la mirada de Mónica fue de total lujuria y de mi maleta otra toalla, las gafas de sol y la crema solar y me fui a la terraza con piscina del hotel.

    Cuando llegué a la terraza, me tumbé en la única tumbona que quedaba libre cerca de la piscina y me coloqué boca abajo me desaté la parte superior del bikini y se acercó Nico que acababa de salir del chiringuito del hotel y le pedí que cumpliera su parte del trato del avión.

    Nico llevaba un bañador turbo rojo que le hacía un buen paquete que mientras se acercaba hasta mi tumbona, mi sexo reaccionaba empapando mi minúsculo tanga verde. Cuando le di la crema solar para que me diera el masaje mi sexo se contrajo para regalarme un micro orgasmos de un par de segundos pero muy intensos. Nico me embarduno de crema solar los hombros y el centro de mi media bronceada espalda y sentí sus delicados movimientos circulares que me hacían evadirme de mi entorno y sólo concentrarme en lo que me hacía Nico con sus manos. Lo estaba haciendo tan bien que mis pezones estaban rozando la tela de la tumbona y que yo para contribuir a la presión me movía ligueramente hacia arriba y hacia abajo para aumentar su erección.

    Nico no se atrevía a pasar más a allá de mi espalda y yo no quería que mi excitación me dominara en la tumbona y decidimos seguir en mi habitación. No me puse ni la parte superior del bikini y cuando nos fuimos todas las miradas estaban clavadas en mis senos, incluso la de Nico. Cuando llegamos a la habitación descubrimos a Mónica totalmente desnuda en su cama dedeandose pero con una velocidad endiablada y mirando la gran tele que teníamos en frente de las camas viendo una peli porno no se inmutó con nuestra llegada y me indico con su dedo que me acercara a su cama y yo lo hice. Para estar a la misma altura de Mónica me puse de rodillas encima de cama y ella se incorporó un poco y acercó su boca a uno de mis pezones y abrió sus labios y lo succionó tan suavemente que me provocó que mi cuerpo temblara de placer.

    Nico se acercó y me dio a chupar dos de sus dedos y yo los empapé bien y él los dirigió hacía el coño de Mónica, mientras que ella jugaba con su lengua en mis pezones. Poco después, ambas estábamos chupando la polla de Nico y Mónica me dirigía mi cabeza para que se la chupase bien la polla a Nico. Así pasamos un buen rato hasta que Nico se corrió en nuestros senos y se durmió en mi cama.

    Yo me quedé con ganas de más y Mónica me sugirió que me desvirgaba analmente, yo me sentía algo reacia, pero cuando la lengua de Mónica tocó y jugó mi ano me relaje y disfruté como nunca y cuando ella introdujo su dedo anular previamente bien ensalivado por ella y por mí y lo metió sin que nada pusiera la menor resistencia y de mi boca sólo salían gemidos de auténtico placer pues los movimientos del dedo de Mónica fueron más violentos que no tardé mucho en tener una serie de orgasmo que dejaron un rastro de gotitas de fluido vaginal desde la sábana blanca hasta el cabecero de madera de la cama de Mónica, que las dos limpiamos gustosamente y al cavar nos fundimos en un beso totalmente apasionado y lascivo y después nos quedamos las dos dormidas desnudas y con una gran sonrisa pícara en nuestros labios.

  • Nuestra amiga argentina con dos de sus amigas

    Nuestra amiga argentina con dos de sus amigas

    Bueno como digo siempre esto ya es un vicio para mí, por eso había intentado no contar más y abrirme, pero no pude. El tema, como lo dije mil veces son cosas que no puedo o no quiero contar a ‘mis amigas’ y contarlo por acá, primero es como que me calienta de nuevo, ya que es como revivir lo que hice.

    Bueno la cosa fue así: hace tiempo se me había cruzado por esta cabecita traviesa que tengo, juntarnos con Belu y Pau, pero tenía que armarlo muy bien, ya que ellas no se conocen y Belu no sabe que tengo una “amiga/novia” (que es Pau) y Pau, sabe, pero muy poco, que algunas veces me acosté con Belu, pero lo que no sabe es que un fin de semana (y eso lo conté) nos fuimos afuera, a la costa juntas, como dos lesbianitas, hasta que nos echaron del hotel, por los gritos, gemidos, que hacíamos a la noche (era un hotel familiar).

    Para que me entiendan bien, y después paso a contar lo que hicimos (y no es por nada, solo para que lo entiendan) yo vivo en una casa re grande, y este fin de semana estuve sola (mis viejos se fueron afuera). Con lo de la casa grande quiero decir que hay mil lugares para coger, ¿me explico?

    Bueno, pasada esta “introducción” que a muchos le importa un carajo les cuento lo de anoche, ¡QUE LO TENIA QUE ARMAR MUY BIEN!

    PRIMERA ETAPA:

    Llamo a Pau, (lo resumo si no se hace muy largo), y le pregunto si iba hacer algo a la noche, me dice que nada, le pregunto si no quiere venir a casa (la guacha ya pensaba en cogerme y que me dejara coger toda la noche, cosa que me gusta). Obvio que me dice que si.

    Le digo que también le pensaba decir a Belu (ella no la conocía, pero sabía que un par de veces, pero casi sin planearlo, también nos acostamos, o sea es bisexual como nosotras dos), y me dice: “dale, no hay drama, pero ¿es copada como para pasarlo bien?” y le digo que si, que lo vamos a pasar re bien, que hablaba con Belu y le volvía a hablar.

    SEGUNDA ETAPA:

    Hablo con Belu, me dice que iba a estar al pedo, le digo de venir a casa, que iba a estar una amiga mía, y le digo que con Pau también somos muy amiguitas (Belu no es boluda y enseguida se dio cuenta lo que le quería decir).

    TERCERA ETAPA:

    Arregle con las dos en que vinieran tipo 23, 23, 30 horas, pedíamos sushi, que champú yo tenía (mi viejos tiene mil botellas guardadas).

    Para no hacerlo tan largo, llegaron, ya había pedido la comida, nos sentamos a cenar, como para que se conozcan ellas dos, nada estuvimos como una hora, pero agarraron onda enseguida, ah, las dos, estaban vestidas bien putitas, con polleritas bien cortitas y unas blusas, cosa de que sea más fácil empezar a tocarnos (yo eso ya lo aprendí jeje)

    CUARTA ETAPA:

    ¿Vieron que prolija que soy? Jeje, acá empieza la parte del sexo, que en la mesa entre cosa y cosa ya entre ellas se habían insinuado que con chicas ya se habían acostado.

    Me siento con Pau en uno de los sofá que tengo en el living, opero el más grande, el más ancho, Pau (como siempre es la que empieza) me mete un beso, y como siempre, empezamos a jugar con nuestras lenguas, y lo de siempre, me empieza a meter las manos en las piernas hasta llegar a mi conchita que ya estaba re mojada.

    Belu (que es mucho mas zarpada que yo) cuando nos ve nos dice algo así: “chicas no perdamos tiempo al pedo, vamos a pasarla bien, Caro ¿a que cuarto vamos?”

    Yo como siempre a pesar de haberme acostado con ellas, pero por separado, me quede como una boluda sin saber que decir (porque seré medio trola, pero a veces soy bastante boluda).

    Y les digo, pero casi obligadamente (ya que pensé que la previa iba a ser en ese sofá), vamos al cuarto de mis viejos (que como ya les conté tienen esas camas súper grandes).

    La cosa es que subimos, entramos al cuarto y Belu (que repito es mas zarpada y putita que yo) nos dice: “no perdamos tiempo en boludeces” me quede sin saber que decirle y le digo: “¿a que te referis Belu?” y me dice: “a esto” (la verdad es que no lo había imaginado así, mi fantasía de esa noche era distinta).

    Como les dije, la respuesta de Belu: “a esto” quería decir, empezar a sacarse la ropa, así ¡sin previa!, se empieza a poner en bolas, Obvio que Pau y yo hicimos los mismo, nos quedamos las tres paradas en bolas.

    Bueno ahí empezó la mejor parte, nos empezamos a besar, como digo siempre, con esos besos suaves de lengua pero de a tres, las tres juntas nos besábamos, mientras cada una a otra, nos empezamos a poner las manos en nuestras ¡conchitas!

    Belu y Pau, saben que soy la mas pasiva (es decir que prefiero entregarme y que hagan lo que quieran).

    Bueno así estuvimos un rato, ya nuestras conchitas todas mojadas, nos empezamos a meter los dedos, nos seguíamos besando las tres juntas (eso nunca lo había hecho) hasta que así solo con nuestros dedos fuimos acabando por primera vez las tres.

    De ahí, nos fuimos a la cama a recuperarnos un poco, yo en el medio de las dos, hasta que se yo, habrán pasado diez minutos o más, y siento que Belu, me empieza a tocar la conchita de nuevo, ve que se me vuelve a mojar, me la besa, me mete los dedos, Pau se prende , y entre las dos mientras se besaban me empiezan a chupar y a meter los dedos en la conchita , yo ya esta re caliente, mis piernas ya no respondían, solo ,las abría para que me pudieran besar chupar morder mi clítoris y seguir besando la conchita.

    Siento que Pau desaparece y vuelve enseguida y ¡no! La forra se apareció con unos de sus ¡juguetitos!, primero me lo pone en la boca, lo chupo como una pija mientras entre las dos me seguían chupando la concha, hasta que Pau me dice: “te vamos hacer acabar como nunca” (pensaba: ¿Qué me va a hacer esta Hija De Puta?)

    Me pone las dos almohadas sobre la espalda, cosa que mi cola este más al aire, le pone un aceite o una crema, no se qué carajo era, en ese consolador me lo empieza a poner en la cola (ya no daba más ni se cuantas veces me hicieron la cola en este fin de semana).

    Mientras me lo pone en la cola, siguen entre las dos besándome la concha, mis gemidos, mis expresiones eran: ”nooo, noooo sean guachas, me hacen gozar demasiado, quiero acabar, no sean forras”, la verdad es que no daba más de la calentura.

    Pero no siguen así y largo rato (Pau me vio eyacular el otro día y se volvió loca, Belu sabe que eyaculo).

    Siguen así un largo rato con el consolador en mi cola, las dos chupándome la concha hasta que empiezo a sentir esa sensación difícil de describir en la que todo el cupo me tiembla y si, me hicieron eyacular, Belu, que es la que sabe bien cómo hacerlo, me metía los dedos, el consolador hasta que me hizo acabar como tres veces, mientras Pau, se tragaba ¡toda mi eyaculación!

    Como siempre después de eso quedo muerta, temblando, nos quedamos las tres en la cama, yo en el medio, casi ni hablamos. Hasta que pasa un rato y Pau me empieza a tocar la conchita y a besar con esos besos que siempre cuento, y yo le empiezo a tocar la concha a Belu, así seguimos un largo rato entre caricias, besos, tocándonos las conchas, metiéndonos los dedos hasta que acabamos las tres ¡casi juntas!

    Puf, que estaba recaliente, pero Pau quería probar a Belu hasta ver a donde llegaba (ya que a mi me conoce y sabe que llego hasta donde ella quiere).

    Se levanta, se pone su “famoso” cinturonga y nos quedamos las dos medias sorprendidas (más Belu que nunca se la habían cogido con un cinturonga).

    Nos dice que nos pongamos en cuatro, que nos va a gustar lo que va hacer, Belu medio dudaba, hasta que con mis besos la convenzo, nos ponemos las dos en cuatro, besándonos, y Pau nos empieza a besar nuestras colas, nos empieza de a una a poner la lengua, los dedos de a una mientras a la otra se la seguía acariciando.

    A la primera que le mete los dos dedos y después el cinturonga es a mi (obvio sabe que eso me gusta), me lo pone me lo saca, me agarra de la cintura, con Belu nos seguíamos besando hasta que, me hace acabar de nuevo.

    De ahí, le empieza a meter los dedos en la cola a Belu, pero medio como que se resistía, por mas besos que le diera y le tocara las tetas y todo su cuerpo para calentarla.

    La cosa es que le empieza a meter el cinturonga en la cola y no le gusto, le pidió que se lo sacara, se y mete en la conchita y (como dije ayudada por mis besos y mis caricias ahí si le gusto hasta que la hizo acabar y la guacha acabo ¡a lo bestia!).

    Bueno otra vez nos quedamos en la cama las tres, no hablamos solo nos acariciábamos, hasta que las caricias fueron aumentando cada vez más, nos fuimos acomodando como algo inconsciente hasta que terminamos las tres chupándonos las conchitas si una a otra. Tres chupadas de conchitas con besos, dedos incluidos, hasta que acabamos de nuevo las tres.

    En esa misma posición nos quedamos no se cuanto tiempo, pero bastante, hasta que Pau me dice: “Caro ¿aprovechamos el Hidromasaje de tus viejos?” mis viejos en el baño en suite que tienen, hay un hidromasaje re grande.

    Obvio que le digo que si, lo prendo lo lleno de agua y de espuma y nos metimos las tres adentro (y repito lo de siempre, si la piel de una mujer me gusta, enjabonada, diez veces más).

    Nos metimos las tres en el hidromasaje, nos empezamos a tocar, a sentirnos, a tocar nuestra piel, a entrecruzarnos las piernas hasta que obvio terminamos metiéndonos los dedos en la concha.

    No se cómo explicarlo, pero con la espuma tocándonos, metiéndonos los dedos en la concha, nos calentamos tanto que acabamos las tres ¡de nuevo!

    Salimos del hidromasajes, nos secamos, y la verdad estábamos ya las tres muertas, aparte ya ni se qué hora era, nos acostamos las tres desnuditas en la cama, solo tapadas con una sabana hasta que nos quedamos dormidas.

    Yo fui la primera en despertarme, la veo a Belu que estaba al lado mío, la despierto con un beso y metiéndole la mano en su conchita, es el mejor despertar, hasta que se despertó bien, otra vez nos empezamos a comer las bocas, ella, me metía sus dedos en mi concha yo en la suya, hasta que acabamos las dos. Pau estaba muerta ni se dio cuenta.

    Bueno la cosa, es que con Belu, ya vestidas bajamos a desayunar, al rato baja Pau. ¡Solo con el toallón!, obvio, la sentamos en la mesada, y le empezamos a chupar la concha, a morder su clítoris, hasta que acabo como una puta, ese fue su despertar.

    Sube, se viste, desayunamos y se fueron.

    ¡Que noche!, ¡qué fin de semana! Hacía tiempo que no cogía tanto jeje, y que no tenía la casa sola para mi.

    Bueno ahora estoy esperando que lleguen mis viejos, que me dijeron que en una hora estaban ya acá.

    Jeje, cuando me pregunten que hice, les voy a decir que nada, que me cague de embole jaja

  • Vanko y Elián, sexo salvaje

    Vanko y Elián, sexo salvaje

    Era la víspera de uno de esos días de fiesta de la Comunidad en que nada tienes que hacer, me fui a la casa de mis padres a media tarde para estar con ellos, a que me mimen, como hace siempre mi vieja, y que mi viejo se rasque generosamente su faltriquera por mi gesto de estar con ellos. Tengo que decir que mi viejo cada vez que voy a casa sin prisas me unta bien. En la noche mis padres me contaron todas sus cuitas como problemas y la verdad es que problemas no tienen de ninguna clase más que la soledad, porque los hijos ya estamos emancipados. No tengo ni idea de por qué mis hermanos nunca van a visitarles ni llaman por teléfono para interesarse por ellos. Yo fui el último en irme, lo hice al acabar mi máster y con todas las bendiciones, me alquilé un par de habitaciones que no era del agrado de mi padre, por lo que me compró un dúplex como regalo de cumpleaños.

    El asunto es que cada vez que voy para varias horas o uno o dos días les acompaño a todo. A todo quiere decir a todo de verdad. Al levantarme por la mañana, eran las 9, me voy de la cama al desayuno que ya estaba preparado. Allí están mis viejos aguardando hasta que yo llegara. En el desayuno mi madre, que es de la junta parroquial y colaboradora en Caritas, me preguntó si querría acompañarla a la misa de 12:00. Le dije:

    — Mita, no tienes que preguntarme, tienes que decirme solamente, que yo vengo para estar con vosotros…

    Ellos lo saben, pero siempre, cada domingo, pregunta, por si me canso y de mí obtiene la misma respuesta. Mi padre nos dijo que a la salida de misa nos esperaría en la plaza de la Constitución, en el bar Monerris, para tomar algo y luego nos llevaría a comer al Náutico. Mi padre siempre va a misa en sábado con sus amigos de la Hermandad y luego cenan juntos, viene a casa hacia las once y siempre nos sorprende a mi madre y a mí conversando. Este día dijo:

    — Con lo que habláis cada vez que os dejo sueltos podríais escribir libros para llenar una estantería.

    Durante el desayuno, después de la invitación que me hizo mi madre, mi viejo, mirándome, dijo:

    — Prepárate y ármate de valor, te pondrás incómodo, hasta a mí me molestó, que ya es decir…, así que ya te puedes imaginar; si yo fuera tú, no iría hoy.

    Mi madre, con cara de preocupación, dijo:

    — No tengas cuidado, iremos a San Antonio, allí también es a las 12 en punto.

    Ni me negué en ir ni me apetecía ir, pero si mamá va, yo también, porque quiero acompañarla. Así quedamos, y así hicimos. A las 11:30 salíamos tomados del brazo mi madre y yo y nos fuimos a San Antonio despacio. Llegamos con tiempo para elegir asiento y mi madre eligió un segundo banco.

    Leyeron un pasaje de los 10 mandamientos, creo recordar que era del Deuteronomio, y en el Evangelio Jesús decía que había que amar a Dios y al prójimo, que eran los mandamientos más importantes. Al cura le dio por hablar del cuarto mandamiento, de la soledad y abandono de los padres y abundó en palabras para describir cómo era eso, entre otras cosas habló de visitar a los padres y dijo algo así como «No seáis brutos, que bien supimos mamar de las ubres de nuestras madres hasta dejarlas secas…, No cuesta tanto ir a visitarlos, salir a pasear con ellos…, Como hagáis con vuestros padres, harán vuestros hijos con vosotros…». Mi madre tomó mi mano y la apretaba con lágrimas en los ojos. El cura siguió hablando y ahora se refería a los otros, al prójimo, a los necesitados, haciendo hincapié en que había que ayudarles.

    Al acabar la ceremonia mi madre quiso saludar al cura y me presentó como hijo modélico. Al cura le dio un sustantivo donativo «para lo que necesitara», y nos fuimos hacia la plaza de la Constitución.

    Mientras paseábamos le dije:

    — Suerte que no le dijiste que yo soy gay.

    — Eso a él no le importa, ¿acaso siendo gay haces daño a alguien?

    Todavía cerca de la iglesia se nos acerca un chico joven, sucio, olía muy mal, y en un mal castellano nos pidió limosna, porque no encontraba trabajo. Mientras mi madre escarbaba el bolso para darle unas monedas, yo le pregunté cómo se llamaba.

    — Havryil.

    — ¿De dónde eres?

    — Ukraína.

    Me explicó en un pésimo castellano que tenía 19 años, que salió de Ucrania a los 16 para trabajar, que lo soltaron en Alemania y hacía un año que pedía limosna por varios sitios de España. Le pedí a mi madre 20 euros, se los di y le dije que comiera y se tomará una cerveza comiendo y a las 6 de la tarde le esperaba en la casa de mis padres para hablar del trabajo. Mi madre le dio una tarjeta para que supiera la dirección.

    Cuando le contamos a mi padre, desconfió de que se presentará, “porque hay muchos que piden limosna por no trabajar” e insistía “igual pertenece a una de esas mafias orientales”. Tras la comida nos fuimos a pasear por la orilla del mar, porque hacía buen tiempo, pero como a mi madre se le hundían los tacones en la arena, regresamos de inmediato al paseo marítimo. Regresamos a casa en taxi, igual que habíamos ido. Ya me había olvidado del chico ucraniano, ni me acordaba del nombre, estaba preparándome para irme a mi casa. Sonó el timbre, contesté, era él, y le dije que esperara un momento que yo salía. Me despedí de mis viejos y al irme mi padre me dijo:

    — Ojo a quien metes en tu casa, llámanos que si no, yo te llamaré a las diez, que no tengo otro hijo…

    — Papá, sí los tienes…

    — Dime dónde e iré a recogerlos…

    Mejor callar que hacer sufrir. Ese día, al despedirme tras estas breves palabras, besé a mi padre, pues siempre le daba un medio abrazo. Él estaba con los ojos empapados de lágrimas. Ya en la puerta, mi madre me dijo que en casa solo se hablaba de mí como hijo, porque mi padre se ponía mal si se nombraba a mis hermanos. En el secreto de mis pensamientos me hice el propósito de visitar a mis cuatro hermanos, Adolfo, León, Daniela y Fernando, para hablar de la situación que se estaba creando; el problema es que todos no vivían en el mismo lugar.

    Me encontré al ucraniano sentado en el suelo esperando. Le pregunté de nuevo el nombre “Havryil”, yo no entendí nada y me dijo que el español era Gabriel. No le di importancia, en el mundo actual el nombre sirve primero para llamarnos y después para que el Estado, la policía, los bancos y otras entidades nos controlaran. Como decide ir hasta mi casa a pie para conversar y conocernos, caminamos como 50 minutos hablando. Entonces me contó con más detalles su vida. Ser gay en Ucrania es legal, casarse no, pero la sociedad es totalmente contraria. La gente de su pueblo lo había perseguido para darle un castigo del que podría resultar la muerte y tuvo que escapar, pasó por Alemania, Francia, Italia y España buscando trabajo. No tenía amigos ni pertenecía a ninguna asociación ilegal de mendigos, pero eso mismo le producía `problemas. Le aseguré que le iba a dar trabajo y, al menos esta noche, tendría cama para dormir en mi casa.

    Llegamos a casa, le mostré una habitación que estaba preparada para cualquier emergencia y le dije que antes de sentarse o tocar cualquier cosa debía lavarse bien.

    — Quítate toda la ropa y ponla ahí; de momento aquí tienes algo para vestirte, todo es nuevo.

    Le di camisa, un short, slip y sayonaras, todo sin estrenar. Me fui a la cocina, preparé una cena en base a fiambres. Cuando ya estaba todo preparado, me senté ante el televisor a esperar. Salió de la habitación vestido con todo lo que le había dado y me pareció otra persona. Me preguntó por la ropa suya y le dije que la había puesto para quemar porque la vi sucia, rota e inservible. El short nuevo que se había puesto era de lycra, pero inadecuado para él, pues, tan escuálido como estaba, le colgaba por todas partes. Le prometí que al día siguiente iríamos de compras.

    Luego conversábamos sobre las posibilidades de trabajo. Me iba fijando en el muchacho de seis años menos que yo, guapo, pelo rubio, que no lo había notado de sucio que estaba, ojos como zafiros, brillantes y relucientes, labios adelgazados, pero de aspecto grueso y muy rojos, nariz recta con tendencia a ancharse en las alas nasales. Quitada la dentadura que había sufrido algún desperdicio, el muchacho era hermoso a tope.

    — ¿Tienes dolor en la dentadura?, le pregunté.

    — Sí, aquí, me señaló por fuera el lugar de su dolor, y además necesitaba una limpieza.

    — Mañana iremos a comprar ropa, luego al médico, a más tarde a la casa de mis padres… ¿Tienes documentos personales?

    Todo lo llevaba en la mano, me lo mostró, su pasaporte era ininteligible para mí, pero auténtico y con eso me bastaba.

    — Vamos a la cocina.

    Me sigilo y le dije:

    — Siéntate aquí, esta es mi cocina, una mujer viene una vez por semana, viernes; cuando ella está aquí, tú no estás, te metes en tu cuarto, lo que haga, sea lo que sea, lo hace todo bien, pero de momento te manejas aquí; pórtate bien, te pagaré sueldo, tu trabajo de momento será cuidar de la casa y de mí, ya veremos luego…

    Me hubiese gustado ver el agua de la ducha, debió ser de todos los colores, pero el chico quedó para comérselo, aunque tenía el pelo mal cortado, un pelo que enredado no parecía feo, pero solo al verlo decidí que esa sería la primera cosa apenas levantarnos al día siguiente, igualar el pelo y estructurar la belleza de su pelo rubio. Abajo de casa teníamos a mi peluquero, que siempre me quería hacer cosas raras y me mostraba fotos, pero yo me resistía. Tenía en mi pensamiento que eso era lo primero. Estaba triste por la vida de Vanko, pensé que había que llamarlo en español: Regalo de Dios, pero no me pareció adecuado. Se lo insinué y me contestó: «Vanko». Me pareció bonito y ganas tenía de darle un fuerte beso, pero me frené para no aparecer dominante

    Después de la cena, nos despedimos y le acompañé hasta la puerta de la habitación, dándole un despertador, que estaba preparado para que sonara a las 7:00 y poder desayunar e ir hacer todas las tareas. Dándole el despertador, le dije:

    — Desayuno a las 8:30.

    Me contestó algo que no entendí y me pidió un papel y lápiz para escribir: Добре, я готую сніданок. Luego me dijo: «Bueno, preparar el desayuno». No entendí, pero me gustaron las letras. Me fui a acostar cansado. A no sé que hora escuché unos pequeños gritos y salí de mi habitación como estaba en la cama, totalmente desnudo, para encontrarme a Vanko, sentado en el suelo lleno de pánico con la camisa y el slip puestos. Al parecer había sufrido un mal sueño. Lo invité a entrar en mi habitación y descubrí que tenía pánico a la soledad encerrado en cuatro paredes. Le dije que descansara en mi cama y al poco rato se durmió. Entonces me acosté con cuidado al otro extremo de mi ancha cama y me dormí. Al despertar, Vanko no estaba, me pareció que había tenido un sueño y me metí al baño y a la ducha. Me vestí y me fui a la cocina para preparar el desayuno.

    Cuando a las 8.15 entré en la cocina a preparar el desayuno, ya estaba Vanko vestido con la poca ropa que le di y acabando de preparar un desayuno. Preparó de todo lo que había a disposición y comí más a gusto que nunca. La poca conversación en el desayuno fue:

    — Te voy a dar unos pantalones para ir al peluquero; después nos vamos a comprarte tu ropa adecuada; esos pantalones que te pondrás los dejas en la tienda para tirar, son de mi padre, que me los puso mi madre después de una borrachera que tuve con mi padre donde nos pusimos a tope de mierda mi padre y yo.

    Creo que no entendía una puta mierda de lo que le dije, pero era un modo de acordarme de aquella noche en que mi padre y yo nos zampamos tres botellas de whisky, vomitamos, nos cagamos, nos meamos, maldijimos a todo puto suelto… La pobre de mi madre aguantando a esposo e hijo, pero jamás me lo pasé tan bien con mi padre. Nos hicimos más amigos y cuando lo recordamos siempre me dice: «para que no hiciéramos peores cosas, tu madre nos la mamó a los dos, y ¡qué bien mama tu madre, joder!».

    No sé si Vanko me entendía lo que yo recordaba en voz alta, porque hablaba muy deprisa, pero a mí, solo de pensarlo, ya me pone y se me para. Si no hubiera estado mi madre, creo que mi padre y yo hubiéramos estado follando, seguro que sí, aunque no sé quien de los dos hubiera estado arriba, por lo machos que somos los dos, lo que me parece que viene de raza; porque si yo pongo el culo para que me la metan no viene de raza sino por contemporizar y dar gusto a otros, de todas formas tener una polla en el culo es cosa linda y extremadamente maravillosa, pero meterla es insuperable.

    Fuimos al peluquero y le dije que tenía 19 años, así que nada de peinados retro, sino muy a lo suyo, me mostró varias fotos y le dije que se las mostrara y Vanko eligió lo que quiso. Me lo dejó guapísimo, como para enamorarme de él. La verdad es que me estaba enamorando de él, pero no quería que se notara.

    Nos fuimos a una tienda de ropa juvenil. Le dije que eligiera lo que quisiera o le gustara que yo luego le compraría lo que me pareciera oportuno. Dejamos encargado al empleado que nos lo mandara a casa porque era mucho y teníamos que hacer otras cosas, pero de la tienda salió vestido para no avergonzarse ni avergonzarme, era muy otro y muy apuesto. Lo miré, hice que se mirara en el gran espejo, camiseta manga corta negra, gorra, jeans skinny y unas simpáticas zapatillas. También yo me compré otras cosas para ir afines cuando saliéramos juntos.

    Por el camino nos compramos algunas pulseras de poca monta y se embobó en un collar, lo pagué y se lo dieron, no se había dado cuenta de que yo lo estaba pagando y se lo puso de inmediato. Se le veía feliz. Fuimos a ver un amigo mío, cliente de mi padre y abogado y le puse al orden sobre Vanko para que obtuviera la residencia. Mi amigo Marcos, el abogado, llamó a su gestor y este ni corto ni perezoso lo puso como empleado mío y preparó todo, la seguridad social, la residencia con trabajo y me dijo que no tardaría muchos días. No sé qué influencias utilizó pero a los 20 días todo estaba en regla.

    En esos 20 días, íbamos con todas las precauciones, nunca salía sin mí, comenzamos a hacernos amigos, le daba clases de español y avanzó mucho. Pero también Vanko se enamoró de mí. Sus malos sueños en la noche le hacían reaccionar de modo que se venía a mi cama, unas veces yo me despertaba, otras ni eso. Pero se fue acostumbrando a mi cama y cada vez venía antes y se desnudaba para meterse bajo mis sábanas. Poco a poco, dejamos su habitación para visitas como ya era antes y dormíamos desde el primer momento en mi cama, vamos, en nuestra cama. Él hacía como yo, se desnudaba del todo y entraba bajo la cobija. Hasta el día en que a causa de mis prisas, me desperté poco después que él y me metí somnoliento a la ducha estando Vanko duchándose. Me disculpé, pero me agarró del brazo y me hizo entrar.

    Nos duchamos, es verdad que los roces eran muy sensible y su cuerpo ya no era tan lánguido como al principio y estaba mejor y me abrazó, un abrazo de agradecimiento que en esas condiciones rozaron nuestras pollas y no tardaron en poner su erección al máximo las dos. Como si fuera algo natural, me masturbé nervioso y tardaba mucho, entonces Vanko me ayudó masturbando mi verga, y luego se puso de rodillas para mamar mi polla. Le tomé de sus sobacos para que se levantara, pero no quiso y, al rato de producirme mucho placer, me hizo eyacular y se tragó toda mi leche. No sabía yo qué hacer en ese momento. Se levantó, me besó y resucité dándole lengua y degustando mi lefa. Tras el beso me puse de rodillas y me comí su polla, pasando la lengua por el frenillo y la corona del grande. No tardó en eyacular, igualmente tragué su lefa. Me levanté, me abrazó y nos besamos largo, tanto que resucitaron nuestras pollas y, siendo ya tarde, nos masturbamos los dos bajo el agua. Fue como el sello de nuestro enamoramiento. Pero el desayuno fue en silencio, nos sentíamos los dos culpables, como si yo me hubiera aprovechado del pobre y él de mi confianza. No nos miramos en todo el desayuno. Salí a mi trabajo y se quedó en casa, ni nos despedimos. Mi día fue duro de trabajo y preveía que acabaría hacia las tres. Lo llamé para decirle que no podría ir a comer a las dos a causa del trabajo y me dijo:

    — Pues yo tampoco comeré.

    Entonces le dije que se viniera a mi oficina que iríamos a comer por algún lugar. Aceptó con voz más alegre. Desde ese día, aunque era oficialmente mi empleado, dejó de serlo realmente para convertirse en mi amante. Ya habían transcurrido cuatro mese que dormíamos en la misma cama y yo no me resistía a tener un cuerpo desnudo al lado de modo inútil, así que cada día teníamos alguna experiencia, empezamos con tocamientos, luego los besos incontenibles, los tocamientos lascivos, cuando llegó el tiempo de las mamadas ya valía todo y me pidió que se la metiera. Me resistí algunos días, pero sucumbí. Por fin escuché su voz natural gritando de placer. Nos convertimos en indispensables el uno para el otro. Yo lo necesitaba y él me necesitaba. Yo necesitaba un chico que supiera amar, humilde, sencillo y cariñoso, con ganas de trabajar y divertirse, muy amoroso y sin complejos. Eso lo descubrí en Vanko. Él necesitaba un amigo, que comprendiera su situación, que lo amara sin condiciones y le asegurara una vida pacífica, tranquila y sin traiciones —son palabras suyas—, y lo amé. Nos amamos, nos vemos el uno para el otro, sin mutuos aprovechamientos, pero todo muy aprovechable.

    Mis padres solo me preguntaban cómo se portaba y solo les expliqué que cumplía con su deber y que era tranquilo, sincero y trabajador. Mi padre se pasó por mi casa para hablar conmigo y, como yo no estaba, Vanko lo atendió admirablemente. Hasta mi padre sintió cariño por él. Mi madre me llamó para decirme que me esperaba el domingo, es decir, el sábado tarde y domingo, y le dije que no podría ir porque era el cumpleaños de Vanko, que cumplía 20 y me parecía que debía estar acompañándolo porque no tenía otra familia que lo hiciera. Mi madre entendió de momento. A la hora me estaba llamando mi padre para que el domingo trajera a Vanko para celebrar los cuatro su vigésimo cumpleaños, que no me podía negar porque ya había reservado y nos esperaba a los dos sí o sí, que eligiera. Decidí que sí y lo comuniqué con Vanko. Se quedó gratamente preocupado. Le alegraba la invitación diciéndome que mi padre era un hombre muy agradable y que le gustaría conocer a mi madre, pero que no sabría cómo debiera tratarlos ni comportarse. Le dije:

    — Tú haz lo mismo que yo, te preguntan, respondes siempre con la verdad; te miran, los miras; te sonríen, les sonríes; si lloran, ponte preocupado y amable; si yo los beso, tú los besas…, ¿entendido?

    — Sí, entendido, como un hijo, ¿sí?

    — Eso, como un hijo, les va a gustar y te amarán.

    — Y si me preguntan si te quiero, ¿qué les digo?

    — La verdad, siempre la verdad.

    — ¿Tú que les has dicho?

    — Nada.

    — ¿Por qué?

    — Porque no me han preguntado.

    — ¿Y si te preguntaran qué les dirías?

    — La verdad.

    — ¿Cuál es la verdad?

    — Que te quiero con toda mi alma.

    — Y…, qué dirían ellos?

    — Pueden decir lo que quieran, eso no cambia nada, ni mi amor a ti, ni mi amor a ellos.

    — Entonces los voy a querer mucho…

    — Eso es asunto tuyo.

    Ya tenía completamente entrenado a Vanko. No deseaba las mentiras, mis padres habían sabido siempre mis sentimientos, no les gustaba pero me entendieron y me defendieron siempre; es ahora cuando les gusta que yo sea como soy, porque dicen que tienen hijo. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero mentir a la familia —sobre todo a los propios padres— es la peor de las felonías que uno puede realizar, porque son los que siempre nos defenderán, incluso en contra de su modo de pensar.

    Era sábado en la tarde y mi padre llamó para preguntar si íbamos a ir en la tarde o al día siguiente domingo. Le dije que el domingo, pero él insistió en que hiciera como siempre que «a la mamá le ayudaba mucho mi compañía».

    — Papá, si me lo pides tú, yo iré a acompañar a la mamá y cuando llegues me regreso a casa hasta el domingo.

    Mi papá insistió en que fuéramos los dos ya en la tarde y nos quedáramos en casa.

    — Papá, comprenderás que nos hemos acostumbrado a dormir en una sola cama…

    — Lo suponía y he hecho cambiar la cama de tu habitación…

    — Pero, papá…

    — ¡Hijo, por lo que más quieras, no te quiero perder!

    — Gracias, papá, como gustes.

    Llegó el sábado. Nos vestimos bien, elegantes, airosos, pero con detalles para celebrar el cumpleaños. Toda la ropa que nos pusimos de dentro afuera era nueva. Todo era igual, excepto en el color, cada uno llevaba el suyo, a mí me encantan los rojos y a Vanko los grises. Los jeans eran exactamente igual, negros de diferente talla, super skinny, muy pegados, marcando bien el culo, camiseta roja con dibujos yo y camiseta gris Vanko, sudadera gris Vanko y sudadera negra yo, ambas sin letras. Yo iba con la cabeza descubierta como es mi costumbre, Vanko con gorra y visera hacia atrás. Yo llevaba el AppleWatch que me regalo mi padre en la última Navidad. Vanko no tenía costumbre de llevar reloj, se puso una pulsera de las baratas porque yo se lo indiqué.

    Al llegar nos saludamos. Mi madre muy besucona agradeció nuestros besos, mi padre buscó mi beso y lo halló. Vanko besó a mi padre y lo sorprendió muy gratamente. Nos sentamos a hablar y les dijimos que habíamos decidido vivir juntos, pero de momento no nos íbamos a casar por respeto a ellos. Mi madre quería hablar para darnos libertad, pero mi viejo le dijo que se callara. Entonces yo dije:

    — Para todo el mundo somos amigos, para algunos es mi empleado y para vosotros es mi amante.

    Quedó zanjada esta cuestión y mi padre se levantó para abrazarnos y darnos la enhorabuena. Mi madre no sabía qué hacer y dijo tímidamente:

    — Entonces…, mañana… la misa… ya no podrás acompañarme…

    De sopetón, Vanko, me puso la mano en la boca y dijo:

    — Mamá, como ha hecho Elián siempre, haremos ahora, solo que tienes un hijo más.

    Con lo exageradamente besucona que es mi madre, se levantó y lo besó muy cariñosamente con lágrimas en los ojos.

    — Ya lo ves mamá, así van a ser las cosas…, me parece que lo vas a querer tanto o más que a mí, solo por 20 euros que le diste, dije yo divertido.

    — Si los hijos costaran 20 euros no compraría ninguno, pero si cuestan cariño… es otra cosa, ¿no crees, Eliancito?

    Tiempo que no me había llamado Eliancito, últimamente solo era Elián. Nos fuimos a mi habitación a cambiarnos para ponernos más ligeros. Me puse un short jeans y una camiseta. Vanko me preguntó qué se ponía y le dije que mirara en su parte del armario. Allí estaba escrito en un conjunto de ropas con etiqueta: «Ropa para Vanko». Se rió y se vistió casi como yo, cambiaba el color de la camiseta, pues no tenía nada en color rojo.

    Después de cenar, nos sentamos a tomar unos whiskys —a mi madre le gusta el whisky— y a conversar, nos sinceramos con mi madre y quedó establecido el hecho de tener un hijo más. Cuando a las once llegó mi padre, vimos un rato la televisión hablando los cuatro casi a la vez hasta medianoche que nos metíamos en la cama.

    Esa noche no tuvimos sexo, todo fueron besos y contarnos nuestra grata experiencia vivida. Conversamos hasta casi la una pasada la medianoche con la luz apagada y bien pegados uno al otro, felices, muy contentos, cruzamos nuestras piernas, sentíamos nuestros penes entre nuestros muslos y nos encontrábamos bien. Cuando yo musité las tres avemarías que desde pequeño tenía por costumbre hacer en cada noche ya en la cama, me sorprendí que Vanko musitaba algo en su lengua materna, y poco a poco nos dormimos casi sin darnos cuenta.

    Al despertar fuimos a la ducha y al baño, alternábamos siempre para ganar tiempo y, vestidos como en la noche anterior, fuimos a desayunar. Le dije a mamá que Vanko también reza por las noches, pero no sabía qué.

    — ¿Qué rezas en la noche, Vanko?, preguntó mi madre.

    — El saludo del ángel a María, tres veces, me lo enseñó mi mamá desde pequeño, ¿es bien?, contestó.

    — Es lo mismo que me enseñó mamá a mí, dije mirando a mi madre.

    — Me lo imaginaba, lo musitas siempre y yo lo decía sin pronunciar para no molestar, pero me gustaba oírte…, añadió Vanko.

    Como cada domingo, después del desayuno tocaba arreglarse y ponerse guapos, pero ese domingo era cumpleaños de Vanko y al salir a la sala estaba mi padre esperándonos, sentado en el sofá. Al ver que entrábamos al salón, se levantó, felicitó a Vanko, lo felicitamos también mamá y yo y mi padre le dio un obsequio en nombre de todos. Vanko lo desenvolvió muy nervioso y había, a su vez, dos paquetes dentro, uno grueso y otro delgado, desenvolvió el grueso y amaneció un iPhone; desenvolvió el estrecho y apareció un AppleWatch. Se puso feliz, se dirigió a mi padre y lo besó como besaría un hijo a su padre, besó a mi madre y me besó a mí, fue la primera vez que le metí la lengua en la boca y se paseó la suya en mi boca. Nos pusimos los cuatro felices. Vanko y yo nos fuimos a la habitación, le dije que los pusiera a cargar para usarlos enseguida y que sincronizara el Watch con el iPhone. Salimos para estar con los viejos conversando hasta poco antes de las 11:30 que nos vestimos elegantes. Acompañamos a mi madre a la Iglesia y luego fuimos a buscar a mi padre y a comer.

    Como hacía yo siempre, hacia las 6 de la tarde, regresamos a casa, nos pusimos cómodos con short y sin camisa, tomamos una pequeña colación, nos sentamos ante el televisor.

    — Se supone que nuestro compromiso va en serio…, dijo Vanko.

    — Por mi parte, sí, contesté

    — Por la mía también. Entonces… ¿hoy follamos en serio?, preguntó.

    — ¿No ha sido siempre en serio?

    — No, porque lo hacíamos una vez y luego a dormir, ¿podemos follar ya hasta el amanecer?, preguntó.

    — ¿Estás cansado?

    — ¡No!, dijo tajante y secamente.

    — Pues follamos hasta cansarnos, respondí

    Me levanté, me quité el short, hizo como yo y sobre el sofá iniciamos nuestro más esplendoroso beso. No nos habíamos lavado la boca y se notaban todos los ricos sabores de la comida en nuestra boca. Dejé su boca y me puse beso a beso a recorrer centímetro a centímetro su cuello, su hombro, su peludo sobaco, por el pectoral me fui a besar y morder su pezón, luego el otro y después recorrí por el esternón hasta el ombligo que llené de mis babas de tanto chuparlo y besarlo. Vanko iba besando mi cuello por detrás y, conforme yo iba descendiendo lentamente por su cuerpo, él besaba cada una de mis vértebras, no dejó ninguna por besar, produciéndome un inmenso placer al sentir el suave contacto de sus labios en todos mis huesos de la columna. Cómo fue…, ni me acuerdo, pero nos quedamos en un 69 estando yo besando su región púbica llena de pelos y el me besaba iterativamente el sacro como si buscara sus orificios y finalmente se puso a besar el coxis, a comerlo hasta que bajó a mi ano y lo lamió, lo lamió y lo lamió como si quisiera comérselo y succionaba, hasta que metió su lengua empujando hacia adentro. Justo era cuando yo estaba en el mejor momento de comerme su polla, que estaba bien crecida y decidí incorporarme y sentarme sobre ella de cara a él y fui dejando caer mi cuerpo hasta meterla del todo y apoyar todo mi peso sobre su pubis para que me llegara profundo.

    Comenzaron los espasmos al tiempo que yo subía y bajaba, ayudándome de sus movimientos espasmódicos y al rato, cuando su polla en mi interior la noté totalmente hinchada, me incliné poco a poco a besarle los ojos, la nariz y su boca. En este sacrosanto beso empezó el chorreo de lefa en mi interior y al instante mi polla, aprisionado por ambos cuerpos, dejó escapar sus flujos para deleite nuestro. El beso más largo de nuestro orgasmo, nos hizo sentir más unidos que nunca. Quietos, esperando que su polla se salga por inercia propia, deteniendo el beso solo para respirar, nuestras caras, nuestros cuerpos y todo nuestro ser estaban en perfecta combinación unidos en la inmensidad de nuestro cosmos. Cuando la verga de Vanko se cansó de estar en la guarida de mi ano, se escapó, interrumpimos el beso para cerrar luces del salón y seguir follando en nuestra habitación.

    Al llegar a nuestra habitación nos entraron rabiosas ganas y nos pusimos a tocarnos uno al otro por puro placer de sentir. Con frecuencia cierro los ojos palpando el cuerpo de mi amante. Vanko ha aprendido esto de mí y nuestras pollas crecen, es el momento de elegir quién folla a quien espontáneamente. Yo quería volver a sentir a Vanko en mi interior y me puse tumbado en la cama mirando abajo y Vanko me levantó las piernas poniéndolas en tijeras y aproximó su polla a mi culo perfectamente dilatado. Noté que entró de inmediato, pero más profundo al tener mi cabeza tocando sábanas y el resto del cuerpo a su disposición. Tanto estaba yo lleno de regusto que comencé a mover mi cadera en círculo para sentir mejor placer y darle mayor gusto a mi amante. Desparramó su polla todo el semen fresco, recién creado después de un largo mete y saca con el que me dejó casi sin respiración.

    Sacó de mi culo su polla, me tumbó en la cama de cara al techo y Se puso a comerme la verga que no tardó en derrochar mis néctares. Nos quedamos uno sobre el otro, satisfechos y a la vez con ganas, pero cansados por lo que lo mejor fue tomar la decisión de amarnos besándonos. Mi culo iba soltando la lefa que directamente caía sobre la sábana. Dejamos que se desperdiciara por el poder que teníamos de crear más esperma y más posibilidad de placer.

    Cada vez, después del descanso, nos levantábamos para cambiar de lugar. Sentíamos sed por el sudor y el desgaste y nos fuimos a la cocina. Bebimos agua, mucha agua, como dos vasos cada uno. Nos besamos, un sabor muy limpio. Saqué dos vasos anchos y serví abundante whisky en cada uno, para entrar en furor. Al segundo sorbo, Vanko comenzó a ponerse en plan tentador, seduciéndome y haciendo movimientos eróticos y me estaba propiciando un encanto que me hechizaba hasta la fascinación. Embelesado por la magia de mi ángel y su atractivo hechizo revivió en mí la más voluptuosa lujuria en mi corazón que despertó mi lascivia más impúdica hasta desear comerme a mi apreciado y sensual amante de la manera más obscena posible, tal me sentí y de modo tan embrujado que, con la más extrema impudicia y de modo violento, lo tiré sobre la mesa y sin más avisos ni aspavientos, metí mi polla violentamente en su hoyo con el total deseo de follarlo hasta reventar su culo por semejante violación. Ni descansé, ni preparé, gritaba Vanko como una loca perdida y yo follando, dentro, fuera, dentro y sin parar hasta que todos mis jugos se establecieron en su interior.

    Las lágrimas de Vanko por el dolor y el placer eran reales, gruesas lágrimas como perlas nacaradas, pero a la vez satisfactorias. Nos quedamos sobre la mesa de la cocina un rato besándonos y al incorporarnos, nos acabamos el resto del whisky para irnos a la cama. Volvimos a comenzar, una y otra vez, y otra; eran las 6:00, amaneciendo cuando dijimos de dormir una hora para luego ir a trabajar yo a la oficina y Vanko en casa poniendo orden antes de que llegara Filomena, la empleada de mis padres que pasaba por mi casa una vez a la semana. No nos parecía justo que pagaran justos por pecadores tanta suciedad y tanta violencia sexual. Filomena debía encontrar el desastre habitual, no el desenfreno de una noche de placer continuado.

    Cuando nos despedimos después del desayuno, me dijo Vanko:

    — Te espero a las 3:00 para comer y dormir una larga siesta que esta noche quiero verte de nuevo en tu pasión más brutal como ayer.

    — Te gustó, estaba preocupado porque solo pensé en mi voluptuoso placer.

    — Me gusta así, no me lo habías hecho nunca, siempre tan fino, pero me gusta tu parte salvaje.

    Nos besamos y a trabajar satisfecho, recordando la mejor noche que había tenido en toda mi puta y licenciosa vida.

  • No me podré olvidar de ti (I)

    No me podré olvidar de ti (I)

    Aeropuerto de Alicante, España. Ventanilla oficina de coches de alquiler Europcar. Me pongo a la cola detrás de la única persona que hay. Veo una chica de melena castaña.

    Desde atrás la veo elegante. Traje de americana con falda de tubo gris oscuro

    Taconazos…

    Y sin poder evitarlo me fijo en su culo. Y sus caderas… mmm…

    De repente da un golpe en el mostrador

    Me saca de mi contemplación y me devuelve a la realidad

    Joder que genio tiene esta mujer. Pienso

    – No pueden hacerme esto. He de ir a Denia sin falta esta mañana. Le oigo decir

    Caramba va donde yo también…

    La oigo discutir con la chica de ventanilla escuchando la conversación.

    Me meto en ella sin pensarlo y comento

    Yo también tengo coche y voy a Denia esta mañana por trabajo…

    Ireneta.

    La mujer se gira y me mira extrañada de arriba abajo, con cara de enfado. Inmediatamente me fijo en sus ojos, grandes y verdes, con una mirada que intimida.

    – Disculpe no pretendía molestar, he oído la conversación y al verla tan apurada y que íbamos al mismo sitio, me parecía que podía ayudar.

    – Perdone pero no le conozco de nada, no creo que sea buena idea.

    – Como quiera, yo solo quería ayudar.

    Terminó de discutir con la chica de la ventanilla y cabreada se fue sin decir nada. Pasé por ventanilla, me comentaron que tendría que esperar aproximadamente una hora para poder recoger el coche ya que habían tenido problemas de logística, así que decidí ir a almorzar algo mientras hacía tiempo.

    Estaba sentado tomando un café y un bocadillo mientras pensaba en la mujer de antes, en si mi propuesta a lo mejor había sido algo inapropiada, e inevitablemente en esos ojos verdes que me habían dejado helado. Estaba dando vueltas a la cabeza, cuando alguien me dio un par de toques en el hombro y al girarme me volvía a encontrar esos ojos verdes, la expresión de su cara era distinta, una sonrisa tímida asomaba y yo me quedé con cara de tonto mirando si saber que decir.

    – Hola, soy Paula, disculpa antes estaba bastante alterada y tal vez no he actuado adecuadamente. Sí todavía sigue en pie, me gustaría compartir el coche con usted, también compartiríamos gastos por supuesto. Yo también tengo que ir por trabajo y me encuentro bloqueada.

    – Ehhh sí, sí, claro. Me han dicho que tardarían una hora aproximadamente en darme el coche, puedo invitarla a un café? Me llamo Carlos por cierto.

    Se sentó enfrente de mí y estuvimos hablando, los dos íbamos el fin de semana a Denia por trabajo, no profundizamos mucho en el trabajo de cada uno y la conversación fue un poco tímida. Era una mujer muy agradable, educada, tenía una sonrisa preciosa, sus ojos me intimidaban como no me había pasado antes, tenía un cuerpo trabajado y un pecho espectacular que intenté no mirar sin éxito.

    Nos dieron el coche y nos pusimos en camino, la conversación empezó a fluir, descubrimos que teníamos puntos en común y opiniones parecidas, lo que hizo que el viaje fuera bastante agradable. Al llegar a Denia la dejé en su hotel.

    – Muchas gracias, me has salvado, no sé qué habría hecho sin tu ayuda.

    – No hay de qué mujer, ha sido un placer.

    Me fui a mi hotel, preparé el traje que me pondría al día siguiente para el congreso y me fui a dormir, sin poder sacarme a esa mujer de la cabeza.

    A la mañana siguiente, estábamos hablando varios compañeros antes de entrar al salón de actos donde se celebraba el congreso, cuando una voz de mujer llamó mi atención a mis espaldas. Me giré y allí estaba Paula, en un principio dudé si acercarme o no a saludar, pero a una mujer así no se la puede dejar de lado.

    – Hola Paula, que casualidad no? Parece que al final los dos veníamos al mismo sitio.

    – Anda Carlos! Sí que es casualidad sí.

    Me presentó a dos compañeras con las que estaba hablando.

    – Él es Carlos, mi salvador, si no llega a ser por él no habría llegado.

    – Encantado!

    Me presenté con dos besos y también me di el gustazo de darle dos besos a Paula. No sé si fue mi imaginación o mis ganas, pero los besos de Paula me parecieron cercanos a la comisura de mis labios y su mirada después de ellos casi me para el corazón.

    – Por cierto Paula, el domingo volveré al aeropuerto por la tarde, si quieres puedo llevarte de vuelta.

    – Pues todavía no lo había pensado, dame tu número de teléfono y te digo algo.

    Bingo! pensé, me mandó su número de teléfono por Whatsapp y quedamos en escribirnos más tarde para ver qué haríamos el domingo.

    Por la noche, estaba en mi habitación cotilleando su foto en el Whatsapp, salía en una foto en bikini en la playa y me di cuenta de que mi imaginación se había quedado corta, era una diosa. De pronto su estado en línea cambió y paso a escribiendo, se quitaba y volvía a escribir continuamente como si no supiera que decirme.

    JulioG

    Yo tampoco acababa de decidirme si decirle algo. Pero al final pensé que no perdía nada por decirle algo. Siendo cordial… no tendría que tomárselo a mal…

    – Hola. Que tal la noche?

    Y me quede ahí esperando embobado mirando la pantalla.

    Se me hizo eterno el momento

    Al final apareció su mensaje.

    – Hola. Aquí algo aburrida en la habitación.

    – Jajajaja pues como yo. Menudo par estamos hechos.

    – Bueno es normal no? Después de un día de trabajo…

    – Sí la verdad es que algo cansado sí que estoy.

    – Nos hacemos algo de compañía jejeje.

    – Sí eso es cierto. Es agradable.

    – El qué?

    – Pues tu compañía. El poder tenerte al otro lado de la línea. Compartir este momento al menos. Si no estaría medio dormido estirado en la cama y viendo la tele.

    – Jajaja pues como estoy yo ahora

    – Oye y si salimos a tomar algo

    Tal y como mandé el mensaje me preocupé. Pensé que podía ser atrevido. Casi no nos conocíamos. Y además tardó en contestar. Lo que me dio mala espina.

    – Pues no sé qué decirte. Es muy tarde…

    – Bueno era una idea. Lo entiendo.

    – Pero oye. Por qué no?

    – Bien!!

    Se me abrieron los ojos como platos al ver su respuesta. No pude evitar ser espontaneo con mi bien!!

    – Dame 20 -30 minutos y me recoges?

    – Vale perfecto. Te espero en el coche en la puerta de tu hotel.

    Joder!! Me puse nervioso. Me levante como un rayo y me metí en la ducha. Me enjaboné deprisa. Algo de desodorante… y ahora que ropa me pongo? Traje a estas horas no es apropiado. Mmm… va venga camiseta negra, jersey gris marengo de pico encima, vaqueros y los zapatos negros de suela gruesa. Me miro al espejo y me veo bien. No es que sea un guaperas. Eso lo tengo más que asumido. Pero al menos me voy manteniendo en forma. Moreno y pelo de punta, 1.70m y constitución de talla M jajaja al menos el salir al parque a hacer ejercicio y el yoga hacen su efecto. Me pongo las gafas y salgo pitando

    Ireneta.

    Llegué a la puerta de su hotel y me esperé apoyado en el coche a que saliera, aún nervioso como un flan estaba deseando que saliera. Le envié un mensaje para que supiera que estaba abajo.

    – Estoy en la puerta pero tranquila no hay prisa.

    – Perfecto, termino de ponerme guapa y bajo jeje.

    – Si es por eso no creo que vayas a tardar mucho.

    Yo andaba haciéndome el disimulado con el móvil para no parecer impaciente y en una de estas que levanté la cabeza, la vi que ya estaba a escasos metros de mi coche.

    – Guau!

    Fue lo único que supe decir mientras miraba con cara de bobo.

    – Hola Carlos, qué tal?

    Se acercó y me dio dos besos. Llevaba un vestido negro, con taconazos negros que le hacían unas piernas y un culo espectaculares.

    – Hola guapa! Ahora muy bien, te parece si vamos a cenar?

    – Claro, me muero de hambre.

    – Si te parece elijo restaurante, me han recomendado uno que al parecer está muy bien.

    – Me parece bien, aquí no sabría dónde ir.

    Subimos al coche y nos fuimos en dirección al restaurante que me habían recomendado, la conversación fluyó con mucha facilidad y el ambiente muy agradable.

    Llegamos al restaurante, era un sitio elegante y según me habían dicho era lo mejor de la ciudad.

    Durante toda la cena Paula se mostró muy natural y los dos estábamos realmente a gusto. Los dos coincidíamos en que éramos solteros, trabajábamos en lo mismo y teníamos gustos muy similares. Una botella de vino después y ya en los postres, yo inocente pensaba que la noche se acababa.

    – Bueno ha estado bien la cena no? Me dejas que te invite?

    – Todavía no nos vamos a casa no? Me parece bien tú pagas la cena y yo pago unas copas ahora.

    – Ah pues, me parece perfecto.

    – Claro es muy pronto todavía, tú bailas?

    – Creo que me defiendo.

    – Genial! Ahora veremos cómo te defiendes, a las malas siempre te puedes dejar llevar.

    Me sonrió y me guiñó un ojo, me sacó una sonrisa y me ató un nudo en el estómago. Qué mujer! Pensé. Se levantó para ir al baño antes de irnos y al pasar por mi lado deslizó sus dedos por mi cuello. Me sentía un poco tonto, creo que no estaba reaccionando como debía, me ponía nervioso y creo que ella lo notaba. Pensaba muchas cosas que decirle, algunas más directas y otras más discretas, pero esos ojos y esa mirada tiraban por tierra mi estrategia.

    Salimos del restaurante, dejamos el coche allí y nos fuimos dando un paseo a unos bares que nos habían recomendado para tomar unas copas. Al llegar Paula pidió un par de copas para los dos y empezó a bailar, yo me quedé mirándola sin ser capaz de moverme en un principio.

    – Te dejas llevar? – susurró en mi oído.

    – Claro.

    Pegó un último trago de su copa, yo hice lo mismo y acercó su cuerpo al mío para bailar.

    De golpe me inspiré y me solté a bailar con ella música estilo salsa. Los dos nos reíamos y aunque no sé muy bien cómo se veía desde fuera parecía que íbamos bastante sincronizados.

    – Sabes, dicen que si una pareja se entiende bailando, en la cama también.

    Me lo dijo al oído, pues con la música alta era la única forma de poder hablar entre nosotros, y al separarse de mi me echó una sonrisa pícara. Se puso de espaldas a mi, moviendo su culo delante mío, con mis manos en sus caderas, me acerqué a su cuello, lo olí y le hablé al oído.

    – Por lo que veo tú bailas muy bien y sabes moverte muy bien. Por cierto también hueles muy bien.

    Se giró, me plantó un beso en los labios y siguió bailando con su sonrisa pícara. El baile siguió subiendo la temperatura, en mi pantalón ya podía apreciarse y a estas alturas de la noche yo no pensaba disimularlo.

    JulioG.

    Ese beso me dejó al principio descolocado. Pero luego me di cuenta de que me abría las puertas para no ser tan comedido como hasta ahora. Se me quitaron todos los reparos que durante la cena me habían frenado y me habían hecho dudar en ser más atrevido respecto a insinuarme con Paula. El nudo de mi estómago se iba deshaciendo. Los nervios iniciales se diluían. Y esos ojos ya me tenían cautivo. Bueno aparte de la sensualidad que me transmitía.

    Toda ella me estaba calentando. Su mirada principalmente. Sus guiños y sonrisas. Y lo que realmente me perdía era el roce de su cuerpo. Joder. No podía evitar la tremenda erección que me sobrevino. Paula me había excitado. Tremendamente. Todo se me juntaba. Sus visión, su contacto, sus palabras al oído…

    Oí como cambiaba la canción y ponían una bachata.

    Esta es la mía, pensé.

    Sin dudarlo la cogí de la cintura y la empecé a llevar. Pegada a mi. Más cerca. Muy cerca. Ahora la tenía contra mi pecho. La conducía en el baile. Me gustaba tenerla así. Tan cerca. Le daba alguna vuelta sorprendiéndola. Hasta que en un momento el que giré fui yo poniéndome detrás de ella. Siguiendo los pasos pero pegado a su espalda. Pegado a su culo. Una mano la deslice hacia su abdomen pegándola más a mi. El momento era sensual. Acerque mis labios a su cuello. Quería que notara mi aliento. Y la besé. Dejando posados mis labios en su piel.

    Mmm… se le escapo un suspiro

    Le bese por el otro lado. Para después muy rápido pasarle fugazmente la punta de la lengua. Se dejaba hacer. La atracción era mutua. El roce de mi entrepierna con su culo me estaba poniendo malo. Y ella cada vez estaba más pegada a mi miembro. En ese momento me habría gustado acariciarle los pechos. Lástima que había demasiada luz y numeroso público.

    De repente cambio la música y Paula se giró.

    – Parece que estas contento eh?

    – Bueno esto es obra tuya. Mira como me tienes.

    – Sí yo habré colaborado pero el bulto es tuyo jajaja

    Se me acerco y me plantó un beso. Pero esta vez no fue breve. Fue apasionado. Largo. Cargado de erotismo. Metió su lengua en mi boca. La encontró. Y se enlazaron durante unos segundos que me parecieron interminables. Pero agradables. Mucho. Deliciosos. Tremendamente sensual. Joder esta chica me estaba atrapando. Me gustaba. No por el hecho del contacto. Del beso. Esos ojos me tenían fascinado.

    – Qué te parece si nos vamos? Le propuse.

    – Sí? Ya? Y a dónde piensas llevarme? Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    – Mmm… te doy a escoger. El coche. Asientos parte trasera. Tu hotel. O el mio.

    – Jajaja. Se le escapó espontáneamente.

    – Venga vamos para el coche y luego a mi hotel.

    Apuramos el último trago que nos quedaba.

    Al salir del local la cogí por sorpresa y la apoyé contra la pared. La besé intensamente. Esta vez la que llevaba la iniciativa era mi lengua. Buscaba la suya. Quería sentirla de nuevo. Apretaba mi cuerpo contra el suyo. Y se fusionaron nuestras bocas. A la vez que mis manos exploraban por primera vez su cuerpo. Acariciaba sus caderas. Su costado. Hasta que pude acariciar uno de sus pechos. Y la otra se entretenía en rozar primero su culo para enseguida acariciarlo intensamente. Paula abrió sus piernas. Nuestros sexos se tocaban. Se rozaban. La corriente sexual que nos atravesó a los dos fue intensa. Cuando dejé de besarla en la boca y lo hice en su cuello se le escapo otro suspiro. Seguí besándole por su clavícula y oí un nuevo gemido.

    – Vámonos. Venga. Si no, no nos vamos a controlar y vamos a dar aquí el espectáculo.

    – Jajaja. Si vámonos.

    Ireneta.

    Aceleramos el paso de vuelta al coche, en un par de ocasiones Paula quiso parar en sitios donde no se nos veía mucho para tomarnos unos minutos.

    – No tienes prisa por llegar? – Le pregunté.

    – Sí, pero no puedo permitir que esto baje por el camino, es mi obra no? No estaría bien descuidarla. – Respondió en mi oído mientras pasaba su mano por mi entrepierna encima del pantalón.

    Deslicé mi mano por su pierna subiendo poco a poco su vestido, entrando en la cara interna de sus muslos y para cuando estaba a escasos centímetros de su ropa interior, mordió mi labio, se separó de mí, me cogió de la mano y mordiéndose el labio me invitó a seguir andando de camino al coche. Puff esta chica acabará conmigo.

    Por fin llegamos al coche y salimos en dirección a su hotel, en las paradas en semáforos Paula aprovechaba para besarme y yo aprovechaba para acariciar sus piernas.

    Llegamos al hotel, entramos en el ascensor, Paula se apoyó en la pared con sus piernas ligeramente separadas, me puse delante de ella con nuestros cuerpos muy pegados, besé su cuello, la agarré por el culo y restregué mi erección contra ella. Ella me suspiraba en el oído y me agarraba del pelo con una de sus manos para que no separara mi cabeza de su cuello.

    El ascensor llegó a la planta, salimos rápidamente y entramos en su habitación. Al entrar puse a Paula de cara contra la puerta de la habitación, besé su cuello mientras bajaba la cremallera de su vestido y bajé lentamente con besos por su espalda. Dejé caer su vestido, dejándola con su conjunto de ropa interior granate de encaje y sus tacones negros. Agarré sus pechos desde su espalda y disfruté de las vistas desde su clavícula, una de mis manos se fue acercando a su tanga, cuando una vez más me paro en seco.

    – No estamos en igualdad de condiciones.

    Se giró, me quito el jersey y la camiseta, rodeó mi cuello con sus brazos entre besos y deslizó sus manos desde mi hombro por mi tórax y mi abdomen hasta llegar a los botones de mi pantalón vaquero, los desabrochó mirándome a los ojos, me dejo en calzoncillos, acarició y apretó mi polla por encima de la ropa interior.

    – Me encanta, se ve bien dura

    Desabroché su sujetador, lamí sus pezones y ahora ya sí metí una de mis manos dentro de su tanga. Soltó un pequeño gemido al notar el contacto de mis dedos recorrer sus labios, estaba empapada, quería, necesitaba follármela. Bajé su tanga, ella bajó mi calzoncillo y empezó a restregarse la punta en su clítoris mientras me masturbaba.

    – Puff vamos a cama, necesito metértela. – Le dije.

    – Tranquilo no tengas prisa.

    Llegamos a la cama, me empujó, me dejó sentado, se arrodilló y se la metió en la boca, me la chupó durante un par de minutos, me incliné hacia atrás para ver cómo me la chupaba mientras me miraba con esos ojitos.

    Paró y se sentó encima de mí a horcajadas, me dejó unos minutos para bajar pulsaciones, mientras nos besábamos y le comía los pechos. Agarró mi polla, la dirigió para metérsela, gimió y su cuerpo se estremeció con la primera penetración, poco a poco fue cogiendo ritmo entre gemidos. Su cabeza estaba pegada a la mía, gimiéndonos a la cara, con una mano yo la agarraba del culo y con la otra la sujetaba por el cuello. Para cuando noté que a los dos nos faltaba poco para corrernos, la levanté, ella seguía moviéndose, la tumbé en la cama, me quedé entre sus piernas, penetrándola con embestidas fuertes y profundas haciendo que sus pechos votarán con cada penetración. Aguanté como pude hasta que clavó sus uñas en mi espalda, gimió con fuerza, y yo me corrí dentro de ella notando las contracciones de su vagina.

    Me tumbé a su lado mientras recuperaba la respiración y normalizaba el pulso.

    – Joder ha sido espectacular.- Dije ente suspiros.

    – Ha sido? No cariño, esto aún no ha terminado.- Me dijo con una sonrisa.

    Continuará…

    Este relato está hecho fruto de la colaboración de dos autores. Esperamos que os guste y lo disfrutéis.

    JulioG.

  • No me podré olvidar de ti (II)

    No me podré olvidar de ti (II)

    Su sonrisa es lo que más seducía. Pero lo que realmente deseaba era llevarla al paraíso. Había disfrutado con ella. Me había excitado. Me había hecho explotar en un gran orgasmo. Pero quería escucharla gemir y jadear al máximo. Y tenía razón con que esto no había terminado.

    Desde donde estaba tumbado a su lado empecé a acariciarla. Muy suave. Con las yemas de los dedos. Por todo su cuerpo. Hasta detenerme en sus pechos. Los empecé a amasar. A acariciar sus pezones. Para luego acercar mis labios y besarlos. Chuparlos. Tirando de ellos con mis labios. Pasarles la punta de la lengua muy rápido. Hasta conseguir que se pusieran de nuevo muy duros. Para seguir besando su abdomen. Descendiendo. Poco a poco. Separando sus piernas. Para llegar a su coño. Besarlo. Fugazmente. Besar la parte interna de sus muslos. Recorriendo sus piernas hacia abajo.

    – A dónde vas? Me preguntó Paula.

    – Espera no seas impaciente. Le dije riéndome.

    Fui subiendo de nuevo pierna arriba pasando mi lengua y alternando besos. Hasta plantarme con un beso repentino en su coño. Suspiró. Le cogí de sorpresa.

    – Sí ahí me gusta, me dijo.

    Le pasé entonces mi lengua de abajo a arriba. Con toda su superficie.

    – Sííí. Suspiró

    Mmmm…

    Me agarré a sus muslos. Los sujeté. Y metí mi cabeza entre ellos. Me zambullí a deleitarme con su sabroso tesoro. Lamí su mojado coño. Sus labios. Metí mi lengua en él. Todo lo que pude. Para luego buscar y entretenerme en su clítoris. Hice círculos con mi lengua sobre él.

    Ella empezaba a gemir. A retorcerse en la cama. Pasaba la punta de mi lengua sobre él. Lento al principio. De abajo a arriba. Hacia abajo de nuevo. Para luego hacerlo de lado a lado. Deprisa.

    Oyendo como sus gemidos se intensificaban. Se convertían en jadeos más altos.

    – Dios sigue Carlos. No pares sííí. Mmmm.

    Noté sus manos en mi cabeza. Como me llevaba contra su pubis. Como levantaba sus caderas.

    Apretaba mi lengua contra su botón del placer. Cada vez mas deprisa

    Me incorpore un momento para verla. Quería contemplarla en ese momento.

    – No pares por Dios!! Ahora no!!

    – Jajaja. No pude evitar que se escapara la risa

    – Ven sigue. Va sigue

    Y me volví a sumergir con mis labios es su palpitante coño.

    La devoré como un loco. Aferrado con una mano a su pierna. Moviendo mi lengua rápido de lado a lado. Metiéndole ahora dos dedos masturbándola. Chupando. Lamiendo. Gemía. Jadeaba. Hasta que sentí como arqueaba su cuerpo. Con tal fuerza que elevaba también mi cabeza. Se agarró a las sábanas y explotó. Se corrió con un gran chillido que fue la culminación de todos sus jadeos. Hasta dejarse caer en la cama. Ya más relajada.

    Me incorporé con mis labios llenos de sus jugos. La contemplé. La grabé en mi memoria así. Llena de excitación. Con las areolas de sus pezones contraídas del orgasmo. Me acerqué a besarla. Fue un beso fugaz. Para luego besar sus duros pezones. Y ponerme a su lado.

    – Porque espero que esto no haya terminado. Le dije riendo.

    Ireneta.

    Se quedó en la cama tumbada todavía recuperándose del orgasmo, yo me quedé de rodillas delante de ella con una erección tremenda.

    – Mira cómo me tienes, me va a reventar.

    – Quieres más de esto?

    Tumbada en la cama se empezó a apretar los pechos con las dos manos mientras se mordía el labio y me miraba a los ojos.

    – Claro.

    Fui a acercarme a ella y con un pie en mi pecho me paró en seco dejándome donde estaba de rodillas.

    – También quieres de esto?

    – Estas jugando con fuego, me estas poniendo malísimo.

    Fue deslizando su mano por su cuerpo hasta llegar a su coño, separó sus piernas, empezó a masturbarse, a gemir descaradamente y a llevarse sus dedos a la boca mientras me miraba con una sonrisa.

    Se arrodilló delante de mí también, me besó en los labios, bajó, se metió mi polla en la boca y empezó a chupármela con ansia.

    – Para, sube y date la vuelta.

    Obedeció inmediatamente, la pegué todo lo que pude a mi cuerpo, con una mano amasaba sus pechos y con la otra la cogí por el cuello levantando su cabeza para besar su cuello y susurrar en su oído, restregaba mi polla por su culo sin metérsela.

    – Te dije que te quemarías.

    Con mi mano en su espalda la ayudé a ponerse a cuatro patas e inmediatamente se la metí con fuerza, haciendo que ella gritara con cada penetración y agarrara las sábanas con fuerza. Una de mis manos la agarraba por la cadera y la otra acariciaba su espalda.

    – Vas bien?.- Le pregunté pues estaba siendo algo bruto y no quería hacerle daño.

    – Sí… Genial, no pares…

    Pude notar como ella me acompañaba con sus movimientos intentando pegar su culo contra mí con fuerza.

    JulioG

    Aproveché y le eché saliva en su culo. Le deje caer una poca para lubricarlo. Y fui metiéndole un dedo.

    – Qué tal? Te gusta?

    – Mmmm sííí sigue

    Fui haciendo círculos en su culito. Esto me estaba gustando. Me excitaba. Y probé de meterle dos dedos. Despacio. Con cuidado. Poco a poco.

    – Va bien así?

    – Sííí dale. Sííí

    Fui haciéndole un mete saca con mis dedos hasta que consideré que ya le había dilatado su culito. Entonces se la saqué. Puse mi polla en su ano y fui empujando despacio. Con cuidado. Metí mi glande.

    – Bien?

    – Mmmmm. Fue toda la respuesta de Paula.

    Fui metiéndosela poco a poco. Con tiento.

    Paula iba sintiendo ese calor interno mezcla entre dolor y placer. Mientras iba acomodándose a mis movimientos. Casi a cámara lenta. Hasta que el dolor va desapareciendo incrementándose el placer.

    Me fui moviendo más rápido. Empujaba ahora con más ímpetu. Siempre con cuidado de no metérsela hasta el fondo.

    – Dime si la quieres toda.

    – Si prueba. Venga.

    Y así lo hice. Me clave hasta dentro de su culo despacio. Pero metiéndosela toda. Hasta que vi que me aceptaba bien. Entonces ya sabía que todo iría bien…

    Ireneta.

    Con una de mis manos me puse a acariciar su clítoris con movimientos circulares, ella se retorcía entre el placer. Gemía descontrolada hasta que soltó un tremendo grito y sus brazos se debilitaron con el orgasmo.

    – Córrete fuera…- suspiró.

    Estaba a punto, la saqué y masturbándome me corrí en su culo y en su espalda. Se dejó caer rendida boca abajo en la cama, me tumbé a su lado, la besé en el hombro y esperamos tumbados juntos hasta que nos recuperamos un poco. Se incorporó un poco y me besó muy dulcemente.

    – Ha estado genial, te vienes conmigo a la ducha?

    – Claro preciosa, será un placer.

    Julio G.

    Paula se adelantó para ir a la ducha.

    Al poco la seguí yo hacia el baño

    Ella ya se estaba enjabonando. Al abrir la mampara paró de extenderse el jabón.

    – Me dejas que siga yo? Le dije.

    – Bien. Sí.

    Me puse gel en las manos y se lo fui extendiendo. Era un gusto poder deslizar de nuevo mis manos por su piel. Mis manos se recrearon recorriendo su cuerpo. El ambiente olía al gel de romero. No pude evitar el volver a chupar sus pezones. Volvían a estar duros. Fui succionándolos según iba amasando sus pechos. Se habían convertido en mi debilidad. Los tenía preciosos. Y me encantaba vérselos cuando endurecían sus pezones. Subí mi rostro y nos besamos. Fue de nuevo intenso. Profundo. Húmedo. Nuestras lenguas jugaban otra vez. Mientras nuestras manos seguían extendiendo espuma por nuestros cuerpos. Acariciándonos. Tocándonos. Hasta escaparse hasta nuestros sexos. Provocándonos. Haciendo que nuestros cuerpos subieran de excitación. Me gustaba sentir su mano en mi pene. Ese contacto me volvía loco. Conseguía mi máxima calentura. Yo intentaba conseguir lo mismo con mis dedos en su sexo.

    Se deslizaban fácil por su pubis. Enseguida los introduje en su vagina provocándole un agudo gemido. Instintivamente estranguló mi polla con su mano. Fui metiéndolos despacio. Nuestro deseo había sido colmado con anterioridad pero no podíamos dejar de darnos placer mutuamente. Paula seguía sobando mi miembro lleno de espuma. La sensación era muy placentera. Mucho. Quise colmarla de gozo acariciando su clítoris según sentía su mano deslizarse arriba y abajo sobre el tallo de mi polla. Nos estábamos masturbando cada vez con más intensidad

    – Date la vuelta. Le pedí.

    No lo dudó.

    La agarre de las caderas según se apoyaba en la grifería. Se la metí desde atrás sin dudarlo. Y le iba empujando cada vez más fuerte tocándole su clítoris intensamente. Me clavaba en ella con muchas ganas oyendo sus gemidos cada vez más altos. Jadeos intensos. Hasta que se tensó. Chilló mi nombre y se convulsión estallando como un volcán. Provocando que me derramara dentro de ella. Dándome muchísimo placer.

    – Dios Paula. Eres sensacional. Le susurré al oído. Me encantas.

    Nos dejamos escurrir todo el jabón bajo el agua. Abrazados. Besándonos.

    Nos secamos el uno al otro. Con miradas cómplices. Satisfechos.

    – Te quedas conmigo esta noche?

    – Mmmmm pues no sé… Claro preciosa. Como me voy a marchar pidiéndomelo así.

    Ireneta.

    Me quedé a dormir con ella, alucinado con la pedazo de mujer que estaba compartiendo cama. Por la mañana me desperté pronto, tenía que volver a mi hotel a cambiarme de ropa, pues teníamos que volver al congreso por unas horas antes de coger el avión.

    Antes de irme la desperté entre besos.

    – Buenos días guapa. Tengo que irme a mi hotel a cambiarme antes de volver al congreso.

    – Buenos días, he dormido genial. Por qué será?

    – Nos vemos en un ratito vale?

    – Es temprano todavía, espera un poco.

    Se puso encima de mí besándome sin dejarme contestar, apretando sus pechos contra mi cuerpo. Evidentemente enseguida se me puso dura, preparada para ella. Apoyó sus manos en mi pecho y metiéndosela empezó a cabalgarme, con los ojos cerrados, alternando entre movimientos suaves y bruscos, yo puse mis manos en sus caderas, acompañando sus movimientos con mis caderas, disfrutando de la imagen. Se acarició el clítoris al mismo tiempo que me follaba, corriéndonos a los pocos minutos casi al mismo tiempo. Se dejó caer sobre mi cuerpo, con mi polla todavía dentro de ella y me besó.

    – Así se empieza mejor el día, no crees?- Me susurró.

    – Cierto…

    – Ya puedes irte cuando quieras jeje.

    Pasé al baño para vestirme, Paula me besó despidiéndose de mí y se metió en la ducha.

    – Te veo en un rato guapa.

    – Hasta ahora.

    Salí de la habitación como en una nube, me subí a mi coche y me fui a mi hotel.

    Ya en mi habitación me duché y me arreglé corriendo, ya que llegaba tarde. Para cuando terminé y salía de mi habitación, miré mi móvil, había mil llamadas perdidas y mensajes de mis compañeros que pensaban que me había quedado dormido, pero a mí solo me interesó uno, el de Paula.

    – Gracias por una noche espectacular, lo he pasado genial. Espero que algún día volvamos a coincidir y repitamos. Besos.

    – Lo mismo digo guapa, ha sido increíble. Estoy seguro de que no me podré olvidar de ti.

    En el congreso nos volvíamos a ver y actuamos con total normalidad como si nada hubiera pasado entre los dos de cara a los demás, con miradas de furtivas de puro morbo.

    – Al final vendrás conmigo esta tarde?

    – No, muchas gracias, al final volveré con mis compañeras. Tienes mi número de teléfono, vamos hablando vale?

    – Está bien, como quieras. Vamos hablando.

    Nos despedimos con dos besos y cada cual volvió a su grupo de trabajo.